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ASESINO SERIAL: Bathory La Condesa Asesina: Nació en 1560 en Hungría.

Su familia célebre y
distinguida pertenecía a la aristocracia, su primo era Primer Ministro, y su tío Rey de Polonia, entre
varios otros príncipes de Transilvania. Los Báthory descendían de un poderoso clan de los hunos y
comenzaron a ganar relevancia a partir de mediados del siglo XIII. Abandonando sus costumbres
tribales, la familia adoptó el nombre de sus estados como apellido (Bátor significa, de hecho,
«valiente»). Su poder e influencia iría desvaneciéndose paulatinamente, hasta desaparecer
completamente hacia la segunda mitad del siglo XVII.

Más conocida como “La Condesa Sangrienta”, debido a los macabros y sádicos crímenes que
cometió, Erzsebet Bathory fue una aristócrata húngara perteneciente a una de las más ilustres
familias de Europa. De hecho, de esta misma familia también fueron Esteban y Sigmund Bathory
que ocuparon los tronos de Polonia y Transilvania, respectivamente, además de varios dignatarios
de la Iglesia y ministros de Hungría.

Retrato de Erzsebet Bathory

Como en otras tantas familias de la nobleza europea de la época, los Báthory contrajeron
matrimonio entre ellos en numerosas ocasiones, y esta conducta endogámica trajo consecuencias
fatales como la aparición de diversos grados de enfermedades mentales y psicosis de diferente
índole, de entre las que sin duda se destaca la de Erszebet Báthory.

A muchos de los familiares de la condesa les gustaban el esoterismo la magia negra, y la alquimia.
La propia condesa desde niña recibió influencias de su nodriza, quien le enseñaba prácticas de
brujería y otras habilidades relacionadas con estas artes prohibidas.

Dueña de una excepcional belleza, cuando Erzsebet tenía 15 años, el conde Ferencz Nádasy,
conocido como “El Héroe Negro” por sus cuantiosas victorias en los habituales campos de batalla
de la Europa del este de ese tiempo, se convierte en su esposo y el matrimonio se muda al
recóndito Csejthe, a uno de los 17 castillos que poseían en los Cárpatos.

Obviamente, el lugar estaba alejado de cualquier centro urbano de importancia, reduciendo de


manera drástica el abanico de diversiones al que podía acceder una joven aristócrata de la época.
La «Doncella de Hierro», un sofisticado aparato de tortura de la condesa Báthory.

Esta joven era, como dijimos, una mujer muy hermosa pero aburrida, debido a las largas ausencias
de su esposo que participaba en cuanta batalla se produjera en los alrededores, que era sin duda
una de las zonas de mayor conflicto del momento ya que en esas tierras se encontraban los limites
entre los reinos cristianos y el Imperio Otomano.

Así, la condesa utilizaba su tiempo ocioso dedicándose cada vez con más entusiasmo al
esoterismo, y se rodeó de brujos, hechiceros y alquimistas, amén de todo tipo de charlatanes y
pendencieros.

Paralelamente comienza a manifestar su perversidad; ella sostenía que sus dolores de cabeza
desaparecían al morder las doncellas, por lo tanto, cada vez que sufría una de esas jaquecas las
pobres muchachas eran mordisqueadas por la condesa.

También ocupaba su tiempo libre con pasatiempos igualmente deleznables, que consistían en
pinchar a sus jóvenes costureras con agujas y mirar como fluía la sangre; además le gustaba untar
el cuerpo de alguna sirvienta con miel y observar cómo las hormigas la torturaban.

La condesa tuvo tiempo para criar y educar a cuatro hijos, pero los sucesivos embarazos la hacían
verse vieja y fea, condición que ella rechazaba en forma enfermiza, deseaba no perder nunca la
belleza y la juventud que la caracterizaban.

Estas preocupaciones se las manifestó a su nodriza que aún la acompañaba esta le dijo que los
poderes de la sangre los sacrificios humanos daban muy bueno resultados, aconsejándole que se
bañara co sangre de doncella para conservar eterna, mente la juventud.
Esta solución mágica pronto se puso de manifiesto. Cierto día en que una de sus doncellas la
acicalaba le tiró el pelo y la condesa la abofeteó con tanta fuerza que hizo sangrar su rostro la
sangre salpicó la mano de Erzsebet y ella, al observarse, creyó que la piel interesada estaba más
blanca y tersa que el resto de su cuerpo, confirmando los dichos de su nodriza.

La Virgen de Hierro, una muñeca de tamaño natural que Erzsebet utilizaba en sus ritos de sangre.

Convencida de que la única forma para anular el envejecimiento era bañarse o beber sangre de
doncellas jóvenes, desparramó toda la maldad de la que ella era capaz en pos de obtenerla y
disfrutarla. Manipulada por su dueña, la Virgen de Hierro era un objeto de tortura. Era de metal,
con cabellera rubia, joyas, maquillaje y siempre se presentaba desnuda. Con falsa y perversa
amabilidad, la autómata recibía y luego abrazaba a las jóvenes víctimas de la condesa. Cuando las
tenía entre sus brazos, sus falsos senos se abrían y apuñalaban a la presa. Estando las víctimas
malheridas, eran degolladas y su sangre era bebida por Erzsebet. Y, si la cantidad era suficiente,
hacía llenar una gran bañera con la sangre de las doncellas y se sumergía en ella, buscando
desesperadamente la fuente de la juventud.

Teniendo certeza de que la sangre rejuvenecía los tejidos, inmediatamente mando a que cortaran
las venas de la desafortunada sirvienta se vertieran la sangre en la bañera para que pudiera
sumergirse en ella. Luego de este momento los baños de sangre serian su obsesión, así como los
placeres lésbicos ya que su esposo fallece en 1604 dejandola libre y haciéndola dueña de todos sus
bienes.

Sus sádicos gustos eran consentidos por el enano bufón, Ficzk, y un grupo de brujas que la
acompañaban para reclutar jóvenes guapas y de buena salud que eran llevadas al castillo y, una
vez allí, eran sometidas a todo tipo de suplicios y tormentos: eran azotadas hasta que morían,
quemadas en los pechos, los pies y los genitales con hierros candentes, etc.

El carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory recorría los Cárpatos en busca de nuevas
victimas, que eran engañadas con la promesa de trabajo en el castillo y, si se resistían, eran
drogadas y llevadas a la fuerza.

En los aposentos de la condesa cortaban las venas y las arterias de las desafortunadas, que tenían
las bocas cosidas para que no molestaran con sus gritos.
La sangre llenaba lentamente la bañera para que ella tomara sus baños rejuvenecedores. A veces
hacía derramar la sangre directamente sobre su cuerpo y, para evitar el roce de las toallas sobre su
piel, ordenaba a sus sirvientas que la lamieran suavemente, En muchas ocasiones, las jóvenes
raptadas debían esperar su turno en las cárceles de la fortaleza, donde vivían en condiciones
infrahumanas pasando frío y hambre o comiendo la carne chamuscada de sus compañeras.

La jóvenes que parecían más saludables eran encerradas en el sótano, y su sangre era drenada
periódicamente para que Erzsebet la bebiera.

Le gustaba jugar con las desdichadas, si era invierno, las empapaba con agua y dejaba que
murieran afuera, aprisionadas por el hielo, pero el más famoso entretenimiento fue la a Doncella
de Hierro, una estatua hueca provista en su interior con afilados cuchillos que permitían desangrar
lentamente a las muchachas.

Durante once años la condesa disfrutó de esta vida, sepultando los cuerpos en las afueras del
castillo y guardando los huesos para que sus hechiceros los utilizaran es sus experimentos
alquímicos.

Tan largo tiempo de desapariciones sin explicación hicieron caer todas las sospechas sobre su
castillo. Los campesinos estaban aterrados y no dejaban salir a sus hijas, otros eran involuntarios
testigos de los desgarradores gritos que provenían de las torres del macabro lugar.

Pero ella era una mujer de la nobleza y por lo tanto intocable, sólo a partir de que unos lobos
desenterraron los cuerpos de cuatro jóvenes, en las cercanías del castillo, la justicia comenzó a
actuar. El rey Matías en persona se ocupó del caso y visitó imprevistamente, junto con su corte, el
castillo de Csejthe, en 1610.

Al entrar encontraron el cuerpo pálido y desangrado de una mujer; otra, aún con vida; y una más
muerta debido a las torturas, azotes y pinchaduras. En las habitaciones había gran cantidad de
elementos de tortura y una libreta en la cual la condesa había anotado prolijamente el nombre de
610 victimas.
En los calabozos, algunas de las jóvenes aún permanecían con vida pero totalmente débiles,
debido al permanente sangrado de que eran objeto; en otra ala del castillo la condesa y su séquito
de brujos fueron sorprendidos realizando un sangriento ritual. Inmediatamente fueron detenidos
y llevados a juicio.

Frente a las evidencias no pudieron defenderse, sus cómplices fueron quemados y su bufón
decapitado. El Tribunal Supremo, considerando la alcurnia de la condesa, le perdonó la vida pero
fue emparedada en una habitación del castillo con sólo una ranura por donde pasaba el alimento y
el agua. Finalmente y después de soportar, asombrosamente, cuatro años esta sepultura en vida,
Erzsebet Báthory muere a la edad de 54 años.

La crónica oficial de su muerte deci «Erzsebet Bcithory, esposa del influyente sen Ferencz
Nádasdy, magistrado del rey y gran maestre de los caballos, viuda e infame y homicida, ha muerto
en prisión en Csejthe. Muerta repentinamente sin luz y de 1614».

Gran parte de los investigadores achacan los malvados instintos de Erzsebet a la degeneración
genética a la que habían llegado los miembros de esta familia debido a la endogamia, pues la única
manera de mantener las posesiones era el matrimonio entre familias nobles húngaras.

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MAGNICIDIOS EN LA HISTORIA:

El siglo XX fue pródigo en magnicidios. Desde el fatídico asesinato del archiduque Francisco
Fernando en Sarajevo, en 1914, hasta los asesinatos de los Kennedy y las muertes absurdas de
John Lennon y Gianni Versace, son muchas las personalidades públicas que han caído bajo el
ataque del asesino común o del fanático político. La muerte de los grandes siempre despierta
curiosidad y genera desasosiego. Si a ellos les puede pasar esto, ¿qué podemos esperar los simples
mortales? El carácter sagrado del gobernante terminó para siempre con el asesinato de Julio
César, La historia ha sido jalonada por estos hechos sangrientos, pero ninguna época ha
acumulado tantos asesinatos de poderosos como el siglo XX.
El magnicidio, pues, a través de los tiempos se ha usado como arma política de diversas maneras:
como castigo, como venganza, como paradójico instrumento para alcanzar la paz social o como
instrumento de la ilusión revolucionaria.

En un cierto sentido puede decirse que los asesinatos de los Graco fueron movidos por el afán de
venganza de los senadores. Algunos de los asesinatos de los presidentes norteamericanos caen
dentro de esta categoría.

El asesinato del presidente James Garfield en 1881 es considerado un típico ejemplo de asesinato
por venganza. Garfield recibió el mortal disparo el 2 de julio de 1881. El arma estaba en manos de
Charles Guiteau, un desilusionado aspirante a funcionario convencido de que se le había negado
injustamente una recompensa política de la que se creía acreedor.

Sin embargo, el asesinato del presidente Abraham Lincoln el 14 de abril de 1865 no resulta tan
claramente un acto de venganza. Tradicionalmente se supone que John Wilkes Booth trataba de
vengar la derrota del Sur en la guerra civil norteamericana. Pero algunos historiadores han
sugerido que Booth fue tal vez parte de una conspiración que hasta puede haber involucrado a
miembros del gabinete de Lincoln. Similares interrogantes rodean el asesinato del presidente John
F. Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963.

