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COMENTARIO BÍBLICO

DE
WILLIAM MacDONALD
Editorial CLIE

1ª TESALONICENSES

William MacDonald
Título original en inglés: Believer’s Bible Commentary
Algunos de los materiales de esta obra fueron editados previamente por Harold Shaw
Publishers y Walterick Publishers, y han sido empleados con su permiso. No obstante, han
sido revisados, expandidos y editados considerablemente.
Publicado originalmente en dos tomos, Antiguo y Nuevo Testamento.
Traductores de la versión española del Antiguo Testamento:
Neria Díez, Donald Harris, Carlos Tomás Knott, José Antonio Septién.
Editor y revisor de traducciones: Carlos Tomás Knott.
Traductor de la versión española del Nuevo Testamento:
Santiago Escuain.
Copyright © 2004 por CLIE para esta edición completa en español.
Este comentario se basa en la traducción Reina Valera, revisión de 1960.
Copyright © 1960 Sociedades Bíblicas Unidas.
Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de esta versión.
«BAS » indica que la cita es de la versión Biblia de las Américas,
Copyright © 1986 The Lockman Foundation.
Los esquemas y otros gráficos son propiedad de William MacDonald.
Depósito Legal:
ISBN: 978-84-8267-410-0
Clasifíquese:
98 HERMENÉUTICA:
Comentarios completos de toda la Biblia
C.T.C. 01-02-0098-04
Referencia: 22.45.73
Prefacio del autor
El propósito del Comentario Bíblico de William MacDonald es darle al lector cristiano
medio un conocimiento básico del mensaje de la Sagrada Biblia. También tiene como
propósito estimular un amor y apetito por la Biblia de modo que el creyente deseará
profundizar más en sus tesoros inagotables. Confío en que los eruditos encuentren alimento
para sus almas, pero deberán tener en consideración y comprender que el libro no fue
escrito primariamente para ellos.
Todos los libros han sido complementados con introducciones, notas y bibliografías.
A excepción de Salmos, Proverbios y Eclesiastés, la exposición del Antiguo
Testamento se presenta principalmente de párrafo en párrafo en lugar de versículo por
versículo. Los comentarios sobre el texto son aumentados por aplicaciones prácticas de las
verdades espirituales, y por un estudio sobre tipos y figuras cuando es apropiado.
Los pasajes que señalan al Redentor venidero reciben trato especial y se comentan con
más detalle. El trato de los libros de Salmos, Proverbios y Eclesiastés es versículo por
versículo, porque no se prestan a condensación, o bien porque la mayoría de los creyentes
desea estudiarlos con más detalle.
Hemos intentado enfrentar los textos problemáticos y cuando es posible dar
explicaciones alternativas. Muchos de estos pasajes ocasionan desesperación en los
comentaristas, y debemos confesar que en tales textos todavía «vemos por espejo,
oscuramente».
Pero la misma Palabra de Dios, iluminada por el Espíritu Santo de Dios, es más
importante que cualquier comentario sobre ella. Sin ella no hay vida, crecimiento, santidad
ni servicio aceptable. Debemos leerla, estudiarla, memorizarla, meditar sobre ella y sobre
todo obedecerla. Como alguien bien ha dicho: «La obediencia es el órgano del
conocimiento espiritual».
Willian McDonald

Introducción del editor


«No menospreciéis los comentarios». Éste fue el consejo de un profesor de la Biblia a
sus alumnos en Emmaus Bible School (Escuela Bíblica Emaús) en la década de los 50. Al
menos un alumno se ha acordado de estas palabras a lo largo de los años posteriores. El
profesor era William MacDonald, autor del Comentario Bíblico. El alumno era el editor de
la versión original del Comentario en inglés, Arthur Farstad, quien en aquel entonces estaba
en su primer año de estudios. Sólo había leído un comentario en su vida: En los Lugares
Celestiales (Efesios) por H. A. Ironside. Cuando era joven leía ese comentario cada noche
durante un verano, y así Farstad descubrió qué es un comentario.

¿Qué es un comentario?
¿Qué es exactamente un comentario y por qué no debemos menospreciarlo? Un editor
cristiano hizo una lista de quince tipos de libros relacionados con la Biblia. No debería
extrañar, entonces, si algunas personas no saben describir la diferencia entre un comentario,
una Biblia de estudio, una concordancia, un atlas, un interlineal y un diccionario bíblico,
nombrando sólo cinco categorías.
Aunque sea una perogrullada, un comentario comenta, es decir, hace un comentario que
ayuda a entender el texto, versículo por versículo o de párrafo en párrafo. Algunos
cristianos desprecian los comentarios y dicen: «sólo quiero leer la Biblia misma y escuchar
una predicación». Suena a piadoso, pero no lo es. Un comentario meramente pone por
impreso la mejor (y más difícil) clase de exposición bíblica: la enseñanza y predicación de
la Palabra de Dios versículo por versículo. Algunos comentarios (por ejemplo, los de
Ironside) son literalmente sermones impresos. Además, las más grandes exposiciones de la
Biblia de todas las edades y lenguas están disponibles en forma de libro en inglés (tarea que
todavía nos incumbe en castellano). Desafortunadamente, muchos son tan largos, tan
antiguos y difíciles que el lector cristiano corriente se desanima y no saca mucho provecho.
Y ésta es una de las razones de ser del Comentario Bíblico de William MacDonald.

Tipos de comentarios
Teóricamente, cualquier persona interesada en la Biblia podría escribir un comentario.
Por esta razón, hay toda una gama de comentarios desde lo muy liberal hasta lo muy
conservador, con todos los matices de pensamientos en el intermedio. El Comentario
Bíblico de William MacDonald es un comentario muy conservador, que acepta la Biblia
como la Palabra de Dios inspirada e inerrante, y totalmente suficiente para la fe y la
práctica.
Un comentario podría ser muy técnico (con detalles menudos de la sintaxis del griego y
hebreo), o tan sencillo como una reseña. Este comentario está entre estos dos extremos.
Cuando hacen falta comentarios técnicos, se hallan en las notas al final de cada libro. El
escritor comenta seriamente los detalles del texto sin evadir las partes difíciles y las
aplicaciones convincentes. El hermano MacDonald escribe con una riqueza de exposición.
La meta no es producir una clase de cristianos nominales con comprensión mínima y sin
mucho compromiso, sino más bien discípulos.
Los comentarios también suelen distinguirse según su «escuela teológica»:
conservadora o liberal, protestante o católico romano, premilenial o amilenial. Este
comentario es conservador, protestante y premilenial.

Cómo emplear este libro


Hay varias formas de acercarse al Comentario Bíblico de William MacDonald.
Sugerimos el siguiente orden como provechoso:
Hojear: Si le gusta la Biblia o la ama, le gustará hojear este libro, leyendo un poco en
diferentes lugares y disfrutándolo así de forma rápida, apreciando el sentido general de la
obra.
Un Pasaje específico: Puede que tengas una duda o pregunta acerca de un versículo o
párrafo, y que necesites ayuda sobre este punto. Búscalo en el lugar apropiado en el
contexto y seguramente hallarás material bueno.
Una doctrina: Si estudia la creación, el día de reposo, los pactos, las dispensaciones, o
el ángel de JEHOVÁ, busque los pasajes que tratan estos temas. El índice indica los ensayos
que hay sobre esta clase de tema. En el caso de algo que no aparezca en el índice, use una
concordancia para localizar las palabras claves que le guiarán a los pasajes centrales que
tratan el punto en cuestión.
Un libro de la Biblia: Quizá en su congregación estudian un libro del Antiguo
Testamento. Será grandemente enriquecido en sus estudios (y tendrá algo que contribuir si
hay oportunidad) si durante la semana antes de cada estudio lee la porción correspondiente
en el comentario.
Toda la Biblia: Tarde o temprano cada cristiano debe leer toda la Biblia, comenzando
en el principio y continuando hasta el final, sin saltar pasajes. A lo largo de la lectura se
encontrarán textos difíciles. Un comentario cuidadoso y conservador como éste puede ser
de mucha ayuda.
El estudio de la Biblia puede parecerle al principio como «trigo molido», es decir:
nutritivo pero seco, pero si persevera y progresa, ¡vendrá a ser como «tarta de chocolate»!
El consejo del hermano MacDonald, dado hace tantos años: «no menospreciéis los
comentarios», todavía es válido. Habiendo estudiado cuidadosamente sus comentarios
sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, puedo decir lo siguiente: «¡disfrútelo!».

Abreviaturas
Abreviaturas de libros de la Biblia
Libros del Antiguo Testamento

Gn. Génesis
Éx. Éxodo
Lv. Levítico
Nm. Números
Dt. Deuteronomio
Jos. Josué
Jue. Jueces
Rt. Rut
1 S. 1 Samuel
2 S. 2 Samuel
1 R. 1 Reyes
2 R. 2 Reyes
1 Cr. 1 Crónicas
2 Cr. 2 Crónicas
Esd. Esdras
Neh. Nehemías
Est. Ester
Job Job
Sal. Salmos
Pr. Proverbios
Ec. Eclesiastés
Cnt. Cantares
Is. Isaías
Jer. Jeremías
Lm. Lamentaciones
Ez. Ezequiel
Dn. Daniel
Os. Oseas
Jl. Joel
Am. Amós
Abd. Abdías
Jon. Jonás
Mi. Miqueas
Nah. Nahúm
Hab. Habacuc
Sof. Sofonías
Hag. Hageo
Zac. Zacarías
Mal. Malaquías

Libros del Nuevo Testamento

Mt. Mateo
Mr. Marcos
Lc. Lucas
Jn. Juan
Hch. Hechos
Ro. Romanos
1 Co. 1 Corintios
2 Co. 2 Corintios
Gá. Gálatas
Ef. Efesios
Fil. Filipenses
Col. Colosenses
1 Ts. 1 Tesalonicenses
2 Ts. 2 Tesalonicenses
1 Ti. 1 Timoteo
2 Ti. 2 Timoteo
Tit. Tito
Flm. Filemón
He. Hebreos
Stg. Santiago
1 P. 1 Pedro
2 P. 2 Pedro
1 Jn. 1 Juan
2 Jn. 2 Juan
3 Jn. 3 Juan
Jud. Judas
Ap. Apocalipsis
Abreviaturas de versiones de la Biblia, traducciones y paráfrasis

ASV American Standard Version


BAS Biblia de las Américas
FWG Biblia Numérica de F. W. Grant
JBP Paráfrasis de J. B. Phillips
JND New Translation de John Nelson Darby
KJV King James Version
KSW An Expanded Translation de Kenneth S. Wuest
LB Living Bible (paráfrasis de la Biblia, que existe en castellano como
La Biblia al Día)
NASB New American Standard Bible
NEB New English Bible
NIV New International Version
NKJV New King James Version
R.V. Revised Version (Inglaterra)
RSV Revised Standard Version
RV Reina-Valera, revisión de 1909
RVR Reina-Valera, revisión de 1960
RVR77 Reina-Valera, revisión de 1977
V.M. Versión Moderna de H. B. Pratt

Otras abreviaturas
a.C. Antes de Cristo
Aram. Arameo
AT Antiguo Testamento
c. circa, alrededor
cap. capítulo
caps. capítulos
CBC Comentario Bíblico
cf. confer, comparar
d.C. después de Cristo
e.g. exempli gratia, por ejemplo
ed. editado, edición, editor
eds. editores
et al. et allii, aliæ, alia, y otros
fem. femenino
Gr. griego
i.e. id. est, esto es
ibid. ibidem, en el mismo lugar
ICC International Critical Commentary
lit. literalmente
LXX Septuaginta (antigua versión gr. del AT)
M Texto Mayoritario
marg. margen, lectura marginal
masc. masculino
ms., mss., manuscrito(s)
MT Texto Masorético
NCI Nuevo Comentario Internacional
NT Nuevo Testamento
NU NT griego de Nestle-Aland/S. Bíblicas Unidas
p.ej. por ejemplo
pág., págs. página(s)
s.e. sin editorial, sin lugar de publicación
s.f. sin fecha
TBC Tyndale Bible Commentary
Trad. Traducido, traductor
v., vv. versículo(s)
vol(s). volumen, volúmenes
vs. versus, frente a

Transliteración de palabras hebreas


El Comentario al Antiguo Testamento, habiendo sido hecho para el cristiano medio que
no ha estudiado el hebreo, emplea sólo unas pocas palabras hebreas en el texto y unas
cuantas más en las notas finales.

El Alfabeto Hebreo

Letra hebrea Nombre Equivalente en inglés

Álef ´

Bet b (v)

Guímel g

Dálet d

He h

Vau w

Zain z
Chet h

Tet t

Yod y

Caf k (kh con la h aspirada)

Lámed l

Mem m

Nun n

Sámec s

Ayín ´

Pe p (ph)

Tsade ts

Cof q

Resh r

Sin s

Shin sh (con la h aspirada)

Tau t (th)

El hebreo del Antiguo Testamento tiene veintidós letras, todas consonantes; los rollos
bíblicos más viejos no tenían vocales. Estos «puntos vocales», como se les llama, fueron
inventados y colocados durante el siglo VII d.C. El hebreo se escribe de derecha a
izquierda, lo opuesto a idiomas occidentales tales como español e inglés.
Hemos empleado un sistema simplificado de transliteración (similar al que usan en el
estado de Israel en tiempos modernos y las transliteraciones populares). Por ejemplo,
cuando «bet» es pronunciado como la «v» en inglés, ponemos una «v» en la transliteración.
Transliteración de palabras griegas
Nombre griego Letra griega Equivalente en inglés
alfa α a
beta β b
gamma γ g, ng
delta δ d
épsilon ε e (corta)
tseta ζ ts
eta η e (larga)
zeta θ z
iota ι i
kappa κ k
lambda λ l
mu μ m
nu ν n
xi ξ x
ómicron ο o
pi π p
rho π r
sigma σ s
tau τ t
ípsilon υ u, y
fi φ f
ji χ j
psi ψ ps
omega ω o (larga)
LA PRIMERA EPÍSTOLA A LOS
TESALONICENSES
Introducción
«Esta carta, más que cualquiera otra de las de Pablo, se caracteriza por su sencillez,
gentileza y afecto … aquí no hay controversia.»
W. Graham Scroggie

I. Su singular puesto en el Canon


El primer libro de cualquier famoso autor es generalmente muy apreciado, indicando un
primer énfasis y un don de comunicación. Primera a los Tesalonicenses puede bien ser la
primera carta inspirada de Pablo. La asombrosa cantidad de enseñanza cristiana que el
apóstol pudo introducir en su breve estancia en Tesalónica queda claramente indicada por
las muchas doctrinas de que trata como ya conocidas por los tesalonicenses.
En la actualidad, el Arrebatamiento y la Segunda Venida de nuestro Señor son dos
cosas ampliamente creídas y esperadas por los cristianos evangélicos. No siempre fue así.
El avivamiento del interés en esta doctrina, especialmente por medio de los escritos de los
primeros Hermanos en Gran Bretaña (1825–1850) se basó primordialmente en 1
Tesalonicenses. Sin esta breve carta nos quedaríamos terriblemente empobrecidos en
nuestro entendimiento de los varios aspectos del regreso de Cristo.

