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1.

Vicio de la voluntad

La palabra voluntad proviene del latín “voluntas”, y cuyo significado resulta difícil
precisar con exactitud, dada la multiplicidad de sentidos que dicho vocablo
adquiere en el lenguaje ordinario y en el habla especializada. Gramaticalmente,
la voluntad, es definida como potencia del alma, que mueve a hacer o no hacer
una cosa; acto con que la potencia volitiva admite o rehúye una cosa; libre
albedrío o libre determinación; elección de una cosa sin precepto o impulso
externo que a ello obligue. Intención; ánimo o resolución de hacer una cosa;
ganas o deseo de hacer una cosa. Jurídicamente, en términos generales, la
voluntad se define como la exteriorización del querer interno de un sujeto, para
crear un acto jurídico determinado; es decir, es la manifestación de la intención
consciente de realizar un determinado acto jurídico. Así la voluntad, elemento
esencial e indispensable que constituye la esencia misma del negocio jurídico,
debe formarse sin ningún vicio que la invalide, si el sujeto efectúa una
declaración y padece error, o es engañado para que incurra en error o intimidado
a fin que declare, el negocio debe dejarse sin efecto por medio de la anulación
(anulabilidad) es decir que es incorrecto hablar de vicios de la voluntad cuando
la voluntad falta pero esta no se agota en la manifestación ya que cuenta también
con otros campos pues esta manifestación necesita que entre ambas existencias
una imprescindible correlación toda vez que la manifestación debe dar contenido
a la verdadera u real voluntad interna del sujeto y que entre lo que manifiesta el
sujeto y lo que quiera exista también una necesidad necesaria e imprescindible
correlación como en el ejemplo anterior dado; así según José León Barandarián
los vicios de la voluntad son tres: error, dolo y violencia. Los dos primeros
comprometen el criterio comprensivo del substratum de la declaración. El tercero
afecta a la decisión misma para generarla, a la independencia en el ánimo del
agente . Ernesto Gutiérrez y González considera que “se puede entender por
vicio, la realización incompleta o defectuosa de cualquiera de los elementos de
esencia de una institución. En efecto, cuando un elemento de existencia se
realiza o se presenta de manera imperfecta, está viciado. Los vicios de la
voluntad o del consentimiento pueden afectar la declaración o formulación de
dicha voluntad. El error, el dolo, la violencia y la intimidación vician la formación
de la voluntad-según Muñoz pero este agrega un vicio más que vendría a ser la
simulación la cual afecta a la declaración de la voluntad. En el Código Civil
Peruano los vicios de la voluntad están tratados en los artículos 201 a 217 que
corresponde al Libro II denominado Acto Jurídico.

2. Antecedentes históricos

No obstante que en el derecho romano no se le daba la voluntad la misma


trascendencia que se le da actualmente como elemento de existencia del acto
jurídico, debido a que en aquél entonces imperaba el formalismo en la formación
de los actos jurídicos, y bastaba el cumplimiento de ciertos ritos y ceremonias
para que un acto tuviera plena validez, siendo en consecuencia secundaria la
integración del el consentimiento, Rafael Rojina Villegas explica aunque de
manera muy general, cómo en Roma, ya se hablaba del dolo como vicio de la
voluntad manifestando: “Desde la más remota antigüedad se ha concebido el
dolo como toda maniobra, astucia, trampa y disimulación que de una de las
partes se sirva para inducir a la otra a la celebración de un acto jurídico con el
objeto de procurar, para si o para un tercero una ventaja injusta o de perjudicar
simplemente a su contratante sin obtener ventaja alguna”.
En el derecho romano se distinguió el dolus manus del dolus bonus, delito
pretoriano el primero que daba lugar a una acción penal de “dolo” contra el autor,
enderezada a proporcionar a la víctima la reparación del perjuicio; y mera astucia
no reprobaba el segundo. Distíngase igualmente el dolo por sus efectos, según
que se tratara de dolus causam dans y de dolus incidens. El primero es el dolo
principal, causa determinante de la convención de suerte que sin él la víctima no
hubiera contratado, razón por la cual confería a la parte engañada el derecho de
demandar la rescisión del contrato. Se entiende por tal no solo una maquinación
empleada para obligar a la contraparte a dar, sino toda simulación relativa a las
cualidades de la cosa capaz de inducir a una de las partes en un error sin el cual
ella no hubiere contratado. El dolo incidens es aquel que produce un error sobre
circunstancias no esenciales del negocio que se va a celebrar, o motivos que
pueden impedir a la voluntad a obrar. Sin él el negocio también se hubiera
celebrado, aunque en otras circunstancias. No puede acarrear la nulidad del
negocio, sólo la indemnización de daños.
3. Vicio que afectan a la intensión

