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Comprender la agricultura campesina en los Andes centrales (Perú -


Bolivia)

Book · November 1996

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1 author:

Pierre Morlon
French National Institute for Agricultural Research
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1

Comprender la
agricultura campesina
en los Andes centrales
(Perú - Bolivia)
Pierre Morlon, compilador y coordinador

Traducción al castellano:
Edgardo Rivera Martínez

Cuidado de la edición:
Anne-Marie Brougère

Instituto francés de Estudios Andinos, Lima,


Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, Cuzco
Lima, noviembre de 1996.

Edición original en francés:


Comprendre l’agriculture paysanne dans les Andes centrales (Pérou - Bolivie)
Pierre Morlon, coordinateur
INRA Éditions, Paris, 1992
Traducción autorizada por el INRA (Institut National de la Recherche Agronomique)
2

[[4]]
Créditos fotográficos :
Serge Verliat : figuras 27,28
Jean Bourliaud : figura 30
Gilles Brunschwig : figura 39
Todas las otras fotos marcadas PM son de Pierre Morlon (incluyendo las de la
carátula)

Este libro corresponde al Tomo 96 de la serie Travaux de l’Institut Français d’Études


Andines (ISSN 0768-424X), y al número 6004-Ecología y Desarrollo del Centro de Estudios
Regionales Andinos « Bartolomé de las Casas » (ISSN 1022-0925).

Lima, noviembre de 1996

[[499]] Lista de las instituciones que han dado autorización para


reproducir o utilizar textos, ilustraciones o estudios.
Agence Canadienne de Développement International (ACDI-CIDA), Hull, Canada.
Arizona State Museum, the University of Arizona, Tucson, EEUU.
Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas, Cusco, Perú.
Centro Internacional de la Papa (CIP), Lima, Perú.
CIRAD-DSA, Montpellier, Francia.
Consejo nacional de Ciencias y Tecnologías (CONCYTEC), Lima, Perú.
Corporación financiera de Desarrollo (COFIDE), Lima, Perú.
Geographische Institut der Universität, Bonn, Alemania.
Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA), Lima, Perú.
Institute of Andean Studies, Berkeley, EEUU.
Instituto de Estudios Peruanos (IEP), Lima, Perú.
Proyecto Regional PNUD-UNESCO de Patrimonio Cultural y Desarrollo, Lima, Perú.
Revista Minka (Grupo Talpuy), Huancayo, Perú.
Techniques et Culture (CNRS), Ivry, Francia.
Temple University Press, Philadelphia, EEUU.
Universidad de Tokyo, Departamento de Estudios Latinoamericanos, Japón.
3

NOTAS SOBRE LA REDACCIÓN

Voces indígenas
En relación con las diferentes maneras de escribir las vocess indígenas, véase en el
glosario el término quechua. Algunos lectores podrán quedar sorprendidos al encontrar
palabras empleadas en un sentido diferente al que conocen: en efecto, según las regiones (y a
veces a poca distancia), una misma cosa puede tener diversos nombres, y un mismo nombre
designar cosas diferentes.
___

Para evitar toda confusión entre los quintales métricos (100kg) y los quintales antiguos
(100 libras = 46 kg), todos los pesos, y por tanto también los rendimientos, son dados en
kilogramos (o toneladas).

NOTAS SOBRE EL ARCHIVO INFORMÁTICO

La paginación del texto de la edición impresa está indicada con cifras rojas entre
corchetes, por ejemplo : [[12]]. Las figuras y cuadros no están siempre en el mismo lugar
que en la edición impresa.
Relativamente a la edición impresa :
- se ha corregido erratas en el texto y en las leyendas de las figuras,
- no se ha reproducido varios cuadros y gráficos
- se ha puesto a colores, y en lo posible mejorado, los gráficos que están.
4

[[5]]

"Ustedes son personas demasiadamente cultas,


profesionales; ustedes deben comprender que soy
un campesino analfabeto... Son ustedes los que
me deben comprender a mí, y no yo a ustedes".
Intervención del campesino Jaïr Londoño en
el Seminario Latinoamericano de Reforma
Agraria, Chiclayo, Perú, diciembre de 1971.
5

[[7]] ÍNDICE
Introducción – Los Andes como memoria – O. Dollfus
Presentación – P. Morlon
1ra parte – « OBERTURA »
Capítulo 1 – Una herramienta, un símbolo, un debate: la « chaquitaclla y su persistencia
en la agricultura andina – P. Morlon, J. Bourliaud, R. Réau, D. Hervé
1 – La chaquitaclla, emblema de la agricultura andina.
2 – La labranza en la organización del trabajo y del espacio
3 – Chaquitaclla, arado de palo, tractor : ¿qué perspectivas existen para el futuro ?
Anexo : las chaquitacllas

2da parte – ORGANIZACIÓN SOCIAL Y UTILIZACIÓN DEL TERRITORIO


Capítulo 2 – Sistemas de barbecho sectorial – B. Orlove, R. Godoy, P. Morlon
Introducción
1 – Descripción y funcionamiento : algunos ejemplos
2 – Ensayo de interpretación
3 – Privatización y reducción del tiempo de descanso : ¿hacia un abandono del barbecho
sectorial ?

Capítulo 3 – Valorización de la diversidad ecológica


Introducción – P. Morlon
1 – El control vertical de un máximo de pisos ecológicos y el modelo en archipiélago – J.V.
Murra
2 – Quince años después: balance de la noción de archipiélago – J.V. Murra
3 – Del archipiélago étnico al minifundio – T. Saignes, P. Morlon
4 – Zonas de producción: autonomía individual y control comunal – E. Mayer
[[8]] 5 – Modelos de complementariedad ecológica: una revisión bibliográfica - P. Morlon
6 – Propiedades familiares y dispersión de los riesgos: el ejemplo del Altiplano - P. Morlon

Capítulo 4 – Infraestructuras agrícolas: ¿vestigios del pasado o técnicas para el futuro?


Introducción – P. Morlon
1 - Diversidad de los acondicionamientos
En el desierto costero, los mahamaes o chacras hundidas – B. Cobo
Campos de sal – B. Orlove
Pastizales de regadío para alpacas en la puna alta – F. Palacios Ríos
Las « campiñas » - C. Felipe-Morales, P. Morlon, C. Reynel, E. Vergaray Lara
2 – Hacia la reconciliación de lo antiguo y de lo nuevo
La rehabilitación de andenes – L. Masson, C. Felipe-Morales, P. Morlon
Una experiencia de reconstrucción de antiguos andenes en el Altiplano – C. Ramos Vera
La arqueología aplicada al desarrollo: la reconstrucción de camellones precolombinos en el
Altiplano – I. Garaycochea, C. Ramos, P. Morlon
Un (re)descubrimiento reciente: la agricultura en lagunas temporales (qocha) en el Altiplano –
J. Flores Ochoa, M.P. Paz Flores, W. Rozas
3 – Reducción de los riesgos climáticos por medio de acondicionamientos : el ejemplo de las
heladas en el altiplano – P. Morlon
4 – Elementos para un debate - P. Morlon
6

3ra parte – LOS RENDIMIENTOS OBTENIDOS POR LOS CAMPESINOS FRENTE A LA


ONVESTIGACIÓN AGRONÓMICA Y A LA VULGARIZACIÓN
Capítulo 5 – ¿Qué tipos de mediciones y qué criterios para la evaluación? – P. Morlon, A.
Hibon, D. Horton, M. Tapia, F. Tardieu
Introducción : los datos oficiales
1 –El cultivo del maíz en los sistemas de producción del Cusco : etapas de una investigación.
2 – El ejemplo de la papa en el valle del Mantaro.
[[9]] 3 – No uno, sino numerosos rendimientos
4 – Los rendimientos como resultados de las estrategias campesinas.
Anexos :
El papel de las llamadas malas hierbas : pistas de investigación – D.W. Gade, A. Hibon, P. Morlon, F.
Tardieu
Agronomía y gastronomía – P. Morlon, A. Hibon, D. Horton, M. Tapia, F. Tardieu

4ta parte – PUNTOS DE VISTA SOBRE LOS SISTEMAS DE PRODUCCIÓN


Capítulo 6 – Agricultura y ganadería en la economía de la familia campesina : identidad
andina y diversidades regionales
1 –Diez años en la vida de campesions de las riberas del Titicaca – B. Montoya, P. Morlon, S.
Channer
2 – Vender para vivir - B. Montoya, P. Morlon, S. Channer, L. Lescano, F. Huapaya
3 – El alto valle del Cañete : el matorral y la puna – G. Brunschwig
4 - Agricultura, alimentación y políticas – B. Orlove
Anexos: Producción y consumo de trigo en Chumbivilcas – J. Bourliaud, R. Réau
Metodología y aprovechamiento crítico de los datos sobre la ganadería andina en tiempos de sequía. I.
Lausent-Herrera

5ta parte – DISCUSIÓN Y PERSPECTIVAS


Capítulo 7 – La economía campesina en los Andes peruanos: teorías y políticas – B.
Kervyn
1 – Las teorías sobre el funcionamiento y la dinámica de la economía campesina
2 – El progreso técnico
3 – La organización comunal del espacio
4 – Conclusiones

Epílogo – Sobre mitos y fantasmas – P. Morlon


Conclusión – P. Morlon
Glosario
Anexos: Equivalencia de unidades de medida antiguas o locales
Plantas cultivadas andinas de altura
[[10]] Referencias citadas
Lista alfabética de autores
Lista de las instituciones que han autorizado reproducir o utilizar textos, ilustraciones o estudios
7

[[497]] LISTA ALFABÉTICA DE AUTORES


Jean BOURLIAUD (F) Agro-economista, Investigador en INRA-ESR, París.
Gilles BRUNSCHWIG (F) Zootecnista, ex-becario IFEA-ORSTOM.
Sharon CHANNER (C) Nutricionista, Canadian Home Economics Association.
Bernabé COBO (1580 - 1657) Sacerdote jesuita y erudito (*)
Olivier DOLLFUS (F) Geógrafo, Profesor en la Universidad de París VII.
Carmen FELIPE MORALES (P) Profesor de Ciencia del Suelo en la Universidad Agraria de La
Molina, Lima.
Jorge FLORES OCHOA (P) Antropólogo, Profesor en la Universidad del Cuzco.
Daniel W. GADE (USA) Geógrafo, Profesor en la Universidad de Vermont.
Ignacio GARAYCOCHEA (P) Agrónomo, INIAA, Puno.
Ricardo GODOY (USA) Antropólogo, Universidad de Harvard.
Dominique HERVE (F) Agrónomo, Investigador en ORSTOM, La Paz.
Albéric HIBON (F) Agro-economista, CIP, Quito.
Douglas HORTON (USA) Economista, Centro Internacional de la Papa, Lima.
Fernando HUAPAYA (P) Agrónomo, INIAA, Puno.
Bruno KERVYN (B) Economista, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Namur.
Isabelle LAUSENT-HERRERA (F) Antropóloga y geógrafa, Investigadora en el CNRS.
Luis LESCANO (P) Agrónomo, Profesor en la Universidad de Puno.
Luis MASSON (P) Agrónomo, Director Técnico Adjunto de ONERN, Lima.
Enrique MAYER (P) Antropólogo, Profesor en la Universidad de Illinois, USA.
Beatriz MONTOYA (P) Antropóloga, Archivo Nacional y INIAA, Lima.
Pierre MORLON (F) Agrónomo, Investigador en INRA-SAD, Dijon.
John Victor MURRA (USA) Antropólogo, Profesor Emérito, Universidad de Cornell.
Benjamín Sebastián ORLOVE (USA) Antropólogo, Profesor en la Universidad de California.
Félix PALACIOS (P) Antropólogo, Puno.
Percy PAZ FLORES (P) Antropólogo, Profesor en la Universidad del Cuzco.
Claudio RAMOS (P) Agrónomo, CECI-CCAEP, Puno..
Raymond REAU (F) Agrónomo, CETIOM, París.
Carlos REYNEL (P) Ingeniero Forestal, Profesor en la Universidad Agraria de La Molina, Lima.
Thierry SAIGNES (1946-1994) (F) Historiador, Investigador en el CNRS, París.
Mario TAPIA (P) Agrónomo y pastoralista, Director del "Programa Nacional de Sierra", INIAA, Perú.
François TARDIEU (F) Agrónomo, Investigador en INRA-Agronomía.
Eráclides VERGARAY LARA (P) Geógrafo (*)
(F) Francia (P) Perú (C) Canadá (E) España (B) Bélgica.
(*) Autores a los que no he podido consultar para la utilización de sus textos, por lo cual no he
efectuado ninguna modificación en los mismos, salvo la reducción de su extensión total.
8

[[11]] Introducción : los Andes como memoria


Olivier Dollfus

Las pocas realidades descritas en esta Introduccción se hallan presentes siempre, pero a
menudo de manera implícita, en esta obra. Constituyen, pues, una "memoria" que debe permitir un
mejor planteamiento de los hechos analizados y presentados a lo largo de los capítulos, y de
interpretarlos situándolos en su contexto.

Montañas antiguamente pobladas


Los Andes centrales, desde el sur del Ecuador hasta el Trópico de Capricornio, están entre las
regiones más pobladas del continente americano relieve topográfico y volumen demográfico van
juntos. Las densidades de población, sobre todo entre los grados 10 y 20 de latitud sur, contrastan - y
contrastaban aún más en los primeros siglos de este milenio - con las extensiones muy débilmente
ocupadas del sur del continente, las llanuras boscosas de la Amazonía y las sabanas de las mesetas
brasileñas. Incluso si su peso relativo en los Estados declina, principalmente en el Perú, nunca han
estado los Andes centrales tan poblados como ahora (figs. 1 y 2); de 6 millones de habitantes en 1940
en este país, los 4 que vivían en los Andes representaban más del 60 % de la población actualmente no
representan "más que" el 30 %, pero sobre un total de más de 20 millones, lo cual equivale a 6 a 7
millones.
Altura
m.s.n.m

+ Cerro de Pasco
4000
Altiplano
3500 Cuzco,
Huancayo…
3000 Arequipa, Ayacucho,
Cajamarca…
2500

2000

1500

1000

500
Lima, Ica,
Trujillo, Piura…
0
0 1,000,000 2,000,000

Fig. 1 : Distribución de la población del Perú según la altitud en 1940 y 1981 (según Bernex, 1988)
Toda la población de cada provincia o distrito ha sido contada como si viviera a la altura de su capital que, en las
regiones altas, está generalmente ubicada en el fondo de un valle, es decir a menor altura que la vivienda real de
la población. Hay pues, por encima de los 2,500 metros, un sesgo hacia abajo.

El resultado son densidades poblacionales promedio del orden de 30 a 40 habitantes por


kilómetro cuadrado, muy desigualmente repartidas regiones en que las densidades son superiores a los
80 habitantes por km2, por ejemplo alrededor del lago Titicaca, colindan con "vacíos humanos" en que
las densidades caen a 1 ó 2 habitantes, tal como sucede en algunas altas mesetas de la puna 1 seca
consagradas al pastoreo. Es verdad, los efectivos han variado a lo largo de la historia luego de un
máximo que debe corresponder al apogeo del Imperio Inca, a fines del siglo XV, el choque colonial

1
Los términos que son específicos de los Andes, o de la historia de América Latina, son explicados más
adelante en esta Introducción, o en el Glosario.
9

acarreó una disminución de las poblaciones en los Andes (quizás la mitad), pero la caída fue menos
brutal que en los oasis de la costa, que perdieron por entonces hasta las cuatro quintas partes de sus
habitantes.
La continuidad de una fuerte presencia humana en los Andes tropicales al sur del Ecuador
constituye, pues, un hecho mayor en su historia, desde los señoríos hasta los Imperios precolombinos,
del Virreynato hasta la República. Se vincula con la existencia de campesinados que poseían una
organización que regulaba las relaciones de los hombres entre sí, y sus relaciones con el medio, es
decir de "civilizaciones campesinas", tomando este concepto en el sentido que le asigna el geógrafo
Pierre Gourou.

Montañas campesinas donde se inventaron formas de crianza de


[[12]]
ganado y de agricultura (fig. 3)
La historia de la ocupación agropastoral de los Andes centrales no puede dejar de lado la
utilización de los recursos del piedemonte desértico de las riberas del Pacífico, así como del otro, el
boscoso, al este. Es posible que los cazadores recolectores que, hace unos diez mil años, recorrían los
Altos Andes cazando cérvidos, guanacos y roedores, y recogiendo plantas acuáticas en los pantanos de
altura o huevos de aves también acuáticas, estuviesen en relación con los que recogían caracoles en las
"lomas" (oasis de brumas de la costa del Pacífico), o que buscaban conchas o mamíferos marinos
varados en las playas marinas.
[[14]] Está claro que no debe tenerse una visión lineal de las evoluciones hubo cazadores y
recolectores al mismo tiempo que agricultores, y a veces se trataba de los mismos individuos; las
actividades de recolección pudieron prevalecer, en función de las circunstancias, a las del pastoreo y
agricultura después de su "invención" entre séptimo y sexto milenios antes de nuestra era.
La domesticación de camélidos tuvo lugar en los altiplanos a partir del sexto milenio así
apareció una primera forma de crianza específica de los altos Andes y del piso de las punas - se trata
del único sitio del continente americano hasta la conquista española. Entre los milenios octavo y
quinto se pasa de una caza generalizada a una caza especializada de camélidos, luego a una
domesticación progresiva de animales y a su crianza en las punas.
¿Corresponden los comienzos de la agricultura a los frijoles (Phaseolus vulgaris), de los que
se han hallado granos en un abrigo rocoso del Callejón de Huaylas, y que se remontan al sexto
milenio? Sucede, sin embargo, que se hallan frijoles silvestres en esos medios entre los 2,500 y 2,000
metros del altura, y resulta difícil distinguirlos de las variedades cultivadas. De manera más segura en
el tercer milenio antes de nuestra era, en el piso templado por debajo de las punas, aparecen los
tubérculos, papas, ocas, ollucos, y probablemente la quinua, así como variedades de maíz muy
primitivas. En los pisos más cálidos se cosechan frijoles, tomates y hojas de coca. Si el tomate podía
ser consumido directamente, los tubérculos demandaban preparativos culinarios a menudo complejos
a la domesticación de plantas se añaden técnicas de cocción con los utensilios correspondientes, de lo
que se deriva el papel, principalmente, de la cerámica.
Entre el segundo y primer milenios antes de nuestra era son empleados los principales
elementos constitutivos de la agricultura andina, y servirán de base para los sistemas de producción
agrícola hasta la Conquista. Pero tanto técnicas como instrumentación se desarrollarán por etapas así
la edificación de terrazas de cultivos y los trabajos de riego en las laderas; los mediocres resultados del
palo de escarbar se ven mejorados con la invención de las primeras "tacllas" (ver el capítulo 1), pero
se seguirán utilizando piedras talladas hasta la época contemporánea.
Es probable que en el primer milenio de nuestra era fuese regla el escalonamiento de las
producciones, con las complementaridades a que induce la crianza de animales en las punas,
tubérculos de altura, maíz en los pisos templados y tibios. Se hilaba y tejía la lana de los camélidos, así
como el algodón cosechado en las regiones cálidas.
10

Las viviendas eran instaladas a menudo en el límite entre dos pisos, a fin de sacar partido de
las posibilidades que ofrecían diferentes medios. Los límites altitudinales de los cultivos podían, por lo
demás, oscilar en algunas centenas de metros, de acuerdo a las fluctuaciones climáticas es posible que
entre los siglos X y XII de nuestra era un ligero recalentamiento hubiese motivado una subida de 150 a
200 metros del conjunto de pisos ecológicos con respecto a su situación actual el enfriamiento de la
Pequeña Edad Glaciar, entre los siglos XVI y XVIII, se tradujo en su descenso. Pero estas
fluctuaciones del clima del último milenio han ocasionado menos perturbaciones en las sociedades
andinas que los grandes choques políticos o culturales.
El choque colonial y la reestructuración de la sociedad andina se traducen en un descenso
importante de la población indígena, por efecto sobre todo de las epidemias. La población se ve
reagrupada en aldeas, las "reducciones", dispuestas en torno a la iglesia y el cementerio en que se
depositaban los cadáveres retirados de las "huacas", lugares sagrados indígenas. El establecimiento de
territorios continuos en torno a los pueblos [[15]] rompe la lógica andina del "archipiélago" (cap. 3). La
evangelización por las órdenes religiosas se acompaña con la "extirpación de las idolatrías." El control
de la población corre a cargo de los "encomenderos" españoles 2, asistidos en la base por los
"caciques," indios notables. Tiene como fin facilitar la cobranza del tributo y la prestación de trabajo
obligatorio por medio de la "mita" y los "obrajes" (talleres textiles). Las ciudades fundadas por el
conquistador, a menudo en antiguos asentamientos precolombinos, controlan el espacio y a los
habitantes de los campos. Es allí donde residen las autoridades españolas, militares, judiciales,
religiosas, fiscales.
Una innovación fundamental es aquélla vinculada con la aplicación del derecho romano, con
las modalidades de apropiación privada de la tierra que permite, las mismas que conducen al
desarrollo de la gran propiedad, a veces a partir de la extensión a la tierra del control de los hombres
de la encomienda.
Poco a poco se difunden en los Andes los animales procedentes de Europa bovinos, porcinos,
caprinos, caballos y asnos; las mulas desempeñan un importante papel como animales de carga, y
compiten con los camélidos en las punas. En los pisos más bajos, estos animales contribuyen a la
transformación de los bosques en landas. Se trata de una ganadería extensiva, sin establos, que ocupa
mucho espacio. Al modificar los paisajes, y al facilitar la acumulación por aumento de los rebaños, las
diferentes consecuencias de la ganadería modifican las relaciones sociales de producción. Pero esa
ganadería, con prácticas que se remontan a las de la España medieval, no será mayormente objeto de
mejoras zootécnicas, al menos hasta la época contemporánea. En estos sistemas de producción y en las
rotaciones de cultivos se insertan los cereales, trigo, cebada, avena y habas, y más tarde la alfalfa, pero
las prácticas de trabajo de la tierra no cambian mayormente. Cualesquiera que hayan sido las
turbulencias de la historia, los Andes centrales continúan siendo, a larga duración, montañas
campesinas.

A escala del mundo, montañas altamente pobladas


En un mapamundi en que figuren las densidades humanas en extensiones de altura superior a
los 3,000 - 3,500 metros, los Andes tropicales aparecen, también en este caso, como zonas de densa
población. Encontramos densidades semejantes en las mesetas de Etiopía, pero en manchas de una
extensión más reducida y a altitudes diferentes de las de los Andes Centrales. Si bien es cierto que hay
pobladores en la alta Asia central, sobre todo en las mesetas, valles y montañas del Tibet, a más de
3,000 metros, no se trata más que de 5 a 6 millones en 3 millones de kilómetros cuadrados las
densidades medias son de 10 a 20 veces mayores en la alta montaña andina, con respecto al Asia
central. Pero ésta, por encontrarse entre los 30º y 40º de latitud norte, tiene invierno frío, mientras que
los Andes centrales se hallan en plena zona intertropical y no tienen invierno.

2
Se trataba, para la corona española, de "confiar" (encomendar) a un grupo de indios a un español, encargado de
"protegerlos" y evangelizarlos, en compensación de lo cual ellos trabajaban para él y le pagaban tributo.
11

Un volumen montañoso que encierra mesetas y altiplanos (figs. 4 y 5)


En las cordilleras que bordean todo el oeste del continente americano, desde Alaska hasta la
Tierra del Fuego, hay dos regiones que constituyen focos de poblamiento que fueron territorio de los
estados precolombinos la meseta central mexicana y sus márgenes, y los Andes Centrales peruano-
bolivianos. En ambos casos estamos frente a un conjunto de mesetas centrales, altiplanos o amplias
cuencas dominadas por volcanes o cadenas montañosas, con pesados flancos flexurados,
profundamente excavados por los valles que [[17]] descienden hacia los pedemontes y llanos de los
niveles inferiores. Pero la meseta central mexicana, donde estuvo el imperio azteca, se encuentra a
1,500 metros más abajo que las mesetas y altiplanos de los Andes Centrales.
En éstos la disposición de los conjuntos topográficos acarrea consecuencias importantes. He
aquí una alta montaña, orientada de sur-sur-este a norte-norte-oeste, paralela al borde del continente, y,
por lo tanto a las orillas del Pacífico, con una anchura de 200 kilómetros hacia los 10º de latitud sur, y
que se expande hasta alcanzar de 500 a 600 kilómetros entre los 18º y 20º. Ningún paso a menos de
4,000 metros permite franquear los Andes al sur del paralelo 10º. La vertiente occidental, donde los
torrentes descienden de 5,000 metros de altura al océano Pacífico en una centena de kilómetros, es
seca; en la parte media de los valles el encajonamiento sobrepasa los 2,500 metros. La vertiente
oriental amazónica húmeda, boscosa o cubierta de vegetación, ofrece un perfil todavía más escarpado,
y se halla horadado por valles más estrechos. Cordilleras rocosas y nevadas forman eslabones
discontinuos que dominan cada flanco; al sur del paralelo 14º, en la parte occidental de la montaña, los
volcanes se alzan sobre vastos campos poco inclinados, de lava o de toba. Aquí el desierto sube muy
alto a la montaña, y la escasez de las precipitaciones y la sequedad del aire impiden que volcanes que
alcanzan los 6,000 metros de altura tengan glaciares. La originalidad topográfica mayor de los Andes
Centrales está en una sucesión de altas mesetas en la cima, entre los 4,000 y 5,000 metros, con cuencas
centrales que pueden formar altiplanos, desde el de Junín, a 4,000 metros del altura y 12º de latitud,
hasta el altiplano peruano-boliviano, que, a lo largo de 800 kilómetros, entre los 15º y 20º, no
desciende por debajo de los 3,500 metros de altitud.
La extensión de altas superficies planas o débilmente onduladas, a más de 3,800 metros,
es una de las características mayores de los Andes Centrales tropicales. Se puede circular por más
de 1,500 klómetros desde el norte de Chile hasta la latitud de Lima sin abandonarlos. Hay en ello una
diferencia mayor con los Andes septentrionales (Colombia y Venezuela), donde encontramos cadenas
orientadas, como las tres cordilleras de los Andes colombianos, relativamente estrechas, con vertientes
abruptas y fragmentadas, a menudo boscosas y separadas por valles profundos; otra disposición
diferente es el de la parte central de los Andes del Ecuador, donde se suceden altas cuencas, amplias,
excavadas por "cañones" dominados por volcanes; aquí los Andes no tienen más de 120 kilómetros de
ancho. Los Andes ecuatoriales "verdes" son muy diferentes, por su arquitectura y su cobertura vegetal,
de los AndesCentrales, rojizos y masivos.

Una gran montaña tropical (figs. 5 y 6).


La situación tropical acarrea dos series de efectos, que se dan en todas las montañas situadas
en las mismas latitudes. Como las temperaturas medias en la base de la montaña son superiores a los
22º ó 24ºC (excepto en el caso de la "anomalía negativa" de las temperaturas debida a la corriente fría
a lo largo de la costa del Pacífico), y la gradiente térmica (descenso de las temperaturas en función de
la altitud) es de 0,5 a 0,6ºC por cada 100 metros, las temperaturas medias anuales son todavía
próximas a la decena de grados a 3,800 metros, y positivas hasta más de 4,500 metros. Se añade el
"efecto de macizo", si bien menor que en Asia Central en los macizos montañosos muy grandes el aire
es más cálido que a la misma altura en atmósfera libre. Así en Lhassa, en el Tibet, en el paralelo 30º, a
3,700 metros, las temperaturas medias son de 17ºC en julio, y de 0ºC en enero, lo cual constituye una
"anomalía positiva" del orden de 5º a 6º.
Cuando la humedad es suficiente, las temperaturas en los Andes Centrales permiten que los
pastos o estepas crezcan hasta los 4,600 metros, y a veces aún más arriba, situándose el límite de la
12

vegetación hacia los 4,700 - 4,900 metros. El escalonamiento de la vegetación se despliega así sobre
una amplitud altitudinal dos veces superior a la de los Alpes.
[[19]] Como ha subrayado Carl Troll (1931, 1943), siguiendo a Alexander von Humboldt (1811,
1817), y a autores más antiguos, como José de Acosta, Guamán Poma y Bernabé Cobo, montaña
tropical significa que las estaciones están ritmadas mucho menos por las temperaturas que por la
alternancia de una estación seca, de mayo a octubre, y una estación lluviosa, de noviembre a abril,
durante la cual caen los 3/4 o los 4/5 de las precipitaciones anuales. En la estación seca las variaciones
térmicas cotidianas son fuertes, como consecuencia de la sequedad de la atmósfera, en tanto que son
reducidas por la humedad atmosférica en la estación lluviosa. Las diferencias entre las temperaturas
medias del mes más cálido y el mes más frío (generalmente junio) son limitadas del orden de 2 a 3ºC
bajo el paralelo 10º; más al Sur, en las cercanías del trópico, pueden alcanzar de 5 a 6º. Las
temperaturas máximas varían muy poco a lo largo del año y son siempre positivas hasta cerca
de los 5,000 metros lo que diferencia a las estaciones son las temperaturas mínimas. Cuando el
cielo está cubierto, las nubes limitan el enfriamiento nocturno e impiden las heladas; las
precipitaciones caen así en forma de lluvia por debajo de los 5,000 metros. Puede caer nieve nieve
sólo en la estación seca, pero desaparece en unos días. Así, y debajo de los 5,000 metros, los Andes
son montañas sin cobertura nevada estacional, diferencia mayor tanto en lo que concierne a las
actividades humanas como a la vegetación, con las montañas de las latitudes medias el empleo de la
palabra "invierno", que, según las personas y las regiones, designa aquí, por lo demás, estaciones
opuestas, es completamente inapropiada, y conduce a groseros errores en la interpretación de los
fenómenos climáticos.
Escalonamiento de las formaciones vegetales, y, por lo tanto, de los ecosistemas, en casi 5,000
metros, y ausencia de cobertura nevada estacional, he allí dos elementos que, unidos a la disposición
topográfica de la montaña, favorecen su "habitabilidad", que permite una ocupación humana
permanente desde el nivel del mar hasta más de 4,500 metros, a pesar de la disminución de la
productividad vegetal en relación con el frío y las limitaciones fisiológicas de la altitud elevada.
ALTURA
- Temperaturas 
NORTE - Humedad 
(ecuador)  - amplitud diurna temperaturas 
Lluvias - evaporación sigue alta
abundantes todo
el año

ESTE
(Amazonia)
Nubes y lluvias
OESTE abondantes
Corriente de
Humboldt 
Costa desértica
SUR (trópico)
Temporada seca larga y árida

Fig. 6 : Determinantes geográficos de las variaciones climáticas en los Andes centrales.

Una alta montaña que plantea problemas de adaptación a los


[[20]]
organismos
La disminución de las temperaturas está relacionada con la de la presión atmosférica, la misma
que a 4,400 metros no es más que un 60 % de la que se da a nivel del mar. La cantidad de vapor de
agua en la atmósfera disminuye aún más rápidamente a 4,000 metros es la cuarta parte de la que
corresponde al nivel del océano. Resulta de ello una fuerte radiación ultra-violeta, así como valores
elevados de radiación solar directa, que inducen a fuertes variaciones de temperatura el calentamiento
13

del suelo expuesto al sol, seguido por un rápido enfriamiento cuando se pasa a la sombra, y las
correspondientes oscilaciones de la humedad atmosférica, tienen consecuencias en los organismos
vivientes.
Los vegetales no se ven afectados por la disminución del oxígeno del aire, pero las plantas
deben adaptar sus órganos aéreos a las variaciones de temperatura y de humedad, así como al aumento
de las radiaciones ultra-violetas, de todo lo cual resultan hojas de cutícula gruesa, de estomas
reducidos, numerosas plantas pubescentes, espinosas o en forma de almohadilla; en tanto que el
aparato radicular, que se beneficia de una temperatura constante a lo largo de todo el año, se halla por
lo general bien desarrollado para extraer el agua del suelo y acumular elementos nutritivos que
permitan subsistir durante la estación seca.
En cuanto a los animales, y más especialmente los mamíferos, la menor cantidad de oxígeno, a
lo que se agregan los demás "stress" térmicos e hídricos, exigen de sus organismos respuestas
adaptativas. Dos tipos de respuestas son posibles : una a corto plazo y provisional, concierne al
individuo que pasa de una baja a una elevada altitud (para la especie humana un primer umbral se sitúa
hacia los 3,500 metros). Se trata de la [[21]] adaptabilidad, que se traduce en la aceleración de los
ritmos cardiacos y respiratorios para acrecentar la capacidad de oxigenación pulmonar, permitiendo
paliar así la disminución de oxígeno. Si la respuesta del organismo no es suficiente, se produce la
enfermedad de las montañas, el "soroche", acompañado por dificultades respiratorias y dolores de
cabeza que pueden cesar con el reposo, o bien agravarse hasta causar la muerte. La embolia pulmonar
puede ser consecuencia de un esfuerzo rápido en la altura en individuos generalmente jóvenes
procedentes de las regiones bajas. Otra forma de adaptabilidad es la producción de glóbulos rojos de
dimensiones más pequeñas, y por lo tanto en mayor número, que permite una mejor oxigenación de la
sangre.
La adaptación es la respuesta de una población, a lo largo de las generaciones, a los apremios
de la altitud es el resultado de un proceso selectivo darwiniano. Se traduce en las poblaciones que
viven desde hace largos siglos a más de 3,500 metros (por ejemplo los aymaras del altiplano), en un
músculo cardiaco más poderoso y una acrecentada capacidad pulmonar en comparación con los que
poseen individuos de la misma estatura que viven al nivel del mar.
Las limitaciones vinculadas con las grandes alturas exigen respuestas fisiológicas, y son por
tanto las únicas limitaciones naturales para las cuales son insuficientes las respuestas culturales. No
han frenado nunca, sin embargo, la ocupación de las montañas hasta el límite superior de la vegetación
- sucede que el límite extremo posible de vida permanente para el hombre (más o menos 5,100 metros)
se halla ligeramente por encima de la que el clima impone a la vegetación en los Andes Centrales. Aun
si individuos procedentes de regiones bajas experimentan dificultades fisiológicas que pueden afectar
también las actividades de reproducción, los hombres han vivido y se han reproducido en los Altos
Andes desde los comienzos de la ocupación del continente.

Una gran diversidad de ambientes escalonados (fig. 7)


"Es difícil, para quien no ha recorrido en persona las diferentes zonas del Perú, representarse
con exactitud las variadas escenas que ofrece la naturaleza en este país, donde en pocas
horas el viajero ve desfilar ante sus ojos paisajes tan diferentes que, para encontrar otros
análogos, tendría que recorrer las regiones más opuestas del globo.
En razón de su situación en la zona tórrida y a causa de las grandes desigualdades de
elevación que presenta su territorio, el Perú ofrece todos los fenómenos meteorológicos del
mundo, es decir, su clima es extremadamente variado." (Paul Walle, 1913).
El cruce del escalonamiento vinculado a la gradiente térmica con la distribución de las
precipitaciones y el valor de las pendientes, determina que en un corte de los Andes Centrales haya
todo un juego de situaciones topoclimáticas, en las que pueden combinarse lo cálido y lo frío, lo seco y
lo húmedo, lo llano y lo inclinado, con sus consecuencias sobre las formaciones vivientes, vegetales y
14

animales. De lo cual resulta un gran número de unidades ecológicas elementales, de "geofacies," 3 que
se distribuyen en función de los pisos mayores de la montaña.
Presentaremos aquí, rápidamente, esos pisos, retomando las denominaciones indígenas tal
como han sido sistematizadas por el geógrafo peruano Javier Pulgar Vidal - precedido a su vez por
Alexander von Humboldt (1817) y Bernabé Cobo (1635, libro II, cap. 8 a 13) (figs. 7, 8 y 9).

[[22]] Los ambientes tibios de las "yungas"; "yungas húmedas" y "yungas secas."
Las "yungas húmedas" de la vertiente amazónica de los Andes tropicales se sitúan entre los
500 y 1,800 metros de altura reciben precipitaciones abundantes, de 1,500 a 7,000 mm. por año, y la
breve estación seca se ve entrecortada por tempestades. Las temperaturas medias están comprendidas
entre 23 y 17º C. La vegetación natural es una floresta densa que, en las laderas expuestas al viento, en
su parte superior, atrapa neblinas durante una gran parte del año, de donde resulta su nombre de "selva
nublada", "nebelwald", con grandes helechos arborescentes y densos bambús colgantes. Este medio
cálido ha sido objeto a menudo de deforestación, subsistiendo el bosque original en las pendientes
escarpadas y en las zonas poco accesibles. Es el reino de los cultivos arbustivos coca, ají, té, cítricos,
café en sombra; producciones alimenticias maíz, yuca, camotes; en otras partes, el bosque ha podido
dejar lugar a los pastos, sembríos de gramíneas, que deben controlarse con todo cuidado para evitar la
invasión por la landa leñosa.
[[23]] Las laderas y las fuertes precipitaciones pluviales, a menudo concentradas en poderosos
chaparrones, ocasionan la lixiviación de los suelos las bases son llevadas, los óxidos de hierro y
aluminio se concentran, a menos que la erosión sea lo suficientemente rápida como para equilibrar la
rápida alteración de la roca madre, en relación con el calor y la humedad. Debe tomarse en cuenta, en
el tratamiento de estos frágiles ambientes, tanto los deslizamientos de tierra como la torrencialidad. El
calor favorece el desarrollo de enfermedades como la leishmaniosis, el mal de Chagas, la "uta", el
paludismo y diversas parasitosis.
Las "yungas secas" ocupan el mismo rango de altura en el flanco occidental de los Andes. Hay
más de 300 días de sol en el año; el calor se ve temperado, no obstante, por las brisas de valle. Las
pendientes están cubiertas por una estepa arbustiva de cactáceas y espinosas. Como las precipitaciones
anuales, muy irregulares, son inferiores a 300 mm., se hace imposible la agricultura sin riego, que
utiliza los torrentes que descienden de los altos Andes. Falta sitio, sin embargo, en los valles estrechos,
para un aprovechamiento agrícola importante. Casi todos los cultivos de los ámbitos templado y
tropical son aquí posibles. En la época precolombina se producía maíz, ají, algodón y coca. En
nuestros días, los árboles frutales y los alfalfares para el engorde de animales nacidos en los Andes y
destinados a los mercados de la costa, forman una cinta verde en estos áridos valles. Lo agradable de
la tibia temperatura y del sol no debe hacer olvidar que siguen siendo regiones malsanas, y que en la
estación lluviosa el fondo de los valles puede ser barrido por torrentes de lodo.

Los ambientes templados el piso "quechua"


Este fragmentado piso se extiende a ambos lados de la montaña, y en las cuencas y valles
interiores (inter-andinos) entre los 2,200 y 3,500 - 3,600 metros. Habida cuenta de su amplitud
altitudinal, las temperaturas medias van de 17 a 10-12ºC. Las temperaturas máximas bajo abrigo no
alcanzan por lo general los 30º; hay posibilidad de heladas en la estación seca, en la parte superior del
piso, pero son cortas y limitadas. Las precipitaciones, variables según la posición y la exposición,
están comprendidas con gran frecuencia entre los 400 y 1,000 mm. por año, y se concentran sobre todo
entre noviembre y abril. Si bien es posible la agricultura sin riego, un aporte complementario de agua
permite prolongar la estación productiva y atenuar la variabilidad de las precipitaciones.

3
Del orden de una centena, en tanto que hay sólo unas decenas en los Alpes y solamente algunas unidades en
las montañas de las latitudes elevadas.
15

Este piso está, casi por doquiera, densa y antiguamente poblado. Conviene distinguir entre
laderas y fondos de valles y cuencas.
Las laderas, de pendientes abruptas, están cortadas por afloramientos rocosos. Los suelos son
delgados como consecuencia de la erosión y se renuevan lentamente, y la materia orgánica es rara.
Localmente, las laderas están modeladas por terrazas de cultivo. Es el piso del maíz; se cultivan
también leguminosas (arvejas, habas), papas, trigo.
Los fondos de los valles, cuando se abren en anchas cuencas como la de Hancayo, en el valle
del Mantaro, están tapizados por terrazas fluviales y conos de deyección sobrepuestos, herencia de
climas más húmedos en la Era Cuaternaria. Como en las posiciones abrigadas las precipitaciones son a
menudo inferiores a 600 mm. por año, el riego es de regla, facilitado por la presencia de ríos y la
topografía regularmente inclinada de las terrazas y glacís.Los cultivos son prácticamente continuos en
estas estas extensiones de fuerte densidad (más de 100 habitantes por km. cuadrado, y con frecuencia
hasta 300 por km. cuadrado de tierras cultivables) maíz, legumbres, alfalfares, árboles frutales, se
suceden en parcelas a menudo cercadas ("campiña") de eucaliptos, alisos y retamas: el habitat se
agrupa en aldeas grandes o caseríos de casas cubiertas con techos de tejas, derivados de las
"reducciones" de la época colonial.

[[24]] El piso "suni"


Es un piso intermedio entre los ambientes templados y las frías "punas" Se sitúa entre los
3,500 y 3,800 - 3,900 metros; sus temperaturas medias anuales oscilan en torno a los 10º. Las heladas
nocturnas son de regla en la estación seca. Es el ámbito de los tubérculos y de la quinua, a los que se
añaden la cebada y las habas.
El "suni" de llanura se halla particularmente bien representado alrededor del lago Titicaca,
donde se despliegan vastas extensiones planas formadas por depósitos lacustres y aluviales recientes.
La explotación de la tierra es antigua. En las orillas del lago los "totorales" sirven de forraje o como
material para techos; los bovinos en engorde comen hierbas acuáticas ("llacho") en pastizales
lacustres.
En las laderas el "suni" tiene una vegetación de landas leñosas bajas, que se alternan con
pastizales. Como siempre en situación ecológica límite, el valor de ciertas condiciones naturales
interviene en las condiciones de puesta en cultivo. Se trata de un medio que es [[25]] a la vez de
ganadería extensiva y de agricultura, con una sucesión de dos o tres años de cultivo (papas, cebada)
seguidos por un período de descanso pastoreado de 6 a 10 años (capítulo 2). Muchos de estos terrenos,
mediocramente enterrazados, mal conservados, se degradan, por lo cual se producen
abarrancamientos, deslizamientos y erosión.

Los pisos fríos de las "punas"


Son los pisos que, en los Andes Centrales, poseen mayor extensión ocupan al menos la mitad
de la superficie entre los paralelos 8 y 23º. A diferencia de los "páramos", pastizales húmedos de altura
de los Andes septentrionales (Ecuador, Colombia), que forman una sucesión de islas separadas entre sí
por ambientes más tibios o más cálidos, las "punas" se extienden de modo continuo, pero con una
gradación progresiva, en función de la altura como de las precipitaciones.
Se sitúan entre los 3,800 y 4,800 metros, en regiones cuyas precipitaciones van de más de
1,000 mm. por año (punas húmedas) a 150 - 200 mm. (punas desérticas). En la parte superior de este
piso se producen heladas durante casi todas las noches del año, incluso en la estación [[26]] de lluvias,
y las temperaturas medias anuales no sobrepasan de 4 a 5º C; en la parte inferior; las heladas nocturnas
son de regla cuando el cielo está despejado, y las temperaturas medias pueden acercarse a los 10º C.
Las temperaturas máximas diurnas son positivas durante todo el año. En las punas húmedas el pasto de
gramíneas se alterna con turberas de pendiente o de los fondos bajos; en los sectores de fuerte pastoreo
16

aparecen matas blancas de cactus espinosos; subsisten pocos restos de bosques hasta los 4,700 metros
de altura, ahí donde la deforestación no ha terminado todavía...
En el suelo abunda la materia orgánica, cuya evolución se ve dificultada por el frío, con una
débil mineralización. La actividad agrícola es posible, hasta los 4,200 - 4,300 metros, en función de la
exposición, los suelos y el drenaje, siendo el límite superior de los cultivos particularmente irregular.
En las "punas" secas, si las temperaturas medias se aproximan a las de las "punas" húmedas,
son más marcados los contrastes térmicos cotidianos; la variabilidad interanual de las precipitaciones
aumenta mientras el volumen global se reduce; el viento acentúa la evaporación, que alcanza todavía 1
metro por año a 4,000 metros de altura. La evolución de los suelos se hace más lenta por la sequedad;
la capa húmica es delgada y discontinua. La vegetación esteparia se caracteriza por leñosos bajos,
"tola" (Lepidophyllum quadrangulare), cactus Opuntia floccosa, y, en los sectores más secos, que
anuncian punas áridas, la "yareta" (Azorella yareta), planta en forma de cojín, de lento crecimiento,
constituye un apreciado combustible.
Cuando las heladas son cotidianas, y las temperaturas medias son inferiores a 3 ó 4º, la
vegetación desaparece, salvo en unas cuantas manchas. Estamos en el ámbito de la alta montaña,
donde predominan la ebulización, los procesos periglaciares actuales y los glaciares. Pero, a diferencia
de las "punas", las altas montañas heladas y los macizos volcánicos constituyen conjuntos
discontinuos, entre los cuales la circulación y las comunicaciones son posibles casi en toda estación. A
veces la explotación minera se prosigue por encima del límite de la vegetación. Y no hay que olvidar
que si los glaciares son por sí mismos inhóspitos, son también fuente de vida, pues proporcionan agua
para el riego en la estación seca.

Articulación de los ambientes entre sí. Limitaciones y recursos.


Los Andes Centrales son grandes montañas en las que las comunicaciones han sido siempre
relativamente fáciles ausencia de cobertura nevada permanente, al menos por debajo de los 5,000
metros; se puede continuar circulando incluso en la estación de lluvias, a pesar de que éstas provocan
deslizamientos de tierra, el deterioro de los caminos y a veces inundaciones en el Altiplano. La
vegetación no es tampoco obstáculo para los desplazamientos, excepto en el entrelazamiento denso,
arbóreo y arbustivo de la "selva nublada." Los Andes son montañas en las que se puede ver lejos.
Antes de la llegada de la rueda y del motor a explosión a los Andes, la circulación de caravanas de
animales o de cargadores no se veía mayormente afectada por la pendiente, y se podía viajar sin
dificultad por las mesetas de las "punas." Esa facilidad en las comunicaciones hacía que el espacio
fuese permeable a la circulación, a pesar de tratarse siempre de montañas, y cualesquiera que fuese la
diversidad de los medios naturales.
Con el establecimiento de la red ferroviaria y de los caminos, se desarrollan las orientaciones
preferenciales de Lima hacia la cuenca alta del Mantaro; de Arequipa hacia el lago Titicaca, y de allí
hacia el Cuzco, o bien La Paz y Oruro. Pero la red de vías carrozables es particularmente densa en los
Andes, ya que su establecimiento se vinculó localmente a las explotaciones mineras. Los Andes
Centrales son montañas en que la tradición caminera se ha desarrollado de modo excepcional.
[[27]] Las limitaciones para el campesinado están en otra parte. Tenemos la herencia siempre
presente de la Conquista, con sus dramas y la recomposición de la sociedad; las tensiones surgidas de
las complejas relaciones entre la hacienda y la comunidad indígena, y que se han traducido en la
oposición entre el minifundio y la gran empresa agrícola y ganadera, con las relaciones de
dependencia que se derivan. Las reformas agrarias (entre 1954 y 1960 en Bolivia, y 1968 y 1975 en el
Perú), que tenían como meta poner fin a tal estado de cosas, no han culminado.
Sigue siendo realidad la exigüidad de las explotaciones familiares. La escasez de la población,
problema de los siglos precedentes, no lo es más con el crecimiento demográfico del siglo XX. Pero se
mantienen, en cambio, para estas economías aún campesinas aunque abiertas al mercado, otras formas
de escasez.
17

La materia orgánica para restituir la fertilidad a los campos es escasa. En una región donde la
ganadería no se sirve de establos, no hay estiércol suficiente, o, cuando los animales son encerrados en
cercos, tiene que elegirse entre la utilización de las deyecciones de los animales para el fuego o su
empleo en los campos.
El árbol se hace cada vez más raro en los Andes Centrales, a pesar de la introducción de los
eucaliptos a fines del siglo XIX. Se ha proseguido con la deforestación a lo largo de la historia con la
ganadería, los cultivos, el desarrollo de las actividades mineras (maderamen de las galerías,
combustible para la fusión de los minerales), y, localmente, el ferrocarril. La landa sustituye casi en
todas partes al bosque, salvo allí donde las precipitaciones son muy abundantes, como sucede en el
flanco oriental de los Andes.

Marginalización de los Andes y sus campesinos en países urbanos


Los Andes, montañas campesinas desde hace siglos, fueron la base de los estados en el pasado.
Pero los campesinos que los habitan son cada vez más minoritarios en los estados. El peso de las
ciudades es sin cesar mayor; en el Perú, a fines de los años 80, se concentra en ellas el 70 % de la
población, así como los nueve décimos de la riqueza producida y contabilizada. Los campesinos
andinos son más pobres que los otros, pues la productividad de su trabajo es menor que la obtenida en
las regiones bajas, ya se trate de los oasis de la costa peruana, o de las regiones boscosas productoras
de coca.
La mecanización y la motorización no han podido ser aplicadas a la agricultura de las laderas
andinas. Pero esto no afecta sino a una parte del campesinado, y no al de los altiplanos y de las
amplias cuencas donde predominan las superficies planas. Las limitaciones son otras la fragmentación
de los minifundios, las explotaciones familiares, en razón de la desigual repartición de la posesión de
la tierra, incluso luego de la aplicación de las reformas agrarias (fig. 10). Es cierto, estos explotantes
"minifundarios" son campesinos, pero son también trabajadores temporales en los trabajos camineros,
migrantes estacionales que laboran en los oasis de la costa o las plantaciones de la selva, pequeños
comerciantes "informales" de los mercados locales, transportistas ocasionales, etc. Entre ellos es
frecuente un segundo oficio que acaba por producir más dinero que el trabajo de las parcelas, y tal es
el caso de 4 de cada 5 chacareros en la zona de Huancayo. Son pobres, en fin, porque las
investigaciones se han orientado a la agricultura de las regiones bajas; así por ejemplo, en materia de
ganadería bovina, han versado más sobre la selección y alimentación de la raza Holstein que sobre las
razas "criollas." En fin, de una manera general,las redes y circuitos de comercialización más eficaces
son los que valorizan las producciones agrícolas de los pedemontes.

Fig. 10: Manifestación campesina (Andahuaylas, 1 ero de Mayo de 1973). PM.


18

[[28]] Sin embargo, en el interior mismo de los Andes, por sectores geográficos o de producción, la
búsqueda de productividad ha dado frutos : así en las grandes empresas de crianza ovina o incluso
bovina de antes de la Reforma Agraria, o incluso ahora en algunas pocas Sociedades Agrícolas de
Interés Social (SAIS)* bien administradas (capítulo 6.3). Aquí el mercado, más internacional que
nacional, al menos en lo que concierne a la lana, impone la búsqueda de calidad y la normalización de
los productos. En otras partes, como sucede con la cebada cervecera en torno al Cuzco, la firma
compradora proporciona semillas y técnicas para un cultivo bajo contrato más remunerador. Por ello
resulta erróneo ver en todos los Andes un velo uniforme de igual pobreza en una situación de retardo
tecnológico generalizado los Andes son también diversidad de situaciones agrarias y reproducción de
las desigualdades. Sin embargo, y en conjunto, los campesinos de los Andes son y siguen siendo
pobres entre los pobres.

Los Andes en la inseguridad y la violencia


Los campesinos andinos no están fuera de la historia. Ahora bien, la historia andina es una
historia de conflictos, de violencias, de masacres, en los que los campesinos eran lo que estaba en
juego a la vez que víctimas. Son conocidas las destrucciones operadas por la Conquista, antes de la
reestructuración realizada por el orden colonial; quienes sufrieron su choque fueron los campesinos,
que constituían el 95 % de la población andina. La [[29]] historia colonial, sobre todo en la segunda
mitad del siglo XVIII, tiene como hitos sucesivas sublevaciones populares y rebeliones, con las
consecuentes represiones. Se presenta a veces el siglo XIX como el "siglo negro" de los Andes, en que
la gran propiedad se afirmó en perjuicio de comunidades huérfanas de derechos reconocidos y en
posición débil ante el capitalismo que se instala con las minas y las grandes haciendas de ganadería
lanera. Al lado de rebeliones conocidas y repertoriadas, está la violencia sufrida día a día por el
campesino frente al gamonal y sus aliados locales, ya sean juez o policía. Grandes novelas, al menos
tanto como los trabajos de análisis sociológico, dan testimonio de tal estado de cosas, de Ciro Alegría
a Manuel Scorza, pasando por José María Arguedas. Esa atmósfera de tensiones, aún encubiertas, es
por doquiera muy real. Y es en tal contexto que se desarrollaron, en los años 80, las acciones de
Sendero Luminoso, luego de una gestación a lo largo del decenio anterior. No es por casualidad que el
espacio de tal gestación haya sido el de los campos ayacuchanos, tierras olvidadas por Lima, con un
campesinado desestructurado por el éxodo rural de la pobreza, donde se ejercía el poder gamonal, y
donde se oponían comunidades de pastoreo de las "punas" y campesinado de las aldeas de los valles,
al margen del mercado.
Este libro no tiene como objeto analizar la violencia, la inseguridad e inestabilidad en los
Andes sin embargo, las situaciones que se describen en los capítulos que siguen no son entendibles si
no se tiene presente que a los riesgos climáticos y a las estrategias desplegadas para enfrentarlos, se
añaden y mezclan las estrategias para hacer frente a la violencia física, a la inseguridad en los bienes -
con los robos institucionalizados de ganado, el abigeato -, a la inestabilidad que resulta de inflaciones
galopantes de que son víctimas los países andinos en la hora presente.
Era imperativo, sin duda, efectuar este rápido recuento de algunas realidades al inicio de una
obra consagrada a las técnicas campesinas.
19

[[31]] Presentación
Pierre MORLON

Un agrónomo que trabaja en una región como los Andes del Perú y de Bolivia tarde o
temprano querrá "saber dónde pone los pies," y comprender mejor la agricultura y a los campesinos
andinos, ya que, al venir de otro país, se siente sorprendido ante el contraste entre el estado presente de
la agricultura y las huellas dejadas en el paisaje por lo que fue en otros tiempos; o bien porque nacido
en la región y convencido de que la conoce, se siente desconcertado cuando las cosas no suceden
como lo había previsto, o por otras tantas razones...
Si trata de enterarse de lo que otros han hecho o escrito antes que él 4 , descubre la existencia
de muy numerosos trabajos: artículos, libros, memorias, informes, tesis, relaciones de viaje. Pero esta
literatura, tan abundante, es dispersa, poco accesible 5 , y a veces escrita en jerga de especialistas.
Heterogénea, sobre todo, y muy desigual en su calidad: las discusiones científicas más sólidamente
argumentadas se codean con juicios simplistas y perentorios, interpretaciones ideológicas o
afirmaciones fantasiosas.
En este libro, destinado en prioridad a los que tienen en sus manos las decisiones (de los
responsables políticos a los agentes de programas de vulgarización) - pero ¿por qué no esperar que
también pueda ser útil tanto para el turista que atraviesa estas regiones como para el investigador o el
universitario? - me he esforzado en hacer las cosas claras, y en hacer accesibles y utilizables los
conocimientos actuales. No se trataba, pues, de acumular el mayor número posible de ellos, sino de
organizarlos para darles sentido en una visión de conjunto coherente, de mostrar las relaciones entre
los elementos de comprensión esenciales.

El plan y los pasos para realizarlo


¿Cómo hacer un libro semejante?
¿Comenzar por una descripción del medio natural, seguida por la historia, el contexto socio-
económico...? Pero una monografía construida de este modo, ¿no sería tediosa? O bien, ¿ofrecer una
exposición cuyo orden siga el de los descubrimientos? Ello no carecía de interés, pero me habría
arrastrado, inevitablemente, demasiado lejos.
[[32]] He partido de la idea, cara a etnólogos como Marcel Mauss y André-Georges Haudricourt, de
que "el estudio de cualquier objeto de una civilización permite reconstruirla"6.
Podía escoger cualquier objeto, por ejemplo la llama, o la hoja de coca, a la vez tan bien y tan
mal conocida (ver el libro publicado por el Instituto Indigenista Interamericano, "La coca andina -
Visión andina de una planta satanizada").
Porque mi especialidad me empujaba en tal sentido, y por el valor simbólico que asume en la
región, escogí como punto de partida una herramienta de trabajo, una especie de pala: la
"chaquitaclla".
Es un objeto que no puede ser entendido aisladamente, en sí mismo. Las respuestas a
preguntas tales como "¿por qué los campesinos utilizan todavía de este instrumento, y para qué
sirve?," (capítulo 1), remiten a todos los demás temas que a continuación se tratan (fig. 11).

4
Incluso en las zonas más alejadas, no se es nunca el "primer" visitante exterior, y con un poco de perseverancia
- y de suerte - se acaba siempre por encontrar una monografía, la relación de un viaje, un informe...
5
Consecuencias de la muy poca difusión de trabajos entre los más interesantes: numerosos plagios, y sobre todo
una enorme pérdida de tiempo y de recursos en redescubrir lo que otros han estudiado ya o experimentado.
6
A. G. Haudricourt y P. Dibie, Les pieds sur terre, Paris, p. 157.
20

Para comenzar, es una herramienta que se halla estrechamente asociada a un tipo particular de
rotación de cultivos a elevada altura (capítulo 2). ¿Cuál es el porvenir de la herramienta y de la
rotación? Ello dependerá ampliamente de la evolución de las modalidades de explotación simultánea,
por una misma sociedad, de varios pisos ecológicos a diferentes alturas- lo que se llama "verticalidad
andina" (capítulo 3). Pisos que pueden ser acondicionados especialmente para una producción
particular (capítulo 4).
Así como la "verticalidad" permite dispersar los riesgos, el acondicionamiento del medio
permite reducirlos: todo ello para producir más, y de manera más segura. Pero, ¿disponemos de un
conocimiento cuantitativo preciso y confiable de las producciones así obtenidas (capítulo 5) ? La
producción de cada campo, y la sucesión de técnicas que conducen a tal fin, son explicadas por las
restricciones que resultan en parte de las opciones que elige cada familia campesina para alimentarse y
conseguir sus ingresos (capítulo 6).
Los comportamientos económicos de los campesinos andinos han sido objeto de
interpretaciones y juicios muy diferentes según las teorías a que se ha recurrido: el capítulo 7 compara
y evalúa esas diferentes teorías, y las políticas a que dan lugar.

Opciones y límites
He tratado de mantenerme, sin lograr sin duda evitarlos por completo, a igual distancia de dos
escollos:
El primero consiste en importar y aplicar esquemas preconcebidos que impiden comprender
una realidad, deformada o reducida a uno solo de sus aspectos, dejando de lado las observaciones que
no los apoyan.
El escollo opuesto es exagerar la especificidad andina. Una de sus consecuencias, lógica a
pesar de no deseada, es el riesgo de considerar a los campesinos andinos como seres aparte, diferentes
de los demás hombres, cuyo comportamiento no tendría otras explicaciones que las culturales (la
"tradición"), y no las racionales.
Por todo ello he optado por hacer que se sucedan dos conjuntos de textos:
- los capítulos 1 a 6 son una descripción y una tentativa de explicación "andinas", con un
mínimo de referencias a otras regiones del mundo. He suprimido allí, tanto como fue posible,
los vocabularios o la jerga de los especialistas (pero no los términos locales, para los cuales
ofrezco al lector un glosario al final del libro). ¡Sería absurdo, sin embargo, pensar que no
utilizamos conocimientos y aparatos conceptuales forjados en otras áreas, o válidos en otras
regiones!
[[33]] - en el séptimo y último capítulo, esas mismas observaciones e interpretaciones son
resituadas y aclaradas por las teorías existentes. Muchas cosas que llamamos "andinas" remiten
de hecho a una racionalidad universal (simplemente, los muy fuertes contrastes naturales y
sociales en los Andes tornan allí más "evidentes" fenómenos que existen en otras partes, pero
que se conoce menos o no se quiere ver...) ya que, tratándose del hombre, se descubre lo
universal en el corazón de lo particular. Yo no habría perseverado hasta el fin de este trabajo si
no hubiera estado convencido de que, de una manera o de otra, su realización puede ser útil
tanto en otras áreas como en los Andes.
La segunda opción que he tomado, igualmente por razones de legibilidad, ha sido de no
ofrecer más que el conjunto de interpretaciones que me parece actualmente más adecuado para
comprender la agricultura andina: no sin dejar ampliamente abiertas [[34]] numerosas preguntas e
hipótesis, he reproducido poco las refutaciones de otras interpretaciones, que los lectores interesados
podrán encontrar en las publicaciones originales de las que he tomado el material que me ha servido.
La tercera opción que he asumido constituye fue mi método de trabajo. La construcción de este
libro puede ser comparada a la de un vitral: a medida que mi proyecto avanzaba, escogí los pedazos de
vidrio coloreados que me convenían entre todos los fabricados por numerosos maestros vidrieros. Para
21

dar a cada parte el exacto resplandor luminoso deseado, he "recortado" y a menudo superpuesto esos
trozos de vidrio: he recurrido, en cada sector, a los que han producido ideas y conocimientos, o a
quienes los han aplicado en el terreno. La unidad y coherencia del libro han exigido que reestructure el
aporte de cada cual y lo refunda con los de otros autores. No es una práctica corriente en los medios
científicos, y agradezco muchísimo a todos aquéllos que, cualquiera que sea su notoriedad, la
aceptaron. En fin, uní esas secciones de vidrio por medio del plomo, obscuro en sí mismo, pero que al
fijar a cada uno un sitio bien preciso, hace que la mirada converja hacia tal punto, después hacia otro,
sin dejar de verlos a todos. Desde luego que al elegir o disponer de diferente manera los pedazos de
vidrio, se puede construir otros vitrales, otras imágenes de la agricultura andina.
La única excepción a la reestructuración de los textos es el conjunto de citas de autores que no
han participado en este libro (me he limitado a subrayar ciertos pasajes). A pesar del elevado número
de referencias bibliográficas, no he deseado hacer de este volumen una revista exhaustiva.
Puede causar sorpresa la abundancia de citas, especialmente de textos antiguos. Habría sido
irrisorio que firmásemos descripciones o explicaciones hechas ya por otros mucho antes que nosotros,
y para las cuales me he esforzado, en cada caso, de encontrar el "primer autor." No es algo gratuito:
una de las tesis, subyacente al conjunto del libro, es que muchas cosas que creemos descubrir en
nuestros días habían sido escritas hace ya cincuenta... o cuatrocientos años, pero no habían atraído por
entonces la atención, o habían quedado ocultas por las ideas dominantes en la época.7
A nivel más profundo, hay otra convicción no siempre evidente para los agrónomos y otros
técnicos, y es la siguiente: cualesquiera que sean los hondos cambios acaecidos desde hace algunos
decenios, es totalmente imposible comprender la agricultura actual sin un buen conocimiento de su
historia. Habrá sin duda quienes consideren abusivas las comparaciones efectuadas a varios siglos de
distancia: permítaseme evocar aquí mi experiencia personal. Trabajaba yo desde hacía más o menos
un año con los campesinos quechuas de Andahuaylas, cuando la lectura del libro "La visión de los
vencidos," en que Nathan Wachtel expone los efectos inmediatos de la conquista española en el siglo
XVI, me hizo comprender mucho mejor a los campesinos de hoy, muchas de cuyas reacciones y
formas de comportamiento me habían parecido hasta entonces desconcertantes. Sin la interpretación
que John Murra ha propuesto de las "visitas" hechas alrededor de 1560, probablemente
consideraríamos ciertas características esenciales de los sistemas de producción actuales como hechos
"parásitos" incómodos o sin importancia.
Ciertos aspectos no tienen en este libro la importancia que podría esperarse: no me he
arriesgado mayormente por el delicado e inestable terreno de las conflictivas relaciones, a menudo
violentas, entre los campesinos "indios" y las grandes propiedades que los han [[35]] despojado de sus
tierras.8 Por lo demás, la insuficiencia de la literatura a mi disposición explica el reducido lugar de la
ganadería (sin embargo invocada por doquiera en sus relaciones con la agricultura), factor esencial en
la utilización del espacio y en las relaciones sociales, incluidos los conflictos: las recopilaciones o
ensayos de síntesis publicados hasta hoy por Jorge Flores Ochoa 9 han puesto en evidencia que si
algunos antropólogos han descrito prácticas de crianza de ganado, apenas si comienza a abordarse el
análisis técnico de los sistemas de ganadería de las diferentes categorías de productores (cf. el reciente
libro del Proyecto Alpacas: "Crianza de Llamas y Alpacas en los Andes").
Coloqué en anexos algunas reflexiones o pistas de investigación que no entraban con facilidad
en el hilo de la exposición, pero que estimo tan importantes como el texto principal.

7
Tristan Platt escribe que el aporte de Murra "fue la percepción de algo que había sido conocido siempre en
profundidad, pero precisamente a causa del "europeantismo" dominante entre los campesinos andinos, había
permanecido enterrado..."
8
La literatura novelesca (pienso en particular en Ciro Alegría, José María Arguedas, Manuel Scorza) da al
respecto una idea tan exacta y mucho más viviente que los estudios "científicos."
9
El No. 8 de la revista Allpanchis ("Nuestra Tierra"), publicada en el Cuzco, y los dos libros "Pastores de puna"
(IEP, Lima, 1977) y "Pastoreo y pastizales de los Andes del Sur del Perú" (INIPA, Lima, 1984, en colaboración
con Mario Tapia).
22

Por razones de plazos y de volumen total, un capítulo metodológico, previsto inicialmente, no


ha sido redactado. No obstante, he incluido, en particular en los capítulos 5 y 6, observaciones o textos
que ilustran las dificultades metodológicas encontradas, y los errores a que conducen trabajos
realizados sin precauciones.
A lo largo de este libro presentamos ejemplos de mejoras o de innovaciones adoptadas por los
campesinos. Nuestra concepción excluía, sin embargo, que propusiéramos recetas preconcebidas. No
vamos a aumentar el flujo de aquéllos para quienes "sólo hay que," ni el reflujo de los que declaran
imposible lo que no han sido capaces de llevar a cabo. El lector encontrará propuestas más concretas
en el libro de Mario TAPIA, preparado paralelamente a éste: "Zonificación agroecológica y
ecodesarrollo en la Sierra del Perú".
Me ha sido más fácil utilizar los resultados de trabajos franceses cuando existen. Ello no debe
inducir a creer que son los únicos, ni los más importantes. Quiero subrayar aquí que este libro debe
indirectamente mucho a los numerosos y notables estudios peruanos, y, en particular, en agronomía y
estudio de los sistemas de producción, a los de los equipos reunidos en torno a Mario Tapia, Oscar
Blanco, Julio Valladolid y José Luis Lescano.

Agradecimientos
Me es imposible, sin riesgo de olvido, enumerar aquí a todos aquéllos cuyas críticas y
sugerencias permitieron mejorar los diferentes capítulos. Además de todos los co-autores de este libro,
quisiera mencionar a Michel Eresue, Pierre Gondard, Annette Salis, Nadine Sebill, François Sigaut.
Edgardo Rivera Martínez tradujo al castellano el original francés, y Anne-Marie Brougère hizo
la edición de obra tan gruesa y compleja.
En fin, "last but not least", numerosos campesinos, individualmente o en comunidad, han
soportando durante años nuestras indiscretas preguntas y nuestras acciones, a menudo inconvenientes:
dedico a todos ellos esta "Defensa e ilustración de la agricultura andina."

Pierre MORLON
Setiembre de 1989.
23

[[37]] PRIMERA PARTE


"OBERTURA"

Capítulo 1 [[38]]

Una herramienta, un simbolo, un debate: la chaquitaclla


y su persistencia en la agricultura andina10
Pierre MORLON, Jean BOURLIAUD, Raymon REAU, Dominique HERVÉ

[[39]] 1. La chaquitaclla, emblema de la agricultura andina


"Es tan abundante y fértil esta tierra de cualquier cosa que en ella se siembra, que de una
hanega de trigo salen ciento y cinquenta, y á veces docientas, y lo ordinario es ciento, con no
haber arados con que labrar la tierra, sino unas palas agudas con que los indios la revuelven"
(de Zárate, 1555, lib. I, cap. 8).
El estudio de esta pala aguda será el punto de partida que nos permitirá "reconstruir" la
agricultura andina. Hubiéramos podido elegir cualquier otro objeto. Pero éste se nos impusó : desde
unos diez o quince años, su representación, realista o estilizada, es omnipresente y está reproducida
hasta la obsesión en la mayoría de las publicaciones recientes sobre la agricultura andina, de la que
aparece como símbolo indiscutible (figs. 12 a 16).
¿Qué cosa es, pués, esta herramienta? ¿Por qué ella, siempre ella? La chaquitaclla o taclla (11)
es, pues, pintoresca, y su diseño es tan fácilmente reconocido como realizado. Pero esta explicación no
es suficiente.
La identificación de la agricultura andina con la chaquitaclla se remonta a tiempos lejanos.
Algunas decenas de años después de la conquista española, el indio Guamán Poma fue uno de los
mejores ilustradores de la civilización andina. Representándose la historia como una serie de edades
sucesivas, separadas por catástrofes, escribe:
"Desde la segunda edad de indios (...) comenzaron a trabajar hicieron chacras andenes y
sacaron acequias de agua de los ríos y lagunas y depósitos y así lo llaman patachacra
larcayacu. (...) "de como los antiguos indios (...) no tenían oficios ni artificios (...) si no
entendían romper tierra virgen y hacer andenes en las quebradas y en peñas y la tierra
comenzaron a cernir y escoger todas las piedrecitas y sacaban agua de acequia" (Guamán
Poma, [1613-1620] 1936: 54-55).
Dibuja a Adán en el "primer mundo" trabajando la tierra con la chaquitaclla, y también
trabajando con la chaquitaclla a los primeros indios de América (fig.17). Así, no concibe al hombre
sin la agricultura, ni a ésta sin dominio del medio mediante la irrigación y los andenes, y los asocia
estrechamente con la chaquitaclla. No sabemos si esta concepción le era propia o si por el contrario
estuvo expandida en su época, por lo que recurriremos a los datos de la arqueología.

10
Este título se inspira en aquél del artículo de Gade y Rios (1972).
11
En la lengua quechua, chaqui = pie. Taclla (o taqlla) designa originalmente un palo en general, luego el
mango de la herramienta; en la región de Andahuaylas, taqllay = golpear.
24

[[45]] Durante mucho tiempo, sobre la base de representaciones que se encontraban en ceramios, la
chaquitaclla fue considerada como un invento de la época incaica, por lo tanto tardía y bastante
posterior al desarrollo de la agricultura andina (Horkheimer, 1960; Lanning, 1967: 165; Gade y Ríos,
1972).
Ahora bien, excavaciones arqueológicas recientes han permitido exhumar cuchillas de piedra
que sirvieron para trabajar el suelo. Estas cuchillas han sido identificadas como siendo de
chaquitacllas, si bien no se ha demostrado la presencia del estribo en el mango. Fueron encontradas
tanto en los más antiguos restos de andenería que se conoce en la región del Cusco - Marcavalle,
fechados entre el 800 y el 900 A.C. (Barreda Murillo, com. pers.; Valencia Zegarra, 1986) - como en
los restos más antiguos de camellones en el Altiplano del Lago Titicaca, fechados entre el 650 y el 900
A.C. (Erickson, 1985): ¿se debe al azar la coincidencia entre estos dos datos?, o bien, ¿fue la
invención de la taclla la que permitió el acondicionamiento y el cultivo de estos altos valles y llanuras?
¿Sería esta herramienta, por así decirlo, el "padre" de la agricultura andina...? Estas infraestructuras
exigían, pues, labores muy importantes. Ya que no disponían de animales de tiro, la chaquitaclla era la
herramienta más eficiente de América: en las reconstrucciones de camellones precolombinos sobre el
Altiplano (fig. 18) (cf. cap. 4), cada trabajador desplazó en promedio 5 m3 de tierra por día, o sea de
dos a cuatro veces más que las mediciones o estimaciones correspondiendo al mismo trabajo con otras
herramientas tradicionales, en otras regiones (Erickson, 1982). "Con la taclla se puede cortar también
bloques de turba y extraerlos con el fin de construir con ellos cercas; un hombre puede hacer en un día
de 200 a 300 bloques y puede construir de 20 a 30 metros de cerca. También se puede cavar con este
instrumento huecos para cimientos, postes, trabajos de iirrigación y drenaje" o construir carreteras
(Gade y Ríos, 1972, 1976).

Fig. 18: Reconstrucción de antiguos camellones precolombinos. El trabajo en equipo con la chaquitaclla
permite levantar y voltear grandes terrones (Mayo; Alto Catachi, Puno, 3900 m.s.n.m.). PM.

[[46]] Pero este retorno al pasado, ¿puede ser de alguna utilidad para los campesinos ahora
que nos encontramos a fines del siglo XX? El carácter arcaico de la herramienta ha sido
subrayado muchas veces 12 :
"Como se ve, la industria agrícola ganadera de nuestros ayllus está en pañales: aún conserva
de los tiempos incaicos su rudimentarismo primitivo. (...) Como herencia legendaria de sus

(12) Y esto por personalidades tan poco sospechosas de despreciar el mundo indio o las técnicas tradicionales
como: Hildebrando Castro Pozo, abogado peruano defensor de los indios durante el periodo " indigenista" de los
años 20; Bernard Mishkin (norteamericano), uno de los primeros antropólogos en haber vivido largo tiempo en
una comunidad campesina andina y en haber descrito "desde dentro" las prácticas cotidianas; André Leroi-
Gourhan, etnólogo y prehistoriador francés, especialista en técnicas.
25

antepasados, quienes removieron el suelo con el 'chaqui-taclla' o arado andino, ellos


continúan usándolo tradicionalmente para roturar aquél en la misma profundidad que el
abuelo les enseñó; pues como el instrumento no ha sufrido modificación alguna y ha sido
ideado para usarse por dos obreros en la tierra cuyo declive no permite el trabajo de las
yuntas, el resultado en las condiciones dadas viene a ser el mismo.(...). Si el indio no sabe
remover sus tierras, tampoco ha aprendido a seleccionar la semilla (...) La República, que ha
debido y está obligada a introducir y hacer popular en la Sierra el arado de hierro de
revertedera, hasta el presente no ha abordado el problema" (Castro Pozo, 1924: 307).
"La agricultura quechua típica está caracterizada por el apego a una tecnología tradicional
elemental y a una división del trabajo complicada e igualmente superada. En general no
utilizan animales de tiro, [[47]] y la herramienta más complicada utilizada por los agricultores
quechua, no es más que un primitivo bastón cavador, cuya sola concesión a la modernidad es
de ser provisto con una cuchilla de hierro" (Mishkin, 1946).
"El bastón cavador es el más rústico de las herramientas aratorias. Es característica común
de grupos de recolectores o de agricultores rudimentarios. (...) Hecho singular, el Perú
incaïco no superó el bastón cavador. Hay que haber manipulado uno mismo durante algunas
horas este palo puntiagudo para saber cuánto su manejo es penoso y poco eficaz. Aunque fue
modificado por los peruanos, ya que tenía una cuchilla de algunos centímetros de ancho y una
barra lateral para apoyar el pie, queda sorprendente comparar los resultados logrados por
este pueblo, cuya economía era básicamente agrícola, con el carácter irrisorio de esta
herramienta. Este bastón peruano, sin embargo, es casi una laya" (Leroi-Gourhan, [1945]
1973: 119-120).
¿No es acaso el emblema tan obsoleto como el objeto mismo?
¿Será por apego a la tradición y a las costumbres de sus antepasados que decenas de miles de
campesinos andinos se obstinan aún en nuestros días en utilizar la taclla? Desde la conquista española
fueron introducidas otras herramientas y fuentes de energía: el tractor y el arado de discos en el siglo
XX, y antes el arado jalado por bueyes en el siglo XVI:
"Los primeros bueyes que ví arar fue en el valle del Cuzco, año de mil y quinientos y
cincuenta, uno más o menos (...); no eran más de tres yuntas; (...) llevóme a verlos un ejército
de indios que de todas partes iban a lo mismo, atónitos y asombrados de una cosa tan
monstruosa y nueva para ellos y para mí. Decían que los españoles, de haraganes, por no
trabajar, forzaban a aquellos grandes animales a que hiciesen lo que ellos habían de hacer;
(...) los gañanes que araban eran indios; los bueyes domaron fuera de la ciudad, en un cortijo,
y cuando los tuvieron diestros, los trajeron al Cuzco, y creo que los más solemnes triunfos de
la grandeza de Roma no fueron más mirados que los bueyes aquel día". (Garcilaso, 1609, libro
9, cap. 17).

Fig. 19: Barbecho en ayuda mutual (ayni) en un sector de barbecho sectorial


(Agosto; Chuccecancha, Andahuaylas, 3700 m.s.n.m.). PM.
26

Si las razones de esta persistencia aparentemente anacrónica fuesen sólamente culturales, mal
se comprendería que la chaquitaclla sea utilizada aún en el alto valle del río Cañete por jóvenes
aculturados que pasan parte del año en la muy próxima ciudad de Lima, mientras que inversamente ha
sido abandonada en provecho del arado (fig. 19) en una provincia, la de Andahuaylas, considerada
especialmente atrasada, como lo atestigua el uso metafórico de la expresión "indio de Andahuaylas"
en la literatura.
Ahora bien, juzgar a una técnica como obsoleta, se refiere necesariamente a una comparación
de eficacias (13), como lo sugiere Castro Pozo (1924) en el mismo texto:
"De la Colonia, por ejemplo, sólo ha adquirido el buey como animal de labranza y el arado
de madera, inferior al 'chaqui-taclla', que no le sirven sino para sus tierras bajas".
Esto transforma, pues, las preguntas precedentes en otras nuevas, más precisas: ¿para qué
sirve la chaquitaclla? ¿Qué trabajo o trabajos realiza y en qué condiciones? Es en los documentos
más antiguos que conocemos en donde buscaremos la respuesta.

[[48]] 1.1. Forma, manejo y función: los textos antiguos.


Los dibujos de Guamán Poma (fig. 20) nos muestran trabajos agrícolas hechos con
chaquitaclla a lo largo del año: arado (chacra iapui) en agosto; siembra de maíz (zara tarpui) en
setiembre, y de tubérculos, papa y oca (papa oca tarpui) en diciembre; cosecha de papa (papa allai)
en junio. Sabemos así que la taclla podía ser empleada en trabajos tan disímiles como el arado, la
siembra y la cosecha de tubérculos.
Pero Guamán Poma, nacido en el Perú sin jamás haber salido de él, no juzgó útil comentar sus
dibujos en el texto. Nos será, pues, preciso apelar a los de sus contemporáneos nacidos en España o
que hayan escrito allí su crónica, a fin de contar con una explicación destinada a los que no conocían
la herramienta. Es Garcilaso (1609), como a menudo sucede cuando él evoca lo que ha visto
personalmente, quien proporciona la descripción más clara, precisa y completa del empleo de la taclla
- y la que da la primera respuesta a nuestra interrogante:
"Traen por arado un palo de una braza en largo; es llano por delante y rollizo por detrás;
tiene cuatro dedos de ancho; hácenle una punta para que entre en la tierra; media vara de la
punta hacen un estribo de dos palos atados fuertemente al palo principal, donde el indio pone
el pie de salto, y con la fuerza hinca el arado hasta el estribo. Andan en cuadrillas de siete en
siete y de ocho en ocho, más y menos, como en la parentela o camarada, y, apalancando todos
juntos a una, levantan grandísimos céspedes, increíbles a quien no los ha visto. Y es
admiración ver que con tan flacos instrumentos hagan obra tan grande, y la hacen con
grandísima facilidad, sin perder el compás del canto. Las mujeres andan [[50]] contrapuestas
a los varones, para ayudar con las manos a levantar los céspedes y volcar las raíces de las
yerbas hacia arriba, para que se sequen y mueran y haya menos que escardar. Ayudan
también a cantar a sus maridos, particularmente con el retruécano hailli". (Libro V, cap. 2).
En cambio, con respecto a las tierras arenosas de la costa, "no las barbechan ni cosechan,
porque no lo han menester. Siémbranlas con estacas gruesas a compás y medida, haziendo hoyos, en
los cuales entierran las cabezas de las sardinas, con dos o tres granos de maíz dentro dellas" (Libro
V, capítulo 3).
Así, si bien pudiendo ser empleada en otros trabajos, la función o destino de la chaquitaclla
era voltear céspedes (o, si se prefiere otros términos, pastizales o praderas). Sabiendo que "el
césped es el más difícil de los medios que sirven para la agricultura" (Sigaut, 1975), hay que precisar
aún dónde y por qué se voltea el césped en los Andes. Es lo que hizo O.F. Cook en 1920, situándose
de pronto dentro del marco de la estratificación ecológica de los Andes:

(13) Es necesario definir el objetivo relativamente al cual se juzga, y el conjunto de valores de referencia que
permiten contrastar el juicio.
27

"Tres principales tipos o sistemas deben ser distinguidos en el estudio de la agricultura


altamente especializada de los Andes peruanos. En los valles bajos, por debajo de los 1500
metros de altitud, el cultivo estaba limitado probablemente al sistema más primitivo de
"milpa" (14), el mismo que aún se practica por lo general a baja altitud en América tropical
(...) Por encima de este piso, en los valles intermedios o templados de los Andes orientales,
entre los 1500 y 3300 metros, la agricultura descansaba en el sistema de andenes, que los
antiguos peruanos llevaron a un grado extremo de desarrollo, mayor aún que el de otros
pueblos (...) En los valles aún más altos, entre los 3300 y 4200 metros, el clima es más frío, la
humedad más abundante y las pendientes más suaves. Hay menor necesidad de andenes o de
irrigación, pero las gramíneas de altura y otras plantas pequeñas forman un césped denso y
fibroso, una condición similar a la de los países del norte en donde el arado es la herramienta
básica de la agricultura. Si bien los relatos antiguos muestran que las llamas eran empleadas
a gran escala como bestias de carga, los antiguos peruanos parecen no haber encontrado los
medios para emplearlos como animales de tiro o para facilitar el trabajo en los campos. El
cultivo de las praderas de altura se realizaba con el trabajo humano, facilitado por un
instrumento especial para romper el césped".
Luego de describir la chaquitaclla y el trabajo extenuante que ella exige pese a su empleo en
equipo, Cook expone tres diferencias notables con la utilización de la laya: el modo de agarrar la
herramienta, el hecho de que se desgaje el césped en lugar de cortarlo, y su volteado con la mano en
vez de levantarlo y volcarlo con la cuchilla".
A continuación describe la rotación, "estrictamente subordinada a las actividades
pastorales", observada en La Raya, a más de 4200 metros de altura: a fines de la estación de lluvias
(abril), "se han volteado en esta época sólo estrechas fajas de césped, marcando las líneas en donde
se plantarán las papas, pero la totalidad del terreno se rompe más tarde y el césped duro se
descompone en un suelo suelto y oscuro durante la larga temporada de crecimiento".
Al año siguiente, se siembra cañihua*, sin preparación adicional del suelo:
"Las adventicias y las hierbas vuelven a tomar posesión del suelo mientras que la cañihua
crece, y enseguida se deja el terreno en pastoreo durante varios años antes de una nueva
labor. Los períodos de cultivo son demasiado breves como para destruir las raíces fibrosas de
las gramíneas y otras plantas [[51]] en el suelo, de modo que sólo puede haber muy poca
erosión(15). En las zonas favorables este sistema es permanente, y nada indica desde cuándo
se le practica o cuántas veces el césped ha sido volteado."
Después de una comparación con una herramienta similar, el "caschrom", empleado al
noroeste de las Islas Británicas, Cook concluye:
"Esta herramienta bien puede simbolizar la agricultura de las tierras altas. Las praderas de
altura planteaban un problema especial que fue resuelto por la chaquitaclla".
Si hemos citado este texto de manera tan extensa, es porque ya en 1920 se había dicho en él lo
esencial sobre:
- el papel y el lugar de la chaquitaclla en la agricultura andina: romper pastos para el
cultivo de la papa en las rotaciones de altura donde un corto número de años de cultivo
se alterna con un largo período de descanso pastoreado.
- la perennidad de este papel, ya que la utilización descrita no provoca erosión significativa.
--------

(14) Agricultura itinerante con quema. Cook se refiere sin duda a la vertiente amazónica de los Andes.
(15) En la pradera, este modo de volteado no modifica la estructura de los terrones mantenidos coherentes por las
raíces. Kaerger ([1899] 1979) señala que "algunos indios cuidadosos suelen separar un poco la parte superior de
los terrones con estacas hasta que todo el bancal quede cubierto con tierra suelta, pero evitando que los terrones
se desintegren" (p. 19).
28

Por un lado, una herramienta elegida como emblema por investigadores modernos, que
resuelve un problema difícil minimizando la erosión, y cuyo resultado es sorprendente para quien no
lo haya visto; y de otro lado esta misma herramienta considerada como arcaica, obsoleta, irrisoria:
¿cómo entenderlo?
Los resultados agronómicos del trabajo con la chaquitaclla son en efecto del todo notables y
los rendimientos por hectárea que permite alcanzar lo demuestran bien (cf. capítulo 5). Pero es al
precio de un trabajo a la vez extenuante, como Cook lo ha señalado, y muy lento - la calidad
agronómica del trabajo es independiente de su productividad (medida en superficie trabajada por día);
pues un cambio técnico que ocasionará progreso a una de estas dos áreas no hará forzosamente
progresar a la otra:
"La actividad más dura y prolongada realizada por los hombres de Nuñoa [distrito ubicado a
más de 4000 metros de altura] es la labranza con la chaquitaclla que con frecuencia dura un
día entero. El consumo de oxígeno y de energía por trabajador sobrepasa el 60% de los
valores máximos (16)", y es superior al de todas las demás actividades agrícolas (fig. 21). Para
realizar eficazmente esta actividad, la cuchilla debe ser hundida totalmente en el suelo, y se
debe levantar un bloque de tierra, el más grande posible, para cavar el surco profundo
necesario para el crecimiento de las papas. La persona que emplea la chaquitaclla debe, pues,
poseer fuerza y resistencia, así como ser bastante pesada, ya que de su peso depende la
profundidad de penetración en el suelo.
Por lo general son entonces los hombres entre 19 y 40 años los que utilizan la chaquitaclla.
Rara vez hemos observado jóvenes de menos de 18 años, aun cuando se precisaba de una
persona más" (Thomas, 1972: 138-139). La labranza con la chaquitaclla no es un trabajo de
niños, de mujeres ni de ancianos.
actividad varones mujeres
Cuidar ganado
cosechar cañihua
cosechar quinua
caminar 3 km/h
matar animales
trillar quinua
Cosechar papas
trillar cañihua
Esparcir guano de corral
caminar 5 km/h
Sembrar quinua (rastrillar)
Sembrar papas con taclla
Arar en surcos con taclla
Arar todo con taclla

max. 10,6 kcal/min max. 7,5 kcal/min

Fig. 21: Consumo de energía por el organismo para diferentes trabajos


agrícolas en el distrito de Nuñoa (según Thomas, 1972).

Y son necesarios en total más de cuarenta días de trabajo por hectárea...


[[52]] Es este problema de la lentitud del trabajo, agravado por las restricciones climáticas, que los
campesinos han tenido y tienen aún que resolver. Por ello asocian varias soluciones: la velocidad del
trabajo (es decir la extensión arada por persona y por día se incrementa con el trabajo en equipo; y la
combinación de diferentes modalidades de labranza permite a la vez reducir la extensión que se tiene
que labrar, y distribuir el trabajo en diferentes épocas del año.

(16) El valor máximo fue medido haciendo un esfuerzo muy intenso: subir corriendo escaleras llevando una
pesada carga.
29

2. La labranza en la organizacion del trabajo y del espacio.


2.1. Trabajo en equipo, emulación y ayuda mutua
"La taclla difiere de la mayoría de herramientas manuales en la medida que no está concebida
para un trabajo solitario. Un equipo de trabajo compuesto por dos a cinco personas, llamado
"masa", realiza este pesado trabajo ("yapuy" en quechua, "barbecho" en español) (...). Varios
equipos pueden trabajar al mismo tiempo en diferentes lugares del campo. El más tradicional,
si bien ya no tan común, es el equipo de trabajo de cinco personas, reunidas para labrar los
terrenos comunales o bien como partes de un acuerdo recíproco (ayni* o minka*) (Gade y
Ríos, 1972).
Volvamos al texto ya citado de Garcilaso de la Vega (1609):
[[53]] "Andan en cuadrillas de siete en siete y de ocho en ocho, y, apalancando todos juntos a
una, levantan grandísimos céspedes, increíbles a quien no los ha visto. Y es admiración ver
que con tan flacos instrumentos hagan obra tan grande, y la hacen con grandísima facilidad".
En los dos dibujos de labranza de Guamán Poma (fig. 20, a y b), se representa a cuatro
hombres trabajando juntos, frente a tres o cuatro mujeres. Brunschwig, en nuestros días, informa sobre
la existencia aún de equipo de trabajo semejantes en Laraos, en el valle del río Cañete:
"un grupo de 3 a 6 hombres, provistos de chaqui taqllas y dispuestos en semicírculo, cortan y
levantan un terrón de gran tamaño. Frenta los hombres, una o dos mujeres cogen, con la
mano o con ayuda de un racuacho, este terrón mientras se encuentra en el aire, lo voltean y lo
rompen en 2 o 3 pedazos, dejándolo caer. Aquello necesita una buena sincronización, pues la
elevación del terrón y su vuelta se realizan en un mismo movimiento". (1986; una foto, de
A.M. Brougère, se encuentra en la misma publicación, p. 98).
Corrientemente se admite que la productividad del trabajo varía en el mismo sentido que el
tamaño de los equipos. Esta relación que, según sepamos, no ha sido medida para la labranza con la
chaquitaclla en los Andes, es atestiguada para formas de labranza muy comparables en Europa:
"El interés de estas técnicas es (...) que ellas aprovechan para destruir el césped su misma
estructura y propiedades. De allí una economía de trabajo considerable. Es en la técnica de
"lazy-beds" 17 y en la de labranza colectiva que se observa mejor esta economía de trabajo (...)
Los "lazy-beds" son una forma de labranza. La labranza colectiva no es más que una de sus
modalidades de ejecución, aunque importante. En este método, varios trabajadores juntos se
ponen a desprender y levantar un mismo bloque de césped; la estructura fibrosa de éste les
permite apartarse en cierta medida unos de otros, es decir hacer un corte más ancho que la
suma del ancho de la hoja de sus herramientas, tomados individualmente. De manera que
varios trabajadores que aran colectivamente van más rapido que si trabajaran cada uno de
forma individual (...). La labranza colectiva también ha sido practicada en el centro de
Francia en el siglo XIX, y esto es lo que decía de ella Baudet-Lafarge en 1860:
"La costumbre de labrar la tierra con layas, reuniendo los esfuerzos de tres o cuatro hombres
sobre el mismo bloque de tierra de gran volumen, ha contribuido bastante, en los últimos
tiempos, a extender el empleo de la laya. Una labranza ejecutada de este modo cuesta apenas
la tercera parte de la que se hace según la manera ordinaria. También se ha terminado por
aplicarla a todos los suelos que tienen la consistencia que ella exige para hacerse posible"
(...)" (Sigaut, 1975).

(17) Forma de labranza del pastizal practicada antiguamente al noroeste de las Islas Británicas. "Consiste en
destruir un pasto volteando una mitad sobre otra, para hacer pudrirlo todo", "no se labra más que la mitad del
terreno: los terrones de césped cortados con la laya son volteados de lado sobre el suelo intacto (...) Se obtiene
así camellones paralelos, separados por surcos cuya profundidad aparente [desde la cumbre de los camellones] es
doble de la profundidad real de la labranza" (Sigaut, 1975: 75 y 236).
30

Si, manejada individualmente, "la chaquitaclla no está hecha para levantar, sacudir y arrojar
el terrón a un lado" (Gade y Ríos, 1972), ella lo permite cuando en trabajo colectivo el ritmo de los
labriegos es sostenido y su sincronización perfecta (Peña, 1975): en este caso la mujer aprovecha el
vuelco del terrón, para colocarlo en la posición deseada.
Y, sin embargo, "más comúnmente en nuestros días, la labranza para construir camellones de
papas (...) la realiza un equipo más pequeño de dos aradores y un ayudante (fig. 22), o incluso de un
solo arador y un ayudante: este último caso refleja la importancia creciente de la unidad familiar
nuclear, y el ocaso concomitante de las parcelas trabajadas comunalmente, aun cuando se mantenga la
propiedad comunal de la tierra" (Gade y Ríos,1972).

