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LA LESIÓN ENORME EN COLOMBIA

INTRODUCCIÓN

El derecho romano, creó una protección especial para los contratantes cuando se producía una
desproporción muy grande entre los intereses de las partes, es lo que ellos denominaron lesión y
que ha perdurado en el tiempo en algunas legislaciones como la colombiana, donde le damos el
nombre de Lesión Enorme.

Considero que es de vital importancia hacer un estudio histórico y actual de dicha figura, pues se
convierte en una gran herramienta para proteger a aquellas personas que han realizado un negocio
o contrato y se ven perjudicados por una desproporción significativa en las prestaciones recibidas.

Igualmente es importante determinar y entender cómo en algunos sistemas jurídicos ha


desaparecido dicha figura.
LESION ENORME EN COLOMBIA

1. EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA LESIÓN ENORME

En la Roma antigua, la lesión enorme fue admitida como remedio pretoriano[1], hasta que en el
siglo III d.C. las constituciones de los emperadores Dioclesiano y Maximiano, excelsos juristas,
quienes establecieron que si una persona vendía un bien en menos de la mitad de su valor estaba
autorizada para solicitar la rescisión del contrato, en virtud del cual se produce una desproporción
en la venta, con ocasión de la venta o compra de un bien por un valor que exceda o sea inferior a
la mitad del justo precio, pero como podemos ver del análisis de la norma, se incluía tanto la
compraventa de bienes muebles como inmuebles, no se hacía distinción alguna al
respecto. La laesio enormis se concedió por motivos de humanidad, y fue considerada como un
supuesto de rescisión conjuntamente con la restitutio in integrum y el interdictum fraudatorium.
Con el tiempo cayó en desuso.

Posteriormente, el emperador Justiniano rescata la figura a través del Codex de Justiniano que en
su Lex Secunda Título 44, Libro 4, y concedió acción sólo al vendedor para rescindir la venta si
hubiese sufrido lesión en más de la mitad del justo precio[2], que valía la cosa vendida[3]; además
en la Lex Septimus, Título 44 Libro 4, establece: “Neque bonam fidem pati, neque ullam rationem
concedere, rescindi consenso finitud contractum; nisi minus dimidia justi pretil, quod fuerat tempore
venditionis, datum est, electione jam emtori praestita servanda”, traduciendo a nuestra lengua, “Ni
la buena fe permite, ni razón alguna concede, que se rescinda un contrato concluido por el
consentimiento; salvo que se haya dado menos de la mitad del justo precio al tiempo de la venta, y
deba reservarse al comprador la elección ya otorgada”.

Como podemos observar, Justiniano sigue el mismo criterio del derecho romano antiguo, pero
modifica la figura de la lesión enorme en dos aspectos claros, al limitarla para los inmuebles y solo
en favor del vendedor.

En el derecho romano, e incluso en nuestro actual derecho, los contratos tenían dos tipos de
elementos a saber: unos esenciales o comunes a todos los contratos, y otros elementos
accidentales, que pueden existir o no en el contrato.

Se consideraban elementos esenciales del contrato, los siguientes: a) Sujetos, b) Consentimiento,


c) Objeto, d) Causa y e) Forma.

El consentimiento lo definieron los romanos como la congruencia existente entre las voluntades
declaradas por los sujetos, teniendo que existir relación lógica entre las voluntades de los sujetos y
la declaración expresa de la misma. Y es aquí donde los juristas romanos introdujeron la Lesión,
pues consideraban que el consentimiento estaba viciado por el error, el dolo, la intimidación y la
lesión; definiendo la última como el hecho de aprovecharse de la ignorancia o la difícil situación
económica de la otra parte, y se diferencia con el dolo en que no hay engaño y con la intimidación
de que no existe violencia, aunque podría existir una presión indirecta.

El Derecho canónico no fue ajeno al tema al tratar de incorporar al Derecho un sentido moral y de
justicia, basados en los principios Aristotélicos del justo precio y, en el principio expresado por
Santo Tomás de Aquino que afirmó que en los contratos de cambio debe prevalecer la reciprocidad
proporcional. Esta figura fue casi extinguida en los siglos XV y XVI, y en el renacimiento vuelve a
aparecer, pero limitada a la compraventa no aleatoria de inmuebles.

