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Jean Genet

LOS NEGROS
UNIVERSIDAD VERACRUZANA

Víctor A. Arredondo Traducción de Fabienne Bradú


Rector

Raúl Arias Lovillo


Secretario Académico

Elías Álvarez Vélez


Secretario de Administración y Finanzas

José Luis Rivas Vélez


Director General Editorial

FICCIÓN
Universidad Veracruzana
Disefio de porrad;\: Lucía Cómcz Benct, a panir de Dmth 1111d i!w 111r1sks,
de James Ensor

Con un oído contra el corazón

PQ2Gl3
E53 N,I Genet, ,Jcan, nJJ (). l !l8G
[.:'os nugnm / ,Jen,n _Cenet. : . tradueción del fr;=mcé~ d<-' F'ahien ne Bn1ctú.
·· Xalapa, Ver., Mex,co: lJmve.,'s.irlarl \'0racruz;ina, 200:L Cuando Jean Genet accedía a hablar acerca de Los Negros, siempre
13•1 p.: retr8.; 22 crn ... Wicc,ón)
insistía en que "la obra no fue escrita en favor de los negros sino en
T. o. : Lefi nl?g-re,q.
T.SBN: %8-8:J,I-GlO-l
contra de los blancos".
Añadía que el punto de partida le había sido dado por una caja
L. Te,;t>"o l"rancés · Si¡:,;Jo XX. l. P111vL'rsidnd Verneruzana. 11. t.
de música del siglo XVI!l en la qué cuatro negros vestidos de librea
bailaban y se inclinaban ante una princesa de porcelana blanca. En
la sugerente simbología del objeto se reconocerd el tenor y el inicio de
DBFV 2003/21 C,D.D.: 81~.i¡¡.;
la obra de teatro, al compds de un divertimento de Mozart,
Proseguía Genet: "Cuando miramos a los Negros, ¿acaso vemos otra
cosa que precisos y sombríos fantasmas nacidos de nuestro deseo?
Pero, ¿qué piensan de nosotros estos fantasmas? ¿Qué juego estdn
jugando?" Las respuestas que imaginó Genet constituyen la materia,
por no decir, la trama de la obra.
Hay que recordar, como el mismo Genet lo hace en un predmbulo tt
fa obra, que el proyecto le fa.e encargado por unos actores negros a través
del director de escena Raymond Rouleau, a fines de los años cincuenta.
Título origina!: Les n{f,re.< (París, 1958) Cuando ]ean Genet escribe Los Negros, el tema de fa negritud inven-
Primera edición, septiembre del 2003
tado fa sobre todo, reivindicado por Aimé Césaire y Leopold Sedar
© Universidad Veracrmana Senghor a partir de una recuperación del término mds denigrante para
Dirección Editorial calificar a una raza, aún no ha llegado a un escenario.
Apartado postal 97 Resulta, pues, paradójico que la obra mds poéticamente militante
Xalapa, Ver., 9!000, México
a favor de la negritud haya salido del imaginario de un blanco, lo
[SBN: 968-834-610-1 cual le valió a Genet el apodo de "Negro blanco'~ Sin embargo, la
paradoja también acarreó una ambigüedad en cuanto a la recepción
lmprcw en México de la obra por el público negro que veía alternadamente a Jean
Printcd in Mexico
Genet como un defensor o como un traidor de su causr1.

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Un malentendido empañó el éxito de la obra en muchos países, capricho, como algunos quisieron pacibirlo. Así, cuando Genet pro-
no como hecho teatral, sino por sus tesis de imaginación ideológica. hibió su representación en Varsovia porque la condición no se
Con el olvido de esta simple frase de lean Genet: ''Esta obra no fue cumplía, Ir: dirigió al traductor pol4co una carta en !ti que ahondt1ba:
escrita en favor de los negros sino en contra de los blancos\ por ''Me opongo a fa producción por las razones siguientes: entenderd
ejemplo, algunas voces de los Black Panthers se elevaron en contra de que si unos días antes de su ejecución, unos condenados a muerte
los "misioneros blancos disfrazados, defensores del imperialismo cul- -unos verdaderos-pudiesen representat; ante sus jueces y verdugos,
tural occidental': entre los cuales denunciaban el activismo perverso en el patio de una cdrcel, una obra que tratara de las relaciones pérfi-
de Jean Genet. das entre ellos y sus jueces y verdugos, la emoción dramdtica que ema-
Los Negros cierra el ciclo del "teatro de exorcismos" al que nara de semejante representación no tendría nada que ver con fa que
pertenecen Las sirvientas y El balcón. El ritual constituye la forma suele producirse en el teatro. Lo cierto es que los Negros -los ver-
por antonomasia para mostrar, a un tiempo, el hecho teatral enten- daderos- se encuentran bajo la amenaza de una terrible sentencia
dido como una ceremonia y los prejuicios y fantasmas que habitan el pronunciada por este terrible tribunal que son los Blancos -también
imaginario de los blancos cuando se enfrentan a los negros. El ritual verdaderos. Por lo tanto, estos Negro.s estdn en la situación descrita
es asimismo el disparador de la parodia, que siempre roza las fron- por la imagen que utilicé arriba: verdaderos condenados fi·ente a jue-
teras de lo grotesco, de lo carnavalesco, para mejor ridiculizar el ces y verdugos. Cualquier actor negro puede actuar en mi obra, en
miedo a lo otro, y también el marco que puede contener, por su vecin- cualquier parte, sin mi permiso: en esta medida esta obra ya no me
dad con lo sagrado, la invención de una expresión altamente poética. pertenece':
Lo mds notable de esta dramaturgia reside en el ajuste entre la relo- En lo personal Jean Genet se prohibió a sí mismo conocer la exis-
jería teatral y los registros poéticos que consigue Genet en algunos par- tencia concreta, encarnada, teatralizada de iu invención destinada a
lamentos. Este ajuste o equilibrio fue posible gracias a la colaboración escamotear lo irrepresentable. Pese a que siempre defendió el montaje
entre ]ean Genet y el director de escena Roger Blin en la reescritura de de Roger Blin como el mejor y mds adecuado para su obra, no asistió
la obra para su primer montaje, cuyo estreno tuvo lugar el 28 de al estreno. En otra carta le explicaba a un Roger Blín perplejo: "Ya
octubre de 1959 en el pequeño Théátre de Lutece de París. se lo he dicho, me rehúso a conocer el rostro ftsico de mis obras { .. ]
El ritual, que Freud calificó como la técnica de la magia, tam- Le confieso que sentí miedo de quedar embelesado por mí mismo
bién le ofrece a Jean Genet un medio de ocultación. Lo que sucede, durante no sé cudntos días. "
la verdadera apuesta de la pieza, no sucede sobre el escenario sino en Con o sin Genet presente, fa obra obtuvo un éxito rotundo entre
la vida real y no puede ser representado. ''La crueldad de Genet, ase- el público y la crítica francesa. Pero su consagración definitiva tuvo
gura Roger Blin, es mds cldsica, mds cercana al teatro griego': Por fugar en Nueva York, donde permaneció cuatro años ininterrumpi-
ello, al final de la representación de Los Negros, el espectador dos en la cartelera del off Broadway. Si bien, en Francia se anticipó
entiende que el meollo de la trama le ha sido escamoteado, que la a los movimientos de emancipación de las colonias africanas, en los
intriga visible no era sino una manera de eludir otro drama rebelde Estados Unidos se insertó en lo cotidiano de los años mds crueles de
a toda representación. la integración racial. Curiosamente, su poder subversivo se verificó
La condición sine qua non impuesta por ]ean Genet para el mon- en fa simple traducción del título: en esos años, el término Niggers
taje de Los Negros es muestra elocuente de su concepto del ''teatro de hubiera provocado una verdadera revuelta y Tennessee Williams
exorcismos''.· la obra sólo puede ser actuac!a por negros. No se trata de un aconsejó sustituirlo por The Blacks. La edulcoración actual de fo

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"políticamente correcto" no le restaría a la obra una sola pizca de su
vigencia. Por lo demds, ]ean Genet alcanza en ella momentos tan
De Los Negros en México
poderosamente poéticos que éstos serían suficientes para asegurar una
perenne pertinencia del texto. ·
Los Negros es una obra dificil para todos los que intervienen en
la representación teatral: es una obra dificil para el traductor, para
el director de escena, para los actores y para el espectador. Dentro de
la creciente trivialización de la vida teatral en el mundo entero, que
parece hacer eco a la edulcoración de lo "políticamente correcto': la La presente traducción de la obra de Genet se utilizó para la puesta
publicación de Los Negros puede ser celebr;da como un saludable en escena que se estrenó en el teatro Orientación ~el Centro Cultural
sismo. La violencia poética de ]ean Genet es todavía un antídoto efi- del Bosque de la Ciudad de México el 25 de abril de 2003 ~ que se
caz contra el reblandecimiento de las buenas conciencias y de todas
las formas de racismos abiertos y solapados que aún envilecen a nues- presen t o' en X.ala'Pa, Veracruz' .en el· Teatro
. del Estado Ignacio
· de·¿ lad
Llave dentro del festival junzo Musical 2003_ de la Unzve:st a
tro siglo.
Conflo en que esta traducción de una obra prdcticamente inédita veracruzana, e¡ dí,t t ]7 de dicho mes• Se enltstan en seguida los
r .r.
nombres de quienes participaron en dicha puesta en escena.
en castellano, le haga percibir al lector uno de los mds ambiciosos
objetivos de ]ean Genet: buscar una expresión a lo informulado. El
propio autor lo resumía en estos términos: "Si me dijeran que los
Negros no hablan así, yo contestaría que si uno pusiera el oído con- Personajes
tra su corazón, se escucharía mds o menos esto. Hay que saber Archibald Ernesto Yáñez
escuchar lo informulado'~ La Reina Sergio Acosta
Village Javier Escobar
Fabienne Bradú Felicité Julia Marichal
Agosto2003 Diouf Francis Laboriel
Neige Muríel Fouilland
El Gobernador Guillermo Henry
Vertu Fabrina Melón
Bobo Angélica Lara
El Juez Boubakar Sakho
El Sirviente Lázaro Patterson
Ville de Saint-Nazaire Jasím Nápoles
El Misionero Elihú Galván
Bailarín Pedro Viveros
Músico Luz Angélica Uribe

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Producci6n
Autor
Jean Genet
Director
José Luis Cruz
Traducción Fabienne Bradú
Diseño de escenografía
y vestuario Gilberto Aceves Navarro
Asistente de escenografía Óscar Bachtold
Diseño de iluminación Carlos Puente
Música original
Luz Angélica Uribe y Boubakar
Sakho
Coreografía
Fabrina Melón y Jasím Nápoles
Productor ejecutivo Isi Rojano
Asistentes de producción Roberto Téllez y Nirza León
Asistente de dirección Mauricio Osorio
Fotografía
Eduardo Mondragón
y José Jorge Carreón
Diseño de imagen Andrés Solano
Realización de escenografía
Rafael Mejía, Ernesto Rodríguez
y Ernesto Rodríguez J r.
Realización de vestuario
Layo Oviedo y Gregoria Sánchez
Diseño gráfico
Gabriela García y Patricia Luna

En fas siguientes pdginas se presentan fatograflas de dicha puesta en


escena.

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Para Abdallah
Una noche, un actor me pidió que escribiera una obra
que fuera actuada por negros. Pero, ¿qué es, pues, un
negro? Y para empezar, ¿de qué color es?

J. G.
Reitero que esta obra, escrita por un Blanco, está destinada a un
público de Blancos. Pero, en el remoto caso de que se represen-
tara ante un público de Negros, sería preciso invitar a un Blanco
-hombre o mujer- a cada función. El organizador del espec-
táculo lo recibirá solemnemente, lo vestirá con un traje de eti-
queta y lo llevará a su butaca, de preferencia en el centro de la
primera fila de platea. Se actuará para él. Sobre este Blanco sim-
bólico se pondrá un seguidor durante todo el espectáculo.
¿Y qué si ningún Blanco aceptara esta representación?
Entonces, se distribuirá al público negro, a la entrada de la sala,
máscaras de Blancos. Y si los Negros rechazasen las máscaras, se
recurriría a un maniquí.

J. G.
Personajes

La Corte:

La Reina
Su Sirviente
El Gobernador
El Juez
El Misionero

Los Negros:

Ville de Saint-Nazaire
Archibald Absalon Wellington
Dieudoné Village
Samba Graham Diouf

Las Negras:

Sra. Adélaide Bobo


Sra. Augusta Neige
Sra. Félicité Guese-Pardon
Srita. Diop, Etienette-Vertu-Rose-Secrete

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Escenografía

Cortinas de terciopelo negro. Algunas gradas con diferentes niveles, a


la derecha y a la izquierda. Del lado derecho, muy al fondo, una de
ellas estd mds elevada. Otro nivel que llega hasta las piernas, le da la
vuelta al escenario como si fuera una galería. Por allí aparecerd
la Corte. Un biombo verde estd colocado en un nivel superior, un
poco mds abajo del que se acaba de describir. En medio del esce-
nario, sobre el suelo, un ataúd cubierto con un mantel blanco. Sobre
el ataúd, ramos de flores: iris, rosas, gladíolos, alcatraces. Al pie
del ataúd, un cajón de bolear. La luz es de neón, muy violenta.
El telón se descorre, no se levanta; se descorre.

41
,
Acto un1co
.

Después de que se descorra el telón, cuatro Negros de frac -no, uno de


esos Negros, Vi/le de Saint-Nazaire, estard descalzo con un suéter
de lana- y cuatro Negras con vestido de noche bailan alrededor del ataúd
una suerte de minué con música de Mozart, que silban y tararean. El
frac -corbata blanca para los hombres~ se lleva con zapatos amarillos.
Los vestidos de las señoras -con lentejuelas muy chillantes- evocan fal-
sas elegancias y el peor de los gustos. Al tiempo que bailan y silban,
arrancan flores de sus vestidos y trajes para depositarlas sobre el ataúd.
De pronto, a la plataforma elevada sobre la izquierda, entra la Corte.
LA CORTE: Cada actor es un Negro enmascarado, cuya mdscara es
un rostro de Blanco, colocado de tal manera que se advierte una
amplia franja negra alrededor e incluso el pelo crespo.
LA REINA: Mdscara blanca y triste. Boca con comisuras caldas.
Corona real sobre la cabeza. Cetro en las manos. Abrigo de armiño
con cola larga. Vestido soberbio. A su derecha ...
SU SIRVIENTE: Insignificante, escudlido y amanerado, con el chale-
co rayado de los mayordomos. Una servilleta sobre el brazo, con la
cual juega como si faera una mascada, pero con la que enjugard las
ldgrimas de Su Majestad.
EL GOBERNADOR: Uniforme suntuoso. Tiene entre manos unos
prismdticos o un catalejo de marina.
EL JUEZ: Toga negra y roja. A la izquierda de la Reina.
EL MISIONERO: Túnica blanca. Anillos. Cruz en el pecho. A la
izquierda del Juez.

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La Corte, de pie, está en una sola fila y parece interesarse en el espec- LA REINA: (Interrumpiendo al recitador.) ¡Obispo! ¡Obispo in
táculo de los Negros que bailan, los cuales, de repente, se detienen e partibuA
interrumpen el minué. Se acercan hacia la rampa, giran para salu-
EL MISIONERO: (Sin moverse pero inclinándose hacia ella.)
dar ceremoniosamente a la Corte y luego al público. Uno de ellos se
¡Aleluya!
separa y habla, dirigiéndose alternadamente al público y a la Corte:
LA REINA: ( Con quejidos.) ¿La van a matar? (Los Negros esta-
ARCHIBALD: Señoras y señores ... (La Corte estalla en una risa llan en risa, con la misma risa aguda y orquestada
aguda, pero muy bien orquestada. No es una risa espon- del principio. Pero Archibald los calla.)
tánea. A esta risa, responden los Negros que rodean a
Archibald con una misma risa, pero más aguda aún. ARCHIBALD: Silencio. Si no les queda sino su nostalgia,
Desconcertada, la Corte calla.) Me llamo Archibald regodéense en ella.
Absalon Wellington (Archihaldo Absalón NEIGE: La congoja, señor, aún es un adorno para ellos ...
Wellington). ( Saluda, camina delante de sus com- EL SIRVIENTE: (Mirando en torno suyo.) ¿Y mi silla?
pañeros nombrándolos uno tras otro.) He aquí al
EL MISIONERO: ( Con el mismo gesto.) ¿Y la mía? ¿Quién me la
señor Dieudonné Village (Diosdado Villorio) ...
quitó?
(Hace una reverencia.) La señorita Adélaide Bobo
(Adelaida Bobo) ... (Hace una reverencia.) La seño- EL SIRVIENTE: (Al Misionero con amargura.) Si mi silla no
ra Augusta Neige (Augusta Nieves) ... (Ella per- hubiera desaparecido, sospecharía de mí. Pero me
manece muy erguida.) Vamos, vamos, señora. ( Con tocaba sentarme y mi silla se esfumó. Si tengo
ira y a gritos.) ¡Salude!. .. (Permanece erguida.) Se lo que ver el espectáculo parádo, ¡olvídense de mi
ruego, salude, señora. (Sumamente dulce, casi ape- buen humor y de mi buena disposición!
nado.) Se lo ruego, señora, salude, es un juego ... LAREINA: (Cada vez más lánguida.) Repito: ¿La van a
(Neige hace una reverencia.) La señora Félicité matar?
Gueuse-Pardon (Felicidad Mendiga del Perdón) ... EL MISIONERO: (Muy acongojado.) Pero, señora ... (Pausa.) ¡ya
(Hace una reverencia.) y la señorita Diop, está muerta!
Etiennette-Vertu-Rose-Secrete (Estehancita-Vircud-
Rosa-Secreta). Ya lo ven, señoras y señores, al igual EL SIRVIENTE: ¿Es lo único que se le ocurre decir a su soberana?
que ustedes tienen sus azucenas y sus rosas, ( Como si hablara consigo mismo.) ¡Este mundo
nosotros, para servirles, utilizaremos afeites de un necesitaría una buena trapeada!
hermoso negro lustroso. El señor Dieudonné EL MISIONERO: Desde la mañana, tengo a la desdichada entre
Village recoge el hollín y la señora Felicité Gueuse- mis rezos. En muy buen lugar.
Pardon lo diluye con saliva. Las otras señoras la LA REINA: (Inclinándose para interpelar a Neige.) ¿Es verdad,
ayudan. Nos emhelleceremos para gustarles. señorita, que no nos queda sino nuestra congoja
Ustedes son Blancos. Y espectadores. Esta noche y que sólo es un adorno?
actuaremos para ustedes ...