Fig. 22: Barbecho con chaquitaclla, en equipo (masa) de 2 labradores


y un ayudante (Marzo; Cala-Cala, Puno, 4000 m.s.n.m.). PM.
[[54]] La rapidez del trabajo aumenta por la emulación, o la competición, cuando varios equipos
trabajan al mismo tiempo:
"es una costumbre en los indios animarse mutuamente trabajando en común; y tantos
trabajadores como sea posible reunir hacen la misma cosa al mismo tiempo. El entusiasmo
que se obtiene de este trabajo en conjunto alivia la monotonía de este duro esfuerzo a gran
altura" (Bingham, 1916).
La reunión de varios equipos para realizar el mismo trabajo al mismo tiempo se consigue
gracias a la ayuda recíproca, llamada "ayni" (cf. fig. 19), mencionada por Garcilaso en el mismo
capítulo -"Labradas las tierras de los pobres, labraba cada uno las suyas, ayudándose unos a otros,
como dicen, a tornapeón". He aquí un ejemplo de su actual organización práctica en la región del
Cuzco:
"El propietario o chacrachicuy avisa a sus colaboradores en las primeras horas del amanecer
la fecha del trabajo. (...) La labor de barbecho se empieza temprano en comparación con
otras actividades agrícolas, generalmente a las ocho de la mañana, formando grupos de tres
personas llamados masa [[55]] (...) Las masas están organizadas por un qollana o capitán,
cuya función es distribuir el área del trabajo equitativamente de acuerdo a la edad y
contextura física de los componentes de la masa e impone el ritmo de trabajo. El "capitán" es
generalmente pariente del dueño de la chacra (yerno o hermano). Además existe el qayawa o
31

segundo, quien verifica la perfección del trabajo, sobre todo el grado de remoción del suelo.
(...) luego viene el descanso grande al mediodía, donde el dueño del terreno ofrece almuerzo
(...), todo mezclado se coloca al centro de la rueda formada por los trabajadores, de donde
todos comen a discreción (...) .Los trabajos de barbecho de cada propietario se realizan en un
solo día, pasando de una parcela a otra si tiene varias parcelas" (Tapia,1986).
El ayni reduce poco el tiempo total de labranza ya que, por el principio de reciprocidad, el
propietario del campo devuelve a sus colaboradores el mismo tiempo de trabajo que cada uno de ellos
le ha proporcionado, día por día. Su papel es, empero, fundamental en la organización del trabajo. Para
aprovechar al máximo las primeras lluvias que a menudo caen sólo en determinados lugares y son
seguidas de períodos secos, la preparación del suelo y la siembra deben realizarse muy rápidamente,
en una sola jornada, antes de que el suelo se vuelva a poner seco y duro. Ocurre lo mismo después de
una irrigación. El ayni permite entonces reunir un número suficiente de trabajadores en las parcelas
consideradas. Es, pues, una de las condiciones de la realización en las mejores fechas posibles de las
diferentes modalidades de labranza empleadas por los campesinos luego del descanso.

2.2. Estrategias de labranza (fig. 23a)


2.2.1. Las restricciones climáticas
En los Andes del Perú y Bolivia, el clima está marcado por la alternancia entre una breve
estación de lluvias y una larga estación seca. El fin de las lluvias, en abril o mayo, está seguido por el
agotamiento de la humedad en el suelo, que se vuelve demasiado duro como para ser trabajado; la falta
de agua supone el fin del crecimiento de las plantas, y luego su muerte, provocada de todas maneras
por las heladas nocturnas que, a gran altura, se producen desde que la cobertura de nubes desaparece
(cf. capítulo 4.3).
Es preciso, pues, que todos los cultivos hayan llegado a su madurez al fin de la estación
de lluvias; y para ello deberán haber sido sembrados - y por tanto arados - con suficiente
anticipación:
"El trabajo es romper tierras vírgenes, que ellos llaman chacmay mita; pasando este tiempo,
no se puede romper tierra y para arar la sementera que ellos llaman yapuy-pacha, sembrar
tarpuypacha - chacmaypacha y no sembrando en aquel mes y día señalado, si pasa un punto,
ya se pierde la sementera" (Guamán Poma, [1613-1620] 1936: 860)

El imperativo climático (razonamiento por anticipación)


Periodo en Periodo en
el cual los el cual los
cultivos cultivos
deben deben ser
haber sido maduros
sembrados

Riesgo
de heladas

Duración del ciclo


? vegetativo
Lluvias

m j j a s o n d e f m a m j j

Fig. 23 a: Restricciones climáticas.


32

En altura, todas las siembras deben realizarse entre el momento en que llegan las primeras
lluvias, de setiembre a diciembre dependiendo del año y de la región, y aquel en que ya es demasiado
tarde para sembrar, que se sitúa entre octubre y diciembre, según la altura y el tipo de cultivo: ¡un
margen bien estrecho! (cf. Thomas, 1972: 114). En estas condiciones, el hecho de que una familia, con
su propia mano de obra, tenga necesidad de casi un mes de trabajo por cada hectárea labrada, aparece
como realmente crítico...
La solución más evidente a este problema es adelantar la labranza a la estación seca, irrigando
el suelo para que sea menos duro. Es sin duda el papel principal del riego, puesto que después
"normalmente" las lluvias son suficientes para asegurar la alimentación hídrica de los cultivos:
[[57]] "En este mes de julio (...) es tiempo de llevarse mucho estiércol a las chacras y
sementeras y limpiar las acequias y pozos lagunas de las aguas para comenzar a regarse las
sementeras para michica sara mais temprano y para papas chaucha papa maway papa - y
zapallos tempranos" (Guamán Poma, [1613-1620] 1936 : 1149).
"...si era tierra de acequias, que en toda la mayor parte de este reino las había y las usaban;
aunque fuese en la sierra donde llueve, usaban de ellas para (...) arar las tierras y sembrar,
y después quedaba a las lluvias. Esto era en la sierra". (Pedro Pizarro, 1571, f. 57 v).
"El riego no es indispensable para que los sembríos se desarrollen. En estos valles, muchas
veces el agua sólo se usa para ablandar la tierra, no así para humedecer las plantas. (...) el
riego sólo se utiliza para facilitar inicialmente el laboreo de la tierra, y no para regar las
plantas". (Kaerger,1979/1899 : 22 y 27; cf.igualmente Salis,1987: 18).
Pero es exactamente en el momento en que es más necesaria para la labranza y la siembra, que
el agua de regadío es menos abundante y la más disputada: muy pocos son los lugares en que todos los
campesinos disponen de ella para todas sus parcelas. Ha sido preciso, pues, inventar otras soluciones
que descansen en la combinación entre modalidades de labranza realizadas en períodos
diferentes, y en la reducción del número de labranzas en la rotación de cultivos.

2.2.2. Fechas y modalidades de labranza (18) (19) (fig. 23b)


"En este mes de febrero han de romper tierra virgen para mays o trigo o papas que ellos le
llaman chacmayquilla (...) es la gran fuerza del agua del cielo que traspasa la tierra y así se
dice chacmayquilla (...) en este mes tengan gran cuenta de que se rompa tierra virgen para
sembrar mais o trigo papas (...) porque la tierra está blanda (...) " (Guamán Poma [1613]
1936 : 1134).
Febrero: ¡se está en lo más fuerte de la estación de lluvias, y en pleno período de crecimiento
de los cultivos! A falta de irrigación, una solución para sortear las restricciones climáticas consiste en
adelantar la labranza a la mitad o al fin de la estación de lluvias precedente - lo que, por supuesto,
sólo es posible en terrenos no cultivados: si el descanso pastoreado hace difícil la labranza, permite
también su anticipación. Ello hace posible que al tiempo de la plantación se haga solamente un trabajo
superficial del suelo.
Por el contrario, otra solución es postergar la labranza hasta un momento en que haya menos
trabajo o el suelo esté húmedo en profundidad. Como la siembra misma no puede ser demorada, se
planta primero las papas en el césped, y luego se voltea la tierra cuando las plantas han brotado de la
tierra.

(18) Para esta sección, hemos completado nuestras propias observaciones (Bourliaud et al., 1986 y 1988) por las
de Cook, 1920; Mishkin, 1946; Gade y Ríos, 1972; Peña, 1975; Lescano, 1979; Horton et al., 1980; Greslou,
1980; Mayer, 1981; Lescano et al, 1982; Hatch et al., 1983; MINKA, 1983; Julian, 1983; Boletin de Cultivos
andinos, 1984; Ramos, 1984; Cáceda y Rossel, 1985; Tapia, 1986; Rengifo, 1987; Rivero, 1987.
(19) Este parágrafo, como el siguiente, es una adaptación de los trabajos de Bourliaud et al., 1986 y 1988.
33

los cultivos los


deben haber cultivos
sido deben ser
sembrados maduros

Con riego

d j f m a m j j a s o n d e f m a m j

Fig. 23b: Modalidades de labranza.

Las labranzas están así distribuidas en 3 ó 4 épocas diferentes :


- adelantadas al final de la época de lluvias que precede (febrero a abril),
- cuando el riego lo permite, adelantadas en temporada seca,
- realizadas inmediatamente antes o después de la siembra,
- postergadas (noviembre a enero).
[[58]] La fracción de la superficie efectivamente volteada varía también, y con ella el tiempo de
trabajo por hectárea :

a) La labranza completa (t'aya en el Cuzco, mutta o lluja en el Altiplano de Puno).

Fig. 24: Labranza completa con chaquitaclla (Agosto; Huancaya, alto Cañete, 3650 m.s.n.m.). PM.
34

La totalidad de la superficie de la parcela es trabajada (fig. 24) - lo que por cierto sólo es
posible antes de la plantación. Un grupo compuesto de dos o tres hombres, cada uno manejando una
chaquitaclla, en un solo movimiento coordinado de herramientas corta un prisma de 40 a 70
centímetros de largo, 30 a 40 cm. de ancho y 15 a 30 cm. de altura, al que luego se le da un cuarto de
vuelta, lo que confiere a la parcela así trabajada el mismo aspecto que después de una labranza con
arado de discos jalado por tractor.
El volteado completo de una parcela exige un trabajo tedioso: un grupo de dos chaquitacllas
voltea sólo entre 150 y 250 m2 por día. Además, no se puede sembrar directamente una parcela labrada
de esa manera: se necesita una preparación secundaria que consiste en romper con mazas y pulverizar
los terrones, y sacar los restos de hierba seca que después se quema. Y dos aporques son luego
necesarios.
[[60]] Desde un punto de vista agronómico, la materia orgánica (que proviene del césped volteado y
del estiércol aportado) está distribuida en la totalidad de la capa arada, la que está completamente
colonizada por un sistema radicular denso. Los tubérculos se forman en todo el volumen del camellón.
De manera general, es la labranza completa la que permite lograr los más altos rendimientos por
hectárea, en el primer año de cultivo.

b) La labranza en camellones antes de la plantación, ("wachu" en el Cuzco; "chajmay" o


"chapa" en el Altiplano).
"Tres hombres trabajan lado a lado en una línea: el del centro, "chaupi", marca el ritmo a los
otros dos (...). Dos mujeres o niños, "rapa", se agachan a ambos lados del surco para voltear
el terrón de césped, "champa", al lado de éste. (...) Cada faja de terreno así excavada, de unos
30 cm. de ancho, se alterna con un terreno más elevado, de unos 45 cm. de ancho, formado
por los terrones colocados sobre terreno sin trabajar" (Gade y Ríos, 1972) (cf. fig. 22).
La proporción de la superficie de la parcela labrada varía entre 1/3 y 2/3 (fig. 25), lo que
reduce en proporción el tiempo de trabajo. La labranza en camellones es más rápida que una
labranza completa: un grupo de tres personas ara una parcela de 500 a 1000 m2 en una jornada de
trabajo. Esta no sólo permite ganar tiempo al momento de la labranza y de la siembra, sino que limita
también las operaciones de trabajo del suelo posteriores a un solo aporque. Los camellones se
destruyen en la cosecha de papas y, si el cultivo siguiente es de nuevo un tubérculo, los nuevos
camellones se hacen en el lugar de los surcos y así recíprocamente.

3
1 2 1
2
1

6 5
Resultado 4 3
final :
2 1

Fig. 25: Labranza en camellones antes de la siembra (volteando la tercera parte de la superficie).

Es la más profusamente descrita, en parte porque es con ella que el terreno es ocupado el más
temprano y el más largo tiempo por las redes y encrucijadas de camellones (figs. 26, 27, 28),
destinados principalmente a evacuar el exceso de agua, limitando la erosión y, por el contrario, en los
años secos, a retener el agua de la escasas lluvias.
35

Fig. 26: Parcela de Gregorio (familia III, cap. 6.1.) Fig. 27: Riego de un campo labrado con
labrada con chaquitaclla de manera a controlar el chaquitaclla. En el fondo, ladera con antiguos
escurrimiento del agua (Julio; Huancho, Puno, andenes y límites parcelarios en "faja vertical"
3850 m.s.n.m.). PM. (Chujucuyo, Puno, 3820 m.s.n.m.). Foto Serge
Verliat.

Fig 28: Chacras labradas con chaquitaclla en la pampa. Las laderas, con antiguos andenes,
están erosionadas (Chujucuyo, Puno, 3815/4000 m.s.n.m.). Foto Serge Verliat.

Tomaremos la explicación de Lescano (1979):


[[62]] "...Posteriormente se reúnen los más viejos y conocedores agrícolas juntamente con el
Ccollana (...) para decidir la forma de realizar esta labor fundamental para una buena
producción. 'Imaynatata chajmasunchis', es decir '¿cómo vamos a barbechar?' (...) decisión
36

que se hace en función a los 'pronósticos del clima a largo plazo' (20). Para los años lluviosos
se realiza la 'Chaapa', es decir que se realizan los surcos en línea y elevados (fig. 29); cuando
el año será seco o de poca lluvia se hace la 'Lluja', es decir sin formar surcos, al igual que un
tractor, en cuyo caso la mujer del equipo va volteando las champas a un solo lado. (...).
Cuando el barbecho es en cerro o ladera y se pronostica año seco, el surcado es oblicuo. A
esta modalidad se le llama 'Secquen'; en esta forma se retiene más la escasa agua de lluvia
para el mejor aprovechamiento. Si el pronóstico del año es lluvioso, los surcos son en el
sentido de la pendiente, y se le llama 'Checcan'. Existe una tercera modalidad de barbecho en
cerro: cuando los pronósticos no son confiables, los surcos son dobles oblicuos con un canal
en el centro y en sentido de la pendiente, de tal forma que cumple las funciones para años
secos o lluviosos. A esta modalidad se le llama 'Kinray'. Cuando el barbecho es en la pampa,
para año seco existe la modalidad llamada 'Simppa'; la misma que consiste en intercalar los
surcos a manera de atajos, de tal forma que se aproveche mejor el agua de lluvia". (Ver
también Rivero, 1987: 53-58).
[[63]] En el suelo, la materia orgánica se queda concentrada al nivel de la doble capa de césped
enterrado. Este no parece ser un obstáculo infranqueable por las raíces, y tampoco una zona de asfixia:
¿podría constituir al contrario un camino de evacuación del agua excedentaria hacia los surcos a cada
lado? Los tubérculos, que no parecen desarrollarse fuera de las zonas blandas del perfil, se forman
entre las capas de césped enterrado, y en la parte del camellón ablandada antes de la plantación.

c- La labranza en camellones después de plantación directa en el pastizal del descanso.


Cada tubérculo se coloca en el fondo de un hoyo, bajo un terrón cortado con un golpe de
chaquitaclla. Llamada "ccaja" o "q'aha" en el Altiplano de Puno, "ticpa" en el valle del Mantaro,
permite sembrar en poco tiempo extensiones importantes; la fecha de siembra depende menos de la
humedad del suelo. Es la modalidad menos erosiva, la que necesita menos abono, "ya que al no
remover la tierra (fig. 30), ésta conserva su abono natural" (sic) acumulado en cuando menos cinco
años de descanso. Finalmente, atenuaría los ataques de las larvas de insectos, retardando la labranza
que destruye numerosos depredadores.

Fig. 30: Plantación directa de las papas en el pasto después de varios años de
descanso. El barbecho se hará posteriormente, cuando las plantas hayan
brotado (Chumbivilcas, Cusco). Foto Jean Bourliaud - Raymond Reau.

(20) Los campesinos andinos clasifican en general los años en cinco categorías de acuerdo a las lluvias: ch'aki
wata = año de sequía; para wata = año pluvioso; ñawpaq tarpuy = siembra precoz; q'hepa tarpuy = siembra
tardía; allin wata = buen año. La previsión a mediano plazo del clima mismo es imposible, aun cuando existe en
el Perú abundante literatura al respecto... Lo que se puede prever en cambio son los efectos secundarios del
clima a inicios de estación, sea por la circulación del agua en el suelo y el subsuelo de una ladera (cf. Greslou y
Ney,1983), sea por un enraizamiento más o menos desarrollado de las plantas que serán entonces más o menos
sensibles a las sequías o heladas ulteriores.
37

Los tubérculos no se desarrollan sino en el hueco donde la semilla ha sido colocada, y al borde
del terrón que la cubre. Se quedan pequeños, lo que es favorable para la deshidratación en chuño*; y si
durante el primer año el rendimiento de papa así plantada es bajo, en el segundo año el rendimiento
del cultivo que la sigue es con frecuencia más elevado que en las otras modalidades.

- Una cuarta modalidad


Está descrita por Rivero (1987: 61-62) : el varón abre con su chaquitaclla estrechos surcos,
profundos de 10 a 15 cm y distantes de 80 cm, en los cuales la mujer deposita la semilla. En seguida el
varón voltea completamente el terreno entre los surcos, cubriendo parcialmente la semilla. La mujer
no participa en el volteo de los terrones, sino que los desmenuza con una maza, cubriendo totalmente
la semilla y nivelando el terreno donde los surcos ya no se pueden divisar. No hemos estudiado la
lógica ni los resultados de esta modalidad.

[[64]] 2.2.3. Rendimientos por hectárea y productividad del trabajo


Según los resultados de producción campesina medidos en la provincia de Chumbivilcas
(Cusco) en 1985, año en el cual, al decir de los campesinos, el clima fue "normal", es en las parcelas a
labranza completa que la papa da el mejor rendimiento por hectárea: hasta 50 toneladas en variedades
híbridas y 25 toneladas en variedades nativas (21). En parcelas labradas en camellones, el rendimiento
no pasa de 20 toneladas por hectárea, sin que aparezcan diferencias significativas entre variedades
"mejoradas" y nativas.
Para juzgar y comparar la eficiencia de las técnicas empleadas, nosotros los agrónomos
acostumbramos calcular la producción por unidad de superficie, que llamamos "rendimiento" del
cultivo. Pero, ¿es este "rendimiento" el que interesa a los campesinos? Cuando el factor que
perciben como el más restrictivo en la unidad de producción es el tiempo de trabajo disponible
en la época de la labranza, ¿no será la producción conseguida por día de trabajo de labranza lo
que les interesa y que guía sus decisiones? (22) (ver cap. 5).
Como la labranza completa exige mucho más tiempo que la en camellones, la jerarquía entre
modalidades se invierte cuando se la establece según la productividad física del trabajo de labranza: la
producción de papa por días de trabajo invertido en la labranza de terrenos en descanso es más elevada
en las parcelas labradas en camellones que en las de labranza completa (cuadro 1). Esto se vuelve más
cierto todavía si se considera el conjunto de los trabajos del suelo, antes de la siembra (desmenuzar los
terrones) o después (aporcar). Pero el volteado completo es, en la estrategía campesina, una inversión
para razonar a nivel de toda la rotación y no de un solo año de cultivo. Los campesinos lo expresan
bien cuando explican que la labranza completa se reserva para las tierras destinadas a numerosos años
de cultivo: es una inversión plurianual cuya rentabilidad se aprecia en la totalidad del ciclo.
La elección de la modalidad de labranza, pues, no corresponde solamente a la relación entre las
disponibilidades de trabajo y de tierra, ya que todas las superficies no son idénticas ni equivalentes.
Los problemas que se tiene que resolver (sequedad o exceso de agua, ...) así como los riesgos de
erosión y de mala cosecha difieren mucho de un lugar al otro, en función de la pendiente y, más que
todo, de la altura. Cada modalidad de labranza es el primer eslabón de una cadena de
operaciones técnicas adaptada a condiciones ambientales y a niveles de riesgo - es decir, a niveles

(21) Como veremos en el capítulo 5, los rendimientos por hectárea son extremadamente variables. Los
rendimientos más bajos pueden deberse a factores limitantes muy diversos y no permiten comparar las diferentes
modalidades de labranza entre ellas, lo que sólo es posible a partir de los rendimientos más elevados.
(22) En los Andes - como en otras partes del mundo, y hace algunos decenios en Europa - las unidades de
superficie agrícola no son constantes, sino que miden la superficie labrada en un día: masa con la
chaquitaclla, yunta o jornal con el arado, etc... En estos casos, calcular un rendimiento por "unidad de
superficie" llega de hecho a medir la productividad del trabajo.
38

de producción esperada - diferentes. Así la jerarquía de los rendimientos por unidad de superficie
corresponde a la de las capacidades de producción de las parcelas debido a sus condiciones de medio y
a la forma de cultivo más o menos intensivo: labranza completa en las parcelas más productivas,
labranza en camellones en condiciones de alto riesgo:

Cuadro 1. Tiempo de trabajo y productividad del trabajo de labranza.


Fuentes : Mishkin, 1946 ; Rostworowski, 1960 ; Gade y Ríos, 1972 ; Thomas, 1972 ; Goineau, 1973 ; Peña Bellido, 1975 ;
Lescano, 1979 ; Zambrana, 1981 ; Tapia, 1986 ; Rengifo, 1987 ; Salis, 1987 ; Kervyn et al., 1989 y observaciones personales
de los autores de este capítulo.

Productividad del trabajo de


Herramienta y tipo de Tamaño del Tiempo de trabajo roturación después del descanso de
labranza equipo de trabajo necesario la tierra, en kg de papas producidas
por día de trabajo (1er año de
cultivo) (Pullpuri y comunidades
aledañas, 1985)
Hombres Mujeres Días por Días x
equipo/ha persona/ha
1 Roturación después
del descanso de la tierra
1.1 Chaquitaclla
- Labranza completa 2a5 1a2 25 a 70 50 a 200 (2) 150 a 350
- Labranza en camellones
antes de la siembra 2 1 10 a 30 (1) 25 a 90 350 a 700
- Labranza en camellones
después de la siembra
directa en el césped 2 1 10 a 20 30 a 60 100 a 350
1.2 Arado de vertedera 1 0 0.2 a 2 0.2 a 2 Varios miles o decenas de
con tractor miles
2 Labranza para siembra de 1ó2 3a7 6 a 12
cereales - Arado de palo jalado
por bueyes
(1) La proporción del área volteada varía entre 1/3 y 2/3.
(2) Con un pico en Andahuaylas, Goineau (1973) indica « 110 días de trab ajo después del descanso de la tierra », más 55
días de desterronamiento.

- La labranza completa, adaptada a suelos poco compactos, a terrenos sin problemas de exceso
de agua y a años de precipitaciones "normales", favorece la aireación del suelo y la infiltración de
lluvias en el subsuelo. Sin embargo, en pendientes muy empinadas, deviene azarosa y peligrosa: la
tierra mullida es fácilmente llevada a la pendiente por el peso del agua que allí se acumula.
[[66]]- La labranza en camellones antes de la plantación se practica en las parcelas en donde los
riesgos (clima, erosión) son más importantes. El manejo de los cultivos es por lo general menos
intensivo. Los campesinos, en estas parcelas, plantan especialmente variedades nativas; los
tratamientos fitosanitarios son poco frecuentes.
- Si bien no hay unanimidad sobre el asunto, la labranza en camellones después de la siembra
parece ser la más apropiada para los años muy lluviosos y las zonas húmedas, tal la vertiente oriental
amazónica de los Andes. Con ella, el campesino dispone de una modalidad a la que recurre en las
condiciones de cultivo más hostiles, allí donde los riesgos son los más elevados, particularmente al
límite superior de los cultivos en la altura. Esta modalidad otorga igualmente al campesino una
capacidad de adaptación en función de las circunstancias al finalizar la época de plantación. Al
efectuar ésta antes que la labranza, el campesino, en esta época tardía, puede retrasar la decisión de
cultivar, que solamente tomará si juzga que la campaña agrícola lo permite o lo reclama. También
puede decidirse a plantar aun cuando le haya faltado antes tiempo para arar, o a cultivar más si él logra
conseguir medios de producción suplementarios (semilla, créditos...). Esta modalidad limita las
inversiones al estricto mínimo necesario.
39

Cuadro 1 : tiempo de trabajo y productividad del trabajo de labranza.


Fuentes: Mishkin, 1946; Rostworowski, 1960; Gade y Rios, 1972; Thomas, 1972; Goineau, 1973; Peña Bellido, 1975;
Lescano, 1979; Zambrana, 1981; Tapia, 1986; Rengifo, 1987; Salis, 1987; Kervyn et al., 1989 y observaciones personales de
los autores de este capítulo.

EN CAMELLONES
Tipo labranza COMPLETA antes después
de la siembra
Tiempo trabajo
Andes
Biblio

80 - 200 30 - 90 30 - 60
días x pers. / ha
25 v. locales
Rendto. MAXI t/ha 20  variedad
Pullpuri, 1985

50 híbridas
Productividad
labranza 150 - 350 350 - 700 100 - 350
kg papas / día trabajo

Pluviometria, Baja a alta muy alta


humedad terreno mediana
Adaptada a

Pendiente poca mediana mucha


Riesgos naturales:
bajos altos muy altos
clima y erosión

Altura (ejemplos) 3200-3500


Cerca viviendas 3600-3900 4000-4300

N° años cultivos rotación grande mediano pequeño

manejo intensivo intermedio extensivo

En algunas comunidades o algunos valles, los campesinos utilizan todas esas modalidades; en
otras, solamente una o dos. Para entender mejor la lógica de su uso, presentaremos el ejemplo de una
comunidad que las practica todas.

2.2.4. Manejo del territorio comunal y labranzas en Pullpuri (Cuzco) (fig. 31).
[[67]] Pullpuri, situada en una de las "provincias altas" de la región del Cuzco, zona dedicada
básicamente a la ganadería extensiva, es una comunidad de más de 300 familias. Cada campesino
explota sus parcelas, con frecuencia varias decenas, repartidas en diferentes sectores, algunos de los
cuales son sometidos a decisiones colectivas de cultivo.
Para efectuar las labranzas de implantación de los cultivos anuales, se emplean dos
instrumentos: el arado de palo y la chaquitaclla. Esta última es la única empleada para el volteado de
las tierras después de varios años de descanso.
Entre los 3250 y los 4600 metros, Pullpuri comprende cuatro zonas de producción (23) que se
diferencian por las producciones y los modos de gestión:
a) Los pastizales de altura están en principio a disposición de todos los campesinos de la
comunidad que tienen animales, cualquiera que sea su número.
b) Los "laymes". La mayor parte del territorio cultivable de Pullpuri, como de muchas otras
comunidades, está situada por encima de los 3600 m. de altura. La comunidad administra este piso
siguiendo el sistema de barbecho sectorial descrito en el capítulo 2 de este libro. Las parcelas son de
propiedad indiviudal, pero cada campesino tiene derecho de cultivar las suyas sólo al momento
definido por la comunidad para el sector (layme) en que ellas se encuentran. La papa encabeza el ciclo
de rotación después de haber labrado con la chaquitaclla. Siguen uno o dos años de cultivos

(23) Daremos una definición precisa de esta noción en el capítulo 3.


40

implantados con arado de palo (cereales, habas) o con chaquitaclla (tubérculos), y lugeo diez años de
descanso pastoreado.

1 Labranza en camellones (taclla) después de la siembra

2 Labranza en camellones (taclla) antes de la siembra


Altura 3 labranza completa (taclla)
m.s.n.m
4 « labranza » arado de palo

B.S.
papas
amargas 1
4200
B.S papas
dulces 3y4 4
3900 Campos
2 Maizal
manejados
individualment 4
e
3600

as to
m an
To o S
3250


Fig. 31: Ubicación de las zonas de producción agrícola y del uso de las
herramientas y de las modalidades de labranza (comunidad de Pullpuri, Cuzco).
La ubicación de los laymes cultivados corresponde a un año particular en la rotación de cultivos (cf. cap. 2).

En esta parte alta, las lluvias son abundantes durante la estación de lluvias. Al escoger la
labranza en camellones y al orientar éstos en el sentido de la pendiente, el agricultor favorece la
evacuación directa del agua en exceso, para evitar la asfixia de la planta cultivada. El canal formado
durante la labranza con la chaquitaclla resiste a la erosión, ya que su superficie no ha sido mullida, y
su fondo irregular reduce la velocidad de escurrimiento del agua.
La labranza en camellones después de la plantación permite prevenir mejor el riesgo de
erosión que la que se realiza antes de la plantación. En efecto, su ejecución es llevada a cabo lo más
tarde posible en la estación de lluvias y con ella el desmenuzamiento de la tierra y la concentración de
aguas de escorrentía.
c) Las parcelas llamadas localmente "rotativas", entre los 3500 y los 3800 metros de
altura. La naturaleza y la duración de las rotaciones corresponden a decisiones individuales y son,
pues, muy variables. En la práctica, la duración del período de cultivos es superior a tres años y el
descanso pastoreado es breve (menos de cinco años), incluso inexistente gracias al aporte de
fertilizantes orgánicos o minerales. La labranza de los terrenos en descanso se efectúa solamente con
la chaquitaclla, mientras que el arado se emplea para los cultivos siguientes. Pero en estas zonas, los
suelos arcillosos, las fuertes pendientes y la ausencia de irrigación limitan el empleo del arado.
En la parte baja en donde las lluvias son menos abundantes, el agricultor puede intentar, según
los años y según los momentos, evacuar el exceso de agua o favorecer su infiltración. Este objetivo se
logra mediante la labranza completa. En la medida que toda la superficie de la parcela se encuentre
volteada, es sólo al momento de la plantación cuando se determina la orientación de los camellones.
Pues en ese momento el agricultor dispone de elementos más exactos en cuanto al "pronóstico"
climático para la estación de lluvias. Puede entonces elegir con conocimiento de causa la organización
de los camellones que condicionará la circulación del agua en la parcela.
Asimismo, el número de años de cultivo permite valorizar la fuerte inversión que constituye la
labranza completa. Este no es el caso de los laymes en que el descanso vuelve a lo sumo luego de tres
años de cultivo.
41

[[68]] d) El maizal: es una zona irrigada por debajo de los 3500 m. de altura, dispuesta en terrazas
en donde se practica el monocultivo de maíz en parcelas individuales. Estas parcelas preferentemente
son trabajadas con arado de palo. El ancho de las terrazas permite que una yunta de bueyes evolucione
fácilmente. Después de la recogida de los rastrojos de maíz y del pastoreo de los animales, quedan
pocos residuos de cultivo por enterrar; entonces el rasguño del suelo con el arado basta para la
instalación del maíz en estos suelos aluviales que ofrecen poca resistencia. Finalmente, la labranza con
arado de palo es más rápida y menos penosa: dos personas con una yunta trabajan el doble de la
superficie que harían con dos chaquitacllas en el mismo tiempo.

Presentamos al inicio el uso complementario de las diferentes modalidades de labranza con la


chaquitaclla como un medio para reducir la cantidad total de trabajo en la labranza, y sobre todo para
distribuirla en diferentes épocas del año, en vez de tener que realizar un trabajo enorme en poco
tiempo cuando llegan las primeras lluvias. Ahora bien, ya que estas modalidades están adaptadas a
condiciones ecológicas y a objetivos agronómicos diferentes, su distribución en el espacio está
fuertemente condicionada por el escalonamiento altitudinal y por la topografía. Y esta distribución en
el espacio toma en cuenta otras herramientas, otras fuentes de energía.
"Aunque resulte posible trabajar con la chaquitaclla en terrenos de los pisos bajos, se prefiere
hacerlo con el arado de palo. Esta última incrementa la productividad del trabajo y en este
sentido resulta más eficiente que cualquier otro instrumento manual. Similar situación sucede
cuando se emplean tractores con sistemas de labranza adecuados. Por similar razón, en
terrenos de pendiente pronunciada y de suelos con problemas de drenaje, la labranza
ejecutada por la chaquitaclla resulta más eficiente y en ciertos casos la única posible. (...) Por
estas razones la versatilidad [de cada herramienta] tiene que complementarse con la
diversidad de herramientas." (Rengifo, 1987 : 51).

3. Chaquitaclla, arado de palo, tractor... ¿qué perspectivas


existen para el futuro?
3.1. Arado y chaquitaclla: sustitución y complementariedad 24
Antes de la conquista española, la agricultura andina no disponía de animales de tiro. Los
animales domésticos más grandes, las llamas, mucho menos pesadas y potentes que los bovinos
caballos y camélidos del Antiguo Mundo, sólo eran utilizados para el transporte. Todos los trabajos
agrícolas se realizaban manualmente, y se entiende bien las relaciones entre la productividad de la
chaquitaclla, muy superior al de las otras herramientas manuales conocidas, y el desarrollo de esta
agricultura que tanto deslumbró a los conquistadores cuando atravesaron por primera vez "toda esta
tierra muy abundante de ganado y de maíz" (Francisco de Jérez, compañero de Pizarro, 1534).
Pero, diga lo que se diga, esta agricultura precolombina alimentaba muy difícilmente a la
gente, como lo testimonia la importancia del tema del hambre antes de la cosecha, cada año y no sólo
como consecuencia de accidentes climáticos, según la descripción que Guamán Poma hace de esa
época25. Ahora bien, no había entonces ni [[69]] explotación colonial, ni acaparamiento de tierras por
las grandes propiedades; el medio natural era acondicionado y valorizado al máximo (cf. capítulo 4).
La insuficiencia regular de la producción alimentaria puede atribuirse entonces, sin riesgo de

24
Este parágrafo y el siguiente son desarrollos de « Trabajo del suelo y mecanización agrícola » (Morlon et al.,
1982, p. 42-45).
25
Cuando la población es a la vez sedentaria y densa, las agriculturas preindustriales son incapaces de
alimentarla en caso de accidente climático o fitosanitario (F. Sigaut, com. pers.). De otro lado, la totalidad de la
alimentación no provenía de la agricultura, que se completaba con la pesca, la caza y la recolección (cf. la
insistencia de Guamán Poma sobre "coger yuyos verduras")
42

equivocarse, a la baja productividad del trabajo manual, y más exactamente al "cuello de botella"
constituido por el período de labranza y siembra.
Es de esa manera como entendemos el texto de Cobo ([1653] 1956: 250-251):
"El arte de la agricultura consiste en labrar y sembrar la tierra y criar toda suerte de plantas
con observancia de tiempos, de lugares y cosas. Désta alcanzaron estos indios peruanos más
que de ninguna otra de las necesarias al hombre (...) Porque en lo esencial de la agricultura
no han tomado ni mudado nada de lo que ellos usaban más de algunos de nuestros
instrumentos, con que se les ha disminuido el trabajo que antes tenían: como el uso de arar
con bueyes, y hacer ahora con herramientas de hierro mucho de lo que solían hacer con palos
y piedras y otros instrumentos de cobre".
Y es por cierto el problema de la falta de mano de obra durante las puntas de trabajo agrícola
lo que explica su asombro frente a
"la afición con que la ejercitaban (la agricultura), que es tan extraordinaria que no hay
ninguno que no la prefiera a cualquiera otra ocupación, en tanto grado, que aun a los mismos
oficiales de nuestros oficios, como plateros, pintores y los demás, no podemos persuadirles
que no los interrumpan por acudir a sus sementeras, sino que en llegando el tiempo de
hacerlas, dan de mano a cuanto hay por acudir a su chácaras, y es cosa que admira y con que
yo he intentado desengañar a algunos, que por coger un poco de maíz con su propio trabajo,
perdan diez veces más de lo que vale su cosecha en el tiempo que, por acudir a la labranza,
interrumpen sus oficios y dejan de ganar con ellos".
De allí el ahinco para construir canales de irrigación que permiten prolongar este período
crucial de labranza y siembra.
De allí igualmente la rápida adopción del arado, aun cuando aparentemente no se hizo de por
sí, ya que treinta años después de la primera escena de labranza en el Cuzco reportada por Garcilaso,
el virrey del Perú, Francisco de Toledo, publicó una ordenanza obligando a cada comunidad de indios
a adquirir un arado y un par de bueyes para su uso colectivo, "para que con menor trabajo y ocupación
de indios y tiempo las puedan arar y beneficiar (...)" (Levillier,1925) (26). La introducción del arado
jalado por bueyes correspondía a una necesidad real. Resulta lógico que todos los campesinos que
pueden disponer de él, lo utilicen en lugar de las herramientas manuales, allí en donde sea posible, y
para todos los trabajos realizables correctamente con el arado.

[[70]] ¿Qué trabajos el arado de palo puede realizar?


"Que el extenuante sistema indígena de arado de terrenos de papa haya sobrevivido a la
conquista española resulta fácil de comprender, ya que los colonizadores españoles no tenían
nada mejor con qué remplazarlo. Las técnicas españolas de arado con bueyes son ahora de un
uso general en los valles intermedios secos del Perú, en donde el maíz y el trigo son los
principales cultivos; pero estas técnicas difícilmente se adaptan a los pastizales del piso de la

(26) Esta transferencia de tecnología no fue en sentido único. En el mismo capítulo, Cobo señala que "en suma,
ellos eran tan excelentes labradores de sus legumbres y plantas y con la larga experiencia habían alcanzado tanta
inteligencia de la agricultura, que nosotros habemos aprendido dellos todo el modo de sembrar y beneficiar sus
semillas, y mucho para el buen beneficio de las nuestras; como es la manera de guanear o estercolar los
sembrados en algunas partes, que es muy particular y diferente de como se hace en España, y otros semejantes
usos". Y en lo que concierne específicamente a las herramientas agrícolas: "para escardar los sembrados y hacer
los hoyos en que enterraban el maíz al sembrarlo, usaban de "lampas", que los mexicanos llaman coas, y es un
instrumento como azada, salvo que el hierro era de cobre, y no corvo, sino llano como pala corta de horno; y el
día de hoy usan muchos los españoles destas "lampas" hechas de hierro, en sus labranzas, particularmente para
desherbar las huertas y viñas, que en esta tierra llaman cuspar". (El término lampa ha pasado al español). La
chaquitaclla misma podría ser el origen de las "layas" del norte de España, instrumento de labranza colectiva
cuyo manejo es comparable al de la chaquitaclla, y del que no se conoce mención alguna antes del siglo XVI
(Baudin, 1927; cf. Tauzia, 1977).
43

papa a alturas más elevadas. Los arados primitivos de las comarcas mediterráneas secas
sirven solamente para romper y voltear la capa superficial del suelo, y no para cortar y
levantar una dura alfombra vegetal. Hasta parece que falta un nombre en español para
designar a esta alfombra vegetal: la palabra quechua es "champa", pero en los diccionarios
quechua-español debe ser explicitado como "césped de tierra con raíces" o "terrón de
césped"" (Cook, 1920).
Contrariamente a la chaquitaclla, el arado de palo no voltea el suelo y por tanto no puede
enterrar el césped. Introducido al momento de la conquista española para el cultivo de trigo y cebada,
no ha sufrido desde entonces adaptación técnica alguna para este tipo de labranza: disloca un triángulo
de suelo a unos quince centímetros de profundidad, como máximo. Además lo vacunos locales que lo
jalan no son lo suficientemente potentes como para abrir un denso manto de raíces. Es por eso que
cuando se vuelve a cultivar un terreno en descanso, el arado por lo general sólo se emplea después de
la destrucción del césped en el primer año de cultivo ( 27). Para los años siguientes, y también pues en
las parcelas cultivadas todos los años (siembra de maíz, trigo, cebada...), suelta y prepara la capa
superficial para la siembra. El arado se utiliza directamente después del descanso sólo cuando éste no
ha permitido la reconstitución de una vegetación con un denso manto de raíces:
- sea porque el clima es demasiado seco, como es el caso del sur del Altiplano boliviano
(Hatch et al., 1983) o en algunos valles de la vertiente occidental de los Andes - de cualquier
modo allí el suelo es a menudo más arenoso y por tanto más fácil de romper;
- sea porque está sobrepastoreado como ocurre en la provincia de Andahuaylas, en el Perú, a
causa de la muy fuerte presión sobre la tierra, acaparada por las haciendas;
- o por estas dos razones a la vez, en laderas muy erosionadas, como sucede en la región de
Potosí, en Bolivia, en la que durante siglos las familias de los mineros sobreexplotaron la
tierra sin ninguna perspectiva para el futuro.

Fig. 32: Barbecho manual con zapapico (Abril; Andahuaylas). PM.


En estas regiones, cuando el suelo es demasiado duro para que el arado lo penetre, los
campesinos lo labran con pico (Andahuaylas), o con la barramina; ¡el trabajo es aún más lento y
agotador que con la chaquitaclla, y muy diferente su resultado agronómico (fig. 32)!

(27) En Europa, la misma repartición del trabajo entre el arado de palo mediterráneo "que no hace más que
dividir la tierra y no la voltea", "que no tiene más poder que el de resquebrajar el terrón sólo volteándolo muy
poco", y el arado de vertedera, ha sido explicada por los grandes agrónomos de siglos pasados: Olivier de
Serres (1600), Duhamel du Monceau (1762), Tull (1762), Paléologue (1829), etc.
44

Podemos esquematizar así la complementariedad de estas dos herramientas:


- en el espacio (fig. 33), la chaquitaclla corresponde a las zonas de gran altura en donde
predomina la papa. A causa del clima frío y más humedo, los suelos son muy ricos en materia orgánica
que el volteado del terreno reparte sobre una gran profundidad. El arado de palo está relacionado a
alturas má bajas en donde predominan el maíz y los cereales. El clima allí es más cálido y seco, y la
débil capa de materia orgánica que protege la superficie del suelo contra la erosión no debe ser
enterrada; se procura más bien retener el agua en vez de evacuar su exceso (Rengifo,1987).
[[71] - en el tiempo, la labranza con la taclla se realiza una sola vez en la rotación, para romper
el césped del descanso, sobre un suelo compactado po el pisoteo de los animales, destruirlo
volteándolo (su descomposición fertilizará el suelo) y fabricar camellones en donde las papas puedan
crecer sin temer el exceso de agua.
Son, pues, los mismos campesinos los que eligen bien el arado, bien la taclla, para efectuar
operaciones de cultivo completamente diferentes, según el tipo de agricultura que ellos practiquen
en cada piso ecológico, y según el momento en que la parcela se halle en la rotación de cultivos
(Franco et al., 1979: 41).

- Disponer de una yunta en el momento deseado:


Los campesinos más pobres no pueden adquirir un par de bovinos; o a lo más juntan dos
animales de sexo o de edad, o sea de fuerza, diferentes, lo que reduce la rapidez y calidad del trabajo.
Los bovinos de tiro deben ser alimentados y vigilados durante todo el año, mientras que ellos sólo
trabajan durante un período muy reducido: para los campesinos que únicamente disponen de escasas
superficies, ello puede compensar o incluso superar el ahorro de tiempo de labranza.
[[72]] De todas maneras, la tracción animal es menos necesaria cuando la superficie para
trabajar es pequeña. Pero el empleo de una u otra herramienta no está vinculado geográficamente a las
superficies cultivables en manos de las familias campesinas. A la orilla noreste del Lago Titicaca
como en la región de Uncía de Bolivia, ¡hay hombres y mujeres que no vacilan en jalar a pequeños
arados, al menos para sembrar (fig. 34)!

Fig. 34: En algunas regiones del Altiplano, hombres o mujeres jalan el arado, aquí
para sembrar cebada (Noviembre; Pampuyo, Nor-Potosí, Bolivia, 3700 m.s.n.m.). PM.

- Acceder a las parcelas y maniobrar en ellas:


"La mayoría de nosotros trabajamos solamente con la yunta en todos los terrenos.
Trabajamos con el "huiri" (nombre local de la taclla) en las parcelas pequeñas donde el suelo
es duro, arcilloso, donde hay cascajo o rocas." (Gregorio, campesino del Altiplano).
45

Es la razón que más se suele dar para explicar el no empleo del arado y, por tanto, la
persistencia de la taclla: bien que el camino para acceder a la parcela sea demasiado largo o escarpado,
bien que la yunta no pueda maniobrar en pendientes muy pronunciadas, en terrenos irregulares o
rocosos, o en parcelas demasiado pequeñas (Castro Pozo,1924; Vargas,1936; Gade y Ríos,1972;
Galíndez,1979; Greslou,1980; Julian, 1983; Cáceda y Rossel, 1985; Bourliaud et al., 1986 y 1988;
Tapia, 1986)
"La yunta se utiliza para parcelas mayores de 800 m2 en suelos cuyas pendientes permitan su
manejo. La primera arada se llama kuskiy y la segunda pasada en forma cruzada o diagonal
segundeo. [[73]] Los bordes del terreno donde el arado no llega a roturar el suelo se
completan con picos o chaquitaclla" (Tapia,1986).

Fig. 35: Los campos


demasiado pequeños
para utilizar una yunta
están, lo más de las
veces, sobre andenes
(Huancaya, alto Cañete,
3900 m.s.n.m.). PM.

Con frecuencia, las parcelas que resultan demasiado pequeñas como para manejar la yunta son
andenes (fig. 35), pues, contrariamente a lo que ocurrió alrededor del mar Mediterráneo o en el
Sudeste Asiático, es para el cultivo manual que se concibieron y realizaron las andenerías
durante 2000 años en los Andes; la incompatibilidad entre estas infraestructuras y la tracción animal
ocasionó en determinados casos, según se prefiriera lo uno o lo otro:
- o la destrucción de los andenes, que cancela así siglos de creación de suelo y de lucha
contra la erosión, para obtener parcelas suficientemente grandes en donde se pueda utilizar la yunta
(Ellenberg, 1979 : 411; cf. Fonseca,1977: 92);
- o bien el trabajo exclusivamente manual en estos andenes, y esto mismo en las regiones
más abiertas a las influencias modernas.
Esta conclusión sobre la transferencia de tecnología realizada hace cuatro siglos nos permitirá
enfocar de la misma manera la mecanización, etapa posterior en el mejoramiento de la productividad
del trabajo. En las condiciones de los Andes, la introducción de una nueva técnica no hace caducas a
las que la han precedido; el progreso técnico no consiste en remplazar totalmente una
herramienta por otra, pero sí en sumarlas para ampliar el abánico de herramientas disponibles,
en la que el mismo [[74]] campesino elegirá la mejor que le convenga según sea el caso. No existe una
jerarquía, una relación de "superioridad" a "inferioridad" entre chaquitaclla, arado y tractor, sino que
cada uno de éstos se adapta más o menos a condiciones y objetivos diferentes (28).

(28) En San Juan de Uchucuanicu, en el alto valle del Chancay al norte de Lima, hacia 1930 los campesinos
utilizaban el arado para el cultivo del trigo en secano en las cumbres de los cerros. Más tarde abandonaron los
46

"En ese sentido es probable, por ejemplo, que un arado con vertedera que rotura y voltea el
suelo pueda incrementar la diversidad del stock existente, pues existen terrenos donde se
practica el sistema de roturación-inversión, y que no presentan obstáculos topográficos para su
funcionamiento. No hay pues razones técnicas para que ello no ocurra." (Rengifo, 1987 : 53).

[[75]] 3.2. ¿y el tractor...?


Se ha dicho todo sobre "el tractor" en el Perú. Todo y su contrario, partiendo de posiciones
dogmáticas a priori "pro" o "contra", o de lugares comunes, pero apoyándose en muy pocas
observaciones de campo... y de preguntas correctamente planteadas. Retomemos las tres preguntas
planteadas sobre el arado:

-¿Para qué tipo de trabajo?


"En las parcelas estudiadas, el trabajo profundo del suelo, con tractor o con chaquitaclla
estuvo asociado con rendimientos relativamente altos de papa, en relación con el trabajo
superficial, con yuntas, en parcelas descansadas. La siembra sin labranza (ticpa) estuvo
asociada con rendimientos intermedios. La labranza profunda y la labranza mínima están
entonces adaptadas a sus condiciones de medio ambiente. En cambio, la labranza con arado
tradicional parecería ser inadecuada en las condiciones en que se le utiliza en parcelas
descansadas". (Horton et al., 1980).
La labranza completa con la chaquitaclla es "casi similar a la que se realiza con máquinas"
(Peña, 1975).
Se concluirá fácilmente de estas observaciones lo que ya se sabía: a diferencia del arado de
palo, pero lo mismo que la chaquitaclla, "el tractor" es capaz de voltear completamente el suelo y es lo
suficientemente potente como para abrir el césped del descanso pastoreado. Puede, pues, remplazar a
la chaquitaclla para la labranza. Pero lo que es sorprendente en estas citas, características del modo de
enfocar el problema en la región, es que en ellas sólo se considera al tractor y no a la herramienta.
En efecto, existe confusión entre mecanización agrícola y motorización (o más bien tractorización):
- se pretende mecanizar cuando la mayoría de los tractores lo único que tienen es un arado de
discos grande, uno pequeño para rastrojar y una rastra rígida clásica; los arados con vertedera y las
herramientas con dientes flexibles o vibrantes son desconocidos, para no hablar del arado-laya cuyo
trabajo se aproxima al de la chaquitaclla, que empuja al tractor y que puede vérselas con suelos secos
y duros. Planteamos aquí el problema de la coherencia del conjunto de herramientas para el manejo de
todo el ciclo de cultivo hasta la cosecha.
- la experiencia del tractorista deja a menudo mucho que desear; los programas de
mecanización agrícola tienen como criterios de reclutamiento los conocimientos en mécánica diesel
para el mantenimiento del tractor, y muy rara vez los conocimientos agrícolas del candidato. Hemos
visto, pues, tractoristas que creían arar entre 30 y 35 cm de profundidad, cuando en realidad lo hacían
entre 7 y 15 cm. Tal vez lo que define una tecnología "tradicional" es precisamente esta experiencia
del utilizador, y entonces lo que se le puede desear al tractor es que se convierta en una herramienta
"tradicional".
Además, mientras que la chaquitaclla o el arado siempre son empleados por los productores
mismos, individualmente o en ayni (ayuda mutua), en sus propias tierras que ellos conocen y allí
donde intentan realizar el mejor trabajo posible, el tractor en cambio, es con frecuencia alquilado y
conducido a las tierras de otras personas que el tractorista no conoce y en donde su objetivo no es la

arados que algunos guardan en sus depósitos, utilizando sólo la taclla y la barramina. Dos explicaciones son
posibles: la falta de forraje para los bovinos de tiro luego de las sucesivas sequías, y el abandono del cultivo del
trigo en secano a causa de la competencia del trigo importado. Se encuentra en los Andes otros ejemplos de
"regresiones" similares (O. Dollfus y F. Greslou, com. pers.).
47

calidad del trabajo, sino el máximo de superficie trabajada por día, ya que el pago es por superficie y
no por tiempo.
Todo esto, se entiende, da numerosos argumentos a los adversarios de la mecanización. En
efecto, se podría pensar en resultados catastróficos. Pues bien, hasta el momento, y según las
observaciones que hemos realizado en el Altiplano, lo son [[76]] probablemente sólo por la erosión
eólica (29). La calidad visual de la labranza es de hecho bastante mediocre (fig. 36): labranza "sucia",
mal enterramiento de las hierbas, pero no hay ninguna razón para exigir por doquier un volteado
completo y profundo y una labranza "limpia" en donde no subsista en la superficie ninguna "mala
hierba" (éstas, de otro lado, protegen contra la erosión y sirven sobre todo de forraje para el ganado -
cf. anexo al capítulo 5).

Fig. 36: Resultado de un barbecho con arado de discos jalado por un tractor
(Mayo; Antauta, Puno, 4070 m.s.n.m.). PM.
Y sobre todo, estas críticas se dirigen a la "tractorización" tal como ha sido aplicada en general
hasta el presente, que no toma en cuenta el saber acumulado por los campesinos para el
aprovechamiento de los medios que ellos explotan. Se podría imaginar otro tipo de mecanización; ya
que las herramientas existentes, muchas de las cuales según nuestro conocimiento jamás han sido
probadas en los Andes Centrales, permiten realizar con un tractor todos los tipos de preparación del
suelo que se desee, todos los que los campesinos ejecutan con las herramientas manuales o el arado:
desde un raspado superficial del suelo hasta un volteado profundo y completo y la fabricación de
camellones.
[[77]] Los problemas más serios planteados por la mecanización son otros:
- ¿quién puede rentabilizar el uso de un tractor?
El razonamiento hecho con respecto al arado parece aplicarse con mayor razón al tractor:
muchos campesinos pobres no cuentan con los medios para adquirir uno, y las extensiones que poseen
son demasiado pequeñas como para que realmente tengan necesidad de él. Quedan por otro lado
importantes posibilidades de aumento de los rendimientos al interior de estas pequeñas
explotaciones... Y no faltan algunos que señalen que si la economía nacional no está en condiciones de
dar empleo a toda la mano de obra, no hay necesidad urgente de invertir en el equipo mecánico del
campo, lo que aumentaría la desocupación (Peña, 1975; Rea, 1978).

(29) En el Altiplano, ¡a un tractor en plena faena se le localiza a varios kilómetros de distancia gracias a la nube
de polvo, es decir de tierra transportada por el viento, que levanta! Sería muy útil una irrigación preliminar allí
donde sea posible. "El tractor" permite labrar más rápidamente cuando la humedad del suelo es adecuada,
pero no ensancha el abánico de humedades del suelo - y por tanto el período del año - en que se puede
trabajar: con relación a la chaquitaclla, sus condiciones de empleo son aun inclusive más restrictivas.
48

Pero nuestros estudios en el Altiplano (capítulo 6) han mostrado que bastaba una superficie
cultivada de 2 a 2,5 ha. para que una familia campesina no pueda efectuar en el tiempo deseado
el total de los trabajos sin recurrir a un tractor alquilado (con su chofer o "tractorista") al Ministerio
de Agricultura, a un proyecto de desarrollo, o a un gran propietario que tenga uno. Es preciso todavía
que el tractor esté disponible en el momento oportuno: los pequeños productores que no lo poseen
siempre resultarán desfavorecidos. Pero lo esencial está en otra parte: la rentabilización del tractor
(alquilado o comprado) sólo puede obtenerse por la venta de la cosecha de las parcelas que permite
cultivar: el paso de la chaquitaclla al tractor supone el paso de una agricultura de autoconsumo a
una agricultura comercial. Los riesgos climáticos y el bajo precio pagado a los productores son así
una de las razones del pobre éxito de la mecanización.
Y la topografía de los Andes Centrales hace que lo terrenos "mecanizables" se hallen en su
mayoría en el límite superior actual de los cultivos, y aun a mayores alturas, allí donde los riesgos
climáticos son demasiado elevados como para invertir tanto en fertilizantes químicos, como en el
empleo de un tractor (Peña, 1975; Morlon, 1985).

- ¿en qué parcelas y en qué terrenos?


A condición de estar bien implementado y ser bien utilizado, "el tractor" puede efectuar todos
los tipos de trabajo tradicionalmente hechos con la chaquitaclla y el arado. Pero evidentemente está
áun más impedido que este último para acceder a numerosas parcelas y poder allí maniobrar. Esto es
tanto más cierto en la medida que hasta el presente se han importado tractores clásicos; los ensayos de
pequeña mecanización adaptable a las condiciones de los Andes (motocultores o "mulas mecánicas",
minitractores o tractores de montaña, de los que en el mundo existe una gran variedad) son bastante
escasos si bien no dejan de ser prometedores (fig. 37): en cierto modo, la persistencia de la
chaquitaclla pone en evidencia las carencias en la investigación y de la difusión de tecnologías
modernas en los Andes.

Fig. 37: Ensayo de un motocultor (mini-tractor) (Noviembre;


Berenguela, Nor-Potosí, Bolivia, 3750 m.s.n.m.). PM.
Es notable que los que han calificado a la taclla como herramienta arcaica, primitiva,
obsoleta... son exactamente los mismos que no han observado para qué sirve ni en qué tipo de
terrenos. Los que en cambio sí lo hicieron, se preguntaron automáticamente si las otras herramientas
disponibles podían remplazarla. La respuesta actualmente es negativa, lo que conduce a no considerar
a la chaquitaclla como obsoleta, a menos que se diga que no es la herramienta sino las condiciones
que exigen su empleo las que son "obsoletas" (ya que las herramientas "modernas" no pueden ser
utilizadas), considerando como no cultivables las tierras que actualmente no son [[78]]
mecanizables: eso es lo que hacen alegremente los reglamentos oficiales de clasificación de suelos en
el Perú a partir de las normas norteamericanas vinculadas exclusivamente (pero sin decirlo) con la
agricultura de las grandes llanuras de regiones templadas.
49

Estamos convencidos de que hasta la fecha, y salvo raras excepciones, el problema ha sido
mal planteado. Se han juzgado a priori caducas las herramientas tradicionales y, para remplazarlas, se
ha importado una parte del material empleado en la agricultura considerada como la más
"desarrollada" (30). Pero lo que se importa entonces no son sólo herramientas sino un "tipo de
agricultura" (Tapia,1986), y este tipo de agricultura sólo se adapta a un conjunto de condiciones
topográficas y económicas rara vez encontradas en los Andes.
Volveremos sobre este punto capital en los capítulos 4 a 7; nos es preciso sin embargo
reconocer que necesariamente se plantea la pregunta acerca del futuro agrícola de estas regiones
frente a la competencia de aquellas que se benefician con enormes ventajas diferenciales. Caballero
(1979) concluye que:
"Es probable que finalmente deba promoverse el abandono progresivo de las áreas agrícolas
peores de la sierra andina (para ser dedicadas a la reforestación o el pastoreo), y la
incorporación de sus ocupantes a otro empleos, a medida que éstos vayan siendo creados.
Pero esto sólo podría producirse [[79]] en escala al cabo de un período considerable de
tiempo. Entretanto hay que garantizar a los campesinos ocupantes de esas áreas peores un
nivel razonable de ingresos".
¿Tendríamos que aceptar esta propuesta? En la concepción andina (capítulo 3), no es en
términos de oposición, sino de complementariedad, que se debe enfocar la existencia de zonas
ecológicas muy diferenciadas.

Conclusión
El trabajo con la chaquitaclla exige hasta un mes de trabajo por hectárea para una pareja. Esta
técnica, pues, no le permite a una familia campesina cultivar anualmente más de una o dos hectáreas,
según las condiciones locales. El nivel de vida que permite es entonces limitado, a menos que los
rendimientos o los precios de los productos cosechados estén muy altos....
Para la misma pareja, el paso al arado jalado por bueyes - cuando sea utilizable - permite arar
un hectárea en tres a cinco días; la superficie máxima cultivable por familia es entonces de tres a seis
hectáreas. Pero el arado de palo no realiza el mismo trabajo que la chaquitaclla.
El tractor permite que estas cifras pasen a ser algunas horas por hectárea, y de 10 a 30
hectáreas por familia - ¡a condición de poseer el tractor y las hectáreas!
Para roturar el césped, sólo el empleo del tractor ofrece una alternativa a la chaquitaclla
mejorando enormemente la rapidez del trabajo. Los campesinos adoptarían de muy buen grado la
mecanización allí donde ésta se adapte:
"La experiencia campesina pone de relieve también un proceso histórico de cambios e
innovaciones. Lo que hace presumir que existe siempre la posibilidad de introducir cambios,
siempre y cuando, claro está, éstos se adecúen a su contexto" (Rengifo, 1987: 52).
Comenzamos este capítulo preguntándonos por qué la chaquitaclla se había impuesto como
símbolo de la agricultura andina. El estudio de las funciones de esta herramienta, así como de la
repartición de las tareas con otros instrumentos, nos remite al del uso del territorio y de la organización
social correspondiente. Empezaremos por las rotaciones colectivas después de un largo descanso a
gran altura, ya que la chaquitaclla está destinada ante todo a la labranza de esos terrenos: su extensión
geográfica es históricamente la misma, y su porvenir estrechamente relacionado.

(30) El camino que sugerimos es otro: primeramente identificar los problemas agronómicos a los que responde la
chaquitaclla (¿para qué sirve?), y las condiciones y objetivos económicos de las diferentes categorías de
productores. Luego buscar, en la enorme diversidad de las herramientas y máquinas existentes en el mundo, las
que puedan adaptarse a cada caso en particular.
50

Anexo al capítulo 1 : las chaquitacllas.

Es por abuso de lenguaje que hablamos de "la" chaquitaclla: deberíamos decir más bien las
chaquitacllas. Toda una variedad de nombres dan fe a la vez de la antigüedad de la herramienta y de la
diversidad de sus formas (fig. 38) (Gade y Ríos,1972; Rivero,1983; Donkin,1979):
- en quechua "Rhuki", "Shuki", "Sapankiri", "Hualhuaco", "Callpachuma", "Yapuna", y
numerosos compuestos con "taclla",
- en aymara y quechua del Altiplano: "wiri", "uyso" y sus variantes.
[[81]] En el curso de su larga historia, la chaquitaclla, como todas las demás herramientas
"tradicionales", ha sido permanentemente modificada para adaptarla a los diferentes trabajos a
efectuarse en diferentes medios (tipos de suelo), así como a los materiales disponibles para su
fabricación.
Probable evolución del palo cavador (las palabras "wiri" y "taqlla" designan más
específicamente el mango de la herramienta), la chaquitaclla ofrece con relación a aquél tres ventajas
combinadas (Gade y Ríos,1972):
a) La eficacia de la cuchilla, antiguamente de madera endurecida al fuego o de piedra, ha
sido mejorada gracias a la metalurgia andina: cobre puro o en aleación: "Las herramientas de que ellos
se sirven son todas de cobre" (Garcí Diez, [1567] 1964: 163).
Desde fines del siglo XIX, piezas de hierro importadas de Inglaterra se emplean como
cuchillas (Piel,1975). A partir del desarrollo de la red vial, en el siglo XX, los campesinos rescatan los
muelles rotos de suspensión de los camiones: una materia prima abundante, barata y de excelente
calidad. En el valle de Cañete, hojas de muelle muy largas cuya elasticidad facilita la acción de
palanca, refuerzan el mango en toda su extensión o incluso lo remplazan completamente.
La cuchilla o "qorana" varía según la calidad del suelo:

Calidad del suelo Forma de "qorana"


blando de corte ancho
arenoso de corte mediano o rectangular
arcilloso o duro de corte casi angosto (el prisma de suelo removido es angosto)
cascajoso o rocoso de corte angosto, puntiaguda
orgánico, incluso turboso de corte ancho

La cuchilla se termina en punta para la siembra y, al contrario, se ensancha en la base para la


labranza y el aporque (Galíndez, 1979; Rivero, 1983; Cáceda y Rossel, 1985...).
La cuchilla puede ser insertada en la madera; también puede ser montada en el mango, o
aprisionada entre el mango y la base del estribo: en estos dos últimos casos, amarrada con cintas de
cuero, puede ser reversible y tener dos extremidades de forma diferente.
En Laraos, en el valle alto del Cañete, al sur de Lima, un campesino ha fabricado
recientemente una chaquitaclla con doble cuchilla (fig. 39), soldando dos muelles de suspensión de
camioneta. Esta innovación aumenta la velocidad del trabajo en los suelos sueltos; permite también
evacuar la tierra a un costado y arrancar fácilmente los grandes manojos de hierba atrapados entre las
dos cuchillas (Brunschwig, com. pers.).
51

Fig. 39: Campesino de Laraos mostrando la chaquitaccla de doble hoja que


inventó para trabajar los suelos blandos del maizal. Foto Gilles Brunschwig.
b) El estribo o "takillpu"31 permite que la fuerza ejercida por la herramienta sea
aproximadamente el tercio del peso del hombre que la manipula, proporción muy superior a la
realizada tanto por las herramientas enteramente manuales como el pico, que exigen [[82]] el doble de
tiempo para efectuar el mismo trabajo (Maezono y Oshige, 1980), como por la tracción animal en que
la fuerza de tracción no alcanza más que el décimo del peso del animal.

Fig. 40: Escalera entre dos andenes, característica de la época inca (Pisaq, Cusco). PM.

(31) En el valle del Colca, cerca de Arequipa, takilpo designa las largas piedras salientes ue forman escaleras ntre
dos terrazas de cultivo (Zvietcovich et al., 1984, p. 36, (cf. fig. 40).
52

c) La empuñadura y la forma del mango permiten igualmente hacer palanca con la mayor
fuerza posible: en los terrenos de pendiente suave, el mango recto sería utilizado con gran facilidad,
mientras que el mango corto y curvado en forma de cayado a 90° (sin empuñadura) permitiría al
operador hacer fuerza con casi todo el cuerpo. En las fuertes pendientes, sería preferible un mango
muy largo y ligeramente curvo; y el equilibrio necesario para trabajar en tales pendientes está dado por
la curvatura del cuerpo exigida por la posición muy baja de la empuñadura en el mango, muy cerca del
estribo (Gade y Ríos,1972; Galíndez,1979) - pero estas explicaciones son parcialmente contradictorias
entre ellas.
El mango, como el de las otras herramientas manuales, es lo más frecuentemente fabricado
con la madera de los árboles locales que el campesino planta siempre al lado de su casa:
"La madera de este árbol [el quishuar o qolle, Buddleia coriacea] es muy recia, y de las varas
hacen los indios sus tacllas, que son los arados de mano con que ellos labran la tierra, y para este
efecto los plantan en sus casas". (Cobo, [1653] 1956 : 255)32. Cuando no hay madera en el lugar, se la
importa de los valles o de la vertiente amazónica, utilizándose diferentes especies según las regiones.

[[83]] Esta enumeración de la variedad de formas adaptadas a cada operación y a cada terreno
permitiría suponer que cada campesino posee varias tacllas de formas diferentes, o que por lo menos
se encuentra una variedad semejante a escala de la comunidad o del valle, ya que los campesinos
procuran siempre explotar la mayor diversidad de terrenos posible (capítulo 3). Pues bien, en general
no ocurre nada de eso; a lo más la variedad se limita a las dos extremidades diferentes de la cuchilla,
ancha para los suelos profundos y puntiaguda para las laderas rocosas; algunos campesinos poseen una
chaquitaclla liviana con cuchilla angosta para la siembra, y otra pesada y robusta para la labranza. Es
sólo por término medio que se realiza la adaptación a los terrenos en cada región, cuyo tipo de
taclla es tan característico como el vestido: de la misma manera que el vestido, ¿sería, pues, esta
forma esencialmente de orden "cultural"? Nosotros no nos podemos satisfacer con semejante
explicación sin haber agotado todas las de orden técnico. Más allá de esta adaptación "media", ¿las
formas regionales se deberían acaso a las características de la madera disponible para el mango?
¿Tienen los campesinos los medios económicos de poseer varias herramientas especializadas? ( 33). No
tenemos actualmente respuesta alguna a estas interrogantes.

32
) Otro árbol de altura (Polylepis sp.) ha dado su nombre a la lampa, probablemente una de las herramientas más
antiguas.
(33) En las comunidades muy pobladas de las orillas del lago Titicaca, el número total de chaquitacllas es muy
inferior al de familias (Lescano et al.,1982, p. 59). Pero el caso de las 5 familias presentadas en el capítulo 6.1.
sugiere que, cuando tienen suficientes medios económicos, los campesinos poseen 2 tacllas por cada varón
adulto, lo que sólo se explica si son adaptadas a labores o a terrenos diferentes.
53

SEGUNDA PARTE [[85]]

ORGANIZACIÓN SOCIAL Y UTILIZACIÓN DEL


TERRITORIO

Capítulo 2
[[86]]

Sistemas de barbecho sectorial 34


Benjamín ORLOVE, Ricardo GODOY, Pierre MORLON

[[87]] Introducción
La chaquitaclla, como vimos en el capítulo precedente, es una herramienta concebida para
roturar el pastizal luego de varios años de descanso pastoreado, en el barbecho sectorial de altura.
La pregunta de "¿por qué los campesinos se sirven todavía de esta herramienta?" remite,
lógicamente, a estas otras: ¿Por qué el barbecho sectorial? ¿Para qué sirve el largo descanso
pastoreado? ¿Por qué no separar en el espacio los terrenos que se cultivan todos los años, donde la
labranza sea fácil, de aquéllos reservados para pastos permanentes? ¿Por qué aceptan los campesinos
las restricciones del manejo colectivo? Y, en fin, ¿por qué todo ello solamente a determinadas alturas?
Y, antes que nada... ¿qué son realmente los sistemas de barbecho sectorial?
Se imponen aquí algunas precisiones de vocabulario:
De acuerdo a las regiones, los campesinos dan a esta forma de manejo nombres muy diversos, cada
uno de los cuales evoca un cierto aspecto:
suyu (barrio, o sector = división del territorio);
aynoqa (de ayni *);
laymi (o raymi, que recuerda el calendario);
moyas (moyas de aisha), muyuy o turno;
manay (lo que se pide) o manda;
suertes...(Mayer, 1978, 1983).
La denominación española barbecho sectorial significa "labranza por sectores". La palabra
barbecho ha conservado, en efecto, en el Perú, el sentido de labranza o aradura que tenía en los siglos
XVI y XVII35 ; en España derivó desde entonces hacia el de "terreno en descanso, baldío", de la
misma manera que el inglés fallow y el francés jachère, que designaba antaño los trabajos de labranza
sucesivos realizados en un terreno para destruir las malas hierbas (Sigaut, 1977). De lo cual resultan
frecuentes contrasentidos y falsos problemas cuando uno se topa con sistemas similares cultivados
todos los años, sin descanso de las tierras...Para evitar toda confusión, nos servimos únicamente de los
términos descanso y descanso con pastoreo.

34
El artículo de B. S. Orlove y R. Godoy, "Sectoral Fallowing Systems in the Central Andes" (Journal of
Ethnobiology 6 (1), 1986), ha sido remodelado, adaptado y completado por P. Morlon.
35
"Barbecho: la tierra de labor que se ara y barbecha para la sementera del año siguiente. Barbechar, arar las
haças y quitarles la mala yerva de rayz; y porque las rayzes se llaman barbas, se dixo barbechar al arrancarlas de
cuajo. Antonio Nebrija vervactum." (Cobarruvias, 1611, fol. 122r).
54

[[88]] 1. Descripción y funcionamiento: algunos ejemplos


Los primeros informes etnográficos sobre la vida rural andina contienen información sobre el
funcionamiento de los ciclos de cultivo y descanso en el territorio comunal (Bandelier, 1910: 83, 85;
Cook, 1920, ya citado), pero no hay descripciones detalladas sino desde hace poco.
A. La comunidad de Pacaraos
Las 163 familias de la comunidad de Pacaraos, a 3,200 metros de altura (Nº 3 en la fig. 41),
tienen acceso a algunas parcelas con riego, cultivadas todos los años, y a pastizales naturales. Poseen
también 929 héctareas de tierras que cultivan durante algunos años y luego dejan en descanso, tierras
que se dividen en diez sectores, de tal modo que la mayor parte de las familias posee parcelas en
todos. En determinado año las familias siembran papas en las parcelas que poseen en un sector dado.
Al año siguiente, las que lo desean plantan tubérculos secundarios (oca *, olluco * y mashua *) en las
mismas parcelas, en tanto que otras no lo hacen. Todos dejan en descanso estas parcelas durante los
ocho años siguientes. A pesar de que todos reconocen los linderos y la propiedad de las parcelas, [[89]]
cada uno goza de derechos exclusivos para utilizarlas sólo en los años de cultivo: durante los de
descanso, son utilizadas como pastizales por todos los miembros de la comunidad, indistintamente.
Todos los sectores pasan, uno después de otro, a lo largo de la misma sucesión, de manera que un
sector, uno solo, inicia la secuencia cada año (fig. 42). Cuando se debe volver a cultivar un sector
determinado, luego de ocho años de descanso, las autoridades de la comunidad deciden la fecha de
comienzo de las actividades agrícolas, confirman también la propiedad de cada familia, y pueden
redistribuir las parcelas abandonadas o dejadas libres por las personas que han muerto sin dejar
herederos (Degregori y Golte, 1973).
años

Avance
de la
rotación
en el
espacio

Tubérculos
Papas cebada Descanso
secondarios

Fig. 42: El ciclo de rotación de cultivos en Pacaraos (Degregori y Golte, 1973).

B. La comunidad de Laraos
Descrita a diez años de intervalo (1974-75 y 1984-85) por los antropólogos E. Mayer y C.
Fonseca, y por el agrónomo G. Brunschwig, la comunidad de Laraos (Nº 5) ocupa un territorio de
65,700 hectáreas, de las cuales un 96 % se encuentra a gran altura o en laderas escarpadas, y el 4 % en
un valle donde se concentran las tierras agrícolas y el pueblo, situado a 3,500 metros de altura. Para
explotar tres pisos ecológicos bien diferenciados, llamados localmente "puna" (en altura), "quebrada"
(valle) y "bajillo" (al fondo de la quebrada, hacia la confluencia con el río Cañete), los habitantes de
Laraos construyeron, desde antes de los Incas, cuatro "zonas de producción" (fig. 43). Tres de ellas
tienen riego: el "bajillo", donde las temperaturas permiten algunos cultivos frutales, además de alfalfa:
el "maizal", acondicionado en andenes muy perfeccionadas (fig. 44), donde el monocultivo de maíz
no se ve interrumpido sino por unas cuantas habas y ocas, y, arriba del pueblo, los cercados de la zona
"mahuay" (cultivos tempranos de riego): alfalfa, papas primerizas, habas...
[[91]] Los cultivos de secano, llamados "aisha", cubren los andenes rústicos de las pendientes
abruptas arriba de las zonas precedentes, por ambos costados del valle. Son trabajados de acuerdo a un
55

barbecho sectorial, por el cual la comunidad norma la rotación de cultivos y el descanso de las tierras,
dividiendo la zona en varios grandes sectores llamados moya, situados a una misma altura (fig. 45).

4000

3500

4000
350
0

Límites de sectores Campos de un campesino pueblo

Fig. 43: El sistema de barbecho sectorial de Laraos (Mayer y Fonseca, 1979).

Fig. 44: El maizal de Laraos; cada andén tiene riego (Agosto, 3200-3500 m.s.n.m.). PM.

puna
~ 4000 m

a b c d e f g h
~ 3600 m
Cebada TS Papa

Avance de la rotación

Fig. 45: Esquema de un sistema de barbecho sectorial (corresponde, en el texto, al tercer año) (Mayer).
56

En determinado año, por ejemplo, le toca ser cultivado al sector c. Cada familia tiene allí una
o varias parcelas,36 que son de propiedad individual y pueden ser vendidas, alquiladas o prestadas a
otros miembros de la comunidad. Las autoridades comunales convocan a todos los agricultores para
cerrar el cercado colectivo que rodea a todo el sector37, y cuando se ha declarado abierta la época de
trabajo, cada familia rotura la tierra con la chaquitaclla y siembra papas. Al año siguiente se procederá
de la misma manera con el sector d, mientras que en el sector c se plantarán tubérculos secundarios
(oca, olluco y mashua) en vez de papas. Al tercer año se pone en cultivo el sector e, en tanto que el
sector d recibe tubérculos secundarios, y se siembra cebada en el c. Al cuarto año se cultiva el sector f,
y se deja en descanso el c por un período de ocho a diez años. Todas las familias campesinas tienen
así, cada año, los mismos cultivos en tres sectores, y cada cultivo rota por todo el territorio comunal.
Todos los comuneros gozan del derecho de libre pastoreo en los sectores en descanso para su ganado
mayor, pero no en el caso de carneros y cabras, pues hay prohibición al respecto. Cada sector en
cultivo es vigilado por un "mesero", responsable designado por la comunidad por un año, y retribuido
con una fracción determinada de la cosecha de cada campesino (Mayer, 1977, 1978; Fonseca y Mayer,
1978; Mayer y Fonseca, 1979).
Este sistema es en realidad más complejo y menos rígido (Brunschwig, 1986). Cada uno de
los sectores observados durante un año dado resulta de la reunión de cuatro a seis subsectores
contiguos 38 ; en Laraos hay en total 72 subsectores (fig. 46), cada uno [[93]] con su nombre propio. No
se reúnen necesariamente los mismos subsectores para formar un sector en los ciclos subsiguientes.
Un subsector, o un sector entero, puede ser dejado en descanso por más o menos años que los vecinos,
ya que el orden en que se cultiva los terrenos varía de un ciclo a otro (cf. igualmente Greslou y Ney,
1983: 172).
La comunidad puede de este modo adaptar las extensiones cultivadas a la condiciones de cada
año: producción que se espera en cada terreno; pluviometría; semillas o mano de obra disponible...Por
ejemplo en 1984 la asamblea de la comunidad decidió no sembrar cebada, y por lo tanto dejar en
descanso las tierras donde la producción que se esperaba no justificaba la inversión de trabajo y
semillas. En 1985 se proyectó, en razón de la insuficiencia de lluvias, la sustitución del sector que
debía ser normalmente puesto en cultivo por otro con riego gracias a un reservorio que se había
construido hacía poco.

C. En Kauri
Hacia 1940, en Kauri (Nº 53), en el departamento del Cuzco, la misma secuencia de tres años
de cultivo - papas, tubérculos secundarios y cebada , era seguida por tres años de descanso pastoreado
en la "pampa", en tanto que en las laderas un solo año de papas era seguido por cinco de pastizal. En el
sexto año se prohibía el pastoreo, año en que el descanso era así total, "en preparación para la nueva
siembra del séptimo año" (Mishkin, 1946). Había de esta manera un sistema de seis sectores
("suertes") en la pampa, y otro también de seis en las laderas, pero ciertas familias no poseían parcelas
sino en cuatro o cinco sectores de la pampa. De acuerdo a la teoría de los campesinos de Kauri, un
campesino debería poseer tierras al menos 39 en seis, o sea cuatro en la pampa y dos en las laderas,
mínimo absoluto según ellos para poder subsistir". Por esta época y en la región, se reservaba una

36
En el caso de las cinco familias estudiadas con mayor detalle (cf. capítulo 6.3), la extensión de las parcelas se
escalona entre los 45 y los 610 m2, con una media de 205 m2.
37
El estado actual del cerco es tal que los animales podrían franquearlo sin dificultad si la comunidad no pusiera
un guardián. Sólo el maizal tiene un cerco efectivo.
38
Fonseca (1966, 1972) señaló que en Chaupiwaranga, en el norte del Perú, cada familia posee en teoría parcelas
no solamente en cada manay, sino también en cada una de sus "sub-zonas." Es probable que la existencia de
estos subsectores, con la flexibilidad que permiten, sea general, pero que las observaciones realizadas en otros
lugares no hayan sido lo suficientemente finas como para ponerlos en evidencia.
39
En Huayana (Nº 56), "hay personas que no tienen terreno en el lugar en que se realiza el raymi y para superar
este problema ellos se ven casi obligados a sembrar "al partir" con otros que disponen." (Vallejos et al., 1967).
57

extensión en los sectores más grandes, destinándose una parte para la municipalidad, y otra para
cultivarse en nombre de un santo. La municipalidad alquilaba en subasta las tierras de que disponía en
todas las comunidades del distrito, y sucedía a menudo que mestizos residentes en la ciudad tomaban
en arrendamiento las parcelas municipales, repartidas en todos o en la mayor parte de los sectores de
una comunidad 40. La Iglesia, en cambio, no recibía ningún beneficio directo por la utilización de las
suyas, por lo general cultivadas por dos o tres indios encargados de organizar la fiesta del santo cuyas
parcelas llevan su nombre. Pidiendo la ayuda de toda la comunidad, estos dignatarios religiosos por un
año, eran responsables del cultivo de dichas parcelas, cuya cosecha se empleaba en el festín que
consumían todos durante la fiesta. Aun cuando las tierras de los santos eran una institución universal
entre los indios quechuas del Perú, no existían sin embargo en algunas comunidades del Cuzco.
Aparentemente éstas se habían apropiado, en razón de la falta de tierras, de las que pertenecían a los
santos, para que fuesen utilizadas por familias que carecían de ellas (Mishkin, 1946: 420-421).
"La labranza [de las tierras de barbecho sectorial colectivo] comienza poco después del
Carnaval, dependiendo ello en Kauri de la fecha en que llegue el gobernador del distrito para
"repartir" las tierras, generalmente a mediados de marzo. Nadie, bajo pena de multa, puede
comenzar a roturar antes de que se concluya la "repartición"; una vez confirmados los
linderos por el gobernador, el trabajo de roturar [[94]] prosigue hasta Pascua(...) La
"repartición" constituye un importante acontecimiento en Kauri, y significa esencialmente la
confirmación por parte del gobernador de los linderos existentes de los terrenos.(...) Una gran
pompa rodea su visita. Las autoridades de la comunidad preparan un festín con una orquesta
indígena(...) Al día siguiente (...) el gobernador, las autoridades comunales y los propietarios
se reúnen en el sector del que van a tratar. Antes de que se inicie la repartición propiamente
dicha, se traen las imágenes del santo patrono de la comunidad, y se le ofrecen plegarias y
ofrendas de coca y chicha. Se llama luego por su nombre a cada jefe de familia; si ha pagado
los derechos de repartición (5 centavos) y contribuido con leña a la alcaldía distrital, se
hunde la chaquitaclla en los límites de la parcela, y el deslinde queda hecho (...) Con
frecuencia estallan intensas querellas a propósito de la ubicación de ciertos linderos, y el
hecho de que a veces no se trate sino de algunos centímetros no disminuye en nada la
vehemencia de la disputa." (Mishkin, 1946).

D - La comunidad de Irpa Chico


En Irpa Chico (Nº 9), en el Altiplano del lago Titicaca en Bolivia, los habitantes de la
comunidad distinguen:
- las sayaña, parcelas individuales que cada familia puede utilizar como desea: pastoreo,
cultivo o para vivienda;
- los aynuqa, conjunto de tierras de barbecho sectorial, sobre las cuales las autoridades locales
de la comunidad conservan considerables poderes para reasignar parcelas a las familias pobres (Carter
y Mamani, 1982). Con un total de 513 familias para 3,109 hectáreas en aynuqa, la extensión promedio
por familia, seis hectáreas, se aproxima a la de Pacaraos; el número total total de las parcelas
sobrepasa las 11,000.
A diferencia de Pacaraos y de otras muchas comunidades que no tienen más que un solo
sistema de barbecho sectorial, hay varios en Irpa Chico; Carter y Mamani sugieren que llegarían a
ocho, y el problema para nosotros es de saber si se debe considerar cada uno como un sistema
separado. Si todos los aynuqa tuvieran la misma secuencia de cultivos y de descanso, se podría
considerar fácilmente que se trata de uno solo sistema de barbecho sectorial, cuyos sectores no
formarían una sola extensión, sino que estarían dispersos. Ahora bien, hay al menos seis secuencias
diferentes, algunas de las cuales se asemejan a los barbechos sectoriales descritos en otras regiones: en
una de ellas, por ejemplo, tres años de cultivo (papas, quinua, luego cebada) son seguidos por seis de

40
Una vez introducidos de este modo en la comunidad les era muy fácil apropiarse, en primer término, de las
tierras de la municipalidad, y usurpar luego las de los campesinos...
58

descanso. En cambio, en otros sistemas no hay ningún descanso, y por ejemplo dos años de papas se
alternan con cuatro de cebada.
En fin, a veces familias provenientes de varias comunidades poseen parcelas en un mismo
barbecho sectorial colectivo. En Irpa Chico cada uno de los aynuqa está asociado con un determinado
barrio de la comunidad, ya que miembros de un mismo barrio se casan muy a menudo entre ellos
(endogamia). La mayor parte de las familias posee la mayoría de sus parcelas en el aynuqa vinculado
con su barrio, aunque hay muchas que las tienen igualmente en otros: si no hubiera otras
organizaciones comunales en Irpa Chico, cada barrio podría ser considerado como una comunidad
diferente. Se conocen así varios casos, todos en Bolivia, donde el sentido de la palabra "comunidad" es
ambiguo: ¿se debe aplicar a una unidad social de mayor dimensión, capaz de administrar varios
sistemas de barbecho sectorial colectivos, o a un grupo más reducido que no posee más que uno solo?
(Albó, 1972; Buechler, 1980; Campbell y Godoy, ). Su ausencia en el Perú podría deberse a la política
oficial peruana de "reconocimiento" jurídico de las comunidades a partir de 1920. Para recibir su título
de propiedad, éstas deben indicar de manera precisa sus límites y las [[95]] familias que las integran, lo
cual destruye las organizaciones anteriores más flexibles, pero también más "indefinidas" a ojos de la
administración. Su presencia en Bolivia podría reflejar una mayor continuidad con la antigua forma
andina del "ayllu," con sus varios niveles de organización.
Recordemos aquí los puntos comunes a todas las descripciones precedentes:
- las rotaciones colectivas asocian a un cierto número de familias en un determinado territorio;
- éste se divide en un número n de sectores;
- cada ciclo de utilización de la tierra dura el mismo número n de años, durante los cuales se
suceden en primer lugar cultivos (o asociaciones de cultivos anuales), luego un descanso
pastoreado;
- las tierras constituyen propiedad privada de cada una de las familias41 . Cuando un sector
está en descanso, todas las familias tienen derecho de pastoreo (pastos comunales) para su
ganado en todo el sector, entre las fechas límites decididas colectivamente para la cosecha del
cultivo precedente y la siembra del siguiente. Cuando se cultiva un sector, cada familia tiene
derecho de uso exclusivo de sus parcelas, y puede o no cultivarlas: debe simplemente respetar
las fechas de siembra y de cosecha, lo cual muy a menudo determina - pero no es una
obligación - la especie a cultivar.
Los ejemplos precedentes están situados en regiones muy disímiles en los planos ecológico,
económico y cultural:
- los valles secos de la costa peruana, próximos a la enorme aglomeración de Lima, donde el
español tiende a convertirse en lengua única;
- la sierra más húmeda de la región del Cuzco, donde los campesinos hablan quechua;
- el frío altiplano boliviano, en el corazón del país aymara.
El hecho de que a pesar de todo estos sistemas posean características comunes tan numerosas
y determinantes, lleva a plantear numerosas preguntas: ¿Cuál es su antigüedad? ¿Dónde se los
encuentra? ¿Cómo explicar su existencia y localización? ¿Cuáles son las razones por las cuales ciertas
características son invariables, y cuáles las que hacen variar a las otras?
A fin de responder a estas preguntas hemos efectuado estudios bibliográficos (Orlove y
Custred, 1974; Campbell y Godoy) y enviado un cuestionario muy detallado a más de un centenar de
antropólogos y geógrafos que han realizado investigaciones de campo en los Andes; veintisiete de

41
Según Mayer (1983 b: 116 - 118), de acuerdo a la regla antigua observable todavía en varias comunidades las
tierras pertenecían a la comunidad, que asigna a cada familia parcelas diferentes en cada ciclo (las parcelas
rotaban entre las familias). La situación actualmente predominante, en la que las familias conservan los derechos
sobre las parcelas de un ciclo a otro, sería la primera etapa de la privatización ligada al crecimiento demográfico
y a la falta de tierras (véase la última parte de este capítulo).
59

ellos se tomaron mucho tiempo en responderlo, y les agradecemos por ello. Disponemos así de una
muestra de más de cincuenta comunidades (fig. 41), en la cual hemos analizado estadísticamente unas
quince variables, que van desde la situación geográfica hasta las características de la secuencia de uso
de la tierra; presentamos algunos valores numéricos en el cuadro 2 (Orlove y Godoy, 1985). Hemos
completado todo ello con observaciones personales de los autores de este libro, y los resultados de los
cuales tenían conocimiento.

[[96]] 2. Ensayo de interpretación


Para intentar explicar las constantes y variaciones en los barbechos sectoriales colectivos, y su
existencia misma, se puede apelar a tres tipos de argumentos. Los primeros, que llamaremos
"adaptacionistas", consideran estos sistemas como solución a las dificultades de obtener recursos a
partir de ecosistemas de montaña frágiles y poco productivos. Otros enfatizan la continuidad cultural
entre el presente y los períodos antiguos, y observan en la agricultura y el pastoreo, tal como en otros
ámbitos, la presencia subyacente de los esquemas andinos de pensamiento, de creencia y de
organización. Otros, en fin, insisten en la importancia de la defensa del territorio y de los medios
empleados por los campesinos y los criadores de ganado, en tanto clase social en una sociedad
estratificada y dependiente, para enfrentar las presiones de los grupos dominantes, de los gobiernos y
del mercado. Estos tres puntos de vista no se excluyen mutuamente, y pueden muy bien ser
complementarios, por lo cual su examen por separado no nos llevará a optar por uno o por otro.
Deberán explicar la ubicación, las características de la secuencia de uso de la tierra, y el manejo
colectivo, en que todo el mundo hace lo mismo y al mismo tiempo, siendo así que en otros pisos
ecológicos existen otras modalidades de utilización de la tierra, manejadas de manera diferente por los
mismos campesinos.

[[97]] 2.1. Ubicación y antigüedad


Actualmente se conoce muy poco sobre la antigüedad de estos sistemas. Los textos de Garcilaso y de
Guamán Poma citados en el capítulo precedente (la utilización de la chaquitaclla para roturar los
pastizales, y la conveniencia de hacerlo en la estación de lluvias, cuando la tierra está suave) no
pueden entenderse sino en el marco de rotaciones en que los cultivos se alternan con descanso
pastoreado, cuya existencia es mencionada en 1567 por Garci Diez en la ribera meridional del lago
Titicaca, donde los indios tienen suficientes tierras "para que descansen cuatro años porque esto tienen
por orden" (p. 36) Según Espinoza Soriano (1978: 357-388, citado por Moya, 1984), incluso los
cultivos estatales del imperio inca se ajustaban a la misma regla, con objeto de evitar el cansancio de
la tierra. Pero hasta hoy no hemos encontrado en los textos una prueba formal de la existencia de
sectores colectivos antes de la Conquista.
Hemos buscado, por ello, indicios en la literatura arqueológica, a pesar de su pobreza al
respecto 42. En varias regiones los sectores están delimitados por muros, visibles en el paisaje 43, y que
podrían datarse al menos de modo aproximado, como se ha hecho en el caso de los muros de cerco
para ganado (Aguilar, 1986; Bonnier, 1986). Este último autor indica que "en frente del pueblo
(precolombino) de Anashpata (situado a 4,250 metros de altura sobre la alta meseta de Junín), toda
ladera, en pendiente suave y expuesta al sureste, está cubierta de pequeños levantamientos de tierra
que forman parcelas cuadrangulares. Parece que D. Bonavia encontró un acondicionamiento de ladera
similar en Iscu-cañana (departamento de Ayacucho), a una altura aproximada de 3,000-3,500 metros.
T. Earle encontró en la parte alta del valle de Yanamarca (3,750), cerca de Jauja, las huellas de un

42
"Hasta donde sabemos pocos son los arqueólogos que hasta hoy han prestado atención al estudio de los sitios
agrícolas de altura hasta el punto de efectuar un sondaje en una terraza de cultivo o en un cercado." (Bonnier,
1986).
43
Ello es perceptible sobre todo bajo una luz rasante, y por lo tanto no advertible en las fotos aéreas tomadas a
mitad del día.
60

terruño organizado exactamente de la misma manera"... Estas descripciones, y las ilustraciones


fotográficas que las acompañan, lo mismo que las de Matos Mendieta (1975), un poco más al oeste en
el mismo departamento, recuerdan totalmente el aspecto de numerosas zonas de barbecho sectorial
actual en el sur del Perú (fig. 47).

Cuadro 2. Algunos valores característicos de las variables estudiadas.

Número de casos

Número de casos sin

Desviación estándar
Media aritmética

Valor máximo

Valor mínimo

Primer cuartil
Tercer cuartil
con datos

Mediana
datos
Latitud (valor decimal) 48 3 14.34 14.25 2.03 18.7 10.4 15.63 13.33
Precipitación media anual (mm) (1) 15 36 728 725 242 1270 300 850 562
Altura promedio de las viviendas (m) 43 8 3537 3675 331 3950 2700 3800 3200
Altura promedio de las parcelas en
barbecho sectorial 31 20 3725 3800 281 4100 3000 3910 3580

Número de años de cultivo 44 7 2.6 3 0.95 4 1 3 2


Número de años en descanso (2) 43 8 5.25 5 2.57 13 1 7 3
Número de sectores 42 9 7.9 7 2.76 15 2 10 6
Proporción en descanso (%) 42 9 64 63 14 87 33 77 57
Número de años con tubérculos 41 10 1.46 1.5 0.48 2 1 2 1
(3)
Número de años sin tubérculos 39 12 6.7 6 2.55 13 2.5 11 9 5
Proporción de años sin tubérculos (%) 39 12 80 82 8 92 60 86 75
Proporción de años con tubérculos en 33
los años de cultivo (%) 41 10 59 50 25 1 25 73

Número de sistemas en la comunidad 10 38 13 1.45 1 0.72 4 1 2 1

(1) Las precipitaciones indicadas son las de la estación meteorológica menos alejada.
(2) Los sistemas sin (año de) descanso no fueron incluidos en el análisis estadístico.
(3) Corresponden a un año en el cual los tubérculos y los otros cultivos tienen la misma importancia.

