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Q U E N T I N SKINNER

Los fundamentos del


pensamiento político
moderno
i

EL RENACIMIENTO

Traducción de
JUAN JOSÉ UTRILLA

SI
F O N D O DE C U L T U R A ECONÓMICA
MÉXICO
136 EL RENACIMIENTO ITALIANO
"climax de perfección" alcanzado "en el curso de los pasados cien años",
aseverando que "cosas previamente cubiertas por las tinieblas de la igno-
V. LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES
rancia no sólo han surgido nuevamente a la luz" sino que "han llegado a
conocerse muchas otras cosas totalmente desconocidas del m u n d o anti-
guo" (Weisinger, 1945b, p. 418. Cf. también G u n d e r s h e i m e r . 1966, EL TRIUNFO DEL GOBIERNO PRINCIPESCO
pp. 115-116).
FRANCESO GUICCIARÜINI, al escribir su Historia de Italia poco antes d e
1540,- dividió el Renacimiento tardío en dos periodos distintos y trágica-
mente opuestos de desarrollo político. Como lo explica al principio de la
Historia, la línea de demarcación cae en 1494, año en que "tropas france-
sas, convocadas por nuestros propios príncipes, empezaron a provocar
aquí muy grandes disensiones" (p. 3). Antes de este momento fatal, "Ita-
lia nunca había disfrutado tanta prosperidad ni conocido una situación
tan favorable" (p. 4). Los largos años de conflicto entre Florencia y Milán
finalmente habían terminado en 1454, después de lo cual " p o r doquier
reinaron la mayor paz y tranquilidad" (p. 4). Sin embargo, con la llegada
de los franceses, Italia empezó a padecer "todas aquellas calamidades que
habitualmente afligen a los miserables mortales" (p. 3). C u a n d o Carlos
VIII invadió el país en 1494, sometió a Florencia y Roma, se abrió paso
luchando hacia el sur, hasta llegar a Ñapóles, y permitió a sus vastos
ejércitos saquear los campos. Su sucesor, Luis XII, organizó tres nuevas
invasiones, atacando Milán repetidas veces y generando u n a guerra en-
démica por toda Italia. Por último, el mayor desastre de todos llegó
cuando el E m p e r a d o r Carlos V, a principios del decenio de 1520, decidió
arrebatar Milán a los franceses: esta decisión convertiría todo el Regnum
Italicum en un c a m p o de batalla d u r a n t e los próximos treinta años
(Oreen, 1964, pp. 94-99).
A pesar de todo, una corriente siguió ininterrumpida d u r a n t e estos
periodos de cambiante fortuna: la extensión y consolidación de formas
cada vez más despóticas de gobierno principesco. A veces - c o m o en Ña-
póles y Milán- esto simplemente implicó la imposición de amos nuevos y
más poderosos, y no de nuevos estilos de gobierno. Pero en ciudades con
activas tradiciones republicanas -como Florencia y R o m a - el resultado
fue un largo conflicto entre los partidarios de la "libertad" republicana y
los defensores de prácticas supuestamente "tiránicas".
Para un relato de esta lucha en Roma pocas cosas mejores podemos
hacer que seguir el análisis ofrecido por Maquiavelo en su capítulo "De
los principados eclesiásticos" en El principe. Como empieza por observar,
la debilidad fatal de los papas de comienzos del quattrocento había sido su
incapacidad de contener a las facciones rivales de los "barones romanos"
encabezados por los Orsini y los Colonna (p. 75). Estas dos familias se
habían dedicado a fomentar disturbios populares, siendo su principal
137
133 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES 139

ambició» impedir que el Papado llegara a adueñarse del gobierno de la nimias, a decidir nada" sin asegurarse primero de la aprobación de
ciudad. l o s Colorína apoyaron un levantamiento republicano en 1434. Lorenzo (Rubinstein, 1966, p. 225).
obligando a Eugenio IV a abandonar Roma, durante nueve años, en Esto no es decir que ios florentinos entregaran sin luchar sus antiguos
tanto que una conjura similar de los republicanos, en 1453, llenó de te- derechos constitucionales. Después de la prematura muerte de Lorenzo,
rror los últimos años del pontificado de Nicolás V (Armstrong, 1936, acaecida en 1492, se hicieron dos serios intentos por excluir del poder a
pp. 169, 174). Pero como procede a relatar Maquiavelo, la situación cambió sus sucesores y por restablecer las antiguas tradiciones de la libertad re-
radicalmente en la última parte del siglo xv. Primero llegó Sixto IV, "un publicana. El primero de estos coups ocurrió en 1494, cuando Piero, hijo
Papa enérgico", que atacó las camarillas republicanas y empezó a restau- de Lorenzo, fue obligado a exiliarse inmediatemente después de haber
rar su autoridad temporal por todos los Estados papales (p. 75). Vino entregado indignamente la ciudad a los franceses (Rubinstein, 1966,
después Alejandro VI, a quien Maquiavelo, lleno de admiración, felicita pp. 229-235). El segundo levantamiento ocurrió en 1527, cuando los Médi-
por haber mostrado "como nunca lo había probado ningún pontífice", cis nuevamente fueron arrojados del poder y se proclamó, una vez más, la
hasta d ó n d e podía llegar el prestigio del Papado mediante la aplicación restauración de la república.
resuelta de "el dinero y la fuerza armada" (p. 85). Finalmente llegó el Sin embargo, estos desafíos no bastaron para contener el movimiento
brillante reinado de julio II, que "llevó todo a cabo, con tanta más gloria inexorable hacia il governo d'un solo, en Florencia. La República de 1494
cuanto que lo hizo para engrandecer la Iglesia", y "triunfó en todas sus se desplomó sin gloria en 1512, cuando los Médicis se adueñaron de ella,
empresas" (p. 76). Encontró "una Iglesia engrandecida", con "los nobles con ayuda de las tropas españolas (Schevill, 1936, p. 369). Y el último
romanos dispersos por las persecuciones de Alejandro", pero no sólo intento por establecer un régimen popular, en 1527, terminó aún más
"mantuvo las conquistas de su predecesor", conviniendo el Papado pronto en derrota. El Papa Médicis, Clemente VII, logró firmar un tra-
un principado despótico y una formidable potencia militar precisamente tado con el e m p e r a d o r Carlos V en 1529, comprometiéndole a volver sus
en la forma que Maquiavelo consideraba esencial para erradicar la co- armas contra los rebeldes florentinos (Schevill, 1936, p. 487). Después de
rrupción de la vida política (p. 76). sostenerse con notable valor d u r a n t e más de un año, la República por fin
Una extensión similar pero más insidiosa de las prácticas "tiránicas" se vio obligada a capitular, y Clemente VII se encargó de estabilizar la
ocurrió en Florencia d u r a n t e el mismo periodo. Los comienzos de esta situación. Nombró entonces al joven e ilegítimo Alejandro de Médicis
transformación se remontan a 1434, cuando Cosme de Médicis retornó como gonfaloniere vitalicio de Florencia, y en i 532 invistió a sus herederos
del exilio y empezó a formar una poderosa oligarquía política, encabe- y sucesores con el señorío de la ciudad, a perpetuidad. Así pues, la Re-
1
zada por él mismo. En 1458 se dio un paso más hacia el establecimiento pública florentina finalmente se disolvió en el Gran Ducado de Toscana,
de una signoria, c u a n d o un nuevo Consejo de los Cien - m u c h o más y padeció el gobierno de una sucesión cada vez más mediocre de duques
abierto a ia manipulación electoral que los numerosos consejos tradicio- de Médicis durante los siguientes doscientos años (Schevill, 1936, p. 514).
nales- recibió facultades de asesorar y legislar en toda una variedad de El triunfo final de ¡os signori en Italia, casi por doquier, ayudó a causar
asuntos financieros así como políticos (Rubinstein, 1966, p p . 113-116). buen número de importantes modificaciones en el carácter del pensa-
Pero el paso más decisivo en dirección del despotismo mediceano se dio miento político renacentista. Uno de los cambios más obvios fue u n a
en 1480, cuando el nieto de Cosme, Lorenzo il Magnifico ayudó a esta- marcada disminución del interés en los valores que habían ayudado a
blecer un nuevo y permanente Consejo de Setenta, integrado básica- fijar el tradicional concepto republicano de ciudadanía. A Bruni y a sus
mente por sus propios partidarios, y al que se asignó entonces un domi- sucesores les había parecido obvio que ia idea de negotium o participa-
nio casi completo sobre los asuntos de la República (Rubinstein, 1966, ción completa en los asuntos cívicos había de representar la condición
pp. 199-203). Como declaró un enemigo de Lorenzo durante el decenio de más elevada de la vida humana. Mas para Pico, Ficino y los otros desta-
1480, el resultado de todas estas "reformas" fue la creación de un régi- cados filósofos de finales dei quattrocento no fue menos obvio que una
men en que "ningún magistrado se atrevía, ni aun en las cuestiones más vida de otium o retiro contemplativo había de buscarse por encima de
1
Véase Rubinstein, 1966, p p . 11-18. Aunque mi información, en este párrafo, ha sido todo (Rice, 1958, p. 58). Así pues, destronaron los escritos de Cicerón de
tomada dei iibro de Rubinstein, debe notarse que él ha decidido cuestionar la suposición ía posición de preeminencia que les habían asignado los anteriores huma-
tradicional -(pie yo me inclino a a c e p t a r - de que estos acontecimientos p u e d e n interpre- nistas "cívicos", y proclamaron en cambio - e n palabras de Ficino- que los
tarse como pasos deliberados hacia el establecimiento de u n a signoria. diálogos de "el divino Platón" habían de ser considerados como los "pri-
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meros y más grandes" tratados filosóficos del mundo antiguo (vol. 2. tiendo en que había que referirse a todos ios ciudadanos como sus subditi
pp. 116, 117). ' o subditos (Hay, 1961, p. 105). Los humanistas müaneses pronto respon-
Lino de los efectos de este cambio de visión fue que el tipo de interés dieron con una serie de panegíricos sobre la excelencia del gobierno
en la política que los humanistas de principios del quattrocento habían principesco. Uberto Decembrio (c. 1350-1427) dedicó sus cuatro libros
desplegado, llegó a considerarse como una forma menor, y aun vulgar, De los asuntos públicos a Filippo María Visconti, en el decenio de 1420,
de actividad intelectual. Esta actitud se refleja claramente en la Oración mientras que su hijo Pier Candido Decembrio (1392-1477) escribió un
de la dignidad del hombre, de Pico, en que cubre de ludibrio a quienes Elogio a la ciudad de Milán, en 1436, pretendiendo que su obra fuese una
enfocan sus c a ñ e r a s hacia "el lucro o la ambición", y se jacta de que él réplica directa al Elogio a la república florentina compuesto por Leo-
"ha abandonado todo interés en los asuntos privados y públicos" para nardo Bruni unos treinta años antes (Cosenza, 1962, p p . 607-609; Barón,
dedicarse "enteramente al ocio y la contemplación" (p. 238). Una conse- 1966, pp. 69, 425).
cuencia más radical de abandonar el valor del negotium fue que ia idea No obstante, cierto sería decir que e! apogeo de tales elogios y libros de
de participar de alguna manera significativa en los asuntos del gobierno consejos llegó d u r a n t e la segunda parte del siglo xv. Durante este pe-
llegó a verse como una completa imposibilidad. Donde mejor se encuen- riodo hasta se desarrolló una nueva dimensión de este género. Empezó a
tra ilustrado este espíritu de ulterior escepticismo es en Francesco Doni escribirse cierto número de tratados, menos para los príncipes que para
(1513-1574), que escribió d u r a n t e la generación que siguió al desplome ios cortesanos, siendo la idea darles instrucciones acerca de su educación,
final de ia República florentina. Continuamente subraya Doni que no su comportamiento y su papel en relación con su príncipe. Uno de los
puede hacerse absolutamente nada p a r a reformar la corrupción del primeros ejemplos fue el tratado de Diomede Carafa sobre El perfecto
mundo, e insiste en que esta actitud aparentemente cínica sólo debe con- cortesano, que completó estando en la corte napolitana durante el dece-
siderarse como el cultivo de una "buena ignorancia" {cf. Grendler, 1966, nio de 1480 (Cosenza, 1962, p. 419). Pero la obra más célebre de este
p p . 243-246). carácter, y que gozó de más influencia, fue £7 cortesano, de Baidesar Cas-
Un nuevo cambio de visión que llegó con la edad de los príncipes con- tiglione (1478-1529), serie de diálogos escritos entre 1513 y 1518 e im-
sistió en que quienes siguieron dedicando su principal atención al estudio presos por primera vez diez años después, que llegó a quedar establecido
de la política empezaron a dirigir sus tratados a un tipo totalmente dis- como uno de los libros más leídos del siglo xvi (Mazzeo, 1967, p. 132).
tinto de público {cf. Gilbert, 1939, p. 456). Como hemos visto, los ante- Pero los principales dedicatarios de ios libros de consejos fueron los
riores humanistas "cívicos" n o r m a l m e n t e habían supuesto un marco propios príncipes, y es evidente que la mayoría de los humanistas conci-
de las instituciones republicanas, y dirigido sus consejos y exhortaciones a bieron sus tratados pensando específicamente en algún soberano. Así
todo el cuerpo de los ciudadanos. Cuando llegamos a los humanistas de Francesco Patrizi (1412-1494) dedicó su elaborada discusión de El reino y
finales del Renacimiento, casi siempre les vemos p r e s u p o n e r un marco la educación del rey al Papa Sixto IV, d u r a n t e el decenio de 1470 (Co-
de gobierno principesco, aun cuando sea evidente -como en el caso de senza, 1962, p. 1345). Bartolomeo Sacchi (1421-1481) escribió su tratado
Patrizi y Maquiavelo- que su preferencia personal habría sido una Repú- sobre El príncipe para uno de los duques Gonzaga de Mantua en 1471
blica. Por consiguiente, vemos que tienden a pasar por alto la figura del (Barón, 1966, p. 437). Diomede Carafa (1407-1487), además de escribir
ciudadano individual y a concentrar toda su atención en la figura mucho consejos para cortesanos, redactó un m e m o r a n d o sobre El oficio de un
más impresionante y poderosa del príncipe. buen príncipe, para Fernando de Ñapóles durante el.decenio de 1480
Esto no es decir que ellos fueron los primeros teóricos que compusie- (Gilbert, 1939, p. 469). Y Giovanni Pontano (1426-1503), que sirvió a
ron libros de consejos, dedicados específicamente a signori y príncipes. Fernando como secretario d u r a n t e más de veinte años, originalmente
Ya hemos observado el surgimiento de tal género en la Padua del siglo llamó la atención del rey presentándole un tratado sobre El príncipe en
xiv, cuando Ferreto Ferreti escribió elogiando a ios Della Scala casi en 1468 (Cosenza, 1962, pp. 1461-1462).
cuanto llegaron al poder, en 1328, y donde Pier Paolo Vergerio escribió Pero con mucho el más célebre de estos libros de consejos fue, desde
su fragmento De la monarquía entre 1394 y 1405 (Robey, 1973, p. 17). luego, iií príncipe, de Maquiavelo, que completó a finales de 1513 y de-
2
Poco después se desarrolló una tradición similar en Milán, especialmente dicó unos dos años después "al magnífico Lorenzo de Médicis" (p. 29). Ma-
después de que Giangaleazzo Visconti empezó a insistir en el carácter
2
absoluto de su gobierno, prohibiendo el uso del término popólo e ínsis- Hoy es c o m ú n m e n t e aceptado q u e , c o m o el propio Maquiavelo lo dio a e n t e n d e r en
142 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES 143

quiavelo tenía una razón especial para tratar de presentarse como conse- Su héroe seguía siendo el vir idrtutis, y siguieron insistiendo en que la
jero de príncipes en 1513, pese al hecho de que toda su carrera, hasta recta ambición de este personaje heroico debía ser conquistar para sí el
aquel momento, había sido la de un servidor público de la restaurada mayor grado posible de honor, gloria y fama (cf. Kontos, 1972, pp. 83-
República florentina (Ridolfi, 1963, pp. 15, 131-132). Como hemos visto, 88). Los humanistas posteriores hicieron un hincapié mayor aún en estas
la República se había desplomado el año anterior, los Médicis habían creencias ya familiares, pues típicamente consideraron al príncipe como
vuelto ai poder y Maquiavelo se había encontrado de pronto sin su cargo hombre capaz de alcanzar ia virtus hasta un grado insuperable. Patrizi
ni sus medios de vida. Urgentemente necesitaba llamar favorablemente la proclama en uno de ios títulos de sus capítulos que "el rey debe estable-
atención de ios nuevos amos de la ciudad y, con un optimismo quizás cer la gloria para sí mismo p o r sus hechos", y nunca duda de que el
3
excesivo (como lo ponen en claro sus cartas a Vettori) esperaba que si de alcanzar la gloria debe considerarse como "ia mayor recompensa del
alguna manera lograba persuadir a los Médicis a leer su libro, podría ejercicio de la virtus" (p. 399). Castiglione muestra un compromiso mayor
volver a los puestos políticos que codiciaba. El libro fracasó en su propó- aún con la misma escala de valores, especialmente en el Libro IV de El
sito declarado, pero logró, en cambio, hacer una contribución al género cortesano, en que considera la relación entre el cortesano y su príncipe.
de libros de consejos para príncipes que, al mismo tiempo, revolucionó Empieza anunciando que la principal ambición del cortesano, y "el fin al
el propio género. q u e se dirige" debe ser el ofrecer sano consejo político a su señor
(p. 288). Declara entonces que ei objetivo de este consejo será asegurar que
el príncipe busque "honor y ganancia", se esfuerce por alcanzar "e! piná-
EL IDEAL HUMANISTA OEL GOBIERNO PRINCIPESCO culo de la gloria" y, por consiguiente logre hacerse "famoso e ilustre en el
3
m u n d o " . A lo iargo de todos ios diálogos se supone siempre que, aun
Aun cuando la teoría política de finales del Renacimiento nos presenta cuando pueda ser erróneo "buscar ia falsa gloria y lo que no se merece",
un marcado cambio de foco, erróneo sería implicar que la resultante lite- no menos erróneo es "despojarse de un honor merecido y no buscar
ratura de libros de consejos para príncipes y cortesanos representó un aquel elogio que es la única verdadera recompensa de los trabajos virtuo-
principio absolutamente nuevo dei pensamiento político humanista. No sos" (p. 9 9 ) . "
había nada nuevo en la idea de ofrecer consejos prácticos a los dirigentes Estos valores no son menos claramente apoyados por Maquiavelo en El •
políticos sobre la conducción de sus asuntos. Ésta había sido siempre la príncipe. Insiste en que el comportamiento principesco debe ser onesto
meta de ia anterior tradición de libros de consejos dirigidos a. podestá y así como utile, y por consiguiente pide que todos los príncipes tomen
magistrados de las ciudades y esta tradición, a su vez, había utilizado el como su modelo a "alguna figura histórica que sea elogiada y honrada",
concepto mucho más antiguo de sostener un "espejo" ante los príncipes, m a n t e n i e n d o en todo m o m e n t o "sus hazañas y acciones ante ellos"
presentándoles la imagen ideal y pidiéndoles buscar su reflejo en sus (p. 90). Señala a Fernando de Aragón como soberano contemporáneo digno
4
profundidades. Tampoco había nada novedoso en las suposiciones sub- de ser imitado, al principio de su capítulo sobre "Cómo debe compor-
yacentes en el consejo que los humanistas de finales del Renacimiento tarse un príncipe para ser estimado", por razón de que, después de "ser
pasaron a ofrecer a ios príncipes de su época. Al analizar sus obras, ei un rey sin importancia, se ha convertido en ei primer monarca de la
primer punto que debe notarse es hasta qué punto continuaron nutrién- cristiandad" (p. 119). A la inversa, expresa su desprecio a Agátocles de
dose en los valores y actitudes que ya habían hecho circular los humanis- Sicilia pese a sus notables realizaciones, alegando que los métodos crimi-
tas "cívicos" de comienzos del quattrocento. nales que invariablemente empleó, " p u e d e n d a r poder a un príncipe,
pero no gloria" (p. 63). Y cuando al final de£Z príncipe se dirige directa-
lina carta enviada a Francesco Vettori en diciembre de 1513, u n a redacción completa de El mente a los Médicis, su principal preocupación sigue siendo ofrecerles la
principe había sido escrita e n t r e julio y diciembre de 1513. Para ia carta a Vettori, véase garantía de que "nada da mayor honor a un hombre" que el fundar un
Maquiavelo, Cartas, p p . 139-144. Para la sugestión de que la dedicatoria fue insertada e n t r e nuevo principado, recordándoles así que si lograban dar "nuevas leyes y
diciembre de 1515 y septiembre de 1516, véase Bertelli, 1960, p. 9. Para un estudio reciente
del debate que rodea a la fecha de El príncipe, véase Geerken, 1976, p. 357.
5
Véase Maquiavelo, Carias, p p . 101-107, 139-144. 5
Véase Castiglione, p p . 290, 319-321. Cf. el análisis del Libro IV, en Ryan, 1972. Para la
1
Para un análisis de las elaboradas imágenes dei speculum, el "espejo para príncipes". explicación similar de Carafa acerca de la relación e n t r e el cortesano y su príncipe, véase El
véase Schapiro, 1975 esp. p p . 41-44. perfecto cortesano, p p . 77-80. 94-95.
144 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES 145
nuevas instituciones" a Italia, también obtendrían para sí mismo la re- que instituyó de nada valió" y terminó su vida siendo presa de "la ex-
compensa más preciada de la vida política (pp. 133-136). traordinaria e insólita malicia de la fortuna" (pp. 54-55).
Un segundo elemento de continuidad entre los teóricos de los espejos Habiendo subrayado el papel de la fortuna en los asuntos humanos, los
para príncipes y sus predecesores se halla en su análisis de las fuerzas que escritores de "espejos para príncipes" pasan a preguntar qué cualidades
se oponían al vir virtutis en su busca del honor, la gloria y la fama. Todos debe poseer un soberano para contener y reducir el poder de la fortuna.
ellos convienen en que la principal culpa de los fracasos de los planes La respuesta que sugieren vuelve a revelar su dependencia de! esquema
mejor trazados había de atribuirse al poder caprichoso y abrumador de la de conceptos ya esbozado por los humanistas de principios del quattro-
fortuna. cento. Todos convienen en que, como declara Patrizi, "sólo por medio de
Desde luego se reconoce, como lo dice Giovanni Pontano en su tratado la virtus" un principe puede tener esperanzas de superar el encono de la
De la Fortuna, que aun cuando la diosa es "carente de razón", a veces es fortuna y alcanzarlas metas de "honor, gloria y fama" (p. 228). Como en
"capaz de contribuir a la felicidad de un hombre" (pp. 519, 543, 549). el caso de los humanistas anteriores, Patrizi tiene, en este punto, dos co-
Pero el hincapié principal generalmente se hace en el poder de la fortuna sas en mente. Una es que el príncipe que adquiere la verdadera virtus
para causar daños inesperados y a menudo irreparables. Este tema en "nunca será dominado en sus asuntos por la fortuna", ya que logrará
n i n g u n a parte es t r a t a d o con mayor a m a r g u r a q u e en El cortesano mantenerse firme aun en las circunstancias más adversas (p. 280). La otra
de Castigiione. Tari constantemente apostrofa a la fortuna por "elevar a es que, "ia buena fortuna siempre es compañera del valor", un príncipe
los cielos a quien le place" y "enterrar en las profundidades a los más que posea la virtus también tendrá la mejor oportunidad de contar con el
dignos de ser exaltados" que El cortesano hubo de ser, a la postre, puesto apoyo de la veleidosa diosa en la dirección de sus asuntos (p. 280). Así, se
en el índice, por la herejía de atribuir tanta importancia a una deidad considera que el concepto de virtus representa la cualidad clave que un
pagana (cf. pp. 1-2, 14, 30, 285; Cartwright, 1908, II, p. 446). príncipe necesita cultivar, más que ninguna otra, si quiere "conservar su
La.misma idea es repetida -y con característica vehemencia- enEl prín- estado". Como lo subraya Pontano en su tratado sobre El príncipe, "hay
cipe de Maquiavelo (cf. Flanagan, 1972, p p . 127-135). Como Pontano, que honrar tanto la virtus" que todos los soberanos deben "levantarse
empieza reconociendo que es posible atraer las atenciones favorables de para seguirla" en todos sus actos públicos (pp. 1034, 1042). La virtus es
la fortuna, y reconoce que a veces se permite a los hombres "lograr gran- "ío más espléndido que hay en todo el mundo", más magnífica aún que el
des cosas" de esta manera. En su primer capítulo establece como axioma sol, pues "el ciego no puede ver el sol" en tanto que "aun él puede ver la
que hay dos maneras básicas de alcanzar un principado, sea por el ejerci- virtus tan claramente como es posible" (p. 1044).
cio de la virtú, sea por el don de la fortuna (p. 33). Más adelante incluye Una vez más vemos que Maquiavelo revela las mismas doctrinas en El
una sección especial sobre '"nuevos principados adquiridos con ayuda de príncipe. Insiste, ante todo, en que un hombre de verdadera virtú nunca
la fortuna", en que ofrece el caso de César Borgia como el ejemplo más puede ser totalmente abrumado ni hasta por la más adversa fortuna.
instructivo de un hombre que "adquirió su estado" e n t e r a m e n t e por obra Aun cuando en su capítulo sobre "El poder de la fortuna en las cosas
de la "buena fortuna" (pp. 53-54). Sin embargo, la principal insistencia humanas" concede que la diosa bien puede ser "arbitro de la mitad de las
de Maquiavelo siempre es en el carácter inestable de la diosa, y en la cosas que hacemos", sin embargo, sostiene que deja "la otra mitad, poco
consecuente insensatez de contar indefinidamente con su apoyo. Dedica más o menos, para que la dominemos nosotros mismos" (p. 130). T a m -
su penúltimo capítulo a reflexionar sobre "el poder de la Fortuna en las bién, es un convencido creyente en el adagio de que Fortes Fortuna Adiu-
cosas humanas", y en este punto la compara con uno de esos ríos violen- vat: la fortuna favorece al valiente. Indica que "siendo mujer, favorece a
tos que, "cuando se enfurecen, invaden las llanuras" sin permitir "nin- ios jóvenes, porque son menos circunspectos y más ardientes, y porque se
guna posibilidad de resistencia" (p. 130). De manera semejante, concluye ie imponen con mayor audacia". Y termina declarando, en forma carac-
que la moraleja que puede sacarse de la carrera de César Borgia es que terísticamente florida que, "como la fortuna es mujer" el objeto del hom-
un príncipe siempre debe d e p e n d e r de su propia virtú antes que de los bre de virtus debe ser "tratarla y coaccionarla" hasta que ella se someta a
favores de la fortuna al tratar de "conservar su estado". Habiendo adqui- su voluntad (p. 133).
rido este poder enteramente "por la buena fortuna de su padre", César Para Maquiavelo, como para ios demás humanistas, el concepto de
estuvo en particular peligro de perderlo en cuanto ia suerte le abando- virtú es aplicado así para denotar la cualidad indispensable que capacita
nara. Esto sucedió de manera alarmantemente súbita, de modo que "lo a un soberano a desviar los dardos y flechas de la fortuna adversa, y a
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aspirar, por consiguiente, a alcanzar el honor, la gloria y la fama. Esto cipes. El análisis más completo aparece en el segundo Libro de£Z reino y
surge muy claramente en su capítulo "Por qué los príncipes de Italia la educación del rey, de Patrizi. Empieza por subrayar la importancia de
perdieron sus estados" (p. 128). Advierte a todos los nuevos príncipes conseguir preceptores apropiados para los jóvenes príncipes, y pasa a
que, si desean alcanzar la "doble gloria" que proviene de establecer un trazar un detallado curso de instrucción de una índole típicamente hu-
nuevo principado y asegurarlo, ante todo deberán reconocer que "las manista. Ésta empieza con la gramática, "fundamento de todas las demás
únicas defensas buenas, seguras y durables" son las que "dependen de
disciplinas", continúa con el estudio de los mejores autores antiguos, y
uno mismo y de su virtü" (p. 129). El mismo compromiso recurre aún
concluye con una extensa descripción de lo que "el rey debe saber de
más claramente en el capítulo final de El principe, en que Maquiavelo
matemáticas" así como con una elucidación de la importancia de la mú-
hace su "exhortación" a los Médicis a "liberar a Italia de los bárbaros"
sica y el ejercicio corporal (pp. 69-75, 78-86). La idea es mostrar al prín-
(p. 133). Empieza por asegurarles que, poseyendo su "ilustre casa" "fortuna
cipe que tiene el difícil deber de ofrecerse como modelo del "hombre
y virtú", de allí se sigue que nadie estaría mejor preparado para "llevar a
renacentista", a todos sus subditos.
Italia a su salvación" (p. 135). Y termina citando una estrofa de "Italia
mía", en que, como ya hemos visto, Petrarca había llamado a sus conciu-
dadanos a probar que su virtus no se había perdido, y que eran capaces Hasta aquí hemos considerado hasta qué punto los escritores de "espe-
de resucitar las glorias de la antigua Roma en la m o d e r n a Italia (p. i 38). jos para príncipes", de finales del Renacimiento, continuaron apoyando
los valores y conceptos ya articulados por los humanistas de comienzos
Por último, la mayoría de los escritores de "espejos para príncipes" del quattrocento. Queda por analizar en qué forma, el cambiante carácter
continúan apoyando la tradicional suposición humanista de que, puesto de su público les movió a introducir cierto número de elementos nuevos
que el tipo adecuado de educación es de importancia decisiva para mol-
en su pensamiento político y moral.
dear el carácter dei vir virtutis, debe haber una conexión íntima entre la
En primer lugar, tendieron a diferir agudamente de la mayoría de sus
mejor educación y el mejor consejo político. Maquiavelo constituye, en
predecesores en sus opiniones acerca de los propósitos del gobierno. Los
cierto modo, una excepción a esta regla, ya que sólo de paso menciona la
humanistas "cívicos", así como los autores de libros de consejos para po-
cuestión de la "preparación intelectual" del soberano, quizá porque ge-
destá y magistrados de la ciudad, habían apoyado todos ellos la idea de
nuinamente creyera (como a veces parece implicarlo) que la mejor edu-
conservar la libertad y la justicia constituía el principal valor de ia vida
cación para un príncipe consistiría sencillamente en memorizar El prin-
política. Por contraste, los teóricos de "espejos para príncipes" desarrolla-
cipe (cf. p. 89). Pero en casi todos los demás libros de consejos para sobe-
ron un argumento que, como hemos visto, ya había sido esbozado por los
ranos y cortesanos se hace continuo hincapié en las dos afirmaciones cen-
primeros defensores de los regímenes "despóticos" y "tiránicos". Sostu-
trales que ya hemos visto como características de los tratados educativos
vieron que el principal asunto del gobierno consistía en mantener al pue-
de los humanistas. Ante todo, se apoya enérgicamente la creencia de que
blo no tanto en estado de libertad como de seguridad y de paz. Estas
no debe trazarse ninguna distinción absoluta entre el tipo de educación
nuevas prioridades, pueden observarse con la mayor claridad en la úl-
apropiada para caballeros o príncipes y el tipo de educación apropiada
tima sección del Cortesano de Castigiione. Uno de los personajes que par-
para "clérigos". En el primer Libro del Cortesano de Castigiione se en-
ticipan en el diálogo intenta protestar, viendo la importancia que sus in-
cuentra uno de los análisis de este tema que llegaron a tener mayor in-
terlocutores atribuyen a las virtudes de tranquilidad y obediencia. De-
fluencia. Allí, varias veces se censura a los franceses por "pensar que las
clara que "puesto que la libertad nos ha sido dada por Dios como don
letras van en detrimento de las armas", y por su bárbara suposición de
supremo", es totalmente erróneo "que un hombre deba tener una mayor
que "es gran insulto llamar clérigo a alguien" (pp. 67, 69). La opinión del
proporción de ella que otros", situación "que ocurre bajo el gobierno de
propio Castigiione es que aun cuando "la principal y verdadera profesión
príncipes que en su mayoría mantienen en la mayor sujeción a sus subdi-
del cortesano debe ser la de las armas", también debe ser un hombre de
tos" (p. 304). Sin embargo, pronto le aseguran que semejante visión de la
grandes realizaciones culturales, "familiarizado no sólo con la lengua la-
vida política no es más que una petición de "que se nos permita vivir
tina sino también con la griega" y "más que pasablemente enterado" de
como gustemos" en lugar de vivir "de acuerdo con leyes buenas" (p. 305).
"aquellos estudios a los que llamamos humanidades" (pp. 32, 70). La otra
Y una vez que ha sido insinuada en el debate esta conveniente ecuación
cuestión familiar que estos escritores analizan, es la naturaleza del pro-
entre un estado de libertad igual y de pura licencia, los demás personajes
grama que deben seguir por igual los cortesanos y los aspirantes a prín-
se sienten capacitados a concluir, con renovada confianza, que el verda-
148 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES 149
dero oficio de un buen gobernante debe ser "establecer a su pueblo en los príncipes "son mucho mejores" para "suprimir las sediciones y tumul-
tales leyes y ordenanzas que pueda vivir en paz y tranquilidad" y " p u e d a tos entre los ciudadanos", sino que hasta mantiene - e n confusión aparen-
disfrutar dignamente" de una condición de tranquilidad no perturbada temente deliberada de las categorías tradicionalmente opuestas - que "con
(pp. 310-311). un buen rey que es justo y clemente" estamos seguros, en efecto, de al-
El mismo cambio de prioridades está no menos claramente marcado en canzar "verdadera libertad" porque "tenemos segura la paz" (pp. 447,
El príncipe de Maquiavelo. Menciona la "libertad antigua" de las repúbli- 449). En ei curso del cinquecento esta manera de contrastar ta seguridad
cas sólo para observar después que esto suele hacerlas menos reductibles de los regna con lo sediciosos de las communitates se volvió lugar común
al gobierno de los príncipes (p. 49). Repetidas veces asegura que el prin- aceptado entre los humanistas, como lo había sido de tiempo atrás entre
cipal deber de un gobernante debe ser velar por su propia "fuerza y los escritores escolásticos. Por ejemplo, cuando Giovanni Rondinelli en
seguridad", viendo al mismo tiempo que sus subditos estén "estabilizados 1538 recordó los "viejos días" de la República florentina, se sintió con-
y seguros" (pp. 113-114). Y hasta caracteriza su propio objetivo al escribir vencido de que la ciudad había estado "llena de torres, castillos y faccio-
El príncipe como un intento por establecer un conjunto de reglas tal que nes en pugna" d u r a n t e toda la época de los regímenes populares, y de
cualquiera que las siga "parecerá establecido de largo tiempo y pronto que ia más grande reaiización de ios Médicis había consistido en p o n e r
estará más seguro en su gobierno que si hubiese estado gobernando sus fin a estos disturbios imponiendo \&Pax Medicea, el régimen pacífico de
su propio gobierno principesco (cf, Cochrane, 1965, p. 12).
estados d u r a n t e largo tiempo" (p. 128).
Los autores de espejos para príncipes generalmente pasan a argüir El otro gran cambio introducido p o r los teóricos de los espejos para
que, como estos valores más fácilmente pueden alcanzarse bajo el go- príncipes en el vocabulario político heredado se centró en su análisis del
bierno de un príncipe, de allí se sigue que la monarquía ha de conside- concepto clave de virtus. Hasta aquí hemos visto que convenía con sus
rarse como la mejor forma de gobierno. Cierto es que tanto Maquiavelo predecesores humanistas definiendo el concepto heurísticamente como la
como Patrizi se niegan a sacar este supuesto corolario. Maquiavelo en cualidad que capacita ai hombre a combatir ei poder de la fortuna y a
particular, prefiere mantener en tensión dos ideas contrastantes acerca alcanzar los objetivos de honor, gloria y fama. Sin embargo, si ahora nos
de los méritos rivales ele los regímenes principesco y popular. Por una volvemos a investigar la naturaleza de las cualidades en que estaban pen-
parte subraya, tanto en El príncipe como después enLos discursos, que en sando al aplicar el término, veremos que su interés en la virtus de ios
condiciones de avanzada corrupción política siempre será necesario gobernantes antes que de los ciudadanos ordinarios, les movió a incorpo-
-en una república no menos que en un principado- depender del régimen rar dos significativos puntos nuevos en sus escritos.
enérgico de un solo hombre para restaurar la prístina virtú de una co- El primero fue la sugestión - a d a p t a d a de la Política de Aristóteles- de
munidad. Pero por otra parte implica, en El príncipe, y después lo dice que las cualidades admirables en un príncipe pueden ser distintas de las
tan explícitamente como pueda desearse eni.<M discursos, que sus propias que merecen admiración en un ciudadano privado. Esto hace un tanto
preferencias personales siempre serán por una vida de libertad política, y engañoso afirmar, como lo han hecho aigunos estudiosos, que "las virtu-
por tanto, por una forma republicana de gobierno. des políticas fueron consideradas idénticas a ¡as virtudes privadas" por
A pesar de todo, la línea de argumento más habitual fue que nadie estos escritores (cf. Angio, 1969, p. 190). Por ejemplo, si vemos el estudio
verdaderamente preocupado por los valores de la ciudad y la paz puede de la virtus hecho por Patrizi en £¿ reino y la educación del rey, le encon-
seguir sosteniendo la tradicional preferencia por la libertad de las repú- traremos sosteniendo inequívocamente que "las virtudes del gobernante
blicas. Ya encontramos esta implicación, hecha con gran confianza desde son una cosa, las virtudes del pueblo son otra" (p, 95). Declara que exis-
el fragmento De la monarquía, de Vergerio, con su subtítulo "1.a mejor ten muchas cualidades, especialmente las que convienen a "una visión
forma de gobierno". Vergerio empieza sosteniendo que el propósito modesta", que "merecen el mayor elogio en ios ciudadanos ordinarios"
principal del gobierno es evitar ei faccionalisrno y mantener la "seguridad pero que son totalmente inapropiadas en los príncipes (pp. 95-96). Con-
y defensa de la inocencia" (p. 447). Arguye entonces que "el gobierno de cede que "los ciudadanos deben esforzarse por adquirir la virtus", pero
ia multitud" sólo produce "tumultos", con ei interminable mterjuego de pone en claro que considera ésta como u n a cualidad relativamente pa-
los partidos, el continuado saqueo de la propiedad y la p e r e n n e amenaza siva, que incluye el cultivo de la "obediencia y la buena voluntad" y de la
"gratitud por los beneficios que reciben de los reyes" (pp. 371, 392).
de la guerra civil (p. 448). Por tanto, le parece obvio que "la monarquía
debe preferirse al gobierno del pueblo" (p. 447). No sólo insiste en que La misma dicotomía es trazada aún más claramente por Maquiavelo en
ISO EL RENACIMIENTO ITALIANO LA E D A D DE LOS P R Í N C I P E S 151

