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Tehmper es un demonio de fuego, dedicado a

la caza de los Shayatin, demonios rebeldes. Una de


estas misiones lo lleva a Gabe, su compañero, su
Demoras Amaté1. Muerde a Gabe y lo reclama. Pero
convencer a Gabe para ir a Jinnistan es más difícil
de lo que Tehmper pensó. Solo más ataques de
demonios rebeldes, tratando de atrapar a Gabe, es
todo lo que Tehmper tiene en sus manos para
convencer a Gabe de irse con él, especialmente
cuando el hombre está tan enojado por la
destrucción de su hogar.

Cuando Tehmper y Gabe se encuentran en la


puerta del portal, Gabe es tomado prisionero por los
guardias personales del Amir y Tehmper no tiene
más opción que dejar ir a Gabe aun poniendo en
riesgo la vida de su compañero. Él se compromete a
hacer todo lo posible para liberar a Gabe, incluso si
esto significase devolverlo al mundo de la superficie.
Pero, ¿Tehmper podrá salvar a Gabe antes de que el
Amir lo convierta en su consorte real, o Gabe perderá
la cabeza ante el hacha del verdugo?

(1) Nota de la Traductora: En el libro Tehmper denomina a Gabe


como su Demonas Amaté que es Demon mate en inglés y en
español Compañero del Demonio. Lo dejaré como en el original
porque me resulta más romántico que la traducción al español,
pero es bueno que sepan qué significa.
El detective Gabe Moretti giró la cabeza hasta que
oyó un „pop‟ diferente. Se frotó los músculos doloridos
en la parte posterior de su cuello con la mano.

Odiaba las vigilancias. Era la misma cosa cada


maldita vez: correr y esperar. Y él había estado
esperando a que su sospechoso apareciera durante las
últimas seis horas. No faltaba mucho tiempo más para
que lo relevara el siguiente turno y se pudiera ir a casa a
dormir.

—¿Quieres más café?

Gabe se giró para mirar a su compañero Nick, y


meneó la cabeza.

—No, si bebo más café mis dientes van a


comenzar a flotar.

Nick resopló y se sirvió una taza del líquido


caliente de un termo. —Oh, infiernos, si no tomo algo
más no va a importar. Voy a estar inconsciente por falta
de sueño. Te lo digo, Gabe, estas vigilancias nocturnas
me van a matar.
Gabe se rió entre dientes mientras miraba por la
ventana delantera del vehículo donde se encontraban
sentados —Estás enojado porque esta vigilancia interfirió
con la llamada que recibiste para dejarte caer en el bar.

—Era uno bueno en la línea, también —dijo Nick—.


Él era dulce, Gabe. Te lo digo: culo joven, fuerte, y unos
labios que podrían aspirar el cromo de un enganche de
remolque.

—Él —dijo Gabe, arrugando la nariz con asco—. No


necesito saber nada sobre tus aventuras sexuales.

—Solo estás más que molesto porque tú no estás


recibiendo ninguna llamada.

—Puedo conseguirla si quiero.

—Uh-huh, y ¿cuándo fue la última vez que te


llamaron?

Gabe rodó los ojos. —Sólo porque no me ando


besuqueando y digo que no me interesa, no quiere decir
que no estoy recibiendo llamadas para salir.

Nick soltó una risita. —Eso es lo que yo pensaba.

—Sólo vigila al maldito asesino, Nick. —Gabe cruzó


sus brazos sobre su pecho y siguió mirando por la
ventana. Nick estaba en lo cierto. Él no tenía mucha vida
sexual de la que hablar. Nunca acabó de ver cuál era el
gran problema. El sexo era sexo. No era el principio y el
fin del mundo. Nunca había sido tan emocionante para
Gabe. Era más una rutina que cualquier otra cosa.

Gabe probablemente podría contar sus novios con


una mano. Nunca terminaba de tener mucho interés en
el sexo, y una vez que su novio de turno lo descubría,
por lo general se iba hacia pastos más verdes, o al
menos hacia tipos que lo hacían más que él.

Gabe estaba solo, pero recientemente había


empezado a pensar que estar solo era mejor que tener
que salir con alguien cuando en realidad no quería
hacerlo.

Le gustaba pasar tiempo con amigos varones. Sólo


que no tenía ese entusiasmo con la parte más física de
las cosas.

—¿Puedes ver eso?

Gabe giró para ver de lo que Nick estaba


hablando, su boca abierta al ver a cuatro de los más
grandes, más imponentes hombres que había visto,
saliendo de un callejón a mitad de camino por la calle.
No era tanto que eran grandes, sino que era que los
cuatro hombres estaban vestidos de negro, con abrigos
de cuero negro que casi les llegaban al suelo.

—No creo que sean de por aquí —resopló Nick.

Era cierto. No encajaban con la escena local.


Además del hecho de que estos chicos vestían largos
abrigos de cuero en pleno verano, la gente del barrio
tendía a usar ropa más informal. El lado sureste de la
ciudad no era uno de los mejores barrios para vivir, y
mucho menos caminar a través de él. Estaba lleno de
pandillas, drogas, y caminantes callejeros. Sin embargo,
era el lugar perfecto para que un sospechoso se
escondiera.
Bobby G era sospechoso de haber planeado una
serie de robos a mano armada en los alrededores del
barrio. Los robos, probablemente, no habrían sido
reportados si una niña no hubiera recibido un disparo en
uno de ellos.

La mayoría de la gente de este barrio no tenía


mucha fe en el departamento de policía local, pero el
asesinato de una inocente niña de siete años de edad lo
cambió todo. El barrio se levantó en armas, clamando
por sangre.

Nick y Gabe tenían una pista de que Bobby G tenía


un apartamento encima del restaurante chino local.
Habían estado vigilando el lugar durante las últimas
horas en busca de cualquier señal del sospechoso.

—¿Qué demonios están haciendo? —Preguntó


Nick.

Gabe sacudió la cabeza. No tenía ni idea, pero sea


lo que sea los pelos de la nuca se le erizaron. Vio cómo
dos de los hombres se separaron del grupo y caminaron
por la calle, lejos de donde Gabe y Nick estaban. Los
otros dos se dirigían hacia ellos.

Un hombre, el más alto en el grupo, llamó la


atención de Gabe. No podía ver gran parte de las
características del hombre, más que el hecho de que
estaba construido como una jodida casa de ladrillo. A
Gabe no le gustaría conocer a un hombre así en una
pelea. Perdería. De hecho, no conocía a nadie que no
perdiera contra ese hombre a menos que tuvieran un
bazuca o algo así. El hombre era enorme. Y no era sólo
su imponente altura, que tenía que ser varios
centímetros más alto que los propios 1,92 metros de
Gabe. Incluso bajo el cuero negro que el hombre vestía,
Gabe pudo ver que tenía los hombros anchos y los
brazos gruesos y musculosos.

Por primera vez desde que descubrió que su pene


se paraba, Gabe sintió excitarse con sólo mirar a
alguien. Le sorprendió tanto que casi perdió de vista al
sospechoso que se escabullía por la puerta de un
edificio, justo en la manzana que daba la vuelta a la
esquina con el callejón.

—¡Mierda! —Dijo Gabe al llegar a la manija de la


puerta—. Ahí va Bobby G. La pequeña mierda está
tratando de colarse por el callejón.

Gabe saltó del coche y se dirigió hacia el callejón.


Nick se unió a él incluso antes de llegar a la mitad de la
calle. Los dos corrieron hacia el callejón, sus armas en
las manos antes de llegar a la esquina del edificio.

—Voy a la cabeza por el callejón —dijo Gabe—. Tú


ve a través del restaurante chino y encuéntrame en la
parte de atrás. Hay una puerta por la cocina que da al
callejón. Puedes ir hacia el frente desde allí. Vamos a
rodear al pequeño jodido.

Nick asintió y corrió hacia el restaurante. Gabe le


dio un minuto y luego dio la vuelta a la esquina. Una de
las razones por las que a Gabe no le gustaban los
callejones era por la falta de luz. No podía ver una
mierda apenas dobló la esquina. Le tomó un momento
para que sus ojos se adaptaran, y cuando lo hicieron, su
mandíbula casi cayó al suelo.
Un hombre grande, casi tan grande como los
cuatro hombres que había visto en la calle, sostenía a
Bobby G contra la pared del callejón. Los pies de Bobby
G colgaban a varios metros del suelo. Para todos
aquellos que miraban, los dos hombres podrían haber
estado simplemente jodiendo en el callejón. Pero Gabe
sabía que no era así. Podía ver la vida salir de los ojos
de Bobby G.

Gabe sabía que el hombre que estaba con Bobby G


lo estaba matando. Podría haber sido por cómo Bobby G
lo miró desesperadamente. Podría haber sido la forma
en que el rostro del hombre más grande se enterró en la
garganta de Bobby G. Fuera lo que fuese, Gabe sabía
que tenía que hacer algo.

—¡Quieto! ¡Policía! —gritó Gabe mientras se


adentraba más en el callejón. Cruzó los dedos y rezó
para que Nick se diera prisa de una puta vez y le diera
un poco de respaldo antes de que el hombre le
arrancara la cabeza a Bobby. Porque cuando el hombre
levantó la cabeza del cuello de Bobby G, era
exactamente lo que parecía que quería hacer—. Por qué
simplemente no lo bajas, ¿de acuerdo?

Los ojos misteriosos de color rojo que lo miraron


desde varios metros de distancia, le dieron a Gabe como
un escalofrío que casi le hace huir del callejón. La sangre
que goteaba por la barbilla del hombre no ayudaba. Por
desgracia, ser policía significaba que no podía dejar
morir a Bobby G, aun con lo mucho que le gustaría
hacerlo.
Gabe hizo un gesto con su pistola. —Vamos,
bájalo, amigo. —Bobby G fue bajado, pero no de la
manera en la que Gabe esperaba.

Vio con asombro cómo el hombre grande agitó la


muñeca y Bobby G salió volando por el aire. Golpeó
contra la pared opuesta del callejón en donde había
estado y se estrelló en el suelo con un ruido sordo,
repugnante.

Gabe podía decir por el ángulo extraño en el que


se encontraba el cuello de Bobby G, que estaba muerto.
Tenía la cabeza prácticamente girada hacia atrás. Gabe
dio un paso más cerca, los ojos muy abiertos cuando vio
la gran herida que sangraba en la garganta de Bobby G.
Parecía como si le hubiese sido arrancado un pedazo.

—¡Amigo! —Dijo Gabe, cuando volvió a mirar al


otro hombre—. Pon tus manos encima de tu cabeza
lentamente. No quiero dispararte. —El hombre comenzó
a avanzar en dirección a Gabe, quien hizo señas con su
arma al hombre—. ¡Manos arriba! Tengo un arma. Y no
quiero disparar. ¡Levanta las manos!

Nada de lo que dijo parecía funcionar. El hombre


seguía caminando hacia él. Gabe hizo una mueca. No
quería matar al hombre, pero no parecía haber nada
más que hacer. El hombre no lo estaba escuchando en
absoluto.

—¡Detente donde te encuentras y pon las manos


sobre tu cabeza, o te pego un tiro! —Gabe lo intentó una
última vez. Cuando el hombre siguió avanzando hacia él,
Gabe, lamentablemente, apretó el gatillo. Tenía la
esperanza de sólo herir al hombre, pero cuando disparó
al hombro del hombre, y ni siquiera lo detuvo ni lo hizo
avanzar más despacio, Gabe disparó de nuevo.

Esta bala entró por la pierna del hombre. Se


tambaleó un poco, pero siguió acercándose a Gabe.

«Caray, este tipo tiene que tener encima PSP,


LSD, o algún tipo de droga», Gabe pensó mientras
descargó su arma en el hombre.

Seis descargas y el hombre seguía caminando


como si no lo afectara. Él debería haber muerto después
de cuatro por lo menos.

El hombre gruñó cuando llegó hasta Gabe. Sus


ojos rojos le miraron fijamente, mientras una mano se
envolvía alrededor de su garganta. Gabe fue levantado
del suelo a varios centímetros.

No era alguien que cedía fácilmente, entonces


Gabe trató de que aflojara el control en torno a su
garganta con una de sus manos y con la otra mano
apuntaba con su pistola al hombre en la cabeza.
También usó sus piernas para patear al hombre, con el
objetivo de alcanzar cualquier parte del cuerpo del
hombre que pudiera.

Gabe casi hace una mueca de dolor cuando un tiro


de suerte acertó en el hombre adecuadamente entre sus
piernas. Si no fuera por el hecho de que el hombre
estaba tratando de matarlo, Gabe podría haber sentido
lástima por él, cuando un gemido largo y doloroso salió
de los labios del tipo.

Ya que el hombre estaba tratando de matarlo,


Gabe dirigió otra patada hacia el mismo lugar. La mano
alrededor de su cuello se aflojó lo suficiente para que
Gabe se zafara. El hombre cayó de rodillas. Gabe agarró
la cabeza del extraño y le dio un rodillazo tan fuerte
como pudo al rostro del hombre. Se desplomó como una
tonelada de ladrillos.

Gabe apoyó las manos en sus piernas y respiró


hondo varias veces.

Estaba bastante seguro de que tendría moretones


en el cuello por la mañana del tamaño de las manos de
ese hombre. Menos mal que no tenía que ir a ver a sus
padres hasta la próxima semana, porque no habría
forma de explicárselo a su sobreprotectora madre.

Colocando el arma en su funda, Gabe se acercó y


puso al hombre sobre su espalda, no fue una tarea fácil
teniendo en cuenta el tamaño del hombre. Agarró los
dos brazos del hombre y los esposó a su espalda.

Rodando al hombre de vuelta otra vez, Gabe


empezó a buscar en él.

Quería saber si este hombre tenía alguna relación


con Bobby G.

Quería saber si esto era sólo un asesinato al azar o


si alguien quería darle un golpe certero a Bobby G. Y
quería saber por qué el hombre no cayó con todas las
balas que Gabe había disparado sobre él. Él debería
estar muerto ahora mismo, no inconsciente.

Los ojos de Gabe se abrieron con cada artículo que


sacó de los bolsillos del hombre: varios cuchillos, un par
de estrellas tipo ninja que había visto en las películas, y,
más particularmente, una bolsa de sal. Gabe frunció el
ceño y miró a los artículos y luego al hombre
inconsciente.

«¿Quién jodidos es este tipo?»

Gabe se congeló cuando sombras oscuras de


repente bloquearon la lámpara de la calle.

Miró hacia arriba para encontrar a los cuatro


hombres que había visto antes de pie en un círculo
alrededor de él y el hombre en el suelo. Se maldijo por
no ser más consciente de su entorno, Gabe lentamente
se puso de pie.

—Esta es una escena del crimen, señores —dijo


Gabe consistentemente, lo que lo sorprendió teniendo en
cuenta el tamaño del nudo en su garganta—. Necesito
que den un paso atrás, por favor. —Gabe no era
estúpido. Él sabía cuándo estaba en inferioridad
numérica.

Gabe deseaba haberse acordado de volver a


cargar su pistola. El mayor de los cuatro hombres, el
que llamó su interés antes, de pronto lo agarró y lo
estrelló contra una de las paredes del callejón. Gabe
gruñó cuando su espalda se puso en contacto con el
duro ladrillo. Tendría contusiones seguramente.

Alzó la vista para ver los ojos de puro negro


mirándolo con atención, y él necesitaba ver hacia arriba.
Este extraño era mucho más alto que Gabe, tal y como
él pensaba. Gabe se sintió positivamente insignificante
al lado de él.

—Tú venciste a Tuloq. —Gruñó el hombre cuando


comenzó a oler la curva del cuello de Gabe. El calor que
emanaba de la piel del hombre casi quemó vivo a Gabe.
En lugar de tenerle miedo, Gabe quería subir a la piel del
extraño y cubrirse en su calor—. Digno eres de mi
marca.

Gabe parpadeó.

Un momento después, gritó cuando el dolor estalló


en la piel entre su cuello y hombro. Se aferró al hombre
que lo sostenía, hundiendo sus manos en hebras largas
y gruesas de cabello negro y sedoso. Antes de que
pudiera alejar al hombre, el dolor que irradiaba desde su
hombro se convirtió en placer, uno tan intenso que
pensó que podría desmayarse.

—¡Oh, Dios! —Gabe se lamentó al sentir su pene


endurecerse y luego estallar casi en el mismo instante.
Leche caliente llenó sus pantalones vaqueros mientras el
orgasmo más poderoso que Gabe hubiera
experimentado alguna vez disparaba a través de su
cuerpo.

Gabe se sentía como si por fin hubiera descubierto


por qué la gente tenía sexo.

—No Dios; Demonas Amaté, —gruñó el hombre en


el oído de Gabe, justo antes de que él lo introdujera en
la oscuridad que lo rodeaba—, soy Tehmper.
Tehmper lentamente bajó a su Demonas Amaté al
suelo y se agachó junto a él. Extendió la mano y acarició
con el dorso de su mano la punción de las heridas
sangrantes en el cuello del hombre, sonriendo a lo
profundas que eran. No se curarían fácilmente. Eso era
bueno.

Mientras que él no quería hacerle daño a su


Demonas Amaté, la profunda herida le aseguraría que
nadie se acercara a su compañero de una manera que
no quería. Estaría a salvo hasta que Tehmper pudiera
regresar por él.

—Tehmper.

Tehmper reconoció a Zayne con una pequeña


inclinación de su cabeza, pero él se resistía a apartar sus
ojos de la otra mitad de su alma.

Había esperado años para conocer a su Demonas


Amaté. Él no quería irse tan pronto, aunque él sabía que
necesitaba hacerlo.

—Tenemos que irnos antes de que más habitantes


de la superficie lleguen —dijo Zayne—. Puedo
escucharlos venir.
Tehmper asintió. Podía oír las sirenas venir en su
dirección y sabía que no tenía mucho tiempo. —¿Has
recogido el cuerpo del habitante de la superficie?

—Clagh y Storym se llevaron el cuerpo a través


del portal con Tuloq.

—Muy bien. —Él no quería que su Demonas Amaté


fuera culpado por el asesinato. Conocía cómo las leyes
de los habitantes de las superficies trabajaban. Con un
cuerpo muerto y un hombre inconsciente, ambos
encontrados en un callejón con señales de lucha, no
habría dudas de que su Demonas Amaté caería como
sospechoso del asesinato. Tehmper no podía permitir
eso.

Tehmper acarició suavemente el rostro de su


Demonas Amaté una última vez y luego tomó el collar
que llevaba alrededor de su cuello. Puso la cadena de
oro alrededor del cuello del hombre y lo alisó por el
pecho.

La piedra roja en el centro del intrincado labrado


del pendiente brilló intensamente por un momento,
luego, lentamente, se desvaneció a un rojo oscuro.

Satisfecho de que su compañero estuviera seguro


y de que él sería capaz de encontrarlo en cualquier parte
del mundo de la superficie, Tehmper se puso de pie. Él
echó una última mirada al magnífico hombre a sus pies,
luego dio la vuelta para unirse a sus hermanos del clan.

Mientras caminaba hacia el temporal portal erigido


por uno de sus hermanos, Tehmper podía sentir los ojos
de Zayne en él. Se giró a mirarlo. —¿Qué?
—¿Tú has reclamado a ese habitante de la
superficie?

—Él es mi Demonas Amaté.

Nada más había que decir. Incluso Zayne entendía


lo que eso significaba. Eran guerreros, cazadores de
demonios. Ellos pasaban sus vidas enteras cazando, ya
sea matando o capturando a los demonios rebeldes.

Sus únicos consuelos en sus batallas eran sus


Demonas Amaté, los compañeros de los demonios.
Tehmper acababa de encontrar el suyo.

—¿Y elegiste dejarlo en la superficie?

—¿Dudas de mi fidelidad a esta misión? —dijo


Tehmper. Apretó los puños a su lado y miró a su
hermano.

—No, por supuesto que no —dijo Zayne


rápidamente—. Dudo en el mérito de dejar a tu pareja
en la superficie. Deberías llevarlo a nuestro mundo,
donde estará a salvo, no dejarlo aquí para que cualquier
Shayatin pueda encontrarlo.

—He dejado mi marca en él y le he dado mi


amuleto —dijo Tehmper.

—Él estará a salvo hasta que pueda volver a él.


Ningún demonio rebelde llegará a él. —Sonrió
Tehmper—. Además, derrotó a Tuloq. Puede sostenerse
a sí mismo o no sería un buen compañero para mí.

—No va a estar realmente seguro hasta que lo


reclames por completo y lo lleves luego a Jinnistan.
Tehmper se detuvo de repente y se giró. Agarró a
Zayne por la pechera de su camisa y lo estrelló contra la
pared más cercana, levantándolo unos centímetros del
suelo. —Él es mi compañero. Yo decido cuándo debe ir
abajo y cuándo lo reclamaré completamente.

—Tehmper.

Tehmper lo soltó y dejó caer a Zayne a sus pies.


—Mi Demonas Amaté no es tu preocupación.

—Tú eres mi hermano, Tehmper —dijo Zayne


mientras alisaba su camisa, enviando a Tehmper una
mirada pequeña—. Por supuesto que tu Demonas Amaté
es mi preocupación. Se convirtió en parte de nuestro
clan en el momento que lo marcaste.

—Entonces vamos a terminar esta misión para que


yo pueda volver a reclamarlo.

Tehmper oía reír a Zayne mientras seguía detrás


de él. Él frunció el ceño. Zayne era el comediante de su
pequeño grupo. Él siempre estaba haciendo bromas de
un tipo u otro. Aunque por lo general Tehmper parecía
divertirse, pero esta vez su compañero estaba
involucrado. Y no era una broma.

Podía sentir las miradas curiosas de sus hermanos


cuando él atravesó el portal temporario y entró a su
mundo. Tehmper no les hizo caso. Él tenía una misión
que cumplir y un compañero para reclamar. No tenía
tiempo para calmar su curiosidad.

Tehmper asintió a los guardianes que vigilaban el


portal en Jinnistan. —Por favor, informen al Consejo que
hemos recuperado a Tuloq, y que él es consciente de
estar pendiente de juicio.

—Muy bien, Djini —dijo uno de los guardianes


antes de alejarse y subir por las escaleras de piedra
hasta la puerta del portal.

Tehmper giró hacia la puerta y vio cómo Clagh y


Storym le entregaban el prisionero a los guardianes.
Tehmper no se sorprendió cuando Clagh los siguió
cuando salieron con Tuloq llevándolo a su celda, donde
esperaría el juicio. A Clagh no le gustaba dejar las cosas
a medias y que otros la terminasen.

—Por favor, informe al Amir que deseo una


audiencia con él —Tehmper dijo a otro tutor. El hombre
asintió y se alejó.

Tehmper giró hacia Storym y Zayne. —¿Vosotros


os uniréis a mí, hermanos?

Storym ladeó la cabeza hacia un lado, confundido.


Zayne se limitó a sonreír cuando cruzó los brazos sobre
el pecho. —Nuestro ilustre Tehmper ha encontrado su
Demonas Amaté, y lo dejó en la superficie.

Tehmper sabía que a los cazadores de demonios


se les enseñaba a no mostrar sus emociones desde una
edad temprana. Eran guerreros. No podían permitirse el
lujo de mostrar sus emociones. Era casi una cuestión de
honor entre ellos, razón por la cual la expresión del
rostro asombrado de Storym sorprendió tanto a
Tehmper.

—¿Dejaste a tu Demonas Amaté en la superficie?


—Preguntó Storym.
—No podía traerlo conmigo, teniendo en cuenta la
situación —Tehmper respondió—. Teníamos una misión
que cumplir. Ahora que Tuloq está seguro, he pedido
una audiencia con el Amir. Voy a solicitar la admisión
formal de mi Demonas Amaté a nuestro clan.

—Tú sabes que si este hombre es tu Demonas


Amaté, su incorporación a nuestro clan es la única
solución aceptable —insistió Storym—. No te puedes
separar de tu Demonas Amaté, una vez lo has
reclamado.

—Soy consciente de ello. —Incluso ahora,


Tehmper podía sentir la necesidad de reclamar a su
compañero, una necesidad que serpenteaba a través de
su cuerpo como un centenar de pequeñas hormigas
corriendo por debajo de su piel. Le picaba, le dolía.
Apretó los dientes para retener su control—. Voy a tener
mi Demonas Amaté, pero lo voy a tener de la manera
apropiada.

—¿De verdad quieres esperar a la ceremonia


formal antes de reclamarlo? —Preguntó Storym—.
¿Puedes esperar tanto tiempo? Tu deseo por él
comenzará a interferir con tu juicio, si no lo reclamas.

—Yo no cometeré errores en lo que a mi Demonas


Amaté se refiere.

—Tengo una pregunta —dijo Zayne—. Él es un


habitante de la superficie. ¿Crees que voluntariamente
aceptará tu reclamo?

—Él es mi Demonas Amaté —respondió Tehmper—


. Ya le he dado mi marca. No tiene otra elección.
Tehmper se arrodilló en la parte inferior de la
tarima, donde su Amir se sentó, con la cabeza inclinada
en señal de respeto. Por mucho que quería esta reunión,
él mantuvo su boca cerrada y esperó a ser reconocido
por su líder.

—Tehmper, —dijo el Amir después de varios


momentos de silencio—. ¿Qué trae a uno de mis
guerreros más temidos ante mí?

Tehmper finalmente levantó la cabeza y miró hacia


el Amir. —Pido su comprensión, Amir. He venido a
solicitar formalmente la admisión de mi Demonas Amaté
a mi clan.

—¿Tu Demonas Amaté? —El Amir se rió entre


dientes—. Felicitaciones sean dichas, entonces.

—Sí, Amir.

—¿Y de dónde es tu Demonas Amaté?

Tehmper tragó el nudo en su garganta. Aquí iba la


parte difícil. Los que están muy dentro de Jinnistan son
bastante desdeñosos a la hora de aceptar a cualquier
habitante de la superficie. Tehmper esperaba que el
Amir pasara por alto ese pequeño detalle y le concediera
su petición.

—Mi Demonas Amaté está en la superficie, Amir.


—¿Un habitante de la superficie?

Tehmper hizo una mueca de dolor. Podía oír la


indignación en la voz del Amir.

Él inclinó la cabeza respetuosamente, a pesar de


que quería lanzar su rabia contra el Amir. Su compañero
era un hombre honorable. Él lo sabía. Si no lo fuera, no
habría tratado de doblegar a Tuloq sin hacerle daño.

—Sí, Amir. —Tehmper tragó de nuevo. Tenía la


garganta tan seca que se preguntaba si podría hacer
algún sonido—. Él derrotó a Tuloq, permitiéndonos
capturarlo con vida.

—¿Qué es esto? —Preguntó el Amir—. ¿Un


habitante de la superficie derrotó a un Shayatin?

—Sí, Amir. —Tehmper se sentía muy orgullo de


que su compañero derrotara a uno de los Shayatin.
Incluso a los cazadores de demonios les era difícil
derrotar a los demonios rebeldes. Era una gran hazaña
el que un habitante de la superficie pudiera hacerlo.

—Me gustaría entrevistarme con este habitante de


la superficie, Tehmper, antes de tomar una decisión.

Con lo mucho que quería discutir, Tehmper sabía


que no podía. El Amir era el líder escogido de su pueblo.
Su palabra era ley. Ir en contra de la palabra del Amir
era una invitación a su propia muerte.

—Como usted quiera, Amir.

—Trae a este habitante de la superficie ante mí,


así podré ver al que derrotó a Tuloq.
—Sí, Amir. —Tehmper se puso de pie, juntó las
manos, y se inclinó sobre ellas antes de volver a salir de
la sala del trono—. Y, Tehmper, —dijo el Amir antes de
que Tehmper llegara a la puerta doble—, no reclames a
este hombre hasta que me haya reunido con él. Todavía
no he decidido si se le permitirá unirse a tu clan o no.

Tehmper apretó los dientes. Él respiró hondo antes


de volver a inclinarse ante el Amir de nuevo. —Como
usted diga, Amir.

Tehmper esperó hasta que salió del palacio real y


por el camino a su complejo clan. Pasó por todos los que
se encontró, haciendo caso omiso de sus saludos al
entrar en el recinto, y se dirigió directamente por las
escaleras hasta el punto más alto en el edificio que
albergaba su clan, el mirador. Él arqueó la cabeza hacia
atrás, cerró los puños en el aire, y rugió su rabia. ¿Cómo
se atrevía el Amir prohibirle reclamar a su Demonas
Amaté. Era inaudito que a un cazador de demonios se le
negara su compañero demonio. Simplemente no debía
pasar.

Un Demonas Amaté era la otra mitad de su alma,


su razón de vivir. Como un cazador de demonios,
Tehmper luchaba cada día para mantener su reino y su
pueblo a salvo de los Shayatin. Su recompensa por años
de lucha era el consuelo de que iba a encontrarse al fin
en los brazos de su Demonas Amaté.

La rabia de Tehmper lo dejó, sólo para ser


reemplazada por un dolor tan profundo que sentía como
si su pecho se fuera a rasgar en dos. Se sentó en uno de
los escalones de piedra y escondió la cabeza entre las
manos, sintiendo la desesperación y la angustia de las
emociones que sólo él podía sentir.

—Tehmper.

—El Amir me prohibió reclamar a mi compañero


hasta que pueda reunirse con él —dijo Tehmper en un
susurro.

—Ciertamente, es broma —resopló Clagh.

Tehmper levantó la cabeza y miró a su hermano


del clan. —¿Me veo como que estoy bromeando?

—Pero él no puede hacer eso.

Tehmper resopló. —Bien, él lo hizo. Quiere


conocer a mi Demonas Amaté antes de que se le
conceda la admisión en nuestro clan. Mientras tanto, me
ha prohibido que lo reclame.

—No, tú no entiendes, Tehmper. Va contra


nuestras leyes que alguien interfiera en el apareamiento
de un cazador de demonios con su Demonas Amaté.
Está escrito en nuestros antiguos pergaminos. Ningún
hombre, mujer o niño puede interferir con un cazador de
demonios para que reclame al compañero que le
corresponde por derecho.

Tehmper frunció el ceño. Sus cejas se juntaron en


confusión.

—Entonces, ¿por qué el Amir me lo prohíbe? —


Tehmper pronto respiró rápido—. No crees que quiera
elegir a mi compañero para él, ¿verdad?

—No veo cómo —respondió Clagh—. Si tú lo has


reclamado, entonces es tuyo.
—Sólo le he dado mi marca.

—Entonces él sigue siendo libre hasta que


termines tu reclamación. —Clagh se pasó la mano por la
barbilla cuando comenzó a pasear por el pequeño
balcón—. Si tu Demonas Amaté es digno de ser
reclamado por un cazador de demonios y todavía no ha
sido reclamado, entonces imagino que el Amir estaría
interesado en él. Cualquier persona que pueda derrotar
a un Shayatin, habitante de la superficie o no, sería un
consorte apto para el Amir.

—Él es mi Demonas Amaté —gruñó Tehmper—. El


Amir no lo tendrá.

—Entonces te sugiero que pongas a alguien a


buscar los pergaminos antiguos de las leyes relativas a
un cazador de demonios reclamando a su compañero, y
yo lo haría antes de volver a la superficie y reclamarlo.
Una vez en Jinnistan, cae bajo el dominio del Amir.

