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El fracaso de enseñar. Ideas para pensar la enseñanza y formación de los futuros docentes.

(Antelo y Alliaud)

La decepción y el fracaso circulan por las instituciones y entre sus agentes, respecto de la
formación docente y de las prácticas. La opinión generalizada de los docentes (en la Ciudad) es
que la formación recibida no los prepara lo suficiente para afrontar su tarea: enseñar. Los
planes de formación docente actualmente privilegian la organización de los contenidos, los
problemas y las didácticas específicas, mientras que tienen una pérdida de lo disciplinar y un
tratamiento de las instancias prácticas no del todo aprovechado. Un 50% de los profesores de
Buenos Aires, frente a los nuevos desafíos, “quieren dejar de enseñar”.

Primeras consecuencias (que extraen Alliaud y Antelo) del fracaso escolar: -¿Se puede enseñar
desde la percepción de la propia imposibilidad? Ya no se trata de desconfiar de las
posibilidades o potencialidades de los alumnos para aprender. -El extrañamiento que se
produce al percibir que no se está haciendo o no se puede lograr el oficio (enseñar). –Fracaso
en el aprendizaje de los alumnos.

Objetivo del artículo: Examinar las explicaciones o justificaciones más frecuentes acerca del
fracaso de la enseñanza y plantear alternativas.

1) No saben enseñar porque no saben los contenidos. Revive la tensión entre académicos y
profesores, contenido disciplinar y pedagogía. Las críticas a la falta de instrucción disciplinar
suelen estar vinculadas con una nostalgia por una formación clásica. Subyace la idea de que la
clave d ela transmisión está en el canon, en la apropiación compleja de la disciplina.

2) No saben enseñar porque no saben didáctica. Como se lee en Meirieu: “el dominio de los
contenidos disciplinares, por muy perfecto que sea, no da automáticamente las claves de su
transmisión (...) En cualquier caso, el profesor debe a la vez permitir a cada alumno abordar un
saber que le sobrepasa y proporcionarle la ayuda necesaria para que lo interiorice.”. El
problema de adjudicar la insuficiencia didáctica como la causa del fracaso de enseñar, también
es planteado por Flavia Terigi, siendo que los maestros transmiten un saber que no producen y
producen un saber que no se reconoce.

3) No saben enseñar porque no conocen el contexto. Fracasa quien no distingue y diferencia


contextos, quien no sabe adecuar la enseñanza a distintas y cambiantes situaciones (no conoce
los barrios, sus entes, las familias, la comunidad, etc. etc.), quien no sabe identificar las
necesidades de la gente y demandas del contexto (el enseñante se carga con varios roles,
sociólogo, semiólogo, psicólogo, etc., etc.). La preocupación del contexto se vincula con lo que
llaman teach on demand, la adecuación absoluta y definitiva de la enseñanza a las demandas
que el contexto plantea (en relación con esto, las educaciones sexuales, la educación vial,
alimentaria, etc., los talleres temáticos entorno de las demandas del contexto, etc.).

4) No saben enseñar porque no conocen a los destinatarios. Semejante al punto anterior, pero
particularizada en los destinatarios de la enseñanza. La priorización de los intereses, ideas,
motivaciones o características propias de los alumnos. En relación con esto aparecen las
distintas psicologías (cognitivas, del aprendizaje y el mundo del marketing, etc. etc.).
5) No saben enseñar porque no tienen experiencia. En la enseñanza suele asociarse el tiempo
con el prestigio (además de con los beneficios del salario). Sin embargo, la causa del fracaso de
enseñar suele apuntar a la falta de experiencia porque se estarían formando a los docentes
con mucha teoría y poca práctica. Otra idea que aparece es la que vincula mayor saber con
mayor experiencia entendida como estar más cerca de la realidad, estar con los chicos, en las
escuelas.

Algunas alternativas posibles.

1.Conocimiento y saber. Distinguir términos. Conocimiento como el conjunto de significados


intercambiables y medios de orientación. Y saber como lo referido a una dimensión más
instrumental, ligada al “saber es probar” del discurso pedagógico. Así, el docente que sabe es
el que ha probado muchas y diversas formas y estrategias de enseñar. Y el docente que conoce
es el que tiene un repertorio de conocimientos; es decir, de medios de orientación. Así
podemos distinguir entre dos tipos de decepciones. Una cosa es fracasar porque uno no ha
probado aún lo suficiente, por ende no es un fracasar estrictamente. Otro tipo sería fracasar
porque no se conocen las claves para enseñar. Una cosa, entonces, es decepcionarse porque la
clase “no sale” y otra cosa es no saber lo que hay que hacer para que salga mejor. Es así que el
conocimiento tanto del mundo como de las claves para enseñar no resultan suficientes; se
necesita además probar maneras, las formas necesarias de poner a disposición lo que los otros
tienen que aprender (aquí recuerda a Meirieu, la enseñanza es obligatoria y el aprendizaje es
una decisión).

2.Enseñar y contar. Lo anterior (conocer para enseñar y también saber acerca del enseñar), en
la formación docente, trataría de darle a las instancias prácticas apoyaturas fuertes, sobre las
que será posible sostenerse a la hora de probar, ensayar utilizando los conocimientos que
permiten enfrentar situaciones de enseñanza determinadas. (no se trata ni de aumentar la
carga de formación en un trayecto específico, ni de probar y probar sin más).

Enseñar es en gran medida contar. Y se puede aprender a enseñar también a través de lo que
otros nos cuentan. Hay que recuperar las experiencias pedagógicas y su vinculación con la
producción de un saber susceptible de ser compartido con un alto potencial formador. No se
trata de transferir experiencias, sino de recuperar lo que esa experiencia produjo para
imaginar, para tomar decisiones y accionar en situaciones determinadas. Estos relatos
tenderían a producir lazos (su objetivo no es la “reproducción” de los haceres de otros);
docentes encontrados entre ideas, consejos y reflexiones.

3. Oferta y demanda. ¿?

4. La decisión de aprender. La asimetría no es dominación sino anterioridad fundadora.


Transmitir es dar el mundo, pero para dar el mundo es preciso apropiárselo previamente. En
educación la responsabilidad es siempre adulta pero existe el derecho a la indiferencia, es
decir, el derecho que tiene el otro (el alumno) a no entrar en el intercambio, a decidir no
aprender. Así el fracaso a la hora de enseñar puede enenderse como la desproporción de
pretender suscitar o provocar estados en los alumnos (abismo entre el trasmitir y suscitar): los
estados que se producen (suciten) en los otros, como resultado de la enseñanza, se dan por
añadidura y no porque los transformemos en la mete principal de nuestra actividad. Si el
aprendizaje es una decisión, ¿De qué es responsable un enseñante?

Conclusiones: Las claves por cuya ausencia se dice que fracasa la enseñanza no están en
ninguna parte. Pero esto no nos libera del asunto. Las prácticas que proponen para mejorar el
oficio (enseñar) pueden agruparse bajo el nombre de “heteroayuda para enseñar más y
mejor”:

-Dominio del contenido disciplinar. (Estudiar)

-Probar la enseñanza. (Probar, Experimentar)

- Intercambiar y analizar distintas versiones de enseñanzas bien y mal sucedidas. Contar y


compartir esas pruebas y experiementos. (Analizar y experimentar)

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