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Trabajo práctico: aborto y catolicismo

Introducción
Hoy en día se está dando en nuestro país un crucial debate sobre la legalización del
aborto.

Por un lado, existe una fuerte corriente impulsada por sectores feministas, intelectuales,
hombres de ciencia, hombres de la cultura, filósofos, que ha calado hondo en otros
sectores de la sociedad, y que promueve la legalización del aborto. Mientras tanto, del
otro lado, se encuentra la Iglesia católica y otras religiones, como así también,
personajes públicos, hombres de ciencia, organizaciones provida, etc. que consideran
la vida desde el mismo momento de la concepción, y mantienen una postura netamente
contraria.

Ambas posturas dividen a nuestra sociedad, en función de una serie de consideraciones


de orden ético, moral, y legal, así como sociales, políticas, económicas y religiosas.

Desarrollo

El aborto implica la interrupción voluntaria del embarazo antes de que el embrión o el


feto estén en condiciones de vivir fuera del vientre materno

En Argentina, desde 1921, de acuerdo con el artículo 86 del Código Penal y ratificado
por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el fallo “F.A.L” de 2012, el aborto es
legal en los siguientes casos: si representa un riesgo para la vida de la persona gestante;
si representa un riesgo para el bienestar físico, emocional y social de la persona
gestante, o si es producto de una violación.

El mismo fallo impulsa a los estados provinciales a proporcionar las condiciones


necesarias para llevar adelante las interrupciones legales de embarazos de manera
rápida, accesible y segura.

Así, las mujeres que se encuentren bajo dichas condiciones pueden interrumpir su
embarazo sin autorización judicial previa ni temor a sufrir una posterior sanción penal,
al igual que los médicos que practiquen la intervención. Según el fallo, sólo es necesario
una declaración jurada que deje constancia del delito del que fue víctima la persona que
quiera interrumpir el embarazo. Vale aclarar que no en todas las circunstancias la ley ha
sido cumplida.
Pero ¿Qué sucede con las mujeres que quieren abortar y no cumplen con los requisitos
pedidos por la ley?
Estas mujeres serán penalizadas. Esto lleva a la clandestinidad, a que los abortos sean
realizados en lugares ilegales e inhóspitos, con pésimas condiciones higiénicas, y con
pocas posibilidades de recurrir a un hospital en caso de emergencia, poniendo en riesgo
la salud, y en muchos casos provocando la muerte, por las lamentables condiciones en
las que se lleva a cabo la intervención.

Solamente las mujeres que posean una buena situación económica y estén bien
informadas podrán realizar un aborto bajo condiciones médicas seguras. Las demás
recurren al aborto clandestino, inseguro y oneroso.

En Argentina se realizan más de 500.000 abortos por año, y muere más de una mujer
por día. El aborto es la principal causa de muerte materna.

Por todo esto, amplios sectores de la sociedad se están movilizando para lograr la
despenalización del aborto. Despenalizar el aborto no implica que todas las mujeres
tengan que abortar, sino sólo aquellas que encuentren en el aborto una respuesta al
embarazo no deseado. La despenalización respeta a las mujeres que, por razones
religiosas o de cualquier otra índole, prefieren continuar un embarazo de esa naturaleza.

Pero a estos sectores se le oponen otros con gran injerencia en la sociedad toda, como
por ejemplo la Iglesia católica y otras religiones.

En lo que respecta a la Iglesia Católica, el quinto mandamiento “no matarás” implica que
“La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la
acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador,
su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie,
en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un
ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr.
5). Con respecto al aborto anuncia “Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la
malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece
invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es
gravemente contrario a la ley moral”, y “El derecho inalienable de todo individuo humano
inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su
legislación”.

Entiendo, entonces, que La Iglesia establece que el aborto debe ser visto como el
asesinato de un ser humano, y que el proceso vital debe transcurrir naturalmente según
la voluntad de Dios, de modo que no lo admite bajo ninguna circunstancia. Consideran
que desde la concepción hay una vida que es inocente, y que ninguna razón justifica
matarla.

Una de las mayores críticas que se le hace a esta postura es que ni siquiera acepta el
aborto inducido voluntariamente cuando se realiza para proteger la vida de la madre.
Por otro lado, la Iglesia considera que por que se despenalice el aborto, la gente va a
empezar a utilizarlo como método anticonceptivo, lo cual está probado fehacientemente
que no es así, ya que en los países donde esta ley fue aprobada disminuyó
considerablemente el número de abortos, como por ejemplo en Uruguay.

Para entender un poco más…

Desde una perspectiva histórica, la postura de la Iglesia católica sobre el inicio de la


vida ha recorrido un largo camino cuyo origen se encuentra en antiguas posturas
filosóficas y teológicas. Distintas y remarcables figuras como Tomás de Aquino, San
Agustín, ente otros, avalaban la teoría de la “hominización tardía”, la cual establecía que
el alma se une al feto días después de la fecundación. Por lo tanto, si bien el aborto era
considerado un pecado, éste no sería tan grave en caso de realizarse antes de la
“animación” del feto, es decir, antes de que tenga forma humana.