Algunos magnicidios también han sido impulsados por el idealismo. La víctima es elegida porque
se cree que su muerte habrá de beneficiar a la humanidad o a una causa en particular. Tal vez el
más notable incidente motivado por ese tipo de idealismo sea el fallido atentado contra la vida de
Adolf Hitler en 1944.El asesinato con motivos propagandísticos para atraer la atención de un
movimiento que se considera revolucionario ha sido usado no sólo por los anarquistas del siglo
XIX, quienes, como hemos visto, argumentaban que la violencia y el magnicidio eran una
respuesta moral a instituciones y gobiernos inmorales. Probablemente el más significativo
asesinato con fines propagandísticos del siglo XX, y también el que tuvo los resultados más
desastrosos, fue el del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría.

La segunda mitad del siglo XX ha conocido también su cuota de magnicidios con motivos
propagandísticos. Uno de los más notorios de estos asesinatos fue el del ex primer ministro
italiano Aldo Moro. Moro fue secuestrado el 16 de marzo de 1978 por miembros del las Brigadas
Rojas, un grupo terrorista italiano responsable de muchos secuestros, bombas y asesinatos. Su
cuerpo fue encontrado en un auto estacionado en Roma casi dos meses más tarde. De este estilo
fue también el asesinato de lord Mountbatten, llevado a cabo por un grupo disidente del IRA.

En un informe a la Comisión Nacional para las Causas y la Prevención de la Violencia Política, de los
Estados Unidos, se incluye la siguiente tipología del magnicidio.

i) Un líder hace asesinar a otro para convertirse él en líder. Este tipo es más común en las culturas
de América latina y de Medio Oriente, aunque también hay casos en Europa. Por lo general se
trata de un líder de menor nivel que asesina a su superior. Por ejemplo: Hitler contra Ernst Rohm o
el Senado Romano contra Julio César.

ii) Agentes de un gobierno asesinan para eliminar competencia política de grupos rivales. En este
caso se trata de líderes de nivel superior que hacen matar a potenciales rivales de igual o menor
poder. Por ejemplo, Marcos contra Aquino en Filipinas; Stalin contra Trotsky; Stalin contra Sergei
Kirov (y luego 40 o 50 millones más).

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iii) Asesinatos para generar miedo y desmoralizar al poder existente para así lograr un cambio de
gobierno. Por lo general ocurre en países donde otra potencia domina como fuerza de
colonización. Por ejemplo, los asesinatos (incluido el de Gandhi tal vez) de fuerzas británicas en la
India; también podrían entrar en esta categoría los asesinatos de las Brigadas Rojas en Italia, así
como los del M 19, los del IRA y los de los separatistas vascos.
iv) Asesinatos con propósitos propagandísticos. Los grupos terroristas asesinan a alguien para
atraer la atención hacia su grupo. El más trágico y notable de este tipo de magnicidio fue el que
desató la Primera Guerra Mundial, con la muerte del heredero del trono austro-húngaro. El
asesinato del ex presidente de facto Aramburu en la Argentina a manos de guerrilleros
montoneros puede inscribirse dentro de esta categoría.

v) Asesinatos producidos por seres con alteraciones mentales. Por ejemplo, el atentado contra
Reagan por Hinckley, un alienado que quería atraer la atención de Jodie Foster. Los asesinatos de
John Lennon y de Gianni Versace podrían incluirse en esta categoría. Aunque no son magnicidios
en sentido estricto, comparten con éstos algunos de sus rasgos característicos: ejecución pública,
ausencia de motivos personales y fuerte impacto en la opinión pública.

El poder de Lennon, más allá de su atractivo como artista, tenía vagas connotaciones políticas que
el FBI no vaciló en exagerar. Versace, desde el arte y el negocio de la moda, compartía muchos
espacios con personalidades simbólicas del poder como Diana, la princesa de Gales. Finalmente, la
fuerte presencia de ambas víctimas en los medios los había convertido a ellos mismos en símbolos
del poder.

Fuente Consultada: Grandes Asesinatos del Siglo XX Julio A. Sierra

“Mrs. Durand-Deacon ya no existe. He destruido su cuerpo con ácido… No podrán probar mi


culpabilidad sin encontrar su cadáver.” El que en media de una crisis nerviosa así ‘barbotaba en el
puesto de policía de Chelsea respondía al’ nombre de John George Haigh, delincuente habituó! de
39 años de edad, detenido en Londres el 28 de febrero de 1949 por fundadas presunciones de que
era el responsable de la desaparición de una viuda de cierta fortuna.

CRIMEN, ARRESTO Y CONFESIÓN John George Haigh, hijo del capataz de una mina de carbón,
había nacido en Yorkshire en 1909, desempañándose primeramente como organista de la catedral
de aquella ciudad, oficio que más tarde había cambiado por la más lucrativa actividad del delito.
Sus robos, fraudes y estafas le habían significado dos condenas a prisión: quince meses en 1934 y
seis años en 1937.
Finalmente, al quedar en libertad, en 1943, se instaló en un elegante hotel de South Kensington, el
“Oinslow Court”, frecuentado por gente de la mejor sociedad de Londres, granjeándose les
simpatías de las allí residentes merced a su carácter agradable y sus maneras educadas.

Mientras tanto, continuaba ganándose la vida mediante diversas formas de fraude que planeaba
en su cuartel general ubicado en el N.°79 de Glbucester Road, Kensington, donde había instalado
un taller en el que trabajaba en sus “invenciones”. En febrero de 1949 la viuda Mrs. Olivia Durand-
Deacon, huésped del hotel “Onslow Court”, participó a Haigh sus planes para la fabricación dé un
nuevo esmalte de uñas.

Como consecuencia de ello, el’ experimentado delincuente no -tardó en invitarla a visitar “su
fábrica” de Crawl-wey (Sussex), en realidad un almacén que pertenecía a la firma “Productos
Hurst’lea” y del cual Haigh poseía una llave. En la tarde del 18 de febrero Haigh condujo a la dama
hasta aquel local, donde la ultimó de un tiro en la nuca. Después de despojarla de sus joyas y
objetos de valor, sumergió el cadáver en una cuba de ácido sulfúrico preparada al efecto con
antelación, disolviéndolo completamente.

