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Universidad de La Frontera

Facultad de educación, Cs. sociales y Humanidades


Departamento de ciencias sociales
Sociología

“Ciudadanía chilena, desde el rol y


las concepciones”

Asignatura: Seminario Sociedad y Política.


Profesor: Mauricio García.
Estudiante: Sebastián Viveros Uribe.
Fecha: 04/12/2017.
Contenido
1. Problematización......................................................................................................................... 3
1.1 Pregunta de investigación ......................................................................................................... 8
1.2 Objetivo General ....................................................................................................................... 8
1.3 Objetivos específicos ................................................................................................................. 8
3. Marco teórico ............................................................................................................................ 13
3.1 Ciudadanía ......................................................................................................................... 13
3.2 El ciudadano a la luz de las corrientes ideológicas............................................................ 15
3.3 Subpolítica ......................................................................................................................... 17
3.4 El escenario político chileno como contenedor de una nueva forma de ciudadanía ....... 19
3.5 La progresión y estallido del descontento ........................................................................ 21
3.6 Subpolitización de la política en Chile ............................................................................... 24
4. Marco metodológico ................................................................................................................. 26
4.1 Diseño................................................................................................................................ 26
4.2 Muestreo ........................................................................................................................... 26
4.3 Técnicas de recolección de datos ...................................................................................... 27
4.4 Estructura de la entrevista ................................................................................................ 27
4.5 Técnicas de análisis de datos ............................................................................................ 28
4.6 Procedimientos de confiabilidad y validez ........................................................................ 28
4.7 Aspectos éticos.................................................................................................................. 29
5. Anexos ....................................................................................................................................... 31
5.1 Consentimiento informado ............................................................................................... 31
5.2 Carta Gantt ........................................................................................................................ 33
6. Bibliografía ................................................................................................................................ 34
1. Problematización

Actualmente, los ciudadanos chilenos nos encontramos en un proceso político


bastante difuso y conflictivo. Si nos abstraemos y describimos las prácticas que hoy
realizamos como ciudadanos, sin duda, nos tomaría mucho tiempo trazar
claramente en qué consisten y cómo realizarlas. Y es que los cimientos de nuestros
actos políticos son incipientes y quebradizos. En la sociedad chilena, según Iglesias
(2015) existe una escisión entre lo social y lo político, vale decir, entre la sociedad
civil y las instituciones políticas. En este sentido cabe introducir el cuestionamiento
que realiza Mayol (2015) “¿Cómo se gobierna a millones de individuos sin un
espacio de articulación, sin sociedad y sin política?” (p. 47).

Considerando que en una democracia representativa –régimen político chileno- el


voto es uno de los máximos mecanismos de deliberación ciudadana, los autores
Manin, Przeworski y Stokes (2002) presentan dos enfoques que pueden
desprenderse analíticamente de las elecciones: 1) el de mandato, donde la utilidad
de las elecciones radica en la selección de buenos políticos y políticas, los
candidatos divulgan en periodos eleccionarios sus propuestas y los efectos de
aquellas al bienestar de los ciudadanos, éstos por consiguiente eligen cuál es la
mejor propuesta y a los políticos que las ejecutarán una vez elegidos. 2) El de control
(accountability), en donde las elecciones ayudan a hacer responsables a los
gobiernos de los resultados de sus acciones pasadas, aquellos eligen políticas que
podrían ser evaluadas positivamente por los ciudadanos previendo los intereses de
los votantes, y así asegurando su reelección futura.

Estos enfoques que según los autores presentan grandes falencias, los cuales nos
servirán para contrastarlos con la realidad chilena.

A partir de lo dicho, el voto y la representación política, son elementos


fundamentales para el correcto funcionamiento nuestro sistema político y el
empoderamiento ciudadano.
Aquello resulta un tanto desalentador, puesto que desde el plebiscito de 1988 hasta
ahora los niveles de participación electoral han ido en un consistente declive. En las
últimas elecciones municipales 2016, la abstención electoral llegó a un alarmante
65% (votaron 4,8 millones de personas entre más de 14 millones de potenciales
votantes) (CISEC, 2016).

Adicionando, respecto a la clase política del país. Y aquello claro, repercute


directamente confianza de la ciudadanía, según la IV Encuesta Auditoría a la
Democracia del PNUD (2016) en Chile, quienes perciben que hay mucha
corrupción en distintas instituciones públicas y privadas aumentó de un 23% el 2010
a un 47% el 2016, duplicándose la cifra en 6 años.

Fuente: Encuesta CEP (2017)

Según lo que podemos observar de la encuesta CEP (2017) las instituciones


políticas como partidos políticos, congreso, gobierno y tribunal de justicia son las
instituciones que presentan los niveles más bajos de confianza en el país,
observándose un correlato entre los grandes niveles de desafección electoral y
política.
La relación entre la ciudadanía y el gobierno está profundamente fragmentada,
tomando en cuenta que según el Informe sobre desarrollo humano (2015) un 76%
de la población considera que la política influye poco o nada en sus vidas.

Siguiendo los enfoques analíticos de las elecciones ¿Cómo podríamos elegir a


mandatarios libremente si los niveles de confianza hacia instituciones públicas son
tan insignificantes? ¿Cómo los gobiernos resultan ser representativos si la
desafección electoral es tan prominente? El voto ya no es un elemento crítico al
momento de buscar una representación concreta, se vote o no, parece ser que
aquello no influya en problemáticas y descontento social del país, así las instancias
políticas tradicionales que usábamos para ejercer nuestro acto deliberativo concreto
han sido fuertemente devaluadas.

En respuesta a aquello, en el país surgieron mecanismos políticos no


convencionales, fuera de la institucionalidad tradicional, cuya utilidad radica en la
superación de procesos políticos institucionales-formales; una de las
manifestaciones más claras de aquellas instancias son los movimientos sociales
(Dalton, 2009) En ese sentido, Chile en el periodo de 2009 en adelante ha pasado
por un proceso emergente de manifestaciones caracterizado principalmente por la
participación una gran variedad de movimientos sociales -entre ellos estudiantiles,
ecológicos y laborales- (Ramírez y Bravo, 2009), destacándose en el 2011 la
explosiva participación del movimiento estudiantil, donde la cantidad de
manifestantes alcanzó un pico de más de dos millones de personas en Santiago
(Ramírez y Bravo, 2009).

Si profundizamos en el estrato que representa a nuestro objeto de estudio, los


jóvenes, la atmósfera de desafección política es aún más tensa. Según la INJUV
(2017) la mitad de los jóvenes chilenos declaran estar poco o nada interesado en la
política y el 44% de ellos siente que la política le produce desconfianza. Uno de los
elementos más interesantes de la encuesta realizada por la INJUV (2017) es que
Alrededor del 70% de los jóvenes está en desacuerdo con la afirmación “la política
es para los políticos; no para la gente como yo”. Aquello resulta decidor, puesto que
desde el sector juvenil, se funda una visión crítica respecto a la política y una
intención participativa en ella.

