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Ya se ha cumplido una década, donde he tenido el placer de poner en práctica todos los

conocimientos adquiridos en un aula de clases de mis tiempos de universidad y que ni cerca


me acercaban a la realidad del entorno educativo. Si bien es cierto, que los libros no me
prepararon para la práctica fueron el punto de partida para mis inicios en el 2008 cuando
egresaba como Licenciada en Educación Mención Industria área Mecánica, y llegaba a las aulas
de clases con un montón de ideas preconcebidas de lo que esperaría de mis estudiantes. Por
supuesto, no todo fue como me lo había imaginado, pero poco a poco fui descubriendo que lo
académico era solo la punta de todas las experiencias que viviría y compartiría en esas aulas; y
así se fueron desarrollando mis años de experiencias entre jóvenes que en ocasiones
necesitaban más un abrazo que la explicación de una operación matemática en la pizarra.
Pasado cierto tiempo, me llego la oportunidad de ascender administrativamente como algunos
le llaman y pude entonces desarrollar ese rol de administrador en totalidad en un
departamento de seccional donde pude involucrarme con padres, representantes y comunidad
tratando en todo momento de ser ese enlace que se necesita en el proceso de enseñanza-
aprendizaje; esto último fue llevándome hasta mis labores actuales en el departamento de
control de estudios y evaluación donde ya resido desde hace cuatro años, el departamento
tras bastidores como le llamo, debido a que en él se alza la columna vertebral de la institución
a través de muchas hojas y calificaciones, un trabajo arduo y que requiere mucha dedicación
siendo como un ciclo que nunca termina, no en julio con la entrega de títulos, no el año
siguiente con el resumen final sino que sigue en continuas labores sin detenerse.