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¿Todas las moscas son nocivas?

De las más de 100.000 especies de moscas que hay en el mundo, el biólogo Mathieu Rapp, investigador del
Instituto Smithsonian, cree que las que representan verdadero peligro para la salud apenas son quince. Pero...
¡ojo: se piensa que esas quince especies pueden haber causado más de la mitad de las muertes humanas desde
la Edad de Piedra!

¿Hay moscas buenas?

Por supuesto, dejando a un lado lo que hemos dicho de las enfermedades…

Desde el punto de vista ecológico, no todos los microorganismos que transportan son nocivos, al contrario, gran
parte de ellos se encargan de destruir las substancias vegetales o animales muertos. Por ello, contribuyen a
extenderlos, aumentando la velocidad de descomposición. Por otro lado, en el reciclaje de la materia orgánica
muerta cumplen funciones muy importantes, tal vez insustituibles, ya que la gran mayoría de las familias
presentan larvas saprófagas, coprófagas, necrófagas, etc. De esta forma destruyen sustancias orgánicas en
descomposición presentes en la naturaleza, tanto de origen animal como vegetal. En el caso de los animales,
las larvas realizan una benéfica limpieza devorando la carne en putrefacción de los cadáveres. Y, desde el punto
de vista vegetal, contribuyen a reciclar el manto de los bosques (transformándolo en humus), así como todas las
demás partes de los vegetales. Resumiendo, son en buena parte los basureros de la naturaleza.

Aunque el papel en la polinización de las flores es todavía poco conocido en el caso de los dípteros es evidente
que contribuyen en ello, aunque en menor medida que los himenópteros.

Numerosas especies (desde los nematóceros hasta los ciclorrafos) devoran en estadio de larva, grandes
cantidades de artrópodos (y otros grupos zoológicos) muy perjudiciales para las plantas cultivadas, los productos
de utilidad para el hombre: ácaros, langostas, pulgones, larvas de diversos insectos, etc. Portodo ello, alcanzan
un papel de primer plano como controladores biológicos de las poblaciones de animales perjudiciales. Por
ejemplo, las larvas de taquínidos (familia Tachinidae) se alimentan de numerosos insectos perjudiciales para la
agricultura (saltamontes, chinches, orugas, etc), las larvas de los sírfidos se alimentan de pulgones y cochinillas;
las larvas de los esciomícidos (familia Sciomyzidae) son parásitos internos de gasterópodos (dulceacuícolas y
terrestres), por lo que ayudan a controlar a los que se alimentan de las plantas cultivadas (por ejemplo, la
lechuga), así como a los que son vectores de parásitos humanos (por ejemplo, el trematodo Fasciola hepatica o
duela del hígado), etc.

Varias especies controlan plantas perjudiciales, por ejemplo, las larvas de psilido Chyliza extenuata devoran los
tallos de Orobanche, planta parásita de la hiedra.

El astronómico número de ejemplares de dípteros que vive en la naturaleza sirve de alimento para innumerables
animales insectivoros terrestres y aéreos, especialmente pájaros; por otro lado, las larvas de numerosas especies
acuáticas son comidas por una multitud de animales acuáticos (tanto invertebrados como vertebrados). De esta
manera, forman un eslabón muy importante en la compleja cadena trófica.

En algunas parte de la Tierra algunos dipteros (los efídridos en América Central y los quironímidos en Africa
oriental) son comprimidos y desecados como alimento para el consumo humano.
La rapidez del desarrollo larvario y el elevado número de generaciones que se producen en muy poco tiempo,
han hecho de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) un material ideal e imprescindible para el estudio
de los mecanismos que regulan y controlan la herencia genética. Por extrapolación, han sido cruciales también
para el progreso, en el entendimiento de la genética humana.

La extrema movilidad de los adultos limita los aislamientos, pero les hace preciosos para los estudios de relación
entre el organismo y el ambiente.

El elevado grado evolutivo conseguido en el arte de volar ha ayudado en el progreso de la aerodinámica, y


consiguientemente al desarrollo de la aeronáutica.

