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BASILICA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO – CONVENTO DE

SANTO DOMINGO DE LIMA

HISTORIA DE LA ORDEN DOMINICA:

La orden dominica se destacó en el campo de la teología y doctrina al abrigo


de figuras como Alberto Magno o Tomás de Aquino. Algunos de sus miembros
integraron la Inquisición medieval. La orden fundó la Escuela de Salamanca de
teología, filosofía y economía. Alcanzó su mayor número de miembros durante
la expansión del catolicismo en los territorios de América, África y Asia
incorporados a las coronas de Portugal y de España, donde se reconoce la
labor de personajes como Bartolomé de las Casas por su contribución
temprana a la defensa de los derechos humanos. La orden tuvo un declive en
la modernidad hasta el siglo XIX, pero pudo recuperar su influencia con el
impulso de teólogos como Enrique Lacordaire, participando activamente en el
Concilio Vaticano II y, desde entonces, contribuyendo al desarrollo del
catolicismo contemporáneo. El lema principal de la orden es "Veritas", Verdad
en castellano. Otros lemas son: Laudare, benedicere, praedicare (‘alabar,
bendecir y predicar’).

La Orden de Predicadores fue fundada en Toulouse (Francia) por Santo


Domingo de Guzmán durante la cruzada albigense, y confirmada por el Papa
Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Domingo de Guzmán Garcés, fue un
clérigo nacido en 1170 en Caleruega, localidad de Burgos, España. Fue hijo de
Félix Núñez de Guzmán y Juana Garcés, llamada Juana de Aza. Según una
tradición, el nombre de Domingo se debió al milagro realizado a su madre,
quien después de una peregrinación al Monasterio de Santo Domingo de Silos,
en Burgos, para orar frente al sepulcro y pedirle que le concediese un hijo, el
santo benedictino se le habría aparecido para anunciarle el nacimiento de su
primogénito. De los siete a los catorce años, su educación fue encomendada a
su tío, el arcipreste Gonzalo de Aza, quien le impartió una cuidadosa formación
moral y cultural en Gumiel de Izán (Burgos), despertando en Domingo su
vocación religiosa. A los catorce años fue enviado al Estudio General de
Palencia, primera institución de enseñanza cristiana en España, donde estudió
Artes (Humanidades Superiores y Filosofía) hasta 1190. Al recibir la tonsura, el
primero de los grados clericales, fue nombrado canónigo regular de la catedral
de Osma. Estudió luego Teología hasta 1194, siendo ordenado sacerdote y
nombrado regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de
Palencia. Hasta 1198, estudió docencia y Magisterio Universitario, recibiendo el
encargo del Obispo de la presidencia de la comunidad de canónigos y del
gobierno de la diócesis como Vicario General de la misma. En 1203, por
encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompañó a Diego de Acebedo,
Obispo de Osma, como embajador extraordinario para concertar en Dinamarca
las bodas del príncipe Fernando de Castilla. A su vuelta por el sur de Francia
comprobaron la fuerza de la herejía cátara que en esos momentos estaba en
pleno auge y decidieron contraatacarla desde Languedoc, región del sudeste
de Occitania en el sur de Francia, fundando la primera casa religiosa, el
Monasterio de Prulla, para mujeres en su mayoría viudas de cátaros, quienes
convertidas por los predicadores, vivirán luego como verdaderas monjas
dominicas. En 1215, compartió su idea de fundar una Orden de predicadores
con Fulco, el obispo de Toulouse y el conde Simón de Montfort, con quienes
contó desde el primer momento. Además el testimonio de Domingo, conquistó
a una de las personas más influyentes de Toulouse: Pedro Seila, quien le
entregó dos casas, donde se instalaron para vivir en comunidad y continuar
predicando. La obra de Domingo fue aprobada por el obispo Fulco con estas
palabras:

“En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Ponemos en conocimiento de


todos, presentes y venideros, que Nos, Fulco, por la gracia de Dios siervo
humilde de la Sede de Toulouse, a fin de extirpar la perversión de la herejía,
desterrar los vicios, enseñar la regla de la fe e inculcar a los hombres la sana
moral, instituimos como predicadores en nuestra diócesis a Fray Domingo y a
sus compañeros, cuyo propósito regular es el de comprometerse como
religioso, caminando a pie, y predicar la verdad evangélica viviendo en pobreza
evangélica”

La ocasión de abrir al mundo la Orden fue propicia cuando Domingo acompañó


al Obispo Fulco al IV Concilio de Letrán en setiembre de 1215, y juntos pidieron
al Papa Inocencio III la confirmación de la Orden como organización religiosa
de canónicos regulares. Según la leyenda, (la misma que se cuenta también
para San Francisco de Asís), el Papa Inocencio III vio en sueños cómo la
basílica de Letrán estaba a punto de desplomarse y caer y a Santo Domingo
sosteniéndola. Al despertarse lo mandó a reunirse con sus hermanos y elegir
una regla que fuera la más favorable a los objetivos de la Orden. La regla
elegida fue la de San Agustín y el lema “Contemplari et contemplata aliis
tradere”, contemplar y dar a otros lo contemplado. En 1216, volvió a Roma
llevando un primer proyecto de constituciones para su Orden, fue el papa
Honorio III, sucesor de Inocencio III, quien confirmó la Orden de los
Predicadores el 22 de diciembre de 1216, con la Bula Religiosam Vitam y la
bula Bula Gratiarum omnium largitori, del 21 de enero de 1217 en la que se
corregía la expresión “praedicantibus” (predicantes) por “praedicatoribus”
(predicadores) antes de ser registrada y expedida. Las dos particularidades
fundamentales de la Orden fundada por Santo Domingo fueron: el estado
canonical y la predicación, siendo esta última su gran aporte. Además, la
oración y contemplación fueron parte integrante y elementos indispensables de
la vida de los hermanos dominicos.

Al año siguiente Santo Domingo comunicó a sus hermanos la decisión de


enviarlos a predicar. Semilleros fundamentales para la difusión de sus
postulados fueron la universidad de París y Bolonia, centro del derecho
canónico y romano; es en esta última ciudad donde Santo Domingo fijó su
residencia.

Entre 1217 y 1221 se fundaron nuevas casas religiosas masculinas y


femeninas en otros lugares de Francia, Italia y España principalmente. El 17 de
mayo de 1220, se llevó a cabo el primer Capítulo General, en el que se redactó
el Libro de las Constituciones de la Orden de Predicadores. En el primer
Capítulo se aprobaron normas relativas a la predicación, al estudio, a la
pobreza, a la organización y visita de los conventos, y a la organización de los
capítulos generales, los que se celebrarían cada año.