El error puede entonces ser equivocación o ignorancia, pero el resultado en


ambos casos es el mismo; una falsa representación de la realidad, y eso en
definitiva es el error. La duda en todo caso excluye al error, pues quien obra a
sabiendas que puede estar equivocado, desconociendo con exactitud las
consecuencias de sus actos, no puede invocar luego su propio error. En error en
cambio el sujeto desconoce ciertas consecuencias del acto que celebra y cree
que su representación de la realidad es acertada.

3.1. ERROR

El error puede ser de hecho o de derecho. El primero está referido a


circunstancias fácticas (el ejemplo clásico es el de aquel que, deseando adquirir
un determinado bien, termina comprando otro por su situación de confusión
respecto de la individualidad de uno y otro). El error de derecho, en cambio, se
da por ignorar el otorgante del acto cuál es el régimen jurídico que resulta
aplicable al mismo (las partes constituyen una sociedad con el objeto de
funcionar como banco, ignorando que la ley de entidades financieras y su
reglamentación tiene establecido un sistema cerrado al respecto). El error de
derecho no impedirá los efectos legales de los actos lícitos, ni excusará
la responsabilidad por los ilícitos.
El error puede ser:

3.1.1. Requisitos de error

Constituye un desencuentro entre lo que es el objeto materia de conocimiento y


de juicio, y el conocimiento que se tiene de él. Todo error constituye una
negación de lo que es, o afirmación de lo que no es.

El error no sólo proviene de un defecto o insuficiencia de conocimiento, sino de


un razonamiento un juicio equivocado, que cree como cierto aquello que no es
tal.

EL ERROR ES CAUSA DE ANULACION DEL ACTO JURIDICO CUANDO SEA


ASENCIAL Y CONOCIBLE POR LA OTRA PARTE (ART.201 DEL CODIGO
CIVIL)

El error es causa de anulación del acto jurídico cuando sea esencial y conocible
por la otra parte.
Guillermo Lohmann Luca De Tena en su comentario al respecto nos menciona
que el artículo se refiere al error vicio o en la formación de la voluntad, que es
distinto del error obstativo (Es la falta inconsciente de correspondencia entre la
voluntad externa y la interna de un contratante), que ocurre en la declaración de
voluntad.

El error vicio es, en definitiva, un problema psicológico de conocimiento


defectuoso, por insuficiencia de información o porque el sujeto no razonó
adecuadamente la información que contaba. A la postre, estamos ante
situaciones de ignorancia o de equivocación.

Esta y las normas que siguen se ocupan de señalar cómo y cuándo el error tiene
trascendencia para el Derecho, a la luz de su tratamiento legal. Trascendencia
jurídica que viene dada porque al producirse el error la regulación jurídica o
fáctica del negocio no permite lograr los fines, aspiraciones, necesidades o
intereses para los que el declarante celebra el negocio.

El error, en realidad, solo interesa al ámbito del Derecho por sus efectos y
consecuencias, pero el origen del problema es ajeno al Derecho, porque
concierne al entendimiento, definiendo a éste como parte del proceso mental del
razonamiento que concluye con una elección y decisión. En este orden de ideas,
todavía fuera de la esfera jurídica, se conceptúa como error todo juicio o
valoración que sea diferente del criterio que se acepta como válido en el campo
del conocimiento sobre el que se ha expresado la elección o decisión. Obsérvese
que aludo a criterio aceptado como válido, lo que es distinto de criterio verdadero.
Con esto quiero poner énfasis y recalcar que lo contrario del error no siempre es
la verdad. En ocasiones puede llegarse a tener la certeza de la existencia de un
error en la esfera de la volición o de la expresión, pero sin llegar a saberse a
ciencia cierta qué era, en definitiva, lo verdaderamente querido, o determinarse
que lo realmente querido a su vez no era verdadero, pero sí "la verdad" para el
sujeto errante.

