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LA CONFIGURACIÓN DEL NEOPARAMILITARISMO EN LA OPINIÓN PÚBLICA

COLOMBIANA (2010-2014)

HELEN VANESSA MANRIQUE ARCILA


CÓDIGO: 2013160041

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL


FACULTAD DE HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES
LÍNEA DE INVESTIGACIÓN Y ENSEÑANZA DE LA HISTORIA
FEBRERO DE 2018
BOGOTÁ D.C.
LA CONFIGURACIÓN DEL NEOPARAMILITARISMO EN LA OPINIÓN PÚBLICA
COLOMBIANA (2010-2014)

HELEN VANESSA MANRIQUE ARCILA


CÓDIGO: 2013160041

TRABAJO DE GRADO PARA OBTENER EL TÍTULO DE:


LICENCIADA EN CIENCIAS SOCIALES

ASESOR: ALEXIS VLADIMIR PINILLA DÍAZ

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL


FACULTAD DE HUMANIDADES
DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES
LÍNEA DE INVESTIGACIÓN Y ENSEÑANZA DE LA HISTORIA
FEBRERO DE 2018
BOGOTÁ D.C.
FORMATO

RESUMEN ANALÍTICO EN EDUCACIÓN - RAE


Código: FOR020GIB Versión: 01

Fecha de Aprobación: 10-10-2012 Página 3 de 241

1. Información General
Tipo de documento Trabajo de grado.
Acceso al documento Universidad Pedagógica Nacional. Biblioteca Central.
La configuración del neoparamilitarismo en la opinión pública colombiana.
Título del documento
(2010 - 2014)
Autor(es) Manrique Arcila, Helen Vanessa.
Director Pinilla Díaz, Alexis Vladimir.
Publicación Bogotá. Universidad Pedagógica Nacional, 2017. 230 p.
Unidad Patrocinante Universidad Pedagógica Nacional.
PARAMILITARISMO; NEOPARAMILITARISMO; BANDAS
Palabras Claves CRIMINALES EMERGENTES; NARCOTRÁFICO; MAFIA; BACRIM;
OPINIÓN PÚBLICA; PRENSA.

2. Descripción

El presente trabajado de grado presenta un análisis sobre la configuración del neoparamilitarismo en la opinión
pública colombiana durante el periodo 2010-2014. Para desarrollar dicho análisis, se realizó una revisión
documental de los periódicos, El Nuevo Siglo, El Espectador y la revista Semana. De estos tres medios, se
analizaron las diferentes posiciones de algunos políticos, líderes de opinión y representantes del gobierno de
la época. El factor determinante por investigar fue su posición sobre la denominación y características que
poseen las bandas criminales emergentes o Bandas criminales al servicio del narcotráfico BACRIM.
La discusión en la opinión pública sobre las bandas criminales se centra en las siguientes posiciones: Algunos
consideran que el fenómeno paramilitar concluye con la entrada en vigor de la Ley de Justicia y Paz o ley 975
de 2005, otros afirman, que no se generó un proceso idóneo de desmovilización paramilitar lo que generó la
configuración de las llamadas Bacrim. Por otro lado, encontramos la posición estatal donde se plantea que el
paramilitarismo no existe ya, y las BACRIM son un hecho aislado. Estas posiciones se configuraron en una
esfera de discusión que termina por influir en la opinión pública, que es transmitida a través de los medios de
comunicación.

3. Fuentes
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❖ Solo hay dos bandas y media de Bacrim” (16 de marzo de 2014). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
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❖ Trece Bacrim azotan a 155 municipios. (12 de octubre de 2014). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/10-2014-trece-bacrim-azotan-a-155-municipios

EL ESPECTADOR
❖ 13 mil capturas y no hemos logrado desmantelar las bandas criminales: Policía (1 de diciembre de
2011) El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/13-mil-
capturas-y-no-hemos-logrado-desmantelar-bandas-c-articulo-314479
❖ Arrázola, M. Se abre capítulo bacrimpolítica (2 de junio de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/se-abre-capitulo-bacrimpolitica-articulo-425485
❖ Bejarano, R. Estrategia cantada. (13 de febrero de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/estrategia-cantada-columna-250531
❖ En 48% se han reducido acciones delictivas de las bandas criminales: Santos. (27 de octubre de 2014)
El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/48-se-han-reducido-
acciones-delictivas-de-bandas-crimin-articulo-524422

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❖ En marcha proyecto de marco legal para combatir a las bacrim (22 de agosto de 2012) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/marcha-proyecto-de-marco-legal-
combatir-bacrim-articulo-369184
❖ Entrega de Erpac, dolor de cabeza para la justicia (25 de diciembre de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/entrega-de-erpac-dolor-de-cabeza-
justicia-articulo-318510
❖ Estamos debilitando a las Bacrim': Mindefensa. (30 de Julio de 2012) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/estamos-debilitando-bacrim-mindefensa-articulo-
363881
❖ Forero, A. ¿Reparación para las víctimas de las 'bacrim'? (1 de marzo de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/reparacion-para-las-victimas-de-las-bacrim-
columna-256278
❖ Gallón, G. ¿Dónde está la médula del paramilitarismo? (28 de julio de 2010) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/donde-esta-la-medula-del-paramilitarismo-
columna-215955
❖ Gobierno admite que bandas criminales revivieron vacunas y secuestros (14 de febrero de 2011) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/gobierno-admite-
bandas-criminales-revivieron-vacunas-y-articulo-250893
❖ Gobierno afirma que bandas criminales tienen 4.200 integrantes (1 de abril de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/gobierno-afirma-bandas-criminales-
tienen-4200-integrant-articulo-260444
❖ https://www.elespectador.com/content/gobierno-crear%C3%A1-zona-de-intervenci%C3%B3n-
contra-bandas-criminales-en-el-choc%C3%B3
❖ Gobierno insiste en que informe de Human Right Watch es sesgado (3 de febrero de 2010) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo185729-
gobierno-insiste-informe-de-human-right-watch-sesgado
❖ Gutiérrez, F. Delincuencia poco común (6 de junio de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/delincuencia-poco-comun
❖ Herrera, N. Bogotá tras la reinserción 'para' (12 de agosto de 2014) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/bogota/bogota-tras-reinsercion-articulo-510275
❖ Herrera, S. Bacrim, en 409 municipios (27 de agosto de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/bacrim-409-municipios-articulo-442897
❖ HRW confirma que paramilitares siguen cometiendo atrocidades (3 de febrero de 2010) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/articulo185637-hrw-confirma-paramilitares-siguen-
cometiendo-atrocidades
❖ Insisten en que bandas criminales son "herencia" de gobierno Uribe (23 de marzo de 2011) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/insisten-bandas-
criminales-son-herencia-de-gobierno-uri-articulo-258699

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❖ Justicia colombiana no está lista para desmovilización de las bacrim (8 de junio de 2012) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/justicia-colombiana-no-
esta-lista-desmovilizacion-de-ba-articulo-352039
❖ La controversia por injerencia de las bacrim en Bogotá (20 de diciembre de 2014) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/controversia-injerencia-de-bacrim-
bogota-articulo-533947
❖ La sombra de los ‘paras’ (3 de febrero de 2010) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/impreso/judicial/articuloimpreso185789-sombra-de-los-paras
❖ Massé, F. ¿Paramilitares recargados? (29 de marzo de 2011) El Espectador. Recuperado de:
ttps://www.elespectador.com/noticias/nacional/paramilitares-recargados-articulo-259879
❖ Massé, F. La entrega del Erpac. (La entrega del Erpac) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/entrega-del-erpac-articulo-318004
❖ Molano, A. Ciento setenta y tres kilómetros de cadáveres. (13 de febrero de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/ciento-setenta-y-tres-kilometros-de-
cadaveres-columna-250528
❖ Narcotráfico en Colombia transitó de grandes carteles a bandas criminales (29 de marzo de 2011) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/narcotrafico-colombia-
transito-de-grandes-carteles-band-articulo-259737
❖ Rodríguez, N. ¿A qué remiten las Bacrim? (8 de Julio de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/que-remiten-las-bacrim-columna-283040
❖ Rodríguez, N. Las ventajas de apodarse bacrim (26 de abril de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/las-ventajas-de-apodarse-bacrim-columna-418697
❖ Ronderos, M. ¿Una ley contra bacrim? (7 de junio de 2012) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/una-ley-contra-bacrim
❖ Ronderos, M. Reciclaje de ‘paras’ (19 de enero de 2012) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/reciclaje-de-paras
❖ ¿Rumbo a la bacrimpolítica? (26 de julio de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/content/%C2%BFrumbo-la-bacrimpol%C3%ADtica
❖ Samper, M. El espejo retrovisor. (20 de febrero de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/el-espejo-retrovisor-columna-251950
❖ Tres décadas de poder paralelo de la oficina de envigado. (14 de julio de 2017) El Espectador.
Recuperado de: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/las-vueltas-de-la-oficina-articulo-
703244
❖ Uribe, N. Delinquir en Grupo (1 de abril de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/delinquir-en-grupo-columna-260528

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4. Contenidos
El presente trabajo está dividido en tres capítulos, cada uno de ellos da cuenta de un momento específico del
desarrollo de la investigación. En el primer capítulo se presenta la construcción de un balance historiográfico
sobre el fenómeno paramilitar; este balance hace énfasis en las investigaciones que demuestran la existencia
de una continuidad entre el fenómeno paramilitar y las llamadas bandas criminales emergentes. En el segundo
capítulo se desarrolla el marco teórico compuesto por las categorías mafia, paramilitarismo y opinión pública,
que sirvieron como marco de referencia para el análisis de los medios y la identificación de las diferentes
opiniones que los mismos producen sobre el tema.
El tercer capítulo, presenta el análisis de las fuentes primarias recopiladas para este trabajo, donde se puede
visualizar las posiciones generadas en la opinión pública sobre el tema durante el tiempo de consulta. La
información se divide por apartados, el primero de ellos muestra una breve recopilación de algunas cifras y
datos sobre las Bacrim: Sus lugares de asentamiento, las amenazas a los derechos humanos y población civil,
las denuncias de las organizaciones gubernamentales y las posiciones del Gobierno frente a sus acciones y
algunas de sus estrategias para combatirlas. Por otro lado, también se exponen las posiciones y opiniones del
gobierno, líderes de opinión y los diferentes actores políticos y sociales que tienen influencia en la opinión
pública colombiana y dan a conocer dichas posiciones, por medio de las fuentes consultadas.
En el cuarto apartado, a modo de reflexión, se presentan las conclusiones del desarrollo de este trabajo de
grado en relación con los planteamientos desde los cuales se orientó el análisis. Finalmente, se encuentra la
bibliografía y anexos correspondientes.

5. Metodología
Para el desarrollo metodológico de este trabajo y debido a que la opinión pública se configura en una esfera
de discusión, que se encuentra expresada, en este caso a través de la prensa, se realizó una revisión
documental de medios. En este caso, se analizaron tres, la Revista Semana y los Periódicos El Espectador y
el Nuevo Siglo fundados en 1982, 1887, 1990, respectivamente.
El análisis de las fuentes primarias se realizó a través de tres matrices. La primera permitió realizar una
clasificación general de la información para saber de qué material se disponía y en qué cantidad, la segunda
matriz permitió clasificar la información que no tiene un autor en específico y expresa las posiciones
encontradas en cuanto a la denominación del fenómeno; es decir, si se considera que las Bacrim son una
continuidad del fenómeno paramilitar, si son bandas criminales que nada tienen que ver con el fenómeno,
y finalmente si responden a otras características y/o comparten la posición del Gobierno. La tercera matriz
de análisis permitió clasificar las posiciones específicas, encontradas en los artículos de opinión, es decir si
está posee un autor y que posición tiene el mismo sobre las bandas criminales.
El tiempo de revisión inicia desde el 1 de enero de 2010 y finaliza el 31 de diciembre del año 2014. El
tiempo de análisis fue determinado de la siguiente manera: Se decide iniciar en el año 2010 por ser los
últimos meses del mandato presidencial de Álvaro Uribe Vélez, en vista de que en su segundo mandato
sostuvo de manera enfática que el paramilitarismo era cosa del pasado y que el fenómeno de las bandas

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criminales, nada tenía que ver con el tema. Como es de conocimiento público, las elecciones dejaron como
presidente a Juan Manuel Santos, quien a su vez fue ministro de defensa del Gobierno Uribe. Hasta el
momento y durante su estancia en ese gabinete Santos ha sostenido que las bandas criminales emergentes
poco o nada tienen que ver con paramilitarismo.
En ese mismo año, se generaron elecciones para senadores y representantes a la cámara, lo que se convirtió
en un punto para tener en consideración; pues, en estos tiempos, los candidatos expresan su opinión con
mayor frecuencia, para llamar la atención del ciudadano; al que llega su opinión a través de los medios de
comunicación. Posteriormente, en 2011 se realizaron elecciones para delegar gobernadores, alcaldes,
concejales, diputados y ediles en los respectivos municipios y ciudades del país, lo que genera otra oleada
de focos de opinión en los diferentes medios de comunicación.
El factor por el que se eligieron estos medios de prensa es la “intención” con la que se fundaron; el periódico
El Espectador, fundando como medio independiente y considerado en sus inicios como "subversivo" por los
mandatarios conservadores; el periódico El Siglo, fundando por Laureano Gómez, con la intención explicita
(al menos en sus primeros años) de hacer oposición a la república liberal. La Revista Semana fundada por
Alberto Lleras Camargo, para ser vocera de los ideales del partido liberal. El análisis de la información
recopilada, organizada y analizada en las respectivas matrices se estableció en relación con los
planteamientos teóricos desde los cuales se orientó el análisis.

Conclusiones

Es importante hacer claridad en que no todos los medios de prensa organizan sus reacciones y redactores de
la misma manera. Por ejemplo, se encontró que, en cuanto a la información generada sobre el tema, El Nuevo
Siglo pública artículos que contienen cifras o datos relevantes, pero de manera general no establecen un tipo
de opinión y los pocos artículos que finalmente lo hacen presentan principalmente, la posición estatal. En el
caso de Semana y El Espectador esta prensa le da más cabida a los artículos de opinión y a los artículos de sus
periodistas que reflejan una posición frente al tema. En este orden de ideas, las características presentadas en
los artículos hacen referencia a los elementos consultados y a la información que se encontró en el tiempo de
consulta. No se puede generalizar sobre cómo será el manejo de las opiniones sobre el tema en los tiempos
que no hacen parte de este análisis, especialmente porque los directivos y los encargados de la redacción de
cada periódico o revista son diferentes personas, por lo que tampoco se puede afirmar que se le seguirá dando
la misma relevancia este tema.

Las posiciones politicas evidenciadas en el tiempo de análisis presentan dos posiciones, estas presentan
similitudes al reconocer que en las filas de las Bacrim se encuentran antiguos miembros de los paramilitares
y estos grupos presentan características de narcotraficantes; como aspecto alarmante, reconocen también, la
capacidad de expansión de estos grupos a lo largo del país. Por otro lado, en la política colombiana y en las
diferentes opiniones que sus representantes configuraron en este tiempo, no se evidencian acuerdos comunes
sobre la denominación y el tratamiento que debería recibir el fenómeno.

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En este orden de ideas, los diferentes dirigentes políticos consultados en este análisis reconocen que las bandas
criminales son un problema nacional que requiere atención inmediata. A pesar de que los representantes
estatales no reconocen a estos grupos como la continuidad del fenómeno paramilitar, se encuentran
coincidencias argumentativas al señalar las capacidades delictivas de estas organizaciones y la pluralidad de
características que permiten la diversidad existente entre la denominación de las Bandas Criminales.

En cuanto a las posiciones de los líderes de opinión, la mayoría presenta una posición crítica frente a los
planteamientos y las acciones del Estado en especial las realizadas durante el Gobierno de Álvaro Uribe, pues
la ineficacia en el desarrollo del proceso de desmovilización de las AUC es la razón principal por la que se
configuraron las bandas criminales. Por otro lado, se evidenciaron posiciones que señalan que las Bacrim no
son una consecuencia directa de este proceso de desmovilización y se caracterizan como delincuencia común.
El hecho de que algún líder de opinión utilice está caracterización para definir a las bandas criminales, no
quiere decir que esté de acuerdo en su totalidad con los planteamientos y las acciones implementadas por el
Gobierno de Juan Manuel Santos.

Tanto Semana como El Nuevo Siglo coinciden en que desde la desmovilización de las AUC existen una serie
de continuidades entre el reducto de esas organizaciones que sirvió para que se conformaran las bandas
criminales. En cuanto a las referencias que hacen los artículos, Semana, define a las bandas criminales como
una denominación generada desde el Gobierno de Uribe para denominar a los grupos conformados después
de la desmovilización de las AUC y relacionarlas con actividades de narcotráfico.

El Nuevo Siglo señala que algunos miembros de las AUC conformaron bandas emergentes al no acogerse a
los acuerdos de paz pactados con el Gobierno nacional. Con el tiempo estas bandas han decidido fusionarse
ante los contundentes golpes que deben afrontar gracias al accionar de la Policía y las Fuerzas Militares. A
pesar de que este medio reconoce las denuncias de diferentes organizaciones que se han interesado sobre el
tema, suele darles mayor relevancia a las cifras oficiales, entregadas por algunas de las instituciones oficiales
del país.

A diferencia de los grupos paramilitares, que tenían cúpulas claramente identificables y fijas, las Bacrim son
todo lo contrario: sus jefaturas y estructuras están compuestas por ex paras y delincuentes comunes poco
conocidos o de bajo perfil, lo que hace difícil su ubicación a corto plazo, más aún porque no todas están
uniformadas, y no a todas las bandas criminales las mueve una ideología antisubversiva. En este punto, es
importante resaltar en que estas organizaciones no presentan características homogéneas, (como lo
evidenciamos en los artículos) por lo tanto podemos afirmar que algunas organizaciones pueden presentar
intereses contrainsurgentes y por otro lado existirán organizaciones que no poseen ningún interés por combatir
a grupos insurgentes.

El proceso de desmovilización paramilitar no se generó, pues los organismos encargados de su cumplimiento


dejaron de lado a la hora de su implementación varios aspectos fundamentales: 1) No existió un proceso de
reparación integral y, por lo tanto, la desmovilización paramilitar no contó ni puede verse como un proceso

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de justicia transicional; 2) No se implementaron estrategias sociales ni jurídicas para garantizar que estos
grupos no volvieran a rearmarse; ante la falta de éstas el resultado inminente es el actual neoparamilitarismo.
3) No se solucionaron los inconvenientes generados por la apropiación ilegal de tierra de los paramilitares,
éstos en varios casos conservaron sus patrimonios (en muchos casos a través de testaferros) y no regresaron
la tierra a sus legítimos dueños. 4) Los procedimientos utilizados para el juzgamiento de los paramilitares
fueron ineficaces, tanto que hasta la fecha muchos delitos de lesa humanidad siguen en la impunidad.

A comparación de sus antecesores, los neoparamilitares cuentan con un marco de acción más amplio en las
actividades ilegales. Por ejemplo, si bien antes los paramilitares manejaban procesos extorsivos sobre la
minería y las tierras, no le daban una importancia transcendental a la explotación de los recursos naturales. Es
preocupante ver cómo los neoparamilitares mantienen las “características económicas de subsistencia” de sus
antecesores y van innovando al generar “estrategias económicas” que garanticen su sostenimiento y poder
territorial.

Por otro lado, este fenómeno sirvió para que la sociedad colombiana se diera cuenta que el Estado puede
manipular a diferentes grupos a través de la opinión pública y de esta manera lograr sus objetivos de control,
con tal de garantizar unas relaciones de dominación permanentes. Por todo lo demás, el neoparamilitarismo
en un fenómeno latente, que está consumiendo a la sociedad colombiana y envolviéndola en otro ciclo de
violencia que puede ser peor a los ya vividos, por eso, es necesario generar herramientas para el análisis de
este fenómeno.

Elaborado por: Manrique Arcila, Helen Vanessa.


Revisado por: Pinilla Díaz, Alexis Vladimir.

Fecha de elaboración del Resumen: 01 02 2018

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TABLA DE CONTENIDO

PÁG

INTRODUCCIÓN 21

CAPÍTULO I

1. BALANCE HISTORIOGRÁFICO: PARAMILITARISMO Y


NEOPARAMILITARISMO 27
1.1 ESTUDIOS QUE ANALIZAN LA CONTINUIDAD ENTRE
PARAMILITARISMO Y NEOPARAMILITARISMO 27
1.1.1 RAZONES DE LA CONTINUIDAD DEL FENÓMENO 38
1.1.2 PROBLEMÁTICAS EN TORNO A LA DENOMINACIÓN DEL
FENÓMENO EN LA DOCUMENTACIÓN 40
1.2 PARAMILITARISMO Y VÍNCULOS CON LA POLÍTICA 42
1.3 PROCESO DE DESMOVILIZACIÓN Y RELACIONES CON
LA JUSTICIA. 45
1.3.1 PORQUÉ NO PROSPERÓ EL PROCESO DE DDR. 48
1.4 VÍNCULOS DEL PARAMILITARISMO CON LAS ECONOMÍAS
ILEGALES. 54
1.4.1 NARCOTRÁFICO 54
1.4.2 OTRAS ACTIVIDADES ILÍCITAS 61
1.5 ¿EXISTE UNA MIRADA A LAS VÍCTIMAS DE LOS
NEOPARAMILITARES? 64
1.6 CONCLUSIONES 7

CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO

1. MAFÍA 74
1.1 DE DÓNDE SE ORGINA LA MAFIA 74
1.2 ALGUNAS CARACTERISTICAS Y DEFINICIONES DE LA
MAFIA SICILIANA 76
1.3 LA MAFIA NORTEAMERICANA 79
1.4 LA MAFIA MEXICANA 84
1.5 LA MAFIA EN EL CONTEXTO COLOMBIANO 86
1.6 ALGUNAS APRECIACIONES 91

17
2. PARAMILITARISMO 92
2.1 UN BREVE RECORRIDO HISTÓRICO POR EL PARAMILITARISMO 95
2.1.1 ¿SON LAS BANDAS CONSERVADORAS GRUPOS
PARAMILITARES? 96
2.2 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA 97
2.3 DESMOVILIZACIÓN DE LAS AUC 105
2.4 RELACIONES ENTRE PARAMILITARISMO Y NARCOTRÁFICO:
HABLEMOS DE NARCOPARAMILITARISMO 107
2.5 EL PARAMILITARISMO Y EL MANEJO DE LA OPINIÓN PÚBLICA 117
2.6 LAS BANDAS CRIMINALES EMERGENTES Y EL
NEOPARAMILITARISMO 121
2.7 ALGUNAS REFLEXIONES FINALES 12

3. OPINIÓN PÚBLICA 128


3.1 DE DONDE VIENE LA OPINION PUBLICA 128
3.2 HACIA LAS DEFINICIONES ACTUALES DE OPINIÓN PÚBLICA 130
3.3 LA PRENSA EN EL DESARROLLO DE LA OPINIÓN PUBLICA 139
3.4 OPINIÓN PÚBLICA Y SOCIEDAD DE MASAS 141
3.5 UN BREVE RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LA PRENSA EN
COLOMBIA 142
3.6 PRECISIONES Y REFLEXIONES 146

CAPÍTULO III.

SOBRE LA CONFIGURACION DEL NEOPARAMILITARISMO EN LA OPINIÓN


PÚBLICA

1 INTRODUCCIÓN 149
1.2 HABLEMOS DE CIFRAS Y DATOS 152
1.2.1 SOBRE ESTRATEGIAS 152
1.3 SOBRE EL PELIGRO INMINENTE 155
1.3.1 BACRIMPOLITICA 160
1.4 SOBRE LOS INTERESES Y RECONOCIMIENTOS DEL GOBIERNO 161

2. ENTENDIENDO A LA OPINIÓN PÚBLICA: SOBRE BANDAS CRIMINALES 165


2.1 EN CONTRAPOSICIÓN: GOBIERNO Y ORGANIZACIONES 165
2.1.1 CON FINANCIAMIENTO DEL ESTADO 177
2.1.2 SOBRE ALGUNOS ARTÍCULOS 180

3. SOBRE DISCRUSOS, POSICIONES, Y OPINIONES 192


3.1 ALGUNAS OPINIONES POLITÍCAS 193

18
3.1.1 RECONOCIMIENTOS 202
3.1.1.1 SOBRE ALGUNAS ENTREVISTAS 205
3.2 SOBRE LOS LÍDERES DE OPINIÓN 211
3.2.1 EL ESPECTADOR 212
3.2.1.1 CARACTERÍSTICAS Y SEÑALAMIENTOS 214
3.2.2 REVISTA SEMANA 219
3.2.3 EL NUEVO SIGLO 224

4. CONCLUSIONES 228

5. REFERENCIAS 231
5.1 BIBLIOGRAFÍA 234
5.2 LEYES 235
5.3 FUENTES PRIMARIAS 235
5.3.1 SEMANA 235
5.3.2 EL NUEVO SIGLO 236
5.3.3 EL ESPECTADOR 237

6. ANEXOS 239
ANEXO 1: REPRESENTANTES DEL GOBIERNO EN EL TIEMPO
DE ANÁLISIS Y POLÍTICOS RELEVANTES. 239
ANEXO 2: MATRICES DE ANÁLISIS 240

19
TABLA DE ILUSTRACIONES

PAG

CUADRO 1: Distribución registros neoparamilitares por denominación 2009-2010. 32


CUADRO 2: Presencia de grupos narcoparamilitares enero 2014 – septiembre de 2015. 37
MAPA 1: Presencia de grupos narcoparamilitares en Colombia. 60
GRÁFICO 1: Victimizaciones por parte de grupos paramilitares durante 2016. 66
TABLA 1: Origen de las cinco familias en Nueva York. 82
FIGURA 1: Organización narcotraficante colombiana según la interpretación de la
policía antinarcóticos (1994). 87
TABLA 2: Distribución de grupos paramilitares en Colombia. 102
MAPA 2: Los cinco focos de la mafia en Colombia. 112
MAPA 3: Estructuras de las AUC. 113
MAPA 4: Presencia de bandas criminales (2007- 2011). 114
FOTOGRAFÍA 1: Cubrimiento periodístico de la masacre de Cañaveral y Manila. 118
FOTOGRAFÍA 2: Imagen de la página web paramilitar www.colombialibre.org. 120
FIGURA 2: Categorías de caracterización y análisis de los grupos neoparamilitares en
Colombia 125
TABLA 3: Capturas realizadas contra miembros de bacrim 154
GRÁFICO 2: Presencia de grupos armados al margen de la ley a lo largo del territorio
colombiano. 157
TABLA 4: Diferencias entre el accionar de las AUC y los Urabeños. 181
TABLA 5: Por qué son tan difíciles de desmantelar las bandas criminales. 186
TABLA 6: Posición u opinión en torno a las denominaciones que le dan los columnistas
a las bandas criminales emergentes. (El Espectador) 213
INFOGRAFÍA 1: El desmonte paramilitar y el nacimiento de las bacrim. 216
TABLA 7: Posición u opinión en torno a las denominaciones que le dan los columnistas
a las bandas criminales emergentes. (Revista Semana) 220

20
INTRODUCCIÓN

Después del proceso de desmovilización paramilitar ejecutado durante el Gobierno de


Álvaro Uribe Vélez, (2002-2010) se conformaron una serie de organizaciones que preservaron
algunas características del paramilitarismo. Actualmente estas organizaciones son presentadas a la
sociedad colombiana como Bandas Emergentes o Bandas Criminales Emergentes (BACRIM) y
últimamente, al nombre se ha agregado la frase “al servicio del narcotráfico”.

Según el Gobierno colombiano, el fenómeno paramilitar concluye con la entrada en vigor


de la Ley de Justicia y Paz o ley 975 en el 2005, donde se pretendía generar un espacio de transición
hacia la paz en Colombia que involucra a todos los grupos armados organizados al margen de la
ley que quieran someterse a ella. Sin embargo, es posible afirmar que no se generó un proceso
idóneo de desmovilización paramilitar de eso dan cuenta las falencias en los procesos de verdad,
justicia y reparación de las víctimas, el poco esclarecimiento de hechos ocurridos en situaciones de
guerra como masacres, desplazamientos, asesinatos, secuestros, o delitos de lesa humanidad en
general.

Aunque cuando concluyó el proceso de desmovilización paramilitar en el 2006 varias


organizaciones no gubernamentales y actores sociales denunciaron que las bandas criminales solo
eran una nueva organización de las estructuras paramilitares y al respecto se continuaron realizando
investigaciones que prueban la veracidad de estas afirmaciones, en la actualidad el Gobierno
nacional en cabeza de Juan Manuel Santos desconoce la relación existente entre estos grupos y el
ya mencionado paramilitarismo, asociando las características estructurales de las bandas criminales
a la delincuencia común. En la actualidad, los diferentes investigadores y organizaciones
interesadas en aclarar las características de este fenómeno no han logrado establecer acuerdos
comunes en torno a su denominación o caracterización por lo que se han generado una serie de
posiciones sobre cuáles son las características estructurales del fenómeno.

Debido al desarrollo de este fenómeno y las diversas características que presenta, desde la
opinión pública se han generado una serie de debates en está esfera de discusión. Algunos
columnistas de los diferentes medios impresos de nuestro país plantean que las bandas criminales
solo son producto de las lógicas y estrategias que el fenómeno paramilitar ha utilizado para
perpetuarse y adaptarse a los cambios que ha presentado la sociedad colombiana.
21
Por otra parte, existen otro tipo de opiniones que señalan que este fenómeno es
completamente nuevo y no es idóneo ni conveniente establecer que éste responde a las lógicas del
paramilitarismo, por ejemplo, el Gobierno al ser una de las partes principales de esta esfera de
discusión rechaza el origen histórico de las bandas criminales en el paramilitarismo y las considera
un fenómeno cuya creación está inmersa en otro tipo de procesos.1 También es importante
mencionar que, existen individuos y organizaciones que legitiman la opinión del Estado en la que
se establece abiertamente que este fenómeno criminal no tiene relación con las estructuras
paramilitares.

En ese orden de ideas, la pregunta de investigación que determinará el rumbo de este trabajo
es establecer, cómo se ha configurado el fenómeno del neoparamilitarismo en la opinión pública.
Para responder a esta pregunta, se plantearon tres objetivos específicos que guiaran y determinaran
la orientación de esta breve investigación. En primera instancia se busca establecer cómo se está
entendiendo a través de las diferentes opiniones públicas a las bandas criminales emergentes;
también, se busca identificar qué tipo de discursos y opiniones se están generando sobre el
neoparamilitarismo y finalmente, analizar cómo las posiciones de los diferentes líderes de opinión
inciden en la configuración de la opinión pública.

Para el desarrollo metodológico de este trabajo y debido a que la opinión pública se


configura en una esfera de discusión, que se encuentra expresada, en este caso a través de la prensa,
se realizó una revisión documental de medios. En este caso, se analizaron tres, la Revista Semana
y los Periódicos El Espectador y el Nuevo Siglo (algunos retomados en su versión digital) fundados
en 1982, 1887, 1990, respectivamente.

El factor por el que se eligieron estos medios de prensa es la “intención” con la que se
fundaron; el periódico El Espectador, fundando como medio independiente y considerado en sus
inicios como "subversivo" por los mandatarios conservadores; el periódico El Siglo, fundando por
Laureano Gómez, con la intención explicita (al menos en sus primeros años) de hacer oposición a
la república liberal. La Revista Semana fundada por Alberto Lleras Camargo, para ser vocera de
los ideales del partido liberal.

1
Irónicamente, a pesar de que el gobierno no reconoce que las bandas criminales representan la continuidad del
fenómeno paramilitar, sí reconoce que estos grupos están conformados por desmovilizados de las AUC.

22
A pesar de que los años pasaron y los idearios de estos medios cambiaron junto con la forma
de dar a conocer la opinión, pues también cambió según el interés del periodista, (por aquello de la
libertad de prensa) no se puede desconocer que las posiciones político- ideológicas de los medios
y los diferentes líderes de opinión siguen permeando la manera en la que se transmite una opinión
a la ciudadanía. Por este motivo, se decidió analizar medios que pertenecieran (al menos en sus
inicios) a un determinado corte político o de expresión, con el fin de evidenciar si aquello de estas
posiciones sigue influenciando la manera en que se transmite y establece la opinión pública, o, por
el contrario, la proposición sobre dejar las ideologías de lado en los medios de comunicación fue
solamente una fachada para alimentar el concepto de la imparcialidad que se supone debe tener la
prensa.

Sin embargo, hay que aclarar que en muchas ocasiones la posición de un líder de opinión
no corresponde ni representa al medio de comunicación, por lo que además de analizar la
configuración de una respectiva posición, se pretende analizar las posiciones de los líderes de
opinión sobre este tema, factor que se analizará gracias a la revisión documental. Esta revisión
permitió evidenciar el registro de los acontecimientos sociales de todo tipo, en este caso, el
neoparamilitarismo y las posiciones político- ideológicas frente al tema que tiene cada individuo;
pues son, a fin de cuentas, las que van a terminar por configurar la opinión pública de nuestro país.
Esta revisión documental permitirá analizar cómo se ha desarrollado este proceso y las
características que posee, también permite disponer de información que confirme o haga dudar
sobre cómo lo mencionado ha configurado el fenómeno del neoparamilitarismo.

El tiempo de revisión inicia desde el 1 de enero de 2010 y finaliza el 31 de diciembre del


año 2014. El tiempo de análisis fue determinado de la siguiente manera: Se decide iniciar en el año
2010 por ser los últimos meses del mandato presidencial de Álvaro Uribe Vélez, en vista de que
en su segundo mandato sostuvo de manera enfática que el paramilitarismo era cosa del pasado y
que el fenómeno de las bandas criminales, nada tenía que ver con el tema. Como es de conocimiento
público, las elecciones dejaron como presidente a Juan Manuel Santos, quien a su vez fue ministro
de defensa del Gobierno Uribe. Hasta el momento y durante su estancia en ese gabinete Santos ha
sostenido que las bandas criminales emergentes poco o nada tienen que ver con paramilitarismo.

En ese mismo año, se generaron elecciones para senadores y representantes a la cámara, lo


que se convirtió en un punto para tener en consideración; pues, en estos tiempos, los candidatos
23
expresan su opinión con mayor frecuencia, para llamar la atención del ciudadano; haciendo llegar
su opinión a través de los medios de comunicación. Posteriormente, en 2011 se realizaron
elecciones para delegar gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y ediles en los respectivos
municipios y ciudades del país, lo que genera otra oleada de focos de opinión en los diferentes
medios de comunicación.

Aunque inicialmente se realizó la revisión documental con los archivos de prensa


encontrados en la Biblioteca Nacional de Colombia, me pareció importante complementar la
información consultada con los respectivos links de consulta en línea, esto con el objetivo de
facilitar la búsqueda del lector en caso de que se interese en profundizar sobre el contenido de
alguna noticia u opinión. Sin embargo, aunque realicé este complemento con ese objetivo, no puedo
negarle al lector que, al revisar estos repositorios digitales encontré referencias e ilustraciones
digitales que complementan de manera significativa el desarrollo de este capítulo. Por otro lado,
había algunas opiniones de periodistas, escritores y analistas que no se encontraban en las versiones
impresas, por lo cual la herramienta digital nutre gran parte del análisis sobre las posiciones de los
líderes de opinión; al final del documento se podrá encontrar el respectivo link de consulta, en caso
de que alguna noticia sea de su interés. Lastimosamente en el caso del periódico El Nuevo Siglo,
solo se encontraron algunas de sus noticias en versión digital a partir del año 2013.

Finalmente, es importante hacerle saber al lector que una parte de la revisión documental
no presenta un autor determinado en cada artículo, en algunas ocasiones la redacción o autoría de
éste se le atribuyó a una determinada sección de los periódicos y la revista. Con la intención de dar
profundidad y claridad sobre la autoría de los artículos con esta característica, intenté realizar la
gestión pertinente para recibir información por parte de los medios consultados y poder determinar
a quién pertenecía dicha autoría. Lastimosamente la respuesta recibida por las diferentes
dependencias a las que se les hizo la solicitud no fue de mucha ayuda. “Se puede poner en riesgo
la vida del autor del artículo, por tratarse de un tema sobre el conflicto”, “No tenemos esa
información porque se ha cambiado constantemente de equipo de redacción”, “Dar ese tipo de
información atenta contra la libertad de prensa”, “En la Biblioteca Luis Ángel Arango le
colaboran”, por citar algunos ejemplos de las respuestas recibidas.

El análisis de las fuentes primarias se realizó a través de tres matrices. La primera permitió
realizar una clasificación general de la información para saber de qué material se disponía y en qué
24
cantidad, la segunda matriz permitió clasificar la información que no tiene un autor en específico
y expresa las posiciones encontradas en cuanto a la denominación del fenómeno; es decir, si se
considera que las Bacrim son una continuidad del fenómeno paramilitar, si son bandas criminales
que nada tienen que ver con el fenómeno, y finalmente si responden a otras características y/o
comparten la posición del Gobierno. La tercera matriz de análisis permitió clasificar las posiciones
específicas, encontradas en los artículos de opinión, es decir si está posee un autor y que posición
tiene el mismo sobre las bandas criminales.

Es importante hacer claridad en que no todos los medios de prensa organizan sus reacciones
y redactores de la misma manera, cuestión que se verá reflejada en la organización del presente
trabajo. Por ejemplo, se encontró que, en cuanto a la información generada sobre el tema, El Nuevo
Siglo pública artículos que contienen cifras o datos relevantes, pero de manera general no
establecen un tipo de opinión y los pocos artículos que finalmente lo hacen presentan
principalmente, la posición estatal. En el caso de Semana y El Espectador esta prensa le da más
cabida a los artículos de opinión y a los artículos de sus periodistas que reflejan una posición frente
al tema.

En este orden de ideas, las características presentadas en los artículos hacen referencia a los
elementos consultados y a la información que se encontró en el tiempo de consulta. No se puede
generalizar sobre cómo será el manejo de las opiniones sobre el tema en los tiempos que no hacen
parte de este análisis, especialmente porque los directivos y los encargados de la redacción de cada
periódico o revista son diferentes personas, por lo que tampoco se puede afirmar que actualmente
los medios le dan la misma relevancia al tema.

Siguiendo esta organización, me parece importante aclararle al lector que la breve


investigación y su respectivo orden, no corresponde a estudio de recepción de medios. (no es la
intención de este trabajo) El énfasis de este trabajo es analizar las posiciones sobre el tema
encontradas en la prensa (teniendo en cuenta a los líderes de opinión) y la información que
proporcionaron los diferentes medios, pues está nos permitió establecer si exista o no una
continuidad entre el fenómeno paramilitar y bandas criminales; continuidad que para efectos de
este trabajo y basándome en los debidos referentes teóricos denominaré neoparamilitarismo.

25
El presente trabajo está dividido en tres capítulos, cada uno de ellos da cuenta de un
momento específico del desarrollo de la investigación. En el primer capítulo se presenta la
construcción de un balance historiográfico sobre el fenómeno paramilitar; este balance hace énfasis
en las investigaciones que demuestran la existencia de una continuidad entre el fenómeno
paramilitar y las llamadas bandas criminales emergentes. En el segundo capítulo se desarrolla el
marco teórico compuesto por las categorías mafia, paramilitarismo y opinión pública, que sirvieron
como marco de referencia para el análisis de los medios y la identificación de las diferentes
opiniones que los mismos producen sobre el tema.

El tercer capítulo, presenta el análisis de las fuentes primarias recopiladas para este trabajo,
donde se puede visualizar las posiciones que generó la opinión pública sobre el tema, durante el
tiempo de consulta. La información se divide por apartados; el primero de ellos muestra una breve
recopilación de algunas cifras y datos sobre las Bacrim: Sus lugares de asentamiento, las amenazas
a los derechos humanos y población civil, las denuncias de las organizaciones gubernamentales y
las posiciones del Gobierno frente a sus acciones y algunas de sus estrategias para combatirlas. Por
otro lado, también se exponen las posiciones y opiniones del gobierno, líderes de opinión y los
diferentes actores políticos y sociales que tienen influencia en la opinión pública colombiana y dan
a conocer dichas posiciones, por medio de las fuentes consultadas.

En el cuarto apartado, a modo de reflexión, se presentan las conclusiones del desarrollo de


este trabajo de grado en relación con los planteamientos desde los cuales se orientó el análisis.
Finalmente, se encuentra la bibliografía y anexos correspondientes.

26
CAPÍTULO I

1. BALANCE HISTORIOGRÁFICO: PARAMILITARISMO Y


NEOPARAMILITARISMO

El siguiente apartado es una recopilación sobre una parte de la documentación existente en


torno al tema del paramilitarismo. Como este tipo de documentación es muy amplia y en ocasiones
puede ser reiterativa en cuanto a los hechos y características que rodean este fenómeno, se
seleccionó solamente la documentación que enfatiza en la continuidad del fenómeno
neoparamilitar después del proceso de desmovilización de los paramilitares en el año 2003. La
información de estos documentos será presentada en cinco apartados: 1) estudios que analizan la
continuidad entre paramilitarismo y neoparamilitarismo; 2) paramilitarismo y vínculos con la
política, haciendo énfasis en el tema de la parapolítica; 3) el proceso de desmovilización y las
relaciones de este fenómeno con la justicia; 4) documentos que analicen los vínculos del
paramilitarismo con las economías ilegales, en especial las relacionadas con el narcotráfico; 5)
documentos que recopilen una mirada hacia las víctimas del neoparamilitarismo. Finalmente, se
plantean una serie de conclusiones sobre la documentación presentada.

1.1 Estudios que analizan la continuidad entre paramilitarismo y neoparamilitarismo.

Además de mostrar la continuidad entre el paramilitarismo y el neoparamilitarismo los


documentos presentados en este apartado hacen énfasis en las zonas de influencia de este
fenómeno. Presentan argumentos que señalan las diversas características del fenómeno
neoparamilitar, como lo son las zonas de influencia, la cantidad de grupos armados o incluso las
características que pueden llegar a presentar como un grupo contrainsurgente o por otro lado
presentarlo solamente como delincuencia común.

A partir de los acuerdos entre el gobierno del presidente Álvaro Uribe y las AUC en 2003
se generaron una serie de desmovilizaciones de las estructuras regionales de los paramilitares hasta
el año 2006. En este proceso existieron varias irregularidades pues se generaron altos niveles de
rearmes. Por lo tanto, en la transición de este fenómeno no se generó la superación efectiva y total
del paramilitarismo, este proceso solo transformó su estructura.

27
Según el Centro Nacional de Memoria Histórica (2013) los grupos armados ilegales
sucesores de las AUC surgieron en distintas regiones como expresión de continuidad de formas de
protección y control que se relacionan con intereses entretejidos entre economías ilegales –
especialmente cocalera– y legales de interferencia y participación en poderes públicos. “Ofrecen
seguridad privada e interfieren o controlan entes oficiales presentes en su ámbito, por lo que se
resisten a la vigencia del Estado constitucional”. (CNMH,2013, p.232.)

Para el CNMH (2013) en la negociación con las AUC casi no existió claridad sobre las
estructuras que realmente existían y por este motivo se produjeron creaciones, recomposiciones,
confrontaciones armadas entre las estructuras, negociaciones de poder e incluso las llamadas “venta
de franquicias” que se atribuyen a narcotraficantes que ingresaron en calidad de jefes y voceros en
el curso de la negociación con el gobierno. No existió realmente un período de concentración
anterior, sino la llegada pocos días antes al acto de desarme y desmovilización. Incluso, aunque
formalmente se preveían al menos tres semanas de concentración de los efectivos, con frecuencia
no sucedió así. (CNMH, 2013.) En este proceso se adoptaron normas y desarrollos políticos de la
reintegración durante las dos administraciones del presidente Uribe (2002-2006 y 2006-2010).

De las personas desmovilizadas de las AUC oficialmente reconocidas, más de 31 mil, unas 20 mil
se reportaron y parte de ellas se integró al programa, pero otras 11 mil nunca se reportaron, sin
que al momento fuera obligación legal hacerlo. Nunca logró establecerse su real situación y
destino. La PGN (Procuraduría General de la Nación) llamó la atención sobre esta situación y
argumentó que ello impedía precisar el grado de cumplimiento de las garantías de no repetición
por parte de la población desmovilizada. (CNMH, 2013, p.78-79.)

Human Rights Watch (2010) señala que uno de los problemas principales por los que el
proceso de desmovilización no se desarrolló de manera idónea es que el gobierno no verificó que
quienes se desmovilizaran fueran realmente paramilitares, ni si todos los paramilitares
efectivamente se desmovilizaron. Como resultado, en varios casos los grupos paramilitares
actuaron en forma fraudulenta y reclutaron a civiles para que se hicieran pasar por paramilitares
durante las desmovilizaciones, y lograron así mantener activo a un importante sector de sus grupos.
“Esto se evidenció especialmente en la desmovilización del Bloque Norte, sobre la cual hay
pruebas fuertes de que hubo fraude. También existen indicios de fraude en las desmovilizaciones
de grupos de Medellín y Nariño”. (Human Rights Watch, 2010, p.6.)

28
Por otro lado, se han manifestado algunas de las causas por las cuales el proceso de
desmovilización paramilitar no se desarrolló de manera idónea, por ejemplo la Embajada Sueca en
Colombia (2005) señala que algunas de las causas son: la poca capacidad y falta de fondos,
particularmente en el área de rehabilitación y orientación psicosocial; la incertidumbre acerca de
las perspectivas de los desmovilizados a largo plazo (especialmente en lo concerniente a empleo,
ingreso y sustento) después de los dieciocho meses; la falta de conocimiento acerca de lo que
sucederá con ellos después de este período y el peligro de un nuevo reclutamiento o ingreso a
pandillas de criminales comunes. (Embajada Sueca en Colombia, 2005.)

Desde la supuesta finalización de la desmovilización paramilitar se ha observado que los


diferentes grupos neoparamilitares presentan una serie de cambios que los diferencian de su
predecesor. Por una parte, según Romero y Arias (2009) el número de las acciones de estos grupos
da una idea de los cambios en su nivel operativo pues, “las acciones de los grupos neoparamilitares
están repartidas entre zonas rurales y urbanas, con una tendencia a que su influencia urbana
aumente y se fortalezca.” (Romero y Arias, 2009, p.1.) Esta característica podría establecer una
diferencia entre el paramilitarismo actual y el anterior, pues es importante recordar que los grandes
grupos paramilitares como las AUC tenían mayor influencia y capacidad de acción en los
municipios a diferencia de las ciudades donde su capacidad era reducida. Un ejemplo de ello es
Bogotá donde no había una gran presencia de autodefensas, al contrario de la actualidad donde
encontramos al bloque capital.

Respecto a este tema el CNMH (2013) señala que, aunque los grupos neoparamilitares
pueden presentar una distribución geográfica de tipo regional, “también mostraron especialmente
en 2011 facilidad de penetrar en ciudades grandes y medianas. El gobierno Santos manifestó alarma
por la interferencia que podían tener en las elecciones municipales y departamentales de ese año”.
(CNMH, 2013, p.264.)

Por otro lado, Human Rights Watch (2010) señala que, si bien existen diferencias entre las
AUC y los grupos sucesores, éstos son en muchos sentidos una continuación de algunos de los
“bloques” o grupos paramilitares. Casi todos los líderes de los grupos sucesores son jefes de las
AUC de rango medio que nunca se desmovilizaron o que continuaron participando en actividades
delictivas pese a que aparentaron haberse sumado a la desmovilización. Los grupos se encuentran
activos en muchas de las mismas regiones en las cuales tenían presencia las AUC, y operan en

29
forma similar a éstas: “controlan territorios mediante amenazas y extorsión, participan en
narcotráfico y otras actividades delictivas y cometen abusos generalizados contra civiles”. (Human
Rights Watch, 2010, p.5.)

Existen diferencias entre los grupos sucesores de los paramilitares y las AUC. En primer lugar,
los grupos sucesores, en su mayoría, parecen operar de manera relativamente independiente entre
sí: al parecer aún no han conformado una coalición única que les permita articular metas e intereses
comunes, coordinar sus actividades delictivas y, en algunos casos, sus operaciones de tipo militar.
En segundo lugar, sus líderes tienen menos visibilidad que algunos de los líderes de las AUC,
como, por ejemplo, Carlos Castaño. (Human Rights Watch, 2010, p.31.)

Gracias a los aportes realizados por Romero y Arias (2009) y sus investigaciones junto a la
Corporación Nuevo Arco iris, se puede evidenciar que para comienzos del 2009 el número de
acciones unilaterales de los grupos que el gobierno llama bandas criminales doblaron las de las
FARC, sin ninguna reacción particular o cambio de énfasis desde el punto de vista de la acción
gubernamental. No se puede negar el éxito de la Policía Nacional en relación con la detención de
algunos de los mandos altos y medios de esos grupos, siendo la detención de Daniel Rendón
Herrera, alias Don Mario, su máximo logro en abril de 2009. “Y también se podría decir para
contrarrestar la alarma que estos grupos no tienen una organización nacional, no parecen compartir
una estrategia conjunta, ni obedecen a un liderazgo identificable como sí ocurría en 1997 a 1999
con las AUC”. (Romero y Arias,2009, p. 3.)

A diferencia de los demás documentos presentados en este balance historiográfico Romero


y Arias (2011) hacen un gran aporte al ayudarnos a entender el origen de los términos que rodean
al existente fenómeno paramilitar.

La designación gubernamental “Bacrim” tiene cierta remembranza de la de “bandoleros”, utilizada


por los gobiernos del Frente Nacional para nombrar a los grupos de levantados en armas que no
se desmovilizaron hacia finales de los años 50 del siglo pasado. De acuerdo con esa experiencia,
las “Bacrim” desaparecerían bajo el peso de la persecución estatal, tal y como sucedió en los años
60, luego de la muerte a manos de las fuerzas oficiales de los principales jefes de los grupos que
mantuvieron las armas. Esto correspondió a lo que en la jerga militar actual se llama “objetivos de
alto valor estratégico”. (Romero y Arias, 2011, p.6.)

Otro aporte que no se hace evidente en el resto de los documentos y que nos sirve para
entender el uso actual del término BACRIM, es el hecho de que este término fue asignado por el
gobierno del presidente Uribe (2002 - 2010) “para nombrar a los grupos responsables de la
violencia en la ilegalidad en los antiguos dominios de las AUC”. […] (Romero y Arias, 2009, p.6
-7.) Es importante resaltar de esta información el enfoque que el gobierno encargado del proceso

30
de desmovilización paramilitar le da a este término, pues si bien reconoce que hay grupos en los
antiguos dominios de las AUC, es un nombre que desliga este hecho completamente del fenómeno
neoparamilitar.

En cuanto a elementos analíticos Romero y Arias (2011) nos presentan en esta investigación
de nuevo junto a la Corporación Nuevo Arcoíris un análisis que confirma el planteamiento del
documento que elaboraron en el 2006; la reorganización de grupos armados ilegales en las zonas
de influencia de las antiguas AUC es una realidad y el neoparamilitarismo es un fenómeno que
comenzó a ser reconocido como una amenaza para la seguridad por las autoridades. En este
documento identifican las posibilidades de nuevos carteles exportadores de estupefacientes, y
examinan los cambios en la geografía de los cultivos de uso ilícito luego de diez años de ejecución
de diversos planes para erradicarlos: como el Plan Colombia, Seguridad Democrática y
Consolidación del Territorio.

“Los mismos planes también fueron pensados para ampliar la jurisdicción del Estado en
territorios bajo influencia de la guerrilla de las FARC, y en menor medida para ganarle terreno a
grupos paramilitares y sus herederos no desmovilizados o rearmados”. (Romero y Arias, 2011,
p.4.) En primera instancia se hace énfasis en que la reorganización y rearme de grupos que
pertenecieron a los frentes regionales de las antiguas AUC que tienen desconcertados a las
autoridades civiles, militares y policiales en general.

El énfasis en la lucha antiguerrillera y la relativa fácil desmovilización y extradición de los


principales jefes de las AUC hizo pensar que mandos medio y miembros rasos iban a seguir
mansamente el camino de la reintegración. Por desgracia no ha sido así. Las autoridades militares
y Policiales han gastado considerables recursos y empleado renovadas técnicas en la lucha contra
la guerrilla y el narcotráfico, pero desafortunadamente ese no ha sido el caso en relación con los
herederos de las AUC. Frente a reiterados hechos de violencia a lo largo del territorio en los cuales
han sido responsables los grupos que desde el gobierno del presidente Uribe (2002-2010) las
autoridades llaman Bacrim –bandas criminales–, la administración Santos reaccionó y anunció
una nueva estrategia para enfrentarlas. (Romero y Arias, 2011, p.5.)

Como las cifras manejadas sobre la existencia de los grupos neoparamilitares que tiene cada
autor y/o organización son diferentes dependiendo el año y las configuraciones internas de estos
grupos, para efectos de este documento es importante dejar en evidencia los diferentes datos
encontrados. En primera instancia señalaremos la cantidad de grupos armados recopilados por
Romero y Arias (2011)

31
Cuadro 1: Distribución registros neoparamilitares por denominación 2009-2010. Fuente: Elaboración Observatorio
del Conflicto Armado con base en Bitácora Semanal de Prensa, Programa Presidencial de Derechos Humanos y DIH,
Vicepresidencia de la República. Recuperado de: Romero, M., Arias, A. (2011) A diez años del plan Colombia: Los
herederos de las AUC, la geografía del narcotráfico y la amenaza de nuevos carteles.

Por su parte, la Embajada Sueca en Colombia (2005) reconoce solo la existencia de cuatro
grupos sucesores en actividad. Basándose en fuentes de la Policía y la Fiscalía General determinó
que “cuatro de los grupos son notablemente más fuertes y constituyen el principal foco de atención
de las autoridades.” (Embajada Sueca en Colombia, 2005, p.37.)

Los de Urabá o los Urabeños: Anteriormente, este grupo fue dirigido por Daniel Rendón
(conocido también como “Don Mario”), un miembro no desmovilizado de las AUC que también
es hermano de Freddy Rendón Arias (“El Alemán”), ex líder del bloque paramilitar “Elmer
Cárdenas”, que supuestamente se desmovilizó en 2006.
Los Rastrojos: Según múltiples informes recibidos por Human Rights Watch, los Rastrojos eran
un brazo armado de la organización narcotraficante del cartel del Norte del Valle, que
históricamente han estado vinculados con Wilber Varela (conocido también como “Jabón”), un
narcotraficante que habría sido asesinado en Venezuela en enero de 2008.
Los Paisas: Múltiples fuentes expresaron a Human Rights Watch que los Paisas son los herederos
del líder paramilitar Don Berna, y que tienen vínculos con su “Oficina de Envigado”, una
organización criminal que opera en Medellín.
Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista Colombiano o ERPAC: Este grupo es dirigido por
Pedro Oliverio Guerrero Castillo (conocido también como “Cuchillo”). Cuchillo es un líder
paramilitar de larga trayectoria, que primero operó en el ejército privado del narcotraficante
Gonzalo Rodríguez Gacha y luego se unió al Bloque Centauros de las AUC (Embajada Sueca en
Colombia, 2005, p.37-38.)

Como lo evidenciaremos más adelante este es el único informe donde se divide este
fenómeno en cuatro grandes grupos y los datos utilizados para la realización de este son los
implementados por la Policía Nacional de Colombia, que, como es de conocimiento público, ha
32
intentado minimizar este fenómeno de todas las maneras posibles. Debido a esto es importante
cuestionarnos sobre si los datos proporcionados corresponden a la realidad ya que algunos de los
informes consultados para la realización de este documento presentan una mayor cantidad de
grupos.
2
El CNMH (2013) por su parte, se basa en los datos proporcionados por la CNRR para
identificar la presencia de los grupos. “Para el 2007, un total de 34 grupos, mientras que la Policía
Nacional, para el 2006, había identificado 26.” (CNMH, 2013, p.187.) A diferencia de la Embajada
Sueca en Colombia (2005) el CNMH toma los datos proporcionados por la Policía Nacional para
hacer un paralelo entre la información encontrada por diversas organizaciones, dejando en
evidencia la poca veracidad que pueden llegar a brindar este tipo de datos en determinar la cantidad
de grupos neoparamilitares existentes.

El CNMH (2013) resalta la existencia de los siguientes grupos paramilitares haciendo


énfasis en su ubicación geográfica dentro del país. “En La Guajira convergen Los Urabeños y Los
Rastrojos, algunos dueños de minas tuvieron nexos con el Bloque Norte de las AUC; en el Cauca
el Frente 29 de las FARC y Los Rastrojos se enfrentan; en el Valle del Cauca Los Rastrojos exigen
a los mineros artesanales pagar el 10 por ciento de la producción. (CNMH, 2013, p.245.)

Entre 2009 y 2010 se produjo una dinámica de reagrupamiento que llevó a pasar de 26 a 15 grupos,
pero sobresalieron seis controlando el 90 por ciento de las actividades. Entre ellos los Rastrojos,
en la zona suroccidental del país y en los departamentos del Valle, Risaralda, Antioquia, Chocó y
Norte de Santander; Los Urabeños con presencia en el departamento de Antioquia, zonas del
Caribe e incursiones en fronteras con Ecuador y Venezuela; Las Águilas Negras en los
departamentos de Antioquia, Bolívar, Chocó y Cauca; el ERPAC en el departamento del Meta y
otras zonas de los Llanos Orientales; Los Paisas principalmente en Antioquia, Córdoba y Cesar; y
la Oficina de Envigado con epicentro en Antioquia. Los departamentos con mayor número de
municipios con presencia de estos grupos fueron Antioquia (40,8 por ciento), Atlántico (43,5 por
ciento), Bolívar (64,4 por ciento), Cesar (60 por ciento), Córdoba (78,6 por ciento), Chocó (56,7
por ciento), Sucre (65,4 por ciento) y Valle (52,4 por ciento) Por su parte, los datos obtenidos por
la CNRR-Área de DDR mostraron que estas agrupaciones tuvieron presencia durante 2011 en 284
municipios, con gran incidencia en Antioquia (54 municipios), Chocó (30), Cesar (20), Nariño
(18) y Valle (18). (CNMH, 2013, p.262-263.)
En cuanto a casos específicos Tobón (2012) nos presenta un análisis sobre el origen de los
grupos paramilitares en el Valle del Cauca. Estas estructuras tienen su origen en las disputas de
poder generadas entre los miembros del Cartel del Norte del Valle. Hacia mediados de la década
de los ochenta, ciertos “narcotraficantes de la región del Norte del Valle se consolidaron alrededor

2
Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

33
de un corredor estratégico que unía el Cañón de las Garrapatas –fortín guerrillero– con otros
importantes sectores estratégicos del centro del departamento, entre Tuluá, Buenaventura, Cali y
Palmira”. (Tobón, 2012, p.12) La conformación neoparamilitar actual en el Valle del Cauca se da
de la siguiente manera.

Wilber Varela (Jabón), otro de los mandos del CNV, le declaró la guerra a Diego Montoya (Don
Diego); se alió con Diego Pérez Henao (Diego Rastrojo) y crean la organización que lleva el
nombre del apodo de este último, Los Rastrojos. Por su parte, Don Diego, se alía con Gildardo
Rodríguez Serna (“el Señor de la camisa roja”) y crean un ejército paralelo, “Los Machos”. Desde
2004, año en que comienzan las desmovilizaciones del Bloque Conjunto Calima, ambos ejércitos
privados, derivados de los diferentes frentes creados en el valle, y el Frente Libertadores del Sur,
se reciclaron en estructuras que se empeñan en exterminarse. (Tobón, 2012, p.13.)

Según Tobón (2012) el origen de los neoparamilitares en el Valle del Cauca, tanto de los
Rastrojos como los Machos, es en últimas la confluencia de organizaciones criminales que
pretendían conservar y perpetuar el orden social establecido desde la década de los 80. “Por lo
tanto, su naturaliza tiene elementos de aprendizaje del conflicto armado, como de violencia típica
de las organizaciones criminales” (Tobón, 2012, p.14.) que caracteriza de la siguiente manera.

La violencia ejercida en las zonas urbanas no depende directamente de los neoparamilitares, sino
que obedece a una pugna por “derechos de membrecía” al control de las plazas de mercado, las
plazas de vicio y el microtráfico. En efecto, las organizaciones criminales anexas, las oficinas de
cobro, los combos y pandillas, se disputan el ‘derecho’ al ejercicio de la violencia para controlar
cadenas de distribución de drogas, cobros de extorsión, el asesinato por encargo y los impuestos
a aquellos negocios ilegales, pero no regulados por el Estado –prostitución, juegos de azar,
mototaxismo, etc. Es probable que los grupos neoparamilitares, aquellos que emergieron
directamente del Cartel del Norte del Valle y que se alimentaron de los bloques paramilitares que
llegaron a la zona, se beneficien de las disputas de las organizaciones criminales anexas. No
incurren en costos al ejercer directamente la violencia en los barrios y pandillas, pero se lucran de
las rentas derivadas de las actividades de las oficinas de cobro, los combos y pandillas. (Tobón,
2012, p. 15-16)

Posteriormente en un informe detallado sobre el proceso de desmovilización y rearme


neoparamilitar el CNMH (2015) precisa que las AUC y los grupos similares o asociados antes de
tales desmovilizaciones “tenían presencia en 592 municipios, lo que indica una reducción del 69,8
por ciento”. (CNMH,2015, p. 299.) En este documento al igual que en el informe del 2013 el
CNMH sigue resaltando la presencia regional de este tipo de grupos.

A diferencia del documento elaborado por la misma organización en el 2013 donde se


reconocían solo seis grupos, a este nuevo documento se suman dos organizaciones, enfatizando en
la presencia de siete grupos que solo poseen una acción local (hasta el momento de la publicación

34
del documento). Estos aspectos reflejan el interés del CNMH por conocer qué ocurre con este
fenómeno en términos locales y no limitarlo a una descripción masificadora.

Desde su perspectiva el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz INDEPAZ (2010)


resalta la influencia de este tipo de grupos en el narcotráfico, por lo tanto, no hace énfasis en los
términos neoparamilitares o bandas emergentes, solamente hace referencia al término narcoparas,
utilizado también para definir a los grupos paramilitares iniciales. Para el INDEPAZ (2010)
después de las grandes desmovilizaciones operadas entre 2005 y 2006, los no desmovilizados y las
unidades de reserva que se mantuvieron activas, mostraron un panorama de proliferación de grupos
y de disputas entre mandos medios por el control de zonas.

En 2006, se registraron acciones de 43 grupos herederos de los desmovilizados o de no


desmovilizados; 43 en 2007 y 53 en 2008. A partir de la estabilización de controles locales y
regionales, se aceleró un proceso de alianzas y re jerarquización alrededor de las estructuras más
fuertes, con mayor capacidad de negocios, rutas, armas, infiltración en el Estado, e influencia en
instituciones de poder regional y local. “Así, se pasó al dominio en 2009 de 26 grupos narcoparas
y de 15 grupos en 2010 entre los cuales seis controlan el 90% de las actividades”. (INDEPAZ,
2010, s.p.)

En el documento final del INDEPAZ (s.f.) sobre una serie de informes sobre el seguimiento
a la presencia de los grupos narcoparamilitares que viene realizando desde el 2006, se afirma que
para el Gobierno y las Fuerzas Militares las organizaciones paramilitares ya no existen y lo que se
presenta en el país es un fenómeno de Bandas Criminales (Bacrim). En este documento se tiene en
cuenta la posición de otro de los actores del conflicto, las FARC que al momento de elaborar este
documento se encuentran efectuando un proceso de paz con el Estado colombiano; este grupo
siempre ha sostenido que no hubo una real desmovilización y que se mantienen hasta el día de hoy
las organizaciones paramilitares.

El informe caracteriza la presencia de grupos narcoparamilitares que retoman características


de sus predecesores y “acentúan su papel como un complejo mafioso, parapolítico y
narcoparamilitar con alianzas con el clientelismo, la contratación corrupta y los negocios
relacionados con violencia.” (INDEPAZ, sf, s.p.)

De acuerdo con la investigación, entre 2014 y 2015, estas organizaciones han hecho presencia en
338 municipios, en especial en la Costa Caribe y Cesar, Pacífico y en la Orinoquía. De estos

35
municipios, hay 298 en los que estas estructuras armadas hacen presencia desde hace más de seis
años. En los 40 municipios restantes la presencia de estos grupos no ha tenido el mismo arraigo
territorial. El informe además identifica 17 diferentes organizaciones narcoparamilitares que
operan en el país. Los Urabeños en algunas fuentes nombrados como Clan Úsuga o Autodefensas
Gaitanistas, Rastrojos, Buenaventureños o Los Machos, Las Fuerzas Armadas Irregulares de
Colombia, El Bloque Meta, La Oficina de Envigado, Libertadores del Vichada, Cordillera, Los
Botalones, Llaneros, La Empresa, Renacer, Los Soto, Autodefensas Campesinas del Tolima, Los
Policarpa, los Buenaventuras y Los Elegidos. Siendo Los Urabeños o Clan Úsuga (270) y Los
Rastrojos (111) los que mayor presencia tienen en municipios del país. (INDEPAZ, s.f, s.p.)

Según los datos del INDEPAZ (s.f.) estos grupos se encuentran en gran parte del territorio
(más de 250 municipios) “la presencia de los Urabeños en alianza de respeto territorial con un
nuevo grupo denominado “Clan de los Úsuga” y Libertadores del Vichada. Así mismo se reitera la
presencia de Los Rastrojos, las Águilas Negras, Oficina de Envigado, el Bloque Meta, el grupo
Cordillera y otros menores. Es importante destacar la creación de una nueva estructura
narcoparamilitar desde el segundo semestre del 2014, denominada Fuerzas Armadas Irregulares de
Colombia (FIAC) la cual tiene presencia en la Orinoquía, especialmente los departamentos del
Meta, Vichada y Guaviare y con proyección hacia Arauca y Casanare. “Se conoce que han
reclutado jóvenes de la comuna 3 de Ibagué y tienen como objetivo el control territorial de la
Orinoquía colombiana teniendo como sus principales enemigos al grupo narcoparamilitar
Libertadores del Vichada, el cual es apoyado por los Urabeños.” (INDEPAZ, s.f, s.p.)

El informe nos indica la presencia de mínimo 14 estructuras narcoparamilitares en 338


municipios del país, desde enero de 2014 a septiembre de 2015. Siendo éste el segundo informe
más reciente sobre la presencia de grupos neoparamilitares en Colombia, consultado para la
elaboración de este documento.

36
Cuadro 2: Presencia de
grupos narcoparamilitares
enero 2014 – septiembre de
2015: Unidad investigativa
de Indepaz. Recuperado de:
Instituto de Estudios para el
Desarrollo y la Paz
INDEPAZ (s.f.) X Informe
de seguimiento a la
presencia de los grupos
narcoparamilitares,
actividad que viene
realizando desde 2006.

Los datos proporcionados por los diferentes informes e investigaciones nos dan garantías
para afirmar que existen una serie de continuidades entre el paramilitarismo y el
neoparamilitarismo. Además, encontramos que la cantidad de organizaciones y la distribución que
han alcanzado en el territorio colombiano siempre va a variar. La respuesta a este aspecto (además
de que los años en que fueron publicados los documentos son distintos) puede establecerse si
tenemos en cuenta que:

En el fenómeno neoparamilitar se pueden formar disidencias que conformen otros grupos,


también se pueden conforman nuevas disidencias u otros bloques regionales que pueden unirse a
una organización más grande para garantizar su supervivencia lo que nos permite afirmar que el
neoparamilitarismo en un híbrido compuesto por estos factores. Tampoco podemos dejar de lado
el debate abierto sobre el carácter de contrainsurgencia o no que pueden tener este tipo de
organizaciones pues, aunque puede no desarrollarse en todos los grupos, la gran mayoría de ellos
sí responden a lógicas de contrainsurgencia que no necesariamente tienen que ser armadas.

Entendamos este aspecto a través del exterminio de líderes sociales o políticos cuyos
intereses van en contra de los de un grupo social determinado, en este caso les pagan a estas
organizaciones por estos “servicios”. También está el caso de la eliminación selectiva de miembros
de la guerrilla. El generar esta discusión en la academia y la sociedad colombiana en general, es un
aspecto fundamental para la compresión del fenómeno ya que como lo evidenciamos a través de la

37
recolección de esta información, según algunos autores, los neoparamilitares siguen presentando
algunas características de contrainsurgencia.

1.1.1 Razones de la continuidad del fenómeno.

En los diferentes documentos consultados para la elaboración de este balance


historiográfico, se hace énfasis en señalar razones que nos ayuden a entender una continuidad entre
el paramilitarismo y las actuales bandas criminales. En primera instancia Maseé (2011) plantea
varias razones por las cuales no se presenta una ruptura entre lo que existía antes de la
desmovilización y las estructuras armadas posteriores a la desmovilización.

La primera razón tiene que ver con lo que llamamos comúnmente la desmovilización de los grupos
paramilitares colombianos. Al inicio de la década de 2000, aunque las Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC), creadas oficialmente en 1997 por los hermanos Vicente y Carlos Castaño Gil,
agrupaban a la mayoría de los grupos paramilitares preexistentes, algunos grupos disidentes nunca
entraron en las negociaciones con el gobierno colombiano y, por lo tanto, nunca se desmovilizaron
ni siquiera formalmente.
La segunda razón tiene que ver con el cronograma de la desmovilización. Si bien las cifras globales
muestran resultados importantes —más de 36.000 miembros de las AUC entregaron las armas y
terminaron desmovilizándose oficialmente—, los diferentes bloques que conformaban a las AUC
no se desmovilizaron simultáneamente. El primero, el Bloque Cacique Nutibara, se desmovilizó
el 25 de noviembre de 2003, y el último, al fin de 2006, de tal manera que los efectos concretos
de la desmovilización en el terreno no se hicieron sentir al mismo tiempo.
La tercera razón tiene que ver con la dinámica de las negociaciones y del conflicto. Desde la firma
del Acuerdo de Ralito entre el gobierno de Colombia y las AUC, el 15 de junio de 2003, hasta la
desmovilización de los principales bloques pasaron varios meses durante los cuales muchos de los
comandantes tuvieron el tiempo para anticipar y preparar la desmovilización de sus bloques. En
algunos casos, reclutaron jóvenes al último momento para inflar sus estadísticas; en otros,
escondieron armas y dieron la oportunidad a sus hombres de elegir entre desmovilizarse o
quedarse en el monte. Muchos de los mandos medios no se acogieron al acuerdo de
desmovilización y siguieron operando en las mismas estructuras o en estructuras parecidas en las
regiones donde operaban anteriormente, mientras los comandantes desmovilizados siguieron
operando a través de las estructuras no desmovilizadas o reconformadas. (Maseé, 2011, p.43.)

Se afirma desde entidades del gobierno o la Fuerza Pública que estos grupos son simples
“bandas criminales” (Bacrim) y que no hacen parte de reductos de paramilitares. Desde otra
perspectiva estos grupos son consecuencia de grupos paramilitares que no hicieron parte del
proceso de desmovilización y aparecen o se reagrupan para la extorsión y el narcotráfico. Esa
caracterización de Bacrim desconoce que los neoparamilitares retoman características de sus
predecesores y por otro lado acentúan su papel como un complejo mafioso, parapolítico y
narcoparamilitar que tiene alianzas y conexiones con el clientelismo, la contratación corrupta desde
el Estado y los negocios con violencia y la eliminación sistemática de población civil.

38
En cuanto a los cambios que hacen que estos grupos se puedan diferenciar de otros,
encontramos el debate de si se conserva el carácter de contrainsurgencia o dentro de estas
organizaciones. El único autor que generó este debate en los documentos consultados fue Maseé,
(2011) el autor señala que el primer cambio entre el paramilitarismo y el neoparamilitarismo es
que este ya no está conformado por grupos de autodefensa ni contrainsurgencia, por lo tanto, ya no
se encuentran especializados en la lucha contra la guerrilla, pues a diferencia de sus antecesores
estos grupos no se encuentran en una confrontación armada de manera indirecta, ni masacrando,
amenazando y desplazando a la población civil.

Aunque concuerdo con el autor en que la “especialización” de los grupos neoparamilitares


ya no es el exterminio de la guerrilla considero que como estos grupos son movidos por intereses
económicos y extorsivos pueden ejercer fácilmente la contrainsurgencia y sus intereses por el
exterminio de miembros de la guerrilla. Otros aspectos que nos permiten contradecir este
planteamiento es la capacidad de amenaza y desplazamiento que tienen estos grupos sobre la
población civil, sin dejar de lado las reiteradas amenazas y extorciones a líderes sindicalistas y
partidarios de izquierda. A pesar de las afirmaciones del autor, se requiere un análisis exhaustivo
donde se ponga en debate la existencia del carácter de contrainsurgencia.

Tampoco se han generado acuerdos en estos aspectos por la problemática en torno a la


denominación del fenómeno. Esa problemática comienza con la posición de gobierno de la época,
pues el entonces presidente Álvaro Uribe ha expresado en varias ocasiones que con las
desmovilizaciones conseguidas el paramilitarismo había desaparecido. En la recopilación realizada
para entender la manifestación de este fenómeno el CNMH (2015) enuncia que esta afirmación por
parte del gobierno de Álvaro Uribe es una definición cuestionada por sectores que interpretaron
que se había dado una desmovilización paramilitar importante pero no total sino parcial, y que la
“disolución de estructuras armadas no daba cuenta de la superación integral del fenómeno
paramilitar visto en todas sus características e implicaciones”. (CNMH,2015, p.281.)