Poco a poco la teoría de la hominización tardía fue sucumbiendo ante la teoría de la


humanización inmediata, la cual sostiene que el alma se une al feto en el momento
mismo en que se produce la fecundación. Este cambio de perspectiva se produjo por
distintos motivos. Se fueron produciendo una serie de transformaciones en el interior de
la Iglesia, a la par que se empezaba a investigar por medio de la utilización de
microscopios los óvulos y los espermatozoides. Estas observaciones establecieron que
en los óvulos y en los espermatozoides era posible ver una pequeña figura humana, y
que, por lo tanto, el embrión constituiría ya un ser humano que no necesitaba nada más
que crecer hasta su nacimiento. Esto dio lugar a la constitución de la “corriente
preformativa” que, a pesar de luego ser refutada, tuvo una gran influencia sobre los
teólogos de la época.

Otro motivo que tuvo gran influencia fue en 1708 con la declaración de la Inmaculada
Conepción, que establecía que la Virgen María había recibido su alma desde el
momento mismo de la fecundación, lo que llevaba a pensar que la animación de todo
ser humano podría ocurrir en dicho momento.

Finalmente, quince años después de la aceptación de la doctrina de la Inmaculada


Concepción, la tesis de la humanización inmediata terminó de consolidarse en 1896
cuando el Papa Pío IX publicó la ‘Apostolicae Sedis’ en donde pronunciaba que el
aborto, independiente del momento del embarazo en que se realizase, es un homicidio
que merece la pena de excomunión.

Pero esto no termina acá. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el ímpetu sostenido
por la Iglesia católica de que la vida emerge desde el momento mismo de la fecundación,
comenzó a apoyarse también en la biología moderna, la cual plantea una idea genetista
basada en una noción de continuidad e inmutabilidad de la identidad genética a lo largo
de todo el proceso de desarrollo biológico, y cuyo punto de partida sería la fecundación
del óvulo. Jérome Lejeune, miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias y de la
Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, sostuvo que “desde el momento
de la fecundación del óvulo, queda inaugurada una vida que no es ni la del padre ni la
de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. […] La
ciencia genética moderna aporta preciosas confirmaciones. Ella ha demostrado que
desde el primer instante queda fijado el programa de lo que será este ser viviente: un
hombre, individual, con sus notas características ya bien determinadas”.

El hecho de que el óvulo fecundado (llamado también ‘cigoto’) sea la primera célula con
un ADN distinto al de la madre y el padre, y que se mantendrá inmutable durante su
desarrollo biológico, constituye para la Iglesia Católica la prueba científica de que ese
óvulo fecundado es ya una nueva vida, un individuo distinto de sus progenitores/as cuya
vida es valorable en sí misma.

Conclusión

La interrupción voluntaria del embarazo es, a fin de cuentas, una cuestión de salud
pública que no obedece a cuestiones religiosas, ni personales, ni político partidarias, y
creo que es desde ese lugar donde se debe legislar, buscando el bien común, y siendo
cada uno libre con sus decisiones. De la misma manera, considero que el Estado debe
estar presente en los pasos previos, ofreciendo educación sexual en los colegios y
aportando anticonceptivos gratuitos en hospitales públicos y salitas médicas, para
concientizar sobre una conducta sexual responsable y de esa manera prevenir
embarazos no deseados y disminuir el número de abortos, que como todos sabemos
son indeseados y acarrean graves consecuencias tanto físicas como psíquicas.

A su vez, creo que es imprescindible que además de brindar asistencia médica para
efectuar el aborto, se trabaje con un equipo interdisciplinario de psicólogos, asistentes
sociales y sacerdotes o rabinos para que la contención sea completa.
En lo que respecta al ámbito religioso, mi punto de vista es que la Iglesia católica ostenta
un gran poder que podría inclinar la balanza hacia el no, hacia la penalización, pero eso
no impedirá que siga habiendo abortos clandestinos, y es ese el punto de inflexión que
hay que tratar de solucionar. Una visión religiosa particular no debería prevalecer sobre
las demás. Por lo tanto, es necesario promover la libertad de creencias, y que cada uno
pueda elegir, en función a su bagaje subjetivo, si abortar o no. Debe ser una decisión
individual y de conciencia.
Bibliografía
Bergallo, P. y Ramón Michel, A. (2018). La reproducción en cuestión: investigaciones y
argumentos históricos sobre el aborto. Lugar de publicación: Eudeba.
http://www.abortosinbarreras.org
http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html
http://www.saij.gob.ar/corte-suprema-justicia-nacion-federal-ciudad-autonoma-buenos-
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eupmocsollaf
https://www.lanacion.com.ar/1456233-fallo-historico-la-corte-eximio-de-pena-a-las-
mujeres-violadas-que-aborten