Hecho esto, se retiró con toda tranquilidad, como si nada hubiese sucedido. Dos días más tarde,
mientras desayunaba en el comedor del “Onslow Court”, exteriorizó cínicamente su preocupación
por el desaparecimiento de Mrs. Durand-Deacon, explicando que había quedado citado con ella el
día anterior en un almacén cercano a la estación Victoria y que la dama no había acudido. Luego,
ante la sugerencia de otra huésped del’ hotel, Mrs. Constance Lañe, ‘ se presentó en el cuartel de
policía de Lucan Place pana informar del hecho. Pero una sargento de apellido Lambome, de vasta
experiencia en casos criminales, desconfió inmediatamente de Haigh, más aún cuando averiguó su
nutrido prontuario.

La policía londinense se dedicó a vigilar los pasos de John George Haigh, hasta que finalmente
descubrió el almacén de Leopold Road y en su interior un revólver Webley de calibre 38 oculto en
una sombrerera, amén de huellas de sangre en una pared. A ello siguió el hallazgo de la venta de
las joyas de Mrs. Du-rand-Deacon, efectuada por Haigh en un establecimiento de Horshatn.
Arrestado el 28 de febrero de 1949, el ex organista trató de permanecer sereno ante los
interrogatorios, pero los nervios lo traicionaron e hizo la dramática confesión de su crimen.

VEREDICTO EN 15 MINUTOS Bajo la acusación de asesinato en la persona de Mrs. Durand-Deacon,


comenzó el 18 de julio de 1949 el proceso a John George Haigh. Durante su transcurso el acusado
confesó haber dado muerte a otras siete personas, deshaciéndose de sus cadáveres en la misma
forma que en el caso de la viuda. Y agregó que en aquellas ocasiones había sentido un deseo
vehemente e irrefrenable de matar y beber la sangre de sus víctimas.

A todas luces, Haigh intentaba convencer al jurado de su anormalidad mental, recalcando ad


máximo su conducta sádica. A la vez, confiaba en que no podría condenársele al no ser encontrado
resto alguno de Mrs. Durand-Deacom, ya que había vaciado la cuba de ácido sobre la tierra del
patio trasero del local, confundiéndolo con ella. Pero se equivocaba: un peritaje sobre aquel lodo
ya seco permitió detectar quince kilos de grasa ‘humana, parte de un ‘hueso del talón, una pelvis
un tobillo, una horquilla femenina, cálculos de riñón y una bolsita de plástico rojo que había
pertenecido a la dama desaparecida.

Con estas pruebas y sin dejarse impresionar por lo que consideraba un simulacro de locura de
parte del acusado, el jurado tardó solo un cuarto de hora en decidir el veredicto de culpabilidad. Y
así fue como John George Haigh fue ejecutado en la prisión de Wandsworth el’ 6 de agosto de
1949.

Aprovechando la escasez de hombres que sufría EE. UU. hacia 1947 —se cálcula que en ese
entonces las representantes del bello sexo excedían en 1 millón 250 mil a los varones—, un
explotador de mujeres de nombre Raymond Fernández alcanzó por aquellos días triste fama en el
complejo mundo del delito.

De origen hispanoamericano y nacido en Hawai, Fernández se dedicó al provechoso negocio de


seducir mujeres maduras y solitarias, cual un nuevo Landrú, estableciendo contacto con ellas a
través del club llamado “Corazones Solitarios”.

Muy pronto, en una joven enfermera, Martha Beck, encontraría su digna cómplice y juntos
llevarían esta ilícita actividad hasta los extremos doblemente repudiables del crimen.

“HERMANOS” EN EL CRIMEN En 1947, cuando contaba con 31 años de edad y lucía ya una peluca
para ocultar su prematura calvicie, Raymond Fernández conoció a la enfermera Martha Beck, de
26 años.
Esta, pese a su juventud, había estado casada nada menos que tres veces, exhibiendo otros tantos
divorcios. Lucía también el poco recomendable antecedente de que no se le había confiado la
custodia de sus hijos por considerarla el juez poco indicada para educarlos recta y moralmente.
Por razones misteriosas, Raymond y Martha se sintieron fuertemente atraídos «1 uno por el otro.

Y así, cuando la enfermera se enteró de las actividades y los métodos de su amante, en vez de
escandalizarse y censurarlo, decidió lisa y llanamente colaborar con él. Desde ese momento,
haciéndose pasar como hermana de Fernández, puso en juego todos sus recursos para ayudarle a
estafar a las infortunadas mujeres que se cruzaban en su camino. La incorporación de Martha a los
negocios de Fernández pronto dio un trágico fruto.

Sea por sadismo, o por celos, la mujer convenció al explotador que añadiera el crimen a sus
prácticas delictuosas. Así fue como en un lapso de apenas dos años la pareja homicida asesinó a
más de veinte mujeres. A (fines de 1948 los (fingidos hermanos se instalaron en la casa de una
joven viuda de 28 años,Mrs. Delphine Dowling, cuyo esposo había perecido víctima de un
accidente ferroviario, y que tenía una hijita de dos años. Cinco semanas más tarde, en febrero de
1949, Mrs. Delphine Dowling desapareció abruptamente, presentándose la policía en su domicilio
para interrogar a Fernández y su compañera.

Estos, que se encontraban en ese momento en el cine, al volver declararon no saber


absolutamente nada acerca de aquella desaparición. Como no opusieron ninguna resistencia a que
se revisara la casa, los agentes policiales procedieron a practicar en el acto un cuidadoso registro.

Al poco rato encontraron en el sótano restos de cemento fresco que encubrían una fosa en el piso,
con apariencias de haber sido cubierta no hacía macho. Removiéndola, salieron a luz los cadáveres
de Mrs. Dowling y su hija. Fernández y Martha Beck fueron arrestados y acusados del crimen, no
tardando en hacer una completa confesión. Reconocieron que (habían matado a la mujer de un
balazo, estrangulando dos días más tarde a la pequeña niña, la cual no había cesado de llorar
desde te muerte de su madre.