Según el CNMH (2015) la consecuencia de estos aspectos lleva a que instituciones,


organismos de control estatal, distintas entidades intergubernamentales y sectores de las ONG
denominen estos grupos como “grupos armados ilegales posdesmovilización”. Los grupos de
derechos humanos, bajo estas consideraciones denominan “grupos armados ilegales posteriores a
las AUC”. Por su parte, el Comité Internacional de la Cruz Roja en varios de sus informes y
39
pronunciamientos señala que algunos de estos grupos posteriores a las AUC, aunque precisa que
no todas las organizaciones siguen cumpliendo con los elementos que los caracterizan a la luz del
DIH3 como “grupos armados organizados”, en el contexto del conflicto armado de carácter no
internacional que nos afecta. (CNMH, 2015, p.283-284.)

De estos planteamientos podríamos rescatar que la desmovilización de los grupos


paramilitares no provocó cambios inmediatos muy profundos, porque esta desmovilización no fue
progresiva ni completa. Por otro lado, la composición de este fenómeno es híbrida como lo hemos
venido señalando a lo largo de este documento pues, los grupos están conformados por personas
no desmovilizadas, desmovilizados que no participaron en el proceso de paz y desmovilizados
participantes del proceso que no estuvieron de acuerdo y en algún momento y se rearmaron. Este
planteamiento también es expuesto por el CNMH (2013) donde se considera que las estructuras
armadas fundamentan su accionar en tres aspectos esenciales para comprender el fenómeno del
rearme paramilitar:

Sobre los que la CNRR llamó la atención: uno, el proceso de reagrupamiento de paramilitares
desmovilizados (rearmados); dos, la persistencia de reductos paramilitares que no hicieron parte
del proceso de paz entre los paramilitares y el Gobierno colombiano (disidentes); y tres, la
aparición de nuevos aparatos coercitivos al servicio de los intereses del narcotráfico (emergentes).
Esta diferenciación no capta, sin embargo, los grupos armados que provienen de la
desmovilización parcial de las estructuras que se acogieron y participaron en el proceso de
negociación con el Gobierno Uribe. (CNMH,2013, p.187.)

1.1.2 Problemáticas en torno a la denominación del fenómeno en la documentación.

Para Romero y Arias (2011) la existencia de diversos datos y la falta de acuerdos comunes
entre los investigadores genera una politización en la información sobre el alcance de los grupos
pues no hay acuerdo en cuanto al número de municipios con actividades de las Bacrim. La Policía
Nacional indicó que para el 2010 registraron actividades en 152 municipios repartidos en 20
departamentos. El Departamento Administrativo de Seguridad, en cabeza de su director Felipe
Muñoz, seis meses antes, había señalado que sólo 54 municipios estaban afectados. “Se observa
que la politización de la información sobre el tema ha llevado a los funcionarios del gobierno a
minimizar su dimensión, en lugar de reconocer la gravedad de este”. (Romero y Arias, 2011, p.13.)

3
Derecho Internacional Humanitario.

40
En este aspecto señalado por los autores podemos evidenciar la falta de interés que presentan
las entidades estatales encargadas de la seguridad en reconocer este tipo de grupos como uno de
los protagonistas de la violencia actual en Colombia. Se puede dar cuenta de esto a través de la baja
cantidad de grupos a los que el gobierno les reconoce su presencia en las diferentes zonas de
Colombia. Tampoco podemos dejar de lado que estos datos no contribuyen a las investigaciones
realizadas por las diferentes organizaciones no gubernamentales interesadas en el tema; sin
embargo, gracias a la profundidad de los datos, argumentos y pruebas presentadas por las diferentes
organizaciones se puede realizar un cuestionamiento contundente a las cifras del gobierno.

Para los autores, caracterizar a estos grupos como bandas criminales se convierte en una
forma simplista y desorientadora pues representa las actividades de estos grupos de una forma
limitada. Según el discurso gubernamental el narcotráfico sería su principal razón de ser, y como
ya no enfrentan a las guerrillas, sino por el contrario, se alían con ellas para el negocio del
narcotráfico, cualquier posibilidad de interlocución política al estilo AUC quedaría descartada. “El
peso de la denominación estatal está en estos tres elementos: narcotráfico, coincidencia de intereses
con las guerrillas y descalificación de cualquier consideración diferente al sometimiento a la
justicia”. (Romero y Arias, 2011, p.6.)

No son los únicos autores que manifiestan una problemática frente a este aspecto. Para
Maseé (2011) la diversidad de denominaciones que posee la continuidad paramilitar en la historia
de violencia en Colombia puede recaer en una ambigüedad y la multiplicidad de los términos
utilizados reflejan cierta dificultad para describir el fenómeno.

Las autoridades manejan nombres que no son necesariamente los que circulan entre la población,
pues, en ocasiones, ni siquiera conocen los nombres de los integrantes de dichas estructuras. Es
difícil saber quiénes son los cabecillas, más aún cuando las autoridades tienden a presentar a
muchos de los integrantes capturados como comandantes con varios alias o con alias parecidos.
Asimismo, es difícil evaluar tanto la magnitud (cuántos son y quiénes son) como la amplitud
(dónde están) de este fenómeno: primero, porque muchos de los integrantes de esas estructuras no
están vinculados de tiempo completo; segundo, porque algunos desmovilizados que están en
proceso de reintegración forman parte o trabajan al mismo tiempo para esas estructuras, y tercero,
porque sólo existen datos sobre la proporción de ex desmovilizados capturados que pertenecen a
esas estructuras, pero no hay información precisa sobre la proporción de los que nunca se
desmovilizaron y de los que se desmovilizaron pero volvieron a tomar las armas. (Maseé, 2011,
p.45.)

Este planteamiento contribuye a entender las dificultades con las que se encuentran los
autores al querer determinar este tipo de datos y presentar una información veraz frente a este
41
fenómeno. Considero que, si bien en los diferentes conceptos y apuestas teóricas es difícil llegar a
acuerdos generales, en términos cuantitativos y denominativos deberían existir una serie de
acuerdos que permitan establecer un punto de partida para este tipo de investigaciones.

De seguir así nunca se llegará a una denominación constructiva del fenómeno y mucho
menos a entender la magnitud y alcance de estos grupos. Estas cuestiones dificultan la búsqueda
de soluciones a las problemáticas generadas por el fenómeno neoparamilitar, pues seguimos
debatiendo sobre cómo denominarlo. Sin embargo, podemos atribuir la falta de acuerdos en el
estudio de la continuidad paramilitar a la falta de reconocimiento por parte del gobierno y a la
lastimosa expansión de sus zonas de influencia en Colombia lo que ha llevado a que los diferentes
investigadores y organizaciones no gubernamentales tengan que replantearse constantemente las
características que conforman a este fenómeno.

1.2 Paramilitarismo y vínculos con la política

En el tiempo que lleva el paramilitarismo en Colombia, ha permitido establecer una serie


de relaciones entre este fenómeno y diversos actores de la sociedad colombiana. Cuando estaba
finalizando el proceso de desmovilización, salieron a la luz una serie de vínculos entre funcionarios
estatales y organizaciones gubernamentales con los grupos paramilitares. Los documentos aquí
expuestos realizan una recopilación de este tipo de casos dentro del fenómeno paramilitar y
visualizan el alcance de estos grupos para incidir en la toma de decisiones en la política colombiana.
Para comenzar, podemos entender a la parapolítica como:

El fenómeno sistemático de alianzas entre políticos, grupos armados ilegales y narcotraficantes


más vergonzoso y de mayores proporciones en toda la historia del país. En materia procesal el
reto también es inmenso; la acción judicial de restitución de la Ley 1448 del 2011 redefine algunos
principios fundamentales de los procesos civiles ordinarios e introduce innovaciones acordes con
la perspectiva transicional. (CNMH, 2013, p.249.)

Según datos del CNMH (2013) los paramilitares se lanzaron a cooptar la representación
política local y regional. En busca de “intervenir el Estado central para asumir las riendas del poder
nacional, o como lo consignaron en el Pacto de Ralito con congresistas y funcionarios públicos:
“Refundar la patria”.” (CNMH,2013, p.160.) Con esta intención surge el primer gran precedente
de las relaciones entre el paramilitarismo y la política, el Pacto de Ralito entregado por Salvatore
Mancuso en su primera versión ante los fiscales de Justicia y Paz, donde se demostraba la alianza

42
entre las estructuras paramilitares con amplios sectores militares, económicos, políticos y sociales
de todo el país.

Su objetivo era la formulación de un nuevo contrato social basado en la defensa de la


propiedad privada y la preservación del control territorial, así como la estrategia para posicionarse
como el tercer actor de la guerra y forzar una “negociación política con el Gobierno. (CNMH,2013,
p.161.)

El resultado político de esta expansión se vio más adelante, en las elecciones del 2002, cuando sus
fichas coparon una tercera parte del Congreso y pudieron influir decididamente en la campaña
presidencial; también ejercieron control sobre 250 alcaldías y nueve gobernaciones, en las
elecciones del 2003. En total, en diversas elecciones, según lo ha determinado la justicia, las AUC
consiguieron la elección de 26 senadores en sus zonas de influencia, que representaron 1.741.947
votos, e infiltraron e influyeron en organismos del Gobierno nacional. (CNMH,2013, p.160.)

Según Romero (2007) durante el proceso de desmovilización, especialmente en el año 2006


se presentaron varios debates públicos en los que salió a relucir la vinculación de algún
parlamentario o dirigente político con los paramilitares. La respuesta inmediata del aludido era
reclamar pruebas de alcance judicial: un documento, o la grabación de una reunión, o la declaración
de un testigo que pudiera decir que los paramilitares habían amenazado con las armas a una
población para obligarla a votar por un candidato. Muchos de ellos, por tratarse de personas
prestantes de reconocidas familias, acudían a sus abolengos como argumento para contrarrestar
cualquier nexo con las fuerzas ilegales. “Los dirigentes políticos apelaban a este recurso para
protegerse de la vinculación a procesos judiciales, pero también para eludir responsabilidades
políticas”. (Romero, 2007, p.11.).

Otro ejemplo importante proporcionado por Romero (2007) es el resultado de las elecciones
del 2006. 33 senadores y 50 representantes a la Cámara resultaron elegidos en zonas de control
paramilitar.

Estos senadores obtuvieron 1.845.773 votos que representan una tercera parte de la votación para
Congreso y un punto muy alto de la votación para presidente. La gran mayoría de estos senadores
habían sido elegidos en los nuevos grupos que aparecieron en el 2002. Hay allí una continuidad
de lo ocurrido entre las anteriores y estas elecciones. Los analistas políticos y los medios de
comunicación, a primer golpe de vista, el lunes después de las elecciones parlamentarias de marzo
de 2006, proclamaron la disminución sensible de la influencia de los paramilitares en la política.
No fue así. Una comparación juiciosa entre lo ocurrido en el 2002 y lo ocurrido en el 2006 nos ha
permitido concluir que sólo hubo algunas variaciones que, en vez de atenuar el fenómeno, lo
profundizaron. Habíamos documentado la elección de 26 senadores en zonas de influencia
paramilitar en el 2002 que representaron 1.741.947 votos. En el 2006, estos partidos distribuyeron

43
mejor y más racionalmente la votación, con la cual lograron siete senadores más con unos
resultados no muy diferentes a los de 2002. Es decir, en el 2006 aumentaron los senadores casi
con la misma votación. (Romero,2007, p.30.)

Si bien el destape de la parapolítica permitió entender los nexos entre los paramilitares y
funcionarios públicos otros factores importantes para resaltar son sus nexos con las Fuerzas
militares que en cabeza del entonces general Rito Alejo del Río generaron una alianza con estos
grupos para arrinconar a las FARC y para liquidar a los militantes de la Unión Patriótica. Las
Fuerzas Militares le dieron vía libre a los paramilitares para realizar este tipo de tareas con la
salvedad de que no serían perseguidos durante mucho tiempo por contribuir a la lucha
contrainsurgente, actualmente esta relación se mantiene. Según datos del CNMH (2013) se han
capturado miembros de la Policía Nacional que se encontraban al servicio de bandas criminales.

El propio expresidente Uribe, con ocasión del paro armado de Los Urabeños, en enero del
2012, reconocía la pervivencia de las alianzas. En una declaración pública del 13 de mayo del 2013,
el Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, señaló que una de las hipótesis en las
investigaciones de los falsos positivos “es que no se trató únicamente de una respuesta a incentivos
o presiones dentro de la Fuerza Pública, sino que en varias regiones pudo existir un plan para
legalizar como bajas de la Fuerza Pública asesinatos cometidos por los paramilitares”.
(CNMH,2013, p.189.)

Los procesos de políticos locales y funcionarios públicos han avanzado de forma lenta en relación
con la magnitud de las revelaciones. Según Verdad Abierta, con base en un informe de la Fiscalía,
a septiembre del 2012 los fiscales de la Unidad Antiterrorismo, encargada de investigar los casos
de parapolítico local, acusaron a diecinueve alcaldes, ocho más fueron condenados y dos quedaron
absueltos. Siete mandatarios locales se acogieron a sentencia anticipada. Con respecto a los
concejales, 19 fueron acusados y uno más aceptó su responsabilidad ante los señalamientos del
ente investigador. Así mismo, 23 funcionarios públicos se acogieron a sentencia anticipada, otros
18 ya están pagando una condena y 2 fueron absueltos.
Finalmente, según el informe de la Fiscalía, por la parapolítica fueron acusados 27 exalcaldes,
nueve más aceptaron cargos voluntariamente, 13 fueron condenados y uno fue absuelto. En cuanto
a los exconcejales, 19 fueron acusados, 81 se acogieron a sentencia anticipada, y 10 fueron
condenados. ¿Cuáles son los factores que pueden explicar esta connivencia generalizada entre
políticos y criminales que puso en cuestión la legitimidad de la democracia colombiana e incluso
degeneró en la captura e instrumentalización de entidades tan importantes del orden nacional —
como el caso del Departamento Administrativo de Seguridad— o de otras que pusieron en riesgo
y sesgaron gravemente la aplicación de justicia —como el caso de la seccional de la Fiscalía en
Antioquia a través de Guillermo Valencia Cossio— por parte de los paramilitares? El
narcoparamilitarismo aprovechó la precariedad institucional y las debilidades del sistema electoral
en Colombia para apoyar o coaccionar políticos con el fin de apropiarse de las rentas municipales
y para tener una representación política. (CNMH,2013, p. 250 – 252.)

44
La influencia política de estos grupos y sus nexos con diferentes funcionarios persisten en
la actualidad, como lo mencionó el propio exjefe paramilitar Salvatore Mancuso; aseguró que “el
“orden social” implantado por los paramilitares y heredado por las llamadas “bandas criminales”
hacía obligatorio que se reprodujeran acuerdos entre los políticos antes aliados del paramilitarismo
con estos grupos emergentes, so pena de perder poder regional”. (CNMH,2015, p.257.) En las
elecciones de 2011 se presentó la interferencia y participación de grupos armados ilegales. En
agosto de ese mismo año la Corporación Nuevo Arco Iris (2011) “dio a conocer un informe según
el cual al menos 84 candidatos estarían inhabilitados para participar en las elecciones por vínculos
cuestionables en tal sentido y varios de ellos podrían afrontar investigaciones disciplinarias y
judiciales”. (CNMH,2015, p.257.)

En la actualidad no podemos negar la gran influencia de los neoparamilitares en la política,


por lo menos a nivel regional a pesar de que actualmente (a diferencia del tiempo en el que inició
el paramilitarismo) existen mecanismos judiciales y políticos que intentan garantizar la
transparencia de los diferentes procesos electores, sigue existiendo la influencia, incidencia y
participación de estos grupos en gobiernos territoriales, corporaciones públicas y en instituciones
e instancias gubernamentales.

Del proceso de la parapolítica y los nexos de los paramilitares con diferentes estamentos
gubernamentales podemos concluir que el enjuiciamiento de los líderes políticos que contribuían
al dominio del paramilitarismo en sus territorios es precario, por lo tanto, no hay proceso idóneo
de esclarecimiento de la verdad a pesar de que la intención de la justicia colombiana de mostrar
este suceso como un grave delito. Estos esfuerzos no han sido suficientes para desmontar la
influencia actual de los neoparamilitares en las relaciones políticas y sociales de cada región, esto
en parte por la falta de estrategias para detectar y sancionar a las redes militares y policiales que
apoyan a estos grupos. Por lo tanto, no debe parecernos extraño la actual cantidad de denuncias
sobre la manipulación electoral en diferentes regiones del país, ni tampoco el silencio de las
entidades regionales ante el accionar de los neoparamilitares.

1.3 Proceso de desmovilización y relaciones con la justicia.

Los informes presentados a continuación tratan de recopilar un marco de referencia para


entender qué sucedió durante el proceso de desmovilización de los paramilitares y las relaciones

45
jurídicas que se establecieron para el esclarecimiento de la verdad y la reparación de las víctimas.
Aunque actualmente siguen existiendo este tipo de grupos, estos documentos nos ayudan a
reconocer los procesos realizados en cuanto a la implementación de la Ley de Justicia y Paz y cuál
es el camino faltante por recorrer, al menos para garantizar una reparación integral.

El gobierno de Álvaro Uribe Vélez en el 2002 inició una negociación con los paramilitares
para llegar a un acuerdo de paz. En primera instancia se reconoció que estos grupos debían recibir
un “tratamiento especial de la justicia”. Para que las negociaciones siguieran su curso, se aprobó
una ley que rigió el marco de la desmovilización. “El primer proyecto de ley fue presentado en
2003 y el acto legislativo fue finalmente promulgado en julio de 2005 bajo el nombre de Ley de
Justicia y Paz. El tránsito entre la mesa de negociación de Santa Fe de Ralito y el Capitolio Nacional
significó un cambio en las lógicas de acción”. (Grajales, 2011, p.155.)

El contexto nacional e internacional incitó a ambas partes –el gobierno colombiano y los
paramilitares– al diálogo. El 1° de diciembre de 2002 las AUC declararon un cese al fuego
unilateral y manifestaron su voluntad de diálogo con el gobierno. Esta declaración había sido
preparada por contactos posteriores a la toma de funciones de Álvaro Uribe en agosto del mismo
año entre los representantes del gobierno y los jefes paramilitares. Así, el 11 de noviembre, la
cúpula de las AUC se reunió con el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo.
(Grajales,2011, p. 165-166.)

Según datos de la Embajada Sueca en Colombia (2005) entidad encargada de realizar


procesos de seguimiento a la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la Organización
de los Estados Americanos, (MAPP-OEA) que a su vez era la encargada de la veeduría del proceso
de desmovilización desarrollado en el gobierno de Álvaro Uribe, donde iniciaron las negociaciones
con las AUC como parte de su política de Seguridad Democrática. En materia de desmovilización
paramilitar el proceso se dio de la siguiente manera:

La meta final fue definida como la restauración de la presencia efectiva del Estado y sus
instituciones legales en la totalidad del territorio nacional. En diciembre de 2002, los líderes de las
AUC (en representación de una mayoría sustancial pero no de la totalidad de las fuerzas
paramilitares) aceptaron un cese al fuego unilateral. En julio de 2003, luego de una fase
exploratoria, se firmó un acuerdo en Santa Fe de Ralito (Departamento de Córdoba) para definir
los términos del proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración gradual de todas las
fuerzas paramilitares cubiertas por el acuerdo hacia diciembre de 2005. Un año después se
estableció la zona de ubicación, donde se llevaron a cabo las negociaciones entre el gobierno (en
particular el alto comisionado para la paz) y el equipo negociador de los paramilitares. (Embajada
Sueca en Colombia, 2005, p.26.)
Para complementar el desarrollo de este proceso, según Grajales (2011) a finales de agosto
del 2003, un mes después de la firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito, el gobierno nacional

46
radicó en el Congreso el proyecto de ley sobre “alternatividad penal”. “A partir de este momento,
el gobierno inició un juego que constaba de dos niveles diferentes pero interdependientes: la mesa
de negociación de Ralito y el Capitolio Nacional”. (Grajales, 2011, p.168.) Teniendo en cuenta el
ya mencionado proceso de la parapolítica, los paramilitares poseían respaldo en el congreso, pues
no es de sorprenderse que los acuerdos políticos regionales que tenían los paramilitares les
permitieran obtener una gran influencia sobre las decisiones tomadas por el congreso. “Realidad
expresada por el mismo Salvatore Mancuso en la célebre declaración en la que se jactaba de tener
más del 30% de “amigos” en el Congreso”. (Grajales, 2011, p.168.)

En materia de leyes la discusión inicial en el Congreso se hizo de forma simultánea al


desarrollo de negociaciones con grupos paramilitares. Según datos del CNMH (2013) además de
presentarse la Ley de Justicia y Paz se presentó el Proyecto de Ley Estatutaria N.º 085 de 2003.
Este proyecto fue presentado por el primer Gobierno de Álvaro Uribe Vélez y resultó, al parecer,
muy cercano a los acuerdos alcanzados en la negociación con los grupos paramilitares. Luego de
agitadas discusiones y fuertes críticas provenientes tanto de sectores políticos como de
movimientos sociales y de opinión pública nacional e internacional, el proyecto inicial sería
retirado por el Gobierno y reformulado. (CNMH, 2013, p.244.)

Por otro lado, el CNMH (2013) afirma que lo que hoy conocemos como sistema de Justicia
y Paz en materia penal es producto de, al menos, cuatro procesos distintos, aunque relacionados:

1. La negociación incompleta entre el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez y los grupos de


autodefensa; 2. La discusión parlamentaria en torno a marcos normativos para la desmovilización
y judicialización de grupos armados organizados al margen de la ley; 3. La decisión de la Corte
Constitucional al fallar la constitucionalidad de la Ley 975 del 2005 (proyecto que finalmente
contó con el aval del Congreso); 4. Los Autos y Sentencias de la Sala Penal de la Corte Suprema
de Justicia por medio de los cuales ha interpretado los alcances de dicha ley, específicamente su
procedimiento y sus principios sustantivos. (CNMH,2013, p.244.)
La crítica a este proceso realizada por Grajales (2011) consiste en afirmar que la Ley de
Justicia y Paz puede ser interpretada como la institucionalización de una lectura política del
paramilitarismo. La ley consolida la visión del paramilitarismo como una forma de movilización
política armada y contrainsurgente. En nombre de la seguridad nacional, el gobierno cerró las
puertas a la formación de una comisión de verdad. “Se arguyó que mientras durase la lucha contra
la guerrilla no se podría entablar un trabajo en esta dirección, so pena de poner en riesgo la
seguridad del Estado”. (Grajales, 2011, p.173.)

47
En cuanto al proceso de Monitoreo DDR los datos recopilados por la Embajada Sueca en
Colombia (2005) indican que desde noviembre de 2004 hasta el 1 de julio de 2005, nueve bloques
y unidades paramilitares se han desarmado y desmovilizado, para un total de más de 4.200 ex
combatientes (en su mayoría hombres). Si sumamos a este número los 868 desmovilizados del
Bloque Cacique Nutibara en Medellín en noviembre de 2003, el número total de bloques
desmovilizados es diez, con más de 5.000 soldados, sus armas y demás equipo. “Después de la
crisis que sufrió el proceso y del arresto de alias “Don Berna” o “Adolfo Paz” en mayo de 2005
anunciaron y llevaron a cabo nuevas desmovilizaciones hasta septiembre de 2005”. (Embajada
Sueca en Colombia, 2005, p.41.)

1.3.1 Porque no prosperó el proceso de DDR.

Además de los fuertes contradictores que tenía este proceso, los paramilitares entraron en
una serie de discordancias, pues mientras se negociaba con el Gobierno nacional los paramilitares
seguían matando, expandiendo de esta manera su poder político, económico y territorial en el
marco de una tregua acordada entre las partes. “En esta lógica de acción se inscribe la masacre de
Bahía Portete en La Guajira el 18 de abril del 2004. A esto se sumaba la guerra interna entre las
distintas facciones paramilitares que discurría en medio de la negociación con el Gobierno
nacional.” (CNMH, 2013, p.184). Con este ejemplo se puede deducir a simple vista que los
paramilitares nunca tuvieron una voluntad real de paz con la sociedad y que este proceso para ellos
solamente obedecía a la búsqueda de ventajas para salvaguardar su integridad personal y no ser
sometidos a la justicia.

Las tensiones sobre la aplicación de la Ley de Justicia y Paz se reflejaban en la política nacional:
mientras el Gobierno de Uribe buscaba que la bancada mayoritaria en el Congreso reconociera a
los paramilitares como delincuentes políticos (bajo el delito de sedición) para permitirles así
mayores beneficios que los ya contemplados en la Ley de Justicia y Paz, la revisión de la Corte
Constitucional obligó a endurecer la ley con la supresión del delito de sedición y la imposición de
mayores obligaciones a los versionados —para acceder al beneficio de la pena alternativa de ocho
años—, como confesar de forma total y completa sus crímenes.(CNMH, 2013, p.185.)

Otra parte de la información recopilada por el CNMH (2013) señala que cuando Álvaro
Uribe Vélez llegó a la presidencia, su política de tratamiento a los grupos de autodefensa apostó
por devolverle al Estado el monopolio de las armas y para ello impulsó algunas modificaciones
normativas y unas negociaciones de paz con tres grupos de autodefensas: las Autodefensas Unidas
de Colombia AUC en el 2003, y los Bloques Central Bolívar y Vencedores de Arauca en el 2004.

48
El cambio normativo para adelantar las negociaciones con estos grupos fue una enmienda a
la Ley 418 de 1997, que era el marco normativo a través del cual se habían llevado a cabo los
diálogos anteriores con los grupos guerrilleros. Esta norma permitía la concesión de indultos a los
miembros de grupos al margen de la ley con los que se adelantaran diálogos de paz, y que hubieran
sido sentenciados con sentencia ejecutoriada por la comisión de un delito político. (CNMH,2013,
p.242.)

Sin embargo, de acuerdo con esta misma ley, los diálogos de paz únicamente podían celebrarse
con organizaciones armadas al margen de la ley a las cuales se les hubiera reconocido carácter
político. Y aunque, como se ha mencionado, Gobiernos anteriores hubieran sugerido esta
alternativa con respecto al paramilitarismo, lo cierto es que algunos de los elementos
característicos del origen y accionar de estos grupos sembraban dudas acerca de la posibilidad de
darles este tipo de reconocimiento. Para zanjar ese inconveniente sin tener que enfrentarse al
debate político, la Ley 782 de 2002 prorrogó y modificó algunas disposiciones de la Ley 418 de
1997. En particular, eliminó el requisito de que las negociaciones de paz solo pudieran hacerse
con organizaciones al margen de la ley a las que se les hubiera reconocido carácter político (Ley
975 de 2005). (CNMH,2013, p.242.)

En primera instancia el proyecto de ley que el Gobierno diseñó para que los paramilitares
se desmovilizaran dio gran margen para que para los responsables de los crímenes tuvieran
impunidad; otro factor, y tal vez el más importante, es que esta ley nunca ha reconocido los
derechos de las víctimas. Los documentos consultados también plantean una serie de razones por
las cuales el proceso fracasó.

Sin embargo, dentro de las posiciones presentadas por el CNMH (2013) el fracaso del
proceso de desmovilización y el posterior rearme de los grupos neoparamilitares tiene sus
antecedes en el mismo paramilitarismo. Dentro de las organizaciones paramilitares se generaron
una serie de disputas que los llevaron a un creciente agrietamiento dentro de la organización
nacional federada de las AUC; este aspecto llevó a la renuncia de Carlos Castaño a la comandancia
general de la organización el 12 de julio de 2001.

Este hecho marca el comienzo del desmoronamiento de las AUC (1997-2002) previo a su
acercamiento con el gobierno de Uribe. Luego, en el comienzo de las negociaciones se dieron
enfrentamientos entre el Bloque Metro, renuente a los diálogos, y el Bloque Nutibara del Bloque
Central Bolívar liderado por Diego Fernando Murillo, definiéndose a favor del segundo. “Pero, sin
duda alguna, el ejemplo más cruento y evidente fue el protagonizado por las Autodefensas del

49
Casanare y el Bloque Centauros de las AUC en los Llanos Orientales en 2004”. (CMMH,2013,
p.182-184.)

Estas diferencias fueron llevando al colapso del proyecto unificador nacional liderado por Carlos
Castaño y Salvatore Mancuso desde las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá – ACCU,
lo que terminó por favorecer a alias Don Berna y a Iván Duque Gaviria, alias Ernesto Báez, desde
el BCB, el cual encubría una federación de grupos locales y regionales de diversa índole, terminó
por imponerse sobre las posiciones más políticas y más distantes del narcotráfico que en el
momento de la negociación defendían las ACCU, como lo reconocieron Mancuso y Castaño en
julio del 2002. (CMMH,2013, p.184.)

En medio del proceso de negociación, los comandantes Mancuso, alias Ernesto Báez y
Ramón Isaza asistieron al Congreso de la República, en julio del 2004, y allí dejaron ver la
fragmentación del movimiento paramilitar, ya que los tres representaban nítidamente tendencias y
trayectorias diferenciadas:

Isaza representaba las autodefensas históricas herederas de la experiencia de Puerto Boyacá, de


mediados de los años ochenta; Mancuso, la segunda etapa de mediados de los años noventa, con
epicentro en Córdoba y Urabá; y Báez, la expansión nacional del Bloque Central Bolívar, a finales
de los noventa y comienzos del siglo XXI, que expresaba la emergencia de los nuevos
narcotraficantes con pretensiones de actores políticos. (CMMH,2013, p.184.)
En este orden de ideas las diferencias históricas e ideológicas entre los diferentes líderes de
los grupos paramilitares y el hecho de que no llegaran a comunes acuerdos, junto con la extradición
de diferentes jefes paramilitares generó una especie de desconfianza entre los integrantes de cada
grupo paramilitar. Al no establecerse las condiciones para garantizar la desmovilización de estos
grupos se propició su rearme.

La problemática se agravó cuando, en diciembre del 2006, la opinión pública fue sorprendida por
la noticia del traslado a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí de los principales jefes
paramilitares (59 en total), que se encontraban concentrados en un Centro Vacacional en La Ceja,
Antioquia. El traslado, argumentó el Gobierno, se debió a las múltiples evidencias que apuntaban
a que los paramilitares seguían ejerciendo poder y control sobre estructuras que no se habían
desmovilizado o que se habían rearmado. Con estas estructuras, los paramilitares venían borrando
todas las pruebas de sus principales crímenes. Ante este traslado de los principales jefes, Rodrigo
Tovar Pupo, alias Jorge 40, huyó de Santa Fe de Ralito, pero pocos meses después terminó por
aceptar su traslado tras la colaboración de una comisión encabezada por la entonces presidenta del
Senado, Dilian Francisca Toro.
Sin embargo, advirtió: “Si la guerra ganada por las autodefensas se perdiera en una nueva edición
de desidia gubernamental, detrás de mí vendrían muchos como yo que empuñarán las armas”. Esta
afirmación de Jorge 40 recogía los temores de los jefes paramilitares frente a las exigencias que
introdujo la sentencia de la Corte Constitucional a la Ley de Justicia y Paz: La amenaza de
extradición, ya que el Gobierno nunca hizo un acuerdo al respecto; la negativa a ser reconocidos
como actores políticos; y, por último, la incapacidad del Gobierno para asegurar a los paramilitares

50
más allá de la zona dispuesta para los diálogos en Santa Fe de Ralito, en Córdoba. (CNMH,2013,
p.185.)

Estos aspectos también se pueden ver reflejados en las declaraciones de sus miembros, para
Salvatore Mancuso el rearme paramilitar era el resultado del mal funcionamiento de la política de
reinstitucionalización del Estado y del impedimento que les impuso el Gobierno de participar en
política, que contradecía lo pactado originalmente. (CNMH,2013, p.186.) Por este motivo para el
líder paramilitar es inminente el fracaso del proceso y el rearme paramilitar.

Para Mancuso, estas bandas, como el paramilitarismo en sus primeros años, “avanzan como un
fenómeno delincuencial en un principio porque necesitan fortalecerse económicamente para crecer
militarmente y luego empezar todas las acciones políticas que ya se nota que están haciendo”.
Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, aseguraba que la desmovilización del paramilitarismo no
había obedecido a cálculos militares, sino políticos, pues era evidente que sus enemigos naturales,
las guerrillas, continuaban operando en muchas regiones del país, sin que el Gobierno nacional
hubiera mostrado una capacidad suficiente para derrotarlas. Por eso aseguraba que la vía armada
no era la mejor salida política, aunque continuaba siendo una alternativa plausible en muchas
regiones del país, tal y como lo expresaban las nuevas bandas. (CNMH,2013, p.186.)

Por su parte, la Embajada Sueca en Colombia (2005) considera que el proceso con los
paramilitares falló debido a que rápidamente se presentaron rearmes en distintos lugares del país
(tesis que hemos defendido a lo largo de este trabajo). Además, también “se presentaron violentos
reacomodos internos entre estructuras fragmentadas, volátiles y cambiantes, altamente permeadas
por el narcotráfico, más pragmáticas en su accionar criminal y más desafiantes frente al Estado”.
(Embajada Sueca en Colombia, 2005, p. 179.)

Para el CNMH (2013) estas diferencias hicieron que la comunidad internacional y nacional
en especial las organizaciones de Derechos Humanos y de víctimas consideran que dicha ley
conducía a la impunidad y estaba lejos de ser un instrumento de verdad, justicia y reparación,
requisitos indispensables en un proceso de negociación.

Por su parte, las organizaciones de víctimas y de Derechos Humanos reiteraban que el fenómeno
demostraba el fracaso del Gobierno para desmontar las estructuras sociales, políticas y económicas
del paramilitarismo en muchas regiones del país. Sin embargo, más allá de la discusión semántica,
importa destacar que el problema respondía a algunas fallas del proceso de desmovilización de los
paramilitares en una agenda de negociación, en la que se incumplieron muchas promesas.
(CNMH,2013, p.186.)

Si bien no es una de las causas, la ineficacia de la justicia si ha propagado la impunidad en


este proceso. Según datos del CNMH (2013) después de casi ocho años de funcionamiento, la Ley
de Justicia y Paz que había sido la encargada del juzgamiento de aproximadamente 4.400

51
postulados, ha producido solo catorce sentencias. Al momento en que el CNMH redactara su
informe, aseguran que solo nueve de ellas estaban en firme con fallo en segunda instancia.

Pese a lo anterior, son innegables los avances del sistema en materia de contribuciones a la verdad:
39.546 hechos confesados; 12.869 casos compulsados a la justicia ordinaria, de los cuales 1.124
han ido a la Corte Suprema de Justicia para el juzgamiento de políticos relacionados con el
paramilitarismo; y 3.929 fosas exhumadas con 4.809 cadáveres encontrados a diciembre del 2012.
Estas cifras permiten tener una idea de la gigantesca tarea que hace falta. Catorce sentencias son
muy pocas para casi 40.000 hechos delictivos confesados. (CNMH,2013, p.246.)

Otro problema que puede señalarse es el tema de tierras. Según datos del CNMH (2013)
entre 1995 y el 2010, al menos 266.480 familias que ejercían derechos —como propietarios,
poseedores u ocupantes— sobre una extensión geográfica de aproximadamente 6,5 millones de
hectáreas fueron víctimas de abandono forzado o despojo en Colombia.

Este aspecto, a mi parecer, es uno de los más preocupantes, pues si bien no hay un
reconocimiento de las víctimas tampoco existe una reparación íntegra pues, es de conocimiento
público, que los grupos paramilitares se encargaron de despojar a las familias de sus tierras para
beneficio personal. Hasta el momento y a pesar de algunos procesos de extinción de dominio no se
ha generado un proceso masivo de entrega de tierras a sus verdaderos propietarios. Las soluciones
planteadas por este organismo a la problemática son las siguientes:

1) la inversión de la carga de la prueba en favor de la víctima; 2) la existencia de un proceso


abreviado en el que las instituciones procesales básicas tienen un alcance diferente para poder
responder a la masividad de casos; 3) la importancia de una etapa administrativa previa en la que
se documentan los casos para el conocimiento de los jueces y de la Unidad Administrativa Especial
para la Gestión de la Restitución de Tierras Despojadas –UAEGRTD, que actuaría como una
especie de Fiscalía en la defensa de las víctimas en los procesos; 4) las extensas facultades que
tienen los jueces para dar órdenes —entre las cuales se encuentran las de declarar la nulidad de
actos administrativos o sentencias judiciales previas— con el objetivo de garantizar la restitución
material y jurídica de los predios, entre otras. Finalmente, un último desafío en el marco de la
restitución es que la justicia tendrá que enfrentarse a sí misma o, por lo menos, a decisiones
judiciales anteriores que coadyuvaron al despojo al declarar a nuevos poseedores como
propietarios de bienes que fueron forzosamente abandonados. (CNMH,2013, p.249.)

Finalmente, de los documentos consultados el CNMH (2013) es el único organismo que


hace referencia al Marco Jurídico para la Paz. El 31 de julio del 2012 el Congreso aprobó una
reforma a la Constitución conocida como Marco Jurídico para la Paz. Este marco elevó a rango
constitucional la justicia transicional. Por un lado, el Marco para la Paz reconoció expresamente
los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación, y estableció que éstos deberán
garantizarse “en la mayor medida posible”. También dispuso la creación de una Comisión de la

52
verdad e indicó que “en cualquier caso se aplicarán mecanismos de carácter extrajudicial para el
esclarecimiento de la verdad y la reparación de las víctimas”. Adicionalmente, el Marco para la
Paz fijó un límite infranqueable respecto al deber del Estado de investigar y sancionar las graves
violaciones a los Derechos Humanos: “no se podrán dejar de investigar y sancionar los máximos
responsables de los crímenes de lesa humanidad, genocidio y crímenes de guerra cometidos de
manera sistemática”. (CNMH),2013, p.256.)

Lastimosamente la Ley de Justicia y Paz les sirvió a algunos paramilitares para evitar la
extradición o un juicio penal internacional. Este aspecto ha contribuido a que en este proceso no se
pueda hablar de justica transicional. Aunque los grupos paramilitares entregaron una cantidad
significativa de armas no podemos dejar de lado los aspectos de la disidencia, reincidencia y
rearmes en todas las regiones. En uno de sus informes la Fundación Ideas para la Paz (2010)
argumenta que “las mismas armas que fueron utilizadas por las AUC están siendo utilizadas por
las BACRIM”. En alusión a los grupos que persistieron o se rearmaron tras las desmovilizaciones
progresivas de los bloques de las AUC, se estima que, “a pesar de las 18.051 armas entregadas,
habían quedado armas restantes en caletas que sirvieron para tales rearmes”. (INDEPAZ, 2010,
s.p.)

El proceso de desmovilización paramilitar no se generó pues los organismos encargados de


su cumplimiento dejaron de lado, a la hora de su implementación, varios aspectos fundamentales:
1) No existió un proceso de reparación integral y por lo tanto la desmovilización paramilitar no
contó con un proceso de justicia transicional; 2) No se implementaron estrategias sociales ni
jurídicas para garantizar que estos grupos no volvieran a rearmarse. Ante la falta de éstas el
resultado inminente es el actual neoparamilitarismo. 3) No se solucionaron los inconvenientes
generados por la apropiación ilegal de tierra de los paramilitares, éstos en varios casos conservaron
sus patrimonios y no regresaron la tierra a sus legítimos dueños; 5) Los procedimientos utilizados
para el juzgamiento de los paramilitares fueron ineficaces, tanto que hasta la fecha muchos delitos
de lesa humanidad siguen en la impunidad.

53
1.4 Vínculos del paramilitarismo con las economías ilegales.

1.4.1 Narcotráfico

Los estudios sobre la relación entre paramilitarismo y narcotráfico están llenos de


contrastes. Por ejemplo, existen posiciones que afirman que el narcotráfico se ha supeditado al
paramilitarismo, como la de Duncan (2006) que afirma que el narcotráfico está subyugado al
paramilitarismo debido principalmente a los requerimientos de seguridad que tiene este “negocio”.
Este aspecto le permitió a los paramilitares ofrecer seguridad a los narcotraficantes cuando
buscaron refugio en el campo a mediados de los años noventa. Sin embargo, no podemos afirmar
que en todos los documentos se establezca que el narcotráfico es un fenómeno inminente al
paramilitarismo, por esta razón es importante dedicar un apartado a revisar los documentos que sí
establecen esta relación.

El paramilitarismo en Colombia es un fenómeno complejo. No puede ser reducido a instrumento


de contrainsurgencia o guerra sucia del Estado; la diversidad de características que comporta a
nivel regional y la multiplicidad de actores que a él se articulan impide una formulación semejante.
Las relaciones entre paramilitarismo, el Estado, el narcotráfico y la búsqueda de rentas no son
unívocas, del tipo subordinación/autonomía, sino que varían de acuerdo con la diversidad que
caracterizan los contextos regionales. Esta complejidad revela que el paramilitarismo dejó de ser
una amalgama de grupos o de organizaciones armadas, para convertirse en un proceso
sociopolítico con amplias repercusiones en la sociedad y en el sistema político colombianos, cuya
magnitud aún está por conocerse. (Cruz, 2007, p.133.)

Según la Embajada Sueca en Colombia (2005) en el curso de la década del ochenta, y


especialmente durante la del noventa, la expansión de la economía ilegal y la aparición de
organizaciones criminales ligadas al narcotráfico ofrecieron un nuevo conjunto de medios y
motivos para la aparición de actores armados en el conflicto. Este fue especialmente el caso de las
FARC y los paramilitares (agrupados en su mayoría como AUC a partir de 1997), quienes se
valieron tanto de su “control sobre las plantaciones de coca y de las áreas productoras de cocaína,
como de su activa participación en el tráfico de drogas, para ganar cantidades sustanciales de dinero
y financiar de esta manera su capacidad logística y militar”. (Embajada Sueca en Colombia, 2005,
p.23.)

Los líderes paramilitares alegaban y aún alegan que actuaban para llenar el vacío generado por el
descuido y negligencia de un gobierno central ineficaz. Sin embargo, varias fuentes afirman que,
desde el inicio de sus actividades, los paramilitares tenían una conexión cercana con la industria
ilegal de las drogas. Así, se protegían los intereses de los narcos y la riqueza obtenida con el tráfico
de drogas, y se utilizaba el dinero para financiar las unidades paramilitares. (Embajada Sueca en
Colombia, 2005, p.24.)

54
Para Romero y Arias (2011) los paramilitares heredaron el narcotráfico de los carteles de
Cali, Medellín y otros menores, pues los paramilitares cooperaron con ellos y fueron delegados
para el uso ilegal de la violencia en los años 90 y comienzos de la nueva década. Sin embargo, el
protagonismo militar y político de las AUC ocurrió durante el marco de una lucha antidrogas
patrocinada por los Estados Unidos, un sistema de competencia electoral nacional apreciable y un
paulatino sometimiento de las autoridades y elites locales en las regiones en donde las AUC
tuvieron presencia militar. “La amenaza de las guerrillas y las posibilidades de inclusión política
vía negociación de paz y reformas ayudan a entender esas coincidencias para defender el status
quo”. (Romero y Arias, 2001, p. 7.)

Por su parte, el CNMH (2013) establece una relación inminente entre paramilitarismo y
narcotráfico con el simple hecho de denominar al fenómeno como narcoparamilitarismo.

El narcoparamilitarismo es, en consecuencia, una de las primeras expresiones de la vinculación


activa de los narcotraficantes al conflicto armado, ya fuese en su rol de financiadores o en el de
artífices de organizaciones armadas. Esta situación también evidenció una reconfiguración del
problema agrario: el investigador Alejandro Reyes calculó que la compra masiva de tierras por
parte de los narcotraficantes se había extendido a 409 municipios (cerca de la mitad del territorio
nacional), entre los años ochenta y la primera mitad de los noventa. Esto significó, de facto, un
nuevo proceso de concentración de la tierra que operó como una contrarreforma agraria con
capacidad de limitar aún más los resultados de la reforma agraria impulsada por el Gobierno de
Virgilio Barco. (CNMH,2013, p. 143.)

La tesis principal que abarca el CNMH (2013) sobre este tema es que el narcotráfico en la
organización paramilitar y los efectos que éste tuvo sobre la naturaleza contrainsurgente de las
autodefensas volvieron más complejo el conflicto armado, inaugurando tramas difíciles de
diferenciar entre la guerra y la criminalidad organizada. El narcotráfico impactó tan decisivamente
en la estructura paramilitar que en distintas regiones estos grupos se convirtieron en el brazo
armado de los narcotraficantes, como sucedió en el bajo Putumayo y el Ariari, en donde se
impusieron los grupos al servicio del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha. “Esta situación
no fue ajena a otros grupos paramilitares de base social más amplia, como los de Córdoba o la
Sierra Nevada de Santa Marta, liderados por Fidel Castaño y Hernán Giraldo”. (CNMH,2013, p.
145.)

Para la Embajada Sueca en Colombia (2005) el paramilitarismo se convirtió en fuente de


poder coercitivo para los terratenientes locales y los narcos al ser utilizado especialmente en contra
de fuerzas sociales y políticas opositoras en el ámbito local. Aunque siempre fueron rechazados

55
por el gobierno, en muchos casos documentados los grupos paramilitares recibieron algún tipo de
apoyo por parte de las fuerzas oficiales de seguridad. En cuanto a los soldados rasos, los
paramilitares reclutaban a su ejército básicamente dentro de la misma población de jóvenes
excluidos (de áreas rurales y pueblos pequeños), al igual que la guerrilla.

De hecho, la Embajada Sueca manifiesta que durante su investigación de campo se


encontraron con más de un caso de unidades paramilitares que aceptaban a antiguos miembros de
grupos guerrilleros. (Embajada Sueca en Colombia, 2005.) Las razones más importantes para
unirse a los grupos armados son económicas:

La perspectiva de un ingreso estable, combinada con un mejor estatus social y la posibilidad de


ejercer la coerción. Pocos soldados rasos parecen formar parte de un grupo ilegal armado por
convicción política o por pura propensión a la conducta violenta. En el curso de los años noventa
los paramilitares comenzaron a realzar su perfil político. La formación de las AUC en 1997 fue
un paso importante en este proceso. Las AUC se consideraban a sí mismas como parte política
interesada y legítima y, de hecho, como actores armados dispuestos a formar parte de un proceso
de paz.. (Embajada Sueca en Colombia, 2005, p.25.)

En cuanto a la influencia que tiene el narcotráfico en los grupos neoparamilitares actuales


la documentación consultada se refiere a la acción de estos fenómenos en regiones específicas. Por
ejemplo, en el estudio realizado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (2010) quien
también nombra a estos grupos como narcoparamilitares. Sus zonas de influencia están distribuidas
de la siguiente manera:

Los grupos narcoparas que operan en los departamentos del Oriente colombiano, que nunca se
desmovilizaron, continúan con sus negocios de siempre y recomponen sus mandos ante golpes de
la Policía en su cúpula; San Andrés entra en la cadena de los Rastrojos y los Paisas, con un
incremento escandaloso de la violencia y la corrupción y se incrementa la disputa por las fronteras,
las rutas y el control de territorios; Bogotá se reactiva como retaguardia financiera y de negocios
de estos grupos. Los seis mayores herederos de las estructuras desmovilizadas muestran en 2010
capacidad de actuar en 360 municipios del país. A esas noticias, se le suma el destape de falsas
desmovilizaciones realizadas con la complicidad de autoridades civiles y militares, más
declaraciones de varios ex narcoparamilitares que muestran el engaño no solo fue de
desmovilizaciones montadas, como la del supuesto frente Cacica la Gaitana de las FARC, sino de
todas las realizadas que presentaron 32.000 excombatientes de las AUC y otros, cuando en
realidad no eran más de 14.000.
El registro de eventos violentos de los grupos narcoparas muestra un incremento de sus áreas de
operaciones en los últimos tres años. En 2008, se realizaron acciones violentas y de negocios
ilícitos en 259 municipios; en 2009, se ampliaron a 278, y en 2010 a 360 municipios. Entre 2008
y 2010, su radio de movilidad se amplió en 100 municipios y consolidaron su presencia,
especialmente en regiones de Antioquia, Cauca, Caldas, Casanare, Cesar, Chocó, Córdoba,
Bolívar, Magdalena, Meta, Nariño, Norte de Santander, Valle y Sucre. Si se toma la relación entre
municipios con registro de eventos violentos atribuidos a narcoparamilitares y el total de

56
municipios por departamento, se observa que, entre 2008 y 2010, el porcentaje de afectación ha
llegado a situaciones hipercríticas en diez departamentos con más del 50% de sus municipios con
alguna presencia narcopara y es crítica en 15 departamentos, en los cuales más del 35% de los
municipios registró presencia de estos grupos en 2010. (INDEPAZ, 2010, s.p.)

En otra de las investigaciones realizadas por el INDEPAZ (s.f) esta organización señala que
el objetivo del narcoparamilitarismo es el lucro impuesto por la fuerza, basado en el narcotráfico y
otros negocios ilegales, en especial de apropiación de recursos públicos con la complicidad y
concertación con políticos. Para poder proceder a controlar territorios y rutas los narcoparamilitares
actúan a conveniencia con miembros de la fuerza pública y otros agentes del Estado. “En esas
alianzas ofrecen sus servicios como aliados en contrainsurgencia y violencia contra opositores o
comunidades cuyos derechos territoriales y sociales chocan con los poderes mafiosos y
parapolíticos”. (INDEPAZ, s.f, s.p.)

Los territorios del complejo narcoparamilitar en la etapa post desmovilizaciones de las AUC,
siguen siendo aquellos propicios para el narcotráfico, el lavado de activos, el contrabando, tráfico
de armas, la minería ilegal, la apropiación de tierras y zonas con potencial extractivo, la extorsión
o servicios de seguridad y de control territorial para algunos macroproyectos extractivos o de
agroindustria. En algunas regiones se presentan coincidencias territoriales entre frentes de las
guerrillas y unidades narcoparamilitares. (INDEPAZ, s.f, s.p.)

En cuanto a un caso específico, el INDEPAZ (2010) hace referencia a la expansión del


Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (ERPAC) sobre el oriente de los
departamentos del Meta y Vichada. En su momento, esta organización fue de los mayores
productores de cocaína en el país. Los Rastrojos y los Paisas se han expandido en la región
suroccidente, Pacífico y Caribe, en amplia concordancia con rutas, cultivos y laboratorios. Se
estima que el 30% de la exportación de cocaína –cerca de 100 toneladas año- “es realizada por las
redes del narcoparamilitarismo que operan por varias rutas, incluidas las manejadas por los carteles
mexicanos y las que operan por el Atlántico hacia Europa y Asia”. (INDEPAZ,2010, s.p.)

El seguimiento durante ocho años (2008-2015) realizado por INDEPAZ arroja que los
grupos narcoparamilitares en todo ese periodo han tenido alguna presencia en aproximadamente
630 municipios del país. El dato revelador es la presencia permanente de actividades en los últimos
3 años en 298 de estos municipios.

Para la Human Rights Watch (2010) al igual que los bloques de las AUC, los grupos
sucesores están profundamente involucrados en el narcotráfico y otras actividades delictivas, que
incluyen el contrabando, la extorsión y el lavado de activos, entre otras. De hecho, resaltan la

57
conformación de las AUC a partir del grupo Muerte a Secuestradores, “una alianza conformada en
los años ochenta por los narcotraficantes Pablo Escobar, Fidel Castaño, Gonzalo Rodríguez Gacha
y otros, con el objeto de liberar a traficantes o familiares de traficantes que habían sido secuestrados
por grupos guerrilleros”. (Human Rights Watch, 2010, p. 32.)
La mayoría de los grupos sucesores parecen estar menos enfocados en la contrainsurgencia que
las AUC. De hecho, fuentes del gobierno a menudo hablan de vínculos entre los grupos sucesores
con las FARC o el ELN, al menos para fines de narcotráfico. Varias fuentes expresaron a Human
Rights Watch que en Nariño y Cauca el grupo Rastrojos (que nunca había formado parte de las
AUC) habría forjado una alianza con los guerrilleros del ELN en contra de las FARC, para
controlar el territorio con fines de narcotráfico. (Human Rights Watch, 2010, p. 33.)

Gracias a sus vínculos con el narcotráfico para los grupos paramilitares fue fácil vincularse
a otros negocios legales e ilegales, según datos del CNMH (2013) los neoparamilitares se dedican
a generar oficinas de cobro de extorsiones, lavado de dinero en actividades económicas legales,
robo de gasolina, apropiación y extracción de rentas de la minería y acaparamiento de tierras y
bienes. Estas actividades dejan en evidencia la fragmentación (por lo menos organizativa) de los
grupos paramilitares.

Finalmente, si bien el paramilitarismo en todas sus etapas de conformación (véase más


adelante en este trabajo) no estuvo permeado por el narcotráfico y este proceso se generó gracias a
una serie de dinámicas internas de las organizaciones narcotraficantes existentes para garantizar su
seguridad, es importante reconocer que por lo menos en su etapa de AUC los grupos paramilitares
se encontraban totalmente permeados por el narcotráfico.

A pesar de sus supuestas disidencias internas en torno al tema, este fenómeno fue una de las
principales actividades que utilizaban los paramilitares para garantizar el sostenimiento de su
organización. En el neoparamilitarismo, a pesar de que las estrategias implementadas ahora en
contra del narcotráfico son más fuertes, estos grupos siguen ideando estrategias y trazando rutas
para la distribución de drogas ilícitas. Una de las similitudes entre los grupos paramilitares actuales
y los que conformaban las AUC es que a pesar de que basan gran parte de su sostenimiento en
drogas ilícitas no han dejado de dedicarse a otras actividades como la extorción, la adjudicación de
tierras y demás dinámicas que han sido características de este fenómeno.

En cuanto a la información suministrada por el mapa que presentaremos a continuación


elaborado por el INDEPAZ (s.f) podemos inferir que los grupos neoparamilitares se encuentran

58
divididos en dos grandes bloques: los rastrojos y los Urabeños, de estos dos grandes bloques se
desprenden otros grupos más pequeños como los de la Oficina de Envigado. Otro aspecto por
resaltar es que según este mapa la actividad narcoparamilitar solo se encuentra concentrada en la
zona occidental del país.

En este orden de ideas la información suministrada por el mapa podría tornarse problemática
porque estaría desconociendo el área de influencia de otros grupos narcoparamilitares a lo largo
del territorio nacional y entraría en choque con varios de los datos presentados en este balance
historiográfico. Por ejemplo, el mismo INDEPAZ señala en el 2010 que las facciones del ERPAC
estaban ubicadas sobre el oriente de los departamentos del Meta y Vichada y son productores de
cocaína en el país.

Finalmente, otro aspecto a resaltar sería la falta de reconocimiento de los otros grupos como
grandes facciones que al momento de la realización del mapa se encontraban vigentes, como es el
caso de las Águilas Negras; aunque este aspecto se puede atribuir a la falta de documentación e
información que se tenía en el momento de la elaboración del siguiente mapa.

59
Mapa 1: Presencia de grupos narcoparamilitares en Colombia. Unidad investigativa de Indepaz. Recuperado de:
Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz INDEPAZ. (s.f.) X Informe de seguimiento a la presencia de los grupos
narcoparamilitares, actividad que viene realizando desde 2006.

60
1.4.2 Otras actividades ilícitas.

En cuanto a estudios específicos sobre actividades ilícitas realizadas por neoparamilitares


éstos dividen este tipo de actividades de manera regional.

Según el INDEPAZ (2010) en el Vichada, el oriente antioqueño y en las inmediaciones de


la gran minería. “El negocio de títulos mineros se ha multiplicado con la desregulación,
permitiendo que se camuflen narcoparas y sus aliados, más interesados en control territorial y
presión sobre comunidades y empresas, que en la misma explotación de los recursos”. (INDEPAZ,
2010, s.p.)

Por su parte, Arias (2011) nos muestra que, en la zona de frontera con Venezuela y los
departamentos de la Guajira, Cesar, Norte de Santander y Arauca, los neoparamilitares siguen
interfiriendo en la política. “Puede presentarse interferencia de los neoparamilitares, por
financiación ilegal de campañas, especialmente en los municipios de Aguachica, Puerto Santander,
Villa del Rosario, Cúcuta y La Guajira”. (Arias, 2011, p .253.) Además, se manifiesta presión a
funcionarios públicos, receptores de subsidios y candidatos por cuotas burocráticas y contratación
(especialmente en los sectores de la salud, educación, infraestructura y megaproyectos).

El INDEPAZ (2010) señala que narcoparamilitares y parapolíticos tienen influencia en la


contratación de macroproyectos de obras públicas. “Es un capítulo conocido, pero que apenas se
está destapando en su verdadera magnitud en los procesos judiciales. Las investigaciones sobre
corrupción en la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), como en obras de infraestructura
y en el sector salud, darán luces sobre esa articulación entre paras, narcos, políticos y contratos”.
(INDEPAZ,2010, s.p.) Además, nos presenta otros casos específicos:

Como herederos que son de las estructuras desmovilizadas, han continuado la diversificación de
negocios, tanto para el lavado de activos como por ampliación de captura de rentas en tierras,
minería y contratación pública. En materia de tierras, el Informe de la Comisión de Seguimiento
a la situación de desplazamiento, con base en la encuesta realizada en 2010, atribuye a los grupos
narcoparamilitares la responsabilidad del 45% del total del desplazamiento.
Con la complicidad de notarías y autoridades locales y departamentales, se han escriturado a su
nombre varios centenares de miles de hectáreas (algunos estudios calculan en 1,2 millones las
hectáreas directamente apropiadas por narcoparamilitares de viejo y nuevo cuño por medio de
familiares y testaferros). Pero la realidad es que, debido a la actividad de un panorama similar al
de la rapiña por la tierra viene ocurriendo en la minería, con la presencia de narcoparas y toda
suerte de aliados suyos que practican la minería ilegal con armas y la minería legal de control de
territorios, a partir de títulos mineros que ofrecen al mejor postor. Esta realidad ha sido

61
corroborada por INDEPAZ en la región del pacífico nariñense, caucano y chocoano, en donde
grupos armados se disputan el control de ríos y zonas mineras.

La tesis principal del INDEPAZ (2010) es que para dar claridad al fenómeno neoparamilitar
es preciso tener en cuenta que, para el cumplimiento de sus fines, éstos ejercen violencia
sistemática contra la población civil y es de su esencia producir desplazamiento forzado y abandono
de tierras, asesinatos y masacres, amenazas a las comunidades y organizaciones para facilitar
control territorial, fortalecer alianzas políticas y ofrecer servicios de seguridad a negocios legales
y a las autoridades que se vuelven sus cómplices. La calificación de narcoparamilitares destaca que
su esencia son los negocios legales e ilegales, respaldados por la violencia, y que se han
reproducido en la medida de la complicidad, tolerancia, ineficiencia y hasta alianzas desde esferas
del Estado y de la fuerza pública.

Otra de las dinámicas de estos grupos, según el INDEPAZ (2010), es que siguen con la
directriz de la recomposición de las estructuras en los aparentes territorios desmovilizados y de las
alianzas con los poderes locales, junto con las disputas por las rutas de droga, el interés por la
legalización de tierras y las fuentes de riqueza energética, entre otros; todo en un ambiente marcado
por la expansión de sus fuerzas. Las investigaciones de INDEPAZ (2010) identifican que, para
2008, en el territorio nacional había presencia de cerca de 30 grupos; al día de hoy pasan a dominar
seis potentes estructuras (Los Rastrojos, Los Urabeños, Los Paisas, ERPAC, Águilas Negras y
Oficina de Envigado -con una lucha interna por su liderato y algunos nexos con Los Paisas),
“advirtiendo que aún existen otras que se han dedicado a concentrar sus fuerzas en un solo territorio
(es el caso de Cordillera y Cacique Pipintá, que actúan principalmente en la zona del eje cafetero).”
(INDEPAZ, 2010, s.p.)

En otro de los informes realizado por el INDEPAZ (s.f) esta institución señala que los
grupos narcoparamilitares tienen tres ejes y finalidades específicas que van más allá del simple
control territorial.

La primera es su configuración como estructura armada. La segunda, se trata de los vínculos con
dirigentes políticos de la región para tratar de capturar las rentas del Estado y en tercer lugar la
denominada para economía que se refiere a los negocios ilícitos que manejan y requieren control
territorial como las rutas de narcotráfico, microtráfico y extorción. De acuerdo con las acciones
de las autoridades contra estos grupos narcoparamilitares la tipificación delictiva se basa en
capturas de sus integrantes, extorción y amenazas, incautaciones, negocios relacionados con
minería ilegal, contrabando, madera y tierras; vinculación con políticos y miembros de la Fuerza
Pública, asesinatos, desplazamiento y enfrentamientos por territorios o rutas. (INDEPAZ, s.f, s.p.)

62
En cuanto a este tema Human Rights Watch (2010) señala que el surgimiento de estos
grupos coincidió con un incremento significativo de los índices de desplazamientos internos en
todo el país desde 2004 hasta al menos 2007. Resulta claro que, en algunas regiones, como en la
ciudad de Medellín, donde el índice de homicidios casi se ha duplicado en el último año, los
operativos del grupo han causado un marcado incremento de la violencia. “Para gran parte de la
población civil, la desmovilización de las AUC prácticamente no ha contribuido a cambiar la
situación de temor y violencia con la cual conviven”. (Human Rights Watch, 2010, p.3.)

A comparación de sus antecesores los neoparamilitares cuentan con un marco de acción


más amplio en las actividades ilegales. Por ejemplo, si bien antes los paramilitares manejaban
procesos extorsivos sobre la minería y las tierras no le daban una importancia transcendental a la
explotación de los recursos naturales; gracias a los diferentes datos recopilados en este documento
podemos evidenciar el interés existente en la actualidad de estos grupos por el agua. Llama la
atención que en ninguno de los documentos consultados se menciona el interés o la influencia de
estos grupos en las actividades petroleras del país.

Este aspecto sería una de las diferencias con los grupos paramilitares, pues es de
conocimiento público que las petroleras internacionales en nuestro país pagaron grandes cantidades
de dinero a los paramilitares para proteger oleoductos de ataques guerrilleros. Sin embargo, no
podemos desconocer que la falta de información sobre este tema en la actualidad hace difícil que
se generen análisis sobre este tema en específico. Puede ser también que los grupos petroleros del
país tengan nexos con los neoparamilitares de manera cautelosa y por este motivo no se realice
ningún tipo de extorción sobre el manejo de los oleoductos. En este caso, la falta de información
impide profundizar en este asunto y esclarecer de alguna manera los hechos que rodean este tema.

Finalmente, es preocupante ver cómo los neoparamilitares mantienen las “características


económicas de subsistencia” de sus antecesores y van innovando al generar “estrategias
económicas” que garanticen su sostenimiento y poder territorial. Otro factor que se mantiene es la
influencia de estos grupos en la parapolítica lo que demuestra la ineficiencia de los organismos
judiciales para controlar y terminar con esta problemática y, por otro lado, también muestra la falta
de transparencia e integridad de los funcionarios públicos de este país.

63
1.5 ¿Existe una mirada a las víctimas de los neoparamilitares?

En términos generales existen diversas organizaciones encargadas de recopilar la mirada


que tienen las víctimas sobre este tipo de fenómenos. Las investigaciones realizadas por diferentes
organizaciones como el CNMH, INDEPAZ, Human Rights Watch, la Comisión Colombiana de
Juristas, el CINEP y demás recopilaciones de testimonios elaboradas por diversas organizaciones
que quieren hacer visible la gran problemática por la que atraviesan millones de víctimas en el
marco del conflicto armado. Estas investigaciones son importantes en la medida en que ayudan a
preservar la historia oral y a evitar que este tipo de dinámicas vuelvan a repetirse sin garantizar
procesos de reparación integral y justicia transicional.

Sin embargo, en cuanto a la recopilación de información sobre las víctimas que ha dejado
el neoparamilitarismo no se cuenta con una amplia cantidad de información, a diferencia de la
diversa información que hay sobre las víctimas del paramilitarismo. Esta situación puede estar
generada por diferentes factores. En primera instancia, las dinámicas de contrainsurgencia de estos
grupos han cambiado, pues a diferencia de sus antecesores estos grupos no realizan masacres de
gran magnitud por lo cual es difícil rastrear su origen. Un segundo factor por considerar, que me
parece el más importante de todos, es el miedo que le pueden tener las víctimas a denunciar los
crímenes de este tipo de grupos, pues, lo más probable es que la población civil se encuentre
totalmente amenazada de manera que evite hacer la denuncia respectiva. Como lo hemos visto a lo
largo de este documento estos grupos tienen un alto grado de influencia a nivel regional.

A pesar de que no hay informes de gran magnitud y análisis, sí se han revelado datos sobre
el accionar neoparamilitar en contra de población civil. Por ejemplo, las noticias sobre paros
decretados por estos grupos. El más sobresaliente es el decretado por el Clan Úsuga en contra del
paro cívico del 17 de marzo de 2016 convocado por la Confederación General del Trabajo4.
Además de este paro decretado existen otros que en ocasiones solo alcanzan trascendencia a nivel
regional, por lo tanto, al no encontrarnos en esta zona de influencia podemos caer en el
desconocimiento del hecho.

4
Véase en: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-16510861

64
Por ejemplo, la Corporación Nuevo Arcoiris en su página web5 señala con el titular “Paro
armado decretado por grupos paramilitares en Colombia” del 2 de abril del 2016 que “por medio
de panfletos, el grupo paramilitar denominado las ‘Águilas Negras’, amenaza de muerte a siete
líderes y a ocho organizaciones sociales del Cauca por, como mencionan ellos, servir a un proceso
de paz en el que se le entrega el país al ‘narcoterrorismo’. Varios líderes de toda Colombia han
solicitado apoyo nacional e internacional por las vías necesarias, en lo corrido del día, la red social
twitter ha sido uno de los medios por los que se ha difundido el apoyo a la región y el contenido de
dicho panfleto.

El paro armado decretado por el paramilitarismo esta semana “en los departamentos en donde se
produjo todo el proceso de desmovilización del año 2006, demuestra que este modelo de desarme,
desmovilización y reintegración fracasó y es necesario que el gobierno del presidente Juan Manuel
Santos rectifique la Estrategia hasta ahora adoptada para enfrentar la amenaza paramilitar, que se
constituye en una grave amenaza al logro de la paz y la reconciliación en Colombia.” Afirma la
Corporación Nuevo Arcoíris al presentar esta información6.

En la primera parte de esta denuncia también publicada por la Corporación Nuevo Arcoiris
el 29 de marzo de 2016 varios líderes solicitaron apoyo nacional e internacional por las vías
necesarias, “en lo corrido del día, la red social twitter ha sido uno de los medios por los que se ha
difundido el apoyo a la región y el contenido de dicho panfleto. La arremetida llega el lunes 28 de
marzo a las 6:35 de la tarde, por medio de un correo”.

Aunque las autoridades dicen a los periodistas que no hay ‘Águilas Negras’ y que investigan el
panfleto, en éste con nombres propios, se da una semana a profesores, líderes sociales, políticos y
a los mismos periodistas del Cauca para que abandonen la región. Los mencionados son: marcha
patriótica cauca, profesores de unicauca y candidatos políticos: Jonathan Enrique Centeno, vocero
de Marcha Patriótica de Cauca; Wilson Andrés Quijano, Alejandra Miller, actual secretaria de
gobierno departamental del Cauca; Luis Eduardo Ruano, María Alejandra González, Julián
Caicedo, Gloria Cecilia Arboleda Fernández; dirigentes ASOINCA (Asociación de Institutores y
Trabajadores de la Educación del Cauca), ASPU (Asociación Sindical de Profesores
Universitarios), CIMA (Comité de Integración del Macizo Colombiano), ACIN (Asociación de
Cabildos Indígenas del Norte del Cauca), Ruta Pacífica de las Mujeres, ACIT, COCOCAUCA,
JUNTA PATRIÓTICA.7

Según información de la Base de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política del


CINEP/PPP, en el 2016 se le atribuye a los paramilitares un total de 550 victimizaciones y a actores

5
https://www.arcoiris.com.co
6y7 Véase en: http://www.arcoiris.com.co/2016/03/aguilas-negras-amenazan-a-lideres-y-organizaciones-sociales-del-
suroccidente-del-pais

65
armados no identificados 833 victimizaciones, “por lo que es posible afirmar que continúa la
“guerra sucia” contra líderes sociales, defensores de derechos humanos y líderes políticos de
izquierda”. (CINEP, 2017, p. 1)

El CINEP/ Programa por la Paz quiere llamar —de nuevo— la atención sobre la expansión del
paramilitarismo, el cual se expresa mediante la violación sistemática de los derechos humanos,
particularmente a través de amenazas individuales y colectivas contra líderes sociales y políticos,
y defensores de derechos humanos. Esto a pesar de que el ministro de defensa, Luis Carlos
Villegas, negó enfáticamente la existencia de grupos paramilitares en Colombia al decir: “No hay
paramilitarismo. Decir que lo hay significaría otorgarles reconocimiento político a unos bandidos
dedicados a la delincuencia común u organizada” Durante 2016 se registraron 395 amenazas; 83
ejecuciones extrajudiciales; 44 personas heridas; 9 personas fueron desaparecidas y 12 más
torturadas. (CINEP, 2017, p. 2)

Gráfico 1: Victimizaciones por parte de grupos paramilitares durante 2016. Fuente: Banco de Datos de Derechos
Humanos y Violencia Política, CINEP/PPP. Fecha del reporte: mayo 2 de 2017. Recuperado de: CINEP. (2017) El
paramilitarismo en Colombia SI existe.

Por otro lado, los datos recopilados por el INDEPAZ (2010) nos muestran que la violencia
contra líderes sociales, bajo la forma de asesinatos y amenazas, se relaciona directamente con las
acciones de los “narcoparas” por el control de territorios, con la resistencia al desplazamiento o al
despojo de tierras y también por la impugnación a poderes de parapolíticos y corruptos. Durante
ese año, aumentaron las amenazas en el suroccidente del país a campesinos, indígenas y

66
afrodescendientes, y se llega hasta el desplazamiento urbano en ciudades como Medellín, Cali,
Popayán, Buenaventura y Tumaco.

En un documento elaborado por la Comisión Colombiana de Juristas (2008) podemos


evidenciar una serie de masacres cometidas por grupos neoparamilitares.

Cometida el pasado 20 de julio de 2008 en el municipio de Puerto Libertador (Córdoba), en la que


murieron siete personas, entre ellas un líder comunitario y dos niños a manos de grupos armados
ilegales que se movilizaban en una camioneta, vestidos de civil, encapuchados y armados, es una
dolorosa muestra de ello. No es, sin embargo, el único caso. Por lo menos, otras cuatro masacres
atribuibles presuntamente a grupos paramilitares se han registrado este año. Una, ocurrida el 11
de enero de 2008 en la ciudad de Santa Marta (Magdalena), en la que murieron cinco líderes
comunitarios y otras tres personas resultaron heridas, luego de que hombres armados irrumpieron
en una fiesta familiar y dispararon contra las personas que se encontraban allí.
Otra, el 23 de febrero en el municipio de San Juan del Cesar (La Guajira), en la que murieron
cuatro personas de una misma familia, luego de que hombres armados, encapuchados, que
portaban prendas de uso privativo de la Fuerza Pública, incursionaran en la finca donde se
encontraba la familia campesina. Una más se registró entre el 27 y el 28 de abril en el municipio
de Pizarro (Chocó), en la que fueron asesinados nueve pescadores, y otras seis personas fueron
desaparecidas. Otra más tuvo lugar entre el mes de junio en zona rural del municipio de Istmina
(Chocó), en la murieron cuatro aserradores, lo que provocó el desplazamiento forzado de, por lo
menos, 69 personas hacia la cabecera municipal. (Comisión Colombiana de Juristas, 2008, p.1.)

Estas masacres tienen dos elementos en común: por un lado, la Comisión Colombiana de
Juristas señala que han sido atribuidas a las denominadas “bandas emergentes” pero, por otro, son
hechos que están rodeados de patrones propios del modo de actuar de los paramilitares. Se ha
podido establecer que estas masacres han estado dirigidas contra la población civil, que
tradicionalmente ha sido el objetivo de estos grupos. Es el caso de las cinco masacres reseñadas,
en las que han muerto pescadores, campesinos y líderes comunitarios que están reclamando por la
garantía de sus derechos.

Así mismo, las masacres han sido cometidas por hombres vestidos de civil, armados y
encapuchados, tal como se registró en los casos de las masacres de Puerto Libertador y San Juan
del Cesar. Algunas de las masacres también han sido anunciadas, como es el caso de la masacre de
Puerto Libertador, en la que los campesinos de la región ya habían alertado a las autoridades sobre
las amenazas que pesaban sobre la población, por lo que la “Defensoría del Pueblo envió a Bogotá
tres informes en los que alertó sobre el riesgo en el que se encontraban los municipios de
Montelíbano, Tierralta, Valencia y Puerto Libertador”. (Comisión Colombiana de Juristas, 2008,
p.2.)

67
En efecto, el registro de la comisión de masacres anuncia que no son ciertas las afirmaciones
hechas por el Gobierno y por el presidente de la Comisión Nacional de Reparación y
Reconciliación. Si bien se produjo una reducción en los registros de los asesinatos colectivos en
el período comprendido entre el 20 06 y el 2007, no debe olvidarse que la razón de ser de esta
disminución no se debió a que los grupos paramilitares hubieran dejado de actuar. Por el contrario,
continuaron haciéndolo, sólo que de manera diferente. Por ejemplo, algunos paramilitares han
admitido que la práctica de cometer masacres dejó de ser utilizada por los grupos paramilitares
porque no era rentable para ellos en términos políticos, por lo cual optaron por cometer asesinatos
selectivos. Sin embargo, esta disminución en las masacres vino acompañada del aumento en la
comisión de ejecuciones extrajudiciales directamente atribuibles a la Fuerza Pública y de la
utilización de las amenazas por parte de los grupos paramilitares contra la población civil para
mantener el poder que, sobre las comunidades, lograron tener gracias al terror infundido por las
miles de masacres que han cometido estos grupos desde su conformación a lo largo del
país.(Comisión Colombiana de Juristas, 2008, p.3.)

