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“CIBER CRIMEN GUATEMALA”

En Guatemala no se encuentra tipificado el delito informático o


cibernético, lo cual parece tener en desventaja a las instituciones encargadas
de velar por la justicia. Las acciones contra las crecientes actividades criminales
realizadas mediante las nuevas tecnologías de la información parecen carecer
de herramientas apropiadas. Hace 3 días, el domingo 12 de febrero, el sitio
web del Congreso de la República fue objeto de ataque y estuvo fuera de
servicio algunas horas.Las actividades ilegales y lesivas para los usuarios del
mundo cibernético son muy variadas, existe un buen número de delitos que se
realizan también en el mundo real, tal es el caso de fraudes, extorciones y hasta
la pornografía infantil, sin embargo, hay una gama importante y creciente de
modalidades que solo son posibles de realizar digitalmente y que no siempre
son bien comprendidas por las victimas ni por las autoridades encargadas de
resolver los crímenes, situación que dificulta la creación de una política
apropiada para atacar el cibercriminal.

A pesar de no contar con una regulación apropiada, el Ministerio de


Gobernación reporta que este año se investigan al menos 25 casos, los cuales
incluyen secuestros, estafas en ventas en línea, suplantación de identidad y
otras. Un factor importante en el incremento de la actividad criminal es que
muchos se realizan a través de las redes sociales o plataforma abiertas a miles
de usuarios, quienes son vulnerables y muchas de las veces no saben los
riesgos que corren y no toman las medidas de precaución necesarias. En
agosto del 2016, se reportaban casi 300 denuncias por delitos cibernéticos. Al
no estar tipificados los delitos cibernéticos no es posible una persecución penal,
ya que no existe una ley que los describa con anterioridad a la realización de la
conducta antisocial, estableciendo a la vez el castigo respectivo, requisitos en
que se fundamenta el Principio de Legalidad.

No es posible negar que las conductas criminales mediante la


tecnología requieren atención, sin embargo, ya diversos sectores de la doctrina
del Derecho Penal han señalado que hablar de delito informático es incorrecto,
pues engloba una extensa cantidad de acciones y omisiones dolosas o
imprudentes que deben ser penadas por la ley, en las cuales interviene un bien
o servicio informático. La interacción digital supera las limitaciones físicas de
fronteras, tiempo y espacio entre otros, situación que hace complicado
contrarrestar los actos criminales surgidos en esa dimensión del actuar
humano.
Existe ahora la necesidad de conocer más sobre las distintas
modalidades de estas transgresiones, que se dan día a día, no solo en las
redes sociales sino también dentro del ciberespacio de nuestro país y la manera
de cómo contrarrestarlos bajo el ámbito jurídico y de investigación digital.
El hecho es innegable. El cibercrimen es un negocio muy rentable en el mundo.
Tanto como para llegar a superar el billón de euros al año en 2019, según un
estudio de la entidad Juniper Research sobre mercado digital. La discusión de
gobiernos, empresas, instituciones y ciudadanía se encuentran ante el dilema
de si debe primar la seguridad nacional o el derecho a la intimidad.

El robo de identidad, falsificación de cuentas o datos, robo de recursos


económicos a través de transacciones en línea y pornografía infantil, entre
otros, son parte del cibercrimen.Cada día más, la tecnología es parte de la vida
cotidiana del guatemalteco. Un estudio de la empresa iLifebelt detalla que
somos el país que presenta la mayor cantidad de perfiles de Facebook en
Centroamérica y el Caribe, alcanzando más de 5.3 millones de usuarios.
Uno de los Ciberdelitos de mayor expansión en el país son las difamaciones por
Internet (ciberdifamaciones), los acosos y extorsiones seguidos de las estafas
electrónicas, que no siempre se denuncian, detalla el experto José Leonett
Coordinador de REDLIF (Red Latinoamericana de Informática Forense REDLIF
Guatemala / El Derecho Informático Iberoamérica /Observatorio Iberoamericano
de Protección de Datos).Según Leonett, las extorsiones y amenazas son los
más frecuentes, pues “los delincuentes se basan en el anonimato de ciertos
portales o sitios de envío de mensajes de texto para cometer las fechorías y, las
fuerzas de seguridad muchas veces no toman (por falta de ley al respecto) una
ciberamenaza como un delito en contra de la vida de un cibernauta”.

Las empresas privadas, vulnerables a este tipo de ataques no toman


medidas eficientes, pues “este tipo de delito les es de total desconocimiento,
tanto de empresas privadas como del sistema judicial”. Sin embargo, se sabe
que “se están elaborando muchas mesas técnicas, a nivel del gobierno, el
MINGOB es una de las instituciones que está apoyando e impulsando la firma
del Convenio de cibercriminalidad mundial conocido como convenio de
Budapest. Por otro lado, el Ministerio Publico lleva un trabajo fuerte en las
investigaciones de ciertos (no todos) los Ciberdelitos en el caso de pornografía
y amenazas de muerte por Internet, así como el tema de trata de seres
humanos, mientras el INACIF ya tiene creado su equipo y está dotado de
equipos para comenzar a trabajar análisis científicos en cómputo forense.
La ventaja en que se pueden rastrear los delitos cometidos por medio de Redes
Sociales pues las instituciones nacionales del gobierno ya cuentan con
convenios que permiten solicitar a las grandes empresas mundiales que
controlan la Big Data (Google, Facebook, etcétera), el solicitar por medio de un
proceso entre ellos, la información concerniente a un perfil, cuenta, blog o
correo electrónico de una persona que está cometiendo un delito informático.