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ARCHIBALD: Aún no terminamos de embellecerla. Esta noche, cadáver yacerá en la tierra, pero mi alma y mi
una vez más, venimos a 'trabajar su congoja. cuerpo se elevarán en el aire . .. "
EL GOBERNADOR: (Enseñando el puño y fingiendo bajarse.) ¡Si los EL SIRVIENTE: (Alzdndose de hombros.) Ensaye su papel tras bam-
dejo! balinas. Haría mal en decir esta última frase en
un tono de proclama.
EL SIRVIENTE: (Deteniéndolo.) ¿A dónde iba?
EL GOBERNADOR: (Dirigiéndose al Sirviente.) Sé lo que hago.
EL GOBERNADOR: ( Con tono marcial.) ¡A machacar negros!
(Retoma su lectura.) "Me verán y morirán de
Todos los Negros, abajo, con un mismo movimiento, se alzan de miedo. Primero palidecerán, luego caerán y
hombros. estarán muertos ... " (Dobla el papel que acaba de
leer y lo vuelve a guardar ostensiblemente en su bol-
ARCHIBALD: Silencio. (Al público.) Esta noche actuaremos para
sillo.) Era un artificio para darles a entender que
ustedes. Pero, para que se sientan cómodos en sus sabemos. Sabemos que venimos a presenciar nues-
butacas frente al espectáculo que inicia, para que tro propio funeral. Ellos creen que nos obligan a
se sientan seguros de que semejante espectáculo acudir, pero nuestra cortesía nos hará bajar hasta
no perturbará sus preciosas vidas, tendremos la la muerte. Nuestro suicidio ...
cortesía, que por supuesto aprendimos de uste-
des, de volver la comunicación imposible. La LA REINA: ( Tocando al Gobernador con su abanico.) Los
distancia que nos separa desde el origen, la acre- preparativos están corriendo, pero deje hablar a
cen tare ro os con nuestros fastos, nuestros este Negro: mire su miserable boca abierta de par
modales, nuestra insolencia -porque también en par y las hileras de moscas que salen de ella ...
somos actores. Después de mi discurso, todo (Mira con mds atención, inclindndose.) o se preci-
aquí. .. (Da una patada en el suelo con una rabia pitan en ella. (A Archibald) Prosiga.
excesiva, casi como si fuera un caballo y relincha ARCHIBALD: (Después de hacerle una reverencia a la Reina.)
como tal.) aquí, todo sucederá en el delicado ... se hunda o vuele ... (La Corte se protege el rostro
mundo de la reprobación. Si rompemos lazos, como si un pdjaro volara hacia ella.) ¡pero que se
que todo un continente se vaya a la deriva y que vaya! Al abandonar este escenario, nos inte-
África se hunda o vuele ... (Desde hace un rato, el gramos a sus vidas: yo soy cocinero, la señora es
Gobernador sacó un papel de su bolsillo, lo lee en lavandera, el señor estudia medicina, el señor
voz baja.) es abad en Sainte-Clotilde, la señora ... Bueno,
LA REINA: ¿Que vuele? ¿Acaso se trata de una metáfora? nada. Esta noche, sólo pensaremos en divertirlos:
matamos a una Blanca. Aquí está. (Señala el
El GOBERNADOR: (Leyendo cada vez mds alto.) " ... cuando caiga,
ataúd Toda la Corte seca una ldgrima con un gesto
insidiosamente traspasado por sus flechas, miren teatral muy evidente, y la sacude un largo llanto de
bien, verán mi asunción. ( Con voz de trueno.) Mi dolor, al que contesta la risa muy aguda y perfecta-

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sobrando. Puesto que todo es secreto, es preciso
mente orquestada de los Negros.) Así solemos ha-
que se largue. Vaya, vaya a avisarles. Dígales que
cerlo: salvajemente. Ahora, pongan atención ...
ya empezamos. Que hagan su trabajo como
(Da un paso atrds.) pongan atención ... Ah, se me
nosotros haremos el nuestro. Todo sucederá
olvidaba que, puesto que somos ladrones, inten-
corno de costumbre. Así lo espero.
tamos robarles su hermosa lengua. Somos men-
tirosos y los nombres que les dije son falsos. Ville de Saint-Nazaire se inclina y estd por salir por la derecha, pero
Pongan atención ... ( ¼ hacia atrds pero ya no lo Village interviene.
estaban escuchando los otros actores. La señora
Félicité, una imponente negra de sesenta años, ha VILLAGE: No por allí, desgraciado. Le habíamos dicho que
subido hasta el último nivel a la derecha, donde se ya no viniera, lo echa todo a perder.
sienta en un sillón, encarando a la Corte.) VILLE DE SAINT-NAZAIRE: El mal ...
BOBO: ¡Las flores! ¡No toquen las flores! ARCHIBALD: (Interrumpiéndolo.) Más tarde. Salga. (Ville de
NEIGE: (Recoge un iris para su vestido.) ¿Son de ustedes o Saint-Nazaire sale por la izquierda.)
de la muerta? NEIGE: (Escupiendo el iris.) Siempre empiezan metién-
BOBO: Aquí están para la representación, que no exige dose conmigo.
que se cuelgue una flor en el vestido. Vuelva a BOBO: No tiene derecho a inmiscuir su temperamento,
poner el iris. ¿O la rosa? ¿O el tulipán? sus iras, sus ánimos, sus malestares en todo esto.
ARCHIBALD: Bobo tiene razón. Si quiere ponerse más guapa, NEIGE: Tengo el derecho que me da una miradá excep-
queda grasa de zapatos. cional sobre esta aventura, porque sin mí. ..
NEIGE: Está bien. Pero ... (Escupe la flor después de haber- ARCHIBALD: No hizo más ni menos que los demás.
la mordido.) NEIGE: También son excepcionales mi temperamento,
ARCHIBALD: Nada de crueldades inútiles, Neige. Ni tire cochi- mis iras, mis ánimos, mi malestar y les caen de
nadas por aquí. perlas. Sin mis celos hacia usted, Village ...

Neige recoge la flor y se la come. Archibald corre tras Neige, quien se VILLAGE: (Interrumpiéndola.) Ya lo sabernos. Ya lo dijo
esconde atrds del ataúd, donde la alcanza Village para traerla hacia infinidad de veces. Mucho antes de su muerte
Archibald, que se propone regañarla. (Señala con el dedo el ataúd.) le tenía un odio
mortal. Pero su muerte no debía significar sólo
NEIGE: (A Village.) ¡Policía hasta en el alma! que perdiera la vida. Entre todos, tiernamente, la
ARCHIBALD: (A Neige.) Su gesto de niña mimada no está cobijamos, pero no en el amor.
incluido en el ritual. (Mientras todos los demds NEIGE: ¿De veras? Por lo tanto, esta noche, les diré a
Negros permanecen inmóviles y escuchan, se dirige a todos que durante mucho tiempo estuve ardien-
Ville de Saint-Nazaire.) Y usted, señor, está do de un odio tan grande que ahora soy cenizas.

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DIOUF: Y nosotros, ¿de qué estamos hechos? ARCHIBALD: Me tiene que obedecer a mí. Y al texto que elabo-
NEIGE: No es lo mismo, señores. En su odio por ella, ramos.
había algo de deseo y, por ende, de amor. Pero VILLAGE: ( Con sorna.) Pero sigo siendo libre de ir rápido o
yo, pero ellas (Señala a las demds mujeres.), noso- despacio en mi relato y mi actuación. ¿Puedo
tras las Negras, sólo sentíamos ira y rabia. moverme en cámara lenta? ¿Puedo multiplicar o
Cuando la mataron, en nosotras, ni una pizca de alargar los suspiros?
temor, ni una pizca de ternura. Estábamos secas.
LA REINA: (Divertida.) ¡Es encantador! ¡Prosiga, joven!
Secas, sefiores, como los pechos de las viejas de
Bambaras. EL JUEZ: ¡Qué inconsciencia, Majestad!
EL SIRVIENTE: A mí me gusta. (A Village.) ¡Alargue y multi-
La Reina estalla en risa. El Misionero le hace una seña para que se
calle. La Reina se calma poco a poco, tapdndose la boca con el plique los suspiros, negrito encantador!
pañuelo. EL GOBERNADOR: (Al Sirviente.) ¡Basta! Mejor díganos cómo
están los hules.
ARCHIBALD: (Severo.) ¡Lo trágico estará en el color negro!
Ustedes reverenciarán, alcanzarán, merecerán este EL SIRVIENTE: ( Cuadrdndose y hablando sin pausa.) Hévéas
4.500.
color. Tendrán que ganárselo.
NEIGE: (Extdtica.) ¡Mi color! ¡Ustedes y yo somos lo Toda la Corte hace una mueca.
mismo! Pero usted, Village, ¿a dónde quería lle-
EL GOBERNADOR: ¿Y el oro?
gar yendo hacia ella? (Señala el ataúd.)
EL SIRVIENTE: Ubangui Oriental 1.580. Saint-Elie-a-Dieu-Vat
VILLAGE: Otra vez con sus ridículas sospechas. ¿Quiere que
1.050. Macupia 2.002. M'Zaita 20.008. ( Toda la
le detalle mis humillaciones frente a ella? ¿Esto es
Corte se frota las manos.)
lo que quiere? Dígamelo.
VILLAGE: (Siguiendo.) ... ¿multiplicar o alargar mis sus-
TODOS: (En un grito terrible.) ¡Sí!
piros, hacer una pausa en medio de una frase o
VILLAGE: Negros, gritaron demasiado rápido y demasiado de una palabra? Por lo demás, estoy cansado. No
fuerte. (Respira hondamente.) Esta noche habrá olviden que ya estaba exhausto por un crimen que
novedad. tuve que cumplir antes de su llegada, puesto
ARCHIBALD: No tiene derecho a cambiar nada a la ceremonia, que en cada función necesitan un cadáver fresco.
salvo, por supuesto, si descubre algún detalle LA REINA: ( Con un grito.) ¡Ah!
cruel que dé realce al montaje.
EL JUEZ: (Feroz.) Ya se lo había dicho.
VILLAGE: En todo caso, puedo hacerlos languidecer y
EL SIRVIENTE: (Muy amanerado.) No los condenen de entrada,
aplazar el asesinato.
primero esC\íchenlos. Tienen una espontaneidad

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exquisita, su belleza es extraña, su peso de carne acurrucada -o acostada- sobre un montón de
es más grande que ... harapos. Pero ya se lo conté todo ...
EL GOBERNADOR: Cállese, jovencito perdido por amor al exo- BOBO: ¡Que no se queje la vieja! Tendrá funerales
tismo. solemnes.
DIOUF: (A Archibald.) De hecho, podríamos utilizar ARCHIBALD: (A Village.) Pero siga contando. ¿Gritó?
varias veces el mismo muerto. Lo que cuenta es VILLAGE: Para nada. No hubo tiempo. El señor Hérode
su presencia entre nosotros. Aventure y yo nos fuimos acercando sin vacilar.
ARCHIBALD: ¿Y el olor, señor Abad general? Ella se estaba echando una pestaña: apenas si des-
BOBO: (A Archibald.) ¿Ahora el hedor lo asusta? Es el pertó. En lo negro de la noche ...
hedor que sube de mi tierra africana. ¡Yo, Bobo, BOBO y NEIGE: (Riéndose.) ¡Oh! ¿En lo negro de la noche?
sobre sus altas olas, quieto pasear la cola de mi VILLAGE: En lo negro de la noche, nos confundió con
vestido! ¡Que me sostenga un olor a carroña! ¡Y policías. Apestaba a vino, como todas las que
me eleve! (A la Corte.) Y tú, raza blancuzca e echan a los muelles. Me dijo: "No estoy haciendo
inodora, tú, privada de los olores animales, priva- nada malo ... "
da de las pestilencias de nuestros pantanos ...
ARCHIBALD: ¿Y luego?
ARCHIBALD: (A Bobo.) Deje hablar a Vertu.
VILLAGE: Como de costumbre. Esta vez, yo me agaché. La
VERTU: ( Con sabiduría.) Habría que ser prudentes. El estrangulé con las dos manos mientras el señor
peligro crece cada día. No sólo para Village, sino Hérode Aventure le detenía las suyas. Se convul-
para cualquier cazador. sionó un poco ... En fin, tuvo lo que se llama un
NEIGE: Mejor. A una corte criminal, especialmente espasmo, y eso es todo. Un poco asqueado por el
reunida para nosotros, dedicaremos nuestras hocico de la vieja, por el olor a vino y a orín, por
locuras puesto que esta noche trabajamos para la mugre, el señor Hérode Aventure estuvo a
ella. punto de vomitar. Pero se controló rápido. La
ARCHIBALD: Basta. (A Village.) En todo caso, Village, ¿tam- transportamos hasta nuestro Cadillac y la traji-
poco hubo peligro esta vez? ¿Todo sucedió bien? mos hasta aquí, en un ataúd. (Silencio.)
¿Dónde la encontró? NEIGE: Pero este hedor que no es el nuestro ...
VILLAGE: Ya se lo conté cuando veníamos para acá. El Village saca un cigarrillo de su bolsillo.
señor Hérode Aventure (Herodes Aventura) y yo,
justo después de cenar, fuimos a caminar por los BOBO: Tiene razón, fumemos.
muelles. El aire estaba tibio. Poco antes de la Los Negros se ven dubitativos.
entrada del puente, había una vieja mendiga
ARCHIBALD: Echémonos un cigarrito. Echémosle humo.

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Todos los Negros sacan un cigarrillo y se lo prenden mutuamente, VERTU: (Siempre muy tranquila.) Pero, vamos, ¿se imagi-
saluddndose ceremoniosamente; luego rodean el ataúd y echan el nan que esto puede seguir: estos cadáveres que se
humo sobre el caj6n. Con la boca cerrada, tararean una canci6n que descubren al alba -e incluso al mediodía- en
así comienza: "... Yo quería a mis blancas ovejas ... " ('7! pleut, il lugares y posturas abominables? Cualquier día de
pleut Bergere, garde tes blancs montons . . .) La Corte se conmueve al éstos, todo va a reventar. También hay que temer
oír la canción. una eventual traición.
EL GOBERNADOR: (Al Sirviente.) ¡Ahora le echan humo! Parece NEIGE: ¿Qué quiere decir?
una colmena, un nido de abejorros, una cama de VERTU: Que un negro es capaz de vender a otro.
madera llena de polilla, una madriguera, una
NEIGE: Esto lo dirá usted, señora.
raronera de rebeldes ... ¡Nuestra muerta! La van
a cocer y se la van a comer. ¡Que les quiten los VERTU: Por lo que veo y lo que sucede en mi alma, evoco
cerillos! la tentación del Blanco ...
EL GOBERNADOR: ( Victorioso.) Ya lo sabía. Tarde o temprano
Toda la Corte se arrodilla ante la Reina y el Sirviente le seca los ojos
caen. Bastará llegarles al precio.
con el trapo.
LA REINA: ¡Entregaré mis joyas! Tengo sótanos llenos de
EL MISIONERO: Recemos, señora. (A los demds.) Arrodíllense cajas rebosantes de perlas pescadas por ellos en
todos ante esta soberana pena. sus mares misteriosos, diamantes, oro, monedas
LA REINA: ¡Ahaahaa! desenterradas de sus minas profundas, se las doy,
EL MISIONERO: Ánimo, Majestad, Dios es blanco. se las aviento ...
EL SIRVIENTE: ¿Y a mí?
EL SIRVIENTE: Parece muy seguro de lo que dice ...
EL MISIONERO: De lo contrario, mariconcete, ¿habría permitido LA REINA: Le quedará su Reina, malandrín ... Envejecida, en
el milagro griego? Desde hace dos mil años, Dios harapos, pero digna. Grande.
es blanco, come sobre un mantel blanco, se seca ARCHIBALD: (A la Reina.) Déjenos seguir.
la boca con una servilleta blanca, pica la carne EL JUEZ: (A Archibald.) Es que se la pasan baboseando.
blanca con un tenedor blanco. (Pausa.) Mira caer Nos prometieron la representación del crimen
la nieve. con tal de merecer su condena. La Reina está
ARCHIBALD: (A Village.) Actúales lo que sigue. ¿Hubo proble- esperando. Dense prisa.
ma durante el trayecto? ARCHIBALD: (Al juez.) Nadie coopera, salvo Vertu.
VILLAGE: Ninguno. De todas maneras, tenía esto. (Enseña, EL JUEZ: Entonces, que intervenga Vertu, que intervenga
maniobrando la culata con ruido, un revólver que Village.
deposita sobre el caj6n de bolear, en donde per-
VILLAGE: (Asustado.) Negros, aún no ha llegado el momen-
manecerd.)
to de decir los parlamentos. Sólo les diré que esta

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mujer era blanca y aducía el pretexto de nuestro BOBO: Por lo general, yo soy breve.
olor para rehuirme. Rehuirme, porque ~o se ARCHIBALD: Por lo general, usted tiene prisa de ver a los
atrevía a cazarme. ¡Ah, el tiempo maravilloso demás disimularse tras sus palabras. Pero, al igual
cuando se cazaba al Negro y al antílope! Mi padre que nosotros, querida Bobo, se embelesa con las
me contaba ... volutas sonoras que trepan alrededor de los
ARCHIBALD: (Interrumpiéndole.) ¿Su padre? No vuelva a uti- pilares del mundo. Debemos seducir: de las plan-
lizar esta palabra. Al pronunciarla, en su voz, tas de los pies hasta las orejas, nuestra lengua
señor, se asomó un tierno sentimiento. rosada, única parte de nuestra anatomía que
evoque una flor, se pasea con ciencia y sigilo
VILLAGE: ¿Y cómo quiere que nombre al macho que preñó
alrededor de nuestros hermosos indiferentes. ¿Le
a la negra de quien nací? conviene la frase?
ARCHIBALD: Me vale madre. Arrégleselas como pueda.
VILLAGE: ¿La suya?
Invente, si no palabras, frases que corten en vez
de ligar. Invente, no el amor, sino el ~dio, y haga ARCHIBALD: Imbécil, la suya ... "el negro que preno,
poesía puesto que es el único ámbiro que nos etcétera ... " ¿Todo el mundo aprueba? ¿Todos,
permiten explotar. ¿Para su diversión? (Señala al salvo Neige que todavía está reticente?
público.) Ya veremos. Con mucho acierto, evoca- NEIGE: (Muy agresiva.) Si estuviera segura de que Village
ba usted nuestro olor -nuestros efluvios que les se echó a la mujer para ganar brillo, para volverse
permitían a sus perros encontrarn_os en la selva- un negro descalabrado, apestoso, bembón, con
usted también iba por buen cammo. Husmee Y nariz de guante, comelón, tragón, caníbal de
diga que "ella' (Señala el ataúd.) sabía qu_e apesta- Blancos y de todos los colores, baboso, sudoroso,
mos. Proceda con delicadeza. Tenga cmdado. en que eructa, escupe, tose, se pedorrea, cogedor de
escoger tan sólo razones de od!?· Contrólese para cabras, lameculo de blancos, güevón, enfermizo,
no magnificar nuestro sal~aJlsmo. _Cuídese de chorreando grasa y aceite, fláccido y sumiso; si
presentarse como una bestia: careciendo de su estuviera segura de que la mató para confundirse
estima, podría despertar su deseo. Entonces, la con la noche .... Pero sé que la amaba.
asesinó. Vamos a empezar ... VERTU: ¡No!
VILLAGE: Un momento. La palabra "padre", ¿por cuál otra VILLAGE: ¡No!
podría sustituirla?
NEIGE: (A Vertu.) ¿Acaso cree que la ama a usted, una
ARCHIBALD: Su perífrasis estará muy bien. Negra agachada?
VILLAGE: Es un poco larga. ARCHIBALD: (Severo.) ¡Neige!
ARCHIBALD: Alargándolo, dislocaremos el lenguaje para NEIGE: (A Vertu.) Sonrojarse, ruborizarse de emoción, de
arroparnos y ocultarnos en él: los maestros proce- confusión, son dulces términos que nunca se
den por contracción.

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aplicarán a nosotros. De lo contrario, verían Vil/e de Saint-Nazaire se separa del grupo y se encamina hacia la
subir, a toda prisa, el color púrpura a las mejillas salida.
de Vertu. DIO UF: ( Con timidez.) ¿Es imprescindible que se lleve
VERTU: ¿A mí? este objeto? (Señala la pistola que lleva Vil/e de
BOBO: A cualquiera.
Saint-Nazaire.)
ARCHIBALD: (A Diouf, violento.) Una vez más, me gustaría que
En este momento, todos los Negros están agrupados a la derecha del entendiera que pierde su tiempo. Ya conocemos
escenario. Callan. Asomándose desde las piernas, entra Ville de sus argumentos. Nos va a hablar de razón, de
Saint-Nazaire. Avanza lentamente. conciliación: nosotros nos obstinaremos en la sin-
ARCHIBALD: (Acercándose a Ville de Saint-Nazaire.) ¿Y qué? razón, en la denegación. Nos hablará de amor.
¿Sucedió algo? Hágalo, total, nuestras réplicas están contem-
pladas en el texto.
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Ya llegó. Lo trajeron con las manos
esposadas. Salvo Dioufy Ville de Saint-Nazaire, todos ríen con una risa
orquestada. ·
Todos los Negros rodean a Vil/e de Saint-Nazaire.
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Hacen mal en no escucharlo ...
NEIGE: ¿Qué va a hacer?
ARCHIBALD: (Imperioso.) ¡Lárguese! ¡Métase tras bambalinas!
VILLE DE SA!NT-NAZAIRE: (Se agacha y recoge la pistola que estaba
Llévese la pistola y vaya a cumplir su trabajo.
en la caja del limpiabotas.) Ante todo, interro-
garlo ... VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Pero ...
ARCHIBALD: (Interrumpiéndolo.) No diga más de lo que debe YILLAGE: (Entrometiéndose.) Nada de peros. Obedece al
decir, nos están espiando. señor Wellington. (Resignado, Ville de Saint-
Nazaire se dirige hacia la derecha, pero interviene
Todos levantan la cabeza y miran a la Corte. Village.) ¡No por allí, desgraciado!
EL JUEZ: ( Gritando.) Porque se disfrazaron de perros de Ville de Saint-Nazaire sale por la izquierda.
circo, creen que saben hablar, y ya están inven-
tando enigmas... · BOBO: Pidió la palabra, señor cura. ¡La tiene!

VILLAGE: (Al juez.) Un día ... DIOUF: ( Con esfuerzo.) Todo en mí les parece risible.
Lo sé ...
ARCHIBALD: (Interrumpiéndolo.) Déjalo. Cor> la rabia te vas a
traicionar y nos vas a traicionar. (A Vil/e de Saint- ARCHIBALD: No lo olvide: debemos merecer su reprobación y
Nazaire.) ¿Dijo algo que lo justifique? ¿Algo? llevarlos a pronunciar el juicio que nos con-
denará. Le repito: conocen nuestro crimen ...
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Nada. ¿Me voy?
ARCHIBALD: Cuando el tribunal esté reunido, vuelve a avisarnos.

