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Secuencia didactica 6° A y B

La del 11 jota
Docentes: María Fernanda López – Marcela Christin

Fundamentación:

El desarrollo de esta secuencia busca favorecer diferentes acercamientos a los textos literarios;
por una parte, a cuestiones de géneros literarios, ya que dentro de la multiplicidad de cuentos
para niños, los de terror /los fantásticos siguen teniendo particular atracción para la franja de
edades a la que apuntamos; por otra, a la apropiación por parte de los niños de estrategias que
recuperen indicios del texto para anticipar el final o sus consecuencias; además, vincular este
cuento con otros (o con relatos populares) donde aparezca la figura de la abuela con diferente
función dentro de la historia. Por último, propiciar la escritura a partir de la figura de una abuela
como eje central. Se trata, en líneas generales, de una secuencia para favorecer “la formación de
los lectores”, es decir, para enseñar a leer, en este caso, a alumnos que ya saben leer. ¿Cómo se
profundiza la formación de los lectores? Avanzando con ellos para que puedan advertir, a partir de
diferentes indicios que presenta el texto, de qué tipo de cuentos se trata, anticipar el final no
como adivinación sino a través de descubrir y poner en juego los indicadores que va proveyendo el
texto. Además, se profundiza escuchando leer, leyendo solo y con otros, localizando fragmentos a
los que es necesario volver para explicarse un suceso poco comprensible, recuperando
expresiones que justifiquen ciertas anticipaciones.

Ver siguiente link: desarrollo de la secuencia

http://servicios2.abc.gov.ar/lainstitucion/sistemaeducativo/educprimaria/areascurriculares/lengu
a/practicasnro4formaciondelectores.pdf

Elsa Bonermann

Nació el 20 de febrero de 1952, en el barrio de Parque de los Patricios, en Buenos Aires


(Argentina) y murió el 24 de mayo de 2013 en la misma ciudad.

Escritora vocacional pues ya desde pequeña tenía claro que quería serlo. Licenciada en Letras. Su
literatura aunó inteligencia y audacia, aportando una fantasía sin límites, en historias de amor,
de miedo o de terror. Escribió cuentos irreverentes, políticamente incorrectos para la época.

Ha recibido varios premios.


Contenidos:
El cuento de terror: temas y características.

Los tipos de narrador y el punto de vista: testigo, protagonista y omnisciente.

Sinónimos y antónimos

Indicadores
Analiza cuentos de terror y reconoce los rasgos del género.

Compara los diferentes tipos de narrador y puntos de vista, y análisis del efecto buscado en cada
caso.

Actitudinales
Valora la experiencia sustituta que ofrece la lectura de ficciones literarias.

Valora la literatura como actividad placentera que favorece la reflexión sobre determinados
temas.

Serie de actividades:
Antes de leer el cuento

¿Qué es un cuento fantástico de terror?

Es una composición literaria breve de género fantástico, que tiene el objetivo de producir miedo
en el lector. En estas historias las leyes de la naturaleza y de la vida cotidiana se alteran: de pronto
entra a nuestro mundo algo extraño y nuestro conocimiento no sirve para explicar lo que sucede.

En estos cuentos, los protagonistas son víctimas de la incertidumbre, es decir que no entienden
qué está pasando, y de la indefensión, porque no pueden hacer nada para luchar contra “eso” que
aparece en la historia. Los cuentos de terror siempre ponen en escena nuestro miedo
desconocido.

¿Cuáles son sus características? TRABAJAR EN INFORMÁTICA. REALIZAR UNA RED.

A- La creación de una atmósfera o clima extraño: los personajes solitarios, los cementerios,
casas viejas o abandonadas ayudan a crear un ambiente de miedo. También los momentos
en que trascurre la acción son especiales: la noche y la oscuridad, la niebla o las
tormentas. Se utilizan imágenes sensoriales: descripciones creadas a partir de aquello que
captamos mediante los sentidos. Pueden ser visuales, auditivas, olfativas, táctiles o
gustativas.
B- El desarrollo de los acontecimientos debe ser gradual: lo extraño aparece de a poco y
lentamente va transformando el mundo del relato a un lugar terrorífico.
C- Producir un desenlace inesperado: elemento que nos sorprende, y que lleva al relato.

¿Cuáles son los temas y personajes?

