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Movimientos sociales indígenas y

populares
Desde hace más de 50 años, los movimientos sociales se han convertido en los centros de
elaboración de estrategias de lucha política de los sectores populares e indígenas del país. Ya
sea la conquista de la nacionalización de las minas, el voto universal, el cogobierno obrero en
1952, la instauración de la democracia, hasta las actuales demandas de auto-gobierno
indígena, asamblea constituyente y nacionalización de los hidrocarburos, los distintos
movimientos sociales en Bolivia han funcionado como escenarios colectivos y plurales de
producción de proyectos de cambio social, de ampliación de derechos ciudadanos, de
nacionalización de riquezas colectivas, y de construcción de las alianzas y modos organizativos
para alcanzarlos. Parafraseando a Lenin, se puede decir que los movimientos sociales han
actuado como “fábricas de estrategias” de luchas por poder.

Lenin consideraba que ese papel debía desempeñarlo un “partido” político marxista, pero en la
medida en que estos partidos en Bolivia no han tenido ninguna función organizativa ni teórica
relevante, les ha tocado a los movimientos sociales el desplegar, con sus virtudes y límites
históricos, propuestas y estructuras de acción política. En ese sentido, los movimientos
sociales, con su pluralidad identitaria y organizativa (obrera, vecinal, indígena, campesina),
están desempeñando lo que Marx definió como el “partido en el sentido histórico del
término”, esto es, como múltiples modos de autoconstrucción y auto-emancipación política de
la sociedad laboriosa (1)

Con ello, si algo hubo de derechos ciudadanos durante el siglo XX, en buena parte se debió al
ímpetu organizado de los sindicatos. Los llamados derechos sociales, como la legislación
laboral y la retención de una parte del excedente económico para su redistribución social por
el Estado, solo pudieron ser garantizados y expandidos después de la insurrección de
sindicatos obreros en 1952 y la posterior formación de la COB. Los derechos políticos, aún en
su limitada versión liberal representativa del voto universal que igualó, por lo menos en la
urna, a indios y q´aras tuvo que esperar el despliegue de una cuasi guerra campesina que de la
mano del “sindicato campesino” (2) acabo con el voto restringido que marginaba a indios y
mujeres por igual. Las propias libertades democráticas, como la libertad de opinión y de
asociación e incluso la legalización de los partidos políticos, tuvo en el movimiento obrero
sindicalizado a su principal propugnador y defensor. De hecho, a excepción de 1952 en que el
partido de gobierno (MNR) se fusiono con los sindicatos y el Estado para crear la única
estructura partidaria seria en el país, los partidos políticos siempre han sido efímeros, amorfos
y tremendamente marginales. Durante décadas, pudieron existir en tanto se adherían a las
organizaciones sindicales, a las que pretendían “concientisar”, y su posterior importancia en la
vida política del país desde la década de los años 80, fue producto de la acción reivindicativa
de los sindicatos (que los legalizaron) y del propio Estado (que los legitimaron y financiaron).
En este sentido, se puede decir que, al igual que en muchas otras partes del mundo (3), los
derechos ciudadanos y los regimenes democráticos representativos básicamente han sido
producidos históricamente por la acción colectiva de los distintos movimientos sociales,
especialmente obreros. De ahí que durante las primeras 2/3 partes del siglo XX, la organización
sindical no solo hayan sido un tipo de movimientos sociales políticos, sino también
generadores de varias de las características del campo político a través de la incorporación de
nuevos sujetos a la política (los asalariados), nuevas estructuras de acción política (los
sindicatos de gran empresa) y nuevos fines de la política (Estado de bienestar, industrialismo,
independencia nacional, etc.)

Las características de las acciones colectivas de las clases subalternas, siempre han influido en
la estructuración y mutación del campo político (4) y del Estado. Entre los años 1952 y 1960, si
bien la política fue unipolar en la medida que un solo partido ocupaba el escenario dominante
y regulador de las representaciones y acciones políticas de la sociedad: el MNR, este era un
partido mayoritariamente compuesto por sindicatos agrarios y obreros que de manera
corporativa eran el sustento electoral del partido y de sus distintas tendencias internas. De ahí
que se pueda hablar en esta época de una unipolaridad partidista-sindical de izquierda
reformista.

Con el golpe de Estado de 1964, hasta 1982, el campo político se escindió en dos polos; por
una parte, el ejército que hacia el papel de articulador de fracciones empresariales, en tanto
que la COB desempañaba el centro unificador de lo nacional-popular de raigambre obrera y
urbana. Sin embargo, esta polaridad era relativa porque si bien entre sindicatos obreros y
ejército había una mirada antagónica sobre el sistema político (democracia versus dictadura),
en términos económicos ambos posiciones compartan un modelo de economía desarrollista
con un Estado productivo y promotor de la modernidad. En este sentido, es factible hablar de
la existencia de una polaridad política atenuada con sujetos políticos corporatistas (5) y no
partidistas.

A partir de 1982, y con mayor fuerza desde 1985, el campo político volvió a unipolarizarse. Por
una parte, ejército como COB perdieron sus funciones políticas. El primero, por un repliegue a
funciones militares-policiales, en tanto que la COB por el desmantelamiento de su base
organizacional obrera de gran empresa, (COMIBOL, fabriles). Con ello, la política formalmente
se descorporatizo temporalmente, dando pie a un renovado protagonismo de los partidos
políticos, pero con la particularidad de que los partidos mas influyentes compartían un
conjunto similar de creencias y propuestas de transformación estatal y política (el llamado
“modelo neoliberal”), que volvió a cerrar el espacio de competencias y programas de sociedad
al interior del campo político.

Desmantelada la base material de la izquierda sindical (COB) y en medio de la derrota política


de la izquierda partidaria (UDP), el pensamiento conservador y de derechas, discursivamente
presentado como renovador y progresista, ocupo monopólicamente el escenario de las
representaciones legítimas del mundo. Fueron tiempos, década y media, donde los principios
de representación y visión del mundo dominantes, aceptados por gobernantes y gobernados,
estuvieron signados por la ideología del libre mercado, la creencia del papel desarrollista de la
inversión extrajera y el cuoteo multipartidista como sinónimo de gobernabilidad.

Esto llevó a un sobredimencionamiento del polo de derechas cuyo poderío simbólico era de tal
magnitud que anuló cualquier contraparte desde el lado de las izquierdas sindicales o
partidarias, creando la ilusión, bien fundada, de la extinción de las “derechas e izquierdas”,
etc., en tanto que las disputas y competencias políticas giraron exclusivamente en torno a
distintas maneras de interpretar o conducir el paquete de reformas liberalizantes de la
economía y la política. En este caso, el centro político entendido como la equidistancia entre
posiciones confrontadas, no era el centro del espacio político, sino el centro del polo político
neoliberal, donde la disputa se daba entre posiciones más ortodoxas (gonismo), mas “sociales”
(MIR) o mas institucionalistas (ADN) para implementar el neoliberalismo. Por tanto, se puede
hablar que en estos momentos el campo político se caracterizará por un tipo de unipolaridad
multipartidista de derechas

La contracción de la política

Sin embargo, no deja de ser paradójico que la acción colectiva que creó el estado de
receptividad de las libertades políticas y la competencia electoral como modo de renovación
de los gobernantes, acabara aplastada por los efectos de su propia obra. Claro, en cierta
medida, el tiempo de la democracia representativa implantada desde 1982 ha marcado el ciclo
de agonía del movimiento obrero organizado, al menos tal como se lo conocía hasta entonces.

En esto ciertamente han intervenido varios factores como los procesos de reestructuración
productiva, el cierre de las grandes empresas, la modificación en la composición técnica del
trabajo asalariado que ha fragmentado las concentraciones obreras, ha reducido
drásticamente el número de obreros sindicalizados y ha creado una nueva cultura del trabajo
fundada en la competencia obrera; pero también es innegable que el propio movimiento
obrero no tenía un horizonte propositivo que vaya mas allá del corporativismo dentro del
Estado de bienestar y del uso instrumental de las libertades democráticas. Mas que un
desprecio por la representación liberal, lo que caracterizó al movimiento obrero fue una
memorable incapacidad para proyectarse como soberano. Podía ser el más intransigente y
épico opositor al autoritarismo estatal, pero siempre presuponiendo su calidad de súbdito,
insolente y audaz, que tiene por encima de él a alguien a quien interpelar, demandar o exigir.

Pero esta dialéctica de la obediencia negociada en las calles, para que funcione requiere que el
soberano también acepte las reglas del juego, y cuando él las comenzó a romper
drásticamente a partir de 1986, el movimiento obrero solo atinó a demandar la reconstitución
de los antiguos pactos. Fue el fin de la condición obrera del siglo XX; la historia la rebasaba.
Derrotado el movimiento obrero, y por tanto la sociedad que se había cobijado bajo él, desde
1986 y hasta el año 2000, los monopolios privados de la palabra, de la organización y la riqueza
se apoderaron del escenario político.

La palabra democracia adquirió el rango de dispositivo normativo y prescriptito de la


constitución de los poderes públicos, pero como nunca la capacidad de intervención de la
sociedad en la gestión de lo público fue restringida. De hecho, muerta la COB, la 4 sociedad
que existió fue la que el Estado se invento a través de la precariedad social y la
descentralización municipal, para luego, mediante el clientelismo y el soborno, simular
representarla. Fue el momento del enseñoramiento de los partidos, de los clanes familiar-
empresariales convertidos en maquinarias electorales y de la contracción de la política a un
asunto de chequeras. De la base funcional a la base territorial y cultural de la acción colectiva

A medida del avance del momento crepuscular de la COB, otras estructuras de acción
colectiva, muchas de las cuales habían estado desde tiempo atrás en silencioso proceso de
preservación, comenzaran a rearticularse a partir de otras bases organizativas, de otros
repertorios culturales y otras demandas. La mayoría de estas organizaciones reivindicaban
unas prácticas y una memoria indígenas, ya partir de una politización de la cultura, el territorio
y las necesidades básicas, desde los intersticios en la que habían resistido a la oleada
disimulación modernizante, comenzaran a tejer redes de asociación territorial, con creciente
capacidad de unificación y presión ante el gobierno. Primero será el movimiento indígena de
tierras altas la que cobrara presencia y discurso interpelador en los años 70-80s; luego serán
los indígenas de tierras bajas los que visibilizaran los mecanismos de exclusión de decenas de
pueblos olvidados por la sociedad como sujetos de derecho y, a mediados de la década de los
90s, los cocaleros se convertirán el los sectores que mayor esfuerzo realizaran para resistir las
políticas de erradicación de la hoja de coca.

Pero será abril del 2000, el que marcara un punto de inflexión en las demandas y la capacidad
de movilización socio-política de los movimientos sociales. Articuladas en torno a la conquista
de necesidades básicas y la defensa de recursos territoriales de gestión comunitaria, pequeñas
estructuras organizativas locales de tipo territorial y no territorial basadas en el lugar de
residencia, en el control de bienes como la tierra y el agua, en la actividad laboral, gremial o
simplemente de amistad, han ido creando, redes de movilización colectiva que han puesto en
pié a nuevos movimientos sociales, como el caso de la Coordinadora del Agua y la Vida, los Sin
Tierra y la revitalización de antiguos, como la CSUTCB y la de los productores cocaleros, los
vecinos, etc. La importancia histórica de estos movimientos sociales radica en su capacidad
para reconstruir el tejido social y su autonomía frente al Estado además de redefinir
radicalmente lo que va a entender por acción política y democracia.

En términos exclusivamente organizacionales, la virtud de estos movimientos sociales se


asienta en que han creado mecanismos de participación, de adhesión y filiación colectiva a
escala regional flexibles que se adecúan a la nueva conformación híbrida y porosa de las clases
e identidades sociales en Bolivia.
Mientras el antiguo movimiento obrero tenía como centro la cohesión sindical por centro de
trabajo en torno al cual se articulaban otras formas organizativas de tipo gremial urbanas, los
actuales movimientos sociales tiene como núcleo organizativo, (CSUTCB, CIDOB,
Colonizadores, CPESC, Regantes, cocaleros) a la comunidad indígena-campesina, alrededor de
la cual se aglutinan asociaciones laborales (maestros rurales), gremiales (transportistas,
comerciantes de la zona), vecinales, estudiantiles. Aquí, la comunidad indígena, campesina y
ayllu, que es lo mismo que decir las células de una otra sociedad, son la columna vertebral
articuladora de otros grupos sociales y otros modos locales de unificación influenciados por la
actividad económica y cultural campesino-indígena y hacen de esta acción colectiva mas que
un movimiento social, un movimiento societal (6) pues se trata de una sociedad entera que se
traslada en el tiempo.

En tanto que en otro caso (la Coordinadora), la agregación de las asociaciones de


gestionadores de recursos colectivos hídricos (regantes), los gremios, los vecinos, los
estudiantes, los profesionales, los campesinos, los obreros sindicalizados, los trabajadores
eventuales y precarizados, se la lleva a cabo de manera horizontal y electiva a partir de su
identificación con determinada demanda y con el liderazgo moral de la estructura de
movilización convocante..

La posibilidad de que un abanico tan plural de organizaciones y sujetos sociales pueda


movilizarse, ha de garantizarse mediante la selectividad de fines que permite concentrar en
torno a algunas demandas especificas voluntades colectivas diversas. Esto ha requerido
descentrar las reivindicaciones de la problemática del salario directo, propio del antiguo
movimiento obrero, para ubicarlo en términos de una política de necesidades vitales (agua,
territorio, servicios y recursos públicos, hidrocarburos, educación, ...) que involucra a los
múltiples segmentos poblacionales subalternos y que, dependiendo la ubicación social de los
sujetos, puede ser leído como el componente del salario indirecto (para los asalariados), como
el soporte material de la reproducción (vecinos, jóvenes) o la condensación del legado
histórico cultural de la identidad (los indígenas).

Movilización y acción política

En términos exclusivamente organizacionales, estos movimientos sociales se asientan en que


han creado mecanismos de protesta, movilización, participación, de adhesión y filiación
colectiva a escala regional flexibles que se adecuan a la nueva conformación híbrida y porosa
de las clases e identidades sociales en Bolivia.