Ahora veamos la evolución en el Derecho Español, la primera visión que se tuvo fue el Fuero
Juzgo, el cual no dio lugar a la lesión enorme, como puede verse en la Ley 7, Título 4, Libro 5 del
F.J.[4]

Con la aparición del Fuero Real, se exigió que la lesión fuera en más de los dos tantos y daba
acción solo al vendedor[5]. Pero innovó al dar la acción al vendedor y comprador, cuando hubiese
lesión en más de la mitad del justo precio[6].

Posteriormente el Ordenamiento Real en su Ley 4, Título 7, Libro 5, la concede al comprador y


vendedor, cuando hay lesión en más de la mitad del justo precio; y fue por primera vez que se
generalizó en la doctrina, y además extendió la solución de la lesión a contratos como el
arrendamiento, la permuta y la dación en pago; fue también la primera que puso término de
prescripción a la acción, dándole a las partes afectadas cuatro años para su ejercicio.

Por último, la Novísima Recopilación[7] concedió la lesión al comprador y vendedor cuando ella
importase más de la mitad del justo precio.

Durante la discusión del Código Civil Francés, también conocido como Código de Napoleón,
aprobado en el año 1804, la figura de la Lesión Enorme, en principio fue defendida por Domat,
limitándola a la venta de inmuebles, y Pothier, admitiéndola en todos los contratos y en beneficio de
cualquiera de los contratantes; luego fue sustentada por Portalis y Tronchet, con la oposición de
Berlier y Thomasius. Ante esta gran polémica, y para poner fin a dicha discusión, Napoleón
durante los debates que antecedieron a la promulgación del Código, se inclinó a favor de la lesión
en la compraventa y únicamente a favor del vendedor, y en la partición de inmuebles; Napoleón
Bonaparte manifestó lo siguiente: “poco importa cómo un individuo dispone de unos diamantes o
cuadros; pero la manera como lo hace respecto de su propiedad territorial no puede ser indiferente
a la sociedad y a esta le pertenece marcar límites al derecho de disponer de ella”

El Código Napoleónico edificó la figura de la lesión sobre la concepción que se trataba de un vicio
de la voluntad, consistente en adquirir o vender por más o por menos, en cada caso, de una 7/12
del precio[8], a diferencia del derecho romano que considera un desequilibrio cuando se pacta
menos de ½ del valor. Para efectos agrícolas, no se excluyen los muebles tal como lo estableció la
Ley 8 de julio de 1907, y modificada en el año 1937. Ocurre igual situación con los inmuebles y
solo para el vendedor. Excluye las ventas aleatorias, aquellas efectuadas con autorización judicial y
la expropiación por la administración pública. Por último estableció dos años como término de
prescripción para adelantar la acción.

Durante el siglo XIX, y frente a la dominación filosófica y económica del liberalismo, algunos
Estados suprimieron la Lesión Enorme de sus legislaciones, tal como sucedió en Portugal,
Argentina, Honduras, Costa Rica, Panamá, Guatemala y Brasil, solo para mencionar algunos
ejemplos; prevaleció la idea del laisser faire, laisser passer, que se reflejó en la esfera contractual,
con la consagración de la autonomía total de la voluntad de las partes, aceptando que cada uno
elija libremente las condiciones contractuales que considere favorecen a sus propios intereses.

En el Siglo XX, se retomó la figura de la lesión enorme, pero olvidándose del derecho romano, y
teniendo en cuenta tanto el factor objetivo (desproporción en el precio), como el factor subjetivo
(estado de inferioridad del perjudicado y aprovechamiento de dicha condición por el lesionante).

En los países del common law no existe la figura de la lesión, quedando esta subsumida en el caso
genérico de la undue influence[9] que, como vicio del consentimiento debe ser probado por quien
lo invoca, existiendo casos en que el vicio se presume, quedando la prueba a cargo del
demandado.

El jurista Andrés Bello, al redactar el Código Civil Chileno, se inspiró en el derecho romano pero la
amplió al comprador y excluyó los bienes muebles y las hechas por ministerio de la justicia.

En Colombia, el Código Civil anterior a 1887 permitía la rescisión por lesión enorme y no hacía
distinción alguna entre muebles e inmuebles, pero con el Código Civil adoptado por la ley 57 de
1887, vigente al día de hoy, se volvió a la exclusión de los bienes muebles.

