Está en la página 1de 626

T

R E S Z R V A

ÍNDICE D E M ATERIAS

Págs
Introducción ]
A. Relaciones generales del ílúido en la bomba.............................................
1. Altura de elevación H ......................................................................
2. El trabajo específico de aumento de presión hp (altura de presión)
en los líquidos ....................................................................................
3. El trabajo específico de aumento de presión hp en los gases___ 12
a) Fundamentos de la Termodinámica, 13. — b) Los ciclos más
importantes en el .cqpipreSor sin pérdidas internas, 14.
4. Pérdidas y rendimientos.................................................................... 18
a) Rendimiento man'ométrico, 21. — b) Rendimiento volumétrico,
21. — c) Rendimiento interno, 21. — d) Rendimiento mecánico, 21.
e) Rendimiento total, 21.
5. Rendimiento adiabático e isotérmico del compresor..................... 22
6. El verdadero proceso de compresión en ausencia de refrigeración.
El rendimiento politrópico ............................................................... 23
27
27

30
31
a). Chorro libre sobre una superficie, 31. — b) Ensanchamiento
brtisco de la sección (pérdida de Borda Carnot), 31. — c) Ensan­
chamiento brusco de sección y cambio de dirección, 33. — d) Chorro
plano cortado, 34. — e) Corriente guiada por un haz de álabes, 35.
/) Corriente regularizada, 37.
9. La circulación...................................................................................... 38
a) Torbellino, 39. — b) Torbellino potencial, ley de las áreas, 39.
c) Ejemplo de un torbellino, 42. — d) Potencial y circulación, 43.
e) Origen de la presión de álabe, 45.
10. El principio de Kutta-Joukowsky.................................................... 48
11. Diagrama de la corriente de un líquido ideal sin rozamiento.. . . 50
a) Corriente plana, 51. — b) Algunos ejemplos notables de dia­
gramas de corriente plana, 56. — c) Corriente en un volumen de
revolución, 58.
12. Propiedades de los líquidos reales ................................................... 61
a) Viscosidad de los líquidos y gases, 62. — b) Ley de semejanza
de Reynolds, 64.
13. Ejemplos de corrientes reales............................................................ 65
a) Corriente en tubos rectos, 65. — b) Canales convergentes y di­
vergentes, 73. — c) Canales curvos, 76. — d) Espacio hueco de re­
volución. Modificación de la ley de las áreas a causa del rozamiento,
79. — e) Corrientes que envuelven cuerpos situados en su seno, 82.
14. Corrientes de gas con variaciones considerables .de densidad........ 86
a) Condiciones de semejanza. Número de Mach, 86. — b) Ángulo
de divergencia admisible en las corrientes de gas de gran velocidad,
89. — c) La fuerza de álabe en las corrientes de gas de gran veloci­
dad (Regla de Prandtl), 90.— d) Velocidad supersónica, 91.—
e) Corriente de gas en un tubo impermeable al calor, con roza­
miento. Línea de Fanno, 92. — /) Cálculo aproximado de la dis­
minución de presión en las tuberías para gases, 93.
VIII índice de materias
Págs.
15. Pérdidas por fugas............................................................................. 94
a) Variación de volumen despreciable, 95. — b) Consideración sobre
la expansión de los gases en las juntas de cierre, 101. — c) Rodetes
sin pared lateral, 103.
15 a. Rozamiento de un disco que gira dentro de un flúido .............. 104
C. Teoría elemental de los rodetes centrífugos ........................................ 109
16. Movimiento absoluto y relativo : entrada sin choque.................. 109
17. Trabajo transmitido por los á la b e s............................................ . 112
a) Deducción mediante el principio de la impulsión, válida también
para un número finito de álabes, 112. — b) Deducción especial
para el caso de número infinito de álabes, basada en el análisis de
la corriente, 115. — c) Bomba sin directrices a la entrada, 118.
18. Desacuerdo entre los resultados de la teoría elemental y la rea­
lidad ..................................................................................................... Í49
19. Influencia del número finito de álabes............................................. 120
a) Ejemplo del haz de álabes rectos, 120. — b) Ecuación de la ener­
gía para la corriente relativa, 123. — c) Distribución de presiones
y velocidades en el canal móvil de una bomba radial, 123.
20. Causas de la disminución de potencia cuando disminuye el nú­
mero de á la b e s.......................................................................... . 127
a) Sin tener en cuenta el rozamiento, 127. — b) Influencia del
rozamiento, 129.— c) Modificación de la ecuación fundamen­
ta], 133. , ,
21. Cálculo aproximado para determinar la disminución de potencia
de la bomba, debida al número finito de álabes...................••• 135
22. Discusión de la fórmula aproximada. Valores empíricos de y' • 141
23. Bombas de reacción y de acción............................................... 144
24. Elección del ángulo pt del álabe a la salida............................ 145
25. El coeficiente de presión y • fórmula aproximada para la altura
de elevación........................................................................................ 150
D. Características de las distintas formas de rodete ................................... 153
26. Desarrollo de las formas de rodete ................................................. 153
27. Número de vueltas especifico............................................................ 155
a) Influencia de /?„ e = ctm/)/2gH, ctm¡com y del número de
álabe, 158. — b) Expresión sin dimensiones del número de vueltas ^
especifico, 158.
28. Elección del número de álabes........ .. .......................................... 159
29. El coeficiente de entrada e = e0w /|2 g H .................................... 161
30. Rendimiento y rapidez de marcha. Límite de aplicación de las
bombas centrífugas ............................................................ . 164
* 31. Consideraciones sobre las bombas de varias fases en serie y de
varias fases en paralelo ........................... ....................................... 167
32. Leyes de modelos y fórmulas de conversión............................... 169
a) Conversión de los rendimientos, 171. — b) Conversión de II, N,
V, 174. —rc) Semejanza desde el punto de vista de la resistencia
mecánica, 175.
33. Adaptación del rodete.................................................................. 176
E. Límites de las alteraciones de lorma por cavitación y ultrasonido.... 178-
34. Generalidades sobre la cavitación (formación de bolsas de vapor). 178
35. Altura de aspiración máxima adm isiblé.................................. 180
r*onenr rí n » n r c n c lo ^ icm ln n ri^ n Hp n r o c ? A n o lo P n t r o H o finí r o -
_J dete, o sea, de la formación de la presión crítica A h ................. 182
a) La presión del álabe, 182. — b) El espesor finito del extremo del
álabe, 183.— c) Curvatura de las paredes laterales antes de la
entrada del álabe, 185. — d) Resistencias, 186. — e) Cavitación de ~
junta, 186. , . .
37. | índice de aspiración, S (Coeficiente de susceptibilidad de cavita-
ción, a), y el ángulo relativo más favorable para la corriente de
paso, fto a ...............................................................................................
38. Cálculo de la máxima altura de aspiración admisible - .................. 193
a) Entrada en el rodete sin giro, o0 = 90°, 194. — b) Entrada en
el rodete con giro de la corriente, 195.
índice def materias ix

Págs.
39. Influencia del número de Reynolds y, en especial, del tamaño de
la máquina en el Límite de cavitación............................................ 196
40. Medidas a adoptar para pbtener alturas de aspiración grandes... 197
a) Medidas exteriores a la bomba, 197. — b) Medidas a adoptar
en la bomba, 199.
41. Cavitación en el caso de entrada con choque ............................. 200
42. Formación de espacios muertos por desprendimiento de gases.. . . 203
43. Límite de ultrasonido en los compresores........................................ 204
a) Entrada perpendicular al rodete, a 0 = 90®, ¿, = 1, 208.—
b) Entrada en el rodete con giro (<5, 4= 1), 212.
44. Relación entre el índice de sonido S0 y el número de Mach woa/a .. 215
45. Confrontación de las magnitudes características en el caso de cavi­
tación y de ultrasonido ................................................................... 217
F. Álabe radJal de curvatura simple .............................................................. 218
46. Marcha general para el cálculo del rodete de una bomba, tomando
como base un rodete lento ............................................................ 218
a) Extremo del álabe en la-entrada, 220. — b) Borde del álabe a
la salida, 222. — c) Consideración de la variación de volumen en
los gases, 225.
47. Trazado de los álabes radiales de simple curvatura................... 227
a) Álabe en arco de círculo, 228. — b) Trazado del álabe por pun­
tos, 230.
48. Alabes radiales de simple curvatura con el borde de entrada en
la zona de curvatura de la boca del ro d e te ................................. 232
49. Álabes radiales de pequeña longitud radial................................... 234
a) Disposición centrífuga, 234. — b) Disposición centrípeta, 237.
50. Ejemplos de cálculo de bombas centrífugas con álabes de simple
cu rv a tu ra.......................................... . . ’............................. 238
I. Bomba multicelular con álabes-diTespesor constante.............. 238
a) Extremo del álabe en Ih entrada, .239. — b) El extremo del
álabe a la salida, 239;:— c) Consideraciones complementarias, 243.
II. Ventilador de una sola-fase........................................................ 243
a) Marcha normal de..cálculo, 244. — b) Disposición constructiva
de los álabes, 246.'— c) Consideración dq la-yáríación del volumen
en el rodete, 247.— d) Curva itejgstáaoV'^S.
^ III. Ventiladores con difusor •aíPvoluta espiral ........................... 250
IV. Bomba para agua caliente, con álabes de espesor variable... 250
a) Entrada, 251. — b) Salida, 253.
G. Álabe radial de doble curvatura ............................................................. 255
51. Determinación delp erfil..................................................................... 255
52. Trazado de los álab es............................................................... ” .. 257
a) Desarrollo de las secciones del álabe sobre superficies cónicas,
259. — b) Determinación de las secciones del álabe por puntos,
261. — c) Representación de la superficie del álabe, 264.
53. Ejemplo numérico de cálculo de un rodete de rapidez media (ro­
dete Francis).................................................................................. 265
54. Disposición inclinada de la arista de salida en la sección meridiana.
Rodete ráp id o .................................... 271
55. Consideración de las pérdidas en las distintas superficies de co­
rriente ......................................................... 274
56. Ejemplo de cálculo deun rodete rápido ...................................... 275
57. Ejemplo de cálculo de una bomba con rodete semiaxial v difusor
.................................................................................................... 280
H. El álabe axial ................................................................................................ 284
58. Corrientes secundarias en el rodete ax ia l...................................... 284
59. Forma del álabe y grado de reacción.................................... .. ’ , 285 t
60. Cálculo de los álabes axiales............................................ . ’ ] ''! ! ! 288
61. Relación de cubo, coeficientes de presión de gasto.......... 293
a) Relación de cubo máxima admisible, 293. — b) El coeficiente
de presión, 296. — c) El coeficiente de entrada r, 297.
62. Proyecto y perfilado del á la b e ........................................................ 297
índice de materias índice de materias

P¿gs. P¿
63.
Ejemplo numérico de cálculo de una máquina soplante................ 300 a) Efecto de péndulo debido a la cooperación de un acumulador
63 a.
Consideración de la variación de volumen..................................... 304 de energía, 425í — b) Desprendimiento del caudal, 433.
92. Procedimiento de obtención de curvas caudal-altura estab les.... 4
64.
Limitación inclinada del cubo del rodete axial............................. 306 93.
64 a.
Empuje axial y resistencia del rodete axial................................... 308 Influencia del número de Reynolds y, en especial, de la viscosidad
a) Empuje axial, 308. — b) Resistencia, 309. sobre la forma de las curvas características................................. 4
65. Medidas para disminuir las grandes diferencias de ángulo entre las 94. Representaciones especiales de las curvas características............ 4
. secciones del álabe y el número de M ach..................................... 311 a) Coordenadas sin dimensiones, 439. — b) Escalas logarítmicas,
a) Corriente de contenido uniforme de energía, 311. — b) Corrientes 440. — c) Líneas de igual velocidad específica formando un haz
de contenido energético desigual, relaciones entre las velocidades radial, 441. — d) Líneas de igual estado de choque como haces
a ambos lados del rodete axial (condición general de equilibrio), 313. radiales (representación circular), 441.— e) Representaciones es­
66 . Rodete axial lento para bombas .................................................... 318 peciales para los tubocompresores, 441.
67. Cálculo de los álabes axiales como alas portantes........................ 319 K. Regulación..................................................................................................... 4
a) Ala portante situada en un espacio sin límites. 319. — b) Haz
de álabes, 329. — c) Aplicación al rodete axial, 332. — d) Cavita­ 95. Regulación con número de vueltas invariable y álabes fijos........ 4
ción y ultrasonido, 334. — e) Consideración de la comprensibilidad, o) Estrangulación en la tubería, 444. — b) Apertura de una salida
337.— /) Rendimiento del rodete axial, 337. secundaria, de descarga, 446. — c) Introducción de pequeñas can­
68. El difusor de la bomba a x ia l.......................................................... 340 tidades de aire en el tubo de aspiración de las bombas para líqui­
69. Ejemplo numérico de cálculo del alabe axial como ala portante.. 344 dos, 446. — d) Cierre de escalones dispuestos en paralelo o paso
a) Rodete, 344. — b) Difusor, 347. de la disposición en paralelo a la serie, 446. — e) El funcionamiento
en circuito cerrado de algunos escalones o el paro de una má­
I. Difusores..................................................................................................... 350 quina, 447.
96. Regulación mediante, aletas onentables........................................... 4
_?0. Objeto de los difusores...................................................................... 350*^ a) Aletas directrices; cíe entrada orientables (regulación del giro
~t T. Difusor de aletas.................................................................................. 3 5 1 ^ de entrada), 447. — b) Aletas orientables en el difusor de salida,
71 a. Ejemplo numérico dedifusor de aletas ............................................ 357 448. — c) Cierre por pantalla desplazable, 450.
a) Difusor de aletas correspondiente a la bomba tratada en el
ik id y y y y y k A

capítulo 50, IV, 357. — b) Difusor de una máquina soplante, 358. 97. Regulación mediante modificaciones en los canales del ro d ete ... 4
72. Corrección de las aletas del difusor................................................ 359 a) Variación de posición de los ájabes, 450. — b) Admisión par­
cial, 451. ___
73. Cálculo por puntos de las aletas del difusor................................. 361 98. Regulación por variación de velocidad........................................... 4
74. Difusores de aletas para bombas multicelulares........................... 362 98 a. Regulación automática. ........................................................... 4
a) Aletas del difusor de salida unidas a las directrices de entrada,
364. — b) Espacio anular sin álabes entre las aletas del difusor y L. El empuje axial y su equilibrado.............................................................. 4

\ V
los álabes de retorno, 365. — c) Retomo rápido, 367.
"p. Difusor anular liso................................................................................. 367 99. El empuje del rodete axial y d^J $ethfnxial ................................. 4
Difusor de caja e sp ira l...................................................................... 372 1 00. Equilibrado mediante la fqrm hy lá disposición de los rodetes... 4
a) Cálculo despreciando el rozamiento en la caja espiral, 374. — 101. Equilibrado mediant#¿urf dispositivo único para el conjunto de
b) Consideración del rozamiento en la cámara espiral, 378. . _----- todos los rodetes de una bomba hidráulica de varias fases.......... 4
77. Cámara espiral de sección circular.................................................... 380 102. Cálculo de un dispositivo de equilibrado............................. : . . . . 4
a) Cálculo para la corriente sin rozamiento, 381. — b) Considera­ 103. Equilibrado de las bombas de eje vertical ................................... 4
ción del rozamiento en la cámara espiral, 383._^ y M. Disposiciones constructivas de bombas y turbocompresores.................. 4
77 a. Consideración de una variación de densidad"én la caja espiral . 384
78. Dispositivo de guia a la entrada de los rodetes ......................... 385 104. Bombas y máquinas soplantes multicelulares............................... 4
105. Bombas y compresores radiales de una sola fase......................... 4
J. Curvas características.................................................................................... 387 a) Con difusor de aletas a la salida, 475. — ó) Sin difusor de aletas
de salida, 478.
A

79. Formación de la curva caudal-altura ............................................. 387 106. Bombas y compresores semiaxiales y axiales................................. 4
80. Trabajo de álabe f/tlix para corriente variable............................... 387 107. Bombas con rodetes en paralelo ..................................................... 4
a) Número infinito de álabes, 388.—b) Número de álabes finito, 389.
A A

108. Bombas para p ozos................... 4


81. Cálculo previo de la curva caudal-altura........................................ 392 109. Bombas para aguas residuales y para ácid o s............................... 4
a) Pérdidas por rozamiento en los canales, curvatura y transforma­
ción de velocidad en presión Zrx, 392. — b) Pérdidas por choque, a) Bombas para aguas residuales, 495. — b) Bombas para ácidos,
497.
393. — c) Construcción de la curva caudal-altura de una bomba con
difusor de aletas o de cámara espiral, 396. — d) Construcción de la N. Compresores multicelulares........................................................................ 4
A

curva caudal-altura de una bomba con difusor de anillo liso, 398.


82. La curva caudal-altura para entrada no perpendicular al rodete.. 400 110. Efectos del calor engendrado por rozamiento............................... 4‘
a) Los rozamientos de canal, 400. — b) Pérdidas por choque, 401. a) Consecuencias del recalentamiento del gas, debido al calor de
83. Superficie característica .................................................................... 401 rozamiento. Tabla de los valores de //, 499. — ¿>) Comparación de los
84. Congruencia de las curvas caudal-altura ....................................... 403 rendimientos de los compresores y de las bombas, 502.
84 a. Ley de semejanza de Newton. Curvas de igual rendimiento---- 404 1 1 1 . Compresores de varias fases, sin refrigeración ..............•.............. 5i
v85. Determinación del punto de funcionamiento de mejor rendimiento. 407 a) Construcción, 504. — b) Proceso del cálculo, 507.
86. Curva caudal-altura en los rodetes ráp id o s.................................. 408 112. Procedimientos de refrigeración ....................................................... 5
87y Procedimiento especial para rodetes axiales ................................ 416 113. Cálculo de los compresores con refrigeración ............................... 5!
; 88. Curva de potencia en el eje ...................................................... . 419 a) Refrigeración exterior, 526. — b) Refrigeración del cuerpo del
89. Determinación del punto de funcionamiento................................. 421 compresor, 530.
90. Fenómenos que se producen al parar bruscamente el acciona­ 114. Influencia de la humedad del aire ................................................. 5¡
miento de una bomba. Giro de la bomba en sentido contrario... 424 114 a. Número y disposición de los cuerpos de un compresor de varias
91. Campo de funcionamiento inestable................................................ 425 fases....................................................................................................... 5¡
Indice de materias
Pága.
537
115. Ejemplo de cálculo de JJ. C
s?^?moUnoXa u íro d ete'd e una sola
A. E n tra d a de la c o rn c n t roo __ b . Reacción constante del
5°0r %,a 544. - C ?S epiraclón del agua en el refrigerador interm edio,
552
Curvas t r a S u t de &
"H l6.

de'las^urvas características 11de'la tem peratura 555


117.
Compensadón t í em puje' axial V prensaestopas en la compre­ 559
118.
sión de gases ......................................... 561
. Resistencia de las piezas prl" clp^ “ ' 't e' debidoa la fuerza centrifuga. 561
119. Esfuerzos que actúarJ sobre e l d e ^ __ b) Disc0 com-
1 ? o ÍU5 7 0 ° - % T ltío b tS e d id a , 570. - d ) En reposo, 5 7 1 . -
^Influencia de 1.ai ^ I T r o d e t e e n ^ v S S e n tó , 572. — g) Otros
de semejanza aplicada _ Las tensiones debidas a m -
K 32S3?M S*. SV 574; ................................ 574
120 .
Fijación del rodete radial al eje •. ¿e vueltas crítico.. 576
Cálculo del eje teniendo en cuenta el num iendo cl eje sin
121 .
a) Velocidad crítica Par\ “" 5 7 9 c) Influencia del me-
ueso 576. — b) Eje con varias masaf* ^'V tas ;580. — d) Determi­
n o circundante sobre el n u me r o ® deueu„‘eje de sección variable

£ 3 ^ * 5 » . £ T Ú tS 589 - / ) Numero'de

fluencias, 590. 591


Apéndice : Bombas centrífugas autoasplrantes 591
Puntos de vista generales ..................... •" 592
593
593
i fí
Barrido de los canales del rod® ^ ® ‘
593
B. Bombas de anillo de agua excéntrico 595 L
B,. Bomba" de anillo de agua .................. ...........................
I. Caso de suministro de aire i; Licitación interna del anillo
Pr_es!ÓnCod,e ^ t i l d ó n 9 inclinada'del nivel del agua. Número
de agua, 603. — c) 1 osicion orificios de aspiración e ím pui-
de álabe’s 604. - d) d°d*°Slo° s S o r e s de pared y juegos
sión, 6 0 7 .— .¿)Í n P o S d 4a” úffl y ° i n d S n rto , 608. - í ) W » 610
L um étco.66°08¿ .'ií.) S s o " ^ elevacidn de agua................................... 611

B- a)
613 __b) Datos para el proyecw.
624
C.
autoaspirante . ■• • ........• *; ‘ *‘««7
Observación com plem entaria, 0 / / .

iíMJILt
Introducción
Las bombas son aparatos destinados a desplazar líquidos y gases.
En este último caso se denominan: compresores, turbocomprcsores
y ventiladores. Su manera de actuar se basa en que la forma más
económica de transportar fluidos es mediante tuberías. Intercaladas
en la tubería por la que tiene que circular el fluido, le proporcionan
la energía necesaria para su desplazamiento, aspirando por un lado
e impulsando por el otro. Crean, por tanto, una sobrepresión en la
tubería a la salida de la bomba y una depresión a la entrada. Dejando
aparte el efecto de la tubería, puede decirse, en su más amplio sen­
tido, que el objeto de una bomba es transportar un fluido, liquido o ga­
seoso. de un minio a baia presión. a mro en el rual la presión es más
elevada.
Estamos, pues, en presencia- de un fenómeno inverso al de las
máquinas,motrices, con das cuales las bombas tienen grandes analo­
gías, incluso en su construcción. Se dividen también en dos grupos
principales: ,
1. ° Bombasi’ de pistón q corupreserrés, de efecto inverso al de las
máquinas de columna de aguaique ya no se utilizan) y al de las má­
quinas de vapor. La característica de estas máquinas reside en el
pistón, el -.cual, al moverse alternativamente dentro del cilindro, pro­
duce la presión necesaria para el desplazamiento del fluido.
2. ° Bombas centrifugas n Inrlmmmprpsnrrs. de efecto inverso al
de las turbinas hidráulicas y de vapor, respectivamente.
Fuera de estas dos grandes categorías de máquinas, existen otras
de menor importancia, y que no tienen su correspondencia con máqui­
nas motrices, debido a que reúnen en ellas la acción motriz y la de
elevación; como, por ejemplo, los aparatos de chorro, los arietes, las
bombas de emulsión de aire y agua, etc.
La presente obra trata de las bombas centrífugas para líquidos
y de los turbocompresores para gases. Salvo en los casos que ce ir.q¡
cará tnHnc inc estudia y razonamientos se refieren al agua en el
de líquidos y al aire en el de gases.
u n las Dombas centrífugas y en los turbocompresores. la energía
es proporcionada al fluido por la rotación ~
provista de álabes. Por efecto de la acción
sufre simultáneamente un aumento de presión y de velocidad. Para
que este aumento de velocidad sirva también para aumentar la pre­
sión. ,sfr rodea el rodete móvil con uno o varios canales fijos, de sec-
1. P fleiderer : Bombas centrífugas.
\
Introducción . Introducción
2
clon creciente. y que, por tanto, transforman la velocidad en pre­ fijada; pero sus proporciones pueden ser desfavorables y su rendi­
sión. El conjunto de estos canales, que forman parte del cuerpo de miento malo. Para evitar estos inconvenientes, se obtiene la altura dt
la bomba, ha recibida elevación deseada acoqlando varios rodetes en .e/»ry| de manera que dis­
el nombre de difusor. minuya la altura de elevación'eme debe proporcionar cada rnde.t,f .
Cuando el canal es úni­ este caso se acostumbra montar los rodetes en nn árbol único ffin
co, puede tener forma de Del mismo modo que es útil subdividir la altura cuando es muj
caía espiral y se desig­ elevada, se puede también subdividir el caudal cuando es muy im­
na generalmente con el porta rpte. Nos vemos
nombre de voluta. obligados entonces al
Las figuras 1 a 4 acoplamiento en para-
dan una idea esquemá­ reto de varios rodetes,
tica de las disposiciones que totalizan el cau­
posibles de los órganos dal (fig. 6). En este
de una bomba. El reco- caso, los rodetes ge­
F ig. 2. Bomba con en­
rrido del flúidcT en el neralmente son de do­
F ig . 1 rodete puede ser radial
Bomba rudial con difusor trada axial y salida radial ble entrada. Esta for­
sin difusor
centrifugo,! como eñ"Ta ma de construcción
figura 1. En este caso, las proyecciones de las trayectorias sobre un está siendo despla­
plano meridiano son simplemente radios dirigidos del interior al ex­ zada, hoy en dia, por
terior. Esta disposición es la nor­ los rodetes rápidos,
mal, puesto que la fuerza centri- según figuras 2 y 3. F ig . 5. Acoplamiento de varios rodetes en serie
fuga tiene el mismo sentido “que Todas las consi-
fa trayectoria riel finido v cnntrL- deraciones anteriores son aplicables por igual a los desplazamientos
•' iir _
huve a aumentar la nresiói^iLa dis­ de agua y a los de aire. Ambas aplicaciones se tratarán simultánea­
posición inversa—circulación radial mente, puesto que ello no ofrece la menor- dificultad, siempre que
centrípeta — es teóricamente posi­ se tengan en cuenta
ble, pero apenas se emplea, por los las siguientes obser­
inconvenientes de su construcción y_j i ­ vaciones :
para mayores caudales encontra- 1.a Siendo los
de su funcionamiento inestable. * P
mos corrientemente la disposición de la figura 2, en la que la entrada gases inásligeros que
al rodete es axial, y la salida radial, centrí­ el agua, para obtener
fuga, forma que corresponde a las turbinas con ellos una presión
Francis. Para los cases de gran caudal y determinada se pre­
n p rjiip n n a l t u r a rl7 n tp p rn v g ñ t a í a s cisa mayor velocidad
el recorrido axial (fig. 3). Esta disposición que con aauéll^ vTen
ha atraído la”atención de los técnicos, par­ consecuencia, mayor
ticularmente en los últimos años. velocidad tangencial
El fluido llega, generalmente, al rodete del rodete. Debido a F ig. 6. Acoplamiento de varios rodetes en paralelo
sin guia especial en el tubo de aspiración. las mayores tensiones
pero a veces es guiado en determinada di­ * • que sufrirá el material del rodete, no es posible obtenerlo por fusión,
rección mediante directrices situadas ante»; : ‘i como es corriente en las bombas hidráulicas. Ello obliga al empleo
de la entrada del rodete (fi^. 4). de materiales forjados o laminados, como primera materia para la
F ig. 4. Bomba radial con
Aumentando la altura de éIevacjóiL_Bara construcción de los rodetes. Esta limitación hace difícil o imposible
directrices a In entrada y un caudal determinado, se alcanza un limite• el empleo de rodetes de la forma de la figura 2. Todo el campo
difusor a la salida
por encima del cual no es conveniente nt.£ de aplicación debe ceñirse, pues, a 'rodetes de forma según las fi­
solo rodete. No obstante, es siempre posible calcular un guras 1 y 3, los cuales tienen buen rendimiento en el campo de los
lizar un caudales medios.
^ detT ’capaFde- dar un caudal y una altura dados, a una velocidad
Introducción

2.a F.l nona tirpr nn volumen constante, j^ero ,se_vaporiza. En


las bombas" se pueden formar espacios llenos de vapor en puntos en
que coincida una presión reducida con una gran velocidad, produ­
ciéndose efectos muy destructivos (cavitación).
F.n los gases debe tenerse en cuenta la comoresibijidad en el caso
de p resio nes altas. E n lugar de la cavitación nos encontramos con_los
tan pronto como en a.gun punto de la^a.-
r ripnte. se rphasa la velocicfaB del sonido.. La cavitación en el a&ua
v la proximidad de la velocidad del somdo en los gases constituyen
limites que no deben alcanzarse. Ambos aparecen en los mismos pun­
tos : Hnurie la corriente del fluido alcanza lo cálmente grandes veloci-,
dades.
A . R elaciones generales del fluido en la bomba
1. Altura de elevación H
La_dlíura de elevación de uno,_hümhíL de una significación aná­
loga a la tensión entre bornes de una dínamo, se define comn el inexe-
meníp de energía útil adquirido por la- unidad de peso del fluido a su
paso por la bomba_. Tiene nor'dimp.ñsmnes mPg/krr ñ m
que esta diferencia de energía no se confunda *"*
con diferencia de presión, y que no se mida
tampoco en unidades de presión. Se pueefe re­
presentar la altura de elevación /L-cómtfla al­
tura de una columna del fluido a clavar, Esta
definición es válida tanto^para el agua como
para los gases, aunqpe-da’ columna de ga§ se#
más densa en su parte baja (pága^^sB ^LLa
columna de liquido o gas tfáfe^tener, desde
luego, en uno de sus extremos, el mismo estado
que posee el fluido correspondiente a Ja entrada
de la máquina. Entonces basta con que, en el
otro extremo, el estado sea de condiciones igua­
les a las que han de promoverse.
^Para la determinar.inr) de )a a)fura de ele­
vación /Lele la bomha^. debe prescindiese d e jas
pérdidas, en las tu herías de aspiración e impul-
(^e la misma" forma que en las dínamos
se prescinde de las pérdidas de tensión en los r
cables de conducción), va que las canalizaciones
varían_según el emplazamiento de la bomba"y
F ig . 7. Representación
JH ,i.m M..I m . ... Y uu UCUCIIUCU ue ta
bomba _ni. de! constructor.„Eor el ennt.rarTn ción cié una bomba
tener en cuenta Lismérdidas prnniac ^ u m ^iiinn puesto
que, disntümygn lff nifrgjajítil comunicada al tlimln I ,„,u „i h».
mentó de energía H ha de estar disponible como' potencial útil
entre la entrada y la salida de la bomba, resulta que, en los gases v en
el caso de una compresión sin refrigeración, esta variación de estado
ha de considerarse adiabática.
6 Relaciones generales del fluido en la bomba

La altura de elevación así definida puede representarse, según la


ecuación de Bernoulli (cap. 7), como la suma de los incrementos de
presión y velocidad, y diferencia de nivel estático .
ch — c-i
H = ha + (1)
2g
Siendo hp de altura de presión, o sea, la diferencia de presión medida en al­
tura de fluido; o el trabajo necesario en mkg/kg de líquido o gas, para elevar la presio
de PIt a la entrada, a Pw a la salida. Por otra parte, c„ eu , en la figura, 7, son
las velocidades a la entrada y a la salida de la bomba, respectivamente, en m/s,
medidas en los mismos puntos en que se miden las presiones ; y es la dileren-
cia de nivel entre los dos puntos de medición en metros, siendo y positivo
cuando el punto donde se mide la impulsión esté más alto que el de la aspira­
ción ; g es la aceleración de la gravedad en m/s5.
En los gases, la diferencia de nivel y es despreciable al aplicar la
ecuación (1).
En los dos capítulos siguientes se estudiará más a fondo este
concepto de altura de presión hp, para líquidos y gases. Si la \ aria-
ción de volumen es despreciable—por ejemplo, en los líquidos ,
se tiene:
. _JV Pn ~ Pi 104
hp —
(P, p = presión en kg/m* y kg/cmJ, respectivamente; y = l/t> = peso específico
en kg/m*).
En la compresión de gases sin refrigeración, hay que tomar hp
adiabático, como queda dicho, porque en la definición de H se supone
un cambio de estado sin pérdida alguna (pág. 14). En el caso de existii
refrigeración, siempre incompleta, en rigor habría que tomar para hp
el trabajo de compresión necesario, en caso de no existir rozamiento;
por tanto, por ejemplo, un trabajo politrópico. Con todo, general­
mente es recomendable referirse a la adiabática (pág. 525). Solamente
se utilizará la isotérmica para la determinación del rendimiento
(capítulo 5).
La ecuación (1) es adecuada para la determinación de la altura
de elevación H mediante ensayos. Generalmente se conoce el empla­
zamiento de los depósitos de aspiración y elevación, así como las tube­
rías de unión, y partiendo de estos datos debe calcularse la altuia de
elevación. Obtenemos la correspondiente fórmula de cálculo apli­
cando la ecuación (1) al principio y al final de la tubería. Puesto que
la tubería no pertenece a la bomba, tenemos que añadir las pérdidas
de carga correspondientes al conjunto de .aquélla, resultando:
c"2— c'
H = h' + e + 4- Z (2)
~27~
en donde representan: , . . . . !r„
el valor de hp al pasar de P', en el deposito de aspiración, a P , en el de ím-
ptibion^, ^ Ja diferencia de nivel entre los puntos de medición de la
presión en ambos depósitos;
Altura de elevación H 7
c , c , las velocidades en los puntos de medición de ambos depósitos;
. =, .? ^as pérdidas de carga en la tubería (tramo de aspiración y tramo
de impulsión), excluidas las pérdidas en la bomba.
Generalmente, las» velocidades c' y c" son tan pequeñas que se
pueden despreciar, pudiéndose escribir:

H = hp -\- e Z (3)
La pérdida de carga Z comprende todas las pérdidas debidas al
rozamiento y a cambios de sección y de dirección, cuya determinación
se detalla en los capítulos 13 y 14, f). Su valor apropiado para las con­
ducciones técnicas de gas, puede calcularse, a partir de la pérdida de
presión, mediante la ecuación (67) del capitulo 14, f). Corresponden a
las pérdidas por cambio de sección, entre otras, las producidas en la
aspiración del depósito inferior y las ocasionadas al desembocar el
íinal de la conducción en el depósito superior, en todos aquellos casos
en que no existan conos de unión adecuados. El cono de unión en la
impulsión se recomienda especialmente en los casos de gran caudal
con pequeña altura de elevación.
La influencia de cada uno de los tres sumandos de la ecuación (3)
es muy distinta, según las aplicaciones. En la alimentación de calderas
o en el suministro de aire a presión a una red de ventilación, el tér­
mino más importante es el primero." Si el depósito de aspiración y el
de impulsión están a la pYesión atmosférica, como ocurre en los abas­
tecimientos de agua, este primer término es igual a la diferencia nega­
tiva de la presiónatmosférica entre el principio y el final de la conduc­
ción, y, por tanto, despreciable-ya .consecuencia,

H = e Z (4)
En las bombas que aspiran de los canales de riego, si la diferencia
de nivel e entre el canal y el depósito colector es muy pequeña, se
puede tomar Z como altura de elevación.
En el suministro de aire a la presión atmosférica — por ejemplo,
en los ventiladores—, el término e se compensa por la variación en
senLido inverso del primer término h'p, puesto que disminuye la pre­
sión barométrica en la aspiración. Por tanto, e + tí = 0, y en con­
secuencia, p
H = Z (4 a)
de forma que sólo hay que tener en cuenta la pérdida de carga en la
conducción.
En los suministros de aire a la presión atmosférica sólo hay que
tener en cuenta la diferencia 'de nivel e, entre los puntos de medición
de la aspiración y de la impulsión, cuando dicha diferencia sea consi­
derable.
En el suministro de aire (u otra clase de gas) a presión, a gran
diferencia de nivel — por ejemplo, en las minas—, se'recomienda tener
'si­
Relaciones generales del fluido en la bomba

en cuenta el término e de (3) (desde luego, con el signo conveniente),


puesto que la diferencia de ios pesos de las columnas de aire en la tube­
ría y en la atmósfera es importante. La compensación de las varia­
ciones de la presión atmosférica sólo existe en el caso explicado de los
ventiladores. Por ejemplo, la diferencia de nivel de 1000 m en la
atmósfera representa sólo una diferencia de presión de unos 0,11 kg/cm2;
en cambio, con aire a 7 ata., a consecuencia de su mayor peso,
representa una diferencia de unos 0,55 kg/cm2. Estas consideraciones
están comprendidas y deducidas de las ecuaciones (2) y (3), que son
rigurosamente exactas. En el caso de que el gas se caliente o enfrie
en la tubería, no existirá transformación adiabática, y en consecuencia,
no debe considerarse e como parte de un trabajo adiabático, sino que
hay que calcularlo debidamente aparte. Este caso es corriente en la
práctica. En una transformación isotérmica que puede suponerse rea­
lizada en caso de largas conducciones de gas, el cambio de presión
correspondiente a la magnitud e habría de sacarse de la expresión
relativa a la altura de presión isotérmica de la ecuación (17), mientras
que la pérdida de presión ocasionada por el rozamiento Z de la tubería
se deduce de la ecuación (67) (pág. 94).
Allura manométrica / / man. Según lo expuesto, la altura de eleva­
ción H no se medirá en unidades de presión, ya que el valor de la pre­
sión de la columna de 1 m de liquido varía según la clase de éste y es
proporcional a su peso específico y. En consecuencia, no debe confun­
dirse la altura de elevación H con la presión de suministro, es decir,
con la diferencia de presión entre los extremos superior e inferior
de la columna de líquido de altura H.
En las bombas hidráulicas se emplea, como medida de la presión
de suministro, la altura de elevación manométrica H man, que se ex­
presa en unidades de presión y generalmente en metros de columna
de agua a 4o C, siendo, por tanto, 1 m de columna de agua = 0,1 kg/cm2.
La escala de los manómetros está dividida adecuadamente en metros.
Debería, sin embargo, diferenciarse rigurosamente de la altura de ele­
vación H. Entre ambas hay la relación

H man (5)
1000
Solamente para el agua suficientemente fría es Hmau, = II.

2. El trabajo específico de aumento de presión n p


(altura de presión) en los líquidos
Representa, según la ecuación (1), una parte importante de la
altura de elevación.
El agua, como todos los líquidos, puede considerarse, en la mayo­
ría de los casos, como incompresible. Adoptaremos, para representar
el proceso, el diagrama P v , tomando las presiones P en kg/m2, como
El trabajo específico de aumento de presión hp en los líquidos &

ordenadas, y los volúmenes específicos v = l/v en m3/ke


especifico en kg/m3), como abcisas (fig. 7 a) Én estas condinnnpP i
curva de cambio de estado, se renrp^nM nnr n eSl? condlclones, la
que va de la presión inicial P, a la final P u° a ^ ^ . ^ t i c a l ^ A u
para dicho cambio de estado, por ki- E trabaj0 a sumimstrar
logramo de líquido, excluidas las
pérdidas, es el representado por la
superficie rayada A j A j j BC (que
concuerda con el diagrama ideal del
indicador en una bomba de pistón,
puesto que el trabajo, sin pérdidas!
es independiente de la clase de bom­
ba). El trabajo específico de incre­
mento de presión hp es, por tanto,

hp = (Pii — P j) v = -t-P-— Hl (6)

Si se toma como unidad degresión el a , ,


para las presiones p minúsculas, se tiene, por se'r = i°0. c"'” " 5

ha = 104
(7)

y =7fl00 PUra’ r t a n°rmal, en la que

n . ,A (7 a)

para l S q t f d o f l i g ^ ^ ^ T o s ^ t 0 EM oT'0 **,“ 'nay0r


* « i^üal superficie^ue el
es menor por ser mayor e lv o lu m e n ^ s p e d L ^ 510" f'" al alcan2ada

suponiendo la auLncla^rozam ientls!11"1611 "° Var‘a 'a temPeratura'

íionésf insienincante%SI“aT\empeIra\uraUsÍ noSrm a/UnCÍÓn de ,as variacio»es de pre-

Desde luego, las variaciones del Z s o « ~ ? ^ nA e.^ 0,umen a' rebasar los
mperatura son más importantes. pecifico debidas a las variaciones de
naciones ^el ^w T ^ sj^d fk o 0 deWda^sinfuUáí" tenerse e" consideración las va.
^ n p e r a t u r a , especialmente en la a lim e n ta c ió n T ía W e r ^ E n l^ g u ía F s? ? "

ade,((f S Í ”F S'Vy |T ™ » :FS hgE Íng8ngWroí f f ’ 2’ * « • « W l ) ;


() Mech. Engng., vol. 53, pág. 127 (febrero'\ 931).’ ’ ^ 132 (1931)‘
• 10 Relaciones generales del fluido en la bomba

I '

i1

Fio. 8. Variación del peso específico del agua con ^ presión según

de v* 4- A : v
El trabajo específico de aumento de presión hp en los líquidos 11

presentan gráficam ente los resultados obtenidos por K e e m a n ( s) en sus ensayos


pudiéndose obtener para cada presión y tem peratura el valor de y en k S
„„ i «.? A da el yalor de y en íunción de la tem p e ra tu ra, a condición de
que la presión sea igual a la tensión de saturación p¡ del valor de agua a la misma
tem p eratu ra. Los valores coi-respondientes (escala de la izquierda) se designan
por y t . La línea de trazos tí índica el peso especifico y para la m ayor presión dei en-
420 atJa,- Pa,ra P °der obtener los valores de y fuera del estado de
saturación, se indican las diferencias A y = v — y s en función de la presión y
de la tem p e ra tu ra, para presiones de 10, 50, 100, e tc ., a ta ., en la escala de la
tica Í225 s eaPtr )Sentánd0SC aShníSm° ,a 1Inea correspondiente a la presión crí-
1 E jemplo . Para 200 a t. y 250° (punto a), el valor de y es igual a la sum a de
las ordenadas de los p u n to s a y ¿(leídas, respectivam ente, en las escalas de la de-
H phm J nd?. la lz.^uierda)> o sca- Y = 16,7 + 798,5 = 815,2 kg/m». El aum ento
debido a la presión es, en este caso, de un 2 % de y¡.
fiocr,^0in0 *a com presión en las bom bas se efectúa ad iabáticam ente (siempre que
m ,!fr^ í em0S a ^ g n i f i c a n t e influencia del calentam iento debido al rozam iento,
5“,e J , i Z eZA qiíedaK sobradam ente com pensado por el enfriam iento superficial
r e i . f i . h. bom ba), se han representado con líneas de trazos las adiabáticas
e" sayos (con intervalos de 55,5° C, correspondientes a 100°
- Tai}iendo en cuenta la insignificante com presibilidad, se calcula
la a ltu r a de presión hp e n tre el estado inicial p, i<j y el final p„ t s u s t i t u y e n d o
* P Vi163,! r<:al de compresión por una linea vertical, en el diagram a /*-, qu¿ pase
aPd U aá t S 1S^ ’ correspondiente a y m (peso específico del p u n to medio de la
ad iabática). T om ando las p re sio n es^ n -k g /cm ‘,

hp = 10 000 (p „ — p¡) S L + "n . = 10 0 0 0 -4 - (P„ — Pj ) (— + — )


¿ w'/ Tul
íw 10 000 Pu — Pi en mkg/kg ó m.
ym
e n e rif ^ M P/n rS Í m d d?1 a3da Prov.oca a»a disminución en el consumo de
1 aPreciable en las altas presiones. Ejemplo : Resulta, para elevar agua
a 315» C, la presión de' saturación (107,8 at.) a 275 at., que y, = 678 kg/rrP
(punto e correspondiente al cfc'yj, = 43,6+ 654 = 697,6 kg/m3 (puntos d v f)
tomandrfon ™ 00° - M t<275 ~ 107,8)- (1/678 + X¿697,6) = 2436 m) mientras'qué
nnTf n L H-r °r C0,lSta^^e n?ara ^ ^ > r^ uTtad0 ^ ual a 2470 m; existe,
pues, una_diferencia de 1,4 %. fil«¿ui»nento de temperatura debido a la com­
presión es dd' = 9o C.
, ,.. ^ aumení.° de V disminuye de un modo considerable debido a que las adia-
fianr^SKSc-inCí?n£-n íuarteraente hacia Ia derecha entre las líneas A y tí de la
nrócnLS|eM UbieSe tomado'Como base, por ejemplo, una compresión isotérmica,
S . preSUmib,le -en caerP0S de bomba mal aislados, se hubiese duplicado la dife-
rencia con relación al cálculo corriente. (El enfriamiento del cuerpo de bomba
actúa como un ahorro de trabajo.)
No es necesario tener en cuenta la compresibilidad del agua para las pre-
^ m n i C°/TlenteS jn as calderas y las temperaturas del agua de alimentación. Por
2 aí de acuerdo con el ejemplo numérico IV del capítulo 50), se tiene, con una
temperatura inicial de 12o,5 C, una tensión de saturación de 2,4 ata. como pre­
sión inicial y como presión final 50 atm. (puntos g, h, i, k), resultando .una
de■hp para compresión adiabática de 0,014 %, y de 0,14 % para com­
presión isotérmica, respecto al cálculo corriente.
El aiie disuello en el agua fría no hace variar el peso específico
de esta. Por el contrario, es considerable la influencia de las sales
y ácidos en disolución. En el agua de mar 15° C, por ejemplo,
y = 1020 +- 1030 kg/m3
según el contenido de sal. En caso de que el agua lleve barro arena
o aire en suspensión— es decir, burbujas—, debe tenerse en cuenta
dicha circunstancia para el valor de y (i).
to riu 4 \ DI6'*105 Para Cl ensa^° de rendimiento de las bombas centrífugas. Edi-
12 Relaciones generales del fluido en la bomba *

3. El trabajo específico de aumento de presión hp en los gases


Los gases pueden ser considerados en las mismas condiciones
que los líquidos, para pequeñas variaciones de presión, como se verá
más adelante. Por lo general, deberá tenerse en cuenta la variación del
volumen específico y emplear, en lugar de la ecuación (6), la siguiente:
^ii
hp =
vdP (8)
Pi
que resulta al sustituir el intervalo finito de presión por el infinita­
mente pequeño dP . La expresión vdP representa la superficie ele­
mental a b c d del diagrama P v (fig. 9). Que la altura de presión
pueda ser considerada como una co­
lumna de gas de hp metros de al­
tura, lo demuestra la consideración
siguiente :
Supongamos que la columna de
gas tiene una sección 1 y considere­
mos un segmento infinitesimal, de
altura d hp, perpendicular a ella. Si,
pues, en el extremo superior de este
elemento existe la presión P, ésta re­
sultará aumentada en su propio peso
en el extremo inferior del elemento ;
por tanto, será :
F i g . 9.Diagrama pv para distintas
clases de compresión. Ahorro de trabajo
Al A 'n A ii debido a la refrigeración dP = ydhp -

de modo que d h p — v d P. Esta magnitud y d P es, evidentemente,


igual a la superficie elemental a b c d de la figura 9, o sea, igual al inte­
grando de la ecuación (8). Según esto, la altura hp de la columna de
gas representa el valor de toda la superficie de trabajo C A jA '^ B C;
por tanto, el trabajo de compresión por kg entre los límites de pre­
sión dados [a lo cual hay que añadir, además, los dos términos de la
ecuación (1) para que resulte toda la altura de elevación H], puesto
que la columna de gas ha de hallarse en las mismas condiciones de
refrigeración prescritas al definir H ; esto es, hay que tomar por base
el proceso ideal. . c 0.* <
ai no nay aumento m disminución de temperatura, se produce
espontáneamente la transformación adiabática. Respecto a la pre­
sión y temperatura, la columna gaseosa ha de encontrarse, en su ex­
tremo superior, en el mismo estado que posee el fluido en la aspiración
de la máquina en el proceso ideal. Entonces basta con que en el otro
extremo el estado sea de condiciones iguales a las que han de ser pro­
movidas.
El trabajo especifico de aumento de presión hp en los gases 13

Puede objetarse que la altura^e la columna gaseosa depende de


y — Qt}i en donde q es el volumen"específico, y, siendo, por tanto,
función de la gravedad, ha.de variar en campos gravitatorios diferentes.
La explicación de ello es que la energía hp ó H se refiere, por defini­
ción, a 1 kg de peso (kilopondio), y no a 1 kg de masa; de modo que
también depende de la gravedad.
a) Fundamentos de la Termodinámica. En los gases y vapo­
res, el volumen depende considerablemente de la presión y la
temperatura. Para los gases perfectos rige la siguiente ecuación de
estado:
P
P v = — ~ RT (9 )
y
En la cual, R representa la constante del gas en mkg/grado-kg; P, la presión en
kilogramos por metro cuadrado; v = 1 ¡y, el volumen específico en metros cú­
bicos por kilogramo; T ~ 273 í, la temperatura absoluta en grados Kelvin.
Entre R y los calores'específicos cp y c„, a presión constante y
volumen constante, respectivamente, expresados en kcal/grado ■kg,
existe la siguiente relación : "* ‘ " ’

R = ' j - (Cp ~ co) = 427 (Cp — c0),

pues R significa el trabajo'de expansión ejecutado al calentar 1 kg


de gas a presión constante. .
T abla I. Peso específico y'calor especifico de los.gases'a 0° C y 7SO mm de columna
de m&'eMfto *r ‘

Constante R Peso Calores específicos


de los gases específico kcal/grado-kg
mkg/grado-kg kg/m*
C
-P
A ire .............................. 29,27 1,2928 0,240 0,171
Oxígeno......................... 26,49 1,4290 0,219 0,1568
Nitrógeno .................... 30,26 1,2505 0,2482 0,1774
Hidrógeno..................... 420,75 0,0899 3,400 ■ 2,415

Los valores de R indicados en esta tabla varían algo con la pre­


sión y la temperatura, siendo las variaciones tanto mayores cuanto
mayor es P i1). Para presiones de 20 at., dichas variaciones son para
el aire y el hidrógeno del orden del 1 %, y, por tanto, despreciables
en los turbocompresores. En las cercanías del punto de licuefacción
nú deberá emplearse la iormula (9), sino el diagrama de Mollier iS.
Hay que considerar la dependencia del calor específico de la tempe­
ratura, siendo, en los gases considerados en la tabla I, cp a 100° C
un 1,5 % mayor que a 0o C. Para el aire, el valor medio de cD, entre
20° y 100° C, debe tomarse igual a 0,242.

(0 Véase H. Hansen : BWK, vol. 3 (1951), fig. 1, pág. 38 ; además, H. Stier-


lin : Escher Wyss Mitt. 1941, pág. 34.
14 Relaciones generales del fluido en la bomba *

Según el primer principio de Termodinámica, en la compresión


real de un gas, tanto si se efectúa con pérdidas como sin ellas, se
cumple la siguiente igualdad :
f fti/427 = i„ — i, + ■ q (10)
Calor equivalente al tra- = Aumento del calor in- — Calor cedido al exterior,
bajo interno de compre- temo del gas (o de la es decir, al agua de re-
sión por cada kg. de gas entalpia) frigeración
En la expresión anterior no se tienen en cuenta las variaciones
de velocidad y posición. Tomando un valor medio de c^, se tiene
1n — h = cp (hi — h)-
El trabajo empleado en la compresión se manifiesta exterior-
mente, parte por un aumento de temperatura tu — 1¡ y parte en una
cesión de^áp&r q al refrigerante o al medio ambiente. Todo proceso
de compresión va unido a un aumento de temperatura, el cual puede
disminuirse más o menos con una refrigeración adecuada. Represen­
tando el trabajo de compresión, como de costumbre, mediante el
diagrama P v (fig. 9), la linea de compresión es tanto más baja cuanto
mayor es el enfriamiento, ya que el volumen especifico v, para una
presión P constante, es, según (9), proporcional a T. La curva A 1A¡1
representa la compresión adiabática, mientras que la A l A lI corres­
ponde a la politrópica, y la superficie rayada Á¡ A n A ;; representa
el trabajo ahorrado gracias a la refrigeración. Este ahorro es tanto
mayor cuanto mayor es la relación de compresión, evitándose, además,
temperaturas tn elevadas que comprometen el buen funcionamiento
de los compresores.
b) Los ciclos más importantes en el compresor sin pérdidas in­
ternas. Es menester considerar el proceso de la compresión, en dife­
rentes grados de refrigeración, en el supuesto de que no se producen
pérdidas por rozamiento y otras causas en los gases en movimiento,
pues el concepto de altura de presión se refiere al caso exento de pér­
didas.
a) Compresor sin refrigeración. Si prescindimos de las pérdidas,,
la compresión es adiabática, es decir, sin pérdida ni absorción de calor.
La línea de compresión tiene en el diagrama P v la forma correspon­
diente a la ecuación
Pv* = p1vvI (11).
en la que el exponente x puede considerarse constante para cada gas,
para las temperaturas a que trabajan los turbocompresores, pudiendo
admitirse los siguientes valores :
Para gases biatómicos, es decir, H „ 0 „ N„ aire, etc. . . . y. = cp¡cv = 1,4
Para vapor de agua recalentado .......................................... x = 1,3
Para vapor húmedo, de contenido específico de vapor i. . x = 1,035 -f 0,1 x
El trabajo de compresión haú por kg de gas, es decir, la altura de pre­
sión adiabática, viene representada por la superficie A 1A ’II BC, que
puede subdividirse en superficies elementales abed — v • dP (fig. 9)~
El trabajo especifico de aumento de presión lip en los gases 15

Sustituyendo v, en la ecuación (8), por su valor deducido de (11),


resulta la altura de presión adiabática, integrando entre las presiones
inicial y final P¡ y Pn :
Pj1
í I dP
/i»d= | u d P = v,P \i' | -pj^
P1 Pj
y resolviendo la integral :
X - 1

(12)
í* — ir r r ^ lft)
o relacionándola con la ecuación (íJ), y designando por p las presiones
expresadas en kg/cm2 :
X - 1 X - 1

^ad — R T , (— ) ’ - Pu_
_ CP 'V
— 1 (12 a)
a— 1 Pj ' ~~Ah Pl
siendo A — 1/42/ el equivalent^mecánico del calor. Para aire a la
temperatura normal (con cp = 0,242 kcal/grado • kg) tenemos:

— — f « = 4 L = 103.
x—1 A ,.--*'
El diagrama P v, empleado has^.ahora, nos sirve para conocer
el trabajo necesario para una ,compresión. Si se quiere tener una idea
sobre las temperaturas..que se alcanzan #.
y sobre las cantidades de calor in ^ r o o ^ f f 7"
transformadas, hay que utilizab$H3iagra-
ma T S, en el cual las ordenadas repre­
sentan temperaturas absolutas y las abs­
cisas entropías (*), y en el cual deben
dibujarse también, según M o llie r , las
líneas de igual presión p (isóbaras) (fi-
^gura 10). La adiabájúca es una paralela al
eje de las T, por ser uña línea de entropía
constante, y va desde el punto A j (corres­
pondiente al estado inicial de presión p1 y
temperatura absoluta T j) hasta la linea
isóbara del estado final pJIt es decir, hasta Fio. 10. Compresión adiabá­
el punto A}j, obteniéndose la temperatura tica en el diagrama TS
final correspondiente T'n = 273 -f t'u .
[ En el caso presente, sin refrigeración, o 0, reduciéndose la
Vecuación (10) a v

---- (t'll— tj) (13)

• concepto de entropía puede concebirse como arado de desoraani~a-


ión. Con entropía creciente pierden valor las cantidades de^calor a considerar
jg Relaciones generales del f1úido en la bomba

La expresión (13) se representa en el diagrama TS por la superficie


A 'u A h C C . Introduciendo el concepto de contenido de calor
(entalpia) i en kcal/kg, la ecuación (13) se reduce a
(U )
fiad — (i/I L'í

expresión que tiene la ventaja de ser también aplicable a los vapores.


También puede obtenerse directamente el trabajo de compresión
adiabática mediante los diagramas de Moliier iS, que pueden adqui-
' rirse en las librerías técnicas, para diversos gases y
vapores. En dicho diagrama, el trabajo adiabático
viene dado por el trozo de ordenada comprendido
entre el estado inicial A j y la isóbara correspon­
diente a la presión final Pn (fig- 11)> expresado en
kcal/kg. Este procedimiento debe emplearse, en es­
pecial en los vapores, en los cuales cp y cy varían
muy sensiblemente.
“ El trabajo empleado para cada kilogramo
de gas, se expresa en mkg/kg o en metros de co­
lumna del gas, por lo que se designa también por
altura de presión.
F jg . 11. Compresión El incremento de temperatura A íad = *// — */
adiabática en el dia­
grama iS
puede obtenerse, para los gases y vapores, del
diagrama i S de Moliier. Para los gases emplea-
remos la siguiente expresión:
A (15)
A íad = t'n — rí = — (¿íf — rí) ~

tomando para c el valor medio. Para el aire resulta: A fad — /ía<a; 103.
Igualando las expresiones (12a) y (13) resulta:

U = T; !i Bll- — 1; (15 a)
A /ac rí/
Pi
8) Compresor con refrigeración total. En este caso, la tempera­
tura del gas Tj es constante. La compresión se produce según una
isotérmica que se representa en el diagrama T S por la línea Aj/,
paralela al eje de las S (fig. 10), y en el diagrama P v (fig. 9), al ser
L . i„ / m r > .,_____________________ _ D „ n n r nnn hm p rh n ln e n tu m ­
en_________________ - ------- i i- í
tera A j A"n . La expresión (10) se reduce a
AhlÍ A h i s = q O6)
¡Todo el trabajo de compresión se va en calentamiento del agua de
[refrigeración. Esta cantidad de calor aparece representada en e la-
gram a-TS (fig. 10), en kcal/kg, por el rectángulo A j A j/C C ; en
El trabajo específico de aumento de presión hp en los gases 17

el diagrama Pv (fig. 9), en mkg/'kg o m, por la superficie A r A f BC


que en los gases permanentes vale:

W =- P , o, !n £ ü - = R T¡ In £ u . (V)
Pr Pj
Esta es la altura de presión isotérmica. El trabajo de compresión
ahorrado por la refrigeración es igual, en ambos diagramas, a la super­
ficie A j A " u A ' } j . 1

Para tener una idea numérica de ío expuesto hasta ahora sobre


la compresión isotérmica y adiabática de los gases, calcularemos a
continuación algunos valores correspondientes al aire, con R 29 V
y y = 1,4, para una temperatura inicial de 20° C v varias relaciones
de presión pn lpi-
T abla II

Pilipi 1 1,4 2 3 4 6 8 10 . 25
Óad = 0 3050 6530
0
Ó

14 650 20 150 24 450'


OO

8 1001 45 500' m
= 1 1,055 1,095 1,149 ; 1,232 1,31 1,372 1 1,42 ; 1,649 i —
t¡¡ -■ lj == 0 29,6 63,4 ,-105-y 142,2 195,5 237,5 1 273 442 : grado
Las alturas de presión hp = Aad que se tienen que alcanzar son
considerablemente mayores que en las bombas hidráulicas. Los valo­
res had¡his muestran que el
ahorro obtenido con la re­
frigeración completa e s'
perceptible ya para pe7„,
quenas relaciones^4e- pre­
sión y crece rápidamente
al aumentar dicha relación.
y) Compresor refrige­
rado parcialmente. En es­
te caso, que es el corriente,
supondremos que las pér­
didas de calor por refri­
geración son uniformes a A u m en to
lo largo de la línea de com­ del calor
Cufor d
d el aíre
presión A j A jj . Esta con­ COmpri- ,por el y t
dición es la que encaja me­ mido; Úna v ,
de rey

jor con la ley politrópica CpfTz-T;) \ y qr A


pvn ~ pjvj. Las transfor­ t\
maciones adiabáticas e iso-
lcimicas son casos particu­ L“
lares de esta ley, para Fra. 12. Compresión poli trónica
en el dia gra m a T S
n = y ó 1. Es evidente
que d exponente n está comprendido entre 1 y y., debido a la refri-
gei ación incompleta. La línea de compresión vendrá representada entre
la adiabática y la isotérmica (figs. 9 y 12), y en el diagrama TS es
casi una recta. En el diagrama TS aparecen perfectamente definidos
2. P f xe id e re r : Bomb as centrífuga s.
•-
lg Relaciones generales (leí «úido en la bomba

,
trapezoidal A ,.4 ,j
dos sumados de,(10) e„ {a
CC representa incremento del calor in-

s r “ ™ ¡ " s e « • " , *

la superficie A 1A 1IA 'II, y el suplemento de trabajo necesario respe

3 13 ¿S,°“ ' r A X e s ^ V , íi p r e s ta n
de r : x " s t0(12) r a “ ¡¿ ad.ábátid' sustituyendo en
ellas x por n, resultando:
n —t n—1
Pn ( 18)
Pj í -11 = R T¡
V i - „ _ i ?1 l’J [l Pj n — 1 Pi

ii-i
Pu (19)
1u i, = T,
L\ Pi
Al utilizar el diagrama i S de Mollier, no hay que olvidar el calor
absorbido por el agua de refrigeración, siendo, según (10).
i ,. (20).
^Ipol ^ W 9)

¿) £/ íraba/o por m3 de gas aspirado, o sea, ^


hM\lv¡, hi,¡v¡, hVo\ vi>
no depende de la clase de gas, según se desprende de (12). (17) y O»),

las presiones inicial y final.


£) Fórmulas aproximadas p a r a >'
nes de elevación, como las P:fjc.irse jas anteriores expresiones. Si tomamos,
Tnvoz"di t a f f i ó n S e'co m p resL p „/p „ la relacidn entre P „ y •» Pres‘on
inicial p„ tenemos: ____ _ Pll ^
Pn (21)
Pn — P/
y = — PT " P
víx - i ) / x_n „\(x-O/* de (12), según la fórmula
SeteWn"SS“ dñ ilrrJSíeTníftíí^'ae tiene" «Preciando los términos = partir del
cuarto, la siguiente expresión, en vez de la (12 ).

Pad
con lo que podemos conocer A /ad por medio de (15). i/, o/0 hasta p„lpj = 1.4,
Los erfores. con x = 1,4, alcanzan como máximo
y para PjjIPi «= 1,5, el -r 1 /o-
Pérdidas y rendimientos jg.

« * p J,ta ™ 7 ° c o r ^ nuevamente ta

hud = (P jj P j ) Vj = £ ¿ l — p i 1Q« P¿L~ Pj


Yi yji
V (23)
su stitu ir laPvcrdadera superficie ^ uenUtadores- Consiste en
El error es para p „ — p , „ dJ° a b c d ?or el rectángulo a b‘ c ti (fig. i 3).
150 kg/m* ó mm de colum na de
agua, + V, % ; para 300 mm
de colum na de agua, -f- 1 o, .
Si añadimos el segundo
termino del paréntesis de Ja
expresión (22), tenemos sufi­
ciente exactitud, a menudo,
para las máquinas soplantes de
^ un S.°J° elemento. Esta aproxi­
mación consiste en tomar como
superficie de trabajo el trapecio
<ib cd siendo a b’ la tangente
en a a Ja adiabática. E] error
alcanza como máximo — >/ °/
liara PlllPj = 1,17 y — { ó?
para Pn¡P í => 1,24.
pomropica, sustituyendo x por n. l“u,uien c u tía s para la compresión
va loreshña^ / ^ e^ j C/a^ y ^ Cag^Ujr”s ^ ^ ^ e^ ^ n^ ^ es práctico tra z a r las curvas de los
la página 501 la labia de valores de u. re,ación de presiones Pl//Pj. Véase en

Pérdidas y "rendimientos

,aS La P o tíd a yZ m< $


A e x p75r e s a n d o el caudal elevado Ven m’/ s y la altura
de elevación H en m

a íif c lp s j S S S s
' f h H a.'tuPr 7 tr c ea,adeb0e ^ :
,a b» ¿ » -¡siiese ninguna Pr°dUCÍrfa

O sólo in^SctamenfeTeñ^teáltu'ra d?eWactón0tEntreUt

fluido pase de la imnulsión i* • *.? riacen


^ que parte
“ del
pérdidas del mismo tipo son debidasTh'falta 6°r pág' -95)' 0tras
estopadas, y, en ciertas formas constmc ^ s a T o T r ^ ‘Je laS
compensación de, empuje axial (caps. 09 a 103). ¿elido X i "
20 Relaciones generales del flúido en la bomba

pérdidas volumétricas, Vsp, el caudal suministrado por el rodete debe


ser mayor que el caudal a elevar.
Existen otras pérdidas, debidas al rozamiento del rodete con el
flúido. Este rozamiento absorbe una potencia .Yr, que podemos eva­
luar en CV mediante la fórmula (87 a) (cap. 15, a). Finalmente, se
producen también pérdidas (no tanto en las turbinas) a causa del
•^■torbellino que se forma por la corriente de retroceso, debida a la dife-
.¿,,>v*,¿rrencja ¿g presiones entre las dos caras de los álabes"(cap. 80, b). Estas
*.7vc¿¿^érdid£rtienen el mismo carácter que las del rozamiento del rodete
. _ y exigen, por tanto, una potencia suplementaria N a en CV, que
J tiene mayor importancia cuando la bomba trabaja a caudal inferior
al normal (pág. 390). En el funcionamiento a caudal normal, estas
úx-7 pérdidas debidas al torbellino pueden despreciarse. Por otra parte,
*7 lo no hay fórmulas para su cálculo. (En los rodetes con álabes cuya
arista de entrada es oblicua [fig. 235 a, pág. 112], dichas pérdidas por
rrT-ít^ei torbellino de retroceso tienen también efecto en el lado de entrada
S del rodete, por lo menos cuando el caudal es inferior al normal.)
Todas las pérdidas relacionadas se llaman pérdidas internas de
la bomba y tienen como característica común el proporcionar calor
¡¿.¿X -al flúido. Debido a esto, desempeñan un papel importante en los gases.
, r Añadiendo a la potencia útil la absorbida por todas estas pérdidas,
yLLA' r-tendremos la potencia interna en CV.

N,= (V + V,„) f/„, + ,Vr + .V„ (24)


/D
El trabajo //, correspondiente a esta potencia .Y(, por kg de
flúido elevado, se denomina trabajo interno especifico o altura de
elevación interna, v es:
73 .V, ^ m» ,S Nr + K
/ o -------—---- (25)
Hi = = IH - H lh
y V V
— //lli H" Z,p + Zr + (25 a)
siendo
7 — ^ SP / / til.
— V
yv
75*v' yv
z =
75 Na
(25 b)

el trabajo específico absorbido por las pérdidas volumétricas, de


rozamiento y de transformación, respectivamente.
Finalmente, existen las pérdidas externas (mecánicas) importan­
tes, corresponden o1 rn7omipnto de los cojinetes y prensaestopas,
rozamiento de los platos de acoplamiento con el aire, etc. t i vami
engendrado por estas pérdidas no acostumbra pasar al flúido, ex­
cepto una parte del calor de rozamiento de los prensaestopas. Lia-
mando N m en CV al conjunto de estas pérdidas, la potencia total
necesaria en el acoplamiento (potencia en el eje) en CV será:

H = ^ + Nm = (V + V.p) Hth + Na + N r + Nti (2b)


Pérdidas y rendimientos
21

Cimientos : ” C°n ÍSt3S pérdidas se distinguen los siguientes ren-

o» “ ,a rdaci6n entre ,a altura H


H H
}lh
tf.h N +Z. (27)

elevado V y el que V c “ r'el’ X l o r d e , " Caudal


^'sp •
Vo V 1
v + v , sp
1 + y sp/v (28)
que ‘¡ene e„ cuenta las pérdidas volumétricas.

