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Las formas armónicas y ordenadas del Renacimiento dieron paso en el siglo XVI al estilo

manierista donde el canon de proporcionalidad que había regido la estética renacentista fue
variando con el tiempo, el naturalismo dio paso a posturas forzadas y torsiones imposibles que
se hacían eco de las innovaciones de los artista más atrevidos, en este contexto debemos
señalar la obra de uno de los principales representantes de la estética manierista, Girolano
Francesco Maria Masola, conocido con el sobrenombre de El Parmigianino.

Parmigianino (1503 - 1540) fue una de las figuras más representativas de la estética manierista
y sus obras alcanzaron mucho éxito ya en su propia época. Procedente de una familia de
pintores, el artista parece ser que comenzó su formación en el taller de sus tíos, los hermanos
Mazzola, sin embargo su estancia en él fue bastante corta ya que pronto se trasladó al taller de
Corregio. Uno de los hechos más decisivos en su carrera ocurrió a mediados de la década de
los veinte cuando el artista se instaló en Roma y pudo conocer de primera mano las pinturas
de Rafael y sobre todo de Miguel Ángel.

La obra que aquí nos ocupa, La conversión de San Pablo, data de finales de esta etapa, en
torno al año 1527 cuando tras El Saco de Roma, el artista decide trasladarse a Bolonia. Las
primeras informaciones que tenemos acerca de esta obra de Parmigianino provienen de Vasari
quien en su obra Vida de los más célebres arquitectos, pintores y escultores italianos,
menciona la obra que aquí nos ocupa como parte de la decoración de la casa de uno de los
grandes nobles italianos Giovanni Andrea. Una vez que éste hubo fallecido el lienzo pasó a la
colección de los Leoni por lo que se conoce su paso por España y finalmente recayó en Viena,
desde entonces la obra se expone en el Museo de Historia del arte de la capital.

Se trata de un lienzo de carácter manierista y formato vertical que casi alcanza los ciento
ochenta centímetros de altura y algo más de ciento veinticinco centímetros de ancho; pintado
en óleo sobre lienzo la obra representa uno de los momentos más destacados del cristianismo,
la conversión de Saulo. En este episodio San Pablo quien se dedicaba a perseguir a los
cristiano, cayó de su caballo al ver un rayo de luz cegadora y se convirtió al cristianismo siendo
uno de los principales difusores de la palabra de Dios.

En la imagen el artista nos presenta al apóstol en el suelo, con una postura exagerada y de
gran movimiento. Su cuerpo musculado y de proporciones demasiado alargadas nos habla de
la estética manierista. En sus ojos se aprecia la ceguera que invade al soldado romano y la
postura del caballo, encabritado y con la cabeza vuelta hacia el espectador hacen que la obra
adquiera más movimiento y dramatismo. Quizás la figura del caballo no resulte demasiado
naturalista, la cabeza es demasiado pequeña, sin embargo cabe resaltar la silla de piel de
armiño que engalana la grupa del animal.

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