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El Evangelio de Jesucristo y nuestras tradiciones

Por Luis Carlos FONTALVO


30 Abril 2009

Marc 7:7-9 « Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamiento de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis
a la tradición de los hombres… Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición”

Hechos 15: 1 “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: «Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés no podéis ser
salvos».”

2 Cor 4:18 «no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven
son eternas.»

Colosenses 2:20-22 “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis
a preceptos tales como no manejes, ni gustes, ni aun toques, (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que se destruyen
con el uso?”

1 Juan 2: 17 “ Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.»

El Evangelio
Primero que todo, debemos tener bien claro que el Evangelio de Jesucristo es “Buenas Nuevas”; y para nosotros que hemos creído, es buenas
nuevas de salvación. Si leemos en 1 de Corintios 15, vemos que el evangelio es lo que Cristo hizo por nosotros, “Que Cristo murió por nuestros
pecados, conforme a las escrituras; y que fue sepultado, y que resucito al tercer día conforme a las escrituras" Para ser salvo, lo único que
nosotros debemos hacer es creerlo, recibirlo y retenerlo; el resto es la obra del Señor. No hay nada que yo pueda añadir para que mi salvación sea
completa. La salvación no es: Jesús mas nuestra practica, sino Jesús y punto. Puedo reposarme totalmente de mis obras, pues todo lo necesario
para ser salvo por toda la eternidad lo hizo Jesucristo. Esto debe estar bien claro en nuestras mentes para que nuestra fe y nuestra confianza no
estén puestas en ninguna otra cosa sino en Jesucristo. Las buenas obras han sido preparadas de antemano por el Señor para que nosotros las
pongamos en practica. Practicamos las buenas obras no para ser salvos, sino porque somos salvos. El cristianismo no es el hacer sino el ser. Lo
que hacemos es el resultado de lo que somos. El cristianismo no es para imitarlo sino para vivirlo.

Las costumbres
Una costumbre es una práctica o norma aceptada por una sociedad o por un grupo en la sociedad, la cual debe ser observada religiosamente si se
quiere tener buena aceptación en dicho grupo. Con el tiempo, la costumbre se convierte en una tradición. De aquí el adagio: La costumbre hace
ley. No existen costumbres eternas, las costumbres evolucionan y van cambiando con el tiempo. Alguien dijo: lo único seguro en nuestra sociedad
es el cambio. Así hay prácticas que fueron para un tiempo pero que ya no son pertinentes.

El diccionario
La definición de tradición en el Diccionario de la Lengua Española es:
1. f. Comunicación de hechos históricos y elementos socioculturales de generación en generación:
2. Conjunto de lo que se transmite de este modo:

El diccionario de Wikkipdia dice lo siguiente: “Tradición proviene del latín traditio, y éste a su vez de tradere, "entregar". Es tradición todo aquello
que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, lega a las siguientes."
El diccionario Aristos: (1985) Comunicación o transmisión de doctrinas, ritos, costumbres, noticias hechas de padres a hijos al correr de los
tiempos. Doctrina costumbre etc. conservada por un pueblo por transmisión de padres a hijos.
La Iglesia
En la historia de La Iglesia, siempre ha habido la tendencia humana de añadir prescripciones é imposiciones adicionales al Evangelio de Jesucristo.
Los que la supervisamos hacemos esto para evitar el desorden y guardar control sobre ella. En un principio, esto se hace sin ningún ánimo de
poder, ni de manipulación alguna; pero como los supervisores (obispos) de la iglesia somos seres humanos, y nuestra tendencia humana es usar el
poder para imponer, a veces nos extralimitamos. Las imposiciones se convierten en tradiciones, y con el tiempo se vuelven una carga tanto para
aquellos que tienen que someterse a ellas, como para aquellos que tenemos que supervisarlos.
Somos siervos, no señores,
Jesús instruyó a sus discípulos en Marcos 10:42-43. de esta manera: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se
enseñorean de ellas… pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”. También Pedro
en su primera epístola, capitulo 5:3, les dijo a los ancianos de la iglesia: “no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino
siendo ejemplos de la grey”
Debemos tener bien en claro que la iglesia tiene un solo Señor, capaz de amarla, lavarla, limpiarla, santificarla y “presentársela a sí mismo una
iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante”. Nosotros no somos señores de la iglesia, solo somos sus siervos de Jesucristo.
No tratemos de hacer el trabajo de Dios, concentrémonos en predicar una sola cosa: “a Jesucristo, y este crucificado”, y tengamos confianza en
que el Espíritu Santo hará su obra en los creyentes, y que el operará los cambios que él considere necesario en cada uno de ellos. Nuestro trabajo,
como siervos, es de exhortar con amor, y enseñar la Palabra de Dios, pero no podemos interferir con la libertad de cada creyente.