Útil N„y la potencia Á^Tmnímitkla^Dor í ' 1®?6" entre la P°tencia


interna) y que se diferencia de la Doteíe' * ™?et.e al flúido (potencia
» . p« « A s i s t a ;

7/
r/r = *JL
^ : Ni
F , . . ...... • - - <29)
•ste rendimiento tiene en'Vnpnf-o i i
decir, todas lasque-* transform anen^,aA M - P érdid“ internas, es
. d) Kendimiento m e c á n ic o s ^ ',? i f ’T ?? comunica al flúido.
mternq A 1,y |a potencia en e U j f w rc,aci0n entre <a Potencia

l¡m Nj __ N { - N
y N; (30)

e)1^*Rendimiento totál^qu e ^ la^elTc^éf n 1CaS‘


y Ja potencia en el eje: relación entre la potencia útil y

N¡ y VH__
-V«. y (v Kp)/^th + (-Vr y . m) *ó
1
f (31)

potenca en e, eje. En múquinas de « a ^ r ^ l S n ^ & £


22 Relaciones generales del fluido en la bom ba
a

ii un 1 %. N a es sólo apreciable cuando la bomba trabaja a caudal


reducido.
Relaciones entre r¡h y r¡. Puesto que él rendimiento manométrico
tiene que calcularse a partir del rendimiento total r¡ obtenido en los
ensayos, teniendo en cuenta las pérdidas volumétricas, y las de roza­
miento del rodete y de los cojinetes, vamos a deducir una relación
entre r¡\x y rj, después de despreciar las pérdidas .Ya, que tienen escasa
importancia para el caudal correspondiente al rendimiento máximo.
Pongamos:
V: 1____ 1 y —_ 11L
X_r
y —
<9sp —
v sp _
vr „ ---- \r ’
= ^ = (32)
V Vu N
y se tendrá:
X. 4- X ATr + Nt 1 n
Nn ii N = ~ tU
Introduciendo este valor en la expresión (31), con = 0 , y despe­
jando rjh = H¡Hth, se obtiene:
1 4* ssp

I
1 4 - C&p (33)
rlh
1 — (Cr + ím )
n = yJIm _ *rr

V = rlh rlv (Vm ~ *r) ^33


«r.
En el capitulo 30 se indicarán datos numéricos sobre rendimientos
i.' totales de bombas hidráulicas y ventiladores, y en el capítulo 110, b, so­
.Ü bre turbocompresores. En la compresión del aire con grandes i elaciones
de compresión, hay que tener en cuenta, para determinar el rendimien- .*<
to, la clase de refrigeración, según se detalla en el siguiente capitulo. *,*

5. Rendimiento adiabático e isotérmico del compresor


n Los rendimientos r¡¡ y r¡ deducidos en el capítulo anterior son
- aplicables a las bombas hidráulicas y a los compresores sin refrigera-
jción. En los compresores refrigerados se podría introducir, en la expre­
sión de la altura de elevación H, el trabajo de compresión sin pérdidas,
por kg, es decir (en el caso de poder tomar por base una transforma­
ción politrópica), el valor /ipoi de (18) ó. (20). Entonces no aparecería
en la expresión del rendimiento la clase de refrigeración.
A fin de facilitar una comparación sin limitaciones entre las dife­
rentes clases de construcción debidas a la clase de refrigeración, se
toma como base un proceso uniforme y se escoge para ello la compre­
7¿JSS> sión adiabática o la isotérmica/ Deben distinguirse, por tanto, las dos
siguientes clases de rendimientos, siendo Gs = y V el caudal en kg/s.
a) Rendimiento tf¿tal adiabático (*), que se utiliza para los com-
t- ^ ^ ^ p r e s o r e s sin refrigeración:
l; u fv (l) Estas denominaciones se han tomado de VDI-Verdichterregeln DIN
4 1945, Editorial YDI, Berlín, 1934.
El verdadero proceso de compresión

GSH
>/ad k ~ 7^ ^ (34)
Siendo H, según la expresión (1), en la que y = 0, como puede admi­
tirse para todos los compresores,
H = *ad + — ~9 ' 1 (34 a)

Este rendimiento total del compresor sin refrigerar es idéntico al ren­


dimiento total del capítulo 4.
b) Rendimiento total isotérmico (x), que se empleará para los
compresores con refrigeración :
G,His
Vis -k (35)
75 S
Siendo

Hu ~ h[s + ~'' 2 g Ll (35 a)


deducido /iis de la expresión.-^?)-. En las fórmulas (34 a) y (35 a) puede,
por lo común, despreciarse el término correspondiente a las veloci­
dades.
Los correspondientes rendimientos internos yud y yit _ t se obtie­
nen de las expresiones (34) ó (35L-sustituyendo N por = A7 o
dividiendo el rendimiento*tótal por,ym.
En un mismo.-compresor, es' naturalmente, >;i8 < yud. Existe
también un rendimiento isotérmico de \$. compresión adiabática,
Vis = ^is/^ad- La tabla II (pág. J¿),»np¿vdá "los valores recíprocos de
este rendimiento. ,
La temperatura del agua de refrigeración tiene también influen­
cia sobre la clase de refrigeración. Si existe una diferencia de tempe­
ratura entre el agua y el gas a la entrada, hay que tenerla en cuenta
en la elección de T¡ para determinar H¡s con la fórmula (35).
Las expresiones (34) y (35) sirven también para el cálculo de la
potencia necesaria A7, si se tienen valores experimentales de i¡; es
decir, *7ad _k y r¡ls_ k, respectivamente (cap. 110).

6 El verdadero proceso de compresión en ausencia


de refrigeración. El rendimiento politrópico
Si no hay aumento ni disminución de calor y puede hacerse abs­
tracción del enfriamiento en la superficie del cuerpo del compresor,
en la ecuación (10) q = 0; por tanto, laApresión interna con oases
permanentes es: t U « fa
h¡ = 42' (h i ~ ti) (3G)
o, en general, y por consiguiente también tratándose de vapores:
h = 42~ (h i — O) (36 a)
y con ello, el rendimiento interno, en el caso de Ser c¡ = cn :
24 Relaciones generales del fluido en la bomba
Y
S
H _ fiad _ t'll— h (37)
r" - i r , - -h¡
o, según la ecuación (15 o):
/ ' — - . '¿y
( PniPi ) * — l" (37 a)
TjtITj - 1
o bien
i'// — l i (37 6)
=
; / — *;
Es posible, según la ecuación (37), determinar el rendimiento de
compresor no refrigerado, para gases permanentes— por ejemplo, el
aire—, midiendo simplemente el aumento de temperatura iu — tj a
la salida, respecto de la temperatura de entrada. El aumento adia­
bático de temperatura i j j — tj se deduce de la relación de pre­
siones PjjIPj, según la ecuación (15 a), o bien se saca^de una tabla
de entropia, en el caso de no servirse de la ecuación (37 a) ó (3 )•
Si se trata de vapores, los valores de i se toman de una tabla iS de
Mollier, determinando los valores de las temperaturas y presiones me­
didas, la presión al comienzo y al final según la tabla, por más que,
en la práctica, esto es sólo factible tratándose de vapor recalenta o.
Gracias a este sencillo procedimiento se obtienen resultados muy satis­
factorios, a pesar de no tener en cuenta el enfriamiento producido en
la superficie del cuerpo del compresor.
Con las bombas hidráulicas puede aplicarse, en principio, este
mismo procedimiento para determinar el rendimiento por medio de
termómetro, a pesar de la incompresibilidad del flúido. No obstante,
no ha sido posible introducirla allí, porque la altura de elevación es
menor y mayor el calor especifico, y por esto la diferencia de tempe­
ratura positiva t¡j — que ha de medirse, es mucho menor que en e
compresor (x).
En la compresión sin refrigeración, el proceso no es adiabático,
a causa del calentamiento suplementario del gas por el calor de las
pérdidas, por lo cual, en el diagrama TS (fig. 14), la curva de estado
A j A jj se desvía hacia la derecha de la adiabática A¡ A;/, debido a
que aparece el suplemento de calor A Z, o sea, la superficie sitúa a
debajo de A j A; j . El suplemento total de trabajo con respecto a la.
nfjjnhntir.n viene representado, según (36), por la superficie situada
debajo de A'n A 1u que está compuesta por la superficie A IA I1 CC
= a z icaiur ue ruzaiineuioj y ia rxjn.jjn.jj — •** ** j 1. ■
trabajo de compresiórvffirÉste es preciso, debido al calentamiento

tít
fv
.
|
V í / 1-
del gas por las pérdidas. La adición de calor actúa inversamente a la
refrigeración, explicada en la página 17. El trabajo efectivo de com-
(») H. WiLLMEn: Estudios termodinámicos sobre bombas centrifugas. Diser­
tación de la Escuela Técnica Superior de Brunswick,1931. K. J .
t ^ Procedimiento calorimétrico para determinar el rendimiento de las turbinas de
£j_yagua. Disertación en la Escuela Técnica Superior de Berlín, íyo/.
El verdadero proceso de compresión 25

presión está representado por el trapecio "C, independien­


temente de como se efectúe la compresión, es decir, tanto si es poli- '
trópica con exponente n mayor que x (cuyos valores pueden tomarse
de la figura 313, pág. 501) como si se produce según una linea cual­
quiera. De las dos partes Z y K del trabajo suplementario, sólo apa­
rece K ep el diagrama P v (fig. 15), pero no Z, que corresponde al roza- ífi'
miento.l/Es evidente que, en el compresor, el total de las pérdidas de 7
trabajo es siempre mayor que el trabajo gastado en rozamientos, ~

F ig . 14. Diagrama TS de im F ig . 15. Diagrama PV de un com­


compresor sin refrigeración, te­ presor sin refrigeración, teniendo en
niendo en cuenta el rozamiento cuentfi el rozamiento del gas
del gas

mientras que, en el fenómeno inverso — turbina —, la pérdida de tra­


bajo es siempre menor.¿pie- el trabajo de rozamiento, debido a la
recuperación de pop. parte del calor del Rozamiento durante la expan­
sión. Este fenómeno tiene como^wf&ítuericia importante que el rendi­
miento de un compresor será "tamo menor cuanto mayor sea la compre­
sión. En el capítulo 110 se tendrá esto especialmente en cuenta para
el caso de compresores de varias fases.
* Rendimiento politrópico. El mero trabajo complementario de

Ícompresión I<, que depende de la magnitud de la misma, hace que el


rendimiento adiabático deje de ser apropiado como índice compara­
tivo para juzgar de la bondad en la disposición de los álabes en dis­
tintos compresores. También se hace difícil la comparación con los
valores obtenidos con bombas para flúidos incompresibles. Pero cabe
determinar este índice añadiendo este suplemento de trabajo nece­
sario K al trabajo útil. Mas esto queda tan sólo justificado con el fin
|d_g_comparar la bondad de diferentes disposiciones de álabes. indermn-
jdjentemente^ de la cuantía del cambio de compresión, v entonces se
lybucucu vaiuies como si se iratase de líquidos incompresibles.
• Entonces hay que poner en la ecuación (34 a) la altura de pre­
sión hpol, de la ecuación (18), en vez de had. Si hacemos de nuevo
ri ~ cn> Ia altura de elevación politrópica será H po] = hpol:
n -1
n
n — 1 R (T„ - T,).
2(3 Relaciones generales del fluido en la bomüa ^

El rendimiento politrópico asi definido vale, por consiguiente.

OiiV. =
y/
„ u _
o, puesto que fí, = Á97 r (T
cp U u,, — T t), siendo 427 cf, =
1 V* ¿ — 1^ •
_f

' , _ _ [L _ Ü Z ll . (38>
(^i)poi _ n — 1 X
F.l expolíente n puede ser determinado a partir de las tempera^
turas medidas, pues7 H_ 1
T /j = f Pn ^
T, 1 Pi
de donde: , tv ir \
n—1 log (T// T^j)
log (P/i /Pí )
Introduciendo este valor en la ecuación (38) se tiene_ finalmente.
1 log (PulPl) (39)
(*Ji)pol log (T nlT j)
Este valor aplicable al compresor, es mayor que el del •
internóle la°ecuación (37). referido a la
aplica el valor recíproco de la ecuación (39), menor enion 4
correspondiente a ecuación (39) sirve
Por otra narte. ha de tenerse en cuenta que la ecuación ;
sólo ‘para gases permanentes v que aplicada a vapores.
fiCarE nTsTurunmsmc ^ derac,ones sobre compresores y turbinas de
gas no haremos uso alguno del concepto de re n d ^ ie n to ^ itró p ic o .
Éste es, sin embargo, citado con frecuencia en las no^efri-
S S S ta, —
e„

el ^Tratándose de'máquüias de varias fases sin refrigeración, el tra-


baio de conipresión adicional K, producido por un calentamiento de
ga a can r dPe7 rozamiento - lo mismo en * ™
tu rb in a s - , tiene una repercusión en el reparto del traba o totall f».
las distintas fases, de lo cual nos ocuparemos mas adeUnte (P 6^
ñas 500 ss.). El coeficiente ,u allí utilizado es igual, tratan
compresor, a la razón de J/poi a rU-
B. Principios de Hidrodinámica
Antes de seguir adelante con las bombas, queremos recordar las
leyes fundamentales de la Hidrodinámica.
La corriente que consideraremos será la permanente, es decir,
que en cada punto de la misma permanecen invariables la presión
y la velocidad. Por tanto, las líneas de corriente son siempre las
mismas, y el caudal V que circula por unidad de tiempo, a través de
una sección F determinada, es invariable, o sea : V = F c = constante;
siendo c el valor medio de la velocidad en la sección F (ecuación de
continuidad). También supondremos que la envolvente de la co­
rriente no está sujeta a ninguna jLceleración, por ejemplo, en reposo.

7. Ecuación de Bernoulli para líquidos y gases


En las corrientes permanentes, cada-paríicula tiene una energía
determinada, que para un líquido ideal,, sin rozamiento, se com­
pone de: , " r
a) Energía de posición,^‘"Proviene del pesq^,propio de la par­
tícula considerada, y seinlile por la altur^^d'éH a'partícula respecto
.a un plano de comparación horizq^jjiflí^ituado debajo de la misma.
Esta energía representa la posibilidad de trabajo o energía potencial
de 1 kg de líquido, y vale z mkg/kg ó m.
b) Energía de presión. La presión en una corriente representa
también la posibilidad de producir un trabajo, cuando se presenta
como sobrepresión en relación con una presión de comparación,
siendo este trabajo por kg igual a la altura de presión hp de los capí­
tulos 2 y 3.
c) Energía cinética. Por su velocidad c, la partícula conside­
rada, lanzada en dirección vertical, alcanzaría una altura sobre el plano
de comparación igual a c2/2 g, que se denomina altura dinámica.
La energía total, en 1 kg de líquido o gas, es igual a

Si no hay rozamiento, el contenido de energía de una partícula


permanece invariable durante todo el recorrido, y debido al carácter
permanente de la corriente, ocurre lo mismo a las demás partículas de
la línea de corriente. Consideraremos, además, que a la entrada del
canal todas las partículas tienen el mismo contenido de energía, supo­
sición que se ajusta a la realidad, y que, por ejemplo, en la corriente
28 Principios de Hidrodinámica

sin torbellinos (corriente potencial) es rigurosamente exacta. En con­


secuencia, para toda la corriente :

: - K = constante 0)
2
Esta igualdad expresa la importante ecuación de Bernoulli, según
la cual en una corriente permanente, sin rozamientos, de líquido o de
gas, la suma de las alturas de posición, presión y dinámica permanece
invariable.
El valor de las constantes se refiere a un punto determinado de
la corriente. Señalando los valores correspondientes con el subíndice I,
podemos escribir (1) en la form a:
c2 c!
'/ ~ h}>1 — (2)
2ff 2ff
Si se traía de una corriente paralela al plano horizontal, 2 per­
manece constante, y la expresión (2) se reduce a

^ . 4 = ^ 4 (3)
A toda disminución de la altura de presión hp corresponderá un
aumento de la altura dinámica c2/2 g, y viceversa; es decir, la veloci­
dad será mayor en los puntos de presión menor, que en los puntos de
presión mayor.
En los líquidos se calcula hp mediante la expresión (6) del capí­
tulo 2. Escogiendo la presión de comparación igual a cero, si la pre-^
sión de la partícula considerada es igual a P kg/m2, hp = Pjy. En taf^
caso, la ecuación de Bernoulli toma, para el caso general, la forma;

(2 a)
'' T ' 27 “ ■ 7 ! 2g
y para el caso de corriente horizontal:
P _ _ Pj_ _£j_ (3 a)
y ■ 2g y ' 2y
En los gases, hp es la altura de presión absoluta j dPjy ~ \dPv,
que se ha determinado en el capitulo 3, para algunos casos particula­
res (es decir, en el caso de falta de refrigeración ha<i)> y se puede calcu­
la.' nivúiu ut alguna ue Jüa expiesiulies a ^17^ y altura
de posición z puede, en general, despreciarse en los gases, siendo,
por ta n to :
¡ (3 b)
fo[\dI """
2g 2g
Para las corrientes completamente refrigeradas hay que poner ñis
en sustitución de hÍU].
licuación de Bernouilli para líquidos y gases 29 \

La compresión adiabática puede referirse a la presión cero, siendo


fiad = x (x — 1) P v = x (x ——1) R T (y), pudiendo escribirse para los
gases permanentes:
RT R T j -r -7p~ (d c)
29 x —1 1 2?
en la que, para el aire, x¡(x — 1) • R = cp;A 103. Esta última expre­
sión, teniendo en cuenta la velocidad del sonido, según (54), página 87,
se transforma en:
^ f 2. - ai __ cr a~
x — 1 2 x ~ l 2 x— 1 (-0
Esta expresión es útil para velocidades de gas considerables, siendo a,
la velocidad del sonido en el gas en reposo.
Consideración del rozamiento en los líquidos. Hay que añadir a!
lado izquierdo de las expresiones (2 a) y (3 a) la altura hn correspon­
diente a las pérdidas por rozamiento.
La ecuación de BernouIlLsé refiere a las condiciones medias en
las diferentes secciones del canal, ya que la corriente sujeta a roza­
mientos pierde, debido a la disminución de velocidad junto a las
paredes, el carácter de corriente de igual energía en todas sus par­
tículas.
Las corrientes de gases sujetas-a rozamiento sin refrigeración
se consideran mejor a partir del contenido de calor ¿, en vez de hacerlo
con la altura de joresióm adiabática de ja-expresión (3 b), tomando
como unidad de medida la k c a l/líg ^ ^ e /tíé mkg/kg. La altura corres­
pondiente al rozamiento se piMfé añadir al contenido de calor, puesto
que el trabajo de rozamiento se comunica a la corriente en forma de
calor. Entonces rige para corrientes de gas sin refrigeración, sujetas
a rozamiento, cuando z se desprecia, como antes, en general, con
A = 1/427:

o con 2 g!A — 2 P‘427 ~ 8380, tomando nuevamente para c el valor


medio :
c2— c‘j
8380 = l l ~ 1 (;J a )

es decir: El aumento de eneran r ; „ L aet


contenido de calor, tanto si existe como si falta el rozamiento. En los
gases permanentes se emplea, como se ha hecho en (3 c):
i; 'i = cp (h — 0 ó i :A — x!(x — 1) • R T.

C) P ara el caso de expansión con estado inicial p¡, T¡ a la presión pf f , el


srialt</_ Ti lV “ (PnlPi){K expresión que, con
Pti = O y Tr = T, se reduce a la anterior.
30 Principios de H idrodinám ica

8. Principio de la impulsión o de la cantidad


de movimiento
Según el principio de la impulsión, en Mecánica, la variación de
la cantidad de movimiento J con relación al tiempo es igual a la
fuerza que actúa sobre la masa, es decir:
K- "J
di
siendo el impulso o cantidad de movimiento, J —m c, el producto de
la masa* m por su velocidad c. Si m es constante, tendremos que la
fuerza K será igual al producto de la masa
por la aceleración. Si conservamos constante
la velocidad c, se obtiene una fuerza so­
lamente en caso de variación continua de
la masa, según
dm
K —c ( 6)
dt
Aplicando esta expresión a una corriente
Fio. 16. Acción de las fuer­permanente (o sea, en la que c es constante),
zas en un canal con corriente
:¡ ; permanente dmidl es la masa que circula por segundo
t • y en el conjunto de la sección, según nuestra
nomenclatura (y¡g) V. Se obtiene, por ejemplo, el efecto de una fuerza
en un canal determinado (fig. 16), rodeando a éste con una «superficie
de comprobación » v observando todos los hilos de corriente entrantes
y salientes. Esta superficie de comprobación corta a la corriente e n ^ ,
las secciones 1, de superficie Fv y II, de superficie F 2, continuando.*..^?
lo largo de las superficies exteriores del canal. En / desaparece por
segundo el impulso, o cantidad de movimiento,
K, = J Ve, - ^ F.c'i

que actúa (l) como fuerza en la sección F 1 en la dirección de la co­


rriente, puesto que se trata de una disminución de impulso. En la sec­
ción II aparece por segundo un impulso
K« = — V r2 = — F 2c¡
2 g 9
que representa una fuerza de dirección contraria a la con ¡ente. En
las demás partes de la superficie de comprobación no surge ni desapa­
rece ningún impulso. Estas superficies sólo tienen importancia por las
presiones del liquido que sobre ellas actúan. Tendremos en cuenta
estas presiones, tomando las presiones del liquido Px y P2>que actúan
en las secciones J? y Fn como sobrepresiones, respecto la presión
(l) El proceso se comprende fácilm ente si im aginam os que en la sección I
se produce un retardam iento de la corriente h asta la velocidad cero, > en la sec­
ción I I , su aceleración desde cero h asta la velocidad efectiva.
Aplicaciones del principio de la impulsión 3:

externa. Componiendo las fuerzas + P, F x y K2 -j- .P2 ^2 (seña


ladas con trazos en la figura 16) se obtiene la resultante 7?, que actúí
sobre el canal considerado. Si no se quieren tener las fuerzas que ac.
túan sobre el canal, sino sus reacciones, basta cambiar los signo:
todas las fuerzas, como se ha hecho en la figura 16 (con trazo continuo)
Es importante que las presiones P del líquido se extiendan a todí
la superficie de comprobación (lo mismo que las fuerzas de viscosidad)
Si la superficie de comprobación corta una pared, deberán conside­
rarse las tensiones que aparecen en la superficie de corte.
Debido a que las anteriores consideraciones son independiente»
del proceso en el interior del canal, no aparecen las fuerzas estaciona-
lias interiores, no teniendo, por tanto, tampoco ninguna influencia
el rozamiento que surja en el interior de la superficie de comproba-
1ión. El principio de ln impulsión es aplicable también, por consiguiente,
a los líquidos viscosos, sin ninguna limitación. No obstante, deben te­
nerse en cuenta las fuerzas de viscosidad (fuerzas cortantes) que apa­
rezcan en la superficie de comprobación, de la misma forma que las
presiones del liquido (fuerzas normales). El peso propio se tendrá en
consideración aparte. A coiítinuación trataremos algunos ejemplos de
aplicación del principio de la impulsión.

8 a. Aplicaciones del principio de la impulsión


k
a) Chorro libre sobre una superficie. Disponiendo la superficie
de comprobación rodeando-el chorro, el impulso saliente es:

K = '& = 2h (6«)
si w es la velocidad relativa de salida, f la sección del chorro v q=yuP¡r>a
la presión - de estaciona- J
miento o remanso, corres­
pondiente a la veloci­
dad w.
La fuerza de empuje
de un chorro corresponde,
pues, al doble de la presión
de estacionamiento sobre
toda la sección del chorro.
b) Ensanchamiento
brusco de la sección (pér­ Fig. 17. Ensanchamiento brusco en un canal (nér-
dida de Borda Carnot). El flidn de Carnot)

chorro que salé del canal estrecho no puede ensancharse bruscamente,


1 orinándose un espacio muerto A, debido al remolino (fig. 17). Va­
mos a calcular la pérdida de presión debida a este fenómeno.
Supongamos que en la sección 7, inmediata al ensanchamiento,
existe la misma presión (*), igual a la presión P 1 del canal de entrada.
(') W. N usselt : Forschung, val. 11, póg. 250 (1940).
$ 32 Principios de Hidrodinámica

i Dispondremos la superficie de comprobación como se indica de punto


v; y raya en la figura 17, y designando con los subíndices 1 y 2, respecti­
vamente, las magnitudes correspondientes a los canales de entrada y
salida, las fuerzas de impulsión a la entrada y a la salida serán:
A'i = (ylg) ■V q y K.¿ = ( y¡g) ■V c,
suponiendo que y es constante. La continuidad de las fuerzas nos da,
en la dirección del eje del tubo :
Ki + P J t ^ K t + P, k
Por tanto, el aumento de presión entre las secciones I y II será:

a * - - *
o por ser V//2 = q, tomando como unidad de presión el metro de co­
lumna de liquido (en vez del kg/cm2), tendremos:
P* — /l2 hx ( q — c2).
9
En el retardamiento sin pérdidas, el aumento de presión sería,
según la ecuación de Bernouilli:
(/j.> ^i)th — f? ~ i (7)
- g
siendo, pues, la pérdida:
c¡ — r; — 2 c2 q + 2 c\
K = ~ *i)th — (h, — hx) —
2g

K = k ' 2 -c‘)5

Hay que tener en cuenta que esta pérdida no comprende el roza­


miento con las paredes, que debe considerarse, porque ellas mismas
forman, en este caso; la superficie de comprobación. Además, la supo­
sición de igualdad de presión en toda la sección / en / no es exacta,
pero la expresión (8) para los ensanchamientos concuerda con los
resultados obtenidos en los ensayos (1). Al disminuir q — c2, /i„
tiende rápidamente a cero, por disminuir con el cuadrado de la
diferencia de velocidades. Por ello, los ensanchamientos bruscos de
poca importancia ocasionan pérdidas insignificantes, como los ensan­
chamientos progresivos, mientras que los ensanchamientos bruscos
ovorforoHnc
O crm r r m V
v HpcfQvnrohlp* írsúcf 74^
Para conseguir una corriente sin torbellinos es necesaria una lon­
gitud de tubo (2) igual a ocho veces el diámetro del tubo, después del en­
sanchamiento.
Aplicaciones del principio de la impulsión 33

En el caso inverso, estrechamiento brusco, generalmente sólo hav


que considerar la perdida producida por la arista viva de la entrad'a
ment?™ 1 eStreCh° ’ deblfndo enfocarse el proceso muy diferente-
c) Ensanchamiento brusco de sección y cambio de dirección
Este caso puede considerarse como el anterior si suponemos, nueva­
mente, que en todos los puntos de la sección de entrada 1 la presión
r n r í mKSma- qUf en el Canal de entrada- Disponiendo la superficie de
mprobacion de acuerdo con la línea de punto v raya de la figura 18
las fuerzas de impulsión serán K, = (y¡a)- Ve, v K = ívtn) 1' r ’
que forman entre si el ángulo ó del codo La constancia d e ^ eiz as en
proyección horizontal nos d a : luuizds en

K i cos^ + P i k = K2 + P;, l 2
y como, nuevamente, V//2 = c¡>:
P, — P, c
~ h 2 — h1 = - (Cj eos (5- c2).

Expresión que, unida a la (7)T‘nos da la pérdida:


1
h° Al)th ~ (/l2 ~ h j ) = — (c¡ -f c\ — 2 Cl c2 eos <$)
Según la fónnula del coseno, este vSlqr entre paréntesis representa

, vf-'

A
Fio. 18. Corriente en un codo
FAG‘ ,18, a' Representa­
ción de la componente de
choque cs de la figura 18

el cuadrado del tercer lado c, del triángulo ABC (fig. 18 a), formado
nnr lo e m 'irrrM 'tn rIne n
- _ 0 '1 J *í» ““ “ w “ i * V ^ i o j u íu i la u iiC J .c m .id v e c t u n a i

Así~será-qUe PUeden considerarse como componentes del choque.

_ 3 2 -
h„ = (^ -^ )2
2g 2 9 (9)

BrA c h í ” ? 'yL2..Pé í i S : p á g ^ í l s l m i Editorial Vicwcg,


3. Pfleidhrer : Bombas centrifugas.
34 Principios de Hidrodinámica
Aplicaciones del principio de la impulsión 35
i¡ En la práctica, la pérdida real es algo menor, debido a que en la sección Eliminando X y simplificando, resulta :
de entrada I se forman espacios muertos A (fig. 18), que provocan un
desvío constante del chorro, prescindiendo de que la distribución de y
| eos (a -f jS) = eos a ---- (1 — cosa) (10)
la presión en esta sección no corresponde exactamente a la supuesta. V2
Por ello se introduce un coeficiente <p y se escribe: expresión de la que puede obtenerse el ángulo B buscado. Esta ecua­
. c2s (éi — c2)2 (9 a) ción puede obtenerse también directamente aplicando el principio de
*• = impulsión en dirección de las superficies planas. En este caso es evi­
tado el corte del plano; esto es, la superficie de comprobación se hace
oscilando q> entre 0,6 y 1. En los estrechamientos <p es menor. pasar alrededor de la arista del corte a lo largo de las superficies planas.
De la expresión (9) se obtiene la Para aclarar este resultado consideraremos a continuación algu­
pérdida de Carnot (8), como caso espe­ nos casos particulares :
cial, haciendo <5=0. 1. a = 90°; o sea, corriente cortada perpendicularmente, d a :
Superficie de
improbación En el capítulo 13 se tratarán nue­
vamente las pérdidas de este tipo.
d) Chorro plano cortado. Al corlar
sen /í = = v/ ' Vi (10 o)
un chorro libre con una superficie plana Si, por ejemplo, V1 = V/5, tendremos: sen /? = 1/4, o sea, « 15°.
I afilada (fig. 19) (podemos imaginar un Si Vj = V2 = V/2, resultasen = 1, o sea, B = 90°. El chorro
álabe que choque con la corriente), la se comporta igual que cuando choca completamente contra una super­
parte que no se ha cortado se desvía igual­ ficie plana. Este caso puede considerarse también cuando el desvío
mente, según un ángulo que se deter­ es ocasionado por un plano inclinado.

>,
•;1, Fio. 19. Chorro plano cortado
(V,/Vj = 0,6 a = 55°)
minará para el caso de que el chorro sea
plano, es decir, que esté guiado lateral­
mente mediante dos planos paralelos
(página 46).
2. aJr B= 180°. En este caso, la ^expresión (10) da con V?= V— V1:
V,'
~y~
1
eos a) (10 b)
Eligiendo la superficie de compro­ Con a = 45° se tiene \ \ = 0,854 V^,vcon i- a = 90 Vj = V/2 ; con
bación, que se dibuja de punto y raya, atravesamos la superficie a = 135a, V, = 0,146 V. ív íí - Í *
cortante. En consecuencia, deberán considerarse las fuerzas que i&- Para obtener el desvío a + /3 = 180 representado en la figura
presentan las tensiones que aparecen en la sección de corte. (Este 19 a para 135°, se precisa, pues,
cálculo es oportuno para generalizar la demostración, a pesar de desviar una parte de la corriente, tanto
que también ha de evitarse el corte, según veremos más adelante.) menor cuanto mayor se hace a.
Despreciando el rozamiento de la corriente con la superficie plana, Las consideraciones anteriores no dan
solamente tendremos en dicha sección la resultante Tt^le aquellas i ninguna referencia respecto a la situación
tensiones, que actúa perpendicularmente a la superficie, y que se­ de la arista cortante. Sobre ello se puede
guiremos considerando como desconocidas. Mientras los filetes de co­ decir, sin embargo, que el punto de re-
rriente sean cortados por la superficie de comprobación a suficiente manso se encuentra todavía sobre la su­
distancia del filo cortante, se puede admitir que la velocidad del perficie cortante y no en la arista, la cual
chorro iv es invariable, a pesar del cambio de dirección. puede así absorber la fuerza de impulsión
Escribiendo la condición de constancia de fuerzas en dirección de V2. En consecuencia, la arista deberá Fig. 19 a. Chorro desviado por
paralela y perpendicular a la dirección del chorro antes del desvío, introducirse más de lo que es necesario un plano inclinado
se tiene, siendo V1 el caudal del chorro desviado por la superficie para dividir el chorro en las partes Vj y V2.
afilada y V2 = V — V1 el resto del mismo, a el ángulo de ataque de Las experiencias muestran que un alabe que choque con la co­
1
la superficie : rriente, por ejemplo, en una bomba centrifuga, engendra desviaciones
v Vw = —
y Vi w eos a — y en direcciones opuestas (pág. 393).
— — V, w eos B 4- X sen a,
9 9 9 e) Corriente guiada por un haz de alabes. Un haz de álabes
i rectos, como se representa en la figura 20, dispuestos en forma alineada
I y
X eos a = — V. w sen a — y
— V, w sen B. y formando un ángulo /?2 con la dirección de esta alineación, es atra­
9 9 2 vesado por una corriente de manera que inmediatamente antes de
Principios de Hidrodinámica
36
la salida de cada canal la corriente es paralela y homogénea. En el J
extremo del alabe cesa, repentinamente, la mfluencia del espesor
mUmo • es decir el ancho de la corriente, medido en la dirección
del haz, es para cada canal y después de la salida, igual al paso com­
pleto 1, mientras que en el interior de los canales es solo 1 - o (fi-
pura 20) Los espacios muertos A que se forman a pa
extremos de los alabes desaparecen paulatinamente. En conse™ ^
se produce una variación de la velocidad al desaparecer la influe
cia del estrechamiento provocado por el espesor de los alabes. Desi0

mi
l-ios. 20 y 20 a. Dcsvinción de la corriente después de un lmz de Alabes

naremos por » , y u>, la velocidad dentro y después del haz, respec-

ÜVa rScompongsunos estas velocidades w2 y en sus comP0° e“‘e*


paralelamente al haz y <%„) y perpendicularmente al mismo
(w v w ) V podremos encontrar inmediatamente, por razones de
continuidad, la relación que existe entre w2 y w3m. Y*
nes que corresponden a estas velocidades han vanado en la relac
de / — o a /; por ello,
l—a
JZm J<1m

Para obtener una relación entre tun w y w2u emplearemos el principio


de la impulsión, colocando los limites de la superficie de comproba­
ción, por una parte, en dos iiletes de corriente a d y b e, s e r a d o s por
un álabe, y por otra parte, inmediatamente detras del haz, paralela­
mente al mismo, pero lo suficiente alejados para que se pueda supon
que la c o S e e s t á regularizada. A lo largo de las superf.cies latera-
Aplicaciones del principio de la impulsión 37

lZ an dJ bCÁ del espaci0 ? sí lünitado’ las fuerzas de presión son iguales


pero dirigidas en sentido contrario, de forma que se contrarrestan
(excepto un momento de -fuerzas que aquí no interesa). En a b y c d
actúan fuerzas de impulsión, que valen : en a b, K2 = (ylg) A Viví (i) •
Dortantn3 V ^ r”3’ siendo el caudal de cada canal. w2 v,
por tanto, también f<2 forman un ángulo fia con la dirección del haz •
n?nvpíl0^ tant0í A3>un angulo^3 desconocido. La constancia de fuerzas
pioyectadas sobre la dirección del haz nos da:
I<2 eos p2 = K3 eos ^3;
o sea,
w2 eos /J2 = w3 eos ó w2lt = IV3 u

no interviniendo las fuerzas de presión por equilibrarse. Las comno-


nentes tangenciales w de la corriente permanecen invariables, mien­
tras que las wm normales a aquéllas, varían según indica la anterior
«prepon. De ello resulta la sencilla construcción geómétriea de ía
como3 sigue? " aC‘° na con'®2’ Sue se Pllede «presar en palabras
„ La corriente que atraviesa un haz de alabes, de longitud infinita
se desvía al /matizar la in/luencia del esESSor-de los álabes, de formé
qut disminuye el ángulo de mclinaciórT'de tos filetes de corriente rrs-
Z lm U M n 'M ha:- tangenciZTZanTee

de tie r n a ?
ÍmPU,^ al de la « la dirección
Corrie,M,e regularizada. Si una corriente de sección cons-
nte tiene en el comienzo una distribución irregular de la velocidad
paulatinamente se efectúa una regularización hasta que todos los
e " s e T n T día *: Aunque esta reg'ularizadón "
¿ t u a .s e g ú n las leyes del choque inelástico—es decir, con pérdi­
das , interviene aquí un aumento de presiónt/jue debe tenerse en
cuenta en muchos casos prácticos importantes, especialmente para
la elección del punto de medición de la presión. Este aumento de
presión se determinará como sigue :
inín,-I?ÍrP01fdreni0*í la superficie de comprobación cortando la sección
inicial / y la sección II, en la cual la velocidad e« ívniíc^ - - ’ -
i ^ teF“mlcuLe* a 10 Jargo de las paredes del canal situadas en
tre ambas secciones. El impulso sobre un elemento de sección será
« l i dsera
saima > cl í y2 - T(ylg)
? r ° W- 2a Debido
fe 2. n Ch ?n /a' íflal =circulación
W , ; ' í ‘:S<í/- E1 ¡mpulso
paralela a la
nodemns
t0mar la presión sobre toda la sección de entrada

trario.^xistirfa^la posib!hdadSde que1la* contente*vflC?Ueñ0’ Pi°rciue' en caso C011'


alcanzar la superficie de comprobación. * 'anase su dirección ya antes de
38 Principios de Hidrodinámica

pesar de la desigualdad de velocidades. Despreciando el rozamiento


con las paredes, la constancia de fuerzas nos dará:
K\ + P\ f = -^v2+ -^2/>
y poniendo en lugar de K-y y sus valores, se obtendrá.

o, introduciendo la llamada presión de remanso q = y c2^ g,

^ --p ;= 2

El primer término de la expresión entre paréntesis es siempre mayor


qüg-éSegüñdo, por que la media aritmética de una suma de cuadra­
dos es mayor que el cuadrado de la media aritmética de los valores
sencillos. La regularización, permaneciendo constante la sección, oca­
siona un aumento de presión, que es igual al doble de la diferencia
entre la presión media de remanso a la entrada y la presión de remanso
de la velocidad media. En los líquidos incompresibles es preferible to­
mar la altura de velocidad h = qjy, en vez de la presión de remanso q,
y entonces se obtiene la presión en metros de. columna de liquido:

h2 hx — — 2 :]_hd_L h\ (10 c)
\ í
Ejemplo. En un tubo se unen dos corrientes de liquido de 2 y
5 m/s de velocidad, que abarcan dos tercios y un tercio de la sección^
del tubo, respectivamente. Aplicando la expresión (10 c):
2 * 2 + 1-5
= 3,
3
y el aumento de presión: h2— /q — 2 (11/2 g 3- 2 g) — 0,2 m de co­
lumna de liquido.
En los capítulos 10, 17 y 99 se expondrán más ejemplos de apli­
cación del principio de la impulsión.

9. La circulación
¿De qué forma se transmite el fluido la energía de los álabes del
rodete? Esta pregunta se nos presenta al pensar que, según un princi­
pio de Hidrodinámica, una corriente de líquido sin rozamientos no
ejerce ninguna resistencia sobre un cuerpo sumergido; pero en los
líquidos reales, a consecuencia de la viscosidad, se presentan fuerzas
de resistencia, como nos lo demuestra la experiencia diaria. Ad^nt^s
podríamos creer que si en el álabe ap alee una fuerza, ésta fuese sólo
una resistencia que absorbiese trabajo^En la realidad, no es así, como
se demuestra en el subcapítulo e) siguiente, y ello resulta de conside-
La circulación 39

íar, además de la corriente de paso que rodea al cuerpo sumergido,


única que se tiene en cuenta en el anterior principio, otra corriente,
llamada de «circulación », cuya característica es el circundar el cuerpo
sumergido, sin intervenir en el transporte de liquido, como hace la
corriente de paso. Antes de estudiar las propiedades de la « circula­
ción », tenemos que aclarar los conceptos de torbellino y torbellino
potencial.
a) Torbellino. Una porción rectangular ABCD (fig. 21) de la
corriente podrá deformarse y girar, además de desplazarse. El movi­
miento de giro es la característica del torbellino. Se mide por su velo­
cidad angular cu, y se diferencia, por ello, de la deformación, ya que se
mide por la media aritmética de la velocidad angular de dos lados
contiguos; por ejemplo, A B y AD :

fc>res = y (WAD + <°AD) (11 )

Es, por ejemplo, igual a cero, cuando el rectángulo ABCD se


transforma en el paralelogram o^B 'C 'D ', ya que los dos sumandos
Am

de la expresión anterior son iguales y de signo contrario (fig. 21 a),


o si toma la forma A B"C"D", en la que los lados siguen siendo para­
lelos a los del primitivo rectángulo. En ambos casos se trata de una
deformación sin giro. Por el contrario, existe un giro al pasar a la posi­
ción A B C D (fig. 21 b), en la que no existe deformación.
A continuación estudiaremos la forma más sencilla de corriente
de circulación, o sea, la corriente circular según circunferencias con-
centiicas, que se designa también como torbellino potencial, a pesar
de que no existe torbellino.
b) Torbellino potencial, ley de las áreas. Supongamos que un
iquido sin lozamientos circula por el interior de un canal cerrado
sobre sí mismo, es decir, Isegún un volumen de revolución, de forma
que todas las lineas de corriente son, por naturaleza, circunferencias
concéntricas (fig. 22). A pesar de este movimiento circular, la corriente
está libre de torbellino. En este caso es aplicable la ecuación de Ber-
noulli, que emplearemos en la forma de la expresión (3 o), útil para
líquidos incompresibles.
40 Principios de Hidrodiniümica

A consecuencia de la curvatura de los filetes de corriente apare­


cerán fuerzas centrifugas, que, aplicadas a las moléculas, provocarán
un aumento de presión a medida que aumenta la distancia o al eje
de giro (fig. 22). Según la expresión (3 a), este aumento de presión.
lleva consigo una disminución de velocidad, de forma que ésta no
puede ser constante en toda la sección.
Aislemos en el canal una partícula com­
prendida entre dos planos meridianos que for­
man entre sí el ángulo infinitesimal d cp y dos
superficies cilindricas de radios o y o + d g ;
su base será ABCD (fig. 22), y su altura, b.
Despreciando las magnitudes infinitesimales de
orden superior, el volumen de esta partícula
será igual a bg dcp dg, y su masa, dm = (y¡g)
b o d<p do. La fuerza centrífuga ejercida sobre
esta masa será :
o

dC = dm — = — c2b dcp dg,


Q 9
que se aplicará a una sección df = bgdq>,
y creará, por tanto, un aumento de presión,
igual a :
<i p = ~d f = b q d(p = -£-<*<?•
g g <12)
\ ¡ Por otra parte, derivando la ecuación de Ber-
noulli, se tiene :
Fig. 22. Corriente circu­
lar sin giro -d P + — =0, (12 a)
y o

y eliminando dP, entre (12) y (12 a)

i l + Ü = o. (12 b)
o C
Integrado, y suponiendo que c = c¡, para g = g ¡:

ln — = ln —
g¡ c
o sea,
QC = p/ c7 = K (13)
siendo K una constante.
La magnitud oc es el momento de la cantidad de movimiento
de una masa igual a la unidad. La ley representada por la ecuación (13)
es designada también como ley de las áreas, por la que el radio $ec£or
de cualquier partícula líquida 1)2 re superficies iguales en tiempos igua­
les (como en el movimiento de los planetas). Por consiguiente, nos
La circulación 41

muestra que en una corriente potencial, en la que todas las trayecto­


rias son circunferencias concéntricas, el momento de la cantidad de
movimiento de una masa igi^al a la unidad es constante en todos los
puntos del líquido, y también podría ser deducido directamente de
los principios relativos a los torbellinos que se exponen más adelante
en Ja página 44.
Según esta ley, la velocidad varía a lo largo de un radio según
una hipérbola que tiene por asíntota el eje de rotación (fig. 22). En
consecuencia, crece muy rápidamente cuando disminuye el radio o
y se hace infinito en el eje de rotación.
Habiendo desaparecido el peso específico y antes de la integra­
ción, éste puede ser incluso variable, y, por tanto, la anterior deducción
se puede hacer extensiva a los gases. Las demás consideraciones se
limitarán, en principio, al caso de variaciones de volumen despre­
ciables.
La disminución de presión A P = P¡ — P, debida al aumento de velocidad,
tomando como base la presión P¡ de la periferia, se puede calcular mediante la
expresión (3 a), poniendo en la misma^ervalor de c deducido de la ecuación (13).
Se obtiene:
Pr — P AP = (c’ - cj) = y — f-L — *V (14)
2 <J 2 g \ Q- o,
Como era de esperar, la presión decrecexron el radio q y llegará a ser — oo
para q = 0. No obstante, el valor déla presión no puede llegar a ser igual a ¿(capí­
tulo 76), ya que no puede ser inferior a la tensión del vapor P¿ correspondiente
a la temperatura del líquido. Resulta, pues, que a partir de un radio omln, en el cual
no puede haber líquido. El Valor de~óm(n se deduce de la expresión (14).
En consecuencia, la .disminución de presión respectó al infinito, expresada en
i m n n de 1líquido,
columna ( m i ¡ r l n eserá
n r ó •: ^^ •*

Roo — P 1 K-
(15)
29
como se representa en la figura 23.
Supongamos ahora que la corriente considerada tiene la superficie superior
libre y, por tanto, a lo largo de ésta, la presión constante. Debido a ello, esta
superficie no será plana, porque, evidentemente, en la ecuación de Rernoulli,
!a altura de posición z se compensa con la altura de presión P/y. La ecuación (15) se
mantiene en vigor si h representa la diferencia de nivel con relación al punto de la
superficie situado en el infinito. Obtenemos, pues, nuevamente la forma A BC de
la superficie, representada en la figura 23, y que se observa en los desagües de ba­
ñeras y lavabos. En estos casos se produce" el giro por la posición disimétrica del
orificio de desagüe.
El siguiente razonamiento nos demuestra que, a pesar de que la corriente es
circular, en su movimiento no existe torbellino.
La velocidad del agua en el lado A B del elemento (fig. 24) es, según la ecua­
ción (12 b), menor en — d c c d q/q a la del lado interior CD. Por tanto, los
lados AD y BC efectúan un giro relativo en sentido rontrorín »i £¡-o /j« »_
iiiculc, con una veiociuaa angular — d c/d o = c/o, es decir, igual, pero de sentido
contrario a la velocidad angular de los otros dos lados A B y CD, siendo, por
tanto, la media aritmética de la velocidad de dos lados no paralelos, es decir, la velo­
cidad de giro de todo el elemento, igual a cero. La curvatura de las trayectorias se
compensa por un giro en sentido de las agujas del reloj, tal como se indica en las
figuras 21 y 24 a, es decir, el cuadrado se transforma en paralelogramo.
Considerando el líquido ideal, sin formación de vapor v sin vis­
cosidad, y no formándose espacios huecos, la partícula situada en el
eje de rotación, efectuará un movimiento de giro con velocidad angu-
42 Principios de Hidrodinámica La circulación 43

lar infinita— es decir, el eje constituirá una línea de torbellino—, por dP = L ¿ dr;
lo que esta corriente se designa como torbellino potencial, a pesar de que, 9 r
excepto en este punto singular, está libre de torbellino. El diagrama
de la corriente se representa en la figura 24, según ¡las reglas que se pero siendo ahora la velocidad c igual a la velocidad tangencial u = roo,
m será:
indicarán más adelante (págs. 52 ss.). /
c) Ejemplo de un torbellino. Si hacemos girar sobre su eje un d P = -- reo2dr.
recipiente cilindrico lleno de agua, el líquido que está cerca de la
Integrando entre el radio interior r¡ y el radio elegido r, resulta:

j r ; (16)

y en metros de columna de líquido:


o?
h -K = ^ ^ - r \ )
2^
o, en función de la velocidad t^pgencial
u = reo,
u¿— ur
h — hx =
2g
o bien, • .
, u2 u\ .tf '
¡i — = Aj — -tt- = coflsU*-
F ig . 23. Superficie libre de un torbellino potencial Fig. 24. Diagrama de 20 2g
la corriente en un tor­ .¿r-rS'*'-
bellino potencial
Esta ecuación sustituye a
noulli. Se ve que la presión ^sigue una
pared es arrastrado, y la rotación se transmitirá paulatinamente a ley parabólica,.que se puede obtener ex­
interior del líquido, a causa de las fuerzas tangenciales que se presen­ perimentalmente, dejando libre la superfi­
♦• tan, de forma que, al cabo de cierto tiempo, toda el agua girará junto cie del agua. En la figura 25 c, las alturas
con el recipiente como si fuera un cuerpo sólido. A consecuencia de esto, h y hx se refieren al vértice de la parábola.
cada partícula de líquido efectuará — además del movimiento de La ecuación (17) rige también para los
traslación a lo largo de la trayectoria circular — un movimiento gases, si se consideran las magnitudes h
de giro con la misma velocidad que el recipiente (de acuerdo con la como alturas de presión adiabáticas.
t ¡5 figura 21 b). La corriente representa un torbellino único. Salta a la vista F ig. 23. Rotación de un reci­
Un-torbellino de este tipo existe en el tor­ piente lleno de agua
que para este caso rigen leyes distintas que para el ejemplo anterior bellino potencial, a lo largo del eje (pág. 41). Si le
del torbellino potencial, ya que allí las velocidades disminuyen en damos una pequeña extensión de radio rw, en la
proporción inversa al radio, mientras que ahora aumentan proporcio­ cual la velocidad tangencial debe coincidir con la del torbellino potencial, es eviden­
te que la corriente no varía en el campo libre de torbellino. Solamente en el núcleo
nalmente al mismo. Tampoco puede aplicarse a esta corriente con del torbellino varía la presión con arreglo a una ley parabólica, como se indica en la
giro la ecuación de Bernoulli. Para aclarar esta diferencia determi­ figura 23. Este nucleoide torbellino, de dimensiones finitas, actúa evidentemente
naremos la distribución de la presión haciendo las mismas considera­ como un cuerpo extraño en el campo del torbellino potencial. Por tanto, se puede
sustituir por un cuerpo sólido de la misma forma, que puede estar en reposo en
ciones que en el caso del torbellino potencial. En un recipiente que el caso de que no existiera rozamiento en su superficie. Esta forma de imaginar el
tenga la forma de un rodete (fig. 25 a), cortemos un pequeño elemento torbellino (que se vuelve rígido) es útil, porque — contrariamente al torbellino
líquido — puede admitir esfuerzos laterales; por ejemplo, un empuje hacia arriba.
de altura b, mediante dos superficies cilindricas concéntricas de ra­
dios r y r -f- d r, y dos planos meridianos que formen un ángulo d ep. d) Potencial y circulación. Si una corriente tiene un potencial
El aumento de presión, nuevamente hacia fuera a causa de la fuerza de velocidad 0 , su valor para cada punto es generalmente distinto, de
centrifuga, como en la ecuación (12), página 40, es: acuerdo con una función 0 (x, y, z). Según el concepto de potencial

i
44 Principios de Hidrodinámica

que se indica en la nota al pie (1), la diferencia de potencial entre dos


puntos A y B de la corriente se mide por la integral de la velocidad
a lo largo de una línea de unión cualquiera:

A 0 = \ c¡dl (18)

es decir, la suma de los productos de cada elemento lineal d i por la


proyección de la velocidad sobre la dirección del elementó (fig. 26).
Integrando a lo largo de una líneaj cerrada, se
obtiene la llamada circulación, r = Q rid /• La cir­
culación alrededor del núcleo de un torbellino de
radio rw es, por tanto :
r = io rw 2 .t rw = 2 ti r¿. cu.
Esta circulación es una medida de la magnitud del
torbellino. I.a velocidad tangencial rw cu del núcleo
del torbellino líquido concuerda con la velocidad
tangencial de las partículas de agua de la corriente
potencial que limitan con aquél, para la cual rige
la ley de las áreas. Si en un torbellino potencia]
variase rw, el giro: c u /v r,*, = ro r¿ = constante.
Según la ecuación anterior, este valor es propor­
cional a la circulación o magnitud del torbellino.
De ello se desprende que para un torbellino potencial dado, su magnitud es in­
dependiente del diámetro elegido para el núcleo. La corriente libre de torbellino
que rodea al núcleo fija claramente la magnitud del torbellino del núcleo.
Supongamos_una partícula infinitamente pequeña de líquido de sección rec­
tangular ¡ (fig. 27), cuyas componentes de velocidad son u y v paralelamente a los
ejes x e y, respectivamente, y escribamos el valor de la cir­
culación a lo largo de su perímetro. Se tendrá :
r = (u + d u) d x — (u + d v) d y — u d x -\- v d y
= d ud x —dvdy
Por otra parte, la velocidad angular de su giro será, según (11),
teniendo en cuenta el signo de ambas partes integrantes:
- — ( ^u d v \ __ 1 du d x — dv dy 1 r
~ 2 { dtj dx ) ~ 2 dxdy ~T
o sea, r = 2 cu f (19)
F ig . 27
Velocidades en un Esta relación se puede deducir también, para cualquier for­
elemento rectangular ma, de la sección de la partícula elemental, por lo que se
de liquido confirma lo dicho anteriormente para la sección circular.
Según esto, la circulación es igual a cero, cuando el elemento
considerado no tiene giro alguno.
Supongamos ahora una corriente cualquiera, con núcleo de torbellino o sin
él. Obtendremos la circulación como la integral curvilínea de la velocidad a lo
largo de la línea que rodea el espacio considerado (fig. 28).
Si buscamos una explicación sobre la distribución del torbellino, descom­
pongamos la superficie circundada en in fin itas n n rtirn ii* oIot-,....*;,!;.- {pe:
inu, rectangulares), y es evidente, según lo dicho anteriormente, que la circulación
alrededor de un elemento libre de giro es igual a cero, y alrededor de un ele­
mento con torbellino, igual a la magnitud de éste. Efectuando la suma de las cir­
culaciones de las partículas elementales (que naturalmente se escriben siempre
í1) Si cx, cy y c¡ son las componentes de una velocidad c en un punto cual­
quiera del espacio x, y, z, se tiene que
00 00 00
CX ~
8 x ’ cy = - Q - c ¡ = 8z o c = gradiente 0 .
La circulación 45

con el mismo sentido de rotación) aparecen en la integral curvilínea dos veces los
sumandos correspondientes a las lineas que separan las partículas, pero con signos
contrarios, a consecuencia del sentido opuesto de la integración, por lo que sola­
mente queda la integral a lo largo de la línea de cierre exterior. De esto se de­
duce : r
1. La circulación es igual a la suma de las magnitudes de los torbellinos que
quedan completamente cerrados por el camino de integración.
2. En consecuencia, es independiente del camino de integración, siempre
y cuando éste rodee los mismos núcleos de torbellino.
3. Para todas las líneas que no circundan ningún torbellino, es igual a cero.
4. Sólo tienen potencial las corrientes sin torbellino, puesto que la diferencia
de potencial entre dos puntos del espacio es independiente del camino de integra­
ción, cuando entre los caminos de integración no exis­
ten núcleos de torbellino ; en la figura 28 a se tiene:
.f = 0 = zl + ( — A 0 :), o sea, A 0 , = /I 0 ,
En cierto modo, la circulación asume las particulari­
dades de la región rodeada. La simplificación que se
obtiene al introducir este concepto, queda demostrada
si nos fijamos en que la segunda conclusión ante­
rior encierra, como caso particular, la ley de las áreas,
deducida en la página 40, puesto que la circulación
a lo largo de un círculo paralelo del torbellino po­
tencial es igual al giro multiplicado por 2 tz, y sólo
puede ser constante cuando tam biépjo^s "el giro.
La corriente sin torbellino correspondiente a un
núcleo de torbellino, es decir, su torbellino potencial,
es la corriente de circulación subordinada a la misma,
o sea, su campo de torbellino. Si existen varios nú­
cleos de torbellino, como antes indicábamos, se ob¿ie<-
ne la correspondiente corriente de circulaciónrqirésu-
poniendo los diferentes torbellinos potenciales, con lo cual se suman sus veloci­
dades geométricamente. A excepción de sus--núcleos de torbellino, está libre de
giro. Su signo característico es, además de las líneas de corriente cerradas, que su
velocidad va de infinito a cero.Las'relaciones son evidetv:.
temente similares a las.dritrampo magnético, que.jsg.cáJ'
racteriza por el número y situaciónn de lqs«,«j&W
los*,«óuductores
de corriente. ‘
Entre un hilo de torbellino en un líquido libre de tor­
bellino, y un conductor de corriente, existe una completa
analogía. Para el hilo de torbellino rige también la ley de
Biot-Savart, de la electrodinámica. La intensidad de co­
rriente del conductor corresponde a la magnitud de tor­ F ig. 28 a
bellino o a la circulación ; la fuerza del campo magnético,
a la velocidad de la corriente.
Los hilos de torbellino pueden curvarse de cualquier forma en las corrientes
cerradas. Sin embargo, la magnitud de torbellino es constante a lo largo de toda
la longitud del hilo. No pueden terminar en el líquido y sí sólo en sus límites, es de­
cir, deben retroceder sobre si mismos (anillos de torbellino). Es posible la bifurcación
de los hilos, puesto que con ello no se modifica el valor total de la circulación.
Juntando una gran cantidad de hilos de torbellino de diferente magnitud en
un haz, resultan núcleos de sección determinada de extensión finita, cuya circula­
ción total es, según (19):
r =2¡ wdl ( 20)
rirru ln rló n - ni fíu jc U fbelH lkO S cukcij.

Tales núcleos de torbellino, de forma determinada y de magnitud distribuida


desigualmente, se presentan, por ejemplo, en los álabes de un rodete de bomba
centrifuga o en las alas de sustentación de un avión, y se llam a«torbellino rígido i,
e) Origen de la presión de alabe (x). Consideremos una corriente
potencial plana alrededor de un solo álabe en un espacio sin limites.
(*) L. P randtl y P. T ietjens : Hydro- und Aerodynamik, vol. 2, pági­
nas 180 ss. Berlín : Springer, 1931.
46 Principios de Hidrodinámica

Esta corriente puede ser una" corriente de paso (fig. 29), una corriente
de circulación pura (fig. 30) o una composición de ambas (fig. 31).
La corriente de paso se caracteriza por el transporte de líquido al no
existir circulación; la corriente de circulación, porque todas las líneas
de corriente son líneas cerradas que rodean al cuerpo en cuestión, es
decir, se distingue por la falta de transporte de líquido y por perma­
necer constante la circulación en todo su campo de acción, siempre
que el camino de integración rodee al cuerpo. Evidentemente, tiende
a cero en el infinito. Se puede imaginar la corriente de paso pura
como la que resulta al sumergir los álabes en una corriente paralela.

F ig* 20. Corriente de paso F ig . 30. Corriente Frc. 31


sin circulación de circulación Corriente resultante
Fies. 20 a 31. Corrientes alrededor de un ría portante

La corriente de circulación p jra (fig. 30) estaría sujeta a la suma J1


de las circulaciones de los núcleos de torbellino que se pueden imaginar
en los álabes o en su borde, y que en el infinito están en reposo. Nin­
guna de estas dos corrientes parciales sin rozamiento puede ejercer
acción de fuerza sobre el álabe, por sí solas. Pero si se componen (su­
mando vectorialmente las velocidades en cada punto), se encuentra
que en una parte (la superior), donde la circulación va en el sentido cwl
la corriente paralela, se forman grandes velocidades, mientras que en
el otro lado del álabe (parte inferior) ambas corrientes parciales están
dirigidas en sentido contrario y , '] ^ tanto, su suma da velocidades
pequeñas. Puesto que la corriente es lil^re de giro, y por ello sujeta a la
ecuación de Bernoulli, existen inversamente grandes presiones en
la parte inferior y pequeñas presiones en la superior, formándose la
fuerza de álabe (empuje hacia arriba) (x).
Uno se pregunta cómo se forma la circulación, y con ello el em­
puje, al sumergir un ala en una corriente paralela de un líquido real.
Si se determinara el diagrama de corriente de una corriente paralela
desplazada por un ala — de la forma que se indicará en el capítulo 11
— se obtendría la corriente de paso pura representada en la figura 29.
Se caracteriza por el punto de remanso A en la parte de entrada, y
por el punto de remanso B de salida, particularmente en el caso de
cuerpos disimétricos con relación a la dirección de la corriente, con
lo cual una línea de corriente se desplaza verticalmente hacia arriba,(*)

(*) Esta formación de la sección de álabe por la unión de dos clases de corriente
puede compararse con la creación de nuevos seres por la unión de dos sexos dis­
tintos.
La circulación 47

se bifurca a ambos lados del contorno del ala y se desplaza nueva­


mente hacia abajo a la salida. Lo particular en este caso es que a con­
secuencia de la disimetría del perfil con relación a la corriente, el
punto B no se encuentra én el extremo del ala, sino un poco anlcs.
No es imaginable una corriente de este tipo en un líquido real que
tenga una viscosidad finita, pero tan pequeña que sólo sea percepti­
ble por su adherencia a la pared. La arista
afilada posterior estará circundada con una
velocidad infinitamente grande; por consi­
guiente, una presión negativa de abajo hacia
el punto B, lo cual tiene como consecuencia
promover un giro de la capa límite adherida F ig . 32. Formación de la
a la pared y el despegue del torbellino circulación choque
por el ángulo de
indicado en la figura 32 (torbellino de
arranque). Puesto que por principio, la circulación debe ser nula para
un espacio suficientemente grande que uodee el ala, debe seguir siendo
nula a pesar del torbellino de arranque, siendo ello posible solamente
si alrededor del ala se ha formada una circulación de la misma mag­
nitud que aquél, pero de signo contrario. Esta corriente de circulación
(figura 30) produce, evidentemente, una traslación del punto B hacia la
punta del ala. Dicha corriente de circulación irá aumentando en fuerza,
debido al desprendimiento del torbellino,'hasta que el punto B perma­
nezca invariable, es decir, hasta que se haya formado una corriente
tangencial de salida, al desaparecer la^causa del desprendimiento uni­
lateral del torbellino. De todo'lo antedicho se deduce que la existencia
de la viscosidad es Ho*'Único que posibilitóla formación del empuje,
y que el líquido se ve obligado ózúlir'íangencialmenle al ala.
En el caso de que el ala no tenga el extremo final afilado, los desprendimien­
tos de torbellinos 'se efectuarán tanto en la parte superior como en la inferior;
pero, a consecuencia de la disimetría, una de las dos series de torbellinos puede más
que la otra, es decir, por un lado entra en el líquido más circulación que por el otro,
por lo cual la resultante es una circulación, que es igual al valor negativo de la suma
algebraica de las magnitudes de los torbellinos desprendidos. El continuo des­
prendimiento de torbellinos detrás del final romo del
ala produce un aumento de la resistencia respecto al
caso de borde afilado.
Después de alcanzado el estado permanente, con­
tinuará cierto desprendimiento de torbellino en el ex­
tremo del ala, aunque éste sea afilado, pues el diagra­
ma de corriente de salida tangencial (fig. 31) presenta
Fie. 32 a. Corriente a la en la parte superior del ala un fuerte ensanchamiento
salida con espacio muerto de las líneas de corriente, mientras que en la parte
aspirante que disminuye inferior se estrechan hacia el final del ala. La conse­
la circulación cuencia de este fenómeno es que llega más « agua
muerta • de la parte superior que de la inferior, con lo
cual no se obtiene tampoco por completo la salida
tangencial, sino que, finalmente, resulta una corriente, según figura 32 o, con una
línea de corriente que parte del punto posterior de remanso que va por el centro
del agua muerta, lo cual hace que resulte una circulación menor. El empuje es,
por tanto, menor que el correspondiente a la salida tangencial. Este desprendi­
miento continuo de torbellinos lleva consigo la formación de cierta resistencia
de forma (pág. 83), además del rozamiento de superficie. Esta resistencia de
forma está relacionada con la disminución de empuje, y para vencerla es preciso
el trabajo correspondiente a la energía de los torbellinos desprendidos.
48 Principios de Hidrodinámica

Si vamos aumentando la inclinación del ala con respecto a la dirección de


la corriente, es decir, el ángulo de ataque, la corriente se separa, finalmente, por
encima del ala, cerca del principio de la misma, y e} empuje aumentará muy poco
o disminuirá nuevamente a un valor bajísimo. Este fenómeno tiene gran analogía
con el llamado choque de entrada en los rodetes de las bombas centrífugas.

10. El principio de Kutta-Joukowsky


La deducción del valor de la fuerza o empuje de un álabe situado
en una corriente, se efectúa de un modo más cómodo considerando
primeramente el caso general de un haz de álabes dispuestos según
una alineación recta (fig. 33), la cual puede suponerse que es el des­
arrollo sobre el plano de una
sección cilindrica y coaxial de
un rodete de flujo axial.
Supondremos que la corrien­
te que pasa a través de este haz
es plana; es decir, su anchura b,
medida perpendicularmente al
plano del dibujo, es constante.
El haz puede estar en reposo o
estar animado de un movimiento
uniforme en dirección de su lon­
gitud (dirección tangencial del
rodete axial), y así podremos
tratar siempre la corriente rela­
F ig . 3o. Velocidades y fuerzas en un haz tivamente al haz, es decir, tal
recio de álabes
como se presenta a un observa­
dor invariablemente unido al mismo. Partiendo de esta base, no inte­
resa considerar el movimiento propio del haz. Designemos por w las ve­
locidades relativas, con los subíndices O y 3 los puntos suficientemente
alejados delante y detrás del haz, respectivamente, y con subíndices u
y m, como en la página 36, las componentes de las fuerzas o velocida­
des en dirección paralela y perpendicular a la "dirección del haz. El
líquido tiene aproximadamente una densidad constante.
Determinemos primeramente la circulación alrededor de un solo
álabe del haz, que nos será útil más adelante. Escojamos el camino
de integración suficientemente alejado delante y detrás del haz, para­
lelamente al mismo, y, por lo demás, a lo largo de dos líneas de co­
rriente a b y c d (se señalan de trazos en la figura 33), separadas una
de otra por la distancia í (paso del haz). Las integrales curvilíneas
o Ir, l^TgC de em bae \LxCu.* d<¿ v u n ic u lc auu iguale» y de aiguu cuu-
trario, anulándose, y, en consecuencia, la circulación alrededor de un
álabe vale:
r s = K „ — w3 uH .
Determinemos el empuje A en magnitud y dirección, mediante el
principio de la impulsión, utilizando como superficie de comprobación
el anterior camino de integración. Las fuerzas de presión que actúan
El principio de Kutta-Joukowsky 49

a lo largo de las superficies de corriente a b y cd, se equilibran, por ser


iguales y de signo contrario. Observemos que cada canal es atravesado
por un caudal A V = btwom = btw3m, y por tanto, también
wom ~ w3m = wm (fifi- 34), resultando de la continuidad de las fuerzas
las siguientes componentes del empuje A en la
dirección paralela al haz:

Am' X = “ A V (wou~ w3u) =

= ^ - b i w m (w0u — w3 m) = ~ b w mr s (21) •
9 9 Ji
y en dirección perpendicular al mismo :
F ig. 34,•
rju.
Complemento de la
*^m (w3m wom) "P b t • (P3— P 0). figura 33

En la última expresión, el primer término es, según lo dicho, igual a


cero. Además, según Bernouilli: . •

con lo cuai .j;

fK u wz u) {^ 0% - ^ u)-

Si trazamos (fig. 34) el vector CD = w^ bisectriz de los correspon­


dientes a las dos velocidades w0 = CA y w3 = CB, el punto D está
situado en el punto medio del segmento A B, y llamando /STO al ángulo
que dicha bisectriz forma con la dirección del haz, se tiene:
w0u + ^3 u = 2 FD = 2 w m C O t-^,
y por tanto,

y relacionándola con la expresión (21):


A m = A„ cot
De donde resulta que ^ es también el ángulo que forman A y A m;
o sea, que el empuje A es perpendicular a la dirección media de la
corriente w^.
oo
Por otra parte,

4. PFLEiDERkR : Bombas centrifugas.


5U Principios de Hidrodinámica

o, introduciendo el valor de Au de la expresión (21), siendo wnJsen =


= w^, se tiene:
A = ^ bw „rs (22)
9
En esta expresión, íím es el valor medio de w0 y w3\ es decir,
i la mitad del vector suma de ambos.
’!

'.*
! Dejando crecer el paso í, sin limitación, la expresión (22) no se
modifica. La circulación T s permanece finita, mientras el caudal y el
paso se hacen infinitamente grandes. Por consiguiente, un ala por­
tante única en la corriente paralela sin limites, no podrá m oti\ar
ninguna desviación del conjunto de la corriente, y por tanto, la
velocidad detrás del álabe será de nuevo la velocidad de entrada de
la corriente que viene del infinito wQO, o sea, w0 = La ecua­
ción (22) se puede deducir, por otro camino, para este caso especial,
y se la conoce con el nombre de principio de Kutta-Joukowsky.
Esta ecuación se puede también interpretar fijándonos en que
wx es la magnitud que representa el caudal de paso, y r s la que co­
rresponde a la corriente de circulación. El principio de Kutta-Jou­
kowsky nos dice que el empuje producido por una masa específica
y/b = 1, con una anchura de corriente 6 = 1 , suponiendo que no hay
rozamientos, es igual al producto de w ^ por 71*, y actúa perpen­
dicularmente a la dirección de la corriente. No obstante, queda inde­
terminado el punto de aplicación A, del empuje sobre el ala. Este
sólo se puede determinar mediante un estudio más profundo de la
distribución de la presión o experimentalmente.
La ley deducida sigue siendo válida cuando c no es constante,
pero implica un volumen específico constante (x).

