Metáforas Perdidas

Francisco
Javier
Hernández M.
Metáforas perdidas, breves comentarios.

I.

Un cierto temor preocupante y la curiosidad que experimentamos
Al aproximarnos a los poemas que nos propone un escritor inédito al que no
conocemos, es algo que nos produce una emoción expectante, más cuando nos pide
que lo acompañemos con algunos comentarios en la siempre incierta aventura que
implica publicar un libro de poemas.
Siempre estarán en juego, tanto nuestro gusto, como nuestra formación e información
literaria, aunados al grado de sensibilidad personal, situaciones que provocarán en
nuestro ánimo, frente aquella propuesta, la aceptación o el rechazo, el placer o el
desencanto.
Al iniciar la lectura de los poemas que integran el libro “Metáforas perdidas” de
Francisco Javier Hernández M. súbitamente experimento el placer de los primeros
hallazgos que me hacen sentir el alivio de estar frente a un verdadero poeta. Hay en el
primer poema versos que nos provocan entusiasmo, que nos abren las rendijas de
metáforas, tal vez perdidas, pero rescatadas desde el fondo de una indiscutible
sensibilidad, metáforas que nos revelan el misterio de los seres, seres recreados a través
del verdadero lenguaje poético: aquél dotado de una buena dosis de insinuaciones y
certeros juegos de palabras. Cito algunas líneas:

“…le cierro los ojos a la tarde…”

“…mi alma es un cristal humedecido
por el cuerpo transparente de la lluvia…”

“…esquivo los infiernos del azar…”

“…mi patria es un recuerdo disfrazado de utopía
mi rezo es un lamento que nace al nuevo día…”

Es imposible permanecer indiferente frente a estos versos entresacados del poema que
abre, y le da título al libro. Lo valioso de una metáfora o de una imagen se da a través de
la capacidad de evocación de activar en nosotros la emoción que no es otra cosa que
admirar la capacidad del poeta al nombrar de otra manera los seres y los sentimientos
que todos padecemos y/o gozamos.
Poema a poema voy descubriendo, a través de la citada emoción, versos que nos llevan
al estremecimiento, a la duda, a la incertidumbre, pero también a cierta paz anhelada, al
optimismo de una posibilidad amorosa, pero también al pesimismo de la imposibilidad
del amor verdadero. Su poesía se mueve en los linderos de lo cierto y lo incierto, de la
seguridad y la utopía. Mundo donde nada está definido, situación existencial que el
poeta siente como imperativo, siempre imposible, de reordenar, de darle sentido, de
definir sus mundos interiores y exteriores.

Hay poemas, como el titulado “43 preguntas” donde el poeta traslada su angustia
individual, su incertidumbre personal frente a lo incierto y al absurdo, al mundo de la
historia reciente, preguntándose:

“¿Por qué, y para qué, asesinaron al futuro?”

En el poema que cito hace evidente su indignada preocupación por la tragedia absurda
de Ayotzinapa.

Luego, en este péndulo, entre la angustia personal y la mirada preocupada puesta en los
demás, nos dice en el poema titulado Nocturnal:

“Mientras amanece, me lavo la conciencia y la melancolía
y me adhiero a la obscuridad monótona de esta habitación
que no termina de buscarte entre los laberintos grises”

En este poema dedicado al ser amado, ahora ausente, la incertidumbre del temor ante
la pérdida definitiva, es patente:

“…tengo miedo de que llegues a olvidarme en este
mundo extraño…”
Dentro de esta poesía, en ocasiones en prosa, y básicamente en verso libre, el poeta va
goteando imágenes y metáforas perfectamente acuñadas, con el sabor y originalidad
que nos motiva a seguir leyendo, a continuar con el siguiente poema, y así sin
desvanecerse el impulso original de ir disfrutando, o sufriendo, las palabras sabiamente
engarzadas.

En el rito amoroso, excepcionalmente se filtra cierta culpa, cierta insinuación del amor
clandestino con sus dosis de autoreclamo o de pecado:

“Tú apagas la luz, yo enciendo los pecados.”