Por su parte el CINEP (2017) nos presenta el caso específico del Magdalena Medio. El
Observatorio de Paz Integral del Magdalena Medio (OPI), del Programa de Desarrollo y Paz del
Magdalena Medio, presenta un informe sobre la situación de derechos humanos en la región
respecto a: “agresiones contra la vida (muertes violentas e intentos de homicidio, entre 1985 y
2016, y homicidios, amenazas y detenciones arbitrarias a líderes sociales, entre otros asuntos que
ponen en riesgo a la región)”. (CINEP, 2017, p. 9.)

A pesar de las inversiones estatales de conectividad y a las inversiones privadas en lo


agroindustrial y minería, la región sigue presentando altos índices de violaciones a los derechos
humanos. En efecto, solo las agresiones contra la vida de la población civil en los 31 municipios
que cubre el Observatorio de Paz Integral (OPI), entre 2014 y 2016 se presentaron 439 agresiones
contra la vida, así: 310 muertes violentas de civiles asociadas al conflicto armado y 129 intentos
de homicidios con heridos por arma de fuego. La mitad de estos crímenes se cometieron en
Barrancabermeja. Los demás se presentaron en 16 municipios, principalmente en Aguachica,
Sabana de Torres, San Pablo, Puerto Wilches, Puerto Berrío, Tiquisio y Santa Rosa del Sur.
Tanto en Barrancabermeja como en San Pablo son frecuentes los panfletos por un grupo
denominado R 15, que amenaza a jóvenes, presuntamente consumidores de droga y ladrones. Los
objetivos de estas agresiones son jóvenes entre los 15 y 20 años. Este año los panfletos
amenazantes se han distribuido en las Comunas 4, 5, 6 y 7, señalando los nombres de los jóvenes
que son objetivo militar en cada comuna. A su vez, en el mes de enero, el grupo R15 recibió
amenazas de muerte, en un panfleto, por parte de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.
En los últimos tres años, el OPI ha registrado la presencia de los siguientes grupos paramilitares
—unos ligados a estructuras regionales y nacionales y otros de carácter local-municipal—: Clan
El Golfo-Úsuga-Urabeños o Gaitanistas, Los Rastrojos, Los Botalones, Pablo Acuña, Los W, Los
Cuatreros, 9 De Abril, Los Búcaros, Los Platinos, Los Costeños, El Palmar, Los Yeyos, Los
Comuneros, Los Paputas, Cardales, Águilas Negras, Los Bares, Los Sabaneros, Los Paisas, El
Centro, Autodefensas de la Nueva Generación, Kennedy, Ramón Danilo, Combatientes, Puerta
del 11, Los Trillos, Los Alvarez, Los Acuamanes, R15 y Ejército Paramilitar Nortesantandereano.
(CINEP, 2017, p. 9)

68
Por su parte, el énfasis del documento elaborado por Human Rights Watch (2010) se basa
en la participación de los grupos sucesores “en abusos graves y generalizados contra civiles, que
incluyen masacres, ejecuciones, violaciones sexuales, amenazas y extorsión. Han atacado y
amenazado en reiteradas oportunidades a defensores de derechos humanos, sindicalistas, personas
desplazadas, entre ellas afrocolombianos que luchan por recuperar sus tierras, víctimas de las AUC
que buscan justicia y miembros de comunidades locales que no aceptan sus órdenes” (Human
Rights Watch, 2010, p.3.)

Una cuestión especialmente preocupante es que muchos de los testigos con quienes hablamos
señalaron que en varias regiones sectores de las fuerzas de seguridad se mostraban tolerantes con
los grupos sucesores. El gobierno colombiano y algunos analistas califican a los grupos sucesores
como “bandas criminales emergentes al servicio del narcotráfico” (o BACRIM), e insisten en que
los grupos sucesores son un fenómeno nuevo y totalmente distinto de los paramilitares. Otros
expertos consideran que son una continuación de las AUC, o una nueva generación de
paramilitares. Independientemente de cómo se clasifique a los grupos sucesores, la realidad es que
actualmente cometen en forma habitual ataques contra civiles y crímenes atroces que incluyen
masacres, ejecuciones, violaciones sexuales y desplazamientos forzados. Y el Estado tiene la
obligación de proteger a la población civil, impedir que se cometan abusos y juzgar a los
perpetradores. (Human Rights Watch,2010, p.4.)

Es evidente que el gobierno colombiano no ha tomado medidas efectivas para combatir a


los grupos neoparamilitares. No ha hecho prácticamente nada por investigar ni prevenir posibles
vínculos entre los grupos sucesores y los funcionarios del Estado o las fuerzas de seguridad pública.
Y aún no ha adoptado medidas específicas para proteger a los civiles frente a las amenazas de estos
grupos. “En lugar de ello, el gobierno se ha mostrado renuente a asignar fondos suficientes y a
tiempo al Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo, que desempeña un rol
fundamental de protección de la población civil, y en ocasiones organismos del Estado habrían
denegado asistencia a civiles que denunciaban haber sido desplazados por los grupos sucesores.”
(Human Rights Watch,2010, p.4.)

Los grupos sucesores cometen abusos graves y frecuentes contra civiles en gran parte del país.
Entre los abusos a los cuales someten a quienes no aceptan sus órdenes se cuentan masacres,
ejecuciones y desplazamientos forzados. Recurren habitualmente a amenazas y extorsión contra
miembros de las comunidades en las cuales operan, como un mecanismo para controlar a la
población local. Con frecuencia amenazan y a veces agreden a defensores de derechos humanos,
sindicalistas, periodistas y víctimas de las AUC que reclaman justicia o la restitución de sus tierras.
Los grupos sucesores también están desplazando a una gran cantidad de civiles de sus hogares. El
desplazamiento forzado llevado a cabo por estos grupos posiblemente ha contribuido al
incremento significativo en las cifras de desplazamiento interno registradas en todo el país después
de 2004. De acuerdo con las cifras oficiales, después de reducirse a 228.828 en 2004, la cantidad
de nuevas personas desplazadas se incrementó cada año hasta llegar a 327.624 en 2007. Las cifras

69
oficiales de 2008 son algo menores, con 300.693, pero continúan siendo mucho más elevadas que
al principio del proceso de desmovilización. (Human Rights Watch,2010, p.6-7.).

El hecho de que el Estado no reconozca a las bandas criminales como reducto paramilitar
es una de las razones principales por las no se ha encargado de salvaguardar el derecho a la vida
de la población que es víctima de estos grupos. Sumado a esto se encuentra la ineficacia de las
entidades estatales encargadas de dicho proceso para garantizar la protección de las posibles
víctimas de este tipo de grupos. A pesar de que existen diferentes cuestionamientos sobre el carácter
de contrainsurgencia que pueden tener los neoparamilitares, hemos podido visualizar en este
apartado que estos grupos siguen atentando contra las personas que tienen una ideología diferente
a la establecida por un orden social imperante como lo vimos en el ejemplo de las amenazas a
varias organizaciones sociales del Cauca.

Uno de los factores más preocupantes en torno al tema de las masacres es el hecho de que
ya no existe un proceso de masificación de víctimas en las mismas; es decir, anteriormente los
grupos paramilitares eran capaces de cometer genocidios de grandes magnitudes como el de la
Unión Patriótica y las conocidas masacres de Mapiripán y el Aro. Actualmente los neoparamilitares
no cometen masacres de gran magnitud, se convirtieron en agentes selectivos que agreden a una
cantidad pequeña de la población de manera que estos asesinatos pueden ser considerados por la
opinión pública como un “ajuste de cuentas” o delincuencia común y no como el accionar de un
grupo neoparamilitar en contra de la población civil. Este factor también dificulta que la población
reconozca a estos grupos como neoparamilitares, pues asocian los actos de violencia a los factores
ya mencionados.

El reconocimiento también se dificulta porque muchos de los grupos neoparamilitares ya


no usan uniforme, lo cual facilita que se “camuflen” en la población civil después de cometer un
asesinato por este aspecto, son tomados por delincuentes comunes. Sin duda alguna, hay muchos
factores a considerar en torno a este tema, lo que sí ha quedado claro hasta este punto es que en la
actualidad hay una gran cantidad de víctimas de los neoparamilitares, en su mayoría invisibilizadas.
Lastimosamente se seguirán multiplicando el número de víctimas y actos impunes si no se toman
prontas medidas para acabar con este tipo de fenómenos.

70
Finalmente, este estado del arte nos permite reconocer diversas herramientas teóricas y
conceptuales que darán paso a la construcción de las diferentes categorías de análisis generadas
para el desarrollo de este trabajo.

1.6 Conclusiones

Gracias a los datos proporcionados por los diferentes informes e investigaciones podemos
establecer que existen una serie de continuidades entre el paramilitarismo y el neoparamilitarismo.
Además, encontramos que la cantidad de organizaciones y la distribución que han alcanzado en el
territorio colombiano siempre va a variar. La respuesta a este aspecto (además de que los años en
que fueron publicados los documentos son distintos) puede establecerse si tenemos en cuenta que:

En el fenómeno neoparamilitar se pueden formar disidencias que conformen otros grupos,


también se pueden agrupar nuevas disidencias u otros bloques regionales que pueden unirse a una
organización más grande para garantizar su supervivencia lo que nos permite afirmar que el
neoparamilitarismo en un híbrido compuesto por estos factores. Tampoco podemos dejar de lado
el debate abierto sobre el carácter de contrainsurgencia o no que pueden tener este tipo de
organizaciones pues, aunque puede no desarrollarse en todos los grupos, la gran mayoría de ellos
sí responden a lógicas de contrainsurgencia que no necesariamente tienen que ser armadas.

Entendamos este aspecto a través del exterminio de líderes sociales o políticos cuyos
intereses vayan en contra de los de un grupo social; en este caso se paga por estos servicios de
exterminio. También está el caso de la eliminación selectiva de miembros de la guerrilla. El generar
esta discusión en la academia y la sociedad colombiana en general sobre este carácter es un aspecto
fundamental para la compresión del fenómeno, ya que como lo evidenciamos a través de la
recolección de esta información, los neoparamilitares sí presentan características de
contrainsurgencia.

Aunque actualmente el gobierno de Juan Manuel Santos reconoce la influencia de grupos


emergentes generados tras las desmovilizaciones paramilitares, sigue considerando que estas
organizaciones están ligadas únicamente a reacomodos y a una proliferación de redes del
narcotráfico. Por lo tanto, el proceso que el gobierno actualmente reconoce es una propagación de
las formas de delincuencia organizada y delincuencia común.

71
En la actualidad no podemos negar la gran influencia de los neoparamilitares en la política,
por lo menos a nivel regional a pesar de que actualmente (a diferencia del tiempo en el que inició
el paramilitarismo) existen mecanismos judiciales y políticos que intentan garantizar la
transparencia de los diferentes procesos electores, sigue existiendo la influencia, incidencia y
participación de estos grupos en gobiernos territoriales, corporaciones públicas y en instituciones
e instancias gubernamentales.

Del proceso de la parapolítica y los nexos de los paramilitares con diferentes estamentos
gubernamentales podemos concluir que el enjuiciamiento de los líderes políticos que contribuían
al dominio del paramilitarismo en sus territorios es precario, por lo tanto, no hay proceso idóneo
de esclarecimiento de la verdad a pesar de la intención de la justicia colombiana de mostrar este
suceso como un grave delito. Estos esfuerzos no han sido suficientes para desmontar la influencia
actual de los neoparamilitares en las relaciones políticas y sociales de cada región, esto en parte
por la falta de estrategias para detectar y sancionar a las redes militares y policiales que apoyan a
estos grupos. Por lo tanto, no debe parecernos extraño la actual cantidad de denuncias sobre la
manipulación electoral en diferentes regiones del país, ni tampoco el silencio de las entidades
regionales ante el accionar de los neoparamilitares.

El proceso de desmovilización paramilitar no se completó, pues los organismos encargados


de su cumplimiento dejaron de lado a la hora de su implementación varios aspectos fundamentales:
1) No existió un proceso de reparación integral y por lo tanto la desmovilización paramilitar no
contó ni puede verse como un proceso de justicia transicional; 2) No se implementaron estrategias
sociales ni jurídicas para garantizar que estos grupos no volvieran a rearmarse; ante la falta de éstas
el resultado inminente es el actual neoparamilitarismo. 3) No se solucionaron los inconvenientes
generados por la apropiación ilegal de tierra de los paramilitares, estos en varios casos conservaron
sus patrimonios (en muchos casos a través de testaferros) y no regresaron la tierra a sus legítimos
dueños. 4) Los procedimientos utilizados para el juzgamiento de los paramilitares fueron ineficaces
tanto que hasta la fecha muchos delitos de lesa humanidad siguen en la impunidad.

A pesar de las supuestas disidencias internas en torno al tema este fenómeno fue una de las
principales actividades que utilizaban los paramilitares para garantizar el sostenimiento de su
organización. Un aspecto por resaltar del neoparamilitarismo actual, es que a pesar de que en la
actualidad las estrategias implementadas en contra del narcotráfico son más fuertes, estos grupos
72
siguen ideando estrategias y trazando rutas para la distribución de drogas ilícitas. Una de las
similitudes entre los grupos paramilitares actuales y los que conformaban las AUC es que a pesar
de que basan gran parte de su sostenimiento en la comercialización de drogas ilícitas no han dejado
de dedicarse a otras actividades como la extorsión, la adjudicación de tierras y demás dinámicas
que han sido características de este fenómeno.

No podemos dejar de lado la influencia del paramilitarismo en las relaciones económicas y


de poder, pues muchos de los grandes terratenientes se han beneficiado del desplazamiento forzado;
en la actualidad sigue el lucro con las tierras desalojadas por los paramilitares. El paramilitarismo
también se dedicó a exterminar a diferentes movimientos sociales y sindicales del país. En el último
caso ayudó a las grandes multinacionales a mantener empleados sin condiciones para luchar por
sus derechos. Este tipo de cuestiones contribuyen al desarrollo desigual del país y la acumulación
indiscriminada de tierras de unos pocos.8

Uno de los factores más preocupantes en torno al tema de las masacres es el hecho de que
ya no existe un proceso de masificación de víctimas en las mismas; es decir, anteriormente los
grupos paramilitares eran capaces de cometer masacres de grandes magnitudes. Actualmente los
neoparamilitares no cometen masacres de gran magnitud, se convirtieron en agentes selectivos que
agreden a una cantidad pequeña de la población de manera que estos asesinatos pueden ser
considerados por la opinión pública como “ajuste de cuentas” y no como el accionar de un grupo
paramilitar en contra de la población civil.

Este factor también dificulta que la población reconozca a estos grupos como paramilitares,
pues asocian los actos de violencia a los factores ya mencionados. Su reconocimiento también se
dificulta porque muchos de los grupos neoparamilitares ya no usan uniforme, lo cual facilita que
se “camuflen” en la población civil después de cometer un asesinato. Además, por este factor son
tomados por delincuentes comunes.

8
Según cifras proporcionadas por la GRAIN, en el 2015 (un año después de los correspondientes a este análisis) Entre
los años 2000 y 2012 Colombia empeoró su ya inequitativa distribución de tierras —una de las más altas del mundo—
de 0.85 a 0.87, lo cual es alarmante, si se considera que la concentración tendió a incrementarse con particular
intensidad a partir del año 2005, hasta afectar el 56.5% de los municipios del país. El fenómeno del acaparamiento
puede también constatarse en el aumento de la desigualdad de la propiedad rural, pues las haciendas mayores de 500
hectáreas que veinte años atrás correspondían al 32% de la tierra, hoy llegan a ocupar el 62% de la superficie nacional
por cuenta de menos del 4% de los propietarios. Retomado de: Instituto Geográfico Agustín Codazzi (2012) “Atlas de
la distribución de la propiedad rural en Colombia”, Bogotá, Imprenta Nacional de Colombia.

73
Una conclusión fundamental, sobre todo porque nuestro país se encuentra en una etapa de
implementación de unos acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC, es que no podemos volver
a caer en los mismos errores del proceso de desmovilización de los paramilitares. Si bien lo
ocurrido con los paramilitares no fue un proceso de paz como el que se lleva actualmente con la
guerrilla, sí tiene aspectos similares, como la entrega masiva de armas y la falta de garantías para
el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad cometido por este tipo de grupos. De esta
manera es importante reflexionar sobre estos aspectos porque como nos dimos cuenta con el
proceso de DDR la entrega de armas no garantiza el verdadero desmonte de una organización, bien
sea guerrillera o paramilitar y tampoco facilita el esclarecimiento de la verdad.

CAPÍTULO II
MARCO TEORICO
1. MAFIA

El siguiente apartado pretende recopilar de manera breve algunas definiciones, análisis y


caracterizaciones del término mafia y de diferentes grupos mafiosos. En primera instancia, un
recorrido por el origen de la palabra y de algunas definiciones que posee, señalando algunas de los
rasgos de la mafia siciliana. Posteriormente, acercándonos al contexto colombiano es importante
evidenciar algunas de las características de los grupos mafiosos pertenecientes a Estados Unidos y
México, por su proximidad con el contexto colombiano. Finalmente, se caracterizará a la mafia en
el contexto colombiano. Sus organizaciones presentaron una estrecha relación con el
paramilitarismo, pues contribuyeron en gran medida a su creación y sostenimiento; es necesario
acompañar esta caracterización con algunas reflexiones finales.

1.1 De dónde se origina la mafia

Según Betancourt y García (1994), la palabra mafia no es estrictamente italiana. Es siciliana,


del dialecto de Palermo y probablemente de origen árabe; muchos la atribuyen a mar afir, una tribu
árabe que se estableció en Palermo.

“En su versión inicial en Sicilia la palabra mafiosi o mafioso, indicaba gracia, belleza, excelencia
y perfección; la misma palabra significaba también un hombre consciente de serlo y de actuar
como tal, que pudiera mostrar valor, sin bravuconería ni arrogancia”. (Betancourt y García, 1994,
p 1.).

74
Es importante resaltar que existen diferentes datos sobre el significado actual de la palabra
mafioso. Según Betancourt y García (1964) la palabra mafioso solo llegó a popularizarse en Italia
hacia 1863 gracias al dramaturgo Guiseppe Rizzuto autor de Palermo, quien se caracterizaba por
realizar obras en alusión a la mafia; estas obras se presentaron miles de veces por toda Italia y de
esta manera se generalizó el uso del término. A raíz de la popularización del término ellos agregan:

“La mafia comenzó a tomar forma concreta a mediados del siglo XVIII, y en sus comienzos fue
un movimiento nacionalista de resistencia, pues Sicilia se retorcía bajo el yugo de la dominación
borbónica, que torturaba, exportaba y encarcelaba por doquier” (Betancourt y García, 1994, p 5-
6.).

De hecho, gracias a los aportes del historiador Eric Hobsbawm (1968) quien retoma a
algunos historiadores italianos, parece ser que hasta después de 1860 no se configuró la mafia en
su acepción plena. La palabra misma, con su connotación moderna, no aparece por primera vez
hasta los años inmediatamente posteriores a 1860 (Hobsbawm, 1968, p.57.) Los historiadores
consultados por Hobsbawm plantean que no hay registros históricos sobre la mafia hasta después
de 1860. Al respecto, y debido a esta información, es importante tener en cuenta las palabras del
historiador.

Está claro que se trataba de un movimiento complejo en el que cabían elementos contradictorios.
Mas, por inconveniente que le resulte al historiador, debe renunciar a la tentación de clasificar más
precisamente a la Mafia en esta fase de su desarrollo. Así no es posible coincidir con Montalbane
en que los picciotti que por entonces constituyeron las squadre revolucionarias no eran realmente
Mafiosi con «M» mayúscula, sino mafiosi con «m» minúscula, en tanto que sólo pertenecían a la
Mafia «verdadera» las contro-squadre, aquellas cuadrillas de duros ya especializadas y a
disposición de los ricos. Ello equivale a trasladar la Mafia del siglo XX a un período al que no
pertenece (Hobsbawm, 1968, p. 63).

En cuanto a Sicilia las relaciones feudales legales no se abolieron hasta el siglo XIX, sin
embargo, Hobsbawm, (1968) señala que no es necesaria una tradición feudal para que surja el
empleo permanente de majos a sueldo y la protección caciquil. “Lo que caracterizaba a Sicilia era
que prevalecía esta clase de protección, además de la ausencia de toda forma de poder permanente”
(Hobsbawm, 1968, p.52). De hecho, según el autor, al tratarse de un fenómeno ante todo rural por
su misma esencia, es difícil establecer la forma en la que la Mafia podría estar jerárquicamente
centralizada, visto el estado de las comunicaciones en el siglo XIX.

Por otro lado, ubicándonos en el contexto histórico de Sicilia, es importante resaltar que en
este país no se generaron revoluciones burguesas ni despotismo ilustrado; según Betancourt y
García (1994) el paso de los borbones a los “burgueses” se dio mediante operaciones de naturaleza
75
mafiosa. Según Hobsbawm (1968) este rasgo nos permite reconocer el surgimiento de la mafia
siciliana como una forma primitiva de rebeldía social.

Aunque en el caso de las operaciones realizadas por la mafia para garantizar el paso a una
burguesía podríamos acogernos al planteamiento de Hobsbawm y afirmar que esto es una
manifestación de una forma primitiva de rebeldía social, en el caso de las rebeliones sicilianas
podríamos afirmar todo lo contrario. Para Gambetta (2010) la iniciativa en las rebeliones sicilianas
del siglo XX provino de los liberales urbanos y no de la mafia. Los mafiosos se limitaron a adherirse
a ellos, precisamente por el surgir mafioso de la organización, además porque para él la mafia no
cruza el umbral de la conciencia política, porque sus metas son limitadas y por tener éstas un
carácter defensivo.

Según Gambetta (2010) cuando las mafias comenzaron a tomar esta forma de organización
clandestina desarrollaron un código de conducta u omertá que fue lentamente tomando forma hasta
que se configuró en lo que Betancourt y García (1994) denominan los cinco mandamientos
capitales de la mafia obligatorios de ayer y de hoy. Dentro de estos “mandamientos” encontramos
el auxilio a los demás hermanos mafiosos, la obediencia implícita a un consejo de hermanos y
considerar la ofensa hacia sus hermanos como propia. En estos mandamientos se establecieron
códigos de honor donde los mafiosos no pueden acudir a la policía ni a ningún ente de justicia
legal, de igual manera, en ninguna circunstancia ningún miembro de la hermandad puede reconocer
la existencia de estas organizaciones a ninguna organización estatal o particular que no se encuentre
vinculada a la hermandad.

1.2 Algunas características y definiciones de la mafia siciliana

Según Hobsbawm (1968), las mafias (conviene utilizar el término para todos los fenómenos
de esta estirpe) tienen una serie de características peculiares:

Primero: nunca son movimientos sociales puros, con metas y programas específicos. Son, por así
decirlo, el punto de reunión de toda suerte de tendencias existentes dentro de las sociedades en
que germinan: representan la defensa de la sociedad como conjunto global contra las amenazas
que se ciernen sobre su forma tradicional de vida, también vienen a traducir las aspiraciones de
las diversas clases que componen esta sociedad, y las ambiciones personales y aspiraciones de
algunos miembros individuales de ella caracterizados por su enérgica vitalidad. Segundo: hasta
cierto punto están desorganizadas. Cierto es que algunas mafias están, por lo menos teóricamente,
centralizadas a la vez que tienen auténticas «cadenas de retransmisión del mando» y un verdadero
sistema de ascensos jerárquicos, siguiendo quizás el modelo de las órdenes masónicas. Pero la

76
situación más interesante es aquella en que no existe —o no existía en fase anterior— organización
adecuada alguna por encima del nivel local, y aún a éste, no se encuentra más que una organización
harto primitiva. Tal es el caso de la Mafia siciliana clásica. (Hobsbawm, 1968, p. 48-49).

A través de estas características se pueden determinar dos factores que hicieron que la
mafia siciliana se transformara hasta lograr su configuración actual:

[...] Hubo un desarrollo de las relaciones capitalistas en la sociedad isleña. La emergencia de


formas modernas de movimientos campesinos y obreros en lugar del viejo alternar de un odio
conspirativo tácito y de matanzas ocasionales, pusieron a la mafia ante un cambio sin precedentes
[...] (Hobsbawm, 1968, p.63).
A través de estas caracterizaciones Hobsbawm (1968) propone tres definiciones sobre la
mafia siciliana que van a contribuir significativamente a la configuración del término mafia
aplicada al contexto colombiano.

[...] La palabra mafia representa aquí varias cosas diferentes. Primero, representa una actitud
general frente al Estado y frente a la ordenación jurídica estatal, que no es necesariamente más
criminal que la actitud, muy parecida de, pongamos por caso, los internos de las escuelas de pago
inglesas frente a sus maestros [...]Dicho de otro modo la mafia (que puede escribirse con “m”
minúscula cuando es utilizada en este sentido) era una suerte de código de conducta que tiende
siempre a formarse en las sociedades carentes de orden público eficaz, o también en aquellas donde
los ciudadanos consideran las autoridades total o parcialmente hostiles (así, en las cárceles o en el
hampa fuera de ellas), o cuando las creen poco preocupadas de las cosas que realmente importan
(como ocurre en los colegios ) o ven en ellas una combinación de ambos males. [...] (Hobsbawm,
1968, p. 51).
[...] La mafia, en su tercera aceptación, la más útil, resulta difícil de separar de la que hemos visto
ahora mismo: consiste en el control de la vida de la comunidad por parte de un sistema de grupos
secretos – o más bien por grupos que no gozan de reconocimiento oficial- [...] (Hobsbawm, 1968,
p. 52).

La Mafia (en las tres acepciones de la palabra) constituía un aparato paralelo, tanto como
sistema normativo como en su aspecto de poder organizado; esto hacía que los ciudadanos que
habitaban las áreas sometidas a su influencia consideraran que la mafia era la única ley y el único
poder eficaz. Estas características y definiciones de la mafia realizadas por Hobsbawm (1968) le
permiten plantear que la Mafia inició su verdadero ascenso hasta una posición importante de poder
(y de abuso de poder) como movimiento regional siciliano de rebelión contra los desengaños de la
unidad italiana en los años 70.

Por otro lado, para Betancourt y García (1994) la mafia en su versión clásica ha sido
entendida como una sociedad cohesionada por lazos de familia, que se remonta a varias
generaciones, con normas, leyes e ideología sin codificar que se transmiten de padres a hijos. Es

77
una hermandad para el crimen y al margen de la ley; representa, pues, una actitud general frente al
Estado y frente al ordenamiento jurídico. (Betancourt y García, 1994, p.68).

En cambio, consideran que la mafia en su configuración actual no es otra cosa que la más
sofisticada expresión de la “burguesía gansteril” que, gracias a la igualdad de las “drogas”, ha
logrado la más impresionante acumulación de capital, poder y corrupción. (Betancourt y García,
1994, p.4).

La mafia es, pues, un fenómeno estructural continuo y evolutivo, orgánicamente inserto en el


contexto social, con historia y procesos definibles, y no se puede asimilar como la emergencia
repentina o “espontanea” de la violencia o el terrorismo, como pretenden calificarla algunos.
(Betancourt y García, 1994, p.5).

Bajo los planteamientos de Dickie (2007) y Gambeta (2010) uno de los elementos
característicos de las mafias, en principio las italianas (o si se quiere explícitamente la mafia
siciliana) y posteriormente las italoamericanas, es el hecho de constituir un universo de sentido
basado en tradiciones, costumbres o incluso valores sociales que van a ser reproducidos en el
comportamiento criminal de la mafia.

Para Gambetta (2010) el mafioso siciliano contemporáneo se caracteriza por dedicarse a la


actividad de la protección privada, o, en otras palabras, quien ofrece el recurso de la violencia y la
protección en una forma simbiótica. En cuanto a su definición de mafioso plantea: “El mafioso es
un empresario especial que protege la limpieza de las transacciones a cambio de una recompensa
que puede obtener de ambas partes” (Gambetta, 2010, p 51.).

La mafia se puede entender como una respuesta a la falta de confianza que afecta específicamente
al sur de Italia y esa desconfianza endémica es la diferencia fundamental que explica por qué la
mafia no surgió en otras partes del mundo Mediterráneo (Gambetta, 2010, p.138).

Para Gambeta (2010) la mafia se convierte, entonces, en una empresa económica específica,
una industria que produce promueve y vende protección privada, no es una agencia de protección
genérica, sino una forma histórica de protección privada que surgió y se desarrolló en un contexto
y en un periodo específicos.

Garantizar las transacciones comerciales a través de la venta de protección no es una organización


única y centralizada es en realidad una serie de entidades comerciales que desempeña un papel
económico y político fundamental a través de la venta de protección (Gambetta, 2010, p.135).

78
Por otro lado, Santino y La Fiura (1990) consideran que por la configuración
contemporánea de la mafia no puede entenderse como unas pocas organizaciones criminales, sino
un estrato social llamado “burguesía mafiosa”

Un conjunto de sujetos provenientes de clases inferiores que se proponen la meta de entrar a ser
parte de las clases dominantes, que se sirven de medios violentos e ilegales, de un sistema propio
y verdadero para acumular capital y para procurarse oportunidades de inversión además de
adquirir y administrar posiciones de poder dentro del sistema de dominación en su conjunto,
valiéndose de un código cultural, determinado pero no inmodificable, y gozando de un consenso
social relativo, variable según la fase histórica y de los medios utilizados para obtenerlo. (Santino
y La Fiura, 1990, p. 18-19).

Desde estas perspectivas y las diferentes transiciones históricas que hacen estos autores para
generar una definición de mafia y adaptarla a un tiempo específico, podemos determinar que la
mafia ha experimentado una transformación histórica que ha convertido a los mafiosos, hombres
para los cuales el honor y el poder eran lo más importante, en “empresarios” que actualmente
buscan acumular capital.

Como hemos podido establecer hasta ahora el concepto de mafia, junto con las diferentes
apropiaciones y transformaciones por las que ha pasado a lo largo de su historia, identificarla como
un concepto polisémico que, si bien es originario de Italia, nos permite implementar su significado
a diferentes contextos. Para el caso específico de nuestro trabajo, al contexto colombiano.9

1.3 La mafia norteamericana

Según datos recopilados por Bermejo (2015) entre 1901 y 1913 unos ochocientos mil
sicilianos (en torno al 18 % de la población de la isla) emigraron a Estados Unidos. La mayor parte
de ellos se establecieron en ciudades de la costa este, principalmente en Nueva York y Nueva
Orleans, agrupándose en colonias de emigrantes italianos en situación de marginalidad y
precariedad. “Infiltrados entre los inmigrantes viajaban los pisciotti, que en poco tiempo asentaron
los cimientos de la Cosa Nostra en Estados Unidos, organización que mantuvo siempre fuertes
vínculos con sus parientes sicilianos”. (Bermejo. 2015. p. 54)

9
Es importante señalar que para efectos de este trabajo de grado caracterizaremos solamente a las mafias
estadounidense, mexicana y colombiana. Sin embargo, existe otro tipo de mafias como la rusa o japonesa, que no serán
mencionadas, pues no están dentro del interés de esta investigación.

79
Desde la investigación realizada por Bermejo (2015) el origen del término Cosa Nostra se
encuentra en la mafia de Estados Unidos. Acuñado en pleno siglo XX y significa literalmente
“nuestro asunto”. A mediados de los años cincuenta cuando los mafiosos de ambos lados del
Atlántico se encontraron en Palermo para diseñar el nuevo mapa de la importación conjunta de
heroína a Estados Unidos, “los estadounidenses exportaron de Sicilia una serie de conceptos, como
la reestructuración de las familias, la creación de una estructura piramidal que englobase a todas
las cosche de Sicilia y también el nombre de Cosa Nostra”. (Bermejo. 2015. p. 12)

Por su parte, Dickie (2015) señala que el nombre es un apodo que tanto los mafiosi de
Estados Unidos como de Sicilia adoptaron en la década de 1960.

La Cosa Nostra surgió en Sicilia ya a finales del siglo XIX, aprovechando un importante flujo
migratorio al que se ha hecho referencia anteriormente, consiguió establecer importantes bases en
la costa este de Estados Unidos, principalmente en Nueva York, donde se formaba una importante
colonia italiana. Los mafiosi sicilianos que emigraron a América del Norte constituyeron el
germen de las veintisiete grandes familias que formaron la Cosa Nostra estadounidense. Otros se
instalaron en Canadá, cerca de la frontera con Estados Unidos. (Bermejo, 2015. p. 210)

Sin embargo, para Dickie (2015) la historia de la mafia en Estados Unidos ya se había puesto
en marcha mucho antes de esa fecha. Pues, los prófugos sicilianos de la justicia habían estado
ocultándose en el país desde mucho antes de que Italia fuera unificada. “Nueva York y Nueva
Orleans eran puntos de venta fundamentales de los limones sicilianos y, por ende, se convirtieron
en las primeras bases de operaciones de la Mafia en Estados Unidos”. (Dickie, 2015. p. 203) A
principios del siglo XX la emigración de italianos a Estados Unidos fue masiva y contribuyó a la
formación de las mafias estadounidenses pues, según Dickie (2015) en la nueva oleada de
inmigrantes había también miembros de las tres asociaciones criminales fundamentales de Italia.

El primer asesinato de la Mafia en suelo americano —cuando menos, el primero del que tenemos
noticia— ocurrió el domingo 14 de octubre de 1888: la víctima, un palermitano de nombre
Antonio Laconio, acababa de tomar una copa en un restaurante cuando fue asesinado a puñaladas
justo enfrente del célebre edificio de la Cooper Unión en Manhattan. (Dickie 2015. p. 203)

La Mafia de Estados Unidos la fundaron emigrantes sicilianos a finales del siglo XIX. En
las grandes ciudades también se reclutó a maleantes originarios de Calabria y Nápoles para que
formaran parte de lo que pronto se constituyó en una mafia italoamericana. “Desde entonces, los
hombres de honor han transitado a través del Atlántico para traficar ilegalmente, invertir y asesinar,
y luego para escabullirse de la ley o de sus adversarios dentro de la propia Mafia”. (Dickie 2015.
p. 328.)

80
Los inicios de la mafia italoamericana se dieron con el tráfico de tabaco, la construcción, el
secuestro y, finalmente, la heroína. Los triunfos de esta mafia se generaron gracias al trabajo
conjunto de las diferentes familias.

Las nuevas fuentes de riqueza criminal desarrolladas desde finales de los años cincuenta hasta las
postrimerías de los setenta supusieron grandes recompensas para los mafiosi, los camorristi y los
‘ndranghetisti que fueron capaces de pensar en grande y colaborar entre sí para conseguir sus
propósitos. Se crearon nuevas redes de negocios: como las empresas conjuntas que acumularon
las inversiones que tenían en común, primero en tabaco y después en heroína; o las pandillas de
secuestradores que raptaban a sus víctimas en el norte y luego las trasladaban para que vivieran su
cautiverio en el Aspromonte; o los circuitos del tráfico de heroína que recorrían todo el orbe,
conectando el Triángulo Dorado con Estados Unidos vía Sicilia. Se forjaron nuevas sociedades
comerciales, incluyendo asociaciones que difuminaban las líneas entre la Cosa Nostra, la Camorra
y la ‘Ndrangheta. (Dickie 2015. p. 453)

Las actividades de la Cosa Nostra en el tráfico de drogas, le generaron una gran cantidad
de ganancias. Según Bermejo (2015) la incursión de la cosa Nostra en el tráfico de drogas se dio al
poco tiempo de terminar la Segunda Guerra Mundial. Tras la liberación de Sicilia por los aliados
se reforzaron los vínculos entre los mafiosos de Sicilia y Estados Unidos, y juntos se involucraron
en operaciones conjuntas de narcotráfico. (Bermejo. 2015. p. 189)

En 1946, se celebró en el Hotel Nacional de La Habana una conferencia para regular el


narcotráfico global, a la que acudieron los estadounidenses Lucky Luciano, Santo Trafficante,
Albert Anastasia, Frank Costello, Ralph Capone y el corso Auguste Ricord... Lucky Luciano, Joe
Biondo (Gambino, Nueva York), Nick Gentile (Filadelfia), Pietro Davì (Jimmy l’Americano),
Frank Coppola, Tres Dedos, y Rosario Mancino se asociaron en 1949 para organizar una red de
tráfico de heroína. (Bermejo. 2015. p. 189)

Bermejo (2015) ha identificado una serie de organizaciones mafiosas conformadas en


Estados Unidos las cuales vale la pena señalar brevemente en este apartado, pues nos permite
entender la conformación y distribución de labores y negocios de la mafia en el territorio
estadounidense.

La Mano Negra: Fue la primera organización compuesta de inmigrantes italianos dedicada a


extorsionar a sus compatriotas, a quienes amenazaban mediante cartas con el dibujo de una mano
negra que les identificaba. En su mayoría eran sicilianos y con el tiempo fueron ampliando sus
actividades delictivas: extorsión, usura, prostitución, droga, alcohol, atracos, secuestro y asesinato.
Son considerados como el antecedente de Cosa Nostra en Estados Unidos. (Bermejo. 2015. p.
217)
La banda de Five Points: A comienzos del siglo XX se produjo la consolidación del fenómeno
mafioso en Estados Unidos, principalmente en Nueva York, donde la colonia siciliana era muy
numerosa y adonde iban llegando nuevos pisciotti recomendados por sus jefes. En esta época la
Cosa Nostra se nutría económicamente de la extorsión, el control del juego y la prostitución.
(Bermejo. 2015. p. 218)

81
The Chicago Outfit: En la ciudad de Chicago coexistían varias bandas, normalmente compuestas
por miembros de un mismo grupo étnico o nacional. Destacaban los irlandeses, asentados en la
zona norte de la ciudad, y, en el sur, los italianos. El jefe de estos era Big Jim Colosimo. Tiempo
después su sobrino, John Torrio, the Fox, se convirtió en su lugarteniente y juntos comenzaron a
dar forma a The Outfit, el crimen organizado siciliano en Chicago.
En 1920 John Torrio llamó a Al Capone, Scarface, antiguo compañero suyo en la banda de Five
Points, para emplearle como su brazo ejecutivo, la persona que materializase sus órdenes. Por su
inclinación a la violencia, Scarface se convirtió en el complemento idóneo de su jefe. Torrio era
el cerebro y Capone el músculo de la gang. Con Capone en Chicago, pronto estallaron las
hostilidades con grupos rivales.
Las Cinco Familias de Nueva York: Mientras en Chicago Torrio y Capone cimentaban su imperio
criminal, en Nueva York se producía un enfrentamiento entre dos facciones de sicilianos. A Joe
Masseria, The Boss, jefe de la Sociedad Italiana y defensor de una concepción autónoma de las
bandas, se le oponía Salvatore Maranzano, que pretendía una organización centralizada que
agrupase a todas las familias. (Bermejo. 2015. p. 221)

Este conflicto se conoce como la guerra de Castellammare porque ambos líderes eran
originarios de esa localidad siciliana. Al comienzo de las hostilidades, en 1928, Masseria, con su
cuartel general en Brooklyn, contaba con la ventaja de disponer de poderosos colaboradores, como
Lucky Luciano, Vito Genovese, Frank Costello y Albert Anastasia (que, en realidad, se llamaba
Umberto Anastasio), el futuro Lord High Executioner (‘Lord Gran Ejecutor’) de Cosa Nostra y
Mad Hatter (‘Sombrerero Loco’), líder de la Asociación Internacional de Estibadores (Bermejo.
2015. p. 260)

Tabla 1: Origen de las cinco familias en Nueva York. Fuente: Bermejo, F. (2015) Breve historia de la Cosa Nostra.
Mafia siciliana e italoamericana. Pg. 229.

El Imperio de los Big Six: En 1924 John Torrio, boss de Chicago, reunió a los principales
contrabandistas de alcohol para extender Cosa Nostra más allá de Nueva York. Fue un primer
intento, pero la inestabilidad que se vivía en Chicago, sumida en las violentas Beer wars (‘guerras
de la Cerveza’), impidió a Torrio culminar sus planes. Posteriormente, bajo la dirección de

82
Luciano, los Big Six y otros jefes se reúnen para incorporar en su organización a las familias de
Cosa Nostra de todo el país. (Bermejo. 2015. p. 231)

Este breve recorrido por la estructura de la mafia estadounidense nos permite entender por
qué los diferentes académicos interesados en el estudio de las mafias latinoamericanas asocian su
conformación inicialmente a derivaciones de la mafia siciliana y no directamente a Estados Unidos
a pesar de que su ubicación geográfica es más cercana a Latinoamérica. En primera instancia,
podemos evidenciar que los diferentes grupos mafiosos conformados posteriormente intentaron
conservar las características de la mafia siciliana y el hecho de que la mafia norteamericana se
encontrara conformada en su mayoría por italianos o descendientes de sus familias facilitó la
conservación de sus características. Por lo tanto, es posible afirmar que las organizaciones de este
país son las que más conservaron la esencia de la mafia siciliana, es decir, conservaron mayor
cantidad de sus características, en cierta medida, de manera intacta.

Por otro lado, aunque la conformación de mafias latinoamericanas como la mexicana o la


colombiana se debe al ejemplo más cercano, estos países no siguieron la lógica de sus antecesores,
es decir, no conservaron las características básicas de la mafia inicial. Aunque en sus inicios
intentaron conservar características de este tipo de mafias, fue inevitable que sufrieran una
hibridación propia de su contexto. Esta característica pudo generarse porque no hubo un proceso
migratorio de grandes magnitudes a diferencia de lo ocurrido con las dos mafias predecesoras, por
lo cual, a pesar de tratar de “conservar” ciertos rasgos, las características sociales y culturales no
se transmitieron, por lo tanto, se perdieron.

Las nuevas características y conformaciones de grupos mafiosos generaron que estas nuevas
mafias dejaran de lado, con el tiempo, cierto tipo de prácticas, como la organización familiar y el
contrabando de artículos legales, dedicándose desde sus inicios específicamente al narcotráfico.
Esta práctica, como veremos en los próximos apartados, es la característica fundamental de la
conformación de las mafias latinoamericanas a diferencia de los inicios de sus antecesores. El
narcotráfico es posiblemente el factor que retiró la connotación de respeto, familia y cumplimiento
de favores que caracterizaba a sus antecesores pues, a pesar de que las mafias iniciales recurrieron
al narcotráfico, lo hicieron en su última etapa, no en la primera, caso contrario al de las mafias
latinoamericanas.

83
1.4 La mafia mexicana

Según De la Cruz (2006) desde 1930 hasta los años 70 del siglo XX México ocupó un rol
importante en el mercado internacional de la droga, abasteciendo de heroína y gran parte de la
marihuana exportada a Estados Unidos. Ambos cultivos estaban a cargo de pequeños campesinos
en regiones específicas; el opio era cultivado en los Estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua y
en algunas partes de Sonora, marihuana en Michoacán, Jalisco y Nayarit. “Durante los años 50 y
60 México suministraba tres cuartos de la demanda de Estados Unidos en marihuana y el 10% al
15% de la heroína”. (De la Cruz, 2006. p,94).

En su investigación, De la Cruz (2006) enuncia que en México hay al menos 8 grupos


criminales dedicados al negocio de las drogas que recibirán la denominación de cárteles. Para
efectos de esta investigación y desde la perspectiva del autor serán enunciados brevemente.

El cártel de los Carrillo, o de Juárez: uno de los más poderosos del país, está dedicado al trasiego
de cocaína y marihuana, pero permite el paso de heroína por su territorio a cambio de cuotas del
estupefaciente.
El cártel de los Arellano Félix o Cartel de Tijuana: Para De la Cruz (2006) este es uno de los
grupos más violentos, mantienen sus operaciones en 15 estados del país, con una estructura
familiar que heredaron de Miguel Ángel Félix Gallardo hasta su encarcelación en 1989.
El cártel del Golfo: Una de las particularidades del cártel del Golfo, encabezado por Juan García
Abrego hasta su detención en 1996, es que opera con un brazo de corte paramilitar, integrado por
31 ex elementos de las Fuerzas Armadas: “Los Zetas” (De la Cruz. 2006. p.95)
Los Amezcua: Los hermanos José de Jesús, Luis Ignacio y Adán Amezcua Contreras están en
prisión con sentencias que rebasan los 50 años. Pero siguen al frente de la elaboración de drogas
sintéticas, especialmente anfetaminas.
Cartel del Milenio o de los Valencia: Según De la Cruz (2006) comenzó a operar en la década de
los noventa. Jalisco, Michoacán, Colima y Nayarit fueron las entidades donde esta organización
criminal comenzó a desarrollarse. Rápidamente logró introducir grandes cargamentos de drogas a
Estados Unidos.) Su grado de desarrollo se descubrió el 13 de octubre de 1999. (De la Cruz. 2006.
p. 96-97)

El cártel del golfo sigue siendo uno de los más sanguinarios de los últimos años en México.
Actualmente además de su propia reestructuración, se encuentra en disputa por el territorio de
Nuevo León y Tamaulipas con el cártel de Juárez. La organización criminal continúa con fuerte
presencia en los estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco, Veracruz, el DF y
Tamaulipas. Mantiene vínculos estrechos con cárteles de droga de Colombia, para hacer llegar
toneladas de cocaína a la zona sureste de los Estados Unidos. El cártel del Golfo es considerado
como el segundo más importante en México, sólo después del cártel de Juárez. “Una radiografía

84
de la organización arroja que tiene brazos operativos en 13 Estados del país, con jefaturas en Nuevo
Laredo, Miguel Alemán, Reynosa, Matamoros y Morelia”. (De la Cruz. 2006. p,96)

Quizás uno de los más importantes narcotraficantes mexicanos de la actualidad es El


“Chapo” Guzmán. Actualmente reconocido por sus grandes fugas de las cárceles mexicanas. Para
De la Cruz (2006) Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera es señalado como uno de los más
importantes líderes del narcotráfico en México. Sus alianzas, lo mismo que sus luchas o
confrontaciones con los principales jefes de los cárteles de la droga, han dejado una estela de sangre
en todo el país

Según datos recolectados por De la Cruz (2006) en noviembre de 2001, se puso al


descubierto otra organización del narcotráfico manejada por un colombiano, Juan Diego Espinosa
Ramírez alias “el tigre”, y la mexicana Sandra Ávila Beltrán, llamada por algunos “la reina del
pacífico”. Desde 1998 trabajaban en el narcotráfico y tenía como su centro de operaciones el Estado
de Jalisco, desde donde coordinaba el traslado de cargamentos de cocaína entre Colombia y
México.

La captura de cocaína de origen andino destinada a México y Estados Unidos ascendió a más del
doble tan sólo entre 1999 y 2000. Este aumento de las confiscaciones fue tanto resultado del
incremento general de los flujos de droga en el Pacífico oriental, en especial los que parten de
Colombia, como resultado de una importante redistribución de la Guardia Costera de Estados
Unidos en la costa del Pacífico, que la sacó de su misión tradicional de controlar las actividades
pesqueras para participar en operaciones de combate a las drogas. (De la Cruz. 2006. p.99)

Para De la Cruz (2006) las tácticas de los narcotraficantes en el Pacífico han adquirido un
alto grado de profesionalización y constituyen un gran desafío para las autoridades judiciales
estadounidenses, mexicanas y de otros países de la región, a diferencia de las que solían utilizar los
traficantes en el Caribe. Gracias a las apreciaciones del autor, hemos podido detallar hasta el
momento que el origen de la mafia mexicana es contemporáneo al de la mafia colombiana. Estas
dos mafias poseen características similares en su estructuración.

En primera instancia, estos dos grupos de mafias siempre “trabajaron de la mano” en cuanto
a negocios se refería, hasta la caída de los principales carteles colombianos. Por otro lado, las dos
mafias (aunque en especial la mexicana) se conformaron generalmente por grupos de familiares y
allegados, generalmente hermanos que se encargan del desarrollo y sostenimiento del cartel, con
esto se evita en cierta medida la “traición en los negocios”. No podemos dejar de lado que esta

85
característica es una de las pocas que se conserva de la mafia siciliana y no aplica para todos los
casos latinoamericanos.

Es posible asociar los “aciertos” de los carteles colombianos y mexicanos a su cooperación


en los negocios, por ejemplo, el compartir las rutas de distribución y la capacidad migratoria que
tenían los miembros de los carteles, es decir, algunos miembros de los extintos carteles
colombianos pasaron a formar parte de las filas de los diferentes carteles mexicanos. Sin embargo,
y sin el ánimo de querer legitimar este tipo de asociaciones, se puede atribuir el ascenso de la mafia
mexicana a la mafia colombiana, pues desde sus inicios Colombia fue su proveedor especialmente
de cocaína, sin contar con las maniobras diseñadas en un inicio por el cartel de Medellín para el
transporte de dicho material, maniobras que siguen siendo replicadas en la actualidad por el cartel
mexicano.

1.5 La mafia en el contexto colombiano

Para Betancourt y García (1994), el origen de la mafia colombiana se halla íntimamente


ligado a la crisis económica y social del país. Las elites regionales facilitaron el ascenso social y
económico de los mafiosos, ya que al agudizarse las contradicciones sociales y locales se generaron
los primeros reclutamientos de guardaespaldas, testaferros y sicarios. La estructura y organización
de la mafia colombiana puede hallarse sutilmente entrelazada con los núcleos ancestrales “al
margen de la ley” y grupos sociales, económicos y políticos que están abiertamente ligados a las
sociedades colombianas, que se mueven y operan con paramilitares en zonas y regiones
históricamente “al margen de la ley” o en aquellas donde siempre ha habido ausencia del Estado.
(Betancourt y García, 1994, p.35-36).

Colombia presenta, hasta cierto punto, una compleja mezcla de elementos constitutivos de las dos
versiones anteriores de la mafia, mezcla producto de la confluencia de diversos factores: por una
parte, persisten los de tipo ancestral, cacique, gamonal y clientelista, de alguna manera ligados al
campo y heredados desde el siglo pasado, hecho que permite asemejarla a la vieja mafia siciliana.
Por otra a través del tiempo han venido desarrollándose núcleos modernos, traumáticos y
complejos de carácter urbano, ligados a procesos de “urbanización y desarrollo capitalista del
campo, en los que sin lugar a duda se encuentran manifestaciones de elementos de la moderna
mafia norteamericana. Todos estos factores han sido estimulados por cuatro corrientes históricas
en la sociedad colombiana: la permanencia del caciquismo, el gamonalismo y el clientelismo, la
gran corrupción a todos los niveles, el contrabando y la existencia de economías ilegales
constantes que, a su vez, son traspasadas y retroalimentadas por las contradicciones de un Estado
“débil” (Betancourt y García, 1994, p.136).

86
Esta mezcla de elementos con versiones anteriores de la mafia que nos plantean Betancourt
y García (1994) hace que sea inevitable la relación entre la mafia y el narcotráfico, a esto
sumémosle una serie de aspectos históricos, sociales y culturales que empiezan a entretejerse con
la configuración de la mafia en Colombia.

Según Krauthausen (1998) la comparación entre mafia y narcotráfico puede iniciarse donde
ambos fenómenos parecen entretejerse; en el mercado mundial de drogas ilícitas.

La mafia y el narcotráfico son diferentes, pero similares. Aunque tienden a actuar en escenarios
distintos se da una transición permanente entre el ejercicio ilegal de poder y la ilícita actividad de
mercado (Krauthausen, 1998, p.383).

Figura 1: Organización narcotraficante colombiana según la interpretación de la policía antinarcóticos (1994). Fuente:
Krauthausen, C. (1998) Padrinos, mercaderes y mafiosos. Crimen organizado en Italia y Colombia. Pg. 208.

Según Betancourt (1999) el término narcotráfico esconde, en realidad, una intencionalidad


política, económica y cultural imperialista y pronorteamericana debido a la relación que hace la
sociedad entre el mafioso y el narcotráfico; en este aspecto él es enfático en señalar que ni la
marihuana ni la cocaína son narcóticos y que para los norteamericanos la definición de
narcotraficante no involucra a los consumidores ni a los lavadores de dólares en Norteamérica.

Considera que la palabra narcotraficante y el hecho de que se le ligue con la mafia


colombiana (aunque no desconoce una relación existente) es una calificación latinoamericana y
racista a la producción, comercialización y consumo de sicotrópicos.

87
La irrupción de las mafias de las “drogas” en Colombia debe entenderse, pues, como un fenómeno
histórico en el largo tiempo, con raíces económicas y sociales profundas que, sumadas a las
características complejas de la estructura estatal y a la estrategia de localización del país en la
esquina norte de Sudamérica, facilitaron su desarrollo y consolidación ante una creciente demanda
de estas sustancias desde el interior de las sociedades norteamericana y europea, a partir de la
década del setenta. (Betancourt y García, 1994, p.37).

Como lo vimos anteriormente la mafia es el resultado de la fusión entre elementos


ancestrales y elementos modernos, profundamente dinamizados por la producción y el comercio
de marihuana y más tarde de cocaína. Su aparición como tal se genera en los años setenta.

Teniendo en cuenta sus particularidades, para el caso colombiano se entiende como “mafia”
aquellos grupos que identificados por intereses económicos, sociales, políticos y culturales,
asumen una actitud ilegal frente al Estado y frente al ordenamiento jurídico que le sustenta, y que
para resolver sus conflictos no recurren a los jueces ni a los entes estatales sino que, por el
contrario, hacen uso de las organizaciones de sicarios creadas con el propósito de figurar como
agentes locales que saben infundir respeto y aceptación. Al igual que otras mafias, la colombiana
se fue fortaleciendo alrededor del núcleo familiar (padres, hermanos, tíos, primos, sobrinos, etc.)
hasta penetrar otros grupos sociales. (Betancourt y García, 1994, p.139- 140).

Por estas características, en Colombia las mafias no operan de manera jerárquica y


centralizada, esto hace que la mafia colombiana esté conformada por una red de agentes locales,
“jefes locales” situados en un municipio, cuidad o región. Por esta característica Betancourt y
García (1994) plantean la configuración de diferentes núcleos regionales.

La mafia colombiana no es, pues, un movimiento social puro; es más bien una confluencia de
múltiples fuerzas y tendencias que giran en torno a las aspiraciones individuales de algunos de sus
miembros por su vitalidad, tenacidad, necesidad, arrojo o coyuntura social o política. Es más, una
mezcla de la frustración de las clases medias marcada por aspectos delictivos de algunos
individuos (Betancourt y García, 1994, p.137).

Debido a estas características de la mafia colombiana y especialmente a que no existe una


jerarquía, se configuraron una serie de núcleos mafiosos en respuesta también a las contradicciones
económicas, políticas, sociales, culturales y regionales marcadas en el desarrollo histórico de cada
región, debido a que los procesos regionales y locales también son construidos, de manera que
cambian y evolucionan constantemente. En cuanto a la distribución de estas regiones en nuestro
país, los autores las dividen de la siguiente manera:

La producción y comercialización de marihuana y cocaína estuvieron inicialmente en manos de


núcleos de contrabandistas de Antioquia, Valle, Santanderes, la zona esmeraldera de la Guajira y
otros departamentos de la Costa Atlántica, que de tiempo atrás tenían montada una red de
transporte, caletas y sobornos que les permitían emprender el tráfico de marihuana y cocaína, tan
ilegal como sus actividades de contrabando. Más tarde, como apéndice del grupo antioqueño
emergió el foco central, el de “el mexicano”, y como puente entre los núcleos caleño y antioqueño

88
apreció el subnucleo quindiano de Carlos Lehder; posteriormente, y a la sombra de la
radicalización que se diera a la lucha contra el grupo antioqueño por parte del gobierno se
fortalecieron algunos núcleos, aparecieron otros nuevos (el oriental) y se hicieron manifiestos los
mafiosos “sueltos o independientes. (Betancourt y García, 1994, p.43).

A continuación, y para efectos de realizar una caracterización idónea de los grupos mafiosos
colombianos es necesario presentar una breve descripción de los cinco focos de la mafia
colombiana propuestos por Betancourt y García (1994).

El núcleo costeño: Se configuró tempranamente entre 1965 y 1968 en torno a la producción de


marihuana. A pesar de esto, no logró consolidarse como mafia, pues nunca alcanzó el control de
las rutas de distribución en Estado Unidos, formando entonces, una variante criolla del mafioso:
sin una visión clara de empresa que lo llevó a malgastar su capital, muy limitado, en sus relaciones
con la banca y el comercio internacional, etc., se le denominará marimbero10, bullicioso,
extrovertido y parrandero.
El núcleo antioqueño: Configurado hacia 1970 por antiguos contrabandistas entre Colón, Panamá
y Turbo; con conexiones e inversiones iniciales en las siembras de marihuana de la Costa, casi
simultáneamente se dedicó a la cocaína impulsado por la insistencia de contrabandistas y
comerciantes norteamericanos residentes en Panamá, quienes la requerían con insistencia. Dichos
núcleos iniciales logran las conexiones con las zonas productoras de pasta en Perú y Bolivia,
especializándose desde muy temprano en el refinamiento y en la propia distribución en los Estados
Unidos, pues aprovecharon el gran afluente de latinos y sobre todo de antioqueños en este país,
muy intenso a partir de 1965. (Betancourt y García, 1994, p.12).

El vacío del mercado de estupefacciones fue llenado inicialmente por un núcleo de


antioqueños “conformado por sectores de clase media y baja que fue ascendiendo con dificultad en
una sociedad racista y conservadora que, al no resignarse dócilmente a perder su tradicional
hegemonía, los obligó a irrumpir en forma violenta y conflictiva”. (Betancourt y García, 1994,
p.70-71).

El núcleo Valluno: Configurado en torno al eje contrabandístico de Buenaventura-Panamá y en


torno a los embarques de polizones ilegales por el puerto hacia Estados Unidos, tuvo gran
intensidad a partir de los años setenta, constituyéndose más tarde redes de introducción de cocaína
desde la Amazonia (Leticia.). Mantuvo contradicciones con el grupo de Medellín, éstas siempre
se resolvieron satisfactoriamente hasta la muerte del ministro Lara Bonilla, circunstancia que
enfrentó a Rodríguez Orejuela con Escobar Gaviria y Rodríguez Gacha. A diferencia del núcleo
antioqueño, el caleño ha estado integrado por sectores de clase media y alta, por lo que su inserción
en el tejido social se ha venido realizando sin mayores traumatismos. (Betancourt y García, 1994,
p.72).
El núcleo central o del mexicano: Su fuerza inicial se fue configurando a partir del antiguo negocio
de las esmeraldas. Este núcleo presentó desde un comienzo un fuerte origen popular, con base en

10
Según Betancourt y García (1994) se acuñó el término marimbero para designar genéricamente a todo aquel que
traficaba con marihuana, que, por la gran cantidad de dinero adquirido y su derroche, mostraba un comportamiento
ostentoso, extravagante e identificable a través de ciertos signos presentes en la vestimenta, el lenguaje, los modales
y las actitudes.

89
los antiguos peones minifundistas de Cundinamarca y Boyacá. Este núcleo se fue conformando
por elementos de una vieja organización arcaica y violenta, no solo por sus antecedes, sino por su
contradictoria inclusión en la sociedad. (Betancourt y García, 1994, p.73-74).

Aunque Rodríguez Gacha surgió como lugarteniente del grupo antioqueno, era de origen
popular y representaba a los antiguos peones del minifundio boyacense y cundinamarqués.
Conformaba una mafia rural, violenta no sólo por sus antecedentes, sino por su fuerte y
contradictoria inclusión en la sociedad. Con un profundo arraigo por lo rural y por la tierra, “el
núcleo central se fue especializando en la compra de tierras, y generó una “narco contrarreforma
agraria”, pues su principal exponente, Gonzalo Rodríguez Gacha, fue un profundo amante de las
propiedades territoriales”. (Betancourt y García, 1994, p.74).

Núcleo Oriental Se formó a la sombra de los cuatro primeros. Caracterizado por su gran
dinamismo, particularmente en los sectores de la construcción y el comercio, se halla conformado
por sectores de clase media de los Santanderes y de las poblaciones venezolanas fronterizas, lo
mismo que por migrantes de otras regiones del país. Se caracteriza por su gran dinamismo,
particularmente en los sectores de la construcción y en el comercio. (Betancourt y García, 1994,
p.75).
Subnúcleos: Existen miembros que funcionan apenas como apéndices o asociados (o desde fuera
se les asocia como tales), y múltiples grupos menores y subgrupos se mueven al margen de los
grandes grupos de Medellín, Cali, Bogotá, o la Costa.

Aunque estos cinco núcleos poseen similitudes, también presentan características


diferenciadoras que desde su configuración les imparten variantes significativas, ahondadas o
modificadas en su inserción en las sociedades locales. Otras características de las cinco grandes
regiones del país que conforman los cinco focos mafiosos iniciales es la capacidad de generar
grupos a su servicio para mantenerse como núcleos mafiosos o bien para responder a una crisis.

La mafia colombiana se configuró en un inicio por los intereses personales de algunos


miembros de la sociedad por mejorar su situación económica a través del narcotráfico,
posteriormente pasaron a complementar sus intereses económicos con intereses sociales, políticos
y culturales llegando al punto de asumir una actitud frente al Estado y su organización. Las
contradicciones económicas, políticas, sociales, culturales y regionales marcadas en el desarrollo
histórico de cada región contribuyeron a la consolidación de los diferentes núcleos mafiosos a lo
largo del territorio colombiano que transformaron significativamente la historia del país.

90
1.6 Algunas apreciaciones

La mafia siciliana se caracterizaba por darle vital prioridad e importancia a los lazos de
familia, por lo tanto, seguían líneas de sucesión que se transmitían a varias generaciones; estos
grupos poseen normas y leyes que se transmitían de padres a hijos y familiares. En cambio, la mafia
norteamericana, a pesar de contar con gran descendencia italiana, no concentró su organización en
este aspecto, enfatizó su accionar en el crimen organizado actuando principalmente bajo la
corrupción y el soborno, llegando a incursionar finalmente en el narcotráfico como última opción
y como garantía para mantenerse en el negocio. Por su parte, la mafia mexicana y colombiana se
construye y consolida a través del control sobre la producción y la distribución de cocaína a Estados
Unidos y Europa.

En términos generales, las organizaciones mafiosas han demostrado que el Estado es


ineficaz a la hora de operar y controlar algunas regiones de un determinado país dejándolas en
completo abandono social. Las medidas tomadas para evitar la propagación de estas organizaciones
no dieron ningún resultado (por lo menos hasta que no hubo alianzas con grupos ilegales, alianzas
con otro país o luchas de poder internas entre las organizaciones mafiosas). Por eso, no es de
extrañarse que la población civil recurriera más a la mafia para solucionar sus problemas y buscar
a las diferentes organizaciones; eso sin dejar de lado el hecho de que muchas regiones donde
surgieron las mafias se encontraban en un abandono total, este hecho no discrimina a ningún país.

En el caso colombiano, los grandes capos fueron los precursores de diversos grupos al
margen de la ley, en especial de grupos sicariales y paramilitares; esta es la razón por la cual se
hace necesario precisar ciertos aspectos de la mafia en el desarrollo de este trabajo. Por ejemplo,
los grupos mafiosos dieron rienda suelta a la conformación de estos diversos grupos ilegales; el
cartel de Medellín dio origen y capacitó diversos grupos de sicarios, varios de sus capos fueron los
que financiaron el entrenamiento, sostenimiento y creación de grupos paramilitares; el cartel del
norte del valle originó grupos de limpieza social.

Después de la contribución de los grandes capos para generar diversas de estas


organizaciones, el narcotráfico fue el principal motor económico del fenómeno paramilitar y la
mayor relación entre paramilitarismo y narcotráfico se terminó de establecer con la caída de las
grandes organizaciones mafiosas, pues con su declive los paramilitares heredaron el control de las

91
rutas y territorios que éstos ocupaban antes. El narcotráfico finalmente termina por convertirse en
una de las principales actividades económicas que utilizarían los paramilitares para garantizar el
sostenimiento de su organización.

Si bien el paramilitarismo en todas sus etapas de conformación no estuvo ni estará permeado


por el narcotráfico, su incursión en el mismo se generó gracias a una serie de dinámicas internas
de las organizaciones mafiosas existentes para garantizar su seguridad. Es importante reconocer
que, por lo menos en su etapa inicial el paramilitarismo se encontrara totalmente permeado por el
narcotráfico como lo veremos a continuación.

2. PARAMILITARISMO

El paramilitarismo no es un fenómeno que se generó solamente en Colombia y mucho


menos en Latinoamérica. Según Velásquez (2007) los franceses, en el contexto de la política
colonialista y de represión a los movimientos independentistas de sus colonias de Indochina y
Argelia, crearon organizaciones paramilitares o escuadrones de la muerte como estrategia
contrainsurgente. En ambos casos aplicaron torturas y practicaron las desapariciones. Según los
militares franceses, era preferible eliminar a un inocente que dejar libre a un subversivo.

Concluyeron que quien controlara y ganara a la población tenía el éxito asegurado, y ante
las dificultades para su adhesión, dedujeron que el desplazamiento de la población civil era una
forma de quitarle el apoyo al enemigo y por eso forzaron desplazamientos. (Velásquez, 2007,
p.135.)

Este conjunto de ideas incidió en los fundamentos ideológicos de la doctrina de la seguridad


nacional, matriz del paramilitarismo en América Latina, a través de los militares franceses Charles
Lacheroy, Marcel Bigeard, Jacques Massu, Paul Aussaresses, Paul-Alzin Léger, André Beaufré y
Roger Trinquier quien justificó la tortura. El paramilitarismo hizo parte del catálogo de enseñanzas
ofrecidas por Trinquier al ejército estadounidense, el cual a su vez las replicó en las fuerzas
armadas latinoamericanas. (Velásquez, 2007, p.135.)

Según Velásquez (2007) la batalla de Argelia llegó a ser un modelo de la guerra


contrarrevolucionaria a partir de los escuadrones de la muerte. Desde mayo de 1958 las técnicas
implementadas en la Batalla de Argelia comenzaron a enseñarse. “Primero desde 1958 en la
Escuela de Guerra de París, donde los primeros alumnos fueron argentinos y posteriormente en la

92
Escuela Superior de Guerra de Buenos Aires desde 1961, donde participaron militares de 14 países,
inclusive de Estados Unidos, en calidad de estudiantes”. (Velásquez, 2007, p.135.)

Posteriormente los franceses capacitaron a los militares estadounidenses a través de Pierre


Messmer y Paul Aussaresses quien fue nombrado en la agregaduría militar en Washington, de la
que dependían diez oficiales de enlace, todos veteranos de Argelia y fueron distribuidos en
distintas escuelas militares estadounidenses. Los militares estadounidenses diseminaron lo
aprendido de los franceses a través de la Escuela de las Américas, entre ello, la formación de
organizaciones paramilitares. (Velásquez, 2007, p.135.)

Se calcula que en la Escuela de las Américas 100.000 militares latinoamericanos fueron


formados allí, entre ellos, 4.629 colombianos, solamente entre 1950-1970”. (Velásquez, 2007,
p.136.) Los estadounidenses fueron los encargados de propagar este fenómeno en América Latina
a través de las políticas de ayuda militar que implementaron en los diferentes países.

Dicho fenómeno se presentó en la mayoría de países de la región del siguiente modo: en la


República Dominicana, los Cocuyos de la Cordillera, Legión Extranjera y Jinetes del este los
cuales apoyaron a Rafael Leonidas Trujillo para que tomara el poder en 1930 y, en el contexto de
la guerra fría, fue creado otro escuadrón de la muerte denominado La Banda; en Nicaragua, los
Camisas Azules, quienes junto a Estados Unidos promovieron a Anastasio Somoza García al poder
en 1936; en Guatemala, las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), la Mano Blanca y Ojo por Ojo;
en Honduras, el Batallón 316; en El Salvador, hubo más de doce organizaciones paramilitares, una
de ellas llamada Fuerzas Armadas de Liberación Anticomunista-Guerra de Eliminación
(FALANGE); en México, los Cuerpos de Defensas Rurales de la Secretaría de la Defensa
Nacional (SEDENA); en Nicaragua, la Fuerza Democrática nicaragüense y la Alianza
Revolucionaria Democrática, conocidas como La Contra; en Perú, el Comando Rodrigo Franco y
Colina; en Costa Rica, la Guardia Civil; en Panamá, se infiltran los paramilitares en las marchas
y asesinan a dirigentes; Argentina, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y en Chile,
Patria y Libertad. (Velásquez, 2007, p.136.)

También hubo escuadrones de la muerte en Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela.


El rasgo común de los escuadrones de la muerte o paramilitares, fue el haber sido creados por parte
de las fuerzas regulares de cada país, con la asesoría de CIA. “Según Ralph W. McGehee, quien
formó parte de la CIA entre 1952 y 1977, dicha institución organizó escuadrones de la muerte en
El Salvador, Guatemala, Nicaragua (antes de 1979), Corea del Sur, Irán, Chile y Uruguay.
(Velásquez, 2007, p.136.)

El paramilitarismo se generó como un fenómeno internacional implementado para


garantizar la legitimidad del Estado o de diversos grupos sociales en busca del ascenso al poder de
un determinado país. Se originó como un ente de control estatal antisubversivo que legitimó los
intereses propios y de extranjeros sobre las relaciones sociales latinoamericanas. Por lo tanto y a
pesar de que estas organizaciones existen en Colombia desde hace más de tres décadas no debemos

93
comprender a estas organizaciones como un simple fenómeno nacional, ni mucho menos
latinoamericano; todo lo contrario, los grupos paramilitares se encuentran llenos de matices y
situaciones que desbordan la lucha antisubversiva y el control estatal como es el caso particular del
paramilitarismo colombiano.

Existen diversos libros, informes, artículos y documentos que abordan el tema del
paramilitarismo en Colombia, en estos documentos se pueden evidenciar aportes significativos
para entender el fenómeno. Sin embargo, debido a la gran cantidad de aportes, que por cuestiones
de fondo y forma no pueden ser recopilados en este trabajo me parece pertinente abordar esta
categoría desde los aportes generados por Zelik (2015). A mi parecer su trabajo presenta los
elementos necesarios para poder comprender las particularidades del fenómeno paramilitar en
Colombia, su relación con la opinión pública y sobre todo el desarrollo actual del
neoparamilitarismo.

En primera instancia realizaremos un recorrido histórico sobre la formación del


paramilitarismo en Colombia, empezando por la conformación de los diferentes grupos
paramilitares, la parapolítica y el proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas De
Colombia (AUC). Con el fin de generar un marco de compresión sobre las relaciones entre mafia
y paramilitarismo, es importante dejar en evidencia la influencia del narcotráfico sobre la
conformación y consolidación de estas organizaciones, pues los grandes capos colombianos
tuvieron una fuerte influencia en la consolidación de estos grupos.

En relación con este trabajo, es importante analizar la relación entre los paramilitares y la
opinión pública; en especial la relación con sus comandantes, por lo que dedicaremos un apartado
a detallar este aspecto, pues es necesario observar la invisibilización que le dieron los medios de
comunicación a las masacres paramilitares pues, en gran medida se dedicaron a encubrir a relación
del Estado y los paramilitares, encubriendo la responsabilidad de las Fuerzas Militares.

Finalmente, tratare de dejar en evidencia algunos elementos analíticos para comprender en


que consiste este fenómeno llamado neoparamilitarismo, organizaciones que se generaron después
de la desmovilización de las AUC las cuales son consideradas un reducto de toda esta organización
paramilitar, aspectos que serán acompañados de algunas reflexiones finales.

94
2.1 Un breve recorrido histórico por el paramilitarismo

Según Zelik (2015) El prefijo para indica una cercanía espacial o lógica, por lo tanto, los
paramilitares pueden ser entendidos como “una estructura que acompaña al ejército” (Zelik, 2015,
p 23.).Sin embargo, es necesario hacer una diferenciación ente el significado de la palabra
paramilitar y el plural paramilitares pues, se entienden dos cosas diferentes en cuanto a estos
términos: “Por paramilitares se entiende a aquellos grupos y unidades cuya meta es la lucha
contrainsurgente y cuya violencia está dirigida contra la base social –supuesta o real– de la
guerrilla, la izquierda política y los movimientos sociales. (Zelik, 2015, p 24.).

En estos conceptos Zelik (2015) plantea que la noción de paramilitar se diferencia del plural
paramilitares en el sentido que esta definición implica una relación directa con el poder estatal que
se distanciaría del proceso colombiano.

Dado que esta definición implica una relación con el poder estatal que alude a actividades ilegales
del Estado, el término “paramilitares” siempre fue cuestionado por la opinión pública colombiana
hasta la disolución de las AUC, la cúpula militar prefirió hablar de autodefensas o grupos al
margen de la ley. Pero estos términos alternativos son aún más imprecisos. Teniendo en cuenta la
intensidad y la forma que asume la violencia paramilitar el concepto autodefensa resultar ser un
eufemismo. Asimismo, el termino grupos al margen de la ley impide una diferencia entre este
fenómeno y otros grupos no estatales. Además, si es verificable –como veremos– que el poder
estatal ha mantenido vínculos estrechos con la ultraderecha armada, Por todo eso, la noción de
“paramilitares” resulta ser la más acertada para describir este fenómeno. (Zelik, 2015, p 24.)

En este orden de ideas, el paramilitarismo colombiano no se reduce a la existencia de


unidades encubiertas en las Fuerzas Milítales (FF.MM), también comparte intereses
contrainsurgentes y de legitimidad ideológica que serían puestos en marcha a lo largo de su historia.
Para Zelik (2015) el paramilitarismo más bien se trata de cuatro fenómenos que se yuxtaponen: a)
El sicariato político vinculado al narcotráfico b) los ejércitos privados de ganaderos,
narcotraficantes y otros grupos poseedores de capital c) las estructuras de vigilancia y patrullaje
legales conformadas por la población civil y armadas por el ejército; y d) las organizaciones
paramilitares que se presentan como actores políticos. (tal como es el caso de las AUC) (Zelik,
2015.).

2.1.1 ¿Son las Bandas conservadoras grupos paramilitares?

