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AUTOESTIMA

Uno de los principales factores que diferencian al ser humano de los animales es la
conciencia que tienen de sí mismo: La capacidad de establecer una identidad y darle un valor.
En otras palabras, tú tienes la capacidad de definir quién eres y luego decidir si te gusta o no tu
identidad.

Pero ¿qué es la Autoestima? Es el concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los
pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido
recogiendo durante nuestra vida.

Las personas que se sienten bien consigo mismas son capaces de enfrentar, resolver
problemas, retos y responsabilidades que la vida pone; sin embargo las personas con baja
autoestima suelen lastimarse.

Confiar en uno mismo no puede confundirse con ser una persona orgullosa. La persona con
un nivel de autoestima adecuado no se siente superior a nadie, sino que trata al otro con
respeto y benevolencia, pues no le percibe como una amenaza.

Confiar en uno mismo permite disfrutar de la vida con alegría, pues aporta seguridad y
capacidad de control. Además influye en la mentalidad y en el actuar diario, así como en las
aspiraciones que nos marcamos y en el sentido que damos a nuestras vidas, pues proporciona
valor para experimentar cosas nuevas y el poder de creer en uno mismo. La autoestima nos
admite reconocernos como personas significativas y valiosas que se aman y respetan a sí
mismas, incluso cuando cometemos errores.

Contar con una buena autoestima nos permitirá tomar decisiones adecuadas relacionadas con
nuestra mente y nuestro cuerpo. Al sentirnos importantes, es menos probable caer en
influencias peligrosas. Si se tiene una buena autoestima, sabemos que somos lo suficientemente
inteligentes como para decidir por nosotros mismos. Valorar nuestra seguridad, sentimientos,
nuestra salud, en sí ¡todo nuestro ser! Contar con la autoestima adecuada ayuda a saber que
cada parte de nosotros merece ser cuidada y protegida.
Así pues el amor por sí mismo comienza a formarse en los primeros años a través de las
relaciones con la familia, amigos y en el colegio; en la adolescencia se reafirma o se revalorara
y en la edad adulta los éxitos y fracasos continúan repercutiendo en la manera de evaluarnos a
nosotros mismos.

Si bien es cierto cuando nace el bebé, se establece una estrecha relación entre el recién nacido y
sus padres, sobre todo con la madre, lo cual fomenta un fuerte vínculo que va a favorecer el
inicio de la autoestima, ya que este sentimiento de sentirse querido y protegido por sus padres
posibilitará que él bebe se perciba como alguien importante y valioso. Es así que la autoestima
se va fortaleciendo alrededor de los seis años, para que un niño se sienta valioso va depender
en gran parte del amor y la actitud de los padres o de otras figuras significativas para ellos.
Además se va desarrollando progresivamente en la medida en que se relaciona con el ambiente,
mediante la internalización de las experiencias físicas, psicológicas y sociales que la persona
obtiene durante su desarrollo. Por tanto podemos tener conocimiento de que la autoestima
no es algo con lo que se nace, sino que se aprende con el tiempo nuestro entorno y como todo
lo aprendido, es susceptible de cambio y mejora a lo largo de toda la vida.

En el caso del niño, éste se ve a sí mismo como los mayores le dicen que es, por esto los
comentarios de los padres le afectan tanto. La actitud que éstos adopten frente a sus hijos es
primordial, ya que determina en gran parte el grado de autoestima que tendrá el niño.

Cuando el niño tiene la sensación de ser “bueno”, se acepta como es, ello ayuda a mejorar sus
debilidades y se resaltan sus cualidades su autoestima se ve fortalecida, en cambio sí se clasifica
al niño como torpe e incapaz probablemente sea perjudicial para el desarrollo de su autoestima,
pues es probable que crecerá asumiendo lo que se le dice como cierto y generando actitudes
según estos conceptos.
Hemos creído conveniente mencionar 3 áreas básicas, las cuales permiten estimular y
fortalecerla la autoestima en los niños. Se menciona a continuación:

