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¿CUÁLES SON LAS DECISIONES FINANCIERAS CORRECTAS PARA LOS JÓVENES?

TU DINERO (Articulo) Viernes, 16 de octubre del 2015

Ser joven no debe significar inestabilidad financiera, es importante tomar control


del patrimonio desde un inicio para poder tener una buena inclusión financiera.

Quizá la década más significativa que da forma a nuestra vida financiera futura es cuando estamos en
nuestros veintes. Mucha gente termina sus estudios y comienza a trabajar durante esa etapa. Para
muchos representa el primer contacto con la vida real.

En mi caso no fue distinto. Me casé y fui papá muy joven, antes de cumplir 22 años. Comencé a
trabajar para sacar adelante a mi familia y lo logré. Esa época marcó mi primer contacto con las
finanzas personales, buscaba la mejor manera de estirar mi ingreso y hacer que mi hija tuviera lo
necesario. Por mi propia experiencia, puedo decir que en nuestros 20 uno debe tomar algunas
decisiones financieras cruciales para el resto de su vida:

1. Obtener y manejar correctamente una tarjeta de crédito. Mi primera tarjeta fue en la universidad,
cuando todavía no tenía ingresos propios. La aprendí a manejar correctamente y con mucho cuidado
para no endeudarme: pagaba el saldo completo cada mes. Todavía lo hago.

Es importante que lo hagamos porque nos ayuda a tener disciplina y nos permite iniciar un historial
crediticio que más adelante será importantísimo (por ejemplo, si algún día queremos comprar una
casa y necesitamos financiar parte de ella con un crédito hipotecario).

2. Ahorrar para tus metas. Esto lo hacía quizá desde más pequeño. Cada vez que mis papás me daban
dinero (una mesada o quincena) tomaba lo menos posible para mis gastos y guardaba el resto en un
cajón, en una cartera vieja. Era mi primer contacto con el ahorro, hábito que permanece hasta la
fecha.
Más adelante, cuando cumplí 18 años mi abuela me regaló una cuenta bancaria (la abrió con el
mínimo, pero ese dinero se quedó para mí). Entonces aprendí a manejar mi dinero de esa manera y a
separar el ahorro en una inversión, igual que como lo hacía en ese cajón pero de una manera mejor y
más segura.

3. Diferenciar tus necesidades y tus deseos. Esto es fundamental, pero muchos jóvenes (y no tan
jóvenes) se confunden. Una necesidad puede ser un automóvil; un deseo puede ser el de esa marca
que no podemos pagar. Buscar un departamento si tus padres están felices de tenerte en casa, ¿es
un deseo o una necesidad?

No hay nada de malo con tener deseos y cumplirlos, pero no a costa de otros. Entender eso te
permitirá ir ordenando tus prioridades, lo cual es fundamental si quieres alcanzar tus metas de vida.

4. Aprender a invertir. Cuando me di cuenta de que las inversiones bancarias pagaban mucho menos
que la inflación, empecé a buscar opciones. Tuve mi primer contacto con los fondos de inversión,
tomé un periódico y empecé a identificar los mejores.

Fui a Casas de Bolsa, que me cerraron las puertas porque mi dinero no era mucho. Empezaban las
operadoras independientes que además tenían menos conflictos de interés. Comencé a separar mi
dinero para metas de corto, mediano y largo plazo. Mi salario lo estiraba metiéndolo en un fondo de
liquidez diaria e ir sacando lo que necesitaba de manera semanal.

Poco a poco me fui sofisticando: siempre tuve interés en hacer inversiones en otros mercados como
el de valores sueño que logré y empezaron a surgir fondos de inversión que diversificaban de manera
internacional. Ahora invierto en ETF: mecanismos más baratos y eficientes.

5. Aprender la magia del interés compuesto y empezar a ahorrar para tu retiro desde tu primer
trabajo. Darnos cuenta del poder del tiempo en el crecimiento de nuestro patrimonio nos cambia
completamente la perspectiva.

¿Sabes cuánto te costará empezar dentro de 5 o 10 años? En esta edad es fácil tomar una hoja de
cálculo y hacer tus propias proyecciones. No dejes que el futuro te alcance y te sorprenda.

Diario El Economista
Red Iberoamericana de Prensa Económica (RIPE)
MALAS DECISIONES FINANCIERAS: ALGUNOS EJEMPLOS

TU DINERO (Articulo) Viernes, 29 de julio del 2016

Todos hemos tomado decisiones financieras sin ponernos a pensar en las consecuencias que ello
implica o en las características del producto que estamos contratando.

