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MAGNOLIA FS 11.

186m/s
Diputación Provincial de Córdoba
Presidente:
Antonio Ruiz Cruz.

Vicepresidenta Tercera, Diputada de Cultura y Presidenta de la Fundación


Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí:
Marisa Ruz García.
Catálogo:
Vicepresidente Cuarto:
Salvador Blanco Rubio. Edita:
Diputación Provincial de Córdoba.
Exposición: Delegación de Cultura.

Coordinación: Textos:
Luis Algauacil. Juan Zafra.

Producción: Diseño:
Diputación Provincial de Córdoba. Pilar Zafra Costán.
Delegación de Cultura.
Maquetación y Fotomecánica:
Montaje: Casares S.L.
Luis Alguacil
Emilio Calderón Márquez Fotografía:
Daniel Egea Peña Manuel Pijuán, Manuel Péix , JeroTinoco y Pilar Zafra.
Francisco Rubio Rodríguez
José Antonio Ruiz Caballero. Imprime:
Departamento de Ediciones y Publicaciones de la Diputación Provincial de Córdoba.
Carpintería de Madera y Metálica: Imprenta Provincial.
Hermanos Jiménez Rodríguez S.L. Fernán Núñez.
Manuel Moyano Márquez y I.S.B.N.:
Cristóbal Jiménez Campos. La Rambla. XXXXXX

Transporte: Depósito Legal:


Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. Xxxxxxxxxxxxx

Seguro: ©de las fotografías: sus autores. ©de los textos: sus autores. ©de la presente edición:
Zurich. Diputación Provincial de Córdoba.
MAGNOLIA FS 11.186m/s

Juan Zafra.

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Decía Ernst Jünger que ‘cuanto más viejo es el reloj de arena, más rápida pasa la arena’. La exposición de Juan Zafra, ‘Magno-
lia 11.186 m/s’, compuesta por treinta esculturas creadas ex profeso para el Patio del Reloj del Palacio de la Merced, sede de la
Diputación de Córdoba, parte de esa sensación del tiempo acelerado que se tiene a medida que pasan los años.

El artista ha puesto sus creaciones en diálogo con este espacio, donde el fluir del agua de la fuente adquiere ecos ‘heraclitia-
nos’, donde un gran reloj de sol preside la fachada como si fuera una frente humana llena de surcos que también marcan las
horas y donde la vegetación cumple, imperturbable, con el devenir de las estaciones. Las piezas escultóricas, potentes y rotun-
das, aparecen inesperadamente suspendidas. Son el tiempo detenido del artista, el momento creativo. El instante en el que Juan
Zafra se revela para adherirse a la parte más optimista del tiempo, esa que afirma que ‘el futuro es nuestro’. Y es ahí donde la
comunicación artística de sus obras con la vegetación, los magnolios, la lima, el ciprés –único elemento masculino- encuentra
en la fecundidad femenina el contrapunto para esquivar el miedo al transcurrir de los días.

En cierta manera, y dado que el tiempo fecundo es el auténtico protagonista de la muestra, resulta oportuno recordar que Juan
Zafra dio a conocer su obra, en 1975, con una exposición individual que acogió también la Diputación de Córdoba. Desde
entonces hasta hoy, su obra ha recorrido innumerables espacios y salas de arte tanto de nuestra comunidad autónoma como de
España y el extranjero (Luxemburgo, Portugal, Gran Bretaña…). Así pues, con esta exposición, se cierra una especie de círculo
entre aquel joven Juan Zafra de 24 años y este de hoy que, en la cima de la madurez, ha llegado al momento en el que, como él
dice, hay que ‘reconocer que tienes una forma de hacer y unos temas principales sobre los que seguir ahondando sin redundar’.

Si bien es cierto que, como afirmaba Stefan Zweig, ‘no hay nadie lo suficientemente joven como para no poder morir en cual-
quier momento’, también es verdad que una de las grandes aspiraciones humanas es que no haya nadie lo suficientemente
mayor como para que no pueda vivir un día más. Una aspiración en la que el arte es pionero, pues detiene el tiempo en el es-
pacio. Por eso, Juan Zafra nos ofrece sus hermosas figuras suspendidas en un instante tan tenso y espectacular que nos obliga a
movernos y crear un dinamismo fecundo deseoso de futuro.

Marisa Ruz García


Vicepresidenta tercera y delegada de Cultura de la Diputación de Córdoba
Presidenta de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí

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SOBRE LA CONSCIENCIA DE EDAD CRONOLÓGICA.

Vivir en un presente continuo en el que el futuro ha perdido toda la amplitud que poseía en años anteriores, en ese estado
de lejanía que envolvía todo en un “lo que tenga que venir…vendrá”. Aparentemente, ese estado de quietud, lentitud, sapiencia
y maduración, que se entiende asociado al vino y a la edad, enmascara una presencia constante de urgencia ante la fragilidad de
lo desconocido en valor cuantitativo de tiempo. El ¿cuánto queda? inocula una dosis de prontitud, de apremio, de esa inmediatez,
ante la posibilidad de término que encierra la consciencia de un pasado extenso.

De todas formas, la expresión “el futuro es nuestro” seguirá estando presente como método y forma de esquivar ese miedo
al tiempo que, poco a poco, se está instalando en mi cabeza.

juan zafra
Y el Sol, siempre está el Sol.
Y la luz, siempre la luz.
El lavado, en pertinaz y espesa lluvia,
ha hecho transparencia en el espacio.
La luz, inmediata, se aprovecha
de lo sutil y prístino del aire
para hacer evidente su belleza.
Después, un instante después…
apareció profundo el silencio.
EL QUÉ
Intentar, con la ostentación rotunda de su  masa, vencer lo gravitatorio. Su peso, imprime interiormente un impulso que genera
los necesarios 11.186 m/s de despegue. El reto es mantener en el tiempo esa PLENITUD y ese fugaz ESPLENDOR.
EL DÓNDE
Patio de los magnolios, la lima, del ciprés y del reloj astronómico de sol. 15
Y se hizo la propuesta. Sobre la extensión del Patio, en la amplitud de principio a la mirada, se abrió la siempre expectante, la
sugerente y seductora posibilidad del cómo.

El reloj era evidente, cabal, vigente en su ámbito de fuente, de Sol y de magnolios. Un espacio central gobernado por el Tiempo,
acompañado por el agua y por el verde terroso de los árboles: hojas muy recias con enmarque en bordes rojizos, troncos erectos
y la posibilidad de que, en un momento, que bien podría ser provocado, pudiesen ser embellecidos con flores blancas, rotundas
en volumen y en fragancia. El aire toma cuerpo, inunda, se presenta, y pesa llenando en presencia el espacio que encierra la
gran reja que contiene y define el sensorio muro hermético de yedra. El ámbito en espacio de silencio, se abre a la calle como
un escaparate en movimiento. La vida conscientemente encerrada, contempla el transcurso que le ocurre a la otra, la del espejo
que continuamente se agita tras esa cancela como linde. Un espacio exacto, con ostensibles volúmenes y aromas que otra vez me
obligan a ocupar la esencia del pasado, a mostrarla en la contemporaneidad de este vil tiempo por el que a trancas y barrancas
transitamos y en el que cada vez se nos hace más difícil el hallarnos.

De golpe, en un solo vistazo, todo el paso del tiempo se me vino encima con la presencia más que presente del agua y su patente
eficacia en el verdor que todo lo amparaba.

Dos pasillos en parterres paralelos, presentan un corto túnel de sombra en apertura a la luz y al cielo abierto. Arriates de azulejo
azul marino enmarcan las zonas de tierra plantía. A la izquierda, un amplio claro con un suelo de ladrillos planos, otros dispues-
tos en banda de espigueta, se alternan con losas claras y oscuras de chino incrustado. Todo regido en el centro por un naranjo,
o quizá un injerto en su base de lima, abre todas las opciones de un espacio en femenino presidio por un pórtico-nicho entre la
hiedra, que aflora la más pura esencia de villa, de patio romano: dos columnas-fustes y una estela en la base, potencian el aroma
que evidencia antigüedad. En el rincón del ángulo de hiedra, una fuente octogonal que se me antoja seca y, me sugiere un enorme
rumor de cascada en movimiento de un surtidor dormido por el tiempo: su brocal lo adornan cuatro tiestos que ostentan rígidas
hojas alargadas, rojovioláceas, que hacen arder la erecta quietud de un fuste que luce la más que terca sequedad a fin de hacer
olvido de humedades. La sugerencia del columpio se me abre: el movimiento pendiendo en el eje de una bóveda gótica en tres
gajos, sustentada por aristas en los huecos.

