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La colonia y sus instituciones de poder

Una vez alcanzada la paz en gran parte del territorio, era imperativo otorgar un
ordenamiento a la población. Reglas que, también, consideraran la evolución de la
sociedad y el desarrollo de nuevos e importantes actores: los nacidos en el “Reino
de Chile”. Ellos comenzaron a involucrarse en asuntos tan variados como la
economía, la política e, incluso, la defensa del país.
Debido a que la mayoría de los nuevos territorios conquistados estaba bajo la
jurisdicción hispana, las principales instituciones coloniales seguían estando en el
Viejo Continente. Después de la figura soberana y divina del rey venían el Real y
Supremo Consejo de Indias y la Casa de Contratación, importantes
organizaciones que regían las colonias españolas.

Instituciones españolas
– Corona: Fue instituida en el reinado de los Reyes Católicos, bajo un cetro
común, la cual terminó de estructurarse como tal en el reinado de Felipe II,
uniendo los Reinos Europeos de Aragón, Castilla, Cataluña, Navarra, Valencia,
etc. Con los Reinos Americanos de Nueva España, Nueva Granada, Nueva
Extremadura, etc.

– Consejo de Indias: El Real y Supremo Consejo de Indias, conocido


simplemente como Consejo de Indias, fue el órgano más importante de la
administración indiana (América y las Filipinas), ya que asesoraba al Rey en la
función ejecutiva, legislativa y judicial.

– Casa de Contratación: En 1503 se estableció por decreto real la Casa de


Contratación de Indias en Sevilla, creada para fomentar y regular el comercio y la
navegación con el Nuevo Mundo. Su denominación oficial era Casa y Audiencia
de Indias.

– Tribunal de la Inquisición: Fue instituido en el año 1569 por el rey Felipe II y


quedó a cargo de una orden eclesiástica: los dominicos y en América solo se
aplicó en México y Perú.
Su principal y única función era moderar las costumbres de la época, es decir,
juzgar y procesar todo lo que estuviera fuera de las costumbres normales de la
Colonia.

Instituciones americanas

– Cabildo: El organismo que regía directamente los asuntos administrativos de


cada ciudad era el Cabildo. Velaba por los intereses de la comunidad e intentaba
resolver los problemas que la afectaban en materias tan diversas como aseo,
ornato, manejo de bienes públicos, etc. Dictaba normas para una buena
convivencia y reglaba los precios de algunos productos de primera necesidad,
como el pan.

– Real Audiencia: La corona española designó a la Real Audiencia como el


principal tribunal de justicia civil y criminal en América. Su objetivo era velar por el
cumplimiento y la interpretación de las leyes; sin embargo, tras la promulgación de
las leyes de 1542 y 154 (denominadas Nuevas Leyes), pudo involucrarse en
asuntos de gobierno. En este sentido, fiscalizaba la labor ejercida por los
gobernadores y, de paso, les restaba poder.

– Real Hacienda: Este organismo se encontraba bajo la Casa de Contratación y el


Consejo de Indias y su principal función fue recibir o percibir el dinero llegado a las
arcas reales de las colonias y administrarlo adecuadamente.
Sus principales funcionarios eran los tesoreros, contadores y los revisores. Éstos
dependían de la Real Audiencia y debían rendir fianza y presentar un inventario
acerca de todas sus posesiones para así evitar un enriquecimiento indebido.

– Virreinatos: División territorial creada por Carlos I en 1542, la cual estaba a la


cabeza del virrey, representante más directo del rey, más alto funcionario en
América y tenía la facultad de resolver diversos asuntos como el propio monarca.
Tenía los títulos de gobernador y capitán general en su distrito y era el presidente
de la Real Audiencia.
Sus atribuciones eran amplias: como gobernador administraba el virreinato, como
capitán general dirigía el ejercito y la escuadra y presidía la Real Audiencia. Le
estaba encomendado desde España y de manera especial el velar por la
protección de los indígenas.

– Gobernaciones: Estaban a cargo del gobernador el cual poseía las mismas


atribuciones del virrey, aunque dependía de éste en ciertos aspectos.
Su periodo al mando de la gobernación duraba 3 años, pero si venía directamente
desde España podía ejercer el cargo durante 5 años.

