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Neoliberalismo y Aparato Psíquico: “La

libertad me esclaviza”
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Isabel Lucioni

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A 116 años del comienzo de la maduración del psicoanálisis, Freud sigue siendo un conjunto
informe de citas y textos; el movimiento psicoanalítico no ha logrado integrar su teoría en un
paradigma organizado y organizador de posteriores “aportes”; y no hablemos de presuntas
reorganizaciones que han terminado de hundir al fundador en el olvido. Pocos admiten que las dos
tópicas históricas se interpenetran en una sola: El Aparato Psíquico, que es el articulador simbólico-
afectivo entre lo biológico y lo histórico cultural. “Psicología de la Masas” es claro en decir que el
psicoanálisis es por derecho y de hecho “una psicología social”, sin sociologismos, psicologismos,
ni biologismos: Hipercomplejidad. Este es el gran motivo de la resistencia permanente a Freud: fue
un pionero de las epistemologías de la hipercomplejidad. Pensar complejo cansa. Salvo que se
repita lo que no se entiende.
Muchos psicoanalistas también consideran “los escritos sociales” como un aditamento que Freud
hubiera escrito para mayor cultura de sus seguidores; se dan como seminarios aparte sin
relacionarlos con la ontogénesis ni las tópicas, algunos estudiantes los hacen y otros no. “Moisés y
el Monoteísmo” plantea claramente la historicidad del Aparato Psíquico, el Superyó Cultural
cambia y, por lo tanto, los Superyoes individuales cambian con los cambios histórico-culturales,
ergo, cambian el Yo Realidad Definitivo y si estos cambian, lo hacen el esfuerzo y la calidad de la
Represión Primaria o la Censura entre sistemas…, por lo tanto, cambia el Ello-Inc.
Tampoco quiere decir esto, como me enseñaron apenas entré en la facultad, que no existe una
“naturaleza humana” porque los cambios culturales nos hacen “taaan variables” que cada
individualidad cultural es incomparable y todas “igualmente valiosas”. Si no hubieran cambios no
estaría escribiendo esto, pero también hay permanencias.
Muchos psicoanalistas también consideran “los escritos sociales” como un aditamento
que Freud hubiera escrito para mayor cultura de sus seguidores

Liberalismo, neoliberalismo es una de las maneras de mencionar al capitalismo, cuando se lo


antecede con “neo” nos estamos refiriendo al capitalismo posfordista o de industrialización cada
vez más robotizada, a predominio financiero con libre circulación cibernética del capital
globalizado y el causante inmediato de la crisis de 2008, la cual le dio otro golpe de gracia a los
estados de Bienestar, en Europa y al “sueño americano” de EE.UU. máximos logros sociales del
capitalismo, pero que comenzaron a caer con la revolución justamente neoconservadora-neoliberal
Reagan-Thatcher y aquí con Menem.
El capitalismo nace unido a la idea de libertad, es creativo, busca el negocio, es inventor de
mercancías, de máquinas e, implícitamente, de libertad. En muchos aspectos la libertad es buena y
una capacidad sumamente disfrutable de enormes sentidos; pero si bien el capitalismo no acepta la
esclavitud legal y tuvo una guerra contra ella en EE.UU., todo el mundo sabe que era el
antiesclavismo del Norte industrial contra el esclavismo del sur algodonero. El capitalismo necesita
la “libertad” del contrato de trabajo entre dos actores “libres”, es decir, que sean libres las gallinas y
los zorros al contratar, aunque también hay contratos entre gallinas y gallinas. Por supuesto que hay
genios de la empresa que arriesgaron hasta sus vidas para enriquecerse y creo que algunos son
genios para descubrir un negocio, como otros para descubrir una vacuna. El Problema es que es un
sistema productivo que tiene como objetivo inherente la ganancia, por lo tanto, la reproducción y
acumulación inherente del capital y, como consecuencia, producción inherente de desigualdad
social. “La plata llama a la plata” decían mis abuelos, sin haber leído a Marx y muchos años antes
de que yo pudiera leerlo. Sólo basta observar la desaparición de los negocios “chicos” a favor de los
grandes emporios por más leyes antimonopólicas y de defensa de la competencia que se hayan
firmado hace añares. La competitividad necesita la libertad para acumular. “Competitividad” es una
forma elegante de mencionar la necesidad del capital de achicar el “gasto” del trabajo, de ahí la
tendencia ineludible a la robotización, es más eficiente obviamente. Esto es irrefrenable.
Hay un pequeño libro genial que muestra con todo detalle la formación de la mentalidad burguesa,
la que alumbrará la mente capitalista, el librito es de un historiador: José Luis Romero. De ésta y
más fuentes se deduce que los hombres crean los sistemas económicos sabiendo que hacen
operaciones nuevas, pero sin saber que formarán un sistema económico, éstos se forman
inconcientemente (inconciente descriptivo, es decir, desconocido, no reprimido) y los sistemas
económicos retroaccionan sobre las mentes de maneras también desconocidas por sus sujetos,
produciendo transformaciones en sus valores, o sea, el Superyó, creando valores nuevos y
novedosas significaciones en sus sentidos de realidad, o sea, en el Yo; en consecuencia, cambia su
Examen de Realidad y la regulación de sus pulsiones ,es decir, modifica la calidad de la Represión
Primaria que, como Censura, vela por la diferenciación entre el Ello-Inc y las Instancias
Secundarias: Yo de Realidad Definitivo y el Superyó.
Liberalismo, neoliberalismo es una de las maneras de mencionar al capitalismo