De nuevo se me muestra el centro. Otra vez en el muro desplegado, el Reloj, ante el espejo de la fuente, se me hace y obliga
a la mirada. Simétricos, a la derecha, los otros dos parterres extendidos de la pareja opuesta de magnolios. El suelo, de ladrillo
plano anaranjado ribeteado por regatos de azulejo, abre otro pasillo en sombra hacia la apertura de un pavimento de mosaico que
evidencia el poso de hace siglos. Y, al fondo, otra zona de ramos, con volutas y negros motivos florales hechos en chinos grises
incrustados, completa todo el basamento del espacio. Otra vez la oscuridad del corredor de magnolios paralelos, se ha vuelto
obligada al cielo abierto y la luz penetra libre en su presencia. El talud de hiedra sigue recto hasta las proximidades de un arriate
que aloja a un enorme ciprés de varios metros: el espacio masculino se me ha abierto con la apariencia potentísima del árbol que
desafía en todas las alturas a los muros y a todos los tejados más cercanos. En el rincón derecho hay otra fuente, de piedra igual
y planta octogonal, que insiste en la sequedad de su contraria y que me obliga a balancear en mecedora la aventura del repetido
movimiento. El lustroso y tupido murallón de yedra me condujo a la aparición de las semillas, y el esbelto y oscuro ciprés, al
tótem que había descubierto por las calles. Todo un ejercicio poético de trama se me había despertado en elementos entre las
plantas de los tres espacios.

Tenía al alcance de la mano lo que se me ofrecía ante los ojos: la posibilidad de ahondar en lo pletórico, en la luminosidad del
esplendor iridiscente y en la feraz fecundidad de la Belleza.

Una mañana de septiembre en 2016. 17


Sobre la obra
La obra, no es la que sale de mis manos, es la que sale de mi cabeza.
La evidencia de la parte de un todo y su relación con el entorno.
Paso de autor

Mis pies descalzos, rendidos y ajados, como siempre me ocurre al finalizar un proyecto, vuelven a acompañarme en la salida.

Siempre he utilizado algún elemento en el que verter todo el significado de entrega y mesura que pretendo imprimir y presentar
ante la responsabilidad de exponer-se. Sé que resulta muy pretenciosa la intencionalidad de transmitir alguno de los valores que
siento y que a veces me provocan arrobo al expresar y mostrar.

Pero, en estos tiempos medios que nos arrasan, en los que lo banal, lo vacío, lo trivial, lo fatuo, ha demostrado y evidenciado su
prepotencia, su poder, su proyección a través de los medios llegando a una multitud cada vez más desconectada de su sentido
de colectivo, su conseguida y real transcendencia en la aplicación cotidiana de su mensaje, ahora, creo, se hace cada vez más
necesario el compromiso del artista con unos principios de honestidad pública, en esa vía de transmisión hacia este tiempo que
se ha quedado sin base de sustento, en la que lo volátil, lo ingrávido, lo fútil, hace de las suyas e impera ufano, regodeándose una
y otra vez en su propio vacío, convirtiéndolo todo en una representación de cristobitas, de guiñoles que se empeñan en mantener
activo el escenario de representación diaria.

Al descubrir la posibilidad de intervenir, de cambiar, de crear, al proponerse con afán llenar un mundo vacío, se utilizó la imagen
como didáctica de la información, del aprendizaje y de su progresivo conocimiento.

En el primer peldaño: lo fecundo y la supervivencia. Lo feraz y la caza. La recolección y el cultivo conducen al colectivo y a la
familia y, por ende, a la propiedad: ¡Todo un proceso!

Hasta hoy, en el que el mundo actual, en esa pelea atávica de relleno, se vuelve contra la Humanidad ante la cantidad de desechos
y detritus que hoy nos agobia y no encontramos la manera de frenar.
(Acero y terracota 50/30/250cm.) 21
De nuevo, otra vez más, vuelvo a caer en la contradicción de llenar el espacio, de inmiscuirme en mis adentros, de ensimismarme
y entusiasmarme (ἐνθουσιασμός), de ser casi consciente de aquel concepto griego de poseído dando rienda suelta a ese dios que
se nos instala en el momento en el que el apasionamiento y la concentración sobre algo actúan como orejeras que nos obligan
como burros a continuar en ese camino.

Y heme aquí transitando, revelando, exponiéndome. Otra vez en el intento, en vocación de hacer cómplice y partícipe a quien a
bien decida y lo merezca. En el camino de entregar esta vivencia de esfuerzo, en el proceso que ha supuesto este final de paso
último, por ahora, que siempre termina dejando mis pies en este estado.

Un solo paso magullado te recibe. En barro, en tierra cocida, blancos. No más un paso esperanzado te despide. Dos pies carga-
dos de trabajo, se hunden, se rengan, se repliegan. Pero mantienen la actitud de avance, el deseo de transitar otros caminos, de
contemplar nuevos espacios y horizontes ingrávidos. Abiertos, elevados, en vuelo: dispuestos y esperanzados en descubrir otros
lugares.

Al final, esto ha quedado de lo hecho. Un breve y efímero paso, un recorrido pequeño, un tramo nimio. Mas, aún más, la mejor
de las suertes os deseo en cada una de vuestras travesías.

“El artista se conecta con parte de nuestro ser, su obra es un regalo, una ofrenda, y al ser así su permanencia será perdurable” Joseph Conrad.
BOCETOS
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del agua, los magnolios y el tiempo.
(Espacio central)

Desde el acceso que apenas intuye lo que espera, dos bocas laterales de escalera insinúan y anteceden una breve bóveda de
hueco que, limitada, atravesada en rejas correctivas, abre generosamente verde el Tiempo. No se percibe el Reloj en su presencia.
Te vigila desde arriba cuando pasas atraído, embaucado por los señuelos de una fuente vestida en cofia verde y enmarcada
por cuatro magnolios hacia el cielo. Al girar, el Sol hace palmaria y firme la presencia del Tiempo que ocupa el testero enorme
dibujado y que cabalmente le marca y toma medida.
Espacio central: del Tiempo, el agua y los magnolios.
LOS PÉNDULOS-RELOJ. LOS TRES TIEMPOS.
Pretensión de Tiempo pendular sobre una estructura de hierro y otra de metacrilato en gradiente curvo abajo, con marcas de
oscilación y un eje vertical en gravedad, terminado con el torso-terracota en peso a plomo.
El tiempo, la medida, el péndulo y la estimación de lo que en cualquier momento evidencia esa apreciación que sobre el espacio
hacemos en presente, esa valoración diferente en algún estado de ánimo fugaz, a veces, cuando ocurre el centelleo y se produce
la visión que aterra por lo nítido.

Tres torsos que penden, a los pies del solar y evidente reloj. Tres torsos que se exponen a inclemencias pasadas. Que se exhiben
a sucesos que llegan urgentes y que se han avisado a recibir. Que se han preparado al encuentro que definirá lo venidero, ese
por-venir en el que habrá que deslizarse, moverse y encontrarse en otro nuevo espacio.

La pulsión de vida está presente. Lo necesario de progreso se apoya en la persistencia de continuidad, de perpetuarse en la mejor
actitud de belleza, de plenitud, de recuerdo. En ese esplendor por el que el anhelo se hace continuo en sensación de vacuidad, en
inquietud insatisfecha pese el primer estado de afirmación, de seguridad, de asentamiento en presente. Poco a poco, la evanescen-
cia de la sensación, el transcurso de ese tiempo pendular y constante va haciendo de las suyas y, la mirada, en esa transformación
que sufre y lleva, hará aparecer un aspecto de crítica, de insatisfacción que abrirá otro espacio de trabajo en el que el nacido
intento nos hará sentir de nuevo ese momento de inquietud, de zozobra, de desequilibrio, haciéndonos adentrar en ignorados y
desconocidos lugares a resolver y en los que ponernos a prueba.

Se ha desplazado el péndulo hacia el punto opuesto. El espacio de oscilación se ha invertido, y, en el recorrido, un sinfín de so-
bresaltos han jugado sin criterio con lo que antes creíamos tan firme y seguro. De nuevo, el territorio a recorrer se invertirá. De
nuevo, multitud de sensaciones, de dudas, de aconteceres, nos harán entrar en mil lugares que apenas vislumbramos. De nuevo
se nos retorna y ofrece la vida.

Un torso futuro pende en la plomada del gnomon de Sol que despliega en sombra su presencia vertical. Otros dos en pasado y
presente se evidencian, oscilan para hacerse patentes a tus ojos. Y entre los tres, omnipresente, se ostenta sin medida el TIEMPO.

Oscilación, amplitud, periodo y frecuencia.