El 30 de mayo de 1221 se realizó el Segundo Capítulo General en Bolonia, en


éste se decidió dar el nombre de Maestro al superior de toda la Orden. A lo
largo de la historia se le ha llamado Maestro General, General de la Orden, en
la actualidad su nombre es Maestro de la Orden. El 6 de agosto de 1221,
Domingo de Guzmán, entregó su alma a Dios, rodeado de sus hermanos, a
quienes legó un importante legado: “Estas cosas son, hermanos carísimos, las
que os dejo, como a hijos, para que las poseáis por derecho hereditario: tened
caridad, guardad la humildad y abrazad la voluntaria pobreza”. El cardenal
Hugolino Conti, amigo cercano de Domingo, presidió en Bolonia la ceremonia
de sepultura en la iglesia de San Nicolás de Bari, a la que asistió gran cantidad
de fieles convencidos de la santidad de Domingo. En 1233, la vieja iglesia de
Bari debió ser demolida, por lo que solicitaron al Papa Gregorio IX nombre que
tomó al asumir el papado el cardenal Hugolino su traslado a un sepulcro más
conveniente a la santidad de Domingo de Guzmán, quien había obrado muchos
milagros como lo demostraban los numerosos exvotos colocados en las
paredes del sepulcro. En la madrugada del día 24 de mayo de 1233, se abrió el
sepulcro del que salía un aroma “que nadie pudo comparar a cosa conocida,
que excedía a toda imaginación”. Jordán de Sajonia, maestro de la Orden de
Predicadores, quien sucedió a Santo Domingo, trasladó los restos a un nuevo
féretro, cerrado con tres llaves que fueron entregadas una a Jordán de Sajonia,
otra al Podestá de Bolonia y la tercera al Provincial de Lombardía. Luego lo
llevaron a un simple sepulcro en la iglesia de San Nicolás. Un año más tarde, el
Papa Gregorio IX, después de un procedimiento por el que se investigó la vida
y milagros de Domingo de Guzmán, lo canonizó con la Bula Fons sapientiae,
expedida en Rieti, Italia, el 3 de julio de 1234.

LA ORDEN DE PREDICADORES Y SU LLEGADA A AMÉRICA Y AL PERÚ

En las Actas del Capítulo General de la Orden de Predicadores celebrado en


1501 se señalaba: “Que los frailes viajeros al Nuevo Mundo sean idóneos para
la predicación, ejemplares y doctos, a la vez que temerosos de Dios, capaces
de anunciar la palabra de Dios y de confirmarla con su ejemplo.” (Actas IX).

Los primeros dominicos que llegaron a América en setiembre de 1510, lo


hicieron a La Española, actual territorio de Santo Domingo, y sede de la Real
Audiencia, con el objetivo principal de evangelizar. Encabezados por Fray
Pedro de Córdova, la primera comunidad estaba formada por otros tres frailes
dominicos: Antonio de Montesinos, Bernardo de Santo Domingo y Domingo de
Villamayor. Posteriormente llegaron otros frailes haciendo un total de ocho. Fue
fray Antonio de Montesinos, quien el 21 de diciembre de 1511, después de
haber observado junto a la comunidad dominicana, los maltratos, abusos y
violaciones de los encomenderos a los indígenas, pronunció el Sermón,
conocido como Sermón de Adviento en el que denunció desde el púlpito:

“Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible
servidumbre a aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan
detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y
pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muerte y estragos nunca oídos,
habéis consumido?

Tras la denuncia, Fernando el Católico convocó a una Junta de teólogos y


juristas, cuyas conclusiones recoge las Ordenanzas Reales para el buen
regimiento y tratamiento de los yndios, promulgadas en Burgos en 1512, por
ello es que son conocidas también como las Leyes de Burgos, en las que se
declaró la libertad de los indios, la prioridad de la evangelización, y una serie de
derechos fundamentales, al tiempo que se humanizaba el régimen de la
encomienda. Un aliado en la defensa de los indígenas fue el entonces
sacerdote diocesano Bartolomé de las Casas, quien junto a Montesinos viajó a
España para presentar las denuncias del maltrato a los indios ante Fernando el
Católico y luego ante el Cardenal Cisneros, a la muerte del primero en 1516.
Ese mismo año fue nombrado Procurador o protector universal de todos los
indios de las Indias. En 1521, De las Casas ingresó en la Orden de
Predicadores en la Española. En su obra De unico vocationis modo omnium
gentium ad veram religionem, El único modo de atraer a todos los pueblos a la
verdadera religión, escrito hacia 1534-1535, Bartolomé de las Casas, expone
las condiciones de la predicación entre los indígenas. Romero las sintetiza de
este modo:

1. Los oyentes deben de comprender que los predicadores no tienen intención


de adquirir dominio sobre ellos.

2. Los oyentes deben estar convencidos de que ninguna ambición de riquezas


mueve a los predicadores.
3. Los predicadores deben ser tan “dulces y humildes, afables y apacibles,
amables y benévolos al hablar y conversar con sus oyentes, y principalmente
con los infieles, que hagan nacer en ellos la voluntad de oírlos gustosamente y
de tener su doctrina en mayor reverencia”.

4. Los predicadores deben sentir el mismo amor y caridad por la humanidad


que los que movieron a San Pablo, permitiéndole llevar a cabo tan enormes
trabajos.

5. Los predicadores deben llevar vidas tan ejemplares que sea claro para todos
que su predicación es santa y justa.

Si bien los dominicos llegaron en 1510 a La Española, hoy República


Dominicana, se establecieron muy pronto en Cuba (1511), Venezuela (1514),
México (1526), Colombia (1528), Perú (1530), Nicaragua (1532), Guatemala
(1535), Argentina (1550), Chile (1557), Ecuador (1596) entre otros lugares de
América. Entre los siglos XVI y XVIII en América se establecieron 10
provincias:

1. (1530) Provincia de Santa Cruz de Indias. Abarcaba los actuales países del
área caribeña y la costa de El Caribe de la actual Venezuela.

2. (1532) Provincia de Santiago. Abarcaba lo que hoy es México y el sur de los


Estados Unidos.

3. (1539) Provincia de San Juan Bautista. Comprendía lo que hoy es Perú y


Bolivia.

4. (1551) Provincia de San Vicente Ferrer. Abarcaba lo que hoy es


Centroamérica y el estado de Chiapas en México.

5. (1558) Provincia de San Antonino del Nuevo Reino de Granada. Comprendía


lo que hoy es Colombia y Venezuela (con excepción del área caribeña).

6. (1584) Provincia de San Lorenzo Mártir. Abarcaba lo que hoy es Chile.