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DIOUF: De todas maneras, déjeme proponerles un acuer- belleza y que reconocieran así lo que los pre-
do, una negociación ... dispone al amor.
ARCHIBALD: (Irritado.) Hable entonces si así lo desea, señor Largo silencio.
Diouf, pero nosotros, con los ojos cerrados, las
BOBO: (Reabriendo lentamente los ojos.) La travesía del
bocas cosidas, los rostros estériles, procuraremos
desierto fue larga y ardua. Como no encontró
sugerir el desierto. Encerrémonos ....
ningún oasis, pobre Diouf, sin duda se abrió las
D!OUF: (Asustado.) Señores, señores, señoras, ¡no se venas para beber un poco de su sangre.
vayan!
EL MISIONERO: (Después de toser.) Dígame, mi querido vicario,
ARCHIBALD: (Implacable.) ¡Encerrémonos! Borrémonos y ¿y la hostia? Sí, ¿la hostia? ¿Inventará una hostia
hable usted. negra? ¿Y de qué la hará? ¿Acaso con melaza? Pero
DIOUF: Pero entonces ¿quién me oirá? (La Corte estalla en si es café.
risa.) ¿Ustedes? Imposible. ( Quiere hablar a los DIOUF: Monseñor, disponemos de mil ingredientes: la
Negros, pero cerraron los ojos, sus bocas, y se taparon teñiremos. Una hostia gris ...
los oídos con las manos.) Vamos, señores, amigos,
EL GOBERNADOR: (Interviniendo.) Sí concede la hostia gris, está
no es un cadáver fresco lo que necesitamos.
perdido; ya verá, exigirán nuevos compromisos,
Quisiera que la ceremonia nos comprometiera,
otras rarezas.
no con el odio ...
LOS NEGROS: (Irónicos, con una voz apagada.) ... sino con el
DIOUF: ( Quejoso.) ¿Blanca por un lado y negra por el
otro?
amor!
EL SIRVIENTE: (A Diouf) ¿Tendría la bondad de informarme?
DIO UF: Si fuera posible, señoras y señores.
Porque, al fin, decidí ser comprensivo. ¿A dónde
EL MISIONERO: Sobre todo que lo comprometiera a usted en su fue el Negro de hace rato con la pistola?
amor por nosotros.
ARCHIBALD: Tras bambalinas. (A Diouf) Ya cállese. De veras
EL SIRVIENTE: ¿Habla en serio, monseñor? parece que pretende ridiculizarnos.
EL JUEZ: Condescenderemos a escucharlo. DIOUF: (A Archibald.) Le pido disculpas, señor. Al igual
EL GOBERNADOR: Aunque, después de semejante orgía ... que usted, quisiera exaltar mi color. Sobre mi
DIOUF: ( Con una seña apaciguadora de la mano.) cabeza como sobre la suya, ha bajado a posarse la
¿Puedo explicarme? Desearía que el simulacro bondad de los Blancos. Sobre mi hombro dere-
en verdad restableciera en nuestras almas un cho, su inteligencia; sobre el izquierdo, un vuelo
equilibrio que perpetuara nuestra miseria, pero entero de virtudes y algunas veces, cuando abría
que se desarrollase de manera tan armoniosa que la mano, descubría su caridad. En mi soledad
ellos (Señala al público.) no viesen más que la negra, al igual que usted, necesito exaltar mi

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exquisito salvajismo, pero soy viejo y pienso ARCHIBALD: Cuidado, Village, no vaya a evocar su vida fuera
que ... de aquí.
BOBO: ¿Quién se lo pregunta? Lo que necesitamos es el VILLAGE: (Hincado en una rodilla.) ... Cuando la vi, cami-
odio, de donde nacerán nuestras ideas. naba con sus altos tacones bajo la lluvia. Llevaba
DIOUF: (Irónico.) Usted es una pragmática, Bobo, pero un vestido de seda negra, medias negras, un
no es fácil desprenderse de una dulzura culpable paraguas negro y zapatos de charol. ¡Oh, si no
que acude al coraz6n. Conocí demasiada hubiera nacido esclavo! Una extrafia emoci6n me
vergüenza para no desear envenenar su alma fas- hubiera trastornado, pero íbamos, usted y yo, en
tuosa, pero .. . el margen del mundo. Éramos la sombra, o el
ARCHIBALD: Nada de peros, o ¡sálgase! Mi ira no es fingida. revés, de los seres luminosos ... Cuando la vi,
tuve de pronto, creo yo, durante un segundo, la
DIO UF: Te lo ruego ...
fuerza de negar todo lo que no era usted, y
ARCHIBALD: No me turee. No aquí. Que la cortesía se extreme reírme de la ilusi6n, pero por desgracia mis hom-·
hasta el punto de volverse una carga monstruosa. bros son muy débiles. No pude aguantar la con-
También debe dar miedo. Los espectadores nos dena del mundo. Me puse a odiarla cuando rodo
observan. Si está aquí, sefior, para traernos la en usted me hizo vislumbrar el amor, pero el
menor, la más trivial de sus ideas que no sea cari- amor se me volvía insoportable por el desprecio
caturesca, ¡váyase! ¡Lárguese! de los hombres, y este desprecio me hacía inso-
BOBO: Le caería de perlas, no es su día. portable mi amor por usted. Así es la pura ver-
dad, la odio.
VILLAGE: Que siga hablando. El sonido de su voz me con-
mueve. Desde hada rato, la Corte parecía agitarse. El Sirviente parece gritar
NEIGE: ¡Bravo! Ya me esperaba su intervenci6n. Porque en silencio algunas palabras al oído del Gobernador quien pone la
usted también tiembla en este momento. Quizá mano en su oreja para oírlo mejor.
porque, por un tiempo, la acci6n lo apartará de ARCHIBALD: (A la Corte.) ¡Por favor!
Vertu.
EL SIRVIENTE: (Aullando.) M'Zaita 20.010.
EL GOBERNADOR: (Repentino.) Ya se lo dijimos: que intervenga
EL GOBERNADOR: ¿Y los cafés?
Village, que intervenga Vertu (Los Negros se miran
un instante, desconcertados, y luego se resignan.) EL SIRVIENTE: (Mientras la Corte se muestra muy atenta a lo que
VILLAGE: (A Vertu, inclíndndose ante ella con un gran sus- dice.) Arabica extra 608-627. Robusta 327-327.
piro.) Sefiora, en mí no hay nada comparable a lo
Kuilu 315-317.
que se llama amor. Lo que me sucede es muy VILLAGE: ( Que había bajado la cabeza, la levanta para
misterioso y mi color no podría explicarlo. retomar su relato.) ... No sé si usted es hermosa
Cuando la vi ... -me temo que no lo es. ¿Acaso tenga miedo de

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las tinieblas y del trueno de chispas que es usted? EL GOBERNADOR: (Después de haberse aclarado la voz.) ¡Al bur-
Tinieblas, madre augusta de mi Raza, Sombra, del, chingao! ¡Al burdel, chingada madre! A mi
túnica exacta que me ciñe desde el dedo gordo tropa, la mando cada sábado. ¡Qué me importan
del pie hasta el párpado, largo sueño donde el a mí los chancros, la viruela y el SIDA! La tropa
más frágil de sus hijos quisiera arroparse; no sé si debe acabar en la mierda. ¡Al burdel, chingao!
usted es bella, pero usted es África, ¡oh!, Noche
monumental y la odio. La odio porque llena mis Toda la Corte aplaude. El Gobernador se pavonea.
ojos negros de dulzura. La odio porque constan- VERTU: Sepan entonces que la ceremonia de esta noche
temente me obliga a apartarla de mí, a trabajar tendrá sobre mí menos eficacia que la que cum-
duro para odiarla. Bastaría tan poca cosa para q~e plo diez veces al día. Soy la única que apura la
me regocijaran su rostro, su cuerpo, sus mov1- vergüenza hasta las heces ...
mientos, su corazón ...
ARCHIBALD: No evoque su vida.
ARCHIBALD: ¡Tenga cuidado, Village! VERTU: (Irónica.) Manifiesta delicadezas que los Blancos
VILLAGE: (A Vertu.) ¡Pero la odio! (A los demds.) Déjenme le contagiaron. Una pura le choca.
decirle y decirles el enorme esfuerzo que me cues-
BOBO: Sí, si lo es en la vida. No tenemos por qué ente-
ta. Si el amor nos es negado, sepan que ...
rarnos de sus miserias, ni de sus infamias particu-
BOBO: Ya lo sabíamos. Nosotros también somos negros. lares. Esto le atañe a usted ... en su cuarto.
Pero para referirnos a nosotros mismos, no ador-
VILLAGE: Esta ceremonia me duele.
namos las profundidades nocturnas con metá-
foras. Ni con estrellas. El hollín, la grasa, el car- ARCHIBALD: A nosotros también. Ya nos lo dijeron: somos
bón, el alquitrán nos bastan. niños grandes. Pero, entonces, ¿qué ámbito nos
queda? ¡El Teatro! Actuaremos hasta reflejarnos y
DIOUF: Concédale un poco de respiro. Si su sufrimiento
poco a poco, como un gran narciso negro, nos
es demasiado grande, que descanse en las pa-
veremos desaparecer en su agua.
labras.
VILLAGE: No quiero desaparecer.
VILLAGE: ¿Descansar? Rememoro mi sufrimiento al ver a
este gran cuerpo reluciente caminando bajo la ARCHIBALD: ¡Como todos los demás! No quedará de ti sino la
lluvia. El agua se escurría sobre sus pies ... espuma de tu rabia. Si nos remiten a la imagen
para ahogarnos, ¡que esta imagen les haga rechi-
BOBO: Negros. ¡Sobre sus pies ... negros!
nar los dientes!
VILLAGE: Bajo la lluvia. Vertu camina bajo la lluvia en
VILLAGE: Mi cuerpo quiere vivir.
busca de Blancos, ya lo saben. No, no, no habrá
amor para nosotros ... ( Vacila.) ARCHIBALD: Ante sus ojos, te volverás un espectro y regresarás
a torturarlos.
VERTU: Puedes decirlo. En cada burdel hay una negra.
VILLAGE: Amo a Vertu. Ella me ama.

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ARCHIBALD: Ella quizá sí. Tiene más poderes que tú. Hasta lo mataron ante toda la concurrencia -la de
puede dominar a los Blancos -¡con su culo mági- anoche, señoras y señores. Lo guardamos en el
co! Pero todavía es dominación. Por lo tanto, desván. Donde todavía está. (Señala a la Corte.)
puede darte lo más parecido al amor: la ternura. De tal modo que bajo nuestros golpes, ya cayeron
En sus brazos, serás su hijo, no su amante. una buena mujer inválida, un lechero, un car-
tero, una zurcidora de medias, un notario ...
VILLAGE: ( Terco.) La amo.
ARCHIBALD: Crees amarla. Eres un negro y un actor. Ninguno Horrorizada, la Corte se echa para,atrds.
de los dos conocerá el amor. Y esta noche -sola- EL SIRVIENTE: ( Volviendo al ataque.) ¿Y si esta noche sólo
mente por esta noche- dejaremos de ser actores, hubieran hallado a un niño de cuatro años que
puesto que somos Negros. Estamos en este esce- volviera de buscar la leche? Cuiden su respuesta,
nario como si fuéramos culpables pues, en la cár- piensen en los esfuerzos que hago para conside-
cel, jugarán a ser culpables. rarlos humanos ...
VILLAGE: Ya no queremos ser culpables de nada. Vertu será BOBO: Sabemos perfectamente en qué se convertirá
m1 muJer. cuando haya bebido demasiada leche. Y si no
ARCHIBALD: En este caso, ¡lárguense! ¡Sal de aquí! ¡Vete! encontramos niños, un caballo viejo, un perro,
Llévatela. Vete con ellos ... (Señala al público.) si una muñeca pueden venir al caso.
te aceptan. Si los aceptan. Y si logras que te VILLAGE: ¿Acaso siempre soñamos con crímenes?
quieran, vuelve a avisarme. Pero primero, blan-
ARCHIBALD: ¡Siempre! Y ahora ¡lárgate!
q uéense. Lárguense. Bajen. Váyanse con ellos y
vuélvanse espectadores. A nosotros, esto nos sal- VILLAGE: (A Vertu, pero todavía vacilante.) Ven, ven conmi-
vará. ( Señala el ataúd.) go. (Hace como si fuera a bajar entre el público.)
EL SIRVIENTE: (Melifluo.) Y qué tal, señores, si en una hermosa ARCHIBALD: (Deteniéndolos.) No, no, es inútil. Puesto que
noche de verano atraen a un hombre entre sus estamos en un escenario, donde todo es relativo,
redes, ¿cómo cambiarán la escena de la seduc- bastará que yo camine hacia atrás para crear la
ción? ¿Alguna vez atraparon a un carpintero con ilusión de que los aparto de mí. Me voy. Y le
su garlopa? ¿O a un marinero con sus gabarras, juego la broma, señor astuto, de dejarlo a solas
sus esclusas y su ropa tendida? con esta mujer. Arréglenselas como puedan.
Nosotros, nos vamos.
BOBO: ( Con suma insolencia.) ¡Claro que ya nos sucedió!
Una vez recogimos a un viejo cantante de Archibald, Bobo, Diouf, Neige y Félicité se alejan ocultando su ros-
boleros, caído en la miseria y el olvido: empaque- tro con las manos, mientras de repente aparecen una docena de mds-
tado en su cajón. Así. (Señala el ataúd.) Gran caras blancas alrededor de la Corte.
favor le hicimos prestándole, para la ceremonia,
la apariencia de un gobernador general, cuando VILLAGE: (A Vertu.) Vertu, te amo.

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VERTU: Vayamos despacio, Village.
EL SIRVIENTE: Yo tampoco, y menos de pie. Por supuesro, nadie
VILLAGE: Te amo. vio mi silla. Una simple silla de paja, por lo
VERTU: Es una palabra fácil de decir. Un sentimiento demás.
fácil de fingir, sobre todo cuando se limita al EL MISIONERO: (Irritado.) Ni la mía. Y no me quejo, aunque sea
deseo. Pero, ¿hablas de amor y crees que estamos obispo in partibus. En todo caso, hay que
solos? Mira. (Señala a la Corte.) impedirles que sigan. Escuchen ...
VILLAGE: (Asustado.) ¡Todos éstos!
Abajo, Village y Vertu prosiguen con una escena muda en la que se
VERTU: Querías ser libre. oyen los parlamentos.
VILLAGE: ( Cada vez mds asustado.) Pero srn ellos.
VILLAGE: Nuestro color no es una mancha avinagrada que
¡Archibald! ( Grita.) ¡Bobo! ( Todos permanecen
desgarra un rostro; nuestro rostro no es un chacal
impasibles.) ¡Neige! ( Corre hacia ellos, pero ellos no
que devora a los que mira ... (Aullando.) ¡Soy her-
se mueven. Regresa hacia Vertu.) ¡Vertu! ¿No se
moso, eres hermosa, y nos amamos! ¡Soy fuerte!
irán?
Si alguien te rocara ...
VERTU: No temas. Querías amarme. Hablabas de dejarlo
VERTU: (Extasiada.) Sería muy feliz. ( Village estd estupe-
rodo para ...
facto.)
VILLAGE: No sé si tendré la fuerza. Ahora que están aquí. ..
EL GOBERNADOR: (A la Corte.) ¿No lo oyen? Hay que inter-
VERTU: (Pone una mano en la boca de Village.) Calla. venir. Rápido. La Reina debe hablar. Señora,
Primero amémonos, si tienes la fuerza. ¡levántese de la cama!
La Corte parece conmoverse, con excepción de la Reina que dormita. Imita una trompeta militar que anuncia la hora de despertar.
La Corte patea, se agita, choca las manos. El Juez, el Misionero y el Sirviente se inclinan sobre la Reina.
EL GOBERNADOR: ¡Lo van a echar todo a perder, chingao! Que
Vuelven a erguirse, apenados.
les impidan seguir. (A la Reina.) Señora, señora, EL MISIONERO: No hay duda, ronca.
¡despierte!
EL GOBERNADOR: ¿Y de dónde sale esta gran voz? La oigo.
EL JUEZ: La Reina está dormida. ( Con un dedo en la boca.)
Está empollando. ¿Qué? Los vitrales de Chartres Larga pausa.
y los vestigios celtas.
VERTU: (Poco a poco, como una sondmbula.) ¡Soy la Reina
EL GOBERNADOR: Que la despierten, chingada madre ... Un Occidental con tez de azucena! ¡Resultado pre-
balde de agua fría como en el cuartel. .. cioso de muchos siglos dedicados a semejante
EL JUEZ: ¡Está loco! ¿Y quién va a empollar? ¿Acaso, usted? milagro! ¡Dulce inmaculada para el ojo y el
EL GOBERNADOR: (Apenado.) Nunca supe.
alma! ... ( Toda la Corte escucha con atención.) Esté
en buena salud, rozagante y radiante, o padezca

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languidez, soy blanca. Si la muerte me inmovi- Mordí mis cadenas y mis muñecas. La esclavitud
liza cobro el color de la victoria. ¡Oh nobles me enseñó el baile y el canto.
bla~curas, invadan mis sienes, mis dedos, mi VERTU: (Sola.) ... unas ojeras oscuras, amoratadas, casi
vientre! Ojo, iris de delicados matices, iris azula- negras, invaden mi mejilla. La noche ...
dos, iris de los glaciares, iris nomeolvides, violeta, VILLAGE: ... Morí en las calas de los barcos negreros ...
jacaranda, tabaco, césped inglés, césped norman-
do, ¿qué se ve con estos ojos? ... Vertu se va acercando a él.

La Reina, que al fin despertó, estupefacta, escucha el poema, que va VERTU y LA REINA: Te amo.
a recitar al mismo tiempo que Vertu. VILLAGE: Siempre estoy muriendo .
. . . Blanca, la leche me nombra, la azucena, la LA REINA: (De pronto despierta.) ¡Basta! ¡Háganlos callar,
paloma, la cal viva y la clara conciencia. ¡Polonia robaron mi voz! Auxilio ...
y su águila y su nieve! Nieve ...
De pronto, Felicité se levanta. Todo el mundo la mira, calla y la
VILLAGE: (De repente lírico.) ¿Nieve? Está bien. Habítame, escucha.
portador de lanzas. Con mis largas y sombrías
zancadas recorría la tierra. ¡Contra este bloque de FÉLICITÉ: ¡Dahomey! ... ¡Dahomey! ... Auxilio, Negros de
noche en marcha, irritado, y sin embargo todas partes del mundo. ¡Vengan! ¡Entren! Pero
respetuoso, el sol lanzaba sus dardos!. Los rayos nada más en mí. ¡Que su .tumulto me hinche!
no atravesaban mi tenebrosa unidad. Iba Vengan. Precipítense. Penétrenme por donde
desnudo. quieran: la boca, la oreja -o por mis narices, cara-
coles inmensos, gloria de mi raza, pabellones
VERTU y LA REINA: Uuntas.) ... Era la inocencia y el alba.
tenebrosos, túneles, grutas abiertas en donde
VILLAGE: La superficie convexa de mi cuerpo era un espejo caben batallones de acatarrados. Entren en mí,
donde todo llegaba a reflejarse: los peces, los multitudes, y sean, sólo por esta noche, mi fuerza
búfalos, la risa de los tigres, los juncos. y mi razón.
¿Desnudo? ¿O el hombro cubierto con una hoja?
Mi sexo adornado de musgo ... Vuelve a sentarse. El didlogo prosigue.
VERTU y LA REINA: Uuntas.) ... Un poco de sombra, sin embar- LA REINA: (Muy solemne y casi desfallecida.) Ariana, hermana
go, quedó bajo mi sobaco .. . mía, de qué amor muero ...
VILLAGE: ( Cada vez mds frenético.) ... ¿de musgo o de algas? EL SIRVIENTE: ¡Su Majestad se muere!
No cantaba, no bailaba. De pie, soberbio, para
LA REINA: Todavía no. Vengan a mí vírgenes del Partenón,
decirlo claro, con una mano en la cadera, inso-
ángel del pórtico de Reims, columnas valerianas,
lente, meaba. ¡Ay! Ay! Ay! Me arrastré entre los Musset, Chopin, Vincent d'Indy, canciones
algodoneros. Los perros husmearon mis huellas.