A la postre, el error constituye un desencuentro entre lo que es el objeto materia


de conocimiento y de juicio, y el conocimiento que se adquiere de él. Todo error
constituye una negación de lo que es, o afirmación de lo que no es. Falta una
adecuación perfecta y completa entre la inteligencia y el ser (o lo que se toma
como tal). El error no solo proviene de un defecto o insuficiencia de conocimiento,
sino de un razonamiento o juicio equivocado, que cree como cierto aquello que
no es tal. Y esto puede deberse a cuatro posibles causas: falta de pruebas sobre
el conocimiento; falta de habilidad para emplearlas; falta de voluntad para
usarlas; o falsas medidas de posibilidad. Cualquiera de ellas conduce a un juicio
erróneo, tomando una apariencia de correcto, lo que no coincide con lo válido
(es decir, la verdad o la que se acepta como tal).

Esto nos conduce, en el campo jurídico, a concluir que la existencia del error
tiene que ser determinada por el razonamiento o entendimiento de otra persona,
que es el juez. Quiero decir, que el error, aunque tenga su origen en un individuo,
solo puede ser determinado en su influencia jurídica, por otro sujeto que "mide"
el razonamiento y entendimiento del errante. El enfoque del error cambia
entonces de ángulo, trasladándose del sujeto afectado por error al del
entendimiento de un tercero (el juez) que debe verificar la efectiva discordancia
entre la verdad (o criterio de ella) y lo defectuosamente tomado como verdad, la
naturaleza del error, la influencia del mismo en el entendimiento del sujeto
errante y el contexto de la relación jurídica respectiva.

El error solo surge cuando hay confrontación entre él y la verdad; por lo tanto,
solamente podemos hablar de error cuando la proposición niega lo descubierto
como válido o verdadero.

Trasladando lo expuesto al ámbito jurídico resulta patente que el juez no puede


determinar la existencia del error mientras no le sean aportados los criterios de
lo que resulta correcto o verdadero, salvo que lo correcto y verdadero sean
notorios y salte a la vista el error. Lo que hace el juez, entonces, no es determinar
en primer término la existencia de un error, sino determinar lo que se le presenta
como verdadero o correcto, para confrontarlo con lo que se alega errado. O sea,
antes de determinar la existencia de un error cometido, el juez tiene que definir
como premisa cuál es, según su entendimiento y comprensión de los medios de
prueba aportados al proceso, lo que era verdadero, válido o correcto en la esfera
de conocimiento sobre la que se aduce un vicio. Dicho de otra manera: en
materia de prueba de error no se trata de convencer al juez de la existencia de
un error, sino de demostrarle primero qué es lo verdadero, válido o correcto, y
solo a continuación demostrar el error, esto es la falta de concordancia entre lo
declarado y lo verdadero.

La ignorancia es distinta del error, pero jurídicamente se asimila a éste, porque


en uno y otro caso el agente celebra un negocio que no concluirá como cierto, o
que celebraría en condiciones distintas. La ignorancia o falta de información
conduce a conocimiento defectuoso y por tanto a formarse un criterio de las
cosas distinto del correcto. Conviene, pues, insistir en que no interesa tanto
saber qué es el error, como entender cuándo estima la ley que hay error, coincida
o no la solución legal con la vulgar opinión. Es imprescindible partir de esta
premisa y adoptar esta postura para una fructífera explicación de las normas,
porque es tal vez en este campo del error donde en sede del negocio jurídico
más se advierte la intención del legislador de dar mayor o menor preponderancia
a ciertas actitudes o comportamientos, desdeñando o relegando a segundo
plano otros, que acaso tengan singular trascendencia en otros sistemas
jurídicos.