7. (1584) Provincia de Santa Catalina Virgen y Mártir. Abarcaba lo que hoy es


Ecuador.
8. (1592) Provincia de San Hipólito Mártir. Abarcaba lo que hoy es el estado
mexicano de Oaxaca y zonas colindantes.

9. (1656) Provincia de San Miguel y Santos Ángeles de Nueva España.


Comprendía lo que hoy es el estado mexicano de Puebla y zonas aledañas.

10. (1724) Provincia de San Agustín. Abarcaba lo que hoy es Argentina,


Paraguay y Uruguay.

La presencia de la Orden de Predicadores en el Perú, se inició con seis frailes


dominicos que saliendo de España vinieron con destino al Perú en 1529:
Reginaldo de Pedraza, Alonso Burgalés, Pedro Yépez, Vicente Valverde,
Tomás de Toro y Pablo de la Cruz. Sólo dos de ellos llegaron hasta Panamá:
Fray Tomás de Toro y Fray Vicente Valverde. El primero de ellos que ya había
estado en América en 1511 regresó a Panamá y luego a España donde en
1533 fue nombrado Obispo de Cartagena.

El padre Valverde acompañó a Pizarro y fue él quien el 16 de noviembre de


1532 hizo el requerimiento a Atahualpa de ser súbdito del rey de España y
aceptar la religión católica:

“Entrando hasta la mitad de la plaza, reparó allí, y salió un fraile dominico, que
estaba con el gobernador, a hablarle de su parte que el gobernador le
esperaba en su aposento, que le fuese a hablar: y díjole cómo era sacerdote, y
que era enviado por el Emperador para que les enseñase las cosas de la fe, si
quisiesen ser cristianos, y díjole que aquel libro era de las cosas de Dios; y el
Atabaliba le pidió el libro y arrojóle en el suelo, y dijo: “Yo no pasaré de aquí
hasta que deis todo lo que habéis tomado en mi tierra; que yo bien sé quién
sois vosotros y en lo que andáis”. Y levantóse en las andas y habló a su gente,
y hubo murmullo entre ellos, llamando a la gente que tenía las armas. El fraile
fué al gobernador, y díjole que qué hacía que ya no estaba la cosa en tiempo
de esperar más.”

Fray Vicente de Valverde fue el primero en llegar al Cusco junto a Pizarro el 23


de marzo de 1534 y dos años más tarde fue nombrado Obispo y protector de
indios. En marzo de 1539, envía un informe al Rey, en el que relataba los
atropellos cometidos con los indígenas y la ardua tarea que debía ser
emprendida para resguardar su libertad.

Entre 1534 y 1541, los dominicos establecieron en el virreinato del Perú, casas
religiosas en Cusco, los valles de Chancay, Lurín y Chincha, Lima, Arequipa y
otras regiones al sur y en el altiplano. Desde 1539 se organizó la provincia de
San Juan Bautista, cuya Bula de creación fue expedida por el Papa Paulo III el
23 de diciembre de 1539. El vasto territorio que comprendía la provincia de San
Juan Bautista, estaba descrito en el documento:

“Señalamos por términos, desde el Puerto de del Nombre de Dios a Panamá, y


discurriendo desde allí por la costa incluido el Puerto de Guatemala y, por
tanto, la provincia de Nicaragua, sea de la Provincia de San Bautista del Perú
hasta el río de la Plata; desde el mar que se dice del Norte hasta el mar del
Sur, con todas las islas y tierra firme descubiertas”.

Así mismo en el documento se asignó a la Provincia a los religiosos Fray


Tomás de San Martín como Provincial y Fray Juan de Olíaz, como segundo, en
el caso de que algo le sucediera al primero, además de otros 12 religiosos.

El 6 de mayo de 1540 se recibieron en Lima el Breve Pontificio y las patentes


generalicias de creación de la Provincia. Fray Tomás de San Martín sería el
padre provincial, Fray Martín de Esquivel el Prior del convento del Santísimo
Rosario de Lima. A Fray Juan de Olíaz se le encomendaría la evangelización
de Charcas y a Fray Pedro de Ulloa la evangelización en Arequipa y Huánuco.

“La nueva provincia abarca un inmenso territorio, variado en idiomas, climas,


distancias y costumbres. La evangelización en estas circunstancias supone la
intervención de gigantescos esfuerzos. No importa. La tarea ha comenzado y
pronto surgirán frutos maduros por el sacrificio, la decisión indesmayable y,
sobre todo constante que fecundará la semilla del bien”

Además del convento de Lima, hacia la segunda mitad del siglo XVI se
sumaron los de Cusco, Potosí, Chuquisaca, Tarija, Arequipa, Parinacochas,
Huamanga, Huancavelica, Castrovirreina, Condesuyos, Huánuco, Trujillo,
Chicama, Yungay, Chincha, Huancayo, Callao y Panamá.
Se calcula que hasta 1544 habían llegado a Lima 55 religiosos procedentes de
España, y otros de México y demás lugares de América, haciendo un total de
300. A fines del siglo XVI, en 1594, la provincia de San Juan Bautista contaba
con 338 miembros repartidos en 22 conventos y 70 doctrinas. Entre los
miembros de la orden había muchos criollos.

Otra tarea primordial emprendida por la Orden de predicadores en el Perú fue


la educación. Se crearon centros en todos los niveles, desde las escuelas o
centros de primeras letras hasta los Estudios Generales, también aquellos
donde se instruirían los aspirantes a sacerdotes. En ellos se impartieron
gramática, artes, filosofía, retórica, humanidades, teología y derecho canónico.

En Lima dos instituciones educativas importantes fueron la Universidad de


Lima y el Colegio Santo Tomás de la Santísima Trinidad, además de las
muchas escuelas establecidas en el territorio peruano hacia mediados del siglo
XVI.

El 12 de mayo de 1551, se suscribe en Valladolid la Real Cédula en la que se


concede la creación del Estudio General de Lima, bajo el modelo de la
Universidad de Salamanca. Este privilegio alcanzado por la Ciudad de los
Reyes, se debió a la intercesión del dominico Tomás de San Martín. En ella se
impartía enseñanza en 17 asignaturas en las Facultades de Cánones, Leyes,
Teología y Artes y en la cátedra de lengua indígena.

Desde 1573 hasta 1571, los rectores fueron priores dominicos. Después de
algunos desacuerdos, se produjo la primera reforma, al elegir al primero de los
rectores laicos.

Ese mismo año fue nombrada como Real Y Pontificia Universidad de la Ciudad
de los Reyes de Lima, por el Breve Pontificio Exponi Nobis promulgado por el
Papa Pío V. Desde entonces la universidad quedó bajo la autoridad del Rey e
independiente de la Orden de Predicadores.