La iglesia ha sobrevivido a través del tiempo y se ha organizado en diferentes grupos alrededor del mundo. Cada grupo defiende cierto aspecto del
evangelio, o pone énfasis en cierto método, o cierto aspecto doctrinal u organizacional. Pero la iglesia sigue siendo La Iglesia, y “conoce el Señor a
los que son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor”.

Breve reseña histórica de nuestra iglesia en Colombia


En siglo pasado, durante la década de los años 50, hubo un mover de Dios sin precedente, en nuestra querida Colombia. No fue à causa de la
buena planificación de los misioneros, ni por la buena armonía que entre ellos hubiera habido, ni por la santidad que la iglesia de la época hubiera
practicado, sino por la pura misericordia y el designio soberano de Dios. La expansión del evangelio sobre el territorio colombiano fue tal, que a
pesar de la persecución, el Evangelio se extendió hasta el Ecuador y Venezuela. Más tarde, esto dio nacimiento al programa de las misiones
externas, que hoy ha llegado a muchos países del mundo.
El celo por las misiones y el evangelismo en nuestra iglesia fue un lego de los misioneros que nos trajeron el evangelio. Fueron aquellos, tiempos
de gran bendición y la iglesia no se concentro en métodos ni en formas, sino más bien en el esparcimiento del evangelio gozando de mucha
libertad dada por el espíritu. La iglesia de ese entonces no estaba tan estructurada, ni concentrada en tantas prescripciones, sino más bien
concentrada en las oraciones y en el amor, la preocupación los unos por los otros y el esparcimiento del evangelio. La moda de aquellos tiempos,
no reñía con la manera de vestir usada en la iglesia. La televisión era rara en esos tiempos y la sociedad de ese tiempo no ponía tanto énfasis en la
apariencia exterior. No existían los gimnasios, ni tantos salones de estética. La moda de aquellos tiempos en la sociedad en que vivíamos era la
falda.
Todo cambia menos Cristo
Pero, resulta que ahora hemos llegado a la época post-moderna, habiendo ya entrado de lleno en el siglo 21, y la sociedad ha cambiado. En los
años 50 no se veía una mujer en la calle en pantalones, la sociedad no lo veía bien, solo se usaba para montar a caballos o trabajar en el campo.
Las fotos de la época atestiguan de esto.

Hoy en día, el traje de calle de la mujer, ya no es la falda sino el pantalón, que dicho sea de paso no es el pantalón de hombre, sino un pantalón
concebido especialmente para la mujer practica de hoy. La falda y los vestidos se han dejado para ocasiones especiales. Se ha cambiado la
elegancia por el confort y lo formal por lo práctico. Aparte de nuestra preferencia personal, esta es una realidad que no podemos negar. En
aquellos tiempos, los maquillajes y arreglo en la mujer se dejaban más bien para las estrellas del cine y de la televisión, y se juzgaba mal que una
mujer de hogar se preocupara mucho por su apariencia personal.
El celo debe ser conforme a la sabiduría
En Romanos 12:1-2 Pablo nos dice: “No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para
que comprobéis cual es la buena voluntad de Dios…” Juan también nos dice: “El mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios
permanece para siempre”.