Pero los actuales movimientos sociales no son solo actividades de protesta y reivindicación;
por sobre todo son estructuras de acción política.
Son políticos porque los sujetos de interpelación de la demanda que desencadenan las
movilizaciones es en primer término el Estado (democracia, abolición de la ley de aguas,
anulación de contratos de privatización, suspensión a la erradicación forzosa, territorialidad
indígena, asamblea constituyente, nacionalización de los hidrocarburos.), y el sistema de
instituciones supra-estatales de definición de las políticas públicas (FMI, BM, inversión
extranjera. Incluso, la propia afirmación de una política de la identidad indígena (de tierras
altas y de tierras bajas) se la hace frente al sistema institucional estatal que en toda la vida
republicana ha racializado la dominación y la exclusión de los indígenas.

Por otro lado, entre los múltiples movimientos hay los que tienen una orientación de poder. En
la medida en que las empresas de movilización de los últimos años ha estado dirigida a
visibilizar agravios estructurales de exclusión política y de injusta distribución de la riqueza, los
movimientos sociales han retomado las tradicionales palestras locales de deliberación, gestión
y control (asambleas, cabildos), proyectándolas regionalmente como sistemas no
institucionales de participación y control público que han paralizado, y en algunos casos
disuelto intermitentemente, el armazón institucional del Estado en varias regiones del país
(altiplano norte, Chapare, ciudad de Cochabamba), dando lugar a la coexistencia de dos
campos políticos con competencias normativas algunas veces mestizas y otras confrontadas.
Paralelamente, en torno a estas experiencias de ejecución practica de derechos, los
movimientos sociales han comenzado a proyectar a escala general del país, estas experiencias
exitosas de deliberación y gestión de derechos mediante la formulación de un diseño
razonable de “dirección de la sociedad” (7) que al tiempo de demoler el fatalismo histórico con
el que el proyecto neoliberal se legítimo en los últimos 15 años, ha diseñado un modelo
alternativo de reforma estatal y económica.

Otros hechos notables de esta emergencia política de los movimientos sociales en Bolivia es el
carácter regional y fragmentado de sus luchas que por momentos vuelven incomunicables (8)
sus dinámicas y necesidades. Sin embargo, esta desconcentración, contrapuesta a la
unificación vertical, de las acciones en torno a mandos únicos de movilización del antiguo
movimiento obrero, permiten una proliferación de sentidos y horizontes de acción cuya
coordinación no es ya un supuesto sino uno mas de los resultados que debe producir el propio
movimiento social para volverse exitoso. Todo parece indicar por tanto, que a futuro no
existirá un solo gran movimiento social, sino múltiples movimientos sociales compelidos a
inventar estructuras de coordinación en red en torno a temáticas puntuales y temporalmente
negociadas en las que ninguno pierde la autonomía de sus decisiones.

Si bien esta fragmentación de los movimientos expresa la realidad étnica, cultural, política,
clasista y regional estructuralmente segmentada de la propia sociedad, lo que obliga a
reinventarlas maneras de articulación de lo social ya no como fusión jerarquizada sino como
redes provisionales de tipo horizontal (como lo que sucedió en octubre del 2003 y mayo-junio
del 2005), ello no elude las dificultades que esa nueva manera de agregación histórica implica
para la fuerza de transformación social que buscan los movimientos.
Acción colectiva y democracia

Con todo se puede decir que los movimientos sociales han transformado varios aspectos del
campo político modificando el espacio legítimo de donde ir a producir política, rediseñando la
condición socioeconómica y étnica de los actores políticos, innovando nuevas técnicas sociales
para hacer política, además de mutar los fines y sentido de la política.

A partir de las acciones de movilización, las disputas y competencias por la gestión de los
asuntos públicos anteriormente concentrados en el ejecutivo, el parlamento, los partidos
tradicionales y embajadas han tenido que trasladarse intermitentemente a las calles, a las
comunidades campesinas, a los barrios periféricos que han asumido el papel no solo de
generadores de legitimidad política, sino también de territorios sociales de deliberación
respecto a las modalidades de control de recursos públicos.

Esta dilatación geográfica de la política ha venido de la mano de la incorporación de grupos


sociales anteriormente excluidos de la toma de decisiones que ahora asumen la competencia
de definir la mejor manera de organizar la vida en común, la res publica. Los 80.000
cochabambinos en cabildo el año 2000, los 500.000 aymaras en turnos de bloqueo en
septiembre del 2000, y junio del 2001, las 30.000 familias cocaleras en sus sindicatos
asumiendo la defensa de su producción, los más de 300.000 vecinos alteños movilizados y
marchando por el gas, los miles de indígenas del oriente movilizándose por el respeto de su
territorialidad, muestran la irrupción multiforme de nuevos sujetos de la política que volviendo
a romper el monopolio de las decisiones, amplían radicalmente la base socioeconómica y
étnica de las personas con aptitud a participar en la definición del rumbo del Estado.

Esta irrupción de la plebe indígena trabajadora en el campo político incorpora una parte de la
sociedad en la definición de quienes tienes derecho a formar parte de la sociedad política, lo
que es un hecho eminentemente democrático. Y dado que esta ampliación de lo político se
sostiene sobre una querella en torno a modos de distribución de riquezas colectivas (tierra,
agua, recursos públicos, hidrocarburos, etnicidad legítima), los movimientos sociales están
introduciendo un profundo proceso de igualación sustantiva de la población para el acceso a
prerrogativas políticas, con lo que una de las inconsistencias estructurales del actual régimen
liberal representativo, la discriminación, busca ser superada.

En términos estrictos, la forma de producción de la política innovada por los movimientos


sociales, al menos hasta ahora, esta provocando una regeneración sustancial de algunos
componentes de la democracia, y eso vale también para los propios mecanismos mediante los
cuales “la parte de los que no tienen parte” modifican el modo de producir la política.
Hablamos en este caso de los procedimientos de la acción política (9).
Al haber ampliado a escala regional y general los consuetudinarios repertorios locales de
deliberación y formación de criterio publico como el cabildo, la asamblea y las propias
estructuras de adhesión corporativa de los sindicatos agrarios, de los gremios y de los ayllus,
de las comunidades y los barrios urbanos, han sido proyectadas como sistemas políticos,
complementarios o alternos, capaces de cumplir de manera mas eficiente y democrática que
los partidos y la representación liberal, la agregación de voluntades, la construcción de
consensos en base a la producción colectiva de opinión y la propia rendición de cuentas de los
elegidos sobre los electores, que ahora existen como colectividad deliberante y no solo como
individuos impotentes carentes de voz pública y voluntad efectiva.

Por ultimo, también esta claro que esta renovación de los sujetos y técnicas de la acción
política promovida por los movimientos sociales trae consigo la formación de un nuevo
horizonte de acción histórica, de nuevos principios organizativos de la sociedad que están
poniendo en entredicho y crisis el sistema de creencias movilizadoras con la que el
neoliberalismo y el capitalismo globalizante habían producido consentimiento y adhesión
activa a sus fines.

Este “espíritu del capitalismo” contemporáneo, lentamente comienza a entrar en crisis, tal vez
solo temporal, por la insurgencia de comunidades morales, de nuevos dispositivos de
hegemonía y nuevas creencias orientadoras del destino social protagonizadas por los
movimientos sociales.

Todo esto hace de los movimientos sociales maquinarias de democratización de la sociedad


con efectos incluso de remover los esquemas estructurantes del propio campo político
institucionalizado. Los resultados de las elecciones del 2002 y 2004 con el ascenso electoral de
unas izquierdas nacional-indígenas (Movimiento Indígena Pachakuti -MIP-) e indígena-popular
(Movimiento al Socialismo -MAS-), que convirtieron el capital de movilización de los sindicatos
y comunidades en capital político electoral de auto-representación indígena, son un efecto
diferido de esta renovación democrática de los espacios, los discursos, las instituciones, los
capitales y los sujetos de la política. En ese sentido, los movimientos sociales pueden ser
entendidos como un desborde democrático de la sociedad sobre las instituciones de exclusión
y dominio prevalecientes. Lo que resta saber ahora es si, como sucedió con el movimiento
obrero, estos movimientos sociales y societales podrán convertir parte de sus demandas, de
sus prácticas y diseños organizativos en una estructura normativa general dando lugar a un
rediseño estatal que, en caso de darse, habrá de ser muy distinto a todos los tipos de Estado
republicano que hemos conocido hasta hoy.

Con todo, la presencia de los movimientos sociales, especialmente indígenas de tierras altas,
ha dado lugar a una escisión institucional de los sujetos políticos al interior del campo político
en la medida en que no solo los partidos de adscripción individual, sino también los
movimientos sociales, portadores de proyectos de reforma estatal, las juntas vecinales, los
sindicatos y comunidades de base normativa y tradicional, tienen la capacidad de influir en la
gestión de lo público, tanto por medios parlamentarios como extraparlamentarios (bloqueos,
movilizaciones, marchas, etc.). Con ello, se esta generando una nueva polarización del campo
político entre “izquierdas” y “derechas” con claros contenidos clasistas
(trabajadores/empresarios), étnicos (Indígenas/qáras) y regionales (occidente/oriente) en cada
uno de los dos polos. Y en la medida en que cada uno de estas dualidades se afirma enfrentada
respecto a la otra, se trata de un tipo de polarización antagónica y pluri-institucional (partidos
y movimientos sociales) en un campo político estructuralmente inestable y con un destino, al
menos hasta ahora, es incierto.

Entre los movimientos sociales más importantes que hoy existen en Bolivia, se puede
mencionar (10):

1.- La Federación de Juntas de Vecinos de El Alto (FEJUVE) que es la asociación de las


asociaciones barriales urbanas de una ciudad (El Alto). Formada en 1954 cuando El Alto era
apenas una aglomeración de barrios semi-urbanos, FEJUVE agrupa a la mayoría de los 700.000
vecinos, predominantemente indígenas (80%) y de reciente migración rural que hoy viven en la
ciudad, teniendo como células a una comunidades urbanas de tipo territorial ( las juntas de
vecinos), que son el único “seguro social” autónomo con el que cuentan los migrantes para
construir sus viviendas, empedrar sus calles, instalar servicios básicos o regular la seguridad
local, las juntas de vecinos de El Alto ha cobrado protagonismo en los ultimas años a raíz de
una creciente politización de sus demandas enfocadas a la desprivatización de los bienes
urbanos básicos (agua, luz, transporte), a su participación en la rebelión social que destituyo al
ex Presidente Sánchez de Losada el año 2003 y a la conducción de la demanda de
nacionalización de los hidrocarburos en los meses de mayo-junio del 2005. Con una elevada
proporción de obreros y operararios (cerca del 40%), y una fuerte presencia discursiva de la
ideología indianista entre sus estructuras organizativas barriales, las juntas vecinales son la
cara más nítida de un tipo de movimiento social que combina la antigua experiencia obrera del
sindicato con el discurso y las prácticas indígenas aymara de base urbana. El surgimiento del
papel políticamente protagónico de las juntas de vecinos se ha ido gestando en los últimos 5
años. Rompiendo con las redes clientelares que ataban a las juntas vecinales a los partido de
gobierno nacional y municipal, el primer momento de autonomía política de FEJUVE vino con
la participación en la demanda de la ciudad de El Alto por tener una universidad pública. Estas
movilizaciones duraron 2 años (2001- 2003), lo que permitirá el tensionamiento de las redes
barriales y un proceso de politización creciente. En agosto del 2003, las juntas vecinales
llevaran adelante un paro de 48 horas en rechazo de un formulario municipal y meses después,
en septiembreoctubre del 2003, recibirán la “posta” de la movilización indígena iniciada por
los campesinos aymaras del altiplano en contra de la venta de gas a Chile, promoviendo una
insurrección desarmada que, después de 69 muertos, culminará con la huida del presidente
Sánchez de Losada. En enero del 2005, una nueva movilización de FEJUVE lograra el procesote
recensión del contrato de gestión del agua potable de la empresa francesa “Aguas del Illinani”
y, finalmente en mayo- junio las juntas vecinales liderizaran un nuevo ciclo de protesta
nacional con un paro de actividades de 3 semanas en demanda de la nacionalización de los
hidrocarburos que culminara con la renuncia del presidente Mesa.

Hoy la FEJUVE se ha convertido en el mas fuerte movimiento social del país, portador de
reivindicaciones nacionales y estatales que lo ha llevado a plantearse el tema del poder
político estatal para lograr alcanzar sus demandas que apuntan hacia la estructuración de un
nuevo sistema político y un nuevo régimen económico. 2.- Central Obrera Boliviana. Articulada
en torno a los sindicatos obreros de gran empresa, la Central Obrera Boliviana surgió en abril
de 1952, inmediatamente después de la revolución obrera y popular que llevó al gobierno al
MNR, nacionalizó las minas de estaño y universalizó el voto.

Convertido en el único movimiento social nacional con hegemonía obrera, la COB logró
unificar en torno a su liderazgo a otros sectores laborales (campesinos, estudiantes,
profesionales, profesores, pequeño-comerciantes, etc.), y libró un duelo político con las
Fuerzas Armadas durante todo el periodo dictatorial que se extendió desde 1952 hasta 1982.

Principal abanderada de la recuperación de la democracia, su base material obrera será


desmantelada precisamente al inicio de los gobiernos civiles que aplicaran programas de
ajuste estructural y una reestructuración empresarial, incluida las privatizaciones. Con la
desaparición de las grandes empresas públicas y privadas de obreros sindicalizados y de
contrato fijo (11) , la COB atravesara una profunda crisis organizativa e ideológica que la
llevara a perder su protagonismo político y su importancia movilizadora frente a otros
movimientos sociales de base territorial y local pero con mayor capacidad de convocatoria y de
presión ante el Estado.

En la actualidad su sustento organizativo reposa en los maestros sindicalizados de las ciudades,


los trabajadores estatales de salud y los obreros de la ultima empresa semiestatal (Huanuni), lo
que le ha llevado a moverse en torno a las acciones y convocatorias realizadas por otras
organizaciones sociales. En el último conflicto de junio del 2005, se adhirió a la convocatoria de
la FEJUVE y buscó radicalizar las movilizaciones en la perspectiva de promover una lucha por el
poder político.