II. Paternidad
Prácticamente ningún erudito bíblico niega que 1 Tesalonicenses sea una carta paulina
genuina. El apoyo para esto es suficiente, como dice J. E. Frame, «a no ser que uno esté
dispuesto a afirmar que Pablo nunca vivió o que no ha sobrevivido ninguna carta de él».
La evidencia externa de que Pablo es su autor se encuentra en Policarpo, Ignacio y
Justino, así como en el Canon Marcionita y en el Canon de Muratori (primitivas listas de
las Escrituras Cristianas —la primera herética y la segunda ortodoxa).
La evidencia interna reside en el empleo de un vocabulario paulino y en su estilo, y en
la muestra de un padre espiritual lleno de ternura. Las alusiones históricas coinciden con
Hechos. Tanto en 1:1 como en 2:18 el escritor se autodesigna como Pablo.

III. Fecha
Primera Tesalonicenses fue escrita desde Corinto durante la estancia de Pablo de
dieciocho meses allá, no mucho después de que Timoteo llegase adonde Pablo (1 Ts. 3:6;
2:17). Por cuanto se cree que Galión (Hch. 18) llegó como procónsul al principio del
verano del año 51 d.C., Pablo debió llegar allí a principios del 50 y escrito 1 Tesalonicenses
poco después. Casi todos los eruditos datan el libro a principios del año 50, y es
probablemente seguro datar la carta de manera más precisa en el 50 o 51 d.C., sólo veinte
años después de la Ascensión de nuestro Señor.

IV. Trasfondo y Tema


Fue durante el Segundo Viaje Misionero de Pablo que la luz del evangelio resplandeció
por vez primera en las tinieblas de Tesalónica (Hch. 17:1–10).
Después de que Pablo y Silas fueron liberados de la cárcel de Filipos, viajaron a
Tesalónica pasando por Anfípolis y Apolonia. En aquellos tiempos, Tesalónica era una
ciudad estratégica, tanto comercial como políticamente. Como solía, Pablo fue a la
sinagoga judía y mostró por el AT que el Mesías tenía que padecer y resucitar de los
muertos. Luego pasó a declarar que Jesús de Nazaret era el prometido Mesías. Esto tuvo
lugar durante tres sábados. Algunos de los judíos quedaron convencidos, y tomaron su
puesto con Pablo y Silas como creyentes cristianos. Además, se convirtieron muchos de los
prosélitos griegos y bastantes de las mujeres distinguidas de la ciudad. Entonces se inició
una reacción. Aquellos judíos que no creían reunieron a algunos de los rufianes de la plaza,
incitaron un motín y asediaron la casa de Jasón, donde Pablo y Silas se habían estado
alojando. Al no encontrar a los predicadores en la casa, arrastraron a Jasón y a algunos de
los otros creyentes ante los magistrados de la ciudad (politarcas), acusándolos de haber
trastornado todo el mundo. ¡Era un elogio involuntario! Luego acusaron a los cristianos de
estar tramando derribar a César al promover a otro Rey llamado Jesús. Los politarcas se
sintieron aturdidos. Pidieron a Jasón y a sus amigos que pagasen una fianza, probablemente
añadiendo estrictas órdenes de que sus invitados abandonasen la ciudad. Entonces, Jasón y
los otros fueron liberados.
Los hermanos cristianos en Tesalónica decidieron que sería más prudente para los
predicadores salir de la ciudad, y así los enviaron de noche a Berea.
Lo notable es que después que Pablo y Silas se fueron, dejaron tras de sí una
congregación de creyentes que estaban instruidos en las doctrinas de la fe y que no fueron
movidos por la persecución que sufrieron. Sería fácil llegar a la conclusión, por Hechos
17:2, de que Pablo y sus compañeros habían estado en Tesalónica sólo tres sábados. Sin
embargo, puede que eso fuese sólo la duración de su ministerio de enseñanza en la
sinagoga. Pablo y su equipo pueden haber pasado hasta tres meses en la ciudad. Las cartas
del apóstol a ellos muestran que los tesalonicenses tenían una amplia familiaridad con la
doctrina cristiana, y difícilmente podrían haberla recibido así en tres o cuatro semanas.
Desde Berea, Pablo pasó a Atenas (Hch. 17:15). Allí supo que los creyentes en
Tesalónica estaban siendo perseguidos. Intentó visitarlos, pero Satanás le estorbó (1 Ts.
2:17, 18). Timoteo trajo de vuelta un informe que era globalmente alentador (3:6–8), y esto
impulsó al apóstol a escribir esta carta. En ella defiende su ministerio contra ataques
calumniosos; llama a la separación de la dominante inmoralidad de aquella cultura; corrige
malos entendidos acerca de los que habían muerto en Cristo; reprende a los que habían
dejado de trabajar con vistas a la venida de Cristo; y apremia a los santos a respetar a sus
guías espirituales.
Uno de los más importantes temas de 1 Tesalonicenses es el regreso del Señor Jesús. Se
menciona al menos una vez en cada uno de los cinco capítulos.
G. R. Harding Wood reúne estas referencias y llega a la siguiente excelente sinopsis:
El cristiano que espera el regreso del Señor Jesús no tiene lugar para: (1) Ídolos en su
corazón (1:9, 10); (2) Pereza en su servicio (2:9, 19); (3) Divisiones en su comunión (3:12,
13); (4) Depresión en su mente (4:13–18), ni (5) Pecado en su vida (5:23).

BOSQUEJO
I. SALUTACIÓN (1:1)
II. RELACIONES PERSONALES DE PABLO CON LOS TESALONICENSES (1:2–
3:13)
A. Elogio de los tesalonicenses de parte de Pablo (1:2–10)
B. Repaso del ministerio, mensaje y conducta de Pablo en Tesalónica (2:1–12)
C. Repaso de la respuesta de los tesalonicenses ante el evangelio (2:13–16)
D. Explicación de que Pablo no volviese a Tesalónica (2:17–20)
E. La misión de Timoteo a Tesalónica (3:1–10)
F. La oración específica de Pablo (3:11–13)
III. EXHORTACIONES PRÁCTICAS (4:1–5:22)
A. La santificación que cumple la voluntad de Dios (4:1–8)
B. El amor que piensa en los demás (4:9, 10)
C. La vida que habla a los de fuera (4:11, 12)
D. La esperanza que consuela a los creyentes (4:13–18)
E. El Día del Señor (5:1–11)
F. Diversas exhortaciones a los santos (5:12–22)
IV. SALUDOS FINALES A LOS TESALONICENSES (5:23–28)

Comentario
I. SALUTACIÓN (1:1)
Esta carta comienza con los nombres de tres hombres que habían sido acusados de
trastornar el mundo entero. La acusación había sido dada como calumnia; de hecho, era un
tributo.
Pablo era el autor de la Epístola. Silvano y Timoteo estaban entonces viajando con él,
por lo que incluyó sus nombres. Silvano es probablemente el mismo que el Silas que cantó
un dúo con Pablo en la cárcel en Filipos (Hch. 16:25). Timoteo es el joven hermano de
Listra que se había añadido al grupo de Pablo justo antes del viaje a Tesalónica (Hch. 16:1).
La carta había sido escrita a la iglesia de los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor
Jesucristo. La palabra que traducimos como iglesia se usaba en aquellos tiempos para
describir cualquier clase de asamblea, de modo que Pablo quiere poner en claro que no es
una asamblea pagana, sino de una asamblea relacionada con Dios como Padre y con
Jesucristo como Señor.
La salutación de gracia y paz abarca las mejores bendiciones de que nadie podría gozar
a este lado del cielo. La gracia es el favor inmerecido de Dios en cada aspecto de nuestras
vidas. La paz es la tranquilidad imperturbada que desafía a las azarosas y aplastantes
circunstancias de la vida. La gracia es la causa, y su efecto es la paz. Pablo repite los
dobles nombres divinos como la fuente coigual de las bendiciones, poniendo esta vez el
pronombre posesivo nuestro conectado inmediatamente con Padre.

II. RELACIONES PERSONALES DE PABLO CON LOS


TESALONICENSES (1:2–3:13)

A. Elogio de los tesalonicenses de parte de Pablo (1:2–10)


1:2–3 Siempre que Pablo oraba, mencionaba a los tesalonicenses. (¿Somos nosotros
igual de fieles en recordar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo?) Y es siempre con
gracias que oraba por ellos acordándose de la obra de la fe de ellos, del trabajo de su
amor y de su constancia en la esperanza.
La obra de su fe se refiere probablemente de manera primaria a su conversión a Dios.
Esta descripción de fe como una obra nos recuerda una ocasión en que algunos
preguntaron a Jesús: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?».
Jesús les respondió: «Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (Jn. 6:28,
29). En este sentido, la fe es un acto u obra. Pero no es un afán por el que nadie gane mérito
o de lo que nos podamos gloriar. De hecho, es la única obra que el hombre pueda hacer sin
privar a Cristo de Su gloria como Salvador y sin negar su propia posición como pecador
impotente. La fe es una obra no meritoria por la que la criatura reconoce a su Creador y el
pecador reconoce a su Salvador. La expresión obra de fe incluye también la vida de fe que
sigue a la conversión.
Además de su obra de fe, Pablo recordaba su trabajo de amor. Esto se refiere a su
servicio por Dios motivado por amor al Señor Jesús. El cristianismo no es una vida que
soportar por causa del deber, sino una Persona a la que servir por causa del amor. Ser Su
esclavo es una libertad perfecta, y «el amor a él hace de la rutina un gozo divino». En
comparación con el amor, el motivo del beneficio es una inducción baja, indigna. El amor
hacia Cristo induce a un servicio que el dinero nunca podría inspirar. Los tesalonicenses
eran un ejemplo vivo de este hecho.
Finalmente, Pablo daba gracias a Dios por la constancia en la esperanza que ellos
evidenciaban. Esto habla de su firme espera de Jesús. Habían estado sufriendo persecución
como resultado de su valiente toma de posición por Cristo. Pero no habían aparecido grietas
en lo que Phillips llama su «firme y recio aguante».
El lugar de recuerdo queda indicado por la frase delante del Dios y Padre nuestro. Al
entrar Pablo en presencia de Dios en oración, recordaba el nacimiento espiritual y el
crecimiento de los santos, y expresaba su acción de gracias por la fe, amor y esperanza de
los mismos.
1:4 El apóstol estaba seguro de que estos santos eran escogidos de Dios ya antes de la
fundación del mundo. Pero, ¿cómo lo sabía? ¿Tenía alguna fuente sobrenatural de
conocimiento? No; sabía que estaban entre los escogidos por la manera en que habían
recibido el evangelio.
La doctrina de la elección enseña que Dios escogió a ciertas personas en Cristo antes de
la fundación del mundo (Ef. 1:4). No enseña que escogió a nadie a la condenación. El
hecho de que hay personas que finalmente se pierden se debe a su propio pecado e
incredulidad.
La misma Biblia que enseña elección enseña asimismo responsabilidad humana, o la
libre decisión del hombre. Dios hace una oferta genuina de salvación a todos en todo lugar.
Todo el que acuda a Cristo hallará una calurosa acogida.
Estas dos doctrinas, la elección y la libertad de elección, crean un conflicto
irreconciliable para la mente humana; pero la Biblia enseña las dos, y deberíamos creer las
dos incluso si no podemos armonizarlas.
No sabemos quiénes son los escogidos, de modo que debemos llevar el evangelio a todo
el mundo. Los pecadores no deberían emplear la doctrina de la elección como excusa para
no creer. Si se arrepienten y creen en el Señor Jesucristo, Dios los salvará.
1:5 Por nuestro evangelio, Pablo no implica un mensaje diferente al del resto de los
apóstoles. El contenido era el mismo. La diferencia residía en los mensajeros. Los
tesalonicenses no habían tratado el mensaje como un mero discurso religioso.
Evidentemente, lo habían recibido en sus palabras, pero no… solamente en palabras.
Les había venido en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre: (1) En
poder. El mensaje obró en sus vidas con una energía sobrenatural, produciendo convicción
de pecado, arrepentimiento y conversión. (2) En el Espíritu Santo. Este poder había sido
producido por el Espíritu Santo. (3) En plena certidumbre. Pablo predicó con gran
confianza en el mensaje. Los tesalonicenses lo aceptaron con plena certidumbre como la
palabra de Dios. El resultado en sus vidas fue una plena certidumbre de fe.
Pablo les recuerda ahora su propia conducta mientras estaba con ellos. No sólo predicó
el evangelio, sino que vivió una vida consecuente. El mejor sermón es una vida santa.
1:6 Así, Pablo podía decir: Vinisteis a ser imitadores nuestros y del Señor. Uno
habría esperado que dijese: «Del Señor y de nosotros», mencionando al Señor en primer
lugar. Pero aquí está dando el orden de su experiencia. Su primera introducción al Señor
Jesús fue en la vida del apóstol.
Es algo para hacernos pensar, que se supone que los que nos rodean deben poder ver a
Cristo en nosotros. Deberíamos poder decir con Pablo: «Sed imitadores de mí, así como yo
de Cristo» (1 Co. 11:1).
Observemos que habían recibido la palabra en medio de gran tribulación, con gozo.
Así era como habían imitado al Señor y a los apóstoles. Externamente había tribulación;
internamente, había gozo. ¡Una insólita combinación! Para el hombre del mundo es
imposible experimentar gozo y aflicción a la vez; para él, la tristeza es lo opuesto al gozo.
El cristiano tiene un gozo del Espíritu Santo independiente de las circunstancias. Para él,
lo opuesto al gozo es el pecado.
La tribulación que soportaron fue la persecución que siguió a su conversión.
1:7 Los tesalonicenses vinieron a ser cristianos modélicos. Primero, su ejemplo de gozo
en medio de la persecución fue un ejemplo para los creyentes en Macedonia y Acaya, es
decir, a todos los cristianos en Grecia.
1:8 Pero el testimonio de ellos no se detuvo allí. Se volvieron cristianos reproductores.
Como ondas en un estanque, la palabra del Señor fue divulgada en círculos cada vez más
amplios: primero en Macedonia y Acaya, y luego en todo lugar. Pronto las nuevas de su
fe para con Dios se había extendido tanto que Pablo ni tuvo que hablar acerca de ella: la
gente ya la conocía.
No estamos puestos como estación de término de nuestras bendiciones, sino como
canales a través de los que puedan fluir a otros, Dios resplandece en nuestros corazones
para que la luz pueda resplandecer a otros (2 Co. 4:6). Si hemos verdaderamente bebido del
agua de la salvación, los ríos de agua viva manarán a aquellos que tenemos a nuestro
alrededor (Jn. 7:37, 38).
1:9 Era tema de conversación generalizada que cuando el apóstol y sus compañeros
fueron a Tesalónica, recibieron una regia acogida. También llegó a ser de dominio público
de manera que había existido una sorprendente transformación en las vidas de muchas
personas. Se habían convertido a Dios abandonando los ídolos paganos, y habían dado su
voluntad a Dios como esclavos.
Observemos que se habían convertido a Dios abandonando los ídolos; no de los ídolos
a Dios. No era tanto que se cansasen de los ídolos y decidieran dar una oportunidad a Dios.
No, sino que se volvieron a Dios, y descubrieron que los satisfacía tanto que dejaron sus
ídolos.