2. SISTEMAS DE FUNDAMENTACIÓN DE LA LESIÓN

Para la fundamentación de la lesión existen dos sistemas a saber: a) Lesión Objetiva y, b) Lesión
Subjetiva. Estudiémoslos a continuación.

2.1. Teoría de la Lesión Objetiva: Se fundamenta exclusivamente en el desequilibrio en las


prestaciones, todo se reduce a una cuestión económica, prescindiendo de las circunstancias
personales que llevaron a las partes, especialmente a la parte lesionada, a la celebración del
contrato en tales condiciones.

En todo contrato oneroso se presume que existe un equilibrio entre prestación y contraprestación,
entonces si entre éstas dos se genera una desproporción considerable o enorme, se le otorga a la
parte perjudicada la acción de rescisión del contrato por lesión, sin tener en cuenta el querer de los
contratantes al momento de firmar el pacto.

El derecho romano fundamentó la figura de la lesión en este sentido objetivo, este criterio fue el
que se siguió por parte de los códigos civiles francés, chileno, colombiano, ecuatoriano, español y
peruano entre otros.

En el derecho civil italiano a través del Codice de 1942, en su artículo 763 (Rescissione per
lesione) prescribe que puede rescindirse la partición cuando alguno de los coherederos prueba
haber sufrido una lesión superior al cuarto. La rescisión se permite, incluso, en el caso de la
partición hecha por el testador (artículo 734 y ss.), cuando el valor de los bienes asignados a
alguno de los coherederos es inferior en más de un cuarto al monto de la cuota prevista.
Igualmente, el código Civil Italiano en sus artículos 1447 y 1448 establece la lesión objetiva,
distinguiendo la rescisión del contrato pactado en un Estado de Peligroy la rescisión del contrato
celebrado en un Estado de Necesidad.

La legislación española con su nuevo Código Civil dejó atrás la regla dimidium imperante hasta la
Novísima Recopilación. Es así comoel artículo 1073 deja establecido que “las particiones pueden
rescindirse por las mismas causas que las obligaciones, el artículo 1074 dispone que “podrán
también ser rescindidas las particiones por causa de lesión en más de la cuarta parte, atendido el
valor de las cosas cuando fueron adjudicadas”.

2.2. Teoría de la Lesión Subjetiva: Este criterio se fundamenta no solamente en el desequilibrio de las
prestaciones, sino que además se produzca a que la víctima de la lesión se encuentre en estado
de inferioridad ya sea por razones de necesidad, de inexperiencia o de ligereza.

La primera legislación que consideró este criterio subjetivo fue el BGB Alemán de 1900, el cual
reza en su artículo 138: “Un negocio jurídico que atente contra las buenas costumbres es nulo. Es
en especial nulo un negocio jurídico por el cual alguien, explotando la necesidad, la ligereza o la
inexperiencia de otro, se haga prometer o se procure así o para un tercero, a cambio de una
prestación, unas ventajas patrimoniales que sobrepasen de tal forma el valor de la prestación, que
según las circunstancias estén en manifiesta desproporción con dicha prestación”.

En igual sentido el Código Suizo de Obligaciones, en su artículo 21 establece: “En caso de


desproporción evidente entre la prestación prometida por una de las partes y la contraprestación
de la otra, la parte lesionada puede, en el plazo de un año, declarar que ella rescinde el contrato y
repetir aquello que ha pagado, si la lesión ha sido determinada por la explotación de su penuria, de
su ligereza o de su inexperiencia”.

El Código Civil Mexicano, en su artículo 17 acogió este criterio como podemos observar en su
contenido: “Cuando alguno, explotando la suma ignorancia, notoria inexperiencia o extrema
miseria de otro, obtiene un lucro excesivo que sea evidentemente desproporcionado a lo que él por
su parte se obliga, el perjudicado tiene derecho de pedir la rescisión del contrato, y de ser ésta
posible, la reducción equitativa de su obligación. El derecho concedido en este artículo dura un
año”.

