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GeoBAireS
Cuaderno de Geografía

Apuntes de geografía y ciencias sociales


http://www.geobaires.geoamerica.org/apuntes/ap_dialecticaycomplejidad.htm
http://www.geobaires.geoamerica.org/apuntes/ap_dialecticaycomplejidad.pdf

Vicente Di Cione*

DIALÉCTICA Y PENSAMIENTO COMPLEJO.


Diferencias y Convergencias[1]

Índice

Presentación
La cuestión dialéctica
Principios de la visión dialéctica en clave de la filosofía de la praxis
Reglas prácticas del método dialéctico
Dialéctica y complejidad. Diferencias y convergencias

Presentación

A continuación se exponen apretadamente los postulados básico de las visiones


dialécticas de la realidad en clave de la filosofía de la praxis y la dialéctica objetiva y algunas
consideraciones sobre las diferencias y convergencias con el paradigma de la complejidad y el
pensamiento complejo (Morin y otros). Gran parte de los problemas que se debaten en las
ciencias son el resultado de la falta de adecuación entre las matrices teóricas, lógicas y
operacionales no-dialécticas, no materialistas y metafísicas, por un lado, y el carácter
dialéctico, concreto o complejo de la realidad.

La dialéctica y el paradigma de la complejidad constituyen dos visiones orientadas a


acortar la brecha entre el conocimiento y la realidad y entre los fenómenos de la realidad
inmediatos al conocimiento y sus aspectos esenciales. La dialéctica fue constituyéndose desde
los tiempos de Heráclito y el período clásico griego y, aunque aún abierta a nuevas
reformulaciones discursivas y operacionales, puede decirse que culmina con los aportes de
Hegel y el amplio espectro de posiciones hegelianas y neohegelianos, entre ellas las
perspectivas historicistas del marxismo.

El pensamiento complejo también tiene raíces longevas, aunque sus principales voceros no
se extienden más allá de Pascal e insisten con frecuencia que se trata de una particular
cosmovisión que comienza a constituirse como cuerpo doctrinario en la segunda mitad del siglo
XX, cimentada con la conjunción de la teoría general de sistemas que desarrollara Von
Bertalanffy y los aportes de las ciencias positivas, en especial las ciencias de la información y la
comunicación. De acuerdo con los argumentos que se verán al final del texto y algunos
reconocimientos de Edgar Morin a Hegel en su último tomo de El método. Las ideas, la
longevidad podría extenderse también a Heráclito y el período clásico de la filosofía griega.

A los fines de mostrar las convergencias y divergencias entre ambas visiones, trataremos
en primer lugar la presentación de los principales aspectos de la dialéctica. No necesitamos
argumentar a favor de este bien ganado reconocimiento a lo largo de más de dos mil
quinientos años de historia que no pudo ni siquiera interrumpirse durante los períodos de
mayor dogmatismo doctrinario. Al final incursionamos en una breve presentación del
pensamiento complejo y en el señalamiento de las convergencias y divergencias. Lo hacemos
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a los fines de no oponer dogmáticamente ambas visiones y poder remontar, por lo tanto, cierta
falta de diálogo derivada de los diferentes campos cognitivos que han sostenido a los dos
visiones: las ciencias históricosociales por el lado de la dialéctica y las ciencias exactas y
físico-naturales por el lado del pensamiento complejo. Por tal motivo, el análisis de la
convergencia y divergencia entre ambos paradigmas posibilita algunas instancias de
mediación para la articulación entre ambos campos disciplinarios. Tal mediación es posible en
base al encuentro, tal es el intento, de las coincidencias en los propósitos y en algunas
cuestiones en torno a la concepción y tratamiento de la noción de totalidad y totalización.

La cuestión dialéctica

Hay un divorcio entre el arsenal de métodos del abordaje de la realidad y las formas de
pensarla y representarla y la estructura misma de la realidad. La complejidad de las
dificultades rebasa cualquier posibilidad limitada y, por lo tanto, abstracta de resolverlas en una
pocas líneas, con lo cual solamente se pretende un punteo de los temas más inmediatos, los
aspectos más abstractos, esenciales y generales de lo real, bajo la forma de principios o
postulados de la dialéctica. Se trata de aspectos o momentos que se presentan en todas las
“escalas” o “niveles de análisis” globales, particulares y específicos o singulares de la realidad,
incluyendo las formas reales o complejas del pensamiento.

Dentro de la perspectiva dialéctica se sostiene que las partes, consideradas en su total


complejidad, son necesariamente isomorfas con el todo o que la parte es el todo visto desde el
ángulo de la parte. Varias metáforas tratan este tema: el Aleph de Borges, la esfera infinita de
los escolásticos y el holograma. El primero nos señala que cada parte es algo mediante el cual
podemos ver la totalidad de los acontecimientos pasados, presentes y futuros. El segundo al
descentralizar el centro de la totalidad en infinitos centros. En la esfera infinita todos los puntos
son centro. En el holograma cada punto es formado e informado por su posición dentro de la
totalidad, lo cual permite recuperar la totalidad recorriendo los senderos de la formación,
información o comunicación.

El isomorfismo solamente se pierde cuando las partes se abstraen de la totalidad de la


que forman parte, tal como suele ocurrir con ciertas perspectivas propensas a las
formalizaciones lógicas y matemáticas, que tienden a reducir la riqueza de la realidad a
algunas pocas propiedades esenciales o a la simplicidad de las regularidades inmediatas entre
algunos fenómenos o al interrumpir sin fundamento el seguimiento de las cadenas, relaciones
o redes de “causación”.

En las ciencias geográficas la falta de isomorfismo y la consiguiente crisis epistemológica


se manifiesta, por ejemplo, en los estudios regionales y en muchas representaciones
cartográficas en los que las identidades y fenómenos estudiados quedan circunscriptos a los
“observables” interiores al espacio formal de la geo-metría, es decir, al área o volumen
circunscriptos por límites artificiales y relaciones puramente espaciales. La crisis se manifiesta
cuando la búsqueda de explicaciones de los fenómenos internos llevan necesariamente a
transponer los límites fijados inicialmente. Los límites no están dados objetivamente: son el
resultado de las acciones preformadoras y de apropiación de la realidad por los sujetos.

Los límites son siempre subjetivos, lo cual no implica que para establecerlos no hay que
apelar a “cosas” reales como, por ejemplo, las altas cumbres a partir de las cuales se
establece alguna poligonal, la línea que une los puntos más profundos del cauce de un río o
una línea meridiana o paralela. Los límites presuponen siempre tener presente quién los
establece, para que se los hacen y cómo se los hace. Expresan, por lo tanto, específicas
combinaciones de aspectos objetivos y subjetivos y de objetivación y subjetivación
simultáneamente. No hay límites puramente objetivos o puramente subjetivos. No obstante, el
análisis inmediato estalla el concepto formal de límite en tanto el límite supone el contacto,
cuanto menos, de dos identidades, lo cual implica que la preformación del límite debería
responder a las exigencias del funcionamiento recíproco de ambas, consideradas como
totalidad. Las divisiones de la totalidad (de esto se trata en última instancia) son artificios que
responden a las exigencias de aquellos que las hacen, con mayor o menor arbitrariedad, es
decir, con mayor o menor fundamentación praxeológica (teórica, operativa y necesaria) y
teleológica.
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El isomorfismo nos lleva a reflexionar también sobre la distinción e interdependencia entre


la visión de la realidad o la ontología de lo real y la metodología para penetrarla, conocerla y
transformarla. En la perspectiva dialéctica el método y la realidad son isomórficos, [2] lo cual
implica que no puede postularse el carácter dialéctico de la realidad sin postular al mismo
tiempo un método de abordaje de la realidad que posibilite “reproducir” o “revelar” la esencia
dialéctica de la realidad. Si la realidad es dialéctica, el método también lo es. Las discusiones
epistemológicas y metodológicas giran alrededor de la necesaria identidad entre las
características de la realidad y las características del método.

