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EL TRABAJO DEL ACTOR

El actor y sus signos.


El actor es el todo del arte dramático. Es posible prescindir de todos los elementos de la
representación, excepto del actor. Pero comprenderlo en función de los signos que produce no
es una tarea sencilla. Paradójicamente, el actor es a la vez productor y producto en el campo de
los signos: es el pintor y su lienzo, el escultor su modelo y su obra. Es el origen de todas las
paradojas: está ahí y convoca a un personaje ausente, es el maestro de la palabra-mentira,
mientras que se espera de él que sea “sincero”.

El actor está en el centro de los códigos: visual y auditivo; de los sub-códigos: gestual, fónico,
lingüístico. Atraviesa los códigos inconscientes, ideológicos y culturales. Todo el juego de los
signos visuales se encuentra vinculado a él, a su cuerpo (vestuario, maquillaje, máscara) a sus
movimientos (objetos, decorados), y es sobre él que se dirige la luz (y la cámara). Podríamos
afirmar que los signos que produce no son jamás signos puros: al igual que los restantes
elementos de la puesta en escena, pero de forma más radical, el actor fabrica signos que son al
mismo tiempo estímulos y particularmente estímulos eróticos. Y es sobre él que se concentra, la
opacidad del signo de la representación dramática.

Signos intencionados, signos involuntarios.

El actor emite tres tipos de signos:

1- Intencionales, íconos: a) del trabajo intencional por hacer pasar un contenido intelectual
afectivo: discurso oratorio, emisión de mensaje, trabajo de
persuasión, reducción, amenazas, ect.
b) signos codificados por el teatral o audiovisual; dicción, fraseo,
gestos, por ejemplo: la risa (teatral ,televisiva, radial y
cinematográfica)

2- Intencionales, íconos de signos no intencionales, signos de emoción, tics de expresión; por


ejemplo, un movimiento repetitivo de las manos del actor.

3- No intencionales: a) producidos de forma involuntaria pero no inconsciente por el actor.


b) signos procedentes de papeles anteriores y percibidos por el espectador
como un “estilo”
c) signos inconscientes.

El actor –objeto

En la relación entre la actividad del actor y la del director surge la siguiente pregunta, ¿es el
actor solamente un instrumento del director, objeto semiótico como los otros objetos de la
representación, o bien es el autor de los propios signos que emite? Pregunta cuya respuesta
abarca la función relativa de uno y de otro pero que no toca fundamentalmente el análisis de los
signos emitidos por el actor. De hecho, por autónomo que sea el actor, es indispensable que los
signos que produzca estén en armonía, en correspondencia o en oposición, con los de los otros
realizadores (Escenógrafos, luminotécnicos, otros actores, etc). Pero ni los directores más
despóticos pueden impedir que el actor produzca sus propios signos con su cuerpo.

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