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Debido al descontento por la forma como se manejaba las FF.

AA y al autogolpe de
Fujimori del 5 de abril de 1992(decisión que no tuvo la aprobación del Comando
Conjunto, de los oficiales generales, sino sólo de un pequeño grupo que convocó
a la alta oficialidad a una reunión, donde el expositor fue Vladimiro Montesinos
(argumentando la urgencia de combatir la subversión)), el 13 de noviembre, el
general Salinas Sedó junto con un grupo de oficiales quisieron realizar una
insurrección, descontentos y humillados porque el general Hermoza les ordenó
conseguir firmas para la Asamblea Constituyente en favor de Jaime Yoshiyama.
No hallando otra alternativa para detener a la dictadura. Todos estaban de
acuerdo en ejercer el derecho de insurgencia consagrado en la Constitución de
1979. Era la oportunidad del golpe. Fujimori tan sólo era respaldado por un grupo
del SIN y Montesinos.

Falla la insurrección teniéndolo todo planificado, contando con el apoyo de las


FF.AA. Hubo un soplo. El jefe del batallón de tanques, el comandante Moyano,
tuvo temor y le contó todo lo que pasaba al entonces jefe de la división blindada,
general César Saucedo.
Personalmente hablé con altos oficiales. La Marina estaba comprometida, así
como la FAP, este tenía su plan: Fujimori quedaría detenido en la Base de Pisco,
luego se capturaba a Hermoza y a Montesinos.
El plan era capturar a Fujimori. Nunca se le ocurrió a los insurgentes que fuera
a refugiarse en la residencia del embajador japonés.

El general no se arrepiente de sus actos. Estando en prisión aprendió bastante.


Ese 13 de noviembre "Tuto" Pérez intentó matarlo. Todo por quiso recuperar el
orden constitucional.

Salinas y sus aliados buscaban detener a Fujimori y Hermoza Ríos, y “eliminar”


a Montesinos, con el propósito de reinstaurar el Congreso y que el entonces
vicepresidente, Máximo San Román, asumiera las funciones de jefe de Estado,
hasta que se convocara a nuevas elecciones.

Los planes de Salinas fracasaron y fue detenido la tarde del 13 de noviembre


de 1992, luego de ser perseguido a balazos por el general Pérez Documet. Con
sus cómplices fue recluido en la División de Fuerzas Especiales del Ejército.
Después los llevaron a los sótanos del SIN para interrogarlos.

Salinas, luego del secuestro, fue recluido en el cuartel del Real Felipe, donde
estuvo por casi tres años. El régimen de entonces lo acusó, entre otros delitos,
de rebelión.

La fiscalía, en el año 2016, en su acusación a Fujimori de 20 años de prision,


dice que los detenidos fueron llevados ilegalmente a una dependencia que no
era la judicial. También que fueron privados de su libertad por diez días. Además,
que estuvieron prohibidos de comunicarse con sus familiares y que algunos
fueron torturados.