Tehmper resopló y apretó los puños. ¿Qué sabía él


acerca de antiguos pergaminos? Él era un cazador de
demonios. Él sabía cómo cazar, cómo defender y cómo
matar. No sabía cómo ir a través de manuscritos
antiguos en busca de alguna oscura ley.

Finalmente, miró a su hermano del clan. —¿Me


puedes ayudar? Parece que sabes más acerca de estos
pergaminos antiguos que yo. Yo no sabría cuál sería el
lugar en el que mirar en primer lugar, y aunque lo
supiera, no sabría lo que buscar.

—Yo estaría encantado de ayudarle, Tehmper, tú


lo sabes.
Tehmper asintió. Él lo sabía. Clagh era su hermano
del clan, junto con Storym y Zayne. Juntos, los cuatro,
habían formado su clan. Trabajaban juntos, vivían
juntos, y entrenaban juntos.

Confiaban sus vidas el uno al otro.

Cada clan de demonios cazadores estaba formado


por cuatro guerreros, cada demonio tenía el control de
un elemento diferente. Tehmper era un demonio de
fuego, Zayne un demonio de agua, Storym un demonio
de aire, y Clagh era un demonio de tierra.

Todos ellos eran nacidos medio demonios. Si ellos


fueran uno de los afortunados, sufrirían una
transformación al llegar a la madurez. Su capacidad
elemental se manifestaría y se unirían a las filas de los
cazadores de demonios. Si no se transformaban, no eran
más que ciudadanos comunes de Jinnistan, o Afrit, como
ellos llamaban al lugar. Podrían unirse a la guardia
imperial y proteger a la familia real o convertirse en
tutores y proteger a los ciudadanos de Jinnistan. Pero
sólo los cazadores de demonios se transformaban.

—¿De verdad crees que el Amir tratará de tomar a


mi Demonas Amaté? —preguntó Tehmper mientras él
consideraba las características del siniestro Clagh.

Clagh se encogió de hombros. —El Amir desea


encontrar a su compañero al igual que nosotros.

—Pero este hombre es mi Demonas Amaté, no el


del Amir.

—También derrotó a un Shayatin —dijo Clagh—.


Eso dice mucho de su fuerza. Nunca he oído hablar de
un habitante de la superficie que derrotara a un
Shayatin antes. Estoy seguro de que es un rasgo
atractivo para el Amir.

—No importa —espetó Tehmper—. Él es mi


Demonas Amaté. Le di mi marca y mi colgante. La
reclamación está casi realizada. Es sólo una cuestión de
traerlo de regreso a Jinnistan.

—E intercambiar sangre con él durante el sexo.

La ingle de Tehmper se apretó con la idea de


reclamar a su compañero de una manera sexual, de
beber su dulce sangre otra vez. —Eso también.
—¿Podrías dejar de mirarme? —Gabe gritó por
enésima vez—. No me estoy muriendo.

—Amigo, —dijo Nick—, tu garganta parecía que


hubiera sido casi arrancada.

—Bien, pero no lo fue. —Gabe, ausente, frotó la


cicatrización de la herida en su hombro, justo en la
curva de su cuello. Era extraño, pero cada vez que se
frotaba la marca, sentía un escalofrío por la espalda. No
era un cosquilleo malo, puesto que casi lo excitaba.

Sentía casi como si la herida tuviera una conexión


directa con su pene.

Gabe se había mortificado cuando llegó a casa de


la escena del crimen al encontrar semen seco en toda su
ingle. No recordaba qué había sucedido, y eso lo asustó
aún más. Los paramédicos trataron de conseguir que
fuera al hospital, pero él se negó. Él no quería que nadie
lo tocara. Por alguna razón, la mera idea de que una
persona pusiera sus manos sobre él, hizo poner su piel
de gallina. Él ni siquiera quería que Nick lo tocara y ellos
habían sido amigos desde siempre.

La mano de Gabe se deslizó hasta el collar


alrededor de su cuello. Envolvió sus dedos alrededor del
pendiente de intrincado diseño e inmediatamente se
sintió mejor, más cálido. Gabe no podía recordar de
dónde había sacado el collar, al igual que él no podía
recordar quién lo atacó. Sólo sabía que no podía sacarse
el pendiente. Casi le da un ataque cuando los
paramédicos trataron de quitárselo, no se calmó hasta
que abandonaron la tarea de removerlo de su cuello.
Mantenerlo presionando contra su piel desnuda le hacía
sentirse mejor, protegido. Gabe no podía explicarlo.
Tampoco podía explicar los extraños sueños que había
tenido todas las noches desde el misterioso ataque: ojos
brillantes, de color rojo que le prometían su muerte,
luego ojos de un negro profundo que parecían ver en su
alma, y una niebla que parecía cubrir todos sus
recuerdos.

Gabe se despertó por la mañana con semen por


todo su abdomen e ingle. No había tenido un sueño
húmedo en años, y ahora había tenido uno todas las
noches durante la última semana. Parecía que se
excitaba por la más pequeña cosa, pero no tenía ningún
deseo de tener a alguien para aliviar su problema.

Ya lo había intentado, y fue un desastre colosal.


Gabe llamó a un antiguo novio y fue a una cita con él
anoche. Había estado muy duro toda la noche. Un toque
de la mano del hombre en su pene y cualquier deseo
que sentía se alejó, sólo para ser sustituido por una
repugnancia tan fuerte que tuvo que correr al baño y
vomitar.

Gabe lo había atribuido a su reciente lesión, pero


se mostró escéptico.
Algo había ocurrido en ese callejón oscuro hacía
una semana, y él no tenía ni idea de qué fue. Sólo sabía
que tenía una gran marca de mordedura en el cuello, un
collar que no podía recordar de dónde lo había sacado, y
un sospechoso perdido.

Gabe recordó a Bobby G en el callejón y se acordó


despertar con Nick cerniéndose sobre él y los
paramédicos rodeándolo. No tenía idea de cómo había
llegado hasta allí o qué era lo que había pasado. Tenía
cerca de diez minutos de tiempo perdido de su memoria.

—¿Seguro que estás bien? —Preguntó Nick—. Has


estado actuando como una especie de ardilla toda la
noche. —Resopló—. Infiernos, has estado actuando
como ardilla todas las últimas noches.

Gabe se encogió de hombros. Él no podía


explicarlo. Sentía que estaba esperando a que sucediera
algo, sólo que no sabía qué era ese algo. Pero la espera
era suficiente para darle comezón en la piel.

Varias veces se encontró a sí mismo frotándose las


manos arriba y abajo de los brazos y caminar de un lado
al otro por la habitación.

—No crees que esa cosa en la garganta se ha


infectado, ¿verdad?

Gabe detuvo su paseo, dándose cuenta que estaba


tocando el lugar de nuevo. Se metió las manos en los
bolsillos y reanudó su paso. Sintió frío, una congelación
constante, un frío tan profundo que llegaba a sus
huesos. No había sido capaz de calentarse desde el
callejón. Vestía camisas de manga larga, bebía chocolate
caliente y té, e incluso había intentado duchas de agua
caliente, pero nada de lo que hacía parecía dar
resultado.

—No, no está infectada —dijo Gabe—. Está bien.


Pica, pero eso es porque se está curando. Eso es todo.

Nick no parecía creerle. Gabe rodó los ojos. Se


acercó y se sentó en el sofá junto a Nick. Se sacó la
camisa sobre su cabeza, dio un tirón a la venda, y luego
se inclinó hacia Nick. —Mira, está bien.

Nick se quedó en silencio por un momento, casi


demasiado largo. Gabe empezó a girar hacia Nick
cuando el hombre silbó despacio por lo bajo. —Gabe,
¿has mirado esa cosa en un espejo?

Gabe frunció el ceño. —No, ¿por qué?

—Parece una herida punzante.

—¿Una qué?

—Pensarás que he perdido el juicio, pero esto se


parece a una herida por mordedura. Son sólo dos
marcas de dientes, como las de un vampiro.

—¿Qué…? —Gabe se puso de pie y corrió a su


cuarto de baño, cerrando la puerta detrás de él.
Encendió la luz, luego se inclinó sobre el mostrador y se
miró en el espejo. Gabe sentía que no podía respirar,
como si alguien se hubiera sentado en su pecho.

Nick estaba en lo cierto. Dos pequeñas marcas,


como si fueran pinchazos, lastimaban su piel.

No se observaban otros signos visibles en él. Gabe


se acercó y pasó los dedos suavemente sobre los
pequeños orificios, su piel hormigueaba con la caricia.
—¿Qué jodidos me pasó? —Susurró en voz baja.
Gabe cerró los ojos y se apoderó de la encimera,
confundido, desconcertado y perplejo.

—Yo creo saber qué te ocurrió.

Los ojos de Gabe se abrieron de golpe al ver los


ojos de puro negro que le devolvía la mirada en el
espejo, provenientes de una figura alta de pie detrás de
él. Su corazón latió aceleradamente. Los puños
apretados sobre el borde de la encimera para asegurarse
de que aún estaba despierto y eso no era un sueño.

Gabe frunció el ceño cuando se dio cuenta de que


la habitación estaba cada vez más caliente. En realidad
estaba caliente por primera vez en días. Que, más que
nada, le dijo que el magnífico hombre de pie detrás de él
tenía que ser una ilusión. Nada le pudo dar calor en
estos días.

Gabe cerró los ojos y giró lentamente y pensando


positivamente que cuando los abriera el hombre se
habría ido. Gabe contó hasta diez, luego, lentamente,
abrió los ojos. Él sintió que la sangre se iba de su
cabeza, y casi se derrumbó de nuevo sobre la mesa.

—Tú… Tú eres real —susurró.

—Soy muy real.

—¿Qui…? ¿Quién eres tú?

—Ya te dije quién era yo, Demonas Amaté.

—¿Demo qué?

Gabe se echó hacia atrás, alejándose de la gran


mano que se movía en su dirección.
El hombre hizo una pausa, luego continuó
lentamente para llegar a él. Gabe gritó cuando la mano
lo alcanzó y rozó las dos heridas punzantes en su
hombro.

—Soy Tehmper. Tú eres mi Demonas Amaté. Mi


demonio compañero.

Gabe quería protestar. Quería gritar y vociferar y


decirle a ese extraño que estaba loco, pero su cuerpo no
se movió.

Estaba congelado en el lugar debido al placer que


el tacto de Tehmper envió, hormigueando por todo su
cuerpo.

De repente, estaba duro y dolorido. —Oh, Dios,


por favor, muérdeme —declaró Gabe, libre de repente
de su parálisis. Agarró la camisa de Tehmper en sus
manos y tiró de él acercándolo, inclinando su cuello
hacia un lado para darle acceso.

—No es Dios. Es Tehmper. —Él se inclinó hacia


delante y hundió sus colmillos en la herida en el cuello
de Gabe. Fuertes brazos se envolvieron alrededor de
Gabe, tirando de él más cerca hasta que su cuerpo
estaba pegado al de Tehmper.

Gabe podía sentir cada músculo ondular, cada


profunda sensación en él. Podía sentir el eje en apuros
contra su abdomen, y se le hizo agua la boca. Gabe
nunca había sentido este nivel de excitación en su vida.
Quería frotarse por todo el otro hombre. Era más
importante para él que el respirar.
Gemidos de necesidad escaparon de los labios de
Gabe cuando Tehmper le agarró el culo. Ni siquiera
protestó cuando fue levantado en el mostrador y
Tehmper se colocó entre sus piernas. Un deseo tan
intenso que hizo temblar su cuerpo disparándose a
través de Gabe. Podía sentir cada tirón de la boca de
Tehmper en su cuello. Sabía que Tehmper estaba
bebiendo su sangre, y todo lo que quería hacer era darle
más. Gabe dejaría con mucho gusto que el hombre
bebiera de él aunque eso lo secase, si eso significaba el
placer de seguir adelante.

Gabe envolvió sus brazos alrededor de la cabeza


de Tehmper y sus piernas alrededor de su cintura. Gimió
en señal de protesta cuando Tehmper sacó sus colmillos
de su cuello. Su gemido fue sofocado por un duro
apriete buscando sus labios que exigían una respuesta
que él dio voluntariamente.

El beso envió a la boca de su estómago un


torbellino salvaje. Fue duro y exigente, explorando,
dejando la boca de Gabe ardiendo con fuego.

Sus emociones se agitaron al sentir el latido de su


pene. Una sensación de explosión se expandió a través
de Gabe, empujándolo sobre el borde de su liberación.

Gabe se alejó de la boca de Tehmper y dejó caer


la cabeza sobre sus hombros mientras gritaba,
disparando semen llenando sus pantalones.

—Demonas Amaté —dijo Tehmper, su voz baja y


áspera. Gabe gimió cuando sintió una mano empujando
en sus pantalones rozando su sensible pene. Levantó la
cabeza justo a tiempo para ver a Tehmper lamer el
esperma de su mano.

—Oh, Dios mío —murmuró casi en silencio Gabe.


Sus ojos se agrandaron cuando Tehmper sonrió—. No,
no Dios. Tehmper, y tú eres mi Demonas Amaté.

El corazón de Gabe latía con fuerza, pero no sabía


si era por las palabras del hombre o por el intenso
orgasmo que había atravesado todo su cuerpo. —¿Soy
tu qué?

—Mi Demonas Amaté, mi compañero demonio.

—¿Y qué significa eso exactamente? —Preguntó


Gabe, pero no estaba seguro de si quería saberlo.

—Tú me perteneces.

—El infierno que lo hago —espetó Gabe mientras


la pasión de hacía unos momentos se convertía en una
neblina roja de rabia. Golpeó con sus manos el pecho de
Tehmper, el hombre dio un paso involuntario hacia atrás
con el golpe. Gabe no sabía quién era este tipo, o cuál
era su juego, pero él no le pertenecía a nadie.

—Ahora, Demonas Amaté, no hay razones para...

—Mi nombre es Gabriele. Gabriele Antonio Moretti,


no Demonas Amaté o compañero demonio o como sea
que quieras llamarlo. —Gabe lo empujó otra vez hasta
que la espalda de Tehmper golpeó la puerta—. Y yo no
te pertenezco.

—Tú me perteneces —espetó Tehmper en


respuesta—. Tú llevas mi marca. Tú llevas mi collar. Tú
eres mío.
Gabe echó hacia atrás el puño y lo dejó volar.
Conectó en el centro de la cara de Tehmper, para
sorpresa de Gabe. Tehmper gruñó y se agarró la cara.
Gabe utilizó el mostrador como apoyo para empujarlo
con sus piernas. Sus pies cayeron justo en el medio del
pecho de Tehmper.

Gabe quedó boquiabierto cuando Tehmper voló


hacia atrás y se estrelló contra la puerta, aterrizando en
el suelo del pasillo. Gabe no perdió tiempo. Saltó del
mostrador y corrió hacia la puerta, haciendo una pausa
para mirar a la estructura de madera astillada antes de
apresurarse a través de ella.

Saltó sobre el cuerpo de Tehmper y corrió por el


pasillo hacia la sala. La emoción de la lucha, el bombeo
de la sangre por sus venas, todo se congeló cuando
entró en la sala y vio a Nick flanqueado por dos de los
más grandes hombres que hubiera visto nunca, con la
excepción de Tehmper.

Gabe rápidamente dio marcha atrás y corrió por el


pasillo hacia su habitación. Tehmper estaba
incorporándose, moviendo la cabeza como si estuviese
confuso, cuando Gabe saltó sobre él y continuó hasta su
dormitorio.

Gabe corrió hacia su mesita de noche, sacó su


pistola, y comprobó para asegurarse de que tenía un
cargador lleno. Empezó a volver a la otra habitación
cuando un instinto interior le dijo que agarrara otro
cargador. Gabe lo hizo, luego giró y corrió por el pasillo.

Tehmper ya no estaba en el pasillo, pero Gabe no


se sorprendió.
Un hombre de ese tamaño no se quedaría por
mucho tiempo tirado. Gabe volvió corriendo a la sala
para encontrar a tres hombres ahora rodeando a Nick.
Con mucho cuidado apuntó con su arma a todos ellos.

—Soy un oficial de policía —dijo Gabe lentamente.

—No creo que les importe, Gabe —dijo Nick.

—Cállate, Nick, no estás ayudando para nada. —


Gabe mantuvo su arma apuntando a los tres hombres
mientras lentamente se dirigió hacia el teléfono. Se dio
cuenta de que ellos no hicieron nada amenazante hacia
él o Nick.

Gabe levantó el teléfono y empezó a marcar


cuando la puerta se abrió con tal fuerza que golpeó
contra la pared. Dejó caer el teléfono en el suelo y dio
media vuelta, su arma apuntado y lista para disparar a
cualquiera que acababa de invadir su casa.

Varios hombres que rivalizaban con los que ya


estaban en la casa de Gabe entraron por la puerta.
Había algo diferente acerca de estos hombres, sin
embargo. Por primera vez desde que descubrió a
Tehmper en su baño, Gabe sintió verdadero miedo.

Podrían haber sido los ojos de color rojo brillante


que miraban en su dirección. Podrían haber sido los
afilados colmillos que cada hombre tenía. Podría haber
sido la manera en que gemían, como si aullaran como
perros. Fuera lo que fuese, Gabe sabía que los nuevos
visitantes eran los malos.

Gabe levantó su arma para disparar, pero antes de


que pudiera apretar el gatillo fue agarrado y jalado hacia
atrás hasta que quedó de pie detrás de una pared de
hombres.

Nick fue empujado junto a él. Nick parecía tan


confundido como Gabe se sentía.

Antes de que Gabe pudiera averiguar exactamente


lo que estaba pasando, la Tercera Guerra Mundial se
inició en su sala de estar. Gabe y Nick siguieron siendo
empujados hacia atrás hasta que chocaron contra la
pared. Los hombres que estaban con Tehmper tomaron
la mayor parte de la lucha, dejando de guardia a
Tehmper para proteger a Gabe y Nick.

Gabe observó la pelea, haciendo una mueca


cuando su mesa del comedor se astilló y se estrelló
contra el suelo bajo el peso de dos de los hombres que
peleaban. Maldita sea, él amaba la mesa, pero no fue
tan malo como ver a su gran televisor de gran pantalla
estrellado en el suelo.

Gabe permaneció sorprendido mientras se


arremolinaban a su alrededor hasta que uno de los
recién llegados se lanzó contra Tehmper. Vio cómo el
hombre más sexy que había visto fue arrancado de su
posición frente a él y Nick, siendo arrojado por el aire
como una pluma.

El monstruo que cometió el acto giró hacia él casi


de inmediato. —Demonas Amaté —gruñó eso.

En cuanto a Gabe se refería, se trataba de un eso.


Nada que él supiera que tuviera largos colmillos, garras
afiladas, y un cuerpo del tamaño de un camión, podía
ser un ser humano. El monstruo dio un paso hacia ellos,
y Gabe dio un paso por delante de Nick. Tehmper lo
había llamado Demonas Amaté, por lo que Gabe sabía
que esta cosa iba detrás él y no de Nick. No sabía lo que
el monstruo quería, pero él no tenía ningún plan en
dejar que esa cosa hiciera lo que quisiera.

Gabe apuntó con su arma al monstruo y apretó el


gatillo. Ni siquiera gritó en voz alta haciendo una
advertencia. Él sólo apretó el gatillo una y otra vez hasta
que su arma quedó vacía. Con un movimiento en piloto
automático, Gabe reemplazó rápidamente el cargador y
comenzó a disparar un poco más.

El arma de Gabe quedó vacía de nuevo. El


monstruo se limitó a sonreír, sus colmillos brillando en la
luz de la sala de estar. Gabe tragó duro y oró para no
estar a punto de morir. Cuando la cosa delante de él dio
un paso más cerca, Gabe se preguntó si la muerte sería
preferible.

—¡Estamos tan jodidos! —Susurró Nick.

Gabe asintió. No tenía ninguna duda de que ellos


iban a morir. El mal rodando por el monstruo que
caminaba hacia ellos, era tan espeso, que Gabe
prácticamente podía verlo. Era como una nube de humo
negro alrededor del cuerpo del hombre. Esto bajó la
temperatura del aire y le dio un leve escalofrío que se
arrastraba por la piel de Gabe.

El monstruo levantó su mano y mostró sus


colmillos, silbando. Gabe se preparó, a sabiendas de que
estaba a punto de morir, cuando una bola de fuego voló
por el aire y golpeó al monstruo en la espalda. Un grito
desgarrador salió del monstruo enviando una corriente
fría por la columna vertebral de Gabe y luego pudo ver
cómo subía un resplandor de llamas de color naranja y
rojo desde el monstruo.

Antes de que Gabe pudiera procesar su sorpresa,


alguien lo agarró. Comenzó a luchar, pensando que otra
de esas cosas lo estaba agarrando, cuando de pronto
sintió un hormigueante calor a lo largo de su piel,
alejando el frío que sentía.

Gabe miró hacia arriba, el alivio lo inundó cuando


él se encontró con Tehmper sosteniéndolo de su brazo.
—Tehmper, ¿qué demonios está pasando aquí? —
Preguntó, mientras hizo un gesto en torno a su sala de
estar destruida y los cuerpos ensangrentados y
quemados en el suelo—. ¿Qué son esas cosas?

—Ellos son Shayatin, demonios rebeldes.

—¿Shayatin? ¿Demonios rebeldes? —Repitió Gabe


lentamente—. Pero yo pensé... pensé... tú dijiste que yo
era tu compañero demonio. ¿No te hace eso un
demonio?

—Sí, pero soy de Djini. Yo soy un cazador de


demonios.

—Y eso, ¿qué significa?

—Los Shayatin son demonios sin escrúpulos. Son


maliciosos y se han pasado hacia el lado del mal,
rompiendo nuestras leyes más sagradas. Ellos son tus
vampiros de las leyendas saliendo a la superficie para
alimentarse de los humanos.

—¿Alimentarse? —Gabe tragó duro—. ¿Al igual


que tú te alimentas de mí?
—Tú estás respirando todavía, ¿no?

—Sí, pero...

—Los Shayatin no dejan a sus víctimas con vida.

—De acuerdoooo. —Gabe miró a su alrededor—.


¿Alguien ha visto la botella de whisky que estaba sobre
la mesa de café? Me vendría bien un trago en este
instante. —Gabe gruñó cuando Tehmper lo jaló del brazo
y le dio un tirón para posicionarlo junto a él.

—No vas a contaminar tu cuerpo de esa manera.

—No te di voz en el asunto.

—Tú eres mi Demonas Amaté —gruñó Tehmper.

—¡Me importa una mierda!

—Gabe —le susurró Nick, tirando del brazo libre de


Gabe—. ¿De verdad crees que debes discutir con un
hombre que te puede convertir en un pretzel?

Gabe estrechó la mano de Nick alejándola de su


brazo, y luego trató de hacer lo mismo con la de
Tehmper. Cuando no pudo, suspiró y miró arriba a
Tehmper.

Gabe movió los dedos. —¿Te importa?

—Debemos salir de este lugar, Demonas Amaté —


dijo Tehmper—. Vendrán más.

—Estás loco —espetó Gabe—. No voy a ir a ningún


lugar contigo.

—Debes hacerlo —dijo Tehmper—. Vendrán más.

—¿Quiénes?
—Más de ellos. —Señaló Tehmper detrás de Gabe.
Giró, su mandíbula caía libre cuando vio a tres de los
Shayatin viniendo a través de su puerta. Vio a los dos
Djini que estaba junto a Tehmper saltando en acción,
pero él fue incapaz de moverse.

—¿Cómo siguen encontrándonos? —Susurró


Gabe—. ¿Por qué siguen buscándonos?

—Ellos te quieren —gruñó Tehmper mientras


sacaba a Gabe en sus brazos—. Tú eres un Demonas
Amaté.
Los instintos naturales de protección de Tehmper
fueron gritarle para poner a su Demonas Amaté a salvo.
Estaba incluso dispuesto a tomar al otro ser humano
también, si con ello podía llevar a Gabe a un lugar
seguro.

—Tenemos que irnos —dijo Tehmper mientras


trataba de llevar a Gabe y a su amigo humano hacia el
pasillo y lejos del combate. Storym y Zayne podían
hacerse cargo de los Shayatin nuevos que se
presentaron. Tehmper iba a cuidar de lo que era más
importante, su Demonas Amaté.

—Reúne lo que necesites y sé rápido —dijo


Tehmper cuando introdujo a Gabe y a Nick por el
pasillo—. No tenemos mucho tiempo. Tenemos que
irnos.

Gabe se detuvo en medio del pasillo y se dio la


vuelta. —¿A dónde? —Preguntó—. Tenemos que llamar a
la policía.

—Las fuerzas de la ley humana no pueden luchar


contra los Shayatin y vivir, Demonas Amaté.

Gabe colocó sus manos en las caderas y miró


arriba a Tehmper, que casi hizo una mueca por el mal
genio del hombre. Su compañero no era una presa fácil
y parecía tener todo el temperamento.

Tehmper previó muchas grandes batallas con su


pareja delante de ellos.

—Parecía que lo hacía muy bien con tu culo de


demonio.

—Una coincidencia afortunada, seguramente.

—¿Una coincidencia afortunada? —preguntó


Gabe—. Yo te he noqueado. No había nada de suerte en
ello.

—Ya veremos, Demonas Amaté. —Tehmper cruzó


los brazos sobre su pecho y se apoyó contra la puerta,
poniéndose entre el peligro exterior de la puerta y el
tesoro en el interior.

Gabe pisó su pie. —¡Mi nombre es Gabe!

Tehmper arqueó una ceja. Se supone que de


alguna manera cósmica tenía sentido que el Demonas
Amaté de alguien llamado Tehmper tuviera semejante
genio. Le divertía, pero también le daba gracias a los
dioses. No quería un felpudo como compañero.

—Tenemos que irnos, Gabe —dijo Tehmper—. Por


favor, recoger tus pertenencias.

—¿De qué demonios estás hablando? ¿A dónde


vamos?

Tehmper rodó los ojos. —Debemos salir de este


lugar antes de que vengan más Shayatin. Ya te lo dije.
Ellos se sienten atraídos por tu olor.
—¿Mi olor? —Gabe frunció el ceño. Echó la cabeza
hacia abajo un poco y levantó su brazo, olfateando.

—Los demonios huelen el olor de la sangre. Este


es el olor que todo el mundo emite a partir de la mezcla
de los químicos en su sangre. Es diferente para cada
persona, como un código de ADN. Los demonios no
desean a la gente por su apariencia solamente, como lo
hacen los humanos, sino por el olor de su sangre. Un ser
humano puede ser hermoso por sus estándares
humanos y ser feo para los estándares de los demonios.

—¿Estás diciendo que soy feo?

—Tu olor es como la ambrosía para los demonios,


la combinación perfecta de productos químicos. —
Tehmper inspiró una respiración profunda. Sonrió
cuando un pequeño estremecimiento de lujuria corrió
por su cuerpo—.Tú eres perfecto.

Tehmper era un poderoso demonio de fuego.


Cazaba Shayatin. Luchó en más batallas de las que
podía recordar. No es que lo sorprendiera mucho cuando
sintió como una descarga cuando Gabe de repente saltó
a través del espacio entre ellos y agarró la camisa de
Tehmper.

—¿Cómo me hiciste esto a mí? —Silbó Gabe


mientras apretaba su cuerpo contra el de Tehmper—.
Estoy enojado contigo. Quiero patear la mierda que hay
en ti, pero en todo lo que puedo pensar es en tus manos
sobre mí.

Tehmper se inclinó y pasó la lengua por la marca


de mordedura en el cuello de Gabe. Podía sentir la
respuesta de Gabe en el temblor de su cuerpo y el suave
gemido que cayó de su boca cuando apoyó la espalda
contra su hombro.

—Tú eres un Demonas Amaté. Has sido marcado.


A ti te gusta el toque de tu demonio. Tú me anhelas.

—Voy a matarte jodidamente cuando esto termine


—gruñó Gabe.

Tehmper sonrió cuando sintió las manos de Gabe


cavando en su cabello y tirar de él más cerca. Pasó la
lengua en la marca de la mordida de nuevo, y luego
hundió sus dientes. Caliente y dulce sangre llenó su
boca, alimentando su deseo de reclamar totalmente a su
compañero. Era todo lo que podía hacer para resistir el
no joder a Gabe contra la pared más cercana.

Pero tuvo que resistir. Si reclamaba totalmente a


Gabe antes de que se presentase ante el Amir, podría
perder a su Demonas Amaté, incluso antes de que él lo
tuviese. El Amir tenía la capacidad de negar la admisión
de Gabe al clan de Tehmper. Si eso sucediera, Tehmper
sólo podría ver a Gabe cuando regresase a la superficie,
y no era tan a menudo para que un demonio se
apareara.

—Está bien, ¿pueden parar esa mierda ustedes


dos? —Nick preguntó—. Mis ojos están ardiendo.

Tehmper alzó sus ojos bruscamente para ver a


Nick de pie a través del cuarto delante de ellos, rodando
los ojos. Se había olvidado que él y Gabe no estaban
solos. Lamentándolo en gran medida, Tehmper retiró
sus colmillos y lamió la marca de mordida para cerrarla.
Él sostuvo el cuerpo de Gabe cerca de él por un
momento más, luego lo alejó un paso. Los ojos de Gabe
estaban desenfocados, desconcertado. Tenía la piel
enrojecida. Miró al magnífico Tehmper, la cosa más
impresionante que hubiera visto.

—Reúne tus cosas, Gabe.

Gabe parecía estar en un sueño mientras se movía


en torno a su habitación.

Tehmper cruzó los brazos sobre el pecho de nuevo


y se apoyó contra la puerta mientras veía Gabe vestirse,
y luego comenzar a reunir unos cuantos artículos aquí y
allá, empujándolos dentro de una mochila.

—¿Voy a volver? —preguntó Gabe de repente.

—Cuando sea seguro, podrás visitar la superficie,


pero tu lugar está a mi lado ahora.

Tehmper nunca le admitiría a Gabe que adoraba el


ceño de enojo que se formaba entre las cejas del
hombre cuando las juntaba. Añadía algo a sus rasgos,
algo excitante y caliente. Tehmper ya sabía que a
menudo su compañero mostraba esa expresión.

—Te das cuenta de que tengo una vida aquí,


¿verdad? ¿Un trabajo, una casa y amigos? Incluso tengo
familia aquí. ¿De verdad esperas que me vaya y lo deje
todo solo por ir a algún lugar contigo, porque dices que
tenemos algún tipo de relación?

Tehmper sonrió. —Sí.

Gabe se quedó boquiabierto. —¿Hablas en serio?

—Perfectamente.
—¡Estás loco!

—En absoluto —respondió Tehmper—. Como uno


de los Djini, te he buscado toda mi vida. Nuestra unión
es sagrada. Cuando un Djini encuentra su Demonas
Amaté, se acoplan eternamente, en corazón, mente,
cuerpo y alma.

—¿Qué pasa si no quiero esto?

Tanto como las palabras lastimaban a Tehmper, él


sabía que era sólo la manera de Gabe de protestar por el
cambio repentino que su vida había tomado. Trató de no
tomar las palabras de Gabe en forma personal. Sabía
que Gabe y él se acababan de conocer y que tenían un
largo camino por recorrer, pero aún le dolía.