3.- La Coordinadora del agua y el gas de Cochabamba. -Debilitadas y sancionadas las


posibilidades de movilización laboral por centro de trabajo, las redes territoriales locales,
compuestas por obreros sindicalizados y no sindicalizados, por desocupados, pequeños
comerciantes, estudiantes e incluso profesionales, en los últimos años han logrado articular
marcos organizativos de movilización en torno a la defensa de necesidades vitales (agua,
tierra, energía), con gran capacidad de impacto político frente al Estado. Afectando la
estructura de la política de privatizaciones estas organizaciones que han tomado el nombre de
Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida, Coordinadora de Defensa de los Recursos
Naturales, etc., tienen la particularidad de unificar de manera temporal, en torno a objetivos
precisos y modos de deliberación horizontales y flexibles, a organizaciones locales urbanas y
rurales pero además, a individuos que de otra manera carecerían de posibilidades de
integrarse a otras formas de organización más disciplinadas y jerárquicas como los sindicatos o
gremios..
Con hegemonías móviles en su interior, que pueden ir de un liderazgo obrero en un momento,
a un liderazgo campesino en otro, promueven la defensa y la conquista de modos autónomos
de gestión de recursos básicos, lo que les ha llevado a asumir acciones de carácter político
frente al Estado que precisamente promueven procesos de privatización de esos recursos.

Estas formas de acción colectiva se han mostrado como una innovación organizativa capaz de
recomponer la movilización de trabajadores urbanos imposibilitados de hacerlo a través de los
sindicatos proscritos por la empresa, además de ser lo suficientemente flexible como para
integrar temáticamente organizaciones campesinas movilizadas en torno al tema de la tierra y
el agua.

Los movimientos indígenas

En Bolivia, el 62% de sus habitantes mayores de 15 años se auto identifican como


pertenecientes a algún pueblo indígena y poco mas del 40% de la población tiene como idioma
materno un idioma indígena. De entre los 38 pueblos indígenas y originarios que existen en
Bolivia, 2 son los más importantes, los Quechuas que abarcan al 30 % de la población total
boliviana y los Aymaras que llegan a ser el 25%. Los quechuas se hallan ubicados
mayoritariamente en las zonas de los valles, en tanto que los Aymaras en el altiplano, tanto
rural como urbano. De hecho, la tercera ciudad más importante del país, El Alto, es
mayoritariamente indígena. El resto de los 35 otros pueblos, ubicados principalmente en las
zonas de tierras bajas y llanos del país, llegan al 6% del total de la población censada.

Si bien la historia de los pueblos indígenas del continente está atravesada de ciclos de
exterminio, de insurgencia, de pactos y de inclusiones parciales en la estructura nacional
predominante, en Bolivia, los procesos de asimilación y mestización cultural del último siglo no
han logrado disolver o atenuar las profundas diferencias socio-económicas entre las
identidades sociales. Pese a los derechos de ciudadanía extendidos desde mediados del siglo
XX, se ha recreado una segmentación cultural de la estructura de oportunidades y movilidad
social visible en la estratificación étnica del mercado laboral que hace que un indígena reciba
por lo general un tercio del salario de un no-indígena y que la mayoría de la población pobre
del país, sea precisamente indígena. Se puede decir que en Bolivia en sentido estricto, la
etnicidad desempeña el papel de un capital, el capital étnico que vendría a ser un plus social,
un bien apetecible, monopolizable y facilitador del ascenso y los enclavamientos sociales.

No es extraño por tanto que en las últimas décadas los movimientos sociales indígenas hayan
recobrado una vitalidad política inobjetable y, en el caso de Bolivia, hayan acumulado una
capacidad política parlamentaria y extraparlamentaria que los convierten en las principales
fuerzas sociales de interpelación hacia el Estado, de gobernabilidad socio-política, de reforma
institucional incluso, de razonables posibilidades de acceder democráticamente al gobierno a
futuro.
Por la diversidad histórica de los pueblos indígenas, en Bolivia no hay un solo movimiento
indígena que haya incursionado en las luchas sociales y políticas; hay varios movimientos
indígenas que difieren notablemente en sus reivindicaciones, en su actitud ante el Estado, en
sus repertorios de movilización, en su identidad y base social. Entre los movimientos indígenas
más importantes podemos mencionar a:

1.- El movimiento indígena aymara, ubicado en la zona altiplanica del país y articulado en torno
a la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). La CSUTCB,
que lleva el nombre de sindicato pero que en realidad está compuesta por comunidades
campesino-indígenas, es la estructura organizativa indígena más antigua de este nuevo ciclo de
despertar indígena iniciado hace 30 años atrás, precisamente entre los aymaras urbanos y
rurales. Si bien la CSUTCB inicialmente articulaba a las comunidades indígenas aymaras y
quechuas, en los ultimaos años esta Confederación se ha fracturado en dos, siendo la líder
izada por los quechuas (Román Loayza) la que mayor extensión geográfica de organización
tiene, en tanto que la líder izada por los aymaras (Felipe Quispe), es la que mayor capacidad de
presión y discurso político posee.

Los aymaras son el pueblo indígena ubicado en el departamentote La Paz y Oruro con mayor
cohesión social, con mayor fuerza de movilización (los bloqueos de caminos mas importantes
del país se dan en esta zona) y con una mayor conciencia de su identidad resultante de la
presencia de una extendida e influyente intelectualidad indígena, que en las ultimas décadas
ha recreado una narrativa histórica sobre la autonomía de la nación aymara.

Si bien al interior del movimiento aymara existen a la vez múltiples tendencias y varias formas
organizativas de movilización social (partidos políticos, agrupaciones culturales, vecinales,
etc.), la CSUTCB que agrupa a todas las comunidades campesinas organizadas en torno a
fidelidades tradicionales, es la más importante y compacta fuerza sociopolítica de movilización
del país cuyas reivindicaciones están dirigidas exclusivamente hacia el Estado.

Portadora de una clara identidad indígena en confrontación con el Estado, al que lo califican de
colonial, la CSUTCB combina reivindicaciones económicas (caminos, salud, educación,
tractores, apoyo económico) con exigencias sociopolíticas (nacionalización de los
hidrocarburos, nuevo modelo económico, autogobierno indígena). Para ello, ha combinado la
sublevación con la negociación para obtener reconocimiento y ha ido transitando hacia un tipo
de nacionalismo aymara con crecientes demandas de autogobierno. En la última década, su
discurso ha irradiado a sectores indígenas urbanos y al resto de los movimientos indígenas del
país, especialmente en la FEJUVE de El Alto, donde la mayoría de los repertorios de
movilización campesina han sido readaptados para su empleo en el mundo urbano.

2.- Federaciones de Productores de hoja de coca de los Yungas y el Chapare, integrada por las
comunidades indígena-campesinas de los valles interandinos y el trópico boliviano del
departamento de Cochabamba (Chapare) y de La Paz (Yungas). Compuesta por poco más de
50.000 familias su identidad organizativa ha mutado en las últimas décadas de una
autoidentificación campesina hacia una campesino-indígena. La mayor parte de las
comunidades está integrada por aymaras, en el caso de los Yungas, centenaria zona tradicional
de cultivo de hoja de coca, y por campesinos quechuas y ex obreros despedidos, en el Chapare,
región de expansión del cultivo de hoja coca en las tres últimas décadas. Organizados en torno
a comunidades agrarias (“sindicatos”), los productores de hoja de coca han tenido que
soportar el proceso de asedio estatal, militar y judicial, más agresivo desde la intervención
militar a los campamentos mineros en los años 60.

A partir de esta resistencia en defensa del cultivo de la hoja de coca, los sindicatos de
productores de hoja de coca se han convertido en una de las organizaciones mas activas,
disciplinadas y efectivas de resistencia frente al Estado y las presiones de los Estados Unidos de
Norteamérica que desean erradicar la totalidad de los cultivos de coca. Desde principios de
siglo, y a raíz de la emergencia de la fuerza de los múltiples movimientos indígenas en todo el
país, el movimiento cocalero ha implementado unas 12 estrategias de alianzas regionales y
nacionales con otros movimientos y sectores sociales que han dado lugar a la formación de un
“Instrumento político” electoral que les ha permitido sacar el segundo lugar en la votación
nacional el año 2002, colocándose a solo 1 punto porcentual del partido ganador MNR. Este
“instrumento político” llamado Movimiento al Socialismo (MAS), mas que un partido es una
coalición flexible de múltiples movimientos sociales indígenas y no indígenas, rurales y
urbanos, laborales, gremiales, campesinos que han expandido en el ámbito parlamentario sus
estructuras de movilización. En términos estrictos, actualmente el MAS, cuyo dirigente máximo
es el líder indígena Evo Morales, es con mucho la fuerza política electoral que esta
construyendo un conjunto de oportunidades que pueden posibilitar a mediano plazo el acceso
a la presidencia de Bolivia del primer indígena en su historia política. Sin embargo, para ello, el
líder indígena Evo Morales ha tenido que modificar su lenguaje a fin de integrar al mundo
urbano con mayores grados de mestización cultural.

3.- La Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB) y la Coordinadora de Pueblos


Étnicos de Santa Cruz (CPESC), agrupa a decenas de pueblos indígenas de tierras bajas de la
amazona y el Chaco, de amplia presencia de latifundios. Estas organizaciones indígenas
fundadas a fines de los años 80s, han logrado articular a numerosos pequeños pueblos
(Chiquitano, Ayoreo, Guarani, Mojeño, etc.), que durante mucho tiempo quedaron
invisibilizados por su baja densidad demográfica. Autoasumidos como indígenas, sus
demandas, a veces contra el Estado y a veces contra los hacendados y empresarios agrícolas
de la región, son de carácter más reivindicativo (títulos de propiedad comunitaria, proyectos
de desarrollo, educación bilingüe, etc.). A diferencia de los movimientos indígenas de tierras
altas que emplean los bloqueos de caminos para enfrentarse al Estado, las organizaciones
indígenas de la zona oriental preferentemente utilizan las marchas y tienen una actitud de
mayor inclinación a las negociaciones, pactos y reconocimientos con el gobierno.

Las estrategias de acción política de los movimientos sociales 1. La estrategia de resistencia


fragmentada
Desde 1985 y asta el año 2000, los trabajadores de la ciudad y el campo vieron desmoronarse
su principal estructura organizativa, la Central Obrera Boliviana (COB). Decenas de grandes
fábricas y de grandes centros mineros se cerraron, con lo que el sindicalismo de gran empresa
que era la columna vertebral de la COB, desapareció, en tanto que al interior de los centros
laborales que quedaron, se implementó la flexibilización laboral, la desindicalización y cambios
tecnológicos que debilitaron la cultura obrera sindical, la disciplina por centro de trabajo, la
politización de sus cuadros y, con todo ello, derrumbaron la base material del antiguo
movimiento obrero. Ante este proceso que duró al menos una década, lo que quedaba del
movimiento social obrero desplegó estrategias defensivas de sus derechos, de sus salarios, de
sus saberes productivos cada vez más sectorializadas y corporativas.

Esta corporativización defensiva de las luchas obreras en los años 80 y 90 produjo tres efectos.
El primero fue que se abandonó la dimensión política y nacional de las iniciativas obreras y se
acentuó la gremialización de sus demandas. Con ello, la política nacional pudo ser expropiada
por el sistema de partidos. La segunda consecuencia fue que al replegarse sobre el núcleo de
afiliados que poseían aun derechos laborales, perdió la capacidad de conducción de otros
sectores populares o, si se refiere, su capacidad de irradiación nacional, al tiempo que dentro
de los propios obreros también comenzó a 13

perder como aliado obrero a la masa de eventuales y sub-contratados de las empresas que los
superaban en número con lo que se cerraba la posibilidad de una reconstitución de la clase
obrera a partir del reclutamiento, sindicalización y politización del nuevo, joven y precario
proletariado que hoy, pese a ser el.

Esta estrategia de resistencia, logró preservar algunos pequeños núcleos obreros


sindicalizados, pero cada vez más aislados en medio de un mar de obreros desorganizados que
en un 90% , carecen de organización sindical, de experiencia de movilización autónoma de
clase y que, hoy por hoy, prefieren actuar sumergidos en otras formas de organización y
movilización (vecinal o campesina). A medida que el núcleo obrero sindical se debilitaba los
otros sectores sociales que actuaban motorizados por la COB, comenzaron un proceso de
desbande en medio de micro estrategias de resistencia locales y fragmentadas.

Todo el periodo de auge neoliberal se caracterizara entonces por una pérdida de la iniciativa
política de las clases subalternas, una corporativización localista de las resistencias y el
despliegue de múltiples micro estrategias defensivas de antiguos derechos que estaban siendo
erosionados por las reformas estructurales, las privatizaciones y la apertura de fronteras.

Un actor social que se destacara en ese periodo de encapsulamiento territorial de las


resistencias será el movimiento indígena de tierras bajas y el movimiento cocalero del Chapare
y Los Yungas.
Los primeros lograran su visibilización social y el parcial reconocimiento estatal de
territorialidades afectadas por la nueva oleada de expansión hacendal en el oriente. Los
cocaleros, por su parte, resistirán las políticas de erradicación de los cultivos de hoja de coca
combinando estrategias de resistencia aguerrida en sus zonas de presencia, con la
sensibilización de la opinión pública urbana mediante marchas y huelgas que erosionaran las
campañas de criminalización social de que eran objeto por parte del Estado. A su vez, ello
permitirá crear redes de apoyo y solidaridad que años después serán movilizadas para
impugnar exitosamente la hegemonía política neoliberal. Estas estrategias defensivas agrarias
ayudaran a consolidar el perfil de movimientos sociales locales con capacidad de movilización,
aunque aún sin proyecto político ni capacidad de convocatoria nacional. La decisión de la
CSUTCB de crear un “instrumento político” parlamentario, ampliará los repertorios de acción
política defensiva del movimiento social hasta el ámbito parlamentario y municipal con mayor
impacto en la contención parcial de políticas públicas adversas.

Tenemos entonces dos tipos de estrategias de resistencia de los movimientos sociales. Una de
carácter defensiva en repliegue corporativo (los obreros, los maestros), y otra de carácter
defensiva expansiva (cocaleros), que irán otorgando una mayor protagonismo político al
movimiento indígena.

Las estrategias ofensivas locales

La “guerra del agua” de abril del año 2000, modificará drásticamente la naturaleza de las
estrategias de los movimientos sociales.

Saliendo en defensa de la gestión social, del valor de uso del recurso público estatal y no
estatal del agua, una inédita alianza urbano rural de campesinos, obreros, profesionales,
vecinos y pobladores no solo logrará defender sus derechos y recursos, sino que también
lograrán imponer en los hechos la legalización y ampliación de esos derechos en la propia
normativa estatal. Se iniciará , desde entonces, un proceso de crecientes ofensivas locales en
la búsqueda de reestructuración estatal y modificación del régimen económico. La acción
política de los movimientos sociales contra el Estado 14 devendrá de reactiva en proactiva y la
defensa se combinara con la ofensiva táctica a nivel regional.