11. Diagrama de la corriente de un líquido ideal


sin rozamiento
Los diagramas de la corriente de un líquido han sido considerados
desde diversos puntos de vista, y ahora vamos a ver cómo se trazan.
Nos limitaremos nuevamente al caso de que la variación de den­
sidad del líquido es despreciable y el rozamiento no existe. Así, pues,
no existirán en la corriente esfuerzos cortantes, ni giros; es decir, la
corriente estará libre de torbellino. Por lo demás, sólo las fuerzas de
inercia actúan como fuerzas contrarias a las de presión.
Las corrientes consideradas deben ser, además, permanentes, a fin
de que el diagrama de la corriente no varíe. La representación de la
corriente la obtendremos dividiéndola en corrientes parciales (tubos
de corriente) 1, 2, 3, etc. (fig. 35), de /tal modo que cada corriente
parcial tenga el mismo caudal A V. Dfe esta forma quedan determi­
nadas las lineas de corriente que limitan estas corrientes parciales.
Cuanto mayor es la anchura A y, tanto' menor es la velocidad, puesto
I (') E. P ollm ann : K onstruktion, vol. 2, fase. 12, pág. 373 (1950).
Diagrama de la corriente de un líquido ideal sin rozamiento 51

que A V = cA yb , y tanto mayor es la presión, según la ecuación


de Bernouilli.
Además de estas líneas de corriente, son también importantes
las líneas ortogonales que ¿ortan perpendicularmente a aquéllas. Por
tanto, a lo largo de una línea ortogonal no existe componente de
velocidad, y según la página 44, tampoco ninguna diferencia de poten­
cial. Las lineas ortogonales son, pues, líneas equipotenciales, pero no
de igual presión o de igual velocidad. Del teorema demostrado en la
página 45 se desprende que entre dos
líneas ortogonales existe en todas par­
tes la misma diferencia de potencial
A 0 , y por tanto, mide la diferencia
de potencial, es independiente del ca­
mino de integración.
Para aumentar la claridad del-
diagrama de corriente se escogen las
líneas ortogonales de forma que la
diferencia de potencial entre ¿ptrli-
neas consecutivas sea la misma.
La velocidad y también los dia­
gramas de corriente son, por razones
de continuidad, independientes de có­
mo se oriente el canal considerado, F ig" . bios35. Corriente plana, con cam-
de sección y dirección
respecto al plano horizontal. El .dia-
pítima de coiríente no se nwdifica si el canal ^qjleva de una posición
horizontal a otra posición cualquiera^^empre' y cuando no exista
superficie libre, verificándose efl;.¿ob€fa punto, según la ecuación de
Bernouilli z -J- P/y = constante. Las presiones sólo varían de acuerdo
con la variación-.de z. A fin de poder indicar en cada momento el
valor de las presiones, supondremos, para simplificar, que es despre­
ciable la \ariación de la altura de posición z de las diferentes partí­
culas de agua en su camino por el interior del canal, en relación con
las variaciones de presión. Esta condición se cumple, con exactitud
suficiente, en las corrientes de los canales del rodete y difusor de una
bomba centrífuga; pero, no obstante, sólo es rigurosamente exacta en
los canales horizontales. Nuevamente rige la expresión (3 a ):
+ = , _£í_ (3 a)
y 29 Y 2g
en la que el subíndice I corresponde al borde del canal.
a) Corriente plana. En este caso, las líneas de corriente se
hallan en planos paralelos ; además, el estado de corriente perpen­
dicularmente a estos planos es en todas partes el mismo.
Consideraremos que el canal tiene la forma de la figura 35, en la
cual existe variación de sección y de dirección.
a) Semejanza del diagrama de corriente de las corrientes planas
en sus elementos injinitesimales. Sea b la anchura del canal, perpen-
52 Principios de Hidrodinámica

•dicularmente al plano del dibujo. Como sea que por cada tubo de
corriente pasa el mismo caudal A V, su anchura A y debe cumplir
la ecuación de continuidad, de modo que

siendo A y la anchura media de un cuadrilátero curvilíneo.


A consecuencia de la igualdad de la diferencia de potencial J
entre dos líneas ortogonales, tenemos, además, para el ancho medio
A x de las lineas ortogonales:
A x c = A0 (H)
y eliminando c entre (I) y ( I I ) :
Ax A0 , (23)
'J V ~ ~ Á v
La expresión de la parte derecha es igual para todos los cua­
driláteros curvilíneos. En el diagrama de corriente relativo a una co­
rriente plana en un liquido incompresible, las líneas de corriente y
las líneas ortogonales forman rectángulos cuyos lados están en una
relación constante (!). c se supone constante a lo largo del elemento
considerado, y, por tanto, los rectángulos deben ser suficientemente
pequeños. Si uno de estos rectángulos es un cuadrado, todos los cua­
driláteros curvilíneos son cuadrados.
Esta ley muestra también que la corriente en los canales curvos
es similar a la corriente en los canales rectilíneos, supuestos elemen­
tos infinitesimales; la corriente plana curvilí­
nea es, pues, una figura conforme a la corriente
plana rectilínea. Toda corriente plana puede
deducirse de otra corriente plana conocida, utili­
zando para ello los procedimientos matemáticos
que rigen para la representación conforme.
F ig. 35 a. Rectángulos
Utilizaremos la ley de semejanza para de­
curvilíneos de lados iguales terminar el diagrama de corriente mediante
que posibilitan la inscrip­
ción de un círculo y dia­ tanteos. Primeramente se dibuja la red de ma­
gonales perpendiculares llas anchas, y se obtiene una división más pre­
entre si
cisa dibujando curvas diagonales. Es especial­
mente cómodo tomar para los rectángulos curvilíneos la ^forma cua-
u i a u a , p u lq u e asi p u ü ie n iu s u n iia i cu m u m t u i u a
(figura 35 a) y, además, las diagonales son perpendiculares entre si.

(l) En los gases con fuertes variaciones de presión sería, evidentemente:


Ax const. V
—— = -------- = const. v
Ay v ^
Véase también A. B etz y E. K raiin : Ing.-Arch., vol. 12, fase. 6, pág. 2/ (1940).
Diagrama de la corriente de un liquido ideal sin rozamiento 53

El esquema se facilita notablemente si se determina la velocidad


a lo largo de las lineas ortogonales, basándonos en el siguiente proce­
dimiento.
P) Determinación de la variación de la velocidad a lo largo de una
linea ortogonal. La ley de las áreas gc = K sólo es válida si todas
las trayectorias de corriente tienen un mismo centro de curvatura,
es decir, si son circunferencias concéntricas. Es el caso corriente, salvo'
contadas excepciones. En los codos de los tubos (fig. 38), sin excep­
ción. Que dicha ley no es aplicable a todos los casos, nos lo demuestra
la corriente en un canal divergente (fig. 37) (en el cual es evidente
que las trayectorias están curvadas, a excepción de la central), para
el cual q = oo, y, por tanto, según la ley de las áreas, su velocidad
debería ser cero.
Escribiendo el equilibrio de fuerzas para el elemento ravado de
la figura 35, limitado por dos líneas ortogonales vecinas y dos líneas
de corriente separadas por dy, de la misma forma que se ha hecho en
el capítulo 9, b, se obtiene nuevamente la expresión (12 b), solamente
que, en vez de dg, aparece d y.~U-ma'gnitud y, representa el desarrollo
de la longitud E A de la línea ortogonal comprendida entre el borde
y el punto considerado A, siendo dy positivo si se dirige hacia el
centro de curvatura. En estas condiciones^ .tiene, evidentemente,
d g ------dy, de forma que la anteriop-expresión diferencial (12 b) se
transforma en :
¿SU>*r d c
•+ — = 0a (24)
1 c
Existen, pues, tres variables: Cgjjfetf^g'; pero sólo g depende de y.
Efectuando la integración a lo largo de la línea ortogonal desde E
hasta A, si Cj eala velocidad en el borde exterior en E, es decir, para
y = 0, se obtiene:

(25)

Esta expresión sustituye a la ley de las áreas para la forma de co­


mente general. Sin embargo, es poco adecuada para la determinación
del diagrama de corriente (*), porque la integral no es fácil, dado que o
no se conoce exactamente.
Generalmente nos podemos limitar a utilizar una curva apro­
ximada de los valorps Hp r Ec+o en r>V.+! " ----1 1 <
| . J 1 , ---------------tAUUJlVilllieUie
la ley de la subtangente, según la cual, en cada punto de la curva c, la
subtangente es igual al correspondiente radio de curvatura o. La
prueba de ello es que en la expresión de la subtangente clídcldu) es
dcfdy = c/g, según la ecuación (24). La-línea c se dibuja a sentimiento
(*) Véase también F lügfx : Ein neues Verfahren der craDhisebnn
tion, angewandt auf Strómungen usf., Disertación Oldenburgo f l 9 l í 0 Z^Tuí’
¡ S í e s '" (& ) ’P'* (19,5)' AdemáS’ A- zXmmM S;
54 Principios de Hidrodinámica

y a cualquier escala (fig. 36), de forma que el radio de curvatura de am­


bas paredes del canal aparezca en los puntos E y F (fig. 35), es decir, gi
y qu, como subtangentes del punto inicial A y final B, respectivamente,
de la curva c, tal como se ve en la figura 36. Puesto que el caudal Vy,
que pasa a través de una longitud desarrollada determinada y, e s:
y y
Vy = \ b d y c = b \ c d y (25 a)
o o
la integral de la curva c representa la curva de los valores Vy/b. De
aquí se obtienen las anchuras A y de los tubos de corriente, a lo largo
de la línea ortogonal considerada, dividiendo la ordenada final D D’,
que representa V¡b, en tantas partes iguales como tubos de corriente
se prevén. Trasladando estos puntos parciales sobre la línea Vy, se
obtienen los valores de A y como segmentos sobre el eje y (fig. 36).
Este mismo procedimiento se aplica para varias lineas ortogonales
y reiterando la opera­
ción tantas veces como
sea preciso, variando la
curva c, hasta que los
cuadriláteros curvilí­
neos cumplan la ley de
semejanza.
Al utilizar única­
mente la ley de la sub­
tangente, no queda
determinada definitiva­
'• j
mente la curva c, por­
que los radios de cur­
-----

F ig. 36. Diagrama para determinar la representación vatura de las líneas de


de la corriente potencial plana
corriente centrales no
han sido tenidos en cuenta. Se puede simplificar extraordinariamente
el trabajo si partimos de una curva de variaciones de q sobre la línea
ortogonal. Tomando para ello una hipérbola que cumpla con los va­
lores límite y gIIt y que tiene el eje como asíntota, la integración
de (25) nos dará:
•f c __ y_ y
(— — i) + 1
' J
•J C1 Qi 2 a Qll 1
(a = desarrollo de la linea ortogonal EF).
Mediante esta expresión podemos dibujar fácilmente la curva c,
la cual nos da las relaciones efectivas tanto más exactamente cuanto
más continua es la curvatura de los limites del canal. En los extremos
cumple naturalmente también la ley de la subtangente. Si g¡ = ©©,
es decir, si un borde del canal“es rectilíneo (lo que sucede a menudo),
se tendrá:
(26 a)
Diagrama de la corriente de un líquido ideal sin rozamiento 55

En los puntos en que se producen cambios bruscos del radio de


curvatura de la pared, es preciso utilizar exclusivamente la semejanza
de los cuadriláteros curvilíneos.
La escala de las curvas c'y V„, que, sin embargo, no se utiliza para
proyectar el diagrama de corriente, se puede determinar de la condi­
ción de que la ordenada final D D’ tiene que ser igual al caudal V/b.
y) Procedimientos experimentales. Además del procedimiento
gráfico descrito, se puede acudir a la experimentación para fijar el
diagrama de corriente del liquido ideal. La corriente de liquido real
da un diagrama que se separa de aquél, a causa de los efectos de
viscosidad, que se tratarán en el capítulo 12. Pero en el período
de arranque, o, lo que es lo mismo, en el estado de oscilación, se pro­
duce el diagrama de corriente deseado. También se puede obtener el
diagrama exacto de la corriente potencial, utilizando la analogía entre
la corriente potencial y una corriente de gran viscosidad, según Hele-
Shaw (!), haciendo perceptible la corriente en una capa muy delgada
entre dos placas de cristal. Otra posibilidad la ofrece la igualdad de
membrana, propuesta por Prandtl v Kucharski, que consiste en dis­
poner una membrana de goma'Tíelgada y tensa sobre dos bordes del
canal, situados exactamente horizontales, pero desplazados en direc­
ciones perpendiculares, obteniéndose las líneas de corriente como cur­
vas de nivel de las superficies asi obtenjdas-f1). También se ha ensa­
yado la acción de una corriente eléctrica sobre una placa delgada,
según D. Thoma (3). Este procedimiento-utiliza la posibilidad de inter­
cambio de las líneas de corriente y ortogonales. La red de líneas obte­
nida permanece, pues,*iñi>anable en las cor^ieiites'1píanas, a causa de la
ley de semejanza, cuando las line^jj£¿Zórñe'ntc y las ortogonales in­
vierten sus papeles.
Estos procedimientos experimentales son apropiados, en parte,
para efectuar demostraciones. El constructor utiliza preferentemente
los procedimientos gráficos.
Es importante hacer hincapié en que se pueden unir corrientes
cualesquiera, superponiéndolas, pudiendo resultar nuevas formas de
corriente. Las velocidades se deben sumar vectorialmente, igual que
se hace con las fuerzas. Este procedimiento sirve en general y se puede
aplicar también a las corrientes potenciales no planas (4). Superpo­
niendo los diagramas de las líneas de corriente de dos corrientes pla-
(*) Véase H el e -S haw : Trans. In stn . N aval A rch it., vol. 2, pág. 1387 (1898)
B egrúndung der Analogie, n o ta 1 al pie de la pág. 77.
(*) Véase tam bién C. B. B iezeno y R. G rammel : Technische D vnam ik
Berlín : E d ito rial Springer, pág. 192 (1939).
(*) Z. V D I 1911, pág. 2007. — H . H o h e n e m s e r : Forschung, vol. 2, fas­
cículo 10, pág. 370 (1931).
(*) E sto resulta de la form a lineal de la ecuación de continuidad de la hidrodi­
nám ica m atem ática :
o u , d v d tu
~8T + J V + I T “ °’
siendo u, v, w las com ponentes de la velocidad de un punto, según las direcciones
de x, y y z.
56 Principios de Hidrodinámica

ñas se obtiene la corriente resultante, trazando las diagonales de los


cuadriláteros curvilíneos formados por los tubos de corriente de la
misma capacidad.
b) Algunos ejemplos notables de diagramas de corriente plana.
La figura 37 nos presenta el diagrama de corriente (red de trayecto­
rias y ortogonales) de un canal rectilíneo de anchura variable (2). Las
lineas de punto y raya son líneas de igual velocidad y, por consiguiente,
de igual presión. Esta figura nos muestra claramente cuán falsa es la
opinión generalmente admitida de que las velocidades y las presiones
son uniformes en una misma sección, y ello incluso en un canal de eje
rectilíneo. Las diferencias son mayores, naturalmente, en los sitios en

F ig. 37. Corriente potencial en un canal rectilíneo de anchura variable

que la curvatura de la pared es más pronunciada. Si el canal tiene un


estrechamiento brusco con cantos vivos, las líneas de corriente se
comprimen, apareciendo velocidades infinitamente grandes, mien­
tras que en un ensanchamiento brusco, también con cantos vivos, la
velocidad disminuye hasta cero, y, por tanto, se forma un punto de
remanso. Los cantos vivos salientes son causa, según lo dicho, de la
disolución de la corriente, y han de evitarse.
La figura 38 representa un codo de sección rectangular, prolon­
gado por cada extremidad mediante un cambio de dirección de 180
en un canal rectilíneo. Considerando la parte rectilínea por separado,
lo rp ri 0 c t4 frvr-rrio rio pQ - ^ Z Z t Z Z C q U Í v I L l m , Lvo. Ü11UU a c p c ti ctUct-

mente la parte curva, las trayectorias son circunferencias separadas


desigualmente, debido a la variación de la velocidad a lo largo de un
radio. Al formar un solo diagrama, constatamos que las trayectorias
tendrían que sufrir una desviación brusca x. Como esto es físicamente

(’) Tomado de H o c h s c h il d : Versuche ílber die Stromungsvorgánge in


erweiterten und verengten Kanálen. Forschungsarb. Ing.-Wes., fase. 114, pág. 35.
Diagrama de la corriente de un liquido ideal sin rozamiento 57

imposible, será preciso que las trayectorias comiencen a curvarse ya


en la parte recta, antes y después del codo. Por consiguiente, la pre­
sencia de un codo influye sobre la corriente anterior y posterior, en
las partes rectilíneas. Se ve, por tanto, que en las variaciones de direc­
ción, el diagrama de corriente q u e d a __________
notablemente influido en los canales de f ] 7^.
unión. El diagrama hace, a d e m á s , _____ 7 f i HC / \
comprender por qué en el canal d e ___ ~
álabe (el diagrama de corriente de la M i l i
figura 71, capítulo 19, se ha dibujado
según las mismas reglas) la corriente _____ |
en el centro no varía su dirección, como — ________IjrQ *' n / 7
prescribe la forma del álabe. ----- — y /

particular de corriente plana : la co- —---- ——I—I—ll—


rriente central en espiral, que se ob- Fio. 38. corriente potencial en
tiene superponiendo un torbellino po- 1111 canal acín¿°larde sccción rec'
tencial, como el tratado- en e l ^ c ^ p j - '
hilo 9, b), y una corriente radial, es decir, que parte del eje. Es la co­
rriente que tiende a producirse alrededor de un rodete radial con ála-

F ig. 39. Núcleo de torbellino (corriente plana en el interior


de un rodete radial)

bes, puesto que la corriente tiene, en este punto, una velocidad a la


\ez radial y tangencial, y pasa entre dos planos paralelos.
En esta corriente, los ángulos de inclinación a, de las lineas de
corriente, respecto a los círculos paralelos, son constantes, lo cual tam­
bién sucede para las líneas ortogonales. Las dos redes están, pues, cons­
tituidas- por espirales logarítmicas. La demostración resulta de la
siguiente sencilla consideración :
i>o i-'nncipios de Hidrodinámica
p:‘
Designemos por cm y cu las componentes radial y tangencial de
i la velocidad en el radio r, y por b la anchura del canal, y tendremos
para el caudal V :
V = 2 n r b cm
o sea,
cm =
2 ti r b
Las componentes tangenciales resultan de la ley de las áreas (13),
por lo que
K
Cu —
r
desapareciendo la cantidad variable r, al determinar tg a = cm/cu.

!; ¡

F igs. 40 y 40 a. Corte meridiano de una corriente potencial


en un volumen de revolución

La igualdad de todos los ángulos a resulta también inmediatamente


de la superposición de ambas corrientes, según página 41.
c) Corriente en un volumen de revolución. El estado de la
rriente a lo largo de un círculo paralelo es el mismo. Las líneas de
corriente están curvadas en el espacio y se hallan sobre superficies
de revolución. Es usual representar esta corriente, en el dibujo, me­
i• 1 ! diante su proyección radial sobre un plano que pase por el eje de revo­
1i ‘i
lución (plano meridiano) (fig. 40); naturalmente, en este sistema de
representación sólo aparecerá la componente meridiana de la velo­
cidad (la única que se encarga del transporte del líquido), cm,-desapa­
reciendo la componente tangencial, cu (por tanto, la circulación).
Diagrama de la corriente de un liquido ideal sin rozamiento 59

a) Corriente sin componente tangencial cu (corriente de paso).


Los cuadriláteros que forman las líneas de corriente y las lineas orto­
gonales en la sección meridiana considerada, no siguen la ley de seme­
janza deducida de la expresión (23) para corrientes planas, porque la
sección en forma de anillo circular de los diferentes tubos de co­
rriente 2 n r A y depende del correspondiente radio r, y por razones
de continuidad tendremos :
. AV
r A y cm — ~ñ~~
¿ 71
Existiendo, por otra parte, una corriente potencial y debiendo tener
las líneas ortogonales igual diferencia de potencial, podemos escribir:
A x cm = A 0.
Resultando para los cuadriláteros curvilíneos del diagrama de co­
rriente la ley
Ax
= r const. (27)
~¿~y
en la que A x y A y son las longitudes medias de los lados del cuadri­
látero curvilíneo (no son las señaladas en la figura 40).
En la sección meridiana, las líneas de corriente y las ortogonales
forman rectángulos, la relación de cuyoe-iados es proporcional a su
separación del eje. Los cuadriláteros cupdlíneos se deforman de tal
forma que con un radio r creciente, A y se acorta con relación a A x.
A pesar de todo, la anteriorJéy es útil para el; pgmer esbozo del dia­
grama de corriente, cótóTla ley de semej^jd^énlas corrientes planas,
Arpero puede sustituirse por la siguiente":
Determinación de los valores de la velocidad a lo largo de una
línea ortogonal. Consideremos en la sección meridiana, la porción infi­
nitamente pequeña A B C D (fig. 40), que corresponde a un toro lí­
quido de igual sección. A consecuencia de la curvatura de las trayec­
torias, aparecen fuerzas centrífugas que hacen que la presión crezca
al alejarnos del centro de curvatura. Siguiendo las notaciones de la
figura, tendremos para la sección del toro :
df = dx dy = q dx dy
para la fuejza centrífuga por unidad de longitud de circulo paralelo,
cuando la velocidad en el punto considerado es cm :

d C = £ d f ^ = 2- dpdy c %
!/ t V
y para la diferencia de presión a lo largo de d y de la línea ortogonal,
creada por esta fuerza centrífuga:
= J L = i L = i i ¿ j ,
d x -1 gd(p g q
que deberá ponerse con signo negativo en el caso de que los valores de y
60 Principios de Hidrodinámica

se tomen positivamente cuando se acercan al centro, lo cual concuerda


con las notaciones adoptadas precedentemente.
Combinando esta expresión con la derivada de la ecuación d&
Bernouilli, es decir, la correspondiente a la ecuación (12 b), página 40,
que se escribe:

y 9
se obtiene, finalmente, la ecuación diferencial:
_ - í i + i*fE. = 0,
6 cm
que concuerda completamente con la ecuación (24), obtenida para la

F ig. 40 b. Diagrama para determinar la representación de la corriente potencial


en un volumen de revolución

corriente plana. Por tanto, para la determinación de la velocidad cm


rige también la forma deducida de la expresión (25):
u

El subíndice I se refiere, otra vez, al borde del canal desde el cual


se ha medido y, no al borde correspondiente al lado del centro de
curvatura.
La comprobación del diagrama de corriente se efectúa por medio
de esta igualdad. Hp la m i « m o f o r m o q v m r Z página ^3 pata
corrientes planas. Sólo se modifica la condición de continuidad para
el caudal Vv que pasa a través de una longitud desarrollada y de la
linea ortogonal, es decir, la superficie anular correspondiente, cuyo
valor e s:
V „= ]2 tircm d y = 2 7i\ rcm dy (2 9 )
o o
Propiedades de los líquidos reales 61

siendo r dependiente de y. Por ser la ecuación (27 a) idéntica a la (24)


{sustituyendo c por cni), también rige aquí la ley por la cual las subtan­
gentes de las curvas cm, y, son iguales a los radios de curvatura
■de las líneas de corriente (fig. 40 b). En especial, rige también la ecua­
ción (26), por lo cual se podrá indicar, en la mayoría de los casos con
suficiente exactitud, el curso de estas curvas sin necesidad de la ex­
presión (28), ya que son conocidos los radios de curvatura de ambos
bordes del canal (fig. 40 b). El factor 2 n de la igualdad (29) se intro­
duce, como antes b, en la escala de las ordenadas Vy.
Los procedimientos experimentales son posibles (*), pero poco
convenientes.
/?) Corriente con componente tangencial cu. Si existe, además
de la corriente meridiana ya considerada, un movimiento de rotación
alrededor del eje, se puede concebir la corriente resultante como la
superposición de estas dos corrientes, de forma que las velocidades
se suman geométricamente, y las presiones, aritméticamente. En lo
referente a la velocidad meridiana cm, que es ahora la componente
de la velocidad total c en el planojpsfidiano, no existe ninguna dife­
rencia con lo que acabamos de estudiar, y todos los resultados obte­
nidos son valederos.
Es evidente que la corriente resultante sólo jmede ser libre de
giro si la corriente circular que se añadq^darTEheridiana también lo
es ; de ello se deduce que para latcorriente cijcular regirá la ley de las
áreas. Si cu es la componente tangpciaf'correspondiente al radio r,
se debe cumplir:

ta clase de corriente se ha esnídTSdo con detención en el capí-


^ t uulo
l 9, b), como torbellino potencial. En el caso presente también pue­
den aumentar las velocidades cu a medida que disminuye r, disminu­
yendo la presión hasta la formación de un espacio hueco. Por ello se
impide frecuentemente el giro de la corriente o entrada»de aire para
que no se formen espacios huecos de rotación (por ejemplo, en los tu­
bos de aspiración) o se dispone un núcleo en el eje (fig. 298).

12. Propiedades de los líquidos reales


El movimiento de una partícula de líquido está ligado a las
fuerzas de presión, a las que se oponen fuerzas de inercia y de visco­
sidad. Estas últimas no las hpnw -- encala Irasui añora, por
10 que vamos a considerarlas en el presente capítulo.
(l) Véase H. R o u s e y M. M. H a s s a n : Kavitationsfreie Ein-und Auslassdü-
sen. Mech. Engng., vol. 71, págs. 213-216 (1949) — E. E c k e r t , H. H a h n e m a n n
y L. E hhet : Z. VDI, vol. 85, págs. 927-28 (194Í); Forschung, vol. 20, págs. 141,
171 (1954) — H. G e r b e r : Experimentelle Methoden zur Ermittlung von Stróm-
ungsbildern. Escher-Wyss-Mitt. 1928, n.° 6, págs. 171 ss., con apéndice de
Ackeret. El procedimiento a que se refiere tiene la desventaja de que se obtienen
tas líneas ortogonales en vez de las líneas de corriente, y en estas corrientes en el
espacio, dichas líneas no son intercambiables.
62 Principios de Hidrodinámica

a) Viscosidad de los líquidos y gases. Cada liquido posee u


cierta viscosidad, a menudo muy pequeña. La viscosidad se manifiesta
por la aparición de fuerzas cortantes cuando se obliga a cambiar de
forma a una partícula A B C D de líquido que posee una velocidad
finita. Éste es, por ejemplo, el caso cuando dos paredes planas y para­
lelas muy próximas, 1 y 2, entre las cuales
se encuentra el liquido de que se trata, se
mueven paralelamente a si mismas, con una
diferencia de velocidades A c (fig. 41). La re­
sistencia que hay que vencer es, según expe­
riencias, proporcional a la diferencia de velo­
F ig. 41. Acción de las
fuerzas de viscosidad cidades ¿1c de las superficies A B y CD,
e inversamente proporcional a la separa­
ción A y de estas superficies. En las secciones A B y CD, actúan, pues,
las tensiones de cortadura:
Ac
T = f j TT (30>
El coeficiente p representa, por consiguiente, la tensión de cortadura
que aparece al ser la diferencia de velocidades A c = 1 cm/seg, cuando
la distancia A y = 1 cm. Se le denomina coeficiente de viscosidad
del líquido. Tiene como dimensión : Fuerza x tiempo/longitud2, o sea,
en el sistema técnico kg. seg/m2. Hay que tener en cuenta que las ten­
siones no son proporcionales a las deformaciones, como en los cuerpos
sólidos, sino a las velocidades de deformación.
En la práctica es más cómodo servirse del llamado «coeficiente ci­
nemático de viscosidad», que es igual a p dividido por la masa especifica
Q= y¡9, puesto que las variaciones de velocidad debidas a los esfuersos
cortantes son tanto menores cuanto mayor es la densidad. Por tanto :
r _ t* _ M
o y
cuya dimensión es, evidentemente, el m2/seg (1). En lo sucesivo, y para
distinguirlo de p, llamaremos a v «coeficiente dinámico de viscosidad».
Tanto la viscosidad dinámica como la cinemática dependen de
la presión y de la temperatura. La influencia de la presión es poco
importante en los líquidos, en los cuales sólo se considerará la tempe­
ratura. En los gases y en el vapor de agua recalentado depende poco
de la presión (y disminuye meramente un poco cuando las presiones
son muy reducidas, siendo perceptible el trayecto libre de las molé­
culas). Pero, por esto, v varia en proporción inversa de la presión, con
tal que no se altere la temperatura, porque, como a igualdad de tem­
peratura la densidad es proporcional a la presión, v es inversamente
proporcional a ésta.
(l) Los físicos utilizan el signo r; con dimensiones g seg/cm8, en vez de p en
kg seg/m*. La unidad de viscosidad se llama poise (en honor de Poiseuille); la uni­
dad de viscosidad cinemática en cm*/seg se denomina stok (en honor de Stokesk
r¡ = 98,1 p y vtecn = lO^vfis. Otra medida de la viscosidad cinemática eselgradO'
Engler E, siendo 10* v = E- 7 ,6h - 1/£*l.
Propiedades de los líquidos reales 63
T a b l a 111 (‘ )
Valores de 10* v (m'/seg) en función de la temperatura
Temperatura °C 0o 10° ‘ 20° 30° 40° 50° 60° 80° 100 *
Agua pura....................... 1,79 1,31 1,01 0,805 0,658 0,556 0,478 0,366 0,295
Agua de mar con ) 0 0/
un contenido de \ 1,815 1,334 1,032 0,827
sal d e ................J *4 % 1,834 1,360 1,058 0,840
Petróleo refinado *........ 2,89 2,32 1,88 1,60
Aceite para husillos * .. 52 20 8 5
180 130 50 30
Aceite de máquina*., j a a a a
730 500 170 105
Aceite para cilindros * .. 1000 180 70 40
Petróleo en bruto, se- í 13 9 7 • 5
gún procedencia.. . . 1 a a a a
10000 3000 1000 500
Aire atmosférico *• {
a 760 mm H g............ 13,36 14,27 15,17 16,08 16,99 17,93 18,9 20,9 23,1
Hidrógeno **
a 760 mm H g............ 94,27 100,4 106,6 112,7 118,8
Anhídrido carbónico **
a 760 mm H g............ 7,16 7,70 8,25 9,34 i 1
vainr« /» i i memos. '" P a r a otras presiones se obtendrá el valor de v de los
d? 1 tabla*multiplicando por la razón inversa de las presiones. Los valores
P lre atmosférico son proporcionales a T».’, hasta 700° C. En la figura 42
se encontrarán los valores n n r a el vannr b

J00 XO
Temperalura
w \ 4Á \ „visc°!,idad clneniát ica (O del agua en ebulUción, (»")del vapor de agua saturado
. (*■) de» vapor de agua recalentado, a diferentes presiones, en función de la temperatura
(la escala de valores de * es logarítmica)

H. £cim R !1B^hydra“ l“ ^ f ^ S ? r i ¡ ! Í l , S1934'^Gn FV°BE¿¿!’í5M4^ ’i^


4' p á g s ’
64 Principios de Hidrodinámica

Es importante dejar sentado que la influencia de la temperatura


en los líquidos y los gases es de sentido contrario, pues mientras p y v
disminuyen para los líquidos al aumentar la temperatura, aumentan
en los gases. Además, v es bastante elevado en los gases, siempre mayor
que para el agua, y tanto mayor cuanto menor es su densidad. Por
tanto el valor de v del aire alcanza el valor de v del aceite de engrase
en un vacio elevado o a grandes temperaturas. Se ve, por consiguiente,
que la escasa densidad de los gases hace que su viscosidad aumente
extraordinariamente í1). . •
b) Ley de semejanza de Reynolds. En los líquidos ideales s n
rozamiento, solamente se presentan fuerzas de inercia como opuestas
a las variaciones de presión (cap. 11). En las corrientes de líquidos
reales intervienen, además, las fuerzas de viscosidad como otras fuerzas
interiores, las cuales influyen más o menos en el diagrama de la co­
rriente. Cuanto más fuertes son las fuerzas de viscosidad, tanto mas
se separa la corriente de la del líquido ideal, que se ha estudiado en
el capítulo anterior, y viceversa, cuanto menores son, más se le pa­
rece (a no ser que las fuerzas de inercia fueran insignificantes y el dia­
grama de corriente fuera nuevamente el del líquido sin rozamiento
[nota página 821, y si no existiera, en el caso de viscosidad reducida,
la adherencia a las paredes). Una característica de la corriente sera la
relación entre las fuerzas de inercia y las de viscosidad. Si considera­
mos ahora una determinada clase de corriente — por ejemplo, una co­
rriente que rodee un cilindro de diámetro d —, resultarán diagramas de
corriente similares para valores distintos de d, cuando la relación entre
las fuerzas de inercia y de viscosidad permanezca constante. Si c es la
velocidad en un punto dado, según el principio de la impulsión, las
fuerzas de inercia crecen proporcionalmente a y c*¡g, en el caso de se­
mejanza ; las de viscosidad, según la expresión (30), proporcionalmente
a a u c lA y , y, por tanto, a p c¡d, ya que para corrientes permanen­
tes semejantes, la relación A cjA y es directamente proporcional a la
velocidad c e inversamente proporcional a d. La relación entre ambas
fuerzas es, pues:
y (?¡g cd _ cd (31)
Re =
p c¡d p g/y
Este número característico se denomina número de Reynolds, porque
O sbo rn e R e y n o ld s (2) fue el primero en reconocer su importancia.
No tiene dimensiones. Para las corrientes en los canales o alrededor
de cuerpos cualesquiera, d de la expresión (31) representa cualquier
dimensión lineal del canal o cuerpo, respectivamente.
En los cuerpos exacta y geométricamente semejantes (en los cuales
las irregularidades de la superficie son también semejantes), para nú­
meros de Reynolds iguales, el diagrama de corriente es también seme-
(‘) Véase también I. B ohm : Schweiz. Bauz., vol. 70, pág. 364 (1952); BWK,

\ ° i. 4, pag. 2H2^1952).; Sdent pap Bur of stand., vol. 2, pág.' 5.; Phü. Trans.
Roy. Soc. (Lond.), vol. 174, pág. 935 (1883); vol. 186, pág. 123 (1895).
Ejemplos de corrientes reales 65
janle en todas sus partes. Hay que señalar que la clase del liquido
no interviene para nada. Cuanto mayor es Re, tanto menos importancia
tiene la fuerza de viscosidad con relación a las fuerzas de inercia. Nó se
puede prescindir por completo de las fuerzas de viscosidad cuando el
número de Reynolds es muy elevado, debido a la adherencia del líquido
a las paredes, lo cual ocurre especialmente en las corrientes lentas
(pagina 74).
Esta ley de semejanza nos permite deducir también importantes
reglas para la resistencia de la corriente. En los líquidos ideales nin­
guna forma de cuerpo introducido en la corriente, por desfavorable
que sea, puede ocasionar pérdida de energía alguna; pero, al intervenir
la viscosidad, aparecen necesariamente resistencias, debidas, por una
parte, a la adherencia del líquido a las paredes (rozamientos de paredes)
y, por otra, por las fuerzas de presión, puesto que la recuperación cíe
la presión detrás del cuerpo no es total.
En las corrientes semejantes en todas sus partes, o sea, para nú­
meros de Reynolds iguales, la pérdida de energía en mkg/kg por roza­
miento hw (expresada en metros de. Qpiumna del líquido), debe ser pro­
porcional a la altura de velocidad c2/2 g, por serlo las fuerzas de inercia
y de viscosidad al no variar Re. Por tanto,

Es evidente que en esta expresión el coeficiente£ es función del número de


Reynolds, pues al variar Re^e~ modifica la relación entre fuerzas
de inercia y de viscos!da<tr ^
exact’tud de la ley de semejanctóJ4ia'sido confirmada por mul-
Rfítud de ensayos. Todo fenómeno de corriente está sometido a esta lev.
siempre que la gravedad no desempeñe un papel importante (es decir’
que se formen superficies libres) y no se modifique el estado de agre­
gación, especialmente por la formación de espacios huecos por eva­
poración (cavitación) en los líquidos, o nos encontremos en las proxi­
midades de la velocidad del sonido en los gases. Con su ayuda es posible
experimentar sobre modelos reducidos y aplicar los resultados a má­
quinas semejantes de mayores dimensiones; por ejemplo : rodetes de
bombas centrífugas, independientemente de que el ensayo se efectúe
con aire o con agua. Esta ley es, pues, indicadísima para clasificar las
experiencias y facilitar la marcha de los ensavos.

13. Ejemplos de corrientes reales


Los flúidos corrientes (agua, aire, vapor) tienen una viscosidad
reducida ; pero, no obstante, su comportamiento se separa mucho del
liquido ideal, a consecuencia de la adherencia a las paredes. •
a) Corriente en tubos rectos. El caso más importante es la
circulación por tuberías. La caída de presión debida al rozamiento
sera constante si el régimen es permanente en toda la longitud i.E n
5. Pfleidereh : Bombas centrifugas.
oo Principios de Hidrodinámica

consecuencia, el coeficiente £ de la expresión (32) es proporcional a la


longitud / e inversamente proporcional al diámetro d ; es decir, la pér­
dida de carga por rozamiento será :
Z = A— — • (33)
Lr Á d 2g
en donde A es función del número de Reynolds y c la velocidad media,
o sea, el caudal dividido por la sección. Además, podemos considerar
la presión constante en todos los puntos de una misma sección recta,
ya que las líneas de corriente son paralelas al eje.
a) Número de Reynolds muy pequeño, Re = cd¡v< 1. C
rriente laminar. Esta corriente deslizante se caracteriza por ser pre­
ponderantes las fuerzas de viscosidad, por lo que se desprecian las
fuerzas de inercia. Es poco corriente en los tubos; pero aparecen, por
ejemplo, en la corriente tratada en la página 55, de una capa delgada
entre dos placas de Hele Shaw (véase nota al pie de la página 82), y
también en el engrase de los cojinetes con aceite (en donde la sección
de la corriente es variable).
P) Número de Reynolds pequeño, 1 < Re < 2800. En esta co­
rriente, todavía laminar (corriente por capas, llamada también
corriente de Hagen-Poiseuille),
aparecen, en el caso de variación
de sección o dirección, fuerzas de
inercia apreciables. En el tubo,
todas las partículas se mueven
según trayectorias paralelas, que,
por tanto, no se mezclan.
Tomando como base la ex­
presión (30) y considerando la
adherencia del flúido a las pa­
redes, al determinar la distri­
bución de la velocidad en una
Fio. 42 a. Distribución de la velocidad en sección del tubo, resulta (*) que
un tubo cilindrico con corriente laminar y ésta varía según una parábola
turbulenta, referida a una misma velocidad
media que tiene el eje del tubo como
eje principal (fig. 42 a). La pér­
dida de presión es proporcional a la velocidad. Poniendo esta pérdida
en lugar de hr de la ecuación (33), resultará para el tubo circular.
X= -ft (34)
Rp.
siendo Re = cd/v, por lo que A es inversamente proporcional a la
velocidad. En las secciones de tubos no circulares se ponen otros
valores; en vez del número 64. En el caso muy importante de la co­
rriente laminar, es decir, de la corriente plana entre dos paredes para­
lelas separadas (juego entre rodete y anillo de equilibraje) por la pe-
(») La demostración puede hallarse en cualquier libro de Mecánica.
Ejemplos de comentes reales 67

quena distancia b, entonces ?. = 96/Re, si en la expresión se sustituye


Re por d = 2 b (pág. 95).
La corriente laminar no,está influida por la rugosidad de las
paredes. Los valores de X indicados sirven tanto para paredes lisas
como para paredes rugosas. Las corrientes laminares sólo se produ­
cirán para pequeños números de Reynolds, cuyo valor máximo se
denomina : número critico de Reynolds. Si en el tubo de sección cir­
cular
Re £ 2320 (35)
la corriente es siempre laminar, incluso para circulación muy irregu­
lar. Un tubo que esté unido, con canto vivo, a un recipiente de pared
plana, tiene ya el elevado número crítico de Reynolds : 2800 Q-). Si la
entrada en el tubo está bien redondeada, se llega hasta Re = 40 000
y mayores.
Para agua a 20° C (r .= 10~** m2/seg), la velocidad critica, basán­
donos en el número critico de Reynolds (2800), e s :
2800 • 1 0 ^ * ^ 0 ,0 0 2 8
Cent = ------ ^------ = — ¿— en m/seg (36)
si ponemos d en metros. Por ejemplo, resulta para d = 20 mm
= 0,02 m, cCnt=0,14 m/seg. Se ve claramenté"qúe en las bombas cen­
trífugas las velocidades son m u y superiores a las críticas. Lo mismo
se puede decir de los turbocompresQres; a n o ser que se trate de pre­
siones muy pequeñas (entongea^res grande) o de temperaturas.
La circulación de aceíteteles generalmentg^laiiiínár.
y) Número de Reynolds grand&%fíeS 2800). Corriente turbu­
lenta. Osborne Reynolds demostró, en ensayos con tubos de vidrio,
introduciendo colorantes en el eje de la coiriente, que el colorante
formaba una línea recta cuando la velocidad era pequeña, pero que
al aumentar ésta, se disolvía en forma de ondas, esparciéndose por
todo el líquido circulante. La corriente se hacia turbulenta. El paso de
la corriente laminar a turbulenta ocurre cuando las partículas que se
adhieren a las paredes se arrollan formando torbellinos, y se produce
entre dos números de Reynolds (2). Continuamente se desprenden
partículas de líquido, animadas de movimiento de rotación ; parte
de ellas son aceleradas nuevamente por la comente principal, mien­
tras otras partículas quedan cogidas por la capa límite entre ésta y la
corriente principal, y son frenadas. Este continuo intercambio de lí­
quido es la causa principal de la resistencia de la corriente (resistencia
visible por la mezcla turbulenta). Alcanza a toda la corriente (va
desapareciendo hacia el eje), y superpone un movimiento secundario
de torbellino al movimiento paralelo ordenado. El desprendimiento de
la corriente principal en la capa límite hace que aumente la tensión
de adherencia a la pared, y, por tanto, que la resistencia sea ma­
(*) L. S c h il l e r : Forsch.-Arb. des VDI, fase. 248 (1922).
(*) H. M a c h e : Forschung, vol. 14, págs. 77-81 (1943).
G8 Principios de Hidrodinámica

yor que en la corriente laminar. Esto lleva consigo el que la distri­


bución de la velocidad sea más uniforme, sobre la sección recta, que
en la corriente laminar. La figura 42 a compara la distribución de ve­
locidades de corrientes laminares y turbulentas, para una misma velo­
cidad media, c. Es notable la gran velocidad de la corriente turbu­
lenta en las cercanías de la pared, en relación con el caso de corriente
laminar. La velocidad tiende a cero en la capa límite (la más cercana
a la pared). Se tendrá, pues, una aproximación suficiente si aplicamos
las leyes de la corriente potencial a la corriente turbulenta a cierta
distancia de la pared. Cuanto más elevado es el número de Reynolds,
tanto más igualada está la corriente. Mientras que en la corriente
laminar en un tubo de sección circular cmáx/c = 2, este valor en el
campo turbulento e s :
1,23 para J?e = 13 • 103 y 1,17 para i?e = 16-108
Los coeficientes de resistencia sólo pueden determinarse por ensayos.
En los tubos lisos, sus valores siguen la ley de Blasius (x) hasta
Re = 3 • 105:
/•uso = 0,3164 fíe-8-25 (37)
donde Re = c d/v. Para el agua a 20° C con v = 10~6 m2/segse tendrá:
Aliso = 0,010 (cd)-^25
Es importante señalar que en este caso la resistencia de rozamiento hr,
según la expresión (33), no crece con el cuadrado, sino con la potencia
1,75 de la velocidad. De hecho, el valor absoluto del exponente de
la ecuación (37) disminuye al aumentar Re, y para Re = 108 su
cuantía es sólo de — 0,126, esto es, la mitad (2).
En todo el campo turbulento rige la ley de Prandtl-Nikuradse (3) :

- J = = 2,01og(i?e l ^ ) - 0 8 (38)
\ «liso
debiendo determinarse Ahso mediante ensayos. El logaritmo es, desde
luego, el usual de base 10.
Una pared se considerará «lisa » cuando las rugosidades no sobre­
salen de la capa límite, que existe también en el caso de turbulencia,
inmediatamente junto a la pared, y cuando su espesor no llega a valer
más que una fracción muy pequeña del espesor de la capa límite tur­
bulenta.
En los tubos « rugosos », el coeficiente de resistencia es tanto ma-
j u» uuiüitu m ajuu.0 ouu ida ü ic^uicuiuciuca memas k en relación con
el radio r del tubo. Para una irregularidad debida a arena (por tanto,
(**) Forsch.-Arb. Ing.-Wes., fase. 131.
(•) O. K i r s c h m e r : Kritische Betrachtungen zur Frage der Rohrreibung.
Z. VDI, vol. 94, págs. 785-791 (1952).— Véase también H. R e i c h a r d t : ZAMM
vol. 31, págs. 208-219 (1951).— H. W. H a h n e m a n n : Forschung, vol. 6, pági­
nas 113-119 (1949-50).
(*) Ergebnisse der Aerodyn. Versuchsanstalt Gottingen, fase. 4.°, pág. 18
(1932). Forsch.-Arb. Ing.-Wes., fase. 356 (1932).
Ejemplos de corrientes reales 69
muy uniformemente distribuida), Nikuradse (i) encontró los valores
representados a escala logarítmica en la figura 43. Para grandes valo­
res de Re, / es evidentemente, independiente de Re, por lo que hr varia
proporcionalmente al cuadrado de c.
Para valores pequeños de Re, los valores de X de los tubos no ex­
cesivamente rugosos coinciden con los de los tubos lisos, incluso en

— -

° i - 15
O 99 - 30, 6
• n - 126
• 99 - 252
— • r* - 507

*
XfiOQo

* •" ‘

J
•}
£ 21 11 31 3L 7*?

K
ítjnclón' del'mímeí^'d'e6 DretaUvaU?/rU(^egünCNniu^j)S£)

el campo turbulento. En este caso, las superficies rugosas actúan como


isas, porque las rugosidades caen todavía dentro de la capa límite
& dreUr dl " ° r "?ta hasta " «basa u„ deterrafnado v í
lor de Re para el cual las curvas se separan de las rectas correspon-
dientes a los va ores de Xd
e los tubos lisos. Estos valores 7 *
los puntos de bifurcación son importantes en la práctica, pL aT re­
basarlos hay que pulir las superficies rugosas. Re es evidentemente
función de la rugosidad, pudiéndose escribir (2) :

— = const.
o bien
c2r k n kc
v r ~ ~ ~ = 2 Rek = const.

m ? or*ch- Arb- Ing.-Wes., fase. 361 (1933).


() SÓRENSEN ! Forschung, VOl. 8. Dáü 9^ /inqni ir o
Feuerungstechnik, vol. 28, pág. 225 (1940). P 8‘ ¿b (1937'' 0 Sci«uchting
70 Principios de Hidrodinámica

Existe, pues, un determinado número de Reynolds Rek = k cfv,


que cuando se rebasa empiezan a ser sensibles las rugosidades, el
cual se denomina número característico de rugosidad. Es independiente
del radio del tubo, ya que el espesor de la capa límite no depende de
la dimensión del tubo. La rugosidad es perceptible a partir de

— „ 100 (39)
v
De este resultado se deduce que tenemos que utilizar una rugo­
sidad superficial k tanto menor cuanto mayor es la velocidad, no de­
sempeñando ningún papel la escala de ejecución. Vemos, por tanto,
que en muchos casos podemos evitar el pulido superfluo de ciertas
superficies.
La ley de la ecuación (39) también puede aplicarse a otras co­
rrientes (por ejemplo, a los canales de los álabes de turbinas y bombas),
tomando para c la velocidad eventual del flujo í1). Entonces resultan
para las rugosidades tolerables valores de 1/5000 a 1/500, que apenas
se consiguen en los álabes salidos de fábrica. Esto puede aplicarse aun
teniendo en cuenta que las rugosidades técnicas no están tan próxi­
mas unas a otras como las irregularidades debidas a la arena, y por
esto las asperezas tolerables pueden ser algo mayores.
Las curvas de Aindicadas por Nikuradse, según la figura 43, para
rugosidad de arena, tampoco son aplicables a los tubos comercia­
les. En éstos generalmente disminuye A al aumentar Re hasta llegar
a un valor constante, como aparece en la figura 43 a, con d/k como
parámetro (2). El campo de los valores constantes de A, para los cuales
tiene validez la ley cuadrática de la resistencia según la ecuación (33)
(campo I), está separado por la curva limite de trazo fino del campo de
los valores decrecientes de A, para los cuales la corriente de rugosida­
des no se ha formado aún por completo (campo II). Según Prandtl (8)
y Colebrook (4), las relaciones para A son :

en el campo I: J = = 2 l o g 4 + l,14

2,51 k \
en el campo II : = — 2 log (40)
R e } fJ ^ 3,72 d1
1 _ Re k
para la curva límite:
f T " W 7

(**) H. S c h l i c h t i .v g : GrenzschichUheorie. Karlsruhe : G . Braun, pág. 412


(1951). — Véase también A. D. J o u n q : J. Roy. aeronaut. Soc., págs. 534-540
(1950). Extracto en Z. VDI, págs. 454-5 (1951). — L. S p e i d e l : Forschung, vol. 20,
págs. 129-140 (1954).
(’) F. H e r n i n q : BWK, vol. 4, págs. 411-2 (1952). Z . VDI, vol. 84, pág. 760
(1940) ; Arch. Wánnew, vol. 23, pág. 75 (1942).
(*) L. P randtl : Z. VDI, vol. 77, págs. 105-114 (1933).
(*) C. F. C o l e b r o o k : Inst. civ. Engrs. Lond., vol. 11, págs. 133-156 (1938-39).
Ejemplos de corrientes reales 71

Más cómodo que el cálculo de estas fórmulas es tomar de la


figura 43 a los valores de A, utilizando para ello los valores de las
rugosidades que figuran en la tabla.
Para valores de Re pequeños, las curvas de A para tubos lisos y
rugosos se juntan, por lo que, en tal caso, las consideraciones corres­
pondientes a las expresiones (39) conservan su validez. Hay también
sedimentaciones de forma ondulatoria, las cuales pueden ocasionar
una resistencia considerable (1).
La disminución, casi general, de A, al crecer Re, es debida a que
las fuerzas de viscosidad disminuyen con relación a las de inercia.

F ig. 43 a. Valores del coeficiente de rozamiento para tubos técnicamente rugosos. Los
valores de la rugosidad k deben tomarse de la tabla siguiente. La linea delgada representa
el limite entre los campos / y II

Esto aclara el por qué se mejora el rendimiento de una bomba centri­


fuga al aumentar el número de revoluciones hasta el límite en que
aparece la cavitación, o bien cuando en los gases alcanzamos las pro­
ximidades de la velocidad del sonido.
En los capítulos 14, e) y f), se estudiarán las corrientes en tubos,
en el caso de gran variación de densidad del fluido.
ó) Trayecto de arranque. Las anteriores expresiones para la
determinación del coeficiente de resistencia A rigen para la corriente
permanente. Para el desarrollo completo de la turbulencia es preciso
un trayecto de arranque, que para la entrada con canto vivo es más
largo que para una entrada bien redondeada. Un líquido, que antes
estaba tranquilo, circulará en la entrada redondeada del tubo con la
misma velocidad en toda la sección, disminuyendo poco a poco la velo­
cidad junto a las paredes. Debido a esta disminución de velocidad
(‘) W. W i e d e r h o l d : Gas- u. Wasserfach, vol. 90, n .6 24, págs. 634 ss.
(1949). Se encuentran otros datos sobre la resistencia de las tuberías a la corriente
en Z. VDI, vol. 92, págs. 237 ss. (1950).
72 Principios de Hidrodinámica

I
junto a la pared y el consiguiente aumento de la velocidad en el eje,
respecto al valor medio, la resistencia es mayor en este trayecto de
arranque, siendo mayor en un 14 % al valor correspondiente a la

' l i l i
corriente regularizada.

Índices base para la medida k de la rugosidad

Material del tubo Caracteres de la pared Índice de aspe­


reza k (mm)

Tubo de acero e stirad o ... Nuevo. 0,03


Nuevo, bituminado. 0,05
Usado, la brea en parte desprendida, lugares

..........
herrumbrosos. 0,1
Usado, manchas de herrumbre uniformes. 0,15
Tubo de acero soldado Después de muchos años de funcionamiento
(valor medio para conducciones de gas a dis­
tancia considerable). 0,5
Ligera incrustación. 1.5
Abundante incrustación. 2 a 4
Tubo de acero remachado Vario. 1 a 10

■...... NU 1I I'»
Tubo de fundición . . . . j Nuevo, embreado.
Nuevo sin embrear.
Usado, lugares con herrumbre.
Considerable incrustación.
0,1
0,25
1
2
a
a
a
a
01,5
0,5
1,5
4
Vario. 0,2 a 1
Liso. 0,3 a 0,8
Con rugosidades. 1 a 3
Tubo de cemento amianto 0,1

Aunque la longitud del trayecto de arranque puede alcanzar


100 veces el diámetro del tubo, no se puede comprobar prácticamente
ninguna diferencia después de 30 a 40 d. A partir de 10 d, no existe
ninguna diferencia en la turbulencia ya formada.
e) Canales de sección cualquiera. Pueden considerarse mediante
las mismas expresiones que los tubos circulares, pero tomando para d
el valor de la expresión :
4F cuádruplo de la sección
d = (41)
U perímetro mojado
siendo los resultados lo bastante concordantes con las observaciones
experimentales (*), incluso cuando la corriente no llena todo el períme­
tro que se ha considerado mojado ; como, por ejemplo, en las corrientes
fluviales.
<p) Cuando existe fango o materias en suspensión, en vez de la
corriente dd hquiuu nomogeneo estudiada hasta ahora, hay
que considerar la corriente plástica, con la particularidad de que la
misma se presenta cuando la tensión tangencial rebasa a un deter­
minado valor llamado limite de fluencia. El paso a corriente turbu­
lenta ocurre también para un valor crítico de Re. Para esta corriente

(*) L. : ZAMM, vol. 1923, o Z. VDI., vol. 64, pág. 623 (1923). —
S c h il l e r
N ik u r a d s e : Forsch. - Arb. Ing.-Wes., fa s e . 281, págs. 289, 306.
Ejemplos de corrientes reales 73

rige aproximadamente la misma ley de pérdida de carga que para los


líquidos homogéneos (**).
b) Canales convergentes y divergentes. En la figura 44 se ha
representado la distribución de la velocidad sobre la mitad de la sec­
ción rectangular de salida de un canal convergente o divergente, con
corriente plana turbulenta,
establecida según los resulta­
dos de los ensayos de Niku- AÁ 4
JJs'í
radse (2). Los ángulos indi­ T »| l
cados en las curvas son la
mitad del ángulo que forman
las paredes del canal (e/2, en
la figura 45), refiriéndose los 4
números negativos a los ca­
nales convergentes. Como abs­
cisas se ha tomado la rela­
ción de la distancia y del punto
considerado al centro del Y*
canal, respecto a la mitad b
de la anchura del canal, y
como ordenadas, la relación «i
entre la velocidad v en el
nnntn prmsiHpnHn
punto considerado y la \rpln Fl.°-
velo . -mitad Distribución de la velocidad sobre la
de la anohlfrade los canales convergentes
cidad Vm&x en el centro del y ^divergente» de sección rectangular
canal. Se ve fácilmente '
las curvas de velocidad de los canales d^j^tcfedes*"paralelas son más
■iU0 inadas que las de los canales convn^eñtes, pero menos que las de
lós canales divergentes.
Canal convergenté (conversión de presión en velocidad). Las cur­
vas correspondientes a esta
clase de canales, de la figu­
ra 44, nos muestran que la
corriente en los mismos trans­
curre casi tan favorable como
en un liquido sin rozamiento.
Este caso de corriente se pre­
senta en los canales de las tur
binas. Debe procurarse que
aparezca también en las bom­
bas centrífugas, allí donde no
es preciso un retardamiento de la corriente. Este concepto favorable
del canal convergente debe ir unido a la condición de que sus lados,
cerca de la salida, no estén sensiblemente curvados, pues en tal caso
se producen velocidades locales exageradas, seguidas de los corres­
pondientes retardamientos (figs. 37 y 71).
(*) L. Schiller : Forschung., vol. 14, fase. 85 (1943).
(*) Forsch.-Arb. Ing.-Wes., fase. 289, pág. 19.
74 Principios de Hidrodinámica

Canal divergente o difusor (conversión de velocidad en presión).


Las curvas de la figura 44 nos muestran una fuerte irregularidad en la
distribución de la velocidad, que se explica por cuanto las partículas
que circulan a poca velocidad, cerca de la pared, pierden igual, según
la ecuación de Bernouilli, en altura de velocidad que las partículas cen­
trales que circulan a mayor velocidad, ya que en toda la sección el
aumento de presión es casi el mismo. Partiendo de la curva de veloci­
dad de la entrada, se produce una variación progresiva de dicha
curva al actuar el rozamiento de pared y el arrastre, debido a la tur­
bulencia (fig. 45).
Se ve que en la sección en la cual la curva de velocidad tiene la
tangente, en el punto de arranque de la pared, perpendicular al eje
del canal, entran en juego corrientes retardatrices, que pueden provo­
car la formación de un espacio muerto, dentro del cual circula tanto
líquido hacia delante como hacia atrás. Este desprendimiento de la
corriente (que en realidad sólo se efectúa en un solo lado, pero que,
debido a variaciones de poca importancia en las condiciones de la
entrada de la corriente en el canal, salta a la superficie de la pared
contraria) modifica el diagrama de la corriente desde su base. Impide
el aumento de presión y ocasiona pérdidas de energía considerables.
La formación de un espacio muerto se puede evitar solamente si el
retardamiento se efectúa de tal manera que el intercambio del impulso
turbulento con el centro del canal impide que la velocidad disminuya
hasta cero.
El ángulo de divergencia e más favorable se toma generalmente
entre 8 y 10° (x). Este valor es a menudo mayor, tanto más cuanto
más corto es el trayecto de arranque delante del difusor, y tanto
menor la relación FJF^ entre las secciones final e inicial í2). Desde
luego, hay que evitar los cantos vivos en los puntos de entrada y salida
del difusor (pág. 53). Para una misma relación de secciones, las meno­
res pérdidas se consiguen dando al canal la forma de una tobera.
Todavía es más favorable si al movimiento de paso de la corriente le
superponemos una rotación (fig. 23). En estas circunstancias se puede-
alcanzar un aumento notable de los mayores valores admisibles para e.
La rugosidad empeora los resultados, tanto más cuanto mayor es
F JF v ,
Debido al rozamiento de pared, los ángulos de divergencia muy
pequeños son desventajosos por el aumento de longitud que represen­
tan (3). El mejor rendimiento de la conversión de presión corresponde,
por consiguiente, a la divergencia máxima en que no existe todavía
desprendimiento. Hay que tener en cuenta que la conversión de la
presión al final del difusor no es completa, a causa de la distribución
irregular de la velocidad en el canal (4), como se ve en la figura 45, sino
(**) Forsch.-Arb. Ing. Wes., fases. 282 y 289.
(*) J. P o l z in : Ing. Arch., vol. 11, pág. 361 (1940).
(*) A n d r é s , Forscn.-Arb. Ing.-Wes., fase. 76.
(*) K r ó n e r , Forsch.-Arb. Ing.-Wes., fase. 257 (1931). — P e t e r s , Ing.-
Arch., vol. 2, pág. 92 (1931).
Ejemplos de corrientes reales 75

que es necesario un trayecto de regularización, de longitud 4 d, por lo


menos, detrás del difusor^) (cap. 8, í).
Los difusores de pequeño ensanchamiento se sustituirán ven­
tajosamente por un ensanchamiento brusco (2), según figura 17, por
ser la pérdida de Borda-Carnot, que entonces aparece, insignificante
para pequeñas relaciones de sección, según se ha expuesto en la pá­
gina 31. Tomando el índice de pérdida £ de la ecuación (42) con un
ensanchamiento repentino :

y en el difusor:

resulta una igualdad de pérdidas, si

de donde, dividiendo por 1 — F J F 2, se sigue :

Según esto, al exceder de este valor,-'se ha de preferir generalmente


el ensanchamiento repentina***-al''progresivo. o'L,***
.^Asimismo se recomienda, en ens^^^gatneúíos fuertes, cortar el
ijjSsor allí donde empieza el desprendimiento y pasar escalonadamente
«la sección final, conjo sucede, por ejemplo, en el tubo corto de Ven-
turi (3). Los ensayos (4) han demostrado que, en estos difusores cor­
tados, el ángulo de divergencia más favorable es tanto mayor cuanto
más corto se hace el difusor, alcanzándose para valores de e de 15
a 20°, con una relación de secciones F 2/F 1 » 4, un coeficiente (42) de
pérdida £ 0,15 a 0,18.
En canales de grandes dimensiones, de sección rectangular (por
ejemplo, los canales de humos de las calderas de vapor), puede obte­
nerse un mejoramiento mediante álabes directrices escalonados, cortos
y poco curvados, porque fomentan la capa límite. Es evidente que
lo eficaz sería poder aspirar la capa límite, pero para tal fin no se ha
encontrado ninguna solución eficiente en los difusores de las bombas
centrífugas.

(*) Aircraft Engug., vol. 10, núm. 115, pags. 267-273 (IX-38).
(*) G. H e in r ic h : Uber das Auítreten von Sprungstellen bei Flüssigkeits-
strómungen in Rohren. Aus den Sitzungsberichten der Akademie der Wissenschaf-
ten, Vlena (1938).
(*) Prllfen und Messen, Votráge auf der vom VDI aro 1 und 2. Dezember
1936 veranstalteten Tagung in Berlín. Editorial VDI (1937). Informe de G. Ru-
p p e l , p á g . 19.
(*) VDI-Durchíluss-Messregeln DIN 1952, edición 1943.
76 Principios de Hidrodinámica

En las corrientes de gas con variación notable de densidad, el


ángulo de divergencia admisible es menor y debe calcularse según
las indicaciones de las páginas 89 y 90.
La pérdida de carga (sin contar el rozamiento) en metros de co­
lumna de liquido será:

siendo m = F J F 2, y £ se tomará, para toberas, de la figura 46, supo­


niendo la disposición más desfavorable. Los valores experimentales (*)
se han obtenido, en los tubos cortos de Venturi, para aforos; es decir,
en difusores cónicos con entrada de tobera y salida con ensancha­
miento brusco. El paso de la corriente por el difusor en el caso de una
variación notable de la
densidad, se trata en la
página 90.
En el capítulo 75 d),
se hablará del espacio
hueco de revolución
como difusor.
Los difusores móvi­
les, tales como los ca­
nales de los rodetes de
las bombas centrifugas,
se comportan mejor que
los canales estáticos, de­
F ig . 46. Pérdidas de presión mínimas obtenidas en el bido a que la capa lí­
tubo de Venturi, con ángulo óptimo
mite es generalmente
aspirada por la fuerza
centrifuga en la dirección de la corriente (en las bombas axiales,
perpendicularmente a ella) (págs. 136 ss.).
c) Canales curvos. En este caso se producirán también des­
prendimientos allí donde la capa límite tiene que actuar en sentido
contrario al aumento de presión. Estos puntos se podrán conocer
a priori, por cuanto los tubos de corriente de la corriente potencial,
cercanos a las paredes, se ensanchan, de la misma forma que en la
figura 38, a la entrada de la curva hacia fuera, y a la salida hacia
dentro. Además, se produce un movimiento secundario (2) que se super­
pone al general (fip 471 Feto movimípnto pc HoVdrin que la fuerza
centrifuga de las partículas vecinas a las paredes no equilibra la de las
partículas situadas en la masa del líquido, y, en consecuencia, éstas
tendrán tendencia a alejarse del centro, obligando a acercarse a éste
a las partículas vecinas de las paredes. La figura 48 muestra las líneas
de corriente en el plano medio de un canal acodado de sección rectangu-

8 Véase la nota 3 de la pág. 75.


Véase : Ziviling. pág. 353 (1896), y Z. VDI, pág. 215 (1911).
I sa a ch sen
Ejemplos de corrientes reales 77

lar, según los ensayos de Cordier (1). Se ve perfectamente el desprendi­


miento en el interior, en donde, según la figura 38, se produce un
ensanchamiento de los tubos de corriente. Este desprendimiento es
mayor para pequeños radios de ctirvatura.
Es, a causa de la curvatura más suave, de la consiguiente acele­
ración y también por el efecto de aspiración de los mo­
vimientos secundarios de rotación representados en la
figura 47, que el otro punto de ensanchamiento (que,
según la figura 38, está situado en la parte exterior de
la entrada de la curva) no siempre se manifiesta como
un desprendimiento.
En la figura 48 se ve que después del codo hay una
zona donde reina un gran aumento de velocidad, debido
al desprendimiento. Estas repetidas variaciones de velo­
cidad acarrean fuertes pérdidas de energía de carácter
semejante a las que se producen en los canales diver­
Fio. 47
gentes.
Si se disponen varias curvas de 90oJ)imediatámente
unas a otras, en un mismo plano‘‘o**én planos distintos, disminuye
la resistencia propia de cada curva (2). Dos curvas de 90° situadas
juntas, pero en planos que formen un ángulo recto, producen un torbe­
llin o potencial cuyo sen­
tido de giro concuerda
con la primera curva (3).
En.las curvas y co­
dos jdeT'sección rectan-
v j^ S r^ '^ iila r es muy útil el em­
pleo de superficies di­
rectrices. Las figuras 49
y 49 a dan una idea del
47 v 48. efecto de estas direc­
Corriente real en un codo, con trices en las curvas de
velocidad media de 4,18 m/seg.
La figura 47, es un corte reba­ sección cuadrada (de
tido de la figura 48 200 mm de lado), según
los ensayos efectuados
por la sección de Cons­
F ig. 48 trucción de Máquinas
de la Technische Hoch-
schule de Zurich (4). La figura 49 se refiere a curvas con pequeño radio
He curvatura. y !*> -iQ n n or\<w t_^o coeficiente: d deben multiplí-

(l) Cordier : Strómungsuntersuchungen an einem Rohrkrümmer. Diserta­


ción, Munich (1910), o bien Z. ges. Turbinenw., pág. 129 (1914). — Véase tam­
bién Ch. J aeger : Technische Hydraulik. — Birkhauser: Basel, págs. 425 ss.
(1949).— I. A. Leys : Iron and Steel, vol. 22, págs. 39-43 (1949).
(*) I. A. Leys : Iron and Steel, vol. 22, págs. 85-89 (1949), — E. Zimmer-
mann : Arch. Wármew, vol. 19, pág. 265 (1938).
(») Z. VDI, vol. 84, pág. 330 (1940).
(*) Arch. f. Vármewistsch, vol. 22, pág. 239 (1941).

