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ANÁLISIS DEL ACUERDO PLENARIO N° 1 – 2016/CIJ – 116

El artículo 367° del Código Penal, ha sido modificado en varias oportunidades, por lo que se
cuestiona el Inciso N° 3 del segundo párrafo de dicho artículo, al mencionar a un miembro de
la Policía Nacional como agente pasivo a quien se le dirige la conducta ilícita, observándose la
pena privativa de libertad de 8 a 12 años, sin tener consideración al principio de
proporcionalidad de la pena.

El principio de proporcionalidad de la pena recae sobre dos ámbitos concretos: sobre la


proporcionalidad del tipo penal y la proporcionalidad de la pena a imponer.

El test de proporcionalidad se compone en tres test:

PRIMER TEST: Adecuación o idoneidad.

SEGUNDO TEST: De necesidad.

TERCER TEST: De proporcionalidad en sentido estricto (valoración de efectos positivos y


negativos).

Es necesario tener en cuenta la valoración de los principios fundamentales siendo estos, el de


legalidad, lesividad y de culpabilidad, para corregir la falta de precisión o ausencia de la norma,
siendo el principio de lesividad quien precisa la puesta en peligro o lesión de un bien jurídico,
tratándose de una acción que cause un impacto importante para justificar la intervención
penal.

El código Maúrtua (art. 321), reprimía los actos de intimidación, considerando agravante que
el delincuente pusiera las manos en la autoridad, siendo el código penal de 1991 quien
mantiene la intimidación (art. 361) pero omite el agravante, floreciendo así el objeto de
análisis de este acuerdo.

A razón de los sucesos violentos – criminales que se acontecieron en el desalojo de “La


Parada” en la actitud dolosa de los comerciantes conducentes a intimidar, lesionar o causar la
muerte a la autoridad policial, es que la Ley 30054 incluye este agravante.

Las agravantes del art. 367° del C.P. opera de manera residual y subsidiaria a la eficacia de
otros delitos dolosos cometidos por terceros contra la vida, la salud o libertad de efectivos
policiales, es decir que abarca únicamente a los actos de amenazas o agresiones físicas que
resisten activa y violentamente contra el poder y autoridad, siendo su relevancia y punibilidad
menor a otra clase de acciones violentas, es decir que cuando la violencia ejercida contra la
autoridad no ocasione ni una lesión leve no podrá ser sancionada como lesiones leves (art.
122, inciso 3). Pero si la acción violenta fue dolosa, la conducta puede asimilarse a los artículos
121° y 122° del Código Penal.

El juez determinará si la acción imputada, debidamente probada, configura o no afectación al


bien jurídico que justifique la imposición de la sanción agravada, ya que la aplicación de una
sanción más severa exige la existencia de un plus de lesividad.

Cuando existe notorios efectos del consumo de alcohol, o cuando aquel se resiste a su
detención, o cuando los actos de intimidación o violencia se ejecutan por errónea defensa
familiar cercano, siendo estos una evidente causal de disminución de punibilidad. Aquí el Juez
decidirá la pena a imponer siendo ésta debajo del mínimo legal (art. 21 C.P.), no pudiendo ser
suspendida su ejecución o convertida en una pena limitativa de derechos.

Tampoco hay ninguna limitación normativa que afecte la eficacia de reglas de reducción por
bonificación procesal, como cuando el procesado expresa confesión sincera o se somete a la
terminación anticipada del proceso; o a la conclusión por conformidad de la audiencia. En
todos estos casos, la reducción sobre a pena impuesta se aplicará siempre y conforme a los
porcentajes que autoriza la ley.

La pena será no menor de seis meses ni mayor de dos años de pena privativa de libertad o
prestación de servicios a la comunidad de veinticuatro a ciento cuatro jornadas, cuando los
actos de intimidación o violencia no revistan gravedad”.

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