Vivimos en una época donde superar la brecha entre la sociedad civil y las
instituciones políticas es menester para el empoderamiento ciudadano. Como se ha
relatado anteriormente, el clima político chileno esta tensionado, el status quo
emergido durante dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) y cristalizado
en los gobiernos de la concertación (1990-2007) posteriores a la transición
democrática basado en un modelo de desarrollo capitalista que consistía en
premisas neoliberales (Leyton, 2014) ha sido puesto en tela de juicio. En palabras
del informe de la PNUD (2015) el país se encuentra en un proceso de
desnaturalización de lo social, donde ése orden impuesto ha menguado. En suma,
la clase política, además de estar profundamente deslegitimada por las razones
expuestas anteriormente, ya no puede contener las consecuencias colaterales de
un modelo basado preponderantemente en el desarrollo económico y la ciudadanía
clama cambios, y no existiendo mecanismos deliberativos decidores es que nuevas
instancias políticas han emergido desbordantemente.

La vida social y política se encuentra un proceso de politización que viene a chocar


las intenciones excomulgadas en dictadura, en donde el

““poder político” debía descansar en una élite técnico-militar desgajada de los


grupos sociales (bajos y medios); y que las organizaciones sociales (de existir)
debían abocarse a asuntos al margen de la política -y por ello- […] la base social
fue sometida a una autonomización forzada y se vio obligada a actuar por sí misma,
sin estructuras mediadoras y sin posibilidad de interlocución con el Estado” (Iglesias,
2015, p. 236)

El rol del ciudadano en Chile ha sido trastocado, ya no puede ser visto desde
perspectivas tradicionales –votar o participar en partidos políticos, etc.-, y los
jóvenes chilenos tienen mucho que decir respecto a este cambio, puesto que ya
desde 2006 con la “revolución pingüina” este estrato se ha volcado hacia la
búsqueda de cambios sociales.
De ahí el interés de estudiar a la población juvenil y la visión que tienen respecto a
lo que significa ser ciudadano en Chile.

Ahora bien, si nos situamos a un contexto más local, Temuco no ha estado exento
de movilizaciones, en lo que respecta a manifestaciones estudiantiles, tanto
estudiantes secundarios como universitarios han participado a través de marchas,
tomas, actividades culturales, etc. Los estudiantes universidad de la Frontera se han
tomado el establecimiento en variadas situaciones, respondiendo claro a los
llamados de la CONFECH a una movilización general y a demandas internas que
atañen a democratizar la institucionalidad, reducir costos a estudiantes, etc.

También es necesario acotar que en la región hay ya 9 conflictos socio ambientales,


que nos dice mucho sobre la latente capacidad de empoderamiento y participación
de la ciudadanía. Otro elemento propio de la región, son los constantes conflictos y
manifestaciones asociados al movimiento mapuche, aquello sin duda ha impelido a
una gran cantidad de gente a salir a las calles y pregonar su opinión.

En suma, resulta pertinente estudiar la realidad Temucana, ya sea por su contexto


político particular o porque es una ciudad que se puede coescribir con el contexto
del país en general. Y en específico, centrándonos en los estudiantes de la
universidad de la Frontera podemos rescatar sus visiones y acciones a las que ellos
consideran propias de un ciudadano desde su particularidad.

Además, la relevancia de estudiar contextos regionales alejados de la metrópolis,


nos dará luces sobre el marco en el que está inmerso y participa el ciudadano
chileno de una forma más profunda y holística.

Es por esto es que nuestro objetivo de investigación será comprender las


concepciones y acciones que los estudiantes de la Universidad de la Frontera
atribuyen a su rol de ciudadanos en Chile
1.1 Pregunta de investigación

¿Cuáles son las concepciones y acciones que los estudiantes de la Universidad de


la Frontera atribuyen a su rol de ciudadanos en Chile?

1.2 Objetivo General

Comprender las concepciones y acciones que los estudiantes de la Universidad de


la Frontera atribuyen a su rol de ciudadanos en Chile

1.3 Objetivos específicos

Caracterizar el proceso político actual en el que se enmarca la ciudadanía chilena.

Identificar la concepción de ciudadanía presente en los estudiantes de la


Universidad de la Frontera.

Caracterizar las acciones que los estudiantes de la Universidad de la Frontera


atribuyen a su rol de ciudadanos en Chile
2. Marco de antecedentes

Como se esbozó anteriormente, el panorama en el que se enmarca la ciudadanía


actual es de descontento, deslegitimación de las instituciones tradicionales, y de
una politización ciudadana cuyos canales de participación trascienden a éstas
instituciones.

Respecto a los mecanismos propios de una democracia representativa, como el


voto, desde el plebiscito de 1988 hasta ahora los niveles de participación electoral
han ido en un consistente declive. En las últimas elecciones municipales 2016, la
abstención electoral llegó a un considerable 65% (votaron 4,8 millones de personas
entre más de 14 millones de potenciales votantes) (CISEC, 2016).

A la par, la confianza en las instituciones tradicionales que en otrora tenían el rol de


cohesionar e integrar a la sociedad civil disminuyó a niveles alarmantes.

Fuente: Encuesta CEP (2017)

Según la encuesta CEP (2017) las instituciones políticas en las que más desconfía
la gente son el gobierno, congreso y partidos políticos respectivamente. Estos datos
confluyen con el hecho de que sólo en el 2016 hubieron 14 casos de corrupción y
fraude político, entre los más mediáticos, se puede considerar el caso SQM y
CAVAL (La izquierda diario, 2016). El clima de desconfianza también se condice
con la IV Encuesta Auditoría a la Democracia del PNUD (2016) que concluyó que
los chilenos perciben que hay mucha corrupción en distintas instituciones públicas
y privadas aumentó de un 23% el 2010 a un 47% el 2016, duplicándose la cifra en
6 años.

Las instituciones clave para el sano funcionamiento de una democracia


representativa poseen un alarmante declive histórico, el nivel de desafección
política es tan elevado que se hace claro un escenario de crisis de representatividad.

La relación entre la ciudadanía y el gobierno está escindida, tomando en cuenta que


según el Informe sobre desarrollo humano (2015) un 76% de la población considera
que la política influye poco o nada en sus vidas.

En lo que respecta a la población juvenil, según un estudio realizado por la INJUV


(2017) la mitad de los jóvenes chilenos declaran estar poco o nada interesados en
la política y el 44% de ellos siente que la política le produce desconfianza. Si bien,
aunque estén poco interesados en la política, parece ser que están aludiendo a las
instituciones tradicionales, puesto que es que alrededor del 70% de los jóvenes está
en desacuerdo con la afirmación “la política es para los políticos; no para la gente
como yo” (INJUV, 2017). Aquello resulta decidor, puesto que desde el sector juvenil,
se funda una visión crítica respecto a la política y una intención participativa en ella.