\ /
78 Principios de Hidrodinámica
f
I carse por la altura de velocidad c 2/2 g para encontrar la resistencia o
i! pérdida de carga del codo o curva. Las abscisas son los números de
Reynolds correspondientes. Las representaciones anteriores (fig. 49 y
49 a) nos muestran las diferentes posibilidades de disminución de la
1 pérdida de carga. Las siguientes circunstancias son favorables con
i independencia unas de o tras:
1. Gran número de super­ 10 ;/
ficies directrices (formas de cons­
trucción 6 y 14), caso en el cual
se obtiene una gran disminución
SD 0
de la resistencia al aumentar el 112
_____ 113 t 1U
número de Reynolds í1).
0 0 ^

rryo

-10
J ■‘t -// -

t
i

*9
rrfi.,

Fig. 49 Fig. 49 a
F ig s . 49 49 a. Influencia de la forma de los codos, de su construcción y del número
y
de Reynolds, sobre el coeficiente de pérdida por rozamiento en los mismos

2. Lina sola directriz colocada cerca de la pared interior (cons­


trucción según 5 y 4).
i. 3. Radio interior de la curva, grande. El redondeamiento de los
cantos exteriores del codo produce sólo un ligero mejoramiento (cons­
í
trucciones 11 y 13).
I 4. Llenar el espacio muerto interior, si detrás de la curva se
forma un difusor suficientemente alargado (construcciones 7 y 13).
t, 5. En los codos resulta muy eficaz la disposición en diagonal
}‘ de una rejilla directriz (?) (construcción 14).
Según Fóttinger-Frey (?), es favorable para grandes diámetros
I, una disposición escalonada de álabes directrices, delgados y cortos, en
(1 vez de la disposición en diagonal (construcción 14), teniendo, además,
la ventaja de que el canal es practicable (se puede circular por él).
11
.. • (l) Véase también G. Króber : Schauíelgitter zur Umlenkung usw. Dissert.
'I Technische Hochschule Hannover (1932).
(*) F r e y : Forschung, vol. 5 , pág. 105 (1934) ; además, R. W i l l e y D. H a a s e :
( Allg. Wármetechnik, vol. 4, fase. 1 (1953).
Ejemplos de corrientes reales 79

Por lo demás, el coeficiente £ es más pequeño al disminuir el án­


gulo <5 de la curva (fig. 50) y al disminuir la relación a¡g. Según
Prandtl Q), en las curvas cuyo radio de curvatura g está comprendido
entre 4 y 10 veces el diámetro a del tubo se pueden tomar los siguien­
tes valores:
para desviaciones de <5 = 22 Va 45 60 90°
£ = 0,045 0,075 0,09 0,10
Se ha demostrado, mediante repetidos ensayos, que pequeños en­
sanchamientos en el vértice de la curva, conservando
iguales las secciones de entrada y salida, hacen dismi­
nuir las pérdidas (**).
d) Espacio hueco de revolución. Modificación de
la ley de las áreas a causa del rozamiento. En las bom­
bas centrífugas, el espacio hueco de revolución que se F ig. 50
forma a la salida del rodete, está generalmente ocupado
por los álabes del difusor, los cuales tienen por misión hacer dismi­
nuir la velocidad (cap. 71). En michos- casos se puede conseguir
una disminución suficiente de la^velocidad, sin recurrir a los álabes
difusores, mediante un anillo difusor liso (cap. 75). Vamos a ver cómo
actúa el rozamiento en esta corriente en el espacio hueco de revo­
lución, que tiene por componentes, mepdiana y
tangencial, cm y cu, respectivamente. Al hablar de
la figura 39 ya se ha estudiado esta corriente como
productora de torbellino, en el caso'del liquido ideal.
En los capítulos 9, b) yi9? d)v/se ha deducic^o_ia¿.lef­
ias áreas
r — r2 Cgy — const. (43)
si c3u representa la componente tangencial corres­
pondiente al radio r2, por ejemplo, en la periferia
del rodete.
Fig. 51. Volumen
En la corriente con rozamientos hay que espe­ de revolución que
rar, evidentemente, fenómenos semejantes a los tra­ mente se forma radial­
a la salida
tados en el párrafo b). Para la corriente meridiana del rodete
—es decir, la corriente principal —, podría conside­
rarse como ángulo de ensanchamiento, e = 360°. No obstante, como
faltan las paredes de conducción, este gran ensanchamiento no es
efectivo, debido a la formación de desprendimientos. Las corrientes de
retorno sólo pueden formarse junto a las paredes laterales (fig. 52).
Éste se intensifica si la presión en el difusor aumenta mucho por el mo­
vimiento circular, a medida que nos separamos del eje, debido al con­
siderable retardamiento de cu, ya que el efecto de arrastre es insigni­
ficante, por ser pequeños los valores de cm. Esto ocurre cuando el án-
(*) L. P r a n d t l : Führer durch die StrbmungsJehre, pág. 152 (1944).
(*) F l ü g e l : Werft, Reed. Hafen, pág. 336 (1929). — H. N i p p e r t : Forsch.-
Arb. Ing.-Wes., fase. 320 (1929). — S p i n t i g : Z. VDI, vol. 77, pág. 143 (1933).
80 Principios de Hidrodinámica

guio a es pequeño, como es lo usual en las bombas centrífugas (*).


Los espacios muertos se mantienen debido al movimiento de Ínter*
cambio entre el difusor y rodete. Por otra parte, este proceso se apoya
en el hecho de que, tanto a la salida del rodete como a la entrada del
difusor, la velocidad no está repartida unifor­
memente sobre todo el ancho b3.
A pesar de que hay que contar con una di­
ferencia de la corriente entre el centro y las pa­
redes del canal, a menudo también con forma­
ción de espacios muertos, es conveniente cono­
cer las relaciones que resultan al suponer un
estado de corriente uniforme en toda la an­
chura b del canal. Para alcanzar estos resulta­
dos es posible un procedimiento de cálculo,
pudiendo luego ajustarse los resultados del mis­
mo con los de la experiencia.
En primer lugar consideremos la corriente
en el volumen de revolución que se forma radial­
mente (fig. 51), que tiene un plano de sime­
F ig. 52. Desprendimien­ tría perpendicular al eje, y tomemos un tubo
tos y comentes de retro­
ceso después de la salida de corriente de anchura d y (fig. 53), que se ex­
del rodete, a consecuencia tiende sobre toda la anchura b del canal. Su
de una mayor deceleración
sección será F = b d y, y su perímetro, limi­
tado por las paredes U = 2 dy. Según la expresión (41), su radio
hidráulico será:
4 F _ 4 bdy
d= = 2b (44)
V 2 dy
y el trabajo de rozamiento en mkg/kg para
un trayecto d x, según la ecuación (33):
d x c^
ih ' = x T b T J <45>
Este trabajo de pérdidas ocasiona una dis­
minución de presión solamente en dirección
radial. En dirección tangencial, sólo puede
manifestarse en una disminución de veloci­
dad, debido a la simetría del eje, de forma
F ig. 53. Corriente en el que las componentes tangenciales cu, al
volumen de revolución
aumentar el radio, disminuyen más aprisa
nnp
od » i U 4iv g iu
- 4 1 i
u ACA
* '
1 V JT U C
,•IC IO U lV s a ¿ ) UA CAO t |U V /

no recibe ninguna influencia, ya que sólo depende del caudal.


(l) Véase especialmente : H. S c h r a d e h : Messungen an Leitschaufeln, von
Kreiselpumpen. Dissert. Technische Hochschule Braunschweig 1939, figs. 66
a 71. — Además, R. H eim : Mitt. Hydr. Inst. Technische Hochschule München,
fascículo 3 (1929). El experimento de la taza de té es un proceso intuitivo que
sirve de comparación, pues al remover con la cucharilla, las partículas en suspen­
sión se acumulan en el centro del fondo de la taza.
Ejemplos de corrientes reales 81

La anterior consideración nos lleva a la siguiente generalización de


la ley de las áreas, para la corriente con rozamiento, como ya hemos
demostrado en otro lugar Q) :
J ______ 1 _ J 1 ± A71
(46)
rcu r2c3u 2 V (r h)
siendo V el caudal en m3/seg, y c3u la componente tangencial de la
velocidad en el radio r2, correspondiente a la salida del rodete. El signo
positivo de la parte derecha de la igualdad corresponde al caso de
la corriente que se aleja del eje (bombas centrífugas), y el negativo,
a la que se aproxima al eje (turbinas).
De la ecuación (46) se desprende que el momento de la velocidad
rcu disminuye a medida que aumenta el camino de rozamiento
(r — rz)- La expresión (46) se reduce a la (43) si A = 0, como era de
esperar. El valor de b no aparece para nada. Esto se explica fácil­
mente, por cuanto un aumento de b incrementa, por una parte, el
radio hidráulico (44), pero, por otra, aumenta también el camino de
rozamiento en la misma proporción, por disminuir el ángulo de incli­
nación a de las trayectorias de corríante en espiral (caudal V, cons­
tante).
Si multiplicamos la expresión (46) por V y sustituimos V por su
valor:
v = 2 nrbm y v — 2 <tT{b^c3m (47)
se puede también escribir: "V*
y •rf-
** .v
Cm . C*} rn * *V’T A
— b *3 = ± T <r (48)
Lu c3 w ■ 4 1
'Éj0^roduciend° nuevamente el ángutá^Hfe inclinación de la línea de
corriente, siendo a3 el valor del ángulo a en el radio r2, y, por tanto,
a= Y tg a3 = c3m/c3 u:
b tg a — b3 tg a3 = ± j ■(r — L>) (49)

= V
A
(r — r2) (50)
Esta expresión sustituye a la de la espiral logarítmica de la co­
rriente sin rozamiento, en la que a = a3. Las líneas de corriente son,
por tanto, espirales logarítmicas con inclinación creciente en la di­
rección de la corriente. . . • ' .
En las expresiones anteriores hay que elegir el coeficiente’ de
resistencia A mayor en la corriente hacia fuera (r creciente) que en
la corriente hacia dentro, puesto que en el primer caso los canales
son divergentes, y en el último, convergentes (cap. 13, b). Ade-
0) C. P f l e i d e r e r : Untersuchungen auf dem Gebiete der Kreiselradma-
schinen. Mitt. Forschungsarb. VDI, fase. 295, págs. 84 ss. (1927), o 2.» edición de
•.Kreiselpumpen », págs. 42 ss.
6. P fleiderer : Bombas centrifugas.
a «

más, aumentará bastante X debido a la jaita de an trayecto de rcgula-


rización (págs. 67 y 68), por lo que deberá tomarse para la corriente
retardada, en el caso normal, un múltiplo de los valores indicados en
la página 65. Si esta corriente se pone a continuación de un rodete, el
coeficiente admitirá una reducción, debido, como
se ve en la figura 52, a la regeneración de la capa
ÍT r limite por el rodete. En el capitulo 75 se indican
los resultados de ensayos con dicha clase de
%
difusores.
Las expresiones (49) y (50) se pueden aplicar
a cualquier canal con eje de simetría, si ponemos
F ig . 54. Volumen de r _f2 igual a la longitud / de la línea me­
revolución con eje de tra ­
yectoria arbitrario dia de la sección meridiana (fig. 54). El cam­
bio de signos se puede suprimir, tomando /
siempre positivo. Se obtienen las siguientes igualdades
ba tg aa be tg a.c ^ l (51)

X l (51 a)
tg a a — tg
Esta última para el caso de canal de anchura constante. Los subíndi­
ces a y e se refieren a la salida y entrada del canal, respectivamente.
En bombas multicelulares encontraremos canales del tipo del
de la figura 54, en el trozo anular situado entre los álabes difusores
y los directrices de entrada a la fase siguiente (figs. 198 a -00).
e) Corrientes que envuelven cuerpos situados en su seno.
el caso de líquidos sin rozamiento, un cuerpo de cualquier forma intl0<jn
ducido en la corriente no puede ejercer ninguna resistencia, pues nTW
existen fuerzas tangenciales, y las fuerzas normales, anterior y poste­
rior, se equilibran. . , , „ „
En los líquidos con rozamiento tenemos siempre fuerzas de roza­
miento que actúan tangencialmente a la pared. Su suma constituye
la resistencia de rozamiento. En este caso, los filetes de comente solo
pueden estar en concordancia con los de la corriente potencial para
pequeños valores de Re (es decir, en la corriente relativamente lami­
nar, según el caso a de la página 66), aunque, debido a la escasa impor­
tancia de las fuerzas de inercia, no son posibles diferencias de presión
considerables perpendicularmente a los filetes de corriente (). La
figura 55 muestra la variación de la resistencia en función de íte para
el caso de un cilindro muy largo rodeado por la corriente. En dicha
7ñ Esto se puede explicar del modo siguiente: Al disminuir las fuerzas de
inercia con relación a las fuerzas de viscosidad, la velocidad es proporcional ai la
disminución de presión : c = k d p l d s , según página 62. La presión sigue ahora
la misma lev que antes el potencial 0 en c = d 0¡d s. Tenemos, pues, en el campt
de valores de fíe pequeños, una corriente potencial en la que las líneas ortogo
nales son lineas de igual presión. En esto consiste el P.r°ce^ ‘e,íJ° e*S hÍ w
la página 51 para la obtención de una corriente potencial, según H e l e -S h a .
Ejemplos de corrientes reales 83
figura se dan los valores del coeficiente de resistencia siendo la
resistencia:
w = Cwq F (52)
con
c*
Q = y ~2 Y — presión de remanso (52 a)

F — db — superficie que presenta el cuerpo perpendicularmente


a la corriente.
Coeficiente de resistencia C

Como se ve, se tiene, para pequeños valores de Re, una disminu­


ción lineal de la resistencia, como en los tubos (si la escala de repre­
sentación es logarítmica) (fig. 43). Para valores crecientes de Re se
presentan los desprendimientos, tratados anteriormente, en aque­
llos puntos de la superficie posterior del cuerpo donde los tubos de la
corriente potencial se ensanchan, por los mismos motivos que en el
difusor, y en las curvas se desprende la corriente en forma de torbellino
cuando e ángulo de divergencia es demasiado grande. En el campo
del torbellino no existe aumento de presión, por lo que resulta una
resistencia debida a la presión, que se denomina resistencia de forma
En los cuerpos gruesos, que son, además, cortos, según la dirección de
X4 Principios de Hidrodinámica

la corriente (placas perpendiculares a la corriente, cilindros, esfe­


ras, etc.), la resistencia de forma es mayor que la resistencia debida
al rozamiento superficial. Esto ocasiona un retraso en la caída de la
linea Cu,» como se ve en la figura 55. El trabajo necesario para vencerla
corresponde al contenido de energía de los torbellinos que se forman.
Es tanto mayor cuanto más adelantado está el punto A de desprendi­
miento (más a la izquierda, en la figura 55).
En los cuerpos con cantos vivos en las cercanías del punto de
desprendimiento (por ejemplo, discos planos situados perpendicular­
mente a la corriente), dicho punto se sitúa siempre en dicho canto,
siendo dentro de amplios límites independiente de Re, por lo que tam­
bién t w varia muy poco. En el disco es, por ejemplo, £w = 1,10 a 1,12
para Re = cdjv > 4000.
En los cuerpos de formas redondeadas (cilindros, esferas, qlas
portantes gruesas, etc.), no existe un sitio determinado para el punto
de desprendimiento, por lo que a menudo circunstancias secundarias
(como, por ejemplo, una ligera rugosidad de la superficie) influyen
considerablemente en la situación del punto de desprendimiento
y, por tanto, en la resistencia. La capa límite es siempre laminar a
partir del punto de remanso. Después de un cierto trayecto, que se
acorta al crecer Re, puede llegar a ser turbulenta. El retraso del punto .
de desprendimiento se produce especialmente cuando la capa límite
se hace turbulenta antes del desprendimiento, lo cual sucede al
rebasar cierto valor de Re, que se denomina, nuevamente, número crt
tico de Reynolds, por ejem-
pío, según la figura 55, en
3 un cilindro infinitamente
largo para Re = 5,2 • 105.
Debido al movimiento se­
cundario turbulento, apa­
rece entonces un fuerte
efecto de arrastre que des^
vía hacia atrás el punto
Fio 56. Cuerpos de igual resistencia, supuesto que de desprendimiento, dis­
la corriente vaya de derecha a izquierda. El disco minuyendo la resistencia
circular rayado hay que imaginarlo situado perpen­
dicularmente a la dirección de la corriente bruscamente. En el caso
del cilindro, el punto de
.desprendimiento de la corriente está situado a 70°, a partir del punto
de remanso para Re inferiores al critico, y a 110° para los superiores (x).
Se puede rebajar esta velocidad critica facilitando la formación
4C El m' ■«««-■■» CU r n—-» i ■, , ,
U-H ~.l■MI» Klán i . l■ mm
m . uamnre- -arr ye
tran d U ),^. am nem anou la^moosattan « r s h k h it l .
El* desprendimiento en el cilindro se explica por las granda
depresiones en los puntos más altos y más bajos, que alcanzan, en.i
0) Wi£N-Hxaxs: Handbuch der Experimental physik, vol. 4.% 2.» partí
............ 11 1 1 'l11

Ejemplos de corrientes reales 85

’W ? presión de remanso, y en el amia o en


remanso El d ^ n d " de Re¡ unas 2'5 ''eces ,a Pasión de
alargada qie llene r a s f e l" ^ Seí evita si el cuerP° ‘¡ene una forma
contarlo ffio -S p f i . f aC1° muert0 que se A m arla en caso
.

se renarte a 'l„ ? ' r ,dente que entonces el aumento de presión


se reparte a lo largo de nn trayecto mayor (correspondiente a un

111

Túneles d e pruebas ►-
A terrizaje k ------------ Aviones
w ’""*"*’* * orcmen >
m P d ra C i S ¿ n t 1
en ^ c a r l i n g a s d S T de
1.328 _0,455
~ rte turbulenta: fa
(log /£ ) 2,58

t í ^ S R S á í ' ■ —

■ ¿t Dau'P'turbmen-Elementen. EscherWvss
S6 Principios de Hidrodinámica

Perfiles alargados. Al hacer turbulenta la capa limite en los pun­


tos de desprendimiento se consigue una disminución de la resistencia
de forma, pero al propio tiempo se aumenta la resistencia de roza­
miento, pudiendo duplicarse su valor (fig. 43). Debido a esto, se pro­
cura retrasar, en lo posible, el punto de paso de la corriente laminar
a turbulenta, en los perfiles llamados aerodinámicos, en los cuales
prácticamente sólo existe resistencia de rozamiento, puesto que la
capa de rozamiento laminar soporta una mayor rugosidad que la tur­
bulenta (págs. 64-66).
El efecto que tiene el paso de la capa limite laminar a turbu­
lenta nos lo muestra el comportamiento del perfil alargado, y mejor
aún en el de la placa plana. La figura 57 (*), de la que se desprende,
además, que los cuerpos alargados tienen sólo la resistencia pura de la
placa, nos muestra palpablemente que en la capa limite laminar
la resistencia es sólo la mitad de la del campo turbulento. Se puede
retrasar el punto de transformación, en el perfil laminar, dando una
forma alargada a la mitad delantera del perfil, gran radio de curva­
tura del borde del perfil, espesor lo menor posible, y especialmente
trasladando hacia atrás el punto de mayor espesor del perfil (punto
de máxima velocidad),, aproximadamente hasta la mitad del perfil.
Esta última medida sólo puede tomarse en los perfiles delgados,
en los cuales el ángulo de cola del perfil admite un aumento sin que
aparezca el desprendimiento, es decir, sin que se produzca resistencia
de forma. Por lo demás, la experiencia demuestra el efecto favorable
solamente en superficies completamente lisas y con un perfil exacto
al teórico. Pequeñas irregularidades pueden producir el paso a la tur­
bulencia í2). ,
Los medios anteriormente mencionados, especialmente la aspi­
ración y desaparición de la capa limite, tienen también éxito. La
desaparición de la capa limite se consigue no sólo mediante flúidos
extraños, sino también con la misma corriente, conduciendo a ésta
mediante álabes directrices, igual que en las curvas (fig. 49). Ejemplo de
esto son las alas portantes entalladas. En los turbocompresores, en
especial en los axiales, se han utilizado también las alas entalladas
en aquellos casos de velocidades cercanas a la del sonido o grandes
cargas superficiales, a fin de evitar el desprendimiento de la corriente
(figura 172 a).

14. Corrientes de gas con variaciones considerables


de densidad
a) Condiciones de semejanza. Número de Mach. En los capí
tulos anteriores se han estudiado leyes sobre corrientes que son apli­
cables, sin excepción, a los gases. Sin embargo, la compresibilidad
(») H. Schlichting : Feuerungstechnik, vol. 28, fase. 10 (1940).
(*) Engineering, vol. 162, pág. 188 (de 23-11-1946).
Corrientes de gas con variaciones considerables de densidad 87

acarrea notables variaciones cuando la velocidad es del orden de la


del sonido.
La velocidad de propagación del sonido es:
/ dP
* = ]/ dg (53)

siendo q = y¡g = 1¡ug la maza específica, y P la presión. El cociente


diferencial debe tomarse a lo largo de la adiabática, cuya ecuación es,
según la página 14:
P_
(53 a)
Pi
De las anteriores expresiones se obtiene, después de efectuar
simplificaciones :

a = l '/j< V “ 1i g x P o = ]¡gxRT = y 2 g R T 1 -¡- ^ (54)


En la última expresión, el subíndice g se refiere al estado del gas que
resulta en el supuesto de pasar sin pérdidas de la velocidad del sonido
a la velocidad cero. Para aire seco con R = 29,27 y y. = 1,4:
a = 20,02 ] / T = 1 8 , ( 5 5 )
Para aire semihúmedo, aproximadamente^
20,2 f r ■ (56)
notable comprobar que la velopi^d^Sféísónido, para una misma
.se de gas, es proporcional a j/T, e independiente de la presión.
A continuación-vamos a estudiar cómo varía la densidad en una
corriente de gas en función de la velocidad. Para ello debemos refe­
rirnos a la ecuación de Bernouilli, expresando la altura de presión en
función de la densidad. La altura de presión adiabática es, según (12)
capítulo 3 : & v ’
x-l
hud------ -—r R T j (57)
y. — 1
y como, según lá expresión (54),
g x R T j = a\
(siendo a¡ la velocidad del sonido correspondiente al estado inicial 1)
y utilizando al propio tiempo la expresión de la adiabática (53 a) se
obtendrá: '

had —
9 (* — 1) 6i
En la corriente, que consideraremos retardada (pues qu > oj), sea
c¡j = 0 la velocidad en el estado II, a fin de que la variación de la
88 Principios de Hidrodinámica
Corrientes de gas con variaciones copsiderabies de densidad 89
masa específica sea la mayor posible. Según Bernoulli, la altura de cumple siempre con bastante exactitud (^),;:por lo que puede dejar
velocidad en el estado I es igual al valor anterior had, o sea; • ! de considerarse.
K-l b) Ángulo de divergencia admisible en las corrientes de gas de
Qn
— ^ad — i gran velocidad. En los canales divergentes, las disminuciones de
2g 9 ( x — 1) Qi velocidad de la corriente de gas, con un número de Mach suficiente­
de donde: mente elevado, serán mayores que en el fluido incompresible, debido
1_ ; a la variación de volumen; es decir, se >
Qu y. — \ ( c i x- 1
(58) aumenta el efecto. A consecuencia de
Qi ello, deberá reducirse el aumento de sec­ \p*dp
Esta expresión demuestra que las variaciones de volumen y de masa ción admisible o, lo que es lo mismo, el
específica dependen solamente de la relación c[a, entre la velocidad ángulo e de divergencia (fig. 58). La si­
real y la del sonido. A esta relación se la denomina número de Mach guiente consideración nos indica la cuan­
y se designa por Ma. tía de esta reducción :
Puesto que queremos limitar por ahora nuestras consideraciones a Tomemos un trozo de canal, de Ion-.
valores de Cj considerablemente menores a la velocidad del sonido, gitúd d x (fig. 58), en el cual se produce Flo. & Cott|cntc ^ m en
podremos simplificar la expresión (58) desarrollando el segundo tér­ • una pequeña variación de velocidad ál canal divergente
mino en serie ilimitada y despreciando los términos de la serie a partir pasar de ¿ a c - f de. Hay que imaginar "
del tercero. R esulta: de negativo. En consecuencia, la..sección" pasa de F a F -f d F; la
presión, de P a P + ' dP, y el peso específico, de y a y -{- d y.
Qu = 1 + ± (-£ L
A consecuencia de la continuidad, JFcy=caudal en kg/seg=const.:
Qi T 2 U/J * r .-j• . i. •
»i ~M**.l i . ' -• ' I i'* I 7» ' * » *

d ( F c y )'= F c y = 0;
Qll ~ Ql AQ \ (cj
(59) o sea: J ,4rp].. •
Qi Qi
a¡ es la velocidad del sonido correspondiente al estado del gas
correspondiente al subíndice I. La variación relativa de densidad
A q/ qi es también igual a la variación relativa de volumen A V/Vj. fel líquido incompresible (agua) ■se^ondrá dy = 0. Por tanto, la
Según la ecuación (59), es, por ejemplo, para c7 = lOOm/seg; delación entre los aumentos de sección necesarios para agua y para
a¡ = 330 m/seg, y la variación relativa de volumen : A V/Vj = gas, o sea, entre dF'w y d Fg, si en ambos casos hay que obtener las
= 0,046, ó sea, el 4,6 % ; por tanto, todavía muy pequeña. La ecua­ mismas variaciones de "velocidad de, es decir, la misma transforma­
ción de energía, es:1'” : 1
ción (59) se puede emplear hasta las cercanías de la velocidad del
sonido. El error es, para C;/aj = 1 , de — 5 %. P de de
La anterior consideración nos muestra que podemos tratar las d F„
'<P =
corrientes de gases igual que las de líquidos, mientras Ma sea menor _F \ ^ C [■ -d Y ) de dy cdy
que 0,3, tanto en lo que se refiere al aspecto del diagrama de la corriente ■ > ■■ ¡A c y I ~ y i +
como a sus efectos de fuerza. En consecuencia, será posible efectuar y de
ensayos con aire sobre modelos reducidos de bombas centrífugas hi­ Y puesto que, según Bernouilii,
dráulicas. En caso de tenerse en cuenta las variaciones de densi­
dad. el número de Marh resulta tan importante como el número de - d ( y ) '= o
Reynolds. En este caso no son indiferentes la temperatura inicial y: la Si rA
clase de gas, es decir, Tlt x y R, debido a que influyen en la velocidad
del sonido. El valor de la presión carece, en cambio, de importancia. VdP --------- de,
Si el gas circulante se enfria o se calienta, para una completa 9 l ■-
Ittjll'j
¡X
semejanza debe conservarse constante el coeficiente de Prandtl, dP = ----- — cric = — —ede;
v9 g
Pr = v/a, siendo a = X¡y cp el coeficiente de transmisión de tempe­ -----í-----
ratura (A = coeficiente de transmisión del calor). Esta condición se (*) G eig e r -S cheel : Handbuch der P hysík., vol. 7, pág. 295, B e rlín :
Springer, 19271 - ! ’’ *• *
90 Principios de Hidrodinámica

y, por otra parte, según la ecuación (53),


dP = a2d q — — dy,

igualando ambas expresiones de d P :


ydj c = —-—
— fl2 dy.
j

Poniendo este valor en la ecuación de cp se tiene:


1 _ 1
(60)
v ~ 1 _ | c_J ~ 1í — A fa2

Esta relación de los aumentos de sección es, con una corriente


plana, al propio tiempo la medida de la relación de los ángulos de
divergencia ew y e0, para obtener el mismo retardamiento, es decir,
de igual peligro de desprendimiento, para agua y gas se podrá escribir:
c2
£g = «u>(l — -^2") = ew (1 — M ü 2) (61)

Si la sección del canal es circular y, desde luego, cuando existe


un espacio hueco de rotación, se ha de poner aquí evidentemente
]/1 — Ala2 en vez de 1 — Ma2. Lo mismo pasa con las secciones
de otra forma, con tal que éstas se conserven semejantes.
Así, por ejemplo, si a = 330 m/seg, la ecuación (61) nos da para
c m /seg........... 100 150 200 250 300 330
1 — c‘/a*___ 0,908 0,794 0,632 0,428 0,175 0

Se ve que, para números de Mach importantes, los retardamientos


exigen disminuciones considerables de los ángulos admisibles, y que,
a partir de los 150 m/seg, de velocidad, deben ser tenidas en cuenta.
(Véase también figura 284, página 447.)
A diferencia de la regla de Prandtl, que se estudiará a continuación,
la expresión (61) rige también para el caso en que c = a. Entonces,
£g = 0, no es posible un canal divergente, de acuerdo con el proceso
de la tobera de Laval, en la cual en la sección más estrecha c = a
y df = 0.
Para c > a, es decir, en el campo supersónico (en el cual es de
esperar, según el siguiente capítulo, un choque de condensación al
retardarse la corriente, y que, por tanto, se procura alcanzar en los
turbocompresores), debe tomarse evidentemente e negativo; es decir,
el canal debería estrecharse (en correspondencia con la parte de en­
sanchamiento de una tobera Laval).
c) La fuerza de álabe en las corrientes de gas de gran velocidad
(Regla de Prandtl). Consideremos la corriente que rodea a un ala
portante, primeramente con flúido incompresible y luego con flúido
compresible. Los tubos de corriente situados a lo largo de la cara
Corrientes de gas con variaciones considerables de densidad 91 X
inactiva del alabe que se encuentran en un campo de baja presión,
se ensanchan, debido a la influencia de la expansión, y, por el con­
trario, se estrechan los tubos de corriente del lado de sobrepresión.
En el diagrama de corriente (!) estudiado en la figura 31 se ve clara­
mente que de ello resulta una mayor curvatura, hacia arriba, de las
líneas de corriente, y el correspondiente aumento de la fuerza de
álabe, ya que ésta sólo depende de las fuerzas de inercia.
Según la regla de Prandtl (**). la fuerza de álabe, o sea, el empuje, es 1/Vl — Ma*
veces el correspondiente al liquido incompresible, siendo Ma la relación entre la
velocidad de la corriente de entrada u;» y la velocidad del sonido en Ja corriente
sin perturbación. Sin embargo, se supone que las velocidades que aparecen en la
corriente se diferencian poco unas de otras (es decir, que el ángulo de ataque es
pequeño), y que el cuerpo que choca con la corriente es aplanado, y que en ningún
punto se alcanza la velocidad del sonido (*).
Por tanto, si un cuerpo aplanado choca con un gas, las presiones que actúan
sobre el mismo son iguales que para Ma = 0, o sea, como en un flúido inelástico,
si las dimensiones del cuerpo perpendiculares a la dirección de la corriente se mul­
tiplican por Vi — Ma*.
La influencia favorable de la compresibilidad, expresada por la regla de
Prandtl, sólo existe hasta Ma = 0,75, debido a que en las proximidades de la
velocidad del sonido las pérdidas aumentan considerablemente.
En la página 225 se indica que el trabájb útil para valores elevados del
número de Mach aum enta; es decir, se eleva al coeficiente de presión (pág. 150)
de los canales de álabe de los compresores rotativos.
d) Velocidad supersónica. Para las corrientes retardadas de los
turbocompresores deberá desistirse de utilizar velocidades supersó­
nicas, debido a que, al pasar la velocidad de supersónica a infrasónica,
se produce un choque de condensación. El retardamiento de una
velocidad q > a a c2 < a ^.produce, con toda probabilidad, por
choque, según la relación q q — a2. El valor;..^«.sé'cálculará mediante
k ^ ti m a expresión de (54) ó (55). Esí^pfoceso va unido, por regla
gmeral, a grandes pérdidas (4). Tampoco es recomendable alcanzar
las proximidades de lá velocidad del sonido, puesto que, al rodear la
corriente los bordes de los álabes, no se pueden evitar aumentos locales
de velocidad (fig. 104 a). Debido al choque de condensación, las corrien­
tes supersónicas retardadas consumen trabajo, aunque no exista roza­
miento, y es particular que en los cuerpos de líneas aerodinámicas
los coeficientes de resistencia correspondientes tengan su máximo
valor precisamente en el campo de la velocidad del sonido, disminu­
yendo, tanto al aumentar como al disminuir la velocidad (5).

(») Para trazar diagramas de corriente, véase A. B u s e m a n n , Gasdynamik


im Handbuch der Experimentaiphysik, Akad. Verlagsges., vol. 4, 1.» parte, pá­
ginas 407-410, Leipzig (1931).
(*) L. P r a n d t l : Fübrer durch die Stromungslehre, pág. 264, Brunswich
(1944), Vieweg und Sohn.
(») Para mayor aproximación, véase W . H a n t z s c h e und H . W e n d t , ZA M M ,
vol. 22, págs. 72-86 (1942); W . H a n t z s c h e , ZAJViM, vol. 22, págs. 185-199 (1943).
— E. K r a h n en *A l b e r t B e t z : Zum 60. Geburtstag », pág. 69; MPG Dokumen-
tationsstelle Góttingen, págs. 50-102 y 150.
(*) R. S a u e r : Einführung,in die theoretische Gasdynamik. Berlín: Sprin-
ger (1943).
(•) G e i g e r - S c h e e l , Handuch der Physik, vol. 7, pág. 336, fig. 59; T h .
Z o b e l , Luftwissen, vol. 11, págs. 64-69, en especial la fig. 10 (1944).
92 Principios de Hidrodinámica

Cuando un cuerpo cuya parte delantera del perfil está bien redon­
deada se halla envuelto por una corriente supersónica, además del
retardainiento relacionado con el punto de remanso, se origina el
llamado choque de condensación (x), que acarrea muchas pérdidas; En
caso de no poderse evitar los valores Ma ^ 1, es, por tanto, reco­
mendable afilar la parte delantera del cuerpo que choca con la co­
rriente para eludir que existan puntos de estacionamiento. El choque
de condensación es tanto menor cuanto más pequeño es el ángulo de
choque. Tiene poca importancia el que la parte posterior sea roma,
y por ello es más favorable, en caso nresente el p m d e ! a!a per
v tante corriente, con la parte afilada
¡° / hacia delante. La dirección de la
? i* / / corriente indicada en la figura 56
hay que cambiarla de sentido.
c) Corriente de gas en un tu­
bo impermeable al calor, con roza-
i miento. Línea de Fanno. Suponga­
mos una corriente con mucho roza­
miento, como ocurre, por ejemplo,
en los anillos de cierre (pág. 98).
A consecuencia de la disminución
• . de irpresión por -----------
rozamiento_ y«/• al

/ 7 l£ calentamiento producido por el
/ mismo, el gas se dilata en el tubo,
/
/ acelerándose, no siendo aplicables
entonces las consideraciones del
F ig, 59. Línea de Fanno capítulo 13, a). El aumento de la
energía cinética a partir de un punto
inicial, es, según la página 29, equivalente a la disminución del con­
tenido de calor; . ■<

Junto con la condición de continuidad, G v = f c, podemos eliminar c


J oí p u u w iiu o ia — l 0 I Ol ~ y --- ----
del recipiente de donde sale el gas), la siguiente expresión para el
calor empleado:
>g \ 2
A i = ia — i = — ) n2
y2 = const. x u2
y2 (62)
29 W /
O sea, que el consumo de calor es proporcional al cuadrado del volumen
específico. Se puede calcular para cada v el consumo correspondiente,
incluyendo, en el diagrama i-s ó T S , la llamada linea de'Panno
(figura 59). A cada caudal de un tubo G corresponde una curva dis-i
(>) H. M e l k u s : über den abgelósten Verdichtungsstoss. Disertación,
Brunswich (1949). — Véase, además, A. W. M o t l e y : Aircraít Engng., vol. 21,
número 248, pág. 320 (1949).
Corrientes de gas con variaciones considerables de densidad 93

tinta. (En los gases perfectos, las líneas Fanno son congruentes y se
obtienen, al igual que las curvas p y v, por desplazamiento hori­
zontal.)
Las líneas i = const. son, según (61), también líneas de igual
velocidad c. En el punto en que la línea de Fanno tiene una tangente
vertical existe la velocidad del sonido. Este punto es, al propio tiempo,
el punto final E de la línea de Fanno, porque, debido al rozamiento,
la variación de estado debe producirse con entropía creciente (l).
La velocidad del sonido no se podrá, pues, rebasar en el canal nr¡«-
mático onoT.o/>;0ná6 s61ú tu la sección nnal (igual que en una tobera
divergente). Con esto queda determinado el caudal máximo.
La linea de Fanno no indica, evidentemente, nada sobre el camino
recorrido, limitándose a señalar los estados posibles en el tubo. Si se
quieren localizar los puntos en que se presenta cada uno de dichos
estados, hay que recurrir al coeficiente de resistencia A, correspondiente
al tubo de que se trate. La relación entre este coeficiente y la línea
de.Fanno es evidente, por cuanto, en el diagrama T S, la super­
ficie situada debajo de la línea de~Fanno representa el valor del
calor A r, correspondiente al trabajo de rozamiento hasta el punto
considerado.
f) Cálculo aproximado de la disminución jdejpjrésión en las tube­
rías para gases. Si la velocidad del gas es pequeña, como es corriente
y necesario en las conducciones de gas a distancia, se puede — con­
trariamente a las deducciones'anteriores, y a pesar de la velocidad
creciente— despreciar la inerciar'por ser insignificante al lado del
rozamiento en el tubo (el* error para c seg es de — 1 % ;
i^a?80 m/seg, de— 10 % del valor dfr$r?esistencia de rozamiento).
«Rlisminución de presión a lo largo de una longitud d l es, según la
expresión (33):.
dj_ c2
dP = — yA (63)
d 27
El signo negativo es necesario, porque, al aumentar el camino l, dis­
minuye P. Suponiendo una expansión isotérmica, debido al calor
transmitido al ambiente, tendremos la siguiente relación entre el
estado inicial del gas y el estado en un punto dado:
P v = P x !>,,
«4 principios de Hidrodinámica Perdidas por fugas 95

Poniendo en la expresión (63) representan algunas disposiciones del cierre de estanqueidad del rodete
radial usuales en las bombas hidráulicas. En los tubocompresores son
c — F 1 Cl (64 a) más apropiados los cierres laberínticos, según la figura 61, porque, en
P caso de rozar el rodete con la superficie opuesta, se desarrollaría calor,
y hay que evitarlo. Si el rodete no está
cerrado por su parte inferior— es decir,
(64 b) si los álabes están fijados solamente al
y v P í ol 7l P x
disco opuesto a la aspiración— se pro­
se obtiene, después de efectuar operaciones: duce otro proceso de pérdidas, que se
tratará en c).
p <¡P = - y 1^ ^ p í cldl, a) Variación de volumen despre­
ciable. Designando las secciones de
e integrando entre l = 0 (subíndice 1) y l = l (subíndice 2): paso entre el rodete y el cuerpo de bom­
ba (fig. 60), por Fa, la correspondiente
(65) ¡n
al diámetro exterior del rodete, y por '"T
Fit la correspondiente ai diámetro in­ Dt
Si nos referimos, como es costumbre, al estado normal del gas (subín­ terior ; por Hp, la diferencia de presión
dice n), tn = 15° C y 760 mm Hg (Pn = 10 332 kg/m2), y para el aire, F ig. 60. Fugas en un rodete de
entre la entrada y la salida del rodete; * bomba multicelular
yn = 1,226 kg/m3, se podrán deducir las magnitudes yx y cv para por//*, la presión en la zona compren-*
Tx = Tn, en función de y n y cn: dida entre las juntas, supuesta uniforme, se tendrá, suponiendo que
Vx = V el caudal que las atraviesa es el mismo :
Pi c, =
Vi = Yn 71<P¡4 n P j ^ éP/4 sp = M ,F ,\ 2 gH I = /ia Fa ( 68 )
Se obtiene, pues: de donde:
p 2 _p 2 _ J ^ _ A . _ L y P V2 (66 ) Hr = Hr - *
i 2 ~ ti2 g db 7n n n (69)
^ Fi '2
Introduciendo, además, P n = 10 332 kg/m2, yn = 1,226 s, siendo s la
relación entre las densidades del gas y del aire, y pasando de la unidad
_ m esta ecuación, fj,t y pasoü los coeficientes que tienen en cuenta
de presión atm. al kg/m2, se obtiene, agrupando todos los coeficientes
el rozamiento y la contracción a la entrada de cada junta. Podemos
en uno solo: calcular este coeficiente ju. Supongamos primeramente una junta lisa,
p ? - p ! = 2.09 x W d ? sV Z <67) según la figura 60 d. La caída de presión a través de la junta A h es
absorbida por las dos pérdidas siguientes:
Si se quiere calcular Vn para unos valores dados de pv p2 y una con­ 1. a ^Pérdida de energía cinética igual a 1,5 c?¡2 g, siendo el suple-
ducción tubular dada, se tendrá: • mentó 0,5 c2^ g, debido a la contracción a la entrada, supuesta de can­
tos vivos, como en x (fig. 60 a), hay que tener, por consiguiente, parti­
(10 d)2 PÍ — PÍ cularmente en cuenta la doble transformación de la velocidad.
V„ = (10 d) (67 a)
1,45 Xsl 2. a Pérdida por rozamiento sobre la longitud L de la junta
(Vn en m3/seg; d y l en m). (figura 60 d), que se calculará según las ecuaciones (33) y (41) del ca­
pítulo 13. Por tanto, será:

15. Pérdidas por fugas (69 a)


"K
La existencia de una sobrepresión a la salida del rodete de las bom­
bas centrífugas hace que, a causa de la junta necesaria, se produzca en donde el diámetro hidráulico [ecuación (41), página 72]:
una pérdida volumétrica, la llamada pérdida por fugas. El cierre se 4F A D ti b
efectúa en los rodetes radiales, principalmente en la junta interior, d= = 2b (69 b)
U 2 D ti
la anchura de cuyo juego es (fig. 60). En las figuras 60 a a 60 c se
96 Principios de Hidrodinámica %
Luego, ' 1 ,
1 --------- - '
1 c = fi^ 2 g á h = — \2 g . A h u i l l í n >'mu
,’t » •; v 'r ¡ : 1 X.L «tg, H ,.rr; , i ***í.N*--r -5’.) 1)^00.
2b -v i •*.:?> vnil v
i¡ t'-n. »•!} oIjCTlW-,
. ojr:!:: >*’i V.
:•> ii.i*íh
ii

F igs.60 a -c. Diferentes formas de los anillos de


estanqueidad en el diámetro de entrada del. rodete-
(La disposición de la figura 60 r sólo es aplicable, a
lus bombas cuyo bastidor está dividido por un plano
horizontal que pasa por el eje)
c
resultando:
(70)
P=
1,5
2b
El valor de A depende del número de Reynolds, o sea:
• o- .• l- Re = d c¡v = 2 be v,' ■•
asLcomo de la excentricidad e entre las paredes
interior y exterior de la junta. Egli encontró, 0 '•! r
mediante ensayos con aire y vapor en juntas en ' ¡ Fio. 60 rf.
reposo en el campó laminar, lo que es poco co­ Junta con, sur
cies cilindricas
rriente en las bombas centrífugas : iliil ,:'0Vj7
't 11 1 - ' • . i...
para e = 0, A = 30¡Re, valedero hasta Recrit: = 2000; •• 1
para e = b, A = 19,2¡Re, valedero hasta ffeCrit - 1476- •
(Elvalor teórico es A = 96¡Re.) • '* ' ■ • 1 Jd‘ l,i
En el campo turbulento,, muchísimo más importante en la practica,
es decir, para Re > Recñi, obtuvo Egli Q) los valores indicados en la
figura 60 e, para e = 0 y e = b, debiendo hacerse notar que x crece
al disminuir la longitud de la junta y que, debido a la rugosidad de la$
superficies, depende mucho del ancho de la misma, a pesar de ser mde-
E gli : Journal of Applied Mechanics, vol. 4, A, págs. 63-67 (jun*0
1937).
Pérdidas por fugas 97

pendiente de Re. En el caso de que la superficie sea completamente


Usa, rige la ley de Blasius (pág. 68), o sea, A = 0,316 Re~>lt.
En las juntas generalmente sólo gira una de las paredes, perma­
neciendo fija la otra. Según Bectfér y Bodart (2), A es el mismo que en
el caso de que ambas paredes estuviesen en reposo relativo. Sin em­
bargo, .Recrit es mayor o menor, según gira la pared exterior o la inte­
rior (3). La excentricidad producida por la flexión del eje da origen a

V 60 e* Influencia del Juego y de la excentricidad en las superficies de Junta cilindricas

una.mayor pérdida de fjúido, es decir, a un valor menor de A, que si


se mantuviese la concentricidad (4).
Cuando una de las paredes de la junta es ranurada (fig. 60 /),
con ranuras de ancho inferior a 10-16 veces el juego b de la junta, y
de profundidad suficientemente grande, hay que añadir por cada
ranura una pérdida de presión igual a <?¡2 g en la ecuación (69 a),
resultando entonces para z ranuras:
1

i
7. Pfleiderer : Bombas centrifugas.
98 Principios de Hidrodinámica

en la cual L = L, + L, + L3 (flg. 60 /). SI las ranuras se disponen en


forma de hélice, de forma que al girar produzcan un efecto de bomba
en sentido contrario a la fuga, ésta queda muy disminuida. No obs­
tante el número de pasos de la hélice no debe ser demasiado pequeño,
y ello obliga a disponer de mucho espacio
en dirección axial.
Las ranuras laberínticas (fig. 61), usua­
les en los turbocompresores, son más eficaces
y más apropiadas, en lo que hace referencia
al calentamiento, si el grueso de los anillos
F íg . 60 /. Junta laberíntica ^ pequeño. Según Schneckenberg y Trut-
nuwsxy, si la ejecución es adecuada, la estrangulación es mayor que
con juntas lisas de la misma longitud total, debido a que la forma­
ción de torbellinos es más eficaz que el rozamiento de la junta lisa de

poco juego. Si en la expresión (71) hacemos L = 0, y, por consiguiente,


ya no se presentan sobrevelocidades en el chorro estrangulado, se
toma el valor 1, en vez de 1,5, y tenemos:
p = 1 /V T T T
z representa el número de ranuras; luego, el número de anillos nece­
sario será: z - \ - \= z '. Escribiremos, pues,
Pérdidas por fugas 99

siendo a un coeficiente de contracción que tiene en cuenta el extran-


gulamiento del chorro detrás de cada ranura, ya que la sección efec­
tiva del chorro se reduce de F p tiD b a a F (en la página 82 se dan
datos sobre a).
El inconveniente de esta fórmula reside en que la forma de eje­
cución interviene sólo en el valor de a. Debido a esto es por lo que se
intenta (**) considerar los cierres de cada anillo como un incremento
de la rugosidad de una junta continua. En tal caso podemos tomar la
ecuación (70), suprimiendo el número 1,5 del radical, puesto que las
resistencias de entrada están comprendidas en X. F.ntnnppc :

— En la figura 61 se dan los valores de X, correspondientes a los


tipos de juntas dibujados a la derecha, en función de Re = 2 b c/v, a
escala logarítmica. En los gases hay que tomar para c y v, los valores
medios, debido a que el estado se modifica a.lo-largo de la junta ; c es
la velocidad correspondiente al, mantrr "juego b. Del gráfico se des­
prende que las juntas laberínticas con anillos cónicos dirigidos contra
la corriente proporcionan, según ensayos de Grünagel (2) y Hartmann,
un aumento considerable de la resistencia. Estas observaciones, según
nuevos ensayos (3), son válidas sólo para juntas muy anchas. Para las
pequeñas anchuras de junta cordéntes, no»existe ninguna diferencia
entre los laberintos perpendiculares o inclinados con relación al eje.
El coeficiente de contracción a que debe ten ^ r^ en cuenta en las
juntas anulares, dependí grandemente de^a^dis^ósición de los anillos,
gfiara anillos con cantos vivos, el cáléíitS teórico, suponiendo una cá­
m ara infinita, da, según Kirchoff (4): a = n (n -\- 2) = 0,612. Según
Weissbach, puede ponerse en función de la profundidad T, siendo
a = 0,63 + 0,37 bjT. De la figura 61 se desprende que la disposición
de anillos cónicos disminuye mucho los valores de a.
Si los anillos no tienen los cantos vivos, a aumenta. Un ligero
chaflán aumenta el valor de a de 0,7 a 0,8, y un redondeamiento en for­
ma de tobera eleva a a a casi 1 (5). Cuando el anillo tiene cantos vivos,
pero su espesor s es finito, hay que contar con una conversión parcial
de velocidad en presión dentro de la junta, y en consecuencia, a podrá
aumentar hasta 0,95 al disminuir el juego b. Esta inseguridad en la
fijación del valor de a se aumenta más todavía por cualquier insigni­
ficante roce del anillo con la superficie opuesta, influyendo entonces
todavía más el valor de s (6). Por todo lo dicho se recomienda no tomar
para a un valor demasiado pequeño.
(*) W . H a r t m a n n : Forschung, vol. 13, pág. 165 (1942).
(’) G r ü n a g e l : Forsch., vol. 9, pág. 187 (1938).
(*) T r u t n o w s k y , K .: Konstruktion, vol. 6 , págs. 386-392.
(*) C. K e l l e r : Escher-Wyss-Mitt., vol. 7, pág. 11 (1934).
(s) Hlltte, edición 27, vol. 1, pág. 480.
(*) En este sentido hay que considerar la ejecución de E s c h e r W y s s , en la
cual los anillos giran sobre carbón, en vez de hacerlo sobre metal, y, por tanto, se
desgastan menos. Escher-Wyss-Mitt. vol. 8, pág. 160 (1935).
100 Principios de Hidrodinámica

Respecto a la anchura B y profundidad T de las cámaras situa­


das entre los anillos, la influencia de T es muy pequeña mientras
tenga, por lo menos, un valor igual a 0,8 B. Es más importante la an­
chura B, siendo el valor más favorable, según Trutnowsky y Hart-
mann, para anillos delgados de 2 a 6 b ; es decir, menor que los que
corrientemente se ejecutan. Se ve, por tanto, que la disposición de
muchas cámaras muy estrechas es más favorable que la de menos cá­
maras más anchas.
Es, naturalmente, muy importante reducir el juego b de la junta.
El valor mínimo es:
b = 0,6 + 0,1 hasta 0,2 mm (74)

tanto para agua como para aire, para juntas lisas como para laberínti­
cas, siempre y cuando las juntas lisas se empleen sólo para líquidos.
Si el número de vueltas de funcionamiento es superior al crítico, es
recomendable doblar el valor mínimo de b. La disminución del juego b
reduce mucho más las pérdidas que un alargamiento de la junta, por
disminuir p y la sección de paso simultáneamente.
Efectuemos la comparación entre la eficacia de las juntas situa­
das cerca de la periferia del rodete radial o junto a la entrada del
mismo, y supongamos que las juntas son lisas, como en el caso de las
bombas hidráulicas. . . . , ,.
Si se designan las dimensiones de la junta interior con el subín­
dice i (fig. 60 a), y las de la exterior con el subíndice a, según la ecua­
ción (70), tendremos:
ALa
2 ba
-{- í>5 4
jA
AL,
4*
2 bt
Debido al rozamiento del rodete, las juntas exteriores no pueden ser
anchas, por lo que han de tomarse los siguientes valores: Lalba « 15,
L¡lb¡ t* 200. Con A = 0,03 se tiene jx\!pl = 0,383. Puesto que se puede
tomar FafF t = 4, según la ecuación (69) tendremos:
Hr (75)
Hr = 1 + 0,383/16- = 0,976 Hr

H x es, por tanto, casi igual a H p \ luego, la junta exterior es casi


ineficaz, siendo, por consiguiente, admisible suponer la presión entre
las dos juntas igual a la presión total de la salida del rodete.
La presión Hx es, en realidad, variable del diámetro interior al
exterior debido a la rotación del agua. Si no existiera rozamiento con
las paredes del rodete y del cuerpo de bomba, la corriente en el espa­
cio lateral seguiría la ley de las áreas. La existencia de rozamiento
modifica el movimiento (indicado también en la página 10/) de modo
Pérdidas por fugas 101

que el flúido situado entre el rodete y el cuerpo de bomba se su­


pone que gira como una sola masa (*) a una velocidad angular mitad
• rodete cu (es decir^ representa un torbellino de fuerza co/2).
Nos encontramos, pues, en’él caso tratado en el capitulo 9, c), en que
la presión sobre las paredes del rodete se distribuye según un para­
boloide de revolución (fig. 25). La condición en el límite viene dada
por la presión en el diámetro exterior del rodete, que debe ser la de
salida del rodete. En consecuencia, según la ecuación (17), capi­
tulo 9, c), la presión en la junta interior, en la que la velocidad
> tangencial es u¡ = 7iD¡n!üO, será:

Hpi = H p (76)

La presión Hp se calcula según las ecuaciones (30) y (30 a), cap. 20, c).
La pérdida de caudal a través de la junta considerada vale:
Vsp T S jte fflZ g H # (77)
l siendo F, = n D t b(.
En las bombas multicelulares se produce, en el lado opuesto a la
entrada, una corriente de fuga de sentjjio-contrario, debido al juego
| existente alrededor del árbol„.en sú paso a través de la pieza inter­
media (fig. 60), la cuál.jdeberá calcularstTadecuadamente, pero que es
muy pequeña si las bombas*están bien construidas.
A las pérdidas p9».la§'juntas hay que jañjajSJrlas pérdidas por los
prensaestopas y la necesaria equllibraje del empuje axial
(páginas 457 ss.), en el caso de existir un dispositivo especial de equi­
librado.
b) Consideración sobre la expansión de los gases en las juntas
de cierre. Para altas presiones de compresión, en los laberintos de
los pistones que se disponen para compensar el empuje axial de los
turbocompresores (fig. 322) o en los prensaestopas del eje (fig. 330),
hay que tener en cuenta la dilatación volumétrica del gas. Existe
evidentemente un camino de rozamiento del tipo tratado en el capi­
tulo 14, e), el cual puede seguirse mediante la línea de Fanno, en el dia­
grama i-S. Debe tomarse como sección de la junta, en el caso de juntas
laberínticas, la F correspondiente al juego, y / = a F en el caso de
anillos con cantos vivos, siendo a = f/F el coeficiente de contracción
indicado anteriormente.
En el caso de que las juntas laberínticas estén perfectamente
dimensionadas es decir, que en cada cámara laberíntica se anule prác­
ticamente la velocidad —, podemos obtener el número de anillos nece­
sarios mediante la línea de Fanno. Designando por G en kg/seg la
pérdida admitida, suponiendo / = a F, dibujemos la línea de Fanno
♦ J } ^ éase K o b e s : Studien líber den Druck auf den Spurzapfen der Reaktions-
turbinen und Kreiselpumpen. Leipzig-Viena (1906).
102 Principios de Hidrodinámica

a partir de la línea i, del estado inicial, mediante el cálculo de la pér­


dida de calor:

^“ ‘ - ^ - 2 ^ 7 1 7 ^ (78)
Tracemos, desde el estado inicial A, la linea en zigzag, según la fi­
gura 62, entre la línea de ij y la línea de Fanno, hasta alcanzar la línea
depresiónp2, correspondiente a la pre­
sión de salida de la junta. Esta re­
presentación del proceso es bastante
exacta, por cuanto la expansión en la
in n to <
*c o n r n v i n v i f l ' i m o n t n adiabática
y la velocidad en cada cámara se anu­
la, con lo cual el gas vuelve en cada
cámara al contenido i-y inicial de caloi
(es decir, a la misma temperatura ini­
cial). El número de adiabáticas obte­
nidas indica el de anillos necesarios.
D e te r m in a c ió n d e l n ú m e ro
En caso de que el punto final E de
Fio. 62.
d e la b e r in to s la línea de Fanno (caracterizado por
tener su tangente vertical) sea reba­
sado por la presión final, no obteniéndose, por tanto, ningún otro
punto de corte con la línea de Fanno, deberá interrumpirse el labe­
rinto, por no ser posible rebasar la velocidad del sonido. La piolon-
gación del laberinto exigiría una disminución de la perdida G y, con
ello, la modificación de todo el supuesto.
La expansión en la junta no se efectuará exactamente según una
adiabática, pues, debido al rozamiento, con la pared opuesta de la
junta, se produce un aumento de entropía desconocido. Por otra parte,
la velocidad no se anula por completo. La última influencia puede
tenerse en cuenta, en el procedimiento descrito, sustituyendo la linea
L = const., por una línea ligeramente inclinada A G, elegida conve­
nientemente. Ambas influencias dependen considerablemente del tipo
de construcción de la junta, y por ser sus efectos opuestos, se compen­
san en parte. .
Stodola C) da las siguientes fórmulas para el caso de gran numero
de anillos de junta : _____
a) Para el campo infracrítico, es decir, para P2 >0,85 P x/ |L-H 1,5.

Po) (79)
G = ' y - n f c (p í -
b) Para el campo supercritico, es decir, para P 2 < 0,85 P Jl'z+ 1,5

(79 a)
G- / V f t b k
(l) A. Stodola: Dampf- und Gasturbinen. 5.* y 6.» ediciones, pág. I do. Ber­
lín : Springer (1922).
Pérdidas por fugas 103

Siendo nuevamente / = a F, y para gáses permanentes, P. y, = R T.


Aplicando estas fórmulas (*), se simplifica el cálculo, pero la exactitud
es menor. ,,
El procedimiento descrito ha sido desarrollado experimental­
mente (*). 1
En atención a que los juegos de las juntas deben proyectarse lo
mas pequeños posible, hay que contar con que durante las primeras
horas de funcionamiento se producirán
ensanchamientos del juego, a causa del
rozamiento, de magnitud desconocida.
Por este m o t i v o ™ c= q u e ¡os

procedimientos de cálculo sean excesiva­


mente exactos.
c) Rodetes sin pared lateral. Cuan­
do al rodete le falta una de sus paredes
laterales, como sucede no sólo con algu­
nos rodetes radiales (figs. 62 ay 284), sino
también en los axiales (fig. 170), la-<life^
rencia de presiones entre las caras de
impulsión y aspiración de los álabes
ocasiona una corriente de pérdidas a
través del juego x (fig. 62 b). Este pro­
ceso tiene como consecuencia principal
una pérdida de presión, lo

J ^ f a i a n e disminuirá hacia la p a rte '__


4 ( ^ n t a . Hasta hoy en día no existe un
procedimiento para el cálculo exacto de
esta pérdida (4).
Para un cálculo aproximado se toma F igs . 62 a y b. Fugas junto
la arista libre del alabe
como base la relación F/A entre la su­
perficie F del juego de la junta y la superficie total A de paso de la
corriente. Esta relación es: 1
en los rodetes radiales (figs. 62 a y 284), F/A = 2 x({bx + b2) ;
en los rodetes axiales (figs. 170 y 186),
¿ ti r, _ 2 x/ra
F/A =
i)

s g s a M a iiS S :
S i ^ f f ^ V ‘^ n; ¿ aSrtUrWn?i, de Vj?por’ *ue dice 5 e larXende2cU
perficie cónica c ifc u llr ^ P ^ 0 PUCde rePresentarse mediante una su

g la n S e £ F L S S S & h Ü . M e c h ^ ^ V '^ j W oa * U
í«\ p a>se ^7*' ^R ager en el Ja h rb u ch 1953 der braunschw wissensch Ges
07fi (v )Pn ? .n TKSHbra,S * a n d b u T
ch der Physik, de G eig e r -S c h eel , v o l 7, P ¿ ¿ 273 *
7 ’ y en ej db; der deutschen L uftfahrtforschung, vol. 2, pág. 281 (1940) se^encuen
tran procedim ientos aproxim ados, debidos a A. B etz y F . W e i n i o , r e spee ti v a rnerft e
104 Principios de Hidrodinámica

siendo x el juego de la junta ; bx y b?, la anchura de los álabes radiales


a la entrada y a la salida, respectivamente, y ray r¡, los radios exterior
e interior del rodete axial.
Si ponemos que la pérdida relativa Vsp/V = a F/A, la pérdida
relativa de altura de elevación A H¡H = ($ F¡A, y la pérdida relativa
de rendimiento A rj¡r) = y F/A, se podrán calcular dichas pérdidas
relativas, para los juegos corrientes en la práctica, mediante los siguien­
tes valores de a, /? y y, obtenidos experimentalmente :
para bombas radiales (J) 2 a = /? = y 1,5 a 3,0; para bombas
axiales (2) a = 1,25, /? = 2,5, y = 2,15.
Hay que tener en cuenta la influencia de la forma de la junta,
estudiada desde la página 91 a la 93. Los bordes redondeados o afi­
lados de los álabes no son favorables. En el caso de un cierre en punta,
es mejor que el canto agudo de la junta que va estrechándose esté
situado en el lado de aspiración del álabe. Por lo demás, los núme­
ros a, 8 y y dependen de la curva característica del tubo de conduc­
ción (págs. 421 ss.). Tratándose de los valores antes señalados, se
tiene aquí una parábola con el vértice en el origen ; V/]/// se toma,
por tanto, = const., lo que se cumple también exactamente en los
ventiladores. En las bombas hidráulicas es aquélla algo más aplanada;
después aumenta a y disminuye /?.
Por otra parte, a es mayor en los álabes gruesos que en los del­
gados.
Para el juego de los álabes, puede tomarse .r de un valor igual al
del ancho de la junta propuesto en la ecuación (74).
Puede inferirse (3), tanto de ciertos experimentos personales como
de experimentos efectuados por otros, que con un rodete cerrado (esto
es, con x = 0), aunque es cierto que desaparecen las pérdidas de caudal,
resulta, en cambio, que H y rj son, una vez más, menores que con canal
abierto y anchura de junta reducida. La causa de ello radica no sólo
en un mayor rozamiento en las paredes, sino también en que aquí la
corriente de la junta tiene, evidentemente, el efecto de aspiración de
la capa límite. Según esto, ha de existir un valor óptimo F¡A para la
junta, o para el ancho x de la misma. En los compresores axiales, este
último parece ser del orden de magnitud de x¡(ra — r¡) « 0,01 a 0,02.

* 15 a. Rozamiento de un disco que gira


dentro de un fluido
Las caras exteriores de los rodetes sufren esfuerzos de rozamiento
que ocasionan pérdidas de cierta importancia. El trabajo de roza-
(') Según F r . G r íg e r (véase la n o ta 3 de la pág. 103).
(3) G. C o r d es: Berechnung von Axiallüftern fíir Flugzeugtriebwerke, Jb.
der deutschen Luftíahrtsforschung 1943, II D.
(s) M e l d a h l : über die Endverluste der Turbinenschaufeln, Brown Boveri
Mitt. vol. 28, pág. 356 (1941) ; véase, además, A . R. H o w e l l : Proc. Inst. mech.
Engs., Lond., vol. 153, pág. 451 (1945).
Rozamiento de un disco que gira dentro de un (luido 105
miento correspondiente se calculará, basándose en un disco circular
plano que gire entre paredes paralelas del bastidor (fig. 63).
Supongamos un anillo de radio x y anchura d x. La resistencia
por metro cuadrado de superficie1será :

y K = yC
2b
La resistencia de arrastre de este anillo, cuya superficie por ambos
lados d O = 2 •2 x 7tdx, es, por tan to : e
(x (ü)2
d W = y hod O = y C ^ P - 4 x n d x ;
29
I y su momento, respecto al eje de rotación:

dM = dW x = ^ ~ n W ^ d x (81)
9
El coeficiente £ es función del número de
Reynolds del anillo. Es convenientQv^ f+ ió ’*^w
no hace variar el resultado final, considerar
t constante y tener en cuenta la influencia ‘
del número de Reynolds al final, para el .... •
conjunto de todo el disco (1). Integrando ^ ierr^ Rozamiento de
la expresión (81) ven
i-----------y v'-’V el osupuesto
u v.4 u jju c o l u yy'const."
■ consi. --
por consiguiente, tratándose/de líquidos incompresibles —, resulta:
~ ' .V

M = ¡dM = 2 2 ’
1= 0 ^ ^
Si el disco tiene un espesor e, en la superficie periférica n De apa­
rece una resistencia de rozamiento :

W = yhvnD e = y£ (D/2 •(o)2 n D e = ~ £ 7íüj2 e.


29 g
Esta fuerza da un momento suplementario :

m' = w t = 7 í ^ ( t )V
El momento total, debido al rozamiento que actúa sobre el disco
es, por tanto (suponiendo ambos valores de £ iguales) :

M ges = M + M '= Z . ÍW 0. ( ° ) ‘ (® +

1- L- P— Strómungslehre,
xyo Principios de Hidrodinámica

y la potencia absorbida por el rozamiento:


N ^ JVÍges_w = K z Di (D + 5 e) (82)
75
si agrupamos todas las constantes en K. Este valor K es una función
del número de Reynolds del disco, Res = u D¡2 v, siendo u = co D/-
la velocidad tangencial en la periferia del disco, con lo que
cu (Di 2)2 (83)
Res =

piesciudíendo uc ia rugosidad de la superiicie


«
t
<?
as
Rozamiento de un disco que gira dentro de un fluido 107
%
Zumbusch (x) encontró, mediante detenidas mediciones, la dependen­
cia entre el coeficiente k y Res, que se representa en la figura 64 (me­
diante curvas descendientes de izquierda a derecha), lo cual está de
acuerdo con las mediciones y cálculos de Schultz-Grunow (2). Dichas
curvas, al descender del campo laminar al turbulento, presentan siempre
su convexidad hacia el eje de abscisas, puesto que la zona de tránsito
de una a otra clase de corriente, en el disc0
o rodete, se acerca al eje al crecer Re. ^ ||
Hasta ahora se ha utilizado, para bom-
bas centrifugas hidráulicas y turbocompre-
snrps Hp oi>« !a expicaíúu (85), tomando Í^ C U -
para k el valor fijo 1,1 -lO-6. Este número ^ ______ .W *-
corresponde, según la figura (64), a un disco Fio. 64 a
rugoso de Res = 7,0 • 105, valor demasiado
pequeño para las proporciones medias y que conduce por ello a va­
lores de cálculo un tanto excesivos; pero, puesto que la superficie de
■rozamiento de los rodetes de las bombas es mayor que la del disco
plano, y que el anterior coeficiente b&^d^o^resultados útiles, seguire­
mos empleándolo en los cálculos corrientes, y escribiremos, por tanto :
N r = 1,1 -10-^ y u*D (D + 5e) (87)
De la figura 64 a y del planteamiento anteriorTsé^ve que el valor de

El constructor debe procurar qu^^Tvalor de e sea eljíjenor posible.