Muchos dípteros, especialmente los califóridos, los múscidos y los fóridos, pueden estar involucrados en la
descomposición de cadáveres humanos, donde existe una sucesión faunística a lo largo del proceso de
descomposición. Ello puede ayudar a establecer el momento de la muerte.

En octubre de 1996 viajaron al espacio a bordo de un satélite ruso, unas 480 moscas españolas del género
Drosophila, como parte de un experimento sobre envejecimiento de organismos vivos en el espacio. En 1995 se
había intentado el estudio, aunque sin éxito, pues las moscas murieron al regresar a la tierra.

Finalmente, como anécdota, no podemos dejar de mencionar que en tiempos de Napoleón los médicos militares
se dieron cuenta de que las heridas descuidadas y abiertas de los soldados sanaban muy bien y con asombrosa
rapidez si en ellas pululaban las larvas de mosca. Quizás porque se alimentaban de los tejidos inflamados y
muertos, limpiando y desinfectando así las heridas.

Además de esto, sus deyecciones sobre la superficie inflamada actuaban como estimulantes del crecimiento de
los tejidos y, con ello, la cicatrización de la herida era más rápida. Animados por tales observaciones, algunos
médicos norteamericanos se atrevieron a implantar, itencionadamente, larvas de mosca en heridas que se
resistian a cicatrizar, por ejemplo, de osteomielitis aguda. Como es natural, esas pobres larvas tuvieron que
soportar antes todo tipo de baños desinfectantes. Hoy en día, por supuesto, se dispone de métodos mejores.

Siempre piensan antes de actuar

Pareciera que lo único que hacen es volar por todos lados, pararse en nuestra comida y frotarse las patas, pero
la realidad es que estos animales son muy cautelosos y siempre piensan las cosas antes de hacerlas, se detienen
un momento si es una situación cómoda o se mueven velozmente si están en peligro, pero siempre con un plan
bajo la manga.

Ellas saben perfecto cómo es el mundo Matrix

Debido a sus diversos tamaños, las moscas pueden percibir el mundo de manera diferente. Entre más pequeñas
sean, su metabolismo y funciones vitales son más lentas, por lo que parecerá que todo está en cámara lenta
para ellas.

Intentan volar como en un escuadrón aéreo

Las mosquitas de la fruta son muy molestas, apenas dejamos una manzana en el frutero dos días y ya se crean
decenas de estas, matarlas es un problema porque se vuelven muy escurridizas, y es que estas moscas están
equipadas y entrenadas para volar de maneras que parecieran imposibles, hacen movimientos intrépidos y que
hasta van en contra de las leyes de la física.

moscas

Son buenas con las matemáticas

Hacer cuentas cuando nos envían al mercado nos parece una tarea complicada, pero las moscas también
pueden realizar cuentas. De hecho según la investigación, se arrojó un resultado que aseguró que todos los
animales que se encuentran en convivencia con los humanos pueden desarrollar una capacidad para sumar, y
las moscas lo han hecho, a tal grado que pueden contar hasta el cuatro sin problema.

La hermandad que profesan es incomparable

Un comportamiento regular entre los humanos son las peleas entre familia o amigos, sea la razón que sea. Pero
se ha llegado a la conclusión de que estos animales por más molestos que estén con sus “hermanos” nunca
llegarían a pelear entre ellos, ya que saben perfectamente que el proceso evolutivo que han sufrido no fue fácil
y nunca buscarán hacerse daño.

¿Por qué nunca podemos matar a una mosca?