Al plantear la articulación entre conocimiento de la realidad, el método del conocimiento


de la realidad y el ser de la realidad, los principios de identidad, no contradicción y tercero-
excluido de la lógica formal son particularmente cuestionados por el principio de totalización o
de interdependencia universal. Por tal motivo, para evitar caer en formalizaciones dialécticas
(borrar analíticamente los supuestos de partida), cada postulado o principio debe
considerárselo interdependiente de los otros, lo cual implica tener presente que en la realidad,
tal como puede demostrarse con ejemplos banales, cada uno de ellos tiene que ser rebasado
o superado inmediatamente luego de enunciarse. Ninguno de ellos tiene realidad en si misma.
Por tal motivo cada principio es un “momentos de la dialéctica”, es decir, un rostro que muestra
y oculta a la vez la unidad, complementariedad y suplementariedad del conjunto de principios.
La totalidad de los principios es la dialéctica misma como principio total. La dialéctica es la
instancia meta o trans de cada principio parcelario.

El término “momento” connota que cada uno es como un cuadro de una película. La
película no es la sumatoria de cuadros y cada cuadro es la película misma congelada en en
ese cuadro. Es una totalidad que aunque se basa en la sucesión de cuadros los trasciende. Se
verá que al considerar cada principio o, como suele denominárselos también, cada regla o ley,
se “siente” casi inmediatamente la necesidad de referirse a los otros. Por tal motivo, si al
considerarlos eliminamos la consideración de los otros, sería equivalente a detener y reducir la
película a lo que nos muestra un cuadro.

La dialéctica es la suma trascendente de cada uno de los postulados considerados


abstractamente, es decir, sin conexión entre sí. La dialéctica concreta es el entrelazamiento o
unidad del conjunto de postulados, lo cual implica que si concretáramos cada uno de ellos
veríamos que cada postulado es la dialéctica misma vista desde el momento de cada
postulado. El primer postulado, de totalización e intedepedencia universal, es evidente en si
mismo. No obstante tal evidencia hay que “reconocerla” en los otros postulados y, sobre todo,
demostrarla con las investigaciones empíricas (materiales) y, en última instancia, con la praxis
individual, la praxis de los diferentes colectivos sociales y, en general, con la praxis socio-geo-
histórica universal, total o global. Veremos al final que el pensamiento complejo es el resultado
del redescubrimiento de este principio rector de la dialéctica, el cual se contrapone a pensar
que cada ciencia o disciplina se caracteriza por un objeto propio con fronteras nítidas con los
otros.

La cantidad de postulados o reglas generales varía entre los autores. La variación


constituye un buen ejemplo para poner en evidencia que los procesos de división analítica de
la totalidad son artificiales (aunque no arbitrarios) y que lo importante de cualquier proceso de
división consiste en poder rearmar la totalidad a partir de cada una de las partes en las que fue
previamente dividida. Si no fuera de este modo, las divisiones serían abstracciones
abstractas, es decir, no isomórficas con la totalidad de la que forman parte. Este postulado
metodológico fue brillante y sintéticamente expuesto por Hegel al decir que “la esencia de la
dialéctica es la división del todo en sus partes contradictorias”. Si se pierde tal perspectiva de
conjunto, la totalidad se difumina en conjuntos relativamente exteriores unos de otros, tal como
ha resultado de la división disciplinaria y, con frecuencia, incluso de las divisiones
intradisciplinarias, al punto que la posibilidad de recomposición obliga a prefigurar la
codificación de una totalidad originaria y a deducir o derivar de ella los particularismos
disciplinarios. La variantes de las teorías sistémicas y del pensamiento complejo tienen tal
propósito. Sus mentores reiteran permanentemente el carácter meta o trans-objetales (Piaget y
García) de sus aportes.
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La distinción de principios que se propone en el siguiente apartado pueden cotejarse con


otras menos analíticas. Hemos optado por ampliar la lista para facilitar la didáctica de la
dialéctica y sus posibilidades de transposición al análisis de problemas reales de diferente
naturaleza. El listado propuesto pretende resaltar la distinción, no siempre explícita, en las
interdependencia e interacciones dialécticas entre el momento del “nexo dialéctico” y el de la
oposición o “contradicción dialéctica” propiamente dicha y la cuestión muy controvertida
centrada en los grados de certidumbre (determinación) o incertidumbre (indeterminación) del
desarrollo dialéctico.

La “contradicción dialéctica” presupone que ciertos nexos dialécticos se reconfiguran a


partir de tendencias contrapuestas entre actores con requerimientos reproductivos
enfrentados, es decir, antagónicos. La contradicción dialéctica por excelencia y, por tal motivo,
la esencia de la dialéctica radica en la actividad antagónica del momento subjetivo, encarnado
en las personas, grupos, movimientos sociales, partidos políticos, bloques históricos, etc., pero
también identificable como específicos vórtices de organización y reorganización de la
totalidad. No hay sujeto o actividad subjetiva propiamente dicha si además de producirse
carece de estrategia para autosostenerse y autodesarrollarse. No hay identidad posible sin
organización. El principio de identidad o de individualización es lo que se “opone” al caos. Por
tal motivo la esencia de la dialéctica radica en la tensión entre la diversidad de formas de
organización individualizadotas (subjetivas) antagónicas, formas que se oponen al caos y al
azar, al tiempo que contribuyen a producirlos en los momentos de disolución radical de las
estructuras. De hecho decimos que las situaciones son caóticas cuando percibimos que no hay
reglas, que el cambio es tan acelerado que sobrepasa nuestra capacidad de adaptación. En
política el sentimiento de caos coincide con los picos de gran antagonismo entre las
organizaciones o cuando se “siente” la falta de reglas claras y, por consiguiente de
gobernabilidad.

Si bien la dialéctica es abarcativa de todo lo real, es decir, es generalizable en todos los


particularismos disciplinarios que abordan problemas reales o empíricos, su mayor campo de
despliegue y experimentación es la geohistoria social, los procesos civilizatorios, la vida social.
En tal sentido es suficiente observar como se “conjugan” los fundamentales verbos en nuestros
espacios de vida y en los espacios de la vida, es decir en el entorno inmediato de nuestra
socialización y sociabilidad. Los sistemas y objetos formales, tales como la lógica formal, las
matemáticas basadas en los principios lógicos formales y la física teórica es abarcada por la
dialéctica como momentos unilateralmente abstractos, es decir, como momentos no
dialécticos. La dialectización de los mismos se lleva a cabo mediante la visibilización de sus
“contradicciones” o incongruencias internas y su relativa inadecuación para describir y explicar
la riqueza de mediaciones y determinaciones de los fenómenos reales.

Por último, aunque no en orden de importancia, hay que destacar, que el criterio de
verdad de la visión dialéctica radica en la praxis individual y de las diferentes instancias
escalares de la sociedad, tales como los agrupamientos disciplinarios, los grupos de acción de
ciudadanos, los movimientos sociales y la multiplicidad de agentes colectivos, con mayor o
menor individualización e identidad organizativa u orgánica.

En el Pequeño Larousse se consigna como único (sic) significado que “En la filosofía
marxista, [la praxis es el] conjunto de actividades que pueden transformar el mundo, como el
conocimiento o los fenómenos de la producción sobre los que se basan las estructuras
sociales”. La definición es similar a la que registra el Diccionario del Pensamiento Marxista (T.
Bottomore y otros, 1983 (1984)): “Se refiere en general a la acción, a la actividad y, en el
sentido de Marx, a la actividad libre, universal, creativa y autocreadora a través de la que el
hombre crea (hace, produce) y cambia (modela) su mundo humano e histórico y a sí mismo;
una actividad específica del hombre mediante la cual se diferencia básicamente de todos los
demás seres”. Dentro de este sentido, el hombre puede concebirse como “un ser de praxis”.