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tirolesas, príncipes cartesianos, simetrías de Le NEIGE: Le costó mucho.
Notre, margaritas, cardos, una pizca de VILLAGE: ¿Cómo sabe? ¿Acaso estaba escondida en el
coquetería, jardines de curas ... jardín, me estaba esperando bajo las acacias?
TODA LA CORTE: Aquí estamos, Señora. ¿Acaso vio con sus ojos mi vacilación? Cuando en
LA REINA: Ah, me hacen bien. ¡Me creía abandonada! ¡Por
el crepúsculo usted masticaba flores, yo la
reventaba sin chistar.
poco y me harían daño!
NEIGE: Sí, pero después habló de ella con ternura.
EL JUEZ: No tema nada, quedan nuestras leyes.
VILLAGE: No me refería a ella, sino a mi gesto.
EL MISIONERO: (A la Reina encardndola.) Sea paciente. Hace
sólo unos minutos entramos en esta larga agonía NEIGE: ¡Miente!
que ellos disfrutan. Pongamos una cara digna. VILLAGE: ¡Me ama!
Vamos a morir para complacerlos ...
Toda la tropa, a partir de este momento, se va a animar con un
LA REINA: ¿No se podría acelerar el desenlace? Estoy cansada
movimiento cada vez mds delirante.
y su olor me asfixia. (Finge desmayarse.)
EL MISIONERO: Imposible. Arreglaron todos los detalles, no en NEIGE: Usted miente. Cuando habla de ella, sobre sus
función de sus propias fuerzas, sino de nuestro labios gruesos, en sus ojos enfermos, se asoma tal
agotamiento. dulzura, una tristeza tan conmovedora que vis-
lumbro, señor, a la Nostalgia en persona. Cuando
LA REINA: ( Con voz moribunda.) Y todavía estamos demasia-
describía su vestido azul levantado, no estaba
do vivos, ¿no es así? No obstante, siento mi san-
hablando de su gesto, ni de su ira cuando
gre abandonarme.
describía su boca y sus dientes, ni la resistencia de
En este momento, Archibald, Diouf, Neige y Bobo se yerguen, se dan la carne bajo el cuchillo cuando cortaba su pár-
la vuelta y se acercan a Village. pado ennegrecido, ni su náusea al evocar la caída
de su cuerpo al suelo ...
ARCHIBALD: Por última vez, Village, se lo ruego ...
VILLAGE: ¡Mentirosa!
VILLAGE: ¿Por última vez? ¿Esta noche? (De repente, decidi-
NEIGE: ... ni nuestra miseria al soñar con su palidez, ni
do.) Está bien. Esta noche, por última vez. Pero
tendrán que ayudarme: ¿lo harán? Que exci- su miedo de la policía dibujando sus tobillos.
Usted hablaba del gran amor. Venido de lejos, del
tarme: ¿me excitarán?
Ubangui o del Tanganyika, un inmenso amor lle-
NEIGE: Empezando por mí, porque estoy harta de sus gaba a morir aquí, lamiendo tobillos blancos.
cobardías. Usted estaba, Negro, enamorado. Como un sar-
VILLAGE: (Señalando el ataúd.) ¡Yo fui quien la mató y gento de la Colonia.
todavía me acusan!

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Cae al suelo, agotada, pero Bobo y Archibald la levantan. Bobo le BOBO: Hace tiempo que no le hacemos caso al señor
da una bofetada. Diouf. Mire cómo recobró prestancia, hasta se ve
a sus anchas.
BOBO: (Sosteniendo la cabeza de Neige como si ésta vomi-
tara.) Siga. Vacíese. ¡Échelo para afuera! ¡Échelo! DIO UF: (Asustado.) Señora ...
BOBO: ¡Qué señora! Usted será la señora. Tiene el ojo
Village estd cada vez mds nervioso. chispeante: ¿acaso verá su voluptuoso pecho
NEIGE: ( Como buscando mds insultos y vomitdndolos entre deseado por el Negro?
hipos.) ¡Júrelo! Como otros cambian de familia, DIOUF: (Asustado.) ¡Señora! ¡Bobo! Hice mal en venir esta
de ciudad, de país, de nombre, de dioses, jure noche. Déjenme ir. Mejor harían en ocuparse de
que nunca tuvo la idea de cambiár de color para Village. A él es a quien deben empujar al abismo.
conquistarla. Pero, puesto que no podía soñar ARCHIBALD: Village tendrá su parte. Su crimen lo salva. Si lo
con el blanco real, usted deseó una piel verde y se cumplió con odio ....
quedó con ella puesta.
V1LLAGE: (Aullando.) ¡Por supuesto que lo hice con odio!
V1LLAGE: ( Como irritado.) No entiende nada. Para ena- ¿Lo dudan? ¿Estarían todos locos aquí? Díganme,
morarla, para atraerla, tuve que bailar mi vuelo señoras, señores, ¿están locos? Estaba parada,
nupcial. Mis alas batían. Al fin, agotado, morí. Ya detrás de su mostrador.
que abandoné mi cuerpo, quizá ella entró cuando
descansaba de mi baile o mientras bailaba, ¿qué Un largo silencio. Los actores parecen suspendidos de los labios de
sé yo? Village.
NEIGE: ¡Por lo tanto, confiesas! NEIGE: Primero dijo que estaba sentada ante su máquina
V1LLAGE: Nada. Sólo sé que la maté si ahora ella está aquí. de coser.
(Señala el ataúd) Sólo sé que una noche bajé a las V1LLAGE: ( Terco.) Estaba parada, detrás de su mostrador.
calles a cazar Blancas, y maté a la que les traje.
Todos estdn muy atentos.
Todos miran hacia arriba: la señora Félicité baja de su trono, muy
majestuosa. Se acerca al ataúd, se acuclilla y deposita unas semillas BOBO: Y luego, ¿qué hizo?
bajo el mantel. V1LLAGE: ¡Negros, se los ruego! Estaba parada ...

BOBO: ¡Ya! ARCHIBALD: (Serio.) Le ordeno ser negro hasta en sus venas
y dejar que corra sangre negra. Que Africa cir-
FÉLICITÉ: No la estoy cebando, ya saben. No obstante, es
cule en ella. Que los Negros se ennegrezcan.
mejor que no desfallezca.
Que se ~bstinen hasta la locura en lo que les
DIOUF: ¿Qué come? ¿Arroz? condenan a ser, en su ébano, en su olor, en el
FÉLICITÉ: Trigo. (En silencio regresa a su lugar.) ojo amarillo, en sus gustos caníbales. Que no

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FÉLICITÉ: Esta noche, Usted es la muerta. Vaya.
se limiten a comer Blancos, sino que se coci-
nen entre ellos. Que inventen recetas para las Lenta, solemnemente, cada cual toma su lugai: Dioufse coloca ante
tibias, las rótulas, las pantorrillas, los labios el ataúd, frente al público.
rollizos, qué sé yo, salsas desconocidas, hipos,
FÉLICITÉ: (Sentdndose.) Traigan los utensilios.
eructos, pedos que inflarán un jazz deletéreo,
una pintura y una danza criminales. ¡Si cam- Bobo va a buscar tras el biombo de la derecha un busto con una
bian de actitud hacia nosotros, Negros, que no peluca rubia; una mdscara ordinaria de carnaval, de cartón que
sea por indulgencia, sino por terror! (A Diouf) representa a una mujer blanca con mejillas gordas y riéndose; un
Y usted, señor Gran Vicario, para quien Cristo tejido rosa ya empezado, con dos bolas de lana y un gancho, y
murió en la cruz, tiene que decidirse. (A guantes blancos.
Village.) En cuanto a Village, que prosiga con
su perorata. Entonces, ella estaba parada, FÉLICITÉ: Señor Diouf, haga su declaración. Conoce la fór-
detrás de su mostrador. ¿Qué hizo? ¿Qué dijo? mula, espero.
Y usted, ¿qué hizo por nosotros? DIUOF: (Frente al público.) Yo, Samba Graham Diouf,
VILLAGE: (Señalando a Archibald.) Estaba allí, donde está nacido en los pantanos de Ubangui Chari, triste-
mente me despido. No tengo miedo. Que me
usted.
abran la puerta, entraré, bajaré a la muerte que
ARCHIBALD: ( Caminando hacia atrds.) No, no, no yo. me están preparando.
VILLAGE: (Bailando frente al ataúd.) Entonces, ¿quién? FÉLICITÉ: Bien. Pasemos a la despedida.
(Nadie contesta.) Entonces, ¿quién? ¿Quieren que
abra el ataúd y vuelva a hacer con la muerta lo Dioufpermanece de pie ante el ataúd, mientras los demds actores se
que hice cuando estaba viva? Saben perfecta- colocan en una fila, hacia la izquierda, y caminan despacio hacia
mente que debo cumplir con la representación. atrds, agitando un pañuelo que los hombres sacaron de su bolsillo y
Necesito a un comparsa. Esta noche, iré hasta el las mujeres de su pecho. Así irdn hacia atrds, muy lentamente,
fin de la representación. Esta noche no habrá dando la vuelta atrds del ataúd, mientras Diouf, para agradecerles,
censura. ¿Quién me ayudará? ¿Quién? Después no deja de saludar, de cara al público. Cantan en voz baja una
de todo, no tiene importancia, puede ser especie de canción de cuna.
cualquiera. De rodas maneras, como bien saben,
TODOS: ( Cantando.)
los Blancos difícilmente distinguen a un Negro
de otro. Silban los adorables mirlos
Pequeños negrillos ágiles
Todos miran a Felicité. Vacila, se levanta al fin y habla. Nadan en el agua
FÉLICITÉ: Señor. .. ¡Samba Graham Dioufl Le toca.
Como pájaros
Pájaros de las islas.
DIO UF: ( Temeroso.) Pero, señora ...

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Encantadores traviesos VILLAGE: Entonces, estaba allí. .. De repente se detiene y
Cuídense de los tiburones. parece buscar. ¿Están seguros de que vale la pena
Sobre el azul una mancha roja ir hasta el final?
Bajen más abajo y duérmanse NEIGE: Hace rato no vacilaba en insultarme y ahora ¿ya
Sobre invisibles céspedes no tendría fuerza para matar a una Blanca que
Tengo mi llanto para consolarme. ya está muerta?
Dio uflos saluda y agradece. BOBO: Neige tiene razón, siempre tiene razón. Sus vaci-
laciones nos molestan. Empezábamos a salivar de
DIOUF: Su canción era hermosa y su tristeza me honra, . . '
1mpac1enc1a.
Voy a dar mis primeros pasos en un mundo
ARCHIBALD: (Enojado.) Cuide sus palabras, Bobo. No es una
nuevo. Si vuelvo a subir, les diré qué sucede
sesión de histeria colectiva, sino una ceremonia.
allí. .. Gran país negro, me despido. (Saluda.)
BOBO: (Al público.) Disculpen, señores, disculpen, señoras.
ARCHIBALD: Y ahora, ¡procedan a colocar la máscara!
VILLAGE: Entonces, estaba allí. .. Pero, Negros, se nos olvi-
DIO UF: ( Quejdndose.) ¿Están seguros de que no se podría
daron los insultos.
obviar el simulacro? Miren a su alrededor, se
puede prescindir de todo, de la sal, del tabaco, Todos se miran entre si.
del metro, de las mujeres, hasta de los dulces de
almendra para los bautizos y de los huevos para la ARCHIBALD: Es verdad. Tiene razón. Le toca, Vertu. Háganlos
tortilla. sonar alto, daro y directo. ·

ARCHIBALD: Dije: prosigamos ... Los utensilios. VERTU: (Recita una letanía como las que se recitan en fa
iglesia a la Virgen, con voz monocorde, inclinada
Cada actor trae ceremoniosamente la peluca, la mdscara y los ante Diouf)
guantes que le ponen a Diouj' Así ataviado, toma el tejido. Mientras
tanto, Village se impacienta, LETANÍA DE LOS LÍVIDOS
ARCHIBALD: (A Village.) Lo escuchamos.
Lívidos como el jadeo de un tuberculoso,
VILLAGE: (Echdndose hacia atrds para contemplar la puesta.) Lívidos como lo que despide el culo de un
Como ya saben, había entrado para tomar un (enfermo de hepatitis,
trago después de la chamba ... Lívidos como la panza de una cobra,
BOBO: ¡Alto! Estás demasiado pálido. Lívidos como sus condenados a muerte,
Lívidos como el dios al que le hincan el diente
Corre a coger la grasa de zapatos y regresa para untarla en el rostro y
las manos de Village, a los que escupe y da lustre.
(cada mañana, l.
1:
Lívidos como un cuchillo en la noche,
li
¡¡
BOBO: ¡Ahora sí rechinarán los dientes! 1

!i
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Lívidos ... salvo: los ingleses, los alemanes y los BOBO: Está mintiendo. Hipócrita. Anoche entró con
belgas que son rojos ... Lívidos como los celos ... sigilo. Está deformando.
¡Os saludo, Lívidos! VILLAGE: (Retomando.) Entro. Y me acerco, sigilosamente.
Echo una mirada furtiva. Miro. A la derecha. A la
Vertu se aparta. Neige toma su lugar. izquierda. "Buenas tardes, señora''. (Saluda a Diouf
NEIGE: (Después de haber saludado a Diou[! Yo también quien, a su vez, hace una reverencia, con el tejido en
la saludo, Torre de Marfil, Puerta del Cielo, la mano.) "Buenas tardes, señora. Hace frío ... "
abierta de par en par para que entre el majes-
Todos paran la oreja para escuchar lo que dice la Mdscara. Se calla,
tuoso y apestoso Negro. ¡Pero qué pálida está!
pero los actores la oyeron porque se enderezan riendo, con s.u risa
¿Qué mal la corroe? ¿Actuará esta noche La
orquestada.
Dama de las Camelias? Celebro el mal que la
vuelve cada vez más blanca y la conducirá a la blan- Hace frío. Entré un rato. Tuve esta audacia. Al
cura definitiva. (Estalla en risa.) Pero, ¿qué es lo menos aquí, hace calorcito. ¿Está tejiendo un
que corre sobre sus medias de algodón negro? pasamontañas? ¿Rosa? La luz es muy dulce. Le
¿Entonces, era verdad, Dios mío, que detrás sienta bien a su hermoso rostro. Sí, tomaré un
de la máscara de un Blanco atrapado, tiembla de vaso de ron. Me echaré un traguito. ( Cambiando
miedo un pobre Negro? ( Camina hacia atrds y le de tono, dirigiéndose a los Negros:) ¿Voy bien?
dice a Bobo.) Te toca. TODOS: (Jadeantes.) ¡Sí!
BOBO: ¡Vámonos! (Levanta sus faldas y ejecuta un baile VILLAGE: La luna -porque casi es de noche- salió con dis-
obsceno.) creción, iluminando un paisaje poblado de insec-
ARCHIBALD: Bien. Ahora le toca, Village. tos. Es un país lejano, señora, pero todo mi cuer-
VILLAGE: No sé si podré ... po podría contárselo. Oiga cómo cantan mis
muslos! ¡Escúchelos! (De repente se detiene y señala
ARCHIBALD: (Furioso.) ¿Qué? ¿Una vez más cambió de tono?
a la Mdscara, que teje.) ¡Ni siquiera tiene enaguas!
¿A quién está hablando? ¿De qué está hablando?
¿Qué significa esta mascarada? No sigo con mis
Aquí es un teatro, no la ciudad. El teatro, y la
parlamentos si no le ponen una falda.
obra, y el crimen.
ARCHIBALD: Neige, tu chal. ..
VILLAGE: (De repente furioso, parece lanzarse y hace un
ademdn para apartar a todo el mundo.) NEIGE: Es de gasa. Se va a enredar los pies y me lo va a
¡Apártense! Entro. (Se había echado hacia atrds echar a perder.
y avanza.) Entro. Y me echo pedos. Sostenido ARCHIBALD: Entonces, ¿nadie tiene algo que prestarle?
por mis poderosos muslos, columnas de hierro. Y
me sostengo. Miro un poco a mi alrededor ... Todos estdn silenciosos, pero de repente Félicité se levanta. Se quita la
falda y la tira a Diouf

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FÉLICITÉ: Póntela. Te disimulará las botas. FÉLJCITÉ:
¡Ma-a-ría! Hijita mía, es la hora de mis choco-
Dioufdeja de tejer. Le dan la falda. lates. Cuando todavía trabajaba de juez en el tri-
bunal, tu padre siempre me traía uno a esta hora:
VILLAGE: Retomo desde ... "La luna" ...
entre azul y buenas noches. No me dejes sola en
BOBO: No, ya lo dijiste. el desván. (Pausa.) Y cuidado, viene llegando la
panadera.
VILLAGE: Bien. Continúo. Oiga cómo cantan mis muslos,
porque ... (Pausa bastante larga, durante la cual ARCHIBALD:
(A Bobo, a quien empuja hacia las piernas.) Le
finge que tiene una gran revelación que hacer.) toca. Entre.
porque mis muslos la fascinaban. ( Con fatuidad.)
Pregúntenle. (Los Negros se acercan a la Mdscara y Bobo se foe hasta las piernas y avanza vacilante como si estuviera en
un corte;o.
le murmuran algo al oído. La Mdscara permanece
silenciosa, pero los Negros estallan en risa.) ¡Ya ven! BOBO: (En vecina.) Buenas noches, María. ·Dónde se ha
¡Hasta tiene la desfachatez de confesarlo! (Pausa.) .d ¡ Dº
met1 o.
i
10s mío, está muy oscuro. Como a
Pero, vamos, no hay tiempo para detenerse en :eces dice nuestro guardabosques cuando anda
esas minucias, tenemos que continuar. Desde el mspuado: está oscuro como el culo de un negro.
desván donde la mandan a dormir, oigo a la ¡Oh!, perdón, de un hombre de color. Hay que
madre que pide su medicina de la noche. (Pausa ser ~olíticamente correcto. (Pausa.) ¡Cómo!, ¿está
breve y luego, a Félicité.) Ya pues, le toca. Haga la haciendo el corte de caja? Entonces, volveré
madre. mañana. Ya sé lo que es. Yo sí entiendo de estas
FÉLICITÉ: (ImitantUJ a una enferma quejumbrosa, con los ojos cosas. Hasta luego y buenas noches señora
en blanco.) ¡Ma-a-ríaJ ¡Ma-a-ría! ¡Es la hora de mi María. '
chocolate y de mi aspirina, hija! Es la hora del rezo.
Imita ~na salida,. pero se quedard en el escenario, cerca de las pier-
La Mdscara parece dirigirse hacia la voz, da unos pasos cortos hacia nas, mirando hacia fuera, quieta, en actitud de partir.
Félicité, pero, calmado y firme, Village se interpone.
VlLLAGE: (Retomando el tono del relato solemne.) Estaba
VILLAGE: (Adoptando una voz de mujer.) Si, mamacita, e~condido en la sombra. Y le murmuraba: oiga
ahora mismo. El agua está calentándose. Todavía como cantan mis muslos. ¡Escúchelos! (Endurece el
me quedan dos o tres sábanas que planchar y le musln bajo el pantalón.) Este ruido, es el maullido
subo sus chocolates (A la Mdscara.) No hay prisa, de las panteras Y. de los tigres. ¿Si los doblo? Mis
hija. Te vale gorro la cabrona ruca, como a mí. Ya leopardos se estiran. Si me desabrocho, un águila
vivió su merecido. Que reviente si quiere chupar , d~ los Grandes Imperios se clavará desde nuestras
chocolates. En cuanto al agua que estás calentan- nieves hasta sus Pirineos. Pero ... no voy a
do, es para después de la fiesta. Qué ... desabrocharme. Las hogueras se prenden. Bajo los
golpes secos de nuestros dedos, los tambores ...

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Todos comienzan a bailar en su lugar -hasta Bobo, que mira desde "Sí, tiene toda la razón. Hay que ser prudente.
las piernas, hasta la Corte, con excepción de la Mdscara- y a marcar Son muy chismosos en provincia ... "
el ritmo con las manos. BOBO: (Finge regresar y querer entrar en la tienda.) Señora
Luego, en el claro del bosque, ¡se desarrollaba_ el María, ¿todavía no prende la luz? Se va a lastimar
baile! ( Voltea hacia sus compañeros.) Era preciso los ojos si trabaja así en la oscuridad. (Pausa.)
que la hechizara, ¿me entienden? Buscaba atraerla Escucho a alguien que silba en el camino, sin
suavemente hacia su recámara. La puerta de la duda se trata de su marido. Buenas noches,
tienda daba a la calle, la cabrona ruca se estaba María.
muriendo arriba ...
Misma actitud que antes. Durante todo ese tiempo, Village se veía
FÉLICITÉ: (Imitando a la vieja madre.) ¡Chocolates! ¡Cho- muy asustado de que lo descubrieran.
co-la-tes! ¡Oraciones!¡ 0-ra-cio-nes! Es la hora de
la oración. ¡No te olvides! VILLAGE: ( Tono de recitado.) En efecto, nunca sobran las
precauciones: los soles giran alrededor de la
VILLAGE: (Muy irritado.) Lo va a echar a perder rodo.
Tierra ...
Para la fase que sigue, retoma la voz de mujer. FÉLICITÉ: (Imitando a la vieja madre.) ¡Ma-a-ría! ¡Cho-co-
Me falta poco para terminar el tejido y ya estoy la-te! Desconfía de la noche, hija mía. De noche,
con usted, mamacita.
todos los gatos son pardos, y luego uno olvida
darle un chocolate a su madre. (Pausa.) Dile a tu
Retomando el tono del relato solemne. hermana Susana que regrese a casa.
Le pedí otro vaso de ron. El alcoho( encendió VILLAGE: ( Tomando una voz de mujer.) ¡Susana! ¡Susana!
mi genio. Como se dice, andaba con chispa. En m1 ¿Dónde estás?
ojo, hice desfilar con grandes pompas a nuestros NEIGE: ( Corrióatrds del ataúd donde estaba escondida.)
guerreros, nuestras enfermedades, nuestros coco- Aquí estoy, pues. En el jardín.
drilos, nuestras amazonas, nuestras palapas, nues- VILLAGE: (Deteniendo a la Mdscara que parece querer diri-
tras cacerías, nuestras cataratas, nuestro algodón,
girse hacia el ataúd, y siempre con voz de mujer.)
hasta la lepra y cien mil adolescentes reventados ¿Estás sola en el jardín?
en el polvo; sobre mis dientes dejé correr la
piragua más afilada; como si fuera a bailar tango, EL MISIONERO: (A Archibald) Le toca, Archibald.
una mano en el bolsillo, me fui acercando a ella y Archibald corre hasta las piernas de la izquierda, desde donde ahora
le dije: "Querida señora, está haciendo frío sale, con paso lento y silbando. En realidad, permanece en el mismo
afuera." Ella me contestó: lugar imitando el caminar.
Como hace rato, todos escuchan a la Mdscara, que calla, y estallan NEIGE: Estoy sola, completamente sola. Juego con hue-
con su acostumbrada risa orquestada. sitos.