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Péndulo de tiempo presente.
125/120/235 cm. (35/67/30cm.) Terracota, hierro y metacrilato. 35
Haz. Péndulo de presente.
Envés. Péndulo de presente. 37
Péndulo de tiempo pasado.
125/120/235cm. (35/69/45cm.) Terracota, hierro y metacrilato 39
Haz. Péndulo de pasado.
Envés. Péndulo de pasado. 41
Péndulo de tiempo futuro.
125/120/235 cm. (35/50/50cm.) Terracota, hierro y metacrilato 43
Haz. Péndulo de futuro.
Envés. Péndulo de futuro. 45
La fontana-reloj
Sobre el vaso superior, a modo icónico, una pequeña pieza. Ella será agua dorada por la luz que la aromatice y la haga refulgir
como diosa del agua. En el vaso más alto de la fuente central, en el surtidor por el que sale el agua, el torso horizontal, patinado
en oro, al límite del chorro, que sólo lo roce, y sujetar la pieza en dos vástagos con cuatro apoyos. El nacimiento en dorado, el
renacer en agua, el despliegue en luz. El inicio-tiempo. Mirando hacia la reja e iluminarla directamente para que se haga evidente
convirtiéndola en el centro-icono de la muestra, integrándola en visión en la base del reloj de sol desde la reja.
Diosa de agua. Fuente.
Terracota dorada, cobre e hierro.45/45/90 cm. 49
Elogio del esplendor. Elogio de lo pletórico, Elogio de la Opulencia,
Elogio de exuberancia, Elogio de lo exultante,
Elogio de plenitud.

Apogeo, momento álgido  culminante de algo

Entre palabras como esplendor, plenitud, pletórico, opulencia, exuberancia, exultante abundancia, fertilidad, feracidad y vida,
me muevo. La riqueza de los signos, la opulencia de los volúmenes, totales, rotundos, la situación de las formas en el marco y
el ambiente más propicio para desplegar todas las cualidades contagiadas de la luz y el color que los circunda, han confluido a
la hora de concebir el alma, el centro, el núcleo del concepto de trabajo. Bien es que, ahora, en este Tiempo -de
­­ no sé qué- por
el que transito, en este momento que me atraviesa por el centro, en esta situación en la que mis pensamientos sobre el transcur-
so, paso y gestión del tiempo se está haciendo apremiante y, más preocupante aún, obsesiva, me surge el abandono, la entrega a
trozos, a fragmentos, a espacios concretos, acotados entre paréntesis exactos de lo que pretendo siga siendo y fue, apreciación
certera de existencia.
La plenitud: ese apogeo, ese momento álgido culminante de belleza. El esplendor: el irradiar abundancia ante el que mira y
todo lo inunda por sentirse pletórico, exultante de luz y de tersura.
Los diez torsos en despegue.

EL CUERPO COMO CONTENEDOR: el lastre.

El juego de los opuestos sensibles. Lo denso y lo raro (etéreo). El par primario de los opuestos. Contenido y continente.
Lat.
Ingrávido A. 25/32/66 cm. 53
Haz. Envés.
Ingrávido B. 28/38/46 cm. 55
Envés. Haz.
Ingrávido C. 50/34/57 cm. 57
Haz. Envés.
Ingrávido D. 37/31/71 cm. 59
Haz. Envés.
Ingrávido E. 21/35/68 cm. 61
Los torsos llevan grabada la velocidad de escape 11.186 m/s.

Con la ostentación rotunda de su  masa, a los ojos, procuran vencer lo gravitatorio. Su peso, imprime interiormente un impulso
que genera esos necesarios 11.186 m/s iniciales, en el paso espacio-tiempo, transcurso de la vía de adherencia a una de despegue,
está centrado en una metáfora de diez ejercicios de rotundidad. El reto siempre consiste en mantener en el tiempo el ESPLENDOR
y la PLENITUD.

Cualquier cuerpo que tenga pretensiones de abandonar el contacto y la dependencia de la fuerza que nos atrae, no tiene por más
que imprimir el grandísimo esfuerzo que le permita la salida, el ascenso, el despegue, la desconexión, aplicarse esa prontitud
de escape. La velocidad que hay que alcanzar, esos 11.186 metros por segundo, metafóricamente hablando, no está siempre
a nuestro alcance, no es tan generalizada como quisiéramos y, a la vista de cualquiera, aparece cada vez más inaccesible en
estos tiempos, cada vez más alejada de las pretensiones de nuestra cabeza, de nuestro interior, de alcanzar la levedad de la no
dependencia, la ligereza de lo libre.

El contenedor, a veces tan pesado y tan inmóvil, se transforma en impalpable, en versátil, vaporoso, en ese cambio repentino y
sorprendente. La cabeza se ha hecho cuerpo y ahora obliga, en cocción urgente e imprevista, a toda la masa que nos prende: el cuerpo
como lastre, pretende dejar de serlo. Enorme, común, cotidiano ese esfuerzo de intento repetidamente fallido, voluntariamente
repetido, continuamente buscado hasta la ansiedad, haciéndonos caer vez sobre vez en la certeza, en la apreciación de dependencia
contundente. Mas cuando el deseo es seguro y nuestra lucidez exige que esa adaptación de inconsciencia se apodere de él, entonces,
el movimiento se transforma, se hace ágil, sin anclajes, el vuelo se convierte en evidencia y la fantasía se transforma en realidad.
Un arco enorme en visión plena, se abre y nuestros ojos hacen veloz, inmediata, la adaptación de la mirada al todo nuevo.
Diez trozos-torsos en el aire. Diez fragmentos colgados plasmando, ostentando todo el lastre. Diez prismas en el aire dibujados,
esperan, evocan, ansían una tenue brisa que provoque un movimiento que incite la atracción de la mirada del que transite y
obligue a la rotundidad de la masa a cuestionarse la necesidad de arranque, la necesidad
de despegue, la necesidad de afrontar, de abrir puertas, ventanas, accesos que los hagan
adentrarse en lo ingrávido, lo sublime, lo femenino, en lo fecundo y nuevo que les obligue
a aflorar espacios de vida desconocidos. Y quizá, después, puede que apareciese lo noble,
lo excelso, lo espléndido.

Al contenedor se le antoja complicada la conjunción de multitud de cuestiones que tendría


que abordar. El ejercicio inquietante que lo obligaría a fabricar mecanismos que hiciesen
posible la minusvaloración de todas las cargas e impedimentos para preparar, sin apenas
recapacitar, lo que tal vez vendría después: la pasión, el entusiasmo, el compromiso.

Ahí está el juego, la clave de esa primera asunción de lo ingrávido, lo tenue, sutil, volátil,
leve. De lo frágil, lo etéreo, grácil y ligero.

Otra vez presente, con ansia perennemente eterna, la plenitud: ese apogeo, ese
momento álgido culminante de algo. Y de nuevo la consecuencia constante del esplendor:
el irradiar ante el que mira y todo se exhibe pletórico de luz y de tersura. 63
Haz. Envés.
Ingrávido F. 29/40/71 cm. 65
Haz. Envés.
Ingrávido G. 33/40/75 cm. 67
Lat. Envés.
Ingrávido H. 42/37/46 cm. 69
Lat. Envés.
Ingrávido I. 25/44/56 cm. 71
Det. Lat.
Ingrávido J. 30/38/58 cm. 73
De la lima, el nicho y la otra fontseca.
Lo femenino, lo fecundo-lunero imprescindible, lo personifica la lima. Prudente, casi en el centro, se retira sigilosa de la vista
hasta el parterre que la encuadra y la compone con el verde patente del fondo. Disimulada, soporta aparentemente ensimismada,
la vigilancia de un nicho de apertura que la mira con descaro desde arriba, custodiado por dos trozos de columnas. Más allá, en la
esquina, una fuente de piedra nuestra la sustenta, la apoya solidaria en peso, contando en el rincón con la presencia de un fuste
roto, resignado en simbólica apariencia.
Espacio izquierdo. De lo femenino: la lima y la hiedra.
Balancín: equilibrar la gravedad.
VENCER LA GRAVEDAD: EL IMPULSO.

Insistente siempre el deseo de desprenderse, de despegarse, de alejarse del suelo. Nunca, en ninguna situación nos veríamos,
nunca, tan involucrados, tan lastrados, tan condicionados, tan atados a la tierra en elemento, como la que nos manifiesta y exige
continuamente nuestro cuerpo. El balancín ocupado. Dos torsos opuestos que se observan sentados, abiertos, inestables, blancos,
compensados, ajustados, resignados a un frágil equilibrio. Dos asientos, un eje en un central punto de apoyo, una vertical en co-
bre de medida visual y un envite para continuar el movimiento oscilatorio.

La simetría hará de espejo para evidenciar en sus miradas las carencias, para afirmar en autoestima su postura: el otro hace las
veces de reflejo y el fiel define la zona de mesura.