Las explicaciones a este suceso si bien pueden ser inferidas a partir casos de
corrupción, tiene un sentido mucho más profundo, referente al propio sistema
político que heredó de la dictadura militar de augusto Pinochet una serie de trabas
y atisbos que no permiten su pleno funcionamiento, es por esto que varios autores
chilenos, al analizar el proceso político del país hablan de una democracia protegida
con “enclaves autoritarios” (Garretón, 1990; Garretón, Cruz, Aguirre, Bro, Farías,
Ferreti, Ramos, 2011) de consensos y semisoberana (Heneeus, 2014) o como se
refería Moulián (2002) quien hacía una analogía de la democracia con una jaula de
acero; además de un sistema económico que generaba y reproducía un crecimiento
económico desigual y segregador. Aquellas interpretaciones las revisaremos más
adelante.

Respecto al rol que ha tenido la ciudadanía en la historia reciente del país, en el


periodo del noventa y principios del dos mil donde los gobiernos de la Concertación
mantenían el andamiaje político, convergió con el discurso oficialmente aceptado,
sus significados y atributos eran ambiguos y difusos, con una capacidad de acción
muy acotada (De la maza, 2011). La dimensión política quedó relegada a lo que las
instituciones económicas podían otorgarle: la integración a través del consumo
(Moulián, 2002)

Ya en el 2005 y el 2006 con la revolución de los pingüinos, el movimiento estudiantil


reclamó ciertas demandas respecto a la educación; en el 2009 con la emergencia
de manifestaciones caracterizadas por su heterogeneidad –Estudiantiles,
ecológicos, laborales, identitarios, etc-; detonando en el 2011 una explosiva
participación del movimiento estudiantil, en el cual la cantidad de manifestantes
llegó a un cenit de más de dos millones de personas en Santiago (Ramirez y Bravo,
2014). A esto se suman las masivas manifestaciones en Punta Arenas cuyas
demandas son referentes al aumento del precio del gas, posteriormente en Santiago
donde se reúnen 40 mil personas para manifestar en contra del proyecto eléctrico
HidroAysén (Garcés, 2012) citado por (Fernández, 2013)

Cabe mencionar que en lo que respecta al movimiento estudiantil, pese a que no


logró cambios estructurales al sistema educativo, ha ido ganando una serie de
beneficios educativos históricos, como la extensión de la TNE, gratuidad de la PSU,
la beca de gratuidad universitaria -50% de los estudiantes con más bajos recursos
estudian gratis-, fin de la educación municipal, entre otros.

Otro evento que caracterizó a la ciudadanía de los últimos años es que en el a 2012
se contaron 97 conflictos socioambientales, la INDH (2012) los define como:

“disputas entre diversos actores personas naturales, organizaciones, empresas privadas


y/o el Estado, manifestadas públicamente y que expresan divergencias de opiniones,
posiciones, intereses y planteamientos de demandas por la afectación (o potencial
afectación) de derechos humanos, derivada del acceso y uso de los recursos naturales, así
como por los impactos ambientales de las actividades económicas”(p. 5)

En el 2015 la cifra aumentó a 105 (INDH, 2015), lo evento que llevó a Chile a ser
uno de los países del mundo con más conflictos ambientales por habitantes
(Elmostrador, 2017).

Y de aquellos, 9 corresponden a la Araucanía, los cuales en su mayoría tienen


relación con conflictos entre comunidades mapuches y empresas hidroeléctricas o
forestales, donde quizás el más característico es el proyecto de central
hidroeléctrica llamado Doña Alicia, el cual gracias al trabajo conjunto de autoridades
regionales, organizaciones ambientalistas y la ciudadanía (Comunidades mapuches
en su mayoría), quienes desarrollando diversas acciones de presión –una de ellas
fue enviar una carta al SEA-, lograron que el SEA en el 2013 lo rechazara.

Resulta menester mencionar el caso del movimiento NO+AFP cuyas posturas


críticas a un sistema de pensiones con serias falencias ha convocado a varias
movilizaciones que motivan a miles de personas a manifestarse. La relevancia de
este movimiento llegó a tal magnitud que en su convocación a un plebiscito que
llamaba a votar respecto al modelo de pensiones participaron casi 1 millón
personas, el 96,8% de los votantes rechazó el sistema actual de pensiones
(Nomasafp, 2017). Evento que obligará al próximo presidente de Chile a solucionar
dicha problemática.

Todo aquello nos ilustra sobre la capacidad de diálogo y poder que ha ido
adquiriendo la ciudadanía para insertar demandas en la agenda política,
empoderamiento que se había olvidado en las primeras décadas de los regímenes
democráticos post-dictatoriales.
3. Marco teórico

Para introducirnos al contexto en el que se enmarca la ciudadanía chilena en la


actualidad y entender las concepciones y roles que les son intrínsecos, es necesario
realizar dos aproximaciones que nos resultan insoslayables: la primera es un sucinto
abordaje teórico-conceptual al concepto de ciudadanía; la segunda aproximación se
centra en esclarecer el proceso político en el que el país está inmerso para entender
lo que significa ser ciudadano en Chile actualmente.

3.1 Ciudadanía

Ciudadanía es un concepto complejo y polisémico, su construcción se desarrolla a


partir de la relación entre las Personas, el Estado y la Sociedad, la cual varía según
singularidades histórico-contextuales (Bivort, Martínez-Labrín, Orellana y Fernando,
2015).

La definición más clásica de ciudadanía fue desarrollada en el siglo XX por Marshall


y Bottomore (1998) donde ésta es vista como “una condición otorgada a aquellos
que son miembros plenos de una comunidad. Todos los que poseen la condición
son iguales con respecto a los derechos y deberes de que está dotada esa
condición” (p.37).

Profundizando en la idea de ciudadanía, Marshall y Bottomore (1998) trazan tres


dimensiones constitutivas de ciudadanía: civil, política y social. 1) La dimensión civil:
se constituye por los derechos que garantizan la libertad individual de las personas,
expresada en libertad de la persona, libertad de expresión, de pensamiento y de
religión, derecho a la propiedad y a establecer contratos válidos y el derecho a la
justicia. 2) La dimensión política: se asocia a la posibilidad de participar en el
ejercicio político como miembro investido de autoridad política. 3) La dimensión
social: se refiere al derecho de un mínimo de bienestar económico y seguridad
social, las instituciones asociadas a esta dimensión son el sistema educativo y
servicios sociales.
García y Lukes (2009) apelan a que la ciudadanía es más que un status o derechos
legales, es un proceso cuya definición es histórica, expresada en función de
transformaciones sociales y políticas, en consecuencia, recíprocamente las formas
de materializar y representar actos ciudadanos gira en torno a estos cambios.

En este sentido, las experiencias y trayectorias políticas en relación a la ciudadanía,


la política y sus discursos, han generado transformaciones que se reflejan en “sus
nociones y representaciones sociales, lo cual se expresa en nuevas formas de
ejercer la política, nuevos mecanismos, formas y espacios de organización y
participación política y ciudadana” (García y Lukes, 2009, p. 274).