Es aquella mirada que a Pedro derritió.


Es aquel rostro que Esteban contempló,
Es aquel corazón que con María lloró,
Lo único que de los ídolos nos apartó.
Ora Rowan

Nunca perdamos de vista el sentimiento de entusiasmo y de maravilla implícito en este


relato. Dos hombres van a una ciudad pagana con la palabra del Señor. Predican el
evangelio en el poder del Espíritu. Tiene lugar el milagro de la regeneración: hombres y
mujeres quedan arrebatados por el Salvador y abandonan sus ídolos. A continuación,
tenemos una asamblea local de creyentes que alaban a Dios, que viven vidas de santidad,
que soportan valientes la persecución, y que ganan a otros para Cristo. ¡Verdaderamente, el
servicio del Señor es la principal de las vocaciones!
1:10 No sólo estaban los tesalonicenses sirviendo al Dios vivo y verdadero (en
contraste con ídolos sin vida y falsos), sino que estaban esperando al Señor Jesús.
Observemos los detalles de su expectativa:
1. La Persona —Su Hijo
2. El Lugar —del cielo
3. La Prenda —al cual resucitó de los muertos
4. El Precioso Nombre —Jesús
5. La Perspectiva —que nos libra de la ira venidera
Así tenemos en los versículos 9 y 10 los tres aspectos de la experiencia de los
tesalonicenses:
Volverse (comparar con la obra de la fe, v. 3)
Servir (comparar con el trabajo de amor, v. 3)
Esperar (comparar con la constancia en la esperanza, v. 3).
G. R. Harding Wood los analiza de la siguiente manera:

Siguiendo —contemplando a Dios


Sirviendo —mirando los campos
Esperando —puestos los ojos en Jesús
Los tesalonicenses estaban esperando de los cielos al Hijo de Dios. Esto implica la
posibilidad de que viniese durante la vida de ellos; de hecho, en cualquier momento durante
la vida de ellos. La esperanza del cristiano es el regreso inminente del Señor Jesús. Se
encuentra en muchos pasajes del NT; he aquí unos pocos:
Lucas 12:36 —«Y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a su señor.»
Romanos 8:23 —«Esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.»
1 Corintios 11:26 —«Porque todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la
muerte del Señor estáis proclamando hasta que él venga.»
2 Corintios 5:2 —«Porque también gemimos en esta morada, deseando ser revestidos
de aquella nuestra habitación celestial.»
Gálatas 5:5 —«Pues nosotros por el Espíritu aguardamos a base de la fe la esperanza de
la justicia.»
Filipenses 3:20 —«Ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo»
(BAS).
Tito 2:13 —«Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de
nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.»
Hebreos 9:28 —«Aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, a los que le
esperan ansiosamente para salvación.»
Santiago 5:7–9 —«Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor … la
venida del Señor está cerca … el juez está ya a la puerta.»
1 Pedro 4:7 —«Mas el fin de todas las cosas se acerca.»
1 Juan 3:3 —«Y todo aquel que tiene esta esperanza puesta en él, se purifica a sí
mismo, así como él es puro.»
Judas 21 —«… aguardando con anhelo la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para
vida eterna.»
Apocalipsis 3:11 —«Vengo en seguida.» 22:7 —«¡He aquí, vengo pronto!» 22:12 —
«Mira que yo vengo pronto.» 22:20 —«Ciertamente, vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor
Jesús.»
El cristiano sabe que puede que deba pasar por la muerte, pero también que el Señor
puede venir en cualquier momento y que, así, entraría en el cielo sin morir.
Ninguna profecía de la Escritura ha de ser cumplida antes de la venida de Cristo a por
Su pueblo. Este es el siguiente gran acontecimiento en el programa de Dios.
No podríamos estar esperando el regreso del Señor en cualquier momento si se hubiese
de interponer algún acontecimiento o periodo de tiempo. La posición del Arrebatamiento
pretribulacional es el único que permite al creyente esperar hoy la venida de Cristo. Las
otras perspectivas llevan a abandonar la inminencia de Su regreso.
Aquel a quien esperamos es Jesús, nuestro libertador de la ira que ha de venir. Esta
descripción del Salvador que viene se puede comprender de dos formas:

1. Nos libera del castigo eterno por nuestros pecados. En la cruz, Él soportó la ira de
Dios contra nuestros pecados. Por la fe en Él, se nos pone a nuestra cuenta el valor de Su
obra. De ahí en adelante, no hay condenación para nosotros, por cuanto estamos en Cristo
Jesús (Ro. 8:1).
2. Pero también nos libera del venidero periodo de juicio cuando la ira de Dios será
derramada sobre un mundo que ha rechazado a Su Hijo. Este periodo es conocido como la
Tribulación y como el tiempo de la angustia de Jacob (Dn. 9:27; Mt. 24:4–28; 1 Ts. 5:1–11;
2 Ts. 2:1–12; Ap. 6:1–19:10).
B. Repaso del ministerio, mensaje y conducta de Pablo en Tesalónica
(2:1–12)
2:1 En la última parte del versículo 5 del capítulo anterior, Pablo alude brevemente a su
carácter y conducta personal mientras estuvo en Tesalónica. Ahora emprende un repaso
más a fondo de su ministerio, mensaje y estilo de vida.
El punto es que el ministerio primordial de un cristiano es el ministerio de carácter. Lo
que seamos es muchísimo más importante que lo que jamás podamos decir. Nuestra
influencia inconsciente habla con mucha más elocuencia que nuestra influencia consciente.
James Denney dijo:
El carácter de un cristiano es todo el capital que tiene para llevar a cabo su actividad. En
la mayor parte de las otras vocaciones, un hombre puede proseguir, sin importar cuál sea su
carácter, siempre que su balance en el banco esté bien. Pero un cristiano que ha perdido su
carácter lo ha perdido todo.
El misionero mártir Jim Elliot escribió en su diario:
En la obra espiritual, si no en otras partes, el carácter del obrero decide la calidad de su
trabajo. Shelley y Byron pueden ser libertinos morales y sin embargo escribir buena poesía.
Wagner puede ser libidinoso y sin embargo producir una hermosa música, pero no puede
ser así en ninguna obra para Dios. Pablo podía referirse a su propio carácter y forma de
vivir como prueba de lo que estaba diciendo a los tesalonicenses. En nueve ocasiones en
esta primera epístola les dice: «Vosotros sabéis», refiriéndose a la observación que los
tesalonicenses habían tenido de primera mano de la vida privada así como de la pública.
Pablo fue a Tesalónica y vivió una vida que más que ilustró lo que predicaba. Fue más allá
de la ilustración, a una prueba convincente. No es asombroso que tanta obra del Reino sea
deficiente: sólo hay que mirar al carácter moral del obrero.
Quizá en estos versículos el apóstol esté defendiéndose contra las falsas acusaciones de
sus detractores. En todo caso, recuerda a los tesalonicenses que su ministerio tuvo éxito.
Ellos mismos eran evidencia viva de que su obra había sido fructífera. Sabían que su visita
no resultó vana. Ellos mismos se habían convertido y se había establecido una
congregación.
2:2 También su ministerio era valeroso. La amarga oposición y el insultante trato
recibidos en Filipos, incluyendo su encarcelamiento allá con Silas, no le arredró, ni le
desalentó ni intimidó. Prosiguió hacia Tesalónica. Allí, con el valor que sólo Dios puede
dar, predicó el evangelio frente a gran oposición. Una persona menos robusta habría
pensado en numerosas razones teológicas por las que Dios le llamaba a una audiencia más
favorable. ¡No era así con Pablo! Él predicaba el mensaje sin temor a pesar de gran
oposición, como resultado directo de la llenura del Espíritu.
2:3 La exhortación del apóstol a creer el evangelio era genuina en su fuente, pura en
sus motivos y fiable en su método. En cuanto a su fuente, no surgía de falsas doctrinas sino
de la verdad de Dios. En cuanto a sus motivos, el apóstol contemplaba a los tesalonicenses
de manera altruista, con el bien de ellos a la vista, y sin ningún deseo ulterior, impuro. En
cuanto a su método, no había ningún astuto plan para engañarlos. Aparentemente, sus
celosos enemigos le acusaban de herejía, de deseo concupiscente y de astucia.
2:4 Para Pablo, el ministerio era una sagrada administración. Su responsabilidad era
agradar a Dios mediante la fiel proclamación del mensaje, sin importar cuál sea la reacción
de los hombres. Él veía con claridad que no podía agradar a Dios y a los hombres, por lo
que prefirió agradar a Dios, que prueba nuestros corazones y que recompensa en
consecuencia.
Un administrador está obligado a agradar a aquel que le paga. Los predicadores pueden
a veces sentirse tentados a retener parte de la verdad por miedo a las repercusiones de parte
de aquellos que contribuyen a su sustento. Pero Dios es el Amo, y Él tiene en cuenta
cuándo el mensaje es diluido o suprimido.
2:5 En los versículos 5–12, Pablo da un relato de su conducta en Tesalónica; con ello,
nos ha dejado una espléndida pauta para todos los siervos de Cristo.
Primero, nunca se rebajó a la adulación ni a la insinceridad para conseguir resultados.
Sus palabras eran sinceras y transparentes, y sus motivos estaban exentos de la hipocresía.
Segundo, nunca empleó la palabra del Señor como pretexto para ocultar deseos de
enriquecerse. Su servicio no era una falsa apariencia para la codicia.
Para refutar toda acusación de adulación, apela a los santos. Pero para refutar todo
pensamiento de codicia apela a Dios, el único que puede leer los corazones.
2:6 Aquí tenemos otro impresionante atisbo del carácter de este gran hombre de Dios.
Como apóstoles de Cristo, él y sus compañeros tenían derecho a ser sustentados
económicamente (lo que aquí recibe el nombre de gloria) por los tesalonicenses. Pero
decidieron no ser carga para ellos, de modo que trabajaron de día y de noche para proveer
para sus propias necesidades. En Corinto era cosa distinta. Allí Pablo trabajó para no dar
base alguna a sus detractores para que le acusasen de predicar por dinero. En Tesalónica
trabajaba porque los santos eran pobres y estaban perseguidos, y no quería ser una carga
más para ellos.
2:7 En lugar de ejercer el dominio sobre las heredades de Dios, fue amable entre ellos,
como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Pablo se daba cuenta de que
los nuevos convertidos necesitaban de cuidados, y llevó a cabo este ministerio con toda la
solicitud de una amante madre.
2:8 Tan profunda era su amante solicitud por ellos que anhelaba compartir con ellos
más que recibir. Su actividad no era la de una fría y calculada dispensación del evangelio
de Dios, sino un derramamiento de su propia alma. Los amaba, y el amor no cuenta el
dispendio. Al igual que su Maestro, no había venido para ser servido, sino para servir y dar
su vida (Mr. 10:45).
2:9 Aquí tenemos una evidencia adicional del altruista carácter de Pablo. Le vemos
trabajando como fabricante de tiendas a fin de ganarse la vida, para poder ministrar a la
gente sin ser gravosos a ninguno de ellos. Aunque es cierto que el predicador del
evangelio tiene derecho a ser sustentado económicamente por otros cristianos, es
encomiable verle ceder este derecho de vez en cuando, si es necesario. Un verdadero
ministro de Cristo seguirá predicando el evangelio, tanto si recibe dinero como si tiene que
trabajar para financiar sus actividades. Observemos estas expresiones: trabajo y fatiga y
de noche y de día. El evangelio no les costó nada a los tesalonicenses, pero sí y mucho a
Pablo.
2:10 Los creyentes podían testificar acerca de la conducta ejemplar de Pablo hacia
ellos; y Dios también era Testigo de que él era devoto (o santo), justo (o recto) e
irreprensible. Santo, esto es, separado a Dios y del pecado. Recto en carácter y conducta.
Irreprensible delante de Dios y de los hombres. Si el mejor sermón es una vida santa, Pablo
era un gran predicador. No como otros predicadores la elocuencia de los cuales es mayor
que su conducta. ¡Cuando estaba en el púlpito, la gente deseaba que nunca lo dejase.
Cuando estaba fuera del púlpito, deseaban que nunca dejase su vida cotidiana!
2:11 En el versículo 7 se había comparado con una madre nodriza; ahora cambia la
figura a la de un amante padre. Si lo primero sugiere ternura y afecto, lo segundo sugiere
sabiduría y consejo. Como el padre a sus hijos, los exhortaba a que viviesen una vida
santa, los alentaba a proseguir para el Señor a pesar de persecuciones, y testificaba acerca
de la bienaventuranza de la obediencia a la voluntad y a la palabra de Dios.
2:12 La meta del ministerio de Pablo era que los santos anduviesen como es digno de
Dios, que los había llamado a su reino y gloria.
En nosotros mismos somos indignos de Dios o de un puesto en el cielo; la única
dignidad que tenemos se encuentra en el Señor Jesús. Pero como hijos de Dios, se espera de
nosotros que andemos como es digno de la vocación suprema. Podemos lograrlo
sometiéndonos al control del Espíritu Santo y constantemente confesando y abandonando
todo pecado en nuestras vidas.
Todos los que son salvos son súbditos del reino de Dios. En la actualidad este reino es
invisible, y el Rey está ausente. Pero las enseñanzas morales y éticas del reino se nos
aplican en la actualidad. Cuando el Señor Jesús regrese a reinar, el reino será entonces
establecido en forma visible, y compartiremos aquel día la gloria del Rey.
C. Repaso de la respuesta de los tesalonicenses ante el evangelio (2:13–16)
2:13 Ahora el apóstol recoge otro tema que ha tocado en 1:5a —la respuesta de los
tesalonicenses a la predicación del evangelio—. Cuando recibieron el mensaje, esto es, lo
oyeron, no lo recibieron, esto es, aceptaron, como palabra de hombres, sino como palabra
de Dios:
Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando
recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de
hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los
creyentes.
Pablo está profundamente agradecido por su recepción y aceptación del mensaje. Este
es otro ejemplo de su altruismo. La mayoría de nosotros queremos que los otros crean lo
que decimos sencillamente porque lo decimos nosotros. Pero la palabra del hombre es un
débil fundamento para la fe. Sólo se puede confiar plenamente en Dios, y es sólo cuando
confiamos en Su palabra que se producen resultados en los corazones y en las vidas. Esto es
lo que sucedió a los tesalonicenses: la palabra obraba de manera eficaz en sus vidas porque
creían. Walter Scott escribió:
Su Palabra —la Biblia— es inspirada, exhalada por Dios, en todos sus libros y partes tal
como fue originalmente escrita. Es nuestra única autoridad en todas las cosas, para toda
circunstancia y en todo tiempo. Se necesita de una generación que tiemble ante la Palabra
de Dios. Es la carta de navegación de la vida; nuestra guía, nuestra luz, nuestra salvaguarda
moral. Gracias a Dios por el sagrado Volumen.
2:14 ¿Qué resultados produjo la Biblia en las vidas de estos creyentes? No sólo habían
sido salvados, sino que pudieron mantenerse firmes en medio de una severa persecución.
Esto era una buena evidencia de la realidad de su conversión. Por su resistencia firme, se
hicieron imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea. La única
diferencia era que los tesalonicenses padecían a mano de los de su propia nación, mientras
que los creyentes en Judea padecían de manos de los judíos.
2:15 Con esta mención de los judíos, Pablo lanza una acusación contra ellos como los
oponentes principales del evangelio. ¿Y quién podría saberlo mejor que él? Antes él había
sido cabecilla de esos judíos que intentaban liquidar la fe cristiana. Luego, tras su
conversión, él mismo sintió el acerado filo de la espada de su persecución.
El pecado culminante de los judíos fue dar muerte al Señor Jesús. Aunque la
crucifixión misma la llevaron a cabo los romanos, fueron los judíos los que los llevaron a
hacerlo. Esto vino como culminación a siglos de persecución de los profetas de Dios
enviados a la nación de Israel (Mt. 21:33–39).
En la era cristiana, ya habían perseguido a Pablo y a otros apóstoles, creyendo
erradamente que agradaban así a Dios. Sus acciones eran gratas delante de Él, y se oponían
a todos los hombres.
2:16 No contentos con rechazar el evangelio ellos mismos, estaban decididos a impedir
que Pablo y sus compañeros predicasen el mensaje a los gentiles. Nada les enfurecía más
que oír que los gentiles podían ser salvos del mismo modo que los judíos.
En su oposición a la voluntad de Dios, proseguían allá donde sus padres lo habían
dejado: así colman ellos siempre la medida de sus pecados. Era como si estuviesen
decididos a mantener siempre llena la copa de su culpa.
Pero su condenación está declarada, porque vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
Pablo no especifica lo que significa por esta ira. Quizá sea una declaración general de
inminente juicio como resultado de una plena medida de culpa. Sí sabemos que al cabo de
veinte años (70 d.C.) Jerusalén fue destruida y los judíos supervivientes fueron esparcidos
por toda el mundo.
En base de pasajes como este, algunos han sugerido que Pablo era antisemita, y que el
NT es un libro antisemita. La verdad es que Pablo tenía un profundo amor para con sus
compatriotas, los judíos, y que estaba dispuesto a ser él mismo cortado de Cristo si esto
significase la salvación de ellos (Ro. 9:1–3). Aunque su ministerio se dirigía principalmente
a los gentiles, nunca perdió su carga por la evangelización de los judíos; en ocasiones esta
carga casi parece haber tomado precedencia sobre su principal misión.
Lo que el apóstol dice aquí acerca de los líderes judíos es un hecho histórico, no
invectiva personal. Y hemos de recordar que Dios lo movió a escribir como lo hizo. El
antisemitismo es anticristiano y no puede ser justificado bajo ninguna circunstancia. Pero
no es antisemita decir que el pueblo judío es acusado por Dios de la muerte de Su Hijo
(Hch. 2:23), así como los gentiles son considerados responsables por la parte que tuvieron
en ello (1 Co. 2:8).