Mrs. Beck declaró haber sido ella la autora del crimen, así también del de otra dama, Mrs. Janet
Fay, ultimada en 1948, a la que había golpeado en la cabeza con un martilló después de
apoderarse de su dinero.
LOS MAS ODIADOS No existiendo en el Estado de Michigan —donde se cometieron la mayoría de
los crímenes— la pena de muerte, la policía obtuvo que el juicio se trasladara a la Corte de Nueva
York, a pesar de las reiteradas protestas de los acusados.

A medida que avanzaba el proceso fueron conociéndose nuevos crímenes, la mayoría de los cuales
tuvieron en Martha Beck su ejecutora material. Entre otros asesinatos, ésta admitió haber
envenenado a una viuda llamada Myrde Young, la cual les había acompañado a Chicago, y de la
que se sentía tan celosa que había exigido compartir su cama durante el tiempo que vivieron los
tres juntos. El proceso de Fernández y Martha dio lugar a que durante su transcurso se revelara el
tipo ^de relaciones sexuales que mantenían ambos, lo que evidenció que se trataba de dos
completos degenerados.

Salieron a luz detalles tan repugnantes, que la corte acordó prohibir su publicación. Finalmente, el
22 de agosto de 1949 una sentencia de muerte recaía sobre la sádica y extraviada pareja.
Encarcelados ambos en la prisión de Sing Sing, Fernández y su cómplice Martha Beck provocaron
durante su permanencia en ella continuos revuelos. Tan pronto como se les autorizaba verse
fugazmente en el patio del penal, seguían intercambiando apasionadas promesas de amor eterno.

Los reos compañeros de Fernández, enterados de la clase de relaciones que lo habían ligado a
Martha, se solazaban en martirizarlo con la historia de que éste tenía un “affaire” en la cárcel. El
delincuente casi se volvió loco de rabia y celos, haciendo más infernal aún el poco tiempo que le
faltaba para marchar con su compañera al patíbulo, finalmente, los asesinos de los “Corazones
Solitarios” fueron ejecutados el 7 de marzo de 1951.

Tras de sí habían dejado un amargo recuerdo que la prensa y luego la opinión pública se
encargaron de sintetizar, al bautizarlos como “los criminales más odiados de América”.

El detalle completo de sus homicidios, que sobrepasaron la veintena, permaneció ignorado, pues
sólo se investigaron tres de los que confesaron.

ASESINO SERIAL: Giles de Reis: Nació en el año 1404 en Francia, en el castillo de Champtocé cerca
de Nantes. Su padre, Guy de Laval, pertenecía a una ilustre familia (Laval-Montmorency) y su
madre, Marie de Craon, formaba parte de una de las familias más ricas del reino.
Cuando muere su padre, asesinado en Azincourt en 1415, y tiempo más tarde su madre, Giles de
Rais se transforma en el único heredero de los dominios familiares que se extendían desde
Bretaña hasta Poitou, y desde Maine hasta Anjou.

Desde entonces, su educación estuvo en manos de su abuelo materno, Jean de Craon, que si bien
era un hombre afable y cariñoso no supo manejar al joven, quien se entregó a sus perversas
inclinaciones.

De su infancia, se sabe muy poco, que fue un niño muy inteligente, capaz de leer el latín con
fluidez y amante de la música, además recibió el entrenamiento militar que todos en su familia de
caballeros medievales habían tenido. Entre tanto, secretamente leía ávidamente Suetonio,
extasiado por los detalles de la vida de los emperadores romanos y sus excesos sexuales. Gilles
admitió, más adelante en su vida, durante su juicio que las historias relatadas por el autor latino
habían exaltado su tendencia a las fantasías sexuales, más aún siendo él homosexual.

Su prima, Catherine de Thouars contra matrimonio con él y se instalan en el castillo de Tiffauges.


Su pobre esposa deberá soportar s indiferencia, ya que Giles pasaba la mayor parte del tiempo en
compañía de sus pajes dedicado a una vida ociosa y relajada satisfaciendo su gustos por los
jóvenes.

Pudo alejarse de esta licenciosa vida cuando es llamado a la corte de Carlos VII, al presentarse se
desempeñó como Teniente de los ejércitos del rey durante la Guerra de los Cien Años; en estas
circunstancias conoce a Juana de Arco y queda mediatamente sub gado, transformando en su
devoto e intrépido compañero. Cuando Juana es capturada en Ruan y es ejecutada en la hoguera,
el joven Mariscal de 28 años se derrumba ante la pérdida de la mujer que idolatraba, a lo que se
suma también la muerte de su abuelo.

Sus afiebrados pensamientos no le permiten encauzar su vida y se recluye en su castillo, evitando


todo contacto sexual con las mujeres. Dueño de una poderosa fortuna se ocupa de gastarla en la
compra de objetos de arte y en ostentosas fiestas para sus pajes. De esta forma, en poco tiempo,
ve que sus riquezas habían menguado considerablemente, por lo cual se inclina hacia la alquimia.

Con la finalidad de subsanar su situación económica convoca a su castillo a los más renombrados
especialistas en la piedra filosofal. A través de uno de ellos, Preslati, se inicia en la magia negra y se
acerca al demonio. Para lograr lo que ambicionaba, celebraba misas negras donde sacrificaba
jóvenes que raptaba en las cercanías. Estos eran mutilados para presentar los sacrificios de ojos,
corazón o manos. Las ceremonias no dieron ningún resultado, sus riquezas no aumentaban pero sí
su sed de sangre y su perversión, a partir de este momento secuestrará a hijos de campesinos para
saciar sus instintos satánicos.

Sus frenéticos días los compartía con sus pajes que participaban del horroroso entretenimiento. Su
gusto por los niños y adolescentes hicieron que muchos desaparecieran de los alrededores de sus
propiedades en Champtocé, Machecoul y Tiffauges.

Su ritual era llevarlos a las torres y, una vez allí, sodomizarlos, estrangularlos o decapitarlos. Los
cuerpos eran desmembrados y las cabezas separadas. Otras veces los abría en canal para observar
las entrañas o los colgaba de ganchos de hierro.