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VILLAGE: (Siempre con voz de mujer.) Cuidado, Susana, ARCHIBALD: (Interrumpe su silbido silencioso y su caminata sin
sobre todo cuídate de los que merodean. El país avance para decir lo que sigue con una expresión de
no es seguro desde que contratan a aviadores en cólera.) ¡Negros, ya me tienen hasta la madre! O
Guinea. seguimos el simulacro o nos vamos.
VOZ DE NEIGE: ¡En Guinea! ¡Aviadores! VILLAGE: (Imperturbable y encarando definitivamente a la
VILLAGE: ( Voz de recitado.) En Guinea, ;hija de puta! ... los Mdscara.) Sus ademanes más suaves la dibujan de
soles giran alrededor de la Tierra, las águilas se manera tan inmejorable que la siento llevada por
desploman sobre nuestros campos de batalla ... el viento cuando me asomo a su hombro. Su
Cerremos la ventana. Fingió no entender nada. ojera azulada me duele. Cuando se vaya, seño-
Por cortesía, yo cerré la ventana. La nieve caía ra ... vaya. (Al público.) Porque no venía, iba. Se
sobre la ciudad. iba a su recámara ...
VERTU: (Asustada y corriendo hacía él.) No sigas. FÉLICITÉ: (Imitando a la vieja madre.) ¡Mi chocolate y mi
oración!
BOBO: ( Todavía inmovilizada como si foera a salir, pero
volteando la cara para lanzar lo que sigue.) Pero, VOZ DE NEIGE: Sí, sí, estoy sola en el jardín, cabalgando el cho-
miren cómo se entrega. ¡Echa espuma! ¡Echa rro de la fuente.
humo! ¡Es un espejismo! BOBO: (Parece regresar.) Buenas noches, Maria. Cierre
VERTU: Village, te lo ruego, detente. bien su puerta.
VILLAGE: (Mirando a Vertu.) La limpidez de su ojo azul, VILLAGE: ( Voz de recitado.) ... a su recámara, a donde la
esta lágrima que brilla, su cuello celestial ... seguí para estrangularla. (A la Mdscara.) Camina,
VERTU: Estás delirando. ¿A quién hablas? hija de puta. Y ve a lavarte. (Al público.) Había
que ir rápido, se acercaba el cornudo.
VILLAGE: (Siempre mirando a Vertu.) La amo y ya no puedo
más, no. La Mdscara estd poniéndose en movimiento.
VERTU: (Aullando.) ¡Village! ¡Alto! (Al público.) Pero antes, tengo que enseñar-
NEIGE: (Sacando la cabeza de atrds del ataúd, sólo para les lo que hice con ella, cautiva y sometida ...
decir su parlamento.) Pero, querida, no se trata de EL JUEZ: ¿Qué papel juega Vertu en el crimen?
usted, ya lo tendría que haber entendido.
Archibald y Bobo giran la cabeza, Neige hace lo mismo, y se ven
VILLAGE: ( Girando lentamente hacia la Mdscara, que sigue,
muy interesados.
inmutable, tejiendo.) Sus pies, cuyas plantas son
del color de las azaleas, sus pies barnizados en las VILLAGE: (Después de un tiempo de vacilación.) Ninguno.
corvas, se paseaban por el cemento ... Nunca dejó de estar presente, a mi lado, bajo su
VERTU: Ya me lo dijiste. Cállate. forma inmortal. .. (Al público.) cautiva y someti-
da. Porque era hábil y tenía su fama entre los de

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su raza. Vengan. Hagan un círculo. (Finge hablar FÉLICITÉ: ( Voz de la vieja madre.) ¡María! ¡Ma-a-ría! ¡Mi
a un mismo tiempo al público y a Negros invisibles cho-co-la-te, hija! Es la hora.
que estuvieran en el escenario.) No tan cerca. Allí. ' VILLAGE: ( Con voz de mujer.) Enseguida, mamacita.
Ahora voy a cocinarla. (A la Mdscara.) ¿Estás Termino de limpiar los vasos. (Voz de recitado.)
lista? Un día hasta ardió entre las llamas ...
EL JUEZ: No, no, es mejor que la trate de usted. LA CORTE: ( Con excepción del Misionero.) ¡Cuente, cuente!
VILLAGE: ¿Le importa mucho? EL MISIONERO: ¿Se atrevería a recordar este terrible asunto?
EL JUEZ: Sí. Es mejor. No tema conservar una distancia. EL SIRVIENTE: (Al Misionero.) ¿No la puso en el cielo después?
VILLAGE: Como quiera. (Al público.) Sabe tocar el piano. LA REINA: Pero, ¿qué quieren decir?
Muy, pero muy bien. ¿Alguien quisiera detener
VILLAGE: Un día que, sobre su caballo, caracoleaba entre
su tejido un momento?
los cirios, la atraparnn, la encerraron y la que-
Se dirige directamente al público hasta que un espectador suba al maron.
escenario y tome el tejido de las manos de la Mdscara. NEIGE: (Asomando la cabeza y riéndose a carcajadas.)
(Al espectador.) Gracias, señor (o señora). (A la Luego, nos comimos los pedazos.
Mdscara.) Toque una melodía de Charles LA REINA: (En un grito desgarrador.) ¡Santa mía!
Gounod.
Sale ocultdndose el rostro entre las manos y sacudida por enormes
Dócil, la Mdscara se sienta en un invisible taburete y ejecuta la llantos; el Sirviente la acompaña.
pieza, frente al público, en un piano invisible.
VILLAGE: Pero, la mayor parte del tiempo, hace lo que
¡Alto! (Deja de tocar. La Corte aplaude.) quiere. Cuando llega la hora, llama a la partera ...
LA REINA: (Haciéndose la niña mimada.) Perfecta, perfecta, (A Bobo.) Te toca, Bobo.
estuvo demasiado perfecta. Hasta en la adversi- Bobo se acerca a la Mdscara y le habla con dulzura.
dad, en la debacle, sonarán nuestras melodías.
BOBO: Convendría que se recostara, para no sufrir
EL SIRVIENTE: (A Village.) ¿Qué más sabe hacer?
demasiado.
VILLAGE: Teje, como ya vio, pasamontañas para los pobres.
El domingo, canta en el coro. Reza. (A la Escucha a la Mdscara que no contesta nada.
Mdscara.) ¡Arrodíllese! (Se arrodilla.) Con las
¿Su orgullo? ... Está bien. Quédese de pie.
manos juntas. Los ojos al cielo. Bien. ¡Rece!
( Toda la Corte aplaude con suma elegancia.) Ella se arrodilla y pasa la mano debajo de las faldas de la Mdscara,
También hace otras mil monerías. Pinta acuarelas de donde saca un muñeco de aproximadamente 60 centímetros, que
y enjuaga los vasos. representa al Gobernador.

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EL GOBERNADOR: (A la Corte.) ¡Estoy llegando al mundo! Con Muy lentamente, la Mdscara comienza a caminar hacia el biombo
botas, condecoraciones ... de la derecha.
Pero Bobo sigue buscando y saca otro muñeco: el Sirviente. ¡Camine! Esta noche, tiene usted la más bella
manera de caminar del reino. (Al público.)
EL SIRVIENTE: Pero ¡si soy yo! ... Como ven, el marido llegaba demasiado tarde.
Bobo busca y saca al juez. No encontrará sino el cadáver de su esposa,
todavía caliente. (A la Mdscara que se ha
(Asombrado.) ¿Yo?
ELJUEZ: detenido y ha reanudado su caminar.) Lo que
EL GOBERNADOR: (Al juez.) No hay duda: ¡es usted! arrastra tras sus faldas ya no es un Negro sino
un batallón de esclavos sacando la lengua. Siga
Bobo saca al Misionero. avanzando. Porque me ofreció un vaso de ron,
EL MISIONERO: Los camínos de la Providencia ... usted cree ... ¡hija de puta! Condúzcame hacia
sus encajes ... (Ambos avanzan, la Mdscara pre-
LA REINA: (Muy interesada.) Me encantaría verme salir de
cediendo a Víllage, muy lentamente hacia el biombo.)
allí... Debajo de sus faldas, seguro lleva algún fondo
Bobo saca una muñeca que representa a la Reina. negro más sedoso que mi mirada ...
VERTU: ( Cayéndose de rodillas.) ¡Village!
LA REINA: · (Aliviada.) ¡Ya está! ¡Mi madre me cagó de pie!
VILLAGE: (A fa Mdscara.) Camine más rápido, tengo prisa.
Los Negros dispusieron los muñecos a la izquierda del escenario, bajo Siga el pasillo. Gire a la derecha. Bien. ¿Conoce
el balcón donde estd la Corte. Los contemplan un rato y reanudan el la puerta de su cuarto? Abra. ¡Qué bien camina,
relato. noble y célebre culo!
NEIGE: (Siempre inmovilizada como si estuviera a punto de Suben las escaleras y estdn a punto de pasar tras el biombo. Pero
salir, como si fuera a meterse a las piernas de la antes de desaparecer tras la Mdscara, Vil!age se dirige al público.
derecha y volteando la cara.) En todo caso, la que
se está pudriendo en la caja nunca habrá asistido ¿Me siguen? (A los Negros.) ¿Ustedes también me
a semejante fiesta, siguen?

Sale el Gobernador. Los Negros, es decir, Archibald, Bobo y Neige - Vertu sigue arro-
dillada- se ubican a sus espaldas, en apariencia, golpeando suave-
VILIAGE: Ya no hablemos de ella. (Al espectador que tenia el mente con los pies y las manos.
tejido.) Devuélvale el tejido. Gracias, señor, ya
está libre. (El espectador vuelve a su lugar.) (A la Pero si fuera demasiado lejos, deténganme.
Mdscara.) Y ahora, reanudemos. Vaya, señora ...
El Gobernador regresa.

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FÉLICITÉ: (Irguiéndose de repente.) ¡Dahomey! ...
EL JUEZ: ¿Qué hace la Reina?
¡Dahomey! ... ¡Auxilio, Negros! Todos. ¡Señores
EL GOBERNADOR: Llora, señor. De sus ojos salen torrentes que de Tombuctu, métanse bajo sus blancas sombri-
bajan hasta los llanos pero, por desgracia, no llas! Pónganse allí. Tribus cubiertas de oro y de
podrán fecundarlos porque es agua caliente y lodo, ¡suban de mi cuerpo, salgan! ¡Tribus de la
salada. Lluvia y del Viento, pasen! Príncipes de los Altos
EL MISIONERO: ¿Necesita a la religión? Imperios, príncipes de pies descalzos y estribos de
EL SIRVIENTE: Voy a consolarla, tengo lo que necesita.
madera, sobre sus caballos vestidos, entren.
Entren a caballo. ¡Al galope! ¡Al galope! ¡Hop!
TODOS: (A Village, con excepción de Vertu.) Te ayudare-
¡Hop! ¡Hop! Negros de los estanques, ustedes que
mos. No temas. Sigue caminando. pescan los peces con su pico acerado, entren.
VILLAGE: (Suplicando.) ¿Y qué tal, Negros, si no pueden Negros de los muelles, de las fábricas, de los bar-
detenerme? cos cargueros, Ne gros que trabajan en la Renault,
TODOS: (Salvo Vertu.) ¡Avanza! Negros de Citroen, y ustedes que trenzan los jun-
cos para atrapar a los grillos y las rosas, entren y
BOBO: Su sirviente te dio el ejemplo. Ya está con la
permanezcan de pie. Soldados vencidos, entren.
Reina.
Soldados vencedores, entren. Apriétense. Más.
VILLAGE: (Dobla una rodilla.) Negros, se los ruego ... Recarguen sus escudos contra la pared. También
BOBO: (Riéndose.) ¡Métete a la guarida, güevón! ustedes que desentierran a los cadáveres para chu-
(Se arrodilla.) Haz manar torrentes. Después de parles los sesos, entren sin pena. Ustedes; her-
NEIGE:
los de tu esperma, los de su sangre. (Forma un mano-hermana entreverados, incesto melancólico
cuenco con las manos.) La beberé, Village. Con y vagabundo, entren. Bárbaros, bárbaros, bár-
ella me enjuagaré la barbilla, el vientre, los hom- baros, vengan. No puedo describirlos a todos, ni
siquiera nombrarlos a todos, ni nombrar a sus
bros ...
muertos, sus armas, sus arados, pero entren igual.
VILLAGE: ( Una mano con guante blanco, la de la Mdscara Caminen despacio sobre sus pies blancos.
que estd tras el biombo, se pone sobre su ~ombro y ¿Blancos? No, negros. ¿Negros o blancos? ¿O
allí permanecerd.) Amigos míos, amigos, les azules? Rojos, verdes; azul, blanco, rojo, verde,
pido ... amarillo, qué sé yo ... ¿Dónde estoy? Los colores
TODOS: ( Golpeando suavemente los pies y las manos.) Entra me agotan ... ¿Aquí estás, África, de cintura
al cuarto. Ya está acostada. Dejó su tejido. Llama arqueada y muslo largo? África desencajada,
a tu gran cuerpo de ebonita. Apagó la vela. ¡Todo África trabajada en el fuego, en el hierro, África
.
está a oscuras para que te sientas a tus anch as.1 de los millones de esclavos reales, África deporta-
VILLAGE: Amigos míos ... da, continente a la deriva, ¿aquí estás?
Lentamente van desvaneciéndose, se están per-

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diendo en el pasado, en los relatos de naufragios, VERTU: Los vientos del Norte están avisados
en los museos coloniales, en los trabajos científi- Que lo carguen sobre sus hombros
cos, pero los convoco esta noche para asistir a Todos los caballos andan sueltos.
una fiesta secreta. (Mira adentro de sí.) Es un
VILLAGE: ( Siempre de rodillas, hacia atrds y como jalado por
bloque de noche, compacto y malo, que aguanta
la mano con guante blanco, desaparece tras el
la respiración, pero no su olor. ¿Aquí están? No
biombo, donde estd ya la Mdscara.) Señora ...
abandonen el teatro sin mi consentimiento. Que
señora ...
los espectadores los vean. Una somnolencia pro-
funda, casi visible, sale de ustedes, se desparrama, VERTU: Y tú, crepúsculo
los hipnotiza. Al rato bajaremos entre ellos. Pero Teje el abrigo que lo esconderá.
antes .. . NEIGE: Expira, expira dulcemente,
V!LLAGE: Señora .. . Señora de los Pelícanos,
FÉLICITÉ: ... Pero antes, les voy a presentar solemnemente al Linda gaviota, con cortesía,
más cobarde de rodos los Negros. ¿Es preciso Con galanura, déjate torturar ...
nombrarlo? (A Village.) Entonces, ¡vamos! VERTU: Enlútense, altos bosques,
VILLAGE: ( Temblando. La mano con guante blanco sigue Para que él se deslice en silencio.
sobre su hombro.) Señora ... A sus pies grandes, polvo blanco,
Ponles zapatos de musgo.
FÉLICITÉ: Si sigue vacilando, tome el lugar de la muerta.
EL JUEZ: (Al Gobernador que mira éon su catalejo lo que
Agotada, Félicité se sienta. sucede tras el biombo.) ¿Qué alcanza a ver?
VILLAGE y VERTU: Uuntos.) ¡No! EL GOBERNADOR: Nada fuera de lo normal. (Ríe.) La mujer
sucumbe. Dígase lo que sea, estos tipos cogen de
ARCHIBALD: (A Village.) Entre al cuarto.
maravilla.
VILLAGE: ( Cantando sobre la melodía del Dies irae.)
EL MISIONERO: Cuide sus palabras, querido gobernador.
Señora ... señora ...
NEIGE: (Sobre el Dies irae.) Entre, entre ... líbrenos del EL GOBERNADOR: Perdón. Quiero decir que la carne es débil. Es
una ley de la naturaleza.
mal. Ale! uya.
BOBO: (Ahora todos los parlamentos se cantardn con esta EL JUEZ: Pero, al fin, ¿qué hacen? Describa.
melodía.) ¡Oh, bajen, cataratas mías! EL GOBERNADOR: Primero se lava las manos ... se las seca ... son
gente limpia. Siempre lo había advertido.
VILLAGE: Señora ... señora ...
Cuando era teniente, mi sargento ...
NE!GE: Sigo nevando sobre sus campos,
EL JUEZ: ¿Qué más hace?
Sigo nevando sobre sus tumbas, y los apaciguo ...

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EL GOBERNADOR: Sonríe ... saca su cajetilla de cigarros ... ¡Zas! Habrá que acostumbrarse a tomar la responsabili-
apagó la vela. dad de la sangre -de la nuestra. Y el peso
EL JUEZ: ¿De veras? moral...
EL GOBERNADOR: Tome un catalejo, o una linterna, y vaya a ver ARCHIBALD: Como ya te dije, no puedes soslayar que se trata
por sí mismo. de una sangre viva, caliente, flexible, humeante, de
una sangre que sangra ...
El juez se alza de hombros.
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Pero, entonces, esta obra que actua-
ARCHIBALD: (De pronto se percata de la presencia de Vílle de mos para ellos, ¿sólo era un divertimento?
Saint-Nazaíre, que ha entrado sigilosamente mien- ARCHIBALD: (Interrumpiéndolo.) Cállate. (Pausa.) ¿Será ejecu-
tras Félícíté recitaba su parte.) ¡Usted! Le había· tado?
dicho que sólo regresara para avisarnos cuando
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Sí.
todo estuviera terminado. Entonces, ¿ya está? ¿Se
acabó? (Dirigiéndose a la Corte, cuyos personajes . ARCHIBALD: Está bien. Regresa con ellos.
han levantado la mano a sus rostros, grita.) VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Necesito estar aquí. De todas maneras,
¡Conserven sus máscaras! es demasiado tarde. Déjeme ir hasta el final.
VILLE DE SAINT-NAZAJRE: No del todo. Se defiende como puede. Aquí.
Pero estamos seguros de que será ejecutado. ARCHIBALD: De acuerdo ... Quédese, (A las Negras.) Y ustedes,
ARCHIBALD: ( Cambi6 de tono: en lugar de actuar, habla con un cállense. Village trabaja para nosotros. Ayúdenle
tono natural.) Se oirá la detonación. (Pausa.) en silencio, pero ayúdenle.
¿Están seguros de que es culpable? Y sobre todo, Entra el Sirviente.
¿de que él sea el culpable que buscamos?
EL GOBERNADOR: ¿Qué hace la Reina?
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: ( Un poco ir6nico.) ¿Hasta ahora le
entra la duda? EL SIRVIENTE: Sigue llorando. Son las cálidas lluvias de sep-
ARCHIBALD: Piénselo: se trata de juzgar y, probablemente, de tiembre.
condenar y de ejecutar a un Negro. El asunto es EL GOBERNADOR: Pero ... ¿qué dijo?
grave. No podemos estar jugando. El hombre que EL SIRVIENTE: ¡Al menos, salven al niño! Y que reciban a la
tenemos y del que somos responsables es un . madre con cortesía. Habrá pecado, pero es
hombre real. Se mueve, mastica, tose, tiembla: al Blanca.
rato lo matarán.
Un muy largo silencio.
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Es muy duro, pero si la obra puede·
desarrollarse ante ellos (Señala al público.), ya no VERTU: ( Tímida.) No regresa.
debemos jugar cuando estamos entre nosotros.