D. Explicación de que Pablo no volviese a Tesalónica (2:17–20)


2:17 En los siguientes cuatro versículos, el apóstol explica la razón de no haber vuelto a
Tesalónica. Quizá sus mezquinos detractores le acusaban de cobardía por no volver a causa
de la oposición que se había encontrado allí.
Pablo primero pone en claro que la separación era sólo física. La expresión separados
de vosotros significa que estaban como huérfanos por su separación de su padre espiritual.
Sin embargo, su afectuoso interés en ellos nunca había menguado. Observemos las palabras
que expresan la intensidad de su amor: procuramos con mucho deseo.
2:18 Dos veces había tratado de regresar a Tesalónica, pero ambas veces Satanás lo
estorbó. No siempre se sabe la exacta naturaleza de la oposición de Satanás.
Tampoco sabemos cómo Pablo podía estar seguro de que era el diablo quien lo estorbó,
y no el Señor. En Hechos 16:6 leemos que el Espíritu Santo había prohibido a Pablo y su
grupo predicar la palabra en Asia. En el siguiente versículo, intentaron ir a Bitinia pero el
Espíritu no se lo permitió. ¿Cómo podemos saber cuándo es el Espíritu y cuándo es el
diablo el que estorba? Quizá un modo sea éste: cuando sabemos que estamos en la voluntad
de Dios, cualquier estorbo que surja no es obra del Espíritu sino del diablo. Asimismo, es
siempre de esperar que Satanás busque estorbar cuando Dios está bendiciendo. Pero Dios
siempre predomina sobre la oposición de Satanás. En este caso, la imposibilidad de que
Pablo pudiese ir a Tesalónica tuvo como resultado la redacción de esta carta. Esta carta, a
su vez, ha redundado para gloria de Dios y para nuestra bendición.
2:19 ¿Por qué estaba el apóstol tan interesado en volver a los creyentes tesalonicenses?
Porque eran sus hijos en el Señor. Él los había señalado a Cristo y se había sentido
responsable por su crecimiento espiritual. Sabía que habría de dar cuenta acerca de ellos en
el día venidero. Ellos eran su esperanza de recompensa en el Tribunal de Cristo. Él quería
poder regocijarse acerca de ellos. Ellos serían su corona de regocijo delante de nuestro
Señor Jesucristo, en su venida.
Parece evidente por este versículo que Pablo esperaba reconocer a los tesalonicenses en
el cielo. Y sigue de ello que nosotros también reconoceremos a nuestros amados en el cielo.
En el versículo 19 Pablo habla de sus hijos en la fe como siendo su corona. En otros
lugares en el Nuevo Testamento leemos acerca de otras coronas: la corona de justicia (2 Ti.
4:8); la corona de vida (Stg. 1:12; Ap. 2:10); la corona de gloria (1 P. 5:4) —todas ellas
incorruptibles (1 Co. 9:25).
2:20 Los santos eran su gloria y gozo. Había invertido en personalidad humana y su
recompensa era hijos e hijas espirituales que adorarían al Cordero de Dios por toda la
eternidad.

LA VENIDA DEL SEÑOR


En el versículo 19 tenemos el primer uso de la palabra venida en 1 Tesalonicenses
con respecto al regreso del Señor. Debido a que éste es el principal tema de esta
Epístola, nos detendremos aquí para dar una explicación de lo que creemos que es la
enseñanza escrituraria acerca de esta cuestión.
Se emplean tres palabras griegas principales en el NT referidas al regreso de Cristo:

parousia: venida y presencia consiguiente.


apokalupsis: desvelamiento, revelación.
epiphaneia: manifestación.

La palabra más comúnmente empleada es parousia. Significa una presencia o un venir


al lado. Vine dice que denota a la vez la llegada y la consiguiente presencia. Cuando
pensamos en la venida del Señor, deberíamos pensar en ella no sólo como un
acontecimiento momentáneo, sino como un periodo de tiempo.
Incluso en castellano, la palabra venida se usa de esta manera. Por ejemplo, «la
venida de Cristo a Galilea trajo sanidad a multitudes». Aquí no significamos el día en que
llegó a Galilea, sino todo el periodo que pasó en aquella área. De modo que cuando
pensamos en la venida de Cristo, deberíamos pensar en un periodo de tiempo y no en un
acontecimiento aislado.
Si tomamos ahora todas las ocurrencias de parousia en el NT, encontramos que
describen un periodo de tiempo que contiene (1) un comienzo, (2) un curso, (3) una
manifestación, y (4) una culminación.
1. El comienzo de la parousia es el Arrebatamiento. Se describe en los siguientes
pasajes (la palabra que traduce parousia está en cada caso en itálicas):

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, los que son de Cristo,
en su venida (1 Co. 15:22, 23).
Y no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os
entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús
murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual
os decimos esto por palabra del Señor: que nosotros los que vivamos, los que hayamos
quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el
Señor mismo, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivamos, los que hayamos
quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para salir al encuentro del
Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos unos a otros
con estas palabras (1 Ts. 4:13–18).
Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y de nuestra reunión con
él … (2 Ts. 2:1).
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el
labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta que reciba
la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afianzad vuestros
corazones; porque la venida del Señor está cerca (Stg. 5:7, 8).
Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos
confianza, y en su venida no seamos avergonzados (1 Jn. 2:28).

2. El curso de la parousia incluye el Tribunal de Cristo, cuando serán dadas


recompensas a los creyentes por la fidelidad en el servicio:

Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois
vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? (1 Ts. 2:19).
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts. 5:23).

Otro acontecimiento que debería ser probablemente incluido en el curso de la parousia


es la Cena de las Bodas del Cordero. Por su situación en el libro de Apocalipsis, sabemos
que tendrá lugar antes del glorioso reinado de Cristo. Lo incluimos aquí a pesar de que la
palabra venida no se emplea en relación con ella.

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como
el sonido de fuertes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios
Todopoderoso ha establecido su reinado! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria;
porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha
concedido vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las
acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Dichosos los invitados a la
cena de las bodas del Cordero (Ap. 19:6–9).
3. La manifestación de la venida de Cristo es Su regreso a la tierra en poder y gran
gloria para reinar como Rey de reyes y Señor de señores. El Arrebatamiento no será visto
por el mundo; tiene lugar en un abrir y cerrar de ojos. Pero todo ojo verá a Cristo cuando
venga a reinar. Por ello, se le llama la manifestación de su parousia. Ésta es la tercera
fase de Su venida.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte,


diciendo: Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas, y cuál será la señal de tu venida, y del
final de esta época? (Mt. 24:3).
Porque así como el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será
también la venida del Hijo del Hombre (Mt. 24:27).
Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre (Mt. 24:37).
Y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también
la venida del Hijo del Hombre (Mt. 24:39).
… para afianzar vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de nuestro
Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos (1 Ts. 3:13).
Y entonces será revelado aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su
boca, y lo reducirá a la impotencia con la manifestación de su venida (2 Ts. 2:8).
Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo
siguiendo fábulas ingeniosamente inventadas, sino como habiendo visto con nuestros
propios ojos su majestad (2 P. 1:16). [Aquí Pedro se refiere a la manifestación de la
parousia de Cristo tal como fue prefigurada en el Monte de la Transfiguración.]

4. Finalmente tenemos la culminación de la parousia. A ella se hace referencia en este


versículo:

¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde el día en que los padres
durmieron, todas las cosas permanecen como estaban desde el principio de la creación (2
P. 3:4).

En este capítulo se hace referencia a los escarnecedores que surgirán en los últimos
días, que negarán la posibilidad del regreso de Cristo. ¿A qué aspecto de la parousia se
refieren?
¿Se están refiriendo al Arrebatamiento? No. Probablemente no saben nada del
Arrebatamiento. ¿Se están refiriendo a la venida de Cristo para reinar? No. Es evidente
que no. Todo el contexto indica que están ridiculizando el castigo final de todos los
malvados por parte del Señor. Se refieren a un último y culminante juicio de Dios sobre la
tierra, o a lo que ellos llaman «el fin del mundo». Su argumento es que no tienen nada de
qué preocuparse. Dios no ha intervenido en la historia y no intervendrá en el futuro. De
modo que se sienten libres de continuar en sus malvadas palabras y acciones.
Pedro responde a sus escarnios señalando hacia adelante, al tiempo, después del
reinado milenial de Cristo, en que los cielos y la tierra como los conocemos serán
totalmente destruidos. Esta culminación de la parousia de Cristo tiene lugar después del
Milenio y en la inauguración del estado eterno.
Además de la parousia, las otras dos palabras empleadas en la lengua original del NT
para describir la venida del Señor son apokalupsis y epiphaneia.

Apokalupsis significa un desvelamiento o revelación. Los estudiosos de la Biblia


difieren acerca de si se refiere siempre a la tercera fase de la venida de Cristo —Su
venida a la tierra en poder y gloria— o si podría referirse asimismo al Arrebatamiento,
cuando se manifestará a la iglesia.
En los siguientes versículos podría referirse bien al Arrebatamiento o al regreso a la
tierra para reinar sobre ella:

De tal modo que nada os falta en ningún don a los que esperáis anhelantes la
revelación de nuestro Señor Jesucristo (1 Co. 1:7).
Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece,
aunque se prueba con fuego, se halle que resulta en alabanza, gloria y honra en la
revelación de Jesucristo (1 P. 1:7).
Por lo cual, estad preparados para la acción, sed sobrios, y esperad por completo en
la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo (1 P. 1:13).
Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que
también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría (1 P. 4:13).

En otro pasaje, esta palabra parece referirse muy claramente a la venida de Cristo a
reinar:

Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando sea revelado el
Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder (2 Ts. 1:7).

Epiphaneia significa manifestación o aparición. Una vez más, algunos piensan que se
refiere tanto a la aparición de Cristo a por Sus santos como a Su aparición con Sus
santos; otros dicen que sólo se refiere a esto último. La palabra se halla en estos pasajes:

Y entonces será revelado aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su
boca, y lo reducirá a la impotencia con la manifestación de su venida (2 Ts. 2:8).
Que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro
Señor Jesucristo (1 Ti. 6:14).
Te encargo solemnemente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que va a juzgar a
los vivos y a los muertos por su manifestación y por su reino … (2 Ti. 4:1).
Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el juez
justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida
[literalmente, manifestación] (2 Ti. 4:8).
Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran
Dios y Salvador Jesucristo (Tit. 2:13).

Los versículos primero y tercero describen con claridad la aparición de Cristo ante el
mundo. Los otros podrían referirse en cambio al Arrebatamiento. Lo que está claro es que
tanto el Arrebatamiento como la venida de Cristo a reinar se ponen ante el creyente como
acontecimientos que espera con anhelo. Cuando sea arrebatado, verá al Salvador, y
recibirá su cuerpo glorificado. Cuando Cristo regrese a la tierra, el creyente aparecerá con
Él en gloria (Col. 3:4). Es entonces también que serán manifestadas las recompensas del
creyente. Estas recompensas se habrán dado antes ante el Tribunal de Cristo, pero las
ven todas cuando Cristo viene a reinar. ¿Cuáles son las recompensas? En Lucas 19:17
hay una insinuación de que tendrán que ver con el ejercicio de la autoridad local durante
el Milenio. Una persona es puesta sobre diez ciudades, y otra sobre cinco.
Al estudiar las varias referencias acerca de la venida del Señor, hemos visto que tiene
que ver con un periodo de tiempo y no con un acontecimiento único, y que este periodo
de tiempo tiene varias fases o etapas. Hay un comienzo, un curso, una manifestación y
una culminación. Comienza con el Arrebatamiento, incluye el Tribunal de Cristo, será
visiblemente manifestada cuando Cristo venga a la tierra, y terminará cuando los cielos y
la tierra que son ahora sean destruidos con fuego.