Sin embargo el término “praxis” no es una exclusividad del marxismo, de la visión


dialéctica y de los dialécticos. Aunque el término está fuertemente asociado a Marx y el
marxismo, derivado en gran medida del surgimiento y estabilización de la idea de el marxismo
como “filosofía de la praxis”, se remonta al período fundacional de la filosofía griega.
Correspondió a Aristóteles tematizar filosóficamente a la praxis. El término se refería “a casi
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cualquier tipo de actividad que es probable que ejecute un hombre libre; especialmente toda
clase de negocios y de actividad política (Lobkowicz, 1967). Hegel, en su Gran Lógica, al final
del tomo II, afirma que “La idea absoluta”, equivalente al movimiento solidario y combinado de
la totalidad, es “la identidad de la idea teórica y de la práctica” lo cual sugiere a la praxis como
instancia absoluta de su cosmovisión dialéctica de la realidad. Por tal motivo, agrega, que “la
idea absoluta [=la praxis] es el único objeto y contenido de la filosofía” y, “por cuanto contiene
[la praxis] en sí toda determinación y su esencia consiste en volver a sí a través de su
autodeterminación o particularización, tiene diferentes configuraciones, y la tarea de la filosofía
[como instancia suprema de la conciencia social cimentada en la razón, el entendimiento y la
experiencia] es reconocerla en esta.[3]

Nos eximimos de profundizar el conjunto de significados sociales, filosóficos, disciplinarios


y profesionales del término, tales como la de “mala praxis” y “buena praxis” o la distinción sin
dialectizar entre praxis, práctica y teoría. Solamente destacamos que sugerimos utilizar el
término para referirnos al conjunto de prácticas conscientes orientadas libremente al logro de
propósitos individuales o colectivos inscriptos dentro de específicas culturas o, dicho de otro
modo, como la capacidad que tienen los agentes de una determinada fase de desarrollo
cultural para superar los límites culturales.

La praxis, por lo tanto, no es lo opuesto a teoría y tampoco es cualquier práctica. Es una


forma de superar (en el sentido hegeliano) la unilateralidad de la teoría y la práctica y como
forma del ejercicio más o menos pleno de la libertad. Es la unidad de ambas, subordinada a las
necesidades y deseos de superación. En tal sentido la praxis tiene en rigor tres momentos: el
teórico y el práctico enunciados y, además, como fuerza impulsora, el afectivo (deseos,
sentimientos, necesidades, rechazos, etc.).

La praxis es, entonces, no solamente un criterio de verdad. Es centralmente la


instancia que condensa la tendencia de ir siempre más allá de los logros individuales y las
estabilizaciones y reificaciones culturales.

Principios de la visión dialéctica en clave de la filosofía de la praxis

El punteo de principios y las consideraciones que efectuaremos son extremadamente


básicas a los fines de comenzar a “hacer camino en clave dialéctica”. Insistimos en no perder
de vista las consideraciones anteriores acerca de la necesaria totalización de cada principio,
sugiriendo profundizar el análisis y síntesis mediante lecturas adicionales y, fundamentalmente,
la aplicación a ejemplos concretos tomados de las formas inmediatas de la vida cotidiana y de
las formas objetivadas en las problemáticas de las ciencias, es decir, en los objetos científicos.
La dialéctica proponemos descomponerla en ocho principios básicos:

a) Principio de totalidad, interdependencia o interacción universal o causación


universal;
b) Principio de Movimiento universal;
c) Principio de Unidad total de lo diferente, de lo opuesto o combinación de todo con
todo;
d) Principio de unidad(identidad), combinación y confrontación (lucha) de opuestos o
principio de contradicción;
e) Principio de correspondencia entre las partes y entre la parte y el todo;
f) Principio de transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos o
principio del salto cuanticualitativo;
g) Principio de desarrollo superador desigual, combinado y contradictorio (“negación
de la negación”, y
h) Principio de necesidad, libertad e incertidumbre del desarrollo (dialéctico) de la
realidad (concreta).
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a) Principio de totalidad, interdependencia o interacción universal o


causación universal

Es el axioma fundamental, sustento de todos los demás principios. Todo se vincula con
todo y, por lo tanto, todos los “objetos”, “cosas”, “sujetos”, “acciones”, “procesos”, “hechos y
“fenómenos” interactuan, es decir, se mediatizan y determinan entre sí. Mediaciones y
determinaciones universales, totalidad y totalización, concretización, etc. Inter y trans
objetalidad y disciplinariedad, combinatoria de todas las partes, retícula, etc. Todas las cosas y
procesos son informados y formados e informantes y formadores de la totalidad de lo
existente.

Las partes reales son tan plenas como la totalidad de la que son parte. Cada parte, por
lo tanto, es la totalidad condensada en la parte. Cada parte es “Aleph” desde el cual podemos
ver, descubrir, leer o interpretar la totalidad, mediante la expansión escalar centrada sobre la
parte. La metáfora del holograma.

El “arte” dialéctico consiste en descubrir los aspectos de cada cosa que son más o
menos informadores y formadores de la totalidad, lo cual implica la posibilidad de ver en
aquellos que se ve inmediatamente como “pequeño” y accidental, la génesis de lo grande y
esencial y el movimiento de la totalidad.

¿Quién podría imaginar entre los siglos X y XI que las relaciones mercantiles podrían
con el tiempo desencadenar el huracán de acontecimientos que dieron lugar a las grandes
revoluciones burguesas y las actuales formas del capitalismo global?

En términos operacionales el principio implica diferentes resoluciones analíticas y


sintéticas escalares, derivadas del carácter finito de las investigaciones: los proyectos se
caracterizan por ciertos límites del universo de análisis y síntesis. Tales límites dan lugar a la
necesidad de operaciones escalares de totalización orientada y abstracción o análisis
orientado. La orientación está determinada por las características de “los objetos-problema” y
la finalidad de los sujetos.[4] Salvo en casos de problemas sin antecedentes, la definición de la
totalización y abstracción se fundamenta mediante la apelación a marcos teóricos y
metodológicos cuya validez y confiabilidad esté sustentada en notorios antecedentes.

b) Principio de Movimiento universal

“Cambia, todo cambia....”, “nadie se baña con la misma agua del río”. Conviene
distinguir los movimientos de producción, reproducción y transformación y las instancias que
regulan/desregulan u organizan/desorganizan la realidad. El movimiento dialéctico por
excelencia se expresa en el principio del “desarrollo desigual, combinado y contradictorio”, el
cual es por definición complejo o, más bien, concreto.

La falta de movimiento es una excepción inexplicable en la tradición oriental. La


dialéctica puede ser definida como la expresión del movimiento universal y también como la
búsqueda de la explicación de todo tipo de movimiento o cambio. La dialéctica busca las
“tendencias” de los cambios, distinguiendo los cambios en sí y el motor o causa de los
cambios.[5]

c) Principio de Unidad total o combinación de lo diferente..

Principio de “nexo dialéctico” o de “acción recíproca”.También puede expresarse como


unidad de los opuestos, unidad, interpenetración y combinación de lo diferente.