—Nuestra unión es una compulsión, una atracción


instintiva. Tenemos una necesidad obsesiva de
acoplarnos, y hacerlo con frecuencia. Si no cumples con
esta necesidad, esta obsesión puede llegar a ser
dolorosa en su intensidad.

—¿Dolorosa? —susurró Gabe.

—Es como si un centenar de pequeñas hormigas


te picasen, arrastrándose debajo de tu piel —Tehmper
comenzó—. Uno se siente inquieto, ansioso. Te
encuentras acelerado, como si estuvieras esperando que
algo sucediera. Y, como el compañero de un demonio de
fuego, sientes frío, profundamente hasta los huesos, a
menos que estés cerca de mí.

Gabe se estremeció cuando se frotó las manos


arriba y abajo de sus brazos. Su rostro palideció en
shock. —¿Cómo sabes eso?
—Tú eres mi Demonas Amaté, la otra mitad de mi
alma. Tú eres mi salvación, la luz de mi oscuridad. Sin ti
sólo soy la mitad de un hombre. —Tehmper dio un paso
hacia adelante y acarició con su mano el lado de la cara
de Gabe—. Nunca he deseado a otros como te deseo a
ti. La necesidad de estar contigo hasta interfiere con mi
deber como Djini. Creo que nada, excepto tocarte, me
satisface.

—Maldita sea, —silbó Nick en voz baja—, está


bien.

La mirada de Tehmper se fijó en Nick para hacerlo


callar con una mirada, luego la regresó a su compañero.
Gabe se le quedó mirando como si tuviera dos cabezas.
Tehmper frotó las manos sobre los brazos de Gabe,
mirando al hombre estremecerse ante su toque e
inclinarse hacia él.

—Te necesito. Tú eres mi otra mitad, mi siguiente


aliento. Te amaré y te protegeré hasta mi muerte,
porque eres más que mi amante y compañero. Tú eres
mi salvación. Yo nunca querré a otro.

—Tú no me conoces —le susurró Gabe.

—Eres un hombre de honor, un protector. Luchas


por los que no pueden luchar por sí mismos. Eres un
hombre fuerte, tanto física como mentalmente. —
Tehmper empujó un mechón de cabello castaño oscuro
atrás de la cara pasmada de Gabe. Él rió entre dientes
ligeramente—. Sin embargo, tienes un temperamento
que es una buena cosa cuando te aparees con un
demonio de fuego. Los dos somos muy tercos. La
nuestra no será una unión fácil, pero será la mayor
alegría de nuestras vidas.

—¿Cómo lo sabes? —Susurró Gabe.

—¿Mis palabras no te afectan? —Preguntó


Tehmper—. ¿Mi presencia no hace que te sientas más
caliente?

—Sí, pero...

—Cuando te toco, no sólo se siente más caliente,


sino que se te antoja más. Necesitas el calor que mi
presencia te da. Por extraño que la idea pueda ser para
ti, el pensamiento de mi mordida te excita. Nunca has
estado tan interesado en el lado sexual de tus
relaciones, pero tú necesitas mi toque como necesitas el
próximo aliento.

La cabeza de Gabe bajó a apoyarse en el pecho de


Tehmper.

Tehmper se estremeció al sentir el aliento suave y


cálido que soplaba desde los labios de Gabe, el pequeño
beso que Gabe colocó en su piel. Gabe no era tan
inmune a él como estaba tratando de hacerle creer.

—Tú eres mi Demonas Amaté, Gabriele Antonio


Moretti. —Tehmper se apoderó de un puñado del cabello
de Gabe y tiró la cabeza hacia atrás para poder mirar
hacia abajo al color verde pálido de sus ojos—. Y no voy
a renunciar a ti —susurró duramente mientras le daba a
Gabe una pequeña sacudida—. Eres mío.

El silencio llenó la sala cuando Tehmper esperó la


respuesta de Gabe a sus palabras. Sabía que la situación
era confusa para el hombre. Hasta la semana pasada,
Gabe ni siquiera sabía que existía un mundo más allá del
suyo.

Tehmper tenía la esperanza de que Gabe fuera lo


suficientemente fuerte como para explorar lo que podría
haber entre ellos.

Gabe finalmente dejó escapar un largo y audible


suspiro. —¿Y ahora qué?

Tehmper sonrió. —Termina de recoger tus


posesiones. Toma solamente lo que es más importante
para ti. No puedo prometerte que vayas a ser capaz de
volver de inmediato, pero me comprometo a tratar de
hacer que suceda.

Gabe asintió. Tehmper no estaba seguro de que


Gabe entendiera completamente, pero al menos su
compañero estaba dispuesto a intentarlo. Eso era
suficiente por ahora.

Una vez que Gabe fuera con él y lo llevara ante el


Amir, podrían pasar juntos todo el tiempo que
necesitaran para hablar. Hasta entonces, el tiempo era
esencial.

—Tú, “amigo de Gabe”, ¿tienes lo que necesitas


para que nos acompañes?

—“Amigo de Gabe” tiene un nombre, ¿sabes? Es


Nick —resopló Nick—. ¿Y quién dice que yo voy a alguna
parte contigo?

—¿Quieres quedarte aquí con los Shayatin?

—Um, realmente no, pero sería bueno saber hacia


dónde vamos.
Tehmper observó a Gabe darse prisa por la
habitación y terminar de recolectar sus posesiones.
Mantuvo la mirada fija en su compañero mientras él
respondió a Nick. Era casi imposible apartar los ojos del
sexy hombre.

—Vamos a volver a mi mundo.

—¿Tu mundo? —Chirrió Nick—. ¿Y dónde queda tu


mundo? ¿Eres un extraterrestre? ¿Vamos a ser
transportados hasta una nave espacial y llevados a otro
planeta? ¿Has venido para investigar?

Los ojos de Tehmper se apartaron de su


compañero para posarse sobre Nick, su sorpresa hizo
que dejara de hablar por un momento. El amigo de Gabe
era un bicho raro. —Jinnistan está por debajo de la
superficie, cerca del centro de la tierra.

—Oh, Dios —Nick se quejó—. Vamos al infierno.

—No, no es el infierno —dijo Tehmper—. Es


Jinnistan, el mundo de Jinn.

—¿Todo un mundo lleno de demonios? —Gritó


Nick—. ¿Y quieres que vayamos allí?

—Nuestro mundo no es tan diferente al vuestro.


Comemos, nos casamos, tenemos hijos y morimos, al
igual que los de tu mundo lo hacen. Nuestra gente es
responsable de sus acciones. Tenemos leyes, y castigos
si esas leyes se rompen. Un Djini como yo, hace cumplir
esas leyes.

Nick casi se atragantó con su risa. —¡Tú eres un


policía!
Tehmper se encrespó. —Soy un Djini.

Nick comenzó a contar con los dedos. —Haces


cumplir las leyes, rastreas a los que las rompen, y
administras sus castigos o los regresas para ser
juzgados. ¿Es todo esto correcto?

—Sí, eso es cierto.

—¡Ja! ¡Tú eres un policía!

—Nick, deja de incitarlo —dijo Gabe cuando él se


acercó al lado de Tehmper—. Él puede convertirte en un
pretzel, ¿recuerdas?

Nick tragó saliva. —Sí, está bien.

Tehmper trató de esconder su sonrisa, pero era


difícil de hacer cuando quería reírse de la mirada afligida
de la cara de Nick. Estaría interesado en ver lo que los
demás en su clan pensaban de este extraño habitante
de la superficie. Estaba seguro de que lo encontrarían
divertido. Él lo hacía.

—Vamos, estamos quedándonos sin tiempo —dijo


Tehmper cuando escuchó que la conmoción en la otra
habitación se silenciaba. O alguno de sus hermanos del
clan había ganado la pelea y estaban a salvo, o ganaron
los Shayatin, en cuyo caso, se encontraban hundidos en
mierda hasta el cuello—. Tenemos que irnos ahora.

Gabe asintió y agarró su mochila, arrojándola


sobre su espalda.

—Estoy listo.

—Amigo de Gabe, ¿estás listo, también?


Nick rodó los ojos. —Mi nombre es Nick. Nicholas
Patrick Dane. No soy amigo de Gabe.

Tehmper arqueó una ceja. Extendió sus garras y


las encendió acercándolas a Nick. —¿No eres un amigo
de Gabe?

Los ojos de Nick se redujeron ante las garras


afiladas de Tehmper. Luego tragó audiblemente. —Sí,
amigo de Gabe está bien para mí.

—Saben, tengo un montón de mierda a la que


hacer frente en este momento y no es precisamente
verlos a ustedes dos hacer un concurso de idiotas —
espetó Gabe. Hizo un gesto hacia la puerta del
dormitorio—. ¿Podemos sólo irnos?

—Por supuesto, Demonas Amaté. —Él dio un paso


hacia la puerta y escuchó. Cuando tomó conocimiento de
que no había sonido alguno más allá de la puerta, la
abrió con cautela. Más allá del pasillo estaba todo
volcado en completo caos, sillas, cojines rotos,
fotografías hechas añicos en el suelo.

Mientras Tehmper caminaba hacia el desastre, su


corazón se apretó en el pecho ante la destrucción de
todo lo que estaba en la casa de Gabe. Podrían ser solo
bienes materiales, pero fueron las posesiones materiales
de Gabe.

Haciendo una pausa en la entrada de la sala,


Tehmper miró a su alrededor y se estremeció ante la
devastación. Cuerpos esparcidos por el suelo, aunque
afortunadamente ninguno de ellos era el de Storym o el
de Zayne. Storym y Zayne, a pesar de que permanecían
de pie, mostraban su agotamiento, ya que se apoyaban
contra la pared.

Tehmper escuchó una inhalación leve de


respiración. Giró para ver a Gabe mirando alrededor de
su sala de estar, el terror escrito en su rostro. Se acercó
a él, deteniéndose cuando Gabe retrocedió ante él. Dejó
que su mano cayera lentamente de nuevo a su lado.

—Lamento la pérdida de tus posesiones, Gabe —


dijo en voz baja.

Miró a su alrededor, agitando la mano hacia los


artículos destruidos y quebrados.

—¿Se pueden sustituir?

Gabe se agachó y recogió un cuadro roto.

Tehmper pudo ver que el marco sostenía una foto


de un Gabe mucho más joven junto a otras personas. Le
dolía el corazón ver a su compañero cuando Gabe trazó
el pulgar sobre la imagen.

Gabe bajó el marco de nuevo al suelo, el sonido de


cristales rotos llenando la habitación. Tehmper no podía
decir lo que su compañero pensaba. Una máscara de
piedra parecía haber caído sobre su cara.

—No —respondió Gabe cuando se puso de pie—.


Algunas cosas nunca pueden ser reemplazadas.

Tehmper estaba confundido cuando Gabe se alejó.


Podía ver que la fotografía que sostenía significaba
mucho para Gabe. Él no entendía por qué Gabe sólo la
dejó tendida en el suelo. Tehmper se agachó, agarró el
marco, y sacudió la foto. Rápidamente se la metió en el
bolsillo de su abrigo.

Mirando a su alrededor, pudo ver varios otros


cuadros en el suelo, algunos rotos, algunos con huellas
de sangre sobre ellos. Tehmper echó una mirada a su
compañero. Al ver a Gabe ocupado en el área de la
cocina, levantó el resto de las fotografías y las puso en
su abrigo junto a la primera, colocando los marcos
vacíos y rotos sobre una mesa volcada cerca.

Gabe parecía estar particularmente molesto por la


destrucción de estos artículos. Tehmper tendría que ver
qué podía hacer para repararlos o reemplazarlos. La
transición del mundo de la superficie al mundo de
Tehmper ya sería lo suficientemente dura para el
hombre. Si había alguna manera en la que Tehmper
pudiera hacerlo más fácil para él, lo haría.

—¿Qué acerca de estos cuerpos? —Preguntó Gabe


mientras caminaba de vuelta a la sala de estar—. No
podemos dejarlos en mi sala de estar. Alguien podría
descubrirlos, y no creo que la policía crea en mi
explicación.

—Ellos serán removidos —dijo Tehmper—. Deben


ser devueltos a nuestro mundo, muertos o no. La prueba
se debe tomar antes de que el consejo decida la
sentencia que se les impone.

—¿No han oído hablar de las cámaras digitales? —


Rió Gabe.

—¿Cámaras digitales? —Preguntó Tehmper


confundido—. ¿Qué es esta cámara digital de la que
hablas?
—¡Dios mío, de qué planeta eres tú…? —Nick
comenzó a reírse, pero se detuvo de repente—. No
importa. Una cámara digital toma fotos para que puedas
ver algo, incluso si no estás allí. Al igual que las fotos de
la familia de Gabe. Esas fueron tomadas con una
cámara.

—¿Ellos no fueron pintados? —Preguntó Storym


cuando él dio un paso adelante—. ¿No tienen artistas
que pintan sus cuadros? ¿Cómo sabes cómo se ve tu
familia?

Nick rió a carcajadas. —Amigo, necesitas obtener


más información, o hasta más, en tu caso. Puede que no
tengamos demonios, pero nosotros, los habitantes de la
superficie, hemos progresado de la edad de piedra.
Incluso tenemos el fuego y la rueda.

A Tehmper no le gustó el gesto que cubría el


rostro de Storym. Lo había visto una o dos veces, por lo
general justo antes de que Storym golpeara a alguien.

No estaba seguro que Nick pudiera soportarlo.


Para un habitante de la superficie que sea superior al
tamaño medio podría ser, pero siendo Storym un
cazador de demonios, Nick era prácticamente un
camarón para él.

—Tenemos que seguir adelante —dijo Tehmper,


interponiéndose entre los dos hombres antes de que
Storym pudiera hacer algún daño a Nick—. Podría haber
más Shayatin viniendo. Gabe no estará seguro hasta
que esté en Jinnistan.
Storym miró a Nick por un momento y luego dio
un paso atrás. Se acercó a la mitad de la habitación y
sacó una pequeña bolsa.

Cuando Nick dio un paso adelante, la curiosidad


estaba escrita en toda su cara, entonces Tehmper
extendió la mano y lo agarró del brazo.

—No debes interferir —dijo Tehmper—. Si se


rompe el círculo no se puede activar el portal.

—¿Círculo? ¿Portal?

—Nosotros usamos la sal bendecida por nuestros


sacerdotes para crear un círculo sagrado. Este círculo
crea un portal a nuestro mundo.

—Amigo, esto es seriamente cool.

Storym roció la sal en forma de un círculo, y luego


comenzó una serie de encantamientos. Tehmper se rió
cuando un gran pincel de aire pasó sobre el círculo y
Nick saltó hacia atrás.

El círculo sagrado era siempre una sorpresa para


los habitantes de la superficie, aunque Tehmper no sabía
por qué. Los antiguos druidas lo habían utilizado en todo
momento en el pasado. ¿Cómo, se supone que un
demonio fuera convocado de nuevo entonces? ¿Por
medio de un deseo?

—¿Es lo más seguro? —preguntó a Nick cuando el


círculo de sal blanco en el suelo comenzó a brillar.

—Es perfectamente seguro —respondió Tehmper—


. Eso sí, no pises la sal.
Se dio la vuelta para mirar a su compañero,
encontrando a Gabe cautivado con el círculo brillante, al
igual que Nick. Pasando por encima de él, pasó un brazo
sobre los hombros de Gabe. —¿Estás listo para ver mi
mundo, Demonas Amaté?

—No creo que aceptes un no, ¿no es así? —Gabe


preguntó mientras inclinaba la cabeza hacia atrás para
mirar a Tehmper.

—No me gustaría que dijeras no, pero en última


instancia, esto tiene que ser tu elección. —Tehmper hizo
una mueca ante el mero pensamiento—. No voy a
forzarte.

—Pero ¿qué pasará con la mordida? —preguntó


Gabe mientras sus manos acariciaban la herida en su
cuello.

Tehmper apretó los labios mientras trataba de


reprimir su gruñido. —Si no deseas acompañarme, la
marca se desvanecerá con el tiempo. Nuestra unión no
se ha completado, y hasta que así sea, cualquiera de
nosotros puede volver atrás.

—Pensé que, básicamente, enloqueceríamos, si no


me convierto en tu compañero.

Tehmper enloquecería si perdía a su compañero,


no Gabe. Gabe no era un demonio. Era un habitante de
la superficie. Él se sentiría incómodo por un tiempo, pero
la sensación poco a poco se desvanecería.

Era más probable que Tehmper se suicidase por el


dolor. Ya la construcción de vínculo entre ellos era lo que
dificultaba a Tehmper estar lejos de Gabe.
—No sería fácil, pero tú eres lo suficientemente
fuerte para sobrevivir.

Tehmper podría decirle a Gabe la verdad, pero él


quería que Gabe lo aceptase como compañero porque
eso es lo que quería, no porque Tehmper no podría
sobrevivir a su separación.

—¿Qué pasa con mi olor y el Shayatin?

—A medida que se desvanece la marca, —dijo


Tehmper, sus ojos eran la prueba de su vinculación con
Gabe—, la fuerza de tu olor se irá desvaneciendo hasta
que vuelva a como era antes. Una vez que el olor se
haya ido, los Shayatin no te molestarán más.

—Por lo tanto, ¿nada de esto habría sucedido si no


me hubieras mordido?

Tehmper tragó saliva. Podía ver el edificio


construirse con ira en los ojos de su pareja. Él lo
deseaba, más que a cualquier otra cosa en el mundo,
podía decirle a Gabe que no tenía nada que ver con esto,
pero eso sería una mentira, y él no iba a empezar su
vida juntos con una mentira.

—No.

Gabe se quedó boquiabierto por un momento,


luego cerró su boca de golpe. Él se apartó de Tehmper y
comenzó a dar vueltas por la cocina, murmurando para
sí. Él no estaba hablando lo suficientemente alto para
que Tehmper pudiera entender las palabras, pero se
sentía bastante seguro de que no eran amables.
—Tehmper, tenemos que irnos —dijo Storym.
Tehmper asintió y miró a Storym—. Lleven a los
Shayatin a través del portal, yo iré en un momento.

—¿Y tu Demonas Amaté?

Tehmper apretó los labios y negó con la cabeza. Él


era lo suficientemente fuerte como para obligar a Gabe a
ir con él, pero él no quería eso. Si Gabe realmente no
quería ser su Demonas Amaté, Tehmper no lo forzaría.
Él quería un compañero dispuesto, incluso uno que
crecería para cuidar de él en el tiempo. Él no quería
alguien con el que tuviera que luchar todo el tiempo.

Tehmper vio cómo sus hermanos del clan reunían


los cuerpos sin vida de los Shayatin y se los llevaban a
través del portal. Cuando el último cuerpo había sido
transportado, él giró hacia su compañero una última
vez.

—Ahora me voy, Gabe —dijo en voz baja. Bebió


tanto como pudo de los rasgos hermosos de Gabe, antes
de alejarse lentamente.

—Por favor perdóname por lo que he traído a tu


vida. No pretendía hacerte daño.

Tehmper apenas podía tragar el nudo de ardor en


su garganta mientras se dirigía hacia el círculo sagrado.
Él a propósito evitó enfrentarse con Gabe en el pasillo
mientras pasó por encima de la sal, incapaz de soportar
ver a su compañero al salir.

Él no quería que Gabe viera las lágrimas ardiendo


en sus ojos y pensara en lo débil que era. Eso no era lo
que él quería que viera su Demonas Amaté, que lo
recordara así, si él lo recordaba en absoluto.

—¿Eso es todo? —Gritó Gabe—. ¿Simplemente me


muerdes en el cuello, pones mi mundo al revés, y te
vas?

La cabeza de Tehmper dio media vuelta, en shock,


congelado en su lugar mientras observaba la tormenta
que Gabe desataba hacia él. El hombre estaba enojado,
y nunca pareció más impresionante. Tenía el rostro
encendido y sus labios apretados. Sus manos apretadas
en los puños a su lado.

—Pensé que esto era lo que querías, Demona-


Gabe —le susurró, con miedo a decir más.

—Quiero que mi vida sea como era —espetó Gabe.


Hizo un gesto con las manos alrededor de la destrucción
de su casa—. Quiero que mis cosas estén de vuelta a la
forma en la que estaban.

El corazón de Tehmper dolió cuando los hombros


de Gabe se desplomaron, y casi deseó nunca haber visto
a su compañero en aquella fatídica noche de la semana
pasada.

Gabe no estaría tan angustiado si Tehmper no


hubiera interferido en su vida.

—No puedo cambiar el pasado, Gabe, pero puedo


cambiar el futuro.

—¿Cómo? —Preguntó Gabe. Tehmper lo vio


temblar cuando liberó una respiración profunda—.
¿Cómo puedes hacer eso? Todo lo que tengo ha sido
destruido, mi casa está en pedazos, y me estoy
congelando hasta mis huesos. ¿Cómo puedes arreglar
eso?

Tehmper se sentía culpable y egoísta por no


considerar que Gabe pudiera tener una vida de la que no
quería alejarse. No debería haberlo reclamado, no sin
pedir permiso. Había estado tan abrumado cuando
percibió el aroma de Gabe. Su instinto natural para
reclamar a su compañero hizo caso omiso de todo lo
demás.

Amarga desesperación, frío se arraigó en las


cuevas del alma de Tehmper, sabiendo que se
enfrentaba a un futuro sin luz, sin su Demonas Amaté.
Cerró los ojos por un momento, su corazón compungido
por el dolor. Él trató de despejar la angustia de sus ojos
cuando los abrió de nuevo para mirar a Gabe.

—No puedo cambiar lo que te ha sido tomado en


el pasado, pero puedo evitar que suceda en el futuro. —
Dijo en voz baja las palabras que arrancaron el alma de
su cuerpo—. Tu vida volverá a ser lo que era cuando me
vaya.

—¿Y si yo no quiero que te vayas?

Las palabras fueron pronunciadas en voz tan baja


que Tehmper casi no las escuchó. Empezó a dar un paso
hacia el centro del círculo antes de que ellas tuvieran
sentido en su desconsolada mente. Tehmper tragó con
dificultad, luego encontró su voz. —¿Tú no quieres que
me vaya?

Gabe se cruzó de brazos sobre el pecho y miró a


todas partes menos a Tehmper. Estaba intrigado por el
cambio abrupto sobre lo que pensaba Gabe. Él no lo
entendía. —No puedo quedarme en la superficie durante
largos períodos, Gabe. Ni siquiera puedo salir a la luz del
día. Tengo que volver a mi mundo.

El estómago de Tehmper estaba revuelto por la


ansiedad cuando Gabe finalmente lo miró. La espera era
insoportable. No sabía lo que Gabe diría, lo que fuera
que sea, si era irse o quedarse, aunque fuera por un
tiempo.

Gabe repentinamente cruzó la habitación y agarró


su mochila, colocándola sobre su hombro. Se acercó y
agarró por el brazo a Nick, tirando de él más cerca. —
Bien, entonces, vamos.

—¿Vamos? —Preguntó Tehmper confuso.

—Sí. —asintió Gabe muy serio—. Vamos a


Jinnistan.
Gabe no podía creer las palabras que salieron de
su boca, pero él las escuchó de sí mismo. Él había
aceptado ir a un mundo extraño con un demonio.

«¡Un demonio!»

Y estaba seguro de que al aceptar ir a Jinnistan,


también accedió a ser el compañero de Tehmper.

Lo que confundía más que nada a Gabe era que no


le importaba la parte de “compañero” de la situación. Él
en realidad esperaba un poco acoplarse al gran hombre.
Tehmper sin duda era lo suficientemente atractivo para
dar a Gabe más que unos pocos sueños húmedos.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres,


Gabe?

—En realidad no —dijo Gabe. Podía ver la forma


en que sus palabras afectaban a Tehmper por el dolor
que podía ver en los ojos oscuros del hombre. No quería
hacerle daño a Tehmper, pero él estaba muy confundido
acerca de todo.

Hasta que Tehmper llegó e hizo lo que hizo, Gabe


no estaba tan interesado en el sexo o en relaciones por
el simple hecho de no estar solo.
Ahora todo en lo que podía pensar Gabe era en
estar con Tehmper, incluso cuando estaba enojado con
él.

—No estoy realmente seguro de nada, Tehmper —


dijo Gabe lentamente—. Sólo sé que nunca me he
sentido así antes, y por más que tú me hagas enfadar, y
lo haces realmente, no puedo dejarte ir sin saber lo que
es esto entre nosotros.

Tehmper abrió la boca para hablar, pero Gabe


levantó la mano para detenerlo. —No estoy diciendo que
estoy de acuerdo en ser tu Demonas Amaté. Y no estoy
en desacuerdo tampoco. Sólo necesito un tiempo para
considerar todo esto.

Tehmper miró como si quisiera decir algo más,


pero él apretó los labios en su lugar, asintiendo. Hizo un
gesto con la mano a Gabe y Nick para que se acercaran.
—No pisen la sal.

Nick y Gabe pasaron por encima de la sal y se


pararon junto a Tehmper.

Gabe respiró hondo cuando sintió un viento salido


de la nada que empezaba a girar alrededor de ellos. El
viento se hizo más espeso, como un tornado, hasta que
Gabe no pudo ver más su sala de estar.

Entonces, de repente, se detuvo. Se detuvo tan


rápido que Gabe cayó sobre sus manos y rodillas.
Mientras levantaba la cabeza, se dio cuenta de que Nick
estaba a su lado en el duro suelo. Gabe levantó sus
manos y miró hacia abajo. No era la alfombra marrón de
la sala de su casa, sino más bien una piedra dura y
blanca de alguna especie.
Levantó la cabeza aún más buscando a Tehmper,
su sentido de la orientación se había perdido un poco en
la confusa tormenta. Tehmper estaba justo detrás de él,
su mano extendida. Gabe levantó la mano para
estrechar a Tehmper, pero antes de que pudiera tocarlo,
una voz gritó: —Qué maravilloso, Tehmper, me has
traído a mi nuevo compañero, justo como te lo he
ordenado.

Gabe sintió un shock que lo mantuvo inmóvil por


un momento mientras miraba a los rasgos feroces de
Tehmper. El hombre parecía a punto de romper a
alguien en partes. Gabe podría jurar ver pequeñas
llamas a lo largo de sus manos.

—¿Tehmper? —Susurró.

Los ojos de Tehmper bajaron a reunirse con los de


Gabe. Se ablandó brevemente antes de girar otra vez
enojado mientras miraba al hombre que hablaba. —
Gabe ha sido marcado como mi Demonas Amaté.

—Bien, desaparecerá una vez que esté en mi


harén. —El hombre golpeó sus manos—. Guardias,
escolten de mi nuevo consorte al harén. Debe estar
preparado para esta noche como corresponde a mi
compañero.

Escuchando pasos golpeando hacia él, Gabe se


giró para ver por primera vez el aspecto real del hombre
que hablaba. No era un hombre feo, pero no del calibre
de Tehmper. Llevaba pantalones sueltos, de seda blanca
y una túnica que le llegaba hasta casi las rodillas.
Llevaba un cinturón de oro alrededor de su cintura y
anillos en casi todos los dedos.
Cuando los guardias se dirigieron hacia él, Gabe se
puso en pie y se acercó a Tehmper. Tiró del brazo de
Tehmper sin quitar los ojos de los guardias, que se
detuvieron a unos pocos metros cuando Tehmper les
gruñó.

—Cuando pedí al Amir tu admisión en mi clan, me


dijo que quería conocerte primero porque tú eres un
habitante de la superficie y él sólo sabía que habías
derrotado a un Shayatin. Yo no sabía que iba a utilizar la
reunión como una excusa para robar mi Demonas
Amaté.

El Amir movió un dedo hacia atrás y adelante. —


Uh-uh-uh, Tehmper —dijo—. Hasta que no hayas
completado el vínculo de apareamiento, no es tu
Demonas Amaté. Como tal, puede ser reclamado por
otro.

—¿De qué demonios está hablando, Tehmper? —


Preguntó Gabe desde la comisura de su boca, los ojos
fijos en las largas y curvas espadas en las manos de los
guardias.

—Me fue ordenado por mi Amir no completar


nuestro vínculo de apareamiento hasta el momento en
que pudiera reunirse contigo. Como soy leal a Jinnistan,
no lo hice. Si yo hubiera sabido lo que el Amir
planeaba…

—¿Qué fue lo que no hiciste?

—Para completar el apareamiento, debe haber


intercambio de sangre mientras se tienen relaciones
sexuales —dijo el Amir—. Pero no te preocupes, mi
querido consorte, no voy a esperar a reclamarte como
nuestro querido Tehmper lo hizo.

Gabe comenzó a sacudir la cabeza, cuando los


guardias dieron un paso hacia él.

—Yo no voy a ir contigo. ¡No puedes obligarme a


hacer una mierda! Y no hay manera en el infierno de
que vaya a tener relaciones sexuales contigo.

—Me temo que eso no depende de ti —dijo el


Amir—. Yo soy el rey de Jinnistan, y lo que digo es ley.
Por lo tanto, harás lo que te ordene. Guardias, llévenlo a
mi harén. Estoy cansado de esperar.

—Amir, él ha sido marcado por Tehmper —dijo


uno de los guardias.

—Sin duda…

—¡Ahora!

—Pero, Tehmper... Amir, lo hará —balbuceó el


guardia.

—Él va a morir si interfiere en las órdenes del


Amir.

Gabe pudo ver que el Amir hablaba


completamente en serio por la sonrisa en su rostro.
También pudo ver que los guardias se asustaron y más
cuando los vio de cerca. Los músculos que quemaban
bajo su mano no mejora la situación. Tehmper se estaba
preparando para atacar.

Gabe arrojó su mochila a Nick, una mueca de


dolor cuando el hombre dejó escapar un gruñido, y se
colocó en el paso entre los guardias que avanzaban y
Tehmper. Agarró los brazos de Tehmper y le dio una
pequeña sacudida, que no fue tarea fácil teniendo en
cuenta el gran tamaño del hombre.

—Tehmper, no sé qué jodidos está pasando, pero


es mejor que saques mi culo fuera de este lío. Si no, la
destrucción que viste en la sala de mi casa no será nada
comparado con lo que se te haga a ti. ¿He sido muy
claro?

Los ojos oscuros de Tehmper parpadearon ante


Gabe. Ellos se llenaron de ira y angustia. —No puedo
dejar que te tome, Demonas Amaté. Te prometí amarte
y protegerte hasta mi muerte.

—Bien, ese día no será hoy, ¿me entiendes? Ve a


hablar con tus amigos o haz lo que necesites hacer para
resolver esto, pero espero que lo hagas en una sola
pieza. Si alguien va a tomar un pedazo de tu culo, ese
voy a ser yo.

Gabe sabía que esto era probablemente un error


muy grande, pero no podía pensar en ninguna otra
forma de mantener a Tehmper a salvo. Dio un gran
empujón a Tehmper, lo suficiente para causar que el
hombre diera un paso atrás y liberó sus brazos.

Gabe lentamente se alejó de él.

—Nick, te necesito para mantener a Tehmper


seguro.

—Ya te escuché.

Gabe dio un paso más lejos. Los ojos llenos de


dolor de Tehmper siguieron todos sus pasos. Gabe
señaló con el dedo hacia él. —Espero que soluciones
este problema —dijo, giró y corrió hacia el otro lado de
los guardias.