En la historia, la ciudadanía ha ido surgiendo progresivamente como un elemento


decidor en las transformaciones sociales y políticas, y esta misma ha ido
incorporando los elementos de estas transformaciones (Procacci, 1999) En suma,
la ciudadanía guarda en sí misma un motor de cambio y problematización de la
política y las políticas públicas del estado y la democracia, pero además proporciona
un lenguaje para pensar y reflexionar sobre la pertenencia social (Molyneux, 2013
citado por García y Lukes, 2009)

Para ampliar la concepción de ciudadanía, según Rubio (1997) citado por Díaz
(2003) aquella “no tiene meramente un valor jurídico. Su valor trasciende, pues, con
mucho, este plano, hasta alcanzar la dimensión de valor ético-social” (p. 54). En
definitiva, la ciudadanía vendría siendo una cualidad subjetiva propia del sujeto
político que se constituye por dimensiones de tradición, lingüísticas, jurídicas, de
reconocimiento, morales, normativas y éticas, que se expresa en lo político y se
ejerce en la política (Díaz, 2003). Según Díaz (2003) “no podemos esperar que nos
llegue la ciudadanía, que nos sea adjudicada, que nos den licencia para ejercerla.
Debemos asumir el reto de construirla, vivirla, significarla, dignificarla” (p. 54),
entiendo que el rol de ciudadanía lleva tras de sí discusiones y luchas fraguadas por
siglos de historia.
3.2 El ciudadano a la luz de las corrientes ideológicas

El rol o los parámetros de acción propios del ciudadano, como hemos mencionado
varían según transformaciones histórico-sociales, no obstante a partir de la postura
ideológica es posible diferenciar tipos de ciudadano diferenciables, por ello
caracterizaremos a la ciudadanía a partir de las corrientes republicanas, liberales y
comunitaristas, entendiéndose que las tres están enmarcadas en regímenes
democráticos.

Según Cortina (1977) citado por García (2013) respecto a las formas de ciudadanía,
es posible diferenciar una doble raíz –griega y romana- de las que se originan a la
vez dos tradiciones: la Republicana, donde vida política es en la que los hombres
en su conjunto construyen el bien público; y la Liberal, donde la política es un medio
para poder realizar en la vida privada los propios ideales de libertad.

En la tradición republicana (la cual se construye en la Grecia clásica, especialmente


en Atenas del siglo V a.C) el ciudadano no resulta ser un mero votante, sino que
una persona que participa de manera activa y continua en las decisiones que
afectan la vida en comunidad, por lo tanto, votar es una de las formas participar,
pero la actividad política no se acaba en esa acción (Velazco, 1999). La ciudadanía
no debe reducirse a derechos individuales –sean civiles, políticos o sociales- sino
incluir aquellos vínculos que puedan unir a los ciudadanos con su comunidad, lazo
que significaría la ‘estructura moral de la democracia’ (Camps, 2009 citado por
García, 2013). Resulta fundamental una virtud cívica que se base en un deber
ciudadano de participar de manera continua y consciente en las discusiones y
deliberaciones de la comunidad política a la que se pertenece. Aquí cabe mencionar
la distinción de B. Constant entre libertad de los antiguos y de los modernos, la
corriente republicana está adscrita a la libertad de los antiguos basada en una
libertad positiva (libertad para), que consiste en la participación activa de la vida
política (Saltor y Espindola, 2008).

En esta corriente, las libertades individuales pasan a un segundo plano, quedando


relegadas a la igualdad de valor y de respeto de las comunidades, puesto que el
individuo es concebido como miembro de una comunidad mayor, precedido por una
cultura que define el curso de su vida, valores fundamentales y derechos básicos
como persona (Velazco, 1999)

Para la concepción liberal de ciudadano (corriente que se sustenta en las “teorías


clásicas de la democracia”, véase a Rousseau, Tocqueville y John Stuart Mill) la
participación cívica no es una de las virtudes que se deba preponderar, por esto la
ciudadanía se reduce al plano del electorado, cuyo comportamiento normal exige
un índice moderado de participación en las elecciones (Velazco, 1999). En este
sentido, los ciudadanos deben tender a la pasividad y participar políticamente a
través de mecanismos procedimentales (voto).

Uno de los principios básicos del ciudadanía liberal es el individualismo, donde la


sociedad debe ser un conjunto, una agregación de individuos particulares que gozan
de una libertad para desarrollarse en la vida privada (Velazco, 1999). Debe existir
una esfera privada inalienable que no pueda penetrar ni el estado ni alguna otra
institución. Según la distinción de Constant la línea liberal se suscribe a la libertad
de los modernos, que se traduce en una libertad negativa (liberad de) basada en la
independencia individual antes mencionada (Saltor y Espindola, 2008). Asimismo,
idealmente la sociedad ha de constituirse a través de una gran pluralidad de
intereses sociales, culturales, económicos, políticos y étnicos, concibiéndola como
una estructura atomizada de identidades individuales (Velazco, 1999), es por esto
que unos de los valores preponderantes es la tolerancia (García, 2013).

En las últimas décadas el debate sobre la ciudadanía ha dado lugar a variadas


líneas de pensamiento; una de ellas es la tradición comunitarista. Charles Taylor
(1994), Alasdair McIntyre (1987) y Michael Walzer (1987) sus pensadores más
importantes, a finales década de los 80 han propiciado un debate y crítica de los
supuestos elementales de la tradición liberal, vale decir: las nociones de individuo,
libertad y justicia (García, 2013). Sus principales críticas cuestionan valores
individualizados por encima de los de carácter colectivo y/o comunitario, estas ideas
buscan reconocer y rebrotar el multiculturalismo en un contexto internacional
globalizado que impone fuertes tendencias hacia la homogenización de los valores
y cultura de consumo (García, 2013)

El concepto de ciudadano para la concepción comunitarista se basa en la


importancia fundamental de la pertenencia del individuo a una comunidad
específica, donde es menester reducir la autonomía del individuo al interés colectivo
(Santiago, 2010).

El derecho a la diferencia de las comunidades y sus valores culturales está


estrechamente ligado al discurso comunitarista, y es por ello que la idea de
ciudadanía está fuertemente anclada en el reconocimiento de grupos, etnias,
minorías, nacionalismos, etcétera (García, 2013). Si bien la defensa de la identidad
cultural es legítima dentro del marco de la pluralidad, la ciudadanía tiende a ser
diferenciada y fragmentaria (García, 2013). Un elemento importante de la
ciudadanía comunitarista es que los valores fundamentales no se basan en
principios abstractos que determinan a toda la ciudadanía global (como sucede en
las corrientes anteriormente descritas) sino que pretende fundar la moral en pautas
emergidas, practicadas y aprendidas dentro de la cultura de una comunidad en
particular (Santiago, 2010)

Al haber realizado una caracterización de las principales vertientes teóricas relativas


a la concepciones de ciudadanía, nos enfrascaremos en caracterización realizada
por los teóricos de la nueva política a mediados de los 90, quienes anunciaron el
declive de los partidos políticos tradicionales y la aparición de mediadores
emergentes al servicio de la sociedad civil (Aguirre y García, 2013)

3.3 Subpolítica

Beck, Giddens y Lash (2008) señalaron que nos encontramos en una nueva etapa
de la modernidad que eclosiona a partir de las consecuencias no deseadas de un
estadio anterior, esta etapa se denomina sociedad del riesgo. Este es un proceso
de modernización reflexiva que significa la autoconfrontación con estos efectos y
consecuencias que acarrea la sociedad del riesgo, los cuales son internalizados por
los individuos provocando inestabilidad en los fundamentos del orden social y la
tradición.