El príncipe. La virtú del gobernante es considerada como una fuerza la justicia, que Patrizi divide en sus aspectos divino, natural y civil, con
asombrosamente creadora, clave para "conservar su estado" y capacitarlo viniendo con Platón en que se le debe considerar como "el mayor bien de
a rechazar a sus enemigos. En cambio, el principal mérito del pueblo se todos" (pp. 314-319). Pero la elaboración de esta tipología platónica está
encuentra en su característica tendencia a la pasividad benigna. Durante lejos de llevarnos al fin del análisis de Patrizi. Pasa entonces a subrayar,
todo el libro Maquiavelo supone que "el pueblo sólo pide no ser opri- con gran hincapié, la suposición humanista ortodoxa de que todas estas
mido" y, por tanto, casi no se molesta en asignarle una parte y una voz en virtudes serán vanas a menos que sean suplementadas y fortalecidas por
el drama de la vida política. Insiste en que mientras su soberano "no robe las cualidades fundamentalmente cristianas de la piedad, la religión y la
su propiedad o su honor a la gran mayoría", el pueblo "permanecerá fe. Define la piedad como "la idea de Dios", y arguye que la religión es
contento" y en gran parte dúctil (p. 102). Y aconseja al "príncipe sabio" "la compañera inseparable" de esta virtud, ya que se centra "en el culto
fortalecer estos hábitos de lealtad inventando "maneras por las cuales sus de lo divino" (pp. 346-350). Pero insiste en que la virtud más grande de
ciudadanos siempre y en rodas las circunstancias d e p e n d a n de él", siendo todas es la fe cristiana, pues "da tal esplendor que todas las demás virtu-
el objeto de esto asegurar que "siempre le sean fieles" en tiempos de des de reyes y príncipes parecen oscuras sin ella" (p. 58). A menos que
necesidad (p. 71). El príncipe es retratado invariablemente por Maquia- nuestros soberanos cultiven esta cualidad, concluye Patrizi, "su sabiduría
velo corno figura en movimiento, pero dice que la actividad del pueblo se será vana y mentirosa", su templanza será "triste y vergonzante", su forta-
limita a "ia inquietud de unos cuantos", "de los que se puede disponer leza será "cobarde y torpe" y su administración de la justicia no será "más
fácilmente y de muy variadas maneras" (p. 102). que derramamiento de sangre" (p. 358).
El segundo elemento nuevo que los humanistas posteriores introducen Las otras virtudes que estos escritores subrayan son aquellas que consi-
en sus discusiones de la virtus es una tendencia a explicar el significado deran especialmente apropiadas para que las cultiven príncipes y reyes.
del término por referencia a una lista cada vez más heroica de cualidades Esta preocupación apenas había surgido en los escritos de los humanistas
morales particulares. A u n q u e Maquiavelo se aparta tan manifiestamente "cívicos", ya que su principal interés había sido analizar la virtus del
como es posible de esta idea, generalmente se ha supuesto en los más cuerpo de ciudadanos en conjunto. Sin embargo, ya había un claro pre-
convencionales libros de consejos que la posesión de las virtus p u e d e cedente de este interés en los anteriores libros de consejos dedicadqs a la
equipararse a la posesión de dos grupos particulares de las virtudes conven- podestá y magistrados de las ciudades, y fue esencialmente este enfoque
cionales. el que los autores de espejos para príncipes empezaron hoy a retomar y a
Se afirma, ante todo, que no podrá llamarse a nadie hombre de verda- desarrollar en un estilo más elaborado.
dera virtus a menos que manifieste todas las principales virtudes cristia- Comienzan por declarar que todos los gobernantes deben tratar de ad-
nas así como las virtudes "cardinales" señaladas por los moralistas de la quirir las virtudes emparentadas de liberalidad y magnificencia. Éstas se
antigüedad. Este aspecto del análisis simplemente es una reiteración de encuentran "entre las virtudes más grandes de todas", asevera Patrizi,
ios argumentos que ya hemos encontrado en los escritos de Petrarca y de "en el caso de los reyes y príncipes" (pp. 304-308), Pontano dedica dos
los humanistas de principios del quattrocento. Una de las más plenas rea- tratados especiales a elogiar estas cualidades, siendo en cada caso la supo-
firmaciones de este compromiso nos la da Patrizi en El reino y h educa- sición subyacente que un príncipe que muestra parsimonia o avaricia se
ción del rey. Al principio de! Libro VI se pregunta "¿Qué es virtus?" y engaña si trata de alcanzar las más altas prebendas de la gloria y la fama.
observa que Platón nos da la esencia de la respuesta cuando "afirma que El escrito De la liberalidad insiste en que " n a d a es más indigno en
hay cuatro virtudes principales" (pp. 235, 237). Éstas son e n u m e r a d a s un príncipe" que la falta de generosidad, y repetidas veces (y de modo un
entonces, y analizadas con considerable extensión. Primero viene la vir- tanto engañoso) elogia a Fernando de Ñapóles como modelo de patrón
tud de la prudencia o sabiduría, de la que se nos dice que incluye la libera! (pp. 10, 45, 55). El escrito sobre la magnificencia explica, de ma-
razón, la inteligencia, la circunspección y la sagacidad (pp. 237-250). nera similar, que una reputación de crear "edificios nobles, iglesias y tea-
Viene después la virtud de la templanza, que va con la modestia, la absti- tros espléndidos" es indispensable elemento de gloria de un príncipe, y
nencia, la castidad, la honradez, la moderación y la sobriedad (pp. 254- una vez más, señala a Fernando de Ñapóles por "la magnificencia y ma-
270). La tercera virtud cardinal es la fortaleza, propiedad más sencilla y jestad" de los edificios públicos que o r d e n ó hacer (pp. 85-87).
evidente, de la que se dice es "la virtud apropiada ante todo en los gran- Se nos dice que la segunda virtud principesca es la clemencia. Esta
des hombres" (p. 275). Y finalmente aparece la virtud condensadora de afirmación llevó a los teóricos de los espejos para príncipes, a enfrentarse
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD LIT. LOS PRÍNCIPES I 53
152
a una cuestión que, como hemos visto, invariablemente había sido deba- de lia'mbres ilustres del siglo xv. La primera cualidad que cita en su impo-
tida por los autores de libros de complejos partí podestá y magistrados de nente lista de "las virtudes eminentes" de Federico, es "su buena fe, en ia
ciudades: si es mejor para un gobernante ser amado o temido. Como en que nunca vaciló" (p. 85). Vespasiano nos dice que "todos aquellos a
el caso de sus predecesores, rodos estos autores responden que, como quienes dio su palabra son testigos de que nunca ia violó", y añade buen
dice Castiglione, el príncipe siempre debe tratar de ser "no sólo amado, sino número de anécdotas para mostrar que el duque consideró como "invio-
casi adorado por sus subditos" (p. 31 7). Cierto es que había un elemento de lables" todas sus promesas, ya fuesen "bajo obligación o no", y ya hubie-
desacuerdo en este punto, pues a veces fue sugerido - p o r ejemplo, por sen sido dadas por escrito o simplemente de paiabra (p. 86).
Patrizi- que ocasionalmente podía ser apropiado e impresionante que un
soberano se comportara con marcada severidad (p. 325). Pero aun Patrizi
concede que es peligroso adoptar este curso, yaque la severidad "fácilmente LA CRÍTICA DE MAQUIAVELO AI. HUMANISMO
degenera en salvajismo" y "no hay vicio más vergonzoso, detestable o
inhumano" que la crueldad en un príncipe (p. 325). Más aún, generalmente Hasta aquí, al considerar El príncipe de Maquiavelo, nos hemos concen-
.se convino, como lo afirma Pontano al comienzo de su tratado sobre El trado en ver hasta qué punto puede mostrarse que encarna los valores y
príncipe, que "quienes desean gobernar deben mostrar ante todo dos cuali- preocupaciones características dei género de "espejo para príncipes" en
dades,siendo laprimerala liberalidad y ia segunda la clemencia" (p. 1026). El general. Nos parece esencial empezar adoptando esta perspectiva. Esto
valor de la clemencia, sigue diciendo Pontano, sería difícil de exagerar, pues hace posible, en p r i m e r lugar, identificar un equívoco c o m ú n de la
"siempre que reconocemos esta cualidaden alguien, lo admiramos y honra- relación entre El príncipe y la más tradicional literatura política de su
mos en todo, lo consideramos como un dios" (p. 1026). época.
Por último, se e x h o r t ó al príncipe a continuar en todo m o m e n t o A menudo se ha afirmado que el libro de Maquiavelo es enteramente sui
siendo dechado mismo del honor, otorgando libremente su palabra y no géneris, que no "cabe en ninguna categoría" y aun que "desdeña por
violando nunca su promesa. Es cierto que estas cualidades fueron consi- completo los conceptos y categorías" en términos de los cuales los demás
6
deradas menos claramente que la liberalidad y la clemencia como virtu- teóricos y críticos de su generación acostumbraban expresarse. Sin em-
des distintivamente principescas. Solían ser consideradas como parte del bargo, hoy ya debe ser evidente que el formato, las presuposiciones y
más general código de conducta que ios humanistas habían creado para muchos de los argumentos centrales de El príncipe hacen de él una apor-
la guía dei caballero renacentista, código en que las ideas de "jurar por el tación reconocible a una tradición bien establecida del pensamiento polí-
propio honor" y "dar la palabra de caballero" ya habían llegado a ser tico de finales del quattrocento. Una segunda razón para adoptar esta
- c o m o en el Cortesano, de Castigiione- sinónimos de decir la verdad perspectiva es que, al elucidar las principales suposiciones de los autores
(cf. p p . 117, 138, 290). Sin embargo, hay no pocas pruebas de que éste fue de espejos para príncipes, estamos colocándonos en la mejor perspectiva
un valor que el soberano, como exponente más destacado del código de para observar hasta dónde pudo tener Maquiavelo la intención ulterior
honor, había de desplegar con excepcional escrupulosidad. Patrizi, en de cuestionar o aun de ridiculizar algunos de sus valores. Desde luego, es
uno de los títulos de sus capítulos, hace gran hincapié en que un rey evidente -y a este respecto contamos con la afirmación del propio Ma-
"nunca ha de comprometerse en un engaño, nunca ha de decir u n a men- quiavelo- que se consideró a sí mismo como crítico consciente de varios
tira, y nunca debe permitir a otros que mientan" (p. i38). Pontano con- elementos claves que había en la literatura existentes de libros de conse-
viene, en su tratado sobre El príncipe, en que "nada es más lamentable" jos para príncipes (cf. p. 90). Pero sólo cuando hemos captado el preciso
que un soberano "no cumpla con su palabra", e insiste en que "si surge la
6
situación, será absolutamente necesario que mantenga su paiabra aun Para estas afirmaciones, véase Plamenatz, 1963, vol. 1, p. 7, y Berlín, 1972, p. 160. Ésta
ante sus enemigos" (p. 1026). Más aún, es evidente, por buen número de ha seguido siendo la típica visión del pensamiento político de Maquiavelo. Más aún, corno lo
revela la cita anterior, las mismas suposiciones continúan recurriendo en los escritos de
memorias de sus contemporáneos, que un príncipe que debidamente
distinguidos historiadores de las ideas. Y esto pese al hecho de que ia investigación de los
desplegara estas cualidades recibiría siempre la más alta admiración y eslabones entre El Príncipe y la literatura humanista de libros de consejos para príncipes
elogio. Esto surge muy claramente, por ejemplo, del bello relato de la empezó a ser e m p r e n d i d a hace ya tiempo considerable. Para u n a serie interesante (aunque
carrera del d u q u e Federico de Urbino, que nos da Vespasiano de Bisticci exagerada), de paralelos, capítulo por capitulo, e n t r e Maquiavelo y otros humanistas, véase
(1421-1498), librero florentino que compuso una notable serie de Vidas Alian Gilbert, 1938. Para un análisis parcialmente contrastante de! mismo tema, véase Félix
Gilbert, 1939. Este último artículo es de gran valor, y le debo mucho.
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES 155

marco intelectual dentro del cual estaba escribiendo Maquiavelo pode- había sido soldado profesional a las órdenes de Piccinino en su j u v e n t u d -
mos reconocer los puntos y el grado en que, en realidad, se interesó en ya había insistido, en 1471, en su tratado sobre El príncipe en que un
desafiar y repudiar su propia herencia humanista. gobernante siempre debe estar dispuesto a combinar la diplomacia con la
Hay dos principales secciones de El príncipe en que Maquiavelo está coacción y, por consiguiente, debe asegurarse de contar con el apoyo de
muy interesado en atacar directamente las teorías políticas de sus contem- todo un ejército bien p r e p a r a d o de sus propios ciudadanos (cf. Bayiey,
poráneos. La primera es la denuncia por no subrayar el significado del 1961, p. 234).
7
simple poder en la vida política. Como hemos visto, generalmente se ha A pesar de todo, no hay d u d a de que Maquiavelo hace un hincapié
supuesto que mientras el príncipe se dedique plenamente a una vida de excepcionalmente poderoso en el papel de la simple fuerza en la conduc-
virtud, esto le capacitará a alcanzar los más elevados objetivos de honor, ción del gobierno, Dedica tres capítulos centrales deEl príncipe a analizar
gloria y fama. Por contraste, Maquiavelo insiste en que esto es desconocer las cuestiones militares, arguyendo que "los principales fundamentos de
ingenuamente hasta qué grado el mantenimiento de un buen gobierno todo Estado" están constituidos por "buenas leyes y buenos brazos"
depende de una inquebrantable voluntad de suplementar las artes de (p. 77). Empieza con la muy enérgica afirmación de que "donde hay buenos
persuasión con el empleo de una eficaz fuer/a militar. Es este aspecto del brazos, inevitablemente siguen buenas leyes" (p. 77). Y resume su consejo
gobierno principesco -desatendido de manera conscientemente civilizada insistiendo, con característica exageración, en que el príncipe "no debe
por ía mayoría de sus contemporáneos- el que Maquiavelo restaura con tener otro objeto ni pensamiento, ni adquirir capacidad en nada salvo en
gran énfasis polémico en las páginas de El príncipe, insistiendo en la ne- la guerra, su organización y su disciplina" (p. 87). También analiza un
cesidad (según la frase de Wolin) de u n a "economía de la violencia" tema relacionado que, como hemos visto, siempre habían subrayado los
(cf. Wolin, 1961, pp. 220-224). anteriores humanistas del quattrocento: la temeridad y el peligro de va-
Sin embargo, es necesario cierta cautela al establecer este punto. A ve- lerse de tropas mercenarias. Ofrece como regla absoluta que "si un prín-
ces se ha sugerido que, con la publicación de la teoría política de Maquia- cipe basa la defensa de su Estado en mercenarios, nunca alcanzará la esta-
velo, "es posible fechar el comienzo de una nueva visión de la guerra" bilidad o la seguridad" (p. 77). Y añade que "no hay necesidad de exten-
(Walzer, 1966, p. 273). Puede decirse que esto es sobreestimar la nove- dernos en este punto, porque la actual ruina de Italia no ha sido causada
dad de la insistencia de Maquiavelo en la necesidad de construir el con- más que por haber dependido de tropas mercenarias" (p. 78). La solu-
cepto de virtú en parte como cualidad militar. Ciertamente sería erróneo ción que propone -también en armonía con las ideas de los humanistas
considerarlo como el primer escritor que introdujo esta doctrina en el anteriores- es que cada príncipe debe dedicarse a formar una milicia
pensamiento político humanista; pues la anuencia a l u c h a r e n nombre de ciudadana, y debe asumir "el m a n d o personal y capitanear él mismo sus
la propia patria, la disposición a emplear la violencia en esta causa siem- tropas" (pp. 78-84). A menos que haga ésto, concluye sombríamente Ma-
pre había sido tratada por los primeros humanistas "cívicos" como as- quiavelo, "ningún principado esta seguro; antes bien, dependerá de la
pecto indispensable de la virtus del verdadero ciudadano. Tampoco sería fortuna, ya que no hay virtú que lo defienda cuando llegue la adversi-
atinado considerar a Maquiavelo como el primer escritor que llevó estas dad" (p. 87).
suposiciones acerca de lo inevitable de la fuerza a la atmósfera más enra- La otra sección en que Maquiavelo desafía las suposiciones prevale-
recida de la literatura de espejos para príncipes. Bartolomeo Sacchi - q u e cientes entre los autores de espejos para príncipes es al analizar el papel
de la virtú en la vida política. Como hemos analizado, dos principales
7
conceptos de la idea de virtú habían surgido de la tradición humanista
Este p u n t o ha sido particularmente subrayado p o r Gilbert, 1965, esp. p. J54. (Todo el
libro de Gilbert es de excepcional valor, y estoy en particular en d e u d a con él). Wood ha
del pensamiento moral y político: en primer lugar, que la virtú es la cua-
sostenido (1967, p. 171) que Maquiavelo llega a redefinir el concepto devirtü para hacerle lidad que capacita al gobernante a alcanzar sus fines más nobles; y en
representar " u n a p a u t a de c o m p o r t a m i e n t o claramente mostrada en las que p u e d e n descri- segundo lugar, que la posesión de la virtú puede equipararse a la posesión
birse como condiciones de campo de batalla". Debe argiiirse - c o m o lo ha señalado Hanna- de todas las grandes virtudes. Como resultado, los más destacados teóri-
f o r d - q u e esto descuida indebidamente los matices políticos q u e hay en el e m p l e o q u e cos del gobierno principesco habían pasado, todos ellos, a ofrecer el
Maquiavelo da ai término ( H a n n a f o r d , 1973). Pero no cabe d u d a (como la sección final de
este capítulo tratará de indicar) de q u e Maquiavelo en realidad redefine el concepto, y de
mismo fundamental consejo político: que si un gobernante desea "con-
que parte de su redeftnición le obliga a hacer titi hincapié excepcionalmente poderoso en servar su Estado" y alcanzar el honor, la gloria y Sa fama, necesitará ante
las proejas militares del príncipe. todo cultivar toda la gama de virtudes cristianas así como morales. Es
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE L O S PRÍNCIPES 157
156
precisamente esta conclusión central la que Maquiavelo niega. Conviene el hecho de que "los hombres son tan simples" que "el engañador siem-
en que los objetivos apropiados para un príncipe son el honor, la gloria y pre encontrará alguien dispuesto a dejarse engañar" (p. 100). El talento
la fama. Pero rechaza con gran vehemencia la creencia prevaleciente en indispensable es la capacidad de imitar la virtud: el príncipe "no necesa-
que la manera más segura de alcanzar estos fines es actuar siempre de riamente debe tener toda las buenas cualidades" pero "ciertamente debe
una manera convencionalmente virtuosa. parecer que las tiene" en todo momento (p. 100).
A un cuando es claro qué posición está atacando Maquiavelo en este Más aún, se da al príncipe la reconfortante seguridad de que este ta-
punto decisivo de su argumento, la naturaleza exacta de la posición que lento no es difícil de adquirir. La razón es que aun cuando "cada quien
desea defender queda un tanto oscurecida por su amor a la paradoja. A esté en posición de observar" su comportamiento, "pocos están en posi-
veces parece estar diciendo que, aun cuando los príncipes hagan un de- ción de entrar en contacto íntimo" con él (p. 101). Como resultado, sus
ber de actuar virtuosamente, deben reconocer que para actuar tan vir- medidas políticas normalmente serán apreciadas no por sus cualidades
tuosamente como sea posible no deben tratar de actuar virtuosamente intrínsecas sino antes bien por sus "apariencias y resultados" (p. 101). La
todo el tiempo. Es decir, a veces parece estar señalando u n a ironía a implicación, convenientemente para e! príncipe, es que si logra mantener
menudo subrayada por los moralistas del Renacimiento: la ironía de que un grado suficiente de lejanía y majestad, "siempre será considerado ho-
(como lo dice Hamlet) a m e n u d o es necesario "ser cruel sólo p a r a ser norable y será umversalmente elogiado" aun si sus métodos en realidad
8 no tienen nada de honorables (p. 101).
bondadoso". Maquiavelo apunta a esta línea de pensamiento al analizar la
virtud de la liberalidad. Indica que como el deseo de parecer generoso a La razón de Maquiavelo para atribuir tanta importancia a ias artes dei
menudo lleva a los príncipes a imponer cargas gratuitas a su pueblo, un disimulo y la ocultación se hace clara en cuanto pasa a su otra afirmación
príncipe que no tema actuar ahorrativamente puede descubrir que "con acerca de) papel de las virtudes en la vida política. Arguye que, aun
el tiempo, llegará a ser reconocido como un hombre esencialmente gene- cuando siempre es esencial que los príncipes parezcan convencional-
roso" (p. 93). La misma paradoja es aún más claramente invocada en la mente virtuosos, a m e n u d o es imposible para ellos comportarse de ma-
siguiente discusión sobre la clemencia. Empieza observando que "César nera convencionalmente virtuosa. La razón que desenvueltamente ofrece
Borgia fue tildado de cruel" pero inmediatamente añade que "esta cruel- es que "habida cuenta de todo", el príncipe "encontrará que algunas de
dad suya reformó la Romana, le dio la unidad y restauró el orden y la las cosas que parecen ser virtudes, si las practica, lo arruinarán, y que
obediencia" (p. 95). Nos dice que la moraleja de la historia es que un algunas de las cosas q u e parecen ser perversas le darán la seguridad y la
príncipe con la suficiente confianza en sí mismo para empezar poniendo prosperidad" (p. 92). De allí se sigue que un príncipe que desee conser-
"un ejemplo o dos" a la larga "resultará más compasivo" que ei príncipe var su gobierno "y alcanzar las mayores alabanzas de honor, gloria y
que no "sofoca los desórdenes que conducen al asesinato y a la rapiña" fama", ha de "aprender cómo no ser virtuoso y a valerse de esto, o no,
simplemente para "no ser llamado cruel" (p. 95). según la necesidad" (p. 91).
Sin embargo, el meollo del mensaje de Maquiavelo consiste en dos Maquiavelo hace este anuncio al nivel consciente de su afirmación más
afirmaciones un tanto distintas - a u n q u e apenas menos paradójicas- heterodoxa en el capítulo xv de£7 príncipe, al analizar "aquellas cosas por
acerca del papel de las virtudes convencionales en relación con las aspira- las cuales los hombres y especialmente los príncipes son alabados o cen-
ciones al honor, la gloria y la fama a las que debe tender un príncipe. La surados" (p. 90). La elaboración de esta doctrina y sus implicaciones ocu-
primera es que nada importa tanto como conservar las apariencias. Hasta pan los siguientes cuatro capítulos: la notoria sección sobre "cómo debe
insinúa que, mientras logre hacerse esto, nada más importa en absoluto. comportarse un príncipe en el trato con subditos y amigos" (p. 90). Ma-
El objetivo del príncipe, repetidas veces nos dice, es ser "considerado ho- quiavelo empieza afirmando la conclusión que le importa establecer: que
norable" y ser "umversalmente alabado" (p. 101). Así es esencial, espe- "la brecha entre cómo debe uno vivir y cómo vive es tan vasta que el
cialmente si en realidad no es un hombre virtuoso, que "sea tan prudente que hombre que olvide lo que realmente se hace por lo que debe hacerse
sepa cómo escapar de la mala reputación atribuida a aquellos vicios a p r e n d e la m a n e r a de la a u t o d e s t r u c c i ó n a n t e s q u e de la a u t o -
que pueden hacerle perder su Estado" (p. 92). Esto, a su vez, significa que conservación" (p. 91). Procede entonces a ilustrar este argumento lan-
debe estar dispuesto a ser "gran mentiroso y engañador", aprovechando zando un ataque precisamente a aquellas virtudes que los autores de li-
bros de consejo para príncipes siempre habían considerado particular-
6 mente apropiadas para que las cultivara el soberano.
Hamlet I I I , IV, 178.
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA E D A D DE LOS P R Í N C I P E S 159
158