El nombre de Universidad de San Marcos, como hoy la conocemos, se inició a


partir de 1574, en que por sorteo recibió el nombre de uno de los cuatro
Evangelistas, denominándose Real y Pontificia Universidad de San Marcos.
Entonces la universidad ocupaba un local junto al que posteriormente, se
construyó la iglesia de San Marcelo.

En 1576, se trasladó al local ubicado en la Plaza de la Inquisición hasta 1867,


cuando pasó al local del Convictorio de San Carlos en el actual Parque
Universitario. Allí funciona en la actualidad el Centro Cultural de la ahora
denominada Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El Colegio de Santo Tomás de la Santísima Trinidad, fue edificado como sede


de los estudios eclesiásticos de los aspirantes a la orden. El arquitecto a cargo
de su diseño y construcción fue el alarife de Lima Fray Diego Maroto, quien
ingresó al convento dominico en 1644.

La arquitectura de los templos, conventos mayores y menores, monasterios,


hospitales, casas hacienda, colegios, entre otras edificaciones, fundadas por
los dominicos a lo largo de todo el territorio del virreinato del Perú, a los que
estuvieron asociadas numerosas manifestaciones artísticas: pintura mural, de
lienzo, esculturas, retablos, sillerías corales, púlpitos, etc. que constituyen un
valioso patrimonio y que merecen estudios específicos, por lo tanto no
formarán parte del presente artículo.

Entre los tantos personajes importantes pertenecientes a la Orden de


Predicadores, además del ya señalado Tomás de San Martín, debemos
resaltar la labor de Jerónimo de Loayza, quien llegó a Lima en 1543 y fue
nombrado primer arzobispo de Lima en 1547. En 1551 y 1567 convocó al
primer y segundo Concilios Limenses respectivamente, el tema principal de
éstos era el adoctrinamiento, por ello se recomendó a los clérigos, la
enseñanza y aprendizaje del quechua para que hubiera una mejor comprensión
por parte de los indígenas.

Fue además el fundador del primer hospital para los naturales, el de Santa
Ana, creado por Real Cédula de 18 de mayo de 1553. En 1575, año de su
muerte fue enterrado en el mismo hospital.

Fray Domingo de Santo Tomás, quien además de escribir la primera gramática


de la lengua quechua, Grammatica o Arte de la lengua general de los Indios de
los Reynos del Peru, fue un ferviente defensor de los indígenas, oponiéndose
fervientemente al sistema de encomiendas. 20 Recibió de Carlos V el encargo
de custodiar el cumplimiento de las Leyes Nuevas (1542) y fue el principal
opositor a la venta de la perpetuidad de las encomiendas, al cobro del tributo y
al pago de los diezmos, impuesto que debía cubrir el pago de la construcción
de iglesias y los gastos del culto. El 20 de agosto de 1553 escribía a Carlos V:

“Empiézase a los nuevamente convertidos una muy grave vejación en el que se


les hace pagar los diezmos cosa de muy grande trabajo y escándalo para ellos
e impedimento para ser cristianos, porque como están tan excesivamente
cargados con los tributos, o mejor dicho robos, que les llevan sus
encomenderos de lo poquito que con tanto sudor han ganado que para su
miserable sustentación y mujer e hijos les queda, llevarles diezmos, debería
V.M. mandar que por cincuenta o sesenta años no diesen estos naturales
ningún diezmo, pues los prelados y beneficiados tienen suficiente sustentación,
y todo lo que los indios dan de así a V.M. como a sus encomenderos es por
respeto a la doctrina y administración de los sacramentos.”

En 1562 fue nombrado Obispo de Charcas, donde murió en 1570. Señalan los
cronistas que a su muerte una multitud de indígenas clamaba: “Dejadnos ver a
nuestro padre, pues ya no le veremos más, ni queda quien mire por nosotros”.

BASILICA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO – CONVENTO DE


SANTO DOMINGO DE LIMA

El solar fue entregado al momento de la fundación de la ciudad por Francisco


Pizarro y el primer convento que se fundó en la ciudad de los Reyes fue el
Convento de Santo Domingo, bajo el patrocinio de Nuestra Señora del Rosario.
El inicio de la construcción de este conjunto se realizó en 1540 en adobe y
quincha con planos de fray Tomás de San Martín y Fray Salvador de Rivera
(Hijo de Nicolás de Rivera el Viejo, primer alcalde de Lima), el mismo año se
realizó su inauguración siendo su primer prior Fray Martín Esquivel.

Los arquitectos dominicos Juan Garcia y Diego Maroto rechazaron en la iglesia


las diferentes innovaciones barrocas, es por ello que es la única iglesia limeña
que conserva algunos de los caracteres distintivos de la arquitectura entre 1550
y 1620. Todos los cronistas de principios del siglo XVII declaran reiteradamente
que la Iglesia de Santo Domingo tenía una capilla mayor o presbiterio muy
pequeño. En diferentes se había remediado un defecto similar, derribando la
cabecera de la iglesia para hacer una amplia capilla mayor con gran crucero. A
la hora de hacer reformas en la planta de la iglesia, los dominicos procedieron
en sentido contrario a los demás frailes limeños.

El día 14 de febrero de 1633, concertase el alarife Antonio Mayordomo para


alargar el coro en los pies de la iglesia hasta el petril del cementerio, según
traza del maestro de obras conventual fray Juan Garcia. Esta primera reforma
de la planta frustro, en gran parte, la transformación barroca de Santo
Domingo. Solo se alargó el coro alto de los frailes, pero no el sotacoro interior
de la iglesia; de tal modo que, a diferencia de la Merced, San Francisco y San
Agustín, la iglesia dominicana carece de ese amplio vestíbulo detrás de la
portada del templo que sirve de transición entre la calle y las naves interiores.
Debajo del coro alto ha quedado un nartex exterior que no guarda conexión con
el interior de la iglesia, y dentro de el queda oculta la portada de los pies de la
iglesia.

Tampoco se alargaron las naves laterales, de suerte que estas permanecen, en


el trecho hasta las portadas laterales, con sus capillas cerradas como en la
planta gótico-isabelina del siglo XVI. Pero la consecuencia más ostensible de
aquella reforma es que en Santo Domingo no se ha podido organizar a los pies
de la iglesia esa fachada tan majestuosa de las grandes iglesias conventuales
(San Francisco, la Merced y San Agustín), consistente en dos gruesos cubos
de torres entre los que se alberga la gran portada-retablo.

