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HANS URS VON BALTHASAR JOSEPH RATZINGER

¿POR QUÉ SOY TODAVÍA CRISTIANO?

¿POR QUÉ PERMANEZCO EN LA IGLESIA?

EDICIONES SÍGUEME SALAMANCA

2005

Cubierta diseñada por Christian Hugo Martín

Tradujo José Luis Sandoval del original alemán: Zwei Plädoyers

© 1971, 2005 by Katholische Akademie in Bayern

© Ediciones Sígueme S.A.U., 2005 C/ García Tejado, 23-27 - E-37007 Salamanca / España Tlf.: (34) 923 218 203 - Fax: (34) 923 270 563 e-mail: ediciones@sigueme.es www.sigueme.es

ISBN: 84-301-1570-6 Depósito legal: S. 626-2005 Impreso en España / Unión Europea Imprime: Gráficas Varona S.A. Polígono El Montalvo, Salamanca 2005

CONTENIDO

Presentación, por Franz Henrich

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Hans Urs von Balthasar

¿POR QUÉ SOY TODAVÍA CRISTIANO?

1. Alfa

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2. El desafío

21

3. Singularidades relativas

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4. La realidad absolutamente singular

35

5. El peso escatológico: su forma

39

6. El peso escatológico: su contenido

45

a) El primer círculo: el acontecimiento-Cristo

46

b) El segundo círculo: el acontecimiento bíblico

51

c) El tercer círculo: el acontecimiento de la humanidad

59

7. La destrucción del peso escatológico

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Joseph Ratzinger

¿POR QUÉ PERMANEZCO EN LA IGLESIA?

1. Reflexiones preliminares sobre la situación de la Iglesia

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2. La naturaleza de la Iglesia simbolizada en una imagen

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3. ¿Por qué permanezco en la Iglesia?

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PRESENTACIÓN

Franz Henrich

Ser cristiano y pertenecer a la Iglesia no es en nuestros días algo evidente y natural. Son mu- chos los hombres que tratan de llevar una vida digna sin «superestructuras religiosas». Sin em- bargo, a pesar de esto existen personas que se plantean el problema de la posibilidad de una existencia religiosa y de la necesidad de perma- necer en la Iglesia. En los dos ensayos que contiene el presente li- bro, dos conocidos teólogos afrontan esta proble- mática. Respondiendo al interrogante: «¿Por qué soy todavía cristiano?», Hans Urs von Balthasar expone las motivaciones más profundas del fenó- meno cristiano; Joseph Ratzinger, por su parte, reflexionando sobre el tema «¿Por qué permanez- co en la Iglesia?», examina las razones objetivas y subjetivas, y analiza críticamente los recientes desarrollos eclesiales. Ambos ensayos son fruto de unas conferen- cias tenidas en Múnich ante un auditorio de casi

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Presentación

mil oyentes sobre el tema: «Ser cristiano e Igle- sia». La diferente sensibilidad con que nuestros autores abordan y desarrollan este asunto refleja la gran variedad de perspectivas teológicas que existen en nuestro tiempo. Pero, además, también pretenden ofrecer a cada lector información de primera mano y claves para profundizar en tan significativas cuestiones.

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JOSEPH RATZINGER

¿POR QUÉ PERMANEZCO EN LA IGLESIA?

Existen hoy muchos y opuestos motivos para no permanecer en la Iglesia. En nuestros días es- tán tentados de volver la espalda a la Iglesia no sólo aquellos a quienes se les ha hecho extraña la fe de ésta, a quienes les parece demasiado retró- grada, demasiado medieval, demasiado hostil al mundo y a la vida, sino también aquellos que han amado la imagen histórica de la Iglesia, su litur- gia, su independencia de las modas pasajeras, el reflejo de lo eterno visible en su rostro. Estos tie- nen la impresión de que la Iglesia está a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y, de este modo, perder su alma. Están desilusionados como el amante traicionado y por eso piensan seriamente en volverle la espalda. Por otra parte, también existen motivos con- tradictorios para continuar en la Iglesia. Perma- necen en ella no sólo los que creen firmemente en su misión o quienes no quieren abandonar una antigua y entrañable costumbre –aunque hagan poco uso de ella–, sino sobre todo y especialmen- te quienes rechazan toda su realidad histórica y

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Joseph Ratzinger

combaten abiertamente el contenido que sus mi- nistros tratan de darle y de conservar. A pesar de querer eliminar lo que la Iglesia fue y es, no pre- tenden salirse de ella, porque esperan transfor- marla en lo que a su juicio debe ser.

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1. REFLEXIONES PRELIMINARES SOBRE LA SITUACIÓN DE LA IGLESIA

De todo esto resulta que la Iglesia se encuen- tra en una situación de confusionismo, en la que los motivos a favor o en contra no sólo se entre- mezclan del modo más extraño, sino que parece imposible llegar a un entendimiento. Reina la des- confianza sobre todo porque el permanecer en la Iglesia no tiene ya el carácter evidente e inequí- voco de antes y nadie cree en la sinceridad de los demás. Las palabras llenas de esperanza que pro- nunció Romano Guardini en 1921 –«Un aconte- cimiento de gran importancia ha comenzado: la Iglesia despierta en las almas»–, parecen ya ana- crónicas. Más bien, hoy habría que cambiar la frase de este modo: «Un acontecimiento de gran importancia ha comenzado: la Iglesia se apaga en las almas y se disgrega en las comunidades». En medio de un mundo que tiende a la unidad, la

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Joseph Ratzinger

Iglesia se dispersa en resentimientos nacionalis- tas, en la exaltación de lo propio y en la denigra- ción de lo ajeno. Entre los defensores de la secu- laridad y la reacción de quienes están demasiado apegados al pasado y a lo externo, entre el des- precio de la tradición y la fidelidad exagerada a la letra, parece que no existe ninguna posibilidad de equilibrio. La opinión pública asigna inexo- rablemente a cada uno su propio puesto; tiene necesidad de posiciones claras y precisas, y no puede entretenerse a distinguir ninguna clase de matices: quien no está a favor del progreso está contra él; o se es conservador o progresista. Gra- cias a Dios, la realidad es distinta: entre estos dos extremos existen también hoy creyentes silencio- sos o casi sin voz, quienes con toda sencillez rea- lizan la verdadera misión de la Iglesia incluso en este momento de confusión: la adoración y la pa- ciencia de la vida cotidiana bajo la palabra de Dios. Sin embargo, en la imagen que se genera- liza de la Iglesia estos no tienen sitio; esa verda- dera Iglesia no es invisible, pero está profunda- mente escondida a las maniobras de los hombres. De este modo queda esbozada una primera in- dicación sobre el contexto en donde se sitúa la pregunta: ¿por qué permanezco en la Iglesia? Pa- ra dar una respuesta adecuada debemos analizar en primer lugar ese contexto, en el que la palabra

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