Antes de iniciar una caracterización sobre el surgimiento del paramilitarismo en Colombia,


es necesario hacer un “paréntesis en el tiempo” pues, un tema que ha causado gran debate en el

95
análisis histórico de Colombia, sobre todo en temas de violencia, es determinar si las bandas
conservadoras (Chulavitas y Pájaros) representan el origen del paramilitarismo en Colombia.

Aunque ésta es una pregunta abierta al debate, no podemos dejar de señalar que las bandas
conservadoras poseían algunas de las características que el paramilitarismo tiene actualmente. En
primera instancia las bandas conservadoras surgen como una respuesta a la conformación del
partido liberal, es decir tenían el objetivo de exterminar a los militantes o simpatizantes de este
partido. Por otro lado, no podemos desconocer que el país se encontraba políticamente sumergido
en una hegemonía conservadora, que no veía con buenos ojos el surgimiento de un nuevo partido
u otras ideologías políticas. Por lo cual, las relaciones entre estos grupos y el Gobierno pueden
señalarse como una de las características actuales del paramilitarismo.

A falta de una caracterización adecuada de estos grupos en este trabajo, pues no son el tema
de investigación, podemos despejar un poco las dudas con las apreciaciones de Zelik (2015). (Sin
dejar de lado que el análisis de este planteamiento debe quedar a criterio del lector.)

Al respecto Zelik (2015), considera que “La violencia de los pájaros o Chulavitas se dirigía
al mismo tipo de población que es víctima del paramilitarismo actual, es decir pequeños
campesinos, sindicalistas, militares de partidos de izquierda, entre otros.” (Zelik, 2015, p 80). Sin
embargo, la razón para evitar una relación estrecha entre el paramilitarismo actual y las bandas
conservadoras sería que los Chulavitas estuvieron “menos ligados a los intereses del Estado o de
las Fuerzas Militares que a los intereses de un partido concreto”. Por lo tanto, es adecuado “buscar
las raíces del paramilitarismo algunas décadas más tarde”. (Zelik, 2015, p 80-81.).

Sin embargo, y a pesar de que coincido en que la violencia generada por este tipo de grupos
no fue directamente provocada por el aparato estatal. El carácter contrainsurgente también está
presente en este tipo de grupos al igual que los ataques a campesinos, sindicalistas y militares del
partido liberal. Estos aspectos deben ser elementos para considerar si queremos establecer
relaciones entre estos grupos y el paramilitarismo actual.

96
2.2. El origen del paramilitarismo en Colombia.

Según las investigaciones realizadas por Zelik (2015) el paramilitarismo surgió en el


contexto geopolítico de los años sesenta y el desarrollo en Colombia está en su primera etapa ligado
a la relación de EE. UU. con las fuerzas militares.

En esta época EE. UU. propagó la conformación de grupos paramilitares para frenar el avance de
las insurgencias revolucionarias en el mundo. –después de la revolución cubana–, EE. UU.
impulso la expansión preventiva de la doctrina de seguridad nacional en todo el subcontinente
latinoamericano. (Zelik, 2015, p 81.).

Sin embargo, en ese momento preciso no se conformaron grupos paramilitares como los
conocidos en la década del noventa. Según Zelik (2015) “Fue apenas en 1978 cuando el Gobierno
de Julio Cesar Turbay Ayala puso en marcha la recomendación estratégica de propagada por los
militares estadounidenses, mediante el Estatuto de Seguridad Nacional”. (Zelik, 2015, p 81.).
Recordemos que en esta década tienen gran preponderancia en el territorio colombiano los grupos
guerrilleros y sus acciones militares.

Durante el gobierno de Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982) se intensificaron las medidas
de represión a través de la aplicación del estatuto de seguridad donde “fracciones del aparato de
seguridad pasaron a desarrollar operaciones encubiertas, secuestrando, interrogando y
desapareciendo a militantes de los movimientos populares. El responsable de estos casos fue el
grupo triple A acción americana anticomunista.” (Zelik, 2015, p 86.)

Bajo estas circunstancias los discursos de seguridad nacional impartidos a la opinión pública
generaron en gran medida que los militares equipararan a los sindicatos y a otras organizaciones
populares con las fuerzas insurgentes, de esta manera se convertían en objetivos militares. Sin
contar con la “puerta abierta” que el estatuto de seguridad les dio a las fuerzas contrainsurgentes
para formarse legalmente.

En síntesis, se puede anotar que la doctrina de seguridad importada de EE. UU. incitó a los
militares a desconfiar de su propia población, a llevar la lucha contrainsurgente todas las áreas de
la sociedad, a asumir tareas políticas y sociales cada vez más amplias, a apropiarse de funciones
fundamentales del Estado y a interpretarlas de manera autoritaria. Esto equivale, en últimas, a la
imposición de un Estado de excepción fáctico. (Zelik, 2015, p 85.)

Una década más tarde, se formuló el decreto 3398 de 1965, que legalizó la conformación
de “autodefensas” cívico-militares. Este decreto, según Zelik (2015) permitió la permeabilidad del
Estado frente a grupos armados de carácter privado. “De acuerdo con esta interpretación, diferentes
97
actores no estatales –en especial narcotraficantes, ganaderos y militares retirados– se aprovecharon
del decreto para fundar ejércitos privados en la década de los ochenta. Socavando el monopolio de
la violencia estatal”. (Zelik, 2015, p 86.) Después de que se legalizó la creación de grupos armados
privados en los años sesenta y antes de la ola paramilitar de los ochenta, existió una violencia
paraestatal en forma de escuadrones de la muerte, como fue el caso de la triple A.

Si consideramos que el paramilitarismo ingresa a Colombia como uno de los mecanismos


en contra de la lucha contrainsurgente, con la triple A podríamos evidenciar el inicio del
paramilitarismo en Colombia. Este fenómeno, modificaría “las condiciones de vida de las clases
populares en las siguientes décadas”. “Posteriormente grupos armados asumieron tareas militares
y policivas, con el apoyo de la fuerza pública y las fuerzas de seguridad con lo cual actuaron como
un poder estatal informal clandestino”. (Zelik, 2015, p 86-88.).

La influencia de políticas internacionales en la conformación de la seguridad colombiana


preparó al país para recibir ejércitos privados que pretendían salvaguardar la seguridad de algunos
miembros de la población civil y establecer ciertos mecanismos de control. Sin embargo, la noción
inicial de este tipo de grupos se transformó en los años ochenta.

Se fundaron nuevas estructuras contrainsurgentes que se expandieron rápidamente por todo el


territorio nacional. En Medellín y Cali capos del narcotráfico crearon el grupo MAS (Muerte a
Secuestradores) para protegerse de los secuestros extorsivos de la guerrilla y más particularmente,
del M- 19. De forma paralela en el Magdalena Medio, comerciantes y grandes ganaderos se
organizaron en las llamadas autodefensas que con la ayuda del ejército empezaron a golpear no
solo a la guerrilla, sino también a la izquierda política y sindical de la región. (Zelik, 2015, p 26-
27.).

El primer grupo paramilitar que se conformó en 1981 fue conocido como el MAS (Muerte
a Secuestradores). Este grupo se organizó debido a que la guerrilla del M- 19 secuestró a María
Nieves Ochoa una pariente del narcotraficante antioqueño Fabio Ochoa, “varios mafiosos se
juntaron para fundar una organización armada con el fin de perseguir y ejecutar a quienes atacaron
a los miembros de las familias de los narcotraficantes”. (Zelik, 2015, p 89.).

Según Zelik (2015) al poco tiempo el MAS empezó a actuar de manera parecida a la triple
A, pues secuestraba y asesinaba a militantes de izquierda. “El MAS cometió masacres en zonas
rurales donde había presencia de la guerrilla, especialmente en el Caquetá y en el Magdalena
Medio. Al parecer, el MAS fue una cooperación flexible entre el narcotráfico y los servicios de
inteligencia estatales, cuya intensidad variaba según las regiones”. (Zelik, 2015, p 89.).

98
Nos detendremos más adelante en la relación establecida entre narcotráfico y
paramilitarismo, pues esta unión requiere un apartado especial debido a la gran influencia del
narcotráfico en el desarrollo del fenómeno paramilitar.

En 1981 se produjo una crisis interna y una transformación del paramilitarismo. A partir de
entonces los paramilitares empezaron a trabajar por adquirir un perfil público más político. Como
resultado de ese proceso de reestructuración en 1994 surgieron las ACCU, Autodefensas
Campesinas de Córdoba y Urbana y en 1997 se fundaron las AUC, Autodefensas Unidas de
Colombia, como una coordinación del accionar paramilitar a nivel nacional. “Ambas
organizaciones fueron creadas principalmente por los hermanos Castaño (Fidel, Carlos y Vicente),
quienes jugaron un papel clave en el paramilitarismo hasta su desaparición en 1994, 2004 y 2007
respectivamente”. (Zelik, 2015, p 27.).

En el Magdalena Medio se configuró un segundo proyecto paramilitar que daría origen a lo


que se conoció como “república antisubversiva independiente” en esta región:

A finales de los setenta las FARC empezaron exigirles a los ganaderos y comerciantes pagos
extorsivos cada vez más altos, generalizando las prácticas de los secuestros. Mediante las
reactivaciones de un batallón que protegería a la Texas Petroleum Company y mediante la
fundación de una nueva brigada. Particularmente comerciantes y ganaderos se organizaron en
milicias armadas para apoyar las actividades del ejército. (Zelik, 2015, p 90-91).

“Este proceso culminó finalmente con la conformación de un grupo paramilitar legal y


político; la Asociación de Ganaderos y Campesinos del Magdalena Medio (ACDEGAM), cuya
influencia se expandió rápidamente desde Puerto Boyacá hacia toda la región”. (Zelik, 2015, p 91.).

Aquí podemos ver la importancia de los decretos gubernamentales en la conformación de


grupos paramilitares, pues ACDEGAM pudo actuar públicamente gracias al decreto 3398 de 1965
y de la ley 48 de 1968. “El asesinato selectivo, tortura, la desaparición forzosa y la masacre fueron
prácticas imprescindibles para la imposición del proyecto de las autodefensas”. (Zelik, 2015, p
92.).

En este punto, evidenciamos un cambio significativo en los intereses de los grupos


paramilitares, aunque en un inicio se conformaron con la excusa de la defensa territorial y la lucha
contrainsurgente la influencia del narcotráfico y de los grandes terratenientes colombianos en estas

99
organizaciones se configuró a estos grupos para responder a intereses personales que giraban en
torno a la adquisición ilegal de tierras y poder.

A partir de los años 1996 y 1997 se conformaron grupos similares a AGDEGAM en el


Urabá de donde proviene la mayor parte de bananos de exportación, así como en las zonas
ganaderas de Santander y Cesar.

Posteriormente, estos grupos comenzaron a implementar maniobras políticas, posiblemente


para ganar legitimidad ante la opinión pública. Inicialmente, ofrecieron desmovilizar a los
tangueros (un grupo pequeño de paramilitares) si a cambio la guerrilla maoísta del EPL (Ejército
Popular de Liberación) entregaba las armas. Cuando la fracción mayoritaria del EPL se
desmovilizó, los hermanos Castaño se presentaron como líderes políticos.

En este punto, los cambios en la intencionalidad de los grupos paramilitares son más
evidentes, se dedican al asesinato masivo de líderes políticos sin miedo a las represalias ya que
defienden los intereses de un pequeño sector dominante, persiguen enemigos propios y estatales
para ganar legitimad ante la opinión pública; aspectos que el Estado aprovecharía para dejar en
evidencia la estrecha relación que uniría al ejército colombiano y a los grupos paramilitares sin
pensar en las consecuencias que esta unión generaría más adelante.

Posteriormente, en 1994 surgieron las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá


(ACCU) que “durante los diez años siguientes se constituirían en el centro del poder del
paramilitarismo colombiano”. (Zelik, 2015, p 107.). Con la desaparición de Fidel Castaño, su
hermano menor, Carlos, se convirtió en el líder de los paramilitares. Es importante señalar una
reflexión en cuanto al nombre de esta organización.

Historialmente, el termino autodefensa campesina se había referido a las milicias de campesinos


desposeídos y perseguidos, que se formaron en el periodo de la violencia y que en 1964 se
convirtieron en las FARC. Las ACCU, en cambio, surgieron como tropas privadas al servicio de
ganaderos y empresarios bananeros. Es decir, no representaban al pequeño y mediano
campesinado sino a aquellos grandes terratenientes, que han sido responsables de los acelerados
procesos de concentración de tierras en las últimas décadas. Pese a que las ACCU se dedicaron a
desplazar campesinos realizando una especie de “contrarreforma agraria”, lograron apropiarse y
transformar exitosamente el término autodefensa campesina. (Zelik, 2015, p 108.).

El hecho de que los hermanos Castaño adjudicaran el término autodefensa para denominar
a este grupo paramilitar logró legitimar ante la opinión pública la labor de “lucha y defensa” de

100
una sociedad que se encontraba sometida a los diferentes ataques violentos de las insurgencias.
Desde ese momento es imposible que la opinión pública no asocie en la actualidad el término a las
características ideológicas de los paramilitares, desconociendo la intencionalidad inicial del
término.

Posteriormente, a través del decreto 356 de 1994 (por el cual se expide el Estatuto de
Vigilancia y Seguridad Privada) generado en el gobierno de Cesar Gaviria (1990-1994), surgieron
las llamadas Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada para la Autodefensa Agraria
(CONVIVIR) que eran “organizaciones autorizadas para prestar servicios de control urbanos y
rurales, con el fin de apoyar al ejército en sus tareas contrainsurgentes”. (Zelik, 2015, p 116.).

Las convivir empezaron a ejercer una función de intermedio entre los altos mandos militares y
paramilitares, y en muchos casos dependieron directamente del comando de las AUC. En
Antioquia, gobernada entonces por el futuro presidente Álvaro Uribe, las fuerzas de seguridad
estatal, junto con las Convivir y las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, formaron una
auténtica amalgama contrainsurgente bajo el mando de los hermanos Castaño. (Zelik, 2015, p
117.).

Posteriormente, se conformarían las AUC, que Según Zelik (2015) nacieron directamente
de los PEPES. (Perseguidos por Pablo Escobar) “Después de que la Corte Suprema ilegalizó el
paramilitarismo en 1999, este vio la necesidad de reconfigurarse, por lo cual buscó consolidar una
nueva imagen que mostraría a las AUC como estructuras independientes del aparato estatal.”
(Zelik, 2015, p 107.). En este orden de ideas, en 1997 Carlos Castaño fundó, junto con los demás
jefes paramilitares, la estructura organizativa nacional AUC. Esta organización se propuso
principalmente tres objetivos:

Es importante precisar algunas características de este grupo paramilitar. En primera


instancia las AUC se presentaron como fuerza política, pero a la vez eran extremadamente brutales,
y a pesar de que intentaron mostrar independencia del Estado, eso no se manifestó hasta su
desmovilización. En este sentido, Zelik (2015) considera que las AUC cambiaron el carácter del
conflicto armado.

Grupo de autodefensa Departamento o región de Colombia


Autodefensas Campesinas del Córdoba y Urabá Córdoba y Antioquia
Bloque Bananero Urabá
Bloque Cacique Nutibara Antioquia

101
Bloque Capital Bogotá
Bloque Calima Valle del Cauca
Bloque Catatumbo Norte de Santander
Bloque Centauros Arauca y Casanare
Bloque Central Bolívar Bolívar
Bloque Elmer Cárdenas Antioquia
Bloque Héroes de los Montes de María Bolívar y Sucre
Bloque Metro Medellín
Bloque Norte Costa Caribe
Bloque Nutibara Antioquia
Bloque Resistencia Tairona Costa Caribe
Tabla 2: Distribución de grupos paramilitares en Colombia. Elaboración propia con información de Zelik, R. (2015)
Paramilitarismo. Violencia y transformación social, política y económica en Colombia. Pg. 28.

El paramilitarismo posee una serie de características que es necesario destacar para facilitar
la compresión de este fenómeno. Los paramilitares, en especial las AUC, asumieron la ejecución
de la violencia contrainsurgente en los años noventa, por esta razón el Estado pudo reducir sus
actos represivos, y de esta manera se convirtió en la “víctima de una profunda crisis estatal y de
una ola de violencia extremista”. (Zelik, 2015, p.114). Por otro lado, las masacres provocadas por
este grupo provocaron actos de venganza de la guerrilla. Debido a esto las organizaciones
guerrilleras tuvieron que aumentar sus gastos militares y “expandir su propia economía de guerra”
(tributación al narcotráfico, extorsión, secuestros, etc.).

Zelik (2015) considera que las AUC copiaron la estructura de las organizaciones guerrilleras
y la formas como éstas se presentaban en público.

Estos aspectos permitieron que las AUC legitimaran su intencionalidad contrainsurgente


ante la opinión pública, visibilizándose como actores interesados en restituir diferentes luchas que
había tenido el pueblo colombiano. Condiciones importantes, que nunca fueron la intención real
de este tipo de organizaciones, pero que les facilitó en gran medida su expansión.

Las AUC apoyadas por las FF.MM. consolidaron el control autoritario de muchas regiones.
Zelik (2015) considera que el gobierno usó las masacres como prueba para mostrar que era
imprescindible un fortalecimiento del aparato estatal coercitivo. En este orden de ideas me parece
imprescindible retomar la idea de Duncan (2006) para definir a las AUC como “señores de la
guerra” por toda la manipulación estructural a la que sometieron a la sociedad colombiana:

102
Nos referimos a la existencia de señores de la guerra cuando la coerción y la protección en una
sociedad por parte de fracciones armadas al servicio de intereses individuales y patrimonialistas,
es superior a la capacidad del Estado democrático de ejercer un grado mínimo de monopolio de la
violencia. Las facciones armadas son la principal herramienta de coerción, extracción de recursos
y de protección del orden social de una comunidad […] (Duncan, 2006, p 30.).

En este orden de ideas, el carácter del paramilitarismo presenta una contradicción. Pese a
que los paramilitares se formaron para garantizar el monopolio estatal del uso de la fuerza,
paralelamente “actuaron como instrumentos de violencia directa y privada, al servicio de los
grandes propietarios, con lo cual revivieron formas de dominación pre estatales”. (Zelik, 2015,
p.109). Por ejemplo, el proceso de concentración de tierras en Colombia no es solo consecuencia
de la migración generada por la confrontación de los actores armados, sino también de los actos de
violencia bien calculados que tienen el propósito concreto de desplazar a campesinos.

Por lo tanto, es evidente que el paramilitarismo constituye una estrategia de coerción empleada
por los terratenientes. Su violencia ha permitido golpear a las organizaciones sociales, concentrar
la tierra en manos de latifundistas e imponer proyectos de desarrollo orientados hacia la
exportación. Por otro lado, los líderes del narcoparamilitarismo –es decir, la forma específica que
asumió el empresariado de la violencia en Colombia– se ha convertido en una fracción del
conjunto de propietarios latifundistas. (Zelik, 2015, p.223).

El paramilitarismo sirvió como instrumento para imponer la política neoliberal de


privatización y desregularización. “La violencia paramilitar genera o fortalece precisamente este
proceso social. Además de la lucha política contra el sindicalismo llevada a cabo por el Estado, hay
claros indicios de las relaciones concretas entre algunas empresas y grupos paramilitares”. (Zelik,
2015, p.223). Para citar algunos ejemplos concretos, están los casos de la transnacional suiza
Nestlé, la transnacional minera Drummond, la compañía bananera Chiquita Brands y Coca-Cola
entre los casos más representativos sobre la intervención de grupos paramilitares para garantizar la
apropiación de tierras por parte de estos grandes grupos o la desaparición continua de sindicalistas.

Los paramilitares han generado condiciones favorables para la inversión:


A parte de garantizar la seguridad del capital –y con ello la inseguridad de los trabajadores– han
facilitado la penetración de regiones periféricas que, por su ubicación geográfica o por sus
estructuras socio organizativas, no se habían podido integrar a la economía globalizada del resto
del país. [...]Existen movimientos, campesinos, indígenas y comunidad que se oponen
tajantemente a los proyectos de desarrollo ofreciendo resistencia ante esto, el paramilitarismo “ha
hecho las veces de palanca para abrir el caso de esas regiones”. Así los paramilitares actuaron,
primero en función de intereses ajenos, para convertirse, con el tiempo, ellos mismos en
inversionistas de grandes proyectos económicos. [...] (Zelik, 2015, p.241).

103
Otros ejemplos notorios son los casos de la explotación petrolera en Arauca y Casanare, la
construcción de las represas Urra I y Urra II (en el Gobierno de Álvaro Uribe) en el Departamento
de Córdoba, la explotación minera en el sur de Bolívar y el cultivo de palma en la Cuenca del
Pacífico.

Las AUC defendieron los intereses económicos de los grandes poderosos del país, por lo tanto, no
tienen una movilización étnica, religiosa o nacionalista, es decir, “quedaron reducidos a un ejército
mercenario conformado por campesinos y pobladores pobres que se incorporaron a aquel por
razones pragmáticas de índole económica, y no necesariamente por convicción. En este sentido
los paramilitares no tuvieron un fundamento movilizador –una motivación política, un proyecto
anticomunista, unos conceptos definidos de transformación autoritaria – que les hubiera permitido
actuar con autonomía real.” (Zelik, 2015, p.242).

Sin embargo, independientemente de que el Estado considerara o no que las masacres


paramilitares podrían ser utilizadas con una excusa para fortalecer el aparato estatal coercitivo, esta
idea nunca se desarrolló. Independientemente de los actos que cometieran los paramilitares a lo
largo del territorio colombiano, sus acciones le sirvieron al Estado para contrarrestar y disminuir
las guerrillas. Solo hasta el momento en que los paramilitares se desligan de ciertas intenciones del
Estado y empiezan a tomar posiciones políticas en contra de este, es cuando el Gobierno nacional
toma posición en contra de los paramilitares. Sin embargo, lo que generó que esto ocurriera fueron
las constantes presiones internacionales por la intensificación del narcotráfico; presiones que en
muchas ocasiones tomaron como excusa las grandes violaciones a los derechos humanos.

Posteriormente, en el mandato del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) se ordenó la


configuración de un bloque de búsqueda para la persecución de los líderes paramilitares; este
presidente “suspendió a los generales Rito Alejo del Río y Fernando Millán quienes había sido
acusados de cooperar con paramilitares”. (Zelik, 2015, p. 112-113.).

Presentado oficialmente como un programa de lucha contra el narcotráfico y la delincuencia


organizada el Plan Colombia resultó ser uno de los programas estadounidenses más importantes
de la historia Latinoamérica. El aumento de las masacres contra opositores del Estado se convirtió
en un argumento clave a favor de la aprobación del plan Colombia. La supuesta incapacidad del
Estado de proteger a sus ciudadanos generó la impresión de que era indispensable que éste
recuperara militarmente el monopolio sobre el uso de la fuerza. (Zelik, 2015, p. 125-126.).

La relación entre las FF.MM y el paramilitarismo cambia finalmente en la presidencia de


Álvaro Uribe Vélez (2002-2010). Este presidente logró romper todos los esquemas del sistema
bipartidista, tan desintegrado en Colombia, conformando una coalición entre fracciones

104
mayoritarias de los partidos Liberal y Conservador sin integrar. Este gobierno impulsaría un
acercamiento con las AUC.

El programa electoral de Uribe constaba primordialmente de dos puntos, la reestructuración del


Estado y una reedición radicalizada y moderna de la Doctrina de Seguridad Nacional. En este
sentido, Uribe propagó el “Estado comunitario”, en el que se les delegaría a los municipios una
buena parte de la responsabilidad de las políticas de desarrollo. (Zelik, 2015, p 128.).

Según Zelik (2015) esta disposición del gobierno de Uribe para “dialogar” con los
paramilitares no es para sorprenderse. Pues el entonces presidente Uribe “debía su elección en
buena medida, al apoyo de paramilitares, quienes habían hecho campaña para él en sus zonas de
influencia. Además, a la familia de Uribe desde hacía tiempo se le venían atribuyendo lazos con el
mundo del narcotráfico y del paramilitarismo.” (Zelik, 2015, p 129). A propósito de estos casos,
enunciemos algunas relaciones de Álvaro Urbe con estos fenómenos.

A principios de los ochenta, siendo director de la Aeronáutica Civil, Uribe fue culpado de haberle
facilitado licencia para pistas de aterrizajes y aparatos aeronáuticos al capo del narcotráfico Pablo
Escobar. [...] Así mismo es de conocimiento público que la familia de Uribe era amiga del clan de
los Ochoa quienes a su vez fueron cofundadores del cartel de Medellín y del MAS. [...] (Zelik,
2015, p 129- 130).

A pesar de que existen relaciones establecidas entre paramilitares y políticos los procesos
implementados para el esclarecimiento de la verdad se han quedado cortos. Por lo tanto, no
debemos sorprendernos al evidenciar que un político utilice a los grupos paramilitares para su
beneficio y posteriormente sea su mayor detractor cuando estas organizaciones se ven
judicializadas o ya no le son de utilidad. A pesar de la gran influencia de los paramilitares en
Colombia y su relación con el narcotráfico, bajo el Gobierno de Álvaro Uribe le esperaban cambios
inminentes a este fenómeno.

2.3 Desmovilización de las AUC.

El proceso de desmovilización, generado por el gobierno de Álvaro Uribe para desarmar a


las AUC en el año 2002, parecía buscar la legalización integral de los paramilitares. “La
organización le declaró una tregua al ejército, lo cual resultaba curioso dado que, según las
declaraciones de los mismos voceros de las AUC, éstas nunca habían combatido al Estado”. (Zelik,
2015, p, 131.) El gobierno de Uribe le entregó a las AUC la zona de Santa Fe de Ralito en el
Departamento de Córdoba, con el fin de entablar allí las conversaciones de paz. No obstante, en el
transcurso de estas negociaciones, las AUC comenzaron a fraccionarse rápidamente.

105
El comandante paramilitar Carlos Castaño, hasta entonces preocupado por presentar la imagen de
una organización unificada, señaló públicamente los conflictos internos de las AUC. Según la
versión de Castaño, reproducida y ampliamente difundida por los medios de comunicación
masivos, las AUC se encontraban divididas entre una fracción narcotraficante y otra
contrainsurgente. Castaño afirmaba que el narcotráfico había infiltrado a los paramilitares
buscando instrumentalizarlos como ejército privado. (Zelik, 2015, p131).

Entre el 2002 y el 2004 se originaron conflictos entre Carlos Castaño y otros líderes de las
AUC. Castaño –quien siempre había evitado una confortación con el Estado y había entregado
varios narcotraficantes a la fuerza pública– estaba buscando una salida negociada con la justicia
norteamericana. “Al parecer, estos manejos despertaron la desconfianza de sus cómplices quienes,
finalmente, según fuentes paramilitares, dieron orden de asesinarlo en abril del 2004”. (Zelik, 2015,
p.133.) A pesar de la muerte de Castaño y la desintegración interna de las AUC, el Gobierno de
Álvaro Uribe Vélez implementó la ley 975 de 2005 mejor conocida como la ley de justicia y paz
para garantizar la desmovilización de los demás jefes paramilitares.

La ley de justicia y paz (2005) dictaba las disposiciones para la reincorporación de


miembros de grupos armados organizados al margen de la ley, que contribuyan de manera efectiva
a la consecución de la paz nacional y se dictan otras disposiciones para acuerdos humanitarios. La
ley tiene por objeto facilitar los procesos de paz y la reincorporación individual o colectiva a la
vida civil de miembros de grupos armados al margen de la ley, garantizando los derechos de las
víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. (Ley de justicia y paz, Articulo 1, 2005.)

Tras la muerte de Carlos Castaño, Zelik (2015) considera que las AUC no lograron
presentarse como organización y en muy poco tiempo perdieron por completo el perfil político
alcanzado. “Poco a poco se evidenció que las Autodefensas nunca habían sido una organización
política, sino más bien una red empresarial coercitiva sin estructuras claramente definidas”. (Zelik,
2015, p.133.).

Con la desintegración interna de las AUC se dejó en evidencia que este grupo carecía de
una estructura política, por lo tanto, es posible afirmar que a pesar de que los grupos paramilitares
tienen un carácter contrainsurgente, no existieron realmente los intereses ideológicos que los
paramilitares en algún momento argumentaron. Más bien estas características contrainsurgentes y
de rechazo hacia ideológicas políticas diferentes a las del orden social imperante se generaron
porque en su conformación inicial, los paramilitares fueron utilizados para responder a los intereses

106
de ciertos grupos sociales interesados en acabar con diferentes procesos, por lo tanto, sirvieron
como excusa para legitimar un poder territorial, económico y político.

Cuando lograron cierto tipo de independencia en el manejo y orden de su organización e


intentaron legitimarse estableciendo un orden político interno, dejaron en evidencia que sus
intereses siempre habían sido coercitivos y monetarios lo que explicaría la vinculación de
campesinos y personas de bajos recursos a las filas paramilitares. El hecho de que estos aspectos
predominaran sobre algún carácter político que las organizaciones paramilitares pudieran tener, fue
lo que aceleró su fraccionamiento interno.

2.4 Relaciones entre paramilitarismo y narcotráfico: Hablemos de narcoparamilitarismo

La actividad ilícita más importante para el paramilitarismo ha sido el narcotráfico, pues ha


estado inseparablemente ligado a él en los últimos treinta años. “Como lo indican las revelaciones
publicadas sobre la desmovilización de las AUC, ambos fenómenos –al contrario de lo que
afirmaban los medios de comunicación y las propios AUC– han estado tan estrechamente unidos
que es más apropiado hablar de narcoparamilitarismo” (Zelik, 2015, p.253).

La vinculación entre narcotráfico y paramilitarismo ya se había sellado a principios de los años


ochenta, cuando los capos del cartel de Medellín crearon el escuadrón de la muerte MAS para
combatir a supuestos simpatizantes y colaboradores del M-19, con el apoyo activo del ejército. En
los años siguientes los narcotraficantes Gonzalo Rodríguez Gacha y Víctor Carranza –ambos del
mundo mafioso esmeraldero– desempeñaron un papel clave en la guerra sucia contra la Unión
Patriótica librada entre 1985 y 1993. (Zelik, 2015, p.253).

La relación entre narcotráfico y los señores de la guerra persistió aún después de la


conformación de una nueva generación paramilitar, a principios de los noventa. La familia Castaño
que marcó la historia del paramilitarismo, provenía del narcotráfico. “Fidel Castaño, quien junto
con su hermano Carlos lideró los grupos precursores de las AUC, Muerte a Revolucionarios del
Nordeste, los Tangueros y los Perseguidos Por Pablo Escobar (PEPES) perteneció en los ochenta
al círculo íntimo de Pablo Escobar”. Carlos Castaño mantuvo relaciones estrechas con varios jefes
narcotraficantes y su hermano Vicente era considerado una figura importante del narcotráfico desde
los años ochenta. “Incluso varios comandantes de las AUC comenzaron su vida delincuencial en

107
torno al narcotráfico como es el caso de Diego Murillo, quien fue escolta del narcotraficante
Fernando Galeano”11. (Zelik, 2015, p.254).

Para mencionar un ejemplo relevante de esta relación estrecha de los paramilitares con el
narcotráfico podemos tomar el caso de Salvatore Mancuso:

Número dos de las AUC por mucho tiempo, acusado por las autoridades italianas de haber
introducido 18 toneladas de cocaína a la Unión Europea y se le considera aliado de la organización
delincuencial italiana Ndrangheta. Mancuso está preso por narcotráfico en Estados Unidos desde
el 2008. El excomandante paramilitar admitió haber controlado el cultivo de coca en la zona
limítrofe con Venezuela y haber intervenido dineros provenientes de la droga en Europa. La
alianza entre el narcotráfico y el paramilitarismo fue tan estrecha que produjo confrontaciones
armadas dentro de las AUC. (Zelik, 2015, p.254).

Por lo tanto, el término narcoparamilitarismo no es una exageración. Narcotráfico y


paramilitarismo en Colombia son dos fenómenos prácticamente inseparables. “Al contrario de lo
que afirmaba Carlos Castaño después de 2001 el narcoparamilitarismo no fue un producto de la
descomposición de las AUC. Por el contrario, el paramilitarismo estuvo y está sujeto
estructuralmente al narcotráfico”. (Zelik, 2015, p.256).

Se puede caracterizar a los paramilitares y sus relaciones con el narcotráfico de la siguiente


manera:

Los lazos entre las AUC y el narcotráfico fueron estrechos, casi simbióticos. Esto se debe a que la
contrainsurgencia no podría movilizarse solamente con motivos políticos. Quienes tienen más
intereses en mantener el statu quo, es decir los sectores más privilegiados de la sociedad
colombiana, no están dispuestos a asumir los sufrimientos de la guerra.
El empresariado paramilitar se nutrió del narcotráfico, porque implanto orden en la economía
ilícita, actuando como protector y extorsionista. Las AUC se encargaron de hacer cumplir ciertas
reglas dentro de la economía de la droga, les garantizaron impunidades a narcotraficantes o a la
inversa, pusieron en marcha persecuciones penales.
La cercanía al poder político, la fortaleza militar y el control del territorio propios, en los que
suspendió la estatalidad, convirtieron a los señores paramilitares de la guerra en un modo natural
del narcotráfico, una instancia de contacto. Así, el paramilitarismo fue un espacio de
encauzamiento de la economía ilegal y la política informal, en el que se podía conseguir
información práctica para el narcotráfico, pues los empresarios, paramilitares sabían qué rutas
funcionaban y seguramente, podían incluso hacer que funcionaran.
Los enormes ingresos ilícitos les permitieron a las AUC intervenir intensamente en el Estado, y
produjeron una narcoburguesía emergente que entró en conflicto y compitió con las elites

11
Fue miembro del cartel de Medellín asesinado en la cárcel la catedral por órdenes de Pablo Escobar. “Estando
reunidos con Escobar, éste le acusó de estar robando al Cartel, y de no aportar lo suficiente para mantener la guerra,
que en especial sostenía con el Cartel de Cali, seguidamente lo torturaron, asesinaron y descuartizaron.” Véase en:
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-175567

108
tradicionales o se fusionó con ellas. Los empresarios de la coerción, inicialmente
instrumentalizados por el Estado, empezaron a instrumentalizarlo a él. La detención y extradición
de los comandantes de las AUC podría interpretarse, por lo tanto, generó una reacción de los
grupos de poder tradicionales, que se vieron amenazados por el fortalecimiento del
narcoparamilitarismo. (Zelik, 2015, p.272-273).

Por otra parte, otro tipo de relación que se estableció entre en narcotráfico y el
paramilitarismo fue la persecución de un grupo a otro, como puede verse a través de la figura de
los PEPES, “los escuadrones sicarales que se dedicaron a combatir al cartel de Medellín;
posteriormente este cartel fue perseguido a partir de 1994 por las Autodefensas Campesinas de
Córdoba y Urabá y partir de 1997 por las Autodefensas Unidas de Colombia”. (Zelik, 2015, p.102.).

La cercanía de los hermanos Castaño con Pablo Escobar los convirtió en figuras clave en la
guerra que sacudió a Colombia entre 1988 y 1993 contra el cartel de Medellín. Este cambio de
bando fue decisivo para la derrota del cartel de Medellín, pero también marcó la reconfiguración
del paramilitarismo a partir de 1989. Hasta ese momento el cartel de Medellín había jugado un
papel fundamental en la empresa paramilitar:

El paramilitarismo encontró sus raíces de formación en el narcotráfico, esta relación llega


hasta la actualidad; pongamos como ejemplo de ello, el proporcionado por el diaro El Espectador
(2017) donde evidenciamos que los origenes de la oficina de Envidado se remontan al momento
en que “Pablo Escobar Gaviria, ya un capo del narcotráfico optó por extender su poder a la política.
Corría el año 1982, Escobar llegó a la Cámara por el Movimiento de Renovación Liberal, y esa
misma plataforma electoral alcanzó tres curules en el Concejo de Envigado. Con el paso de los
días, Escobar extendió sus nexos hasta la Alcaldía y habilitó los canales de la corrupción para
moverse entre oficiales de la Fuerza Pública y funcionarios de la justicia.” 12

[...]Desde la administración surgió el Departamento de Orden Ciudadano (DOC), con atribuciones


policiales y aplicación de justicia por mano propia. Al mismo tiempo, Escobar consolidó su
proyecto mayor: controlar la delincuencia a través de una oficina de cobro. En otras palabras, una
especie de recaudo a todo aquel que quisiera delinquir en el Valle de Aburrá y de extorsión
generalizada. La Oficina de Envigado, como pasó a llamarse, se mimetizó también en despachos
de tránsito para acceder a matrículas y pases de conducción. [...] Hasta que Escobar fue abatido
por la Policía en diciembre de 1993, la Oficina de Envigado fue uno de sus soportes. A partir de
ese momento, el nuevo patrón pasó a ser Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, antiguo
lugarteniente del narcotraficante Fernando Galeano, que terminó enfrentado a Escobar por el
asesinato de su jefe. Para lograrlo, Don Berna hizo el tránsito completo. Primero se sumó a los

12
Tres décadas de poder paralelo de la oficina de envigado. (14 de julio de 2017) El Espectador. Recuperado de:
http://www.elespectador.com/noticias/judicial/las-vueltas-de-la-oficina-articulo-703244

109
Perseguidos por Pablo Escobar (Pepes) y después migró hacia el paramilitarismo, sin dejar nunca
el narcotráfico. [...]
[...]Para la segunda mitad de los años 90, aunque Don Berna fungía como jefe del bloque Cacique
Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), su Oficina de Envigado fue pieza
estructural del crimen organizado y el narcotráfico. En ese momento ya contaba con tres
personajes claves para sostener su mando: Daniel Mejía, alias Danielito, antiguo miembro del
DOC; Gustavo Upegui López, propietario del equipo de fútbol Envigado, y Carlos Mario Aguilar,
alias Rogelio, antiguo empleado del poder judicial. A nivel nacional, Don Berna y sus aliados
posaban de paramilitares, aunque en el fondo todos eran jefes mafiosos. Ramiro Vanoy, alias
Cuco; Carlos Mario Jiménez, alias Macaco; Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario; Vicente
Castaño, alias el Profe, o los hermanos Rodrigo y Guillermo Pérez Álzate, alias Julián Bolívar y
Pablo Sevillano. En Medellín ejercía el bloque Metro, comandado por Carlos Mauricio García,
alias Doble Cero, pero la Oficina de Envigado aportaba su propia dinámica criminal. [...] (Tres
décadas de poder paralelo de la oficina de envigado, 14 de julio de 2017.)

En este sentido, se puede observar una llamativa continuidad entre las diferentes fases del
paramilitarismo que ha sido tenida en cuenta por académicos y la opinión pública. “Los fundadores
de las AUC pertenecieron al cartel de Medellín o fueron cercanos a él, se separaron de Pablo
Escobar a principios de los noventa y conformaron un escuadrón de la muerte que contribuiría de
manera decisiva a la caída de Escobar”. (Zelik, 2015, p.105-106.).

La relación del paramilitarismo y la mafia colombiana es evidente, sobre todo porque los
grandes capos colombianos fueron los artífices de auspiciar el accionar paramilitar capacitando y
contribuyendo a la expansión territorial de este fenómeno. En la categoría mafia, nos dimos a la
tarea de caracterizar las diferentes zonas de influencia de los carteles colombianos, en este caso, y
a través de diferentes mapas que nos señalan las regiones de influencia del narcotráfico en este
país, podemos hablar de una continuidad territorial ente las zonas mafiosas y las zonas que los
paramilitares dominarían posteriormente.

Por lo tanto, el vínculo entre el narcotráfico y el paramilitarismo no solo debe analizarse a


partir de su relación con la distribución de drogas ilícitas; también debe verse a través de la sucesión
de las zonas de control territorial a lo largo del país, factor que facilitaría la manera en que los
paramilitares desarrollaron el narcotráfico. Sin embargo, aunque esta suseción de zonas de
influencia no se terminó con la desmovlización de las AUC y actualmente las bandas criminales
continuan con gran presencia en estos territorios; en la actualidad se han presentando nuevas
distribuciones y características sobre su capacidad operativa y las relaciones territoriales de los
neoparamilitares y el narcotráfico.

110
En términos descriptivos, los departamentos en los que hacía presencia el núcleo costeño,
como por ejemplo la Guajira y el Atlántico, presentaron (después de la caída de los grandes capos
de la droga) una fuerte presencia de grupos paramilitares, como es el caso del bloque norte. Las
zonas del núcleo antioqueño en donde se encuentran departamentos como Córdoba y Sucre también
presentaban una fuerte influencia de este bloque; en el tiempo en que las AUC se consolidaron esta
organización estaba compuesta por diferentes frentes. La presencia de estos grupos paramilitares
en las antiguas zonas de influencia de los núcleos mafiosos está representada mayoritariamente por
el bloque norte y sus diferentes frentes. El núcleo oriental presenta la misma característica, solo se
evidencia la presencia de un bloque distribuido a lo largo de este territorio.

En el antiguo núcleo valluno no se puede establecer una equivalencia en cuanto al manejo


del territorio que tenía este núcleo mafioso y el dominio posterior que tuvieron los paramilitares;
según los datos evidenciados en los mapas en este núcleo solo hizo presencia el bloque Calima en
el departamento del Valle del Cauca y en una parte del departamento del Cauca; sin embargo, el
bloque Pacífico tiene fuerte presencia en el Departamento del Chocó. Por lo tanto, se puede
evidenciar que, en estas zonas del país, la influencia de los grupos paramilitares no se distribuyó
en todo el territorio mafioso.

Por su parte el núcleo central fue el que presentó mayor pluralidad en cuanto a los
diferentes frentes paramilitares que se asentaron en este territorio. Según la información
suministrada por los mapas tanto los núcleos mafiosos como la distribución de los frentes
paramilitares presentaron poca presencia en los departamentos ubicados al occidente y sur del país,
con excepción del Cansare, donde ningún bloque mafioso se manifiesto de manera significativa,
aunque posteriormente en este departamento hizo presencia un bloque paramilitar.

En departamentos como Amazonas, Vichada y Guainía la presencia tanto de núcleos


mafiosos como de grupos paramilitares se manifestó de manera escasa, este aspecto puede ser
explicado por las diferentes condiciones geográficas de cada departamento y la falta de vías de
acceso a ellos. En los núcleos sueltos donde hacía presencia el subnucleo quindiano hubo presencia
de bloques paramilitares.

Hasta este punto podemos señalar que existió una continuidad territorial entre la ubicación
de los núcleos mafiosos y las posteriores zonas de ubicación de los grupos paramilitares.

111
Mapa 2: Los cinco focos de la mafia en Colombia. Betancourt, D. y Gracia, M. (1994) Contrabandistas, Marimberos
y Mafiosos: Historia social de la mafia colombiana (1965-1992). P. 44. Colombia: Tercer Mundo.

112
Mapa 3: Estructuras de las AUC. Observatorio de Derechos Humanos. Vicepresidencia de la Republica. 2012.
Recuperado de: Echandia, C. (2013) Génesis de los paramilitares y herencia de las bandas criminales. Serie de informes
número 19. Colombia: Fundación Ideas para la Paz. P.13.

113
Mapa 4: Presencia de bandas criminales (2007- 2011). Observatorio de Derechos Humanos. Vicepresidencia de la
Republica. 2012. Recuperado de: Echandia, C. (2013) Génesis de los paramilitares y herencia de las bandas criminales.
Serie de informes número 19. Colombia: Fundación Ideas para la Paz. P. 22.

114
Este aspecto permite evidenciar parte de las facilidades que tenían los grupos paramilitares
para la fabricación y distribución de drogas ilícitas al ubicarse en antiguos territorios mafiosos, sin
dejar de lado que muchos jefes paramilitares fueron narcotraficantes activos. Pero al comparar esta
información con la distribución actual de las BACRIM alrededor del territorio colombiano
encontramos algunas diferencias.

En primera instancia, se presenta una diversificación de los diferentes grupos


neoparamilitares, éstos se agrupan de manera más parcializada en los departamentos, es decir, se
distribuyen alrededor de una fracción del territorio a diferencia de los anteriores bloques
paramilitares que se distribuían en todo el departamento alcanzando magnitudes considerables al
desplegar su organización en los famosos bloques.

A diferencia de la distribución de los núcleos mafiosos y frentes de las AUC, las BACRIM
representadas por el ERPAC, sí cuentan con presencia en la parte occidental del país. La zona
central de país, según la información suministrada, no evidencia la configuración de este tipo de
grupos en su territorio. Sin embargo, debemos tener en cuenta el año de elaboración del mapa y
debemos señalar que actualmente podemos encontrar diversos grupos con mayor o menor grado
de influencia a nivel territorial.

Las anteriores zonas de influencia de los núcleos costeño, antioqueño y valluno son las que
mayor y diversa presencia de grupos neoparamilitares tienen alrededor de su territorio, sobre todo
la parte del núcleo costeño donde la proliferación de las BACRIM es masificada y alarmante.

En el departamento del Putumayo (que antes no presentaba presencia de bloques


paramilitares) podemos encontrar actualmente presencia neoparamilitar. Por otro lado, los
departamentos de Santander y Boyacá (a pesar de la gran influencia que los núcleos mafiosos y
bloques paramilitares tuvieron en estos departamentos) no presentan una ocupación masiva por
parte de los grupos neoparamilitares actuales; por lo que podemos afirmar que con las BACRIM
no se presenta una distribución homogénea alrededor de un territorio determinado y del mismo
territorio que fue ocupado anteriormente por los grupos paramilitares.

En cuanto a las BACRIM, estos grupos no presentan una distribución homogénea alrededor
de un determinado departamento lo que los diferencia de lo que hicieron los paramilitares al

115
aprovechar las zonas de influencia de los núcleos mafiosos; es decir, existe mayor diversidad de
bandas criminales a lo largo del territorio que antes era ocupado por un solo núcleo mafioso y un
solo bloque paramilitar distribuido en sus diferentes frentes.

La mayor diversificación de grupos neoparamilitares la presentan los departamentos en las


que operaba el núcleo costeño y el desintegrado bloque norte; en la actualidad encontramos más
de 4 grupos diferentes que operan en la misma zona y no se distribuyen de manera transversal en
el departamento. (como lo hacían anteriormente las AUC con la distribución de un bloque en
diferentes frentes) Esta característica nos permite evidenciar que los grupos neoparamilitares no
están estructurados como una sola organización que posee diferentes facciones; esta distribución
territorial representa la diversidad y autonomía que cada grupo posee, por lo cual es más fácil que
la opinión pública los asocie con la delincuencia común, al trabajar en grupos pequeños y
difícilmente asociados entre sí.

Aunque los grupos neoparamilitares tienen influencia en el manejo de las drogas ilícitas no
presentan las mismas relaciones territoriales y de reconocimiento público que los grupos
paramilitares tenían sobre el narcotráfico. Por lo tanto, en la actualidad, no contamos con elementos
de análisis suficientes para hacer una estimación de las rutas establecidas por los neoparamilitares
para implementar el narcotráfico (a diferencia de la distribución que se establece en los núcleos
mafiosos donde se puede entrever el control territorial y de las diferentes rutas de tráfico que podían
establecer). En el caso los paramilitares, estos sí heredaron en gran parte la distribución territorial
y las diferentes rutas de tráfico de drogas ilícitas que trazaron los grandes capos, manteniéndolas
hasta el final de su desmovilización.

El hecho de que los neoparamilitares se diversificaran en grupos más pequeños y alcanzaran


zonas de influencia que antes no estaban reconocidas por los narcotraficantes y tampoco por los
paramilitares, pudo haberse generado como una estrategia organizacional de estos grupos por evitar
que el Estado llegue a trazar y reconocer sus zonas de influencia. Con este tipo de estrategias se
garantizaría su reorganización en caso de una arremetida por parte de las fuerzas militares, lo que
facilitaría manejar un narcotráfico de bajo perfil, pero de ganancias y control territorial estables.

Independientemente del contexto histórico y la generación de grupos paramilitares que esté


asolando al pueblo colombiano, el monstruo del narcotráfico todavía tiene una sombra tormentosa

116
sobre el país. Con el pasar del tiempo y representando por grupos al margen de la ley, el
narcotráfico se ha reinventado cambiando su configuración territorial y sus maneras de
distribución, y aunque ya no es la fuente de mayores ingresos, en cuanto a economías ilegales se
refiere, sigue siendo una fuente fundamental para este tipo de organizaciones, por lo cual es difícil
desligar a este tipo de grupos del narcotráfico.

En conclusión, el fenómeno sigue representando un problema que debe analizarse y


erradicarse del contexto colombiano si se quieren generar verdaderos cambios para mejorar las
condiciones sociales de nuestra nación y de paso mitigar los ingresos económicos (y el accionar)
de los grupos armados al margen de la ley.

2.5 El paramilitarismo y el manejo de la opinión pública

Considero que el fenómeno paramilitar ha estado permeado por una significativa


manipulación de la opinión pública, sobre todo por la manera como se han presentado los intereses
político-ideológicos de estas organizaciones y sus mecanismos de violencia; en especial la
invisibilización de las masacres cometidas por estos grupos. Por ejemplo, Zelik (2015) señala que
en los casos de grandes masacres “Las FF.MM. no solo encubrieron su propia responsabilidad, sino
que desinformaron sistemática y exitosamente a la opinión pública sobre los responsables”. (Zelik,
2015, p.100.). Pongamos como ejemplo algunos casos proporcionados por el autor:

En el caso de la masacre de Segovia, el ejército difundió la noticia de que la guerrilla del ELN se
había tomado el pueblo, masacrando a 40 personas. Los medios de comunicación masivos
reprodujeron esta noticia sin verificar su contenido, pese a su poca plausibilidad. La masacre se
había cometido de manera indiscriminada con la población a la que se le atribuían empatías por la
guerrilla y que, en su mayoría, había votado por el candidato de izquierda a las elecciones de
alcalde.
Diez años después de la masacre, las declaraciones del testigo Baquero Agudelo (Alias
“Bladimir”) pusieron en evidencia que el ejército había orientado la acción paramilitar. En
consecuencia, no es descabellado ver la política de desinformación de las FF.MM –en cuyo marco
se produjo la publicación de una noticia totalmente incoherente por parte de los medios de
comunicación masivos– como parte de la acción paramilitar. Se trata de una “operación
psicológica” clásica, como tal con las que se promueven los manuales militares. El objetivo de
desinformación consiste en eliminar las simpatías de la población civil hacia los insurgentes,
creando un clima de incertidumbre y confusión. (Zelik, 2015, p.100.).

117
Fotografía1: Cubrimiento periodístico de la masacre de Cañaveral y Manila. Fuente: Revista Cromos, Bogotá, 8 de
noviembre de 1983. Recuperado de: Centro Nacional de Memoria Histórica (2014). Silenciar la democracia. Las
masacres de remedios y Segovia 1982 – 1997. p, 57.

Otro ejemplo es el caso de la masacre de la Rochela (Santander) donde también hubo una
desinformación sistemática generada por los medios de comunicación. “Los periódicos presentaron
en sus portadas la imagen de un jeep acribillado y pintado con las siglas de las FARC”. Zelik, 2015,
p.100.).

A mediados de los noventa el testigo principal, Baquero Agudelo, declaró ante la fiscalía que ese
crimen había sido ordenado por los altos mandos del ejército. También en este caso los
paramilitares intentaron desviar la atención de la opinión pública hacia pistas falsas para encubrir
su responsabilidad. En un contexto más amplio la desinformación contribuyó a crear confusión
pública, muy funcional para las fuerzas contrainsurgentes. (Zelik, 2015, p.100-101.).

En cuanto al cubrimiento de la noticia, el Centro Nacional de Memoria Histórica (2010)


relata que los medios de comunicación más importantes también recibieron la noticia rápidamente
y muchos de ellos se preocuparon por cubrir a profundidad la noticia.

118
El periódico regional Vanguardia Liberal no solo le salvó la vida a Arturo Salgado, sino que fue
el primero en llegar a la escena del crimen, inclusive antes de que llegaran a la zona los jueces
encargados de levantar los cuerpos y por supuesto mucho antes de que hiciera presencia la fuerza
pública. En consecuencia, las fotografías más conocidas y difundidas sobre la masacre fueron
tomadas por el fotógrafo de Vanguardia Liberal pocas horas después de los hechos.
[…]La revista Semana, por ejemplo, publicó un mes después de la masacre, un reportaje que tituló
«Se creció el monstruo: Ahora la guerra del Estado no es en dos frentes sino en tres. Además de
la guerrilla y el narcotráfico, está también el paramilitarismo. […] En dicha publicación, Semana
afirmó que la masacre había puesto en evidencia no sólo el tamaño del monstruo, sino algo mucho
más grave: que el monstruo parecía haberle declarado la guerra también al Estado. El mensaje
parecía claro: «no quieren que las narices de los organismos investigativos del Estado se metan en
sus asuntos».
El periódico El Espectador también estaba interesado en cubrir con detenimiento los procesos
judiciales que cursaban contra los perpetradores de la masacre, pero adicionalmente hizo énfasis
en la respuesta del ejecutivo frente a la misma. En ese sentido, es frecuente encontrar noticias
relacionadas con las medidas propuestas para enfrentar la situación de orden público en el
Magdalena Medio, con la ayuda que el gobierno ofreció para adelantar en mejores condiciones —
a las que normalmente estaba sometida la justicia— la investigación judicial, así como con las
políticas que se propusieron implementar para proteger a los familiares y a los nuevos
investigadores. (CNMH, 2010, p.82.)
Por su parte, el periódico El Tiempo se preocupó por visibilizar una parte hasta ahora oculta de
esta historia: el desplazamiento de los habitantes de las regiones cercanas al sitio donde se cometió
la masacre. Es evidente que el hecho en sí mismo generó suficiente miedo en la población aledaña
como para dejar tiradas sus pertenencias y huir a poblaciones cercanas, pero la masacre, sumada
a la campaña de terror que la alianza paramilitar estaba adelantando para asegurarse de que la
población local se mantuviera en silencio, sumaban dos condiciones ante las cuales muy pocos
campesinos insistieron en quedarse. De acuerdo con el periódico El Tiempo, “toda casa, por
humilde que fuera, estaba desolada”. (CNMH, 2010, p.83.)

Otro ejemplo, es el hecho de que las AUC tuvieran una unidad de comunicación encargada
de la actualización diaria de su página web Colombia libre, en donde publicaron su programa y
estrategias políticas, junto con diversas opiniones sobre la actualidad nacional y dejaban en
evidencia su amplia distribución territorial al interior del país.

119
Fotografía 2: Imagen de la página web paramilitar. www.colombialibre.org.13

El perfil político de las AUC estuvo estrechamente ligado a la figura de Carlos Castaño,
quien asumió la vocería de la organización ante los medios. “La importancia de Carlos Castaño
para la imagen política del paramilitarismo es tal que las AUC casi de la noche a la mañana,
desaparecieron del escenario público cuando Castaño murió, en el 2004”. (Zelik, 2015, p.103.).

Podemos señalar que medios como la revista Semana y el periódico el Espectador, (que a
partir del 2003 empezaron a contribuir mucho a la investigación de este fenómeno), anteriormente
reproducían y legitimaban las versiones paramilitares, “según los hermanos Castaño ellos se habían
vinculado a la lucha antiguerrillera por sufrimiento personal. Según esta narración, el secuestro de
su padre, Jesús Antonio Castaño, que ocurrió en 1979 a manos de las FARC los traumatizó”. (Zelik,
2015, p.104.).

Gracias a una estrategia mediática elaborada a largo plazo por los paramilitares, con Carlos
Castaño a la cabeza. Con el apoyo activo de los medios de comunicación más importantes, entre
ellos El Tiempo, Semana, RCN y Caracol, el dudoso personaje se transformó en un Robín Hood

13
Actualmente la página www.colombialibre.org. no se encuentra activa, lo que mantiene la página disponible es
otro portal web que almacena la información. Información recuperada de:
http://web.archive.org/web/20030201081514/colombia-libre.org/colombialibre/pp.asp. Fecha de consulta: 10 de
febrero de 2017.

120
contrainsurgente, con mucha popularidad, particularmente entre las clases medias colombianas
(Zelik, 2015, p.108-109.).

De esta manera las acciones paramilitares, junto con la desinformación sistemática de la


opinión pública, generaron un “proceso de despolitización acelerado”. Las noticias erróneas que le
adjudicaban a la guerrilla; la autoría de las masacres perpetradas por el paramilitarismo, como el
caso de Segovia (Antioquia) en 1988, o la Rochela (Santander) en 1989, contribuyeron al acelerado
deterioro de la imagen de la subversión y a la disminución de la capacidad movilizadora de la
oposición en general”. (Zelik, 2015, p.114-115.).

A medida que las AUC redujeron su capacidad operativa, Zelik (2015) afirma que “fueron
aumentando los informes críticos en los medios mainstream”. Por primera vez, medios más
influyentes cubrieron un tema señalado desde hace mucho tiempo por las organizaciones
campesinas, es decir, el robo masivo de tierras por parte de los paramilitares.

La nueva línea editorial implicó un cambio fundamental en el discurso hegemónico. “Los


medios comenzaron a emplear la noción de narcoparamilitarismo, originalmente usada solo por la
izquierda, y a señalar la relación entre la expansión de los cultivos de coca y el control paramilitar
en las regiones”. (Zelik, 2015, p.134.).

Es importante dejar en evidencia que el trabajo de los medios de comunicación para


visibilizar el paramilitarismo al menos en sus primeros años es pésimo. Si bien en los últimos años
de existencia de las AUC los medios contribuyeron a que la población visibilizara este fenómeno
anteriormente se dedicaron a legitimar el discurso social imperante de la extrema derecha. Los
factores por los cuales pudo generarse esta invisibilización de la realidad paramilitar pueden ir
desde el control político o el cumplimiento de intereses internos de quienes son dueños de ese tipo
de medios; cuestión que puede verse reflejada en las relaciones de poder, pues cuando las AUC
entraron en decadencia y perdieron gran parte de su capacidad militar, pasaron a estar en la mira
de diversas organizaciones internacionales, es solo en este momento cuando los medios de
comunicación hicieron visible la magnitud de sus alcances.

2.6 Las Bandas Criminales Emergentes y el neoparamilitarismo

Con el proceso de desmovilización paramilitar ejecutado durante el gobierno de Álvaro


Uribe Vélez, (2002-2010) se generaron una serie de organizaciones que preservaron algunas

121
características del paramilitarismo. Actualmente estas organizaciones son presentadas a la sociedad
colombiana como Bandas emergentes o Bandas Criminales Emergentes (BACRIM). En su
mayoría, este tipo de grupos posee una serie de características que configuran su organización y
conformación interna: Las bandas criminales están conformadas por grupos paramilitares
disidentes que nunca se desmovilizaron, grupos que se re armaron al no sentirse “conformes” con
lo que se pactó y posteriormente se ejecutó durante el proceso de desmovilización, o finalmente
grupos nuevos que aprovecharon los vacíos que habían dejado los grupos paramilitares y se
organizaron para tomar su lugar y hacer parte de este fenómeno.

Para Zelik (2015) esta es la última etapa que el paramilitarismo ha desarrollado y en esta
categoría no se han generado acuerdos teóricos entre el gobierno y los diferentes investigadores
dedicados a presentarnos herramientas conceptuales para entender este fenómeno. A pesar de la
desmovilización de las AUC, el fenómeno paramilitar siguió existiendo después del 2006, sobre
todo en regiones de conflicto. El gobierno colombiano se refiere a estos grupos sucesores como
bandas criminales o bandas emergentes reduciendo el paramilitarismo a las dinámicas de la
delincuencia común.

En Colombia el paramilitarismo todavía no es historia, decenas de grupos “disidentes”


“rearmados” o “emergentes” hacen que exista una continuidad del poder paramilitar. Los grupos
que surgieron de las AUC – Los Urabeños, Los Rastrojos, Águilas Negras, El Erpac, etc.–
controlan regiones enteras. Y como si esto fuera poco, tal parece que la derecha autoritaria prepara
una nueva fase de violencia irregular y violencia extrema. (Zelik, 2015, p.17).

En Colombia siguen existiendo grupos paramilitares, “tan solo en el 2008 se constituyeron


en Bogotá grupos sucesores con siete nombres diferentes –Bloque central Santander, Bloque
Central Bolívar, Bloque Cacique Nutibara, Autodefensa Unidas de Colombia Nueva Generación,
Los Urabeños, Águilas Negras y Bloque Capital– que continuaron atacando movimientos
sociales”. (Zelik, 2015, p.142-143). Este proceso, puede ser visto como un proceso de
reconfiguración, como en 1981, cuando surgieron los escuadrones de la muerte del MAS, y entre
1990 y 1994, cuando surgieron los PEPES y las ACCU. Según Zelik (2015) se estaría gestando
una “cuarta generación paramilitar”. Pero a diferencia de las AUCC estos grupos no dispondrían
de “un poder político autónomo.”

La estrategia paramilitar no se reduce a la existencia de grupos armados, pues el paramilitarismo


como proyecto integral, puede seguir existiendo a pesar de la desmovilización de sus tropas pues
el uso de las armas no es un fin sino un medio para establecer el orden socioeconómico específico.
En este sentido el verdadero desmiente paramilitar tendría que tocar también las estructuras

122
políticas, sociales y económicas impuestas por el paramilitarismo, lo cual nunca estuvo previsto
en el proceso de justicia transicional colombiano. (Zelik, 2015, p.144.).

Como ejemplo, el accionar de estos grupos en muchas regiones pobres de Colombia, en el


nordeste antioqueño, en las zonas mineras del Chocó o en las comunas de Medellín, los grupos
paramilitares siguen ejerciendo un rígido control político-social.

Otra característica, son las alianzas locales que se han dado entre grupos neoparamilitares y
las guerrillas. En los tiempos de las AUC este tipo de cooperaciones estaban prácticamente
descartadas. Si bien los comandantes paramilitares buscaban su enriquecimiento personal, esto
ocurría siempre en contra de la guerrilla. Hoy, los neoparamilitares negocian pragmáticamente con
ciertos frentes guerrilleros que también se benefician del narcotráfico. “El hecho de que las
guerrillas y los neoparamilitares sellen estos pactos silenciosos prueba claramente que el objetivo
contrainsurgente en muchas regiones ya no es central para el accionar neoparamilitar”. (Zelik,
2015, p.379).

Para ello hay cuatro explicaciones que están ligadas entre sí y se complementan mutuamente: 1)
la lógica hipercapitalista de las criminalidades organizadas resulta mucho más fácilmente
compatible con el orden político dominante que con el programa revolucionario. -quizás poco
tenido en cuenta, pero por lo menos existente- de la guerrilla. 2) Precisamente por este motivo, es
decir, por el hecho de que no existe ninguna contradicción imperativa entre la estatalidad
capitalista y la criminalidad organizada, los grupos paramilitares logran permear al Estado más
exitosamente que las organizaciones insurgentes. 3) Al sembrar la desconfianza y destruir tejidos
populares democráticos e igualitarios, las Bacrim, los combos y el neoparamilitarismo generan un
enorme potencial antisocial; a ellos se debe el hecho de que hoy los barrios pobres de Colombia
prácticamente no puedan articular exigencias sociales; por lo tanto, el crimen organizado, apolítico
y ajeno a fines contrainsurgentes también es un medio de control de las llamadas “clases
peligrosas”. 4) Las elites político-económicas de Colombia están interesadas en mantener abierta
la opción paramilitar; en ese sentido se sigue jugando esta carta en varias regiones y desde ciertos
sectores del Estado. (Zelik, 2015, p.380.).

En este orden de ideas, podemos afirmar que el neoparamilitarismo guarda una continuidad
con las AUC. Al contrario de lo que menciona el gobierno al denominarlas BACRIM, el
neoparamilitarismo tiene una dimensión contrainsurgente. Sin embargo, no podemos afirmar que
estas organizaciones no han cambiado en nada desde la desaparición de las AUC. “En síntesis se
puede decir, entonces, que: mientras en los años ochenta y noventa el paramilitarismo fue usado
como instrumento para enfrentar la crisis del Estado y garantizarle algo de cohesión, el
neoparamilitarismo de hoy más bien parece ser expresión del fraccionamiento estatal”. (Zelik,

123
2015, p.381). Algunas características que podemos señalar del neoparamilitarismo según Zelik
(2015) son las siguientes

En la actualidad la comunidad académica y las diferentes organizaciones interesadas en


caracterizar este fenómeno no han llegado a un acuerdo común sobre el nombre que deben recibir
este tipo de organizaciones, es importante señalar que en términos generales si se reconoce a las
BACRIM como un reducto de las AUC y se han realizado aportes fundamentales para comprender
la dimensión del fenómeno. Por ejemplo, Granada, Restrepo, Tobón (2009) consideran que la
discusión sobre estos grupos y el cómo enfrentar efectos requiere elementos conceptuales para
poder plantear una política seguridad. (Granada, et al., 2009). Los autores proponen algunos
elementos conceptuales para caracterizar y analizar a estos grupos neoparamilitares. A
continuación, presentaremos el análisis realizado por los autores a través de un mapa mental.

124
Figura 2: Categorías de caracterización y análisis de los grupos neoparamilitares en Colombia. Elaboración propia con información y planteamientos de Granada,
S., Restrepo, J., Tobón, A. (2009) Neoparamilitarismo en Colombia: una herramienta conceptual para la interpretación de dinámicas recientes del conflicto
armado colombiano. En Restrepo, J., Aponte, D. (Ed.) Guerra y violencias en Colombia: Herramientas e interpretaciones (p,467-497.)

125
2.7 Algunas reflexiones finales

Aunque el fenómeno del paramilitarismo no es un fenómeno netamente colombiano, ni


mucho menos latinoamericano, el paramilitarismo colombiano es sin duda alguna una de las
mayores y más duraderas formas de combate de contrainsurgencia generada alrededor del mundo.
Lastimosamente este fenómeno se desarrolló gracias a las diversas intervenciones extrajeras que,
junto con la configuración estatal y social del país, garantizaron, en primera instancia el
surgimiento de ejércitos contrainsurgentes.

El paramilitarismo generó un control poblacional a través de la violencia, transformando la


estructura social del país mediante masacres y actos violentos que nos han llenado dolor e
impotencia. En la actualidad sigue sin existir un proceso integro de reparación, por lo tanto, no se
puede decir que en Colombia existió un proceso de justicia transicional después de la
desmovilización de los paramilitares en el año 2006.

El narcotráfico fue el principal motor económico del fenómeno paramilitar, si bien los
narcotraficantes colombianos fueron los encargados de formar este tipo de organizaciones, la
mayor relación entre paramilitarismo y narcotráfico se estableció con la caída de los grandes capos,
pues con su declive los paramilitares heredaron la diversidad de rutas y territorios que estos
ocupaban antes, lo que explicaría la relación territorial entre los diferentes asentamientos mafiosos
y la distribución de los frentes paramilitares.

Aunque las AUC desaparecieron después de su desmovilización, las condiciones de las


regiones donde se encontraban asentados los paramilitares no han cambiado drásticamente. Los
grupos disidentes, rearmados y emergentes continuaron cobrando extorsiones y ejerciendo control
social sobre la población y asesinando a todo aquel que no se sometiera a sus órdenes. Por eso hoy
en día son muy cuestionables las afirmaciones de personas y organizaciones gubernamentales que
anuncian la terminación del fenómeno paramilitar con la desmovilización de las AUC, negando
así cualquier posibilidad de tomar medidas nacionales en contra de estos grupos.

A pesar de que existen pruebas fehacientes en la actualidad, muchos políticos siguen


negando sus nexos con este fenómeno y los famosos casos de la parapolítica. Siguen sin reconocer
la influencia de estos grupos en pasadas elecciones. Es preocupante que diversos políticos

126
colombianos sigan sin comparecer ante la justicia por sus vínculos con este fenómeno, aunque
siendo realistas, los líderes políticos de ciertos partidos están protegidos gracias a su influencia y
poder.

Hasta este momento se ha dejado en evidencia la continuidad de los grupos


neoparamilitares con el fenómeno del paramilitarismo. En los departamentos en los que hacía
presencia las AUC es evidente la continuidad en la distribución geográfica de los grupos
neoparamilitares. En casi todos los departamentos donde hubo presencia de las AUC en la
actualidad se encuentra algún grupo de neoparamilitares.

Aunque existe una continuidad territorial entre estos grupos y sus antecesores solo se
pueden afirmar el establecimiento de esta. Las acciones desarrolladas por estas organizaciones en
cada territorio deben haber cambiado significativamente con la transformación del
paramilitarismo. En los departamentos en los que antes no había una fuerte presencia paramilitar,
presentan en la actualidad presencia de estas organizaciones, ejemplo de esto son los
departamentos de Vichada y Guaviare.

Aunque estas organizaciones en la actualidad no cuentan con una estructura militar e


ideológica capaz de expandirse y organizarse en un gran bloque, no debe parecer poco probable
que aparezcan nuevas estructuras en otros territorios, pues estas organizaciones poseen una
tendencia a consolidarse en nuevos espacios y llenar aquellos que estaban vacíos.

Por otro lado, este fenómeno sirvió para que la sociedad colombiana se diera cuenta que el
Estado puede manipular a diferentes grupos a través de la opinión pública y de esta manera, lograr
sus objetivos de control, con tal de garantizar unas relaciones de dominación permanentes. Por
todo lo demás, el neoparamilitarismo en un fenómeno latente, que está consumiendo a la sociedad
colombiana y envolviéndola en otro ciclo de violencia que puede ser peor a los ya vividos, por eso,
es necesario generar herramientas para el análisis de este fenómeno.

Tal vez de esta manera se pueda contribuir a que el gobierno tome conciencia sobre la
existencia de este tipo de fenómenos que rodean a la sociedad colombiana. Reconociendo el
impacto del fenómeno paramilitar en nuestro país y la influencia de algunos líderes y medios de
comunicación en la forma en cómo se visualizan este tipo de organizaciones.

127
3. OPINIÓN PÚBLICA

El siguiente apartado se encuentra compuesto por seis secciones; en primera instancia es


importante establecer los rasgos que acompañan el origen del término opinión pública junto con
algunas de las palabras que dieron principio al término; posteriormente encontraremos un
acercamiento a las diferentes definiciones que han rodeado y configurado este término. Como los
diferentes medios de comunicación son el canal más importante para la transmisión de la opinión
dedicaremos dos apartados a caracterizar respectivamente el papel que ha tenido la prensa en el
desarrollo de este tipo de opinión, junto con algunos rasgos de la historia de la prensa colombiana.

Los medios de comunicación y el mundo en general se encuentran sumergidos en una


sociedad de masas, este proceso configura diversas conductas y posiciones que van a ser
determinantes sobre algún tipo de opinión o cuestionamiento, por lo tanto, es pertinente dedicar un
apartado a las particularidades de esta teoría. Finalmente, se realizará algunas aclaraciones sobre
las diferentes perspectivas desde las que se puede interpretar el término, resaltando los enfoques
que puede tener el análisis de la opinión publica en el contexto colombiano, acompañadas de una
serie de reflexiones sobre este apartado.

3.1 De dónde viene la opinión pública

Desde la perspectiva de Habermas (1981) las categorías opinión pública y publicidad son
categorías provenientes de lo considerado como vida pública en la antigua Grecia, categorías que
han sido transmitidas, reformadas y apropiadas según el avance de la modernidad. Al hablar de
vida pública en Grecia se genera un punto de partida para el origen de los demás términos.

En la ciudad-estado griega plenamente formada, la esfera de las polis, común al ciudadano libre
(koyné), está estrictamente separada de la esfera del oikos, en la que cada uno ha de apropiarse
aisladamente de lo suyo (idia). La vida pública, bios politikos, se desenvuelve en el agora, pero
no está localmente delimitada: la publicidad se constituye en la conversación (lexis), que puede
tomar también la forma de la deliberación y del tribunal, así como en el hacer común (praxis), sea
ésta la conducción de la guerra o el juego pugnaz. (Habermas, 1981, p 43.).

Habermas (1981) plantea que el concepto de opinión aparece hasta mediados del siglo XVII
en Inglaterra. Se habla de (public), mientras que hasta ese momento se utilizaban los términos
world y mankind. Por esa época asoma también en francés le public y en la Alemania del siglo
XVI el término procedente de Berlín: Publikum.

128
Aunque acuñan el origen de la opinión pública a mediados del mismo siglo, para Mancera
(2007), el término opinión pública fue implementado por primera vez por Jean-Jacques Rousseau.
Al parecer según la investigación de la autora, la implementación de la palabra aparece por primera
vez en uno de sus postulados.

[...] En efecto: un año antes se había hablado por vez primera de opinion publique; Rousseau fue
el primer autor que utilizó esa expresión en su célebre Discurso sobre las artes y las ciencias.
Rousseau emplea la nueva noción en el viejo sentido de opinion; el atributo publique denota de
todos modos el cambio de perspectiva de la polémica. Los críticos, se dice ahora, sepultan los
fundamentos del creer y aniquilan la virtud, dedican su talento y su filosofía a la destrucción y al
socavamiento de aquello que los hombres consideran sagrado; se enfrentan a la opinión pública
(ic'est de l'opinion publique qu'ils sont ennemis) [...] (Mancera, 2007, p 4.)

En cuanto al término publicidad, según Habermas (1981), éste surge a finales del siglo
XVII como un término inglés publicity, derivado del francés publicité; en Alemania aparece esta
palabra a mediados del siglo XVIII.

Según Mancera (2007) la opinión pública era entendida por los romanos como apariencia,
de ahí que el concepto se derive de un concepto publicístico, en donde lo importante es la imagen
que proyecta uno a los demás, o la buena o mala imagen (idea) que los demás tienen de uno.

