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Literatura española- Tercer año del Profesorado de Español

Prof. Lourdes Martínez Puig- Año 2018

Estudiante Florencia Álvarez

Trabajo 1

Consignas

1. ¿En qué época se ubica la obra el “Poema de Mío Cid”? Señale algunos
aspectos fundamentales de esta época.
2. Defina el “mester de juglaría”.
3. Concepto de cantar de gesta. ¿Por qué el “Poema del Mío Cid” es un
cantar de gesta?
4. Caracteres generales de esta obra: Fecha y autor, escritura, tema.
¿Quién era el Cid desde el punto de vista histórico? Reconocer aspectos
relacionados con la historicidad de esta obra.
5. Desarrolle el siguiente tema:
Caracteres generales del cantar primero: El Destierro
Análisis de las series 1, 2, 3, 4 y 5

Desarrollo

1. El “Poema de Mío Cid” se ubica a mediados del siglo XII. Es reconocida


como la primera obra que se conserva de la épica medieval española, copia
única en 1307 por medio de Per Abbat y compilada en 1779 por Tomás
Antonio Sánchez quien publica poemas castellanos anteriores al siglo XV.

La obra se ubica en la Edad Media, período histórico que tiene sus comienzos
con la caída de Roma y el Imperio Romano Occidental en el año 476 d. C.
Varios historiadores la separan en tres etapas: La etapa temprana comprendida
entre los siglos V y IX inicia con las invasiones germanas y termina
nuevamente con invasiones vikingas; la etapa alta situada entre el siglo IX y
XII; y etapa baja comprendida entre los XIII, XIV y XV.

Por otro lado, Juan Luis Alborg (1997: 25) establece otro criterio que subdivide
este diverso período histórico. En primer lugar la época “anónima”, denominada
así por el carácter anónimo de los autores de las primeras obras literarias, esta
etapa concluye en el siglo XIII de modo que en el siglo XIV aparecen las
primeras personalidades literarias que finalizan esta época medieval para dar
comienzo a una etapa prerrenacentista con influencias clásicas e italianas
dando lugar en los dos primeros tercios del siglo XV a la etapa prerrenacentista
española propiamente dicha donde se llevan a cabo los primeros intentos de
adaptación de las corrientes italianas.

Finalmente, Francisco Gutiérrez propone cuatro etapas de la Edad Media, cuyo


criterio es el de definir estas etapas según cambios en la literatura medieval, es
decir aparición de nuevas corrientes o consolidación de estilos.

Primera etapa entre siglos X y XII donde se encuentran las primeras


manifestaciones de la lírica y de la épica castellana. La segunda etapa se ubica
en el siglo XIII con la prosa y el mester de clerecía. Luego, la tercera etapa en
el siglo XIV con la continuación del mester de clerecía y consolidación de la
prosa literaria. Y por último, la poesía trovadoresca, la italianista y la de tipo
popular como el teatro prehumanista están situadas en el siglo XV finalizando
con la época medieval para luego dar comienzo a la etapa prerrenacentista
como señalábamos anteriormente.

2. “Mester de juglaría” es el oficio o arte del juglar. El juglar era el artista que
tenía como oficio el entretenimiento y la información de acontecimientos de
otros pueblos, estaba presente tanto en el entretenimiento de los reyes como
en las plazas públicas. La lectoescritura era aprendida por una parte minoritaria
de la sociedad, de modo que las obras literarias eran transmitidas oralmente
por el juglar.

Por otra parte, su figura se diferenciaba de la del trovador que era quien
componía las obras que posteriormente el juglar recitaría en público,
habitualmente eran los juglares los que vivían del arte de recitar y no
necesariamente del de componer como lo hacía el trovador. Sin embargo los
juglares introducían modificaciones semántico-pragmáticas a las obras que
recitaban para atraer o mantener la atención del público oyente; lograr su
participación psicológica en lo narrado, es decir que apelaban a la empatía del
público; o, en cualquier caso, destacar algunas partes de la obra que era
necesario enfatizar teniendo en cuenta, entonces, que la transmisión era de
carácter oral. Asimismo, estas modificaciones podían ser introducidas en obras
recogidas de otros países, de modo que era necesario adaptarlas a la lengua y
las costumbres españolas (nuevamente notamos la adaptación semántico-
pragmática).