La situación y el escenario pretendido para poner en práctica, con un insistente impulso, ese deseo de vencer la atracción, la ata-
dura a lo material, de ascender, de desprender-se, de alcance de levedad. Y en el cénit, en la máxima altura, notar la turbación,
el mareo de abandono que se aprieta y ajusta en sensación de alegría y cosquilleo en el centro. En ese momento, experimentando
una felicidad inefable, al mismo tiempo que el cuerpo y los sentidos casi suspenden sus funciones, y en ese sentir de inercia, es
cuando escapas y de nuevo el cuerpo te rescata. Ese hacer de espacio goma, ese instante en que la elongación, el estiramiento
máximo, alcanza el punto en el que nos sentimos más alejados de lo térreo (ékstasis), embargados totalmente por un sentimiento
de admiración o de alegría y ajenos a todo lo que no es el objeto de esos sentimientos, en abandono, asombro, enajenación, trance
o transporte y que, al final, continuamente nos devuelve hallándonos frontalmente con la vida; ese penduleo oscilatorio de aquí-
allá, esa bipolaridad que se nos ofrece y que con afán pretendemos obligar, es la que nos sacude y nos obliga, la que nos orienta,
nos derrota o aprisiona en cualquier situación o circunstancia.
EQU

81
I LIBRIO

Siempre, desde pequeño, he unido la imagen y sensación del columpio-balancín a la idea de felicidad y alegría, de escape y de
libertad, de abandono de lo material, de levedad y vuelo.
Simplemente intuición, instinto, solo lo animal que encierra el estado unitivo y fugaz de ese momento: el estar fuera, que tanto
ansiamos como escape y que denominamos felicidad, el escape del envoltorio, ese  que nos ata y nos sume en lo más telúrico
y ancestral de los orígenes con todas las limitaciones y condicionantes evidenciados. Pero una vez soltado el lastre tomamos
consciencia de lo sublime. Aquí radica la cuestión. Cuando a la vuelta racionalizamos lo ocurrido y asumimos, aceptamos y re-
conocemos  de nuevo la presencia de esa dependencia matérica. Cuando comparamos con ese estado brevísimo (por lo fuera de
tiempo y espacio) de esencial libertad, cuando tomamos y asumimos ese momento, hemos conseguido asimilar todo lo elemental
y profundo de raíz que encierra. Desenvolverse en esa disposición etérea y volátil de consciencia de la manera más sencilla, en
ese estado de abandono, tomándolo como medio natural y haciendo física esta experiencia. Ahí anida la grandeza y la capacidad
de atinar, de dar en ese clavo que nos abre una rendija a lo leve, a lo libre de ataduras y gravedad que, en aquel instante nos hizo
reconocerla y poder re-crearla y distinguirla con lo volátil-inaprehensible, con lo que se mueve libre por el aire y con lo pesado
que nuestro contenedor encierra.
GRA

83
V
EDAD

200/55/110 cm. Poliéster, cobre, hierro y metacrilato. 85


Four Time’s
Los cuatro momentos de relación. El reto fue conservar la división en estaciones de tiempo y los momentos del día: Springtime,
Summertime, Autumntime y Wintertime. Amanecer-dawn, mañana-morning, tarde-sunset y noche-night. Days of future passed:
Moody Blues. En ascenso, sobre mármol blanco con varillas de acero hasta la trasparencia del metacrilato.
TIME’S
El Tiempo, ese que hoy me obliga como nunca antes había sido, se me está haciendo radicalmente presente. Ahora me pide y
demanda respuestas, que me exigen un recule, una vuelta atrás en actitudes que me suponen asunciones dolorosas en esta etapa
por la que camino.

En el principio, fui creciendo por delante. Mi velocidad era tal, que no pudo seguirme. Le sorprendí y viví al margen de él: mi exis-
tencia no le tuvo nada que ver. Ahora, desde mi posición, creo que más bien es él el que pasa y te deja hacer sin perderte de vista.

En el siguiente momento, donde se mantiene la velocidad extrema a veces ligeramente amortiguada, de vez en cuando, tímida-
mente comenzó a aparecer, a hacerse evidente cuando alguna vez se presentó fugaz y desapareció con la misma prontitud ante el
desprecio que le pudo suponer la falta de consideración del que circula y el poco respeto, por ignorancia, que ni siquiera llegué
a mostrar en su presencia. Nunca aprecié ese ofuscamiento que pudo provocarle mi falta de aprecio.

Después, mucho después, establecida una velocidad de crucero, a veces alterada en algún nudo, todo es apacible y da la sensación
de que hemos llegado a establecer un pacto de caballeros en cuanto a posibles agresiones. Y el Tiempo se hace compañero, y tran-
sitamos uno junto al otro en un firme codo a codo, aunque a veces miramos al horizonte con un afán de ignorarnos mutuamente
y otras, haciéndonos cucamonas o desplantes. Unas veces, él toma la iniciativa, otras el engaño es al contrario, mas la vigilancia
mutua se convierte en constante y el mirar de reojo, ante los posibles tirones y aceleraciones imprevistas, persigue la clara y
traicionera intención de dejar atrás al otro. Pero siempre, al momento, todo vuelve a su ritmo de principio.
Creo que al final, poco a poco y sin notarlo, pasará veloz y olímpicamente de mí. El adelantamiento será tan evidente, que no se
dignará para nada en mirar atrás, convirtiendo su ritmo en algo imposible de continuar. Mas creo, que se me hará imprescindible
pensar en mantener diariamente el afán de alcance, y así conseguir la aspiración primordial de volver a caminar junto a Él, o tal
vez, quizá me conforme con ir ensombrecido tras su sombra.

Este ahora, con el recelo metido entre las piernas, me hace vislumbrar ese posible miedo a perder el interés que, acaso traiga
como consecuencia el entregarse a esa escala de grises que termine en el negro más intenso.
FOUR

175/32/188 cm. Terracota, metacrilato, mármol y acero. 89


Springtime: tiempo de primavera. Dawn: amanecer del día.

Todo un proyecto, todo un futuro abierto, iniciado, no escrito, no predecible. Nada y todo por venir. Novedad, todo nuevo, sin
estreno, sin usar, sin ajar, sin manchar. Todo en principio, en inicio, en el umbral del chispazo de empiece. Volumen pleno, de-
cisivo, henchido, deslumbrante, abierto a cualquier evidencia que se avecine y fácilmente sea asumida. Tiempo de flor, tiempo
breve, efímero, intenso, de asentamiento en poco espacio, transparente y volátil, sin memoria. No hay residuos ni sorpresas no
deseadas, sólo plenas, asombrosas, de tal impresión que a poco detallarán y crearán memoria por lo intenso y novedoso. Al fondo
se intuye, se adivina el pletórico principio de esplendor.

Un brazo intenta conservar la horizontalidad a fin de mantener ese equilibrio inestable que supone lo desconocido, la intrepidez
de abordar cualquier cosa inédita: fluctuación plena. Definidas piernas y glúteos rotundos, conforman, arrancan un evidente torso
en giro. Se intuye la plenitud que se dibuja. El amanecer, la primera luz de abandono núbil, la púber plenitud, la candidez ado-
lescente. Es imparable la definición de atracción, de inclinación decisiva. Fantasía, ensoñación, la utopía de lo blanco a lo verde.
SPRING

35/45/50 cm. Terracota, metacrilato. 91


Summertime: tiempo de verano. Morning: la mañana lumínica en fulgor hasta el mediodía.

La prestancia y la tersura se han hecho presencia. La fuerza de la Fitzgerald está en presente continuo. Un empuje hacia delante
se impone ante la seguridad de lo formado. Pequeño se queda el ámbito de ese espacio circular que, para más inri, transparenta
lo que aísla y obsesivamente invita al vuelo. El afán de descubrir, de desvelar secretos, de afianzar expectativas, de manifestar el
apasionamiento sin trabas, se hace apremiante y necesario. Una urgencia inminente sacude e incita a un salto de fe en el que no se
percibe el otro extremo. Todo se ha hecho posible. Todo está al alcance de las manos sin la menor traba, con el mínimo esfuerzo
y sin escatimar fuerza alguna.

El carácter de una pierna vertical a modo dórico, hace de catapulta de despegue a unos glúteos que transmiten decisivos el man-
dato de brazos arriba, de intuir una pierna-timón en equilibrio y del pertinaz ahínco de unos ojos que no dejan de engancharse en
una nube.

Calor y color. El ardor, el deseo, el esplendor, la pasión, la plenitud, la realidad refulgente en el trayecto de lo verde a lo áureo.
SUMMER

27/30/95 cm. Terracota, metacrilato. 93


Autumntime: tiempo de otoño. Sunset: la tarde. La madurez madura.

La primera apreciación justa de tiempo, la sapiencia aplicada, la aureola, el fino anillo bruñido. La maduración. El trayecto, en
veloz viaje de amarillo hasta llegar a lo dorado. La refulgencia perdida. La plenitud en descenso disipada. La forzosa adaptación a
cualquier reto. El pausado ritmo en decadencia, y la pelea con la cabeza que no ayuda, que no acepta, que se encabrita y persiste,
firmemente obstinada en su certeza. La evidencia que te rinde. La aceptación de lo real, de la caída como espejo incontestable.
La continua presencia de un crepúsculo que a golpe de tiempo se avecina, con la prisa y el miedo a abrir los ojos. La palabra em-
pieza a hacerse dueña, a enseñorear la importancia de mi tiempo. La apreciación de una aceleración creciente, impuesta a la justa
medida de ti mismo. El histerismo, la huida presurosa hacia adelante ante la imposibilidad infranqueable de parada. El aprender
a mostrarte, a que te observen con el tiempo inexorable en la mirada. La poco a poco entrega en el declive. La nueva rebelión de
última hora y el levantamiento forzado ante el cansancio. La edad, la adaptación dosificada en evidencia.