Por fin los científicos lograron desvelar el secreto de porqué las molestas moscas son tan difíciles de atrapar y
siempre se logran escapar.
Investigadores en Estados Unidos descubrieron que estos insectos deben su habilidad al hecho que poseen un
sofisticado sistema de defensa que los hace anticipar por fracciones de segundo los movimientos del atacante.
cerebro les permite a las moscas planear por adelantado su ruta de escape
Utilizando videos de alta velocidad y alta resolución, los científicos del Instituto de Tecnología de California
(Caltech) encontraron que los insectos cuentan con un cerebro sagaz que les permite planear su escape por
adelantado.
Y tal como señalan los científicos en la revista Current Biology (Biología Actual), la mejor forma de aplastarlos es
acerarse a ellos sigilosamente y soltar el golpe más adelante de donde están ubicados.
Sagaz
La mayoría de la gente ha sentido la frustración de intentar aplastar a una mosca y ver cómo ésta se escapa
intrépidamente.
Durante las pasadas dos décadas Michael Dickinson, investigador de la biomecánica del vuelo de insectos, ha
estado tratando de responder a la pregunta que muchos nos hemos hecho: ¿Por qué es tan difícil aplastar a una
mosca?
"Nos sorprendió encontrar que antes de que una mosca vuele en respuesta a la amenaza de un depredador o
un matamoscas, ésta planea la dirección de su salto haciendo una serie de complejos movimientos", afirma el
investigador.
En efecto, en lugar de solamente ponerse a volar, el pequeño cerebro de la mosca calcula de dónde viene la
amenaza y así prepara su escape.
"El objetivo de estos movimientos para planear la huída -dice el profesor Dickinson- logran posicionar
cuidadosamente el cuerpo del insecto para que las patas queden situadas en la mejor posición para escapar en
dirección opuesta de la inminente amenaza".
"Estos movimientos son muy rápidos, toman unos 200 milisegundos", agrega.
Además, los científicos encontraron que la mosca es capaz de llevar a cabo estas acciones a pesar de lo que
esté haciendo.
Respuesta
Los científicos utilizaron videos de alta resolución y alta velocidad para estudiar a los insectos.
"Esto ilustra la rapidez con la que el cerebro de la mosca puede procesar la información sensorial y convertirla
en una respuesta motora apropiada", dice Michael Dickinson.

Los científicos descubrieron que los movimientos de planeación no están atados de forma reflexiva a la iniciación
del vuelo, porque vieron que la mosca puede preparase para el vuelo y después arrepentirse.
"De alguna forma la mosca "sabe" si necesita hacer cambios grandes o pequeños en su postura de manera que
pueda alcanzar la posición de prevuelo perfecta" explica el autor.
"Esto quiere decir que la mosca debe integrar la información visual de sus ojos con la información
mecanosensorial de sus piernas", agrega.
Con estos datos sin duda los seres humanos podremos llegar a ser mejores "matamoscas".
Sin embargo, ahora que sabemos todo lo que ocurre en el cerebro de estos pequeños insectos cuando estamos
a punto de atraparlos, quizás podremos apreciarlos un poco más antes de matarlos.

Los científicos realizaron la secuencia del genoma completo de la mosca y aseguran que sus hallazgos
deberían ayudar a descubrir nuevas curas para enfermedades humanas.

Este antihigiénico insecto de 6 milímetros de largo es portador de 100 enfermedades, incluyendo una que causa
la ceguera.
Al comparar su ADN con el de la mosca que ronda las frutas, la Drosophila Melanogaster, los investigadores que
llevaron a cabo el estudio, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, determinaron cuáles son los genes
que hacen que la mosca sea inmune a los elementos patógenos que alberga.
El estudio de la publicación científica Genome Biology también permite entender cómo la mosca puede disolver
residuos, como las heces.

Jeff Scott, uno de los miembros del equipo que realizó la investigación, explica que la información obtenida puede
ayudar en el manejo de los desechos humanos y en la disminución de los efectos que puede tener su degradación
en el medioambiente.

Están en contacto constante con cadáveres de animales, basura y otros restos sépticos que tienen bacterias,
virus y otros elementos asquerosos como las lombrices.

