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Facultad de Derecho y Ciencia Política Dr. Alfonso R.

FUENTES CALCINO

CRIMINOLOGIA APLICADA : FINES DE LA CRIMINOLOGIA


Sesión 11

FINALIDAD (concepto, posición tradicional, posición contemporánea, nuestra


posición)
a) Concepto. “La finalidad de algo es el fin con que o por qué se hace una
cosa. Es el fin, motivo, móvil de una acción” (Diccionario de la Real Academia
de la Lengua Española)
De ahí, pues, que se diga que los fines de la criminología sea la meta que se
busca con su estudio. Aquello que el estudioso se propone Con el análisis de
su objeto. Si aceptamos, en gracia de discusión, que el objeto de la
criminología es el control social como antes se dijo, la finalidad que se busca
con ese estudio será saber para qué se hace ese control social, qué se busca
con él, a dónde se llega, qué fin nos proponemos con su análisis.
b) Posición tradicional. “Su finalidad es profiláctica en el sentido de que tiende a
prevenir la criminalidad mediante el tratamiento penitenciario, en particular; y
por medio de la política social, en general” (PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág. 21)
La criminología tradicional se ocupa de las causas de la criminalidad; parte ella
de un análisis etiológico de los comportamientos delictivos sometidos a su
estudio; de ahí que el fin que se busca con el estudio de los orígenes del delito
sea netamente preventivo, utilizando los mecanismos que están al alcance de
ella para su solución; así, prevenir es tas conductas mediante política de
tratamiento para el delincuente y de prevención anterior para el resto de la
sociedad, será el fin actual de la criminología.
c) Posición contemporánea. “La finalidad última de la criminología crítica es el
cambio de sistema económico-político. La cooperación del criminólogo se
concreta en la búsqueda de la desaparición del control social formal e informal
y dentro de este del derecho penal, es decir, del sistema de justicia criminal...”
(PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág. 21)
Esta posición extrema de las corrientes criminológicas modernas o ubicadas
dentro de la criminología crítica se enfrenta a la necesidad de modificar el
sistema vigente de control social e implantar uno, en una sociedad ideal, que
no requiera de normas, de leyes, de presiones políticas, jurídicas y legales para
poder funcionar.
Esta corriente comprende varias escuelas que van desde aquellas que apenas
se desprenden del causalismo hasta las que se colocan en la frontera, el
abolicionismo. Y allí se encuentran las diversas posiciones que, unas más
severas que otras, van admitiendo un fin diferente para la criminología.
d) Nuestra posición. Difícil resulta también en este punto asumir un criterio
definido, porque algunos de los momentos en ese proceso evolutivo respecto
de qué se busca al estudiar la criminalidad, son válidos y hacen pensar y
reflexionar bastante, de modo que en principio se acojan algunos de ellos. No
obstante esto, consideramos que la posición tradicional ha sido revaluada y
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que hoy difícilmente hay quienes estudien ese fenómeno únicamente desde el
punto de los orígenes y de las causas puramente etiológicas, sino que es de
mucha importancia el medio social que rodea a la persona. Entonces no
compartimos esa primera actitud. Pero tampoco nos sentimos atraídos
plenamente por la segunda, en cuanto a que llega a extremos que no
acogemos, como es la sustitución total del sistema penal y la creación de otros
mecanismos para dominar la sociedad.
Dentro de este enfoque amplio, contemporáneo, de la criminología crítica,
puede aceptarse que la finalidad de la criminología es conocer qué se busca
con el control social como objeto de la misma. El estudio del control social —
formal e informal— como objeto de la criminología está íntimamente ligado a la
finalidad de esta, o sea, a la búsqueda de una política criminal más justa e
igualitaria; para su logro son perfectamente válidos algunos de los postulados
de la criminología crítica porque esta, partiendo de criterios económicos y
políticos propone una política criminal alternativa basada en mecanismos como
la descriminalización, despenalización, desjudicialización y desprisionización de
aquellas conductas que no sean gravemente dañinas y, acomodando las leyes
y su interpretación a las realidades socioculturales, económicas, políticas, etc.,
combate la subcultura carcelaria, evita la estigmatización y disminuye los
costos administrativos del delito. Al mismo tiempo propone la criminalización y
penalización de conductas que lesionan los intereses de las mayorías y
persigue tratar administrativamente a algunos individuos desviados teniendo en
cuenta las causas que los llevaron a su comportamiento, para construir una
política social que vaya paralela con la política criminal.
Al inicio de este punto lo dijimos: si se acepta que el objeto es el control social,
la finalidad buscada será conocer para qué sirve ese control, qué se busca con
él.
En nuestra sociedad, en la comunidad colombiana, qué se quiere obtener, a
dónde se quiere llegar cuando se analiza el control social como medio de
dominación y como mecanismo para evitar la generación de criminalidad; en
último término, el fin que se busca es reducir hasta donde sea posible la
criminalidad con la utilización de los mecanismos actuales de dominación sin
que por ello haya de desaparecer el sistema penal actual.