El legislador le ha dado al error un cierto tinte de bilateralidad. Esto no significa


que el error tenga que ser compartido; no, sino que siendo el error, por propia
naturaleza, un estado que afecta a una de las partes, su virtualidad jurídica ha
quedado anudada a una actitud de la otra parte (de los actos bilaterales), porque
la declaración de voluntad está destinada a ser conocida y, por ello, en esta otra
parte descansa la factibilidad de anulación del negocio. Así es, esta parte
receptora de la declaración debe haber tenido la posibilidad de reconocer el error
con arreglo a los criterios que impone el artículo 201 concordado con el 203.

Corolario del principio enunciado es que al hacer radicar la relevancia del error
en su posibilidad de ser conocido por la otra parte, de modo que de alguna
manera ya resulta ajeno al errante, el ordenamiento impone al declarante:

a) una carga de cuidado y seriedad tanto en su raciocinio como en


la expresión.
b) un beneficio, otorgado por la posibilidad de ver rectificado su
error por su conocimiento por la otra parte. Se ha impuesto así
un contrapeso a la teoría voluntarista, que afincaba solo en la
voluntad, y no en la declaración, la posibilidad de anulación.

Nuestro Código no se afilia a la corriente de excusabilidad (disculpabilidad) del


errante tomándolo a él mismo como medida, sino que apoya la relevancia del
error en el otro polo de la relación jurídica, cuando el negocio es bilateral. Es
decir, si el error es conocible o no es asunto a ser examinado con patrones de
normal diligencia, y no simplemente falta de negligencia grave. Si el error es
conocible por la otra parte es un error disculpable porque la parte receptora de
la declaración incurre en falta al no revelarlo. Sobre todo en negocios bilaterales
o unilaterales recepticios, el error se entronca con el equilibrio de intereses, de
donde se colige que también hay que proteger a la otra u otras partes con el
elemento de la confianza. Y precisamente por esto, aunque pudiera calificarse
de indisculpable un determinado error juzgando el caso' desde una perspectiva
unilateral de ausencia de culpa del errante, sí será disculpable y, por tanto,
admisible, si la otra parte también pecó de negligente al no advertir el error.

El error vicio de que trata este artículo 201 opera en la determinación o formación
de la voluntad. Actúa en el plano interno, en cuanto formación de un propósito.
Consecuencia de ello es que puede haber pura y perfecta coincidencia entre lo
querido y lo declarado, pero lo querido se ha querido por error. La voluntad se
ha determinado fundándose en un falso juicio sobre la concreta situación. La
diferencia con el error obstativo es manifiesta. En éste se declara malo bien
querido; en el error vicio, en cambio, se declara bien lo mal querido.

Sobre los caracteres de esencialidad y conocibilidad que requiere este artículo


201, me remito a los comentarios de los numerales 202 y 203.

o JURISPRUDENCIA

"Que, hay error en el consentimiento cuando la voluntad de las partes no coincida


con la causa final y, obviamente, ésta es causa de anulabilidad del acto jurídico
por impulso exclusivamente de las partes contractuales, quienes son los únicos
habilitados para discernir sobre la existencia de este vicio de la voluntad".

3.1.2. Error de hecho

3.1.2.1. Error obstativo

Señala que el error se produce cuando las partes declarantes no coinciden


en cuanto la identidad del negocio (error in negotio) o a la identidad del objeto
(error in corpore) cualquiera de las partes puede pedir su invalides. El código
lo reconoce como error en la declaración y no como erro obstativo. En el error
sobre la identidad del negocio, por ejemplo podría tratarse de la celebración
de un usufructo, creyendo que es un arrendamiento.
3.1.2.2. Error en la persona

«El error acerca de la persona con quien se tiene intención de contratar no


vicia el consentimiento, salvo que la consideración de esta persona sea la
causa principal del contrato» Por ejemplo cuando se contraer con una
persona a quien se considera soltera, pero en realidad está casada.

3.1.2.3. Error en la transmisión del a declaración.

Por ejemplo el fax dice 100 toneladas de papas, en lugar de decir solo 10.