En algunas oportunidades, Giles de Rais no estaba con humor para participar de las matanzas pero
sí gustaba observar como las realizaban sus cómplices, destripando las víctimas y masturbándose
sobre los cadáveres.

Uno de los jóvenes que fue llevado al castillo, Etiène Corillaut, llamado Poitou fue violado, pero
cuando el marques se preparaba para cortar su garganta, Gilles de Sille, su primo allí presente, le
sugirió que era un muchacho demasiado atractivo y que podrían hacer de él un formidable paje.
Así salvo su vida, pero se convirtió en uno de los secuaces de más confianza del noble.

Como habia alarma por los rumores de las cosas extrañas que sucedían en el castillo, el obispo de
Nantes, Jean de Malestroit, ordenó una investigación. Debian ser discretos, pues una persona con
el poder y la reputación del Barón seria difícil de acusar sobre estos sucesos.

ALBERT FISH, el maníaco de la luna: Nació el Washington en mayo de 1870, hijo de una familia con
diez hermanos. Entre sus antepasados existían antecedentes de perturbaciones mentales: su
madre oía voces y tenía alucinaciones, dos de sus tíos fueron internados en institutos mentales,
tuvo una hermana demente y un hermano alcohólico.
El no quedó ajeno a esta heredad, como explica su informe psiquiátrico: masoquismo, sadismo,
castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia,
fetichismo, canibalismo, etc.

Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental,


empezando por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, dos de sus tíos
internados en un psiquiátrico, un hermana demente, un hermano alcohólico, etc.

A los 26 años se casa con una joven de 19 años, con la que tiene seis hijos y lleva una vida normal,
siendo considerado como un hombre apacible, religioso, abstemio y amable, muy amante de sus
hijos, de quienes debe hacerse cargo cuando su esposa finalmente lo abandona, llevándose todo.
A pesar de esta situación siempre trató de mantener un hogar saludable.

Su personalidad se manifiesta sadomasoquista, ya que se autoflagelaba, en castigo por sus


perversiones, incrustándose astillas bajo las uñas, clavándose agujas en los escrotos,
masturbándose con cabos de rosas introduciéndose palillos en la uretra, así como también bolas
de algodón con alcohol en su ano que luego encendía, además de beber su propia orina y comer
sus heces.

Tenía como hobby coleccionar artículos periodísticos de asesinos en serie, sobre todo de
canibalismo, ya que era un tema que lo atraía particularmente. A los 55 años alucina que veía a
Cristo y que éste le dice que tiene que lavar sus culpas a través del sufrimiento físico, la tortura y
los sacrificios humanos. De allí en más atormentaría a jóvenes varones, haciendo su propia
interpretación de lo leído. El abuso y asesinato de niños lo llevaría a mudarse a 25 estados
diferentes.

Oficialmente, fue detenido ocho veces: la primera por tentativa de estafa, luego por robo, por
pago con cheques sin fondos,

por cartas obscenas a los anuncios de agencias matrimoniales de los periódicos.

Sus víctimas eran fundamentalmente niños afroamericanos o de clase social baja. Amparado en su
aspecto de abuelo seducía con dinero y golosinas, golpeaba a los desafortunados hasta matarlos o
los mutilaba hasta que morían, bebía su sangre y cocinaba las partes.
Es arrestado cuando envía un anónimo a la madre de una de sus víctimas: «[…] lo desnudé y até
sus manos y pies y lo amordacé con un trapo sucio que tomé de la basura […] corté uno de mis
cinturones por la mitad e hice seis tiras de esas mitades. Con ellas le golpeé el trasero hasta que la
sangre corrió. Le corté las orejas y la nariz y le rajé la boca de oreja a oreja. Le saqué los ojos.
Entonces se murió. Le clavé un cuchillo en la barriga y puse mi boca en su cuerpo y me bebí su
sangre […] Corté una parte de su trasero y me fui a casa con mi comida. Lo que más me gustó fue
la parte de su vientre. El culito lo tenía para hacerlo al horno. Hice un guisado con las orejas, la
nariz, trozos de la cara y el vientre […] estaba delicioso».

Personalmente en el tribunal confiesa la autoría de los crímenes y otras aberraciones que había
llevado a cabo. Su deseo de comer carne cruda las noches de luna llena le valió el apodo de
«Maníaco de la Luna». Estos otros recuerdos macabros, que refiere sin atisbo de arrepentimiento,
convencen al tribunal par declararlo culpable por crímenes con premeditación, tras diagnosticarlo
psicótico pero cuerdo.

También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el
obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del
recto y prenderles fuego. Los hijos de Fish contaron cómo habían visto a su padre golpeándose el
cuerpo desnudo con tablones claveteados hasta hacer brotar sangre.

El Dr Wertham, testigo de la defensa, alega insania durante el juicio, y sugiere que e autocastigo
que Físh se imponía, era una racionalización de la paranoia psicopática en sus propósitos de
perversión sexual. Fue sentenciado a la silla eléctrica, y electrocutado el 16 de enero de 1936 en la
prisión de Sing Sing, en un segundo intento, ya que las agujas que tenía incrustdas en los escrotos
produjeron un corto circuito en la primera instancia. Al conocer el veredicto decidido por el
jurado, se asegura que dijo: «Que alegría morir en la silla eléctrica! Será el últí escalofrío, uno de
los pocos todavía no he experimentado».

ASESINO SERIAL: Webster Mudget El Doctor Torturador: Nació en 1860 en Gilmanton. Su familia
honrada y puritana, a temprana edad Li se manifestó en él un interés enfermizo por las mujeres,
que lo transformó en un obseso sexual y un sádico.

A la edad de dieciocho años se casó con una joven adinerada, Clara Louering. Se aprovechó de la
fortuna de su esposa para terminar sus estudios de medicina y recibirse con honores en la
Universidad de Michigan.
Una vez cumplido su objetivo y con su esposa en la ruina, huye y se instala en la casa de
huéspedes de una respetable y guapa viuda que lo mantiene gracias a la renta de sus pequeño
hotel, pero no conforme con sus atenciones, luego de un tiempo también la abandona y se instala
durante un año en el estado de Nueva York para ejercer su profesión de medico.