Tehmper rugió. Las llamas lamían a lo largo de sus


hombros y brazos. Sus ojos brillaban con furia. Nick
intentó agarrar el brazo de Tehmper, pero fue echado
hacia atrás varios metros. Gabe vio cómo varios
guardias se apresuraron hacia Tehmper a la vez. Él
estaba muy contento de que estuvieran tratando de
someter a Tehmper y no de hacerle daño.

Vio cómo luchaba contra ellos por un breve


momento, haciendo una mueca cuando varios guardias
fueron derribaros y no volvieron a levantarse. Realmente
esperaba que Tehmper no matase a nadie. Pensando
que lo mejor que podía hacer en ese momento era salir
de allí, giró hacia el Amir y los guardias que los
rodeaban.

—Sugiero que salgamos de aquí antes de que


mate a todos tus guardias.

—Sí, parece un poco molesto —dijo el Amir—. Muy


bien, vamos a seguir nuestro camino, entonces.

El Amir caminaba junto a Gabe, con dos guardias


delante y otros dos detrás de ellos. Gabe no estaba
seguro de qué pensar del Amir más allá del hecho de
que parecía un niño rico malcriado. Él quería las cosas a
su manera en todo momento y no le importaba lo que
tenía que hacer para conseguirlo.

—Estoy tan contento de que decidieras ser mi


consorte —dijo el Amir, su voz sonaba emocionada, casi
como un niño.
Gabe frunció el ceño. —Nunca estuve de acuerdo
en ser tu nada.

—Pero, por supuesto que sí —el Amir insistió—. Te


fuiste del lado de Tehmper y viniste conmigo. Tú serás
acompañado a mi harén, donde te bañarás y luego
frotarás tu piel con aceites perfumados. —El Amir dio
una palmada—. Vamos a tener esta noche una cena
formal. Voy a invitar a todos los miembros de la realeza
y vamos a celebrar nuestra unión.

Gabe se detuvo a mirar al Amir con asombro.

—Hay una parte de esto que no estás recibiendo.


Yo no te quiero.

El Amir dejó de caminar y miró a Gabe. Su risa


envió un escalofrío por la columna vertebral de Gabe, un
frío tan intenso que pensó que nunca conseguiría
calentarse nuevamente. —No me importa.

Gabe se sentía como un idiota cuando fue


escoltado a través de dos puertas grandes.

Él debería haber escuchado a Tehmper porque no


estaba seguro de que iba a salir de este lío con todas
sus partes intactas. El Amir estaba más loco que un
insecto.
Gabe no tenía idea de cómo un hombre tan loco y
hambriento de poder como el Amir ganó su asiento
como el gobernante de Jinnistan. Era claro para él que el
hombre no tenía por qué estar a cargo. Al Amir no le
importa nada su pueblo, sólo lo que él quería.

—Amado. —Uno de los guardias gritó—. El Amir ha


ordenado que su nuevo consorte reciba el tratamiento
completo de baño, aceites perfumados y vestidos para la
cena real de esta noche.

Gabe vio a un pequeño hombre de cabello oscuro


en puntas caminar hacia adelante. —Como el Amir
desee, así será —dijo el hombre mientras juntaba las
manos, las puntas de los dedos y palma con palma, y se
inclinaba ante ellos varias veces.

Gabe se quedó perplejo cuando los guardias se


fueron, las grandes puertas se cerraron detrás de él y lo
dejaron a solas con el hombre pequeño.

Sus ojos casi se salieron de las cuencas cuando


Amado le sacó la lengua a las puertas cerradas antes de
dar vuelta para mirarlo.

—Vaya, eres uno grande, ¿no? —Amado señaló


con la mano—. Bien, vamos. Al Amir no le gusta que le
hagan esperar. Tiende a ponerse un poco irritable
cuando eso sucede.

Gabe se mantuvo firme, cruzando los brazos sobre


su pecho mientras que él consideraba al hombre más
bajo. —Realmente no me importa lo que el Amir quiere.
Yo no soy de él.
—Querido señor, todos somos de él —dijo Amado
mientras agitaba su brazo alrededor. Fue entonces que
Gabe se dio cuenta de los demás en la gran sala. Más y
más parecían venir de la nada, o al menos desde los
oscuros rincones de la amplia sala.

Gabe bajó los brazos y comenzó a caminar


lentamente hacia adelante, viéndolo todo a su alrededor.
La habitación en que vivían era enorme. Solo los techos
parecían ser de diez pies de altura. Había varios nichos
alrededor de la habitación y en el centro de la habitación
había una gran piscina con azulejos azules.

—¿Qué es este lugar?

—Este es el harén del Amir.

—¿Estos son sus consortes?

—Sí —respondió Amado—. Sólo tenemos que


pasar una sola noche con el Amir y luego somos capaces
de vivir nuestra vida en el harén. Nadie ha pasado más
de una noche con el Amir.

Gabe se detuvo. —Espera, ¿me estás diciendo que


tiene un nuevo consorte todas las noches?

—No, él sólo elige un nuevo consorte cada semana


—dijo el hombre—. Pero no te preocupes, sólo pasarás
una noche con él. Después somos libres para vivir
nuestras vidas aquí en el harén. No es una mala vida, de
verdad. Ya lo verás. Un hombre de tu tamaño y
estructura, hará amigos rápidamente.

—¿Y nunca dejan el harén, incluso después de esa


noche? ¿Te pasas la vida entera aquí? ¿No puedes ir a
casa a ver a tu familia?
El rostro de Amado palideció. —No, está prohibido.
Cualquier consorte que trate de salir del harén se
someterá inmediatamente a la muerte.

—¿Nadie ha protestado?

—¿Protestado?

—¿Decir no?

Amado parecía confundido por un momento, luego


comenzó a reír.

Su risa pronto se mudó a una carcajada llena. —


No podemos protestar. Él es el Amir. Si no estamos de
acuerdo, expondremos a nuestras familias a la muerte o
a algo peor.

—¿Hay algo peor que exponer a tu familia a la


muerte?

Amado asintió rápidamente. —Ser entregado a la


guardia personal del Amir. Nadie ha regresado en su
sano juicio después de eso.

—¿Los Djini saben de esto? —Gabe tuvo que


preguntar. Tenía que saber si Tehmper sabía de esta
práctica y no había hecho nada al respecto. Quería creer
que Tehmper no lo sabía, pero él no sabía nada acerca
del hombre.

—¿Por qué los Djini sabrían de esto? —Preguntó


Amado—. Esto no es de su interés.

—Ahora lo es —dijo Gabe. Se sacó la camisa a un


lado y ladeó la cabeza—. Yo fui marcado por Tehmper
antes de que el Amir entrara y nos separara.
Amado inhaló profundamente. —Tienes la marca
de un Djini. —Él dijo las palabras en voz baja, pero se
hizo eco por toda la habitación. Gabe pudo ver a varias
personas más empezando a salir de las alcobas,
mirándolo, mirándolo fijamente.

—Sí, Tehmper me marcó. Yo soy su Demonas


Amaté.

La mano de Amado revoloteó en su garganta. —


Oh, esto no es bueno, no es bueno en absoluto.

Gabe empezó a sentir un poco de claustrofobia ya


que cada vez más hombres vestidos con poca ropa
comenzaron a colocarse alrededor de él. Acariciando con
las manos sus brazos, su pecho, su espalda. Parecían
fascinados por él.

—¿Todos ustedes son consortes del Amir? —


preguntó Gabe mientras miraba a los hombres que
provenían de lo que parecía ser el último rincón llenando
la habitación. Tenía que haber allí al menos un centenar
de hombres y mujeres.

Amado asintió. Él sonrió mientras otro hombre de


cabello oscuro se acercó a él. —Este es Galan. Él fue el
consorte 117 del Amir. Hemos tenido la suerte de estar
juntos por más de dos años.

Gabe asintió y tendió la mano al hombre, riendo


cuando Galan se quedó mirándolo. —Es una manera de
saludar a alguien en el mundo de la superficie —dijo
Gabe—. Nos damos la mano.

Galan asintió y tendió la mano, agitándola. Gabe


se echó a reír. —No, no, toma mi mano de esta manera
—dijo mientras estrechó la mano de Galan en la suya,
entonces la soltó—. Hola, es un placer conocerte, Galan.

—Sí, sí, gracias.

—Ven —dijo Amado—. Hay que ayudarte a


prepararte para tu noche con el Amir.

Gabe susurró a Amado. —No voy a pasar la noche


con el Amir.

«¿Qué parte de eso esta gente no entiende?»

Gabe estaba teniendo dificultades para despejar su


cabeza de que quería estar con Tehmper, y él realmente
le gustaba. No podía soportar al Amir.

No había manera en el infierno de que él fuera a


dejarse tocar por ese hombre.

Amado frunció el ceño, como lo hicieron varias


personas que los rodean. —Pero es necesario hacerlo. El
Amir ha ordenado que seas su consorte, y nadie dice
que no al Amir.

Gabe resopló. —Yo lo hago.

—Pero tú no puedes —dijo Galan, visiblemente


pálido—. Te matarán si te niegas al Amir, o... o...

—¿O dado a sus guardias personales? —preguntó


Gabe—. Amado, ya me lo has dicho.

Galan se estremeció. Sus ojos parpadeaban


pasando a Gabe, a alguien que estaba en las sombras.
—Es mejor hacer lo que el Amir quiere —dijo en voz
baja. Miró de nuevo a Gabe—. O morir.
Gabe frunció el ceño. Eso no sonaba bien. Giró
para mirar a quien sea el que estuviera en las sombras.
Podía ver la silueta de una figura pequeña, más pequeña
incluso que Amado. Gabe caminó lentamente hacia
adelante, porque no quería asustar al hombre.

—Mi nombre es Gabe —dijo en voz baja. Él


extendió las manos, las palmas hacia arriba en un gesto
de sumisión—. Yo no voy a hacerte daño.

La respiración de Gabe quedó atrapada en la


garganta cuando el hombre dio un paso adelante.

Un rayo de luz cayó sobre el hombre, poniendo en


relieve la masa de cicatrices en su cuerpo. Estaba
vestido sólo con un par de pantalones sueltos y un
chaleco, al igual que los otros, pero incluso su ropa no
escondía las cicatrices horribles que cubrían al hombre.

—¿Qué te pasó?

Los ojos del hombre se dejaron caer rápidamente,


y se encogió de hombros. Gabe se quedó horrorizado
por la crueldad que vio. En todos sus años como
detective de policía, no había visto a nadie que hubiera
sido tan terriblemente maltratado.

—¿La guardia personal del Amir te hizo esto?

Los ojos del hombre parpadearon brevemente,


antes de caer al suelo. Él asintió sin decir una palabra,
pero su postura derrotada le decía mucho a Gabe y lo
hizo enojar más de lo que él recordaba haber estado en
su vida.

—Vamos —dijo Gabe mientras hizo un gesto con


las manos hacia el hombre para que diera un paso
adelante—. No voy a hacerte daño. No tienes nada de
qué avergonzarte. Estuvo mal que te hicieran esto, muy
mal. Nadie debe obligarte a hacer algo o hacerte daño
cuando te niegas. No sabías que esto estaba mal,
¿verdad?

—Por favor —dijo Amado, mientras rápidamente


corrió hacia Gabe—. No puedes decir estas cosas. Si los
guardias te escuchan, nosotros... todos podemos ser
castigados.

—¡Esto está mal, Amado!

—Por favor, esto es… —las manos de Amado


comenzaron a revolotear de nuevo.

—Mira, no me importa lo que este mundo es o


quién está a cargo o lo que sea —dijo Gabe—. Esto está
mal. Nadie tiene el derecho a forzar a alguien a tener
relaciones sexuales o a castigarlo si se niega a ello. Ni
siquiera Tehmper me dañó cuando le dije que no a él.

Los ojos de Amado se abrieron como platos.

—¿Rechazaste a un Djini? —Dijo una voz pequeña


y tranquila al lado de Gabe. Giró para encontrar al
hombre desfigurado acercándose, una mirada de
asombro en su rostro cuando miró fijamente a Gabe.

—No lo rechacé exactamente —dijo Gabe—. Yo


sólo le dije que necesitaba un tiempo para pensar en ello
y que necesitaba que me dejara tener ese tiempo. —
Gabe se encogió de hombros—. Él estuvo de acuerdo.

—¿Un Djini aceptó eso?


Gabe no podía entender el asombro en el rostro
del hombre.

Tehmper era un hombre de honor. Nunca le obligó


a hacer algo a Gabe... respiró profundamente cuando su
tren de pensamiento lo llevó a una conclusión firme.

Tehmper nunca lo forzó. Gabe tenía el poder de


decir sí o no al hombre, Djini o no, y Tehmper respetaba
eso. Crecientes sentimientos por el hombre se
apoderaron de Gabe, repentinamente creciendo a pasos
agigantados hasta el punto en el que él quería estar
envuelto en los brazos del hombre de nuevo. Le dolía
estar alejado de él.

—Tehmper nunca obligó a nadie a hacer lo que no


quería hacer.

—Pero él es un Djini —dijo Amado—. Él hace


cumplir las leyes.

—Mira, yo sé qué Tehmper hace cumplir las leyes,


pero nunca estaría de acuerdo en hacer cumplir algo
como esto si lo supiera. Te lo aseguro, si Tehmper
supiera lo que está haciendo el Amir, le habría puesto
fin.

El hombre de las cicatrices parecía entusiasmado


por un momento, y luego dejó caer los hombros.

—¿Qué? —Preguntó Gabe.

—Pensé... pensé que si tal vez si Tehmper se


enterara podría ser capaz de... pero ya es demasiado
tarde para eso.

—¿Demasiado tarde para qué?


—Es demasiado tarde para que Tehmper nos
salve.

Gabe se agachó y tomó suavemente la mano del


hombre. —¿Cuál es tu nombre?

—Brayan.

—Soy Gabe, Brayan, y te prometo, como el Amate


Demonas de Tehmper, que vamos a encontrar una
manera de salir de esto. —Gabe agitó su mano alrededor
para abarcar toda la habitación—. Todos nosotros.

—No puedes prometer eso —dijo Brayan—. Tú


estás en la misma posición en la que estamos todos aquí
y no hay nadie para salvarnos.

Gabe sonrió. —¿Sabes lo que es un Shayatin?

Brayan asintió, dando un pequeño


estremecimiento de disgusto.

—Entiendo que yo soy el único habitante de la


superficie que ha derrotado a un Shayatin. También hice
que Tehmper cayera sobre su culo cuando me molestó.
—Gabe sonrió a las exclamaciones de asombro que
escuchó a su alrededor.

—Les prometo que haré todo lo que esté a mi


alcance para liberarlos y que estén a salvo. Y sé que
Tehmper me ayudará.

—¿Crees realmente que un Djini nos ayudará? —


Preguntó Brayan—. ¿Incluso a mí?

—Tehmper es un buen hombre —dijo Gabe—. No


tengo ninguna duda de que nos ayudará.
—¿Cómo? —Preguntó Amado.

—Esa parte queda sin discusión —admitió Gabe—.


Tenemos que avisar a Tehmper de alguna manera,
hacerle saber lo que está pasando aquí.

Gabe miró a su alrededor a la gente que lo


miraba. —¿Hay alguna una manera de hacer eso?

Amado miró a Gabe un momento y luego a un par


de los demás. Finalmente asintió. —Hay una manera,
pero es peligroso. Si somos atrapados, podríamos ser
ejecutados.

—Mira, yo no quiero que nadie se ponga en


peligro, pero es muy importante avisar a Tehmper. Él no
nos puede ayudar si no sabe nada de esto.

Amado miró a su amante, que asintió en


respuesta. —Bien, vamos a avisar a Tehmper, pero
mientras tanto tienes al menos que fingir, como si
estuvieras siguiendo las órdenes del Amir. Si no te
preparas para él, nos castigará.

Gabe no quería hacer nada de lo que el Amir


quería, pero tampoco quería que nadie más pagara por
su negativa. Él asintió, deseando estar en cualquier otro
lugar, excepto donde se encontraba. Estar de vuelta en
su destrozada sala sería mejor que esta situación.

—Muy bien, ¿qué debo hacer?


Tehmper irrumpió en el cuartel general de su clan,
con Nick rápidamente sobre sus talones.

Las llamas de la ira lamían todo el largo de sus


brazos. El humo se arremolinaba a su alrededor. El olor
a azufre llenaba el aire por donde él caminaba. Tehmper
estaba enfurecido.

Gabe había sido alejado de él, y no por medios


honestos. El Amir sabía exactamente lo que estaba
haciendo cuando le prohibió a Tehmper reclamar a su
Demonas Amaté. Él tenía toda la intención de reclamar a
Gabe cuando ordenó una reunión. Tehmper en el fondo
lo sabía en sus huesos.

—Clagh —gritó con la parte superior de sus


pulmones. Necesitaba saber lo que Clagh había
descubierto en los pergaminos. Tenía que haber algo
que devolviera a Tehmper su Demonas Amaté. Fue un
error por parte del Amir tomar a Gabe.

El concepto de Demonas Amaté estaba escrito en


los rollos más sagrado de Jinnistan. Ellos eran la
salvación de los Djini, la luz de su oscuridad. Los
Demonas Amatés hacían crecer a los Djini y los
mantenían a salvo de los estragos incontrolables que los
sobrepasaba durante la batalla.

—¿Me has llamado? —preguntó Clagh cuando salía


del estudio.

—El Amir ha tomado a mi Demonas Amaté como


suyo.

—¿Sabía de tu marca sobre Gabe? —preguntó


Clagh.

—Sí, por supuesto —dijo Tehmper—. Yo lo marqué


cuando nos fuimos tras Tuloq. Le di mi colgante,
también.

—Entonces el Amir no puede tomarlo.

Clagh dijo las palabras tan simplemente que


Tehmper se limitó a mirarlo por un momento,
sintiéndose totalmente perdido en cuanto a cómo
responder. Clagh parecía muy seguro de sus palabras,
pero Tehmper no se sentía confiado. El Amir era, bien, el
Amir.

—Bien, lo hizo —dijo Tehmper—. Mientras


hablamos, Gabe ha sido escoltado hasta al harén real
para ser preparado para su noche con el Amir. Va a
haber una cena real esta noche para celebrar su unión.

—Incluso mejor.

—¿Incluso mejor? —Gritó Tehmper. Apretó los


puños a su lado para evitar golpear a Clagh justo en la
cara. Sabía que Clagh se había quedado en su última
misión para investigar las antiguas leyes, pero él parecía
estar tomando la situación muy a la ligera, sobre todo
teniendo en cuenta que Gabe estaba involucrado—.
¿Cómo puedes decir eso? El Amir tomó a mi Demonas
Amaté.

Clagh arqueó una ceja, consiguiendo una


expresión de yo-sé-algo-que-tú-no en su rostro, que
llevó a Tehmper a enfurecerse más. —Te digo que
incluso es mejor ya que puedes enfrentarte al Amir
debido a que está violando las antiguas leyes, por lo que
deberá devolverte tu Demonas Amaté.

Tanto alivio inundó a Tehmper que se sentía débil,


sus rodillas flojas. Él se sorprendió cuando temblaron
sus piernas y la sala giró a su alrededor.

Tehmper tomó una respiración profunda para


aclarar su cabeza y luego dejó escapar el aire
lentamente.

—¿Has encontrado las antiguas leyes, entonces?

—Bueno, sé que una vez que un Demonas Amaté


ha sido marcado, es violar nuestras leyes que cualquier
persona, sea hombre, mujer o niño, interfiera en la
continuación del apareamiento. Las leyes no dicen que el
Amir esté exento de esto.

—¿Estás seguro? —Tehmper tenía que estar


seguro. No sabía lo que iba a hacer si Gabe se viera
obligado a acoplarse con el Amir. Su horror ante el
pensamiento iba más allá de su propio conocimiento de
que iba a perder la cabeza si Gabe fuera arrebatado de
su lado. Era la idea de lo que Gabe podría verse obligado
a hacer contra su voluntad, lo que le enfureció. Tehmper
no tenía ninguna duda de que la unión sería contra la
voluntad de Gabe. El hombre ya estaba enojado lo
suficiente con Tehmper por dejarle una mordedura en
sus hombros. Gabe estaría aún más molesto si el Amir lo
forzaba a algo más íntimo.

Clagh cruzó los brazos sobre su pecho. —Oh,


estoy muy seguro —dijo—. Las leyes antiguas son muy
claras al respecto. Los Djini deben tener a sus Demonas
Amaté. Nadie, y quiero decir nadie, puede interferir en
eso.

Las rodillas de Tehmper se debilitaron, y él se


sentó en el suelo de piedra dura. Los puños de sus
manos estaban sobre sus muslos y dejó caer la cabeza
hacia atrás, realizando varias respiraciones profundas.

—Gracias a los Dioses —susurró.

—No, gracias a los antiguos que escribieron las


leyes. —Clagh rió.

—Dile qué más has encontrado, hermano —dijo


Storym cuando entró en la sala de estar junto a Clagh—.
Él nunca lo va a creer. —Storym rió—. Caray, yo apenas
lo creo y eso que lo leí.

Tehmper frunció el ceño y lentamente se puso de


pie. —¿Qué más has encontrado? ¿Afectará a Gabe?

—Puede, —dijo Clagh—, pero yo prefiero


mostrártelo, antes que decírtelo. No estoy exactamente
seguro de lo que significa, pero creo que es importante.

Tehmper iba a perder la cabeza. Él lo sabía. Clagh


era de andarse por las ramas. Si se trataba de Gabe,
Tehmper quería saber y quería saberlo ahora. —Clagh,
entonces ayúdame, si tú no hablas… —Las llamas que
salían de Tehmper podían verse a través de sus dedos.
Clagh perdió en ese instante su estado de ánimo
ligero y se puso serio, levantando las manos. —Cálmate,
Tehmper.

Las llamas de Tehmper oscilaban al final de sus


dedos formando una bola de fuego.

—Mira, es realmente simple —dijo Clagh


rápidamente, sus ojos iban entre Tehmper y la bola de
fuego en sus manos—. Parece que no tiene que haber
Amir. De todo lo que he leído en los manuscritos
antiguos, se supone que es un clan de cuatro Djini quien
debe tener el control de Jinnistan.

Tehmper frunció el ceño y dejó que se apagase el


fuego que salía de sus manos. —¿De qué estás
hablando? Hemos tenido un Amir durante los años que
puedo recordar.

—Es cierto, pero no esa no es la forma en la que


se hicieron las reglas en Jinnistan en un principio. Por lo
que he leído, los clanes gobiernan la tierra durante 40
años, luego un nuevo clan se haría cargo de todo. Cada
miembro del clan trabajaría junto a los otros para
gobernar la tierra y tomar las decisiones. No habría
nadie a cargo.

—Pero, ¿cómo puede ser eso? —Preguntó


Tehmper—. Si los clanes son tenidos por gobernantes de
Jinnistan entonces ¿por qué hay un Amir?

Clagh se encogió de hombros. —No he sido capaz


de entender esa parte, pero creo que tiene algo que ver
con la Primera Guerra Mundial hace unas pocas décadas.

—¿Qué te hace pensar eso? —Preguntó Tehmper.


—Todos los registros que pude encontrar
referentes a quién gobernó antes, han sido eliminados
de los rollos antiguos. Solo no están, como si hubieran
sido removidos. No hay lectura de nada través de
nuestra historia reciente que nos diera alguna noticia al
respecto.

Tehmper sonrió. —Pero lo encontraste.

Tehmper no tenía ninguna duda de que Clagh


notaría algo así. Clagh era el maestro de su grupo, así
como el comediante. Siempre estaba leyendo un libro u
otro, contándole al resto de ellos acerca de lo que había
leído o descubierto.

—Pero lo encontré —dijo Clagh—. Leí la historia


reciente en primer lugar, pero algo estaba mal. No
puedo decir lo que es pero... bien, empecé a leer la
historia desde el principio. Fue entonces cuando me di
cuenta de que había una enorme brecha en nuestra
historia.

—Entonces, ¿qué significa esto exactamente?

—Esto significa que necesitas obtener copias de


los malditos pergaminos.

Tehmper miró a Nick cuando este habló, había


olvidado que el hombre estaba allí hasta entonces. —
¿Qué sabes tú de eso? —Preguntó—. Tú eres un
habitante de la superficie.

—Contrariamente a la creencia popular, ser


habitante de la superficie no significa ser estúpido —dijo
Nick—. Siempre hay un registro en alguna parte. Si los
antiguos pergaminos que ustedes tienen están
incompletos… ¿quién más tiene copias? Alguien tiene
que tenerlas.

—Él tiene un punto, Tehmper —dijo Storym—.


Tiene sentido que alguien más tenga un registro en
alguna parte, ¿quizás uno de los clanes? La mayoría de
ellos son muy meticulosos en el mantenimiento de los
registros. ¿No habría algo en alguna parte que dijera
algo acerca de uno de los clanes dominando Jinnistan?

—Contacta con los demás clanes, Storym —dijo


Tehmper—. Averigua si tienen cualquier tipo de
documentos antiguos. Si los tienen, pídeles que los
traigan aquí para que Clagh pueda mirarlos.

Storym asintió y salió por la puerta principal.


Tehmper giró hacia Clagh. —¿Puedes seguir buscando a
través de los antiguos pergaminos? A ver si puedes
encontrar algo, cualquier cosa que me devuelva a mi
Demonas Amaté.

—Voy a estar en el estudio —Clagh simplemente


dijo, dando la vuelta y caminando de regreso por la
puerta por la que había entrado antes.

Tehmper finalmente se dirigió a Nick. No estaba


muy seguro de qué hacer con el hombre. Él sabía que
Nick era importante para Gabe, y por esa sola razón
Tehmper haría todo lo posible para mantener a salvo al
hombre. Él no sabía qué hacer con él.

—Yo, eh... —Tehmper miró a Nick y rápidamente


desvió la mirada.

—¿Estás tú, eh...?


Nick soltó una risita. —Sólo apunta la dirección de
la cocina, amigo. Estoy muerto de hambre.

Tehmper sonrió. —Vamos —dijo cuando comenzó


a caminar a través de la habitación—. Te voy a mostrar
la cocina y una habitación que se ha preparado para ti.
Imagino que podrías descansar algo. Has tenido un día
lleno de acontecimientos.

—No recuerdo uno que se le parezca.

Tehmper miró a Nick, preocupado por la


preocupación que podía escuchar en la voz del hombre.
—Voy recuperar a Gabe, Nick, te lo prometo.

—Lo sé —respondió Nick—. Me preocupa lo que va


a pasar con Gabe en el ínterin2. El hombre es muy
conocido por su temperamento.

Tehmper se rió entre dientes. —Sí, he


experimentado ese lado de él un par de veces. Creo que
es de lo más encantador.

—¿Encantador? —Nick se detuvo y miró fijamente


a Tehmper como si tuviera dos cabezas—. ¿Crees que su
temperamento es encantador? Oh, ahora sé que estás
caliente por el hombre.

—¿Caliente? —preguntó Tehmper confuso—. No he


oído hablar de ese término. ¿Es esto algo como una
cámara digital?

Nick se echó a reír. —No, amigo. Una cámara


digital es un pequeño dispositivo que sostienes en tus
manos para tomar fotos, al igual que la pintura los

2
Intervalo de tiempo. Mientras tanto.
artistas, sólo un instante. Estar caliente por alguien
significa que ese alguien se ha metido bajo tu piel, que
te gusta.

Tehmper ladeó la cabeza hacia un lado. —Por


supuesto que me gusta Gabe. Él es mi Demonas Amaté.

—No, hombre, eso no es exactamente lo que


quiero decir —dijo Nick. Tehmper apretó los labios al
morderse la lengua cuando se dio cuenta de la diversión
en la cara de Nick—. Estar caliente es como, bueno, que
te enciende.

—¿Qué me enciende?

—¡Joder! —Nick empujó la mano por su cabello—.


Él hace que tu polla se ponga dura.

—Oh, sí, eso es cierto —dijo Tehmper—. Gabe me


calienta.

—Dios, ustedes son muy divertidos —dijo Nick—.


¿No has oído hablar de estas cosas antes?

—No, no realmente. —Tehmper sacudió la


cabeza—. Con excepción de las misiones, no pasamos
mucho tiempo en la superficie. Su luz es mortal para
nosotros, lo que significa que sólo podemos salir por la
noche. Añade a eso nuestro tamaño, la mayoría de la
gente nos mira como monstruos.

—Es verdad, amigo, tú eres una maldita montaña.


Por supuesto, la gente te mira raro, aunque no creo que
ellos te vean como un monstruo, sino como alguien
muy, muy grande.

—Ser grande no es tan inusual en mi mundo.


—Sí, ya me di cuenta de eso. No estoy seguro de
haber visto una sola persona que sea más de mi tamaño
desde que he llegado aquí.

—Sólo los Djini son de mi tamaño, pero tenemos


que ser más grandes con el fin de luchar contra los
Shayatin. Los Afrit son en su mayoría de tu tamaño.

—¿Afrit?

—Nuestros ciudadanos. Se les llama Afrit.

—¿Hay ciudadanos comunes?

—Por supuesto que sí. —Rió Tehmper—. Como he


dicho antes, el mundo de Jinnistan no es muy diferente
al mundo en la superficie. Tenemos amigos, familias,
negocios y ocio. Sin embargo, no tenemos cámaras
digitales.

—Sí. —Rió Nick—. Voy a tener que conseguirte


una de esas.

—Tehmper —dijo alguien detrás de ellos. Tehmper


giró para ver a Zayne al final del pasillo. La tensión en
su rostro envió un pulso a través de Tehmper. Algo
estaba muy mal.

—¿Qué pasó?

—Hay un hombre aquí para hablar contigo —dijo


Zayne—. Él dice que tu Demonas Amaté le envió. —A
Tehmper realmente no me gustó la forma en que las
manos de Zayne se apretaron en puños a su lado—.
Tehmper, ha sido gravemente maltratado, por lo que, sé
amable en él, ¿de acuerdo?
Tehmper asintió mientras seguía a Zayne por el
pasillo a una pequeña sala de estar frente a la entrada
en el edificio. Se trataba más de una sala de espera que
nada, llena de sofás bajos de estar y unas pocas mesas
y no mucho más.

Tehmper supo de inmediato cuando entró en la


habitación lo que quería decir Zayne sobre que el pobre
hombre había sido víctimas de abusos. Las cicatrices
cubrían su cuerpo. Sin embargo, debajo de todo eso,
Tehmper vio un destello en los ojos del hombre que le
dio esperanza. Podría estar abajo, pero no había duda.

—Soy Tehmper —dijo suavemente, sentándose


rápidamente en uno de los sofás para no intimidarlo con
su tamaño—. ¿Tienes un mensaje de mi Demonas
Amaté?

Los ojos del hombre miraron salvajemente por la


habitación, aterrizando en Tehmper, Zayne, y Nick. —Yo
soy Brayan. Tu Demonas Amaté dijo que tenía que venir
ante ti, que tú y tus hermanos del clan nos pueden
ayudar.

—Si mi Demonas Amaté lo dijo, entonces es cierto


—respondió Tehmper—. ¿Cómo puedo ayudar?

—Yo soy... —Brayan tragó saliva—. Yo soy uno de


los consortes del Amir. Somos más de ciento treinta los
que vivimos en el harén. El Amir elige a un consorte
nuevo cada semana. Sólo tenemos que pasar una noche
con él antes de se nos permita vivir nuestra vida en el
harén.
Las cejas de Tehmper se juntaron confusión. —
¿Me estás diciendo que el Amir tiene más de ciento
treinta consortes? ¿Y elige uno nuevo cada semana?