El Código Civil de Portugal en su artículo 2121 establece que la partición extrajudicial es


impugnable en los casos en los que lo serían los contratos, y antes, la norma del artículo 282 tenía
resuelto que es anulable, por usura, el negocio jurídico en que alguien, explotando el estado de
necesidad, inexperiencia, ligereza, dependencia, estado mental o debilidad de carácter de otro,
obtuviere de éste, para sí o para un tercero, la promesa o la concesión de beneficios excesivos o
injustificados.

El Código Civil de Brasil preceptúa que una partición, una vez hecha y juzgada, sólo es anulable
por los vicios y defectos que invalidan, en general, los negocios jurídicos. Estos, por su parte, son
anulables por lesión cuando una persona, por necesidad apremiante o inexperiencia, se obliga a
una prestación manifiestamente desproporcionada al valor de la prestación correlativa.

Finalmente, en los casos de Argentina y Paraguay, que tienen normas generales que permiten la
declaración de ineficacia de los actos jurídicos en que haya lesión, poseen también normas
especiales que declaran la nulidad de las particiones en que se afecta la legítima de algún
heredero, y además, que permiten la reducción de la porción de un copartícipe injustamente
favorecido. En el caso argentino, los artículos 3536 (La partición por donación o testamento, puede
ser rescindida cuando no salva la legítima de alguno de los herederos. La acción de rescisión sólo
puede intentarse después de la muerte del ascendiente) y 3537 (Los herederos pueden pedir la
reducción de la porción asignada a uno de los partícipes, cuando resulte que éste hubiese recibido
un excedente de la cantidad de que la ley permite disponer al testador. Esta acción sólo debe
dirigirse contra el descendiente favorecido). En el caso paraguayo, el artículo 2561 del Código
Civil, que determina que “la partición podrá ser resuelta, cuando afectare la legítima de alguno de
los herederos. La acción de rescisión deberá intentarse después de la muerte del ascendiente. De
igual derecho podrá usar el cónyuge supérstite, si la partición perjudicare la parte que le
corresponde”, y el artículo 2562 (Los herederos pueden pedir la reducción de la porción asignada a
uno de los partícipes, cuando resulte que éste hubiere recibido un excedente de la cantidad de que
la ley permite disponer al testador. Esta acción sólo debe dirigirse contra el descendiente
favorecido. La confirmación expresa o tácita de la partición por el descendiente o cónyuge al cual
no se le hubiere cubierto su legítima no importa una renuncia de la acción que se le confiere por el
artículo anterior).[10]

2.3. Teoría Mixta: para que pueda invocarse la lesión enorme, debe existir una desproporción
considerable en el precio, pero además debe probarse que la parte beneficiada explotó la
necesidad de la parte perjudicada, esto es, debe establecerse tanto el elemento objetivo como el
subjetivo.

El Código Civil Peruano exige una proporción determinada en el perjuicio (un 40%) y de presumir
legalmente el aprovechamiento de la necesidad de la contraparte si el desequilibrio supera los dos
tercios. Por su parte, el artículo 990 establece que “la lesión en la partición se rige por lo dispuesto
en los artículos 1447 a 1456”, regulando estos la lesión en todo negocio jurídico.

3. DEFINICIÓN, ELEMENTOS Y NATURALEZA DE LA LESION ENORME

3.1. Definición: El artículo 1949 de nuestro Código Civil define la lesión enorme de la siguiente manera:
“El vendedor sufre lesión enorme cuando el precio que recibe es inferior a la mitad del justo precio
de la cosa que vende; y el comprador a su vez sufre lesión enorme, cuando el justo precio de la
cosa que compra es inferior a la mitad del precio que paga por ella”.

3.2. Elementos: Para que la lesión vicie el consentimiento en la venta se requiere: 1) que se trate de
una lesión enorme; 2) que se trate de cosas inmuebles.[11]

Existe lesión enorme en dos ocasiones, primero cuando la cosa se ha vendido por un precio que es
inferior a la mitad del precio real de la misma, esta se aplica al vendedor; segundo, cuando la cosa
se ha vendido por un precio superior al doble del precio real del objeto, aplicable al comprador.

Es claro que por disposición legal de nuestra legislación nacional, la lesión enorme únicamente
recae sobre bienes inmuebles, pues ésta excluyó de forma taxativa los bienes muebles.

Como vemos la legislación colombiana establece la lesión enorme tanto para el comprado r como
para el vendedor.

