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La ética en la Libertad y Libertinaje.

(Ensayo)

Que es el hombre. Reflexiones sobre ética, valores y religión

Pablo Omaña Lobo

1.- El hombre, ¿nace o se hace?

No se trata de crear, proponer o razonar filosóficamente teorías de lo que


significa el hombre.

Ello lleva a pensar que es poco lo que se puede esperar de la naturaleza


biológica para realizar una sociedad altruista en función del bien común. Se
nace egoísta y sólo con la enseñanza de lo que significa la generosidad y el
altruismo, se puede revertir esta situación ser dominado por la cultura e
influencias transmitidas de generación en generación.

el hombre no es más que una creación divina realizada por Dios, a


su imagen y semejanza Es una creación que no ha terminado.

En síntesis, las tres religiones más extendidas por el planeta tienen un


tronco común y por tanto una visión de la creación del universo similar.

Según el Budismo, religión atea pero con muchos dioses, nacimos de la


matriz de la acción (kamma-yoni). Los padres simplemente nos proporcionan
un fundamento material; como tal, el ser precede al ser.

Comprender al hombre como un ser complejo y contradictorio ha sido, no


sólo la actividad de muchos investigadores y teóricos de las ciencias
sociales, sino la preocupación de muchos filósofos y teólogos de las
diferentes religiones.

A los científicos les corresponde entonces, especular sobre el origen y la


evolución del universo y en especial sobre el ser humano, y lo que sí es
cierto, es que la imaginación del hombre ha sido la que ha propiciado su
evolución.

2.- ¿Por qué existe?

Una primera respuesta a esta interrogante la dan las tres más grandes
religiones, el hombre existe como ser humano hecho a imagen y
semejanza de Dios, para darle gracias y manifestar sus bondades y su amor.

La moral, desde el año 90 d.c. ha sido especialmente tratada, estando la


actividad del hombre y su existencia correlacionada con las ideas de
Cristo y las enseñanzas del Antiguo y Nuevo Testamento.

La máxima que se le adosa al hombre es una existencia de martirio y


sufrimiento en su lucha por definir su existencia en la tierra, como el hombre
hecho a imagen y semejanza de Dios, quién envió a su hijo Cristo, a la tierra
para sufrir y ser martirizado para redimir al ser humano.

Santo Tomás de Aquino cuando se conjuga todo


lo bueno de la investigación teológica, dando así el inicio de una
verdadera ciencia de la moral. El hombre está para ser la imagen de Dios, al
contrario de lo que afirmaba Aristóteles, quien considera al hombre como el
punto central que obtiene su felicidad en la tierra, a través de los bienes de
este mundo.

La existencia del hombre lógicamente está asociada a la constante


interrogante de ¿qué es el hombre?, la cual desde los inicios de de la crisis
del período democrático de la antigua Atenas, cuando Sócrates preocupado
por el rápido crecimiento de los sofistas convencidos del relativismo,
preocupó a todos los pensadores griegos.

El hombre existe entonces porque tiene vida como ser natural,


y tiene además vida como ser social. Ninguna de estas características del
hombre constituye la más importante; ambas se complementan y son la más
clara explicación del ser humano como hombre.

El hombre existe como persona, lo que lo hace preponderante ante los


demás seres de la naturaleza, a quienes tiene que respetar, concluyéndose
que: el hecho de ser el hombre persona, le da todo su valor como ser
humano, y su existencia como tal, le da derechos y obligaciones tanto
consigo mismo como con los demás, sean personas o seres naturales que
comparten su mismo cosmo.

3.- El “yo, hombre” y el “tú, mujer

Debemos empezar por aclarar que al llamar a otros seres humanos “tú”,
significa que ese otro es un “yo”, quien merece no sólo respeto y amor, sino
también compartir.

Para Platón, la mujer requiere de la educación para ser igual al hombre, aún
cuando biológicamente son dos seres humanos iguales.

“No es bueno que el hombre esté solo. Haré, pues, un ser semejante a él
para que lo ayude… Yahvé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste
se durmió. Y le sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. De la
costilla, formó a la mujer y la llevó hasta el hombre” (Génesis 2).

Desde la óptica biológica la diferenciación de sexos en la mayoría de las


especies es un hecho natural, y la diferencia está en quien porta la célula
reproductiva y quien gesta el embrión en su cuerpo. Socialmente, el
desempeño de roles hace la diferencia; naturales algunos y otros
aprendidos hace la diferencia.

El hombre sabe que es hombre porque no es mujer; sus diferencias están en


que el “yo, hombre” es fuerte y el “tu, mujer” es débil, analítica, sensible y
problemática. De no existir la mujer, ¿cómo se definiría al hombre?
el “tú, mujer” es un ser humano y como tal, tiene el derecho indiscutible de
ser tratada como tal con igualdad y con respeto. Es también muy humano
que tenga sentimientos, anhelos, metas y pensamiento propio, y no hay
genes que tengan que ver con su comportamiento en el
proceso relacional. L

o que si es cierto es que complementa con el “yo, hombre”, uniendo su


igual porcentaje de genes para hacer otro ser humano, el cual aparte de sus
genes característicos, aprenderá un comportamiento social diferencial,
donde los “meme” son los agentes, según Charles Dawkins, que tienen la
total responsabilidad de la transmisión cultural en el ser humano,
incluyendo el egoísmo, que tantas veces determinan la personalidad egoísta
del “tú, mujer”.