El objeto de la criminología comparado con sus fines es algo, que puede ser
materia de conocimiento o sensibilidad de parte del sujeto, incluso este mismo.
“...el objeto es lo que sirve de materia o asunto al ejercicio de las facultades
mentales. Materia o sujeto de una ciencia. El objeto de la teología es Dios.
Puede ser material o formal. El material es el mismo sujeto o materia de la
facultad y el formal el fin de ella; así, en la medicina el objeto material es la
enfermedad, y el formal la curación” (Diccionario de la Real Academia de la
Lengua Española)
La materia de conocimiento que se busca para ser analizada por medio de la
criminología, su objeto, es la criminalidad. En este punto están de acuerdo la
mayor parte de los autores. Las dificultades empiezan cuando se debe definir el
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concepto de “criminalidad”. ¿Qué se entiende por criminalidad?


b) Teorías. Se quiere en este punto sintetizar las diversas posiciones que se
han presentado respecto de qué es criminalidad.
El doctor PEREZ PINZÓN realizó un trabajo que denominó “Problemas
centrales de la criminología. Su objeto y sus finalidades”, presentado en el VIII
Encuentro de Profesores de Criminología, reunido en Cali entre el 30 de enero
y el 1 de febrero de 1986, y que luego incorporó a su obra de criminología, en
la segunda edición; allí enumera varias de las corrientes sobre este punto, las
sintetiza con sus características fundamentales y luego objeta los puntos que
no comparte. Partiendo de ese estudio, podemos entonces señalar los
siguientes criterios:
a.-Criterio jurídico. La criminalidad como objeto de estudio de la criminología
está compuesta por el conjunto de hechos punibles típicos y la totalidad de
personas que realizan esas conductas en un espacio y tiempo definidos.
El crimen estará identificado con las descripciones del estatuto represor; solo
las actividades consideradas ilícitas por la ley penal, delitos y contravenciones,
tendrán importancia para esta ciencia y harán parte de su objeto.
El criminal será aquella persona que haya sido declarada responsable como
autor material de un crimen en la concepción a que se hizo alusión en el
párrafo anterior; a quien la justicia penal lo haya juzgado y condenado.
b.-Criterio peligrosista. Esta posición es menos estrecha que la anterior, en el
sentido de que admite que la criminalidad estará conformada por aquellas
conductas ya mencionadas y, además, por todos aquellos estados que pueden
generar o provocar el delito.
Se le llama “peligrosista” porque parte de los estados de especial peligrosidad,
es decir aquellas situaciones en las que una persona fácil mente puede llegar a
delinquir. “Toda conducta que con probabilidad conduce al delito, como
mendicidad, prostitución, oposición cultural y política, alcoholismo, vagancia,
homosexualismo, etc. (ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN, Curso de
criminología, 2 ed., Bogotá, Edit. Temis, 1986, pág. 10)
Será criminal quien se coloca en esa especial situación y la aprovecha para
delinquir. Y serán crímenes todas las conductas que conformen esa
criminalidad.
c.-Criterio de desviación. Su radio de acción es mayor que el de las dos
anteriores. De modo que será criminalidad el conjunto de conductas desviadas,
“...es decir, aquella que se aparta de las normas jurídicas y sociales por exceso
o por defecto; la que se separa por su rol de la requerida por determinado
status o posición social; o simple mente aquella que es definida como tal por
los «otros»... (TAMAR PITCH, Teoría de la desviación social, México, Ed.
Nueva Imagen, 1980, pág. 26)
Igualmente será criminal quien ejecute esa clase de actividades des viadas. Y
crimen es precisamente ese comportamiento desviado.
d.-Criterio de los derechos humanos. Recurre este criterio a la identificación de
la criminalidad con las violaciones de los derechos humanos y con el peligro en
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que estos mismos son colocados. General mente son las normas escritas las
que recogen las disposiciones que protegen esta clase de derechos; los
tratados internacionales, las conclusiones de los congresos o asambleas, los
códigos, las constituciones y, en general, las leyes.
Quien lesione las garantías a las que se ha hecho alusión en el párrafo anterior,
será criminal y la violación en sí misma considerada será el crimen.
‘...concretamente serían derechos humanos la vida, la integridad personal, el
techo, la educación, el trabajo, etc., y en fin, todo aquello definido como tal por
la «moral popular» (lo que significa un cambio de «legislador»: de aquel que
representa la ética de las minorías, al que representa la moral generalizada de
las mayorías) (PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág. 11)
e-Criterio del sentido común. Se conoce también esta posición como “lega”,
porque recoge la opinión popular respecto de la criminalidad. Esta será
entonces el conjunto de conceptos que la mayoría de la población tiene sobre
qué es crimen, qué es criminalidad y quién es criminal.
“Para que una acción contraríe el «sentido común» se requiere: a) un
comportamiento que vaya contra la rutina, es decir, que se aleje de los modelos
establecidos; b) que el autor, de haberlo querido, habría obrado conforme a las
normas; y c) que el autor supiera lo que hacía. En tales condiciones, el agente
es responsable frente a las «teorías legas»…” (PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág.
14)
f.-Criterio de los comportamientos socialmente negativos. Según esta teoría la
criminalidad está conformada por aquellas conductas que chocan con las
necesidades e intereses de las personas o de la colectividad, que se
encuentran arraigados en ellas de manera profunda y son respetados
plenamente.
Aquí vale la pena preguntarse: ¿cuáles comportamientos social- mente
negativos constituirían el objeto de la criminología? Todos aquellos que de
alguna manera afecten esos intereses propios de la comunidad; por ejemplo
las actividades realizadas por los poderosos, delitos de cuello blanco, ilícitos de
quienes detentan el poder, etc.
El crimen será entonces el comportamiento que contrasta con tales intereses, y
el criminal quien ejecuta esa clase de comportamientos.
g.-Criterio del control social. Los mecanismos utilizados por la sociedad para
que las personas que allí conviven le obedezcan, acojan sus preceptos, se
llama “control social”. Este puede ser formal, el que tiene fundamento en el
derecho, el ejercido por los poderes estatales; e informal, el que ejercen otras
instituciones de la comunidad que no tienen carácter oficial.
“Aquí ya no cabría hablar de criminalidad como objeto de la criminología, sino
de criminalización, como objeto de esta ciencia. El criminólogo se dirigiría al
cómo opera el proceso de criminalización en sus varias áreas (creación,
aplicación y ejecución de la ley penal); por qué estas acciones son
criminalizadas, por qué aquellas descriminalizadas y por qué las de más allá no
son criminalizadas. Objeto de la criminología sería, entonces: 1) las
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instituciones sociológicas: lo religioso, económico, político, militar, recreativo,