 La muerte
 El mal
 Las transformaciones
 Espíritus
 Vampiros
 Zombis
 Brujas
 Demonios
 Fenómenos paranormales
 Cosas o seres sin nombre

Luego de la lectura del cuento:

Intercambio oral:

¿Qué impresión da el narrador sobre la abuela?

¿Cómo la caracteriza?

¿Tiene nombre?

¿Qué palabras utiliza para describir a la abuela?

¿Qué frases encontrarás en el cuento que describan a la abuela?

¿En qué época se ubica la historia?

¿Qué sintieron los nietos cuando fallece la abuela?

¿Cómo se imaginan a Lili?

¿El sueño de Lili es una premonición?

¿Existen premoniciones?

Buscar el párrafo que permita darse cuenta de la época en que ocurre la historia, marcarlo con
color.

Buscar las siguientes frases, marcarlas, luego explicarlas


“…castigos y humillaciones a granel…”

“…abandoné el lecho…”

“…su herencia visible y tangible…”

“…la arrojé por el incinerador…”

“…al no encontrarlo se despabiló a medias…”

Numera los acontecimientos, según van sucediendo en la lectura. Escribe luego Verdadero (V) o
Falso (F), como corresponda.

a) Luis y Leandro se casaron y la hermana Lilibeth se quedó sola V / F

b) La más pequeña de los hermanos fue la que más sufrió V/F

c) Ninguno de los tres hermanos sintió la muerte de la abuela V / F

d) Una noche, Lilibeth vio la imagen de la abuela muerta. Una imagen sin dientes de su cara
apareció en el televisor V / F

e) Lilibeth encuentra una dentadura postiza en la congeladora V / F

f) La historia la escribe alguien que trabaja en una revista V/F

g) El único testigo de las cosas que pasaron fue el gato V/F

Buscar en el cuento imágenes sensoriales y clasificarlas según sean

Visuales

Auditivas

Gustativas

Táctiles

Olfativas

Explicá con tus palabras qué significan las siguientes expresiones relacionadas con el terror:

Tener los pelos de punta


Paralizado por el miedo

Con el corazón en un puño.

Buscá las cuatro palabras intrusas en esta lista. Luego ordená las palabras según el grado de
miedo que expresan de menor a mayor.

PÁNICO HORROR CANSANCIO INQUIETUD MIEDO


SUSTO PAVOR DESCUIDO APRENSIÓN TEMOR
ALARMA ESPANTO LOCURA SOBRESALTO DOLOR

Propuestas de escritura:
 Buscar en el cuento cinco adjetivos referidos a la abuela, buscar su antónimo. Luego con
ellos escribir un nuevo párrafo que la describa.
 Escribir la continuación del cuento desde diferentes tipos de personajes: los hermanos, la
policía, Lili, el gato, un vecino, la abuela.

Para leerles a los alumnos antes de la actividad:

Ya hacía tiempo que presentía un final desagradable para mi paradero.

Todo comenzó cuando Lili, la única persona capaz de darme cariño, desapareció sin dejar
rastros.

La niña se pasaba horas acariciando mi lomo. Era común que besara mi nariz apretando sus
labios en ella y dejándome sin aliento, pero igual, aunque era un tanto incómodo,
verdaderamente lo disfrutaba. Es verdad que los primeros tiempos reaccionaba mal,
mostrando mis garras y erizando mis pelos pero logré acostumbrarme a ese tipo de cariño tan
intenso. Después de todo yo era lo único que tenía Lili así como ella era lo único que tenía yo.

Mis días eran maravillosos. Aquí, en este pequeño departamento del piso 11 compartí mis días
con Lili, luego de que ella y sus hermanos eligieron mudarse y librarse de esa vieja apestosa a
la que llamaban irónicamente “abuela”. Ella sí me aterraba, me corría de los sillones, me
dejaba sin leche, me sacaba a la terraza con frío… ¿y para qué?... para que no le ensuciara las
alfombras con mis necesidades…

Eran pocas las horas que Lili pasaba en casa porque… ustedes saben… la gente debe trabajar
y estudiar para sentirse felices, en cambio yo, con sólo asomarme al balconcito y espiar desde
lo alto el pulmón de la manzana esperando su llegada, me sentía satisfecho.