3.3. Naturaleza: Al respecto, la Honorable Corte Constitucional de Colombia, en su sentencia C-22-


1994, abordó el tema de la Lesión Enorme, y definió su naturaleza de la siguiente manera: “El
comprador como adquirente de un inmueble se encuentra en una posición mucho mas ventajosa
que el vendedor, porque la adquisición de un inmueble se considera como una inversión segura,
menos afectable por los movimientos inflacionarios y con una mayor posibilidad de valorización;
por consiguiente, aun cuando el comprador pague en exceso por el inmueble, se supone que con
el trascurso del tiempo puede recuperar el mayor valor del precio que ha pagado. En cambio, el
vendedor que recibe el dinero del precio de la compraventa, está mas expuesto a los efectos
inflacionarios que gravitan sobre la moneda y de consiguiente colocado en una posición mas
desventajosa. Si se mira con detenimiento el contenido normativo de la disposición en referencia,
se infiere que lo que es diferente en cada caso, esto es, frente al vendedor o al comprador para
efectos de que opere la lesión, es el precio básico que configura el detrimento patrimonial lesivo.
Asi, tomando el mismo ejemplo que trae la demanda si el justo precio del bien es $ 100.000, el
vendedor sufre lesión si recibe como precio de éste la cantidad de $ 49.000; a su vez, el
comprador sufre lesión cuando paga por dicho bien la suma de $ 201.000; pero nótese que la
relación, en cada caso, es de 1 a 2, lo cual conduce a afirmar que desde el punto de vista de la
justicia compensatoria la relación es siempre la misma”.[12]
Las características de la lesión enorme, según el tratadista Valencia, son las siguientes: a) es una
acción personal, b) es una acción de orden público y, c) se origina en un vicio del consentimiento.
[13]

a) Acción Personal: Esto quiere decir que la acción sólo puede ser interpuesta por la victima de la
lesión o por sus herederos e inicialmente sólo se puede adelantar en contra del comprador o el
vendedor intervinientes en el contrato.

b) Acción de Orden Público: Esta característica se da en virtud de lo establecido en le artículo 1950


de nuestro Código Civil, a través del cual se le quita validez a aquella cláusula con la cual alguna
de las partes renuncia a interponer la acción de lesión enorme. Igualmente este articulado prohíbe
que el exceso sea donado por el vendedor. Esta norma fue tomada del contenido en el artículo
1674 Código Civil Francés.

c) Se origina en un vicio del consentimiento: Es un vicio del consentimiento, pues a este lo afectan
no únicamente el error, el dolo y la violencia, sino que también lo vicia la lesión, pues por ejemplo
quien vende por un estado de necesidad no es libre, todo lo contrario está coaccionado por su
difícil situación.

En la actualidad, la doctrina considera a la lesión enorme como un vicio objetivo, toda vez que se
da una ruptura del equilibrio de las prestaciones, y ha descartado la teoría según la cual era un
vicio de la voluntad. Es por esta razón que en el proceso ordinario, no hay que probar el vicio de la
voluntad, ni que se estaba frente a un error en el precio, sencillamente se debe probar que el valor
real del bien frente al valor de venta, esto lo hacemos a través de un peritaje técnico ordenado por
el juez de conocimiento.

4. LA LESION ENORME ES APLICABLE A TODOS LOS CONTRATOS?

Si se considerara un vicio de la voluntad, sería extensible a todos los actos y contratos, pero como
se considera un vicio objetivo solo aplica a los siguientes contratos: a) Compraventa de inmuebles,
b) Permuta inmuebles (Art. 1958 C.C.), c) Aceptación de herencia (Art. 1291 C.C.), d) Partición de
herencia (1401 a 1410 C.C.), e) Partición de bienes (Art. 1405 C.C.), f) Cláusula penal (Art. 1601
C.C.). g) Mutuo con interés (Art. 2231 C.C.), h) Hipoteca (Art. 2455 C.C.) y, i) Anticresis (Art. 2466
C.C.)