Fig. 47: Sector de barbecho sectorial antes del primer año de cultivo. Algunos campos han sido
barbechados con varios meses de anticipación, para aprovechar la humedad de la época de lluvias
(Mayo; San Antón, Puno, 4050-4200 m.s.n.m.). PM.
61

La conformidad de los barbechos sectoriales con los esquemas andinos de organización (cf.
más adelante), así como la variedad de nombres indígenas, sugieren un origen local, aunque la
existencia de modelos similares en España en la época de la Conquista (Espinoza, 1981;
Fernandez,1981) no permite una conclusión definitiva.
Los sistemas de barbecho sectorial colectivos reportados se distribuyen desde el centro del
Perú hasta el oeste de Bolivia (fig. 41), en regiones donde las precipitaciones van de 500 a más de
1,100 mm por año, y a altitudes comprendidas entre los 2,400 y 4,200 metros (la mitad por encima de
los 3,800). Más arriba no hay sino la puna, estepa usada exclusivamente para el pastoreo de ganado.
Más abajo, los campos, a menudo irrigados, son cultivados cada año de manera más o menos intensa,
y, si bien es verdad que se encuentra papa en ellos, son más frecuentes otros cultivos, tales como el
maíz, y no son trabajados en forma de sectores colectivos.
La altitud promedio de las parcelas de un barbecho sectorial está vinculada estadísticamente
con la de las viviendas de la comunidad que las administra, siendo la primera por lo general más
elevada, con una diferencia en promedio de 230 metros. Se [[98]] comprende fácilmente que las casas
estén situadas a un nivel más bajo, allí donde el clima es menos duro, y cerca de las parcelas regadas,
cultivadas más intensamente (o bien en el altiplano, en la línea de fuentes que señala el contacto entre
la pampa y las laderas). En determinados casos, esta posición es también consecuencia del
reagrupamiento forzado de poblaciones en las "reducciones" por los españoles en el siglo XVI.
Un tercio de las comunidades estudiadas poseen varios sistemas de barbecho sectorial, , más o
menos escalonados según la altura, cada uno de los cuales corresponde a condiciones específicas de
suelo y clima. Las principales excepciones a estos ordenamientos verticales se encuentran en el
Altiplano, en donde, como ocurre en el caso de Irpa Chico, las principales variaciones ecológicas no
están relacionadas con grandes diferencias de altura, sino con las características de los suelos, así
como con los microclimas (vinculados con la exposición en relación al lago y la acumulación de aire
frío en las partes bajas), que suscitan grandes diferencias en los riesgos de helada entre la pampa y las
laderas situadas a menos de cien metros más arriba (cf. capítulo 3).
La extensión de estos sistemas hacia el sur se ve limitada por la aridez; los campos son allí
regados o dejados en descanso por decisión individual.
Su ausencia en las tierras altas del norte del Perú y del Ecuador es más difícil de explicar. Se
podría evocar una causa ecológica: al contrario de la puna de los Andes Centrales, los páramos del
norte son húmedos durante todo el año, los suelos son más ácidos y la vegetación diferente. Pero en la
vertiente amazónica de los Andes los páramos se extienden muy lejos hacia el sur, en lugares donde
hay barbechos sectoriales colectivos. Y, sobre todo, las mismas especies papas, tubérculos
secundarios, quinua, habas, cebada [[99]] se cultivan lejos hacia el norte, en rotaciones con descanso
pastoreado similares a las que se describen aquí (Brush, 1977; Moya, 1984; Kohler, 1986): la
diferencia está en que no existen sectores colectivos; cada familia trabaja individualmente sus
parcelas.
Una explicación a esta paradoja es sugerida por la asociación, frecuente en la literatura, del
barbecho sectorial con la chaquitaclla, y por la coincidencia de sus respectivas áreas geográficas (fig.
41), habida cuenta de abandonos recientes conocidos de uno y/u otro. La chaquitaclla no se ha
difundido hacia el norte,44 ni tampoco el barbecho sectorial; si existe un vínculo entre ambos hechos,
tiene probablemente que ver con la organización y la productividad del trabajo:

44
Pero la cultura "quechua" fue llevada al Ecuador, bastante antes de la Conquista Inca, por una parte del pueblo
chanka, originario de la región Andahuaylas-Ayacucho, que después de su fracaso en su tentativa de conquistar
el Cuzco, escapó de las represalias de los Incas. Así el dialecto quechua de la provincia de Chimborazo es muy
parecido al de Andahuaylas, en particular la terminología agrícola. ¿Conocían los emigrantes chanka la
chaquitaclla y practicaban el barbecho sectorial ? ¿O bien lo abandonaron por no adaptarse estas prácticas a las
condiciones (naturales o sociales) locales, mientras que la sucesión de cultivos es la misma? (cf. Moya, 1984).
Nos inclinamos hacia la segunda hipótesis, ya que la herramienta descrita por cierto muy brevemente en una
Relación anónima de 1573 sobre los alrededores de Quito, es probablemente una chaquitaclla (Relaciones
Geográficas de Indias, Bibl. de Autores Españoles, 1965, vol. 2, p. 227).
62

- En los Andes Centrales el período en que se puede labrar es muy corto (cap. 1). El trabajo
colectivo con chaquitaclla es mucho más productivo (en extensión/persona/día) que un trabajo
individual con cualquier otra herramienta manual. El conjunto "chaquitaclla barbecho
sectorial" sería una respuesta a la vez técnica y social frente a esa fuerte limitación; veremos
más adelante cómo la herramienta y el manejo colectivo del territorio son abandonados hoy en
día, cuando la reducción del descanso pastoreado lleva a otras soluciones.
- En Ecuador las lluvias están muchos mejor repartidas a lo largo del año: se puede plantar
papas en dos épocas diferentes y a veces durante todo el año (Moya, 1984). El período de
labranza es, pues, mucho más largo, y no exige soluciones tan apremiantes como los barbechos
sectoriales.
Todo ello sigue siendo una hipótesis. Volveremos a encontrar en el capítulo 3, a propósito de
la extensión que alcanzaron los modelos de complementaridad ecológica, el mismo límite, que
adoptamos en consecuencia para definir los Andes Centrales en este libro.

2.2. La defensa del territorio


"El linderaje o 'mojón muyuy' consiste en hacer un recorrido por todo el límite de la
comunidad. Esto debe realizarse en una fecha prevista en la asamblea, por costumbre
generalmente tiene lugar el jueves de comadres, o en días próximos a esta fecha, evitando
encuentros o enfrentamientos con los comuneros vecinos. Para el linderaje se organizan grupos
encabezados por representantes comunales y conocedores de las propiedades, quienes recorren
la comunidad por sectores, debiendo reunirse a determinada hora en un punto fijado, donde
cada grupo informa detalladamente la inspección realizada.
"En el linderaje se encuentran frecuentemente hitos destruidos que son reparados
inmediatamente; los campos cultivados por agricultores de comunidades vecinas son destruidos
o cosechados inmediatamente en el estado en que se encuentran y los litigios de expropiación
de terrenos entre agricultores de la misma comunidad también son resueltos el mismo día."
(Tapia, 1986: 40-41; cf. arriba la "repartición" de las tierras en Kauri, Mishkin, 1946).
[[100]] Los estrechos lazos en el interior de la comunidad, y la importancia que se asigna al
ritual, pueden en principio ser entendidos como respuestas a las presiones que ejercen los grupos
dominantes, que buscan apropiarse de la tierra o del trabajo de los campesinos (Wolf, 1982: 145-149).
En esta perspectiva el barbecho sectorial sirve para marcar grandes extensiones de terreno,
colocadas bajo la igual protección de un conjunto de familias: sería mucho más difícil proteger
parcelas manejadas individualmente contra la usurpación por gentes de fuera. Y es en las grandes
alturas donde los territorios por defender son los más extensos (por las características topográficas de
los Andes centrales)...
Sólo unos pocos estudios indican cuántas familias toman parte en cada sistema; el número
promedio de 350 hogares podría representar muy bien un compromiso entre las ventajas de los grupos
pequeños (gestión fácil, conocimiento y confianza mutuos), y las de los grupos grandes (fuerza para la
protección contra los forasteros).
Se puede considerar también que el barbecho sectorial colectivo se adecúa bien a regiones
como las de los Andes, en donde las migraciones estacionales estimulan a los campesinos a
administrar sus parcelas de una manera altamente pre-decible: el migrante sabe en qué fecha tendrá
que regresar para la siembra, y se asegura para entonces la ayuda de parientes, vecinos y compadres*.
Sucede lo mismo con los turnos de riego, planificados por adelantado para toda la estación (Fonseca,
1977: 94; Mayer, 1983: 38). Se constata, en efecto, que las regiones donde actualmente se observan
barbechos sectoriales colectivos corresponden, en líneas generales, a las provincias de donde, durante
la Colonia, los hombres eran enviados al trabajo forzado ("mita") en las minas de Huancavelica y
Potosí, aun si esta coincidencia espacial no es perfecta.
63

Sin embargo, a pesar de que estos aspectos han influido mucho, en general, en la agricultura
andina (Orlove 1977 b), el examen de los datos disponibles no aporta pruebas en apoyo ni en contra de
estas interpretaciones. Muchos sistemas de barbecho sectorial se hallan en regiones donde
actualmente se observa relativamente poca presión externa sobre las tierras de los campesinos, así
como poca emigración.

2.3. La continuidad cultural


Los barbechos sectoriales suponen una constricción para los individuos que participan. Y, sin
embargo, funcionan en general "con suavidad", lo cual puede comprenderse desde una perspectiva
cultural, adoptando el punto de vista de Bourdieu sobre la cultura en cuanto manera de ser ("habitus"),
definida como "sistemas de disposiciones durables, predispuestas a funcionar como (...) principio de
generación y de estructuración de prácticas y de representaciones que pueden ser objetivamente
"reglamentadas"y "regulares", sin ser para nada producto de la obediencia a reglas, objetivamente
adaptadas a su objetivo sin suponer la mira consciente de los fines ni el dominio expreso de las
operaciones necesarias para alcanzarlas, y, siendo ello así, colectivamente orquestadas sin ser
consecuencia de la acción organizadora de un director de orquesta" (1977: 175).
Tres características comunes del barbecho sectorial en los Andes son el linderaje, la
participación de todos, y los turnos. La existencia de grupos bien delimitados, cuyos miembros
participan en su totalidad en numerosas actividades, se refleja en muchos campos: los demás modelos
comunales de administración de recursos, como el pastoreo y el agua de riego, la importancia de las
asambles, en las que tienen derecho de voto todas las familias residentes, pero no los extraños a la
comunidad (Alberti y Mayer, 1974); los [[101]] trabajos colectivos ("faena" o "minka", según las
regiones) para la construcción de caminos, canales de riego, escuelas, para los cuales todas las familias
deben contribuir de manera igualitaria con trabajo y materiales 45 46; y el complejo ritual del ciclo
anual de las fiestas (Isbell, 1978).
Numerosos aspectos de la organización andina siguen esquemas similares de división de un
todo en partes iguales, y de afectación rotativa de las mismas (Albó, 1974). Los ejemplos corrientes
incluyen la rotación anual de los cargos políticos y religiosos entre los barrios de una comunidad, y la
de las responsabilidades políticas entre los pueblos en los sistemas multi-comunales (Albó, 1974). La
administración del agua de riego ofrece otra muestra al respecto: los derechos a usar el agua 47 se
asignan rotativamente a todos los barrios y familias; los extraños al grupo quedan excluidos, y todas
las familias participan en la limpieza anual ritualizada de los canales. Un ejemplo extremo es el de las
orquestas de zampoñas en las fiestas de las riberas del lago Titicaca, en las que "se toca siempre estos
instrumentos por parejas (de músicos), que hacen alternar las notas entre ellos" (Buechler, 1980, cf.
Bellenger, 1987). Otros estudios recientes (Wachtel, 1982; Urton, 1984) examinan la división del
espacio en partes iguales a partir de este punto de vista cultural. Estos ejemplos hacen posible la
explicación cultural según la cual los campesinos andinos administran sus barbechos sectoriales
colectivos sin problema alguno, porque tienen experiencia en organizarse a sí mismos sobre una base
semejante en otros ámbitos de actividad, y porque consideran dicha base buena y razonable.
Los aspectos técnicos también se pueden prestar a una interpretación cultural. La sucesión de
cultivos en los barbechos sectoriales obedece a reglas estrictas. La horticultura (cebolla, col,
zanahoria) está ausente; cuando existe en la comunidad, se practica en los terrenos con riego cercanos
a las casas, desde donde es fácil ejercer vigilancia para prevenir el robo de las cosechas. Los
tubérculos, en cambio, predominan ampliamente: en una de cada seis veces son los únicos cultivos, y

45
Esta costumbre andina ha sido utilizada sin cesar en su provecho o recuperada por los grupos dominantes:
imperio Inca, "curacas" y "encomenderos", grandes propietarios, Estado...
46
La ausencia accidental de un trabajador se compensa en general con el pago de una multa equivalente al
salario de un jornalero.
47
En ciertas comunidades hay una tendencia reciente de pasar del igualitarismo a la proporcionalidad de las
extensiones regadas por cada familia.
64

en todos los casos las papas son el primer cultivo. Tal sucesión refleja la gran importancia de la papa
en la alimentación de la población de los altos Andes (Orlove, 1987), ilustrada en tiempos antiguos por
la existencia de una unidad de tiempo prehispánica correspondiente al lapso necesario para cocer una
olla de papas (Murra, 1975), y, en la región del Cuzco, la de una unidad de extensión llamada
"papacancha" (Rostworowski, 1960, donde "cancha" significa terreno, campo).
El papel del maíz en los ritos es mayor (Murra, 1960, 1975), pero se cultiva más abajo. Las
papas tienen mayor importancia que los demás cultivos que se practican en las rotaciones sectoriales.
Ninguna otra planta sería tan apropiada como ella para los ritos que, en numerosos casos, forman parte
de la preparación de un sector que llega al término de sus años de descanso.
En Pacaraos, el primer año de de cultivo de papas se llama "turno"; en el segundo, designado
como "yana", se cultivan turbérculos secundarios, con una proporción de parcelas sembradas menor
al del primer año (Degregori y Golte, 1973). El término "yana", que posee una profunda significación
en los Andes Centrales, se refiere habitualmente al segundo, o al menor de dos elementos que forman
una dualidad complementaria (Platt, 1978).

[[102]] 2.4. Explicaciones agronómicas y adaptación al medio


2.4.1. El orden los cultivos y la gestión del trabajo
La importancia de la papa en la alimentación, y la prioridad que le asignan los campesinos
(Morlon et al., 1986; Montoya et al., 1987), se explican también por razones agronómicas y de
seguridad alimentaria : los tubérculos mismos no son nunca dañados directamente por las heladas o el
granizo, y sólo su parte aérea se ve afectada.
Los campesinos andinos siembran la papa, el más exigente de los cultivos, en el momento en
que los niveles de elementos nutritivos en el suelo son más altos: después del descanso pastoreado.
Pero si ésta fuera la única razón, podrían sembrarla también después de los cultivos de habas o lupino,
que fijan el nitrógeno, como lo hacen a más baja altura.
La razón principal es que esta secuencia minimiza el tiempo de trabajo total en la rotación
(Bourliaud et al., 1986, 1988) y reduce la competencia entre cultivos en el calendario de trabajo
(Thomas, 1972). Los tubérculos, semillas de grandes dimensiones y ricas en agua, no necesitan un
suelo finamente mullido para germinar, y se contentan con los terrones grandes dejados por la
chaquitaclla; su cosecha pulveriza la tierra, y la deja preparada así para recibir los granos de los
cultivos siguientes. Por el contrario, la cosecha de granos deja los surcos intactos, lo cual favorece el
establecimiento de vegetación espontánea en los años de descanso que siguen; ello se ve ilustrado de
manera espectacular por el aspecto de una parcela en pendiente suave durante el primer año de
descanso, con las matas de hierba perfectamente alineadas en los surcos (Orlove, 1977a).
"En el calendario de trabajo, la coincidencia entre cosechas de dos cultivos puede desembocar
en pérdidas considerables cuando la mano de obra resulta insuficiente para atender ambas al
mismo tiempo. (...)
[En el distrito de Nuñoa, por encima de los 4,000 metros de altura, Nº 57 en la fig. 41], la
quinua*, más tarde la cañihua*, son sembradas por lo general entre fines de agosto y
comienzos de octubre, después de un año de cultivo de papas. Ya que éste ha dejado preparado
el suelo, y que en general no se abonan los cereales, una siembra al voleo y un ligero
rastrillado resultan suficientes. Estas operaciones necesitan sólo poco tiempo y energía (cuadro
3). Y, dado que no exigen roturar un suelo seco y compacto, pueden comenzar antes del
principio de la estación de lluvias, y por lo tanto no entran en competencia en el calendario con
la preparación del suelo y la siembra de papas (fig. 48).
Después de su siembra, los cereales reclaman pocos cuidados hasta su cosecha, para la cual
tampoco hay competencia con las papas. La cañihua madura muy rápidamente, más o menos
150 días luego de la siembra; la quinua requiere 180. Se cosecha cañihua durante todo el mes
de marzo, luego la quinua hasta mediados de abril, época en la cual empieza la de papas. Si se
65

sustituyera en una altitud como ésta uno de los cereales andinos por cebada, la cosecha de ésta
se prolongaría al mismo tiempo que la de papas.
Cuadro 3. Tiempos (horas por hectárea) dedicados a las labores agrícolas en los sistemas de barbecho
sectorial del distrito de Nuñoa (Thomas, 1972)
CULTIVO PAPAS CAÑIHUA QUINUA
LABORES
Preparación del suelo y siembra 1,070 100 100
(1er año después del (el suelo está preparado por la cosecha
descanso) de papas)
Deshierbe y otros cuidados 0 0 0
Cosecha, trilla, transporte 770 1,840 1,030
Total « agrícola » 1,930 1,940 1,130
Transformación post-cosecha (venteo, 660 690 900
deshidratación)
Total 2,590 2,630 2,030

Resulta evidente que así se consume bastante menos energía para preparar el suelo y sembrar
los cereales que para los tubérculos (cuadro 3). Ello resulta de la rotación de cultivos.(...) Si se
cultivaran cereales en terrenos vírgenes, la preparación del suelo consumiría sin duda mucho
más energía que para la papa. En efecto, la preparación del terreno para la papa sólo necesita
roturar una franja de cada dos (cap. 1) para formar camellones de un metro de ancho, en
tanto que en el caso de los cereales hay que roturar todo el terreno, lo cual exige el doble de
tiempo y de energía, y luego hacer otros trabajos para mullir la superficie del suelo. Además,
un trabajo de esta naturaleza no podría comenzar antes de que las lluvias ablanden el suelo, y
se imbricaría entonces con la siembra de papas. En conclusión, los cereales exigirían
considerablemente más trabajo si fueran cultivados solos, lo cual no sucede cuando su siembra
se realiza después de un año de papas.
[[103]] Se podría imaginar cultivar papas dos años seguidos en el mismo campo. La dificultad
estaría en la insuficiente disponibilidad de mano de obra y de tiempo (...) pues tal rotación
exigiría dos veces más en los momentos críticos. Y depender de un monocultivo semejante
pondría a la familia en situación aún más precaria, ya que los riesgos climáticos y
fitosanitarios no son los mismos para los cereales andinos que para las papas" (Thomas, 1972:
122-124).

2.4.2. El descanso con pastoreo y el manejo de la fertilidad del suelo 48


"La rotación de cultivos es una técnica utilizada con mucha frecuencia en la comunidad de
Phoquera (nº 52), bajo la modalidad de las llamadas "mandas." Este sistema se da inicio con
el establecimiento de la comunidad y el ganado en áreas designadas y aprobadas por la
Asamblea de la Comunidad para someter éstas al "Wanuchi" (abonamiento) por un período
de 1 a 2 meses; luego se procede con la siembra de papa durante el primer año, para luego
sembrar oca, olluco e izaño en el segundo año. Después de cosechados estos cultivos se deja
en descanso de 5-7 años estas áreas, donde crecen algunas plantas, especialmente yerbas, de
manera que se origine un potenciamiento progresivo de estas tierras, por lo cual se le
denomina 'maduración del terreno'. Este sistema, como medida de control, no es sino el
utilizado por los antiguos peruanos para el combate de los nemátodes de la papa." (Cáceda y
Rossel, 1985: 97).

48
El punto de vista que se desarrolla aquí es exclusivamente el de los agrónomos, que se interesan en los
cultivos; falta el punto de vista complementario: el descanso pastoreado y el manejo del ganado.
66

Para Gade y Ríos (1972) la persistencia de la chaquitaclla se explica de la siguiente manera:


ya que la pobreza de los campesinos les impide la compra de abonos, el único medio de restaurar la
fertilidad es el descanso pastoreado, a cuyo término la única herramienta capaz de roturar el pastizal y
al mismo tiempo al alcance de los campesinos es la chaquitaclla.
Las explicaciones más frecuentes y antiguas en torno a la existencia y ubicación de las
rotaciones con largo descanso pastoreado se asientan en la noción misma de descanso del suelo (en
quechua samay), que permite la reconstitución de su fertilidad, la [[104]] acumulación de materia
orgánica y la eliminación de enfermedades o parásitos de los cultivos (Vallejos et al., 1967; Greslou y
Ney, 1983: 173; Greslou y Vacher, 1980: 138; Brush y Guillet, 1985: 26); el descanso pastoreado,
gracias entre otras cosas a las deyecciones de los animales, "es esencial para la regeneración del suelo"
(Guillet, 1981a: 144). Pero esta interpretación no es en general sino simple transposición de
explicaciones provenientes de otras regiones del mundo, donde el ganado es manejado de manera
diferente.

Fig. 49: Barbecho con chaquitaclla después de varios años de descanso en un sector
de barbecho sectorial. Deyecciones secas de alpacas han sido depositadas en líneas
sobre el suelo antes de voltearlo (Noviembre; Cuyo-Cuyo, Puno, 4000 m.s.n.m.). PM.
Si no se aplican abonos, la puesta en cultivo empobrece el suelo en elementos nutritivos49:
tanto los que se hallan contenidos en las cosechas sacadas del terreno, como los arrastrados por el agua
luego de que la labranza del suelo haya causado su paso de formas orgánicas a formas minerales
solubles. El descanso herbáceo de larga duración [[105]] es, al contrario, una "fase de acumulación
orgánica de fertilidad"50 al menos cuando los elementos consumidos por el ganado son más o menos
restituidos por sus deyecciones, cual es el caso probablemente en estas alturas de los Andes. Pero hay
que subrayar que, en los sistemas andinos, el ganado no hace más que transformar en el mismo
lugar la materia vegetal presente en el terreno, papel por cierto importante, ya que facilita y acelera
el reciclaje de los elementos nutritivos y puede aligerar el trabajo del suelo. Pero, al contrario de lo que
sucede en otras regiones del mundo, no se desplaza diariamente para depositar en tierras por abonar
los elementos previamente tomados en terrenos sin cultivar: no existe transferencia directa de

49
Constituye una excepción el enriquecimiento en nitrógeno por ciertas especies de leguminosas.
50
Recordemos aquí brevemente los principales mecanismos:
- fijación biológica del nitrógeno (pero ciertos cultivos también lo hacen).
- aportes minerales por las lluvias, inmediatamente recuperados por la importante biomasa microbiana;
- cuando las plantas perennes que crecen durante los años de descanso tienen raíces más profundas que
los cultivos anuales, pueden extraer elementos nutritivos de los niveles profundos y traerlos a la
superficie; pero cuando las condiciones son favorables, la mayoría de las especies anuales cultivadas en
altura puede tener un enraizamiento bastante más profundo que lo que generalmente se afirma en el
Perú (Pacheco et al, 1978).
67

fertilidad por parte del ganado; la transferencia, realizada en el momento de la labranza (fig. 49) o
de la siembra, es indirecta, vía el corral, y requiere mano de obra humana : llenado de los sacos, poner
la carga sobre los animales, estercoladura.
[[106]] Cuando el descanso herbáceo permite el establecimiento de una vegetación densamente
enraizada, lo cual no es siempre el caso, acrecienta la cantidad de materia orgánica en el suelo. Mejora
así la resistencia a la erosión y la estructura física, y por lo tanto la capacidad de retener agua en
reserva, favoreciendo el desarrollo de los cultivos.
¿Qué sucede al respecto en los barbechos sectoriales de los Andes Centrales? Las
comparaciones publicadas de mediciones de rendimiento y de resultados de análisis de suelos son
extremadamente escasas:
En el valle del Mantaro, por encima de los 3,400 metros de altura "donde el descanso es una
práctica generalizada, se encuentran diferencias de rendimiento importantes cuando se
comparan parcelas cultivadas inmediatamente después del descanso, y las que se cultivan en
años subsiguientes. Sobre todo los rendimientos disminuyen casi en un 50 % cuando se cultiva
papas por segunda vez consecutiva en una misma parcela. Según nuestro conocimiento, no
se han llevado a cabo experimentos agronómicos sobre este importante fenómeno." (Franco
et al., 1979 : 52-53).
Los rendimientos de papa del primer año de cultivo luego del descanso, pueden ser superiores
a los del fondo de un valle con riego, por debajo de los 3,450 metros (id, p. 17; la misma observación
se hizo en el de Chancay por Greslou y Ney, 1983).
A nuestro conocimiento las únicas mediciones de la evolución de la fertilidad en el suelo son
las efectuadas en Nuñoa, por encima de los 4,000 metros de altura (Thomas, 1972: 114-116), en la
rotación papas / cereales andinos / de dos a doce años de descanso.
"El modelo de rotación de cultivos y de fertilización (...) ilustra la compleja interdependencia
entre las producciones vegetales y animales. (...) Los campesinos esparcen las deyecciones
secas de los animales domésticos como fertilizante en la siembra de papas, pero no para los
cereales (...) Analizamos el nivel de elementos nutritivos en el suelo en cuatro momentos de la
rotación:
- al fin del descanso pastoreado, justo antes de la labranza;
- al comienzo del primer año de cultivo, luego del abonamiento;
- al comienzo del segundo año de cultivo;
- al fin del segundo año o al inicio del descanso.
Los contenidos de magnesio y de materia orgánica en el suelo aumentan a lo largo del
período de descanso, pero a fines del mismo la fertilidad global de la tierra no parece
suficiente para el cultivo de papa 51. Ello cambia con el traslado de fertilizante al campo de
papas que se acaba de preparar: es entonces cuando la fertilidad resulta más elevada. Hacia
principios del segundo año el nivel de la mayor parte de los elementos nutritivos se aproxima
o cae por debajo del umbral de fertilidad 21 ; los niveles más bajos son los que se alcanzan al
comienzo del descanso, luego de la cosecha de cereales. Resulta, pues, claro que se debe
aplicar un fertilizante al campo al final del descanso si se desea una buena cosecha de papas.
Además, si se quisiera cultivar papas en lugar de cereales andinos en el segundo año, se
necesitaría un suplemento de fertilizantes.
Además del calendario de trabajo, ya evocado, debemos examinar el problema de la
disponibilidad en deyecciones de animales. Se puede estimar que un terreno necesita más o
menos 1,8 kg por metro cuadrado para lograr una buena fertilización, o sea 900 kg para 500

51
Las normas utilizadas son las del laboratorio de Análisis de Suelos y Forrajes de la Universidad del Estado de
Pennsylvania.
68

metros cuadrados (extensión [[107]] promedio de papas de una familia campesina).52 Los
excrementos son recogidos durante todo el año en los corrales en que se encierra el ganado
todas las noches. Justo antes de la siembra son puestos en sacos y transportados hasta los
campos a lomo de llama o de caballo (...)
¿En qué medida el tamaño del rebaño constituye, a través de la disponibilidad de fertilizante,
un factor limitante para la agricultura, y especialmente para la producción de papas? En el
estado actual de nuestros conocimientos no podemos sino sugerirlo (cf. fig. 51). El nivel de los
elementos nutritivos en los terrenos no abonados indica, sin embargo, de manera clara, que el
éxito del cultivo de papas depende estrechamente de los rebaños.53

Fig. 50: La bosta seca de las vacas sirve como combustible para cocer cerámica, mientras tanto la erosión
sigue llevándose los suelos de las laderas (Azángaro, Puno, 3850/4000 m.s.n.m.). PM.
Las familias que no tienen ganado deben "rebuscar" las deyecciones, o bien comprarlas. Una
mujer, por ejemplo, puede recoger más o menos 37 kg por día. Así también, se puede alquilar
las llamas para transportarlas a los campos, pudiendo 20 de ellas cargar hasta 900 kg en un
solo viaje - pero no están disponibles, por lo general, sino después de que su propietario las
ha empleado en su propio campo; y quien las toma en alquiler debe a menudo retrasar la
siembra más allá de la fecha ideal.
[[108]] (...) En el pastoreo los rebaños recogen los elementos nutritivos en grandes extensiones
(1,5 hectárea por alpaca y por año) y los concentran en sus excrementos, una parte de los
cuales queda depositada de noche en el corral (cf. fig. 52), y que finalmente son llevados por
los campesinos a lo alto de los camellones [o surcos] donde se siembran las papas. Esto
quiere decir que los elementos nutritivos que provienen de toda la extensión pastoreada son
concentrados en una área limitada de tierra (cf. fig. 53), resultando de todo ello un micro-
ambiente rico en elementos para las papas (...) La producción vegetal depende de los
elementos nutritivos acumulados por los rebaños en una gran extensión de pastizal"
(Thomas, 1972: 114 - 116).

52
Siendo muy baja la proporción de agua en estas deyecciones, esta cantidad corresponde a 100 a 200 toneladas
de estiércol por hectárea cantidad que por su fermentación ejerce efectos en la temperatura del suelo, y protege
las papas contra las heladas. Por encima de los 4,200 ó 4,300 metros de altura, se realizan unos muy pocos
cultivos de papa directamente en antiguos corrales.
53
El mismo estudio (Thomas, 1976: 394) indica que, por 900 kg empleados como fertilizantes, cada familia
quema en promedio 11,000 kg como combustible, ¡lo cual sugiere la importancia del aumento de producciones
agrícolas que sería posible mediante el suministro de otra fuente energética para la cocina - o la cocción de
ladrillos, tejas y cerámicas, fig. 50! La disponibilidad de deyecciones animales depende en enorme medida de la
relación entre superficies cultivadas y de pastizales de altura. En 8 comunidades situadas entre los 3,200 y los
3,900 metros de altura, Kervyn et al. (1983: 92-94) estiman que cada familia recoge más o menos de 2 a 3 t de
deyecciones por hectárea de papas o maíz. En estas comunidades más bajas que Nuñoa, donde hay algunos
árboles y arbustos, la proporción de deyecciones utilizada como combustible es mucho menor, entre 6 y 18 %.
69

Fig. 52: El corral donde se acumulan las deyecciones del ganado. La bosta sobre la pared
está secando antes de ser utilizada como combustible para la cocina, cuyo humo sale al
amanecer a través del techo de paja (Churubamba, Andahuaylas, 3700 m.s.n.m.). PM.

PUNA
Pastoreo de alpacas, llamas, ovinos, de día
Corral
de
noche

Descanso pastoreado
Barbecho sectorial Cebada Papa

Fig. 53 : Transferencia y concentración de las deyecciones de los animales


en el distrito de Nuñoa (según Thomas, 1973).
Los resultados que preceden provienen de una zona muy fría a gran altura. En otras partes,
cuando una misma comunidad maneja varias rotaciones colectivas a diferentes alturas, es siempre la
que está situada más arriba, o en el medio más frío, la que tiene mayor duración o proporción de
descanso (Mishkin, 1946; Camino, 1978b; Salis, 1987). En Ambana, en la vertiente oriental de los
Andes de Bolivia (Nº 27), Greslou y Vacher (1980) han identificado 9 rotaciones diferentes, cuyo
tiempo de descanso varía de 5 a 15-20 años, de acuerdo a la altitud pero también al declive (fig. 54).
Más abajo, en los pisos donde los campesinos manejan sus parcelas individualmente, no hay
normalmente descanso. La interpretación habitual es que cuanto más se asciende, el frío hace más y
más lentos los fenómenos, y con ello se demora la reconstitución de la fertilidad del suelo.54
"En la visita y composición de tierras hecha en el Cuzco en 1711, don Guillermo Gato, medidor
oficial, aseguró que 'un topo que se reparte a un indio en tierras templadas, se debe multiplicar
por seis y a veces por diez en lugares fríos...y que la razón de esto es que como las papas no se
siembran cada año en un mismo paraje, no lo permite la tierra sino al cabo de cinco años en

54
En los trópicos húmedos, los suelos "mejoran"en general con la altura, pero sólo hasta cierto límite, por
encima del cual la fertilidad disminuye: los barbechos sectoriales se hallan muy probablemente por encima de
esta altura "ideal."
70

tierra de papas algo templadas, al cabo de siete años en tierras frígidas, y al cabo de nueve en
las punas más bravas, si se diese con un solo topo, o dos, o la cantidad que fuese, a un indio
para su sustento anual, y para que pueda con su fruto pagar sus pensiones, sólo en un año lo
pudiera hacer," muriéndose de hambre los años siguientes." (Rostworowski, 1960).

Altura
m.s.n.m.
4300
P A >15
4200 Pastizales
P O A <15
4100
permanentes

4000
P O A 9
Cultivos
y
3900 P O A 12
manejados
3800 individualmente,
sin rotación
P O H A 8 matorrales
3700
estricta, con P O C H A 7
P O H O R A 6
3600 riego en la parte
baja P O T H C R A 5
3500
0 10 20 30 40 Pendiente terreno %
Papa Avena Oca Habas Cebada aRvejas Trigo

Fig. 54 : Rotaciones de los cultivos en función de la altura y del pendiente, en las comunidades de la parte
alta del distrito de Ambana, Bolivia (Vacher, in Greslou y Vacher, 1980).

[[110]] Sin embargo, en el conjunto de los Andes Centrales no existe ninguna relación estadística
entre altitud y proporción de descanso. Ello no soprende, ya que:
- el análisis reúne zonas en las que el clima y las pendientes son muy diferentes, y donde se
puede obtener un mismo resultado con duraciones diferentes;
- la duración del descanso depende tanto de la presión demográfica o de la proximidad de las
ciudades, como de la fertilidad de los suelos (Preston, 1973: 119; Thomas, 1972: 114).
Por el contrario, el número de años que separa dos cultivos de tubérculos aumenta de manera
significativa con la altitud: después de una operación tan erosiva como la cosecha de tubérculos, que
pulveriza el suelo, la vegetación espontánea vuelve a tomar poco a poco posesión del terreno durante
el subsiguiente período de cultivo de granos (Cook, 1920, cf. capítulo 1); por lo tanto, y en lo que
concierne a los riesgos de erosión, no se debe hacer la separación entre cultivos y descanso, sino entre
cultivos de tubérculos, por un lado, y por otro descanso más cultivo de granos, en los cuales el trabajo
del suelo es mínimo.
Ahora bien, la duración entre dos cultivos de tubérculos, y sobre todo de papas, es también
esencial desde el punto de vista fitosanitario:

[[111]] 2.4.3. Lucha contra las enfermedades y parásitos


A gran altura los problemas fitosanitarios más graves son los causados por nemátodos
(gusanos minúsculos) que atacan las raíces de la papa, reduciendo la capacidad de la planta para
absorber agua y elementos nutritivos (Evans et al., 1975); las pérdidas son proporcionales a la
densidad de los nemátodos, y la cosecha puede resultar practicamente nula en casos extremos. Los
daños son causados por varias especies, todas favorecidas por condiciones de suelo húmedo y fresco, y
contra los cuales los diversos tratamientos químicos tienen a la vez poca eficacia y corta duración, y
son costosos y tóxicos para el hombre y los animales domésticos (Otazú et al., 1987).
71

En el caso de los "nemátodos del quiste" (Globodera rostochiensis y G. pallida), la población


de parásitos en el suelo puede ser reducida considerablemente por un espacio de 5 a 6 años entre dos
cultivos sucesivos de papa, no importando que el terreno sea dejado en descanso o cultivado con otras
especies, siendo el cultivo de quinua el más eficaz para disminuir tales poblaciones (Arana y Díaz,
1978). La duración de rotación necesaria puede ser acortada alternando variedades de papas sensibles
a los ataques (que permiten el desarrollo y la reproducción de parásitos), con variedades resistentes
que los agrónomos buscan entre las cultivadas por los campesinos (Mayer y Christiansen, 1978). Si no
se toman estas precauciones, la infestación puede ser muy elevada, como sucede en una parte del valle
del Mantaro (Horton et al., 1980). En cambio, en el caso de otra especie (Nacobbus aberrans), el
sistema de rotación de cultivos no es tan eficaz a causa de las numerosas especies vegetales que
pueden hospedar al parásito (Otazú et al., 1987).
El número total de especies vegetales cultivables disminuye con la altitud, y los barbechos
sectoriales se encuentran, por lo general, por encima del límite superior del maíz, trigo, lupino, incluso
arvejas y alfalfa: si no es conveniente que una misma especie, cualquiera que sea, retorne con
demasiada frecuencia al mismo terreno, la solución es reemplazar las que no se pueden cultivar por el
descanso, cuya duración aumenta así con la altura.
En el conjunto de datos analizados, el intervalo entre dos cultivos de tubérculos es superior a
cuatro años en el 90 % de los casos, y más prolongado si se trata sólo de papas (las diferentes especies
de tubérculos no hospedan todas las mismas especies de nemátodos). No hay que olvidar, sin embargo,
que así como sucede con la reconstitución de la fertilidad del suelo, los niveles de poblaciones
patológicas varían de modo continuo a lo largo del período de descanso, sin que pueda tomarse un
determinado número de años como umbral absoluto.
Hasta ahora la discusión se ha ocupado de un solo aspecto de los barbechos sectoriales: las
rotaciones con descanso pastoreado de larga duración. Es probable que formas no colectivas, en las
que los ciclos de parcelas contiguas no están coordinados, sean menos eficaces que éstas, ya que la
infestación pasaría de una parcela con papas en un año determinado a las parcelas limítrofes cultivadas
con papas al siguiente. En Tupe, en el valle del río Cañete, la degeneración de la papa, que produce
bastante menos que antes, se atribuye a problemas fitosanitarios consecutivos al abandono del sistema
de barbecho sectorial (Arana, 1986).

2.4.4. Ventajas y limitaciones de la contigüidad de las parcelas


La reunión de un gran número de parcelas cultivadas en conjunto reduce el perímetro total de
separación con las tierras en descanso pastoreado, y con ello el peligro de daños en los cultivos por
vagancia de los animales domésticos. Ello permite disminuir [[112]] el tiempo que cada familia debe
consagrar al cuidado de sus animales (Mayer, 1979: 71). En la comunidad de Matapuquio (Nº 18),
cuando un animal doméstico penetra en una parcela de un sector en cultivo, su dueño paga una
indemnización al propietario de la parcela; si los perjuicios son producidos en una parcela cultivada,
pero situada en un sector en descanso, no hay indemnización alguna. Como declara un comunero: "si
uno siembra las demás parcelas (en los sectores en descanso), entonces los animales vienen a comer
ahí, y nadie es responsable." (Skar, 1983).
En ciertas comunidades del alto valle de Cañete, como Laraos (ver más arriba), cada sector se
halla cercado por completo mediante un muro o una barrera natural, a fin de impedir las incursiones de
los animales. Allí donde la organización colectiva comunal ha desaparecido, cual es el caso de la
comunidad de Tupe, tiene que cercarse cada parcela individual, y cada familia tiene que dedicar
mucho más tiempo a vigilar sus animales. el agrupamiento en el espacio de los campos utilizados del
mismo modo el mismo año, es una consecuencia lógica del acceso de los animales de todos los
comuneros a los campos en descanso.
Otra interpretación se refiere al escurrimiento del agua:
"En el caso de los terrenos comunales de los valles interandinos, que corresponden a cuencas
hidrográficas, la zona de muyus desempeña un papel determinante en la circulación del agua.
72

Una mala infiltración de las aguas de lluvia en las alturas provocaría un escurrimiento
importante y la formación de barrancos en los pisos inferiores, y no podría asegurar la
alimentación continua de los manantiales para uso doméstico y riego de las tierras más bajas
(...). Observamos en la comunidad de Quencco dameros en que alternaban extensiones
roturadas y otras que no lo habían sido (de dimensiones variables), alternándose una zona de
infiltración con otra de escurrimiento.
Pues estos sistemas no pueden ser administrados eficazmente sino por sectores enteros,
evacuando el agua de una parcela a otra (es posible observar las grandes direcciones de
evacuación en los sectores en rotación), o, al contrario, distribuyendo la infiltración del agua
de lluvia en toda una ladera. Ello brindaría una nueva interpretación sobre la necesidad de
una gestión colectiva de las tierras de altura" (Salis, 1987: 9.12. Cf. Rengifo, 1986: 34;
Guillet, 1981 a y b; Ellenberg, 1979). Pero esta interpretación, en el estado actual de nuestros
conocimientos, no es más que una hipótesis a verificar mediante dispositivos de medición
apropiados.
La yuxtaposición de parcelas permite también a los campesinos más experimentados
desempeñar un papel importante en las decisiones relativas al calendario agrícola (Orlove y Custred,
1974); si las parcelas estuvieran dispersas, sería más difícil que todos los miembros de la comunidad
se beneficien con sus consejos.
En cambio, los sistemas de barbecho sectorial son bastante rígidos y limitan la innovación y
experimentación individuales; ya que el derecho de pastoreo en común en un sector, desde el momento
en que se recoge la cosecha hasta la roturación y la siembra siguientes, impide toda siembra más
precoz o toda cosecha más tardía que las decididas por la comunidad, siendo las únicas modificaciones
que un individuo puede introducir las de escoger especies o variedades de ciclo más corto. En una
comunidad de la provincia de Andahuaylas uno de nosotros observó incluso un caso, seguramente
excepcional, en que la degradación de los mecanismos colectivos desemboca en decisiones
individuales; el primero que cosecha (y coloca sus animales de inmediato en el terreno) obliga a todos
los demás a hacer lo mismo, aun cuando los cultivos no hayan llegado todavía a su madurez.

[[113]] Conclusión
Es en las alturas elevadas que los campesinos disponen de menos "grados de libertad" en lo
que concierne a la elección de especies por cultivar, de su rotación y de las fechas, pues las exigencias
del medio natural son allí las más fuertes (cf. Golte, 1980 b). Todos se ven obligados por el clima a
hacer más o menos la misma cosa y al mismo tiempo: lo que cada cual hace es necesariamente
semejante a la norma colectiva, que no es entonces sentida como una restricción suplementaria, al
contrario de lo que acontece en alturas más bajas, donde cada cual hace lo que quiere en sus parcelas.
Pero eso no es así en todos los casos. Cuando la superficie total disponible por familia 55 se
reduce fuertemente cualquiera que sea la causa , o cuando la apertura al mercado se acompaña con la
introducción de nuevas técnicas, se pueden modificar las reglas colectivas, o incluso abandonarlas. En
efecto, "se trata en todo caso de una costumbre, ya que su violación no acarrearía ninguna sanción
legal, y las sanciones, por severas que fuesen, no podrían proceder sino de los mismos comuneros"
(Bourricaud, 1962: 109).

55
La particular topografía de los Andes Centrales hace que las superficies cultivables sean bastante más extensas
en el piso de las rotaciones sectoriales que en alturas inferiores, donde el clima es sin embargo más favorable.
Siendo en promedio el número de años de descanso, en estos barbechos sectoriales, el doble del de los cultivos
(cuadro 2), sólo un tercio de estas extensiones cultivables puede realmente ser cultivado cada año. Es, pues,
necesario precisar siempre de qué se trata cuando se habla de las superficies cultivables de que disponen
las familias campesinas: a falta de tal indicación, muy numerosos datos publicados terminan siendo
inutilizables.
73

3. Privatización y reducción del tiempo de descanso: ¿hacia un


abandono del barbecho sectorial?
La semejanza entre los sistemas de barbecho sectorial andinos y las rotaciones colectivas tri o
cuatrienales que se usaban antiguamente en Europa, sugiere que la existencia de tales sistemas
obedece a profundas razones. Pero también sugiere las mismas posibilidades de evolución. Las
anteriores explicaciones podrían haber tenido mayor validez en el pasado, antes de los cambios
actualmente en curso en la agricultura de las tierras altas andinas. Es sabido que el aumento de
población, y el del carácter comercial de la agricultura pueden conducir a una disminución del tiempo
de descanso de la tierra, lo que Esther Boserup (1965) llama intensificación agrícola.
Hace cuarenta años, Mishkin afirmaba ya que, a causa del aumento de población, "las pastos
de algunos años, es decir los campos en descanso, se han visto reducidos con el correr del tiempo"
(1946: 428).
Refiriéndose al norte del departamento de Potosí en Bolivia (Nº 7), Godoy (1984) describe el
aumento del número de años de cultivo a expensas del descanso, sin modificación del número de
sectores. Atribuye esta evolución, así como la intensificación en los sectores manejados
individualmente, al crecimiento de la población, y sugiere igualmente que los impuestos han creado
una demanda adicional en las cosechas de una superficie de terreno no extensible.
En determinados aynuqa de la comunidad de Irpa Chico (Nº 9), en el altiplano (Carter y
Mamani, 1982), se conserva el número de años del ciclo, pero hay familias que continúan cultivando
uno o dos años más, en vez de dejarlos en descanso (cosa que hemos observado también en la isla de
Amantani, en el lago Titicaca). Ello ha llevado a que, por ejemplo, en una de las rotaciones sectoriales,
dos años de papas se alternen con cuatro de cebada; ahora bien, la gente designa este sistema con el
mismo nombre de aynuqa, y [[114]] lo administra colectivamente de la misma manera que los otros: si
bien hay otras fuentes que sugieren que podría darse lo mismo en otras partes (Painter, 1981), éste es
el único caso, en toda la documentación estudiada, en el cual estamos seguros de que parcelas en
cultivo continuo sin descanso forman parte de una rotación sectorial. La opinión de los campesinos
interrogados por Carter y Mamani es que tales sistemas sin descanso, recientes y atípicos, se deben
explicar como desgraciada consecuencia de la división de las tierras. En otros casos, se retira todo un
sector del ciclo y es convertido en parcelas de gestión individual; en lo que queda del aynuqa
correspondiente, sigue siendo igual el número de años de cultivo, pero el de años de descanso
disminuye en una unidad.
El problema es expuesto del siguiente modo por el hijo de un campesino de la comunidad de
Ongoy (Nº 55), en la provincia de Andahuaylas:
"la población ha aumentado mucho; en esta zona alejada de todo centro de trabajo, los
campesinos deben dividir las parcelas entre sus hijos, los que una vez adultos solicitan tierras
a la comunidad. Los laymes desaparecen así para que cada uno tenga su pequeña parcela.
Hace 10 ó 20 años, cuando las decisiones de cultivar eran tomadas por la comunidad, la
rotación en los laymes era:
papas / tubérculos secundarios / cebada y habas / 7 u 8 años de descanso.
Ahora, si bien se han roturado nuevos terrenos para ser puestos en laymes, el descanso sólo
es de 3 años, como máximo. Después de uno o dos años de descanso, el arado de palo entra
sin problemas, y ya no hay necesidad de chaquitaclla para voltear la hierba. La consistencia
de la "champa" no es la misma que en un terreno que ha descansado durante ocho años y ha
estado sometido al pisoteo de un mayor número de animales.
Antes los laymes eran fundamentalmente terrenos de pastoreo. Ahora hay menos animales,
porque ya no hay suficientes pastos para alimentarlos.
74

"Esto va paralelamente con la pérdida de los suelos. Entonces la gente, lejos de recomponer el
suelo (cf. capítulo 4), va a lugares donde aún es posible cultivar, mientras que ya no es posible
hacer descansar los terrenos que quedan. Poco a poco, para hacer leña, la gente desbroza las
escarpadas laderas de las quebradas. Una vez desbrozadas, hace allí sus campos, que cultiva
sin dejarlos descansar.
De hecho, la gente se hace individualista, cada cual tiene su pequeña parcela y hace ahí lo
que quiere. La chaquitaclla, cuya utilización exige el concurso de otras personas, es el
símbolo de la organización colectiva para la producción cuando existen laymes que todos
trabajan juntos. Todo tiende [hoy] a la desestructuración de las comunidades" (V. Chati,
comunicación personal).
Los omnipresentes conflictos por la tierra provocan a veces esta evolución: un sector entero
puede ser retirado del sistema como consecuencia de la usurpación por un gran propietario (Orlove,
1976), o por otra comunidad (Godoy, 1984). El número de años del ciclo debe ser reducido de la
misma manera que el de los sectores, lo cual se realiza normalmente a expensas del tiempo de
descanso.
Mayer (1977, 1983, 1985) ha propuesto una representación gráfica (fig. 55) de los diferentes
mecanismos y etapas de la desintegración de los barbechos sectoriales en el valle del Mantaro (Nº 40
en la fig. 41)56:
[[115]] "Esto sucede de varias maneras y en varias etapas sucesivas:
(0) Sistema de barbecho sectorial tradicional sin modificar.
(1) Aumentando el tamaño de cada sector para darle tierra a un número crecente de familias. Ello
implica la eliminación de varios sectores, lo que también disminuye el número de años de descanso
para cada sector.
(2) Alargando el ciclo de cultivo sin cambiar el tamaño del sector, se producen más cultivos,
repitiéndose algunos en la secuencia de rotación, a expensas de los años de descanso.
(3) Ambos procesos se combinan para crear un sector más grande, aunque la comunidad ya no
dictamina cómo, dónde o qué deberá sembrarse. Quedan solamente dos sectores (uno bajo cultivo y
[[116]] otro en descanso), que alternan anualmente. En esta situación cada familia debe tener un mayor
número de parcelas en cada sector, desde que todos los cultivos que necesita deben producirse en un
solo sector.
(4) La comunidad abandona cualquier reglamentación del uso de la tierra, y todo el territorio se
parcela entre las familias. Las familias por su cuenta deciden los patrones de rotación (...)
(5) Progresivamente se abandona el descanso entre cada ciclo de rotación.
Esta secuencia de desintegración, que se basa en un proceso histórico, aporta también una
representación geográfica de la situación actual, ya que las comunidades de la zona agro-ecológica
baja comenzaron el proceso de desmantelamiento de sus sectores más temprano que las de las zonas
intermedia y alta (fig. 55).

56
Causas contrarias producen evoluciones opuestas. Allí donde la población se estanca, incluso disminuye, por
ejemplo en el valle del alto Cañete, cerca al valle del Mantaro, se mantienen los barbechos sectoriales;
determinados sectores, antes abandonados a causa del éxodo rural, son reinsertados nuevamente en la rotación
sectorial, para evitar su apropiación por una comunidad vecina (Mayer, 1978; M. Eresue, comunicación
personal). Cerca del Cuzco, la población de Chacán reclamaba, hace veinte años, la restitución de los terrenos de
la hacienda, para contar con pastos naturales y permitir la rotación de los cultivos (Sabogal Wiesse, 1966).
"Muchas zonas que pertenecían antes a las comunidades, habían sido acaparadas por las haciendas, que las
transformaron en pastizales luego de arrojar de ellas a los campesinos. Después de la Reforma Agraria, en
algunas de esas haciendas, la población comienza a restablecer barbechos sectoriales colectivos (Mayer, 1983).
75

a b c d e f g h

O
A B C D d e f g h
a b c

Parcelas cultivadas Descanso

Año 1 Año 2 Año 3

Fig. 55: Desintegración de los sistemas de barbecho sectorial (Mayer, 1983).

Pero en la medida en que las explicaciones agronómicas ofrecidas más arriba sean correctas,
parece muy difícil que esta evolución pueda llegar a su término en las alturas elevadas, pues hay
dos razones que impiden sustituir allí el descanso pastoreado por el uso de abonos químicos:
- como toda compra exterior, la de abonos no se puede justificar para los campesinos si no
están seguros de vender el producto de la cosecha a un precio suficiente (cf. Cap. 6). Pues
bien, en las alturas elevadas no están seguros ni siquiera de cosechar todos los años.
- los abonos químicos no desempeñan otro papel que sí cumple el descanso pastoreado:
proteger el suelo contra la erosión y lixiviación de los elementos nutritivos, y acumular
materia orgánica papel cuanto más importante tanto más se hallan los barbechos sectoriales en
pendientes pronunciadas. Los rendimientos se ven afectados muy pronto a causa de la
sustitución.
"Un agricultor comercial de Llacuaripampa (a 3,800 m) me dijo que él trató de usar
fertilizantes en lugar de descanso pero que no tuvo buenos resultados."(Mayer, 1983: 119).
A no ser que se transporte cada año desde la puna grandes cantidades de deyecciones
animales, la supresión del descanso (a imitación de las zonas más bajas) no nos parece una solución
viable: parece posible, en cambio, mejorar la productividad de los terrenos en descanso:
- quizás utilizando abonos químicos (pagados con la venta de productos de la crianza de
animales);
- eventualmente, enriqueciéndolo mediante especies forrajeras más productivas, sembradas
al mismo tiempo que el último cultivo de cereales para no aumentar la cantidad de trabajo;
- en todos los casos, esperando que la cobertura vegetal se establezca bien, para emplearla
como pastizal.
Se han efectuado en diferentes regiones ensayos parciales que merecerían ser sistematizados, y
que sus resultados se evaluaran y divulgaran.
Una evolución opuesta se produjo en las comunidades de San Juan y Huascoy, en el valle de
Chancay (Nº 58). Los cultivos de las rotaciones sectoriales se hallan ahí en franca decadencia;
compiten en las ocupaciones y preocupaciones de los campesinos con las huertas comerciales bajo
riego, situadas a 2,000 metros más abajo, al fondo del valle: "los trayectos son largos y el trabajo de
roturar (después del descanso) penoso, y los comuneros han escogido: se desinteresan cada vez más de
cultivos de rendimientos aleatorios" (Greslou y Ney, 1983: 171).
[[117]] Ya sea que se mantenga bajo la forma de barbechos sectoriales, que evolucione hacia su
intensificación con privatización, o al contrario hacia su abandono, el uso agrícola de las tierras más
76

altas no es aislado ni independiente: los mismos campesinos (o sus vecinos) explotan otros recursos,
con otras técnicas, en otras altitudes. Las relaciones entre los diferentes pisos son a la vez de
competencia y de complementaridad; y de acuerdo a que predomine una u otra, la evolución podrá
ser muy diferente.
El empleo complementario de diferentes pisos o medios ecológicos no sólo se encuentra en los
Andes, lejos de ello. Pero tiene, y sobre todo tenía, características muy particulares, siendo una de las
más importantes la ubicación de los centros de poder y de población a gran altura, justo en el límite
inferior de las zonas de barbecho sectorial. Y no se puede comprender la lógica que guía a los
campesinos actuales, si no se tiene en mente los antiguos modelos de complementaridad ecológica, tal
como han sido descritos por el antropólogo J. V. Murra. Ello será objeto del próximo capítulo.
77

[[119]] Capítulo 3
Valorización de la diversidad ecológica

[[120]] Introducción
Pierre MORLON

Como las civilizaciones precolombinas de los Andes no han dejado testimonios escritos, los
más antiguos de que disponemos son los de los cronistas españoles de la Conquista - incluso anteriores
a la seguridad de la victoria, y por tanto escritos cuando sus autores tenían otras preocupaciones. Así,
durante su marcha a través de los Andes desde Quito hasta el Cuzco, los españoles habían notado que
los indios
"Vístense de vestidura de lana y plumas que hay muy gran abundancia de ganados y de allí se
proveen los de la región caliente (...) No se crían frutos por la frialdad de la tierra, si no es en
algunos valles hondos; los ríos no crían pescados; si algunos hay, críanse en lagunas dulces
(...) provéense de todas estas cosas de los de la región caliente." (Miguel de Estete, [1535]
1968: 397).
Inmediatamente luego de la toma del Cuzco en noviembre de 1533, Francisco Pizarro envió de
allí a dos españoles en viaje de reconocimiento hacia el Sur, para "ver la provincia del Collao", es
decir el Altiplano. A su regreso al Cuzco, después de cuarenta días, éstos presentaron su relación:
"Es sierra muy alta y medianamente llana y con todo eso es sumamente fría. No hay en ella
bosques ni leña para quemar, y la que se usa se consigue a cambio de mercaderías con los
que viven cerca del mar, y también con los que habitan abajo junto a los ríos, que éstos tienen
leña y se cambia por ovejas y otros animales y legumbres, pues por lo demás la tierra es
estéril, que todos se mantienen con raíces, yerbas, maíz y alguna vez con carne (...) La tierra
está bien poblada, porque no la han destruido las guerras como a las otras provincias (...) En
medio de la provincia hay una gran laguna de grandor casi cien leguas, y la tierra más
poblada alrededor de la laguna." (Sánchez de la Hoz, 1534).
"Esta gente del Collao está poblada en una tierra fría alrededor de las lagunas (...) En todas
estas provincias del Collao, Quillacas y Carangas no se da maíz ni trigo por la mucha
frialdad de la tierra, sino unas papas a manera de turmas de tierra que siembran los indios en
gran cantidad; cogen también unas raíces que llaman ocas que son largas de un dedo y más,
y del gordor de dos; cogen también una semilla que llaman quinúa, que se cría en unos
arbolillos como cenizos de España, sino que son más altos; es la semilla muy menudita; éstos
siembran a sus tiempos y muchas veces se les hiela. Comen algún maíz de los valles que
tienen a la parte de la mar del Sur, y otros que están en los Andes hacia la mar del Norte, de
rescate con lana y ganados que tienen éstos mucho." (Pedro Pizarro, 1571).

Se podrían multiplicar las citas para mostrar que desde los primeros meses de la Conquista
los españoles observaron las bases de la problemática ecológica andina, comprendida mucho más
tarde por el geógrafo alemán Carl Troll (1931, 1943, 1968) y analizada por J. V. Murra:
[[121]] - las tierras altas frías se hallan densamente pobladas, a pesar del alto nivel de los
riesgos climáticos (fig. 56);
78

- ello es posible, por una parte, gracias a las técnicas de conservación mediante el frío, y, por
otra, a los "intercambios" con los valles cálidos;
- la ganadería de altura desempeña en tales "intercambios" un papel preponderante (fig. 57) :
"De esta manera (...) los collas llevaban en su ganado, para trocar con los parientes
trasplantados, grandísima cantidad de quinua y chuñu, que son papas pasadas, y mucho
tasajo, que llaman charqui, y volvían cargados de maíz y pimientos y frutas, que no las había
en sus tierras." (Garcilaso, 1609, VII, 1).

Fig. 57: Transporte de leña a


Fig. 56: Alpacas pastoreando en la puna lomo de llama (Pomacocha,
(Ananea, Puno, 4400 m.s.n.m.). PM. Andahuaylas, 3650 m.s.n.m.).
PM.

Las nociones de "utilización de un numéro máximo de pisos ecológicos" y de "archipiélago


vertical", propuestas por John Victor Murra alrededor de 1970, han conocido luego un éxito
considerable. Son una de las claves para la comprensión de las agriculturas andinas de ayer y de hoy;
por eso hemos decidido presentar antes que nada los dos ejemplos a partir de los cuales Murra definió
el modelo, y después el balance y las perspectivas que extrae quince años más tarde.
79

1. El control vertical de un máximo de pisos ecológicos y


[[122]]

el modelo en archipiélago
John Victor MURRA (57)

El universo andino fue concebido por sus habitantes como un conjunto de estratos ordenados
"verticalmente" uno encima del otro. Al ascender a alturas más elevadas, los habitantes tenían que
enfrentarse con cambios continuos de clima, fauna y flora.
"Cualquiera sea la eficacia de su adaptación a las condiciones locales, ninguno de los cultivos
andinos, solo o asociado, sobre dos o tres pisos de una vertiente, podría haber abastecido a una
población importante o dado base a la formación de un Estado. Cualquiera fuera su tipo, la tierra era
muy escasa; los buenos pastizales distaban mucho uno del otro... Mucho antes que los Incas, los
pueblos andinos habían descubierto que sus mejores intentos locales de cultivo no bastaban, si querían
evitar, en primer término, la hambruna, y llenar los graneros de sus señores y los de los dioses
después. Para alcanzar una elevada productividad, sacaron partido de lo que los extranjeros
consideran como desventaja: los bruscos cambios en las condiciones ecológicas, a veces a algunos
cientos de metros de distancia. En los Andes, cada grupo humano, incluso pequeño o primitivo, debía
pescar, recolectar y cultivar sobre diferentes estratos..." (Murra, 1981)
A lo largo de la cordillera, las aldeas y etnias habían procurado siempre controlar el mayor
número posible de micro-climas. Las regiones a las cuales no era posible llegar en un día de camino, o
mediante migraciones estacionales, fueron pobladas por grupos de colonos permanentes, dedicados al
pastoreo, a recoger sal o wanu (guano) y al cultivo de coca, maíz o ají.
Los informes de las inspecciones (visitas) a las diferentes provincias del Perú, realizadas para
el rey de España veinticinco años después de la Conquista, han permitido trazar las características de
este modelo, propio de los Andes:

1.1. La "Visita" a la provincia de León de Huánuco por Iñigo Ortiz de


Zúñiga en 1562.
Los Chupaychu y los Yacha que habitaban en la zona alta entre los ríos Marañon y Huallaga
(fig. 58) eran etnías pequeñas. Pero, aunque no constituían sino unos cuantos miles de unidades
domésticas, controlaban a través de colonias permanentes varios recursos alejados de sus centros de
mayor población. El carácter permanente de estos asentamientos nos ha sido revelado por la
información contenida en las visitas : no se trataba ni de migraciones estacionales, ni de comercio,
ni de transhumancia. La población hacía un esfuerzo continuo para asegurarse el acceso a "islas" de
recursos, colonizándolas con su propia gente, a pesar de las distancias que las separaban de sus
núcleos principales de asentamiento y poder.
[[123]] Aunque no tenemos todavía una lista completa de los asentamientos periféricos de los Yacha o
Chupaychu, sabemos que a tres días de camino hacia arriba, saliendo de núcleos serranos como Ichu,
Marcaguasi o Paucar, pastaban sus rebaños y explotaban salinas (fig. 59). A dos, tres o cuatro días de
camino abajo de los mismos centros de poder, tenían sus cocales, bosques o algodonales - todo esto
sin ejercer mayor soberanía en los territorios intermedios :
"Preguntado si los yndios que estan en la coca son naturales de la tierra... y de donde son
naturales, [Xulca Condor, señor de todos los Quero] dijo que los tres yndios que estan en la
coca de Pichomachay son el uno del pueblo Pecta otro de Atcor y otro de Guacar y que estan

(
57) Conferencia presentada en Mexico en 1972 y publicada en el tomo II de la Visita a la Provincia de León de
Huánuco (1972). Selección y notas por P. Morlon.
80

puestos alli del tiempo del ynga y que estos se mudan cuando se muere la muger o cuando ellos
se mueren ponen otro en su lugar y que en la coca de Chinchao hay otros dos yndios uno es del
pueblo Rondo y otro de Chumicho..." Ortiz de Zúñiga [1562] 1967 : 43-44).

Chupachos
ros
QueChu Huánuco
pach
os

Ya
0 km 50

ch
Océano
a s
Pacífico

< 2000 m > 4000 m > 6000 m

Fig. 58: Mapa de la región de Huánuco.

Ya 13 años antes, en 1549, cuando con la captura de su líder Illa Tupa, siete años antes, había
acabado la resistencia en la zona y había sido establecida la capital colonial de León de Huánuco, los
visitadores enviados por La Gasca y coordinados por Domingo de Santo Tomás informaban que:
"Este mismo día visitamos en un pueblo... que se llama Pichomachi siete yndios coca camayos
son de todas las parcialidades de Chinchao Poma o de Marca Pare...
[[124]] Este mismo día visitamos... en un pueblo que se llama Chinchao 33 yndios que son
coca camayos de todas las parcialidades de los chupachos los cuales veinte de estos estan ya
visitados en sus mismos pueblos donde son naturales..." (Ortiz de Zúñiga, [1549] 1967, t. I :
303-304).
Multi-étnicos
Pastizales
Jalca

sal
rebaños
Tubérculos

3 días de camino
Suni

mono étnicos
Chupaychu Q’eros Yacha
Quechua
Maíz

3 – 4 días de camino
madera, coca
Algodón, ají,
Yunga

Multi-
étnicos

Fig. 59: Esquema del "archipiélago" de los Chupaychu, etnía de 2,500 a 3,000 hogares, quechua-hablante.

Vemos por lo declarado tanto en 1549, como en 1562, que el control de los cocales se ejercía a
través de representantes provenientes de pueblos y grupos étnicos serranos, establecidos
81

permanentemente con sus familias en la ceja de selva. Arriba del núcleo, en las punas de
Chinchaycocha, pastaban sus rebaños; en Yanacachi excavaban la sal. Todas estas actividades,
ejercidas por colonos permanentes, "ya visitados en sus mismos pueblos donde son naturales",
aseguraban a las comunidades y a los señores Yacha, Huamalli o Chupaychu el acceso a recursos que
no se daban en la zona nuclear, donde quedaba el grueso de la población y el mando político.
Este conjunto de nichos y pisos podría definirse como la variante local del modelo panandino
de archipiélagos verticales:
a) Mas allá del deseo de abarcar un máximo de "islas" en lo vertical, había siempre un núcleo
de densa población, sede del mando político. El patrón de asentamiento preferido para los núcleos de
Chaupiwaranqa los ubicaba generalmente de manera tal que sus habitantes podían regresar el mismo
día de su maizal, debajo del pueblo, o del manay del año en curso, situado arriba de la población. Tal
yuxtaposición de [[125]] los dos complejos agrícolas claves no es frecuente en la región andina: los
manay rotativos, donde se cultivaban los tubérculos base de la alimentación, se encuentran con
frecuencia separados de los maizales por grandes distancias.
b) y c) Como ya indicamos, arriba del núcleo había por lo menos dos pisos donde
funcionaban poblaciones Yacha o Chupaychu: las salinas de Yanacachi y los pastos en los alrededores
de la laguna de Chinchaycocha. Una de las características imprevistas de tales colonias era que tanto la
sal como los pastos eran compartidos con salineros, pastores y rebaños de otros grupos étnicos,
algunos procedentes de distancias mucho mayores de sus respectivos núcleos que los Yacha o los
Chupaychu. Es tentador predecir que tal "control vertical de un máximo de pisos ecológicos" no se
refiere simplemente a una sola etnia, sino a una red de contradictorios reclamos, ajustes temporales,
tensiones, luchas y treguas...
d) Debajo de los maizales, los Yacha y los Chupaychu controlaban algodonales y chacras de
uchu (ají): la gente de Achinga "tienen tierras abajo en el valle de Cayra y alli tienen tierras para
algodonales" (t. I: 188). Los de Atcor, tan serranos como Rondo o Achinga, declararon que en Cayra
"se dan algodon trigo y maíz y ají y mani y zapallos y camotes [...] y frijoles y alli tienen muchas
tierras" (t. I: 193). Igual que las salinas o los cocales, las chacras de algodón o ají eran multi-étnicas y
necesitaban gente residente para cuidar los intereses de cada grupo que compartía los recursos. Pero
aparece una diferencia: donde los rebaños o los bosques requieren de unidades domésticas completas y
permanentes, los algodonales, quizás por su proximidad a los núcleos de los Quero, recibían el
cuidado de "viudas". Las casas 315 y 316 del pueblo Oxpa estaban vacías el día que los inspeccionó
Iñigo Ortiz; las viejas de quienes eran se encontraban en los algodonales. Notemos que una de ellas no
era una "vieja" cualquiera sino "la madre del dicho principal"
e) Más abajo de los algodonales, llegamos a la ceja de selva. La ocupación de esta zona era la
que mostraba mayor diversificación étnica y social. En Pomaguaci, "estan cinco yndios los dos de
Paucar Guaman y los dos de Marca Pare y uno de Chinchao (t. I: 302). En Uras, "seis yndios los dos
son de la parcialidad de Paucar Guaman y otros dos de Chinchao [...] son coca camayos" (p. 301).
Aparte de estos Chupaychu y de los Yacha enumerados arriba por Xulca Condor, había en la zona
cocales y kuka kamayoq de otros grupos étnicos más distantes, como los Yarush, cuyos núcleos
quedaban en lo que hoy es Pasco. Este carácter multi-étnico se encuentra en casi todos los
asentamientos.
f) Los bosques. El control de las fuentes de madera y de otros productos de la selva, como la
miel, puede haber dependido de un régimen semejante a los anteriores, aunque la escasa información
de la visita de 1562 no lo permite afirmar. Los pocos detalles que tenemos provienen de la visita de
1549, en la cual los cocales y las explotaciones de madera parecen muy cercanas. En un solo día, el 5
de agosto de 1549, Juan de Mori y sus acompañantes afirman haber visitado no sólo los cocales de
Pomaguaci sino también Conaguara, "que es de carpinteros de la parcialidad de Chinchao Poma y de
Marca Pare tiene 16 casas y en ellas 14 yndios". "Carpinteros" era una traducción literal y burda de un
término andino, quero camayos, que designaba a los artesanos residentes en la selva, los cuales
cortaban árboles y confeccionaban platos, vasos y demás objetos de madera.
82

[[126]] En resumen, el primer caso de "control vertical" reúne las características siguientes:
- se trata de sociedades demográfica y politicamente pequeñas, de 500 a 3,000 unidades
domésticas, o sea de 3,000 a un máximo de 18,000 a 20,000 almas;
- los núcleos de población y poder, que a la vez eran centros de producción de los alimentos
básicos, se ubicaban en Chaupiwaranqa y en el alto Huallaga, por debajo de los 3,200 metros.
Núcleos como Cauri, a 3,700 metros, en el alto Marañon, eran excepcionales en territorio Yacha
o Chupaychu;
- Sus zonas periféricas estaban pobladas de manera permanente por asentamientos ubicados
tanto por encima como por debajo del núcleo. Estas colonias periféricas, siempre multi-étnicas,
eran pequeñas, algunas veces simplemente tres o cuatro hogares por cada "parcialidad"; no se
aventuraban más allá de tres o cuatro días de camino del núcleo; sus moradores conservaban sus
"casas" y demás derechos en su núcleo y etnias de origen.

1.2. Los Lupaqa en la ribera suroeste del Lago Titicaca.


El reino Lupaqa, que Garci Diez de San Miguel inspeccionó en 1567 por orden del gobernador
Lope Garcia de Castro, no era sino uno de los tantos reinos lacustres de habla aymara en el Altiplano
(fig. 60). Ha adquirido notoriedad porque los Lupaqa no fueron encomendados* a ningún aventurero
europeo, sino que fueron puestos "en cabeza de su Majestad" y como tales llegaron a ser objeto de mil
informes.
CUZCO
A
CANCHIS m
CANCHIS
CANAS
a
COLLAS z
CANAS o
n
COLLAS
Lac Titicaca ia
LUPACAS
PACAJES

CHARCAS
PACAJES
SORAS-
UMA CHUIS
CARANGAS

CARACARAS-
QUILLACAS URCU

Océano
Pacífico
CHICHAS

Salar de Uyuni
100 km

Fig. 60: Los señoríos aymaras (mapa establecido en base a la lista de los mitayos de Capoche)
(Bouysse-Cassagne, 1978).
[[127]] Según el khipu presentado por los señores Lupaqa en respaldo de su testimonio, los
pobladores del reino habían sido unas 20,000 unidades domésticas (58), es decir 100,000 y quizas hasta
150,000 almas. Comparando éste con el primer caso examinado arriba, vemos que se trata de un
notable cambio de escala, casi 10 por 1. Y lo demográfico no es sino síntoma de profundas diferencias
económicas y politicas.

(58) "Parece por el dicho quipo que todos los yndios que había en el dicho tiempo del ynga son 16,151 yndios
aymaraes y 4,119 uros que son por todos 20,270 yndios" (p. 66). Durante la visita de Garci Diez, 35 años más
tarde, se enumeraron "indios varones tributarios... 11,658 aymaraes y 3,782 uros" (p. 206).
83

Una etnia de más de 100,000 habitantes puede movilizar un número de colonos periféricos
mucho más grande que las 4 ó 16 unidades domésticas que observamos en Huánuco. Estas colonias
pueden estar enclavadas a distancias mucho mayores del núcleo: a cinco, diez y hasta más días de
camino. Los Lupaqa tenían oasis en la costa del Pacífico, desde el valle de Lluta en Arica hasta Sama
y Moquegua (fig. 61). Allí cultivaban su algodón y maíz; recolectaban wanu, sin hablar de otros
productos marinos. Como parte integrante de su inspección, Garci Diez bajó del Altiplano para visitar
los oasis y los incluyó en su "parecer" dirigido al gobernador y a la audiencia.
[[128]] El uso de los oasis era multi-étnico, parecido al aprovechamiento de las zonas periféricas en
Huánuco: los Pacaxa, otro reino lacustre aymara-hablante, tenían posesiones en la costa del Pacífico,
al parecer intercaladas con las de los Lupaqa (Jiménez de la Espada, 1965, t. I : 338) (fig. 62). De
igual modo que en Huánuco, los colonos establecidos en los asentamientos periféricos seguían siendo
enumerados en los núcleos y no perdían sus derechos allí. Cuando Garci Diez quiso saber las "causas
por donde no hay ahora tantos yndios como en el tiempo del ynga", Cutinbo, "gobernador que ha sido
de los yndios de esta provincia", dijo "que cuando se visito la dicha provincia por el ynga se visitaron
muchos yndios mitimaes que eran naturales de esta provincia y estaban [...] en muchas otras partes [...]
y que con todos estos eran los veinte mil yndios del quipo y que los dichos mitimaes como se
encomendaron los repartimientos donde estaban se quedaron allí y nunca más se contaron con los de
esta provincia" (Garci Diez, [1567] 1964 : 170).


minerales

3-5 d Tu
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Bi-étnico s m
10-15 días az
De 5-1 on
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0 -1
m 1
a aíz maíz
alg jí Altiplano coca
c od
gu oca ón
an Pluri-étnicos
o madera

pesca

Fig. 62: Esquema del "archipiélago" de los Lupaqa, etnía de 20,000 hogares aymara-hablantes.
84

Am
az
on
ia

Lupacas

Pacajes

Omasuyos

Collas

Multi- 0 50 km
étnicos

Fig. 63: Colonias étnicas del Altiplano en Larecaja (Saignes, 1978).

Los reinos de aymara-hablantes del Titicaca extendían su control no sólo hacia el Pacífico,
sino también en la ceja de selva y más allá. Según el informe de Garci Diez, los Lupaqa cultivaban
cocales y explotaban bosques en Larecaxa, en territorio hoy boliviano. En la lista de "islas" lupaqa
ubicadas al este del Altiplano (Capinota, Chicanuma,...) se mencionan otros recursos y "pueblezuelos"
a tan grandes distancias del Lago que, al dibujar por primera vez el mapa (fig. 61), no nos atrevimos a
afirmar que las poblaciones identificadas con estos nombres en los mapas modernos eran las
mencionadas en la visita. El arqueólogo Carlos Ponce Sanginés, con quien consultamos el asunto,
opinó que tales identificaciones eran probablemente correctas a pesar de las distancias (59). En la visita
de Chucuito, el visitador no inspeccionó casa por casa; la información que ofrece es mucho más
superficial que la de Iñigo Ortiz. Un ejemplo:
[[129]] "Provei que dentro de un año mudasen este pueblo [Chicanuma] una legua de allí que
es parte sana y de buen temple que es donde ellos iban a hacer sus sementeras de maíz [...]
desde allí podran ir a beneficiar con facilidad las chacras de coca" (p. 243)
Más allá de las colonias cuya ubicación fue de carácter netamente ecológico, es útil anotar que
en el reino Lupaqa ya hubo otra categoría de "islas": las que concentraban artesanos especializados.
Los olleros vivían en Cupi, los "plateros" en Sunacaya. El uso de la arcilla y del cobre (como el de la
sal en Huánuco) podría caer dentro del patron multi-étnico. Ninguno de los pueblos declarados por los
señores de las dos "mitades" lupaqa coinciden entre sí, con excepción de las "islas" artesanales, lo que
se debe probablemente a la necesidad de estar a proximidad de la materia prima (Diez de San Miguel,
[1567] 1964: 297-298).
Dado el hecho que los Lupaqa no fueron sino uno de varios reinos lacustres, cabe preguntarse
¿cuál fue el efecto, no sólo en la costa, sino al interior del continente, de este método para alcanzar
multiples ecologías a través de colonias permanentes a largas distancias de los núcleos? Si todos los
reinos altiplánicos tenían "sus" cocales, "sus" islas para wanu, "sus" bosques con "sus" q'erukamayoq,
el mapa étnico de la región andina debe dibujarse con multiples pinceles y con criterios distintos a los
que se usan en otros continentes, donde etnias y territorios suelen coincidir...
En resumen, este segundo ejemplo de "control vertical" nos presenta con el primero los
siguientes contrastes:

(59) El lector interesado en las confirmaciones arqueológicas del modelo en archipiélago podrá consultar a las
publicaciones originales de Murra, así como a la de Dillehay (1979). Después de la conquista española, las
migraciones continuaron, bajo otras formas y por otras razones; los censos efectuados en Larecaja en 1645 y
1684 indican respectivamente 3,194 y 4,378 tributarios originarios de la provincia de Chucuito (Saignes, 1987b)
(fig. 63).
85

[[130]] a) se trata de sociedades en otra escala, las estructuras políticas lacustres podían incorporar
100,000 y más habitantes bajo un solo dominio (60);
b) los núcleos de población y poder, que a la vez eran centros de cultivo y conservación
(deshidratación por el hielo) de alimentos básicos, eran cercanos a las zonas de pastoreo en gran
escala, a más de 3,800 metros de altura;
c) sus colonias periféricas, pobladas de manera permanente al igual que las de Huánuco, se
ubicaban tanto al oeste, en los oasis e islas del Pacífico, como al este del Altiplano; podían estar
ubicadas a distancias mayores (hasta diez y más días de camino del Titicaca); podían llegar a
centenares de "casas" (nunca más de veinte en el caso de Huánuco); de igual manera que en Huánuco,
sus moradores se seguían considerando como pertenecientes al núcleo y se supone que conservaban
allí sus derechos; suponemos también que eran multi-étnicas; por fin, algunas de las "islas"
correspondían a recursos minerales (cerámica, minerales metálicos).

2. Quince años después: balance de la noción de archipiélago


John Victor MURRA 61

2.1. Centros de alta altitud e intercambios verticales.


La complementariedad ecológica, es decir el control simultáneo por una sola etnia de diversos
territorios ubicados en pisos ecológicos alejados entre sí, surgió como una posible explicación del
éxito andino antes del cataclismo de 1532. Pertenece a una categoría de explicaciones que con el
tiempo parecen obvias; hay quien dice ahora que la complementariedad en archipiélago era y es
universal en las regiones serranas. Quisiera volver aquí a mi pregunta inicial:
[[131]] Dada la dispersión geográfica de los territorios de muchas etnías andinas, ¿cómo
explicar que durante siglos, y quizás milenios, la sede del poder y la más alta densidad de
población se ubicasen por encima de los 3,200 metros de altura? ¿Cómo explicar la elección
de tales sitios por parte de sociedades pre-industriales?

(60) G. Martinez (1981: 270-274) muestra como las informaciones de la "Descripción de las tierras de la antigua
provincia de Chucuito", realizada en 1685, apoyan a la idea que las tierras explotadas por los diferentes ayllus se
interpenetraban en el seno mismo del núcleo altiplánico (el término empleado desde esta época es "salpicado") :
"el criterio básico, se puede entender, no es la territorialidad sino el control de recursos complementarios
mediante una pauta de dispersión que permita el más alto grado de seguridad ante las severidades del medio,
junto a un ideal de autosuficiencia que implica el acceso de cada ayllu (en este caso) a todos los recursos
posibles y necesarios, dentro del ecosistema. La dispersión territorial del ayllu se hace, así, indispensable: el
resultado es un espacio "salpicado" por unidades discretas, que son las tierras de los diversos ayllus, que se
interdigitan entre sí, imposibilitando una delimitación continua. [...]. El resultado, puede verse, es una
reproducción al interior del área nuclear de la misma figura con que Murra caracteriza las islas multi-étnicas
periféricas. La imagen del "archipiélago" se hace asi tambien válida para los núcleos. La idea aquí es que por la
lógica misma de la utilización del espacio, se produce una homologación (casi isomorfismo) de las estructuras a
todos los niveles. [...] Han implicado necesariamente una gran movilidad de la gente común por todo el
territorio". Veremos, en lo que sigue de este capitulo, así como en el capitulo 6, que esta pauta es todavía
asombrosamente válida en nuestra época, después de todos los trastornos de la historia.
61
Traducción, reducción y puesta al día en 1986-1990, del texto "El 'Archipiélago vertical' revisited", publicado
por la Editorial de la Universidad de Tokio, en : "Andean Ecology and Civilization. An interdisciplinary
Perspective on Andean Ecological Complementary". El fin del parágrafo 3.2.5. ha sido tomado de los
Comentarios de J. V. Murra a un artículo de A. Fioravanti-Molinié, "Contribution à l'étude des sociétés étagés
des Andes: la vallée de Yucay (Pérou)" (Études Rurales, 1975). Los títulos de los parágrafos y las notas han sido
añadidos por P. Morlon.
86

Muy tempranamente en la historia andina, algunos de esos pisos ecológicos tan altos debieron
presentar interés, por ejemplo para las etnias de pastores de llamas y alpacas (Flores Ochoa, 1968,
1977). Otra consideración podría ser la más fácil defensa de las altas montañas durante los períodos de
awqa runa, de guerra continua (Wamán Puma [1615] 1980: 63-65; Hyslop, 1979). Creo sin embargo
que tales explicaciones son de menor importancia frente al fenómeno central que retiene la atención de
quien estudia los Andes: una población densa, en sociedades pre-industriales, es siempre un signo
de éxito. Así la pregunta que se plantea de inmediato es: ¿cómo explicar tal densidad demográfica y
tal éxito en las condiciones de la puna (estepa de altura)?
La explicación parece encontrarse en la elevada productividad de las economías andinas, y no
en las características de una u otra zona o región. Pero aun si se acepta esta explicación estructural, es
preciso insistir en el hecho de que la puna ofrece ventajas invisibles al ojo europeo : fue en la puna
donde, muy temprano, los habitantes "domesticaron" el hielo que permite la deshidratación de los
tubérculos (ch'uñu) y de la carne (ch'arki). El almacenamiento masivo de estos alimentos fácilmente
transportables fue la condición de un desarrollo macro-económico y no solamente campesino.62 63
Me parece difícil sobrestimar la importancia del almacenaje como elemento clave para la
comprensión de las economías serranas en los Andes. En épocas relativamente recientes, pero siempre
anteriores a la Conquista, el almacenaje como alta política del Estado (Morris, 1981) me parece
vinculado a la ausencia en los Andes de plazas de mercado o de negociantes como los pochtecas de
México (Sahagún, [1547-77] 1956, libro IX). Tampoco hubo aquí una tradición oral de hambrunas
como las que cita KATZ (1972) en el caso de América Central64. La tarea que tenemos por delante
consiste en describir tales "ausencias" en términos que no sean meramente negativos: si no hubo
"tributo", en el sentido habitual del vocablo, en las economías en archipiélago, ¿de dónde provenían
los ingresos de las autoridades étnicas? Y si no había ferias ni negociantes, ¿cómo se realizaban los
intercambios?
Admito que para muchos observadores la articulación de estas preguntas con la
complementariedad ecológica no parezca evidente. Ya en 1973 señalaba yo que existen regiones
actualmente consideradas como "andinas" (desde el punto de vista cultural), pero en las que, incluso
antes de 1532, no encontramos una explotación en archipiélago del medio, y donde, en cambio, ciertos
intercambios eran realizados por profesionales (Murra, 1976-1978; cf. Hartmann, 1968; Oberem,
1978; Salomon, 1980, 1986). Otros han subrayado el hecho de que las sociedades que tenían su centro
en la Costa presentaban formas de organización diferentes (Rostworowski, 1977, 1978; Dillehay,
1979). Otras investigaciones efectuadas a lo largo de estos quince años sugieren otros límites
geográficos o estructurales para el modelo; supongo que se proseguirá con esos esfuerzos.
[[132]] Personalmente desearía concentrar la investigación en los logros culminantes del mundo
andino: las sociedades de puna entre Cajamarca, en el norte del Perú, y Jujuy, en el extremo
septentrional de la Argentina. Fue a lo largo de esos 2,300 kilómetros que florecieron tanto Chavín
como Wari, el Cuzco y Tiwanaku, los Lupaqa y los Yaru, los Qharaqhara/Charka como los Chanka y
Wanka (fig. 3). Fue en esa región que, siglo tras siglo, surgieron grupos étnicos y señoríos en cuyo
éxito el acceso complementario en archipiélago a diferentes pisos ecológicos desempeñó un papel
decisivo.

62
Para Troll (1968: 33), "es un hecho establecido que sin la invención de la conservación de tubérculos, no
habría habido en esas elevadas alturas ninguna civilización superior como fueron las de Tiahuanaco y la de los
Incas." Por otra parte, las pérdidas en el almacenaje se reducen con la altura a la cual se efectúa (Yamamoto,
1982: 50).
63
Se puede establecer una analogía con el desarrollo de la ganadería permitido por el reporte de stocks forrajeros
para el invierno (heno, ensilaje) en otras regiones del mundo.
64
No hambrunas, pero sí la preocupación permanente del hambre entre las cosechas: cf. Guamán Poma, [hacia
1615] 1936, pp. 241 y siguientes.
87

2.2. Algunos precursores.


Creo útil recordar que una gran parte de la información relativa a las actividades productivas y
a los intercambios, empleada para elaborar la teoría de la complementariedad ecológica andina, ya era
accesible antes de 1972. Ya Hermann Trimborn en 1923-24 y Louis Baudin en 1928 utilizaban una
gran parte de los datos indispensables: quizás las inspecciones administrativas de los años 1560 eran
las únicas fuentes importantes todavía no publicadas. Ambos estudiosos se dieron cuenta de que en los
Andes se realizaban intercambios de una región a otra, de arriba a abajo y a la inversa, bajo el control
de las autoridades étnicas. Uno de ellos, de hecho, habla de "comercio vertical". Tal caracterización no
constituye un error sobre los hechos del intercambio, sino de interpretación: a pesar del "Ensayo sobre
el don" de Marcel Mauss, y la "kula" descrita por Malinowski, aún se confunden las numerosas
variantes de los intercambios precapitalistas con la compra-venta.
Más allá de Trimborn y Baudin, conozco por lo menos un estudio independiente que, antes de
1972, explicaba la existencia e importancia de la complementariedad en los Andes: se trata del de
Ramiro Condardo Morales en su libro "El escenario andino y el hombre" (La Paz, 1970-71). En su
último capítulo, Condarco habla de "grandes zonas simbióticas" que hacen posible adaptaciones a
gran escala, obteniéndose la complementariedad por medio de la ocupación física del territorio:
"...las zonas simbióticas estructuradas desde la altiplanicie o desde los valles microtérmicos
con zonas de ocupación situadas a ambos lados de los Andes, es decir en la costa y en la
montaña (...) fueron las más importantes de todas, puesto que crearon "zonas transversales de
complementación," primariamente aisladas, en orden de sucesión longitudinal, pero
continuamente extendidas unas tras otras a lo largo de los Andes Centrales... En los factores
de solidaridad creados por tales procesos de inter-relación, radica en gran parte la base de la
total unificación social centro-andina.
Así, a la macro-adaptación predominante a lo largo de las zonas transversas de
complementación, fiscalizadas desde las tierras altas (...) sobrevino a la postre (...) un proceso
de sobre-macro-adaptación (...) en sentido de las longitudes, proceso que tuvo la virtud de
unir las zonas simbióticas transversas relativamente aisladas en un todo socio-político
unificado, donde las bases ecológicas y económicas (...) fueron la base o el secreto de la
constitución de las grandes estructuras políticas, especialmente encarnadas por Tiwanaku o el
Imperio Incaico." (1970-71: 554; 1978: p. 69).
Desgraciadamente, no descubrí esta obra sino en 1975, y Condarco tampoco conocía a su vez
los informes de la inspección de los Lupaqa, publicados en el Perú en 1964.
En "Arqueología y etno-historia: hacia una visión totalizadora del mundo andino", Ana María
Lorandi (1980) va mucho más lejos de lo que me atrevía en 1972. Ella sugiere, en efecto, que es tal
vez en las tensiones y conflictos por la hegemonía, inherentes a los [[133]] sistemas de archipiélagos
dispersos, donde se halla "la raíz de la formación de los horizontes pan-andinos."65

2.3. Andes centrales y Andes septentrionales : la puna y el páramo.


Para cerrar este tema, quisiera regresar a la pregunta tan fértil formulada por Gerardo Reichel-
Dolmatoff en 1959 en México: ¿por qué no hubo en el norte de los Andes estados o "reinos" como
aquellos que surgieron en los Andes centrales y meridionales? pregunta que ya Cieza de Leán se había
planteado hace más de cuatro siglos.
Es útil recordar aquí los comentarios del geógrafo alemán Carl Troll (1931 y 1968), el cual, al
estudiar la historia de las sociedades serranas de la América del Sur, advirtió que había una profunda
diferencia entre los Andes de la puna, estepa de altura seca, y los del páramo, estepa de altura

65
La arqueología andina hace alternar "períodos" en los que cada pequeña región tenía una cultura diferente,
con "horizontes', homogéneos en grandes extensiones geográficas, y que corresponden a las civilizaciones
Chavín, Tihuanaco-Huari, y al imperio Inca (fig. 3).
88

húmeda (cf. más recientemente Salomon, 1986: 21-29 y 42-44). Las guerras endémicas constituían
obstáculos en ambas zonas; para comprender las diferencias, debemos reconocer que lo que resultaba
inhibitorio en el páramo, podía ser percibido de manera muy diferente por las poblaciones de la puna:
una multiplicidad de ambientes contrastados, relativamente cercanos a la puna, pasan a ser una
ventaja, una fuente potencial de riqueza, y ya no un obstáculo. La diferencia decisiva radica sin duda
en la posibilidad, ofrecida por la puna y no por los páramos, de deshidratar los tubérculos y la carne,
y conservarlos por un largo período:
"En los Andes ecuatoriales de Colombia, de Ecuador y de Venezuela, la zonación vertical de
la agricultura y de las heladas es muy diferente [de la de los Andes Centrales]. Tanto el límite
superior de la agricultura (3,500 metros) como el límite inferior de las nieves perpetuas
(4,500 metros) son más bajos que en Bolivia, pero sobre todo las heladas nocturnas no
ocurren sino por encima del límite superior de la agricultura [por la humedad del aire y la
nubosidad, mucho más altas]. En consecuencia, la producción de chuño no sólo resultaba
imposible, sino que tampoco era necesaria. Gracias a temperaturas constantes, y a una
humedad siempre alta, se puede sembrar, plantar y cosechar a lo largo de todo el año. No
había, pues, necesidad de almacenar alimentos para una estación no productiva. Pero al
mismo tiempo faltaba un estímulo para el desarrollo de una civilización superior" (Troll,
1968: 33).

2.4. Resistencias campesinas e historia colonial


No quisiera concluir estas observaciones retrospectivas sin comentar el gran esfuerzo
realizado por los etnólogos que han tratado de ubicar lo que subsiste en nuestra época de los
archipiélagos precolombinos.
Es de notar que a pesar de las presiones ejercidas contra todo lo que era andino a través de los
últimos 450 años, bajo los regímenes colonial y republicano, encontramos todavía en los campesinos
andinos una preferencia por la ubicación complementaria de sus chacras en diversos pisos ecológicos,
a veces a varios días de camino de su casa. Existen observaciones, cuidadosamente verificadas, sobre
grupos humanos de altura que [[134]] han conservado su acceso a los valles bajos, de lo cual son un
ejemplo, entre otros, los habitantes de Cuyo-Cuyo (Camino, 1978 a y b, 1982; Camino et al., 1981).
Creo que sería útil establecer un catálogo de los lugares y poblaciones en los cuales los
esfuerzos foráneos de crear reducciones y comunidades bien delimitadas, no han tenido éxito. La ley
boliviana de Reforma Agraria de 1953 resolvió que las "valladas", tierras de los valles cálidos todavía
en manos de campesinos, eran "haciendas" (asimilándolas de este modo, legalmente, con las grandes
propiedades de dueños ausentistas), y sujetas por tanto a confiscación y expropiación. Sin embargo,
como constataron Harris (1978), Platt (1982a) y Saignes (1985), hay todavía regiones en las que los
ayllus serranos continúan defendiendo hasta hoy su derecho a vivir practicando el "doble domicilio",
uno en altura y otro en parte baja. Harris demostró que ciertos grupos de edad son más propensos que
otros a aprovechar estos derechos, y Platt examinó las maniobras legales y fiscales empleadas por los
habitantes del norte del departamento de Potosí para proteger sus valladas.
Estos recientes avances en el conocimiento y comprensión de las sociedades andinas se dan
porque ahora los etnólogos dominan una de las lenguas indígenas, viven por varios años en la zona
rural que estudian, y que a menudo se interesan en la dimensión diacrónica de la vida en los Andes, y,
por lo tanto, en la investigación en los archivos (Núñez del Prado, 1957 y 1984; Fonseca, 1973; Platt,
1978 y 1982a; Harris, 1978 y 1985).
Tales trabajos se han visto facilitados por el hecho de que en materia de conocimientos no
tenemos ya que saltar por encima del vacío que separaba la invasión española de 1532 de la vida
contemporánea en los Andes. El espacio histórico relacionado con la población autóctona entre esos
dos extremos cronológicos se va llenando. La promesa de una historia andina (Pease, 1978, 1980),
más allá de lo que temporalmente hemos llamado "etno-historia", nos parece un adelanto efectivo. Las
consecuencias de las encomiendas, y luego de las reducciones; la temprana aparición de haciendas en
89

las yungas productoras de coca (Saignes, 1985); los esfuerzos de las repúblicas andinas para
comercializar las tierras: todos estos temas han sido objeto de estudio (cf. más adelante, 3.3).
Esta investigación histórica verifica la lenta pero continua erosión de las fuentes de riqueza
específicamente andinas. En el curso de estos cuatro siglos y medio, el archipiélago de asentamientos
múltiples, coordinados desde la puna, ha sido cercenado hasta el punto de desaparecer en ciertas
regiones; y allí donde sobrevive apenas si es perceptible tras de los territorios delimitados y de una
sola pieza de las comunidades legalmente reconocidas.
Es sin embargo notable que, hasta nuestros días, ciertos intercambios regionales sigan la ruta
de las antiguas caravanas que unían las "islas" de los "archipiélagos". César Fonseca observó que los
viajes de los serranos de Cauri, a 3,900 metros de altura, en el Alto Marañón, los llevaban todos los
años al valle llamado Chaupi Waranga, cruzando la Cordillera. Allí, en un asentamiento llamado
Yacan, los habitantes de Cauri poseían sus propios maizales hasta comienzos de nuestro siglo. Y, a
pesar de que ahora han perdido el control de sus antiguas chacras, los intercambios que actualmente
efectúan con este valle no se rigen en absoluto por los precios vigentes en el comercio.66

[[135]] 2.5. Regresión del modelo y calendarios de trabajo.