Una noche la niña se despertó sobresaltada y no entendí bien por qué. Ella me preguntó si yo
también había escuchado a su abuela, pero yo estaba por mi quinto sueño y en realidad en ese
momento sólo pude desperezarme… aún estaba medio atontado y me costó despertarme… A
veces no sé si ella espera una respuesta o simplemente le alcanza con que la escuche.

El sueño tardó en volverle pero ahora sí yo estaba despabilado y la observé dando vueltas y
vueltas en su cama sin poder conectarse con sus sueños...

A la mañana siguiente sonó ese aparato molesto que trae noticias al cual llaman teléfono. Lili
dijo que era su hermano comunicándole que su abuela había muerto… Yo no entendí bien
cómo el hermano de la niña estaba metido dentro de ese aparato tan pequeño, la cuestión es
que a partir de ese momento a Lili se le transformó la cara, su rostro no reflejaba nada…
estaba apática, sin expresión alguna. Ahora entre nosotros, con una noticia así yo hubiera esta
feliz. ¿Qué más hubiese querido que esa vieja desaparezca de la tierra y así asegurarme que
ya nadie podría bajarme de la mesa a los gritos a la hora de tomar la leche?

Pero ese día fue el principio de la pesadilla de nuestras vidas. Los hermanos de la niña
trajeron enormes aparatos que ocuparon la sala durante varias semanas. Lili llegaba del
trabajo y se sentaba frente a ellos y los miraba largo rato. Yo me preguntaba en ese entonces
para qué servirían semejantes bultos. Hasta que un día se le ocurrió poner en funcionamiento
uno de esos artefactos al que llamaba licuadora.

No quieran imaginarse lo que sentí. Se me pararon los pelos del lomo, mis nervios
estremecieron mis entrañas, mis patas resultaron cortas para salir corriendo en el preciso
momento en que la puso en funcionamiento… Pero pronto comprendí que si soportaba su
molesto ruido podría desayunar un exquisito licuado de banana con leche.

Duró poco la tranquilidad de la casa y Lili comenzó a utilizar cada uno de esos objetos
ruidosos.

Por las noches prendía el televisor y se dormía mientras las personitas desaparecían de la
pantalla ocasionando un zumbido molesto para mis oídos. Noche tras noche se repetía la
misma rutina y se me hacía difícil conciliar el sueño antes de que la niña decida terminar con
esa molestia. Con sólo señalar el gran televisor con un objeto más pequeño lleno de botones
volvía la calma a mi cuerpo.

No tardaron en llegar las noches de sobresalto en las que siempre me preguntaba lo mismo…
“¿No ves? Ahí está, es ella… ¿No la ves?”… Realmente me estaba preocupando, mi niña se
estaba volviendo loca. Lo único que comprendía era que ese ruido molesto a ella también la
alteraba… y entonces no sabía por qué insistía en romper mis nervios con tantos ruidos
extraños… antes sin “tecnología” vivíamos mejor.

Un día comenzó a tomar nota y a quejarse del funcionamiento de cada objeto heredado.

Antes de escribir cada hecho me contaba lo asustada que estaba… Tal vez buscaba ayuda
pero yo nunca supe hablar para aconsejarla… Le hubiese sugerido que se deshaga de todo
pero creo que no logró interpretarme.
Aseguraba que la lustradora no le obedecía, y que el televisor se prendía y se apagaba cuando
quería. Además las últimas mañanas olvidaba tapar la licuadora y… ¡no quieran saber cómo
quedaba la cocina después de encenderla!...

Desde el día en que llegaron los aparatos no logué estar tranquilo. Me imaginaba luchando
con alguno de ellos y realmente me daban miedo, es por eso que aprovechaba para descansar
cuando todo en la casa estaba en silencio.

Al parecer mi cansancio era tan grande que un día me quedé dormido cuando Lili estaba a
punto de lavar una enorme pila de ropa. Los gritos de sus hermanos y los vecinos me
despertaron de pronto y no pude comprender lo que había ocurrido. Me quedé horas mirando
como petrificado el maldito lavarropas tratando de entender algo pero lo único que sé es que
ahora yo vivo con Leandro, uno de los hermanos de Lili y a ella jamás la volví a ver.

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-No sabemos qué está pasando adentro. La señorita no atiende el teléfono, no responde al
timbre ni a los gritos de llamado...Desde ayer…- nos respondía, muy nervioso uno de los
vecinos.

