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Mirarle a Él para mirar como Él

HORA SANTA – JUEVES SANTO 2015


Canto
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él (2)
No adoréis a nadie, a nadie más (2)
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
Porque sólo Él nos puede sostener (2)
No adoréis a nadie, a nadie más (2)
No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.
Monición
1. Al caer la noche del primer Jueves Santo, después de la cena de Pascua, Jesús fue
con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, y les dice: «Sentaos aquí,
mientras voy allá a orar.» Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,
comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto
de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» (Mateo 26,36-38). Jesús quiere compartir con
los suyos, también con nosotros, no sólo su palabra, su amor, su fuerza, su alegría…
Quiere compartir su angustia, su miedo, su lucha…
Hoy nosotros también queremos velar junto a Jesús, acompañarle y dejarnos acompañar
por Él. Queremos estar con Él, para que su palabra, sus gestos, su amor transformen
poco a poco nuestra vida, para ser como Él; hasta que podamos decir con San Pablo: vivo
yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20).
Oración
Nos arrodillamos ante ti, como los magos que acudieron a Belén. Sus ojos descubrieron
que ese niño indefenso era Dios y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Nuestra fe también
nos asegura que en ese pedacito de pan consagrado, Señor, estás tú, amándonos, y
queremos ofrecerte nuestra gratitud, nuestra vida.
Nos arrodillamos ante ti, como el leproso del Evangelio, con humildad y confianza, para
decirte: “Señor, si quieres puedes limpiarme”; para escuchar tus palabras: “Quiero, queda
limpio”
Nos arrodillamos ante ti, como Simón Pedro, para decirte, arrepentidos: “Aléjate de mí,
que soy un pecador”; para sentir tu consuelo: “No temas, desde ahora serás pescador de
hombres”.
Nos arrodillamos ante ti, como la mujer pecadora. Nos ponemos a tus pies para agradecer
tus palabras de perdón: “tus muchos pecados han quedado perdonados, porque has
amado mucho… Tu fe te ha salvado, vete en paz”.
Como Jairo cayó a tus pies para pedirte por su hija, nos arrodillamos ante ti, para pedirte
por muchos hermanos nuestros que sufren enfermedades del cuerpo y del alma; para
acoger tu salvación: “No temas, basta que creas y se salvará”.
Como el leproso curado, que te buscó para agradecer su salud, también nosotros nos
postramos ante ti, para decirte: “Gracias por nuestra vida, por cada persona, por cada
atardecer... Gracias por perdonarnos y por alimentarnos con tu amor”
Nos arrodillamos ante ti, como María, la hermana de Lázaro, para decirte: “Si hubieras
estado aquí, no habría muerto mi hermano”; para recordar tu promesa: «Yo soy la
resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y
cree en mí, no morirá para siempre.»
Nos arrodillamos ante ti, Señor, porque tú, siendo Dios, te arrodillas ante nosotros y nos
lavas los pies. Nos arrodillamos para escuchar tu enseñanza: “si yo, el Maestro y el Señor,
os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado
ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

Canto
Ante ti, Señor (Ante ti, Señor) mi alma levantaré (Mi alma levantaré) (2). Oh, mi Dios (oh
mi Dios) confío en ti (confío en ti). Yo te alabo, Señor, yo te adoro, Señor, oh mi
Dios. (2)
Guíame, Señor (Guíame, Señor) Y guarda mi alma (Y guarda mi alma) (bis) Oh, mi Dios...
Líbrame, Señor (Líbrame, Señor) de todo peligro (de todo peligro) (bis) Oh, mi Dios …
Dame un corazón (Dame un corazón) que pueda adorarte (que pueda adorarte) Oh, mi
Dios…

I. JESÚS NOS MIRA CON AMOR


Lectura de la Palabra de Dios.
Así dice el Señor, el que te creó, el que te formó. No temas, que yo te he rescatado. Te he
llamado por tu nombre y eres mía… Tú vales mucho para mí, eres valiosa y yo te amo.
Isaías 43.
Tú pensabas; “Me ha abandonado Dios, el Señor me ha olvidado”. ¿Acaso olvida una
madre a su niño de pecho y deja de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se
olvide, yo no te olvidaré. Fíjate: te llevo tatuada en las palmas de mis manos,
continuamente pienso en ti. Isaías 49.
Ya no te llamarán «abandonada», ni a tu tierra «devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra «Desposada»; porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como
un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que
encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. Isaías 62.
Reflexión y oración
 Deja que esta Palabra toque tu corazón. Deja que su mirada amorosa cale en tu
pensamiento, en tu sentimiento, en las zonas más claras y más oscuras de tu vida.
 Y tú, ¿cómo te miras? ¿Valoras todo lo que Dios te ha dado, todo lo que Dios ha hecho
y hace por ti? Eres obra suya, obra maravillosa… ¿Te comprendes y te perdonas como
Dios te comprende y te perdona? Dios se fija más en tus posibilidades de crecer que
en tus errores, ¿y tú, en qué te fijas más?
 ¿Cómo miras a los demás? Pide al Señor que te ayude a mirarles como Dios te mira a
ti, como Dios les mira: con amor, con compasión, con paciencia, con esperanza…

Silencio y Canto
En mi debilidad me haces fuerte. En mi debilidad me haces fuerte. Sólo en tu amor me
haces fuerte. Sólo en tu vida me haces fuerte. En mi debilidad te haces fuerte en mí.