3. Los cantares de gesta son los relatos épicos que difundía el juglar, se
caracterizaban por ser relatos heroicos de modo que su finalidad era narrar la
vida de personajes notables o sucesos de la vida hazañosos que merecieran
ser narrados, esto ha definido el carácter informativo de las mismas en función
de la curiosidad y admiración del pueblo ante un hecho destacado que incluso
puede afectar el curso del mismo.
De esta forma definimos “gesta” como una hazaña, es decir un hecho
destacado que se diferencia con la lírica en la manera que esta se nutre con
cuestiones que nacen en los sentimientos.

Por otra parte se definen como cantares porque eran transmitidos de forma
oral a través de espectáculos. Las características fundamentales de estos
espectáculos eran las de llegar a todos los habitantes del pueblo incluso a los
reyes y nobles; y tratar asuntos contemporáneos, rasgo de sumo interés para
todos ellos. Se caracterizaban también por no tener autor conocido, las obras
estaban escritas en versos y separadas en series o tiradas, eran poemas de
dos hemistiquios cuyos versos agrupados en arte mayor presentaban rima
asonante y métrica irregular. Algunos de los recursos estilísticos de estos
catares de gesta era la variedad y alternancia de tiempos verbales; el uso de
las parejas de sinónimos como “pequeñas son y de días chicas”, y también de
parejas inclusivas, como “moros y cristianos”(es decir, todo el mundo); o el
empleo de las llamadas frases físicas al estilo del “llorar de los ojos” o “hablar
de la boca”, que subrayan el aspecto gestual de la acción, el uso de las
hipérbaton como forma de énfasis de la idea, en este ejemplo, de urgencia
“Aprisa cantan los gallos y quebrar quiere el albor”(citando la versión en
castellano antiguo).

Es preciso mencionar también que los cantares de gesta pertenecen a la épica


castellana. Esta se caracteriza frente a la épica francesa y germánica por
carecer de elementos maravillosos o fantásticos, está dotada de realismo e
historicidad a tal punto que han servido de documentos auténticos que revelan
creencias y costumbres de la época. Los personajes no se muestran
idealizados de manera subrehumana, sino que conservan las proporciones
humanas en cuanto a las acciones esperadas.

Finalmente, se registran diferentes posturas frente a los cantares de gesta.


Alborg en su “Historia de la literatura española”, capítulo I. Afirma que la única
gesta castellana conservada íntegramente es el Cantar de Mío Cid, mientras
que Menéndez Pidal sostiene que posiblemente hayan existido otras épicas
que se han perdido, esta postura tradicionalista lo conduce a sostener entonces
que la “Chanson de Roland” y el “Cantar de Mío Cid” se entienden a la luz de
otras épicas que se han perdido. Por otra parte, Bedier en su postura
individualista alega que los primeros poemas existentes “La Chanson de
Roland” y el “Cantar de Mío Cid” fueron cantares de gesta escritos varios años
después por poetas cultos de carácter clerical, que pudieron haber sido
conservados en algún monasterio.

4. Podemos afirmar que el Cantar de Mío Cid es el único cantar de gesta de la


épica castellana que se ha conservado y se escribió, según investigaciones de
Menéndez Pidal, alrededor de 1140 por un juglar de Medinaceli. Se ha
transmitido en una copia de 1307, escrita por Per Abbat. Sin embargo,
Menéndez Pidal ha reconstruido un posible cantar anterior al primero tomando
la obra “Crónica de Veinte Reyes” donde se prosificó.

Posteriormente el autor postula la posibilidad de que la obra haya sido escrita


por un juglar anterior al primero situado a ochenta kilómetros de Medinaceli, en
la región de San Esteban de Gormaz, donde es localizado el robledal de
Corpes debido a que “no solo se dan minuciosas informaciones, sino que la
afrenta (…) pertenece exclusivamente a la tradición local de San Esteban”
(Alborg, 1997: 55). Nuestro investigador alega al hecho de que el posible juglar
de Medinaceli haya reescrito la obra del anterior que trataba la figura del héroe
que luchaba contra la envidia de la clase social superior:

“Al poeta de San Esteban -en el texto hoy conservado- pertenece íntegro al
Cantar del destierro (lleno de recuerdos topográficos de las cercanías de
aquella localidad, referente a los primeros hechos del Cid desterrado; hechos
por lo general importantes, pero históricamente comprobados), pero son ya
considerables la alteraciones en el Cantar de las bodas y muy notables en la
afrenta de Corpes, todas ellas debidas a la posterior intervención del juglar de
Medinaceli” (Op. Cit. 1997:56).