– Corregimientos: Divisiones del territorio que comprendían una ciudad y su


distrito, también son llamados partidos. En Chile existieron 11 corregimientos.
Los corregidores fueron elegidos por los gobernadores. Su permanencia en el
cargo era de un año, aunque algunos lo ejercieron hasta 5 años.
CONTINUIDAD DE LAS INSTITUCIONES COLONIALES DESPUÉS DE LA
INDEPENDENCIA
Administración y Justicia
Desde el momento mismo de la Revolución de Mayo, en el Río de la Plata se
exteriorizó la vocación por la organización política aún antes que la de otras ramas
del derecho.
Desde 1810, surgieron tentativas diversas para dar forma al nuevo Estado. La idea
principal giró en torno de la necesidad de organizar un sistema análogo al que
habían adoptado Estados Unidos o la Francia republicana. De modo que el poder
debía constituirse evitando el despotismo y asegurando las libertades individuales.
Para ello era necesario sancionar una declaración de derechos y concretar la
división de poderes.

La doctrina sustentada por Rousseau, inspiró a los


revolucionarios de los primeros años. Éstos
acordaban con Rousseau en que el poder
legislativo era el corazón del Estado; el poder
ejecutivo era el cerebro, que daba movimiento a
todas las partes —según afirmaba en el Contrato
Social—. Puede el cerebro sufrir una parálisis y el
hombre seguir viviendo. Un hombre queda idiota y
vive, pero tan pronto como el corazón cesa en sus
funciones, el animal muere. Los intentos de
organización del poder legislativo nacional siguieron casi siempre esa orientación.
El proceso de formación del poder ejecutivo en el Río de la Plata, tuvo como
premisas dos datos de la realidad: la vigorosa figura institucional de virrey y la
constitución de la junta patria, a estos datos fácticos se le sumó una tercera
premisa ideológica, identificada con una u otra de las doctrinas que inspiraron las
primeras expresiones del constitucionalismo moderno: la de Montesquieu y la de
Locke-Rousseau. La primera, favorable al fortalecimiento del poder ejecutivo
(presidencialista) y la otra deprimiendo la autoridad del poder ejecutivo
(parlamentaria).
Ya desde los inicios de la revolución, se intentó independizar al poder judicial de
los demás poderes del Estado. El Reglamento de la Primera Junta excluía a sus
miembros de ejercer el poder judicial y se lo adjudicaba a la Real Audiencia. El
primer gobierno patrio no alteró el régimen judicial existente, pero razones
políticas llevaron a la expulsión de los oidores y su reemplazo por conjueces
criollos y a la designación de nuevos alcaldes y regidores para el cabildo de
Buenos Aires.
En un principio, el poder ejecutivo se mantuvo bajo la autoridad y control del poder
legislativo; siendo colegiado, representado en los miembros de la Primera Junta.
Según se apuntó, los primeros gobiernos patrios asumieron simultáneamente el
ejercicio de funciones ejecutivas y legislativas, no obstante el deseo de alcanzar la
división de poderes, pero existió un órgano de control que funcionó durante esa
primera década: el cabildo, institución heredada de los tiempos coloniales. Así, el
Reglamento del 25 de Mayo de 1810 otorgó al cabildo la facultad de llenar las
vacantes que se produjeran en la Junta, prohibió a esta última establecer
impuestos sin la anuencia del ayuntamiento y controlar el desempeño de sus
miembros, pudiendo proceder a su deposición. El cabildo continuó siendo la
institución que dirigía los cambios políticos.
Las ideas preponderantes respecto de la administración de justicia se encontraban
divididas entre aquellos que proponían la justicia letrada, prolongación del derecho
castellano y aquellos que proponían la justicia lega, es decir, establecer los
jurados integrados por simples ciudadanos.
Los primeros gobiernos patrios no alteraron el régimen judicial que existía en la
colonia. La Audiencia de Buenos Aires sobrevivió con ese nombre hasta 1812 y
luego se la bautizó con el nombre de Cámara de Apelaciones. En lo general, se
mantuvo la estructura judicial previa, adecuándola a la nueva realidad
revolucionaria, por lo que se crearon nuevos cargos judiciales, como por ejemplo
la Comisión Extraordinaria de Justicia, que conocería en todos los robos
cometidos en la capital.
Mariano Moreno calificó al derecho castellano-indiano como "monumento de
