Está en la página 1de 7

DELITOS Y FALTAS CONTRA EL PATRIMONIO, LA VIDA Y SALUD DE LOS INTERNOS

Entre otros hechos graves que ocurren dentro de la vida carcelaria cerrada están los
diversos delitos y faltas de las que son víctimas algunos internos, muchos de ellos cometidos
por otros reclusos y en algunos casos por miembros de la administración penitenciaria.

Al respecto hay que considerar que con relativa frecuencia se cometen infracciones
patrimoniales en agravio de algunos reclusos, sin que exista posibilidad de hacer justicia
ante tales latrocinios. Según Hans Von Henting, este es un fenómeno frecuente en las
cárceles, y que la gran masa de los delitos se dirige contra la propiedad. Dentro de este tipo
de hechos en nuestro medio, se ha venido denunciando también que en las requisas o
cacheos a cargo de la administración penitenciaria civil o policial, desaparecen algunos
bienes o dinero de los internos. Asimismo existe otra serie de prácticas, como cobro de
cupos para “seguridad” o ser alojados en determinado ambiente de la cárcel, entre otros
hechos ilícitos preocupantes, contrarios al fin resocializador de la ejecución penal.

Igualmente las lesiones o atentados contra la vida entre los propios reclusos, son delitos
que muchas veces quedan impune, con excepción de algunos cuya gravedad obliga a que
se efectúen las investigaciones pertinentes y se abra proceso penal, pero no en los casos
menos graves. Los internos más violentos a veces cometen delitos de lesiones en agravio
de otros, pero generalmente la administración penitenciaria no adopta las medidas
adecuadas, salvo las requisas en las que se decomisan desde armas blancas hasta algunas
de fuego. Al respecto, un hecho trágico ocurrió el 04 de Marzo de 1981 en la cárcel peruana
conocida como “El Sexto”, que años después fue cerrada, en la que eclosionó un hecho de
violencia entre los recursos, habiendo perecido treinta y dos de ellos además de un gran
número de heridos de diversa gravedad, que se dice tuvo como causa el enfrentamiento de
internos “chalacos” contra “limeños” por el poder del penal, sin que la autoridad de la cárcel
hubiera hecho lo suficiente para evitar tal masacre.

Asimismo hay que señalar que no siempre estos delitos otros, son originados por los
intentos, sino que se dan circunstancias en que se inculpa a la administración penitenciaria
civil o policial, sobre todo en casos de protestas sofocadas por la fuerza, o cuando se
efectúan revisiones o registros (cacheos), en los que se llega a ciertos excesos contra la
integridad física de los internos, no obstante los derechos humanos reconocidos por la
Constitución y el CEP Peruano. Al respecto un hecho luctuoso ocurrida el 04 de Octubre de
1985, en el penal de “Lurigancho”, fue la muerte de treinta internos inculpados de
terrorismo, cuando se ejecutó una requisa por la administración del penal con participación
policial. Según versiones de los reclusos sobrevivientes, una de las paredes del pabellón
“Británico” en que estaban recluidos fue derribado a dinamitazos, luego los internos fueron
abaleados y quemados por la policía participante en la requisa. La información oficial afirmó
que los mismos internos quemaron a sus compañeros que querían acogerse a la requisa.
La información oficial afirmó que los mismos internos quemaron a sus compañeros a sus
compañeros que querían acogerse a la requisa, versión que carece de solidez si vemos los
acontecimientos posteriores, como el entierro de los cadáveres en horas de la madrugada
sin la presencia de sus familiares, luego de tenerlos cinco días en la morgue, atentado contra
los derechos humanos que el gobierno de ese entonces decía respetar.

El volumen de estos hechos es más frecuente en los centros carcelarios grandes y sobre
poblados, como “Lurigancho” en Lima y en ciertos penales de diversas regiones del país,
que de cuando en cuando hacen noticia al respecto. Nosotros opinamos que esta
problemática delictiva intramuros se puede atenuar o prevenir, teniendo como base la
instauración efectiva del régimen penitenciario normado en la legislación vigente, debiendo
contarse para ello un personal idóneo, que es lo más importante para el manejo de las
relaciones internas de una prisión cerrada, pero avalados por la voluntad política de
alcanzar dicha meta.

