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Mamá el día de hoy aprendí acerca de: El miedo

Me enseñaron que el miedo es una emoción básica que todos sentimos y que no es malo que a veces me
asuste al contrario es algo que me ayuda a que el cerebro envié señales a mi cuerpo que se coordinan para
protegerme ante algo.

En nosotros los niños, los miedos son fruto de la educación, la sobreprotección, los modelos de conducta, las
interpretaciones que tengo sobre mis actividades y los mensajes que recibo del exterior.

Estos miedos pueden evolucionar y no ser adaptativos, perjudicando y afectando diferentes áreas de mi
desarrollo.

¿Cómo me puedes ayudar a enfrentar mis miedos?

1. Respeta y no ignores esta emoción. Yo necesito tranquilidad y palabras que muestren que me entiendes,
que me vas a ayudar y que no estaré solo.

2. Habla con naturalidad de mis miedos y no sobreprotejas mis reacciones ante él, porque así refuerzas mi
actitud.

3. Evita ridiculizarme con un “mañana se reirán todos de ti”, ni te burles diciéndole “¿no te da vergüenza con lo
mayor que eres?”, lo etiquetes de “miedoso”, “miedica”, ni le compares con sus hermanos o amigos con frases
del estilo de “Pedro no tiene miedo como tú” o “A ver si aprendes de tu hermana”. Se que lo dices con la
intención de ayudar y motivar, pero lo que consigues es debilitar mi autoestima y que me sienta sin recursos
para afrontarlo.

4. No dramatices los miedos porque son parte de mi desarrollo evolutivo. Cuéntame que tú también tuviste
miedo a lo mismo cuando eras pequeño y dime que es normal. Esto me tranquiliza. Recuerda que tu y Papá
son mis figuras de referencia y mis ídolos.

5. No me castigues por haber tenido miedo. El miedo es una respuesta involuntaria que hace que luches,
huyas, o te quedes paralizado. No hay intención en ello. Castigar una reacción que es incontrolable va a
generar más miedo y frustración. Lo que es controlable es quitar dramatismo al miedo, darme una explicación
y apoyarme, pero no la propia reacción del cuerpo.

6. Anticípate y trabaja para que sea una persona segura. Visualiza situaciones y habla de cómo me gustaría
reaccionar: así se prepara su escenario. En el caso de la oscuridad, por ejemplo, puedes jugar de día bajando
las persianas. Esto me ayuda a familiarizarme con la situación. Enséñame también estrategias de relajación y
control respiratorio, son herramientas que nos van a servir a los dos.

7. Podemos comenzar un diario de mis miedos para ir viendo mi progreso. Recordemos juntos mis miedos
pasados y anotemos cómo voy superando los presentes y sus logros. Así ire interiorizando su evolución y mi
capacidad de superación, necesaria para la vida.

8. No evites mis miedos. Para superarlos, tengo que enfrentarlos poco a poco y en compañía de las personas
que me dan seguridad, y lo que haces está condicionando patrones futuros. Es decir, no me tapes los oídos
con las tormentas, ni cruces de calle cuando viene un perro. Pero tampoco hagas lo contrario y me obligues a
tocar al animal o me lances a la piscina para que pierda el miedo al agua definitivamente. Acepta que cada
persona tiene un proceso.

9. Fomenta la comunicación para hablar de mis miedos. El hecho de expresarlos ya me está ayudando a
enfrentarlos. Usa la creatividad y no solo las palabras: hay que ver libros, cuentos, videos o películas, y crea
historias que traten de mi miedo para familiarizarme con él y quitarle su fuerza.

10. Refuerza toda conducta o pequeño logro que vaya consiguiendo, no esperes al final. En el camino todos
necesitamos el apoyo y la fuerza de los demás.
“Cuando los miedos persisten y condicionan la vida del menor en su entorno familiar, escolar o social, los
llamamos miedos irracionales y pueden desembocar, por ejemplo, en fobias específicas o en trastornos de
ansiedad que empeorarán la salud de tu hijo y que requerirán de la intervención de un profesional. Para
evitarlos, pues, es importante que acompañes a tu hijo en sus miedos; para hacerlo, necesitarás echar mano
de tu inteligencia emocional pero, a cambio, conseguirás que tus hijos crezcan sanos y felices.”