3.1.3. Error esencial (Art. 202, del Código Civil)

1. Cuando recaer sobre propia esencia o una cualidad del objeto del
acto que, de acuerdo con la apreciación general o en relación a las
circunstancia, debe considerarse determinante de la voluntad. Por
ejemplo: cree que está comprando vino pero es vinagre.
2. Recae sobre las cualidades personales de la otra parte, siempre que
aquellas hayan sido determinantes de la voluntad. Por ejemplo: se
contrata los servicios de un médico pero en realidad es un curandero.
3. Cuando el error de derecho haya sido la razón única o determinante
del acto. Por ejemplo: comprar un bien con desconocimiento que la
ley prohíbe su comercialización por ser un país distinto al suyo.

3.1.3. Error Conocible (Art. 203, del Código Civil)

Se considera conocible cuando, en relación al contenido, a la


circunstancia del acto o a la calidad de las partes, una persona de
normal diligencia hubiese podido advertirlo.

Es cuando una de las partes celebrantes tiene la posibilidad de


descubrir el error y evitar la celebración del acto.

El error además de esencial para dar lugar a la nulidad del acto


jurídico, debe ser reconocible por el otro celebrante. Esta es la
versión del art. 201 del código civil vigente. Tiene como antecedente
el art.1428 del código italiano.
 GALGANO FRANCESCO.- Nos dice que el error es reconocible,
cuando la otra parte desplegando una diligencia normal teniendo
las circunstancias, habría podido descubrir y evitar la
celebración del acto. Por lo tanto, si el error de una parte, en
tanto que es esencial, y no es de tal entidad que la otra parte
pudiera percatarse del mismo la primera permanecerá vinculada
al acto jurídico.
 JOSE LEON BARIANDARAN.- Sostiene que el cono civilidad
permite confundir las consideraciones del problema con el dolo,
según José barandiaran si el receptor de la declaración conoce
el error y no dice, no incurre en mala fe, sino en dolo, porque si
se tiene encuentra el error es inadecuado entre la prestación
mental y la cosa, es una cuestión unipersonal. Pero cuando la
otra parte se hace intervenir, se mezclan dos conductas; la del
errante con la otra parte. Es al ser concebible el error y celebrar,
no obstante, el acto jurídico, lejos de aclarar, induce al
equivocado a continuar en ese estado, lo que significa la
comisión de un dolo.
 ARIAS SCHREIBE.- Quien señala recurrir a la norma
antecedente que es el código italiano, que no se trata de dolo, si
no desde un punto de vista práctico brinda seguridad jurídica.
Una sociedad en la medida de lo posible debe buscar la
estabilidad del acto jurídico y es esa razón del código italiano
cuando exige que el acto sea negociable por la otra parte. Con
tal precepto se busca limitar el área de acción del error, de
permitir que el acto jurídico en la medida de lo posible se
mantenga valido y que solo se declare nulo cuando el error ha
sido negociable por el otro agente.

3.1.4. Error de Calculo y Error en la cantidad (Art. 204, del Código Civil)

El error de calculo no da lugar a la anulación del acto sino solamente


a ratificación, salvo que consistiendo en un error sobre la cantidad
haya sido determinado de la voluntad.
3.1.5. Error en el Motivo (Art. 205, del Código Civil)

El error en el motivo solo vicia el acto cuando expresamente se


manifiesta como su razón determinante y es aceptado por la otra
parte.

3.1.6. Error en la Declaración (Art. 208, del Código Civil)

Las disposiciones de los artículos 201 a 207 también se aplican, en


cuanto sean pertinentes, al caso en que el error en la declaración se
refiera a la naturaleza del acto, al objeto principal de la declaración o
a la identidad de la persona cuando la consideración a ella hubiese
sido el motivo determinante de la voluntad, así como el caso en que
la declaración hubiese sido trasmitida inexactamente por quien
estuviere encargado de hacerlo.

3.1.7. Error indiferente (Art. 209, del Código Civil)

El error en la declaración sobre la identidad o la denominación de la


persona, del objeto o de la naturaleza del acto, no vicia el acto
jurídico, cuando por su texto o las circunstancias se puede identificar
a la persona, al objeto o al acto designado.

3.2. EFECTOS DEL ERROR:

En realidad, cuando el error recae sobre la naturaleza del acto o sobre


el objeto, se produciría la falta de un elemento esencial de los actos
jurídicos, por lo que la doctrina en general entiende que se trataría de
supuestos de actos inexistentes.

