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Andrés-Oppenheimer'Basta de historias'; educación, ciencia y


tecnología sacarán a América latina de la mediocridad.
Por Wilson Vega - El Tiempo - Colombia

El 2010 ha sido año de bicentenarios. Una a una, las naciones de


América Latina han conmemorado, con actividades que van de lo
solemne a lo morboso, los 200 años de la gesta que les dio la
independencia.

En su libro ¡Basta de historias!, el periodista


argentino Andrés Oppenheimer, editor de The
Miami Herald y analista de CNN en Español, parte
de esta seguidilla de celebraciones para compararnos
con países que lideran el desarrollo tecnológico e industrial en el
planeta y lanza una propuesta: es hora de reconocer que la
obsesión con el pasado tiene a los latinoamericanos mirando el
futuro "con la nuca".

Vía telefónica, EL TIEMPO habló con el periodista, radicado en


Miami, quien subrayó el rezago científico de Colombia, criticó el
enfoque de las políticas de formación superior de su país natal y
se declaró confiado en que el problema es solucionable mediante
la educación, campo que "es demasiado importante para dejarla
en manos de los gobiernos".

Este libro lo llevó a más de una docena de países, de


Singapur a Finlandia, de México a Israel... ¿Qué aprendió de
este 'viaje periodístico'?
Si tuviera que resumir el producto de estos viajes por China,
India, Singapur... y también por nuestros países latinoamericanos,
diría que mientras los asiáticos están guiados por el pragmatismo
y obsesionados por el futuro, nosotros estamos guiados por la
ideología y obsesionados por el pasado, en parte porque algunos
presidentes latinoamericanos, como el de Venezuela, están
inventándose una historia a su medida para justificar un proyecto
autoritario, y, en parte, porque como naciones jóvenes que somos
tenemos esta necesidad de concentrarnos más en la historia que
otros países, para forjar una identidad nacional.

¿Dónde queda aquello de que 'quienes no tienen memoria de


su historia están condenados a repetirla'?

Yo no digo que esté mal, que tengamos que dejar de mirar hacia
atrás. Lo que digo es que estamos tan obsesionados con el pasado
que eso nos distrae de la tarea urgentísima de enfocarnos en el
futuro.

Por eso, mi sorpresa cuando llegué a Singapur y, en el aeropuerto,


cambié unos dólares para tomar un taxi: vi que mientras los
latinoamericanos tenemos en la parte de atrás de los billetes a
nuestros próceres nacionales, ellos tienen en la parte de atrás
de su billete que más circula la imagen de una universidad, un
profesor, unos alumnos y abajo la palabra "Educación ".

No estoy diciendo que debamos dejar de conocer nuestra


historia, celebrarla y discutirla. Pero lo que sí estoy diciendo es
que se nos ha ido un poco la mano.

¿Cómo aplicar eso a Colombia?

Un país como Colombia tendría que empezar a revisar las


prioridades de su agenda nacional y, a medida que se va
normalizando su situación interna, tendría que enfocarse cada
vez más sobre su rezago educativo, científico y tecnológico.
¿En qué se expresa ese rezago?

Déjame darte una cifra: el año pasado, Corea del Sur, un país que
hace 40 años era muchísimo más pobre que Colombia, registró
ante los Estados Unidos 8.800 patentes. En ese mismo año,
Colombia registró siete... Casi nada.

Por eso es que, aunque en 1973 Colombia tenía un ingreso per


cápita de 3.500 dólares por año y Corea del Sur, uno de 2.800
dólares por año, hoy Corea del Sur tiene un ingreso per cápita de
28.000 dólares y Colombia, uno de 9.000.

Es escalofriante. La explicación es muy fácil: Corea le apostó a la


educación, a la ciencia, a la tecnología y a la innovación.

Usted critica que tengamos tantos estudiantes de ciencias


sociales y tan pocos de ciencias exactas...

Es un disparate absoluto. Nuestros países están ofreciendo


educación universitaria gratuita o subsidiada a un número
extraordinario de humanidades y a poquísimos estudiantes que se
enfilan hacia la ingeniería, la ciencia y la tecnología.