E. La misión de Timoteo a Tesalónica (3:1–10)


Las palabras vuestra fe aparecen cinco veces en el capítulo 3 (vv. 2, 5, 6, 7, 10) y son
una clave para la comprensión del pasaje. Los tesalonicenses estaban sufriendo una intensa
persecución, y Pablo estaba ansioso por saber cómo su fe se mantenía hasta la prueba. De
este modo, el capítulo es una lección acerca de la importancia del seguimiento de la obra.
No es suficiente llevar los pecadores al Salvador. Se ha de ayudar a los santos a crecer en la
gracia y en el conocimiento del Señor.
3:1 En el capítulo 3 seguimos oyendo el pálpito de Pablo al expresar su inextinguible
interés por los santos en Tesalónica. Mientras estaba en Atenas le sobrevino un anhelo
intolerable por saber cómo iban sus convertidos. Satanás había estorbado su regreso
personal. Finalmente, no pudo soportar más la inacción y decidió enviar a Timoteo a los
tesalonicenses, mientras él permanecía solo en Atenas (el tuvimos a bien es editorial). Hay
una cierta tristeza en pensar en él allí solo. Los monumentos de aquella ciudad no le
atraían; estaba agobiado por el cuidado de las iglesias.
3:2 Observemos los «títulos» después del nombre de Timoteo: nuestro hermano,
servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo. La idea de una clase
separada conocida como clérigos se originó en tiempos posteriores.
¡Qué privilegio para Timoteo servir su aprendizaje bajo el amado hermano Pablo!
Ahora que se había mostrado digno de confianza, era enviado solo a una misión a
Tesalónica.
El propósito del viaje era afianzar y exhortar a los creyentes allá respecto a su fe.
Habían sido perseguidos por causa de su confesión de Cristo. Éste era un tiempo crítico
para los jóvenes convertidos. ¡Probablemente Satanás estuviera arrojando sutiles
sugestiones de que tal vez, a fin de cuentas, habían dado un mal paso al hacerse cristianos!
Sería interesante oír a Timoteo mientras les enseñaba que debían esperar oposición, que
deberían soportarla con valentía y que debían regocijarse en ella. Necesitaban aliento para
no combarse bajo la presión de la oposición.
3:3 En el calor de la persecución, sería fácil para los tesalonicenses pensar que era
extraño que debiesen sufrir con tanta severidad, y que se preguntasen si acaso Dios se
desagradaba de ellos. Timoteo les recordaría que no era extraño en absoluto: es normal para
los cristianos, de forma que no debían inquietarse por ello, ni descorazonarse.
3:4 Pablo les recuerda que ya cuando estaba en Tesalónica, solía explicarles que los
cristianos estaban puestos para aflicción. Su predicción se había tornado realidad en sus
vidas. ¡Y cómo lo sabían!
Las pruebas constituyen una necesaria disciplina en nuestras vidas:

1. Demuestran la realidad de nuestra fe, y separan a los que son meros profesantes (1 P.
1:7).
2. Nos capacitan para consolar y alentar a otros que están pasando a través de pruebas
(2 Co. 1:4).
3. Desarrollan ciertas gracias en nuestro carácter, como la paciencia (Ro. 5:3).
4. Nos hacen tanto más celosos acerca de esparcir el evangelio (Hch. 4:29; 5:27–29;
8:3, 4).
5. Ayudan a quitar la escoria de nuestras vidas (Job 23:10).

3:5 El apóstol repite la esencia de los versículos 1 y 2: cuando no pudo soportar el


retardo, envió a Timoteo para que se enterase de cómo los cristianos estaban soportando la
tormenta. Su gran ansiedad era que el diablo hubiese podido engañarlos a abandonar su
agresivo testimonio cristiano a cambio de una relajación en la persecución. Es una tentación
siempre presente la de cambiar la lealtad a Cristo por el confort personal; esquivar la cruz
yendo en pos de la corona. ¿Quién de nosotros no tiene que orar: «Perdóname, Señor, por
encontrar tan a menudo la manera de evitar el dolor y sacrificio del discipulado.
Fortaléceme hoy para andar contigo cueste lo que cueste».?
Si Satanás hubiese inducido a los santos a retractarse, entonces Pablo probablemente
habría pensado que sus labores allá habían sido estériles.
3:6 Timoteo regresó a Corinto de visitar a los tesalonicenses, y trajo buenas noticias.
Primero, pudo dar seguridades a Pablo acerca de la fe y amor de ellos. No sólo se
mantenían fieles a las enseñanzas de la fe cristiana, sino que manifestaban también la virtud
distintiva del amor. Esta es siempre la prueba de la realidad —no una mera aceptación
ortodoxa del credo cristiano, sino «la fe que actúa por medio del amor» (Gá. 5:6)—. No
sólo «vuestra fe en el Señor Jesús», sino también «vuestro amor para con todos los santos
(Ef. 1:15).
¿Era significativo que Timoteo mencionase su fe y amor, pero omitiese toda referencia
a su esperanza? ¿Había el diablo acaso sacudido su confianza en el regreso de Cristo?
Quizá. Como dijo William Lincoln: «el diablo odia esta doctrina, porque conoce el poder
de la misma en nuestras vidas». Si la esperanza de ellos era defectuosa, Pablo busca desde
luego restaurarla en esta Epístola de esperanza.
Timoteo había también informado que los tesalonicenses tenían gratas memorias del
apóstol y de sus amigos, y que estaban tan anhelantes de verlos como lo estaban Pablo,
Silas y Timoteo.
3:7 Estas nuevas fueron como agua fresca para la sedienta alma de Pablo (Pr. 25:25).
En toda su angustia y aflicción, se sintió sumamente alentado por medio de la fe de ellos.
3:8 Exclama él: Porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. El
suspense de no saber había sido para él una muerte en vida. Ahora la vida volvió
rápidamente cuando supo que todo estaba bien. ¡Qué comentario es éste acerca de la
abnegada devoción de este gran hombre de Dios!
3:9 Las palabras eran insuficientes para expresar de modo adecuado las gracias debidas
a Dios que llenaban el corazón de Pablo. Su copa de gozo rebosaba cada vez que los
recordaba ante su Dios.
3:10 La vida de oración de Pablo era habitual, no espasmódica: de noche y de día. Era
intensamente ferviente: con gran insistencia. Era específica: para que veamos vuestro
rostro. Y era altruista: y completemos lo que falte a vuestra fe.

F. La oración específica de Pablo (3:11–13)


3:11 Este capítulo termina con la oración de Pablo para un viaje de regreso a ellos, y
para el desarrollo de un amor aún mayor en ellos. El ruego se dirige al Dios y Padre
nuestro, y nuestro Señor Jesucristo. Entonces este sujeto plural va seguido de un verbo
en singular [lamentablemente traducido en plural en la RVR 77 como dirijan. Cf. RV:
«Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y el Señor nuestro Jesucristo, encamine nuestro viaje
a vosotros»; en el mismo sentido traducen RVR, V.M.]. Este uso indica la deidad de Cristo
y la unidad de la Deidad.
3:12 Los tesalonicenses eran realmente encomiables en su manifestación de un amor
cristiano genuino, pero hay siempre lugar para el crecimiento. Y por ello ruega que reciban
una mayor medida: Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y
para con todos. Su amor debería abarcar a sus hermanos en la fe y a todos los hombres,
incluyendo a sus enemigos. Su modelo o pauta debería ser el amor de los apóstoles: como
también lo hacemos nosotros para con vosotros.
3:13 El resultado del amor en esta vida es ser irreprensibles en la venidera. Si nos
amamos unos a otros y a todos, seremos irreprensibles en santidad delante de nuestro
Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos Sus santos, porque el
amor es el cumplimiento de la ley (Ro. 13:8; Stg. 2:8).
Alguien ha parafraseado esta oración de la siguiente manera: «Que el Señor os capacite
para dar vuestras vidas más y más en los intereses de otros, para que pueda estableceros de
tal manera ahora en el carácter cristiano, que podáis ser vindicados de toda acusación que
pudiese hacerse en contra vuestra…»
En el capítulo 2 vimos que la venida de Cristo tiene varias etapas o fases: un comienzo,
un curso, una manifestación y una culminación. Es la tercera fase la que aparece en el v. 13:
la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos Sus santos. El Tribunal de Cristo habrá
ya tenido su sesión en el cielo. Ya se habrán dado las recompensas. Pero estas recompensas
serán manifestadas a todos cuando el Salvador vuelva a la tierra como Rey de reyes y Señor
de señores.
Por santos se comprende aquí probablemente a aquellos que han sido arrebatados al
cielo en el tiempo del Arrebatamiento (1 Ts. 4:14). Algunos creen que se refiere a ángeles,
pero Vincent dice que hace referencia al santo y glorificado pueblo de Dios. Observa que
los ángeles no aparecen para nada en esta Epístola, pero que los creyentes glorificados
están estrechamente relacionados con el tema que afligía a los tesalonicenses. Añade: «Esto
no excluye la asistencia de ángeles en la venida del Señor, pero cuando Pablo se refiere a
tal acompañamiento, dice con los ángeles de su poder, como en 2 Tesalonicenses 1:7».

III. EXHORTACIONES PRÁCTICAS (4:1–5:22)

A. La santificación que cumple la voluntad de Dios (4:1–8)


4:1 La expresión Por lo demás no significa que Pablo esté para concluir la carta. Indica
a menudo un cambio de tema, como un cambio a exhortaciones prácticas.
Tres palabras destacadas al final del capítulo 3 eran santidad, amor y venida. Estas tres
son los temas principales del capítulo 4: (1) Santidad (vv. 1–8), (2) Amor (vv. 9, 10), y (3)
Venida (vv. 13–18). El otro tema principal es la laboriosidad (vv. 11, 12).
El capítulo 4 comienza con un ruego de andar en santidad y de esta manera agradar a
Dios, y termina con el arrebatamiento de los santos. Pablo estaba probablemente pensando
en Enoc al escribir de este modo. Observemos la similitud: (1) Enoc anduvo con Dios (Gn.
5:24a); (2) Enoc agradó a Dios (He. 11:5b); y (3) Enoc fue arrebatado (Gn. 5:24b; He.
11:5a). El apóstol encomia a los creyentes por su santidad práctica, pero los apremia a
avanzar a nuevos niveles de logros. La santidad es un proceso, no un logro.
4:2 Mientras estaba con ellos, Pablo les dio repetidas instrucciones, con la autoridad del
Señor Jesús, de que debían agradar a Dios con vidas de santidad práctica.
4:3 La voluntad de Dios para Su pueblo es la santificación. Santificar significa apartar
para uso divino. En un sentido, todos los creyentes han sido separados del mundo para el
servicio del Señor; esto se conoce como santificación posicional, y es perfecta y completa
(1 Co. 1:2; He. 10:10). Sin embargo, en otro sentido los creyentes deberían santificarse, es
decir, deberían disociarse de toda forma de pecado; esto es conocido como santificación
práctica o progresiva. Es un proceso que proseguirá hasta la muerte del creyente o el
regreso del Señor. Es este último uso de la palabra el que aparece en el versículo 3. (Véase
la discusión acerca de la santificación bajo 5:23 más adelante.)
El pecado específico contra el que advierte Pablo es la actividad sexual ilícita, y en esta
sección probablemente se refiere al adulterio. Es uno de los principales pecados del mundo
pagano. La amonestación que os apartéis de fornicación es tan necesaria en la actualidad
como en el primer siglo de la iglesia.
4:4 El programa cristiano es que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio
vaso en santidad y honor. La palabra vaso en este versículo puede significar una esposa, o
puede significar el propio cuerpo del hombre. Se emplea de una esposa en 1 Pedro 3:7 y del
cuerpo en 2 Corintios 4:7.
La versión RVR lo traduce como esposa: «Que cada uno de vosotros sepa tener su
propia esposa en santidad y honor».
La V.M. adopta la postura de que se hace referencia al propio cuerpo: «Que cada uno de
vosotros sepa señorearse de su propio cuerpo, en santificación y honra».
Si permitimos que decida el contexto, entonces vaso se refiere a la esposa del hombre.
La enseñanza es que cada hombre debería tratar de una manera honrosa y decente a su
mujer, y no rebajarse a ninguna forma de infidelidad matrimonial. Esto refuerza la
monogamia como voluntad de Dios para la humanidad (véase también 1 Co. 7:2).
4:5 La visión cristiana del matrimonio está en acusado contraste con la de los impíos.
Dice un comentarista: «Cuando Jesús puso Sus manos sobre la mujer (Lc. 13:13), quedó
enderezada. Cuando el hombre pagano toca a la mujer, queda retorcida».
Los gentiles piensan en el sexo como manera de satisfacer la pasión de
concupiscencia. Para ellos, la castidad es una debilidad, y el matrimonio un medio de
legalizar el pecado. Por su sucia conversación y sus obscenos escritos en las paredes
públicas, se glorían en su vergüenza.
4:6 La inmoralidad es un pecado contra el Espíritu Santo de Dios (1 Co. 6:19); es un
pecado contra el propio cuerpo (1 Co. 6:18), y es también un pecado contra otras personas.
De modo que Pablo añade: que ninguno agravie ni defraude en este asunto a su
hermano. En otras palabras, un cristiano no debe ir fuera del vínculo matrimonial y
defraudar a un hermano robándole el afecto de la mujer del hermano. Aunque estas
ofensas no son generalmente castigadas en la actualidad por los tribunales de justicia, el
Señor es vengador de todo esto. Los pecados sexuales traen una terrible cosecha de
desórdenes físicos y mentales en esta vida, pero eso no es nada en comparación con sus
consecuencias eternas si se mantienen sin confesión ni tampoco perdón. Pablo había ya
advertido antes a los tesalonicenses en contra de tales cosas.
Uno de los más dotados escritores de Gran Bretaña durante el siglo XIX cayó en pecado
sexual y acabó en la cárcel y en el infortunio. Escribió:
Los dioses me han dado casi todo. Pero me dejé seducir a largos periodos de placer
sensual sin sentido… Cansado de estar en las alturas, fui deliberadamente a las
profundidades en pos de una nueva sensación… Me fui insensibilizando acerca de las vidas
de otros. Tomaba los placeres donde me placía y seguía mi camino. Me olvidé que cada
pequeña acción del día normal hace o deshace el carácter, y que por ello lo que alguien ha
hecho en la cámara secreta tendrá que gritarlo un día desde el terrado. Dejé de ser señor
sobre mí mismo. Ya no era el capitán de mi alma, y no lo sabía. Dejé que el placer me
dominase. Terminé en horrendo infortunio.

Se fue insensibilizando acerca de las vidas de otros, o, como diría Pablo, transgredió y
defraudó en este asunto a su hermano.
4:7 No nos ha llamado Dios sobre la base de inmundicia moral, sino en relación con
vidas de santificación y pureza. Nos ha llamado de una ciénaga de degradación y ha
comenzado en nosotros un proceso de por vida dispuesto para transformarnos más y más a
Su semejanza.
4:8 Todo aquel que desecha esta instrucción no está simplemente menospreciando la
enseñanza de un hombre como Pablo; está desafiando, menospreciando, desdeñando y
rechazando a Dios mismo —que también nos dio su Espíritu Santo—. Aquí la palabra
Santo es enfática. ¿Cómo puede uno en quien mora el Espíritu Santo gozarse en pecados
sexuales?
Observemos que todos los miembros de la Trinidad son mencionados en este párrafo. El
Padre (v. 3), el Hijo (v. 2) y el Espíritu Santo (v. 8). ¡Maravilloso pensamiento! Las tres
Personas de la Deidad están interesadas e involucradas en la santificación del creyente.
El tema cambia ahora de la concupiscencia (vv. 1–8) al amor (vv. 9–12), y la
exhortación cambia de abstenerse a abundar.