nuestra degradación" y Bernardo
de Monteagudo de “código tirano
y humillante”.
A pesar del rechazo expresado, la
Primera Junta y los gobiernos que
la sucedieron hasta 1820, la
legislación anterior a la
Revolución de Mayo fue tomada
como modelo para la redacción de leyes en materia diversa. También sirvieron de
modelo al legislador de este período, fuentes francesas, inglesas y
norteamericanas, a través de las cuales se pretendió asimilar los progresos de la
ciencia jurídica de otros países para incorporarlas al derecho propio con la
finalidad de perfeccionarlo y modernizarlo.
En cuanto a los derechos civiles, ya las primeras resoluciones de la Primera Junta
de 1810 incluyeron enunciados relativos a la seguridad individual, a la libertad de
imprenta, a la vida, a la libertad, a la igualdad y a la propiedad.
Aunque algunos miembros de la Primera Junta no tenían el propósito de introducir
cambios sociales sino políticos, de la mano de otros integrantes como Moreno,
Belgrano, Castelli se fueron produciendo modificaciones en la condición de los
diferentes grupos.
Respecto de la esclavitud, el Cabildo opinaba que
era imposible extinguirla de una vez, por los
derechos de propiedad que estaban comprometidos,
pero paulatinamente se fueron tomando decisiones
que la restringían.
La legislación sobre los indios tendió a eliminar las
instituciones coloniales que pretendían mantener a
ese grupo en estado de servidumbre. Castelli, en su
campaña al norte y Belgrano, encargado de la
campaña al Paraguay, se encargaron de eliminar los
servicios personales de los indios, a quienes
declaraban hombre libres e iguales en derechos, equiparándolos al resto de los
habitantes.
La Revolución trató de nivelar social y jurídicamente a los distintos grupos étnicos.
Pero estas tendencias en la legislación para los grupos negros e indígenas no
alcanzaron a los sectores intermedios que, siendo libres, permanecían en
situación de subordinación.
Entre los blancos se podía distinguir a los españoles, criollos y extranjeros. Luego
de producidos los acontecimientos de Mayo de 1810, se estableció que para que
los españoles pudieran adquirir la ciudadanía, debían acreditar fehacientemente
su adhesión a la causa de la libertad de América.
Los criollos quedaron dueños del poder. Las primeras decisiones de la Junta
estaban orientadas a consolidar esa situación: la administración pública, los
empleos a cubrir debían estar en manos de hombres del país. La intención era
establecer un nuevo ordenamiento social, para ello contaban con todos los
resortes heredados del aparato político, económico y social hispano. Entre los
criollos no hubo un proyecto de ordenamiento social único. Se enfrentaron
aquellos que pretendían modificar rápidamente el esquema heredado con los que
propugnaban que no podía ser destruido de inmediato sin ocasionar graves
consecuencias sociales. Finalmente, se impuso el proyecto de las modificaciones
paulatinas. Para este grupo, el objetivo estaba cumplido y quedaron al frente del
gobierno, de los resortes de la economía, del manejo de las milicias, todo lo
demás podía esperar.
Los extranjeros pudieron entrar al territorio y establecerse sin restricciones. Se les
aseguraba la protección del gobierno y el goce de los mismos derechos que los
ciudadanos, con excepción de los derechos políticos.
La Revolución de Mayo afectó las relaciones con la Iglesia. El Cabildo eclesiástico
de Buenos Aires y el clero criollo adhirieron a la Junta Gubernativa y a la causa
revolucionaria. El Reglamento del 28 de mayo de 1810 estableció que los asuntos
del Patronato serían tratados de la misma manera en que se venía haciendo en la
colonia. Meses después, la Junta comenzó a ejercer los derechos del Patronato e
impuso la disciplina monástica.
El propósito de éstas y otras disposiciones era, por un lado, eliminar la
dependencia del clero respecto de las autoridades residentes en España, pero
como tampoco existía relación directa con Roma, la Iglesia rioplatense quedó
separada de hecho de sus jerarquías naturales. Por otro lado, eran expresión de
las políticas liberales que trataban de desarrollarse en el Río del Plata y que
aspiraba a eliminar la independencia de la Iglesia y de las órdenes religiosas
sometiéndolas al control de la autoridad política.