La “unidad” implica que no puede pensarse “algo” sin “lo otro”, con lo cual hay unidad o
identidad dialéctica entre “algo” y lo “no-algo”, entre “algo” y el resto complementario y
suplementario de la totalidad de la que forma parte. Más fiel a la terminología de Hegel, el
principio plantea la “identidad entre el ser y el no-ser”, entendiendo al no ser como lo diferente
considerado en su interior o en su exterior. También puede considerarse como combinación
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entre lo que es y la fuerza que impulsa a algo a dejar de ser lo que es. Recordar que cualquier
negación es una afirmación y que cualquier afirmación es una negación (Spinoza). La totalidad
es el punto de partida: unidad, interpenetración, combinación, mediación, determinación
universal, total, global, de lo diferente.

La relación de dos “partes” entre sí es mediada y determinada por el resto


complementario de la totalidad de la que forman partes ambas. Dichas mediaciones y
determinaciones operan “sobre” cada parte y sobre el vínculo entre ellas.

Es importante no confundir la “identidad dialéctica” con el principio de “identidad


formal” (o más bien de igualdad) de la lógica formal tradicional (A=A y si A=B entonces B=A, es
decir B es A).

El principio de identidad o unidad de lo diferente es compartido por las perspectivas


funcionalistas, funcional estructuralistas, teoría general de sistemas, materialismo dialéctico,
estructuracionismo, holismo y el pensamiento complejo. Implica, en esencia, el principio de
mediación y determinación universal, razón por la cual es una explicitación redundante que
solo se justifica para destacar la combinación de la acción recíproca y los tres momentos de
los nexos dialécticos: el inmediato, la mediación y la determinación entre las diferentes partes
o, en términos de Morin, entre multiversidad de la realidad.

Los tres momentos son abordados por Marx en la Introducción a la crítica de la


economía política/1857. Sintéticamente:

a) El momento inmediato: la producción es inmediatamente [6] consumo, circulación,


distribución y cambio; el consumo es inmediatamente producción, circulación, distribución y
cambio y así sucesivamente para los distintos momentos de la totalidad económica, es decir, la
unidad de la producción, circulación, distribución y cambio;

b) El momento de la mediación o mediato: no hay producción sin consumo, circulación,


cambio y distribución; no hay consumo sin producción, cambio, distribución y circulación y así
con los restantes momentos;

c) El momento de la determinación o concreción de la unidad o identidad: la


producción determina al consumo, circulación, cambio y distribución; el consumo determina a
la producción, distribución, circulación y cambio: etc.

El principio de identidad dialéctica se fundamenta en que todas las cosas, procesos e


instancias son informadas y formadas por el resto: la totalidad de las que forman parte. La
identidad dialéctica no suprime la diferencia. Solo restituye lo diferente a la totalidad de la que
forma parte o se diferencia, comenzando por las partes que inmediatamente se presentan
como diferentes y continuando en el conjunto de transiciones y mediaciones que relacionan las
diferencias inmediatas en diferencias mediatas. La operación del principio de identidad de lo
diferente comienza en la escala de los fenómenos que se presentan como diferentes
inmediatamente. La totalización orientada y la abstracción orientada paulatinamente
profundizan y extienden la escala de los fenómenos inmediatamente opuestos, mediante el
seguimiento de las redes de causación y el descubrimiento de las relaciones esenciales que
subyacen a la opacidad de los fenómenos inmediatos y que se expresan en las síntesis
estructurales de las totalidades de las que forman parte.

Un ejemplo: en las economías abiertas, las fluctuaciones de lo precios dependen de la


identidad (unión) de dos fenómenos obvios: la concurrencia de la oferta y la demanda. No
obstante, la estructuración del mercado de determinado producto puede remontarse a la oferta
y demanda de otros productos o recursos que escapan a la percepción inmediata. Sin
embargo, el análisis más profundo descubriría que los desajustes mercantiles están
determinados por el modo de producción de la oferta, lo cual involucra la particular articulación
del capital con su proceso de valorización: el trabajo asalariado. Las crisis de
sobreacumulación no se comprenden sin analizar la lógica de la ganancia capitalista y la
presión de las relaciones de propiedad de los medios de producción sobre la cuestión del valor
de reproducción de la fuerza de trabajo involucrada bajo la forma de capital variable. En un
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esquema puro, sin otros modos de producción y en una sociedad constituida solamente por la
clase capitalista y la clase asalariada, la obtención de ganancia solamente es posible por la
obtención de plusvalor mediada por los precios de mercado, lo cual implica que el nivel general
de los precios está por arriba del precio de reposición mercantil de la fuerza de trabajo.

d) Principio de unidad (identidad), combinación y confrontación (lucha) de


opuestos.

El principio suele denominarse de “contradicción dialéctica”. Presupone a los


anteriores. También puede considerarse como el momento contradictorio (y no de la simple
mediación) de lo diferente. Es importante destacarlo para diferenciar los contenidos
funcionales del principio general de unidad o identidad de los aspectos confrontativos o
estrictamente contradictorios, tal como lo sugieren Hegel y Marx, según la interpretación de N.
Bobbio.

Es el postulado más riguroso y esencialmente dialéctico. No se trata solamente de


reconocer el nexo dialéctico entre “lo diferente”, sino de visualizar que la diferencia se
construye a partir de las combinaciones de estrategias subjetivamente antagónicas, es decir,
con intereses y aspiraciones contrapuestas en el vínculo. El logro de los intereses y
aspiraciones de específicos sujetos implica el sometimiento o aniquilación de los otros. El
aumento de la ganancia puede implicar el aumento de la plusvalía a costa de la disminución de
la compensación del tiempo de trabajo socialmente necesario para reponer la fuerza de
trabajo. Ante tal situación la confrontación es inevitable. El movimiento resultante es mediado
por las relaciones de poder desiguales, combinadas y contradictorias. Las contradicciones
expresan, por lo tanto, a las relaciones de poder de los sujetos, las que dependen de sus
posiciones estructurales y, fundamentalmente, del grado de conciencia y organización dentro
del sistema de acción histórico.

Cuando se analiza una contradicción concreta, se advierte que es posible


descomponerla analíticamente en una gran cantidad de contradicciones. Del conjunto, alguna
es la “contradicción principal” y las restantes son “contradicciones secundarias”. Además, dada
la multiplicidad de determinaciones y aspectos que convergen en la estructuración y perfil de
las contradicciones, es importante distinguir analíticamente las determinaciones y aspectos
principales y los secundarios.

En los procesos reales las contradicciones se constituyen a partir de la combinación


entre los aspectos objetivos y subjetivos. Al cambiar unos y otros, cambian las jerarquías de
las contradicciones y los aspectos. La combinación determina que el momento voluntario en la
definición de las estrategias pueda redireccionar el juego de las contradicciones entre el
conjunto de los actores mediante tácticas de alianzas centradas en la combinación de los
aspectos principales y secundarios. Considerados los aspectos estratégicos de la dinámica de
las contradicciones, es conveniente distinguir el estado presente y el estado que debieran
tener en una fase superior del desarrollo de los conflictos. Esto implica que las contradicciones
se construyen también voluntariamente a partir de las posibilidades de los aspectos objetivos
estructurales que caracterizan las partes en conflicto. [7] La lucha de clases presupone la
voluntad de construcción de las clases. Sin la organización las clases solamente existen como
recursos descriptivos o como instancias para interpretar la historia como proceso ciego sin
sujetos.
En la geografía la contradicción dialéctica se observa como “tendencias contrapuestas”
en la producción y apropiación de “lo geográfico”, lo cual conlleva a la producción de
territorialidades orgánicas desiguales, combinadas y contradictorias. El carácter contradictorio
de la geografía es el resultado de los sentidos geográficos contradictorios, es decir, de las
contradicciones en el seno de la historicidad de la geografía y la vida social en general.
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e) Principio de correspondencia entre las partes (por lo tanto entre la parte y el


todo)

Este postulado establece que no pueden existir o desarrollarse aspectos de la realidad sin
que previamente se desarrollen sus condiciones de posibilidad. Pero también establece que si
determinado sujeto quiere llevar adelante la satisfacción de ciertos requerimientos, el paso
indispensable consiste en desarrollar una estrategia que contemple la transformación de las
condiciones de posibilidad.