Los arquitectos dominicos Garcia y Maroto excluyeron sistemáticamente toda


conexión entre torres y portada, tan característica del barroco limeño.
Primeramente, se construyo un pequeño campanario, según concierto notarial
de 22 de enero de 1632, firmado entre el prior del convento y Antonio
Mayordomo. El concierto no describe la obra, y solo indica que se haría según
traza de fray Juan Garcia. Algunas décadas después derribaron aquel
campanario, que no sería sino simple espadaña, para edificar en su lugar la
gran torre solitaria que conocemos por el grabado de la obra de Melendez.
Concertó esta segunda torre el alarife Francisco Cano Melgarejo, por concierto
de 31 de mayo de 1659, y la edifico según traza y dirección de fray Diego
Maroto. Los cuerpos superiores fueron modificados durante la segunda mitad
del siglo XVIII, pero todavía queda en pie el primer cuerpo de la torre de Cano y
Maroto. No obstante la majestuosidad de la torre de Santo Domingo, ella
permanece distanciada de toda posible integración con una eventual fachada a
los pies de la iglesia.

Solo durante el tercer tercio del siglo XVII abordaron los dominicos el viejo
problema de la estrechez de la capilla mayor. Por fin se decidieron a derribar la
cabecera de la iglesia desde las capillas laterales paralelas de los Aliaga y los
Agüero: y asi edificaron sobre parte de ellas el gran crucero, al que añadieron
nueva capilla mayor más amplia. Todavía, entre 1682 y 1684, proseguían las
negociaciones entre los frailes y la Cofradía del Rosario para trasladar esta
capilla a su emplazamiento actual, y poder dar libre tránsito por las naves
laterales hasta el crucero. La imagen de Nuestra Señora del Rosario paso al
altar de los Agüero; la de Santa Rosa, desde aquí, al altar de los Aliaga;
además de hacerse concesiones tripartitas para el uso de las respectivas
bóvedas sepulcrales. Por obra y gracia de Maroto, no han tenido nunca
acogida, en Santo Domingo, las bóvedas barrocas de medio cañón.
Permanecen en pie hasta nuestros días, sobre las dos entradas laterales, las
primeras bóvedas góticas de crucería edificadas en cal y ladrillo; por supuesto,
las más antiguas de Lima. Muy tardíamente, el 8 de abril de 1666, se
concertaba Diego de la Gama con Maroto para hacer dos bóvedas de crucería
de cal y ladrillo sobre el presbiterio. Y cuando se amplió el crucero y capilla
mayor no recurrió a las bóvedas de medio canon, ya entonces muy difundidas
en Lima, sino que volvieron a cubrirlo todo con bóvedas de crucería, labradas
en cedro y yeso.

No pudo impedirse que penetrara el barroco en los retablos de Santo Domingo.


Lamentablemente, ello solo duro hasta que ese fanático destructor del barroco
limeño, Matias Maestro, arraso cuantos retablos del siglo XVII encontró en
Santo Domingo.
PLANTA DE LA IGLESIA

Se completó la construcción del templo según el modelo Gótico-Isabelino: de


una nave o cuerpo central de forma rectangular, techado con alfarje de
influencia mudéjar, se encontraba separada del cuerpo por un arco total. A los
costados de la nave central se encontraban las capillas laterales, cerradas e
incomunicadas entre sí, que fueron construidas paulatinamente por sus
cofradías, y se accedían a ellas desde la nave a través de unos arcos de medio
punto. Tanto la Capilla Mayor como las capillas laterales se encontraban
techadas con bóvedas de crucería. (Olascoaga, 2003). El padre Bernabé Cobo
describió al templo como "muy grande y de muy costosa fábrica", además
afirmaba que "la capilla mayor es de bóveda y para tan grande iglesia es tenida
por pequeña". Este era un defecto de la capilla mayor originada por el
ensanchamiento de la nave central del templo. La nave principal tenía un techo
artesonado de madera, y una vez concluida la fábrica del templo a finales del
siglo XVI, se continuó trabajando en su interior, haciendo el Padre Fr. Diego de
Ayala, dorar toda la enmaderación de la iglesia. (Olascoaga, 2003).
ALTAR MAYOR

Lo que más resalta en el altar son las pilastras bañadas en oro burgués, lo cual
muestra lo que viene a ser el estilo clasicismo francés.

El retablo es Neoclásico cuyos detalles arquitectónicos son pintados en dorado


a la porcelana por el artista italiano Francisco Scicali en la primera mitad del
siglo XIX. La preside el Cristo de la Agonía atribuido a Juan Martinez de
Montañez; en el semicírculo cóncavo que corona el retablo se encuentra la
Virgen y el Niño entregando el rosario a Santo Domingo de Guzmán. Los oleos
laterales, obras de J. Guillermo Samanez, representan a Santa Catalina y a
San Francisco de Asis recibiendo los estigmas; datan de 1909 y 1907
respectivamente.
SALA DE RECIBO

En esta sala tenemos un claro ejemplo de lo que es el plateresco, con


evidentemente un recuerdo mudéjar. Curiosamente cuando llegan a establecer
el virreinato en Lima van a empezar con el uso del estilo plateresco. El
plateresco es el renacimiento que triunfa en la época de los reyes católicos,
siendo la fusión del propio renacimiento italiano con recuerdos góticos y con un
alto recuerdo mudéjar.

Inicialmente el convento Santo Domingo fue un estilo plateresco y no barroco


porque evidentemente no existía tal estilo. Estamos hablando del gótico
isabelino que es un estilo recargado en ornato, en decoración, que se asimila a
un repujado de una bandeja de plata, por eso es que se llama plateresco.

El techo de la sala de recibo se puede observar el artesonado inspirado en los


grabados de Serlio realizado en cedro, diseñado con casetones octagonales
ejecutados con la técnica mudéjar del machihembrado con 3 mil piezas a
presión (sin clavos ni pegamentos) realizado en 1580.

Techo artesonado de la Sala de Recibo del Convento de Santo Domingo - Lima


En los márgenes inferiores del techado asoma una cenefa que captura
rápidamente los ojos.

El artesonado es el techo, armadura o bóveda con artesones (de madera,


piedra u otros materiales). El artesón es el elemento constructivo cóncavo,
poligonal, moldurado y con adornos, que dispuesto en serie constituye el
artesonado que netamente vienen del recuerdo mudéjar porque es una
influencia musulmana y aparecen lo que se llama mocárabes (que tienen un
aspecto como los alveolos) y los mocárabes vienen del recuerdo mudéjar
porque es una influencia musulmana. Debemos tener en cuenta que los
musulmanes tenían prohibido la decoración y se van siempre al geometrismo,
sin embargo, este techo está ampliamente decorado pero sin ningún aspecto
figurativo, sino, aparecen decoraciones vegetales y hay una mayor libertad.