En un último y fugaz empuje en curva, haciendo evidente su llamada, intenta volar, alzar vuelo, y levanta la ya pasada plenitud
con una apariencia de curvas y volúmenes, que se exponen al tacto de unos ojos que no pueden esconder en ese tajo la presencia
del tiempo retenido: autumn-time. Otoño, lo amarillo, lo lentamente dorado, se convierte mansamente en tonos próximos al sie-
na. Lentamente el convencimiento de saber te va ocupando, haciendo, levantando una tela, una gasa, un tul, que invita a camuflar,
a esconder lo que realmente supone el desgaste sorpresivo. Ese interés que te movía a diferenciarte, se va diluyendo quedamente
e intentas camuflarte, disfrazarte en los demás, mientras se va dibujando ante ti, esa estela que produce la travesía de lo dorado
al siena.
AUTUMN

23/23/84 cm. Terracota, metacrilato. 95


Wintertime: tiempo de invierno. Night: la noche.

Lo gris y la retirada de fulgor. Lo dorado en grisalla. Lo tenue de la luz, lo que difumina el núcleo. Lo negro y la merma de color
en escala de grises. El humo, el nimbo, el último halo de memoria. El avanzar de lo azul al violeta. El Tiempo en su cabal y es-
tricta presencia. La bruma, la niebla, la humedad baja de las nubes. El peso pesado del recuerdo. La evocación, la extrañeza de la
nada. El dolor en la asunción de lo vacío. La necesidad de llenar todo el pasado en un continuo ejercicio de repaso. Las profundas
preguntas a lo simple. La quietud intranquila y sosegada. Toda una revisión de color hasta la ausencia.

Recluida, ensimismada, abrazada a sí misma, abrazada en sí misma, hecha un ovoide. Intentando el menor desgaste inútil, orienta
toda su presión interna en un afán de renovar, de concentrar, de producir un ansiado abrir, una explosión de fuerza, que a estas
alturas de existencia se va haciendo imposible en el intento.

Se completa el sendero de lo blanco hasta llegar al destino de lo negro. Tiempo de invierno.


WINTER
32/52/35 cm. Terracota, metacrilato. 97
FOUR TIME’S
Cuatro muestras, cuatro secuencias de tiempo surcado, de tiempo volátil, ingrávido, pasado. Cuatro elementos sobre soportes
transparentes, elevados al aire en pedestales para hacerlos planear, flotar en Tiempo, acentuar su vuelo, sobre un disco pesado de
mármol, con el único fin de hacer memoria.
Envés . 175/32/188 cm. Terracota, metacrilato, mármol y acero. 99
MEMENTO DE TIEMPO
Detenerse a discurrir con particular atención y estudio lo que le importa. Equilibrio de tiempo.
MEM
De nuevo la introversión a que me llevan los tres torsos, en horizontal, en lectura lineal y con el mismo criterio de relación a pesar
del paso del tiempo. Tres niveles en ascenso-descenso, en ola de nacimiento, cresta y declive hasta, de nuevo, la horizontalidad
en infinito bucle.

Ahora en terracota blanca, los tres torsos del tótem se me han impuesto como meta a la hora de afrontar todo el trabajo. La misma
reflexión en importancia sobre el recorrido perenne de lo fecundo, en tres alturas, en peldaños, en secuencia ascendente-descen-
dente, con la suavidad y el cuidado de una curva. El jugar con la posición inicial y, en un salto inmediato hacerla subir a lo más
alto, manifestarla, exponerla, evidenciarla en toda su extensión y presencia, para volverla a su posición final en el mismo punto-
nivel de arranque.
103
ENT
Un equilibrio de Tiempo. Tres momentos idénticos en pasado, en presente y en futuro. Una cresta en presente que se hace más
ideal, por lo imposible, de lo que quisiera. Una altura de base, una posición cercana a la tierra evitando así la posibilidad de en-
soñación que pudiera transmitir en otra altura y que en esa pudiese acarrear cualquier indicio de euforia. La posición para que los
ojos la dominen. La posición que obligue a reclinarse ante ella. La posición que provoque un alejamiento de instinto de derrota.
La ola se fortalece, arranca, ondula, crece, sube, hace cresta, rompe y, atolondrada en espuma, nuevamente vuelve al principio
hasta hacerse dócil y suave en su salida.

Lo blanco, lo inmaculado por principio como ausencia de caos y de desorden. Inhiestos sobre la curva de hierro, se prestan, se
ofrecen a la atracción del que observa con la seguridad del que se asienta, con la ventaja del relumbrón propio del que irradia.

La reflexión, el detenimiento desde el tiempo de ahora, una vez transcurridas y pasadas sus etapas y con la conciencia en memoria
de actitudes aprendidas, se hace pesada y profunda en esa concentración que ahora pretendo.
O

Haz . 180/80/120cm Terracota, cobre e hierro. 105


El columpio: Bóveda -fuente.
Colgada en la fuente y sobre un metacrilato, dos arcos de hierro atornillados en bóveda que convergen arriba en una arandela en
clave de sustento. La pieza, forzosamente es de terracota.

Otra vez Fragonard en columpio y como bóveda, encerrado sobre una fuente en surtidor. Otra vez los brazos arriba, otra vez el
cosquilleo en el centro, otra vez el grito de péndulo, ese que se nos escapa y rescata en inercia, en gravedad, en centrípeta y nos
provoca la inestabilidad, la propulsión, la inquietud, el desasosiego, la inseguridad de sentirnos colgados, elevados en movimien-
to, entrecortados en respiración, suspensos en ánimo y ansiosos de escapatoria.

Absolutamente seria y segura, clava su mirada en el fondo. Levemente separa y eleva su pierna para disimular esa fuerza en el
centro que la mantiene presa. El metacrilato transparente del asiento tal vez revele el roce y la hinchazón provocada por el doble
movimiento. Apenas una inclinación puede mostrar un indicio de inseguridad, una pequeña presencia de ese miedo que aflora
con lo inestable. La Victoria muestra su sonrisa al sentir en su cuerpo el avance que corta la brisa. La Bambera sonríe entrecor-
tadamente conforme el ascenso o la caída provocan el cosquilleo y el final del recorrido en una pequeñísima inercia de escape.
Manda el centro. Escapa un entrecortado gemido y la respiración intenta acompasar el vaivén del columpio. Una fuerza interior
ansía y obliga a las piernas a imponer la elevación con un impulso e iniciar el despegue decisivo. Otra vez el descenso, la frus-
tración del fracaso en vuelo y, en la vuelta de inicio, retomar de nuevo todo el ímpetu y el fortalecimiento del nacido deseo, del
nuevo intento que aspira a definitivo.
bóv
109
E
Haz. Envés.
DA
40/77/112 cm. Terracota, hierro y metacrilato. 111
PAR.
La imagen incrustada en este vano como emblema y referencia de mirada. La fecundidad fecunda: el par. Erecto, inalterable, so-
segado, encaramado a la más alta predela del retablo de yedras y magnolios, el Par asoma inmutable, perenne, inapelable. Ellos,
en el hueco elevado, en aquel que más esfuerzo me supuso, ahora se ven, se hallan, se aposentan clavados, seguros, a la espera
de que de nuevo torne el brillo de ese esplendor que siempre refulge entre la hierba.
PAR
150/90 cm. Gouache. 115
MAtrix.
MATR
30/55/43 cm. Terracota y metacrilato. 119
De la yedra, el ciprés y el mosaico.
Apertura verde que esconde en un rincón una fonseca, en presente memoria de humedades, resignada a no robar protagonismo
al agua. Abierto, un enorme lienzo en hiedra, enmarcando en verde el flanco izquierdo que tira hacia arriba un ciprés masculi-
namente erecto. En el suelo, la romana Córdoba en teselas.
Espacio derecho. De lo masculino: el ciprés y el mosaico.
VolavÉrunt: la pérdida.
VOLAVERUNT: Volaron, se fueron. Aquello que percibí, que se fue, que pasó y echo de menos. Pendiendo de una estructura
curva a modo de omega final (fecundo) hasta incrustarse en el basamento.

Los tres torsos pendiendo a la misma altura en el omega.

Capital en el ciclo, lo cronológico se hace evidente en el transcurso. Fase de añoranza. Proceso por el cual la retirada se hace
dulce o amarga, transitoria o perenne, fugaz o eterna. El tiempo hace de las suyas cuando vuelves la mirada y te concentras.