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BOBO: (A media voz.) No le dio tiempo. Primero, es ARCHIBALD: ¿Ya? ¿No le costó mucho trabajo?
muy lejos.
VILLAGE: Igual que siempre.
VERTU: ¿Cómo, muy lejos? Todo sucede detrás del··
NEIGE: ¿Todo estuvo bien?
biombo.
VILLAGE: Todo estuvo bien o, si quiere, todo sucedió como
BOBO: (A medía voz siempre, ligeramente irritada.) Así es.
Pero, al mismo tiempo deben ir a otra parte. de costumbre, y muy limpiamente. Cuando se
Atravesar el cuarto, cruzar el jardín, tomar un pasó atrás del biombo, Diouf amablemente me
ayudó a sentarme.
sendero bordeado de nogales que tuerce hacia la
izquierda, abrirse camino entre las zarzas, echar NEIGE: ¿Y luego?
sal en el suelo, calzar botas, entrar a un bosque ... VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Nada más. Esperaron en una banca,
Es de noche. En medio del bosque ... tras bambalinas, sonriéndose divertidos.
EL GOBERNADOR: Señores, hay que prepararse. Despierten a la V1LLAGE: (Advirtiendo la presencia de Vil/e de Saint-
Reina. Debemos ir a castigarlos, a juzgarlos, y el Nazaire.) ¿Ya regresó? Debería estar allí, con
viaje será largo y duro. ellos ...
EL MISIONERO: Necesitaré un caballo. V1LLE DE SAINT-NAZAIRE: Creía que esta noche, gracias a usted,
EL SIRVIENTE: Todo está previsto, señor mío. todo iba a cambiar. Que esta noche iba a ser la
última.
BOBO: (Retomando.) ... en medio del bosque, buscar la
puerta del subterráneo, encontrar la llave, V1LLAGE: (Irritado.) Hice lo que pude. ¿Y usted? ¿Pero
las escaleras ... Cavar la fosa ... Huir. ellos, allí?
esperado la Luna? Todo esto toma VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Lo que están haciendo no le compete.
Ustedes, cuando suben con el señor que rPncr,>,,,, A ellos les toca pedir cuentas. Pero ... hizo bien
del entierro de su mujer. .. en cumplir el rito, como cada noche. Ahora me
VERTU: (Seca.) Tiene razón, hay que cuidar el trabajo. corresponde completar la representación.
Pero Village tendría que haber hecho el · ARCHIBALD: No hay nada nuevo, al menos en la ceremonia.
ante nosotros. VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Encolerizado.) ¿Acaso pretende repe-
BOBO: Tragedia griega y púdica, querida mía: el tirla al infinito? ¿Perpetrarla hasta la muerte de la
definitivo se cumple tras bambalinas. raza? Mientras la Tierra gíre alrededor del Sol que
será llevado en línea recta hasta los límites de
Archibald, irritado, las amenaza con un ademdn y señala a
Dios, en un cuarto secreto, Negros ...
que regresa.
Un largo silencio y después entra Village, despacio, con el BOBO: (Aullando.) ¡Odiarán! Sí, señor.
de la camisa desabrochado. Todos lo rodean. EL JUEZ: (A la Corte.) Creo que ya no podemos perder más
tiempo.

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Se oye un canto -una canción como una matcha solemne, cantada. LA REINA: Pero, ¿qué podemos hacer? ¿Impedirlo? ¿O pedir
Luego apatece la Reina conduciendo a Diouf vestido con sus oropeles que nos sirva?
y enmascatado.
Toda la Cotte se inclina,
LA REINA: Aquí está la que debemos vengar cuando ba-
VILLAGE: (A Archibald) ¿Van a venir, señor? ¿Van a venir a
jemos.
juzgarnos, a pesarnos? ( Village estd temblando.)
NEIGE: jDiouf ha llegado!
ARCHIBALD: (Poniendo una mano en el hombro de Viltage.) No
LA REINA: (A DioufJ El viaje tuvo que ser duro, hija mía. Al. temas, se trata de una obra.
fin recobra a su verdadera familia. Desde aquí,
VILLAGE: (Insistente.) ¿A pesarnos? ¿Con sus balanzas de
desde arriba, los verá mejor.
oro y rubíes? ¿Usted cree que, si van a morii~ me
EL MISIONERO: A nuestro regreso, procuraremos beatificarla. dejarán amar a Vertu, o mejor dicho, que Vertu
EL SIRVIENTE: ¡Qué idea más brillante! Su Majestad la adoptará, pueda amarme?
¿no es así? VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Sontiente, pero preciso.) ¿No intentó
LAREINA: Hay que pensarlo, es muy delicado. A fin de · ennegrecerlos? ¿Soldarles narices y labios bem-
cuentas, la mancillaron. Contra su voluntad, bones? ¿Encrespar su pelo? ¿Reducirlos a la
espero, pero de todas maneras puede convertirse esclavitud?
en un recordatorio de nuestra vergüenza. EL MISIONERO: (Aullando.) ¡Vamos! No. hay un minuto que
(Después de una vacilación.) No obstante, la idea perder. (Al Sirviente.) Prepare el abrigo, las botas,
no es mala. (Al juez.) ¿Qué hacen, allí? un kilo de cerezas y el caballo de Su Majestad. (A
EL JUEZ: (Mfrando con el catalejo del G@bernador.) Están . la Reina.) Señora, tenemos que ir. El camino será
locos de cólera, de rabia, y se ven un poco desam- largo. (Al Gobernador.) ¿Tiene los paraguas?
parados. EL GOBERNADOR: (Herido.) Pregúnteselo a José. (Al Sirviente.)
LA REINA: ¿Qué dicen? ¿Tienes la cantimplora?
EL JUEZ: Están mudos de estupor. EL SIRVIENTE: Al levantarse, la Reina me dio un abrazo y un
LA REINA: Pero ... ¿sucede algo extraño y raro? ¿Acaso la .· pergamino. Acuérdense bien de eso. Por 1o
nieve está cayendo sobre sus manglares? demás, tengo los paraguas y las pastillas de quini-
na. También tengo la cantimplora de ron, llena
EL JUEZ: Señora ... pudiera ser que un crimen se esté per-
hasta el tope. ¡Porque hará mucho calor!
petrando.
EL MISIONERO: Durante la caminata, para aliviar la fatiga,
LA REINA: Sin duda ... autorizo las bebidas y que se cante una misa de
EL JUEZ: No. Otro. Que se está juzgando en otra parte. Palestrina. ¿Todo el mundo está listo? Entonces,
vamos ... en cammo.

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ahogando en un aire pesado. Todo empezó cuan-
Toda la Corte desaparece, abandonando el estrado, donde Dioufi
do tuve que abandonar su mundo. La desespe-
todavía enmascarado, se queda solo. Primero vacila; luego, se acerca
ranza me vació. Pero sus insultos y sus homenajes
con timidez a la balaustrada y mira hacia abajo. poco a poco me exaltaron. Una nueva vida
Durante cuatro o cinco minutos, la Corte desaparece tras bam-
penetraba en mí. Sentía el deseo de Village.
balinas. Los Negros, abajo, se agruparon a la izquierda. Delante
¡Cuán ronca sonaba su voz! ¡Y su mirada!
grupo, de pie, Ville de Saint-Nazaire. Todo el mundo espera,.·
Humilde y vencedora. Un instante quedé preña-
ansioso. Al fin, Bobo levanta la cabeza. Advierte a Diouf, asomado
do de sus obras.
a la balaustrada, que los mira.
BOBO: ¿Se siente orgulloso?
BOBO: ¡Usted! ¿Usted, señor Diouf?
DIOUF: Orgulloso, no. Ya no entiendo nada de nuestras
Todos los Negros levantan la cabeza y miran a Diouf que, preocupaciones. Nuevas relaciones se establecen
enmascarado, asiente con la cabeza. con las cosas, y estas cosas se vuelven necesarias.
(Pensativo.) Es una extraña novedad, la necesidad.
Señor Diouf, está viviendo una insólita muerte.
La armonía me encantaba. Había dejado el reino
¿Cómo se siente allí? de la gratuidad en donde los veía gesticular.
DIOUF: (Se quita lentamente la mdscara.) Hay una Hasta dejé de distinguir el odio que les
extraña. dedicamos y que sube hacia ellos. Por ejemplo,
BOBO: Dígame, señor vicario general, ¿qué ve usted? supe que tienen la posibilidad de representar ver-
Responda, Diouf. Mirados por sus daderas obras y de creérselas.
¿cómo se ven los reyes? Desde lo alto de sus ojos VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Irónico.) Extraña el tiempo de los
azules, desde lo alto de estos miradores, ¿qué ve Muertos, ¿no es así?
usted? ARCHIBALD: Cualquier actor sabe que, a una hora fija, se baja
DIO UF: ( Vacilante.) Los, perdón, nos veo así: estoy arriba el telón. Casi siempre encarna a un muerto o a
y no en la tierra. Quizá conozca la visión una muerta: Fedra, Don Juan, Antígona, la
Dios. Dama de las Camelia, el doctor Schweitzer ...
BOBO: ¿Es usted una Blanca? Largo silencio.
DIOUF: Primero, hay que decir que mi~nten o se equivo- Se oyen pasos tras bambalinas. Diouf, asustado, vuelve a colocar
can: no son blancos, sino rosados o amarillen- su mdscara. Los demds Negros se ven asustados. Con la señora
tos ... Félíc#é, todos van a agruparse a la izquierda del escenario, debajo
BOBO: Entonces, ¿es usted una Rosa? del balcón donde aparecía la Corte. Los pasos y el ruido se vuelven
cada vez más precisos. Al fin, desde el lado derecho, como si bajara
OIOUF: Sí lo soy. Me muevo en una luz que mana de
rostros y que se rebotan los unos a los otros. una pendiente hacia atrds, primero aparece el Sirviente. Eructa y se
Nosotros, es decir ustedes, siempre nos estamos tambalea. Manifiestamente estd borracho.

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EL SIRVIENTE: (Mirando hacia las piernas.) (l:!.ructa.) ¡Cuidado o flechas ... las lianas se enamoran de uno, lo
con el burro! Que no se tropiece. La Reina besan en la boca y se lo comen ... aquí las rocas
(Eructa.) no va a llegar sobre un caballo corona- · flotan ... el agua está seca ... el viento es un rasca-
do. Oh, obispo in partibus, tenga cuidado con la cielos; todo es lepra, hechizo, peligros, locuras ...
cola del abrigo de la Reina y su propia (Eructa.)
LA REINA: (Maravillada.) ¡Y las flores!
enagua blanca, (Eructa.) púrpura, que no se
atoren en los magueyes. ¡Cuánto polvo, chingada ELJUEZ: (Eructando.) Venenosas, señora. Mortales.
madre! ¡Tengo la jeta cubierta de polvo! Peto a E~fermizas. Demasiado aguardiente pa'dentro.
ustedes ... (Eructa.) ¡se les ve como un penacho! Cielo de plomo, señora. Nuestros pioneros inten-
Cuidado ... Cuidado ... por allí... allí. .. (Hace un taron injertar la col de nuestros jardines, el
ademán para señalar el camino a seguir.) tulipán holandés, el salsifí: nuestras plantas
~uneron, señora. Asesinadas por las de los tró-
Al fin aparecen, también caminando hacia atrás, el Gobernador, el picos.
Misionero, el Juez y luego, de frente, la Reina. Se ve muy cansada,
como después de un largo viaje. Todos están borrachos. Los Negros ríen con su risa orquestada, muy dulce. Vuelven a emitir
ruzdos de ramas rotas, gritos, maullidos ...
LA REINA: (Avanzando con prudencia, pero tambaleante y
mirando a su alrededor.) ¡Polvo! ¡En toda la jeta LA REINA: Me lo sospechaba. Hasta su botánica es malévola.
pero como un penacho! (Eructa y estalla en risa.) Por fortuna, tenemos nuestras latas.
Eso nos pasa por seguir a los soldaditos bajo el sol EL GOBERNADOR: Y reservas de energía. Tropas siempre frescas.
colonial. (Sacude la cantimplora vacía y la tira al
LA REINA: (Al Gobernador.) Díganles que el corazón de su
suelo.) Ni una gota que beber. (Eructa.) (De
reina está con ellos ... y ... ¿y el oro ... las esmeral-
repente, noble.) Así poso el pie sobre mis domi-
das ... el cobre ... las perlas?
nios de ultramar. (Se ríe.)
EL MISIONERO: ( Con un dedo en la boca.) En lugares seguros. Ya
EL GOBERNADOR: (Después de cada palabra, un hipo.)
se las enseñaremos. Por kilos. Por avalanchas. Por
Deténganse. Prudencia, circunspección, misterio. montones.
Todo es pantanos, socavones, flechas, felinos ...
LA REINA: (Siempre avanzando.) Si fuera posible, antes de
Primero suavemente y luego cada vez más fi,erte, los Negros, casi que el Sol se ponga tras las montañas, me gus-
invisibles bajo el balcón, imitan los ruidos de la selva: la rana, el taría bajar a una mina e ir a remar en el lago. (De
búho, un silbido, rugidos muy apagados, ruidos de madera que se repente advierte al Sirviente que tirita.) ¿Es el
rompe y viento. miedo?
. .. aquí, por la piel del vientre, las serpientes EL SIRVIENTE: Las fiebres, señora .
ponen huevos de donde vuelan niños con los ojos LA REINA: (Sacude al Sirviente.) ¿Las fiebres? ¿Las fiebres elO
pinchados ... las hormigas les rocían con vinagre alcohol? Tú sólo te bebiste la mitad de la reserva.

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EL SIRVIENTE: Era para cantar mejor y más alto. Hasta bailé. LA REINA: (Temblando.) ¿Usted cree? Porque yo no hice
LA REINA: (Al Mísionero.) ¿Y los bailes? ¿Dónde están bai- nada malo, ¿verdad? Por supuesto, mis soldados,
lando? a veces, con el entusiasmo, se habrán sobre-
pasado ...
EL MISIONERO: Sólo bailan de noche ...
EL GOBERNADOR: Señora, aquí mando yo, y no es el momento
LA REINA: ¡Que traigan a la noche!
de hacer nuestro juicio ... Usted está bajo mi pro-
EL GOBERNADOR: Ya viene, señora. ¡A buen ritmo! ¡Uno, dos! ... tección.
¡uno, dos!. ..
EL SIRVIENTE: Y yo soy la prueba fehaciente del bien que les
Los ruidos que imitan los Negros se hacen cada vez más fuertes. · deseamos: he cantado su belleza en un verso
ahora famoso, ..
EL MISIONERO: (Asustado.) Los bailes sólo tienen lugar de noche.
. Todos sin excepción se cumplen en contra de Los Negros han avanzado despacio. La Corte se detiene en seco.
nosotros. No avancen más. Es un país temible. Luego, camina hacia atrás, tan despacio como los Negros van avan-
Detrás de cada arbusto, se cava la fosa de un zando, de tal manera que quedan a fa derecha, en el mismo punto
misionero ... (Eructa.) por donde entró, del lado opuesto de los Negros y frente a ellos.
EL GOBERNADOR: ¡Y la de un capitán! (Extiende el brazo.) Aquí, (A los Negros.) ¡Es la Aurora! ¡Le toca Absalón!
FÉLICITÉ:
el Norte; allá, el Este, el Oeste, el Sur. En cada
ARCHIBALD: (Imitando al gallo.) ¡Quiquiriquí!
una de estas playas, a orillas del río, en los llanos,
nuestros soldados han caído. No se acerquen FÉLICITÉ: (Siempre a los Negros.) Es Ía Aurora, señores. Ya
más, es un socavón ... (Detiene a la Reina.) que quisimos ser culpables, estemos listos. Que se
EL JUEZ: (Severo.) El clima no disculpa su relaja11:ient~. Yo actúe y se hable con prudencia y contención.
no perdí nada de mi sorna ~i de m1 a~tlvez: EL GOBERNADOR: (Al Sirviente.) Voy a ver si tenemos una posi-
emprendí el viaje para castigar un crimen. bilidad de repliegue. (Sale por fa derecha, pero rea-
¿Dónde están los Negros, señor gobernador? parece inmediatamente.) Señora, tras nosotros, se
ha cerrado la selva.
Los Negros se ríen con la misma risa de antes, muy baja,. casi un
LA REINA: (Asustada.) Pero, ¿verdad que estamos en Francia?
murmullo. Y siguen los ruidos de hojas, de vientos, los rugidos evo-
cadores de la selva. EL GOBERNADOR: Señora, todos los postigos están cerrados; los
perros, hostiles; las comunicaciones, rotas; la
LA REINA: ( Cayendo en los brazos del Gobernador.) ¿Ya los noche, helada: era una trampa. ¿Tenemos que dar
oyó? ... ( Todos escuchan.) ¿Y si fueran verdadera- la cara? ¡Es la Aurora! (Al Sirviente.) ¡Le toca!
mente Negros? ¿Y qué tal si estuvieran vivos?
EL SIRVIENTE: ¡Quiquiriquí!
EL MISIONERO: No tema, señora, no se atreverían ... w1~ dulc_e auro-
ra la envuelve a usted y los mantiene a distancia. LA REINA: (Triste,) Sí, es la Aurora y estamos frente a ellos. Y
son negros, tal y corno los soñaba.

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que cuelgan de sus cocoteros! ¡Tiemblen, Negros!
EL JUEZ: ¡Que instalen el Tribunal! (Los Negros, todos juntos, tiemblan cada vez mds
EL MISIONERO: (AL Sirviente.) ¡El trono! Y controle esta tem- J:uerte.) ¡~asta!. .. ¡Basta!. .. Pasaremos por alto sus
bladera ridícula. rnsolencias que nos vuelven más severos hacia
ustedes. Hicimos las cuentas: advertimos que no
EL Sirviente trae el sillón dorado de Félicité. La Reina se sienta. nos hace falta ni un cuerpo de una Blanca o de
Los Negros dan un paso hacia delante, se inmovilizan. Ville de un Blanco; sin embargo Dios nos susurró que
Saínt-Nazaire se separa del grupo, quita el mantel del ataúd que sobraba un alma. ¿Qué significa esto?
descansa entre dos sillas. ARCHIBALD: En efecto, ¿qué significa?
LA REINA: ¡Mis sillas! EL MISIONERO: (Al Juez.) Sean prudentes. Son mentirosos,
EL SIRVIENTE: ¡Aquí estaban! ¡Y yo las buscaba hasta debajo t~amp_osos, ladinos. Les gustan los juicios y las
sus faldas, señor Misionero! drscus10nes teológicas, tienen un telégrafo secreto
que corre de las montañas a los llanos.
El Sirviente lleva las dos sillas donde se sientan el Gobernador y
1.vfisionero. Pero antes, ceremoniosamente, lci Corte se inclina EL JUEZ: (A Archibald.) No acuso a toda África en bloque,
saludar a los Negros que, de la misma manera, por su lado, sat,ua,m. sería injusto e injurioso ...
a la Corte. Los muñecos que representan a la Corte L.,, Reína, el Sirviente, el Misionero y el Gobernador aplauden.
sobre una tarima a la izquierda del escenario, hasta que se corra
LA REINA: Bravo. Bella y noble respuesta.
telón.
EL JUEZ: ( Cauteloso.) No, toda África no es responsable
DIOUF: ¡Y yo que me veía a mí mismo encerrado en
de la muerte de una Blanca y, no obstante, es
cajón!
preciso reconocer que uno de ustedes es culpa-
ELJUEZ: La Corte está instalada. (A los ble, e hicimos el viaje para venir a juzgarlo.
Acuéstense. Se irán acercando pecho a tierra. Según nuestro código, por supuesto. Mató por
ARCHIBALD: (A la Corte.) Están agotados, señor. Si lo per-' odio. Odio al color blanco. Era matar a toda
miten, los oiremos en cuclillas. nuestra raza y matarnos hasta el fin del
(Después de haber consultado a la Corte con
EL JUEZ: mundo; No había nadie en el ataúd. Díganos
mirada.) Concedido. por que.
ARCHIBALD: (A los Negros.) ~cuclíllense. (Los Negros se nn ri•~1 ARCHIBALD: ( Triste.) Por desgracia, señor Juez, tampoco había
l!an. Al juez.) ¿Podríamos lloriquear? ataúd.
EL JUEZ: Si quieren. ( Con voz de trueno.) Pero, EL GOBERNADOR: ¿Na~a de ataúd? ¿Tampoco había ataúd? ¡Nos
¡tiemblen! ( Todos juntos, de manera orquestada, matan sm matarnos y nos encierran en un no
Negros tiemblan.) ¡Más fuerte! ¡Tiemblen, ataúd!
Dios, sacúdanse! ¡No teman hacer caer los cocos