No me parece haber duda de que la búsqueda de complementariedades en la utilización del
trabajo entre diferentes ciclos culturales agrícolas, explicadas por Golte (1980, cf. más adelante, 3.5),
tuvo que ver con la aparición de los archipiélagos, hace muchos siglos. La arqueología ha demostrado
que la trashumancia existía en los Andes mucho antes de la aparición de la agricultura: cuando ésta se
desarrolla, las diferencias entre ciclos de cada cultivo permiten la acumulación de actividades
productivas, y una redistribución de recursos geográficamente separados. Pero es conveniente
distinguir las complementariedades antes y después de la creación de "islas periféricas" habitadas de
modo permanente: en el segundo caso el archipiélago no depende ya del calendario de los
trabajos agrícolas, como se ha observado en los dos ejemplos del comienzo de este capítulo.
Cuando la instalación permanente de los Europeos hizo difícil, y luego imposible, conservar
los "archipiélagos", se produjeron retrocesos hacia instalaciones más rudimentarias, en las que la
complementariedad de los ciclos agrícolas retomó importancia, ya que se trata de las mismas
personas que se desplazan de un piso ecológico a otro a lo largo del año.
La complementariedad ecológica sigue siendo un ideal andino, en el sentido que muchos
grupos étnicos en los Andes siguen convencidos de su utilidad, aun cuando ya no la practican. Estos
hombres saben cuánto se opone la visión dominante del "progreso" a que la complementariedad
vertical sea una realidad eficaz. Los siglos de colonialismo, el régimen bolivariano 67, y las actividades
contemporáneas de agrónomos y planificadores de las cinco repúblicas habitadas por poblaciones
andinas, han dejado sus huellas. Hoy en día es más bien la aldea y no el grupo étnico entero quien
controla las lejanas "islas" que producen la madera, el maíz, la hoja de coca y la fruta. Por doquiera se
ha reducido la escala de las operaciones escalonadas y las distancias por recorrer. En 1970 Flores
Ochoa encontró que solamente el 10 % de los habitantes de Juli e Ilave (en las márgenes del lago
Titicaca, a casi 4,000 metros de altura) conservaba todavía sus pequeños terrenos en la vertiente
occidental de los Andes, hacia la costa del Pacífico. Van allá en camión, y hoy nadie se queda allí
durante todo el año. Todos creen acordarse de que la mayor parte de esas tierras fueron perdidas por
sus padres o abuelos, obligados a vender fuentes de recursos situadas a 10-15 días de camino, y que se
había conservado "desde siempre." A pesar de los camiones, la distancia se ha hecho más larga...

66
Notaremos que los Lupaqa, y sin duda otros grupos vecinos, explotaban "islas" en un territorio actualmente
repartido entre tres repúblicas: Perú, Bolivia y Chile. Ello alumbra con luz particular el muy voluminoso
contrabando que hoy se realiza entre los tres países, "contrabando" que es continuación, a través de
fronteras artificiales, de relaciones económicas muy antiguas en el interior de cada "archipiélago".
67
Un decreto de Simón Bolívar en 1824 abolió la utilización colectiva de las tierras, para no reconocer sino la
propiedad individual.
90

Antoinette Fioravanti (1975) ha notado precisamente que los campesinos no eran los únicos
apegados a este modelo: "La colonización de la región baja y tropical por las grandes propiedades ha
seguido, de alguna forma, un modelo vertical," dice ella. Una empresa moderna de 250 ha., que
produce maíz, "posee igualmente la hacienda Huaypo (100 ha.), donde cosecha papas." Los trabajos
de Katherine Barnes, investigadora de la Oficina de Reforma Agraria de Bolivia, confirman estos
resultados. Durante siglos las haciendas han tratado de establecer valladas que les pertenezcan en los
valles cálidos de los yungas de La Paz, o en Cochabamba.
Irónicamente, cuando la reforma agraria alcanza el nivel local en las cinco repúblicas, confisca
no solamente las "islas" de las grandes propiedades, sino también las que las comunidades habían
logrado conservar desde 1532. Tanto Jesús de Machaca como [[136]] Irpa Chico, dos localidades muy
bien estudiadas, han tratado de conseguir en los tribunales la anulación de las medidas por las cuales
agrónomos y otros funcionarios concedieron, en nombre de la reforma, títulos de propiedad a vecinos
colindantes de las "islas" tropicales, a pesar de que éstas habían sido explotadas "desde siempre" a
partir de las alturas. La ley y la mentalidad que animan la reforma agraria están tan imbuidas de
resistencia contra los "ausentistas," que la milenaria complementariedad entre los diversos pisos de los
Andes es combatida como retrógrada e ineficiente. Con ocasión del seminario sobre los "reinos
lacustres" organizado en 1973, con investigadores chilenos, peruanos y bolivianos en los alrededores
del lago Titicaca, se halló numerosos ejemplos de comunidades que, hace muy poco, habían perdido (y
no a manos de los latifundistas) zonas algo alejadas pero muy útiles al agricultor andino, y sobre las
cuales poseían títulos que datan del siglo XVIII, del XVII y a veces incluso del XVI.
Un detalle: A. Fioravanti habla de la necesidad de "diversificar la producción," como
explicación del modelo. La percepción local - la etno-ecología - añade siempre la diversificación de
los riesgos. Me acuerdo aún de las víctimas del sismo de 1970 en el Callejón de Huaylas, que recibían
el socorro de los equipos internacionales. Las víctimas aceptaban de buen grado toda ayuda útil para
reconstruir sus casas. Pero, al ver mi confusión, me tranquilizaban: las cosas podrían haber sido peor,
ya que la casa situada en el "piso" del maíz estaba intacta. Incluso en un solo piso, según constata
César Fonseca, se prefiere tener varios terrenitos, pues se puede abrigar así la esperanza de escapar a
las consecuencias de las granizadas locales, de los parásitos, del robo... (cf. más adelante, 3.6).
91

3. Del archipiélago etnico al minifundio


Thierry SAIGNES, Pierre MORLON.

No se trata de efectuar aquí un recuento del conjunto de trastornos y evoluciones que han
tenido lugar en los Andes desde la Conquista hasta hoy, sino sólo de evocar rápidamente algunas
grandes etapas y mecanismos que han conducido a la situación que se observa en nuestros días.

3.1. La erosión colonial


El análisis de las transformaciones territoriales y sociales que influyen en el acceso a las
tierras y en la organización de la producción se concentrará en el sector meridional de los Andes
Centrales (el "centro-sur andino" de los arqueólogos peruanos), entre Cuzco y Potosí (sur del Perú y
Bolivia actual). Recordemos que esta región ha producido las riquezas metálicas que estimularon el
crecimiento económico de Europa en el siglo XVI, gracias a la movilización de la energía campesina.

3.1.1. El choque de la Conquista y el dominio hispánico


Uno de los primeros efectos de la Conquista fue la transmisión de gérmenes patógenos a las
poblaciones indígenas sin defensas:
[[137]] "Si la población del imperio inca era del orden de 8 millones de habitantes, antes de la
Conquista - o, más exactamente, hacia 1524, antes de la primera de las grandes epidemias
llevadas por los españoles -, y si hacia 1590 ella se ve reducida a más o menos 1,3 millón, se
comprende bien que una caída así, de al menos 80 %, haya desorganizado por completo los
marcos tradicionales de la sociedad (...). La desintegración social resulta, en primer lugar, de
la catástrofe demográfica." (Wachtel, 1971 : 152) (Fig. 64).
Hay que añadir a las epidemias la mortalidad originada por las guerras civiles y las
expediciones armadas hacia las periferias oriental (floresta amazónica) y meridional (Chile,
Argentina), tanto para alcanzar imaginarios Eldorados como para reducir los focos de agitación
(estado neoinca de Vilcabamba). La explotación intensiva de los yacimientos auríferos y de los
campos de coca situados en las zonas insalubres de las colinas amazónicas, así como la degradación
de las infra-estructuras de irrigación en el litoral del Pacífico, contribuyeron a la despoblación de las
franjas. En cuanto a las minas de altura (como Potosí, descubierta en 1545), se hallan, en este primer
período, sometidas a las normas de trabajo y a las técnicas indígenas.
Después de haber vivido 50 años en el Perú (entre el Cuzco y el lago Titicaca), Martín de
Murúa concluye así uno de los últimos capítulos de su "Historia general del Perú", titulado "De las
riquezas del reino del Perú":
[[138]] "Una riqueza que nos quedaba que referir, y la más principal, de quien penden todas
las demás deste reino, y que sin ella todas se han de deshacer y consumir, se va poco a poco
disminuyendo. Estos son los indios dél, que por ocultos caminos se menoscaban y cada día
parecen menos, y en los llanos, como ya dije, no hay que hacer caudal de ellos. En la Sierra,
donde se han conservado mejor, también se van acabando, especialmente en los lugares y
pueblos donde van a la labor de las minas. Dios lo remedie como puede, que si ellos faltan,
toda la riqueza y abundancia de barras, de tejuelos y de las demás cosas que tengo referidas
en este capítulo, se acabarán y fenecerán, pues ellos las crían, conservan, cultivan, labran,
multiplican, trajinan y sustentan, y de ellos pende el ser y fundamento del reino que, aunque
son como la estatua que vio Nabucodonosor, de diferentes metales: oro, plata, cobre, hierro,
los pies eran de barro, y en deshaciéndose los pies, cayó y se deshizo la estatua. Si estos pies
de barro faltaren, caerá toda la maquina del reino del Perú. Dios lo conserve, amén."(de
Murúa [hacia 1610], 1987, Libro III, cap. 4).
92

12

10

8
Evaluaciones
por diferentes
autores
6

2
epidemia
1719-1720
1
1532
0
1500 1600 1700 1800 1900 2000

Fig. 64: Evolución de la población indígena de 1520 a 1970.


A medida que uno se acerca a la época actual, la definición de quien es "indio" o "indígena" se vuelve más arbitraria;
los números exactos, que dependen de aquella definición, importan entonces menos que la forma general de la curva.

¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de este "despoblamiento" ?


"La baja constante de la población provoca efectivamente, en lo que concierne a la
producción agrícola, el abandono de las tierras menos fértiles o de las más marginales. En lo
que se refiere a este fenómeno, disponemos de documentos de orden cualitativo, pero que son
esclarecedores, Escuchemos por ejemplo, al curaca Cumiqui de Yucay (cerca del Cuzco) en
1552: "Como hay pocos indios ahora en el valle y muchas tierras andan buscando en el valle
las mejores que les parezca y dejan de labrar las que antes labraban". En otros casos, se trata
de plantaciones alejadas, sobre todo de coca: tales como la de Manchaos, cerca de Huánuco.
Entonces se plantea otra interrogante: ¿es preciso admitir también una baja en el rendimiento
de las tierras cultivadas? Es lo que dice, también en Yucay, el curaca principal del valle,
Francisco Chilche: "Se podían coger en ellos labrándose como se labra quinientas hanegas de
maiz porque en tiempo del ynga las labraban mejor y se cogían mucho más."" (Wachtel, 1971:
84-85)
A pesar de tales retrocesos, las unidades productivas deben soportar el pago del tributo, que no
se efectúa ya por turnos de trabajo obligatorio (mitas) en las propiedades estatales del Inca, sino por
entregas de productos. Los distritos fiscales (repartimientos), calcados por lo general sobre las
organizaciones étnicas prehispánicas (ayllus, llactas, señoríos), "con sus caciques, principales, indios
y súbditos mitimaes", respetan en principio el modelo disperso y escalonado de poblamiento. La
percepción del tributo es "confiada" por lo general a un titular privado (encomendero). La encomienda
confería a su beneficiario "el derecho de percibir el tributo y el trabajo gratuitos de los indígenas que
se le habían asignado, a cambio de su protección (sic !) y de la obligación de hacer lo necesario para
convertirlos al catolicismo" (Keith, 1970 : 14). Su jurisdicción se confundía con la del repartimiento,
pero podía suceder que varios titulares compartiesen los beneficios de uno solo (o al contrario) : la
partición respetaba, entonces las divisiones étnicas (sobre todo el dualismo). Podía también acontecer
que las unidades indígenas más alejadas de los núcleos centrales fuesen atribuidas a titulares
diferentes del encomendero principal : tal fue el caso de las "colonias étnicas" (mitimaes) instaladas
93

en los valles del litoral del Pacífico o cerca de las ciudades fundadas por los españoles (Arequipa, La
Paz, Sucre, Huamanga), rompiendo así sus lazos con los centros políticos situados por lo general en
las alturas.
Al comienzo, "el español beneficiario recibía los dos señores locales con todos sus súbditos,
cualquiera que fuese el lugar en que éstos se hubiesen establecido a lo largo de los Andes.
Lope de Mendieta, uno de los primeros compañeros de Pizarro, recibió todas las crianzas de
llamas o alpacas, [[139]] todas las instalaciones agrícolas o de pesca que habían tenido
relaciones de subordinación con Chuqui Champi y Maman Wilka, señores de los Caranqa.
Sus territorios discontinuos se extendían desde más de 4,000 metros de altura hasta el nivel
del mar, en lo que hoy son Bolivia y Chile (...) Los documentos más antiguos reflejan la
preocupación de los españoles beneficiarios de reunir superficies tan dispersas, gracias a
canjes ilegales que reducen el tiempo de viaje al interior de cada encomienda, Ya que la
valorización andina de tantas posesiones simultáneas no era compartida por los europeos, la
población concedida en encomienda comenzó a perder la facilidad de acceso a algunas de sus
lejanas fuentes de recursos, desde los primeros tiempos del período colonial." (Murra, 1981).
"Años antes de la visita de Garci Diez a los Lupaqa, el licenciado Juan Polo de Ondegardo
había comprendido ya este problema. Polo pertenecía a un grupo de administradores y de clérigos
españoles que muy pronto se dieron cuenta de que alcanzarían mejor sus objetivos catequísticos y
administrativos si hacían un esfuerzo para comprender la cultura de los vencidos, incluido en ello el
modelo de "archipiélagos verticales" Ya que las autoridades de Lima desconocían el hecho de que los
oasis de la Costa y sus habitantes eran parte integrante del reino Lupaqa, Polo trató de explicárselo:
"e ansi fue... en quitarles los yndios e las tierras que tenyan en la costa de la mar de que se
hicieron particulares encomyendas... no entendiendo los governadores la orden que los yndios
tenyan e ansi gobernando estos rreynos el Marques de Cañete se trato esta materia y hallando
verdadera esta ynformación que yo le hice... se hizo de esta manera que a la provincia de
Chucuyto se le vovieron los yndios y las tierras que tenyan en la costa en el tiempo del
ynga...y a Juan de San Juan vezino de Arequipa en quien estauan encomendados se le dieron
otros que vacaron en aquella ciudad...(Polo 1916: 81)."
"Pero todo esto sucedió antes de 1570. Todos esos esfuerzos quedaron sin resultado una vez
que prevaleció la política del virrey Toledo de "reducir" a la gente. En 1661, los pobladores
del valle de Sama, a pesar de sus lazos y lealtades altiplánicas, eran gobernados desde Arica.
Un siglo después de la visita de Garci Diez seguían quejándose y declaraban ser " yndios
mitimaes de Chucuito" y no pertenecer a Arica." (Murra, 1972, 1975).
La encomienda no daba ningún derecho a las tierras de los sujetos, pero con el tiempo ciertos
caciques, al no poder cubrir el total del tributo, no dudaron en vender a sus "señores" parcelas que
vinieron a constituir los primeros núcleos de la apropiación terrateniente. Fue en tanto que moradores
de las primeras ciudades (vecinos), que los encomenderos, y otros colonos (soldados), se vieron
beneficiados con la distribución de tierras (mercedes) por las nuevas municipalidades.
"Pero como también los españoles buscan las mejores tierras, en definitiva su toma de
posesión se traduce siempre en el despojo de los indios. Es así como, en la región de
Huánuco, en 1562, el curaca Cristóbal Xulca Cóndor se lamenta porque "las tierras que
siembran y tienen al presente no son tan buenas como las que solían tener porque las buenas
se las tomaron los españoles cuando este pueblo se fundó" (Ortiz de Zúñiga, 1562: f. 19 r.). En
efecto, para los españoles uno de los primeros medios de adquisición consiste en hacer que la
Municipalidad, de la que son "vecinos", les atribuya en forma oficial la propiedad de las
tierras. Pero generalmente se trata de extensiones cercanas a la ciudad en cuestión, y este
procedimiento regular pronto resulta insuficiente: la población blanca aumenta rápidamente y
la posesión de vastos dominios suscitaba un interés cada vez mayor, a medida que crecía el
mercado para los productos agricolas con el desarrollo de la red urbana y de la economía
minera.. En la mayoria de los casos, los españoles se apropiaron de la tierra ocupándola de
hecho, por medio de la violencia." (Wachtel, 1973: 84-85).
94

[[140]] La expansión de la hacienda sólo tendrá efecto con la legalización de los títulos de propiedad
durante las primeras "composiciones de tierras" que tendrán lugar a fines del siglo XVI. Mientras tanto
la administración española tomaba medidas drásticas para arrebatar a los indígenas una parte de sus
tierras.

3.1.2. La reorganización del espacio y del control de la población.


A partir de los años 1560 se produjo una triple reorganización del espacio y del control
administrativo, de prolongados efectos a corto y largo plazo sobre la organización social indígena y el
acceso a los ecosistemas cultivados. En la preocupación de debilitar el poder de los encomenderos y
de las autoridades indígenas (o caciques), y de afirmar la autoridad central, el virreinato instituyó dos
nuevas divisiones administrativas en el plano regional, los corregimientos y las "capitanías de mita", y
procedió luego al reagrupamiento de millares de caseríos indígenas, esparcidos en todo el territorio
andino, en unos cuantos cientos de pueblos, llamados reducciones.
La división regional del espacio andino que instaura la jurisdicción de los nuevos corregidores
de indios (1565) parece copiar exactamente las provincias incas. Sin embargo, sólo rara vez esta
superposición es cierta, en particular en el caso de las "colonias" periféricas, que vienen a depender de
la jurisdicción de provincias o corregimientos distintos de la de sus centros de origen. Sobre todo la
división administrativa que se instaura entre el altiplano y los dos pedemontes externos sirve de
preludio a futuras distensiones entre los centros de altura y las "islas étnicas"; ello es perceptible,
desde 1567, en las quejas del "visitador" de Chucuito en torno a las dificultades de castigar los abusos
cometidos contra los mitimaes lupaca de los valles de Larecaja (Garci Diez [1964] 1567: 242-243).
En el mismo marco, la organización de los turnos de trabajo obligatorio (mita), destinados a
las minas de Potosí, que involucraba anualmente a la séptima parte de los tributarios (hombres entre
18 y 50 años) de los corregimientos de altura ("obligados"), en tanto que los de las provincias
periféricas quedaban exentos, da todo su efecto a la disociación de intereses entre "gentes de las
alturas" y "gentes de los valles". Esta revela una cierta tensión, latente en el "control vertical"
(expresada por el ritual), en razón de la subordinación de éstos a los primeros. La erosión del
"archipiélago vertical" puede reflejar también, por lo tanto, el deseo de emancipación de las "colonias"
de valle frente a sus centros de altura. Este proceso durará cuatro siglos.
Al mismo tiempo se lleva a cabo, con fines de imposición fiscal y religiosa, la concentración
de la población en las reducciones (pueblos de indios) dirigidas por "caciques-gobernadores"
responsables del tributo.
"De hecho, aun antes del virrey Toledo, hubo iniciativas para disminuir o eliminar los
alcances de la "verticalidad", pero éstas no prosperaron. Sólo después de 1570, con la muerte
de los últimos señores andinos que habían vivido en el Tawantinsuyu, y la desaparición de
andinólogos como Polo o andinófilos como Domingo de Santo Tomás, con la llegada de los
jesuitas y de Toledo, pudo triunfar la campaña de las reducciones. Al estudiar esas
deportaciones en masa [acompañadas, cada vez que se estimaba necesario, con la destrucción
de los antiguos caseríos (Instrucciones del virrey Francisco de Toledo, en López de
Caravantes, citado por Jímenez de la Espada, 1965 : 262)], los historiadores han tomado en
cuenta el factor "despoblamiento", el deseo de facilitar la administración, la catequización y
el reclutamiento de mitayos para las minas. Quisiera sugerir un factor más: el deseo, tanto de
los encomenderos como de la administración colonial, de reducir e incluso eliminar la
cantidad de "islas" y recursos periféricos, algunos de ellos muy lejanos (o, como dirían los
burócratas de hoy, 'ineficientes"...), que todavía quedaban bajo control de grupos étnicos
andinos y les permitían alguna auto-suficiencia económica y autonomía política." (Murra,
1975a : 75).
[[141]] En principio esta triple medida - corregimientos, capitanías de mita, reducciones - no afecta la
subordinación de todo miembro de una comunidad a su cacique de origen, incluso lejano, y no es
responsable de la "desestructuración" del mundo indígena : ¿no hace quizás sino revelar las líneas de
fractura invisibles de la organización espacial andina?
95

Notemos en la región considerada, que las jurisdicciones del trabajo obligatorio minero
restablecen de alguna manera el marco de los antiguos señoríos. En consecuencia, las reducciones de
valle situadas en las provincias libres abrigan una población compuesta principalmente de mitimaes
que conservan derechos y obligaciones respecto de sus aldeas de altura. Mientras las unidades
domésticas sean lo suficientemente numerosas, cumplen con facilidad con las cargas vinculadas con la
doble residencia y los desplazamientos inter-zonales. Pero las olas de epidemias y de fugas a fines del
siglo XVI desequilibran su peso y traban el sistema. Pero, si quieren conservar sus derechos en la
altura, hay que ir a la mita: el precio que debe pagarse para escapar a la mita quedándose en la parte
baja, es la pérdida de esos derechos.
La desarticulación del espacio andino remite a las dispersión de sus miembros. Todo el
problema consiste en interpretar el significado de estos nuevos trayectos migratorios (Saignes, 1985 y
1987b).

3.1.3. Extracción colonial y participación mercantil


La despoblación y la "reducción" debían permitir una segunda ola de ocupación de las tierras
abandonadas. En el siglo XVII, no es el factor tierra lo que falta, sino el factor trabajo. El
mantenimiento de un territorio indígena mínimo, orientado a la autosubsistencia, permite asegurar al
mismo tiempo una oferta limitada de fuerza de trabajo indígena para el sector comercial localizado en
territorio español. El estado colonial regula, pues, y arbitra las luchas que se producen para modificar
los términos, la coexistencia de los dos sectores productivos, el ayllu indígena y la hacienda española
(Assadourian, 1982 : 305 - 306).
Antes de determinar el peso de estas imposiciones en la producción agrícola, recordemos que
en el plano ideológico el tributo legitima la posesión de tierras comunales : este "pacto de
reciprocidad" entre el ayllu andino y el Estado colonial (Platt, 1982) se refuerza en el Altiplano por
medio del trabajo obligatorio minero (convertido en transferencia de renta en provecho de los
empresarios mineros) en la propiedad del rey ("chacra del Rey"), en compensación del reconocimiento
oficial del acceso a las "islas étnicas" lejanas (como el valle de Cochabamba para los Caranqa, o las de
Larecaja para Omasuyos (Saignes, 1985).
El estudio de un censo de 1611 de los habitantes y bienes de una reducción multiétnica de la
región de Potosí, Chaqui, permite reconstituir las "estrategias globales de reproducción de los sistemas
productivos." El estudio hace aparecer antes que nada una marcada heterogeneidad de los ayllus en la
distribución de los recursos entre punas y valles. Su autor concluye:
"Al considerar las declaraciones de las cantidades sembradas, las superficies cultivadas por
las familias de los tributarios parecen bastante reducidas: media de dos cargas de papa y de
tres almudes de maíz en lo que toca a los cultivos de base, lo que puede representar una a
dos hectáreas; pese a rendimientos más bien elevados, aunque muy variables, obtienen una
producción que en general no sobrepasa mucho las necesidades alimenticias de la familia.
Así, para enfrentar las fuertes captaciones del sistema colonial, en particular la mita minera
de la cual se liberan bajo la forma de dinero, los ayllus [[142]] deben dedicarse a
producciones agrícolas orientadas hacia el intercambio monetario (ajo, col y sobre todo
cebada), así como a actividades complementarias: guarda de ganado, el corte de leña,
fabricación de carbón... que transportan y venden en Potosí. Es pues la pluriactividad que
caracteriza la economía de estos ayllus a comienzos del siglo XVII. Estas actividades
complementarias, necesarias para su sobrevivencia, en el contexto colonial, entran en
competencia con sus actividades estrictamente agrícolas, particularmente en cuanto a la
fuerza de trabajo. Son probablemente,a la vez causa y consecuencia de las pocas superficies
cultivadas y de los bajos volúmenes de productos obtenidos. Así, podemos suponer que el
mantenimiento de los sistemas de producción está apenas asegurado y que las familias se
encuentran en una relativa, pero variable, incapacidad de acumular capital productivo
(...)." (Sebill, 1989: 62).
96

Además, las potencialidades ecológicas, así como las divisiones administrativas regionales,
desempeñan un papel fundamental en la reorientación de los territorios agrarios sometidos a las
presiones mercantiles e impositivas. Se puede así, muy gruesamente, oponer los ayllus del Altiplano
occidental, que disponen de inmensos pastizales y rebaños, a los de las punas 68 y valles orientales más
húmedos, dedicados a cultivos alimenticios. Los primeros se especializaron en el transporte animal y
el comercio inter-regional (sobre todo con la costa), articulado en torno al aprovisionamiento de las
zonas mineras, fuentes de enormes ganancias; los segundos, privados de ingresos complementarios,
incluso proporcionando cereales y coca a las tierras altas, debieron a menudo alquilar, luego vender,
sus tierras a los españoles, a fin de cumplir con los tributos y otras imposiciones.
En cuanto a las divisiones regionales, se perfilan dos tendencias: el hecho de integrar en una
misma jurisdicción, sometida al trabajo obligatorio minero, el centro de altura y la "colonia" de valle,
como fue el caso de la provincia de Chayanta (Platt, 1982), reforzó los lazos de complementariedad,
que duraron hasta nuestros días; al contrario, en el Collao (cuenca del Titicaca), la afectación de unos
y otros a distritos "obligados" y "libres," contribuyó a disociar los intereses. En el detalle, muchos
reajustes obligan a matizar contrastes tan esquemáticos, pues las unidades domésticas no
permanecieron inactivas frente a las presiones externas tendientes a erosionar las posesiones
territoriales y a fragmentar los conjuntos socio-étnicos.
No se puede, en efecto, interpretar bajo un ángulo puramente negativo las reacciones de las
poblaciones indígenas frente a los excesos de la "comercialización forzada." Responden también a
preocupaciones propias de la dinámica social de un campesinado frente al Estado y el mercado. Dos
grupos, los migrantes y los caciques, permiten revelar algunas.
Desde fines del siglo XVI, el abandono de las reducciones toledanas remite a diferentes
modalidades de ocupación del espacio. Marca el retorno a un modelo de habitat prehispánico, con
unidades domésticas agrupadas en aldeas (estancias) situadas en el territorio de cada ayllu. Refleja
también la lucha de las autoridades intermedias (cacique/cura/corregidor), por una parte contra los
agentes del poder central, y, por otra contra las empresas mineras, a fin de subregistrar los efectivos
sometidos al tributo y a la mita. Traduce además la competencia interna entre esos tres mismos
agentes del poder local para adquirir o conservar el control de las unidades domésticas: los caciques
intercambian "naturales" entre las reducciones a fin de convertirlos en "forasteros", sobre los cuales
conservan sus derechos 69 más fácilmente que los curas y los corregidores. Estas tácticas [[143]] de
permutación pueden también afectar a los valles periféricos, en donde las aldeas de altura, ex-
propietarias de "islas étnicas", envían migrantes "forasteros" que reemplazan de alguna manera a los
antiguos mitimaes.
Estas migraciones pueden explicarse, en fin y sobre todo, por la búsqueda de nuevas formas de
lazos más fluidos de orden contractual, y mejor adaptados a la mayor movilidad económica y social
requerida en el espacio y el mercado colonial. Permiten la instalación de migrantes (forasteros), en las
reducciones, las haciendas o las ciudades, traducida en términos socio-jurídicos por diferentes
categorías locativas o de servicio (arrendire, yanacona: categorías de dependencia que no son
sinónimos de vínculos de servidumbre, sino que también traducen lazos contractuales). Expresan
también una voluntad de emancipación de los lazos y obligaciones comunitarias, establecidos según
un principio jerárquico juzgado demasiado opresivo. El siglo XVII aparece, pues, como un largo
período de transición de un sistema de inserción comunitaria fundada en el parentesco (descendencia),
a otro fundado en la territorialidad, el acceso a la tierra determinando la categoría fiscal.
Agreguemos que estas huidas hacia lejanos sectores de fondos de valle (huaycos y quebradas)
pueden marcar una recuperación parcial de la antigua frontera agraria, principalmente en el caso de
valles secos o encajonados, colonizados no hacía mucho por los Incas, y luego abandonados en la

68
Esta oposición geográfica (urcu/uma) recibe una sanción cultural aymara connotándose relaciones de
superioridad/inferioridad (Bouysse-Cassagne, 1978).
69
Las encuestas regionales y locales muestran que la mayor parte de los "forasteros" pagan tributo al cacique de
origen, así como, en menor medida, la compensación monetaria por su turno en la mita.
97

Conquista. Hacia mediados del siglo XVII las autoridades virreinales afirmaban que no quedaba ya un
sólo retazo de tierra disponible en el Perú.
En cuanto al segundo indicador social, hay que distinguir los caciques cuyo enriquecimiento y
activismo jurídico permiten la conservación del patrimonio territorial y de los intereses colectivos, y
los que fracasan económicamente en esta vía, o prefieren unirse a las filas criollo-mestizas "en un frío
proyecto de ascenso individual" (Sánchez Albornoz 1978). En esta perspectiva, la conversión de
ciertas "islas" étnicas en haciendas privadas (como las de los valles de Larecaja, en manos de los
caciques de la margen occidental del Titicaca), o la apropiación de rebaños comunales, vinculados a
las ganancias de un intenso comercio inter-regional, pueden parecer como un mecanismo defensivo
bien adaptado a las presiones coloniales. En el norte-Potosí, se ha podido evocar así un "modelo
cacical de mercantilismo agrario," que permitió a los ayllus mantener hasta nuestros días un acceso a
las tierras de valle (Platt, 1982).
En fin, no olvidemos que allí donde la apropiación colectiva directa de los pisos de vertiente se
perdió durante los tres siglos de erosión colonial, las unidades de altura habían llegado a estructurar
una red de caminos y de ferias inter-zonales, donde los intercambios, a menudo mediatizados por los
vínculos de parentesco ritual (compadrazgo) permitían restaurar un acceso, aunque indirecto y
limitado, a esos mismos recursos. En todos los casos, estos procesos de fragmentación, de velocidad
muy desigual en razón de los factores mencionados anteriormente (coherencia étnica prehispánica,
potencialidades ecológicas, impacto de las divisiones administrativas, situación con respecto a los
nuevos ejes mercantiles...), deben ser estudiados en su marco regional y local. Producidos por
presiones fiscales y mercantiles, pueden responder también a un deseo de escapar a las formas de
control económico o político consideradas restrictivas: esa fragmentación administrativa
("cantonalización" o "distritalización") prosigue hasta nuestros días. La apreciación histórica de tales
rupturas debe enfocar también las formas alternativas, más contractuales, al archipiélago, así como las
nuevas solidaridades residenciales.
Lo que es seguro es que la territorialidad indígena y el paisaje agrario actual son
producto directo de la historia colonial. Numerosas comunidades campesinas [[144]] actuales
tienen como origen las reducciones creadas por los españoles, (o bien las aldeas nacidas de su
abandono), y no los ayllus precolombinos, muchos de los cuales desaparecieron en la tormenta. Si
retomamos la terminología de S. Brush (cf. más abajo 3.5), se pasó así del tipo en "archipiélago" al
tipo "compacto". Por ejemplo, en diferentes valles de la costa peruana (Acos sobre el río Chancay,
Cocachacra sobre el Rímac...), en las épocas anteriores a los Incas las plantaciones de coca de las
zonas bajas no pertenecían, o no solamente, a las poblaciones que vivían en las partes contiguas más
altas, sino a otros grupos que vivían mucho más cuesta arriba, incluso en los "valles interandinos" del
otro lado de la línea de separación de las aguas. Fue en la época de las reducciones que estas zonas
fueron anexadas a los pueblos situados justamente más arriba (O. Dollfus, comunicación personal):
[[145]] "Por su origen, algunas comunidades de la cuenca datan de la época de la reducción
de ayllus a pueblos. En 1586 el corregidor de Huarochirí Diego Dávila Briceño redujo más de
200 ayllus a 39 pueblos, de los cuales 11 se ubican en la cuenca del río Cañete. Estas
comunidades se asientan en cada uno de los afluentes principales del río, por lo que cada
comunidad tiene tierras con riego, de secano o barbecho sectorial, y extensas punas cubiertas
de pastos naturales. Tal patrón de asentamiento permitió a las comunidades tener cierta
autonomía económica, a lo largo de los siglos coloniales y republicanos. A diferencia de otras
regiones del país, en la cuenca del Cañete no se dieron las rígidas relaciones de dependencia
"indio-mestizo". En la capital de la provincia no llegó a funcionar un mercado local, siendo
esta capital considerada como una comunidad más del conjunto." (Fonseca, 1977: 86).
En un trabajo sobre la historia de la provincia de Yauyos, escrito por el cura y ex-alcalde de la
provincia C. Bellido en 1943, un mapa (fig. 65) muestra muy bien los distritos divididos de acuerdo a
las cuencas vertientes de los afluentes sucesivos del río Cañete, y en posesión, por tanto, de una tierra
escalonada desde las zonas bajas, en la confluencia con el río principal, hasta las altas cumbres (fig.
66).
98

Huancaya
Vitis
limite distrital
Tomas
limite provincial
Alis
Laraos
Huantan

Pampas

Tupe

Cacra
Huangascar

Viña

Fig. 65: Mapa de los distritos de la margen izquierda del río Cañete
en la provincia de Yauyos (según Bellido, 1943).

Lana, animales
HUANCAYO

5000

TANTA  LANCAICO

VILCA Límite de los culti 4000


vos
HUANCAYA
P LARAOS Límite del
maíz
700-800 mm HUANTAN
TUPE 3000

Gradiente
de lluvias AYZA
2000

CATAHUASI

P Fru
tas, 1000
0 30 km yuc
aprox. 200 mm a LIMA
Fig. 66: Esquema del territorio de algunas comunidades del alto valle del río Cañete.

[[146]] 3.2. De la independencia a las reformas agrarias


Dos decretos de Bolívar (Trujillo, 8 de abril de 1824; confirmado en el Cuzco el 4 de julio de
1825) ordenaron la "el reparto de tierras entre indios y la venta de las sobrantes" (Sánchez Albornoz,
1978 : 203). Esta medida formal debía asegurar la igualdad jurídica y el libre acceso a la propiedad,
ponía fin al régimen de las tierras comunales, que había constituido siempre una de las grandes
preocupaciones de las leyes coloniales proteccionistas. Hay que recordarlo aquí, el elemento central
del "pacto colonial" que vinculaba a la corona española y las comunidades indias, consistía en
garantizar la integridad de las tierras indígenas a cambio del pago del tributo. La nueva burguesía
criolla y mestiza no respetaba ya esa "alianza entre el estado y los ayllus" (T. Platt), que había
asegurado una cierta estabilidad al funcionamiento del sistema colonial.
99

"Aunque inspirado por el deseo de constituir una clase de pequeños propietarios, [este
decreto] fue la señal del asalto que los Blancos y Mestizos, con la complicidad de las
autoridades, llevaron a cabo durante un siglo y medio contra los bienes de las comunidades
indígenas (...) Fue mediante el engaño y la fuerza que se constituyó un buen número de
haciendas de la región andina, que, de 1860 a 1915, se multiplicaron (en superficie) cerca de
cien veces" (Métraux y Gutelman, 1963 : 8).
Pero, en las tres repúblicas andinas surgidas del desmembramiento del imperio inca y del
virreinato peruano, el ataque contra la propiedad comunal se realizó en proporciones y velocidades
desiguales, según el grado de cohesión social y la capacidad de resistencia que opusieron las mismas
comunidades, así como el de modernización económica (integración al mercado mundial) y de
voluntad política asumida por las capas dirigentes. En el último tercio del siglo XIX, el advenimiento
de políticas liberales, que pusieron fin al proteccionismo aduanero y a la defensa de la producción
nacional, iba a acelerar la ofensiva anti-comunitaria, al mismo tiempo que provocaba cientos de
rebeliones locales, incluso guerras indias en gran escala. Vamos a examinar uno a uno el caso de
Bolivia y el del Perú a través de ejemplos regionales.

3.2.1. El caso boliviano : el Norte-Potosí frente a las dos reformas agrarias.


En Bolivia, por falta de dinero, el Estado criollo debió restablecer desde 1827 el tributo
(suprimido en 1825 por Bolívar), y abolir por lo tanto, en la misma oportunidad, los decretos
bolivarianos sobre repartición de tierras (Sánchez Albornoz, 1978 : 203): doble medida que ofrecía a
los indios una especie de renovación tácita del pacto colonial.
Pero los juristas del nuevo Estado no renunciaron a desmantelar la organización comunal de
las tierras explotadas por los indios, considerados como simples usufructuadores de un arrendamiento
enfitéutico, permaneciendo el Estado como propietario (circular de 1842).
"En 1866 el general Melgarejo, con el fin de obtener nuevos recursos para el Tesoro, y bajo
pretexto de dar a los indígenas la plena posesión de estas tierras consideradas como de
manos muertas, les obligó a pagar sumas elevadas (...) para obtener o revalidar sus títulos,
bajo amenaza de expropiación si el pago no se realizaba en el plazo de sesenta días. Este
decreto fue confirmado por el Congreso en 1868. Estallaron revueltas, duramente reprimidas,
alrededor del lago Titicaca, en Ancoraimes, Huaycho, Taraco, Lambate y San Pedro. Una
centena de comunidades fueron disueltas, y sus tierras vendidas en subasta a vil precio, o
distribuidas a los partidarios del presidente. Según el historiador boliviano Alcides Arguedas,
300,000 indios fueron despojados así, de los cuales 2,000 en la sola región de Taraco, y
algunos propietarios entraron en posesión de tierras muy extensas, como doña Juana Sánchez
o el general Antezana, que poseía más de 100 leguas de tierras fértiles a orillas del Titicaca
(Vellard, 1963 : 73).
[[147]] Las rebeliones indígenas, relevadas por la revolución de 1871, lograron imponer la anulación
de tales medidas. Pero, tres años más tarde, una nueva ley, llamada de ex-vinculación de tierras
comunales, estableció el nuevo marco jurídico que iba a permitir a los gobiernos siguientes disolver la
propiedad comunal, al mismo tiempo que suprimía toda referencia al tributo. Todo el problema
consistía en instituir un catastro de tierras indígenas para establecer la base del impuesto a pagar por
los propietarios, en tanto que los "indios sin tierra" quedarían exentos de toda contribución (Sánchez
Albornoz, 1978 : 211 - 215).
Al estudiar el fracaso de esta "primera reforma agraria" en el Norte-Potosí, el antropólogo
Tristan Platt muestra cómo el mundo indígena se encarnizó en defender su propio modo de
organización de las tierras y de los trabajos colectivos. La región Norte-Potosí heredó una situación
colonial favorable, en la medida en que las divisiones administrativas provinciales agrupaban en la
misma jurisdicción (antigua provincia de Chayanta) alturas (punas) y valles. "Los ayllus regionales
consistían en franjas continuas que bajaban desde las alturas hasta los valles cálidos o en dos zonas
discontinuas, cada una situada en uno de los dos polos climáticos. Dado que la mita potosina se aplicó
100

a través de los curacas de cada ayllu, la misma economía minera funcionó asegurando la persistencia
de las condiciones verticales de reproducción de su propia fuerza de trabajo rotativa." (Platt, 1982a :
26).
La conservación de la antigua organización vertical se opuso, pues, a la expansión de la
hacienda en esta región. Los conflictos coloniales no opusieron propietarios de haciendas y de minas
por el control de la mano de obra indígena, sino a mineros y curas rurales en cuanto al empleo de los
excedentes comercializables indígenas : el lujo y número de las fiestas religiosas celebradas en torno a
las cofradías aumentaron la absorción de recursos indígenas, cada individuo duplicaba sus
compromisos ceremoniales por el hecho del " doble domicilio en la puna y en el valle" (según
expresión de un cura de los valles en 1797). En la época de las vicisitudes de la independencia, la
abolición de la mita (en 1812) y la negativa de las autoridades indígenas a subvencionar los gastos
eclesiásticos dieron pleno efecto al "modelo cacical de mercantilismo andino." Los caciques vendían
trigo, cultivado en parcelas (tierras de comunidad) reservadas al pago del tributo, obteniendo así una
producción cerealera (granos y harina de trigo y de maíz) que les permitía no solamente abastecer a las
ciudades bolivianas sino también exportar al sur peruano (id: 30 - 35).
La percepción fiscal daba lugar a inspecciones (revisitas) periódicas destinadas a censar los
efectivos de los tributarios; ellas se veían obstaculizadas por la distribución "multi-cantonal" de los
ayllus del Norte-Potosí. La "fragmentación administrativa sigue amenazando las bases multi-
ecológicas de producción que sustentaron el florecimiento comercial de Chayanta durante el siglo
XIX" (id: 47-48). Estos ayllus, recordemos, fundados en la agrupación de unidades domésticas
supuestamente descendientes de un mismo ancestro común, se desdoblaban entre las dos grandes
regiones geo-climáticas de la provincia, punas y valles. Como el monto del tributo dependía del acceso
a la tierra, los inspectores se preocupaban mucho en distinguir las tres categorías de tributarios, los de
"origen" (descendientes en principio de los antiguos titulares), los agregados o "forasteros con tierras"
(migrantes que habían recibido tierras), y, en fin, los "forasteros sin tierra" (instalados en tierras de las
categorías anteriores, a cambio de prestaciones de trabajo). La ventaja de los primeros consistía en
acceder a tierras situadas en los dos pisos ecológicos, mientras que los forasteros estaban instalados en
parcelas situadas en una sola región y de menor extensión (id, 50-53). T. Platt evoca también la
dinámica de los cambios de categoría fundada en la extensión del terreno ocupado, función a su vez de
la "relación hombre - tierra" y del "ciclo de desarrollo doméstico" : cuando un "terreno de origen" era
fraccionado entre varios hijos, [[148]] estos correspondían a la segunda categoría, y sus propios hijos,
en espera de sucederlos, podían clasificarse en la tercera. Después de las grandes epidemias de
mediados del siglo XIX, el repoblamiento de los ayllus se efectuó por asimilación de inmigrantes que
accedían a los diferentes status de acuerdo a sus alianzas matrimoniales y el tipo de tierra recibida (id :
54-55).
La resistencia de los ayllus del Norte-Potosí al establecimiento de un catastro y a la
distribución individual de tierras, se tradujo en hostilidades físicas, y culminó en la participación en la
"Guerra Federal" de 1899. Puso fin a la tentativa liberal de implantación de la pequeña propiedad
privada como etapa preliminar a la expansión de un "capitalismo agrario." Pero al mismo tiempo la
victoria de las políticas de libre cambio, que en los años 1870 permitió la importación masiva de trigo
y harina chilenos, provocó la caída de la producción cerealera comercial de los ayllus de Chayanta.
Estos dos grandes fenómenos explican la limitada expansión de la gran propiedad rural en el centro y
sur del país (id : 70 - 72).
A comienzos del siglo XX, ante el "vacío jurídico" suscitado por el fracaso del proyecto
liberal, las propias autoridades indígenas se decidieron a encargarse de la percepción del tributo y de
entregarlo, cada semestre, al Tesoro departamental de Potosí. La "segunda reforma agraria de 1953",
iniciada por el "Movimiento Nacionalista Revolucionario", seguida por un proyecto de impuesto
territorial único, no llegó a abolir esta práctica, continuada hasta nuestros días. (id : cap. 4 y epílogo).
101

3.2.2. El caso peruano


La extensión del latifundio (cf. Piel, 1975 y 1983; Manrique, 1988).
A partir de 1830, la demanda de la industria lanera inglesa fue uno de los motores de la
extensión de las grandes haciendas de ganadería en las tierras altas; en el sur del Perú esa expansión no
fue detenida sino por la Reforma Agraria de 1969. Ciertas haciendas alcanzaban una extensión de
cientos de miles de hectáreas. En consecuencia, la mayoría de los campesinos de las comunidades se
vieron reducidos a vivir en superficies minúsculas (minifundio). Por ejemplo, "En 1955, en el
departamento de Pasco, 18 personas o entidades son propietarias del 93 % de la superficie agrícola
del departamento; en el de Junín, 54 personas o entidades son propietarias del 90 % de la superficie
de los pastos y tierras cultivadas del departamento. El hecho de que casi 650,000 personas que
habitan esos dos departamentos poseen menos del 10 % de la cantidad de tierras que poseen 72
familias o entidades, constituye una gran injusticia." (Comisión para la Reforma Agraria y el Habitat
del sin embargo conservador gobierno de Manuel Prado, citado por Goineau, 1973).

Reconocimiento jurídico de las Comunidades y Reformas Agrarias.


Bajo la influencia de los movimientos indigenistas, y más todavía a causa de las incesantes
revueltas - revueltas sangrientas, reprimidas con brutalidad extrema - provocadas por esta expoliación
(cf. la impresionante lista establecida por Flores y Pachas, 1973 y 1977), la Constitución de 1920
dispuso la posibilidad de que las comunidades campesinas pudieran hacerse "reconocer'
jurídicamente, devolviendo a los campesinos un medio legal70 de defender colectivamente sus tierra -
o lo que queda de ellas. Las tierras pertenecen a la comunidad, las familias no tienen sino su usufructo.
[[149]] Una vez resueltos todos los litigios, algunos de más de tres o cuatro siglos, con las haciendas y
otras comunidades vecinas, el reconocimiento implica una delimitación precisa del territorio
comunal; realizada según los principios del derecho europeo, tal delimitación refuerza los tipos de
organización "compacta" y "extendida", pero es prácticamente incompatible con la organización " en
archipiélago" (ver más adelante : modelos de complementariedad ecológica).
En los años 60 y 70 las consecuencias de las Reformas Agrarias, ya evocadas antes por Murra,
han sido similares desde este punto de vista, y por la misma razón: la incompatibilidad entre la
racionalidad de la organización andina, y la de los esquemas pensados y aplicados desde arriba por la
burocracia. El principio de la tierra para quien la trabaja, es decir "la tierra para las familias que los
grandes propietarios han conservado para su servicio", ignora totalmente la historia, incluso la más
reciente : las tierras tomadas a los grandes propietarios fueron entregadas, colectivamente, a sus
trabajadores permanentes, y no a las comunidades vecinas a las que les habían sido arrebatadas. Y el
proceso de repartición ignoraba la complementaridad entre pisos diferentes, midiendo todas las
extensiones de tierra con la misma vara, proporcionalmente a su productividad monetaria (según la
noción de 'hectárea standard', que considera 'equivalencias'. entre tierras de calidades y climas muy
diferentes).
En el detalle, las evoluciones regionales han sido y continúan siendo muy diversas, impidiendo
con ello generalizar al conjunto del país lo que se observa en una provincia o en un valle. He aquí un
ejemplo de desmembramiento de la verticalidad por iniciativa local (y no, como antes, impuesta desde
el exterior):

Especialización comercial : el ejemplo del alto valle del río Cañete


Como consecuencia de su proximidad a Lima, y, en segundo lugar, a Huancayo, el valle del río
Cañete ha sido, más tempranamente que en otras regiones, teatro de transformaciones de los sistemas
agrarios, inducidas en gran parte por las posibilidades de comercialización de ciertos productos.

70
En teoría, pues, según un viejo adagio peruano, "la ley se respeta, pero no se acata"...
102

"Como consecuencia del acaparamiento de la producción ganadera y de sus derivados por


negociantes que operaban a nivel regional, hace más de un siglo, ciertos sectores de
campesinos empezaron a dedicarse más personalmente al pastoreo de ovejas y auquénidos en
las extensas punas cubiertas de pastos naturales. Proceso que se acentúa posteriormente con
la comercialización de la agricultura en las zonas bajas de las comunidades, dotadas de riego
permanente y con más fácil acceso a las vías terrestres de penetración. Con el tiempo, en estos
pisos ecológicos, surgieron comunidades hijas que fueron independizándose progresivamente,
ocasionando el desmembramiento territorial de las antiguas comunidades y el debilitamiento
del viejo patrón tradicional de acceso a los recursos de los diversos microclimas. Numerosas
comunidades de la cuenca se originaron de este modo, es decir, por motivaciones
predominantemente de tipo económico." (Fonseca, 1977: 87).
El resultado de un desmembramiento como éste se observa en la fig. 66 bis : antaño la
comunidad de Tupe se extendía desde la confluencia con el río Cañete, a 1,200 metros de altura, hasta
las punas por encima de los 4,000 metros (fig. 67), cubriendo una amplia gama de zonas de
producción (Arana, 1986). "Catahuasi, hace cincuenta años, fue el piso ecológico bajo de la faja
vertical controlada por la comunidad de Tupe, sin población permanente. Su independización,
primero como comunidad, luego como distrito, es el resultado acabado de un proceso de explotación
centrífuga del espacio agropecuario, similar al que se puede ya detectar en Laraos. La colonización
de Catahuasi fue hecha posible por la erradicación de la malaria, en los años 1930." (Sautier y
Amemiya, 1986: 127).

Fig. 67: Vista desde Ayza en dirección de Tupe (cf. fig. 66). PM.
[[151]] Así, paradójicamente, la zona antiguamente central - el piso del maíz con riego, y el de los
tubérculos, con la aldea en el límite - se convierte en marginal, pues sus productos no son ya casi
competitivos con respecto a los de regiones menos accidentadas mientras que los pisos extremos se
separan:
- las zonas cálidas del fondo del valle principal (yungas), que se benefician con la proximidad
con la enorme aglomeración de Lima para vender allí frutas y legumbres (mandioca);
- por encima de los 4,000 metros, una parte de las punas productoras de lana y carne:
separación de Vilca y Tanta de Huancaya, y tentativa de Lancaico de separarse de Laraos; no
hay en estos casos pérdida de acceso de las comunidades-madres, en razón de la inmensidad
de estas punas (60,000 hectáreas en Laraos...).
103

Este proceso sugiere que, en la sociedad actual, la complementariedad ecológica,


entendida como explotación de los diferentes medios por el mismo grupo humano, ya no sería
más que una estrategia de supervivencia en condiciones precarias: cuando [[152]] la
comercialización de la producción de un solo piso parece proporcionar una seguridad suficiente a los
que lo controlan, estos últimos se lo apropian, amputando la organización vertical, que se había
convertido para ellos en un obstáculo a partir del momento en que ya no tenían necesidad de ella.
Inversamente, es probable que el desarrollo actual de modelos "en archipiélago" en ciertas regiones (y
no solamente en los Andes : el mismo caso se da en México y en el Sahel) sea síntoma de una mayor
precariedad experimentada por la población.
Otro proceso descrito por Fonseca (1977 : 97-100) no incide en el nivel de las comunidades
sino de las familias; se trata de las modificaciones de la parcelería causadas por el cultivo de la alfalfa:
"El cultivo de alfalfa en la cuenca del río Cañete data posiblemente desde el establecimiento
del sistema de arrieraje o transporte a lomo de bestia, durante la Colonia. El forraje era
imprescindible para alimentar a miles de acémilas que transitaban diariamente por caminos
de herradura que unían a las ciudades de la costa con los pueblos más apartados de los
Andes. (...)
El incremento del acaparamiento de reses en las áreas rurales, como consecuencia del
crecimiento de las ciudades, estimuló la emergencia de pequeños grupos de "rescatistas" o
negociantes de ganado en las propias comunidades. Estos, paralelamente, empezaron a
acaparar tierras con riego y los pastos naturales de la comunidad, con el propósito de
engordar el ganado antes de ser revendido a los "rescatistas" mayoristas que operaban desde
las ciudades. En consecuencia, en esta primera etapa de cambios, el cultivo de alfalfa fue
monopolizado por un reducido grupo de ganaderos, reconocidos como los más "pudientes" de
la comunidad (...)
A comienzos del presente siglo, la gran demanda de queso en las ciudades de la costa, en los
pueblos y ciudades del valle del Mantaro, y en los centros mineros de la región, motivó una
mayor modificación de los antiguos sistemas de tenencia de la tierra. (...)
Los comuneros de la cuenca alta habían sido seriamente influenciados por las intensas
campañas realizadas por un sector de campesinos migrantes de la comunidad de Laraos,
quienes se identificaban a sí mismos como "libres pensadores" (Mayer, 1977). Ellos
difundieron las ventajas de la educación de los hijos en los colegios y en las universidades, lo
cual exigía a los comuneros vender más a fin de tener acceso al dinero. Ellos dieron la
alternativa de cambiar el cultivo tradicional de maíz por el de alfalfa (...)
A partir de este movimiento, iniciado en abierta competencia con los comuneros ricos de
Yauyos, sede de la capital de la provincia del mismo nombre, el cultivo de alfalfa dejó de ser
monopolio de los más "pudientes".(...) Desde entonces, el cultivo de alfalfa está reglamentado
por cada comunidad. El antiguo sistema de mita de agua fue modificado a medida que miles
de andenes fueron desmantelados para construir en su lugar corrales o "potreros" de alfalfa,
considerados como de propiedad privada. Paralelamente, se inicia la privatización de los
extensos pastizales de la comunidad, que décadas más tarde fueron recuperados por un nuevo
movimiento de comuneros medios y pobres, organizados en grupos precooperativos (...)
Veamos el caso concreto de la comunidad de Huantán.
Los comuneros de Huantán, fuertemente influenciados por el movimiento de los "libres
pensadores" de la vecina comunidad de Laraos, decidieron llevar a cabo la "lotización" de las
tierras con riego de la extensa subzona denominada watara. Cada comunero empezó a
concentrar sus andenes dispersos entre las distintas acequias y moyas, de preferencia en un
solo lugar. Para esto recurrieron al trueque o "canje" de andenes como si se tratase de
productos de origen agropecuario. También hubo compra venta de andenes.(...)
Los andenes fueron pasando [así] de mano en mano, a medida de que los comuneros iban
concentrando sus andenes dispersos en un solo lugar. Luego empezaron a desmantelarlos y a
cercar [[153]] la parcela resultante, consiguiendo adaptar la pendiente del suelo a las
104

exigencias técnicas del nuevo cultivo. De este modo la casi totalidad de comuneros transformó
sus andenes de la subzona watara en corrales o "potreros". Como resultado tenemos
"potreros" de distintos tamaños, desde 1/20 de ha hasta 4 ha. Los más grandes pertenecen a
los comuneros dedicados al pastoreo de ganado lechero, y los más pequeños a aquellos
comuneros que no teniendo ganado, arriendan los cortes de alfalfa a los ganaderos" (Fonseca,
1977: 97-100).

3.3. La atomización del minifundio


La mayor parte de las tierras, a menudo las mejores, ha sido acaparada por las grandes
propiedades, que la reforma Agraria de 1969 - 1975 en el Perú transformó en cooperativas, pero, salvo
excepción (como en Chumbivilcas), sin redistribuir las tierras a los campesinos de las
comunidades. En la porción que les quedó, éstos dividen las parcelas familiares en cada generación,
hasta el extremo.
Retornemos al punto exacto en que lo dejamos, a principios del capítulo 2, el texto de Mishkin
que describe la "repartición por el gobernador del distrito de las tierras de la comunidad de Kauri,
cerca del Cuzco, hacia 1940:
"También se suscitan disputas en el seno de la familia, cuando uno de sus miembros insiste en
la delimitación separada de su parcela dentro de las tierras de la familia. Resulta así que la
tierra cultivable se divide en el interior de los lotes familiares, asignando el padre de familia,
a cada cual, una cierta cantidad (...). Las parcelas individuales son separadas de las tierras
familiares por herencia, sobre la base de un acuerdo con el jefe de familia [Herencia que
tiene lugar en parte con ocasión del matrimonio del hijo y no sólo a la muerte de los padres],
o por decisión de la justicia. El proceso de individualización tiende verdaderamente al
estallido de las tierras familiares, un segmento de las cuales se desprende cada vez que un
miembro de la familia alcanza la edad del caso. Actualmente, incluso las mujeres reivindican
una parcela individual, y no dudan en oponerse a sus familias en prolongados litigios.(...)
Actualmente, en el departamento del Cuzco, el "topo" mide más o menos 40 metros de ancho
por 80 de largo (...). Un observador (Palma, 1940: 541) estima la propiedad promedio de los
Indios Quechua en el valle de Cuzco en un topo de tierra de maíz, uno en papas, y
eventualmente un tercero de trigo. En base a mis propias observaciones en Kauri, la parcela
que una familia posee en cada sector en rotación, mediría en promedio 20m. de ancho por 60
a 80 m. de largo; algunas no sobrepasan los 6 x 15 m. Un breve reconocimiento en el distrito
de Ccatcca mostró que la tenencia promedio de una familia era de dos a tres masa, es decir
bastante tierra como para necesitar dos o tres días de trabajo a un equipo de labradores [con
chaquitaclla], en cada sector en rotación." (Mishkin, 1946: 422-423).
Traduzcamos estas cifras de hace 45 años: el "topo" equivalía a 1/3 de hectárea; según Palma
una familia promedio cultivaba de 0,7 a 1 hectárea cada año (sin contar, desde luego, las tierras en
descanso en que pastaba el ganado). En Kauri, donde había tres años de cultivo en uno de los
barbechos sectoriales colectivos, y uno solo en el otro, una familia favorecida, pues poseía una parcela
en todos los sectores, cultivaba de 0,5 a 0,6 hectárea cada año - pero no sabemos nada sobre
eventuales tierras cultivadas fuera de estas rotaciones Al variar la masa entre 350 y 1,000 metros
cuadrados (cf. capítulo 1), se llega a superficies del mismo orden para el conjunto del distrito de
Ccatcca.
Volveremos al final de este capítulo sobre la fragmentación de las parcelas familiares.

[[154]] Conclusión
A pesar de esta recargada historia, el "ideal vertical" permanece profundamente anclado en la
mentalidad andina:
105

"Anccopaccha no tiene el status de 'Comunidad Campesina' definido muy precisamente por la


ley peruana. Es un anexo del distrito de Pacucha, resultado de la venta y parcelación de la
hacienda Ancopaccha. En 1938 el propietario, Genaro Alarcón, decidió vender su hacienda a
Cirilo Campo por la suma de 2,000 soles. Los colonos y aparceros se opusieron a esa decisión
y se ofrecieron como compradores, agrupándose como 75 socios. Cada uno debía aportar al
fondo común de acuerdo a sus posibilidades económicas. Reunieron así la cantidad de 4,000
soles, de los cuales 2,000 estaban destinados al comprador y 2,000 para el hacendado; los
colonos que no pudieron participar en la compra debieron retirarse a las haciendas vecinas
(La Laguna, Santa Clara, etc...)
Luego de la venta se constituyó un comité asesorado por un ingeniero agrónomo, encargado
de evaluar la calidad de las tierras, a fin de efectuar la repartición. La repartición tuvo en
cuenta los diferentes pisos ecológicos, para que cada socio obtuviese terrenos de los tres
pisos. Sólo algunos (3 en total) recibieron tierras sólo en uno o dos pisos." (Bénard y Gobin,
1987 : 16).
"La fuerza del modelo se ve apoyada por el hecho que no obstante el peso de cuatrocientos
años de influencia europea y de una reorganización completa de gran parte de la vida andina,
aún hay muchas comunidades cuya economía de subsistencia está organizada en la misma
forma de control vertical que señalan los ejemplos etnohistóricos de Murra.(...)
"Así como existen comunidades sin acceso a todo el espectro de recursos regionales, también
hay unidades domésticas que no tienen acceso a todos los recursos de su comunidad. En ambos
casos, tanto la comunidad como la unidad doméstica deben desarrollar estrategias y métodos
para explotar hasta donde sea posible los recursos necesarios de subsistencia. Tanto al nivel de
la comunidad como al de la unidad doméstica, las estrategias de subsistencia destinadas a
permitir el acceso a los recursos implican sistemas de especialización y de trueque. Es frecuente
que dentro de las comunidades se recurra a ciclos de reciprocidad para la distribución de
recursos escasos, mientras que las estrategias de subsistencia dependen usualmente del sistema
de parentesco."(Brush, 1974: 278 y 281).
106

4. Zonas de producción: autonomía individual y control


comunal
Enrique MAYER 71
4.1 Introducción
Los trabajos de J. V. Murra sobre los sistemas de producción andinos han estimulado nuevas
interpretaciones y pistas de investigación. Todos hemos tratado de [[155]] precisar las implicaciones
del modelo de verticalidad en términos de extensión geográfica, de continuidad en el tiempo, y de los
grupos humanos a los cuales se aplicaba o se aplica todavía. Quisiera discutir aquí algunos puntos que
me parecen importantes.
El primero es el siguiente: en su artículo de 1972, Murra emplea cuatro palabras claves:
control y máximo, así como vertical y pisos ecológicos. Nos hemos dejado llevar por la tendencia a
ocuparnos más de los dos últimos en detrimento de los primeros. La noción de control procede del
ámbito político, y subentiende que ciertos grupos, más que otros, pueden controlar algo, en función de
su capacidad de organización y de la cantidad de poder que pueden movilizar. No se trata de factores
ecológicos sino políticos. La comparación que Murra hace entre el pequeño y políticamente débil
grupo de los Chupaychu, con el "reino" Lupaqa, más poblado y más rico, muestra bien que la cuestión
del poder, la "geopolítica" y las capacidades de organización, son centrales en su concepción de la
verticalidad. Se sigue de ello que la noción de máximo depende de la capacidad de control, y que
cuanto más poderoso es el grupo, más pisos puede controlar y más lejos puedan estar éstos unos de
otros. A su vez la producción de artículos de valor por las "colonias" alejadas acrecienta las
posibilidades políticas y económicas del grupo. En cierta manera, pues, el control y la explotación de
las colonias (las "islas") constituye un mecanismo de acumulación política y económica que garantiza
la economía política de estos grupos étnicos (señoríos).
He aquí el segundo punto:
Ya sea que corresponda a los impresionantes desniveles de las grandes vertientes de la
Cordillera, o ya sea a diferencias más sutiles sobre las llanuras altas,, la noción de piso ecológico, tal
como ha sido empleada en el capítulo precedente, parece perfectamente clara cuando se contempla el
paisaje o se leen las páginas que han escrito los geógrafos. Pero resulta que esta noción, fundamental
en lo que se ha llamado verticalidad andina, exige ser pensada de nuevo. Propongo superponer el
concepto de "zonas de producción", en tanto que creaciones del hombre, a las clasificaciones
existentes de los pisos ecológicos naturales. Cuando hablo de creación por el hombre, más bien que
de "adaptación al medio natural", dirijo mi atención a la manera en que se "fabrica", administra y
mantiene estas zonas; así vuelve a primer plano la importancia de los aspectos políticos y sociales del
control que ejercen los hombres unos sobre otros, en cuanto al modo en que utilizan una porción de su
medio natural.
El último aspecto importante es la distinción entre diferentes niveles de organización. Un
examen detallado de las fuentes históricas utilizadas por Murra conduce a considerar al menos tres
niveles diferentes de organización social, encajados unos con otros, pero conceptual y prácticamente
distintos. El primero es el de la familia (unidad doméstica) de productores campesinos. El segundo es
el grupo de familias que viven en el mismo sitio y explotan el mismo conjunto de recursos; en las
inspecciones coloniales estos grupos se llaman pueblos, estando situado el habitat en la cercanía de los
campos (chacras) del grupo. El tercer nivel de organización social es el de las grandes unidades
capaces de movilizar tanto los grupos locales como las familias. Son llamadas por Murra grupos
étnicos; en español el término más frecuente es señorío. A pesar de su enorme diversidad, poseían
algunas características comunes: tenían un nombre colectivo, una dirección política propia,

71
Exposición preparada por E. Mayer para el symposium "An interdisciplinary Perspective on Andean
Ecological Complementarity," Wenner Gren Foundation for Anthropological Research. Extractos, adaptación y
notas por P. Morlon.
107

ceremonias religiosas locales y una organización económica autónoma. Cuando llegaron los
españoles, los "señoríos" habían sido incorporados al Estado Inca, el cual, al incluirlos, los trataba
como realidades políticas que poseían sus propios objetivos políticos y sociales.
Estos "señoríos" fueron igualmente útiles a los españoles, y persistieron durante la época
colonial, hasta que su tendencia a rebelarse condujo a su desmantelamiento. Antes de que se
comenzara a comprender las implicaciones del modelo de verticalidad, se [[156]] pensaba que estos
grupos étnicos, como otras "tribus", defendían territorios claramente delimitados.
Cada familia estaba afiliada claramente a un grupo étnico, y parece también que los pueblos
eran "súbditos" de una entidad étnica particular. Pero al mismo tiempo gentes afiliadas a otros grupos
étnicos podían pertenecer a un pueblo, con los mismos derechos y deberes que los demás. Conocemos
todavía muy poco de la organización aldeana de entonces para comprender plenamente las
implicaciones del modelo de verticalidad. Ello puede parecer sorprendente, ya que una gran parte de
la organización aldeana andina ha sobrevivido hasta el presente a pesar de las numerosas
transformaciones y reformas impuestas desde el exterior, que han interactuado con las dinámicas
internas de tales pueblos. Ello ha de sorprender tanto más porque ha sido largamente estudiado por los
antropólogos de los últimos decenios. Pero lo que ha faltado era el marco que nos habría permitido
integrar este nivel en el de grupos étnicos o "señoríos" más vastos.
No se puede comprender la riqueza del modelo vertical si se hace abstracción de la
organización local aldeana, pues le toca a ella resolver concretamente los problemas tecnológicos para
el aprovechamiento de un piso ecológico dado; la familia por sí sola no puede resolver todos los
problemas técnicos y de organización de la producción, y necesita del concurso de otras instancias de
la organización supra-doméstica (Guillet, 1979: 75-83), que por necesidad se debe organizar
localmente con independencia de la afiliación étnica de sus miembros.
Estos dos primeros niveles son los únicos visibles actualmente. El tercero es muy difícil de
percibir, pues fue largamente reprimido y destruido en 450 años de dominación colonial. Pues bien, el
modelo de verticalidad no es completo sino cuando los tres niveles actúan entre sí. Espero sin
embargo mostrar que, incluso en esos dos niveles, numerosos aspectos de la organización productiva
se hallan todavía vigentes.

4.2. La organización productiva local


Al comienzo de este texto adelanté la hipótesis de que, en los Andes Centrales, la tecnología es
compartida por los miembros de los diferentes grupos étnicos en cada nivel ecológico. Debemos
estudiar, pues, cómo la organización de la producción a nivel local permite la participación de todos en
un esfuerzo común. A fin de producir los artículos deseados, esta misma organización debe ser
también capaz de resolver los problemas tecnológicos planteados por cada condición ecológica
particular. La organización local tiene, en consecuencia, un doble objetivo.
Todavía no comprendemos de manera satisfactoria las características de esta organización, y
no sabemos si será posible definir principios generales válidos para los Andes Centrales. Pero hemos
empezado a juntar los datos disponibles de una manera que nos parece prometedora.
La primera etapa es de clarificar lo que entendemos por pisos ecológicos, y no confundirlos
con lo que es obra del hombre, que llamamos zonas de producción. Para los primeros, se utilizan
diversos criterios para superponer una noción discontinua la de pisos sobre variaciones naturales
continuas. Las variaciones muy rápidas, que a menudo se encuentra en los Andes, favorecen tal recorte
mental, ya que el tránsito de una comunidad vegetal a otra es allí más brutal. El reconocimiento,
descripción y empleo de tales agrupamientos naturales o ecotipos (Troll, 1968) toman formas
diferentes de acuerdo a los criterios escogidos, las características propias que hacen decidir que uno
difiere de otro, y la manera en que se determinan sus límites. Pues bien, tales etapas y opciones
elegidas no han sido siempre suficientemente explicitadas en la [[157]] utilización que se ha hecho de
las zonaciones ecológicas, de las cuales he aquí dos ejemplos:
108

- Entre aquéllas que utilizan criterios "científicos" occidentales, podemos citar las "zonas de
vida natural en el Perú" de Tosí (1978), de acuerdo al método de Holdridge (1967). Se trata de
caracterizaciones de comunidades vegetales naturales en función de tres variables climáticas,
según cinturones de 1,000 metros de altura. Como se trata de un ensayo de descripción del
medio "natural", no toma en cuenta las profundas modificaciones causadas por la ocupación
humana. Y, como ha notado Brush (1977), la escala elegida no se adecúa a a las variaciones
localizadas 72.
- Otro tipo son las zonaciones hechas por la población local, que corresponden a la manera en
que ella percibe lo que es pertinente e importante. La de Pulgar Vidal, "las ocho regiones
naturales del Perú", es una extrapolación de conceptos andinos completados por criterios
geográficos, climatológicos y de vegetación. César Fonseca (1972a, p 318-324; 1981) observó
que la representación andina del medio es de hecho comparativa, en el sentido de que términos
altitudinales como "jalka" / "kichua" / "yunga" en el norte del Perú, o "puna" / "suni" /
"quechua" / "yunga" en el sur, se vinculan uno con otro en referencia a un punto o a una línea
central ("chaupi"). Lo que realmente interesa al campesino son estas oposiciones, que pueden
aplicarse a sectores geográficos, cosas, gentes, alimentos, música, y en diferentes escalas: en
primer lugar la oposición entre el conjunto de la puna o jalka y el conjunto del valle
(quechua); a continuación, por ejemplo, se hace en el interior del valle otras distinciones
jalka/kichua, y se puede descender así a distinciones tan pequeñas como las de dos tunas que
crecen uno encima de otro, y de los cuales el de abajo será "kichwa" y el de arriba "jalka"...
En contraste con estos esquemas conceptuales tenemos las zonas de producción reales, que
son los lugares donde los campesinos cultivan especies particulares de una manera específica. Los
barbechos sectoriales colectivos descritos en el capítulo 2 son un ejemplo al respecto. En el interior de
cada comunidad, las diferentes zonas de producción son claramente identificables. Tienen límites
precisos, y, en ciertos casos, incluso cercos comunales 73.
Cada zona de producción tiene, en general, un tipo de campo característico: por ejemplo
andenes "rústicos" en declive, andenes con riego, pastizales cercados, huertos, etc. Para los
observadores de fuera, estos diferentes tipos de campo tienen la ventaja de formar motivos fácilmente
reconocibles en las fotografías aéreas: es lo que hemos hecho para cartografiar todas las zonas de
producción del valle del río Cañete; Smith, Denevan y Hamilton (1968) identificaron de la misma
manera los restos de camellones en el Altiplano (ver capítulo 4). Nosotros afirmamos que a cada zona
de producción le corresponde una forma específica de organización para la producción, entre los
campesinos que tienen acceso a ella.
Se podría definir formalmente una zona de producción como un conjunto territorial de
recursos productivos, administrado por la comunidad, y en cual la producción se [[158]] realiza de
manera específica. Posee infraestructuras características, un sistema particular de repartición de
recursos (como el agua de riego o el pasto), y mecanismos que permiten regular la utilización de estos
recursos. Las unidades de producción individuales (las familias campesinas) tienen derechos de acceso
a porciones identificadas y delimitadas; todos los productos que obtienen en ellas mediante su trabajo
les pertenecen sin reservas, y gozan del derecho de trasmitirlos a otros.
La noción de zonas de producción no se limita ni a la agricultura ni a la Sierra. En el capítulo
siguiente, Félix Palacios describe cómo se crean "bofedales" por medio del riego para el pastoreo
estacional de alpacas en la alta puna, muy por encima del límite superior de los cultivos; Benjamín
Orlove muestra la semejanza entre la construcción y explotación de las salinas y la de zonas de

72
Además, errores sistemáticos, cada vez mayores con la altura, conducen a considerar como "muy húmedas"
zonas donde no llueve durante ocho meses por año (cf. Morlon, 1979; Banegas y Morlon, 1980; Morlon y
Vacher, 1991).
73
Antes de que E. Mayer desarrollase el concepto de "zona de producción", con todas sus implicaciones
(organización social, acondicionamiento del medio), otros autores, tales como D. A. Preston (1973: 117-118)
habían notado "una relación fundamental entre la utilización de las tierras, el régimen de propiedad y la
naturaleza de los terrenos" (fig. 68).
109

producción agrícola; y citaremos la descripción de los campos excavados en la arena del desierto
costero hecha por Bernabé Cobo en el siglo XVII. Algunas comunidades del valle del Mantaro han
creado un cargo de "vigilante de los ríos", cuyo papel es el de controlar la pesca de la trucha: los
comuneros pueden pescar libremente, pero la gente de fuera, y en especial los turistas, pagan una tasa
a la comunidad. De la misma manera, pero remontándose en la historia, Pilar Ortiz de Zevallos y Lía
del Río (1978) describen las lagunas de agua salada en la Costa, fabricadas y mantenidas por las
comunidades de Coayllo, Chilca y Calango. Las "totoras" del lago Titicaca constituyen igualmente
una zona de producción.
A pesar de la diversidad natural en el valle del río Cañete, las zonas de producción son allí
bastante uniformes. En nuestro mapa de utilización del suelo hemos identificado solamente diez tipos
diferentes (Mayer y Fonseca, 1979). En él hemos puesto en [[159]] evidencia, entre otros, una masiva
conversión de antiguos andenes de maíz en un nuevo tipo de alfalfares para la producción de queso
destinado al mercado de Lima (cf. 3.3., más arriba), así como una expansión increíblemente rápida del
frente agrícola en el desierto de altitud media, abriendo nuevas extensiones al cultivo comercial de
frutas (fig. 69). Estos cambios muestran el dinamismo de estos agricultores, que arrancan a mano a la
roca nuevas extensiones cultivables, intensifican la producción y transforman sus recursos para
adaptarse a nuevas circunstancias exteriores. Se puede argumentar en torno a la oportunidad de su
acción, pero en ningún caso negar su increíble capacidad de hacer producir la tierra. Semejante tipo de
expansión no ha podido realizarse sino gracias a un alto nivel de organización.

Fig. 69: Expansión reciente del frente agrícola en el desierto (Catahuasi, Cañete, 1250 m.s.n.m.). PM.

a III
ZP 1
b
II
c ZP 2 III
d
e ZP 3 III
I
f II
ZP 4 III
g
h
ZP 5 III II
i
Acceso de las
Jerarquía de las
unidades domésticas
autoridades que
a las diferentes zonas
administran el territorio
de producción

Fig. 70: Manejo de tierras en los sistemas agrícolas comunales (Mayer, 1981, 1983).
110

La organización social que caracteriza el manejo de una zona de producción está representada
de manera esquemática en la figura 70; se trata de un sistema dual. En el primer nivel, la unidad
doméstica (la familia) es la unidad real de producción; en el nivel arriba del mismo, la comunidad
maneja y administra el territorio a través del control que ejerce en las familias. Idealmente, esta
institución controla un territorio amplio y heterogéneo. La autoridad se halla organizada de modo que
ese control es delegado, y diferentes posiciones jerárquicas tienen a su cargo porciones de territorio
especializados. Las decisiones relativas a la utilización del suelo están a la vez coordinadas
centralmente y localmente descentralizadas. Cada zona de producción está bajo la dirección de
autoridades locales (III), que toman las decisiones día a día a lo largo de toda la estación de cultivos,
velan por la aplicación de las reglas mediante la imposición de multas a los contraventores, y dan
cuenta de los problemas a los niveles superiores (II) y (I). Tales reglas varían de una zona a otra, en
función de las exigencias técnicas (agronómicas) de lo que se produce.
Las unidades de producción individuales tienen acceso a la tierra en cada zona de producción,
pero no pueden utilizarla sino bajo las condiciones establecidas por las [[160]] autoridades. Pero
pueden influir en éstas, participando en las asambleas o ejerciendo presión en las autoridades.
Si bien la producción está especializada por zonas, las unidades de producción
individuales son diversificadas. Pueden cultivar al mismo tiempo terrenos que se encuentran en
diferentes zonas de producción. Una buena explicación de la naturaleza de estas unidades de
producción no especializadas y multi-zonas, es la que propone Golte (1980): la mano de obra familiar
se utiliza mejor coordinando ciclos agrícolas diferenciados (cf. más adelante 3.5.2).
Las relaciones entre la comunidad y las familias que la constituyen son dinámicas, simbióticas
y conflictuales, y pueden ser analizadas de acuerdo a cinco ejes:
a) La creación a largo plazo de zonas de producción especializadas, y el acceso individual de
cada familia a porciones de zona.
b) La creación y aplicación comunales de reglas de uso para cada zona de producción, y la
conformidad, o, al contrario, la resistencia y oposición individuales a las mismas.
c) La coordinación comunal del calendario agrícola, frente a las decisiones individuales sobre
las fechas de siembra y cosecha (ver capítulo 2 para el ejemplo de los barbechos sectoriales
colectivos).
d) La utilización comunal del trabajo aportado por las familias para ciertas actividades
productivas, frente a la libre utilización de su mano de obra por las familias.
e) La aplicación de categorías de pensamiento andinas, tales como dualidad complementaria,
tripartición, jerarquía..., como modos de acuerdo a los cuales se utiliza y conserva la información
agrícola (técnica y ecológica), se organiza el trabajo y se torna posible el acceso de diferentes unidades
domésticas a las zonas de producción.

[[161]] 4.3. Dinámicas de las zonas de producción


4.3.1. Selección de cultivos y zonación
Los factores que a fin de cuentas determinan la decisión colectiva de qué producir y dónde
producir, son:
- lo que la gente quiere consumir y vender,
- lo que se produce en las zonas de producción adyacentes,
- y las limitaciones ecológicas de las especies y variedades disponibles.
El maíz tiene siempre prioridad en las zonas bajas. La decisión de reservar una zona para maíz
determina de hecho dónde estará la zona de tubérculos - los que, sin embargo, tendrían mejores
rendimientos si fueran sembrados más abajo. A escala regional se puede notar que los nuevos cultivos
que se introducen desplazan a los precedentes hacia zonas de producción a mayor altura.
111

4.3.2. Expansión, contracción y segmentación de las zonas de producción


En otros tiempos, los pobladores del valle de Cañete consideraron tan importante producir su
propio maíz que empujaron el límite de su cultivo tan alto como fue posible, hasta los 3,600 metros;
para ello debieron invertir en irrigación para ampliar la provisión de agua más allá de la estación de
lluvias (pues el crecimiento de las plantas se ve retardado por el frío, y, a esa altura, el maíz requiere
diez meses para madurar). A su vez, tal decisión implica la necesidad de construir sistemas de andenes
con riego muy elaborados (fig. 44). Otros cultivos, mejor adaptados a esas alturas, no habrían exigido
inversiones tan fuertes.
En un período más prolongado, este tipo de proceso conduce a la expansión o contracción de
las zonas de producción, en respuesta a las necesidades. No obstante de que no hemos efectuado su
estudio arqueológico, tenemos razones para pensar que los innumerables andenes y canales, en la parte
alta del valle, constitutuían una respuesta a la creciente demanda de maíz (que fue una preocupación
de los Incas, pero no necesariamente de los colonizadores españoles). Más recientemente, la
disminución de la demanda de maíz ha llevado al abandono puro y simple de una parte de esos
andenes (allí donde el agua disponible para el riego ha disminuido), y a la transformación de la mayor
parte de los otros en alfalfares. Un cambio concomitante es la desaparición prácticamente total de la
chicha y su reemplazo por la cerveza industrial, que ha provocado una incréible expansión del cultivo
de la cebada a través de los Andes. Sin embargo, todas las comunidades han preservado al menos una
zona de maíz para su consumo de choclos (espigas maduras cocidas enteras) y de cancha (granos
tostados en una sartén). De la misma manera, las actuales modificaciones de la demanda conducen a
una progresiva pérdida de importancia de las papas y otros tuberculos andinos en las zonas de aisha
(cultivos pluviales de altura). Y ello porque las gentes comienzan a remitirse a lo que César Fonseca
llama "la santa trilogía: azúcar, fideos y quaker", los dos últimos como consecuencia de la política de
exportación de los Estados Unidos (cf. cap. 6.4). Otras causas son la reducción de la población por la
emigración, y el aumento de las tareas exigidas por el complejo productivo alfalfa vacas queso
bueyes en las zonas con riego.
Sin duda se sacará de este ejemplo la conclusión de que los cambios descritos son respuesta a
las características capitalistas de la economía, lo que no es discutible. Lo que quiero subrayar aquí, es
que a pesar del carácter comercial de la mayor parte de la agricultura del río Cañete, los cambios
introducidos por el mercado no dejan de [[162]] requerir una decisión comunal y esfuerzos colectivos,
que en otro tiempo estaban orientados hacia una economía política más andina.
Pero volvamos a la pérdida de importancia de la agricultura pluvial de altura (aisha) en estas
comunidades. Muy a menudo no hay verdaderamente abandono, pues ahora esas tierras son alquiladas
a gentes de otras comunidades, más especializadas en su explotación, y que pagan por ello al dueño
del terreno a la vez que a la comunidad en su conjunto (Fonseca y Mayer, 1978: 34).
La expansión de una zona de producción exige la construcción de las infraestructuras
necesarias para un tipo particular de cultivo (fig. 71) (capítulo 4). Las características de esta
infraestructura (tipo de campo, cercos, canales, etc...) dependen de las necesidades de las plantas que
se quiere cultivar - toda máquina concebida y fabricada por el hombre responde a las funciones para
las que ha sido construida. En el valle de Cañete observamos actualmente la extensión y apertura de
tierras agrícolas en el desierto entre los 1,000 y 2,000 metros de altura.
Es la participación en la construcción de las infraestructuras colectivas lo que da derecho
de acceso a la zona de producción. Tal derecho, hereditario, no se conserva si no se toma parte
en el mantenimiento de tales infraetructuras. Espinoza (1971) describe un conflicto, en el valle de
Mala, entre tres comunidades, que tuvo lugar en el siglo XVII, y en el cual uno de los argumentos fue
que la construcción del canal confiere derechos sobre el agua a los que han participado. Si me puedo
permitir una interpretación del antiguo mito preincaico, originario de la misma región ( 74), los [[163]]

(74) "En ese tiempo los pueblos yuncas tenían, para regar sus tierras, un acueducto muy pequeño que salía de una
quebrada que se llamaba Cocochalla y que estaba un poco arriba de San Lorenzo. Pariacaca convirtió ese
112

descendientes de los zorros, pumas, serpientes y pájaros tendrían todos derecho a sembrar y cultivar
maíz en Huracupara, cualquiera que sea su habitat principal. Y, de hecho, la comunidad de Catahuasi
está constituida por comuneros originarios de numerosas otras localidades del valle y de otras partes.

Fig. 71: Expansión de un sistema de barbecho sectorial por construcción de un nuevo sector.
Los comuneros sacan las piedras grandes, que amontonan en líneas horizontales para
construir muros contra la erosión (Abril de 1977; Antauta, Puno, 4200 m.s.n.m.). PM.

Así, el acceso de los individuos a la calidad de miembro de una zona de producción no es tan
difícil, a pesar de que pueden esperarse considerables variaciones en el tiempo y entre las regiones. Lo
que parece más problemático es el establecimiento del derecho comunal sobre un terreno. Derecho
que es objeto de una encarnizada disputa, que conduce a los conflictos que todos conocemos: entre
comunidades; entre comunidades y grandes propiedades; entre comunidades y asociaciones de defensa
particular, o "pequeños propietarios" no afiliados, todos los cuales proclaman sus derechos a ocupar
porciones particulares del territorio. En los casos observados las comunidades de altura realizan el
máximo de esfuerzos, no siempre coronados por el éxito, para recuperar terrenos perdidos.

4.3.3. Desintegración de las zonas de producción


El proceso de desintegración implica un desmantelamiento progresivo de los controles
comunales y el triunfo del individualismo en las decisiones agrícolas. Exponemos el ejemplo de las
tierras en rotación colectivas del valle del Mantaro al final del capítulo 2. Aunque a menudo asociados,
no debe confundirse desintegración y privatización: a lo largo de todo el valle del río Cañete
encontramos en las zonas con riego una completa propiedad privada de la tierra en el interior de zonas
de producción manejadas comunalmente.

acueducto en una acequia ancha, con mucha agua, y la hizo llegar hast las chacras de los hombres de
Huracupara. Los pumas, los zorros, las serpientes, los pájaros de toda clase, barrieron el piso del acueducto, lo
hicieron ellos. Y para hacer el trabajo, todos los animales se organizaron: "¿Quién va a guiar la faena, quién va a
ir por delante?" dijeron. Y todos quisieron ser los guías. "Yo, antes de todos," "Yo", "Yo," reclamaban. Ganó el
zorro. "Yo soy el curaca; yo voy a ir por delante," dijo. Y comenzó el trabajo, encabezando a los otros animales.
El zorro guiaba la obra, los otros le seguían. Y cuando iba avanzando el trabajo, por encima de San Lorenzo, en
un cerro, de repente se echó a volar una perdiz. Saltó: "Psic," "Psic," gritando. El zorro quedó atudido: "Huac,"
diciendo, se cayó; rodó hacia abajo. Los otros animales se enfurecieron e hicieron subir a la serpiente. Dicen que
si el zorro no se hubiera caído, el acueducto hubiera seguido por una ruta más alta; ahora pasa un poco por
debajo. Y aún se ve muy claro dónde cayó el zorro; el agua baja por allí mismo." ("Dioses y hombres de
Huarochirí," J. M. Arguedas, traductor, 1966, cap. 6).
113

4.4. Usufructo de la tierra y del agua en las zonas de producción


4.4.1. Régimen de tenencia de la tierra
En términos de la dialéctica individuo versus comunidad, lo que precede implica que los
individuos tratan de obtener tanta autonomía como sea posible en la utilización de sus parcelas, en
tanto que la comunidad la limita imponiendo restricciones al empleo de la tierra. Debemos por lo
tanto definir el régimen de tenencia de la tierra con mucho cuidado, a fin de no caer en la trampa de
categorías preestablecidas, tales como propiedad comunal o privada. Prefiero considerarlo como un
haz de derechos, en el cual los diversos grupos y actores detentan diferentes derechos sobre la tierra.
Pondremos atención, pues, en la pregunta de quién tiene derecho a utilizar qué porciones de terreno
para determinadas producciones, más bien que sobre los derechos a la tierra como propiedad en sí (ver
el capítulo 7.3). ¿Qué es lo que la comunidad permite hacer al campesino individual?
Los regímenes difieren de una zona de producción a otra. Las reglas que la comunidad impone
dependen no sólo de las necesidades de las plantas que se cultivan en cada zona sino también de otros
factores sociales. He mostrado en otra parte (Mayer, 1977: 59-72) cómo el régimen difiere en las cinco
zonas de producción de Laraos. Ello va [[164]] desde las numerosas reglas impuestas por la
comunidades en los sectores más altos de barbecho sectorial colectivo (moyas, capítulo 2), hasta una
casi total libertad en los cercados con riego del fondo del valle, potreros y huertas 75 . Más aún, en un
período de setenta años ,desde comienzos del presente siglo, las reglas han variado al compás de los
particulares intereses del grupo detentador del poder en cada época. Cuando los "libre pensadores"
tenían el poder (de 1900 a 1950, aproximadamente), las reglas relativas a la tierra y el agua se
flexibilizaron notablemente, de modo que los individuos adquirieron mucho más autonomía en todas
las zonas de producción. Ello condujo a una reacción de parte de un grupo de comuneros más jóvenes,
los que, cuando accedieron al poder, restablecieron la mayor parte de las reglamentaciones comunales
(pero no todas) en tres de las cinco zonas de producción.
Para poder generalizar a los Andes Centrales en una época dada, sería necesario antes
comparar los regímenes de tenencia en la misma zona de diferentes comunidades. Sería entonces
posible estudiar cómo han variado esos regímenes a lo largo de perìodos históricos más largos. La
etapa final sería comparar las conclusiones entre zonas de producción. Esa es, pienso, la única manera
de poder comprender las implicaciones sociales y políticas del sistema.

Autoridades y fiestas
Se asigna especialmente un grupo de autoridades para la supervisión de las zonas de
producción, para aplicar en ellas las reglas impuestas por la comunidad. En Laraos, por ejemplo (cf.
capítulo 2), las autoridades que se ocupan del barbecho sectorial colectivo son llamados meseros, y
ocupan el cargo durante un año. Isbell (1978: 89-93) describe tres sistemas entrelazados de varayoq
(autoridades tradicionales): sallqa para la zona de puna, taksa para las zonas agrícolas, y hatun alcalde
(gran alcalde) para el conjunto del pueblo. En razón de que uno de estos puestos estaba en excesiva
dependencia de los curas del lugar, los habitantes de Chuschi lo abolieron y lo sustituyeron por otro,
sostenido por el gobierno, manera por la cual aprovecharon de la Reforma Agraria para recuperar los
terrenos de la Iglesia. En Tangor (Mayer, 1974: 235-253), la función principal del sistema de
autoridades (vara) es de administrar las tierras en rotación colectiva y resolver los conflictos de su
funcionamiento.
Un examen atento de las representaciones simbólicas durante las fiestas que corresponden a
estos puestos de autoridad,76 muestra también que los rituales están asociados con diferentes zonas de
producción (Isbell, 1978: 139-145; Mayer, 1974: 40-45). Como consecuencia, la fiesta patronal

75
Ver Brush, 1976 a: 130; Netting, 1976; Rhoades y Thompson, 1975, para la descripción de fenómenos
similares en otras regiones de montaña del mundo.
76
La persona que ocupa un cargo en un determinado año financia la fiesta correspondiente, lo que a menudo
resulta ruinoso.
114

revelará al observador qué zona de producción es considerada como la más importante en una
comunidad. Ello puede, sin embargo, inducir a error; tal es el caso de Laraos, donde la fiesta de
limpieza de los canales atrae la atención sobre el maizal, en tanto que en realidad las extensiones de
puna son económicamente más importantes: bello ejemplo de manipulación ideológica...

El ámbito de los individuos


Las familias campesinas detentan otro haz de derechos sobre el proceso de producción. Pueden
decidir qué extensión de tierra van a cultivar - cosa diferente de la [[165]] extensión poseída, ya que
siempre pueden recurrir a intercambios entre comuneros. Allí también hay diferencias de una
comunidad a otra; por ejemplo en la de Miraflores, en el valle de Cañete, las autoridades todavía
distribuyen en la actualidad, cada año, una extensión fija de tierra por comunero: pero, a pesar de que
se ven aún otros casos, quedan poquísimas comunidades que reparten periódicamente la tierra.
Otro aspecto de la producción que se inscribe enteramente en la esfera de lo individual es la
manera de trabajar la tierra. Cada cual elige el tipo de labranza y de surcos, el sistema de drenaje
superficial (capítulo 1). Decide también qué plantas, qué abonos, qué insecticidas (si los utiliza), etc.
Es el individuo, asimismo, quien recluta la mano de obra como quiere. Puede también, en el marco de
las fechas límites decididas por la comunidad, efectuar la crucial elección entre siembra precoz,
normal o tardía (Camino et al., 1981).
Las unidades domésticas disfrutan totalmente de los productos fruto de su trabajo; y trasmiten
su derecho de acceso a sus herederos. Pueden también, en nuestros días, comprar, vender o dar
cualquier parcela de terreno a otros, aunque la parentela y la comunidad no acepten a un comprador
cualquiera. En general, las reglas actuales limitan el derecho de acceso a los miembros de la
comunidad, a sus herederos o a su parentela. Resulta más largo y difícil para las personas totalmente
extrañas establecerse en una comunidad, aunque eso no sea excepcional. Debemos suponer que en
otros tiempos el derecho de asignar tierras en el interior de las zonas de producción no pertenecía
siempre a la competencia única de las autoridades locales.
Sería tentador considerar los barbechos sectoriales colectivos como EL modelo "ideal" de los
regímenes de tenencia prehispánicos, y explicar todo lo que difiere de ellos por fenómenos posteriores
a la Conquista y por la privatización, pero yo no pienso que la cosa sea tan simple. Hemos mostrado
que cuánto más intensivamente se utiliza la tierra (es decir, cuanto más se la cultiva de modo
permanente (cf. cap. 7), más los campesinos quieren hacerse independientes en sus decisiones. En
consecuencia, el grado de control comunal varía en el mismo sentido que la altura. Así, las tierras
de barbecho sectorial colectivo, en las que las limitaciones comunales son más fuertes, están siempre
situadas más arriba (o en el altiplano, en ambientes más difíciles) que las chacras, donde el control
individual es mucho más fuerte (Carter, 1974; Yamamoto, 1981: 10 y 107; Fujii y Tomoeda, 1981:
44). En ciertos casos, estas chacras son incluso consideradas absolutamente como propiedades
privadas, precisamente a causa de esa ausencia de restricciones comunales.

4.4.2. Distribución del agua de riego


En la vertiente occidental árida de los Andes,el agua de riego se convierte en el factor limitante
más crucial. El control comunal se ejerce entonces a través del agua, cuyo racionamiento determina
qué plantas se pueden cultivar en las diferentes zonas de producción. Numerosas características de los
barbechos sectoriales colectivos se aplican también a los sistemas de riego bajo control comunal.
Como ya dijimos, los derechos de acceso a porciones determinadas de una zona de producción
con riego se obtienen trabajando en la construcción de las infraestructuras comunales, como son los
canales principales. Los derechos se conservan participando regularmente en las faenas (trabajos
colectivos) que los mantienen en buen estado.
La distribución del agua varía según las necesidades de la principal especie que se cultiva en
cada zona de producción. En Laraos, por ejemplo, hay que regar las papas primerizas (mahuay) cada
115

quince días en temporada seca. El maíz, en cambio, puede [[166]] crecer incluso si no lo es más que
tres veces durante la temporada; las necesidades de la alfalfa y de los huertos son también diferentes.
Las precedencias y jerarquías son claramente visibles en la distribución del agua. En Huantán,
se daba agua a lo largo de un canal a grupos de cuatro o cinco campesinos. El orden en que les tocaba
determinaba en gran parte el resto del ciclo agrícola, ya que los primeros en ser atendidos al comienzo
de la estación podían cosechar más temprano que los últimos. En Anco, otra comunidad del valle de
Cañete, se realiza cada año una ceremonia llamada Asentada de la mita de agua. En compensación del
gran banquete que ofrecen a todos los comuneros, las autoridades obtienen los mejores turnos durante
su mandato; este privilegio da vuelta también entre los comuneros de un año a otro. Las cantidades,
periodicidad y grupos de regantes se deciden en ese día (Fonseca, 1978: 6-7).
Así, en el valle del río Cañete los controles comunales no se relajan al descender hacia zonas
de producción que pueden ser utilizadas de modo más intenso: más bien se desplazan de la tierra al
agua.