educativo, familiar, etc., como generadores de desviación y de reproducción de
la misma; 2) el sistema penal: en concreto los poderes de definición, asignación
o rotulación y de ejecución. El pregonado cambio de paradigma (del consenso
al conflicto) que conduce al cambio de objeto (de la etiología del crimen, al
origen y desarrollo de la criminalización)…” (PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág. 7)
h.-Criterio de las situaciones-problemas o problemáticas. Esta posición se va al
otro extremo porque aquí el objeto de la criminología ya no es el crimen, el
delito, sino el inconveniente, el problema, el acto lamentable, el
comportamiento indeseable, las personas implica das. “El disturbio o situación
problemática es definido como «Aquel evento que se desvía de manera
negativa respecto del orden en el que vemos y sentimos enraizadas nuestras
vidas»” (PÉREZ PINZÓN, ob. cit., pág. 7)
Es una teoría extrema, pues los conceptos de delito y crimen no existen
ontológicamente. El delito no es el objeto sino el producto de la política
criminal. Es válida en un sistema abolicionista cuando se haya operado el
desmonte total del sistema penal.
i.-Otras opiniones. Refiriéndose a los criterios anteriores, encontramos que “Si
adoptamos la actitud inicialmente descrita para buscar el objeto de estudio de
la criminología latinoamericana, tendríamos que limitarnos a seleccionar una de
las diferentes corrientes enumeradas después de confrontarlas, y a evaluar sus
alcances y defectos desde el punto de vista teórico. Si hacemos esto, estamos
desconociendo dos aspectos fundamentales: las realidades sociales que
generaron esas teorías que se desarrollaron en otros ámbitos geográficos e
históricos, y también nuestra propia realidad. Esto es lo que ha sucedido con
nuestros criminólogos, incluso con los críticos, excepto algunos meritorios
casos: no han hecho otra cosa que trasladar teorías nacidas en otras
sociedades y que solo cumplen como función desviar la atención sobre los
problemas reales. Por supuesto, tal situación implica hacer ideología en su
significado de falsa conciencia” (JESUS ANTONIO MUÑOZ, “El objeto de la
criminología para América Latina y para Colombia”, en Nuevo Foro Penal, núm.
33, Bogotá, Edit. Temis, 1986, pág. 326)