Por ejemplo: no se puede desarrollar plenamente el federalismo en un país determinado si


las diferentes “regiones” no disponen de vías de comunicación o dispositivos urbanos que
posibiliten la socialización y sociabilidad federalista. El federalismo implica cierto tipo de
integración de las partes en una determinada totalidad nacional-estatal. El funcionamiento
federal es tanto “mejor” cuanto mejores son los dispositivos urbanos y sociales que lo
posibilitan. Este es el principal motivo por los cuales algunos gobiernos o sectores de la
sociedad política tienden a mejorarlos y otros a trabarlos. La forma de correspondencia entre el
federalismo y las condiciones que lo hacen posible determinan los diferentes perfiles de
regímenes federales.

Algunos ejemplos. No se puede desarrollar un supermercado si antes no se desarrollan


condiciones socio-urbanas que justifiquen cierta magnitud de valorización del capital
comercial. Este es uno de los motivos por los cuales los supermercadistas pelean a menudo
por el mejoramiento de las redes viales y la disponibilidad de espacios públicos de
estacionamiento. No se pueden valorizar productivamente áreas potencialmente mineras si
se carecen de tecnologías apropiadas de explotación y transporte. La industria automotriz
impulsó la expansión de un tipo especial de vías de circulación en detrimento de los
ferrocarriles. A tal efecto impulsó la pavimentación de los caminos. No se pueden desarrollar
procesos de valorización capitalistas si no se desarrolla también una población libre
potencialmente asalariable. Cuando ello no es posible, se procede a movilizar forzadamente
la fuerza de trabajo, tal como aconteció con el complejo agroindustrial azucarero en el Ramal
jujeño desde sus orígenes al peronismo.

f) Principio de transformación de cantidad en cualidad (“Ley de salto


cuanticualitativo”)

El postulado reconoce que el desarrollo en cantidad de ciertos procesos o variables


determina cambios cualitativos en sus relaciones con el medio o la totalidad de la que forman
parte.
En el postulado anterior es posible hallar algunos ejemplos. Son las formas de
correspondencia entre las partes y el resto del todo los que determinan que aspectos
puramente cuantitativos puedan dar lugar a la aparición de propiedades y problemas
cualitativamente diferentes.

- La diferencia de presión y la distancia relativa entre un vórtice ciclónico y anticiclónico


podrán dar lugar a diferentes tipos de vientos o tornados.
- La diferencia cuantitativa de los períodos “fríos” y “calientes” podrán inducir procesos
de acumulación o derretimiento de glaciales.
- El incremento de la población excluida de los beneficios de las sociedades
capitalistas podrán inducir procesos de reconfiguración de las relaciones capitalistas, de
redefinición de los regímenes políticos, etc.
- La falta de ingresos por debajo de cierta magnitud dará lugar a la clasificación de
las familias dentro de la población vulnerable.

g) Principio de desarrollo superador desigual, combinado y contradictorio


(“negación de la negación”)

Este postulado es la síntesis de los anteriores. Implica reconocer que en el


movimiento general de la historia hay cambios incesantes derivados de la multiplicidad de
10

formas para resolver los nexos y contradicciones dialécticas derivados de la dinámica de las
partes. En cada momento, fase o etapa del desarrollo coexisten fuerzas diferentes y
antagónicas que necesariamente redefinen la dinámica de su coexistencia. Tal coexistencia
puede ser más o menos “caótica”, “turbulenta” o “predecible”, según las modalidades de
reorganización subjetiva del todo (más o menos violentas, más o menos aceleradas).

a condición del movimiento es la desigualdad y la forma de resolverla, con mayor o


menor naturalidad o con mayor o menor conciencia y autoorganización.

Hay momentos en los cuales la desigualdad y combinación se manifiestan


cualicuantitativamente sin manifestaciones de crisis y conflictos. En otros, los más notables y
más caracterizables como históricos, la desigualdad y combinación se expresan con gran
tensión y violencia, dando lugar a procesos de redefinición estructural de los vínculos entre la
gente y de las relaciones sociales generales. Las teorías de la crisis y de los cambios
revolucionarios tratan particularmente las posibilidades de superación a los fines de redefinir
las formas de la desigualdad, su combinación relativa y sus manifestaciones contradictorias.

El tipo de contradicciones fundamentales y secundarias es propio de cada período


histórico y de sus respectivos niveles y escalas geográficas. Son dependientes del núcleo
estructural y estructurador de cada formación económico-social, formación histórica,
formación geográfica, formación cultural o formación geohistórica. En las sociedades
capitalistas se afirma como central la contradicción entre los capitalistas, los asalariados y,
en los tiempos actuales, los “excluidos”.

El análisis de los períodos revolucionarios y posrevolucionario son suficientemente


elocuentes para visualizar las formas de reconfiguración de las relaciones sociales
fundamentales y secundarias. En ellos se observan continuidades y discontinuidades. No
existen casos en los que el cambio es tan radical que aniquila absolutamente las
continuidades del pasado. Por tal motivo lo viejo, en tales casos, es reconfigurado por el
dominio (subsunción formal y real) de las nuevas relaciones.

La naturaleza-natural, para diferenciarla de la naturaleza-cultural, no es ajena al


postulado del desarrollo superador desigual y combinado. En la naturaleza podemos
encontrar muchos ejemplos en los que los procesos geomorfológicos por una sucesión de
aspectos cuantitativos y cualitativos dan lugar a nuevos paisajes e incluso nuevas
estructuras geomorfológicas. La historia geológica no es más que el registro de tales
cambios, expresados en las eras, períodos, subperíodos, fases, capas, etc.

El desarrollo superador desigual, combinado y contradictorio suele intuirse apelando a


tres metáforas espaciales: el desarrollo en espiral, el círculo de círculos y el cono invertido.
Cada espiral, círculo o sección corresponden a una fase del movimiento de reconfiguración
superadora de las situaciones precedentes.

Piaget-García registran las transformaciones con los términos de “rebasamiento” y


“trans-objetalidad”, lo cual supone que las relaciones originarias son rebasadas por otras
nuevas. Los objetos anteriores son reconfigurados en otros que los superan, a modo de
nuevos objetos. Tales transformaciones se combinan a su vez con procesos intra e inter
objetales, mediante los cuales se generan objetos dentro de lo objetos, partes dentro de las
partes y, también nuevos nexos y contradicciones entre los nuevos objetos o partes (el
momento inter). El momento trans dependerá de las formas de combinación y rebasamiento de
los procesos intra, inter y transobjetales.