Para que haya nulidad tiene que existir el acto jurídico y en los casos
señalados directamente no habría acto jurídico por ausencia de un
elemento esencial (el objeto).

Es necesario resaltar que, para que el error esencial incurrido por el


agente pueda causar la nulidad del acto, debe haber existido razón para
errar; no siendo alegable el error cuando ha mediado una negligencia
culpable de la parte que lo invoca.

3.3. Improcedencia de anualidad por error rectificado (Art. 206, del Código
Civil)

La parte que incurre en error no puede pedir la anulación del acto si, antes
de haber sufrido un perjuicio, la otra ofreciere cumplir conforme al
contenido y a las modalidades del acto que aquélla quiso concluir.

3.4. Improcedencia de la indemnización (Art. 207, del Código Civil)

La anulación del acto por error no da lugar a indemnización entre las


partes.

3.5. DOLO

Es el vicio de la voluntad mediante el cual se provoca deliberadamente el


error. Se diferencia del error en que éste es una percepción deformada
de la realidad, debido a la actitud del sujeto; mientras que en el dolo, el
error es la consecuencia de la actitud maliciosa de otra persona que ha
provocado el error, o lo ha silenciado; es decir, no advierte a la otra parte
del error en que ha incurrido o contribuye a mantener el error.

Se considera el dolo como la astucia, el ardid, el engaño, las


maquinaciones maliciosas destinadas a provocar o mantener el error.

Este vicio de voluntad se sanciona con la invalidez del acto jurídico debido
a que se ha deformado la voluntad.

Entre las clases de dolo tenemos:

3.4.1. El dolo causante (Art. 210, del Código Civil)

Tiene por objeto inducir la voluntad de la otra parte hacia la celebración


del acto jurídico. Se trata de un dolo determinante de la voluntad de
celebración del negocio o acto jurídico.
El dolo causal se encuentra establecido en el artículo 210º del Código
Civil: "el dolo es la causa de anulación del acto jurídico cuando el engaño
usado por una de las partes haya sido tal que sin él la otra parte no
hubiera celebrado el acto".

3.4.2. El dolo incidental (Art. 211, del Código Civil)

No es determinante en la declaración de la voluntad y hace únicamente


que el acto jurídico se ha celebrado en condiciones menos ventajosas.

El artículo 211º del Código Civil define al dolo incidental como un engaño
ineficiente para determinar la voluntad y establece que el acto jurídico
será inválido, aunque sin la presencia del dolo si hubiese celebrado en
condiciones diferentes, pero impone a quien utilizó el dolo la obligación a
la reparación de los daños y perjuicios.

3.5.3. Omisión dolosa (Art. 212, del Código Civil)

La omisión dolosa produce los mismos efectos que la acción dolosa.

Como se puede apreciar en este artículo están señaladas tanto la omisión dolosa
como la acción dolosa. Se considera que a la omisión dolosa existe cuando esta
de promedio el accionar de la mala fe que se da por ejemplo, en aquel silencio
que tiene como intención hacer que el cocelebrante caiga en error, al no
informarle a la víctima de las circunstancias que desconocía con el propósito de
arrancarle su consentimiento para sacar provecho. A la omisión dolosa se le
suele también denominar dolo negativo o dolo por omisión que implica una
voluntad dolosa del parte del que la provoca. Por eso gran parte de los
tratadistas que hemos revisado en trabajo grupal lo caracterizan como una
reticencia que se adopta para reprimir que otro sujeto se equivoque. Lejos de
efectuar la declaración del Casio cuando la víctima ya incurrió en el error, de
mala fe, se omite efectuar la acción.
3.5.4. El dolo reciproco o bilateral (Art. 213, del Código Civil)

Se encuentra regulado en el artículo 213º del Código Civil. Consiste en el


silencio malicioso que tiene como intención hacer que la otra parte incurra
en error, por no informar de aquellos hechos y circunstancias, de los que
la víctima no tenía manera de enterarse por sus propios medios.