—Sí. Prefiere no tener al mismo consorte dos


veces, siempre uno nuevo, pero sólo elige uno por
semana, y sólo en el cuarto día de la semana. Después
de haber pasado la noche con él, lo devuelve al harén.

—Tú dices eso, pero si el Amir solo pasa una


noche con ustedes, ¿por qué no regresan con sus
familias?

Brayan sonrió por primera vez. —El Demonas


Amaté me hizo la misma pregunta. Una vez que hemos
estado con el Amir, no nos está permitido salir del
harén. Tenemos que vivir nuestras vidas allí.

—¿Y si tratas de irte? —Preguntó Zayne. Tehmper


podía oír la rabia en la voz de Zayne y sabía que el
hombre estaba a punto de estallar. Podía oía crujir las
ventanas.

—Si tratamos de dejar el harén nos matan. Si nos


negamos al Amir, se nos entrega a su guardia personal.
—Brayan acarició el costado de su cara llena de
cicatrices con el dorso de su mano—. Esto es lo que
sucede después de que los guardias te toman.

—¿Y hay ciento treinta de ustedes? —Preguntó


Nick.

Brayan asintió. —Gabe sería el número 135.

—Tú sabes que esto está mal, ¿no? —Preguntó


Tehmper—. Nadie tiene derecho a evitar que estés con
tu familia.
—Una vez más, una observación más hecha por tu
Demonas Amaté —dijo Brayan—. Él dijo que nadie tenía
el derecho de obligarnos a hacer lo que no queríamos
hacer, que lo que el Amir nos ha hecho está mal. Él dijo
que tú nos ayudarías.

—Lo haré, pero primero tengo que saber cómo


está Gabe. ¿Lo has visto? ¿Está bien?

Brayan asintió. Tehmper dejó escapar un suspiro


de alivio y sintió que un poco de la tensión en sus
hombros se aflojaba. Al menos Gabe estaba a salvo por
el momento.

—Él se está preparando para su noche con el Amir,


como es la costumbre. Él es... él no está contento con
haber sido elegido por el Amir, y me temo que va a
hacer algo para traer más problemas hacia su cabeza.

Nick soltó una risita. —Eso suena como Gabe.

—He transmitido la información como tu Demonas


Amaté ha solicitado, pero me temo que debo volver al
harén —dijo Brayan mientras retrocedía hacia la
puerta—. Si descubren que no estoy, seré ejecutado o
entregado nuevamente a los guardias.

—¡No! —Gritó Zayne.

Brayan saltó y palideció. Incluso Tehmper estaba


sorprendido por la vehemencia en la voz de Zayne. Giró
para mirar a su hermano del clan, sorprendido por las
nubes oscuras que podía ver reunirse afuera de la
ventana, justo encima del hombro de Zayne.
—No vas a volver —dijo Zayne—. Tienes que
quedarte aquí, donde estarás a salvo del Amir y de su
guardia personal.

—Pe… pero… no puedo quedarme —balbuceó


Brayan—. No sé qué les va a pasar a los demás si me
quedo aquí mucho tiempo. No podría vivir conmigo
mismo si alguien más fuera castigado por mis acciones.

—El honor es un rasgo digno de elogio, Brayan,


pero tu retorno al harén sólo dará al Amir y sus guardias
más municiones —dijo Zayne. No va a ayudar a nadie.

—Pero…

Tehmper se levantó y agarró por el brazo Zayne.


—¿Puedo hablar contigo un momento?

Dejó caer el brazo de Zayne y salió de la


habitación. Podía oír los pesados pasos de Zayne detrás
de él. Tehmper caminó varios metros por el pasillo para
que pudieran hablar a solas, luego giró hacia su
hermano de clan.

—¿Has perdido la cabeza?

La cara de Zayne había tomado una apariencia


enrojecida, desesperada. Su frente se arrugó cuando
hizo una mueca. Él iba y venía. Sus manos se abrían y
cerraban en puños. Tehmper temía que el hombre fuera
a perder el control.

—Brayan es mi Demonas Amaté, Tehmper —


Zayne finalmente murmuró—. No puedo permitir que
vuelva allí para ser abusado aún más. Sin duda. ¿No
puedes ver eso?
—¡Por todos los santos!

—Después de ver lo que se ha hecho con él y


sabiendo que me ha sido negado por el Amir y que
seguramente yo no lo habría sabido si no fuera por la
interferencia de tu Gabe, es todo lo que puedo hacer
para mantener mi control. Si regresa allí pueden hacerle
daño, no puedo decir lo que sería capaz de hacer si eso
sucede.

Tehmper arrastró su mano por su cara y tomó una


respiración profunda. Si Brayan no regresaba al harén,
los que había allí, incluso Gabe, podían verse
perjudicados. Si volvía, Tehmper estaría negando a
Zayne su Demonas Amaté, había muchas cosas con las
que Tehmper estaba luchado en su cabeza.

—Por favor, Tehmper, no puedo dejar que él…

Tehmper levantó su mano para detener las


palabras de Zayne. —No, yo entiendo y estoy de
acuerdo contigo. Si yo hiciera que Brayan retornara al
harén, te daría el destino de luchar por él. Él es más que
bienvenido para quedarse, y estoy seguro de que
Storym y Clagh estarán de acuerdo.

—¿Estoy de acuerdo con qué? —preguntó Storym


mientras caminaba por el pasillo.

—Zayne ha encontrado su Demonas Amaté y


desea que se quede aquí —dijo Tehmper.

Storym frunció el ceño. —Por supuesto, él puede


quedarse aquí. ¿Dónde si no iba a quedarse?

Tehmper inhaló profundamente, y luego dejó


escapar el aire retenido en sus pulmones lentamente. Él
arrastró su mano por el cabello mientras consideraba
contarles las cosas a sus dos hermanos del clan. —Esa
es una historia muy larga.
Gabe se sentía ridículo. Su cuerpo había sido
bañado y frotado con aceites perfumados, hasta que
brilló, lo pulieron o lo que sea que hicieron para que su
piel brillara a la luz de la lámpara de la habitación en la
que actualmente estaban.

Y el traje con el que lo habían vestido hacía las


cosas aun peor, si eso se podría considerar estar
vestido. Llevaba el “algo” blanco más corto que había
visto nunca. Sólo sabía que lo dejaba totalmente. Era
como una versión pervertida de ropa interior. Gabe no
estaba seguro de si la tira de material que estaba entre
las nalgas de su trasero podría considerarse como una
cadena.

Los laterales chaleco de seda blanco que llevaba,


no se unían hasta llegar por debajo de su ombligo.
Apenas calificaba como cobertura, tal como era. Gabe
podía ver sus propios pezones color café, a través del
fino material.

Agregando todo esto a las otras cosas que Amado


insistió en hacer a su cuerpo, Gabe se sentía
francamente usado, abusado y contaminado. Sentía
cómo un centenar de manos habían tocado su cuerpo
mientras lo bañaban, masajeaban con aceites calientes
por toda su piel, y luego comenzaron las cosas
realmente vergonzosas.

Había sido estimulado y masajeado hasta que sus


bolas le dolieron. Luego, su agujero fue extendido para
dar cabida al Amir, porque al parecer, según dijo
Amado, a él no le gustaba tomarse el tiempo para
preparar a sus consortes.

Era para la protección de Gabe y el confort


durante el apareamiento.

Gabe trató de decirle a Amado y a cualquiera que


quisiera escucharlo que él nunca iba a tener relaciones
sexuales con el Amir. Todos ellos se limitaron a asentir
como si entendieran, pero entonces seguían con su
preparación. Esto lo irritaba.

Por lo tanto, allí estaba, bañado, aceitado y


vestido como un prostituto que esperaba su siguiente
cliente. Sólo podía esperar que Brayan consiguiera
comunicarse con Tehmper antes de que el Amir llegase,
ya que Gabe había dicho la verdad cuando afirmó que no
tenía intención de tener relaciones sexuales con el
hombre, gobernante o no.

La esperanza de Gabe murió cuando las enormes


puertas de la cámara de la habitación se abrieron y
entró el Amir, y Gabe apenas pudo reprimir su gruñido.
Él no trató de ocultar el estremecimiento que corría por
su cuerpo cuando el Amir lo miró de arriba hacia abajo.

—Oh, sí, tú serás un consorte perfecto —dijo el


Amir. Juntó las manos y apoyó sus dedos en los labios—.
Incluso podría mantenerte más de una noche.
—Eso no va a suceder.

Los ojos del Amir rodaron tan dramáticamente que


su cabeza entera se movió. —Oh, por favor. No estás
todavía en ese camino, ¿verdad? Tú estás aquí. Yo estoy
aquí. ¿Por qué no divertirse un poco?

—Yo no te quiero.

El Amir hizo un gesto con la mano con desdeño


hacia Gabe y se acercó a un decantador de cristal
pequeño en un aparador. —Como si eso alguna vez
hubiera detenido a alguien antes. Eres de la superficie,
Gabe. Ya sabes cómo funcionan estas cosas. Yo froto tu
espalda, tú frotas la mía.

La frente de Gabe se arrugó en confusión. El Amir


que había conocido antes no se comportó como el que
estaba delante de él ahora. Éste ni siquiera hablaba
igual que el anterior, pero sabía que eran la misma
persona.

—No estoy frotando nada en tu espalda, y de


seguro que tú no vas a frotar nada de la mía.

El Amir se rió y sirvió dos copas. Él puso la tapa en


la botella y se giró hacia Gabe, ofreciéndole uno de los
vasos. Gabe se cruzó de brazos sobre el pecho, negando
aceptar la bebida. Él no iba a comer o beber ninguna
cosa que el Amir le diera.

El Amir, simplemente se encogió de hombros, y


luego derribó una de las bebidas. Dejó el vaso vacío
sobre la mesa y luego paseó lentamente por la
habitación. —Podríamos estar bien juntos, Gabe. Tengo
las conexiones, la influencia y el dinero. Tú tienes la
reputación de ser el único habitante de la superficie que
ha derrotado a un Shayatin. Nos hace un equipo
formidable.

—He conocido a tu clase antes, Amir —dijo Gabe—


. Y yo no cruzaría la calle para mear sobre ti si
estuvieras en llamas.

—No estás entrando en el espíritu de esto, Gabe —


le espetó el Amir, con los ojos de repente enojados—. Yo
soy el Amir de Jinnistan, al igual que mi padre lo era,
como su padre antes que él y su padre antes que él. Mi
familia ha estado en el trono desde hace años.

—Realmente no podría dar una mierda.

Gabe saltó cuando el vaso en la mano del Amir


voló de repente por la habitación y se estrelló contra la
pared. Se giró hacia el Amir, una ceja arqueada. —Estoy
pensando que no te dicen que no muy a menudo.

—Nunca me dijeron que no —gritó el Amir—. Yo


soy el Amir. Yo soy el último en la ley de Jinnistan. Yo
podría haber tomado tu vida así como así. —El Amir hizo
chasquear los dedos.

Gabe no estaba impresionado. El Amir era un


matón, así de simple.

Pero había algo más sobre el Amir que molestó a


Gabe. Él simplemente no podía poner su dedo en la
llaga.

—No me asustas.

—Lo haré —le espetó el Amir. Las cejas de Gabe


se alzaron en estado de shock cuando el Amir se acercó
a los cristales rotos en el suelo. Se inclinó y tomó un
pedazo, luego se puso de pie. Gabe de repente sabía lo
que iba a hacer y corrió por la habitación para detenerlo.

Antes de que Gabe pudiera llegar a él, el Amir


raspó el pedazo de vidrio en su garganta, dejando una
pequeña línea delgada de sangre que de inmediato
empezó a gotear por el cuello. Gabe llegó un momento
después y golpeó el vidrio de la mano del Amir. Pudo ver
que la herida no era mortal, sólo un desastre.

—¿Estás loco?

—La última oportunidad, Gabe —dijo el Amir—.


Gustosamente me das lo que quiero y yo te daré una
vida de lujo. Nunca te faltará nada.

—¿Y pasar el resto de mi vida en el harén? —Gabe


espetó—. No, gracias.

—¡Guardias! —Comenzó el Amir gritando,


empujando lejos de Gabe.

—¡Guardias! —Las puertas del dormitorio volaron,


abriéndose paso varios guardias vinieron corriendo,
espada en mano. El Amir señaló a Gabe mientras
mantenía su mano sobre el cuello ensangrentado—. Él
trató de matarme. Él trató de matar al Amir. Llévenselo.

A pesar de que Gabe trató de luchar contra el


agarre de los guardias, se dio cuenta de que había sido
engañado por un artista maestro de la estafa. Fue
entonces cuando Gabe se percató de qué era lo que le
había molestado del Amir desde que el hombre entró en
la habitación.
Todo el mundo que había conocido desde que
comenzó toda esta situación, hablaba de manera
extraña y no sabían mucho acerca de los habitantes de
la superficie. Sin embargo, el Amir sí.

Habló como cualquier otro idiota en la calle. El


Amir era un ser humano.

Gabe miró a la cara sonriente del Amir cuando dos


guardias lo sujetaban fuertemente por los brazos. —Yo
sé quién eres —dijo Gabe—. Yo sé lo que eres. Y me
aseguraré de que todo el mundo en Jinnistan lo sepa
antes de que yo me haya ido.

—Lo estás haciendo ahora. —Rió el Amir


histéricamente—. Dañar al Amir se castiga con la
muerte. Serás ejecutado por la mañana. Mientras tanto,
serás escoltado a una celda solitaria en la que no serás
capaz de decirle nada a nadie.

Gabe se dio cuenta de que una vez más su


temperamento lo había metido en un jodido problema.
Él debería haber mantenido la boca cerrada hasta que
pudiera hablar con alguien en vez de mostrar al Amir
sus cartas. Ahora, él nunca sería capaz de decírselo a
nadie.

El pánico se apoderó de Gabe, que comenzó a


luchar contra las manos que lo sujetaban. Podría verse
obligado a ir con los guardias, pero no iba a ir
fácilmente. Gabe pudo liberar una de sus manos y la
hizo girar en el guardia más cercano. Su mano le dolía,
pero valió la pena cuando oyó el gruñido del guardia.

Él comenzó a golpear en la cabeza del otro guardia


cuando trató de tirar de su brazo. Los guardias no eran
mucho más grandes que Gabe y, ciertamente, no tan
grandes como Tehmper o uno de los Shayatin. Gabe
podía ganarles. Sabía que podía. Por lo menos pensaba
que podía antes de que varios guardias más entraran en
la habitación. Enfurecido y con pánico, Gabe hizo una
última movida hacia el Amir. Pensó que si iba hacia
abajo, tal vez podría llevar al Amir con él.

Antes de que pudiera llegar al hombre, una


montaña de hombres cayó encima de él. Gabe gruñó de
dolor al golpear el duro suelo de mármol. Él sintió que
alguien le agarra los brazos y tiraba de ellos hacia su
espalda. Un momento después, algo metálico se
envolvió alrededor de sus muñecas.

Gabe apretó los dientes cuando sus antebrazos


fueron agarrados y fue arrastrado a sus pies. Le dolía
como el infierno. Cada músculo de su cuerpo se sentía
como que acababa de ser aplastado por una tonelada de
peso. Gabe todavía se lanzó en la dirección del Amir
cuando pasó por delante, riendo, cuando el hombre saltó
hacia atrás.

—Voy a hacer que te echen del trono, aunque sea


la última cosa que haga.

Gabe se quedó mirando el techo de su celda,


deseando haber mantenido la boca cerrada por enésima
vez. Aunque nunca había estado de acuerdo en ser la
mascota sexual del Amir, probablemente no debería
haber provocado tanto al hombre.

La guardia personal del Amir no había sido amable


con Gabe cuando lo arrojaron a su habitación sin
ventanas. Le dolían las costillas, la espalda, y la cara.
Gabe sonrió y luego hizo una mueca cuando su labio
partido comenzó a sangrar.

Se lamió la pequeña gota de sangre que caía y


volvió a sonreír, debería ser un poco más cuidadoso con
su entusiasmo en esta ocasión. Mientras que él recibió
más de unos cuantos moretones a manos de los
guardias, no fue el único cojeando por la lucha. Gabe les
había dado un par de sus golpes.

Honestamente, Gabe no sabía cómo iba a salir de


este lío. Sólo tenía que esperar que Tehmper y los otros
cazadores de demonios pudieran hacer algo por los otros
que estaban en el harén. Desde luego, no veía cómo
podría ayudar ahora. Hasta el momento había jodido
todo. Incluso arruinado las cosas con Tehmper. Gabe
sabía ahora que si tuviera la oportunidad de retroceder
en el tiempo habría exigido que Tehmper lo reclamara
en todas las formas posibles. Negar al Djini tenía que
haber sido el más estúpido de todos sus movimientos.

Gabe sintió un agudo sentido de pérdida de que


Tehmper realmente nunca sería suyo. Ni siquiera sería
capaz de experimentar uno de los besos de Tehmper de
nuevo. Gabe se frotó los dedos sobre los ojos para
enjugar las lágrimas que se reunían en ellos y luego se
pellizcó el puente de la nariz.
—Dios, soy un jodido estúpido —susurró en el
silencio de la celda.

—No podría estar más de acuerdo.

Gabe bajó el brazo y rápidamente se incorporó.


Sus ojos escanearon los alrededores de la sala mientras
miraba al hombre que hablaba, a sabiendas de a quién
iba a ver antes de que él viera a Tehmper apoyado en la
puerta de la celda. Ni siquiera había escuchado que la
abriera.

—Tehmper, joder, ¿cómo diablos has entrado


aquí? —dijo Gabe mientras se levantaba y corría por la
habitación, saltando a los brazos abiertos que Tehmper
le tendía. Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el
pecho del hombre grande, inhalando su aroma fuerte y
masculino—. Pensé que me iba a morir sin verte otra
vez.

—Nunca va a suceder, Demonas Amaté —susurró


Tehmper.

Gabe inclinó la cabeza hacia atrás para mirar hacia


el hombre. —Tú no entiendes, Tehmper. El Amir ha
ordenado mi ejecución para la mañana. Dijo que yo traté
de matarlo.

—¿En serio?

—No, pero debería haberlo hecho. El hombre se lo


merece.

—Eso he oído —dijo Tehmper—. Me encontré con


un amigo tuyo llamado Brayan. Tenía mucho que decir
sobre el Amir y su harén.
Gabe cerró los ojos y apoyó la cabeza en el pecho
de Tehmper. —Gracias a Dios. No tenía idea si era capaz
o no de llegar hasta ti. Fui movido hasta las cámaras del
Amir antes de que él regresara al harén.

—Um, bueno, Brayan no ha regresado al harén


exactamente.

—¿Qué? —Exclamó Gabe cuando abrió los ojos y


se apartó de Tehmper—. Él tiene que volver. Si los
guardias descubren que se ha escapado, estará en la
celda de al lado mío, y lo matarán.

—Sé el peligro en el que se encuentra, Gabe, pero


no pude enviarlo de vuelta. Él es el Demonas Amaté de
Zayne.

Gabe parpadeó.

—¿Cómo podría hacerles eso a Zayne y Brayan


cuando yo estoy luchando muy duro por nosotros?

—Entonces, ¿qué va a hacer?

Tehmper se encogió de hombros. —No estoy


seguro en este momento. Lo hemos invitado a quedarse
en el complejo del clan hasta que decida.

—¿Sabe que es el Demonas Amaté de Zayne?

—Él sabe algo, pero qué es exactamente lo que es,


no podía decirlo. Y Zayne tiene demasiado miedo de
decirle algo a Brayan a causa de lo que ha pasado. Él no
quiere causarle más miseria a Brayan.

Gabe resopló. —No creo que tener un Djini de


pareja sea causa de miseria.
—¿No?

Las palabras de Tehmper fueron pronunciadas en


voz tan baja que los ojos de Gabe se acercaron al
hombre para asegurarse de que él era el que habló.
Nunca oyó la voz de Tehmper tan suave o llena de
incertidumbre.

—No —dijo Gabe.

—Entonces tú…

—Me hubiera gustado aceptar ser tu Demonas


Amaté antes siquiera de que llegáramos a Jinnistan —
dijo Gabe. Hizo un gesto con la mano alrededor de la
celda donde estaban—. Entonces tal vez nada de esto
hubiera ocurrido. Tal vez podríamos haber terminado la
cosa del apareamiento.

—¿Tú... harías eso? —Preguntó Tehmper—. ¿Me


dejarás completar el apareamiento, incluso después de
todo lo que he traído a tu vida, todas las cosas horribles
que te han pasado por mi culpa?

—Oh, Tehmper, esto no ocurrió debido a ti —dijo


Gabe—. Solo sucedieron desde que nos involucramos.
Nada de esto fue culpa tuya, no realmente.

—Pero si yo nunca te hubiera marcado, nada de


esto habría sucedido. El Amir hizo lo que hizo por mí.
Los Shayatin fueron tras de ti y destruyeron tu casa,
porque yo te había marcado. Esto es todo por mi culpa.

—Pero el calor que siento cada vez que me tocas,


el placer que recibo en tus manos... —Gabe agitó sus
manos en el aire y se dio la vuelta para caminar de
regreso a la cama en la que había sido tirado antes,
sentándose en ella—. Es como si hubiera estado dormido
antes de que tú llegaras y ahora de repente me
despierto por primera vez en mi vida. Estoy sintiendo
cosas, queriendo cosas, y yo las quiero contigo.

Tehmper parecía estar paralizado por un


momento, mirando fijamente a través del cuarto a Gabe,
y de repente se acercó a arrodillarse en el suelo entre
las piernas de Gabe. Este se sorprendió por el ligero
temblor que vio en la mano de Tehmper cuando el
hombre llegó a él para acariciar su mejilla.

—Tú eres mi salvación, la luz de mi oscuridad. Sin


ti sólo soy la mitad de un hombre. No voy a poner
ningún otro antes que tú, te lo juro. Te amaré y te
protegeré hasta mi muerte, si me das tu consentimiento
para ser mi Demonas Amaté.

Gabe sonrió y extendió la mano para acariciar el


lado de la cara de Tehmper.

—Creo que me gustaría eso. —Las cejas de Gabe


se elevaron cuando las llamas comenzaron un poco
vacilantes a extenderse a lo largo de los brazos y las
manos de Tehmper—. Uh, ¿Tehmper?

—Es imposible para mí hacerte daño, Demonas


Amaté.

—Estás emitiendo fuego, Tehmper.

—Dame tu mano, ¿por favor? —Dijo Tehmper,


estirando la suya. Gabe lentamente levantó la mano y la
apretó contra la de Tehmper, la punta de los dedos
presionando la punta de los dedos del otro, palma con
palma. Vio cómo las llamas que lamían la piel a lo largo
de Tehmper se trasladaban a abarcar su mano, también.

Estaba fascinado y un poco nervioso, todo al


mismo tiempo. Llamas rojas y naranjas brillaban a lo
largo de sus manos entrelazadas, calentando la piel de
Gabe, pero no lo quemaban.

—¿Cómo es esto posible? —Susurró Gabe—. Ni


siquiera estoy herido.

—Tú eres el Amate Demonas de un demonio del


fuego. El fuego ya no puede hacerte daño.

—Pero pensé que no habíamos completado aún el


apareamiento.

—No lo hicimos, pero mi marca por la mordedura


que te di inició el proceso. También te hace inmune a las
llamas. No tendría mucho sentido para ti que te
quemaras cada vez que te toque, ¿no?

Gabe se rió entre dientes. —No, creo que no.

—Cuanto más fuerte sea nuestro vínculo, más


fuerte te volverás.

Gabe frunció el ceño. —Y eso, ¿qué significa?

—Soy un demonio de fuego, lo que significa que


controlo el elemento fuego. También soy el más fuerte
de todos los Djini. A medida que nos enlacemos, te
volverás más fuerte; no tan fuerte como yo, pero más
fuerte. Serás inmune al fuego e incluso podrías ser
capaz de crearlo por tu cuenta después de un tiempo.
La mandíbula de Gabe cayó, y un grito suave se le
escapó. —¿Me estás diciendo que yo podría ser capaz de
crear fuego, como tú?

—Sí, la posibilidad aumenta a medida que nuestro


vínculo se consolida. —Gabe sentía el estremecimiento
de Tehmper cuando él respiró profundo—. Eso no te
asusta, ¿verdad? Es parte de acoplarse con un Djini. No
puedo cambiarlo.

—Admito que es un poco raro, pero supongo que


es algo a lo que puedo acostumbrarme —dijo Gabe,
sonriendo al ver el alivio que inundó la cara de
Tehmper—. Por supuesto, necesito que me instruyas en
el resto de las cosas, las reglas y esas cosas. ¿Crees que
podrías hacerlo? —Tehmper se humedeció los labios—.
¿Ahora?

—No, ahora no. —Gabe se echó a reír—. En este


momento tienes mucho que hacer. Podemos hablar más
tarde. —Los ojos de Gabe vagaban por el enorme y
perfecto cuerpo de Tehmper, tanto como él podía ver—.
Mucho, mucho, más adelante.

Gabe se deslizó en la cama y con el dedo torcido


llamó a Tehmper.

Las llamas que lamían a lo largo de los brazos de


Tehmper se oscurecieron a un profundo rojo escarlata.
Gabe sólo podía esperar que significara que Tehmper
estaba excitado.

Él lo estaba.

Tehmper subió a la cama. Gabe gimió y dejó caer


la cabeza contra la almohada cuando Tehmper comenzó
a lamer el interior de su pantorrilla. La lengua de
Tehmper se sentía caliente contra su piel, humeante,
como una verdadera llama vacilante a lo largo de su
cuerpo. Y Gabe amó eso.

Se apoderó de las sábanas en sus manos y abrió


más las piernas cuando Tehmper subió más arriba entre
sus piernas. Podía sentir los labios de Tehmper moverse
a lo largo de su rodilla. Su cuerpo temblaba mientras
Tehmper pasó la lengua por los muslos, acercándose al
doloroso pene de Gabe.

Gabe casi dejó escapar un grito de protesta


cuando Tehmper fue más allá de su pene y comenzó a
lamer alrededor de su abdomen y ombligo. Cada toque
de los labios de Tehmper en su piel hacía temblar a
Gabe. Le dolía.

—Tehmper —se lamentaba.

Un dolor caliente creció en la parte posterior de la


garganta de Gabe cuando Tehmper levantó la cabeza y
lo miró. Sus mejillas calientes con el calor de la mirada
de Tehmper. Su corazón dio un salto mortal ante la
profunda necesidad que podía ver en las oscuras
profundidades de los ojos de Tehmper.

—Tehmper —dijo Gabe mientras sostenía la mano


del hombre.

Tehmper subió a la cama hasta que su cuerpo


cubrió el de Gabe de pies a cabeza y algo más. Parecía
que había una especie de temor en los ojos de Tehmper
cuando rozó el cabello en la cara de Gabe. Su tacto era
extrañamente suave y acariciante.
—Mi Demonas Amaté —murmuró casi con
reverencia.

El corazón de Gabe latía a un ritmo errático. —Sí.

La boca de Tehmper cubría la de Gabe con avidez.


Fue sorprendentemente suave para toda su ferocidad.
Tehmper movió su boca sobre la de Gabe, devorando,
exigiendo una respuesta que Gabe le dio gustosamente.

Gabe era consciente de cada punto que Tehmper


tocaba. Las manos de Gabe se deslizaron por los brazos
de Tehmper, atrayéndolo más cerca. Tiró del suave
material de la camisa de Tehmper. Quería sacársela de
inmediato. Quería sentir sus cuerpos presionándose
juntos sin nada entre ellos.

Tehmper sonrió y se movió hacia el lado de la


cama. La respiración de Gabe se atoró en su garganta
cuando Tehmper se puso de pie y comenzó a sacarse su
ropa. El hombre era simplemente magnífico, todo su
cuerpo duro y musculoso.

Cada centímetro de piel que revelaba hacía que el


corazón de Gabe latiera más rápido.

Cuando Tehmper se quedó desnudo ante él, Gabe


sólo podía mirar con asombro. No podía creer que un
hombre tan bello pudiera ser todo suyo.

Tehmper señaló el traje de seda blanco que


llevaba Gabe. —¿Vas a seguir usando eso? —Preguntó—.
Aunque estoy bastante seguro de que podría trabajar a
su alrededor, pero puede interferir con nuestros planes.

Gabe se echó a reír y se sentó. Rápidamente se


sacó el chaleco y lo tiró lejos por el lado de la cama. Con
el rostro enrojecido al llegar a la ropa interior, una que
casi no existía, la empujó hacia abajo por sus piernas.

Tehmper gruñó y se lanzó sobre la cama. La


pequeña llama de fuego rojo a lo largo de su cuerpo se
hizo más grande. Gabe lo tomó como una buena señal.
Por lo menos, esperaba que fuera una buena señal.

Gabe gruñó cuando Tehmper lo jaló casi con


violencia hacia él. Sintió que su cuerpo era moldeado al
contorno del cuerpo duro de Tehmper, como si fueran a
ser uno solo. Dos mitades de un todo, como Tehmper
había dicho.

Las manos de Tehmper estaban en todas partes,


moviéndose a lo largo del cuerpo de Gabe y dejando
detrás un fuego abrasador. Gabe sintió que su sangre
fluía desde sus dedos de los pies. Su corazón latía
ruidosamente dentro de él.

La mano de Tehmper se movió hacia abajo entre


las piernas de Gabe, sus dedos rozando la entrada
fruncida de Gabe. —¿Me quieres tener? —Tehmper
susurró. Parecía estar mirando a Gabe atentamente,
como si todo su mundo colgara de la respuesta de Gabe.

La única respuesta de Gabe fue el ritmo rápido de


su pulso y la difusión de sus muslos incluso más. La
próxima vez que los dedos de Tehmper se movieron
sobre él, Gabe levantó sus caderas. El toque de Tehmper
era la luz y un doloroso jugueteo mientras apretaba un
dedo en el agujero sensible, enviando corrientes de
deseo a través de Gabe.
—Oh, sí, sí —se quejó Gabe, arqueando su cuerpo
instintivamente hacia Tehmper al sentir otro dedo
empujando en él—. Más.

Gabe alcanzó a Tehmper, una mano acariciando


los tendones fuertes en la parte posterior del cuello de
Tehmper. Por otro lado se movió sobre el pecho de
Tehmper. Las llamas que saltaban a lo largo del cuerpo
de Tehmper se trasladaron a él, vacilantes a lo largo de
su piel caliente.

Gabe sabía que ya estaba lo suficientemente


estirado para tomar a Tehmper.

Ya había sido estirado en el harén. Con el toque de


Tehmper, estaba con muchas ganas de correrse. Gabe
se apoderó de los hombros de Tehmper y tiró de ellos.

—Por favor, ahora, Tehmper —declaró Gabe—.


Tómame ahora.

Se quedó sin aliento cuando Tehmper sacó los


dedos liberando su entrada y bajó su cuerpo sobre el
suyo. Los ojos de Tehmper miraron a las llamas saltando
entre ellos que crecían. Gabe inhaló suavemente cuando
sintió que el pene grueso de Tehmper comenzaba a
empujarse poco a poco en él.