Tampoco es lo mismo tener la cabeza llena de música electrónica que tararear Mozart como
musiquilla popular. No sé exactamente cómo, pero la música y los perfumes pasan casi sin
mediación a impactar los sistemas emocionales del cerebro asumidos por el Aparato Psíquico.
No tomo al capitalismo como el único monstruo que parió la historia, como aludí antes, no es peor
que el esclavismo o el feudalismo contra el cual triunfó. Ya las primeras acumulaciones de
excedente económico motivaban el amurallamiento de los asentamientos iniciales, después, el de las
primeras ciudades, donde a pesar de las rapiñas recíprocas se iban fundando poco a poco
civilizaciones prósperas, cada una con su ejército y su aristocracia correspondientes, poseyendo y
defendiendo la acumulación de excedente de riqueza producida. Luego las civilizaciones que
podían, daban rienda suelta a sus ansias expansionistas e imperialistas correspondientes, también.
Por eso, como lectora aficionada a la historia, ya pensaba en la facultad que algo permanece en el
ser humano a pesar de los evidentes cambios civilizatorios. Freud me explicó después: unas
dialécticas permanentes entre Eros y Muerte, o sea Construcción y Destrucción, libido narcisista y
libido objetal, pulsiones e Instancias secundarias. Fueron imperialistas hititas, egipcios, fenicios,
griegos, persas, macedonios, los inefables romanos, moros y cristianos, vikingos y...y...muchísimo
mas ¿algo permanece, no? Además de hacer cosas muy hermosas y muy variadas.
Los sistemas económicos retroaccionan sobre las mentes de maneras también
desconocidas por sus sujetos, produciendo transformaciones en sus valores o sea el
Superyó

Cuando ya me extrañaba de que no nos hubiéramos apaleado entre los paleolíticos, los
paleontólogos acaban de descubrir en África una masacre de aquéllas épocas en la cual una de la
víctimas es una embarazada de 16 años, no tengo la referencia exacta, pero salió en todos los
diarios. Esto está junto al hecho innegable de que la cooperación nos ha hecho una especie
poderosa...y una gran depredadora.
Pero volviendo al capitalismo: necesitó libertad de pensamiento, creatividad, revoluciones científico
técnicas, exudó creatividad, individuación, pero también individualismo, los dos primeros van muy
relacionados y el individualismo lo está con la codicia. La individuación significa que cada vez se
pauta menos cómo debes ser, tener libertad sobre cómo sublimar tus pulsiones, eso indudablemente
es una gracia, pero el desatar anárquico pulsional y narcisista primario y la casi legalización de la
codicia, es un mal social e individual. La producción imparable de mercancías y de consumos torna
al capitalismo -sobre todo en su forma actual neoliberal- en la sociedad del deseo. Deseo de
mercancías y consumos, entre ellos, el sexo se torna un consumo mas ¡Tanto que luchó Freud contra
el exceso de represión sobre los deseos sexuales! ¡Si viera ahora esta sociedad donde se estimula a
cada cual a revisar su ombligo a ver si de cada pliegue del mismo puede arrancar un orgasmo! ...y
luego contarlo en un programa de televisión, claro ¡así gozamos todos como voyeurs y levantamos
rating! que favorece a los anunciantes para que produzcan ventas, que favorezcan negocios que
crean más mercancías y consumos... más libertad, transformada en libertinaje, o sea, sin reglas, con
claudicación del Superyó, de los valores elaborados éticamente, los cuales implican siempre
restricciones de las pulsiones sexual-agresivas parciales, a favor de presuntos valores que son en
realidad la expresión misma de esas tendencias pulsionales sexual-agresivas parciales. ¿Ejemplos?
Aunque no de derecho, pero sí de hecho, libertad de circulación de drogas, gran negocio de trata de
personas, circulación de armas, libertad sostenida por derecho en EEUU, facilismo educativo,
abolicionismo del castigo criminal. El presunto levantamiento antiestablishment de 1968 del mayo
francés con la consignas “Prohibido prohibir”-“La imaginación al poder” no sabía que una
“izquierda hippie” (¡Qué contradicción para Marx!) estaba siendo devorada por la libertad del
liberalismo capitalista extendiéndose a todas las costumbres. Esa fue una ideología inaugural del
posmodernismo.
Tener libertad sobre cómo sublimar tus pulsiones, eso indudablemente es una gracia,
pero el desatar anárquico pulsional y narcisista primario y la casi legalización de la
codicia, es un mal social e individual

Una paciente de supervisión, criada en el Principio de Placer por padres modernos, más temerosos
de que su hija no sea “libre” que de otra cosa, viaja por toda Europa, había dejado el colegio, no
sabe qué hacer, se droga, los carabinieri en Roma la devuelven sin conciencia a su hotel, retorna
aquí, choca su auto, va a sesión y le dice a su analista (después de varias sesiones) la frase que
forma parte del título: “La libertad me esclaviza”.