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 Harry Sasson

Harry Sasson ha sido catalogado como uno de los mejores en su


ramo y ya su nombre es identificado con buenos restaurantes y con
productos de calidad ; sin duda, Harry Sasson es un nombre que se
volvió una marca.
PERSEVERANCIA Y ESFUERZO
Es lo que ha llevado a este Colombiano a la cima del éxito, con base
en su esfuerzo y perseverancia alcanzo sus sueños, demostrando
que en la vida aquel que sabe que quiere y lo hace con amor
alcanza sus metas.
Asi sea desempeñando se en una profesión tan complicada como lo
es la cocina. Por eso apoya nuevos talentos dandoles la oportunidad
de trabajar a su lado.
Luego de graduarse de bachiller en el Colegio Anglo Colombiano de
Bogotá en 1987, Harry Sasson estudió en el Sena.
Al terminar su carrera profesional y sus prácticas en el Hotel Hilton
de Bogotá, Harry viaja a Canadá: se va por un tiempo a aprender
más y a trabajar con grandes chefs.
H.Sasson – Wok & Satay Bar”
Contando con el apoyo de su familia y de la gente que siempre lo ha
querido, cuadró toda su idea y sin pensarlo más de dos veces se
lanzó al agua y en lo que hoy es conocido como la Zona T de Bogotá,
montó su primer restaurante, el “H.Sasson – Wok & Satay Bar”, que
desde su apertura en 1995 no ha dejado de recibir clientes,
UN HOMBRE SENCILLO
Es un hombre sencillo, que apesar de su exito y tener varios de los
restaurantes mas reconocidos es consiente de que se debe seguir preparando como si fuera un aprendiz ya que parte de
su exito culinario es la investigacion y la innovacion en sus platos.
“Todo el tiempo lo ves leyendo sobre gastronomía, viajando para conocer las cocinas del mundo y viendo programas de
culinaria en televisión”. Pocos saben que la infancia del chef más conocido de Colombia sabe a sancocho y otras delicias
del Valle. Que ha sido operado seis veces de las várices y que es un hombre tímido.El recuerdo aún le humedece los ojos a
Harry Sasson. Sucedió en uno de los restaurantes que tiene en Bogotá. Un comensal ya entrado en años, desconocido
para él —algo inusual pues el chef distingue con precisión a cada uno de sus clientes y sus caprichos—se paró de la mesa
rumbo a la cocina. Cuando tuvo enfrente al autor de la receta que acababa de probar, le agradeció con una frase alta en
calorías: “Dios bendiga sus manos”. Es una tarde de miércoles y Harry está sentado en el Club Campestre de Cali, a donde
llegó invitado por un reconocido banco, que ofrecerá ese día una cena para sus clientes. Pero eso sucederá en un par de
horas. En ese momento, el chef más famoso de Colombia solo quería recordar: lo del viejo que le arrancó lágrimas con
aquel agradecimiento inusual. Lo del niño fisgón que se asomaba a la cocina de la abuela y la mamá para conocer los
secretos de los roscones, almíbares y sancochos épicos que ellas cocinaban a fuego alegre. Sus años pedregosos de
muchacho, en los que tuvo que defender su sueño de querer ganarse la vida detrás de un fogón. Porque, no nos digamos
mentiras, decir que uno quería ser cocinero, 20 años atrás, no era sofisticado. Nadie te iba a confundir con alguien
atildado ni a ofrecer un programa de televisión. Él lo dice sin rodeos: “No se pensaba que fuera algo digno”. Es que Harry
estudió en el Colegio Anglo Colombiano, uno de los más prestigiosos de Bogotá. Y, al filo de graduarse, mientras sus
compañeros tenían los ojos puestos en los Andes para hacerse economistas o ingenieros, él “quería escapar de la
doctoritis” y estudiar cocina. Sus profesores creían que mamaba gallo. Pero él terminó sentado en un salón del Sena,
junto a jóvenes que se transportaban en bus y trabajaban para poder estudiar. De esos años le quedó la primera lección
de su oficio: en la cocina el más importante es el que tiene más sabiduría, no más objetos de valor en la casa. Lo que
siguió después —él mismo lo reconoce—se llama suerte. Logró hacer una pasantía en la cocina del desaparecido Hotel
Hilton de Bogotá y un tiquete de avión para irse a Canadá a trabajar en varios restaurantes de lujo en Vancouver, durante
siete años.