El tiempo se detuvo, el mundo que los rodeaba


desapareció. Gabe sostuvo la mirada de Tehmper
mientras fue empalado lentamente en la polla más
gruesa y más larga que nunca lo penetrase, no es que
hubiera tenido muchas dentro, pero ¡maldición!

Por último, Tehmper parecía estar en todo el


camino. Gabe empezó a preocuparse cuando los ojos de
Tehmper se cerraron. El rostro se veía angustiado, como
si tuviera dolor.

—¿Tehmper? —murmuró.

Los ojos de Tehmper se abrieron y Gabe jadeaba.


Eran brillantes, brillantes de color rojo, el blanco de los
ojos de Tehmper había desaparecido totalmente.

Gabe se preocupó de que algo no fuera bien hasta


que Tehmper gruñó y se agarró a sus caderas,
levantando de nuevo a Gabe hasta el final de la cama.
No hubo movimientos lentos ni suaves y amorosos. Un
momento Tehmper parecía congelado en su lugar, y al
siguiente golpeaba en Gabe como si hubiera sido
liberado de repente de su parálisis.

Gabe apenas podía recobrar el aliento. Todo su


cuerpo vibraba por la necesidad de liberación. Cada vez
que Tehmper lo miraba, el corazón de Gabe daba un
vuelco en respuesta. El ardiente deseo en la mirada de
Tehmper brillaba al rojo vivo, y todo era por Gabe.

—Demonas Amaté, tengo que... tengo que


morderte para completar la reclamación.

Gabe gimió, sabiendo lo que venía, y arqueó su


cabeza hacia atrás, dejando al descubierto su garganta
para Tehmper. Sintió las manos de Tehmper apretarlo,
cuando los afilados colmillos se hundieron en su cuerpo.
El tirón de la boca dulce de Tehmper se igualó al empuje
de su pene.

Gabe fue abrumado en el momento, las


sensaciones individuales corrían a través de su cuerpo.
Podía ver una neblina roja de llamas que rodeaban sus
cuerpos. Cada pequeña llama lamió su piel como el tacto
suave de un amante.

Él comenzó a jadear, incapaz de recuperar el


aliento. Gabe apretó los puños en el largo cabello negro
de Tehmper. Su cuerpo entero se estremeció mientras la
lujuria quemaba su cuerpo que estalló en una nube de
fuego, de sensaciones. Gabe gritó mientras derramaba
el semen de su erección.

Oyó un fuerte estruendo por encima de él y sintió


una vibración en el culo cuando Tehmper lanzó su
liberación dentro de él. Los colmillos del hombre
quedaron en la garganta de Gabe y su cuerpo se
derrumbó por encima de él. Gabe sólo estrechó entre
sus brazos a Tehmper y frotó las manos arriba y abajo
de su espalda desnuda.

—Desmonis, mi nombre de poder es Desmonis —


susurró Tehmper.

Gabe no tenía idea de lo que Tehmper estaba


hablando, pero se sentía demasiado relajado para
prestar atención. Podía sentir la respiración pesada de
Tehmper, sentir la disminución lenta y gradual succión
de su sangre que Tehmper chupaba de su cuello.
Cuando Tehmper extrajo los colmillos y le lamió la
herida producto de la mordedura, Gabe casi gritó en
señal de protesta.

—Lo siento, Demonas Amaté —dijo Tehmper—. No


quiero tomar demasiado y dejarte débil.

La cabeza de Gabe daba vueltas. Amaba la


sensación de que Tehmper lo mordiese.
La tuvo desde el principio. No quería que la
mordida se detuviera.

—¿Con qué frecuencia me puedes morder?

—Por lo menos una vez al día, si me lo permites.


—Tehmper levantó la cabeza y sonrió. Gabe gritó
cuando Tehmper de repente le dio la vuelta hasta que
Gabe quedó encima de Tehmper—. Ahora es el momento
para que tú puedas tomarme.

—¿Qué?

—Necesitamos intercambiar sangre, Demonas Amaté —


dijo Tehmper—. Me tienes que morder.

—Tehmper, yo no tengo colmillos.

Tehmper se rió entre dientes. —Tú tienes dientes,


¿no?

—Pero eso va a doler.

Tehmper agarró la cara de Gabe con sus dos


manos. —No me importa, Gabe. Es el último paso para
reclamarte como mi Demonas Amaté.

—¿Dónde... dónde quieres que te muerda? —Gabe


miró hacia abajo al cuello y el pecho de Tehmper. No
quería hacerle daño.

Sus dientes romos no eran nada en comparación


con los colmillos afilados de Tehmper.

—Eso te lo dejo a ti, Demonas Amaté —respondió


Tehmper.

Los ojos de Gabe parpadearon hasta el pecho de


Tehmper nuevamente, a los músculos gruesos sobre el
corazón. Algo dentro de él le dijo que tenía que dejar su
huella en Tehmper sobre el corazón del hombre. —Tú
sabes que esto probablemente dejará una cicatriz.

—Cualquier mordedura que me des, la recibiré con


honor.

Gabe se inclinó y pasó la lengua por uno de los


músculos del torso de Tehmper. Podía sentir el tirón
muscular, y él sonrió. Él tenía tanto efecto sobre
Tehmper como Tehmper lo tenía sobre él.

Gabe prestó especial atención a la pequeña


protuberancia de mármol marrón debajo de su lengua.
Mordisqueó el pezón, lo jaló y lo chupó hasta que sintió
que la polla de Tehmper comenzar a endurecerse en el
interior de su culo. El pulso de Gabe se aceleró.

Buscando en el lugar que él sabía que tenía que


dejar la huella de su mordida, Gabe raspó sus dientes
sobre ella. Con un vistazo rápido hacia arriba a
Tehmper, Gabe mordió tan fuerte como pudo en la piel
sobre el pecho del hombre.

Tehmper gritó, pero Gabe se negó a soltarlo. La


sangre dulce y caliente llenó su boca. Gabe, ausente, se
preguntó si esta era la razón de morder como parte de
la unión, porque la sangre de Tehmper le sabía a
ambrosía.

—¡Demonas Amaté! —gritó Tehmper.

Gabe sintió a Tehmper agarrar sus caderas, y


luego el hombre golpeó dentro de él tan duro que los
huesos de Gabe se sacudieron. Se quedó sin aliento
alrededor de la piel en su boca cuando lava caliente de
semilla lo llenó de nuevo.

El cuerpo de Tehmper temblaba debajo de Gabe.


Jadeaba mucho.

Gabe dejó de lado la carne en su boca y lamió la


sangre que se había derramado. Cuando Gabe miró
hacia arriba, se encontró con Tehmper mirándolo con
fuego en sus ojos.

—¿Eso está bien para ti?

Tehmper dejó escapar una risa rota mientras sus


manos se movían suavemente de los lados de Gabe a
sus brazos. Gabe fácilmente cedió cuando Tehmper lo
derribó por un suave beso. Cuando Gabe levantó la
cabeza un momento después, las llamas en los ojos de
Tehmper habían disminuido.

—Sí, Demonas Amaté, fue maravilloso. Voy a usar


tu marca con orgullo.

Gabe estuvo confundido un poco cuando Tehmper


se deslizó a un lado de la cama y tomó un bolso
pequeño color negro de uno de los bolsillos del pantalón.
Vio cómo Tehmper abrió la bolsa y vertió una pequeña
cantidad de algo en la palma de su mano.

—¿Podrías ayudarme? —Preguntó Tehmper.

—¿Ayudarte a qué?

—Espolvorear esto en la marca de la mordedura


que dejaste en mí.

—¿Qué es?
—Sal sagrada.

Los ojos de Gabe se abrieron como platos. —


Tehmper, la sal hará que la cicatriz empeore. No va a
desaparecer. Lo tendrás para el resto de tu vida.

—Eso espero —dijo Tehmper mientras sostenía su


mano—. Eso traería mucha alegría a mi vida.

Gabe sacudió la cabeza ante las palabras de


Tehmper, pero tomó una pizca de sal, extendiéndola a lo
largo de la mordida que había dejado en el pecho de
Tehmper.

Gabe sabía que la sal causaba dolor cuando


Tehmper silbó y tensó el cuerpo.

—¿Quieres continuar?

—Sí, por favor, Demonas Amaté.

Gabe rodó los ojos y continuó hasta que Tehmper


se mostró satisfecho y luego alejó la bolsa de sal. —
¿Contento?

—Sí, Demonas Amaté, mucho.

Gabe sonrió, y luego apoyó la cabeza en el otro


lado del pecho de Tehmper. Podía oír los sólidos latidos
de su corazón, y el sonido le dio una gran comodidad. Él
comenzó a desvanecerse en el sueño, el dulce sonido del
corazón de Tehmper lo adormecía, cuando un repentino
pensamiento entró en su cabeza.

—Nunca me lo dijiste, Tehmper —dijo Gabe


mientras levantaba la cabeza y miró al cazador de
demonios—. ¿Cómo demonios te metiste en mi celda?
Tehmper sonrió. —El guarda es mi hermano
pequeño.

—¿Tu hermano pequeño? —preguntó Gabe, con el


ceño fruncido—. Pequeño sería correcto. Él no se parece
en nada a ti. Él no es más alto que yo.

—No, fue a través de la transformación como lo


hice yo, por lo que se convirtió en un guardia en lugar
de en un Djini.

—¿Transformación? ¿Qué transformación? ¿Y


cómo ser un guardia es diferente de ser un Djini?

—Son muchas tus preguntas, Demonas Amaté. —


Rió entre dientes ligeramente cuando Gabe le pellizcó los
pezones—. Bien, bien, cuando llegamos a la edad de la
madurez, podemos o no pasar por una transformación.
Yo pasé por ella y llegué a ser lo que soy hoy. Stayrr no
pasó por la transformación, por lo que se convirtió en un
Guardia, uno que cuida Jinnistan.

—¿Te duele? —Preguntó Gabe, con la mano


frotando arriba y abajo en el pecho de Tehmper.

—No duele exactamente, pero no es cómodo.


Practicamos una forma de meditación que nos pone en
un estado de trance. La mayor parte de la
transformación pasa por nosotros mientras que no nos
damos cuenta de que eso está ocurriendo.

—¿Tu hermano está molesto porque no se


transformó?

Tehmper se encogió de hombros. —No creo que


Stayrr esté molesto, porque él siempre quiso ser un
guardia y mantener a Jinnistan segura, como nuestro
padre. Pero supongo que hay otros que si lo están. Ser
Djini es un gran honor, pero también es algo peligroso,
como tú lo sabes muy bien.

—¿Puedes negarte a ser un Djini aunque te


transformes?

—¿Por qué desearía eso? —preguntó Tehmper.


Frunció el ceño ante Gabe, no entendiendo por qué hacía
incluso esa pregunta—. Como he dicho, ser un Djini es
un gran honor. Perseguimos a los Shayatin que se
aprovechan de los habitantes de la superficie. De este
modo, podemos proteger nuestro mundo tanto como el
tuyo. ¿Por qué no querríamos hacer eso, si pudiéramos?

—Tehmper, no todo el mundo está hecho para ser


un protector, no importa lo mucho que quisiéramos que
lo fueran. Algunas personas simplemente no tienen el
temperamento para el trabajo. Al igual que no todo el
mundo puede ser un detective de la policía.

—Supongo que eso es cierto, pero nunca he oído


de nadie que no se convierta en un Djini después de ser
transformado. Supongo que tal vez no pasas por la
transformación, si no estás hecho para el puesto.
—Eso tendría más sentido para mí.

Tehmper se echó a reír otra vez. Su Demonas


Amaté siempre estaba pensando. Esa mente inquisitiva
lo podría volver loco en los próximos años, pero al
menos Gabe no era estúpido.

—¿Alguna idea de cómo me vas a sacar de este


lío? —preguntó Gabe un momento después—. El Amir
está loco, pero él tiene el poder para que me ejecuten
por la mañana.

—Estoy trabajando en un plan con los hermanos


del clan —dijo Tehmper mientras pasaba su mano por la
espalda de Gabe—. No te preocupes, Demonas Amaté,
me he comprometido a protegerte. No voy a dejar que
te ejecuten.

—¿Tehmper, ha estado el Amir en su posición


desde hace tiempo?

—El Amir se hizo cargo cuando su padre falleció


hace unos años. ¿Por qué?

—Él es un habitante de la superficie —dijo Gabe—.


Yo apostaría mi vida en ello.

—Un habitante de la superficie… Tú has perdido la


cabeza —espetó Tehmper mientras se sentaba.

—El Amir fue criado aquí en Jinnistan. Todo el


mundo sabe eso. Fue presentado a todos en Jinnistan en
el día de su quinto cumpleaños, como es la costumbre.

—¿Y antes de eso? —Preguntó Gabe cuando él se


deslizó de nuevo para apoyarse contra la pared—.
¿Dónde estaba él cuando era niño? ¿Dónde estaba antes
de cumplir los cinco años? ¿Aquí, en Jinnistan? ¿Alguien
lo vio?

—Bien, por supuesto, la gente lo veía. Él tenía un


tutor, uno de los guardias personales de su padre.

—Uh-huh, ¿y nadie fuera de su entorno personal lo


veía? ¿El pequeño Amir podía correr por el palacio? ¿O
era sólo presentado cuando había algún tipo de función
real?

Tehmper negó con la cabeza. —Tú no entiendes.


La madre del Amir murió al dar a luz. Su padre era muy
protector. El Amir fue vigilado veinticuatro horas al día,
así que nunca le pasó nada. No se le permitió salir en
público.

—Bueno, eso fue muy conveniente, ¿no te parece?

—Gabe…

—No, escúchame por un momento —dijo Gabe


mientras levantaba la mano—. El Amir casi nunca fue
visto por el público, sólo los que fueron obligados a
cuidar de él por su padre, y sólo unas pocas personas.
¿Correcto?

—Sí.

—Además, puede crear un portal al mundo de la


superficie, ¿correcto?

—Sí.

—Entonces, ¿quién dice que el Amir no estuvo en


la superficie y traído de regreso a Jinnistan si había una
función real o algo así? —Gabe sacudió la cabeza—. No
hablaste con él ayer por la noche. Yo lo hice. No habla
como lo hacen ustedes en absoluto. Él habla como yo.

—¿Qué importa eso?

—Porque hasta ahora no he conocido a una sola


persona de Jinnistan que hablara como yo. Todo el
mundo habla igual que tú.

Tehmper frunció el ceño. —¿Cómo hablo?

—Muy correcto.

—¿Y eso te hace pensar que el Amir es un


habitante de la superficie? ¿Debido a la forma en que
habla?

—¿Te acuerdas de tu curiosidad acerca de la


cámara digital?

Tehmper asintió. Él todavía quería ver ese


pequeño dispositivo que podía ser usado para tomar
fotos al instante en vez de esperar a que los artistas
hicieran una pintura. Sonaba como una maravilla.

—Te apuesto cualquier cosa a que el Amir no sólo


sabe lo que es una cámara digital, sino que tiene una
también.

Tehmper extendió la mano y agarró la mano de


Gabe. —Me gustaría creerte, Demonas Amaté —dijo—. Y
tienes un argumento muy bueno, pero yo no entiendo
cómo el Amir podría ser un habitante de la superficie y
nadie saber de ello.

—No lo sé. Tal vez eso es algo que debemos


investigar.
Gabe se encogió de hombros. —Te lo estoy
diciendo, Tehmper, he sido un detective de la policía
durante un montón de años y sé cuando algo no está
bien. Este tipo pone en marcha todas las alarmas que
tengo.

—Te creo. —Tehmper no sabía por qué creía lo


que decía Gabe, pero lo hacía. Por supuesto, a Tehmper
no le gustaba el Amir, pero no creía que ese fuera el
motivo por el que creía en Gabe. Había algo en el tono
de voz de Gabe que le dijo que el hombre decía la
verdad.

—Estoy pidiéndote que investigues sobre esto,


Tehmper —dijo Gabe—. No hagas nada que te meta en
problemas o te haga sentir incómodo. Ver a este sujeto
solo hace que piense en él como un estafador.

—¿Estafador?

—Um, estafador, charlatán, un fraude. No es lo


que él pretende ser. Él se ofreció a llenarme de lujos si
aceptaba ser su juguete sexual. Si él fuera realmente el
Amir, no pediría eso. Él lo demandó y no le importaba
llegar a cualquier tipo de acuerdo conmigo.

—¿Él te pidió que fueras su juguete sexual? —


Tehmper respiró hondo para mantener el control de las
llamas que de inmediato comenzaron a chisporrotear a
lo largo de sus brazos. No le gustaba la idea de que
alguien le hiciera proposiciones a su Demonas Amaté,
menos el ser un juguete sexual.

—Básicamente, me dijo, y cito textualmente, —


Gabe hizo el gesto de comillas en el aire con los dedos—
, “tú frotas mi espalda y yo froto la tuya”.
—¿Quería que le frotes la espalda? —Tehmper
frunció el ceño—. ¿Creí que había dicho que quería que
fueras su juguete sexual?

Gabe rodó los ojos. —Eso es lo que he estado


tratando de decir, Tehmper. Que ese es el discurso de
un habitante de la superficie. Esto significa que si yo le
doy lo que quiere, él me dará lo que yo quiero.

—Entonces, ¿por qué no simplemente decirlo?

—Él lo hizo, Tehmper, en un discurso que daría un


habitante de la superficie. Y si el Amir no ha ido nunca a
la superficie, no sabría cómo decirlo, lo que me dice que
no es de aquí.

—¿Y esto lo convierte en un estafador?

—Bueno, no sé cómo lo llaman ustedes en


Jinnistan, pero lo hace un estafador si es alguien de la
superficie que se hace pasar por el Amir.

—Maldita sea, ¿sabes lo que estás diciendo, Gabe?


—Preguntó Tehmper. Se pasó la mano por la cara—. Si
el Amir no es el Amir...

Tehmper podía sentir la mirada de Gabe en él


mientras trataba de procesar todo lo que le dijo. Era
mucho para tomar. Si Gabe estaba en lo cierto, y
Tehmper estaba empezando a pensar que lo estaba,
entonces el hombre con el control de Jinnistan era un
fraude. Sumado esto a lo que Clagh había encontrado
sobre los clanes gobernantes de la tierra, había algo
muy malo ocurriendo.

Antes de que Tehmper pudiera decir más acerca


de los pensamientos que pasaban por su cabeza, se oyó
un golpe suave en la puerta. Tehmper suspiró, sabiendo
que su tiempo con su Demonas Amaté había llegado a
su fin.

Tehmper envolvió su mano alrededor de la nuca


de Gabe y tiró de él hacia delante para un rápido beso.
—Tengo que irme, Demonas Amaté —susurró contra sus
labios—. Volveré si puedo. Si no, te veré mañana.

—Tehmper, mañana ellos van a cortar mi cabeza.

Tehmper sonrió y frotó el pulgar por el lado de la


cara de Gabe. —Nadie te hará daño. Eso te lo juro,
Demonas Amaté.

—Pero qué…

Tehmper presionó el dedo sobre los labios de


Gabe. —Tú eres mi Demonas Amaté. Es mi deber y mi
honor mantenerse a salvo de todo daño.

Gabe se sentía ya lamentando el hecho de que


Tehmper rodara hacia un lado de la cama y se levantara,
echando mano a su ropa. No tardó más que unos
minutos en vestirse. Sintió los ojos de Gabe en él todo el
tiempo.

Caminó lentamente hacia la puerta, luego giró


hacia Gabe. —Si no te veo otra vez esta noche, debes
saber que estoy haciendo todo lo que pueda para
liberarte y traerte de regreso a mi lado.

La mirada afligida en la cara de Gabe mientras se


alejaba, abría un agujero en el corazón de Tehmper. Era
todo lo que podía hacer, llamó a la puerta y salió cuando
su hermano la abrió para él. Cuando la puerta volvió a
cerrarse, bloqueó el interior de Gabe, Tehmper apoyó su
mano sobre el hombro de Stayrr.

—Cuida de él, hermano —dijo Tehmper—. Si algo


cambia, avísame tan pronto como sea posible. Voy a
estar en el recinto del clan.

—Sí, hermano.

—Él es mi Demonas Amaté, Stayrr.

—Lo entiendo, Tehmper.

Tehmper asintió y caminó rápidamente hacia un


conjunto de escaleras ocultas fuera en una esquina de la
habitación. No mucha gente conocía acerca de las
escaleras, que eran una salida rápida de la sección de
mazmorras del palacio.

Tehmper deseaba haber tomado a Gabe y llevarlo


a su lado al salir del edificio, pero por el momento no era
una opción. Gabe necesitaba quedarse donde estaba
hasta que Tehmper pudiera encontrar una salida del lío
en que estaba. Si no podía, Tehmper usaría la ruta de
escape oculta para tomar a Gabe y ocultarlo o llevarlo de
regreso a la superficie, donde estaría a salvo.

Fue un viaje corto desde el palacio al recinto del


clan que le llevó sólo unos minutos. Corrió por las
grandes puertas dobles y se dirigió directamente al
estudio. Tehmper oró para que Clagh hubiera
encontrado algo en su ausencia.

Tehmper encontró a su hermano del clan inclinado


sobre un antiguo pergamino.
Parecía examinarlo cuidadosamente, tomando
notas en una hoja de papel. Tehmper se acercó y se
paró junto a Clagh, mirando hacia abajo en el viejo
papel de estraza.

—Bueno, ¿qué has encontrado?

Clagh levantó la mano. —Dame un momento.

Tehmper rodó los ojos y se acercó a mirar por la


ventana.

No quería dar Clagh ni un segundo, pero sabía que


era necesario. Clagh era el maestro, el investigador. Era
bueno en lo que hacía.

Si él dijo que necesitaba un momento, era


probable que estuviera sobre algo.

—Tehmper, ven a ver en esto —dijo Clagh,


rompiendo el silencio que reinaba en la habitación.

Tehmper se sobresaltó un poco, y luego corrió


para ver lo que Clagh señalaba.

—¿Qué estoy buscando?

—Este rollo fue traído por uno de los otros clanes


—explicó Clagh—. Sólo accedió a prestármelo si no le
decía a nadie de dónde lo saqué y debo devolverlo tan
pronto como lo haya leído. Parece que estaba escondido
en una caja fuerte en el centro del recinto en el último
par de siglos.

—¿Qué es, Clagh? —A Tehmper realmente no


podría importarle menos de dónde había venido el
antiguo rollo. Quería saber lo que decía.
—Durante la Primera Guerra Mundial casi todos los
clanes habían desaparecido. Los que quedaron de los
clanes no tenían todos sus miembros. Se decidió por el
consejo que un Amir sería nombrado hasta el momento
en que los clanes pudieran ser reconstruidos.

—Está bien, y esto significa, ¿qué?

—Tehmper, los clanes se han reconstruido hace


más de cien años. El control de Jinnistan debería haber
sido devuelto a los clanes hace tiempo. En cambio,
todavía tenemos un Amir con el control de nuestra
patria. ¿No te parece que eso está mal?

—¿Dice algo acerca de a quién eligieron como


primer Amir y por qué fue elegido?

—Él era un miembro del consejo. ¿Por qué?

—Debido a que Gabe cree que el Amir actual es un


habitante de la superficie.

—Eso haría las cosas muy interesantes si es


verdad.

Tehmper asintió.

—No, tú no entiendes, Tehmper —dijo Clagh


cuando él comenzó a buscar a través de la pila de
pergaminos en frente de él—. Cuando el consejo decidió
aceptar un Amir, específicamente dijeron que tenía que
haber nacido en Jinnistan. No podía ser un habitante de
la superficie.

—Incluso si eso es cierto, no estoy seguro de que


haya una manera de probar que el Amir es un habitante
de la superficie. Gabe está basando sus sospechas
debido a la forma en la que el Amir habla. Eso no es
sostenible ante el consejo.

—No, pero como dijo Nick sobre estos


documentos, tiene que haber un registro en alguna
parte, o alguien que conozca la verdad.

—¿Qué pasa con el tutor del Amir? ¿O su nodriza?


—Preguntó Tehmper—. Aunque yo no confiaría en la
guardia personal del Amir, no después de ver lo que
hicieron con Brayan.

—Sí, ya lo he visto —dijo Clagh—. En cuanto a


estas otras personas, no sabría por dónde empezar a
buscarlas.

—Tal vez los otros clanes puedan saberlo o pueden


empezar a buscarlos.

—Voy a tener que preguntarle a Storym. Ellos


están tan interesados en esto, como nosotros.

—Sólo diles que guarden silencio al respecto —dijo


Tehmper mientras él se dirigía hacia la puerta—. Si el
Amir se entera de nuestra investigación, nos podría
encarcelar. Y sólo tenemos hasta mañana por la mañana
para llegar a Gabe y liberarlo. El Amir ha ordenado su
ejecución para ese momento.

—Yo me ocuparé de ello, pero si lo que he


encontrado es cierto, entonces el Amir no puede tomar a
tu Demonas Amaté. Lo sabes, ¿verdad? Quiero decir,
además de los pergaminos que encontré en donde dice
que el estado no puede interferir en el apareamiento,
esta nueva información podría eliminar al Amir de su
cargo.
—Tienes hasta el amanecer, Clagh —Tehmper
dijo—. Antes de que retire a Gabe de las mazmorras del
Amir a través del hueco de la escalera oculta. No me
importa si tengo que llevarlo a la superficie. Yo no
dejaré que sea lastimado.

—Voy a tener los documentos y testigos que se


encuentren en condiciones de presentarse ante el
Consejo para ese entonces, Tehmper. Vamos a liberar a
tu Demonas Amaté.

Tehmper asintió y se dirigió hacia el estudio. Se


detuvo ante la puerta del estudio, no estando seguro de
a dónde tenía que ir. Clagh lo miraba por encima del
texto antiguo. Storym hablaría con los demás clanes, y
Zayne estaba ocupado con Brayan y Nick.

Apretó los puños a sus lados y caminó


rápidamente hacia atrás y adelante.

Su mente se arremolinaba con furia y el dolor lo


partía. Cada minuto que pasaba separado de Gabe era
agonizante. Saber que la vida de Gabe estaba en juego
si Tehmper no “arreglaba el lio”, como dijo el hombre,
era lo más horrible de todo.

—Tehmper, amigo, te ves como si necesitaras un


trago.

Tehmper giró y miró a Nick. —No vas a


contaminar mi cuerpo de esa manera.

Nick ladeó la cabeza un poco. —No sabes lo que te


pierdes, hombre —dijo—. Sé que te caería muy bien una
copa en este instante. Tal vez esa es una de las cosas
por las que necesitamos ir a la superficie y también para
conseguirte una cámara digital.

Con la sola mención de la captura de fotografías


instantáneas, Tehmper recordó de pronto las fotografías
que había tomado de la casa de Gabe. Metió la mano en
el bolsillo de su abrigo y sacó el pequeño bulto.

—Si le doy estas a un artista, ¿podrías ayudarme a


restaurarlas?

Nick tomó las fotos y miró a través de ellas con


cuidado.

—Hay un par aquí que pueden ser reparadas, pero


creo que el resto de ellas están tostadas… uh, rotas.

—Sí, entiendo eso —dijo Tehmper—. Quería que


un artista las pintara; tal vez incluso pintar cuadros de la
gente en las fotografías para que Gabe tenga siempre
imágenes a la vista de su familia.

Nick se rió entre dientes. —Tú estás muy mal,


hombre. —La confusión de Tehmper, parecía divertir a
Nick en gran medida. Se echó a reír.

—Tú estás caliente por Gabe, y mucho. A ti


realmente, realmente te gusta.

—Sí, él es mi Demonas Amaté.

—Amigo, sigues diciendo eso —dijo Nick—. Tú


sabes que él es más que eso, ¿verdad?

—Él es mi Demonas Amaté.

—Mira, Tehmper, voy a dejarte saber un pequeño


secreto. Si sigues diciendo sólo que Gabe es tu Demonas
Amaté, se va a poner furioso después de un tiempo.
Créeme. Yo conozco al tipo, y no va a ser feliz.

—¿Por qué? —Preguntó Tehmper—. Es un gran


honor ser un Demonas Amaté.

—Porque si tienes alguna esperanza de que sean


algo más que amigos con beneficios, Gabe tiene que ser
para ti más que eso. Él necesita saber que es importante
para ti, que tú lo deseas, incluso si no fuera tu Demonas
Amaté.

—Yo le he dicho que lo amaré y protegeré hasta


mi muerte.

Tehmper se sacó la camisa para mostrar a Nick la


marca de mordedura en el pecho. —Me he asegurado de
que la marca de su mordedura nunca se desvanezca.
¿Qué más hay?

—¿No quieres que él se enamore de ti? ¿No


quieres enamorarte de él? —Nick frunció el ceño—.
Demonios, ¿incluso crees en el amor?

—Te acabo de decir que yo lo amaré hasta mi


muerte —gritó Tehmper—. ¿No me oyes?

—¿En serio, amigo? Has dicho eso casi desde el


momento en que ambos se conocieron. Tú no puedes
decir las palabras y simplemente pensar que serán
realidad. Tienen que tener significado.

—Yo nunca he dicho palabras a menos que tengan


un significado para mí.

—¿Apenas después de conocer al tipo?


Por mucho que le hubiera gustado golpear a Nick
en la cara, Tehmper pensó que por fin entendía lo que el
hombre estaba tratando de decirle. Aunque una gran
parte de él estaba enojado con Nick por ser un dolor en
el culo, él también estaba agradecido de que Nick se
preocupara por Gabe.

—Tú no entiendes, amigo de Gabe —dijo Tehmper,


sonriendo, cuando el hombre se erizó con sus palabras—
. Un demonio es sólo la mitad de un alma sin su
Demonas Amaté. Cuando encontré a Gabe y le di mi
marca mordiéndolo, le di mi corazón. Sí, parece rápido,
y quizás por ser el habitante de la superficie que es,
pero para un Djini no hay ninguna duda. Nuestro
Demonas Amaté se convierte en la cosa más importante
en nuestras vidas desde el momento en que lo
marcamos.

—¿Eso es todo? ¿Solo lo muerdes y luego te


dedicas a él de por vida?

—Sí.

Nick se quedó inmóvil por medio segundo y


después comenzó a reír. —Es posible que desees llenar a
Gabe con esta empalagosa información. No creo que se
haya dado cuenta de que tú lo amas.

—Pero le he dicho eso muchas veces.

—No importa, hombre. Si no se lo dices


francamente, nunca te va a creer. Él sólo pensará que
estás diciendo las palabras de tu mundo que no tienen
significado para él. Tienes realmente que decirle que lo
amas.
Tehmper frunció el ceño, sin entender, pero si Nick
decía que era así, Tehmper suponía que probablemente
lo era. —Entonces diré las palabras para que no haya
malentendidos. Yo he dado mi devoción y mi corazón a
Gabe, lo marqué como mío, como él me ha marcado
como suyo. Somos compañeros.
Tehmper no regresó. Gabe esperó toda la noche
con la esperanza de ver al hombre otra vez, pero nunca
regresó. Con la luz de la mañana, el espíritu de Gabe se
hundió a un mínimo histórico. Se enfrentaba a su
ejecución, y no sabía si volvería a ver a su amante una
vez más.

