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"Una vez más, y siempre, el libro", por Umberto Eco
 publicado Febrero 22, 2016
Por Umberto Eco
 
 A pocos dias de su muerte, compartimos un breve art 
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culo period 
í 
stico en el que Umberto Eco realiza una defensa cerrada del libro y sus variantes frente a quienes plantearon -y plantean- su desaparici
ó
n. El texto tiene varios a
ñ
os, pero sus argumentos centrales a
ú
n son v
á
lidos.
 D
í
as atr
á
s, haciendo distra
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damente zapping, di con un canal donde estaban pasando una suerte de spot o de anuncio de una transmisi
ó
n por venir. Se estaba publicitando los prodigios del CD-ROM, o sea eos disquitos, hipermediales que nos pueden dar el equivalente de toda una enciclopedia, con colores, sonidos y posibilidades de instant
á
neas uniones entre tema y tema. Como estoy haciendo alguna experiencia en este campo, y por lo tanto conoc
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a el argumento, lo segu
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a distra
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damente. Hasta que, en determinado momento, o
í
 incluso mi nombre: se estaba diciendo que yo afirmar
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a que esos disquitos sustituir
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an definitivamente a los libros. Nadie, a menos que sea un paranoico, puede pretender que los otros lean todo lo que se escribe, pero al menos puede esperar que no le hagan decir lo contrario, especialmente si lo est
á
n usando il
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citamente, como testimonio de alguna cosa. Es un hecho que voy repitiendo a los cuatro  vientos, que el CD-ROM no podr
á
 sustituir al libro. O quien hizo ese texto es un cretino o es un mentiroso. No hay otras posibilidades. En todo caso habr
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a que haber esterilizado a sus padres a tiempo; ahora es demasiado tarde. Hay dos tipos de libros: los que sirven para consultar y los que sirven para leer. Los primeros (el prototipo es la gu
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a telef 
ó
nica, pero se extiende a los diccionarios y a las enciclopedias) ocupan demasiado lugar en la casa, son dif 
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ciles de manejar y costosos. Ellos podr
á
n ser sustituidos por discos multimediales, as
í
 habr
á
 m
á
s espacio en la casa y en las bibliotecas para los libros que sirven para leer (que van desde la Divina Comedia hasta el
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ltimo policial). Los libros para leer no podr
á
n ser sustituidos por ning
ú
n artefacto electr
ó
nico. Est
á
n hechos para ser tomados en la mano, llevarlos a la cama, o en un barco, aun all
í
 donde no hay pilas el
é
ctricas, incluso donde y cuando cualquier bateria est
á
 descargada, pueden ser subrayados, soportan marcas, se
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alalibros, pueden dejarse caer en el piso o sobre las rodillas cuando nos sorprende el sue
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o; van en el bolsillo, se ajan, asumen una fisonom
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a indiviudal seg
ú
n la intensidad y asiduidad de nuestras lecturas, nos recuerdan (si se ven demasiado frescos y lisos) que todav 
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a no los hemos tocado; se leen poniendo la cabeza como queremos nosotros, sin imponernos una lectura fija y tensa de la pantalla de una computadora, muy amigable en todo excepto para las cervicales. Prueben leer toda La Divina Comedia, aunque m
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s no sea una hora por d
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a, en una computadora, y despu
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s me lo cuentan. Un libro para leer pertenece a esos milagros de una tecnolog
í
a eterna de la cual forman parte la rueda, el cuchillo, la cuchara, el martillo, la cacerola, la bicicleta. El cuchillo fue inventado muy pronto, la bicicleta mucho m
á
s tarde. Pero por m
á
s que los dise
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adores se afanen, modificando alguna particularidad, la esencia del cuchillo es siempre la misma. Hay m
á
quinas que sustituyen
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