Por término medio se puedfcí-fíiponer (D + con lo cual

N r = 1,2 ■106- y vPÜ2-

(88)
(89)

En casos importantes deberá tenerse en cuenta la dependencia


que existe entre el rozamiento del rodete, el número de Reynolds
y la rugosidad, representada en la figura 64. Entonces deberá tam­
bién considerarse la influencia de. la distancia lateral B entre el
I disco y las paredes del bastidor. En el espacio que existe entre
rodete y cuerpo de bomba, el flúido gira con una velocidad angular
que en la capa limite del rodete es igual a w , y junto a la pared del
bastidor, igual a 0. Podemos tomar como valor medio, como hicimos
en la página 101, para espacios suficientemente estrechos y un número
Re no excesivamente elevado, por ejemplo, un valor medio a>/2, que
(*l) Véase H. F ó t t i n g e r , ZAMM, vol. 17, pág. 357 (1937), o Jahrbuch
; d. schiífsbautechn. Ges., vol. 39, pág. 240 (1938).
i (») ZAMM, vol. 15, pág. 191 (1935).
108 Principios de Hidrodinámica

concuerda aproximadamente con las mediciones de Schultz-Grunow,


indicadas anteriormente.
La anchura B influye sobre el trabajo de rozamiento en el sentido
de que para pequeñas relaciones B/D son adecuados los coeficientes de
rozamiento dados para las juntas estrechas (figs. 43 y 60 e), mientras
que para grandes valores de B intervienen, en los movimientos secun­
darios indicados en la figura 63, masas de líquido que son aceleradas
por el disco, por lo que, al aumentar B/D, aumentará también el roza­
miento del rodete después de pasar por un mínimo (fig. 64, curva A).
La rugosidad de la pared aumenta la resistencia de la misma
forma que en los tubos (fig. 43), como lo indican las líneas de punto C. Teoría elem ental de los rodetes centrífugos
y raya de la figura 64, correspondientes a rodetes torneados, pero sin
pulir, en función de Rcs. Puesto que en la expresión de N r el diámetro 16. Movimiento absoluto y relativo: entrada sin choque
del rodete interviene con la 5.a potencia, basta pulir los rodetes desde Consideraremos que la corriente circula del interior al exterior
el diámetro exterior hasta 0,7 D, para obtener un 85 % de la mejora del rodete radial (fig. 65) y que el perfil de los álabes es A B. La co­
que se obtendría puliéndolo por completo. En armonía con las expli­ rriente tiene un aspecto diferente para un observador que participe
caciones de la página 62, el pulido no tiene utilidad para valores pe­ del movimiento del rodete y para un observador .que esté inmóvil
queños de Res. fuera del mismo. Se llama velocidad gJisfilutd’Ya. velocidad del fluido
Para poder tener en cuenta con mayor exactitud todas las in­ con respecto al observador fijo, y relativa, la velocidad con respecto
fluencias mencionadas, K. Plantell ha publicado un informe Q) que al observador que sigue al rodete en su movimiento. En un punto
contiene un resumen de los resultados de todos los experimentos cualquiera del rodete designaremos (*) por
efectuados por Fóttinger. Las aplicaciones se ilustran allí mediante u, la velocidad tangencial, o velocidad de arrastreffs decir, fa velocidad con
ejemplos numéricos. que se mueve un punto del rodete; r~' „
Estos trabajos han sido elaborados por H. E. Dickmann, formando c, la velocidad absoluta de la corriente, es decir,-•la''velocidad respecto a lo
-circundante que está inmóvil;
una hoja de trabajo (2).
En los turbocompresores con gran altura de elevación por fase,
el aumento de y hacia la periferia influye sobre N r aumentándolo.
Es recomendable tomar para y = \¡v el valor correspondiente a la
I w, la velocidad relativa de la com énteles decir, respecto al j^unto del álabe
considerado; ..«£*»
a, el ángulo que forman u y c; ..
ángulo determinado por w y la dirección^*'**
1

salida del rodete. Y caracterizaremos por el subíndice:


0, un punto en la corriente de entrada no perturbada, situado inmediatamente
(‘) K. P l a n t e l l : Versuche iiber Scheibenreibung. Forschung, vol. 16, pá­ antes de la entrada en el canal móvil;
ginas 97-108 (1949-50). Amerikanische Forschungen, BWK, vol. 2, pág. 24 (1950). 1 , un punto situado inmediatamente después de la entrada del canal móvil ;
.(*) BWK, vol. 3 (1953), la hoja de trabajo 40, de que allí se habla, ha de ad­ 2, un punto situado inmediatamente antes de la salida del canal móvil;
quirirse en la Editorial Deutschen Ingenieur, de Dusseldorf. 3, un punto en la corriente de salida no perturbada, situado inmediatamente
i -después de la salida del canal móvil.
I ‘
La velocidad absoluta c resulta de la composición o adición vec-

(
torial de w y u ; es decir, que w y u, en magnitud y dirección, forman
un paralelogramo, que se ha dibujado en la figura 65, para el punto x.
Su diagonal representa la velocidad absoluta c, y los lados, la velocidad
relativa w y la velocidad de arrastre u, en magnitud y dirección. En
^consecuencia, estas tres velocidades forman también los tres lados de
un triángulo. En la figura 65 se han dibujado estos .triángulos de velo-
í cidades para la entrada y la salida del rodete.
Primeramente supondremos que la corriente relativa se efectúa
como si existiera un número infinito de álabes de paredes muy delga­
das. En este caso podemos considerar los tubos de corriente como
^congruentes, y la corriente, unidimensional. La trayectoria relativa
(‘) Según DIN 1331.
110 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

del fluido tendrá, pues, la forma del álabe A B. El primer elemento del*
álabe está, en el caso de entrada sin choque, en la dirección de la
velocidad relativa wv que forma el ángulo ^ con la velocidad tangen­
cial, y el final del álabe tiene la dirección de w2 y forma elángulo p2
con la velocidad tangencial. Con el fin de evitar pérdidas por choque
a la entrada del rodete, será preciso que la composición deJ jL M o c m d
— ------------------------ --------------------
absoluta c, a la //•» onimrln
entrada, 1u1 líl la DPIO-
velo-
__ - — -r . i 1 ---------;---------------- : __
cídad del arrastre u1t cambiada de
signo, dé una dirección para vilque
sea justamente la del primer_j£le-
u u .n iu ilt i UUWC, 1P am o se p u j '
ducirá p«rn un solo valor del cau­
dal. el mal se designa con el nom-
bre de raudal normal.
La trayectoria que describe
una partícula de fluido para un
observador inmóvil -—es decir, la
trayectoria absoluta A B '—empieza
a la entrada en la dirección de la ve­
locidad absoluta cx bajo el ángulo
av y termina eñ la periferia con la.'
dirección der^la velocidad'absoluta
c2 bajo el ángulo Oj. Si, pues, .una
partícula ha alcanzado en el rodete
el punto x, habrá a lc a n z a r en el
espacio fijo el punto x'. En .conse­
cuencia, xx' será la trayectoria del
punto x del rodete en el tiempo t em­
F ig . 65. Velocidades en el canal móvil pleado por la partícula de Jláidc
para ir de A a x, de forma que:e
ángulo central cp, correspondiente 3l arco xx', es igual a
velocidad angular constante o j . r \
La corriente, inmediatamente antes de la entrada,_posee£
cidad c0,- que, a causa de la disminución de sección d^bip%6
de los álabes, es distinta de la velocidad cv iriedida^^mea^^
después de la entrada. Por esta razón, y fundándonos en>%M
dad, las componentes radiales de la velocidad absoluta
c0m = c0sena0 = w0sen^0 y uim = h sen ax =
es decir, las componentes medidas en el plano meridiano-,peí.
lamiente a la velocidad tangencial, deberán satisfacer ¡la'

Lim = C0m
i1— ol
en donde L es la distancia entre las aristas de dos álabes consecútiyos,
medida sobre el circulo de entrada Vi(paso circunferencial*
llC lU b U L / l C v i t / U b U l U u ,
a la entrada).
. - i nX*

vo , el espesor del álabe medido a lo largo del m ism o: círculo (fig:pp a);
Movimiento absoluto y relativo: entrada sin choque 111

Si z es el número de álabes del rodete y D1 el diámetro del círculo de


entrada, se tendrá para it :
. iiJrD,
k - — r 1- (2)
/
Además, se tendrá entre y el espesor sx del álabe, medido perpen­
dicularmente a su superficie, la relación:

a-, = (3 )
sen
A-as velocidades c^y c0 se refieren al mismo punto de la entrada.
Para que el paso de una a otra se efectúe sin choque, es recomendable

F ig . 66 Diagrama de velocidades Fip^-66 a. Extremo de los ála-


a la entrada bes a la entrada

redondear el álabe a la ejni£ada'''(Tig. 66 a). Un.ajjJ?ul3vágudo, según


Jos ensayos efectuados en las alas de a^'^UJi^ícásiona sólo un imper-
jfÉpble empeoramiento del rendimiento. Este ángulo vivo seria, por
otra parte, más sensible a pequeñas variaciones de la velocidad rela­
tiva de entrada con relación a la dirección del álabe, y menos resistente
al desgaste.
En la figura 66, los triángulos se han dibujado bajo la hipótesis
del hecho, deducido del principio de. la impulsión (naq. 32). de que
la corriente, al entrar sin choque en el estrechamiento, mantiene el
valor de la componente tangencial, es decir, que c011 = cllo
A la salida, el espesor del álabe ocasiona, por él contrario, una
disminución o retardamiento de la componente meridiana, de
c2m = w2 sen /?2 = c2 sen a2 a c3m = w3 sen (i3 = c3 sen a3
(figura 67), de'tal suerte que
t2 a2
l3 m = C,2 m (4 >

esto, suponiendo que los álabes se construyan según las lineas de tra­
zos de la figura 67 a. Siendo preferible que las disminuciones de velo­
cidad sean progresivas, resulta más favorable terminar los álabes
con una parte afilada, según el trazado lleno de la figura 67 a. El
ángulo de aguzamiento ó2 debe escogerse todo lo pequeño que permi­
*
112 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

tan las condiciones de buena ejecución y de desgaste. Como dirección


de salida se tomará la bisectriz del ángulo ó2 (a pesar de la mayor
influencia de la cara inactiva del álabe). Dentro de ciertos límites se
puede modificar posteriormente la dirección de salida, según el modo
de efectuar el aguzado del álabe.
Detrás del canal giratorio, la componente tangencial permanece
también invariable, según lo expuesto en la página 37. Por tanto,

F ig . 67. Diagrama de velocidades F ig. 67 a. Extremo de los álabes


a la salida a la salida

w2 eos /?2 = w3 eos /?3, y con ello también c2 u — Cn El triángulo de


salida A i.2 B2& C2
------ C (fig.
\ o 67)/ se transforma en A3
o B2
t» C2, de donde se de-
duce que las velocidades absoluta y relativa modifican su dirección,;

17. Trabajo transmitido por los álabes


Si se quiere obtener la altura de elevación II , definida en la pá­
gina 6, partiendo de las velocidades a la entrada y a la salida, deberá
recurrirse forzosamente al trabajo aplicado a 1 kg de fluido, es decir,
a la altura teórica i / th» que se ha considerado en el capítulo 4. De
ésta se obtendrá H, suponiendo un rendimiento manométrico r ¡ me­:
diante la expresión
H = r,„H ,h
a) Deducción mediante el principio de la impulsión, yálida.tam-
bién para un número finito de álabes. Dispongamos la superficie,^
comprobación, en el sentido indicado en el capítulo 8, cotilo siipe_r' Ji
de revolución a lo largo de la entrada y salida de los cánalés
es decir, delante del canto de entrada y detrás del cánto^áéy'entrac
de los álabes. En la figura 68 se representan mediante las superficieí
cilindricas I y II. Las superficies que las unen son las paredes
les del rodete, por lo que el cilindro I traspasa 1¿ pared^j
cual no influye en absoluto, puesto que en la superficie de coimes-eféc->
tivo el momento de giro que buscamos. De las fuerzas que actúan en
la superficie de comprobación cilindrica, las normales,, es ^decir, las
presiones del flúido, no producen ningún momento de.', giro* por lo
cual no se consideran. El momento de giro se produce por el impulso,
del flúido que pasa por la superficie de comprobación y debido a
efectos de viscosidad, es decir, a fuerzas tangenciales. - ;•
Trabajo transmitido por |os
113
De acuerdo con la figura 68 «, designamos por
co* •a velocidad media de la corriente . , ,
comprobación, a la entrada y a la salida, respec8ta m e n t^ VéS de la suPerficie de
a °> a„ los ángulos de estas velocidades pn„ i n T en ¡i *
O» r„ los radios de ambas superficies cilínH a dinjccldn tangencial,-
G, el caudal en kg/seg. «ndncas de comprobación;

Cualquiera que sea la corriente en el interior riel


siguientes fuerzas : ntenor del rodete, actúan las

en la superficie cilindrica / , el im p u ls o ,^ s e g u n d o
cuya fuerza dereacción es opa c0 ^ « L - u n i a z o dfpa?
anea /0 - r, • eos a„, o sea,,,que-posee un-iñómento:

nvrfií

^ J a superficie de c o m p ro b a c ió n -^ ^ impulso por se-undo


b m o 3de pPea la n c a/3T_- r,r<!aCCÍ6n
c nca eos • a3, y, por“tanto,
d¡reC°iÓn de con un
un momento:

“ 7 C-W3 = - c3 r2 eos a3
Sobre toda la superficie de comprobación actúan fuerzas tangencia-
¿W og t u S n f St en ,as 5uperficies 1 y " P“ «' movimiento delüté -
. cambio turbulento que existe entre el canal-y el espacio exterior Este
. movimiento de intercambio se exterioriza como un esfuerzo cortante
m ? ^ u ^ T ] Un ¡n.omento En las superficies laterales actúa el roza-
deia ya Se ha tratado en el capítulo 15, a), y que se
dSn+d i d° ’ que el momento transmitido por d e j e me-
los d la b e ^ ^ e vale Pdete COrresPonde al ™ mento tran sm itid o por
ó M = M , + Af0 + M

^ ~ ~ T (r 2 f3 C0S a 3 — r i C0 C O S ( q , ) Mx (6)
Puesto que c3 coSa3 = c3„ y c0 cosc„ cou son las componentes
8. Pfleiderer : Bombas centrifugas.
114 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

tangenciales de las velocidades de salida y entrada, la igualdad (6) ¡i


se puede escribir:
M = y (r2c3u — rx cou) + M X (7)'

El paréntesis representa el aumento del momento de giro para latmasa 1. ;


El término JV/T, que depende de la viscosidad, tiene el mismo ■
efecto que el rozamiento del rodete, por lo cual debe prescindirse del i
mismo. Entonces puede también escribirse:

M = (rc„) (7 a) ]
J i
siendo
•d (r cu) ~ r2C3U ri c0U
Por tanto, el momento de giro transmitido por los diabes es igual }
al aumento del giro del caudal por segundo. /
De la expresión (7) resulta, además, para la corriente libre, es
decir, para M = 0 y M x = 0, la ley de la invariabilidad del giro,
puesto que se hace r2c3u — c0u = 0.
El trabajo de álabe H th, correspondiente a 1 kg de fluido, se de- *■
duce de las dos expresiones siguientes: correspondientes al trabajo de
álabe por segundo, siendo a> la velocidad angular del rodete:
M a) = GH th;
de donde
M oí
H lh =
y, según la ecuación (7),
tfth = ~ ( r 2 c3u ^1 ^Ou) (B>

Esta expresión se designa también con el nombre de ecuación


principal. Es válida tanto para líquidos como para gases, puesto que
el volumen no aparece en ella. También es indiferente la forma del
rodete. Si introducimos las velocidades tangenciales del rodete a los
radios r2 y rv siendo u2 = r2 a> y iq = rx a>, se tiene:

H th — ~ (^2 ^3 U ^1 c0u)

Si se toma en consideración la posición separada de los álabes, m


eomvute v> no es permanente antes o después de la corona de alabes
ál '
es:adm isible la. apfisson*-deL

Aplicación de la circulación. Se puede utilizar también el concepto de


lación — de forma similar a su aplicación al rodete axial (pág. 48)—.puesto
las nresiones de álabe se producen solamente por la acción conjunta de UJ
rriente de paso y una corriente de circulación. Esta última se determina si
a partir de la corriente absoluta, tanto incluyendo como excluyendo los
Trabajo transmitido por los álabes .r
115
los cuales deben considerarse cubiertos de torbellinos (íig. 69). La corriente de
paso se designa como circulación exterior / « ; la última, como circulación inte­
rior / , . Determinemos ambas magnitudes, respectivamente, a lo largo de los
circuios de radios r, y r¡. Se tiene: 6
M
Ja = c,u-2 r, 7i = 2 ti (r, c,tt);
, = c u i4 *, 2 r i 7i = 2 j i ( r t C g u )

r1c»u JjL r1e °“ ~


- J2171
2 71
Despreciando el término Air de la viscosidad, podremos escribir la expresión (7)
en la forma: •
G
M =
- .L y
(r« — pa nr\\
que representa una generalización del principio
de Kutta-Joukowsky [expresión (22), pág. 501.
Además de la ecuación (8), se tiene:

//ti = 2 7ig ( A - Ti) ni)


La existencia de la circulación interna
exige un núcleo de torbellino (fig. 39) comíu***:
rriente de alimentación. Por ser distintas las cir­
culaciones exterior e interior, tendrán que exis­
tir, según la página 45, entre ambos espacios,
núcleos de torbellinos que formen otra circula­ Fio. 69
ción, y que sólo pueden estar representados por ^
!0. ñ ttlI b ;e PUd“ tO
„r2“mn„COrriente « ¡ ^ ^ a m i e n t o : P»r
rulaHnnp? caciones de la págjoa 45, la cijculfiCetón es Igual a la suma de cir-
sicnamnrnnr r tog0{ de,Ia* .1Infas cf ral¿H > °r el camino de integración. Si de-
ignamos por r s la circulación de cad^áíabe, que se obtiene delídiaurama de mo­
mentos de la corriente absoluUeparñ z álabes se t e n d ^ z j ^ ^ ^
r a = /;• + (12 )
se puede deducir directamente, si escogemos en la figura 69 el camino de
^gración ABCDA para la circulación de álabe, de tal modo que las líneas
AB y CD puedan superponerse al girar un paso de álabe, porque entonces las
es^dec^rf se arelan 635 3 ° lar80 dC CStaS 1Ineas S°n iguaJes’ Pero de s¡8no contrario;
Puesto que r a — f i = z r (, de la ecuación (11 ) se tiene :

Z/tii = 2 ti g (13)
circulación alrededor de cada álabe se produce al hacer girar el rodete en
a forma descrita en la página 46.
rodet^H laS ecuaciones í 11) a (13)» o ) ¡ 2 es el número de vueltas por segundo del
t i

Estas ecuaciones correspondientes a la aplicación de la circulación son poco


empleadas en 1^ construcción de bombas centrífugas y turbocompresores, puesto
qne la ecuación (9) sirve igualmente y es más clara. Hay que añadir que, por regln
-«eral, ss está obligado a tomar como base el caso de númoro infinito de álabes.
) Deducción especial para el caso de número infinito de álabes,
da en el análisis de la corriente. Esta deducción, que se efectúa
mentes congruentes con los álabes, se explica porque al propio
anudamos el enlace con la teoría del hilo de^ corriente unidi-
1. De esta teoría — es decir, de la suposición de la corriente
:te con los álabes, que exige infinito número de álabes, infini-
delgados —, se hará uso, por regla general, más adelante para
116 Teoría elemental de las ruedas centrífugas Trabajo transmitido por Jos álabes 117

el cálculo de los álabes, puesto que sólo entonces, como veremos en los Es de notar que las pérdidas en el rodete Z¡ no tienen ninguna influen­
capítulos 19 y 20, las velocidades relativas de entrada y salida se cia, y si solamente las velocidades efectivas a la entrada y a la salida.
encuentran en la dirección del primero y último elemento del álabe, Las propiedades de los triángulos permiten escribir, en los trián-
respectivamente. ^ gulos, AA 0 BC1
n /^ — «
y Ao BC2 (fig. ------
70):
El trabajo específico del álabe, deducido de la anterior suposi­ u>l = + c- — 2 ux c0 eos a0 ;
ción de un número infinito de álabes, se designa por H thoo, para
w¡ = u¡ -f c¡ — 2 u2c2 eos 02
evitar confusiones, por ser netamente diferente del valor real H th.
El trabajo específico //thoo será, evidentemente, igual a la diferencia | Y la ecuación (16) se transforma en
de energía, por kg, entre la entrada y la salida del rodete, aumentada 1
en las pérdidas de presión Z/, propias del rodete, y que es una parte H th 00 ~ g (U2 c2 C0S a2 — Ul co COS a0)
07)
de la pérdida Z h total. El aumento de energía útil comprende, en pri­
mer lugar, una diferencia de presión Hp y , por otra parte, una dife­ puesto que c2 eos ^ y c0 eos a0 son las componentes tangenciales
rencia de energía cinética, correspondiente a la variación de la velo­ l2u y c0u de las velocidades absolutas del agua a la salida y a la en-
cidad absoluta c0 a la entrada, a c2 a la salida, de forma que se tendrá:' •trada, respectivamente,
es — c H th 1, (O
H th Z, (14) 2u cou) = — {r2c2u — r, c0u) (18)
oo = Hp oo +
¿9 = 7 ("¡c
Para determinar H p separaremos la corriente en el canal móvil siendo a> = .t /i/30. La expresión (18^ concuerda con las (8) y (9) de
en sus dos corrientes parciales. Una es la corriente con el rodete en la página 114, si se tiene en cuentá*que allí se supone un número finito
movimiento, sin corriente de paso, y la otra, la corriente de paso con de álabes. Por ello se pone el subíndice 3, en vez del 2, puesto que sólo
concuerdan c2u y~Tfu si el número de álabes es infinito (cap. 19).
el rodete en reposo. Para número de álabes finito, se produce la pri­
mera por el efecto de desplazamiento de los álabes, sin corriente de Es evidente que se puede aplicar el estudie-anterior a los canales
paso (igual que una placa, que en agua tranquila se desplaza en direc­ de anchura finita, considerando separadamente cada hilo de corriente.
ción normal a su plano, sólo que en el caso presente hay que añadir Las expresiones (8) y (18) ppnstituyen lita s e del cálculo de las máqui­
nas centrifugas.
la rotación). Ambas corrientes parciales poseen, además, la correspon­
diente corriente de circulación, que se induce debido a la corriente En las expresione&^desarrolladas para la^^tán'ción de la altura
tangencial, lo mismo que en las alas portantes (pág. 46). Al unirse 1 elevación teórica no interviene.v^j^sitfréspécífico del líquido. De
31o se deduce que la altura de
dos corrientes parciales, las presiones se suman numéricamente. 1 elevación de una bomba, ex­
A consecuencia de la suposición de un número infinito de álabes, presada en metros de columna /l N
la corriente de desplazamiento indicada produce un aumento de pre­ del líquido (}), es indepen­ /i V | \
sión (u¡— Ui )/2<7, entre la entrada y la salida del rodete, según l a ^ diente de la clase de fluido, cc2m 1| \ Xw¿
expresión (17), página 43, en la que ya se consideró el caso de un rodete .es decir, es la misma, por
i®» \ n\ & \ r
girando con agua en reposo relativo í1), mientras que la corriente de ejemplo, para agua, aceite y r*r----^
paso, debida al retardamiento de w0, que se convierte en w2, crea un aire. También el caudal por • 1
aumento de presión (w l— w$)/2 g. Si, además, tenemos en cuenta.laS*se!-uní11"" p7 .cl,LdUuaj. Por ------ C2u----------- s~
pérdida de presión Z/, debida a rozamientos, cambios de dirección y® * • • a ln ePenc“ ente F ig . 70. Triángulos de velocidades
.de la clase de flúido. Sin trada y a la salida
sección, el aumento total de presión será : embargo, la potencia útil en

L //;> 00
_ u\ — u l+ U)l — U)\
Ul
— z,

El trabajo de álabe por kg es, según la ecuación (14):


.Y„ = y V H fl5, y, por tanto, también la potencia en el eje^se-
(15) Mrán proporcionales al peso específico.
También es esencial el conocimiento de que los efectos de la vis­
cosidad dentro de la superficie de control no afectan a la validez del
*- j

— uf -f íüg — wl + c\ — el principio de la impulsión. Según ello, la ecuación principal es válida


Z/th 00 (16)
20 “ (■) Esto sólo se cumple exactamente, tanto para las pérdidas como para
altura efectiva de elevación, cuando el número de Reynolds, o sea, para un
aismo canal, el cociente de la velocidad por la viscosidad cinemática es el mismo
está
I véanse los cápítulos 12 ¿>y 32). Hay que tenerlo en cuenta especialmente en los
[quídos de gran viscosidad, por ejemplo, en el aceite.
118
Teoría elemental de las ruedas centrífugas

independientemente de si a causa del Ilujo a través del rodete se ori^


glnan pérdidas de presión por rozamiento, choque, 'arm e d
fección y cambio de dirección. Lo que ocurre, naturalmente, es una
variación del rendimiento de los álabes (por consiguiente cle H . pe™
no de H th, mientras sean introducidas en las ecuaciones las velocrda
des reales.
c) Bomba sin directrices a
la entrada. Si el fluido llega
al rodete sin álabes directrices,
puede ponerse corrientemente
nn _ 903 ífifr. 701. Puesto aue
U>1 = c§ + u? (19)
la expresión (15) se convierte en
ul — wl 4- Cp_(20)
1 p oo
2?
Asimismo las expresiones (17) y (18), por ser eos o, = 0, y c011 = 0,
se reducen a
. Hrt h ~ = y«2C , c o s o 2 = yu2c r 2„ (21)

p ara el trabajo electivo de los álabes en caso de número finito,


rige, de acuerdo con la expresión (9):

h = — cos «a = c 3 *»
9 ' 3
en la que, según el capitulo 19, c3u es distinta de c2u
Normalmente no existe ningún rodete directriz^a la entrada
por ello las anteriores expresiones representan la *onn¡ain
de la ecuación fundamental de las bombas centrifuga } y.

C°m Muchos constructores admiten, sin embargo, ^ á n g u lo ao ~ ^ »


aproximadamente, como medida de seguridad p , aleó
puesto que entonces la expresión (18) nos da un trabajo de alabe_alg»
menor. Con respecto a la conveniencia de esta medida,
que las condiciones a la entrada tienen, según la expresión (18), mis
influencia en la altura de elevación que en el tr a íd o del1rodete,Jor,
tanto, en esta igualdad se puede dejar de considerar la rotación q
produce, colocando un dispositivo directriz adecuado a ^ entrada,
mismo efecto puede conseguirse mediante dos curvas .seguidas^ dis-
puestas en distinto plano, en el tubo de aspiración (P 6- >•
teristico es que la rotación que se produce lo “ ^
nido de energía del fluido, apareciendo, por te “t o - m a dismin
de nresión Por otra parte, no se puede dejar de tener en cuenta, e
relación con la rotactón a la entrada, la debida al rozamiento con
paredes del rodete en movimiento, puesto que representa una energía
Desacuerdo entre los resultados 119

suministrada por el rodete. Esto se ve claramente por cuanto este


giro de la corriente no va unido a una disminución de presión, según
Bernoulli, sino, por el contrario, a un aumento de presión. En realidad,
el trabajo que transmiten los álabes disminuye, pero sólo en la can­
tidad que se transmitió a causa del rozamiento, puesto que, al aplicar
el principio de la impulsión, vemos que no tienen influencia sobre el
resultado los procesos de pérdidas que se producen dentro de las su­
perficies de comprobación, y podemos disponer éstas de forma que
abarquen todos los puntos en los cuales existe transmisión por roza­
miento. De la deducción de la ecuación fundamental, en el capítulo 17, b,
vemos también Horar^^te lo dicho antea, pui ei hecho de que la
altura de pérdidas Z; del rodete no aparece en el resultado final.
El ángulo de entrada del álabe debería modificarse algo para
evitar el choque de entrada, a no ser que influyan en sentido contrario
las desviaciones de entrada, que también se dejan sin considerar (tra­
tadas en los capítulos 19 a, 20 a y 23, y también en el caso de que no
se aumente, como es corriente, el caudal para el cálculo, cuyo aumento
está justificado, no sólo por las p é r d i ^ volumétricas y la contracción
a la entrada, sino también por la'rotación que se presenta antes del
rodete. Debido a todo ello, de no existir directrices a la entrada, se
supone una entrada perpendicular.
Si se utilizan directrices de entrada (a.~pes3r de la disminución
de presión que ocasionan delante dalrodete, con perjuicio para la aspi­
ración), se puede observar que el mejor rendimiento se alcanza cuando
el ángulo a0 se toma ligeramenterínferior a 90°.

18. Desacuerdo entre los resultados de la teoría


elemental y la realidad
El cálculo de las bombas, igual que el de las turbinas, se efectúa,
• con pocas excepciones, basándose en la corriente congruente con los
álabes, es decir, suponiendo un número de álabes infinito, pues no
, existen otros procedimientos más exactos. En las turbinas se pueden
adoptar con frecuencia los resultados obtenidos sin correcciones im­
portantes. En las bombas no ocurre lo mismo.
El rendimiento de las bombas de tamaño mediano construidas
varía del 65 al 85 %. A consecuencia de las pérdidas por fugas, roza­
miento en el rodete y en los cojinetes, el rendimiento de los álabes r¡h
es de 7 a 15 % mayor, es decir, de 72 a 90 pudiendo tomarse,
por término medio, 80 % (!). Pero si se calcula f / th «> partiendo de
resultados obtenidos en ensayos y utilizando la expresión (21), y deter-
1 minamos H¡HV\\ oo* se halla un valor mucho menor, que oscila entre 50
; y 70 %. Por tanto, si utilizásemos el valor probable de r¡h, obtenido

(*) Para obtener el rendimiento r¡h, hay que aplicar la expresión (33) del
capítulo 4, en vez de sumar simplemente el tanto por ciento de pérdidas (por
fugas y rozamientos) al rendimiento total.
120 Teoría elemental de las ruedas centrífugas ' f*|

partiendo del rendimiento total conocido 77, para calcular el valor


de /7th oo, y construyésemos una bomba, tomaríamos un valor dema­
siado bajo para / / lh oo, y la bomba así construida no daría la altura
esperada. De esto resulta, pues, que H th oo no concuerda con el verda­
dero trabajo específico del álabe / / th, sino que es mayor que éste. La
diferencia sólo puede proceder de que, a causa del número finito de
alabes, no existe una identidad de estado del flúido a lo largo de un -
circulo paralelo, y de que la corriente relativa no sigue exactamente
la variación de dirección determinada por el ángulo del álabe. En las
turbinas existe el mismo proceso, pero tiene escasa o nula importan­
cia (pág. 132).
La influencia de la anchura finita del canal se puede tomar en
consideración, conservando el procedimiento de cálculo de la teoría i
elemental, adoptando para r¡h un valor menor que el que corresponde
en la realidad, o bien tomando como diámetro de salida el diámetro ¡
del círculo paralelo que pasa por el c. d. g. (x) S2 (fig. 120) de la sección
de salida D E (o del triángulo ED G ) (2). Para ángulos 82 muy agudos,
este diámetro es tanto menor cuanto menor es el número de álabes,
de forma que también disminuye el valor de H th oo. calculado par- !
tiendo de la ecuación fundamental. Este método se deducía de la anti­
gua hipótesis (expuesta en la página 230) que suponía que la acción de ,
los álabes terminaba en la última sección D E del canal. Esto se aparta i
de la realidad cuando el álabe no tiene forma convexa pronunciada. ]
Si el ángulo /?2 = 90°, el punto S2 estaría sobre el diámetro exterior, y <
la disminución de diámetro sería nula y, en consecuencia, también lo 1
seria la corrección. Asimismo, para pequeños valores de la relación j
r2¡rv es decir, álabes cortos y numerosos, desaparecería casi la dismi­
nución de potencia, cuando, por el contrario, es bastante considerable,
debido a la poca longitud de los álabes. El procedimiento es inaplica-
ble para álabes de doble curvatura, y pierde por completo su signifi- j
cación en los álabes axiales.
Finalmente hay que hacer notar que no sólo tiene influencia la j
salida del álabe, sino también el trayecto a todo lo largo del mismo. 1
En el capitulo siguiente trataremos de obtener procedimientos ]
de cálculo, que, a pesar de su simplicidad, no son inferiores a los anti- \
guos, teniendo más en cuenta el proceso real de la corriente en el •]
rodete centrífugo con número finito de álabes.

19. Influencia del número finito de álabes .1


« jl
a) Ejemplo del haz de álabes rectos. Para obtener una visión j
básica, consideraremos de nuevo, como ya hicimos en la página 48, 1
el haz de álabes que obtendríamos cortando un rodete por un cilindro u
_______
(*) Véase el tra b a jo de N eumann que se c ita en la no ta 1 al pie de la pá-
gina 227. j
(*) Véase E ck -K earton : T urbogebláse und T urbokom presoren, pág. 76.1
Berlín, Springer (1929).

;
Influencia del número finito de álabes 121 .

concéntrico al eje y desarrollando el corte sobre un plano. Supondre­


mos que la reja que resulta es infinita y recta. La rotación del rodete
se .puede imaginar como un movimiento rectilíneo según la dirección
de la reja Consideremos esta reja limitada por do's planos paralelos
(correspondmntes a dos cortes cilindricos próximos) y estudiemos el
• af f 13 de I* comente relativa, para el caso de entrada sin choque,
r!io?-A Sera :denVC° a dia^ aDia de la corriente libre de choque en
relación con los alabes en reposo, es decir, en un difusor axial, puesto

que en el rodete axial la rotación representa solamente un desplaza­


miento paralelo de todo el diagrama de corriente, sin ninguna desfi­
guración. Podemos, pues, dibujar el diagrama de la corriente según
“ Z ghS que “ dj eT n en Ia Página 52 Para la corriente p S
h3’ r Salí \ nd° 3 flgura 7L Debemos considerar aquí que los
limites de los alabes son lineas de corriente, y que existiendo sufi
cíente separación delante y detrás del haz, la córtente p a S e fa Y e^ -
cidart t i'™ ' V' 1“ddades wo y “V La dirección de esta última velo-
cidad se tiene que determinar, para una reja dada, a partir de las con-
^ o n e s de entrada sin choque y corriente de salida tangencial, lo que
f * ^mediatamente antes y después de los álabes debe
a ambos lados.del alabe, para las líneas de corriente junto a'l
nismo la misma presión y la misma velocidad, es decir, que, a ambos
Serené.;6? '? ? T , teS’ l0S cuadrilaíeros curvilíneos podrán ser
gerentes solo dentro del campo de los álabes. Esta condición sólo
podra cumplirse para cierta dirección de entrada y salida de la co­
rriente, que no concuerda con la tangente en el extremo de los álabes
av vuu wí\ m ci*b<u uu t ud UV.UUO WCUUUUgfl

lo cual exige varios tanteos (1). Sobre el diagrama de corriente obte­


nido debemos hacer las siguientes observaciones :
1. T ac lineas de corriente no son congruentes_con los alabes.
Los tubos de corriente se ensanchan en la parte delantera de los álabes
, i __„i
y se estrechan en la parte posterior, por lo que las velocidades en el
canal disminuyen delante y aumentan detrás del alabe. En conse­
cuencia, en la parte delantera del álábe
reina una sobrepresión (lado de presión),
y en la posterior, una depresión (lado de
aspiración) (fig. 71a). La diferencia de
presión da origen a la fuerza de álabe y,
tanto, al uúuaju uc aiaut. zu­
rrientes de entrada y salida tangenciales
tienen como consecuencia que la diferen­
cia de presión entre ambas caras del álabe
vaya disminuyendo hacia los extremos del
mismo, de forma, como ya se indicó, que
V lG . 71 a. Variación de ln presión
A h referida a la presión de reman­ los tubos a ambos lados del álabe son
so a la entrada, a lo largo del Alabe de la misma anchura, tanto en la en­
axial de la figura 71, llevando so­
bre el recorrido axial e los valores trada como en la salida.
de 2 a A htw\ = 1 — (la/ia.l* =
= 1 — (A y, /A y )* 2. T-ns lineas Hp rnrrjpntp que. C0-
rren innto al contorno de los álabes se
^
curvan inmediatamente HplanTp v detrás del canal hacia 1lan parte tsnrtfl

posterior de inc ábhps. Ello es debido, evidentemente, al eiecio de


aspiración de la depresión que allí reina y al efecto de desplaza­
miento del remanso que existe en la parte delantera. La consecuencia
de ello es una desviación de los filetes de corriente de un ángulo
a la entrada, y /92-/l3, a la salida, de forma que el ángulo de entrada
del álabe es menor y el de salida mayor que los correspondientes de 1^
corriente. Ambas variaciones angulares tienen como consecuencia que
el cambio de dirección /33-/S0» provocado por el haz en la corriente,’
es menor que la variación del ángulo del álabe Esto se ve
claramente en el hilo central de corriente A B , que corre a través d^
la reja con una variación de dirección menor que la correspondiente
a la curvatura de los álabes. 8
* F.l que, el número de álabes sea finito tiene, pues, la consecuencia
\ notable de que los -ángulos de álabe a la entrada y a la salida debn
______ _ en
I exagerase ~ .eLsentiÁQ. de
f i n un
un /aumento
■ * » de
» rdesviación, es ddecir,
l o o n i n r i n n PS enl P.l
p c i r . Pí el^seri
SEfl

ka ¿nao5 ode~ un aumento ‘ de


‘ potencia
' ’ en relación
’ " con el. caso ~ ~ de^nánienLJD
-i- - •-
\ ¡mito de álabes situados infinitamente próximos unos a otros.
I tierno'efectuarse este aumento-de-los ángulos, el número finita
1de álabes provoca una disminución de potencia con relación al cálculo^
Wegún la teoría elemental
(l\ Las líneas normales (líneas equipotenciales) se distribuyen, a lo largo
las líneas de corriente entre álabes, en tantos rectángulos curvilíneos como corra
ponde a la cantidad de circulación. Ésta puede, por tanto, deducirse directamen
del diagrama de corriente.
Influencia del número finito de «Uabes 123

Las consideraciones anteriores se han efectuado suponiéndola


coriiente sin rozamientos, pero persisten cualitativamente al tener en
cuenta la viscosidad, a pesar de que cuantitativamente se modifica
mucho el resultado, como veremos más adelante en el capítulo 20, b.
También son valederas, en el mismo sentido, para el rodete
axial. En este caso hay que considerar, además, otros aspectos del
problema, que detallaremos en el capitulo correspondiente.
b) Ecuación de la energía para la corriente relativa. Debido
al movimiento de rotación, no puede aplicarse la ecuación de Bernoulli
i- a la corriente relativa del rodete radial. Por ello vamos a determinar
las relaciones que existen entre nre«;i<Sn y x r a W .v ja ^ e- c j _
sente.
A tal objeto recurramos a la ecuación (15) del capítulo 17, b. Su
deducción es perfectamente correcta para que se pueda aplicar a la
variación de presión a lo largo de un (ilele de corriente en un canal de
• anchura finita, cuando varía el radio r2. En lugar de u2, c2, w2 pondre­
mos las velocidades u, c, w, correspondientes a un radio cualquiera r.
Si la presión que reina es h, en m, de columna de liquido, despreciando
el rozamiento, o sea, con Z¡ = 0:
wñ — w2
h — h0 =
¿9
w2 — u2 w%— u2
= const. (23)
29
Si tenemos en cuenta^qúe-en el canal de ^ d ^ ' l i n i t a los distin-
^letes de corriente tienen difereQt*¿fflí?há,'vsiendo también dife-
;S u) y h en puntos distintos de un mismo círculo paralelo, vemos
la ecuación anterior sólo es válida para un mismo filete de co­
rriente. Sin embargo, los valores h0, uv w0, para corriente de entrada
simétrica con respecto al eje, son iguales para todos los filetes de co­
rriente, a suficiente distancia de la entrada de los álabes ; luego, la cons­
tante será la misma para todos ellos, y por ello se podrá aplicar la
expresión (23) a todo el líquido.
Esta expresión representa la ecuación de la energía en el movi­
miento relativo, que sustituye a la de Bernoulli en los canales en rota­
ción. La diferencia reside en el término — u2/2 g. De ello se deduce
también que los procedimientos deducidos de la ecuación de Bernoulli
para establecer el diagrama de corriente no pueden aplicarse para
canales giratorios con componente radial de velocidad. Para un mismo
círculo paralelo, es decir, u = const., la expresión (23) toma evidente­
mente la forma de la ecuación de Bernoulli. Lo mismo podemos decir
para los rodetes axiales, en los cuales ux = u2 = u, y por ello la co­
rriente relativa en el corte, según un cilindro concéntrico al eje, sigue
la ley de Bernoulli.
c) Distribución de presiones y velocidades en el canal móvil de
una bomba radial. Con el ejemplo de la bomba axial se ha visto
12-1 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

que la presión en la cara activa del álabe es mayor que en la posterior.


De la ecuación de la energía, deducida en el capítulo anterior b) para
la corriente relativa del liquido sin rozamiento, se desprende que
para una velocidad u const., la velocidad w tiene que aumentar si la

Fie. 72. Distribución de la velocidad re­ F ig. 73. Distribución real de la velocidad
lativa. según la teoría unidimensional relativa en un líquido ideal, sin rozamiento

presión h disminuye. La velocidad relativa a lo largo de un circulo


paralelo se repartirá como se indica en la figura 73.
La diferencia respecto al rodete axial reside en que la diferencia
de presión o de velocidad entre ambas caras del álabe se debe no sólo
al efecto de una corriente de paso, sino
en mayor grado a la influencia del mo­
vimiento de rotación (es decir, a las
fuerzas de Coriolis).
Este efecto adicional de fuerzas 1
tiene como consecuencia una circula­
ción adicional, que se produce de la si- *j
guíente forma : Sobre la corriente de j
paso, que es la única que se ha conside- j
rado anteriormente, se superpone una':;]
corriente que se engendra cuando el ro- l
dete gira sin corriente de paso, es decir, 3
F ig. 74. Rotación relativa de una sin transporte de líquido. Entonces cada )
partícula, igual y opuesta a la ro­
tación del rodete álabe queda rodeado por una corriente ?!
(como la placa plana que se mueve en
el seno de un líquido perpendicularmente a su plano), efectuando l
los álabes un efecto exclusivamente de desplazamiento (x) sobren
el líquido que los rodea. Esta corriente de desplazamiento tiene tam- i
bién la correspondiente circulación necesaria para producir la co-1
rriente tangencial de salida, la cual determina, junto con la corriente i
de paso, la fuerza adicional de álabe.
Este efecto de la rotación del rodete lo podemos imaginar con
mayor claridad (2) mediante la siguiente consideración :*v
(>) Véase Spannhake, ZAMM, vol. 5, pág. 481 (1925); Mitt. Hydr. Inst. \
Techn. Hochschule Karlsruhe, vol. 1, págs. 10 ss. (1930); ZAMM, vol. 9, pág. 466 ]
(1929) "l
(-j Véase K ucharski : Stromunger einer reibungsfreien Flüssigkeit, Munich ,
v Berlín, 1918; o Strómungen im rotierenden Kanal Z. ges. Turbinenwesen 1917, i
página 201.
Influencia del número finito de ¿labes 125

l La corriente que llega al rodete es potencial, es decir, sin torbe-


i llinos; en consecuencia, las moléculas de líquido no están animadas de
• ninguna rotación, aun cuando la trayectoria sea curva. A su entrada
■en el canal del rodete, el agua recibe una aceleración tangencial, pero
debido a la falta de rozamientos supuesta, no se 'produce ninguna
fuerza deslizante sobre las moléculas, y, por tanto, no puede producirse
: ninguna rotación en su movimiento absoluto (J). Precisamente por
\ -este motivo existe un movimiento de rotación de las moléculas con
J relación al rodete que g ira; es decir, habrá un torbellino en el movi-
• miento relativo. La figura 74 (2) ilustra el caso con mayor claridad.

r Fig. 75. Corriente relativa en el canal móvil'cerrado completamentailorbellino felá


í ti vo
...•^del canal)

XjüjáÉerpo flotante A B , puesto sobre iíPsuperficie de una molécula


dtWgua * " por una esfera en la figura, conserva su dirección
;ua representada
•constante en una corriente potencial; pero respecto al círculo paralelo
descrito por el centro de la molécula, ejecuta una rotación relativa**
:opuesta a la rotación del rodete. Si está en la posición /, dirigido nor­
malmente al círculo, le es tangencial en la posición II, normal de nuevo
- en la III, pero a 180° de la posición I, y en la /V otra vez tangente, etc.
, Si se considera ahora el canal formado por dos álabes, cerrado
•en sus extremidades, el agua contenida, si prescindimos del rozamiento,
"tendrá, con respecto a las paredes, un movimientocircular continuo
alrededor de un núcleo central fijo, como se demuestra claramente
por el trazado de líneas de corriente en la figura 75. El torbellino
relativo queda así visible. Cada molécula ejecuta una rotación relativa
■con velocidad angular co negativa.
Cuando el canal es abierto en los dos extremos, se modifica el
aspecto de este torbellino relativo, puesto que los círculos periféricos
exterior e interior del rodete dejan de ser lineas de corriente. Se pro­
duce entonces la corriente de desplazamiento mencionada anterior-
(') La corriente absoluta en el rodete continúa siendo una corriente potencial,
•a pesar del aumento de energía.
(*) Véase Brown-Boveri-Mitt. Abril 1919 a junio 1920.
126 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

mente (incluida la correspondiente corriente de circulación). Si existe


corriente de paso, se obtiene la corriente resultante sumando vecto­
rialmente en cada punto las velocidades de las corrientes parciales.
La corriente de paso, superpuesta al torbellino relativo, sigue las leyes
de los canales en reposo f1), es decir, sin torbellino, pero la corriente
resultante tendrá el torbellino — (o (2).

Fio. 76. Representación de ln corriente en el canal de un


rodete circulando el caudal normal

La corriente de paso no podrá tener, por lo general, una constan-J


cia de velocidad a lo largo de un círculo paralelo, y estará dirigida i
hacia fuera. Por el contrario, la corriente del torbellino relativo estará
dirigida, en la cara activa del álabe hacia dentro, al revés de la de
paso. En esta parte se producen, por tanto, velocidades resultantesj
pequeñas, mientras que en el dorso del álabe se suman ambas velo-**
cidades según su valor absoluto. De estas consideraciones resulta tam-,
bién la distribución de velocidades de la figura 73, deducida de la.
ecuación de la energía. Por otra parte, es bien visible que el torhellino.'
relativo aumenta la diferencia de presión entre las dos caras del álabe (3).
Se producen diferencias de velocidad en la corriente de paso, debidQ i
no sólo a causa del torbellino relativo, sino también debido a cambios
de dirección y sección (4), como ocurre en todas las bombas, excepto;
en las axiales.

(i) Debe estar provista también de la circulación necesaria para la corriente j


tangencial de salida, por lo que la circulación de álabe r s necesaria, según la ecua-.
ción (13), cap. 17.a, depende, en parte, de la corriente de desplazamiento y, en,
parte, de la de paso. .. ,
(*) Si se trata de un rodete cuyas paredes laterales tienen una inclinación &
-especto al eje de giro, en la sección meridiana, la rotación será — ai sen <5, como,
se demuestra en el cap. 34 de la primera edición de este libro.
(*) Debido a la circulación correspondiente a la corriente de desplazamiento.
(4) Debido a la circulación correspondiente a la corriente de paso.
Causas de la disminución de potencia 127

La figura 76 representa los filetes líquidos resultantes que se


-producen en la corriente relativa. A la salida, las diferencias de velo-
-cidad desaparecen gradualmente, y lo mismo que en el rodete axial,
a cierta distancia del rodete, la corriente vuelve a ser absolutamente
uniforme.
Para caudales inferiores al normal, la composición de la corriente
de paso con la del torbellino puede dar origen a una velocidad nega­
tiva en la cara anterior del álabe y, por tanto, a un reflujo parcial
del liquido.
El diagrama de la corriente relativa sin rozamiento de un rodete
radial nn T-,,,or?n segur» las reglasiuóitíid'as cu paginas ss.,
debido a que la corriente posee una rotación. No obstante, como no
lo precisamos para proyectar los álabes, lo dejaremos de lado, contra­
riamente a lo que hicimos en nuestra anterior edición, puesto que su
determinación es, además, muy laboriosa.

. 20. Causas de la disminución de potencia cuando


disminuye el númen**d*r áíabes
a) Sin tener en cuenta el rozamiento. La causa única y exclu­
siva de la disminución de potencia es la presión de álabe, como se vio
claramente eq. el ejemplo del rodete axil (fig. 7 ^ y ^ m i s m o ocurre
en el rodete radial (fig. 77), como veremos mediante la siguiente con-
íideración. A lo largo de una
inea normal DE, trazada par­
tiendo del punto final del ála**.^'-^
3e ^ j f r avesando el canal, la
velo^lprd es menor en D que
en É 7 Esto es lógico, pues a
causa de la transmisión de ener­
gía, es natural que la presión
sea, en general, mayor en D
que en E (1). Por otra parte, el
punto E tiene ya la presión de
salida, y, por tantu, su veloci­
dad wJl2 (fig. 77) es muy poco
diferente de la w'2, que existe Fnómeno
ig. 77. Representación simplificada del fe­
de la desviación a la entrada y a la
¡después de la igualación de ve­ salida del canal del rodete
locidades, mientras que la velo­
cidad wl2 en el punto D es menor, y las moléculas deben acelerarse
inucho, al avanzar hacia la salida, como lo demuestra claramente el
trazado de los filetes líquidos próximos. En toda la porción de canal
:DG hay, pues, una transformación de presión en velocidad. Como
P Mirando la figura 71 o vemos claramente que en el lado de presión del
panal móvil existe una región en la cual la presión es mayor que a la salida del ro-
flete, véase también los resultados obtenidos por Von der N üll, expuestos en
n disertación : . Untersuchungen am umlaufenden Kreiselpumpenrade .. Techn. m
iochschule Braunschweig, fig. 20 (1935).

■ ^ ^ I D A T S s p A lT ^ VENEZUELA

1 aüU1Wa^ 1 n c S ¿ r i * Mecánica
128 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

que la sección del canal cambia poco en esta región, la velocidad media
a lo largo de D E se diferencia poco de w2, de donde se infiere que esta
velocidad w2 es forzosamente menor que la velocidad a la salida des­
pués de la igualación w'2 « wII2. De la condición w2 < w2 se deduce
la necesidad de la desviación hacia atrás. Puesto que el caudal y la
componente meridiana c2m permanecen constantes, se tendrá:
w2 sen (i2 = w2 sen 02 = c2l
luego, 02 < 03- Pero al hacer este razonamiento no hay que perder
de vista que la desviación se reparte sobre una cierta longitud del
recorrido del fluido. , ,
En la figura 76 se han representado los triángulos de velocidades,
El triángulo A z B2 C2 es el correspondiente a número de álabes infi­
nito, de acuerdo con los razonamientos de los capitulos 16 y 17 b.
La velocidad relativa w2 tiene la dirección del ángulo de salida 0,
del álabe. A consecuencia de la corriente turbillonaria, esta velocidad
se desvía en sentido opuesto a la rotación, de forma que, después de
igualarse las velocidades, resulta un triángulo A'2B2 C2, en el que la
velocidad relativa es w2. La velocidad absoluta c2 = B2A 2 tiene
una componente tangencial c2u en x2 u2 = A'2A 2, de manera que
el trabajo transmitido disminuye en la misma proporción, ya que en
la ecuación (18) c2 sustituirá a c2u. Los puntos A 2 y A 2 se encuentran
situados sobre una paralela a u2, pues, como se ha dicho, la compo­
nente meridiana c2m permanece invariable.
En el rodete radial, el torbellino relativo hace también visible la
desviación, a pesar de que no es la única causa de la misma (pág. 12o)
En la figura 75 se ve que la velocidad de la corriente de torbellúii
relativo está dirigida, en la periferia, en sentido contrario a la veb
cidad tangencial del rodete 0), y, por consiguiente, la corriente de paso
"pura se desvía, en dicho punto, en sentido opuesto a la rotación, dis:
minuyendo la componente tangencial c2u de la velocidad absoluta d¡
saJida#
Si la influencia del espesor de los álabes es despreciable a la salida
se podrá reemplazar en el triángulo A'2 B2 C2 (fig. 76) el subíndice
•con comilla, por el subíndice 3, por ejemplo, c2por c3. En caso contrani
se deducirá del triángulo A 2 B2 C2 el triángulo A3 B2 C2 de la maner
indicada como conclusión de la figura 67, en la página 112. Pero e
todos los casos c2u = c3u. '\
También en la entrada existe una desviación que se comprend
por la sola consideración de que el diagrama de la corriente, en (
caso de una inversión de todas las velocidades, no se modifica, y, po
tanto, deberá existir una desviación a la salida que ahora represent
desviación a la entrada. Haciendo las mismas consideraciones anti
(*) Esta explicación de la desviación a la salida tiene en cuenta sólo laparj
depresión de álabe, o bien la parte de la circulación, producida por la corriente*
desplazamiento, y no la correspondiente a la comente de paso (véase la
pie de la página 126). No puede aplicarse, pues, a los rodetes axiales.
* Causas de la disminución de potencia 129

: ñores se puede razonar del siguiente modo : La presión de álabe a la


\ entrada depende — de forma parecida a las alas portantes (fig. 182 a)—
[ especialmente de la^depresión en el dorso del álabe (fig. 71 a y 103).
En el punto A (fig. 77), la presióñ es mayor y la velocidad relativa w¡,
\ menor, que en el punto C de la linea normal. En la porción de canal
A B C se producirá, pues, forzosamente una aceleración del agua,
i Pero la presión en A es sensiblemente la misma que a la entrada, y, por
'' consiguiente, la velocidad Wjx se diferencia poco de la velocidad reía-
; tiva wó a la entrada i1). Por otra parte, la velocidad media a lo largo
| de la to1®3 A C es aproximadamente igual a la velocidad relativa w
' clue existiría si la corriente estuviese uniformemente repartida y bajo1
el ángulo del álabe puesto que, por regla general, la anchura del
i canal varía muy poco a la entrada (pág. 227). Se tiene, pues, w' < w.,
, y puesto que w0 sen P’Q= wx sen el ángulo del álabe es menor
f que el ángulo de la velocidad relativa con la cual llega el agua
i no desviada. Contrariamente a las demostraciones del capítulo 16, no
: existe choque si el ángulo del álabe es menor que el de la corriente
[relativa a la entrada.
r El cálculo de la desviación a lá entrada sólo tiene importancia para
evitar el choque. No tiene ninguna influencia sobre la potencia absor-
\ *uda por el rodete, lo que se desprende también de la ecuación funda­
mental deducida en el capítulo 17, a. No ojjstantré” no hav que olvidar
que, debido a dicha desviación, el ángulo 8X de los álabes a la entrada
: del?e tomarse menor que eLpbtenido con'-ra"hipótesis del número in-
t de álabes, y ello en unajnagnitud igual a de la misma
! íorma que el ángulo de salida debe ser rnav^r qtífeél que corresponde
velocidad relativa de salida, emjjatfSíágnitud 02-03. La modifi-
jgpión del ángulo de entrada corresponde a una disminución de la com­
ponente tangencial de la velocidad absoluta de entrada, y la variación
¡ M ángulo de salida, a un aumeuto de dicha componente. Podemos decir,
refiriéndonos a la ecuación fundamental, que el número finito de álabes
exige una exageración de los ángulos de entrada y salida en el sentido
i de aumentar la potencia.
La desviación a la entrada no es necesario tenerla en cuenta
| a consecuencia de los efectos de viscosidad que se tratan a con-
[ tinuación. Por el contrario, como enseña la experiencia, hay que re­
comendar más bien la medida contraria, es decir, un aumento de B,
sobre /90. ri
b) Influencia del rozamiento. La desviación a la entrada hace
,•que disminuya la sección necesaria del canal. La sección efectiva de
centrada disminuye debido a la contracción. Una tercera influencia
^proviene del giro que produce a la entrada el rozamiento de pared,
el cual exige un aumento de la sección de entrada, es decir, influye
en el mismo sentido que la contracción de entrada. Estas dos últimas
S- () “'o .es en magnitud igual a la velocidad u'x del capítulo 16, puesto que allí
■se íuzo la hipótesis de número de álabes infinito, y se diferencia de wB sólo por la
consideración del espesor finito del álabe, según figuras J 6 y 70 a.
9. P f l e id e r e r : Bombas centrifugas.

L
130 Teoría, elemental de las ruedas centrífugas

! ^ influencias tampoco pueden calcularse exactamente, igual que e es i


vio, y por ello es corriente considerarlas en el supuesto de que se con-;
trarrestan todas ellas entre sí. La experiencia ha demostiado que con.
esta suposición se obtienen generalmente secciones de entra a mas ,
pequeñas (fig. 230)
En los rodetes axiales, así
como también en formas inter­
medias, hay casos en que no
puede dejarse de lado la consi­
deración de la desviación de en­
trada (náa 3451
En el interior del canal, los j
fenómenos de la capa limite pro- \
ducen una variación fundamen­
tal en el diagrama de corriente, ■
por lo cual no puede obtenerse
mediante mediciones, como se ex­
plica en el capitulo anterior f1).
Por ejemplo, con caudal redu­
Fio. 78. Espacios muertos A y B, debidos cido, aparece la corriente de re­
al torbellino, en el dorso de los ¿labes, para
caudales normal y parcial (según Stiess) troceso (pág. 126) en la parte
posterior del álabe, en vez de la
anterior. Debido a esto, en el lado de aspiración de la salida del
canal, la corriente debe retardarse considerablemente para poder
nivelar de nuevo la de­
presión ocasionada por la
t presión de álabe. La capa
limite que se retarda pro-,
ducirá, por tanto, desr
prendimientos similares a
los tratados en los canales
divergentes en reposo (fi­
gura 13 ó). En los canales,
F ig. 78 a. La variación de dirección de la corriente
provocada por el álabe, disminuye en el canal P de las móviles, radiales y axi­
bombas, debido al espacio muerto x, y en el canal i les, existe la circunstan­
de las turbinas aumenta, a causa del espacio muerto y
cia favorable de que la
capa limite es, en cierto modo, absorbida por las fuerzas centrifugas,
(páginas 76 y 145); pero, por otra parte, el espesor finito del alabe,
produce, junto con la contracción de entrada, un aumento del re-
tardamiento necesario. En la entrada sin choque existen siempre es-'
pacios muertos A y B (fig. 78), en la parte de a s p ira c ió n e cana

(i) Véase Oertli : Dissertación de Zurich (1923). ■ - A . Stodola : Dampf-u.


Gasturbinen, pág. 23 del suplemento de la o.» y 6.‘ edición, Berlín (1923). — Fism er .
Mitt Hydr Inst., Techn Hochschule München, vol. 4 (Í931). — A
vnt fase 14Q 119401 v Deutsche Wasserkraít, vol. 8, pag. 14y
U 937W W ? Inst. í . Stromungsmasch., Techn. Hochschule Karts,
ruhe, vol. 3 (1933).
I Causas de la disminución de potencia 131
I
[. móvil (x). Con caudal reducido, el choque de entrada aumenta este
efecto; con caudales superiores al normal, la corriente, debido al choque,
de entrada, se comprime tan fuertemente contra el lado de aspiración
del álabe que el espacio muerto se desplaza al lado de presión del
álabe.
Vemos, pues, que la corriente no sigue de ningún modo el dia­
grama que deducimos para los líquidos ideales.
La formación de espacios muertos importantes, como el repre­
sentado en la figura 78, ocasiona una mayor disminución de potencia,
como podemos ver claramente en la sim iientp r r relativa
ai alune axial (lig. 78 a).
El espacio muerto x (es decir, A y B, en la figura 78) del canal de
la bomba P disminuye el paso de la corriente del mismo modo que si
el álabe fuese más grueso, aumentando la velocidad relativa de sa­
lida w2 en una magnitud a b (fig. 78 a), y con ello, la componente tan­
gencial relativa w2ll == eos /S2, que, según lo dicho en la página 37,
para un número infinito de álabes, es igual a_.la componente tangencial
w3u detrás del rodete. En el caso presentí, como la componente meri­
diana c3m permanece invariable, así como el caudal, se produce detrás
del canal una fuerte disminución A /J del ángulo de salida. Esta dis­
minución significa evidentemente una exageracióajiegátiva del ángulo
de salida del álabe. ^
Es de una importancia fundamental comprobar que este efecto
del espacio muerto en el lado'de aspiración, al final del álabe (junto
con el efecto del espesor fin^Q.de1álabe), existe s^m iehte'en la co­
rriente retardada, es decir, 'en la bomba^E^ét'-cíaso de la corriente
arekr&da, es decir, en el canal de una turbina, que se ha representado
/ttPrazos en la figura 78 a, conservando el ángulo /S2, se forma asimismo,
a consecuencia de sobrevelocidades, el espacio muerto, y de la misma
forma que en los codos de una tubería (fig. 48). Pero como el álabe
está curvado en dirección contraria, la disminución a 03 del ángulo
de salida, debida al espacio muerto y y al espesor del álabe, significa
un aumento de la presión de álabe. Se ve, pues, claramente que, en el
caso de una corriente retardada, el estrechamiento a la salida significa
una disminución del efecto de desviación del álabe, mientras que en
el caso de la corriente acelerada lo aumenta.
Es notable el hecho de que la formación del espacio muerto en el
lado de aspiración a la salida del canal, actúa, igual que el espesor finito
del final del alabe en la corriente acelerada, a través de un haz (tur­
bina), exagerando el ángulo del álabe, mientras que en la corriente retar­
dada a través de un haz (bomba) disminuye la variación efectiva del
ángulo. En las turbinas compensa la disminución de potencia de la
corriente potencial cuando los alabes están lo bastante próximos
(l) El empleo de ranuras en el álabe para comunicar el lado de presión con
el de aspiración y absorber la capa límite’, no sólo no ha dado resultado, sino que es,
además, perjudicial. Véase E. M. G a u o e r , Theoretische und praktische Untersu-
chung der Kármánschen Schlitzcshaufelkreiselráder, Disertación de Breslau (1934).
además, Numachi, Forschung, vol. 13, pág. 218 (1942).
132 Teoría elemental de las ruedas centrííugas

unos a otros (por tanto, en los rodetes lentos) í1), mientras que en las
bombas aumenta la disminución de potencia. Por todo 1q dicho es •
comprensible el hecho de que en las turbinas no se precise calcular
las consecuencias del número finito de alabes en los casos corrientes
mientras que en la construcción de bombas deben tenerse en cuenta desde
un principio, si se quieren obtener resultados concordantes con el su­
puesto. De un efecto análogo al del espacio muerto y espesor de los
álabes en el extremo de salida, es el espesor del perfil en la parte me­
dia del álabe (2).
El mecanismo de la corriente descrito, representado en la figura 78 a, se
basa en la hipótesis de un número infinito de álabes situados unos junto a otros,
por cuanto la velocidad w, se supone tangente al álabe a la salida del canal. A con­
secuencia de esta limitación, no aparece toda la influencia del espacio muerto.
Todo ello muestra, por ejemplo, que, en el caso de /?, = 90°, la representación anterior
no tiene en cuenta la contribución del espacio muerto en la disminución de la
potencia, y en el caso de ser > 90°, resulta inclusive un aumento de potencia,
cuando en realidad con estos ángulos (que sólo pueden imaginarse para bombas
v no para turbinas) se considera la disminución de potencia algo mayor que la que
serla necesaria a causa del mecanismo de
la corriente sin rozamiento. Como otra
influencia se debe considerar que el espa­
cio muerto influye sobre la corriente ya
dentro del canal, en el sentido de que
disminuye el cambio de dirección, o sea,
que el ángulo de salida de la corriente es
siempre menor que el ángulo del álabe /9„
y ello también en el caso de ser p, > 90’.
Junto con el efecto de desviación debida
F ig. 78 b. Influencia de la resistencia al espacio muerto, demostrado en la fi­
del álabe sobre la fuerza tangencial Au : gura 78 a, existe otro efecto cuya influen­
en las bombas, (P) positiva; en las tur­ cia aumenta al crecer la desviación pro­
binas, (T) negativa ducida por el álabe, la cual es tanto
mayor cuanto mayor es /?,. Constituye
para ángulos p t « 90° la única contribución del espacio muerto a la disminución
de potencia, que debe sumarse a la disminución de potencia tratada en a).
La viscosidad actúa, además, de forma que a la fuerza normal a cada elemento
de superficie se añade la fuerza de rozamiento, como fuerza tangencial, la cual no
produce sólo una pérdida de trabajo, sino que en las bombas contribuye algo el
trabajo de álabe, como luego se verá. Finalmente, en la periferia del rodete se produce
un movimiento de intercambio con el difusor. Una pequeñísima parte de dicho
movimiento se exterioriza en forma de trabajo útil (pág. 370).
Para juzgar de las fuerzas tangenciales citadas en primer lugar, la acción-,
de las cuales se deja sentir a lo largo de la superficie de los álabes y que, en con-
junto, ocasionan una resistencia W que se opone a la dirección (media) de la co­
rriente, no ha de olvidarse que aquéllas reducen también en parte la potencia
útil, como consecuencia de los espacios muertos. La fuerza tangencial U, pro­
porcional al trabajo Ntb de los álabes, está integrada por las componentes Ay
y Wu de las fuerzas de la corriente promovidas por el empuje A y por la resisten­
cia citada W, de la manera siguiente (fig. 78 b):
U = A u i 4Vu
En las bombas (signo positivo), esta fuerza U, que, según la ecuación (7 a), de
la página 114, condiciona la variación útil de giro A (r cu), es aumentada por la,
resistencia IV; en la turbina (signo negativo), es disminuida. Esta influencia del
(l) Z. VDI, vol. 85, pág. 547 izq. (1941) ; véase también K orbacher, Stró-
mungs- und Druckverháltnisse hinter einen Turbinenleitrad mlt geraden und
verwundenen Schauíeln, Forschungsbericht Nr. 1816 der Deutschen Luftfahrt-
forschung ; — E ckert und K orbacher : Ausmessung del Strómung in einer
einstufigen Druckluft-Modellturbine, Forschungsbericht, n.° 2155 ibíd.
(>) P. R uden : Untersuchungen über einstufige Axialgebláse, Luftf.-Forsch.,
vol. 14 (1937), págs. 325 y 458. — N. Scholz: Forch.-Arb. VDI, fase. 14.
Causas de la disminución de potencia

; K en t* ^aCj d°ndl Pue^en ser evitados los espacios muertos por un


cuidadoso trazado de los álabes, el exceso angular (respecto del caso de un líquido
ideal) deba ^educirse en las bombas y aumentarse en las turbinas. Esta necesidad
de una exageración considerable de los álapes de las turbinas existe, a pesar de la
aceleración de la comente, sobre todo en 'los rodetes axiales de muchas revolucio­
nes, con álabes muy bien afilados.

c) Modificación de la ecuación fundamental. A pesar de que


las trayectorias relativas de los diferentes filetes de corriente en el
canal móvil son dis­
tintos por completo,
la energía absorbida
en el caso de no exis­
tir rozamiento es pa­
ra todas ellas la mis­
ma. Ello es evidente,
debido a que la co­
rriente absoluta de
los líquidos ideales
permanece libre de F ig. 79. Diagrama de .velocidades a la salida del rodete
(arista de presión)r,tfcmendo en cuenta el número finito
rotación ; es decir, la de álabes
circulación alrededor
de los diferentes álabes es independiente del camino de integración (pá­
gina 45). Sin embargo, es lógico que la accióitdedcfrSíabes no termina
en la periferia de salida de la corona de-álabes^donde existen diferen­
cias muy pronunciadas entre la? trayectoriasr^e la misma forma que
tampoco empieza exactamente en la.: “
periferia de entrada (fig. 71)P-Éá'm-
fluen^»' de los álabes se extiende
tajjpjrnás lejos del canal móvil cuan­
to mas distanciados están entre si
los álabes. En la práctica se puede
: admitir que la corriente está uni­
formada a poca distancia de la pe­
riferia del rodete.
F ig . 80. Diagrama de velocidades a
La forma del diagrama de salida la entrada del rodete, teniendo en
cuenta la desviación
res la representada en las figuras 76
y 79, donde A 2 B2 C2 corresponde a
la teoría elemental y A 2 B2 C2 es el triángulo de las velocidades rea­
les, suponiendo la corriente regularizada detrás del rodete. Los puntos
A2 y A 2 están sobre una paralela a u2, porque el caudal, y con ello la
componente meridiana c2m, no varían. La disminución de potencia
está motivada por la disminución de la componente tangencial
Ao A2 ^ u2 — c2u c2u — c2u — c3u
,La corriente efectiva de salida uniformada corresponde a un rodete
:ideal de número infinito de álabes, pero ton ángulo de salida /5'2 menor,
de forma que existe una exageración del ángulo de salida, de valor
\ = Para el cálculo posterior del difusor es importante
134 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

hacer notar que el ángulo de la velocidad absoluta de salida aumenta;


de Os a ag.
A la entrada se tiene también una variación xx Uj de la compon
nente tangencial, que no tiene otra importancia que la de cambiar
el ángulo necesario de los álabes para no tener choque. El diagrama^
correspondiente se indica en la figura 80, para a0 = 90°, o sea,c<,u = O,
en la que A'0 Bx Cj da las condiciones de marcha sin desviación de
las velocidades, y A ,1¡B1C1 da las condiciones de marcha sin desvia­
ción. La corrección del ángulo es en este caso <3X== — (tv
En resumen, se puede decir que los triángulos de velocidades
A'o Be, C„ v A'n B, C, determinan la üotencia v el ángulo de los álabes
del difusor, y que los triángulos A %B2 C2 y A l B1 Cx determinan los
ángulos de los álabes del rodete. La desviación de entrada no se con-:
sidera en los rodetes radiales (pág. 129). Para los álabes de espesor
finito rigen las ecuaciones (1) y (4) del capítulo 16 (figs. 67 y 66).
Para poder distinguir claramente las diferentes notaciones, se'
resumen a continuación, puesto que, evidentemente, no son suficientes:
las dadas en el capítulo 16 para el caso de corriente cpngruente con
el álabe.
El subíndice O se refiere a la corriente antes de la entrada, no influida por
el rodete (triángulo A, £ , C„ figura 66).
El subíndice O con comilla (por ejemplo, c¿) se refiere a la corriente que se es-;
trecha a la entrada del rodete, a causa del espesor finito del álabe, pero sin suponer
una desviación (triángulo A't £ , C,)» o sea, para = <V<i/(fj — o t). (Estas re­
laciones son las que corresponderían a un número infinito de álabes, aunque;
entonces podría emplearse el subíndice 1.)
El subíndice 1 se refiere a una corriente que se ha estrechado a su entrada
en el rodete por el espesor del álabe, con una desviación u n i f o r m e de todos sus fi­
letes de forma que las trayectorias relativas estén dirigidas, sin choque, según el
ángulo de los álabes /3, (triángulo Ax £ , C, de la figura 80).
El subíndice 2 se refiere a la corriente a la salida del rodete en la sección es­
trechada por los álabes, en el caso de que las trayectorias relativas estuviesen'
uniformemente inclinadas, siguiendo el ángulo /?, de los álabes (triángulo A, B,¡
C, de la figura 79, iguales relaciones que en el caso de número infinito de álabes).
El subíndice 2 con comilla (por ejemplo, c't) se refiere a la corriente a la salida,
en la sección estrechada por los álabes, y considerando la desviación producida por:
la terminación de la presión del álabe, suponiendo, además, que la igualación,
de la corriente se ha efectuado ya en la periferia del rodete (triángulo A't B t C, de
la figura 79). .]
El subíndice 3 se refiere a la corriente precedente, pero considerando la pér-,
dida de velocidad debida al cese del espesor de los álabes. El triángulo de velocida­
des correspondiente At B, C „ se obtiene de Ai B, C„ de la misma forma que en
la figura 67 de la página 112 se obtuvo A , B, C, de A, B, C2, o sea, con c,« = c'lU.'
Para un número infinito de álabes el trabajo de álabe es, según'
la ecuación (18) del capítulo 17, b : - - ■ •í
1
H th oo = — (4 C
2u— U1 c0u) í25)
9 •" .’tvSB
mientras que para un número finito de álabes la expresión (9) del
capitulo 17, a, nos da : ‘1
•íiS
1 1 J
H th = (u2 C2u U1 C0u) = ~ ~ (u2 c3 U ul c 0 u ) (2®)j
9 9
Cálculo aproximado para determinar la disminución de potencia 135

Siendo la componente tangencial de la corriente absoluta de salida


c2u = c3iv que se obtiene, suponiendo en la periferia del rodete el
estado de corriente igualado, que, pn realidad se produce a una cierta
distancia del mismo.
Con entrada radial, es decir, con c0u = 0, se tiene :
rr __ u2
th oo Coii (25 a)
9
y el trabajo efectivo de álabe:
jt __ ^2 » __ ^2
•“ th -- ---- Con — ---- Co .1 /9fi /.l

En la expresión de la presión de salida, ecuación (15), página 116,


: w'2 ó u>3. sustituyen ahora a w2, según que la presión se mida antes o
después del extremo del álabe. La presión a la salida, antes del extremo
del álabe, será:
Hp = z
(27)
y para a0 = 90°, por ser tv* — u\ = c§:
H _ u | —u ¿ + c |
(28)
P 2g ^
La pérdida Z/ del álabe s^Ttieñe en cuejnta'aproximadamente en
estas dos ecuaciones multiplicandq^el'primer término por rt\x y ha­
ciendo Z/ = 0. ''
Para el caso corriente en que c0 % & , ^ 4 ?úiri figura 79) w ? — c¡
c3u)2»
.12
se puede escribir:
c p n i l p H p PCpn'Ki'r •

U ___ n ( U2 C3 » ) 2 3u
= ^ -^ 1 % -^ 1 (29)
o bien, puesto que, según (26 a), c3u = g H thju2:

HP= = i i - - s Wth (30)


2 u\

= H (l — 4 — ) = H (l - (30 a)
\ 2 Uo 1 \ 2 iñ 1

21. Cálculo aproximado para determinar la disminución


p de potencia de la bomba, debida al número finito de álabes
Los métodos exactos de la Hidrodinámica matemática, basados
en la hipótesis de líquidos ideales, emplean, en parte, la ayuda de la
figura conforme (x) y, en parte, reemplazan el álabe por una capa de

(l) Busemann : ZAMM 5 (1928) (limitado a los álabes de forma espiral loga­
rítmica).— W. Spannhake : Mitt. d. Inst. f. Strómungsmaschinen, Techn. Hoch-
scliule Karlsruhe, vol. 1 (1930).
136 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

torbellino í1), teniendo en cuenta el espesor del perfil mediante un re­


parto apropiado de recrecidos y rebajes (método de las singularida­
des). Como hemos visto en las páginas 129 ss., la no consideración de
la viscosidad conduce a resultados que difieren mucho de la realidad.
Por otra parte, la corriente relativa tampoco es permanente, debido al
efecto de retroceso del difusor. Esta clase de cálculos no es conve­
niente para el ingeniero, pues exige un trabajo muy laborioso. Espe­
cialmente en el caso de los álabes de las turbinas axiales, con álabes
bastante distanciados, son de una aplicación muy limitada (2). Por
ello, a pesar de que estos procedimientos son tan valiosos para obtener
una base de orientación, el ingeniero precisa tener a mano una fórmula
aproximada de cálculo, suficientemente sencilla. La deducción de
esta fórmula, que damos a continuación, no es exacta. No obstante
pretende abarcar todas las influencias importantes y apoyar la sim­
plificación obtenida en los resultados de la experiencia.
Lav.causa de la disminución de potencia reside en la diferencia
de presión entre las caras anterior y posterior del álabe, y en ello basa­
remos nuestras consideraciones. Esta diferencia de presión se anula
en los extremos de los álabes (fig. 71 a). Para una mayor sim-
püfjjjación supondremos~qüe la fuerza K = y A h - b , que ejerce la
unidad de longitud de álabe sobre el líquido, permanece invariable a
lo largo de todo el álabe. En consecuencia, la diferencia de presión A h
entre ambas caras del álabe, variará en razón inversa a la anchura b
del rodete (3). Además, al final de los álabes disminuirá bruscamente
a cero, a pesar de que en la realidad este fenómeno ocurre paulatina­
mente.
(') A. B etz y J. Flügoe-Lotz : Ing.-Arch., vol. 9, pág. 486 (1938).
(’) F. Weinig : Die Strómung um die Schaufeln von Turbomaschinen,
Leipzig: Joh. Ambr. Barth (1935).
(*) La siguiente consideración, referida a álabes radiales de poco espesor y
muy juntos unos a otros, nos demuestra que la suposición d e ¿ = = const.
está más de acuerdo con la realidad que la hi*
pótesis de A h = const. Según la ecuación (6),
el momento del álabe a lo largo de la longi­
tud dr es:
dM = K r dr =y V d ( r c u),

en la cual, según la figura 81,


V
Cu = u — cm ctg/3 = rio —-2 ti r b7 ctg(3,
F:c. 81. Triángulo de velocidades resultando para la fuerza de álabe correspon­
en un punto dado del álabe
diente a la unidad de longitud:
V ctg/3
d (r cu)
(r**íu — 2 b ti
V
r dr
o bien

K 2(0 2 tir dr j

En esta ecuación, si V permanece constante, solamente varia el segundo término


Cálculo aproximado para determinar la disminución de potencia 137
l
- Nos basaremos, además, en la suposición empleada en la página 128
:sobre el mecanismo de la desviación. Consideremos (fig. 82) la linea
•normal ED que pasa por el extremo E del álabe, y tomemos la velo-
, cidad en dicho punto igual a la velócidad relativa w2 de la corriente
a la salida (fig. 79), puesto que este punto ya se encuentra en la peri­
feria del rodete. La velocidad wl2 existente
í en el punto D de la línea normal, sobre la
cara activa del álabe, deberá acelerarse en el
trayecto DG, a causa de la disminución de
i presión, para alcanzar también el valor w2
poco después del final del álabe.
Si seguimos suponiendo que la fuerza de
álabe se mantiene constante hasta la arista G, Fig velocidades a i«
a pesar de que en la realidad se produce una salida deL rodete
variación en la cara activa del álabet existirá
, en el punto E, en el dorso del álabe, la presión de salida y también,
aproximadamente, la velocidad w2. Pero, en la cara activa, el paso a
i la comente regularizada no sería continu9rlo.-qu'e deberemos conside­
rar como-admisible en nuestra suposición'. La velocidad w'I2, supuesta
en la parte de presión del final de álabe G, se calculará a partir di
w22— w’Il = 2 g r A h 2 • (31)
siendo A h2 la diferencia de presión, ^entre
ambas caras del álabe al final^del mismo,.«■
y t un coeficiente para tener en cuenta 'que

menygt;
las hipótesis hechas no se f u s tá n exacta-
~""+'’-‘a la realidad, en especial la cpj
rtgpPf de la fuerza de álabe, que erTla
r practica disminuye hasta cero, por lo cual
1'dicho coeficiente será menor que 1.
La fuerza de álabe por unidad de lon-
, gitud : ________J J i -
K = y A h b = y A h 2 b2 = y A h 1 b1 (32) F ig. 83. Sección del rodete

f que se supone constante, puede deducirse fácilmente de la potencia


con b, cuya influencia, en relación con el primer término, es de escasa importancia
en las formas de ejecución corrientes. En el caso limite de ser /? = 90° = const.
; (álabes rectos radiales), el segundo término es nulo, y, por tanto, K es constante
e independiente de la anchura del canal. Lo mismo ocurre si tanto p como b son
invariables (álabes en forma de espiral logarítmica, entre paredes laterales parale­
las). En este caso, K es también independiente de ia anchura b. De la ecuación (I)
se desprende, además, que este segundo término puede ser constante si, al crecer el
radio, P aumenta y b disminuye, lo que en cierto modo ocurre con las formas de
álabe corrientes.
De todos modos, esta consideración demuestra que la hipótesis de un valor
constante para K concuerda ampliamente con la realidad.
. Si introdujéramos en la ecuación (I) la condición A h — K¡y b = const.,
resultaría que, para valorus decrecientes de b (al crecer r), p debería disminuir muy
rápidamente, puesto que Li anchura b del rodete sólo está en el denominador en la
' parte derecha de la igualdad. Resultarían formas de álabes desfavorables, práctica-
¡mente irrealizables.