En septiembre del 2000, los aymaras del campo, irán aún más lejos. Oponiéndose a un
proyecto de Ley de aguas, interpelarán al Estado introduciendo el clivaje étnico en la lucha por
el poder estatal iniciando el lento desmoronamiento de las certidumbres estatales,
neoliberales y republicanas, fundadas en la exclusión de los indios en la política.

El Estado, y las elites que detentan su administración, no tendrán ni la capacidad política de


contener estas avalanchas ni la capacidad económica para neutralizar el creciente descontento
social de sectores que exigirán en sus bolsillos los resultados de las promesas de bienestar
ofertadas por los neoliberales.

Articulando redes locales y territoriales de organización social, los movimientos sociales


urbanos y rurales, especialmente indígenas emprenderán un creciente asedio a un Estado, a
una ideología neoliberal y un sistema económico de inversión externa, que comenzara a ser
acorralado por peticiones, exigencias e iniciativas de estas fuerzas de movilización local.

El éxito aymara despertará un proceso de movilización por imitación de otros sectores sociales
que hallarán en la acción colectiva un repertorio exitoso de conquista de demandas. Cocaleros,
colonizadores, gremiales, transportistas, vecinos, mineros, etc. cada uno de manera autónoma
se lanzarán a la obtención de reivindicaciones que durante 20 años habían sido desoídas por
los poderes gubernamentales. Esto dará lugar a una etapa de estrategias de asedio
concéntrico y segmentado de los movimientos sociales contra el Estado y a la elaboración
colectiva de un programa de cambios socio-políticos que, comenzando por la defensa del agua
a nivel local, culminara con la propuesta de autogobierno indígena, nacionalización de los
hidrocarburos y asamblea constituyente. Esta estrategia de asedio político al Estado neoliberal
tendrá dos variantes:

a) Una estrategia de acumulación intensiva de fuerzas de movilización que consistirá en una


larga preparación de consensos sociales en torno a una temática específica, el inicio de
acciones colectivas en torno a uno o pocos puntos concretos capaces de adherir rápidamente
una fuerza de masa, la ocupación de las carreteras y la confrontación directa con los órganos
coercitivos del Estado que victimicen a las organizaciones movilizadas, logrando un creciente
apoyo activo de otros sectores cercanos neutrales o apáticos.

En este caso la coerción estatal, que ha perdido previamente la legitimidad de su uso, será un
mecanismo que incrementara la movilización radicalizada de las clases subalternas. Por lo
general, el uso de la violencia estatal desmoviliza y atemoriza a la sociedad pero, en momentos
de crisis estatal como la actual, la coerción ha perdido legitimidad social, por lo que su
despliegue lo que hace es habilitar un sentimiento de peligro de muerte colectiva que convoca
a una mayor adhesión y defensa de los movilizados. De esta manera, acciones locales e
inicialmente pequeñas han devenido con el tiempo en grandes sublevaciones regionales con
capacidad de desestabilizar al propio gobierno, como en septiembre del 2000 en el altiplano,
enero del 2002 en Sacaba, o octubre del 2003 en El Alto.

b) Una estrategia de lucha política parlamentaria y extraparlamentaria, que consiste en la


combinación de movilizaciones sociales mediante el empleo de múltiples repertorios de acción
colectiva (bloqueos de caminos, marchas, cercos, toma de tierras, etc.), con participación en
competencias parlamentarias mediante la conformación de “brazos” electorales (MAS, MIP)
que funcionan como prolongación parlamentaria de auto-representación de coaliciones y
confederaciones de movimientos sociales urbanorurales de carácter regional. Este carácter
regionalizado de la lucha parlamentaria esta 15 claro en el caso del MIP/CSUTCB que se puede
decir que es una estructura política de un movimiento nacional indígena aymara. En el caso del
MAS que es una colisión de varias confederaciones con irradiación nacional, su presencia
política si bien no responde a una región, si corresponde solo a varias regiones y no a la
totalidad del país, en tanto que su adhesión urbana nacional lograda en las elecciones del
2002, no fue tanto un apoyo a una propuesta de poder (el MAS como gobierno), sino de
simpatía a una propuesta de resistencia (rechazo a los partidos tradicionales).

Mientras que la movilización con objetivos político-sociales ha permitido convertir a los


movimientos sociales en estructuras de lucha política de amplios bloques sociales populares e
indígenas, la presencia parlamentaria ha permitido romper el monopolio y hegemonía
institucional de las fuerzas conservadoras, permitiendo prolongar parlamentariamente las
luchas callejeras, tanto más importante cuanto las movilizaciones no son permanentes y en los
largos periodos de reflujo la lucha parlamentaria permite mantener eco de la demanda y la
presencia de los movimientos sociales.

Pese a sus limitaciones, las estrategias de asedio concéntrico y fragmentado, de acumulación


intensiva de fuerzas y de complementación parlamentaria de fuerza de masa ha desquiciado
temporalmente el sistema político tradicional, debilitando los pilares del orden estatal
neoliberal, incluso más rápido de lo que los propios movimientos esperaban.

El ordenamiento estatal ha entrado en crisis por fuerza de los movimientos sociales y, con ello,
de manera extraordinaria y temporal la temática del poder político, la conquista- construcción
del poder estatal por parte de los movimientos sociales se ha abierto como posibilidad.

Una estrategia de poder

Por lo general, los movimientos sociales con objetivos de cambio estatal como los que hay en
Bolivia (FEJUVE, CSUTCB, CPESC, Cocaleros, Coordinadora del Gas, COB, etc.,) surgen como
fuerzas organizativas de resistencia y contención de las arbitrariedades del poder estatal.
Históricamente son mecanismos de democratización de la política, de redistribución de la
riqueza y de ampliación de derechos; pero solo en momentos muy particulares se presentan
como alternativas de poder estatal. Lo fue la COB en 1952 cuando triunfó militarmente en la
insurrección de abril y redujo su presencia estatal al “co-gobierno” MNR-COB con la
participación de varios ministros obreros y, nuevamente hoy, los movimientos sociales a la
cabeza de organizaciones indígenas, campesinas y vecinales, están ante la oportunidad
extraordinaria de definir con su participación directa la estructura del poder estatal y el nuevo
sistema político que habrá de surgir de esta crisis.

La pregunta es si hoy los movimientos sociales serán simples mecanismos de contención del
poder de las elites, o parte minoritaria de la nueva estructura de poder o bien parte
hegemónica, dirigente del nuevo sistema estatal. En caso de mantener la estrategia de
resistencia defensiva y corporativa de los años 90s, los movimientos sociales solo serán
estructuras de contención y moderación de determinadas arbitrariedades y abusos del poder
gubernamental.

En caso de que se priorice las estrategias ofensivas de carácter local como se lo hace desde el
año 2000, algunos movimientos sociales y sus expresiones parlamentarias, como el MAS,
posiblemente sean parte del nuevo sistema político, solo que en condiciones de minoría activa
capaz de forzar un Estado post-neoliberal moderado pues las fuerzas conservadoras recicladas
seguirán dominando el escenario político, solo que ya no de manera absoluta. De hecho, esto
es lo más probable.

La posibilidad de una presencia hegemónica, dirigente, nacional de los movimientos sociales


indígena-populares, de sus liderazgos y sus propuestas de país en la nueva estructura estatal
de carácter post-neoliberal radical, exige en cambio una nueva etapa de estrategias políticas
de los movimientos sociales. En el mes de junio del 2005, al reivindicar la nacionalización de los
hidrocarburos, los movimientos sociales han puesto en discusión el tema del poder, pues ni
este parlamento ni este gobierno van a nacionalizar los hidrocarburos; pero frente a ello las
organizaciones sociales han mostrado límites para viabilizar en favor suyo el tema del poder
político. Ello se ha hecho visible la ausencia de una opción constitucional propia de gobierno
que impide, temporalmente, una salida indígena-popular de la lucha por el poder que, por
defecto, vuelve a quedar en manos de los sectores centristas y conservadores de las viejas
elites políticas. La posibilidad de traspasar estas barreras políticas requiere transitar de una
estrategia de ofensiva local y segmentada a una estrategia de poder nacional que permita
convertir a los movimientos sociales en los conductores y directores mayoritarios del nuevo
Estado.

Ello pudiera supone dos estrategias complementarias:

Primero, una estrategia de lucha política parlamentaria de tipo frentista que supere el actual
localismo o el multi-localismo de los movimientos sociales y su conversión en un referente
nacional de unidad campo-ciudad, de indígenas y no indígenas capaz de generar una sólida
estructura que brinde certidumbre de reunificación de la sociedad en torno a un liderazgo
indígena. Está claro que ningún líder ni movimiento socio-político va a lograr por si mismo
superar el tope del 20% del electorado nacional. La posibilidad de sobrepasar la barrera del 30
o 40% del electorado que permita una clara hegemonía política parlamentaria pasa por una
unidad de los más importantes movimientos sociales del país, tanto de radicales como de
moderados, y una amplia política de alianzas lo suficientemente flexible como para articular en
torno al núcleo indígena y popular y a sectores urbanos, populares y de clase media hoy
dispersos en alternativas centristas. Este frenetismo electoral no debiera ser de carácter
coyuntural sino estratégico y viabilizado en las distintas contiendas electorales que se vienen
en los siguientes años: selección de prefectos, constituyente, elecciones del 2007, etc. Es
evidente que hoy en América Latina todo gobierno tiene que legitimarse electoralmente pero
además, la democracia vista ayer como libertades y derechos políticos, y ahora como
redistribución de la riqueza y derechos colectivos de pueblos indígenas, es por historia,
memoria y definición la plataforma de realización política de las conquistas sociales. No se
debe olvidar que incluso la revolución de 1952 para realizarse, previamente contó con la
legitimación electoral victoriosa de un programa de cambios estructurales reivindicado por el
MNR en las elecciones de 1951, y que los que desechan la vía electoral como medio de
acumulación política a nombre de una salida insurreccional, nunca han pasado del griterío
verbal para la efectivización de la tal insurrección.

Segundo, una ampliación de la eficacia de la movilización social mediante una estrategia


expansiva de acumulación de fuerzas políticas. Desde octubre de 2003, el gobierno ha dejado
de utilizar la fuerza coercitiva para contener a los movimientos sociales; esto ha llevado a que
la posibilidad de una ampliación de la movilización a partir de la confrontación ha
desaparecido, al menos temporalmente, y por eso los límites de todas las movilizaciones desde
octubre del 2003. Pero además, la posibilidad de ampliar la base de aliados de la movilización y
su legitimación choca con el propio uso excesivo y continuo de medidas de presión (el bloqueo
de caminos, el paro de actividades), que también afecta a sectores amplios de la población que
se sienten al margen de la conflictividad.

Por ello, así como el Estado y los gobiernos aprenden de sus límites y sus derrotas pasadas, los
movimientos sociales debieran aprender de sus límites y dificultades actuales. En la medida en
que el poder político por el que luchan actualmente los movimientos sociales no es solo un
lugar (el palacio de gobierno), sino una relación de fuerzas, de capacidades y de acciones de
poder efectivo, la posibilidad de llegar al control del poder político pasa por la construcción
expansiva de este poder político de manera territorial, de tal manera que el remate final,
electoral o incluso insurreccional, se sostenga sobre procesos previos de construcción
territorializada y creciente de relaciones de poder político, económico y cultural de los
movimientos sociales en todas sus áreas de influencia. Y es que el tema del poder estatal ya no
es solamente un tema de resistencia sino de soberanía general; no es un tema de petición sino
de mando y ejecución de la cosa pública y ese es el límite histórico que los movimientos
sociales deben superar en sus acciones políticas, electorales y de movilización, si es que
quieren transformar y conducir la estructura estatal.

Por tanto, se pudiera abrir la posibilidad de ir implementado, paralelamente a una vigorosa y


unificada participación electoral, una ocupación-construcción territorial local, regional y
crecientemente nacional de poder indígena, de poder popular, de poder vecinal en los
distintos ámbitos de la vida cultural, política, económica de las zonas y regiones controladas
por las organizaciones sociales, de tal manera que estas sirvan de soporte administrativo, de
vitrina política y cultural imitable por otras regiones, de base política y económica de la
capacidad de soberanía social, de auto-organización y autodeterminación de los movimientos
sociales.
La base territorial de los movimientos sociales con sus núcleos regionales de mayor presencia y
los municipios, especialmente indígenas y campesinos recientemente ganados por los
movimientos sociales y sus “instrumentos políticos” en las elecciones municipales del 2004,
pudieran convertirse en la plataforma organizativa política y administrativa territorial de esta
construcción de fragmentos expansivos y ensamblables de poder estatal de los movimientos
sociales mas fuertes que, gradualmente, van subordinando a su lógica organizativa, a sus
deliberaciones y decisiones ejecutivas el conjunto de la vida política (elección de autoridades
estatales, ejecución de decisiones gubernamentales), económica (gestión de recursos públicos,
producción ), cultural (sistema educativo, simbologías estatales) de la región (de una o varias
provincias, de uno o varios distritos, del departamento, etc.).

El norte del altiplano aymara, el Chapare junto al Valle Alto, el norte de Potosí, los distritos de
El Alto más organizados pudieran ser los escenarios iniciales de estos procesos históricos de
construcción territorial de poder político de los movimientos sociales, capaces de visualizar
prácticamente las propuestas electorales, de sostener duraderamente la posible victoria
electoral de la administración estatal, de darle un contenido popular, indígena y
descolonizador a la probable descentralización política administrativa del Estado y, a la larga,
de canalizar proyectos de emancipación comunitaria de la sociedad respecto al Estado.

En el fondo, los movimientos sociales están ante la oportunidad de ir explorando estrategias


de poder estatal, tanto en su dimensión administrativa, resultante de procesos electorales,
como en su dimensión estructural fruto de la correlación de fuerzas territoriales del Estado
que es en definitiva donde se dirime el tema del poder.
Movimientos sociales políticos y
sindicales
Movimientos sociales en Bolivia
Las transformaciones en la historia de la sociedad Boliviana están precedidas y atravesadas, en

gran parte, por los conflictos sociales. Desde esta óptica los conflictos constituyen
dinamizadores

del cambio social y por tanto no deben ser vistos como hechos necesariamente negativos.