Cenefa decorativa en el margen inferior del techado


CLAUSTRO PRINCIPAL

Tiene dos niveles. El de la planta baja está conformado por cuatro galerías, con
arcos de medio punto que descansan sobre pilares los cuales al igual que las
paredes están decorados con azulejos sevillanos que datan de los años 1604 y
1606. En la parte superior de las muross se encuentran pinturas que presentan
pasajes de la vida de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden
dominica, atribuidos a los españoles Miguel Guelles y su ayudante Domingo
Carro en el siglo XVII y Diego de Aguilera en el siglo XVIII, así como otros
anónimos.

En las cuatro esquinas del claustro se encuentran capillas posas con sobre
relieves en madera con los temas: Adoración de los reyes con la imagen de
Santo Domingo de Guzmán en medio de ellos; Anunciación de la Virgen;
Presentación del Niño en el templo; Adoración de los pastores, con santo
Domingo de Guzmán entre ellos. Las capillas posas son altares procesionales
que tuvieron la función de ser punto de paradas de procesiones internas que se
llevaban en el convento.

El techo artesonado de estas galerías es de roble de Panamá, tallados al


estilo mudéjar.

Claustro principal del convento decorado con azulejos en los pilares – nótese
los arcos de medio punto
Claustro principal del convento decorado con azulejos sevillanos del siglo XVII
– nótese en las paredes y los pilares

Galería del claustro – nótese al fondo uno de los altares procesionales.


AZULEJOS

Otras de las cosas que vamos a tener en el plateresco, corriente que surgió en
España allá por el siglo XV extendiéndose por los dos siglos posteriores, como
ya mencionamos, es el recuerdo a lo que son los orígenes renacentistas
(Roma). Entonces, el recuerdo romano lo vemos aquí, en estos azulejos donde
aparecen las coronas de laurel y se puede apreciar los famosos medallones,
los cuales son ampliamente representados en la catedral del ayuntamiento de
Sevilla, en Salamanca y en otros monumentos que son netamente platerescos.
En el Convento de Santo Domingo encontraremos muchos de estos azulejos
que datan de 1604 y 1606, sin embargo la historia del azulejo como cerámica
vidriada se remonta hacia la cultura Mesopotamia que elaboraban losas de
tierra cocida, pintadas por la parte exterior y después barnizadas, esto lo
vemos por ejemplo en el palacio de Darío, tras varios siglos después este tipo
de decoración va a pasar a la cultura Islámica para luego llegar a España por
los árabes en su viajes de conquista, posteriormente los azulejos van tomar
decoración cristianas tales como querubines, ángeles, representaciones de
frailes, grutesco entre otros elementos .
También traería consigo una serie de iconografía que también veremos al
pasar por los alrededores del Claustro Principal como, por ejemplo, la
presencia de escudos, símbolos, representaciones de seres fantásticos,
mitológicos o idealizados, motivos decorativos de influencia romana lo que se
conoce como grutesco, representación del césar y la historia de Santo
Domingo De Guzmán.

El plateresco recurre a lo que son medallones con representaciones de figuras


clásicas romanizadas.

El césar en medallones
Si hablamos de la tendencia del plateresco, nos estamos refiriendo a un
tránsito desde el gótico a lo que sería el renacimiento más puro, así también
este arte era la tendencia en la época de los reyes católicos. Por lo tanto el
acontecimiento que marca en dicha época y que se difunde en el plateresco, es
el de la conquista y el descubrimiento de América, esto lo patentan en el arte
con la representación de iconografías de indios. Esta será otra constante que
va a tener el plateresco y que no necesariamente tenían que ser indios de
Perú, sino, representaciones de indios del caribe. Si nos fijamos, no tienen un
aspecto de ser indios peruanos, ya que este tipo de representación no es
incaico. Por otro lado se da la representación de aves que nada tiene que ver
con las aves europeas, como veremos en la imagen inferior así como también
seres antropomorfos. Se da también la aparición de grutescos que lo vemos a
lo largo de todo el segmento.

Seres antropomorfos
Representaciones de guacamayos

Hombre árabe.
La influencia mudéjar se aprecia en la geometría (lacería) y la aparición de
decoración floral. No es una azulejería estándar, sino, que está hecha para la
orden Dominica porque aparecerán algunos motivos evidentemente dominicos.
Otra característica de estos azulejos, son la aparición de querubines, este tipo
de iconografía posteriormente va a ser copiado durante el siglo XIX por las
azulejerías de Lima y lo van a implementar en casonas.

Azulejos de influencia mudéjar en donde se aprecian los notables diseños de


lacería con trazos en formas geométricas y motivos vegetales
En estos azulejos apreciamos a una iglesia de estilo plateresco bordeado por
decoraciones florales

En la imagen observamos a varios personajes dominicos situados en la misma


línea de altura. Norma estética llamada Isocefalia.
PILETA DEL CLAUSTRO PRINCIPAL

La fuente del claustro es del siglo XVII de Antonio Riva (mismo autor de la
fuente de la plaza mayor en su elaboración), cuenta la tradición que San Martín
de Porres lava en ella el azúcar rubia que había comprado, la cual había
disgustado al fraile cocinero; al lavarla esta se vuelve blanca sin malograrse.

Para hacer un estudio interpretativo de la pileta del claustro principal del


convento, se tiene que tener en cuenta los elementos que la componen, es
decir se tiene que hablar básicamente de la influencia árabe y española
reflejada en la pileta, por ejemplo tenemos el diseño geométrico, la colocación
de los azulejos y la importancia del agua. Hablando de la forma de la pileta
presenta un diseño octagonal, esto debido a la influencia árabe que estuvo
presente en España por más de 700 años. Por otra parte los azulejos que
están colocados en las paredes de la pileta fueron hechas en Sevilla España
en siglo XVII.

Para finalizar es necesario saber la importancia del agua, este recurso es de


suma importancia para la cultura islámica debido a que su geografía es una
zona desértica con poca vegetación es por ello que este recurso representa un
símbolo de riqueza y bienestar debido a la escasez en aquellas tierras
entonces vemos la influencia árabes en la forma geométrica, la presencia de
azulejos y la importancia del agua representada en la pileta.
SEGUNDO CLAUSTRO

El Segundo Claustro, más sencillo que el claustro principal, llama la atención a


primera vista por su peculiar diseño de influencia árabe. Este posee dos
niveles, el primer nivel está confirmado por arcos de medio punto que
descansan sobre pilares almohadillados; el segundo nivel lo constituye arcos
trilobulados sobre columnas de madera y balaustre torneado. La fuente es de
bronce. En este claustro se encuentra una portada con arco apunta típica
influencia árabe y desde aquí se puede llegar a la capilla de San Martín de
Porres.
CORO

En el coro de la iglesia se encuentra la que es considerada la sillería más


antigua del país. Trabajada totalmente en madera de cedro traída de
Nicaragua, es de un estilo Renacentista tardío, con elementos manieristas.