Finalmente se radica en Chicago, donde gracias a su imagen de hombre distinguido, alto y


elegante, consigue incontables conquistas amorosas.

En sus redes cae una joven bonita y millonaria llamada Myrta Belknap, pero esta joven no
correspondía a sus galanteos, por lo tanto decide cambiar su nombre por el de Dr. Holmes, gracias
a lo cual consigue desposar a la joven y de este modo estafar a su familia en cinco mil dólares, con
los cuales construye una fastuosa casa en Wilmette.

El Dr. Holmes, cuyo verdadero nombre era Herman Webster Mudgett, nació en 1860 en
Gilmanton, en una honrada y muy puritana familia de New Hampshire. Muy pronto manifestó
hacia las mujeres -y sobre todo hacia las mujeres de fortuna- el interés poco corriente que iba a
hacer de él un auténtico donjuán del crimen.

Mientras tanto y fiel a su impulso amoroso y ávido de riquezas, consigue la gerencia de una
farmacia en Englewood, cuya propietaria era una viuda crédula a quien Holmes convirtió en su
amante para lograr que ella depositara toda su confianza en él.

Mediante este ardid tuvo en sus manos toda la contabilidad del lugar, lo que le permitió la
falsificación de los libros contables y la apropiación de los fondos; cuando su plan estuvo concluido
y él se adueñó de la totalidad de los bienes, hizo «desaparecer» a la infortunada enamorada.

Corría el año 1893, estaba en ciernes la Exposición de Chicago (La Feria Mundial), y el Dr. Holmes
pensó que esa seria la oportunidad de su vida ya que dicho evento atraería al lugar J una gran
cantidad de mujeres jóvenes, bellas, millonarias y solteras.
A través de una serie de estafas compró un terreno e inició la construcción de un gran hotel que
semejaba una fortaleza medieval, él personalmente diseñó el interior del lugar pero las empresas
encargadas de los trabajos nunca cobraban, por lo cual abandonaban la obra. De esta manera,
Holmes era el único que conocía todos los escondrijos y recovecos de su faraónica arquitectura.

La exposición de 1893 se estaba preparando y debía atraer a Chicago una muchedumbre


considerable, entre la cual habría, por supuesto, multitud de mujeres guapas, ricas y solas.
Ingeniosamente, Holmes decidió por lo tanto aprovechar aquella situación. Gracias a una serie de
hábiles estafas adquirió un terreno y emprendió la construcción de un enorme hotel con aspecto
de fortaleza medieval, cuya disposición interior concibió él mismo.

Las habitaciones contaban con trampas y puertas corredizas que desembocaban en un laberinto
de pasillos secretos, en las paredes de estos pasillos había mirillas disimuladas por donde el doctor
observaba a las desprevenidas huéspedes deambular.

Debajo de lo pisos de madera instaló una conexión eléctrica que le permitía, mediante un panel
indicador instalado en su oficina, rastrear a sus futuras víctimas. Manejaba, además, los grifos de
gas que, conectados a las habitaciones le permitían matar a varias mujeres sin moverse de su
lugar.

Este aberrante ingenio estuvo finalizado año antes de que se inaugurará la exposición, e V’ de
mayo de 1893 y el Dr. Holmes puso en funcionamiento su casa de la muerte llevando a ella y a
todas las jóvenes solas y ricas que conocía en la Feria, trataba que fueran de estados alejados a
Chicago, para evitar la visita de amigos y familiares.

Muchas eran llevadas al lugar con la promesa de matrimonio y luego eran forzadas por tortura a
firmar poderes en su favor, cediéndole toda la fortuna. Otras eran asesinadas para cobrar los
seguros.

En el truculento hotel, las víctimas eanr violadas, torturadas y asesinadas, luego los cuerpos eran
transportados por montacargas hasta, los sótanos donde eran disueltos en grandes piletas con
ácido sulfúrico, o convertidos en polvo en una gran estufa, o sumergidos en cal viva.
Todo estaba preparado para satisfacer sus instintos sádicos: había construido una habitación
donde se encontró gran cantidad de herramientas de tortura, entre ellas una máquina par, hacer
cosquillas en los pies con la cual mataba de risa a sus victimas.

Antes de deshacerse de los cuerpos, en muchas oportunidades los desmembraba despellejaba


para luego experimentar con ellos.

Las ganancias de su hotel mermaron considerablemente con la finalización de la exposición, por lo


cual tuvo que buscar una salida a su empobrecida economía.

Decide entonces incendiar el último piso para que la compañía de seguros le pagara la prima de
sesenta mil dólares, pero no tuvo en cuenta que la aseguradora investigaría antes de pagar y el
fraude fue descubierto, por lo cual se escapa y se refugia en Texas.

En esta ciudad comete varias estafas que lo llevan a la cárcel por primera vez, sale bajo fianza y
trama una nueva defraudación.

Junto con un cómplice de nombre Pitizel ideó un plan. Su compañero debía contratar un seguro de
vida en Filadelfia y, después de un tiempo, la señora Pitizel se presentaría en ;la aseguradora, con
un cadáver anónimo que estaría desfigurado, para reclamar la prima contratada.

Pero el Dr. Holmes va más allá y mata a Pitizel para no tener que compartir la prima. También
tenía pensado deshacerse de la mujer y de los hijos de su cómplice.

Una vez cometido el primer asesinato se presenta como amigo del difunto en la morgue, para
reconocer el cuerpo, y busca a la viuda para que cobre el dinero, pero no tuvo en cuenta que un ex
compañero de celda lo delataría, sembrando dudas en la compañía aseguradora.

La policía comenzó una minuciosa y paciente investigación hasta que el Dr. Holmes confiesa el
asesinato de Pitizel y sus hijos.
El detective que develó el caso fue Frank P. Geyer, de la agencia Pinkerton, quien luego escribió
sobre el caso en el libro The Holmes-Pitizel Case, a History of the Greatest Crime of the Century.