El efecto de este ataque es deliberadamente intensificado por el hecho diciendo que "la experiencia actual muestra que los príncipes que han
de que Maquiavelo continúa valiéndose de todas las habituales conven- logrado grandes cosas han sido aquellos que han empeñado su palabra a
ciones humanísticas al extender su propia y contrastante descripción de la ligera, que han sabido engañar a los hombres mediante astucia y que, a
la postre, han superado a quienes se atenían a los principios más probos"
las virtudes supuestamente principescas. Empieza recordándonos que
(p. 99).
"todos los hombres, c u a n d o se habla de ellos, y en particular los prínci-
pes", es habitual preguntarse acerca de "diversas cualidades" que "les va- A m e n u d o se ha afirmado que la originalidad del argumento de Ma-
len la censura o el elogio" (p. 91). Enfoca entonces las tres virtudes prin- quiavelo en estos capítulos se encuentra en el hecho de que divorcia la
cipescas que siempre se subrayan en tales discusiones: "Uno es llamado política de la moral, y por consiguiente subraya "la autonomía de la polí-
10

pródigo, otro tacaño" "uno cruel, otro clemente"; "uno religioso, otro tica". Pero esta interpretación parece incluir un error en la relación
incrédulo" (p. 91). Y al volverse a ofrecer su propio análisis de estos atri- entre su visión y las de sus contemporáneos. Maquiavelo y los autores
butos, introduce cada parte de su discusión con su título de capítulo, en más convencionales de obras sobre el gobierno principesco están en com-
latín, en el estilo aprobado por los humanistas. Así, el capítulo xvi se pleto acuerdo, según hemos visto, acerca de la naturaleza de las metas
intitula "De Liberalitate et parsimonia"; el capítulo xvn, "De Crudelitate que el príncipe debe fijarse. Como repetidas veces lo afirma Maquiavelo,
et pietate"; y el capítulo xvm " Q u o m o d o fides a principibus sit ser- su objetivo debe ser "conservar su Estado", "lograr grandes cosas" y tender
vanda". 9 hacia los objetivos más elevados de honor, gloria y fama (pp. 99, 101). La
Habiendo establecido esta lista canónica de las llamadas virtudes prin- diferencia decisiva entre Maquiavelo y sus contemporáneos se encuentra
cipescas, Maquiavelo procede a demolerlas punto por punto. Primero en la naturaleza de los métodos que consideraron apropiados para alcan-
considera la virtud de la liberalidad, y asegura al príncipe que "si sus zar estos fines. La suposición básica de los teóricos más convencionales
acciones son influidas por el deseo de ganar semejante reputación, em- fue que, si el príncipe desea alcanzar estas metas, debe asegurarse de
pezará a tornarse odioso" (p. 92). Después estudia la virtud de la clemen- seguir los dictados de la moral cristiana en todas ocasiones. La suposición
cia, y muestra que en el caso de Escipión esto fue nada menos que una básica de Maquiavelo es que un príncipe que "actúe virtuosamente en
característica fatal, "que habría acabado por e m p e ñ a r su fama y su ho- toda forma" rápidamente descubrirá que "ha incurrido en el odio de
nor" si el Senado no hubiese podido contenerla a d e m p o (p. 98). muchos que no son virtuosos" (p. 91). Su crítica fundamental a sus con-
Y finalmente examina la virtud de cumplir las propias promesas, y temporáneos consiste, pues, en que son insensibles a lo que él considera
desenvueltamente concluye que un príncipe que tome en serio esta obliga- como dilema característico del príncipe. Como observa con no poca aspe-
ción descubrirá infinidad de veces que se "ha colocado en desventaja" reza, quieren poder expresar su admiración a un gran jefe como Aníbal,
(p. 100). pero al mismo tiempo "condenan lo que hace posible sus realizaciones",
A la inversa, en estos capítulos Maquiavelo insiste en que si un príncipe especialmente la "crueldad inhumana" que Maquiavelo francamente ve
desea "conservar su estado" a menudo encontrará esencial y positiva- como la clave de los gloriosos triunfos de Aníbal (pp. 97-98). La única
mente ventajoso "actuar desafiando la buena fe, la caridad, la bondad y manera de resolver este dilema, insiste, es aceptar crudamente que si un
la religión" (p. 101). Ilustra esta afirmación en un estilo similarmente príncipe está genuinamente interesado en "conservar su Estado" tendrá
polémico, extendiéndose en la utilidad precisamente de aquellos vicios que desatender las demandas de la virtud cristiana y abrazar de lleno la
que ios autores de espejos para príncipes habían aconsejado al príncipe moral, muy distinta, que le dicta su situación. Así, la diferencia entre
evitar a toda costa. Empezando con la cualidad de la avaricia, indica que Maquiavelo y sus contemporáneos no p u e d e caracterizarse adecuada-
"en nuestros tiempos sólo han logrado grandes cosas los que han sido mente como una diferencia e n t r e una visión moral de la política y una
tildados de avaros" (p. 93). Pasando al vicio de la crueldad, arguye que visión de la política como divorciada de la moral. Antes bien, el contraste
éste es inevitable si el príncipe desea mantener a sus subditos "unidos y
leales" (p. 95). Y por último subraya el valor del engaño y la mentira
'" Para un estudio de los orígenes y la difundida aceptación de esta interpretación, véase
Cochrane, 1961, p. 115. Cochrane considera a Croce como la fuente de mayor influencia en
9
Los títulos respectivos, es decir, son "De la prodigalidad y de la avaricia", "De la cruel- la opinión de que el objetivo fundamental de Maquiavelo era reivindicar "la autonomía de
dad y de ¡a clemencia" y "De cómo los principes deben cumplir sus promesas". Para los la política"; cf. Croce, 1945, esp. p. 59. El más leído intérprete de Maquiavelo en adoptar
esta opinión ha sido Cbabod, 1958, esp. p. 184.
títulos originales, véase Maquiavelo, Opere ed. Bertelli, vol. II, p p . 66, 68, 72.
160 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS P R Í N C I P E S 161
esencial es entre dos morales distintas: dos explicaciones rivales e incom- afirma, es tal que ios hombres lo "romperán cuando vaya en ventaja
patibles de lo que, a la postre, debe h a c e r s e . " suya" mientras que "ei temor es fortalecido por el miedo al castigo, que
siempre es eficaz" (pp. 96-97).
Habiendo demolido la habitual escala de valores subyacente en la lite- A pesar de todo, la línea principal del consejo de Maquiavelo no le
ratura de espejos para príncipes, Maquiavelo reconoce que eí siguiente obliga, generalmente, a abandonar las convencionales normas morales
paso que debe d a r - c o m o observa sin indebida modestia- es "establecer con tanta presteza. Comienza su estudio de las virtudes principescas re-
un nuevo juego de reglas" para guía de los nuevos príncipes (p. 90). El conociendo que "todo el m u n d o convendrá en que sería laudabilísmo" si
consejo que esto le ileva a ofrecer tío es presentado con completa cohe- un gobernante en realidad poseyera todas aquellas cualidades que gene-
rencia. A veces parece estar diciendo que, aun cuando las virtudes del ralmente "se consideran buenas" (p. 91). Más adeiante repite que el prín-
príncipe puedan ser buenas en sí mismas, no hay lugar para ellas en la cipe no sólo debe "parecer compasivo, leal a su palabra, sincero y devoto"
vida política (p. 100). Esto le lleva a afirmar que, aun cuando el gober- sino que, "también debe ser así" hasta d o n d e lo permitan las circunstan-
nante pueda intentar hasta donde .sea posible mantener una apariencia cias (p. 100). Por tanto el resumen más preciso de este consejo, como él
de poseer estas cualidades, a! mismo tiempo debe abandonarlas por mismo !o insinúa hacia el final del capítulo xvm, es que el príncipe "no
completo en la conducción real de su gobierno. Esto parece, en particu- debe desviarse de lo que es bueno, si ello es posible, pero debe saber
lar, ser la lógica del argumento acerca del supuesto valor de la generosi- cómo actuar mal, si ello es necesario (p. 101). En este punto, hay u n a
dad. Aunqtie Maquiavelo empieza concediendo que "sería espléndido te- clara alusión a la tradicional suposición humanista de que el verdadero
ner una reputación de generosidad", nunca parece sugerir que la virtud vir virtutis nunca debe rebajarse a practicar tretas disimuladas, pues
misma -en contraste con la reputación de poseerla- sea tal que los prín- nunca debe apartarse de la conducta que corresponde a un hombre de
cipes deban adquirirla y practicarla hasta d o n d e sea posible (pp. 92-95). auténtica virilidad. Maquiavelo empieza observando que, como este
Por lo contrario, parece estar proponiendo que, aun cuando debe culti- modo de proceder, franco y varonil "a m e n u d o resulta inadecuado", de
varse cierta apariencia de generosidad, hay que evitar deliberadamente la hecho es indispensable que el príncipe se vuelva "mitad bestia, mitad
realidad. Primero nos dice que "un príncipe def>e tratar de evitar, ante hombre", ya que "no podrá sobrevivir de otra manera" (p. 99). Añade
todo, ser despreciado y odiado" (p. 95). Pero entonces nos advierte que entonces que, siendo esencial que ei príncipe sepa cómo "dar un buen
"la generosidad hace que el príncipe sea ambas cosas", ya que el afán de empleo a la bestia y al hombre", también es esencial que sepa qué bes-
ostentación sólo produce "una reputación de rapiña, que produce odio tias imitar (p. 99). Así pues, la esencia del consejo de Maquiavelo ¡lega
así como ignominia" (p. 95). La implicación parece ser que las virtudes a reducirse a la imagen del s o b e r a n o que, "obligado a saber cómo
supuestamente principescas de liberalidad y magnificencia deben con- actuar como bestia", aprende a imitar con su conducta ai león y al zorro
tarse, en cambio, entre los más peligrosos de los vicios principescos. (p.99).
Esta línea de pensamiento, sumamente subversiva, culmina en el capí- Esta sorprendente conclusión pronto valió a Maquiavelo, entre los m o -
tulo xvn, en que Maquiavelo plantea una pregunta que, como hemos ralistas cristianos, la reputación de ser un hombre de satánica perversi-
visto, había sido prominentemente debatida en la literatura de los libros dad. Como lo observó Macaulay al comienzo de su célebre ensayo, "de su
de consejos para podestá y magistrados de las ciudades: "Si es mejor ser apellido han acuñado el epíteto q u e significa malvado", y "de su nombre,
amado que temido, o a la inversa" (p. 96). Hasta entonces, este dilema, han hecho un sinónimo dei mal" (Macaulay, 1907, pp. 1-2). La figura del
invariablemente había sido resuelto de la misma manera. Como el in- "asesino Maquiavelo" pronto llegó a ser una verdadera caricatura en el
culcar temor se consideraba como signo de crueldad, y como la crueldad teatro del siglo xvi, y ia tendencia a hacer sonar u n a nota de horrorizada
era considerada como vicio inhumano, siempre se rogaba al soberano denuncia ai hablar de sus obras -popularizada inicialmente por Gentillet
hacerse amar, antes que temer. Pero Maquiavelo insiste en el punto de en su Anti-Maquiavelb de 1576-, aún puede encontrarse en muchas apor-
vista opuesto. Aconsejando evitar directamente las virtudes convenciona- taciones a la cultura moderna. Por ejemplo, Butterfield sugiere vaga-
les en este punto, arguye que "es mucho mejor ser amado que ser te- mente al comienzo de The Statecraft of Machiavelli que los críticos isabeli-
mido, si no se puede ser las dos cosas" (p. 96). Pues el nexo del amor, nos de El principe acaso no estuviesen tan errados como a veces se ha
supuesto (Butterfield, 1940, p p . 10-11). Y Leo Strauss insiste en sus
" Para una afirmación reciente y tic gran eio< uencia, de esta interpretación de la origi-
nalidad de Maquiavelo, véase el i m p ó r t a m e ensayo de Berlín, 1972. esp. p. 183. Thoughts on Machiavelli en q u e las doctrinas de El príncipe son sencilla-
¡62 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA EDAD DE LOS PRÍNCIPES

mente "inmorales e irreligiosas", y en que su autor sólo puede caracteri- tan incansable empleo de métodos criminales "no permite que se le colo-
zarse como "maestro dei mal" (Strauss, 1958, pp. 9-10, 12, 175). que entre los hombres ilustres" (p. 63).
Desde luego, hay que reconocer a estas interpretaciones tradicionales A estas alturas, ya será evidente que todo el consejo de Maquiavelo está
que a Maquiavelo a veces le gusta simular cierto tono frío y amoral semi- gobernado por un sentido sumamente original de lo que debe conside-
consciente. Esto es, en p a n e , un reflejo de su propia opinión de sí mismo rarse que constituye ia verdadera virtú en un príncipe. Como hemos visto,
como experto en política, capaz de ofrecer máximas y reflexiones apro- hasta aquí se había supuesto, generosamente, que la posesión de la virtú
piadas para cada ocasión. Y esto a su vez significa que a veces habla de podía equipararse a la posesión de todas ias grandes virtudes. En Ma-
manera p u r a m e n t e técnica de cuestiones de obvio significado moral. Por quiavelo, por contraste, el concepto de virtú es simplemente utilizado
ejemplo, cuando en el capítulo vm se pone a considerar "aquellos que para referirse a cualesquiera cualidades que el príncipe considere necesa-
llegan al poder mediante el crimen", ofrece un relato de cómo llegar a rio adquirir para "conservar su Estado" y "lograr grandes cosas". Después
ser príncipe "mediante algún método criminal y nefando" mientras in- pone brutalmente en claro que, aun cuando estas cualidades a veces pue-
siste ai mismo tiempo en que no es necesario "profundizar demasiado en dan traslapar con las virtudes tradicionales, la idea de una equivalencia
la cuestión" (pp. 61-62). Pero la principal razón del tono escandaloso que necesaria o siquiera aproximada entre la virtú y las virtudes es un error
12
Maquiavelo suele emplear se encuentra en su visión profundamente pe- desastroso. Cierto es que para Maquiavelo, un hombre de carácter en-
simista de la naturaleza humana. Declara que "podemos hacer esta gene- teramente vicioso, como Agátocles, nunca podrá ser considerado un
ralización acerca de los hombres: son ingratos, inconstantes, mentirosos y hombre de verdadera virtú; pues la virtú no puede equipararse con el
engañadores, cobardes ante el peligre) y ávidos de lucro" (p. 96). Así vicio. Pero no menos cierto es que Maquiavelo espera que los hombres de
pues, no es de sorprender que se sienta en la obligación especial de ad- la más alta virtú sean capaces, cuando la situación lo requiera, de compor-
vertir al príncipe que, como los hombres comúnmente son "tan misera- tarse de manera completamente perversa. Y es que la situación de los
bles criaturas", deberá estar dispuesto a actuar desafiando ias piedades príncipes es tal que la virtú no puede excluir la perversidad. Por tanto,
convencionales si desea permanecer seguro (pp. 96-101). uno de ios soberanos señalados en El príncipe (y después en los Discursos)
Sin embargo, a pesar de su amor a la paradoja y de su continuada como hombre de virtud preeminente es ei emperador Severo, de quien se
afición a escandalizar a sus lectores, nos parece una vulgarización de las nos dice, en una sola lirada, que fue "extremadamente cruel y rapaz" y
ideas de Maquiavelo llamarle predicador del mal. Está lejos de q u e r e r que fue un príncipe "de tanta virtú" que "reinó triunfalmente hasta su fin"
tomar al mal por bien, y rara vez dice algo que implique que no deben pese a incontables dificultades (p. 109). El sentido final de Maquiavelo de
ser consideradas las virtudes convencionales como admirables en sí mis- lo que debe ser un hombre de virtú y sus últimas palabras de consejo ai
mas. Cierto es que en este punto no es completamente coherente, y p o r príncipe pueden resumirse diciendo que le aconseja que se asegure, ante
lo general prefiere subrayar la importancia de adquirir una reputación todo, de volverse un hombre de "disposición flexible": debe ser capaz de
por las virtudes antes que las virtudes mismas. Pero es igualmente capaz variar su conducta, de buena a maia y viceversa "según lo dicten la fortuna y
de insistir inequívocamente en que "cada quien c o m p r e n d e cuan digno las circunstancias" (p. 101).
es" q u e un príncipe "sea sincero antes q u e malicioso en sus tratos"
(p. 99). Más aún, a menudo subraya que las virtudes convencionales no de-
ben ser desdeñadas gratuitamente. Desde luego, su principa! preocupa-
ción es el hecho lamentable de que. si un príncipe posee "todas las bue-
nas cualidades" y "siempre se comporta en consecuencia", "las encontrará
ruinosas" (p. 100). Pero también habla con desaprobación de aquellos
príncipes que nunca hacen el menor intento por comportarse virtuosa-
mente ni aun en circunstancias favorables. Su primer ejemplo es el de 1!
Para el uso de la palabra virtú en Maquiavelo para significar cualquier cualidad que
Agátocles, tirano de Sicilia, que "llevó una conducta reprochable", "en
ayude al príncipe "a conservar su estado" y el hecho de que esto introduce u n a desunión
todos los periodos de su vida" (p. 62). Pese a) hecho de que esto le dio "aguda y decisiva" entre la virtú y las virtudes, véase el excelente estudio de Hexter, 1964,
extraordinarios triunfos ante la más adversa fortuna, Maquiavelo se esp. pp. 956-957. U n a interpretación similar ha sido desarrollada p o r Pocock, 1975, esp.
niega a presentarlo como ejemplo de virtú principesca, pues arguye que p p . 166-177.
LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 165
pues en su Fragmento sobre la República de Venecia (Gilbert, 1968, p. 468 y
VI. LA P E R V I V E N C I A DE LOS V A L O R E S nota). Basó su análisis en la afirmación platónica, en las Leyes, de que la
REPUBLICANOS forma más sana y segura de gobierno ha de consistir en las tres formas
"puras" en combinación: ei resultado era una amalgama de monarquía,
aristocracia y democracia. Sugirió después que la excelencia especial de la
LA HISTORIA de la teoría política a finales dei Renacimiento ofrece una constitución veneciana se derivaba del hecho de que lograba fundir estos
sorpréndeme ejemplificación de ia fiase de Hegel en el sentido de que el tres distintos sistemas en una forma estable de gobierno mixto, en que el
buho de Minerva e m p r e n d e el vuelo al caer la noche. Como liemos visto, dux representaba el elemento monárquico, el senado al aristocrático y
el siglo que siguió a la Paz de Lodi en 1454 presenció el triunfo final de el Consiglio grande el elemento de la democracia. Concluía diciendo que de-
las formas principescas de gobierno en Italia, casi por doquier. Y sin bido a esta clara comprensión de lo que "Platón dijo que era lo mejor
para las ciudades", los venecianos habían logrado vivir unidos d u r a n t e
embargo fue d u r a n t e este periodo, en el crepúsculo de las ciudades-
largo tiempo "en paz y amistad" y gobernar sus asuntos con tal éxito que
repúblicas, cuando se hicieron las contribuciones incomparablemente
"no existe ciudad más opulenta y espléndida en Italia, ni aun en todo ei
más originales e importantes al pensamiento político republicano.
resto del m u n d o " (pp. 103, 104).
Esta explicación fue recibida con gratitud por los miembros del círculo
intelectual de Francesco Bárbaro, en Venecia, a mediados del siglo xv.
LOS CENTROS DEL.REPUBLICANISMO
j o r g e de Trebisonda, llevado de Creta a Venecia por Bárbaro en 1417,
De los varios centros en que las ideas republicanas siguieron discutién- escribió a Bárbaro en 1451 para explicarle que la razón de la vida "iarga
dose y celebrándose a finales del Renacimiento, ia que más d u r a d e r a leal- y feliz" de la república veneciana se encontraba en su combinación de
tad mostró a los valores tradicionales de independencia y autogobierno rasgos monárquicos, aristocráticos y democráticos en el más puro estilo
fue Venecia. Mientras el resto de Italia sucumbía al régimen de los sig- platónico (Gilbert, 1968, p p . 468-469). Bárbaro replicó con expresiones
nori, los venecianos nunca renunciaron a sus libertades tradicionales. de admiración a la agudeza que Jorge había demostrado ante este impor-
Continuaron operando según la constitución que originalmente habían tante asunto. Añadió que la traducción que Jorge había hecho de las Leyes
creado en 1297, que consistía en tres elementos principales: el Consiglio de Platón debía contar con una introducción en que pudiesen desarro-
grande, organismo responsable de n o m b r a r la mayoría de los funciona- llarse con mayor extensión las similitudes entre la teoría platónica y la
rios de la ciudad; el senado, que controlaba los asuntos financieros y ex- práctica veneciana. Jorge cumplió escribiendo tal ensayo, y lo dedicó al
teriores; y el dux quien servía, con su consejo, como jefe elegido del dux, recibiendo a su vez una buena remuneración por esta halagüeña
gobierno. Es cierto que cuando se impuso por primera vez este sistema explicación de la singular estabilidad política de Venecia (cf. Bouwsma,
tan rígidamente oligárquico, el efecto inmediato fue generar toda una 1968, p p . 63-64).
serie de levantamientos populares encabezados por quienes carecían de El momento en que el milagro de la d u r a d e r a constitución de Venecia
derechos civiles. Pero tales estallidos pronto fueron sofocados, y después llegó a ser de mayor interés para el resto de Italia fue al comienzo del
de ser establecido el Consejo de los Diez como j u n t a secreta y perma- siglo xvi. Los florentinos en particular empezaron a preguntar - e n un
nente dé seguridad pública, en 1335, ya no hubo nuevos disturbios. Ve- momento en que su propia libertad estaba siendo gravemente limitada
necia entró en un periodo ininterrumpido de libertad y seguridad, lle- por los Médicis- qué hacía posible que los venecianos combinaran un
gando a ser la envidia de toda Italia, y ganándose su reputación única de régimen no menos pacífico con un sistema mucho más extensivo de liber-
república serenissima. tades políticas. El tratado más importante dedicado a esta cuestión fue el
Diálogo sobre la república de los venecianos, por Donato Giannotti (1492-
La cuestión de cómo lograron los venecianos mantener su libertad polí-
1573). Giannotti era un amigo de Maquiavelo y un ferviente republicano,
tica evitando ai mismo tiempo el faccionalisrno empezó a atraer la aten-
que había servido como secretario de guerra a los Diez, d u r a n t e la res-
ción de los teóricos constitucionales a finales del siglo xiv. Pier Pao lo
taurada república florentina de 1527, y fue obligado a marchar al exilio
Vergerio parece haber sido el primer escritor en p r o p o n e r lo que des-
después de ia restauración final de los Médicis en 1530 (Starn, 1968,
pués llegó a aceptarse como respuesta clásica del acertijo. Inicialmente pre-
pp. 21, 26, 39). Empezó a escribir su libro sobre Venecia mientras vivía allí,
sentó su solución en una carta al Canciller de Venecia, en 1394, y des-
en 1526, y lo publicó por primera vez encontrándose una vez más en el
164
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVLNCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S
160