Una nueva irrupción de los móv. sociales del siglo XXI (PASOC)

Los movimientos sociales han cumplido un rol fundamental en los cambios de la vida política
de

Bolivia y han tenido un claro desarrollo a partir un acontecimiento que marco un hito en la
historia

de Bolivia: En 1942 durante el gobierno del general Enrique Peñaranda, surgió una protesta
por

un grupo de trabajadores de la mina Siglo XX, en la localidad de Catavi, en el departamento de

Potosí. Ellos reclamaban mejoras salariales. En respuesta el general Peñaranda manda matar a

un grupo de mineros que eran liderados por una mujer de nombre María Barzola. A partir de la

fecha y hasta el día de hoy todas las organizaciones sociales tienen como base la estructura de

los sindicatos de los trabajadores mineros y su forma de organización mediante reuniones,

asambleas, marchas de protesta, bloqueos de carreteras y otros.

REVOLUCIÓN DE 1952 - el MNR

No podemos hablar de movimientos sociales en Bolivia sin tener como referentes los partidos

politicos que estuvieron en el poder. Comenzaremos por el gobierno del MNR. Uno de los
hechos

que marcaron la transformación del pensamiento social y político de Bolivia.

En 1951, ganó las elecciones presidenciales Víctor Paz Estenssoro del Movimiento Nacionalista

Revolucionario (MNR), un partido político de izquierda. Este partido no era del agrado de las

grandes empresas mineras del estaño, ni del capital extranjero, ni de la embajada de Estados

Unidos. Ante esa situación el saliente presidente, Mamerto Urriolagoitía, diez días después,

realizó un "autogolpe" de Estado, anuló las elecciones y entregó el poder a una Junta Militar

encabezada por el general Hugo Ballivián Rojas. En 1952, entonces, se produce la "revolución"
de Víctor Paz Estenssoro, donde los obreros organizados apoyaron al Movimiento Nacionalista

Revolucionario (MNR) derrocando la dictadura de Ballivián.

Víctor Paz Estenssoro asumió la presidencia con apoyo del pueblo en una verdadera
"revolución"

popular, utilizando fusiles, derramando sangre y dejando como saldo varios heridos y muertos.
La

participación de los mineros fue fundamental en esta "revolución" y por la forma como se dio,
es

considerada en Latinoamérica, como una de las más importantes revoluciones después de la

mexicana (1910). Toda la población indígena de Bolivia estuvo marginada de la vida económica
y

política del país hasta que se produjo la revolución nacional del MNR. Desde esta década

comenzaron los grandes cambios en Bolivia:

• Se oficializó el decreto del voto universal, que permitió romper la democracia excluyente y

calificada del pasado, otorgando el voto a la mujer y a los analfabetos.

• Se toma el control total de la economía con un Estado fuerte, dueño de sus recursos

naturales y de sus empresas de producción.

• Se firmó el decreto de nacionalización de las minas, donde el 80 por ciento de los ingresos

de las exportaciones y los recursos del subsuelo pasaron a poder del Estado.

• Se creó COMIBOL, la empresa minera estatal, que aun sigue en actividad y más fuert

laborales en el país. La COB nació en medio de la "revolución" de 1952, después de que los

mineros -vanguardia del movimiento popular-, junto a los fabriles, gráficos, periodistas, clase

media empobrecida y otros sectores sociales participaron en la junta de la "revolución". Hasta


el

día de hoy, el secretario ejecutivo de la COB según el estatuto tiene que ser siempre un
minero.

El fortalecimiento obrero permitió organizar la COB, constituyéndola en el centro de las luchas

sociales y sindicales de los trabajadores bolivianos y un referente ideológico y de auto

organización de las clases subalternas en Bolivia. Pero después de algunos años, con la llegada

del neoliberalismo y la aplicación de un nuevo modelo de política económica, el país comenzó


a

encuadrarse dentro de los preceptos de la economía de libre mercado y la competencia,

otorgándosele un rol protagónico a la iniciativa privada en el desarrollo nacional. Este modelo

desató la crisis en la minería que no pudo resistir la competencia del sector privado y los bajos
precios que ocasionaron el cierre de muchas fuentes de trabajo y el despido masivo de los

mineros.

Entre los miles de desocupados, se formaron las cooperativas que eran pequeñas o medianas

empresas que brindaban servicios mineros. Esto dobló y triplicó el número de mineros

asalariados, debilitando al movimiento obrero que se sintió traicionado en sus aspiraciones

socialistas.

En la actualidad el nivel de convocatoria la COB ha perdido fuerza en movilizaciones debido a


las

constantes políticas de des-sindicalización, reestructuración productiva llevadas por las


reformas

liberales, pero los movimientos sociales no se detuvieron, sino que igualmente se dieron
nuevas

formas organizativas y de movilización. Si bien la COB perdió fuerza, se creó La Central Obrera

Regional de El Alto, La COR – El Alto que agrupa los sectores gremiales, comerciantes y a todos

los trabajadores sindicalizados.

LOS COMITÉS CIVICOS


En esta década del 50 -aún bajo el mandato del MNR- ante la desaparición de los gobiernos

municipales nacieron los Comités Cívicos en cada departamento. Los CC son una organización

civil que representa a la ciudadanía para poder dar conocer a las autoridades y al gobierno las

demandas exigentes. A diferencia de la juntas vecinales los CC están conformados por


cuídanos

que no son elegidos a nivel de bases. La elección del presidente de un Comité Cívico es interno
y

no participa la ciudadanía en general.

En la actualidad, el Comité Cívico Pro Santa Cruz (que pertenece a Santa Cruz, ciudad

amazónica frontera con Brasil, calurosa, ubicada a 400 metros sobre el nivel del mar) es el
comité

cívico más importante de Bolivia. Desde los últimos 10 años han adoptado la posición de
proponer

soluciones regionales por la carencia de liderazgo de los prefectos y otras autoridades.

El 15 de diciembre de 2006 el Comité Cívico Pro Santa Cruz dio a conocer su poder de

convocatoria al país llamando a un cabildo (reunión con el pueblo y bases para resolver

demandas y medidas de acción), donde se calcula que participaron cerca de un millón de


personas. Ese mismo día otros cabildos también se realizaron en los departamentos
amazónicos

de Tarija, Beni y Pando, que junto a Santa Cruz forman un círculo llamado "Media Luna" en

búsqueda de la creación de Gobiernos Regionales Autonómicos.

Los CC tienen una alianza implícita con sectores empresariales y exportadores de Santa Cruz
que

representan grandes intereses económicos de derecha. Un sector de las CC son la Unión


Juvenil

Cruceñista, que son individuos organizados como fuerza de choque, que se les acusan de

acciones muy violentas y rasismo.

FEJUVE

En esta década del 50, en medio del período del MNR, espontáneamente y por intereses

netamente barriales, se comienzan a organizar los vecinos de diferentes sectores y aparecen


las

Federaciones de Juntas de Vecinos (Fejuve) en La Paz.

Esta junta de vecinos no fue suficiente para congregar a todos los barrios ya que el crecimiento
de

la Paz había convergido en una ciudad anexa: El Alto. El Alto es una ciudad ubicada a treinta

minutos de La Paz, situada sobre los 4.000 metros sobre el nivel del mar en el altiplano. Posee
el

rango de ciudad desde hace 22 años, pero empezó a poblarse hace más de 60, cuando

pobladores de diferentes zonas del país migraban a las ciudades escapando de las sequías,

cierre de minas, falta de oportunidades, etc. El Alto es ahora una ciudad con más de 800 mil

habitantes, donde más del 80 por ciento son indígenas y de idioma aymara. Es así que en 1957

se crea la Fejuve – El Alto, hoy la federación de vecinos con mayor prestigio y fuerza en Bolivia.

La exclusión y la discriminación por un lado y la falta de consenso en los métodos por el otro,

obligó a las juntas vecinales alteñas y de La Paz a desligarse, convirtiéndose en dos

organizaciones paralelas.

En la actualidad La FEJUVE El Alto es una de las organizaciones que juega un rol primordial en

las movilizaciones que determinan los acontecimientos políticos en Bolivia.

……

1959 - 1980 PERIODO DE GOBIERNOS CONTRADICTORIOS


Barrientos 1964-1969

En 1959, en el contexto político internacional la revolución cubana había cambiado el


equilibrio de

poder en América Latina y abrió espacios para movimientos marxistas que intentaron la toma
del

poder. Estados Unidos comenzó a crear una política de respaldo a los ejércitos
latinoamericanos

en preparación antiguerrillera y apoyo para la toma del poder por parte de los militares como
parte

de una política anticomunista.

Un claro ejemplo de estas politicas ejemplo, es durante el gobierno de Barraientos los 60s. El

gobierno bajo un 40% los salarios de los trabajadores mineros al mismo tiempo que decomiso

todas sus radioemisoras. El constante pedido de reposición salarial, y la devolución de las

radioemisoras mineras terminaron irritando al general Barrientos. En este contexto la noche


del 23

de junio de 1967, los militares por orden del mismo presidente, tiñeron de sangre los

campamentos mineros de Siglo XX (Potosí), los ingenios de Catavi y al pueblo civil de Llallagua.

Hasta el dia de hoy La noche de la "Fiesta de San Juan" tiene para los bolivianos un ingrato

recuerdo .

Ovando 1969-1971

En 1969, el general Alfredo Ovando tomó el poder con un golpe de Estado, cerro el parlamento
y

organizó un gabinete mixto entre jóvenes intelectuales de izquierda -entre los que se
destacaba

Marcelo Quiroga Santa Cruz- y militares.

La dictadura de Ovando abrió relaciones con los países socialistas comenzando por la Unión

Soviética. El cuarto congreso de la COB (mayo de 1970) propuso el camino al socialismo y a los

trabajadores como vanguardia del proceso de relación con la Unión Soviética.

Ese mismo año en las universidades de Cochabamba (Universidad de San Simón) y La Paz

(UMSA) se produjeron fuertes movimientos docente-estudiantiles en contra de la mala

administración universitaria, puesto que la masonería mantenía en parte control de los


órganos de

gobierno, decisión y hasta de la ejecución de las actividades universitarias. Los estudiantes se

unieron luego a las fuerzas populares, para luchar por la soberanía nacional y la defensa de los
recursos naturales.

En junio de 1971 esas ideas se llevaron a la práctica con la creación de la Asamblea Popular
que

pretendía sustituir al Parlamento, con la participación de mineros, fabriles, campesinos,

intelectuales y universitarios. La Asamblea inauguró sesiones pero nunca pudo deliberar

realmente. En 1971 se creó el Partido Socialista bajo la conducción de Marcelo Quiroga Santa

Cruz y ese mismo tiempo se fundo el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR).

Toda esta efervescencia socialista fue truncada con el golpe de estado del general Hugo
Banzer.

Este nuevo Gobierno declaró ilegales a los partidos de izquierda, canceló el funcionamiento de
la

COB y toda organización sindical, clausuró las universidades y envió al exilio a centenares de

bolivianos.

Banzer 1971-1977

Banzer Participó de la llamada Operación Cóndor conjuntamente con las dictaduras de Chile,

Argentina, Uruguay y Paraguay, que generó una acción represiva común con muertes y
torturas,

encarcelamientos y desapariciones a izquierdistas y comunistas.

En 1977, ante la presión interna y externa, Banzer convocó a elecciones. Desde esa fecha hasta

el año 1982 fue el periodo más inestable y caótico de toda la historia republicana de Bolivia,
con

nueve presidentes en cuatro años y medio, siete de facto y sólo dos constitucionales.

García Meza 1980-1982

En julio de 1980 se dio nuevamente otro golpe de estado esta vez a cargo de un siniestro
general

Luís García Meza. Durante el golpe de estado los paramilitares de García Meza arremetieron
en

las oficinas de la COB (que hacía poco volvía a funcionar) y torturaron y asesinaron al principal

dirigente sindical del partido socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz junto con otros dos
dirigentes.

García Meza abrió un periodo de poder, de corrupción sin límites y genero la mas escandalosa

vinculación de importantes ministros de Estado con el narcotráfico.


NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES

KATARISMO

Entre los años 70 y 80 hubieron una serie de protestas y demandas lideradas por el
KATARISMO

movimiento que reivindica la revolución indigenista de Tupak Katari (Siglo XVIII en la etapa de
la

lucha contra los españoles, inicio de la etapa de la Independencia). Y que buscaban la inclusión

de los sectores indígenas en la vida política de Bolivia. En los 90 aparece como líder del sector

indígena el guerrillero del EGTK (Ejército Guerrillero Túpac Katari) y líder del CSUTCB

(Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), Felipe Quispe Huanca


"El

Mallku". En 1992 "El Mallku" es tomado preso junto al hoy vicepresidente de Bolivia, Álvaro
García

Linera, acusados de terrorismo. Después de 5 años de prisión pro presión de los movimientos

indígenas fueron dejados libres.

SURGIMIENTO DE LOS MOVIMIENTOS COCALEROS

Con la caída de los precios del estaño en 1985, entonces principal recurso minero de Bolivia, y
el

cierre de las minas, miles de trabajadores mineros desocupados, buscando fuentes de trabajo

para sobrevivir se desplazaron a los valles del Chapare y Los Yungas a cultivar las hojas de coca.

Así se incrementan los trabajadores cocaleros y comienza el movimiento de trabajadores de la

hoja de coca, que viene a ser como los "hijos" de los mineros. Los "nuevos" cocaleros copian
toda

su estructura organizacional de los mineros. Por ejemplo, utilizan las asambleas en su órgano

institucional donde los dirigentes resuelven medidas y acciones con las llamadas "bases", las

votaciones de las elecciones de su plana directiva, los bloqueos de las avenidas y las calles
como

medidas de presión, las marchas y las manifestaciones con detonaciones de cartuchos de

dinamita, entre otros.

De esta forma surgen con fuerza las federaciones de cultivadores de hojas de coca como las

federaciones del Chapare (Cochabamba) y Los Yungas (Valle de La Paz).

En los 80 el discurso de las demandas de los cocaleros era campesinista (como un derecho de

cultivar la hoja sagrada). Y, en los 90, el movimiento cocalero defiende un discurso indigenista

(donde hacen respetar el cultivo de la hoja de coca, como una tradición milenaria).
EVO MORALES Y EL MAS

En este contexto, en 1995, un dirigente de productores de hoja de coca del valle del Chapare

(Cochabamba), llamado Evo Morales, surge en la escena local. Evo morales defiende el cultivo

legal de la hoja de coca y se pone al frente de la erradicación forzosa y otra políticas en contra
de

los intereses de los productores de coca de la región. Poco tiempo después Morales llega a ser

diputado del Parlamento Nacional.