Frente al tribunal, Holmes sorprendió a todos por su habilidad para mentir, cuando asesinó a los
hijos de Pitízel escribió a la madre de estos: «Usted me conoce, ¿me cree capaz de asesinar a niños
inocentes, sin ningún motivo?»

Se divertía adjudicándose asesinatos de personas que aún estaban con vida. No existe una cifra
cierta de sus víctimas, él confesó 27 asesinatos pero segun las pruebas recogidas en su Hotel, las
victimas serian más de 200. Holmes fue condenado a muerte por el Tribunal de Filadelfia, y
ahorcado el 7 de mayo de 1896, a la edad de 35 años.

Ante el tribunal, Holmes afirmó haber asesinado a veintisiete personas a lo largo de su vida. Eso es
poco creíble. El acusado disfrutaba burlándose de la justicia; confesaba, por ejemplo, el asesinato
de personas que estaban vivas. Por lo tanto nunca sabremos con certeza el número de sus
víctimas. A juzgar por los descubrimientos hechos en su castillo, es considerable. La cifra de
doscientas es propuesta por los criminólogos como la más verosímil.

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UNO de los más extraños criminales que registra la historia policial del siglo XX es el Dr. Marcel
Petiot, guillotinado en mayo de 1946, y quien confesó haber asesinado nada menos que a 63
personas, haciéndose pasar durante la Segunda Guerra Mundial por miembro de la Resistencia
Francesa.

Petiot consiguió hacerse de una cuantiosa fortuna mediante el sistema de ofrecer onerosa ayuda a
sus víctimas para salir del país y luego administrarles una inyección mortal, previa una explicación
de que se trataba de una vacuna inmunizante contra las enfermedades infecciosas propias del país
a que querían huir. Todos los asesinatos fueron cometidos en su casa del N.° 21 de la Rué Lesueur,
cerca del Arco de la Estrella, en París, dirección a la cual los infortunados clientes recibían
instrucciones de presentarse al atardecer, llevando todas sus pertenencias.

MEDICO Y ALCALDE Marcel Petiot, hijo de un oficial de correos, nació en Auxerre, en 1897
mostrando ya desde sus tiempos de escolar tendencias delictuosas, hurtando frecuentemente a
sus compañeros. Su primer delito de cierta importancia fue el robo reiterado de buzones de
correspondencia.

En 1917, cuando fue movilizado, se acostumbró a substraer morfina del botiquín de su regimiento
y a venderla a precios del mercado negro en Dijon.

Al ser licenciado del Ejército, se dedicó a estudiar medicina, obteniendo en 1921 el título de
doctor. El hecho de que parte de aquel año lo pasara recluido en un asilo mental y parte en casa
junto a su madre, sin abrir jamás un libro en ese período, revela que se trataba de un hombre de
extraordinaria inteligencia.

Hacia 1928, Petiot se instaló en Villeneuve, donde llegó a ser nombrado alcalde de la ciudad.
Pronto contrajo matrimonio y tuvo un hijo. Sin embargo, a pesar de su investidura continuó
cometiendo delitos de poca monta, como, por ejemplo, defraudar en una pequeña cantidad a la
compañía eléctrica. Hasta que en 1930 fue destituido de su cargo alcaldicio, a raíz de haber sido
acusado de participar en un robo cometido en uno de los almacenes de la localidad. Ese mismo
año, una de sus pacientes, Madame Debauve, fue a su vez robada y asesinada.

Algunos rumores señalaron a Petiot como responsable del crimen; estas voces acusadoras cesaron
repentinamente cuando su principal promotor, también paciente del médico, falleció
repentinamente. Asimismo, otra dama que le había acusado de fomentar en su hija la afición por
la morfina, desaparecía también misteriosamente. En 1945, durante el proceso de Petiot, cuando
quiso investigarse sobre estas muertes, se descubrió que los respectivos informes habían sido
sustraídos de los archivos policiales de Villeneuve.

Poco después, en París, al resultar convicto del robo de un libro, Petiot fue absuelto y sometido al
tratamiento de un psiquiatra. Más tarde, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, fue juzgado
por traficar en drogas, descubriéndose que él mismo era morfinómano. Sin embargo, el
desequilibrado médico logró que la sentencia quedara reducida a una multa mínima. Esta fue la
época en que Petiot decidió iniciar su terrorífica serie de asesinatos, aprovechándose de la
dolorosa situación que advino poco después: la Francia doblegada por los nazis.
ARRESTADO POR LA GESTAPO Para llevar a cabo sus crímenes más fácilmente, Petiot adquirió
expresamente una casa en el N.° 21 de la Rué Lesueur. Un albañil se encargó de efectuar en ella
algunas modificaciones, entre las que se contaba una cámara triangular sin ventanas. Según se
supo después, en ella el criminal introducía a sus víctimas después de aplicarles la inyección
correspondiente, observando por una mirilla su agonía. Asimismo, dicho albañil recibió la orden de
aliar unos centímetros el muro del jardín, con el objeto de que los vecinos no pudieran asomarse a
mirar por encima de éste.

Aunque no se conoce la lista detallada de los crímenes de Petiot, al parecer, su primera víctima fue
un peletero polaco llamado Joachim Gusbinov. En enero de 1942 el polaco liquidó sus negocios y,
retirando dos millones de francos de su cuenta bancaria, se dirigió a la consulta del Dr. Petiot, en
la Rué Lesueur, no volviendo a vérsele nunca más. Al peletero siguieron probablemente primero
un colega de Petiot, el Dr. Paul Braunberger, y después una familia entera, los Kneller. Parece ser
que Petiot empleaba a cuatro hombres, que recorrían los cafés parisienses buscando a personas
que desearan huir del país. Dichos individuos no tenían idea de lo que sucedía después a los
“clientes”.

Los crímenes de Petiot se sucedieron durante todo el año 1942, hasta mayo de 1943, fecha en que
el médico fue arrestado por la Gestapo por sospechas de que ayudaba a escapar a los
saboteadores. A su detención había precedido un hecho curioso.