MOTINES, EVASIONES Y HUELGA DE HAMBRE

Los vicios de la prisión cerrada ya señalados, junto con el ambiente sórdido que la
caracteriza, por la mala dirección carcelaria y la lentitud en la administración de justicia que
mantiene en prisión a un alto número de presos sin condena, entre otros problemas,
alientan múltiples formas de oposición o reclamo. Las manifestaciones de éstas protestas
van desde los motines, las evasiones, hasta la huelga de hambre, entre otras expresiones.
LOS MOTINES

La rebelión contra la autoridad del penal es una forma de protesta colectiva por algo que
los internos consideran negativo o injusto, expresándose en forma agresiva. En algunos
casos los motines pueden ser muy violentos, que dejan como consecuencia resultados
sangrientos y víctimas diversas. Generalmente se debe a reclamos contra el tipo de
autoridad que existe en la prisión, quejas por la comida, trato brutal e injusto, entre otros
motivos. La prevención de estos actos está básicamente en una buena administración
carcelaria y que los derechos del interno sean efectivamente una realidad concreta.

Para Isidore SILVER los motines siguen ciertos patrones como los siguientes:

1. No se intentan fugas masivas


2. Muchos ocurren después de turbulencias y choques entre los miembros del
personal.
3. La planeación es rudimentaria.
4. El propósito es captar la atención del público.
5. Se toman rehenes.
6. Forman barricadas y solicitan cosas como mejorar comida, atención médica,
instalaciones diversas y en nuestro medio celeridad judicial.

Un motín notorio fue el efectuado en la cárcel insular denominada “El Frontón”, por los
internos recluidos por terrorismo, ocurrido en el mes de diciembre de 1983, tomándose
como rehenes a miembros del personal de vigilancia. Los motivos principales de esta
sedición fueron la mejora en la alimentación; destitución del Director del Penal por propiciar
el clima de violencia; respeto a la privacidad de la correspondencia; libre ingreso de libros,
revistas y diarios; no recorte a la luz eléctrica; entrega de catres, colchones y frazadas; entre
otros puntos. Paralelamente con este hecho las internas de la Cárcel de mujeres del Callao,
recluidas por el Terrorismo, también se amotinaron tomando en rehenes a 10 empleadas
penitenciarias, con participación del Ministerio Público.

Un nuevo motín ocurrió en el ex establecimiento penitenciario “El Fronton”, el día 3 de abril


de 1985, por cerca de 400 internos procesados por terrorismo, que tomaron en rehenes al
Director Adjunto del INPE, al director de la 2° Región y a otros seis miembros más. Se
amenazó con “ajusticiarlos” si no se atendían a sus reclamos y luego de casi 30 horas de
negociaciones y de aceptarse a la mayoría de demandas se liberó a los funcionarios
capturados. Entre las peticiones se contaban:

1. Aumento en la cantidad y calidad de víveres para alimentación


2. Funcionamiento de un grupo electrógeno
3. Entrega de catres, colchones y frazadas.
4. Atención a los internos enfermos y el ingreso de medicinas.
5. El ingreso de libros y útiles de escritorio
6. Cambio del Director, alcaide y empleados hostiles entre otros puntos que fueron
aceptados, por ser probablemente justos.

Sin embargo, a los tres meses del anterior suceso ocurrió un nuevo amotinamiento por
los mismos internos de los penales de Lurigancho. “El Fronton” y el Callao (Santa
Bárbara), desde el día 13 hasta el 17 de Julio de 1985, tomándose un rehén en
Lurigancho y seis en la cárcel de mujeres del Callao. En este caso se exigían también
mejores condiciones de vida y que se les considere “presos políticos”. Luego de tensas
negociaciones y de acceder a gran parte de sus reclamos y de transar en el
reconocimiento como “presos especiales” se solucionó este conflicto.

A los pocos meses del anterior hecho se produjo un nuevo motín, el 30 de Octubre de
1985, por los inculpados de terrorismo, en el penal de Lurigancho, con la captura de
cinco rehenes, entre los que se hallaba la jueza de Ejecución Penal, su secretario, el
Director del Penal y dos miembros más del INPE. Planteándose una serie de pedidos,
entre los que se hallaba el de no ser trasladados al nuevo penal de Canto Grande. Luego
de dramáticas negociaciones los rehenes fueron liberados sin ningún hecho de sangre.

Un motín con secuela cruenta fue el iniciado el 18 de junio de 1986, por los internos
procesados por terrorismo, de los penales de Lurigancho, el Frontón y Santa Bárbara,
que en este caso fue develado mediante el uso de las armas, con el resultado de cerca
de 250 reclusos muertos (02)(03) por las fuerzas militares.
Los amotinamientos de internos “comunes” y “de terroristas”, han seguido teniendo
diverso grado de experiencia en los últimos años, con resultados a veces sangrientos.