A las moscas les gustan muchos los alimentos que disfrutamos los seres humanos, y como son tan buenas para
evitar que las capturemos, tienen múltiples oportunidades para posarse sobre nuestra comida (y sobre nosotros).
Se cree que la razón por la cual tienen tantos gérmenes patógenos es porque se alimentan, con frecuencia, de
materia líquida o semilíquida, como las heces.

Su consumo regular de comida implica que necesitan evacuar grandes cantidades de excrementos, junto a
cualquier otro elemento que pueda causar enfermedades, cuando se posan en alguna superficie por más de
unos pocos segundos.

Pero a diferencia de lo que ocurre con nosotros, el estilo de vida poco higiénico de las moscas, no les causa
ninguna enfermedad.

ADN único

Scott y su equipo querían saber por qué estos insectos sobreviven sin ningún problema en medio de la suciedad
para determinar si esa característica puede utilizarse para el beneficio de la raza humana.

Fue así como establecieron el genoma de seis moscas hembras, creando una secuencia con una longitud de
691 megabits (unidad de medida que equivale a 106 bits, que es un dígito del sistema de numeración binario).

Posteriormente, lo compararon con el de la mosca de fruta, que tiene 123 megabits de largo.

De esta manera pudieron descubrir los trozos de ADN que únicamente poseen las moscas para poder analizarlos
en detalle.
La mosca tenía más variedad y cantidad de genes inmunes que la Drosophila, lo que probablemente la protege
de los numerosos agentes patógenos que alberga.

Beneficios comparativos

Según otros científicos, el análisis del genoma de la mosca, particularmente cuando se le compara con el de
insectos similares, puede ser de gran utilidad para comprender la naturaleza de estos animales, pese a que
siempre se piense en ellas como una molestia.

"Transmiten muchas bacterias y contribuyen significativamente a la propagación de enfermedades en


comunidades con pocos recursos y un sistema sanitario limitado", dice David Conway, profesor de la Escuela de
Medicina Tropical e Higiene de Londres, en Reino Unido.

"Pero las moscas -añade- causan males importantes que han sido olvidados. Sin embargo, podremos
entenderlos mejor que en la medida en la que logremos comparar los genomas de las diferentes variedades que
hay de estos insectos".

Aunque parezca que no hace nada, más que volar y colarse por nuestras ventanas, las moscas que pueden
resultar beneficiosas para todos nosotros porque su labor polinizadora y la posibilidad de usar estos animales
para controlar las plagas, proporcionan grandes beneficios. Sin olvidar que Mendel, padre de la genética, utilizó
el rápido ciclo vital de estos insectos para demostrar sus importantes teorías que han revolucionado el campo de
la ciencia.

Las moscas son unas grandes desconocidas, molestan y son despreciables. Normalmente tienen una vida corta,
pero muy activa. Entre marzo y septiembre estos insectos se reproducen por millones. Durante el resto del año
no desaparecen ni tampoco hibernan, simplemente ralentizan sus ciclos de vida esperando que regresen las
altas temperaturas y hacer de las suyas.

La madurez de la mosca dura de 15 a 25 días, durante ese tiempo es cuando pueden volar, alimentarse y
reproducirse. Si alguna vez ha conseguido atrapar una, te habrás fijado que sus ojos están compuestos por miles
de facetas individualmente sensibles a la luz que les permite escapar volando del peligro.

La mosca forma parte de la familia de los artrópodos, cuyas extremidades están articuladas, en este caso tres
veces, lo que les permite frotar su boca y sus ojos de esa forma tan característica en la que parece que estén
tramando algo. De igual manera, su cuerpo se encuentra dividido en tres partes diferenciadas o ‘tagmas’, cabeza,
tórax y abdomen.

Además, como curiosidad te gustará saber que es uno de los insectos que no poseen antenas, pero si dos alas
denominadas. Su boca sólo puede succionar, lamer o perforar, pero no morder o masticar. Sin embargo, algunas
especies salvajes sí que pueden picar si se piensan que tu piel es alimento para ellas.

Leer más: http://www.ecologiaverde.com/la-importancia-de-las-moscas/#ixzz4I83Xhp3B