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La biología puede influenciar directamente a la psicopatología (aunque siempre en interacción con

influencias ambientales) mediante defectos genéticos, mediante condiciones prenatales negativas


como una malnutrición maternal o alcoholismo, o mediante alguna lesión o enfermedad del niño.
Hay evidencia de influencia genética en graves enfermedades psiquiátricas- por ejemplo en
autismo… - a pesar de que ahí sigue existiendo una voz por la influencia de factores ambientales en
los últimos dos desórdenes (esquizofrenia y trastornos afectivos). Nosotros no nos
comprometeremos en ese debate en este capítulo. Los trastornos del desarrollo, como los
trastornos del retardo mental o síndrome del feto alcohólico pueden resultar de deficiencias
prenatales. Dificultades cognitivas específicas o problemas de aprendizaje, ciertas dificultades en el
lenguaje, o trastornos del impulso de la atención pueden resultar de uno o más de estas influencias
biológicas y quizás después tener influencias psicopatológicas, a pesar de que algunos trastornos de
la atención y del impulso pueden resultar en un principio como resultado de factores ambientales
tal como un trauma.

En el lado positivo, los talentos y habilidades especiales de un niño pueden influenciar


psicopatología; por ejemplo, un niño muy dotado o talentoso puede desarrollar conflictos e
inhibiciones sobre la expresión de sus talentos como resultado de patrones de interacciones con sus
padres.

Nosotros notamos que incluso en condiciones que son fuertemente influenciadas por la biología, la
relación entre influencia biológica y condición patológica es mediada por el ambiente. Fouts (1997)
da un dramático ejemplo en su discusión de sus experimentos en tratar niños autistas. Sus
observaciones dan para creer que los niños autistas sufren por una inhabilidad para procesar los
estímulos visuales y de la audición simultáneamente y de integrar información de estos caminos
(una habilidad conocida como “cross-modal transfer”). Esta deficiencia hace muy difícil para un niño
el aprender a hablar un lenguaje ya que la tarea requiere asociar imágenes visuales de objetos en el
mundo con los sonidos de las palabras que se refieren a esos objetos; esta deficiencia puede
también contar para otros síntomas del autismo. Para evitar el déficit, Fouts enseñó a los niños
autistas del ASL, donde las imágenes visuales de objetos en el mundo eran asociadas con otras
imágenes visuales (signos de mano) más que con los sonidos del lenguaje hablado. Los niños autistas
trabajaron con -quien tuvo que aprender anteriormente lenguaje virtual no hablado- signo
recogido, el lenguaje muy rápidamente.