138 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

de la bomba. El momento M transmitido por el álabe es, por una-


parte (fig. 83):
r, r,
M = z j y A h b d x r = zK l r dx,
■r i r,
en la que la última integral no es otra cosa que el momento estático
del filete medio A B de la corriente, en la sección meridiana (fig. 83),
respecto al eje de rotación. Si designamos este momento por S, se tiene
M = z K S = z y A h 2 b2 S (3 2^
rui otra pane, M w es igual al traúajo de aiaúe por segundo y V
Sustituyendo V por 2 n r 2 b2c2m(t2— o2)ll2, resulta:
M _yV7/th_ Hjh k___fa. (32 b)
cu Ui>*2 ‘2
Igualando las ecuaciones (32 a) y (32 b), se obtiene:
r| ^ -ííth ^2 ^2
A /i, = 2 n 2m u, (33)
zS u
oponiendo en esta ecuación el valor de A h2> deducido de la expre­
sión (31):
„.»*
w2 .../aj, _— 4
w¡ a ____ rl „ ^ th k
g t tí s" c2m °z (34)
zS u2
l2 t
‘2
La velocidad relativa media es, poco antes de la salida, aproxi­
madamente igual a la velocidad w2 correspondiente al número de
álabes infinito y dirigida según el ángulo 02. Si admitimos una varia­
ción lineal de la velocidad entre G y E de la figura 82, se tendrá:
w2 — w =% (w2 + w'n ) {w'2 — w'n ) = 2 w2 2 (w2— w2),
y, por tanto, según la ecuación (34):
¡ , v r2 ^2 g2
Hth---------------
W2 (w 2 — U)2) = 9 r n - j Y C 2 m — j- * -

o bien, puesto que w2 = c2m/sen fi2:

— u/2
iv0= g, H th *2 4L2 u2 O9 n
'2 ------------r
- 17T
•'t T e ------ —
; —sen p2
r2 (35)
“2 * l2
Agrupando todas las magnitudes invariables para un mismo rodete,
poniendo
r2 ío-_£2
rs i _ _ sen^ (36;
p= TnTs t :
se obtiene:
m2 — íUj, = p (37)

Teniendo en cuenta que w'2 y w2 son vectores de diferente direccióü


Cálculo aproximado para determinar la disminución de potencia 139

«s conveniente, dentro del mar o de esta consideración aproximada,


tomar vectorialmente la diferencia w2 — w2. De la figura 79 podemos
escribir: V,
U)2 1^2 — %^2 = ^2 C<
y puesto que, según las ecuaciones (25) y (26),
u
Hth oo — Hth = ~ (c2u ^3u)>

jj resulta de la ecuación (37):


■f^th oo Hth ~ ^ t h P»
o bien :
#th oo = H th (1 + P)
La ley senoidal de la expresión (36) concuerda con los cálculos
en el líquido ideal (pág. 141); pero, debido a que los efectos de la vis­
cosidad, que, según vimos en la página 129**- tienen gran influencia,
disminuyen al aumentar p2, los ensayosTft'ndiquidos reales no concuer-
dan con dicha ley. Por este motivo agrupamos en la ecuación (36) sen /?2
con el coeficiente r en un nuevo coeficiente (*):
y)' — t 71 sen = k sen. /%■'''"* " (39)
cuyo valor se indica en la págin^l42.
Admitiendo, por otra parte, que»«Pc'oeficiente de estrechamiento
(f2— cr2)//2 difiere poco de l y.$ei tendrá : -.J p f ****

P= V
pudiéndose escribir X

#th OO — H th (1 + y>'

Esta expresión es también válida, de acuerdo con su deducción, para


el caso en que la corriente de entrada al rodete no sea perpendicular
a la velocidad tangencial. Se puede aplicar a toda clase de rodetes,
aunque en las turbinas (pág. 131) tp' es muy pequeño, e incluso, a
veces, puede ser negativo.
La altura que hay que añadir a Hth para que el cálculo del rodete
pueda hacerse mediante las ecuaciones de la teoría elemental, es, pues,
para un mismo valor de (}2, inversamente proporcional al número de
alabes z y al cociente S¡r\, siendo S el momento estático del filete
medio meridiano A B respecto al eje. Los álabes cortos en la dirección
de los filetes líquidos meridianos dan, por tanto, una disminución de

(*) Este coeficiente se designaba en la 1.* y 2.» edición por y, pero en la


actualidad este símbolo ha sido normalizado para representar al coeficiente de
presión 2 g H¡u\.
140 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

potencia mayor que los largos, pues S¡r\ es pequeño. La dismin


de potencia permanece invariable siempre que se cumpla :
r2
—L- = const.
zS
Las ecuaciones (41) y (42) se hacen comprensibles si se conside
la presión sobre el álabe es tanto menor cuanto mayor es el ni.
de álabes z, y el momento estático S, o sea, la longitud portan
álabe, y que, además, los álabes están más juntos y, por consigu
el agua va mejor guiada cuanto menor es el radio r2 del rodé
relación a S/r2, es decir, respecto a la longitud portante del álab
r,
,i
¡Vi Para los alabes radiales se tiene: S = ! dr r = — (r| — rf}, o

por lo que
t
#th OO— H th (1 “f* 2 —
K * ■ “ 2 1—
— (r^rj,)2
Con el valor corriente r2 = 2 rv p = 8/3 rp'/z, resulta :

Ha
co = Ha, (l + ¿
•L
Para los álabes axiales, r2 = r1 = r y S = re, si e (fig.
representa la longitud axial del álabe. Se tendrá
!
. \ z eI
o bien, siendo 2 r ti/z igual al paso de álabe /:

Para los álabes de doble curvatura (que se tratarán detalla


r> 1
en el capítulo F se determina S = j r d x mediante la forma
Ti
es decir, mediante sumandos de pequeños trayectos A x (= 5 ó 1
sobre el filete medio, o sea, el que se considera correspondien
sección meridiana. Luego,
.¿5
5 = Ax2 r
rt
o sea, igual al producto de A x por la suma de los radios de los
de gravedad correspondientes a los trayectos A x considerado
Discusión de la fórmula aproximada

-'el caso de utilizar álabes intermedios parciales (fig. 138)


Mel valor z S de la ecuación (41) de la siguiente expresión:
z S = zl S1 + z2 S2 (48)
el subíndice 1 se refiere a los álabes completo, y el 2, a los
jrtos. •
procedimiento de cálculo que ha sido deducido será también
>t en el capítulo 72, a las coronas de álabes en reposo, esto es,
)res de aletas.
de salida. Entre los ángulos a2 y a'2 de la velocidad ab-
s salida, tanto para número infinito como finito de álabes,
figura 79, la relación :

tg <*2 = tg a2
iciones (25), (26) y (38) podemos encontrar que
*'£íu_ _ 9 ^ th (1
í&’u 9H th +T U1 u '2 u
(««>
e resulta, para el caso de entrada radial, o sea, cou = 0:
^2u

tg «2 - Qrj- p f tg (51)
igulo de desviación de la.-.corriente absoluta de salida es
‘ ^
y 22. Discusión de la fórmüfa>'*aproximada.
Valores empíricos de y>’
educciones anteriores reflejan perfectamente las relaciones
curvados según una espiral logarítmica, ya que en ellos
áota 3 al pie de la página 136) la presión del álabe está en
Dartida uniformemente a lo largo del canal. Busemann ha
), mediante la figura conforme, la comente del líquido sin
! 0). Sus valores de cálculo (representados en una curva)
icarse, debiendo tenerse en cuenta que el líquido sin roza-
scomporta de forma distinta del real (cap. 20, b). Si compara-
‘ lores correspondientes a la entrada sin choque, deducidos
curva, con los resultados de la ecuación (41) se ve, como se
&s adelante (2), que la consideración aproximada refleja per-
té bien las relaciones para el liquido sin rozamiento, e incluso
í.con la ley de los senos de la ecuación (36). Los cálculos de
¡no son suficientes para formarnos un juicio a fondo sobre
de las fórmulas aproximadas deducidas anteriormente.
3arte, el álabe de forma espiral logarítmica es sólo un caso
1, vol. 8, pác. 372 (1928).
el capítulo 42, a, de la segunda edición de este libro.
142 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

especial para el cual el caudal correspondiente a la entrada sin cho-:


que aumente con el ángulo de salida (i2, según una ley determinada.:
Además, para otras formas de álabe, la presión de álabe se distribuye'
de modo diferente, debiendo tenerse en cuenta, además, según se ha
comprobado, la influencia de los difusores a la salida. Tampoco se han'
considerado los efectos de la viscosidad. De todo ello se deduce que.
solamente los ensayos nos pueden dar la aclaración necesaria sobre la
bondad de las fórmulas obtenidas, lo cual resulta tanto más difíciL
cuanto la disminución de potencia se ha de calcular de la diferencia
entre dos valores del mismo orden de magnitud, por lo que no pueden'
evitarse (brandes Hisnprsinne»;
A pesar de que poseemos gran cantidad de resultados de ensayos'
efectuados (1), no está todavía bien determinada la relación que existe
entre el coeficiente y' y el ángulo /S2. La ley senoidal, según la ecua-,
ción (39), no se ha comprobado exactamente. Existe, sin embargo, un.
aumento limitado de y ’ al crecer (}2. El autor calcula las bombas con
difusor (o con cámara espiral) con el siguiente valor:
y' = 0,55 a 0,68 + 0,6 sen (i2 (53
por término medio :
V/ = 0,6 (1 + sen &) (53 a)
Este valor y' es sólo aplicable, de momento, a rodetes radiales
con álabes curvados hacia atrás y con una relación de radios r1/r2< 1/2.
Experimentando con álabes radiales más cortos en dirección radial y,
por ello, con una curvatura hacia delante, parecidos, por tanto, a los
álabes axiales, se llegó a valores de y' más elevados (2).
La causa de ello podría atribuirse a la curvatura de los álabes
hacia delante y a la carga considerable del extremo de salida, aquf
usual. Estas influencias son muy prolijas de explicar adecuadamente/
Se las tiene en cuenta un poco a ojo, multiplicando, además, el valor
de la ecuación (53 a.) por el factor (1, 6 a 2) r¡Jr2, y, por consiguiente,,
calculando con el valor rectificado:
(v')corr = (1 a 1,2) (1 + sen (54>
'2
En los álabes axiales rj/r2 = 1 y en los álabes radiales cortos de'
algunos ventiladores « 0,9. En ambos casos se supone una línea
de esqueleto de los álabes en forma de arco de circulo. Si el extremo
de salida es más plano, disminuye y'. Más datos sobre la disminu­
ción de potencia en los álabes axiales en la página 290.
(**) W. S c h u lz : VDI-Forschungsheft, vol. 307. — E. S c h r ó d e r : Das Fór-‘
derhohenverhaltnis einer radialen Kreiselpumpe. Tech». Hochschule Braunschwei(p
(1933). — T a i j i r e K a s a i : On the exit velocity and slip coefficient, etc. Memoirs
of the Fac. of Engineering, Kyushu Imp. Univ,*Fukuoka (Japón), pág. 69 (1936). —
O. H a n s e n : Untersuchugen ilber den Einfluss des endlichen Schaufelabstandes.
an radialen Kreiselrádern. Techn. Hochschule Braunschweig, pág. 66 (1936).
(*) Véase F r. G r a g e r : Ib. d. braunschw. wiss. Ges. (1953). — R. K r e t s c h -
m e r : Jb. d. braunschw. wiss. Ges. (1953).
Discusión de la fórmula aproximada 143 A
En los rodetes centrífugos propiamente dichos, con r jr 2 < l¡2, em­
pleamos, como hasta aqui, el valor no modificado de la ecuación (53)
o (53 o), independientemente de la relación eventual de los radios,
porque las experiencias hechas con él son satisfactorias. Lo mismo
vale para los álabes semiaxiales, alargados en la dirección del flujo,
como es corriente cuando el número de álabes es reducido (capítu­
los 56 y 57).
¡ Los valores xp' de la ecuación (53) son aplicables tan sólo a bombas
con difusor de aletas que se acerquen mucho a la periferia del rodete.
^Aumentando el espacio intermedio entre el rodete y el difusor, la dis­
minución de potencia es mavnr • nnr tanto tomtiíón rv oí c:
vez de difusor de aletas se emplea una cámara espiral, se produce
asimismo un aumento de xp'.
Hay que contar, por consiguiente, con un aumento considerable
del valor de la disminución de potencia cuando se emplea un espacio
anular sin álabes como dispositivo de guia único (págs. 368 ss.) (*),
y, por cierto, la diferencia es tanto mayor cuanto menor es el ángulo cig,
que forma la velocidad absoluta c3 con dirección tangencial. Con
ángulos ot3 < 10° el aumento de xp' puecle ascender a más del 30 %,
mientras que con ángulos de a3 w 203 y mayores, a los que se tiende
'en los difusores centrífugos, la diferencia es reducida.
Estas observaciones muestran que el dispositivo de guía influye
en alto grado en el diagrama de la corriente, en el canal del rodete, y
seria inútil pretender calcularla pérdida de'potencia, por ejemplo,
mediante cálculos basados en un liquidó ideal, o a partir de experi­
mentos con haces de álabe$,4 isladó*s.
u las máquinas soplantes se e m p ls ^ ^ fo rin a especial de álabe
cuya dirección es la de un radio, que en la entrada está curvado,
árgo de un pequeño trayecto, en dirección axial, para que no se pro­
duzca choque (fig. 284). En los álabes de este tipo, apropiados para
velocidades tangenciales extremadamente elevadas (es decir, compreso­
res), xp' es aproximadamente igual a 1,8 ; por consiguiente, es, poco más
o menos, un 50 % mayor que el valor resultante de la ecuación (53)
con f}2 = 90 °. La causa de ello puede aquí atribuirse a la intensa i. ,
formación de espacio muerto, pues falta el efecto de aspiración por
fuerzas centrífugas, ya que ahora la velocidad tangencial de la capa í
“‘limite es la misma que la de la corriente de paso. {
Es menester tener en cuenta que xp' aumenta con /?2, de acuerdo
con la ecuación (53).
El campo de variación, relativamente elevado, atribuido a xp' en
la ecuación (53), es admisible, porque la variación de la altura de ele­
vación sólo alcanza una pequeña fracción de aquélla. Tampoco hay
que olvidar que el trazado del álabe entre el ángulo de entrada y el m
de salida no se tiene en cuenta en la ecuación aproximada. En los pri­
meros cálculos del proyecto es recomendable dar preferencia a los m
valores límite superiores.
0) Véase O. Hansen : Nota 1 de la página 133.
144 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

En los rodetes axiales con mayor separación de álabes (héli


ces), el estudio puede efectuarse de acuerdo con los razonamientí
usuales en el caso de alas portantes de aviones (pág. 319 ss.).

23. Bombas de reacción y de acción


Las bombas, al igual que las turbinas, pueden dividirse en dos
grandes grupos. Si el aumento de presión Hp, en la ecuación (27), tiene
un valor positivo (es decir, sLla. presión ala salida del rodete es .supes,
rior a la de la entrada), la bomba sp llama de reacción. En este caso,
la energía "de presión, o potencial, del agua a la salida constituye una
fracción importante de la energía total. El aumento de presión en el
difusor que sigue al rodete y, con ello, también la velocidad c3 a la
salida del rodete, pueden ser relativamente pequeños.
Por el contrario, si Hp = 0 (es decir, si la presión a la salida del
rodete es igual a la presión a la entrada), se tiene una bomba de acción.
En este caso, toda la energía comunicada al agua se halla representada
por la energía cinética de la velocidad c3 de salida, y es de una necesr
dad absoluta la disminución progresiva de esta velocidad en el di­
fusor. Como esta difusión (cap. 13, b) produce necesariamente pér-'
didas importantes, como en los canales divergentes, resulta que las1
bombas de acción tienen menor rendimiento que las de reacción,
a pesar de no existir pérdidas por fugas en las juntas. Solamente es-j
tán indicadas en donde pueden disponerse difusores adecuados (máqui-;
ñas soplantes, capítulo 172, b), o donde es necesaria la creación de ve­
locidad, como en las bombas de inyección parcial, que se utilizan'
raramente. En este último caso, el rodete, en la porción que no re­
cibe agua, tiene su entrada y su salida en comunicación ; no esí
pues, posible admitir una diferencia de presión entre esos dos'punto;
Las bombas generalmente trabajan por reacción. Para la entra*’
radial tenemos :
u _ _ gH/rjh ■■
2 c3 C O S C tg c3 C O S O }
luego, su velocidad tangencial es relativamente elevada, ya que c¿ es
pequeño. Por tanto, las bombas de reacción precisan un número
más elevado de revoluciones, o un diámetro mayor que las bombas
de acción. Esto se aclarará ampliamente en los capítulos siguientes
La relación: i*
Hp (diferencia de presiones entre entrada y salida del rodete)
r—
H (altura de elevación)
representa el grado de reacción. Éste es 0 en las pocas bombas dé
acción que raramente se presentan, y en el caso normal oscila entre
0 y 1. El otro caso limite r = 1 es, como veremos más adelante, apro­
ximadamente el de una bomba hélice de pocos álabes. (Si esta bomb:
tiene directrices de entrada para evitar la rotación del líquido [pá
Elección del ángulo /}, del álabe a la salida 145

•ginas 343] puede ser incluso mayor que 1). Cuanto mayor es el grado
r a p ¡ d e z ^ S s m o ntrada perPendicular al tanío mayor es la

pued^emplearse*fa «uaclén ' (So¡a),(en ’efrasS m o°-% 0 "conTo í'uaf' "


Jh_ 1 C*u = i _ 9
H 2 u, 2 u¡ (55)
Poniendo c,„ - c,«/(1 + p) = (ut ~ c, m ctg 0,)/(l + p), se tiene
1 1
(56)
den se°rnícCKnrCÍal d? rea?ción>y, P<>r tanto la rapidez, en el caso general
1 ángulo p,a 0es
___, •penta(fig
pequeño lo mismo
91 a) si la "relación c,w/u,C*"/U*
“ reiaC10n es grande como si el «¡
es «rande
I . b t ¿ g„Ük y « d^ ° i „ eg j a r PSe lm e a 85 y Slg“ 1Cn,eS' par“ ,0S rode,es “x¡,,,es se

24. Elección del ángulo p2 del álabe a la salida *


El ángulo pv a la entrada, viene determinado perfectamente por
la condición de una entrada sin choquenETángulo p2 y otra magnitud
son indeterminados, puesto que son necesarias tres condiciones para
| lijar el triángulo de salida, y la ecuación fundamental sólo impone
tana condición. *
Se puede plantear, pues, la cues^ón dé si debe ser menor,
igual o mayor de 90°. Las fondas de álabes.correspondientes a estos
tres casos se han dibujado en las figuras 84 a 86. Para los tres casos
i? e ^a Raptado el mismo ángi^q, de1entrada 0V Se nJ?o< 90°
_ ^S—están curvados hacia atrás, QOftjjflSScrón al movimiento,
t ~y~&-^>_90o están cürvadbsnacia delante, Los canales
..derrabe que resultan son evidentemente muy diferentes y correspon­
d e n a las formas dibujadas debajo de cada figura, obtenidas llevando
i las. secciones del canaLaobre. una línea media rectilínea de igual lon­
gitud. En la figura 84 el canal móvil es más largo y se ensancha más
^sua\ emente que en las figuras 85 y 86. Cabe preguntarse — en vista
I dicho en la página 73 — si la corriente podrá seguir el notable
[ensanchamiento representado ejpjas. figuras_85 y 86, sin formación
de desprendimientos, aunque el canal se estrechase en el sentido per-
jpendicular al plano del dibujo. En el canal móvil, la rapa lím itp tipnp
'a misma velocidad angular que el rodete y, por tanto, está_sujeta a
nayores velocidades centrífugas que la corriente, que tiene sólo la
(componente tangencial^,,; es decir, Tiay un deslizamiento u — cu con
rrelación al rodete (fig. 81). Hay—que ..admitir^.pues., que la eapa_lí-
§e_desliza en el sentido de la corriente, a pesar del aumento jie
presión ;.p£i:q_este^ deslizamiento es tanto menor cuanto-mayor es_ft,
l^ea, cuanto más inclinado.es el álabe respecto a la periferia. JLa ex­
periencia^ demuestra claramente que los grandes ensanchamientos son
desfavorables. I¿s evidente que, como se indica de trazos en la figura 86,
pueden mejorar las proporciones adoptando espesores de pared va-
10. P f l e i d e r e h : B o m b a s c e n trifu g a s .
riables; mas, a pesar de ello, el canal es demasiado corto, y su curvatura,
demasiado pronunciada.» Las formas de canal de las figura§-&5 ü- 86
son más indicadas p araun sentido de corriente inverso, es decir, paja
ios rodetes de las turbinas, pues en este casojin estrechamiento nota.-
ble significa^incluso una mejora, reduciéndose el rozamjentg_nLser
cortosTos canales. En las bombas, los álabes curvados hacia ati;ás
(figura 84) dan mejores rendimientos que las otras dos formas.'--'
Qil ángulo 02 tiene^también una importancia considerable sobre
la altura de elevación. En la figura 87 se han dibujado los triángulos

F ig. 84. Alabe cunado F ig. 85. Alabe radial F ig. 86. Alabe cunado
hacia atrás /?, < 90° P, - 90° hacía delante /?, > 90° •

de velocidades de salida para cinco ángulos 02 diferentes, correspon­


dientes a los cinco vértices A, B, C ,D ,E , siendo el último escogido
de forma que AC = CE. La velocidad tangencial L M — u2 es la
misma en los cinco casos, lo mismo que la componente radial (° me" ,
ridiana) c2m = c2 sen Oj, por suponerse iguales el diámetro exterior del
rodete y el caudal. Suponiendo la entrada radial, la altura de elevación
teórica Hxh «> es, según la ecuación (25 a), proporcional a la componente
tangencial c2u = c2 eos a2, o sea, partiendo del punto en que.es nula,.,
a AB, AC, AD y AE. En el primer caso, con <£ 02 = AM L, noj
se transmite ninguna energía al agua, (para número infinito de álabes).;
Este ángulo representa, por tanto, el valor mínimo de 02, que en rea-,
lidad no debe ser alcanzado. Si se descendiese por debajo de este valor,l
ifth o, seria negativo, es decir, que el rodete trabajaría como una turbina
radial centrífuga de admisión interior.. La altura H thoo crece con /?a.v
En consecuencia, los álabes curvados hacia delante dan, para las misr^
mas proporciones, una altura teórica de elevación mayor que los álabes
curvados hacia atrás; o, dicho de otro modo, facilitan, para un nú­
mero de vueltas determinado, úna considerable disminución del diá­
metro del rodete y, con ello, un abaratamiento considerable de la bomba.
Esto se puede explicar también por el motivo de qus el cambio de
Elección del ángulo del álabe a la salida 147

. dirección a que se fuerza la corriente, y con ello la presión de álabe,


'■son mayores. Según la figura 88 se ve, al propio tiempo, que la veloci-
! dad absoluta de salida c2 también aumenta y representa una mayor por-
I ción de la altura Hth «1 de forma 'que el efecto de reacción disminuye.
‘ Cuanto mayor se hace /$2, tanto más se aproxima la bomba a una bomba
i de acción, con los inconvenientes señalados en el capítulo anterior, pro­
minentes de la necesidad de transformar grandes velocidades en presión
i Si la velocidad meridiana es igual a la entrada y a la salida del
^rodete, es decir, c2m =; c0, la porción de trabajo creado por el rodete

F igs. 87 Y 88. Relación entre. elvtiBabajo de álabe H a i ' á n g u l o 0,

¿labes infinito es :

(57)
'[ Puesto que, para u2 constante, ifthoo depende solamente de c2u,
f e pueden representar los valores de Hdyn y de la parte en forma de
;.energia de presión C) HPoo = H lh „ — Hdyn, en función de c2u, como
,se ha hecho en la figura 88, representando primeramente los valores
de #th 00, que, según la ecuación (25 a), dan una recta J F , y luego los
|de/7dyn, que, según la ecuación (57), dan una parábola JGF. La dife­
rencia de ordenadas de las dos lineas será: Hpeo = Hthoo — Hdyn. Esta
representación se relaciona con el diagrama de velocidades de forma
que las abscisas de los plintos .4 hasta E se obtienen trazando perpen­
diculares desde dichos puntos al eje c2(j,. Se ve claramente el aumento
de -^th 00 y de Hdyn al crecer ^ es decir, al crecer la curvatura hacia
delante, y la proporción mayor de la porción Hpoo cuando la curva­
tura es hacia atrás.(*)
(*) -frpot es igual a //p oo Z¡, según la ecuación (20).
148 Teoría elemental de las ruedas centrifugas

El grado de reacción para número infinito de álabes, tj^Hpoo/Hth «


= (1 — / / dyn)/Hth oo, es, según (25 a) y (57):
Ce» r ^ m á l i í o ) (58)^
00 ' 2 U2t ®
Sigue el curso de la recta ON.
Para los casos especiales representados por los tres puntos A, C
y E del diagrama de velocidades, el grado de reacción es eviden-

F ig. 89. Dependencia entre el mejor rendimiento interno alcanzable. el níunero de Alabes:
y el ángulo de salida p, en una bomba hidráulica. (Según O. H a n s e n j

temente igual a 1, % y 0, respectivamente. El punto E , con el ángulo


02 muy obtuso, todo el aumento de energía se expresa en forma de,
velocidad, mientras que si /?2 = 90°, la energía potencial Hvot es igual
a la mitad de H th
Para el caso de número de
álabes finito rige la ecuación (56),
de la cual podríamos obtener con­
sideraciones similares.
En resumen, puede decirse
que los álabes curvados hacia atrás
Fio. 90. Dependencia entre el mejor ren­ exigen una mayor velocidad de
dimiento interno alcanzable y el ángulo de
salida Pt. para una máquina soplante rápida rotación para una misma altura
c o n d if u s o r d e c a j a e s p ir a l, s in a l e t a s d ire c
t r i c e s a la s a lid a d e l r o d e te . (S e g ú n
de elevación y un mismo diáme­
F . K luge) tro ; o para una misma velocidad
de rotación, un rodete de mayor
diámetro y un cuerpo de bomba mayor que los de álabes curvados
hacia delante. Pero aquéllos funcionan con mejores rendimientos
de álabe r¡h, a consecuencia de la forma más favorable del canal
y, en especial, debido a la menor transformación de velocidad en
presión en el rodete. El aumento del rozamiento en el rodete [ecuación
(87 a), cap. 15, a], debido a la mayor velocidad tangencial, y el au­
mento de las pérdidas por fugas, al ser mayor la presión en la junta
Elección del ángulo /?, del ¿labe a la salida 149

no coíi^gucn anular, por regla general, aquella ventaja. Ambas


perdidas, de las cuales la más importante es el rozamiento del ro­
dete, hacen que el rendimiento total alcance su máximo para un
cierto ángulo 9ue es tant'o mayor cuanto menor es bJD2 es
: decir, cuanto más estrecho es el rodete. La figura 89 da una idea’
: sobre los resultados de los ensayos (}) de un rodete con bJD2 = 0 06 y
diferentes álabes, con ángulos entre 13° 13' y 90°, conservando para
p1 el valor w 20 . El rendimiento óptimo se consigue, en este caso,
para p2 « 30 . En la figura 90 se han representado los ensayos de
un rodete soplante (2), que da el mejor valor para un valor mayor
de p2, o sea, a 42% porque b¿ID2 es sólo la mitad del de la figura 89,
y el ángulo de entrada — como es corriente en la impulsión de aire
según la página 150— es ’
de magnitud casi doble. La
velocidad tangencial perifé­
rica era muy elevada (u2 «
| 345 m/seg.), existiendo, por
? tanto, un fuerte aumento de
11a densidad hacia el exterior
del rodete, con lo cualaumen-
i tan considerablemente el ro­
zamiento del rodete y las pér­
didas por fugas. Hay que te­
ner en cuenta, además, como-'
| veremos en los capítulos 80 y ,
192, que la curvatura hacia *
Melante aumenta la inestabi-
'Hod de las correspondientes
rvas características. F jg. 91. Alabe rectilíneo
En las bombas centri-
5üas sóícT se encuentran álabes curvados hacia_atlás. Los valores co-
meñtés sonpt2 = I4~~a o0°Táünqué“ fara vez mayores de 30°. En los
gases para presiones medias y altas (para las cuales se usan actual­
mente casi sólo rodetes con ensanchamiento radial y una relación
de .radios,'V7! > 2) se emplean álabes moderadamente curvados
hacia atrás, con /?2 = 40 a 60°. Solamente los compresores para
motor de aviación, coia sus enormes velocidades periféricas, se cons­
truyen, por razones puramente mecánicas, con álaLes radiales rec­
tos, /?2 = 90" (fig. 284). Por lo general, existe la tendencia de em­
plear, para los gases, ángulos /?2 tan grandes como sea posible,
a fin de ahorrar peso y evitar números de revoluciones demasiado ele­
vados. Esto se ve claramente en los ventiladores, en los cuales es
frecuente encontrar valores de /92 > 90°. El empeoramiento del rendi­
miento desempeña un papel poco importante, puesto que la altura de
elevación la constituyen sólo las pérdidas de carga (pág. 423).
(l) Dissertation O. H a n se , fig. 34, pág. 35.
(*) F. K luge : Forschung, vol. 11, págs. 228-237, fig. 12 (1940).
150 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

En los álabes axiales y en los radíales cortos (íig. 127) hay que adoptar la cur­
vatura hacia delante, ya que de otra forma el álabe no ejerce acción alguna. Si
se conservan las anteriores suposiciones (c„ = ctm y entrada radial), despreciando
el espesor finito del álabe, podemos calcular el ángulo de salida del álabe, inactivo, j
o sea, el valor mínimo admisible para ¡3t. Según la figura 87 :

tg fftmln —
U,
Se ve que á, puede ser tanto menor, con relación a /3„ cuanto menor es fi/r,,.
o sea, cuanto mayor es el trayecto radial del álabe. El álabe curvado hacia atrás,
es decir, curvatura convexa con relación al sentido de giro, es sólo posible en la
rueda radial con suficiente trayecto radial. Para la rueda axial con r, = r» es
Simín = 5„ es decir, el álabe inactivo es rectilíneo. Por esta razón, el álabe activo
debe curvarse según el sentido de rotación, es decir, hacia delante. Lo misino
norlemns decir mira el rodete radial de álabes cortos. r,/r. 1 . oue encontramos
en los ventiladores. En el rodete radial corriente, el álabe recto A ti flig. yi) tiene
un ángulo de salida /3,x, que depende de fii, según la siguiente ecuación:

eos /J* = eos (60)


como resulta de la aplicación de la ley de los senos al triángulo OAB. Esta clase
de álabes rectos han sido adoptados durante muchísimo tiempo, por razones cons-
tructivas, en los turbocompresores, y hoy en día siguen teniendo todavía impor­
tancia. Se echa de ver que ha de aumentar con /3j. cuando se pretende una
forma de álabe determinada, por ejemplo, una curvatura moderada hacia atrás.

y 25. El coeficiente de presión xp;


fórmula aproximada para la altura de elevación
En muchos casos es necesario tener una idea.del diámetro del
rodete D2, o de la velocidad tangencial u2, que son necesarios para
alcanzar una determinada altura de elevación. En este caso es eficaz!
el empleo del llamado coeficiente de presión xp = 2 g H¡u\, de donde:

H = y$ - (6l|
2g
Esta fórmula 0 se puede deducir directamente de la ecuación funda­
mental, si todas las velocidades varían proporcionalmente a u2, es
decir, si la disposición de los álabes permanece semejante y r¡h
varía. El coeficiente de presión xp constituye una representación sia
dimensiones de la altura de elevación (pág. 439). Poniendo
u2 = n D2 n/60, jja
y agrupando todas las constantes en un coeficiente k, se tiene :
H = k n2 D¿ (62)
En las ecuaciones (61) y (62), xp y k dependen de /?2 y de c2m/u se g u ir
lo dicho en el capítulo anterior. Para el caso de entrada radial, Oq = 90°^
se tendrá:
9 — u2c3u o

(‘) Evidentemente, xp no es más que otra forma de expresar el valor u/V2 aH


corriente en la construcción de turbinas, ya que éste es, según la ecuación (ol),
gual a VT¡xp, si u = ut.
E l coeficiente de presión <p 151 V
resultando :
= ¿9 V hr“~ - = 2 r¡h - ^ f c t gí?2) (63)
ux<i 1 -Jr;P
El grado de reacción r varía a la inversa de xp, y transformando la
segunda expresión de la ecuación (55), obtendremos:
V = 4 Vh (1 — r) (64)
Para expresar xp en función de los valores que se emplean en los pro-
¥ i
r
¥ r 1/
tP
V p
V -
qss p
P £* 710
V *
r P - p r '
Jr*

- 1 P ■l» QfiS
h . j,v
¥ - p ..
CjB- ¥
qss f"
*•
y --
V ■ y -i f
¥ < r- ./
¥ * T*
r fí;
Q9¡ - V ¥ W v
& &

V - 0- 0

5 y constante k de la ecuación (62).


c o rre s p o n d ie n te s a d o s lim ite s d e l c o e fic ie n te d e e n t r a d a * * e n f u n c ^ ó ^ d e 11^,. L a
c u r s a s u p e n o r s irv e p a r a el a g u a ; la inferior, p a r a el a ire

yectos, escribamos: c2m/u2 = c2'/c „ • o con c„ = cl/2 y refi-


riéndonos a la ecuación (61):

c2m__c2m E]¡ - 9 H __ c2m 1/—


u2 co y 2 g H /]/ xp c0 ^
Introduciendo este valor en la ecuación (63), se obtiene una ecuación
cuadrática en y xp, de la que se obtiene por sencillo cálculo :

Vh
v ? - y A2 -f 2
1+ P
siendo

A = e V" l 2 ni
ctg £
1+P
152 Teoría elemental de las ruedas centrífugas

La figura 91 a da una idea de la dependencia de los valores de \p, k y r


de /i2, tomando como parámetro e — c0/|/ 2 g H. Se ha supuesto
c2m/c0 = 1. Vh — 0.85, y p = 0,36. En las formas de rodete rápidos,
que se estudiarán más adelante, así como en los álabes radiales cortos
(capitulo 49), p es mayor y, por tanto, tp y k, menores. Lo mismo pode­
mos decir para las bombas sin difusor de salida. Los valores posibles
para y se encuentran entre las dos líneas dibujadas, es decir, para los
álabes radiales corrientes, y para agua, valores cercanos a la línea su­
perior, y para gases, cercanos a la línea inferior, aunque hay que tener
en cuenta que, en este último caso, se toma un número de álabes ma­
yor que el usual en las bombas hidráulicas, por lo que p se disminuye.
Hay que tener en cuenta que r¡h y, por tanto, también y, crecen al
aumentar el número de Reynolds (o sea, al aumentar el número de
vueltas o la escala de ejecución). Los números indicados se pueden
considerar como valores medios.
-V . .

D. Características de las distintas formas de rodete


26. Desarrollo de las formas de rodete
En las consideraciones precedentes hemos tomado por base el
rodete radial. Ahora queremos ocuparnos también de las otras formas
de rodete, ya mencionadas en las páginas 2 y 3, al objeto de delimitar
sus campos de aplicación. La forma fundamental del rodete radial
aparece en trazo continuo en la figura 92. De ella pueden deducirse
las otras formas- mediante la siguiente consideración. Prescindiremos
de la gran influencia que ejerce el ángulo /?2
del álabe sobre el diámetro del ro d ^ ,- I> %
i*

o en el número de revoluciones determi­


nado^ en el capitulo anterior, y manten­
dremos constante su valor. También per­
manecerá invariable el ángulo ^ de entrada. _
Entonces los triángulos de la velocidad
son iguales. Por tanto, según^la ecuación--^^
principal, todas las-velocidades, jvpof 'con-
siguienfe también ó nD$y*orTproporcio-
fa }/#, mientras que el diámet&jiiy***'"
_ do de' la aspiración y la anchura b2
’dé salida dependen, conforme la condición de Fig. 92. Relación entre las
continuidad, hasta tal punto del caudal diversas formas de rodete
de corriente V exigido, que las secciones
_________________ •___ 1 .
del flujo aumentan proporcionalmente a 1V/c; por tanto, a V ^ H .
Partiremos primero de un caso de funcionamiento concreto, es
decir, de valores fijos de V’ y H, dejando que varíe solamente el nú­
mero de revoluciones. En tal caso, todas las velocidades, principalmente
la velocidad cs en la boca de aspiración, de diámetro Ds, y además c2m,
son iguales, de modo que todas las secciones, en particular la entrada,
permanecen iguales. . - >.
* Pero puesto que n D2 permanece también invariable y Dz es inver­
samente proporcional a n, obtendremos aquí la forma radial conside­
rada hasta ahora, en la que D2IDS es grande y, por cierto, igual a 2,
hasta 3, y que tiene el mayor valor posible con el menor número posi­
ble de revoluciones. Es, pues, la forma de perfil má^lenta que se emplea.
Partiremos de esta forma I, que se ha dibujado de trazo seguido en
la figura 92. Si hemos admitido que cm es constante para el borde
lateral del rodete, también D b = const. Luego, si aumentamos el
número de revoluciones, la arista de entrada se desvía hacia den-
154 Características de las distintas íormas de rodete

tro, por ejemplo, hasta el diámetro D2 de la figura 92. Si se conserva


la misma arista de entrada, el álabe se extenderá solamente entre los
diámetros Dx y D2, obteniéndose la forma reconocida más tarde, en el
capitulo 49, como desfavorable. Para que la longitud del álabe, en reía-,
ción con su anchura, no sea demasiado corta, deberá retirarse hacia
dentro la arista de entrada, acercándose evidentemente más y más
cada vez a la entrada axial, debiendo adoptarse el ála­
be de doble curvatura. El rodete tendrá entonces la
forma II, dibujada de punto y raya, que podemos
considerar como rodete de velocidad media. Si segui­
mos aumentando el número de revoluciones, la arista
de salida sólo podrá acercarse más al eje si la dispo­
nemos inclinada. Resulta así la forma III (fig. 93),
del rodete rápido, en el cual, a consecuencia de la
inclinación, disminuye el valor medio del diámetro de
salida. Para una inclinación más manifiesta de la arista de salida se
obtiene, finalmente, la forma IV, que se representa en la figura 93 a,
llamada rodete axial o hélice, en la cual la arista de salida es casi radial.
Se podrían obtener también las cuatro formas de rodete indica­
das, conservando invariables el número de revoluciones por minuto
y la altura H. y aumentando paulatinamente el caudal V. En tal caso
permanecería constante el diámetro P 2. mientras que Ds y b2 aumen­
tarían con V. En la figura 92 se ha formado de este modo el perfil indi­
cado, de trazos, de un rodete de velocidad especifica media, con la an-
chura de salida b” v el cual es semejante en todas sus partes a la
forma II, desarrollada anteriormente con el diámetro Dó.
Si, finalmente, hubiéramos conservado constantes n y V partiendo
de la forma I, hubiéramos obtenido para H decreciente los otros tres
tipos de rodete, puesto que, por un lado, cs y c2/„ disminuirían—es
decir, la limitación izquierda del rodete se desviaría en el sentido
de un ensanchamiento del rodete —, y por otra parte, u2, y con ello
también D2, disminuirían.
Las cuatro formas de rodete desarrolladas se caracterizan por lo
siguiente :
I Pequeño número de revoluciones por mi­
Forma de rodete I
nuto, o pequeño caudal, o gran altura
(rodete radial)
( de elevación'relativas.
Forma de rodete II ( Número de revoluciones por minuto me­
diano, o caudal, o altura de elevación
(rodete Francis) medianas.
Forma de rodete III ( Gran número de revoluciones por minuto,
(rodete helicoidal) o gran caudal, o pequeña altura de ele­
vación.
Forma de rodete IV f El mayor número de revoluciones por
(rodete axial o hélice) ñuto, el mayor caudal o la menor altura!
de elevación.
Número de vueltas especílico 155

Se puede aumentar la.altura de^deyarión por encima.de los limites


correspondientes al rodete de la forma I, disponiendo varios rodetes
en serie, es decir, adoptando la disposición de varias fases (pág. 3),
para la cual es evidente que entra sólo en consideración esta forma I.
Inversamente, se puede rebasar el caudal por encima del li­
mite de la forma IV, disponiendo varios f ,
rodetes en paralelo. Debido a que la forma IV /
{por la cavitación o proximidad de la velo­
cidad del sonido) sólo es apropiada para al­
turas de elevación pequeñas y, además, por sí 17'
ser generalmente nreferihle la salida radinl /
se utilizan más corrientemente las for­
mas I a III.
En los gases se utilizan poco las for- Fio. 93 a. Rodete axial
mas II y III, por no ser adecuadas para la
construcción con piezas forjadas o laminadas (págs. 3 y 4). Allí
donde serían apropiadas, es decir, principalmente para ventiladores,
se emplean las formas indicadas en el capituló 49, o bien las hélices,
para reducir el coste, debiendo forzarse' éstas, del mismo modo que
se higo antes con el rodete radial. Aplicando varios rodetes en para­
lelo, en el primer caso, o varias fases, en el segundo, se puede cubrir
todo el campo intermedio, correspondiente a las-formas II y III.

**#
27. Número, desvueltas especIljcÁ^'
- _ , *
^ ^ p a diversidad de formas de rodeté^ÉSárrolladas en el capítulo
ajP&ior, precisa una forma sencilla de caracterizarlas. Podemos con­
seguirlo basándonos en los diferentes números de revoluciones por
minuto para unos valores fijos de V y H, denominándose «número de
vueltas específico» el número de vueltas de una bomba geométricamente
semejante a la considerada, pero dimensionada para una altura de
elevación de 1 m. y un caudal de 1 m3¡seg. Este número característico
lo deducimos a base de las siguiente consideraciones :
Supongamos, primeramente, la bomba invariable, y pasemos,
variando las revoluciones por m in u tó la altura de elevación*Hl = 1 m,
•conservando el mismo estado de choque (o sea, por ejemplo, sin cho­
que), con lo cual los triángulos de velocidades permanecen seme­
jantes. Admitiendo un rendimiento de álabe rjh constante, obten­
dremos las siguientes nuevas magnitudes de funcionamiento:

n, == nn JW
____ ii —
—= = número de vueltas relativo
\!H
V
~r= = —— = caudal relativo
]¡H }H
'f 156 Características de las distintas formas de rodete

Y puesto que la potencia útil es proporcional al producto de la altura


de elevación por el caudal,
_ Nn
N nl = M g iV g i N ,■
L- = potencia útil relativa (1 b)
H]/H H]/H
Si ahora queremos obtener un caudal relativo Vx = 1 m3/seg, conser­
vando la altura de elevación Hl = 1 m y los diagramas^ de velocida­
des, no será posible más que variando todas las dimensiones del
rodete. El caudal, debido a la igualdad de velocidades, es proporcional
a la sección; o sea, al cuadrado de las magnitudes lineales: por ejempL,
al cuadrado del diámetro. Sin embargo, el número de vueltas varía en
proporción inversa al diámetro, para que la velocidad tangencial per­
manezca invariable. Las nuevas magnitudes, cuyo subíndice será q,
cumplen las siguientes igualdades :
V j: 1 = D2 : = h$: nf (1c)
o sea:

J /h Y v [ = ^ L
111 ]¡H

r M ( /
(2)
ni = ? j p ü
Hasta hace poco en Alemania se tomaba—contrariamente a lo que
se hacía en Inglaterra (*) y Estados Unidos — el número de vueltas espe­
cífico, en relación a 1 C V de potencia útil y 1 m de altura de eleva­
ción, en vez de referirlo, como ahora, al caudal de 1 m3/seg y a 1 m d
altura de elevación (véanse la 1.a y 2.a edición de este libro). Tomand
1 C V de potencia útil y una altura de elevación de 1 m, con la misma
deducción anterior resulta, poniendo solamente en (1 c) N nv en vez
Hgt s •
n ]/N„
"s = //*/.
o con
y VH
*N„
* n = 75

n = ] / ^ - n f r . 1 /jL n ,
lls | 75 H'i* \ 75 1
Este número característico na(similar al de las turbinas), empleado
hasta ahora en Alemania para las bombas centrífugas, es

(l) En Gran Bretaña se tomaba como base 1 galón ( = 4,546 1) por minuto,
a la altura de elevación de 1 pie (= 0,3048 m), con lo cual riq inglés = 47,13 riq =>
13,0 n ,. En USA, el galón tiene otro valor (3,7851), de modo que riq usa = 51,64 n 9
Si se relaciona con el pie cúbico, en vez del galón, se tiene: n9 = 2,437 /iq.
Número de vueltas específico 157

7eces mayor que el nq deducido primeramente, y para el agua, con


= 1000 kg/m3, es igual a 3,65 nq. El ns tiene el inconveniente de que
en el mismo interviene el peso específico y, por tanto, varía según el
liquido a elevar. Se puede salvar'‘este inconveniente indicando la
clase de liquido para el cual se fija el coeficiente, gpr ejemplo, para
[el agua. -*-•
En este libro emplearemos el valor de nqi según (2), que es apro­
piado lo mismo para líquidos que para gases, y sólo debemos recordar
que del mismo se obtiene el ns, utilizado hasta ahora para el agua,
multiplicando por 3,65 (!).
El número de vueltas específico es independiente, según se ha
visto en su deducción, de la escala de ejecución de la forma de rodete
correspondiente, ya que su reducción a fí = 1 m y V = 1 m3/seg da
siempre el mismo rodete. De acuerdo con laá consideraciones del capí­
tulo anterior se desprende que los números característicos aumentan al
crecer n ó V, mientras que disminuyen al crecer H. Indican, pues,
al propio tiempo la rapidez de maróha, la capacidad de admisión y el
valor inverso de la capacidad de presióruSe^ podrían designar, por
tanto, no sólo como número de vueltaS'^^ecífico, sino también como
capacidad de admisión o.como capacidad inversa de presión.
Para las formas de rodete desarrolladas en la página 154 se obtie­
nen los siguientes límites de número de vueltasj^peotficós :
Forma de rodete I (rodete radial) rodete lento^--'-*'*
' nq, = ? 4 r a 3 8 (na = 40 a 140).
» » » II (rodete Fraijcisfrodete normal - *
nq = 1 4 0 a 300).
* III (rodete helicoidal) Tocféte rápido:
nq = 82 a 164 {ns = 300 a 600).
» # » IV (rodete axial o hélice) rodete más rápido:
nq = 100 a 500 (ns = 365 a 1800).
Se puede adoptar una forma de rodete determinada, o el corres­
pondiente número característico, para cualquier condición de funcio­
namiento posible, es decir, para cada par de valores de V y H, siempre
que se tome el número de revoluciones por minuto conveniente.
.Ño obstante, como el número de revoluciones por minuto se puede
mover sólo dentro de unos límites reducidos y, además, la ejecución
de bombas demasiado grandes, o también de canales demasiado estre­
chos, son prohibitivos, resulta que para cada par de valores V y H
existe sólo un cierto campo del número de vueltas específico ade­
cuado. La libertad de elección queda todavía más limitada, debido
C1) Si se quiere tener un número característico que sea independiente de si
t rodete se emplea en una bomba o en una turbina, deberá referirse a //th = 1 m,
«n vez de a H = 1 m. En la ecuación (2) se sustituirá H por Hm = Hlrjh (en las
turbinas, por H r¡h siempre que H designe la altura de salto). Se suponía aquí que
Ja disminución de potencia por la posición separada de los álabes, esto es, el número
y' de la ecuación (40), página 139, y la corriente de paso no están sensiblemente
influidos por «1 número Re.
IU 1U UC 1U U C IC

a la cavitación en los liquidos y la proximidad de la velocidad de)


sonido en los gases.
La velocidad de las bombas centrifugas se ha ido aumentando,'^
consiguiéndose cada ve? mayores caudales en una sola máquina.
El número de vueltas especifico se refiere, fundamentalmente,
a un solo rodete. Si una bomba tiene i rodetes en serie, de acuerdo-
con la ecuación (2), el número de vueltas especifico de cada rodete
será veces mayor, y si tiene / rodetes en paralelo, ]'/ veces menor
Como ya se ha indicado en la página 155, las formas de rodete
II y III se emplean raramente para los gases, siendo, por tanto,
más amplios los campos correspondientes a las formas T y TV nV>tP-
mendose formas forzadas de propiedades menos favorables, a no ser-
que adoptemos la disposición de rodetes en serie o en paralelo.
a) Influencia de /S2, e=cm l]2gH , c2m/c0my del número de álabe.
La dependencia entre la forma del rodete y el número de vueltas
especifico la hemos deducido suponiendo invariables, en todas las _
formas de rodete, f}2, e y la variación de c„„ asi como el número de
álabes z. No obstante, se utilizará su influencia relativa sobre las for­
mas de rodete para ensanchar el campo de los números de vueltas
específicos prácticamente ejecutables para cada forma de rodete,
y dando, por tanto, si es conveniente, un valor mayor a /?2 al rodete
lento que al rápido, y el menor ^2 posible a la bomba hélice, siempre
y cuando la consideración del rendimiento o la obtención de curvas
características determinadas (pág. 436) no obligue a separarse de esta
regla (por ejemplo, en las bombas de alimentación de calderas). Por la
misma razón se tendrá que aumentar el valor de e al crecer el nú­
mero de vueltas especifico (según se explicará más en concreto en
el capítulo 29), puesto que el ángulo del álabe en el filete de.
corriente exterior sólo puede variar dentro de ciertos límites. La misma
limitación existe para c2;n/c0,n por razones constructivas, debiendo;
adoptarse nuevamente en las hélices el valor 1, corriente en los ro­
detes lentos.
En los capítulos 30 y 31 se indicarán las relaciones convenientes
entre la forma del rodete, el coeficiente de entrada e y el número de
álabes z. En cuanto al ángulo /?2, no existe alguna dependencia formal
con la rapidez de marcha, siendo, por lo demás, distintas las condiciones
para los líquidos que para los gases, como ya se indicó en la página 155.!
La variabilidad del rendimiento manométrico rjh con la escala-
de ejecución (pág. 172) modifica también la dependencia de la forma
del rodete de los valores nq ó ns, lo mismo que las variaciones del diá­
metro del eje, que para un mismo rodete puede ser tanto menor cuanto-:
mayor es el número de revoluciones por minuto adoptado.
b) Expresión sin dimensiones del número de vueltas específico.1
En la expresión representada por (2) ó (4) del número de vueltas espe­
cifico encontramos los inconvenientes de que tiene dimensiones, resul­
tando valores de nq ó ns (nota 1, en la página 156) para los países de
Elección del número de álabes 159

sistema de medidas distinto, con lo cual se dificultan las operaciones


del comercio exterior. Si escribimos

n„ = 77 J l
(5)

se obtiene fácilmente una expresión sin dimensiones, refiriendo, además,


el número de vueltas nal segundo, y el volumen, a la tercera potencia
de la unidad de longitud. La introducción de la aceleración de la gra­
vedad g es necesaria, puesto que la columna de líquido H representa
la diferencia de presiones deseada entre sus niveles superior e inferior,
solamente en el eamno grovedsd de la TLxxa. La anuía y n produce
eJ ampo de gravedad 1 la misma presión que la altura H en el
ampo terrestre. Se entiende por n'q el número de vueltas de una de
las bombas ejecutadas semejantes en todas sus partes, que da para
ma altura de elevación 1, en el campo de gravedad 1, el caudal por
¡egundo 1. Es de esperar que se generalice el empleo de este número
¡aracteristico.
En el sistema métrico, en la expres$jp^5), <7 = 9,81 m2/seg, y si
¡onservamos la referencia a la velocidad n por minuto, se obtiene:
Yv
n '= 0 ,1 8 2 n j — = 0,182 nq ^ (5 a)
V
28. Elección del; número de llabes
La elección de un númej$->de^álabes peque^)-representa tener
ma educida superficie de rozamiento, a d ^ ^8 e'sim p lificar la cons-
pero, al propio tiempo, se aum enta la prpsión rlp áln h p y m n
üo^^iferencia de velocidades entre las dos caras del álabe. creciendo
¡siniismo la doble transformación de velocidad, que va libaría necesa-
lamente a la presión de alabe (fig. /I a). Debido a todo ello, aumentan
as zonas de desprendimientos y las pérdidas correspondientes. Por lo
|emás, al ser mayor la presión de álabe, disminuye la capacidad de
ispiración, es decir, aumenta el peligro de cavitación. Es imposible
,fíucir por cálculo el número de álabes más adecuado, partiendo de
das estas consideraciones.
L Para nuestra deducción supondremos que las condiciones más favorables se
sentan cuando el número de álabes se reduce al mínimo, pero existiendo toda-
una cierta conducción de la corriente. Esto representa que debe existir deter-
da relación entre la longitud L del álabe y el ancho am del canal. Refirión­
os a la figura 109, correspondiente a álabes de simple curvatura,

el subíndice m se refiere a un elemento de álabe medio, L w e/sen


7 sen pm = rm sen/?m/z, se obtiene, poniendo estos valores, después de
;tuar operaciones:
: = 2 ti C sen* /?„ ( 6)

expresión no tiene todavía en cuenta que, con la adopción de un valor de B,n


or, se hacen muy largos los finales de álabe libres A B y C D, que caen en cierto
160 Características de las distintas formas de rodete

modo fuera del canal y que, en realidad no


Por esta razón es de temer que la expresión ( 6 ) nos de valores ae z a e m a s i d u u p e
queños para los álabes con poca inclinación. Esta dificultad se salva tomando, en
vez del cuadrado de sen pm, la primera potencia (*), y escribiendo.
z = 2k ~ sen P„ (7)

€n donde * comprende todos

I = e/sen debe ser proporcional a la longitud


del perimetru del circulo medio del ó abe. -
Para un rodete de forma comente, las letra
v r representan, en la ecuación (7 ) y refiriéndo­
lo s ^ largura 95, la longitud desarrollada y el radio
deí centro de gravedad de la linea media de co­
rriente A B , respectivamente, y ^ » el ángulo medio
del ¿labe de laP línea de corriente que le corres-
POnd!rn ú reV ”T r u 1 ac & ^ í >e'2«xpenmentaL
E s tañto S r cuanto mayor es el espesor d«
¿labe s a la entrada, en relación con e, puesto que
e estrechamiento del álabc a 1a entrada no debe str
demasiado Brande. Se puede tomar con los rodé
tes de fundición k = 6,5, de forma que
(7 a)',
2 = 13 — sen
e
Para las bombas radiales, rm = */« Cri + rt)» e ~ r* r*’ P°r 10 11116
+ 3 .+
6,5
r, + ri -_ 6,5
r- Dt + Di. sen
2
(8)
r,— 2
En los turbocompresores, en los cuales se e ^ e a n á la b j

maTua\U5oeúoqsearepo s ib 1 e 'í o ^ n .c o n d ó n .«
£comonode°urreaeneel S J ’t f S * ! » , E S * * * *5*

(fl8USi,1ecuaciones(7)a(9)sepuedenem
pleartam
biénpa
Fio. 95
laS alEnaioserodetesráxiales se vuelve a la forma de la ecua
ción (6), tomando allí C = 2,5. Entonces puede escribirse:
Tm
z = 5 ti - j - sen1
Pi + P*. (9
2
obien: 2 r 7i 0
zL 2,5 sen
Ji +

resultanforzosam
entedistanciasm
ayoresentrelosálabes.

