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Racismo y antirracismo

El racismo
El racismo es una ideóloga a partir de la cual se han estructurado movimientos políticos y
quienes la sostienen pretenden configurar una sociedad acorde con sus presupuestos
doctrinarios de una noción de raza.

Una ideología no es un conjunto estático de ideas sino un proceso fruto del contexto histórico
(Antón, 1996). Sin duda con la ideología racista sucede lo mismo. Desde el prisma de la ciencia
política, podemos discernir un racismo fundamentado en distintos paradigmas. De acuerdo
con ello, consideraremos en esencia tres grandes manifestaciones del racismo: el religioso, el
biológico y el cultural.

El racismo religioso
para reflexionar acerca del primer tipo de discurso ideológico con tintes racistas debemos
remitirnos a la justificación metafísica de las desigualdades. Debemos remontarnos a las ideas
que dieron pie al racismo religioso, con un sistema de creencias difamatorias que se usaban
para regir el comportamiento de sus respectivos fieles en contra de otras comunidades.

La historia de la humanidad brinda numerosas situaciones en las que el racismo religioso azuzo
en el imaginario colectivo la idea de herejes, infieles, paganos, barbaros, idólatras, primitivos,
indígenas o salvajes. En definitiva, la idea del otro como chivo expiatorio.

Podemos referir unos ejemplos. El derecho canónico de la iglesia católica prohibió en el sínodo
de Elvira, año 306, las relaciones sexuales y el matrimonio entre judíos y cristianos, así como
que comieran juntos. En el XII sínodo de Toledo (año 681) se quema el talmud y otros escritos
del judaísmo. En el sínodo de Girona de 1078 se obliga a los judíos a pagar diezmo eclesiástico,
además, que se impide que estos puedan conseguir títulos académicos.

De este tipo de racismo, el religioso, derivaría otra versión de racismo, el biológico. Esto
sucedió cuando el conocimiento científico disputo la supremacía ideológica a las autoridades
religiosas y las sustituyo como portadoras de legitimidad ante la sociedad.

El racismo biológico

El racismo biológico o biologista interpreta la historia como una lucha natural de razas. toma
una diferencia real o imaginaria en cuanto al color de la piel, la forma y tamaño del cráneo , los
rasgos faciales, el tipo de pelo u otras para deducir diferencias genéticas y de ahí culturales.

Defiende la existencia de diferentes razas y asocia a sus características físicas y biológicas


categorías sociales como superior e inferior, e incluye definitivamente el factor ideológico para
legitimar situaciones de explotación. La UNESCO, después de la Segunda Guerra Mundial y del
holocausto judío, convocó cuatro conferencias mundiales (entre 1950 y 1967) a las que
acudieron expertos de todo el planeta. Estos expertos concluyeron inequívocamente que el
concepto de raza biológica no se puede aplicar a la especie humana, ya que, en las personas,
hablar de raza, es hablar de un mito social y en ningún caso de un fenómeno biológico.

Este tipo de racismo, en parte mermado, pervive en grupos como los skinheads de tendencia
neonazi u organizaciones como el ku klux klan, fundada en EEUU en 1865 y que ha tenido un
resurgir en la década de 1990. Otro dato que no se nos debe escapar es que este racismo
bilógico volvió a hacerse presente cuando Jensen postulo en 1969 la existencia de diferencias
en el coeficiente intelectual de diversas razas, debido a factores hereditarios y no ambientales.

El racismo cultural
Imaginar que entre los futuros familiares haya alguien que profese una religión diferente, o
que vista de manera poco usual o que tenga una costumbre distinta en las comidas, para
algunas personas puede resultar impensable y, más aún, poco deseable. Aunque a simple vista
puede parecer una conducta inofensiva, en el fondo de este comportamiento, pueden estar
incubados, signos claros de rechazo respecto de quienes nos parecen “diferentes” y “ajenos” a
nuestro propio grupo social.

Este tipo de actitudes se enmarca en lo que se conoce como “racismo cultural” o “racismo sin
raza”. Estas nominaciones se refieren a aquellas visiones que consideran una cierta
superioridad histórico-cultural de unos grupos respecto de otros, ya no cimentada en aspectos
biológicos sino en rasgos culturales subvalorados por el observador. Parecieran no agradar los
signos visuales (vestimenta, accesorios, etc.), las formas de reunión social y familiar, las
adscripciones religiosas, el uso del espacio público, entre otros rasgos; considerándoles, de
menor valor o directamente descalificándolos respecto de la simbólica dominante.

EL ANTIRRACISMO