Tiene dos juegos de sillería: el del primer nivel fue esculpido


contemporáneamente, con el diseño basado en el antiguo. Los originales están
en la parte posterior, teniendo en el respaldo tallas de santos y otros
personajes bíblicos. En la parte central de la sillería se encuentra el asiento
principal del Prior del convento, con tallas de Santo Domingo de Guzmán y San
Francisco de Asis, fundadores de Los Dominicos y Los Franciscanos,
respectivamente. La sillería del coro fue tallada por varios artistas entre los que
cabría destacar a Juan Martínez de Arrona.

LA SILLERÍA DE CORO DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO

En el coro alto de la iglesia del convento de Santo Domingo se conserva un


conjunto de sillas que componen la sillería coral de dicho templo, construida
hacia 1603 por el artífice Juan Martínez de Arrona. Dicho mueble litúrgico
actualmente luce en los respaldares de las sillas de la fila superior 49 tableros
escultóricos que representan figuras de santos, además de dos esculturas de
bulto ubicadas en la parte central de la referida sillería. No se conoce la fecha
del inicio de su construcción pero sí la de su término en atención a un
documento firmado por Juan Martínez de Arrona el 11 de marzo de 1603,
donde el artífice afirmó haber recibido todo el dinero concertado por la hechura
de la sillería que hizo en el coro, del convento de Santo Domingo406. Algunos
años más tarde el cronista fray Reginaldo de Lizárraga comentó en su obra
Descripción y población de las Indias, acerca de la sillería dominica lo
siguiente:

“… El coro tiene sillas altas y bajas de madera y de cedro, labradas los


respaldares y de admirables figuras de santos que si fueran dorados no había
más que desear; costaron 18, 500 pesos de a nueve reales y el oficial perdió
muchaplata.”.

Un dato interesante se encuentra en la memoria testamentaria firmada por el


escultor Sebastián de Sande en 1634, relacionado a la sillería dominica, donde
informa acerca de una hechura de Santo Domingo, que tenía en su poder
Sande, para la sillería del convento de la orden de predicadores (Santo
Domingo). Estos datos y testimonios certifican la existencia de la sillería de
coro dominico desde los primeros años del siglo XVII, realizado por Juan
Martínez de Arrona. En el año de 1633 las autoridades del convento de Santo
Domingo de Lima decidieron ampliar el coro alto de su iglesia hasta el pretil del
cementerio, para lo cual contrataron al albañil Antonio Mayordomo, quien hizo,
además, algunas otras obras que modificaron la arquitectura de su iglesia409.
Esta variación espacial en el coro alto tal vez transformó la sillería por primera
vez, pero no se sabe en qué medida. Lo cierto es que algunos autores han
percibido una variada calidad artística en la factura de los paneles escultóricos,
lo que podría indicar o bien la participación de un maestro director de la obra
secundado por oficiales contratados, o la adición de relieves escultóricos
posterior al alargamiento del coro alto dominico, sino ambas.

ALGUNOS RELIEVES DE LA SILLERÍA DE CORO DEL CONVENTO DE


SANTO DOMINGO

Los relieves de la sillería de Santo Domingo son imágenes talladas en madera,


en bajo y medio relieve sin policromar, de tamaño menor al natural, inscritos en
tableros de remate circular.

Por ejemplo:
- En el relieve de la mártir Inés, observamos
al personaje vestida con doble túnica, una
amplia que la cubre hasta los pies y la otra
corta, hasta la cadera, ceñidas a la cintura
mediante un cinto, las cuales traslucen la
anatomía de las piernas y pecho, y lleva
tocado. El cuerpo ladeado de la santa se
afirma sobre un montículo, a modo de
peana, en una postura derivada del
contraposto, con la pierna derecha un poco
retrasada con respecto a la otra ligeramente
flexionada, el torso reclinado sobre su
costado izquierdo pero orientado al lado
opuesto, a la que se contrapone la posición
de la cabeza, lo cual le da un carácter de inestabilidad a la figura. En la
mano derecha Inés sujeta la palma del martirio y en la otra un corderito
en perfil izquierdo, veamos los detalles de las manos con dedos
alargados y destacando la forma de los dedos tipos del manierismo. El
sosegado aspecto del rostro de la santa, muestra las facciones
redondeadas y detalles de carnosidad alrededor de los labios.

- En el relieve del arcángel Miguel, vestido


como legionario romano, con botines,
faldellín, peto, yelmo y capa, se pone de pie
sobre un montículo, en posición frontal y
afectada postura, sujetando bajo su pie
derecho flexionado a un pequeño personaje
antropomorfo con cola, contra la esquina
inferior de la composición. La efigie de
Miguel fuerza el contraposto, por la
inclinación pronunciada de la cadera y el
giro del torso, que parece configurar la
serpentinata manierista en su estructura. El
brazo derecho, llevada al hombro contrario a punto de asestar un golpe,
presenta la mano mutilada, y el otro está oculto bajo la capa la cual se
extiende por detrás del personaje, con drapeado acartonado. El
tratamiento del rostro es similar al de santa Inés, por las facciones
redondeadas y el realce de la piel alrededor de las comisuras labiales y
labio superior.

- En el relieve de san Sebastián, quien lleva


solo un paño amarrado a la cintura, está de
pie en el centro del tablero y en posición
frontal sobre un montículo, y delante de un
tronco de árbol seco al cual se encuentra
atado de las manos mediante soguillas. La
estructura de la efigie resulta chata, por la
restricción de los movimientos del cuerpo al
plano de la tabla escultórica que soporta la
figura. La pierna de apoyo está recta, la otra
flexionada en perfil derecho, y los brazos
extendido s, uno hacia arriba y el otro hacia
abajo, la cabe za está erguida y nimbada. El
tratamiento anatómico es de un preciso tallado, de contornos
delimitados, observado mejor en el labrado
de los músculos y estructura ósea de la caja
torácica. La cabellera presenta mechones
trabajados a modo de repetidos espirales
abultados, enmarcando el rostro de contorno
cuadrangular, el cual presenta las facciones
sin pormenorizar detalles alrededor de ellos.

