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10 usos del agua termal, el cosmético que sirve para todo


Más allá de hidratar los rostros de las tops cuando van en avión, estos pulverizadores mejoran
quemaduras, cicatrices o picaduras. Hasta rejuvenecen.
Están ahí desde el principio de los tiempos. Son aguas de lluvia que se filtran en el suelo y
durante años viajan entre las rocas del subsuelo enriqueciéndose con minerales de la tierra. La
temperatura a la que manan depende de lo profundo que sea ese camino (las de La Roche Posay
brotan a 13ºC, a 27ºC las de Uriage…). No hay dos iguales y sus bondades dependen de los
minerales que se les unan durante ese periplo: selenio (cicatrizante y antiinflamatorio), silicio
y magnesio (regenerantes celulares al estimular la renovación epidérmica), hierro (oxigenante
celular), manganeso (antioxidante), calcio (protector tisular)… Sin ser expertos en clase de
química, los peregrinos jacobeos que pasan por la fuente de las Burgas de Caldas de Reis
(Pontevedra) no dudan en quitarse las botas y aliviar sus ampollas gracias a las propiedades
curativas del agua que de ella mana. Cortesía de la naturaleza. Quienes han tenido la suerte de
vivir cerca de un manantial cumplen con el ritual diario de llenar una botella para uso doméstico
(al cabo de las 24-48 horas pierde sus cualidades). Al resto de la Humanidad le toca conformarse
con un pulverizador (es el único formato en el que ni se contamina ni se degrada con el tiempo).

¿Para qué más sirve?

1. Hidratar
2. Picadura de insectos o medusas
3. Cicatrizar
4. Aliviar sarpullidos infantiles
5. Antienvejecimiento prematuro
6. Tras la depilación, el afeitado o los peelings químicos
7. Después del gimnasio
8. Quemaduras solares
9. Maquillar y desmaquillar
10. Efecto filmógeno

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