Agua jabonosa seguía fluyendo por debajo de la puerta hacia el corredor general, algo
muy extraño, y en mis tantos años de experiencia, con estos casos, algo también muy
inusual.

Nos dieron paso, y con valor forzamos la puerta, que estaba bien cerrada desde adentro
con su correspondiente llave, un inconveniente que nos trajo muchas preocupaciones. Luís
y Leandro, los hermanos de la víctima, la llamaron con desesperación. La buscaron por
todas partes con desesperación y –con desesperación- comprobaron que la muchacha no
estaba allí.

Pudimos ver el televisor en funcionamiento-pero extrañamente sin trasmisión a pesar la


hora- enervaba con su zumbido.

En la cocina, “la montaña” inmensa, de ropa sucia junto al lavarropas, en marcha y con la
tapa levantada, era el responsable de tanto charco burbujeante y pegajoso.
Medio enroscado a la paleta del tambor giratorio y medio colgado hacia fuera, un camisón
de Lilibeth; única prenda que pudimos encontrar en tanto lío, además una pantufla casi
desecha, sepultada, en el fondo del tambor.

El agua jabonosa seguía encastrando, derramándose y empapando los pisos, y nuestros


zapatos.

Más tarde, Luís pudo ubicar a ZAMBRI, detrás de un cajón de soda viejo y semi-oculto por
una pila de diarios viejos y en desuso. El animal estaba totalmente petrificado y con la
mirada fija en un invisible punto de horror del que nadie de nosotros logro despegarlo
todavía.

Todo esto en presencia nuestra, nosotros los únicos que podíamos hacer algo por esa
muchacha que, por ahora no aparecía.

El gato, nuestro único testigo.

Pero los gatos, por lastima, no hablan. Y para nosotros las anotaciones del cuaderno de
Lilibeth nos parecieron las memorias de una loca que “vaya a saberse cómo se las ingenió
para desaparecer e irse, sin dejar rastros”… “una loca suelta más (…) para nosotros”… “la
loca del once JOTA”… como la apodaron sus vecinos, cuando la revista más comprada del
barrio, dio a luz esta nota.

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Me llaman la Viuda de R. Me sentí muy feliz cuando murió mi esposo. Era uno
menos, y mejor me sentí cuando por fin me deshice de la estúpida de mi hija,
una mujer que sólo sirvió para tener a esos tres estúpidos hijos, tan odiosos como
ella. Sobre todo la más pequeña, Lilibeth, esa niña tiene la misma cara de su
madre, la misma actitud, cobarde y miedosa.

Pero lo peor llegó cuando tuve que encargarme de los tres tontos de mis nietos.
Claro, ellos no tenían otra familia, y no tuve otra opción que cuidar de ellos. No
fue fácil para mi, pero menos para ellos. Me encargué de hacerles la vida
imposible, los detestaba, deseaba que se fueran cuanto antes, deseaba estar
sola.

Por fin crecieron, trabajaron y se fueron de mi casa. Fue el momento más feliz
de mi vida. No les quería ver más sus tontos rostros.

Me decidí a disfrutar de mi soledad, y del dinero que había podido sacarle a mi


marido. Quise tener todos los aparatos que había deseado siempre y que no
quería compartir con nadie. Por fin pude comprarme un televisor color, una
licuadora, una heladera, una lustradora y el lavarropas más moderno y enorme
que encontré en la casa de venta de electrodomésticos. Siempre había querido
tener uno de esos sofisticados lavarropas, que hicieran todo sólos, quería sólo
apretar un botón y que él se encargara de todo.

Pronto me di cuenta que el lavarropas tenía vida propia, no respondía a mis


indicaciones, no hacía las cosas para las que yo lo programaba, lo único que hacía
era soltar espuma mortal.

Tengo todo lo que deseo, lo que siempre quise, estoy sola, tengo mis modernos
aparatos, pero, cada vez me siento más débil y más enferma. Me enteré que mis
dos nietos varones se han casado, y que la estúpida de Lilibeth vive sola en esa
covacha de departamento. La detesto, a ella más que a los otros dos, pero
encontraré la forma de que su vida sea horrible, aún cuando yo ya no esté viva.
Siento que pierdo fuerzas, cada vez que uso el lavarropas, me debilito más y más
pero no puedo dejar de encenderlo, su espuma se apodera de mi mente, se que
está llegando pronto mi final. El lavarropas me lo ha indicado, la espuma me
invade y me mata.