Además de ser poemas de dos hemistiquios, la obra está estructurada en


versos estaban escritos en arte mayor con rima asonante, métrica irregular y
separados en series o tiradas.

El tema de este cantar de gesta es, según De Chasca (1972):

“(…) el restablecimiento de la pérdida de la honra del héroe. Empieza con el


destierro de éste y termina con su triunfo jurídico en las Cortes de Toledo. Y
todo lo que ocurre entre este principio y este fin contribuye al engrandecimiento
progresivo de Rodrigo”.

En cuanto a otros aspectos relacionados a la historicidad de la obra, es preciso


mencionar que el juglar aporta datos concretos y la geografía, como hemos
detallado anteriormente, se ha podido reconstruir, notándose más objetividad
cuando el poeta narra hechos localizados en la frontera de Castilla. Pero
algunos detalles son ficticios, como las arcas de arena, la aparición en sueños
del arcángel Gabriel; el episodio del León, donde se descubre la cobardía de
los infantes de Carrión. Y otros detalles que carecen de exactitud histórica
como el sitio de Valencia (que duró tres años en la obra y veinte meses en los
hechos históricos) y el matrimonio consumado de las hijas del Cid (se
evidencian datos en la obra que dan cuenta de la imposibilidad de que se haya
consumado el matrimonio de las hijas del héroe).

Con respecto a los personajes, es plausible afirmar que Rodrigo Díaz de Vivar,
Doña Jimena y las hijas existieron. Díaz de Vivar fue Vasallo de Sancho II, rey
de Castilla. Tras su imprevista muerte, el trono pasó a su hermano Alfonso VI,
rey de León. Según datos históricos, ambos reinos estaban enfrentados. El Cid,
antes de la muerte de Sancho, lucha contra León por lealtad a Castilla, esto
genera rivalidades con algunos integrantes de la corte del Rey Alfonso. Incluso
su valentía despierta la envidia de uno de los Nobles en particular: García
Ordóñez. Finalmente cuando el héroe formó parte del reino de León continúan
las rivalidades.

Por otro lado, podemos sostener según los aportes de Menéndez Pidal, que
Doña Jimena provenía de un alto linaje, era sobrina segunda del Rey Alfonso
VI y contrajo nupcias con Díaz de Vivar por acuerdos para establecer vínculos
de amistad entre Castilla y León. En la obra no se hace referencia a este linaje
de Jimena de modo que el énfasis está puesto en la función de esposa y
madre. En cuanto a las hijas Doña Elvira y Sol, en los hechos históricos se
llamaban Doña Cristina y María.

5. El destierro del Cid se puede entender en dos hechos históricos. El primero


es la rivalidad entre Castilla y León, de modo que el Cid había sido un vasallo
fiel al Rey Sancho de Castilla hasta su muerte. Esto puede verse como un
motivo que lleve a creer al rey las calumnias que tuvieron como consecuencia
el castigo del héroe. Por otro lado la rivalidad entre vasallos, es decir, la
marcada envidia de García Ordóñez hacia las hazañas tan heroicas y honradas
del Campeador que por mérito propio se había ganado los favores del rey.

¡Esto me an buelto mios enemigos malos!

Esta rivalidad se ve marcada en más de una serie, pero tomamos como


ejemplo el verso en estilo directo de castellano antiguo que finaliza la serie
primera.