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EL MISIONERO: Después de semejante jugada, ya no podrán puño americano, guillotina, cordeles, zapatos,
decir que no son tramposos. Nos representaron lepra, epilepsia ...
una obra de teatro. (Al Sirviente.) ¡No se ría! ¿No · EL JUEZ: Artículos 280, 8,927, 17, 18, 16, 4, 3, 2, 1, O.
se da cuenta de lo que hacen con nosotros?
EL GOBERNADOR: Patada en los güevos, raticidas, llave inglesa,
EL JUEZ: (A los Negros.) Al escucharlos, no habría crimen
bozal, muerte en pie, de rodillas, de cabeza,
puesro que no hay cadáver y, por lo tanto, no muerte civil, rubiola. ¡Cicuta! ...
habría culpable si no hay crimen. Pero no se
engañen: un muerto, dos muertos, una legión, EL MISIONERO: Calma, señores. El monstruo ya no escapará.
un ejérciro de muertos; nos repondremos si esto Pero antes, tengo que bautizarlo. Porque se trata
necesitamos para vengarnos: pero ni un muerto, de ejecutar a un hombre, no de sangrar a la bes-
esto podría matarnos. (A Archibald.) ¿Entonces, tia. Y si Su Majestad ...
lo que quiere es nuestra muerte? LA REINA: ( Con dulzura.) Como de costumbre. Seré la ma-
drina.
ARCHIBALD: Somos actores y organizamos una función para
divertirlos. Buscamos qué podría interesarlos de EL MISIONERO: Luego le daré la absolución por su crimen. y
nuestra vida: desgraciadamente, no encontramos después, señores, será todo suyo. Al final, rezare-
gran cosa. mos. Pero primero, el bautizo.
EL MISIONERO: Les permitimos vestir sus cuerpos de hollín con ARCHIBALD: Está usted en Africa ...
los nombres del calendario gregoriano. Era un LA REINA: (Extdtica.) ¡Ultramar! ¡El Capricornio! ¡Mis Islas!
primer paso. ¡Coral!
EL SIRVIENTE: (Insidioso.) Mire su boca: ya ve que su belleza ARCHIBALD: (Ligeramente irritado.) Si se entercan, corren
puede igualar la nuestra. Permita, Majestad, que serios riesgos. Sean prudentes. Si hacen uno solo
esta belleza se perpetúe ... de sus gestos, el agua de nuestros lagos, de nues-
EL JUEZ: (Interrumpiéndole.) ¿Para su placer? A mí me toca tros ríos, de nuestras cataratas, la savia de nuestros
buscar y juzgar a un culpable. árboles y hasta nuestra saliva llegarían a hervir ...
EL GOBERNADOR: (Sin un respiro.) Después yo lo ejecuto: una
o a congelarse.
bala en la cabeza y en las pantorrillas, escupitajos, LA REINA: A cambio de un crimen, traíamos el perdón y la
cuchillos andaluces, bayonetas, pistolas de cor- absolución del criminal.
cho, venenos de nuestros Médici ... VILLAGE: No se confíe, señora. Usted es una gran Reina y
EL JUEZ: No podrá escapar. Dispongo de textos sesudos, Africa no es segura.
eruditos, implacables. FÉLICITÉ: (A los Negros.) ¡Basta! ¡Y échense para atrás!
EL GOBERNADOR: Destripamiento, abandono en las nieves eter-
Hace un ademdn y todos los Negros se echan hacia atrds, hacia la
nas de nuestros glaciares invictos, escopeta corsa,
izquierda del escenario; luego, a una señal de la Reina, la Corte se

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1
echa hacia atrds, hacia la derecha. Las dos mujeres estdn frente·
1
{f LA REINA: Y si estoy muerta, ¿por qué me matas sin cesar,
frente. me asesinas al infinito en mi color? ¿No te basta
LA REINA: (A Félicité.) Empieza. mi sublime cadáver que, sin embargo, aún se
mueve? ¿Necesitas el cadáver del cadáver?
FÉLICITÉ: Empieza tú. :1,
LA REINA: (Muy cortés, como se trata a los pobres.) Te lo as~->{' Las dos mujeres avanzan juntas y casi amistosamente hacia el públi-
co, hasta el proscenio.
guro, puedo esperar. . . • ),"
FÉLICITÉ: Mejor confiesa que eres incapaz de encontrar lf .] FÉLICITÉ: Tendré el cadáver del fantasma de tu cadáver.
primera palabra. /i Estás pálida, pero te estás volviendo transparente.
LA REINA: Puedo esperar, tengo la Eternidad para mí. }: Niebla que flota sobre mis tierras, vas a
desvanecerte del todo. Mi Sol. ..
FÉLICITÉ: ( Con las manos en las caderas y explotando.) ¡Ah!\?
¿de veras? ¡Está bie1:'. Dahomey! ¡J:?ahomey! / LA REINA: Y, ¿si de mi fantasma sólo quedara un soplo, y sí
Negros, vengan a auxiliarme. '!no dq~n que se/'.! el soplo de este soplo entrara por los orificios de
su c1:1erpo para habitarlo ... ?
escamotee el crimen. (A la Rema.) Nadie tendría.,
la fuerza de negarlo. Crece, crece, reina mía, s9\0 FÉLICITÉ: Nos echaremos un pedo para sacarla.
expande, reverdece, estalla en coro~as~ en per(} LA REINA: ( Ofendida.) ¡Gobernador! ¡General! ¡Obispo!
fumes. ·Y este hermoso árbol es toda Afnca, es n11,;; ¡Juez! ¡Sirviente!
crimeni Los pájaros llegaron a anidar en él y e~(?
TODOS: (Apagados y sin moverse.) Voy.
sus ramas, la noche descansa. e:•;
LA REINA: Que los empalen con la espada.
LA REINA: Cada noche, a cada instante, cumple, conmigo,.?:
con los míos, ya lo sé, un rito insólito y nefasto: ) FÉLICITÉ: Si usted es la luz y nosotros la sombra, mientras
El olor de las flores de su árbol llega hasta fil\. haya noche donde llegue a morir el día ...
país, y este olor quiere sorprenderme y ·. . LA REINA: Los mandaré exterminar.
truirme.
FÉLICITÉ:(Irónica.) Imbécil, qué plana sería sin esta sombra
. !
FÉLICITÉ: (Encarando a la Reina.) ¡Eres una ruma. que le da tanto relieve.
LA REINA: ·Pero qué ruina! No termino de esculpirme, 1A REINA: Pero ...
1 d .
trabajar mi forma e ruma como u.n
FÉLICITÉ: (Mismo tono.) Para esta noche, hasta el fin de la
Eterna. El tiempo no me corroe, la fattga no obra, déjenos vivos.
obliga a abandonarme, es la muerte que me
pone y que ... LA REINA: ( Volteada hacia la Corte.) Dios mío, Dios mío,
pero qué decirle ...
FÉLICITÉ: Si eres la muerte, ¿por qué me reprochas
quiera matarte? El Gobernador, el juez, el Misionero y el Sirviente se acercan a ella y
la reaniman en voz baja.

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EL MISIONERO: Hable de nuestra generosidad hacia ellos ... de
huérfanos. Pero todo cambia. Lo dulce, lo bueno,
nuestras escuelas ... lo amable y lo tierno será negro. La leche será
EL GOBERNADOR: Cite frases de Bossuet. .. negra, el azúcar, el arroz, el cielo, las palomas, la
LA REINA: (Inspirada.) ¡No podrá negar que yo fui más bella esperanza serán negros, así como la ópera a
que usted! Todos los que me conocen, se lo dirán. donde iremos las Negras, en unos Rolls Ro;ce
Nadie fue más alabada que yo. Ni más cortejada, negros, a saludar a reyes negros, a oír una música
ni más celebrada. Ni más bellamente ataviada. de cobre bajo arañas de cristal negro ...
Legiones de héroes, jóvenes y viejos, murieron LA REINA: Pero, espere, no he dicho mi última palabra ...
por mi. Mis ejércitos eran famosos. En el baile EL SIRVIENTE: (A su oído.) ¡Cante un salmo!
del emperador, un esclavo africano sostenía la
EL MISIONERO: En el peor de los casos, ¡enseñe sus piernas!
cola de mi vestido. Para mí descolgaron la Cruz
del Sur. Aún estaba usted en la noche ... FÉLICITÉ: Doce horas de noche ... ¡Nuestra madre miseri-

FÉLICITÉ: Más allá de esta noche relampagueante, quebrada


cordiosa nos acogerá en su casa, nos cobijará
en millones de Negros caídos en la selva, éramos entre sus p~re_des! Doce horas de día para que
la Noche encarnada. No la noche que es ausencia retazos de tinieblas ofrezcan al Sol ceremonias
parecidas a la de esta noche ...
de luz, sino la madre generosa y terrible que
posee la luz y los actos. LA REINA: (Muy irritada.) ¡Idiota! No ves sino la belleza de
LA REINA: ( Como asustada, a la Corte.) ¿Y ahora? Después ... !ª Historia. Es muy bonito y muy fácil venir a
msultarnos bajo nuestras ventanas y parir todos
EL GOBERNADOR: Diga que tenemos los fusiles para hacerlos
los días a cien nuevos héroes que actúan una obra
callar. .. de teatro ...
EL MISIONERO: Idiota. No, sea amistoso ... Hable del Padre FÉLICITÉ: Dentro de poco, verás lo que se disimula detrás
Foucault ... de nuestro espectáculo ... Ustedes están exhaus-
FÉLICITÉ: Vea nuestros gestos. Si ya no son sino los brazos tos. El viaje los ha agotado. Se caen de sueño ...
cortados de nuestros ritos arrasados, enlodados ¡Están soñando!
en la fatiga y en el tiempo, dentro de poco se LA REINA: \Ella y Félicité se hablan como dos mujeres que
alzarán hacia el cielo y hacia nosotros muñones intercambian recetas de cocina.) Sí, es verdad. Pero
en carne viva ...
tú, ¿n~ vas a cansarte? No cuentes conmigo para
LA REINA: (A la Corte.) ¿Y ahora qué debo contestar? aconseJarte remed10s. Sus hierbas no bastarán.
FÉLICITÉ: ¡Mire! Mire, señora. La noche que reclamaba está FÉLICITÉ: Estoy dispuesta a reventar de cansancio. Otros
aquí, con sus hijos que se acercan. Le hacen una me ayudarán.
escolta de crímenes. Para usted, el negro era el LA REINA: ¿Y sus Negros? ¿Sus esclavos? ¿De dónde se sur-
color de los curas, de los enterradores y de los tirán? ... Porque los necesitan ...

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FÉLICITÉ: ( Con timidez.) Quizá, podrían ... Seremos buenos absceso saldría un Negro adulto, armado hasta
Negros ... los dientes ...
LA REINA: ¡Ah, no, para nada! A lo mejor, ama de llaves ... EL MISIONERO: (A fa Reina.) Señora, ya se lo había advertido:
son insolentes, amargados, vengativos ...
El MISIONERO: Quizá, a lo sumo, preceptor de los niños ...
aunque ... LA REINA: (Llorando.) ¿Pero qué les hice? ¡Soy buena, dulce
y bella!
FÉLICITÉ: ¿Será duro?
EL MIS10NERO: (A los Negros.) ¡Malos! Vean en qué estado
LA REINA: (Seductora.) Terrible. Pero serán fuertes. Y noso-
ponen a la más dulce, a la mejor y a la más bella
tros, encantadores. Seremos lascivos. Baila-
de las mujeres.
remos para seducirlos. Piensa en lo que vas a
hacer. Un largo trabajo sobre continentes y siglos NEIGE: ¿La más bella?
para, al final, esculpirte un sepulcro quizá menos EL MISIONERO: (Molesto.) Quería decir, la más bella de nuestro
bello que el mío ... Entonces, déjame las cosas país. Pongan un poco de buena voluntad. Miren
mí. ¿No? ¿No te das cuenta de cuán cansada cómo se vistió para visitarlos y piensen en lo que
estás? ¿Qué buscas? No, no me contestes: hicimos para ustedes. ¡Los bautizamos! ¡A todos!
tus hijos no conozcan las cadenas? ¿Esto es? ¿Cuánta agua para ungirlos? ¿Y la sal? ¿La sal en
una noble preocupación, pero escúchame ... sus lenguas? Toneladas de sal duramente sacadas
piensa conmigo ... tus hijos, aún no los ..,u,civ,,,.,.,, de las minas. Pero hablo, hablo, y dentro de poco
¿Sí? ¿Ya tienen los pies amarrados? ¿Tus habrá que dar la palabra al señor Gobernador,
No han nacido: por lo tanto, no existen. quien se la dará al señor Juez; para qué dejarse
puedes preocuparte por su condición. Libertad o masacrar en lugar de :reconocer. ..
esclavitud, poco importa, puesto que no ELJUEZ: ¿Quién es el culpable? (Silencio.) ¿No contestan?
Vamos, sonríe ... ¿De verdad, mi argumentación Les voy a dar una ayudadita, la última. Escuchen:
te parece falsa? ( Todos los Negros se ven a nosotros nos da lo mismo que sea uno u otro el
Vamos, señores. (La Reina se dirige a los que haya cometido el crimen, no nos importa si
¿Estoy mal? es fulano o zutano, porque si un hombre es un
EL MISIONERO: Usted es la sabiduría. hombre, un negro es un negro, y nos bastan dos
LA REINA: (A Félicíté.) Tus nietos -que no existen, piénsalo-. brazos, dos piernas que romper, un cuello que
no tendrán rnida qué hacer. Servirnos, sin meter en la horca, y nuestra justicia queda satis-
per~ no somos exigentes ... Piensa en nuestra fecha. Entonces, por favor, un poco de buena
pena, de nosotros: tendremos que ser. Y voluntad.
decer. ( Un sífencío.) De repente, tras bambalinas, se oye una y luego varias explosiones
FÉLICITÉ: ( Con dulzura.) Tú piensa en los mosquitos de petardos y, sobre el terciopelo negro de los decorados, los reflejos de
nuestros pantanos: si picaran mi piel, de

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Un silencio.
fuegos artificiales. Al rato, todo se calma. Los Negros, que estaban en ¡:
i!¡,
cuclillas tras Félícité, se levantan. LA QUE HACÍA EL PAPEL DE LA REINA: Y... ¿dice que está en
!
camino? ¡:
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Avanzando.) Les anuncio.,, i'(!
V1LLE DE SAINT-NAZAIRE: Sí. Todo estaba organizado para su i'
Con un mismo movimiento y solemnidad, la Corte se quita las mds- partida.
caras. Aparecen los cinco rostros negros. LA QUE HACÍA EL PAPEL DE LA REINA: Y ... ¿cómo es él?
VILLAGE: (Angustiado.) ¿Está muerto? VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Sonriendo.) Como se lo imagina. Tal Í:··:
r•,
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Pagó. Tendremos que acostum- y como debe ser para sembrar el pánico por la
brarnos a esta responsabilidad: a ejecutar astucia y la fuerza.
nosotros mismos a nuestros traidores. TODOS: (Hablando juntos.) ¡Descríbelo! ... ¡Enséñanos
EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL SIRVIENTE: ( Con severidad.) ¿Todo unos pedazos! ... ¡Enséñanos su rodilla, su pan-
sucedió dentro de las formas? torrilla, su dedo gordo! ... ¡Su ojo! ¡Sus dientes!
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Con deferencia.) No t~~a. No, sólo VILLE DE SAINT-NAZAIRE: (Riendo.) Se va, déjenlo ir. Se lleva
dentro de las formas, sino tamb1en segun el. nuestra confianza. Todo ha sido preparado,
espíritu de la justicia. arreglado para que pueda contar con nosotros a la
distancia.
EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL MISIONERO: ¿La defensa?
EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL GOBERNADOR: ¿Y su voz? ¿Cómo
VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Perfecta. Elocuente. Pero no . ,
es su voz?
convencer a los jurados. Apenas se pronuncio
sentencia, lo ejecutaron. VILLE DE SAINT-NAZAIRE: Grave. Un poco tierna. Primero ten-
drá que seducir y luego convencer. Sí, también es
LA QUE HACÍA EL PAPEL DE LA REINA: ¿Y ahora?
un seductor.
VILLE DE SAINT NAZAIRE: ¿Ahora? Mientras un tribunal con'."
denaba al que acaban de ejecutar, un congres? BOBO: (Desconfiada.) Pero ... ¿al menos es negro?
aclamaba a otro. Está en camino. Allí va a orgam-' . Todo el mundo estd perplejo y luego estallan en risa.
zar y a continuar la lucha. N~estra met~ no con-.
siste sólo en corroer, en disolver la idea que EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL MISIONERO: Hay que darse
quisieran que tuviéramos de ellos. También tene- .· prisa ...
mas que combatirlos en sus personas de carne y VILLAGE: ¿Se va?
hueso. Ustedes, sólo estaban aquí para el · EL QUE HACÍA. EL PAPEL DEL GENERAL: Todo estaba previsto
táculo. Detrás ... para cada uno de nosotros. Si queremos ser efi-
EL QUE HACÍA EL PAPEL DE SIRVIENTE: (Seco.~ Sabemos .. caces, no tenemos un minuto que perder.
Gracias a nosotros, nada se sospecho del ... DIOUF: Yo ...
que sucede en otra parte.
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EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL MISIONERO: (Jnterrur:ipién1olo con sostener con ellos. (A los cuatro Negros de la
violencia.) También para los demas sera d~ro, Corte.) ¿Aceptan?
sobre todo en los primeros tiempos, sacudu el EL QUE HACÍA DE JUEZ: Sí.
sopor de todo un continente. Encerrados en
vapores y moscas, en el polen ... LA QUE HACÍA DE REINA: Nos habíamos puesto una máscara
DIO UF: (Lloriqueando.) Estoy viejo ... podrían ol:idarse para vivir la abominable vida de los Blancos y; a
de mí ... y luego me ataviaron con un vestido tan la vez, para ayudarles a ahogarse en su vergüenza,
lindo .. . pero nuestro papel de actor llega a su fin.
ARCHIBALD: ¿Hasta dónde aceptan ir?
EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL SIRVIENTE: ( C:on severi~ad.)
Quédatelo. Si te hicieron a semepnza ~e la ima- EL QUE HACÍA DE GOBERNADOR: Hasta la muerte.
gen que quieren tener de nosotros, q uedate con VILLAGE: Pero ... salvo las flores, no habíamos previsto
ellos. Nos estorbarías. nada. Ni cuchillos, ni fusiles, ni horcas, ni ríos, ni
ARCHIBALD: (Al que hacía de Sirviente.) ¿Todavía está actuan- bayonetas. ¿Para deshacernos de ustedes, ten-
do o habla en serio? ( Vacila.) Un actor ... Un dremos que degollarlos?
Negro ... si quieres matar, haz de sus cuchillos LA QUE HACÍA DE LA REINA: No es necesario. Somos actores,
utilería. (A DioufJ ¿Te quedas? nuestra masacre será lírica. (A los cuatro Negros de
fa Corte.) Señores, ¡sus máscaras!
Leve silencio. Diouf baja la cabeza.
Los Negros, uno tras otro, vuelven a ponerse fa mdscara.
Entonces, quédate.
NEIGE: Debo irme. (A Archiba!d.) En cuanto a usted, bastará que
diga sus parlamentos. ¿Está listo?
EL QUE HACÍA EL PAPEL DEL SIRVIENTE: No a~tes de que ter-
minemos la función. (A Archibald.) ARCHIBALD: Empiece.
tu voz. LA REINA: (Levantdndose.) Le toca, señor Gobernador.
ARCHIBALD: (Solemne.) Puesto que no .podía~os p~rmitir a los FELICITÉ: Pero, señora, no habíamos terminado nuestra
Blancos asistir a una deliberacion, m justa oratoria. No se prive de lo mejor, Todavía
un drama que no les i.nteresa, y qu~, ~ara queda mucho qué decir contra los Negros.
larlo, tuvimos que inventar el unico ~ue
LA REINA: Hice el viaje, era largo, su calor es inhumano, y
atañe, debemos concluir este espectaculo prefiero irme ...
deshacernos de nuestros jueces ... (A la que '~"·""º ,
de la Reina.) como estaba previsto. FÉLICITÉ: Sin embargo, ahora escuchará lo que va a sig-
nificar el color blanco.
LA QUE HACÍA EL PAPEL DE LA REINA: Al~~ sabrán cuáles
las únicas relaciones dramancas que LA REINA: No pierda su tiempo. Antes de que concluya su
discurso, habremos huido.