A partir de esto, los sindicatos campesinos empiezan a pugnar por llegar a controlar las

estructuras estatales gubernamentales, hasta que los movimientos sociales pasan a ocupar

alcaldías e incrementan sus ímpetus por tener presencia en el Parlamento. Como movimientos

sociales, esta vez son ellos que luchan por acceder al Gobierno. Nunca más los movimientos

sociales, especialmente los campesinos, van a entregar la responsabilidad de lo político en un

representante, en una vanguardia, ellos mismos ocuparan los cargos políticos.

De esta manera nació el MAS (Movimiento al socialismo) partido político que en sus inicios
estuvo

conformado por dirigentes de la Confederación de Cocaleros del Trópico del Chapare, de la


cual

Evo Morales era el principal dirigente. Desde ese momento se convirtió en una de las fuerzas

políticas mas importantes del país.

1987 -2000 PERIODO DEMOCRATICO

En 1987 se realizaron elecciones municipales, recuperando una tradición rota por la


"Revolución

de 1952". El fortalecimiento de la democracia municipal fue clave para darle mayor poder
directo

al ciudadano. Desde entonces los procesos electorales municipales se realizaron regularmente.

Fue una etapa de inverosímiles alianzas de partidos políticos para acceder al poder, de retorno
de

ex dictadores esta vez elegidos democráticamente en elecciones y de una relativa estabilidad

social y económica. Pero en 1999 el Gobierno afrontó una severa crisis que lo obligó a dictar
una

ley de reactivación económica.

GUERRA DEL AGUA

En el año 2000 el conflicto social sufre una importante transformación con la guerra del agua
en
Cochabamba y los grandes bloqueos campesinos en Chapare y el altiplano central. La "Guerra
del

Agua" puso -después de muchos años- en la vitrina de los ojos de la sociedad la fuerza de los

movimientos sociales. Mientras en Europa, Estados Unidos, y otros países industrializados

aparecía el movimiento antiglobalización como una expresión inicial contra las políticas

neoliberales, los campesinos bolivianos protagonizaban la movilización más enérgica contra


estas

políticas.

Mientras los conflictos sociales habían sido hasta ese día reivindicativos a partir de la fecha se

hace un cuestionamiento profundo de las instituciones y los procesos democráticos del país.
Los

grupos sociales comienzan a demandar del estado beneficios para la población civil, y pone en

tela de juicio la manera como el estado ha estado manejando los recursos del país.

Las movilizaciones también generan un cambio fundamental, de los antiguos sindicatos pasan
a

formar las coordinadoras, que son núcleos de diferentes ocupaciones y clases sociales, que se

movilizan bajo un misma causa. Las primeras medidas fueron de presión para bajar las tarifas,

pero los reclamos se fueron transformando hasta llegar al las demandas de nacionalización.

La privatización del agua era parte de las políticas privatizadoras impulsadas por el Banco
Mundial

para América Latina. Fue así que en 1999 el gobierno boliviano resuelve conceder a una

empresa transnacional, la Bechtel, Aguas del Tunari en su nombre local, la facultad de


gestionar y

distribuir toda el agua de la ciudad de Cochabamba y alrededores. La empresa no se hacia

responsable por la construcción de proyectos de agua importantes para la zona y se le


preemitía

libremente el alza de tarifas. Se decía que incluso el agua de la lluvia seria manejada por esta

empresa. El contrato fue casi clandestino con una cláusula de confidencialidad. Esto fue

considerado por la población como un atropello. Indígenas y campesinos de Cochabamba

convocaron a toda la ciudadanía a realizar intensas movilizaciones, luego de varios días de

protestas y bloqueos, represión, muertos lograron evitar la privatización del agua en su


provincia.

De aquí al 2003 la conflictividad sectorial y las reivindicaciones de indígenas, campesinos,


pobres
urbanos y trabajadores fueron en aumento.

FEBRERO NEGRO

En Febrero de 2003 el Gobierno del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada anuncia
un

impuesto entre el 4.2% y el 12.5% sobre los salarios.

La explosión social logró paralizar (no habían vehículos de El Alto a La Paz y viceversa, las calles

y las avenidas estaban bloqueadas ) La Paz y El Alto, por el movimiento "impuestazo", dejando

como saldo 33 muertos y 210 heridos.

Sánchez de Lozada dio un paso atrás y desistió de la medida.

En ese marco se produjo un enfrentamiento entre policías y militares por conflictos antiguos

institucionales.

GUERRA DEL GAS

En octubre de 2003 se produce la "Guerra del Gas" debido a la intención del entonces
presidente

de Bolivia, Gonzalo "Goni" Sánchez de Lozada, de comercializar y vender gas a Chile, cuando

este país no resuelve el pedido del país de devolverle la salida al mar que perdió en la Guerra
del

Pacífico de 1879. Como "Goni" no quiso desistir de esta medida, se produjo una revuelta
popular

en la ciudad de El Alto, liderada por la Federación de Juntas de Vecinos, Fejuve – El Alto, y la

COR (Central Obrera Regional). Llegaron hasta la PAZ y el Alto cocaleros, campesinos y mineros

de todo el país junto a sus sindicatos y federaciones. El Alto hubieron bloqueos con piedras y

zanjas en calles y arterias que conectan a países vecinos como Perú y Chile.

Las zonas amazónicas del oriente del país estuvieron incomunicadas por cerca de un mes con
el

occidente del país. No permitiéndose el abastecimiento de alimentos, combustible etc.

El Ejército salió a las calles y realizó una masacre contra civiles dejando como saldo más de 60

muertos y 400 heridos. Esto agudizó el conflicto, en la zona de Senkata se produjo el mayor

enfrentamiento, donde destacó la presencia de un líder social llamado "Comandante Osama",

quien combatió -junto a vecinos- al Ejército con bombas caseras, cócteles molotov, piedras y

zanjas, pero no con armas de fuego. También destacó la presencia del entonces presidente de

Fejuve El Alto, Abel Mamani, hoy ministro del Agua del actual Gobierno. Fue una especie de

combate de guerrilla pero sin armas de fuego por parte de un sector de la población para
defenderse de los militares.

Fue aquí, en la "Guerra del Gas", que nació la demanda de la nacionalización de los

hidrocarburos, como medida para salir de la pobreza del pueblo boliviano.

Aquí, los mineros tuvieron una participación importante, pues en 1985 muchos de ellos se

desplazaron a vivir en El Alto, en los distritos 3 y 8. En estos distritos (zonas Senkata, Santiago II

y Nuevos Horizontes) fue donde se realizó la resistencia más fuerte a la represión de los
militares.

Sánchez de Lozada, por presión del pueblo y de un sector de los medios de comunicación que

pedían su renuncia en sus editoriales, huyó del país a Estados Unidos, donde actualmente está

prófugo.

PERIODO DE TRANSITO

Posteriormente, Carlos Mesa (quien era vicepresidente de "Goni") asumió la jefatura de


Estado.

Mesa gobernó 18 meses tratando de contener el descontento popular. Lo hizo con el apoyo

implícito de tregua de Evo Morales (dirigente del Movimiento al Socialismo, MAS) y Felipe
Quispe

(máximo dirigente indígena llamado "El Mallku" o "El Príncipe" traducido del aymara al
castellano).

Otra vez, la privatización del agua, esta vez en El Alto (ciudad pobre anexa a La Paz) fue el

motivo para desatar un movimiento contra Mesa. Desde el 16 de mayo de 2005 comenzaron
los

bloqueos de caminos, marchas, piquetes por todo el país, extendiéndose paulatinamente. Lo


que

se reclamaba era que se vaya del país la empresa Aguas del Illimani (de la Suez de Francia), que

brindaba sus servicios en La Paz y El Alto, para que este recurso natural sea nacionalizado. Esta

protesta era para que este servicio, al ser estatal, pueda llegar a toda la población, y no sólo a
los

que pueden pagar. Después de mucha presión, la empresa anunció su salida del país 2003,
pero

lo hizo recién el año 2007).

A comienzos de junio de 2005, otra vez el occidente de Bolivia estaba completamente


bloqueada.

Campesinos, trabajadores, pobres urbanos e indígenas eran los protagonistas en las calles.

Además nueve plantas de multinacionales del gas fueron ocupadas, y el resto militarizadas
para
defenderlas del pueblo, quien pedía la nacionalización de los hidrocarburos, principal recurso

energético de Bolivia (hoy nacionalizado por el Gobierno de Evo Morales). El 6 de junio se


celebró

en La Paz un cabildo (así se llama a una reunión de organizaciones sociales donde se resuelven

conclusiones y medidas a tomar por un tema determinado) con la asistencia de decenas de


miles

de personas. Allí, la Federación de Mineros propuso la creación de una Asamblea Popular,

retomando la tradición del 70. Tras el cabildo, Mesa renunció.

La transición fue bastante difícil y con mucha presiones de los movimientos sociales en
especial

de la COR y la FEJUVE -El Alto.

El 10 de junio los mineros se unieron a las movilizaciones y marcharon para cerrar el


Parlamento

para así evitar que se nombrara como sucesor de Mesa a quien le correspondía

constitucionalmente, el derechista Hormando Vaca Diez. La muerte de un minero, asesinado


por

la Policía, provocó un levantamiento masivo, mucho más violento e imposible de contener.

Pero la protesta no se excedió más de lo que se pensaba los presidentes de las Cámaras de

Senadores, Hormando Vaca Díez y de Diputados, Mario Cossío renunciaron a la sucesión

constitucional que les correspondía.

GOBIERNO DEL MAS

El entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia Eduardo Rodríguez Veltzé asumió la

Presidencia. En diciembre de 2005, Rodríguez Veltzé convocó a las elecciones donde los dos

principales contendores fueron: la derecha Jorge "Tuto" Quiroga y la izquierda, al mando de


Evo

Morales, presidente del MAS y de las seis federaciones de productores de hojas de coca del

Chapare (valle de Cochabamba).

Ante la sorpresa de las encuestadoras que no presagiaron algo así, Evo Morales salió primero
con

cerca del 54 por ciento de los votos, siendo la segunda vez que un candidato presidencial ganó

las elecciones con más del 50 por ciento. Evo Morales Asumió la presidencia en enero de 2006,

pasando a ser el primer dirigente indígena y cocalero en asumir la jefatura de Estado.

En su primer año de Gobierno Evo Morales ha realizado las siguientes medidas que estuvieron

entre sus promesas de candidato:


• Fueron elegidos por vez primera en 24 años prefectos o gobernadores departamentales.

• Se realizó el "Referéndum Autonómico" (autonomía departamental descentralizada del

Ejecutivo) donde ganó el "SÍ" en Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, llamado el sector de la

"Media Luna" de oposición al Gobierno de Evo Morales.

• Realización de la Asamblea Constituyente.

• Nacionalización de los hidrocarburos

• Nueva ley de tierras

• lucha contra el analfabetismo

Pero unos de los hechos mas importantes de este periodo de gobierno es que Morales

lidera un nuevo tipo de democracia en América latina, donde se busca la inclusión de los

pueblos indígenas en las decisiones políticas del Estado.

SINDICALISMO EN BOLIVIA
INTRODUCCIÓN

Este Cuadernillo es resumen de resúmenes, pero contiene lo más importante y actual de la


realidad sindical en Bolivia.

Como datos históricos, solamente insertamos los hitos y causas de la evolución sindical, la
adecuación y readecuación a las condiciones históricas de la realidad boliviana que influyeron
para que el sindicalismo se encuentre como está, con las siguientes preguntas sin contestar:

Entre los problemas actuales, por ejemplo, abordaremos el ensañamiento del neoliberalismo

contra los trabajadores y sus organizaciones, los recortes de los beneficios sociales, la libre
contratación o “flexibilidad laboral”, las alternativas ofrecidas en la micro y pequeña empresa,
la tercerización de las empresas para dividir o no tener sindicatos, bajar el costo de la mano de
obra y otros problemas que conformaron el paquete neoliberal para “derrotar” al sindicalismo
en su camino para consolidarse en Bolivia.

PROYECTO TROCAIRE

Estas y muchas otras preguntas son de urgente consideración en este cuadernillo, aunque sea
sintéticamente, como acicate para una profunda reflexión interna y toma de decisiones como
por ejemplo, la retoma del rol de vanguardia social y política de los trabajadores mineros;
resolución ratificada por el último Congreso de la COB.

1. DATOS HISTÓRICOS PREVIOS

No están de acuerdo los trabajadores con el actual proceso? Tienen otro proyecto revol

SINDICALISMO
Las características esenciales de estos gremios artesanales, era que en cada Taller la jerarquía
laboral era primero el Maestro, luego el Oficial y recién los aprendices. El maestro era el dueño
del Taller, el Oficial el sucesor y los aprendices irían subiendo de categoría según su
experiencia, destreza y habilidad para el trabajo. En la mayoría de los casos, el trato era más
familiar que de dependencia, por eso la denominación de sus organizaciones era de socorros
mutuos, había mutualidad (ayuda mutua) y un alto sentido de solidaridad y cooperación entre
toda la jerarquía laboral artesanal. El maestro, era el dueño del Taller, de los materiales e
insumos y de las herramientas de trabajo; el laboreo era mayormente por obra y los pagos
también. Todos trabajaban, existía la unidad entre el dueño de los medios de producción con
la fuerza de trabajo. Las concentraciones de obreros fue cada vez mayor cuanto más crecían

las factorías industriales. Conforme cerraban los talleres artesanales, más y más obreros se
brindaban para trabajar en las fábricas; el salario El siguiente antecedente fue el salto del

mercantilismo al capitalismo industrial. Este es el punto de partida del sindicalismo en el

siglo XVII hasta nuestros días. Con el desarrollo tecnológico inicial (la máquina a vapor, la
imprenta, la lanzadera y otros), se inició la producción industrial compitiendo ventajosamente
con los talleres artesanales hasta obligarlos a cerrar, y los artesanos obligados a contratarse
como obreros asalariados en las nuevas fábricas.