En el campo de la ciencia, los procesos se manifiestan en la redefinición


conceptual y procedimental (metodológica) de sus respectivos objetos y en los procesos
relativamente acelerados de redefinición intra, inter y transdisciplinarios. La redefinición es
la expresión en la praxis científica de los postulados dialécticos enunciados y,
especialmente, del desarrollo superador desigual, combinado y contradictorio de lo real.
11

El auge de la teoría general de sistemas y del pensamiento complejo responden a


las exigencias de resoluciones transdisciplinarias indispensables para recomponer la
relación entre la teoría y la dinámica compleja del mundo real.

h) Principio de libertad e incertidumbre del desarrollo (dialéctico) de la realidad


(concreta)

Formulamos este principio a modo de explicitación de un conjunto de cuestiones que


por lo general o no son planteadas o son negadas o tienen un desarrollo relativamente débil e
impreciso, en especial dentro de la tradición marxista que se contrapone a la tradición
hegeliana. El principio connota la relación entre organización, caos y azar, entre la necesidad y
la libertad y entre el movimiento de la naturaleza, la naturaleza dada y la naturaleza posible. [8]
En las escalas de la vida social y de la política connota la cuestión de la necesidad o
“arbitrariedad” de la sucesión entre diferentes fases del desarrollo de las formaciones
económico-sociales y la problemática de la relativa sobredeterminación o indeterminación de la
relación sujeto-estructura marcada por las formas de abordaje de estructuralismo y el pos-
estructuralismo. Implica preguntas tales como: ¿el socialismo continúa al capitalismo o es una
opción particular no absoluta de resolución de las contradicciones del capitalismo? O ¿es
necesario el desarrollo pleno del capitalismo antes de generar las condiciones de cualquier
otra forma de sociedad? También, tal como lo sugerimos a modo de alerta en un trabajo
reciente: ¿no dará lugar el desarrollo del capitalismo al surgimiento de formas reconfiguradas
de feudalismo basadas en nuevas formas territoriales de producción, fijación y distribución
(apropiación) de plusvalor?

El movimiento dialéctico (el futuro) no está absolutamente determinado por el pasado y


presente. En cada fase el presente de la realidad define un horizonte posible de construcción
del futuro, a modo de futuro posible incrustado en el presente. El futuro, en rigor, es una
multiplicidad infinita de futuros posibles. El futuro es el resultado de la combinación de una
infinita cantidad de aspectos, relaciones y contradicciones, considerados objetiva y, sobre todo,
subjetivamente. Cuando más nos alejamos del presente, más futuros posibles.

Los futuros posibles constituyen la libertad del presente y, por lo tanto, las libertades
posibles de las personas y los agentes y agencias colectivas o de los “vértices organizativos”
que caracterizan las entidades e identidades de todo tipo, incluyendo las de la naturaleza no-
humana. El término “naturaleza” tiene muchas denotaciones y connotaciones. Algunas de ellas
se relacionan con la cuestión de la conformidad a las necesidades constitutivas de los entes y
entidades de todo tipo. Necesidad y naturaleza son en cierto modo sinónimos, aunque la
identidad no es inmutable (invariante). En la tradición dialéctica la libertad representa el
momento de satisfacción y ruptura de las determinaciones necesarias de la naturaleza dada en
determinado momento del desarrollo. En el primer caso la libertad implica la satisfacción de las
necesidades: hay libertad cuando se puede superar las necesidades mediante alguna forma
(de muchas posibles) de satisfacción. Sobre este aspecto convendrá no perder de vista la
constitución o preformación ideológica de las necesidades. [9] La ruptura de la necesidad
acontece cuando desaparece por algún motivo la necesidad. La satisfacción no implica la
superación definitiva de las necesidades, en la medida en que las condiciones de la realidad
que las originan se reproducen (reiteran). Se trata de una superación transitoria, seguida de
una caída en su ciclo reproductivo. La superación, en cierto modo definitiva, acontece cuando
desaparecen las condiciones que las reproducen y sostienen. Entre las condiciones se
destacan las estructurales en general y las estructuras de los deseos. En términos históricos y
geográficos tales estructuras condensan en el sentido histórico y el sentido geográfico o
sentido territorial. Los procesos auténticamente revolucionarios son los que transforman la
estructura y estructuración de las necesidades y los deseos. Un cambio cultural implica un
cambio significativo, estructural, del sistema de necesidades y, por consiguiente, del sistema
de libertades.

En la realidad, la tensión de la “identidad” necesidad-libertad se resuelve dentro de un


amplio “campo” de posibilidades, a menudo opacas, por la falta de conocimiento de la
multiplicidad de determinaciones (relaciones necesarias) que operan, por un lado y, por otro y
sobre todo, por el “fetichismo” implícito en la multiplicidad de juegos subjetivos organizativos,
12

entre ellos las tácticas y estrategias de los agentes sociales. Tales aspectos caracterizan la
relativa incertidumbre o impredicibilidad del futuro. Relativa en tanto sujeta a necesidades y
libertades naturales y culturales e histórica y geográficamente constituidas y parcialmente
conocidas. Habiéndose constatado ciertas regularidades entre fenómenos, hay diferentes
grados de probabilidad que de darse ciertas circunstancias se producirán los fenómenos
asociados.
Hay que destacar algunas cuestiones asociadas. En primer lugar la incertidumbre no
es sinónimo de una multiplicidad de combinaciones finitas de determinaciones. La combinación
de conjuntos finitos es otro conjunto finito. En términos reales, dada la interdependencia
universal y los infinitos arreglos cuanti-cualitativos, la reducción finita de determinaciones, por
más multiforme que sea la escala de del universo de análisis involucrado (la teoría), es
imposible predecir la evolución del conjunto (sistema). Entre una posición y otra hay infinitas
posiciones cuantitativas y cualitativas y, dadas las implicancias sinergéticas de la combinación,
es matemáticamente imposible deducir la evolución exacta del conjunto y de cada una de las
partes. En segundo lugar la impredicibilidad derivada de los desplazamientos personales y la
constitución y negociación social de los deseos y su satisfacción. En este punto no puede
obliterarse la atención sobre los efectos de la mayor o menor alienación de las necesidades y
deseos y, por consiguiente, la multiplicación relativamente caótica de la construcción de
escenarios futuros. La alienación, entre otros aspectos, se caracteriza por la brecha entre los
determinismos naturales u objetivos y las libres elecciones de los agentes, lo cual implica cierta
ruptura entre necesidad y libertad en los términos de ciertas visiones dogmáticas
distorsionadas de la dialéctica materialista.

Reglas prácticas del método dialéctico

Los postulados anteriores conllevan a la implementación de procedimientos de


investigación acordes. Si bien nada reemplaza a la praxis y, por lo tanto, a la necesaria
interdependencia (“en última instancia”) entre el “caminar y el camino”, siempre histórica y
geográficamente determinados, la experiencia social acumulada posibilita recuperar algunas
reglas prácticas. La praxis es el axioma capital del método dialéctico y las reglas son solo
algunos momentos de la misma. H. Lefebvre, en su clásica Lógica formal. Lógica dialéctica,
formula a tal efecto las siguientes “reglas prácticas”, enunciando en primer lugar el punto de
partida (las reproducimos textualmente).
“a) Ir a la cosa. Nada de ejemplos externos, nada de analogías inútiles; por lo
tanto, análisis objetivo;”
“b) Aprehender el conjunto de las conexiones internas de la cosa, de sus
aspectos; el desarrollo y el movimiento propio de la cosa;”
“c) Aprehender los aspectos y momentos contradictorios; la cosa como
totalidad y unidad de los contradictorios;”
“d) Analizar la lucha, el conflicto interno de las contradicciones, el movimiento,
la tendencia (lo que tiende a ser y lo que tiende a caer en la nada);”
“e) No olvidar ... que toda cosa está ligada a todas las demás; y que una
interacción insignificante omisible en determinado momento por no ser
esencial, puede convertirse en esencial en otro momento o desde otro
punto de vista;”[10]
“f) No olvidarse de aprehender las transiciones: transiciones de los aspectos
y contradicciones, pasos de unos a otros –transiciones en el devenir–.
Comprender que un error de apreciación (creer que se está algo más lejos
en el devenir que el punto en el que efectivamente se está, creer que se
ha realizado la transición o que no ha comenzado) puede tener graves
consecuencias;”
“g) No olvidar que el proceso de profundización del conocimiento –que va del
fenómeno a la esencia y de la esencia menos profunda a la más
profunda– es infinito. No darse nunca por satisfechos. «La magnitud de la
pérdida de un espíritu se mide de acuerdo con aquello en que se
satisface» (Hegel).”
13