exilio en 1540 (Gilbert, 1967, pp. 178-182). Describe la evolución así sana" en una época en que el resto de Italia había estado padeciendo
como el carácter de la constitución veneciana, arguyendo que la combi- "tantas miserias" (pp. 4-6). La respuesta que sugiere, también en armonía
nación de libertad y seguridad alcanzada por los venecianos sólo puede con la sabiduría recibida, es que su constitución es "tal mezcla de todas las
atribuirse a dos causas principales. Una de ellas es ei equilibrio entre el propiedades, que esta ciudad única retiene una soberanía principesca, un
gobierno de uno, pocos y muchos, que ellos logran mantener combi- gobierno de la nobleza, y una autoridad popular, de modo que las for-
nando el régimen del dux con el senado y el Comiglio grande (pp. 50 ss). mas de todos ellos parecen igualmente equilibradas", y ello anula los pe-
La otra es el elaborado sistema de votación que emplean para asegurarse ligros de todo conflicto interno (p. 15).
de que cada magistrado sea elegido y cada decisión política tomada con La elaboración de esta jactanciosa tesis llegó a ser la principal preocu-
objeto de llevar al máximo el bien común, por encima de todas las ventajas pación de la teoría política veneciana d u r a n t e roda la última mitad del
faecionales (pp. 91-117). La conclusión de Giannotti fue que estos recur- siglo xvi (Bouwsma, ¡968, pp. 270, 273). El más importante de los mu-
sos habían capacitado a los venecianos a alcanzar lo que tul estudioso chos escritores que desarrollaron este mismo argumento fue Paolo Pa-
recientemente ha descrito como "la mecanización de la virtú", de allí la ruta (1540-1598), que lo presentó en sus Discursos políticos, obra que apa-
perfección de su gobierno (cf. Pocock, 1975, p. 285). reció por vez primera en 1599, año siguiente al de su muerte (Monzani,
Mientras los florentinos contemplaban a Vence ia como una fuente de 1852, pp. vil, x x x v i ) . Paruta estudia la república de la Roma antigua
sabiduría política práctica, los propios venecianos, cada vez más conscien- en el primero de sus dos Discursos, y la moderna Venecia en el segundo.
tes de su estabilidad sin par, en medio de los tumultos de Italia, empeza- Sigue el proceso por el cual los romanos perdieron su libertad al adveni-
ron a analizar y celebrar, con no poca jactancia, el triunfo de sus propias miento del Imperio, decadencia que después contrasta, en el primer capí-
disposiciones constitucionales (Bouwsma, 1968, pp. 95, III). El primero y tulo de su segundo Libro, con el triunfo sin paralelo de su propia ciudad
más grande de los teóricos venecianos que escribieron en esta vena fue natal al combinar la "grandeza con la libertad". Como lodos sus predece-
Gasparo Contarini (1483-1542), cuyo tratado sobre La república y el go- sores, Paruta encuentra la clave de esta realización en la "forma y el or-
bierno de Venecia fue escrito entre 1522 y 1525, revisado a comienzos del den" de la constitución veneciana, en que "rodas las partes están ran bien
decenio de 1530 y publicado en 1543.' El libro de Contarini es un pane- dispuestas" que se evita toda "discordia interna", tan cuidadosamente
gírico más puro que el de Giannotti, y revela menos interés en los detalles "limitado y corregido" cada aspecto del gobierno por los demás que
de la maquinaria constitucional veneciana y mayor interés en subrayar el queda invariablemente asegurado el "beneficio de todos" (pp. 228, 231;
p u r o genio de los legisladores venecianos originales, quienes "no omitie- cf. Bouwsma, 1968, pp. 270-291).
ron nada que les pareciera corresponder a la recta institución de una Además de mantener su ininterrumpida continuidad en Venecia, la
república" y así lograron formar un gobierno "con el más alto grado de tradición republicana de la teoría política resurgió a comienzos del siglo
perfección" (pp. 15, 17; cf. Gilmore, 1973, p. 433). La obra de Contarini xvi, tanto en Florencia como en Roma. Ya hemos visto que estas ciudades
también es más conscientemente conservadora, y cuimina afirmando qué, padecieron formas cada vez más despóticas de gobierno d u r a n t e la mo-
ya que es imposible para cualquiera "censurar o encontrar una falla a un yor parte de finales del Renacimiento; sin embargo, esta corriente hasta
gobierno tan virtuosamente establecido", de allí se sigue que el mayor cierto punto se interrumpió después de la llegada de los franceses en
deber de los principales ciudadanos de Venecia debe ser impedir que de 1494. T a n t o los Médicis como los papas experimentaron grandes dificul-
alguna manera se altere ía perfección de su constitución (p. 147; cf. Gil- tades para resistir o aun para negociar con los invasores, lo que dio una
bert, 1969). Sin embargo, el principal objetivo del libro es plantear y res- oportunidad a sus oponentes para hacer d u d a r de la competencia de sus
ponder a la misma pregunta que los admiradores de Venecia habían es- regímenes, y para pedir la restauración de las libertades populares.
tado considerando desde el tratado de Vergerio, más de un siglo antes. En Roma, la más importante de estas insurrecciones republicanas ocurrió
La pregunta, tai como la plantea Contarini, es cómo los venecianos han en 1511. Ofreció la ocasión el desplome de la pérfida Liga de Cambrai,
logrado m a n t e n e r "la larga continuidad" de semejante "tranquilidad que el Papa Julio II había organizado tres años antes. La intención del
1
Papa había sido contrapesar el poder de Venecia, pero el efecto principal
Para estas fechas de composición, véase Gilbert, 1967, p p . 174-177. El título original del
de su diplomacia fue fortalecer la posición de los franceses, que decisi-
libro de Contarini fue De Magistratibus el República Veneíorum (París, 1543). El título La repú-
blica y el gobierno de Venecia se debe a Lewes Lewkenor, quien publicó una traducción inglesa vamente derrotaron a los venecianos en la batalla de Agnadello en 1509,
del libro en 1599. y, como resultado r e c u p e r a r o n por completo su dominio de Milán
¡68 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENC1A DE I O S VALORES R E P U B L I C A N O S 169
2
(Green, 1964, p. 97). Cuando Julio trató de contener sus ambiciones reti- tres mi! ciudadanos fue investido con autoridad suprema. Además, el
rándose de la alianza, Luis XII replicó convocando, por encima tte su retorno de los Médicis en 1512 no puso fin al compromiso de Florencia
cabeza, a un Concilio General de la Iglesia, que había de reunirse en con este tipo más tradicional de régimen. Sólo cuando los Médicis logra-
Pisa en 1511, y o r d e n ó a Julio asistir (La Brosse, 1965, pp. 58-59). Inci- ron sofocar toda una serie de levantamientos contra su gobierno, durante
dentalmente, fue en este punto donde los florentinos, amenazados por el decenio de 1520, culminando en el último resurgimiento de la repú-
los ejércitos del Papa, trataron de persuadir a Luis XII de convocar en blica, en 1527, finalmente pudieron consolidar su posición como gober-
otra parte el Concilio: en esta embajada, uno de los negociadores fue nantes hereditarios de Florencia, a comienzos del decenio siguiente.
Maquiavelo (Renaudet, 1922, p p . 469-476). En tal coyuntura, Julio cayó Estos últimos intentos por contener la difusión del gobierno princi-
peligrosamente enfermo, lo cual, j u n t o con el fracaso de su política dio la pesco fueron en gran parte vanos en la práctica, pero se les ha asociado
señal de lo que Gregorovius llamó "una revuelta en favor de la libertad al más espectacular florecimiento del pensamiento político republicano.
perdida" en Roma (Gregorovius, 1967, vol. 8, p. 81). Cierto es que el Hubo dos principales corrientes de la ideología republicana de que dis-
levantamiento fue sofocado y que la formación de la Liga Santa, al año pusieron estos últimos protagonistas del gobierno popular: una de ellas
siguiente, capacitó a Julio a recuperar la iniciativa en su lucha contra los fue la tradición del escolasticismo italiano del siglo xiv, cuyos principales
franceses. Pero mientras tanto, como nos informa Guicciardini en su His- exponentes habían sido teóricos como Bartolo de Sassoferrato, Tolomeo
toria de Italia, el jefe de la facción antipapal en Roma, Pompeyo Colonna, de Lucca y Marsilio de Padua; la otra fue la tradición de humanismo
había incitado al populacho a una seria revuelta, con un encendido dis- "cívico" del siglo xv, ejemplificada por Salutati, Bruni, Poggio y sus nu-
curso en que denunció ia "tiranía eclesiástica" de los papas y pidió a sus merosos seguidores. Lo que encontramos al comienzo del siglo xvi es un
conciudadanos "despertar de su profundo sueño" y luchar p o r sus anti- resurgimiento y un desarrollo incomparablemente rico de estas dos ante-
guas libertades (p. 231). riores líneas de pensamiento. Es este movimiento intelectual el que trata-
Fue en Florencia, sin embargo, d o n d e mayor fue el desafío al régimen remos de analizar en el resto de! capítulo.
de los signori d u r a n t e este periodo. En cuanto los ejércitos de Carlos V I I I
entraron en territorio florentino, en octubre de 1494, el jefe del "despo- LA APORTACIÓN DEL ESCOLASTICISMO
tismo" de los Médicis, el joven Pedro de Médicis, parece haber sido víc-
tima del pánico (Schevill, 1936, p. 436). Inmediatamente accedió a todas La aportación del escolasticismo al florecimiento de las ideas políticas re-
las d e m a n d a s del rey de Francia, incluso la rendición de los puertos marí- publicanas a finales del Renacimiento por lo general ha sido subestimada.
timos de Florencia y el d e s a r m e de todas sus fortalezas fronterizas Por ejemplo, Alien insiste en que la teoría política italiana a finales del
(Weinstein, 1970, p p . 130-131). Cuando la noticia de esta abyecta rendi- quattrocento "no debió nada a los escolásticos", ya que se había "apartado
ción llegó a la ciudad, estalló u n a revolución espontánea. Luca Landucci completamente" de la visión medieval de la vida política (Alien, 1957,
(c. 1436-1516), cuyo Diario nos ofrece un relato presencial de lo que ocu- pp. 446-478). Y Bouwsma ha argüido recientemente que las preocupaciones
rrió, informa que la piazza súbitamente se llenó con "todos los ciudada- "medievales" de la filosofía escolástica deben distinguirse claramente del
nos" y con "tropas de hombres armados que gritaban Popólo e liberta" "republicanismo renacentista", corriente de argumento totalmente sepa-
(p. 61). Pedro encontró el camino bloqueado por la rebelde signoria y supo rada que, a su vez, él equipara con la tradición humanista que corre
que se había puesto un precio de dos mil ducados a su cabeza (p. 62). "desde Salutati hasta Guicciardini" (Bouwsma, 1968, pp. I-II, 41). Estos
Después de un momento de vacilación, decidió rendirse sin luchar, y son juicios ortodoxos, pero pasan por alto el hecho de que las libertades
mientras la m u c h e d u m b r e saqueaba su palacio, él salió de la ciudad con tradicionales de las ciudades-repúblicas italianas fueron defendidas a fi-
unos cuantos seguidores, para irse a! exilio de por vida (Weinstein, 1970, nales del Renacimiento no sólo por humanistas profesionales, sino tam-
p. 134). bién por buen n ú m e r o de teólogos y juristas, cuyos escritos aún solían
Cierto es que ios florentinos sólo recuperaron sus libertades durante estar en un idioma mucho más relacionado con el escolasticismo que con
corto tiempo. Como hemos visto, los Médicis lograron recuperar el do- el pensamiento moral y político humanista. .
minio de la ciudad con ayuda de las tropas españolas en 1512. No obs- 2
Véase Gilbert, 1965, p p . 11, 20. Véase también Weinstein, 1970, p. 248. Para un relato
tante, el periodo intermedio presenció el resurgimiento de una forma de las disputas faecionales que condujeron a la aceptación de un n u m e r o s o Consejo en
de gobierno genuinamente popular, en que un Consiglio grande de más de 1494, véase Rubinstein, 1960, esp. p p . 155-159).
170 EL R F . N A C I M I E N T O I T A L I A N O LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 171

Si nos volvemos a Florencia, encontraremos un intento sistemático |><.' honor, la gloria y la fama..Insistió en que ios objetivos apropiados para la
defender la república restaurada, en términos esencialmente escolásticos, vida humana no están conectados ni en lo mínimo con el avance o ia os-
en los escritos de Savonarola y de sus discípulos después de 1494. Las tentación mundanos, sino tan sóio con el cultivo de ia humanidad y la
obras políticas del propio Savonarola, en particular las que compuso en- piedad cristianas. Así, lanzó un ataque puritano contra las costumbres
tre 1494 y 1498, contienen una reafirmación de varios argumentos que prevalecientes entre los florentinos, promoviendo ia notoria "quema de
ya hemos encontrado en buen número de tomistas del siglo xiv, espe- vanidades" en 1497 y 1498, y e m p r e n d i e n d o una triunfal campaña por la
cialmente en los trabajos de Tolomeo de Lucra, cuya continuación del abolición de varios carnavales tradicionales y la transformación de otros
tratado de Santo Tomás Del gobierno de los príncipes sigue Savonarola. a en festivales religiosos (Ridolfi, 1959, p. 128; cf. Schevill, 1936, pp. 271,
3
veces palabra por palabra. 446).
Fra Girolamo Savonarola (1452-1498), natural de Ferrara, original- A pesar de tocio, sería erróneo decir, como lo han dicho Chabod y
mente llegó a Florencia en 1482, después de estudiar en la Universidad otros, que el "tema principal" de Savonarola, fue de "revuelta contra ios
de Bolonia y allí permaneció hasta 1487 (Ridolfi, 1959, pp. 13-16, 25-26). tiempos y ia situación histórica", y por tanto que todo su programa era
Fue llamado por Lorenzo de Médicis en 1490, y elegido prior del prio- antagónico a las tradiciones y aspiraciones de la Florencia del quattro-
4
rato dominico de San Marcos al año siguiente (Ridolfi, 1959, p. 29). Rá- cento. Por lo contrario, es evidente que aun su especial visión profética
pidamente cobró fama como predicador; las muchedumbres que asistían del futuro de la ciudad estaba íntimamente conectada con buen número
a oír sus sermones llegaron a ser tan grandes, desde 1491, que h u b o de de bien arraigados mitos florentinos. Bruni y sus seguidores ya habían
trasladarlo de San Marcos a la catedral (Weinst.ein, 1970, p. 99). Pero íúe argüido que \a ciudad había sido fundada en ei periodo de la mayor
sólo después del golpe contra los Médicis, en 1494, cuando finalmente libertad de Roma -como correspondía a la guardiana de las libertades
fue reconocido como profeta y defensor de los valores políticos republi- toscanas- y que sus ciudadanos habían luchado después para conservar
canos. Desde entonces hasta su juicio y ejecución, cuatro años después, su independencia, especialmente contra el Milán de los Visconti, en tal
fue uno de los partidarios más influyentes de la restaurada república forma que habían ciado un ejemplo a todo ei resto de Italia. Como lo ha
florentina y uno de los más poderosos voceros de las libertades tradicio- mostrado Weinst.ein, parte dei triunfo de Savonarola al proyectar su
nales de la ciudad (cf. Rubinstein, 1960, p p . 155-161). propia visión apocalíptica del destino especial de Florencia puede atri-
Desde luego, es obvio que Savonarola era mucho más que un predica- buirse a la habilidad casi oportunista con que adaptó y aplicó aquellas
5
d o r ortodoxo de creencias políticas ya recibidas. Él se consideraba fun- creencias prevalecientes acerca del significado histórico de la ciudad. Es
damentalmente como profeta, como hombre que percibía la mano de cierto que, cuando la invasión de ios franceses en 1494, Savonarola in-
Dios en todo, y se consideró especialmente elegido para explicar a sus tentó proclamar la condenación de la República, advirtiendo a sus públi-
conciudadanos las vías del Todopoderoso. Esto le hizo desdeñar varias cos que "habéis de sufrir aún muchas adversidades y pesares" (Weinstein,
suposiciones que, como hemos visto, eran centrales en la teoría moral y 1970, p. 139). Pero pronto cambió, al subrayar el carácter especial de
política florentina de finales del Renacimiento. Naturalmente, era hostil Florencia como ciudad elegida, haciendo extensas alusiones a la tradicio-
al hincapié humanista en la supuesta capacidad de la Fortuna para go- nal imagen de la Repúbiica como "corazón de Italia", exponente más
bernar y superar los asuntos de los hombres. Constantemente predicó destacada de las libertades italianas, centro desde el cual "se difunden los
que nada ocurre salvo por voluntad de Dios, y dedicó gran parte de su espíritus vitales" y "desde d o n d e sale la voz" que había de oír el resto del
fervor profético a persuadir a sus congregaciones de que Florencia era Regnum Italicum (cf Weinst.ein, 1970, p. 169).
una ciudad elegida, guiada sólo por Dios (Weinst.ein, 1970, p p . 141-142). 4
Véase C h a b o d , 1958, p. 19. Este ha sido el juicio tradicional sobre Savonarola.
Así, violentamente se opuso a "los perversos" que persistían en hablar del
Cf. también el relato de Schevill, 1936, esp. p. 454. Este punto de vista ha sido recién refutado
"azar o la fortuna" cuando habían de estar pensando tan sólo en la Pro- por Weinstein, 1970, en un análisis magnífico y totalmente convincente, al que le estoy muy
videncia divina (Weinst.ein, 1970, p. 280). De manera semejante, desde- agradecido.
ñaba el ideal humanista del vir que dedica su virtus a tratar de alcanzar el s
Véase Weinstein, 1970, esp. p p . 34-36, 139-145. Un a r g u m e n t o similar fue sugerido
antes por Gilbert, 1957. Weinstein ha observado agudamente la forma en que las profecías
3
Para un ejemplo s o r p r e n d e n t e de paralelo verbal entre T o l o m e o y Savonarola, véase ie Savonarola cambiaron —con cierta incoherencia resultante— de recalcar la perdición de
Weinstein, 1970, p p . 292 nota y 293 nota, c o m p a r a n d o ei tratado de Tolomeo, Libro IV, . la ciudad a dar una explicación no menos categórica de su papel como escogida por Dios
cap. V I D , con un pasaje dei Compendium Totius Phüosophiae de Savonarola. - p a r a los más altos propósitos. Cf. Weinstein, 1970, esp. pp. 67, 141, 169-170.
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 173
Cuando nos volvemos hacia los propósitos constitucionales específicos dores, Domenico Cecchi, quien publicó un folleto en 1496 denunciando
de Savonarola, encontramos un juego de conexiones aún más estrechas el uso de mercenarios y pidiendo la formación de una milicia ciudadana.*
entre su visión y ciertas suposiciones que prevalecían en el pensamiento Pero la principal amenaza a ía libertad que Savonarola señala es el pre-
político florentino. Parece erróneo tratar la esencia de su teoría política, dominio de las luchas civiles y facciones. Dedica la mayor parte de la
como lo ha hecho Pocock, como un interno de "enraizar la ciudadanía en sección central de su Tratado -a ia manera de Bartolo y de Salutati- a
la profecía" (Pocock, 1975, p. í 15); pues esto parece subestimar hasta pintar los h o n o r e s del gobierno tiránico, y arguye.que la causa principal
qué punto derivó Savonarola su visión política de una tradición más fami- de la tiranía siempre es la discordia interna, que capacita a los inescrupu-
liar y mucho más m u n d a n a del pensamiento político dominico, tradición losos jefes de partidos a apoderarse del gobierno y a derrocar ias liberta-
ya familiar a los florentinos por los sermones y orros escritos de teóricos des del pueblo (pp. 456-471; cf. Weinstein, 1970, p p . 253, 298).
como Remigio de Girolami, casi dos siglos antes. Después de analizar estos peligros a la libertad, Savonarola en ia parte
Savonarola ofrece su reafirmactón más sistemática de esta visión en un final de su Tratado se dedica a considerar, en estilo no menos convencio-
breve tratado vernáculo, publicado pocas semanas antes de su caída en nal, las medidas que deben tomarse para afirmar la continuada seguri-
1498, intitulado De la constitución y el gobierno de la ciudad de Florencia dad de esta preciosa joya: la libertad. Una vez más apoya el tipo de res-
(Weinstein, 1970, p. '289). La obra es en tres secciones principales, la puesta ya dada por escritores como Bartolo y Marsilio de Padua, Pone
primera de las cuales aborda un tema ya subrayado por Bartolo así como toda su fe en la eficacia de ias instituciones arguyendo, en un estilo carac-
por Tolomeo de Lucca en sus obras políticas. Se alega que aun cuando la terísticamente escolástico, que la única solución segura se encuentra en
monarquía pueda, en algún sentido absoluto, ser la mejor forma de go- tratar a todo el cuerpo de ciudadanos como suprema autoridad en todos
bierno, no es la mejor para Italia, especialmente no para Florencia, los asuntos políticos. Concede que "siendo demasiado difícil que todo el
donde es< esencial que se mantenga un régimen republicano (pp. 446- pueblo celebre reuniones cada día", será necesario instituir un Concejo
450). La razón que da Savonarola para su juicio le lleva al núcleo de su compuesto por "cierto n ú m e r o de ciudadanos que gocen de autoridad de
mensaje político, siendo ral mensaje que Florencia ha de asegurarse, ante toda la población" (p, 474). Pero sigue insistiendo en que el pueblo sim-
todo, de conservar sus libertarles tradicionales. Arguye que la ciudad plemente delega sus facultades al establecer semejante Consiglio grande, y
debe seguir siendo una república, porque sólo así garantizará a sus ciu- así concluye que la conservación de la libertad depende, ante todo, de
dadanos el disfrute de la "verdadera libertad" que es "más valiosa que el asegurar que los ciudadanos y su gobierno sigan siendo uno y el mismo.
oro y la plata" y "más grande que todos los demás tesoros" (pp. 481, 488).
Habiendo señalado la libertad de los florentinos como su "posesión Si ahora analizamos el ataque a la "tiranía" papal que surgió en Roma
más preciosa", Savonarola procede en la segunda parte de su análisis a en 1511, encontramos una similar dependencia del idioma de la filosofía
preguntar qué tiende a comprometer la conservación de esta vital cuali- jurídica y política escolástica entre los defensores de las antiguas liberta-
dad en la vida política. No pierde ningún tiempo en rebatir la antigua des de la ciudad. Esto puede verse claramente en el caso del tratado más
sugestión de q u e u n a búsqueda demasiado activa del lucro privado notable que apareció en conexión con la crisis, la serie de siete diálogos
puede ser funesta pata el mantenimiento de un gobierno libre. Es un escritos por Salamonio e intitulados La soberanía del patriando romano,
rasgo notable de su argumento el que esté completamente dispuesto a obra en que se presenta una teoría esencialmente bartolista de la inalie-
apoyar la cómoda suposición de que la gran riqueza de Florencia debe nable soberanía popular como ia forma más apropiada de gobierno para
tomarse como señal del favor de Dios, y que sus ciudadanos pueden es- la ciudad de Roma.
perar "una abundancia de riquezas" mientras sigan los mandamientos de Ei autor de esta obra, Mario Salamonio (c. 1450-1532), era un natural
Dios (p. 482; cf. Weinstein, 1970, p. 311). Muestran mayor interés en la de Roma y miembro de una de las más antiguas familias patricias de la
difundida creencia de que uno de los peligros más graves a la liberrad ciudad (DAddio, 1954, p p . 3, 10). Se educó en la Universidad de Roma y
política surge de confiar la seguridad de la propia ciudad a tropas mer- después adquirió una vasta experiencia en asuntos jurídicos y políticos.
cenarias. Aunque no menciona esto en su Tratado, ya había aludido en un Fue nombrado miembro de ía comisión del Papa Alejandro VI para la
tratado anterior Del gobierno político y real el riesgo de emplear soldados 6
Para la discusión de los mercenarios en la o b r a de Savonarola Del gobierno político y
"que no luchan por amor a su patria sino simplemente por una paga", en
monárquico, véase p. 5 8 2 . Para un análisis del folleto de Cecchi, véase Bayley, 1961,
tanto que el mismo terna ya había sido planteado por unos de sus segui- pp. 237-238,
17-4 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES REPUBLICANOS

reforma del sistema jurídico romano en 1494, y actuó cuatro años des- Salamonio es uno de los primeros escritores en reconocer que una com-
pués como Capuana del Popóla en Florencia (D'Addio, 1954. p. 7). Se en- binación de debilidad militar y riqueza enorme había sido la principal
contraba presente en Roma en la época del levantamiento de 1511, y causa de la reciente ruina de Italia, pues había hecho de ella una tenta-
parece haberse puesto decididamente del lado de los Colonna en su in- ción irresistible para los "bárbaros" en busca de fáciles conquistas y
tento por oponerse al dominio que el Papado ejercía sobre el gobierno. enormes despojos. Por tanto, vuelve el anterior argumento - q u e pronto
Aunque su libro sobre la soberanía popular no se imprimió hasta 1544, sería reiterado por Maquiavelo y Guicciardini- de que una buena vida
fue escrito en la escuela inmediata de la crisis, entre 1512 y 1514, y cla- cívica debe fundarse sobre la virtud de la frugalidad. Una razón de esta
7
ramente pretendió servir cómo apoyo teórico a ia causa republicana. conclusión nos la ofrece el teólogo, quien insiste en que "Nadie sirve a
Salamonio era, desde luego, mucho más que un simple polemista en Dios y a Mammón", y nos recuerda que Cristo dijo: "Más fácil es que un
favor del patriciado romano. Fue uno de los más destacados jurisconsul- camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de
tos de su época, famoso comentador del Digesto, y uno de los primeros los cielos" (fol. 46a). Pero la principal razón la da el filósofo, quien ar-
que trataron de incorporar los métodos históricos de los humanistas a su guye que cuando "las riquezas y los ricos son honrados en una ciudad, los
propia filosofía jurídica, Algunos de estos intereses más académicos tam- hombres de virtud y probidad llegan a ser despreciados" (fol. 46a). Am-
bién traslucen en las páginas de La soberanía del patrtciado romano, cuyos bos convienen en que "los ricos no estiman las virtudes" y, así, que la
tres primeros diálogos están enteramente dedicados a una afirmación búsqueda de riquezas y el mantenimiento de una buena vida cívica "no
9
general de la teoría jurídica del Imperium. T a n sólo al principio del pueden acomodarse fácilmente" (fol. 46a).
cuarto diálogo empieza Salamonio a considerar la cuestión más inmediata Pero la mayor culpa del desplome de la vida cívica en Italia se achaca,
planteada por el caos prevaleciente en Italia, y especialmente en Roma, desde luego, a las repetidas invasiones de los "bárbaros" desde 1494. El
La transición se efectúa cuando la figura del filósofo indica que, como lo historiador ofrece una descripción gráfica de la forma en que "Italia ha
había dicho Aristóteles, la razón de establecer una sociedad política y sido oprimida por los ejércitos invasores" desde entonces (fol. 40b). Han
dotarla con Imperium "no sólo es por vivir, sino por vivir bien y feliz- irrumpido en las tierras imperiales de Venecia, han arrasado toda la Tos-
mente" {fol. 34b). Esto, naturalmente, hace que los demás interlocutores cana y la Emilia, y hasta han ocupado los estados papales (fol. 40b). Por
que participan en los diálogos - u n historiador, un teólogo y un j u r i s t a - doquier, las consecuencias han sido totalmente ruinosas. Ha habido pi-
consideren las perspectivas y las dificultades de llevar una vida cívica plena llaje y profanación "sin consideración a sexo ni edad"; los ríos han enro-
y feliz en la Italia de su época. Pronto conviene con el historiador cuando jecido con sangre, toda Italia se ha entregado a una "licencia pecami-
éste inicia la discusión observando que están viviendo en una época mise- nosa" (fols. 40b, 41b).
rable, en que los malos hábitos abundan y la virtud casi no se cultiva Entonces ¿cómo ha de salvarse Italia, pregunta el Filósofo, de tanta
(fol. 36a). Así, proceden a discutir la cuestión de qué está impidiéndoles "iniquidad y dolor"? (fol. 47a). Algunas de las respuestas que Salamonio
disfrutar de una vida cívica satisfactoria, y la pregunta ulterior de qué debe propone se relacionan con la necesidad obvia de que las ciudades mejo-
hacerse para remediar las múltiples corrupciones de la época: estos dos ren su capacidad de defenderse. Esto hace que ei filósofo entable el habi-
asuntos les ocupan d u r a n t e todo el resto del libro. tual ataque contra "quienes luchan con mercenarios", crítica que es abra-
Uno de los factores que según todos ellos están impidiendo la realiza- zada con entusiasmo por todos sus interlocutores (fol. 44b). El jurista
ción de una vida cívica virtuosa es el predominio de la excesiva riqueza. sostiene que "los soldados mercenarios pasan todo el tiempo en sus cam-
Este temor había sido desdeñado, como hemos visto, por los humanistas pamentos y son inútiles en combate", mientras que el historiador cita los
de la escuela de Bruni, y aun el propio Savonarola se había contentado recientes triunfos de los franceses contra los venecianos y contra el Papa
con apoyar el sentido más patriótico de que la opulencia de las ciudades como prueba del mismo punto (fol. 45a). Todos convienen en que la
italianas había de considerarse como una de sus glorias. Por contraste, respuesta es que cada ciudad forme su propia milicia, preparando a sus
7
Así pues, Alien está en el e r r o r al declarar (Alien. 1957, p. 332) <|iie Salamonio era ciudadanos a reconocer que "es mucho más noble combatir por la propia
español, probablemente jesuíta, cuya Soberanía fue escrita y publicada en 1544. Cf. el esbozo libertad, los propios hijos, el propio corazón y el propio hogar" que en-
biográfico, plenamente d o c u m e n t a d o , en el p r i m e r capítulo del vasto estudio de D'Addio. comendar este deber a simples mercenarios (fol. 44b). El historiador in-
(D'Addio, 1954, p p . 3-10).
e
dica que "los romanos se hicieron grandes por estas artes" y añade
Para una evaluación de la teoría del Imperium de Salamonio, véase el vol. II, p p . 131-
134.
que "el memorable ejemplo de Pisa en nuestro propio tiempo muestra qué
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 177
176
diferencia hay enrre luchar por uno mismo y luchar por otro" (fol. 44b). (fol. 51b). Este análisis es entusiastamente apoyado por el historiador, "Es
Aunque los písanos "no podían permitirse contratar tropas ni contar con absolutamente claro, por ia evidencia de Pomponio", conviene, que soto fue
la ayuda de altados, .sostuvieron un sitio por sí solos con la mayor valentía la dificultad de celebrar una gran reunión de todos los ciudadanos la que
durante catorce años", no sólo rotura "la riqueza de Florencia" sino aun les persuadió a transferir la verdadera aplicación de sus poderes legislati-
contra "el asalto de los franceses", l'.sia convencido de que la explicación vos a un sólo individuo, "para obtener el mejor gobierno posible de ia
se encuentra en el hecho ele que "estaban luchando por su propia liber- comunidad" (fol. 52a). Pasan después a considerar la célebre cuestión de
tad" y no por una paga recibida de otros (fol. 44b). si la soberanía no se habrá p e r d i d o con la supuesta transferencia del
A pesar de todo. Salamonio dedica su principal atención a considerar Imperium del emperador Constantino al Papa. El jurista plantea la d u d a
cómo puede regularse mejor la vida ele una ciudad, de tal manera que fina!, pero inmediatamente el historiador le asegura que "el muy docto
se asegure la conservación de la libertad ele sus ciudadanos y su capaci- Lorenzo Valia" había logrado mostrar que la supuesta Donación de
Constantino, pilar de las pretensiones dei Papado al dominio temporal en
dad de llevar ai máximo una vida plena y feliz. Empieza con una suges-
realidad es una falsificación, de que los papas han estado valiéndose para
tión de carácter más humanista que escolástico, afirmando que "la ciudad
engañar al pueblo de Roma (fol. 52b). Entonces, el Historiador pasa a
debe preocuparse por la virtus de sus ciudadanos" y que "todo gober-
señalar que aun las inscripciones que quedan dei periodo del principado
nante debe preocuparse por la virtus", ofreciendo un ejemplo de "todas
romano siguen hablando de "elImperium del pueblo romano", lo que permite
las virtudes morales" (fols. 34b, 42a). Pero su principal respuesta consiste
ai filósofo concluir t.riunfalmente que "ningún princeps puede ser verda-
en reiterar el mismo argumento antes desarrollado por Bartolo, Marsilio
dero soberano" de Roma, sino que "sólo puede ser un ministro dei pue-
y toda la tradición de escritores jurídicos y políticos escolásücos de Italia, y
blo", del que se dice así que ha conservado ia última autoridad soberana
que recientemente había sido repetido por Savonarola y sus discípulos.
sobre la ciudad y para todos los tiempos (fois. 55a-b; cf. también fol. 59).
Se dice que la clave para mantener una vida cívica feliz y libre se halla en
establecer instituciones cívicas eficaces, mientras que ia clave para mante-
n e r estas instituciones en buen orden se encuentra en asegurar que todo
LA APORTACIÓN DEL HUMANISMO
el cuerpo de ciudadanos conserve, en todo momento, la soberanía última.
La elaboración de esta respuesta ocupa los últimos tres diálogos de
Salamonio. Primero, en el Libro V se dedica a refutar la idea de que los A u n q u e la contribución de ias ideas jurídicas y políticas escolásticas al
príncipes tengan algún derecho de dispensa con respecto de la ley, argu- resurgimiento del republicanismo a comienzos del siglo xvi fue de mayor
yendo que tal disposición no sería más que tiranía, y que "todo debe ser significación de lo que a veces se cree, desde luego es cierto que las obras
decidido por medio de la dignidad de la ley" (fol. 48b). T r a t a entonces de más importantes de la teoría política republicana escritas por entonces
vindicar la afirmación más específica de que el gobierno de una asamblea generalmente fueron moldeadas en el crisol humanista, no en el escolás-
popular constituye la forma de gobierno mejor y más apropiada para la tico. La principal influencia de la evolución del republicanismo d u r a n t e
ciudad de Roma. No sólo afirma - e n la tradicional vena bartolista- que este periodo posterior indudablemente fue ejercida por ios escritos de los
esto va en armonía con las necesidades de la ciudad y los requerimientos llamados humanistas "cívicos" de ia Florencia de comienzos del quattro-
de la justicia natural; también se arguye - e n el idioma, más de moda, de cento: Salutati, Bruni, Poggio y sus diversos seguidores. Fue esencial-
los humanistas jurídicos- que esto es un reflejo de los derechos históricos mente la recuperación y ei desarollo de su visión lo que hizo surgir las
del pueblo romano. Así, ios dos últimos diálogos se dedican a apoyar esta últimas y grandes obras de la teoría política renacentista, incluyendo ios
causa. El filósofo empieza por pedir al jurista que haga un relato de tratados republicanos de Guicciardini y Maquiavelo. Es esta tradición de
"como llegó a establecerse la soberanía" en Roma (fol. 51a). El jurista a r g u m e n t o s ia q u e h a b r e m o s de investigar ahora como conclusión
replica que al respecto hay una muy rica literatura, y le remite a la auto- de nuestro estudio del pensamiento político del Renacimiento italiano.
ridad de Giulio Pomponio (1428-1497), cuya historia de las leyes y los
magistrados de ia ciudad había sido publicada una generación antes. Se- Los comienzos del resurgimiento dei republicanismo florentino pue-
gún Pomponio, observa el jurista, "sólo porque resultó difícil reunir a den discernirse toda una generación antes del golpe antimedipeano de
todo el pueblo", permitieron que el ejercicio de su autoridad soberana 1494. U n a creciente indignación contra los Médicis venía gestándose
fuera transferido p r i m e r o al s e n a d o y d e s p u é s a los e m p e r a d o r e s desde 1458, cuando Cosme dio su primer paso decisivo para imponer un
178 LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 179
EL R E N A C I M I E N T O I T A L I A N O