1. LA FORMACIÓN DE LA IDENTIDAD:
¿Quién Soy?
 Los niños aprenden a tenerse respeto a sí mismos cuando los ayudamos a verse lo
especiales que son. Cuando los niños se animan a ver de una forma positiva e
importante sus características y en general su personalidad ellos comienzan a crear y
a aprender la forma de perfeccionar significativamente sus habilidades.
 Ayudar al niño a reconocer su propio cuerpo (En los tres o cuatro primeros años)
haciendo énfasis en elementos que definan su aspecto físico como estatura, color de
pelo, constitución; Esto permitirá que configurar la imagen de sí mismo y sentirse
cada vez más satisfecho con su aspecto y su forma de ser. Del mismo modo, ayudar
a identificar sus fortalezas y debilidades, mostrándole las acciones concretas en las
cuales se ponen en evidencia tanto sus cualidades como sus defectos.
El niño necesita darle sentido a las cosas, pero lo hará de una forma infantil, ilógica
desde la óptica adulta. Busca razones, y en las explicaciones lo más importante para
él es el hecho de que se le den una explicación, no importa la que sea; le importa
más la persona que le da la propia explicación.
 El niño necesita empezar a darse un sentido, encontrar su lugar en el mundo. Y su
lugar en el mundo necesariamente pasa por su lugar en su propia familia,
básicamente, está ocupado en “ordenar” la realidad, que pasa por “ordenar su
realidad” primero. El orden se traduce en la necesidad de vivir hábitos de conducta
a través de los cuales saberse bueno y garantizar el amor en sus padres.
 Motivar al niño a descubrir sus propios talentos o habilidades, no tienen que ser
grandes dotes, ni tampoco comparables con las de ningún otro niño; pues cuando
un niño o niña manifieste o diga que algo realiza como un dibujo está mal, no es
bueno mentirle o decirle que está bien sino preguntarle porque cree que está mal y
cómo se puede corregir eso. Después de este análisis, se integran en la percepción
de sí mismo los aspectos positivos y los negativos, pero reestructurados, pues su
forma de conocer es, básicamente a través del juego, y en el propio juego reside la
recompensa por la actividad realizada, incluyendo la relación consigo mismo, a
través del autoconocimiento, autoimagen y auto concepto.
2. EL SENTIDO DE PERTENENCIA
A qué grupo pertenezco: familia, colegio…
 Enseñar a identificar la familia (tíos, abuelos, primeros, etc.) y a sentirse amado y
querido por ellos.
 Reforzar el sentido de pertenencia del niño. La familia, el colegio y los amigos
constituyen a los principales grupos a los cuales pertenecen los pequeños.
 Hablarle sobre el papel que juegan dentro de ellos, contribuyendo
significativamente a su fortalecimiento de su identidad y a su reafirmación en el
valor como persona.
 Expresar con frecuencia al niño, sin considerar la edad que tenga, lo importante que
él es para la familia, las cosas buena que le aporta , el aporte , el amor que se sienten
por él y la satisfacción y alegría que todos experimentan porque él es otro miembro
de la familia.
 Ampliar el conocimiento de su familia, seleccionando fotos familiares construyendo
con ellas un árbol genealógico.
 Hablarle de datos curiosos y anécdotas familiares, esto va a contribuir a incrementar
su interés por las personas que conforman su núcleo familiar.
 Expresar en cada una de estas actividades la satisfacción y alegría que todos sienten
que él sea otro miembro de la familia y todas las cosas buenas que él aporta sus
padres y hermanos.

3. LA CAPACIDAD PARA INFLUIR SOBRE LAS SITUACIONES


De qué soy capaz
 No enfocarse solo en los aspectos negativos, considerar éstos como aspectos que se
pueden corregir, más que como características definitivas de la personalidad del
niño. Por ejemplo, en lugar de calificarlo como torpe, incapaz y bruto, hágale caer
en la cuenta de cuál es su dificultad más específica.
 Acostumbrarle a evaluar sus logros en comparación consigo mismo y no con los
demás.
Tener un autoconcepto y una autoestima positivos es de la mayor importancia para la vida
personal, profesional y social. El auto concepto favorece el sentido de la propia identidad,
constituye un marco de referencia desde el que interpretar la realidad externa y las propias
experiencias, influye en el rendimiento, condiciona las expectativas y la motivación y
contribuye a la salud y al equilibrio psíquico.