La memoria, esa compañera de por vida, a fondo se emplea tenaz y firme entre los vericuetos del instinto. La memoria, en un
esfuerzo de clic intranscendente, penetra, se adentra y escudriña, empleándose adrede en lo primario donde la emoción esencial
hizo su mella y dejó huella indeleble sin esfuerzo. La memoria, en un ejercicio de placebo, de adentrarse en territorios esenciales,
se recrea y regodea con imágenes, con sonidos que entonces fueron tan fugaces, que ahora, le supone un ejercicio tan severo de
ajuste en equilibrio, en tiempo lento, en ese ralentí de esfuerzo deseado, que aceptas lo que venga de buen grado y recibes sin
criterio, sin más duda, lo que hay que distorsiona y hace de las suyas, cubriendo de dorado toda herrumbre. El afán se hace tan
terco, tan pertinaz, tan testarudo, que la deformación se asume sin problemas.
VOL 127
Y la fase de deseo vuelve a serlo con una intensidad desconocida en un ámbito de anhelo inusitado, en un territorio de embau-
carte desusado, tan sorprendente y asombroso, tan seductor, tan atractivo, que el esfuerzo de invertirlo no lo aprecias.

La pérdida, es. Lo que quise y ya no puedo, está. El símbolo perpetuo que ahora ostenta, se vuelve inalcanzable en este instante.
El asumir el cambio en lo real, va a ser ahora más que dura la costumbre.

Todo es altura, ingravidez, blanco, etéreo, y el ciclo del péndulo se inicia con una leve incidencia de la brisa. Y todo continúa. Y
todo sigue con el mismo riesgo, con la misma quietud urgente de respuestas. La levedad y la gravidez son difícilmente conjuga-
bles. Lo etéreo y lo plúmbeo conviviendo, no entran fácilmente en la cabeza, mas ahí debería estar el deseo por nuestra parte. Sin
embargo, seguimos conscientes, perceptores de la existencia de ese estado que nos coloca en esa posición poco frecuente, con ese
muro racional, por prejuicio, que se me antoja incapaz el sortearlo y vislumbrar el acceso a sus confines: el asomo a ese abismo
ante esa nada que conlleva la ausencia de lastre y tener el acierto de expresarlo, de hacerlo matéricamente real, de la manera más
concreta a su envoltorio, a ese cuerpo-contenedor que condiciona.
AVÉ 129
Esta ha sido una más de las constantes de la pregunta perpetua e insistente: ¿Cómo haré ahora para reconocerme en este embalaje
que me adhiere?

Tres torsos blancos, ingrávidos, en sombras de tiempo, ufanos, ostentan voluptuosa plenitud, consciente esplendor en lo que
fue, en lo que ahora se percibe en vuelo, en lo que se deseó y se apreció con plena conciencia, en lo que retuvo la memoria y en
presente lo evidencia.

Al subir, los torsos han dejado una estela en humo de grafías a modo de alfombra vacía de faquir, que erectas siguen en mirada
los vaivenes a que el viento los somete. Un falso faquir tumbado boca arriba, con la mirada perdida en lo vacío, se esfuerza por
escribir en blanco sus deseos: un faquir que se obstina, empecinado en hacer ostensible lo inmediato de ese tiempo futuro que a
él se asoma.

Noventa y nueve ojos huecos desde el suelo, los vigilan haciendo anclaje y raíz de lo pasado.
RUNT
225/100/230cm Terracota, hierro y metacrilato. 131
Tríptico SemillaS-magnolia
SEM
135
Sobre el talud, en la pared verde de vida, de hiedra vertical y erecta al espejo trasero de magnolios, tres grandes ventanas se abren
en depósito exacto de memoria. En tres planos secos, amarillos, con envoltura oscurísima, impuestos en papel blanco, vegetal
por un agua de lluvia destilada, aparecen elementos, líneas, formas verticales que protegen en ritmo, que agreden en picos, que
deslizan la atención, que envuelven y encierran lo valioso, lo que origina y contiene un embrión primario de existencia. Tres
grandes guaches en bloque, expuestos, aislados de una intemperie agresiva, se miran en ti en tríptico, ante esta opinión de pre-
sente variable.
I
280/150 cm Gouache. 137
Contenido en continente verde, vivo, en un lienzo de pared desconocida que se antoja muro de ascendencia, en trazos, en color
negro, serio, patente, estentóreo. Se intuyen aperturas, quiebros de superficies, tensiones que provocan formas que surgen de
fuerzas en extremos y liberan signos sugerentes. El contenido, recluido, presionado, encerrado en fuerza de médula, se obstina en
adherirse a las paredes que poco a poco se van haciendo más delgadas: la tensión de las líneas periféricas va haciendo un trabajo
eficaz y resultante. Tal es la tirantez pendiente de expandirse, que se puede intuir el ímpetu, el brío, la pasión, el latido firme de
algo que pretende abrirse, de eclosionar en un instante próximo.

La pulsión de vida, nuevamente intenta hacer presencia en lo amarillo. Hace, sugiere un interior que late, un germen, un origen
de algo que apunta futuro, que anuncia tiempo, movimiento lento, pausado y necesidad de quietud, de crecimiento.

Semilla, semillas en tríptico futuro. Aperturas feroces que se abren resolutas, decididas a crear nuevos espacios, intersticios mi-
núsculos y líneas desnudas de comienzo.

Mientras, la vida late, destaca, palpita en la superficie impúdica de yedra.


LLAS
139
Tótem: cupidinis efficies.
TÓTEM: la cara del deseo.
A la manera de tótem los colectivos enseñoreaban, hacían visibles sus símbolos a fin de que cualquier extraño, y ellos mismos,
entendieran qué significaba aquello de vivir en grupo y la importancia vital que para ellos tenía como proyecto. Pasado mucho,
como adalid, como efigie, como gran símbolo de lo fecundo relacionado con lo próspero, de la relación que supone la vida, lo
que hace el avance y fructificar esa pulsión que nos mantiene activos, sigue manteniendo esa universal vigencia a la hora de tener
los mismos efectos de protección y respeto.

Por la calle, en cualquier sitio y lugar, me asaltó la imagen de uno de esos horribles prismas grises de cemento, con una puerta
metálica, normalmente desvencijada, que albergan un enorme cuadro de circuitos eléctricos, con una palabra escrita en su cara
lateral: tótem. Toda una manera de entender la realidad, toda una manifestación de lo que podría simbolizar la cotidianeidad de
estos tiempos medios que nos atraviesan. Y… sin tener, aparentemente nada que ver con lo que en esos momentos me imbuía, la
idea de ese icono que relacionamos, que identificamos con los pueblos indígenas americanos del norte, me asaltó como elemento
de la empresa que me obsesionaba. La relación con mi tiempo de vida, con mi propio interés arrastrado y con lo verde que iba a
suponer el espacio en el que quería mostrar toda mi atención sobre lo relacionado con esos árboles que habían llegado a formar
parte de mi universo como cara de deseo: Magnolia.

Los tres torsos blancos atravesados en ascensión por una barra transparente en agua y sobre un metacrilato rectangular, llegaron
a convencerme del sentido que en mí había provocado la lectura, ahora, en este tiempo que transito, la palabra MAGNOLIA:
esa flor, ese árbol de porte esbelto, grande, siempre verde, de hojas fuertes, enteras, lanceoladas, con un leve tinte rojizo junto
a las que arrancan grandes flores blanquísimas con olor intenso, profundo y primitivo que evoca a las regiones más recónditas y
esenciales americanas. El patio se me reveló con sus cuatro magnolios, su ciprés y su limonero, su yedra, su fuente y su Tiempo
como el lugar tremendamente exacto.

Córdoba está llena de estos árboles masculinamente recios, que despiertan y se abren en verano. Cupidinis efficies: la cara del
deseo. Todo un ejercicio por mostrar una manera y forma de ver mi relación con lo femenino, con lo fecundo como símbolo, con
mi objeto profundo de deseo en un proceso de presencia, insinuación y entrega. Y …

143
Con el fuego surgió el ardor.
En principio fue agua. Tras el tiempo, se abrió. Un último quiebro, un ígneo golpe trajo su fin, y en imposible salto, voló. En la
ranura cayó el velo. Émbolo rojo, gelatina azul en la sima.
Un hilo vertical, lumínico, seminal, sólo un hilo.
La horizontal quebró vaciándose el interior de la línea. Se sintieron libres los puntos oscilando en el azul.
¡Toda una orgía en el plano!
El añil se hizo selenita, el amarillo, diurno. En el deseo se frotan lázuli y oro en la intimidad de lo verde.
Los giros concéntricos del Astro ejercen su presión centrípeta.
Todo está preparado. En la presión, el ardor, en el ardor, el deseo, y en el deseo…el Deseo.
Lo verde se hizo frío ardor. Casi en el blanco… el pez.
La gran vulva rota por el haz, estalla y miles de puntos encendidos flotan en el gas.
Uno se hizo tierra, y en la tierra el deseo, y en el deseo el ardor, y en el ardor la presión, y en la presión el recuerdo,
y en el recuerdo… el descanso.
Todo está hecho.
En principio fue agua. En el agua… el fin.
TEM
25/33/216 cm Poliéster, cobre y metacrilato. 145
MagNolia’s Chair: silla de reina.
Del gr. ἐνθουσιασμός enthousiasmós.