régimen "tiránico". Esto movió a buen número de escritores a respon- de 1512, desenvueltamente se pasó al círculo de los teóricos y conspira-
derle haciendo resurgir la ideología del humanismo "cívico". Uno de los dores republicanos que se reunían en los jardines Oricellari, y parece
primeros fue Francesco Patrizi (1413-1492), quien durante el decenio de haber discutido, en sus reuniones, las pruebas de sus Discursos sobre los
1460 compuso un importante tratado sobre La institución de una República primeros diez libros de Tito Livio. Uno de los hombres a quienes dedicó los
antes de reconciliarse con la escritura en forma de consejos a los prínci- Discursos fue Cosimo Rucellai, y en su carta de dedicatoria da las gracias a
pes, en su obra posterior sobre El reino y la educación del rey. Los mismos Cosimo por "haberme obligado a escribir lo que yo nunca habría escrito
valores fueron conservados con vida durante el decenio de 1470 por por mí mismo" (p. 93).
Alamanno Rinuccini (1419-1499), correspondiente de Patrizi y virulento Como lo sugieren estas circunstancias, Maquiavelo casi seguramente
enemigo de los Médicis, quien publicó un tratado deliberadamente empezó a componer sus Discursos sólo después de comprender que esta-
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i n f a m a t o r i o , De la libertad, en 1479 (Kristeller, 1965, p. 46). U n a ban mal fundadas sus esperanzas de obtener un empleo con los Médicis.
similar línea de crítica fue propagada por Donato Acciaiuoli (1429-1478) Parece probable que empezara a trabajar en el libro en 1514, y Félix
en sus comentarios a la Etica y la Política de Aristóteles, así como en la Gilbert ha sugerido, razonablemente, que la primera etapa de la compo-
historia de las campañas de Roma contra Cartago, que produjo d u r a n t e sición acaso no tuviese otra forma que la de comentario de los capítulos
el decenio de 1470 (Barón, 1966, p. 437). pertinentes de Livio, que Maquiavelo por entonces elaboró en un tratado
Pero el principal florecimiento de la teoría política republicana ocurrió más sistemático, redistribuyendo el material bajo una serie de encabeza-
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durante la generación que siguió al retorno de los Médicis en 1512. Los dos generales. Por las pruebas internas, parece claro que este proceso
defensores de las libertades tradicionales de Florencia fueron animados de composición debía de estar bien avanzado en 1517. A mitad de su
durante este periodo por tres consideraciones principales: el recuerdo de segundo Discurso, Maquiavelo observa que "si el tesoro garantizara la vic-
la triunfante restauración de la república entre 1494 y 1512; la esperanza toria", entonces "hace pocos años" el Papa y los florentinos habrían de-
de volver a derrocar el gobierno de los Médicis, esperanza que se cum- rrotado a Francesco María en la guerra de Urbino (p. 301). La batalla que
plió en 1527; y la necesidad, en el ínterin, de mantener un espíritu de se describe como reciente fue aquella en que León X recuperó Urbino, y
oposición a sus prácticas supuestamente "despóticas" y "tiránicas". El re- fue entablada el 17 de septiembre de 1517. Por último, por pruebas simi-
sultado fue el análisis más intensivo e importante de los principios políti- lares, es evidente que los Discursos debieron de estar completos antes de
cos republicanos que haya aparecido a comienzos de la Europa moderna. que terminara 1519. En su tercer Discurso, Maquiavelo se refiere a Maxi-
El principal foro para discutir estas ideas fueron las reuniones celebra- miliano (que murió en 1519) como e m p e r a d o r reinante, y en su carta de
das en los Orti Oricellari, los jardines situados en los alrededores de Flo- dedicatoria pide a Cosimo Ruccellai (que murió el mismo año) no dejar
rencia, propiedad de Cosimo Rucellai, aristócrata enemigo del restau- de leer su libro (pp. 94, 490).
rado régimen de los Médicis (Gilbert, 1949, p p . 101, 118). Entre los más Un tanto apartada del ferviente grupo de republicanos que se reunía
destacados teóricos hostiles a los Médicis que tomaban parte en estas
s
reuniones se encontraba Antonio Brucioli, que fue exiliado al fracasar un Esto ha sido afirmado más plenamente que nadie por Barón, 1961, de quien he to-
mado los detalles acerca de las pruebas internas relacionadas con la fecha de los Discursos.
intento de golpe republicano en 1523, y que cuatro años después publicó
La tesis de Barón requiere negar la habitual suposición de que Maquiavelo empezó a traba-
sus Diálogos sobre filosofía moral, obra en que la primera sección, sobre "La jar casi al mismo tiempo en El príncipe y en los Discursos. Para la afirmación de Barón de su
República" nos ofrece el bosquejo de una teoría tradicional de las liberta- tesis tradicional, véase Barón, 1961, p. 231 y reís, allí mismo. Para su afirmación de que
des florentinas (Cantimori, 1937, pp. 88-90; 95-96). Pero el escritor más Maquiavelo primero escribió El principe, completado a tíñales de 1513, y poco después em-
importante que por entonces frecuentó los jardines Oricellari fue Ma- pezó a trabajar en los Discursos, véase Barón, 1961 esp. pp. 236, 247. Hexter ha tratado de
demostrar q u e el primer Discurso no pudo empezarse a escribir antes de 1515. Véase Hex-
quiavelo. Ya hemos visto que, después dei desplome de la república en
ter, 1956, p p . 93-95. Pero esta afirmación ha sido convincentemente retuiada por Gilbert,
1512, al principio había esperado encontrar empleo con los nuevos amos 1965, p p . 230-23!. El argumento general de Barón parece plausible, y los comentadores
de la ciudad, y dedicó su estudio de El príncipe a Lorenzo de Médicis. Ño más recientes io han aceptado; p o r ejemplo, véase Hale, 1961, esp. p. 168, nota. No obstante,
sería falso decir, sin embargo, que p o r sus antecedentes y su condición la datación de ios Discursos sigue siendo maLeria de debate entre especialistas. Para dos inten-
Maquiavelo era básicamente republicano, habiendo servido como se- tos de revisar todas las p r u e b a s , véase Cochrane, 1961, pp. 133-136 y, más recientemente,
Geei'kcn, 1976, p. 357.
gundo secretario a la Cancillería de la restaurada república florentina
" Véase Gilbert, 1953, p. 147. Para una discusión de la seoría de Gilbert, véase Richard-
entre 1498 y 1512. Al no lograr llamar la atención de los Médicis después ion. 1972.
180 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 181
en los jardines Oricellari se encuenrra la figura más urbana y escéptica de libertad al analizar el gobierno de Florencia, suele hacerlo por motivos
Francesco Guicciardini (1483-1540), quien logró sobrevivir al cambio de sociológicos y no estrictamente morales (Gilbert, 1965, pp. 98-99). Se
régimen de 1512 mucho mejor que Maquiavelo, y después sirvió a los dos contenta con observar, como lo dice en el Discurso de Logroño, que los
papas Médicis, León X y Clemente VII, en una serie de gubernaturas florentinos se han acostumbrado ya tanto a su libertad que "nacen para
importantes. No obstante, sus escritos políticos - q u e abarcan exactamente ella" y la consideran como "apropiada y natural a la ciudad" (p. 223). La
los años transcurridos entre la primera restauración de los Médicis, en implicación, como lo indica de manera característicamente escéptica y
1512, y su retorno final, en 1530- muestran una actitud consistente aun- pragmática en su último Diálogo, es que ya sería difícil introducir en Flo-
que cautelosamente republicana, el tipo de visión que podíamos esperar rencia una forma distinta de gobierno aunque se desmostrara que era
de un miembro de una de las más destacadas familias aristocráticas de preferible. Como "la ciudad siempre ha sido libre" y es "naturalmente
Florencia. La primera obra política de Guicciardini fue escrita mientras apegada a la libertad", ios florentinos están ineluctablemente comprome-
se encontraba en u n a embajada en España, en 1512, y es generalmente tidos por sus tradiciones políticas y "condiciones establecidas" a defender
conocida como El discurso de Logroño, tomando su nombre del lugar en este valor recibido (pp. 97-99).
que casualmente se encontraba cuando la redactó (Rubinstein, 1965a). Su Sin embargo, era más habitual que la importancia de la libertad política
siguiente tratado importante fue el Diálogo sobre el gobierno florentino, fuese defendida en términos más tradicionales y menos equívocos. Pa-
compuesto entre 1512 y 1523 (Ridolfi, 1967, p. 134). Fue seguido, entre trizi, por ejemplo, exige en su capítulo "sobre la igualdad entre ciudada-
1528 y 1530 por la terminación de sus Máximas y reflexiones, serie de bre- nos" en La institución de una república que "cada quien se preocupe por la
ves apercus sobre hombres y asuntos, que primero había esbozado en libertad" ya que " n a d a puede ser de mayor importancia en la sociedad
1512 (Ridolfi, 1967, pp. 206, 310-311). Y finalmente, la última obra polí- civil que la libertad, hacia la cual debe volverse el espíritu de toda nuestra
tica que produjo antes de dedicarse a su gran Historia de Italia fue un ciudad" (fols. 24a, 25a). De manera similar, Rinuccini comienza su diá-
conjunto inconcluso de Consideraciones sobre los discursos de Maquiavelo, q u e logo De la libertad elogiando el "amor a la libertad" como base de la vida
probablemente escribió en 1530 (Ridolfi, 1967, p p . 206-207). política (p. 272). Lamenta el hecho de que, aun cuando las ciudades ita-
El último teórico importante del grupo -el hombre que p u e d e exigir la lianas en un tiempo amaron su independencia, hoy encuentran frustrado
distinción, un tanto sombría, de ser el último teórico de la república flo- por los tiranos "su deseo de vivir una vida de libertad" (pp. 272-273), e
rentina- fue Donato Giannotti, a quien ya hemos encontrado como ex- insiste en que la clase de "avidez por mantener su libertad" que el pueblo
perto en ía constitución veneciana. Giannotti retornó de Venecia a su de Florencia en un tiempo demostró debe recuperarse, por encima de
natal Florencia al ser expulsados ios Médicis en 1527, y desempeñó un todo, si quiere tener alguna perspectiva de llevar una vida cívica feliz y
papel importante como organizador de la milicia cívica durante el largo triunfal (p. 274).
sitio de la ciudad, entre 1529 y 1530 (Pocock, 1975, p. 273). Después del Para comprender los Discursos de Maquiavelo es esencial reconocer que
retorno final de los Médicis en 1530, sufrió las' amarguras del exilio de también él está básicamente interesado en sostener el mismo conjunto de
11
por vida, y d u r a n t e este periodo compuso su relato de La república floren- valores. Puede argüirse que este hecho decisivo ha solido quedar oscu-
tina, última y casi nostálgica celebración del antiquísimo tema de la liber- recido por la tendencia prevaleciente de insistir en que no hay diferen-
tad florentina. cias importantes entre El príncipe y los Discursos, y que ios dos libros de-
ben tratarse (según la frase de Geerken, como "aspectos int.erdependien-
Como todos sus predecesores, el ideal básico al que estos teóricos die- tes de una visión orgánicamente unificada") (Geerken, 1976, p. 357).
ron su apoyo es el de la libertad política. Cierto que este valor a veces es Desde luego, es cierto que los Discursos contienen muchas referencias &EI
presentado -especialmente por Guicciardini- con un sentido menos en- príncipe, así como una afirmación más completa de muchos de los. temas
tusiasta de compromiso que en algunos de los escritores antiguos que centrales de la obra primera: allí encontramos la misma polaridad entre
hemos examinado. En sus Máximas, Guicciardini nos advierte que estemos virtú y fortuna; el mismo hincapié en el papel de la pura fuerza para
en guardia ante "esos que tan fervientemente predican la libertad", insis- " Debemos a Barón, E961, y a Pocock, ¡975, haber puesto en claro este asunto, fuera de
tiendo en que "casi todos" están pensando en sus propios intereses, y que toda d u d a . Véase esp. Barón, 1961, p. 228 y Pocock, 1975, p. 316. A u n q u e no estoy de
"si creen que estarán mejor con un gobierno absoluto, correrán a abra- a c u e r d o con sus análisis sobre diversos puntos de detalle, éstos d o s son estudios magistrales,
zarlo con toda su rapidez" (p. 58). Aunque defiende la importancia de la a los que debo m u c h o .
EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 183

superar la enemistad de Sa fortuna; y la misma mota! política, distintiva y res. Así pues, equipara el momento en que los florentinos "obtuvieron su
revolucionaria, fundada en la misma clara distinción entre la virtú y las libertad" con el momento en que fueron capaces de arrebatar el poder de
virtudes; no obstante, parece engañoso hablar sin reservas, como recien- la ejecución judicial a manos ajenas (p. 232). De manera similar, habla del
temente lo han hecho Geerken y otros, de una "unidad fundamental" tiempo en que "los romanos habían conquistado África y Asia, y habían
entre ambos libros (Geerken, 1976, p. 357). En El príncipe, el valor básico sometido la mayor parte de Grecia" como el tiempo en que "llegaron a
en torno al cual organiza Maquiavelo su consejo es el de la seguridad; se asegurar su libertad", ya que no tuvieron entonces más enemigos a quie-
dice al Príncipe, ante todo, que "conserve su Estado" después de lo cual nes temer" (p. 162). En segundo lugar, cuando Maquiavelo habla de "li-
debe lanzarse a la busca del honor, la gloria y la fama. Por contraste, el bertad" también está pensando en el correspondiente poder de un pue-
valor básico de ios Discursos es el de la libertad: es este ideal, no ei de la blo libre para gobernarse a sí mismo, en vez de ser gobernado por un
mera seguridad, el que Maquiavelo desea colocar ahora por encima de príncipe. Dedica el capítulo xvi de su primer Discurso a elaborar una
rodas las demás consideraciones, incluso los dictados de la moral conven- marcada distinción entre "un pueblo acostumbrado a vivir gobernado
cional. por un príncipe" y un pueblo que se ha sacudido este tipo de "gobierno
El sentido maquiavélico de io central de la libertad política se hace tiránico" y así "se ha vuelto libre" (pp. 153-154), Y, cuando en el siguiente
manifiesto por primera vez a comienzos del primer Discurso, cuando des- capítulo empieza a discutir los orígenes de la república romana, trata el
cribe el desarrollo de la libertad en la antigua Roma, y arguye que "los momento en que los reyes fueron expulsados y quedó establecida u n a
que han manifestado prudencia al constituir u n a república han conside- forma de gobierno representativo, como el punto en que Roma p u d o
rado la salvaguardia de la libertad como una de las cosas más esenciales "adquirir y mantener su libertad" (p. 158).
que hubieron de tomar en cuenta" (p. 115). Repite la misma afirmación Casi no sería exagerado decir que la preocupación de Maquiavelo por la
en su capítulo sobre las dificultades de conservar ía libertad política, insis- libertad política le ofrece el tema básico en los tres Libros de los Discursos.
tiendo en que el objetivo primero de todo legislador "al constituir u n a El primer Discurso está en gran parte dedicado a mostrar cómo Roma pudo
república" ha de ser "prever todas las leyes requeridas para el manteni- librarse de sus reyes y crecer a la grandeza de acuerdo con un sistema de
miento de la libertad" (p. 230). Y al final del mismo capítulo añade que la libertad republicana. El principal objetivo del segundo es indicar cómo la
grandeza.de la república romana puede atribuirse, en gran parre, al he- progresiva expansión de Roma como potencia militar le ayudó a sostener
cho de que sus dirigentes continuamente introdujeron "nuevas institu- la libertad de su pueblo. Y el tercero está dedicado a ilustrar "cuánto la
ciones en apoyo de las libertades de que disfrutaban" (p. 232). Más ade- acción de hombres particulares contribuyó a la grandeza de Roma y pro-
lante afirma esta creencia en el valor preeminente de la libertad, con nu- dujo en aquella ciudad tantos resultados benéficos", especialmente la
merosos ejemplos. Cuando menciona su admiración especial a las ciuda- larga continuidad de sus libertades políticas (p. 390).
des alemanas de su propia época, la razón que da es que "disfrutan de la
libertad y observan sus leyes de tal manera que ni los de fuera ni sus Un corolario que los anteriores humanistas siempre habían sacado de
propios habitantes se atreven a usurpar allí el poder" (p. 244). Cuando se su similar insistencia en lo importante de la libertad era que, como la
vuelve, en su segundo Discurso, a analizar la administración romana de mejor manera de asegurar este valor es con un tipo mixto de gobierno
los territorios conquistados, indica que su principal interés en el tema se republicano, de allí se sigue que el republicanismo ha de ser la mejor
deriva de que tal expansionismo invariablemente desempeña un papel forma de gobierno. Este argumento también es apoyado por todos sus
decisivo al ayudar a u n a república "a conservar para siempre el goce herederos intelectuales del Renacimiento tardío. Patrizi empieza su relato
pacífico de sus libertades" (p. 335). Y cuando examina con mayor detalle de Las instituciones de una república preguntando "¿Qué es mejor, ser go-
la relación entre la temprana república romana y sus vecinos, cita con bernado por el mejor de los príncipes, o vivir en una ciudad !|ibre, con
gran aprobación la idea de un senador romano que proclamó que aque- las mejores leyes y costumbres?" (fol. 8a). Contesta sin vacilar que "una
llos cuyos espíritus están fijados en la libertad y sólo en la libertad "son república es preferible a un principado", ya que "sólo podemos juzgar
dignos de ser verdaderos romanos" (p. 350). que la vida es más segura en u n a república q u e bajo un príncipe"
Maquiavelo también adopta el mismo análisis del término "libertad" que (fols. 8b, 10b). El propio Guicciardini da su renuente consentimiento al mis-
le habían d a d o los anteriores humanistas florentinos. Por "libertad" mo punto de vista. Insiste en sus Máximas en que "grandes defectos y fallas son
entiende ante todo la independencia de toda agresión y tiranía exterio- inherentes al gobierno popular", y que un hombre sabio sólo reconocerá
184 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES REPUBLICANOS 185
que prefiere un régimen republicano "como mal menor" (p- 100). No que deseaban d a r todo su apoyo. Ésta surgió relacionada con la cuestión
obsfanfe, en sus Consideraciones concede que "una ciudad es más afortu- de si se había de asignar el predominio de la autoridad política a la aris-
nada bajo un gobierno popular que bajo el de un príncipe" (p. 106), Y tocracia o ai cuerpo de ciudadanos en conjunto. La respuesta tradicional
concluye que, en caso de tener que elegir, su propia preferencia siempre fue que los fundamentos de u n a república bien ordenada habían de ser
irá a una forma mixta de gobierno republicano, pues éste le ofrece los largo en lugar de stretto, basados en un numeroso Consiglio grande, y no en
mejores medios de asegurar que "la protección de ia libertad" quede ga- la guía de una pequeña élite (cf Giibert, 1965, pp. 60, 156). Esta suges-
rantizada "contra todo intento de oprimir a la república" (p. 71). tión volvió a ser presentada muy categóricamente por Giannotti, quien
Una vez más, Maquiavelo sostiene la misma escala de valores en los en u n o de los títulos de ios capítulos dei Libro III de IM república floren-
Discursos. Esto hace que sea un tanto engañoso sugerir, como lo h a n he- tina, sostiene que "la república debe fundarse sobre el pueblo", y dedica
cho Cassirer y otros, que Maquiavelo no es más que " u n científico y téc- el resto de la sección a apoyar esta afirmación (pp. 104-202). Sostiene
nico de la vida política", que desapasionadamente analiza y clasifica sus que "en una república que se inclina a un principado", las ambiciones de los
diversas formas (Cassirer, 1946, p. 156). En realidad, es un fiel y hasta grandes conducirán, a la postre, a la destrucción de las libertades del
ferviente partidario del gobierno popular. Cierto es que - e n armonía con cuerpo de ciudadanos (pp. 105-106). Así pues, concluye que "una repú-
su anterior argumento, expuesto en El príncipe- concede que "si ha de blica bien ordenada" debe basarse en un numeroso Consiglio grande, que
producirse un renacimiento" en "un Estado que está en decadencia", ten- incluya todas las diversas categorías de ciudadanos, no sólo los aristócra-
drá que ser hecho "por la virtú de alguna persona que por entonces viva, tas y la clase media, sino también los ordinarios popolani, aun si su catego-
no por la virtú dei pueblo en general" (p. 159). Pero su actitud general en ría es tal que no sean elegibles para servir como magistrados (p. 118).
los Discursos hacia cualquier forma de gobierno monárquico es de mar- Este tipo de disposición en que "el cuidado de ta ciudad se confía a todos
cada hostilidad. Observa que "hay y ha habido un gran n ú m e r o de prín- sus ciudadanos" mucho más probablemente alcanzará ia estabilidad,
cipes, pero príncipes buenos y sabios sólo ha habido unos cuantos" además de defender el valor crucial de la libertad, que u n a forma más
(p. 252). Y nota que, históricamente, la principal tendencia ha sido que los restrictivamente organizada de régimen aristocrático (p. 119; cf. Pocock,
reyes y príncipes supongan que "no tienen otra cosa que hacer que sobre- 1975, p p . 310-313).
pasar a los demás en extravagancia, lascivia y toda otra forma de licencia"
La misma preferencia por un governo largo se encuentra también en
(p. 107). Así, no vacila en apoyar la habitual afirmación aristotélica en el
Maquiavelo, de quien Giannotti tal vez tomara algunos de sus argumen-
sentido de que un tipo mixto de gobierno republicano ha de ser preferi-
tos. Maquiavelo analiza la cuestión en el capítulo v de su primer Discurso,
ble a cualquiera de las formas "puras" de gobierno, incluso el gobierno de
observando que "como en toda república hay u n a clase superior y una
los príncipes (p. 109). Más aún, adelante hace la inequívoca declaración
clase inferior, podrá preguntarse en qué manos es mejor dejar la salva-
de que el gobierno por el pueblo "es mejor que el gobierno de los prínci-
guardia de la libertad" (p. 115). Piensa que, si tan sólo se desea "mante-
pes", y ofrece gran n ú m e r o de razones en apoyo de esta idea (p. 256). El
n e r el statu quo",. entonces hay algo que decir en favor de la sugestión
populacho muestra su ingratitud hacia los ciudadanos "mucho más rara
-aprobada en la antigua Esparta así como en la moderna Venecia- de
vez que los príncipes" (p. 184). El pueblo "con respecto a formar una
o p i n i ó n falsa" s i e m p r e " c o m e t e m e n o s e r r o r e s q u e los p r í n c i p e s " que el cuidado de ia república debe confiarse a la nobleza (pp. 116-117).
(p. 499). El pueblo por lo general "hace una elección mucho mejor" que un Pero insiste en que "si en lo que se está pensando es en una república que
príncipe "en la elección de magistrados" (p. 255). En general, el pueblo vaya a fundar un imperio", entonces, el pueblo en general debe ser el
es "más prudente, más estable y de juicio más sano que los príncipes", guardián de la libertad (pp. 116-117). Más aún, adelante pone en claro,
siendo "culpable de menos faltas" y, por consiguiente, "se debe tener más al analizar los méritos rivales de principados y repúblicas, que, hasta el
confianza en él" (pp. 255, 260). Y, lo más importante de todo, está "fuera punto en que cree que existe una respuesta general a la pregunta, él es
de toda duda" que sólo cuando el pueblo en generai es encargado del partidario de "las masas" contra los exponentes de la oligarquía (p. 252).
gobierno, "se atiende adecuadamente al bien común" ya que "todo lo que Señala con admiración ei ejemplo de "el pueblo romano que, mientras la
lo promueve se realiza" (p. 275; cf. también p. 154). república no se corrompió, nunca fue servilmente obsequioso, ni dominó
nunca con arrogancia" (p. 253). Y termina en u n a nota poco característi-
Sin embargo, hubo una importante diferencia de opinión entre estos camente elevada, insistiendo en que "no sin razón es la voz del pueblo
teóricos republicanos acerca del carácter del régimen de autogobierno al comparada con la de Dios" (p. 255).
186 El. R E N A C I M I E N T O I T A L I A N O LA PERV1VENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 187

