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EL NOMBRE DE DIOS

Dios puede recibir distintos nombres. Por eso el Seudo-Dionisio llama a Dios «El de muchos
nombres» o «El de todos los nombres». Podemos clasificar en tres grupos los siete «nombres
sagrados» del Antiguo Testamento; el primer grupo expresa la relación de Dios con el mundo y con
los hombres ('El = el Fuerte, el Poderoso; 'Elohim = el que posee la plenitud del poder; 'Adonai = el
Señor, el Soberano, el Juez); el segundo grupo designa más bien las perfecciones internas de Dios
(Shadai = el Omnipotente; 'Elyon = el Altísimo; Qadosh = el Santo); y el tercer grupo comprende el
nombre propio y esencial de Dios (Yahvé). El nombre propio del Dios verdadero es Yahvé. Se deriva
lingüísticamente de haya, variante del antiguo hawa = ser; significa: él es. Los Setenta lo traducen
aquí etimológicamente con justeza por «el que es», pero luego lo sustituyen generalmente por
xúpio? = el Señor. Dios mismo reveló este nombre a Moisés al responder a su pregunta sobre cuál
era su nombre: «Yo soy el que soy ['ehye 'asher 'ehye]. Así dirás a los hijos de Israel: 'Ehye |"yo soy"]
me ha enviado a vosotros... Esto dirás a los hijos de Israel: Yahvé ["él es"], el Dios de vuestros padres,
el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me ha enviado a vosotros. Éste es para
siempre mi nombre, y ésta mi denominación de linaje en linaje» (Ex 3, 14 s). Conforme a Ex 6, 3, Dios
manifestó por primera vez a Moisés su propio nombre de Yahvé, mientras que a los patriarcas se les
presentaba con el de 'El-Shadai. El narrador bíblico, apoyándose en la revelación posterior, emplea
ya el nombre de Yahvé en la historia del Paraíso y lo pone en labios de los patriarcas y de Dios mismo
(Gen 15, 2 y 7). Por eso en Gen 4, 26 se dice: «Entonces se comenzó a invocar el nombre de Yahvé»,
no queriendo significar con ello que se comenzara a invocar a Dios bajo el nombre de Yahvé, sino que
se empezó a tributarle culto. En la época que precedió a Moisés no es posible hallar con certeza el
nombre de Yahvé ni en Israel ni fuera de Israel. Sin embargo, fundándose en algunos nombres
propios bíblicos (cf. Ex 6, 20), se puede sostener que el Israel premosaico conoció el nombre de Dios
Yau. Siendo esto así, la revelación del nombre de Yahvé a Moisés lleva consigo una ampliación
lingüística y, sobre todo, el descubrimiento de su profundo significado; pues el nombre de Yahvé es
la revelación divina anticotestamentaria más perfecta sobre la esencia de Dios. El Nuevo Testamento
recoge los nombres paleotestamentarios de Dios conforme a la versión de los Setenta y sitúa en el
centro de la religión cristiana la denominación de Padre, que en el Antiguo Testamento aparece
únicamente de forma aislada.

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