Pienso que un intento de generalización en el espacio y en el tiempo, a todas las zonas de


producción, incluiría las siguientes características:
- Las zonas de producción son creaciones comunales, con acceso individual;
- Los derechos de acceso están controlados por la comunidad, y las obligaciones que se
derivan de los mismos incluyen el aporte de trabajo y la participación en la elaboración de las
reglas de utilización;
- El control comunal de los procesos de racionamiento, estableciendo las precedencias y la
jerarquía de las prerrogativas;
- El control del calendario agrícola;
- Las ceremonias agrícolas, asociadas al aseguramiento ritual de las condiciones climáticas
apropiadas.
El control del calendario permite también captar el trabajo de los individuos más allá de las
necesidades de mantenimiento y expansión de las zonas de producción. Este mecanismo era antaño
esencial para asegurar que las tierras cultivadas en provecho del Estado, de las autoridades locales
(kurakas), o de la religión (huacas) lo fuesen con prioridad, antes de que los individuos ordinarios
pudiesen trabajar sus propias parcelas.

3.4.5. Limitaciones de la verticalidad a escala comunal


Hasta aquí sólo hemos tratado de la organización local de la producción. Pero hay otras
cuestiones ligadas a las características de las zonas de producción:
¿Cómo se puede producir excedentes en las zonas de producción?
¿Cómo pueden controlar los grupos sociales más importantes el nivel comunal de
organización, y reorientar sus capacidades productivas hacia sus propios objetivos sociales, políticos y
económicos?
¿Cómo se inscriben las zonas de producción en la verticalidad?

Agregación de las zonas de producción


Los pueblos, en cuanto tales, se esfuerzan en crear y controlar tantas zonas de producción
como sea posible; ello es diferente del acceso de individuos de un pueblo a zonas de producción en
otras aldeas.
[[167]] El número de zonas de producción que un grupo local puede controlar depende de varios
factores. Uno de ellos es la distancia, que debe ser pensada de acuerdo a los criterios de los mismos
aldeanos, cuando estiman que algo se halla cerca o lejos. Los modelos "comprimido", "extendido" o
"en archipiélago" de Gade (1967) y Brush (1976 b: 161-165; ver más adelante) son aplicaciones del
116

concepto de distancia, determinados en gran parte por la topografía local y regional, y la intensidad de
las gradientes. Pero en sí misma la distancia no es una medida suficiente, y debe ser completada por la
intensidad y continuidad de las tareas que hay que realizar. Por ejemplo, y al contrario de ciertos
trabajos agrícolas como la labranza (cf. capítulo 1), la ganadería demanda poco esfuerzo, pero sí una
vigilancia constante.
El número de zonas de producción que una comunidad puede realmente crear y controlar
depende igualmente de la importancia de su población, y aún más de las dimensiones y de la
complejidad de la organización social de las unidades domésticas. Cuanto más miembros cuentan
ellas, más pueden repartir las tareas entre un gran número de zonas de producción. Una familia en
aptitud tanto de asignar gente en permanencia para ocuparse del ganado en la puna, como disponer de
la fuerza de trabajo necesaria para cultivar parcelas en diferentes zonas de producción, está en mayor
capacidad de explotar todos los recursos disponibles en una comunidad, que otra cuya fuerza de
trabajo es insuficiente en número y variedad (Webster, 1981; Custred, 1981). No se trata solamente de
un asunto de demografía o de ciclo doméstico, sino también de relaciones de parentesco y de
organización social. La progresiva "nuclearización" de las familias (es decir, su reducción a la pareja
con sus hijos) constituye un importante factor de desestructuración de la organización económica
andina.
También pueden existir en un pueblo tendencias a la especialización y la división del trabajo.
Hasta aquí hemos supuesto que toda familia desea acceder a todas las zonas de producción, pero una
solución igualmente válida sería una especialización de las tareas en el interior de la aldea, quedando
asegurado el control de todas las zonas de producción por la organización de conjunto del pueblo. En
Laraos, por ejemplo, los criadores de cabras y los fabricantes de queso constituyen grupos
especializados, separados del que combina la agricultura y el trabajo en las minas vecinas.
Cuando el habitat se halla agrupado, los pueblos están situados por lo general cerca de las
zonas de producción que requieren cuidados más intensivos. Fonseca (1972a), Brush (1977) y muchos
otros han notado que los pueblos actuales se encuentran en el límite entre dos zonas de producción.
Con gran frecuencia los pueblos de dominante agrícola están situados entre las tierras de
barbecho sectorial y las zonas más bajas, donde se cultiva de manera continua maíz y tubérculos.
Aquéllos en los que la ganadería es más importante se hallan en el límite entre los pastizales de puna y
las zonas agrícolas más altas (Custred, 1973).
Cuando la importancia relativa de las zonas de producción se modifica, el pueblo mismo se
desplaza. En el valle de Cañete surgen nuevos caseríos en los fondos de valle productores de fruta, en
tanto que más arriba las aldeas ven disminuir su población (De la Cadena, 1977). En el caso, célebre,
de Huayopampa en el valle de Chancay, se desplazó la aldea toda (Fuenzalida et al., 1968, 1982); tal
tendencia es bastante frecuente en otras partes. Y no hay ninguna necesidad de ser arqueólogo para
notar que las ruinas están a menudo (pero no siempre) situadas más arriba que los pueblos actuales
(Brush, 1977: 44; Mayer, 1979: 57). Estoy convencido de que investigaciones arqueológicas y en
archivos, centradas en los modelos de habitat en relación con las zonas de producción, habrán de
revelar grandes desplazamientos históricos de las aldeas hacia arriba o hacia abajo, de acuerdo a la
jerarquía de las producciones en diferentes períodos de la historia.
[[168]] Pienso que es un error confundir las posibilidades de control vertical que un pueblo puede
tener localmente, y que son claramente limitadas, con las potencialidades del control vertical
organizado por un señorío o un reino. La organización local de la comunidad no es un "pálido reflejo"
o un "modelo reducido" de la verticalidad, sino uno de sus elementos: y no podemos confundir un
elemento con el conjunto del sistema. El modelo de verticalidad se aplica a grupos humanos más
importantes, en cuyo interior la aldea desempeña un papel esencial: la organización concreta de la
producción. Es sólo en aspectos restringidos que la comunidad puede constituir un microcosmos del
conjunto del modelo de verticalidad: el control es una variable esencial del mismo, y lo que una sola
comunidad puede controlar es evidentemente limitado.

Separación de zonas de producción y desagregación territorial


117

La tendencia a la ruptura de lazos entre una zona de producción y el conjunto de que forma
parte es una consecuencia de la especialización interna, cuando los que se han especializado
consideran su interés hacer secesión. Ello puede acontecer cuando controlan un recurso
comercialmente rentable, como las producciones fruteras de fondo de valle o la ganadería en las punas
(caso del valle de Cañete, capítulo 3.3). Puede ser así porque se sienten explotados por el grupo social
que domina el conjunto; el caso de Mito, en el valle del Mantaro (Albertí y Sánchez, 1974; Mayer,
1983) es el ejemplo más conocido al respecto.
La tendencia a la separación de las zonas de producción es muy fuerte actualmente en el centro
del Perú; ha existido probablemente en otros períodos de la historia. El punto de partida de las
evoluciones descritas es una situación colonial (o post-colonial). No conocemos la anterior a las
reducciones del virrey Toledo 77 , de las cuales sabemos que modificaron profundamente la
composición de las aldeas, su función y la manera en que se hallaban integradas en conjuntos políticos
más vastos.

3.4.6. Grupos de intereses y de poder en las comunidades


Lo que de hecho se puede observar en una zona de producción dada es resultado del juego de
poder entre los diferentes grupos de intereses representados en el pueblo. La manera en que se utiliza
una zona de producción refleja los intereses del grupo dominante, si es que hay uno, o el resultado de
todo tipo de negociaciones y de transacciones si el poder se encuentra más igualmente compartido. Sus
modificaciones reflejan los cambios de grupos de poder en la aldea. Los mecanismos de poder en
juego pueden ser exclusivamente locales, o tener su origen más allá de los límites de la aldea.
Los intereses de los individuos se ven tironeados entre dos tipos de exigencias. Por un lado,
localmente, las que resultan del acceso y de la participación en una zona de producción, tales como la
demanda de trabajo para el mantenimiento de la zona, la planificación de las tareas de acuerdo a las
reglas establecidas, las responsabilidades que ejercer (cargos)...Por otro, las que provienen de la
pertenencia a un grupo social (por ejemplo la familia en sentido amplio, cofradía, sindicato...) que
sobrepasan a menudo el marco local del pueblo. Siguiendo la terminología de Saignes (1978)
llamaremos a las primeras exigencias que resultan de la residencia, y a las segundas resultado de la
filiación ( o de la afiliación).
[[169]] Tomemos por ejemplo las exigencias a las que deben responder los mineros en Laraos en
nuestros días. Una de ellas es la de conformarse al trabajo por equipos de día o de noche, según el
empleo del tiempo fijado por la mina. Otra es el apoyo al sindicato de mineros, y, si es necesario, la
participación en las "marchas de sacrificio" a Lima, en apoyo de las reivindicaciones. Y hay los
banquetes ofrecidos en Laraos a los ingenieros de la mina, para que los vínculos personales
establecidos en esta ocasión aseguren la continuidad del empleo y otros privilegios que pueden
obtenerse por ese sesgo. Como consecuencia las preocupaciones de los mineros en torno a su empleo
del tiempo, su dinero y sus recursos afectan la forma en que consideran sus zonas de producción.
Estoy convencido de que si los mineros son los agricultores más tradicionales del valle de Cañete,
es porque ven en su agricultura una fuente de alimentos de autoconsumo más bien que de
ingresos monetarios, y esos alimentos deben ser de la mejor calidad gastronómica posible para
los banquetes (cf. anexo del capítulo 5 y capítulo 6.3).
La figura 72 esquematiza lo que antecede. En la aldea residen los individuos a, b, c, d, y las
instituciones e y f, todos con derecho a utilizar porciones de terreno en una zona de producción dada.
Las flechas de izquierda a derecha representan los intereses directos de estos individuos e instituciones
en la zona de producción. Las de derecha a izquierda son las exigencias de la comunidad local para el
mantenimiento de los derechos de acceso de cada cual a la zona de producción. Diferentes grupos de

77
Los que defienden y tratan de revalorizar la agricultura andina "tradicional" sucumben a veces a la tentación
de promover el retorno a un pasado precolombino fácilmente idealizado. Pero ¿cómo volver a algo que sólo se
conoce muy mal?
118

afiliación (A, B,..., F), cuyos miembros locales son a, b ...f., tienen frente a aquéllos exigencias que
pueden ser muy diferentes entre sí. La función de la organización productiva de la comunidad local es
la de llegar a un compromiso entre los diferentes intereses, y, a partir de allí, determinar las reglas y
condiciones de utilización de la zona de producción (los individuos o instituciones, y sobre todo sus
intereses, serán de seguro diferentes en el caso de otras zonas de [[170]] producción de la comunidad).
El resultado final depende del juego de poderes y de influencias al nivel local: insisto una vez más en
la importancia de la noción de control que es inherente a todo debate sobre verticalidad.
Sostengo no obstante que los grupos externos no necesariamente tienen necesidad de controlar
toda una comunidad con sus zonas de producción para llegar al control vertical de múltiples zonas de
producción. En nuestros días, como antiguamente, las estructuras de organización comunal permiten a
miembros de grupos sociales muy diferentes estar presentes y participar en las zonas de producción
locales.

Tecnología y adaptación
Podemos observar que el nivel comunal de organización selecciona en todo un abánico de
posibilidades tecnológicas, ampliado por las diversas procedencias de sus miembros, cada uno de los
cuales aporta una tradición cultural particular. Tradiciones que están a su vez adaptadas a las
condiciones climáticas y ecológicas locales. Las opciones que a fin de cuentas se toman dependen de
lo que la gente quiere producir, y son, tanto como sea posible, compatibles con los diversos intereses
de los individuos. Este punto de vista implica que debemos considerar la tecnología como un esquema
medios-finalidad, en el cual se compatibiliza los fines deseados con el abánico actual de los medios de
que se dispone. La organización comunal es así una institución que crea tecnología "apropiada", en el
interior de un contexto económico, político y ecológico dado. Resulta también de ello que esta
tecnología se ajusta y se modifica constantemente, según la demanda que se hace de ella por los seres
humanos que manejan la compleja máquina que llamamos "zona de producción."

Conclusión
Si se adopta nuestra definición, todo fenómeno de zonación detectable no corresponde a zonas
de producción. Ciertas zonas se individualizan naturalmente a partir de discontinuidades del medio, o
de diferencias en la intensidad de su utilización, y, si el hombre las explota sin las características
sociales y organizacionales descritas arriba, no podemos realmente llamarlas zonas de producción.
Nuestra definición exige igualmente una intervención deliberada, una artificialización del
medio, de parte de las unidades de producción que explotan los recursos; veremos algunos ejemplos al
respecto en el capítulo 4.
Nuestro objetivo ha sido mostrar que ciertos, pero no todos, entre los muy dinámicos aspectos
de la organización social andina, se hallan siempre activos a nivel de comunidad. Es importante
comprenderlo en nuestros días, cuando se escucha afirmar perentoriamente muchas cosas sobre el
"bajo potencial" de la agricultura de la Sierra, y sobre su "inaptitud" para sostener un desarrollo, a
pesar de los procesos de reforma agraria bastante radicales que se han iniciado. Cuando éstos hayan
avanzado, es muy probable que veamos un control progresivamente más real de las poblaciones
andinas sobre sus recursos productivos. En oposición a la opinión de un alto responsable de la reforma
agraria, que cierto día consideró este tipo de investigación "Murraísta" como un "academismo
folklórico de frivolidad exquisita", esperamos haber mostrado que la investigación sobre la manera en
que las poblaciones andinas organizan la producción es de una importancia práctica crucial.
[[171]] Retomaremos aquí la conclusión de César Fonseca (1981):
"De lo expuesto se desprende que los criterios precolombinos de organización social parecen
ser los mismos de la organización de producción que aún están vigentes en las comunidades
tradicionales del país. (...) Al ser reducidos los ayllus a pueblos durante la Colonia, los nuevos
119

comuneros utilizaron estos mismos criterios para crear comunalmente zonas de producción."
(Fonseca, 1981: 186).
Aún lo hacen.
120

5. Modelos de complementariedad ecológica: una revisión


bibliográfica
Pierre MORLON

Como punto de partida de una investigación destinada a comprender la actual vitalidad en los
Andes de las formas de organización llamadas 'comunidades campesinas', Jürgen Golte presentó en
1980 un trabajo titulado "La racionalidad de la organización andina", centrado en la gestión por las
sociedades campesinas de una serie de ciclos agrícolas repartidos en diderentes pisos ecológicos. Allí
explica:
"Si el óptimo de la utilización de la fuerza de trabajo campesina se alcanza con el manejo
paralelo de varios ciclos agropecuarios en diversos pisos altitudinales, distantes entre sí, esto
no deja de influir sobre la organización social de la producción. Hay varias formas posibles
para organizar la producción multicíclica (fig. 73):
A.- Que el grupo social de productores controle en común todos los espacios aprovechables.
Que se organice colectivamente la utilización del trabajo y la distribución de la producción.
B.- Que la producción se organice por unidades domésticas en tierras adscritas a cada unidad
en todos los pisos altitudinales y que los productos pertenezcan a las unidades domésticas que
las trabajan.
C.- Que la producción se organice por subconjuntos sociales. Que se adscriba a un
subconjunto social la organización del cultivo en un piso altitudinal, pudiendo recurrir
cuando lo requiera a la mano de obra de las otras unidades, a cambio de productos.

A UD B
UD

UD UD UD

UD UD
Unidades
UD UD
domésticas
Grupo social
jerarquizado

Intercambio
de
productos y
trabajo

Sub-conjuntos sociales (Golte, 1980)

Fig. 73: Formas de organización social posibles para el aprovechamiento complementario de ambientes
verticales (Golte, 1980).

La primera forma, siempre que no haya una variación fundamental en la tecnología de la


producción, control del espacio y formas de comunicación, requiere un definido grado de
jerarquización en las decisiones, y capacidad de delegación de trabajo en la cúspide de la
jerarquía.
La segunda forma podría operar solamente si las unidades domésticas fueran suficientemente
grandes para controlar varios ciclos a la vez. Incluso así probablemente se emplearía mucho
tiempo en los caminos en comparación con las propias tareas de la producción. De todas
121

formas se requeriría de una unidad social superior para la defensa de la territorialidad e


integridad de la producción doméstica. Este modelo supondría, además, que en los ciclos no
existiesen tareas agrícolas con un requerimiento de trabajo colectivo mayor al de la
capacidad de la unidad doméstica.
En este sentido la tercera alternativa es más operativa (...). El problema en este caso deriva de
las diferencias en la productividad de los diferentes pisos, así como de diferencias básicas en
el rendimiento de ciertos cultivos en determinados terrenos, como del maíz en tierras planas
con riego [[172]] y el de papa amarga de puna en tierras de secano, y también de diferencias
eventuales: sequías o plagas que afecten los cultivos de un piso. Un problema adicional
surgiría de la posibilidad limitada de planificación del ciclo de un cultivo, haciendo que la
disponibilidad de trabajo quedara fuera de la capacidad de decisión de su organizador.
El hecho de que las tres formas básicas para organizar la producción paralela en varios
ciclos agrícolas - con la finalidad de aprovechar la mano de obra en un grado mayor que el
permitido en el monocultivo - tengan inconvenientes si se las aplica aisladamente, ha
determinado que los pobladores andinos nunca las hayan utilizado de esta manera, sino
combinadamente. Estas formas compuestas, en las que una subordinaba a las otras, o por lo
menos a una de ellas, se han utilizado con diverso énfasis en la historia andina (...) en relació
a lineamientos históricos más generales" (Golte, 1980 : 53-56).

Otra clasificación propuesta por Brush (1974) se refiere a la disposición geográfica relativa de
los diferentes pisos utilizados; pero geografía y organización social no son independientes (Guillet,
1981a y b):
- El tipo "compacto": los campesinos residen en el límite entre las dos principales zonas
ecológicas, la del maíz y la de los tubérculos, y tienen acceso en menos de [[173]] un día de camino a
un conjunto de pisos próximos. No se ven así en la necesidad de recurrir a migraciones más
importantes, o a redes de comercio y de intercambios exteriores a las fronteras de la comunidad. Este
tipo compacto se halla, principalmente, en la vertiente oriental de los Andes, donde las gradientes o
variaciones ecológicas son muy rápidas.
"... la estrategia a largo plazo está basada en la obtención del conjunto de productos de las
zonas ecológicas en el interior de la comunidad, se puede esperar una tendencia hacia un
fuerte espíritu de cuerpo, que se puede manifestar en el señalamiento y defensa de los límites
territoriales, la endogamia comunal, la negativa a abrirse a los forasteros, la búsqueda de un
estatuto jurídico protector, etc" (Guillet, 1981b).
Pertenecen al tipo compacto los casos de Uchumarca (Brush, 1973 y 1974), Manchiri (Vallée,
1972), Huancaraylla (Barrete, 1972), Queros (Núñez del Prado, 1968; Webster, 1971 y 1973;
Yamamoto, 1982; Flores Ochoa y Fries, 1989), el valle del río Cañete (Fonseca y Mayer, l978, Mayer
y Fonseca, 1979; Brunschwig, 1986; Arana, 1986)...
- El tipo "extendido" se encuentra en grandes valles, como del Vilcanota, a lo largo de los
cuales las gradientes ecológicas son menos marcadas. En lugar de concentrarse en las partes altas, las
poblaciones se han dispersado de un extremo a otro, en comunidades separadas: cada una tiende a
especializarse en productos de una zona ecológica determinada, y obtiene los de las demás zonas a
través de redes de intercambio, las mismas que, llegado el caso, pueden constituir sistemas de
mercado altamente desarrollados.
- En fin, en el tipo en archipiélago, algunas de las zonas explotadas por el mismo grupo
social están muy alejadas, hasta unos diez días de camino, lo cual implica ya sea migraciones
estacionales de la población - como es el caso actualmente tanto en comunidades situadas en el norte
del Perú en los altos valles del Marañón y del Huallaga (Burchard, 1972; Fonseca, 1972a y b; Mayer,
1971, 1972), como en la región del lago Titicaca en el Sur (Flores Ochoa, 1970; Martínez, 1961 - , ya
sea colonias permanentes, como las descritas por Murra en lo que concierne a la época de la
conquista española. El habitat principal se encuentra por lo general en los límites entre los pisos
122

quechua (maíz) y puna o jalka (tubérculos, y, más arriba, pastos de altura), efectuándose las
migraciones hacia las zonas bajas tropicales.
"El control de zonas ecológicas dispersas, en el tipo en "archipiélago", se realiza ya sea a
nivel de la familia, ya sea a nivel del grupo social superior. En este último caso la exogamia y
matrimonios preferenciales deben ayudar a reforzar las relaciones con las colonias alejadas.
Una práctica que se podría estudiar desde este punto de vista es la escisión de las
comunidades andinas y la creación de "anexos", que a menudo poseen un status jurídico y
político separado, pero continúan manteniendo fuertes relaciones de dependencia con la
comunidad "madre": este proceso podría ser fruto de la estrategia en "archipiélago" a nivel
del grupo social." (Guillet, 1981b).
"La elección de una estrategia de largo plazo es, desde luego, central para otras funciones del
grupo social. Si las tierras de barbecho sectorial son un elemento clave al respecto, habrá
necesidad de un conjunto de reglas aceptadas y respetadas por todos, definiendo la utilización
del suelo, el control comunal y la planificación colectiva de los trabajos agrícolas. A la
inversa, las tierras irrigadas pueden estar sometidas más a la iniciativa individual y menos a
los controles colectivos. Así, una comunidad con una estrategia "compacta" puede poner en
acción dos modos de explotación por completo diferentes, en tanto que una estrategia
"extendida" puede llegar a un solo modo estrechamente acondicionado para una zona
específica" (Guillet, 1981b). Entre los casos descritos encontramos los de Alcavitoria (Custred,
1974), el valle de Vilcanota-Urubamba (Gade, 1975), el del Mantaro (Altamirano, 1974).
[[174]] Una diferencia fundamental entre los diferentes modelos reside en los calendarios de
trabajo:
a - La explotación por personas diferentes, cualquiera que sea la organización social, reduce
los desplazamientos obligatorios a solamente los intercambios; pero debe resolverse de otra manera el
problema de la desigual repartición del trabajo a lo largo del año.
b - La puesta en valor directa por las mismas personas de un conjunto de pisos, es el medio
más eficaz hallado por los campesinos para utilizar del mejor modo su fuerza de trabajo a lo largo de
todo el año, evitando así tanto las puntas de trabajo críticas, como los períodos huecos (desocupación
técnica no remunerada) (fig. 74). Ello es posible en virtud de las diferentes épocas de cultivo y de la
duración del crecimiento de las diferentes especies vegetales en los diferentes pisos ecológicos
(GOLTE). El interés de esta explotación simultánea se reduce cuando las distancias son muy grandes,
ocasionando una importante pérdida de tiempo en los desplazamientos, y una menor vigilancia de
ciertas parcelas.

Ene Feb Mar Abr Mayo Jun Jul Ago Set Oct Nov Dic
Altura
m.s.n.m.

5000

4000

3000

2000

1000

Fig. 74: Calendario de movimientos altitudinales de una familia de Q'ero durante un año (Flores Ochoa y
Fries, 1989).
123

Como consecuencia de la simultaneidad de trabajos en diferentes zonas de altura en ciertas


épocas del año, las familias se escinden en otros tantos grupos (fig. 75). Se ven en la necesidad de
utilizar los lazos de reciprocidad con parientes fuera de la familia nuclear, con los compadres..., y,
cuando disponen de dinero, reclutan jornaleros.
En algunos años el clima se comporta de modo diferente en las zonas de producción, haciendo
que los trabajos se adelanten en unas y se atrasen en otras. No es posible establecer un calendario
agrícola rígido e inflexible.
El tiempo y el espacio son, en tal contexto, dos variables ligadas íntimamente. Es urgente
integrar la dimensión temporal en el concepto de verticalidad y en los estudios sobre los sistemas
agrícolas de los Andes Centrales (Camino, 1982; Camino et al., 1981).
La "verticalidad" es la expresión en el paisaje de un ideal más amplio y complejo, que busca
diversificar las bases de subsistencia en un medio natural imprevisible e inestable(Guillet 1980,
1981c). Vamos a desarrollar este punto en la última parte de este capítulo, y volveremos a tocarlo en el
capítulo 6.

Roles y lugares de crianza de ganado. Los transportes.


"Todos están poblados entremedias de lo alto y bajo, en tierra más fría que caliente, en
sitios altos y laderas, por causa de las lluvias, donde gozan de los dos extremos, de la
tierra fría, para apacentar los ganados domésticos, los que tienen, y cazar lo bravo, y de lo
caliente, para sementeras, al tiempo" (D. de la Bandera, [1557] 1965 : 176).
El ganado da valor a las zonas no cultivables, o, más axactamente las que no son cultivadas en
una época determinada (cap. 7). A menudo transfiere su fertilidad a ciertas zonas cultivadas (cap. 2).
Esta complementariedad, sin embargo, no implica necesariamente una separación en el espacio, y hay
animales domésticos presentes prácticamente en todos los pisos, al menos en ciertas épocas del año.
Y, sobre todo, la verticalidad implica siempre importantes necesidades de transporte,
satisfechas en parte a lomo de bestia. En efecto, las trochas carrozables no son practicables todo el
año, y no penetran por doquiera 78 y, sobre todo, el campesino trata de sustraerse [[176]] al dominio de
los camioneros. Así, este papel esencial de la crianza de ganado, incluso si tiende a desaparecer en lo
que concierne a los trayectos largos, persiste en lo que se refiere a los cortos.
Se han descrito diferentes modalidades de manera más o menos detallada (Flores Ochoa 1968
y 1975; Preston 1973: 126; Palacios Ríos 1977a; Brougère 1984); cada una puede ser vinculada a uno
o varios tipos: compacto, en archipiélago, extendido... Presentaremos aquí, brevemente, el caso de los
pastores del distrito de Puica, en el valle alto de Cotahuasi (departamento de Arequipa), donde
pastores de altura y agricultores forman grupos separados (tipo "extendido") (Inamura 1981: 70 - 76):
"En la quebrada, los agricultores cosechan la papa en abril, y el maíz y las habas en mayo y
junio. En esta época, los pastores bajan a la quebrada con las llamas cargueras.
Generalmente hacen dos viajes y permanecen en los pueblos allí unos dos meses en total. El
pastor se aloja en la casa de su amigo agricultor y se ocupa del transporte de la cosecha a
solicitud de los vecinos agricultores. En principio, el pastor obtiene un saco por cada diez
sacos que ha transportado, y el contenido varía de mitad a lleno, de acuerdo a la distancia.
Los pastores ganan un promedio de diez sacos de papas y otros diez sacos de maíz y habas en
una estación. Efectúan este tipo de trabajo en las tierras distantes también. Algunos van al
valle de Abancay79, donde abundan el maíz, la cebada, el trigo, etc., y otros viajan hasta la

78
Es muy fuerte el contraste entre el Altiplano, donde en estación seca los camiones llegan a casi todos los
puntos, y los valles encajonados, en los que, en el mejor de los casos, el camino llega hasta la capital de distrito,
donde termina.
79
Abancay está a 150 km "a vuelo de pájaro" y más o menos 1,000 por camino carrozable. Chumbivilcas está a
70-80 kms, a través de la puna, y a varios cientos por carretera.
124

Provincia de Chumbivilcas, Cuzco, para conseguir la papa (...), a la quebrada de Cotahuasi


(fig. 76).
(...) Se puede destacar dos formas de trueque. (a) Cambiar de manera directa los productos
pastoriles como carne, charqui, costal, soga y excrementos del ganado por los productos
agrícolas. (b) Conseguir primero los artículos tales como sal, ají seco, frutas, etc., y después
cambiarlos por los productos agrícolas.
(...) Entre los artículos tratados, la sal es el más importante. La tienen que comprar porque es
de venta estatal. Es conocida la mina de sal Huarhua, anexo del distrito de Pampamarca. (...)
Consiguen el ají y frutas por compra o por trueque, en la parte baja del valle de Cotahuasi.
Otro sistema más complicado es comprar la sal en Huarhua para llevarla en seguida al valle
y cambiarla por frutas, para finalmente llevarlas a otras regiones donde las canjearán por
productos agrícolas. (...)
[[177]] Los pastores aprovechan cualquier ocasión para ampliar su relación con los
agricultores. (...) Una vez que se establece una relación personal, se mantiene por el
intercambio de obsequios y ayudas recíprocas, y sigue manteniéndose aún en la generación de
los hijos.(...) En muchas ocasiones estas relaciones se desarrollan a las de compadrazgo o
padrinazgo. Es notable que los pastores buscan sus padrinos muy raras veces entre sí mismos,
y prefieren quedar ligados con los agricultores por este parentesco ficticio.
(...) Según nuestra observación, hay buen número de matrimonios entre pastores y
agricultores en Puica. En Ocoruru, de 33 matrimonios identificados hay nueve parejas de un
marido pastor y una mujer de la quebrada. En Sairosa 13 casos entre 23 matrimonios son del
mismo tipo, y en Cuspa 15 entre 25."
Una cuantificación de la producción y de los intercambios en Nuñoa, en el Altiplano (Thomas
1972 : 132 - 137 y 1976: 396) muestra que los productos de la ganadería de una familia mediana son
insuficientes para asegurar su alimentación, si son autoconsumidos por completo; pero su mayor parte
es intercambiada por productos agrícolas que contienen, globalmente, cinco veces más calorías (fig.
77).
125

6. Propiedades familiares y dispersión de riesgos: el


[[178]]

ejemplo del altiplano 80


Pierre MORLON

6.1. Divisiones sucesorias y estrategias matrimoniales


"Volvamos por un momento al carácter determinante de la agricultura de Chujucuyo (en la
ribera nor-este del lago Titicaca), a saber la extrema pequeñez de las superficies cultivables
en relación con la población: 150 hectáreas de cultivos y 75 hectáreas de "pastos naturales"
para un poco más de 300 personas. El promedio de las propiedades, por familia, se sitúa
alrededor de 1,3 ha. Esta cantidad seguramente ha sido subestimada (algunos moradores no
tomaron en cuenta, en su declaración, las tierras que poseen fuera de la comunidad). El
promedio debe situarse, probablemente, alrededor de 1,6 - 1,7 ha. por familia.
Esta extensión familiar se halla subdividida en grado máximo: 60 parcelas, en promedio, de
un total de 1,3 hectárea, o sea 220 m2 por parcela. Estas cifras, hay que repetirlo, representan
promedios. Hay en Chujucuyo una propiedad de 2,5 hectáreas, dividida en 221 parcelas, de
una extensión promedio de 113 m2. Existen parcelas de 2 metros de largo por 1,5 de ancho.
Se está pues allí frente a un microfundio "pulverizado" en una fragmentación casi
inimaginable: ¡más de 5000 parcelas en Chujucuyo! ¿Cómo se ha llegado a la situación de un
rompecabezas inverosímil como éste? Es verdad que hay que reconocer lo que es
consecuencia de la topografía, y que ha llevado a construir andenes, y, por lo tanto,
multiplicar las parcelas. Se puede invocar, igualmente, la necesidad que tiene cada cual de
contar con acceso a diferentes tipos de terreno. Ambas razones han desempeñado un papel,
pero no son las únicas que pueden explicar esa fragmentación. Hay que buscar la causa
esencial en los fenómenos de sucesión y de herencia.
Cada vez que muere un campesino, su propiedad se divide entre los diversos herederos, y
cada parcela es compartida entre los diferentes interesados. Así, hace algunos años, un
terreno de de 20 metros de largo por 11 de ancho, fue dividido entre 5 herederos.Cada uno de
ellos posee, en consecuencia, una parcela de 11 por 4 metros. Posteriormente uno de esos
herederos falleció. Sus cuatro hijos se repartieron la herencia, y, en lo que respecta a dicha
parcela, cada uno recibió un lote de 4 metros de largo por apenas 3 de ancho.
El problema es por lo demás extremadamente complicado, pues las sucesiones hacen
intervenir desde luego a los herederos directos, pero igualmente, muy a menudo, a una
parentela relativamente alejada, como ilustra el esquema de un terreno que en otro tiempo
perteneció a la abuela paterna de los Apaza Justo (fig. 78).
¿Desde cuándo las sucesiones se realizan de esta manera? No encontramos ningún elemento
que nos permita dar una respuesta al respecto. Unicamente la reflexión nos obliga a pensar
que ese modo de herencia es relativamente reciente:
- por una parte, algunos habitantes, incluso jóvenes, conocen aún con precisión la
extensión de las propiedades de sus antepasados, terrenos que en varios casos estaban
constituidos por una franja continua de terreno con la pampa y las dos laderas.
[[179]] - por otra, este fenómeno no puede ser muy antiguo, pues de otra manera
estaríamos ya, desde hace mucho tiempo, frente a un impase total, a menos de suponer:

80
Este texto toma el parágrafo "Dispersión de riesgos" (in Morlon et al., 1982), así como el artículo "Del clima a
la comercialización: el ejemplo del Altiplano peruano," en: El riesgo en la agricultura, ORSTOM (1989), en
español: Agricultura y sociedad, Madrid, 45 (1987): 133-183.
126

. sea que la ocupación de la tierra en Chujucuyo es muy reciente, lo cual contradice


todos los estudios arqueológicos que se han efectuado en la región;
. sea que la población era allí en extremo reducida, lo cual es incompatible con la
presencia de antiguos y enormes muros, que necesitaron mucha mano de obra.

0 50 m

Fig. 78: Plano de las particiones de una parcela y arbol genealógico de los propietarios, comunidad de
Chujucuyo (Verliat, 1978).
(...) Esta fragmentación de las propiedades es fuente de una gran pérdida de tiempo.
Observemos el esquema de la propiedad de Jorge Apaza Apaza (fig. 79). Si bien en el plano
las distancias pueden parecer modestas, no olvidemos que estamos a 4,000 metros de altura, y
en laderas a menudo muy pronunciadas.(...) Esta fragmentación continúa fuera de la
comunidad, ya que todos poseen terrenos, por lo general muy pequeños, en las comunidades
vecinas. Asimismo, el 20 % de los terrenos en Chujucuyo pertenece a personas ajenas a la
comunidad. Si bien puede ser interesante ser propietario de terrenos en otras comunidades, a
fin de tener acceso a varios tipos de terrenos (ex: comunidad de las orillas del lago —
comunidad del interior), ¿qué pensar de las parcelas que se posee en las [[180]] comunidades
vecinas? El interés disminuye muy pronto al caminar durante dos horas (ida y vuelta) para
cultivar cuatro parcelas (en total 155 m2) en Chañohari, como sucede en el caso del señor F.
J. A.. No nos sorprendemos al encontrar, en estos terrenos exteriores a la comunidad, un
elevado porcentaje de tierras incultas - 64 % en el caso del señor A. A. J. (81).
Propiedades fragmentadas al extremo, y sobre todo pequeñas, pequeñísimas. El problema de
la tenencia de la tierra es una de las preocupaciones principales de los habitantes de
Chujucuyo. Es la principal causa de escisiones en la familia, de los numerosos juicios que
entablan los campesinos entre ellos, procesos que, manejados por astutos letrados (a veces
uno mismo asesora a las dos partes), no acaban nunca y absorben una gran parte de los
ingresos." (Verliat, 1978).
En realidad, hay dos problemas que se debe distinguir:
- la dimensión de las propiedades: su reducción es consecuencia del aumento de la población
en una extensión determinada. Los individuos no disponen de ninguna posibilidad de actuar al
respecto, salvo si abandonan la agricultura y se dedican a otras actividades. o invadiendo las
grandes propiedades (ya sea privadas o de cooperativas);

(81) Este porcentaje (los 2/3) corresponde exactamente al que encontramos, en promedio, en los sistemas de
barbecho sectorial. ¿No sería ese el caso? (Nota del editor).
127

- la dimensión de las parcelas, deliberada en la estrategia de dispersión de riesgos, es en


parte controlada por los campesinos por medio de canjes destinados a conseguir un equilibrio,
una dispersión suficiente pero no excesiva:

< 100 m2 100 - 200 m2 > 200 m2


+ 10 parcelas
Ladera con andenes, más o menos erosionada (total 1000 m 2)

+ 2 parcelas
(total 300 m2)

Plaine

Ladera rocosa
muy erosionada

Lago Titicaca

Fig. 79: Esquema de la propiedad de un campesino en la comunidad de Chujucuyo (Verliat, 1978).

[[181]] "los intercambios de terrenos son bastante frecuentes, y ayudan a contrarrestar los
elementos del sistema responsable de la extrema división de tierras y la dispersión de tenencias.
El método más aceptado para efectuar los intercambios es el trueque o kala (...). Las
conversaciones pueden durar meses, pero una vez que han llegado a un acuerdo sobre la
equivalencia general, se llama a dos jilakata (autoridades comunales tradicionales) para medir
las parcelas y juzgar las diferencias en la calidad de la tierra y del drenaje. (...) Nunca se hace
un testimonio del intercambio. Este sistema les provee a los irpachiqueños un medio
importante para consolidar sus propiedades, y les ayuda a acumular una mejor variedad de
calidady drenaje en sus tierras" (Carter y Mamani 1982: 31).
¿Puede sorprender que una situación como ésta haya llegado a los extremos que se dan en el
Altiplano, allí donde se suman alta densidad de población y altos riesgos climáticos? La dispersión de
numerosas pequeñas parcelas no es sólo consecuencia involuntaria y nefasta del proceso de división
de las parcelas con ocasión de las sucesiones, sino que éste es más bien, en parte, un medio para
alcanzar esa dispersión, obtenida por el juego combinado de los factores siguientes:
- las sucesiones: las parcelas no son repartidas entre los herederos, sino que, al contrario, cada
una se divide entre todos, a fin de conservar el acceso a las diferentes zonas;
- la aparcería, o los matrimonios, en que cada uno de los cónyuges aporta sus parcelas, lo cual
permite adquirir acceso a diferentes zonas;
"Un medio habitual de conseguir acceso a tierras cuya localización es esencial, en las
comunidades contemporáneas, es la utilización de las relaciones sociales. (Brush (1975) ha
notado que la aparcería tenía una importancia mayor a fin de que todos pudieran tener
acceso a los recursos de las diferentes zonas ecológicas. En su muestra, 69 % de los convenios
de aparcería eran realizados entre personas que estaban vinculadas por relaciones de
parentesco (...). Custred (1973: 44), por otra parte, encontró que las relaciones de
compadrazgo son importantes en la cooperación entre campesinos que viven en diferentes
zonas ecológicas. En fin, Burchard sugiere que los matrimonios endogámicos o exogámicos
pueden estar estrechamente relacionados con la ubicación y el cceso a tipos de terrenos
estratégicos" (Guillet, 1981 b: 22).
128

"Una hipótesis alternativa o complementaria atractiva, para explicar los patrones de


distribución geográfica de los matrimonios interaldeas, es estrictamente de tipo ecológico.
Las comunidades que el cuestionario estudió, están todas sobre el lago Titicaca, pero no son
ecológicamente equivalentes entre ellas. Existen en distintas micro-zonas ecológicas (fig. 80).
Huancollusco se extiende desde el lago hasta las colinas y en consecuencia tiene más área en
tierras altas, que son menos susceptibles de ser inundadas y de sufrir heladas, en relación a
las aldeas. Ramis también tiene las tres zonas ecológicas, pero está menos favorecida con
laderas. Como la herencia es bilateral, los intermatrimonios ayudan en la adquisición de
tierras fuera de la comunidad a la que uno pertenece, sin que esto guarde relación con la
residencia post-matrimonial de la pareja. Las distancias son relativamente insignificantes; un
campesino está en condiciones de trabajar tierras en otros lugares del distrito (...). Factor
limitante es la distancia que un hombre puede caminar en un día, hasta la chacra y volver,
con tiempo suficiente como para trabajar siquiera unas horas en ella.
La mayor parte de los campesinos tienen tierras en otras aldeas, aunque sea de pocos metros
cuadrados. Se debe notar que no solamente las inundaciones son una amenaza, sino también
el granizo y las heladas que con frecuencia caen en áreas restringidas o limitadas del distrito.
En consecuencia, tener tierras en varias comunidades disminuye y distribuye el riesgo de
perder la cosecha entera y proporciona un seguro contra los siempre presentes peligros que
rodean la agricultura en una región donde ella es precaria (...).
[[182]] Entonces, la ventaja reside en casarse en Ramis, Huancollusco y Jassana, y en menor
extensión en Collana y Sacasco, que no tienen colinas fértiles, pero que no sufren los peligros
de las inundaciones (fig. 80) y no en las comunidades más expuestas de Requena, Tuni
Requena y Tuni Grande. Todos los matrimonios distantes (que se realizan entre aldeas no
contiguas) siguen este patrón dentro del distrito" (Bolton, 1973: 100-101).

6.2. "Una verticalidad horizontal (82)"


En el Altiplano del Titicaca el límite superior de los cultivos no está sino a 200 ó 300 metros
por encima de la pampa que rodea el lago, situado a su vez a 3,800 metros de altura. Los riesgos
climáticos son muy altos: sequía, heladas, granizo e inundaciones en la planicie.
"Tienen chácaras de papas y chuño y de quinua y de cañagua aunque algunos años se les
yela" (Garcí Diez, [1567] 1964: f. 7v, testimonio de Martín Cari, cacique principal). "... por la
gran falta que hay de comida todos los más años que se les yelan las sementeras les es
necesario ir a dichas partes [Costa y Yungas] a rescatar comida a trueque de ganados (...) La
comida que tienen es de papas y quinua y como dicho tiene lo más del tiempo se les yela" (id:
f. 68r, Melchior de Alarcón). "... les falta la comida que se da en esta tierra a los dichos indios
unas veces por falta de agua y otras veces por mucha agua que se les ahoga y otras veces les
hacen mucho daño los yelos y que esto lo ha visto generalmente por todo este Collao" (id.: f.
74r y v, Martín de Leguiña) 83 .
Al contrario de lo que sucede en los valles del río Chancay (Greslou, 1981; Ney y Greslou,
1983), del río Cañete y en el de Cuyo-Cuyo - éste sin embargo muy próximo - [[183]] donde las laderas
se despliegan de 3 a 4,000 metros de desnivel, la "verticalidad" se ve sustituida aquí por las diferencias

(82) Este título algo provocador enfatiza la aplicación del concepto de verticalidad a una región que, como bien lo
indica su nombre, tiene como característica ser plana... al igual que muchas otras regiones agrícolas en el mundo.
"Este ideal (...) no se expresaría en última instancia en términos de 'verticalidad', sino más bien en términos más
genéricos de 'diversificación'. (...) En el Altiplano boliviano, en un contexto de horizontalidad total, (...) lo que
se pretende y se busca es que "cada persona debe tener cuantos diferentes tipos de calidad de suelo como es
posible" (Carter, 1964: 65)" (Camino, 1982: 28-29).
83
Cf. igualmente f. 27 testimonio de Pedro de Entrena; f. 75v y 76r del Hermano Agustín de Formizedo; f. 79
del Hermano Domingo de Loyola; f. 81 y 82 Melchior de Alarcón. Cf. asímismo Garcilaso, 1610, VIII, 1.
129

de suelos y micro-climas que, a igual altitud, son creadas por las diferentes posiciones respecto al lago
y por la topografía ("efecto de abrigo" y estancamiento del aire frío en las zonas bajas).
Estas diferencias climáticas son muy importantes a escala de la región, como muestra la
comparación de la duración de los períodos libres de heladas (fig. 81), para estaciones meteorológicas
situadas todas en la misma franja de altura entre los 3,800 y 4,000 metros, a unas cuantas decenas de
kilómetros unas de otras (fig. 82) (Morlon, 1978b, 1987). Se puede cultivar maíz, y, a condición de
contar con riego, lograr dos cosechas por año en algunas laderas que dominan directamente el lago
Titicaca, allí donde éste es profundo; y, a la misma altura, pero a unas decenas de kilómetros de
distancia, se hace difícil asegurar una sola cosecha de cebada o de papas por año.Incluso a corta
distancia, en el interior de una comunidad, las diferencias climáticas tienen consecuencias
agronómicas no desdeñables (Le Tacon, 1989).
En los pocos kilómetros cuadrados de que dispone, una comunidad de las orillas del lago
Titicaca, como Santa rosa de Yanaque (Enriquez Salas y Prins, 1986) modula la naturaleza y el
calendario de sus producciones agrícolas de acuerdo a todos los matices creados por las diferentes
situaciones relativamente al lago y a la colina rocosa (fig. 83):
- el cordón litoral arenoso (comparable a un gran camellón natural) de Sicata, más favorable,
salvo en caso de fuerte crecida del lago, pero muy estrecho;
- la llanura costera de Yanaque, excesivamente húmeda,
- las laderas de la colina gredosa, afectadas por todas las sequías, sobre todo allí donde la tierra
no es retenida por andenes;
- las heladas más frecuentes e intensas sobre la ladera opuesta al lago, y sobre todo en la llanura
de Alaiza hacia atrás.

Zonación agro-ecológica de Sta Rosa de Yanaque


(Enriquez Salas & Prins, 1986)
Vientos fríos y
secos de noche
Cerro
Alaiza Faldas Sicata
del (cordón
Papas cerro litoral Lago
Pampa habas Pampa Qotalaca arenoso)
Habas trigo Qota Titicaca
Papas arvejas Maíz Yanaque
Cebada cebada cebada isañu Habas
forragera trigo oca Cebada Habas Totora Papas
oca isañu cebada
trigo cebada llachu habas Peces
papas peces arvejas 7 especies
papas quinua
aves pescadas
quinua

Fechas de siembra escalonadas de setiembre a inicios de diciembre


Heladas Sin helada Pocas Sin heladas
en tiempo de
Frecuentes e intensas cltivos heladas e n t i e m p o d e c u l ti v o s

S e q u e d a d Poca
según A veces al inicio del ciclo
Sí Muy Sí Exceso de agua
marcada prof. Inundaciones
suelo Las excesivas
lluvias producen por crecida de las aguas del
anegamiento Lago
Fig. 83: Zonación ecológica de la comunidad de Santa Rosa de Yanaque y adaptación
de los cultivos a los riesgos climáticos (Enriquez Salas y Prins, 1986).
130

[[184]] Esta comunidad está situada en el "núcleo" del antiguo reino Lupaqa, y no hay ninguna razón
para pensar que esa adaptación fina a cada variación del medio no existía hace ya cuatro siglos y
medio; pero en esa época se integraba en el gran modelo en "archipiélago" que garantizaba,
probablemente, una mayor seguridad.

6.3. Franjas transversales y (micro) archipiélagos.


"Otro patrón orientado es el que corresponde a camellones largos y angostos generalmente
paralelos entre sí, y cuyo largo puede alcanzar hasta 400 o 500 metros (ver fig. 115c). Los
ejes largos, generalmente forman ángulos rectos con la ínea formada por el encuentro de las
laderas de los cerros con la planicie. (...) Casas y tierras de cultivo están generalmente
ubicadas al final de la ladera, y puede ser que estos camellones largos y angostos, que a
menudo terminan donde la ladera comienza a subir, representen una extensión hacia la
llanura de chacras lineares que se alargaban desde los andenes de los cerros através las
tierras marginales, hasta la zona pantanosa abajo" (Smith et al., 1981/1968: 34-35; ver
también todo el acápite que sigue en el mismo artículo).
"Según una antigua regla que todavía vale, también pertenece a la sayaña - ['herencia
parada'] que está situada habitualmente al borde del lago -, la franja de terreno de igual
anchura situada entre la [[186]] cumbre de la pendiente y el lago donde crece la totora. La
propiedad de los totorales en el lago es también limitada cuidadosamente, como la propiedad
de los cultivos. Además de esta tierra, cada campesino puede poseer terrenos en otra parte de
la isla, en el interior o en la costa. La tenencia de la tierra está organizada aquí de tal
manera, que todos poseen un pedazo en la costa para que puedan disponer de su totoral
propio, el atracadero para su bote o balsa, y lugar para secar totora y fabricar balsas
directamente al borde del agua" (Solc, 1969: 29).
Estos dos textos, que describen una situación de hace veinticinco años, pueden compararse con
la división del valle de Cochabamba en Bolivia por los Incas, cuando reemplazaron la población nativa
por "mitimaes": "En tiempos del rey Wayna Qhapaq, justo antes de la invasión europea, todos los
habitantes fueron sacados del territorio , y éste fue dividido en cuatro sectores, cada uno de los
cuales fue a su vez recortado en franjas que se extendían de una a otra cordillera. Cada franja fue
asignada a un grupo de aymaras, algunos procedentes de zonas tan alejadas como el lago Titicaca al
norte, o el desierto de Atacama al sur." (Wachtel, 1982, citado por Murra, 1984: 88-89).
Para combinar las ventajas del acceso de cada familia a todos los recursos del medio
(incluídos la totora y la pesca en el lago), y de un conjunto de parcelas agrupadas (trayectos menos
largos, fácil vigilancia, agrupamiento de las tareas, como por ejemplo trabajo de un campo y vigilancia
de los carneros que pastan al lado), la división tradicional o "ideal" del terreno entre las diferentes
familias de una misma comunidad se efectúa en franjas transversales (o "verticales"), que se
extienden desde las cumbres hasta el fondo del valle (o hasta el lago), atravesando los diferentes
medios naturales o acondicionados.
"La importancia de incluir en lo posible diferentes zonas topográficas en cada sayaña puede
apreciarse más claramente en las zonas de Colina Blanca y Canaviri. (...) Estas parcelas irregulares
ascienden desde el borde del pasto comunal hacia la cumbre de la colina, o hasta el límite mismo de la
zona. Todas ellas cruzan varias regiones topográficas, ninguna está situada a un solo nivel" (Carter y
Mamani, 1982: 25) (fig. 84).
Esta forma de división, que se encuentra también en otras partes de los Andes centrales (fig.
85), es a veces visible en el paisaje (figs. 86 y 87), cuando los límites de [[189]] las propiedades están
señalados por muros, o cuando los acondicionamientos (andenes, camellones, incluso salineras (figs.
88 y 91), fueron realizados conforme a este modelo, que parece, pues, antiguo.
¿Qué sucede cuando se producen las sucesiones hereditarias entre las generaciones?
131

- Por una parte la partición entre los herederos se efectúa dividiendo la franja en el sentido de
su longitud, a fin de garantizar a cada uno el acceso a todos los ambientes. Pero al cabo de un
cierto número de generaciones, la anchura es demasiado estrecha como para ser nuevamente
dividida, y cada cual recibe entonces parcelas separadas, distribuidas en todos los ambientes,
con lo cual comienza el estallido de la franja transversal;
[[190]] - al mismo tiempo, el aporte de cada uno de los cónyuges, con ocasión de los
matrimonios, adiciona lotes geográficamente separados, constituyéndose así, poco a poco, un
"archipiélago de franjas transversales" como el representado en la fig. 79.

Fig. 84: Ejemplo de plano parcelario en "bandas verticales" perpendiculares a las curvas de nivel, en Irpa
Chico; la zona representada cubre aproximadamente 450 ha (según Carter y Mamani, 1982).

Fig. 86: Límites parcelarios en "bandas verticales" (Diciembre; Qariya,


Nor-Potosi, Bolivia, 4000/4250 m.s.n.m.). PM.

Fig. 87: Andenes con arboles, con límites parcelarios en "banda vertical"
(San Jerónimo, Cusco, 3200 m.s.n.m.). PM.
132

Fig. 88: Límites parcelarios en "bandas verticales" en las salineras de Maras


(Cusco, 3200 m.s.n.m.). PM.
Cuando no existe (es el caso actual) un mecanismo colectivo de "puesta en cero,"84 se pasa,
pues, en unas cuantas generaciones, del modelo en franja transversal al de archipiélago,85 con un
gran número de casos posibles, vinculados con:
- el intercambio amistoso de parcelas;
- la emigración de algunos de los hijos, lo cual permite a los que se quedan comprarles su parte;
- la expoliación de las tierras de la comunidad por las haciendas vecinas, lo cual determina la
aparición de archipiélagos minúsculos donde no subsiste ya ninguna huella de franjas continuas
(huellas que sí son visibles, al lado, en la tierras de la gran propiedad).
Veremos ilustraciones concretas de estos diferentes casos en el capítulo 6. Pero en la actual
economía familiar, la dispersión de riesgos y la complementariedad de diferentes recursos requieren de
otros medios y no simplemente de la repartición de las parcelas de cultivo en el espacio. Medios que
van de la disposición de las plantas en una misma parcela, y del escalonamiento de las fechas de
siembra, a la combinación de agricultura, crianza de ganado, artesanía, trabajo asalariado en el lugar o
por migraciones estacionales, etc., que nosotros llamamos "sistema de producción rural" (Morlon,
1981a, 1987, 1989).

84
Se puede muy bien imaginar que tal mecanismo existía en antiguos tiempos: la redistribución periódica de
las tierras, de la que habla Garcilaso, puede haber sido un mecanismo de 'integración parcelaria' para
reconstituir franjas verticales. En este caso, no aparece ya en contradicción con la herencia de tierras,
atestiguada por otros textos de la época.
85
Hemos tomado de Murra el término de archipiélago, pero el cambio de escala acarrea una interpretación
diferente. Se recurre al "archipiélago" de todas maneras en los barbechos sectoriales colectivos (incluso si
originalmente se trataba de "archipiélagos de franjas transversales" como sugieren ciertos paisajes entre Oruro y
Potosí en Bolivia): "En Irpa Chico, el ideal es tener las qallpa [parcelas en barbecho sectorial] esparcidas lo
suficientemente para poder gozar de los diferentes tipos de tierra, drenaje y elevación. Algunas familias tienen
90 o más qallpa independientes esparcidas en cuatro o cinco zonas diferentes." (Carter y Mamani 1982: 27-28).
Desgraciadamente ninguna de las comunidades en las que se hallan las familias que hemos estudiado en el
Altiplano -(cap. 6), sigue practicando tal sistema.
133

6.4. Estrategias de subsistencia


La dispersión de riesgos y la complementareidad de recursos diferentes no son sino las dos
caras de una misma y única estrategia de subsistencia. En lo que respecta a la producción agrícola, se
trata de dispersar los riesgos entre el mayor número posible de especies y de variedades, producidas
en el mayor número posible de situaciones ecológicas 86.

6.4.1. Dentro de una misma parcela.


Pueden crearse micro-situaciones ecológicas diferentes por medio del trabajo del suelo: como
vimos en el capítulo 1, el "pronóstico climático" que hacen los campesinos para el año agrícola que
comienza determina el tipo y orientación de los surcos, a fin de evacuar el exceso de agua, o, al
contrario, retener las lluvias insuficientes. Pero si dicho pronóstico es incierto, los campesinos orientan
sus surcos de diferentes maneras en el mismo año.
La preocupación de dispersar los riesgos guía también las modalidades de trabajos tales como
la siembra de cereales, siendo la secuencia de operaciones que observamos cerca del lago Titicaca la
siguiente:
[[191]] - apertura de un surco con el arado de palo (5 cm para las Chenopodiáceas, y 10 cm para
las gramíneas);
- esparcimiento de los granos, tanto en el fondo como en los flancos de los surcos;
- recubrimiento cuando el arado abre el surco vecino. De este modo los granos colocados en los
flancos del surco aseguran la producción en caso de lluvias abundantes o precoces, y, en caso
contrario, los granos hundidos a mayor profundidad en el fondo del surco.
Se ha descrito con mayor frecuencia la asociación de diferentes especies, o, en el caso de una
misma especie, de variedades diferentes. En el valle del Mantaro, por ejemplo, Carney (1980) ha
observado que el número de variedades de papa mezcladas en un mismo campo ¡iba de 6 hasta 30!
Estas asociaciones de variedades o de especies diferentes pueden ofrecer una u otra de las
ventajas siguientes:
- la dispersión de riesgos de enfermedades o de accidentes climáticos entre plantas
desigualmente resistentes en el momento en que se producen los daños: si algunas son
destruidas, otras sobreviven y rinden.
- la protección de ciertas plantas por otras: según los campesinos, líneas de mashua o isaño
intercaladas entre las de papas detendrían la progresión de ciertas enfermedades en el terreno
(Camino, 1978 y 1982). Algunos campos son delimitados por cercos de lupino ("tarwi"),
especie alta y muy amarga que disuade al ganado y a los animales silvestres de penetrar en la
parcela para comer en ella; en fin, y sobre todo, las especies altas protegen a las más bajas
contra el viento y el sol que resecan en el día, y contra las heladas en la noche.
"En el norte del Perú y otras localidades, es común plantar quinua como borde rodeando trigo,
papas y otros cultivos, a los que protege, según los indígenas, de la acción de las heladas"
(León, 1964: 78).
"La mayor parte de los agricultores asocian el maíz hasta con tres cultivos. Al tratar de
encontrar una explicación de tal o cual asociación, dan razones que van desde la persistencia
de la tradición, hasta la protección contra el viento y las heladas" (Franco y Benjamin, 1978:
39).
"Al lado de las plantas muertas por el frío, hay otras que apenas muestran los bordes de las
hojas amarillas, mientras el tallo está vivo, obedeciendo seguramente a algún abrigo próximo,

86
Cf. Lescano et al., 1982: 84-85; Camino 1982: 28-29; Thomas 1977: 98-99; Guillet, 1980 y 1981c.
134

una roca o una planta más alta" (Romero, 1928: 400; cf. Thomas, 1972: 130 - discutiremos los
mecanismos de esta protección en el cap. 4.3).
El mismo principio se aplica a veces en el caso del ganado, poniendo llamas en los rebaños de
carneros, porque saben defenderse mejor contra los animales salvajes.
En fin, "estas numerosas variedades pueden ser utilizadas como respuesta dinámica a las
variaciones del ambiente. Por ejemplo, el período habitual de siembra de maíz en la pampa
de Anta [a 3,400 metros de altura, cerca del Cuzco] se sitúa entre el 25 de agosto y el 15 de
septiembre. Si la siembra no brota a causa (...) de las condiciones climáticas, los campesinos
vuelven a hacerla, hasta la primera semana de octubre. Para esta segunda siembra se sirven
de una variedad especial llamada "pucutu," la cual, si bien da rendimientos bajos, es más
resistente a las heladas. Y si sigue helando hasta el 15 de octubre, siembran entonces trigo o
cebada, que son aún más resistentes" (Guillet, 1981b); en efecto, cuanto más tarde se siembra
en la estación, mayor peligro se corre de heladas precoces en el momento de la maduración del
cultivo.

[[192]] 6.4.2. El escalonamiento de las fechas de siembra


Las siembras o plantaciones (tarpuy) se escalonan, por lo general, de acuerdo a cada especie y
a cada piso de altitud, en 3 fases separadas, que a veces se subdividen:
- ñaupaq (precoz),
- chaupi (central) o hatun (grande),
- q'epa (tardía).
Ello permite a la vez extender el calendario de trabajo y dispersar los riesgos climáticos o
fitosanitarios. El problema es lograr el desarrollo completo del ciclo vegetativo entre dos sucesos
letales (sequía-helada), situando los estadios más sensibles de cada especie en los de menores riesgos:
"... que el maíz en este reyno se ha de sembrar y comenzar desde el mes de Julio de Santiago
mayor apostol entra el primer maíz y se ha de acabar hasta la natividad de sembrarse"
(Guamán Poma, [hacia 1615] 1936: 1152.
Es en un contexto como éste que aparecen conceptos tales como el de tinkuy (Fonseca, 1966),
que se refiere al encuentro o coincidencia del desarrollo de la planta con los fenómenos
meteorológicos. En la práctica este concepto lleva a escalonar las siembras, incluso dentro de una
parcela de pequeñas dimensiones. De esta manera el tinkuy se producirá, en el caso de cada planta, en
un estadio diferente de su ciclo, garantizando así la supervivencia de por lo menos una parte de las
plantas cultivadas (según Camino 1982: 29).
"Con fines de control de plagas y enfermedades, en muchas comunidades en las cuales las
limitaciones de clima no son significativas para la conducción de un determinado cultivo, se
ha podido establecer un calendario agrícola teniendo como principal objetivo evadir la época
de mayor incidencia del problema fitosanitario principal como es el 'soqho', Phytophtora sp.
Esta época para las comunidades de Sina (Sandia) corresponde al mes de noviembre, fecha
de mayor precipitación pluvial y humedad. La siembra tiene lugar durante los meses de junio
(milli), julio y agosto (chaupi milli), setiembre y octubre (alto) y en febrero (panqo). (...)
podremos observar que las cuatro modalidades de la siembra de papa (milli, chaupi milli,
alto y panqo) están programadas de tal suerte que el cultivo de la papa en el mes de
noviembre no presente en su período vegetativo, las características óptimas de planta
hospedera para el desarrollo del 'soqho'" (Cáceda y Rossel, 1985: 19-20 y 93).
Pero el problema puede complicarse en lo que respecta a los riesgos fitosanitarios, como
anotan Franco y BEenjamin(1978) a propósito de
"... la gran dispersión de las fechas de siembra en el Callejón de Huaylas. En el dominio de
recomendación [conjunto homogéneo de fincas] 1, se empieza a sembrar en el mes de junio;
135

son los productores de choclo principalmente, los que buscando reducir el daño por
enfermedades, e incentivados por mejores precios del choclo en los meses de Diciembre-
Enero, adelantan sus fechas de siembra. Pero en general todos los agricultores que disponen
de riego tienden en adelantar las fechas de siembra tratando de burlar el ataque de
enfermedades. Pero pareciera que esta práctica produce efectos contradictorios, puesto que
las primeras siembras se realizan cuando las cosechas todavía no han finalizado,
constituyéndose así en uno de los factores que agravan los problemas fitosanitarios de esta
región".
De hecho los campesinos efectúan un compromiso entre:
- la dispersión de los riesgos en el espacio, que implica en cada lugar el mayor número posible
de especies y de variedades que se comportan de modo diferente frente a los riesgos climáticos
y fitosanitarios:
[[193]] "A causa de la lluvia y de las heladas, sembramos todos los cultivos en diferentes
lugares para asegurar alguna cosecha, porque si cae una helada en la pampa donde lo destruye
todo, tendremos cuando menos productos en otros lugares. Por eso en una chacra grande
sembramos papa, oca, quinua y habas. Este año no ha habido heladas y hemos cosechado todos
los cultivos; sólo la papa fracasó por el exceso de lluvia" (Gregorio, jefe de la familia III, en el
capítulo 6.1).
- la adecuación de cada especie a cada característica del suelo y del clima: pampas de suelos
profundos y ricos, pero donde pueden acumularse agua y aire frío, o "cinturones térmicos" en
las pendientes de suelos más pobres:
"La mejor tierra es según el año; cuando hay mucha lluvia, como ocurre, la mejor para
nosotros es la tierra 'ashalaca', porque necesita mucha agua, y aunque llueva día y noche no le
hace daño. En cambio en la tierra 'shalla' (arenosa), todo se pierde en una semana. La grava
'kalachi kolla' es como la ashalaca, porque resiste cuando llueve, el agua penetra y va al fondo.
En cambio, cuando no hay lluvia, la tierra arenosa resiste mejor porque necesita poca agua
para dar una cosecha; es tierra muy buena, sobre todo para las papas por la facilidad con que
absorbe la humedad. Depende del año que venga. En las tierras pobres, sólo da bien el
centeno; la cebada queda pequeña..." (Gregorio).
- la localización de los cultivos en función de los transportes a efectuarse, lo cual a veces se
opone a la precedente. Así con frecuencia se cultiva arvejas en las parcelas más alejadas, pues
constituyen el producto más fácil y rápido de transportar en la cosecha, lo cual minimiza el
riesgo de robo de las cosechas, cuya gravitación, sorprendente en relación con otras regiones del
mundo, se explica por la desestructuración de la sociedad consecutiva a la conquista española.

6.4.3. Estrategias de producción.


Con respecto al conjunto de la producción, el campesino razona a largo plazo, o
considerando varios años, ya que la cosecha de un determinado año jamás es segura. No es sino
en las situaciones de extrema precariedad que "las estrategias de producción del jefe de familia están
orientadas hacia la satisfacción de las necesidades de la familia hasta la próxima cosecha", como
afirma Guillet (1981c).
La conservación de las cosechas de los años buenos para años malos es cosa común en todo el
mundo. Pero en una zona en que los tubérculos constituyen la mayor parte de la producción, esa
conservación ha exigido técnicas particulares de deshidratación, que precisamente utilizan la
alternancia de helada nocturna e intensa radiación solar diurna, es decir las mismas condiciones que
tan destructivas son para los cultivos en pie. Es así como se fabrican:
- con las papas, el chuño (deshidratación simple), y la moraya o tunta (deshidratación más
lavado con agua corriente, eliminando los productos solubles fermentescibles);
- con la oca (Oxalis tuberosa), la qaya.
136

Pero los productos que se obtienen no pueden evidentemente servir ya como semillas. Así, una
mala cosecha de papas se traduce al año siguiente en una menor extensión sembrada (e inversamente);
los efectos retardados en las extensiones cultivadas pueden extenderse de este modo a lo largo de
varios años, atenuándose a manera de ondas.
Otra solución es la de intercambiar recursos no afectados por la calamidad con productos
alimenticios disponibles en otras regiones. Papel que ha desempeñado, tradicionalmente, el ganado
o sus productos (lana), ya que los animales y el forraje son menos sensibles a los accidentes
climáticos que los cultivos de panllevar. Otra modalidad [[194]] es también la de extraer provecho de
los recursos no agrícolas: artesanado, minas, comercio, trabajo temporal en otras regiones. Así, como
en los tiempos en que se desplazaban entre las "islas" de los "archipiélagos" territoriales, los
campesinos actuales, incluso los de los pueblos más aislados, viajan muy a menudo para satisfacer los
imperativos de un "archipiélago de actividades", cuyo conjunto forma lo que llamamos "sistema de
producción rural," en el cual la distinción entre lo "agrícola" y lo "no agrícola" no es
necesariamente la más pertinente, como veremos en los ejemplos del capítulo 6.
137

Capítulo 4 [[195]]

Infraestructuras agrícolas: ¿vestigios del pasado o


técnicas para el futuro?

[[196]] Introducción
Pierre MORLON

"¿Por qué crece esta planta en el sitio en que se encuentra? ¿Por qué se ha desarrollado tal
ecosistema en tal sitio y de esa particular manera? En Europa, dondequiera que se planteen
estas preguntas, la mejor respuesta será, probablemente: porque el hombre lo decidió o lo
permitió, voluntaria o involuntariamente; o porque su acción lo favorece directa o
indirectamente (...). El hombre ha modificado, y continúa haciéndolo, el balance hídrico y el
ciclo de los elementos nutritivos en prácticamente todos los ecosistemas. Más aún, influencia
de modo cada vez más acentuado en la dinámica de las poblaciones de plantas, animales y
micro-organismos.
Tal es la causa por la cual muchos ecólogos salen de Europa a fin de poder estudiar la
"naturaleza virgen" (...). Fue la razón de mi primer viaje hacia el Perú y otros países
tropicales. Sin embargo, después de algunos meses de trabajo, no pude dejar de descubrir,
también allí, el impacto de la actividad humana (...). Para aumentar los rendimientos de los
campos (...) las laderas fueron transformadas en andenes para la agricultura y horticultura
intensivas. Es por eso que cuando llegaron los españoles a la parte occidental de la América
tropical muchas montañas se parecían a escaleras, y toda la cordillera fue llamada con el
nombre de esos andenes" (Ellenberg, 1979: 401 y 411).
Aunque sea equivocada, esa etimología del nombre de la Cordillera de los Andes ilustra la
importancia de las transformaciones del paisaje y del medio natural con fines productivos.
Transformaciones que constituyen una de las razones que justifican el cambio del concepto de piso
ecológico al de zona de producción (capítulo 3.4).
La correspondencia entre una zona de producción y un tipo de infraestructura no es unívoco.
En Laraos, por ejemplo, tres zonas de producción se encuentran en andenes con regadío: el maizal, los
alfalfares con cerco, la zona de barbecho sectorial.
En este capítulo presentaremos las principales técnicas de "artificialización" del medio,
utilizadas por los campesinos para construir zonas de producción, tratando de interpretar su papel
micro-climático, y mostrando a partir de ellas cómo técnicas muy antiguas, hoy más o menos
abandonadas, pueden emplearse, junto con las más recientes, para un desarrollo agrícola futuro.
No hemos querido hacer aquí ni un catálogo exhaustivo de las infraestructuras existentes, ni una
síntesis general 87 ; pero dejando de lado lo que nos pareció conocido y evidente (el papel del riego,
por ejemplo), escogimos estudios realizados a partir de puntos de vista y con preocupaciones
diferentes, que en conjunto han de mostrar la generalidad de la noción de zonas de producción
construidas por el hombre, y la riqueza de las técnicas puestas en obra.

87
Una síntesis pediría un libro entero para cada tipo de acondicionamiento. Se comienza a publicar libros al
respecto, y los mencionaremos en su lugar. Antes de ellos aparecen compilaciones o colecciones de artículos.
Señalemos las de Lechtman y Soldí, 1981; Ravines, 1978; La revista América Indígena, (México), vol. XL (4),
1980; De la Torre y Burga, 1986; Culturas y Tecnologías Altoandinas, CorPuno, 1987; la revista Allpanchis:
Antigüedad y actualidad del riego en los Andes, Cusco, Nos. 27 y 28, 1986; Denevan et al., 1987.
138

[[197]] 1. Diversidad de los acondicionamientos

1.1. En el desierto costero, los "Mahamaes" o chacras hundidas


Bernabé COBO 88
« De las hoyas y mahamáes de los Llanos
Otra particularidad, no menos maravillosa que las referidas en los capítulos antecedentes,
hallamos en esta tierra de los Llanos, que es modo que los indios tuvieron de aprovechar para sus
labranzas la tierra que de suyo era yerma e infructífera. Esto hacían de dos maneras: la primera,
cavando y abriendo grandes hoyas, y la otra, aprovechándose de los lugares húmedos, o por la
vecindad de alguno, o por tener dentro de sí el agua muy somera. A los sitios y tierra desta calidad
llamaban en su lengua mahamáes, y con el mismo vocablo los nombramos nosotros dondequiera que
los hay, como es en el corregimiento de Ica, diócesis de Lima, y en otras partes, que es tanto como si
dijéramos tierras de labor por la humedad que en sí tienen, con la cual sola, sin otra agua del cielo ni
riego de ríos, producen lo que en ellas se siembra.
El intento con que los indios hacían las hoyas era para acrecentar las tierras de labor, porque
como eran muy pocas las que había en estos Llanos para sustentar tan gran multitud de gente como
habitaba en ellos, la necesidad del sustento los despertó y obligó a buscar modos extraños como
remediarla. Hacían de ordinario estas hoyas en el espacio que hay entre las Lomas y riberas de la mar,
donde la tierra es casi tan baja como la misma mar, y por no alcanzar el agua de los ríos a regarla,
estaba yerma y cubierta de arena seca. Las hoyas de Chilca, diez leguas desta ciudad de Lima (fig. 89),
que son de las más nombradas deste reino, corren por la orilla de la mar en luengo della como dos
leguas sin apartarse media de la playa las más distantes; y las más cercanas a la mar que yo he visto,
así en el dicho valle de Chilca como en otros, no distan della un tiro de piedra. De manera que parece
fructificar con la humedad que el agua de la mar, trasminada por la arena, les comunica, respecto de
estar las tales hoyas casi a un peso y nivel con el agua de la mar; y parece ser indicio de esto ser el
agua que hallamos en los pozos y jagüeyes que se abren en las hoyas algo gruesa y salobre, si bien no
tanto que no pueda beberse; y está tan somera, que en ahondando hasta llegar al peso de la mar, se
topa con ella, que de ordinario es a uno o dos codos, poco más o menos.
Las hoyas de Villacuri en la provincia de Ica, no menos famosas que las de Chilca, son las más
mediterráneas de que yo tengo noticias, porque distan de la mar de cuatro a cinco leguas, en las cuales
hay mayor razón de dudar si la humedad que participan les viene de la mar o de otra parte. Argumento
de venirles de la mar puede ser el criar, como crían, salitre en la superficie de la tierra, como las de
Chilca y demás hoyas marítimas. Pero mi parecer es, salvo mejor juicio, que la tal humedad no
procede de la mar: lo uno, por estar las tales hoyas tan distantes de ella; y lo otro, porque no están en
un parejo y nivel con la misma mar, sino mucho más altas, como se ve por experiencia en que,
caminando desde la marina para ellas, se va siempre subiendo algo, aunque disimuladamente. Por
donde tengo para mi que toda la humedad destas hoyas de Villacuri, y mucha parte de la de las que
están en la costa de la mar, es comunicada de los ríos que bajan de la Sierra; porque [[199]] todos ellos,
desde que llegan a la tierra seca de los Llanos, se van disminuyendo, a causa de que su agua se va
embebiendo y trasminando por la arena y cascajo, de que son las madres de los ríos; de manera que
muchos de los que no son tan caudalosos, se sumen y fenecen antes de llegar a la mar, cuya agua va
derramada por las entrañas de la tierra y en los lugares bajos va muy somera; de lo cual es muy
bastante prueba la mucha yerba y arboleda que vemos en algunas partes, que son las que por esta
razón llamamos propiamente mahamáes, y donde la tierra está más alta, aunque esté la superficie
cubierta de arenales secos, si la humedad procedida de los ríos no está más honda que dos o tres
estados, suele producir árboles gruesos y crecidos, cuales son los guarangos o algarrobos, que nacen

88
Capítulo 17 de la "Historia del Nuevo Mundo" del sacerdote jesuita Bernabé Cobo (1580-1657), que pasó 48
años de su vida en el Perú. Selección y notas por P. Morlon.
139

en los arenales que hay entre Pisco e Ica, que es en el mismo paraje de las sobredichas hoyas de
Villacuri; los cuales arenales están tan secos por la sobrehaz, que los vientos mudan de unas partes a
otras los montones y médanos de arena, y acontece frecuentemente que, como la arena que es llevada
del aire topa en estos árboles, se va amontonando en torno de ellos hasta dejarlos sepultados, a unos
del todo, y a otros la mayor parte, dejándoles descubierta sola su cumbre o algunas de las ramas más
altas, y por este camino se vienen a secar muchos; y toda la tierra que hay desde Pisco a Ica, que son
doce leguas, es desta condición y calidad, que en dondequiera que aparten la arena, hallarán debajo de
ella tierra fértil con suficiente humedad; y las partes que carecen destos médanos de arena, como sean
de suelo bajo, gozan de tanta humedad, que vienen a ser mahamáes, crían yerba y otras plantas, y aún
suelen manar tanta cantidad de agua, que se forman en algunas partes ciénagas y lagunas.
Al argumento que se trae del salitre que crían estas hoyas en la superficie, se satisface con
decir que el tal salitre no procede de la calidad del agua que humedece las hoyas, sino de la naturaleza
de la tierra dellas, que de suyo es salitrosa en tanto grado, que en muchas partes cría en su sobrehaz
grandes costras y piedras de fina sal, como vemos en este mismo arenal de Villacuri, de que vamos
hablando, y en otros desta costa, a donde aun el agua dulce de los ríos que se suele rebalsar en ellos, en
poco espacio de tiempo se cuaja en sal.
Hacían los indios estas hoyas con inmenso trabajo, cavando en los arenales muertos y
apartando y amontonando la arena alrededor dellas hasta descubrir el suelo húmedo en conveniente
distancia del agua, para que fructificase. Algunas se hallan de dos o tres estados de hondo y otras
menos; unas son redondas y otras cuadradas, y con otras formas diferentes; mas, por la mayor parte,
son largas y angostas; algunas hallamos de extraña grandeza, cual es una que está en el valle de Asia
en esta diócesis de Lima, por la cual pasa el camino real de los Llanos, que tiene buena media legua de
largo. Las ordinarias del valle de Chilca tienen capacidad para una buena huerta o viña cada una,
porque de las redondas y cuadradas hay muchas de a ciento y a doscientos pasos de diámetro. Están
divididas unas de otras con una loma de la arena que en sus orillas se amontonó cuando se cavaban, la
cual sirve de cerca y vallado.
Y porque el salitre que crían es dañoso para las plantas, también alcanzaron los indios a
prevenir este daño, con estercolar la tierra de cuando en cuando, como es cada dos o tres años; y
sírveles de estiércol para este menester la hoja seca del guarango, de los cuales árboles suele haber
gran cantidad por todos estos llanos, y al pie de ellos se halla tanta copia de hoja amontonada y
podrida, por haberse juntado allí de muchos años, que cubre el suelo una capa della de uno y dos
codos de grueso; y éste es el estiércol con que se benefician las hoyas. En las hoyas de Chilca usaban
los indios sembrar con el maíz y demás semillas una cabeza o pedazo de sardina, con el cual beneficio
tenían abundantes cosechas; y era tan necesario, que sin él se iba la sementera en vicio.
[[200]] Al presente son muchas más la hoyas que están yermas que las que se cultivan, por haber
venido los indios en gran disminución; con todo eso, se aprovechan de algunas así indios como
españoles, y en el valle de Pisco se hacen ahora algunas de nuevo para plantar viñas. Nacen en ellas
los mismos frutos que en lo restante de los Llanos, y toda fruta de hoya se aventaja a la que nace en las
huertas de regadío, particularmente los dátiles, y el vino de hoya es preferido a los otros. Pues como
estas hoyas tengan la hondura que habemos dicho, no pueden los caminantes descubrir de lejos lo que
hay en ellas, por lo cual, los que no lo saben, piensan ser todo cuanto tienen por delante arenal seco
como lo demás del contorno, hasta que, llegando sobre ellas, hallan en medio de tanta sequedad un
deleitoso vergel en cada hoya, según están de verdes y hermosas con tanta arboleda y amenidad; y en
las hoyas que no se cultivan nace mucha yerba, que sirve de pasto para las bestias de los caminantes,
que no es de pequeño socorro para los arrieros.
Por lo que en este capítulo queda dicho, se entiende bastantemente lo que son mahamáes, y así
no hay que detenernos en explicarlo; sólo advierto que lo que mejor se da en los mahamáes son
melones, que nacen en ellos por el invierno; son regaladísimos; y en entrando el verano, como
empieza a crecer el río y a comunicar más humedad a estos mahamáes, van desdiciendo de su bondad
los melones. Demás desto, se debe advertir que también se suelen llamar mahamáes los bañados de los
ríos, que es la tierra de sus riberas que bañan y cubren en sus crecientes y avenidas, cuando salen de
140

madre, la cual tierra siempre conserva aquella humedad. Plántanse también en estos mahamáes viñas y
otros árboles frutales, y se siembra trigo y las demás semillas y legumbres.
Y porque parece que la demasiada humedad, así de las hoyas como de los mahamáes, había de
impedir el madurar y sazonar los frutos, proveyó el Sapientísimo Hacedor de todas las cosas que en
tiempo de invierno, cuando las plantas requieren más humedad y los ríos destos Llanos traen menos
agua, tengan las hoyas y mahamáes tanta humedad, que parece están brotando agua; y por el verano,
cuando, por llover en la Sierra, los ríos vienen crecidos y explayados, con que parece había de crecer
excesivamente la humedad de las hoyas y pudrirse sus frutos en lugar de madurar, experimentamos lo
contrario: que el agua que en sí tienen se baja y sume, de suerte que queda seca la superficie de la
tierra, con que se da lugar a que los frutos sazonen maravillosamente; lo cual tengo para mí se debe
atribuir a los recios soles y calores que en este tiempo hace, los cuales enjugan y secan la sobrehaz de
la tierra, así como el tener de invierno tanta copia de humor, procede de andar el sol entonces apartado
de este clima, y de las continuas neblinas que por este tiempo cubren la tierra y la humedecen y
defienden de los rayos del sol 89. »

89
Ana María SOLDI publicó en 1982 una síntesis sobre los 'mahamaes': "La agricultura Tradicional en Hoyas",
Fondo Editorial PUC, Lima, 104 p.
141

1.2. Campos de sal


Benjamin Sebastian ORLOVE 90

El creciente interés por las técnicas tradicionales agropecuarias andinas ha implicado un nuevo
planteo sobre la utilización de los recursos naturales en diferentes ambientes, y la posibilidad de
revalorar cultivos, herramientas y tecnologías hasta hace poco despreciadas. [[201]] Este estudio trata
de una actividad no agropecuaria, pero que corresponde tan igualmente al concepto de zona de
producción tal como lo definimos: la explotación tradicional de la sal.
Los dos casos aquí descritos son un ejemplo de la naturaleza de las economías campesinas
andinas, en las cuales se imbrican actividades económicas que, para los economistas formados en las
escuelas de los países industrializados, representan sectores económicos distintos (cf. capítulo 6). La
explotación de recursos minerales como la sal o la arcilla para hacer cerámica, obedece a la misma
percepción de la complementariedad que las producciones agropecuarias. La sal no sólo se emplea
como elemento de la dieta humana y animal, sino que permite utilizar más ampliamente otros
productos agropecuarios. La elaboración de carne y pescado secos, por ejemplo, no se hace
exponiéndolos simplemente al sol y a las heladas, sino también por disecación con sal. La elaboración
de quesos requiere en muchas zonas gran cantidad de sal. De esta manera, permite que la leche que se
produce en su mayor parte durante la época de lluvias - de noviembre a marzo - pueda consumirse
durante muchos meses.
Pero tal vez más importante aún es que en la problemática de la producción tradicional de la
sal se reproducen los mismos temas que surgen respecto de las tecnologías tradicionales
agropecuarias: la importancia del contexto socioeconómico e histórico; el empleo de fuentes limitadas
de energía; la valorización de recursos naturales mal reconocidos por la tecnocracia; el papel del
Estado, que apoya a algunas tecnologías mientras limita a otras. Estos puntos se tratarán más adelante,
después de presentar ambos casos.

San Juan de Salinas en el Altiplano


A algunos kilómetros al sur-este de Azángaro, departamento de Puno (fig. 89), una laguna
salada ocupa el fondo de una pequeña cuenca cerrada, a 3,840 metros de altura. En la estación lluviosa
llega a ocupar una extensión de 850 ha. Por su alto grado de salinidad, no contiene peces; los
principales animales que allí existen son las Artemias sp., más conocidas como "camaroncitos de agua
dulce", y las parihuanas, que las consumen.
El nivel de la laguna fluctúa siguiendo la alternancia anual temporada seca / temporada de
lluvias. La sal se aprovecha en pequeños hoyos o tanques, que construyen los campesinos de la zona
levantando muros de unos 15 cm. de alto y 40 cm. de ancho, cercando parcelas rectangulares de 5 a 10
metros de lado. Unos 5,500 hoyos ocupan aproximadamente 85 ha, o sea la décima parte de la laguna.
Cuando ésta retrocede, el agua se evapora y deja la sal, que los campesinos baten con los maruna, los
mismos instrumentos agrícolas que sirven para romper terrones después de la labranza. Luego, con
palas, reúnen la sal de las distintoas parcelas que les pertenecen y la colocan en montones de forma
cónica, de aproximadamente un metro de alto por tres de diámetro, que tapan finalmente con una fina
capa de tierra para protegerlos de la lluvia (fig. 90).
La mayor parte de la sal se vende al monopolio estatal (Empresa Nacional de la Sal), que
mantiene tres oficinas o casas de compra a orillas de la laguna, y considera la sal de la zona como sal
industrial, no apta para el consumo humano, razón por la cual se paga a un precio muy bajo. Pero
buena parte de la sal se vende de manera ilegal, ocultamente, a los habitantes de la zona, y algunos de
ellos la llevan a vender a los mercados y ferias de la región.

90
Capítulo 4 de "Tecnologías agrícolas tradicionales en los Andes centrales: perspectivas para el desarrollo" (P.
Morlon, B. Orlove, A. Hibon; PNUD / UNESCO / COFIDE, Lima, 1982).
142

Fig. 90: Las salineras de San Juan de Salinas. Algunos montones de sal están cubiertos
de arcilla para protegerlos en caso de lluvia. Los andenes en la ladera están
fuertemente erosionados (Setiembre; Puno, 3850/4100 m.s.n.m.). PM.
La sal de San Juan es muy apreciada por los campesinos; según ellos, su color rosa claro indica
que posee cualidades "calientes" y, por lo tanto, se la prefiere para el consumo matinal y del atardecer.
También figura como remedio casero para algunas enfermedades. Cabrá investigar si los minerales
que contienen, además del cloruro de sodio, ofrecen beneficios nutritivos para la vida a gran altura.
[[202]] El trabajo en los hoyos resulta muy duro - debido a que la sal quema cualquier herida y refleja
intensamente el sol de la altura - pero no dura mucho, y se realiza únicamente durante los meses secos,
es decir, cuando los campesinos no están muy ocupados en otra labores agrícolas, lo que complementa
el calendario de trabajo.
Los hoyos son de propiedad individual y los campesinos los reciben por herencia de sus
padres, tal como los terrenos agrícolas. El diseño de las parcelas es en "fajas verticales", de igual
manera que los andenes sobre las laderas próximas (fig. 91). El derecho a los hoyos parece restringido
a los comuneros de San Juan de Salinas y, dado el nivel de endogamia existente dentro de la
comunidad, los forasteros y mestizos están excluidos. De esta manera, el derecho a los hoyos se parece
bastante al derecho a los totorales en el Lago Titicaca.

Las salinas de Maras cerca de Cuzco (figs. 92 y 93).


A cerca de 3,000 metros de altura, en la ladera empinada de una quebrada que desemboca en el
valle del río Urubamba, brota un manantial de agua salada que ha disuelto yacimientos subterráneos de
sal gema. Las salinas ofrecen un panorama impresionante: sobre una vertiente de casi 45°, un gran
sistema de andenerías cuyos andenes no están cultivados, sino que forman pequeños estanques cuyos
colores varían del blanco y el crema hasta el café y el marrón, según la cantidad de barro y el grado de
evaporación de las aguas saladas.
Las aguas se reparten por dos canales principales subdivididos, a su vez, en otros cinco que
alimentan una densa red de canales menores, encargados de llevar el agua a los [[205]] estanques. La
andenería parece precolombina, por la fineza que se observa en el labrado de la piedra. Se estima que
existen unos 3,000 estanques, cuyas dimensiones varían entre 2 x 5 y 5 x 10 metros, sobre una
superficie total de 9 a 10 ha.
Complementaria de las labores agrícolas en el calendario, la extracción de la sal es también
estacional, pero no tan marcada como en el caso de San Juan de Salinas. El agua demora de dos a
cuatro semanas en evaporarse, según el sol y el viento reinantes. La sal se bate con marunas, se barre
con maderas y se coge en canastas; luego se mete en costales para llevarla afuera. La Empresa
Nacional de la Sal también tiene allí una oficina y es el único comprador legalmente autorizado.
143

Aunque esta sal también se considera como de uso industrial, y, por lo tanto, de menor valor, en
muchos casos se vende a otras personas para el consumo humano y para la elaboración de charqui o
carne seca.

Fig. 93: Trabajo en las


Fig. 92: Las salineras en andenes de Maras (Cusco, salineras de Maras. PM.
3200 m.s.n.m.). PM.
Los estanques son de propiedad individual, recibida por herencia de los padres; los
propietarios suelen poseer de dos a cinco estanques. Aunque la mayoría de ellos son comuneros de
Maras, también hay propietarios de otras comunidades e incluso de otros distritos de Huayllabamba.
Aquí también, se puede observar claramente la división en fajas verticales (fig. 88), que data de
cuando se construyó los andenes hace siglos; pero la propiedad actual es dispersa, de la misma manera
que la de las parcelas de cultivo de las familias en la zona.
Más que las de San Juan, las salinas de Maras requieren frecuentes labores de mantenimiento y
limpieza de los canales, obstruidos rápidamente por la sal que cristaliza. Participan todos los
propietarios de estanques. Existe también una organización que [[206]] controla la repartición del agua
salada. Aunque ésta fluye todos los meses, su caudal no alcanza a satisfacer las demandas de los
propietarios. Durante el mes de junio, por ejemplo, cuando el sol es más fuerte a causa de los cielos
despejados, algunos propietarios tienen que esperar unos días para recibir agua en sus estanques, una
vez que han secado la sal. Los turnos son generalmente de cuatro horas. Se pueden sacar por lo menos
cuatro o cinco "cosechas" al año.
144

Discusión
Aparte de las mencionadas, también se conocen otras fuentes artesanales de sal en la sierra, sin
contar con los inmensos salares de Bolivia (Lecoq, 1987) y del norte de Chile. Ravines (1978: 65), aún
sin ser exhaustivo, cita siete de ellas, incluyendo la de Huarhua, en la provincia de La Unión,
departamento de Arequipa (ver cap. 3.5), a donde acudían campesinos provenientes de los
departamentos de Arequipa, Cusco y Apurímac para extraer sal con picos y palas. Allí también se
produjeron conflictos con la Empresa Nacional de la Sal, que quiso negar el libre acceso a estas sales a
los campesinos, reservándose no sólo el derecho de compra sino también el de extracción. Otras
salinas citadas por Ravines son las de Ayacucho y Huancavelica (Ibid.: 66) y las del distrito de Juli,
provincia de Chucuito, departamento de Puno, donde en los lugares denominados Jisk'ajayu y
Jach'ajayu los campesinos llenan ollas y platos varias veces con agua salada hasta obtener bloques de
sal en el interior de los recipientes, para luego venderla en los mercados y ferias de la zona.
No obstante la variación de los casos es posible notar algunos elementos comunes: el empleo
exclusivo de energías renovables (solar y secundariamente humana), el aporte de un ingreso adicional
a los sectores necesitados, la complementariedad con el calendario de las labores agrícolas, la
semejanza a la vez técnica y social con la agricultura en cada región considerada.
Sin análisis químicos detallados, nos es difícil comentar objetivamente la calidad de la sal. Sin
embargo, podemos señalar algunos hechos. Muchos otros manantiales salados de la sierra, como los
de Yura (Arequipa), San Pedro (Cusco), Luicho (Arequipa) y Putina (Puno) tienen aguas muy
codiciadas por sus propiedades medicinales. El aprecio que muchísimas generaciones de lugareños
sienten por las sales de Maras y San Juan de Salinas, así como la enorme inversión realizada en la
construcción de andenes, también permiten suponer que no son dañinas, sino más bien saludables, y es
muy probable que puedan ofrecer - aunque en pequeña cantidad - minerales indispensables para el
organismo humano. Al mismo tiempo, el alto grado de salinidad impide el florecimiento de microbios
patógenos.
La clasificación por la Empresa Nacional de la Sal, como "industrial" y "no apta para el
consumo humano", de sales que el hombre ha ingerido durante siglos, sería francamente ridícula si no
le permitiera comprarlas por la cuarta parte del precio que las revende, en el mismo lugar y sin
ninguna transformación (Sur, 03-1980: 28). El Estado peruano tiene acceso a otras fuentes de ingresos
aparte de la que se le saca al sector más pobre del país, el campesino serrano. Estos son los planteos
que hacen los mismos productores. Debido a este problema en San Juan de Salinas tuvo lugar una
huelga cuyo resultado fue la elevación del precio pagado por la Empresa a los productores.
Este tema de las técnicas tradicionales se relaciona con la problemática nacional de la sal. En
1972 la Empresa Nacional de la Sal decidió concentrar la producción nacional en las Salinas de
Huacho, en la parte costeña del departamento de Lima. La compra, por [[207]] doscientos millones de
soles, de una planta de molienda grande, resultó equivocada, la planta nunca funcionó en la forma que
se esperaba y los costos de producción aumentaron. Entonces, en 1973 la Empresa Nacional de la Sal
entregó gran parte del mercado nacional de la sal a la empresa Química del Pacífico, una subsidiaria
de la firma estadounidense Morton Salt Company, que también eleva el precio de la sal. Este arreglo
se mantinene hasta la fecha. Los incrementos sucesivos en los precios de los combustibles
incrementan a su vez las diferencias del precio de la sal entre Lima y las provincias, dada la sucesiva
concentración e importación de este producto en la capital y sus alrededores. Se nota, entonces, que la
misma empresa que marginaliza a los productores tradicionales andinos, desnacionaliza a la vez la
producción nacional. Las nuevas técnicas supuestamente avanzadas no resultaron adecuadas.
Estos están dispuestos a defender sus recursos y sus técnicas de explotación. Por otra parte, la
Empresa Nacional de la Sal considera más conveniente cerrar algunas fuentes tradicionales de la sal y
limitar el acceso y el empleo de otras, restando fuentes de alimento e ingresos a los campesinos
tradicionales. Los paralelismos con la agricultura y la ganadería tradicionales son evidentes, en un país
que depende cada vez más de alimentos importados, mientras desestima y no estimula a los alimentos
tradicionales.
145

1.3. Pastizales de regadio para alpacas en la alta puna (el ejemplo de


Chichillapi)
Félix PALACIOS RIOS 91

Un atardecer de mayo de 1975, nos disponíamos a acampar en un desolado lugar de la


cordillera, luego de aligerar la carga de nuestras llamas. Era el segundo día de caminata. Esta vez,
Nolberto Chambilla me tenía de compañero y ayudante en su viaje para aprovisionarse de papas, ocas
y quinua en las comunidades agricultoras de "abajo", a orillas del Lago Titicaca.
La conversación vespertina versó naturalmente sobre el ganado - llamas y alpacas:
- "¿Y qué pasaría si todos los ganados se muriesen?
- "Nos moriríamos". Contestó indubitable.
- "¿Por qué?" Pregunté ingenuo.
- "Mira - me dijó solemnemente - nosotros criamos a los ganados y el ganado nos cría a
nosotros (...hiwasaha uywa uywataña, uka uywaha hiwasaru uyusitu...").
Creo que muy difícilmente hubiera encontrado yo la fórmula que defina la sociedad de
pastores aymara en tan pocas palabras, como las dichas por don Nolberto. Lo pongo en aymara,
porque el castellano no logra expresar el sentido íntimo de estas palabras. El verbo uywaña significa el
cuidado casi maternal de algo, en este caso el ganado y la gente. Encierra un gran contenido de afecto
y cariño. En contraste, existe el verbo awatiña que significa "pastar", cuidar de lejos sin relación de
cercanía entre el hombre y el animal. Es el verbo usado cuando se refieren al cuidado de las ovejas o
las vacas.
[[208]] Chichillapi es la más extensa de las comunidades de la provincia de Chucuito; cubre 43,000
hectáreas, a una altura promedio de 4,500 m.s.n.m., y sus ciento cincuenta familias (536 habitantes)
crían aproximadamente 30,000 alpacas.
La estación meteorológica más cercana se encuentra en Mazo Cruz, capital del distrito (figs.
82 y 89), a "solamente" 4,050 metros de altura. La temperatura media anual es de 4°C, el promedio
anual de las máximas oscila alrededor de 15°C, mientras que el de las mínimas varía de 0°C en la
temporada de lluvias, cuando las nubes reducen las pérdidas nocturnas de radiación, a -15°C, y menos,
en plena estación seca. El total de lluvias, un poco superior a los 500 mm/año, representa solamente la
mitad de la evaporación potencial (Banegas y Morlon, 1980), y más del 80% caen de diciembre a
marzo, siendo de 5 a 7 meses totalmente secos.
En un clima como éste, la agricultura al aire libre es absolutamente imposible, y el crecimiento
de las plantas de los pastizales es a la vez lento y estacional. La vegetación de la puna es una estepa
irregular, en que predominan las matas duras de gramíneas silíceas (ichu) y de plantas espinosas -
¡mediocre recurso como forraje! Sólo algunas hondonadas o lugares planos a orillas de los ríos,
constantemente húmedos, ofrecen una vegetación tierna y de buen valor nutritivo: son los bofedales
(oqho en aymara), habitat y fuente de alimentos preferidos por las alpacas (fig. 94); las llamas son
mucho menos exigentes. En los bofedales se "echan" a las alpacas hembras y machos y a las llamas
hembras. Los machos de las llamas pastan con frecuencia en los cerros altos, de vegetación seca y
espinosa; por su "brutalidad sexual", siempre se mantienen separados de las hembras.
Como explica un comunero:
"Parece que esta chinka [una planta acuática, ¿Zannichelia palustris?] es más alimento de
todos los pastos, porque las mantiene bien a las alpacas su lana, sus dientes y tienen peso.
Sólo que las alpacas tienen que aprender a meter el hocico en el agua para comer la chinka".