A pesar de todo, contra esta preferencia por un governo largo, se encon- blica bien o r d e n a d a "siempre es posible tomar Roma como el mejor
traba una forma más aristocrática de republicanismo, que insistía en la ne- ejemplo" (fol, 80a).
cesidad de que una ciase gobernante pequeña y unida diera al pueblo sus Una vez más, encontramos a Maquiavelo reiterando los mismos temas
dirigentes. Patrizi se inclina hacia esta posición al analizar "los tipos de tradicionales. Repite que nadie debe dejarse "engañar por el renombre
república que hay" en el cuarto capítulo de su Institución de una república de César", ya que la verdad de su elevación al poder es que "también
(fol. 16a). Tiene buen cuidado de declarar que "la mejor forma de repú- logró cegar a las masas" que "no se dieron cuenta del yugo que ellas
blica es aquella en que se unen todo tipo de hombres" (fol. 18b). Pero le mismas se habían echado al cuello", Esto le capacitó a ser "el primer
parece esencial, si se trata de hacer una elección entre "la sola nobleza o tirano de Roma", asegurando así que la ciudad "nunca más recuperará
la sola plebe", que "el gobierno esté en manos de la nobleza, antes que de sus libertades" (pp. 135-136, 158, 203). A la inversa, la gran mayoría de
la plebe", ya que característicamente muestra una devoción mucho mayor los héroes a quienes Maquiavelo describe con la mayor reverencia vivie-
al bien común (fol. 18a-b). Como podía esperarse, el más resuelto defen- ron durante la primera república romana, en el periodo anterior a la pri-
sor de esta opinión es Guicciardini, quien hace un enconado ataque a mera guerra púnica (cf. Wood, 1967, p p . 161-162). Su arquetipo del
Maquiavelo en sus Consideraciones sobre los discursos por tratar de defender patriota cívico es J u n i o Bruto, "el p a d r e de ias libertades romanas"
el punto de vista opuesto. Guicciardini insiste en que el cuerpo de ciuda- (p. 390). Su dirigente militar predilecto es Camíio, "el más p r u d e n t e de to-
danos sencillamente "no es capaz de decidir cuestiones de gran impor- dos los generales de Roma", de quien observa que su conducta "merece
tancia", ya que se caracteriza por su "imprudencia e inconstancia, afán de ía atención de todos los gobernantes" (pp. 347,443). Y el idea! de la virtud cívica
cambio, desconfianza desordenada" e "infinitos celos de todos ios que
lo da Escipión, cuya pauta de comportamiento pide a todo ciudadano emular,
tienen dinero y categoría" (pp. 66-106). Esto significa que "toda repú-
expresando la esperanza de que cada quien pueda aprender "a conducirse en
blica que deje al pueblo decidir sus asuntos pronto entra en decadencia",
la patria más como Escipión que como César" (p. 135).
pues inevitablemente se volverá "inestable, siempre deseosa de cambio",
además de ser "fácil de e n g a ñ a r y de desencaminar por hombres ambi-
Además de analizar el ideal de libertad, estos teóricos dedican conside-
ciosos y traidores" (p. 66). Guicciardini concluye que el curso de la sabidu-
rable atención a la pregunta, no menos familiar, de cómo la libertad del
ría se encuentra en reconocer que "no se ha de d a r al pueblo poder en
pueblo con una forma republicana de gobierno suele quedar comprome-
ninguna cuestión importante" (p. 66). En cambio, hemos de poner el
tida o perderse. Empiezan d a n d o nueva forma a una sugestión original-
dominio de la república en manos de hombres idóneos que ciertamente
mente elaborada por escritores prehumanistas. como Latini y Mussato,
"la guiarán con mayor inteligencia y prudencia que una multitud", pues
pero que después había q u e d a d o sumergida bajo los excesos patrióticos
es seguro que "poseen mayor prudencia y buenas cualidades" (pp. 64,
de Bruni y su escuela: la sugestión de que uno de los mayores peligros
71).
para el mantenimiento de la libertad y la virtud pública lo constituye u n a
Por último, estos escritores corroboran su preferencia por la "libertad devoción excesiva a la búsqueda de la riqueza privada.
republicana" ofreciendo una serie de reflexiones sumamente tendencio- El empleo dado por Guicciardini a este argumento, j u n t o con su exi-
sas sobre la historia de la antigua Roma. Una vez más, sus comentarios gencia de reducir los lujos extravagantes, ha sido caracterizado por Po-
suelen repetir los juicios ya hechos por los anteriores humanistas "cívicos" cock como "una propuesta casi digna de Savonarola", una "transmuta-
de la escuela de Bruni. Por una parte, acusan a Julio César con gran ción" de una visión puritana similar en una "retórica menos específica-
vehemencia, como destructor de la libertad romana. Patrizi le tilda de mente cristiana" (pp. 135, 136). Sin embargo, ya hemos visto que pese a
"usurpador de la república" y "ocasión de la tiranía" (fol. 90a). Y Guic- su ataque a las "vanidades" de los florentinos, Savonarola se había mos-
ciardini le desdeña, en un súbito arranque de pasión, en sus Consideracio- trado bien dispuesto a apoyar la suposición de los anteriores humanistas
nes, como "persona detestable y montruosa", movida "por la ambición de "cívicos" de que la gran riqueza de la ciudad había de considerarse como
poder" a "instalar una tiranía en un país libre" contra las necesidades y prueba de su especial excelencia. Por el contrario, la indignación de
los deseos de su pueblo (p. 77). Por otra parte, idealizan la virtud y senci- Guicciardini ante los "apetitos desordenados" de quienes buscan las rique-
llez de la antigua república romana y de sus héroes. Patrizi, en particular, zas en lugar de la "verdadera gloria" trae a la memoria, antes bien, a
ofrece un relato admirativo de sus intituciones y de los hombres que la moralistas clásicos como Salustio y Juvenal, cuya indignación ante ia crasa
instalaron,! arguyendo que en todo estudio de la estructura de unafrepú- opulencia de la antigua Roma ya había sido citada en su oportunidad por
!8S EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENC1A DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 189
12
Mussato y mucho después por Salamonio. El primer tratado político de Otro peligro, más conocido aún, a la libertad que estos escritores anali-
Guicciardini, el Discurso de Logroño, incluye una denuncia similar de las zan, es el de confiar la defensa de la ciudad a tropas mercenarias. Gian-
"mil usurpaciones" y "rnil deshonras" que surgen en la vida cívica a con- notti trata este tema en un estilo ligeramente parco, sin d u d a debido a su
secuencia de una búsqueda demasiado activa del lucro, y concluye aña- admiración a Venecia, que siempre había logrado combinar el empleo de
diendo, con una característica nota de cansancio, que "ésta es una enfer- mercenarios con la conservación de la libertad (cf. Pocock, 1975, p. 306).
medad que es inmensamente difícil, acaso imposible de extirpar" (p. 257- Sin embargo, era más usual repetir categóricamente la afirmación ya
258). Y éste no sólo fue un momento transitorio de repulsión puritana de muy trillada de que la tendencia universal a confiar en tropas alquiladas
parte de Guicciardini, pues vuelve al mismo argumento en diversas partes constituía uno de los más dañinos escándalos de la época. Ya en el dece-
de sus Máximas casi veinte años después. Vuelve a lamentar el hecho de nio de 1460 encontramos a Patrizi lamentando que el prevaleciente des-
que el prevaleciente "estilo de vida" entre "el pueblo de Florencia" sea tal cuido de la preparación militar "haya permitido que toda Italia sea inva-
"que todo el m u n d o desea ser rico" (p. 102). Y la razón que da para dida" por sus enemigos (fol. 282b). Y no es sorprendente encontrar u n a
expresar cierta alarma ante este indigno estado de cosas es que "dificulta intensificación de las mismas quejas en el periodo que siguió al retorno
conservar la libertad en nuestra ciudad", pues "este apetito hace que los de los "bárbaros" en 1494. Por ejemplo, Guicciardini empieza su Discurso
hombres busquen su ventaja personal sin respeto ni consideración al ho- de Logroño arguyendo que las tropas mercenarias invariablemente consti-
nor y la gloria públicos" de la ciudad misma (p. 102). tuyen una amenaza a la estabilidad de los gobiernos populares. Más aún,
El mismo disgusto de los "hábitos lujosos" como amenaza a la libertad no se deja impresionar por el aparente contra-ejemplo de Venecia, pues
política es expresado con mayor vehemencia aún por Maquiavelo en sus insiste (muy correctamente) en que, en las guerras desencadenadas por la
Discursos, tan sólo pocos años después de que el a r g u m e n t o había sido Liga de Cambrai en 1511, el hecho de que los venecianos dependieran
planteado nuevamente por Guicciardini y Salamonio, y popularizado por de mercenarios estuvo a punto de costarles la independencia (p. 222).
un buen n ú m e r o de moralistas venecianos (Gilbert, 1973, p p . 277-280). Una vez más, Maquiavelo desarrolla exactamente ia misma línea de
En su tercer Discurso, Maquiavelo declara que la "riqueza sin dignidad" pensamiento en los Discursos. En cierto momento nos recuerda - e n una
es, invariablemente, causa de corrupción cívica, y añade que fácilmente de sus más claras referencias a El príncipe- que, habiéndose ya explayado
podría "explayarse sobre las ventajas de la pobreza sobre la riqueza", y en otra de sus obras sobre "la futilidad de las tropas mercenarias y auxi-
sobre "cómo la pobreza da honor a las ciudades", mientras que "lo otro liares, no hay necesidad de que vuelva al mismo argumento" (p. 339).
las ha arruinado", pero esto ya "ha sido hecho muy a m e n u d o por otros" Pero en realidad, no puede resistir la tentación de repetir una lección
(pp. 452- 477). Más aún: pone en claro que a! referirse a aquellos mora- que considera tan peculiarmente importante. Comienza declarando tan
listas anteriores está pensando principalmente en escritores como Salustio y inequívocamente como le es posible que las "fuerzas extranjeras" siempre
Juvenal (cf. Gilbert, 1965, p. 175). Esto surge con la mayor claridad en el entrañan el desplome de las libertades cívicas (p. 125). Más adelante ex-
o
capítulo xix del 2 . Discurso, en que elucida los problemas que surgen plica que esto se debe a que "no tienen razón para permanecer firmes al
cuando una república se dedica a adquirir nuevos territorios (p. 334). ser atacadas, como no sea la pequeña soldada" que se les da, considera-
Indica que las conquistas "causan no poco mal hasta a una república bien ción que "no es ni puede ser suficiente para hacerlas leales" (p. 218). Y a
o r d e n a d a cuando la provincia o ciudad que ha adquirido suele entre- lo largo de toda su discusión, suplementa esto con un ataque más general
garse a hábitos de lujo" (p. 338). Y añade que la naturaleza del peligro a la absoluta y ruinosa falta de espíritu marcial entre sus conciudadanos.
en cuestión "no podría ser mejor expresada de lo que lo hizo Juvenal en Denuncia "la debilidad de los ejércitos modernos" a los que "les falta
sus Sátiras, cuando observa que "la adquisición de tierras extranjeras"
valor en general" así como guías competentes (p. 326). Hace mofa de los
familiarizó a Roma con costumbres ajenas, "de modo que, en lugar de la
"príncipes ociosos" y de las "repúblicas afeminadas" de Italia por em-
frugalidad y sus otras altas virtudes, 'la glotonería y la indulgencia consigo
p r e n d e r operaciones militares sólo "por exhibición y no por alguna razón
misma tomaron posesión de ella y vengaron al m u n d o que había conquis-
digna" (p, 434). Y concluye en forma aplastante su estudio aseverando
tado' " (p. 338).
que todos los "ejércitos italianos de nuestros días" son "absolutamente
12
Para las observaciones de Guicciardini, véase El Discurso de Logroño, p. 257. Para Mus- inútiles", ya que "nunca ganan como no tropiecen con un ejército que,
sato respecto al mismo tema, y para la evidencia de que Salustio fue u n a de sus i u e n t e s por alguna razón, se dé a la fuga" (p. 504).
principales, véase Rubinstein, 1957, p p . 172-175. Para Salamonio hablando de Salustio, Por último, la mayoría de estos escritores repite la afirmación igual-
véase su Soberanía, esp. fols. 19a-19b.
190 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 191

mente familiar de que la principal razón del desplome de la libertad ita- dacia de espíritu", y añade que, como su creciente corrupción nunca fue
liana se encuentra en la "corrupción" del pueblo. El escritor que, incom- compensada por alguna virtú del pueblo, el resultado fue que "Florencia
parablemente, nos aporta el análisis más rico de este tema, es Maquia- cada vez fue más débil y más despreciable" durante todo este periodo
velo. Hay un sentido en que el concepto se encuentra en el meollo de los (p. 1141). En el primer capítulo dei Libro IV pasa a acusar el pueblo así
Discursos, pues Maquiavelo nos dice que su principal objeto en este libro como a la nobleza por haber caído en una creciente corrupción d u r a n t e
es d a r consejo a "aquellos príncipes y a aquellas repúblicas que deseen la primera mitad del quattrocento, arguyendo que mientras el pueblo ser-
permanecer libres de corrupción" (p. 142). Su análisis más completo dei vía como "promotor de licencias" los nobles eran "promotores de esclavi-
concepto aparece en los capítulos xvii y xvm del primer Discurso, d o n d e tud" y ninguno de ios dos bandos mostró el menor interés en la libertad
pone en claro que lo que tiene en mente ante todo al hablar de "corrup- o en el bien general de la comunidad (p. 1187). Finalmente, el primer
ción" es el no saber dedicar las propias energías al bien común, y la ten- capítulo del Libro V completa la historia de la desmoralización de Flo-
dencia correspondiente a anteponer los propios intereses a los de toda la rencia explicando cómo "un nuevo camino se abrió a los bárbaros" con la
comunidad. Esto q u e d a indicado con la mayor claridad en la descripción pérdida de la virtú militar sufrida por los florentinos en u n a serie de
que da del principio de la corrupción en ia antigua Roma, proceso que guerras "iniciadas con miedo, continuadas sin peligro y terminadas sin
equipara con la creciente propensión de los "poderosos" a p r o p o n e r leyes d a ñ o " (p. 1233). A finales del quattrocento "el vigor que en otros países es
"no para las libertades comunes, sino para aumentar su propio poder" destruido por una larga paz" había sido destruido en Florencia "por la
(p. 162). Afirma que es este tipo de desarrollo el que constituye la más cobardía de aquellas guerras" sin dejar más que ios "actuales abusos" de
grave amenaza a la libertad. Ilustra el punto con una comparación del "este m u n d o corrompido" (p, 1233).
comportamiento del pueblo romano después de la expulsión de los reyes, En ocasiones se sugiere que Maquiavelo fue "el primer pensador del
cuando logró "adquirir y conservar" su libertad, y su comportamiento en Renacimiento" que hizo un estudio extensivo del papel de la corrupción
la ocasión en que "todo el linaje de César fue exterminado" a comienzos en la vida política (Bonadeo, 1973, p. I). Sin embargo, como hemos visto,
del imperio, cuando no sólo dejó de recuperar su libertad, "sino que ni no pocos humanistas anteriores -especialmente Leonardo B r u n i - ya se
siquiera p u d o hacer un principio" (p. 158). Maquiavelo arguye que "re- habían interesado en la cuestión de cómo asegurar que los intereses de la
sultados tan diversos en una misma ciudad fueron causados por el hecho comunidad en general fuesen adecuadamente considerados, y no sólo los
de que, en la época de los tarquinos, la población romana aún no estaba intereses de grupos particulares. No obstante, es necesario decir que los
corrompida, pero en el periodo posterior ya estaba extremadamente co- humanistas de finales del Renacimiento, y especialmente Maquiavelo, re-
rrompida" <p. 158). Así pues, la esencia de la doctrina de Maquiavelo, tal velan una conciencia intensificada dei problema y dedican una atención
como la resume al comienzo del capítulo xvi, es que "un pueblo que se ha sin precedentes a la investigación de sus causas.
corrompido no puede ni por un breve tiempo, ni aun p o r un minuto, La principal causa que Maquiavelo señala -siguiendo el anterior análi-
gozar de su libertad" (p. 154). sis de B r u n i - es ¡a exclusión del pueblo de todo papel suficientemente
Más adelante reitera Maquiavelo el mismo tema, con hincapié aún ma- activo en los asuntos del gobierno. C u a n d o Maquiavelo píantea por pri-
yor en su Historia de Florencia - o b r a que fue comisionado a escribir en mera vez la cuestión en ei capítulo xvn de su primer Discurso, equipara
1520, y que presentó al Papa Médicis, Clemente VII , en 1525 (Gilbert, "corrupción" con "ineptitud para una vida libre", atribuyendo el creci-
1972, pp. 82, 84-85). Después de ofrecer una panorámica de la historia miento de esta ineptitud a "la desigualdad que se encuentra en una ciu-
antigua de Italia y de Florencia en sus primeros dos Libros, se vuelve a dad" cuando un grupo de oligarcas logra apoderarse de sus instituciones
ofrecer un análisis más detallado de las vicisitudes de Florencia d u r a n t e e impedir que el resto de la ciudadanía ayude a administrarlas (p. 160; cf
ei periodo transcurrido entre la segunda mitad del trecento y la muerte de Pocock, 1975, p. 209). Más adelante ilustra este peligro considerando la
Lorenzo El Magnífico en 1492. La creciente corrupción de la ciudad du- historia de dos acontecimientos institucionales que finalmente resultaron
rante este período es su tema constante, y antes de cada sección incluye fatales para la libertad de la república romana. Uno de ellos fue la exten-
un capítulo introductorio retórico, destinado a ilustrar cómo fue per- sión de los periodos en que se permitió ocupar cargos a diversos magís-
diéndose progresivamente la virtú de la república. Al principio del Libro tados. Esto ocurrió en el caso de los dictadores, que finalmente colabora-
III se queja de que la exclusión de la nobleza del gobierno en el curso del ron para que Roma se volviese "servil" u s u r p a n d o la autoridad "de que
trecento tuvo el efecto de destruir su "capacidad para las armas" y su "au- fueron privados los ciudadanos" como resultado de ia creciente duración
LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 193
192 EL RENACIMIENTO ITALIANO
templativos", ayudando asi a conducirnos a nuestro actual estado de co-
de su gobierno (p. 5 94). Lo mismo ocurrió en el caso de los decenviros a
rrupción (p. 278).
quienes se dio "autoridad ilimitada" durante un periodo considerable
Maquiavelo no fue el único en ofrecer este sorprendente diagnóstico;
a consecuencia de lo cual finalmente "se volvieron tiranos, y, sin a t e n d e r á
pronto fue adoptado con evidente placer por Guicciardini en sus Máxi-
nada ni a nadie privaron a Roma de su libertad" (p. 197). El otro aconte-
mas. Conviene en que "demasiada religión arruina al m u n d o , porque
cimiento no menos nocivo que Maquiavelo analiza en su tercer Discurso
hace afeminado al espíritu, envuelve a los hombres en miles de errores y
fue "la prolongación de los mandos militares" (p. 473). A u n q u e esto se
volvió cada vez necesario conforme los romanos conquistaban más y más los aparta de muchas empresas generosas y viriles" (p. 104). Como Ma-
tierras, a la postre resultó destructivo para su propia libertad (p. 474). quiavelo, pasa después a añadir (de manera no muy convincente) que al
Pues, " c u a n d o un c i u d a d a n o había estado d u r a n t e largo tiempo al decir esto no tiene ningún deseo de "apartarse de la fe cristiana y del
mando de un ejército, se ganó la lealtad del ejército, haciendo de sus culto divino" (p. 104). Pero en otro lugar de sus Máximas se permite de-
soldados partidarios personales". Esto capacitó a toda una serie de gene- nunciar las prácticas actuales de la religión cristiana en un tono mu-
rales sin escrúpulos, empezando con Mario y Sila y culminando con Julio cho más violento q u e el que Maquiavelo usó. Lamenta el hecho de
César a "encontrar tropas para apoyarlos en acciones contrarias al bien que "las posiciones q u e he ocupado bajo diversos papas me hayan obli-
público". Y esto, a su vez, significó que el p o d e r de los comandantes "con gado, para mi propio bien, a fomentar sus intereses". Pero añade que "de
el tiempo contribuyera a la caída de la República" (p. 474). no ser por eso, yo habría a m a d o a Martín Lufero tanto como a mí
mismo", y habría esperado, con el más p u r o placer, ver "a esta partida de
Pero la afirmación más notable que Maquiavelo hace sobre las causas
canallas recibir su merecido" (p. 48).
de la corrupción es que el cristianismo tiene gran culpa de ella. Hubo
como un precedente de esta acusación en el repudio de los humanistas
Después de considerar lo que tiende a comprometer la libertad polí-
"cívicos" al otium en favor de un esquema más activo de valores humanos.
tica, lo último que estos escritores discuten es la cuestión de cómo pue-
Pero Maquiavelo desarrolla su anterior sugestión, hasta ser un ataque
den superarse estos peligros y dificultades, de modo que puedan asegu-
gibboniano en gran escala a la religión cristiana por su subversión de la
rarse los ideales tradicionales de independencia y autogobierno con la
vida cívica. Empieza por presuponer que las observancias religiosas ayu-
daron a mantener "buena y unida" u n a comunidad, y que así "aquellos mayor eficacia. Esto no es decir que siempre se muestren optimistas ante
príncipes y aquellas repúblicas que deseen permanecer libres de corrup- las perspectivas de éxito. Patrizi y Maquiavelo reconocen, ambos, que la
ción deben m a n t e n e r incorruptas, ante todo, las ceremonias de su reli- labor p u e d e resultar imposible en medio de tanta corrupción y, por
gión" (pp. 142-143). Pero insiste en que la religión sólo puede hacer u n a tanto, que quizá deban dirigirse exclusivamente a los príncipes y no a los
contribución positiva a la vida cívica si nos capacita a glorificar los valores ciudadanos de su época. Guicciardini suele hacer sonar una nota más pe-
adecuados, que para Maquiavelo son los de "magnanimidad, fuerza física simista aún, y para cuando llegamos a un escritor como Trajano Bocca-
y todo lo demás que conduce a los hombres a ser muy audaces" (p. 278). üni (1556-1613) a finales del siglo, encontramos completo el agotamiento
Cree que el cristianismo p u d o en principio haber desempeñado esta fun- de la tradición (cf. Schellhase, 1976, pp. 145-147). Las Advertencias desde el
ción, ya que "nos permite exaltar y defender a la patria" y "prepararnos a Parnasso, de Boccalini, escritas en 1612-1613, están en un tono de ironía
ser tales que podamos defenderla" (pp, 278-279). Pero subraya que, en la intensa y continuada, a expensas de ia idea misma de tratar de regenerar
práctica, la fe cristiana ha entronizado valores erróneos, ya que ha "con- a un m u n d o totalmente corrompido. El libro toma la forma de una serie
siderado como el mayor bien del hombre la humildad, la abnegación y el de discusiones entre Apolo y los diversos príncipes y filósofos que visitan
desprecio a las cosas mundanas" (p. 278). El efecto de abrazar esta "pauta el Parnaso. En una fase temprana de la discusión, los jefes de las acade-
de vida" ha sido debilitar al m u n d o y entregarlo "como presa a los mal- mias italianas informan que "el afán de a p r e n d e r " se ha "perdido por
vados" (p. 278). Así pues, sin ambages declara que "si nos preguntamos completo" en todas partes de Italia. Piden aigún remedio "para preser-
cómo ha ocurrido q u e la gente de antes era más amante de la libertad varnos de tan grande corrupción", pero Apolo replica sin vacilar que no
que la gente de hoy" hemos de contestar que esto se debe a "la diferencia puede hacerse nada (p. 24). En una discusión posterior, Maquiavelo lo-
entre nuestra religión y la religión de aquellos días" (p. 277). La "religión gra defenderse contra ei cargo de influencia perniciosa, señalando que
antigua" glorificaba las virtudes cívicas, y así ayudó a sostener la libertad las vidas de los príncipes son, en realidad "un compuesto de malas pala-
política; nuestra religión "ha glorificado a ios hombres humildes y con- bras y peores acciones" (p. 164). Y hacia el final del segundo Libro al-
194 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 1 93