PROYECTO TROCAIRE

bajó a límites insoportables porque por mayor trabajo que en los talleres, ganaban menos. Fue
entonces que empezó la lucha por el derecho a organizarse, desde la clandestinidad primero y
luego en las calles hasta que en 1810, en Inglaterra, se reconoció por primera vez el derecho
de organizarse con los derechos de representación y de petición.

2. EL SINDICALISMO EN BOLIVIA

Los datos históricos nos refieren lo siguiente:

En 19051

casi un siglo después de haberse logrado en Inglaterra el derecho legal de organización, en


Bolivia se organizó el primer Sindicato Minero, como consecuencia del derrumbe y muerte de
30 trabajadores en el sur de Bolivia, enm la mina Huanchaca, de propiedad del que fue
Presidente de Bolivia Aniceto Arce. Pero antes de eso tenemos que:

- En 1902 se organizó el Sindicato de Floristas en La Paz, conformado esencialmente por


mujeres.

- En 1905 se organizó la “Unión Gráfica Nacional” con características mutualistas y sindicales.

- En 1907 se organizaron los trabajadores ferroviarios con base en Uyuni.

- Luego en 1908 se organiza la Federación Obrera de La Paz pero con su principal dirigente
artesano. En esta Federación están los pocos trabajadores fabriles que aún eran más artesanos
que obreros de las pequeñas fábricas familiares que empezaban a surgir.

- En 1912, se organizó la Federación Ferroviaria de Oruro que se aleja del mutualismo inicial de
la Unión Gráfica Nacional y le da mayormente un carácter sindical.

Y así continuó un proceso de concientización de los trabajadores y trabajadoras para la


organización sindical y de Federaciones. La oligarquía de aquellos tiempos reaccionó y canceló
los derechos de reunión y asociación desde 1924 y 19262, reprimió con dureza, motivando la
mayor unidad de los trabajadores que en 1927 organizaron el primer Congreso Obrero que
fundó la Confederación Boliviana del Trabajo (CBT) con sede en la ciudad de Oruro.

Las primeras organizaciones sindicales se aliaban, se cooperaban y hasta discrepaban con

las organizaciones gremiales que por entonces eran todavía fuertes. Inclusive en el sector

minero existía la organización “Mutuales y Protectoras de Mineros”, que durante un tiempo

la presidió nada menos que Simón I. Patiño quien se disputaba la representación con los

incipientes sindicatos de trabajadores mineros.

PROYECTO TROCAIRE

En aquellos tiempos los trabajadores ya tenían noticias de las primeras organizaciones


internacionales de trabajadores del mundo: la I Internacional que sentó las bases del
internacionalismo obrero;

la II internacional que propugnó la educación y organización de los trabajadores; la III


Internacional de carácter más político que sindical; y la IV Internacional de tendencia trotskista
que en Bolivia aún tiene sus representantes en el movimiento sindical.

3. EL SINDICALISMO MINERO EN SU ROL DE VANGUARDIA

Como queda demostrado en el punto anterior, el sindicalismo minero surgió entre los
primeros sectores que se organizaron en el país. Su primera motivación histórica a principios
del siglo XX (1904), fue la defensa de la vida de los trabajadores mineros. defensa que fue y es

a costa de la vida misma, porque las masacres mineras llenan muchas páginas de nuestra
historia boliviana.

Características del sindicalismo minero:

- Los trabajadores mineros viven generalmente en distritos alejados de los centros urbanos,
con excepción de los mineros que habitan en las ciudades de Potosí, Oruro y Llallagua.

- Su organización se rige por el principio del centralismo democrático.

- Entre los principios más importantes estipulados en el Estatuto de la Central Obrera Boliviana
(COB), el sindicalismo minero practica celosamente el principio de la unidad, de independencia
sindical y de clase, la solidaridad con otros sectores laborales nacionales e internacionales y la
concepción del sindicalismo revolucionario.

El sindicalismo minero y la vanguardia

Además, después de trabajar durante 8 horas en los socavones o a cielo abierto, en la


administración y otros servicios, el tiempo para cumplir ese rol de la vanguardia es muy
limitado. Por el alto grado de unidad organizativa, de acción, de movilización y su capacidad de

planteamiento y defensa de sus intereses, al sindicalismo minero se lo reconoce como el

sector de vanguardia sindical y política. Vanguardia significa estar delante, en la avanzada, ser
el primero, adelantarse a los demás. Pero, como no siempre se puede estar en

un puesto de tanta importancia y significación, suele ocurrir que otro u otros cumplan ese rol y
entonces se complejiza el concepto y el rol del ejercicio de la vanguardia.

De ahí nace la necesidad de los dirigentes y líderes, muchos de ellos “declarados en

comisión”, gozando de la confianza de las bases, consultando permanentemente a través

de las reuniones, asambleas, ampliados y congresos, con apoyo y asesoramiento técnico,

social, económico y político. Pero la unidad, la fuerza, la capacidad de acción y movilización,

es de la clase obrera, y por ese rol, la clase obrera minera logró el reconocimiento histórico

de “vanguardia social y política” de todos los trabajadores bolivianos.

La teoría de la vanguardia

La lucha de clases se realiza entre dos clases fundamentales y antagónicas: en el esclavismo


fueron las clases de esclavistas y esclavos; en el feudalismo fue entre los señores feudales

y los siervos (derivado de servidumbre); y en el capitalismo las clases fundamentales y


antagónicas son el proletariado y la burguesía o entre los capitalistas y la clase obrera.

Por estas luchas económicas, sociales y políticas en los diferentes períodos del desarrollo de la
humanidad, los teóricos llegaron a afirmar que “la lucha de clases es el motor de la historia”.3
Y la historia parece confirmar esta teoría.

Si la lucha de clases, entre las clases sociales fundamentales de los períodos de desarrollo de la
humanidad, es el motor de la historia de toda la humanidad, después de la comunidad
primitiva (donde no había clases sociales), esta lucha involucra a toda la humanidad sin excluir
a ningún sector social o clase social declinante o emergente y su objetivo es retornar a la
sociedad sin clases, por eso la teoría lleva el epígrafe de comunista, derivado de la
COMUNIDAD PRIMITIVA por el intento Con Carlos Marx a la cabeza, afirmaron que la “lucha de
clases es el motor de la historia” frase con la que comienza el Manifiesto Comunista de 1848.

de suprimir las clases sociales, buscar la igualdad entre todos los seres humanos como fue en
ese período conocido como del COMUNISMO PRIMITIVO.

La vanguardia en la lucha de clases

La vanguardia indiscutible para el surgimiento del capitalismo de las entrañas del feudalismo,
fue la burguesía (del alemán burgo = ciudad; los patrones viven en las ciudades). Y la
vanguardia para superar el capitalismo es la nueva clase que surge del capitalismo mismo
como su contradicción que es la clase obrera. Esta es la teoría. En la práctica, muchos
abanderados con la ideología de la clase obrera, movimientos sociales, partidos políticos y
líderes, en nombre de la clase obrera, lograron derrotar al capitalismo e iniciar procesos de
liberación nacional, de democracias participativas o de socialismo. Sin embargo, en la teoría y
en la práctica, hay distorsiones y desviaciones.

Problemas en la teoría:

Los problemas teóricos más recurrentes en la lucha de clases y en las luchas políticas, son:

- El obrerismo, cuando LOS OBREROS SOLOS, sin aliados, pretenden liderizar los procesos
revolucionarios. Así las clases sociales desarrollan estrategias y tácticas y adecúan sus formas
de lucha en cada período histórico inclusive en cada coyuntura y momento. Toda estrategia,
táctica y formas de lucha, llevan implícito o explícito el sello de la clase social que la desarrolla.
- El populismo, cuando A NOMBRE DEL PUEBLO desplaza o evita parcializarse con la clase
obrera o con algún otro sector social para encarar las luchas políticas.

- El nacionalismo popular, CUANDO EN NOMBRE DE LA NACIÓN y del pueblo, los movimientos


nacionalistas se ponen por encima de las clases sociales y solamente buscan el fortalecimiento

de la nación como conjunto. Y los problemas de la práctica, más conocidos son:

- La participación obrera en funciones de Gobierno.- La clase obrera como tal, no participa


directamente en funciones y actividades de Gobierno, sino a través de algunos representantes

y/o “identificados ideológicamente” con la clase obrera.

-La confianza y la relación orgánica.

- Los representantes y/o identificados, inicialmente gozan de la confianza, pero a la postre,

por no ser obreros, pierden la relación orgánica con la clase y pierden la confianza de la clase.
La clase los acusa de “buró-cratas”, “vendidos”, “traidores”, etc., etc.

- Las revoluciones truncadas.- Cuando los procesos rompen las alianzas o pactos, cuando los
bloques sociales se debilitan, los procesos terminan en derrotas frente al enemigo de clase;

y así los ciclos de subida y bajada se repiten casi siempre sin cumplir los objetivos estratégicos.
(Casos nacionalismo en Bolivia; populismo en Argentina; socialismo en la ex URSS y otros).

4. LA RECUPERACIÓN DEL ROL DE VANGUARDIA

Desde que empezó a resurgir el sindicalismo minero a partir de la reactivación minera durante
los años 2003-2005, su principal tarea fue recuperar la importancia social y política, puesto
que la importancia económica está en la misma reactivación de la minería.

De la vanguardia social a la vanguardia política

Esta estrategia está expresada en el segundo punto, sección Política Nacional de la Plataforma
de Lucha del XXXI del Congreso Nacional Minero Ordinario, que dice:

“2. Conformación del Instrumento Político de los Trabajadores como organización política para
ejecutar la propuesta histórica y revolucionaria del pueblo boliviano”4

Para este objetivo en un reciente Ampliado de la COB de 2012,5 se conformó una Comisión de
Organización del Instrumento Político de los Trabajadores (IPT) encabezada por el Secretario
Ejecutivo de la COB, c. Juan Carlos Trujillo quien es trabajador de la Empresa Minera de

Huanuni.

Las justificaciones para estas determinaciones fue el recuperar el rol de vanguardia pero esta

vez enfatizando en la vanguardia política, para “ejecutar la propuesta histórica y


revolucionaria” el socialismo, reiterada en sendos Congresos de la FSTMB y de la COB,
planteado por primera vez en el Congreso de la FSTMB realizado en Telamayu el año 1946.

Antecedentes de participación política de los trabajadores:

- La Central Obrera Boliviana (COB), conformó el Cogobierno en el primer período de la


Revolución Nacional de 1952 a 1956.
- Juan Lechín y sus seguidores, en 1960, intentaron conformar una alternativa de poder que
denominaron Partido Revolucionario de Izquierda Nacional (PRIN).

- Como el PRIN no logró su objetivo, se buscaron otras opciones. En la teorización (Filemón


Escobar fue el más claro en esto), fue que la COB misma era “el instrumento de poder” y que
no requería otro instrumento diferente. Los partidos políticos de izquierda, todos, rechazaron
la idea como “anarcosindicalista”.

- El General Juan José Torrez, en 1970, ofreció un nuevo Cogobierno a la COB que ésta
desaprovechó por debatir dos días sobre el tema, y cuando aceptó y comunicó a Torrez la
decisión, éste les respondió que NO porque la situación de aquellos días “no podía esperar
tanto”.

- Finalmente, el Partido OBRERO Revolucionario (POR), que teóricamente ha sido invariable en


sostener la tesis de que el Partido Obrero ya existe, sostuvo que no ha tomado el poder en
momentos de insurgencia porque “las masas no están a la altura del Partido” (reiterado por
Guillermo Lora en los cursos de formación ideológica que daba a sus seguidores).

CONCLUSIONES:

1. El sindicalismo en Bolivia está en fase de reorganización y refortalecimiento luego de la


arremetida del neoliberalismo en 1985 a 2005.

2, El objetivo principal en este período de reorganización, es el de recuperar el rol de


vanguardia social y política, para lo cual se ha propuesto conformar su Partido Político propio
denominado Instrumento Político de los Trabajadores (IPT) para luchar por el socialismo.

3. Organizar por organizar el partido o instrumento, no será gran problema; pero de ahí a ser la
vanguardia, muchos se aplazaron en el intento.

4. En las alianzas políticas, el sindicalismo y su IPT, tendrá que buscar aliados en otros sectores,
porque la lucha política es por la emancipación de toda la sociedad, no solamente para la clase
obrera.

5. Si la clase obrera actualmente no tiene unidad ideológica y lo que la mantiene unida es la


lucha reivindicativa, una prioridad sería dotarse de una ideología porque “sin ideología
revolucionaria, no hay revolución”; y solamente esta discusión ideológica demoraría mucho

tiempo. Con ideología unitaria ya se podría encarar el Programa con el diseño de Estado que se
propondría a la ciudadanía y a toda la sociedad boliviana.

6. Con los dos elementos básicos: ideología y programa, se garantizaría la unidad de acción
para que no suceda lo que ahora donde las contradicciones internas en los movimientos
sociales, amenazan con el estancamiento del proceso, inclusive su retroceso.

7. Y el liderazgo, individual y colectivo de la clase obrera, tendría que ser nacional o


plurinacional para todo el Estado boliviano, para que el IPT como representante orgánico de la
clase obrera, sea garantía de unidad de todo el pueblo.
La descolonización
La descolonización para ser tal debe ser contemporánea. Ser contemporáneos significa
manejarse en las condiciones actuales. Los jóvenes, al mismo tiempo, muchas veces consolidan
el pensamiento poscolonial retrógrado, que fosiliza al indio en la imagen que de él se hace el
colonizador “liberador” y de “buena voluntad” que habla por el colonizado y lo diseña a su
plena voluntad.

En ese proceso, conviene recordar que el dominado sea exótico y radicalmente diferente, de
tal manera que esa “otredad” le impida el manejo de los mecanismos de poder y de control de
la sociedad. Por eso, para el pensamiento poscolonial el indio no puede ser concebido como
un administrador o un estadista, entonces se dice que horror, se contaminaría con la
modernidad como un personaje de feria. Sin embargo, la autodeterminación no es asunto de
jolgorio ni de comediantes, sino de manejo de lo que existe realmente en cada uno de
nuestros territorios dentro del Estado Plurinacinal.

Hablar de descolonización en estos tiempos es una tarea urgente y compleja de de-


construcción y construcción de viejas y nuevas visiones; en esta ocasión, queremos partir de
un contexto necesario, centrándonos en la perspectiva constitucionalista y asumiendo que el
catálogo de derechos, deberes y garantías para las mujeres representa una condición de
posibilidad para la despatriarcalización, para la generación y construcción de oportunidades e
igualdad de, de igual manera que se percibe la necesidad de trascender el adultocentrismo. En
este contexto desde la consolidación de la Constitución Política de Estado en 2009 se comienza
a construir esa sociedad deseada.