Este sentimiento, frente al acto amoroso, finalmente se desvanece ante el predominio
del gozo:

“…las horas se derriten a tus pies, igual que el aire y los rosales…”
“…soy el único dueño de todos los oficios
cuando estoy entre tus brazos y tu alma...”

Dentro de su poesía hay un continuo sentimiento de soledad y angustia existencial,
temas que aparecen alternadamente, y tal vez con menos frecuencia que el tema del
amor realizado:

“…hoy divago en un mundo que no me pertenece,
sombrío y taciturno está mi callejón abandonado…”

Frente a esta desolación del poeta, casi siempre surge la esperanza:

“…pero hay una luz encendida en medio de mi habitación…”
II.
El tema de amor en la poesía, no es cosa fácil. Este tema siempre estará en un plano
inclinado hacia el lugar común, hacia la frase de calendario de tono meloso y que
empalaga. Pero Francisco Javier salva su poesía del pantano de azúcar, por su capacidad
creativa y su talento de expresar sentimientos amorosos, compartidos por todos, de
manera fresca, más allá de cualquier retórica gastada. Encuentro continuamente versos
donde el sentimiento se expresa con la citada frescura, y por lo mismo de manera
original. Cito solo algunos fragmentos dispersos a lo largo del libro y que avalan lo
afirmado:

“…está lloviendo tu sonrisa y mi corazón de “prohibido estacionarse” desesperado te
reclama…”

“Encontrarás mi voz en el silencio de la hierba…”

“…un corazón mal herido
que se confunde fácilmente
con la muerte enamorada…”

“…si me das una mirada moveré los universos en tu piel...”

“…sus ojos, ávidos de amor perdonan mis errores...”

“…quiero abrazar las calles que te ven pasar...”

En fin, serian innumerables los hallazgos a los que me he venido refiriendo en relación al
trabajo de Francisco Javier Hernández, poeta a quien hoy descubro, y cuya palabra joven
y vital, nos atrapa desde la lectura del primer poema. Su libro enriquecerá el coro de
voces en esta frontera y seguramente se proyectará mucho más allá de este espacio y
de este tiempo, por lo cual no dudo en invitarlos a disfrutar la sabiduría poética de sus
hallazgos.

Enrique Cortazar
Juárez – El Paso
Otoño 2016
DEDICATORIA:

A Mi Torre Eiffel…
Metáforas Perdidas
Le cierro los ojos a la tarde
y busco versos esparcidos en el aire,
el tiempo inclemente me reclama mi apatía
escupo en su cuaderno con metáforas perdidas

Mi alma es un cristal humedecido
por el cuerpo transparente de la lluvia,
cuando el dolor casi me dobla
sonrío fuerte y sigo la vereda
sigiloso, esquivo los infiernos del azar
y sus juegos malintencionados

Mi sonrisa es ordinaria y transitoria
mi llanto suele ser pausado y silencioso
y escucho entre mis dudas y mi soledad
la voz de los poetas olvidados

Mi patria es un recuerdo disfrazado de utopía
mi rezo es un lamento que nace al nuevo día.
Silencio Azul
En esta playa desierta, en este libro de mis huesos
ya todo lo ha escrito la vida y lo ha cantado Joan
Manuel.
Me apresuré a los sueños y llegué demasiado tarde
al campo grisáceo y seco donde florece la cordura.
Hoy divago en este mundo que no me pertenece,
sombrío y taciturno está mi callejón abandonado
pero hay una luz encendida en medio de mi habitación.
Vivo entre sombras y fantasmas, en mi silencio azul
donde no existe nada adverso y no hay nada corrompido.
No tengo disciplina alguna y mis tardes son desmesuradas,
desconozco el significado exacto de la palabra obligación,
leo a Nicanor Parra, también a Charles Bukowski
para estar en paz conmigo mismo.
No recuerdo el punto exacto donde anidaron mis heridas.
Mis ideas son escuálidas, como mis prendas y mi mesa,
escucho con el alma, disfruto de los besos y las bofetadas
que la vida me regala.
Estoy lejano, muy lejano de cualquier lugar,
voy naufragando entre mis días y escribo poesía.
La poesía no espera
nace cuando se le urge,
es ternura y es salvaje.