Sólo habían pasado algunas horas desde que


Tehmper se fuera, pero se sentía como si hubieran
pasado siglos. Gabe sintió la separación como un
agujero en su corazón. Quería ver a Tehmper, abrazarlo
y hacerle saber que él se preocupaba por él. No quería
que solo fuera una noche juntos lo único que recordara
Tehmper de él.

Cuanto más tiempo estaba solo Gabe, más


empezaba a pensar que debería haber tomado la
propuesta del Amir. Por lo menos entonces, incluso
desde el harén, habría tenido más tiempo para encontrar
un camino de regreso a Tehmper.

Gabe odiaba la idea de que las manos del Amir


estuvieran sobre él. Tal vez tenía demasiado orgullo. Tal
vez era demasiado exigente. Tal vez debería haber
mantenido la boca cerrada. Y tal vez habría sido el
mayor error de su vida.
Gabe sólo no lo sabía. Aun sólo teniendo en cuenta
la propuesta del Amir, sentía como si estuviera siendo
infiel a Tehmper, y eso que sólo habían dormido juntos
una vez. Ni siquiera podía imaginar cómo se sentiría si
pasaran más tiempo juntos. Por supuesto, eso era lo que
podía esperar, sin embargo.

Gabe empezó a girar cuando oyó la puerta de la


celda abrirse. Agarró el colgante que llevaba al cuello, el
que le dio Tehmper negándose a que se lo quitaran, y
decidido a enfrentarse al que entrara por la puerta.

Se sorprendió cuando reconoció al joven guardia,


no porque él supiera quién era él, sino por lo mucho que
el hombre se parecía a Tehmper. No era más que una
versión más pequeña de la misma persona.

—Lo siento, Demonas Amaté, pero es hora de


partir —dijo el hombre.

Le entregó a Gabe una pequeña pila de ropa. —Te


he traído algo un poco más apropiado para llevar que lo
que tienes puesto.

Gabe asintió y se puso de pie. Rápidamente,


vestido con pantalones de algodón sueltos y el chaleco
que le dio Stayrr, se acercó a reunirse con él. Miró a su
alrededor para asegurarse de que nadie pudiera oírlos
antes de ver a la versión más pequeña de su amante.

—¿Puedes darle a Tehmper un mensaje por mí?

Stayrr parecía triste cuando él asintió. —Voy a


procurar que le llegue.

—Dile que... dile que lo amo.


Stayrr pareció sorprendido. —Sí, por supuesto. Se
lo diré si no puedes hacerlo tú mismo.

—Me dirijo a mi ejecución —dijo Gabe—. No creo


que tenga tiempo para decir nada antes de que ruede mi
cabeza.

Stayrr sonrió por primera vez. —Conozco a mi


hermano. Él no te dejará pasar por debajo de la cuchilla
del verdugo. Va a encontrar una manera de parar esto,
Demonas Amaté.

Gabe no estaba tan seguro. Confiaba en que


Tehmper haría cuanto estuviera a su alcance para tratar
de detener la ejecución, pero Gabe no tenía muchas
esperanzas de que el hombre fuera capaz de cambiar
nada. El Amir tenía sus garras metidas demasiado
profundo en la sociedad Jinnistan.

—Tú sabes, mi nombre es Gabe —dijo mientras


comenzaba a caminar al lado de Stayrr.

—Sí, Demonas Amaté, pero no es adecuado para


mí dirigirme a ti como tal, sin el permiso de Tehmper.

—Tú eres su hermano.

Stayrr sonrió. —Sí, pero es la manera de nuestra


sociedad. Durante la Gran Guerra, la gente empezó a
dirigirse a los Demonas Amaté, como tal, en lugar de
por sus nombres de nacimiento para que nadie pudiera
vengarse de cierto Djini yendo tras su compañero.

—¿Por qué alguien iría en contra de un Djini o su


pareja?
—Por venganza —dijo Stayrr—. La Gran Guerra no
era el momento de que las pinturas de Jinnistan tuvieran
una buena luz. Fue el comienzo de la guerra con los
Shayatin, esos que quiebran las reglas y matan para
alimentarse.

—Suena bonito.

—Muchos fueron asesinados. Eso casi devastó


Jinnistan. Es por eso que sólo se me permite conocerte
como Demonas Amaté hasta que me dé permiso
Tehmper para llamarte por tu nombre. Si no sé cuál es
tu verdadero nombre, no sé quién es tu demonio y no
puedo tomar venganza contra tu demonio a través de ti.

—Eso suena un poco extraño. Quiero decir, ¿no


me viste con mi demonio y sabes que le pertenezco?

Stayrr asintió mientras abría una puerta y condujo


a Gabe a través de ella. Cerró detrás de él y luego siguió
por el pasillo. —Antes de la Gran Guerra, nadie había ido
a la superficie. Estaba prohibido. Si alguien era un
Amate Demonas, eso significaba que él o ella eran de
Jinnistan. Si el apareamiento se completa, entonces el
compañero de un demonio puede invocar a su demonio.

—¿Invocar? —Exclamó Gabe—. ¿Al igual que algún


tipo de hechizo y hacer que aparezca de la nada?

—Sí, pero sólo si el apareamiento se completó y


Tehmper te dio su nombre de poder. —Stayrr parecía
confundido por un momento, sus cejas reunidas en un
ceño fruncido—. Seguramente Tehmper te dio su
nombre de poder cuando se aparearon.
Gabe empezó a sacudir la cabeza cuando de
pronto recordó a Tehmper susurrarle un nombre al oído.
Abrió la boca para decir algo al respecto cuando Stayrr
levantó la mano.

—Por favor, no me lo digas. No se lo digas a


nadie. Ese conocimiento es sólo para ti. Esto significa
que Tehmper te ha dado toda su confianza, su corazón y
su alma. El apareamiento se completa una vez que él
pone toda su confianza en ti, te da su nombre de poder,
y luego intercambia sangre contigo mientras tienen
relaciones sexuales. —Stayrr señaló el collar que llevaba
Gabe—. Y él tiene que darte un símbolo de su devoción,
algo hecho por su propia mano.

Gabe recordó la noche anterior. Recordó el sexo,


la mordida, el intercambio de sangre, el nombre que
Tehmper le susurró al oído, y se acordó del collar que
Tehmper le había dado hacía unos días.

—¿Cómo es que mi conocimiento de su nombre de


poder significa que puede ser dañado a través de mí?

—Como he dicho, la unión se completó cuando


Tehmper puso toda su confianza en ti. Él ya no puede
ser convocado por nadie, excepto por ti. Si alguien
quisiera vengarse de Tehmper, podría torturar su
nombre de poder a través ti o te obligarían a llamarlo,
poniendo el poder de Tehmper en sus manos. ¿Imaginas
lo que un Shayatin podría hacer con ese tipo de poder?

—¿Si invoco a Tehmper, tengo el control sobre su


poder?

—No. Puedes invocarlo, pero no tendrás poder


sobre él. Sin embargo, mientras tú estés vivo, no puede
ser invocado por nadie más a menos que tú lo hagas.
Cuanto más tiempo vivas, más fuerte crecerá eso. —
Stayrr se encogió de hombros—. Si estás en condiciones
de vivir por años, entonces las probabilidades de que
alguna vez sea invocado por alguien más, excepto por ti,
es nula, incluso si tú mueres.

Gabe se frotó la frente. —Todo esto es muy


extraño para mí. ¿Lo sabes, verdad?

Stayrr se rió entre dientes. —Imagino que sí.

—Ojalá pudiera convocar a Tehmper en este


momento y salir de este infierno.

—Tú no tienes nada de sal sagrada.

—Si seguro, sal sagrada —reflexionó Gabe—. Me


pregunto si la sal de mesa podría funcionar de la misma
manera.

—No es probable. Tiene que ser la sal sagrada


bendecida por los sacerdotes.

—Así es mi suerte.

Gabe se detuvo cuando llegaron ante un gran


número de puertas. El aliento de repente salió de su
pecho cuando se dio cuenta de los cánticos que venían
desde las cámaras del verdugo, justo en el otro lado.
Miró a Stayrr.

—¿Crees que Tehmper está ahí?

—No lo sé, Demonas Amaté, pero sé que él estará


aquí en algún momento. Él no te dejará pasar por esto
solo. —Stayrr le dio a Gabe unas palmaditas en la
espalda—. Ten fe en Tehmper. Él vendrá por ti. Tú eres
su Demonas Amaté.

Gabe asintió, pero podía sentía su pánico crecer


mientras las grandes puertas se abrieron y se introdujo
en el interior y sobre el suelo de un gran estadio.
Rodeándolo por todas partes había asientos llenos de
cientos de personas cantando en voz alta.

En un extremo había un gran balcón. El Amir


estaba sentado allí en una silla que parecía un trono,
mirando con aire de suficiencia abajo hacia Gabe.
Negándose a dejarse intimidar por el Amir y sabiendo en
su corazón que el Amir era un habitante de la superficie,
Gabe levantó sus dos dedos medios y se los mostró al
Amir. Se rió cuando vio los ojos del Amir estrecharse.

El Amir se puso de pie y caminó hasta el borde de


la baranda del balcón. Levantó la mano para pedir
silencio. Tomó un momento que la gente se calmara,
pero una vez que lo hicieron, el Amir fulminó con la
mirada a Gabe.

—Has sido traído ante el pueblo de Jinnistan para


que respondas por tus crímenes contra Jinnistan.

—Oh, por favor —espetó en voz alta Gabe—. Tú


está tratando de ejecutarme porque no quise ser tu
juguete sexual.

—¡Silencio! —El Amir gritó mientras cerraba la


mano sobre la baranda de piedra.

—¿Por qué? —preguntó Gabe—. ¿Para qué me


ejecutes sin antes decirle a toda esa buena gente, —
Gabe señaló a la multitud que se reunió en un completo
círculo—, qué total y absolutamente culo3 eres?

—¿Te atreves a hablar de esa manera del Amir?

—Considero que esa posición merecería más


respeto si yo no supiera quién y qué eres, Amir. —Gabe
miró a su alrededor, todo estaba totalmente tranquilo.
No podía oír nada, excepto el rápido latido de su
corazón—. ¿Tus ciudadanos conocen que el hombre que
pretende ser el Amir es un habitante de la superficie?

Los jadeos repentinos que llenaron la sala,


ahogaron el corazón de Gabe que latía desbocado.
Realmente no tenía manera de probar su creencia de
que el Amir era un habitante de la superficie, pero si
podía poner la duda en las mentes de los ciudadanos de
Jinnistan, sería por lo menos un buen comienzo.

—Vamos, Amir, diles a los buenos ciudadanos de


Jinnistan cómo eliges un nuevo consorte cada semana,
incluso si ellos son compañeros de otros demonios. Dile
cómo fuerzas a tu nuevo consorte a pasar la noche
contigo bajo amenaza de muerte, después de lo cual
tiene que pasar el resto de su vida encerrado en tu
harén.

—Tú no sabes de lo que hablas.

—¿En serio? —se burló Gabe—. Vamos a


preguntarle a uno de los más de cien consortes en tu
harén el cómo se sienten de estar ahí. Tal vez
deberíamos preguntarle a Brayan qué le pasó cuando se
negó a estar contigo. —Gabe plantó las manos en las

(3) En el original “ass”, se refiere a qué idiota y estúpido es el Amir.


caderas y miró al Amir—. Estoy seguro de que estaba
encantado de ser entregado a tu guardia personal. Las
cicatrices que llenan su cuerpo dicen lo mucho que se
divirtió.

Gabe tiró su chaleco y se agarró del collar


alrededor del cuello, sosteniéndolo arriba para que todos
lo vieran. —Estoy seguro que a todos les gustaría saber
cómo robaste el Demonas Amaté de un Djini. Yo estaba
marcado. Mi pareja me dio este pendiente. Y todavía
querías obligarme a ser tu consorte, amenazando con
matar a mi Djini si yo no estaba de acuerdo. ¿Y por qué?
Porque yo soy el único habitante de la superficie que ha
derrotado a un Shayatin.

—¿Te atreves a cuestionarme? —rompió el Amir—.


Guardias, apodérense de él y lleven a cabo su castigo
inmediatamente. Él trató de matarme y el castigo es una
sentencia de muerte inmediata.

—Amir, si tratara de matarte, estarías muerto.

A pesar de sus palabras, Gabe pudo ver a algunos


de la guardia personal del Amir ir en su dirección. Vio a
un par de los guardianes que comenzaban a ir hacia él,
pero se detuvieron en el momento en que Stayrr levantó
su mano y sacudió la cabeza. Al parecer, no todos los
guardias escucharon al Amir.

Justo antes de que los guardias llegaran a él, Gabe


gritó: —¡Nunca te he tocado, Amir, y tú lo sabes! Lo
único que quieres es hacerme callar antes de que pueda
decirle al mundo el cabrón baboso que eres.

—¿Cómo te atreves?
—Uh-huh. ¿Por qué estás tan enojado, Amir? —
preguntó Gabe—. Si no fueras un habitante de la
superficie, no sabrías lo que significa cabrón.

Gabe giró en círculo, evitando a los guardias


tratando de agarrarlo. —Yo les pregunto, ciudadanos de
Jinnistan, ¿saben lo que significa cabrón? ¿Alguna vez
han oído hablar del término antes?

Gabe oía el murmullo bajo de la multitud. Podía


sentir el malestar. No querían creer lo peor de su Amir,
pero las palabras de Gabe provocaron curiosidad en
ellos. Todas las miradas parecían volverse hacia el Amir.

—Es un término de los habitantes de la superficie,


uno de mi mundo, no del de ustedes.

Un guardia llegó a Gabe. Lo eludió, moviéndose


alrededor de Stayrr, que trató de sofocar una carcajada
mordiéndose el labio. Gabe habría disparado al hombre
con una sonrisa, si no estuviera ocupado esquivando a
otro de los guardias personales del Amir.

—¿No pueden hacer nada bien? —Gritó el Amir—.


Agárrenlo. Él es sólo un hombre.

—¿Por qué no vienes aquí y me atrapas tú, Amir?


—Gabe gritó—. ¿O me tienes demasiado miedo, a un
simple habitante de la superficie?

Gabe sabía que sus palabras provocaron al Amir


que gruñó en voz alta y comenzó a bajar una escalera
de piedra que estaba a un lado. El rostro del Amir estaba
rojo de ira. Si Gabe tenía algo que ver con ello, el resto
del cuerpo del Amir pronto también estaría rojo. Tenía la
intención de golpear tan duro al hombre que perdió el
control total.

—Nunca he tenido miedo de un habitante de la


superficie —gritó el Amir a medida que avanzaba sobre
Gabe—. No eres más que una babosa perezosa.

—¿En serio? —preguntó Gabe—. Entonces ¿por


qué quieres con tanta fuerza que yo sea tu consorte si
sólo soy una babosa perezosa? Tu guardia personal
estaba allí cuando me tomaste de mi Djini. Pueden dar
testimonio del hecho de que amenazaste con matar a
Tehmper si no iba contigo.

Gabe gruñó cuando dos guardias finalmente lo


alcanzaron y lo agarraron por los brazos. Luchó con ellos
brevemente hasta que sintió una hoja filosa presionarse
en su cuello. Gabe se quedó inmóvil, tratando de no
tragar demasiado. Quería mantener la cabeza derecha
donde estaba.

—¿Fue algo que dije? —preguntó Gabe.

El Amir se detuvo justo en frente de Gabe, con un


aspecto de pura satisfacción en su rostro. —Tú vas a
pagar por tu falta de respeto con tu cabeza.

—No puedo respetar a alguien que no lo merece.

El Amir agarró la espada del guardia que estaba


más cercana de él y la levantó sobre su cabeza. —Voy a
tener un gran placer en ello.

Gabe empujó contra los guardias que intentaban


forzarlo a caer de rodillas. Podía sentir la cálida
humedad de la sangre gotear de su garganta por la hoja
que permanecía apretada allí. Cerró los ojos por un
momento y envió una oración para que todo fuese
rápido.

Al abrir los ojos una vez más, Gabe los levantó


para encontrarse con los del Amir. Escupió a sus pies. —
Tehmper te va a matar por esto.

—Él va a morir antes de que tu sangre esté fría.

El brillo salvaje en los ojos locos del Amir le


dijeron a Gabe que el hombre no estaba bromeando. Él
tenía toda la intención de matar a Tehmper en la
primera oportunidad. Gabe sintió una llamarada de ira
incontrolable a través de su cuerpo.

No le importaba si iba a perder su cabeza. Él no


dejaría que nadie matara al hombre que amaba.

Gabe sabía que tenía temperamento. Él siempre lo


había tenido. Pasó su vida tratando de controlarlo y
mantenerlo en secreto. Con las palabras del Amir, Gabe
construyó la ira dentro de él y dejó que se liberase,
convirtiéndola en una hirviente furia.

Llamas se encendieron a lo largo de la piel de sus


brazos, impulsadas por su ira. Los guardias que
sostenían a Gabe de rodillas gritaron y saltaron de
nuevo cuando su ropa se incendió. Gabe se levantó
lentamente, sin apartar los ojos del Amir.

Una parte de él sentía gloria en el temor abyecto


que podía ver cada vez mayor en los ojos del hombre.
Otra parte de Gabe temía en lo que se estaba
convirtiendo, temía a la furia que había desatado. Gabe
señaló con su dedo de fuego al Amir.
—Tú no vas a tocar ni un pelo en la cabeza de
Tehmper —dijo Gabe gravemente—. Yo soy su Demonas
Amaté, y voy a verte muerto antes de que le hagas
daño.

Gabe sintió que algo lo golpeaba en la espalda. La


multitud se quedó sin aliento. Gabe giró a ver a uno de
los guardias reales del Amir de pie detrás de él, espada
en mano. Gabe sabía que el hombre le había golpeado
con la espada, pero no sentía dolor en la herida, sólo
una ardiente ira.

El horror en la cara del hombre mientras se


alejaba de Gabe era casi risible. Gabe no era un hombre
cruel, incluso en su ira. Le daría una oportunidad al
guardia y entonces todas las apuestas estarían cerradas.

—Si dejas caer tu espada y te vas ahora, no te


haré daño.

El guardia dejó caer su espada y corrió delante de


Gabe que aún estaba terminando de hablar. Gabe giró
hacia los guardias personales del Amir. —Ustedes tienen
una opción —dijo Gabe—. Pueden seguir a su compañero
o pueden quedarse aquí y luchar contra mí. No pierdan
la vida porque sientan la obligación de apoyar a un
hombre que no tiene por qué ser el Amir. Él es un
mentiroso y un tramposo y utiliza a la gente para su
propio beneficio personal. Él no se preocupa por
ustedes.

Otros dos de los guardias dejaron caer sus


espadas y huyeron del escenario.

Tres se quedaron atrás. Tenían sus espadas en sus


manos como si estuvieran listos para atacar en cualquier
momento. Dos de los guardias restantes quedaron
quietos parados frente a él. El tercero tenía un brillo en
sus ojos que le dijo a Gabe que no iba a irse fácilmente.

Gabe ladeó la cabeza a un lado mientras que él


consideraba al hombre. —Tú eres el que lastimó a
Brayan, ¿no? Lo torturaron porque él no se sometió al
Amir.

El hombre sonrió, mostrando sus dientes


completamente blancos y dos colmillos afilados. —Se
merecía lo que le sucedió. Se negó al Amir. Nadie se
niega al Amir.

—Brayan es el Demonas Amaté de un Djini, tal y


como lo soy yo —dijo Gabe a la audiencia que los veía
en shock. Gabe podía oírlo en sus voces mientras
hablaban entre ellos—. ¿Qué derecho tenía el Amir a
impedirnos estar con nuestros compañeros?

—¡Él es el Amir! —gritó el guardia, como si eso lo


explicara todo.

—Me importa una mierda si él es el Papa. Él no


tiene el derecho de obligar a la gente a ser sus juguetes
sexuales si no quieren serlo. Nadie tiene ese derecho. —
Gabe agitó su mano en el aire, apuntando en la
dirección en la que esperaba se encontrase el harén—.
Hay más de un centenar de personas allí en el harén del
Amir que se han visto obligadas a estar allí, bajo pena
de muerte. ¿Cuántos de ellos tienen compañeros aquí?
¿Cuántos de ellos tienen familia? ¿Cuántos de ellos han
sido torturados por ti, si no hacían lo que el Amir quería?

—Él es el Amir —gritó el guardia—. Él es el


gobernante de Jinnistan, la autoridad final en todo.
—Uh, eso no es exactamente así.

La cabeza de Gabe cabeza giró hasta ver el balcón


real, al sonido de la voz más querida que nunca pensó
volver a escuchar. —Tehmper —susurró. Tehmper
estaba al lado de sus hermanos del clan, Clagh, Storym
y Zayne. Zayne estaba al lado de Brayan.

Antes de que Gabe pudiera ceder a su deseo de


correr hacia Tehmper, la conmoción alrededor de la
arena llamó su atención. Gabe giró en un círculo,
mirando a cada lado de la habitación que se llenaba de
hombres muy grandes, hombres que se parecían a
Tehmper y a sus hermanos.

—¿Cuál es el significado de esto? —gritó el Amir.

—Es todo muy simple, Amir. Hace mucho tiempo,


antes de la Gran Guerra, Jinnistan fue gobernado por los
clanes, cada clan tomaba el control durante cuarenta
años —dijo Tehmper cuando él comenzó lentamente a
caminar hacia el piso de la arena, sus hermanos detrás
de él—. Después de la Gran Guerra, la mayoría de
Jinnistan fue devastada. Casi todas las casas de los
clanes fueron destruidas. Se decidió entonces que
alguien fuera elegido para gobernar Jinnistan hasta el
momento en que los clanes pudieran ser reconstruidos.

Tehmper se detuvo delante del Amir. Señaló a las


casas de los diferentes clanes alrededor de la gran sala,
todos los cuales fueron poco a poco haciendo su camino
hacia el piso de la arena. —A mi parecer, las casas de
los clanes han sido reconstruidas desde hace algún
tiempo, Amir. Es hora de que renuncies a tu trono.
—¡No! —Gritó el Amir—. Yo soy el Amir. Tú no me
puedes hacer renunciar a mi trono. Un Amir ha estado a
cargo de Jinnistan durante generaciones, desde mi
padre, el padre de mi padre, y su padre antes que él. Mi
familia ha gobernado durante siglos. Vamos a seguir
gobernando durante más siglos.

Clagh repentinamente sacó un pergamino


enrollado de su camisa. Lo sostuvo en el aire para que
todos lo vieran. —De acuerdo con estos pergaminos, los
clanes son los gobernantes de Jinnistan. La figura del
Amir fue sólo una autoridad temporal hasta que los
clanes pudieran ser reconstruidos. —Clagh giró hacia el
Amir, una mueca leve en su cara—. Y toda mención de
esto fue robado de nuestros antiguos pergaminos para
que nadie lo supiera.

—Entonces no existe —insistió el Amir


alegremente.

—No todo el mundo mantiene sus registros


antiguos en el mismo lugar, Amir —dijo Clagh—. Algunos
de nosotros optamos por mantener copias bajo custodia
para que ciertas personas no puedan destruirlas.

—Mentiras, todo mentiras —gritó el Amir cuando él


se dio la vuelta para hablar con la gente que estaba muy
inquieta—. ¿No se dan cuenta de que están tratando de
apoderarse de Jinnistan, para tomar mi trono?

—¿Tu trono? —dijo Tehmper—. Vamos a hablar de


tu trono, ¿de acuerdo? Tu madre murió cuando naciste,
¿correcto?
Gabe sabía antes de que el Amir llegara a decir
algo hacia dónde iba esa línea de conversación. Se
mordió los labios para guardar silencio.

—Sí, ¿por qué?

—Y que te presentaron a Jinnistan en tu quinto


cumpleaños, como es la correcta costumbre.

—Sí.

—¿Dónde estabas antes de eso y por qué nunca


vimos a tu madre mientras ella estaba embarazada de
ti? ¿Por qué no hay ningún registro de que tuvieras una
nodriza o alguien que te cuidara antes de los cinco años?
¿Dónde habías estado hasta entonces, Amir?

—Yo estaba aquí en Jinnistan, en el palacio real.

—¿Lo estabas? —preguntó Tehmper. Él comenzó a


caminar lentamente alrededor, con las manos
entrelazadas a la espalda—. Entonces, ¿por qué nadie se
acuerda? ¿Por qué no hay ningún registro de que tú
estuvieras en Jinnistan antes de los cinco años de edad?

Gabe vio a su compañero pasear alrededor,


sintiéndose más orgulloso del hombre de lo que nunca
había estado por nadie. Tehmper no sólo creía en él,
sino que investigó al Amir para convalidar su teoría. Si
podían probar que el Amir era un fraude, podría
derrocarlo de su trono.

Gabe giró a ver la reacción sería del Amir cuando


vio el destello de luz de una hoja de acero. Antes de que
pudiera pensar en los méritos de su idea, Gabe se arrojó
ante Tehmper, colocando su cuerpo ante la espalda que
quería herir a su pareja por la espalda.
Un intenso dolor atravesó el cuerpo apuñalado de
Gabe mientras la hoja de algo se hundía en su carne.
Gabe apretó los dientes, pero su grito de dolor aún
resonaba en la arena como si gritase por un megáfono.

Oyó el rugido de Tehmper que giró y luego sintió


sus fuertes brazos acunándolo. Trató de exhalar parte
del aire que había dejado en sus pulmones, pero cada
vez que lo hacía sentía un intenso dolor, como si le
arrancaran algo de su cuerpo. Gabe se agarró
desesperadamente a Tehmper.

—Teh-Tehmp…

—Shh, no trates de hablar, Demonas Amaté —


susurró Tehmper.

—Du… duele.

—Lo sé, Gabe —dijo Tehmper suavemente, su


rostro contraído por la angustia—. El dolor va a
desaparecer en un minuto.

Gabe frunció el ceño ante el llanto silencioso que


podía ver en los ojos oscuros de Tehmper. Su mano
temblaba incontrolablemente cuando la levantó y limpió
una lágrima de la mejilla de Tehmper. —No… no llo…
llo… llores. Te… a…amo.

—Te amo, también, Gabe, mi Demonas Amaté. —


El susurro roto de Tehmper le hizo comprender a Gabe
que el dolor que sentía era insignificante en comparación
con la alegría de las palabras que el hombre le había
dicho.

Gabe hubiera querido decir algo más. Había


cientos de cosas que quería decir, pero él se sentía tan
cansado. Le tomaría mucho esfuerzo. También sentía
frío otra vez, hasta las profundidades de sus huesos,
como se sentía cuando él no tenía a Tehmper para que
lo calentase.

—Fr… frío.

—Shh... lo sé, Demonas Amaté —dijo Tehmper—.


Te mantendré caliente. —Gabe vio cómo la mano de
Tehmper se encendió y se dirigió hacia él. No sentía
miedo de las llamas lamiendo a lo largo de la piel de
Tehmper. Su compañero era un demonio de fuego.

—No, no, Gabe —exclamó Tehmper cuando los


ojos de Gabe empezaron a cerrarse—. Mantén tus ojos
abiertos, Demonas Amaté. Quédate conmigo.

—Ta… tan cansado, Teh-Tehmper.

Inhalando fuerte, Tehmper sacudió el cuerpo de


Gabe. Tehmper cerró los ojos por un momento, las
lágrimas se escapaban por debajo de sus pestañas antes
de que él los abriera de nuevo. Gabe podría decir que el
hombre estaba tratando de sonreír para su beneficio.

—Está bien, Demonas Amaté, descansa y te veré


cuando te despiertes. —La expresión de Tehmper era de
una silenciosa miseria, como si su propia alma se
estuviera muriendo.

Gabe utilizó lo último de su fuerza menguante


para alcanzar y acariciar el lado de la cara de Tehmper,
viendo cómo los ojos del hombre brevemente se
cerraban mientras se apoyaba en la suave caricia.
Cuando los abrió y Tehmper miró hacia él, Gabe sonrió.

—Mi Tehmper.
Gabe escuchó un grito de angustia pura llenar la
habitación mientras se desvaneció. Le dolía el corazón
cuando la pesadez de sus párpados hizo que se
cerrasen. Él no era ningún estúpido. Sabía que se estaba
muriendo. Su mayor pesar era que él dejaría a Tehmper.
Él sólo deseaba no tener que hacerlo.

—¿Es eso lo que realmente deseas?

Los ojos de Gabe se abrieron de golpe. Fue cegado


momentáneamente por el brillo de la luz blanca que lo
rodeaba. Gabe parpadeó varias veces hasta que la
habitación entró en su foco. Se dio cuenta de que estaba
en un piso de color blanco puro, y todo a su alrededor se
desvaneció en la nada.

Excepto para el hombre de pie sobre él.

—Bien, responde a mi pregunta —dijo el hombre—


. No tengo todo el día, ya sabes. Soy un hombre muy
ocupado.

—¿Quién eres? —Preguntó Gabe cuando se puso


de pie. Frunció el ceño, dándose cuenta de que no sentía
dolor, ni frío, ni nada.

—Por supuesto que no sientes nada, Gabriele.


Estás muerto.

—¿Estoy muerto? —Gabe dio unas palmaditas con


sus manos sobre su pecho. Podía sentirse a él mismo
acariciando su cuerpo. ¿Cómo podía estar muerto?

—Bueno, técnicamente, estás en el limbo, el


mundo entre los mundos.
—¿Cómo puedes leer mi mente? —preguntó Gabe
con asombro—. ¿Y tú quién eres?

—Soy conocido por muchos nombres: Gabriel,


Gabrielus, Gabriēl, incluso Gabriele, como tú. Me gusta
el hecho de que compartamos el mismo nombre. Podría
seguir, pero no es por eso que estoy aquí. Básicamente,
soy una especie de mensajero.

—¿Un mensajero? ¿Para quién?

Gabriel señaló hacia arriba.

—No he sido religioso desde hace mucho tiempo.

El hombre se rió entre dientes. —Lo sé, pero eso


no le importa a los tipos grandes. Todavía mantienen un
ojo en ti.

—¿Los grandes? —preguntó Gabe—. ¿Hay más de


uno?

Gabriel se echó a reír. —Algunos, de hecho,


aunque no todos ellos son hombres. Sin embargo,
parece que tienen una debilidad por ti.

—¿Por qué yo?

—¿Por qué tu nombre es Gabriele? ¿Por qué tu


compañero es un demonio de fuego? ¿Por qué es azul el
cielo? —El hombre frunció el ceño—. Tantas preguntas y
tú no has respondido a la que yo te hice.

—¿Qué pregunta?

—¿Realmente deseas no separarte nunca de


Tehmper?
Gabriele levantó la mano cuando Gabe abrió la
boca. —Antes de responder, lo que necesitas saber es
que hay un problema. Los grandes tienen sentido del
humor, lo que significa que siempre hay problemas.

—¿Problemas? —Toda clase de horribles


escenarios empezaron a ir por la mente de Gabe. Podía
quedarse con Tehmper como su perro. Podía quedarse
con Tehmper pero sólo verlo desde lejos. Podía quedarse
con Tehmper pero como una mujer.

Gabriel se echó a reír. —No, pero esto último,


sería interesante, ¿no?

Gabe frunció el ceño. No lo creía. Y no le


encontraba a esta situación nada divertido.