Bolivia es claramente una sociedad conservadora, racial, patriarcal y sobre todo


adultocéntrica; ejemplos de esto los vemos a lo largo y ancho de 180 años de gobierno por
hombres, adultos y de clase dominante.

Uno de los fines y funciones esenciales del Estado Plurinacional, es construir una sociedad
justa y armoniosa, cimentada en la descolonización y la despatriarcalización, sin discriminación
ni explotación, con plena justicia social, para consolidar las identidades plurinacionales.

Desde el punto de vista histórico y político, la colonización, tiene dos caras. Por una parte, se
refiere al hecho histórico de la invasión española que cortó el desarrollo histórico de los
pueblos originarios de América, lo cual todos conocemos, sabemos y creemos. Por otra parte,
se puede decir que el colonialismo se basa en la explotación y subordinación de los pueblos
indígenas y campesinos, hacia las clases criollas, cuyas expresiones se mantienen hasta hoy
con el nombre de colonialismo interno. El colonialismo interno podemos definirlo,
fundamentalmente, como la reproducción de las relaciones de explotación, discriminación,
racismo y dominación en condiciones modernas postcoloniales o republicanas. Para los
pueblos indígenas, el colonialismo interno ha tenido y tiene efectos negativos en su identidad,
la propiedad y control de sus territorios, el uso de su lengua, sus instituciones políticas y
sociales, sus formas de organización, tradiciones, prácticas religiosas y valores culturales.

" Para incorporar la diversidad se puede comprender la descolonización donde se luchó años
tras años. Indispensablemente, las movilizaciones sociales de esta última década, así como la
memoria de anteriores insurrecciones populares e indígenas producidas a lo largo de los
momentos coloniales y republicanos de nuestra historia "

Los efectos del colonialismo durante aproximadamente 517 años de oscuridad, odio, racismo,
discriminación e individualismo, son inimaginables. El colonialismo quería hacer desaparecer a
los pueblos indígenas, los idiomas, las culturas, las espiritualidades, en fin, a nuestras raíces;
esta intencionalidad persistente y obstinada aún es observable a pesar de que hoy en día
existe un marco normativo que condena la discriminación (Ley 045). Dichos sectores son
obstinados en su intención de querer destruir, maltratar, discriminar y sobre todo generar odio
entre nuestros pueblos entre nuestros ciudadanos, por tanto nos falta construir y avanzar en la
consolidación de la descolonización.

Desde la consolidación del Estado Plurinacional comenzamos la experiencia de la


descolonización; hace siete años sin ninguna institucionalidad, teníamos que inspirarnos en la
imagen de nuestros antepasados sometidos y esclavizados por los supuestos dueños o
poderosos de la sociedad, causando la lucha y la muerte de millones de indios. El inicio de la
descolonización a partir de la despatriarcalización, la lucha contra el racismo y toda forma de
discriminación, nos permite comprender que la descolonización es perder el miedo, ir adonde
no se atrevieron nuestras acomplejadas clases dominantes, y hacer el país un país soberano y
perder el miedo es parte del proceso de transición, como diría Félix Cárdenas.

Para incorporar la diversidad se puede comprender la descolonización donde se luchó años


tras años. Indispensablemente, las movilizaciones sociales de esta última década, así como la
memoria de anteriores insurrecciones populares e indígenas producidas a lo largo de los
momentos coloniales y republicanos de nuestra historia, han dado lugar a una diversidad de
actores y horizontes que emergen en la actualidad para participar, disputar y reorientar el
sentido de lo que ahora vivimos con el nombre de “proceso de cambio”. De esa manera,
debemos pensar y practicar la descolonización en un marco intercultural que implica
necesariamente asumir la complejidad y diversidad de voces que es real y no artificial en
Bolivia, con proyectos y lugares producidos por la reacción social frente a los núcleos de
desigualdad existentes en nuestra patria.

No existe una sola aproximación a la palabra descolonización. Los diferentes acercamientos


podrían ser divididos en dos grandes grupos. El primero está formado por personas que miran
tal término a través de miradas más subjetivas y el segundo está integrado por quienes
observan desde el sentido académicos.

En un sentido amplio del concepto de descolonización, es el proceso mediante el cual una


población accede a la independencia de los pueblos y territorios sometidos a dominación
política, social y económica por parte de potencias extrañas, se trata de un proceso opuesto al
colonialismo. Es decir, es un proceso político mediante el cual una colonia se libera de su
metrópolis y que con frecuencia involucra la violencia.

Descolonizar es un proceso de liberación del pensar, sentir y conocer de los pueblos


colonizados, aún vigentes. Nuestro sentido de vida debe ser desarmar las estructuras
coloniales de desigualdad y de discriminación instauradas desde la colonización y que se
mantienen en nuestras entrañas sociales, puede ser de carácter económico, político, militar,
cultural, o se presentan de otras manifestaciones.

Nuestra la lucha contra el racismo y toda forma de discriminación, debe ser consiente para que
la ciudadanía no se defina nunca más a partir del color de la piel, de los apellidos compuestos,
de las etiquetas; aspiramos que todos y todas veamos con naturalidad cuestiones que antes
nos indignaba, por ejemplo matrimonios colectivos, relaciones homosexuales, en otras
palabras deseamos que toda la sociedad transforme la información de la teoría moral en
práctica cultural.
DEMOCRACIA INTERCULTURAL
¿Qué es la DEMOCRACIA INTERCULTURAL?

Es el ejercicio complementario y en igualdad de condiciones de diversas formas, concepciones,


saberes y prácticas democráticas reconocidas constitucionalmente en el Estado Plurinacional
de Bolivia.

De acuerdo a la Constitución Política del Estado y la Ley 026 del Régimen Electoral, el pueblo
soberano expresa su voluntad para la formación, ejercicio y control del poder público, para
deliberar y decidir políticas públicas, controlar la gestión pública, autogobernarse y para
revocar autoridades y representantes del Estado Plurinacional mediante el ejercicio de las tres
formas de democracia que sustentan la Democracia Intercultural, de manera complementaria
y en igualdad de condiciones:

1. Democracia Representativa

Se ejerce mediante la elección de autoridades y representantes de los diferentes niveles del


Estado Plurinacional por voto universal, directo y secreto.

Elecciones nacionales y subnacionales

Elección de autoridades judiciales

Elecciones de cooperativas de servicios públicos

2. Democracia Directa y Participativa

Se ejercita a través del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la revocatoria de mandato,


la asamblea, el cabildo y la consulta previa.

Referendos constitucionales, revocatoria de mandato y de límites

Referendos autonómicos

Consulta previa

Asambleas y cabildos
3. Democracia Comunitaria

Se practica mediante la elección, designación o nominación de autoridades y representantes,


el autogobierno, la deliberación y el ejercicio de derechos colectivos de naciones y pueblos
indígena originario campesinos, según normas y procedimientos propios.

– Elección de asambleístas indígenas departamentales

– Acceso a las Autonomías Indígena Originario Campesinas (AIOC) vía municipio o región

– Acceso a las Autonomías Indígena Originario Campesinas (AIOC) vía territorio)

Democracia Paritaria

Una democracia que articula la interculturalidad y la paridad constituye una respuesta al


sexismo y al racismo, que son expresiones estructurales de las relaciones de dominación
patriarcal y colonial que han configurado una estructura jerárquica en la sociedad boliviana. Es
una respuesta a los colectivos sociales subordinados en el sistema político en una perspectiva
de construir una sociedad democrática.

La interculturalidad y la paridad redefinen la democracia y la política desde una nueva


perspectiva de construcción de la igualdad como fundamento democrático básico y de un
nuevo modelo de sociedad condensado en la Democracia Intercultural y Paritaria que tiende al
perfeccionamiento de la democracia, al cuestionar la lógica unitaria y poner en la agenda
democrática la necesidad de construir una nueva institucionalidad que represente la
diversidad social y cultural, la igualdad política y reconozca nuevas formas de relación entre
Estado y sociedad.
EL PATRIARCALISMO Y EL RACISMO
Patriarcalismo
Lo del Patriarcalismo es un tema delicado ya que se corre el riesgo de ser atacado
impunemente. No obstante se lo debe asumir con todas las consecuencias que posea. El
concepto de "patriarcalismo" nace en la vorágine de la civilización, surge en la idea de que el
hombre es malo por naturaleza y se ratifica en su "machismo", el que paradójicamente tiene
contenido materno, en la circunstancia de que dominó a la mujer y aprendió a sujetarla. Puede
ser cierto, quizás también, pero la afirmación provoca dudas razonables que podrían radicarse
en lo siguiente:

El hombre nace de la mujer.

Sus primeras impresiones nacen en la Madre, la que le da de lactar y le nutre cada día.

La Madre define sus actitudes y presencia, más que el Padre.

Y, además:

La hembra, en el sentido animal, en la Naturaleza guía al macho -en la abrumadora mayoría de


las especies-, las manadas de lobas lo demuestran.

Las leonas cazan, el macho come.

Las osas paren y protegen a sus cachorros hasta que sean autosuficientes.

Las fundamentadoras del feminismo radical incurren en una serie de tergiversaciones que
desembocan en "odiar al hombre per se", desconociendo el dominio de la mujer en la
sociedad. No es necesario mencionarlas directamente, a pesar de que escriben en los diarios
"Página Siete" y "La Razón". Lo cierto, y que ellas ratifican, es que existen hombres malos –
también mujeres-, las y los que se ocultan en una supuesta superioridad de género.
En realidad la maldad es innata en los seres humanos, las encuestas demuestran que el
maltrato infantil es común a las mujeres y la violencia no está alejada de ellas, ya sea por su
estrés innato o por su incapacidad de traducir problemas en soluciones pragmáticas.

Ciertamente, los temas de género deberían entenderse filosóficamente: "Respirar 10 segundos


y abrazar a la pareja". Después es necesario abrirse mentalmente en la conciencia. Pero, la
contradicción mujer-hombre no se disuelve solamente en este elemento importante, pero no
decisivo. En términos sociológicos la mujer se enfrenta al hombre para optimizar los supuestos
de la relación de pareja. Es una lucha continua que tiene objetivos definidos.

El hombre tiende, por la influencia de la Madre, a ser superior, no en vano ella le dice cuando
se cae "machito, machito". Su progenitora no toleraría que sea manejado por la pareja. Y si en
su arrebato de rebeldía, la del hombre, grita o golpea "entonces es machista". Y si se somete
cae en la condición de "mandarina". Igual es culpable.

Lo que omiten "las especialistas de género" es que a priori no hay hombres malos o mujeres
malas. O nacen o se construyen. Y estos especímenes se recrean en la historia. La perversidad
tiene que ver con la naturaleza humana, no de género o sexo. Y, para peor, a título de
igualdad, se incorporan mujeres mediocres a los ministerios del "Gobierno del cambio"
solamente para cubrir un porcentaje, una cuota política del 50%.

Estamos acostumbrados a semejantes aberraciones. Que hay mujeres inteligentes las hay y
exclusivamente se debe posesionarlas en cargos importantes, para ejemplo histórico está
Juana Azurduy de Padilla, la Guerrillera de Latinoamérica.

Racismo
Decir camba de m… o colla de m…no es racismo, es un insulto; pero pretender que una raza
sea superior a otra e imponer su hegemonía, es racismo. Cuando se inició el gobierno del
MAS proclamaban que los indígenas eran la reserva moral de Bolivia y por lo tanto harían el
mejor gobierno; pusieron de moda el “Ama Sua, Ama Llulla y Ama Quella” como código de
Ética que ellos fueron los primeros en violar. Lo saludable es actuar como sociedad y no como
raza.

Luego de la invasión a la capital del departamento Pando, Cobija, se trasplantó gente de otras
regiones, que no es lo mismo que migrar, se irrespetó la intraculturalidad y se dañó su
identidad. ¿Qué se entiende por intraculturalidad según este gobierno? “La intraculturalidad
promueve la recuperación, fortalecimiento, desarrollo y cohesión al interior de las culturas…”.
Con este hecho, no se recuperó, no se fortaleció, no se desarrolló y no se cohesionó la cultura
y la identidad de Pando, por el contrario se la avasalló, se la aplastó.
Vi con decepción como en los aniversarios de Santa Cruz y el Beni el pasado año, 2017, las
principales autoridades del país, los señores presidente y vicepresidente, iniciaron los festejos
a primeras horas de la mañana con rituales andinos y el ícono para el aniversario de Pando era
una cholita vestida de verde y blanco. ¿Qué pasó con el tipoi?

Con mucho agrado observamos que gente del Occidente celebra a lo grande su aniversario
departamental en Santa Cruz de la Sierra luciendo su cultura, incluso cerrando alguna
importante avenida durante varias horas. Se puede observar jóvenes en los parques
ensayando “Caporales”. Me alegra ver que Santa Cruz sea un crisol de nuestra nacionalidad.
Según una encuesta, los campesinos chuquisaqueños que emigran tienen preferencia por este
departamento.

Para preservar a un país, sus habitantes tienen que tolerarse y respetarse. Entendiéndose que
“La tolerancia es un valor moral que implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas,
prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras”
y respeto es «la consideración y valoración especial que se le tiene a alguien o a algo, al que se
le reconoce valor social o especial diferencia».

Somos testigos del reclamo que hace una región de España, Cataluña, pidiendo su
independencia argumentando diferencias que son muy pequeñas si las comparamos con las
nuestras, entre el Occidente y Oriente de Bolivia. Hemos visto la desintegración de la ex
Yugoslavia ocasionada porque los serbios pretendían imponer su hegemonía sobre los croatas,
bosnios, montenegrinos y otros. Esas lecciones sería saludable que las aprendamos.

“Bolivia es lo mejor que tenemos”, decía un ex presidente y lo creo así. La unidad nacional se
cultiva no se la destruye. La diversidad cultural es una gran fortaleza en una sociedad que
practica el pluralismo político.

Las actitudes del Sr. Presidente y el Sr. Vicepresidente son la aplicación de una estrategia
suicida, perfecta para destruir a Bolivia: fomentar el odio y la división constantemente, en una
sociedad marcadamente diferente donde la gran mayoría es pobre.

¿Cómo es que tenemos estos gobernantes? ¿Qué nos pasó?