En escritores de Roma, como Cicerón, se percibe a la opinión pública como “el apoyo del pueblo”,
en Protágoras “creencia de opinión de las mayorías”, Demóstenes como “la voz pública de la
patria”, Heródoto como “la opinión popular” y Tito Livio como “la opinión unánime”.
Asimismo, tanto en Grecia, pero de una forma más matizada en Roma, se da la entrada a unos
nuevos conceptos del derecho. Conceptos jurídicos: ius privatum, ius publicum, en donde la
opinión nace como punto de unión entre la esfera de lo privado y la esfera de lo común, de lo
público. (Mancera, 2007, p 8.)

Por otro lado, en la Edad Media, según Mancera (2007), los súbditos y los fieles se
constituyen como un pueblo pasivo y obediente, por ende, no existe diálogo ni posibilidad de
generar una opinión pública ya que los ciudadanos no pueden expresarse, discutir o disentir. Sin
embargo, es posible atribuirle al proceso de secularización generado en el renacimiento la
asimilación entre la “opinión del público” y la “opinión divina” (vox populi, vox Dei) en este
proceso, el pueblo comienza a adquirir cierta importancia para los gobernantes.

En el Renacimiento, el centro del mundo es el hombre como individuo liberado de todas las
preocupaciones religiosas, transformándose el enfoque del poder celestial, por el desarrollo de un
pensamiento crítico y razonable, que contribuyó al descubrimiento del papel que puede jugar en
la sociedad la opinión pública como fuerza moral, otorgándosele así un alto poder social. Esta
opinión adquirirá cada vez mayor importancia, hasta constituirse en categoría fundamental de la
acción política con la Ilustración del siglo XVIII. (Mancera, 2007, p 10)

129
El concepto de opinión pública está acompañado por una serie de tiempos y procesos históricos
que responden a un determinando contexto. Por lo tanto, este término se encuentra en constante
evolución y sus diversas interpretaciones pueden conservar o no algunas de sus características de
conformación en un determinado contexto.

3.2 Hacia las definiciones actuales de opinión pública

Según Mancera (2007) la opinión pública desde su concepción teórica, pretendió ser la
expresión pública y razonada de las preocupaciones del pueblo ante la sociedad y el poder;
“característica que le permitió ocupar una posición axial en la sociedad como aquel ente crítico
generador de poder social que limitaba el accionar del Estado”. (Mancera, 2007, p 1)

Para la autora, la “elaboración intelectual” del término aparece durante la Ilustración, pero
considera que su configuración teórica surge hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Gracias a los
planteamientos de Hobbes, se da en los públicos reaccionantes una opinión pública jurídica que
debe ser controlada por el Estado, descontrol que Hobbes caracteriza como una ofensa grave que
puede llegar a romper el pacto dado entre gobernantes y gobernados; es decir la opinión.

No obstante, para la autora la articulación de la opinión pública en toda la sociedad debe


atribuírsele a la Revolución Francesa, pues considera que este proceso fue el que “trasladó este
monopolio de la opinión pública -de los ilustrados- a manos de pueblo. De tal modo, que el
Liberalismo encontró el momento propicio para pronunciar una teoría de la opinión pública.”
(Mancera, 2007, p. 29).

Desde este punto comenzamos a encontrar varias de las concepciones actuales de opinión
pública que se encuentran ligadas al aparato estatal. En este momento, empiezan a atribuírsele
verdaderas funciones políticas y no sólo sociales, pues, se le asigna una orientación de poder y
control sobre sus gobernantes.

El liberalismo, proveniente de la misma tradición racionalista y humanista que se configuró en la


Ilustración, generó los rasgos generales que formarían parte de la "política emancipatoria", modelo
que rige la política de la modernidad y por consiguiente la formación del Estado Nacional
Moderno. Bajo este marco la Opinión pública aparece como elemento constituyente de la acción
de gobierno, lo cual implicó la desaparición del poder ilimitado, es decir, es a partir de este
momento, que el poder será confinado por la acción del público, estableciéndose una división de
poderes cuyo objetivo fundamental es el de instaurar un equilibrio de poder entre los ciudadanos
y sus representantes. (Mancera, 2007, p. 31-32).

130
De tal modo, con la ideología liberal se configuran dos esferas fundamentales de la opinión:
la esfera pública y la privada. El hombre participa en la vida pública al pertenecer a la sociedad
civil, y en la esfera privada al participar en la vida política desde el Parlamento y desde la misma
opinión pública. Estas dos esferas Habermas (1981) las visualiza como herramientas con las que
la publicidad burguesa (que termina restringiendo la opinión pública) surge en la esfera privada.

[...] La publicidad burguesa puede captarse ante todo como otra esfera en la que las personas
privadas se reúnen en calidad de público. Pronto se reclaman éstas de la publicidad reglamentada
desde arriba, oponiéndola al poder público mismo, para concertar con ella las reglas generales del
tráfico en la esfera —básicamente privada, pero públicamente relevante— del tráfico mercantil y
del trabajo social [...] (Habermas, 1981, p 65.)
Por otro lado, para Mozón (1987) el liberalismo genera un régimen de opinión entendido
como un sistema político donde la opinión pública es el centro y la justificación de este proceso.

[...] Es así, que la opinión pública se adhiere al liberalismo a través de la sociedad formada por un
conjunto de ciudadanos con una dinámica propia (interés personal) que constituyen la esfera de
lo privado. La esfera de lo público está conformada por el Estado el cual tiene como función
administrar los asuntos de interés general interviniendo lo menos posible en la esfera de lo privado.
La ideología liberal que movió a esta doctrina, para consolidar la teoría de la Opinión Pública,
hace que ésta sea percibida como aquella instancia “que en cierto modo se canaliza, y se convierte
en ley… (…) conformado por aquel público que razona como personas privadas sobre asuntos
públicos, manteniendo una actitud crítica frente al poder, ahora democrático y constitucional [...]
(Monzón, 1987, p, 32). 35

Si en algo coinciden los tres autores citados, es en que bajo los parámetros del liberalismo
el hombre está en la capacidad de comprender, descifrar y juzgar a los detentores del poder. En
este punto el liberalismo tiene la capacidad de buscar y encontrar la verdad por medio de la
discusión y el debate que se desarrolla en el ámbito público, en este caso ligado al Estado. Hasta
este momento la opinión pública es concebida bajo un concepto político que pretende representar
al liberalismo democrático como una forma de legitimar y controlar el poder; donde la opinión
pública es una fuerza política que los gobernantes pueden usar para simular que escuchan y que
las opiniones del pueblo tienen relevancia.

Esto explicaría el énfasis de Habermas, (1981) para el autor “el Estado moderno presupone
como principio de su propia verdad la soberanía popular y está, a su vez, tiene que estar enmarcada
por la opinión pública”. (Habermas, 1981, p 262). El mismo autor describe su obra como “un
estudio sobre la estructura y la función del modelo liberal de la publicidad burguesa; su origen y
transformación se remite a los rasgos que adquirieron carácter dominante de una forma histórica.”
(Habermas, 1981, p 38.)

131
Según Mancera (2007) hasta los años veinte surge una nueva argumentación que trastoca a
la concepción clásica de la opinión pública redimensionándola a un concepto ahora
sociopsicológico, donde se entiende a la opinión pública, como “una forma de pensamiento
cotidiano, conflictivo y colectivo, expresado públicamente y fuertemente condicionado por
diferentes factores de la sociedad” (Mancera, 2007, p. 49).

Para Monzón (1987) en este contexto el concepto de opinión pública, (aunque no se aleja
de la línea del liberalismo) se considera como una forma de pensamiento.

[...] aquel pensamiento colectivo, cotidiano y conflictivo, expresado públicamente y fuertemente


condicionado por diferentes factores de la sociedad; no puede ser considerada como una forma de
expresión racional y libre de las personas informadas que participan en un diálogo público, sino
más bien como una forma de pensamiento irracional, propio de las masas, condicionado
enormemente por la acción de los líderes políticos”, que se nutre del acontecer diario. [...]
(Monzón, 1987, p. 56).

Por lo tanto, la opinión pública ha pasado de ser un ejercicio político crítico y razonable
manifestado por la clase burguesa que buscaba un bien colectivo, donde la sociedad de igual
manera es concebida como racional y activa, “para ser en la sociología del conocimiento un
proceso liderado por unos intelectuales que actúan sobre una sociedad pasiva a través de la opinión
pública que ya no es racional sino es la expresión de un pensamiento condicionado” (Mancera,
2007, p. 55).

Para Monzón (2007) la causa de esto es que la sociedad moderna se ha transformado gracias
a la Revolución Industrial, convirtiéndonos en una sociedad no muy racional, alienante y poco
activa, debido a los cambios sociales, económicos y culturales que se generaron.

[...] “De tal modo, que sus ciudadanos ya no pueden ser considerados racionales sino por el
contrario es una masa irracional que quiere acceder al poder y destruir al orden social, “la
maquinaria estatal produce una sociedad homogénea y monótona, debilitando los elementos que
diferencian a las personas de los grupos” [...] (Monzón, 1987, p. 81).

Para comprender porque la opinión pública puede utilizarse como herramienta para generar
pensamiento condicionado en la sociedad, es relevante rescatar la razón instrumental a la que hacen
referencia Adorno y Horkheimer (1994) para resaltar el proceso de instrumentalización que ha

132
sufrido el conocimiento en general desde el periodo de la ilustración. Posteriormente Horkheimer
(1969)14 desarrollaría a profundidad este planteamiento.

Bien podría decirse que la historia de la razón y del iluminismo, desde sus comienzos en Grecia
hasta la actualidad, ha conducido a un estado en que se desconfía incluso de la palabra razón, pues
se le atribuye la posibilidad de designar al mismo tiempo a algún ente mitológico. La razón se
autoliquidó en cuanto medio de comprensión ética, moral y religiosa. (Horkheimer, 1969. p.17.)

Según el autor, los avances técnicos que se han generado desde la ilustración se encuentran
acompañados por un proceso de deshumanización. Desde esta perspectiva, el progreso de la
sociedad se encargaría de destruir la autonomía del individuo, pues, su capacidad de resistencia a
la manipulación de su juicio disminuye considerablemente. Los avances técnicos y el progreso
han generado una crisis cultural, que tiende a traducir todo pensamiento en acción disminuyendo
nuestra capacidad de análisis y caracterización de un determinado conocimiento.

Tal concepto de la razón no excluía jamás a la razón subjetiva, sino que la consideraba una
expresión limitada y parcial de una racionalidad abarcadora, vasta, de la cual se deducían criterios
aplicables a todas las cosas y a todos los seres vivientes. El énfasis recaía más en los fines que en
los medios. La ambición más alta de este modo de pensar consistía en concebir el orden objetivo
de lo <racional>, tal como lo entendía la filosofía, con la existencia humana, incluyendo el
intelecto y la autoconservación. (Horkheimer, 1969. p.17.)

En este orden de ideas perderíamos lo que el autor denomina como acción racional pues el
pensamiento tiende a perder su objetividad, afectando, por tanto, el contenido objetivo de toda
racionalidad, llegamos incluso a renunciar a nuestra capacidad de juzgar, cuestionar y criticar
diversas acciones; esto incluye el significado y uso de las palabras, pues los diferentes conceptos
empiezan a implantarse de manera pragmática para volverse funcionales; de esta manera se adaptan
y sobreviven al desarrollo de nuestra sociedad.

Por lo tanto, la razón deja de ser un instrumento para comprender y determinar diferentes
finalidades, para Horkheimer (1969) la sociedad ya no se preocupa por comprender los fines, ya
que su objetivo es servir a un fin, esto implica que el mundo pone mayor énfasis en los medios que
en los fines. Por tanto, cuanto más se debilita el concepto de razón, somos más propensos a la
manipulación ideológica. (Horkheimer, 1969.)

Al abandonar su autonomía, la razón se ha convertido en instrumento. En el aspecto formalista de


la razón subjetiva, tal como la destaca el positivismo, se ve acentuada su falta de relación con un

14
Año de publicación de la edición consultada. En términos cronológicos la obra conjunta de Adorno y Horkheimer
es desarrollada antes que la crítica a la razón instrumental de Horkheimer.

133
contenido objetivo; en su aspecto instrumental, tal como lo destaca el pragmatismo, se ve
acentuada su capitulación ante contenidos heterónomos. (Horkheimer, 1969. p.18.)

En conclusión, el desarrollo del pensamiento y el conocimiento ha sido reducido al


pensamiento lógico matemático (es el que más facilita los procesos de desarrollo e
industrialización) dándole prioridad al desarrollo de un determinado proceso, dejando de lado el
análisis racional de un determinado contexto, situación o concepto, lo que convierte nuestra
capacidad de raciocinio en un instrumento manipulable por una determinada situación o contexto
que nos llevará a buscar y ejecutar la solución más simple. En este orden de ideas, la opinión
pública puede ser utilizada como un instrumento; una opinión puede ser usaba como discurso
hegemónico, verdad absoluta o una respuesta simplista al desarrollo de una dinámica específica.
(en nuestro caso particular, el paramilitarismo).

Volviendo al recorrido sobre las diferentes definiciones de opinión pública, en el siglo XIX
y comienzos del siglo XX, la opinión pública pasa a ser objeto de estudio de investigaciones
sociopsicológicas. Debido a esto, en un primer momento, es entendida como un pensamiento
condicionado por factores externos, lo cual la constituye como un conocimiento más condicionado.

Este estudio es de gran importancia, primero porque dimensiona el concepto de opinión pública,
transformando su concepto y estructura, refiriéndose a aspectos irracionales de la conducta de los
grupos y multitudes humanas. El lenguaje de estas investigaciones enfatizará que los hombres
actúan por instinto, sus opiniones en consecuencia son irracionales. En estas mismas
circunstancias el estudio de la opinión pública derivó hacia los llamados efectos de los medios de
comunicación. (Mancera, 2007, p. 101).

En este proceso, se desarrolló la sociedad de masas, (dedicaremos a ella, un apartado más


adelante) una teoría que busca explicar un modelo de sociedad y entender sus consecuencias; es
elaborada en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales y abarca todo el siglo XX.
En cuanto a los conceptos actuales que pueden generarse alrededor de la Opinión Pública existen
varios que pueden ser implementados por diferentes disciplinas y perspectivas; por lo tanto,
considero importante resaltar algunas definiciones de opinión pública elaboradas por diferentes
autores.

Para Habermas (1981) opinión pública significa cosas distintitas según se contemple como una
instancia crítica en relación con la notoriedad pública, normativamente licitada del ejercicio del
poder político y social, o como una instancia receptiva en relación a la notoriedad pública,
representativa o manipulativamente divulgada, de personas e instituciones de bienes de consumo
y de programas. (Habermas, 1981, p 261).

134
Para el autor, el espacio público se presenta como el lugar de surgimiento de la opinión
pública, que puede ser manipulada y deformada, pero que constituye el eje de la cohesión social,
de la construcción y legitimación (o deslegitimación) política. Habermas delimita el concepto de
opinión pública con relación al espacio público:

Por espacio público entendemos un ámbito de nuestra vida social, en el que se puede construir
algo así como opinión pública. La entrada está fundamentalmente abierta a todos los ciudadanos.
En cada conversación en la que los individuos privados se reúnen como público se constituye una
porción de espacio público. [...] Los ciudadanos se comportan como público, cuando se reúnen y
conciertan libremente, sin presiones y con la garantía de poder manifestar y publicar libremente
su opinión, sobre las oportunidades de actuar según intereses generales. (Habermas, 1981, p 61).

Para Habermas (1981) el título opinión pública tiene que ver con tareas de crítica y de
control, que el público, los ciudadanos de un Estado ejercen de manera informal (y también de
manera formal en las elecciones periódicas) frente al dominio estatalmente organizado. Hablamos
de espacio público político, distinguiéndolo del literario, cuando las discusiones públicas tienen
que ver con objetos que dependen de la praxis del Estado (Habermas, 1981.). De esta manera para
el autor la publicidad y el público se circunscriben al ámbito del poder político y de las personas
públicas, es decir, aquéllas que ejercen cargos o empleos públicos; el circunscribirse en este
ámbito, es lo que el autor denomina publicidad representativa.

Sin embargo, a pesar de la gran influencia que ha tenido el trabajo de Habermas para el
análisis de la opinión pública, Thompson (1997) realiza un análisis crítico sobre los planteamientos
de este autor. En primera instancia Thompson señala, que, aunque el argumento de Habermas
(1981) da un amplio sentido político al desarrollo de la prensa periodística de principios de la
Europa moderna, este desarrollo no es analizado como una historia al margen de los procesos
sociohistóricos sino más bien como una parte integral de ellos; por lo que considera que existen
muchas “dificultades” con las explicaciones de Habermas. Por lo tanto, divide su crítica en cuatro
aspectos fundamentales que señalaremos aquí brevemente.

En primera instancia, Thompson (1997) considera que, al centrar su atención en la esfera


pública burguesa, Habermas tiende a olvidar el significado de otras formas de discurso público y
actividades sociales que existieron en la Europa de los siglos XVII, XVIII y XIX, “formas que no
pertenecían al mundo propio de la sociabilidad burguesa, a la que se oponían y de la que eran
excluidas” (Thompson, 1977, p. 102.).

135
Los trabajos de E. P. Thompson, Christopher Híll y otros han destacado el significado de los
diversos movimientos populares de carácter social y político a principios de la “era moderna," y
no se puede asumir que estos movimientos fueran derivados, u organizados a lo largo de líneas
similares, de las actividades que tenían lugar en la esfera pública burguesa. Por el contrario, las
relaciones entre esta esfera pública burguesa y los movimientos sociales populares eran con
frecuencia conflictivas. En el momento en que la naciente esfera pública burguesa se definió a sí
misma en oposición a la autoridad tradicional del poder real, también se enfrentó a la aparición de
los movimientos populares que intentaba contener.. (Thompson, 1977, p. 102-103.)
En segunda instancia, Thompson (1997) considera cuestionable el énfasis de Habermas
sobre la prensa (periódicos) de principios del siglo XVIII, pues considera que el autor privilegió el
análisis de algunos periódicos y dejó de lado los que pudieron fortalecer el argumento de su obra.

Periódicos políticos como el Review de Defoe y el Examiner de Swift ejemplifican el tipo de


cultivado criticismo y debate que Habermas querría incluir en la idea de la esfera pública. Sin
embargo, estos periódicos no fueron de ninguna manera los primeros ni los más comunes de las
primeras formas de material impreso. Como hemos visto, el siglo XVII -especialmente durante
los años de la guerra civil inglesa- fue un momento de intensa publicación de periódicos; además,
un amplio abanico de otros materiales impresos, desde libros y panfletos hasta folletos
informativos y carteles, habían estado circulando por Europa por lo menos dos siglos antes de que
se fundaran públicaciones periódicas del tipo del Review y el Examiner. (Thompson, 1977, p.
104.)

Thompson (1997) señala que los fundamentos de Habermas para excluir estas primeras
formas de material impreso no son claras, pues, para el autor, si Habermas (1981) hubiera
concedido mayor atención a otras formas de material impreso podría haber resaltado aspectos
diferentes sobre el carácter de la esfera pública a principios de la era moderna, pues, “hubiera
puesto menos énfasis en la idea de los sujetos implicados en los debates de las cafeterías y
destacaría algo más el carácter comercial de la primera prensa y en cierta medida, el contenido
difamatorio y sensacionalista de muchos de sus productos” (Thompson, 1977, p. 104.).

Para Thompson (1997) un tercer problema de la argumentación de Habermas (1981) tiene


que ver con la naturaleza restrictiva de la esfera pública burguesa, pues para Thompson este modelo
fue observado por Habermas “como una idealización de los procesos históricos actuales”.

Aunque la esfera pública burguesa se fundaba en el principio del acceso universal, en la práctica
estaba restringida a aquellos individuos que habían tenido los medios educativos y financieros
para participar en ella. Lo que no se desprende de manera clara de la explicación de Habermas, a
pesar de todo, es la medida en que la esfera pública burguesa estuvo no sólo restringida a las élites
educadas y propietarias, sino también a una reserva predominantemente masculina. (Thompson,
1977, p. 104.).

Por otro lado, Habermas no resalta en su obra la marginación a la que era sometida la mujer
en la esfera pública y el carácter patriarcal de las familias burguesas. En este punto Thompson

136
señala que en los últimos años un determinado número de universitarias feministas han examinado
el género de la esfera pública y del discurso político a principios de la era moderna, y han
esclarecido una serie de cuestiones que no se encontraban en los planteamientos de Habermas.

Habermas ha quedado atrapado por la fuerza de su línea argumental, en la actualidad acepta que,
mientras los trabajadores y campesinos, tanto hombres como mujeres, fueron ampliamente
excluidos de la esfera pública burguesa, la exclusión de la mujer precisa ser pensada de manera
diferente, justamente porque esta exclusión tuvo, como Habermas reconoce hoy, un «significado
estructural». Este cambio de enfoque es importante, aunque las consecuencias que podría tener en
la práctica para la teoría y el análisis de la esfera pública no han sido suficientemente detalladas
por él (Thompson, 1977, p. 105.).

Finalmente, para Thompson (1997) el punto más débil de la explicación de Habermas (en
términos históricos) no son los argumentos relacionados con el surgimiento de la esfera pública
burguesa, sino los que utiliza para argumentar su declive. Para Habermas la esfera pública burguesa
floreció con las propicias condiciones del siglo XVIII, los desarrollos posteriores gradualmente la
llevaron a su transformación y desaparición.

Las tabernas y las cafeterías perdieron atractivo, y la prensa periódica se convirtió en parte de un
surtido de instituciones mediáticas cada vez más organizadas en relación a intereses comerciales
a gran escala. La comercialización de la media alteró su carácter de manera fundamental: lo que
una vez fue un fórum ejemplar de debates crítico-racionales se convirtió en otro dominio de
consumo cultural, y la esfera pública burguesa quedó colapsada en un falso mundo de creación de
imagen y gestión de la opinión (Thompson, 1977, p. 106.)

Según Habermas (1981) la publicidad asumió un carácter casi feudal pues se emplearon
nuevas técnicas mediáticas para dotar a la autoridad pública del prestigio que una vez se le
concedió a las figuras reales mediante la publicidad; para el autor este proceso fue una
refeudalización de la esfera pública que “convirtió a la política en un show dirigido, en el que los
líderes y partidos buscan, de vez en cuando, el consentimiento público de una población
despolitizada” (Thompson, 1977, p. 106.). De esta manera la población queda excluida de la
discusión pública y de los procesos de toma de decisiones, es tratada como un recurso que los
líderes políticos utilizan con la ayuda de técnicas mediáticas, obteniendo consentimiento de la
población para legitimar sus programas políticos.

En primer lugar, el argumento de Habermas tiende a asumir, de manera muy cuestionable, que los
receptores de los productos mediáticos son consumidores relativamente pasivos que están
cautivados por el espectáculo y que pueden ser manipulados con facilidad por las técnicas
mediáticas. Al hacer este juicio, Habermas estaba traicionando su deuda con el trabajo de
Horkheimer y Adorno, cuya teoría de la cultura de masas abasteció parte de la inspiración de su
propia explicación. Hoy en día queda claro, sin embargo, que este argumento exagera la pasividad

137
de los individuos y omite los aspectos del proceso de recepción. Suposiciones de este talante piden
ser reemplazadas por una explicación más contextualizada, hermenéuticamente sensible a la
manera en que los individuos reciben los productos mediáticos, los utilizan y los incorporan a sus
propias vidas. Un segundo problema del argumento de Habermas concierne a su afirmación de
que la esfera pública de las sociedades modernas ha sido «refeudalizada». No resulta difícil ver
por qué Habermas hizo esta afirmación: la espectacularidad característica de la actual política
mediática y su preocupación por cultivar un aura personal, antes que estimular el debate crítico,
podría parecerse, al menos a primera vista, al tipo de «propiedad pública representativa» típica de
la edad media. (Thompson, 1977, p. 107.)

Por otro lado, Young (1999) considera que la opinión pública puede ser entendida desde
diferentes perspectivas. Por un lado, la opinión pública como resultado del debate público entre
individuos libres y racionales.

Una importante tesis sobre la opinión pública deriva de la creencia en que el hombre es racional
y objetivo. Esta escuela dice que la opinión pública es un juicio de grupo más o menos racional,
y por lo tanto debe ser cuidadosamente distinguida de las emociones y sentimientos públicos.
(Young, 1999, p.25).

El autor considera que en muchos aspectos la opinión pública todavía comparte la visión
que se tenía de ella en los siglos dieciocho y diecinueve y que se conservan aún sus estereotipos.
También tiene en cuenta un punto de vista opuesto que sostiene que el hombre es, sobre todo,
irracional y emotivo (a propósito de los estudios psicosociales)

La opinión pública se forma principalmente en el proceso por el cual los políticos astutos y
maquiavélicos engañan a las masas. Esta interpretación descansa sobre la tesis de que la
racionalidad está limitada a unos pocos selectos, y lo que en las masas parece pensamiento
inteligente es o bien el resultado de la obediencia que prestan al líder, o bien una hábil
racionalización que las masas elaboran para engañarse a sí mismas. (Young, 1999, p.25-26).

Por otro lado, y al considerar que todavía se encuentran muy presentes estas percepciones
de opinión pública en la modernidad, Young (1999) observa la perspectiva más razonable de
estudio de la opinión pública situándose en el término medio entre ambas posibilidades.

Price (1994) considera que “la combinación de público y opinión es una expresión única,
utilizada para referirse a juicios colectivos fuera de la esfera del gobierno que afecten a la toma de
decisiones políticas. Apareció siguiendo varias tendencias políticas, económicas y sociales
europeas”. (Price, 1994, p.22). Para el autor la concepción más común de opinión pública hoy en
día es la unión más o menos sencilla de opiniones individuales, o lo que intentan decir los sondeos
de opinión.

138
3.3 La prensa en el desarrollo de la opinión pública

Entre los siglos XV y XVI, la imprenta, es considerada como “como un instrumento


maravilloso para la propaganda, saca la cultura de los claustros y la difunde entre los laicos.
Aparece el público lector” (Mancera, 2007, p. 11). Inicialmente la imprenta permitió la sustitución
de manuscritos de noticias por hojas volantes impresas; seguido, habilitó la aparición de las gacetas
y con su difusión apareció varios tipos de periodismo regular: el político, el informativo, el cultural
y mundano. Según Mancera (2007) las hojas tenían como tema central la democracia, la felicidad
del hombre y la participación política en los asuntos del Estado, estas hojas contribuyeron en el
surgimiento de corrientes de opinión pública.

A finales del siglo XVI aparecen semanalmente las gacetas impresas y al desarrollarse este medio
a fínales del Siglo XVII y principios del Siglo XVIII nace el periodismo de opinión de tipo
ideológico y político, que permite la difusión de lo que se discute, así como de la acción del
gobierno, a través del público; entre sus gestores se pueden destacar los periódicos como The
Spectator, The Examiner, The Review, The Mercator y The Tatler, concretándose de esta manera
como vehículo fundamental de la opinión pública. Es decir, la prensa se constituye como agente
catalizador de la opinión pública. (Mancera, 2007, p. 12).

Según Habermas (1981) la prensa permitió que emergiera una nueva esfera de lo público
en la cual se debatían actividades de la esfera de la autoridad pública o el Estado. El autor señala
que “se trataba del uso público de la razón, un uso articulado por individuos particulares dedicados
a argumentar de forma en principio abierta y libre de obligaciones.” (Habermas, 1981, p 101). Por
otro lado, el autor considera que se transformó la institucionalidad de los Estados modernos, debido
a la sensibilidad que adquirió el Parlamento frente a la prensa, jugando éste un papel más
constructivo en la formación y articulación de la opinión.

Se generó una mayor difusión y desarrollo de publicaciones, esto permitió que al público
llegaran diversas opiniones, favorables o críticas al poder político. Según Mancera (2007) este
factor permitió que se subdividiera a la opinión pública en diversas organizaciones encargadas de
ejercer el poder en función de los intereses de la sociedad, “o al menos de partes sustanciales de la
misma: los partidos políticos. Este proceso permitió que la opinión pública llegara a ser un
elemento central de la teoría política liberal” (Mancera, 2007, p. 38).

En este orden de ideas, la prensa adquiere un papel importante en esta estructura, pues, se
convierte en el mediador entre el Estado y las necesidades del pueblo, en donde el contraste de
estas opiniones es la mejor vía para llegar a la verdad, a través del debate y el diálogo que puede

139
llevar a los ciudadanos al conocimiento y a la solución de los problemas comunes que se presentan
dentro de la sociedad.

Debido a esto, (y es uno de los puntos fundamentales que quiero rescatar para el desarrollo
de este trabajo) la mayor parte de los periódicos se vincularon a grupos económicos y partidos
políticos, lo que hizo que los periodistas (muchos de ellos también políticos) tuvieran un punto de
vista y unos intereses específicos. Según Mancera (2007) la influencia de los periódicos en el
momento estaba limitada por sus reducidas publicaciones y por el alto índice de analfabetismo de
la sociedad. Este último fue superado por un fenómeno que se desarrolló durante este siglo: la
lectura colectiva.

Para Habermas (1981) por estos de motivos se modifica la relación entre la editorial y la
redacción. “La actividad de la redacción había dejado de ser ya -bajo la presión del progreso técnico
en el modo de obtener noticias- una mera actividad literaria para especializarse en el sentido
periodístico.” (Habermas,1981, p.213). La selección del material se vuelve más importante que el
artículo editorial, la elaboración y el enjuiciamiento de las noticias, su corrección y disposición.

Según Price (1994) el periodismo adquiere una correlación con el público pues le ayuda a
coordinar sus propias respuestas internas al entorno político. “Es decir, los noticiarios reúnen
puntos de vista e ideas que contratan dentro del público atento, comunican a sus miembros lo que
piensan los demás y en consecuencia ayudan a organizar su reacción colectiva”. (Price,1994, p.

108). Sin embargo, para el autor el periodismo también puede realizar estas mismas funciones para
las elites respecto al público activo. La misma noticia o comentario puede realizar funciones
opuestas, dependiendo de una perspectiva concreta: como espectador o como actor del proceso.

Desde su perspectiva, Habermas (1981) considera que la evolución que lleva al periodismo
de escritores privados a los servicios públicos de los medios de comunicación de masas “constituye
el marco en el que va transformándose la esfera de la publicidad a medida que penetran en ella
intereses privados que, de ese modo, consiguen una audiencia privilegiada -aun cuando de ningún
modo puede tomárseles ya eo ipso por intereses representativos de las personas privadas como
público-” (Habermas, 1981, p 216). De esta manera, la prensa comenzó a tener el mismo estatus
social que los demás poderes sociales (político y financiero) además, se convirtió en centro de

140
debate, en órgano de información y de opinión y consolidó su intención de conquistar al público,
cada vez más necesitado de saber lo que ocurre en el mundo.

3.4 Opinión pública y sociedad de masas

La nueva sociedad que trajo consigo la Revolución Industrial, es conocida como la sociedad
de masas. Esta sociedad está caracterizada por poseer unos hombres irracionales y pesimistas que
son fácilmente controlados. De ahí, que sus decisiones y acciones puedan ser objeto de
manipulación por parte de las élites.

La sociedad moderna de masas genera un nuevo modelo de sociedad, donde las élites pierden su
función directiva del conjunto de la sociedad y la nueva clase dirigente, la masa, se presenta como
un caos desorganizado de incierto futuro. La sociedad industrial produce la masa, una serie de
personas desarraigadas de su cultura tradicional que tienen una visión muy pesimista del contexto
social. El término “sociedad de masas” se establece a finales del siglo XIX, con el cual se podría
describir una afiliación entre personas que no tienen nada que ver entre ellos y de características
similares que tienden a agruparse para sentirse más fuertes e identificados socialmente, lo que les
hace perder la identidad personal de cada uno. (Mancera, 2007, p. 57).

Para Monzón (1987), en la sociedad de masas la opinión pública se presenta como


impersonal y fuertemente mediatizada, ya que está sujeta a lo que piensan y deciden los líderes
económicos y políticos, y sobre de todo de aquellas personas que controlan o tienen acceso a los
medios de comunicación. (Monzón, 1987.).

Según Mancera (2007) aunque la sociedad de masas está orientada a satisfacer los intereses
individuales de los grupos que la determinan; no quiere decir que la opinión pública haya
desaparecido, por el contrario, aún está constituida como “fuerza moral, ya que, a través de ella,
sus portavoces buscan rectificar su imagen e intereses frente a los ciudadanos, quienes actúan de
acuerdo con estas posiciones”. (Mancera, 2007, p. 64) La opinión pública en la sociedad de masas,
no se concibe como la expresión pública y razonada de las preocupaciones del pueblo ante la
sociedad y el poder, como lo afirmaban los liberales.

Ya no se constituye como un régimen de opinión, ni mucho menos la voz de las mayorías,


expresada a través de la prensa. En la sociedad de masas la opinión pública pasa a configurarse
como una comunicación cerrada liderada por un grupo, donde no hay posibilidad de discusión; no
obstante, aunque los medios de comunicación permanecen como vehículos de la opinión pública,
ahora lo hacen bajo marcos totalmente diferentes. (Mancera, 2007.).

141
Un aspecto fundamental de la sociedad de masas es la proliferación de los medios de
comunicación, los cuales se convierten en instrumento de producción de realidades,
interpretaciones, imágenes y significados de la vida social.

Los medios de comunicación social se constituyen en la sociedad de masas como una institución
mediática, en tanto que permiten la diseminación masiva de información facilitando la
construcción de consensos sociales, la construcción y reproducción del discurso público y ciertos
niveles de interacción la visión del mundo que estos transmitirán, que será acorde a los intereses
y a la ideología de la clase dominante, es decir, del sistema económico y estrechamente vinculado
el sistema político. (Mancera, 2007, p. 61).

Para Mancera (2007) si en el liberalismo la opinión pública se desarrolló en múltiples


espacios, en la sociedad de masas se va a desarrollar en los medios de comunicación. Por este
motivo, actualmente y para efectos del desarrollo de este trabajo entendemos que los medios de
comunicación constituyen un modelo de opinión pública, pues adquirieron legitimidad al transmitir
una serie de discursos y al ser portavoces de opiniones (de aquí la relación con el análisis de prensa
en este trabajo).

Debido a esto, ahora los medios son percibidos como representantes de la opinión pública,
por eso la opinión pública puede ser utilizada como un mecanismo de las élites para hacer creer a
las masas que la opinión de las élites es también la opinión de estas o, por otro lado, puede servir
como herramienta para el esclarecimiento de la verdad o de una posición política a un determinado
público.

Habermas (1981) critica esta instrumentalización de los medios de comunicación de masas,


pero afirma que no se tiene un conocimiento global de su incidencia y que, en cualquier caso, las
instituciones deben regular y corregir los excesos, haciendo efectivo el respeto y la promoción de
los derechos humanos.

3.5 Un breve recorrido por la historia de la prensa en Colombia

El primer periódico colombiano apareció en 178515, durante los años del dominio español:
una simple hoja de información acerca de un terremoto, de la cual se publicaron 3 números. La

15
Según Cacua (1968) los orígenes de la prensa en Colombia datan desde la época de la colonia cuando un grupo de frailes
anunciaron el movimiento sísmico que sacudió a Bogotá el 12 de julio de 1785. Sin embargo, existen otros antecedentes,
que poseen características similares a lo que referenciamos actualmente como prensa. Por ejemplo; el papel periódico de la
ciudad de Santafé de Bogotá dirigido por Manuel del Socorro Rodríguez; El Correo Curioso, Erudito, Económico y Mercantil
de la Ciudad de Santafé de Bogotá (1801), el Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808- 1810) y el Redactor Americano
(1806-1809).

142
Gaceta de Santafé, publicada el mismo año, tampoco pudo mantener regularidad. El Papel
Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá, que apareció en 1791 y circuló hasta 1796, fue la
primera publicación periódica regular en el territorio de la actual Colombia. Entre su cierre y la
independencia del país, en 1810, se publicaron otros 6 periódicos, lo cual eleva el número de
publicaciones realizadas durante la época colonial a 9 títulos. Determinar cuántos títulos se
publicaron entre 1810 y 1900 es más difícil. Por una parte, la vida republicana estuvo acompañada
de un afán que muchos consideraban desmedido por publicar noticias y opiniones. (Melo, 2004, p.
1.)

Para Silva (2002) estos periódicos contaron con el auspicio de las políticas virreinales
promovidas desde la metrópoli por los Borbones, buscando una nueva generación de “hombres de
letras” ajenos al pensamiento tradicional, para hacer realidad el proceso de modernización del
estado monárquico. “Asimismo, también contó con el apoyo de algunos colonos españoles
inmigrantes y criollos, quienes habían adoptado algunas de las formas de pensamiento propias de
la Ilustración”. (Silva, 2002, p. 25-26)

Al fundarse la primera fábrica de papel periódico en Bogotá en 1836, la prensa tenía una
razonable libertad de expresión, aunque estuvo sujeta a presiones informales del gobierno y
procedimientos judiciales para combatir sus posibles excesos. “Solo entre 1886 y 1900 la censura
y la represión frenaron con alguna eficacia la prensa opositora” (Melo, 2004, p, 2.). Por otra parte,
surgieron periódicos en muchas ciudades y pequeños pueblos, realizadas con imprentas manuales,
con una circulación local.

Este tipo de prensa heredera de la tradición periodística europea, especialmente la francesa,


que se dedicaba en sus primeros intentos a “informar” y “educar” a la opinión pública, fue
sustituida parcialmente en el siglo XIX por un tipo de prensa dedicada en gran parte a los avatares
políticos. Para Cubillos (2012) esta prensa que desde un principio funcionó como generadora de
procesos nacionalistas, referente de imaginarios culturales e ideológicos que idealizaron una
“nación americana libre del yugo español, posteriormente evolucionó hasta transformarse en el
centro de exposición de ideas y opiniones de los líderes de los partidos políticos defensores
acérrimos de los postulados que sus tendencias ideológicas señalaban”. (Cubillos, 2012, p. 51.)

143
Con la fundación de los Partidos Liberal (1848) y Conservador (1849) sus seguidores
promocionaron y defendieron a través de la prensa la construcción de un proyecto de nación; en
materia política, sus planteamientos ideológicos en cuanto a la manera de dirigir un Estado eran
muy diferentes. Por esta razón, gran parte de sus artículos periodísticos defendían sus ideales y
proyectos políticos, los cuales se convirtieron en verdaderos debates escritos en la prensa. Para
Cubillos (2012) los planteamientos liberales, estaban originados en gran parte en una masa
creciente de comerciantes, convergieron más hacia la libertad de prensa, el libre comercio, aspectos
esenciales como la educación, la economía, la libertad de prensa y la suspensión de jerarquías
sociales, la eliminación del monopolio de la enseñanza por parte de la Iglesia y la libertad de cultos.

Los idearios conservadores apostaron más hacia la conservación de un statu quo similar al
existente durante la Colonia, en cuanto simbolizaba la defensa de los intereses económicos y
políticos de figuras que, tradicionalmente, habían detentado el poder como terratenientes,
esclavistas, altos burócratas, miembros del clero y la milicia, esto se evidenció con la fundación
del periódico conservador La Civilización, en Bogotá el 9 de agosto de 1849 por iniciativa de
Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, donde se establecieron los planteamientos
ideológicos del partido Conservador (Cubillos, 2012, p. 52.)

Para Ayala (2006) la prensa, que inició como un proceso civilizatorio, se transformó con la
fundación de estos partidos políticos; se convirtió en un asunto que trascendió la práctica política,
para fundamentarse en imaginarios y representaciones simbólicas reproducidas a través de los
discursos, que revelaron los caracteres de identidad relacionados con cada tendencia ideológica.
“La cuestión era diferenciarse del “otro” no sólo en las ideas adoptadas por su bando político para
deslegitimarlo y sentarse en el dominio del pueblo “inculto” e “incivilizado”, sino también mostrar
su creciente superioridad en el estilo discursivo”. (Ayala, 2006, p. 5-6.)

Las prácticas de censura impuestas por el bando político en el poder y los pocos recursos
obtenidos para su sostenimiento, ayudaron a que diferentes semanarios y publicaciones
quincenales se convirtieran en intentos fallidos de prensa. No obstante, en medio de un panorama
oscuro producido por las guerras civiles16 generadas por los continuos conflictos entre los dos
bandos reinantes en la política, continuaron circulando periódicos con una tendencia política
marcada, como El Porvenir, (Cartagena ,1881) El Espectador, (Medellín, 1887) El Relator
(Bogotá 1887).

16
1812, 1839, 1851, 1854, 1860 ,1876, 1884,1895,1899.

144
Aunque aún no existía una generación de periodistas formados en universidades, quienes
posteriormente aparecieron como signo de los cambios en la concepción del ejercicio periodístico,
según Cubillos (2012) los escasos dividendos obtenidos de la venta de los pocos ejemplares
derivaron en la existencia de un periodismo no profesional sin una división del trabajo, donde el
redactor, el editor, el reportero, el administrador y hasta el mensajero, en muchas ocasiones era una
sola persona.

A finales del siglo XIX y principios del XX con el auge de un crecimiento económico y la
modernización del país, las formas de transmisión de la información también se transformaron
paulatinamente. En este contexto, la actividad periodística comenzó un largo tránsito hacia la
incorporación de elementos modernos para facilitar que el público tuviera acceso hacia la
información de los acontecimientos del mundo y del país utilizando diferentes recursos en la
diagramación y contenido.

La nueva forma de hacer periódicos se hizo evidente en la rebaja de los precios de suscripción, en
la venta callejera del número, en la incorporación de los anuncios que hicieron viable
económicamente la “empresa”, en la utilización de un lenguaje más ágil, en la preeminencia de
las noticias, en la ampliación de las secciones donde se exploraban temas relacionados con la vida
cotidiana, recetas, moda y belleza, deportes, vida social, entretenimiento, historietas, entre otros
(Cubillos, 2012, p. 56.)

Según Cubillos (2012) las dos primeras décadas del siglo XX, también fueron testigos del
nacimiento de las revistas de tipo gráfico, caracterizadas por una diagramación acompañada de
imágenes y de gran variedad de elementos tipográficos que permitieron ambientar los diferentes
artículos destinados a un público más interesado en temas alejados de la política, un segmento de
la población ajeno a ese ámbito hasta ese momento, como fueron las mujeres.

Para Cubillos (2012) durante las décadas del veinte y setenta, los rasgos de un periodismo
moderno se fueron acentuando cada vez más en las páginas de los diferentes periódicos, a raíz del
cambio de concepción en el cual la prensa y el lucro económico se hicieron inseparables, como
consecuencia de una dinámica del consumo generalizada dentro del sistema capitalista. Algunos
fenómenos se derivaron de esta vertiente periodística: “la aparición de las casas editoriales y la
especialización del trabajo; las agencias de noticias; la profesionalización de la actividad
periodística; la aparición del “reporterismo gráfico” y la utilización de nuevos recursos en la
diagramación”. (Cubillos, 2012, p. 58.)

145
Ante la ampliación del público lector -situación concomitante con los planes impulsados por el
Estado en el área educativa que impusieron la obligatoriedad de la enseñanza de las primeras
letras-, las posibilidades de un mercado mediático lucrativo estaban abiertas para ser explotadas
por los dueños de estas “empresas periodísticas”. De esta forma, las casas editoriales se fueron
convirtiendo en emporios económicos controlados por una familia (El Colombiano, El Tiempo,
El Siglo). Análogamente, la preparación y elaboración de los periódicos se fue transformando en
un proceso coordinado en diferentes fases que derivó en la especialización del trabajo: un
reportero en el sitio de la noticia, unos corresponsales, un jefe de sección, un corrector de estilo,
un editor, un copista, un administrador, un agente de anuncios (Cubillos, 2012, p, 58- 59.)

De esta forma, el periodismo fue sufriendo una transformación que se hizo evidente entre
la década del sesenta y setenta; según Santos (1986) sufrió una transformación generacional que
desembocó en el aparente “desapasionamiento partidista” en pos de la objetividad, en la
profesionalización de la actividad periodística a través de las escuelas de periodismo y facultades
de comunicación social, y en el desarrollo de un periodismo investigativo preocupado por examinar
los hechos “ocultos” desde una percepción “fiscalizadora” basada en fundamentos científicos
derivados de los métodos de las ciencias sociales como la sociología y la antropología, que
buscaban otorgarle cierto estatus de objetividad en el análisis de los hechos noticiosos al incorporar
la observación directa y la recolección sistemática de datos (Santos, 1986, p. 129-131.)

3.6 Precisiones y reflexiones.

Es importante resaltar la “pluralidad” que tiene el término opinión pública, pues posee
diversos usos y significaciones, debido a esto la terminología utilizada en este campo sobresale en
muchas ocasiones de la esfera de análisis que tiene este trabajo. Por lo tanto, es fundamental
señalarle al lector que la caracterización aquí realizada se hizo con el de fin facilitar el desarrollo
de este trabajo y que no abarca en su totalidad todo el campo de análisis en el que puede
implementarse o visualizarse el término opinión pública.

Concuerdo con Price (1994) cuando plantea que, al hablar de opinión pública, lo hacemos
refiriéndonos a un concepto multidisciplinar en cuya formación pueden participar muchos
condicionantes.

[...] Hasta el momento la investigación no ha podido presentar una conceptualización que abarque
todas las perspectivas desde las que se puede estudiar el fenómeno. Las definiciones son
abundantes, los puntos de vista que se adoptan enormemente variados, y los factores que hay que
tener en cuenta para definirla concurren de tal forma que se antoja una tarea enormemente
dificultosa obtener una definición “definitiva” o, valga la redundancia, “definitoria” desde todos
los puntos de vista. En la práctica, lo poco a lo que podemos aspirar es a aislar una definición
mínimamente operativa que nos permita avanzar [...]

146
[...] Muchos han sido los autores que han estudiado la opinión pública desde las más variadas
disciplinas, llegando a conclusiones muy dispersas, incluso contradictorias, sobre las funciones,
características y, en suma, definición de esta. De igual manera, el estudio de la opinión pública
puede dedicarse a muchos fenómenos relacionados con ella [...] (Price, 1994, p. 18.).

Por lo tanto, el discurso colombiano no se encuentra legitimado por la veracidad o


pertinencia que tiene la información o el discurso que transmiten los interlocutores sobre un
determinado tema. Lo que hace legitimo cualquier tipo de opinión transmitida a la sociedad se
determina en gran medida por la capacidad del líder de opinion para reflejar los pensamientos
colectivos de un determinado sector de la población y por la información que transmite como razón
instrumental.

Para Habermas (1981) el uso lingüístico de «público» y «publicidad» denota una variedad
de significaciones concurrentes, que proceden de unas fases históricas diversas y en su sincrónica,
aplicación a las circunstancias de la sociedad burguesa industrialmente avanzada, social y
estatalmente constituida, prestan a una turbia conexión.

[...] Ciertamente parecen permitir esas circunstancias —que se ponen a la defensiva frente al uso
lingüístico recibido— una utilización tan confusa como siempre de aquellas palabras, su
manipulación terminológica. Porque no sólo el lenguaje cotidiano contribuye a ello, especialmente
maculado por la jerga de la burocracia y de los medios de comunicación de masas; también las
ciencias, sobre todo la ciencia jurídica, la politología y la sociología son manifiestamente
incapaces de substituir categorías tradicionales como «público» y «privado», «publicidad»,
«opinión pública», por conceptos más precisos. Por de pronto, ese dilema se ha vengado
irónicamente de la disciplina que hace expresamente de la opinión pública su objeto: con la
intervención de las técnicas empíricas, lo que propiamente ha de captarse como public opinion
research [investigación de la opinión pública] se ha disuelto en una magnitud insondable, al
tiempo que se priva a la sociología de la consecuencia de renunciar a esas categorías; ahora como
antes, se trata de la opinión pública. (Habermas, 1981, p, 41.).

***
En términos generales la opinión pública estaba inicialmente constituida por pequeños
burgueses y propietarios, que buscaban generar estrategias de comunicación entre los ciudadanos
y el Estado. Esta característica dio paso a la promulgación de normas que siguen regulando a la
población. En la actualidad la opinión pública no puede ser estudiada en referencia a un solo
término, no puede ser implementada como si fuera algo monotemático (solamente político o social
etc.). Lastimosamente los medios de comunicación y las diversas opiniones expuestas en éstos,
están guiadas por diferentes líderes de opinion que buscan legitimar un discurso hegemónico a

147
través de la opinión pública controlando de esta manera la información. En este punto el lenguaje
tiene un papel fundamental pues un pensamiento condicionado por los medios de comunicación es
determinante a la hora de transmitir una opinión. Sin embargo, algunos líderes, tratan de no
responden a las diferentes lógicas de instrumentalización y transmiten de la manera más objetiva
que pueden su opinión o algún tipo de información.

Desafortunadamente, el discurso hegemónico predomina y la sociedad no ha sido capaz de


tomar conciencia sobre las verdaderas intenciones que puede tener la opinión. La población no ha
podido hacerse consciente de su papel en la sociedad de la cual hace parte, por el contrario, con el
tiempo la sociedad se vuelve más manipulable.

En cuanto al desarrollo de este trabajo, esta categoría nos brinda herramientas para analizar
las diferentes opiniones existentes sobre el fenómeno neoparamilitar, y las denominaciones
públicas que recibe.

El poder analizar la información transmitida por un líder de opinión o un determinado


medio de prensa es el punto de partida inicial para ver la capacidad (o no) de la sociedad
colombiana para reconocer la lastimosa continuidad de uno de los actores del conflicto armado
colombiano; sobre todo esa parte de la sociedad, encargada de manejar los grandes medios de
comunicación y legitimar en muchas ocasiones el discurso hegemónico. Sin embargo, pueden
ocurrir varias cosas que de alguna manera esperan obtener respuesta en el siguiente capítulo: ¿será
que son conscientes de la magnitud del fenómeno? y si lo son, ¿han hecho todo lo posible por
invisibilizar o visibilizar el fenómeno? o ¿simplemente transmiten el discurso acerca de las bandas
criminales?

148
CAPITULO III
SOBRE LA CONFIGURACION DEL NEOPARAMILITARISMO EN LA OPINIÓN
PÚBLICA

1. Introducción
En el presente capítulo, se pretende realizar un breve análisis sobre cómo se ha configurado
el neoparamilitarismo en la opinión pública colombiana. Para lograr el cumplimiento de este
objetivo y debido a que la opinión pública se configura en una esfera de discusión, que se encuentra
expresada, en este caso a través de la prensa, se realizó una revisión documental de medios. En
este caso, se analizaron tres, la Revista Semana y los Periódicos El Espectador y el Nuevo Siglo
fundados en 1982, 1887, 199017, respectivamente.

El tiempo de revisión inicia desde el 1 de enero de 2010 y finaliza el 31 de diciembre del


año 2014. El tiempo de análisis fue determinado de la siguiente manera: Se decide iniciar en el año
2010 por ser los últimos meses del mandato presidencial de Álvaro Uribe Vélez, en vista de que
en su segundo mandato sostuvo de manera enfática que el paramilitarismo era cosa del pasado y
que el fenómeno de las bandas criminales, nada tenía que ver con el tema. Como es de
conocimiento público, las elecciones dejaron como presidente a Juan Manuel Santos, quien a su
vez fue ministro de defensa del Gobierno Uribe. Hasta el momento y durante su estancia en ese
gabinete Santos ha sostenido que las bandas criminales emergentes poco o nada tienen que ver con
paramilitarismo.

En ese mismo año, se generaron elecciones para senadores y representantes a la cámara, lo


que se convirtió en un punto para tener en consideración; pues, en estos tiempos, los candidatos
expresan su opinión con mayor frecuencia, para llamar la atención del ciudadano; haciendo llegar
su opinión a través de los medios de comunicación. Posteriormente, en 2011 se realizaron
elecciones para delegar gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y ediles en los respectivos
municipios y ciudades del país, lo que genera otra oleada de focos de opinión en los diferentes
medios de comunicación.

17
En el caso de la Revista Semana y el periódico El Nuevo Siglo, estamos teniendo en cuenta las fechas de su
“refundación”, pues, la Revista Semana fue fundada inicialmente en 1946 y el Periódico fue fundado en 1936 bajo el
nombre de El Siglo.

149
En cuanto a las denominaciones que se pueden encontrar del fenómeno, las diferentes
organizaciones interesadas en la investigación del tema le han dado diversos nombres, en nuestro
caso, y concordando con algunos y con la creencia de que en muchos aspectos las Bacrim son una
continuidad del fenómeno paramilitar, nos referiremos a estas organizaciones como
neoparamilitares. En cuanto a la posición del Gobierno, que es una de las que nos interesa resaltar
a lo largo del documento, el fenómeno recibe tres nombres similares que resumen lo que ellos
consideran delincuencia común; bandas criminales, bandas criminales emergentes y últimamente,
para justificar la similitud entre algunas de las acciones cometidas por estos grupos con las
cometidas por los neoparamilitares, las han denominado bandas criminales al servicio del
narcotráfico. Es importante poner estos factores a conocimiento del lector con el fin de evitar
confusiones, pues nos recogemos en que estamos hablando sobre un solo actor del conflicto
armado, aunque éste tenga varias facciones, caracterizaciones y denominaciones.

El factor por el que se eligieron estos medios de prensa es la “intención” con la que se
fundaron; el periódico El Espectador, fundando como medio independiente y considerado en sus
inicios como "subversivo" por los mandatarios conservadores; el periódico El Siglo, fundando por
Laureano Gómez, con la intención explicita (al menos en sus primeros años) de hacer oposición a
la república liberal. La Revista Semana fundada por Alberto Lleras Camargo, para ser vocera de
los ideales del partido liberal.

Sin embargo, hay que aclarar que en muchas ocasiones la posición de un líder de opinión
no corresponde ni representa al medio de comunicación, por lo que además de analizar la
configuración de una respectiva posición, se pretende analizar las posiciones de los líderes de
opinión sobre este tema, factor que se analizará gracias a la revisión documental. Esta revisión
permitió evidenciar el registro de los acontecimientos sociales de todo tipo, en este caso, el
neoparamilitarismo y las posiciones político- ideológicas frente al tema que tiene cada individuo;
pues son, a fin de cuentas, las que van a terminar por configurar la opinión pública de nuestro país.
Esta revisión documental permitirá analizar cómo se ha desarrollado este proceso y las
características que posee, también permite disponer de información que confirme o haga dudar
sobre cómo lo mencionado ha configurado el fenómeno del neoparamilitarismo.

Siguiendo esta organización, me parece importante aclararle al lector que la breve


investigación y su respectivo orden, no corresponde a estudio de recepción de medios. (no es la
150
intención de este trabajo) El énfasis de este trabajo es analizar las posiciones sobre el tema
encontradas en la prensa (teniendo en cuenta a los líderes de opinión) y la información que
proporcionaron los diferentes medios, pues está permitirá establecer si exista o no una continuidad
entre el fenómeno paramilitar y bandas criminales.

Aunque inicialmente se realizó la revisión documental con los archivos de prensa


encontrados en la Biblioteca Nacional de Colombia, me pareció importante complementar la
información consultada con los respectivos links de consulta en línea, esto con el objetivo de
facilitar la búsqueda del lector en caso de que se interese en profundizar sobre el contenido de
alguna noticia u opinión. Sin embargo, aunque realicé este complemento con ese objetivo, no
puedo negarle al lector que, al revisar estos repositorios digitales encontré referencias e
ilustraciones digitales que complementan de manera significativa el desarrollo de este capítulo.
Por otro lado, había algunas opiniones de periodistas, escritores y analistas que no se encontraban
en las versiones impresas, por lo cual la herramienta digital nutre gran parte del análisis sobre las
posiciones de los líderes de opinión; al final del documento se podrá encontrar el respectivo link
de consulta, en caso de que alguna noticia sea de su interés. Lastimosamente en el caso del
periódico El Nuevo Siglo, solo se encontraron algunas de sus noticias en versión digital a partir
del año 2013.

Finalmente, es importante hacerle saber al lector que una parte de la revisión documental
no presenta un autor determinado en cada artículo, en algunas ocasiones la redacción o autoría de
éste se le atribuyó a una determinada sección de los periódicos y la revista. Con la intención de dar
profundidad y claridad sobre la autoría de los artículos con esta característica, intenté realizar la
gestión pertinente para recibir información por parte de los medios consultados y poder determinar
a quién pertenecía dicha autoría.

Por otro lado, se analizó la manera en que se presentan las posiciones de determinados
actores; para lograrlo se utilizaron tres matrices de análisis (ver anexo dos) con el objetivo de sacar
todo el provecho posible a la información, por esta razón estos artículos y las posiciones de los
líderes de opinión se encontrarán en apartados diferentes y presentarán análisis que, aunque
relacionados, generan otro tipo de conclusión. Finalmente, es importante poner en conocimiento,
que las posiciones sobre el neoparamilitarismo o bandas criminales encontradas en los artículos en
mención serán atribuidas a los periódicos o revista en cuestión.
151
Por lo tanto, este capítulo presenta el análisis de las fuentes primarias recopiladas para este
trabajo, donde se puede visualizar las posiciones que generó la opinión pública sobre el tema,
durante el tiempo de consulta. La información se divide por apartados; el primero de ellos muestra
una breve recopilación de algunas cifras y datos sobre las Bacrim: Sus lugares de asentamiento,
las amenazas a los derechos humanos y población civil, las denuncias de las organizaciones
gubernamentales y las posiciones del Gobierno frente a sus acciones y algunas de sus estrategias
para combatirlas. En los siguientes dos apartados se exponen las posiciones y opiniones del
gobierno, líderes de opinión, organizaciones, actores políticos y sociales que tienen influencia en
la opinión pública colombiana y dan a conocer dichas posiciones, por medio de las fuentes
consultadas.

1.2 Hablemos de cifras y datos


Aunque en el respectivo balance historiográfico se presentó información sobre cifras
existentes que hacen referencia a la cantidad de grupos neoparamilitares, en los diferentes artículos
analizados se encontraron cantidad de cifras, casos específicos y diferentes posiciones sobre la
continuidad, que no vale la pena dejar pasar. Como estos datos y casos también configuran una
posición sobre este fenómeno y terminarán por influir en las visiones que podemos tener sobre el
mismo, es importante presentar la información encontrada, al menos de manera descriptiva.

En primera instancia se presentará brevemente la información encontrada sobre diferentes


procesos que giran alrededor del neoparamilitarismo; lugares de acción de estos grupos y planes
del Gobierno puestos en conocimiento de la opinión pública para contrarrestar el accionar de las
diferentes organizaciones, también resaltaremos una vez más las respectivas investigaciones y
denuncias encontradas en esta revisión, donde seguiremos comprobando la letalidad y alcance de
estas organizaciones. Por lo tanto, resaltaremos, según la información consultada, cuales han sido
las posiciones y estrategias que ha mostrado el Estado para combatir a estas organizaciones,
acompañadas finalmente, de unas apreciaciones al respecto; pues a fin de cuentas todos estos datos
también configuran una opinión sobre el tema.

1.2.1 Sobre estrategias


Al parecer, durante los años correspondientes al periodo de análisis se presentaron
reducciones en el pie de fuerza de las bandas criminales gracias a los planes del Gobierno. Durante

152
el último año de análisis el presidente Juan Manuel Santos informó que, debido a estas estrategias,
las acciones de las bandas criminales se redujeron en un 48%, en lo corrido del 2014.

[…]Indicó que este año se han presentado 242 hechos por parte de las Bacrim, cuando el año
pasado se contabilizaban 463. Mientras tanto, esos grupos delictivos tienen actualmente unos
3.550 integrantes frente a 5.000 que tenían antes. […]
[…] En cuanto a la ofensiva 'Vamos seguros', que durará tres meses, y que se concentra en las
once principales ciudades capitales del país, declaró que "es muy positivo, es un plan que está
funcionando". "Las cifras que tenemos al sábado es que se ha presentado un 25 por ciento en la
disminución de los delitos", dijo. […]
[…] El plan de choque se está aplicando contra la microextorsión, microtráfico, minería ilegal,
hurto, contrabando y homicidio en Medellín, Pereira, Ibagué, Pasto, Cali, Barranquilla, Cúcuta,
Bucaramanga, Bogotá, Villavicencio, y Neiva. […] (En 48% se han reducido acciones delictivas
de las bandas criminales: Santos; 27 de octubre de 2014.)

Según el Gobierno una de las estrategias que permitió que en el 2014 se llegará a esas
cifras, fue la creación de una zona de intervención en el 2011. Esta zona se ubicó en los municipios
del sur del Chocó.

[…]Esta medida fue una de las decisiones adoptadas por el Consejo Nacional de Seguridad,
liderado por el presidente Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño, y que contó con la
participación de la Fiscal General de la Nación, Viviane Morales, y varios ministros, además de
los altos mandos militares y de Policía. Esta tercera zona se suma al Plan Troya Pacífico y Troya
Caribe, como son llamadas las otras dos zonas de intervención de la Fuerza Pública y de justicia
contra las bandas criminales. Rivera aseguró que la Fuerza Pública ya está adelantando los
procesos de implementación en la zona detallada, para próximamente hacer la presentación de
esta operación de protección a la población y de interdicción de tráfico de drogas y de minería
ilegal, desarticulando bandas criminales.
A la fecha el Plan Troya Caribe registra una reducción del 24 por ciento en el número de
homicidios en Córdoba, Sucre, el Urabá Antioqueño y el Bajo Cauca Antioqueño; mientras que
en la zona de influencia de Troya Pacífico (Cauca, Valle y Nariño), la reducción es de un 10 por
ciento. […] (13 mil capturas y no hemos logrado desmantelar las bandas criminales: Policía; 1de
diciembre de 2011.)

Otra de las estrategias para combatir a las Bacrim, fue la creación de la Unidad Nacional
Contra Bandas Emergentes que en el año 2013 logró poner ante los jueces que 684 miembros de
las bandas criminales, responsables de actividades delictivas y condenados por ello. “De esa cifra,
un 67 por ciento aceptó los cargos imputados por los fiscales adscritos a la Unidad contra las
Bandas Emergentes.” (Entregan balance de condenas a "Bacrim", 18 de enero de 2013.)

[…]Dentro de las sentencias más altas emitidas se encuentra la de Pedro Nel Montealegre Arenas,
alias El Tigre o Pedro Nel, miembro de Los Rastrojos, quien fue condenado a 46 años de prisión
por homicidio agravado en concurso heterogéneo con concierto para delinquir agravado y tráfico,
fabricación y porte de armas de defensa personal. En 2012 se realizaron 1.676 imputaciones de

153
cargos y fueron impuestas 1.636 medidas de aseguramiento a miembros de las bandas Los
Rastrojos, Los Urabeños, Ejército Revolucionario Popular Anticomunista de Colombia (Erpac) y
Los Paisas, entre otras. […] (Entregan balance de condenas a "Bacrim"; 18 de enero de 2013.)

Banda criminal Capturados


Los Rastrojos 683
Los Urabeños 483
Erpac 239
Los Paisas 126
Otras 173
Tabla 3: Capturas realizadas contra miembros de Bacrim. Elaboración propia con datos retomados de: Entregan
balance de condenas a "Bacrim"(18 de enero de 2013). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/1-2013-entregan-balance-de-condenas-a-Bacrim
Entonces, si en un lapso de cuatros años se realizaron varios planes para erradicar a una
serie de bandas criminales, es preciso preguntar por qué cada año las cifras de las Bacrim aumentan
y la efectividad del Gobierno disminuye. En su afán por hacer pasar ante la sociedad a estas
organizaciones como delincuencia común y lograr su exterminio, el Gobierno ha ignorado la
capacidad de reagrupamiento y re organización que poseen, lo que hace que los planes (aunque
efectivos en cuanto a terminar con vidas se refiere) sean inútiles en cuanto a terminar con la
existencia de las bandas.

Sin embargo, dentro de este círculo vicioso, se puede rescatar la supuesta entrega de armas
del ERPAC en el año 2011. Según Massé (2011) 450 combatientes del Ejército Revolucionario
Popular Anticomunista se entregaron en el Parque Las Malocas de Villavicencio y otros ocho
puntos de los departamentos del Meta, Guaviare y Guainía.

[…]Desde la muerte de alias Cuchillo, líder del Erpac, en diciembre de 2010, su sucesor, José
Eberto López Montero, alias Caracho, había venido manifestando su voluntad de entregarse y
someterse a la justicia. Sin embargo, la medida sorprendió un poco, porque si bien se veía venir
desde hace algunos meses, el Gobierno había rechazado una propuesta similar promovida por el
entonces arzobispo de Montería, monseñor Vidal, bajo el argumento de que el Ejecutivo no
negociaría con las Bacrim.
En este marco, el director de la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), Alejandro
Eder, aclaró que no habría desmovilización, sino sometimiento a la justicia, y que el Gobierno no
tenía que ver con esa entrega voluntaria. (Massé. F, 21 de diciembre de 2011.)

Por su parte, el Gobierno señaló que el proceso fue una entrega de armas y nada más, puesto
que no hubo negociación política parecida a la que se dio con las antiguas autodefensas. Los
desmovilizados no se beneficiaron de la Ley de Justicia y Paz y fueron sometidos a la justicia
ordinaria que, según fuera el caso, les otorgaría beneficios penales por su entrega voluntaria.

154
Lastimosamente, no se tiene claridad sobre la cantidad exacta de desmovilizados del
ERPAC y al parecer, para el sistema penal acusatorio esta entrega de armas ocasionó más
problemas que soluciones. Según El Espectador (2011) se entregaron 300 integrantes del Erpac y
este proceso no funcionó del todo, pues 248 de ellos están libres desde el 2011 por vencimiento de
términos.

[…] Lo que inicialmente iba a ser un triunfo de la justicia colombiana, por el primer sometimiento
masivo de 350 integrantes de la banda criminal Erpac (Ejército Revolucionario Popular
Anticomunista), terminó por convertirse en un dolor de cabeza para el Gobierno nacional, dado
que, sin ninguna explicación oficial, quedaron en libertad 248 combatientes rasos por no tener
activo ningún requerimiento de la justicia. Eso significa que sólo podían permanecer retenidos 36
horas, pero la Fiscalía y la Procuraduría están trabajando en las respectivas órdenes para
recapturarlos. Según la misma Fiscalía, todos fueron judicializados por el CTI y se encuentran en
el radar de las autoridades. […]
[…] Pero según algunos abogados la justicia sufrió un fuerte golpe al tener que dejar libres a 248
de los integrantes de esta banda. De las 269 personas que se sometieron en total, sólo 21 quedaron
a disposición de la justicia. Según datos de Inteligencia Militar, el total de miembros que tiene
esta banda es de unos 1.100, lo que quiere decir que sólo un 25 por ciento se entregaron. […]
(Entrega de Erpac, dolor de cabeza para la justicia, 25 de diciembre de 2011.)

1.3. Sobre el peligro inminente


Con el pasar de los años, se encontraron varias denuncias hechas por diversas
organizaciones que se interesaron por la influencia de las bandas criminales en el país, presentando
una cantidad de cifras alarmantes. Para empezar el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)
en Colombia, admitió que llamadas bandas criminales ('Bacrim') y sus efectos sobre la población
civil se habían convertido en su "preocupación mayor".

[…]Se calcula que solo entre el 7 y el 10 por ciento de los miembros rasos de las Bacrim son ex
paramilitares, pero de los 63 jefes de estos grupos capturados hasta comienzos de año, 53 por
ciento vienen de las AUC. Algunos expertos señalan que estas bandas reclutan militares retirados,
al igual que lo hacían los paramilitares. En Córdoba, Bajo Cauca, Valle y Nariño operan con
métodos de control territorial, con uniformes y armas largas. Han revivido masacres y amenazas
a líderes populares y del movimiento de víctimas, y, según Acción Social, fueron responsables del
desplazamiento de 133.000 personas entre 2007 y 2010. Y, como las AUC, se alían o combaten a
la guerrilla, dependiendo de las necesidades […] (¿Neoparamilitares?, 6 de abril de 2011.)

Por su parte el Indepaz, le dijo a Semana (2012) que por lo menos en 406 municipios de 31
departamentos es evidente la presencia de algunas de las llamadas Bacrim.

[…]"Los Rastrojos, Urabeños, Paisas, Águilas Negras y ERPAC son los grupos
narcoparamilitares que han logrado consolidarse a lo largo del territorio nacional, siendo los dos
primeros los que mayor incidencia tienen", indica el documento.

155
El panorama es desolador. Según el documento de Indepaz, sólo en el departamento del Amazonas
no se evidenció presencia de alguna de estas nuevas bandas. Y "se detecta un aumento de 46
municipios respecto al año 2010"[…]
[…]Las zonas que estuvieron marcadas en el pasado por la presencia de las Autodefensas Unidas
de Colombia (AUC) son las que ahora muestran mayor concentración de las acciones de grupos
narcoparamilitares. Montes de María, La Guajira, el bajo Cauca antioqueño, Urabá, el litoral
pacífico, el Catatumbo y los Llanos Orientales siguen estando en el blanco de estas bandas.
El estudio de Indepaz que hace seguimiento detallado al proceso posterior a la desmovilización
de las AUC, encontró que en 271 municipios en donde se dio dicho desarme, se ha consolidado
la presencia de los grupos narcoparamilitares […] (Bandas criminales: aún sin jefes conservan
poderío, 21 de febrero de 2012.)

En ese mismo año, la Defensoría del Pueblo le dijo a Semana (2012) que durante los años
2010 y 2011 se documentaron al menos 1.400 reportes de amenazas sobre defensores de derechos
humanos por lo que se decretó la alerta en 122 municipios de 23 departamentos. Según reveló
Jorge Armando Otálora, titular de la entidad.

[…]"Los mayores responsables de estos hostigamientos son los grupos armados ilegales que
emergieron después de la desmovilización de las Autodefensas bajo el seudónimo de bandas
criminales: 'Urabeños', 'Rastrojos', 'Águilas Negras', 'Paisas' y 'La empresa', entre otras", precisó
el funcionario. […] A estas Bacrim se les atribuyen el 80 por ciento de las amenazas […] (Alerta
por amenazas a defensores de derechos humanos, 12 de junio de 2012.)

Un año más tarde, esa misma entidad relató a El Espectador (2013) que 903 personas fueron
víctimas del desplazamiento forzado gracias a la guerra que libran las bandas criminales de “Los
Urabeños” y “Los Rastrojos” en el departamento del Chocó. El negocio del narcotráfico mantiene
bajo fuego a una población, convirtiéndola en un pueblo fantasma.

[…] “Encontramos un pueblo fantasma y varias comunidades negras desplazadas de sus


territorios. Comprobamos que 903 personas de los corregimientos de Togoromá, Pichimá
Charambirá y Venado, hoy se encuentran en alojamientos temporales en Docordó, cabecera
municipal del Litoral del San Juan en Chocó”, señaló el defensor del Pueblo, Jorge Armando
Otálora. […]
[…]Según el informe de los 903 habitantes que han sido censados por la Personería del municipio
un total de 403 son niños, niñas y jóvenes, quienes se encuentran ubicados en cinco lugares
adaptados como albergues temporales, por cuenta de la administración municipal. […] (Guerra
entre 'Urabeños' y 'Rastrojos' deja pueblo fantasma en Chocó, 16 de enero de 2013.)

En ese mismo año el Indepaz informo a través de El Espectador (2013) el aumento de la


presencia de las Bacrim a lo largo del territorio colombiano, los Rastrojos hicieron presencia en
236 municipios, seguidos por los Urabeños, que lo hicieron en 218 poblaciones.

156
[…]Estas dos organizaciones criminales siguen siendo las más fuertes; sin embargo, en el caso de
los Rastrojos, Indepaz advierte que el arresto de Daniel El Loco Barrera y la entrega de los
hermanos Luis Enrique y Javier Antonio Calle Serna a la justicia de Estados Unidos, sumados a
la guerra que esta banda sostiene con los Urabeños, ha generado una crisis en esta banda criminal.
En lo que se refiere al aparentemente desmovilizado Ejército Revolucionario Popular
Anticomunista (Erpac), comandado hasta su muerte por Pedro Oliveiro Guerrero, alias Cuchillo,
Indepaz advierte que los miembros del Erpac que no se entregaron a la justicia en 2011 engrosaron
las filas de dos nuevas organizaciones criminales: el bloque Meta y los Libertadores del Vichada,
que, según el informe, tuvieron presencia en 25 y 15 municipios de los Llanos Orientales,
respectivamente. […]
[…]Indepaz alerta, además, por “la aparición de nuevas estructuras, consecuencia de las disputas
internas de los grandes grupos paramilitares, como las Autodefensas Nueva Generación, en Norte
de Santander, y Héroes del Nordeste, en Antioquia; y la continuidad de las actividades de grupos
como la Oficina de Envigado, Cordillera, Cacique Pipintá y Autodefensas Unidas del Casanare”.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa, el año pasado se capturó a 4.497 miembros de bandas
criminales y otros 4.539 murieron en combates con la Fuerza Pública. De enero a julio de este
año, 2.284 integrantes de estas organizaciones delincuenciales y otros 2.298 han muerto en
combates. A ello se suman los varios jefes criminales que han sido capturados durante este
Gobierno; no obstante, estos golpes al parecer no han sido suficientes para acabar con estas
estructuras. […] (Jiménez S, 7 de agosto de 2013.)

Grafico 2: Presencia de grupos armados al margen de la ley a lo largo del territorio colombiano. Fuente: Indepaz
(2013). Recuperado de: Bacrim, en 409 municipios. S. Herrera. (27 de agosto de 2013. El Espectador.

En términos generales, los grupos narcoparamilitares (como denominaba el Indepaz a las


AUC y ahora denomina a las Bacrim) tienen mayor presencia a lo largo del territorio colombiano
en comparación con la que poseen las guerrillas en ese momento, cuestión bastante preocupante sí

157
tenemos en cuenta qué los grupos guerrilleros se conformaron primero que estas organizaciones
en el territorio colombiano. Adquiere relevancia también que las banas criminales ocupan mayor
territorio en los departamentos donde también hay guerrillas y ocupan territorios en los que, como
se observa en la gráfica, las FARC y el ELN no tienen ninguna incidencia.