5. REQUISITOS DE LA LESIÓN ENORME

Nuestra legislación nacional ha establecido los siguientes requisitos para que se configure la lesión
enorme:
a. Que se trate de bienes inmuebles. Así lo determina de forma taxativa el artículo 1949 del Código
Civil, pues indica que no aplica para bienes muebles y los excluye.

b. Que no se trata de ventas hechas por ministerio de la justicia o en pública subasta. También está
taxativamente determinado por el artículo 1949 del Código Civil.

c. Que no se trate de contratos aleatorios, es decir, aquellos en los cuales se compró o vendió la
suerte o el alea de un hecho futuro e incierto.

d. Que después de haber celebrado el contrato o negocio, no se renuncie a la acción rescisoria.


Requisito desarrollado por el artículo 1950 del Código Civil, que expresamente determina dos
cosas claras, la primera que cuando se estipule el no acceder a la acción rescisoria por lesión
enorme, no se tendrá por válida esa cláusula contractual o estipulación; y segunda, que si el
vendedor decide donar al exceso de precio, se tendrá la cláusula por no escrita.

Este artículo 1950 es claro con relación a la renuncia que se realiza antes del contrato o al
momento mismo de su celebración, pero sucede lo mismo con la renuncia hecha después del
contrato? La jurisprudencia y doctrina francesa y nacional, han considerado que es perfectamente
válido renunciar, pues las partes cuando celebran un contrato lo hacen por una razón especial y
que les interesa a ambas partes. Entonces, si luego de celebrado el contrato, esas circunstancias
desaparecen, los contratantes pueden renunciar. Lo anterior se ve ratificado por el contenido del
artículo 15 del Código Civil que reza: “podrán renunciarse los derechos conferidos por las leyes,
con tal que sólo miren al interés individual del renunciante, y que no esté prohibida la renuncia ”. Y
efectivamente al leer detenidamente la normatividad, se advierte que está prohibida la renuncia
antes de la firma del contrato o al momento de suscribirlo, pero nada dice con relación a la
renuncia que se da luego de suscrito el convenio, y debemos recordar que lo que no está prohibido
por la ley, está permitido.

e. Que la acción no esté prescrita. El artículo 1954 de nuestro Código Civil, se ocupa de la
prescripción de la acción rescisoria, estableciendo un término de prescripción de cuatro (4) años a
partir de la fecha del contrato. Lo anterior nos indica que el término debe comenzar a contarse
desde el momento del perfeccionamiento del contrato

f. Que el bien objeto del contrato no se haya perdido o vendido en poder del
comprador. Desarrollado en el artículo 1951, y en este caso ninguna de las dos partes podrá
incoar la acción rescisoria por lesión enorme, por expresa prohibición de la norma referenciada.

6. FACULTADES DEL COMPRADOR Y EL VENDEDOR FRENTE A LA RESCISIÓN POR LESIÓN


ENORME.

El artículo 1948 del Código Civil establece que, el comprador contra quien se pronuncia la rescisión
podrá, a su arbitrio, consentir en la rescisión o completar el justo precio con deducción de una
décima parte; y el vendedor, en el mismo caso, podrá a su arbitrio consentir en la rescisión, o
restituir el exceso del precio recibido sobre el justo precio aumentado en una décima parte.

Igualmente la norma mencionada, en su segundo inciso indica, que no se deberán intereses o


frutos sino desde la fecha de la demanda, ni podrá pedirse cosa alguna en razón de las expensas
que haya ocasionado el contrato.

Esta norma fue demandada constitucionalmente y declarada exequible, y al respecto dijo en su


momento la Honorable Corte Constitucional: “Si la naturaleza que la doctrina y la jurisprudencia
han reconocido a esta figura después de su evolución legislativa, evolución que no es del caso
comentar, es la de constituir un vicio objetivo, la indagación sobre la buena o mala fe de los
contratantes resulta irrelevante. Nada interesa si las partes estaban en caso de error, o si fueron
objeto de fuerza o de dolo; y por lo mismo tampoco interesa saber si procedieron de buena o de
mala fe en la determinación del precio. El que la lesión enorme se configure como un vicio objetivo,
significa que tan solo se establece su presencia en un contrato a través de la confrontación
matemática entre el precio convenido y el justo precio de la cosa en el momento del negocio”.[14]

“El vendedor no podrá pedir cosa alguna en razón de los deterioros que haya sufrido la cosa,
excepto en cuanto el comprador se hubiere aprovechado de ellos”.[15]

“El comprador que se halle en el caso de restituir la cosa, deberá previamente purificarla de las
hipotecas u otros derechos reales que haya constituido en ella”.[16]

7. EFECTOS Y EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN RESCISORIA

El principal efecto de la acción rescisoria es que deja sin efecto alguno al contrato, y las cosas
deben regresar a su estado anterior.