canza un climax de ironía cuando "un virtuoso eminente" trata de pro- reflexionar sobre lo que ha sido, pues todo lo que ocurre en ei m u n d o
nunciar ante Apolo "una elegante oración compuesta en elogio de la tiene un parecido auténtico con lo que ocurrió en los tiempos antiguos"
época actual" (pp. 324-325). Esto es "recibido muy fríamente" y al autor (p. 517). La razón de esto, repite, es que "los agentes que traen tales cosas
le tienden "un par de excelentes gafas" fabricadas por Tácito para ayu- son hombres", que "tienen y siempre han tenido las mismas pasiones".
darle a ver al m u n d o en su perspectiva adecuada (p. 324). Al volver a Esto a su vez significa, según concluye con su habitual confianza, que
mirar, la época le parece tan llena de "bajos recursos" y tanta corrupción "necesariamente producen los mismos efectos" (p. 517),
de toda clase que no p u e d e soportar siquiera seguir contemplándola No pocos estudiosos modernos han tratado de reanudar el ataque de
(p. 325; cf. Meinecke, 1957, pp. 71-89). Guicciardini a ias suposiciones metodológicas de Maquiavelo en este
Sin embargo, antes de caer en esta sensación de completa impotencia, punto, arguyendo que (como dice Butterfield) Maquiavelo muestra cierta
los humanistas de finales del Renacimiento dedicaron gran parte de su "rigidez" en su enfoque, además de mostrarse "servil" en "su reverencia a
atención a repetir y extender buen n ú m e r o de argumentos tradicionales los estadistas del m u n d o antiguo" (Butterfield, 1940, p p . 28-40). Sin em-
acerca de la conservación de ¡a libertad. Suelen empezar preguntándose, bargo, la acusación de rigidez parece un tanto insensible, pues pasa por
en un nuevo tono de absoluta conciencia de los hechos, cómo es posible alto el hecho de que Maquiavelo repetidas veces condicionó sus supuestas
adquirir información fidedigna acerca de los mejores métodos para ex- "reglas" históricas, reconociendo y aun insistiendo en que "nunca encon-
tirpar la corrupción y mantener la libertad en la vida política. La res-
tramos un asunto que sea claro y no p u e d a ponerse en duda", y que en la
puesta que dan -implícita en muchos tratados anteriores, pero que ahora
política ocurren muchos accidentes contra los cuales "es imposible pres-
se afirmaba mucho más explícitamente- es que la clave de la sabiduría
cribir algún remedio" (pp. 121, 418). Puede argüirse, además, que atacar
política se encuentra en hacer un estudio sistemático de las repúblicas
a Maquiavelo por seguir "servilmente" las supuestas lecciones de la Anti-
anteriores, especialmente la república de la antigua Roma. Cierto es que
güedad es p e r d e r de vista por completo el meollo de la cuestión. No le
Guicciardini, con su escepticismo habitual, constituye una excepción en
atraen los estadistas de la Antigüedad simplemente porque son antiguos;
este punto. La idea de que fuese posible basar una ciencia de la política
por lo contrario, en el Prefacio de su segundo Discurso subraya que
sobre la evidencia de la historia ie pareció que encarnaba una visión exce-
"toda la verdad acerca de los tiempos antiguos no ha sido captada, ya que lo
sivamente mecanicista de los asuntos humanos. Responde en sus Máximas
con el mayor sarcasmo a quienes "citan a los romanos a cada momento", que r e d u n d a en su descrédito a m e n u d o pasa en silencio, mientras que
afirmando que tales comparaciones a m e n u d o "están tan fuera de lugar todo lo que probablemente los presente como gloriosos es pomposa-
como si esperáramos que un asno corriera tanto como un caballo" (p. 69). mente recontado en todos sus detalles" (p. 265). La razón de este interés
Y constantemente critica a Maquiavelo, en sus Consideraciones sobre los Dis- en los estadistas antiguos -especialmente r o m a n o s - es, sencillamente, que
cursos, por argüir "demasiado absolutamente" sobre la base de unas cuan- triunfaron de manera incomparable (cf. Gilbert, 1965, pp. 181-182). Nos
tas generalizaciones históricas, sin ver que hay muchos juicios y decisio- apremia a estudiar la república romana no porque represente un aspecto
nes "que no pueden tomarse por una regla fija" (pp. 66, 101; cf. Phillips, de la grandeza de la Antigüedad sino antes bien por la razón entera-
1977, pp. 69-73, 88). J
* mente pragmática de que "nunca ha habido ninguna otra ciudad o nin-
guna otra república tan bien adornada", tan digna de imitación y "tan
No obstante, la tendencia más habitual consistió en apoyar la suposi- triunfante" como la de la antigua Roma (pp. 104, 270).
ción tradicional de que, como después lo diría Bodino, "en la historia, la Basándose de esta manera en ta evidencia del pasado, Maquiavelo y sus
mejor parte de la ley universal permanece oculta". Aquí, como tan a menu- contemporáneos proceden entonces a delinear un programa completo
do sucede, es Maquiavelo el que reafirma ia posición humanista recibida dedicado a sostener el valor de la libertad política. Una sugestión que
c o n e l mayor A t o (cf. Kristeller, 1965, p. 28). Como explica en el prefacio a hacen -surgida de sus temores a la riqueza privada- es que la libertad y la
su primer Discurso, su principal objeto al escribir el libro fue "sacar aque- pobreza suelen ir unidas. Guicciardini concluye su Discurso de Logroño con
llas lecciones prácticas que se deben tratar de obtener dei estudio de la la observación de que, aun cuando las ciudades libres necesiten ser ricas,
historia" (p. 99). Su suposición -guía, al lanzarse en busca de estas leccio- sus habitantes individualmente deben mantenerse pobres, sin grandes
nes, es que "los hombres nacen, viven y mueren en un orden que per- disparidades de riqueza del tipo que suele causar envidia y promover así
manece siempre inmutable" (p, 142). Su procedimiento, p o r consi- disturbios políticos (pp. 258-259). La misma sugestión - q u e habría sido
guiente, es suponer que "el que pudiera prever lo que ha de ser, debería anatema para Bruni y sus seguidores- fue repetida poco después por
196 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE L O S VALORES R E P U B L I C A N O S 197
varios teóricos relacionados con las reuniones de los jardines Oricellari. "dispuesta a fundar un imperio, como lo hizo Roma" que en el ideal de
Brucioli menciona la idea, al término de su diálogo sobre La república, inmutable serenidad que ios venecianos estaban proyectando tan orgullo-
mientras que Maquiavelo reirera la doctrina de Guicciardini casi textual- sámente (p. 117), E insiste en que, a menos que "el hombre se satisfaga
mente en su tercer Discurso (cf. Gilbert, 1965, p p . 151-152). La primera con mantener el statu quo" a la manera un tanto lánguida de los venecia-
propuesta de Maquiavelo para evitar la corrupción en "tiempos difíciles" nos, debe reconocerse que "es necesario hacer en todo como hizo Roma"
es "mantener pobres a los ciudadanos" y después repite muy categórica- (p. 117). Por consiguiente dedica gran parte de su Discurso inicial a una
mente que toda institución que "mantenga pobres a los ciudadanos" será descripción de las "muchas instituciones esenciales para la conservación
"ia más útil" que pueda haber "en un estado que goce de la libertad" de la libertad" que los romanos crearon d u r a n t e ia temprana república,
(pp. 452, 475). considerando este tema de mucho mayor y más inmediata importancia
La siguiente propuesta que hacen estos escritores también representa que la investigación de las prácticas venecianas (p. 110).
casi una inversión de los valores de los anteriores humanistas "cívicos". En cambio, para la mayoría de los contemporáneos de Maquiavelo, lo
Como hemos visto, Bruni y sus partidarios se habían concentrado bási- deseable de imitar a los venecianos llegó a ser artículo de fe. Esto produjo
camente en la cuestión de cómo promover el tipo adecuado de espíritu inicialmente una visible repercusión sobre los asuntos florentinos inme-
cívico entre ei pueblo y sus dirigentes, suponiendo que esto, a su vez, diatamente después de la revolución de 1494, cuando Savonarola pro-
serviría para mantener la libertad de su ciudad. Por contraste, los huma- nunció una serie de sermones políticos en que logró mover a sus conciu-
nistas posteriores empiezan por enfocar un asunto que antes había sido dadanos a apoyar ei propuesto Consiglio grande, alegando que había mos-
considerado en detalle tan sólo por los partidarios de un enfoque más trado su valer en Venecia (Weinstein, 1970, pp. 151-158). Poco después,
escolástico a ios problemas de las ciudades-repúblicas y sus libertades. Es los críticos de la república restaurada empezaron a basarse en el modelo
decir, empiezan por concentrar su atención en examinar la maquinaria veneciano para justificar una forma aristocrática de oposición a sus ten-
del gobierno, p r e g u n t a n d o qué papel desempeñan las leyes e institucio- dencias populistas. Bernardo Rucellai (1448-1514), el abuelo de Cosme y
nes con respecto de la conservación de la libertad. originador de las discusiones celebradas en los jardines Oricellari, trató
Esto ayuda a explicar la aparición de un elemento nuevo y vital en la de argüir, en u n a serie de reuniones, e n t r e 1502 y el año de su destierro,
teoría política florentina de la época: el estudio y la imitación de las prác- 1506, que la resurrección del tradicional Consiglio grande había desequili-
ticas constitucionales venecianas. Habiéndose planteado la preguntó de brado peligrosamente ¡a constitución florentina en dirección de u n a de-
cómo formular leyes e instituciones para la conservación de ía libertad, mocracia. Su propuesta, apoyada por muchos otros ottimati descontentos
natural pareció investigar el caso de la república veneciana, que parecía y exiliados, era en favor de la adición de un pequeño senado aristocrá-
haber resuelto este problema con singular éxito. Como hemos visto, ios tico, según la pauta veneciana. Afirmaban que esta reforma serviría como
propios venecianos solían argüir que debían su combinación de paz contrapeso a los excesos dei gobierno popular, ayudando así a asegurar
y libertad a la estabilidad de su forma mixta de gobierno republicano. Y la estabilidad del régimen (Gilbert, 1968, p p . 475, 477, 483).
esto, a su vez, significaba que, mientras los teóricos florentinos se intere- Esta adaptación del modelo veneciano como forma de promover los
saban cada vez por el triunfo del modelo veneciano, su interés solía re- intereses de clase de los ottimati fue hecha con el mayor entusiasmo
solverse en una d e m a n d a de que Florencia adaptase la misma disposición por Guicciardini. Según su Discurso de Logroño, la flaqueza básica de la
veneciana de un dux, un pequeño Senado de ottimati y un democrático constitución florentina se encuentra en su exagerada polaridad entre su
Consiglio grande. aspecto democrático, representado por el Consiglio granas, y su aspecto
La gran excepción a esta regla es Maquiavelo. Cierto que se muestra monárquico, representado por la posición vitalicia de gonfaloniere, puesto
más interesado que ninguno de sus predecesores humanistas "cívicos" en formalmente establecido en 1502, y asignado a Piero Soderini (p. 227).
"formular buenas leyes p o r las cuales conservar la libertad", y acepta p o r La solución que propone Guicciardini es la introducción de un Senado,
completo la creencia prevaleciente de que deben estudiarse las prácticas de cerca de doscientos ottimati, institución que, según cree, servirá para
constitucionales actuales si se quiere a p r e n d e r el secreto de combinar la restaurar el equilibrio entre estos dos extremos, al estilo veneciano apro-
libertad con la paz (p. 231). Sin embargo, cuando se vuelve a analizar bado (pp. 234-239). El mismo argumento es desarrollado después, más
los ejemplos, no muestra la admiración habitual hacia la constitución vene- extensamente, en su Diálogo sobre el gobierno florentino. El primer Libro se
ciana. Mucho más interesado está en el tipo de república expansionista dedica básicamente a mostrar que, divergiendo en varias direcciones de
198 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVEN CÍA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 199

la norma det gobierno mixto, los florentinos han puesto en peligro su ya que hay muy. pocas oportunidades de resucitarla en u n a etapa tan
libertad, así como su seguridad. Nos dice que bajo ía égida de los Médicis, tardía y decadente de la historia de la república (pp. 90-93). Sin embargo,
eí gobierno ha sido demasiado monárquico; luego dice que, de acuerdo era más habitual que el ya d u r a d e r o compromiso de los humanistas con
con la república restaurada después de 1494, se volvió demasiado demo- el idea] de la ciudadanía armada fuese más inequívocamente apoyado por
crática. Una vez más, la solución ai problema -esbozada por Bernardo estos escritores. Por ejemplo, Patrizi en su Institución de una república esta-
Ñero en el segundo libro- consistirá en introducir un eslabón intermedio blece que "tantos de nuestros jóvenes como sea posible deben ser prepa-
entre estos dos extremos, solución de la que explícitamente se dice que es rados en ia disciplina militar", y ofrece un relato detallado de cómo elegir
de "concepción veneciana", y que promete garantizar la deseada combi- jóvenes "robustos y diligentes" para asegurarse de que en tiempos de
nación de libertad y paz (p. 103), guerra se disponga de una milicia eficaz y bien preparada (fols. 29a,
Por último, la misma creencia en que u n a adaptación de las institucio- 287b). En un estilo similar, Giannotti arguye, en el memorando que re-
nes venecianas puede salvar a la república florentina fue reiterada por dactó en su capacidad de secretario de ios Diez de la Guerra, bajo la res-
Giannotti en sus dos principales obras políticas. Uno de sus principales taurada repúbica florentina de 1527. Rechaza la acusación de que una
intereses en su Diálogo en 1526 era aportar un análisis detallado de la milicia cívica siempre será demasiado inexperimentada para constituir
constitución veneciana para guía de los ciudadanos más radicales de Flo- una eficaz fuerza combatiente, y pasa a reiterar todos los argumentos
rencia. Y la suposición básica de las propuestas de reforma contenidas en familiares acerca de la necesidad de que toda república que se respete ha
el tercer libro de su posterior tratado sobre La república florentina era de atender a su propia defensa como garantía de su libertad (cf. Starn,
que, si sus conciudadanos imitaran ia sabiduría de Jos venecianos, po- 1972, pp. 289-290).
drían librarse para siempre de la tiranía prevaleciente y recuperar sus Las mismas conclusiones son plenamente aprobadas por Maquiavelo
libertades perdidas. en los Discursos. Reconoce - e n otra referencia a El príncipe- que ya ha
dicho "en otra parte que la seguridad de todos los estados se basa en la
Así, puede decirse que, discutiendo los méritos de la pobreza y el papel buena disciplina militar, y que d o n d e no existe, no puede haber ni leyes
de las instituciones, los humanistas de comienzos dei cinquecento extendie- buenas ni nada bueno" (p. 491). Sin embargo, como antes, no resiste a l a
ron y aun refutaron cierto n ú m e r o de suposiciones previas acerca de la tentación de repetirse. Insiste en que "como no pueden provocarse ni el
conservación de la libertad política. Sin embargo, si ahora nos volvemos amor indispensable ni el entusiasmo indispensable", excepto en un ejér-
hacia sus principales proposiciones, veremos que resucitan y desarrollan cito de ciudadanos, de allí se sigue que "si se desea conservar una forma de
argumentos que siempre habían sido centrales en la tradición humanista, Estado -ya sea una república o un principado-" es esencial "armarse con
y que ahora articulan ellos en su forma definitiva. los propios subditos" (p. 218). Elogia a los fundadores de la república
Empiezan por reiterar la afirmación ya familiar de que, siendo los sol- romana por los trabajos que se tomaron para asegurarse de que sus ejér-
dados mercenarios inútiles y peligrosos, de allí se sigue que toda repú- citos estuviesen integrados por sus ciudadanos, asegurándose así de que
blica que sepa apreciar su libertad debe asegurarse de establecer su p r o - el pueblo "sería el defensor de su libertad" (p. 171). Y concluye categóri-
pio sistema de defensa. La figura aristotélica del ciudadano armado in- camente que "los príncipes y las repúblicas modernas de hoy que no
dependiente, dispuesto a luchar por sus libertades así como a legislar por cuentan con tropas propias para ía ofensiva y la defensiva debieran aver-
ellas mismas, vuelve a aparecer en el centro del escenario político. Cierto gonzarse de sí mismos" (p. 168). Como el resto de sus contemporáneos,
es que Guicciardini, con su habitual escepticismo, no está completamente resueltamente se niega a ver que, por numerosa y resuelta que fuese la
comprometido con este argumento. Al comienzo de su Discurso de Logroño ciudadanía patriota, no podía tener la m e n o r esperanza de hacer que los
reconoce que una república "debe d a r armas a sus ciudadanos", y con- pequeños principados de Italia pudiesen oponerse a los vastos ejércitos
viene en que una milicia ciudadana siempre será "incomparablemente nacionales que habían brotado en Francia, Alemania y España desde
más útil que un ejército mercenario" (p. 221). Pero también expresa el 1494, y que inexorablemente se habían propuesto destruir la civilización
temor de que pueda surgir una amenaza a la seguridad interna si se del Renacimiento (cf. Anderson, 1974, p p . 163-168).
permite llevar armas a demasiados ciudadanos (p. 221). Y en su posterior El continuado respaldo de Maquiaveio al ideal de un ejército ciuda-
Diálogo añade que, aun cuando una milicia cívica bien p u e d e ser u n a dano fue mucho más allá de una simple repetición de estos lugares co-
institución valiosa, esto es cuestión de interés casi p u r a m e n t e académico, munes de los humanistas. Aprovechó su posición de Segundo Secretario
200 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 201
de la República, j u n t o con su influencia personal sobre Soderini, para dedicar sus mejores energías a asegurar su libertad y grandeza, y de este
lanzar una elocuente campaña, p r o p u g n a n d o que Florencia volviese a modo pusiera su valor, su vitalidad y sus capacidades generales al servicio
utilizar una milicia cívica. Su gran oportunidad surgió en 1505, cuando de toda la comunidad. Este sentido de las prioridades io resumieron en
se amotinaron los mercenarios empleados por la ciudad en el intermina- un lenguaje típicamente humanista, diciendo que como mejor se garan-
ble asalto a Pisa, l o s jefes de diez compañías se negaron a continuar la tiza el mantemiento de la libertad en una república es por la promoción
batalla, obligando así a! gobierno a abandonar ignominiosamente el sitio de la virtú en todo su cuerpo de ciudadanos.
(Bayley, 1961, pp. 251-252). La respuesta personal de Maquiavelo a esta Así pues, el análisis de la virtú hecho por estos escritores suele estar
combinación de traición e incompetencia consistió en trazar un plan deta- redactado en términos un tanto más generales que en la literatura de
llado para reemplazarlas tropas alquiladas por la ciudad por el restable- espejos para príncipes. Desde luego, no están interesados en las virtudes
cimiento de una milicia ciudadana (Bayley, 1961, p. 254). Un año des- supuestamente "principescas" ni les preocupa mucho la sugestión de que
pués, en diciembre de 1506, vio realizadas sus mayores esperanzas: el la idea de virtú 'pueda descomponerse en toda una lista de virtudes inte-
Consiglio grande dio su apoyo legislativo a la idea de reconstituir la milicia, grantes, aunque á veces parecen implicar que esto puede hacerse. Senci-
autorizando el reclutamiento de diez mil hombres y asumiendo la res- llamente, suelen equiparar la posesión de la virtú con un sentido general
ponsabilidad de darles armas, uniformes y paga (Bayley, 1961, p p . 260- de compromiso público. Por ejemplo, esto surge muy claramente en el
262). Uno de los proyectos más venerables y caros a la teoría política análisis hecho por Patrizi de la virtus en el Libro VI de La institución de
humanista se convirtió así en un hecho político aceptado. una república. Empieza proclamando que la "virtus es la cualidad p o r me-
Cierto es que los milicianos reclutados dei contado de acuerdo con el dio de la que es posible mantener una sociedad política estable y dura-
esquema de Maquiavelo no resultaron dignos de la tarea de defender la dera" (fol. 196b). Explica después que el hombre de virtus puede ser re-
República en 1512. Sus intentos por contener ei ataque y el saqueo de conocido por su "falta de ambición privada" y su disposición correspon-
Prato fueron rechazados sin el menor esfuerzo por ios tercios españoles, diente a colocar el beneficio de la república por encima de sus propios
y los florentinos se vieron obligados a rendirse inmediatamente para no intereses (fol. 196b). Así como la "corrupción" suele ser definida por es-
tener un destino similar (Bayley, 1961, p. 276). No obstante, la fe de tos escritores como el no dedicar los propios talentos al bien público, así
Maquiavelo en la superioridad de las tropas ciudadanas no fue quebran- también suelen definir la idea de virtú como un interés en promover ante
tada por esta débacle. Cuando llegó a escribir su Arte de la guerra, en todo el bien público.
1521, dedicó algunos de los más bellos pasajes de su último Libro a de- Esta opinión es plenamente apoyada por Maquiavelo en los Discursos.
fender su concepto de u n a milicia ciudadana, en contra de sus detracto- Su análisis de la virtú en esta obra es, por tanto, un poco distinto de su
res. El plan había fracasado en ia práctica, afirmó, tan sólo p o r q u e no anterior estudio hecho en El príncipe. Antes se había concentrado en la
había recibido el apoyo adecuado: el resultado había sido "un aborto" virtú del propio príncipe, y se había valido del término básicamente al
cuando habría podido ser el nacimiento de una fuerza combatiente en describir las cualidades necesarias para ser un buen guía. Por lo contra-
verdad formidable (p. 725). Así, continúa arguyendo que no se había rio, en ios Discursos no sólo le interesa la virtú de los individuos, sino
demostrado que fuese inútil un ejército ciudadano bien preparado, ya también la idea de que el cuerpo ciudadano pueda mostrar la misma
que no se había sometido a verdadera prueba. Y terminó afirmando, cualidad. También se interesa en la sugestión más abastracta y metafórica
indómito, que el primer gobernante de Italia que lograra organizar un de que la propia comunidad p u e d a ser capaz de virtii, así como también
13
ejército con sus propios ciudadanos de acuerdo con las reglas presenta- puede c o r r o m p e r s e . El resultado es una visión más colectiva de la virtú,
das en El arte de la guerra tendría posibilidades, "mayores que las de na- opinión que sirve para relacionar el significado del término con la idea
die" de hacerse "señor de este país" (p. 725). de "espíritu público" (frase utilizada por Henry Nevile como traducción
El otro argumento tradicional q u e los últimos humanistas subrayaron de virtú en su edición del siglo xvn de The Works of the Famous Nicolás
fue que, para asegurarse de sostener el valor de la libertad, lo que se Machiavel).
necesita fomentar es, no tanto una estructura de instituciones y leyes efi- Desde el mismísimo prefacio del primer Discurso, Maquiavelo pone en
caces, sino antes bien un sentido de orgullo cívico y patriotismo de parte claro su significado básico, observando que los hombres que poseen la
del pueblo en general. Decían que este compromiso había de ser tal q u e suprema virtú son aquellos "que se han tomado la molestia de servir a su
cada persona equiparara su propio bien con el de su ciudad, le hiciera n
La bibliografía sobre los cambiantes significados de viriú en Maquiavelo es extensa y
LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 203
202 EL RENACIMIENTO ITALIANO

país" (p. 98). Establece el mismo punto al final del tercer Discurso, d o n d e Esto surge muy claramente de las páginas de una obra como el diálogo
vuelve a una sugestión que, como ya hemos visto, había sido ei tema de de RinuccinijDá la libertad. Cuando la figura de Eleut.erio, epónimamente
un tratado especial de Remigio de Girolami: la sugestión de que (como llamada, denuncia las corrupciones de la época, particularmente men-
Maquiavelo dice en el título de! capítulo) "por amor a su patria, un buen ciona su falta de virtus y "buenas artes", sus perversos magistrados y cie-
ciudadano debe olvidar sus afrentas personales" (p. 523). Más aún, Ma- gos vicios (p. 279). Y, cuando en el Libro II se pone a considerar cómo
quiavelo complementa estas reflexiones generales con dos conjuntos de pueden resurgir los valores de la ciudadanía, aclara que ante todo desea
ejemplos tomados de la historia de la Roma republicana, ios cuales pre- ver debidamente inculcada la importancia de la. virtus (pp. 294-295). No
tenden revelar lo íntimo de las conexiones entre la idea de virtú y la idea menos claramente es apoyada la misma escala de valores aun por el cínico
de olvidar las ambiciones privadas en nombre del bien común. U n a serie Guicciardini. A principios del segundo Libro de su Diálogo sobre el go-
completa de ilustraciones aparece en el estudio de los grandes hombres bierno florentino, hace que la figura de Soderini píantee la pregunta de
de Roma, en el tercer Discurso. Vemos allí que la virtú de Manlio consis- qué causó la grandeza de Florencia. Inmediatamente responde eme la
tió en el hecho de que "su manera de comportarse fue enteramente en cualidad de la virtú de sus principales ciudadanos ha servido más que
bien del interés público, y de ninguna manera fue afectada por la ambi- ninguna otra cosa para mantener la libertad de la república, convirtiendo
ción privada" (p. 469). De manera similar, se nos dice que la mayor así a Florencia en una ciudad incomparable "por su nobleza, su grandeza
prueba de la virtú de Camilo fue que "habiendo sido dictador tres veces", y su generosidad" (pp. 93, 95; cf. Pocock, 1975, p p . 248-249).
"siempre desempeñó tal cargo para beneficio del pueblo, no en su propio Una vez más vemos a Maquiavelo apoyar las mismas conclusiones en
interés" (p. 485). Pero los ejemplos más reveladores son los destinados a los Discursos. Trata la presencia de la virtú como medio de definir la
mostrar que todo el pueblo romano poseyó la virtú. Nos dice que su virtú grandeza de imperios y repúblicas, observando que "la virtú del m u n d o
fue tan grande que "para todo el pueblo, el a m o r a la patria pesó más encontró un hogar por primera vez en Asiría, después en Medea", y " p o r
que ninguna otra consideración" (p. 428). Siguió siendo "enemigo del último llegó a Italia y Roma" (p. 267). A la inversa, equipara el desplome
nombre mismo de rey, y amante de la gloria y del bien común de su país" de la virtú con el principio de la decadencia política, notando que en
durante más de cuatrocientos años (p. 254). Y su afán por "mantener su cuanto Esparta "perdió una buena parte de su antigua virtú" correspon-
integridad" y aumentar el bien de su patria fue tan grande que todos sus
dientemente perdió "buena parte de su poder y de su imperio" (p, 133).
jefes hubieron de tener el mayor cuidado "de evitar la m e n o r apariencia
Su principal estudio de esta relación entre virtú y grandeza aparece en su
de ambición, para que el pueblo no los atacara" (p. 186).
análisis de la república romana. Afirma que gracias a la virtú de sus cón-
Sin embargo, si examinamos las opiniones expresadas por Maquiavelo sules, d u r a n t e la primera república, Roma alcanzó por primera vez "sus
y sus contemporáneos acerca del significado de virtú -la razón que d a n más altas cumbres de grandeza" (p. 167). Debido a la misma "notabilí-
para desear que el pueblo adquiera esta cualidad- encontramos u n a se- sima virtú", los r o m a n o s d e s p u é s l o g r a r o n s u b y u g a r a sus vecinos
mejanza mucho mayor entre su opinión y la de los autores de espejos (p. 274). Y debido al hecho de que "lo que siempre buscaban era la virtú" en
para príncipes. Los autores de libros de consejos a los príncipes habían sus dirigentes, después lograron conservar la grandeza de su ciudad du-
tendido, como lo hemos visto, a ofrecer una definición heurística de la rante tanto tiempo (p. 260).
virtú como aquella cualidad que capacita a un jefe político a "conservar su Habiendo argüido que la virtú es la clave del triunfo político, el si-
Estado" y a buscar ias más altas cumbres del honor, la gloria y la fama. De guiente problema al que se enfrentan estos escritores es el de explicar
manera similar, los teóricos de la libertad republicana suelen pensar en la cómo puede adquirirse, en la práctica, esta cualidad. Ya hemos visto que
virtú como aquella cualidad que capacita a un pueblo libre a mantener su los teóricos autores de espejos para príncipes generalmente habían res-
libertad y a aumentar la grandeza de ía comunidad. Para ambos grupos pondido a esta pregunta enfocando la necesidad de que gobernantes y
de escritores, el concepto de virtú es aplicado, así, con cierta consistencia, magistrados fuesen educados de tal manera que se apegaran a las virtu-
para denotar aquellas cualidades que garantizan el triunfo en la vida po- des en todos sus actos públicos. Un elemento de esta preocupación tam-
lítica. bién puede distinguirse en varios de los tratados posteriores sobre ia li-
bertad republicana. Rinnuccini analiza el valor de u n a educación huma-
valiosa. Véase en particular Whitfield. 1947, p p . 92-103; Rousseau. 1965, p p . 152-157: Gri-
nista en el segundo Libro de su diálogo De la libertad, mientras que Patrizi
b e n , 1965, p p . 179-199 (al que debo mucho, en particular), H a n n a í o r d , 1972, p p . 185-189;
Price, 1973, p p . 325-331; y Pocock, 1975. p p . 206-211. ofrece un tratamiento extraordinariamente largo del mismo tema en los
204 EL RENACIMIENTO I T A L I A N O LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 205
Libros II y IV de su institución de una república. En el Libro II analiza "el utilizarían para "redactar leyes para Roma" (p. 197). Pero ai otorgarles
uso y el valor de las letras", haciendo un elaborado análisis de la necesi- tales poderes absolutos, al mismo tiempo el pueblo asestó un golpe tai.al a
dad de que lodo ciudadano sea instruido en gramática, matemáticas, mú- su propia capacidad de mantener un dominio sobre ei gobierno, con el
sica, astronomía y medicina, así como en las disciplinas humanistas más resultado de que los decenviros pronto "se volvieron tiranos" y "privaron
habituales de poesía, historia y retórica (ibis. 43b-77a). Y en el Libro IV a Roma de su libertad" (p. 197). Para Maquiavelo, la moraleja es clara: ei
añade una descripción de la vida de familia - u n tanto a la manera de pueblo de una república libre nunca debe ceder ninguna de sus propias
Alberti - en que analiza el deber de los padres para asegurarse de que sus facultades "salvo en ciertas condiciones y por un tiempo especificado"
hijos sean d e b i d a m e n t e e d u c a d o s en sus r e s p o n s a b i l i d a d e s cívicas (p. 198). El compromiso positivo subyacente en esas observaciones queda
(fols. 133b-148a). claro más adelante cuando Maquiavelo analiza los deberes de la ciudada-
Maquiavelo menciona, de paso, buen n ú m e r o de las mismas considera- nía, en su tercer discurso. Considera el peligro -inminente en la Floren-
ciones en los Discursos. Nos dice que muchas diferencias de nuestra con- cia de la época- de que un ciudadano rico pueda "poner en pie u n a
ducía son determinadas por la educación, e insiste en que "los buenos tiranía", "confiriendo beneficios" y c o m p r a n d o apoyo de tal manera que
ejemplos" en la vida cívica "proceden de la buena educación" (pp. 1 14- ponga en peligro la libertad de la ciudad (pp. 481-482). Nos dice que la
190). Se inclina a argüir que la razón de que los italianos de su época única manera de evitar este dilema se encuentra en asegurar que siga
sean "débiles" se debe a "su defectuosa educación y al poco conocimiento siendo más ventajoso para cada ciudadano "obtener favores por sus ser-
que tienen de los negocios" (p. 479). Y hasta declara en su análisis de la vicios al público" que establecer compromisos más privados y potencial-
religión al comienzo del segundo Discurso que "si preguntamos cómo mente facciosos (p. 482). Así, la convicción fundamental de Maquiavelo
ocurrió que los pueblos de la Antigüedad fueran más amantes de la liber- es que una vida de participación política no sólo debe estar al alcance de
tad que los de hoy" hemos de concluir que esto se debe en gran parte "a cada ciudadano en términos de igualdad, sino que debe hacerse tan
la diferencia entre nuestra educación y la de antaño" (p. 277). tentadora como sea posible para ios hombres de los más altos talentos.
Peto la principal respuesta que estos escritores dan a la pregunta de Cree que sólo esto bastará para asegurar que cada quien se contente con
cómo puede adquirirse la virtú es menos un legado de las ideas de los "adquirir honor y satisfacción" al servicio de la comunidad; y esto a su
autores de espejos para príncipes, y más una conclusión derivada de la vez garantizará que la grandeza de los ciudadanos individuales perma-
visión de los antiguos humanistas "cívicos". Leonardo Bruni y sus segui- nezca "útil y no nociva a la ciudad y sus libertades" (pp. 481-482).
dores ya habían analizado el problema de cómo instilar en todo el pueblo La misma insistencia en la necesidad de participación cívica fue mani-
un sentido de espíritu público, de compromiso cívico, de anuencia a an- festada poco después por Guicciardini en su Diálogo sobre el gobierno flo-
teponer los intereses de la ciudad a los intereses egoístas. Como hemos rentino. Con su tendencia más aristocrática, está menos preocupado que
visto, concluyeron que la solución se encuentra en asegurar que el ca- Maquiavelo en asegurar que los ciudadanos en conjunto permanezcan a
mino del honor se mantenga abierto a todos los ciudadanos, cada uno de cargo de su gobierno. Pero se muestra más ansioso a ú n en insistir en q u e
los cuales debe tener idénticas oportunidades de realizar sus más altas toda ciudad que sepa evaluar su libertad ha de capacitar a sus propios
ambiciones al servicio de la comunidad. Es esencialmente esta respuesta ciudadanos "a satisfacer sus ambiciones" al servicio de la comunidad
la que los posteriores teóricos de la libertad republicana retoman y reite- (p. 93). Debe darles "ocasiones y libertad de demostrar y ejercer su virtú" de
ran. Así como habían argüido que el principio de la corrupción se pro- tal manera que "beneficien a la ciudad" en conjunto (p. 93). Si se les
duce por excluir al pueblo, evitando que desempeñe un papel suficien- impide seguir este camino hacia "el verdadero honor y gloria", habrá un
temente activo en los negocios del gobierno, también así afirman que la grave peligro de que se vuelvan facciosos o corrompidos, y en uno u otro
manera más eficiente de promover la virtú del pueblo es hacerle partici- caso será fácil para cualquier aspirante a tirano usurpar el gobierno. Pero
par hasta d o n d e sea posible en el gobierno de la comunidad. mientras se les aliente a "realizar hazañas generosas y dignas para benefi-
Es Maquiavelo el que -casi en un tono de nostalgia- nos da la más bella cio y exaltación de su patria" éste no sólo impedirá que sus ambiciones se
reafirmación de esta creencia tradicional. Empieza por subrayar la im- vuelvan destructivas sino que ayudará a asegurar la libertad y grandeza
portancia decisiva de la participación política, al relatar el hecho edifi- de su ciudad (p. 93).
cante de los decenviros en la antigua Roma. Originalmente se asignaba a Con estos argumentos en torno a la promoción de la tirtó, la defensa
estos ciudadanos "autoridad ilimitada", en el entendimiento de que la de las libertades republicanas por los humanistas cierra todo un ciclo;
206 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 207