Si tenemos en cuenta estas características, debemos alarmarnos por la rapidez con la que
este tipo de organizaciones se expanden y consolidan a lo largo del territorio colombiano, también
adquiere relevancia la capacidad que tienen de llegar a zonas, en las que ni siquiera los grupos
guerrilleros presentan un factor de incidencia. El no reconocer la influencia de las Bacrim a lo
largo del territorio y seguir menospreciando su accionar es lo que ha facilitado (en parte) que estas
se sigan expandiendo sin llamar la atención de las autoridades competentes a lo largo del país.

En cuanto al tema de víctimas, en el mismo año la Federación Nacional de Personeros


(FENALPER) le hizo saber a Semana (2013) que por cada diez denuncias que reciben las
personerías, en tres de ellas los victimarios son bandas criminales.

[…]Los departamentos en los cuales más se reciben denuncias de personas victimizadas por las
Bacrim son Valle, Antioquia, Nariño, Córdoba, Sucre, Chocó, Bolívar y Norte de Santander. […]
[…]El caso más dramático se registra en Buenaventura (Valle del Cauca). Según el informe, entre
septiembre y noviembre del 2012 la Personería registró 17 desplazamientos masivos, agrupó a
7.000 desplazados, de los cuales el 90 por ciento fue por el accionar de las bandas criminales. […]
[…]En ciudades como Montería, Cali y Pasto, las declaraciones de víctimas por Bacrim suman
entre el 28 y el 10 por ciento. Los municipios de Nariño más golpeados después de la capital son
Barbacoas y Tumaco. En Medellín se reportó que el 5% de los actores de los hechos victimizantes
corresponde a esas bandas, “sin embargo, tienen registrado el 25% como grupos armados no
identificados o desconocidos, en los cuales se presume puede haber víctimas de bandas
criminales”. […]
[…]En ciudades como Cúcuta, en Norte de Santander; Valledupar, en Cesar, y Sincelejo, en Sucre,
“hay casos de víctimas por Bacrim, pero las personerías no tipifican el autor del hecho
victimizante”. […] (Las violentas cifras de las Bacrim, 15 de abril de 2013.)

La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos
Humanos (ACNUDH) también hizo su respectiva denuncia a través de su representante, culpó a
las bandas criminales de la mayor parte de las violaciones de derechos humanos en el país.

[…]"Estos grupos post-desmovilización son unos de los más responsables de las violaciones de
los derechos humanos hoy en día en Colombia", afirmó Howland. […]
[…]Estos grupos, que se identifican como "Los Urabeños", "La Empresa", "Los Rastrojos" y una
serie de organizaciones que trabajan al mejor postor, albergan en sus filas a antiguos integrantes
de los grupos de autodefensas que se sometieron a la desmovilización de 2006 bajo el marco
jurídico de Justicia y Paz. […]
158
[…]También hay disidentes que decidieron no entregar las armas y se mantuvieron en estas
estructuras vinculadas con el negocio del narcotráfico que en ocasiones se precian de hacer
"control social" y que según el informe de la ACNUDH "siguen afectando a toda la gama de
derechos humanos de la población"[…]
[…]"En particular los de los defensores y defensoras de los derechos humanos, dirigentes
comunitarios, funcionarios públicos, agentes de policía y reclamantes de tierras". […] (Las
violentas cifras de las Bacrim, 15 de abril de 2013.)

En cuanto a casos específicos ese mismo año, el Centro Nacional de Memoria Histórica
(CNMH) presentó un informe en el que documenta que, luego de la desmovilización de las Auc
muchos excombatienes engrosaron grupos ilegales que mantienen su poder mafioso en la ciudad
de Bogotá.

[…]Bogotá tiene un panorama muy complejo de violencia: durante décadas de conflicto armado
ha recibido, como ninguna otra capital del país, excombatientes de estructuras armadas
desmovilizadas, sin que los Gobiernos hayan podido reinsertarlos efectivamente a todos.
Estos son algunos de los nuevos escenarios de violencia que se presentan en la capital luego de la
desmovilización de los paramilitares entre 2003 y 2006. […]
[…]Se trata de personas que han encontrado una forma de vida en el control violento de mercados
ilegales y de territorios marginales. Por eso este documento es un buen registro de lo que entre
2012 y 2013 ha sucedido en la ciudad con relación a estos grupos al margen de la ley. En este
período, por ejemplo, la intimidación de estas estructuras fue permanente, en particular de los
Rastrojos Comandos Urbanos y las Águilas Negras - Bloque Capital, según reportó la Defensoría
del Pueblo. […] (Herrera N, 12 de agosto de 2014.)

Hablando del reclutamiento infantil, la Defensoría del Pueblo denunció el 12 de febrero de


2014 a los grupos neoparamilitares o bandas criminales (Bacrim) como los principales actores en
el reclutamiento infantil en Colombia.

[…]"Los grupos post desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) o 'bandas
criminales' son protagonistas principales del reclutamiento mediante la sustracción de personas en
zonas rurales y urbanas", anotó en un comunicado en el que no presentó una cifra estimada de
menores en sus filas.
Estos grupos incorporan a niños y adolescentes en sus organizaciones armadas y les ordenan
desarrollar actividades de inteligencia y colaboración, según los datos de la Defensoría.
Los estudios de las alertas tempranas indican, por ejemplo, que, en La Guajira, en la frontera con
Venezuela, los niños son usados por las Bacrim para robar y comercializar combustibles, mientras
que en el oeste del país se registran frecuentes episodios de abuso sexual contra niñas de edades
tempranas […] (Bacrim, las principales reclutadoras de menores; 13 de febrero de 2014.)

Según los datos recopilados a lo largo de estos años no hay cifras concretas sobre la
cantidad de bandas criminales existentes a lo largo del territorio colombiano; lo que sí se puede
afirmar teniendo en cuenta las respectivas denuncias y los datos recopilados, es que los

159
neoparamilitares tienen gran incidencia en el conflicto armado y el desarrollo de la violencia en
Colombia. Son los principales causantes del desplazamiento forzado en el país, fuertes violaciones
a los derechos humanos, ataques a la población y reclutamiento infantil.

En lo que coinciden todos los datos aquí presentados es que las diferentes bandas
criminales, están conformadas por miembros de las desmovilizadas AUC, reforzando la hipótesis
de que las bandas criminales se componen de un hibrido entre desmovilizados, personas que nunca
se desmovilizaron y nuevos integrantes de estos grupos armados, reforzando también algunas de
las similitudes que estos grupos comparten con los paramilitares a la hora de ejercer su accionar
criminal.

Por ahora podemos afirmar que los nombres de neoparamilitares o bandas criminales son
utilizados por diferentes organizaciones, más bien como un eufemismo con el fin de no crear
puntos de discordia entre el Gobierno y los denunciantes. Esta sería la razón por la que muchos
denunciantes implementan las dos denominaciones, a pesar de no estar del todo de acuerdo con las
mismas y pese a la intención con la que el Gobierno las denominó de esta manera.

1.3.1 Bacrimpolítica

Durante los comicios de octubre de 2011 en los que se escogió a gobernadores alcaldes,
diputados, concejales y ediles, creció la preocupación en varias regiones por el nivel de infiltración
o capacidad de saboteo que en el proceso electoral pudieron llegar a tener las llamadas bandas
criminales emergentes al servicio del narcotráfico.

Según El Nuevo Siglo (2013) en ese entonces el ministro del Interior y Justicia18, German
Vargas Lleras, indicó que se elevó a 300 el número de municipios en donde podría existir riesgo
de fraude electoral, especialmente por el accionar de grupos ilegales como las Bacrim y la guerrilla.

[…]No menos preocupantes son los rumores sobre trasteo de votos en algunos municipios,
especialmente de la Costa Atlántica. Igualmente se ha escuchado en distintas zonas peticiones
para que la designación de registradores y delegados electorales sea lo más transparente posible,
y no recaiga en personas que se habiliten en la misma zona en que van a operar. Es más, se
investiga si el asesinato el martes de un candidato a la Alcaldía de Valdivia (Antioquia) podría
estar relacionado con una acción de las Bacrim […]

18
En el anexo número 1, se especifica el periodo en que estos funcionarios públicos ocuparon su cargo, con el fin de
no generar confusiones en el lector a la hora de encontrar el nombre de otro mandatario en el mismo cargo. Recordemos
que Juan Manuel Santos ha cambiado constantemente a los miembros de su gabinete presidencial.

160
[…]La situación se está tornando tan critica que, incluso, ya hay sectores que advierten una
peligrosa demora en materia del plan de seguridad electoral, pues si bien falta escasos ocho meses
para la cita en las urnas, es urgente activar una estrategia integral para frenar el intento de
infiltración de las Bacrim en la campaña. […]
[…]Y para que ello sea posible, es necesario que se diferencien los mecanismos de corto plazo
(blindaje electoral) de aquellos más complejos y de largo aliento (desarticulación total de las
Bacrim). […] (Bacrim, Riesco electoral real; 4 de marzo de 2011,)

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia decidió tomar cartas en el asunto y abrir el
capítulo de la Bacrimpolítica. “El alto tribunal sabe que la parapolítica llega a su fin, pero también
tiene claro que ya existe otra amenaza a la transparencia electoral: el accionar de las bandas
criminales y su objetivo de extender nexos hasta el poder local y las corporaciones públicas”.
(Arrazola M, 2 de junio de 2013.)

[…]En la actualidad existen dos regiones en las cuales la Corte Suprema tiene mayor
preocupación: los departamentos de Córdoba y La Guajira. En el primero salta a la vista que las
zonas donde operaron las autodefensas de Castaño hoy son asiento del fortalecimiento de las
bandas criminales. Respecto a La Guajira, la forma como se ha venido expandiendo la banda
liderada por Marcos Figueroa, alias Marquitos, y sus inocultables nexos con autoridades locales,
amerita neutralizar a tiempo mayores alianzas con la política. […]
[…]El tema del departamento del Meta es un caso aparte. El terreno que dejaron abonado por
paramilitares como Miguel Arroyave u Oliverio Guerrero, alias Cuchillo, hoy trata de coparlo el
llamado Ejército Revolucionario Popular Antisubversivo de Colombia (Erpac), que no es otra
cosa que una banda criminal que quiere repetir el asalto a las finanzas públicas, y el camino ya es
conocido: influir en las elecciones”, agregó la fuente consultada. […] (Arrazola M, 2 de junio de
2013.)

En cuanto a casos específicos registrados, años más tarde Semana (2013) señaló que la
SIJIN en coordinación con el CTI de la Fiscalía capturó a 18 presuntos integrantes de temidas
organizaciones como la 'Cordillera' y los 'Urabeños', que operan en el Eje Cafetero y el norte del
Valle, entre ellos Wilmar Alberto Ramírez Montoya, concejal activo del municipio de
Ansermanuevo, en el norte del Valle.

[…] Investigadores del caso consultados por Semana, afirmaron que ese concejal era el enlace
político de los Urabeños y tenía como fin vincular a funcionarios a la organización criminal. Entre
sus objetivos a reclutar estaban miembros de la Policía, la Registraduría, la Personería y otras
instituciones del Estado, “lo importante es que le sirvieran a la organización para seguir
delinquiendo y evadir la justicia”, explicó un investigador. […] (Inicia la ‘Bacrimpolítica’ en el
Valle; 14 de junio de 2013.)

1.4 Sobre los intereses y reconocimientos del Gobierno

A pesar de las intenciones del Obispo de Montería de aquel entonces por conciliar un
eventual proceso de paz con las bandas criminales que ocupaban el departamento en el año 2011,

161
el Gobierno nacional advirtió a través de El Nuevo Siglo (2011) que si se querían desmovilizar lo
deben hacer de manera unilateral. "La política del Gobierno ha sido que se confrontará con decisión
y determinación a esas organizaciones. La entrega se debe dar unilateralmente y con sometimiento
a la justicia, como lo requiere el país", dijo el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas
Lleras. (No del Gobierno a negociación con las bandas emergentes, 18 de enero de 2011.)

De esta forma el 'Gobierno rechazó la propuesta de negociación que hicieron las bandas
emergentes del paramilitarismo a través del obispo de Montería, Julio César Vidal, quien anunció
que integrantes de esos grupos ilegales querían entablar una negociación.
Vargas Lleras advirtió que el Código de Convivencia Ciudadana que cursa en el Congreso busca
endurecer las penas contra los integrantes de estas bandas, con el fin de evitar excarcelaciones
como las que se han dado en las últimas Semanas. "La política del Gobierno ha sido la de que se
confrontará con toda decisión y determinación a esas organizaciones", agregó Vargas Lleras.
A su vez el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, aseguró que el actual sistema judicial permite
que haya una 'puerta giratoria que beneficia a los miembros de estas bandas criminales y hace que
no paguen sus condenas en la cárcel.
[…] También dijo que en Córdoba se han capturado durante los últimos años 5 mil miembros de
bandas criminales, entre ellos 80 cabecillas. […] (No del Gobierno a negociación con las bandas
emergentes, 18 de enero de 2011.)

En contraposición a estas cifras el delegado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos en Colombia, Cristian Salazar, alertó que la situación de Córdoba es crítica, derivada de
la violencia de los grupos armados que "surgieron después del proceso de desmovilización".

[…]"En cuanto a masacres, Córdoba es un área tremenda en ese sentido", advirtió Salazar, al
informar que el departamento es en donde más se presentan estos casos.
"La violencia de los grupos que surgieron después del proceso de desmovilización, se define en
masacres, explotación de menores y asesinatos selectivos", indicó el funcionario, al inicio de la
mesa de garantías para los derechos humanos que se lleva a cabo en el Ministerio del Interior. […]
(No del Gobierno a negociación con las bandas emergentes; 18 de enero de 2011.)

A pesar de sus esfuerzos por menospreciar las acciones de las Bacrim, parece que el Estado
se ha interesado de más en ellas, según el Nuevo Siglo (2013) el Gobierno presentó una propuesta
para crear un nuevo delito penal para combatir a las bandas criminales. Esta posición se planteó
como proyecto de seguridad ciudadana en la Comisión Primera de la Cámara de Representantes.

[…El nuevo tipo penal es de pertenencia a las bandas criminales, el cual tiene diferencias sutiles
con el de concierto para delinquir, aplicado a miembros de la guerrilla y las autodefensas y
contempla penas de hasta 25 años de cárcel. […]
[…] De un lado, el ex procurador y ex fiscal Alfonso Gómez Méndez argumenta que la solución
no es introducirle más delitos al Código Penal, sino aplicarlo exhaustivamente. “Lo importante es
no seguir aumentando el Código Penal, sino aplicarlo adecuadamente.

162
Esto es un cierto facilismo, pues anteriormente existía la asociación para delinquir, ahora está el
concierto para delinquir. Como nos dedicamos todos los días a cambiar los Códigos, no se olvida
aplicarlos” afirmó. […]
[…] El también ex fiscal General Alfonso Valdivieso está de acuerdo con la iniciativa, porque,
dice es la mejor manera de hacerle frente a un fenómeno que ha aparecido recientemente.
“Un fenómeno que es nuevo, así tenga relación con el tema paramilitar y demás, debe generar un
tipo penal específico, que permita una investigación y unas decisiones agiles: A mí me parece que
es útil como instrumento, porque estas bandas se están amparando, en cierta forma, en la idea de
que no tienen ninguna relación formal con organizaciones preexistentes, y eso dificulta la acción
judicial. Yo creo que está bien planteado el tema”, explicó. […]
[…] De otro lado, el ponente de la iniciativa, el representante a la Cámara Alfredo Delunque, ya
había detallado que esta nueva tipificación penal castiga hasta con 25 años de cárcel a los que
pertenezcan a una banda criminal. […] (Aumenta discusión por nuevo delito penal para frenar
Bacrim, 8 de marzo de 2011.)

La siguiente demostración del interés del Gobierno, o más bien lo que podría mostrarnos la
falencia de su teoría sobre las bandas criminales como delincuentes comunes, es el apoyo dado a
la presentación de un proyecto de ley en el año 2011 donde las víctimas de las bandas criminales
podrían ser beneficiadas de alguna manera. Que más prueba del interés estatal que las declaraciones
sobre el tema, del entonces ministro, German Vargas Lleras:

[…] “El proyecto establece un concepto de víctima independientemente de quien sea el victimario.
Este es el avance que tiene el proyecto”, dijo. […]
[…]De esta manera, quedarán incluidas las víctimas de las Bacrim en la medida que hayan sido
objeto de violaciones graves y manifiestas de los Derechos Humanos. […]
[…]El jefe de la cartera política recordó que uno de los pilares de esta iniciativa es la no discri-
minación de las víctimas […]. (Ley de víctimas reparará a afectados por las Bacrim, 18 de marzo
de 2011.)

En el inicio de este apartado, señalamos que uno de los intentos desesperados del Gobierno
para combatir a estas organizaciones, fue la creación de la unidad nacional contra las bandas
criminales. En la actualidad, poca o ninguna alusión se hace a este grupo. Sin tratar de especular
sobre el tema es evidente que eso responde a las dificultades de la unidad por terminar de una vez
por todas con este fenómeno.

Vale rescatar, que en el intento por cumplir su labor se han obtenido ciertos logros, como
la captura de “122 miembros de la Fuerza Pública y funcionarios del Estado”, (Así va la guerra
contra las bandas criminales, 14 de marzo de 2014.) situación que nos recuerda a aquellas AUC
que daban ciertas órdenes a diversos integrantes de las organizaciones del Estado colombiano. Sin
embargo, no podemos dejar de lado sus logros en materia de desarticulación.

163
[…]Los esfuerzos están dedicados a la desarticulación de estas organizaciones criminales
conocidas como los ‘Urabeños’, los ‘Rastrojos’, el Erpac, entre otros. A la fecha, los jueces de
garantías en el país han realizado 5.701 capturas en contra de estas organizaciones criminales. De
esas capturas se han hecho efectivas 4.903 y todos han quedado con detención en establecimiento
carcelario”, indicó. […]
[…] Se han obtenido una serie de sentencias que han permitido lograr que 1.711 de estas personas
capturadas se encuentran bajo prisión y con sentencias ejemplarizantes como la de Luis Hernando
Morales, alias ‘Pingüi’, por los delitos de homicidio agravado y concierto para delinquir agravado.
Miembro de la organización criminal los ‘Machos’ que fue condenado a 56 años. Igualmente, del
señor Óscar Darío Barrientos, alias ‘Caracho’ de los ‘Rastrojos’, condenado a 50 años de prisión”
[…]
[…] En ese grupo también incluyó a Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’ condenado a 36
años de cárcel. Según explicó, la sentencia se dio luego de un preacuerdo en el cual el procesado
aceptó los cargos por los que se le investigó (homicidio agravado, concierto para delinquir y porte
ilegal de armas). […]
[…]Se ha logrado la desarticulación de organizaciones criminales como la de Erickson Vargas
Cardona, alias ‘Sebastián’; la de Maximiliano Bonilla Oroz, alias ‘Valenciano’ y que la estructura
de los ‘Urabeños’, fue golpeada con la captura de ‘Don Mario’ y la detención de los hermanos
Calle Serna más conocido como los ‘Combas’, unos recluidos en Estados Unidos y otros en
Colombia. […]
[…] Durante los últimos tres meses se han capturado 270 integrantes de las bandas criminales en
todo el país. La organización criminal más golpeada ha sido los ‘Urabeños’ con 122 capturados y
72 de la organización criminal de los ‘Rastrojos’. Además, se han capturado funcionarios
públicos, entre ellos tres de la Policía y unos del CTI” […] (Así va la guerra contra las bandas
criminales, 14 de marzo de 2014.)

Para complementar estas posiciones, ha sido tal el interés del Gobierno por las bandas
criminales que el presidente Juan Manuel Santos reconoció la existencia de un grupo anti
restitución, pese a que las autoridades locales lo negaron en su momento. “La realidad es que este
supuesto 'ejército' ha multiplicado su presencia por medio de panfletos, amenazas e intimidación a
líderes de la restitución”. (¿Existe un grupo armado ilegal contra la restitución de tierras?, 7 de
septiembre de 2012.)

El presidente Juan Manuel Santos, sorprendió este sábado al país con sus declaraciones en las que
no sólo aseguraba la existencia de un ejército antirestitución, sino que señaló a dos miembros de
las 'Bacrim': Augusto Francisco Castro Pacheco, alias 'el tuto Castro' y Omar Motero Martínez,
alias 'Codazzi', como los cabecillas de este grupo. La sorpresa no es poca. Es la primera vez que
oficialmente alguien del nivel del mandatario reconoce que las bandas criminales no se dedican
solo al narcotráfico, sino que también se habla de un ejército antirestitución como tal. (¿Existe un
grupo armado ilegal contra la restitución de tierras?, 7 de septiembre de 2012)

Hasta el momento, la manera en que los artículos expresan el fenómeno nos permite inferir
que, en este periodo, se entiende a las bandas criminales como organizaciones que representan una
continuidad del paramilitarismo. Sin embargo, también se reconoce que estas organizaciones no

164
presentan una identidad establecida, lo que hace que se descuide en ciertas ocasiones la
denominación utilizada para nombrarlo. Por lo tanto, la intención general de los artículos es
mostrarle al público que las bandas criminales son un actor significativo del conflicto armado
colombiano.

La denominación Bacrim está siendo utilizada por los medios como un eufemismo, debido a que
en las características del artículo prevalece (hasta el momento) el carácter informativo sobre el
analítico; es decir, no se presenta una posición crítica ante las facetas y dinámicas del fenómeno.

Por otro lado, aunque el Gobierno ha dado conocer en reiteradas ocasiones que estas
organizaciones corresponden solamente a la criminalidad común, desconcierta un poco la cantidad
de estrategias y tácticas que este ha generado para contrarrestar “un simple fenómeno criminal”.
Para terminar de responder a estas cuestiones, empezaremos por responder como se está
entendiendo la opinión pública a las bandas criminales.

2. ENTENDIENDO A LA OPINIÓN PÚBLICA: SOBRE LAS BANDAS CRIMINALES

En el presente apartado, se pretende visualizar cómo entiende la opinión pública a las


diferentes bandas criminales. Para facilitar la realización del análisis y con el fin de presentar la
información recopilada de la manera más organizada posible, cada sección de este apartado estará
divida en dos partes: en primera instancia, se presentarán las posiciones encontradas sobre el tema
de manera descriptiva y en la segunda parte, se realizará el respectivo análisis, con ayuda de
algunos de los elementos construidos y recopilados en nuestro marco teórico.

El apartado está dividido en las posiciones de las organizaciones no gubernamentales,


organizaciones gubernamentales o de miembros del Gobierno y finalmente, la posición de
diferentes actores políticos respecto al tema.

2.1 En contraposición: Gobierno y organizaciones

La posición de la organización Human Rights Watch que, casualmente, fue expuesta por
Semana (2010) y El Espectador (2010) en la misma fecha, está basada en una serie de informes
publicados por dicha organización y algunas de las declaraciones de su director José Vivanco,
quien señaló a los medios que "independientemente de cómo se llamen a estos grupos

165
paramilitares, bandas criminales u otra denominación, no debe minimizarse el impacto que tienen
actualmente para los derechos humanos en Colombia". (HRW confirma que paramilitares siguen
cometiendo atrocidades, 3 de febrero de 2010.)

[…] (HRW) subrayó que los paramilitares que surgieron tras la desmovilización de las temidas
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entre 2003 y 2006, siguen cometiendo graves
atrocidades contra los civiles en este país.
HRW determina que los nuevos grupos criminales actúan en 24 de los 32 departamentos del país,
con especial énfasis en la ciudad de Medellín, la región del Urabá, en el norteño departamento del
Chocó, y en los departamentos del Meta y Nariño. […] (HRW confirma que paramilitares siguen
cometiendo atrocidades, 3 de febrero de 2010.)

Semana (2010) por su parte es más específico en dar detalles sobre el trabajo de la
organización: “Dos años de investigación en siete regiones del país fueron suficientes para concluir
que la nueva generación del paramilitarismo en Colombia está azotando especialmente a Medellín,
el Urabá chocoano, Meta y Nariño”. Según el organismo, en estas zonas atacan a menudo
defensores de derechos humanos y sindicalistas. (Gobierno no ha hecho lo suficiente para combatir
a los sucesores de los ‘Paras’: HRW, 3 de febrero de 2010.)

[…] “Independientemente de cómo se les llame a estos grupos —paramilitares, bandas criminales
u otra denominación— no debe minimizarse el impacto que tienen actualmente para los derechos
humanos en Colombia”, aseguró José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW. “Al
igual que los paramilitares, estos grupos sucesores cometen gravísimas atrocidades y deben ser
detenidos”, agregó. […] (Gobierno no ha hecho lo suficiente para combatir a los sucesores de los
‘Paras’: HRW, 3 de febrero de 2010.)

Igual que otros organismos como la MAPP-OEA, la HRW denuncia que, con la última
desmovilización de paramilitares en el 2006, este fenómeno no se acabó. Por eso critica
fuertemente la posición del Gobierno, donde expresa públicamente que los paramilitares ya no
existen en el país.

[…] “El Gobierno (...) no ha destinado recursos suficientes a las unidades de Policía encargadas
de combatir a estos grupos, ni al grupo de fiscales responsables de investigarlos. No ha hecho
prácticamente nada por investigar ni prevenir posibles vínculos entre los grupos sucesores y los
agentes del Estado o las fuerzas de seguridad pública. Y aún no ha adoptado medidas específicas
para proteger a los civiles frente a esta nueva amenaza. En lugar de ello, el Gobierno se ha
mostrado renuente a asignar fondos suficientes y a tiempo al Sistema de Alertas Tempranas de la
Defensoría del Pueblo (...) y en ocasiones organismos del Estado habrían denegado asistencia a
civiles que denunciaban haber sido desplazados por los grupos sucesores”, señala el documento,
que tiene 126 páginas. […] (Gobierno no ha hecho lo suficiente para combatir a los sucesores de
los ‘Paras’: HRW, 3 de febrero de 2010.)

166
En contraposición, en Semana (2010) el ministro de Defensa de aquel entonces, Gabriel
Silva19, descalificó este informe y aseguró que tiene claras intenciones políticas.

[…]"Tiene opiniones equivocadas, sesgadas, se meten hasta con el proceso electoral en


Colombia", dijo el ministro, quien dijo que no tenía esperanzas de la reunión con Vivanco, "porque
sabemos que ellos no aceptan razones". Las autoridades tienen identificadas en toda Colombia
organizaciones como Los Urabeños, Los Rastrojos, el Erpac, Los Paisas, Los Machos, Nueva
Generación, el grupo de Magdalena Medio y Renacer. “Human Rights Watch también recibió
denuncias creíbles sobre la existencia de otros grupos, como los Águilas Negras en Nariño, que
la Policía no incluye en su lista”, señala en su informe […] (Gobierno no ha hecho lo suficiente
para combatir a los sucesores de los ‘Paras’: HRW, 3 de febrero de 2010.)

El Espectador (2010) expone que el panorama descrito en el reporte no fue fácil de asimilar
para los altos funcionarios:

[…] “Después del proceso de desmovilización (de los paramilitares) surgieron grupos sucesores
en todo el país que continuaron las actividades delictivas (...) que tienen un impacto brutal en la
situación humanitaria y de Derechos Humanos en Colombia (...) y cometen en forma habitual
ataques contra civiles y crímenes atroces que incluyen masacres, ejecuciones, violaciones sexuales
y desplazamientos forzados. Y el Estado tiene la obligación de proteger a la población civil.
Lamentablemente, el Gobierno aún no ha tomado medidas contundentes y efectivas para cumplir
estas obligaciones” […] (La sombra de los paras, 3 de febrero de 2010.)

El ministro Silva, le atribuyó a la investigación una “orientación política e ideológica (y)


ante todo una intención deliberada de afectar la reputación de la política de seguridad democrática”.
(La sombra de los paras, 3 de febrero de 2010.)

[…] Vivanco añadió que el informe estaba basado, además de en entrevistas a personas en zonas
afectadas por la violencia de los nuevos grupos paramilitares, en fuentes oficiales como la Fiscalía,
la Policía, así como también en la Misión de Apoyo al Proceso de Paz (MAPP) de la OEA. […]

Por su parte El Nuevo Siglo (2010), presenta este artículo sobre el trabajo de la
organización, un día después. La posición del ministro Silva sobre el informe, solo es presentada
con una afirmación breve:

[…] El informe fue rechazado por el ministerio de defensa Gabriel Silva, quien aseveró que “no
se basa en la realidad” […]
[…] “No tienen información sino especulaciones, son generalidades que cuando uno las confronta
con los hechos nunca son capaces de demostrarlo. Es una mentira”, dijo Silva. […] (Herederos de
los paramilitares operan en 24 departamentos, 4 de febrero de 2010.)

HRW manifestó que hubo “fraude” en la desmovilización de las Autodefensas Unidas de


Colombia (AUC) y su director, “sostuvo que “a partir del mismo minuto” en que se desmovilizaron

19
Ministro durante el segundo periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez. (ver anexo 1)

167
los grupos paramilitares, en un proceso que se extendió entre 2003 y 2006, surgieron las nuevas
organizaciones que los reemplazaron”. (Herederos de los paramilitares operan en 24
departamentos, 4 de febrero de 2010)

[…]Según Vivanco, pese a que tienen diferencias con las desmovilizadas Auc, “estos grupos son
en muchos sentidos una continuación de algunos bloques paramilitares muy conocidos.
“Queremos recordar al Gobierno del presidente Álvaro Uribe que tiene obligaciones para
enfrentar a esos grupos y proteger a la población civil. Creemos que hay una actitud pasiva y un
discurso dirigido a minimizar la importancia de este problema”, denunció. […]
[…] “No hay suficientes policías en las zonas en las que actúan estos grupos, y no vemos el
despliegue de recursos necesarios. Tampoco notamos esfuerzos para enfrentar la tolerancia con
estos grupos”, añadió. “Pero organizaciones de la sociedad civil y expertos sostienen que pueden
llegar incluso a los 10.000, y nosotros agregamos otro grupo, el de las Águilas Negras en el
departamento de Nariño” afirmo Vivanco. […]
[…]El informe citó entre los abusos las “masacres, ejecuciones, violaciones sexuales, amenazas
y extorsión”, estas últimas especialmente en contra de sindicalistas. Además, HRW registró un
incremento del desplazamiento forzado de personas entre 2004 y 2007 “que coincide con la
desmovilización de las Auc y el surgimiento de estos nuevos grupos” indicó Vivanco. […]
(Herederos de los paramilitares operan en 24 departamentos, 4 de febrero de 2010)

Los artículos en general, por muy extensos que sean, ocupan no más de una cuartilla de la
sección a la que pertenecen, a menos que sea un informe o una investigación; cuando son
comunicados a la opinión pública, cumplen esa misma condición. Por lo tanto, llama la atención
observar que en El Espectador (2010) apareciera la siguiente publicación rechazando
enfáticamente la posición de una organización no gubernamental sobre las bandas criminales, el
cual citaré completo, sin recortes o modificaciones:

El ministro del Interior y de Justicia, Fabio Valencia Cossio, se permite informar a la opinión
pública que:
1. El informe presentado por la ONG Human Rigths Watch, (HRW) ‘Herederos de los
paramilitares: la nueva cara de la violencia en Colombia’, es sesgado y denota falta de
información, de objetividad y de conocimiento del funcionamiento y trabajo conjunto de las
instituciones del Estado colombiano, presentando verdades a medias que pueden confundir a la
opinión pública.
2. Confunde Estado y Gobierno. No consultó suficientemente fuentes oficiales. Realiza
aseveraciones generales e incompletas, sacando conclusiones a partir de simples inferencias.
3. El Ministerio del Interior y de Justicia reitera que el paramilitarismo en Colombia está
extinguido y sus jefes en la cárcel. Lo que actualmente se presenta es el surgimiento de las
denominadas ‘Bandas Criminales Emergentes’ derivadas del narcotráfico, las cuales están siendo
combatidas por la Fuerza Pública, investigadas por la Fiscalía General de la Nación y juzgadas
por los jueces de la República.
4. No se pueden confundir las diferentes fuentes de violencia en el país. El informe utiliza cifras
de violencia global, que incluyen datos sobre distintos factores de criminalidad y violencia, para

168
sustentar su hipótesis del resurgimiento del Paramilitarismo en Colombia. De esta forma el
informe cuenta con información parcial, de la cual no se puede inferir un resultado veraz frente a
las conclusiones a las que se llega.
5. El Gobierno Nacional lucha activamente contra todos los grupos que al margen de la ley se han
convertido en fuente de violencia y el crimen, a través del asesinato, el secuestro, la extorsión, y
el desplazamiento forzado, afectando la población civil. Este hecho no es registrado con suficiente
claridad en el informe de Human Rights Watch presentado hoy por el señor José Miguel Vivanco.
6. El informe denota falta de claridad frente a las funciones que cumple tanto la Fiscalía General
de la Nación y los jueces de la República, confundiendo en algunos de sus apartes el rol del
ejecutivo con el de la Fiscalía como ente investigador y acusador, y el de los jueces como
administradores de justicia. En efecto Human Rights Watch urge al Gobierno Nacional a
Investigar y juzgar, funciones que no corresponden a un Estado de Derecho donde su poder
judicial funciona con autonomía e independencia.
7. El informe, información ampliamente [sic] conocida en el País sobre el éxito y eficacia del
proceso de justicia y paz. A 31 de noviembre de 2009, el Gobierno Nacional ha logrado identificar
y registrar a 52 mil desmovilizados de las AUC y la guerrilla. Esto convierte a Colombia en el
primer país en el mundo que ha alcanzado esta cifra de desmovilizaciones en un periodo tan corto.
8. El informe desconoce el esfuerzo del Gobierno Nacional en la reparación por vía administrativa
de 10.500 familias víctimas de la violencia en 2009 (280 mil personas registradas), con una
inversión de 100 millones de dólares. Para 2010 el presupuesto de la Nación para la reparación de
las Víctimas es de 150 millones de dólares y superará en los próximos años los 3.500 millones de
dólares.
9. Se desconocen también los diferentes programas como el de restitución de bienes con gran
impacto para el país. El Gobierno Nacional y la Comisión Nacional de Reparación y
Reconciliación con apoyo de la Comunidad Internacional, han creado cinco comisiones regionales
para la restitución de bienes.
10. Desconoce además que la Honorable Corte Constitucional, ha reconocido el avance del
Gobierno Nacional en la política para la restitución de tierras, con la cual se está devolviendo a
sus legítimos dueños estas propiedades.
11. El informe desconoce la disminución en el porcentaje de homicidios de sindicalistas, que en
2001 registró 205 asesinatos y en 2009 se redujo a 28, los cuales no hacían parte del programa de
protección.
12. El Ministerio del Interior y de Justicia ha presentado grandes avances en materia de protección
a través del Programa que maneja la dirección de Derechos Humanos, el cual actualmente tiene
11.179 personas con medidas de seguridad, y que abarcó en 2009 un presupuesto de 56 millones
de dólares.
13. El Ministerio del Interior y de Justicia informa a Human Rights Watch que actualmente trabaja
proyectos a favor de 16 poblaciones vulnerables y no solamente de tres como lo menciona en su
informe.
14. El Ministerio del Interior y de Justicia informa que el Sistema de Alertas Tempranas ha sido
priorizado y fortalecido por el Gobierno Nacional a través de esta Cartera, a tal punto que se han
diseñado tipologías novedosas de clasificación de las alertas tempranas que desconoce este
informe.
15. Así mismo se afirma que las decisiones carecen de transparencia cuando siempre han sido
resultado de una gran discusión del Comité Interinstitucional, en el cual participa la Defensoría
del Pueblo y posteriormente evaluadas rigurosamente a través de un monitoreo y seguimiento. En

169
este mismo sentido el informe plantea la falta de recursos para el Sistema desconociendo el
aumento en los recursos que hacen parte del presupuesto nacional destinado al mismo el cual en
2006 era de 300 millones de pesos y para el 2010 de 2370 incrementándose en un poco más de 7
veces.
16. El Ministro del Interior y de Justica invita a Human Rights Watch que, para futuros informes,
siga la metodología empleada por los relatores de Naciones Unidas, la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos y varias ONG internacionales, quienes previamente consultan y verifican
fuentes oficiales de información.
17. El Ministerio del Interior y de Justicia enviará a Human Rights Watch un informe detallado
que hará público, aclarando las imprecisiones y los vacíos de información. (Gobierno insiste en
que el informe de Human Right Watch es sesgado, 3 de febrero de 2010.)

Impresiona la rapidez con la que el ministro de defensa, (o el ministerio) hace partícipe a


la opinión pública de un comunicado donde niega tajantemente la veracidad de varias afirmaciones
realizadas en el informe el mismo día en que este se dio a conocer, por lo que podemos
preguntarnos si el ministro, tuvo el tiempo de leer las más de 100 páginas en un lapso de horas, y
mandar rápidamente el comunicado a la prensa para que este fuera publicado inmediatamente,
afirmando que esas aseveraciones podrían confundir a la opinión pública.

El Espectador (2010) además de publicar al comunicado, resalto y dio a conocer la posición


del Gobierno sobre el mismo.

[…]La pelea entre el Gobierno Nacional y Human Rights Watch, al parecer, continuará hacia
futuro y apunta a crecer con el paso de las horas.
Al concluir la reunión entre el ministro del Interior, Fabio Valencia, y el director de ese organismo,
José Miguel Vivanco, el Gobierno insistió que HRW está "sesgado" y "confunden a la opinión
pública". Valencia dijo que "hay intenciones políticas" de parte del informe presentado y aseguró
que "no se puede hacer éste con un sólo actor armado y sin mencionar las agresiones de la
guerrilla".
Para el Gobierno este documento de Human Rights Watch "denota falta de información, de
objetividad y de conocimiento del funcionamiento y trabajo conjunto de las instituciones del
Estado colombiano, presentando verdades a medias que pueden confundir a la opinión pública".
Según él, Vivanco "no consultó suficientemente fuentes oficiales y realiza aseveraciones
generales e incompletas, sacando conclusiones a partir de simples inferencias".
Cuando El Espectador le preguntó a Valencia Cossio acerca de cómo iba a hacer para que en la
opinión internacional no se interpretara que se viviría con Vivanco un escenario como el de
Venezuela fue expulsado, el ministro afirmó: "si se quiere venir a vivir aquí pues bien puede, le
ofrecemos todo porque aquí no le estamos repimiendo, pero si lo estamos controvertiendo porque
él no es la verdad revelada" […] (HRW confirma que paramilitares siguen cometiendo
atrocidades., 3 de febrero de 2010.)

El hecho de publicar este tipo de comunicado, el mismo día en que fue lanzado el informe,
demuestra que la prensa es un instrumento de producción de realidades, interpretaciones, imágenes

170
y significados de la vida social. Este tipo de discursos facilitan la construcción y reproducción del
discurso público, ciertos niveles de interacción y la visión del mundo que éstos transmiten, que es
acorde a los intereses y a la ideología de la clase dominante, es decir, del sistema económico y
estrechamente vinculado el sistema político. (Mancera, 2007.). Es lógico que al ver este tipo de
artículos el individuo ya acostumbrado a vivir en una sociedad de masas tome como verdad la
información proporcionada por el Gobierno y reste importancia a la presentada por la organización
no gubernamental.

Esto suele pasar constantemente en ciudades como Bogotá; a pesar de que está sometida a
situaciones de conflicto, los ciudadanos, no se toman la molestia de construir un imaginario crítico
de la violencia porque ésta no toca a su puerta diariamente. En este orden de ideas perderíamos lo
que Monzón (1987) denomina como acción racional, pues el pensamiento tiende a perder su
objetividad, afectando, por tanto, el contenido objetivo de toda racionalidad, llegamos incluso a
renunciar a nuestra capacidad de juzgar, cuestionar y criticar diversas acciones; esto incluye el
significado y uso de las palabras, pues los diferentes conceptos empiezan a implantarse de manera
pragmática para volverse funcionales, de esta manera se adaptan y sobreviven al desarrollo de la
sociedad.

Según Crisis Group (la organización no gubernamental con sede en Bruselas dedicada a la
resolución y prevención de conflictos armados en el mundo) “la Justicia colombiana no estaba
preparada para la desmovilización de las bandas herederas de los paramilitares, una de las mayores
amenazas a la seguridad en este país, porque no hay garantías de penas por crímenes atroces ni
posibilidades de reinserción”. (Justicia colombiana no está lista para desmovilización de las
Bacrim, 8 de junio de 2012.)

[…] La organización International Crisis Group, especializada en el estudio de los conflictos


armados, llegó a esa conclusión tras analizar el único caso que se ha presentado en Colombia de
desmovilización masiva de una "Bacrim". Con ese acrónimo de banda criminal es como denomina
el Gobierno a estos grupos herederos de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y
vinculados al narcotráfico y el crimen organizado. […]
[…] Según el informe "Desmantelando los Nuevos Grupos Armados ilegales en Colombia", al
que tuvo acceso Efe, el sometimiento a la justicia en diciembre de 2011 de unos 28020 miembros
del llamado Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista de Colombia (ERPAC) "corre el riesgo

20
La cantidad de desmovilizados de este grupo ha variado a lo largo del documento, empezamos en 450 y luego en
300 ahora miren donde vamos según las cifras. Esta es una de las razones de la difícil ubicación real de las bandas
criminales, la falta de veracidad y acuerdos comunes en la exposición de los datos.

171
de pasar a la historia como un fracaso" […] (Justicia colombiana no está lista para desmovilización
de las Bacrim., 8 de junio de 2012.)

Sobre la influencia de los grupos en las elecciones del 2011, Semana pública parte del
informe de esta misma organización titulándolo “Romper los nexos entre crimen y la política local
en las elecciones de 2011 en Colombia”, en este caso, la revista también recoge la posición de
miembros del equipo investigador (es una constante en la publicación de información y posiciones
sobre este tipo de organizaciones). El informe habla sobre “la violencia política, del fraude
electoral y de la infiltración de grupos ilegales en los próximos comicios y, advierte que se trata de
la primera prueba sobre la capacidad de los nuevos grupos armados ilegales sucesores del
paramilitarismo, las Bacrim, de interferir en la política local”. (¿Rumbo a la Bacrimpolítica?, 26
de julio de 2011.)

[…] “El alto número de precandidatos asesinados es un mal presagio para la campaña electoral,
pues sugiere que la tendencia de los últimos diez años, de una decreciente violencia electoral,
podría ser revertida”, afirma Christian Voelkel, analista de la ONG para Colombia, quien cree que
“existe un gran riesgo de que el dinero ilegal y la intimidación sean usados para influir en los
resultados”.
Y tras preguntarse si vamos rumbo a la “Bacrimpolítica”, concluye: “Si no se adoptan medidas de
mediano y largo plazo, muchas de las regiones de Colombia quedarían expuestas a un prolongado
mal Gobierno y violento conflicto. La debilidad de las instituciones públicas a nivel local sigue
favoreciendo las alianzas entre políticos y actores armados ilegales (...) Si no se impide el
fortalecimiento y la expansión de los nexos de las nuevas bandas criminales (Bacrim) con la
política local, estos grupos podrán operar todavía con mayor impunidad. La captura de dineros
públicos incrementaría la base de sus recursos y consecuentemente su potencial de convertirse en
una amenaza cada vez mayor para la democracia local y la seguridad nacional”. (¿Rumbo a la
Bacrimpolítica?, 26 de julio de 2011.)

En cuanto a los cuestionamientos sobre las posiciones del Gobierno, la Corporación Nuevo
Arcoiris denuncia en Semana, (2011) que “la caracterización de dichos grupos como “bandas
criminales” es “simplista, desorientadora y representa las actividades de estos grupos de una forma
limitada”. (Una radiografía a las llamadas Bacrim, 31 de marzo de 2011.)

Para refutar esta posición y evidenciar lo complejo del fenómeno, lo compara con lo que
eran las AUC. El informe identifica cuatro puntos:

- La persistencia del narcotráfico y las relaciones estrechas que tuvieron narcotraficantes con las
AUC, y que continúan ahora con las llamadas Bacrim, lo cual asegura su financiación.
- La continuidad entre los mandos medios y bajos de los frentes de las AUC y los ahora jefes de
los grupos reorganizados, quienes han reconstruido parte de las relaciones institucionales que
funcionaron efectivamente en el pasado.

172
- Corrupción en las agencias estatales y la representación política local, resultado de la persistencia
del narcotráfico. Esto es latente en los territorios con actividades extractivas y en zonas rurales y
urbanas en donde la venta de protección es rentable.
- Las fisuras entre los contextos políticos locales de las zonas de influencia de las antiguas AUC
y la coalición de fuerzas políticas que jalonan al Gobierno nacional. Los quiebres entre centro y
región son el resultado de la política anticorrupción y de restitución de tierras a las familias
despojadas por las AUC. (Una radiografía a las llamadas Bacrim, 31 de marzo de 2011.)
El documento reitera la importancia de mejorar la caracterización de estos grupos. “El
término neoparamilitar, ofrecido como alternativa a la denominación oficial, no es el óptimo,
aunque es más complejo e incluye más elementos de realidad”. (Una radiografía a las llamadas
Bacrim, 31 de marzo de 2011.)

Otro aspecto, es el que tiene que ver con la información sobre las acciones de estos grupos.
Según el informe hay una enorme tendencia al subregistro y a que sus acciones sean invisibles para
el público y las autoridades

El informe señala que no hay acuerdo en cuanto al número de municipios con actividades de las
Bacrim. Mientras la Policía Nacional indicó que para el 2010 registraron actividades en 152
municipios repartidos en 20 departamentos, el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS,
en cabeza de su director, Felipe Muñoz, seis meses antes, había señalado que sólo 54 municipios
estaban afectados. (Una radiografía a las llamadas Bacrim, 31 de marzo de 2011.)

En El Espectador (2012) se presentan las denuncias del Indepaz donde muestra que en 31
de los 32 departamentos del país (incluso Bogotá) están azotados por el violento accionar de las
llamadas bandas criminales, que pese a las acciones de la Fuerza Pública siguen creciendo cada
año más.

De acuerdo con el reciente informe de Indepaz, en los últimos cuatro años se ha registrado una
expansión en la que cada vez son más los municipios en los que hacen presencia las Bacrim. Para
2008 estaban en 259 poblaciones colombianas y el año pasado llegaron a 406, lo que representa
casi el 40% del territorio nacional. Vichada y Amazonas son los únicos departamentos en los que
las Bacrim no han logrado incursionar.
Según el informe, el panorama posdesmovilización mostró la presencia de cerca de 40 estructuras
paramilitares en el país, que se vieron en la disputa por la retoma de los poderes locales y
regionales (cooptación de agentes del Estado, obtención de contratos y participación en
licitaciones), así como el manejo del negocio del narcotráfico (rutas, laboratorios de
procesamiento, entrada de insumos y cultivos), minería y refinerías ilegales, explotación ilegal
maderera y tráfico de gasolina.
“‘Los Rastrojos’, ‘Urabeños’, ‘Paisas’, ‘Águilas Negras’ y Erpac son los grupos
narcoparamilitares que han logrado consolidarse a lo largo del territorio nacional, siendo los dos
primeros los que mayor incidencia tienen. Existen otros grupos como ‘Cordillera’, ‘Los Machos’,
‘Alta Guajira’ y el grupo al mando de Martín Llanos, recientemente capturado, que aún conservan
algunas regiones gracias a las alianzas que están teniendo con los grupos de mayor poder”, reseña
el documento de Indepaz. (Las Bacrim crecen en todo el país, 19 de febrero de 2012.)

173
Meses después se presentan oposiciones, el entonces ministro de Defensa, Juan Carlos
Pinzón, dijo en El Espectador (2012) que las Bacrim son un fenómeno en primera línea para ser
atacadas desde 2006, cuando empezaron a aparecer. Además, “cerró la puerta a cualquier diálogo
o negociación por parte del Gobierno con los miembros de las bandas criminales. Según él, carecen
de ideología política y sólo son grupos de paramilitares.” (Estamos debilitando a las Bacrim':
Mindefensa, 30 de julio de 2012.)

El ministro Juan Carlos Pinzón aseguró que en 934 municipios del país no hay presencia de estos
grupos ilegales.
“En 934 municipios del país no hay presencia de bandas criminales”. Esa fue la afirmación que el
ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, hizo desde Rionegro (Antioquia), donde se encuentra
con el presidente Juan Manuel Santos la llamada ‘Vuelta a Colombia’.
Según el ministro Pinzón, durante el Gobierno Santos se han “neutralizado” más de siete mil
integrantes de bandas criminales –más de dos mil fueron detenidos en el primer semestre de este
año–, incluyendo 11 líderes y una veintena de jefes regionales.
“Todas estas operaciones contra las bandas criminales significan que, en la medida en que hemos
neutralizado sus principales cabecillas y que capturamos y judicializamos un mayor número de
miembros de estas estructuras estamos restándole capacidad a estas organizaciones. Este
debilitamiento se va a traducir en una capacidad cada vez más limitada para intimidar a la
población", aseguró el alto funcionario. (Estamos debilitando a las Bacrim: Mindefensa, 30 de
julio de 2012.)

En este caso el mismo medio cuestiona las afirmaciones del ministro citando cifras del
Indepaz, Estas aseveraciones, sin embargo, contrastan la información recabada por organizaciones
como esta que, “según divulgó El Espectador a finales del año pasado, las denominadas Bacrim
operan en 347 municipios y en 30 departamentos del país. Y que en 271 municipios la presencia
ha sido permanente en los últimos tres años”. (Estamos debilitando a las Bacrim: Mindefensa., 30
de julio de 2012.)

[…] “No sé de cuándo será el informe del ministro (Pinzón) pero creo que vale la pena mirar con
lupa su fuente o los criterios para contabilizar esta presencia de grupos ilegales. Igual siempre ha
habido una diferencia siempre entre las cifras del Gobierno y otras organizaciones”, señaló Camilo
González Posso, director de Indepaz.
En entrevista con este medio, González Posso sostuvo que “quizá lo que el Gobierno quiere
mostrar es que hay eficacia frente a este desbordamiento de seguridad”.
Con base en los datos arrojados por el informe de Indepaz hace unos meses, sería imposible que
934 localidades estén libres de bandas criminales. O sería prueba de que, en menos de un año, las
autoridades consiguieron acabar con la presencia de las Bacrim en por lo menos un centenar de
municipios. […] (30 de julio de 2012)

174
Sobre las organizaciones internacionales Semana (2010) presenta la preocupación de la
ONU sobre la reaparición de “grupos armados ilegales surgidos del proceso de desmovilización
de organizaciones paramilitares”. (Bandas criminales son comandadas por mandos medios de
antiguos 'paras': ONU, 11 de marzo de 2010.)

[…] A este respecto, el informe dice que “en muchas zonas del país, la oficina en Colombia
observa con gran preocupación la expansión y creciente actividad y violencia contra la población
perpetrada por los grupos armados ilegales surgidos del proceso de desmovilización de
organizaciones paramilitares”.
Entre los hechos que inquietaron en 2009 a este organismo internacional se cuentan masacres,
asesinatos, amenazas, desplazamientos y violencia sexual contra personas que no tienen ninguna
participación en la guerra que vive el país. “Los ataques han Estado dirigidos contra quienes se
oponen a las exigencias de estos grupos, poseen propiedades de su interés, son percibidos como
colaboradores o miembros de otros grupos, o están en una zona de disputa con grupos rivales.
Entre las víctimas también hay numerosos desmovilizados por ajustes de cuentas o por negarse a
integrarse a estos grupos”, dice la ONU. […]
[…]Sobre el modo de actuar, dice en el documento que algunos de estos grupos “operan de un
modo parecido a las antiguas organizaciones paramilitares, y participan en actividades criminales
tales como narcotráfico, extorsión, despojo de tierras, prostitución y trata de personas, así como
en actividades lícitas, aunque a veces irregulares, como loterías y seguridad privada” .Esos grupos,
según Naciones Unidas, están dirigidos por personas que “fueron anteriormente mandos medios
de esas organizaciones o militares”. […] (Bandas criminales son comandadas por mandos medios
de antiguos 'paras': ONU, 11 de marzo de 2010.)

A diferencia de la información presentada anteriormente, el artículo relacionado con esta


organización reconoce que, desde el Gobierno se han hecho esfuerzos para contrarrestar a estos
grupos, sin embargo, les recuerda que no se puede ver a las bandas criminales como delincuencia
común.

[…] “El reto que plantean va más allá de la delincuencia común. El hecho de que estos grupos
operen en lugares donde actuaron los antiguos grupos paramilitares, aprovechando sus estructuras
económicas y políticas, reitera la necesidad de redoblar los mecanismos de prevención para la
población en riesgo (especialmente para los jóvenes en áreas urbanas y rurales) y de proteger y
atender a los afectados” […] (Bandas criminales son comandadas por mandos medios de antiguos
'paras': ONU, 11 de marzo de 2010.)

Por su parte, el gobierno reconoció que a partir de la información presentada por la ONU a
Semana (2010), la existencia y el desafío que representan estos grupos que han surgido después de
la desmovilización de los paramilitares. Sin embargo, consideró inadecuado “que toda la
criminalidad colombiana sea catalogada como neoparamilitarismo, la reedición de los
paramilitares o la continuidad de éstos; tal como se expresó” (Bandas criminales son comandadas
por mandos medios de antiguos 'paras': ONU,11 de marzo de 2010.)

175
[…]El argumento que da es que “no hay homogeneidad en la conformación, propósitos, métodos
y actividades de estos grupos; es dable encontrar estructuras militares o cuasi militares, mafiosas,
sicariales y diversidad de propósitos: extorsión, territorio, comercio minorista de drogas ilícitas,
narcotráfico, redes de prostitución, entre otros. Se trata de no calificar de paramilitares a toda
banda delincuencia organizada en Colombia; ello no niega las exigencias para castigar a quienes
incumplen los compromisos del proceso de desmovilización, ni la intensidad con la que hay que
combatir la delincuencia” […] (Bandas criminales son comandadas por mandos medios de
antiguos 'paras': ONU, 11 de marzo de 2010.)
Otra organización que manifiesta su posición sobre el tema está vez en El Nuevo Siglo
(2010) es la OEA. Habla sobre el reclutamiento que han llevado a cabo las bandas criminales
después de la desmovilización de las AUC. Señala que para prevenirlo se requiere de una “gran
estrategia nacional de carácter integral” para evitar que sigan dañando el tejido social y
comprometiendo a las futuras generaciones del país. Y, resalta que esta problemática afecta tanto
a desmovilizados como a jóvenes, adolescentes y niños, así como a indígenas menores de edad.

[…] “Han desaparecido como una realidad política”, lo cual es, sin duda, “de significativa
importancia para el país” y representa un gran paso dentro del proceso de paz que se inició en el
2004. No obstante, advirtió que una parte ha reaparecido no como paramilitares, sino como bandas
criminales ligadas de manera explícita al narcotráfico y a otras actividades ilegales.
La Misión ha detectado que en diversas zonas del país las acciones de las estructuras emergentes
o bandas criminales en contra de la población no han cesado y sigue haciendo masacre, secuestro,
desapariciones, homicidios amenazas y extorsiones.
Insulza también expresó su preocupación por el aumento de la tasa de homicidios y la violencia
entre estructuras emergentes que afectan a algunas zonas rurales y a ciudades como Bogotá y Cali.
[…] (Paras y bandas emergentes intensifican reclutamiento: OEA, 29 de abril del 2010.)

Según Amnistía Internacional (AI) los paramilitares, que durante los años 80 y 90
cometieron miles de crímenes atroces entre 2003 y 2006 cuyos jefes, depusieron armas y se
acogieron a un proceso de paz, persisten en el país, afirmó la entidad.

“Aún se mantienen las estructuras políticas y económicas de los paramilitares en las regiones, y
las víctimas son las mismas; sindicalistas y líderes comunitarios”, dijo a la AFP Marcel Pollack,
responsable de AI para Colombia.
“No compartimos la posición de Gobierno de que ya no existe paramilitarismo. El Gobierno
argumenta que estos nuevos grupos (que llama bandas criminales) está al servicio del narcotráfico,
pero los paramilitares siempre estuvieron al servicio del narcotráfico”, resaltó Pollack.
"Al final, el nombre con que se califiquen esos grupos es un debate académico, porque el resultado
para las víctimas es el mismo", añadió. (AI alerta sobre persistencia paramilitar, 21 de septiembre
de 2011.)

Amnistía Internacional ha sido crítica de la Ley de justicia y Paz que acompañó el proceso
de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) pues considera que se

176
brindaron beneficios procesales a los jefes de esos grupos a cambio de la confesión de sus crímenes
y la reparación a las víctimas. "Esa ley se centró en los jefes, pero no tocó las estructuras en las
regiones. Vemos en la actualidad una situación similar a la de los años 80", cuando había varias
organizaciones paramilitares aún no centralizadas en las Auc. (AI alerta sobre persistencia
paramilitar, 21 de septiembre de 2011.)

"Pensamos que hay condiciones para el resurgimiento (de una gran organización jerárquica), con
los grupos más grandes que están absorbiendo a los pequeños”, refirió.
Según AI, cerca del 90% de los 32.000 paramilitares desmovilizados entre 2003 y 2006 "no fueron
nunca investigados por violaciones de derechos humanos y por tanto pudieron volver libremente
a sus comunidades". (AI alerta sobre persistencia paramilitar, 21 de septiembre de 2011.)

A pesar de que estas organizaciones difieren en la denominación que le dan al fenómeno


de las bandas criminales, la mayoría coinciden en que estas presentan una continuidad en algunas
de las características que tenía el paramilitarismo y que las organizaciones están conformadas por
un significativo número de personas que hicieron parte de las autodefensas unidas de Colombia.

2.1.1 Con financiamiento del Estado

En el 2010 se dio a conocer el II informe Nacional de Desarme, desmovilización y


reintegración que hace un seguimiento a los avances y tropiezo en el plan de reinserción de grupos
armados ilegales. Como era de esperarse, parte de la información presentada por la organización
fue puesta en conocimiento del público. De la información recopilada, solo el Nuevo Siglo (2010)
presentó la información.

[…] La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), autora del informe, calcula
la tasa de reincidencia en un 15,5 por ciento del total de los desmovilizados (que son más de 55
mil personas), mientras que los combatientes en las llamadas bandas emergentes criminales al
servicio del narcotráfico (Bacrim) ascienden a 6000. En otras palabras, casi ocho mil militares y
guerrilleros que entraron de manera individual o colectiva, a procesos de paz o desertaron de sus
respectivas facciones volvieron a delinquir.
La investigación también dejo en evidencia que, en la aparición de otros grupos rearmados o
reconformados, hay “frecuente participación y liderazgo de ex jefes paramilitares y
desmovilizados marginados del proceso de reintegración”.
Y como si fuera poco, también se advierte de la proliferación de redes criminales y de bandas de
la delincuencia organizadas en territorio de impacto de los procesos de desactivación para, lo que
pone de presente la forma en que el Estado falló en la consolidación de los territorios en donde
antes operaban las facciones ilegales que se reinsertaron. […] (Reincidencia criminal, 20 de
diciembre de 2010.)

177
En un comunicado del año 2011 al ministro de Defensa, el defensor del Pueblo argumentó
que estas bandas criminales cumplen con los requisitos, a la luz del DIH, para ser consideradas
actor armado.

Los grupos armados “mal llamados Bacrim” cuentan con mandos jerárquicos, capacidad para
reclutar y entrenar, habilidad para coordinar operaciones de tipo militar y ejercer control sobre un
territorio. Esos argumentos, señala el defensor del Pueblo Jorge Armando Otálora, son más que
suficientes para dejar de considerarlos “simplemente” bandas criminales o redes delincuenciales.
Sin embargo, continúa el defensor del Pueblo, el término Bacrim “desconoce la naturaleza de tales
organizaciones, su estructura y modus operandi (…) su accionar violento conculca gravemente
los derechos fundamentales de los ciudadanos”, señaló Otálora. Palabras que tienen aún mucho
más sentido después de que, la Semana pasada, una de esas bandas criminales masacrara a 10
campesinos en Santa Rosa de Osos (Antioquia). (Bandas criminales están en uno de cada tres
municipios del país, 16 de marzo de 2011.)

De acuerdo con el alto funcionario, calificar a las Bacrim de delincuencia común a influido
negativamente en la respuesta del Estado, pues el Ejército estaría valiéndose de un “vacío jurídico”
para designar la labor de enfrentar a estos grupos a la Policía. La escalada de violencia en el país
ha aumentado, “pero, advirtió Otálora, las autoridades nacionales, regionales y locales sólo
proponen medidas formales sin mayor impacto”. (Bandas criminales están en uno de cada tres
municipios del país. 16 de marzo de 2011.)

En el caso de la Defensoría del pueblo, entidad de la que podríamos esperar un poco más
de neutralidad e integridad a la hora de hacer referencia a estas organizaciones, la información de
esta es presentada por la prensa de la siguiente manera:

El más reciente informe de la Defensoría del Pueblo sobre los riesgos que enfrentan los defensores
de derechos humanos en Bogotá demuestra la falta de consenso institucional que existe respecto
a la injerencia de bandas criminales (Bacrim) en la capital del país. Según la Defensoría, grupos
armados surgidos tras la desmovilización de las autodefensas, tales como el bloque Capital de las
Águilas Negras y los Comandos Urbanos de los Rastrojos, establecieron alianzas con pequeñas
organizaciones delincuenciales de los barrios periféricos con el fin de “seguir influyendo en las
comunidades, deshacerse de adversarios políticos y continuar con la apropiación de recursos
mediante la utilización de unidades sicariales y redes de inteligencia”.
En concepto de la entidad, esa estrategia responde al interés de las Bacrim para “mantener su
capacidad desestabilizadora sin tener que asumir los costos políticos y judiciales”, además de
camuflarse para “generar la percepción de que sus crímenes no tienen nada que ver con el ejercicio
de la violencia política o las hostilidades en el marco del conflicto armado”. Como prueba de ello
recordó distintos hechos violentos ejecutados por esas estructuras en lo corrido del año, tales como
la circulación de un panfleto amenazante firmado en febrero por las Águilas Negras y dirigido
contra los hoy congresistas Iván Cepeda y Alirio Uribe, ambos del Polo Democrático. En él, los
dirigentes fueron declarados objetivos militares y conminados a abandonar sus actividades
políticas.

178
Pese a ello, la dirección seccional de Fiscalías de Bogotá informó que en las localidades Ciudad
Bolívar y Bosa, donde se han reportado reclutamientos, homicidios y amenazas, los responsables
de esos delitos “son bandas de delincuentes que utilizan marcas de reconocidas organizaciones
criminales para perpetrar los ilícitos”, una tesis que ha sido respaldada por la Fuerza Pública. En
una junta extraordinaria, el Comando Integrado de Inteligencia contra las Bandas Criminales, el
B2 del Ejército, la Fuerza Aérea, la Dirección Antinarcóticos de la Policía, la Sijín, el Gaula y el
CTI determinaron que “en Bogotá no se cuenta con influencia de bandas criminales”. Igualmente,
funcionarios de la administración Distrital le expresaron a la Defensoría que “en la ciudad no hay
presencia de grupos armados ilegales que participen en el conflicto armado”. (La controversia por
injerencia de las Bacrim en Bogotá. 20 de diciembre de 2014)
En esta oportunidad el mismo medio cuestiona la falta de consenso entre las mismas
instituciones del Gobierno, apreciación que puede permitirle al lector crear posiciones y
cuestionamientos sobre el tema facilitando que el individuo genere una posición crítica frente a la
misma.

La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación fue creada en su momento bajo la


Ley de Justicia y Paz en 2005. Tenía el objetivo de garantizar la participación de las víctimas en
los procesos de esclarecimiento judicial, presentar informes sobre el origen y evolución de los
grupos armados ilegales y hacer un seguimiento a los procesos de desmovilización. A pesar de lo
que se podría creer de una organización que posee financiamiento estatal para funcionar, esta
organización no tiene reparos a la hora de denunciar públicamente los problemas de este proceso.

La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación CNRR calcula la reincidencia en un 15,5


por ciento del total de los desmovilizados 55 mil personas, contando guerrilleros y autodefensas
se reinsertaron (individualmente), mientras que los combatientes en bandas emergentes ascienden
a 6.000. "[...] Estos hechos representan riesgos para las víctimas del conflicto interno y para el
acceso pleno a sus derechos; la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición",
agregó el informe, al tiempo que advirtió que además de la aparición de otros grupos rearmados
o reconformados, con frecuente participación y liderazgo de jefes paramilitares y desmovilizados
marginados del proceso de reintegración, hay una proliferación de redes criminales y de bandas
de la delincuencia organizada en territorios de impacto de los procesos de DDR. (Bacrim, una
culebra de muchas cabezas, 16 de enero de 2011.)

La investigación que revisó está situación en el período 2008-2009, profundiza en la


evolución e impacto de los grupos armados ilegales en el país, el Estado de los programas de
reincorporación, el fenómeno de la reincidencia de desmovilizados en acciones delictivas y las
circunstancias de violencia que rodean el conflicto. De nueva cuenta la prensa no presenta el
informe con la intención de darlo a conocer a la comunidad, sino que confronta posiciones sobre
el mismo. (cosa que no es mala) Lo curioso es que siempre la confrontación recurra más a
posiciones institucionales.

179
2.1.2 Sobre algunos artículos

En la organización y análisis de la información aquí presentada se evidenciaron una serie


de artículos que plantean una posición sobre la denominación que deben recibir las bandas
criminales y sobre algunas de las características que componen el accionar de este tipo de grupos.
Es necesario considerar que, aunque una organización o el mismo Estado intente enviar un mensaje
a la sociedad sobre un determinado tema, ese mensaje se encuentra permeado por el significado
generado por la persona o entidad que lo va a transmitir, en este caso en particular corresponde a
la prensa, o al periodista que lo redactó. En este orden de ideas, el periodismo adquiere una
correlación con el público que le ayuda a coordinar sus propias respuestas internas en entorno a lo
político. “Es decir, los noticiarios reúnen puntos de vista e ideas que contrastan dentro del público
atento, comunican a sus miembros lo que piensan los demás y en consecuencia ayudan a organizar
su reacción colectiva”. (Price,1994, p. 108). Sin embargo, para el autor, el periodismo también
puede realizar estas mismas funciones para las elites respecto al público activo. La misma noticia
o comentario pueden generar funciones opuestas, dependiendo de una perspectiva concreta: como
espectador o como actor del proceso, que es del hecho del que podemos partir.

Es importante hacer claridad en que no todos los medios de prensa organizan sus reacciones
y redactores de la misma manera, cuestión que se verá reflejada en la organización del presente
trabajo. Por ejemplo, se encontró que, en cuanto a la información generada sobre el tema, El Nuevo
Siglo pública artículos que contienen cifras o datos relevantes, pero de manera general no
establecen un tipo de opinión y los pocos artículos que finalmente lo hacen presentan
principalmente, la posición estatal. En el caso de Semana y El Espectador esta prensa le da más
cabida a los artículos de opinión y a los artículos de sus periodistas que reflejan una posición frente
al tema. En este orden de ideas, las características presentadas en los artículos hacen referencia a
los elementos consultados y a la información que se encontró en el tiempo de consulta. No se puede
generalizar sobre cómo será el manejo de las opiniones sobre el tema en los tiempos que no hacen
parte de este análisis, especialmente porque los directivos y los encargados de la redacción de cada
periódico o revista son diferentes personas, por lo que tampoco se puede afirmar que se le seguirá
dando la misma relevancia este tema.

Por lo tanto, en esta sección veremos reflejadas las posiciones que no se pueden atribuir a
un actor en específico, pues su redacción es presentada como parte de las secciones de los

180
correspondientes medios. Por esta razón, en este apartado predominará la presentación de artículos
del periódico El Nuevo Siglo, pues este medio no registra muchos artículos de opinión sobre las
bandas criminales o el neoparamilitarismo. En cambio, El Espectador y Semana presentan más
variedad en cuanto a autorías se refiere, cuestión que requiere y merece una sección aparte por
tratarse de diversas posiciones de columnistas y periodistas.

Semana (2012) señala que desde 2006, las autoridades contabilizan la captura de más de
13.000 integrantes de las 'bandas criminales' o 'Bacrim' “nombre con el que, desde tiempos de
Uribe, se define a estos grupos como 'exclusivamente' narcos, no 'paras', y se los combate como
tales” (La maquinaria neoparamilitar, 14 de enero de 2012.)

[…] Sin embargo, regiones enteras de Colombia viven sometidas a la voluntad de estas
organizaciones que, a menudo, no se diferencia de la de sus antecesores de las AUC. En lugar de
debilitarse, se han consolidado en dos grandes grupos rivales, los Rastrojos y los Urabeños, que
absorben o aniquilan a los demás. Este último es capaz de un paro, como con el que abrió el año,
que ni las Farc lograrían hacer hoy. […]
[…] "¿Qué será lo que impide que funcionen los múltiples planes que el Gobierno colombiano
anuncia para enfrentar al paramilitarismo?", se preguntaba en su columna de El Espectador
Gustavo Gallón, de la Comisión Colombiana de Juristas, haciendo la lista del sinnúmero de
iniciativas adoptadas desde el Gobierno de Virgilio Barco (1986-1990). "Es hora ya de afrontar
plenamente el problema en toda su extensión. El país no puede seguir ignorando cómo surgió el
paramilitarismo, quiénes fueron sus gestores, cómplices o benefactores", sostuvo en El Tiempo el
exfiscal Alfonso Gómez Méndez al comentar el paro armado. […]
[…] El Gobierno debería oír a algunos críticos. ¿No será hora de tomar seriamente en cuenta la
herencia paramilitar de estructuras como los Urabeños (sus jefes y muchos de sus hombres pasaron
por el EPL y las AUC) en lugar de calificarlos como simples bandas de crimen organizado? El
Estado colombiano está en mora de un drástico corte de cuentas para esclarecer los vínculos de
estos grupos (y sus antecesores) con la fuerza pública, los poderes locales, dueños de ingentes
cantidades de tierras, empresarios y todos aquellos que han disfrutado del atajo impune de la
justicia particular. […] (La maquinaria neoparamilitar, 14 de enero de 2012.)

Sobre uno de los grupos mencionados; (los Urabeños), Semana unos años más tarde va a
señalar algunas diferencias de estos grupos con las desparecidas AUC.

Autodefensas Unidas de Colombia Los Urabeños


Realizaban patrullajes en sus territorios con Viven a las sombras y visten de civil. Son más
tropas uniformadas. dependientes de las redes de inteligencia
• - Profesaban una ideología antisubversiva. -No tienen la capacidad militar para enfrentarse a la
guerrilla y tampoco tienen ningún deseo de hacerlo.

• - Tuvieron a un tercio del Congreso como - Operan como bandidos a sueldo. Son utilizados por los
aliado. Se integraban con las élites intereses comerciales y criminales para aterrorizar o
empresariales y sociales de muchas eliminar a los opositores, pero esto no significa que estas
regiones.

181
acciones "políticas" sean una función inherente a su
existencia.

Tabla 4: Diferencias entre el accionar de las AUC y los Urabeños. Fuente: Urabeños, la red criminal más grande de
Colombia, 5 de junio de 2014: Recuperado de: http://www.Semana.com/nacion/articulo/urabenos-la-red-criminal-
mas-grande-de-colombia-segun-insight-crime/386182-3

Según la información presentada en el cuadro anterior, los urabeños tienen más interés en
actuar como organización de servicio privado y menos como paramilitares, desligándolos
completamente de representar la continuidad de un grupo paramilitar. El argumento presentado es
que no poseen un tipo de uniforme y aparentemente no tienen ningún interés de enfrentar a la
contrainsurgencia y a la oposición política del país. Por lo tanto, la información presentada al lector
permite inferir que estos grupos responden a actividades sicariales y extorsivas, lo que apoya
indirectamente, la posición estatal que considera a este grupo, delincuencia común. Está
información desconoce también la influencia de estas organizaciones en las actividades electorales
del país, por el simple hecho de asumir que no se ha reconocido todavía la magnitud de la relación
de los urabeños con políticos del país. Este posicionamiento facilitaría, según el caso, que se
cuestione cierta información que este mismo medio ha presentado, como, por ejemplo, la
información donde está revista expone diferentes casos de Bacrimpolítica.

Por su parte, El Nuevo Siglo (2010) en uno de sus artículos presenta que las AUC se
convirtieron en bandas emergentes. Como no se acogieron a los acuerdos de paz con el Gobierno
nacional decidieron fusionarse ante los contundentes golpes que viene generando el accionar de la
Policía y las Fuerzas Militares; hasta llegar al punto de que, en ese año, este periódico registre qué,
de 33 organizaciones armadas al margen de la ley solo quedan seis.

[…]La información oficial de la Policía da cuenta de que en lo corrido del presente año fueron
capturados 2.182 miembros de las bandas emergentes también conocidas como Bacrim-bandas
criminales al servicio del narcotráfico. […]
[…]La Policía insistió que de acuerdo con la información oficial y la de los servicios de
inteligencia de las 33 bandas emergentes identificadas plenamente en todo el territorio nacional
en el año 2006, hoy solo quedan seis grupos armados al margen de la ley. […]
[…]De acuerdo con las apreciaciones de los servicios de inteligencia estas estructuras armadas al
margen de la ley cuentan con un promedio de 3.749 integrantes, 2,579 armados y 1.170 miembros
de las llamadas redes de apoyo. […]
[…]La información oficial da cuenta que, desde el primero de enero a la fecha, 1937 miembros
de bandas criminales, incluidos 286 desmovilizados de las Auc fueron capturados por la policía,
142 pertenecientes al autodenominado Erpac, 533 a la banda criminal de Urabá, 464 a la banda
de Los Paisas, 668 a los Rastrojos, 34 más a los machos y 49 a Renacer […] (de 33 bandas
emergentes solo quedan seis, 4 de enero de 2010.)