“h) Por lo tanto, penetrar bajo la simple coexistencia observada, avanzar cada
vez más profundamente en el rico contenido, aprehender conexiones
progresivamente más profundas, hasta alcanzar y aprehender
sólidamente las contradicciones y el movimiento. Hasta llegar a eso, no
hay nada que hacer;”
“i) En ciertas fases del propio pensamiento, éste deberá transformarse:
modificar o rechazar su forma, volver a elaborar su contenido.” (H.
Lefebvre, Lógica formal. Lógica dialéctica, Ed. Siglo XXI, 1970, pp. 279-
280. Cursivas del autor).
Las reglas enunciadas pueden profundizarse mediante la consideración de sus
aspectos epistemológicos y operacionales, tarea que excede la pretensión introductoria de
este texto. No obstante si es cierto que, parafraseando a Machado, no hay método sin
“metodizar”, el punto de partida para profundizarlas no puede ser otro que, fiel a la primera
regla, “ir a la cosa” concreta. La forma de hacerlo implica llevar a cabo la inmersión
comprometida con el juego de contradicciones de los problemas reales, lo cual no es otra cosa
que juntar el hacer, el conocer y el participar, tal como lo propone la “investigación-acción
participativa” (IAP), la investigación estratégica y las variantes de la epistemología política.[11]

La “cosa”, en esta perspectiva, es equivalente a los diferentes “campos sociales” (P.


Bourdieu) en los que se plantean con sus especificidades las contradicciones entre los
diferentes horizontes subjetivos de resolución de dichas contradicciones. Tal inmersión es
insoslayable para captar la trama y los dramas subjetivos en sus diferentes escalas, las
tendencias de los procesos (movimiento) tal como resultan de las fuerzas actuantes y, sobre
todo, la prospección de los procesos posibles mediante la elaboración y puesta en práctica de
las estrategias consideradas como unidad de la diversidad de sentidos cotidianos y,
proyectados a la escala general, de sentidos históricos y geográficos. Esto implica situarnos
como agentes de la historicidad y geograficidad y no simplemente como sus efectos.

Dialéctica y complejidad. Diferencias y convergencias

En las últimas décadas, ante la necesidad de superar operativa y conceptualmente la


falta de correspondencia entre la realidad y las representaciones de la realidad, la
incertidumbre de la evolución de la realidad y los resultados de la interacción universal y
algunas visiones dogmáticas de la dialéctica, algunos autores, tales como E. Morin, Maturana y
otros, retomando algunos debates decimonónicos de la biología y la física, desarrollaron lo que
se conoce como “paradigma de la complejidad” o “pensamiento complejo”.

Con los riesgos de las exposiciones breves, según Morin el pensamiento complejo se
caracteriza por reconocer la “unidad de la multiversidad” lo cual lleva a su vez a sostener tres
formas de ser: las formas dialógicas, las formas de la recursividad y las formas hologramáticos.
Las formas dialógicas consisten en los procesos de análisis/síntesis y el carácter digital y el
analógico, el orden y el desorden y la organización y la desorganización de la realidad. Las
formas de la recursividad son: la interacción, la retroacción, los procesos en circuito, el bucle
retroactivo y el bucle recursivo (autoproducción y autoorganización). El bucle recursivo “es un
proceso en el que los efectos o productos al mismo tiempo son causantes y productores del
proceso mismo, y en el que los estados finales son necesarios para la generación de los
estados iniciales. De este modo, el proceso recursivo es un proceso que se produce/reproduce
a sí mismo, evidentemente a condición de ser alimentado por una fuente, una reserva o un
flujo exterior. La forma hologramática, al igual que los hologramas laser, consiste en admitir
que la reproducción de cada punto (o parte) de la realidad tiene la información de todos los
restantes puntos (o partes). Cada parte es, además de informado por el todo, es formador del
todo.
Morin apela a la imagen de el torbellino para ejemplificar didácticamente el carácter
complejo de la realidad, en tanto "describe un movimiento permanente que mantiene la
estabilidad de los constituyentes"; es un fenómeno permanente de organización espontánea";
"es un movimiento a partir del cual se puede desprender la idea de bucle, es decir, de
procesos ...recursivos".
14

Sin embargo, la metáfora del torbellino es insuficiente: no abarca la complejidad de


todo, en especial si consideramos que la historia de la realidad (natural y cultural) no puede
reducirse a la forma del movimiento de los torbellinos, por un lado, y por otro en tanto que de lo
que se trata de explicar no es solamente la reproducción compleja de los torbellinos, sino
también su génesis y disipación. El origen y extinción de los sistemas complejos es o deberían
ocupar una centralidad y desarrollo que no se observa en la extensa producción de Morin, lo
cual contrasta con la tematización de diferentes aspectos relativamente descriptivos de la
expansión de los sistemas.

Morin y otros autores también agregar otras propiedades de los sistemas complejos:
su carácter abierto y su “fractalización” en partes relativamente indeterminadas y borrosas. Son
abiertos en tanto están sobredeterminados complejamente por los restantes sistemas o partes,
lo cual implica el reconocimiento de cierta capacidad de agregado de nuevas propiedades. La
realidad es fractalizable en tanto los resultados de cada procesos de subdivisión analítica son
relativamente isomórficos con los sistemas de los que forman parte. La indeterminación o
principio de incertidumbre reconoce la existencia de efectos y procesos que no pueden ser
predichos por las condiciones iniciales en la medida en que dichas condiciones no son
totalmente identificables y, sobre todo, no son mecánicamente interdependientes. El carácter
borroso deriva de la falta de límites absolutos entre las partes del sistema.

El conjunto de propiedades enunciadas son parcialmente coincidentes con la visión


dialéctica de la realidad. Decimos parcialmente por cuanto, a diferencia de las opiniones de
Morin, la dialéctica concreta tiene algunos aspectos que determinan que su complejidad es
algo más “completiva” que la expuesta por el paradigma de la complejidad. En primer lugar
señalemos que en la tradición dialéctica lo real-complejo es designado real-concreto, siendo
equivalentes complejo y concreto. Dialéctica mediante, los “polos” opuestos también son
equivalentes. Lo opuesto a complejo suele designarse como simple o abstracto, al igual que el
opuesto de aquello que es concreto. Lo concreto es la unidad de la multiplicidad de
determinaciones o propiedades de la realidad, lo cual por definición nos dice que cada cosa
concreta es una suerte de holograma que contiene toda la información y formación de las
restantes partes de la realidad. Sin embargo la dialéctica concreta dice algo más: cada parte
es en cierto modo la negación y la restitución de la totalidad de la que forma parte. Este
principio, derivado del principio de interdependencia universal, deriva también, si así quiere
verse, de la forma hologramática de la realidad.

En la dialéctica no hay sistemas, cosas y procesos cerrados sobre si mismos, salvo, en


cierto modo la totalidad de la que forman parte. No obstante, el carácter “histórico” o cambiante
de la realidad determina que la totalidad misma sea en cierto modo un supersistema abierto
sobre si mismo en permanente proceso de crecimiento, reconfiguración y formación. La
realidad es un supersistema en cierto modo libre, es decir, abierto a un incesante cambio a
partir de sus contradicciones internas. Puede decirse que es abierto en tanto se supera a si
mismo.