¡ á É s i
El coeficiente de entrada e

29. El coeficiente de entrada e = c0m/|/2 g H


En primer lugar hay que demoiírar que al elegir un determinado
valor para e queda fijado el ángulo relativo de entrada y, con ello, tam­
bién el ángulo de álabe (Jv
Consideremos las relaciones en el punto ax de la línea exterior
de corriente axa2 (fig. 92) y supongamos asimismo que la arista del
álabe sobresale en la entrada axial, como acontece generalmente en
las instalaciones de gran potencia. Para ello tomaremos por base el
caso general en que c0 se halla arbitrariamente inclinada en una posi­
ción oblicua respecto a la periferia y tiene validez el diagrama de
velocidades de la figura 66, con Uj = ula = ;rDJn/6Q. Entonces existe
un giro en la boca de aspiración y, con ello, una componente tangen­
cial cou en el punto av como sucede con frecuencia en los compre­
sores, en especial en los compresores axiales (pág. 287). A esta com­
ponente tangencial vamos a caracterizarla mediante el coeficiente
relativo de giro: ‘
= (io)
la
que en el caso corriente sin giro es igual a /. J^torrces* el coeficiente
de entrada e queda evidentemente definido por

diámetro Ds de la boca de aspicádKrf esta ligado al caudal V


PQ|J(rcondición de continuidad. Supongamos que la sección de entrada
es igual a k ;rDf/4, en donde k tiene en cuenta la influencia del estre­

del cubo):
r
II

r DI
Entonces,
V - * ”D?c
4
en donde :
nom (^la Cqu) &Qa
Asi resulta :

de donde:
162 Características de las distintas formas de rodete El coeficiente de entrada e 1G3

Para usos prácticos, la ecuación (14) se t/OV/UUt/ U iV jW *


límite del ultrasonido, de manera que en los gases no puede dudarse
; de la conveniencia de grandes ángulos Poa> además de que por ello,
? . = r . 1 / ____ (14 a) conforme la ecuación (14), las dimensiones del rodete se hacen menores.
2 ! n k b , co tg $0 a (No obstante, en las máquinas axiales hay que tener en cuenta la
Pero, puesto que, respecto a la ecuación (13), necesidad de recuperación de las grandes velocidades de salida que
van ligadas a los valores elevados de £.)
ór JiDs n Con los líquidos debiera generalmente darse mayor peso a la
E= t g t f 0a
1/2 gH 60 V2 gH consideración de la capacidad aspirante, de manera que en ellos
los valores pequeños de /90 son lo normal. De todos modos, también
resulta, introduciendo en la ecuación (14) el valor de Ds y después aquí hay que tomar en consideración las ventajas Ho w :j-
‘fe*-* entrada grandes en relación con el rendimiento y las dimensiones del
rodete, en aquellos casos en que la cavitación tiene importancia (por
e= ■Srtg/3,, 1/ 240 n*V ejemplo, en las fases superiores de las bombas multicelulares).
60 1 2 9 < tg ft,. H-l-
“ f t f k i ,tg En especial, es preciso hacer hincapié en que la determinación
I 12
Aquí —— = n$. Juntando los valores numéricos con g = 9,81 nJ/seg, que ha de tomarse afecta tan sólo al ángulo /?0 de la velocidad relativa
de entrada, y no al ángulo del álabe. Por lo común, este último
resulta : ha de ser mayor que /?¿, dado que la influencia- dé la contracción de
.N <5r n 7 (15) entrada y del espesor del álabe predomirfáíT sobre la desviación de en­
e = 0,0341 tg A>. trada (págs. 121 y 282).
T T
Tomando los valores límite de /90a muy amplios, tales como
Esta expresión es la general para el coeficiente de entrada. Según /?0a = 14° a 36°, entonces, según la ecuación (15)jssurta :
,4
ha sido indicado, con ausencia de giro se tiene <5f = 1.
Se echa de ver que tomando £ queda también determinado el £ = (1,25 hasta .2,52) Í0-2 .|.-^=r-) * (16)
ángulo de entrada del álabe /90fi. También se advierte que £ ha de •' \ W ! ..
aumentar al hacerse mayor la velocidad, si es que para /?0a se exigen
En los cálculos práctico$fBs;'^n general, recq^nedÜatle servirse de
valores determinados. Pero esto último es realmente lo que acontece
la ecuación anterior o de la ecuación sto es principalmente
(según será mostrado en los capítulos 37 y 43), y por cierto sin tener
ne^prio en el caso de rodetes axiales,J pues en ellos, tanto el estre-
en cuenta la magnitud de <5r, es decir, la existencia de un giro de en-|
clffliento del cubo k como el número relativo de giro dr oscilan dentro
trada (tratándose de gases). de amplios límites.
Por consiguiente, en el cálculo del rodete habría que prescribir En los rodetes radiales es generalmente dr = 1 ; por otra parte,
propiamente este ángulo /90a y calcular Ds a base de la ecuación (14), •
/ k puede tomarse aquí por término medio igual a 0,8. Con estos dos
lo que seria tan intuitivo como la admisión del coeficiente de entrada £, i valores de la ecuación (16) se tiene :
y tendría la ventaja de que este ángulo impuesto, como es indepen­
diente de la forma del rodete, tiene un valor óptimo conocido. £ = (1,35 hasta 2,71) 10~2 nq'l> (17)
Pero para el principiante es natural partir de la velocidad de o bien, escribiéndola de otro modo:
entrada absoluta c0 ó c0m, esto es, de e. Vamos a determinar ahora
este valor de £ con mayor precisión. = 0,29 hasta 0,58 (— (17 a)
La magnitud óptima del ángulo (}0a puede condicionarse, en el 100
caso del agua, teniendo en cuenta la cavitación (la mayor altura de Las relaciones deducidas hasta aquí tienen validez para todos
aspiración posible), y si se trata de gases, teniendo en cuenta el ultra­ ■los rodetes cuya arista de aspiración se introduce en la boca de entrada
sonido (número de Mach). En el capitulo 37 se mostrará que la capa­ y cuyo punto más exterior ax se encuentra aproximadamente en la
cidad de aspiración óptima se tiene aproximadamente para el ángulo parte cilindrica de dicha boca de aspiración. En los álabes radiales
/90a = 18°. El ultrasonido condiciona, según el capitulo 43, valores esto ocurre solamente para números de revoluciones necesariamente
de j?0a = 32, hasta 35°, magnitud que es casi el doble de la antes ci­ superiores a nq « 45 (n4 = 164). Por debajo de este límite, la arista del
tada. Tanto en el.caso del agua como en el de los gases hay que tener rodete se traslada a menudo hacia la parte radial de la sección
tamién en cuenta la necesidad de mantener pequeñas las pérdidas por del rodete; por consiguiente, detrás de la curvatura, para que resulte
rozamiento, lo cual exige ángulos de entrada tan grandes como el. posible el álabe de simple curvatura. A causa del aumento de Dv
164 Características de las distintas formas de rodete

disminuye /30. Por consiguiente, los exponentes de la ecuación (1/)


habrían de reducirse tanto más en relación con el valor anteriormente
indicado de 2/3, paralelamente a nq, cuanto más se acerca la arista
del álabe a una posición paralela al eje. Es muy corriente hacer igual
a cero el exponente de la ecuación (17) por toda la región del difusor
lento, y elegir:
e = 0,1 hasta 0,3 0®)
Según lo dicho anteriormente, en todas las ecuaciones propuestas,
desde la (16) hasta la (18), se toman los coeficientes inferiores para
los líquidos, y los superiores para los gases.
Con la ecuación (17) se obtiene para la velocidad de entrada com=a]2 g (n* 1 ) ’
siendo en esta eíuación a el coeficiente citado. Esta expresión muestra que e.» no
depende doctam ente de H, como era de esperar, dada la manera cómo ha sido
deducido el valor de e. De todos modos, queda justificada la introducción del coe­
ficiente de e S O a e , pues con ello se establece la conexión con el número de revo­
luciones especifico, y, además, para una misma forma de rodete, c aumenta efec­
tivamente, asimismo, en proporción de 1 H.

30. R e n d i m i e n t o y r a p id e z d e m a r c h a .
L ím ite d e a p l i c a c i ó n d e la s b o m b a s c e n t r í f u g a s

La consideración de las diversas formas de rodete deducidas en


el capítulo 26 muestra que el aumento de rapidez lleva consigo una ]
disminución del diámetro del rodete y, en consecuencia, de la superficie:
de rozamiento, tanto interior como exterior, del mismo. La velocidad-
en los canales del rodete se mantiene generalmente dentro de los
mismos límites, por lo que es de esperar que las pérdidas de álabe;
disminuyan al aumentar la rapidez. Lo mismo ocurre respecto al ro- ]
zamiento de rodete y las pérdidas por fugas, como lo demuestra la j
siguiente consideración. ]
La expresión que nos da el rozamiento del rodete en L\ (8/ fl), ¡
página 107
N r = const. u |D 2y,
se puede escribir en función del coeficiente de presión y, sustituyendo us
por la expresión:
u2 = 1 2 gHjtp,
en la cual y se puede considerar constante para las mismas relaciones
<le salida, o sea, para unos mismos valores de p2 y c2m¡u2. Resultará,
pues: ¡
N r = Jt1 H * / . D | y (19)

si k, = const. (2 g/y)'1'.
De esta expresión deducimos que el rozamiento en el rodete crece
proporcionalmente al cuadrado del diámetro del mismo, para una altura
de elevación dada H. Por ello se tomará el menor diámetro admi­
sible, es decir, el número de vueltas mayor que sea factible. Los ro­
Rendimiento y rapidez de marcha 165

detes rápidos tienen, por tanto, un rozamiento de rodete menor que


los lentos.
En las pérdidas por fugas ocurre ^lgo parecido. De todos modos,
se puede comprobar también que la potencia perdida por fugas es
menor, en relación con la potencia útil, al crecer nq, ya que la sección
de junta disminuye algo. Esta disminución resulta de que la veloci­
dad de entrada cs se toma tanto mayor cuanto más elevado es el valor
de nq, como se ve claramente
de la ecuación (17), empleada
para el cálculo del valor de e.
Por todo lo dicho es de es­
perar que el rendimiento de la
bomba mejore al aumentar nq.
La experiencia lo confirma
plenamente. La figura 96
nos da los rendimientos ob­
tenidos con bombas de una
sola fase, sin directrices de
salida, para pequeñas y me­
dianas potencias (*), construi­
F ig. 96. Aumento del rendimiento con el núme­
das en serie, debiéndose tener ro de vueltas específico, segúnjv KKisam (KSB).
en cuenta que, para un mis­ Curva a : Bombas de-cániara espiral sin difusor
previo. Curva b : Bombas con difusor
mo valor de nq, el rendimien­ de aletas de_ aletas antes de-te' cámara espiral
to depende también del nú­ ' í ' '
mero de Reynolds (o sea, de las dimensiones de la bomJbar.V del nú-
^ r° j e ^ ° ^ uc*ones)' También influye el tipo-.de^tímstfücción (elec-
■Cló° ála^e de simple o doble curvatmTtipo de directrices)
y, un^^Pen taimen te, la calidad de la ejecución (pulido de las pare­
des, tipo de los anillos de cierre) (cap. 32).
De todo lo dicho se deduce que existe un número de vueltas espe­
cifico por debajo del cual el rendimiento de la bomba centrifuga es
antieconómico. Al disminuir nq, resultan los rodetes cada vez más
estrechos. Si tomamos como límite inferior n = 10 (ns = 36,5), se
tiene como condición límite para la elección de bombas centrifugas:
n fV
^ 10 (20 )
I I '>

H'¡
V ;> 100 (20 a)

II £ 0,0464 n'ó V'/. ( 21)

. Por tanto, elegido un número de vueltas determinado (que deberá


,ser lo mayor posible), vemos que para las bombas centrífugas no son
f ;K m sa m : Z. VDI.vol. 94, núms. 11-12(1952); véase también K R üts -
CHi.SchweizerBauz., vol. 209, pág. 63 (1937). ÜTS
'i'U
16C Características de las distintas formas de rodete

adecuados los caudales muy pequeños o las alturas de elevación dema­


siado grandes. Es desfavorable, además, la concurrencia simultánea
de ambas condiciones, o sea, pequeños caudales a grandes alturas. Si en
las ecuaciones ponemos el número de vueltas mayor posible de los
motores de corriente alterna a 50 Hz, o sea, n = 3000 revoluciones por
minuto, se obtienen los siguientes valores limite:
( 22)
(23)
Y nnr pjpmnln empleando la ecuación (22) para H = 30 m, resulta
Vmín = í.82-10-3 m3/seg = 1,82 1/seg, y de la ecuación (23) para
V = 1 lt/s. — 0,001 m3/seg, se obtiene H máx = 20 m.
Para aire, el coeficiente de entrada e es mayor que para agua.
Esta influencia se compensa por tomarse valores mayores para ,
con lo que los limites anteriores apenas varían. En los turbocompré-
sores con carga radial, cuya primera fase acostumbra tener una
altura de elevación de unos 3000 m (a fin de que el número de fases
no sea demasiado grande), se obtiene, según la expresión 20 a, como
límite inferior del caudal:
Vmin = 16,5 - 106/n2 (24)
Por ejemplo, para n = 3000 revoluciones por minuto:

Debe tenerse en cuenta que, para grandes potencias, el limite infe­


rior del rendimiento y también el de la rapidez de marcha deben
tomarse mayores.
Si el caudal exigido es menor, o la altura de elevación deseada es
mayor que los que pueden obtenerse con el número de vueltas elegido
para que resulte un rendimiento aceptable, hay que recurrir a la dis­
posición de varios rodetes en serie, cada uno de los cuales tendrá
mayor rapidez y, por tanto, mejor rendimiento que la máquina de una
sola fase, de igual potencia y número de vueltas. Cuanto menor es V,
tanto menor es para el número de vueltas, adoptando la altura máxima
de elevación admisible por fase (ecuación 21), y, en consecuencia, será
mayor el número de fases. Por debajo de un cierto caudal, distinto
para cada número de vueltas, incluso la disposición de varias fases
en serie deja de ser adecuada. En este caso, la bomba centrifuga tiene
que ceder el puesto a la bomba de pistón.
La influencia favorable de las grandes rapideces de marcha sobre
el rendimiento se compensa, en parte, debido a que el rendimiento baja
rápidamente por otros conceptos (choques de entrada importantes
y formación de corriente secundaria, página 414). Tampoco hay que
olvidar que la capacidad de aspiración empeora (pág. 195) en el caso
del agua, y que la proximidad de la velocidad del sonido tiene una in­
fluencia desfavorable en el caso del aire.
Consideraciones sobre las bombas de varias fases 167

31. Consideraciones sobre las bombas de varias fases en serie


y de varias fases en paralelo
L1
Anteriormente hemos visto que la ejecución de una bomba con
varias fases en serie es necesaria tan pronto como la bomba de una
sola fase, de la misma velocidad, entra en el campo en el cual la curva
7]—nq disminuye sensiblemente, ya que, para un mismo número de
vueltas, la rapidez de marcha de cada rodete de la bomba de i fases
es ¿‘/i veces mayor. Cabe preguntarse si esta preferencia de ejecución
en varias fases en serie puede mantenerse si al elegir el número de
vueltas existe completa liDertaci, pero raramente ucune esiu último.
Para las consideraciones siguientes supondremos, además, despreciable
ia variación del peso específico.
Si suponemos, en primer lugar, que el diámetro del rodete perma­
nece invariable, tanto para la ejecución en una como en varias fases,
las pérdidas por fuga y por rozamiento influirán de la siguiente forma :
Al repartirse la altura de elevación en ijfeses; las presiones engen­
dradas en cada fase-son la i-ava parte'¡''£vEfis pérdidas por fuga la] i-ava
parte, en el caso de que los juegos se conserven iguales (puesto que no
se compara la suma de las pérdidas volumétricas en cada fase con
respecto al caudal, sino las pérdidas de una sol^Jasej'.De existir dis­
positivo hidráulico de compensación del empuje, hay que añadir el
caudal perdido por dicho motivo, pero ello-no" modifica el resultado
en contra de la bomba multicelular,. El rozamiento de los i rodetes de
la bomba multicelular es,,£egún Ta ecuación tit*

(25)

si los subíndices I e i se .refieren, respectivamente, a la bomba de una


y_de varias fases, por lo que el rozamiento de rodete se reduce a la
]/t-ava parte, a pesar de existir mayor número de rodetes.
La suposición de ser iguales los diámetros D2 de los rodetes en la
bomba de una y de varias fases no se cumplirá en la práctica para un
^mismo caudal V. Más bien es D2 mayor en las bombas de varias fases
que en las de una sola, en contra de lo supuesto, siempre que D.,IDS
permanezca invariable, puesto que la menor altura de elevación por
fases exige menores velocidades y, por tanto, mayores secciones.
Queremos considerar esta circunstancia para mayor simplifica­
ción, adoptando para ello formas de rodete geométricamente seme-
;jantes, es decir, el mismo número de vueltas específico nq, para
la ejecución en una y en varias fases. Esto sólo será posible, según la
.ecuación (2), si el número de vueltas de la bomba de una fase es igual
al correspondiente a la bomba de varias fases multiplicado por el fac­
tor i *, y si las dimensiones del rodete de la primera [como se verá más
claramente en la ecuación (36), página 171], resultan de dividir las de
la segunda por i 1*. Por ello empeoran las relaciones en la bomba
168 Características de las distintas formas de rodete

multicelular con respecto a la bomba de una sola fase. A consecuen­


cia de la semejanza geométrica, todas las pérdidas internas por fase, ¡
— es decir, rozamiento de rodete, pérdidas por fuga y pérdidas de
álabe, de lo que sólo se excluye la pérdida de descarga —, están su­
jetas a la ley de Reynolds, según la cual, para un kg/seg de cau­
dal, corresponde una pérdida de energía por rodete: h„ = k u2!2 g,
siendo k una constante que disminuye al crecer el número de Reynolds, •
y u una velocidad cualquiera, por ejemplo, la velocidad tangencial.
Puesto que ahora uj = i u] y, además, la pérdida total de los i rodetes:
_ : k Ul ul (26)
lvi
'2 g 1
las pérdidas antedichas están en la misma relación que kt y kit pero k¡
es menor que k¡, ya que el número de Reynols del rodete de la bomba
unicelular es, a pesar de ser menor el diámetro, más elevado que el de
la bomba multicelular, o sea:

= u*Dj ^ 1ui Dd[X,i = (26 a)


Ret Uí D í üíD í

Además, en las bombas multicelulares hay que tener en cuenta las


pérdidas en la conducción entre fases, que en los rodetes radiales son
de bastante importancia.
Resumiendo, vemos, prescindiendo de la pérdida por descarga,
que, eligiendo un número de revoluciones por minuto más adecuado y
despreciando las variaciones de densidad del flúido, el rendimiento de
las bombas multicelulares es peor que el de la unicelular.
Por otra parte, tenemos una perfecta semejanza geométrica, por
tanto, en el pequeño rodete de una máquina monocelular: hay una
menor rugosidad superficial y una junta más pequeña, cosas que no
siempre pueden conseguirse en los procesos de construcción.
El caso omiso de la pérdida por descarga que de propósito hemos
hecho hasta aquí, sólo puede admitirse raramente. Si se tiene en cuenta
que la energía de descarga es, en el caso multicelular, sólo la i-nésima
parte de la pérdida en el monocelular, quedan fundamentalmente
modificadas las circunstancias en todos aquellos casos en que la recu­
peración es importante, aunque imperfecta. En la bomba y en el com­
presor, el difusor acoplado trabaja con pérdidas. En la construcción
axial, esta influencia es tan considerable que, en general, el rendimiento
aumenta con el número de fases. En cambio, en la construcción radial
(figura 142) son importantes las pérdidas por transmisión entre fases, y
por ello es problemático decidir una cosa u otra. Se echa de ver que la
construcción de un buen difusor final tiene a veces importancia deci­
siva, no sólo en el tubo de aspiración de la turbina de Francis o de
Kaplan,sino también en las máquinas multicelulares, y que las pér­
didas del difusor pueden obligar al empleo de números e ó cp moderados
(página 175).
Leyes de modelos y fórmulas de conversión

Es obligado el empleo de varias fases cuando el número de vueltas


previamente escogido es pequeño (pues entonces la rapidez, impuesta
por ello, es pequeña), o se ha excedido de la altura de aspiración per­
mitida, o se ha pasado del limite del súpersonido. En los compresores
de alta presión, la construcción monofásica exigiría de ordinario núme­
ros de revoluciones demasiado elevados y conduciría muy abajo en la
región del ultrasonido, con sus elevadas pérdidas. También desempeña
aquí un papel la eventual consideración de un intercambio térmico
‘(superficie fría en el compresor).
Por lo general, es de observar que el rendimiento de cada fase
por separado es tanto mayor, según el capítulo 30, cuanto mayor es
el número de vueltas específico del rodete de la fase. Es recomenda­
ble proyectar éste con la mayor relación b¡D posible, dentro de la
limitación que representa la consideración del número de fases.
La disposición de varios rodetes en paralelo es —en cuanto al ren­
dimiento y si se tiene en cuenta el supuesto de la existencia de una
semejanza en los álabes—siempre más desfavorable que la ejecución
de un solo rodete, ya que el número de Rqynglg^disminuye. No obs­
tante, solamente son adecuadas las formas de rodete lento para un
^número de vueltas determinado (bombas de acumulación, máquinas
soplantes para altos hornos), por lo que debe recurrirse a la subdivi­
sión cuando los caudales son muy importantes,.-^•pesiar de que al
propio tiempo puede ser también necesaria la subdivisión de la altura
de elevación, a fin de reducir el peligro de Cavitación o la velocidad
periférica (figs. 280 y 281).

M Leyes de modelos y fórmulas^dtT conversión


p f f iT ddisminuir
i: el riesgo de una ejecución errónea, antes de pro­
ceder a la construcción de nuevas máquinas de gran potencia, es con­
veniente efectuar ensayos con modelos reducidos, pero de ejecución
.exactamentesemejante a la máquina proyectada; o sea, que el modelo
reducido tenga el mismo número de vueltas específico. Los resultados
obtenidos con el modelo nos darán, con suficiente seguridad y a la
escala correspondiente, las características de la máquina a tamaño
natural. Además, existe la posibilidad de poder convertir los resulta­
dos para máquinas mayores o menores, así como también para otra
clase de flúido.
Además de la completa semejanza geométrica (que deberá exten­
derse también a la rugosidad superficial y a los juegos, cosa difícil de
Realizar), se deben cumplir las siguientes condiciones, si se quiere con­
seguir una semejanza completa de la corriente, o sea, una concordancia
absoluta en la estimación de las pérdidas:
Igualdad del número de Reynolds Re = cdjv. Además,
para el agua, igualdad del coeficiente de la superficie de cavitación
(capitulo 37);
para los gases (sin refrigeración), igualdad del número de Mach
i/v características ele las distintas formas de rodete

(o bien el coeficiente de sonido S, de que se tratará en el capítulo 43);


del exponente adiabático x = cp¡cv. (Para más detalles, véanse lo
capítulos 43 y 117.) . ,
La igualdad de la proximidad de cavitación es importante so
lamente en las cercanías del límite de la altura de aspiración adm¡*l
sible. En los gases debe considerarse la igualdad del número de Mach.J
cuando la velocidad del gas es superior a 100 m/seg. La igualdad de
solamente tiene sentido si al mismo tiempo es igual el número de Mach.1
La igualdad de x se cumple, en principio, para los gases cuya molécula]
tiene el mismo número de átomos. En muchos casos es suficiente man-i
tener itnial el niimprn Hp RpvnnlHs Si CP tJpnpn Pn miento tnrlns Ja!
puntos de vista expuestos, serán concordantes no sólo los rendimientos,']
sino también cualquier propiedad en el funcionamiento, tanto para]
el caudal normal como para caudales inferiores o superiores a éste.1
Para obtener el número de Reynolds c d¡v, se acostumbra a tomar]
para d el diámetro del rodete D2, que en lo sucesivo señalaremos por DA
para abreviar. Para c se toma la velocidad tangencial u2, por lo cual]
podremos utilizar para Re las expresiones u2 D/v ó n LP/v, o, según la]
ecuación (61), capítulo 25: ]IH D/v. En la práctica no tiene importan­
cia que la última expresión tenga dimensiones. También puede ad-1
mitirse Re = V/D v, porque V ~ c D2. Esta forma para Re tiene la ven-j
taja de que varía con la forma de rodete, es decir, es proporcional]
a n|, si los otros números Re permanecen iguales. Esto sale a relucir]
cuando, en el campo considerado, se toman diversos modelos, o má-j
quinas con nq distintos, lo cual puede ser necesario para llegar a des-j
cubrir relaciones generales, y, por tanto, cuando ya no existe una]
semejanza geométrica. Hay que considerar si no es mejor tomar]
para D el diámetro del tubo de aspiración 0), pues caracteriza la an-j
chura de los canales.
La igualdad de los números Re en el modelo industrial y en elj
modelo reducido exigiría evidentemente, para este último, un número!
de vueltas exagerado y prácticamente no alcanzable, en el caso de que
la viscosidad cinemática permaneciera invariable. Para el agua se ¡
puede subsanar este inconveniente aumentando la temperatura de la i
misma, la cual deberá utilizarse recircúlándola. Otra solución eficaz]
consiste en el empleo de otro liquido de v menor. Incluso es usual (*)1
pasar a un flúido que tenga otro estado físico —por ejemplo, de agua ai
aire —, que a la presión atmosférica, según página 63, tiene un v consi-j
derablemente mayor que el agua, pero que al aumentar la presión dis­
minuye en forma inversamente proporcional a ésta. Desde luego, no;
se puede alcanzar, efectuando este cambio, el campo de números del
Mach, más interesante. Sin embargo, casi no existe en la práctica este]
inconveniente, puesto que las velocidades corrientes en los líquidos]
(l) A. I. S t e p a n o f f : Proc. Inst. mech. Engrs. Lond.,vol. 73, n.° 5, pág. 508j
(1951), propone en este caso para D el valor V(D{ + DI)I2. ¿
(4) Escher-Wyss-Mitt, vol. 14, pág. 116 (1941).—K eller : Schwelzer Bauz.,!
volumen 110, pág. 203 (1937).
Leyes de modelos y fórmulas de conversión 171

n relativamente pequeñas. Por ejemplo, 500 m de altura de eleva­


ción para aire exigen solamente una relación de presiones de 1,6 y una
■"relación de volúmenes de 1 : 1,044.
Esta posibilidad de adaptación' se aprovecha también en los
'gases, dando al gas en el modelo una presión muy elevada, con lo
cual n, en fíe = n E^/v, alcanza un valor aceptable. Existe el incon­
veniente de que la potencia necesaria aumenta en proporción al peso
específico.
a) Conversión de los rendimientos. Normalmente no será posi­
ble conseguir la igualdad de fíe, y, además, no puede obtenerse la se-
aucjaux-a £<~uiucc¿iia u c ia iu g u s iu d u aupcxixcicw. x ui c u u CXlSte iu
necesidad de una fórmula de conversión para el rendimiento (!).
No existe una relación apropiada para todos los casos. Calcula­
remos las relaciones aproximadas, poniendo el coeficiente de pérdi­
das 1 — t) proporcional a fíe-0, de acuerdo con la ley de Blasius.
5e tendrá :
1 — Vi = ( Rev Y* (27)
1 — Viv VU em 1
en la que el subíndice v se refiere al modelo reducido. El coeficiente a
puede calcularse con bastante exactitud ensayando la misma bomba
a distintas velocidades, con lo cual se suprimeJa-vánación de la rugo­
sidad relativa; no obstante, se puede fijárisin gra^error en 0,1. El em­
pleo para a de un valor considerablemeptfr'Tfienor que el exponente
•0,25, adoptado en la ley de Blasius(3J)7ca pítulo 13, a)^sy¿uede expli­
car por el hecho de que en la'tiorba la resiste^j^énoT m a (pág. 83)
res taa^npórtante como la resistencia d£’íí#r§fmiehto (2). Cualquiera
que(0RT ésta, el exponente se aproxima a 0.
i Pero como se trata de una rugosidad técnica (fig. 43 a) y no de
j| una rugosidad de arena, el exponente no puede igualarse a cero. Hay

(l) Véase también F. S t a u f e r : Z. VDI, vol. 69, pág. 417 (1925).


(*) Otra relación, debida a A c k e r e t (véase A . M ü h l e m a n n : Schweiz.
Bauztg., vol. 66, pág. 331 (1948); además, S. P. H utton: Proc. Inst. mech. Engrs.
Lond., vol. 168, n.°*28 [1954]) es:
* — r¡i í_ / Re„ \-.0
(27 a)
1 — T ¡i V 2 i. Re
En el primer miembro hay que tener en cuenta la resistencia de forma, y en el
segundo, el rozamiento de la pared. Pero es fácil demostrar matemáticamente que,
en la práctica, esta expresión conduce a los mismos resultados que la simple forma
exponencial de la ecuación (27) con a = 0,1. Cabe incluso sustituir la forma más
•general y = a -j- b (Rev/Re)*, en la que ambos valores de pérdidas se hallan re-
artidos en la proporción de a a b, tomando en su lugar y = (ReíRey11, pues a -f b

Ea de ser igual a 1, y i es muy pequeña. La equivalencia de ambas expresiones salta


a la vista inmediaíamente al desarrollar las potencias en serie infinita respecto
a z y a i ¿», interrumpiéndolas en el segundo término. En este caso, el error jamás
es superior a [ln (RevIRe)}1 [(&— £»a)/2] x‘, con tal que Rev/Re < 1. El exponente a
de la ecuación (27) varía, por tanto, linealmente con la razón de la resistencia
por rozamiento a la resistencia debida a la forma, de modo que no hay por qué
pasar a la forma aditiva de la ecuación (27), además de que ésta es menos cómoda
para el uso.
172 Características de las distintas formas de rodete

que suponer qu§ disminuye al aumentar Re (1). Tomaremos valores


medios, pero tendremos presente que en un emboquillado axial re^
sultán valores de a mayores (2).
La semejanza geométrica supuesta en la ecuación (27) no puede
obtenerse, sin embargo, con respecto a la rugosidad de la superficie
y a Ia junta. Esta circunstancia es importante, sobre todo, en máquinas
de poca potencia cuyos canales han de ser fundidos. Nosotros lo tene­
mos en cuenta calculando el rendimiento r¡i0, obtenido en el modelo,
según convenga para la rugosidad relativa de la ejecución principal,
antes de introducir r¡iv en la anterior ecuación. Esto se efectúa to­
mando cp’ rji 0, en vez de r¡iv, en donde el factor cp' es manifiestamente
una función de la escala de ejecución y, por tanto, de D o bien de Dv,
y no puede ser, por caso, el número Re.
Entonces
(28)

La función cp' puede ser determinada asimismo experimental­


mente, investigando máquinas parecidas geométricamente y de ta­
maño distinto, pero ^on el mismo número de Reynolds, esto es, con
el mismo líquido de trabajo y el mismo nD2. Tales experimentos,
desde luego, no existen. No obstante, K. Rütschi ha investigado, erar
pleando agua, bombas de cámara espiral, con el mismo nD, en las qué,
por tanto, Rev¡Re = DV[D. Con el factor de transformación cp que
entonces se obtuvo, la ecuación (28) es :

Si se hace el valor así determinado 1 — (p'rjiV = (1 — <pr}¡v) ( D /D ^


en la ecuación (28), se encuentra :

A este propósito, Rütschi ha encontrado, además —lo cual es im­


portante —, que la regularidad hallada para cp puede aplicarse tam­
bién a rodetes de forma geométrica diferente (por tanto, de un número
específico de revoluciones distinto), con tal que se tome como longi­
tud característica del rodete, no el diámetro exterior D2, sino el diá­
metro de la boca de aspiración del rodete, Ds (fig. 92). Rütschi funda
este hecho en que la magnitud de la sección de los canales de los
álabes no se caracteriza por el diámetro exterior, sino por el diámetro
O Esto se halla confirmado por O. H. D o r e r : Trans. ASME, vol. 68, núm. 8,
por la fig. 21, pág. 844 (1946). Véase también Trans. ASME, vol. 73, n.° 5, pá­
ginas 499-509 (1951), y BWK, vol. 3, pág. 57 (1951).
(‘) B. E c k e r t : informe 171 de la Lilienthal-Ges., Asamblea de Heidenheim,
octubre 1943 ; además, D . G. A i n l e y : Proc. Inst. mech. Engrs. Lond., vol. 156,
página 235 H948).
Leyes de modelos y fórmulas de conversión 173

de la boca de aspiración, lo cual es comprensible. Los resultados de


sus experimentos pueden concretarse en la siguiente ley para los va­
lores <p de la ecuación (29):
1 -2 ,2 1 'id ;'.
1 - 2 ,2 1 ¡D jr,<3°)
en donde Ds es el diámetro de la boca de aspiración en centímetros.
Es natural, desde luego, la potestad de tomar también en Re = n D2/v
este valor Ds por D. Con Re = n LP/v, la ecuación (29) se escribe:
1 -V i I Do.i i nvvD l .o*1
\ n v D2 I (31)
1
— <PViv Do
bien :
, n A r V 3,1 (32)
Vi = 1— (1
— <P Vtv) \ n D v v I

con lo cual r¡{ = r¡¡r]m puede determinarse en cada caso. Estas deduc­
ciones son aplicables a bombas de una sola fase. En el caso de varias
fases, la revalorización parece ser en re^fUfl mayor 0 .
Estas expresiones pueden emplearse también para la conversión
del rendimiento manométrico r¡h. Asimismo sirven para el caso de una
misma máquina, al ensayarla con otro líquido; por ejemplo, bombas
para agua caliente, ensayadas con agua a tempera^ura-ordinaria, o com­
presores de avión, probados al pivel del suelo. (En^el•capítulo 117 se
encontrarán reglas de conversión* más exactas -pSra este último caso.)
También pueden seguirse las variaciones'de rendimiento de. una misma
máquina y un mismo líquido* atrasar de un númej^;d[^vueltas a otro.
JEn esüábaso, v/v0 = 1.
.■^posibilidad de aplicación de estas fórmulas de conversión para
bombas centrífugas y turbocompresores precisa todavía que sus re­
sultados sean sancionados por la experiencia. Existe, en especial, el
inconveniente de no ser aplicables, desde luego, en el caso de pasar
de un campo inferior al crítico, a otro superior (por ejemplo, del estado
laminar al turbulento, o traspasando la capa límite (2), según pági­
nas 83 y 84). Debido al peligro de que aparezcan estos cambios de
estado de la corriente, es conveniente la utilización de las ecuaciones
reducidas sólo mientras ReJRe no tenga un valor muy grande (por
ejemplo, como máximo igual a 20), o muy pequeño (por ejemplo,
como mínimo, 1/20).-Así, no es aconsejable el pasar de agua a aceite de
máquinas, puesto que puede aparecer la corriente laminar en lugar
de la turbulenta.
No hay que olvidar, además, que en los campos anteriormente
dichos puede tener importancia para las bombas hidráulicas el estado
de cavitación, o sea, el coeficiente S (cap. 37), y para los turbocompreso-
Tes, el número de Mach (junto con la temperatura inicial), (capitulo 43).
(‘) F. K risam : Z. VDI, vol. 95, núms. 11-12 (1953).
(*) F. Gutsche: Der Kennwerteinfluss beim Modellversuch Z. VDI, vol. 77,
ágina 1255 (1933), en especial las figuras 4 y 5.
Xá t características de las distintas íonnas de rodete

b) Conversión de H , N , V. La conversión de estos valores


sólo posible con seguridad dentro de los límites indicados anterio
mente. Dejando aparte la variación del rendimiento, según la ecu
ción (32), la altura de elevación, con diagramas de velocidad sem
jantes, es proporcional al cuadrado de la velocidad tangencial,
decir, al producto n D. Siendo, por tanto :

H = -(33

El caudal es igual al producto de la sección por la velocidad, y cree;


por tanto. DroDorc.ionalmpntp a TV*. n T) = n Ffl pnr lo onoi •

V = V — í— f
0 n0 \ D j
Permaneciendo constante el número de vueltas, la altura de el
vación y el caudal crecen, según las expresiones (33) y (34), con
cuadrado y el cubo del diámetro, respectivamente.
Siendo la potencia útil N n proporcional al producto V H,
tendrá de las ecuaciones anteriores:

(3
N n ~ Nn 9 \ n J \ d J
Pudiendo sustituirse la potencia útil por la potencia en el ejeN = 'Nn /
si se tiene, además, en cuenta la variación del rendimiento (x). .
Inversamente, se pueden calcular las dimensiones de la máq
definitiva y el número de vueltas necesario, si se fijan V y H. De (
y (34) se obtiene, después de eliminar n¡nu y D/Dut la escala de ej
cución:

‘- £ - K ( S Í
y el número de vueltas:

■ — . y w
o, utilizando la expresión (25):

La ecuación (37) podría deducirse también directamente de


fórmula del número de vueltas específico nq (2).
La ecuación (36) nos muestra de nuevo que, teóricamente,
puede utilizar un determinado tipo de bomba para cada valor de V y .
ya que siempre obtendremos el correspondiente valor de X.
(‘) Se puede prescindir de las ecuaciones (33) a (35) si se utilizan los coef
cientes usuales en la construcción de turbinas, es decir, los valores del número d
vueltas, del caudal y de la potencia correspondientes a i í = l m y f l = lm .
Leyes de modelos y fórmulas de conversión 175

Olr.a representación. Se utilizan, además, los números caracte-


isticos, sin dimensión, que en gran parte nos son ya conocidos, porque
termanecen invariables dentro de una serie de tipos con el mismo
stado de choque y el mismo rendimiento, a saber:
cc0m _ V '
para el caudal, el coeficiente de gasto <p = — =
ula F o “la
con el coeficiente de entrada (pág. 162)!) e = = —C°m -N )
1/2J f f )
para la altura de elevación H, el coeficiente de presión (pág. 150)
z yn
V=

o bien el Indice de paso 2 _= u2 _


c )/2g H , r,
para la potencia N , en mkg/seg, el coeficiente de potencia
v=

Aqui
• ula = rlaa) = 7rDlaiu n/60,
< ' para
i la sección de flujc) '-r .F0
U es refe-
ido al lugar a que es referido <p\ por tanto, aJa-enTrada
íírada del i rodete.
)e manera que:
con rodete radial (rodete lente// figyxa419^ F0 = nD^by-,
con rodete axial, F 0 = a ^ s* ¿ r¡)/
Si i^&ejefiere a la potencia útil, N entonces, evi-
dentea*T?, la sencilla relación:
v = <PV> (r2Jrla)*
j ' Tratándose de un rodete-axial, es, naturalmente: r2a = rla.
c) Semejanza desde el punto de vista de la resistencia mecánica.
^ semejanza geométrica de dos bombas tiene como consecuencia la
ymcordancia-de las tensiones, siempre y cuando la presión y, en con-
cuencia, el producto n D concuerden también. En caso de no ser
isí, las tensiones crecen proporcionalmente a la presión, con indepen­
dencia de la escala de ejecución, la cual no queda limitada por la
«sistencia del cuerpo de bomba C).
La fatiga, debida al peso propio, crece, por el contrario, propor-
tionalmente a la escala de ejecución A, o sea, con D ; la deformación
jotal, debida al peso propio, crece proporcionalmente a D2, y por esta
jazón no puede realizarse la semejanza geométrica. Con semejanza
geométrica, el número de vueltas critico del eje (cap. 121) varía en
azón inversa a A ó D.
Las tensiones debidas a la fuerza centrífuga se tratarán en el
japítulo 191.
(*) Véase J . J . H o l b a : Problemas de la tensión al planear bombas centrí-
¡ugas. Maschinenbau u. Wármewirtschaft, vol. 3, págs. 35-40 (1948).
176 Características de las distintas formas de rodete

33. Adaptación del rodete


En el caso de que un rodete no dé las características previs"
se procurará adaptarlo antes de construir otro rodete, siempre
cuando aquéllas se separen poco de las deseadas. Las modificación
posibles a efectuar sobre un rodete radial son :
Torneado exterior del final de los alabes en el caso de que
altura de elevación sea demasiado grande. En este caso han de e,!
minarse (*) asimismo las paredes del rodete, siempre que se trate
una bomba de cámara espiral, porque la supresión de la superfr
de rozamiento correspondiente tiene más importancia que el emp
ramiento de la conducción de la corriente. En las bombas con difu*

Fie. 97. C o e fic ie n te k de la e c u a c ió n (38) p a ra e l to r n e a d o d e l r o d e te , e n fu n c ió n


n$ (= 3,65 n g), s e g ú n R ü t s c h i

de aletas, la conservación de la pared del rodete resulta, sin embarg


conveniente en aquellos casos en que se quieren curvas característi
estables (pág. 403), pues la altura de elevación aumenta a vál\
cerrada. También pueden producirse aquí elevadas pérdidas por tra
misión, a causa de la supresión de las paredes laterales, principalmen
cuando existen intersticios libres no sólo entre el rodete y el cue"
de bomba, sino también entre el difusor y dicho cuerpo de bom
En la determinación del valor A D a tornear, hay que tener
cuenta que la altura de elevación disminuye (permaneciendo in‘
riables p y las secciones de salida) algo más de prisa que el cuadra
del diámetro, puesto que la disminución de potencia crece tambi
a consecuencia de disminuir la longitud del álabe. Al propio tiem
disminuye el caudal correspondiente al rendimiento máximo, pues*
que la velocidad absoluta de salida de rodete disminuye, y asimis
disminuye la capacidad de admisión del difusor, que no se ha mo
ficado. Puede suponerse que V disminuye casi proporcionalmente a D

(l) K. R ü t s c h i: Schweiz. Arch., vol. 17, fase. 2, pág. 37 (1951).


Adaptación del rodete 177

Introduciendo un nuevo diámetro D2't calculado de manera que, res­


pecto al valor pretendido H ’, se halle en la relación :
H

disminuye, un poco en general, al aumentar el número de revolu­


ciones especifico, y en las bombas de cámara espiral oscila dentro de
la zona limitada por la línea tra­
zada en la figura 97, con tal que
se tienda al óptimo rendimiento
para el caudal normal. El valor
medio corriente es k = 0,75.

:• Fio. 98. TTi iniliüliiiitii'ilfilIniiríiT Ifii'T-**"'™ Ai liíi'llMii'iili dei dorso del


\ near el rodete, con n¡ = 3,65 nq como . ^>5Tabe para aumentas; ^ { a ltu ra de
F parámetro, según R ütschi. c- *------JU' V ----- * *
como valor inicial de D , y de r¡

m * .
rendimiento varía diversamente al tornear el rodete, según sea
la forma del mismo, y de acuerdo con la figura 98, aumenta al prin­
cipio en los rodetes de giro lento, mientras que en caso de una mayor
rapidez disminuye desde un principio. Esta variación depende, en
alto grado, desde luego, de si, antes del torneado, el rodete y el difusor
estaban correctamente acoplados entre sí.
: Se obtiene un aumento de la altura de elevación para el caudal
orinal si variamos los extremos de los álabes del rodete en el sentido
de un aumento efectivo del ángulo de salida (*), según se indica en
la figura 99.
Torneado de los extremos de entrada de los alabes. El aumento
de caudal que esta operación hace esperar no se produce, o es escaso,
debido a la disminución de la longitud portante del álabe. El aumento
del diámetro de entrada influye en primer lugar sobre el choque de
entrada, cuyo valor es de por sí pequeño.
íl) Véase nota 2 de la página anterior.
(*) P o w e r : Marzo de 1935, pág. 139.

12. P fleideher : Bombas centrífugas.


•> «***??«****‘ ¿'*$*/fl«
de^las;alteraciones; de* form a
y lta d ó m y^íultrason id o M -
En los párrafos siguientes se examinarán algunas propiedades
íp n a/> in lflp rl In r K cm írln c ir rfococ o c o K o r
--r
1. ° Que el agua puede vaporizarse; por tanto, pueden ori
narse en la corriente bolsas ocupadas por el vapor (caps. 34 a 41)
(cavitación).
2. ° Que al rebasar la velocidad del sonido, las corrientes
gas tienen el comportamiento ya señalado en la página 91, y que en
particular los retardamientos en la velocidad super e infrasónica pro­
mueven generalmente un choque de condensación que origina pérdi­
das (cap. 43).
3. ° Que el agua, al aumentar la presión, puede absorber gas
los cuales se desprenden al disminuir la presión (cap. 42).

«(formación de. b
La posibilidad de una vaporización hace que la menor presión
posible en un líquido (prescindiendo del caso, sin importancia, del
retraso de la ebullición) no sea precisamente la presión cero, sino la
presión de vapor saturante, que corresponde a la temperatura del
líquido y que puede obtenerse de las tablas de vapor. Cualquier in­
tento de rebajar nuevamente la presión origina vapor; por tanto,
da origen a la creación de
bolsas de vapor, la llamada
’ cavitación. Los puntos más
peligrosos son los de presión
mínima, y éstos, según Ber-
nouilli, son los de mayor ve­
locidad. En las bombas cen­
F ig. 100. Aumento de la erosión por choque trífugas, dichos puntos se en­
en las ranuras
cuentran en los canales del
rodete, como ya vimos en el capítulo 20. Las consecuencias de la
formación de estas bolsas son :
a) Disminución de la corriente de paso, debido a la disminución
de la sección.
b) Desaparición brusca de dichas bolsas al aumentar la presión
produciéndose los'llamados choques de condensación, que dan origei
a fuertes ruidos. Debido al choque inelástico con la pared, el materia1
Generalidades sobre la cavitación 179

’ de ésta se corroe. En determinadas circunstancias, este golpeteo, pura-


¡ mente mecánico, puede ocasionar en pocas horas las corrosiones tipi-
i cas de la cavitación (fig. 101). Si existen ranuras microscópicas, como
’ las de la figura 100, el efecto es mas intenso en dichos puntos. Por
i tanto, hay que imaginar la corrosión como si el agua que choca con la
• pared produjera primero erosiones microscópicas en los puntos en que
i material tiene menos resistencia, debido a su proceso de obtención o
¡ por oclusiones (por ejemplo, grafito), reforzándose 0) progresivamente
: el ataque. Ello explica la estructura perforada de las corrosiones

F ig . 101. Superficie de función erosionada por la cavitación


. . .. .
__

F ig . 101 a. Corte de la pieza da fundición de la figura Jl)l


.. . . . . . .

^ ¿vi'-' ''’~
(figui^tíOl y 101 a) (2). Tiene mucha influéñéiá’', por tanto, el acabado
de I^piperficies (3) trabajadas. Es importante señalar que las corrosio­
---------

nes no aparecen en el punto de menor presión, sino algo más allá, en


el sentido de la corriente, es decir, donde se produce el choque de
condensación.
c) La disminución de la corriente de paso y la incompleta recon-
iión de la velocidad en presión dan origen a una disminución del
-----

rendimiento y de la potencia útil. En la página 405 ya se ha explicado


que, al ir aumentando el número de vueltas de funcionamiento, el ren­
dimiento aumenta también, pero sólo hasta cierto límite, a partir del
cual disminuye nuevamente (diagrama en forma de molusco).
Las grandes velocidades que motivan en los líquidos el jenómeno
de cavitación, pueden dar origen en los gases a que se alcance la velo­
cidad del sonido, empeorándose el rendimiento, del mismo modo que
en el caso de la cavitación. Los puntos peligrosos para la cavitación

(**) Véase T h o m a : Die Kavitation bei Wasserturbinen, Hydraulische Pro-


bleme. —- F ó t t in g e r : Kavitation und Korrosion, págs. 14 ss..—Además, R. T.
nasT'V 1 63V(19'2)n mechanics’ etc> Proc- Inst- mech- En8rs- (A), vol. 106, pági-
(*) Tomada de Escher-Wyss-Mitt., pág. 33 (1930).
.(*) Véase W. Hahn : Z. VDI, vol. 75, pág. 1283 (1931). — E. W. C.-Mitt.,
página 80 (1933).
180 Límites de las alteraciones de forma
*
son también los más propensos a que en ellos se alcance la velocidad
del sonido en los gases (cap. 43).
„ Elección del material. Es preferible evitar la cavitación que con-
■trarrestar sus perturbaciones, eligiendo un material adecuado. Sin;
embargo, algunas instalaciones deben prepararse para trabajar en el
límite de cavitación, por sencillez o por economía (número de vueltas
elevado, grandes alturas de aspiración, etc.). En tales casos es posible !
se presente la cavitación y, por tanto, es conveniente emplear mate­
riales que sean resistentes a la corrosión. El material debe ser elástico
y resistente a los efectos químicos, y al propio tiempo debe admitir
un buen pulido. Son completamente inadecuados materiales tales
como el vidrio, baquelita o fundición, en especial la gris, mientras que
la perlítica es más resistente. Es muy adecuado el acero perlítico lami­
nar, y todavía mejor el acero fundido al cromo, el acero al cromo man­
ganeso (1) o el acero inoxidable. Los bronces que se utilizan para héli­
ces de buques no son adecuados en las bombas.
También se utilizan con éxito recubrimientos resistentes a la
corrosión, tales como chapas de acero cromo-níquel, y especialmente ;
baños con-materiales resistentes (2) que deben ejecutarse muy cuida­
dosamente. Son completamente inadecuados los recubrimientos con
goma. Hay que resaltar nuevamente la gran influencia del acabado
de las superficies, por lo que incluso hay que evitar las señales de las \
herramientas de mecanización.

35. Altura de aspiración máxima admisible


La cuestión de evitar la cavitación en una instalación de bombas-i
va ligada íntimamente con la altura máxima admisible para la aspi­
ración.
Por altura de aspiración de una bomba se entiende la depresión,
que existe en la boca de aspiración, medida en m de columna liquida,
con relación a la presión que reina sobre la superficie libre del li­
quido que ha de aspirarse (generalmente la presión atmosférica). Por
tanto, su valor es (fig. 102): . h
A . v.- f.i
H s — es + 4* T ñ
2g ; -•ir
expresado en m, según las normas de ensayo VDI (nota al pie de la
página 11), siendo:
e¡, la distancia vertical del eje de giro a la superficie libre del liquido en la
aspiración, si el eje de la bomba es horizontal. En las bombas con el eje vertical,

(l) Para más datos, véase M. v o n S c h w a r z : Zeitschr. f. Metallkunde, vol. 33


(1941); M. V a t e r : Korrosion u. Metallschtz, vol. 20, cuad. 6, pág. 171 (1941);
E. B r a n d e n b e r g e r y P. d e H a l l e r : Schweizer Archiv, vol. 10, pág. 331 (1944).
(’) Engineering, págs. 366 s. (1932). — Schweiz. Bauz, vol. 72, pág. 387
(1954).
Altura de aspiración máxima admisible 181

deUIabe;*1 CCntr° dd eje SC t0ma el PUnt° más aIt0 de la arista de aspiración


Zs, las pérdidas de carga en la tubería de aspiración;
cs, la velocidad en la boca de aspiración.

A este respecto hay que tener presente que la presión mWma


en el punto más alto de la
aspiración, en el caso de eje
i de la bomba horizontal, ha de
situarse en B, y no en la boca
de aspiración (fig. 102).
La diferencia de alturas
e's — es — A /2 es distinta en
las ejecuciones grandes con
relación a las pequeñas, de
modo que .debe eliminarse.
Nosotros salvamos esta difi­
cultad situando el vacuóme-
tro por encima del punto de
cavitación, más o menos a la
altura del punto B, unién­
dolo, mediante un tubo lleno
de agua, con el antiguo punto
de conexión. La depresión
que entonces se lee, se desig­
nará como altura total de as­
piración, existiendo con
alturgf de. aspiración norma
lia ip lá relación:

H's = H s + £ °* ^ Altura geodésica de aspiración


2 d!; j 0mKa centrlfu8a. Distribución de la
eí A S°br.e e nivel de a«ua en la aspiración
en las diferentes resistencias de la aspiración
( 2)
Hi = Tensión de vapor del liquido a la
™ te.mPeratura de suministro.
Si la columna líquida se d h = Dfsminuc ón de presión, suplementaria.
" * - .Altura de aspiración total
mide en metros,

quid": " , temperatura del II-


• y> «n kilogramos por metro cúbico • CU3 ^ °* y el peso especl-
t ,U
aspiración ; 8 drf iPí nle,ce;r"?° de d°"d*“sP‘r"
bomba
ICa ™ Punto B sobre el nivel del liquido en el depósito d¿ ;
la presión en el punto B será :

H b = A — H's
(3)
: Si hubiera allí la mínima presión de la corriente (por consiguiente,
a n B ~ ti,), la altura de aspiración máxima valdría
valdría-

^ i máx — A —- fí¡
inmutea uc iUJ Uivvt nVAU*
,

1
Calculando, según ello, la altura de aspiración para las circuns­
tancias corrientes, se obtienen para e' valores mayores de 9 m, que ,
exceden mucho de los observados realmente.
En consecuencia, en el interior de los canales, deben existir pun­
tos en que la presión es menor que en el punto B. Esto ya se ha visto j
en la página 120, al tratar del número finito de álabes. Si designamos,
esta disminución adicional de presión, existente entre el punto B y
aquel en el cual empieza la cavitación (en la que va comprendida la
pérdida de carga entre la boca de aspiración y el punto B), por A h,
tendremos en la ecuación (3): H B = H¡ + Ah, y resulta la siguiente
altura máxima total de aspiración^

En la entrada del rodete deberemos tener, por lo menos, una presión


igual a la tensión del vapor más A h, si queremos evitar la cavitación
en el interior de la bomba. Esta depresión adicional A h se la designa
como altara de presión críticaTÉsta importa, según la ecuación (2): ■
Ah = A — Ht — (#¡)raáx (5)
Las observaciones directas de la corriente muestran que la cavi- ’
tación se produce ya antes de que quede influido el rendimiento o la
corriente de paso. A veces se observa que poco antes de la dismi-:
nución de rendimiento aumentan algo el caudal o la altura de eleva- [
ción Q). Esta disminución de las resistencias de la corriente debe ser ;
debida a que, al iniciarse el desprendimiento, se produce primeramente
una disminución del rozamiento de pared, sin que se note la estranguT,
lación de la sección. : - ; ,¡
En las bombas con caudal muy variable (por ejemplo, para.ali^
mentación de calderas) se añade al segundo miembro de la ecuación (2)
otro término negativo hk, como resistencia de masa, el cual es propon
^cional a c'L' (c' = velocidad, L' = longitud del tubo de aspiración).;^

36. Causas diversas de la disminución de presión a la entrada


del rodete, o sea, de la formación de la presión crítica Ah '
!
La altura de aspiración alcanzable depende, ante todo, dél valQr
de la presión crítica A h, la cual ha de procurarse sea la menor posibles
Por esto, en lo que sigue queremos considerar las distintas causas quej
la originan, limitándonos en principio al caso de entrada sin choque.^
Las causas de la disminución de presión A h pueden ser: 3
a) La presión del álabe, esto es, la diferencia de presión entá®
las caras anterior y posterior del álabe. Tratándose de álabes muy;
delgados, rodeados por la corriente sin choques, ésta es la única causa
de la disminución de presión. En el capítulo 20 ya se indicó que la pre¿
sión de álabe va ligada a una disminución de la presión representada:’
intuitivamente en la figura 71 a, para el rodete axial, y que en el misma
0) O. W a l c h n e h (nota 1 al pie de la página 201); además, O. H ansen .
(nota 1, página 142).

.
causas diversas de la disminución de presión 183

^capítulo )a fue aducida para explicar la desviación que se produce


2 enlrada<Con una disposición radial, dicha disminución de presión
¿queda reducida rápidamente por la fuerza centrífuga, de forma que
■ m8nCia de la entrada de fla corriente queda anulada (fi-
c¿ T ¿ 0 sea*ciue en determinadas circunstancias sólo reviste ca-
i-racteres débiles (2). No obstante, en cualquier caso el agua penetra en

Pto. 103. Variación de las presiones de álabe en función del radio r en un rodete radial
h¡, presión en la cara anterior; hir en el dorso del álabe ’

e! canal como en un espacio de menor presión, lo cual explica aue la


bomba realmente aspire. r 4
a• V d e t e r m i J i a c i ó n Por cálculo de esta parte A h ' de la disminu­
ción de la presión es ciertamente posible tratándose del líquido ideal
jero resulta excesivamente prolija y poco exacta en la práctica á
causa de prescindirse de la viscosidad. P
- A ^ espe®or íinit0 del extremo del álabe. A causa del espesor
ñmto del borde del álabe, la corriente se ve obligada a efectuar cambios
le dirección, que originan en el punto de remanso B (fig. 104) un
L Í A Jom ada de E. H aqmayer: Dissertation T. H. Brunsvick, 1932- véase
m/ro 6 (sepüembAeRlJÍ925) t KM Tv : Engng> T£kio Imp’ Univ- tomo XIV, nú-
llege, U l p S n> 1 ’ Y YeND0 6n: Rep°rtS Yokohama Technol. Co-
F (,) VoN DE* Ñ üu. (Pá8- 24¡ nota 1, al pie de la pág. 119).
184 Limites de las alteraciones de forma

aumento de presión y, poco después del mismo, la correspondient


disminución de presión, pues los filetes de corriente que fueron des­
viados, son en cierto modo aspirados nuevamente hacia el álabe. En
la figura 104 a se ha dibujado la variación de la presión a lo largo de
un álabe dispuesto oblicuamente. La depresión comienza un poco más
atrás del punto de remanso y es má­
xima en el punto A.
Esta depresión no tiene, eviden­
temente, nada que ver con la men­
cionada en el punto a), originada por
la presión del álabe; existe tanto en
un álabe inactivo como en el que está'
sometido a carga, y se anula sola­
mente para un álabe infinitamente
delgado con corriente sin choques
F ig . 104. Corriente alrededor de la (figura 71).
arista de entrada del álabe. A , punto En la figura 104 a se ha situado
en que la disminución de presión es
mayor. B, punto de remanso. í„ lon­ el álabe inclinado, a fin de que la va
gitud hasta alcanzar el espesor del riación de la presión se represen
álabe s,
en la forma acostumbrada, es decir,
en función de la longitud meridiana x, en el diagrama de la de­
recha. Como se ve, las líneas de presión se cortan entre si, igual que

Presión de remanso

F ig . 104 a. Variación de la presión a lo largo de un álabe, en un haz de paso muy amp


* '¡r
en la figura 103. Las superficies de presión, positiva y negativa,/,
y /2, que aparecen en la figura 104 a, se compensan mutuamente. El
principio del álabe que choca con la corriente es, pues, por lo gener°
inactivo en su conjunto, pero no en sus partes.
La variación de la presión, debida a la corriente que ro.dea, s^ aen
culado según diferentes procedimientos, suponiendo un solo J labe sltuado ^
corriente paralela plana sin límites y sin rozamiento (>)• La depresión resui
tanto mayor cuanto menor es la relación entre la longitud del extremo red
m f W nw fl. z\MM vol 13, pág. 224 (1933); H. P ó t t e r : Über den
Einfíuss der Ausbildúng des Kopfes von Schaufelprofilen, etc. Disertación, Aquis-
grán (1927).
Causas diversas de la disminución de presión 185

{del álabe /, y su espesor s,, o sea, f,/s,. Trasladando estos resultados obtenidos
: para el líquido ideal al haz de álabes radial o axial, y escribiendo la depresión
‘ en la forma:
• uñ
L <5>
siendo w0 la velocidad de la corriente relativa sin perturbación delante del álabe.
El valor numérico para el perfil dibujado en la figura 104 será, si /,/s, = 1,8, A' = 0,38,
con redondeado semielfptico, según Weinig:

; / = 0,373 t J- (2 + 0,373 (6)


|lo sea, con /st = 4,85: > = 0,205;
•con redondeado semicircular, siendo Z,/sl = 0,5: — 2,05.
fH canto vivo da, para una misma relación /,/s,, depresiones algo menores que la
?semielipse; por ejemplo, para í,/s, = 4,85, y ángulo de afilado 45°, A' = 0,12.
' Las depresiones en el líquido ideal son muy diferentes, según la forma del
•redondeado de la arista, pero en el líquido real las diferencias son mucho menores.
i Según los ensayos de E. \Volff (*), todas las formas redondeadas dan casi la misma
-depresión, debido a que la punta de depresión teórica disminuye por los des­
prendimientos de remolinos. Los redondeamientos elípticos y circulares dieron la
[.misma depresión, no existiendo en la realidad las grandes diferencias que exis-
•tían para el líquido ideal. Esto tiene su importancia^:} la práctica, puesto que
i en los rodetes de las bombas centrífugas no efectuar una comprobación
' exacta de las formas iniciales del álabe, y, por otra parte, hay que contar con
depresiones importantes para grandes velocidades de la corriente de entrada w0.
’ Con ?.' = 0,25, se tendrá, por ejemplo, para w0 = 20 m/seg, o sea, u>J/2 g » 20 m,
. una depresión A h ’ = 5 m. Una ojeada a la curva de ensayo de la.figura 103 nos
muestra que también aparece una depresión A h ’ quej}uede'"re’basar el valor
Si la corriente de entrada se efectúa coir éhoque, ajjpienta la depresión en
uno de los lados, como se verá en lá página 201. s**
c) Curvatura de las paredes laterales antes de la entrada del álabe.
En el caso de los rodetes radíales debe desvjM^>Éáruorriente poco
antes^Alos álabes, pasando de la direccióú^xiaT a la radial (fig. 119).
D eljjl^i ello, la presión en A" será mayor, y en A' menor, que en la
Lcorriente sin desviar. Entre las limitaciones interior y exterior se en-
; cuentra la velocidad media com. Si coí es la velocidad en la limitación
interior, es decir, en A ’, se tendrá una disminución de presión con rela-
•ción al filete medio :
: c2___ c2
h"‘ = 01 °m
2 g
?E1 cálculo de este valor presupone el dibujo del diagrama de corriente,
según el capítulo 48.
: Si en la tubería de aspiración existen varias curvas en diferentes
planos, se origina un giro de entrada, debido al cual pueden formarse
espacios muertos junto al eje. En las tuberías de aspiración de gran
diámetro se puede formar este giro, aunque la tubería sea recta, si la
corriente no es simétrica en la embocadura de la tubería de aspiración
.(página 61). En consecuencia, hay que construir cuidadosamente la
‘aspiración de las bombas rápidas de gran potencia, para evitar cual-
(’) Ing.-Arch., vol. 4, págs. 521-544 (1933); B. E. E ckert ha comprobado
también (en mediciones del límite supersónico) que el redondeamiento inicial
ejerce escasa influencia (Congreso Heidenheim, pág. 38).
quier tendencia a la formación de giros en la corriente de entrada,!
por pequeños que sean.
d) Resistencias. Los estrechamientos de sección debidos a unj
número de álabes superior al normal, o a espesores anormales de los I
álabes, aumentan la pérdida de carga, lo mismo que las contracciones
de entrada y las resistencias por rozamiento. Para que éste sea pe-J
queño, las paredes deben ser lisas, y las secciones del canal, hidráuli-j
camente favorables. Se evitarán, especialmente, los ángulos agudos 1
entre los álabes y las paredes laterales del rodete (pág. 265). Las irre- ]
gularidades en la entrada del rodete del tamaño de una verruga, por ]
ejemplo, debidas a la fundición, pueden dar origen anticipadamente \
a fenómenos de cavitación.
e) Cavitación de Junta. En los rodetes que carecen de pared lateral ex-1
terior, que se emplean con frecuencia en los rodetes rápidos (íig. 152), y especial-j
mente en las bombas axiales, se producen sobre velocidades y desprendimientos !
de remolinos en los extremos de las palas, a consecuencia de la diferencia de pre- J
siones entre las dos caras de las mismas, favoreciéndose el fenómeno debido a los 1
cantos vivos. Cuando la depresión es suficientemente grande en el lado de aspbj
ración del álabe — lo que ocurre con alturas de aspiración grandes —, se produ-1
cirán formaciones de vapor que se exteriorizan por fuertes corrosiones deis
cuerpo de bomba o de los álabes. Éstas se pueden reducir disponiendo tiras de 1
plancha en los bordes del álabe en el campo peligroso (l).

37. índice de aspiración, S (Coeficiente de susceptibilidad


de cavitación, a), y el ángulo relativo más favorable J
para la corriente de paso, /90a
Las investigaciones siguientes tienen por objeto no sólo hacer po-í
sible seguir con el cálculo la aparición de la cavitación, sino también!
hallar las circunstancias óptimas. Veremos que tiene especial impor^
tancia la elección del ángulo de corriente /?0a para el punto más exte-;
rior ax de la arista de aspiración del álabe.
La magnitud de la altura de aspiración alcanzable depende, ante1
todo, del valor de la presión crítica, que debe procurarse sea lo menoq
posible. Para determinarlo, consideraremos la forma de rodete de la
figura 105, en la cual la arista de aspiración penetra en la boca de
aspiración, y del que hemos derivado, en la página 154, la hélice como
forma especial. (Esta penetración de la arista de aspiración en la en­
trada axial se usa no sólo en las formas de rodete rápido, sino también
en los más lentos, siempre que se pretendan rendimiento, capacidad
aspirante y estabilidad elevados.) Puede suponerse que la línea 'de co<
rriente que pasa por el punto exterior cq de esta arista es la más ex­
puesta. Esto se comprende considerando que la presión crítica A h
resulta d e :

Aqui Wqy c0son, respectivamente, las velocidades relativa y absoluta de


1l
(») H . M u e l l e r : v o l. 79, n .° 39 (1935).
Indice de aspiración S 187

U corriente, medida en la boca de aspiración delante de la arista


¡de entrada del álabe del rodete. y Xj son coeficientes empíricos, los
puales han de ser determinados de tal manera que el del primer tér­
mino de la derecha represente la depresión que se produce en el canal
por la existencia en él de un exceso de velocidad sobre la velocidad w0
(páginas 129 y 185), y el segundo término, la dismi­
nución adicional de presión, debido a la formación q \l¿
de c0 y al rozamiento. j i
La cuantía de ?,l yy uc
de /"2>
, de acuerdo con las
consideraciones del capítulo anterior, depende de la
forma del rodete y del rozamiento, y, .por tanto,
ts variable eim e amplios límites, siendo, además,
distinta para las bombas y las turbinas. En las
mmbas del mercado pueden estimarse, en prome­
tió, Aj «=0,3, ¿2 = 1,2, según resultados experi-
nentales con álabes de distintas formas, y limitán- F ig . 105. Rodete
lonos al caso de entrada 'sin choque. En caso de radial con la arista
^ dlLpC
iracióannadc-
¡xistir choque de entrada, el valor de aumente* * *antadu
(página 201). Según lo dicho en la páginírT85, la
forma del afilado del comienzo del álabe, en las rejas de álabes, no
fejerce, debido a la viscosidad, la gran influencia que, según los cálcu­
los, seria de esperar para el líquido ideal. Por el contrario, la cur­
vatura de las paredes, la rugosidad, el ^espesor *tTe los álabes y su
distribución d^n origen a grandes fluctuaciones,.imposibles de prever
en los cálculos. Sin embargo, originaií un jumento del valor de ).x hacia
el cubo, de tal modo que, erj^a. 'practica, el lugar^dejdepresión
situarse necesariamente en 1# líncfj:tñ^s externa de

a de la esoala de ejecución será tenida en cuenta en


la página 196. La pequeñez de se explica por el hecho de que el
ingeniero se interesa por el estado en que ya se ha producido una
reducción medible del rendimiento y de la potencia, o sea, cuando
ya ha alcanzado cierta extensión la formación de espacios vacíos. El
valor de Áj debe tomarse algo mayor que 1, por comprender el roza­
miento y también por el hecho de que, según Bernouilli, toda la altura
de.velocidad interviene en un cambio de presión. Así, la presión crítica
se toma como depresión en el lugar de la cavitación, con relación a un
punto (de la misma altura) situado en el campo de aspiración, en el cual
ha disminuido hasta cero la velocidad c0.
Esta definición de A h no está de acuerdo con la ecuación (3),
por cuanto allí se supuso que H' se mide junto a la boca de aspi­
ración, donde reina en realidad la velocidad ca y no la velocidad cero.
De aquí que esta ecuación dé un valor de A h disminuido en c\¡2 g.
Pero podemos prescindir de esta corrección, de suyo pequeña, si com­
probamos más adelante, experimentalmente, los resultados, y emplea­
mos el valor A h, calculado por la ecuación (3). Con ello logramos
una concordancia con la determinación usual de A h. Por otra parte^

/
es necesario el empleo de valores ?«¡, > 1 para llegar a valores ópí
timos conformes.
Es evidente que w0 es máximo en el punto más externo eq de la
arista de aspiración (siempre que no exista un giro de la corriente
opuesto al sentido de rotación del rodete), mientras que c0 general­
mente no varia, o relativamente poco, a lo largo de la arista de aspi­
ración. Por consiguiente, como la inmediación de este punto ax posee
el máximo interés, nuestras consideraciones son aplicables al propio
tiempo al rodete axial, ¿iendo entonces el diámetro Ds, en la boca de
aspiración, igual al diámetro exterior del rodete (fig. 93 a). Las mag­
nitudes pertenecientes al punto ax reciben de nuevo, como en la pá­
gina 151, el subíndice a.
Como variable independiente, utilizamos el ángulo relativo de
entrada de corriente /?0a en el punto ax (o sea, el ángulo comprendido
entre w0 y ula = 7iD s n¡üO), pues con éste queda determinada toda
la entrada del rodete y también A h. Para este ángulo, y, por consi­
guiente, también para el diámetro Ds de la boca de aspiración, existe,
un valor óptimo, como lo demuestra la siguiente consideración. To
memos el caso a0 = 90°, para comenzar, pues asi podemos sustituir
en (7) w\ por u\\a 4- cjj. Entonces, si Ds disminuye desde el infinito
y con él también el valor de ula, c0 crece ilimitadamente y se hace,
infinito con Ds = 0. Desde luego, es evidente que el valor mínimo
de A h ha de encontrarse entre ambos límites.
Pero el diámetro Ds está unívocamente ligado con el ángulo /?oa
siendo, según la ecuación (14), página 161:

en donde k tiene en cuenta el estrechamiento debido al cubo, según

/■■■ ..
!: ;
significa un coeficiente relativo de giro. La ecuación (8) se refiere, por
tanto, al caso general en que existe un giro de corriente en la boc^
de aspiración. Entonces, según la figura 66:

(11

(12
En las ecuaciones (11) y (12) se tiene ula = (;rDs n)/60 con Ds de la
iiLCitiLiuiHiS üe lorma

índice de aspiración (*), que será constante si /?oa y ios valores de Ást
consideran invariables. En este supuesto, la invariabilidad de S coní
tituye la ley general de semejanza para la cavitación, puesto que na
depende de la forma del rodete y, por ende, del número de vueltái
específico. Los valores de S se representan en la figura 106 pan
¿i = 0,3, /g = 1,2, g — 9,81 m/s3, en función de fí0a. Su valor parí
el ángulo óptimo ( ^ a)ópí es : ;
0,96
*Sópt — (17 «j
Ál í Al Á2
Con los valores dados de Áse obtiene, nara el anemia tf. mPíUcmU
ia ecuación (lo), el valor óptimo:
tg (Poa)ópt = 0,316, (/?oa)ópt = 17" 32'.
De manera que un ángulo pequeño de entrada es conveniente pan

F i g . 106. C o d ic íen te de asp iració n S y c o d ic íe n te c avitación a (para >-t — 0,30 y i t "


= 1,20) en fu n ció n de ángulo /W • o viene dado en la form a a (Vi; ‘n r i 4 *, d o n d e J m
= 1—(dn !DSY
la cavitación, lo que habrá de ser tenido en cuenta al proyectar lo
álabes. Pero esta pequeñez tiene validez sólo para la corriente d
entrada. (De ordinario, el ángulo de los álabes ¡$la se toma mayo
que el valor resultante para la ausencia de choque.) í
El valor óptimo para el índice de aspiración resulta, en este caso
calculando según lo indicado: 1
V
2,61.
k A hl3
Como el indice de aspiración S varia solamente cuando lo hace
los valores de 7. o bien el ángulo /?0a, resulta que su valor, tomado <
P) En los países de habla inglesa, a la magnitud n V V/_l = 1¡ Sk • 10
la llama ; ' suetion speciíie speed *, porque por su estructura responde a la del l
mero de vueltas especifico. Véase Z. VDI, vol. 90, pág. 324 (1948).
índice de aspiración S 191

lia ecuación (17) y, por consiguiente, basándose en valores conocidos


gde n, V y A h, es al propio tiempo un índice de bondad que el cons-
Itmclor debe tener en cuenta, independientemente de la forma del rodete.
ÍOscilará,' por tanto, dentro de amplios límites, y ciertamente en
;.el mismo grado que lo hagan las suposiciones de cálculo del cons­
tructor (sobre todo con respecto a la forma y al número de álabes)
.y el cuidado en la ejecución de la máquina. Pero es fundamentalmente
■independíente de la forma del rodete y tiene igual validez para los
(rodetes axiales que para los radiales, tanto para los rápidos como para
¡Jos lentos, en el supuesto de que se ha logrado el meior nunta dp fnn_
;wuutumenio para el máximo rendimiento y que el caudal de funcio­
namiento sea el del cálculo.
i. Como los valores de / tienen en cuenta las influencias del roza­
miento, el índice de aspiración 5 dependerá no sólo de /í0a y de la
;bondad\le ejecución, sino también del sentido de la corriente, esto es,
[de si el rodete trabaja como bomba o como turbina. Es asimismo
importante el número de Reynolds y, por consiguiente, el tamaño de
ia ejecución (págs. 65 y 196).
[ A un valor determinado de S corresponde, según (17), la presión
iritica:
(18)
- í ( w ) : ¿ :
is importante fijarse en que la^altupa .dé elevación H no aparece en
Jas ecuaciones. Esto se commender'pues las dimensipjíé9: del rodete
sólo desempeñan un papel énél lado de la jsjgjxáclífii.’ El trazado y el
pérfil deJífi'alabes tienen tan sólo influenfeíírfen el número y, con ello
(lo mismo que/JgJ, en el índice de aspiración S, que en realidad cons-
¡tituye un índice para que el constructor juzgue sobre las precauciones
^tomadas. Por la semejanza de la expresión de S, según (17), con el
púmero específico de vueltas nq de la ecuación (2), página 156, siendo
= w es fácil relacionar ambas expresiones, sustituyendo
V, en la ecuación (17), por n j * d e donde:

(19)
k VlOO/ U h /
4 magnitud que aquí aparece, AhjH> constituye el coeficiente de
invitación a, introducido por D. Thoma. Se halla con S en la relación
1
(19 o)
' 100, (A'S)V*
según, ello, varia con la forma del rodete proporcionalmente a nq'-
evidentemente, es sólo constante si nq no varia y, por consiguiente,
resulta de aplicación tan general como el índice de aspiración ;
ltodo,hasta el presente es el único coeficiente que mí hu utilizado
las obras especializadas. Lo designamos como coeficiente de sen-
192 Limites de las alteraciones de forma

sibilidad a la cavitación. Su variación se representa también en la.fá


gura 106. De las ecuaciones (18) y (19 a) se deduce que el peligro o*
cavitación aumenta con la rapidez del rodete. .. i
Por los motivos indicados utilizamos en lo que sigue solament^
el índice de aspiración S. ■■
p) Corriente con giro en la boca de aspiración; por tanto,
aoa*90°, <5r^ l .
12f • / ■4
110°
10<f \0
90° C

J so"- C
i &V —
p 10° • a
tr.
0
‘%
T3 ) b1 •‘‘ía
&S0* -av —

* 30a-1
Ote ___ ~
2tf
Va_ I
l c I__

C rr 107 In f lu e n c ia d e u n g iro a la e n t r a d a d e s ig n a d o p o r —1 C ou!u,a


m a g n i t u d e s t a a s d e n i m l t e d e c a v i ta c ió n . L in e a a : á n g u lo ó p tim o Poa e n e l p u n t o s
m agnuuaes u m 1Q5) U n e a b . c o e fic ie n te d e a s p ir a c ió n Sopt

La ecuación (13) da ahora, del mismo modo que en § a, el índice 4e


aspiración: • •

S =
\1 00' kAh'i*
0,09 2g
71 i . . (¿r t g í oa)S+ ( l- < 5 r ) 2
k Icos2^oa sen (ioa,
De aquí puede también calcularse la susceptibilidad de cavitación <|
por medio de la ecuación (19 a). , , ;
El óptimo de 0oa se obtiene igualando a cero la derivada de
expresión entre corchetes, considerando para ello ór como una cor
tante, y se tiene :
1 \2
Aj. + k —1
A (2i);
t g ( ^ o a ) ó p t — ( —)
K+ h
Un giro de entrada (es decir, dr * 1) exige, por tanto, un ai
del ángulo Boa en la arista de aspiración, y esto independientement
de si el giro de la corriente es del mismo sentido o de sentido contrario
Cálculo de la máxima altura de aspiración admisible 193

a Ia rotación del rodete (fig. 107). Llama particularmente la atención


que este aumento del ángulo sea también necesario con giro contrario
;(^r > 1) ¡ aparece, por tanto, un aumento de la componente meri-
idiana cQm y, con ello, una disníínución de D, de acuerdo nueva-
imente con la ecuación (18). f-
; Si se introduce este valor óptimo de /?oa en la ecuación (20), re-
. sulta el mejor índice posible de aspiración para cualquier valor de
:giro de la corriente dr en el punto ax de la arista de aspiración, después
'de una transformación con g = 9,81 m/sa: •

100 0,96
*^ópt = ( 22 )
kA h'i. + *, [ * ,« + *. O _ « * ]
Este índice de aspiración óptimo varía mucho, por tanto, con
;el valor del giro de la corriente <5r, como se desprende de la figura 107,
dibujada para Ax = 0,3, Ao = 1,2. Su valor máximo no se tiene para
una entrada sin giro, sino para un gjip»dg"Tgual sentido que el del
rodete, que se obtiene igualando a cero la derivada del valor del cor-
Schete en la ecuación anterior, siendo:

(df)ópt — (23)

[El índice de aspiración aumenta entonces* según la ecuación (22), y es:

(Sípl)m4j: = 0 , 9 6 | ^ ^ :" ' <24)

valor que, según las curvas dibujadas.es mejor en un 24 % que para


el cateo de ausencia de giro.
La aspiración puede mejorarse notablemente, por consiguiente,
empleando un giro de igual sentido apropiado. No obstante, si se en­
gendra este giro mediante un rodete de álabes (que gira a menor velo­
cidad), puede aumentarse considerablemente. Es de notar que el índice
de rotación ór varía (a pesar de mantener invariable el giro) en fun­
ción del radio r, y que el valor empleado aquí es válido solamente para
el punto Qj de la arista de aspiración (diámetro D3).