B. El amor que piensa en los demás (4:9–10)


4:9 No sólo debe el creyente tener un cuerpo controlado; debería también tener un
corazón de amor para con sus hermanos en el Señor. El amor es la palabra clave del
cristianismo, lo mismo que el pecado lo es del paganismo.
No había necesidad de escribir a los tesalonicenses acerca de esta virtud. Habían
aprendido de Dios que debían amarse unos a otros, tanto por instinto divino (1 Jn. 2:20,
27) como por la instrucción de maestros cristianos. Los creyentes en Tesalónica se
distinguían por amar a todos los cristianos en toda Macedonia. Al encomiarlos por ello,
Pablo hace un memorial de ellos para siempre.
4:10 Como se ha mencionado, el amor fraternal no es un logro; es algo que debe
practicarse de manera continua, y por ello Pablo exhorta a los creyentes a abundar más y
más en esta gracia.
¿Por qué es tan importante el amor de los hermanos? Porque donde hay amor hay
unidad; y donde hay unidad, hay la bendición del Señor (Sal. 133:1, 3).

C. La vida que habla a los de fuera (4:11–12)


4:11 Pablo alienta a los santos a que se esfuercen en tres cosas. En la forma de hablar
actual, los tres mandamientos serían:
1. No tratéis de estar en primer lugar. Contentaos con ser «pequeños y desconocidos,
amados y apreciados sólo por Cristo».
2. Ocupaos en vuestros propios asuntos en lugar de meteros en los de otra gente.
3. Subvenid a vuestras propias necesidades. No seáis parásitos ni «sanguijuelas»,
viviendo a costa de otros.

4:12 El hecho de que los cristianos estemos esperando la venida de Cristo no nos libera
de las responsabilidades prácticas de la vida. Deberíamos recordar que el mundo nos
observa. Los hombres juzgan a nuestro Salvador por nosotros. Deberíamos conducirnos
honradamente para con los de afuera, los incrédulos, y ser independientes de ellos en lo
económico.

D. La esperanza que consuela a los creyentes (4:13–18)


4:13 Los creyentes del Antiguo Testamento tenían un conocimiento imperfecto e
incompleto de lo que le sucedía a una persona cuando moría. Para ellos la palabra Seol era
un término polivalente para describir el estado fuera del cuerpo, tanto de los creyentes
como de los incrédulos.
Creían que todos llegarían a morir, que aparentemente habría una gran resurrección al
fin del mundo, y luego un juicio final. Marta reflejó estas concepciones básicas cuando
dijo: «Ya sé que [Lázaro] resucitará en la resurrección, en el último día» (Jn. 11:24).
«Nuestro Salvador Jesucristo… sacó a luz la vida y la inmortalidad por medio del
evangelio» (2 Ti. 1:10). En la actualidad sabemos que el creyente parte para estar con
Cristo en el momento de la muerte (2 Co. 5:8; Fil. 1:21, 23). Del incrédulo se dice que está
en el Hades (Lc. 16:22, 23). Sabemos que no todos los creyentes morirán, pero que todos
serán transformados (1 Co. 15:51). Sabemos que habrá más de una resurrección. En el
Arrebatamiento, sólo los creyentes serán levantados (1 Co. 15:23; 1 Ts. 4:16); los muertos
malvados serán levantados al final del reinado de mil años de Cristo (Ap. 20:5).
Cuando Pablo fue por primera vez a Tesalónica, enseñó a los cristianos acerca de la
venida de Cristo a reinar y los acontecimientos que seguirían. Pero mientras tanto habían
surgido problemas acerca de los cristianos que habían muerto. ¿Quedarían sus cuerpos en
los sepulcros hasta el último día? ¿Quedarían excluidos de participación en la venida de
Cristo y de Su glorioso reinado? Para responder a sus preguntas y aplacar sus temores,
Pablo describe ahora el orden de los acontecimientos en el tiempo de la venida de Cristo a
por Su pueblo.
La fórmula No queremos, hermanos, que ignoréis, se emplea para alertar a los
lectores acerca de un importante anuncio. Aquí el anuncio trata acerca de los que
duermen, es decir, de los creyentes que han muerto. El sueño se emplea para describir los
cuerpos de los cristianos que han partido a estar con el Señor, nunca para referirse a sus
espíritus o almas. El sueño es un símil apropiado de la muerte, porque en la muerte la
persona parece dormida. Incluso nuestra palabra cementerio proviene de un término griego
que significa «lugar de dormir» (koimëtërion). Y el sueño es un símil familiar, porque cada
noche actuamos este símbolo de muerte, y cada mañana es como una resurrección.
La Biblia no enseña que el alma duerme en el tiempo de la muerte. El rico y Lázaro
eran ambos conscientes en la muerte (Lc. 16:19–31). Cuando el creyente muere, está «en la
presencia del Señor» (2 Co. 5:8). Morir es «estar con Cristo», posición a la que se refiere
Pablo como «ganancia», y como algo que sería «muchísimo mejor» (Fil. 1:21, 23).
¡Difícilmente sería esto así si el alma estuviese durmiendo!
Tampoco enseña la Biblia ninguna aniquilación. No hay disolución del ser en la muerte,
El creyente goza de vida eterna (Mr. 10:30). El incrédulo sufre castigo eterno (Mr. 9:48;
Ap. 14:11).
Con respecto a aquellos santos que han muerto, el apóstol dice que no hay necesidad de
un dolor desesperado: no excluye el dolor; Jesús lloró ante el sepulcro de Lázaro, aunque
sabía que lo iba a resucitar al cabo de unos pocos minutos (Jn. 11:35–44). Pero sí excluye el
dolor desesperado de los que no tienen esperanza de cielo, de reunión, de nada sino juicio.
La expresión los demás que no tienen esperanza me recuerda invariablemente un
funeral al que asistí donde los dolidos parientes se reunieron alrededor del ataúd de una
parienta no salva y lloraban desconsolados: «¡Oh, María; Dios mío, Dios mío, María!». Fue
una inolvidable escena de una desesperación sin salida.
4:14 La base de la esperanza del creyente reside en la resurrección de Cristo. Con la
misma certidumbre que creemos que Jesús murió y resucitó, igual creemos que los que
han dormido en Jesús serán resucitados y participarán de Su venida. «Porque así como en
Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1 Co. 15:22). Su
resurrección es la prenda y prueba de la nuestra.
Observemos la expresión durmieron en Jesús o «aquellos que por medio de Jesús
duermen». Saber que es meramente el Amante de nuestras almas que da sueño a los
cuerpos de Sus amados priva a la muerte de su terror.
Nuestra positiva certidumbre acerca de los que han muerto en Cristo es que también los
traerá Dios con Jesús. Esto se puede comprender de dos maneras:

1. Puede que signifique que en el momento del Arrebatamiento Dios resucitará los
cuerpos de los creyentes y los llevará al cielo con el Señor Jesús.
2. O puede que signifique que cuando Cristo vuelva a la tierra a reinar, Dios traerá con
Cristo a aquellos que han muerto en la fe. En otras palabras, el apóstol está diciendo: «No
os preocupéis de que los que han muerto se vayan a perder las glorias del reino venidero.
Dios los traerá con Jesús cuando vuelva con gran poder y gloria». (Este último es el sentido
generalmente aceptado.)

Pero, ¿cómo puede ser? Sus cuerpos están ahora yertos en el sepulcro. ¿Cómo pueden
volver con Jesús? Antes que Cristo venga a establecer Su reino, volverá para llevarse a Su
pueblo consigo, para que estén con Él en el cielo. Luego, posteriormente, volverá con ellos.
4:15 ¿Cómo sabía Pablo esto? Su respuesta es: Por lo cual os decimos esto por palabra
del Señor. Recibió esto como revelación directa del Señor. No se nos dice cómo la recibió
—si por visión, por una voz audible, o por la impresión interior del Espíritu Santo—. Pero
es una de manera clara una verdad desconocida para los hombres en aquel
tiempo.
Después pasa a explicar que cuando Cristo regrese, los santos vivos no tendrán
precedencia o ventaja sobre los santos que hayan dormido.
En este versículo, Pablo se refiere a sí mismo como uno entre los vivos en la venida del
Señor (véase también 1 Co. 15:51, 52). Sin embargo, en 2 Corintios 4:14 y 5:1, habla de la
posibilidad de que esté entre los que resucitan. La evidente conclusión es que deberíamos
estar esperando la venida del Señor en todo momento, pero darnos cuenta también de que
podemos ser llamados a llegar al cielo por la vía de la muerte.
4:16 El orden exacto de los acontecimientos en la venida del Señor a por Sus santos se
nos da aquí. Porque el Señor mismo …descenderá del cielo. No enviará un ángel, sino
que vendrá Él mismo.
Esto tendrá lugar con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios.
Hay varias explicaciones acerca de estos sones de autoridad, pero debemos decir
abiertamente que es casi imposible hablar con seguridad acerca de ellos:

1. Algunos piensan que la voz de mando es la voz del Señor Jesús mismo que resucita
a los muertos (Jn. 5:25; 11:43, 44) y transforma a los vivos. Otros, como Hogg y Vine,
dicen que la voz de mando es la voz del arcángel.
2. La voz de Miguel, el arcángel, es generalmente considerada como un mandato de
reunión para los santos del AT, puesto que está tan estrechamente asociado con Israel (Dn.
12:1; Jud. 9; Ap. 12:4–7). Otros creen que su propósito es avivar nacionalmente a Israel. Y
aún otros sugieren que la voz de arcángel convoca a los ángeles como escolta militar para
acompañar al Señor y a Sus santos por territorio enemigo de vuelta al cielo (cf. Lc. 16:22).
3. La trompeta de Dios es la misma que la última trompeta de 1 Corintios 15:52, que
tiene que ver con la resurrección de los creyentes en el Arrebatamiento. Llama a los santos
a la bendición eterna. No se debe confundir con la séptima trompeta de Apocalipsis 11:15–
18, que señala el final derramamiento de juicio sobre el mundo durante la Tribulación. La
última trompeta aquí es la última para la iglesia. La séptima trompeta de Apocalipsis es la
última para el mundo incrédulo (aunque nunca es llamada de manera específica la «última
trompeta»).

Los cuerpos de los muertos en Cristo resucitarán primero. Que se incluya aquí a los
santos del AT o no es cosa debatible. Los que creen que sí observan que la voz del arcángel
se oye en este momento, y que el mismo está estrechamente unido a los destinos de Israel
(Dn. 12:1). Los que piensan que los santos del AT no resucitarán en el Arrebatamiento nos
recuerdan de que la frase en Cristo (los muertos en Cristo) nunca se aplica a los creyentes
que vivieron antes de la Era de la Iglesia; estos creyentes resucitarán probablemente al fin
de la Tribulación (Dn. 12:2). En todo caso, es evidente que aquí no tenemos una
resurrección general. No todos los muertos resucitan en esta ocasión, sino sólo los muertos
en Cristo.
4:17 Luego, los vivos serán arrebatados juntamente con ellos en las nubes para
salir al encuentro del Señor en el aire. La palabra Arrebatamiento que empleamos para
describir esta primera fase del regreso del Señor se deriva pues del verbo «arrebatar» que
tenemos en este versículo, y que significa tomar arriba. Se emplea de Felipe en Hechos
8:39, de Pablo en 2 Corintios 12:2, 4, y del Hijo Varón en Apocalipsis 12:5.
El aire es la esfera de Satanás (Ef. 2:2), de manera que ésta es una triunfante reunión en
abierto desafío al diablo en su propio dominio.
¡Pensemos en todo lo que se incluye en estos versículos! La tierra y el mar dando el
polvo de todos los muertos en Cristo. Luego el milagro transformador mediante el que este
polvo es tornado en cuerpos glorificados, libres para siempre de enfermedad, dolor y
muerte. Luego, el vuelo espacial al cielo. Y todo esto, ¡en un abrir y cerrar de ojos! (1 Co.
15:52).
A los hombres del mundo les cuesta creer el relato de la creación del hombre en
Génesis 1 y 2. Si tienen dificultad con la creación, ¡cómo no la van a tener con el
Arrebatamiento —cuando Dios recreará a millones de cuerpos desde un polvo que ha sido
sepultado, esparcido, desparramado o amontonado en las playas del mundo!
Los hombres del mundo se sienten entusiasmados acerca de los viajes espaciales.
¿Pueden compararse sus más grandes hazañas con las maravillas de viajar al cielo en una
fracción de segundo sin llevarnos con nosotros nuestra propia atmósfera, como tenen que
hacerlo los astronautas cuando salen en sus pequeños saltos al espacio exterior?
En relación con la venida de Cristo hay un son que oír, un espectáculo que ver, un
milagro que sentir, una reunión que gozar y una consolación que experimentar.
Es también bueno observar la repetición de la palabra Señor en estos versículos:

la palabra del Señor (v. 15),


la venida del Señor (v. 15),
el Señor mismo (v. 16),
para salir al encuentro del Señor (v. 17),
y estar siempre con el Señor (v. 17).

¡Para siempre con el Señor! ¿Quién puede contar el gozo y la bienaventuranza que se
conllevan e incluyen estas palabras?
4:18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. Pensar en la venida
no produce terror en el creyente. Es una esperanza que entusiasma, que alienta y que
consuela.

INDICACIONES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS


Hay muchas indicaciones de que el Arrebatamiento puede estar cercano. Podemos
considerar las siguientes como indicios:

1. La constitución del Estado de Israel en 1948 (Lc. 21:29). La higuera (Israel) está
brotando, es decir, sacando sus hojas (Lc. 21:29–38). Por vez primera durante siglos, los
judíos tienen una existencia nacional en su propia patria. Esto significa que el reino de
Dios está cerca.
2. El surgimiento de muchas otras naciones (Lc. 21:29). Jesús predijo que no sólo la
higuera brotaría, sino que también lo harían todos los árboles. Hemos sido recientemente
testigos del fin de gobiernos coloniales y de la proliferación de nuevas naciones. Es una
era de renovados nacionalismos.
3. El regreso de Israel a la tierra en incredulidad (Ez. 36:24, 25). Ezequiel profetizó que
sólo sería tras el regreso de ellos que serían purificados de sus pecados. En la actualidad,
Israel es mayormente una nación de agnósticos; sólo un segmento muy pequeño (aunque
muy ruidoso) de la nación son judíos ortodoxos.
4. El movimiento ecuménico (Ap. 17, 18). Entendemos que la Gran Babilonia es un
inmenso sistema religioso, político y comercial compuesto de cuerpos religiosos que
profesan ser cristianos, quizá una fusión del catolicismo apóstata con el protestantismo
apóstata. La cristiandad se está volcando más y más hacia la apostasía (1 Ti. 4:1; 2 Ts.
2:3) y está de camino a ser una super iglesia mundial.
5. El crecimiento mundial del espiritismo (1 Ti 4:1–3). En la actualidad se está
esparciendo por amplias zonas del mundo.
6. La drástica decadencia de las normas morales (2 Ti. 3:1–5). La prensa diaria da
abundante prueba de esto.
7. Violencia y desobediencia civil (2 Ts. 2:7, 8). Abunda un espíritu de anarquía en los
hogares, en la vida nacional e incluso en la iglesia.
8. Gente con una forma de piedad, pero negando su poder (2 Ti. 3:5).
9. El surgimiento del espíritu anticristiano (1 Jn. 2:18), y que se manifiesta en la
multiplicación de falsas sectas que profesan ser cristianas pero que niegan todas las
doctrinas fundamentales de la fe. Engañan por imitación (2 Ti. 3:8).
10. La tendencia de las naciones a confederarse en corrientes que se aproximan a la
alineación de los últimos días. La Comunidad Económica Europea, basada en lo que se
conoce como el Tratado de Roma, ha dado paso a la Unión Europea, y puede conducir al
avivamiento del Imperio Romano —los diez dedos de hierro y barro (Dn. 2:32–35).
11. La negación de la inminente intervención de Dios en los asuntos del mundo por vía
de juicio (2 P. 3:3, 4).