Oración
Señor y Dios mío, estoy tan convencida de que velas sobre los que en ti esperan y de que
nada puede faltar a quienes todo lo esperan de ti, que he decidido vivir en adelante sin
preocupación alguna y depositar en ti todos mis agobios.
Pueden despojarme los hombres de todos los bienes; pueden las enfermedades privarme
de las fuerzas para servirte, por el pecado puedo perder incluso la gracia, pero no perderé
jamás mi confianza en ti. La mantendré hasta el último instante de mi vida y nada ni nadie
logrará arrancármela.
Esperen otros la felicidad de sus riquezas y de su ingenio, confíen en la inocencia de su
vida, en el rigor de su penitencia, en sus muchas buenas obras o en el fervor de sus
oraciones. Mi única confianza es esta confianza en ti que nunca ha defraudado a nadie.
Por eso precisamente, estoy cierta de que seré eternamente feliz. AMÉN.

II. JESÚS MIRA AL MUNDO COMO UN GRAN CAMPO

Lectura de la Palabra de Dios


La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande
obreros a su mies. Lucas 10.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo
para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Juan 3.

Reflexión y oración
 Para Jesús el mundo no es un negocio que explotar, ni un espectáculo que contemplar,
ni un peligro que destruir. Para Jesús, el mundo es una mies, un campo necesitado de
trabajadores. ¿Cómo miro el mundo? ¿Cómo miro a las personas?
 Jesús dio su tiempo, sus fuerzas, su vida para que este mundo se convirtiese en un
hogar abierto a todos. ¿Qué parte de tu tiempo, de tu dinero, de tu talento dedicas a
mejorar este mundo, lleno de luces y sombras.

Silencio y Canción
Hazme ver con claridad que el mundo necesita de mí. Más de lo que estoy dispuesto a
dar. Más de lo que quiero entrar yo en ti. Y tú me dices ¡Ven a mí! Y yo en verdad no
quiero ir.

Oración
Padre, tanto amaste al mundo que no te reservaste ni a tu propio Hijo Jesús y nos lo
enviaste, para rescatarnos de nuestros pecados, miedos y soledades; con la fuerza de su
amor, de tu amor.
Padre, tanto amaste al mundo que Jesús, tu Hijo, se hizo humano como nosotros, se
sometió a la limitación del tiempo, a los rigores del frío y el calor, el hambre y el fracaso, la
cruz y la muerte.
Padre, tanto amaste al mundo que Jesús, tu Hijo, nos regaló su Palabra para
convencernos de que en tu corazón sólo hay amor, compasión y perdón.
Padre, tanto amaste al mundo que Jesús, tu Hijo, curó enfermos y resucitó muertos para
mostrarnos que el amor es más fuerte que el mal y la muerte.
Padre, tanto amaste al mundo que Jesús, tu Hijo, quiso quedarse entre nosotros en el pan
de la Eucaristía, en la luz de su Palabra, en la comunidad de los creyentes, en el corazón
de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Padre, tanto amaste al mundo que nos envías a muchas personas buenas, que nos
invitan a seguir el camino de la verdad, la justicia, el amor y la entrega.
Padre, tanto amas a la humanidad que me llamas a mí, pobre criatura tuya, y me envías
para que sea portavoz de tu Palabra y portador de tu amor.
Gracias, Padre, por tanto amor. Mil gracias, Padre.

III. MIRARLE A ÉL PARA MIRAR COMO ÉL

Lectura de la Palabra de Dios


Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el Hijo del
Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Juan 3.

Reflexión y oración
 Si no miramos a Jesús, nos perdemos; perdemos su mirada compasiva; no nos
sentimos perdonados ni amados. Mírale, entregándose en el pan y en el vino de la
Eucaristía, mírale, lavando los pies de los pecadores, mírale en todas las personas que
saben servir.
Silencio y Canto
Al amor más sincero, al amor sin fronteras, al amor que dio su vida por amor, encontré un
día cualquiera. Y a ese amor tan sincero, a ese amor sin fronteras, a ese amor que dio su
vida por amor, le entregué mi vida entera.

Oración
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el amor y el perdón, porque tú no me juzgas, no me
rechazas, ni me exiges nada. Sólo me esperas a la puerta, para que cuando regrese,
siempre la encuentre abierta.
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el amor y el perdón, porque sólo el que ama y recibe al
otro, perdona de verdad y tú me aceptas y me quieres tal como soy.
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el amor y el perdón y en ella sana la herida de mi
alma, porque tus ojos cicatrizan las huellas de mis culpas y debilidades.
Jesús, sólo en tu mirada encuentro el amor y el perdón, porque te colocas junto a mí,
junto a mis heridas, junto a mi dolor.
Jesús, sólo en tu mirada encuentro amor, compasión, calor que quema y apaga mi culpa
y mi dolor.
Jesús, sólo en tu mirada encuentro perdón, palabra de aliento, caricia de brisa suave,
abrazo de comprensión.
Jesús, tu mirada me libera del peso de mi culpabilidad, de la condena de mis faltas, del
rechazo de mis maldades.
Jesús, tu mirada me purifica y tu corazón me santifica y me sana. Jesús, sólo en tu mirada
encuentro el perdón y la fuerza para mirar, amar y entregarme, como Tú

Canto final a la Virgen


Tantas cosas en la vida nos ofrecen plenitud, y no son más que mentiras que desgastan la
inquietud. Tú has llenado mi existencia al quererme de verdad. Yo quisiera Madre Buena
amarte más. En silencio escuchabas la Palabra de Jesús, y la hacías pan de vida
meditando en tu interior. La semilla que ha caído ya germina, ya está en flor. Con el
corazón en fiesta cantaré. Ave María, ave María. Ave María, ave María.
PARROQUIA DE SANTO DOMINGO Y SAN MARTÍN (HUESCA) – 2 DE ABRIL DE 2015