pues todos estos escritores afirman que uno de los méritos especiales de nocivos para la iibertad de una república (p. 114). El ejemplo de acuerdo
una forma republicana de gobierno es que capacita a los hombres a la con el cual trata de establecer este punto es el de la antigua Roma. Em-
suprema virtú de anhelar el honor, ía gloria y la fama al servicio de su pieza por notar que en Roma, como en cualquier otra república, hubo en
comunidad. Así pues, se considera que las relaciones entre virtú y liber- todo tiempo "dos disposiciones distintas", la de la plebe y la de sus adver-
tad se alimentan mutuamente: las oportunidades ofrecidas a los hombres sarios entre "las clases superiores" (p. 113). Observa después que mien-
de talento de acuerdo con una constitución libre fomentan el desarrollo tras los plebeyos pudieron "reunirse y clamar contra el seriado", mientras
de la virtú; la virtú así engendrada desempeña, a su vez, un papel vital que los senadores a su vez podían apostrofar a la plebe, el efecto neto
en la conservación de la libertad de la constitución. Así pues, la alenta- consistió en formar un equilibrio tensamente establecido, que aseguró
dora perspectiva que se muestra es que la vida de una república comple- que ninguno de los dos bandos pudiese oprimir o pasar por alto los inte-
tamente virtuosa puede ser prácticamente sin fin. Como declara Maquia- reses del otro (pp. 114-115). Concluye, por tanto, que "quienes condenan
velo: "Si una República fuese tan afortunada que con frecuencia tuviese las pugnas entre nobles y plebeyos" en la antigua república están "vili-
hombres que por su ejemplo diesen nueva vida a sus leyes, y no sólo pendiando las cosas mismas que fueron causa básica de que Roma con-
impidieran que fuesen a la ruina, sino que restauraran su prístino vigor, servara su libertad" (p. 113). Pues no saben reconocer que, como estos
semejante república perduraría siempre" (p. 467). conflictos servían para anular rodos los intereses faecionales, al mismo
tiempo servían para garantizar que las únicas propuestas que se conver-
tían en ley eran las que beneficiaban a toda la comunidad.
LA CONTRIBUCIÓN DE MAQUIAVELO Subyacente en la línea de razonamiento de Maquiavelo está la suges-
tión de que, al subrayar los peligros de la discordia civil mientras de-
Hasta aquí nos liemos concentrado en ilustrar hasta qué punto puede fiende el valor de la libertad política, ia mayoría de sus contemporáneos
decirse que los Discursos de Maquiavelo constituyen una contribución re- sencillamente no habían seguido las implicaciones de sus propios argu-
lativamente ortodoxa a una tradición ya establecida del pensamiento polí- mentos. Como hemos visto, convenían en que sólo puede mantenerse la
tico republicano. Y como en el caso de El príncipe, parece esencial empe- libertad si se promueve la virtú, y sólo puede promoverse la virtú si los
zar por adoptar esta perspectiva; nos capacita, en primer lugar, a propo- ciudadanos siguen completamente comprometidos con los asuntos políti-
ner un correctivo a la creencia de que, no menos en los Discursos que en cos, Pero, en opinión de Maquiavelo, no apreciaban que los "tumultos"
El príncipe, la visión de Maquiavelo es enteramente sui generis. También de la antigua Roma eran consecuencia de una intensa participación polí-
nos ofrece un punto de referencia contra el cual medir el grado en que tica y, por tanto, una manifestación de la más elevada virtú cívica. Por
Maquiavelo en realidad estaba interesado en cuestionar, antes que en tanto, no alcanzaron lo que Maquiavelo claramente consideró como una
apoyar, b u e n n ú m e r o de las suposiciones humanistas prevalecientes visión fundamental política: que "toda legislación favorable a la libertad
acerca del ideal de libertad. es producida por el choque" entre las ciases, y así que el conflicto de
Hay dos puntos clave en que Maquiavelo adopta u n a actitud comple- clases no es el disolvente sino el cimiento de u n a comunidad (p. 113).
tamente heterodoxa al analizar el concepto de libertad republicana. El Esta defensa de los "tumultos" horrorizó a los contemporáneos de Ma-
primero está en el cuarto capítulo del primer Discurso, en que refuta "la quiavelo. Guicciardini habló por todos ellos cuando declaró en sus Consi-
opinión de todos los que alegan que la república romana fue tan tu- deraciones sobre los Discursos que "el elogiar ia desunión es como elogiar el
multuosa y llena de confusiones que, de no haber sido por la buena for- mal de un enfermo por causa de la virtud del remedio que se le aplicó"
tuna y la virtud militar que contrapesaron estos defectos, su Estado ha- (p. 68; Phillips, 1977, p p . 85-86). Esta reacción generalmente se ha atri-
bría sido peor que el de ninguna otra república" (p. 113). Respondiendo buido al hecho de que el argumento de Maquiavelo proyectaba una som-
a este ataque, Maquiavelo parte de la suposición ortodoxa de que uno de bra profunda sobre eí interés, por entonces de moda, por la "serenidad"
los objetivos principales de cualquier república que aprecie su libertad veneciana. Pocock, por ejemplo, ha llegado a afirmar que los Discursos en
debe ser impedir que cualquier sección del pueblo trate de legislar en general "como mejor se interpretan es como disensión sistemática del
provecho de sus intereses egoístas. Sugiere después que, si realmente paradigma veneciano" (1975, p. 186). Esto puede ser correcto, pero pa-
aceptamos este argumento, al mismo tiempo no podemos apoyar la tradi- rece menospreciar la naturaleza radical del ataque de Maquiavelo a la
cional idea de que los "tumultos" y la discordia cívica inevitablemente son ortodoxia prevaleciente. Como hemos visto, la idea de que toda discor-
208 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE L O S VALORES R E P U B L I C A N O S 209
dia cívica debe ser proscrita como facciosa, j u n t o con la creencia de que el que trata de los problemas a los que se enfrenta un nuevo gobernante
faccionalisrno constituye una de las amenazas más graves a la vida polí- "en una ciudad o provincia que ha tomado" (p. 176). Tal dirigente tra-
tica, había sido u n o de los temas principales de la teoría política floren- tará de evitar, como es natural, el recurrir a métodos crueles o injustos,
tina desde finales del siglo xm, cuando Remigio, Latini, Compagni y so- que "repugnan a toda comunidad, no sólo cristiana, sino a cualquier co-
bre todo Dante habían emitido feroces denuncias de sus conciudadanos munidad compuesta por hombres" (p. 177). Pero al mismo tiempo, de-
por poner en peligro sus libertades al negarse a vivir en paz. Por tanto, seará "conservar lo que tiene" y asegurar sus territorios nuevos (p. 177).
insistir en el asombroso juicio de que (según lo expresa Maquiavelo) "los El dilema que muy probablemente se presentará, según Maquiavelo, es
tumultos merecen el mayor elogio" no sólo era desdeñar la admiración que le resultará imposible alcanzar sus fines deseados como no sea por el
en boga a ia constitución veneciana; también era cuestionar u n a de las uso de métodos indeseables. La cuestión a la que habrá de enfrentarse es
suposiciones más profundamente arraigadas en toda ia historia del pen- si realmente desea evitar por completo tales métodos y "vivir como ciu-
samiento político florentino (p. 114; cf. Pocock, 1975, p. 194). dadano privado" o si está dispuesto "a entrar en el camino de hacer el
El otro punto en que Maquiavelo trató de socavar las piedades prevale- mal" para mantener así su Estado (p. 177).
cientes fue al analizar las conexiones entre la búsqueda de la virtú y ios Maquiavelo ofrece su propia respuesta tan inequívocamente como es
requerimientos de ia fe cristiana. Esta relación casi no fue considerada posible hacerlo. No tiene ninguna d u d a de que el objetivo de mantener la
como problemática por los defensores más ortodoxos de la libertad re- libertad y seguridad de una república representa el valor supremo (en
publicana. A u n q u e convenían en que todo ciudadano q u e posea la cuali- realidad, decisivo) en la vida política. Por tanto, no vacila en concluir que
dad de virtú se distinguirá por su disposición a colocar los intereses de su todo intento de aplicar la escala cristiana de valores al juzgar los asuntos
comunidad por encima de rodos los demás, en cambio nunca implicaron políticos debe ser totalmente a b a n d o n a d o . Desde luego, continúa pi-
que esto pudiese producir conflictos con los requerimientos de la virtud diendo a los hombres actuar tan virtuosamente como sea posible. Pero no
en ei tradicional sentido cristiano. Por lo contrario, a m e n u d o pusieron menos insiste en que, si la libertad de nuestra patria requiere entrar en el
en claro que daban por sentada u n a completa compatibilidad entre la camino de hacer el mal, debemos hacerlo sin vacilar. El argumento es
virtú y las virtudes. Por ejemplo, esto puede verse claramente en el análi- expuesto con brutal claridad a) final del último Discurso, donde Maquia-
sis que hace Patrizi de la virtus en el tercer Libro de su Instituá&n de una velo nos ofrece un juicio que, según dice, "merece la atención y debe ser
república. Primero establece que "todos los ciudadanos deben ser educa- observado por todo ciudadano que tenga que dar un consejo a su país"
dos de tal m a n e r a q u e se apliquen seriamente a a d q u i r i r la virtus" (p. 515). El juicio es éste: "Cuando la seguridad de nuestro país d e p e n d a
(fol. 80a). Pero después indica que, al hablar de ia virtus en estos términos por completo de la decisión que vaya a adoptarse, no debe prestarse la
generales, en lo que básicamente está pensando es en la lista tradicional menor atención a la justicia o la injusticia, la bondad o la crueldad, o al
de las virtudes cardinales, entre ias que pasa a seleccionar la justicia p a r a hecho de que sea loable o ignominiosa. Por lo contrario, dejando aparte
colocarla por encima de todas (fol. 80b). toda otra consideración, debe adoptarse de lleno tal alternativa que salve
El ataque de Maquiavelo a estas confortables suposiciones consiste en la vida y conserve la libertad de nuestro país" (p. 515).
afirmar que, al presuponer semejante compatibilidad entre la virtú y las Pese a todas las muchas diferencias entre El príncipe y los Discursos, la
virtudes, sus contemporáneos una vez más estaban dejando de reconocer moral política subyacente en las dos obras es la misma. El único cambio
las implicaciones de sus propios argumentos. Insiste en que si estamos en la actitud básica de Maquiavelo surge del cambiante foco de su consejo
genuinamente interesados en el ideal de virtú, y convenimos en que éste político. Mientras que en El príncipe estaba particularmente interesado en
nos compromete a poner los intereses de nuestra patria por encima de moldear la conducta de príncipes individuales, en ios Discursos se concen-
toda otra preocupación, entonces no podremos seguir suponiendo que tra en ofrecer su consejo a todo el cuerpo de ciudadanos. Sin embargo,
un hombre de virtú y un hombre de virtud necesariamente se comporta- las suposiciones subyacentes de su consejo siguen siendo las mismas de
rán de manera simiiar. Y es que no podemos suponer que virtudes como antes. Esto queda claro en temprana parte del primer Discurso, en el
bondad, sinceridad y mantenimiento de la justicia resultarán siempre -o punto en que está analizando la fundación de la ciudad de Roma por
siquiera muy a m e n u d o - compatibles con la búsqueda determinada del Rórnulo. Maquiavelo se siente obligado a decir que Rómulo causó "la
bien general de la comunidad. muerte de su hermano y su c o m p a ñ e r o " en el curso de sus labores, pero
Maquiavelo presenta este dilema en su forma más c r u d a en el capítulo inmediatamente añade que "merece excusas" por estos atroces crímenes
210 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES R E P U B L I C A N O S 211

(p. 133). La razón es que estos actos en realidad fueron esenciales para "maquiavélicos" fue Guicciardini, amigo y contemporáneo más joven de
lograr la seguridad de la nueva ciudad. Y el argumento fundamental de Maquiavelo. Las Máximas de Guicciardini, en particular, contienen mu-
Maquiavelo es que no puede censurarse razonablemente a nadie " p o r chas reflexiones similarmente amargas sobre la vida política. Conviene en
e m p r e n d e r alguna acción, por extraordinaria que sea, para ser útil a la que " u n a naturaleza franca y abierta" puede ser "nociva" para el triunfo
organización de un reino o la constitución de una república" (p. 132). político, y arguye que "ei engaño es muy útil, mientras que la franqueza
Así, su opinión puede resumirse, como él mismo ío reconoce, en forma suele aprovechar a otros" (pp. 67, 107). Y aún más enérgicamente sos-
de la que él llama la "sana máxima" de que "los actos reprensibles pue- tiene que un gobernante "debe d e p e n d e r más de la severidad que de la
den justificarse por sus efectos, y cuando el efecto es bueno, como lo fue bondad", ya que "la perversión de los hombres es tai que no se p u e d e
14
en el caso de Rómulo, siempre justifica la acción". gobernar bien sin severidad" (pp. 53, 116). Y resume su consejo advir-
En todos los Discursos Maquiavelo salpica su argumento con muchos tiéndonos en tonos casi teatraimente "maquiavélicos", que "no sufriréis
consejos que revelan su lealtad, inconmovible a su anticristiana escala de daño si creéis poco y confiáis menos" (p. 81). No obstante, parece exage-
valores. Insiste - c o m o en El príncipe- en que es mejor que un gobernante rado decir, como lo han hecho Domandi y otros, que Guicciardini es un
sea temido que amado, y mejor "depender del castigo que de la conside- escritor más "maquiavélico" que el propio Maquiavelo (Domandi, 1965,
ración" al tratar a sus subditos (p. 460). Sostiene que, en una situación en p. 33; cf. también Alien, 1957, p. 498). Cuando Guicciardini analiza el capí-
que el gobernante encuentra toda la ciudad en armas contra su gobierno, tulo de Maquiavelo sobre los problemas de los nuevos gobernantes, en
el mejor curso de acción es a b a n d o n a r todo pensamiento de clemencia, y sus Consideraciones sobre los Discursos, critica a Maquiavelo por mostrarse
"suprimirlos" por completo (p. 349). Y repetidas veces recomienda eí uso "extremadamente parcial hacia ios métodos extraordinarios y violentos"
del engaño, el disimulo y el dolo, aun en relación con cuestiones de la y, en consecuencia, por no ver que un nuevo príncipe puede establecer
mayor importancia pública (por ejemplo, pp. 143, 310, 390, 423). La jus- su gobierno "con humanidad, bondad y recompensas" (p. 92). Y aun
tificación que ofrece en cada caso para acciones tan "reprobables" es q u e c u a n d o Guicciardini pronuncia buen n ú m e r o de juicios excepcional-
a m e n u d o no se pueden evitar si ha de conservarse la libertad de la co- mente violentos en sus Máximas sobre las insuficiencias de sus contempo-
munidad: valor que, de esta manera, se coloca por encima de toda consi- ráneos, nunca es congruentemente pesimista en su apreciación de la na-
deración rival en favor de la clemencia, la justicia o las demás virtudes turaleza h u m a n a y sus potencialidades. A veces está seguro de que "los
convencionales de la vida política (pp. 143, 349, 393). hombres son tan falsos, tan insidiosos, tan hipócritas y taimados en sus
El resultado de la visión de Maquiavelo - c o m o en El príncipe- es, por ardides, y tan ávidos en su interés propio" que no se les puede tener
tanto, que los conceptos de virtú y virtud dejan de tener una conexión ninguna confianza (p. 88). Pero en otros momentos está igualmente se-
necesaria antre sí. La idea de virtú simplemente se equipara a las cualida- guro de que "todos los hombres por naturaleza se inclinan hacia el bien,
des q u e en la práctica se necesiten p a r a "salvar la vida y conservar la antes que hacia el mal" y de que nadie "no preferiría hacer bien que mal,
libertad del propio país". Pone luego brutalmente en claro que estas cua- a menos que otros factores le indujeran a hacer lo contrario" (p. 75). Por
lidades no están en relación muy directa con la lista aceptada de virtudes contraste, Maquiavelo es un escéptico constante, casi hobbesiano ante la
cristianas y morales (p. 515). En el caso del estudio análogo, en El prin- posibilidad de inducir a los hombres a comportarse bien, como no sea
cipe, esto surge con la mayor claridad en la descripción que hace Maquia- por el halago o la fuerza. En las primeras palabras de los Discursos se
velo de dos de sus héroes predilectos de la Antigüedad, Severo y Aníbal. habla de "la envidia inherente a la naturaleza del hombre" y en toda la
Una vez más señala a Severo por su alta virtú y su "gran fortuna", mien- obra se predica la suposición de que "al constituir y legislar para una
tras Maquiavelo nos asegura, en ia misma tirada, que fue indiscutible- comunidad, debe darse por sentado que todos ios hombres son perversos
mente "un hombre perverso" (p. 137). Y vuelve a celebrar la "extraordi- y que siempre desahogarán la vesania que hay en su espíritu cuando se
naria virtú" y fama de Aníbal; Maquiavelo nos recuerda al mismo tiempo ofrezca la oportunidad" (pp. 97, 111, 112). Mientras que Guicciardini
que logró su magnífica reputación por métodos que incluían "impiedad, aún está dispuesto a permitir que una débil lumbre de optimismo o
infidelidad y crueldad" en grado extremo (pp. 464-465). autoengaño iluminen su cuadro, por lo demás sombrío, de la vida polí-
Dado que éste es el punto de vista moral de Maquiavelo en los Discur-
sos, hay mucho que decir en favor de la opinión de que el primero de los quiavelo diga que "el fin justifica los medios". Los verbos que emplea Maquiavelo - e n yux-
taposición característicamente epigramática- son acensare y scusare. La acción misma acusa,
14
Discursos, p. 132. Pero esta traducción parece demasiado tendiente a hacer q u e Ma- pero su resultado excusa (antes que justifica) su d e s e m p e ñ o .
212 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA PERVIVENCIA DE LOS VALORES REPUBLICANOS 213
tica, Maquiavelo invariablemente considera el m u n d o de la política como Los comienzos de esta decadencia ya pueden observarse en Maquia-
un m u n d o en que los métodos racionales del legislador deben ser suple- velo, quien acepta la visión, en el fondo fatalista, de que pese a los mejo-
mentados en todo momento con la ferocidad dei león y la astucia del res esfuerzos de nuestros estadistas, hay un inexorable ciclo de creci-
zorro. miento y decadencia por el cual ha de pasar toda comunidad. No hay
señales de esta visión determinista de la condición h u m a n a en El príncipe,
EL FIN DE LA LIBERTAD REPUBLICANA pero los Discursos empiezan con u n a explicación completa de la teoría
polibiana de los ciclos inevitables. Maquiavelo afirma que todas las comu-
Quizás el motivo más central del humanismo renacentista, como ha dicho
nidades son originalmente gobernadas por príncipes que, al ser heredita-
Garin, sea la proposición de que virtú vince fortuna - q u e la virtú sirve para
rios, degeneran en tiranos, provocando así conjuras de parte de la aristo-
superar el p o d e r de la fortuna al gobernar nuestros asuntos (Garin,
cracia en contra de ellos. Entonces, los aristócratas implantan sus propios
1965, p. 61). Los humanistas siempre habían reconocido el grado de po-
gobiernos, que pronto degeneran en oligarquías, provocando conspira-
der de la fortuna, pero al mismo tiempo insistían en que un h o m b r e de
ciones de parte de las masas. Éstas, a su vez, implantan democracias, que
virtú siempre encontrará los medios de limitar y subyugar su tiranía. A ú n
a la postre conducen a la anarquía, lo cual les persuade a retornar a la
encontramos parte de la misma confianza expresada por Maquiavelo y
posición inicial de gobierno por un príncipe. Éste es "el ciclo por el cual
sus c o n t e m p o r á n e o s . En sus Discursos, Maquiavelo declara q u e sólo
pasan todas las comunidades" (pp. 106-109). Desde luego, Maquiavelo
"donde los hombres tienen poca virtú", la "fortuna puede hacer un gran
cree que estas inevitables etapas de corrupción y declinar pueden evitarse
despliegue de sus poderes" (pp. 375-376). Hasta llega a sostener que "la
mediante el establecimiento de una forma mixta de régimen republicano,
fortuna no influye" sobre los grandes hombres, ya que "ellos no cambian,
ya que esto permite que las fuerzas de las tres formas "puras" de go-
sino que permanecen siempre resueltos" aun ante su mayor malevolencia
bierno se combinen, sin sus concomitantes flaquezas (p. 109). Pero más
(p. 488). Y termina su capítulo sobre la influencia de la fortuna procla-
adelante pone en claro que, tomando la perspectiva más vasta sobre los
mando en su tono más elevado que, a pesar del dominio de la diosa sobre
asuntos humanos, hemos de concluir que, a la postre, la fortuna se hace
los asuntos humanos, los hombres "no deben ceder nunca" (p. 372). De-
cargo de todo. No sólo acepta ia convencional creencia humanista en que
ben reconfortarse pensando en eí hecho de que "siempre hay esperanza"
"ocurren muchos acontecimientos y suceden muchos infortunios contra
aun cuando "no conozcan el fin y avancen p o r caminos que se cruzan y
los cuales los cielos no han querido que se tomen medidas" (p. 369). Y
que aún no h a n sido explorados". Y como hay esperanza "no deben de-
hasta llega a afirmar que la "historia en conjunto es testigo" de la afirma-
sesperar, traiga lo que traiga la fortuna, o en qué avalares se encuentren"
ción mucho más pesimista de que "los hombres pueden secundar su for-
(p. 372).
tuna, pero no pueden oponérsele", y así, que "pueden actuar de acuerdo
Sin embargo, al ir desenvolviéndose la terrible historia de Italia en el
con sus órdenes, pero no infringirlas" (p. 372).
siglo xvi, los últimos humanistas fueron q u e d a n d o abrumados p o r la sen-
Si ahora nos adelantamos más de una década, a partir de los Discursos
sación de que estaban viviendo en una época en que virtú y ragione ya no
de Maquiavelo, y nos volvemos hacia las Máximas de Guicciardini y su
eran capaces de parar los golpes de la fortuna. Los intentos de los repu-
Historia, encontraremos un sentido grandemente intensificado del des-
blicanos por establecer un gobierno popular en Roma finalmente fueron
equilibrio entre los poderes de la fortuna y las capacidades del hombre.
aplastados en 1527, cuando los ejércitos de Carlos V, amotinados e incon-
Las Máximas empiezan con ciertas reflexiones bastante convencionales
tenibles, saquearon la ciudad y dejaron que su destino fuera decidido por
sobre el hecho de que la fortuna "desempeñe tan grande papel" en nues-
las potencias invasoras (Green, 1964, pp. 153-154). La última república
tras vidas y "tenga gran poder sobre los asuntos humanos" (pp. 45, 49).
florentina fue aplastada tres años después por los mismos ejércitos impe-
Pero no pasa mucho tiempo antes de que empiece a oírse una nota de
riales, después de lo cual los Médicis finalmente lograron acallar las tra-
creciente desesperación. Guicciardini reconoce que "todas las ciudades,
dicionales exigencias de libertad republicana. Ante estas pruebas estre-
todos los estados, todas las regiones son mortales" y que "todo, sea por
mecedoras de la malevolencia de la fortuna, la confianza característica de
naturaleza, sea por accidente, termina en algún tiempo" a pesar de los
los humanistas empezó a vacilar y se desplomó, hasta llegar a un sentido
esfuerzos que podamos hacer para impedir este desplome último (p. 89).
de creciente impotencia. Y con esta pérdida de fe en el p o d e r de la virtü,
En consecuencia, se concentra tratando de reconfortar a quienes, como él
llegó a su fin la gran tradición del republicanismo italiano.
mismo, se encuentran viviendo "en las etapas finales" de la existencia de
214 EL RENACIMIENTO ITALIANO LA P E R V I V E N C I A DE LOS V A L O R E S R E P U B L I C A N O S 21S

su país, y dice que un hombre que se encuentra en semejante situación pero protestan diciendo que no está en su poder sugerir siquiera algún
"no debe sentir tanta lástima hacia su país como hacia sí mismo", ya que remedio (p. 442). Y el Rey de Inglaterra simplemente se echa a llorar sin
"lo que ocurrió a su país era inevitable" en algún punto, mientras que "na- tratar siquiera de defenderse (p. 443). T o d a la época aparece condenada
cer en un tiempo en que ha de ocurrir semejante desastre" sólo p u e d e como aquella en que la virtú es ya casi irreconocible y, de ser reconocida,
considerarse como un. infortunio terrible y gratuito (p. 89). Para c u a n d o ya no se la practica.
llegó a escribir su Historia en los últimos años de su vida, esta sensación
de vivir en una época de catástrofe irreversible había llegado a dominar
toda la visión de Guicciardini. Abandonando la creencia humanista en
que el principal deber del historiador es dar a sus lectores preceptos y OTRAS LECTURAS
consejos útiles, dedica todo su relato a n a r r a r la tragedia de la progresiva
1. Guicciardini. La biografía más habitualmente citada es la de Ridolfi, 1967. Hay un esbozo
explotación y final desplome de Italia. La única lección general en que, útil de las ideas políticas de Guicciardini en Rubinstein, 1965a, y un excelente relato de
paradójicamente, trata de insistir es, como lo ha dicho Gilbert, "la de la Gilbert, 1965. Para un análisis más completo, véase Pocock, 1975. La relación e n t r e la visión
impotencia del hombre ante el destino" (Gilbert, 1965, p p . 288, 299). política y la histórica de Guicciardini ha sido bien analizada por Philiips, 1977.
Por último, cuando llegamos a un escritor como Boccalini, que trata de
avanzar entre las ruinas de la tradición republicana a finales del siglo xvi, 2. Maquiavelo. Dos valiosos intentos p o r analizar ia vasta literatura crítica al respecto han
sido obra de Cochrane, 1961 y de Geerken, 1976. La biografía más frecuentemente citada
encontramos un tono de franca desesperación. El último l i b r o de los es la de Ridolfi, 1963. Los antecedentes políticos del pensamiento de Maquiavelo han sido
Consejos desde el Parnaso contiene una escena en que "todos los principales esbozados p o r Hale, 1961. El trasfondo de la teoría política del quattrocento se describe en
potentados de la Tierra" se encuentran ante "el censor público de los Barón, 1966, Garin, 1965 y en varios de los seminales ensayos reunidos en Kristeller, 1961
asuntos políticos", para ser condenado por turnos, en el estilo más des- y 1965. Gilbert, 1965, contiene u n a de las mejores exposiciones generales de las ideas políti-
cas de Maquiavelo. Pocock, 1975, es otro buen estudio, especialmente interesado con res-
piadadamente irónico de Boccalini, por no haber dado a sus ciudadanos pecto a los Discursos. Algunos estudios importantes sobre temas específicos: sobre la fecha
ni la m e n o r apariencia de un gobierno sano y eficaz (p. 439). El Sacro de El principe y los Discursos, véase Barón, 1961. Sobre Maquiavelo como historiador, véase
Romano E m p e r a d o r es acusado de negligencia escandalosa; los franceses Gilbert, 1972. Sobre Maquiavelo y el arte de la g u e r r a , véase Bayley, 1961. Sobre la moral
son acusados de auténtica locura; a los españoles se les dice que su go- política de Maquiavelo, véase Berlin, 1972, y para dos opiniones contrastantes y q u e han
ejercido influencia, véase C h a b o d , 1958 y Strauss, 1958. Sobre el significado del concepto
bierno es "odioso a los hombres"; los ingleses son estigmatizados como clave de virtú en Maquiavelo, véase especialmente Whitfield, 1947, Hexter, 1964 y Price,
peligrosos herejes; el Imperio otomano es execrado por su "cruel rigor"; 1973.
y aun a Venecia se le advierte que su serenidad está en peligro, por los
excesos de sus nobles (pp. 440-447). Cada gobierno trata de defenderse,
pero las justificaciones que ofrece sólo sirven para subrayar la triste con-
clusión de que la época de la virtú ha llegado a su fin. Algunos de ellos
tratan perversamente de argüir que sus aparentes flaquezas son, en reali-
dad, pruebas de la sabiduría de sus estadistas. Así, los franceses se quejan
de haber sido censurados por "las virtudes primarias" de su gobierno,
mientras que los otomanos defienden su crueldad en términos estricta-
mente maquiavélicos, insistiendo en que "las virtudes heroicas de la cle-
mencia y la bondad" sólo sirven para poner en peligro "la tranquilidad y
la paz de los estados" (pp. 441, 445-446). Las naciones más modestas
reconocen que su conducta es repugnante,- pero insisten en que el ma-
ligno poder de la fortuna y sus propias circunstancias, generalmente ad-
versas, hacen imposible pensar siquiera en alguna reforma. El Empera-
d o r declara que los problemas de su gobierno son tan intratables que
harían que el propio "Rey Salomón" pareciera "un necio" (p. 441). Los
españoles reconocen que su gobierno es "deficiente y lleno de peligro",