EVASIONES

La fuga es el riesgo que confronta toda prisión, por ello se aconseja la edificación de
cárceles con seguridad especial. Sin embargo, hay que anotar que el ánimo de evasión
no es común a todos los internos, la experiencia de las prisiones abiertas con bajos
índices de fuga son prueba de ello. Tradicionalmente, de acuerdo a las condiciones de
seguridad que requieren los diversos tipos de reclusos se habla de prisiones de máxima,
mediana y mínima seguridad. El deseo de evasión más intenso se da supuestamente en
los internos de las cárceles de máxima seguridad, pero también las prisiones
degradantes y hacinadas, así como las penas muy largas, vienen a ser factores que
pueden motivar el deseo de fuga y el de recurrir a medios diversos para tal fin, no
necesariamente violentos o mediante excavaciones subterráneas, sino también por
otros medios útiles.

En nuestra realidad carcelaria se ha venido observando en las últimas décadas una


variedad de fugas numerosas, pero en muchos casos no han recurrido a los
procedimientos tradicionales de escalamiento de muros o mediante túneles, sino sobre
todo mediante el soborno y en otros medios similares, y en otros casos se ha utilizado
el procedimiento de tomar rehenes para exigir que se les facilite la evasión. Muchos de
los evadidos han sido narcotraficantes, y en la mayoría de casos mediante el soborno,
incluso se conoce el caso de un narcotraficante italiano que logró fugar hasta tres veces
del penal de Lurigancho. Estas evasiones escandalosas, algunas de ellas no aclaradas en
lo relativo a los responsables de haberlas facilitado se han producido no solo en penales
de Lima, como Lurigancho, Santa Mónica, e incluso de la cárcel de máxima seguridad de
“Canto Grande”, sino también en cárceles de otras regiones como Tarapoto, Tingo
María, entre otros centros.

Otro medio adoptado para evadirse de la prisión es la toma de rehenes. De ese modo
lograron fugar doce internos del penal de Lurigancho, el 18 de Setiembre de 1980,
tomando en rehenes a varios vigilantes y al Director del Penal, que en ese entonces era
un Comandante de la Guardia Republicana. En dicha ocasión salieron en un vehículo de
la compañía de bomberos, llevando a los rehenes, no habiéndose producido ningún
disparo de bala.

Tres años más tarde ocurrió otro hecho en el mismo penal de Lurigancho, el 14 de
diciembre de 1983, en el que once reclusos comunes tomaron en rehenes a tres
religiosas, una asistenta social y una colaboradora del grupo. Luego de tensas
negociaciones se les proporcionó un carro para que salieran de la cárcel, sin embargo,
luego de haber traspuesto las puertas del penal, los policías que seguían al vehículo de
los evasores dispararon sin considerar el riesgo de herir a las rehenes. Como resultado
de este episodio fallecieron ocho de los reclusos y la monja Juana Sawyer Deegan que
habían recibido cinco impactos de bala, quedando heridos los restantes. Fue una
especie de ejecución capital de hecho.

Otro intento de fuga más sangriento y terrible fue el ocurrido en el ex penal limeño
conocido como “El Sexto”, que era un local estrecho e inaparente para centro carcelario.
El 27 de Marzo de 1984, doce internos tomaron en rehenes a cerca de 19 personas, la
mayoría de ellos parte del personal penitenciario profesional y tres reclusos, exigiendo
que se les proporcione dos vehículos para salir de la prisión, bajo amenaza de matar a
los rehenes si no se hacía caso a sus peticiones. La situación de tensión duró más de
doce horas, y en ese lapso que no se concedió lo que exigían, varios de los rehenes
fueron abaleados y quemados, hasta que finalmente cerca de las diez de la noche
ingresó la policía y redujo mediante un operativo violento a los reclusos, con el saldo
trágico de más de veinte muertos y varias decenas de heridos. En síntesis, en este
intento de fuga fallecieron 22 reclusos y un rehén; y de los heridos la mayoría fueron
internos, varios policías y personal penitenciario, epílogo de la violencia mutua entre
reclusos y custodios del orden.

HUELGA DE HAMBRE
La negativa va a tomar alimentos es un medio de reclamo o protesta que a veces es
empleado por algunos reclusos. Puede ser una manifestación individual o colectiva que
tiene diverso grado de incidencia, y que en los últimos años se ha presentado en
nuestros penales. Al respecto se puede recordar la huelga de hambre general de los
reclusos de “el sexto” en el mes de diciembre de 1980, pidiendo solución a un pliego de
reclamos de 20 puntos, como eclosión de protestas anteriores mediante huelgas de
hambre individuales.

También podemos recordar que a nivel nacional hubo un hecho de tal naturaleza,
efectuado por los procesados por narcotráfico, a mediados de 1983, cuando estaba por
aprobarse un proyecto de ley que les recortaba el beneficio de la redención de penas
por el trabajo, participando cerca de dos mil internos en una huelga que se inició en la
cárcel de Chorrillos, en Lima. Esta es una forma de protesta que se observa también en
cárceles de otros países.