Éstos son casos reales que me han llegado a lo largo de los años:

1. Una amiga cercana compró su departamento con un crédito hipotecario. Tres meses después hubo
una reducción de personal en la empresa donde trabajaba y se quedó sin empleo.

No se había fijado en que el crédito que eligió no incluía seguro de desempleo (contrario a hoy en día,
que muchos lo tienen y es importante).

2. Javier invirtió en un fondo de renta variable poco antes de la crisis financiera del 2008, atraído por
el anuncio que vio en una revista, promoviendo los altos rendimientos que había generado.

Fue a la casa de Bolsa, permitió que el promotor le llenara el cuestionario de perfilamiento y puso
todo su dinero ahí, sin leer ningún documento. Javier ni siquiera sabía que se trataba de un fondo que
invertía en Bolsa.

Sufrió una minusvalía superior a 30% de su patrimonio en pocos meses y, lo peor, sacó en ese
momento su dinero. Intentó demandar a la casa de Bolsa, sin éxito, ya que él firmó todos los
documentos, incluido el prospecto de información al público inversionista del fondo así como su
cartera de valores.

3. Mercedes contrató un “seguro” de inversión que era muy atractivo, en el cual le prometían
altísimos rendimientos. Año y medio después tenía bastante menos dinero del que había invertido, a
consecuencia de las elevadas comisiones que se cobran, precisamente durante esos primeros 18
meses.
Al analizar su “seguro” me di cuenta de que el costo total era altísimo y los rendimientos con los que
le habían simulado su inversión no los había generado la empresa en los últimos cinco años, con
ninguno de sus “portafolios”.

En el mejor de los casos, no perderá dinero, si lo mantiene en el largo plazo, pero ganará mucho
menos que si hubiera invertido a través de otra opción. Cancelarlo no era una opción por el costo que
implicaba (el valor presente de todos los cargos futuros por el plazo contratado, además de perder
las aportaciones de los primeros 18 meses).

4. Luis me dijo que el banco le contrató un seguro sin su permiso. Pero, al ver los documentos, resulta
que él mismo lo había autorizado.

En la carátula del contrato que firmó estaba la pregunta: ¿Desea usted el seguro? Estaba marcado
“SÍ” y junto a ello estaba su firma. Eso pasa por no leer lo que uno firma.

5. Jorge me contactó porque la aseguradora no quería pagar el seguro de vida de su esposa,


recientemente fallecida. Resultó que era una póliza de muerte accidental y ella había fallecido a
causa de una enfermedad, por lo cual su caso no estaba cubierto por el seguro que adquirió. Otro
caso de no conocer el producto que uno está comprando.

6. Jessica estaba ahogada en deudas y entró al programa que ofrece una conocida reparadora de
crédito. Pero nunca leyó el contrato ni comprendió las comisiones que cobraban, mucho menos qué
pasaba en caso de cancelación anticipada. Se arrepintió demasiado tarde, cuando se dio cuenta de
que el saldo que tenía en la cuenta que la reparadora había abierto para ella estaba muy mermado a
causa de dichas comisiones.

No quería seguir aportando, pero tampoco le convenía sacar su dinero. Se encontraba en un gran
dilema. Me dijo que estaría empezando un procedimiento ante la Profeco, el cual dudo mucho que
prospere debido a que la reparadora únicamente estaba cobrando lo que le correspondía por el
contrato que ambas partes habían firmado.

¿Qué tienen todas estas personas en común? No leyeron. No compararon. No comprendieron bien el
producto que estaban comprando ni si era adecuado a sus necesidades.

Como muchos: simplemente adquirieron lo que les vendió alguien con habilidad para ello, sin más.

Casi todos ellos intentaron responsabilizar a dichas empresas por haberles vendido un producto malo
o no adecuado para ellos. Eso es lo más fácil: culpar a los demás de nuestros problemas. Lo que pocos
hacen es tomar responsabilidad de sus propias decisiones financieras.

Por eso es tan importante promover la cultura financiera, algo que he hecho por muchos años en
esta columna y que tanta satisfacción me ha dado.

Cuando la gente se da cuenta de ello y empieza realmente a tomar conciencia, a aprender de sus
errores, a comparar, les cambia la vida.

También puedes cambiar la tuya.

Diario El Economista de México


Red Iberoamericana de Prensa Económica (RIPE)