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Moniciones Dominicales

10 de junio, 2018

Entrada: Bienvenidos hermanos a la casa del Señor, con gran gozo celebramos el Décimo Domingo
del Tiempo Ordinario; hoy la liturgia nos recuerda que el camino del pecado no nos conducirá a una
vida eterna junto a Jesucristo, pues para ser contados entre la familia de la patria celestial debemos
hacer la voluntad de Dios Altísimo. Con el canto de entrada recibamos a nuestro celebrante.

Primera lectura: el libro del Génesis nos narra un pasaje oscuro y sombrío; el pecado de Adán y
Eva, significa la ruptura de la alianza del Señor con la humanidad, sin embargo Dios nos da una luz
de esperanza al prometernos la redención que es Cristo.

Salmo: Junto al salmista clamamos a Dios por el perdón de nuestras culpas, ya que al redimirnos
nos viene la vida eterna.

Segunda Lectura: San Pablo nos exhorta a luchar por la salvación, pues para entrar en la gloria
eterna debemos ser valientes ante la tentación y estar firmes en lo que creemos.

Evangelio: En él evangelio de San Marcos, Jesús nos hace la invitación; a permanecer siempre en
él cumpliendo la voluntad del Padre, ya que como hermanos que somos de Jesucristo debemos
luchar en esta vida contra el mal. Juntos entonemos el aleluya

Presentación de dones:

Presentamos ante el altar del Señor:

Cirios: Luz de Jesús resucitado que ilumina nuestro camino y disipa todo tentación en nuestra vida.

Pan y Vino: Que mediante la Consagración se convertirán en el verdadero cuerpo y sangre de


Cristo, fuente de vida eterna.

Víveres: Alimentos que han servido de sustento en nuestros hogares y que como agradecimiento a
tu providencia hoy compartimos contigo y los más necesitados.

Ofertorio: Junto al pan y vino ofrezcamos al Señor nuestros sincero agradecimientos y la convicción
de vivir siempre según su voluntad.

Comunión: Cristo que se hace presente en la hostia consagrada nos llama a su mesa,
acerquémonos a recibirlo con la seguridad de que el fortalecerá y dará vigor a nuestra vida. Ya que
con él la tentación no triunfara sobre nosotros.

Salida: Llenos del Espíritu Santo por haber recibido a Jesús, vayamos a proclamar la luz de la
salvación a nuestros hermanos que viven en las tinieblas del pecado, y bajo la protección de nuestra
Madre María Santísima seamos mensajeros de la Buena Nueva de Jesucristo.