Creo que, la iglesia en su celo por conservar su pureza y su santidad, sin haber hecho ningún debate bíblico, ni haber reglamentado oficialmente,
ha congelado la moda de los años 50 y la ha declarado: “la moda cristiana para siempre”, en todos los países del mundo a donde vayamos. La
decencia, la modestia y el pudor de la mujer cristiana pueden ser practicados cualquiera que sea la moda del día, y cualquiera que sea la manera
que la mujer cristiana escoja para vestirse, ya sea la falda o el pantalón. La mujer tiene la libertad en Cristo de elegir lo que quiera usar. La
indecencia existe cualquiera que sea la moda y el vestido. Personalmente, me gusta ver a una mujer vestida de manera tradicional con su falda y
con vestidos elegantes, pero no puedo hacer de mi preferencia personal una ley, ni imponerles a otros mis deseos personales. Creo que la
presentación de la mujer moderna ha desmejorado en cuanto a elegancia, pero eso es una opinión meramente personal.

Quitemos los obstáculos


Observamos con interés, que la iglesia de hoy sigue exigiendo de las mujeres que se van convirtiendo al Señor el quitarse los pantalones como
requisito para ser buenas cristianas, citando versículos que, cuando los examinamos a la luz de su contexto, no tienen sustentamiento. Que las
mujeres cristianas no deben maquillarse o usar joyas para decorarse, pues esto es vanidad. Si damos crédito al discurso de Salomón, el hombre
más sabio que ha existido en la tierra, el dijo: “Todo es vanidad”, no solamente el deseo de darle un realce a su apariencia personal. Otra cosa que
está pasando de moda en los hombres son las corbatas. El hombre de negocios moderno, y los mandatarios de hoy en día suelen llevar la camisa
sin corbata, sintiéndose más cómodos así en el ejercicio de sus funciones. Pero si un predicador se quita la corbata para predicar, por mucho calor
que haga, juzgamos que le hace deshonor al ministerio, o que pierde la unción. Alguien dijo que la corbata era un símbolo de liderazgo. Que
concepto tan bajo del liderazgo! Creo que la corbata es elegante y tiene su lugar pero no podemos volver eso una prescripción, o una obligación.

Entremos y dejemos entrar


Los fariseos del tiempo de Cristo no eran personas malas, ni mal intencionadas. Por el contrario ellos eran personas celosas en guardar las
tradiciones de los padres y ser observadores estrictos de la ley. Luego esa práctica se convirtió en una carga tanto para ellos como para el pueblo,
y llego a ser más importante para ellos la práctica de las prescripciones que la misericordia y la justicia. Jesús dijo, hablando de ellos que ellos ni
entran ni dejan entrar.

Decidamos, pues, no poner más obstáculos a las personas de hoy en día que desean acercarse a Dios. Si les decimos a los simpatizantes del
evangelio, que para llegar ser cristianos hay que usar la moda de los años 50, muchos de ellos se abstendrían de entregarse al Señor, que de otra
manera hubieran podido entrar al reino. No cerremos las puertas del reino de Dios a las almas perdidas, sino más bien quitemos todo pretexto que
el enemigo pueda usar para impedir a las almas de rendirse a Cristo. No permitamos que por un pedazo de trapo se pierda aquél por quien Cristo
murió.

No pretendo tener una solución fácil a esta problemática en nuestra iglesia, pero si propongo que se debatiera este asunto, “biblia en mano”, con
mentes abiertas al Espíritu de Dios y al siglo en que estamos viviendo. Esto quizá no representa ningún problema para una congregación que esté
comenzando ahora, aunque más tarde tengan que debatir sobre nuevas tradiciones que se vayan estableciendo. Pero, para una congregación de
cierta antigüedad donde ya se haya establecido la tradición, esto resulta un tanto difícil. Se necesita de mucha sabiduría de parte de Dios y
apertura de espíritu para hacer la transición.