A esto se podrían añadir indicaciones como terremotos en muchos países, la


amenaza de un hambre mundial, y la creciente hostilidad entre las naciones (Mt. 24:6, 7).
El fracaso de los gobiernos en el mantenimiento de la ley y del orden y en la supresión del
terrorismo lleva a un clima para el surgimiento de un dictador mundial. La acumulación de
arsenales atómicos da un significado adicional a preguntas como: «¿Quién puede luchar
contra ella?» (Esto es, contra la bestia; Ap. 13:4). Las instalaciones mundiales de
televisión podrían ser el medio para cumplir Escrituras que describen acontecimientos que
serán vistos simultáneamente en todas partes del planeta (Ap. 11:9).
La mayor parte de estos acontecimientos son predichos como acaeciendo antes que
Cristo regrese a la tierra para reinar. La Biblia no dice que tendrán lugar antes del
Arrebatamiento, sino antes de Su manifestación en gloria. Si es así, y si vemos estas
tendencias desarrollándose ya, entonces la evidente conclusión es que el Arrebatamiento
debe estar muy cerca, a las puertas.

E. El Día del Señor (5:1–11)


5:1 Los maestros bíblicos a menudo se lamentan de las interrupciones por inicio de
capítulo, explicando que el tema debería proseguir sin interrupción. Aquí, sin embargo, la
interrupción del capítulo es apropiada. Pablo comienza un nuevo tema. Deja su discusión
del Arrebatamiento y pasa al día del Señor. Las palabras traducidas Pero acerca de (gr.
peri de) indican una nueva línea de pensamiento, como tantas veces en 1 Corintios.
Para los verdaderos creyentes, el Arrebatamiento es una consoladora esperanza, pero,
¿qué significará para los que están fuera de Cristo? Significará el comienzo de un periodo
al que se hace referencia aquí como los tiempos y las sazones. Este periodo es
primariamente de carácter judío. Durante este tiempo, Dios reanudará Sus tratos con la
nación de Israel, y ocurrirán los acontecimientos del fin del tiempo que anunciaron los
profetas del Antiguo Testamento. Cuando los apóstoles preguntaron a Jesús cuándo
establecería Su reino, Él respondió que no les tocaba a ellos conocer los tiempos y las
sazones (Hch. 1:7). Parece que los tiempos y las sazones cubren el periodo anterior al
establecimiento del reino así como el periodo mismo del reino.
Pablo no sentía necesidad de escribir a los tesalonicenses acerca de los tiempos y de
las sazones. Por una parte, los santos no serían afectados por ellos; serían llevados al cielo
antes que comenzasen estos tiempos.
Además, los tiempos y las sazones y el Día del Señor son cuestiones que se encuentran
en el Antiguo Testamento. El Arrebatamiento es un misterio (1 Co. 15:51), o sea, no fue
revelada hasta el tiempo de los apóstoles.
5:2 Los santos ya sabían acerca del día del Señor. Sabían que el tiempo exacto era
desconocido, y que llegaría cuando menos se lo esperasen. ¿A qué se refiere Pablo por el
día del Señor? Desde luego no se trata de un día de veinticuatro horas, sino de un periodo
de tiempo con ciertas características.
En el AT este término se usaba para designar cualquier tiempo de juicio, desolación y
tinieblas (Is. 2:12; 13:9–16; Jl. 2:1, 2). Era un tiempo en el que Dios marchaba contra los
enemigos de Israel y los castigaba de forma decisiva (Sof. 3:8–12; Jl. 3:14–16; Abd. 15–17;
Zac. 12:8, 9). Pero era también cualquier ocasión en la que castigase a su pueblo por su
idolatría y apostasía (Jl. 1:15–20; Am. 5:18; Sof. 1:7–18). Básicamente, hablaba del juicio
del pecado, de victoria de la causa del Señor (Jl. 2:31, 32) y de una bendición inefable para
Su pueblo fiel.
En el futuro, el día del Señor cubrirá aproximadamente el mismo periodo que los
tiempos y las sazones. Comenzará después del Arrebatamiento e incluirá:

1. La Tribulación, esto es, el tiempo de la angustia de Jacob (Dn. 9:27; Jer. 30:7; Mt.
24:4–28; 2 Ts. 2:2; Ap. 6:1–19:16).
2. La venida de Cristo con Sus santos (Mal. 4:1–3; 2 Ts. 1:7–9).
3. El reinado de mil años de Cristo sobre la tierra (Jl. 3:18 [cf. v. 14]; Zac. 14:8, 9 [cf. v.
1]).
4. La final destrucción de los cielos y de la tierra por el fuego (2 P. 3:7, 10).

El día del Señor es el tiempo en que Jehová intervendrá públicamente en los asuntos de
los hombres. Se caracterizará por el juicio sobre los enemigos de Israel y sobre la sección
apóstata de la nación misma de Israel, por la liberación de Su pueblo, el establecimiento del
reino de paz y prosperidad de Cristo, y por la gloria para Sí mismo.
El apóstol recuerda a sus lectores que el día del Señor vendrá como un ladrón en la
noche. Será totalmente inesperado, y caerá sobre los hombres totalmente de improviso. El
mundo estará totalmente desprevenido.
5:3 Este Día llegará también de una manera imprevista, repentino, destructivo,
inevitable e ineludible.
Habrá en el mundo una actitud de confianza y seguridad. Entonces comenzarán a caer
de improviso los juicios de Dios con una poderosa fuerza destructora. Destrucción no
significa pérdida de ser, ni aniquilación; significa pérdida de bienestar, o ruina por lo que
atañe a la existencia de uno. Será tan inevitable e ineludible como los dolores a la mujer
encinta. Los incrédulos no tendrán vía de escape de este juicio.
5:4 Es importante observar el cambio de pronombre de «ellos» en los versículos
anteriores a «vosotros» y «nosotros» en los siguientes.
El Día del Señor será día de ira para el mundo perdido. Pero, ¿qué significará para
nosotros? La respuesta es que no peligramos, porque no somos de la noche.
Aquel día vendrá como ladrón en la noche (v. 2). La única manera en que sorprenderá
a alguien será como un ladrón, y las únicas personas a las que sorprenderá serán aquellos
que son de la noche, es decir, a los inconversos. No sorprenderá a los creyentes en
absoluto, porque no son de la noche.
En la primera lectura, podría parecer que este versículo dice que el Día del Señor sí
sorprenderá a los creyentes, aunque no como un ladrón. Pero no es así. No los sorprenderá
en absoluto, porque cuando el ladrón venga en la noche de este mundo, los santos estarán
morando en luz eterna.
5:5 Todos los cristianos son hijos de la luz e hijos del día. No son de la noche ni de
las tinieblas. Es este hecho lo que les eximirá del juicio que Dios derramará sobre el
mundo que ha rechazado a Su Hijo. Los juicios del Día del Señor se dirigen sólo a aquellos
que viven en tinieblas morales y en la noche espiritual, a esos que son ajenos a Dios.
Cuando aquí dice que los cristianos son hijos del día, no se refiere al Día del Señor. Ser
hijos del día es una referencia a aquellos que habitan en el reino de la rectitud moral. El
Día del Señor es un tiempo de juicio sobre los que pertenecen al reino de la negrura moral.
5:6 Los tres siguientes versículos llaman a los creyentes a una vida consecuente con su
exaltada posición. Esto significa vigilancia y sobriedad. Debemos velar contra tentación,
pereza, etargo y distracciones. En sentido positivo, deberíamos velar por el regreso del
Señor.
Ser sobrios aquí no se refiere sólo a serlo en la conversación y conducta generales, sino
también a ser templados en lo que se refiere a la comida y a la bebida.
5:7 En el reino natural, dormir está asociado con la noche. Igualmente en el reino
espiritual, la indiferencia negligente caracteriza a los hijos de las tinieblas, es decir, a los
inconversos.
Los hombres prefieren celebrar sus orgías y borracheras de noche; aman las tinieblas
más que la luz, porque sus obras son malas (Jn. 3:19). El mismo nombre «club nocturno»
vincula las ideas de borracheras y orgías con las tinieblas de la noche.
5:8 Los que somos del día deberíamos andar en la luz así como Él está en la luz (1 Jn.
1:7). Esto significa juzgar y abandonar el pecado y evitar excesos de toda clase. También
significa revestirse de la armadura cristiana y mantenerla puesta. La armadura se compone
de la coraza de fe y amor y de la esperanza de salvación como yelmo. En otras palabras,
la armadura es fe, amor y esperanza —los tres elementos cardinales del carácter
cristiano—. No es necesario apremiar los detalles de la coraza y del yelmo. El apóstol está
sencillamente diciendo que los hijos de luz deberían llevar la cubierta protectora de una
vida piadosa y consecuente. ¿Que es lo que nos preserva de la corrupción que está en el
mundo por causa de la concupiscencia?
La fe, o dependencia de Dios. El amor al Señor y los unos a los otros. La esperanza
del regreso de Cristo.

Contrastes importantes en el Capítulo 5


Incrédulos Creyentes
(«ellos») («vosotros»)
durmiendo no durmiendo
borrachos no borrachos
en tinieblas no en tinieblas
de la noche y de las tinieblas hijos de la luz e hijos del día
sorprendidos de improviso por el Día del no tomados de improviso por el Día del
Señor como ladrón en la noche Señor como ladrón en la noche
destrucción repentina e ineludible, como los no puestos para la ira, sino para obtener
dolores de parto sobre una mujer encinta la salvación

5:9 El Arrebatamiento tiene dos aspectos: salvación e ira. Para el creyente significa la
consumación de su salvación en el cielo. Para el incrédulo, significa la introducción de un
tiempo de ira sobre la tierra. Por cuanto somos del día, no nos ha puesto Dios para la ira
que derramará durante el Periodo de la Tribulación, sino para salvación en su sentido más
pleno —exención para siempre de la misma presencia del pecado.
Algunos comprenden la ira aquí como refiriéndose al castigo que los incrédulos
sufrirán en el infierno. Naturalmente, es cierto que Dios no nos ha puesto para eso, pero es
arbitrario introducir aquí este pensamiento. Pablo no está hablando del infierno, sino de los
acontecimientos futuros sobre la tierra. El contexto trata acerca del Día del Señor —el más
grande periodo de ira en la historia de hombre sobre la tierra (Mt. 24:21). No tenemos una
cita con el verdugo, sino con el Salvador.
Algunos dicen que la Tribulación es el tiempo de la ira de Satanás (Ap. 12:12), no de la
ira de Dios. Dicen que la iglesia experimentará la ira de Satanás, pero que será librada de
ira de Dios en la Segunda Venida de Cristo. Sin embargo, los siguientes versículos hablan
de la ira de Dios y del Cordero, y su marco es durante el Periodo de la Tribulación:
Apocalipsis 6:16, 17; 14:9, 10, 19; 15:1, 7; 16:1, 19.
5:10 Este versículo enfatiza el inmenso precio que nuestro Señor Jesús pagó para
librarnos de la ira y asegurar nuestra salvación. Murió por nosotros para que, ya sea que
velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.
Hay dos maneras de comprender la expresión ya sea que velemos, o que durmamos.
Algunos eruditos lo comprenden como significando «vivos o muertos» en el tiempo del
Arrebatamiento. Señalan que habrá en aquel tiempo dos clases de creyentes: los que habrán
muerto en Cristo, y los que estén todavía vivos. De modo que el pensamiento sería que
tanto si estamos entre los vivos como si estamos entre los muertos para cuando Cristo
regrese, viviremos juntamente con él. Los cristianos no pierden nada. El Señor lo explicó a
Marta: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto [esto es,
un cristiano que muera antes del Arrebatamiento], vivirá [resucitará de entre los muertos].
Y todo aquel que vive y cree en mí [un creyente que esté vivo cuando llegue el
Arrebatamiento], no morirá eternamente …» (Jn. 11:25, 26).
El otro punto de vista que mantienen ciertos eruditos es que la frase que velemos o que
durmamos significa «vigilantes o mundanos». En otras palabras, Pablo está diciendo que
el hecho de que estemos espiritualmente alerta o que seamos carnalmente indiferentes a las
cosas espirituales, seremos arrebatados para encontrarnos con el Señor. Nuestra salvación
eterna no depende de nuestra agudeza espiritual durante los últimos momentos de nuestro
tiempo sobre la tierra. Si estamos verdaderamente convertidos, viviremos juntamente con
él cuando Él vuelva, tanto si estamos de puntillas y llenos de expectación como si estamos
tumbados durmiendo. Nuestra condición espiritual determinará nuestras recompensas, pero
nuestra salvación depende de la fe sólo en Cristo.
Los que mantienen este segundo punto de vista observan que la palabra para velemos es
la misma palabra que aparece en el versículo 6, y que la palabra para durmamos se utiliza
en los versículos 6 y 7 para significar «insensibilidad a las cosas divinas, involucrando
amoldamiento al mundo» (Vine). En cambio, no es la misma palabra que se emplea en
4:13, 14 y 15 para denotar muerte.
5:11 En vista de una tan gran salvación, por amor a un tan gran Salvador y a la luz de
Su pronto regreso, deberíamos exhortarnos unos a otros mediante la enseñanza, el aliento y
el ejemplo, y deberíamos edificarnos unos a otros con la palabra de Dios y con una amante
solicitud. Debido a que viviremos entonces con Él, deberíamos vivir unos con otros ahora
de forma cooperante.

F. Diversas exhortaciones a los santos (5:12–22)


5:12 Quizá los ancianos de la iglesia en Tesalónica habían reprendido a aquellos que
habían abandonado el trabajo y que vivían a costa de otros. ¡E indudablemente los
zánganos no debieron tomarse la reprensión demasiado bien! Esto puede explicar la
exhortación a los conductores y a los conducidos.
Cuando Pablo apremió a los santos a reconocer a los que trabajan entre los santos,
significa que deben respetar y obedecer a sus guías espirituales. Esto queda claro por las
palabras y os presiden en el Señor, y os amonestan. Los ancianos son los subpastores de
las ovejas de Dios. Tienen la responsabilidad de enseñar, gobernar y amonestar.
Este versículo es uno de los muchos en el NT que muestra que no había un gobierno de
un solo hombre en las iglesias apostólicas. Había en cada congregación un grupo de
ancianos que pastoreaban la congregación local.
Como explica Denney:

En Tesalónica no había un solo presidente, un ministro o pastor en el sentido moderno,


que poseyese hasta cierto grado una responsabilidad exclusiva; la presidencia estaba en
manos de una pluralidad de hombres.