Esta autoconfrontación subvierte también el ámbito político. Las instituciones


tradicionales, al definir los parámetros de la política desde lo formal y ortodoxo,
pierden la capacidad de cohesión y consenso social (Beck, Giddens y Lash, 2008).
En este sentido cabe entender que este proceso es a fin de cuentas una política de
la política, y por ende una reinvención de la política, emergiendo de una de carácter
simple (dirigida por nomas) a otra reflexiva (modificadora de normas) que trasciende
los canales institucionales.

Así pues, en la medida que las instituciones tradicionales se desnaturalizan y se


vuelven contigentes, son puestas en duda (desafiadas), y por ello, pueden ser objeto
de luchas políticas (Holzer y Sørensen, 2001) citado por (Garretón, Cruz y Aguirre,
2011).

La sub política da cuenta de este fenómeno, la cual se distingue de la política que


engloba la institucionalidad tradicional porque ésta se conforma por agentes
externos al sistema político o corporativo (Beck, Giddens y Lash, 2008).

La subpolítica, por tanto significa configurar la sociedad desde abajo, lo que implica
una retracción y minimización de la política basada en un enfoque de poder central
y la entrada a la escena de grupos que en otrora no estaban implicados en procesos
de decisión, generando un espacio de oportunidades de tener voz y participación
en la organización de la sociedad (Beck, Giddens y Lash, 2008).

Holzer y Sørensen (2011) citado por Garretón, Cruz y Aguirre (2011) realizan una
diferenciación conceptual de este proceso, donde llaman a aquellos actos externos
al sistema político tradicional que buscan el ejercicio de poder independiente y
además cambiar las condiciones de la sociedad como subpolítica activa; mientras
que aquellas fuentes no estatales de poder que malean la sociedad sin intención
directa, las llamarán subpolítica pasiva.
3.4 El escenario político chileno como contenedor de una nueva forma de
ciudadanía

Hablar de democracia y ciudadanía para el caso de Chile resulta una empresa


compleja, puesto que el escenario en donde se forja nuestro sistema político es
desde la transición de una dictadura cívico-militar. En este sentido, Chile al igual
que la mayoría de los países latino americanos se enfrascó en un proceso de
democratización política.

En este periodo, los gobiernos de la Concertación se cargan encima la gran tarea


de redemocratizar política y socialmente el país tras 17 años de un gobierno
dictatorial. Ese lastre significó en esencia que el país heredara un sistema
económico neoliberal y una democracia limitada.

Los resabios pendientes por los que pasó Chile Garretón (1990) los denominó
“enclaves autoritarios”, y éstos a su vez fueron algunos elementos que para
Heneeus (2014) llevaran a considerar al sistema político chileno como una
democracia Semisoberana.

Respecto a los elementos institucionales, a luz de que Chile pasó por una transición
reformativa, la constitución de los 80 que fue creada en dictadura en esencia no
cambió. Además de que estuviera asegurada la tutela y un ampliado poder de las
fuerzas militares, los preceptos básicos de una democracia fueron desconocidos,
puesto que en la carta magna se defendía la noción de una democracia protegida,
que ignoraba el principio básico de pluralidad (Heneeus, 2014). Su finalidad radica
en la contención y limitación de cualquier ideología radical (comunismo-marxismo
para el contexto militar) que amenazara los fundamentos ideológicos que se
impusieron en el país. Asimismo, actores sociales que en antaño fueron
fundamentales la construcción de la política, vale decir los partidos políticos y los
sindicados quedaron relegados de los ámbitos de injerencia política. En lo que
respecta los partidos políticos, se impone el que éstos estén incapacitados para
cooptar el monopolio de la participación ciudadana (militantes), y que cualquier
intento de coordinación entre ambos actores sería sancionada (Heneeus, 2014), ello
implicó el que los partidos de izquierda ya no pudieran asociarse con movimientos
sociales como los sindicatos; por otro lado, en cuanto a los grupos intermedios, que
si bien tenían cierta libertad y autonomía de afiliación, se les prohíbe realizar
huelgas y participar en actividades político-partidistas, básicamente su actividad
queda relegada voto (Paredes, 2011; Heneeus, 2014). Las últimas consideraciones
rescatables serían la existencia del sistema binominal y senadores designados, que
a grasso modo otorgaban estabilidad y consenso a la política.

Según Heneeus (2014) uno de los componentes de la democracia semisoberana


es que las elites hayan tomado decisiones estratégicas que condicionaron el devenir
de la democratización del país, estas se basaron en: la estrategia de la
consolidación de la democracia a través del crecimiento económico (política del
chorreo), donde éste elemento entregaría las bases materiales y políticas para
satisfacer las demandas de la población; la política del consenso, especialmente
con los empresarios para ganar su confianza y alcanzar objetivos económicos; y la
lógica de los expertos y tecnócratas en la deliberación y decisiones políticas.

En síntesis, la primacía de indicadores económicos para medir un buen gobierno


basado en una lógica tecnocrática, significo para el país se constituyera por medio
de una deliberación despolitizada donde el liderazgo recayó en los economistas, y
los actores políticos ya con débil capacidad de decisión se movieron en planos
personalistas, mas no programáticos, limitando cualquier posibilidad de tomar
decisiones de carácter político que transgredieran el orden económico neoliberal
(Heneeus, 2014). Para Moulián (2002) esto significó la muerte de la política basado
en el rechazo a las ideologías alternativas, donde ésta permaneció subrogada un
pragmatismo asentado en el cálculo instrumental, aquello lo llevó a considerar la
democracia chilena como una jaula de acero.

Y ¿qué sucedía con la ciudadanía? Debido a que quedó relegada y desvinculada


de la política, fue desgajada del ámbito decisional, invisibilidada y a merced de los
vaticinios de una elite política y poderes fácticos.

Los gobiernos democráticos posteriores a la dictadura no interfirieron en la intención


de despolitizar y desideologizar a la ciudadanía. Al cercenar a los estamentos
intermedios, los cuales fueron sometidos a una automatización forzada, se perdió
la capacidad de mediación y diálogo entre ésta y el estado (Iglesias, 2014).

Lo social y lo político se desacoplaron, y ante ello, la ciudadanía quedó subsumida


a lo que un país abierto a una economía mundial podía otorgarle, el consumo. La
realización del chileno –ajena a motivos políticos- se basó en el aumento del
bienestar material, y ante alguna limitación, la industria del crédito prestó su cobijo
a los sectores populares para que pudieran ser integrados a crecientes patrones de
consumo. Según Moulían (2002) el ciudadano político se desintegró y mutó al
ciudadano credit-card.