182
Un artículo publicado por el mismo periódico unos meses más tarde, presenta que una de
las mayores amenazas al orden público son esas facciones a las que el “Gobierno le ha dado por
llamar bandas emergentes, bandas criminales o bandas criminales al servicio del narcotráfico.
Según El Nuevo Siglo (2010) estos grupos están integrados en su mayor parte por rezagos de lo
que fueran las Autodefensas Unidas de Colombia, por lo tanto, los integrantes de las Bacrim
provienen de grupos que no se acogieron a los planes de paz y por eso nunca se desmovilizaron;
también están conformadas por personal derivado de organizaciones del narcotráfico, pandillas,
combos y hasta redes de delincuencia común”. (el mapa del neo-paramilitarismo, 11 de abril de
2010.)

[…] Según las investigaciones de las autoridades, las Bacrim operan hoy en 16 departamentos y
más de un centenar de municipios, perpetrando delitos que van desde asesinatos selectivos,
secuestro, narcotráfico, apuestas ilegales y control de redes de prostitución hasta desplazamientos
forzados de población e intimidación a dirigentes políticos, sindicalistas y campesinos. […]
[…]Lo más preocupante es que varias de esas bandas que ya no tienen ningún perfil
antisubversivo, se están empezado a fusionar y desdoblar en diferentes regiones del territorio
nacional, con el objetivo no solo de ampliar su margen de operación criminal sino de contrarrestar
las operaciones en su contra por parte de las Fuerzas Militares, la Policía el DAS y la Fiscalía […]
[…]De acuerdo con la información de la inteligencia policial y castrense, las 33 estructuras
paramilitares identificadas plenamente en el marco del proceso de desmovilización en el 2006 no
desaparecieron del todo, sino que varias facciones ´rebeldes´ y otras rearmadas se terminaron
integrando en seis grandes grupos armados al margen de la ley o Bacrim. Los investigadores de
la Policía revelan que esas nuevas estructuras armadas cuentan con un promedio de 3.800
integrantes, se calcula que 2500 estarían armados y los restantes harían parte de las llamadas redes
de apoyo. […]
[…] “Estas organizaciones armadas que aparecieron en el panorama nacional están integradas en
su gran mayoría por personas desmovilizadas y no desmovilizadas, lideradas y conformadas por
exintegrantes de las autodefensas ilegales”, precisa un informe oficial de una agencia de seguridad
del Estado. […] (El mapa del neo-paramilitarismo, 11 de abril de 2010.)

Según la información presentada en El Nuevo Siglo estos grupos armados en poco tiempo
se consolidaron en zonas de interés delincuencial, apropiándose de los cultivos ilícitos, laboratorios
para el procesamiento de cocaína y heroína y rutas para el narcotráfico, reorganizando las
denominadas “oficinas de cobro” para la extorsión de comerciantes, ganaderos y toda actividad
económica sustancial en las regiones donde centran sus actividades ilegales.

De acuerdo con la información “Águilas Negras, Los Nevados, Vencedores de San Jorge, Bandas
Criminales de Urabá, Los Tangueros, Acun, Alta Guajira, Mano Negra de Codazzi, Sur del Cesar,
Sur del Bolívar o Águilas Negras, Oriente de Caldas Bloque Cacique Pipintá, ACC Los Rastrojos,
Nueva Generación, Bloque llaneros de Casanare, Seguridad Privada Meta y Vichada, HH, Erpac
y Operación Rastrojo”.

183
Sin embargo, por efecto de los golpes las autoridades a estas bandas, algunas organizaciones
conocidas como “Nueva Generación” y “Magdalena Medio” pasaron a integrar parte de “Los
Rastrojos”, “Los Urabeños” y “Los Paisas”, respectivamente. Y no en todos los casos estas
´fusiones´ se han dado por efecto de acuerdos sino como resultado de cruentas pugnas. (El mapa
del neo-paramilitarismo, 11 de abril de 2010.)

Según el director de Investigación Criminal de la Policía, (DIJIN) general Luis Gilberto


Ramírez Calle21 esa institución armada, las Fuerzas Militares, el DAS y la fiscalía “hace mucho
tiempo centraron sus operaciones en contra de las bandas de “Urabá”, “Los Paisas”, “Rastrojos”,
“Erpac”, “Los Machos” -antiguo brazo de Diego León Montoya, alias don Diego, quien fue
extraditado a los Estados Unidos- y la organización “Renacer”, entre otras”. (El mapa del neo-
paramilitarismo, 11 de abril de 2010.)

[…]Como prueba de reciclaje paramilitar entre los capturados hay 41 desmovilizados de los
bloques de autodefensas. entre los golpes más significativos sobresales la “operación libertad”, el
21 de enero en los Llanos Orientales, que permitió la captura simultánea de 11 supuesto
integrantes del Erpac, que delinque en meta Guainía, Vichada, Casanare, y Guaviare. también ese
mismo día fue detenido el cabecilla de la estructura sicarial de la red conocida como “Urabá”,
enrique correa Salguedo, alias Kike en Santa Marta. […] (El mapa del neo-paramilitarismo, 11 de
abril de 2010.)

En ese mismo año, las Bacrim aumentaron su pie de fuerza lo que reformó las cifras, pues
las Bacrim ya no delinquían en 16 departamentos sino en 18, según los datos expuestos por El
Nuevo Siglo (2010). “Según la policía nacional, estos grupos delinquen en por lo menos 18
departamentos y afectan la tranquilidad de unos 158 municipios”. (Las bandas criminales
delinquen en 18 departamentos, 4 de Julio de 2010.).

[…] “En esta jurisdicción hacen presencia bandas armadas, entre ellas Los Paisas con redes de
sicarios que vienen creando zozobra y preocupación entre los habitantes de esta vasta
jurisdicción”, precisó Naranjo Trujillo. “Debo decirle al país que, desde marzo de 2007 a la fecha,
entre todas las autoridades, es decir, entre las Fuerzas Militares, el cuerpo Técnico de
Investigación, el DAS y la Policía Nacional hemos capturado a 9.100 integrantes de Bandas
criminales en todo el territorio nacional. Según el director de la Policía, estas “9.100 capturas de
integrantes de las bandas criminales en el lapso en mención, significa que en promedio diario de
capturas es de 12 a 15 y esto significa que tenemos todo el interés y todo el propósito de no
permitir que haya un resurgimiento de grupos armados ilegales patrocinados por el narcotráfico”
[…]
[…] “El balance sobre cuantas bandas criminales hay en Colombia (muestran) que de 23 bandas
emergentes o bandas criminales al servicio del narcotráfico (que había en el pasado) ahora solo
quedan seis de esas organizaciones armadas al margen de la ley” precisó. Se trata de los Paisas”,

21
Asumió la dirección de esta organización policial durante el periodo 2008-2010; coincide con parte del tiempo del
último periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez. Actualmente se encuentra retirado.

184
“Rastrojos”, “Urabeños”, “Machos”, “Renacer” y el “Ejercito Popular Antiterrorista de Colombia
(Erpac)”. […]

El Nuevo Siglo (2010) señala que, desde comienzos de 2008 muchas instituciones públicas
y privadas, organizaciones no gubernamentales y de defensa de los derechos humanos venían
advirtiendo mes tras mes el reciclaje de algunas facciones paramilitares que no entraron en el
proceso de paz y el rearme de otras que se suponía estaban desmovilizadas. (Las bandas criminales
delinquen en 18 departamentos, 4 de Julio de 2010.).

Estaban dando lugar a pequeños ejércitos que, lejos de tener un perfil antisubversivo, eran
organizaciones claramente al servicio de los carteles del narcotráfico, no sólo de aquellos
existentes de tiempo atrás sino de otros grupos que se fortalecieron en los últimos dos años a
medida que los capos y lugartenientes más importantes fueron capturados, abatidos por las
autoridades, asesinados por otros sectores del hampa o, incluso, optaron por entregarse a las
autoridades Estadounidenses para negociar bajas penas a cambio de delaciones, información sobre
rutas y entrega de millonarios bienes mal habidos. (Las bandas criminales delinquen en 18
departamentos, 4 de Julio de 2010)

En el año 2011 las cifras vuelven a subir, según las denuncias de Indepaz. La amenaza de
grupos integrados por antiguos paramilitares al servicio del narcotráfico se extiende como una
plaga por Colombia y llega a 360 municipios y departamentos como la Amazonía y el Caribe.

"Están en todos los puntos cardinales, en el Caribe, en el Amazonas y en las fronteras con Panamá
y con Ecuador. Y en todas las áreas donde hay disputas por tierras, cultivos ilícitos y minas. Es
una plaga que se está expandiendo", dijo Camilo González Posso, director de Indepaz. González
Posso hizo la advertencia al comentar un informe de la ONG divulgado ayer, en el que se denuncia
que la amenaza de los grupos narco-paras ha aumentado en los últimos años en Colombia, y llegó
en 2010 a 360 municipios (de un total de 1.100) de los 32 departamentos del país. "Eso nos da
una idea de cómo se ha ampliado la movilidad y las zonas de influencia. Han aumentado su
presencia en un 40%, o sea que hay 100 municipios más (que en 2008) por donde transitan y
cometen actividades ilícitas de distinto tipo", anotó. (Los neoparas están en 360 municipios, 17
de marzo de 2011.)

Las organizaciones narco-paras, como las denomina Indepaz, serían "herederas de las
estructuras paramilitares" de las Autodefensas Unidas de Colombia, que entre 2003 y 2006
realizaron una negociación de paz con el Gobierno de Álvaro Uribe, que le otorgó beneficios
procesales a cambio de confesión de crímenes y reparación a las víctimas.

Según el informe, en 2006 se registraron 46 acciones por parte de estos grupos, 43 en 2007 y 53
en 2008. "A raíz de la estabilización de controles locales y regionales, se aceleró un proceso de
alianzas y re jerarquización alrededor de las estructuras más fuertes, con mayor capacidad de
negocios, armas, rutas e infiltración en el Estado. Así se pasó al dominio, en 2009, de 26 grupos
narco-paras y de 15 grupos en 2010, entre los cuales seis controlan el 90 por ciento de las
actividades".

185
Los grupos son Los Rastrojos, Los Urabeños, Las Águilas Negras, el Ejército Revolucionario
Anticomunista de Colombia, Erpac; Los Paisas y la llamada Oficina de Envigado, mantienen el
control en los 360 municipios. Las Auc combatían a la guerrilla que actúa desde hace casi medio
siglo, y establecieron nexos con la clase dirigente al punto de que en la actualidad hay cerca de
120 políticos investigados por esos vínculos. En 2010, diez ex congresistas fueron condenados y
uno absuelto. (Los neoparas están en 360 municipios, 17 de marzo de 2011.)

El Nuevo Siglo (2012) presentó un análisis político respecto al tema; podemos resaltar
algunas de las características que dificultan la desmantelación del fenómeno:

¿Por qué son difíciles de desmantelar?


1. Estructura desconocida
A diferencia de los grupos paramilitares de hace tres años, que tenían cúpulas claramente identificables y
fijas, las Bacrim son todo lo contrario: sus jefaturas y estructuras están compuestas por 'lugartenientes' ex
paras y delincuentes comunes poco conocidos o de bajo perfil lo que hace difícil su ubicación a corto
plazo, más aún porque no están uniformadas, no acampan y tampoco las mueve ideología antisubversiva
alguna.
2. ‘Carrusel' en jefaturas
Al igual que los grandes carteles de la droga, que cuando perdieron sus capos se rompieron y dividieron
en cartelitos, las Bacrim no 'heredaron' jefaturas permanentes de los jefes paras desmovilizados, sino que
los cabecillas se rotan fácilmente a medida que son neutralizados por las autoridades o abatidos o delatados
por sus propios rivales o subalternos.
3. Puja regional, no nacional
A las bandas no les interesa, como sí lo hicieron las autodefensas, hacer una 'confederación' nacional, pues
no están interesadas en 'negociar' con el Estado o presionar un marco legal para su sometimiento a la
Justicia. Prima el interés de controlar zonas y corredores regionales precisos, sin mayor aspiración a
plantearle pulso abierto al Estado.
4. Sin "pie de fuerza" puntual
No se puede hablar de un "pie de fuerza" Bacrim. Son organizaciones delincuenciales amorfas que tienen
una cúpula pequeña que hace 'alianzas' o 'recluta' a otras más pequeñas y localizadas, desde bandas de
narcotráfico y redes de extorsionistas a gran escala, hasta el que presta 'gota a gota' o cobra una 'vacuna'
en una plaza de mercado. Es imposible saber cuántos las integran.
5. Histeria ciudadana
Con el pasar de los meses es muy común notar como la ciudadanía ve en toda acción delincuencial la
autoría de estas bandas, así los móviles y criminales no tengan relación con ellas. Es más, muchas veces
delincuentes comunes se hacen pasar por integrantes de las bandas simplemente para lograr más rápido su
cometido ilícito en secuestros, extorsiones, narcotráfico. (24 de febrero de 2012, “Neoparamilitares”: de
amenaza creciente a riesgo extremo)

Tabla 5 Por qué son tan difíciles de desmantelar las bandas criminales. Fuente: “Neoparamilitares”: de amenaza
creciente a riesgo extremo, 24 de febrero de 2012. El Nuevo siglo. p, 2A.

Según la información del cuadro a pesar de que las Bacrim están compuestas por
exparamilitares, estas no representan una continuidad del paramilitarismo. En cambio, el carácter
de estas organizaciones busca responder a lógicas delincuenciales. Por ejemplo, se mencionan
diferentes características: las Bacrim están conformadas por delincuentes comunes poco conocidos
o de bajo perfil, asumiendo que esto es lo que dificulta su ubicación a corto plazo, tampoco se
186
encuentran uniformadas, no acampan y no presentan (según la información) una ideología
antisubversiva, los cabecillas se rotan fácilmente a medida que son neutralizados y no presentan
un interés por negociar con el Estado.

Efectivamente, las características presentadas responden a la conformación de las bandas


criminales, pero, no es preciso establecerlas como una idea absoluta de los elementos que
determinan a estas organizaciones; por ejemplo, el hecho de afirmar que las Bacrim no presentan
una ideología antisubversiva es generalizar y desconocer elementos que hacen parte de su realidad,
como el hecho de que algunas Bacrim si presentan esta ideología. Ejemplo de ello son las reiteradas
amenazas a líderes sociales, sindicales y simpatizantes de izquierda, posiciones que en algún
momento las desaparecidas AUC consideraron como conductas guerrilleras y que representaban
una amenaza para el país y por lo tanto merecían ser exterminadas.

El conceptualizar a las bandas criminales de manera que se puedan establecer diferencias


con las AUC reafirma el posicionamiento que ha tomado este medio a la hora de transmitir la
información referente a las mismas. En este caso, el hecho de que los artículos no presenten un
autor determinado permite que la información y los posicionamientos evidenciados sirvan para
establecer que este medio reafirma la posición estatal. Este tipo de afirmaciones evitan que este
medio sirva como mecanismo de discusión sobre el tema, lo que dificulta según sea el caso algún
tipo de cuestionamiento sobre las características de esta, pues está conserva una linealidad y
reafirma esta posición constantemente reduciendo el espacio que se le puede dar a la información
que pretende refutar la relacionada con el tema. Por eso mismo el empeño de hacer este tipo de
diferenciaciones entre estas dos denominaciones y los respectivos grupos que la conforman.

En el año 2014 la denominación implementada por el Gobierno parece querer rescatar el


carácter narcotraficante que manifiestan estas organizaciones, por esta razón y con la intención de
desviar la atención de esta característica que podría representar una similitud de estas
organizaciones con las AUC, se les empieza a adjudicar el nombre de bandas criminales al servicio
del narcotráfico.

Registran los servicios de inteligencia de la presencia de “siete oficinas de delincuencia integradas


al narcotráfico” en Medellín y siete en Cali, además de por lo menos 10 organizaciones
delincuenciales dedicadas al microtráfico y microextorsión.
Hasta el momento en desarrollo de la Estrategia contra el Tráfico de Estupefacientes en menores
Cantidades, se han identificado 177 redes criminales y 3.367 expendios identificados y que son
blanco de permanentes acciones judiciales por parte de los fiscales seccionales y especializados.
187
Las bandas criminales acuden a otras redes locales, entre ellas El Bloque Meta, Buenaventureños,
Calatrava, Combo Los Pájaros, Los Pondondos, Paisas, Combo del Indio, El Centro, El Azijal,
Santa Rita, El Acopio, Los Chacales, Águilas Negras, Los Córdoba, El Guayabo, Combo Los
Cocos, Marquitos Figueroa, Los Batutuos, Bronx, Combo del Negro Bate, Los Ocho Ocho, y Los
Caballeros del Valle, entre otras para ejecutar acciones de sicariato y “cuentas de cobro”, entre
otras actividades criminales. (Trece Bacrim azotan a 155 municipios, 12 de octubre de 2014.)

Finalmente, en este mismo año, vuelve a ascender la cifra de su ocupación territorial. Esta
vez ese crecimiento es denunciado con datos de la defensoría. El Nuevo Siglo (2014) muestra que
las llamadas bandas criminales permanecen activas en 168 municipios de 27 departamentos,
“donde están dispersas las estructuras de este “Clan Úsuga” (que en algunos sectores se define
como “Autodefensas Gaitanistas”), “Los Rastrojos”, “La Empresa”, los llamados “bloques Meta y
Libertadores del Vichada”, “La Oficina de Envigado” y algunos grupos que todavía actúan a
nombre de las “Águilas Negras” y “Los Paisas”.” (Defensoría advierte presencia de Bacrim en 168
municipios, 4 de noviembre de 2014.)

Tanto Semana como El Nuevo Siglo coinciden en que desde la desmovilización de las AUC
existen una serie de continuidades entre el reducto de esas organizaciones que sirvió para que se
conformaran las bandas criminales. En cuanto a las referencias que hacen los artículos, Semana,
define a las bandas criminales como una denominación generada desde el Gobierno de Uribe para
denominar a los grupos conformados después de la desmovilización de las AUC y relacionarlas
con actividades de narcotráfico.

El Nuevo Siglo señala que algunos miembros de las AUC conformaron bandas emergentes
al no acogerse a los acuerdos de paz pactados con el Gobierno nacional. Con el tiempo estas bandas
han decidido fusionarse ante los contundentes golpes que deben afrontar gracias al accionar de la
Policía y las Fuerzas Militares. A pesar de que este medio reconoce las denuncias de diferentes
organizaciones que se han interesado sobre el tema, suele darles mayor relevancia a las cifras
oficiales, entregadas por algunas de las instituciones oficiales del país.

El hecho de que este periódico asuma la tarea de tratar de garantizar la legitimidad de esta
posición responde también a las características ideologías con las que fue fundado el mismo, pues
recordemos que la intención con la que se fundó del periódico era la de hacer visible las posiciones
del gobierno de turno, lo cual hasta el momento sigue siendo un factor determinante a la hora de
servir como esfera de discusión y transmitir la información. Este factor determina qué tipo de
opiniones pueden ser publicadas por el medio, particularidad que sesga la opinión, pues la posición
188
política del medio va a ser la que finalmente determine quienes son los que pueden expresarse a
través de este.

En cuanto al avance y crecimiento de las Bacrim dentro del país las cifras son alarmantes,
en el 2010 según las cifras oficiales que nos presenta El Nuevo Siglo estas organizaciones tenían
presencia en 16 departamentos consolidándose en zonas de interés delincuencial, apropiándose de
los cultivos ilícitos, laboratorios para el procesamiento de cocaína y heroína y rutas para el
narcotráfico, reorganizando las denominadas “oficinas de cobro” para la extorsión de
comerciantes, ganaderos y toda actividad económica sustancial en las regiones donde centran sus
actividades ilegales. Las bandas más reconocidas en esta sección son los Paisas, Rastrojos, Erpac,
Los Machos y la organización renacer. En 2011 incrementan nuevamente las cifras. Esta vez hacen
presencia en 18 departamentos y afectan a unos 158 municipios y se establecen en regiones a las
que no habían llegado antes como la Amazonía y el Caribe.

A diferencia de los grupos paramilitares, que tenían cúpulas claramente identificables y


fijas, las Bacrim son todo lo contrario: sus jefaturas y estructuras están compuestas por ex paras y
delincuentes comunes poco conocidos o de bajo perfil, lo que hace difícil su ubicación a corto
plazo, más aún porque no todas están uniformadas, y no a todas las bandas criminales las mueve
una ideología antisubversiva. En este punto, es importante resaltar que estas organizaciones no
presentan características homogéneas, (como lo evidenciamos en los artículos) por lo tanto
podemos afirmar que algunas organizaciones pueden presentar intereses contrainsurgentes y por
otro lado existirán organizaciones que no poseen ningún interés por combatir a grupos insurgentes.
En el caso de los uniformes también aplica este factor, pues organizaciones como las denominadas
Autodefensas Gaitanistas, se han identificado en la sociedad con algún tipo de distintivo.
Continuando con la caracterización, a la mayoría de las bandas criminales no les interesa
organizarse de manera nacional, no están interesadas en negociar con el Estado y su interés
principal es el de controlar zonas a lo largo del territorio colombiano.

En el año 2014 se hace énfasis en rescatar el carácter narcotraficante, por el cual se les
adjudica el nombre de bandas criminales al servicio del narcotráfico. En ese momento las bandas
ya eran un fenómeno difícil de controlar pues según las cifras oficiales se encontraban activas en
168 municipios de 27 departamentos.

189
En cuanto a la opinión pública, entendemos que los medios de comunicación construyen un
modelo de esta, pues adquirieron legitimidad al transmitir una serie de discursos y convertirse
portavoces de diferentes opiniones. Por este motivo, llama la atención el carácter descriptivo con
el que estos medios presentaron la información, a pesar de que todos los artículos señalados
corresponden a denuncias realizadas sobre el accionar de este tercer actor del conflicto armado.

En términos generales los artículos presentan dos posiciones, es decir, a pesar de que el
medio presentó una información determinada, se tomó el trabajo de buscar y recopilar la opinión
del Gobierno, en este caso representada por las afirmaciones de los diferentes ministros y la
comandancia militar y policial que complementó las cifras oficiales del gobierno.

En los casos en los que no se busca presentar la posición del Gobierno sobre el tema, es
porque el mismo actor lo denomina participe directo de la problemática. Por ejemplo, la OEA habla
del Gobierno sin cuestionar las falencias que este presenta a la hora de legitimar la implementación
de su denominación, ni la falta de esfuerzos de este para terminar con el fenómeno. En este orden
de ideas presentar la información de esta manera contribuye a lo que Price (1994) denominó una
reorganización colectiva gracias a que los medios, en este caso, los periódicos y la revista reúnen
los puntos de vista hegemónicos, que para el caso colombiano son los que llaman de manera
representativa la atención del público. De esta manera, los medios comunican como prioridad, lo
que este actor piensa a los miembros de la sociedad.

En consecuencia se modifica la reacción que el público tiene (o puede tener) al recibir la


información, pues no encuentra solo una denuncia (como pretendían las organizaciones al dar a
conocer sus informes a los medios) sino dos posiciones, muy contrarias entre sí, que ameritarían
una investigación más exhaustiva por parte del medio para determinar la veracidad de la misma,
de la mejor manera posible, contribuyendo realmente a que el interesado comprenda en su totalidad
la magnitud del fenómeno.

No podemos dejar de lado que la labor de un buen periodista, o en este caso, de un buen
medio de comunicación, hubiera sido realizar la debida confrontación de la información y mostrar
las diferentes posiciones existentes sobre el tema. Lo que llama la atención, entonces, es por qué
no se presentaron otras posiciones sobre el mismo, o porque tenía que presentarse específicamente
la posición de un actor del Gobierno, existiendo variedad de actores que podrían realizar una

190
intervención clara y precisa sobre el tema, sin necesidad de estar relacionados con estas
organizaciones. Según Price (1994) esto se debe a que la misma noticia o comentario puede realizar
funciones opuestas, pues depende de la perspectiva que esté manejando, es decir, si en este caso
no se hubiera tenido en cuenta la posición del Gobierno, sería de mayor importancia para la opinión
las falencias que tiene este actor para reconocer el desarrollo del proceso.

En cuanto a la posición sobre la denominación y las características del fenómeno, es decir,


definir si son organizaciones dedicadas a la delincuencia común o neoparamilitares, es difícil
presenciar que nos encontramos en frente de concepciones presentadas de manera muy general;
sobre todo porque al hacer pública una opinión automáticamente ésta es sometida a un escarnio
público y puede ser tildada de tener intenciones que pretenden establecer una posición política e
ideológica, donde se intenta categorizar este fenómeno adjudicándole características y factores que
no responden a un discurso anteriormente establecido. Por ejemplo, el hecho de no responder
afirmativamente a los criterios del Gobierno al denominar a las Bacrim como algo más que simples
criminales.

Aun así y reiterando lo que en varias ocasiones se ha expresado a lo largo de este trabajo,
podemos establecer que no hay acuerdos comunes sobre las cifras que las organizaciones no
gubernamentales le presentan a la opinión y al público en general. A mi parecer, esto facilita que
diferentes sectores, y actores de la sociedad colombiana (estatales o no) le resten cierto merito a
las investigaciones e información que demuestra la continuidad del fenómeno paramilitar que
ahora está reflejado en el accionar de las bandas criminales. Esperemos que los colombianos,
seamos capaces de tomar en serio estas graves denuncias y lleguemos a dimensionar la magnitud
del problema. Como ciudadanos debemos presionar a el Estado para que reconozca las verdaderas
características del fenómeno y presente y ejecute soluciones efectivas para desmantelar este tipo
de organizaciones.

En cuanto a casos particulares, la HRW señala que en 24 de 32 departamentos hay presencia


de este tipo de grupos, principalmente en Medellín, la región del Urabá, en el norte del Chocó y en
los departamentos del Meta y Nariño. La organización no utiliza el término Bacrim para referirse
a estas organizaciones y señala enfáticamente que la desmovilización no fue efectiva denominando
a estos grupos como sucesores del paramilitarismo, denominación que coincide con la de Crisis
Group pues ellos las denominan bandas herederas de los paramilitares.

191
En su posición, la Corporación Nuevo Arcoiris, establece que estos grupos son la
continuidad de las AUC porque conservaron las relaciones estrechas que tuvieron estos grupos con
los narcotraficantes, lo que cambia es el nombre dado por el Estado, pues, simplemente ahora se
llaman Bacrim. Otra razón importante por la que se puede considerar la existencia de un fenómeno
neoparamilitar, es la continuidad existente entre los mandos medios y bajos de los frentes de las
AUC y los ahora jefes de los grupos reorganizados. Al igual que el IDEPAZ esta organización
tiene más en cuenta el carácter narcotraficante de las llamadas Bacrim para establecer la
continuidad existente del fenómeno neoparamilitar, por lo que las denomina narcoparamilitares.

Para estas organizaciones lo realmente preocupante del fenómeno es el hecho de que estos
grupos operen en lugares donde antes actuaron los grupos paramilitares, pues se están
aprovechando de sus estructuras económicas y políticas, lo que reitera la necesidad de redoblar los
mecanismos que garanticen la seguridad de la población que se encuentra en riesgo.

Los nombres de Bacrim que más se presentan a la opinión en general son ‘Los Rastrojos’,
‘Urabeños’, ‘Paisas’, ‘Águilas Negras’, Erpac y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, los
Machos y la Organización Renacer. Sin embargo, no se tiene claridad sobre las características de
cada grupo, sus similitudes o diferencias, o si hacen parte de la reorganización de una serie de
grupos más grandes. A pesar de que con el tiempo se han registrado organizaciones con diferentes
nombres, estos son los nombres que las organizaciones no gubernamentales dieron a conocer a la
opinión pública del año 2010 al 2014.

A pesar de que utilizan diferentes nombres y definiciones para dar a conocer la continuidad
entre el paramilitarismo y las bandas criminales en la opinión pública está establecido que las
mismas son una continuidad de este fenómeno. Estas organizaciones se caracterizan por su
creciente interés en el narcotráfico y en el control social, de tal manera que los medios de
comunicación de masas serán los encargados de transmitir e interpretar los mensajes políticos y,
al mismo tiempo, reflejar las inquietudes de la sociedad sobre este tema. (Mancera, 2007.)

3. SOBRE DISCRUSOS, POSICIONES Y OPINIONES

Para Mancera (2007) si en el liberalismo la opinión pública se desarrolló en múltiples


espacios, en la sociedad de masas se va a desarrollar en los medios de comunicación. Por este

192
motivo, y para efectos del desarrollo de este trabajo entendemos que los medios de comunicación
constituyen un modelo de opinión pública, pues adquirieron legitimidad al transmitir una serie de
discursos y ser portavoces de opiniones. (de aquí la relación con el análisis de prensa en este
trabajo).

En la sociedad de masas se hace imposible establecer mecanismos de comunicación entre el


Estado y la sociedad civil sin una entidad que actué como mediadora, de tal manera, los medios
de comunicación de masas serán los encargados de transmitir e interpretar los mensajes políticos
y, al mismo tiempo, reflejar las inquietudes de la sociedad. (Mancera, 2007, p. 69).

En este apartado, presentaremos las diferentes posiciones generadas a través de la opinión


pública. En primera instancia encontraremos las posiciones que algunos políticos que se han
manifestado sobre el tema, seguido de las posiciones que el gobierno a través de sus representantes
ha dado a conocer y finalmente se presentarán las posiciones de los diferentes líderes de opinión
encontradas en los medios consultados.

3.1 Algunas opiniones políticas

Según Thompson (1997) cuando las tabernas y las cafeterías perdieron el atractivo de ser
un lugar de encuentro y difusión de la opinión pública, la prensa periódica se convirtió en parte de
un surtido de instituciones mediáticas cada vez más organizadas con relación a los intereses
comerciales a gran escala. “La comercialización de la media alteró su carácter de manera
fundamental: lo que una vez fue un fórum ejemplar de debates crítico-racionales se convirtió en
otro dominio de consumo cultural, y la esfera pública burguesa quedó colapsada en un falso mundo
de creación de imagen y gestión de la opinión”. (Thompson, 1977, p. 106.)

La prensa propuso nuevas técnicas mediáticas para dotar a la autoridad pública del prestigio
que una vez se le concedió a las figuras reales mediante la publicidad, entre ellas le permitió a los
diferentes actores políticos expresar su opinión sobre un determinado tema, lo que en muchas
ocasiones convirtió a los mismos dirigentes y a la política “en un show dirigido, en el que los
líderes y partidos buscan, de vez en cuando, el consentimiento público de una población
despolitizada” (Thompson, 1977, p. 106.). De esta manera, la población queda excluida de la
discusión pública y de los procesos de toma de decisiones, es tratada como un recurso que los
líderes políticos utilizan con la ayuda de técnicas mediáticas, obteniendo consentimiento de la
población para legitimar sus programas políticos.

193
No podemos negar que las posiciones políticas sobre un determinado tema van a ser
asumidas por la sociedad de masas casi su totalidad, sobre todo si los mismos tienen una cantidad
de adeptos que buscan transmitir una serie de discursos hegemónicos o ideológicos. En ese orden
de ideas, veamos cómo se generaron estas posiciones sobre las Bacrim durante el periodo que hizo
parte del análisis:

En el año 2011, El Espectador relata que el entonces representante a la cámara, Guillermo


Rivera, en una denuncia pública dijo que las Bacrim las conforman los hijos de los ex jefes ‘paras’.
“En medio de la plenaria de la Cámara de Representantes, el Partido Liberal siguió su
enfrentamiento con el expresidente Álvaro Uribe Vélez”. (Insisten en que bandas criminales son
"herencia" de Gobierno Uribe, 23 de marzo de 2011.)

[…]En desarrollo del debate sobre el recrudecimiento de la violencia en el país por cuenta de las
bandas criminales –Bacrim–, el representante Guillermo Rivera dijo que esos grupos son una
“herencia” de los grupos paramilitares que se reciclaron del proceso de desmovilización que se
dio en el anterior Gobierno. Según él, las ‘falsas desmovilizaciones’ desencadenaron en lo que
hoy son las Bacrim y generan más violencia en el país.
Para explicar su aseveración, Rivera citó que todas las versiones de la justicia coinciden en que
Vicente Castaño fue el cerebro de las organizaciones criminales, luego del proceso de
desmovilización. En ese sentido, puso de ejemplo que William Varela, jefe de los ‘Rastrojos’, le
compró al bloque Central Bolívar los 400 desmovilizados que no tenían cuentas con la justicia
para extender su banda.
A la vez, indicó que los cinco principales grupos de Bacrim “nacieron con exparamilitares a la
cabeza” y siguen en manos de ex autodefensas. […] (Insisten en que bandas criminales son
"herencia" de Gobierno Uribe, 23 de marzo de 2011.)

Según Semana (2012) en ese año, durante la realización de una plenaria de la Cámara de
representantes, se llevó a cabo un debate de control político citado por los representantes Guillermo
Rivera, Wilson Arias, Iván Cepeda y Jorge Gómez en el que se discutió el fondo de las bandas
criminales

¿Quiénes las integran? ¿Son el rearme de antiguas AUC? ¿El Gobierno está tomando las medidas
necesarias para luchar contra ellas? Pareciera que lo único que está claro es que se han convertido
en el gran desafío de las autoridades. El presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Defensa,
Rodrigo Rivera, lo han reconocido. La estrecha relación de estos grupos con el narcotráfico los
hace "muy poderosos, muy peligrosos", aseguró hace algunos meses el ministro Rivera a Semana.
Las autoridades militares y policiales han gastado considerables recursos y empleado renovadas
técnicas en la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, pero desafortunadamente ese no ha sido
el caso en relación con los herederos de las AUC”.

194
El representante Iván Cepeda ha sido enfático en decir que las Bacrim no son “simples bandas
delincuenciales”. En ese sentido coincide con Nuevo Arco Iris. (Una radiografía a las llamadas
Bacrim, 31 de marzo de 2011.)

En ese mismo año, se llevó a cabo en la plenaria de la Cámara, un debate de control político
sobre el tema. Iván Cepeda, uno de los citantes, señaló a Semana, que a partir de seis puntos
intentarían demostrar cómo "en Colombia sigue vigente el término paramilitarismo y sus
estructuras”. Cepeda controvierte al director de la Policía, de aquel entonces, el general Óscar
Naranjo22, y al ministro de defensa, Rodrigo Rivera, quienes, según el representante, “niegan el
fenómeno”. (Avanza debate de control político sobre las Bacrim, 23 de marzo de 2011.)

[…]Cepeda planteará que estas bandas son poderosos bloques paramilitares y que su actuación
cuenta con la supuesta responsabilidad de Víctor Carranza, quien, según él, debe “rendir cuentas”.
Los aspectos de los que Cepeda y los representantes Guillermo Rivera, Wilson Arias y Jorge
Gómez parten para argumentar su posición tienen que ver con las similitudes de los antiguos
paramilitares y las nuevas bandas.
“Estamos ante las estructuras anteriores, pero en un contexto distinto”, asegura Cepeda, quien
enumera los puntos -para él- de semejanza: “la base de esos grupos y sus mandos medios son
personas que pertenecieron a las AUC, algunos desmovilizados y otros que jamás lo hicieron; en
informes nacionales e internacionales sobre el tema se señala que tienen control territorial, cadena
de mando y una gran capacidad militar; son organismos cuyas estructuras han provocado
violaciones masivas de derechos humanos; el perfil de sus víctimas corresponde a líderes sociales,
defensores de derechos humanos, opositores políticos, jueces, abogados, lo que habla del carácter
ideológico; el control que tienen sobre algunos territorios implica también que tienen una
influencia decisiva en términos de la contratación de obras públicas de algunos municipios,
además de sus nexos con miembros de la fuerza pública y otros entes estatales”. […]
[…]Por eso los representantes que citaron al debate consideran importante pedir al Gobierno que
reconozca el fenómeno, para que se pueda luchar contra éste como debe ser.

[…]El representante Guillermo Rivera dice que el asunto de las Bacrim requiere ser tratado como
un tema mayor. “Hay que organizar toda una estrategia que involucra a la administración de una
justicia específica para combatirlas. También nos parece que se requiere un compromiso muy
serio en materia de la lucha antidrogas”. […] (Avanza debate de control político sobre las Bacrim,
23 de marzo de 2011.)

Posteriormente, el concejal Antonio Sanguino del partido verde, dio a conocer a través de
Semana (2011) que en la capital del país había indicios de la presencia de las llamadas Bacrim.

Al debate sobre el nombre que deben recibir las bandas que el Gobierno ha decidido bautizar
como Bacrim, y que otros insisten en llamar neoparamilitares o herederos de la AUC, se suma
uno más. El de la presencia de estas bandas en Bogotá.
Un foro realizado en el Senado de la República el viernes anterior reveló que la ciudad está en la
mira de las organizaciones ilegales. León Valencia, director de la corporación Nuevo Arco Iris,

22
Ver anexo 1

195
dijo que Bogotá “es muy apetecida” por las bandas criminales porque significa el mayor mercado
para el expendio y el lavado de activos. “Bogotá está cercada por las Bacrim”, dijo Valencia.
(Bacrim en Bogotá, entre la negación y las evidencias, 4 de mayo de 2011.)

Las reacciones no se hicieron esperar. Tanto la secretaria de Gobierno, Olga Lucía


Velásquez, como el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, se pronunciaron frente al tema. Fueron
enfáticos en decir que en la capital del país no existen estas bandas. Rivera dijo que por lo que hay
que preocuparse es por hacerle frente a la "criminalidad ordinaria", es decir, a los atracos callejeros,
los robos a viviendas y de teléfonos móviles y otro tipo de violencia. (Bacrim en Bogotá, entre la
negación y las evidencias, 4 de mayo de 2011.)

El concejal Sanguino, aseguró que ha hecho debates sobre el tema desde el año 2008, y que
ha podido documentar distintitos indicios, que, según él, conducen a pensar que en la ciudad sí hay
evidencias de estos grupos. “La dinámica del narcomenudeo, o micrográfico de droga, es una de
las fuentes principales de financiación de las organizaciones ilegales, así como del lavado de
dinero, son algunas de las pistas”. (Bacrim en Bogotá, entre la negación y las evidencias; 4 de
mayo de 2011.)

[…]El concejal Sanguino dice que la dinámica de estos grupos en la capital se diferencia de las
demás ciudades, porque más allá de la disputa territorial, su objetivo principal es la apropiación
de las rentas ilegales, lo que ha permitido que el fenómeno se mimetice, y “en algunas ocasiones
se confunda con las organizaciones de delincuencia urbana, y por tanto no parezca visible su
presencia en el territorio”. [..]
[..]En los resultados de una investigación que presentó en enero de este año el concejal Antonio
Sanguino, cita a Nuevo Arco Iris, y señala que las Águilas Negras y el Erpac hacen presencia en
las localidades de Kennedy, Suba, Bosa y Ciudad Bolívar.
Noticias como la que se conoció en febrero de este año, cuando la Policía capturó, en Suba, a alias
el ‘teniente Humbert’, un miembro del Erpac, que según las autoridades era el encargado de
reclutar a menores de edad para hacerlos enfilar en esa banda, sirven de argumento a quienes
aseguran que en Bogotá sí existen las Bacrim. [...]] (Bacrim en Bogotá, entre la negación y las
evidencias; 4 de mayo de 2011.)

El entonces senador Juan Manuel Galán expresó a través de semana (2011) que las bandas
criminales son organizaciones de delincuencia común, asociadas con el negocio del narcotráfico,
la extorsión y el secuestro, pero que no tienen motivaciones políticas. El senador afirma que Bacrim
llevan años diseñando su estrategia ilegal para capturar el poder local en las zonas del país donde
ejercen su influencia.

[…] Si el Gobierno dice que hoy son siete las bandas criminales, y que no superan los tres mil
hombres, otra parece ser la realidad, dice Galán. Porque, afirma, estos grupos no tienen campos

196
de entrenamiento, están en sus casas y sólo se agrupan a la hora de recibir la orden del ‘jefe’ de la
Bacrim. Es una estrategia propia de la guerra de guerrillas. […]
[…]Las Bacrim prestan servicios de seguridad a terceros, principalmente a los narcotraficantes
que necesitan proteger todos los eslabones del negocio, rutas y corredores de movilidad, y a otro
tipo de negocios conexos como el tráfico de armas. Además, el control territorial les permite
explorar en la extorsión y el lavado de activos, otras fuentes de financiación, especialmente
aquellas que se denominan como de ‘caja menor’. […]
[…] El vínculo de las Bacrim con el narcotráfico no es más que la oferta del control territorial. A
los narcos les interesa blindar su negocio y deciden financiar a la Bacrim, pagar su nómina, que
en promedio tiene un ‘salario base’ de 650 mil pesos. […] (Los intereses electorales de las
'Bacrim', 10 de octubre de 2011.)

En el momento en que las relaciones politicas entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos
terminaron por romperse, el entonces ex senador y futuro candidato a la alcaldía de Bogotá,
Gustavo Petro23, señalaba enérgicamente a El Nuevo Siglo (2011) que los uribistas que se
encontraban alrededor del presidente Santos estaban tratando de hacer responsable a la actual
administración de la inseguridad que viene desde el Gobierno de Álvaro Uribe.

En ese sentido Petro dijo que "el sector que apoya a Uribe Vélez está tratando de hacer dos cosas:
una, exculpar al Gobierno pasado de las responsabilidades que tiene por el deterioro de la
seguridad en Colombia, cuando su origen está en la política de seguridad. Y lo segundo, es tratar
de llevar al actual Gobierno al uribismo de nuevo, es decir al modelo exactamente repetitivo de lo
que era el Gobierno del presidente Uribe. Esa es la intención que se da en estas críticas, desconocer
la relación que hay entre las mal llamadas Bacrim con el paramilitarismo".
De esta forma Petro interpretó la serie de críticas que ha recibido el actual Gobierno por parte de
integrantes de la coalición que apoya al presidente Santos, especialmente dirigidas al ministro de
Defensa Nacional Rodrigo Rivera, por el crecimiento de las Bacrim (bandas criminales). (Bacrim,
herencia del anterior Gobierno: Petro, 18 de febrero de 2011.)

En el año 2011, según Semana, el partido de la U anunció, durante el debate del fuero
militar, que el próximo 20 de julio presentaría al parlamento un proyecto para que la fuerza pública
pueda combatir "con mayor contundencia" a las bandas criminales. “El presidente de la U, Juan
Lozano, explicó que las Bacrim están ejerciendo control territorial y la capacidad del Estado para
enfrentarlas "es insuficiente". (Marco para combatir a las 'Bacrim', la nueva apuesta del Congreso,
6 de junio de 2012.)

[…] La propuesta pretende crear "un estatuto o un nuevo marco jurídico" para que las bandas
criminales no sean combatidas como si se tratara de delincuentes comunes, sino como lo que son:
organizaciones armadas de alta peligrosidad.

23
Finalmente, Petro fue elegido alcalde de Bogotá y empezó su mandato el 1 de enero de 2012.

197
Las Fuerzas Armadas requieren de ese marco para combatir a las Bacrim, pues hoy la ley
colombiana sólo les da un tratamiento "como si fueran apartamenteros", explicó el senador Juan
Carlos Vélez. y expresó su confianza de tenerla antes de que termine el año.
Sin embargo, Pinzón rechazó las afirmaciones de que la fuerza pública, por no tener mayores
herramientas, no está combatiendo con contundencia a las bandas criminales.
Por el contrario, el ministro de Defensa dijo que las bandas criminales, en este año, han perdido a
la mayoría de sus jefes. Los jefes de los llamados 'urabeños', 'paisas' o 'rastrojos', o han sido
abatidos, o capturados, en Colombia o en el exterior, o por la persecución de la fuerza pública,
han llegado a acuerdos con la justicia de Estados Unidos. […] (Marco para combatir a las 'Bacrim',
la nueva apuesta del Congreso, 6 de junio de 2012.)

Unos meses más tarde, el senador expresó a través de El Espectador (2011) que no se podía
seguir de brazos cruzados frente a este fenómeno, ni podían tampoco, ingenuamente, “condenar a
nuestros compatriotas a que las Bacrim o cualquier banda criminal organizada, hoy o mañana siga
ejerciendo su poderío criminal sin una respuesta eficaz del Estado". (En marcha proyecto de marco
legal para combatir a las Bacrim, 22 de agosto de 2012.)

"El presente proyecto busca habilitar al Ejército, a la Fuerza Aérea y a la Armada Nacional para
que puedan combatir los grupos criminales, armados y organizados", explicó.
Además, según Lozano, está claro que las Bacrim y las organizaciones criminales análogas son
expresión sofisticada de la delincuencia común, vinculada en la gran mayoría de los casos con el
narcotráfico y actividades ilegales, y que no las anima ningún propósito ideológico.
"Son organizaciones criminales. Por esa razón, dada su naturaleza, no son sujetos directos del
Derecho Internacional Humanitario. Ni deben serlo", señaló. (En marcha proyecto de marco legal
para combatir a las Bacrim, 22 de agosto de 2012.)

En noviembre de 2012 inició en la Comisión Primera del Senado el trámite del proyecto de
ley que buscaba crear un marco para combatir a las bandas criminales (Bacrim). Según pudo
establecer El Nuevo Siglo, el senador Armando Benedetti, quien era ponente de la iniciativa, en
ese entonces, afirmó:

[…]El Estado tiene un desafío mayúsculo, porque quedamos simplemente con las herramientas
policivas que se utilizan para combatir a los delincuentes, bandas de barrio, para enfrentar
organizaciones que tienen armas largas y que ejercen control territorial, que se financian con el
narcotráfico, que tienen organizaciones sofisticadas en diferentes regiones, es inapropiado",
explicó el senador.
Sobre el tema el senador Lozano agregó que por la forma que tienen de operar las Bacrim y los
métodos de financiación ilegal que tienen los hace parecer más bandas de paramilitares que grupos
delincuenciales de barrio. 'Por más policías que tengamos, con las herramientas ordinarias de la
Policía Nacional vamos a tener una enorme dificultad para enfrentar a las Bacrim, vamos a tener
dificultad para garantizarle la vida v la seguridad a los compatriotas", indicó. […] (Se destraba
marco para combatir a las Bacrim, 7 de noviembre de 2012.)

198
Una de las ventajas politicas que tenía el proyecto de ley, según El Nuevo Siglo, (2012)
contaba con el apoyo del Gobierno Nacional, quien en tiempos de Federico Rengifo como ministro
del Interior, expresó su apoyo a la iniciativa.

[…]De igual forma lo hizo el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, quien dijo que la iniciativa
le sería de gran utilidad para las Fuerzas Armadas. "hay que seguir analizando cómo fortalecer las
herramientas que tiene la Fuerza Pública, tanto jurídicas como en recursos y materiales, para poder
enfrentar las distintas amenazas contra el pueblo colombiano (...) seguramente al final de este año
podemos estar hablando de un marco claro y de unas posibilidades que les den más tranquilidades
a nuestros hombres y a nuestra Fuerza Pública", expresó el jefe de la Cartera de Defensa.
Según Pinzón, en 934 municipios del país no hay presencia de bandas criminales, gracias a las
neutralizaciones que se han logrado durante el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos.
"Todas estas operaciones contra las bandas criminales significan que, en la medida en que hemos
neutralizado sus principales cabecillas y que capturamos y judicializarnos un mayor número de
miembros de estas estructuras estamos restándole capacidad a estas organizaciones. este
debilitamiento se va a traducir en una capacidad cada vez más limitada para intimidar a la
población”, indico el ministro Pinzón. […] (Se Destraba marco para combatir a las Bacrim, 7 de
noviembre de 2012.)

En cuanto a la posición de ex presidentes, según Semana (2012) el expresidente Andrés


Pastrana criticó la gestión de Álvaro Uribe en los temas de desmovilización paramilitar, seguridad.
Además, mencionó posibles candidatos del Conservatismo a la Alcaldía Mayor. (recordemos que
en épocas de elecciones las opiniones sobre un determinado tema se hacen más fuertes).

Ante la ola de violencia que vive el país, y que ha sacudido la tranquilidad de los departamentos
de Córdoba y Arauca, Pastrana aseguró que la crisis de seguridad es resultado del Gobierno
anterior: "La herencia que nos dejó el presidente Uribe son las Bacrim”, dijo en entrevista con
Caracol Radio.
Pastrana precisó que la actual situación de seguridad se debe a la desinformación sobre lo
acordado en la zona de distensión de Santa Fe de Ralito. Según Pastrana, cuando Álvaro Uribe
llegó a la Presidencia, en ese lugar sólo había dos grupos paramilitares, mientras que al final de
su mandato esa cifra subió a cinco.
"Hay 5.000 paramilitares perdidos", advirtió Pastrana en alusión a informes de la Comisión
Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR), que coinciden en el paradero desconocido de
miles de desmovilizados de las AUC.
Ante los datos proporcionados por la CNRR, Pastrana se preguntó: "¿Cómo así que no se sabe
dónde están 5.000 paramilitares?". En ese sentido, sostuvo que la zona de distensión de Ralito le
dejó al país "unos grupos paramilitares que están actuando hoy como nunca". (La herencia que
nos dejó el presidente Uribe son las Bacrim": Andrés Pastrana, 2 de abril de 2011.)

El vicepresidente de Colombia durante el periodo 2010-2014 Angelino Garzón, advirtió a


través de El Nuevo Siglo (2011) que las bandas criminales no tenían ningún tipo de ideología por
más de que estuvieran compuestas de ex combatientes paramilitares, antiguos guerrilleros,
delincuentes al servicio del narcotráfico y ex militares y policías.

199
[…]"Estas bandas criminales son el resultado de una alianza diabólica entre antiguos
paramilitares, gente vinculada a la criminalidad organizada al servicio del narcotráfico, antiguos
guerrilleros y, duele decirlo, algunos ex militares y policías", señaló el vicepresidente, que
prometió combatirlas "con toda la infraestructura y recursos al servicio del Gobierno", manifestó
Garzón en entrevista con la agencia France Press (AFP). […]
[…]"La prioridad es luchar por igual contra todos los grupos armados ilegales. No se trata de
luchar primero contra unos y luego contra otros y mucho menos aceptar la tesis perversa de que
el enemigo de mi enemigo es mi amigo", añadió Garzón en referencia a la alianza que existió
entre milicias de extrema derecha y el Ejército.
“En muchas regiones del país la guerrilla ha tratado de volver con la ayuda de las bandas
criminales porque tienen un punto en común: el negocio del narcotráfico. Aquí ya se borraron las
fronteras ideológicas entre los grupos armados ilegales” añadió. […]
[…]El funcionario también advirtió sobre el riesgo de infiltración de estos grupos y la guerrilla
de cara a las elecciones locales, que el país andino realizará el próximo 30 de octubre. “Estamos
invitando a la población a que nos informe para impedir cualquier estrategia política”, dijo.
Garzón también invitó a los líderes de estas bandas criminales a entregarse, planteando la misma
condición previa que la fijada a la guerrilla: el Estado abrirá todos los caminos para reconstruir
los escenarios de paz, de perdón y de reconciliación” dijo. […] (Bandas sin ideología son la
nueva amenaza: Garzón; 23 de enero de 2011.)

Los años correspondientes a la información presentada, estuvieron permeados por la época


de elecciones. Esta temporada electoral se presta, para que la prensa y la opinión pública sean
usadas como lo que Thompson (1997) denomina un recurso que los líderes políticos utilizan con
la ayuda de técnicas mediáticas, obteniendo consentimiento de la población para legitimar sus
programas políticos.

En el año 2010 Juan Manuel Santos, con ayuda del partido de Unidad Nacional y por
supuesto con el apoyo de su antecesor Álvaro Uribe, se convierte en el actual presidente de nuestro
país. Poco tiempo después de iniciar su mandato, Santos toma distancia de varios de los
posicionamientos políticos de Uribe, lo que ocasiona un fraccionamiento en la derecha colombiana
y sus diferentes partidarios comienzan a tomar posiciones diferentes sobre el trato que reciben las
diferentes problemáticas que aquejan al país. Este aspecto generó nuevas afirmaciones sobre los
diversos temas de conflicto que enfrenta Colombia y sobre las posiciones que se debían tomar para
solucionarlos.

Los políticos pertenecientes en ese entonces a el partido de la Unidad Nacional que


presentaron su opinión a través de los medios consultados consideran que las bandas criminales
son organizaciones de delincuencia común, asociadas con el negocio del narcotráfico, la extorsión
y el secuestro; pero que no tienen motivaciones políticas, aunque algunos de sus miembros

200
hubieran sido combatientes paramilitares, antiguos guerrilleros, delincuentes al servicio del
narcotráfico, ex militares y policías. Por lo tanto, estas posiciones no establecen una relación
directa de las Bacrim con el fenómeno paramilitar, pero sí con las características del narcotráfico
y la delincuencia.

A pesar de que los políticos compartían estas consideraciones sobre las Bacrim, no dudaron
en ningún momento en avalar la propuesta que hicieron algunos de los miembros del partido sobre
crear un estatuto o un nuevo marco jurídico que establecía que, las bandas criminales no debían
ser combatidas como si se tratara de delincuentes comunes, sino como organizaciones armadas de
alta peligrosidad. Recordemos que está denominación fácilmente podría incluir el marco de
influencia que tuvieron en la sociedad las AUC y la guerrilla de las FARC en su momento. Lo que
nos deja apreciar las “molestias” que se ha tomado el Gobierno para combatir este tipo de
organizaciones pues, a pesar de que las sigue reconociendo como bandas delincuenciales se ve en
la necesidad de fomentar el desarrollo de estrategias para contrarrestar su expansión (estrategia que
no coincide con la caracterización que los mismos políticos tienen del fenómeno) lo que nos
permite considerar a las Bacrim como un tercer actor del conflicto armado colombiano.

En cuanto a los políticos que no hacen parte de la Unidad Nacional, estos reconocen que
las bandas criminales poseen una serie de características con las cuales se puede establecer una
relación entre estos grupos y el fenómeno paramilitar. Según estas posiciones la base de
conformación de las bandas criminales y sus mandos medios son personas que pertenecieron a las
AUC, algunos desmovilizados y otros sujetos que se integraron a estos grupos posteriormente.
Estas organizaciones poseen control territorial, cadena de mando y capacidad militar. Son
organizaciones cuyas estructuras han provocado violaciones masivas de derechos humanos. Estas
características permiten afirmar que, en el tiempo de análisis, algunos de los políticos de oposición
colombiana son conscientes de que las acciones de las bandas criminales no corresponden a la
delincuencia común y, por lo tanto, su estudio y desmantelación requiere un análisis más preciso
que el proporcionado por la caracterización estatal.

Los políticos que no hacen parte de la Unidad Nacional reconocen también que las víctimas
de las Bacrim son generalmente líderes sociales, defensores de derechos humanos y opositores
políticos que denuncian sus actos. Estos actores políticos también denuncian la significativa
influencia de estas organizaciones sobre algunos territorios a lo largo del país.
201
A pesar de que la mayoría de los políticos que hacen algún tipo de oposición al Gobierno
de Juan Manuel Santos, coinciden con el planteamiento de que algunas de las Bacrim son herederas
de varias características que poseían las AUC, no se refieren a ellas con el termino
neoparamilitares. Por otro lado, según los políticos pertenecientes a la Unidad Nacional, la
característica más sobresaliente de estos grupos es su relación con el narcotráfico.

Según Habermas (1981) la prensa permitió que emergiera una nueva esfera de lo público
en la cual se debatían actividades de la autoridad o el Estado. En este caso, los debates generados
sobre las Bacrim se han convertido en un asunto estatal, que no duda en cuestionar las diversas
opiniones que contradicen su posición. Por lo tanto, no es extraño que el Estado a través de sus
dirigentes haga lo posible por invisibilizar las posiciones que denominan a las Bacrim como grupos
neoparamilitares. La prensa en diferentes ocasiones también responde a la lógica estatal, pues en
algún momento, la mayor parte de los periódicos y revistas del país se han vinculado a grupos
económicos y partidos políticos, lo que hizo que los periodistas (muchos con aspiraciones politicas)
tuvieran un punto de vista y un interés específicos que respaldaran la posición establecida desde el
gobierno. Por otro lado, en la prensa también se genera oposición, desprestigiando a través de
diversas afirmaciones los planteamientos del Gobierno.

Por el momento, podemos rescatar que en el tiempo de análisis se presentan dos posiciones,
estas presentan similitudes al reconocer que en las filas de las Bacrim se encuentran antiguos
miembros de los paramilitares y estos grupos presentan características de narcotraficantes; como
aspecto alarmante, reconocen también, la capacidad de expansión de estos grupos a lo largo del
país. Por otro lado, en la política colombiana y en las diferentes opiniones que sus representantes
configuraron en este tiempo, no se evidencian acuerdos comunes sobre la denominación y el
tratamiento que debería recibir el fenómeno.

3.1.1 Reconocimientos

En el año 2011 el ministro Germán Vargas y el senador Armando Benedetti reconocieron


en El Espectador que las Bacrim "ejercen control" en gran parte del país.

El Gobierno Nacional admitió que las bandas criminales trasladaron la violencia al campo
generando el regreso de las vacunas y secuestros.

202
El ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, dijo que las Bacrim ejercen control
territorial en varios departamentos. "Muchas de esas organizaciones ya no limitan su radio de
acción a una ciudad o un departamento pues tienen influencia en varias regiones", explicó.
En el mismo sentido, Vargas señaló que en 60 municipios las bandas criminales quieren controlar
electoralmente. Horas antes, desde el Congreso alertaron sobre el resurgimiento de las vacunas y
secuestros en el país.
El presidente del Senado, Armando Benedetti, aseguró que el mayor problema con las bandas
criminales está en las áreas rurales y no en las urbanas como todo el mundo cree.
“Cuando he cuestionado los problemas de seguridad en el país no hablo de las cifras de
disminución de secuestros y extorsiones en las ciudades. Me refiero a lo que está pasando en el
área rural, en las fincas, en las carreteras, en los campos petroleros donde se está secuestrando,
extorsionando y vacunando”, explicó. (Gobierno admite que bandas criminales revivieron
vacunas y secuestros, 14 de febrero de 2011.)

En ese mismo año, Vargas Lleras reconoce a través de este mismo medio, que las Bacrim
hacen presencia en 151 municipios:
El preocupante panorama refleja que las siete grandes bandas criminales –Bacrim- han llegado a
tener en sus filas a más de 4.200 integrantes.
Así lo dio a conocer el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, quien señaló que
éstas hacen presencia en 151 municipios de 17 departamentos.
Urabá, Guaviare, Meta, Norte del Valle, Nordeste Antioqueño, Alto y Bajo San Jorge, Magdalena
Medio, Occidente Antioqueño, Río Guaviare, occidente de Nariño, sur del Cauca, son algunas de
las regiones que más afecta la criminalidad de estos grupos.
“Sabemos que esas organizaciones reciclaron personas y características de las organizaciones
paramilitares, pero estamos advirtiendo que en la manera que operan es propia (…) no existe ni
una ideología en su proceder y están dedicadas prioritariamente al narcotráfico”, recalcó.
(Gobierno afirma que bandas criminales tienen 4.200 integrantes, 1 de abril de 2011.)

El director de la Policía Antinarcóticos en ese entonces, el general César Augusto Pinzón24,


“confesó que su "meta prioritaria" es asestar un golpe definitivo a las denominadas "Bacrim",
anunció que en los últimos tres años se ha logrado reducir su número de 33 a siete.” (Narcotráfico
en Colombia transitó de grandes carteles a bandas criminales, 29 de marzo de 2011.)

Estos nuevos capos "manejan una estructura criminal, son una transición de lo que fueron las mal
llamadas Autodefensas, con las que hubo un proceso de paz. La mayoría salieron de ese proceso
y siguieron delinquiendo", explicó.
Pinzón se refirió así a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), los paramilitares que se
desmovilizaron entre 2003 y 2006 en virtud de un acuerdo con el Gobierno del anterior presidente,
Álvaro Uribe, tras sembrar el terror durante años.

24
En diciembre del 2010, dirigió la operación que terminó con la muerte de Pedro Oliverio Guerrero, alias 'Cuchillo',
entonces comandante del desmovilizado ERPAC. Entre su lista de capturados se encuentran, alias “los Mellizos” y
“Don Mario”.

203
El resultado fue que los jefes de las AUC fueron extraditados a EE. UU. mientras sus
lugartenientes se reorganizaban en lo que hoy se llaman bandas criminales. (Narcotráfico en
Colombia transitó de grandes carteles a bandas criminales, 29 de marzo de 2011.)

El 10 de septiembre de 2011, El Espectador informa la realización de una reunión donde


diferentes representantes de organizaciones que han investigado el tema se sentaron a debatir sobre
las problemáticas de las Bacrim. La conclusión fue que, tras la desmovilización de las AUC en el
país, surgieron nuevas fuerzas que empezaron a sembrar el terror. Ante las dudas de si eran nuevos
paramilitares o delincuencia organizada, la Embajada de EE. UU. en Bogotá realizó una consulta
con grupos de derechos humanos, para hablar del tema.

Asistieron Mauricio Albarracín, de la Comisión Colombiana de Juristas; Markus Schultz Kraft,


del Grupo Internacional de Crisis; Agustín Jiménez, del Comité de Solidaridad con los Prisioneros
Políticos; Alberto Yepes, de la Coordinación Colombiana Europea; Rafael Barrios, del Colectivo
de Abogados; Gloria Flórez, de la Asociación Minga; Luz Stella Aponte, de la Fundación
Reiniciar; Yimi Muñoz, de la Comisión de Justicia y Paz; Mario Gómez, de la Fundación Restrepo
Barco; Geilar Romana, de Afrodes, y Carlos Garaviz, del Cinep.
Las opiniones se dividieron. Algunos concluyeron que las llamadas Bacrim eran la continuidad
de los paramilitares y que estaban atacando a líderes de la oposición, sindicalistas y defensores de
DD.HH. Que eran grupos protegidos por algunas compañías de palma o por la Fuerza Pública;
que contaban con 10 mil hombres, con presencia en 24 departamentos, y que tenían amplias redes
de narcotráfico.
Sin embargo, otros indicaron que no eran paramilitares, ya que les faltaba estructura militar,
capacidad y la contrainsurgencia que aquellos representaban. Además, que se enfocaban en el
narcotráfico, la extorsión y otros crímenes que deben verse como crimen organizado.
Eso sí, todos estuvieron de acuerdo en que, independientemente del rótulo, se mantenía la
capacidad de corromper las instituciones y las empresas locales. Además, que estaban ganando
influencia en las élites económicas y políticas en el país.
Kraft propuso cuatro criterios para determinar si eran paramilitares o crimen organizado: apoyo
de la Fuerza Pública, nexos con la élite política y económica, participación de exlíderes ‘paras’ y
nexos con narcotraficantes.
Muchos de estos aspectos ya se están dando, con lo que la balanza podría estar inclinándose para
el lado de calificarlos como nuevos paramilitares. Al debate se han sumado recientemente algunos
exjefes paramilitares, como Ernesto Báez, quienes ya reconocen que son “grupos de paramilitares
mal desmovilizados”. (Bacrim, ¿los nuevos 'paras'?, 17 de agosto de 2011.)

En ese mismo año, el presidente Juan Manuel Santos, admite a El Espectador (2011) que
las Bacrim son hoy en día la principal amenaza para la seguridad en Colombia. “Aunque el
presidente Santos ha manifestado públicamente su preocupación por el avance de las "Bacrim y su
decisión de combatirlas, el informe de Indepaz sostiene que el Gobierno no da al problema la
suficiente importancia al considerarlo "un capítulo de la lucha antidrogas o un asunto de la policía".
(Bandas criminales están en uno de cada tres municipios del país, 16 de marzo de 2011.)
204
De esta información, son llamativas las cifras y el reconocimiento que hacen los
funcionarios del gobierno sobre la capacidad de expansión de las Bacrim a lo largo del país. Según
los datos, al iniciar el 2011 las bandas criminales tenían presencia en 60 municipios del país, meses
más tarde el mismo mandatario señala que ahora son 151 municipios de 17 departamentos en los
que existe presencia de estas organizaciones.

Según los datos, en un lapso de solo dos meses entre la publicación de cada noticia, la
cantidad de Bandas criminales existentes a lo largo del país aumentó casi el doble, de esta
información podríamos plantear los siguientes cuestionamientos: si se supone que el Gobierno
está generando estrategias para combatirlas constátenme ¿podríamos confiar realmente en las
cifras oficiales que son manifestadas por el gobierno a través de la prensa? o este drástico cambio,
nos señala que las cifras entregadas a la opinión, son manipuladas según la conveniencia del
gobierno. Por otro lado, también podríamos inferir que el Gobierno no tiene la capacidad de
controlar la expansión de las bandas criminales a lo largo del territorio y estas son capaces de
aumentar drásticamente su capacidad de incidencia en el país.

Por otro lado, la posición de las organizaciones y sus representantes señala que las Bacrim
contaban con 10 mil hombres, con presencia en 24 departamentos, y amplias redes de narcotráfico.
Otros indicaron que no eran paramilitares y estaban enfocados en el narcotráfico y la extorsión,
por lo tanto, estos grupos debían verse como crimen organizado. Hasta el momento siguen
existiendo posiciones divididas sobre la concepción de lo que son las Bacrim, sin embargo, las
respectivas posiciones coinciden: el fenómeno es un problema para la seguridad y la paz del país.

En este orden de ideas, los diferentes dirigentes políticos consultados en este análisis
reconocen que las bandas criminales son un problema nacional que requiere atención inmediata. A
pesar de que los representantes estatales no reconocen a estos grupos como la continuidad del
fenómeno paramilitar, se encuentran coincidencias argumentativas al señalar las capacidades
delictivas de estas organizaciones y la pluralidad de características que permiten la diversidad
existente entre la denominación de las Bandas Criminales.

3.1.1.1 Sobre algunas entrevistas


Durante la organización de la información utilizada en el desarrollo de este trabajo, se
encontraron algunas entrevistas realizadas a dirigentes políticos y a ex paramilitares; en ellas

205
expresaban su posición sobre la configuración de las bandas criminales. Los aspectos que
expresaron se encuentran delimitados por la manera en que el entrevistador (que en algunas
ocasiones es anónimo) realiza las preguntas. Es preciso recordar, que las preguntas y la manera en
que el entrevistador las formula responden a una intencionalidad y ésta, puede generar que el
mensaje transmitido no llegue a la opinión de la manera que el emisor pretendía. Como lo
señalamos anteriormente, este trabajo no corresponde a un estudio de recepción de medios, sin
embargo, es importante evidenciar la manera en que esta información es transmitida a la opinión a
través del medio impreso y las preguntas realizadas, ya que estos aspectos configuran un tipo de
opinión sobre el tema y sobre los actores entrevistados. En este caso debemos tener en cuenta que
las entrevistas no se remiten solamente a la transmisión de la información.

Semana (2010) tuvo la oportunidad de realizar algunas entrevistas para tocar la naturaleza
del fenómeno de las Bacrim; una de ellas fue con José López, alias Caracho comandante en aquel
entonces del ERPAC y promotor de su desmovilización. Lo que llama la atención de esta
entrevista, es la manera en que el entrevistador realiza las preguntas al sujeto.

SEMANA: ¿Por qué pone la cara en este momento?


JOSÉ LÓPEZ: Porque quiero acabar con el Erpac, porque me cansé de la guerra y porque me di
cuenta de que este es un conflicto que no tiene vencedores ni vencidos.
SEMANA: ¿Cuándo tomó la decisión?
J.L.: El 28 de diciembre se conoció la muerte de Cuchillo. Hubo una reunión de todos los
comandantes y me designaron como jefe. Y en esa misma reunión se tomó la decisión de
someternos.
SEMANA: ¿O será que usted se va a someter porque las operaciones policiales los tienen
corriendo y acorralados y saben que en cualquier enfrentamiento pueden caer?
J.L.: Al Estado se le reconoce que ha sido exitoso operacionalmente. Yo tomé las armas para
enfrentar a la guerrilla. Nunca me ha pasado por la mente usar las armas contra el Estado porque
yo, cuando presté servicio, hice parte de él. Esto va en serio y de eso pueden dar fe las mismas
comunidades que ya están notificadas.
SEMANA: ¿Y no será que lo de ahora es igual a cuando Cuchillo se 'desmovilizó' en Ralito
y que resultó siendo una trampa porque en un abrir y cerrar de ojos creó el Erpac?
J.L.: Vuelvo y le digo, el jefe en ese entonces era Cuchillo y las órdenes se cumplían o uno se
atenía a las consecuencias.
SEMANA: Con el gobierno de Álvaro Uribe también tuvieron muchas garantías y todo el
proceso de desmovilización terminó en un engaño y en el nacimiento de las Bacrim.
J.L.: En ese entonces ofrecieron muchas cosas y no cumplieron. El presidente Santos ha dado
muestras de que tiene voluntad de paz y no creo que nos vaya a poner conejo.
SEMANA: ¿Va a negar que los laboratorios de coca que las autoridades han encontrado en
la zona donde opera su grupo sean de ustedes?
J.L.: Eso es totalmente falso. Yo sí quiero que la Fiscalía investigue realmente de quién son los
laboratorios, porque nosotros como Erpac no tenemos ni manejamos laboratorios.
SEMANA: ¿Va a negar que tienen negocios de narcotráfico?

206
J.L.: Nosotros nos financiamos del gramaje, lo que para nadie es un secreto, y de un impuesto a
los insumos.
SEMANA: Usted niega todo. ¿También va a negar que el Erpac está involucrado en
asesinatos, masacres y desplazamientos?
J.L.: Yo respondo desde el momento que asumí el mando. Pueden investigar por donde sea, y el
único muerto que me han atribuido es Germán Ramírez, Vaca Fiada, y usted mismo lo está viendo
ahí, vivito y coleando. Como ese 'muerto', me han querido atribuir muchos más.
SEMANA: Pero paramilitares como Don Berna también tuvieron verificación y eso no evitó
que la desmovilización de su gente fuera una farsa…
J.L.: No sé qué fue lo que pasó con Don Berna, y esto es una cosa totalmente diferente...
SEMANA: Usted le echa toda la responsabilidad a su exjefe Cuchillo. ¿Se lava las manos
con un muerto? ¿Ahora resulta que usted es san Caracho?
J.L.: No soy san Caracho, pero al frente de la organización llevo diez meses. Y el resto de los
años, el comandante fue Cuchillo. (“Nos vamos a someter”, 19 de noviembre de 2011.)

A simple vista el entrevistador busca generar una predisposición en la manera en que se


contestaron las preguntas. Podríamos decir, que atribuye directamente acciones que, según la
información presentada, desconocemos si jefe de esa Bacrim perpetuó o no. La manera como
formula su interrogación busca que el entrevistado asuma la responsabilidad de ciertas acciones.
Este aspecto, puede generar que la transmisión de la información forme en el público esa misma
predisposición, en el momento en que este interpreta la información. Por otro lado, el entrevistador
asume directamente que el ERPAC es un grupo que da continuidad al fenómeno paramilitar y hace
saber con antelación que la desmovilización de este será un fracaso (de hecho, así fue)25 y terminará
en la conformación de otro grupo neoparamilitar.

La siguiente entrevista realizada por Semana, fue hecha al antiguo comandante paramilitar
Salvatore Mancuso, quien actualmente se encuentra extraditado en Estados Unidos. “En su primera
entrevista a un medio, Mancuso le dijo a Semana que advirtió al gobierno sobre el rearme de los
desmovilizados y habló de su escepticismo sobre el proceso de Justicia y Paz.”. ("Advertimos lo
de las Bacrim", 4 de febrero de 2011.)

Mancuso afirma las llamadas Bacrim son un rearme de los antiguos paramilitares, el cual
se generó por la falta de garantías en cuanto a la implementación del proceso de Justicia y Paz.

SEMANA: ¿Le advirtió al gobierno lo que podía suceder con el rearme?


S.M.: Yo le mandé unas cartas al gobierno al respecto y me mamé de la mesa de negociaciones.
Dije: erradiquemos los cultivos, armemos los proyectos productivos y titulemos las tierras a los
campesinos. Cuando me cansé, traté de hacerlo público.

25
Para información sobre las falencias en la desmovilización del ERPAC, ver páginas 169-170.

207
SEMANA: Las Bacrim tienen desbordada la institucionalidad. ¿Por qué, si se había
advertido?
S.M.: El gobierno dice que no quiere dialogar ni negociar con ellos. No hay otra forma que abrir
un proceso. Ellos están en las bandas porque el gobierno incumplió, porque no tuvieron opción
diferente que irse. Cómo es posible que a algunos les dijeran que, como eran militares y pasaron
a las autodefensas, lo que hicieron como militares no se los reconoce la Ley de Justicia y Paz.
("Advertimos lo de las Bacrim", 4 de febrero de 2011.)

En referencia a las entrevistas a dirigentes políticos y en plena campaña para las elecciones
presidenciales, Semana (2010) les preguntó a los diferentes candidatos de aquel entonces ¿Qué
tratamiento le daría su Gobierno a las denominadas bandas criminales emergentes?