La libertad en Cristo
Quizá lo que temen los líderes de la iglesia, es que si se les permite a las hermanas de vestirse según su gusto personal, esto pueda causar un
“desmadre” en la iglesia, y que de pronto las hermanas se vallan a los extremos. Pero creo que la libertad cristiana es parte del evangelio y que
Cristo no vino a encadenarnos sino a hacernos libres. Creo que no debemos ponerles yugo a los hermanos, ya que “teniendo la apariencia de
piedad podemos negar la eficacia de ella”. Seamos personas equilibradas y quitemos todo obstáculo al evangelio, así muchas almas que hoy en día
se verían impedidas a entrar por la puerta, a causa de las tantas prescripciones, puedan entrar y adorar a Dios en espíritu y en verdad, sin poner
su "mira en las cosas de la tierra, sino en las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado".
El uso y el abuso
Sabemos que el ser humano tiende a utilizar la libertad para hacer lo que él quiere. Esto no impide el hecho de que Cristo nos haya hecho libres. El
apóstol Pablo nos exhorta a que no debemos volver al yugo de servidumbre. Algunos piensan que vestirse a la moda es conformarse a este mundo,
pero si aplicamos este principio, entonces nos tocaría renunciar a usar computadores, el Internet, los celulares y Facebook, pues todo eso es
tecnología nueva y cada día hay más. No he oído a nadie predicando en contra de estas cosas, antes por el contrario, nos servimos de ellas; en
este respecto si estamos actualizados. Pero lo del vestido se ha convertido en una religión. Si quisiéramos reglamentar una verdadera “moda
cristiana”, nos tocaría regresar a las túnicas del tiempo de Cristo. Seamos entendidos, seamos equilibrados. Creo que nuestro Señor Jesucristo fue
la persona más equilibrada que vivió en este mundo, y si a él le hubiese tocado vivir en este siglo, el se hubiera vestido, actuado y utilizado la
tecnología como una persona de la época, pero sin pecado, para poder ser eficaz en medio de la generación que él quería salvar.
El hombre tiende a ser religioso
2 Reyes 18; Números 21
El hombre es por naturaleza religioso, y las cosas que existieron y fueron de bendición en un tiempo atrás, pueden fácilmente convertirse para él
en un objeto de adoración y de idolatría. La serpiente de metal que Moisés levanto en el desierto para que los hijos de Israel la miraran y fueran
salvos, fue un gran ejercicio de fe prescrito por Dios para el momento, y todos los que obedecieron fueron salvos. Pero más tarde, fijaron sus ojos
en la serpiente y le estaban rindiendo culto; es decir que ella se convirtió en un ídolo que Ezequías tuvo que destruir. Hoy nosotros le hemos hecho
un altar a la falda y a la corbata por decirlo así. “Cosas que se destruyen con el uso.” Seamos sabios porque los tiempos son malos, la venida del
Señor se acerca. Pongamos nuestra mirada en lo que no cambia, no en las cosas de la tierra, “porque las cosas que se ven son temporales, pero
las que nos se ven son eternas”
En cuestiones de opinión… practiquemos la libertad
Romanos 14
En cuanto a la libertad cristiana, hay algunos que son débiles y otros que son fuertes. Cada uno tiene un grado de comprensión diferente, y Pablo
nos dice que cada cual debe estar convencido de lo que cree: “Uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres” El débil
tiende a juzgar al que tiene la libertad de comer de todo, y el que es libre de prejuicios en cuanto a lo que come tiende a menospreciar al que no
tiene la libertad de comer de todo. Lo bueno es no condenarse con lo que uno aprueba, y vivir según el amor. No hacer que por una tontería se
pierda el hermano por quien Cristo murió. “El reino de los cielos no es comida ni bebida sino Justicia Paz y Gozo por el Espíritu Santo”. Nadie debe
ser mal juzgado ser de una opinión diferente.
El Cristianismo no es una religión de trapos
Lo más trágico de todo esto es que la nueva generación termina por poner la fe en la práctica de las prescripciones y no en la obra redentora de
Cristo. Ellos piensan que por haberse sometido a todas las prescripciones de la iglesia, esto les asegura una salvación eterna, y esto es un error. Un
joven que haya crecido en la iglesia sin haber conocido otra cosa, no puede concebir que una mujer que se preocupe por su apariencia personal,
(que use pantalones, o se arregle el cabello y use joyas para decorarse), pueda ser una cristiana verdadera. Se duda de la autenticidad de su
conversión. Se dice de la mujer moderna en una congregación, que ella todavía no es convertida; a la mujer que se viste modernamente en una
congregación se le llama visita. Sería bueno revisar nuestra posición delante de Dios, y en el temor de Dios buscar su rostro para adquirir sabiduría.
Entiendo que para los que han sido más estrictos en estos aspectos les resultará más difícil aceptar un cambio de posición; pero un día, ya muy
pronto, “todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para que cada cual reciba según el bien o el mal que haya hecho.”