38. Cálculo de la máxima altura de aspiración admisible


'< Según la ecuación (4), la máxima altura de aspiración total admi­
sible importa:
= (25)
o la presión crítica:
¿ a = a - íí, -( jí ;w (2 5 °>
13. P f l e id e r e r : Bombas centrifugas.
i'J4 Limites ae las alteraciones ac x.orma

La susceptibilidad de cavitación o para las bombas podemos, por


tanto, expresarla como
(26)
° = -'---------H----------
En las bombas de varias fases hay que introducir aquí, para//, como
es natural, solamente la altura de elevación de la primera fase. Con
agua que posea gran cantidad de gas, en especial si éste es agresivo,
se recomienda tomar H¡ algo mayor de lo que se expresa en la ecua­
ción (1 a).
\ TH i 1 --- «1 r» 'n « ir a sv — Q f t° ’n p f p r m i n a n
a j iiu u u u u v n va i u i.v .. o -------J -v

la presión A h mediante indice de aspiración S de la ecuación (17).


Este valor ha de obtenerse experimentalmente. Admitiendo coe­
ficientes ;.j y ¿a fijos, S viene dado por la ecuación (16) para una
entrada sin giro. En la figura 106 aparece su variación en función
de 0oa. Se ha puesto aquí X1 = 0,3, A2 = 1,2, porque estos valores con-
cuerdan, por término medio, con los experimentales, obtenidos con
álabes de simple y doble curvatura. En la página 190 se ha calculado,
para S el valor óptimo 2,61 con los valores citados allí para /, y es
de notar que dicho valor puede oscilar dentro de un amplio margen, de
acuerdo con el cuidado del fabricante. Estas oscilaciones están acre­
centadas por la dificultad de determinar experimentalmente el co­
mienzo de la cavitación y la estrecha dependencia del grado de_relleno,
es decir, del estado de choque (págs; 200 ss.). A esto se añade to­
davía la influencia del tamaño de la máquina, tratado en la pá­
gina 196. Como el índice de aspiración es un número característico en
manos del fabricante para que éste tome sus precauciones, ha de te­
nerse también en cuenta la influencia derivada de ¡$Qa, que, como se ve
en la figura 106, es muy considerable. Para las bombas del mercado en
las cuales, por regla general, no se atribuye gran importancia a la
capacidad de aspiración, pueden utilizarse como promedio los siguien­
tes indices de aspiración, en los que se ha tenido en cuenta que los
valores bajan mucho al apartarse de la entrada sin choque :
1. El rodete radial cuyos álabes penetran en la boca de aspira­
ción ; por consiguiente, con álabes de doble curvatura, como en la fi-^
gura 105, hay que contar, en las mejores condiciones, con S « 3 .
2. La hélice alcanza aproximadamente 2,4. ^
3. El mismo valor es aplicable a los rodetes radiales con álabes
de simple curvatura y con las aristas de aspiración paralelas al eje.
Es ventajoso si estos álabes de curvatura simple se alargan hacia el
cubo y se cortan oblicuamente (cap. 48). ^
Hay que tener presente que, si el fabricante pone mucho cuidado,
los valores de S pueden llegar al doble o triple de las cuantías indica­
das. En todo caso, se tiene, partiendo de S :
2V'
Ah = í n ‘ • (27) i
\ 100 1 k S
Cálculo de la máxima altura de aspiración admisible 195

y conforme la ecuación (25 a):


2V'
(¿Qmáx = A — H t — (n
km (28)
’ kS
Ejemplo. Para una bomba que eleva 1001/seg con n » 1450 revo­
luciones por minuto y en la que dn/Ds = 0,5 [por tanto, que k, se-
.gún (9), es igual a 0,75], puede calcularse que dará la máxima altura
de aspiración posible, si por lo menos se cuenta con una mediana eje­
cución, con S = 2,4, de la ecuación (27), que d a :
,, L . r. 0.1 Y/. . . .
^ 14 0.75.2,4 I = °’r5m ; •
a) Si la bomba eleva agua fría, en la ecuación (28), H { « 0,2.
Si en el lugar de funcionamiento se toma como base el estado baromé­
trico más bajo, con A = 9,5 m ; resulta, por tanto, una altura de aspi-
pción total de 9,5 — 0,2 — 5,15 = 4,15 m. La altura de aspiración
referida al centro del eje horizontal es entonces^sgún* (2), menor en
gil2. *. •
La influencia de la temperatura del agua en la altura de aspira­
ción puede verse en la figura 108.
P) Si la bomba eleva agua caliente para la alimejíación de cal­
deras por encima de 100° C, o se trata de^ aspiraba condensación
desde el vacío del condensador de-una .turbina de^yapor.'ia presión A
respecto al-nivel del agua aspirada'*^ prácticamente igual a la pre­
sión del vapor H t ; por consiguiente. A.tJ S ¡ = 0, siendo, segusúa ecua­
ción (28) (i): ¿ ^ r f* * *
m m&x = - A h = - ó m ^
La altura de aspiración máxima posible se convierte, en el último
caso, por Ip menos en una necesaria altura de entrada igual a la pre­
sión A h. Por tanto, la presión en el punto más alto de funciona­
miento de la bomba ha de rebasar, en esta cuantía, a la presión
reinante en el espacio de vapor del depósito colector, expresada en me­
tros de columna líquida de agua caliente. Para el centro del eje hay
que añadir el valor DJ2.
Las bombas de condensación trabajan generalmente bajo cavita­
ción, porque su altura de entrada se regula con el caudal V, gracias al
proceso de cavitación (2).
La altura de elevación y, desde luego, la forma de rodete no inter­
vienen en esta forma de cálculo.
b) Entrada en el rodete con giro de la corriente. Aunque la
entrada perpendicular es casi exclusivamente la usual en las bombas,
en la página 180 ya se dijo que se engendra una pequeña rotación del
agua, que entra en el rodete, del mismo sentido que el de rotación
del mismo. En la figura 107 aparece un resumen de la variación de
() Penniíígton expone nuevas investigaciones sobre bombas de agua
caliente en : Proc. (B), vol. B 1, n.° 4, págs. 124-156 (1952). b
(’) G. H u t a r e w : Arch. Wármew., vol. 24, pág. 123 (1943).
196 Límites de las alteraciones de forma

los valores óptimos de/?0(1, según (21), en la línea a, y de S, según (22),


en la línea b. . /n1.
Se logra la mejor capacidad de aspiración, según (21), (2¿),
empleando los mismos valores de A, como hasta aquí:
con el valor relativo de giro : (Ór)ópt — 0*8 í
con el ángulo de entrada: (/Wópt =
de donde el índice de aspiración: (SóPt)máx — 3 3 '
El índice de aspiración S aumenta, por consiguiente, respecto a l
una entrada perpendicular, desde 2,61 a 3,26, o sea, en un 24 %. tn r0' l
duciendo una rejilla de entrada apropiada (cuya resistencia, por su-|
puesto, ha de ser pequeña), puede ser evitada o disminuida a veces laj
cavitación. Esto tiene tanto mayor importancia cuanto que el rendi-1
miento puede mejorarse con un pequeño giro de igual sentido, que se|
puede producir con un rodete directriz adecuado.
Al aumentar el giro de igual sentido o al presentarse un giro enl
sentido contrario, la curva b baja con rapidez y se acerca asintoticaj
.mente al eje dr. Por tanto, el giro contrario hace disminuir en todosj
los casos la altura de aspiración, como no podía menos de esperarseJ
Como es sabido, también empeora entonces el rendimiento. 1
Si el giro de igual sentido ha sido producido por un rodete inter­
calado (caso en el cual éste habría de girar con un número menor de]
revoluciones y propiamente habría de ser considerada como una bom ^
previa), ya no tiene validez la limitación, pues no hay disminución;
alguna de presión que vaya ligada a la producción del giro de la co^
rriente.

39. Influencia del número de Reynolds y, en especial, ■


del tamaño de la máquina en el límite de cavitación
En nuestras anteriores consideraciones hemos supuesto que la*
influencia del rozamiento es una constante, es decir, hemos presan-*
dido de las diferencias en el número Re, de la aspereza relativa, quee$,J
sobre todo (como en la página 169), inevitable al pasar de una ejecu-a
ción pequeña del modelo a otra mayor. Consideremos primero la cuan-*
tía de la susceptibilidad de cavitación a = , A liH, la cual, segunlaB
página 191, es proporcional a n j \ y, por consiguiente, si la forma delj
rodete fuese igual, habría de ser constante, y así podemos tener enj
cuenta el rozamiento, poniendo, por una parte, en lugar de H, el tra­
bajo de los álabes h> y por otra, tomando en consideración que el
rozamiento junto a la entrada del rodete (esto es, entre puntos entre
los cuales impera la diferencia de presión A h) reduce el valor de la
parte zl h disponible para los cambios de velocidad. Entonces se tiena
el índice comparativo: ^
Medidas a adoptar paia obtener alturas de aspiración grandes 197

El valor 1 — £ habría de ser del orden de magnitud de rjh. Si se juntan


'<r¡h(\ — £) en r?j¡, resulta:

l a= ir = %
•H Vh (29)
; en donde el exponente y debe de estar comprendido entre 1 y 2, acer­
cándose al número 2.
ox depende solamente de la forma del rodete. Tomando n como
i característica unívoca para esto —lo que sólo es admisible dentro de
j ciertos limites —, resulta ox proporcional a n^’, e independiente del
i tamaño de ejecución, o del número de revoluciones, o de la clase de
; líquido, además de que el ángulo de entrada ha de oscilar solamente
i dentro de un escaso margen (pág. 163). Supongamos a ojo que el
- exponente y sea igual a 2 (!), entonces hay que considerar a a rftjnlj'
[ como constante. Con una misma forma de rodete, esto es, igual a nq,
| resulta que a es tanto mayor cuanto menor sea r¡h. Las bombas gran­
eáis aspiran, por tanto, mejor que las pequeñas.
I Si aplicamos esta consideración al índice.de Aspiración S con el
| fundamento de la ecuación (19), resultrr'qSe S ha de variar proporcio-
rc álm ente a
De lo dicho se desprende que el tamaño de la máquina ejerce una
Igran influencia sobre S, y, por tanto, en A h, 9,.sea, éh la altura de
I aspiración admisible. Las fluctuaciones de ~S"'obseryadas en la prác-
I tica podrían tener en esto su explicación. (Pqp-otra parte, es de notar
I que en la turbina la influencia del rodamiento es de sentido contrarío;
| por consiguiente, los exponeos.permutan su signo^y^atí las turbinas
| pequeñas poseen una mayor altura de^^gjjpáflSTrt^ que las grandes.)

40. M e d id a s a a d o p ta r p a ra o b te n e r a ltu ra s
de a s p ir a c ió n g ra n d e s

Juntando las ecuaciones (2) y (4) se obtiene la siguiente expre­


sión de la altura de aspiración máxima:
(eXéx = A - H t - Z s- ^ - A h
Según ello, la capacidad de aspiración de una bomba dada puede
| ser acrecentada mediante los procedimientos siguientes.
a) Medidas exteriores a la bomba, a) Emplazamiento tan pro­
fundo como sea posible, porque el valor de la presión atmosférica A
tes elevada. Ésta oscila periódicamente en un ± 5 % con relación a
los siguientes valores medios :
Altura h sobre el nivel del mar en metros: O 500 1000 2000
Presión atmosférica A en metros de columna de agua: 10,3 8,7 9,2 8,1

(l) H. H. A n d e r s o n : Proc. Inst. mech. Engrs. vol. 157, pág. 87 (1947);


extracto Z. VDI, vol. 90, pág. 324 (1948). Se han reproducido a título experimental
en la figura 2, y sugieren un exponente bastante superior a 2, lo cual resulta
inverosímil.
o, en general, A = (1 — 2,4 • 10- 5 /i)5A0, siendo A 0 el valor de A al
nivel del mar (1). Para los cálculos se tiene que tomar el valor dismi­
nuido en un 5 %. Para otros líquidos, A varía en proporción inversaj
al peso específico.
/?) Empleo de agua lo más fría posible, puesto que, según la
tabla de tensiones de vapor, el valor de H t se hace pequeño. Para
tener una idea de la influen-
fft — ' 1 1— ...... cia de la temperatura del
agua, en la figura 108 se in­
dica la variación de la altura
Hp asniración total H[ oarafl
un rodete radial normal, su­
poniendo que para el agua
a 0o se alcanza H's = 6,5 m.
Cuando se llega a los 89° C,
no puede existir en la entrada
de la bomba una presión infe­
S U W SO Sí 100 Ut
rior a la que reina sobre la su-'
Temperatura del agua en °C perficie de aspiración.
F ig . IOS. Altura de aspiración posible Hs en
y) Disminución de las
función de la temperatura del agua pérdidas por rozamiento Zs g
estanqueidad de la tubería de
aspiración, es decir, adoptar diámetros grandes, longitudes lo más
cortas posibles y evitar codos de pequeño radio de curvatura, que,-<
desde luego, no deben situarse en distintos planos. Para dimensio-
narla se partirá de una velocidad del agua de 1 a 2 m.seg, siendo
necesario, por tanto, un cono
de estrechamiento en su unió
con la entrada de la bomba.
No es recomendable tomar me­
nos de 0,8 m/seg por el peligro
de separación de aire y de oxi­
dación (incluso en tuberías de
F ig . 109. Supresión de bolsas de aire en el impulsión). Lo más ventajoso
cono de entrada a la bomba es una tubería corta que suba
verticalmente. Si esto no es
posible por razones locales, el tubo de aspiración deberá llegar a la
bomba con una pendiente ascendente de por lo menos 2 cm por metro
de longitud, para que no se puedan formar bolsas de aire, que disminu­
yen la sección y pueden provocar el desencebado de la bomba. Si no se
puede evitar que la tubería tenga un punto alto, será preciso colocar
en este punto un aparato para sacar el aire (por ejemplo, un eyector).
Los conos de unión, instalados horizontalmente, se deberán construir
de forma (fig. 109) que la generatriz superior sea horizontal. Para
evitar la entrada de aire por falta de estanqueidad, la tubería de as-

(>) Z. VDI, vol. 86, pág. 555 (1942).


Medidas a adoptar para obtener alturas de aspiración grandes 199

piración se deberá ensayar con presión hidráulica antes de la puesta


en servicio. Si está instalada en zanjas del terreno, se emplearán uniones
de enchufe y cordón, en lugar de pletinas.
Si los tubos de aspiración son dé gran diámetro, hay que disponer
la entrada del mismo, en el pozo de aspiración, de forma que no se
produzca ningún movimiento de rotación del agua que penetre en el
tubo í1) (véase también capitulo 36, c)
ó) Disponiendo una bomba de alimentación, situada lo más
bajo posible y que trabaje con un número de vueltas reducido (2). Una
forma especial de ejecución, que se emplea a menudo en pequeñas
inctolopinnpc rnncic+p pn lin o h n m h n fl? r h n r r n alimentada DOr el
agua de la tubería de impulsión e instalada al
pie de la tubería de aspiración (fig. 110).
b) Medidas a adoptar en la bomba. Consis­
ten en mantener pequeña la presión critica A h,
y sólo se deben adoptar en bombas multicelula­
res, en la primera fase.
a) Número de vueltas específico lc^menor
posible y adopción del ángulo de éntráaa más
favorable para evitar la cavitación. Subdivisión
del caudal, manteniendo el número de vueltas
de funcionamiento. La subdivisión de la alturajle-
elevación sólo es interesante cuando.¿e.-dismlnuye
simultáneamente el número de./vueltas.
■(i) Superficies de álabe grandes-penetrando
la arista de entrada en ^em bocadura del
dete, incluso en los rodetes lentos "
bién interesante para obtener una curva cau-
dabaltura estable (pág. 410)]. Un aumento de la F ig. 110. Dispositivo
superficie portante de los alabes, mediante el au­ de cebado con válvula
mento del número de álabes con relación al nor­ de Stockerau-Viena)
pie (Ernest Vogel,

mal, no produce ninguna mejora, debido al estre­


chamiento de la entrada. La adopción de un número más reducido
de álabes disminuye la altura de aspiración.
y) Evitar violentos cambios dé dirección en la entrada del
cuerpo de bomba y en la boca del rodete.
<5) Paredes lisas y ángulos lo más abiertos posible en las seccio­
nes de entrada de los canales del rodete.
e) Empleando un difusor de entrada con giro insignificante del
mismo sentido (c0u/ux « 1/5 a 1/8), se aumentará la capacidad de
aspiración. En los álabes de doble curvatura hay que tener en cuenta,
en tal caso, la disminución de presión que se produce al acercarnos al
eje. Si se debe conservar la entrada perpendicular, es conveniente
situar antes del rodete un dispositivo de guia, que ofrezca escasa resis­
tencia, cuando existen fuertes cambios de dirección en la tubería de(*)
(*) Véase \V. H. F raser : Trans. ASME, vol. 75, págs. 643-653 (1953).
(‘) Véase J. W. M cCo n a g hy : Trans. ASME, vol. 74, pág. 87 (1952).
200 Límites de las alteraciones de forma

aspiración. También puede originarse un giro previo que favorezca la


capacidad de aspiración por rozamiento en las paredes de entrada,
mediante ranuras o salientes que provoquen fuerzas tangenciales a
suficiente distancia del rodete.
El empleo de álabes ranurados (*) no ha tenido ningún resultado.
Por el contrario, la introducción de aire en la tubería de aspira­
ción^), o también inmediatamente en el punto de formación del espa­
cio muerto, han dado buenos resultados.

41. Cavitación en el caso de entrada con choque


Hasta aquí hemos considerado el proceso de cavitación sólo para
el caso en un caudal normal; por tanto, con una entrada sin choque.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el peligro de cavitación
aumenta cuando se ha pa­
0__
sado a un caudal inferior o
50 c superior al normal.
7/i En la entrada sin cho­
que, el punto de remanso de
la corriente está situado en la
VC arista de entrada del álabe.
n -HOC r. p. nt. 1 Según las consideraciones del
capítulo 19, al existir choque,
de agua

deberá buscarse el punto


H<r
1I
de presión mínima én la ca­
30 '
ra de aspiración del álabe,
d e c o lu m n a

, aproximadamente a la al­
i tura de la sección de entrada
3
(figuras 71, 71 a y 77). Si au­
i.

f V
_ ■0.70 menta el ángulo de entrada/?0,
20
el punto de remanso, que
-y — representa el punto de máxi­
r : ma presión, pasa a la cara
10 de aspiración del álabe, ale­
\o_.
tí \3 ■0,VO
jándose de la arista en direc­
-
ción de la corriente, tanto
llteg. más cuanto más aumenta el
ángulo de entrada con rela­
F ig . 111. Influencia de ln altura de aspiración en
la forma de la curva característica caudal-altura ción al de entrada sin choque.
El punto de presión mínima
pasa entonces hacia la cara de presión, con lo cual la linea de co­
rriente del punto de remanso rodea la arista del álabe. El valor de la
disminución de presión aumenta para este estado de la corriente,-
debido al aumento de la velocidad de la corriente de paso, por lo
m Según DRO. 443163; véase nota 1 de la pág. 122 o de la 277.
(=) Z. VDI, pág. 398 (1938).—O. M iyagi : Technol. Rep. Túhoku Lnlv.,
volumen 9, n.° 2, pág. 290 (1930).
Cavitación en el caso de entrada con choque 201 ^

cual, con caudal superior al normal, es de esperar se presente la


cavitación.
•Si, por el contrario, la corriente de paso, y con ello el ángulo de en­
trada, disminuye con relación a la entrada sin choque, el punto de
remanso pasará a la cara de presión del álabe (* *) (fig. 369). El punto
depresión mínima se mantiene en el lado de aspiración, aproximándose
a la arista del álabe, con lo que
aumenta la depresión A h, si, por
B
otra parte, la altura de velocidad 'V
no disminuyera al bajar el cau­ il
dal. En los álabes de doble cur­ s
vatura se observa con menos \
frecuencia el fenómeno de cavi­ " i máx ir
tación con caudal parcial, de­
bido a que en la parte exterior
de la entrada se origina el es­
pacio muerto B, representado
en la figura 253 a, y, por tanto, u \— \~A A» r v
\ - \ ' 1 lili— — — 1*7
se suprime la región peligrosa.
La figura 111 representa las
curvas características (2) para L im ite de la cavitación completa
I e n el lado de presión
diferentes alturas de aspiración, Comienzo de la cavitación en el la do£ /
que confirman las anteriores ___ d e presióifjU m ite a d m isib le)
Comienzo de la cavitación
consideraciones. Como puede en el lado de Id aspiración
verse, la caída de la curva es
***>». A
particularmente acentuada paia-y
caudal superior al normal; pero «L,f
también en el campo de los cau­ ¿ ti
dales reducidos aparece un des­ Iheg.
censo de las curvas caudal-altura, F ig . 112. Variación del coeficiente de cavi­
mientras que las curvas de ren­ tación a en función del caudal, para una bom­
dimiento presentan sólo peque­ ba de las caracteristicas indicadas, a 2970
r. p. m. (Según R . D ziallas )
ñas variaciones.
Si mediante ensayos se determina para cada punto de la curva
caudal-altura el valor del coeficiente a, del modo indicado en las pá­
ginas 80 a 84, se obtiene el valor mínimo de a, que es aproximadamente
algo superior al caudal normal y que aumenta considerablemente al
aumentar éste. Por medio del estroboscopio es posible observar direc­
tamente el proceso de cavitación y obtener con ello una información
más exacta. Con ello se puede comprobar también la cavitación en el
lado de aspiración, indicada antes para el caso de caudal inferior al
normal, lo que de otra forma es difícil conocer por exteriorizarse débil­
mente en forma de disminución reducidísima del caudal o del rendi-
(*) Véase tam bién O. W alchner : Profilmessungen bei K avitation, H ydrau-
lische Problenie des Schiffsantriebs, editado por Gesellschaft der Freunde und
Fórderer der H am burger Schiífbau-Vers.-Anst. Hamburgo (1932).
(*) De la disertación de W. von der N üll , véase la nota al pie de la pá­
gina 127.
ju in n tc a u c iud tillc itic iu iiC d uc lUilUcl

miento. R. Dziallas (^obtuvo de esta forma, para una bomba de las


características indicadas en la figura 112, la variación de a que se
indica en el límite de cavitación, distinguiéndose la cavitación del lado
de aspiración y del lado de presión. La linea obtenida, y dibujada por
completo, para la cavitación del lado de presión, determina el inicio
total de la cavitación en el lado de presión. Para el comienzo de la cavi­
tación nos sirve la linea de punto y raya. Solamente está libre de ca- |
vitación la región comprendida entre las líneas rayadas. Si el caudal es
menor que el correspondiente al punto B de la curva caudal-altura,
no se observará, en el rodete de la bomba de que se trata, ninguna cavi­
tación. nnrmift a la entrada del rodete se. produce un movimiento de
^ rotación del agua que dismi­
nuye la velocidad relativa. Esta
Limite de la cavitación rotación es debida a la corriente
— completa en el lado de
i presión de retroceso del agua procedente |
Comienzo de del interior rodete, según lo di­
cavitación en cho en la página 412 (fig. 235 a),
lado de presión
(limite admisible) es decir, a la posición inclinada
de la arista de entrada. Cuando
M. columna 3 Comienzo de la el caudal es muy reducido, es
de agua cavitación en el
+4r O lado de
aspiración
posible que se presente la cavita­
ción a la entrada del difusor de
r* aletas, en el lado de aspiración;
I° de las mismas, a pesar de que
A -i
allí la presión es elevada.
-6
Si por medio de la ecuación
io ío-ío n 50 so to so anim o (19) se determinan los índices
Vx -
Fia. 113. Valores del coeficiente de cavita­
de aspiración tomando por base
ción de la figura 112 los valores de a (suponiendo
k = 0,75), se obtiene la curva
representada en la figura 113, con el valor óptimo S = 5,2, con caudal
ligeramente superior al normal. Se ve que, a partir del valor óptimo,
los índices de aspiración disminuyen a ambos lados. Los efectos que
esto produce en la altura de aspiración los revela la curva dibu­
jada debajo, correspondiente a (LT¿)máx. Según esto, la bomba aspira
en las.mejores condiciones cuando se tiene un pequeño exceso sobre
el caudal normal.
Este trazado característico de S es también aplicable a las bom­
bas axiales (2), con la circunstancia de que aquí el índice de aspi­
ración más favorable se desplaza tanto más hacia un caudal superior
cuanto más aplanados son los perfiles de los álabes del rodete. Según
aparece en los resultados, se obtienen los valores de funcionamiento
que se desprenden de las líneas características de una bomba axial.

(») R. D z ia l l a s : Z. VDI, vol. 89, pág. 44 (1945).


(*) Véase también Y. S h im o y a m a : Experiments on rows, etc. ; Mem. Fac.
Engng. Kyushu Irap. Univ., vol. 13, n.° 4 (1938), especialmente las páginas 319
a 332; además, K l . S a a l f e l d : Diss. T. H . Brunswick, 1954.
1-ormación de espacios muertos por desprendimiento de gases 203
l
Es digno de notarse, a este propósito, que los índices de aspiración
: obtenidos para las bombas radiales y axiales, a pesar de las diferen-
. ciasjde construcción y de los métodos de medida, difieren poco unos
[■de otros. i-!
I

42. Formación de espacios muertos por desprendimiento


de gases
La disminución de la presión hace que se desprenda aire disuelto
‘ en el agua, y ello da origen a la formación de espacios muertos. Según
i Ja ley de Henry Dalton, el volumen de aire disuelto en un líquido es
r independiente de la presión y depende sólo de la temperatura, la cual
[ al aumentar hace disminuir el volumen disuelto. Por ejemplo, el agua
;■a 20a C disuelve 0,02 partes en volumen; a 100°, 0,015. Debido a ello,
[ al subir el agua por la tubería de aspiración, al disminuir la presión
l atmosférica de C hasta hv el aire disuelto aumentará de volumen
Í -A/Aj veces y se desprenderán 0,02 (A/Zq— 1) pqrte» en forma de pe­
queñas burbujas, si tiene para ello tiempe/Suficiente.

La formación de espacios de aire es menos perjudicial que la for-


\ inación de espacios de vapor. No se tiene el fuerte ruido y la corrosión
\ del material, a no ser que al propio tiempo se produzcan acciones quí-
; micas. La disminución del rendimiento no se- nota hasta alcanzar un
valor importante el desprendimiento .'de aire. §e-*puéden amortiguar
los efectos de la formación de espacios^ de vapor, suministrando aire
en el lugar donde se producen, deL.idb-a que el c o n te n id as aire actúa
como amortiguador. •
En el agua con gran saturación de aií$tr^= a¡as (siendo a el con­
tenido de aire y as el máximo que puede tener en disolución), al bajar
la presión, se forman primeramente espacios de aire y luego espacios
de vapor. En esta formación de espacios de aire debe subsistir funda-
; mentalmente (L) la ley de semejanza o = A h¡H, si sustituimos la ten­
sión del vapor Ht por la de saturación del aire, o sea, la presión en la
■cual la cantidad de aire disuelto a = a¡as = 1.
Esta-formación inicial de espacios de aire es de poca importancia
en la práctica, puesto que tiene pocas consecuencias desfavorables
í para la bomba, a no ser que exista una sobresaturación extraordinaria,
í o gases químicos agresivos, en vez de aire. Es importante señalar que
; la formación de vapor de agua, es decir, la cavitación, queda poco
^influida por el contenido de aire; por tanto, el número Smáx crítico
t ó ffmin, que es el decisivo para el descenso del rendimiento y co-
r mienzo de las corrosiones, se mantiene bastante constante con inde-
►. pendencia del contenido de aire. Sólo existe una influencia apreciable
[ cuando las presiones de impulsión son pequeñas (2).

i , C) E s c h e r -W y s s : Mitt., págs. 90 (1940); véase, además, F. G u t s c u e : Schiff-


, bau, vol. 40, pág. 196 (1939); resumen en Z. VDI, vol. 83, pág. 1149 (1939).
(*) Z. VDI, vol. 86, pág. 412 (1942). . v 8
204 Límites de las alteraciones de forma

43. Límite de ultrasonido en los compresores (*)


En el capitulo 14, página 91, y en el capítulo 34, página 178, ya se
ha dicho que, en una corriente de gas retardada, la velocidad super­
sónica conduce al mismo choque de condensación y, por tanto, a la
misma disminución del rendimiento que la cavitación en el caso de
una corriente de agua. Por consiguiente, las velocidades de los gases
en el compresor han de permanecer, en lo posible, por debajo de la
velocidad del sonido.
Mientras que, tratándose de la cavitación, la presión existente
hubo de compararse con la presión de vapor, ahora es igualmente im­
portante la relación entre la velocidad y la velocidad del sonido, o sea,
el número de Mach. La velocidad de propagación del sonido se da en
las ecuaciones (53) a (56) de la página 87.
En la densificación de los gases por disminución de la velocidad,
se presentan, además del choque de condensación, otras pérdidas, la i
causa de las cuales es, en parte, el calentamiento por el rozamiento
(página 24) y, en parte, el aumento de la sensibilidad frente a dilata­
ciones considerables (pág. 90). Por estas razones, el valor óptimo del
rendimiento se halla siempre por debajo del límite del ultrasonido.
Esta disminución prematura del rendimiento resulta inevitable. (Está en
oposición con el comportamiento en caso de cavitación, pues entonces el rendi­
miento o bien permanece invariable hasta que se llega a la formación de espacios
huecos, o bien vuelve incluso a subir poco antes de su descenso.) Ello muestra que
puede ser oportuno quedarse bastante lejos del limite del ultrasonido al disponer
el compresor. ,
Pero existen casos en que uno ha de resignarse a una disminución adicional
del grado de rendimiento, condicionada por una disminución considerable de la
velocidad, y ha de llegarse hasta el límite del ultrasonido. Aquí vamos a ocuparnos
en este límite. Al hacerlo queremos tener en cuenta que, según lo dicho en la pá­
gina 75, un choque de condensación poco intenso no origina mayores pérdidas que
una disminución constante de la velocidad (’).
El lugar de máxima velocidad en el compresor es generalmente
el mismo, que resulta perjudicado por la cavitación en el caso de una
corriente de agua (pág. 179). La analogía con los fenómenos de la cavi­
tación tiene amplia validez. Teniendo presente que a es proporcional
a la raíz cuadrada de la temperatura absoluta y que en el lugar en
donde la presión ha aumentado se ha hecho también mayor la tempe­
ratura, se ve que, en el dominio de las presiones crecientes, los aumen­
tos locales de velocidad conducen casi tan raramente a las proximida­
des de la velocidad del sonido como a la cavitación en el caso de co­
rrientes de agua. De todos modos, no debe perderse de vista que la
temperatura no sube tan de prisa como la presión, y por esto en las
zonas superiores de la presión apenas hay cavitación, aunque sí pue­
den presentarse números de Mach mayores que 1. Por tanto, al princi­
pio , el ultrasonido se presenta casi siempre en la corriente de entrada
(>) C. F l e i d e r e r : Z. VDI, vol. 92, págs. 129-133 (1950).
(«) A. B e t z : Z. VDI, vol. 92, pág. 201 (1950).
Límite de ultrasonido en los compresores

5. al rodete, o sea, poco después de la arista Oj ij de aspiración, y el punto


t externo, av es, por cierto, el más perjudicado (fig. 105).
Para el cálculo de la velocidad, máxima iumáx detrás de la entrada
í del rodete puede utilizarse la reláción:
t .................. • - ,
(“W x ) 2 = (1 + X)W\0a

[ en donde el subíndice 0 se refiere a un lugar que precede inmediata-


\ mente a los álabes, w0a es, por tanto, la velocidad relativa de paso
^ de la corriente por el punto av En cuanto al número A, éste ha de juz-
í garse del mismo modo que At en la ecuación (7), que, por término me­
dio, se tomó igual a 0,3. Aquí podemos elegir un valor algo más redu­
cido, entre 0,2 y 0,3. Experimentalmente se han confirmado estos
; valores (J).
El empleo de un valor de A algo menor, como en el caso de
elevación de agua, queda justificado por la ausencia de una destruc-
: ción del material, a pesar de que la dilatación de volumen que se
[ efectúa en el lugar del exceso de velocidad acelera el aumento de ésta,
j Pero esta última diferencia es esc^a^yatídb pasa la corriente por
i álabes o alas portantes, y por esto puede despreciarse (2). Tratándose
de un rodete axial que es particularmente sensible al ultrasonido (lo
¡. mismo que a la cavitación) y para el cual los cálculos siguientes tienen
. gran importancia, la relación t¡L (págs. 32.9.s&r)'fla forma del perfil
. «jercen una influencia considerable -en 'el valor,permitido de A, lo que
i ya se vio ^n el caso de la cavitación (pág, 185)7 La sensibilidad aumenta
; con una disposición de los álabes^qúe vayan estrechándose. Experi­
mentos efectuados con ciertos, perfiles únigqs»,-4i6Fon por resultado
i grandes fluctuaciones del valor crlti<&*dei*w0<!já (al exceder el cual
aumenta intensamente la resistencia del perfil), según la posición y
tamaño del espesor máximo y la forma del abovedado (pág. 300).
Por consiguiente, el constructor ha de combinar cuidadosamente las
circunstancias según los puntos de vista mencionados, si es que pre­
tende no pasar más allá de los valores de A dados.
En el caso de compresores radiales, la dependencia de la forma
L-del pyfil es menos notoria, y — a causa del pequeño valor de woa —
resulta de hecho mucho menor el peligro de exceder el límite del ultra­
sonido.
La velocidad maa en los rodetes radiales de número de vueltas
específico pequeño es generalmente inferior al límite del ultrasonido,
pero es superada con frecuencia por la velocidad absoluta de salida
del rodete. Ésta se ve favorecida no sólo por el aumento de tempera-
mencionado anteriormente, sino también a menudo porque el
de aletas está sustituido por un difusor anular (págs. 368
siguientes), o bien las aletas del difusor están situadas a tal distan-
(*) C. P f l e i d e r e r : Z. VDI. vol. 92, págs. 406-7 (1950). En las Investiga-
® “ ¡> de NACA con compresores centrífugos (Trans. ASME, vol. 75, pág. 808
[1953]), se han alcanzado números de Mach w*a lo = 1,03, sin un serio quebranto
del rendimiento.
(*) E. Lamla : Jb. dtsch. Luítíahrtíorsch. I.pág. 165 (1939); I, pág. 26 (1940).
L ím ites de las alteracio n es de form a

cia de la salida del rodete que la velocidad del fluido ya es inferior a I


la velocidad del sonido. Por otra parte, un choque de condensación a
detrás del rodete no ocasiona necesariamente mayores pérdidas que
una disminución constante de la velocidad en el canal. En el caso de
un difusor anular sin aletas, no se presenta en absoluto dicho choque,
como puede demostrarse con facilidad valiéndonos del teorema de la |
impulsión.
De todos modos, en los compresores axiales no puede prescindirse
de aletas en el difusor. Se pueden adoptar sin reparo alguno, con tal
que el grado de reacción r > h porque entonces, según la figura 165
(pagina 26/), la velocidad aúsoluta ae sauaa uei ruueu;, c3, es mwiw
que la velocidad relativa de entrada u>0. En caso de ser r < £, lo que,,
sin embargo, es raro en los compresores (sólo en máquinas soplantes
[página 308], las cuales trabajan siempre por debajo del límite del ultra­
sonido), c3 > iüü, y por esto hay que tomar como punto decisivo la en­
trada en el difusor de aletas, con tal que no se produzca un aumento
de temperatura. El caso r = i constituye un caso óptimo, pues aquí
w0 = c3 tiene el valor más bajo posible con á c u = c3u— cotJ dados*
y por esto es también mínimo el peligro del ultrasonido (fig. 165).
En lo que sigue, siempre se toma como base el caso, más frecuente,
de que se presente el ultrasonido en primer lugar junto a la arista de
aspiración del rodete.
Nuestras consideraciones se referirán, pues, como para la cavita­
ción, ai punto más exterior a1 de la arista de aspiración tqq (fig. 105),
porque, según lo dicho, es en la corriente relativa donde primero hay
que esperar el ultrasonido. Como sólo interesa el punto ap nuestras
investigaciones son también aplicables — como en la cavitación — '
al rodete axial, siendo Ds = I>2 = 2
En el limite ultrasónico, fnmáx es
igual a la velocidad del sonido a, de ma­
nera que la ecuación (30) es :
a2 = (1 -p a) H a)2crít (31}
(w0£i)cnt es Ia velocidad «crítica» de paso
que entonces se establece.
El conocimiento de este valor limite
F ig . 114. Diagrama de veloci­
dades correspondiente al punto rp de w0a, según la ecuación (31), ofrece
de la entrada del rodete (fig, 105) la posibilidad de conocer directamente la
velocidad tangencial ula, correspon-
diente al punto ap y la velocidad meridiana c,0m> pues, según la.
figura 114:
iu0a COS 0a
U,„ = (31 fl>
Sr
-om -- w,0a f^Oa. (31 b}
Aquí sólo se suponen conocidos el ángulo relativo de la comente, /?oai.
v el coeficiente de giro, ór = u}0u¡ula.
ü L im ite de u ltraso n id o en los com presores 207

' A pesar de estas sencillas relaciones, vale la pena efectuar el mismo


eexamen analítico que con la cavitación ; además, pueden aplicarse
; directamente los resultados allí obtenidos.
' La comparación de las ecuaciones (7)'y (31) muestra que podemos
; servirnos de cuanto se desprende de la ecuación(7); por consiguiente,
>son utiüzables todas la ecuaciones del capitulo 37 para la determina-
: ción del límite supersónico, poniendo;
| é, en vez de 2 g A h ; 1 -f- en vez de ^ ; 0, en vez de / 2 (32)
i'de manera que la ecuación (7) puede ser considerada como una gene-
í raiizacioii ue la txuaoion (¿u; y ue ia ioiy.
i Ante todo tenemos que considerar que, en los gases, la corriente
gasto V varía en la zona de la aspiración respecto al estado de reposo,
: porque, según Bernoulli, la presión disminuye.
; Variación de la densidad a la entrada del rodete. La velocidad abso-
- lula de la corriente a su entrada en el rodete aumenta desde el estado

oa w qs as a? o? to
c,/ckr—-
£> Fjg. 115. Relación de caudales V0,!Vg en función de cdckr. La curva x, trazada exacta-
, IWan Fjt, c- m \
mente según la ~ecuación
; .c _ / nr t t
(35). I-as It . . II,
tt '
según i .>
la ecuación __
(33), poniendo en Ja misma,
F como valor de a, la velocidad del sonido ag y la velocidad critica zkr, respectivamente

[de reposo hasta el valor c0. Según Bernoulli, a este aumento corresponde
^una disminución de la presión y, con ello, un aumento del volumen del
gasto V, medido en m3/seg, Nosotros partimos del volumen en estado
:de reposo, al que caracterizaremos mediante el subíndice g. Entonces
,el volumen junto a la arista de aspiración es, según la ecuación (59),
Ipágina 88:
i o„v¡
(33)

■En esta relación queremos aplicar a a diversos valores por las varias
razones. La ecuación (33) ya se ha obtenido, en la página 88, como
^aproximada. En la figura 115 se ve la concordancia existente en aquella
zona con la linea exacta x, cuando se elige para a:
208 Límites de las alteraciones de forma

1. ° La velocidad del sonido ag en el estado de reposo Yg,


la línea I, siendo
ag = ]/ g x R Tg; por tanto, para el aire = 20,02 ]rT\l (34fl
2. ° La velocidad crítica ccrn, de la línea II, siendo ccrit la ve
cidad alcanzada gracias a un movimiento sin pérdidas a partir del
estado Vg (por ejemplo, en la sección más estrecha de una tobera]
Laval) para la relación de presiones llamada critica:

Ccrit = 1 / 2 0 —— —~ R T g; por tanto, para el aire = 18,3 ]/ Tg (34, a)


r x-\- i
La ecuación de la línea x se deduce de

------ r R T ,
2 g x—1
de donde:
i
'*-1 x—1 x-1
’o _ 1 — x — 1 1—
V, 1. C“crlt

En el trazado de todas las líneas se han tomado como abscisas


La forma de las líneas nos demuestra que la aproximación expre
sada por la ecuación (33) en la zona de que se trata, es decir, p£¡"
cjccrit < 0,8, es del todo suficiente si se toma como valor de a —
ecuación (33):
En el campo de los números moderados de Mach, es decir,
Co/Ccrit £ 1/2, el valor ag, deducido de la ecuación (34).
En el campo de los números de Mach grandes, es decir, cjcc
= 1/2 hasta 0,9, el valor ccrit, deducido de la ecuación (34 a).
No se pueden dar directamente valores a la ecuación (33),
que c0 depende nuevamente de V, debido a la continuidad.
a) Entrada perpendicular al rodete, Oq = 90°, <3r = 1. Ac
c0 = V0l(k n D]¡4), en donde k tiene en cuenta el estrechamient
debido al cubo, conforme con la ecuación (9). Si en esta expresión r
toma para Ds el valor que le corresponde de la ecuación (8),
ahora escribiremos:

240 Vf
« . = ] / 7¿kn tg0oa

y se pasa a la (33), se obtiene la siguiente relación entre V0 y Vg: :

V„ /n_tg£oaV 2V 0= O (37
V'o' — 2 V0
30 y kjn
Límite de ultrasonido en los compresores 209

|La solución de esta ecuación (!) da el siguiente valor para el aumento


[de volumen relativo :

- ° v j “ = T Bv‘ r(V'r + _B H- 1)V- - ( y r + B - !)■'.] (38) 2?ü


►poniendo para abreviar:
b = — ( tg» a (38 a)
54 ' 302 k a3 I ® POa
^Como en la práctica sólo se presentan ángulos £oa < 45°, B resulta
[tan pequeño que puede despreciarse al lado de 1. Entonces la ecua­ ••vY*
va
ción (38) se escribe: •m
v' = i ~ 3 ( 4 r (39)

[La aplicación de este resultado presupone que el ángulo /90ay el número


tde vueltas n son conocidos. Pero estos valores han de elegirse de modo
que se evite, en lo posible, la velocidad supersónica.
Es importante esta equivalencia de*'¥¡pFÍspecto a' V0 y viceversa,
.porque cja puede subir hasta 0,6, siendo entonces, según la ecua­
ción (33): V0 = 1,18 Vg. Este suplemento del 18 % es digno de tenerse
[en cuenta. [La entrada con giro, tratada en el apartado t ) ‘puede ori-
■qinar valores de cja muy superiores a (LCL] -
f Consideremos nuevamente las., réláciones^dedúcidas en el capí-
¡tulo 37, aplicando las sustituciones de Q2Uytendremos, según la ecua­
ción (16), página 189:
n2V0 302
sen 0Poa (40)
A-a3' 71 (1 + X)*1
p miembro de la izquierda de esta ecuación carece de dimensiones.
Se designará por S0 y puedé servir de medida para la capacidad de
aumento del número de vueltas en el campo supersónico. Por tanto,
jara una formajie construcción dada y un número de vueltas espe­
jeo nq = n se tiene:
c _ n2V0 n\H'U
O a ------------------- -----------------
i Aa3 A a3
que caracteriza la altura de elevación que puede alcanzarse. A este
valor lo llamaremos índice de sonido, y su estructura e importancia se

(■) Haciendo V¿l — e introduciendo el valor B de la ecuación (38 a), la t:'t


apresión (37) se transforma en 2 V. + 3 (2 B V.)‘/,x — 2 = 0.
La raíz real de esta ecuación es:

*= ( 2 [(KT+jb"—i )v»— —i)v>]


■i
Poniendo este valor en la expresión Vg/v, = Vgx’ y resolviendo el binomio cú­
bico resultante se obtiene la expresión (38).
14. P f l e id e r e h : Bombas centrifugas.
210 Limites de las alteraciones de forma

corresponde manifiestamente con el índice de aspiración S (pags. .189^


siguientes). Su variación se representa en la figura 116 en función de
B para X = 0,25. El máximo — como se ve igualando a cero la deri­
vada del miembro de la derecha o tomando la ecuación (21) — corres­
ponde a la dirección de la corriente de entrada de

o sea, para (/?oa)crít = 35° 20 (41),.


tgfiOa = 1 / 1 = 0,708;
valor que, por ionio, es independiente de X. (Esto es fácil de exPllca£
nnr níauto el Drocedimiento sirve para determinar el punto del menor

Fio 116. Coeficiente de sonido en función del ángulo /fea de despreciado


Latinea seguida, teniendo en cuenta la v a ria c ió n ^ la densidad. La de trazos, desprecian

valor posible para woa.) tg Boa determina al propio tiempo el coefi-j

UCn Ellngdo^oJobtem d^m ediante la ecuación (41), no es aplicable


exactamente en el presente caso. Para enjuiciar este resul a o,
preciso considerar, en efecto, que previamente no está determi­
nado V0, sino V-, y que V0 varía en función de poa, conforme con la
ecuación (38) o la ecuación (39), de modo que también se desplaza
el valor óptimo. Hacemos intervenir esta influencia mtroduciendo
valor de V0, de la ecuación (41), en la relación entre V„ y Vo 9ue
se desprende de la ecuación (37):
(4#

k a3
y obtenemos
302 J0a eos2 /3'Oa (43)
ti (i + xy1' 1 + 1
-sen2 oa
2 (1 + X)
La variación de este índice de sonido Sg = (n2 Vg);(k a ),, en ÍUIlcid^ ^
la presión total, está representada asimismo en la figura 116 (ün^
de trazos) para X = 0,25. La forma de ambas curvas nos da una idea de
Límite de ultrasonido en los compresores 211

£ la influencia de la disminución de densidad en la entrada. Los valores


l máximos importan para X = 0,25:

tEl valor óptimo se ha desplazado manifiestamente hacia la izquierda,


\ y — según resulta de igualar a cero respecto de la derivada del miem­
bro de la derecha de la ecuación (43) — se halla en :

(45)

i De aquí se calcula, para el campo comprendido entre X = 0,2 y 0,4:


í: 0S„a)ópt = 32° 10' hasta 32° 30';
de manera que este valor óptimo es asimismo prácticamente independiente
de X. Hasta X = oo no se vuelve a encontrar el ángulo de la ecua-
ción (41), que rige para los líquidos incompresibles. .Es de notar que
; este ángulo existe sólo en la perife;i^ler: l í .'entrada al rodete y
que hacia el interior resultan valores mayores.
De todo lo dicho se desprende que la consideración de la proximidad
de la velocidad del sonido exige un ángulo de entrada jde los alabes
,aproximadamente de doble magnitud que la consideración de la cavila­
ción en la elevación de agua. .
La
t
forma del índice del sonido Sg v ¿ ■J» ' w' *
a3),
'
que

nos da la
ecuación (43), o que, sin má: ¡jda.'leerse de la línea trazos de
la figura 116, caracteriza dir ente la idon^jaajvdá’cómpresor en
el campo infrasónico. En ello no hay queípwdef de vista que los va-
• lores bajos de k, o sea, según la ecuación (9), un gran diámetro del
¡cubo, reducen este campo.
La altura de elevación por fase A H no tiene ninguna importan­
cia (lo mismo que en la cavitación), por el hecho de no ejercer
influencia alguna sobre wméoí y, por tanto, en la proximidad de
:1a velocidad del sonido. Podría formarse, análogamente a lo que
¡se dijo en la página 190, una susceptibilidad para el ultrasonido
a = a2/(2 g A H ), pero ello no ofrece ventaja alguna. De todos mo­
ndos, A H condiciona la forma del rodete y la velocidad tangencial u2,
ry, por consiguiente, también el rendimiento y las tensiones debidas a
'las fuerzas centrífugas.
En los rodetes radiales, el límite superior de la velocidad tangen­
cial u2 y, por tanto, la altura de elevación, la habrían de condicionar
generalmente no el ultrasonido, sino la consideración de la resistencia
‘del material. Hay que señalar aquí que todas las deducciones prece­
dentes han sido hechas en el supuesto de que la arista de entrada
comienza junto a la pared exterior de la boca de aspiración axial,
¡es decir, Dla = Ds. En el caso de álabes de simple curvatura soldados,
Dla será, por lo general, algo mayor que Ds. En tal caso hay que aplicar
al índice de sonido un valor proporcionalmente más pequeño.
212 Límites de las alteraciones de íorma

En el compresor axial se tiene, evidentemente,Ds= D la= Da= 2ar.


Ejemplo numérico U Un condensador axial multicelular de una
turbina de gas ha de calcularse para Vg = 36 000 m3//i = 10 m /seg.
Si se toma por ángulo óptimo /30a = 32° 10', resulta, según la figura 11
o la ecuación (44), con X = 0,25, el valor critico Sq = (n Vg) { )
= 70,3. Este valor presupone un trazado perfecto de los álabes (pa­
gina 205). (En el supuesto de un acabado poco cuidadoso, es reco­
mendable tomar, de acuerdo con la página 216, índices de sonido,
menores.) En el caso presente han de suponerse las condiciones
más favorables, y se elige Sa = 68. La primera fase tiene una
relación de álabes b/ra = h de modo que k = 1 — (!) -V,ooo.
Si, además, a = 330 m/seg., resulta :
n = |/ 6 8 - 0,556-330^ = n 65Q ^ p

o bien :
a = ~ = 1220/seg.

De la ecuación (44) se obtiene B = 1,67 • 10~4 y, con ello, de la.


ecuación (39) V„/V0 = 0,896; por tanto, V0 = 11,2 m /seg. Entonces
de la ecuación (36) resulta Ds = 2 r a = 0,404 m y, por consiguien ,
la longitud de los álabes ra - r ¿ = r j 3 = 67,3 mm. De ello se deduce
para la velocidad del extremo de los álabes, con ula — ua rao)
= 246 m/seg, y la velocidad absoluta a la entrada del rodete.
c0 = ula tg poa = 155 m/seg.
b) Entrada en el rodete con giro (<3r * 1). Si se toma Indeci
sión de emplear un giro (positivo o negativo) en la entrada A0 - r cou
(figura 117), entonces la comprobación puede hacerse de la manera

^ V aumenta a causa de añadírsele la componente tangencial Cq„


a la cn! hasta aquí considerada igual ahora a com, o sea, a consecuencia
de una disminución adicional de la presión en las directrices de entrada
necesarias para producir el giro correspondiente.
Como cou varia con r, consideremos el aumento del caudal para
un elemento de radio dr :

dV0K = dV0 |l + l ( ^ ) ! = 2 r n d rc 0m

Supongamos que com es independiente de r, entonces una co-


m ente exenta de giro sólo está en equilibrio cuando también K0 es
constante (pág. 312). La integración entre los límites dn y Ds da por
resultado :
D. fifi
Límite de ultrasonido en los compresores 213

La influencia de la disminución de presión por el rozamiento en


i as ^rectrices de entrada no está comprendida en esta expresión.
La proximidad de la velocidad, del sonido varía ciertamente
mucho, pero el procedimiento sigue siendo correcto, como lo demuestra
la consideración siguiente:
Si se efectúa la determinación del ángulo óptimo /L en el su-
; puesto de que existe una componente tangencial „ junto a ia arista
del alabe en el punto o, y se caracteriza a ésta por el coeficiente de
í giro relativo, ya introducido en los capítulos 29 y 37.

<5r = l c0 u _ W0
, u
(46 o)
•*1 a h a
, se llega, una vez más, a la ecuación (8), que ahora escribiremos:
í 3 ________________
240 V,0K
D ,= (47)
Ji2k n ó tg/?0o
y í1) también, de acuerdo con las ecu acio j^ # 3 f y (32):
[; ól n2VoK , 302
Aa3 n (1 -f ;.)*/• cos“¿o a sen /?0a (48)

El miembro de la derecha es el mismo en esta ecuadóifque. en la (40V


soio en el de la izquierda hay aquí <5, rr,'Sn vez djwn de modo que el
numero de vueltas ha de modificarse pjrqporcfdnalmente a \¡dr.
egún esto, siguiendo el razonajjiierito, se llega al mismo ángulo
óptimo /?0a = 35" 20', en el ca§tr*cle. despreciar Wrtiriácibn del volu­
men, y por esto también, aproximadamenté'vS^ffnsmo ángulo óptimo,
teniendo en cuenta la variación del volumen, a saber, 32° 10' Este
iUltimo/Tia de disminuir probablemente sólo en forma despreciable,
pues el aumento de volumen tiene efecto en la cuantía indicada ante­
riormente, según la ecuación (46). Si se deja £0a constante, también
tiene este carácter com. La expresión general para el índice de sonido
correspondiente a la entrada del rodete es, conforme la ecuación (48) :
c — ^ 2Voií
r 5° = — ¿o» <49>
ftar.a ,':atc sonido incrementado vale, sin variación, el trazado
[de (n2 Vo)/(Aa3), dibujado en la figura 116.
Puesto que dr $ 1, según que K0 = { { ^ v o ,^ es decir, según que
setenna 0¡rn í ^ mismo sentido, . . . . ,
r b s 1 de sentido contrario, amblene indicedeson^ oaujnenta

» ” deLü péglía (} e í Z n n ‘~ T j l n : MrX’ ten'e”‘l0“ CUentala ecuaclón


Ü = f = {/~ Vq
2 j ' 71 k ü l ó r tg/Jofl (47 a)
214 Límites de las alteraciones de forma

o disminuye, respectivamente, en el límite del ultrasonido. Esto se


comprende en seguida considerando que woa tiene que permanecer
invariable. El triángulo de velocidades de entrada A 0 Bl Cx (fig. 117)
se encuentra relacionado con el triángulo de la entrada sin giro (este
último dibujado a trazos), de forma que woa y la componente meri­
diana com conservan el mismo valor. Entonces los diámetros de los
rodetes sólo varían a causa del
aumento de V0. Por lo demás,,
la marcha del cálculo es, por su
significado, la misma que en una
c u iid ú a oíü ¿1~0.
Ejemplo numérico 2. El
compresor axial propuesto an­
teriormente para una entrada
perpendicular recibirá ahora una:
Fio. 117. D o s triángulos de velocidades para m r r i e n t e con un giro de igual
igual proximidad a la velocidad del sonido . . . .
sentido K0, que en el punto mas
externo ox de borde de entrada posee una relación c0Ju — 0,2, por
tanto, ór = 0,8. , .
El número anterior de vueltas, 11 650 revoluciones por minu o,
puede ser elevado, con la misma proximidad de la velocidad de so ni o,
hasta 11 650/0,8 = 14 560 revoluciones por minuto (co = lo¿2).
Si se emplea este número de vueltas y también el ángulo óptimo
fiQa = 32° 10', quedan invariables los diámetros de los rodetes (si se^
deja de considerar de momento el pequeño aumento \o ) \P or-
tanto, Ds = Da = 404mm, de manera que ula = 0,202 co = ^08 m.seg.
c01i = 0,2 ula = 61,6 m/seg, de donde K 0 = ra coa - 0,202-bl,b
= 12,43 m2/seg. Según la ecuación (46), el caudal aumenta a causa t\
incremento de la caída de presión, siendo en primera aproximación di­
cho aumento de caudal:
V0K = 11,2 + =1155 | i ^ - ) 2ln 1,5 = 11,2 + 0,282 = 11,48 m’/seg.

El pequeño aumento adicional del 2,5 % —que, de todos modos, puede


ser todavía mayor por el rozamiento a la entrada de los canales de as
directrices—hace innecesaria la repetición del cálculo. Con todo este
aumento adicional hace que el diámetro tenga que aumentarse pro­
porcionalmente.
Habida cuenta de la pequeñez de esta variación, el perfil del alabe
en la sección externa del cilindro puede tomarse igual al que ue
previsto para una entrada perpendicular (mientras que en las otras
secciones cilindricas los perfiles varían). De la ecuación principal se
desprende que, a pesar del giro de igual sentido, la altura de e e\a
ción de las fases aumenta proporcionalmente a_n, a causa de que el
efecto de desvío del perfil (por tanto, wou w3u = c3 u c0li) que a
invariable.
Relación entre el índice de sonido S° y el número de Mach woa/a 215

44. Relación entre el índice de sonido s 0


y el número de Mftch i v0J a
El indice de sonido S0 está manifiestamente en estrecha relación
con el número de Mach WqJ ü, resultando influido, también por'
ello, el ánguloJ ioa. La introducción del índice de sonido trae consigo
la gran ventaja de que en cada caso concreto se descubre cuál es el
número de vueltas que ha de elegirse. Pero el constructor habría de
conocer también el número de Mach correspondiente al índice de so­
nido elegido. Duesto míe en ln<! PYnprimPTTt-nc onr\ roioc AloU/%^ ..
costumbre servirse del número de Mach como característica. Por esto,
en lo que sigue va a determinarse la relación directa existente entre el
índice de sonido y el número de Mach, aunque nosotros tendremos
que servirnos de la forma S0 = (ó2n2 V0x)l(k a3), referida a la entrada.
Se tiene:
W n n w o a u i a __ <5r u l a .
(00)
ula a C O ^ a^ ; <r.
[ ^hora bien, como ula = (x Ds rí)¡60, o, después de introducir el valor
| de Ds de la ecuación (47),
3.
240 n n»V0K _ a l'/.24(H r^ri* VoJt
1a
tg f ta i 'k ,,6 0 (S, | tg.& j-" a3
resulta
“i« _ 1 ^ 4 0 n ¡: kn
a 60 dr I tgP0j¡3»¡£Í -“- (51)
|y con ello, según (50), simplificando los valores numéricos:
0,152
JO a 1 t5 H o a

tEs di»110 de notarse que aquí ya no-aparece el índice de giro,


t, E>or contrario, síguese de ello que el índice de sonido depende
tdel número de Mach:
eos #0a
So = t g 0O(
0,152
de forma que el índice de sonido es proporcional a la tercera potencia
del número de Mach.
Si se admite que el índice de sonido que se ha tomado por base
caracteriza siempre, precisamente, el estado inmediato al límite de ul­
trasonido, entonces de la ecuación (31) se saca la sencilla relación
siguiente entre el número de Mach y el coeficiente X:
216 Límites de las alteraciones de forma

o bien:
A = (5 4 )
K » 2
Por medio de la ecuación (52) puede calcularse el número de Mach
para cualquier índice de sonido S0, en relación con el ángulo (loa, y con
la ecuación (54), el valor de A correspondiente, para el caso del limite
del ultrasonido. Esta dependencia ha sido representada en la figura 118
de forma clara. De ella puede obtenerse, para cada número de Mach y
ángulo /30a, el índice correspondiente de sonido S0.
Observaciones complementarias. Las consideraciones preceden­
tes muestran que, en el compresor, una elevada presión a la entrada

m
A/
f
so
X-tq;?
M
vg, \

0^

----- T
— T T
- ff- /-

o ¿ fe
l 1
yi Cj
20
A,a —
F ig. 118. Relación entre el coeficiente de sonido S0. el número de Mach woa¡a y 1 en.
función del ángulo Poa de entrada de la corriente

del rodete, junto con un giro de igual sentido que el del rodete, es mu­
cho más ventajoso que una entrada perpendicular. De acuerdo con las
consideraciones que se harán más adelante (pág. 316), este giro de
igual sentido en el compresor axial es lo más favorable, si está asociado
a un grado de reacción del 50 %, como es lo corriente.
Con todo,tratándose de un compresor radiarse toleran solamente
desviaciones moderadas de una entrada perpendicular, a fin de que el
punto del ultrasonido no se traslade junto a la entrada del difusor
De todos modos, este punto de vista tiene sólo importancia en el caso
de situar el difusor de salida muy próximo a la periferia del rodete.*
Si hay álabes axiales largos, no es posible —según lo dicho en las
páginas 311 ss.— mantener constante un gran giro de entrada a
lo largo del borde de entrada (por tanto, la corriente no está exenta
de giro), a fin de que los álabes no sean dañados en exceso. A pesar de
Confrontación de las magnitudes características 217
I
ello, es posible servirse de la ecuación (46), si se atribuye a Kn un
¡ valor medio.
Los resultados más importantes de este capítulo son :
L Que, teniendo en cuenta el 'choque de condensación, resulta
[ °ecesap° utilizar un ángulo (loa,en la arista de aspiración del rodete,
; de casi doble magnitud que para la cavitación.
í .. 2-° Que el va]°r de 5 en el límite del ultrasonido es,según la ecua­
ción (49), un número característico del que puede servirse el construc­
to r para un juicio de las medidas tomadas, a fin de evitar el ultra-
f sonido 0° mismo que pasa con el índice de aspiración S, respecto a la
i cavitación). En su cuantía interviene el valor de obtenido de la fi-
^gura 118, en caso de que se haya mantenido aproximadamente el
i ángulo óptimo /90a.

45. Confrontación de las magnitudes características


en el caso de cavitación y de ultrasonido
La semejanza en la manera de trataiula-cavitación y el ultrasonido
! será puesta una vez más de manifiesto por la confrontación de las
; magnitudes siguientes:

Cavitación 'Ultrasonido
■Presión crítica: .Campo tolerable de altura de la
y -O

velocidad: Ah =
Susceptibilidad para la cavitación: 1^' '
SensihHAíatf para el ultrasonido:
Ah Ah
a=