En tal sentido, hay que recordar que en general, en todo ser humano, en
principio operan: en primer lugar, la ética deontológica que impulsa al ser
humano hacia un quehacer conforme a la ley natural de la especie. En
segundo lugar, la ética teleológica que estimula la buena acción, y la buena
acción es el fin, y el fin justifica los medios, siendo el fin final la voluntad de
Dios, donde los genes no tienen participación alguna. En
tercer lugar, la ética aretaica que hace énfasis en las características
morales del ser humano, más que en las acciones particulares. Finalmente,
el relativismo ético según el cual cada ser humano tiene por bien, lo que
considera que es bueno para él, donde tal vez operan los genes egoístas que
menciona Charles Dawkins.

4.- El ser humano en la sociedad

Desde la óptica de Charles Dawkins “ciertamente efectúa más trabajo


directo en beneficio de los hijos del que efectúa el padre (“yo, hombre”),
pero este último a menudo trabaja duramente… con el fin de
proporcionar los recursos materiales que son invertidos en los hijos”.
Lo que si es una realidad, es que ambos necesitan de la sociedad y por su
condición humana requieren del aprendizaje, de las costumbres y de las
relaciones, involucradas en una estática y en una dinámica social.

El ser humano visto como especie, conlleva debilidad y si sobrevive es


por su carácter social que lo ha llevado a configurar una cultura que se va
desarrollando y lo va envolviendo hasta tal punto, que casi es un esclavo de
la condición social.

El ser humano y la sociedad es un binomio inseparable, que gracias a la


rehechura continua del ser humano, se han hecho esenciales y tiene tanta
fuerza la conformación social del ser humano, que ha influenciado la
evolución del “yo, hombre” y del “tú mujer” en una perfecta unión biosocial
que perpetua la especie haciendo de lo social parte de la naturaleza humana.

5.- ¿Es ético cuidar el “yo”?

En relación a la ética personal mucho se ha escrito. Es una telaraña en


toda la estructura de la personalidad, y como bien lo afirma Víctor
Guédez, “la ética es consustancial al ser humano y ella rige su
comportamiento en todas las dimensiones y contextos en donde se
desempeñe”.

Según Víctor Guédez, la ética tiene cuatro premisas que obligan a su


interpretación y que de una u otra forma atañen al ser biológico en lo
esencial de sus genes:

1. “Asunto de principios y convicciones, es también cuestión de


inteligencia”. Quién no asume una claridad de reglas y una transparencia de
conductas está condenado al fracaso social.

2. “La ética, más que un asunto de prohibiciones y restricciones, es una


exigencia de relaciones”. Quien no asume una conducta
preactiva, no se ocupa por los demás y mucho menos por sí mismo.
3. “La ética, además de revelar una conciencia individual y un compromiso
personal, ahora también responde a un alcance grupal, organizacional y
cultural”. Quien no asume una conducta ética personal, no puede integrarse
en la conducta ética de las organizaciones a las que pertenece.

4. “La ética, por encima de los aspectos vinculados con el conocimiento y la


tecnología, es la ola que orienta la prospectiva del siglo XXI”. Quien no
participa en la ola ética no está contribuyendo con el compromiso de
sobrevivir, convivir y de vivir.

Siendo el ser humano un ente de relaciones e interacciones, la ética viene a


ser la mediadora entre esas relaciones que incluye al ser humano mismo,
sus semejantes, la naturaleza y su ecosistema y a Dios, donde la
autoestima y la solidaridad constituyen las dos bases en las cuales va a
sustentarse la personalidad del “yo”. Ya lo dijo Gandi: “Si yo quiero ver las
cosas cambiar allá afuera, primero necesito cambiarlas aquí adentro”.

Se trata sólo de protegerse, y no es antiético tal proceder, ya que es ético


tener una conciencia individual y un compromiso personal con su
supervivencia, como lo hacen los otros seres, especialmente los animales
que aún cuando conservan su espacio, buscan la agrupación para
protegerse de contingencias predadoras.

Es el instinto de cada individuo el que guiará su comportamiento, como


sucede en el ser humano. El concepto de altruismo queda rezagado por el de
supervivencia, lo que justifica tal proceder que no está en contraste con
principios éticos, es entonces que cobra vigencia el concepto de ego-
altruismo de Roland Matthies quien lo describe como: “el hombre logrará
adelantar al máximo sus propios intereses, cuando pone a su vida a
funcionar en armonía con el mundo en su contorno, considerando por igual
las necesidades de ese mundo, como las suyas propias”.