91
Extractos y citas de la tesis de Magister en Antropología sostenida en la Universidad Católica de Lima en 1977
y del artículo "Pastizales de regadío para alpacas" (in: "Pastores de Puna", J. Flores Ochoa, ed., 1977). Selección,
complementos y notas por P. Morlon.
146

Una alpaca "de bofedal" puede "...dar en dos años, de diez a doce libras de lana, mientras que
en sitios secos dan de tres a cuatro libras de lana, esta es lana seca como de la llama...". "Sólo
se les saca [de los bofedales] en tiempo de parición para que las crías no se ahoguen o
mueran de frío cuando caen al agua..."
Durante la época de lluvias no hay problemas de pastos, hay forraje tanto en las zonas altas
como en las partes bajas de la comunidad. Los pastores se trasladan hacia las laderas de los altos
cerros. Durante la época seca, por el contrario, la cantidad de pastos para el ganado se reduce
solamente a los bofedales, que en esta estación pueden soportar hasta un límite de tres alpacas por
hectárea: es la extensión de sus bofedales la que determina el tamaño del rebaño de cada pastor.
Por consiguiente, gran parte de los esfuerzos físicos de los comuneros de Chichillapi están
dirigidos hacia la "construcción" o el agrandamiento de bofedales, por medio de canales de irrigación
(fig. 95). Aunque existen bofedales naturales, estos se limitan a lugares de poca extensión (sitios
aledaños a manantiales, pequenas quebradas o a orilla de los ríos); en otras comunidades, los más
extensos están alrededor de los lagos u ocupan el fondo de valles glaciares (fig. 96).

Fig. 95: Alpacas pastoreando un bofedal artificial, regado por el canal que se ve
en el primer plano (Diciembre; cerca de Ventilla, Bolivia, 4300 m.s.n.m.). PM.

Fig. 96 : Alpacas en un bofedal natural, ocupando un rellano dejado por los


glaciares (Noviembre; Qariya, Nor-Potosí, Bolivia, 4200 m.s.n.m.). PM.
Dejemos que un comunero nos relate la tecnología de la preparación de bofedales:
147

"Para hacer un bofedal, hay que ver primero el suelo. Si es plano, en pendiente, si es bajada o
subida. Si es plano se le saca varias zanjas y ya está. (...) Si hay un morro, se saca agua desde
más arriba, se lleva el agua por la ladera y se inunda el sitio donde se quiere formar el
bofedal. (...) Luego se tiene que asegurar que nunca falte agua. Cuando falta agua, las plantas
comienzan a quemarse desde la raíz. Cuando la raíz se quema, la planta ya no resucita nunca.
En el mejor de los casos, demora hasta catorce años en resucitar. Un iral [pasto donde domina
el iro, Festuca orthophylla] tarda de dos a cuatro años en volverse bofedal, siempre y cuando
nunca falte agua. Y si no falta agua puede durar hasta el fin del mundo. (...). El iral que es un
pasto duro y seco que sólo comen las llamas y los caballos, y que crece en terrenos
completamente secos, se debe inundar de agua constante, de este modo el iral se [[209]]
empieza a podrir y seguro que esto mismo sirve de abono; luego con el tiempo, poco a poco,
empieza a cambiar el pasto. Aparecen el k'uli y la tiña que son pastos que siempre están
verdes. También aparece el llachhu*, que es gran alimento hasta para las vacas. Hay
bofedales que tardan en lograrse un poco más de tres años (...), y otro como el bofedal de los
Lube [una familia del sector de Laka] que hace veinte años están regando y hasta ahora los
iros no se han podrido completamente. La razón debe ser (...) que los Lube están regando con
agua de manantial, que se seca o baja de caudal en tiempo seco.
Casi todos sabemos hacer canales para regar los bofedales. Algunos bofedales (...) son muy
antiguos. Lo único que hacemos ahora es agrandarlos, haciendo irpas que pasen por las
partes altas de la ladera y que inunden más grandes pampas.
Para hacer una irpa, hay que saber por donde puede pasar. No tiene que haber mucha
pendiente porque se rompe el canal. Pero tienen que tener la suficiente bajada para que pueda
correr suficiente agua. Hay que ver, además, los terrenos por donde va a pasar, si son
arenosos, no pueden hacer curva, porque el agua tiene como dedos que ahuecan el canal.
Entonces hay que poner ch'ampas [terrones con pasto y raíces, cf. cap. 1]. También se puede
hacer de piedra, pero siempre es mejor con ch'ampa que resiste más al agua.(...) El agua tiene
que ser llevada por partes altas, para que pueda ir más lejos, hasta donde uno quiera. Luego
se sacan otros canales más chicos para inundar el iral o regar el bofedal. (...) Hay canales
que son muy grandes (hach'a irpa) y tienen bastante antigüedad, han sido hechos por los
abuelos 92, nadie sabe desde cuando están".
[[211]] De la observación de los bofedales existentes en la comunidad de Chichillapi y de los canales
que los irrigan, se puede abstraer el siguiente patrón de riego de los bofedales, en el caso de que el río
discurra entre dos laderas de pendiente suave. En la parte más alta, aguas arriba, se sacan dos canales
principales o hach'a irpa, uno en cada ribera. Estos hach'a irpa, que tienen un caudal considerable de
agua, son llevados por las partes más altas de las laderas, en pendiente muy suave, para que lleguen lo
más lejos posible. (...) Nunca se hacen canales en línea recta, sino que se los construye en forma
zigzagueante, para evitar que el agua adquiera velocidad, reduciendo por consiguiente la erosión que
podría causar en los canales. Un poco más abajo de la primera toma se construye una segunda,
semejante a la primera, con un hach'a irpa a cada lado. Del canal más alto se sacan varios canales
pequeños (hisk'a irpa) que inundan y riegan toda la superficie comprendida entre éste y el segundo
canal, éste ultimo sirve asi, también, de colector para las aguas que provienen del más alto. A su vez,
del segundo canal se derivan hisk'a irpas que inundan y riegan la superficie comprendida hasta el río,
que corre por las partes más bajas. Y se puede repetir aguas abajo.
Además de numerosos bofedales pequeños, alimentados por manantiales, Chichillapi tiene
cuatro grandes, que coinciden con los cuatro sectores de la comunidad. Tomaremos como ejemplo el
de Laka (fig. 97), que se extiende sobre una planicie suavemente inclinada, por cuyo centro se

92
La expresión se refiere, por lo general, a las épocas precolombinas. Cf. la Visita a la misma provincia de
Chucuito por Garcí Diez en 1567: "Algunos años suelen ser tan estériles de agua que padece el ganado
detrimiento y cuando esto sucede les es forzoso abrir acequias para regar la tierra para que nazca la yerba" (p.
160, Fray Domingo de Loyola); "...y si en algunas partes las ovejas [de Castilla] no se dan bien es por la falta
de los pastores y por no haber quien les trate bien y les busque buenos pastos y por andar en ciénagas" (p. 164,
Melchior de Alarcón).
148

desplaza el río Chila. Aguas arriba hay dos tomas que se dirigen hacia ambas márgenes. El canal de la
margen derecha mide al comenzar 1.70 m de ancho por 0.60 de profundidad, y recorre 16 km. El de la
izquierda mide al comienzo 2.10 m por 0.80; a 500 metros de la toma, después de alimentar varios
canales pequeños, se divide en dos, de 0.50 m de ancho por 0.45 de profundidad: uno, de 17
kilómetros de largo, para las zonas altas, y otro, de 9 km, para las zonas bajas. De estas tres irpas
principales o hach'a irpa se derivan numerosos hisk'a irpa o canales pequeños, para regar las 2,200
hectáreas del bofedal, en el cual es frecuente observar, en la temporada seca, de tres a cuatro mil
alpacas. Ningún comunero sabe cuando se construyeron los canales principales.
Alrededor de este inmenso bofedal, tienen sus casas nueve familias.

Utilización y acceso a los bofedales


Para el pastor de Chichillapi, el ideal es tener acceso a diferentes pastizales, dispersos a
diferentes altitudes y zonas ecológicas dentro de los límites de la comunidad, para aprovechar de los
diversos tipos de vegetación de una estación del año a otra, y para contar con una reserva permanente
de forraje en pie. Ello le permite amortiguar las incontrolables variaciones climáticas, de las cuales las
más graves son las sequías; además, la rotación de pastos constituye una medida sanitaria contra las
enfermedades y parasitos.
Aunque los comuneros afirman que se podría "echar el ganado de enero a enero" en los
bofedales , sin que éstos se deterioren, prefieren llevarlo a las alturas en tiempo de lluvias, ya que hay
pasto verde y abundante en todas partes. Como en este tiempo se produce la parición, sería riesgoso
mantener en los bofedales a las madres con sus crías.
Durante la estación seca, es absolutamente necesario para todo pastor tener acceso al menos a
un bofedal. Los más pequeños, alimentados por un manantial o un arroyo, pertenecen por lo general a
una sola familia. Los grandes son compartidos por varias familias; todas las personas que viven
alrededor de un bofedal pueden "echar" (pastar) sus ganados en él. Cada familia posee sus "echaderos"
conocidos sobre los cuales ostenta titulos de propiedad o aduce posesión desde tiempos inmemoriales.
El derecho de acceso a los bofedales se transmite por los hombres, y todo individuo se identifica como
perteneciente al sector de la comunidad en el cual se encuentra el bofedal de su familia.
[[212]] El agua de los canales puede ser propia, cuando uno mismo la saca del río y pasa por las
propiedades del comunero. Pero también se puede tener acceso al agua de canales que han servido a
las propiedades de comuneros vecinos. En este caso, "...se puede suplicar al vecino que nos pase el
agua, a los que han sacado de arriba y que ya han regado su bofedal. Se pide agua para mantener el
bofedal..."
Con frecuencia se originan disputas entre colindantes, por pastar ganado en sitios que
corresponden a otros dueños. Tales conflictos, fuente de enemistad entre las familias de un mismo
sector, se arreglan de modo amistoso, o son sometidos a las autoridades comunales, cuya función se ve
asi reafirmada.
El trabajo anual de limpieza y de mantenimiento de los canales se realiza después de la
estación de lluvias, durante la segunda quincena de abril, y no constituye, al contrario de lo que sucede
con los agricultores, un evento social o ritual importante. Cada familia limpia la parte que pasa por su
propiedad.

[[213]] Conclusión
De no existir los bofedales en la puna alta del sur del Perú (fig. 98) y del oeste de Bolivia, el
paisaje se presentaría desolado, seco y espinoso, sobre todo en la temporada seca. Pero,
remontándonos una vez más al pasado, dejemos la palabra a Garcilaso de la Vega (1609):
149

Fig. 98: Vista aérea de bofedales en la estación seca. Las zonas húmedas aparecen en negro; se
puede observar el trazo de los canales de riego que salen del río (Nuñoa, Puno, 4000 m.s.n.m.).

"[El Inca Viracocha] (...) entre otras cosas que mandó hacer, fue sacar una acequia de agua
de más de doce pies de hueco, que corría más de ciento y veinte leguas de largo 93; empezaba
de lo alto de las sierras que hay entre Parcu y Picuy, de unas hermosas fuentes que allí nacen,
que parecen caudalosos ríos. Y corría el acequia hacia los Rucanas; servía de regar los
pastos que hay por aquellos despoblados, que tienen diez y ocho leguas de travesía y de largo
toman casi todo el Perú.
Otra acequia semejante atraviesa casi todo Cuntisuyo y corre del sur al norte más de ciento y
cincuenta leguas 7 por lo alto de las sierras más altas que hay en aquellas provincias, y sale a
los Quechuas, y sirve o servía solamente para regar los pastos cuando el otoño detenía sus
aguas. De estas acequias para regar los pastos hay muchas en todo el Imperio que los Incas
gobernaron (...). Puédense igualar estas acequias a las mayores obras que en el mundo ha
habido, y darles el primer lugar, consideradas las sierras altísimas por donde las llevaban, las
peñas grandísimas que rompían sin instrumentos de acero ni hierro, (...) y que no supieron
hacer cimbras para sobre ellas armar arcos de puentes con que atajar las quebradas y los
arroyos. (...) Las acequias eran de diez, doce pies de hueco, por la parte de la sierra a que
iban arrimadas.
Esta [acequia], que viene atravesando todo el distrito llamado Cuntisuyo, vi en la provincia
llamada Quechua, (...) y tiene todo lo que he dicho, y la miré con mucha atención (...). Los
Españoles, como extranjeros, no han hecho caso de semejantes grandezas, ni para
sustentarlas ni para estimarlas, ni aun para haber hecho mención de ellas en sus historias
(94); antes parece que a sabiendas, o con sobra de descuido, que es lo más cierto, han
permitido que se pierdan todas." (Libro V, capitulo 24).

No todas, felizmente...

93
Garcilaso carga las tintas (exagera), a menos que reúna numerosos canales diferentes en uno solo. De todas
maneras, repite la "historia oficial" de sus antepasados incas, los mismos que, como todo colonizador, pretendían
haber llevado la civilización a pueblos bárbaros. Muchas de esas obras eran anteriores a ellos.
94
Lo mismo puede haber ocurrido con otras infraestructuras, que no encontramos mencionadas en las Crónicas
de la época (camellones o qocha, ver más abajo 4.2.2. y 4.2.3): el hecho de que no hayan sido descritas en las
"historias" destinadas a la publicación, no quiere decir entonces que no estaban utilizadas en la época.
150

1.4. Las "campiñas" 95


1.4.1. Las prácticas agroforestales
Carmen FELIPE-MORALES, Pierre MORLON, Carlos REYNEL

Si se cree al mismo Garcilaso, los canales de regadío no son lo único que desapareció con la
conquista española:
[[214]] "Conocí el valle del Cuzco adornado de innumerables árboles de estos tan
provechosos, y en pocos años le vi casi sin ninguno; la causa fue que se hace de ellos muy
lindo carbón para los braseros, y aunque al encender chispea mucho, después de encendido
guarda el fuego hasta convertirse en ceniza." (1609, Libro VIII, capítulo 12).
Pedro Cieza de León, que permaneció en el Cuzco quince años después de la conquista (en
1548), tiene una visión más optimista de las cosas:
"Cerca desta ciudad hay muchos valles templados, y adonde hay arboledas y frutales y se cría
lo uno y lo otro bien: lo cual traen lo más dellos a vender a la ciudad. [...] Y hay plantados en
los lugares que digo muchos naranjos y otros árboles de frutas de España y de la misma tierra
[...] [cap. 93]. En este valle de Yucay ["El valle sagrado" del Urubamba, fig. 89] han puesto y
plantado muchas cosas de las que dije en el capítulo precedente. Y cierto en este valle y en el
de Bilcas [en el actual departamento de Ayacucho], y en otros semejantes (según lo que
paresce en lo que agora se comienza), hay esperanza que por tiempos habrá buenos pagos de
viñas y huertas, y vergeles frescos y vistosos. [...] En esta provincia de Condesuyo asimismo
hay muchas frutas de las naturales y muchas arboledas" (cap. 94).
Cieza confirmaba aquí lo que decía Pedro Sancho de la Hoz, en los días mismos de la
Conquista:
"La parte de Condisuyo hacia el mar en derecho del Cuzco (...) es tierra de muchos árboles y
montes y están muy poco poblados." ([1534] 1968: 327).
[[215]] La presencia de estos valles arbolados era tanto más sorprendente por cuanto se hallaban
aislados en medio de inmensas extensiones casi desprovistas de árboles, con las que se encontraron, de
norte a sur de los Andes peruanos, todos los cronistas.96 Los textos de Garcilaso y de Cieza nos dejan
adivinar una gran variedad de especies, frutales o no, y, a pesar de las destrucciones, una continuidad
indudable desde el punto de vista del paisaje creado, entre los Incas y los españoles.
Los primeros eran muy inclinados a pasar temporadas en el valle de Yucay, y plantaban
árboles sagrados en torno a algunos de sus templos y palacios, como aquél en que los españoles
encontraron al Inca, la primera vez, en Cajamarca en noviembre de 1532 (Cristóbal de Mena, [1534]
1968: 141, Francisco de Jerez, [1534] 1968: 223), o los de Pacaritambo, uno de los lugares míticos del
origen de los Incas (Cabello Balboa, [1586] 1951: 260-261). Los segundos añadieron a los árboles
frutales indígenas los que trajeron del viejo mundo: no solamente naranjos, sino también peros,
manzanos, duraznos, cerezos, higueras... Introducidos en el siglo XIX, los eucaliptos (E. globulus)
constituyen lo esencial de las plantaciones actuales, hasta el punto de haber sustituido,
desgraciadamente, la mayoría de los demás árboles en la Sierra.
La presencia del árbol como parte integrante de la chacra del campesino constituye un
elemento normal. El árbol o el arbusto no están allí por casualidad o azar, sino porque desempeñan
una o varias funciones complementarias dentro del sistema productivo del campesino. Podemos citar

95
Utilizamos aquí la voz 'campiña' en el sentido que tiene comúnmente en el Perú, algo diferente del que tiene
en España, donde designa un "espacio grande de tierra llana labrantía".
96
Cf. Miguel de Estete, [1535] 1968, p. 397, citado al comienzo del capítulo 3; Francisco de Jerez, [1534] 1968,
p. 218; Juan Ruiz e ArceE, [1645] 1968, pp. 425-427; Pedro Sancho de la Hoz, [1534], 1968, pp. 326, 331;
Bernabé Cobo, [1653] 1956, p. 255-256 y 468-469; etc...
151

la protección y conservación del suelo agrícola; el mantenimiento de un microclima local benigno; la


protección de la propiedad; la conservación de la flora y la fauna, etc. Constituye además una fuente
importante de energía combustible o leña para uso doméstico, de forraje para el ganado. Y provee
diversos productos: frutos, medicinas, tintes, etc. para el poblador rural... Es en las campiñas donde
son más numerosas las prácticas agro-forestales, aunque también puede observárselas en otras formas
de utilización del terreno. El deterioro de las prácticas agro-forestales en el curso de los últimos siglos
ha tenido numerosas consecuencias perjudiciales. La disminución del número de árboles, incluso su
casi desaparición en ciertas regiones, ha acarreado una gran escasez de leña. A falta de leña el
campesino quema los excrementos del ganado (bosta) como combustible, en lugar de utilizarlos como
abono orgánico (wanu o guano) en las tierras cultivables (figs. 50, 51, 52). Se llega así a la paradoja,
grave, de que en una región donde predomina tanto la ganadería, como el Altiplano, la erosión se ve
facilitada por la falta de materia orgánica en el suelo, ya que se quema la mayor parte de las
deyecciones animales recogidas.

En un primer inventario sobre la Sierra peruana (C. Reynel y Carmen Felipe-Morales, 1987;
ver igualmente Otarola, 1987), hemos identificado 20 prácticas agro-forestales tradicionales
actualmente utilizadas. Se pueden clasificar de acuerdo a sus funciones, por ejemplo:
- Producción de madera. Las especies más utilizadas son el aliso (Alnus jorullensis), el q'olle
(Buddleia coriacea) y el quishuar (Buddleia incana).
- Delimitación de los terrenos y protección de los cultivos contra los animales, con cercos vivos
a menudo espinosos (fig. 99): "uña de gato" (Caesalpinia sepiaria); agaves (maguey: Agave
americana, y cabuya: Fourcroya andina); tuna (Opuntia ficus-indica); zarzamora (Rubus
robustus).
[[219]] - Protección de los cultivos contra el viento, el sol, las heladas (ver más adelante 4.3).
- Protección del suelo contra la erosión y conservación del agua (fig. 100), por medio de
barreras vivas perpendiculares a la pendiente, hechos con especies arbustivas: mutuy (Cassia
hoockleriana y C. tomentosa), retama (Spartium junceum); marco (Ambrosia arborescens);
lupino (L. mutabilis); chilca (Baccharis sp.).
- Mejoramiento de la fertilidad del suelo, utilizando por ejemplo, como abono orgánico para las
papas y el maiz, la capa orgánica producida por la descomposición del follaje de especies tales
como el molle (Schinus molle), el aliso (fijador del nitrógeno) y el chachacomo (Escallonia
resinosa).
- Estabilización de infra-estructuras de interés agrícola, tales como muros y canales de riego,
sobre todo cuando son de pendiente fuerte (fig. 101), empleando una asociación de gramíneas y
de leñosas (Cortaderia jubata; chilpe, Solanum nitidum).
- Secado y almacenamiento de la cosecha, sobre todo árbol con una horqueta a la altura
adecuada (fig. 102); las especies más utilizadas son el sauco (Sambucus peruviana), el cerezo de
los Andes (capuli, Prunus serotina) y los eucaliptos.
- Asociación con gramíneas forrajeras y abrigo para el ganado (Polylepis spp., Buddleia spp.,
Escallonia resinosa).
[[220]] Varias de las especies citadas producen frutos, y algunas forraje de complemento en la
estación seca (maguey = agave). Una misma especie o asociación cumple a menudo varias funciones a
la vez.
Los paisajes andinos siguen oponiendo en nuestros días grandes espacios desnudos a las
campiñas, especie de boscajes. Cada una de ellas es de poca extensión, pero son muy numerosas
desde el nivel del mar hasta más de 4,000 metros (figs. 103 y 104). Es una de esas campiñas, la de
Yungay, que ocupa 9 km2 a 2,500 metros de altura, al pie de la Cordillera Blanca, en el Callejón de
Huaylas (fig. 89), que vamos a presentar a continuación.
152

Fig. 103: Arbolado sobre una ladera (Noviembre; Llupapuquio, Andahuaylas, 3400/3500 m.s.n.m.). PM.

Fig. 104: Arbolado sobre una ladera con andenes (Agosto; Huancaya, Alto Cañete, 3600 m.s.n.m.). PM.

[[221]] 1.4.2. La campiña de Yungay en 1949


Eraclides VERGARAY LARA 97

Para que una unidad agraria sea campiña, es necesario que reúna una serie de condiciones:
además de un suelo de buena calidad, agua en abundancia, y el relieve del terreno, juegan papel
importante la pequeña extensión de la propiedad, los cultivos intensivos, el arbolado, el habitat y la
ausencia total de la gran propiedad agrícola o ganadera.
Para hacer una campiña se prefieren lo terrenos planos y bajos, a causa de la facilidad del
trabajo, y los fértiles suelos aluviales, enriquecidos de continuo por los elementos que arrastran los

97
Según el "Estudio geográfico de la campiña de Yungay," Trabajos del Instituto Francés de Estudios Andinos,
1949, pp. 59-106. Selección, resumen y notas por P. Morlon.
153

canales de regadío (aunque existen algunas campiñas en las vertientes, incluidos los andenes (figs. 87,
103, 104). Como las tierras de este tipo atraen a mucha gente, su propiedad se subdivide en manos de
una población campesina por tradición. Cada propietario las trabaja minuciosamente y de manera
intensiva, para obtener el mayor rendimiento posible. En su parcela siembra hortalizas, granos, papas,
etc., y a los lados planta árboles frutales, o árboles para leña. A veces, cuando tiene ganado, reserva
una franja para cultivos forrajeros, a la vez que dedica otra para almácigos...
Otro elemento básico de la fisonomía de la campiña es el arbolado, que le da de lejos la
apariencia de un bosque, pero dispuestos de modo tan ordenado que forman algo semejante a un
tablero de ajedrez.
El cuidado de la parcela y el cultivo intensivo hacen que los agricultores se establezcan en el
propio lote, pero como son muchos, son también numerosas las casas, esparcidas naturalmente entre el
arbolado.

Límites de la campiña
La campiña se va desvaneciendo poco a poco en su periferia, hasta perder sus características y
convertirse en un paisaje diferente, en la forma y en el espíritu; pero entre la campiña y la estancia 98
hay una zona de transición.
En primer lugar, la propiedad se halla mucho menos dividida en los alrededores de la campiña,
pues esos terrenos son mucho menos buscados a causa del relieve y de la lejanía al centro urbano.
Pertenecen a los latifundistas, y la agricultura no es allí de panllevar ni intensiva. Las casas son menos
numerosas pero más grandes, y la modesta vivienda se ve reemplazada por la casa hacienda, que por
lo general es de dos pisos con columnas, un patio, varios graneros y grandes corrales alrededor. A
veces, sin embargo, lo que uno encuentra son chozas miserables, ocupadas no por el hacendado sino
por el peón que cuida sus tierras.
Otra diferencia es la constitución de los cercos, que aquí no son ya arbustos o árboles, sino
pircas (muros de piedra) o cercos de alambre. El pequeño agricultor de la campiña no está en
condiciones de sacrificar terreno para levantar allí tapias, sino que planta árboles que no le cuestan
nada, y que además de cercar el predio le ofrecen frutas [[222]] o madera. Es por eso que la campiña
tiene plantaciones de árboles, y que alrededor de ella, allí donde predomina la gran propiedad, ese
aspecto boscoso se ve sustituido por otro de grandes potreros; y, cuando hay árboles, son ralos y
raquíticos, a causa del poco cuidado que reciben, y porque el relieve mismo no los favorece, por falta
de agua, o, al contrario, por exceso. En fin, en esta zona de transición encontramos poca población
humana, pero sí abundante ganado de tipo "industrial."

La ocupación de los suelos


De las 900 hectáreas de la campiña de Yungay, 52 son demasiado rocosas o escarpadas para
ser utilizables. En los bordes de las terrazas aluviales, o en las hondonadas, 79 están ocupadas por
árboles como el molle (Schinus molle), el quishuar (Buddleia, cuya madera, muy resistente, sirve para
confeccionar mangos de herramientas) y el huarango (Acacia macracantha, especie más pequeña que
la que crece en la costa); plantas espinosas suculentas, como el maguey (Agave americana) y la tuna
(Opuntia tuna), así como una multitud de leguminosas y gramíneas.
Las pastos naturales sólo ocupan 38 hectáreas, allí donde el suelo es demasiado pobre o
húmedo para la agricultura; 81 ha. de tierras, cultivables pero pobres o a las que no llega bien el riego,
no son cultivadas más que de vez en cuando, luego de varios períodos de descanso.
En fin, en 650 hectáreas, o sea el 72 % de la extensión total, se cultiva intensamente un gran
número de especies: (por orden de importancia de las extensiones cultivadas) maíz, alfalfa, papas,

98
Palabra que designa aquí propiedades agrícolas sin riego.
154

eucaliptos, frijoles, quinua, pacae (Inga feuillei, especie de Acacia, cuyas grandes vainas azucaradas
son comestibles), trigo, coliflor, calabaza, camote, arvejas, yuca, maguey (agave, forraje para la
estación seca, cuyo tallo floral se utiliza en la construcción), capulí (cerezo de los Andes), cebada
forrajera, naranjos, sauces, "cedro" (Leguminosa cuya madera de color rosa, odorífera e insectífuga, se
valoriza altamente), arracacha, cebollas, ajo, lechuga, lúcumas, tunas, membrillos, molle, aliso, nogal,
etc...
Con tal variedad de cultivos, el calendario de trabajos se distribuye a lo largo de todo el año.

Propiedad de la tierra
En la campiña de Yungay la propiedad se ha dividido hasta el punto de que ya no cubre las
necesidades de los agricultores; acontece por ejemplo que una familia de seis personas no posee más
que un cuarto de hectárea. De las 900 hectáreas que comprende el conjunto, 550 están repartidas entre
840 propietarios, de los cuales solamente 12, considerados aquí como "haciendas," tienen entre 4 y 6
hectáreas. El resto pertenece a la Sociedad de Beneficencia Pública de la ciudad de Yungay, que los
alquila en lotecitos.
50 % de las tierras son trabajadas directamente por su propietario, y son las que producen los
mejores rendimientos; 20 % lo son por el aparcero, 26 % en arrendamiento, y 4 % por un
administrador que trabaja las tierras del "hacendado", a cambio de una parte de las cosechas y de un
pedazo de terreno.

Métodos de cultivo
La familia campesina comienza por regar una o varias veces para ablandar la tierra; en seguida
pasa el arado y desmenuza los terrones que éste pone al descubierto; de paso fertiliza la tierra y saca
las malas hierbas, que bota al pie de los cercos, o quema en el mismo lugar.
[[223]] Una de las grandes ventajas de la campiña es la densa red de acequias de riego que llevan el
agua a los menores rincones. Es tal el caudal de los canales principales, de los que parten centenas de
ramales, que muchos de ellos mueven molinos; son limpiados todos los años por los habitantes de
cada caserío.
El agua entra a la parcela por una pequeña bocatoma, y corre ya sea a lo largo de surcos
estables que duran toda la estación, para los frijoles, quinua, camotes y coliflores; ya sea por surcos
hechos en el momento de cada riego, para el maíz, el trigo y las zanahorias.
A fin de controlar el agua de riego en las parcelas accidentadas, que presentan una doble
inclinación con fuertes desniveles, se trazan los surcos paralela o perpendicularmente alvértice,
llamado maman, es decir en quechua "ahí donde nacen los surcos" (fig. 1054.9); cuando esa cresta es
de regulares dimensiones, se deja crecer en ella el pasto, y si es más grande, árboles; de ese modo no
se pierde nada de terreno.
Se emplean solamente dos formas de abono. La primera es el guano de corral, producto de la
recolecta por el campesino de los excrementos de los animales que cría: cuyes, cerdos, carneros, asnos
o vacunos; lo poco que reúne de tiempo en tiempo se esparce por la parcela en pequeños montones,
unos días antes de la preparación del suelo. Pero su cantidad no es, por lo general, suficiente,
obligando a alternar el abonamiento, un año sí y otro no, en cada parcela. La otra es el guano de isla,
de la costa, cuyo empleo como complemento es aquí relativamente reciente, y sólo se aplica en
pequeña escala, a causa de la reducida capacidad económica de los campesinos.
En general no se cultiva una sola especie pura, sino que se intercalan dos o tres plantas
diferentes: maíz, quinua y frijoles; maíz y frijoles; papas y quinua, etc.
Actualmente, son ya numerosos los agricultores que introducen nuevas plantas que resisten
mejor a los insectos y a las enfermedades de hongos, y que rinden más, como el trigo "101" y la
cebada cervecera, que maduran también en menos tiempo; comienzan a plantar viñedos y manzanos,
155

y, lo que es más estimulante, el 30 % de los campesinos han tomado la costumbre de comprar semillas
de nuevas hortalizas.99
De modo paralelo, los agricultores dejan de lado los cultivos que rinden menos o que no tienen
demanda [a causa de la competencia de otras regiones], cosa que ha sucedido con el tabaco y la caña
de azúcar.

La ganadería en la campiña
En un sitio donde la tierra es escasa, y donde cada agricultor llena al máximo sus parcelas con
cultivos de panllevar, uno no esperaría encontrar tal variedad de animales domésticos: cuyes, aves de
corral, carneros, cerdos, cabras, asnos, caballos, bovinos. Su alimentación proviene de las hierbas que
crecen espontáneamente al pie de los cercos o al borde de los caminos, en los terrenos pedregosos o
los terrenos de monte; otra fuente son los residuos dejados en las parcelas después de la cosecha, y las
plantas silvestres que crecen entre dos períodos de cultivo. Se cultivan igualmente parcelas de alfalfa y
de cebada, cuya producción se vende a menudo por anticipado a los vecinos, dando el mismo resultado
económico que las papas o el maíz.
[[224]] Los productos y ventajas que saca el agricultor de esta crianza de animales son múltiples:
- La carne de los cuyes, carneros y cerdos como no se les mata todos los días, se conserva una
parte de ella en forma seca y salada (charqui). En cambio, los campesinos no están acostumbrados a
consumir leche, y lo poco que obtienen lo venden en la ciudad, así como los el ganado vacuno.
- Los bueyes jalan el arado, y los asnos transportan la carga y, desde luego, todos los animales
producen excrementos que se utilizan como abono.
- Los pellejos de los carneros o de las cabras, simplemente secados, sirven como tapete para
dormir sobre el suelo; también se fabrica con ellos calzados simples y rústicos, y tambores, mientras
que con las tripas se hacen cuerdas para arpas. Con el cuero de los bovinos se hacen monturas y aperos
para los caballos, y con el de estos animales fuertes cinchas y finas sogas.
- Y qué decir del uso de la lana, ya que los campesinos se hacen ellos mismos, con ella, toda su
ropa: es lavada e hilada por las mujeres, que tejen vestidos y cinturones, mientras que los hombres
fabrican en el telar ponchos y frazadas.

Comercialización de los productos


Los agricultores poseedores de una cierta extensión siembran para vender en centros de
consumo como Huallanca, Huaraz (capital del departamento, fig. 89), e incluso Lima, adonde llevan
papas, maíz, naranjas y troncos de eucalipto, así como huevos, cueros y ganado en pie. Un lugar de
comercio más cercano es la feria que se realiza en Yungay, y asimismo la venta cotidiana de leche y
de leña, que los campesinos van a ofrecer de madrugada en las calles de Yungay.

[[225]] Migraciones y trabajo asalariado


A pesar de que es muy difícil caracterizarla de manera más precisa, si se tienen en cuenta los
datos disponibles, se puede calcular la densidad de población en la campiña, aproximadamente y
excluyendo la ciudad de Yungay misma en más de 300 habitantes por kilómetro cuadrado. Ello no es

99
Es de subrayar que estas observaciones de terreno se contradicen totalmente con los juicios que el mismo
Vergaray Lara expresa, inmediatamente antes en el mismo texto, sobre la ignorancia e incapacidad para el
cambio de los campesinos: "Nuestro campesino (...) no se da cuenta de la exposición de los terrenos al sol, al
viento; no sabe distanciar una planta de otra para que tengan un buen desarrollo, etc. etc. (...) Por otra parte no
tiene iniciativa para adaptar nuevos cultivos (...)". Los ejemplos de esta contradicción entre los prejuicios y las
observaciones de campo son frecuentes en la literatura sobre los campesinos.
156

una excepción en el valle del Santa, ya que se da la misma densidad en las campiñas de Caraz,
Carhuaz, Yungar y Huaraz (fig. 89)100
Los hombres se ven, pues, en necesidad de buscar nuevos recursos, de obtener dinero. Los
hombres se van a trabajar a otras partes: más de 1,500 van a trabajar en las islas guaneras durante un
período de 4 a 7 meses por año, reclutados en la misma Yungay por los agentes de la Compañía
Administradora del Guano; cuando regresan, entre octubre y diciembre, compran herramientas,
víveres, ropa, y el resto de la plata les sirve a unos para mejorar sus campos, y a otros para beber y
festejar.
Un número más pequeño va a trabajar en las obras hidroeléctricas del Cañón del Pato; otro, en
fin, se dirige a las haciendas de la costa, donde trabajan como simple jornaleros en condiciones tales
que al retornar al cabo de tres meses, a lo más, ya no tienen el menor deseo de volver por allá.
Todos aquéllos, luego de salir a otros sitios, regresan a cultivar sus tierras. Otros, menos
numerosos, emigran definitivamente a los grandes centros de trabajo de la costa: Chimbote, Lima,
Callao. Exodo que no afecta a los viejos, ni a familias enteras, y los que se van no venden sus tierras;
son hombres y mujeres jóvenes, que ofrecen sus servicios los unos como obreros, y las otras como
empleadas domésticas.

100
En la época en que escribió Vergaray todavía no se habían llevado a cabo los trabajos de Murra sobre la
verticalidad andina. No sorprende, por lo tanto, que su texto no permita saber de manera cierta si los campesinos
de la campiña explotaban o no recursos situados en otros pisos ecológicos en el valle, además de las migraciones
que se mencionan aquí.
157

2. Hacia la reconciliación de lo antiguo y de lo nuevo 101


2.1. La rehabilitación de andenes
Luis MASSON, Carmen FELIPE-MORALES, Pierre MORLON

"[Los Incas] procuraban siempre, en cuanto la disposición de la tierra daba lugar, que sus
sementeras fuesen de regadío, no sólo donde se carecía de agua del cielo, sino también donde
había temporal suficiente; y para esto hacían dos cosas de sumo trabajo y no poca industria:
la primera, que allanaban las tierras agrias y dobladas que cultivaban, para que estando
llanas, se pudiesen regar, arar y cultivar más cómodamente, y también porque desta manera
aprovechaban muchas tierras que sin esta traza fueran del todo estériles y sin provecho.
Allanábanlas haciendo en las laderas andenes, que ellos [[226]] llaman pata102, levantando a
trechos paredes de piedra que tuviesen la tierra, y poníanla igual y pareja a nivel de una
pared a otra; y eran estos andenes más y menos anchos, según la cuesta era más o menos
empinada." (Cobo, 1653, Libro XIV, cap. 8).
Las terrazas agrícolas construidas en los Andes Centrales desde hace unos veinticinco siglos son
extremadamente diversas.103 Refiriéndose a las más perfeccionadas, de un perfil de suelo enteramente
artificial (Ellenberg, 1979: 411), Donkin ha podido escribir que "los Incas llevaron el arte del trabajo
de la piedra y de la construcción de andenes hasta un punto en que dejaba de ser simplemente
utilitario: combinaba el atractivo estético y la demostración del poderío imperial" (1979: 132). Es en
ellos que se piensa en primer lugar, en general, cuando se habla de terrazas (fig. 106). Su extensión ha
sido estimada en un millón de hectáreas en el Perú (Masson, 1984).

Fig. 106: Andenes


imperiales incaicos;
la escala está
indicada por los
visitantes
(Ollantaytambo,
Cusco, 2700
m.s.n.m.). PM.

[[227]] Pero existe una extensión, quizás aún mayor, de terrazas "rústicas", que nunca tuvieron muro
de contención de piedra, pero en las que se utilizó para contener el suelo una barrera viva de

101
Ver el artículo de Elías Mujica, "El rescate de las tecnologías andinas prehispánicas. Un comentario
bibliográfico." Gaceta Arqueológica Andina, 14 (1987), Lima, p. 29-30.
102
La palabra pata designa todo terraplén, cualquiera que sea su origen (natural o artificial) o su empleo
(agricultura, construcciones). Es muy frecuente en los nombres de lugares.
103
Este no es el lugar para una descripción completa; remitimos pues al inventario de la ONERN en el Perú, y a
la obra de Donkin (1979), con sus cientos de referencias bibliográficas.
158

vegetación, lás más de las veces arbustiva (fig. 100). La terraza se forma progresivamente, a medida
que la barrera viva retiene el suelo arrastrado por el agua de escurrimiento, o desplazado por los
trabajos agrícolas. (Reynel y Felipe-Morales, 1987: 55-61). Como mencionamos a propósito de la
agroforestería, la vegetación leñosa fue destruida en muchos lugares, provocando un reinicio de la
erosión que modifica el perfil original de las terrazas, acentuando cada vez más su declive. La ladera
presenta entonces un perfil en escalera, con peldaños inclinados.
De una manera muy general, una gran parte de las terrazas construidas antiguamente ha sido
abandonada y se ha deteriorado (figs. 107 y 108). Se ha adelantado, como explicación, dos tipos de
causas: naturales y antrópicas (Donkin, 1979, Masson, 1984 y 1987). Entre las primeras, se puede
retener los sismos, que no sólo destruyen los andenes sino también los reservorios y canales que los
alimentan. En cambio, los cambios climáticos no pueden explicar el abandono de terrazas a todas las
alturas desde el nivel del mar hasta más de 4,000 metros, sobre ambas vertientes de los Andes:
desértica hacia el Pacífico y muy húmeda hacia la Amazonia (Denevan, 1987, Morlon 1991 y 1992,
Bouysse-Cassagne et al., 1992).

Fig. 107: Erosión sobre una ladera antaño con andenes (San Juan de Salinas,
Puno, 3850/4050 m.s.n.m.). PM.
Se puede atribuir los factores más importantes a la historia de la sociedad y de las actividades
humanas. El impacto de la conquista española, acentuado luego de la independencia (capítulo 3.3), no
afectó solamente las estructuras sociales, políticas y culturales, sino igualmente los sistemas
ecológicos administrados por la sociedad. Bajo el virrey Toledo, se obligó a los indígenas a abandonar
sus dispersas casas para ir a vivir [[228]] en las aldeas que se crearon (reducciones): las distancias se
hicieron demasiado grandes para ir a atender numerosos terrenos, lo cual se vio agravado por las
exigencias en fuerza de trabajo por los españoles (minas, obrajes, trabajo doméstico). Si se añade la
caída demográfica de los siglos XVI y XVII, y la introducción de animales pesados con cascos
(bovinos), se entiende el abandono y la destrucción de decenas de millares de andenes. En nuestra
época, a proximidad de las ciudades, los muros de contención sirven de "canteras" para extraer
piedras...
159

Fig. 108: Andenes de


cultivo todavía utilizados
aunque malogrados por el
paso del ganado
(Diciembre; Huascoy,
Chancay, 3500 m.s.n.m.).
PM.

La construcción de nuevas terrazas, sin embargo, no cesó nunca por completo en el Perú. Hace
veinticinco años los campesinos todavía lo hacían en la provincia de Andahuaylas (Vallejos et al.,
1967: 12) y en Q'ero, en el departamento del Cuzco (Luis Barreda, comunicación personal).
En Cuyo-Cuyo, en la cordillera oriental de Puno,
"Es importante señalar (...) que, si bien ya no se construyen nuevos sectores de andenes, los
andenes derrumbados son rápidamente rehabilitados. Entre junio y agosto toda familia
campesina dedica una parte considerable de su tiempo a la rehabilitación de andenes
derrumbados por efecto de lluvias y deslizamientos.
En 1977 la comunidad de Ura Ayllu rehabilitó integramente una manda de andenes que,
según la tradición local, estaban en desuso desde el tiempo de los Incas. Una parte
considerable de este sector fue destinada a la Empresa Comunal y otra repartida entre los
comuneros a título individual" (Camino, 1978b: 68).

[[229]] Las rehabilitaciones o reconstrucciones de andenes deteriorados han sido impulsadas por
diversas personas o instituciones, a partir más o menos de 1975. En el Altiplano, fue en esa época que
la comunidad de San José de Collana restauró aquéllas de las antiguas terrazas que eran accesibles y
cultivables con tractor, y que el obispado de Ayaviri, entre sus temas de catequesis, incluyó éste: "la
creación fue entregada inacabada al hombre, y es él quien debe completarla."
Desde 1985 el gobierno apoya financieramente este tipo de trabajo, y numerosas personas e
instituciones se han dedicado a ello - con métodos, competencias técnicas, y, por tanto resultados...
muy diversos.
He aquí los resultados provisionales de dos años de reconstrucción de antiguas terrazas
deterioradas, en el marco de un pequeño proyecto relacionado con la parroquia de Asillo en el
Altiplano (fig. 89). (Cf. igualmente Masson, 1984 y Portocarrero, ed., 1986).
160

2.2. Una experiencia de reconstrucción de antiguos andenes en el


Altiplano
Claudio RAMOS VERA 104
A los campesinos de las comunidades de Asillo les faltan tierras: el promedio cultivable por
familia alcanza apenas a una hectárea. Las grandes propiedades los han empujado a las laderas, donde
no han podido mantener su tecnología y organización social para la conservación del suelo,
provocando una espectacular erosión y el relleno del cauce de los ríos, y por lo tanto inundaciones
cada vez más graves. Entre los 3,900 y 4,200 metros de altura, se cultivaba en otros tiempos las
laderas en terrazas. Los campesinos nos han declarado, en sus asambleas, que hace apenas uno 30 ó 40
años, la capa arable tenía en todas partes más de 40 cm de profundidad, la producción de tubérculos y
granos era mucho más abundante, así como la hierba en período de descanso.
Algunas de estas terrazas están completamente destruidas. Las piedras de los muros de
contención y de los sistemas de drenaje han sido amontonadas en medio de los campos, o han servido
para levantar cercos, o empleadas para cimientos de casas. Una vez destruidos los muros, la erosión se
reinicia y reconstituye poco a poco la pendiente original del terreno...con 50 cm de buena tierra
desaparecidos.
En numerosos sitios, sin embargo, los restos de andenes son aún utilizables, a condición de
restaurar los muros de contención. Las razones ecológicas que determinaron su construcción son aún
válidas, y pensamos que hay que restablecerlos usando las mismas técnicas (pero no construir otras
totalmente nuevas de acuerdo a modelos no adaptados a las condiciones climáticas de la región).

[[230]] Estructura de los andenes


Designados localmente como patilla (derivado de pata), se da en dos tipos principales:
- Los andenes sin muro de contención ("rústicos"). No ha habido en su construcción aporte de
materiales exteriores, sino sólo una remodelación del suelo preexistente. Se protege los taluds contra la
erosión por medio de arbustos o de matas de gramíneas altas y duras (Festuca, Stipa); actualmente, en
las laderas en las que no hay piedras, los campesinos las sustituyen con terrones que contienen una
densa red de raíces.
- Los andenes con muro de contención (inca pirca o rumi pirca) son de piedras calcáreas o
areniscas apiladas sin desbastar, lo cual deja espacios que permiten la aereación del suelo. Su
inclinación exterior es de más o menos 80º, su altura de 0,5 a 3 metros, y sus fundamentos sólidos. El
relleno detrás del muro comienza con piedras grandes, luego con grava; por encima una capa arcillosa
(llink'i) soporta la capa arable, de una profundidad de 40 a 60 cm y más rica en materia orgánica. Las
terrazas tienen una longitud de 5 a 100 metros y una anchura de 2 a 20 metros, con una extensión que
va de unas decenas a varias centenas de metros cuadrados.
El perfil varía de acuerdo con la naturaleza del terreno (fig. 109): en suelos arenosos, a menudo
poco profundos, en los que el agua se filtra rápidamente, la superficie es plana. En suelos arcillosos,
poco permeables y en general profundos, la terraza tiene una pendiente frontal de 5 a 30 %

Drenaje
A veces con una inclinación lateral (de 5 a 30 % como máximo), las terrazas se entrecruzan en
las pendientes, muy a diferencia en ello de las terrazas imperiales incaicas (figs. 110 y 111). La

104
Se ha tomado esta presentación de documentos de trabajo y exposiciones de C. Ramos (1984, 1986 a y b).
Síntesis y notas por P. Morlon.
161

evacuación de las aguas excedentarias en estación de lluvias se ve asegurada por tres clases de
drenaje:105
- zanjas oblicuas, de más o menos 20 x 20 cm de sección, y con una longitud de algunas decenas de
metros. Son de tierra y piedras, y desembocan en:
[[232]] - amontonamientos de piedra (soqa), en el sentido de la pendiente y al lado de las terrazas, cuyo
probable origen es el despedregamiento de las terrazas. Con una longitud de 10 a 50 metros, una
anchura de 1 a 3, y un espaciamiento de 5 a 50, hacen más lento el curso del agua y facilitan su
infiltración.
- la canalización con piedras de los escurrimientos naturales en las vaguadas. Estos canales, con una
anchura de 60 a 100 cm, y con una profundidad de 40 a 60, desembocan en ríos y lagos. Actualmente
se hallan obstruidos, y el agua vuelve a socavar sus costados.
En algunos sitios hallamos canales subterráneos, que pasaban por debajo de las terrazas.

Almacenamiento del agua de escurrimiento


Pequeños reservorios de algunos metros cúbicos (puhu), situados a la salida de las zanjas en
diagonal, o en la base de los soqa, recogen el agua de escurrimiento. Sirven para regar las terrazas
cuando se presentan episodios secos en la estación de cultivos, y para hacer abrevar al ganado cuando
pastorea allí luego de la cosecha. En los terrenos permeables son de piedra con un revestimiento de
mortero (mezcla de cal, arena y savia gelatinosa de cactus);en suelos arcillosos no están revestidos.
Los kotañas son reservorios más grandes (de 3 a 8 metros de diámetro o de lado, por uno de
profundidad), excavados en terrenos impermeables, allí donde la topografía es favorable en la ladera.
Sirven de abrevadero para el ganado al comienzo de la estación seca, de abril a junio.

Historia y organización social de la reconstrucción


La mayoría de las comunidades del distrito de Asillo están abandonando muchas prácticas
recíprocas o colectivas. En tres de ellas el sistema de trabajo en mandas o aynocas (cap. 2), que antes
de la invasión de tierras por las grandes propiedades era comunal, persiste, pero administrado
individualmente. En las que han reconstruido terrazas, no queda de las mandas más que recuerdos
relatados por los campesinos de más de sesenta años. Por ejemplo en Campuyo había ocho mandas, y
la asamblea comunal distribuía las parcelas a todos los comuneros para los dos o tres años de la
rotación (papas, quinua, cebada).
El factor común, quizás único, que da cohesión al conjunto de comunidades es la Federación
Distrital de Campesinos, a la que todos respetan y consideran su organización.
La sequía de 1983 redujo en 85 % la producción agrícola del distrito, con efectos a largo plazo,
por la falta de semillas, para al menos tres años. Se decidió por ello aceptar la ayuda alimentaria de
CARITAS, a cambio del compromiso de trabajar para restaurar terrenos de cultivo - hace treinta o
cuarenta años los campesinos aún reconstruían sus andenes; en la actualidad hemos hallado un solo
caso en el distrito.
Tomaremos como ejemplo el proceso de reconstrucción en la comunidad de Ipacuna:

105
El diseño general es el de un sistema de drenaje. Pero ciertas estructuras (soqa) están por encima del nivel
actual del suelo, lo cual hace pensar en un sistema de riego. Esta contradicción aparente se explica de dos
maneras. La erosión, si se juzga a partir de ese desfase, habría arrastrado una capa de suelo oscilando entre los
50 cm y un metro, según los lugares. Pensamos por lo demás que el sistema permite a la vez evacuar de modo no
erosivo las aguas de escurrimiento superficial, con ocasión de episodios lluviosos intensos, y de recuperarlas, ya
sea para hacer abrevar el ganado, ya sea para el riego de terrenos en la parte baja: en efecto, al comienzo de la
estación, alternando con períodos secos (veranillos), las lluvias de las tormentas corren sin penetrar en el suelo.
162

a) Tomamos contacto con los dirigentes y participamos en una asamblea. Intentamos sensibilizar
a los campesinos sobre la importancia de esta técnica que en otros tiempos fue la suya, y que
reconocen haber destruido ellos mismos sistemáticamente (¿influencia de la desestructuración social?
¿o del desprecio por las técnicas tradicionales, como contraparte de la difusión de las modernas?).
[[233]] b) Recorrimos las laderas con ellos, para constatar y analizar los problemas de erosión y sus
consecuencias en la producción agrícola.
c) Se acordó iniciar el trabajo en todo el territorio de la comunidad en junio de l983. Sin
embargo, en noviembre no se había hecho aún nada, pues:
- el terreno era duro en la estación seca,
- la propiedad de las tierras en las laderas se hallaba repartida de modo desigual, y también lo
serían, en consecuencia, los beneficios del trabajo;
- los campesinos no tenían confianza en los resultados y consecuencias del proyecto.
d) Se volvió a realizar una asamblea en enero de 1984; se tomó la decisión de que solamente
tomarían parte los que quisieran, cuyo número aumentó progresivamente.
e) Después de constatar que no se avanzaba sino cuando todos trabajaban en el mismo sitio, se
constituyeron grupos de 20 a 30 personas, por sectores geográficos.
f) Cada grupo funcionaba de acuerdo a los principios andinos del turno y de la reciprocidad
(ayni): en cada vuelta trabajaba todo el grupo un solo día en la parcela de cada uno. Algunos
comuneros no participaron más luego de que los comuneros hubieron trabajado su parcela: se resolvió
el problema eliminándolos para las vueltas siguientes, y sustituyéndolos por nuevos candidatos.
g) Además de la mano de obra, los campesinos aportaron sus herramientas: picos, lampas,
mazos, barretas, raucana, chaquitaclla, carretillas. En compensación recibieron víveres de Caritas
según el número de días en que habían trabajado.
El acabado y nivelamiento antes de la labranza fueron realizados por cada campesino en su
terraza. Posteriormente otros comuneros, individualmente, continuaron con la restauración de los
andenes con las mismas técnicas.
El tiempo de trabajo va de 225 a 2,270 días por hectárea, con una media de 600 106; entre las
causas de las variaciones se encuentran el estado de degradación, la altura de los muros, la pendiente,
la disponibilidad de materiales, la época de trabajo (humedad del suelo), etc. En promedio igualmente
(hombres y mujeres) un adulto construyó dos metros cuadrados de muro de contención por día de
trabajo.
La restauración o reconstrucción del muro se hace con piedras en forma de prismas alargados,
que pueden tener hasta un metro de largo por 50 cm de ancho. En el aparejo se dejan espacios entre
ellas. El interior es rellenado de acuerdo al antiguo modelo descrito más arriba.
Se escoge la época de acuerdo a dos criterios: trabajar en un suelo no demasiado duro, y por lo
tanto en época de lluvias; y llenar los huecos del calendario de trabajo de los campesinos, teniendo en
cuenta sus ocupaciones no agrícolas.

Resultados y perspectivas
En cuatro años se rehabilitaron 28 hectáreas de terrazas. La reconstrucción, tal como se ha
descrito aquí, interrumpe el proceso de degradación y erosión pero ¡no reconstituye de inmediato un

106
A una misma altura y a 150 km de allí, pero en condiciones mucho más difíciles (falta de piedras y de
herramientas, fuerte declive que no permitía la utilización de carretillas, etc), ese tiempo llega a 2,500 días por
hectárea (Coolman, 1986). En el Callejón de Huaylas, Vera (1986) indica una media de 438 días por hectárea,
sobre 350 hectáreas en total.
163

suelo rico y profundo! Ello explica la pequeña diferencia de [[234]] rendimientos de papas con las
terrazas no rehabilitadas, lo cual implica el riesgo de desanimar a los campesinos:

Rendimiento de papas (t/ha, promedio de las comunidades participantes)


1985-86 1986-87 *
Terrazas rehabilitadas 12 6
No rehabilitadas 10 5,5
Laderas sin terrazas 5 2
* sequía en febrero y marzo

Se necesitará muchos años con aporte de fertilizantes, a la vez orgánicos (guano de corral,
pastizales temporales) y minerales, para que esta inversión produzca resultados espectaculares.
Se requerirá igualmente reelaborar poco a poco todas las reglas de manejo técnico de los cultivos
en andenes, los que necesariamente serán diferentes de los de hace 50 o 100 años: a la vez porque la
situación socio-económica ha cambiado, y porque se dispone de un abanico mucho más amplio de
técnicas utilizables.
164

2.2. La arqueologia aplicada al desarrollo agrícola: la reconstrucción


de camellones precolombinos en el Altiplano
Ignacio GARAYCOCHEA, Claudio RAMOS, Pierre MORLON

Introducción
Sin duda el título de esta exposición chocará tanto a los arqueólogos tradicionales, cuya
ciencia se halla exenta de toda aplicación práctica, como a la gran mayoría de agrónomos y demás
"desarrollistas", poco inclinados a considerar algo indígena y prehistórico como una técnica con
porvenir. La estrecha colaboración entre ambas disciplinas parece asaz incongruente 107. Pase todavía
considerar que, si muchísimos campesinos utilizan aún una técnica tradicional, es porque de una
manera o de otra se adapta a su situación. Pero ¿qué decir de una técnica abandonada casi en todas
partes desde hace siglos? Y sin embargo...
Aunque han sido brevemente descritos por los viajeros alemanes Max Uhle en 1923 (Rowe,
1954: 86) y Karl Kaerger en 1899,108 los camellones de las llanuras del [[235]] Titicaca no han sido
realmente descubiertos sino hace veinte años. En un artículo magistral, Smith et al. (1968) revelaron a
la vez la existencia y la extensión de los vestigios, y plantearon las preguntas esenciales en cuanto al
papel y la utilización de los camellones, así como a las épocas de su construcción y de su abandono.
No podemos comenzar mejor nuestra exposición sino retomando sus datos e hipótesis:

2.2.1. Los camellones en la cuenca del Titicaca,


(Resumen del artículo de Smith, Denevan y Hamilton, 1968)
Los camellones son una de las formas que permiten cultivar regiones pantanosas o inundables.
Hacen alternar franjas de terreno excavadas (surcos o canales), con otras por encima del nivel del agua
gracias a la tierra sacada de las primeras (figs. 112, 113, 114). Se trata de estructuras permanentes,
más grandes que los camellones hechos anualmente con la taclla para el cultivo de la papa y que se
destruyen en la cosecha (capítulo 1). En las muy pocas zonas donde todavía se practica agricultura en
camellones permanentes, éstos a su vez sostienen camellones anuales más pequeños, las más de las
veces perpendiculares a su eje.
[[237]] Los restos de camellones presentan un desnivel que va de 15 cm, en el caso de los más
erosionados, a 1,25 m; su anchura está comprendida entre 2 y más de 25 metros; y su longitud entre
unos cuantos y más de 500 metros.
Su disposición geométrica en el terreno puede ser clasificada en seis patrones: "damero
abierto", "cerrado irregular," "fluvial," "lineal," "en escalera" y "en peine" (fig. 115). Patrones que
pueden haber correspondido a diferencias en los problemas de humedad, las épocas de su
construcción, o la organización social: campesinos individuales o grupos importantes, en este último
caso con todo un sistema de canales de varios kilómetros.

107
Este ejemplo no es sin embargo el único, ni el primero. Durante los años 70, un programa de "arqueología al
servicio del hombre" trabajó en los sistemas de andenes y riego en el "valle sagrado" del Urubamba.
108
"De esto se deduce que los antepasados de los indios permitieron a la papa un amplio margen de desarrollo,
muy por encima de las necesidades reales (...) la mayor economía en el uso de la tierra se debe a los españoles y
constituye un avance." !!! (P. 21 de la edición peruana de 1979).
165

Fig. 112: Siembra de papas sobre camellones recientemente reconstruidos; detrás, restos de camellones tal
como se les encuentra sobre miles de hectáreas (Diciembre; Huatta, Puno, 3815 m.s.n.m.). PM.
Nota : los primeros camellones reconstruidos eran planos por encima,
lo que no resulta; se prefiere hacerlos alomados o en techo.

Fig. 113: Cultivo de cañihua sobre camellones recientemente reconstruidos


(Abril; Sucasco, Puno, 3815 m.s.n.m.). PM.

Fig. 114: Cultivo de avena sobre camellones reconstruidos (Mayo; Asillo, Puno, 3900 m.s.n.m.). PM.

[[238]] El examen de fotos aéreas permite calcular su superficie en al menos 82,000 hectáreas, cuya
parte cultivable sobrealzada representa la mitad. Su ubicación está claramente limitada a las zonas
166

planas húmedas, entre los 3,800 y 3,900 metros de altura, pero su distribución es muy desigual ((fig.
116): los dos tercios, o sea 56,500 hectáreas, se encuentran en la planicie al sur de Juliaca, utilizada
extensivamente en pastizales por las grandes propiedades (haciendas); no los hay en las llanuras de
Taraco y de Ilave, cuyo medio natural es semejante pero donde predomina la pequeña propiedad
cultivada: "Es probable que todo resto de antiguos sistemas de cultivo haya sido destruido allí." Los
camellones fueron construidos para ser trabajados con herramientas manuales como la taclla; el arado
los destruye.
Orurillo, Asillo,
Nuñoa, Santa Rosa

?
?

Fig. 116: Localización de las zonas con restos de camellones alrededor del lago
Titicaca (síntesis de varias fuentes)
En los camellones aún cultivados, la rotación es la que se halla ordinariamente en estas
altitudes: papas; quinua o cañihua; cebada; al menos tres años de descanso pastoreado.
Una función evidente de los camellones consiste en recuperar tierras pantanosas, o defender
los cultivos contra las inundaciones. Pero no se sabe con seguridad si eran construidos para evacuar
el agua, o para retenerla y regar. Ciertos patrones impiden su evacuación, "se puede pensar que
había un esfuerzo consciente de conservar el agua," lo cual ofrece claras ventajas en el clima de la
región: ya sea para atenuar un riesgo [[239]] siempre presente de sequía en la estación de cultivos; ya
sea, en estas llanuras donde el aire frío que se acumula por la noche ha significado siempre graves
riesgos de helada, para reducirlos gracias al calor almacenado de día por el agua. Algunos restos de
canales de riego parecen ligados a ciertos patrones. Otro papel probable de la construcción de los
camellones era el de traer a la superficie capas de suelo menos alcalinas (en la superficie, antes de la
reconstrucción, el pH es ahora con frecuencia superior a 8), y la utilización como abono verde de la
vegetación del canal.
Todas estas interpretaciones son hipótesis; sería también necesario relacionar las alturas de las
diferentes zonas de camellones con las variaciones del nivel del lago. "Es cierto que servían para
extender el área de tierras cultivables; es probable que en muchas zonas de camellones lo que se
buscaba era más la conservación del agua que un rápido y efectivo drenaje, y es claro que en unas
pocas zonas los camellones estaban asociados con sistemas de irrigación primitivos."
¿Por qué y cuándo fueron abandonados? En una comunidad los campesinos nos dijeron que
ello tuvo lugar "en tiempos de nuestros abuelos."109 Oficialmente, se dice que es a causa de las
heladas en la llanura. Pero éstas han existido siempre: "La ausencia de cultivos sobre la mayor parte
de la planicie cerca del Titicaca se debe más al sistema de tenencia de tierras y al sistema de pastoreo
extensivo de las grandes haciendas, que al deficiente drenaje, a la baja fertilidad del suelo y al
peligro de heladas." "En una foto aérea de la evaluación de recursos de ONERN,110 los camellones de
Requeña [cerca de Taraco] están incluidos en una categoría clasificada como apta solamente para la

109
Ambigua expresión que designa con más frecuencia épocas muy antiguas que el siglo XIX, como consideran
Smith et al..
110
Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales.
167

pesca y la vida silvestre (ONERN-CORPUNO, 1965, t. 3, mapa 39). Probablemente fue una ventaja
para lo antiguos agricultores que cultivaban los camellones el no haber podido aprovechar las
modernas evaluaciones de recursos."
¿Cuándo fueron construidos? La población no sabe nada al respecto. En una sola comunidad,
Requeña, la gente del lugar, que los llama waru-waru, los atribuye ya sea a los Incas, ya sea a los
Aymaras antes de los Incas. Todos están de acuerdo en que, desde que llegaron los españoles, no se
hicieron más.
No son mencionados en los textos de la época colonial (111), lo cual hace pensar que quizás ya
habían sido abandonados. En todo caso, no son cultivados desde la apropiación de la tierra por parte
de las haciendas, en su mayor parte a fines del siglo XIX y a comienzos del XX (Romero, 1928;
Chevalier, 1966; Martínez, 1962), aunque a veces bastante antes. Fueron construidos con, y hechos
para ser cultivados con taclla, no con el arado. Se hallan muy erosionados, aplanados, y no los hay
sobre los depósitos aluviales recientes. En fin, es probable que su construcción fuese una respuesta a
una fuerte presión poblacional sobre los recursos alimentarios, y que quedasen abandonados cuando la
misma disminuyó como secuela de la conquista española - en el caso de la provincia de Chucuito la
población bajó en un 57 % entre el último censo inca y la inspección de 1567 (Smith, 1970, según los
datos de Garcí Diez, [1567] 1964), y fue sólo en 1940 que la población alcanzó el nivel de antes de la
Conquista (cf. fig. 181).
[[240]] Se puede tener por lo tanto la certeza de que fueron construidos antes de ésta. ¿Se puede
precisar algo más? Al norte del lago Umayo, algunos camellones están asociados con restos Colla del
período Chullpa (entre 1,100 y la conquista inca, hacia 1445), y en Bolivia otros parecer estarlo con
restos de estilo Chiripa (600 antes - 100 después de J.C.) contemporáneos, al otro extremo del lago,
de la civilización Pukara (que mencionaremos otra vez a propósito de las qocha).

2.2.2. El proyecto arqueológico "Campos elevados" en Huatta (Erickson, 1982,


1983, 1986, 1989; Erickson y Candler 1989; Garaycochea 1984, 1986, 1987a y b).
Diez años después del artículo precedente, un geógrafo residió en el Altiplano, donde describió
la adaptación de los patrones de camellones a la geomorfología y a los regímenes hidrológicos
(Lennon, 1982, 1983). El arqueólogo Clark Erickson le sucedió en 1981.
Los resultados arqueológicos (Erickson, 1987) confirmaron globalmente las hipótesis de Smith
et al.: los restos de camellones contienen polen de quinua y cañihua; la estratigrafía y las dataciones
por termoluminiscencia y carbono 14 muestran que hubo dos fases principales de construcción: la
primera, de los siglos X a V antes de J.C., corresponde a las civilizaciones Qaluyu luego Pukara, y la
segunda a las etnías Qolla y Lupaka después del año 1,000 de nuestra era. Un primer período de
abandono (del siglo I al V después de J.C.) correspondería al dominio de Tiahuanaco, y un segundo
(siglos XIV - XV) al de los Incas. Al otro extremo del lago el fenómeno es a la inversa: se
construyeron camellones durante Tiahuanaco, y se dejó de hacerlos cuando esta civilización
desapareció hacia el año 1,000 de nuestra era. Lo cual sugiere que los abandonos fueron provocados
por cambios políticos y no naturales (el clima, por ejemplo).
En la época contemporánea, y en cerca de 10,000 hectáreas, considerando sólo la llanura entre
Juliaca y Huatta, se han producido destrucciones definitivas por:
- la construcción de la vía férrea y carreteras (que son sobrealzados por medio de bulldozers que
rastrean a ambos lados): 1,800 hectáreas;

(111) Veinte años más tarde, tampoco pudimos encontrar menciones para la región del Titicaca. En cambio, para
el norte de Ecuador, Caillavet (1989) encontró, en documentos manuscritos españoles, pruebas de que los
camellones estaban utilizados en el siglo XVI y que se traía agua por medio de canales para hacer artificialmente
el terreno muy húmedo.
168

- la expansión urbana de la ciudad de Juliaca: 2,600 ha. ya destruidas en 1983, y 1,500


directamente amenazadas. La ciudad tenía menos de 5,000 habitantes en 1945, y se ha
expandido a más de 100,000 personas, empujadas por el éxodo rural en el Altiplano;
- las tentativas de agricultura mecanizada en las grandes propiedades: a fin de poder cultivar con
tractor, proceden primero a un nivelamiento con bulldozer...y se encuentran entonces con terrenos
planos pero no cultivables, e improductivos a causa de las heladas y del exceso de agua. Al menos
5,000 hectáreas (Garaycochea, 1983).

Historia del Proyecto


"Al comienzo, C. Erickson no se propuso ninguna aplicación práctica para nuestra época.
Más allá de las técnicas habituales de excavación, emprendió un ejercicio de arqueología
experimental - una rama de esta ciencia en la que los investigadores tratan de recrear las
antiguas condiciones y de poner nuevamente en funcionamiento objetos antiguos, con el solo
fin de responder a interrogantes científicas. Buscó entonces aplicar los resultados de sus
excavaciones para recrear en la vida real no solamente los campos, sino también la manera
en que los antiguos se organizaban y los habían [[241]] cultivado. Una vez efectuado ello, y
tangibles los resultados, "nos dimos cuenta de que el sistema era tan prodigioso que podía tal
vez ser re-introducido en la región, en lugar de sistemas que dependen de grandes gastos en
máquinas y abonos químicos."" (Stevens, 1988).
La comunidad escogida fue Huatta (fig. 116), la cual, con más de 4,000 ha, es una de las pocas
que dispone de grandes extensiones de pastizales naturales en llanura, en su mayor parte sobre restos
de camellones (ver capítulo 6.1). En 1981 los campesinos se sentían muy escépticos y estaban
convencidos de que de todas maneras las heladas destruirían todo cultivo efectuado en la planicie. A
cambio de semilla de papa mejorada, C. Erickson obtuvo sin embargo la aceptación de un campesino,
y ambos reconstruyeron juntos 3 camellones, totalizando 220 m2 cultivables. Una helada de febrero de
1982 dañó seriamente los cultivos hechos en la llanura; en los camellones los daños fueron más
ligeros, permitiendo un rendimiento de 17 t/ha de superficie cultivada (8,5 en relación con la extensión
total, incluidos los canales).
En 1982-83, C. Erickson añadió al proyecto un agrónomo peruano, Ignacio Garaycochea, y
obtuvo la colaboración de diversas instituciones. Uno de los 4 sectores de la comunidad y un grupo
agro-artesanal decidieron reconstruir un total de 6 camellones, pero los resultados fueron
decepcionantes a causa de la sequía. Esta provocó en toda la región una grave falta de semillas en
1983-84, por lo cual el ofrecimiento de aportarlas gratuitamente motivó fácilmente a los 4 sectores de
la comunidad, que, con la participación de 280 campesinos, reconstruyeron 2 hectáreas de camellones.
La lluvias diluvianas de enero de 1984 inundaron muchos cultivos, y demostraron por contraste el
interés de los camellones con un rendimiento de 15 t por hectárea de extensión total, o sea 30 t por
hectárea de superficie cultivada, contra 5 en terreno similar sin camellones.
Así pues, a pesar de que ello se debió en parte a una semilla mejorada, y de que algunos
campesinos consideraron que el asunto exigía demasiado trabajo - de 200 a 1,000 días de 5 horas de
trabajo por hectárea cultivable rehabilitada (2 ha. con los canales), a razón de 5 m3/trabajador/día -,
los 4 sectores decidieron ampliar la reconstrucción en 1984 y 1985; los grupos campesinos
participaron más en las decisiones, escogiendo terrenos particularmente marginales e improductivos.
Sin ningún aporte de productos comprados, los terrenos produjeron sin embargo de 4,5 a 12,3 t/ha
(promedio 8) con respecto a la extensión total, a pesar de las heladas que destruyeron casi todo en las
zonas no rehabilitadas.
En 1985 y 1986 los campesinos tomaron la iniciativa en diferentes comunidades, e incluso se
decidió construir incluso ahí donde no existían restos.112 En Huata, en colaboración con la

112
En el contexto de una "reestructuración" agraria, la mayor parte de las comunidades consideraron
políticamente oportuno demostrar que emplean la tierra de manera más productiva de lo que hacían
anteriormente las SAIS (Erickson y Candler, 1989).
169

investigación agronómica, los campesinos ensayan en los camellones 5 variedades de trigo de


invierno, asociando así con esa antigua técnica una nueva, propuesta por la investigación agronómica.
En 1986 el club de madres de familia plantó "totoras"* en los canales, elemento esencial para la
alimentación del ganado en la estación seca en las riberas del lago (capítulo 6). Se ensayó igualmente
el riego (con baldes o motobomba), utilizando el agua de los canales.

Técnica de reconstrucción (cf. fig. 117)

Fig. 117: Inicio de la reconstrucción de antiguos camellones. Se deja tabiques en


los canales para retener el agua (Mayo; Alto Catachi, Puno, 3890 m.s.n.m.). PM.
A lo largo de los siglos, los camellones se han erosionado, y los canales se han llenado a la vez
con el producto de la erosión - es decir lo más fértil del suelo - y con la materia orgánica producida por
las hierbas acuáticas, las algas (algunas de las cuales, del [[242]] género Anabaena, son fijadoras de
nitrógeno), y los micro-organismos. La calidad de los suelos es muy diferente entre los canales y la
parte alta de los camellones, y así tenemos en promedio en la zona en estudio:

Canales camellones
Materia orgánica % 8.6 3.5
pH 5.6 7.8
ácido ligeramente alcalino
Nitrógeno disponible ‰ 4.27 1.73
Fósforo disponible ppm 44.28 14.58

Para rehabilitar estos suelos se necesita sobrealzar los camellones erosionados, transfiriéndoles
el suelo, más rico, de los canales. En éstos el crecimiento de la flora acuática será una fuente continua
de materia orgánica que se transferirá periódicamente a los camellones.
La reconstrucción, que retoma las formas y dimensiones originales, se inicia marcando al
cordel las líneas paralelas que separan los canales de los camellones. A lo largo de ellas se recortan los
bloques de tapiz vegetal (champa, ver capítulo 1) con la chaquitaclla, y son volteados al otro lado para
formar "muros" de 20 a 40 cm de alto; se cava a continuación en el centro del canal para llenar el
espacio entre los muros. Se empieza con un ligero desnivel, inferior al que tenían anteriormente los
camellones (a veces más de 2 metros)113 , para aumentarlo a lo largo de los años con las sucesivas
limpiezas de los canales. La mecanización de la reconstrucción, técnicamente posible, no se adecúa al
contexto socio-económico de los pequeños campesinos del Altiplano.

113
Este punto es actualmente materia de debate e investigación.
170

Organización comunal
En 1983 y 1984 todos trabajaron juntos en las faenas comunales, que reunían de 30 a 70
personas; la extensión trabajada en cada día dependía, además del número, de la motivación de los
trabajadores y de la humedad del suelo.
En 1984 y 1985, en Viscachani pampa y Sancachi, se asignó a cada comunero un determinado
2 3
pedazo de terreno a reconstruir (tárea) de 20 m de extensión total, y 4 m de tierra por remover. En
la mayoría de los casos se terminó cada tárea en un día; el resultado fue técnicamente superior, y los
trabajadores consideraron este método más equitativo.

¿Trabajo con los grupos comunales, o con campesinos individuales?


En Huatta todos los campesinos poseen tierras individualmente, pero algunos de ellos no son
miembros de la comunidad, por lo cual no tienen acceso a los terrenos comunales y no toman parte en
los trabajos colectivos. El Proyecto optó por trabajar sobre todo con los grupos comunales, para
reforzar la organización comunal, y porque resulta más eficaz:
[[243]] - en el plano de la capacitación, que llega a más personas al mismo tiempo;
- técnicamente, porque permite optimizar la organización del trabajo y rehabilitar mayores
extensiones de una sola pieza, pues las modificaciones microclimáticas son tanto mayores
cuanto mayor es la extensión acondicionada.
El mayor inconveniente es la lentitud en los procesos de decisión.
Hubo también familias individuales que pidieron el apoyo del Proyecto; el trabajo con ellas da
resultados más rápidos y que las benefician directa e inmediatamente; constatamos que la difusión de
la técnica es más rápida. En cambio, tratándose de extensiones más pequeñas, el tiempo que dedica el
personal del Proyecto es mucho más importante.
Subrayamos que en nuestro Proyecto no se efectuó ninguna distribución de víveres.
No tenemos ninguna idea a priori sobre la modalidad que tendrá mayor éxito en el futuro.
Cada vez más gente se interesa en este trabajo - campesinos, instituciones públicas y privadas - y la
experiencia ha "dado cría" (fig. 117), como el trabajo de C. Ramos en Asillo, a unos cien kilómetros al
noroeste de Huatta. Hasta hoy nadie ha encontrado otra solución técnica para la puesta en valor de
estas llanuras densamente pobladas: 55 habitantes por kilómetro cuadrado en los distritos de Huatta y
Coata, y 290 en el de Capachica - a una altura superior a los 3,800 metros.

[[244]] 2.2.3. Rehabilitación de camellones en el distrito de Asillo 114


Descripción y estado de los camellones
En el distrito de Asillo existen numerosas zonas pequeñas y dispersas de camellones, de una
extensión promedio de 20 ha. Los campesinos les dan diversos nombres: kurus (orugas), gentil wachu
(camellones de los antiguos), etc., y dicen que fueron construidos hace muchísimo tiempo por
hombres muy grandes y fuertes (hatun kallpayoq runakuna).
Se les halla en diferentes tipos de suelos, en situaciones topográficas más variadas que en la
llanura de Juliaca-Huatta. Estas zonas, que reciben el agua que se escurre de las laderas (antaño en
andenes) situadas más arriba, están organizados de acuerdo a tres patrones (fig. 118):
[[245]] - Fluvial, el único con un declive (4 %) capaz de evacuar el agua;
- Damero abierto, que permite una libre circulación del agua, en zonas planas alejadas de las
montañas;

114
Ver en la Bibliografía las publicaciones de C. Ramos.
171

- Irregular cerrado, por lo general en zonas más húmedas. Algunos sólo retienen el agua, en
tanto que otros tienen una compuerta de entrada y otra de salida.
En la comunidad de Sillota coexisten los tres patrones. En todo el sistema hay canales
principales, alimentados por el agua que desciende de la vertiente. En estas zonas en ligero declive los
canales tenían una doble función: drenaje y riego (figs. 119 y 120).
Según el testimonio de ancianos campesinos, algunos eran utilizados hace 40 años como
sectores (mandas, cf. capítulo 2) de papas amargas, pero actualmente se hallan en pastizales. Su
estado de conservación es muy variable; las principales causas de su abandono fueron:
- el nivelamiento por y para la agricultura de yugo, luego los tractores, volviendo a dar terrenos
planos con problemas de exceso de agua y heladas; los acondicionamientos modernos (proyecto
de irrigación) tuvieron idéntico resultado;
- la parcelación de las comunidades y la desaparición de la organización comunal para la
producción (cf. capítulos 1 a 3).

Organización de la rehabilitación
Se realiza bajo la égida de la Federación Distrital de Campesinos, en la que cada presidente de
comunidad se responsabiliza del trabajo.
[[246]] Al comienzo los campesinos eran escépticos: "¿Cuándo se ha visto cultivar así? Nuestros
abuelos no nos hablaron nunca de esta forma de cultivo. Además, modificar el relieve del suelo
dañará los pastizales que alimentan a nuestro ganado."
Sin embargo, se pudo comenzar un trabajo de demostración en 3 comunidades, en parcelas de
32 comuneros (1.6 ha en total). Tomó parte un número cuatro veces mayor en los trabajos,
remunerados con la ayuda alimentaria de Caritas (pensamos que la misma debería sustituirse con
herramientas, abonos o semillas). El asombro y el interés fueron creciendo a medida que las plantas
crecían, pero el trabajo de persuasión tiene que repetirse para cada una de las especies por cultivar.
Se tropezó con dos problemas:
- La fuerte diferenciación social en el interior de las comunidades empujó a algunos
campesinos a oponerse a la rehabilitación de los terrenos de sus colindantes, acarreando
problemas en la regulación del agua.
- El paso a cultivos de extensiones que actualmente son pastizales determina modificaciones en
los sistemas de producción.

[[247]] Resultados de producción: el ejemplo de las las papas


Durante la campaña 1984-85 hubo dos heladas. La primera, en diciembre, afectó de modo
similar los cultivos en camellones y en la llanura al costado, pero los primeros se repusieron mejor. A
principios de febrero la segunda destruyó el 30 % del follaje en los camellones y el 50 % en la llanura.
Los rendimientos en camellones fueron en promedio de 10,2 t/ha en relación a la extensión total, y de
14,33 en relación a la extensión cultivada, contra 6 t/ha en promedio fuera de los camellones. Como
quiera que todos los agricultores no atendieron sus cultivos con el mismo cuidado (cf. capítulo 5), tales
promedios esconden una gran variabilidad: de 4 a 32 toneladas por hectárea cultivada en la misma
zona de camellones.
También se cultivó encima de los camellones habas, quinua, cañihua y avena (fig. 114); un
campesino cultiva allí especies forrajeras (trébol, ray-grass, dáctilis), con excelentes resultados; y las
plantas acuáticas que crecen en los canales sirvieron de forraje para el ganado. Su modo de
explotación tendrá que ser precisado en el futuro.
172

2.3. Un (re) descubrimiento reciente: la agricultura en lagunas


temporales (qocha) en el Altiplano
Jorge FLORES OCHOA, Magno Percy PAZ FLORES, Washington
ROZAS115

En lengua runasimi o quechua, la palabra qocha designa todo depósito de agua, natural o
artificial, permanente o temporal, cualesquiera que sean sus dimensiones, forma y profundidad. El
lago Titicaca es qocha, pero también se llama así los vasos ceremoniales (Cusihuamán, 1976;
Gonçales Holguín, [1608] 1952). El equivalente aymara es cota ou cotaña (Bertonio, 1612). Los
campesinos del Altiplano llaman también qocha las depresiones excavadas en el suelo, donde se
acumula el agua de lluvia y en las que cultivan (fig. 121).

Fig. 121: Una qocha antes de la cosecha de las papas (Mayo; Llallagua, Puno, 3890 m.s.n.m.). PM.
[[248]] Las qocha que aquí describimos se encuentran en la planicie, a unos cincuenta kilómetros del
extremo noroeste del lago Titicaca y de la ciudad de Juliaca, no lejos de San Juan de Salinas. Situadas
entre los 3,850 y 3,900 metros de altura, están distribuidas en una extensión de más o menos 530 km2,
donde la población sobrepasa los 10,000 habitantes (fig. 122). La economía se basa en la agricultura,
la ganadería y la cerámica (los famosos toritos de Pucará, y toda una gama de cerámica utilitaria).
Esta zona no puede ser regada por los ríos que la bordean, porque corren de 10 a 50 metros más
abajo; las napas de agua son demasiado profundas, de 4 a 15 metros; y como las montañas vecinas no
tienen nieves eternas, los arroyos que pasan por ella son temporales. Ahora bien, como en toda la
región, una larga estación seca se alterna con una estación de lluvias corta, irregular y muchas veces
demasiado abundante.
Las qocha son estanques artificiales, alimentados exclusivamente por la aguas pluviales, que son
conservadas allí durante la estación seca, y evacuadas antes del barbecho del suelo y la siembra.
Forman redes unidas por canales que permiten transvasar el agua de una a otra, o derivarla hacia los
ríos.

115
Síntesis, adaptación y notas por P. Morlon del artículo de J. Flores y M. P. Paz: "La agricultura en lagunas del
Altiplano) (Ñaupa Pacha, 21, 1983-1986: 127-152), y de la tesis de antropología de J. W. Rozas: "Sistemas de
cultivos en qocha," Universidad del Cuzco, 1984.
173

[[249]] 2.3.1. Descripción y clasificación


La terminología campesina que tomaremos aquí mezcla palabras quechuas y españolas más o
menos modificadas.
Los campesinos diferencian cuatro formas (fig. 123): las muyu qocha (muyu : círculo, vuelta),
las más numerosas, y que son circulares; las tinki qocha en forma de 8 ("'encuentro' o 'unión' de dos
círculos) son raras; las suytu qocha, largas y estrechas; y las chunta qocha, en forma de rectángulo con
los extremos redondeados. Todas están constituidas de la misma manera (fig. 124):
[[250]] - La pampaqocha es la base plana, atravesada por uno o dos surcos (mayu wachu) y rodeado
por otro llamado pampa royra (del español rueda), torno, o muyura; estos surcos, con una anchura y
una profundidad de 40 a 50 cm., recuperan el exceso de las aguas de lluvia caídas en la qocha, y
desembocan en el yani, canal que atraviesa toda la qocha.
- El yani (fig. 125) es el canal de desagüe (e igualmente de traída del agua, cuando proviene de
otras qocha situadas más arriba), Su anchura es de 0,6 a 1 metro, y su profundidad varía de acuerdo a
la topografía, y puede ser de hasta 5 metros, para verter en un canal colector (mama yani o atun zanja),
el cual desemboca a su vez en un río. A unos metros aguas abajo de cada qocha, el yani es cortado por
un dique (chaka), que se puede abrir o cerrar para controlar el paso del agua. Pueden sucederse en
rosario hasta diez o doce qochas a lo largo del mismo yani (fig. 126).

canal

Fig. 124: Esquema de una qocha circular mostrando la distribución de los camellones y canales.

Fig. 125: Una qocha con su canal o yani (Mayo; LLallagua, Puno, 3890 m.s.n.m.).PM.
174

Fig. 126: Cadenas de qochas unidas por canales en la comunidad de Llallahua (Angles, 1987).

[[251]] - La pollera, qocha qinray o muyura, es la ladera, en pendiente suave, de la qocha. Es dividida
horizontalmente en dos o tres por uno o dos surcos circulares (royras) y bordeada en la parte alta por
otro, el llakllaka wachu, que la separa del terreno no excavado. Este último se llama loma, pues, por la
presencia de la qocha, resulta a un nivel más alto; también es cultivado.
El conjunto de camellones y surcos preparados para el cultivo de la papa (cap. 1) se llama
kunkana wachu ("surcos con cuello"), a causa de su forma en zigzag, y de los pequeños diques que
cierran cada surco al medio o en los dos extremos, a fin de retener el agua de lluvia, o de hacerla salir
sin erosión, de acuerdo a las necesidades. Los camellones miden de 50 a 60 cm. de ancho y de 40 a 60
de altura, y su longitud varía de 2 metros en las pendientes abruptas a 6 metros en las suaves . Los
pampa wachu, al fondo, son perpendiculare al yani; los uku wachu, en la vertiente, y las h'acha wachu,
encima, son perpendiculares a las royras.
La profundidad de las qocha, muy variada, por lo general no es menor a 2 metros; un hombre
parado en la base no puede ver las casas situadas en las cercanías. Esa profundidad es determinante en
la clasificación de las qocha de acuerdo a sus propiedades hidráulicas, y, por lo tanto, al uso que se
hace de ellas (fig. 127):
- Las mama qocha o uku qocha, profundas (más de 3 metros) y grandes (de 1 a 4 hectáreas),
recolectan las aguas de otras qochas. Llenas siempre de agua, sirven para usos domésticos (el agua
potable proviene de pozos excavados a su lado) y como abrevaderos para los animales. No son
cultivadas, se les considera como sagradas, y es allí donde se realizan los ritos agrícolas.
- Las phurun qocha son también extensas; más profundas que su yani, su pampaqocha contiene
siempre agua, lo cual, según los campesinos, permite reducir las heladas nocturnas en sus pendientes
cultivadas para la producción de semillas.
- Las malta phuqros, pequeñas y fáciles de desaguar; en las más pequeñas, que no sobrepasan
los 1,000 m2, la pollera no está separada de la pampa qocha.
El fondo de las qocha en descanso es utilizado para la fabricación de chuño y de la tunta (papas
deshidratadas).

[[252]] 2.3.2. Propiedad privada de las qocha y reglas colectivas


La "parcialidad" de Iquilo, donde uno de nosotros permaneció durante un año, tiene una forma
de organización diferente de las comunidades que hemos mencionado hasta aquí. No hay derecho de
pastoreo libre, ni barbechos sectoriales colectivos, y la propiedad de la tierra es completamente
individual, variando de 6 a 18 hectáreas por familia (14 en promedio). Las tierras han sido rescatadas
175

en gran parte, cuando la reforma agraria, a grandes propietarios que explotaban las qochas de la misma
manera que los campesinos. La parcialidad elige un Comité de Desarrollo que organiza la
construcción de infraestructuras de interés colectivo, y un Comité de Defensa contra las usurpaciones
de comunidades o grandes propiedades colindantes.
Para la utilización de las qocha, los agricultores de Iquilo han formalizado las reglas
siguientes:
- Todo agricultor que posea parcelas con qocha tiene derecho a evacuar su agua a un mama
yani o yana qocha (colector);
- Los mama yani y mama qocha son de uso colectivo;
- Nadie puede prohibir la utilización del yani que atraviesa su qocha para la evacuación del
agua de las que se hallan aguas arriba;
- Todos están obligados a mantener el yani, los mama yani y los yani de las mama qocha que
utilizan; pueden hacerlo en trabajo colectivo (faena) o individual;
- Todos deben respetar los turnos de siembra de las qocha situadas sobre el mismo yani, a
fin de evitar la inundación de los cultivos ya sembrados;
- Las autoridades de la parcialidad están encargadas de la aplicación de estas reglas y derechos
de uso, cuyas excepciones se establecen de modo preciso y a condición de respetar siempre los
imperativos de la evacuación del agua.
Cada familia posee una habitación principal, a cuyo lado se guardan los animales, y una o
varias secundarias, para ocuparse de las qocha en la época de los cultivos.
Las qocha se adquieren por herencia, venta o alquiler del terreno que las contiene, cuyo valor
depende del número y de la calidad de las qochas respectivas. En los casos de herencia, en que las
partes de los hijos deber ser iguales, a menudo surgen conflictos a propósito de la atribución de las
qocha. Los arrendamientos, por una duración mínima de dos años, se hacen generalmente entre
hermanos y hermanas (los que emigran y los que se quedan). También se puede alquilar por un año la
hierba de las qocha en descanso.

2.3.3. Utilización y funcionamiento


La propiedad de cada cual se divide en tantos sectores como hay en la rotación, cada uno de
los cuales comprende qochas y el terreno alrededor. Aun cuando su administración es individual
(salvo las limitaciones impuestas por los turnos, evocadas anteriormente), las rotaciones de cultivos
(muyu) son las mismas que en los barbechos sectoriales colectivos expuestos en el capítulo 2: tres
años de cultivo, el primero de los cuales es siempre de papas, seguidos por un descanso pastoreado,
durante el cual la humedad y las deyecciones animales permiten el establecimiento de una densa
vegetación y la acumulación de materia orgánica, que se añade a los elementos finos arrastrados desde
lo alto, para dar una gran fertilidad a los suelos de las qocha. La duración del descanso varía de
acuerdo a la disponibilidad de tierras del agricultor, con un promedio de 4 o 5 años.
[[253]] La elección de especies y variedades se efectúa en función de las condiciones de clima y suelo
de cada una de las partes de la qocha, y puede modificarse en función de la situación del agricultor y
de las presiones externas. Por ejemplo, en el segundo año se pueden cultivar ollucos, aunque sólo en la
periferia y no en el interior mismo, donde, según los campesinos, no tendrían sabor (ver anexo del
capítulo 5). O se puede sembrar el isaño, "cuando el tiempo es bueno." Se considera que las ruedas son
favorables igualmente a las papas, la cañihua, la quinua, la cebada y la avena cosechadas en grano,
mientras que el fondo, más húmedo y más expuesto a las heladas (ver la última parte de este capítulo)
es más adecuado para las papas amargas, la cebada y la avena forrajeras. Cultivan al menos cuatro
variedades de quinua y seis de papas; los cultivos pueden ser puros o intercalados.
Después de las últimas lluvias, los campesinos hacen que los animales coman todo el pasto y
esperan que el suelo "rezume" hasta ser laborable, lo cual sucede por lo general en mayo. El barbecho
176

luego del descanso pastoreado se realiza entonces con chaquitaclla, y, para completar el equipo de
trabajo (masa) de dos hombres y una mujer, la pareja recurre al intercambio recíproco de trabajo
(ayni). Sería imposible realizar con el arado el complejo modelado del suelo que permite evacuar o
retener el agua, y hacerla filtrar en profundidad incluso en el caso de lluvias violentas y breves, que sin
ello se escurrirían por la superficie.
El abono enterrado en esa tarea proviene de las deyecciones animales, amontonadas por largo
tiempo y fermentadas en el corral donde se guarda el ganado por la noche utilización que compite con
la destinada a la fabricación de la alfarería (fig. 50); la utilización es alternada: en la estación de
lluvias para las papas, y en temporada seca para la coccón de la cerámica, empleándose las cenizas
como abono de segundo año en las terrazas de los cerros. A pesar de su elevado costo, se compran
abonos químicos, y se mezclan con las deyecciones de gallinas y cuyes.
Después de la siembra de papas, cuyas fechas escalonadas entre el 30 de agosto y mediados de
noviembre responden a los riesgos de heladas (cf. capítulos 1 y 3), el agua de las primeras lluvias
queda retenida por completo, hasta que, siendo ya demasiado abundante hacia diciembre-enero, se
abren los diques de los yani, y se vigilan todos los días los kunka, diquecillos entre los surcos.
La cosecha se escalona de abril-mayo a julio, comenzando por el fondo y terminando por
arriba. Se cierra entonces el canal para conservar la humedad, y el ganado pasta las hierbas y residuos
de cultivo, hasta la siembra siguiente, en octubre-noviembre (diciembre para cosechar forraje).
Los rendimientos en las qocha son superiores a los obtenidos en la llanura, y sobre todo más
constantes (Angles 1987 : 69-70). En papas,los campesinos consideran bueno un rendimiento en
relación con la semilla de quince a uno, y aceptable hasta cinco por uno. Con ocasión del seguimiento
de algunas qocha, realizado en 1982-1983, año de sequía catastrófica en toda la región, los
rendimientos promedio observados fueron de siete por uno en papas (1,000 kg. por masa), de ocho por
uno en quinua, y dieciocho por uno en cañihua, con una densidad de siembra, en los dos últimos
cultivos, extremadamente elevada 116. Según los campesinos, el agua almacenada defiende los cultivos
contra las heladas, pero este efecto positivo se hace sentir más, en apariencia, en lo alto de las qocha y
en el espacio que las separa entre sí (ver la última parte de este capítulo).