Cuando él te hace presa fácil, es curiosa la reacción que puede producirse.

Un trozo de madera de roble cortado en arco y con aspecto inservible. En la carpintería, entre un montón de taquitos, virutas,
listoncillos y desechos, se evidencia en vaivén, en un perenne movimiento oscilatorio, que sustenta lo rotundo, lo pesado, en un
ir y venir de efecto grácil y liviano: ¡Ahí está!

Bastó colocar una superficie con rail y simular el respaldo en mecedora. Ella, subida en inestable vertical, asentada rotundamente
en su trasero, alza los brazos en victoria, en alegría de haber conseguido ese instantáneo equilibrio: Silla de magnolia, silla de
reina de su espacio, de la ida y la vuelta de su aire. Paralelismo en fuentes, en aguas, en principio y movimiento. Similitud en
actitudes y presencia. Ostentación de plenitud y levedad, en esa confusión que provoca el ascenso, en esa ebriedad de risa y cos-
quilleo que se evidencia y aflora desde el centro al sentirse elevado. El esplendor en formas opulentas.

Sorprendente intervención de ese huésped, de ese pequeño ser que nos habita cuando se remueve y nos posee el entusiasmo. Y
nos sentimos inundados, poseídos con esa sensación, ese estado de exaltación y fogosidad provocado por algo singular, por algo
enorme o por algo sin importancia, que nos cautiva, que nos hace presa y no nos suelta y, nos provoca una respuesta que se hace
prioritaria, necesaria, vital, adquiriendo un cariz de transcendencia inusitado. Tal vez eso que llamamos de otro modo en relación
al mecanismo de creación, eso que, aún a nuestro pesar, nos obliga a vislumbrar algo nuevo, desconocido, distinto y que eviden-
cia y posee la fuerza de mantenernos en vilo.
CH
149
AIR
Queen´s chair 80/53/83cm Poliéster, metacrilato, cobre, hierro y madera. 151
Pulsión de equilibrio: Eros vs. Thanatos.
Sobre el equilibrio en la gravedad: la obstinación en encontrarlo.

Con la pieza saliente, sobrante en negativo, de unos de los gradientes del péndulo, surge la servidumbre de soportar, a modo de
balanza, dos piezas que presenten un nivel horizontal en sus masas y reflejen ese equilibrio, ese punto de estar que debo encontrar
en la búsqueda que llevo a raíz de mis últimos aconteceres: dos figuras femeninas, en terracota, que, en los extremos y a modo de
miradas opuestas, mantengan ese fiel de cobre en el centro de una U de hierro que sustente toda la pieza, y que se apoye, atorni-
llada, en el tablero que la sujete y aísle del suelo.

Sobre eros Ἔρως (pulsión de vida), y thanatos Θάνατος ,(pulsión de muerte)

En el frontal, después de haber cortado los gradientes de los péndulos, estaba colocado el sobrante negativo. La idea de la balanza
seguía gravitando en mi cabeza y fue en ese momento cuando aprecié la posibilidad de iniciar, con aquella pieza recta en la base
y curva opuesta de metacrilato, todo lo que necesitaba expresar sobre el equilibrio deseado en una situación vital de urgencia: el
proceso de radiación estaba en plena efervescencia y el hecho de proyectarlo fuera de mí, se estaba convirtiendo en una necesidad
primaria.

En un instante, sobre un trozo de cartón acanalado, la urgencia del fulgor me convirtió en presa. La agitación y el ensimisma-
miento saltaron al unísono y la visión se hizo posible. De nuevo la sorpresa. De nuevo reflexiono sobre cómo veo las cosas,
cómo los ojos se encuentran avizores a interpretar y desarrollar las imágenes y los objetos que se interponen a su enfoque. Toda
una evolución de educación y orientación de la mirada para llevarla al territorio de la necesidad creativa que les ha impuesto mi
cabeza. Curiosa, inquisitiva la mirada, me hace penetrar en lo más denso y elemental de la materia y, una vez conformada, en su
ubicación y significado estético. El concepto empieza a hincharse y, en destellos, en ráfagas intermitentes, comienza a definirse
poco a poco. La necesidad física en las manos se hace cada vez más necesaria y mi cabeza las retiene. El instinto cuesta conte-
nerlo y lo racional hace su freno hasta llegar a un punto de presión, a un punto de intensidad que ya se hace incontenible.

La pulsión de vida se revela.


155
En busca del centro de gravedad permanente.

Otra vez la gravedad. Otra vez el equilibrio. Otra vez la aventura de iniciar algo que los haga olvidar y se convierta todo en la
pérdida del centro de gravedad. De nuevo desaparece el equilibrio del tiempo vida y entras en el torbellino que impone la au-
sencia de lo seguro y a la vez el atractivo de lo desconocido, embaucándote en la nueva ventana abierta por la que penetran
aires inexplorados y frescos. La pulsión de vida se explaya y se manifiesta en presente con una cola de futuro que atrae como
un potente imán a la mirada.

La pulsión de quietud, de pasado, de frenazo brusco y repentino, hizo que el fiel que ecualiza el equilibrio, se desviara, se volviese
hasta mínimos atónitos. La pulsión de muerte, de descanso, la irreversible se hace dueña y la reacción debería ser instantánea,
mas si no lo fuere embocaría la salida en declive hasta la nada.

El eros, la pulsión de vida, manifiesta ese afán que hasta ahora me acompaña y ensombrecido se ve por un Thanatos en lucha, en
pelea por recobrar de nuevo el centro, el equilibrio que hace que funcione esa pendencia. Antes, en esa pulsión que te catapulta
hasta confines de luz desconocida, la batalla claramente era suya, mas esta pulsión no es continua y en un impás la otra se halla
buscando, se halla usurpando todo su territorio antes ocupado, todo su espacio invadido, y se desquita y recula hasta provocar la
reacción, la búsqueda contraria que haga que la nueva, esa pulsión de existencia, la de ir tirando día a día, la que no sufre altiba-
jos, consiga de nuevo averiguar en qué lugar, en qué punto se halla el centro de gravedad perdido.

Y la balanza… el fiel, siempre el fiel buscando el equilibrio en el momento tiempo-vida ante la incertidumbre y el ansia que
genera la pérdida de ese centro necesario. Y me lleva a inmiscuirme en la memoria, a soportar sus distorsiones y asumirlas, a
perder conscientemente toda ecuanimidad en el criterio y a saborear ese dulzor engañoso del pasado. Y me lleva a la valoración,
a la ponderación, al sopeso de cada una de aquellas experiencias que tanto hicieron pesar mi continuidad en ese ejercicio de apre-
ciar su propio peso y, a poco, intentar quitar todo el hierro posible, a intentar hacerla lo más leve, lo más ligera, lo más volátil y
liviana a fin de buscarle acomodo y hacerla lo más llevadera posible.

El equilibrio en el tiempo-vida y la pérdida del centro de gravedad.


E vs TH

160/ 46/240 cm. Terracota, metacrilato, hierro. 157


MagnUM.
M
G
27/38/66 cm. Terracota y metacrilato. 161
Strange flowers.
Cuelgan de los magnolios.
165
Cuatro grandes, maduros, adultos magnolios me ayudan y me motivan. De naturaleza cálida y seca, fortalecen corazón y estóma-
go y mezclada con otras plantas, su cocimiento, infundido en el útero, es un excelente remedio de la esterilidad. Cuatro magno-
lios, un ciprés como elemento masculino, un limonero… crean ámbito y entorno para rendir tributo a lo femíneo, a lo fecundo,
a lo vivo.

El único contacto de una pieza con la vida vegetal del patio. Vulvas blancas con trazos de dorado penden entre las recias hojas
como extrañas flores que cuelgan de las ramas.

Recuerdo cuando en los noventa colgué, en este mismo patio y pendiendo del limonero del espacio 1, las cuarenta y nueve ei-
dolas de los Héroes. Ahora quiero colgar de las ramas de los magnolios, otras tantas flores extrañas, ya me gustaría que en este
momento coincidieran con la floración, a la manera de vulvas doradas, en el intento de emular la fusión entre flor y fecundidad
de lo femíneo.

Vulvas blancas colgadas de las ramas de un magnolio, ese que, llegado este tiempo, dará, nos ofrecerá esas hermosas flores fe-
meninas, robustas, fuertes, terminales, solitarias, blanquísimas que hacen que su fruto se abra y suelte montones de semillas para
perpetuar.

Un barro blanco de base sirve de apoyo a las dobles vulvas, a modo de aprovechar cualquier orientación, que manifiesten su afán,
su sentido y su finalidad de reproducción. La fecundidad como principio, mantiene ese perdido contacto con lo vegetal.