El caso más absurdo es Argentina. La Universidad de Buenos


Aires tiene 28.000 estudiantes de psicología y sólo 8.000 de
ingeniería. Están formando tres psicólogos para curarle el 'coco'
a cada ingeniero.

En Colombia, y eso me lo reconoce el presidente (Juan Manuel)


Santos en la entrevista que está en el capítulo sobre el país, hay,
hasta ahora, 70 por ciento de los estudiantes en formación
universitaria y un 30 por ciento en formación técnica, y eso
tendría que ser al revés.

Pero usted mismo anota que esta tarea supera lo que cabe
esperar de un gobierno...
No se trata sólo de los gobiernos. Yo no creo que la solución al
rezago educativo vaya a venir de un gobierno, de ningún gobierno,
por bueno que sea.

Eso pasa por un motivo: los políticos piensan en plazos de cuatro


años, piensan en la próxima elección. La inversión en calidad
educativa es una inversión que rinde frutos en 20 años.

Entonces, la única forma de lograr que lo gobiernos inviertan en


calidad educativa es: o mediante pactos políticos o mediante
grupos de presión, como los que se han dado en Brasil.

Pero, también se ha dicho que cada país debe generar sus


propios modelos de desarrollo, porque lo que funciona en un
lado no funcionará necesariamente en otro.

Por supuesto, pero hay una cosa innegable: yo no conozco un


ejemplo de un país que le haya apostado a la educación y le haya
ido mal.

Fíjate en Singapur, en Corea, en Finlandia o, incluso, en Chile: un


país que hace dos años decidió becar a 6.000 estudiantes por año
para que hagan sus posgrados en el exterior.

Cada país tiene que escoger lo que más le conviene, pero no me


cabe la menor duda de que estamos en la era de la economía del
conocimiento.

¿Cómo se define esa economía del conocimiento?

En la era de la economía del conocimiento, los productos del


conocimiento valen muchísimo más que las materias primas.
Colombia, por ejemplo, es un país cafetero: ¿qué porcentaje de
una taza de café colombiano que te tomas en un Starbucks en
EE. UU. va al productor de café en Colombia? Apenas 3 por
ciento.
El 97 por ciento de lo que paga el consumidor va al que hizo la
ingeniería genética, el marketing, el procesamiento... todo. La
pregunta es: ¿dónde queremos estar?

Eso dista del discurso triunfalista de muchos mandatarios


latinoamericanos. Usted ha dicho que creer que vamos
demasiado bien nos hace daño...

Mucho. Yo creo que en toda América Latina y en EE. UU.


necesitamos una paranoia constructiva.

El libro empieza con una entrevista en la que le pregunto a Bill


Gates por qué a los asiáticos les va mucho mejor que a los
latinoamericanos.

Y él me dice que los indios y los chinos tienen humildad: piensan


que están peor que el país de al lado. Cuando fui, me encontré
con que los funcionarios no tienen un discurso triunfalista.

Por eso lo de la paranoia: tenemos que reconocer lo mal que


estamos para superarnos; porque si no, nos vamos a quedar en la
complacencia y en la inmovilidad.

Coganador del Pulitzer


Oppenheimer, además, es autor de 'Los estados desunidos de
Latinoamérica', 'La hora final de Castro' y 'Cuentos chinos'
Síntesis:
Hace 40 año Corea más pobre que Colombia, hoy registró ante EEUU 8.800
patentes y Colombia siete. Hoy ingreso per cápita Corea del Sur: 28.000
US$, Colombia: 9.000. Latinoamerica- educación subsidiada a gran numero
en humanidades y poquísimos en ingeniería, ciencia y tecnología. Univ.
Buenos Aires; 28.000 estudiantes de psicología y 8.000 de ingeniería.
Colombia, 70 % estud. formación universitaria y 30 formación técnica,
DEBE SER AL REVES,
Unica forma de lograr gobiernos inviertan en calidad educativa : pactos
políticos o grupos de presión, como en Brasil
Ejemplos: Singapur, Corea, Finlandia o, incluso, en Chile que desde hace dos
años beca 6.000 estud./año para posgrados en exterior.
En Latinoamerica billetes con próceres ;Shngapur imagen de universidad, y
palabra "Educación

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