La imagen
Ya que la sociedad pone tanto énfasis en la auto-imagen, creo que los cristianos tenemos que aprender a conducirnos con mucha sabiduría en este
mundo. Podemos vivir al paso con la sociedad sin contaminarnos con ella. Esto requiere sabiduría y equilibrio que solo Dios puede darnos. No
debemos ser extremistas, sino más bien gente equilibrada. Pablo nos aconseja que el tiempo es corto “y los que disfrutan de este mundo, debieran
ser como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.” 1 Cor 7:31 Es cierto que todos no tienen el don de vestirse con gusto,
sin exageraciones. Hay quienes por estar a la moda se ponen al ridículo. Todas las formas de cuerpo no se dan para los estilos que salen al
mercado. Mas estoy seguro que entre todos nosotros habrá quienes tengan la habilidad y el buen gusto y que pueden aconsejar aquellos que no lo
tengan. Aquellos que no lo tengan debieran aceptar con humildad el ser aconsejado en este respecto por aquellos que lo han recibido. Que Dios
tenga misericordia de nosotros y nos ayude.

Mi experiencia
Dios en su gracia, me ha permitido pasar por un proceso bastante largo y sufrido para llegar a comprender algo en esto respecto; he querido
compartirlo con todos aquellos que lo quieran escuchar. No es mi intención el ser contencioso; no quiero censurar, ni quiero condenar, ni tampoco
quiero apuntar a nadie. Amo al señor, y amo a la iglesia en Colombia que me vio nacer, que me ayudo en mi formación, que me ha apoyado todos
estos años y que lo siguen haciendo aun. Sería una lástima que después de haber sido de tanta bendición a Colombia, la iglesia caiga en la
religiosidad. Asimismo, yo amo a la Iglesia de Dios en el mundo entero, pues ella trasciende a las culturas y costumbres de los pueblos. Dios es
muy paciente para con todos, y si en humildad le pedimos su ayuda, el con amor nos abrirá el entendimiento.

Consejos prácticos:
Si ud. ha comprendido esto, no haga ningún cambio brusco, no imponga nada. Alguien dijo: Si, en la iglesia va a cambiar el piano de un lado a otro
de la plataforma, hágalo un centímetro por semana. No se pare delante de la congregación para decirles: “a partir de hoy cada cual haga lo que
quiera”. Esto puede causar reacciones muy negativas y hasta una división en el grupo entre conservadores y liberales. Sea sabio.

Si ud ha sido muy estricto en cuestión de la vestimenta, le toca pasar por un proceso personal de liberación de todo concepto errado que haya
tenido. Esto lleva tiempo y sufrimiento, pero Dios es paciente y nos ayuda si somos sinceros y honestos.

No se vaya al otro extremo dando la impresión que ahora todos tienen que cambiar su manera de vestir. Cada cual debe tener la libertad de hacer
uso de su juicio y a su ritmo personal en cuanto a su presentación. Si alguien necesita consejo para eso está el pastor.

Deje correr el tiempo y observe el cambio que la gente vaya teniendo. Si una hermana viene vestida al culto o se la encuentra en la calle vestida de
una manera no acostumbrada, no se escandalice. No haga ningún comentario negativo, salúdela normalmente como si no hubiera visto nada.
¿Quién es ciego como el siervo del Señor?

Si hay alguien en la congregación que tienda a exagerar en el uso de su libertad, con amor y mansedumbre haga la exhortación del caso. Si hay
ferviente amor los unos por los otros podremos cubrir una multitud de faltas.

Profundice su conocimiento, haga estudios e investigaciones, y pida revelación nueva a Dios y aprenda de todos aquellos sino que están a su
alrededor, ya que el que menos piense le puede enseñar una lección. Crezca no solo delante de Dios, sino también delante de los hombres. Así nos
enseño el Maestro.

Ninguno de nosotros ha llegado a entenderlo todo. Todos conocemos en parte. Que Dios nos ayude a todos a entender los tiempos en que
estamos viviendo para ser más eficaces en el servicio a Dios.

Con toda humildad,

Luis Carlos Fontalvo


Montreal, Canadá
Marzo 31 2009