[[254]] 2.3.4. Distribución y significado de las qocha


Se puede diferenciar tres sectores en la zona de las qocha (fig. 122):
- El primero, en que las qocha están deterioradas o aparentemente en desuso, abarca más o
menos 128 km2, en toda la margen suroeste, entre el río Pucara y la línea del ferrocarril. Pensamos
distinguir en las fotos aéreas - tomadas como siempre en la temporada seca - huellas de salinidad. Pero
se trataba igualmente de un sector de grandes propiedades, que utilizaron maquinaria para cultivar
pastos artificiales y papas.
- El segundo, con menos de 100 qochas por kilómetro cuadrado, ocupa 96 km2 en las
márgenes oriental y septentrional.
- El sector central, con más de 100 qochas por kilómetro cuadrado (fig. 128), cubre más o
menos 160 km2: al menos un quinto de esa extensión es de qochas, sin contar que su presencia hace
más favorable la agricultura en los terrenos no excavados.
Pensamos que hay por lo menos 25,000 qochas actualmente utilizadas en la zona.
Varios colegas nos han comunicado la existencia de formas semejantes - es cierto que mucho
menos numerosas y densas - en otras partes de la cuenca del lago Titicaca, y hasta en la llanura de
Anta, cerca del Cuzco.117

116
O sea, de acuerdo a la extensión de la masa, al menos 10 t/ha en papas, y 3,600 kg/ha en cañihua.
117
Orlove (1977a) describe acondicionamientos en la provincia de Espinar, Departamento del Cuzco, que
aunque son incomparablemente más sencillos, superficiales y pequeños, están destinados también a recoger y
concentrar las agua pluviales. Son los qochawiña.
177

Fig. 128: Vista parcial de la zona de las qocha al final de una


abundante temporada de lluvias (Abril de 1977). PM.
En un número especial de la revista "América Indígena" consagrado a la agricultura intensiva
precolombina, Denevan (1980) presenta una detallada tipología de los sistemas conocidos: ninguna
de esas categorías puede incluir las qocha. Lo que más se les asemeja son los mahamaes, pero con
importantes diferencias:
[[255]]
Mahamaes Qocha
Clima Desierto tropical al borde del océano Altura elevada con 200 noches de heladas por año y
una estación de lluvias de 4 meses de duración
Origen del Infiltraciones subterráneas a partir de los Escurrimiento superficial de las aguas de lluvias
agua ríos
Estado actual Casi todos abandonados y deteriorados En plena utilización y producción intensiva

El reciente descubrimiento de un sistema tan complejo y extenso como éste sugiere


algunas reflexiones:
Las técnicas andinas, mal conocidas aún por los propios investigadores, son ignoradas por el
"país oficial." El numeroso equipo de especialistas, ricamente provistos de medios materiales y
técnicos, que ha realizado el enorme estudio de ONERN-CORPUNO (5 volúmenes con mapas en
colores, etc.) sobre la pequeña región que comprende las qocha, las describe de esta manera:
"El micro-relieve está conformado por una sucesión de depresiones o micro-hoyos,
alternados con suaves y pequeñas ondulaciones. El sistema de drenaje es, por lo general,
imperfecto, caracterizado por escurrimientos superficiales lentos y evacuaciones internas
restringidas" (ONERN-CORPUNO, 1965: 33-34 - el subrayado es nuestro).
Sencillamente, estos técnicos no percibieron que los hoyos eran obra humana, hechos y
utilizados con mucha habilidad.118 Y, a pesar de que la zona de las qocha sea observada diariamente
por cientos de viajeros que toman el ferrocarril entre el Cuzco, por un lado, y Arequipa y Puno, por el
otro, no encontramos en la literatura más que un solo texto que describa las qocha; se trata de un
funcionario alemán que visitó América del Sur en 1899:
"En las mesetas se encuentran muy a menudo pequeñas depresiones del terreno, en las que se
acumula, muchas veces por semanas, el agua de las lluvias de verano. Por ello no es posible
cultivarlas. Sin embargo, sí se siembra en las orillas impregnadas de agua, que por esta razón

118
Sucedió exactamente los mismo con los camellones, no sólo en el estudio de 1965 ¡sino incluso en el de
1985!
178

son más fértiles que el resto de la meseta. Los indios utilizan las orillas para preparar los
bancales de papa, que están dispuestos concéntricamente. Tomando en suenta si la depresión
tiene aperturas llanas o no - permitiendo que el agua se deslice por más tiempo fuera de ella -
tendrán la forma de medio o de 3/4 de círculo. Mientras más cerca a la fosa - por lo general
sólo se siembra de 2 a 3 m del centro - más cortos serán los surcos. La disposición estrellada
permite que el agua de las lluvias llegue hasta las depresiones sin arrastrar la tierra de los
bancales. En invierno, cuando todavía no se han arreglado las sementeras y las depresiones
están secas, éstas, en medio de la tierra aún no cultivada, tienen un aire fantasmagórico, casi
misterioso. Al viajar en tren no puede percibirse su finalidad y uso, ya que a simple vista no es
posible identificarlas como depresiones. Tanto es así que, incluso los peruanos que me
acompañaban, si bien costeños, no pudieron explicar de qué se trataba (...). Probablemente
pensaron que eran señales secretas de alguna de aquellas bandas revolucionarias que por ese
entonces volvían a aparecer en el Perú" (Kaerger, 1979: 20).
[[256]] Pasaron más de setenta años antes de que se realizara otra observación de las qochas (Flores
Ochoa, en Zúñiga et al., 1966).
Los campesinos actuales dicen que las qocha existen desde tiempos inmemoriales. La falta de
fuentes históricas no sorprende: la zona en que se encuentran no es visible desde el camino de Cuzco a
Puno, que pasa a un nivel inferior por la margen derecha del río Pucara. Rápidas observaciones
arqueológicas no han proporcionado tampoco ningún resultado concluyente. Varios indicios sugieren
una relación con la civilización que antecedió a Tiahuanaco en la región, a partir de 500 antes de J.-C.,
que los arqueólogos llaman Pukara a causa de los importantes restos arquitectónicos exhumados al
costado de esta aldea, muy próxima a las qocha, y que desde hace siglos es uno de los principales
centros de producción de alfarería y cerámica de la región.119

2.3.5. Conclusión
Serán necesarios numerosos trabajos de investigación sobre las qocha, para precisar no sólo su
origen arqueológico, sino también y sobre todo su funcionamiento agronómico y económico actual.
Nos hace falta, en particular, un análisis detallado:
- del manejo del agua a lo largo de toda una rotación de cultivos, con sus consecuencias sobre
los perfiles de humedad en el suelo y el desarrollo de los calendarios agrícolas;
- de las relaciones entre las qocha y los terrenos colindantes: de la circulación del agua a las
complementaridades en los sistemas de producción;
- de los efectos micro-climáticos: en la última parte de este capítulo proponemos una teoría de
conjunto, que permite explicar los efectos de diversas infraestructuras encontradas a gran
altura.
En 1987, a pedido de los campesinos, un programa de desarrollo agrícola (financiado por la
Comunidad Económica Europea) comenzó a profundizar con bulldozer las mama qocha, para
aumentar el volumen de retención de agua.

119
En los orígenes, las qocha podrían haber sido antiguos fosos de extracción de arcilla, acondicionados para la
agricultura.
179

3. Reducción de los riesgos climáticos por medio de


acondicionamientos: el ejemplo de las heladas en el Altiplano
Pierre MORLON 120

Introducción
Así como la utilización complementaria del mayor número posible de pisos ecológicos
corresponde en parte a una estrategia de dispersión de riesgos (capítulo 3), los acondicionamientos
que transforman los pisos ecológicos naturales en "zonas de producción" corresponden a una
estrategia de reducción de los riesgos climáticos.
[[257]] La existencia de una larga estación seca y la irregularidad de las lluvias convierten en
superfluas las largas explicaciones sobre el papel del riego que, en una u otra forma, se halla presente
en todos los acondicionamientos mencionados, en todas las alturas.
En lo que respecta a las heladas, en cambio, los fenómenos climáticos a gran altura en los
Andes Centrales se explican con gran frecuencia de la misma manera que al nivel del mar en latitudes
templadas frías. El uso de la palabra 'invierno' 121 sugiere interpretaciones que no corresponden a la
realidad. Numerosas observaciones en el terreno, a gran altura en los Andes, contradicen la
experiencia habitual al nivel del mar en las latitudes medias. Como los mecanismos físicos y
biológicos fundamentales son desde luego los mismos, debemos averiguar de qué modo las
diferencias, en su importancia relativa y en su desarrollo a lo largo del tiempo pueden explicar estas
aparentes contradicciones.
He aquí un intento al respecto:

3.1. Producción y distribución de las heladas


El balance de radiación
Al contrario de lo que por lo general se afirma en la literatura climatológica sobre la región
incluidas las 'obras de referencia' (ONERN-CORPUNO, 1965: 176) las heladas en la época de
cultivos en el Altiplano del lago Titicaca no son causadas por 'invasiones de aire polar', contra las
cuales el único método eficaz de lucha sería la construcción de costosos invernaderos, sino
exclusivamente por el balance de radiación negativo durante la noche con cielo despejado
(MUÑOZ y SANCHEZ, 1974). Ello se demuestra, entre otros, por la ausencia de toda helada cuando
el cielo está cubierto, y por la estrecha relación en el espacio y en el tiempo entre temperaturas
mínimas (heladas) y presión parcial de vapor de agua en la atmósfera (MORLON 1979, anexo 1). Esta
relación explica las diferencias constatadas en el capítulo 3.5, entre estaciones situadas a la misma
altura en la cuenca del lago Titicaca, pero algunas de las cuales están más próximas a la vertiente
amazónica, y otras a la vertiente desértica del Pacífico. Pues bien, es posible reducir este tipo de
riesgo:
- ya sea actuando directamente sobre el balance de radiación,
- ya sea jugando en las gradientes de temperatura que son su consecuencia.

120
La progresiva elaboración del enfoque que proponemos aquí ha tenido como hitos varios documentos
(Morlon, 1977, 1978b, 1979, 1981b, 1987, 1990b).
121
Así como el hecho de llamar 'subalpino' o 'alpino' a pisos ecológicos que, a pesar de ser fríos en promedio,
nunca son cubiertos de nieve durante más de dos días consecutivos, y reciben la misma cantidad de radiación
solar durante todo el año. Ya desde comienzos del siglo XIX, A. von Humboldt (1981, 1817) había observado
que "ninguna zona de vegetación alpina en las zonas templadas y frías, puede compararse a la de los páramos en
los Andes tropicales" (citado por Troll 1968: 17).
180

El efecto de abrigo
El enfriamiento nocturno se produce por la pérdida de energía que tiene lugar en la superficie
del suelo por radiación hacia el espacio. Si una parte de la misma es absorbida por un cuerpo
cualquiera, que, a cambio de ello, emite radiación hacia el suelo, el balance global resulta menos
negativo y menor el enfriamiento. Ese cuerpo puede ser agua en la atmósfera (nubes, neblina..) o todo
otro objeto que reduzca el ángulo bajo el cual la radiación se pierde definitivamente en el
espacio: montañas, casas, árboles (fig. 129). Este efecto es conocido desde hace mucho tiempo, así
como el drenaje del aire frío.

El flujo de calor del suelo


La pérdida de energía de la superficie se ve balanceada por flujos de calor desde la profundidad
del suelo, que provienen de la radiación solar almacenada durante el día. La importancia de estos
flujos está controlada por la conductividad térmica de las capas superficiales del suelo, dependiente a
su vez del tipo de suelo, de su humedad, de su grado de compactación o de aereación, y de la cubierta
vegetal.

Las gradientes de temperatura y el drenaje de aire frío


El lugar de 'producción' del enfriamiento es la superficie del suelo o de la vegetación, y es ella
que, por contacto, enfría el aire. Ahora bien, el aire frío es más denso y permanece por lo tanto en
contacto con el suelo, a menos que pueda evacuarse (drenar) hacia sitios más bajos: encima de una
superficie horizontal, la temperatura es tanto más fría cuanto más cerca se está al suelo. Hemos
ilustrado las consecuencias que ello ejerce en el riesgo de helada en el caso de Puno (figura 130, donde
las diferencias entre índices actinotérmicos miden la gradiente de temperaturas por encima del suelo,
en tanto que la diferencia entre temperaturas bajo abrigo e índice actinotérmico a la misma altura se
debe al efecto de abrigo).
a) EN LAS LLANURAS (Altiplano) y las cuencas, el aire frío se acumula y estanca,
formando "lagunas de aire frío." Se establece así una gradiente de temperaturas a menudo muy
marcada, tanto en la atmósfera como en el suelo (fig 130). La superficie del suelo, que es el nivel más
frío, lo es tanto más cuanto más aislantes sean las capas superficiales: es el caso de un suelo seco y
"hueco", lo cual, en las pampas del Altiplano, justifica la quema del ichu matas de gramíneas silíceas
antes del barbecho. Sucede lo mismo cuando un pasto denso desempeña el papel de aislante: la
relación habitualmente establecida entre clima y utilización del medio "es a causa de las heladas que
no hay cultivos" tiene un sentido doble: pues, en parte, es también a causa de las praderas que las
heladas son fuertes.
Una consecuencia importante de ello es la siguiente: las inflorescencias de los cereales y
leguminosas, que producen los granos consumidos por el hombre, son a menudo los órganos más
sensibles al las heladas. Ahora bien, en parcelas muy pequeñas, o cuando la densidad de vegetación es
baja (lo cual no sucede sólo entre los pequeños campesinos), [[259]] la altura de la inflorescencia es
decisiva para situarla en una capa de aire más o menos fría, de lo cual se deriva el interés de las
variedades altas, que además producen más forraje para el ganado.
b) EN LAS PENDIENTES, el aire frío baja hasta ser detenido por un obstáculo, como por
ejemplo una hondonada o un muro. Las heladas son así más fuertes en las pampas que en las
laderas que las dominan: es el fenómeno de la "inversión de las temperaturas" (correspondiente a las
"cinturas térmicas" en las pendientes), que es una de las causas de la paradójica situación por la que
los cultivos se localizan en pendientes erosionadas, en tanto que los suelos ricos y profundos son
dejados en pastizal 122.

122
La otra causa es la siguiente: las grandes propiedades, que optaron por sistemas de producción de ganadería
en general extensiva, se reservaron las pampas, con los terrenos más favorables.
181

ago set oct nov dic ene feb mar abr may
+ 5°C

0°C
150 cm
abrigo
150 cm
- 5°C 50 cm
10 cm
suelo
Orígen de las diferencias : desnudo
10 cm
- 10°C balance de radiación mulch

gradiente de temperatura en el aire

conductividad térmica del suelo

Fig. 130 : Temperaturas mínimas por décadas, mostrando la influencia de diferentes situaciones en la
misma estación meteorológica, Puno (según datos del SENAMHI).
Salvo la temperatura bajo abrigo, se trata de índices actinotérmicos (termómetro al aire libre). Las diferencias
entre índices actinotérmicos a diferentes alturas reflejan el gradiente de temperaturas encima del suelo; la
diferencia entre la temperatura bajo abrigo y el índice actinotérmico a 150 cm resulta del "efecto de abrigo".

Esta inversión sistemática de las temperaturas mínimas, y su muy grande variabilidad espacial
(vinculada con la topografía local), hace que todos los mapas de temperaturas mínimas basados sobre
la gradiente de temperatura promedio de 0,5 a 0,6º C por cada 100 m. de altura, sean erróneos. Pues
bien, y hasta donde yo conozco, son hasta ahora los únicos existentes a escalas utilizables en
agricultura.

3.2. Mecanismos del efecto de las heladas sobre las plantas


En la literatura referente a la región, los efectos de las heladas en las plantas son por lo general
explicados de la manera siguiente:
[[260]] "Los daños experimentados por los cultivos son de carácter mecánico y se deben a la
destrucción de los tejidos internos de las plantas causada por la dilatación de cada una de las
células al congelarse el agua que contiene." (Frère et al., 1975: 62).
Pero las cosas no son tan sencillas, y una explicación como ésta no permite comprender todas
las observaciones en el terreno. La conversión en hielo del contenido celular, que depende de la
velocidad de congelación, no es el único mecanismo en acción. Los primeros cristales de hielo se
forman en los espacios inter-celulares, y aumentan de tamaño "aspirando" el agua de las células. Esta
transferencia de agua hace bajar la temperatura de congelación del jugo celular, aumentando su
concentración (como el anticongelante de los automóviles). Pero si continúa, las células mueren por
deshidratación.
En efecto, en el Altiplano las heladas son exclusivamente nocturnas. Se alternan siempre con días
muy soleados, 123 en que las temperaturas alcanzan de 15 a 20º C.

123
La importancia capital, en este proceso, de la sequedad del aire y de la radiación solar, hacen ilusoria la
transferencia al Altiplano de los resultados obtenidos experimentalmente en lugares donde esa sequuedad y esa
radiación no son reproducidas. A título indicativo, la presión parcial de vapor de agua varía entre 1,5 y 8
182

3.2.1. Consecuencias prácticas


a) Importancia del enraizamiento
Hemos observado que, en el caso de diferentes especies cultivadas (trigo, quinua...), en una
misma parcela y con una misma variedad, la resistencia de las plantas a una misma helada nocturna
está muy vinculada con el hecho de tener un sistema radical sano (y denso) que alcance a
profundidad las capas húmedas del suelo, de lo cual se deriva un interés suplementario de todas
las técnicas anti-erosivas, como las terrazas ...y sobre todo los camellones que aseguran la
alimentación hídrica en profundidad de los cultivos, sin que éstos tengan que sufrir por exceso de
agua.

b) ¿Un efecto de sombra a la salida del sol?


Hemos constatado, en el caso de especies botánica y morfológicamente tan diferentes como el
trigo, la papa, los gladiolos o los "qolles" (árboles del género Buddleia) que, en una misma parcela, la
cartografía de las plantas que han resistido a una helada corresponde muy bien a la sombra proyectada
por cualquier tipo de objetos (casa, muro, árbol, roca...) en la primera hora después de la salida del sol.
Como las plantas situadas, de manera simétrica, al Este de tales objetos, presentan los mismos daños
que en el resto de la parcela, ello no se puede interpretar como efecto del abrigo nocturno: nuestros
conocimientos actuales no nos permiten interpretar estas observaciones, pero probablemente tenemos
aquí un mecanismo suplementario por medio del cual las "campiñas", que asocian de manera densa
árboles y muros, protegen los cultivos contra la helada.
En diferentes regiones del Perú y de Bolivia se pueden observar restos de andenes abandonados,
a veces muy por encima del límite superior actual de los cultivos. Lo notable [[261]] es que,
cualesquiera que hayan sido las variaciones climáticas, todos los restos así observados se hallan
asociados a árboles (por lo general Polylepis, fig. 131a), descendientes probablemente de los árboles
o arbustos que, según Canahua (1978), se plantaban sistemáticamente al borde de los andenes en el
Altiplano (fig. 131 b).

Fig. 131a: Arboles de qeñua (Polylepis) sobre antiguos andenes orientados hacia el oeste.
¿Son desciendentes de los árboles plantados antiguamente para modificar el microclima?
(Llalli, Puno, 4000 m.s.n.m.). PM.

milibares, y la radiación solar alcanza 32 MJ/m2 en un día despejado en temporada de cultivo, con un máximo de
1,200 a 1,300 Watt/m2.
Una interpretación como ésta debería haber sido sugerida, mucho antes, por el uso que efectúan los campesinos
de estas mismas condiciones para deshidratar los tubérculos.
183

"La exposición al Oeste es considerada preferible a la exposición hacia el Este, pues la rápida
variación térmica causada por la intensa radiación solar de la mañana puede ocasionar
daños considerables." (Winterhalder y Thomas, 1978: 68).
Serán necesarias investigaciones para entender mejor estas observaciones, opuestas a lo que
sucede a baja altura en las regiones templadas, donde los viñedos están hacia el este.

Los mecanismos que hemos descrito brevemente, son tales que el hombre puede reducir los
riesgos de daños en las plantas, acondicionando el medio y favoreciendo un enraizamiento profundo
de los cultivos: hace siglos que los campesinos de los Andes han buscado asegurar así sus cosechas.

3.3. Efectos de los diferentes acondicionamientos


3.3.1. Las infraestructuras de riego
Desarrolladas sistemáticamente por las civilizaciones precolombinas, están casi siempre
asociadas con otros acondicionamientos.
[[262]] Recordemos que la humedad del suelo influye en las temperaturas mínimas. Por otra parte, si
las explicaciones propuestas arriba son exactas, el riego permite también reducir los daños causados
por las heladas al hacer posible, a partir de las capas profunda del suelo, "la recuperación" de las
plantas luego de la deshidratación a la salida del sol. Y uno de sus papeles más importantes puede ser,
tanto como el aporte de agua a las plantas, la posibilidad de barbechar y sembrar en el momento
deseado (ver Kaerger, 1979/1899: 22, y el capítulo 1 del presente libro).

3.3.2. Arboles y muros: las "campiñas"


"Así se ha podido obtener [en el Altiplano de Puno] buenas cosechas de nabos forrajeros,
coles de Bruselas, coliflores de buen tamaño, lechugas, cebollas y maíz de regular calidad,
todo en terrenos abrigados, cercados y si es posible, rodeados de árboles, por ejemplo kollis,
que prestan abrigo a las chácaras." (Romero, 1928 : 417).

Fig. 132: Creación de un microclima favorable, a pesar de la altura, por la acción conjunta de un arbolado
denso, de muros y del riego (Marzo; Cala-Cala, Puno, 4100 m.s.n.m.). PM.
Se han constituido hasta nuestros días paisajes arbolados que por lo general combinan árboles
y muros, a lo largo de toda la escala de altitudes de los cultivos, desde el nivel del mar hasta más de
4,000 metros de altura (figs. 132 y 133). A primera vista menos espectaculares, y por lo mismo
184

descritos con menor frecuencia que las andenerías (con las que pueden asociarse), modifican muy
profundamente el micro-clima, al menos en lo que concierne a los riesgos de sequía y de helada, al
reducir:
- de noche, las pérdidas radiativas de energía (fig. 129), y ello tanto más cuanto más pequeño
el ángulo bajo el cual se ve el cielo: la disposición ideal de los árboles es, pues, una
distribución regular en todo el terreno, y no solamente en setos alrededor de las parcelas 124
- de día, el exceso de radiación solar y sus consecuencias que son: el deficit hídrico, el período
durante el cual la fotosíntesis se ve disminuida por el cierre de los estomas (Guyot, 1964), y el
riesgo de destrucción de las plantas por deshidratación (como resultado o no de una helada
nocturna). Hablamos de exceso, pues en el Altiplano la radiación solar, que durante casi
todos los días del año es superior a 20 MJ/m2/día, no es probablemente casi nunca limitante
por deficiencia, ya que al contrario de lo que sucede en las regiones templadas, y salvo casos
extremos (densa población de cipreses), no hemos observado jamás un efecto depresivo
causado por el sombreado mismo (puede haber, más bien, de acuerdo a las condiciones,
competencia al nivel de las raíces con respecto a la alimentación hídrica y mineral).
No disponemos actualmente de mediciones microclimáticas que permitan comparar, por
ejemplo, la intensidad de las heladas bajo y fuera del arbolado, sino solamente de observaciones
cualitativas, muy convincentes, sobre la vegetación (fig. 133).

Fig. 133: Creación de un microclima favorable, a pesar de la altura, por la acción conjunta
de un arbolado denso, de muros y del riego (Marzo; Cala-Cala, Puno, 4100 m.s.n.m.). PM.
El arbolado con muros protege igualmente contra las advecciones laterales de aire seco, y los
muros contra los daños producidos por los animales domésticos o salvajes. Por encima de un límite
altitudinal que corresponde muy bien al de las heladas en temporada de cultivo, los muros, que pueden
encontrarse solos o asociados con árboles, tienen huecos a manera de un calado, y son construidos por

124
Se trata claramente, a nuestro modo de ver, de un efecto de abrigo más que de almacenamiento diurno de
calor por las piedras de los muros que lo restituirían por la noche: sabemos en efecto (Choisnel, 1987) que la
modificación de las pérdidas de radiación por los obstáculos colocados bajo un ángulo inferior a 15º por encima
de la horizontal es desdeñable; los muros sólo ejercen, pues, un efecto muy localizado.
185

simple apilamiento de piedras colocadas en equilibrio unas sobre otras (fig. 134). Muros que, huecos
como son, [[264]] y por tanto permeables, dejan escurrir hacia abajo el aire frío en lugar de retenerlo en
"lagunas," como lo harían los muros plenos que se hallan en altitudes más bajas (fig. 135).

Fig. 134: Muro calado permitiendo el drenaje del aire frío


(Diciembre; cerca de Potosí, Bolivia, 4000 m.s.n.m.). PM.
Sin ser tan completos como los de una campiña, los efectos de abrigo creados por
acondicionamientos tales como andenerías, camellones o simples redes de muros (cf. Cardich, 1975 y
Bonnier, 1986) no son sin duda desdeñables, así como tampoco lo es la protección de especies más
bajas por las más altas en los cultivos asociados. Pero todo ello requiere numerosas mediciones de
verificación, tanto desde el punto de vista meteorológico como agronómico.

3.3.3. Los andenes


Son muy a menudo vinculados con la irrigación, ya que no es posible regar las pendientes sin
graves riesgos de erosión. Su papel micro-climático ha sido observado con frecuencia:
[En la isla Titicaca, en medio del lago del mismo nombre] "...hicieron andenes, los cuales
cubrieron con tierra buena y fértil, traída de lejos, para que pudiese llevar maíz, porque en
toda aquella región, por ser tierra muy fría, no se coge de ninguna manera. En aquellos
andenes lo sembraban con otras semillas, y, con los muchos beneficios que le hacían, cogían
algunas mazorcas en poca cantidad (...) " (Garcilaso, 1609, libro III, cap. 25).
[[265]] "Así se puede admirar en todo el Altiplano la existencia de los andenes, tajados en los
cerros, donde las siembras fructifican al abrigo de las peñas o de la inclinación de las
vertientes." (Romero 1928: 405).
Pero aquí también no disponemos sino de observaciones cualitativas; las únicas observaciones
meteorológicas realizadas, a nuestro conocimiento (Grace, 1985), no comparan laderas con y sin
andenes, sino diferentes posiciones y orientaciones en dos pendientes en terrazas.
Se han considerado varias hipótesis en lo que respecta al eventual papel de los andenes en la
reducción de las heladas o de sus efectos, en comparación con una pendiente sin terrazas:
- modificación del movimiento nocturno del aire frío, con mezcla entre capas de aire de
diferentes temperaturas;
- reducción de las pérdidas radiativas gracias a los muros de contención;
- mejor recuperación de las plantas gracias al riego y a una mayor reserva de agua, de la
deshidratación causada por las heladas.
El perfil del suelo es a menudo totalmente artificial, y así la sucesión de las diferentes capas
permiten a la vez evacuar todo el exceso de agua, por drenaje a través de las piedras, cascajo y arena
dispuestos en el fondo, y retener la mayor cantidad posible de agua útil.
186

3.3.4. Los camellones


En su artículo de 1968, Smith et al. plantearon lo esencial de las preguntas en lo que respecta
al papel y la utilización de los camellones situados en los llanos aluviales, donde, en la estación de
lluvias, el nivel de la napa freática se eleva, de acuerdo a los lugares y los años, muy cerca, incluso por
encima, de la superficie del suelo: su principal papel era sin duda permitir el cultivo a un nivel
suficientemente por encima del que podía alcanzar el agua (antes de la introducción de la cebada y la
avena por los españoles, las especies cultivadas a esta altura eran prácticamente todas sensibles al
exceso de agua: tubérculos y entre ellos la papa , quinua, y, en los sitios menos heladizos, tarwi
(Lupinus mutabilis).
Las diferentes formas en que están dispuestos los grupos de camellones hacen pensar también
en otras funciones: en ciertos casos evacuación del agua, pero mucho más frecuentemente retención
en los canales de agua, que ha de permitir, entre otras cosas:
- una alimentación hídrica de los cultivos en caso de episodios secos (veranillos);
- un efecto termoregulador, ya que al absorber calor el agua durante el día, y al restituirlo
durante la noche, se produce una disminución del riesgo de heladas.
Se ha observado esta disminución, cuya existencia confirman las mediciones micro-
meteorológicas (Grace, 1985; Erickson, 1989; así como Knapp y Ryder, 1983, sobre el Altiplano de
Quito en Ecuador) y la comparación de parcelas cultivadas, aun cuando no hay agua en los canales.
Ello quiere decir que otros mecanismos entran en juego, y, entre ellos (fig. 136):
- el drenaje de aire frío, o más exactamente la localización de las plantas cultivadas a una
altura en que el aire es menos frío;
- una menor pérdida de radiación en los canales, cuando son profundos y estrechos (se ve el
cielo bajo un ángulo menor);
[[266]] - y, asimismo, una mejor recuperación de los cultivos después de una deshidratación
por una helada, en contraste con la pampa sin camellones, donde se observa que las primeras
plantas en morir cuando sobrevienen heladas son las que han soportado exceso de agua.
Como sucede igualmente con las qocha, todos estos mecanismos pueden actuar al mismo
tiempo, en proporciones variadas, y a veces con efectos inversos, según las condiciones
meteorológicas del momento y la topografía de los lugares (fig. 137).
La medición de los efectos micro-climáticos de los camellones y qochas plantea, por lo tanto,
delicados problemas de método, que no han sido resueltos todavía de manera satisfactoria en el
Altiplano. Los únicos datos actualmente confiables son, pues, las comparaciones globales de
rendimientos (ver más arriba 2.2) 125 sin que por lo general sea posible saber a qué factores se puede
atribuir las diferencias observadas.

3.3.5. Comentario sobre los "bofedales": ¿qué forrajes en la estación seca?


La existencia de los bofedales y su importancia en la mente de los campesinos muestra
claramente que, incluso en estas elevadas alturas, el problema de la producción forrajera en la estación
seca está al menos tan vinculado a la falta de agua como al [[267]] frío 126. Lo cual aporta un elemento

125
Kolata (1989) indica los rendimientos siguientes de papas obtenidos en un experimento llevado a cabo en
1987-1988 en el Altiplano boliviano: 42 toneladas/ha en los camellones (técnicas no precisadas); 14,5 t/ha "en la
zona mejorada con técnicas modernas"; 2,5 t/ha en la zona de cultivo tradicional sin camellones.
Las diferencias se deben principalmente a los daños de una helada, avanzada ya la estación de crecimiento.
126
A pesar de que allí hiela fuertemente todas las noches, existen plantas que no solamente resisten las
heladas, sino que pueden producir durante el día gracias a las temperaturas moderadas y a la intensa radiación
solar, a condición de que haya agua.
187

de respuesta a una pregunta que se plantea con frecuencia: ¿por qué las técnicas de conservación de
forrajes, tales como el heno y el ensilaje, no se han difundido ampliamente?
Es necesario notar antes que nada la ausencia de cobertura de nieve estacional, lo que hace
posible la conservación del forraje en pie, y el pastoreo por el ganado en todas las estaciones.
[[268]] Fuera de los bofedales, las plantas más altas en la vegetación natural son en la mayoría de los
casos silíceas o leñosas, es decir al mismo tiempo muy difíciles de segar y de poco interés como
forraje. No se puede por lo tanto cosechar y conservar en forma de heno o de ensilaje, sino los forrajes
que se cultivan (incluidos entre ellos los cereales). Ahora bien, las competencias y cuellos de botella
son ya muy fuertes en los sistemas de producción de los campesinos, ya sea en la utilización del suelo
cultivable, ya sea en la de mano de obra (cap. 6). No se ve bien dónde y cuándo podrían cultivar,
cosechar y asimismo almacenar esos forrajes. Ello explica por qué en el Altiplano sólo algunos pocos
productores especializados en producción lechera conservan forraje, en forma de ensilaje. En el caso
de todos los demás, el riego de los pastos naturales en la estación seca constituye una solución mucho
más lógica, allí donde es factible.

Conclusión
Las interpretaciones que hemos dado aquí son nuestras. Uno se puede preguntar si todas esas
obras de ingeniería eran sólo, como afirman algunos, resultado de "tanteos empíricos," o si las
sociedades que las construyeron tenían una teoría que explicase su funcionamiento. El intento de
interpretación de los mahamaes por B. Cobo es realmente notable, pero es una explicación a
posteriori y por un europeo. Pues bien, a propósito de otro método de lucha contra las heladas,
Garcilaso escribió un texto magnífico, ninguno de cuyos términos negaría un científico de
nuestros días (en el plano teórico), y cuya última frase es para nosotros capital, pues indica de
manera segura que se trata de la explicación que los indios daban ellos mismos:
"(...) porque en aquel valle del Cusco y en el de Sacsahuana y otros comarcanos, y en
cualesquiera otros que sean del temple de aquéllos, es muy riguroso el hielo, por ser tierra
fría, y daña más al maíz que a otra mies o legumbre, y es de saber que en aquellos valles
hiela todo el año, así de verano como de invierno, como anochezca raso, y más hiela por San
Juan que por Navidad, porque entonces anda el Sol más apartado de ellos. Viendo los indios a
prima noche el cielo raso, sin nubes, temiendo el hielo, pegaban fuego a los muladares para
que hiciesen humo, y cada uno en particular procuraba hacer humo en su corral; porque
decían que con el humo se escusaba el hielo, porque servía de cubija, como las nubes, para
que no helase. Yo vi esto que digo en el Cuzco; si lo hacen hoy, 127 no lo sé, ni supe si era
verdad o no que el humo escusase el hielo, 128 que, como muchacho, no curaba saber tan
por extenso las cosas que veía hacer a los indios." (1609, Libro VII, capítulo 5. Los
subrayados son nuestros).

127
Sí, lo hacen todavía...cuatro siglos más tarde (cf. Mishkin, 1946; Carter y Mamani, 1982; Angles, 1987: 64).
128
Nosotros no lo sabemos tampoco. Las mediciones modernas no indican más que una muy ligera elevación
de la temperatura (alrededor de 1º C !). Pero fueron obtenidas en ensayos efectuados con sustancias fumígenas, y
no con la combustión de detritus orgánicos: el "humo" que produce ésta es caliente, y contiene vapor de agua, el
cual puede, al condensarse en neblina, reducir el enfriamiento. No se ha efectuado ninguna medición en las
condiciones descritas por Garcilaso.
188

[[269]] 4. Elementos para un debate


Pierre MORLON

4.1. ¿Qué es una tierra cultivable?


"Los suelos delimitados y descritos en el Sector de prioridad I del Departamento de Puno
[sector que incluye Asillo, Huatta y la zona de las qocha] han sido agrupados en las clases
III, IV, V, VI, VII y VIII de capacidad de uso", (...) "ateniéndonos, en lo posible, a las normas y
delineamientos (...) del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (...)." " Las clases
I (sin limitaciones de uso) y II (con limitaciones ligeras) se encuentran ausentes en el Sector
reconocido, debido a las condiciones climáticas adversas, propias del Altiplano, que
eliminan las posibilidades de existencia de estas clases de máxima calidad agrícola."
(ONERN-CORPUNO, 1965, vol. 3: Suelos, pp. 67 y I - los subrayados son nuestros).129
Uno podría asombrarse ya de que, en una clasificación de suelos, desempeñen un papel tan
importante las condiciones climáticas, que son objeto de un estudio separado en el mismo estudio.
Nosotros encontramos en muchos lugares del mismo sector suelos que podrían ser envidiados por los
agricultores de los más ricos llanos de Europa o Norteamérica: las raíces de los cereales se desarrollan
ahí sin ningún obstáculo, hasta más de un metro cincuenta (Pacheco et al., 1978), y hay agricultores
que han obtenido en producción comercial más de 5,000 kg/ha de cereales, y 40 t/ha de papas, con
mucho menos abonos y productos de tratamiento de lo que se emplea habitualmente en los países
templados.
Pero volvamos al tema de este capítulo. "La capacidad productiva así como la aptitud
agrícola de los suelos de esta serie (Limnos) es muy limitada, debido a las condiciones indeseables de
su sistema de drenaje, quedando relegados para pastoreo temporal y extensivo del ganado local."
(ONERN-CORPUNO, 1965: 15): en la foto a colores que ilustra esta serie de suelos y las malas
condiciones de drenaje, aparecen claramente ¡antiguos restos de camellones! 130 Jugando con la
confusión entre lo que es y lo que podría ser, entre utilización actual y 'potencialidades', tales
estudios no hacían más que justificar la utilización de la tierra por los grandes latifundios
extensivos, en una época en que éstos dominaban la región.
Si se siguiera ese tipo de normas, aplicadas por la mayoría de los agrónomos y de los
"desarrollistas," la gran mayoría de las tierras actualmente cultivadas en los Andes Centrales, o que lo
han sido y permitieron desde hace 2,500 años el florecimiento de brillantes civilizaciones, ¡serían
incultivables!
En el primer capítulo de este libro planteamos, a propósito de las herramientas con qué
cultivarlas, la pregunta: "¿qué es una tierra cultivable?" Pues bien, y al contrario del Viejo Mundo, en
que el desarrollo técnico agrícola se fundó en el perfeccionamiento de las herramientas a partir de la
metalurgia del hierro y de la presencia de animales de tiro, en los Andes ello se hizo sobre la base de
la transformación y el acondicionamiento del medio (Golte, 1980 b).
[[270]] Desde hace largo tiempo muchos de los territorios en los Andes no son ya "naturales" sino
construidos o destruidos por las sociedades humanas. Por lo tanto toda cartografía "en el absoluto"
de las extensiones "cultivables" es allí falsa, y la evaluación del medio "natural" reviste poco interés
práctico.

129
Realizado con medios nunca renovados desde entonces, este estudio, con más de veinticinco años, sirve
todavía como base y referencia para todos los trabajos de investigación o de desarrollo efectuados en la región.
130
En 1985, cuando comenzaban a conocerse los trabajos sobre los camellones, una publicación de la misma
institución no sólo no había reconocido su existencia en cuanto acondicionamiento agrícola, sino que
consideraba el "relieve ondulado" del suelo como un factor limitante, y recomendaba nada menos que ¡aplanar el
terreno! (ONERN-CORPUNO, 1985: 55-61).
189

"Un factor básico en la capacidad de controlar las tierras era el hecho de que en los Andes
las tierras sin pobladores no tenían valor, eran estructuralmente inexistentes. La tierra y la
gente que la trabajaba sobre la base de la reciprocidad formaban una sola unidad, que las
ciencias sociales pueden separar con fines analíticos, pero que nosotros debemos volver a
unir si deseamos comprenderlo según el criterio andino." (Murra, 1964).
Ignorar al mismo tiempo el principio andino de utilización complementaria de diferentes zonas
de producción acondicionadas, y los obstáculos socio-políticos para su aplicación (en 1961, antes de
las reformas agrarias, el 0,4 % de los propietarios poseía el 76 % de las tierras), condujo a hechos tan
aberrantes como definir y calcular para tal distrito o provincia una "capacidad de carga" 131 en
población humana, por encima de la cual habría un "exceso" de habitantes. Tomemos como ejemplo el
conocido estudio sobre el distrito de Nuñoa, a más de 4,000 metros en el Altiplano (Little y Baker,
1976; Mac Rae, 1982; Weinstein et al., 1983). El cálculo de tal "capacidad de carga" se basa en la
evaluación del número de calorías alimenticias producidas por la agricultura, muy marginal a causa
de la altura, y por la ganadería. Los autores consideran la posibilidad de una duplicación de los
rendimientos agrícolas en las extensiones cultivadas actuales, pero:
- no consideran la posibilidad de acondicionar el medio para volver a aumentar estas
extensiones aunque este distrito comprende, justamente, numerosos restos de andenes e
incluso de camellones;
- y tampoco consideran la eventualidad de una modificación de los precios de los alimentos
que compran los campesinos en relación con el de la lana de alpaca, que es su principal
recurso. Desde la época en que se efectuaron estos cálculos, considerados "definitivos" por sus
autores, el precio que se paga a los productores por la lana de alpaca se ha incrementado
considerablemente, como consecuencia de factores políticos y de la situación del mercado...
No se trata aquí de un simple debate entre especialistas, pues semejantes resultados
"científicos" sirvieron de caución a políticas de eliminación de los campesinos indígenas (ver por
ejemplo la película "La sangre del cóndor" de J. Sanjines), y más generalmente a la falta de acciones
de desarrollo para estas regiones.

4.2. Variabilidad ecológica y manejo del teritorio132


"De este modo, en el lugar llamado Piñank'ay de Chacán, en el límite con la hacienda Mappi,
puede constatarse a simple vista el límite definido entre la comunidad y la gran propiedad por
los cultivos de maíz: los comuneros cubren el paisaje con sus sementeras y la hacienda parece
desnuda con magros pastizales naturales o cereales. Y la delimitación no corresponde a
razones ecológicas necesariamente..." (Sabogal Wiesse, 1966: 17).
[[271]] Una condición necesaria para que la estrategia de dispersión de riesgos y complementaridad de
las diferentes zonas ecológicas funcione y dé frutos, es que se evalúen adecuadamente las
potencialidades de cada piso ecológico, lo cual a su vez exige:
- una estimación correcta de las mismas - cosa que queda aún por hacer, a pesar de trabajos
de precursores como Troll:
"Un avance mayor en la comprensión científica de la geografía andina se produjo cuando en
1931 el investigador alemán Carl Troll publicó lo que es todavía un texto básico para el
estudio de los numerosos y variados "bolsones" creados en el paisaje por la proximidad de
elevadas montañas, el desierto costero y las llanuras amazónicas húmedas. Troll advirtió que
los diagramas tradicionales de precipitaciones y temperaturas eran inadecuados y que

131
El concepto de "capacidad de carga" (carrying capacity) fue creado para poblaciones de animales silvestres,
que no hacen sino aprovecharse del medio, sin cultivarlo ni acondicionarlo, de ninguna manera se puede aplicar
a animales domésticos... ¡y mucho menos a poblaciones humanas!.
132
Extractos de Morlon et al., 1982, capítulo 1.
190

inducían a error cuando se les aplicaba a esta región.133 Inventó nuevos gráficos para
registrar los extremos que se producen dentro de un período cualquiera de 24 horas.
Descubrió desde un comienzo que la terminología científica desarrollada en otros lugares no
describe los climas locales; tomó en préstamo una gran parte de su vocabulario de la práctica
etno-geografica andina. Es ciertamente posible colocar la puna andina en una caja marcada
"estepa" o "sabana", pero ello implica una gran pérdida de especificidad. Estas praderas
tropicales, frías y a gran altitud, son cultivadas desde hace mucho tiempo, quizás incluso
desde una época anterior a la deforestación; es allí donde vive, desde hace milenios, la
mayoría de las poblaciones andinas. Fue en la puna donde emergieron no solamente los
Incas, sino también estructuras estatales anteriores (Tiwanaku, Wari). Troll consideró esto
como un significativo indicador de las potencialidades que la mayor parte de los
observadores actuales no captan." (Murra, 1984b).
- una gran diversidad de técnicas, correspondiendo a cada zona de producción un conjunto
particular de técnicas apropiadas;
- decisiones cotidianas de manejo técnico, en función de la importancia en la actividad agrícola
de factores imprevisibles (clima, enfermedades).
Todo ello supone que, para cada unidad de producción agrícola, el centro de decisión real
(propietario, inquilino, administrador...) tenga su sede o resida en las proximidades, tenga la
responsabilidad de una extensión de tierras y de animales que no sobrepase lo que puede manejar con
eficiencia, y que la llegue a conocer a lo largo de un período suficiente. Lo cual nos parece totalmente
contradictorio con lo que encontramos con mucha frecuencia en los Andes Centrales, a saber:
a) Recetas técnicas que pretenden una validez universal, independientemente de las
condiciones. Pensamos, en particular, en las recomendaciones únicas sobre dosis de abonos, regadío,
densidad de siembra, variedades, para regiones extensas y heterogéneas, o en el mejor de los casos
distinguiendo dos o tres "niveles de tecnificación" de los productores. Nos asombramos asimismo ante
los grandes programas que pretenden desarrollar la agricultura de toda una región sobre la base de
normas o referencias uniformes (ver capítulo 5).
b) Las grandes propiedades centralizadas (poco importa su forma jurídica: privada,
colectiva o estatizada) - ¡algunas tienen cientos de miles de hectáreas! -, en las que un único centro de
decisión:
[[272]] - no conoce suficientemente el medio: propietario de varias fincas o haciendas;
funcionario llegado no hace mucho a la región, o responsable de explotaciones demasiado
extensas (¡las inmensas SAIS creadas por la reforma agraria en el Perú!);
- no reside (o no tiene su sede, si se trata de una institución) en el lugar: es el caso de
explotaciones dirigidas desde varios cientos de kilómetros de distancia, por directivas
ministeriales o propietarios ausentistas, o aun por empresas extranjeras, y todo ello incluso
cuando una inyección de capital o de tecnología da la impresión de una "tecnificación".
En tales latifundios la adaptación fina de las técnicas a las particularidades del medio ha sido
obviada por completo para ser sustituida por sistemas de explotación homogéneos, muy a menudo
extensivos. Las diferencias ecológicas originales son suprimidas desde un principio del paisaje visible,
y a continuación reducidas, pero en el nivel de producción más bajo, pues es imposible homogeneizar
el medio al nivel productivo de las zonas más favorables.
Al mismo tiempo, para justificarse o proteger sus intereses, los responsables de esos
latifundios niegan la posibilidad de lograr una mejor productividad,se oponen a las investigaciones
agronómicas que los contradicen, u ocultan sus resultados. En Puno, los responsables de la Reforma

133
Tales errores aumentan con la altura; llevan a considerar como "muy húmedas" o "pluviales" zonas en las que
no llueve durante ocho meses por año, y, en el Altiplano, a tomar las heladas como chivo expiatorio del estado
actual de la agricultura (Morlon 1978b, 1979, 1981b; Banegas y Morlon 1980).
191

Agraria de 1969-1975 ignoraban por completo los resultados obtenidos por el equipo de Mantari
(1955a, b, c), que no babían sido difundidos sino más bien ocultados.
En el estudio de la producción de maíz en la región del Cusco (capítulo 5), el desconocimiento
oficial de los altos rendimientos conseguidos con técnicas tradicionales por los pequeños productores
proviene del prejuicio de que los resultados de los pequeños campesinos "deben" ser inferiores a los
de las grandes propiedades.
La tecnología agrícola, y las relaciones del hombre con el medio, se hallan así íntimamente
vinculadas en los Andes con la estructura agraria y la organización social. ¿Para qué sirve una
Reforma Agraria, si no modifica los sistemas de producción ligados a la estructura anterior? No
basta cambiar jurídicamente la propiedad de la tierra si no se mejora su uso en lo que respecta, a la
vez, a la productividad inmediata y a la conservación a largo plazo de los recursos. Pero ello supone
disponer, previamente, de los conocimientos necesarios.

4.3. Paisaje agrícola y técnicas apropiadas


El modelo de paisaje agrícola que creemos es de todos los campesinos andinos - pero muy
pocas veces de los demás grupos sociales - combina134 diferentes zonas de producción acondicionadas
para el corto plazo (la producción) y el largo plazo (la conservación de los recursos).
Cuando los campesinos no lo construyen, o no lo conservan, es por causas vinculadas con la
sociedad global:
- ya sea a causa de la falta de seguridad a largo plazo de la posesión de la tierra: han plantado
árboles alrededor de sus parcelas en la única región del Perú en que la Reforma Agraria
distribuyó títulos individuales a los campesinos;
[[273]] - ya sea porque la desestructuración de la sociedad rural ya no permite la organización
colectiva necesaria.
"Si no es claro para una comunidad que ella es propietaria de sus recursos, y si ha perdido a
través de un proceso feroz de colonización la capacidad presente y la combatividad para
luchar por controlarlos y conservarlos, no tiene el freno ético comunitario que permite cuidar
y enriquecer el propio territorio." (González, 1978: 115).
Durante generaciones, para los campesinos de los Andes, las rebeliones, aplastadas en la
sangre, han sido la única alternativa a la desesperación o a la resignación. El significado profundo más
estimulante de las reconstrucciones de camellones y de andenes, ¿podría ser que los campesinos - no
todos, sin embargo - han recobrado suficiente confianza como para retomar en sus manos, juntos, su
futuro?
Y, desdeñando los a-priori ideológicos de numerosos técnicos o ingenieros, los campesinos
combinan alegremente estas viejas técnicas tradicionales andinas con otras modernas e importadas:
fertilizantes químicos, nuevas variedades de trigo de invierno en los camellones reconstruidos, tractor
en los andenes..., con tal que su eficacia sea verificable: todo lo que se adapta es adoptado para
ampliar el abanico actual de los medios disponibles de los que habla E. Mayer en el capítulo
precedente.
Pero nuestra "defensa e ilustración" de la agricultura campesina andina no sería sino un
discurso ideológico sin un conocimiento de lo que los sistemas de producción campesinos producen o
son capaces de producir: desde los rendimientos por parcela hasta los recursos de la familia.

134
En este capítulo hemos presentado en forma separada diferentes zonas. Pero, normalmente, cada comunidad
tiene varias de ellas: para no citar sino un ejemplo, además de sus salinas, la comunidad de San Juan de Salinas
posee al menos dos otras zonas de producción artificializadas: camellones en la pampa, y pendientes con
andenes (ver igualmente las figs. 43 y 46).
192

[[275]] TERCERA PARTE


LOS RENDIMIENTOS OBTENIDOS POR LOS
CAMPESINOS, FRENTE A LA INVESTIGACIÓN
AGRONÓMICA Y LA VULGARIZACIÓN

Capítulo 5. [[276]]

¿Qué tipos de mediciones y qué criterios para la


evaluación? 135
Pierre MORLON, Albéric HIBON, Douglas HORTON, Mario
TAPIA, François TARDIEU

Introducción: los datos oficiales


Todos los esfuerzos de los campesinos andinos para acondicionar el medio natural tienen un
mismo objetivo: producir más, y más seguramente.
En efecto,como hemos visto en los capítulos anteriores, las técnicas empleadas o la propiedad
de la tierra limitan en muchos casos a menos de dos hectáreas la extensión que una familia campesina
puede cultivar cada año. Ya sea para su solo auto-consumo, ya sea para la venta, la familia campesina
debe obtener de qué vivir de una extensión tan pequeña: el problema de los rendimientos que se logran
es, evidentemente, esencial. Ahora bien, ¿cuáles son los rendimientos que puede obtener una
agricultura tradicional en medios naturales tan difíciles y limitantes?
Una discusión sobre este tema supone un conocimiento preciso, detallado y confiable de los
rendimientos obtenidos en ambientes naturales muy diferentes, y con las diversas técnicas en uso en
los Andes Centrales.
Hasta mediados de los años 70, no se disponía sino de los censos agrícolas y de las estadísticas
anuales del Ministerio de Agricultura, publicados y utilizados a escala del distrito, de la provincia o
del departamento. El cuadro 4 es una síntesis reciente de los mismos, indicando, lo cual no es habitual,
los valores extremos y no sólo los promedios. A veces son accesibles informaciones relativas a
algunas comunidades campesinas, y añadimos a dicho cuadro las de dos documentos que conciernen a
una misma provincia.
Esas cifras plantean varias preguntas y observaciones:
- en primer lugar, tales rendimientos son muy bajos, de cinco a diez veces inferiores a los que
se consiguen en las estaciones experimentales situadas en las mismas regiones. ¿Es que las
condiciones naturales son por doquiera tan desfavorables? ¿O bien las técnicas son tan poco
efectivas? En este caso, ¿cuáles son los resultados de la extensión agrícola?
- además, son muy homogéneos, y la brecha entre los extremos muy estrecha: es
particularmente sorprendente que se indique el mismo rendimiento de papas, tanto primerizas
como tardías, en el caso de dos comunidades tradicionales de altura en suelos graníticos pobres
(Pumapuquio y Llupapuquio), y de dos otras más modernas, situadas más abajo en suelos más
ricos (Kaquiabamba y Cocairo). Desde luego, se trata de promedios que borran las

135
Resúmenes del presente capítulo han sido publicados anteriormente por Morlon (1988, 1990a).
193

diferencias, pero, incluso así, ¿es posible que los rendimientos sean tan semejantes en un
sitio y otro y de un año [[279]] a otro? 136 Si tal fuera el caso, no se podría hablar ciertamente
de riesgos, sino solamente de una baja productividad general. Entonces, ¿son adecuados los
métodos de obtención y procesamiento de datos? Pero, con los medios de que se dispone, y
teniendo en cuenta la ausencia de catastro y la muy comprensible desconfianza de los
campesinos, ¿es posible hacer más de lo que uno de nosotros pudo observar con ocasión del
censo agrícola de 1972, es decir la obtención de datos por encuesta indirecta a un informador
por comunidad? Para las estadísticas anuales de producción del Ministerio de Agricultura, la
estimación del rendimiento "promedio" no descansa por lo general sobre un trabajo de
cuantificación preciso. En el mejor de los casos, es el fruto de una encuesta oral directa con un
número reducido de productores, en general los más vinculados al Ministerio, y que no
declaran sino la producción comercializada, pues es la única que conocen. El nivel real de
producción en el campo permanece en la obscuridad. Además, y en la medida en que un grupo
de productores o una zona es juzgada más o menos "moderna," se le atribuye un
"rendimiento" superior o inferior a ese "promedio"...

[[278]] Cuadro 4. Rendimientos de los principales cultivos de altura : ejemplos de datos estadísticos
agrícolas para la Sierra peruana.

Conjunto de los Andes peruanos Comunidades de la provincia de


Andahuaylas
I II III A B
1929 1964 Años Huayana140 Pumapuquio,
Departamentos Promedio 70’139 Llupapuquio,
Cultivos de la Sierra137. de la Valores Kaquiabamba,
Valores extremos Sierra138 extremos Cocairo141
Tubérculos Papas 2 – 6.5 5.6 6 – 11 4 4
(t/ha) Ocas - 2.8 6 – 12 2 4
Olluco - 3.2 4–8 1.9 3.2 y 4
Mashua o isaño - 2.0 5 - 10 1.7 3 y 3.6
Granos Maíz 7.5 – 20 9 6 – 12 8 13 a 15
quintales Cebada 8 – 11 14 4 – 10 7 10 y 10.5
métricos/ha Trigo 4 – 12 9.5 6 – 14 6.5 10 y 10.5
Habas, arvejas 4 – 12 11 – 12 5–8 8 9.54 a 18
Quinua 3.5 – 13 9 5–8 4 - (cultivo a menudo
Cañihua 5 - 20 - 4-8 - asociado)

- en fin, se ocultan por completo los verdaderos contrastes que corresponden a la


utilización, por una misma comunidad y una misma familia campesina, de tecnologías
diferentes en cada una de las zonas de producción a las que tienen acceso.

136
Hace cuatro siglos sin embargo que se advirtió y anotó la variabilidad de los rendimientos entre años, pisos
ecológicos y ayllus, en documentos tales como los informes de las 'visitas' de Ortiz de Zúñiga (1562) en
Huánuco y Garcí Diez (1567) en Chucuito (citados en el Capítulo 3), o de la "revisita" de Chaqui, cerca de
Potosí, en Bolivia, en 1611, analizada por Sebill (1987, 1989, 1990).
137
Fuente : Pinto, 1972. El primer censo agropecuario del Perú, 1929.
138
Estadística agraria 1964, Ministerio de Agricultura y Universidad Nacional Agraria.
139
INIPA, 1982 (citado por Tapia, 1986), según estadísticas anuales del Ministerio de Agricultura.
140
Censo hecho por el Servicio de Información y Promoción agrícola del Ministerio de Agricultura en 1966,
citado por Vallejos et al., 1967.
141
Tesis de L. Goineau (1973 : 208 ss.) Las cuatro comunidades difieren mucho entre ellas por el medio natural,
las condiciones socioeconómicas y las técnicas utilizadas : por eso resulta sorprendente que aparezcan resultados
idénticos para rendimientos de papas tanto primerizas como tardís.
194

Se dio un paso decisivo para el conocimiento de los rendimientos logrados por los campesinos,
y de las técnicas empleadas, cuando los Centros Internacionales de Investigación sobre el Maíz
(CIMMYT) y sobre la papa (CIP) realizaron estudios "en las condiciones reales de producción" a fin
de entender por qué los pequeños agricultores no adoptaron sino en reducida proporción las variedades
mejoradas de papa, y absolutamente no las de maíz (Franco y Benjamin, 1978; Franco et al., 1979 y
1981; Benjamin, 1980; Tardieu, 1978 y 1980; Hibon, 1981 y 1982; Horton et al., 1980; Horton, 1983,
1984, 1985, 1986). Presentaremos aquí los resultados y conclusiones de dos de estos estudios.142

1. El cultivo de maíz en los sistemas de producción del Cusco:


etapas de una investigación143
Es precisamente el bajo nivel de los rendimientos oficialmente indicados que, para los
responsables de la producción en el Ministerio, justificó la reactivación de acciones de intensificación
por el "Proyecto de Desarrollo del cultivo de Maíz en la Sierra," sobre la base de elementos de
diagnóstico reunidos en el cuadro 5, en que la parte de las técnicas "de bajo nivel e inadecuadas"
empleadas por los agricultores aparece predominante en la explicación de la "baja productividad de
esta categoría de agricultores." "El programa peruano de investigación en parcelas de agricultores
tiene por finalidad reducir la brecha ("gap") entre los rendimientos de la mayoría de los productores de
maíz, y los obtenidos en estaciones experimentales" (Benjamin, 1980: 1).

[[280]] Cuadro 5. Principales factores que, según los técnicos del Ministerio de Agricultura, limitan la
producción del ma en las medianas y pequeñas UPA 144 - Cuzco, 1978
Provincia Cusco Quispicanchis Anta-Maras Urubamba Calca
Factores (Urcos)
Clima Riesgos altos de heladas, granizadas y sequías Déficit de agua de regadío
(lluvias irregulares)
Suelos Fertilidad “baja” Fertilidad “media” o “baja”
Rotaciones Monocultivo
Variedades Locales (potencial bajo y semillas de mala calidad) Seleccionadas por los
agricultores
Tipo de siembra “Inadecuado” (en línea “a cola de buey” “Moderno” (hoyos de siembra)

Nivel de fertilización “Bajo”


(N – P - K, kg/ha/año) 66 – 19 - 12 98 – 64 - 36 50 – 39 - 15 100 – 50 – 0 + estiércol
Lucha contra las malezas Control manual e “insuficiente”
Plagas y enfermedades “Afecta significativamente los rendimientos y la calidad de las cosechas” (no se utilizan
pesticidas)

Densidas (miles plantas/ha “baja”


en la cosecha) 48,800 53,800 54,900 23,500

142
Este capítulo trata exclusivamente del conocimiento que tenemos de los rendimientos obtenidos por los
campesinos, y de las condiciones que explican las técnicas aplicadas. No contiene ningún análisis agronómico
de la elaboración del rendimiento, que haría su lectura demasiado técnica... y no ha sido hecha aún sino muy
excepcionalmente en la región.
143
Los resultados que presentamos aquí provienen de la tesis de A. Hibon: "Transferencia de tecnología y
agricultura campesina en la zona andina: el caso del cultivo de maíz en los sistemas de producción del Cuzco".
ENSA/CNRS, Toulouse, 1981, 210 p., más anexos. UPA = Unidad de Producción Agrícola.
144
Se tratan de las UPA que tienen entre 0.5 y 20 ha de tierras, según las normas del Ministerio de Agricultura.
Fuente : elaborado por A. Hibon en base a las informaciones y programas de trabajo del « Proyecto de desarrollo
del cultivo del maíz amiláceo », Cuzco.
195

Rendimientos (kg/ha) 1,100 1,600 1,300 1,800


Precio del maíz Irregular (falta de mercado)
Crédito Insuficiente y de costo muy elevado
Máquinas agrícolas Material insuficiente (no hay segadora)

[[281]] 1.1. Zonaje y estratificación de los agricultores


La región de valles en el Cusco es heterogénea, tanto desde el punto de vista del medio natural
(relieve, altitud, clima), como de las estructuras y sistemas de producción (dimensiones de las
explotaciones, importancia relativa de las producciones, técnicas que se emplean, proximidad de los
centros de consumo). La primera etapa consisitió en dividirla en zonas agro-ecológicas relativamente
homogéneas (cuadro 5.3).
Sin embargo, en el interior de cada una de ellas, no todos los agricultores actúan y reaccionan
de la misma manera frente a las condiciones y problemas planteados por el cultivo de maíz. Esta es la
razón por la cual se necesita un segundo nivel de estratificación, agrupando las unidades de
producción en categorías relativamente homogéneas en lo que concierne a las limitaciones del medio y
las prácticas de los agricultores.
Se buscó, en cada una de estas zonas agro-climáticas, grupos de agricultores sometidos a
condiciones agro-técnicas y socio-económicas similares. Resultó ser la extensión de los cultivos de
maíz, y no la extensión total cultivada, el criterio más determinante para distinguir las diferentes
categorías de agricultores.
Como era dable esperar, la extensión de los cultivos de maíz constituye un criterio cuyo valor
numérico es relativo. En el valle del Urubamba, las más "pequeñas" de las UPA son las que tienen
menos de 3 ha. de maíz, contra 1 ha. en la Pampa de Anta.

1.2. La encuesta de diagnóstico llamada "de visita única",


En el primer año, puso en evidencia la existencia de conjuntos de técnicas de cultivo que
resultaban de situaciones agro-económicas muy diversas entre zonas y categorías de productores
(cuadro 5.4).
Precisemos algunos puntos:

Pluriactividades:
Una de las características fundamentales de los productores medianos, y sobre todo de los
pequeños, reside en el hecho de que practican con mucha frecuencia una agricultura a tiempo parcial,
dedicándose también a otras actividades productivas.
De acuerdo a los términos de la economía clásica, el costo de oportunidad de la mano de obra
de estos grupos de UPA será, por eso, más alta que la norma, y tanto más cuanto, al contrario de lo que
se entiende comúnmente, falta mano de obra en las condiciones actuales, en ciertas épocas del año,
para llevar a buen término los trabajos de siembra, aporque y cosecha.

Riego y fecha de siembra.


Se puede observar, en general, una correlación muy neta entre el nivel de rendimientos
declarados y la fecha de siembra, la cual depende de la disponibilidad de agua. En lo relativo a la
rentabilidad, así como la seguridad de la actividad agrícola, la siembra precoz para la obtención de
"choclos" desempeña un papel fundamental para las UPA de la valle del Urubamba y del Vilcanota
(Urcos).
196

La cantidad de semilla utilizada varía según la zona y el tipo de UPA, entre 65 y 100 kg/ha.
Las grandes UPA utilizan cantidades superiores en más o menos 30 % a las de las UPA pequeñas y
medianas. Las densidades de siembra aumentan, igualmente, con la [[282]] altura: en el caso de los
pequeños agricultores se pasa de 68,000 plantas/ha en el valle del Urubamba a 90,000 plantas/ha o
más en las cercanías de Urcos y de Anta. Se trata, pues, de densidades mucho más elevadas de lo
que daban a entender los informes de los técnicos del Ministerio. La fase ulterior de seguimiento
agronómico permitió confirmar estos datos así como explicar su lógica: se trata, por una parte, de un
seguro contra los daños causados por los insectos del suelo; y, por otra, y en ciertas zonas, los
campesinos sacan plantas, durante todo el ciclo de crecimiento, hasta un total del 30 %, para alimentar
el ganado (Benjamin, 1980: 7).

Las variedades.
Las grandes unidades, que producen esencialmente para la venta, buscan altos rendimientos
con una, o al máximo dos variedades. Por el contrario, entre los pequeños agricultores, la mezcla de
variedades en una misma parcela es frecuente en todas las zonas y en todas las épocas de siembra. La
falta de semilla de una sola variedad, la carencia de liquidez para adquirirla, y también la voluntad de
afirmar la seguridad alimentaria de la familia, son los principales elementos explicativos. Para
alcanzar el objetivo de la seguridad alimentaria, los agricultores combinan diversas variedades de
características diferentes : valor culinario y sabor, precocidad, tolerancia a la sequía y al frío,
resistencia a los insectos y las enfermedades, resistencia a la caída por acción del viento o la lluvia. En
este caso, la seguridad alimentaria es el denominador común de estas mezclas de variedades.
Hay diferencias notables, según la zona y el tipo de UPA, en las preferencias que, según
manifiestan los agricultores, conceden a determinadas características varietales. En el valle del
Urubamba, donde han aparecido problemas serios por las plagas, se prefieren las variedades antes que
nada resistentes a los parásitos, de tallo más alto (sin duda para aumentar la disponibilidad de forraje)
y de grano grueso. A medida que se asciende, las preocupaciones cambian: en el valle del Vilcanota
(Urcos) se busca aumentar, en este orden, el tamaño del grano y la precocidad. Más arriba, en el
mismo valle, o alrededor de la pampa de Anta, la precocidad se convierte en la preferencia número
uno frente al agudo problema de las heladas. Los agricultores que cultivan parcelas de secano efectúan
ellos mismos un diagnóstico elocuente del maíz "temporal": expuesto en todo momento a las heladas
precoces, se queda pequeño y es sensible a las plagas.

La fertilización
Se ha difundido mucho la utilización de fertilizantes químicos en el cultivo de maíz en la
región, excepto en las zonas muy altas y muy alejadas del Cusco. Aparte del alto valle del Vilcanota
(Cusipata, Combapata), más del 35 % de las parcelas de maíz recibieron fertilizantes nitrogenados,
contra más del 70% de las parcelas de papa, a dosis a menudo superiores. Esto se explica fácilmente
por la sucesión de los cultivos : a la cabeza de la rotación, la papa recibe una fertilización nitrogenada
elevada (de 40 a 100 kg por hectárea), el maíz un complemento bastante reducido (de 10 a 70 kg/ha), y
los eventuales cultivos siguientes a menudo nada.
[[285]] El aporte regular de deyecciones animales se da en casi la totalidad de los pequeños y
medianos agricultores, en tanto que parece haber desaparecido en las grandes UPA. Las cantidades
esparcidas varían entre 2 y 3 t/ha., según las zonas y la importancia del ganado (se trata de
deyecciones secas, cuyas dosis no son comparables a las de estiércol).
Las pequeñas y medianas UPA se diferencian, pues, de las grandes, tanto por la naturaleza de
los abonos utilizados, como por las cantidades aportadas. Más aún, aparece claramente una relación
bastante directa entre la afectación de la producción y la fertilización (tanto su naturaleza como su
nivel): los agricultores ponen una fertilización mayor en las parcelas cuya producción se destina a la
venta que en aquéllas que son cultivadas para el consumo familiar.
197

Los niveles de rendimiento según la encuesta


Los niveles de rendimiento promedios obtenidos por medio de la encuesta oral son bajos para
el conjunto de la región, y coinciden con los datos estadísticos. Pero difieren sensiblemente según la
zona agro-climática, y sobre todo según el tipo de unidades de producción. El rendimiento
promedio declarado varía entre los 700 y los 1,400 kg/ha en el caso de las UPA pequeñas y
medianas, y oscila alrededor de los 2,000 kg/ha en el caso de las grandes.
Desde el punto de vista económico, las UPA grandes, principalmente las cooperativas,
disponen de capitales (fijos o variables) netamente superiores a los de las pequeñas. Del mismo modo,
se beneficiaban de un acceso relativamente fácil al crédito, lo que les permitía utilizar en el momento
deseado los insumos disponibles. Por el contrario, la valorización de los recursos de numerosas
pequeñas UPA se basa en una red de relaciones sociales complejas (ayni*, minka*, trabajo
asalariado) que no siempre permite realizar los trabajos y labores culturales necesarios en el momento
oportuno.
Sin embargo, subsisten incertidumbres sobre los valores absolutos de los rendimientos. Por
ejemplo, el nivel promedio declarado por las UPA grandes (2000 kg/ha) no les permitía conseguir, en
1978, un margen de beneficio significativo luego del pago de las gastos de cultivo y de los gastos
financieros. Si fuera realmente el caso, estas UPA difícilmente aceptarían afectar el 30 a 35 % de su
superficie cultivable al cultivo de maíz. La necesidad de medir el nivel de los rendimientos en el
campo se muestra, como puede verse, con claridad.

1.3. 1978-1979: La primera campaña de experimentación invita a


reconsiderar la transferencia de tecnología clásica.
La encuesta - es decir, la opinión misma de los agricultores - nos permitió obtener una primera
idea sobre la importancia relativa de los diferentes factores que limitan el rendimiento. Así,
respectivamente de 73 a 85 %, y 10 a 15 % de los productores, consideran que la fertilización y la
disponibilidad de agua son dos factores limitantes de primer orden, en tanto que los problemas de
pérdidas de grano por acción de los insectos y de la calidad de la semilla no aparecen sino en 2 a 4 %
de los casos.
El hecho de no poder realizar las labores culturales en el momento oportuno, la presencia de
malas hierbas en las parcelas de maíz, y las pérdidas debidas a las enfermedades, son consideradas
como otros tantos factores secundarios.
[[286]] Tal es la razón por la cual en nuestro trabajo la fertilización fue escogida como la variable
experimental principal para la fase de seguimiento agronómico de las parcelas.
En razón de las interacciones existentes entre la fertilización, la variedad y la densidad de
cultivo, se introdujo estas dos últimas variables en los protocolos de experimentación y en el
seguimiento agronómico, a pesar de que no figuran en la lista establecida anteriormente.
Así las variables a estudiar y experimentar fueron las siguientes (cuadro 8):
- el "paquete tecnológico" propuesto por la extensión agrícola en la región: una variedad
mejorada con un nivel determinado de fertilización, una modalidad y una densidad de semilla
recomendadas;
- la fertilización: dosis, fraccionamiento, localización;
- la interacción entre densidad de población y fertilización.
Cada uno de los 45 ensayos fue preparado y sembrado junto con el agricultor (o el responsable
del cultivo), al mismo tiempo que el resto de la parcela escogida unos días antes. Las técnicas de
cultivo consideradas como variables experimentales fueron aplicadas por los miembros del equipo de
investigación, en tanto que las demás lo fueron por el agricultor, salvo la cosecha, para medir el
rendimiento. Todos los insumos, salvo la semilla mejorada utilizada en los ensayos de "evaluación de
tecnología," y los fertilizantes empleados en los ensayos de "fertilización" y "evaluación de
198

tecnología," fueron proporcionados por el agricultor. Este dispuso al final de la campaña del total de la
cosecha.

Cuadro 8. Protócolo de experimentación « Evaluación de tecnología », Cusco, 1978-1979


Tecnología « Testigos » Tecnología experimental I Tecnología experimental
Variables
Variedades A Tecnología del Blanco Urubamba prolífico Blanco Urubamba prolífico
BCD Amarillo Oro mejorado Amarillo Oro mejorado
Fertilización N-P-K A agricultor 120 – 120 – 0 120 – 120 – 0
BCD 80 – 80 - 0 80 – 80 - 0
Densidad de siembra ABCD Tecnología del agricultor 62,500 pl/ha
Técnica de siembra ABCD « a mano continua » « a mano continua » En hoyos
« Tabloneo » ABCD sí sí no

Las técnicas de cultivo realizadas por los productores, observadas en el momento mismo de su
ejecución, fueron consignadas en un documento.
Con ocasión de las frecuentes visitas a todas las parcelas (experimentales y testigos) se
practicaban con regularidad observaciones sobre la densidad del cultivo, su crecimiento y su estado
fitosanitario, las malas hierbas, la importancia de los daños debidos [[288]] eventualmente a una
helada, el granizo o cualquier otra causa (divagación de los animales). La campaña agrícola 1978/1979
se caracterizó por una ligera sequía: demora en la llegada de las lluvias, y déficit importante en
comparación con el promedio de los meses de enero y febrero, época de floración del maíz. Las
primeras heladas, a partir del 15 de abril, pusieron fin bastante tempranamente al ciclo vegetativo del
maíz.

1.3.1. Resultados experimentales y análisis agronómico


Se destacan globalmente, en el conjunto de las zonas y unidades de producción, rendimientos
reales mucho más elevados de lo que podían hacer pensar la encuesta previa y las estadísticas
oficiales pero con sensibles diferencias entre zonas agro-climáticas y grupos de UPA (fig. 138).
La comparación detallada de los resultados (fig. 139) permite constatar lo siguiente:
- Las variedades experimentales llamadas "mejoradas" dan resultados en promedio inferiores
a los de las variedades locales, cualquiera que sea el nivel de fertilización empleado. Pero la diferencia
entre la variedad local (más productiva) y la variedad experimental (menos productiva) no es
estadísticamente significativa sino para un grupo de UPA.
- El empleo de la fertilización experimental propuesta (T. Exp. I) se acompaña en la gran
mayoría de los casos de un aumento de los rendimientos, cualquiera que sea el tipo de UPA
considerado. Y existen diferencias estadísticamente significativas entre las tecnologías utilizadas en
cinco de los ocho grupos aquí analizados.
- Modificar la densidad y modo de siembra acarrea en las grandes UPA disminuciones en el
rendimiento. En cuanto a las pequeñas y medianas UPA, el impacto de estas dos técnicas sobre su
productividad es difícilmente cuantificable, en la medida en que a menudo fue imposible controlar las
densidades, ya que las de la cosecha sobrepasan la densidad programada (62,500 plantas/ha).
El rendimiento promedio de maíz en el campo varía entre 2,68 y 5,96 t/ha en el caso de las
UPA pequeñas y medianas, y entre 4,06 y 6,45 t/ha en el caso de las grandes. Pero se trata
precisamente de promedios, y la variabilidad en el interior de cada grupo, del orden de un 30 %,
permite afirmar que en los valles interandinos del Cusco algunas unidades de producción
sobrepasan, con su actual tecnología, las 6 e incluso 7 t/ha, lo cual tiende a desmentir la creencia
muy difundida según la cual los agricultores andinos (y sobre todo los pequeños productores) no
saben poner en valor los recursos de que disponen. Desde luego que se trata de casos ejemplares;
199

pero todo ello induce a pensar que una investigación comparativa sobre las condiciones (climáticas,
agronómicas y socio-económicas) en las que se han obtenido tales resultados permitiría comprender
por qué la mayoría de las unidades de producción existentes, pequeñas y grandes, permanece
bloqueada en un nivel de productividad muy bajo.
[[290]] No se puede inferir a partir de estos resultados consejos técnicos destinados a los productores
de maíz (ni a aquéllos con quienes se han llevado a cabo los ensayos ni a los otros), pues ello
equivaldría a ignorar las condiciones económicas de la producción en "dimensiones verdaderas."

1.3.2. Comparación de rentabilidades


El tipo de análisis económico efectuado aquí tiene como principal objetivo estimar, desde un
punto de vista micro-económico, la rentabilidad de las tecnologías experimentales en relación con una
tecnología de referencia, que es la empleada actualmente por el grupo de UPA elegido. Como el nivel
tecnológico actual varía de acuerdo al tipo de UPA, el análisis económico debe hacerse igualmente de
acuerdo a las zonas y grupos de UPA.
La figura 140 representa, para cada grupo de UPA, la variaciones del beneficio 145 en función
de los costos variables, ordenados en cada caso según sus valores crecientes. La unidad de los gráficos
es la tonelada/hectárea, y tanto costos como beneficios han sido convertidos a granos, a fin de permitir
comparaciones anuales sin tropezar con el problema de la inflación monetaria.
Globalmente se obtienen dos clases de curvas, según el tipo de UPA considerado, pero su
interpretación debe tomar en cuenta diferencias importantes de acuerdo a la zona.
Las UPA grandes parecen tener interés en tomar la opción tecnológica (I), con sus propias
variedades de maíz, salvo en el caso del valle del Urubamba, donde la fertilización que aplican es ya
superior a la dosis experimental.
Los pequeños y medianos productores de maíz con riego parecen registrar ganancias
aparentemente interesantes con sus propias variedades para las opciones (I) y (II). Pero si la densidad
de semilla hubiese estado realmente limitada en la opción (II), es probable que, como en el caso de las
UPA grandes, los rendimientos, y por lo tanto los beneficios brutos, hubiesen sido inferiores. La
opción (I) parece, pues, la única válida.

1.3.3. Conclusiones parciales sobre la primera campaña de experimentación.


El nivel de rendimientos medidos en el campo, netamente más alto de lo que se podía creer a
priori, lleva a pensar que el proceso de producción de los cultivos alimenticios es potencialmente más
eficaz de lo que se dice, en ciertos valles altos inter-andinos. Se confirma la oposición existente entre
zonas con riego y zonas de secano, y aparece aquí la influencia del tamaño de las unidades de
producción sobre el rendimiento.
De las cinco innovaciones comprobadas en las condiciones de la producción, en tanto logros
de la investigación, sólo la fertilización se traduce en aumentos significativos de rendimiento. Esto
viene a reforzar el diagnóstico anterior que ponía en evidencia el problema de la fertilidad de los
suelos, y lleva a poner en duda la investigación y la extensión agrícola que ofrecen soluciones sin
plantear los problemas tales como son percibidos por los agricultores, o por el observador en el
terreno.
La evaluación agronómica ha mostrado que era posible contribuir al aumento de la
productividad y de la producción de los pequeños y medianos agricultores, a condición de identificar
correctamente, desde el comienzo, la o las variables que podían dar lugar a propuestas técnicas. Así
apareció con claridad que sin un buen conocimiento del proceso de producción de las UPA

145
Llamamos aquí beneficio al valor total de la producción, al que se ha restado el costo de los factores
utilizados para producir (incluido el trabajo familiar). Este costo varía de una opción técnica a otra.
200

consideradas, toda innovación, por lógica que parezca al observador, comporta grandes riesgos
de fracaso.
[[292]] La búsqueda de niveles óptimos de fertilización, según los conceptos de la economía marginal,
da, de acuerdo a los grupos, resultados variables y contradictorios. Esta fase de experimentación
necesita ser profundizada, aumentándose el número de observaciones en beneficio de las zonas donde
el problema de la fertilidad de los suelos constituye un freno a la producción (Urcos, Cusco, Anta).
Al término de esta primera campaña, se desemboca, pues, en la necesidad de redefinir las
zonas de experimentación, y sobre todo el tipo de agricultor con el cual trabajar. Al dar prioridad a los
pequeños y medianos productores, se hace necesario orientarse hacia protocolos de ensayo más
simples y más confiables, tomando en cuenta dos variables experimentales (fertilización y variedad),
para unidades de producción cuyos objetivos, así como el proceso de producción, deben ser mejor
conocidos.

1.4. La segunda campaña (1979-80) y la variación interanual.


La búsqueda de una mayor homogeneidad socio-económica de la muestra de agricultores
conduce a no trabajar ya con el grupo de UPA de Urubamba, para el cual el principal problema en
relación con el maíz es la comercialización.
Se mantuvo como variable experimental la fertilización, así como la variedad, ya que el
CIMMYT había propuesto evaluar el comportamiento de nuevas variedades "sintéticas" 146
disponibles desde hace poco.
El clima estuvo marcado por una sequía importante, con una falta de agua particularmente
acentuada en diciembre y enero, mes de floración del maíz. Una muy fuerte helada precoz, el 7 de
abril, puso fin al ciclo vegetativo, afectando a la mayoría de los sembríos tardíos.

Resultados experimentales y análisis agronómico


En relación con el año anterior, el rendimiento promedio de las pequeñas y medianas UPA
baja entre 20 y 35 % según la tecnología considerada (cuadro 9). El que se obtuvo mediante la
tecnología y las variedades de los agricultores oscila entre 2 y 4,3 t/ha, lejos de las 6 t/ha del año
anterior. Semejante descenso muestra la vulnerabilidad frente a la sequía de los sistemas de cultivo
actuales, incluso en las zonas con riego.
Se confirma que las variedades experimentales "mejoradas" dan resultados en promedio
inferiores a los de las variedades locales, cualquiera que sea la fertilización empleada.

Cuadro 9. Rendimientos promedios (t/ha) de las pequeñas y medianas UPA, Cusco, 1979-1980

Variedad local Variedad experimental


3,15 2,71
Tecnología del agricultor
c.v. = 37% c.v. = 49%
4,17 3,55
Tecnología experimental
c.v. = 40% c.v. = 49%

[[293]] El uso de una fertilización complementaria se traduce, en el caso de cultivos bajo riego, en un
aumento de la producción con respecto a la tecnología de los agricultores, sobre todo en el caso de las

146
Las variedades sintéticas se distinguen de las variedades híbridas de primera generación por las largas
operaciones de selección e incorporación de genes que les dan origen. Por ello son costosas.
201

variedades locales. En cambio, se cuestiona el empleo de la fertilización química en los cultivos de


secano en razón de los riesgos de pérdida que se corre en caso de sequía.
Tratamos de dar cuenta de la variabilidad de los rendimientos obtenidos por los agricultores
con su propia tecnología estableciendo el cuadro 10 donde
- se ordena las parcelas en columnas, de acuerdo a rendimientos decrecientes;
- se ponen en líneas las variables (cuantitativas y cualitativas) susceptibles de explicar las
diferencias de rendimiento.
En razón de la gravedad de la sequía en la campaña 1979-80, las diferencias de rendimiento se
explican principalmente por la disponibilidad de agua de riego, influenciada a su vez, en algunos
casos, por las dimensiones de la parcela: el rendimiento se correlaciona positivamente con el número
de turnos de riego disponibles, y negativamente con la extensión de las parcelas. En efecto, en el caso
de parcelas pequeñas, en las que el productor pudo obtener dos turnos de riego, el rendimiento es
superior al de parcelas más grandes que no se beneficiaron más que con un solo turno.
El análisis económico confirma las conclusiones de la campaña anterior: si dejamos aparte la
fertilización, ninguna de las innovaciones técnicas propuestas produjo beneficio alguno para los
agricultores. No es, pues, una casualidad si la encuesta de diagnóstico mostró que los dos principales
problemas que perciben los agricultores son la "fertilidad" del suelo y la disponibilidad de agua, y no
las variedades cultivadas, la manera de sembrar o las malas hierbas...
Todos los protocolos de experimentación llevados a cabo en la región del Cusco permitieron
poner en evidencia rendimientos de maíz de dos a tres veces superiores a los generalmente admitidos
sobre la base de las estadísticas oficiales, con una muy fuerte variabilidad de un año a otro, de una
zona agro-climática a otra, de un productor a otro.
La transferencia de tecnología depende de la eficacia de las técnicas propuestas. Varias de
las técnicas recomendadas por los programas nacionales no eran superiores a las de los agricultores en
los medios cultivados por éstos, y no fueron por lo tanto adoptadas. En cambio, las técnicas que
demostraron una verdadera superioridad en el marco de los condicionantes que actúan sobre la
explotación fueron difundidas de boca en boca. Por ejemplo, en otro valle andino, el Callejón de
Huaylas, un estudio de las técnicas de cultivos que versaba esencialmente sobre el maíz, asociado a las
leguminosas (Tardieu, 1978), mostró que un tipo de agricultores que busca a la vez trabajar fuera de la
finca durante los meses de mayo a agosto, y obtener dos cosechas por año (maíz seguido por papas,
por lo general), no podía utilizar las técnicas necesarias para el segundo cultivo en buenas condiciones,
por falta de tiempo, ya que debían salir en mayo, algunos días después de la cosecha de maíz. Se
introdujo una variedad de maíz precoz, que fue rápidamente adoptada por los agricultores.
202

[[294]] Cuadro 10. Experimento « Evaluación de tecnología » : rendimientos y datos técnicos de las parcelas de maíz cultivadas por los agricultores, Anta, 1979-
1980
Parcelas clasificadas según el 1 2 3 4 5 6 7 8 9
rendimiento por ha
Extensión de la parcela (m2) 800 800 1200 2200 1700 900 3300 3300 3300
Rotación de los años precedentes (M: maíz, P: papas, T: trigo, P-M-P-M M-H-H M-M D-P M-P-M M-T-P P-P-M P-M M-T-M
H: habas, D: descanso)
Cultivo precedente Maíz Habas Maíz Papa Maíz Papa Maíz Maíz Maíz
Fertilización del cultivo Nitrógeno mineral 0 0 0 74 0 0 0 50 11
precedente (kg/ha)1 Deyecciones animales secas 9,400 3,000 4,200 6,000 3,800 9,300 3,000 0 1,800
Variedades sembradas (A: Amarillo Oro, B: Blanco común, S: A, B, G A A A A, S, B, G P A A P
Saqsa, G: Granada, P: Pucuto)
a la siembra 109 114 - 103 92 96 85 68 142
Densidad de cultivo (miles de al brote 66 72 - 55 46 55 59 50 95
plantas / ha) a la cosecha 59 67 44 45 44 55 55 47 63
Control fitosanitario de la semilla No Aldrin No Aldrin Aldrin No No No No
Número de días entre siembra y cosecha 191 214 205 222 234 178 178 230 192
Daños significativos sequía sequía sequía sequía
Pérdidas en la cosecha % 10 14 9 9 8 12 7 18 28
er er
Momento de la aplicación de la fertilización mineral 1 aporque 1 aporque siembra siembra
Fertilización (kg/ha) N 22 0 0 26 0 0 0 50 12
P 27 0 0 0 0 0 0 0 0
K 5 0 0 0 0 0 0 0 0
Deyecciones animales 9,400 6,000 0 0 7,000 0 3,500 0 1,500
Número de turnos de riego 2 2 1 2 1 0 1 1 0
Rendimiento de grano (kg/ha) 4,410 4,200 4,100 4,020 3,490 2,770 2,340 1,440 360

1
Datos idénticos para todas las parcelas : ausencia de fertilización mineral P-K del precedente ; preparación del suelo con arado de palo, deshierbe manual ; fertilización
orgónica del maíz aplicada a la siembra.
203

[[295]] 2. El ejemplo de la papa en el valle del Mantaro 1


Los resultados que preceden ponen en duda tanto el conocimiento de la producción
campesina por los organismos oficiales encargados de proponer mejoras a los campesinos, como los
métodos (y por lo tanto los resultados) de la investigación agronómica destinada a este tipo de
agricultura. Pero se trata de una sola región, y sobre todo de un solo cultivo: el maíz. Ahora bien,
dejando fuera las especies y técnicas aportadas por los españoles, sabemos que desde hace mucho
tiempo,
"(...) el maíz y los tubérculos andinos pertenecían a dos agriculturas distintas, tanto en su
historia como en su papel social. En los dos sistemas de cultivo se usaban medidas y pesos
distintos; se aprovechaban, también, dos calendarios rituales muy diferentes. Además,
parece probable que los accesos a las tierras respectivas diferían también: el testamento de
Paullu Thupa, uno de los hijos de Wayna Qhapaq, sugiere diferencias profundas entre cómo
como se heredaban las tierras de tubérculos en la puna de aquéllas más bajas, en los valles
maiceros."(Murra, 1979: 277).
Oposición que conserva gran parte de su vigencia; y lo que se observa en relación con el
maíz no es necesariamente cierto en lo que concierne a la papa:
"Y es así que en la antigua hacienda Vicos del Callejón de Huaylas, (...) los campesinos se
mostraban indiferentes para el mejoramiento o sustitución de sus cultivos de maíz en sus
minúsculas parcelas individuales. Ellos mismos habían sido testigos y partícipes de cultivos
comunales exitosos con la papa, cuyo mejor cultivo había conducido a una elevación de los
rendimientos del 300%. El problema no constituía evidentemente un asunto de
comunicación, ni reticencia a los extensionistas del S.I.P.A., ni resistencia a las
innovaciones en sus técnicas agrícolas. Todos escuchaban los argumentos en pro del
cambio, y seguían cultivando conforme a sus métodos tradicionales.
Y es así que durante un curso para líderes comunales de la Quebrada del Mantaro, en Anco,
Tayacaja, durante una clase sobre el cultivo de la papa, todos escucharon pacientemente
respecto a las innovaciones necesarias para elevar sus rendimientos en las alturas. En
cambio cuando se trataba del maíz, surgían problemas y resistencias. Todos manifestaban
razones muy valederas para evitar cualquier innovación en el cultivo, desde la pendiente de
los suelos, hasta su ignorancia para cambiar las prácticas culturales. (Sabogal Wiesse,
1966: 16).
Y, tal como ha acontecido con otros agrónomos, es en el caso de la papa que hemos podido
observar y obtener la multiplicación por 5 e incluso por 10 de los rendimientos campesinos, gracias
a la aplicación de las técnicas recomendadas por la vulgarización: de un promedio de 3 a 8 t/ha
medidas entre los campesinos (cuadro 11), se pasa fácilmente a 30 ó 40 t/ha en parcelas
experimentales o de demostración en las comunidades (Goineau, 1973; Franco et al., 1979;
Valladolid, 1982 y 1984; Morlon et al., 1986).
Es tanto más notable, por ello, que la conclusiones de las investigaciones llevadas a cabo por
Centro Internacional de la Papa (CIP) en el valle del Mantaro coincidan con las referentes al maíz en
el Cusco:
"La encuesta agronómica que se realizó en la campaña que precedió los ensayos mostró la
importancia de los problemas de insectos parásitos, que debieron ser tomados como
variables experimentales, a pesar del poco interés del CIP sobre estos problemas. Pero
también en ello los consejos que se dieron [[296]] a los agricultores (como la utilización de
semillas certificadas, el aumento de la fertilización) resultaron decepcionantes: no hubo por
lo general respuestas notables frente a estos factores; por ejemplo, el resultado de los

1
Fuera de las citas de otros autores, los resultados y conclusiones que aquí se presentan provienen de "Los
científicos sociales en la investigación agrícola. Lecciones del Proyecto del Valle del Mantaro. Perú."
(Douglas Horton, documento IDRC - 219, Ottawa, 1984, 71 p.).
204

ensayos relativos a las semillas en la zona de gran producción de papa (de 3,450 a 3,950 m.
sobre el nivel del mar) del valle del Mantaro (cuadro 12). Ninguna de tales técnicas permitió
alcanzar un 20 % de aumento en el rendimiento, lo que explica el hecho de que no fueron
adoptadas por los agricultores.

Cuadro 11. Rendimientos de los tubérculos (t/ha) medidos en las comunidades campesinas de 3 regiones
del Perú (campaña 1980-1981)
Se trata de promedios del conjunto de medidas hechas en cada comunidad, menos en Luquina Grande (“rango”). En
Amaru, las cifras entre paréntesis son los “rangos” de parcelas de una familia considerada como “representativa”.

Región Ayacucho Cusco Puno


Comunidad Qasanqay Arizona Amaru Paru-Paru Sacaca Cuyo Gde Luquina Camacani
Altura mínima 3100 3400 3400 3600 3400 3400 3800 3800
Papas 8.9 8.8 6.5 (5-15) 7.6 5.4 4.8 2.4-9.3 3.5
Ocas 9.4 9.9 14.8 (12-16) 15.5 18.0 10.1 1.1-1.3 -
Olluco 8.7 8.3 13.5 (11-15) 11.0 13.2 9.4 - -
Añu o mashua 13.6 9.7 14.2 (11-16) 14.0 13.8 11.1 - -

Cuadro 12. Promedio de los aumentos de rendimiento (%) en relación a los de los agricultores (papas, 5
experimentaciones) (CIP, 1980)
Semilla del agricultor Aumento del tamaño de la semilla Semilla certificada
Sin « verdeo » testigo + 11 + 17
Con « verdeo » +3 + 20 +7

Estas dos series de ensayos condujeron al rechazo de hipótesis importantes en dos sentidos:
por una parte, mostraron que las técnicas que por lo general se recomendaban, como
consecuencia de sus resultados positivos en parcelas experimentales, no produjeron un
incremento notable de los rendimientos en las condiciones de medio de las parcelas de
agricultores. Por otra parte, permitieron mejorar el conocimiento del medio: la hipótesis
que condujo al empleo de semilla certificada era que la utilizada por los campesinos estaba
infectada por virus; pues bien, las poblaciones de cicadelas y [[297]] de pulgones son bajas
en la zona considerada, lo cual limita la transmisión de virus; la utilización de semilla
certificada no tenía, pues, interés, en este caso. Asimismo, los métodos para mejorar el
estado fisiológico de las semillas no dieron el resultado que se esperaba: a causa del clima
frío (temperatura media; 14º C), y de variedades de larga latencia utilizadas por los
agricultores, no hubo emisión de gérmenes blancos y ninguna degradación notable del
estado de las semillas." (Tardieu, 1980).
"La tecnología de los agricultores es, en muchos casos, igual o superior a las prácticas
recomendadas. La mayoría de los especialistas en producción asumen que los sistemas
"tradicionales" de producción están caracterizados por bajos rendimientos o ineficiencias
económicas que pueden superarse si los agricultores adoptan las prácticas recomendadas.
En el Proyecto del Valle del Mantaro se consideró que la principal limitante del rendimiento
era la baja calidad de la semilla. Se creyó, por tanto, que el empleo de "semilla mejorada"
resultaría altamente rentable. Sin embargo la investigación demostró que la semilla de los
productores de semilla registrados resultaba muy costosa y daba un rendimiento apenas
superior al de las semillas comúnmente empleadas por los agricultores. El consecuencia, el
uso de "semilla mejorada" redujo el retorno neto de los agricultores. Dos factores explican
estos sorprendente resultados. Primero, los agricultores usan con éxito numerosas
estrategias para lograr y mantener la buena calidad de la semilla. Por tanto, la semilla
obtenida a través del sistema informal de semillas de los agricultores, es mejor de lo que los
especialistas habían supuesto". Tales estrategias aprovechan el escalonamiento altitudinal:
205

se "purifica" una semilla cultivándola a gran altura, donde insectos y enfermedades se


propagan mucho más difícilmente. (Auroi, 1985).
En la zona baja (3,200-3,450 m), las dosis de abonos y de plaguicidas aplicadas por los
agricultores eran mucho más elevadas de lo que se creía, a menudo por encima de los niveles
recomendados. Aquí, incluso los pequeños agricultores aplican en promedio más de 100 kg. de
nitrógeno por hectárea. En las zonas intermedia (3,460 - 3,950 m) y alta (3,950 - 4,200 m), no es por
causa de su "tradicionalismo" que los pequeños agricultores utilicen mucho menos, sino porque
- en primer término, al ser muy alta la probabilidad de perder la cosecha a causa de las
heladas o del granizo, minimizan los riesgos financieros reduciendo el empleo de insumos
comprados;
- además, como dos tercios de las extensiones de papa se siembran después de un período de
descanso (capítulo 2), necesitan una menor cantidad de abonos y de pesticidas.
Por tanto, es claro que el uso de insumos adquiridos no es determinado por el nivel
cultural, la falta de conocimientos o de suministro de insumos, ya que los mismos agricultores
que usan una menor cantidad en la zona alta, aplican una cantidad mayor en sus parcelas a menor
altitud.
Casi todos los grandes y pequeños agricultores siembran variedades modernas en la zona
baja, mientras en la zona alta la mayoría siembra variedades nativas. Ello se debe en parte a que se
prefiere sus cualidades culinarias (Carney, 1980), por lo cual se venden a precios más altos en los
mercados urbanos, donde se les considera un producto de lujo. Pero sobre todo son variedades muy
bien adaptadas a las condiciones de producción de las zonas andinas más altas.
Con la tecnología actual, las variedades modernas tienen en promedio rendimientos mucho
más altos que las variedades nativas en la zona baja. Este no es siempre el caso en las zonas más
altas (cuadro 13): las variedades tradicionales son altamente resistentes a las heladas y al granizo, y
producen de manera razonablemente satisfactoria con pocos abonos químicos y pesticidas.