Antanas Mockus
El mismo que a toda forma de ilegalidad: buscando la eficacia de los mecanismos legales,
mejorando la información para que la justicia actúe con más eficiencia y promoviendo la
colaboración de la ciudadanía con las autoridades.
Rafael Pardo
En principio, el que la ley establece para los criminales y delincuentes, aplicándola con diligencia
y poniendo especial atención para evitar esguinces y dilaciones que faciliten la reducción de penas
y los vencimientos de términos, el soborno o penalidad y la intimidación de testigos, hoy tan de
moda en nuestro aparato de justicia.
Las llamadas ‘Bacrim’ no son cosa distinta de la herencia que nos dejó la sui géneris negociación
del Gobierno con los ‘paras’ en Santafé de Ralito. Unas organizadas con base en poderes
fraccionados, pero las más, dirigidas por sus antiguos jefes o por interpuestas personas. Son una
herencia indudable de la faceta oscura de la Seguridad Democrática, que no pasa de ser una
operación antisubversiva que no ha enfrentado de verdad el paramilitarismo y que mantiene
desamparada a la ciudadanía aún frente a la propia amenaza de la guerrilla.
Gustavo Petro
Si queremos frenar las bandas emergentes, debemos desmontar el poder local de las mafias y
transferir la tierra fértil a la sociedad, acompañado de una justicia fuerte y un proceso de
reconciliación regional entre víctimas y victimarios de cara a la verdad, la justicia y la reparación
integral de las víctimas, sabiendo que gran cantidad de estas bandas son producto de las influencias
ejercidas en zonas específicas por antiguos grupos alzados en armas.
Noemí Sanín
El narcotráfico sigue siendo la fuente de financiación de la gran mayoría de los grupos terroristas
y bandas emergentes. Por lo tanto, el nuevo Plan Colombia, la política de extradición y el
fortalecimiento del Ejército son vitales para combatir estas nuevas bandas.
No habrá lugar a que nuevos grupos terroristas intenten cubrirse con sombrillas políticas. Los
paramilitares desmovilizados que sean capturados delinquiendo, o aquellos que no hayan
cumplido las condiciones de verdad y reparación de su desmovilización, perderán, mediante el
debido proceso, los beneficios que obtuvieron bajo la ley de Justicia y Paz.
Juan Manuel Santos
Nuestro Gobierno construirá un ‘Centro para la lucha contra las Bandas Criminales y el
Narcotráfico’ que desarrollará una estrategia integral contra estos grupos basada en la fusión de
la información recolectada por las agencias de inteligencia del Estado para apoyar una acción
coordinada de la Policía con las Fuerzas Militares encaminada a la desarticulación de estos grupos.
Germán Vargas Lleras
Estas bandas, que pretenden revivir la pesadilla del paramilitarismo, serán perseguidas sin tregua,
al igual que todos los demás grupos ilegales, con una efectiva labor de inteligencia y con toda la

208
firmeza y decisión. (Candidato: ¿cómo enfrentará a las nuevas bandas criminales?, 21 de abril de
2010.)

A excepción de Mockus y Santos, (que finalmente fue el ganador de las elecciones


realizadas en el 2010) los candidatos reconocieron la existencia de una relación entre las Bacrim y
el paramilitarismo a través de diferentes características, uno de los aspectos de mayor relevancia
es el reconocimiento de la relación de estos grupos con el narcotráfico. Sin embargo, se puede
inferir el tipo de tratamiento que le hubiera dado cada candidato a las Bacrim, en caso de que
hubiera ganado. De ser ciertas sus posiciones se hubieran remitido solamente a la persecución
militar caracterizada solamente por minimizar su fuerza de a pie y su capacidad delictiva. Esta
persecución (que finalmente es lo que ha hecho Santos en todo su gobierno) no representa una
solución satisfactoria para terminar con estas organizaciones.

En la información analizada, la revista Semana busca recopilar diversidad de opiniones


sobre el tema de las Bacrim, cuestión que demuestra, al ser el único de los medios consultados que
tiene en cuenta la posición de los actores directos del conflicto, impedientemente de que la
información sea transmitida con la intención de generar una posición determinada en el público.

También se encontraron entrevistas que muestran posiciones oficiales. El Nuevo Siglo,


entrevistó a los dos directores que tuvo la policía durante el periodo analizado en este trabajo, los
generales Oscar Naranjo y Rodolfo Palomino respectivamente. En este medio, solo se encontraron
entrevistas que retoman las posiciones oficiales sobre la denominación y tratamiento del fenómeno.

ENS: ¿Las Bacrim son paramilitares?


GON: Las bandas criminales no son paramilitares porque no hay propósitos contrainsurgentes,
no hay estructura centralizada de mando, no hay estado mayor, no hay vocero político y en general
lo que uno observa es que hay alianzas o confrontaciones con la guerrilla que giran alrededor de
intereses vinculados al narcotráfico.
ENS: ¿Las Bacrim podrían evolucionar para convertirse en nuevos grupos paramilitares y
tomarse el poder local y municipal o departamental y beneficiarse de los recursos de la
nación?
GON: Ese es un riesgo enorme y por eso nuestra insistencia en que sería premiar a las bandas
criminales al servicio del narcotráfico dándoles la etiqueta de paramilitares. La aspiración de un
narcotraficante o de cualquier integrante de una Bacrim es atribuirse o robarse una
denominación… arroparse seudo políticamente con una etiqueta que le de ese carácter y status.
La obsesión de los narcotraficantes es tener status político criminal y en ese sentido creo que sería
una mala ruta en convertir a estas organizaciones criminales en organizaciones seudo políticas.
ENS: ¿Cuántas bandas criminales al servicio del narcotráfico hay en el país?
GON: No deberíamos hacer contabilidad criminal sino a partir de sentencias, pero los servicios
de inteligencia registran seis bandas organizadas en todo el país, con cerca de cuatro mil

209
integrantes, un poco más de 2.800 en armas y un poco más de 1.200 que son delincuentes comunes
que prestan servicios los perímetros urbanos. (Donde hay cultivos y laboratorios ilegales, hay
Bacrim: Naranjo, 7 de febrero de 2011.)

En cuanto las preguntas que respondió Rodolfo Palomino, este no responde


específicamente a las características que conforman a las Bacrim, solamente da a conocer los logros
que ha tenido el gobierno dentro de la lucha estratégica que ha ejecutado contra las bandas
criminales, esta entrevista da a conocer cifras oficiales que corresponden al último año de análisis
de este trabajo.

ENS: ¿cómo avanza la lucha contra las bandas criminales al servicio del narcotráfico?
GRP: En la lucha contra las bandas criminales podemos decir que la hemos venido librando con
relativo éxito, en la medida en que hemos podido capturar a un importante número de integrantes
de estas organizaciones armadas al margen de la ley. Prácticamente podemos decir en este
momento que se circunscriben a dos y media. Me refiero a dos y media en la medida en que siguen
existiendo Los Urabeños, Los Rastrojos y una disidencia de los Erpac.
ENS: ¿Tiene cifras de capturas en el 2014 de integrantes de las Bacrim?
GRP: En la lucha contra las bandas criminales al servicio del narcotráfico podemos decir que
hemos capturado a tres cabecillas de alto nivel, otros 24 de tercer nivel y 138 integrantes de esas
redes al margen de la ley.
ENS: ¿Realmente cuántas bandas criminales están delinquiendo en el país?
GRP: Reitero que estamos hablando de dos bandas y media: Los Urabeños, Los Rastrojos y una
disidencia del Erpac que delinque en la zona del Meta y lo que llamamos los Llanos Orientales...
en el Vichada, básicamente. (Solo hay dos bandas y media de Bacrim, 16 de marzo de 2014.)

En las posiciones politicas sobre el tema retomadas por El Nuevo Siglo (2013) Juan
Lozano, expresó a través de una entrevista, su posición sobre la creación de un proyecto que
presentó, el cual pretendía generar un marco legal para combatir a las bandas criminales26.

ENS: ¿Por qué viene a hacer parte el proyecto para combatir las Bacrim de la
reglamentación al fuero militar?
JL: Hace seis meses radiqué un proyecto de ley que permite que la Fuerza Pública enfrente con
contundencia a las Bacrim a pesar de que la Policía ha tenido algunos éxitos. El régimen aplicable
hoy es insuficiente y peligroso para el país. El Gobierno tuvo inicialmente indiferencia frente al
proyecto y ahora necesariamente lo tiene que acumular con el proyecto de fuero para estudiar
también este punto.
ENS: ¿Por qué toma más relevancia el combate de estas organizaciones?
JL: Si el presidente Santos logra firmar la paz, no hay ninguna garantía de que en las Farc vaya a
haber una desmovilización plena, al contrario, hay evidencias que indican que unos frentes de la
guerrilla no le marchan al proceso de paz. Si eso se produce, los frentes que no se desmovilicen
deben ser considerados bandas criminales y por ende el Estado debe tener toda la fuerza necesaria
para combatirlos.
ENS: ¿De qué manera el fuero complementa la iniciativa de lucha contra las Bacrim?

26
Para contextualización sobre el proyecto ver páginas 212-214

210
JL: Finalmente un combate eficaz contra las Bacrim por la Fuerza Pública requiere la autorización
para enfrentarlas desde el Derecho Internacional Humanitario, pero sin darles el tratamiento de
parte del conflicto. Entonces hay un tema de régimen aplicable a los miembros de la Fuerza
Pública y hay un tema propio de la aplicación del Derecho Internacional Humanitario…
ENS: ¿Pero eso daría pie para que a las bandas criminales se les va a aplicar el DIH?
JL: A las Bacrim se les debe combatir con todos los instrumentos que tenga el Estado, pero
entendiendo que son delincuentes comunes y ordinarios que no deben tener tratamiento ni de parte
del conflicto ni estatus de beligerancia. Esto por remisión expresa de la Ley que indican que los
miembros de las Bacrim son delincuentes comunes y no deben recibir nunca tratamiento político
y que sus integrantes no pueden someterse a la desmovilización ni a las figuras que contempla la
ley para las guerrillas. (Lucha contra Bacrim debe ser contundente: Lozano, 27 de marzo de 2013.)

En El Nuevo Siglo, las preguntas tienen un carácter más informativo en comparación a las
que plantea Semana. Esto puede explicarse, porque el Nuevo Siglo entrevistó a representantes
estatales y este medio posee una serie de aspectos ideológicos desde su fundación; este medio se
ha caracterizado por legitimar las posiciones oficiales que tienen que ver con los intereses del
gobierno de turno. Por esta razón las preguntas formuladas no buscan generar un debate en las
opiniones que se generen sobre el tema, tampoco lo hacen a la hora de formular las preguntas
realizadas a los Generales de la policía, pues estos, en su posición de servidores públicos y
directores de una organización estatal responden al discurso político que el gobierno de turno
genere sobre un determinado tema.

En cuanto a la revista semana, se evidencia una posición crítica por parte de las (o la)
personas o sección que realizó las entrevistas, las preguntas apuntan más a buscar el
esclarecimiento de la verdad y buscar que los entrevistados (jefes de grupos armados) asuman su
responsabilidad sobre diversos hechos relacionados con el paramilitarismo. En términos generales
las entrevistas reflejaron dos posiciones sobre el fenómeno, las que señalan la continuidad del
fenómeno paramilitar en las bandas criminales, señalando una diversidad de características que
permiten a firmar esta relación. Por otro lado, están las posiciones que les otorgan la calidad de
delincuentes impuesta por el Gobierno, legitimada también con una serie de argumentos. Estos dos
tipos de posiciones permiten generar una serie de debates sobre las características de las bandas
criminales.

3.2 Sobre los líderes de opinión


Las opiniones se encuentran permeadas por diferentes aspectos políticos e ideológicos que
van a determinar la posición que se tiene sobre un determinado tema. En este caso y por tratarse
de opiniones que expresan una posición respecto a un actor del conflicto armado, las mismas
211
reflejan una pluralidad de pensamientos y emociones. A pesar de que en las diferentes opiniones
se encuentran similitudes sobre la caracterización de las Bacrim; estas no deben apreciarse de
manera estandarizada. Por lo tanto, la mayoría de las opiniones representan planteamientos
personales, y en raras ocasiones corresponden a la posición del medio de comunicación que las
expone. Por esta razón, analizar posiciones específicas como las aquí mencionadas, merecía un
apartado diferente.

En la primera parte de la revisión de fuentes primarias se encontraron una cantidad


considerable de artículos de opinión que tenían palabras, expresiones, o caracterizaciones que
mencionaban a las bandas criminales. Sin embargo, como la intención de este apartado es analizar
las posiciones de los líderes de opinión, se seleccionaron solamente las columnas que expresaban
una reflexión y planteaban un caso específico relacionado directamente con el tema de las bacrim
y el neoparamilitarismo.

En ese orden de ideas, es importante aclarar que, aunque no se vea reflejado en este apartado
la posición de algún columnista que haga parte de “los más leídos” del país, esto no quiere decir
que este no se pronunciara alguna vez sobre el tema. Solo que las características de esa opinión
pueden no son de relevancia para responder a la pregunta de esta investigación. También es
importante recordarle al lector el tiempo correspondiente a este análisis de prensa (2010-2014)
pues, puede que algunos de los líderes de opinión comenzaran a darle relevancia a este tema, algún
tiempo después del que fue establecido para el análisis de este trabajo.

Debido a cantidad de información las posiciones específicas sobre el tema están distribuidas
en cuadros que facilitaran el reconocimiento de la opinión. Las demás caracterizaciones del tema
se encontrarán a lo largo del apartado.

3.2.1 El Espectador

Entre los diferentes columnistas que hacen parte de este periódico y que han querido dar a
conocer su posición sobre la denominación y características de las Bacrim; se puede establecer
que, los líderes de opinión consideran a las bandas criminales como una continuidad del fenómeno
paramilitar y las asociaciones narcotraficantes.

212
Columnista Posición u opinión en torno a las denominaciones y el tema
Reinaldo Spilanetta El país sigue en manos de las que hoy se denominan “bandas criminales”, pero que,
en esencia, son la prolongación del paramilitarismo. (Spilanetta, M. 24 de enero de
2010.)
El paramilitarismo persiste, aunque el Gobierno haya declarado su extinción,
inventando un nombre nuevo para este fenómeno: “bandas criminales” (“Bacrim”).
Gustavo Gallón Hay todavía más de diez mil paramilitares en actividad. Según cifras oficiales, había
doce mil paramilitares cuando se inició la administración Uribe en 2002. ¿Cómo
pudo desmovilizarse un número tres o cuatro veces mayor de paramilitares durante
la negociación? ¿Por qué ese empeño en magnificar las cifras de la
desmovilización? (Gallón, G. 28 de julio de 2010.)
María Elvira Estructuras no desmovilizadas o grupos de desmovilizados rearmados y fuerzas
Samper nuevas reclutadas tras la extradición de la cúpula paramilitar (Samper, M. 20 de
febrero de 2011.)
Nicolás Uribe El término Bandas Criminales no define, sino que confunde, pues en él se engloban
Rueda muchas posibilidades delictivas: Bacrim son sin duda las que componen
narcotraficantes, pero también las de sus testaferros, y por supuesto las agrupaciones
de paramilitares y guerrilleros reinsertados (Uribe, N. 1 de abril de 2011)
Ahora bien, respecto de las ‘Bacrim’ me atrevo a afirmar que son grupos cuya
estructura y forma de actuar corresponde más a un fenómeno de delincuencia común
(aun cuando puedan ser consecuencia del problema del paramilitarismo) que aún
Andreas Forero con las características de ‘grupo armado organizado’ en los términos del DIH
(Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra). (Forero, A. 1 de marzo de
2011)
Bandas criminales”, “herederos de los paramilitares”, “neoparamilitares”. La
ambigüedad y la multiplicidad de los términos utilizados reflejan cierta dificultad
Frederic Massé para describir el fenómeno. Sin embargo, la discusión no es puramente semántica,
pues tiene implicaciones operativas, políticas y jurídicas. (Massé, F. 29 de marzo de
2011)
María Elvira La presencia de las Bacrim, nombre que se confunde con el fármaco para enfrentar
Bonilla agresivas bacterias, pero que en realidad se refiere a las bandas criminales
emergentes producto de la descomposición del narcotráfico y los paramilitares.
(Bonilla, M. 3 de abril de 2011)
Yesid Reyes No son nada diverso de una nueva versión de los paramilitares. (Reyes, Y. 19 de
Alvarado enero de 2012.)
*Las Bacrim, que son hijas directas del narcotráfico, nos recuerdan todo lo malo de
lo que ya pasó, pero sigue ahí. Son una expresión armada (y humana) de la
degradación, una metáfora, por supuesto macabra, del largo tiempo que ha pasado
Nicolás Rodríguez sin un punto final para el conflicto. (Rodríguez, N. 8 de julio de 2011.)
*Bacrim, el amuleto conceptual que permite que, por la vía de la insistencia en el
componente criminal de las bandas, se omita que como con cualquier aventajado
descendiente del fenómeno paramilitar, estas también han logrado inmiscuirse en la
política, las fuerzas del orden, la justicia y la institucionalidad. (Rodríguez, N. 26
de abril de 2013.)
Francisco Gutiérrez A los grupos herederos de los paramilitares les pusieron ese nombre de Bacrim
Sanín porque en realidad no describe nada. (Gutiérrez, F. 6 de junio de 2013)

Tabla 6: Posición u opinión en torno a las denominaciones que le dan los columnistas a las bandas criminales
emergentes. Fuente: Elaboración propia basado en la información recopilada del diario El Espectador durante los años
(2010-2014.)

213
En estas opiniones encontramos pluralidad en cuanto al desarrollo del concepto se refiere.
Algunas de estas opiniones reconocen que las bandas criminales representan una continuidad del
fenómeno paramilitar, sin embargo, aunque rechazan la denominación designada por el Estado no
plantean elementos que contribuyan al análisis del fenómeno. Sin embargo, se reconoce que estas
organizaciones tienen algunas características específicas. Estos grupos están compuestos por
algunas estructuras no desmovilizadas o grupos de desmovilizados rearmados y nuevos miembros
reclutados. Por otro lado, más que atribuirle a los paramilitares la creación de las Bacrim, estas son
reconocidas en su mayoría como una consecuencia directa del narcotráfico.

Por otro lado, algunos columnistas asumen que ni los términos bacrim o neoparamilitares
son los idóneos para definir a estas organizaciones. Consideran que esta terminología es ambigua,
además, estas denominaciones demuestran la incapacidad de la sociedad colombiana para describir
y analizar a estos grupos y sus características. Por otro lado, se plantea que las Bacrim están
asociadas a un problema de delincuencia común y aunque en sus filas se encuentren integrantes
que hicieron parte de las AUC, estas bandas criminales no poseen características de un grupo
armado organizado.

3.2.1.1 Características y señalamientos


Según Samper (2011) El avance territorial de esas bandas, sus métodos violentos para
ejercer control social y sus vínculos con miembros de la fuerza pública en algunas regiones
demuestran que las Bacrim llevan en el ADN el gen paramilitar. “No es gratuito el reciente llamado
del ministro del Interior, Germán Vargas, a los partidos para que tengan especial cuidado a la hora
de dar avales para las elecciones de octubre, dado el alto riesgo de que las Bacrim interfieran en el
proceso electoral”. (Samper, M., 20 de febrero de 2011.)

[..] Mirar por el retrovisor le haría ver reflejada su propia imagen, pues el deterioro del orden público
por las acciones de las llamadas Bacrim, que es hoy la punta de lanza de los uribistas purasangre, con
su domador a la cabeza, para atacar al Gobierno, no empezó el 7 de agosto de 2010 ni es el resultado
de haber descuidado el huevito de la seguridad. Es parte del legado del “uribato” del cual él fue
ministro estrella. [..] (Samper, M. 20 de febrero de 2011.)

214
Para Massé27 (2011) Las bandas criminales vienen de los grupos que quedaron o se
reconformaron después de la desmovilización formal de los grupos paramilitares, ya no son grupos
de autodefensa, ni contrainsurgentes, pero dentro de su opinión establece que poseen ciertos
cambios en cuanto al desarrollo organizativo que tuvieron en su momento las AUC.

[…] A diferencia de la relación de cooperación y división de labores que tuvieron las autodefensas
con unidades de la Fuerza Pública, las estructuras armadas ilegales posdesmovilización ya no son
tampoco etimológicamente hablando grupos “paramilitares”. Hoy en día, procuran más bien
infiltrarlas, para obtener información sobre los operativos previstos contra ellas, así como sobre
las acciones planeadas por grupos enemigos; e incluso, para contar con su colaboración ante
enfrentamientos con otros grupos, tal y como sucedió con los carteles de droga en los años 80.
El tercer cambio tiene que ver con que las estructuras armadas ilegales posdesmovilización ya no
parecen tener mucho interés en ni capacidad para influir en política, y la clase política ya no tiene
necesidad de recurrir a esas estructuras armadas ilegales para conseguir votos. […] (Massé, F. 29
de marzo de 2011.)

En su opinión, los nuevos jefes de esas “bandas” no buscan tanto aburguesarse, sino sólo
enriquecerse. Aunque siguen teniendo relaciones con políticos locales, ya no parecen interesados
en la política en sí misma. “No les importa tanto quién detenta el poder, mientras puedan lograr
desarrollar sus actividades ilícitas a través de presiones y amenazas o gracias a su infiltración en
las instituciones”. (Massé, F, 29 de marzo de 2011)

La fase de recomposición y/o reorganización de las estructuras armadas ilegales que emergieron
durante las negociaciones entre el Gobierno Nacional y las Auc y los procesos de desarme y
desmovilización, entre 2003 y 2006, no ha terminado todavía.
Algunos consideran que estaríamos en una fase de reagrupación y de aprendizaje paramilitar de
esas estructuras. Sin embargo, todavía es prematuro llegar a tal conclusión. Primero, una cosa es
que estas estructuras se reagrupen hasta que queden solamente dos o tres en el país, y otra, que
quieran y logren conformar una nueva confederación.
Segundo, aunque todavía no está claro si estamos ante una repetición de las interacciones entre la
clase política y los paramilitares, esta vez con las estructuras armadas posdesmovilización, o si el
accionar de estas estructuras se concentra hoy en día en actividades principalmente mafiosas para
las cuales no importa quién detente el poder, es claro que hemos pasado de una lógica de conflicto
a una lógica de depredación (Massé, F., 29 de marzo de 2011)

27
Frédéric Massé en ese año era el codirector del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la
Universidad Externado de Colombia y coordinador del área de DDR del Observatorio Internacional sobre DDR y
Justicia y Paz del Centro Internacional de Toledo para la Paz (CITPAX).

215
Infografía 1: El desmonte paramilitar y el nacimiento de las Bacrim. Fuente: Massé, F. ¿Paramilitares recargados?, 29
de marzo de 2011. El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/nacional/paramilitares-
recargados-articulo-259879

Aunque no se referenció que Molano (2011) definiera de alguna manera, si las Bacrim son
una continuidad de los paramilitares, el columnista realiza denuncias tajantes sobre la reincidencia
en el mundo delictivo de algunos desmovilizados de las AUC.

Entre junio de 2006 —repito la fecha porque el país debe tenerla en cuenta— y diciembre de 2010,
ese organismo ha documentado la escalofriante cifra de 173.183 homicidios y 34.467 desapariciones
forzadas cometidos por paramilitares. Hay más cifras en las cuentas de la Fiscalía: 74.990
comunidades desplazadas, 3.557 menores de edad reclutados, 3.532 extorsiones, 3.527 secuestros,
677 casos de violencia contra mujeres. El informe fue publicado por El Espectador el 13 de enero del
presente año. Y el país como si nada. Ni un editorial de prensa ni un pronunciamiento de la Iglesia ni
una disculpa de las Fuerzas Militares ni un murmullo de las ONG. Nada. Silencio. Si se fusilaran de
uno en uno esos 135.000 colombianos y colombianas, la fila sería de 173 kilómetros, la distancia que
hay de Bogotá a Tunja; o de Cali a Popayán, o de Medellín a Honda.
Si se metieran todos los desaparecidos en un mismo sitio se haría un pueblo tan grande como
Yarumal, en Antioquia, Zarzal, en Valle, y Guaduas en Cundinamarca. ¿Quién puede creer la historia
de la desmovilización del paramilitarismo mirando esa cola de cadáveres? Bien vistas las cosas,
Justicia y Paz fue una estratagema para llevar las cabezas de las Auc a cárceles de EE. UU. y dejar
las manos libres a 30.000 delincuentes para que se rebusquen a mano armada. Es el país que Uribe
dejó. Y por el que brinca. (Molano, M. 13 de febrero de 2011.)

Por su parte, Gallón28 (2011) aprovecha los espacios del periódico para denunciar casos
particulares, con datos y a amenazas específicas que comprueban que las intenciones de las Bacrim
no son solamente la delincuencia común y el narcotráfico. Muchas de las denuncias que realiza a

28
Fundador y director de la Comisión Colombiana de Juristas.

216
través del Espectador, corresponden a investigaciones realizadas por la organización que este
abogado dirige.

Varias de esas amenazas se han emitido en las tres últimas Semanas de manera preocupante. Las
tres primeras fueron enviadas por correo electrónico el 8 y 9 de septiembre, contra 84 defensoras
y defensores de derechos humanos, desde los sitios aguilasnegrasbloquecapital@gmail.com y
joseperalta1981mas@gmail.com. Otras dos, rubricadas por el “Grupo Armado Los Rastrojos-
Comandos Urbanos”, fueron entregadas en físico el 22 de septiembre contra ocho líderes
sindicales, de derechos humanos y de paz, y el 24 de septiembre contra 20 activistas similares del
departamento de Córdoba y los dirigentes políticos Claudia López, Piedad Córdoba e Iván
Cepeda.
Hay material adicional de análisis en las 104 amenazas atribuidas a los Rastrojos desde 2010, 49
de ellas por correo electrónico. Y otros grupos paramilitares son autores de 174 amenazas
registradas por dicho programa en el mismo período, 44 de ellas por correo electrónico. Quizás
en este abundante material probatorio pueda descubrirse de paso al hacker de los correos del jefe
de negociadores del Gobierno en La Habana, Humberto de la Calle, interceptados 17 veces, según
dijo. (Gallón, G.1 de octubre de 2014.)

Por otro lado, encontramos opiniones que buscan dar a conocer las falencias estatales sobre
la denominación y las estrategias implementadas para contrarrestar a las bandas criminales. Por
ejemplo, Bejarano (2013) atribuye la conformación de las Bacrim, a el Gobierno de Álvaro Uribe,
cuestionando fuertemente las intenciones del expresidente por establecer qué las Bacrim se
originaron en el Gobierno de Santos.

¿A qué están jugando los “Uribeños” fustigando al gobierno de Santos por los problemas de
seguridad y el incremento de las bandas criminales (bacrim)? Así Uribe Vélez se enfurezca y
criminalice a todo el que se lo recuerde, estos grupos de la muerte florecieron durante su nefasto
mandato.
Las bacrim no se organizaron después del 7 de agosto de 2010, como pretenden hacerlo ver los
nuevos pilatos. Esa postura es inverosímil e irresponsable. Estas asociaciones del mal son hijas
legítimas del paramilitarismo que nunca se desmovilizó y que ahora, con otro disfraz siniestro,
amenazan de nuevo a la sociedad colombiana.
La estrategia es clarísima. A Uribe no le conviene que se diga que las bacrim vienen desde su
gobierno, porque entonces queda en entredicho no sólo la política de seguridad democrática, sino
también el cacareado programa de justicia y paz. Pero ahora que los hechos tozudos están
confirmando que estamos de bacrim hasta la coronilla y que simplemente son paramilitares
transformados, Uribe y sus amigos han decidido pedirle cuentas a Santos, con lo cual buscan matar
dos pájaros de un tiro.
Uribe y sus aliados no se han resignado a dejar el poder, y todos estos gritos de los últimos días,
las rabietas y los insultos contra Rafael Pardo, tienen que ver con el ambicioso propósito de
provocar la convocatoria de una constituyente, que sea capaz de reformar la Carta Política para
levantar las barreras que la Corte Constitucional le puso a las aspiraciones reeleccionistas y
totalitarias del exmandatario. (Bejarano, R. 13 de febrero de 2011.)

217
Otra crítica expresada sobre el modelo implementado por el Estado para combatir a las
Bacrim la presenta Ronderos. (2012) El caso específico en el que presenta su posición es el ya
nombrado intento de diferentes políticos con el aval del Estado por establecer un proyecto de ley,
la columnista señala que este proyecto es señal de que el Estado realmente no sabe cómo
enfrentarlo.

El Partido de la U empezó a hablar de herramientas legales para “combatir con mayor


contundencia” a las bacrim, y el ministro Juan Carlos Pinzón hizo eco de la idea esta semana.
No tienen claro cuántas son, ni dónde están. La Policía ha dicho que tienen 3.700 miembros y
están en 150 municipios. La Corporación Arco Iris dijo en febrero que estaban en 209 municipios,
e Indepaz calculó un poco después que rondaban por 300 municipios y tenían 6.000 personas
armadas.
Sabemos, sí, que han venido creciendo, y que la oportunidad que tuvimos de librarnos de este
fenómeno se nos está deshaciendo en las manos.
Para encontrar salidas novedosas hay que atreverse a mirar el problema como es: unas bandas
armadas de jóvenes sin futuro —el 80 por ciento de los capturados tienen entre 18 y 23 años— al
servicio de diversos intereses ilegales (narcotráfico, minería ilegal, robo de gasolina, captura de
rentas públicas) o, en ocasiones, incluso legales (política, minería, ganadería, agroindustria).
Por eso las caras de las bacrim son múltiples. Van desde los 50 ganaderos que se organizaron hace
unas semanas en Cesar para armar a unos muchachos que los “defiendan” porque la extorsión los
tiene desesperados, hasta la red de turismo sexual de niños y niñas de ‘Los Urabeños’ en
Cartagena, según lo reveló la reciente investigación de la valerosa periodista Jineth Bedoya sobre
las violaciones sexuales de esta banda. Y también son las ‘Águilas Negras’ de Urabá, que en
marzo pasado asesinaron a Manuel Ruiz (con su hijo Samir) que defendía los derechos sobre sus
tierras en Curbaradó. (Ronderos, M. 7 de junio de 2012.)

Ronderos denuncia a través de una de sus columnas, las amenazas generadas por este tipo
de grupos. En este caso se refiere al paro decretado por los Urabeños en el 2011.

De Chigorodó, a Majagual (Sucre), a buena parte del occidente de Medellín, a Moñitos, a Santa
Marta, llegó la mala hora de los panfletos ordenando paro. Puede que la banda sea grande, o no
tanto, pero como sus antecesores, las Auc, saben que difundir el terror es fácil: un panfleto aquí,
un muerto allá, en todas partes parecen enormes a los ojos de la gente.

Esta semana, terror en el catatumbo, ocho atentados, cinco muertos, viejos guerreros como el
eterno Megateo y nuevos jóvenes hinchados de odio que cambian de nombre, pero no de oficio,
farianos, elenos, rastrojos, urabeños, se disputan la coca, el contrabando de gasolina desde
Venezuela, las rentas públicas, las tierras… Hace dos semanas, un paro armado en seis
departamentos fue decretado con éxito por ‘Los Urabeños’, como señal de luto y protesta por la
muerte de su jefe, Juan de Dios Úsuga, abatido por la Policía en Acandí, Chocó. El tiempo se
detuvo en Apartadó, no sólo porque se suspendió hasta la venta de minutos, sino porque era como
devolverse una década, cuando los jefes de los Úsuga, Don Mario y su hermano El Alemán (de
los pocos jefes ‘paras’ a los que no extraditaron), eran allí los dueños de la vida de la gente.

218
Por eso los ‘paras’ de hoy y de ayer matan reclamantes de tierras, líderes políticos renovadores y
saquean al Estado. Ya no existen los narcos especializados sólo en coca. Ni tampoco los criminales
comunes. Y, peor aún, esas dirigencias políticas y económicas locales siguen siendo pieza clave
del modelo nacional de gobernabilidad política. Por eso no se pueden combatir a los ‘paras’ sólo
con policía. Ni evitar que los jóvenes caigan en sus redes con clases teóricas de derechos humanos.
El desafío es más grande: pensar en serio cómo nos deshacemos del cómodo modelo de
gobernabilidad de clientelismo mafioso imperante por tres décadas, que impide atacar de raíz el
reciclaje de paramilitares. (Ronderos, M. 19 de enero de 2012.)

La opinión de los líderes consultados por medio de El Espectador presenta rigurosidad en


las argumentaciones dadas sobre el tema. Toda la información proporcionada a lo largo de los
artículos está sustentada en casos y cifras específicos, que rectifican la veracidad de algunas de sus
apreciaciones.

El espacio que generó el medio les ha servido a los columnistas para realizar las respectivas
denuncias sobre el accionar de los fenómenos y dejar en evidencia a los dirigentes que desconocen
la magnitud de estas organizaciones. Los columnistas manifiestan la falta de intervención estatal
y el ausente reconocimiento de las Bacrim como una prolongación del paramilitarismo. A
excepción de la posición expresada por Forero (2011) pues, el columnista no reconoce a las Bacrim
como reducto del paramilitarismo, lo asocia directamente a la delincuencia común. (aun cuando
señala que las Bacrim pueden ser consecuencia directa del paramilitarismo)

Una de las características que más han señalado los diferentes artículos y en este caso los
líderes de opinión analizados a lo largo de este trabajo, es la fuerte presencia del narcotráfico en el
accionar y el desarrollo de este fenómeno, similitud que mantienen de las AUC, aunque en estos
tiempos de bandas criminales la comercialización de narcóticos al exterior sea un proceso
laborioso.

3.2.2 Revista Semana

En esta revista, las posiciones encontradas están caracterizadas por los fuertes
señalamientos al ex presidente Álvaro Uribe y al actual Gobierno nacional, señalan su ineficacia a
la hora de contrarrestar a las bandas criminales. Las opiniones de los autores reflejan sus vivencias
respecto al tema y predominan las experiencias de lo que han vivido miembros de la sociedad,
gracias a el accionar de este tercer actor del conflicto armado.

219
Columnista Posición u opinión en torno a las denominaciones y el tema
Germán Uribe No es cierto, como se le hizo creer al país, que el paramilitarismo había
desaparecido gracias a la ley de justicia y paz y a la "encomiable" labor del
locuaz siquiatra que ahora anda enredado con la justicia...”, escribe Gómez
Méndez, “ha sido un eufemismo llamar "bandas criminales" a grupos que tienen
toda la estructura del narco-paramilitarismo. (Uribe, G. 13 de enero de 2012.)

No son otros que los mismos paramilitares, pero en cuerpo y con nombre ajenos.
(Uribe, G. 14 de enero de 2012.)
Andrea Peña Estos grupos, que comenzaron a aparecer tras la desmovilización de los
paramilitares y que, se calcula, tienen unos 4.000 hombres repartidos en 248
municipios de todo el país, han venido opacando, por varias razones, la Política
de Seguridad Democrática, bandera del Gobierno del presidente Álvaro Uribe.
(Peña, A. 2 de noviembre de 2010.)
María Jimena Duzán El paramilitarismo se acabó, pero sus poderosos herederos –ahora
convenientemente rebautizadas bandas criminales o ‘Bacrim’– tienen en jaque
al Gobierno de la seguridad democrática después de ocho años en el poder. Esa
es la tremenda paradoja que por estos días se palpa con las decisiones erráticas
que el Gobierno de Uribe ha adoptado a la hora de controlar la violencia y los
atropellos producidos por estas bandas en todo el territorio nacional. (Duzán, M.
13 de febrero de 2010)
Juan Diego Restrepo El término “Bacrim” no es un invento de la prensa ni de analistas especializados
en el tema de seguridad, es una definición que las mismas autoridades militares
y de policía les dieron a esos nuevos grupos criminales en el año 2006. Estos
grupos armados de origen paramilitar tomaron fuerza a mediados del 2006,
después del último proceso colectivo de desmovilización y dejación de armas.
(Restrepo, J. 9 de febrero De 2011)
León Valencia Los propósitos, las estructuras, las acciones, las disputas y los apoyos del crimen
organizado han cambiado desde 2008 cuando se cerró el ciclo de las
Autodefensas Unidas de Colombia. Ahora busca los mercados internos y las
rentas legales e ilegales. Participa del tráfico internacional de las drogas, pero
ese no es su fuerte. Tampoco está interesado en hacer presencia directa en la
política. Su portafolio es diverso: el microtráfico, la minería ilegal, la extorsión,
el contrabando, la captura de los recursos públicos a través de operadores
políticos indirectos, los juegos de azar, la influencia en las centrales de abasto.
(Valencia, L. 23 de marzo de 2013.)
Daniell Coronell La reorganización de las redes paramilitares rebautizadas como Bacrim para que
la propaganda oficial pudiera publicitar el "fin del paramilitarismo". (Coronell,
D.19 de mayo de 2012.)

Tabla 7: Posición u opinión en torno a las denominaciones que le dan los columnistas a las bandas criminales
emergentes. Fuente: Elaboración propia basado en la información recopilada de la revista Semana durante los años
(2010-2014.)

Algunos columnistas expresan su opinión frente al tema otros, denuncian. Por ejemplo,
Duzán (2010) denunció el intento del Gobierno por minimizar el poder de éstas “como se llamen”
y su propósito de invisibilizar el informe realizado por la organización Human Rights Watch. Entre

220
tanto, sus declaraciones siguen presentando fuertes oposiciones a las acciones y declaraciones de
Álvaro Uribe Vélez.

[…]Uribe ya le había dado vía libre a una comisión en Medellín integrada en su mayoría por
personas muy cercanas a su círculo íntimo, para que dialogara con esos asesinos en las cárceles,
con el propósito de frenar los altos índices de homicidios que vienen azotando esa ciudad y lograra
una tregua con las bandas. El pacto se realizó a espaldas del país y mientras el presidente salía a
los medios a pronunciar sus acostumbradas frases: “Este no es un Gobierno que negocia con
delincuentes”, “este es un Gobierno que siempre está diciéndoles la verdad a los colombianos”
[…]. (Duzán, M. 13 de febrero de 2010)
[…] ¿Está el presidente Uribe buscando un nuevo acuerdo con los grupos narcoparamilitares que
no se desmovilizaron en Ralito? ¿Por qué primero el Gobierno le da el aval a la Iglesia para que
hable con ellos, y después les dice que no, que ya nada pueden hacer? ¿Por qué hay un obispo de
Cúcuta diciendo que él ya va a hacer un proceso de sometimiento en la frontera colombo-
venezolana? ¿Qué les va a ofrecer? Si son tan insignificantes estas bandas, ¿por qué tanto
desmadre? ¿Por qué han aumentado los índices de violencia en aquellas zonas que antes poblaban
las AUC? Ojalá estos interrogantes tengan respuestas. Los narcoparamilitares de ayer son las
bandas de hoy que ocuparon las estructuras de poder que quedaron intactas después de la fracasada
desmovilización de Ralito. ¿O es que hay alguna diferencia entre las bandas de ‘Don Berna’ y la
‘Oficina de Envigado’? […] (Duzán, M. 13 de febrero de 2010)

María Jimena Duzán no es la única en cuestionar a este ex presidente; Restrepo (2011) nos
presenta a través de su opinión, una sátira sobre las “ronchas” que generaron las llamadas “Bacrim”
en el Gobierno de Juan Manuel Santos. “Su existencia y crecimiento evidenciaban el fracaso de la
política de reinserción impulsada con los antiguos miembros de las Auc y las falencias de un
proceso de desmovilización que, en el fondo, llevó a un reacomodo de las fuerzas armadas ilegales
liderado por mandos medios que no se acogieron a estos acuerdos, además, quedaba en entredicho
la eficacia de la política de Seguridad Democrática. (Restrepo, J. 9 de febrero De 2011.)

El término “bacrim” no es un invento de la prensa ni de analistas especializados en el tema de


seguridad, es una definición que las mismas autoridades militares y de policía le dieron a esos
nuevos grupos criminales en el año 2006, cuando se conformó bajo la responsabilidad de la
Dirección de Carabineros y Seguridad Rural de la Policía Nacional una oficina de coordinación
interinstitucional e información que articularía los procesos de inteligencia, operativos y de
confrontación contra estas organizaciones ilegales.
Decenas de informes nacionales e internacionales realizados por especialistas independientes
advirtieron los riesgos, pero todos fueron desacreditados. El objetivo era acallar el asunto. Esa
tendencia al silencio la compartió inicialmente el Gobierno de Santos. En sus primeros meses,
sectores de su Gobierno y comisionados afines a las directrices de la política de Seguridad
Democrática cuestionaron internamente el Segundo Informe de Desarme, Desmovilización y
Reinserción preparado por especialistas adscritos a la CNRR durante el 2010 y divulgado en
diciembre de ese año. Consideraban “exagerado” las advertencias que indicaba que las llamadas
“Bacrim” se habían fortalecido con el paso de los años y de ellas hacían parte numerosos
desmovilizados de las Auc. (Restrepo, J. 9 de febrero De 2011)

221
Otra expresión de este estilo es la escrita por Uribe (2013) está vez el columnista resalta la
responsabilidad en la conformación de las Bacrim a lo establecer garantías en la aplicación de la
Ley de Justicia y Paz.

Son, pues, estas Bacrim, más que bandas emergentes del narcotráfico, más que la mera
continuidad del paramilitarismo, o supérstite del mismo, o que el paramilitarismo redivivo, el
mismísimo paramilitarismo vivito y coleando del que el expresidente Uribe, ufanándose de su
varita mágica y emulando con el mago Merlín, anunciara su defunción por allá en el milagroso
año 2007. (Uribe, G. 13 de enero de 2012.)

En cuanto a los señalamientos que se los columnistas le recalcan al expresidente, estos están
basados en sus declaraciones, por ejemplo, Uribe (2012) recuerda el anuncio que hizo durante un
discurso “Hoy no hay paramilitarismo”, proclamó enfática y solemnemente al mundo entero en
septiembre de 2007 desde la Asamblea General en las Naciones Unidas el presidente Álvaro Uribe.
(Uribe, G. 13 de enero de 2012.) Por otro lado, los cuestionamientos se incrementaron cuando el
expresidente critico a través de su Twitter la ineficacia del Gobierno de Santos para contrarrestar
a las bandas criminales:

“Se necesita operaciones contundentes contra bandas criminales, por ejemplo, bombardeos, sin la
excusa de que no son parte del conflicto”. (Valencia, L. 14 de enero de 2012.)

Ante esta afirmación Valencia (2012) manifestó que no era posible bombardear a
“organizaciones móviles que viven en sus casas” en los pueblos. “La sugerencia de Uribe recuerda
la que hizo hace veinte años el alcalde de Nueva York, Ed Koch: un bombardeo que redujera a
cenizas la ciudad de Medellín para acabar así con el cartel y matar a su jefe, Pablo Escobar, con lo
cual acabaría el narcotráfico”. (Valencia, L. 14 de enero de 2012.)

Tanto Koch en sus tiempos como Uribe ahora parecen ignorar que el negocio del narcotráfico es
eso: un negocio. No depende de la actividad de un hombre como Escobar o de un grupo como los
‘Urabeños’, sino de las condiciones del mercado: de la inmensa demanda universal que genera
ganancias descomunales para la oferta, concentrada en unos pocos países tropicales productores
de la droga (en este caso, de la cocaína). Ignorancia inexcusable en quien fue alcalde de Nueva
York, que es la primera consumidora de drogas del mundo, y en quien fue presidente de Colombia,
que es el primer país productor.
Farsa, en fin, la de persistir en fingir que se ignora que el motor financiero de todas las formas de
la violencia en Colombia es la rentabilidad desaforada del negocio de las drogas prohibidas.
Mientras este subsista, es decir, mientras las drogas prohibidas sigan prohibidas, las formas de la
violencia colombiana no harán otra cosa que sucederse las unas a las otras, cambiando de nombres
o de jefes. Ya mencioné la lista de los cabecillas. (Valencia, L. 14 de enero de 2012.)

En el siguiente año, el columnista vuelve a hacer referencia a las declaraciones del ex


presidente, está ves para hablar de las estrategias del Estado para combatir a las Bacrim.

222
Las opiniones sobre cómo enfrentarlas son tan diversas como polémicas. El expresidente Álvaro
Uribe, por ejemplo, propuso bombardearlas. El Gobierno anunció un gran despliegue de las
Fuerzas Militares y de Policía, y además ofreció recompensas por información que conduzca a los
autores de los mensajes intimidatorios que han generado pánico en algunas regiones del país.
Todo arrancó con unas declaraciones donde Uribe llamaba a bombardear a las bandas criminales
y sus territorios. Fue una reacción del expresidente ante la proliferación de acciones y la expansión
territorial de los herederos de los paramilitares. Tenía además un filo crítico. Le recriminaba a
Santos su inacción ante estas fuerzas. La propuesta caló en los mandos militares y de allí saltó a
las manos del senador Juan Lozano, quien hizo una documentada exposición de motivos.
El proyecto de ley ha tomado un nuevo impulso en los últimos días debido a la variedad de
informaciones sobre el accionar de las bandas criminales o neoparamilitares. En los últimos meses
reaparecieron las masacres que habían desaparecido desde 2005
No hay grandes confrontaciones militares al frente. No es posible bombardear barrios o veredas
donde se diluyen estas redes. Hay una compleja labor de persecución e inteligencia. Una penosa
depuración de la Fuerza Pública. Una estrategia de ruptura de los nexos de líderes políticos con
estas fuerzas ilegales. Un proyecto serio de sometimiento a la Justicia. En esto pueden participar
activamente las Fuerzas Militares, como en tiempos pasados contra el narcotráfico. Eso es lo que
necesita con urgencia el país. (Valencia, L. 23 de marzo de 2013.)

Algunas posiciones, pretenden señalar la ineficacia del gobierno a través de sus


instituciones que son las que combaten el fenómeno.

Las bandas criminales no solo son un problema para el Gobierno, sino que, además, ahora anda
encartado con el tema de la mediación de algunos sectores para que ellas le bajen el volumen a la
violencia que generan en las ciudades.
Estos grupos, que comenzaron a aparecer tras la desmovilización de los paramilitares y que, se
calcula, tienen unos 4.000 hombres repartidos en 248 municipios de todo el país, han venido
opacando, por varias razones, la Política de Seguridad Democrática, bandera del gobierno del
presidente Álvaro Uribe.
Entonces, la pregunta es. ¿hay una verdadera política para combatir o al menos neutraliza las
bandas criminales (que la Policía llama Bacrim) o emergentes que aparecieron después de la
desmovilización de los paramilitares?
Lo único que se sabe es que la lucha contra esas organizaciones ha sido asignada a la Policía de
Carabineros, aunque, claro está, toda la fuerza pública está en la obligación de combatirlos.
Carabineros es la encargada de dirigir y ejecutar el plan para acabar con estas organizaciones que
ellos dividen en: Erpac, Organización Nueva Generación, Los Rastrojos, Los Machos, Los Paisas,
Águilas Negras y otras ubicadas en la Alta Guajira, Urabá, Sur de Bolívar y Magdalena Medio.
(Peña, A. 2 de noviembre de 2010.)

Según Domínguez (2017) el líder de opinión aparece como un indicio evidente de la


voluntad de poder que está en el intersticio de la voluntad de saber. En la construcción cultural del
líder de opinión, a este se le asignan funciones como el encargado de la transmisión de la
información y la comunicación.

De esta manera y en el caso de los columnistas pertenecientes a la revista Semana, los


líderes de opinión se ubican como influenciadores que participan en la construcción del imaginario

223
de mundo. Las opiniones expresadas en este medio nos permiten inferir el rechazo de que presentan
sus miembros sobre el discurso estatal de las bandas criminales, estas expresiones responden
también a las lógicas internas de la revista. Recordemos que la revista semana, fue fundada para
realizar críticas y oposición al gobierno de turno, por lo cual resulta lógico que, a la hora de publicar
las opiniones de sus columnistas, respete y avale aquellas que no apoyan las posiciones
gubernamentales sobre un determinado tema.

3.2.3 El Nuevo Siglo

Durante el análisis y la organización de este trabajo la información encontrada en El Nuevo


Siglo solo presentó dos opiniones que hacen referencia a las bandas criminales. Sin embargo, es
importante señalar que el periódico cuenta con una amplia sección de opinión, en cuanto a cantidad
de artículos publicados se refiere. Por la tanto, no se puede afirmar que las pocas opiniones sobre
el tema tratado en este trabajo correspondan a un déficit de opinión dentro del medio consultado.

En una de las opiniones encontradas, podemos rescatar estas tratan casos específicos, que
demuestran la existencia de las bandas criminales en determinadas regiones del país. Sin embargo,
se puede inferir gracias a la información de cada artículo que la intención de los columnistas es
hacer un relato sobre estos casos y no busca presentar su opinión frente al tema.

La situación, por ejemplo, de Santa Marta, la capital del departamento del Magdalena es
absolutamente paradigmática. A los ilegales les bastó con amenazar a los transportadores, con
imprimir y distribuir en el sector del mercado unos cuantos panfletos ordenando el paro, o con
que un par de individuos en moto se pasearan por la "avenida" Campo Serrano amenazando con
"quemar" los negocios si abrían, para detener la ciudad entera. Con muy poco la paralizaron,
porque allá, como en el resto del país, es muy fácil sembrar el miedo cuando la gente sabe que no
hay autoridad que los respalde.
Un batallón del Ejército Nacional y Comando departamental de Policía, aparte de las regionales
del DAS y de la de Fiscalía, fueron incapaces de prevenir los hechos o de garantizar la seguridad
de toda una capital de departamento. Precisamente la falta de liderazgo de quienes se hacen elegir
en esas posiciones o la falta de confiabilidad de los organismos de seguridad del Estado en cada
región del país es la que explica el miedo que los ciudadanos sienten ante la mínima amenaza.
Tan ello es así que los operativos exitosos de la Policía no solo han sido preparados casi que, en
el despacho del Director General, sino ejecutados con personal ajeno a cada Comando
departamental. (Quintero, H.10 de enero de 2012.)

La siguiente posición encontrada plantea que bandas criminales hacen parte de una
delincuencia compleja, que nutre sus filas con mercenarios de todos los “pelambres”. En este caso,

224
el columnista señala que las Bacrim se originaron por un proceso de reinserción que le salió caro
al país por lo cual Lafurcade29 (2011) si presentó su posición sobre el tema.

La creciente ola de inseguridad ha ido más anti de las goteras de los cascos urbanos. Esta en las
calles céntricas de Bogotá, Medellín, Barranquilla o Cali. Sus células urbanas están haciendo la
vida imposible a comerciantes y empresarios. Asaltos, extorsiones, asesinatos, secuestros y hasta
masacres, que otrora fueron sal exclusiva en la herida de campesinos y agroproductores, se
producen a escasas cuadras de los palacios municipales.
La sentencia: combatir las Bacrim. Pero el tema no es solo reprimir y judicializar. A fin de cuentas,
nuestro sistema penal acusatorio hace agua. Mas demoran nuestras fuerzas en capturar a los
infractores, que los jueces en liberarlos. Necesitamos purgar la institucionalidad local, en donde
se ha enquistado el fenómeno Instancias donde no se mueve una decisión en materia de tierras,
justicia o contratación, sin que medie la corruptela que se alimenta de los millones del narcotráfico
de las Bacrim. Es un tema vox populi en corregimientos y veredas, así como el sigilo que ha tenido
que adoptar el Ejercito, para dar golpes certeros a los bandidos. (Lafurcade, J. 8 de febrero de
2011.)

El hecho de que este periódico y sus columnistas no presenten variedad en las opiniones
sobre las bandas criminales nos permite rectificar que este medio y en este caso las opiniones de
las personas que escriben en el mismo buscan legitimar las posiciones estatales sobre las bandas
criminales. La posición tomada por este medio responde también a las características ideologías
con las que fue fundado el mismo, pues recordemos que la intención con la que se fundó del
periódico era la de hacer visible las posiciones de los representantes del gobierno de turno, lo cual
hasta el momento sigue siendo un factor determinante a la hora de servir como esfera de discusión
y transmitir la información. Este factor determina qué tipo de opiniones pueden ser publicadas por
el medio, particularidad que sesga la opinión, pues la posición política del medio va a ser la que
finalmente determine quienes son los que pueden expresarse a través de este.

En este punto el lenguaje tiene un papel fundamental pues un pensamiento condicionado


por los medios de comunicación influye en la manera en la que se transmite la opinión. Sin
embargo, algunos líderes, tratan de no responden a las lógicas de la instrumentalización y
transmiten de la manera más objetiva que pueden su opinión o algún tipo de información.

***
En términos de Habermas (1987) en un entorno como el colombiano, el espacio público
para el debate es eminentemente mediático. Este espacio, está caracterizado por informaciones

29
En el año en que fue publicado su artículo, era presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (FEDEGAN)

225
superficiales que carecen del mínimo análisis de los temas de interés social. Por esta razón las
opiniones presentadas a través de los diferentes medios consultados no son de gran relevancia para
la mayoría de los ciudadanos del común, esto facilita que la reproducción del imaginario del
discurso estatal sobre el tema de las Bacrim sea el que se configuré en el las percepciones colectivas
que tiene el país. Pues si nos detenemos a analizar el contexto colombiano, poco o nada se habla
en los medios masivos (como los televisivos) sobre la continuidad del paramilitarismo
representado en las Bandas criminales.

Es importante resaltar que no todos los columnistas presentados son líderes de opinión,
pues, el líder de opinión no es líder porque, vaya a influir en el otro, sino porque, desde sus
expresiones, las personas que lo leen van a sentirse identificados con sus formas de percibir la
realidad. No es líder de opinión porque sepa más de las cosas del espacio público, “sino porque su
personalidad ha sido resultado del proceso dialéctico de vivir en sociedad” (Rodríguez, 2017.)

Que un reportero cualquiera no pueda ocupar el lugar del líder de opinión no es porque el primero
(cumpliendo ciertas actividades periodísticas menores a una jerarquía profesional) no quiera, sino
porque en la unidad de la institución es justo el segundo el que socio-históricamente se ha ganado
ese lugar (trayectoria reconocida como periodista). De tal manera, no confundamos ese querer ser
líder de opinión, a partir del cumplimiento de una serie de características sociológicas que el sujeto
requiere (y quizá en todo periodista exista este deseo), con las cualidades de la cosa en sí del ser
líder de opinión (esenciales, naturales del objeto, pero que en tanto ente social devienen ideales,
irrealizables, quiméricas), el cual no puede definirse sin una intencionalidad histórica situada en
un sistema. Ser líder de opinión sólo es posible como objeto legitimado, asociado a un capital
simbólico que responda a las formas dominantes o hegemónicas de las instituciones mediáticas.
Siendo fiel a Hegel, el líder de opinión no sería, por lo tanto, un abstracto, sino un concreto que
el sistema ha producido como objeto, razón, tal como sucede con la figura del Estado. (Rodríguez,
2017, p. 25.)

Por este motivo la información de este apartado se presentó de manera descriptiva, debido
a que no se puede generalizar que todas las posiciones correspondan a las de un líder de opinión,
Sin embargo, podemos inferir que todas las posiciones se han configurado en una esfera de
discusión y por lo tanto van a incidir en la forma en cómo se configura la opinión pública sobre el
tema.

Como la opinión de los columnistas consultados está configurada en la esfera de discusión


existente sobre el tema, es entendible el hecho de existan dualidades en las posiciones encontradas;
por un lado, encontramos las que reconocen la continuidad del paramilitarismo en las Bacrim, esta
posición se complementa con los planteamientos de algunos columnistas sobre la herencia de las

226
organizaciones mafiosas y el narcotráfico en el reducto paramilitar que son las Bacrim. También
en estas opiniones se ha establecido que la denominación implementada por el Estado no permite
caracterizar en su totalidad a estos grupos, sin embargo, este reconocimiento no quiere decir, que
todos los líderes de opinión consultados consideren que el termino neoparamilitarismo sea el que
abarque todas las características que poseen estas organizaciones. Por lo tanto, las opiniones invitan
indirectamente a que se generen espacios de discusión para encontrar una denominación que
abarque de manera acertada la comprensión del fenómeno.

El poder analizar la información transmitida por un líder de opinión o un determinado


medio de prensa es el punto de partida inicial para ver la capacidad que tiene la sociedad
colombiana de reconocer la existencia de un actor del conflicto armado; sobre todo esa parte de la
sociedad, encargada de manejar los grandes medios de comunicación y legitimar en muchas
ocasiones el discurso hegemónico.

227
4. CONCLUSIONES

Es importante hacer claridad en que no todos los medios de prensa organizan sus reacciones
y redactores de la misma manera. Por ejemplo, se encontró que, en cuanto a la información
generada sobre el tema, El Nuevo Siglo pública artículos que contienen cifras o datos relevantes,
pero de manera general no establecen un tipo de opinión y los pocos artículos que finalmente lo
hacen presentan principalmente, la posición estatal. En el caso de Semana y El Espectador esta
prensa le da más cabida a los artículos de opinión y a los artículos de sus periodistas que reflejan
una posición frente al tema. En este orden de ideas, las características presentadas en los artículos
hacen referencia a los elementos consultados y a la información que se encontró en el tiempo de
consulta. No se puede generalizar sobre cómo será el manejo de las opiniones sobre el tema en los
tiempos que no hacen parte de este análisis, especialmente porque los directivos y los encargados
de la redacción de cada periódico o revista son diferentes personas, por lo que tampoco se puede
afirmar que se le seguirá dando la misma relevancia este tema.

Las posiciones politicas evidenciadas en el tiempo de análisis presentan dos posiciones,


estas presentan similitudes al reconocer que en las filas de las Bacrim se encuentran antiguos
miembros de los paramilitares y estos grupos presentan características de narcotraficantes; como
aspecto alarmante, reconocen también, la capacidad de expansión de estos grupos a lo largo del
país. Por otro lado, en la política colombiana y en las diferentes opiniones que sus representantes
configuraron en este tiempo, no se evidencian acuerdos comunes sobre la denominación y el
tratamiento que debería recibir el fenómeno.

En este orden de ideas, los diferentes dirigentes políticos consultados en este análisis
reconocen que las bandas criminales son un problema nacional que requiere atención inmediata. A
pesar de que los representantes estatales no reconocen a estos grupos como la continuidad del
fenómeno paramilitar, se encuentran coincidencias argumentativas al señalar las capacidades
delictivas de estas organizaciones y la pluralidad de características que permiten la diversidad
existente entre la denominación de las Bandas Criminales.

En cuanto a las posiciones de los líderes de opinión, la mayoría presenta una posición crítica
frente a los planteamientos y las acciones del Estado en especial las realizadas durante el Gobierno
de Álvaro Uribe, pues la ineficacia en el desarrollo del proceso de desmovilización de las AUC es

228
la razón principal por la que se configuraron las bandas criminales. Por otro lado, se evidenciaron
posiciones que señalan que las Bacrim no son una consecuencia directa de este proceso de
desmovilización y se caracterizan como delincuencia común. El hecho de que algún líder de
opinión utilice está caracterización para definir a las bandas criminales, no quiere decir que esté de
acuerdo en su totalidad con los planteamientos y las acciones implementadas por el Gobierno de
Juan Manuel Santos.

Tanto Semana como El Espectador coinciden en que desde la desmovilización de las AUC
existen una serie de continuidades entre el reducto de esas organizaciones que sirvió para que se
conformaran las bandas criminales. En cuanto a las referencias que hacen los artículos, Semana,
define a las bandas criminales como una denominación generada desde el Gobierno de Uribe para
denominar a los grupos conformados después de la desmovilización de las AUC y relacionarlas
con actividades de narcotráfico.

El Nuevo Siglo señala que algunos miembros de las AUC conformaron bandas emergentes
al no acogerse a los acuerdos de paz pactados con el Gobierno nacional. Con el tiempo estas
bandas han decidido fusionarse ante los contundentes golpes que deben afrontar gracias al accionar
de la Policía y las Fuerzas Militares. A pesar de que este medio reconoce las denuncias de diferentes
organizaciones que se han interesado sobre el tema, suele darles mayor relevancia a las cifras
oficiales, entregadas por algunas de las instituciones oficiales del país.

A diferencia de los grupos paramilitares, que tenían cúpulas claramente identificables y


fijas, las Bacrim son todo lo contrario: sus jefaturas y estructuras están compuestas por ex paras y
delincuentes comunes poco conocidos o de bajo perfil, lo que hace difícil su ubicación a corto
plazo, más aún porque no todas están uniformadas, y no a todas las bandas criminales las mueve
una ideología antisubversiva. En este punto, es importante resaltar en que estas organizaciones no
presentan características homogéneas, (como lo evidenciamos en los artículos) por lo tanto
podemos afirmar que algunas organizaciones pueden presentar intereses contrainsurgentes y por
otro lado existirán organizaciones que no poseen ningún interés por combatir a grupos insurgentes.

El proceso de desmovilización paramilitar no se fracasó, pues los organismos encargados


de su cumplimiento dejaron de lado a la hora de su implementación varios aspectos fundamentales:
1) No existió un proceso de reparación integral y, por lo tanto, la desmovilización paramilitar no

229
contó ni puede verse como un proceso de justicia transicional; 2) No se implementaron estrategias
sociales ni jurídicas para garantizar que estos grupos no volvieran a rearmarse; ante la falta de éstas
el resultado inminente es el actual neoparamilitarismo. 3) No se solucionaron los inconvenientes
generados por la apropiación ilegal de tierra de los paramilitares, éstos en varios casos conservaron
sus patrimonios (en muchos casos a través de testaferros) y no regresaron la tierra a sus legítimos
dueños. 4) Los procedimientos utilizados para el juzgamiento de los paramilitares fueron
ineficaces, tanto que hasta la fecha muchos delitos de lesa humanidad siguen en la impunidad.

A comparación de sus antecesores, los neoparamilitares cuentan con un marco de acción


más amplio en las actividades ilegales. Por ejemplo, si bien antes los paramilitares manejaban
procesos extorsivos sobre la minería y las tierras, no le daban una importancia transcendental a la
explotación de los recursos naturales. Es preocupante ver cómo los neoparamilitares mantienen las
“características económicas de subsistencia” de sus antecesores y van innovando al generar
“estrategias económicas” que garanticen su sostenimiento y poder territorial.

230
5. REFERENCIAS

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❖ Valencia, L. (23 de marzo de 2013). Bombardear a las bandas criminales. Semana. Recuperado
de: http://www.semana.com/opinion/articulo/bombardear-bandas-criminales/337642-3

5.3.2 EL NUEVO SIGLO


❖ AI alerta sobre persistencia paramilitar. (21 de septiembre de 2011). El Nuevo Siglo, p. 9C
❖ Alerta en 13 departamentos por amenazas de grupos armados. (20 de enero de 2011). El Nuevo
Siglo. p, 10C.
❖ Aumenta discusión por nuevo delito penal para frenar Bacrim. (8 de marzo de 2011). El Nuevo
Siglo. p, 6A.
❖ Bacrim, herencia del anterior Gobierno: Petro. (18 de febrero de 2011). El Nuevo Siglo, p. 11C.
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❖ Bacrim, Riesco electoral real. (4 de marzo de 2011). El Nuevo Siglo. p, 3 C.
❖ Bacrim, una culebra de muchas cabezas. (16 de enero de 2011). El Nuevo Siglo, p. 7-10 A.
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❖ Defensoría advierte presencia de Bacrim en 168 municipios. (4 de noviembre de 2014). El Nuevo
Siglo. Recuperado de: http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/11-2014-defensoria-advierte-
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Siglo, p. 2-3 C.
❖ El mapa del neo-paramilitarismo. (11 de abril de 2010). El Nuevo Siglo, p. 8-11 A.
❖ Entregan balance de condenas a "Bacrim". (18 de enero de 2013). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
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❖ Herederos de los paramilitares operan en 24 departamentos. (4 de febrero de 2010). El Nuevo Siglo,
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❖ Lafurcade, J.F. (8 de febrero de 2011). Las bacrim. El Nuevo Siglo, p. 14 A.
❖ Las bandas criminales delinquen en 18 departamentos. (4 de Julio de 2010). El Nuevo Siglo, p. 8-
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❖ Ley de víctimas reparará a afectados por las Bacrim. (18 de marzo de 2011). El Nuevo Siglo, p. 12
A.
❖ Los neoparas están en 360 municipios. (17 de marzo de 2011). El Nuevo Siglo, p. 11 A.
❖ Lucha contra Bacrim debe ser contundente: Lozano. (27 de marzo de 2013). El Nuevo Siglo.
Recuperado de: http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/3-2013-lucha-contra-bacrim-debe-ser-
contundente-lozano
❖ No del Gobierno a negociación con las bandas emergentes. (18 de enero de 2011). El Nuevo Siglo,
p. 14 A.
❖ “Neoparamilitares”: de amenaza creciente a riesgo extremo. (24 de febrero de 2012). El Nuevo
Siglo, p. 2-3 A.
❖ Paras y bandas emergentes intensifican reclutamiento: OEA. (29 de abril del 2010). El Nuevo Siglo.
p. 13A.
❖ Quintero, H. (10 de enero de 2012). “Urabeñadas”. El Nuevo Siglo, p. 7 A.
❖ Reincidencia criminal (20 de diciembre de 2010). El Nuevo Siglo, p. 1 A.
❖ Se Destraba marco para combatir a las Bacrim. (7 de noviembre de 2012). El Nuevo Siglo, p. 12 A.
❖ Solo hay dos bandas y media de Bacrim” (16 de marzo de 2014). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
http://www.elnuevosiglo.com.co/search/node?keys=bandas+criminales
❖ Trece Bacrim azotan a 155 municipios. (12 de octubre de 2014). El Nuevo Siglo. Recuperado de:
http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/10-2014-trece-bacrim-azotan-a-155-municipios

5.3.3 EL ESPECTADOR
❖ 13 mil capturas y no hemos logrado desmantelar las bandas criminales: Policía (1 de diciembre de
2011) El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/13-mil-
capturas-y-no-hemos-logrado-desmantelar-bandas-c-articulo-314479
❖ Arrázola, M. Se abre capítulo bacrimpolítica (2 de junio de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/se-abre-capitulo-bacrimpolitica-articulo-425485
❖ Bejarano, R. Estrategia cantada. (13 de febrero de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/estrategia-cantada-columna-250531
❖ En 48% se han reducido acciones delictivas de las bandas criminales: Santos. (27 de octubre de
2014) El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/48-se-han-
reducido-acciones-delictivas-de-bandas-crimin-articulo-524422

237
❖ En marcha proyecto de marco legal para combatir a las bacrim (22 de agosto de 2012) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/marcha-proyecto-de-
marco-legal-combatir-bacrim-articulo-369184
❖ Entrega de Erpac, dolor de cabeza para la justicia (25 de diciembre de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/entrega-de-erpac-dolor-de-cabeza-
justicia-articulo-318510
❖ Estamos debilitando a las Bacrim': Mindefensa. (30 de Julio de 2012) El Espectador. Recuperado
de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/estamos-debilitando-bacrim-mindefensa-
articulo-363881
❖ Forero, A. ¿Reparación para las víctimas de las 'bacrim'? (1 de marzo de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/reparacion-para-las-victimas-de-las-
bacrim-columna-256278
❖ Gallón, G. ¿Dónde está la médula del paramilitarismo? (28 de julio de 2010) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/donde-esta-la-medula-del-paramilitarismo-
columna-215955
❖ Gobierno admite que bandas criminales revivieron vacunas y secuestros (14 de febrero de 2011) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/gobierno-admite-
bandas-criminales-revivieron-vacunas-y-articulo-250893
❖ Gobierno afirma que bandas criminales tienen 4.200 integrantes (1 de abril de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/gobierno-afirma-bandas-
criminales-tienen-4200-integrant-articulo-260444
❖ https://www.elespectador.com/content/gobierno-crear%C3%A1-zona-de-intervenci%C3%B3n-
contra-bandas-criminales-en-el-choc%C3%B3
❖ Gobierno insiste en que informe de Human Right Watch es sesgado (3 de febrero de 2010) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/articulo185729-
gobierno-insiste-informe-de-human-right-watch-sesgado
❖ Gutiérrez, F. Delincuencia poco común (6 de junio de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/delincuencia-poco-comun
❖ Herrera, N. Bogotá tras la reinserción 'para' (12 de agosto de 2014) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/bogota/bogota-tras-reinsercion-articulo-510275
❖ Herrera, S. Bacrim, en 409 municipios (27 de agosto de 2013) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/bacrim-409-municipios-articulo-442897
❖ HRW confirma que paramilitares siguen cometiendo atrocidades (3 de febrero de 2010) El
Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/articulo185637-hrw-confirma-
paramilitares-siguen-cometiendo-atrocidades
❖ Insisten en que bandas criminales son "herencia" de gobierno Uribe (23 de marzo de 2011) El
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criminales-son-herencia-de-gobierno-uri-articulo-258699
❖ Justicia colombiana no está lista para desmovilización de las bacrim (8 de junio de 2012) El
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no-esta-lista-desmovilizacion-de-ba-articulo-352039
❖ La controversia por injerencia de las bacrim en Bogotá (20 de diciembre de 2014) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/bogota/controversia-injerencia-de-bacrim-
bogota-articulo-533947

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❖ La sombra de los ‘paras’ (3 de febrero de 2010) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/impreso/judicial/articuloimpreso185789-sombra-de-los-paras
❖ Massé, F. ¿Paramilitares recargados? (29 de marzo de 2011) El Espectador. Recuperado de:
ttps://www.elespectador.com/noticias/nacional/paramilitares-recargados-articulo-259879
❖ Massé, F. La entrega del Erpac. (La entrega del Erpac) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/noticias/judicial/entrega-del-erpac-articulo-318004
❖ Molano, A. Ciento setenta y tres kilómetros de cadáveres. (13 de febrero de 2011) El Espectador.
Recuperado de: https://www.elespectador.com/opinion/ciento-setenta-y-tres-kilometros-de-
cadaveres-columna-250528
❖ Narcotráfico en Colombia transitó de grandes carteles a bandas criminales (29 de marzo de 2011)
El Espectador. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/narcotrafico-
colombia-transito-de-grandes-carteles-band-articulo-259737
❖ Rodríguez, N. ¿A qué remiten las Bacrim? (8 de Julio de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/que-remiten-las-bacrim-columna-283040
❖ Rodríguez, N. Las ventajas de apodarse bacrim (26 de abril de 2013) El Espectador. Recuperado
de: https://www.elespectador.com/opinion/las-ventajas-de-apodarse-bacrim-columna-418697
❖ Ronderos, M. ¿Una ley contra bacrim? (7 de junio de 2012) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/una-ley-contra-bacrim
❖ Ronderos, M. Reciclaje de ‘paras’ (19 de enero de 2012) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/reciclaje-de-paras
❖ ¿Rumbo a la bacrimpolítica? (26 de julio de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/content/%C2%BFrumbo-la-bacrimpol%C3%ADtica
❖ Samper, M. El espejo retrovisor. (20 de febrero de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/el-espejo-retrovisor-columna-251950
❖ Tres décadas de poder paralelo de la oficina de envigado. (14 de julio de 2017) El Espectador.
Recuperado de: http://www.elespectador.com/noticias/judicial/las-vueltas-de-la-oficina-articulo-
703244
❖ Uribe, N. Delinquir en Grupo (1 de abril de 2011) El Espectador. Recuperado de:
https://www.elespectador.com/opinion/delinquir-en-grupo-columna-260528

6. ANEXOS

Anexo 1: Representantes del gobierno en el tiempo de análisis y políticos relevantes.

Nombre Cargo Tiempo de duración Mandato de


Fabio Valencia Ministro del Interior Del 20 de junio de 2008 al 7 de Álvaro Uribe Vélez
Cossio y Justicia agosto de 2010
Gabriel Silva Luján Ministro de Defensa Del 7 de agosto de 2009 al 7 de Álvaro Uribe Vélez
agosto de 2010
Rodrigo Rivera Ministro de Defensa Del 7 de agosto de 2010 al 31 de Juan Manuel Santos
Salazar agosto de 2011
German Vargas Ministro del Interior Del 7 de agosto de 2010 al 17 de Juan Manuel Santos
Lleras y Justicia mayo de 2012
Juan Carlos Pinzón Ministro de Defensa Del 5 de septiembre de 2011 al Juan Manuel Santos
Bueno 22 de junio de 2015

239
Óscar Adolfo Director de la Del 17 de mayo de 2007 al 12 de Álvaro Uribe Vélez
Naranjo Trujillo Policía Nacional junio de 2012 -
Juan Manuel Santos
G. Cesar Augusto Director de la De 2008 a septiembre de 2011 Álvaro Uribe Vélez
Pinzón policía –
antinarcóticos Juan Manuel Santos
Olga Lucía Secretaria de Del 11de marzo de 2010 al 4 de Samuel Moreno
Velásquez gobierno de Bogotá mayo de 2011 Rojas (alcalde)
D.C
Federico Alonso Ministro del Interior Del 17 de mayo de 2012 al 3 de Juan Manuel Santos
Renjifo Vélez septiembre de 2012
Gustavo Petro Alcalde Mayor de Del 1 de enero de 2012 al 7 de ---
Urrego Bogotá D.C junio de 2015
Angelino Garzón 10° vicepresidente Del 7 de agosto de 2010 al 7 de Juan Manuel Santos
Quintero de la República de agosto de 2014
Colombia
Juan Francisco Senador Del 20 de julio de 2010 al 20 de Juan Manuel Santos
Lozano Ramírez julio de 2014
Guillermo Abel Representantes a la 20 de julio de 2002 al 20 de julio Álvaro Uribe Vélez
Rivera Flórez cámara por el de 2014 –
departamento de Juan Manuel Santos
Putumayo
Wilson Arias Representante a la 20 de julio de 2010 al 20 de julio Juan Manuel Santos
Castillo Cámara por el de 2014
departamento del
Valle
Iván Cepeda Castro Representante a la 20 de julio de 2010 al 20 de julio Juan Manuel Santos
Cámara por Bogotá de 2014
D.C
Rodolfo Palomino Director de la Desde 2013 a febrero de 2016 Juan Manuel Santos
López Policía Nacional

Anexo 2: Matrices de análisis

Matriz de análisis para realizar la clasificación general de información.

Titulo Sección o Fecha/ Contenido Link o Análisis Imágenes o


autor año número de gráficos
página

Matriz para clasificación sobre posiciones encontradas en torno a la denominación del fenómeno.
(características que presenta)

Periódico o revista Nombre del articulo


Continuidad del fenómeno paramilitar

240
Se considera al fenómeno como una banda
criminal
Se presenta otra denominación
Posicionamiento del gobierno
Otro

Matriz para clasificación de posiciones especificas (líderes de opinión) en torno al tema.

Periódico o revista Nombre del articulo


Posición política
Artículo de opinión sin autor
Posición de un autor determinado
Otro

241