Sin embargo, la ausencia de un gobierno de un hombre no justifica el gobierno de todos


los hombres. La asamblea no debería ser una democracia, sino una aristocracia, el
gobierno de los mejor calificados.
5:13 Los ancianos deberían servir como representantes del Señor. Su obra es la obra de
Dios. Por esta razón, deberían ser tenidos en mucha estima con amor. La exhortación
Tened paz entre vosotros no es una inclusión incidental. El principal problema entre los
cristianos en todas partes es el de tener buenas relaciones entre sí. Cada creyente tiene
suficiente de la carne en sí para dividir y arruinar cualquier iglesia local. Sólo en tanto que
dotados por el Espíritu podemos desarrollar el amor, quebrantamiento, paciencia,
benignidad, ternura y perdón que son indispensables para la paz. Una amenaza particular a
la paz acerca de la que Pablo puede estar aquí advirtiendo es la formación de camarillas en
torno a los líderes humanos.
5:14 Este versículo parece dirigido a los líderes espirituales de la congregación: les dice
cómo tratar con hermanos que causen problemas:

1. Que amonestéis a los ociosos —los que no quieran mantenerse al paso, sino que
insisten en perturbar la paz de la iglesia con su conducta irresponsable—. Aquí, los ociosos
son los que rehúsan trabajar. Son los mismos que se describen en 2 Tesalonicenses 3:6–12,
que andan desordenadamente, no trabajando, sino entremetiéndose en cosas ajenas.
2. Que alentéis a los de poco ánimo —los que necesitan de constante exhortación para
trascender sus dificultades y proseguir firmes para el Señor.
Acerca de la traducción de la KJV, «confortad a los de mente débil», Ockenga observa: «Si
éste fuese el significado del término, también los confortaríamos. Parecen congregarse
cuando se predica el evangelio.» ¿Y no es éste un tributo al evangelio y a la iglesia
cristiana? Al menos ésta es una esfera donde encuentran simpatía, amor y consideración.
3. Que sostengáis a los débiles —es decir, ayudar a los que sean espiritual, moral y
físicamente débiles—. Probablemente la idea principal aquí es el soporte espiritual y moral
de los débiles en la fe, aunque no deberíamos excluir la ayuda financiera.
4. Que seáis pacientes para con todos —mostrad la gracia de la longanimidad cuando
otros tiendan a irritar y a provocar.

5:15 Hablando ahora a los cristianos en general, Pablo prohíbe todo pensamiento de
revancha. La reacción natural es la de desquitarse, de devolver mal por mal. Pero el
cristiano debería tener tal comunión con el Señor Jesús que reaccione de una manera
sobrenatural. En otras palabras, de manera instintiva mostrará bondad y amor a otros
creyentes y también a los inconversos.
5:16 El gozo puede ser la constante experiencia del cristiano, aun en las circunstancias
más adversas, porque Cristo es la fuente y el tema de su gozo, y porque Cristo está al
control de las circunstancias. De pasada, el versículo «Estad siempre gozosos» es el más
corto del NT griego, aunque «Jesús lloró» es el más breve en castellano.
5:17 La oración debería ser la constante actitud del cristiano —no que abandone sus
deberes normales y se dedique sólo a la oración—. Ora en ciertos tiempos regulares;
también ora extemporáneamente cuando surge la necesidad; y goza de una continua
comunión con el Señor mediante la oración.
5:18 Dar gracias a Dios debería ser la emoción arraigada del cristiano. Si Romanos
8:28 es cierto, entonces deberíamos poder dar gracias al Señor en todo tiempo, en todas las
circunstancias y en todo, siempre y cuando mediante ello no excusamos el pecado.
Estos tres buenos hábitos han sido designados como las consignas de la iglesia.
Representan la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús. Las palabras en
Cristo Jesús nos recuerdan que Él nos enseñó estas cosas durante Su ministerio terrenal y
que fue la viva encarnación de lo que enseñaba. Por la enseñanza y por el ejemplo, nos
reveló cuál es la voluntad de Dios acerca del gozo, de la oración y de la acción de gracias.
5:19 Los siguientes cuatro versículos parecen tratar con la conducta en la asamblea.
Apagar el Espíritu significa ahogar Su obra en medio de nosotros, limitarlo y
estorbarlo. El pecado apaga al Espíritu. Las tradiciones lo apagan. Los reglamentos y
normas humanas en el culto público lo apagan. La desunión lo apaga. Alguien ha dicho:
«Las miradas frías, las palabras despreciativas, el silencio, la calculada indiferencia, hacen
mucho por apagarle. Lo mismo las críticas carentes de amor». Ryrie dice que el Espíritu es
apagado siempre que Su ministerio es ahogado en un individuo o en la iglesia.
5:20 Si ligamos este versículo con el anterior, entonces el pensamiento es que
apagamos el Espíritu cuando menospreciamos las profecías. Así, un hermano joven puede
hacer una declaración poco elegante en su ministerio público. Si lo criticamos de forma que
lo avergoncemos de su testimonio para Cristo, apagamos el Espíritu.
En su sentido primordial en el NT, profetizar significaba hablar la palabra de Dios. Las
proclamaciones inspiradas de los profetas se nos preservan en la Biblia. En un sentido
secundario, profetizar significa declarar la mente de Dios que nos ha sido revelada en la
Biblia.
5:21 Debemos evaluar lo que oímos y retener lo bueno, genuino y veraz. La norma por
la que examinamos toda predicación y enseñanza es la palabra de Dios. Habrá abuso en
ocasiones en el contexto de la libertad del Espíritu de hablar por medio de diferentes
hermanos. Pero apagar el Espíritu no es la forma de remediar estos abusos.
Como escribió el doctor Denney:

Una reunión abierta, una libertad de profetizar, una reunión en la que cada uno podía
hablar según el Espíritu les diese que lo hiciesen, es una de las clamorosas necesidades de
la iglesia moderna.

5:22 Absteneos de toda especie de mal puede referirse a falsas lenguas, profecías o
enseñanzas, o puede referirse al mal en general.
A. T. Pierson observa que hay siete distintas actitudes para el cristiano en los versículos
16–22:

1. La actitud de alabanza (16). Hallando todos los tratos de Dios como infinitamente
entusiasmantes.
2. La actitud de oración (17). La oración nunca debería ser inapropiada ni vergonzosa.
3. La actitud de acción de gracias (18). Incluso en circunstancias no gratas para la carne.
4. La actitud espiritual (19). Él debería tener plena libertad en y por medio de nosotros.
5. La actitud dócil (20). Por medio de cualquier canal que Dios elija emplear.
6. La actitud judicial (21). Comparar 1 Juan 4:1. Ponerlo todo a prueba por la palabra de
Dios.
7. La actitud santificada (22). Si se forma mal en tu mente, evítalo.

IV. SALUDOS FINALES A LOS TESALONICENSES (5:23–


28)
5:23 Ahora Pablo ora por la santificación de los cristianos. La fuente es el Dios de paz.
El ámbito se encuentra en la palabra completamente, lo que significa «toda parte de tu
ser».
Este versículo ha sido apremiado para su uso por algunos para demostrar la doctrina de
la «Santidad» de la plena santificación —que un creyente puede llegar a ser perfecto y sin
pecado en esta vida—. Sin embargo, no es esto lo que significa Pablo cuando ora que el
mismo Dios de paz os santifique por completo. No está orando por la erradicación de la
naturaleza de pecado, sino que la santificación se extienda a todas las partes de su ser —
espíritu, alma y cuerpo.

SANTIFICACIÓN
Hay cuatro fases de la santificación en el NT —la anterior a la conversión, la
posicional, la práctica o progresiva, y la perfecta.
1. Incluso antes de que una persona sea salva, es separada en una posición de
privilegio externo. Así, leemos en 1 Corintios 7:14 que un marido incrédulo es santificado
por su mujer creyente. Esta es una santificación anterior a la conversión.
2. En el momento en que una persona nace de nuevo, es santificada posicionalmente
en virtud de su unión con Cristo. Esto quiere decir que es apartada a Dios del mundo. Se
hace referencia a esto en pasajes como Hechos 26:18; 1 Corintios 1:2; 6:11; 2
Tesalonicenses 2:13; Hebreos 10:10, 14.
3. Luego hay la santificación progresiva. Se trata de un apartamiento presente del
creyente a Dios, dando la espalda al mundo, al pecado y al yo. Es el proceso por el que
va asemejándose más y más a Cristo. Es la santificación por la que Pablo ora por los
tesalonicenses aquí. También se encuentra en 1 Tesalonicenses 4:3, 4; 2 Timoteo 2:21.
Es producida por el Espíritu Santo cuando somos obedientes a la palabra de Dios (Jn.
17:17; 2 Co. 3:18). Esta santificación práctica es un proceso que debería proseguir en
tanto que el creyente esté en la tierra. Nunca conseguirá la perfección ni la impecabilidad
en su estado actual, pero debería siempre estar lanzado hacia esta meta.
4. La perfecta santificación se refiere a la final condición del creyente en el cielo.
Cuando vaya a estar con el Señor, será moralmente como el Señor, total y finalmente
separado del pecado (1 Jn. 3:1–3).

El apóstol ora también por la preservación de los tesalonicenses. Esta preservación


debería incluir a la persona completa —espíritu, alma y cuerpo—. Observemos el orden.
El hombre dice cuerpo, alma y espíritu. Dios siempre dice espíritu, alma y cuerpo. En la
creación original, el espíritu era de importancia primordial, y el cuerpo lo último. El pecado
invirtió el orden: el hombre vive para el cuerpo y descuida el espíritu. Cuando oramos los
unos por los otros, deberíamos seguir la pauta bíblica, y poner el bienestar espiritual antes
que las necesidades físicas.
En base de este y otros versículos, es evidente que somos seres tripartitos. Nuestro
espíritu es aquel componente que nos capacita para tener comunión con Dios. Nuestra
alma tiene que ver con nuestras emociones, deseos, afectos e inclinaciones (Jn. 12:27).
Nuestro cuerpo es la casa en la que mora nuestra persona (2 Co. 5:1).
Todo nuestro ser, cada uno de sus componentes, ha de ser guardado íntegramente, es
decir, completo y sano.
Un comentarista ha sugerido las necesidades de preservación de la siguiente manera:

1. El espíritu, (a) de todo aquello que lo contamine (2 Co. 7:1); (b) todo lo que
obstaculice el testimonio del Espíritu Santo acerca de la relación de los santos con Dios
(Ro. 8:16); y (c) todo aquello que impida la adoración que Él busca (Jn. 4:23; Fil. 3:3).
2. El alma, (a) de malos pensamientos (Mt. 15:18, 19; Ef. 2:3); (b) de apetitos carnales
que militan contra ella (1 P. 2:11); y (c) de amarguras y contiendas (He. 12:15).
3. El cuerpo, (a) de contaminación (1 Ts. 4:3–8); y (b) de malos usos (Ro. 6:19).
Algunos niegan que los inconversos tienen espíritu. Quizá basan esto en el hecho de
que espiritualmente están muertos (Ef. 2:1). Sin embargo, el hecho de que los inconversos
estén espiritualmente muertos no significa que no tengan espíritu. Significa que están
muertos por lo que respecta a toda comunión con Dios. Sus espíritus pueden estar muy
vivos, por ejemplo, por lo que respecta al contacto con el mundo del ocultismo, pero están
muertos para con Dios.
Lenski advierte:
Muchos se sienten satisfechos con un cristianismo parcial, y algunas partes de sus vida
siguen siendo mundanas. Las amonestaciones apostólicas hurgan constantemente en todos
los rincones de nuestras naturalezas, para que ninguno se escape de la purificación.

La oración prosigue para desear que la santificación y preservación de Dios se extienda


de tal forma a cada parte de sus personalidades que cada creyente sea irreprensible para la
venida de nuestro Señor Jesucristo. Esto parece apuntar al Tribunal de Cristo, que sigue
al Arrebatamiento. En aquel tiempo se revisarán la vida, el servicio y el testimonio de cada
cristiano, y será recompensado o sufrirá pérdida.
5:24 Como vimos en 4:3, la voluntad de Dios es nuestra santificación. Él nos ha
llamado a comparecer al fin irreprensibles delante de Él. Habiendo comenzado esta obra en
nosotros, la llevará a buen fin (Fil. 1:6). El que nos llama es fiel a Su promesa.
5:25 Al terminar, Pablo pide las oraciones de los santos. Él nunca dejó de necesitar las
oraciones, ni nosotros tampoco. Es un pecado dejar de orar por los hermanos.
5:26 Luego pide que todos los hermanos sean saludados con beso santo. En aquel
tiempo, ésta era la forma aceptada de saludo. En algunos países sigue siendo costumbre que
los hombres besen a los hombres, y las mujeres a las mujeres. En otras culturas, los
hombres besan a las mujeres, y viceversa. Pero con mucha frecuencia esto ha llevado a
abusos y ha tenido que ser abandonado.
El beso no fue instituido por el Señor como forma prescrita de saludo, ni enseñado por
los apóstoles como obligatoria. La Biblia permite sabiamente otros modos de salutación en
culturas en las que el beso podría llevar a una laxitud sexual. El Espíritu de Dios busca
guardar contra toda irregularidad insistiendo en que el beso ha de ser santo.
5:27 El apóstol instruye solemnemente que esta carta se lea a todos los santos
hermanos. Se deberían observar aquí dos puntos:

1. Pablo atribuye a esta carta la autoridad de la Palabra de Dios. El AT era leído


públicamente en las sinagogas. Ahora, esta carta debe ser leída en voz alta en las iglesias.
2. La Biblia es para todos los cristianos, no para algún círculo interior o clase
privilegiada. Todas sus verdades son para todos los santos.

Denney insiste sabiamente:

No hay logro de sabiduría ni bondad que el evangelio no permita a nadie; y no hay


señal más clara de infidelidad y perfidia en la iglesia que mantener a sus miembros bajo un
pupilaje o minoría permanente, desalentando el libre empleo de las Sagradas Escrituras, y
procurando no leer todo lo que en ellas se contiene.

Observemos que en los versículos 25–27 tenemos tres claves para una vida cristiana de
éxito: (1) la oración (v. 25); (2) el amor por los hermanos en la fe, lo que habla de la
comunión (v. 26); y (3) la lectura y el estudio de la palabra (v. 27).
5:28 Finalmente, tenemos el característico final de Pablo. Comienza su Primera
Epístola a los Tesalonicenses con gracia, y ahora la concluye con el mismo tema. Para el
apóstol, el cristianismo es gracia de comienzo a fin. Amén.

Bibliografía
Buckland, A. R. St. Paul’s First Epistle to the Thessalonians. Philadelphia: The Union
Press, 1908.
———. St. Paul’s Second Epistle to the Thessalonians. Philadelphia: The Union Press,
1909.
Denney, James. The Epistles to the Thessalonians. New York: George H. Doran Company,
s.f.
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