Asimismo, el canto comienza por la angustia del Cid por el destierro y la injuria
de sus enemigos que lo obliga a abandonar todo cuanto posee y marcharse al
exilio en busca de recuperar la honra que con tanto mérito había ganado. En
este cantar se pueden reconocer las motivaciones que lo conducían a iniciar
esa búsqueda, según señalan los críticos. Una de ellas era la motivación
humana, es decir que nuestro héroe, sin cuestionar la decisión del rey, insistirá
en revindicar su honra arrebatada por sus enemigos. Y luego, la motivación
divina que se manifiesta en la serie primera con el ruego del mismo. No
obstante, otros autores afirman que la motivación divina aparece en la
bendición de la niña en Burgos.

Ahora bien, es posible interpretar el destierro en dos etapas. La primera que


tiene su inicio en la noticia del castigo hasta la salida de Don Rodrigo del reino.
Y la segunda desde la salida del reino hasta el final del canto. Sin embargo, el
final del destierro se puede señalar con mayor propiedad en la serie 104 donde
el juglar introduce en estilo directo la voz del rey otorgándole el perdón al héroe
Así lo haré con alma y con corazón,

aquí os perdono, Cid, y os vuelvo mi favor,

desde hoy en todo mi reino acogida os doy yo.

En un análisis más profundo de las primeras cinco series, podemos distinguir


en la serie inicial una secuencia narrativa que nos acerca a la causa de su
situación, el Cid convoca a sus vasallos, bendice de antemano a quienes
quieran seguirlo y procura otorgarle felicidad a quienes elijan quedarse. Esta
actitud despojada de rencor hacia los que posiblemente quieran quedarse es la
primera característica que interpretamos del héroe medieval. En los siguientes
versos destacamos la desgarradura del desterrado nombrado así por Salinas.

De los sos ojos tan fuertemientre llorando,

tornava la cabeça e estávalos catando.

Citando los versos en castellano antiguo se puede visualizar el énfasis en el


llanto en los ojos del desterrado, un llanto profundo contenido al volver la
cabeza posiblemente como tomando consciencia de todo lo que ha sido
obligado a abandonar. Pedro Salinas, como mencionamos en el párrafo
anterior, destaca una idea central de la desgarradura del hombre y su tierra en
el momento del destierro donde se aprecia la pena del mismo. En tanto afirma
que desterrarse es arrancarnos de lo nuestro, es decir, dejar de ser nosotros,
en una proporción enorme de nuestro ser en todo aquello que hemos preferido
para tenerlo alrededor (Salinas, 1958:31). Considera que esa expresión
constituye una fórmula épica dentro del poema, que es una característica del
ser humano y por lo tanto cualquiera de nosotros puede sentirse identificado,
de modo que esta emoción trasciende tanto la frontera literaria y temporal con
relación al público espectador de la época, los lectores posteriores y los
contemporáneos.

Vío puertas abiertas e uços sin cañados,

alcándaras vazías, sin pieles e sin mantos

e sin falcones e sin adtores mudados.

En los versos que siguen podemos interpretar una enumeración como figura
literaria que coordina un cuadro de ausencias que vislumbra nuestro
desgarrado protagonista cuando vuelve la vista.

Esta serie finaliza con la voz del mesurado introducida por el juglar marcando la
injuria de sus enemigos, aquí se puede destacar que el fiel vasallo no cuestiona
la decisión del rey. Luego de acentuar ese rasgo tan característico en relación
al estatus que poseía, la mesura se puede interpretar previamente en Sospiró
mio Cid como marca del autocontrol ante tan desgarradora situación.
La serie siguiente tiene como escenario el camino a Burgos y el interrogante de
lo que le deparará su nueva vida como desterrado. El elemento que se destaca
en esta serie es el augurio de la corneja volando hacia la derecha a la salida de
Vivar y hacia la izquierda llegando a Burgos.

Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra,

pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda.

Esto se puede interpretar que en Burgos no les espera un buen pasar,


marcado así en nuestra versión del castellano moderno por la conjunción
adversativa (pero), aunque continúa predominando la incertidumbre de los
guerreros. Sin embargo los versos finales en estilo directo a la voz del héroe
haciéndose cargo de su situación nos anticipan la vuelta a Vivar con la honra
recuperada.

¡Ánimo, Állvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan,

pero cargados de honra hemos de volver a ella!

A continuación, la serie tercera se desarrolla en Burgos.

Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.