Seno perfumado de mujer
amamantando al universo.
Para Liza Di Georgina

Voz
Desde el momento de nacer
a Liza le regalaron los dioses
una voz muy especial,
fuerte y dulce, clara y limpia
como el agua de cascada

Y esos dioses, con su natural soberbia
a veces injusta o distraída
le reservaron un bello lugar
en la historia de la música

Pero ella decidió desde pequeña
escribir historias y poemas
cuentos que inundaban su mente soñadora
tan bellos que lograron erizar la piel
a esos dioses despistados.
De vez en cuando también ellos se equivocan.
Los Rincones del Silencio
En este poema el texto es inconcluso
la pluma y el papel no se acomodan
a una historia que no debe dar la cara.
El frío de la habitación es un obstáculo
que se confunde junto a mis ideas.
Hago un recorrido lento con la vista
por las paredes calladas y sonrío
con la paciencia que deja la derrota
y estos años inútiles.

La imaginación me besa a cuentagotas,
el humo del cigarro viaja hasta esconderse
en los rincones del silencio.
Extrañamente estoy tranquilo,
olvidado del mundo
acariciando un rostro que no espero.

Estoy colgando de una esperanza gris
escuchando voces que no existen
ruidos que saben a derrota y vino tinto
mis preguntas son flechas directo al corazón
aves manchadas que cruzan el pantano
de los tiempos, poesía que me brinda su mano
y me rescata del abismo cruel
caricias que no encontraron otra piel.
Brújulas Perdidas
Has preferido tu vuelo
de brújulas perdidas
y horizontes rojos

La noche de tu pelo
ya no intenta volver a enredarse
con la calidez de dos almohadas
que hoy les nacen espinas
donde alguna vez sembraste
sueños y esperanzas

Sigues creciendo altiva y orgullosa
hasta alcanzar las nubes
pero ya no disfrutas
la estación lluviosa
que mojaba la tierra
de tu vientre.
Tu Fantasma
La calle principal
tiene nombre de héroe nacional
el tráfico es pausado y aburrido
hay un chico pidiendo dinero
para comprar medicinas
y una muchacha delgada
paseando en bicicleta
dibujando círculos viciosos.
La gente voltea de reojo
hay huellas de lluvia
en el asfalto gastado
y desperfectos
entre las banquetas viejas.

La tarde es benévola
acariciando tu fantasma.
Sempiterno
Los ademanes de tus ojos
me transportan hasta un cielo nuevo
de suspiros y rosas

La elocuencia de tus manos fogosas
hace que tiemble mi destino
y termine el aislamiento
en que he caído sin pensar

Este amor, el mío, no tiene final
sempiterno y distraído, navegador
en este cruce de caminos
resiliencias y autobuses vacíos
que no encuentran un motivo
para claudicar.
Tu Belleza
Desbaratando la penumbra
de la habitación
una mujer
de rasgo omnipotente
mueve su cuerpo
como diosa del olimpo

Y los mortales
(el espejo y yo)
sembramos fantasías
color púrpura

La tarde displicente
poco a poco dice adiós
dejando renacer a la pasión.

¡Baila para mí, mujer candor!
enséñale al pecado y la sensualidad
el sublime y refinado sabor de tu belleza.
Los Pecados que me Gustan
La miro sonreír, y el viento se abre
suspirando libertad y otras palabras,
las nubes blancas como luna
despiertan con el vuelo de gaviotas
y la vida se pierde por ahí,
por ese laberinto de su pelo
y esa combinación de mar y porcelana
que hacen lucir su cuello

La miro sonreír, y mis ojos indiscretos
le escriben un poema sin papel
brillando de felicidad al parpadear

La miro, y miro al sol
con todos los pecados que me gustan.

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