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mil adolescentes más flacos que la Peste y la
FÉLICITÉ: Si los dejamos ir. Lepra, exaltado por la Rabia y la Cólera. (En este
LA REINA: No sea ingenua. Ya vio que estamos de camino momento, ei Gobernador, como lo hizo al principio
hacia la di.uerte. Vamos por nuestro propio pie, de la obra, saca un papel de su bolsillo y lee.)
pero con solapada felicidad. Cuando cai~a, ins~diosamente traspasado por sus
FÉLICITÉ: ¿Usted quiere suicidarse? · flechas, muen bien, verán mi asunción. Mi
cadáver yacerá en el suelo, pero mi alma y mi
Todos los Negros estallan en risa, junto con la Corte, salvo la Reina, cuerp_o se elevarán en el aire. Los verán y morirán
con una gran rísa en libertad. de m1e~o: por este medio elegí vencerlos, y pur-
LA REINA: Escogimos morir para escamotearles el orgullo gar la nerra de sus sombras. Primero palidecerán
del triunfo. A menos que quieran vanagloriarse luego caerán muertos. Yo, grande. ( Guarda ;l
de haber vencido a un pueblo de sombras. papel en su bolsillo.) Sublime. Aterrador
(Silencio.) ¿Qué? ¿Dicen que estoy temblando?
FÉLICITÉ: Siempre podremos ... ¿No saben qué es la gota militar? Y pues, así sea,
LA REINA: ( Con mucha autoridad.) Silencio. Me toca hablar a~_unten a este corazón incorruptible. Muero sin
y dar órdenes. (Al Gobernador.) Ya se lo he dicho: h1;os ... Pero cuento con su sentido del honor
le toca, señor Gobernador. para entregar mi uniforme manchado de sangre
EL GOBERNADOR: En semejantes circunstancias, se suele resolver I? al museo del Ejército. Apunten, ¡fuego!
sorteando. . . X Village dispara el revólver, pero no sale ningún ruido. El
LA REINA: Nada de explicaciones. Enséñeles a estos bárbaros \} Gobernador cae.
qu¿ somos grandes gracias a nuestra disciplina y, i'.
a los Blancos que nos miran, que somos dignos \/ ARCHIBALD: (Señalando el centro del escenario.) No, ven a
de sus lágrimas. morir aquí.
ARCHIBALD: No, no, no se vaya a morir. Señor Gobernador, \\ Con el t~lón, Archibald hace estallar un pequeño petardo, como con
¡quédese! Lo que nos gustaba era matarlo, era\? los que ;uegan los niños. El Gobernador que se ha levantado, va a
reventar hasta la blancura de su harina, y hasta sü ;' cae~ en el centro del escenario.
jabón de afeitar... rn EL GOBERNADOR: Mi hígado estalla y mi corazón sangra.
LA REINA: ¡Ah, ah, ya lo tengo agarrado! (Al Gobernador.)\
LOS NEGROS: (Estallando en risa, todos juntos, imitando el canto
¡Gobernador, en camino! /> del gallo.) ¡Quiquiriquí!
EL GOBERNADOR: (Resignado.) ¡Así sea! Colonialmente hablan/J
do, serví bien a mi patria. (Bebe un trago de ron.))\ ARCHIBALD: A los Infiernos. (A la Reina). Al siguiente.
Recibí mil apodos que atestiguan la estima del~{) i:7tta?e y Vertu se han separado del grupo de los Negros y, por la
Reina y el miedo del salvaje. Por lo tanto, voy .i.'.'. izquierda, se acercan al proscenio. Vertu finge ser coqueta.
morir, pero será una apoteosis, llevado por diel;':'

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VlLLAGE: ( Tierno y burlón.) En vano: yo, macho indife-
VILLAGE: A mi regreso, te traeré perfumes ... rente, pasaba sin echar una mirada ... Pero de
VERTU: ¿Y qué más? noche, llegaba a espiar un rayo de luz entre tus
VILLAGE: Fresas salvajes. postigos. Me lo llevaba entre mi camisa y la piel.
VER.TU: No seas estúpido. ¿Quién irá a recoger las fresas? VERTU: Y yo, ya estaba acostada, con tu imagen. Otras
¿Tú? En cuclillas, buscándolas bajo las hojas ... muchachas guardan en sus ojos la imagen de su
amado, la tuya estaba entre mis dientes. La
VILLA GE: Lo hago para darte gusto y tú ...
mordía ...
VERTU: ¿Mi orgullo? Quiero que me traigas ...
VlLLAGE: A la mañana, enseñaba con orgullo las huellas de
El juego sigue durante el parlamento del juez. tus mordidas de la noche.

ELJUEZ: (Levantdndose.) Ya entendí. No recurriré a la VERTU: (Poniéndole una mano en la boca.) Cállate.
elocuencia, ya sé a dónde lleva eso. No, preparé EL MISIONERO: (Levantdndose.) ¿Se atreverían a arrojarme a estos
un texto de ley, cuyo primer párrafo dice: Ley del Infiernos que yo les traje? Ridículo, amigos. El In-
18 de julio. Artículo primero: Dios ha muerto y fierno me obedece. Se abre o se cierra con una
ahora el color negro deja de ser un pecado: se señal de mi mano ensortijada. Bendije a esposos,
vuelve un crimen ... bauticé a negritos, ordené a batallones de curas
ARCHIBALD: Le cortaremos la cabeza, pero en rebanadas.
negros y les traje el mensaje de un crucificado.
Los oigo -porque si la Iglesia habla todos los
EL JUEZ: No tienen derecho, .. (Se oye una detonación.)
idiomas, también los entiende todos- cuando
ARCHIBALD: ¡A. los Infiernos! reprochan a este Cristo su color. Reflexionemos.
Apenas nació, un príncipe negro, un poco brujo,
El Juez lentamente cae sobre el Gobernador. En el momento en que
llegó a adorarlo .. , (De repente, se detiene. lv!ira a
cae, los Negros gritan en coro. los Negros inmóviles. Con toda evidencia tiene
LOS NEGROS: ¡Quiquiriquí! miedo. Estd asustado.) ¡No, no, señores, señores,
no hagan eso! ( Tiembla cada vez mds.) ¡Señoras,
ARCHIBALD: ¡Al siguiente!
señoras, les ruego! ¡Sería demasiado horrible! En
VERTU: (A Village. Ambos están muy a la izquierda del nombre de la Virgen del Cielo, intercedan ante
escenario.) Yo también hace tiempo que no me sus maridos, sus hermanos, sus amantes! ¡Señores,
atrevía a amarte ... señores, no, eso not Primero, no creo. No, no
VILLAGE: ¿Me amas? creo. El Infierno que les traje ... Maltraté a sus
VERTU: Escuchaba. Te oía llegar a grandes zancadas. brujos -¡Oh, perdón! No a sus brujos, señores,
Corría a la ventana y tras las cortinas, te miraba sino a sus taumaturgos, sus sacerdotes, su clero.
pasar ... Bromeé, blasfemé, merezco un castigo, ¡pero no

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Los Negros golpean con Los pies y las manos para asustarlo. El
eso!. .. Señores, señores, se los ruego ... no hagan
sirviente huye y cae en el montón formado por el Gobernador, el
el gesto ... no digan la fórmula ... No, no ...
Misionero, y el Juez. Risa orquestada de los Negros.
Los Negros estdn cada vez mds inmóviles, congelados, impasibles. De ARCHIBALD: A los Infiernos.
repente, el Misionero se calma, ya no tiembla, respira mejor, parece
LA REINA: (Levantándose con solemnidad.) ¿Ya están satisfe-
aliviado, casi sonriente. De repente, grita.
chos? Heme aquí sola. ( Una detonación.) Y muerta.
¡Muu! ... ¡Muu! Decapitada como mi célebre prima. Yo también
voy a bajar a los Infiernos. Conduciré mi tropel de
Siempre imitando a una vaca, el Misionero camina sobre cuatro
cadáveres que no cesan de matar para que vivan y
patas; finge comer hierba, lame los pies de los Negros que se han
que ustedes no cesan de hacer vivir para matar.
echado hacia atrás, como si estuvieran asustados.
Pero, sepan que sólo desmerecimos ante sus ojos.
ARCHIBALD: Basta. ¡Al matadero! Les era fácil transformarme en Alegoría, pero viví,
sufrí, para finalmente coincidir con esta imagen ...
El Misionero se levanta y va a caer sobre el Gobernador y el Juez. y hasta amé ... amé; (De repente, cambia de tono y
EL MISIONERO: (Aullando con voz de falsete antes de caer.) se dirige _ a Archibald) pero, dígame señor, este
¡Castrado! ¡Me han castrado! ¡Seguro que así me Negro (señala a Diouf) que les sirvió de soporte
hacen santo! para matar a un cadáver, y puesto que es la cos-
tumbre que estos cadáveres, ya muertos, suban al
ARCHIBALD: ¡Al siguiente!
cielo para juzgarnos ...
EL SIRVIENTE: (Levantdndose y temblando.) ¿Me van a golpear?
NEIGE: (Riendo.) ¡Y se dan prisa para volver a bajar a los
No soporto el dolor físico, ya saben, porque soy
Infiernos!
un artista. De alguna manera, era .uno de los
suyos, víctima también del Gobernador general y LA REINA: Se lo concedo, señorita, pero al menos dígame, antes
de los Cuerpos constituidos. ¿Dicen que los vene- de mi muerte, ¿qué hubiese sido de él en nuestra
raba? Sí y no. Era muy irrespetuoso. Ustedes me Corte? ¿Con qué título lo hubiesen ataviado, con qué
fascinaban más que ellos. En todo caso, ya no soy odio? ¿Qué imagen se hubiese vuelto, qué símbolo?
esta noche lo que era ayer, porque también sé
Todos estdn atentos, Hasta los personajes muertos amontonados en el
traicionar. Si quisieran, sin que me pasara del
suelo levantan la cabeza para escuchar.
todo de su lado, puedo ...
LA REINA: (Al Sirviente.) Dígales que al menos, sin nosotros, EL GOBERNADOR: (Acostado.) Sí; ¿qué? ¿Otro Príncipe?
su rebeldía no tendría sentido. Tampoco existiría ... Los Negros se ven bastante perplejos.
EL SIRVIENTE: (Siempre temblando.) Ya no quieren saber nada.
DIOUF: ( Con suma dulzura.) No se moleste, señor
(A los Negros.) Les entregaré secretos de fabri-
Archibald. A estas alturas, lo aguanto todo.
cación, planos ...

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ARCHIBALD: (Después de un silencio.) La colección no hubiese el final, absurdamente. Vuelvan a colocarse las más-
sido completa sin la Madre. (A Diouf; Mañana, caras para salir y que los conduzcan a los Infiernos.
y para las futuras ceremonias, usted representará
Los cinco vuelven a ponerse la mdscara.
a la Admirable Madre de los Héroes muertos
creyendo que nos mataban, devorados por nues- 1A REINA: (Dirigiéndose a los Negros.) Adiós, y suerte. Buena
tras hormigas y nuestras rabias. 1:1ujer, le deseo lo mejor. Nosotros, vivimos largo
tiempo, al fin vamos a descansar. (Respondiendo a un
Los personajes en el suelo se enderezan para saludar a Diouf, quien a gesto de impaciencia de Félicité.) Partimos, partimos,
su vez los saluda; luego, vuelven a acostarse imitando la muerte. pero piensen que quedaremos dormidos en la Tierra
DIOUF: (A los lvfuertos.) Ahora bajo a sepultarlos, puesto como larvas o topos; y si un día ... en diez mil afias ...
que está escrito. (Abandona el balcón.)
S~len por la derecha, mientras los Negros, con excepción de Vertu y
LAREINA: (A Archibald, admírativa.) ¡Qué bien odian! Vzllage, lo hacen poco a poc{} por la izquierda. El escenario queda
(Pausa.) De.la misma manera que amé. Y ahora, vacío, sólo permanece la pareja.
muerta, habrá que confesarlo, ahogada por mi
deseo de un Gran Negro que me mata. Desnudez VILLAGE: (A Vertu. Parecen estar peleando.) ¿Y si tomo tus
negra, me has vencido. manos entre las mías? ¿Y si te tomo de los hom-
bros -déjame hacerlo- y te estrecho entre mis
NEIGE: (Dulcemente.) Señora, tiene que irse. Está per-
brazos?
diendo toda su sangre y la escalera de la muerte es
larga. Y clara como el día. Pálida. Blanca. Infernal. VERTU: (A Village,) Todos los hombres son como tú: imi-
tan. ¿No puedes inventar otra cosa?
LA REINA: (A su Corte.) ¡De pie! (Los cuatro se levantan.)
Vengan conmigo a los Infiernos. Y compórtense. VILIAGE: Para ti, podría inventarlo todo: frutas, palabras
más frescas, una carreta de dos ruedas, naranjas
Los empuja como a un rebaño. sin huesos, una cama de tres plazas, una aguja
que no pica; pero gestos de amor, es más dificil..,
ARCHIBALD: (Deteniéndola.) Un momento. La función está ter-
en fin, si así lo quieres ...
minando y usted va a desaparecer. Antes que nada,
compañeros, déjenme agradecerles a todos. VERTU: Te ayudaré. Lo cierto, al menos, es que no podrás
Actuaron muy bien su papel. (Los cinco Negros se enrollar tus dedos en mi larga cabellera rubia ...
quitan la mdscara y saludan.) Se mostraron muy
La Cortina negra que cerraba el fondo del escenario se levanta: todos los
valientes, pero era necesario. Aún no ha llegado el
Negros -incluyendo a los que formaban la Corte y se han quitado las
tiempo de presentar espectáculos acerca de temas
mdscaras- están de pie alrededor de un ataúd cubierto con un mantel
nobles. Pero quizá se sospeche lo que disimula esta
Manco como el que estaba en primer plano al inicio de la obra. Primeros
arquitectura de vado y de palabras. Somos lo que
acordes del minué de Don juan. Dándose la mano, Vil!.age y Vertu se
quieren que seamos, por lo tanto, lo seremos hasta
dirigen hacia el/,os, dando la espalda al público. El telón se cierra.

129
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Posdata

En Los Negros, jean Genet trata de hacer entender a los blancos la


actitud real del negro. Esta obra estd escrita para actores negros y
público blanco. Dicha relación es esencial para el fin perseguido por el
autor. No permite que el drama sea representado por actores blancos, e
insiste en que entre el público debe encontrarse por lo menos un hom-
bre blanco o un símbolo del hombre blanco.
La acción de Los Negros es muy simple. Un grupo de negros
realiza el sacrificio ritual de una mujer blanca. Otro grupo de
negros, llevando mdscaras blancas y ataviados con las ropas que dan
a los blancos su ilusoria superioridad, proceden a juzgarlos. Pero, en
vez de ser juzgados, los negros matan a los blancos.
Mientras llevan a término esta purga burlesca, se anuncia la ver-
dadera acción del drama, fuera del es_cenario. Un traidor negro es
sentenciado y fusilado y, al final, el público se convierte en una com-
pleja y elaborada tapadera para ocultar un incidente de la guerra
entre negros y blancos. Después de ver esta farsa, los espectadores
blancos entienden que la guerra ha sido declarada. En Los Negros,
la violencia se respira y se suda en todo momento, el texto estd car-
gado de una fuerte inspiración en los cantos espirituales afticanos; la
música y los rituales evocan el África profunda, ese continente en el
exilio, rechazado y marginado. Las referencias a todo lo que se asocie
al color negro, a sus texturas, a las atmósferas: la tierra, las plantas,
los lagos, los ríos, los pantanos y la selva, tienen su concreción en el
continente negro. La poesía en esta obra engendra violencia racial, es
una venganza a tantos siglos de opresión que tiene que saldarse como
una asignatura pendiente. Hay una necesidad de exorcizar la pose-

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sión del alma por el espíritu maligno; el vudú y la santería inter- burguesía parisina, en donde se desarrolla un juego delirante de
vienen en otro aspecto cultural del texto; el autor nos lleva de la espejos llevados por un carrusel que gira vertiginosamente en descenso
mano por un paseo a las tradiciones religiosas del África y sus diferen- hacia el infierno; los didlogos desnudan a los personajes en su reali-
tes etnias. La mdscara juega un papel primordial en esta obra, se dad sadeana con una singular cruelc/ad; Severa vigilancia y El bal-
entremezcla en una asociación de significados y símbolos que deno- cón se desarrollan en dmbitos marginales: una cdrcel y un burdel.
tan las preocupaciones conceptuales del autor y su propensión hacia Los Negros y Los Biombos tienen una fuerte carga de las preocu-
el teatro ritual. La comunicación directa entre los dos grupos étnicos paciones sociales de jean Genet, sobre todo en referencia al colonialis-
y sus culturas ya no es posible. Esto sucede en otra de las obras de de mo y el racismo. En estas obras echa mano de algunas de las tesis de
nuestro autor en la que se da el odio a lo desconocido como primicia Bertold Brecht, de Luigi Pirandello y del teatro oriental. En esta
temdtica para indagar sobre el racismo, el colonialismo y sus conse- última etapa de su producción dramdtica deja de ser el provocador,
cuencias destructivas. Los Biombos es una alucinante parodia de la el enfant terrible, para convertirse en un pensador profundo que
cultura europea y su ignorancia y desprecio por el otro , por lo que destruye los fundamentos de la cultura occidental y sus valores "uni-
no comprende o no alcanza a entender. versales'; parodiando a sus instituciones mds sagradas: la democra-
La fascinación que siente Genet por la traición como la forma de cia, la legalidad, la fraternidad y la igualdad; basura retórica
crimen mds ruin es el resultado de una larga y cuidadosa búsqueda dieciochesca. Las democracias occidentales sufren la mds agresiva
en pos de la inversión perfecta del comportamiento social. Durante ironía del humor genetiano, son violentamente cuestionadas y recha-
su precoz carrera, como se observa en sus primeras novelas, Nuestra zadas por los oprimidos, quienes reivindican a sus culturas como
Sefiora de las Flores y El diario del ladrón, se comprometió en una actos de resistencia milenaria: guerra de guerrillas culturales. En esta
búsqueda minuciosa y consciente de la humillación y el desprecio. La etapa Genet se asume como un anarquista de izquierda, compro-
santificación a la inversa es una obsesión genetiana, es un dispositivo metido con las luchas de los grupos étnicos humillados y marginados.
en su obra; la lleva hasta el paroxismo convirtiéndola en una nueva Se convierte en un militante de las causas de los argelinos, de los
religión, en la que él es el sumo pontífice. negros y mds tarde de la lucha del pueblo palestino. Los escdndalos
Todo en Genet es absurdo y, al concebir este absurdo, el autor se que provocan sus últimas obras tienen una justificación mayor pues
nos revela como un forjador de sueños que en nada difiere de la ha afectado lo que mds les duele a los imperios: ponerlos en ridícula
gente que satiriza. Jean Genet necesita, como todos los criminales, evidencia.
ima sociedad contra la cual ejercer presión; tiene una fascinación
por las prostitutas, los pederastas, los asesinos, los ladrones, los La puesta en escena
padrotes; todos estos son la concreción de su perversa fantasía.
El autor de Los Negros estd influido profundamente por la El montaje es una propuesta interdisciplinaria que combina varios
poética artaudiana, sobre todo por las ideas sobre la crueldad y su elementos paralelos a las artes escénicas, como algunas esculturas
ritualidad originaria; El teatro nace de la peste es un texto que móviles que servirdn de estructuras pldsticas con fines dramdticos. El
marca hondamente a Genet. Hay en sus obras una amenaza latente espacio escénico es manejado en tres niveles para describir los mundos
en el exterior y esa es la peste de la que habla el poeta del teatro: tratados por el autor: el dmbito de ensoñación de los negros y su
Artaud La hostilidad hacia todo lo social se manifiesta en su elec- parodia de los códigos del mundo de los blancos, la atmósfera de irrea-
ción de los escenarios. Las Criadas transcurre en una casa de la alta lidad en la que se mueven los negros cuando se disfrazan de blancos

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provocando ambientes sórdidos de violencia ínterracial o mds bien
de un grupo étnico contra otro, como sucede en la cohabitación de
las grandes urbes imperiales, que han tenido que asumir a los habi-
tantes de sus antiguas colonias y convivir con sus antiguos esclavos, Índice
soportando la mezcla de los grupos étnicos antagónicos, y la contex-
tualización de la exposición del tema del racismo en nuestro país a
través de la metdfora genetiana de la representación de la realidad
como un juego de espejos, mis en ab1me, la realidad incrustada en
otra realidad, el teatro dentro del teatro o, mejor dicho, una
situación dentro de otra situación. Creamos una serie de atmósferas
poéticas irreales que tienen que ver con la belleza horrorosa del Con un oído contra el corazón (Fabienne Bradú) . . . . . . . . 7
mundo maldito de Genet, a través del dmbito ritual de la cultura De Los Negros en México . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
negra y su alucinante música. Personajes ............................ , . . . . . . . . . 39
¿Por qué poner Los Negros en México, aquí y ahora? La obra Escenografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
recobra en nuestro contexto una vibrante vitalidad y actualidad ya Acto único . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
que no hemos reconocido nuestra negritud ni nuestro velado racismo Posdata Uosé Luis Cruz) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
hacia los indios; nuestra cultura es aún colonial y colonialista, vivi-
mos no en el siglo XIX sino en el XVI; existe una ''casta divina" de
criollitos yupis que dominan todos los dmbitos de la compleja reali-
dad nacional en donde la cultura virreina! es aspiración bucólica, es
un círculo cerrado que comprende la modernidad y la democracia
como el dejar hacer y dejar pasar del libre mercado y la globali-
zación y el estado de ''derecho" para perpetuar la explotación, la
marginación, la simulación, el racismo y la corrupción legal. Aquí,
en este contexto, Genet encuentra tierra fértil para su dispositivo
dramdtico.
José Luis Cruz
Agosto 2003, Cocoyoc, More/os

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