En este verso se destacan los epítetos pendón y campeador que nombran a


sus caballeros como insignias con la que se identifica el Campeador y al Cid
con énfasis en el rasgo excelencia heroica que lo caracteriza. A su vez el juglar
expresa la precisión numérica de los guerreros que acompañan al protagonista
posiblemente a la luz del énfasis en la cantidad de hombres que sin dudarlo
están dispuestos a atravesar el camino incierto hacia la reivindicación de la
honra.

Todos salían a verle, niño, mujer y varón,

a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.

En esta cita observamos la presentación del pueblo y la actitud que les marca
el juglar. Vemos entonces que la llegada de los desterrados llamó la atención
de todos, y se remarca que salieron a las ventanas, esto se puede interpretar
como el primer indicio de que los burgaleses ya conocían la orden del rey y por
lo tanto no salían a recibirlos.

¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!

Y de los labios de todos sale la misma razón:

-¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!-


Vemos nuevamente en los versos contiguos otro indicio de que los pueblerinos
ya conocían la orden del rey, pero el poeta nos revela aquí la pena y el dolor
que sentía la gente que podía entender el dolor del desterrado. Esta
presentación que se hace del pueblo con la imagen de los ojos que lloraban,
nos remite a compararla con la serie primera donde también se presenta al Cid
con el llorar de los ojos. Luego del llanto surgen las palabras de la gente en
estilo directo, que se puede interpretar como un recurso que otorga mayor
énfasis en la pena de los mismos. A su vez observamos la construcción del
condicional que se podría interpretar como un cuestionamiento a la orden real,
es decir que el rey no es un buen señor, de lo contrario no hubiese desterrado
al buen vasallo.

De Chasca sostiene que esta reprobación del pueblo se puede interpretar de


manera indirecta. Esta expresión puede sugerir una condición, pero también
expresa un deseo, el deseo de que el rey fuera tan bondadoso como su
vasallo.

La cuarta serie inicia expresando la continencia de los burgaleses a hospedar a


los desterrados. Vemos aquí un posible contraste entre lo que desean y lo que
deben hacer. El Cid se dirige a la posada en busca de alojamiento y se
encuentra con las puertas cerradas. Desconoce el motivo de lo sucedido hasta
la aparición de la niña que le explica el acatamiento de la orden que se nos
presenta al inicio de la serie:

La noche pasada a Burgos llevaron una real carta

con severas prevenciones y fuertemente sellada

mandando que a Mío Cid nadie le diese posada,

que si alguno se la da sepa lo que le esperaba:

sus haberes perdería, más los ojos de la cara,

y además se perdería salvación de cuerpo y alma

Vemos entonces una gradación en el paralelismo de castigos, teniendo en


cuenta el pensamiento de la época, podemos afirmar que el orden de los
mismos estaba presente de forma creciente, el mayor miedo de los medievales
yacía en la imposibilidad de salvar su cuerpo y alma luego de la muerte.

Podemos reconocer en esta cuarta tirada una antítesis con la primera. Por un
lado en Vivar se exponen las puertas abiertas en lugar de estar cerradas como
normalmente lo estaban: Vio como estaban las puertas abiertas y sin candados
y por otro lado las puertas cerradas de Burgos, incluyendo la posada que
habitualmente frecuentaba el buen vasallo: cuando a la puerta llegó se la
encuentra bien cerrada.
Luego observamos otra antítesis que se presenta entre los gritos de los
guerreros del Cid y el silencio de los del interior de la posada

La gente de Mío Cid a grandes voces llamaba,

los de dentro no querían contestar una palabra

El juglar a continuación presenta al Cid con toda la fuerza generada por una
marcada impotencia

Aguijó mio Çid, a la puerta se legava,

sacó el pie del estribera, una feridal dava;

Se presentan, entonces una enumeración de las acciones del caballero feudal.


Como podemos visualizar en castellano medieval hay una alternancia en el
aspecto verbal perfectivo e imperfectivo, el primero permite la secuencia de la
acción y el segundo las describe.

Se introduce a continuación la presencia de la niña de nueve años.