- En el relieve de san Martín de Tours, quien


viste como soldado con botines, túnica,
brazal y yelmo pretoriano, observamos al
santo situado en el centro de la escena,
vuelto hacia atrás en incipiente serpentinata,
montado sobre un caballo, representado este a su vez en tres cuartos en
perfil izquierdo avanzando sobre un montículo y con la cabeza vuelta
hacia atrás; a ellos se le aproxima por detrás un mendigo, quien ocupa
el lado izquierdo de la composición en una postura que, como
contrapunto de la del santo, configura la serpentinata manierista
subordinado al tablero escultórico. Tiene una prótesis en la pierna
izquierda y se encuentra en posición frontal, con el torso en perfil
izquierdo, los brazos abiertos, pegados al relieve escultórico, para recibir
parte de la indumentaria del santo que blande su espada sobre el
lisiado. Hay detalles de mayor naturalismo como en la anatomía del
caballo por la fuerte musculatura y la manera resuelta del labrado de las
crines ondeadas y en tirabuzón. En tanto las facciones del rostro de los
personajes son redondeadas con realces de la piel alrededor del rostro.

- En el relieve de Santiago Matamoros,


vemos al santo montado a caballo, el cual
está representado en perfil derecho,
llenando todo el ancho del tablero
escultórico e incluso excediendo su marco,
sin completar su representación, que nos
recuerda una característica de la pintura
italiana del siglo XVI; por otro lado la figura
del santo luce sin las proporciones
adecuadas al clasicismo y una rígida
postura frontal, en contraste con los
movimientos opuestos de su brazo derecho
y cabeza, lo cual genera una tensión
divergente al verticalismo de la efigie de Santiago; esta característica se
contrapone a la actitud más natural del equino, el cual está representado
en perfil derecho y avanzando sobre moros caídos. El santo viste como
legionario romano, con botines, faldellín, peto, capa y casco; en la mano
derecha empuña un arma, y en la otra sostiene un pequeño escudo.
- En la representación de la tríada santa
Ana, la Virgen María y el Niño Jesús,
observamos la imponente figura de la
primera, vestida con amplia túnica y velo,
quien ocupa todo el largo del tablero y está
emplazada al lado derecho del mismo, casi
en el eje central de la escena, en
contraposto forzado por la pierna derecha
flexionada y el hombro derecho estirado
hacia adelante en contraste con el torso
quieto y cabeza de la santa en posición
frontal; la mano izquierda la coloca sobre su
hija, y en la otra, sostiene un tallo corto. La
joven Virgen María, vestida con amplia túnica y velo ceñidos al cuerpo,
se sitúa junto y delante de su madre, en el lado izquierdo de la
composición, de pie sobre montículo a modo de peana, en contraposto
también forzado por la pierna derecha flexionada y el hombro estirado
hacia adelante, y el torso y cabeza erguidos, sosteniendo en sus brazos
a su hijo, quien se reclina sobre el costado izquierdo de su madre, en
postura sedente y representado
semidesnudo, en perfil izquierdo, y
desproporcionado brazo.

- En el caso de la representación de María


Magdalena, quien viste túnica y manto,
vemos a la santa de pie, sin peana, en un
contraposto mejor articulado, el
desplazamiento del peso del cuerpo sobre
la pierna derecha corresponde a la flexión
de la otra, ligeramente retrasada, la cadera
movida a la derecha se compensa con el
movimiento del torso hacia la izquierda con
un leve giro hacia el lado contrario, a cuyo
efecto responden los pliegues formados en
la túnica ceñida al busto, y la cabeza ligeramente vuelta hacia la
derecha. La postura de los brazos en diagonal, los cuales se posa uno
sobre el muslo donde sujeta en la mano derecha un libro cerrado, y el
otro en alto en cuya mano sostiene un jarrón, contribuye al efecto de
movimiento armónico de la figura. El cabello largo de mechones
ondulados cae por ambos lados del rostro redondeado de la santa, por
encima de su hombro derecho y por detrás del izquierdo hasta la
espalda.

- En el relieve de Santiago el Mayor, así


como en los tres relieves recientemente
comentados, la postura en reposado
contraposto, el dominio de la vertical, por el
movimiento de las partes del cuerpo y el
drapeado rectilíneo de sus prendas, son los
rasgos en común; así como también el
aplomo de las figuras sobre una superficie
plana. Santiago el Mayor viste túnica y
esclavina; la pierna izquierda flexionada,
parece estar rezagada respecto de la otra,
el torso se mantiene erguido y la cabeza
gira hacia la derecha; bajo el brazo
izquierdo sujeta un libro cerrado, cuya
mano con palma abierta la coloca sobre el abdomen, y la otra sostiene
una vara corta en alto.

Como podemos apreciar los personajes muestran posiciones de contrapostos,


que se ven totalmente forzadas, estos se puede ver por lo general en el cuello,
manos, brazos, etc. También veremos personajes que nos muestran la curva
italiana, lo cual hará notar El estilo manierista. Lo que también se puede
observar es que las imágenes se encuentran en alto relieve. Ahora a
continuación veremos lo que es la curva italiana y las posiciones forzosas que
tienen estas esculturas tal cual lo podemos apreciar en las imágenes inferiores:
CURVA
ITALIANA

Personaje manierista con postura


antinatural y el cuello forzado
Clérigo en donde resalta las
características manieristas al máximo.
Las posturas forzadas y el cuello
totalmente de lado.

Personaje ubicado en las puertas de


ingreso a la torre. Este está esculpido en
alto relieve, podemos notar la longitud
exagerada de las manos, lo que denota el
estilo manierista.

Lo que también se observará


constantemente dentro de la iglesia, será
los jarrones lo cual hará notar lo que es el
clasicismo.
BIBLIOGRAFIA

 LA ORDEN DE PREDICADORES EN EL PERU – MARIA DEL CARMEN


FUENTES – EDITADA POR LA UNIVERSIDAD RICARDO PALMA –
INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL
 GUIA NANDEL – ELZINHA MAYER – NANDA LEONARDINI.
 LA INFLUENCIA HISPANO ÁRABE EN LA ARQUITECTURA PERUANA
– CARLOS COSME MELLAREZ – REVISTA DE ARQUITECTURA
VOLUMEN 3.
 UN ANALISIS .GEOMETRICO: DEL ESPACIO INTERIOR EN LÁS
IGLESIAS MAYORES DE LIMA VIRREINAL Siglo XVIII - MARCELO
ALBERTO CRISTÓBAL CELADITA – UNIVERSIDAD NACIONAL DE
INGENIERIA - FACULTA DE ARQUITECTURA, URBANISMO Y
ARTES.
 ARQUITECTURA VIRREINAL RELIGIOSA DE LIMA - ANTONIO SAN
CRISTOBAL SEBASTIAN – FONDO EDITORIAL UCSS
 LA ESCULTURA EN LIMA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XVII.
EL CASO DEL GRUPO DE LA SAGRADA FAMILIA DE PEDRO
MUÑOZ DE ALVARADO - JAVIER RENATO CHUQUIRAY GARIBAY