c) Nuestra posición. Es difícil tomar partido en tema de tanta trascendencia y


en el que los autores no se han puesto de acuerdo, como se dijo en uno de los
primeros apartes de este trabajo. Cuando hay tanta discusión, cuando son
múltiples los criterios y muchos de ellos de personas autorizadas en la materia,
resulta, por decir lo menos, de una gran dificultad asumir una posición.
No obstante esa consideración, creemos que debe existir un compromiso
personal o de grupo frente al análisis de esta clase de aspectos tan
trascendentales cuando se entra en el estudio de la criminología. Su objeto
debe, pues, delimitarse para saber a qué nos atenemos en el desarrollo de
cada aspecto.
Todos los criterios que de una manera sintética se han esbozado tienen su
valor. Lo fundamental implica que alguien se haya detenido en ese punto al
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estudiar el objeto de la criminología. Así, quienes afirman que este es la


criminalidad entendida como la totalidad de los comportamientos delictivos de
acuerdo con la definición legal, le están dando una mayor importancia a las
descripciones típicas de un estatuto penal. Su validez está en que tal definición
proviene de un sector de la comunidad que legalmente puede decir qué es
delito y qué no lo es, qué es criminalidad y qué no lo es; igualmente, quién es
delincuente y quién no lo es. Pero a pesar de ese sustento legal creemos que
es una concepción demasiado estrecha, como que deja por fuera miles de
actitudes frente a los demás, que hoy son reconocidas universalmente como
componentes de la criminalidad y como aspectos fundamentales de estudio por
parte de la criminología.
Tampoco compartimos el criterio peligrosista, aunque más amplio que el
anteriormente comentado, porque si bien es cierto supone una amplitud de
conceptos, cae en el absurdo de identificar las actividades peligrosas con el
objeto de la criminología. De ahí que comportamientos que no han causado
daño, que no son nocivos socialmente, puedan enmarcarse dentro de tales
conductas simplemente porque podrían causar un daño general. Se estudia lo
que en el futuro podría, eventualmente, generar criminalidad.
Otros de menor significación criminológica serían el criterio de desviación y el
del sentido común, pero de difícil definición porque ambos conceptos, muy
subjetivos, estarían sometidos a lo que un grupo no muy representativo de la
comunidad opine respecto de ellos. Criterios que no merecen un extenso
comentario.
Tal vez el criterio del control social es el que consulta la realidad presente en el
campo de la criminología. Esos instrumentos que utilizan quienes en un
determinado momento detentan el poder político, social, económico o jurídico
para hacer respetar sus decisiones, para que los asociados obedezcan sus
mandatos, sería el punto central de análisis de la criminología. Y aún más, no
solo esos mecanismos que se utilizan para dominar a la sociedad, para
controlarla, sino la manera como ellos surgen en determinado momento, es
decir, ese proceso de criminalización.
Las leyes penales, las sanciones previstas para cada delito, los mecanismos
para conceder la libertad o negarla según el caso, vendrían a constituir el
objeto de esta ciencia. Y, más aún, la manera como esas leyes nacen y se
convierten en tales; el modo como las penas son concebidas, impuestas y
aplicadas por los diferentes organismos del poder que intervienen; la manera
como funcionan los beneficios excarcelatorios y el tratamiento que quiere darse
en prisión a los condenados; cómo surgen esa clase de disposiciones en una
determinada sociedad; por qué será diferente ese proceso en Colombia
respecto a los demás países de América Latina; y no se piense siquiera cómo
será su evolución legislativa en el Viejo Continente.
La realidad social que muestra una concreta comunidad en todos estos
aspectos y sus reacciones podrá ser, en primer término, el objeto de estudio de
nuestra ciencia.