La niña de nueve años muy cerca del Cid se para

El poeta expresa con precisión su edad que posiblemente sugiere inocencia,


ingenuidad e inconsciencia de la gravedad del castigo. En estilo directo
comienza el discurso con un elogio con invocación y continúa argumentando el
comportamiento de la gente luego de las amenazas del rey.

-Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,

el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,

con severas prevenciones y fuertemente sellada.

No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,

porque si no perderíamos los haberes y las casas,

perderíamos también los ojos de nuestras caras.

Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.

Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas-.

Omite la pérdida de la salvación del cuerpo y el alma, esto se puede interpretar


a raíz de la posibilidad de que a tan corta edad carezca del entendimiento de lo
que refiere.

El parlamento culmina con la exhortación y bendición de la niña que no espera


respuesta y se marcha, según describe el poeta: Esto le dijo la niña y se volvió
hacia su casa. Podemos sostener según los hechos dados hasta ahora que el
Cid desconoce la última amenaza.

A continuación nuestro desterrado entiende que como tal ya no tiene la gracia


del rey.

Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia.

De allí se aparta, por Burgos a buen paso atravesaba.

Se destaca nuevamente la característica del hombre mesurado ante la


desesperación de no poder alimentarse ni proveer de alimentos a sus
guerreros. Aquí se puede apreciar la antítesis de su reacción con la colérica del
rey.

las rodillas hinca en tierra y de corazón rogaba.

Cuando acabó su oración el Cid otra vez cabalga,

de las murallas salió, el río Arlanzón cruzaba.

Junto a Burgos, esa villa, en el arenal posaba,

las tiendas mandó plantar y del caballo se baja.

Mío Cid el de Vivar que en buen hora ciñó espada

en un arenal posó, que nadie le abre su casa.

Observamos nuevamente la alternancia del aspecto perfectivo e imperfectivo


de los verbos que marcan la continuidad y descripción de los hechos.

Finalizan esta serie, entonces, la enumeración de las acciones del Héroe en


camino hacia la glera, desprotegido e implorando justicia divina.

En la serie quinta se presenta a Martín Antolínez quien siente compasión por el


Cid y a diferencia de los otros burgaleses decide acompañarlo. El juglar
presenta a este nuevo personaje expresando su nombre y origen.

El buen Martín Antolínez, aquel burgalés cumplido,

a Mío Cid y a los suyos los surte de pan y vino;

El personaje, aun conociendo la orden del rey decide llevarle de regalo


alimentos. Se identifica explícitamente pan y vino, de modo que sugiere que no
hubo un desafío total a la orden del rey explícita en la serie anterior porque el
burgalés comparte lo que él mismo tiene.

Prohibido tiene el rey que en Burgos le vendan nada

de todas aquellas cosas que le sirvan de vianda.


Se destaca entonces que no le ofrece un banquete ni le vende los alimentos.

no lo compró, que lo trajo de lo que tenía él mismo;

El poeta distingue la actitud y la alegría del Cid y sus guerreros frente al acto
del burgalés.

Muy contento que se puso el Campeador cumplido

y los demás caballeros que marchan a su servicio.

Luego se introduce el estilo directo donde surge la voz del propio Antolínez

"Mío Cid Campeador que en tan buen hora ha nacido,

descansemos esta noche y mañana ¡de camino!

porque he de ser acusado, Cid, por haberos servido

y en la cólera del rey también me veré metido.

Si logro escapar con vos, Campeador, sano y vivo,

el rey más tarde o temprano me ha de querer por amigo;

las cosas que aquí me dejo en muy poco las estimo."

El nuevo personaje evoca al desterrado con el épiteto alusivo al carácter


campeador del mismo. Anticipa que no puede tener un buen final y el rey podrá
concederles la reivindicación. A través de estos versos podemos interpretar
que toma consciencia de la orden del rey y revela su deseo de acompañar al
Cid porque esto le permitirá permanecer sano y vivo. Vislumbra a su vez la
posibilidad de que el rey deje a un lado su ira y les restablezca la honra
perdida. Culmina su discurso manifestando que no valora perder sus bienes
materiales.

López Estrada reflexiona e investiga sobre Martín Antolínez y afirma que no


parece ser un personaje histórico, sino una invención del poeta. Pero a lo largo
de la obra se convertirá en la mano derecha del héroe.

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