La relación de roce hace patente y recíproca la transmisión de todo lo que suponga una pulsión vital de continuidad. De modo
aleatorio penden, a fin de ser movidas, de llamar la atención desde el elemento aire a unos ojos que han dejado de mirar arriba,
que se han olvidado de su dependencia con respecto a lo natural, que se olvidaron de mirar hacia sí mismos, hacia adentro, re-
flexionando, olvidándose de reconocer su participación, su respeto y su pertenencia a nuestro entorno.
STR
FLOWERS
167
La vuelta: el reloj.
Se cierra definitivamente el recorrido. La total presencia del reloj astronómico de Sol, arañado, marcado con palabras, frases,
números, dibujado por geométricas líneas descendentes, la rige un indudable mascarón de proa que proyecta fielmente con su
gnomon, que marca el ritmo que debiera proseguir en nuestra ruta, en nuestra travesía inevitable de vida, y fija, señala momentos
en la sombra, que hacen, que sellan, que graban nuestros hitos de memoria.
 “Cuando llevas más de la cuenta en el empeño y has atravesado multitud de puentes abriendo puertas
y ventanas, llega un momento en el que evidencias que tienes una forma de hacer, una pasión y unos temas
principales que te preocupan sobre los que puedes seguir ahondando sin redundar. Mientras… la vida avanza.”

De abril a junio de 2018. Primavera En córdoba.


171
Juan Zafra
Nací en enero, un domingo 21 del año 1.951 en Fernán Núñez. Infancia de juegos, agua, dibujo, barro y bicicletas. Primeros en-
cuentros con el légamo. La niñez y el bachillerato en Sevilla, Cabra, y Córdoba. Música, paisaje, vida y color. Luego, Madrid: el
volumen. Vuelta a Córdoba: Pilar. Desde allí a hoy, la enseñanza y la escultura siguen ocupando mi vida.
En enero de 1975 comencé travesía: mi primera exposición personal. Después… lo que sigue.

EXPOSICIONES PERSONALES:

1975 Palacio de la Merced. Diputación de Córdoba. 1994. -Móviles para una crisis.
1977 Esculturas. Galería Liceo. Córdoba. 1995. De la desaparición de los héroes.
1980 Esculturas y cerámicas .Ayuntamiento de Fernán Núñez. 1996. Museo Histórico municipal. Palacio de Benamejí. Écija. Sevilla.
1981 Esculturas. Galería Studio 52. Córdoba. 1996. Hierros. III Simposio sobre escultura. Amadora. Lisboa. Portugal.
1984 Mitología y S. XX. Xilografías y dibujos. Con J. Lara Studio 52. 1997. Los gestos del héroe. Esculturas, dibujos y grabados.
Córdoba. 1998. Las manos del héroe. Testamento. Esculturas y grabados.
1987 Hierros. Con J. Lara Colegio de arquitectos. Córdoba. 1999. De la desaparición de los héroes. Palacio de la Merced. Córdoba.
1988 Club Roma. Aguafuertes. 2004. Perfection with Don Clarck. Number Nine Gallery. Birmingham.
1989 Pasión y muerte de Juan Montoya “El Patas”. England
Escultura, grabados, textos. Música: Juande García. Museo taurino. 2004. Sonido y gesto. Galería Carmen del Campo. Córdoba. Octubre.
Córdoba. 2005-2008. Marzo. Personas de autovía.
1990 Figura y entorno. Con J. Lara. Junta de Andalucía. 2008. Residuos y ventanas.
1990 Figura y entorno. Abadía Neumunster. Luxembourg. 2009. Memoria de agua.
1991. Trece xilografías en un poema. Asamblea de Madrid. 2009. Retrospectiva “El Patas” Ayuntamiento de Fernán Núñez.
1991. Triada. Alcázar de los Reyes Cristianos. Córdoba. 2010. Residuos y ventanas.
1992. De la desaparición de los héroes. Textos. 2011. Generación Crisálida: esxtáticos. Carmen del Campo. Córdoba.
1992. El Patas. Arts et Metieres. La Louviere. Bruxelles. Belgique. 2016 Artemisa despojada del chándal.
1993. Ícaro. Publicación. Poemas, esculturas y grabados. 2017 Proceso de Artemisa. Museo de Bellas Artes. Córdoba.
1994. Siete momentos para una soledad. Esculturas y grabados. Club 2018 Magnolia f.s. 11186 m/s. Patio de Reloj. Palacio de la Merced.
Roma. Córdoba.
Carpetas y libros de grabado. INTERVENCIONES EN ESPACIOS PÚBLICOS.

1984 -Mitología y S. XX. Con J. Lara Xilografías. Mural cerámico a Pablo García Baena. Córdoba.
1985 -Triángulo de dos. Con J. Lara Aguafuertes. Mural cerámico 850 aniversario de Maimónides. Córdoba.
1987 -Pasión y muerte de Juan Montoya. Aguafuertes. (Libro de artista) Mural cerámico a Juan Bernier. Córdoba.
1988 -“El Patas” Xilografías. 112/76 cm. Monumento a Federico García Lorca. Jardines de la Luna.
1989 -Figura y entorno. Con J. Lara Mixta. Alto relieve escuela de patinaje Diamond. Madrid.
1990 -Trece Xilografías en un poema. 112/ 76 cm. Proyecto Averroes. Madrid.
1990 -Peceras. 11 Xilografías. 56/38cm. Proyecto Obelisco a la Paz. Córdoba.
1991 -Personajes de Estelas. Litografías. (Libro de artista) Monumento al jardinero. Jardines de agricultura. Córdoba.
1995.-De la desaparición de los héroes. (Libro de artista) 38/56cm. A Lázaro Cárdenas. Méjico. Córdoba de Veracruz. Córdoba.
1996 -De los gestos del héroe. Punta seca. (Libro de artista) 38/56cm. Parque de la libertad. Amadora. Lisboa
1997 -Las manos del héroe. Punta seca. (Libro de artista) 38/56cm Fundación de la Universidad de Córdoba. Paraninfo.
1997 -Los nombres del héroe. Mixta. 38/56cm. Estela de los Jubiles. Montoro. Córdoba
2003 -Haz y envés. 21 Xilografías. 112/76cm. Paisanaje. Acero corten. Loma autovía de Fernán Núñez.10 m
2012 –Grabesxtáticos. Estela Antonio Moreno Viso. Hierro. Mármol. Villanueva del Duque.
.José Luis Villegas. Relieve. Plateros. Córdoba.
Rotonda Puerta de Montilla. Córdoba.

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EXPOSICIONES COLECTIVAS:

1975 -Artistas cordobeses. Galería Céspedes. Córdoba.- 1984 -Escultores y pintores de F. Núñez. Posada del Potro.
1976 -Galería Céspedes. Córdoba. -Jaima cultural Itinerante. Diputación de Córdoba.
1977 -Grupo Tierra. Jaén. -Arc en ciel. Córdoba.
1978 -Homenaje a R. Zabaleta. Quesada Jaén. -Homenaje a Mateo Inurria. Diputación de Córdoba.
-LXXXIII Salón de Primavera. Sevilla. 1985 -Desde el interior. Sala municipal de Nerja. Málaga.
-Galería Art Cuenca. Córdoba. -600 aniversario de la fundación. Palacio ducal. F. Núñez.
-Panorama 78. Museo Arte Contemporáneo. Madrid. 1987 -Triángulo de dos. Galería El Aleph. Córdoba.
-Panorama 78 A.S.A.P. Córdoba. -Ville Corot. París.
-Pintura y escultura. A. Cuenca. 1988 -Fondo contemporáneo del Ayto. de Córdoba. Capitulares.
1979 -Homenaje a D. Antonio Machado. 1992 -Córdoba Arte contemporáneo. Imágenes de los 80.
1980 -Sala Jabalcuz. Jaén. 1997 -Suerte suprema. Córdoba. Alicante. Pamplona.
-Artistas cordobeses. Sala B. Bermejo. Córdoba -Artistas de la Galería Studio 52.
1982 -Jardines de Agricultura. Aire libre. Córdoba. 1998 -Pintores y escultores cordobeses. Galería Arte 21.
-Escultura y pintura. Galería Céspedes. Córdoba. 2002 -Artistas de la galería Carmen del Campo. Córdoba.
-II encuentro de artistas plásticos andaluces. Escultura. Corral 2003 -Grabados. Galería Carmen del Campo.
del Carbón. Granada. Itinerante. 2003 -Diciembre. Galería. C. Del Campo. Córdoba.
1983 -II Exposición al Aire Libre. Jardines. A.S.A.P... Córdoba. 2004 -Mayo. Tauromaquias. C. del Campo. Córdoba.
2010 -Enero. Góngora y Córdoba.
Finis coronat opus.
Y me despidieron los magnolios floreciendo. 175

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