3.6. Especies de dolo:


Dolo determinante y dolo incidental" el primero está constituido por
las maquinaciones que, en definitiva, llevan a la persona a celebrar
el acto. El incidental es aquel que no resulta determinante del acto;
por tanto, no lo invalida. Sin embargo, el que lo hubiere cometido
debe indemnizar a la otra parte el daño que de aquél se hubiere
derivado.

Requisitos que debe reunir el dolo como vicio de la voluntad:

- debe ser grave;


- determinante del otorgamiento del acto por la contraparte;
- debe haber causado un daño importante;
- no debe tratarse de dolo recíproco (por ambas partes).

3.7. Los efectos del dolo

Los efectos del dolo resultante de su calificación en el dolo causante, que


puede conducir a la anulación del acto jurídico, o el dolo incidente que
solo puede producir resarcimiento de los daños y perjuicios, en el primer
caso la víctima del dolo tiene expedida la acción de anulación y , en el
segundo la correspondiente acción indemnizatoria.

3.8. La prueba en el dolo

El dolo como hemos visto, además de un vicio de la voluntad configura


un ilícito civil. Para su prueba se aplica el principio general: onus
probando incumbit actori. Deben estar dirigidos a poner evidencia la
acción u omisión dolosa y los daños y perjuicios irrogados.
3.9. Violencia o intimidación

La violencia es la coacción ejercida sobre una persona para obligarla a


realizar un acto que no quiere. Se trata de una fuerza física o moral que
infunde temor y que obliga a la realización del acto jurídico. En el
concepto dado quedan comprendidas tanto la violencia física como la
violencia moral o intimidación.

Debe tratarse de una amenaza injusta (no lo sería si alguien que ha


cumplido la prestación a su cargo, intima al otro a cumplir bajo
apercibimiento de iniciarle acciones legales y ejecutarle los bienes).

La intimidación no afectará la validez de los actos, sino cuando por la


condición de la persona, su carácter, habitudes o sexo, pueda juzgarse
que ha debido racionalmente hacerle una fuerte impresión.

Siguiendo al esquema del derecho romano, la violencia se divide en:

3.5.1. Anulación por violencia o intimidación (Art. 214, del Código Civil)

La violencia o la intimidación son causas de anulación del acto jurídico,


aunque hayan sido empleadas por un tercero que no intervenga en él.

3.5.2. Elementos de la intimidación (Art. 215, del Código Civil)

Hay intimidación cuando se inspira al agente el fundado temor de sufrir


un mal inminente y grave en su persona, su cónyuge, o sus parientes
dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad o en
los bienes de unos u otros.

Tratándose de otras personas o bienes, corresponderá al juez decidir


sobre la anulación, según las circunstancias.

3.9.3. Criterios para la clasificación de la violencia o intimidación (Art. 216, del


Código Civil)
Para calificar la violencia o la intimidación debe atenderse a la edad, al
sexo, a la condición de la persona y a las demás circunstancias que
pueden influir sobre su gravedad.

3.9.4. Supuestos de no intimidación (Art. 217, del Código Civil)

La amenaza del ejercicio regular de un derecho y el simple temor


reverencial no anula el acto.

3.10. Sus efectos

La violencia tiene que ser probada por quienes la alegan como causal de
nulidad del acto, por lo que el actor podrá recurrir a cualquier medio
probatorio idóneo es decir adecuado y apropiado.

3.11. La prueba de la violencia

Las acciones de anulación fundada en la violencia es prescriptible y se


extingue en un plazo de 2 años, conforme a lo establecido por el inc.4 del
artículo 2001 del código civil.

El mismo plazo rige para las acciones indemnizatorias que genera la


violencia, tanto la que es dirigida contra la parte como contra esta y el
ter4cero, si actuaron en conveniencia, o solo contra el tercero si la parte
fue ajena el empleo de la violencia, pues se trata de una imputación de una
responsabilidad contractual.

Tanto para la acciona anulatorias como para la indemnización, el plazo se


computa desde el día que se puedan ejercitarse las respectivas acciones,
conforme al artículo 1993 del código civil.

Para lohmann luca de tena, considera que no hace falta el causante de


la presión física o moral se beneficie del negocio así obtenido, n es
necesario que la parte no victima este impuesta del vicio que afecta a la
otra parte. Baste que la voluntad este viciada para que el negocio se
anulable.