En los años 90 la participación ciudadana convergió con el discurso oficialmente


aceptado, su significado era ambiguo y su despliegue muy acotado, no comprometió
ningún cambio concreto en las orientaciones y prácticas del desarrolló político e
institucional (De la maza, 2011)

En suma, según Paredes (2011):

“El marco está dado por una baja sociabilidad, baja asociatividad y una alta desconfianza
que se acompaña por una inserción económica vía consumo y con una profundización de
la inequidad social. Forma coherente con un modelo político que no estimula la participación
ciudadana y que se vuelve crecientemente elitista” (p. 480)

Si en los gobiernos que precedieron a la dictadura militar la ciudadanía tenía un rol


primordial, en los noventa “la clase política, los diseñadores de políticas públicas y
los operadores políticos son los protagonistas de la acción y de las decisiones
políticas” (Paredes, 2011, p. 480). La participación ciudadanía poseía tintes
negativos y amenazantes para el orden democrático (De la maza, 2004) citado por
(Paredes, 2011)

3.5 La progresión y estallido del descontento

Si bien el orden social que en el plano político limitaba y contenía el poder


deliberativo de la ciudanía y en el plano económico generaba profundas
desigualdades y brechas económicas perduró durante décadas, es el 2005 con el
comienzo de movilizaciones de estudiantes secundarios y universitarios en contra
de las políticas educacionales implementadas por el gobierno, y en el 2006 que el
malestar social que venía arrastrando este orden se quiebra y emerge el movimiento
estudiantil, hecho que fue popularmente conocido como la revolución pingüina.

La Revolución Pingüina significó la primera movilización masiva de una sociedad


que se caracterizaba por una profunda despolitización. En esta movilización
conformada por los estudiantes secundarios que comenzó en abril del 2006, los
actores toman algunas peticiones creadas en los movimientos del año anterior. En
el mes siguiente, las marchas y paros se robustecieron significativamente, en ese
momento se formaron las primeras instancias de negociación con las autoridades.
Ante el apoyo generalizado de la ciudadanía, el gobierno de Michelle Bachelet
(2006-2010) tuvo que anunciar en cadena abierta de televisión la disposición a
realizar cambios a corto y largo plazo en la educación, anunciando la conformación
del Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación.

Lo conflictivo y relevante de este suceso radica en dos elementos: a) Si bien las


primeras demandas estudiantiles se fundaron el temas específicos (ampliación del
pase escolar y gratuidad de la PSU), no tardaron en pedir demandas referentes a
un cambio institucional (la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, LOCE), ello
quiere decir según Garretón (2011) que el movimiento aspiró a un cambio más
global de la sociedad, de tipo utópico, que llevó a criticar hasta el mismo modelo
económico vigente; b) por otro lado, el consejo asesor, primero tuvo problemas para
integrar proporcionalmente a actores estudiantiles, ya que estuvo principalmente
conformado por asesores profesionales y técnicos, y segundo, debido a presiones
de sectores políticos conservadores les resultó imposible generar cambios
estructurales, solo meras medidas parciales (Ley General de Educación que
remplazaba la LOCE), quedando sin resolver el problema de fondo de la educación
pública (Garretón, 2011), es decir, un sistema educativo que reproduce la
segregación y una educación pública deficiente.

En el 2011, emerge de nuevo y con más fuerzas el movimiento estudiantil, la


radicalidad de sus demandas se fraguaron en los cuestionamientos generales del
modelo neoliberal y el sistema educativo, para Aguirre y García (2013) “el
movimiento estudiantil rompe la clausura social establecida por la democracia
consensual en Chile” (p.147). Esta radicalidad basada en una posición de universal
polémico quiebra la clausura de lo social establecida en una democracia
responsable de implementar acríticamente durante décadas políticas neoliberales
que tendían a naturalizar la desigualdad y la segregación (Aguirre y García, 2013).

Este quiebre se manifiesta en la explosiva participación del movimiento estudiantil,


donde la cantidad de manifestantes alcanzó un pico de más de dos millones de
personas en Santiago y más de seis mil manifestaciones públicas (Hinzpeter, 2011;
Ramírez y Bravo, 2014).

El movimiento estudiantil del 2011 tuvo especial significancia, puesto que según
Mayol y Azócar, 2011) “La educación se politizó e hizo sentido respecto al sistema
financiero, respecto a los abusos del empresariado y la clase política, respecto a las
propias dificultades de existencia” (p. 177)

A la par del movimiento estudiantil, como se mencionó emergen masivas


manifestaciones, vale decir, las de Punta Arenas, cuyas demandas son referentes
al aumento del precio del gas, y posteriormente en Santiago donde se reúnen 40
mil personas para manifestar en contra del proyecto eléctrico HidroAysén (Garcés,
2012) citado por (Fernández, 2013)

Todos estos eventos marcan un hito en la forma de movilizarse desarrolladas


durante los gobiernos post dictatoriales (Fernández, 2013). Así las movilizaciones
sociales fueron capaces de politizar a la sociedad, catalizando el malestar social
acumulado durando décadas y construyendo discursos contra-hegemónicos
capaces de cuestionar los cimientos del status quo (Mayol y Azócar, 2011)

Este proceso de politización social llevado a cabo no desde, sino frente a y en contra
de la institucionalidad, significó una apertura democrática (Fernández, 2013)

Esta apertura democrática abrió pasó a una ciudadanía empoderada que se puede
ejemplificar en los eventos anteriormente mencionados, como el del movimiento
NO+AFP, los beneficios obtenidos en temas de educación gracias a los
movimientos estudiantiles, o el caso ejemplar del rechazo al proyecto de la
hidroeléctrica Doña Alicia. Lo que nos lleva a resaltar lo anteriormente dicho, vale
decir, la creciente capacidad de dialogo y de poder de la ciudadanía que ha obligado
a que los agentes de la política institucional inserten sus demandas y peticiones a
sus agendas políticas, un empoderamiento nuevo que se había olvidado en las
primeras décadas de los regímenes democráticos post-dictatoriales.

3.6 Subpolitización de la política en Chile

Sugerentemente, para el caso chileno, son claros los engarces y uniones que nos
puede otorgar este concepto para analizar la realidad política del país. Se puede
visibilizar que la ciudadanía chilena ya no se relaciona con la política a través de las
instituciones tradicionales (votar o participar en partidos políticos), si no que las
trasciende y busca nuevos canales de participación que la tradición no puede
contener, presionando así para generar instancias de autodeterminación y
emancipación.

Lo interesante del caso chileno es que las formas de unir la sociedad civil con el
estado no son utilizadas porque aquellas entraron en un proceso en el que se
volvieron menos plausibles y funcionales, sino que tras el gobierno militar y los
siguientes gobiernos democráticos, estas instituciones que cohesionaban lo civil y
lo político eran incipientes y limitadas. Fue la ciudadanía misma que ante un vacío
de la política, encontró y pulsó hacia nuevas formas de concretar sus intereses y
relacionarse con el estado.