—No, estoy seguro de que no resulta divertido en


absoluto, pero ten paciencia conmigo. A causa de tu acto
desinteresado por salvar a Tehmper, se te ha dado la
oportunidad de elegir. Uno: puedes volver a tu mundo,
borrando todo los recuerdo de Tehmper y el mundo de
los demonios. Dos: continuar muerto, en cuyo caso
tienes un boleto asegurado para ir arriba4. Y ese no es
un mal lugar para pasar la eternidad, créeme.

—¿Y tres?

—Puedo devolverte a Jinnistan y a tu demonio


sano y salvo y con vida. Sin embargo, si optas por la
opción número tres nunca se te permitirá regresar a la
superficie. Tú tendrás que vivir el resto de tus días en
Jinnistan.

—¿Con Tehmper?

(4) Se refiere que tiene un boleto asegurado al cielo.


—Sí.

—Entonces elijo a Tehmper —dijo Gabe sin


dudarlo.

Gabriel sonrió. —Pensé que dirías eso.

Gabriel le dio unas palmaditas en la espalda a


Gabe. —Sólo recuerda que los grandes mantienen un ojo
en ti, y ellos esperan que puedas vivir una vida larga y
feliz con tu demonio. Así que no lo jodas.

—¿Puedes decir eso? —susurró Gabe. Dio un salto


y levantó la vista cuando de repente un trueno
estremeció la sala.

—Bien, se supone que no, pero se me sale de vez


en cuando. Sólo recuerda lo que dije, Gabriele, y todo
irá bien.

Gabriel puso la mano en la frente de Gabe y le dio


el más ligero empujón. Gabe lo sintió en todo el camino
hasta los pies, como si un rayo hubiera golpeado su
cuerpo, y cayó hacia atrás, el cuarto a su alrededor
desvaneciéndose mientras continuaba cayendo.

Repentinamente, Gabe se detuvo con un ruido


sordo. El dolor llenó su cuerpo, llegando a todos sus
nervios, como si hubiera caído justo al lado de un
edificio de diez pisos. El aire se precipitó de sus
pulmones y gritó de dolor.

Tan rápido como el dolor golpeó a Gabe, se había


ido. Todo se había ido: el dolor, el cansancio, el frío.
Todo lo que Gabe podía sentir eran los fuertes brazos
que envolvían su cuerpo y el rostro enterrado en su
cuello, mientras las lágrimas del otro hombre resbalaban
por su piel.

—¿Tehmper? —susurró.

El cuerpo que lo sostenía se congeló, luego


Tehmper levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos se abrieron aun cuando su rostro


palideció en estado de shock. —¿Gabe?

Gabe se acercó y secó las lágrimas de la cara de


Tehmper. —Creo que será mejor que me llames Gabriele
a partir de ahora.
Tehmper miró al hombre en sus brazos en la
incredulidad. Vio morir a Gabe, sintió el último aliento
salir de su cuerpo justo momentos antes. Ahora estaba
respirando y se veía bien, como si nada hubiera pasado.

La lesión de la espalda de Gabe había sido mortal,


incluso Tehmper lo sabía. La espada había ido todo el
camino a través del cuerpo de Gabe, mellando a
Tehmper en la espalda. Las manos de Tehmper estaban
cubiertas con la sangre de Gabe.

—Cómo…

—Me dieron otra oportunidad —susurró Gabe—. La


oportunidad de estar contigo.

—Oh, Dios, Gabriele —exclamó Tehmper cuando


aplastó el cuerpo de Gabe con el suyo. Todavía podía
sentir las lágrimas corriendo por su rostro, pero esta vez
eran lágrimas de alegría. Él tenía a su Demonas Amaté
de regreso, vivo y en perfecto estado.

—Sí, estoy bastante seguro de que uno o más de


ellos tuvo algo que ver con esto —susurró Gabe contra
la garganta de Tehmper—. Sólo hay una pequeña
trampa.
El corazón de Tehmper se aceleró con el pánico
cuando jaló a Gabe hacia atrás y miró a su cara. —
¿Trampa? ¿Qué tipo de trampa?

—Nunca podré dejar Jinnistan.

Tehmper esperaba que hubiera más, pero cuando


Gabe no dijo nada más, él frunció el ceño. —¿Eso es
todo? ¿Nunca poder dejar Jinnistan?

—Bueno, yo recibí una especie de órdenes para


vivir una vida larga y feliz con mi demonio. —Gabe
sonrió—. Pero creo que fue más una sugerencia que
cualquier otra cosa.

—Juro que haré todo lo que esté a mi alcance para


que eso ocurra —Tehmper prometió—. Voy a amarte y
protegerte hasta el día de mi muerte.

—Sí. —Gabe se rió entre dientes—. Vamos a saltar


toda la cosa de la muerte, ¿de acuerdo?

Tehmper se echó a reír y jaló a Gabe más cerca.


Se tambaleó con el conocimiento de que tenía a su amor
de regreso en sus brazos. No estaba triste por el hecho
de que Gabe no pudiera abandonar Jinnistan. Sólo
esperaba que no fuera demasiado doloroso para él.

—¿Cómo te sientes acerca de no poder dejar


nunca Jinnistan? ¿Será demasiado difícil para ti?

Gabe se encogió de hombros. —No puedo


imaginar que sea fácil, pero en todo el tiempo que te
tenga podré aprender a lidiar con ello. Además, me
dieron la opción de ir a casa y nunca recordar nada
acerca de ti o Jinnistan. Yo te elegí a ti.
Tehmper no sabía qué decir. Él se sentía humillado
por la elección de Gabe y esperaba poder cumplir con la
fe que el hombre puso en él. Pasaría todos los días del
resto de su vida tratando de asegurarse de que Gabe
nunca se arrepintiera de su decisión.

—Te amo, Gabriele.

Gabe sonrió. —Te amo, también, mi demonio.

Tehmper ayudó a Gabe a ponerse de pie, entonces


de repente lo giró.

Tenía que ver con sus propios ojos que no había


ninguna señal remanente de la herida de la espada.
Limpió la sangre con la manga de su camisa y lo que
encontró fue la suave y perfecta piel blanca de Gabe.

—No hay marcas en ti.

—¿Qué? —preguntó Gabe—. ¿Mi tatuaje se ha ido?

—¿Tatuaje?

—Es un tatuaje en mi hombro de llamas de fuego


en torno a un círculo medicinal. Nick y yo nos
emborrachamos una noche y pensamos que estaría bien
hacernos tatuajes que hicieran juego. ¿Nunca te has
dado cuenta antes?

—No. Siempre estaba demasiado ocupado


tocándote. —Los dedos de Tehmper se movieron
lentamente sobre el tatuaje de colores en el hombro de
Gabe. Sus nervios tensos de inmediato al reconocer el
símbolo. Giró e hizo un gesto a Clagh.

—Ven a ver esto.


Clagh se acercó y examinó cuidadosamente la
marca. Tehmper se puso un poco celoso al tener otro
hombre tocando a su Demonas Amaté, pero sabía que
esto era importante. Sin embargo, lo hizo ponerse cerca
del borde de su ira.

Con tanta naturalidad como pudo, ya que no


quería molestar a Gabe, Tehmper preguntó: —¿Esto
es…?

Los ojos de Clagh estaban muy abiertos, cuando


miró a Tehmper y asintió. —Es lo que has pensado,
Tehmper.

—¿Qué? —preguntó Gabe mientras miraba por


encima del hombro y trató de echar un vistazo a su
hombro.

—Nick —llamó Tehmper, mirando alrededor de la


habitación hacia el hombre.

Él lo vio de pie junto a Storym y Zayne. —¿Tú


tienes una marca de este estilo?

—Bueno, algo así —dijo Nick—. Nosotros nos


hicimos tatuajes al mismo tiempo, pero el mío es un
poco diferente al de Gabe. No estoy en esa cosa del
fuego ardiendo.

—¿Puedo verlo?

Nick se encogió de hombros y empezó a tirar de


su camisa. Se dio la vuelta y mostró Tehmper y Clagh su
espalda. Un tatuaje con el mismo círculo medicinal yacía
sobre la espalda de Nick, la única diferencia era que el
viento se arremolinaba alrededor del círculo en lugar de
llamas.
—Tehmper —dijo Clagh—. Tu Demonas Amaté y
su amigo tienen la marca de uno de los elegidos.

—¿De qué demonios estás hablando? —rompió


Gabe.

—Los dos tienen la marca de los elegidos, —dijo


Tehmper haciendo una reverencia—, los de la profecía.

—La profecía es un cuento de viejas —gritó una


voz desde varios metros de distancia, recordando a
Tehmper que el Amir aún vivía, aunque estaba preso
entre dos Djini—. Todo el mundo sabe que no es real.

Las manos de Tehmper se apretaron en puños y


giró hacia el rostro del hombre.

Se dirigió hacia la dirección donde estaba el Amir,


teniendo toda la intención de terminar su miserable vida
cuando sintió que dos manos agarraban su brazo.

—No, Tehmper, no lo puedes matar —dijo Gabe.

—Atacó a mi Demonas Amaté —escupió Tehmper


con los dientes apretados—. Por la ley de Jinnistan,
tengo todo el derecho de matarlo.

—Entonces, el derecho es mío —dijo Gabe—.


Estaba tratando de matarte. Entré y fui herido en tu
lugar. Si hay alguien que merece venganza, entonces
soy yo, pero esta no es la manera de manejar esto.

—¿Y cómo lo manejarás?

Gabe miró, trayendo una pequeña sonrisa a la


cara de Tehmper. —No me vengas con esa mirada de
tú-eres-solo-un-habitante-de-la-superficie. Sabes que
tengo razón. La gente de Jinnistan necesita emitir un
juicio, no nosotros. Él les ha causado un daño mucho
mayor a ellos que lo que nos ha hecho a nosotros dos.

Tehmper sabía que su Demonas Amaté estaba


tramando algo cuando él se inclinó y plantó un pequeño
beso en sus labios. —Mira y aprende, Djini—. Gabe giró
hacia la multitud y comenzó a caminar lentamente
alrededor de la arena.

—Ustedes han escuchado la evidencia. Faltan


pergaminos antiguos que hablan de que la posición del
Amir era temporal, y los clanes han de dirigir Jinnistan
una vez que se reconstruyeran. No se tiene
conocimiento del Amir antes de su quinto cumpleaños.
Incluso habla como un habitante de la superficie.

Tehmper quedó impresionado en cómo Gabe tenía


la atención de la gente.

Ellos se colgaban de sus palabras. Excepto por la


voz de Gabe, nadie hizo el menor ruido. Cuando Gabe
finalmente volvió al centro de la arena, Tehmper puso su
mano en la mitad de su espalda. Quería que Gabe
supiera que apoyaba las palabras que el hombre decía.

—El Amir está siendo acusado de crímenes contra


Jinnistan, desde encarcelar a la gente contra su voluntad
y obligarlos a ser sus juguetes sexuales hasta atacar a
un Djini. Este es su país, su patria.

Gabe señaló hacia el Amir. —Y él es su Amir. Está


sujeto a la voluntad del pueblo, no a la suya propia. El
Amir debería trabajar para el pueblo de Jinnistan, no
para su propio beneficio personal. Por lo tanto, les dejo
la decisión, depende de ustedes.
Tehmper levantó la mano cuando varias voces
empezaron a subir. No podía escuchar exactamente lo
que decían, pero él quería que su posición quedase
clara. —Sé que hablo en nombre de todos los cazadores
de demonios cuando digo que vamos a velar por su
decisión. Como el elegido ha dicho, esto es decisión del
pueblo de Jinnistan.

Gabe arqueó una ceja, pero continuó. —¿El Amir


debe permanecer en su trono o los clanes se deberán
hacer cargo de reglar Jinnistan? Por favor, elijan
sabiamente.

—Tú no tienes derecho a juzgarme —rompió el


Amir—. Yo soy el Amir. Nadie tiene el derecho a
juzgarme.

Tehmper se rió cuando vio los ojos en blanco de


Gabe. Él se sentía más o menos de la misma manera. El
Amir se estaba cavando un hoyo con cada palabra que
salía de su boca. Tehmper sólo esperaba que fuera un
agujero lo suficientemente grande como para enterrar al
Amir y su ego dentro.

—Mira —dijo Gabe mientras dirigía la cabeza hacia


la audiencia. Tehmper vio con asombro cómo, uno a
uno, la gente en la arena se puso de pie y mantenía el
pulgar hacia abajo. Era increíble y gratificante al mismo
tiempo.

Gabe hizo un guiño a Tehmper y dio un paso


adelante. —Por lo tanto, ustedes han tomado su
decisión. Entonces, ¿el Amir será sustituido en el trono
por uno de los clanes como se indica en los manuscritos
antiguos? —Tehmper casi saltó cuando la multitud se
volvió loca, gritando y gritando.

—Entonces vamos a dejar en manos de su consejo


decidir qué clan gobernará primero.

Gabe levantó la mano para acallar a la multitud,


pero no parecía haber nada que los detuviera. Cantaban
y gritaban, pisando sus pies.

Tehmper podía ver lo emocionados que estaban. Él


sabía que les había dado el gusto de la libertad que no
habían sentido en mucho tiempo.

Tehmper sólo deseaba que él o uno de sus


hermanos del clan hubiera visto lo que estaba
sucediendo a Jinnistan antes de ahora. Se podría haber
evitado mucho sufrimiento. Tehmper miró hacia el
hombre pequeño con cicatrices acurrucado contra el
costado de Zayne. Ellos podrían haber evitado eso por lo
menos.

—¡Te voy a matar por esto!

Tehmper oyó las palabras gritadas detrás de él. Un


escalofrío de aprensión corrió a través de él. Tehmper
giró, empujando a Gabe detrás de él con una mano,
incluso cuando llegó a su espada con la otra.

Su corazón latía con fuerza mientras observaba la


carrera de Amir hacia Gabe y él con una espada en la
mano. Sabía que el Amir o él iban a morir, porque él no
dejaría que el hombre estuviera en cualquier lugar cerca
de su Demonas Amaté.

Tehmper se apoderó de la espada fuertemente con


ambas manos y la levantó en el aire. Él se preparó para
el ataque, cuando el Amir de repente tropezó, sus pasos
vacilantes hasta que se detuvo por completo. La espada
se le cayó de los dedos y cayó al suelo de piedra.

Un punto rojo se formó sobre el corazón del Amir


y se extendió lentamente hacia fuera hasta que cubrió
casi todo el pecho. Poco a poco comenzó a arder,
volutas de humo negro rizado a través del aire. Tehmper
se quedó boquiabierto al escuchar el grito de asombro
del Amir, que, a continuación, cayó hacia delante sobre
el suelo.

El silencio en el escenario se llenó de shock y


tensión.

Tehmper poco a poco dio un paso adelante, luego


otro y otro hasta llegar al lado del Amir. Agarró al
hombre por los hombros y lo rodó. Lo que encontró lo
sorprendió más allá del habla.

Un gran agujero ahora quemado el centro del


pecho del Amir. Era tan grande que Tehmper podría
haber encajado un puñetazo a través de él, y seguía
ardiendo, cada vez más grande. Si continuaba ardiendo,
Tehmper sabía que, finalmente, el Amir se reduciría a
cenizas.

Tehmper miró hacia arriba, sin entender qué era


exactamente lo que pasó o por qué el Amir ardía hasta
que vio las llamas saltando del alcance de la mano de
Gabe. Sus cejas se alzaron mientras el shock le llenaba.

—Oops.

—¿Oops? —Preguntó Tehmper, haciéndose eco de


las palabras de Gabe—. ¿Acabas de hacer que el Amir
esté en llamas desde el interior y todo lo que tienes que
decir es oops?

Gabe se cruzó de brazos sobre el pecho. —Parece


que tomé algunos de tus malos hábitos.

—Yo diría que has tomado más que mis malos


hábitos.

Gabe se encogió de hombros, sin verse en lo más


mínimo molesto por la noticia.

—Tal vez tú puedas tomar algunos de los míos.

Tehmper se puso de pie y se acercó a su Demonas


Amaté, sosteniendo al hombre en sus brazos. —Tal vez
—murmuró antes de tomar los labios de Gabe en un
largo beso. La sala quedó en silencio a su alrededor, el
mundo pareció desaparecer hasta que eran apenas ellos
dos.

Cuando Tehmper levantó la cabeza, la habitación


estaba todavía extrañamente silenciosa. Miró a su
alrededor, sorprendido de ver a todos los habitantes en
la sala, a excepción de Nick, postrándose de rodillas
ante él y Gabe.

—Bueno, esto es sólo un poco espeluznante.

—Tú eres el Demonas Amaté de un demonio de


fuego, uno de los elegidos de la profecía. Sólo los
salvaste de un gobernante injusto, e introdujiste una
nueva era de libertad para todos los ciudadanos de
Jinnistan. —Tehmper rió—. ¿Qué esperabas?
Gabe tiró una bola de fuego pequeña de ida y
vuelta entre sus manos. Era un truco de salón pequeño,
pero que encontró divertido hacer cuando se aburría, y
estaba realmente aburrido en estos momentos. Tehmper
estaba fuera en una reunión con el consejo de Jinnistan,
otra vez, dejando a Gabe para divertirse. Pero no estaba
funcionando.

—Si lanzas una de las cosas hacia mí de nuevo te


voy a arrancar un pedazo de tu piel.

Gabe sonrió más a Nick.

—Oye, mira, todavía tengo marcas de quemaduras


de la última vez —se quejó Nick—. Lo digo en serio,
Gabe. Deja esa mierda. Me da escalofríos.

Gabe dejó apagarse las llamas en su mano cuando


él se sentó y miró a Nick. —Tienes que estar
bromeando. Después de todo lo que pasó en el último
mes ¿estás preocupado por una piel chamuscada?

La frente de Nick se arrugó y sus cejas se


juntaron, según Gabe el hombre estaba pensando
demasiado. —¿Qué?
—¿Alguna vez has descubierto por qué estos
jodidos tatuajes significan tanto para ellos?

Gabe encorvó la espalda contra los cojines del sofá


y se encogió de hombros.

—Tehmper ha tratado de explicarlo, pero no lo


entiendo exactamente. —Gabe movió sus manos en el
aire—. Son demasiados galimatías para mí.

—¿Y bien? —preguntó Nick, sentado delante—.


¿Qué dijo?

Gabe rodó sus ojos y se inclinó hacia adelante


apoyando los codos en los muslos. —Por lo que
entiendo, la profecía dice que cuando todos los elegidos
se encuentran y se acoplan con su Djini, Jinnistan
experimentará un período de paz y prosperidad que va a
durar mil años. —Gabe agitó una mano un poco—. Estoy
parafraseando, por supuesto.

—Oh, por supuesto. —Nick se echó a reír—. Por lo


tanto, nosotros somos los salvadores de Jinnistan, ¿eh?

—Eso parece.

—¿No te parece un poco extraño que se suponga


que debamos ser los salvadores de Jinnistan y seamos
habitantes de la superficie? Se podría pensar que los
salvadores serían de aquí, ¿sabes?

—Lo que me parece extraño es que todos los


demonios sigan viniendo a conocerte. Es como una
llamada-de-demonio por aquí últimamente.

Nick resopló. —Dímelo a mí. He tenido más


propuestas en la última semana que las que he tenido
en toda mi vida en la superficie. Si tomara la décima
parte de las ofertas que estos chicos me han hecho, no
podría caminar por una semana. Cada uno de esos
malditos está muy seguro de que soy su compañero.

—¿Y tú? —preguntó Gabe. Movió las cejas


sugestivamente—. ¿Alguno de ellos te hace sentir así?

—Has visto a esos hombres, ¿verdad? Son como


orgasmos caminantes. He tenido suficientes sueños
húmedos últimamente para que me dure un mes.

—Por lo tanto: eres joven, libre y estás solo —dijo


Gabe—. ¿Por qué no tomar uno de ellos para hacerlo?

Nick sacudió la cabeza. —No, simplemente no me


parece bien. Me gustan estos hombres, no me
malinterpretes, pero todos parecen estar buscando al
único, ¿sabes? —Las cejas de Gabe se elevaron cuando
Nick torció sus manos juntas, viéndose un poco
nervioso—. Creo que yo también lo busco.

—Nick, no es una mala cosa —dijo Gabe. Se


levantó y se acercó al sillón donde Nick estaba y se
sentó a su lado—. Mira, no es fácil. Nunca podré volver a
casa. Extraño a mi familia, mis amigos, la vida que
tenía. Pero si conseguir todo eso de regreso significa que
pierdo a Tehmper, simplemente no vale la pena.

—Realmente lo amas, ¿no?

—Sí, lo hago. El demonio de fuego, la mordida de


apareamiento, elegir al único para ti, es un poco raro,
,debo admitirlo, pero los beneficios superan con creces
los inconvenientes. —Gabe suspiró profundamente—.
Tehmper me hace hervir la sangre.
—Literalmente. —Nick soltó una risita.

—Sí, sí, pero es más que eso. Soy el centro del


universo para Tehmper, ¿y sabes lo maravilloso que es
eso? Él hace todo lo posible para hacerme feliz. Mira lo
rápido que liberó al pueblo del harén. Se negó a dormir
esa noche hasta que todos ellos tuvieran casas o
regresaran con sus familias. Sabía lo importante que eso
era para mí.

—Sí, eso fue muy bueno. Estoy sorprendido de


que tantas personas estuvieran siendo retenidas contra
su voluntad y que nadie lo supiera.

Gabe hizo una mueca. —Oh, alguien lo sabía muy


bien: la guardia personal del Amir. ¿Por qué crees que
están en la cárcel en este momento en espera de juicio?
Lo que hicieron estuvo mal, y el pueblo de Jinnistan
quiere justicia. —Gabe gruñó cuando sintió el codo de
Nick en el costado—. Eh, cuidado o voy a prenderte
fuego.

—¿Es verdad que tú y Tehmper queman las


sábanas, literalmente?

Gabe se rió entre dientes. —¿Te gustaría saberlo?

—Oh, vamos, dímelo —dijo Nick—. Estoy viviendo


la vida de un monje aquí. Tengo que tener algo con lo
que soñar.

Gabe se echó a reír.

—¡Hey! —Espetó Nick, golpeando a Gabe en el


brazo.
—No, no, yo sólo tuve un pensamiento. Si
Tehmper y yo tenemos sexo, quemamos las sábanas.
Estamos hablando de llamas reales y todo. Pero yo soy
el compañero de un demonio de fuego. Es de esperar
eso. Tú tienes el signo de aire en tu tatuaje. Tienes que
preguntarte qué pasará cuando tengas sexo.

Nick parecía aturdido por un momento y luego una


sonrisa maliciosa cruzó sus labios. —Estoy pensando en
un tornado o algo así. Tal vez flotar libremente en el aire
durante el sexo. ¿Te imaginas lo que sería eso? Me
pregunto si podremos volar.

Gabe se echó a reír histéricamente cuando una


imagen de Nick y un demonio sin rostro flotando en el
aire durante el sexo cruzaron por su mente. En cuestión
de segundos, Nick se estaba riendo junto con él, ambos
hombres apoyándose uno en el otro.

—No estoy seguro de que sea así como un


Demonas Amaté del nuevo clan gobernante deba
comportarse. No parece muy adecuado.

Gabe inclinó la cabeza hacia atrás para encontrar


de pie a Tehmper mirándolo, los grandes brazos del
hombre cruzados sobre el pecho.

Gabe saludó con la mano. —Hola, bebé, ¿cómo


estuvo el trabajo?

Tehmper arqueó una ceja.

Las palabras que Tehmper había dicho filtraron de


repente a través del cerebro de Gabe. Su risa se apagó
lentamente cuando giró para arrodillarse en el sofá y
agarrar la camisa de Tehmper. —¿Acabas de decir que
nuestro clan es el clan gobernante de nuevo?

—Creo que lo hice —contestó Tehmper—. La


decisión fue tomada por el consejo esta tarde.

—¿Por qué?

—El consejo cree que nuestro clan es el más


adecuado para el puesto.

—¿Eso es todo? —preguntó Gabe—. ¿Nosotros


somos los más adecuados para el puesto?

—Bien, podría haber tenido algo que ver con que


mi Demonas Amaté sea uno de los elegidos, pero puedo
estar equivocado.

Gabe se dejó caer en el sofá. —Yo sabía que esto


iba a volver a morderme en el culo.

—No, no —dijo Tehmper. Gabe gritó cuando


Tehmper se agachó y lo tomó. Estaba echado sobre los
hombros de Tehmper y este lo llevaba cargado hacia el
estudio, con Nick riendo histéricamente a su paso.

—Yo soy el único que llegará a morder en tu culo.

Gabe rodó los ojos en beneficio de Nick, pero no


pudo evitar la descuidada sonrisa de sus labios.
Tehmper se dirigía escaleras arriba, y Gabe realmente
tenía la esperanza de obtener algo de atención personal
de su compañero. Extrañaba mucho a Tehmper cuando
tenía que salir a trabajar.

Gabe se movió cuando cuidadosamente se deslizó


a sus pies. No podía contener la risa con la rapidez en la
que Tehmper lo despojaba de su ropa antes de lanzarlo
sobre la cama. Gabe aterrizó con un golpe pequeño y
rebotó un par de veces, con los ojos sin dejar el cuerpo
hermoso que le fue revelado cuando Tehmper se
desnudó.

—Entonces esta cosa del clan gobernante —dijo


Gabe—. ¿Significa que tenemos que mudarnos?

—Sí, Demonas Amaté, me temo que sí. El clan


gobernante debe residir en el palacio real.

—¿Vamos a deshacernos del harem, no?

Tehmper se arrastró a la cama y colocó su cuerpo


entre las piernas de Gabe. —Yo estaba pensando que
podíamos limpiarlo y convertirlo en una especie de
cuarto con piscina en la que podríamos relajarnos ¿Qué
piensas de eso?

—¿Un cuarto con piscina? —preguntó Gabe, el


aliento se le quedó atorado en la garganta cuando
Tehmper comenzó a dibujar pequeños círculos en su
pecho—. ¿Tal vez podríamos tenerlo como un lugar
privado para nosotros?

—Sí, eso sería una buena idea. —Tehmper empezó


a lamer alrededor de sus pezones. Las manos de Gabe
apretaban las sábanas. El hombre tenía una lengua
seriamente talentosa—. Me gusta la idea de tener un
lugar en que te pueda tocar cuando quiera.

—En cualquier lugar y a cualquier hora —susurró


Gabe. Podía sentir las llamas cobrando vida y empezar el
parpadeo a lo largo de su piel. Gabe había aprendido a
lo largo de las últimas semanas que era una señal
segura de que uno o ambos de ellos se excitaba. No
había forma de ocultarlo.

—Me gusta tocarte, Demonas Amaté.

—Esto… es bueno Tehmper —gimió Gabe cuando


la lengua del hombre lamió un camino por el pecho a su
abdomen—. Esto es realmente bueno.

—¿Sí? —preguntó Tehmper. Gabe gimió cuando


oyó el chasquido de una tapa abriéndose. Él sabía lo que
estaba por venir, y la anticipación casi lo mataba—. ¿Te
gusta cuando te toco?

—¡Sí! —Se lamentó Gabe cuando dos dedos


resbaladizos empujaban en su entrada ansiosos. Cerró
los ojos con fuerza, las sensaciones corrían a través de
su cuerpo, abrumándolo—. Nadie me ha tocado como tú
lo haces, Tehmper. Haces que me incendie.

Tehmper se rió entre dientes. —Como soy un


demonio de fuego, es una buena cosa.

Gabe montó los dedos de Tehmper, moviendo las


caderas mientras el fuego quemaba todo a su alrededor.
Su cabeza empezó a sacudirse en las almohadas.

Pequeños gemidos de necesidad salían de sus


labios. Le dolía el cuerpo por cada toque de las manos
de Tehmper. Su corazón parecía que corría a cada punto
tocado por Tehmper.

—Tehmper, —Gabe se quejó—, por favor.

De repente, el aliento suave abanicó la cara de


Gabe. Gabe abrió los ojos para encontrar los ojos
oscuros que le devolvía la mirada, lo llenó de amor y
devoción. El cuerpo duro Tehmper yacía encima de
Gabe, presionándolo hacia abajo en el colchón. Era un
peso que Gabe nunca se cansaba de tener encima.

Instintivamente, el cuerpo de Gabe se arqueó


hacia Tehmper. Se quedó sin aliento cuando se tocaron,
el pecho desnudo de uno con el del otro. Gabe quería
sentir cada centímetro de su amante. Quería meterse
debajo de la piel de Tehmper y nunca salir de allí,
siempre caliente.

La insistente presión en su ajustada entrada


enviaba un dolor de deseo a través del cuerpo de Gabe.
El aliento de Gabe quedó atrapado en su garganta.
Tehmper sonrió y se agachó para agarrar las nalgas del
trasero de Gabe, tirando de ellas, apartándolas,
mientras sus caderas empujaban hacia delante.

Gabe no podía ocultar la reacción de su cuerpo


cuando la cabeza de la polla de Tehmper violó su
agujero. Se estremeció y dejó escapar un gemido
desigual. Sus manos se apoderaron de los hombros de
Tehmper. Cuando Tehmper empujó los últimos
centímetros, Gabe se llenó de una agradable sensación
de plenitud.

Él tomó la cara de Tehmper en sus manos y miró


profundamente en sus ojos oscuros. A pesar de que la
pasión quemaba por sus venas, Gabe sabía que esta vez
su relación era diferente, el amor era diferente.

Estaban juntos, dos mitades de una misma alma.


Uniéndose a medida que su unión era más que una
necesidad física. Era la combinación de dos vidas, ya que
estaban destinados a estar juntos. Juntos eran un todo.
El corazón de Gabe casi estalló por el amor que él
podía ver brillar en los ojos de Tehmper, amor sólo para
él. Gabe no podía controlar su grito de placer cuando
Tehmper comenzó a moverse en él a un ritmo eterno
que los llevó a ambos al borde del éxtasis, y luego
atravesándolos.

Los colmillos afilados se hundieron en el cuello de


Gabe, y él se precipitó fuera del punto de retorno. Las
llamas estallaron alrededor de los dos cuando Tehmper
tomó la sangre de Gabe, vinculándose otra vez, juntos.
El fuego quemó más brillante y más alto, ya que ambos
cedieron a la necesidad ardiente que hizo caso omiso de
todo lo demás.

Cuando Tehmper retrajo sus colmillos y lamió la


marca de la mordedura, Gabe saboreó la sensación de la
satisfacción que su amante le dejó. El cuerpo le dolía,
pero era un dolor dulce, que le dijo que había sido
totalmente amado por su pareja.

—Mi Gabriele —susurró Tehmper con reverencia—,


mi Demonas Amaté.

—Sí, —respondió Gabe—, siempre, mi demonio de


fuego.
Stormy Glenn cree que solo hay una cosa más
sexy que un hombre en botas vaqueras y eso es dos o
tres hombres en botas vaqueras. Ella también cree en
el amor a primera vista, en las almas gemelas, el
amor verdadero, y el vivieron felices para siempre.

Cuando no está siendo madre de sus seis


adolescentes o limpiando a sus dos cachorros
labrador de treinta kilos, la puedes encontrar
acurrucada en su cama con un libro en su mano o en
su laptop, creando el siguiente sexy personaje de su
historia. Stormy le da la bienvenida a los
comentarios de sus lectores. La puedes encontrar en

su web site en www.stormyglenn.com.


Gaby

Lou

Gaby
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