11 J, allí es donde vive la idiota, programaré el lavarropas para su lavado final.


Muerte en el 11 j, venganza en el 11 J, el día 11 de Julio: 11 J morirá, su
espuma la devorará, Mi tv le anunciará su muerte, mi licuadora le hará su
brebaje final, mi lustradora preparará el piso para su caída, el gato será su
único testigo, pero los gatos no hablan, nadie sabrá como desapareció esa
chiquilla malcriada y tonta. Los otros dos sufrirán el resto de sus vidas por la
muerte de su hermanita jajajajajaja.

Esa será mi venganza, se que los tres están esperando mi muerte, para
heredarme. Me heredarán, pero también se llevarán el lavarropas, y me las
ingeniaré para continuar arruinándoles la vida aún después de muerta. Mis
adorados aparatos van a hacer el trabajo por mí,ellos los disfrutarán pero no por
mucho tiempo, los aparatos son míos, el televisor, la licuadora, mi lavarropas, es
mío, es mi muerte pero es mío, yo lo programé, la matará, como me está
matando a mi. Me siento débil, no puedo casi escribir, no puedo hablar,¡Me
mueeeeeeeeeeeeeee…..roooooooooooooo!

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Estaba yo una mañana oliendo como de costumbre las meadas domingueras cuando un olor
inconfundible penetró en mi nariz. Era el olor a muerte que huele entre ciruela podrida y
cartón húmedo con petróleo, pero éste tenía algo en particular: olía a maldad, a frío.

¿Cómo decirlo?

Un olor mágico, indescriptible.

Me tiré al sol, olí otro pis: era de gato, ¡ah! sí, del gato Zambri, el de la esquina que me
comunicaba (por las meadas todas las mascotas nos comunicamos noticias):

La maldita viuda de R ha muerto. Qué suerte ¿no?

Y yo le contesté que era muy bueno aquello.

Zambri y su dueña Lilibeth vivieron en el 11 “J”, contrafrente, dos ambientes, teléfono, cocina y
baño completos, más balconcito a pulmón de manzana.

La vi varias veces a Lili en la tienda en que trabajaba y siempre la acompañaba Zambri, y en


esos encuentros su peludo amigo me contó que Lili había recibido de herencia por la muerte de
la perversa viuda unos extraños aparatos llamados: TV-color, licuadora, heladera, lustradora y
lavarropas. Al otro día me comunicó que había usado la licuadora de la que salían exquisitos
manjares, también la heladera, la TV (Lili se hipnotizaba con ella) y el enorme y ruidoso
aparato llamado lavarropas.

Luego de unas semanas sin sobresaltos Zambri me dijo que Lili había gritado cuando acababa
de prender la TV y que había escrito una carta.

Después de aquello nunca más vi a Zambri ni a Lili.

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Para mí que siempre hubo algo extraño en nuestra abuela; era perversa, una bruja del siglo
veinte para ser exactos. Ella nunca nos quiso a ninguno de nosotros tres, pero tampoco a su hija,
nuestra madre.

Un día que todavía éramos chicos, demasiado chicos, no nos quedó otra que ir a vivir con
nuestra abuela, porque nuestra madre había fallecido y no teníamos ningún otro paradero. Los
tres le tocamos el timbre y nos colocamos frente a la puerta con cara de que nos faltaba
consuelo, para darle una chispa de conmoción a su frío corazón; Yo estaba en el medio, la pobre
Lilibeth, con la canasta de frutas entre las manos y un vestido rosa y verde todo gastado, con
manchas de barro. A la izquierda estaba Luis, el más chico pero más alto, con un enterito de Jean
y una remera blanca en las mismas condiciones que mi vestido, mirando dulcemente la puerta
toda lustrada de la viuda de R. Mientras que a la derecha estaba yo, el más grande pero más
bajito, sentado sobre el asfalto, a más de un metro de distancia. Él, que conocía bien a la abuela,
porque mamá se había animado a hablarle de ella, cada vez que la veía aguardaba una mínima
distancia. Siempre decía que más nos valía no estar mucho con ella, para no comunicar tanto
contacto, después tendríamos que afrontar las consecuencias.

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