En este proceso, la sociedad civil confrontó a una elite política que mantuvo el orden
desde varios años, aquella corrompida y sin capacidad de cambio (recuérdese los
numerosos casos de corrupción política y las estructuras y estrategias políticas
heredadas de la dictadura militar) daba soluciones desde dentro del marco
establecido de las cosas (considérese a las tecnocráticas soluciones efectuadas por
el gobierno de Michelle Bachelet en respuesta a las movilizaciones del 2006), y
aquello en consecuencia, generó un estallido ciudadano (movilizaciones del 2011
en adelante) en la que se cuestionó hasta los cimientos mismos de la sociedad, bien
se mencionó en el informe “tiempos de politización”: “la sociedad chilena se
encuentra inmersa en un proceso de discusión sobre sí misma, sobre sus rasgos
característicos, sobre sus acuerdos básicos, sobre la manera en que se concibe
como soberana de su propio destino (PNUD, 2015, p. 29).

También se pueden distinguir las dos formas de subpolítica detalladas


anteriormente, vale decir, subpolítica activa y pasiva. Respecto a la primera, es
relevante recordar todas las instancias de movilizaciones ciudadanas que buscaban
empoderarse y generar cambios en la sociedad; y la segunda, podemos considerar
a las redes sociales como una instancia de subpolítica pasiva, puesto que si bien
es una forma virtual de relacionarse e interactuar, actualmente aglutina a millones
de personas y gracias a ellas, se pueden generar canales alternativos como eventos
para coordinar a los ciudadanos que quieran movilizarse en las calles, su fines en
un principio fueron la interacción y entretención, pero luego sirvió como una
herramienta más de autoderminación y poderío ciudadano.

En suma, se puede decir que Chile está inmerso en un proceso de subpolitización


y los agentes que durante décadas han sido relegados de la política: los ciudadanos,
pugnan a través de una política reflexiva y desde afuera por generar cambios en la
forma de concebir y hacer la política en el país.
4. Marco metodológico

4.1 Diseño

Para responder a los objetivos presentados en este estudio el enfoque a utilizar será
de carácter cualitativo, sus bases comprensivas y explicativas tienen el fin de
entender las perspectivas, opiniones, significados o experiencias de los
participantes respecto a los fenómenos que los rodean y en los que son partícipes,
aquello desde su contexto natural y cotidiano (Hernández, Fernández y Baptista,
2014)

La elección de esta línea de investigación radica en que emprenderá la tarea de


comprender las acciones y concepciones relativas a la ciudadanía en los
estudiantes de la universidad de la Frontera.

Debido a los elementos constitutivos de este estudio el tipo de investigación es no


experimental, por ende se busca estudiar los fenómenos en su contexto natural,
mas no manipular e incidir deliberativamente en las variables de estudio; también
es transversal, debido a que se construirán los resultados en un tiempo dado y de
forma única (Hernández, Fernández y Baptista, 2014).

El alcance de esta investigación es descriptivo, este nivel de profundidad posibilita


la búsqueda y caracterización de personas, grupos comunidades, procesos, objetos
o cualquier forma en la que se manifieste el fenómeno (Hernández, Fernández y
Baptista, 2014)

4.2 Muestreo

La población equivale a los estudiantes de la universidad de la Frontera. La muestra


es no probabilística e intencional y la selección de sujetos se basa en un muestreo
de máxima variación y en cadena. El primero se refiere a la selección de individuos
en base a riqueza, profundidad y calidad de información, más no la cantidad ni la
estandarización, la muestra así debe estar compuesta por una amalgama de casos
extremos y típicos, buscando que aquella sea heterogénea; el segundo se refiere a
la selección de la muestra a partir de informantes claves que nos conducirán a
actores sociales ricos en información (Izcara, 2014). La cantidad de sujetos
entrevistados será determinado por el punto de “saturación” de información,
instancia en la que aquella se torna repetitiva o similar, cuando los datos dejen de
aportar información novedosa (Izcara, 2014)

El fin de este muestreo será identificar diversas posturas respecto a las formas de
concebir y realizar la ciudadanía en Chile, refiriéndonos en específico a estudiantes
de diversas carreras y facultades en la Universidad de la Frontera.

Los criterios de inclusión son:

Ser estudiante de la universidad de la Frontera.

4.3 Técnicas de recolección de datos

La técnica de recolección de datos que se implementará es la de entrevistas


semiestructuradas, que se basan en una serie de asuntos y preguntas que guían
al entrevistador, no obstante aquel posee la libertad de malear la estructura de esta
guía con el fin de precisar conceptos e ideas u obtener más información (Hernández,
Fernández y Baptista, 2014).

4.4 Estructura de la entrevista

Elementos contextuales: ¿Cuántos años tienes?; ¿En qué carrera estudia?; ¿Se
suscribe a alguna tendencia política?

Concepciones de política: ¿Qué es la política para usted?; ¿Qué emociones o


valorizaciones le sobrevienen cuando piensa en las instituciones políticas chilenas?;
¿Se considera arraigado a la política? (Dimensión institucional y no convencional)

Concepción de ciudadanía: ¿Qué ideas, emociones o valores le sobrevienen


cuando piensa en ciudadanía?; ¿Cuáles cree que son los valores más importantes
que debiera tener un ciudadano?; ¿Cuáles cree que son las acciones deba hacer
un ciudadano? ¿Cuáles son más importantes o más irrelevantes?
Rol de ciudadano: ¿Qué acciones realiza usted en su rol de ciudadano?; ¿Qué
acciones cree usted que debiera realizar un ciudadano?; ¿A través de qué medios
manifiesta sus acciones o expresiones que considera parte de su condición de
ciudadano?; ¿Cuál cree que es rol que debiera tener la ciudadanía chilena en el
contexto actual?; ¿Cuál es el rol que ha tenido la ciudadanía en el contexto actual?

4.5 Técnicas de análisis de datos

El instrumento con el que analizaremos la información recolectada de las entrevistas


es el de análisis de discurso, con el fin de caracterizar e interpretar las posiciones o
líneas discursivas. Esta herramienta se fundamenta en una concepción activa del
lenguaje, reconociendo el engarce con la capacidad de acción, y que a su vez nos
permite entender lo discursivo como un modo de acción (Santander, 2011)

La utilidad de esta técnica radica en sus fines, ya que posee un nivel de alcance
mayor a la mera descripción, más esta es la base para la acción fundamental en
esta técnica que es la interpretación de los datos, creando y diferenciando
categorías y elementos a partir de la totalidad de la información recolectada.

Cabe mencionar la construcción de las categorías analíticas serán contrastadas e


comprendidas a luz de la fundamentación teórica anteriormente detallada, vale
decir, las concepciones y roles asociados a las corrientes ideológicas-
intelectuales(Liberal, Republicana, Comunitarista); el concepto de subpolítica; y el
análisis e interpretación de la realidad Chilena.