El demandante lesionado no puede pedir que se complete el precio justo, pues según lo
establecido en el artículo 1948 del Código Civil esta opción solo la tiene el demandado. El
demandante solamente puede exigir la declaratoria de lesión enorme y la rescisión del contrato o
negocio.

Cuando la acción prospera y se emite la respectiva sentencia, se presentan dos situaciones a


saber:

a) Frente al Vendedor:
· Convenir en la rescisión del contrato y por lo tanto recibir de vuelta la cosa, eso sí restituyéndose
el mayor valor recibido por parte del comprador y entregándole a éste los intereses debidos desde
la fecha de la demanda como ya se vio.
· Persistir en el contrato, devolviendo el mayor valor recibido más un 10% del precio justo de la
cosa.
b) Frente al Comprador:
· Devolver la cosa, sin pagar los deterioros, salvo como ya se explicó, que el comprador se haya
aprovechado de estos.
· Si se han constituido gravámenes reales sobre el inmueble como por ejemplo una hipoteca,
estos deben ser saneados antes de devolver la cosa, claro está que de no hacerlo voluntariamente,
la sentencia ordenará el respectivo saneamiento.
· Persistir en el contrato, claro está que completando el justo precio restándole un 10%.

Frente al término que tiene la parte demandada y que resulte vencida en proceso, para ejecutar la
acción rescisoria, la normatividad vigente no establece nada, es por eso que en este caso
particular es el Juez quien debe llenar el vacío jurídico fijando un plazo perentorio y prudente para
tal efecto.

La acción rescisoria se extingue por las siguientes causales:

1. Por pérdida o enajenación del inmueble


2. Por renuncia a la acción, con posterioridad al contrato
3. Por prescripción

CONCLUSIONES
Pudimos determinar que en los diferentes ordenamientos jurídicos, existen tres formas de aplicar la
lesión enorme, en algunos como el nuestro simplemente se tiene en cuenta un cálculo matemático
en relación a las prestaciones recibidas por las partes contratantes; en algunos otros como el
alemán y el suizo, se tiene en cuenta no solamente el criterio objetivo, sino también uno subjetivo,
es decir que la parte perjudicada estuviera en un caso de inferioridad frente a la otra parte; por
último hay una teoría mixta que además de exigir la desproporción, debe existir un
aprovechamiento real en contra del perjudicado.

También pudimos ver que en los países del Common Law, no existe esta figura, pues se respeta
de forma determinante la voluntad de las partes, y se presume que no ha vicios de ningún tipo.

Se puede ver claramente que el sistema vigente en Colombia para la lesión enorme es mucho más
justo que los de otros estados, pues la desproporción exigida es de tan solo la mitad del justo
precio.
BIBLIOGRAFIA
· Valencia Z., Arturo. (1961). Derecho Civil, Tomo IV, Contratos. Bogotá: Editorial Temis

· Eugene Petit. Tratado Elemental de Derecho Romano. Abogados Asociados Ediciones. Novena
Edición.

· Heinecio. J.G: Tratado de las antigüedades romanas.

· Laurent, F., Principes de Droit civil francais, 5ta. Ed., t. XVIII, p. 535

· Mazeaud, Henri, León y Jean, Lecciones de Derecho civil, Parte tercera, v. III, Los principales
contratos, trad. de Luís Alcalá-Zamora y Castillo, Ejea, Buenos Aires, 1974

· http://legal-dictionary.thefreedictionary.com/undue+influence

· http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-09502006000100003&script=sci_arttext

· Corte Constitucional de Colombia, Sentencia C-222-1994 – 5 de mayo de 1994 – M.P. Antonio


Barrera Carbonell

· Corte Constitucional. Sentencia C-153-97 de marzo 19 de 1997. M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.

· Códigos Civiles de Argentina, Chile, Colombia, Bolivia, Venezuela, Perú, México, Brasil,
Paraguay, Francia, España, Suiza, Italia, Portugal.
http://www.todoelderecho.com/SeccionInternacional/codigosjuridicos.htm

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