Está en la página 1de 3

DÉCADAS DE PSICOLOGÍA

Rodríguez J, Manuela & García, Sabina, J. Ángel

“ENCRUCIJADAS”

“RESPUESTAS A PREGUNTAS SIN RESPUESTAS”

“LA PARADOJA: “PADRES BUENOS – HIJOS MALOS”

Cuando un hijo no responde a nuestras expectativas, cuando por circunstancias


de la vida nos manda un mensaje que viene a decir: “..no quiero saber nada de ti…”,
cuando nos sentimos atacados incluso por él o cuando lo vemos metido en graves
conflictos como consecuencia de su conducta negligente, antisocial, y en definitiva que
no podemos considerar digna de ser nuestro hijo; nos invade el sentimiento de culpa y
los pensamientos recurrente de : “…que hice mal..”, “¿en qué fallé?...”, “..¿seré yo el
culpable?..”…

Si estáis atentos y abiertos con una actitud reflexiva, estamos seguros de que la
respuesta a estas interrogantes la encontraréis en estas líneas:

Posiblemente fallamos en muchas cosas, pero cuando nos abordan estos


pensamientos, la primera reflexión que debemos hacer es la de : “¡Nuestros hijos no
nos pertenecen!. Muchos de nuestros síntomas psicológicos, psicosomáticos y malestar
psíquico está motivado por este tipo de pensamientos distorsionantes, que provienen de
considerar a nuestro hijo como una posesión más, “…si yo considero a mi hijo como mi
posesión, indudablemente ¡habré fallado!, y esta consideración será mi principal
error..”.

EL ARQUERO Y LA FLECHA

Como padres somos “arqueros” que vemos como nuestros hijos “las flechas”,
son disparadas. Cada “arquero” trata de: dar la mayor fuerza a su flecha, conseguir la
mayor estabilidad , la mejor trayectoria, etc.. y todo esto con la mayor concentración y
disposición. Pero en muchas ocasiones las flechas no acaban en el objetivo que el
arquero quiere, pues, inexplicablemente siguió otro camino, y esto es debido a que son
muchos factores que pueden influir en apartar la flecha de su trayectoria final: el viento,
la humedad, la fuerza lanzamiento, la temperatura, otros obstáculos inesperados, etc..,
factores muchas veces imprevisibles que el arquero no puede controlar y menos aún
cuando ya lanzó su flecha.

Si somos buenos “arqueros” seremos mejores padres, pero no por eso infalibles,
pues ni el mejor “arquero” da siempre en el blanco.

EL BUEN ARQUERO

El buen arquero tiene en cuenta unos aspectos que son fundamentales para
conseguir su mejor lanzamiento:
1º.- Procura que la flecha esté en las mejores condiciones para su lanzamiento.-
Para ello observar y prepara la flecha que va a lanzar, a veces, está un poco
desviada y trata de enderezarla suavemente, a veces el arquero emplea una acción
brusca para llegar a enderezarla corriendo el riesgo de dañarla gravemente y será muy
difícil o imposible que ésta siga la trayectoria marcada.

Nosotros como padres debemos observar y vigilar el adecuado desarrollo


evolutivo bio-psico-social de nuestro hijo, pero estamos en la completa seguridad de
que no siempre habremos podido realizar las acciones de modificación de conducta
ante situaciones como: la indisciplina, falta de respeto, incumplimiento de
responsabilidades, conductas desafiantes, etc.. con la suavidad y tacto que se requiere
desde los tratados y manuales de psicología. El problema aquí, es no llegar a dañar el
punto de inflexión en la relación con nuestro hijo.

En la “flecha” el punto de inflexión depende de las características del material


del cual esta hecha, punto que el arquero conoce aproximadamente y que procura no
dañar. Como padres conocemos las características de nuestros hijos: personalidad,
sensibilidad, inteligencia emocional, etc..que son las que nos marcan el punto de
inflexión. Conocer estas características, nos permitirá valorar hasta donde podemos
llegar en nuestras acciones, para no dañar el punto de inflexión. Muchas veces hemos
escuchado en nuestras consultas: “..si yo eduqué igual a mis dos hijos, ¿Cómo puede ser
que uno de ellos me ha salido rana?...”

2º.- Tensa arco y flecha para imprimir toda la fuerza en su lanzamiento.-

El arquero tratará de transmitir a la flecha toda la fuerza necesaria para evitar


que otros factores alteren el mínimo su trayectoria.
Como padres, desde nuestra experiencia y con las mejores intenciones tratamos
de transmitir los buenos valores que hemos aprendidos a nuestros hijos, serán éstos los
que le den la fuerza necesaria y el valor para afrontar momentos difíciles.

3º.- Se concentra y tiene en cuenta factores que pueden influir en la trayectoria de la


flecha.-

Otros factores ajenos a la flecha como el viento, humedad, temperatura, etc.. también
son tenidos en cuenta por el buen arquero. La paradoja del arquero, la descubrió Robert
P. Palmer, nos dice que para que una flecha vuele en las mejores condiciones hacia el
blanco y con la mejor precisión necesita un coeficiente de flexibilidad adecuado (es un
fenómeno que no se puede apreciar a simple vista y se debe filmar con unas cámaras de
lata velocidad.)

Como padres debemos educar en la flexibilidad, esto es, dotar a nuestros hijos de la
necesaria flexibilidad que le ayude a soportar y resolver los momentos conflictivos y
difíciles que irán sucediendo a lo largo de su vida, al igual que una flecha rígida se
saldrá de su trayectoria y no buscará una adaptación a las condiciones ambientales, unos
pensamientos rígidos pueden originar posibles trastornos neuróticos, obsesivos de
personalidad o pensamiento, etc.. peligrando nuestra salud mental.
4º.- Por último lanza la flecha.-

En este momento el arquero ya no es dueño de su trayectoria. Como padres, una


vez que nuestros hijos son “lanzados”, rompen el cordón y son ellos los responsables de
sus “trayectorias” vidas, acciones y sus decisiones. Podremos estar ahí para orientarlos
si nos lo piden, pero no tienen derecho a culpabilizarnos de las circunstancias o
situaciones negativas que ocurran en sus vidas. Lamentablemente, esto se da con
frecuencia, y muchos hijos/as que cambiaron su trayectoria tratan cuando se encuentran
en situaciones difíciles de obtener ayuda a través de chantajes emocionales y
culpabilizadores, y cuando esta ayuda no llega, porque por supuesto no debe de llegar si
es pedida de esta manera, estos mensajes se vuelven más hostiles : “…No quiero saber
nada de ti…”, etc..

“Pero ni nosotros como padres ni el arquero decidimos que la flecha acabase en un


objetivo distinto al que habíamos fijado”