4.6 Procedimientos de confiabilidad y validez

Para asegurar la confiabilidad y validez en la investigación cualitativa existen una


serie de principios y prácticas que definiremos y que regirán la obtención e
interpretación de datos. El principio de dependencia (Hernández, Fernández,
Baptista, 2014) consiste en una serie de prácticas que aseguran la rigurosidad
como: 1) proporcionar detalles específicos sobre la perspectiva téorica y diseño de
investigación; 2) clarificar los criterios de selección de participantes y las
herramientas de recolección de datos; 3) ofrecer descripciones del desarrollo del
trabajo campo y los métodos análisis utilizados; 4) especificar el contexto de
recolección y cómo se incorporó en el análisis (para este caso, se detallará cuándo,
dónde y cómo se efectuaron las entrevistas); 5) documentar lo que se hizo para
minimizar la influencia de concepciones y sesgos propios); 6) probar que la
recolección fue llevada a con ciudadano y coherencia( a todos los entrevistados se
les preguntará lo que sea necesario, es decir lo mínimo indispensable vinculado a
los objetivos)

Algunos otros criterios que guiarán la obtención y análisis de datos son los tratados
por (Teddlie y Tashakkori, 2008; Teddlie y Tashakkori, 2009) citados en (Hernández,
Fernández y Baptista, 2014): 1) fundamentación: procurar que la investigación
posea bases teóricas y filosóficas sólidas, y que además provea un marco de
referencial que enmarque al estudio; 2) Aproximación: detallar los caminos que toma
la investigación y las decisiones y razonamientos detrás de aquellos; 3)
representatividad de voces: incluir potencialmente todos los grupos de interés
asociados al tema de estudio; 4) capacidad de otorgar significado: tratar con
profundidad y entendimiento los datos y conclusiones emergentes-; 5) autenticidad:
que tanto los participantes como el investigador se muestren de forma veraz y
honesta, y que las descripciones sean equilibradas y justas.

4.7 Aspectos éticos

Para asegurar un resguardo ético en la recolección y análisis de información nos


regiremos a partir del principio de beneficencia, cuya máxima es por sobre todas las
cosas, no hacer daño (Mesía, 2007).

Bajo este principio las garantías básicamente consisten en no generar ningún


erjuicio al entrevistado, ya sea de carácter físico o psicológico; o que la información
utilizada no dañará a futuro la integridad de la persona; que los resultados y
conclusiones obtenidas serán otorgados correspondientemente a los participantes
de forma clara e inteligible; y sopesar en cada momento los riesgos asociados a la
participación de los participantes en la aplicación de instrumentos (Mesía, 2007).
Por último hay que reconocer que los participantes son sujetos de derechos y auto
determinados, por lo tanto participan voluntariamente en la investigación, por lo que
pueden decidir, según sea el caso, retirarse de ella cuando se les plazca (Mesía,
2007).
5. Anexos

5.1 Consentimiento informado

CONSENTIMIENTO INFORMADO

Forma: aplicación de entrevista

Estimado/a Señor/a:

Usted ha sido invitado/a a participar en la investigación “Ciudadanía chilena, desde el rol y las
concepciones”, dirigida por Sebastián Viveros Uribe. La investigación tendrá una duración de un año. El
objetivo de esta investigación es Comprender las concepciones y acciones que los estudiantes de la
Universidad de la Frontera atribuyen a su rol de ciudadanos en Chile. Su participación es importante,
considerando su conocimiento y experiencia personal en torno a la temática estudiada.

Si Usted acepta participar en la investigación, le invitaremos a participar en un entrevista semi-estructurada,


para conocer sus opiniones y experiencias sobre sus nociones y roles que realiza como ciudadano(a).
Específicamente, se consultará sobre ciudadanía. Es importante aclarar que no habrán respuestas correctas ni
incorrectas, solamente queremos conocer su opinión acerca de este tema.

La aplicación de la entrevista tendrá una duración aproximada de 25 a 30 minutos y se llevará a cabo en un


lugar ameno y tranquilo o en algún lugar adecuado en su ciudad o localidad, especialmente, y su usted lo
prefiere, en su domicilio. La entrevista será aplicada por el entrevistador responsable. Su participación es
enteramente voluntaria, no significa ninguna obligación futura para Ud. y no afectará su bienestar físico o
emocional. Usted puede negarse a participar o dejar de participar total o parcialmente en cualquier momento
de la investigación sin que deba dar razones para ello ni recibir ningún tipo de sanción. Su participación en esta
investigación no contempla ningún tipo de compensación o beneficio.

Cabe destacar que la información obtenida en la investigación será confidencial y anónima y será guardada por
el investigador responsable y sólo se utilizará en los trabajos propios de esta investigación. Una vez finalizada
la investigación, los participantes tendrán derecho a conocer los resultados de la misma, para ello, se realizará
una reunión en la ciudad o localidad en que habitan, en la cual se darán a conocer a Ud. y a los demás
integrantes de su grupo, organización o comunidad. Los resultados, además, se darán a conocer a través de
un informe escrito, al que Ud. podrá tener acceso cuando lo requiera. En cualquier momento Ud. tiene el
derecho de conocer todos los detalles sobre cómo se está trabajando la información que Ud. nos proporcionará.
Para guardar la confidencialidad, ni su nombre ni su RUT ni ningún tipo de información que pueda identificarlo
aparecerá en registro alguno de la investigación. Para cautelar su anonimato toda la información será trabajada
con códigos los cuales sólo tendrán acceso los investigadores que participan en la investigación. Una vez
transcurrido cuatro años después de concluida la investigación, la información será almacenada bajo llave por
el investigador responsable por un período de dos años para futuras referencias. Luego todo el material será
destruido.

El participar en esta investigación no tiene costos para Ud., y no recibirá ningún pago. Los resultados de la
investigación serán utilizados con fines científicos y serán publicados en revistas académicas y presentadas
oralmente en seminarios o congresos académicos. Si tiene dudas o consultas respecto de la participación en
la investigación puede contactar directamente al investigador responsable de esta investigación, Sebastián
Viveros Uribe, al teléfono +56956166523 o al email s.viveros01@ufromail.cl

Si durante la investigación usted tiene algún comentario o preocupación relacionada con la conducción de la
investigación o preguntas sobre sus derechos al participar en el estudio, puede dirigirse al Presidente del
Comité Ético Científico de la Universidad de La Frontera, Dr. Milko Jorquera. Su fono es 45-325467 y su email:
cec@ufrontera.cl, o dirigirse personalmente a calle Av. Francisco Salazar Nº01145, Temuco, en horario de
09:00 a 13:00 hrs. y de 14:30 a 17:00 hrs.

Parte del procedimiento normal en este tipo investigación es informar a los participantes y solicitar su
autorización (consentimiento informado). Para, ello le solicitamos contestar y devolver firmada la hoja adjunta
a la brevedad.

Agradezco desde ya su colaboración, y le saludo cordialmente.


Quedando claro los objetivos de la investigación, las garantías de confidencialidad y la aclaración de la
información, acepto voluntariamente participar de la investigación, firmo la autorización.

5.2 Carta Gantt


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