[[298]] Cuadro 13. Rendimientos promedios en el valle del Mantaro (t/ha) (Franco et al., 1979)

Variedades modernas Variedades indígenas Papas amargas


Zona baja 5,7 3,7 /
Zonas alta e intermedia 4,8 4,7 4,9

Las variedades mejoradas actuales alcanzan rendimientos de 20-30, hasta 40 t/ha y más. Las
variedades indígenas no son necesariamente menos productivas, como se cree por lo general,
en buenas condiciones de cultivo. Son justamente éstas las que les faltan en la mayoría de los
casos.

2.1. Economía de los sistemas de producción de los pequeños


campesinos.
El cuadro 14 ilustra cómo un sistema "tradicional" de consumos intermedios bajos puede
ofrecer más ventajas económicas para los productores que un sistema "moderno" que requiere más
insumos.
[[299]] En las zonas intermedia y alta el sistema "ticpa", que utiliza variedades nativas, no requiere
labranza previa a la siembra, sino que el barbecho con chaquitacclla se efectúa después de ella
(capítulo 1), utiliza trabajo manual en todas las operaciones de cultivo y cosecha, y requiere muy
pocos fertilizantes y plaguicidas químicos (pero en cambio fertilización orgánica), da un retorno
económico neto más alto que el sistema que emplea variedades modernas, tractor y un alto nivel de
fertilizantes y plaguicidas químicos. Tanto el rendimiento como el costo total de los insumos eran
aproximadamente 20% menores en el primer sistema. Pero el beneficio es más alto en el sistema de
206

"ticpa", gracias al mejor precio de venta de las variedades nativas. Además, el costo de los insumos
comprados equivale allí a un tercio de lo que se gasta en el sistema moderno, por lo cual este sistema
"tradicional" coloca al agricultor en una situación de menor riesgo económico.

Cuadro 14. Rendimientos, costos y beneficios en dos sistemas de cultivo de papas en las zonas alta e
intermedia del valle del Mantaro (Horton et al., 1980)
Sistema tradicional « ticpa » (1) Sistema « moderno »
Rendimiento (t.ha) 7.3 9.4
Ganancia total (US $/ha) [rendimiento x precio de la 1,030 1,102
tonelada (2)]
Insumos (US $/ha)
Semilla 235 278
Trabajo 218 186
Tracción 0 64
Pesticidas 14 67
Fertilizantes químicos 18 62
Fertilizantes orgónicos 59 15
Total, 544 672
de los cuales se ha comprado 114 316
Resultados económicos (US $/ha) :
Ganancia total menos insumos totales 486 430
Ganancia total menos insumos 916 786
(1) Labranza con chakitaclla después de plantación directa en el césped.
(2) Las papas del sistema tradicional, que los consumidores prefieren, se venden más caras.

Las observaciones que anteceden, en abierta contradicción con los supuestos de muchos
científicos y expertos en desarrollo que trabajaban en los Andes, ayudaron a destruir el mito
según el cual el tradicionalismo de los pequeños agricultores es el principal obstáculo para la
tranferencia de tecnología.
No hay un 'paquete tecnológico' óptimo único. Como se puede observar en la figura 141,
los resultados experimentales difieren ampliamente entre las diferentes fincas. Dentro de una misma
zona agro-ecológica, la zona intermedia, los rendimientos de los agricultores varían de menos de 5
t/ha a cerca de 30 t/ha, mientras los conseguidos con la aplicación de los paquetes tecnológicos van
de más o menos 5 t/ha a más de 40 t/ha. [[300]] Esta diversidad refleja variaciones en la fertilidad de
los suelos y las condiciones climáticas, a las que se suman las diferencias en los métodos que los
agricultores ponen en práctica (variedades empleadas, labranza y rotación...). Queda claro que
ningún solo "paquete tecnológico" representa un optimum económico en las diversas condiciones de
producción de esta sola zona agro-ecológica.
Esta figura ilustra gráficamente el riesgo de determinar las recomendaciones técnicas
para el agricultor basándose en los resultados agregados o promedios de los ensayos en finca:
estos promedios pueden encubrir un alto grado de variabilidad. Es interesante subrayar aquí
que, en términos estadísticos convencionales, el promedio del rendimiento de los paquetes de
mediano y alto costo fue significativamente más alto (a un nivel de 5 % de significancia) al de los
campesinos, es decir que la utilización mecánica de las estadísticas puede conducir en este caso a
recomendaciones prácticas erróneas.
Las mismas constataciones que en el caso del maíz llevan a las mismas preguntas. Vamos a
discutir ahora estas mismas preguntas, así como su generalización a otras regiones, ya que el valle
207

del Mantaro es la más "moderna" y "occidentalizada" de los Andes peruanos, gracias a su cercanía a
Lima.2

3. No uno, sino numerosos rendimientos


3.1. Cuestiones de método: ¿encuesta o medición?
Paralelamente a los estudios llevados a cabo sobre el maíz en la región del Cusco, otros
equipos del CIMMYT obtuvieron, en el valle del Mantaro y el Callejón de Huaylas, resultados que
condujeron a las mismas conclusiones, con niveles de rendimientos muy diferentes de una zona a
otra: para la campaña de 1978-1979, el equivalente en granos del beneficio neto era en promedio de
4 t/ha en Huancayo, y 2 t/ha en el Callejón de Huaylas (cuadro 15). En esta región una de las causas
probables de las diferencias entre los rendimientos obtenidos por encuesta y los obtenidos por
medición (superiores en un 50 %) es que el agricultor declara, en las encuestas, lo que almacenó,
y no lo que, por haberse echado a perder, se dio a los animales.
Ahora bien, fuera de los equipos citados en este capítulo, son muy pocos a nuestro
conocimiento los técnicos que han medido rendimientos en el campo en el momento de la cosecha.
En general, es mucho después de ella que un encuestador pregunta al "jefe de familia" cuánto ha
cosechado de tal o cual especie cultivada, y luego divide la respuesta por una estimación de las
extensiones 3. Así no se toma en cuenta sino una parte de la producción, ya que se suman
numerosas deducciones, voluntarias o no (fig. 142):
- Los "daños", producidos cuando los animales ingresan a los cultivos, comen de sus plantas,
y las pisotean;4
[[301]] - Los robos de cosecha, que influyen en la localización de los cultivos, y obligan a una
vigilancia constante;

Cuadro 15. Rendimientos (kg/ha)de los ensayos CIMMYT en el Perú (maíz)


Técnicas del Modificación de Modificación de la
agricultor la fertilización fertilización y de la
densidad
Variedad local 4,860 6,145 6,025
Cuzco (promedio de 24 ensayos)
Variedad PCIM 4,622 5,435 5,310
Variedad local 4,460 4,795 4,883
Mantaro (promedio de 22 ensayos)
Variedad PCIM 3,693 4,257 4,395
Callejón de Huaylas (campañas Resultados similares, pero difíciles de resumir por la diversidad de las zonas
1977-78 y 78-79) agroclimáticas y de las variedades

2
Las raíces históricas de esta particularidad se remontan - ¡una vez más! - a la época de la conquista española,
durante la cual la etnia Huanca, que habitaba el valle, se alió con los españoles, los cuales establecieron allí, en
Jauja, su primera capital, que se trasladó pocos años después a Lima.
3
Para obtener un rendimiento promedio se podría realizar una encuesta entre los productores. Pero (...) los
datos indicados (producción total, extensión de las parcelas) no corresponden nunca a la realidad: ya sea, con
mayor frecuencia, porque el campesino no ha efectuado nunca tales mediciones [con nuestras unidades y
nuestros criterios], ya sea porque piensa que la encuesta podría servir para otros fines (...). Una encuesta de
este tipo no sirve, pues, estrictamente, para nada." (Greslou, 1980: 179).
4
Los perjuicios causados por el ganado son una fuente inagotable de juicios entre vecinos en ciertas regiones,
como Andahuaylas, donde los grandes propietarios a menudo han acrecentado sus tierras en compensación por
los "daños" ocasionados por el ganado de los pequeños campesinos... (ver también Kaerger [1898] 1979: 46).
208

Daños de animales

Robos de cosecha

Cosecha progresiva para la alimentación de cada día

Pérdidas al momento de la cosecha

Pago en especie de los trabajadores en la cosecha

Alimentación de los trabajadores en la cosecha

Productos malogrados o de mala calidad

Pago en especie del transporte de la cosecha

Semilla

Dones y contra dones

Lo que se vende o guarda para el consumo familiar

Fig. 142. La sucesión de las sacas: ¿en qué momento se evalúa el “rendimiento” y se compara técnicas,
parcelas, unidades de producción, zonas ecológicas?

- La cosecha escalonada, a veces mucho antes de la madurez (hojas de quinua), para variar
los gustos o para llenar la olla en período de transición. El jefe de familia no sabe la cantidad
utilizada, porque aquélla es realizada por la mujer encargada de la cocina;
- Las pérdidas en la cosecha (granos caídos al suelo, tubérculos que permanecen en tierra)
son inevitables, pero su importancia depende grandemente de las relaciones sociales entre los
que participan en la cosecha: ¿Hay rebusca de espigas? ¿Se ha mostrado el propietario
generoso con los alimentos que brinda a los trabajadores...?
- Los alimentos de los trabajadores son descontados, en el caso de los tubérculos, de la
cosecha del día, y cocidos en el lugar mismo en un horno cavado en el suelo ("pachamanca" o
"huattia"). Y, ese día, ¡se come en abundancia!
- El pago en especie, en el producto cosechado, de los jornaleros que han participado en la
cosecha misma, o en su transporte;
- Los productos malogrados o de calidad inferior son separados ya sea para darlos al ganado,
ya sea para ser deshidratados (conversión de la papa en "chuño"), ya sea transformados en
chicha, en el caso del maíz (Sabogal Wiesse, 1966).
- Las semillas son separadas y conservadas aparte;
- Regalos y "contra-regalos" diversos, vinculados a la reciprocidad andina, y que son
efectuados en ciertas especies, que varían según las regiones;
- Queda, en fin, lo que se vende o se almacena para ser consumido por la familia: con
frecuencia ¡es esta cantidad la que se obtiene por medio de la [[302]] encuesta! 5 Ya que
las extensiones cultivadas son, a menudo, sobreestimadas (cf. Salis 1987: 4-8), se comprende
que un cálculo económico hecho sobre esta base puede conducir a una rentabilidad negativa, y
por lo tanto a la conclusión de que uno o varios cultivos o incluso la totalidad de los mismos
no se justifica en tal lugar...
Pero no se trata solamente de un problema de medición del rendimiento en granos:

5
El conjunto de las "pérdidas" y de los pagos o intercambios representaría a menudo entre un tercio y la mitad
de la cosecha (Tardieu, 1978; Tapia, 1986; Brunschwig, comunicación personal).
209

3.2. No hay "subproductos"


"El maíz es aprovechado íntegramente (...) Las hojas, los tallos y las panojas secas son
separadas, formando un forraje, la chala, que se va proporcionando al ganado vacuno y
asnal durante la época de la sequía, desde mediados de mayo a diciembre, henificado. En
algunos casos se le agrega tallos de cereales, y rara vez plantas forrajeras específicas.
Sirven de ración de mantenimiento, a duras penas. (...) La chicha (aqata) o cerveza de maíz
resulta muy importante en la vida cotidiana. Tan es así que los agricultores establecían
automáticamente los tres usos que se le da al maíz: forraje, chicha y alimento (...) El
"sutuchi" o desecho de la fabricación de la chicha se utiliza para engordar los cerdos y
carneros." (Sabogal Wiesse, 1966: 9, en la región de Cusco).
[[303]] Como hemos visto en el capítulo 4, los campesinos no cultivan solamente para producir
granos y tubérculos destinados a la alimentación humana, sino también forraje para los animales
(fig. 143), y, eventualmente, otros artículos de consumo.6 Lo que en otras regiones del mundo se
llaman "subproductos" (paja, tallos, hojas, carozos...) son aquí productos en sí mismos; en
consecuencia, para cada especie cultivada, no es uno solo el rendimiento que hay que medir,
sino al menos dos. Es así como los agrónomos peruanos del Proyecto de Investigaciones sobre los
Sistemas de Cultivos Andinos (PISCA) han puesto en evidencia la importancia cuantitativa del
forraje en relación con el grano, en cuatro comunidades de altura cerca del Cusco (fig. 144): "Otro
factor que afecta al rendimiento es el objetivo del cultivo, bien sea dedicado especialmente para la
producción de grano o para grano y chala. En general el maíz contribuye fuertemente a la
producción de forraje (...)" (Kervyn et al., 1983). Cuanto más frío el clima (altura) o seco, más
secundario resulta el rendimiento en grano, débil y aleatorio, con respecto al forraje.7 A partir del
momento en que hay varias producciones, no existe ya unidad común (no se puede sumar kilos de
granos y kilos de paja) que permita juzgar cuál es "el" rendimiento más elevado.

Fig. 143: Alimentación del ganado con "residuos" de cosecha (Julio; Huatta, Puno, 3820 m.s.n.m.). PM.

[[304]] 3.3. Los cultivos asociados.


(Puede desarrollarse un punto de vista análogo con la sucesión de dos cultivos en el mismo año).
En el Callejón de Huaylas, en más del 80 % de las parcelas, el maíz es asociado con otras
especies: frejoles, quinua, calabazas, o habas y tubérculos secundarios en las zonas altas. En un
ensayo realizado en esta región, Cerrate y Camarena (1975) muestran que existe un ligero descenso
en el rendimiento de maíz cuando éste se halla asociado, pero la Utilización Equivalente del

6
La importancia del centeno en la provincia de Huancané, en el Altiplano, se debe, según los campesinos a la
utilización de su paja para cubrir los techos; los carozos del maíz sirven como combustible; las cenizas de la
quinua y la "cañihua" forman la "llipta", masticada con las hojas de coca..
7
En el altiplano boliviano, Hatch et al. (1983) indican una producción de cebada por familia de 200 kg. de
granos después de la trilla (o sea 400 kg/ha) y 1,050 kg de forraje, como promedio de 3 años sucesivos para 31
familias de 5 comunidades.
210

Terreno8 (UET) es superior a 1 (entre 1,83 y 2,07) cuando se siembra maíz al mismo tiempo que un
frejol trepador. La utilización del terreno es, pues, más intensiva, ya que una sola hectárea cultivada
con la asociación maíz-frejoles produce casi tanto como dos hectáreas en cultivo puro, maíz por una
parte, y frejoles por otra.
Ahora bien, sucede que con ocasión de las encuestas, en las que las preguntas se [[305]]
refieren separadamente a cada una de las especies cultivadas, los cultivos asociados son ignorados,
ya que la extensión que ocupan juntos ¡es contada tantas veces como hay especies diferentes
asociadas!
A pesar de que desde hace unos diez años se han publicado, por una parte, descripciones y
clasificaciones (arreglos en el espacio y en el tiempo) de estos cultivos asociados, y, por otra parte,
resultados de ensayos en estaciones experimentales, son muy escasas las referencias de rendimientos
campesinos. Tal es la razón por la cual no nos ocuparemos aquí de los cultivos asociados de acuerdo
a su importancia en los Andes Centrales. En cambio, hemos desarrollado en un anexo a este capítulo
la cuestión de las "malas hierbas", cuya cosecha para alimentar el ganado se puede asimilar a un
cultivo asociado.

3.4. ¿Rendimiento por hectárea, en relación con la semilla, o


productividad del trabajo?
"Todo sistema que depende de las decisiones humanas debe ser analizado antes que nada en
su lógica interna. Es decir, la eficacia de una decisión deberá ser apreciada siempre en
función de los objetivos perseguidos por su autor (...) siendo el problema identificar los
objetivos de los productores, y ofrecer una traducción de los mismos que no sea una
caricatura." (Landais et al., 1987).
No es necesariamente el rendimiento expresado en relación con la extensión del terreno lo
que más interesa al agricultor, y guía por lo tanto sus decisiones. En muchas regiones el agua de
riego es escasa, y los rendimientos deberían ser, pues, calculados allí igualmente en función al
volumen de agua utilizada.
En el Altiplano boliviano, en lo que respecta a las papas , "Casi siempre las parcelas se
miden según el número de costales de semilla de papa que se necesita para sembrarlas, y no por
metros u otra unidad establecida de superficie. En años buenos y cuando el suelo está bien abonado
y pulverizado, la cosecha puede rendir de 10 a 14 veces la cantidad sembrada. En los peores años,
apenas se cosecha cuatro veces la cantidad sembrada." (Carter y Mamaní, 1982: 87, 100 y 101).
Cuando en 1988 preguntamos a los campesinos de Antauta (distrito situado en su totalidad a más de
4,000 m. de altura, vecino a Nuñoa), cuánto rendían los cultivos en los nuevos sectores de barbecho
construidos diez años antes a 4,200 m. de altitud, nos respondieron: "cosechamos de un quintal de
papas amargas 4 ó 5; de una media libra de cañihua cosechamos un quintal en los años buenos (o
sea 200 por 1), y una media arroba (o sea 25 por 1) en los malos."
Hace cuatro siglos Garcí Diez ([1567] 1964: 18, 29, 39) indicaba, refiriéndose a la ribera
meridional del lago Titicaca, que de cada fanega9 de papas sembradas, se cosechaban 10; otro tanto
en papas amargas; 30 fanegas por una de maíz sembrado; 70 y 80 por una de quinua, y 50 por una de

8
U.E.T. : Utilización Equivalente del Terreno = L.E.R. : Land Equivalent Ratio.
U.E.T. = Rendimiento de maíz asociado + Rendimiento de frejol asociado
Rendimiento de maíz solo Rendimiento de frejol solo
Queda claro que no se puede calcular la UET si no se conoce los rendimientos en cultivo puro, en los
mismos lugares y condiciones técnicas.
9
La fanega*, unidad de volumen, correspondía, de acuerdo a los productos, a un peso de 156 a 250 libras, es
decir 75 a 120 kg. Ver en Kaerger, [1898] 1979 (p. 23 a 26) cálculos de rendimientos en quintales métricos/ha
a partir de los expresados en fanegas/fanega sembrada o fanega/topo...
211

cañihua. Con las densidades de siembra practicadas actualmente en la misma región, eso daría
rendimientos del orden de 15 toneladas /ha en papas y 500 kg/ha en quinua: pero ésta, como el maíz,
probablemente se cultivaba por lo general en asociación. Los órdenes de magnitud confirman los
logros de la agricultura tradicional, pero nos cuidaremos mucho de comparar estos datos antiguos
con los rendimientos actuales: lo que importa aquí es la expresión del rendimiento en relación con
el factor de producción percibido como escaso: la semilla procedente de la última cosecha o
guardada de otro año (ver igualmente Walle 1913: 199).
[[306]] Hallamos una lógica muy similar en la elección de las densidades de siembra en Ambana, en
la vertiente oriental de los Andes en Bolivia (Julian, 1983: 55-58):
"Las densidades de siembra son muy altas (...) 125,000 papas por hectárea. En realidad,
hay una gran variación de densidad en la siembra de acuerdo a las tierras: en "aynocas"
tenemos entre 100,000 y 130,000 plantas/ha; en cambio, encontramos hasta 200,000
plantas/ha en los terrenos regados que están cerca a las casas.
Si se pregunta por la causa de la variación, será difícil obtener una respuesta técnica de
parte del campesino. Prefiere las contestaciones evasivas, pero no justifica explícitamente
esa alta densidad y sus variaciones. Es difícil captar las motivaciones profundas del
agricultor. Sin embargo, observaciones continuas permiten resolver algunos enigmas.
Hay en primer lugar una correlación cierta entre la densidad de siembra y la lucha contra
la erosión: una buena cobertura del suelo lo protege contra la lluvia.
Hay tres constataciones, sobre todo, que deben retener nuestra atención:
-La densidad de siembra es proporcional a la fertilidad del suelo. La diferencia es
de 50,000 plantas/ha entre las buenas y malas tierras.
- El campesino concede más importancia al número de papas que al peso total
cosechado. En efecto, (...) todo se cosecha, tanto la papa de 10 g. como la de 300 g. El
campesino prefiere tres papas de 100 g. a una sola de 300, ya que gran parte del trueque se
hace por unidad (cosa que se justifica por su utilización como semilla).
- En fin, el campesino expresa de modo diferente el rendimiento de sus cultivos de
acuerdo a la riqueza del suelo. En los suelos pobres y "aynocas" el rendimiento se expresa
en relación con la cantidad de semilla invertida. En el contexto de una economía de auto-
consumo, la cantidad de semilla representa una inversión tomada de la reserva alimentaria.
Por otra parte, la presión de la demanda de tierras, en el caso de las que son de suelo
pobre, es baja. La extensión que se siembra no tiene otra limitación que el trabajo
necesario para la preparación del terreno. En estas tierras pobres, el campesino mira
sobre todo cuántas papas cosechará con respecto a la cantidad de semilla empleada.
En las tierras ricas, de acceso fácil, esa presión es muy fuerte. El campesino verá la
extensión de su propiedad limitada por el vecindario. El rendimiento será expresado
entonces en relación con la extensión sembrada y no con la cantidad de semilla utilizada.
Tenemos pues una densidad de 100,000 plantas/ha en los "aynocas" con el fin de asegurar
una cobertura vegetal anti-erosiva. Pero también cada planta producirá sin entrar en
competencia con las otras y dará un resultado óptimo. En las tierras fértiles, una siembra de
200,000 plantas/ha permitirá una cobertura casi total del suelo; por otra parte, obtendremos
un rendimiento muy grande con un máximo de papas de calibre mediano.
Este ejemplo preciso ilustra que muchas técnicas agrícolas no hechas explícitas con claridad
por los campesinos de Ambana, tienen una justificación económica evidente, cuando se
intenta comprender su lógica de producción, que es muy diferente de la nuestra, pues lo que
está en juego no es lo mismo."
Se puede escribir, formalmente:
Rendimiento/hectárea = rendimiento/semilla x densidad de siembra/ha.
212

Si, para una misma especie, las densidades de siembra fuesen homogéneas, estos dos
"rendimientos" serían, grosso modo, proporcionales, y podrían ser utilizados indiferentemente. No
es tal el caso, ya que desde el punto de vista biológico, [[307]] los rendimientos elevados en
proporción a la semilla son obtenidos en ausencia de competencia entre plantas, es decir con
densidades de siembra muy bajas que no permiten rendimientos en relación por hectárea altos.
Inversamente, rendimientos por extensión de tierra elevados corresponden a poblamientos
vegetales densos que captan toda la luz del sol: la competencia entre plantas es allí fuerte, y, en
consecuencia, los rendimientos en relación con la semilla bajos.
Desde un punto de vista económico, en las agriculturas tradicionales manuales esta
oposición está vinculada a las disponibilidades y costos relativos de la semilla y del trabajo (Sigaut,
1989): los rendimientos altos en relación a las cantidades de semilla se consiguen con técnicas
de siembra exigentes en mano de obra (siembra en surcos, en hoyos con raleo, en almácigo con
repique), en oposición a la siembra al voleo que consume mucho menos trabajo pero más semilla.
Tal oposición diferencia a las regiones, pero también, dentro de una misma región, los años de
cultivo (de acuerdo a la abundancia de la cosecha anterior), y las familias campesinas (de acuerdo a
la relación mano de obra disponible/extensión cultivable, y el costo de oportunidad de su trabajo).
Ello hace igualmente azarosas las comparaciones entre diferentes períodos de la historia.
Hemos visto en el capítulo 1 cómo las observaciones efectuadas en Pullpuri se explican
mejor en términos de productividad del trabajo en el momento en que éste es más limitante, es decir
en producción por día de trabajo de barbecho. Es así que se pueden interpretar los términos
utilizados por Mishkin en 1946:
"En Kauri constatamos que los rendimientos de papas se aproximaban a 30 cargas de llama
por masa."10 La masa, extensión que un equipo barbecha con la chaquitaclla en un día, es sólo
en apariencia una unidad de extensión, ya que es variable: se trata en realidad de una unidad de
tiempo de trabajo (son tiempos de trabajo los que los campesinos intercambian en el ayni).
Así pues es en relación con las limitaciones y objetivos de los sistemas de producción
campesinos que examinaremos las cuestiones siguientes:
¿Por qué los rendimientos son tan variables, y, en promedio, tan bajos? ¿Cómo, en
cambio, los campesinos obtienen los elevados rendimientos señalados por los estudios
precedentes?

4. Los rendimientos como resultado de las estrategias


campesinas
4.1. La comercialización, factor limitante de la producción
Los rendimientos promedios de maíz en las comunidades de altura, arriba de Pisac (fig. 5.6),
entre los 950 y 1840 kg/ha, están muy por debajo de la producción de la zona [y en particular de los
rendimientos que mencionamos al comienzo de este capítulo, obtenidos en el fondo de los valles],
porque en comunidades por encima de 3,400 m. este cultivo está en su límite de adaptación a la
altura y al frío (Cosio et al., 1983: 100-101). ¿Para qué cultivar maíz tan arriba, allí donde otros
cultivos serían más productivos? He aquí la explicación propuesta por Sabogal Wiesse (1966 : 11-
15):
[[308]] "En el mundo actual, los campesinos indígenas practican una economía que en los
altos círculos oficiales se califica de subsistencia (...) los rendimientos del maíz en Chacán
[otra comunidad de altura del Cusco] resultan bajísimos. Esto es debido principalmente a

10
Ya que la carga de la llama es de 25 a 30 kg., y la masa de 500 a 800 m2 en la región, ello equivaldría a 12-
15 toneladas/ha, en un período anterior a la difusión de las técnicas "modernas" en esta zona.
213

las condiciones ecológicas adonde se llega a producir maíz a los 3,700 metros sobre el nivel
del mar (...) La agronomía moderna nos indica que este constituye un riesgo no-económico.
La producción de maíz en las condiciones de Chacán consistiría en un absurdo manifiesto,
existiendo valles en los cuales muchas veces la plétora abarrota los mercados (...)
La meta explícita (...) del Ministerio de Agricultura es alcanzar una mayor producción
agrícola, con la sementera más apropiada a condiciones ecológicas dadas (...) De esta
manera el comunero dispondría de excedentes que pueda comerciar en los mercados de la
zona (...) En consecuencia, en las condiciones ya descritas de Chacán, es preciso propiciar
la sustitución de los muchos maizales por el cultivo "más racional" de la papa (...) Los
precios en un mercado aún insatisfecho son iguales y a veces superiores a los del maíz (...)
A más de la compulsión familiar para el cultivo anual del maíz, que constituye una pauta
cultural en Chacán, los campesinos actúan de acuerdo a su experiencia vital, la cual, al ser
confrontada con la de sus vecinos, es coincidente. (...) El hecho es que (...) [en] los sistemas
de mercadeo (...) 'los peces grandes se comen a los chicos'" Y quienes mayor experiencia
tienen al respecto son los propios campesinos indígenas, a los cuales la historia de sus
propias vidas les indica los peligros de caer en las manos de los numerosos y voraces
intermediarios de los centros de 'mistis' en la región.(...) La sustitución del maíz por un
cultivo más 'racional' como la papa, les llevaría a entregarse inermes en manos de los
'rescatistas" (...) a los cuales los campesinos han eludido sistemáticamente. Y se lograría así
reemplazar a gente pobre, relativamente autárquica y libre por deudores sumisos y siempre
pobres (...)"
Según este punto de vista, el autoconsumo aparece no como una supervivencia, sino
como respuesta a condiciones muy actuales.
Además, el riesgo de una mala cosecha impulsa a los campesinos a comprar lo menos
posible de productos o de técnicas cuyo costo no será reembolsado con seguridad por el aumento de
la producción; es el caso de los cultivos para el autoconsumo, o cuando el costo de esas técnicas es
superior al valor monetario del aumento de la producción que permiten, cualquiera que sea la razón:
"un minifundista que trabaja al partir, no tiene ningún interés en intensificar el cultivo de la papa,
siendo así que ello significa, en promedio, una multiplicación por 1,8 del valor agregado por
hectárea para un campesino propietario de sus medios de producción." (Salis, 1987: 10-18). Pero
varios ejemplos muestran (y entre ellos el de la familia I, capítulo 6), que incluso aquellos
campesinos cuya situación es muy precaria pueden adoptar nuevas técnicas más productivas
cuando éstas se adaptan a su situación y les parecen tan seguras como las demás actividades
económicas de la familia.

4.2. La competencia en el interior del sistema de producción.


Prácticamente todos los estudios que hemos citado muestran que los rendimientos obtenidos
dependen de la elección de prioridades efectuada en relación con las actividades no agrícolas de la
familia:
"En un ensayo sobre el efecto de cambio con una nueva variedad de semilla de papa y
control de plagas, que se instaló en el campo de cinco diferentes agricultores, se tuvo una
variable respuesta. Al analizar en detalle las razones para rendimientos tan diferentes como
de 8 y 16 TM/ha, se encontró [[309]] que la diferencia se debía a que en unos casos el
agricultor efectuó dos aporques oportunos, y en el de bajo rendimientos se había efectuado
uno solo, en forma y época no adecuadas. Esta falta de atención al cultivo estuvo
relacionada con una migración del jefe de familia, durante la época de labores culturales,
hecho que se repite continuamente." (Tapia, 1986: 91).
De manera más general, no se puede efectuar un diagnóstico sobre los rendimientos sin
examinar la competencia entre producciones en el calendario de trabajo y en la afectación de los
recursos monetarios.
214

4.3. La variabilidad
"Es muy difícil tener una idea exacta de la productividad de los cultivos, porque varía según
los años, según las unidades de producción y según las parcelas. (...) Si bien es cierto que
así se consiguen resultados confiables, por el hecho de la extrema variabilidad, las cifras
obtenidas valen para la parcela pero no pueden ser generalizadas." (Greslou, 1980: 179-
180).
Es así que en el "maizal" bajo riego de Laraos, entre los 3,200-3,500 m. de altura, en el valle
de Cañete, Brunschwig (1986) calculó, en un año climático favorable y para las cinco familias
estudiadas (capítulo 6.3), un rendimiento promedio de 5,100 kg/ha, Pero los extremos que
semejante promedio recubre y oculta son de 1,600 y 12,000 kg por hectárea (fig. 145)! 11 A
3,800 m. de altura (pero en un microclima muy abrigado en la península de Copacabana), a orillas
del lago Titicaca, Hatch et al. (1983) informan también, en el caso de una parcela de 1,500 m2, un
rendimiento de maíz muy elevado: 10,000 kg/ha de mazorcas enteras, o sea aproximadamente 5,000
kg/ha de grano. Obtenidos en dos regiones muy diferentes, estos rendimientos son probablemente
excepcionales. Pero son precisamente las excepciones lo que nos interesa, por la respuesta
completamente inesperada que dan a la pregunta formulada al comienzo: ¿qué rendimientos
puede obtener una agricultura tradicional con medios técnicos tan limitados, en medios naturales tan
diferentes y constrictivos? Y entonces, ¿en qué condiciones alcanzan los campesinos esos
rendimientos, y por qué éstos son excepcionales y no habituales?
t/ha
12
11
10
9
8
7
6
5
4
3
2
1
0

Santiago Walter David Juan Antonio


Fig. 145: Rendimientos de maíz en los campos de 5 familias de la comunidad de Laraos, el mismo año
(Brunschwig, com. pers.)
Todas las parcelas están ubicadas en el mismo maizal bajo riego.
Las cinco familias son las de que se trata en el capitulo 6.3.
Rendimientos de grano secado al aire.

11
Todos estos rendimientos, obtenidos en andenes bajo riego de algunas decenas a algunas centenas de metros
cuadrados, no pueden ser comparados con los de parcelas grandes, de varias hectáreas. Por otra parte, no se
midió la humedad del grano ni se redujo a la norma de 15 %, que sirve tanto para para las comparaciones de
rendimiento como para las transacciones comerciales: lo esencial aquí está en la distancia entre los extremos,
que es de la misma magnitud en el caso de los demás cultivos: de 4,770 a 19,340 kg/ha de papas en las
parcelas de un mismo agricultor, en el mismo año, en Laraos (ver igualmente la fig. 146).
215

t/ha
10 Papas
9
8
7
6
5
4
3
2
1
Campos
0

t/ha
5
Cebada
4
3
2
1
Campos
0

Fig. 146: Rendimientos logrados en sus diferentes campos por una familia campesina del Altiplano
(N°2, cap. 6.1) en el mismo año.
Oscuro: preparación del suelo con arado de palo jalado por bueyes
Claro: preparación del suelo con chaquitaclla.

"En zonas de monocultivo de maíz o sobre suelos poco desarrollados, la producción de


grano puede variar entre 300 y 1000 kg/ha, mientras que en los suelos más profundos bajo
riego, los rendimientos sobrepasan los 4000 kg/ha, como es el caso en el valle del
Urubamba." (Tapia, 1987).
"De estas variadas condiciones ecológicas es normal que los índices de producción sean
también variables. Las variaciones no sólo obedecen a los pisos térmicos a los cuales tiene
acceso el campesino, sino que estando caracterizada el 90 % de la tierra agrícola en
condiciones de secano, es lógico que la intensidad y distribución de las lluvias afecte
fuertemente el total de la producción. (...) El cultivo de la papa en sí incluye tres
condiciones agroeconómicas diferentes (en una misma comunidad):
- el cultivo en siembra grande , generalmente en secano o con riego temporal, entre
los 3,500 a 3,800 m., cuya producción puede variar entre 4 a 30 TM/ha, dependiendo de la
calidad y variedad [[310]] de semilla, densidad de siembra, nivel de fertilización, tipo de
suelos y rotación, disponibilidad de riego, ataque de plagas y enfermedades, época y
número de aporques, método de cosecha, con lo cual se puede explicar esta alta variación;
- el cultivo en "maguay" o siembra adelantada con riego, que generalmente se
cosecha entre enero a febrero. Este cultivo se efectúa en los mejores suelos y puede
alcanzar rendimientos entre 20 a 30 TM. Es muy apreciado por el campesino en razón de
que será el alimento para los críticos meses de febrero-abril antes de la cosecha grande.
- el cultivo en "muyuy" o terrenos de rotación con largos períodos de descanso, en
los terrenos más altos sobre los 3,800 m. Sus rendimientos son también muy variables
entre 6 - 25 TM, y utilizan variedades amargas que soportan mejor las bajas temperaturas.
(...) Los rendimientos son igualmente variables, según las condiciones, para los demás
cultivos: de 400 a 1,500 kg/ha de habas y tarwi, de 400 a más de 3,000 kg/ha de quinua."
(Kervyn et al., 1983: 8-10).
La variabilidad (o la dispersión, en el sentido estadístico del término) de los
rendimientos, entre parcelas que pertenecen a una misma familia, es una consecuencia directa
ineluctable de la estrategia de dispersión de riesgos y complementariedad entre medios
ecológicos diferentes. En efecto, ésta conduce a multiplicar las combinaciones tipo de medio x
216

variedad x fecha de siembra 12 x técnicas, para que [[311]] al menos algunas de ellas produzcan con
toda seguridad. Pues bien, de hecho, en cada año sólo un pequeño número de estas combinaciones
resulta "óptima", proporcionando un rendimiento elevado, y, como el clima es imprevisible, el
campesino no sabe por anticipado qué combinación será la mejor.

Cuadro 16. Pronósticos climáticos y resultados de la producción de papas en Asillo (Ramos, 1988: 41)
Campaña agrícola
1983-84 1984-85 1985-86 1986-87
Pronósticos: fecha de siembra “favorable”. P = precoz, I P IyT IyT IyT
= intermedia, T = tardía
Fecha de siembra que ha dado los mejores resultados PeI IyT P P

Rango de rendimientos medidos en el distrito (t/ha) 4 - 11 15 - 20 <9 P : 12


I y T: 1,5 - 5

Si tenemos en cuenta lo que se dijo más arriba sobre la comercialización y las competencias
entre producciones, el resultado es un rendimiento promedio automáticamente bajo: así, en un
nivel global, las estadísticas oficiales no están necesariamente muy alejadas de la realidad. Pero el
interés de estos promedios se limita a algunas utilizaciones. Toda comprensión de lo que hacen los
campesinos, y aún más toda acción, deben tener en cuenta necesariamente esta variabilidad y sus
causas: las estrategias de dispersión de riesgos, de utilización complementaria de zonas de
producción diferentes, y de pluriactividad, con las prioridades y jerarquías propias de cada familia
campesina.
[[312]] Una de las facetas del trabajo del agrónomo es comparar los rendimientos reales obtenidos
en cada parcela con el rendimiento "potencial" permitido, en las mismas condiciones de medio
natural, por las mejores técnicas actualmente disponibles, y luego identificar los "factores
limitantes" que expliquen las diferencias observadas. Lo que antecede plantea dos preguntas:
- ¿cuáles son las potencialidades, a veces insospechadas, que revelan los rendimientos más
elevados?
- cuando los factores limitantes eran modificables por el agricultor, ¿por qué no lo ha hecho
éste? ¿Qué obstáculos se lo han impedido? ¿De acuerdo a qué criterios evalúa "el"
rendimiento de cada una de sus parcelas? Un análisis de los rendimientos obtenidos en el
campo no tiene sentido sino en relación con el sistema de producción de la familia que las
cultiva.
El agrónomo no tendrá oportunidad de utilizar eficazmente sus métodos para permitir
aumentar los rendimientos en los casos en que tal pueda ser su objetivo sino allí donde este aumento,
y los medios para lograrlo, correspondan a la estrategia de la familia campesina: antes que nada y
desde luego su estrategia actual, pero también, prudentemente, otras estrategias a considerar cuando
los aportes técnicos exteriores permitan ampliar el abánico de posibilidades.

12
Los campesinos determinan en parte sus fechas de siembra en función de un "pronóstico climático" que
resulta de la observación de las plantas, los animales, las estrellas... Pero este pronóstico es a menudo erróneo,
lo cual no contribuye mucho que digamos a reducir la variabilidad de los rendimientos, como ilustra el cuadro
16.
217

Anexos al capitulo 5
[[313]]

A- El papel de las llamadas malas hierbas : pistas de


investigación

Daniel W. GADE, Albéric HIBON, Pierre MORLON, François TARDIEU 13

"El primer problema que se nos planteó fue definir cuáles son las plantas en una parcela
que deben considerarse como "cultivos asociados", y cuáles son las "malas hierbas": el
límite entre ambas categorías es muy impreciso en los minifundios andinos.
Cuando ingresa en un campo de maíz asociado, el observador se da con un gran número de
especies. Todas esas plantas no son consideradas de la misma manera por el agricultor, y
no tienen el mismo origen. Proponemos por ello distribuir las plantas de una parcela en
cuatro categorías, que son las siguientes:
- las plantas sembradas y cosechadas: son las consideradas habitualmente como
cultivos (...)
- las plantas cultivadas no sembradas pero sí cosechadas: luego de la cosecha,
algunas semillas del cultivo se quedan en el suelo y brotan al año siguiente. El número de
plantas de este tipo es generalmente reducido, pero en ciertos casos puede ser importante
(granizo que a la vez "cosecha" y siembra para el año siguiente, o cañihua que a menudo es
cosechada por dos años consecutivos, ya que muchos granos se caen al suelo en el
primero). Los cultivos no sembrados son considerados de manera diferente por un
minifundista que los cosecha, y por un agricultor medio que no los cosecha, y los considera,
por lo tanto, como malas hierbas.
- las adventicias no sembradas pero cosechadas : existe un gran número de
especies que son utilizadas por los agricultores, ya sea para la alimentación humana, ya sea
para la alimentación de los animales. Estas plantas no pueden, en consecuencia, ser
consideradas como "malas hierbas", ya que son deseadas por los minifundistas.
- las adventicias no sembradas y no cosechadas: algunas de estas plantas son
fácilmente eliminadas, en tanto que otras plantean un real problema agronómico
(Pennisetum clandestinum o "kikuyu" y Rumex acetosella, en la región estudiada).
En las parcelas principales de un agricultor mediano, toda planta diferente del cultivo
principal es considerada mala hierba y eliminada, en tanto que el minifundista no considera
mala hierba sino las plantas que no puede utilizar, y que al mismo tiempo significan el
riesgo de una reducción del rendimiento del cultivo principal." (Tardieu, 1978, 1980).
En la encuesta sobre maíz en la región del Cusco, de 70 a 100 % de los agricultores (de
acuerdo a la zona y el tipo de UPA) manifestaron que las malas hierbas constituyen un problema, y
casi todos que luchaban contra ellas. Pero de 67 a 88 % dan un uso a estas "malas hierbas."
En Chacán, cerca del Cuzco, [[314]] "la alimentación del ganado se completa durante los 5
meses de lluvia con la "grama" o kikuyo que cubre todos los caminos y espacios libres, y con
el "nabo", "perka," que crece como maleza en el maizal. Su volumen es suficiente para
abastecer a las reses 14 y aun para engordarlas de acuerdo a las exigencias del mercado

13
El presente texto es una puesta al día de la "Note sur le rôle des herbes dites mauvaises dans les systèmes de
production andins" (in: Morlon, 1981a).
14
Según Sotomayor (1988, citado por Kervyn et al., 1989), en la comunidad de Cuyo Grande "las malezas
cortadas durante tres meses en las chacras de maíz y habas bajo riego, representan en promedio unos 9,500
218

peruano, solamente en la citada época (...) Puede observarse así, en las tardes a los
miembros de las diferentes familias retornando a sus casas cargados con enormes atados a
sus espaldas." (Sabogal Wiesse, 1966).
"En la mayoría de los terrenos agrícolas existe una invasión significativa de "malezas" que
no son eliminadas sino que se emplean como recurso forrajero. El nabo silvestre (Brassica
sp.), trébol de carretilla (Medicago lupulina e hispida) son ampliamente utilizados como
forraje." (Tapia, 1986: 61).
Esto es notable en la medida en que el estudio de la repartición de cultivos practicada en las
unidades de producción pequeñas y medianas muestra que un porcentaje muy bajo de tierras es
destinado exclusivamente a pastos temporales o cultivos forrajeros. La existencia del ganado,
principalmente de los bovinos de labor, indispensables en el contexto agroeconómico actual para
realizar determinadas labores, es posible, pues, gracias a una valorización de todos los recursos
forrajeros del sistema de producción, cualquiera que sea su valor nutritivo reconocido y su
origen: pastos naturales (correspondientes a las tierras menos fértiles, las que se hallan a mayores
alturas y a mayor pendiente), bordes con hierba de las parcelas y de los caminos, desechos de
cosecha de los diferentes cultivos, y adventicias que acompañan a estos cultivos.
Esta valorización, llevada al extremo, y este hábito de no dejar que se pierda nada, ¿traduce
la presión demográfica que se ejerce actualmente sobre los sistemas de producción estudiadados?
Hace cuatro siglos, Garcilaso hablaba sobre todo de la eliminación de las malas hierbas:
"De todas estas flores y yerbas que hemos nombrado, y otras que no he podido traer a la
memoria, hay ahora tanta abundancia que muchas de ellas son ya muy dañosas, como nabos,
mostaza, yerbabuena y manzanilla, que han cundido tanto en algunos valles que han vencido
las fuerzas y la diligencia humana toda cuanto se ha hecho para arrancarlas (...) (Garcilaso,
1610, libro IX, capítulo 29).
En nuestros días, "por mala hierba que sea, la mostaza silvestre (Brassica campestris) es
claramente valorizada por la población campesina, como alimento para ella misma y para
los animales. Esta idea de utilidad, condicionada por una magra existencia y por una
percepción ávida de todos los recursos disponibles, [[315]] tiene su origen en una larga
tradición andina de empleo de hierbas en la alimentación.15 El consumo, ampliamente

kg de forraje verde por hectárea, consumido por los animales. Después de la cosecha quedan en las chacras,
para el pastoreo colectivo, unos 2,000 kg de materia verde comestible por ha". Ello hace en total
aproximadamente 3,000 kg de materia seca por hectárea, ... que se tienen que añadir a los datos de la figura
144.
15
En lo que respecta a la alimentación humana, Guamán Poma, a comienzos del siglo XVII, había repetido
con insistencia la importancia de los "yuyos" o hierbas en la alimentación, sobre todo el los períodos entre
cosechas:
"... y cogían hierbas de comida de las susodichas para secarlas y tenerlas en el depósito - collca -
para el otro año." (p. 228).
"... en este mes [agosto] hay gran falta de yuyos y mucha carne y poca fruta." (p. 251).
"... desde este mes [febrero] se puede comer verduras sin daño porque están maduras (...) y en este
mes han de sacar acequias y aderezar las aguas manantiales y pozos y aderezar las chacras andenes
y sacar piedras para casas y sembrar mucha verdura..." (p. 1134).
"[marzo] y comer lindas verduras y sanas." (p. 1137).
"[mayo] se ha de coger yuyos verduras y secarlas para ogaño y tener que comer coger onquena-
llachoc - pinau - paconca y todos los demás yuyos y ponerlas a secar y guardarse para todo el año
(...) en este mes todas las verduras son buenas y medicina." (p. 1143).
"[julio] se ha recogerse todas las comidas y frutas pasadas y verduras secas - cachayuyo - y meterlos
en los depósitos y despensas." (p. 1149).
Pero parece que bajo el término de "verduras" Guamán Poma designa tanto las legumbres verdes cultivadas
como las hierbas "salvajes", sin precisar si éstas últimas crecen como adventicias de los cultivos o fuera de los
219

difundido de octubre a marzo, de plantas de hojas anchas silvestres o adventicias, se vio


reforzado por la introducción y la dispersión de Brassica. En lugar de quitarles un precioso
espacio a otros cultivos, con el fin de hacer crecer las legumbres verdes necesarias, se los
obtiene fácilmente entre los cultivos existentes. La organización e intensidad de con que se
saca las Brassica reviste la importancia de una cosecha, y es más que una simple recolecta.
Como hierba comestible, las hojas basales en forma de lira de las Brassica son especialmente
bienvenidas como suplemento alimentario cuando bajan las reservas de la cosecha precedente.
Inclusive son vendidas en los mercados a fines del año. Las hojas cocidas son el ingrediente de base
de una decocción picante ("yuyo jancha"), corriente en el régimen alimenticio de estos meses. Se
consigue [así] de las Brassica adventicias variedad en el menú y vitaminas y elementos minerales
(Leung, 1961: 38); si se considera que es la principal verdura que la gente del pueblo consume
durante una parte del año, puede desempeñar un papel no desdeñable en el mantenimiento del nivel
de salud." (Gade, 1972: 39-40).
Este ejemplo de Brassica campestris en los Andes centrales muestra las bases biológicas,
ecológicas y culturales sobre las cuales se puede iniciar un proceso de domesticación de muchas
plantas por el hombre:
1) Existe o se introduce una especie determinada;
2) Esta crece en un habitat modificado por el hombre; y
3) Es percibida como un elemento, actual o potencialmente, útil para la economía doméstica,
más que como un elemento intruso y sin interés. Juntos estos tres factores crean una simbiosis
inconsciente entre la planta y el hombre, en que la Brassica se beneficia con la preparación de un
habitat abierto, con la dispersión de las semillas y con alguna protección, y en que a su vez el
campesino aprovecha útilmente la adventicia. Numerosas generaciones de colonización no
intencional y de cosecha puedan hacer una adventicia cultivable un cultivo in statu nascendi antes
de que sea realmente cultivada. Sin embargo, la domesticación propiamente dicha comienza
solamente con el cultivo premeditado, y más tarde el control selectivo de la variación natural. (...) El
cultivo de Brassica campestris por su intrínseco interés en los Andes Centrales dependerá, por una
parte, de la continuación de la actitud negativa respecto a las huertas y los forrajes cultivados, de la
baja productividad de los cereales, o de la no aplicación de las técnicas de deshierbe industrial como
los herbicidas. Dados los cambios sociales y agrícolas que se producen actualmente en la región, una
futura domesticación local de esta especie es improbable."
"La actitud del hombre frente a las plantas en el complejo cultivo-adventicias es revelada
por la manera con que las define con palabras o con acciones: "adventicias rechazadas,"
"adventicias toleradas", "adventicias estimuladas," "adventicias cultivadas," hasta los
"cultivos domésticos" propiamente dichos. Adventicias que finalmente evolucionaron a
plantas cultivadas, y que primeramente [[316]] tuvieron que ser percibidas como plantas
útiles, antes de ser domesticadas. Una atenta observación de sus posibilidades de cultivo es
una de las actividades agrícolas secundarias que hoy ha desaparecido de las latitudes
medias industrializadas." (Gade, 1972).
Pero, se nos dirá, se sabe bien que la presencia de "malas hierbas" reduce, a menudo
de manera considerable, el rendimiento del cultivo. Ello es verdad, pero exactamente tal como
sucede en los cultivo asociados: el rendimiento en granos o tubérculos del cultivo que
consideramos principal no es el único que interesa al campesino. Recordemos cómo Isidro
(familia II, cf. capítulo 4 ) explica la invasión de sus parcelas de cultivo:
"Habría podido quitar las malas hierbas, pero las necesitaba para los animales; es por eso
que las he dejado para cuando éstos regresen" (de la puna).

campos. En todo caso su papel era muy importante, y estrechamente vinculado en su espíritu a los
problemas de salud. En el estudio que presentamos en el capítulo siguiente, la principal carencia alimentaria
es la de la vitamina A.
220

Con ocasión de un cursillo para promotores campesinos del Altiplano, éstos reaccionaron de
modo muy vivo ante una exposición sobre el deshierbe químico: "¡Pero nosotros necesitamos esas
hierbas para el ganado!".
En el valle de Cañete, "en una terraza con riego invadida por el kikuyo, un agricultor
sembró maíz en hoyos, entre los terrones no pulverizados que resultaron del barbecho con
chaquitaclla. Una parte del kikuyo fue quemada; la otra, enterrada bajo los terrones, no fue
destruida. Al escalonar la operación del deshierbo en dos ciclos sucesivos de cultivo de
maíz, el agricultor se garantizó, en detrimento del rendimiento de maíz, una reserva
forrajera para el pastoreo luego de la cosecha, y un aporte de cenizas renovado en cada
ciclo." (D. Hervé, comunicación personal).
En lugar de cultivar separadamente parcelas de especies alimenticias (productoras siempre
de forraje), y parcelas de especies exclusivamente forrajeras, que exigirían trabajo y semillas, los
campesinos tienen asociaciones entre especies alimenticias cultivadas y adventicias espontáneas.
Estas no necesitan semillas y ningún trabajo hasta la cosecha, y proporcionan forraje mucho más
precozmente que los pastos naturales, que brotan muy lentamente, con lo cual llenan un vacío en el
calendario forrajero.
¿Son importantes las disminuciones de rendimiento por causa de las malas hierbas? Más
bien que citar los pocos resultados de las mediciones que poseemos, ninguna de las cuales se puede
generalizar, mostraremos en dos situaciones diferentes de qué modo las prácticas campesinas de
deshierbe tienden a evitar la competencia entre adventicias y cultivos:
- Cuando la densidad de cultivos es muy baja, tal como sucede a menudo en el Altiplano, al
comienzo de la temporada, "el aporque y la desyerba generalmente no comienzan hasta
fines de diciembre o principios de enero (...) se realiza el aporque y desyerbe una sola vez
en una temporada. El granizo y la helada representan amenazas de magnitud e importancia
mucho mayores." (Carter y Mamaní, 1982: 101). Y es precisamente en razón de las heladas
que la siembra o la plantación se efectúan tardíamente, dejando campo libre a las
adventicias, que valorizan factores del medio aún no utilizados plenamente por el cultivo, al
mismo tiempo que protegen el suelo trabajado contra la erosión.
- A una altura más baja, y en el caso del maíz que a comienzos de su crecimiento es mucho
más sensible a la competencia de las adventicias , lo más frecuente es que los pequeños
agricultores andinos practiquen de 1 a 3 deshierbes por escarda y/o aporque en los dos
primeros meses del cultivo. A continuación dejan crecer las [[317]] adventicias hasta que
alcancen un volumen importante; las cosechan entonces, progresivamente, para la
alimentación animal, y, en algunos casos (Brassica campestris) humana.
En la región de Cuzco el control de las malas hierbas se hace manualmente, en dos etapas
principales: la primera en el momento del primer aporque (Jallmay), más o menos de 30 a 40 días
después de la germinación; luego antes de la floración, cuando el agricultor las cosecha poco a poco,
seleccionando las que pueden servir de forraje o para la alimentación humana.
El efecto negativo de las "malas hierbas" en el cultivo es relativamente reducido, ya que,
gracias a los primeros deshierbes, la invasión por las adventicias no se efectúa sino una vez que que
el cultivo se halla sólidamente establecido; por otra parte, determinadas especies de adventicias no
prosperan sino en suelos abundantemente provistos de elementos nutritivos, de los cuales son, por
otra parte, indicadores.
Estas "malas hierbas" pueden desempeñar papeles positivos en la agricultura, siendo el más
importante la fijación del nitrógeno: a menudo podemos observar "asociaciones" de cebada o maíz
con alfalfas (Medicago lupulina o hispida) y de quinua con lupinos salvajes. Estos últimos no son
comestibles por los animales, pero, si nos referimos al volumen de los nódulos, probablemente fijan
cantidades superiores de nitrógeno a las de la mayoría de las demás especies.
Todas estas razones pueden explicar porqué el deshierbe selectivo tradicional permite
rendimientos culturales más elevados que los de los deshierbes químicos efectuados en fechas
221

impuestas por la naturaleza del producto, y no escogidos en función de objetivos de rendimiento o


de alimentación de los animales.

B- agronomía y gastronomía 16
Cuando volvimos a visitar a las cinco familias campesinas con las que habíamos trabajado
ocho o nueve años antes (ver el capítulo siguiente), les preguntamos qué técnicas seguían empleando
de las que les habíamos propuesto nosotros, o les habían propuesto otros. Algunas de las respuestas
fueron las siguientes:
- Se dejó de lado una variedad de cebada traída de Huancayo a Huancho hace mucho tiempo
(familia III) porque el grano no revienta cuando se pone a tostar (e "incluso los burros no comen su
paja"). En Camata, Isidro (II) sembró en las parcelas de mayor riesgo (heladas, inundaciones) , y por
lo tanto perdió, a lo largo de los años - las variedades de cebada común que le habíamos llevado
nosotros, reservando las parcelas más seguras para las variedades de granos desnudos, cuya
preparación culinaria es mucho más fácil.
- En Huatta (V) y Huancho (III), las papas "mejoradas" y de alto rendimiento fueron
convertidas en "chuño", mediante la alternancia helada-sol, ¡de la misma manera que las variedades
amargas y los tubérculos enfermos o dañados, y eso a pesar de que su gran tamaño obligue a pelarlas
previamente para ello! En efecto, los campesinos les reprochan ser "aguanosas", siendo así que
preferen las variedades "harinosas", sobre todo cuando se plantan precozmente en octubre. De
manera general en la región, los campesinos se quejan de que las papas que recibieron fertilización
química son "aguanosas" (lo cual podría deberse a un desequilibrio entre elementos en las dosis
recomendadas).
[[318]] - En Huatta (V), las mashuas o isaños cosechadas en el morro son consumidas por los
mismos campesinos, ya que son mejores que las que se cultivan en los camellones de la pampa, que
se destinan a la venta. Y el grano de cañihua no revienta cuando se tuesta sino sólo cuando proviene
de suelos arcillosos (ch'anka), y no de arenosos (aq'o).
Uno se topa con las mismas observaciones en otras partes del Perú. Cerca del Cusco,
"experimentalmente, se ha encontrado que los rendimientos de papa obtenidos por los campesinos
podrían aumentar de 60 a 80 % con sólo el cambio de variedad. Sin embargo, los incrementos no
van aparejados con la calidad del producto, por lo cual existe un rechazo al cambio total" (Cosio
et al., 1983: 9).
En el valle del Mantaro, "en general, los productores consideran a las variedades mejoradas
en relación con las nativas como que rinden más (...), y por el contrario son de baja calidad
culinaria, tienen precios más bajos y no soportan períodos más o menos largos de
almacenamiento" (Franco et al., 1979: 43). Brush et al. (1981), citados por Rhoades (1984: 10),
"han demostrado que las parcelas plantadas con mezclas de variedades indígenas son apreciadas
por sus cualidades culinarias y el consumo en casa, mientras que las variedades mejoradas están
destinadas al mercado o al intercambio, y son plantadas en cultivo puro."
Y, en el caso de todas las especies, la enumeración por los campesinos de las numerosas
variedades que cultivan, incluye en primer lugar, antes que las características agronómicas
(precocidad, resistencia a las heladas...), la utilización culinaria de cada una: por ejemplo en las
cercanías del Cuzco, en el caso del maíz, cada una de las variedades existentes responde a hábitos y
costumbres alimentarias diferentes: la variedad "Blanco Urubamba", de grano grande, blanco y
tierno, da magníficas mazorcas que se cogen en estado lechoso ("choclo") y se comen sancochadas
con el queso local. La variedad "Amarillo Oro," de grano amarillo, más pequeño y duro, se conserva
mejor que la anterior; se consume a lo largo de toda la temporada en forma de granos sancochados:

16
Los autores son los mismos que los del conjunto del capítulo 5.
222

se trata del "mote", una de las bases de la alimentación, junto con las habas, en los días de labores
agrícolas. Otras variedades (Chullpi, occe, piskorunto, confite) son consumidas en forma de granos
reventados, después de tostarse en las cenizas, o con un poco de aceite: la cancha. Todas estas
variedades son la base, igualmente, de una bebida: la "chicha" o cerveza de maíz, ligeramente
fermentada y rica en vitaminas.
Las variedades de maíz que se cultivan en seco (pucuto, uchumuyo) son, en general,
variedades precoces, de mazorca corta y grano pequeño y coloreado, bastante duro. Es el que los
agricultores consumen al último, durante los meses de marzo o abril. Permiten hacer puente con la
cosecha siguiente.
Todas estas modalidades de consumo del maíz y de otros alimentos revisten en general una
gran importancia en las relaciones de trabajo recíprocas, ayni o minka. La calidad del trabajo
realizado por los miembros de la comunidad que vienen a trabajar en ayni depende en mucho de las
viandas y bebidas que ofrecen los propietarios de la parcela (cf. igualmente Gade, 1975; Fonseca,
1977; Tapia, 1986: 52-58; Carter y Mamaní, 1982: 90-108; Orlove, 1987).
Se puede tratar de averiguar en qué medida lo que los campesinos producen determina lo
que comen, relación que no siempre es fácil de poner en evidencia a causa de la importancia de los
intercambios (Sautier y Amemyia, 1986). ¿No se podría, inversamente, tratar de comprender de qué
manera lo que los campesinos quieren [[319]] consumir determina lo que cultivan, y el modo
cómo lo hacen? Hemos visto la primacía de la búsqueda de la seguridad alimentaria, mientras que
el paso por el mercado representa a menudo una pérdida considerable. Pero tal seguridad no es
solamente cuantitativa, y en particular:
- de la misma manera que la dispersión de riesgos, la diversidad de usos culinarios implica la
de las especies y variedades;
- en regiones donde el combustible es escaso y la temperatura de ebullición del agua más
baja, a causa de la altura, la facilidad de cocción es un criterio esencial de elección.
Sin embargo, hay que ser muy prudentes antes de convertir en regla estas observaciones. Las
prácticas evolucionan y no siempre corresponden a lo que dicen las gentes. Así, en Chumbivilcas
(Bourliaud y Reau, comunicación personal), con ocasión de encuestas en las casas de los
campesinos, éstos afirman que separan las parcelas de papa para la venta de las que se destinan para
el auto-consumo. Pero si se concurre a la cosecha se constata que hay de 12 a 15 variedades en una
parcela que se había señalado como de una sola...y los 3 montones para consumo, para "chuño" y
para venta, se hacen tanto en las parcelas de variedad reciente "comercial" como en las de
variedades tradicionales, y no se advierte prácticamente ninguna relación entre variedad, destino
anunciado y técnicas culturales, explicándose éstas por otros factores (capítulo 1).
223

CUARTA PARTE.
[[321]]

PUNTOS DE VISTA SOBRE LOS SISTEMAS DE


PRODUCCIÓN.

Capítulo 6 [[322]]

Agricultura y ganadería en la economía de la familia


campesina : identidad andina y diversidades regionales
[[323]] Tantos esfuerzos empleados para dispersar los riesgos y acondicionar el medio, ¿permiten a
los campesinos andinos vivir, y más simplemente alimentarse? ¿Cómo? Para responder - a falta de
una película sobre los trabajos y los días, las fiestas y las enfermedades - presentaremos aquí algunas
de las familias campesinas con las que hemos trabajado por largo tiempo.

1. Diez años en la vida de campesinos de las riberas del


Titicaca
Beatriz MONTOYA, Pierre MORLON, Sharon CHANNER 17

1.1. Marco y objetivos institucionales; método de estudio.


El Proyecto "Colza y Cereales" de la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional tuvo
como misión introducir el cultivo de la colza, la reintroducción del cultivo de trigo (prácticamente
abandonado desde hace varias decenas de años), y la mejora del de la cebada en el altiplano del lago
Titicaca, por encima de los, 3,800 metros de altura (fig. 147): esta región es la única que posee en
los Andes peruanos vastas llanuras mecanizables y susceptibles, a pesar de los obstáculos
climáticos, de producir para reducir de manera significativa las importaciones del país en cereales y
oleaginosas (Morlon, 1981 b).
El Perú, en efecto, sólo produce una centena de miles de toneladas de trigo por año, frente a
un consumo creciente que ha sobrepasado el millón de toneladas a comienzos de los años 80: las
importaciones de cebada representan el tercio del consumo, y un 70 % en el caso de la cebada
cervecera; y, en fin, la dependencia frente del exterior es superior al 95% en lo que respeta a
oleaginosas (Lajo, 1982).
[[324]] Es en tal perspectiva que, a mediados de 1978, se decidió estudiar las condiciones y
obstáculos para el aumento de la producción de los cultivos alimenticios para el mercado por los
productores de la zona climática más favorable a la agricultura : los alrededores del lago Titicaca,
los mismos que, según las estimaciones oficiales de 1977, reunían en comunidades campesinas el 45
% de la población rural de toda la región, y proporcionaban más del 60 % (en valor) de los
productos agrícolas del departamento de Puno.

17
Respetivamente antropóloga, agrónomo y nutricionista. Este capítulo reproduce, completándolas, las
exposiciones de Morlon et al. (1986, en francés) y Montoya et al. (1986, en español).
224

Tal perspectiva planteaba un conjunto de preguntas, la primera de las cuales resulta central:
- ¿Hay compatibilidad entre un objetivo macro-económico externo a los campesinos, formulado
en la época como "transformar el Altiplano en granero del Perú," y el funcionamiento actual de
los sistemas de producción campesinos (condicionado a su vez por un papel muy diferente, cual
es el de proveedor de lana y reservorio de mano de obra barata, asignado a la región desde hace
un siglo y medio)?
[[325]] - ¿Cómo se puede explicar e interpretar este funcionamiento, más allá de las
exposiciones descriptivas de la literatura etnológica, y de las cifras de la literatura económica?
¿Qué relaciones se puede encontrar entre lo que producen los campesinos y su nivel de vida, en
particular su alimentación?
- ¿Qué mejoras técnicas y económicas se debe buscar para estos campesinos? ¿Qué es lo que
ellos piensan al respecto? ¿En qué condiciones el apoyo técnico o una ayuda económica
limitada en el tiempo pueden tener consecuencias positivas duraderas, es decir susceptibles de
desencadenar un proceso capaz de autosostenerse?
La idea de partida era identificar los "cuellos de botella" a través del ensayo, entre las
diversas técnicas propuestas por nuestro Proyecto y otros presentes en la región, de las que nos
parecían adecuadas a la situación de cada una de las familias campesinas estudiadas.
Expusimos en cinco comunidades, en que el Proyecto ya trabajaba, los objetivos y método
de estudio a una asamblea, que eligió una familia entre las voluntarias. Así fue implicada toda la
comunidad, la misma que pudo observar nuestra labor y sus resultados... lo que por otra parte
determinó, al año siguiente, peticiones que, en razón de las separaciones institucionales y la política
elegida por el Ministerio de Agricultura, no pudimos satisfacer en su integridad.
El camino elegido garantizaba las mejores probabilidades de éxito a la tarea emprendida,
pero excluía evidentemente la búsqueda de toda representatividad estadística (¿basada en qué datos,
en qué criterios...?).
Hemos trabajado así con cinco familias campesinas, todas moradoras de las proximidades
del lago Titicaca, y diferentes sobre todo en su situación en cuanto a la tenencia de tierras, y
asimismo en lo relativo a las condiciones del suelo, el clima y la lengua (quechua y aymara).
Luego de un inventario inicial del conjunto de medios de producción (y, como parte de ello,
el levantamiento de un plano de las parcelas, tomando nosotros a nuestro cargo el trabajo de
medirlas, ya que no existen catastros en las comunidades), había que ofrecer, en relación con cierto
número de parcelas o fracciones de las mismas, y sin cambiar la naturaleza del cultivo previsto, lo
siguiente:
- consejos técnicos, nunca obligatorios, basados en la percepción que teníamos de los
problemas de la parcela y del sistema de producción;
- semillas seleccionadas y certificadas, provenientes de las investigaciones agronómicas
efectuadas en la región, y fertilizantes.
Durante todo el año agrícola de 1978-1979 nuestro equipo, compuesto por una antropóloga,
un agrónomo y una nutricionista, ha seguido y registrado las actividades de cada familia: trabajos
agrícolas en las parcelas, intercambios en los mercados semanales, y alimentación. No conocíamos
estudios similares realizados con familias campesinas de los Andes peruanos, y nos concentramos,
por ello, más en la comprensión de lo que sucedía a nivel familiar que en el de la comunidad, sobre
el cual existía ya una abundante literatura.
Cerca de diez años más tarde, en 1986 y 1988, uno de nosotros regresó a visitar a esas
familias. Un lapso como éste, excepcional en esta clase de estudios 18, nos permite:

18
Señalemos aquí, en el Altiplano boliviano, el trabajo realizado sobre un período de quince años en la
comunidad de Irpa Chico, por Carter y Mamaní (1982), en una perspectiva mucho más antropológica.
225

[[326]] - disponer de unos doce años de la historia de cada familia y de su sistema de


producción. Durante este período se produjeron importantes cambios en la composición de
las familias, las cuales, por otra parte, debieron soportar las más grandes inundaciones del
siglo (1986), luego de la grave sequía de 1983;
- comparar lo que había sucedido en cada una de ellas con las perspectivas que habíamos
avizorado y escrito después de la primera etapa de estudio, pues un trabajo como éste debe
ser juzgado en función de la calidad de las previsiones que permite. Tal es la razón por la
que presentaremos sucesivamente, para cada familia, las dos etapas, no reteniendo sino lo
que nos parece necesario, ya sea para ilustrar la vida de las familias campesinas, ya sea para
extraer un esquema y conclusiones que habremos de comparar en seguida con otras regiones
de los Andes.

1.2. Presentación de las familias y de su historia.


1.2.1. Composición familiar y medios de producción al comienzo del estudio:
comparación de conjunto.
Hemos reunido en el cuadro 17. las características principales de las cinco familias y de sus
comunidades, tal como fueron anotadas al empezar el estudio. Se distinguen muy claramente dos
grupos:
- I y II : familias muy pobres, con más o menos media hectárea de tierra, en la que el descanso
pastoreado desaparece progresivamente, pero que explotan parcelas de totora en el lago
Titicaca (figs. 166 y 174);
- las familias III, IV y V poseen superficies diez veces mayores, de las cuales más de la mitad
está en pastizales naturales o en descanso. En cambio no hay utilización de parcelas lacustres, o
carece de importancia (figs. 153, 156, 163).
Hay una relación indirecta entre extensión de tierra disponible por familia y acceso al lago:
las más altas densidades de población, que alcanzan hasta 200 habitantes por km2 de tierra firme, se
hallan en las riberas del lago, en particular allí donde abundan las totoras que sirven de forraje para
los bovinos en la estación seca, y de materia prima para la fabricación de embarcaciones,
techumbres, "q'esanas"...
A pesar de la desproporción entre las superficies totales, el número de parcelas de cultivo
varía muy poco en torno a 25; vemos en ello, más allá de los azares de la historia de la constitución
de las propiedades, un reflejo de las necesidades del manejo de un sistema de policultivo-ganadería,
teniendo en cuenta la variedad de cultivos y sucesiones practicadas y la dispersión de riesgos entre
diferentes condiciones de tierra y clima. Tal dispersión se consigue gracias a dos tipos de
disposición de las parcelas en el terreno, característicos de cada comunidad (capítulo 3.6):
- en "banda" o "faja transversal", alargada de la línea de crestas a la orilla del lago o al límite
del terreno en la llanura. Las divisiones efectuadas con ocasión de las herencias se hacen
longitudinalmente, dejando explotaciones de una sola pieza, o casi de una sola (figs. 149,
152, 155).
- en "archipiélago" de parcelas aisladas y dispersas, cada una de las cuales es dividida con
cada generación (figs. 167 y 171). Interpretamos esta disposición como resultado de una
degradación bastante reciente (¿más o menos un siglo?), vinculada a una muy fuerte
densidad poblacional en comunidades en las que la extensión promedio por familia,
incluidas las totoras y hierbas acuáticas, es de 1 a 2 hectáreas.
[[328]] Notaremos en fin que la escolarización de los niños depende a la vez del nivel de vida de la
familia (aunque la enseñanza es gratuita, la escuela cuesta caro y es, por lo tanto, un poderoso factor
226

de agravación de las desigualdades sociales) y de su estrategia a largo plazo. En el caso de las cinco
familias, todos los niños en edad escolar van a la escuela, excepto dos niñas de la familia I, y el hijo
mayor de la "comadre" alojada en casa de la familia IV.
Presentaremos sucesivamente las cinco familias, comenzando por la que posee más tierras:

1.2.2. Familia V (comunidad de Huatta - Collana Segunda).


1978 - 1979.
Viven juntas aquí tres generaciones. Los padres tienen más de 70 años. Silvestre trabaja
todavía en la chacra y posee una fragua donde repara las herramientas de la familia; su esposa
permanece en la casa, donde teje y cocina. Un hijo soltero, Melesio, 30 años, se ocupa de los
cultivos; es en su comunidad uno de los promotores de campos colectivos experimentales o de
demostración, conducidos bajo diferentes proyectos de desarrollo. Una hija, Inocencia, vive con sus
dos hijos en la segunda casa en la "pampa," donde cuida los animales, ordeña las vacas y fabrica
quesos. Otros cuatro hijos han dejado el hogar, entre ellos Héctor, jefe de la familia IV.
Los terrenos, hasta que se dividen com el cambio generacional, alcanzan casi 10 hectáreas
(figs. 148 y 149). La elevada proporción de pastos naturales se explica, desde luego, por las
extensiones situadas en la pampa, expuestas a las heladas y a menudo húmedas, incluso más o
menos salinizadas, pero también por la falta de mano de obra: la familia recurre ya sea al ayni,
ya sea a jornaleros pagados con dinero en las labores y la siembra, y con productos en la cosecha. En
1978, y por primera vez, se utilizó en una parcela un tractor "que pasaba sobre el camino" (sic). Y
sobre todo, dice Melesio, la importancia de los pastizales se debe a que "cultivamos sólo para
comer, y el ganado también necesita hierba."

Fig. 148: Comunidad de Collana Segunda. La casa de Melesio está en el centro de la foto
(Julio de 1986). PM.
En efecto, en los últimos años los recursos monetarios de la familia provenían casi
exclusivamente del ganado: quesos, huevos y animales en pie (fig. 177), con excepción de los
alimentos de la ayuda internacional distribuidos en compensación por trabajos realizados por la
colectividad (las cinco familias estudiadas habían recibido así aceite y cereales). Pero a fines de
marzo de 1979 una granizada de violencia excepcional destruyó casi todo: una vez deducido el pago
en producto a los jornaleros, la cosecha se redujo a unas diez arrobas de cebada y otro tanto de
cañihua, cosechados antes de la granizada, y tres toneladas de papas (con un rendimiento
promedio de 12 t./ha., muy superior al de los vecinos, gracias a las técnicas propuestas: semillas y
abonos).
227

[[327]] Cuadro 17. Composición familiar y medios de producción al inicio del estudio.

I II III IV V
Idioma Aymara Aymara Aymara Quechua
COMUNIDADES

Poco unida, población Plan piloto de comunidades Organización dinámica y Organizada y dinámica. Chacras comunales con proyectos diversos.
densa. modelos. Población muy reivindicativa. Colegio, feria Cabeza de distrito. Juicios de tierras con latifundio.
densa. Chacras comunales. semanal.
Superficie total (ha) 355, incluye una laguna 120 (1967, 153 (1978) 3,000
Cantidad de familias 186 (1967), 136 (1978 109 (1967), 84 (1978) 512 (1967), 785 (1978) 397, de los cuales una minoría son comuneros.
Medio natural Península aluvial plana, Ribera del lago en parte Valle abrigado con árboles. -Pampa húmeda en tiempo de lluvias, con riesgo de heladas nocturnas
inundable inundable. Topografía Terrazas. Riego. -Cerro seco con piedras (caliza y arenisca)
variable.
Composición familiar Padres 35 y 34 años Padres 42 y 40 años Padres 45 y 44 años Padres 31 y 27 años Abuelos 70 y 79 años
3 hijas (17 – 8 - 2 años), 2 hijas (21 - 10 años), 5 hijas (18-17-16-12- 8 años), 2 hijos (6 - 1 años) Padres 30 y 35 años
(subrayados : escolarizados)
2 hijos (12 - 5 años) 2 hijos (19 - 7 años) 3 hijos (20-18-16 años) Comadre 26 años con 2 hijos (7 - 1) 1 hija 13 años, 1 hijo 10 años
Territorio ha medidas 0.5 0.7 3.4 4.8 9.6
FAMILIA ESTUDIADA

Número de chacras 18 16 13 6 12
Incluyendo parcelas de totora 4 6 1 pequeña
Tipo de parcelario Archipiélago Archipiélago Mixto (transición) Faja transversal Faja transversal
Número de arados de palo propios 2 0 2 1 3
Vacas 3 0 3 7 7
Toros y bueyes 2 « al partir » 0 1 2 2
Becerros 2 1 2 3 2
Ovinos adultos 0 2 28 10 45
Porcinos (jóvenes y adultos) 2 0 4 3 15
Unidades bovinos, aprox. (1) 7 1 9-10 11 18
Otras actividades (enre paréntesis : Jornalero. Tejido de chompas. (Carpintero) Alcalde. (Herrero)
en caso de necesidad) Migración temporal Migración temporal Antes, albañil.
(1) Equivalente en bovinos adultos del rebaño total
228

Para compensar la pérdida, Silvestre retornó entonces a la herrería, arreglando


herramientas agrícolas para los vecinos, siendo el pago por cada reparación (50 a 100 soles)
equivalente al precio de venta de dos o tres quesos (a 30 ó 40 soles cada uno) o una decena de huevos.
Se vendió igualmente un toro, como se hacía todos los años, y la mitad del dinero obtenido se empleó
en adquirir un torete (notemos que con este sistema los animales que jalan juntos el arado no tienen
nunca la misma edad), y la otra mitad para la compra de calaminas para la casa, lo cual indica al
mismo tiempo la ausencia de todo proyecto de emigración personal, y una confianza suficiente en las
próximas cosechas gracias a una nueva utilización de las técnicas ensayadas este año.
[[330]] Pero tal confianza, explícita, no va hasta considerar la posibilidad de cultivos comerciales. El
aumento de las extensiones de cebada y avena, desde hace varios años, se destina a la alimentación del
ganado vacuno, ya que las ovejas comen lo que pueden en los pastizales y en las tierras en descanso:
"Las recomendaciones del Ing. Agrónomo han sido buenas, pero también quisiéramos asesoramiento
en la ganadería... porque rinde más... Lo único que me hace falta es un pequeño capital de 50,000
soles para comprarme un toro Brown Swiss y cruzarlo con las vacas que tengo ahora. Por eso he
sembrado bastante cebada y avena para tener buen forraje y en cantidad. También estoy interesado
en sembrar alfalfa. Si resultaran mis proyectos yo me dedicaré al comercio de ganado." (grabación,
diciembre de 1978). (Notemos para ser francos que todas las recomendaciones agronómicas no fueron
buenas, y que las que fracasaron se relacionaban precisamente con el sembrío de alfalfa bajo
cobertura, a causa de un error en la identificación de las semillas).
Sin embargo, es posible imaginar, a mediano o largo plazo, que en una propiedad
suficientemente grande, y luego de varios años de experimentación, ya sea individuales como aquí, o
ya sea sobre todo colectivas, en las cuatro hectáreas utilizadas para el efecto por la comunidad, se
puedan realizar cultivos comerciales con un comienzo de mecanización.

1986 - 1988:
Todo el mundo se ha quedado, con la misma distribución de tareas. Pero la familia ha crecido:
Melesio se casó con Virginia en 1980; han nacido tres hijos (figs. 150 y 151). Eso significa más bocas
que alimentar, en extensiones de tierra más importantes, pero con apenas un poco más de fuerza de
trabajo, pues si Silvestre trabaja todavía con arado las parcelas que cultiva personalmente detrás de la
casa, y eventualmente sigue reparando herramientas de la familia o de los vecinos, ha sobrepasado ya
los 80 años (murió en diciembre de 1987) y su mujer los 85...

Fig. 150: Melesio y su familia (Julio de 1986). PM.


[331]] Las tierras "del lado de su señora," que Melesio administra en conjunto con las "del lado de su
padre," y "del lado de su madre," no son muy extensas: 0,5 hectáreas de cultivos, y 0,7 de pastos. Pero
situadas como están a 4 kilómetros del otro lado de la colina (fig. 152), están lo suficientemente
229

alejadas para que una granizada no destruya todo, como en 1979, y, sobre todo, una parte de ellas está
situada en un rincón abrigado frente al lago, y, por lo tanto, expuestas a menor es riesgos de helada.

Fig. 151: Melesio, Virginia y sus hijos (Julio de 1986). PM.

3900 lago

O 1 km X
lago

Fig. 152: Las parcelas explotadas por las familias 4 (en rojo) y 5 (en verde). X: localización
de los aportes de las mujeres. Planos parcelarios en "banda vertical" discontinua,
entrecruzando los diferentes tipos de suelo y de micro-climas debidos a la topografía.
En las tierras que cultivaba antes de su matrimonio (fig. 153), Melesio pudo dejar de esta
manera como pastos las parcelas de la pampa más expuestas a las heladas y al exceso de agua, y, en
consecuencia, los cultivos propios de terrenos de ese tipo: cañihua y papas amargas, que desaparecen.
Las superficies destinadas a papas dulces y cereales se estabilizan (alrededor de 1/3 y de 1 ha,
respectivamente), a pesar de la sequía de 1983, que la familia soportó mucho mejor que sus vecinos
gracias a las reservas que guarda sistemáticamente, y a pesar de las lluvias de 1984 a 1986. El cultivo
que exige menos trabajo luego de la cosecha, el de arvejas, experimentó un fuerte aumento en 1985-
1986, en la parcela más alejada, donde los peligros de robo son más importantes. En el otro extremo
del cerro, donde construye su casa al lado de la de su suegro (fig. 154), Melesio cultiva las mismas
especies (habas, papas, cereales), y también quinua, que ha dejado casi por completo de este lado.
El ganado mayor va mejorando por cruce con el toro de raza Brown Swiss del suegro. Ahora
las vacas paren cada año, lo que permite contar, para tirar del arado, con dos toros de la misma edad y
nacidos allí, y no con dos animales comprados y de diferente edad. Y el aumento de recursos
forrajeros (pastos, cereales, tallos y hojas de las habas y arvejas...) permite acrecentar el número de
animales - con prudencia, sin embargo, pues las lluvias de 1985 y 1986 echaron a perder gran parte de
230

la avena forrajera, así como la alfalfa que se acababa de sembrar: puede ser necesario, a fines de la
estación seca, llevar los bovinos a pastar las hierbas acuáticas ("llachu") en las extensiones que posee
la [332]] comunidad en el lago, cuyo acceso es ahora más fácil tanto porque las tierras "del lado de su
mujer" las aproximan, como porque el lago ha crecido (fig. 165).

Fig. 154: Virginia ata a sus ovejas en el corral al lado de la casa de sus padres (Mayo de 1988). PM.
Los recusos comunales no se limitan al lago: tal como en los años anteriores, Melesio, elegido
dirigente de la comunidad, ha tomado parte en los trabajos en los campos colectivos, cuyo producto
sirve en un cincuenta por ciento para los proyectos comunes (este año, cuna y jardín de la infancia), y
en otro cincuenta por ciento se reparte de acuerdo al trabajo efectuado : así en el caso de la cosecha de
1986, Melesio recibió más o menos 250 kilos de papas y 8 kilos de trigo de invierno producido en los
camellones reconstruidos hace poco en la pampa, luego de muchos siglos de abandono (ver capítulo 4
y fig. 112).

[334]] 1.2.3. Familia IV (Comunidad de Huatta - Faón).


1978 - 1979
Héctor es uno de los hermanos de Melesio. Después de su matrimonio, a comienzos de los
años 70, él y su mujer, Lucila, se establecieron en terrenos heredados de la abuela de ella.Poco a poco
aumentaron la proporción de cultivos, volteando nuevos pedazos en la larga parcela de pastos
naturales que se extiende en la pampa hacia el lago (fig. 153 y 155). Ello compite, sin embargo, con
las actividades exteriores que Héctor ha desempeñado durante años:
- hasta 1974, cuatro meses por año, aproximadamente, como ayudante de albañil en Juliaca;
- en 1975 y 1976 presidente del comité de educación de la SAIS a la que pertenece la comunidad,
percibiendo una dieta por el tiempo que dedicaba;
- de 1977 a 1979 alcalde del distrito;
Estas actividades ocupan mucho tiempo, por lo cual su esposa tuvo que encargarse de la
actividad agropecuaria. Y a pesar de que hace unos tres años acogieron en su casa a una comadre muy
pobre, les falta mano de obra:
- para los trabajos del campo, contratan con frecuencia peones, a los que se les paga en
especie. Pero en 1978 no se pudo sembrar cinco parcelas en razón de que el retraso de las
lluvias redujo el período disponible (fig. 156). Una posible solución, considerada por Héctor,
sería el empleo de tractores por contrato.
[334]] - para el cuidado del ganado: el estado sanitario de las ovejas es pésimo (según Héctor
por falta de dinero para comprar los productos veterinarios), y no hay tiempo para ir a
231

recolectar totoras en los terrenos comunales en el lago, demasiado alejados - y, por lo demás,
no disponen de ningún bote.

Ladera seca :
antiguos andenes
erosionados

Llanura con restos de camellones


Zona inundable

0 500 m

Fig. 155: Plano parcelario y perfil del terreno, familia 4 (1978/79).


Pero esta falta de mano de obra no les impide a la pareja ensayar cultivos nuevos o mejorados,
propuestos por diferentes proyectos de desarrollo: los campos de colza y de lupino ya estaban
previstos antes de que la familia fuese escogida para nuestro estudio. A media estación los cultivos
eran lo suficientemente prometedores como para vender a los vecinos las semillas propias guardadas
hasta entonces... Pues bien, aquí también la granizada de fines de marzo de 1979 destruyó todo, ya
que, al revés de su hermano Melesio, menos ocupado fuera, Héctor no había cosechado aún nada. No
pudieron recoger sino los tubérculos (un poquito más de una tonelada de papas pequeñas, con un
rendimiento promedio inferior a 4 t/ha), y tuvieron que vender ganado vacuno por falta de forraje, y
para comprar semillas para la campaña siguiente, así como alimentos para la familia.
Esta catástrofe climática, además de graves problemas de salud de Lucila, que ocasionaron
gastos de un "monto considerable" (pero no especificado), precipitaron una decisión que había venido
madurando desde hacía unos años: el establecimiento de una panadería en el pueblo. En total, cinco de
los nueve vacunos fueron vendidos, no solamente para compensar la pérdida de las cosechas, sino
también para comprar un horno de pan y una reserva de harina.
[334]] Se observa así una "descampesinización" concomitante con problemas de salud de la mujer,
abrumada de trabajo. Pero no es porque faltasen tierras, sino más bien por deseo de un cambio de
status social (de campesino a "citadino"), apoyado en la experiencia de cargos ejercidos y en el nivel
de instrucción más elevado entre las cinco familias: Héctor ha cursado hasta el tercer año de
secundaria en Arequipa; Lucila por su parte terminó la escuela primaria, cosa excepcional en una
campesina de la región, y prepara a su hijo mayor para su ingreso en la escuela el año próximo.

[337]] 1986:
La casa, vacía, amenaza con desplomarse por la mucha agua que hay en el suelo (fig. 157).
Mas no son las lluvias de la estación presente lo que ha determinado su abandono: la panadería fue un
fracaso por causas de organización interna y no de mercado; se han separado de la "comadre" a la que
daban hospedaje, y en 1982 Lucila volvió a casa de sus padres, a la salida del pueblo (fig. 152,
mientras que Héctor, una vez concluido su mandato de alcalde en 1979, partió a ganarse la vida fuera.
Ha sido así durante dos años asesor de comunidades campesinas para la Liga Campesina del Valle de
Sandia, que une el Altiplano con la Amazonía (fig. 147). Desde entonces trabaja como minero, a 4,800
metros de altura arriba de Ananea, en una cooperativa que explota un yacimiento de oro abandonado
por las grandes compañías. Los socios se reparten, en cantidades iguales, el valor de la cantidad de oro
obtenida, que varía, de acuerdo a los días, de 30 a 100 intis por trabajador; el promedio, que alcanza en
la actualidad a 60 intis, es decir cuatro veces más que el salario de un jornalero agrícola, permite pagar
232

los medicamentos de Lucila y el salario de los jornaleros que Héctor contrata cuando regresa, una o
dos veces por mes (fig. 158).

Fig. 157: La casa (un poco a la derecha del centro de la foto) y los terrenos de
Héctor y Lucila, durante la inundación (Marzo de 1986). PM.

Fig. 158: Héctor, Lucila y sus hijos Fig. 159: Lucila ordeña una de sus vacas
(Marzo de 1986). PM. (Marzo de 1986). PM.
Esos ingresos exteriores no fueron suficientes cuando se abatieron los dos duros golpes que
fueron la sequía de 1983 y la hospitalización de Lucila en Arequipa en 1984: se tuvo entonces que
vender todo el ganado, salvo una vaca para la reconstitución del rebaño, y en la actualidad no tienen
más que dos vacas (fig. 159) y cuatro ovejas con sus corderos (fig. 160), cuidados junto con los
animales de los padres de Lucila, los mismos que debieron vender también sus toros - pueden vender
queso, pero ya no tienen animales de trabajo.
233

[338]] La fuerza de trabajo disponible para la agricultura es, pues, muy reducida: Lucila, su padre que
tiene 74 años y continúa igualmente su actividad de sastre (confecciona uniformes para los policías del
pueblo), y un "compadre", el mismo que, a cambio de productos cosechados, les ayuda en sus terrenos
y los sustituye en los trabajos colectivos en los campos de la comunidad. Se hallan, pues, en una
situación de gran dependencia de la posibilidad de conseguir, en el momento requerido, trabajadores
y yuntas, y a menudo las extensiones realmente cultivadas son inferiores a lo que habían previsto:
¿sucederá lo mismo en la próxima campaña, para la cual Héctor considera duplicar la superficie
dedicada a papas (fig. 6.6), gracias por una parte a la cantidad de semilla disponible luego de la
abundante cosecha de este año, y, por otra, a los ingresos de la mina, que le permitirían alquilar un
tractor?

Fig. 160: Las ovejas en el corral de los padres de Lucila (Marzo de 1986). PM.
Los terrenos de los padres de Lucila - que no hemos medido - son administrados en forma
conjunta con los suyos, en los que la extensión cultivada se ha reducido en un cuarto, debiendo ser
entregadas "al partir" algunas parcelas, dejadas así en descanso, al "compadre" y a un tío. La
producción de habas ha sido transferida en su totalidad al lado de la casa de los padres; en 1983 se
abandonó un intento de cultivo comercial de lechugas, prometedor sin embargo, a causa del peligro de
robo en razón de la lejanía del habitat: al contrario de lo que acontece con las familias V, III y II,
cuyas parcelas "por el lado de la mujer" son vigiladas por los familiares de ésta, Héctor y Lucila no
parecen contar, en medida adecuada, con la ayuda en vigilancia de sus vecinos, a pesar de los lazos de
parentesco.

[340]] 1988
Sin dejar la mina - se hará reemplazar por peones asalariados, y por el hijo de la comadre, al
cual acogen de nuevo después de la muerte de su madre -, Héctor piensa en regresar a cultivar la tierra.
Varias razones lo impulsan a ello: no quiere que Lucila, siempre delicada de salud, se quede sola,
ahora que su último hijo va a ir a la escuela el próximo año, y que sus suegros se hacen cada vez más
viejos. El y Lucila han recibido seis hectáreas más: una parte por herencia luego de la muerte de
Silvestre, padre de Héctor y Melesio, y otra donada por los padres de Lucila, seguros ahora de que su
hijo (empleado del Ministerio de Agricultura) se quedará en la ciudad. Para trabajar sus once
hectáreas, situadas en ambos lados de la colina, es muy difícil encontrar un tractor de alquiler
cuando no se vive en el lugar. En fin, los ingresos de la mina han permitido ahorrar lo suficiente para
realizar su proyecto: comprar una bomba de agua, sembrar alfalfa y criar vacas lecheras seleccionadas,
de raza Brown Swiss.
234

1.2.4. Familia III (comunidad de Huancho)


1978 - 1979:
En el censo efectuado en 1967 para el reconocimiento de la comunidad, Gregorio está
registrado como agricultor y carpintero, casado y padre de seis hijos; propietario de 1 ha, 3 vacunos,
10 ovinos y 3 porcinos. La extensión de su propiedad había sido seguramente subestimada, pues el
total declarado por el conjunto de familias no representaba más que un tercio de las tierras de la
comunidad: algo lejos realmente de la verdad, aun contando algunos terrenos comunales
posteriormente privatizados. Desde entonces (fig. 163), han nacido dos niños; se añadieron al menos
13 parcelas, 12 por compra a los hermanos emigrados a la ciudad, y una trabajada "al partir", llegando
a 3,5 ha. (o sea exactamente el promedio de la comunidad), y el ganado ha aumentado en proporción.
Han pasado ya 20 años desde la última vez en que Gregorio fue a trabajar como carpintero a la costa,
y, salvo en caso de pedidos de los vecinos, ya no ejerce esa actividad sino para la familia - entre las
cinco familias, ésta es la que posee, de lejos, la casa más bonita y confortable.
Cuando tiene dinero para invertir, no lo destina a la compra de las herramientas de carpintería
que le faltan, sino a la adquisición de tierras y a la mejora del ganado: 3 vacas y 1 toro son producto
del cruce con reproductores Brown Swiss (lo cual permite precios de venta más elevados), y, cosa
excepcional en las familias estudiadas, hay dos corderos que son producto del cruce con Merinos.
Cuatro hijos han dejado ya la casa: dos hijas están en Lima, una como trabajadora doméstica,
otra en Moquegua, en la costa sur, y el hijo mayor realiza su servicio militar. A pesar de que las
informaciones recogidas sobre las relaciones económicas actuales con esos cuatro hijos son
contradictorias, se puede considerar que fue su partida lo que permitió el comienzo de una
capitalización, al reducirse las necesidades de consumo en el hogar.

Fig. 162: La casa de Gregorio (tercera a partir de la derecha) y una parte de sus terrenos
(Julio de 1986). PM.
El arrendamiento percibido por una casa que Gregorio heredó en Huancané, capital de la
provincia, asegura un ingreso mensual fijo que permite:
- por una parte consumir una parte importante de leche, queso y huevos, que en el caso de las
demás familias son vendidos prioritariamente para asegurar ingresos semanales en dinero (fig.
177);
[341]] - pagar los gastos de colegio mensuales para el mayor de los 4 hijos que permanecen en
la casa.

Con una situación relativamente cómoda, es la familia que muestra más interés y efectúa, de
lejos, los gastos más altos en la escolaridad de los hijos, con el manifiesto objetivo de que abandonen
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el campo: "Hoy en día, ya no se puede hacer nada con la chacra; con la educación de alguna manera
se puede vivir." Son las mismas familias cuyo nivel de vida les permitiría vivir mejor en el campo, las
que tienen mejores oportunidades en el éxodo rural (y viceversa: familias I y II...).
Pero si Gregorio prepara sus hijos para la emigración, no lo hace consigo, ya que mejora su
casa, y, al comprar las parcelas de sus hermanos y hermanas que partieron a la ciudad, tiende a
reconstituir en parte la propiedad de la generación precedente. De las 5 "explotaciones" 1 la suya es la
única en ser a la vez lo suficientemente grande y estar situada enteramente en un medio favorable: un
valle abrigado cuyo clima se ve mejorado aún más