La fractalización corresponde al proceso de división analítica y abstracción de la


dialéctica. No obstante no se trata solamente de un proceso intelectual. La dinámica misma de
la realidad determina la aparición de nuevas propiedades, procesos y entes. El proceso de
individuación de partes es permanente, derivado tanto de la propia naturaleza prehumana,
como de la naturaleza humanizada o segunda naturaleza. El mundo no está definitivamente
construido. Se descontruye y decontruye permanentemente a partir del principio de
interdependencia de las desigualdades de un determinado estadio de desarrollo. No hay que
interpretar la transformación como semejante a los movimientos de un caleidoscopio, en las
que las partes son iguales y las visiones solamente difieren por los cambios de las posiciones
relativas.

La realidad dialéctica es dialógica, en tanto es analítica y sintética, digital y analógica,


ordenada y desordenada y organizada y desorganizada. No obstante, a diferencia del
paradigma de la complejidad, cada uno de estos aspectos son momentos transitorios que
describen etapas abstractas del movimiento de la realidad. Por tal motivo la dialéctica advierte
un proceso de re-organización en lo que suele visualizarse como desorganización, un
momento de análisis en lo que se representa como síntesis, el carácter analógico de lo digital y
15

un proceso de ordenamiento de aquellos que se visualiza como desorden. El término


“descontrucción” también retraduce el carácter dialógico de la complejidad.

El problema crucial de la teoría de la complejidad radica en no haber desarrollado


una teoría de los procesos de transformación que logre combinar (complejamente) el sistema
de acción natural y el sistema de acción cultural. En especial le falta visualizar la articulación
entre momentos objetivos y subjetivos de la realidad y, por tal motivo, le falta desarrollar una
teoría de los procesos de desorganización y reorganización derivado de las contradicciones
de los sistemas abiertos, núcleo crucial de la dialéctica hegeliana y la de la filosofía de la
praxis.

Para la dialéctica concreta, apelando a una metáfora, es insuficiente quedarse en el


nivel de enunciación de la “arquitectura” de la realidad sin identificar a los “arquitectos” y
“trabajadores” que la producen, reproducen y enuncian. En tal sentido sobran los indicios
que dejan entrever que los mentores de la complejidad se mueven en un campo en el que se
advierten tres vórtices: el de los que persisten en ignorar los avances de las ciencias sociales
y culturales y afirman la universalidad de las ciencias exactas y naturales, los que, ignorando
en cierto modo las realizaciones académicas de las ciencias sociales y culturales, se lanzan
a reinventarlas a partir de las generalidades de la “lógica” (¿?) de la complejidad tal como la
enuncian Morin, Maturana, Prigogine y otros y, finalmente, los que intentan sobrepasar sus
orígenes disciplinarios naturalistas e intentan captar las enunciaciones conceptuales y
teóricas de las ciencias sociales y culturales.
......................................
El análisis y comprensión del sentido de los cultores de la dialéctica, entre los que
nos situamos, y el de los cultores del paradigma de la complejidad ratifica nuestro punto de
vista expresado al comienzo del texto: ,,,,una vez que se superan los obstáculos de
formación que impiden la dialogicidad entre dialécticos y no dialécticos y entre los
complejizadores que provienen de las ciencias naturales y la filosofía y los que complejizaron
la realidad a partir de la complejidad de lo social y lo cultural, unos y otros reconocerán que
sus respectivos territorios simbólicos y preocupaciones forman parte del territorio mayor de
los logros de la dialéctica concreta.[12]

-------------------------

*
UNTREF y UBA-FFyL (vdicione@geoamerica.org)
[1]
El texto es una versión revisada y ampliada en el mes de mayo de 2006 de “El paradigma dialéctico y
el paradigma de la complejidad. Convergencias y divergencias” editado en GeoBAires con anterioridad.
Al igual que el anterior forma parte de los materiales de apoyo en diversas materias y seminarios de las
carreras de Geografía de UNTREF y UBA-FFyL.
[2]
Todas las cosas de un determinado universo tienen ciertas características mediante las cuales puede
decirse que forman parte y son isomórficas con ese universo. El isomorfismo, por lo tanto, hay que
considerarlo en el sentido aristotélico: todas las cosas son “informadas y formadas” por el universo, al
tiempo que también son informadoras y formadoras.
[3]
Hegel, Ciencia de la lógica, Tomo II, Libro III, Tercer capítulo. “La idea absoluta” (Traducción de
Augusta y Rodolfo Mondolfo).
[4]
Sobre el tema puede consultarse V. Di Cione, Geografía y ciencias sociales. Apuntes para una
articulación transversal.
[5]
En la tradición filosófica está planteada como articulación entre la natura naturans y la natura
naturata, expresiones que pueden traducirse como la causa o fuerza que impulsa los cambios de la
naturaleza y los productos de dicha causa o fuerza. Volvemos sobre el tema más adelante.
[6]
Inmediatamente en tanto la producción consume recursos (fuerzas productivas: materias primas,
maquinarias, energía, trabajo, etc.) y el consumo produce aquello para lo cual se consume (Por
ejemplo: el cuerpo en la alimentación, el vino en el consumo de uva, etc.). Por tal motivo en la
reproducción económica del capitalismo se habla en el primer caso de consumo productivo y de
consumo improductivo cuando los bienes producidos se realizan en el consumo final.
[7]
Sobre el tema hay abundante bibliografía. Gran parte de ella se refiere al análisis y desarrollo de
determinadas fases coyunturales de los procesos históricos nacionales y globales. Los textos de Mao
Tse-tung son un referente insoslayable. Le corresponde haber tematizado la distinción entre
16

contradicción principal y contradicciones secundarias y entre aspectos principales y secundarios de las


contradicciones (Mao Tse-tung, “Sobre la contradicción” y “Sobre el Tratamiento correcto de las
contradicciones”. Ambos textos están disponibles en internet).
[8]
Con la expresiones “movimiento de la naturaleza”, “naturaleza dada” y “naturaleza posible”
connotamos las formas de desarrollo de la distinción entre natura naturans y natura naturata (Averroes,
Spinoza) y la cuestión de las formas y momentos de las cadenas de causación. Para Averroes la
natura naturans es la causa primera y la natura naturata es lo primero creado. Algunos lo reformulan en
términos de fuerza y efecto o resultado de la fuerza, similar a la distinción entre trabajo y resultado del
trabajo. En otros connota la distinción de Aristóteles entre “crecer de lo que crece y lo crecido” o, en
términos nuestros, entre el crecimiento de algo y un momento de ese crecimiento o entre el desarrollo y
las fases del desarrollo. Para Spinoza natura naturans puede traducirse como de la Totalidad libre que
se autoproduce y produce en plena libertad (en sí y por sí), equivalente a la noción de Dios. Natura
naturata a todo aquello que resulta de cada uno de los atributos de la Totalidad o de Dios. La cuestión
puede plantearse también entre historicidad e historia y geograficidad y geografía, tal como
argumentamos en otro texto (Di Cione, “Geograficidad e Historicidad”, en Apuntes de Geografía y
Ciencias Sociales, actualización de mayo de 2006).
[9]
J. Baudrillard es uno de los muchos autores contemporáneos que han tematizado la construcción y
constitución ideológica de las necesidades (BAUDRILLARD, Jean, 1969(1976), La Génesis
Ideológica de las Necesidades, Cuadernos Anagrama, Serie Sociología y Antropología, Barcelona)
[10]
“El aleteo de la mariposa en Japón puede producir una un huracán El Caribe”.
[11]
Entre tantos véase FUNTOWICZ, Silvio y RAVETZ, Jerome R., (1993), Epistemología política.
Ciencia con la gente, CEAL, Bs. Aires.[Versión castellana y prólogo: Cecilia Hidalgo]
[12]
Sobre el tema me extiendo en “Diálogos y monólogos entre/de las ciencias naturales y
sociales y la geografía física, la geografía social y las ciencias sociales”, en Apuntes de
geografía y ciencias Sociales. (www.vdc.geoamerica.org ).