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BIOGRAFIA DE TALES DE MILATO

Tales nació en la ciudad jonia de Mileto (635 AdC - hacia 545 AdC), a orillas
del mar Egeo, hijo de Examio y de Cleobulina. Sus principales pasiones eran
las matemáticas, la astronomía y la política. Fue considerado uno de los Siete
Sabios de Grecia
Antes de Tales, los griegos explicaban el origen y naturaleza del cosmos con
mitos de héroes y dioses antropomórficos. En contraste, Tales argumentaba
que el agua es el origen y esencia de todas las cosas en, quizás, la primera
explicación significativa del mundo físico sin hacer referencia explícita a lo
sobrenatural. Sabía que la Tierra es una esfera y la Luna refleja la luz del Sol.
Herodoto lo menciona cuando predijo un eclipse solar en 585 adC que pone
fin a la lucha entre Lidios y Medos. Este eclipse marca el momento exacto en
el que comienza la filosofía, según Aristóteles, y que astrónomos modernos
calculan que fue el 28 de Mayo del año mencionado por Heródoto.
Tales vivió en la ciudad de Mileto en Jonia. Los jonios poseían un tráfico de
comercio entre Egipto y Babilonia, y por esta razón es probable que visitara
Egipto cuando era joven. Fue educado en mitología egipcia, astronomía y
matemática y sobre otras culturas exentas de las tradiciones homéricas de
Grecia. Por este motivo, su pensamiento no se derivó exclusivamente de la
mitología griega sino que tiene ciertas reminiscencias de Egipto. La idea de
que la tierra flota sobre el agua podría haberse desprendido de ciertas ideas
cosmogónicas del Oriente próximo, lo mismo que la idea del agua como
principio de todas las cosas, la cual ya puede encontrarse en un texto escrito
en griego muy anterior a Tales (cfr. Kirk, Raven y Schofield, Los Filósofos
Presocráticos)
Tales tuvo una profunda influencia en otros pensadores griegos y por lo tanto
también la tuvo en la historia occidental. Se encontraron registros de que
Tales visitó a uno de los más famosos discípulos de su amigo Anaximandro,
Pitágoras, a quien aconsejo que viajara a Egipto para su preparación
matemática y filosófica. Muchos filósofos siguieron este consejo para buscar
las explicaciones en la naturaleza en lugar de en lo sobrenatural; muchos
retornaron a las explicaciones sobrenaturales, pero incorporando un lenguaje
filosófico y racional que dejaba atrás los mitos y la religión.
PENSAMIENTOS FILOSOFICOS
Principalmente, Tales afirmaba que el AGUA es el principio de todas las
cosas. Se le atribuye la afirmación “todo es agua", que se ha interpretado en el
sentido de que Tales afirmaba que el agua era el elemento originario de la
realidad, o bien en el sentido de que todas las cosas estaban constituidas por
agua.
Aristóteles dice que para Tales esto era debido a que:
-La tierra descansa sobre el agua como una isla.
-La humedad está en la nutrición de todas las cosas.
-El calor mismo es generado por la humedad y conservado por ella.-Las
semillas de todas las cosas son húmedas, y el agua es el origen de la naturaleza
de las cosas húmedas.
Origen de su pensamiento
Algunos afirman que Tales la tomó de la mitología oriental; la mayoría, sin
embargo, tienden a atribuirle un origen experimental, bien derivado de la
importancia de la humedad en el desarrollo de la vida, o bien de la
observación de la evaporación del agua, que hace que este elemento se
transformen otro.
Sea como fuere, Tales es considerado el primer filósofo por cuanto nos ofrece
por primera vez una explicación basada en la razón, es decir, en la que no se
apela a entidades sobrenaturales para explicar lo real.
FRASES
"Muchas palabras nunca indican mucha sabiduría."
"La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar
mal de los demás."
"El placer supremo es obtener lo que se anhela."

BIOGRAFÍA DE RENÉ DESCARTES

René Descartes se educó en el colegio jesuita de La Flèche (1604-1612), por


entonces uno de los más prestigiosos de Europa, donde gozó de un cierto
trato de favor en atención a su delicada salud. Los estudios que en tal centro
llevó a cabo tuvieron una importancia decisiva en su formación intelectual;
conocida la turbulenta juventud de Descartes, sin duda en La Flèche debió
cimentarse la base de su cultura. Las huellas de tal educación se manifiestan
objetiva y acusadamente en toda la ideología filosófica del sabio.

El programa de estudios propio de aquel colegio (según diversos testimonios,


entre los que figura el del mismo Descartes) era muy variado: giraba
esencialmente en torno a la tradicional enseñanza de las artes liberales, a la
cual se añadían nociones de teología y ejercicios prácticos útiles para la vida
de los futuros gentilhombres. Aun cuando el programa propiamente dicho
debía de resultar más bien ligero y orientado en sentido esencialmente práctico
(no se pretendía formar sabios, sino hombres preparados para las elevadas
misiones políticas a que su rango les permitía aspirar), los alumnos más
activos o curiosos podían completarlos por su cuenta mediante lecturas
personales.
Años después, Descartes criticaría amargamente la educación recibida. Es
perfectamente posible, sin embargo, que su descontento al respecto proceda no
tanto de consideraciones filosóficas como de la natural reacción de un
adolescente que durante tantos años estuvo sometido a una disciplina, y de la
sensación de inutilidad de todo lo aprendido en relación con sus posibles
ocupaciones futuras (burocracia o milicia). Tras su etapa en La Flèche,
Descartes obtuvo el título de bachiller y de licenciado en derecho por la
facultad de Poitiers (1616), y a los veintidós años partió hacia los Países
Bajos, donde sirvió como soldado en el ejército de Mauricio de Nassau. En
1619 se enroló en las filas del duque de Baviera.

Según relataría el propio Descartes en el Discurso del Método, durante el


crudo invierno de ese año se halló bloqueado en una localidad del Alto
Danubio, posiblemente cerca de Ulm; allí permaneció encerrado al lado de
una estufa y lejos de cualquier relación social, sin más compañía que la de sus
pensamientos. En tal lugar, y tras una fuerte crisis de escepticismo, se le
revelaron las bases sobre las cuales edificaría su sistema filosófico: el método
matemático y el principio del cogito, ergo sum. Víctima de una febril
excitación, durante la noche del 10 de noviembre de 1619 tuvo tres sueños, en
cuyo transcurso intuyó su método y conoció su profunda vocación de
consagrar su vida a la ciencia.

Tras renunciar a la vida militar, Descartes viajó por Alemania y los Países
Bajos y regresó a Francia en 1622, para vender sus posesiones y asegurarse así
una vida independiente; pasó una temporada en Italia (1623-1625) y se afincó
luego en París, donde se relacionó con la mayoría de científicos de la época.

En 1628 decidió instalarse en Holanda, país en el que las investigaciones


científicas gozaban de gran consideración y, además, se veían favorecidas por
una relativa libertad de pensamiento. Descartes consideró que era el lugar más
favorable para cumplir los objetivos filosóficos y científicos que se había
fijado, y residió allí hasta 1649.

Los cinco primeros años los dedicó principalmente a elaborar su propio


sistema del mundo y su concepción del hombre y del cuerpo humano. En 1633
debía de tener ya muy avanzada la redacción de un amplio texto de metafísica
y física titulado Tratado sobre la luz; sin embargo, la noticia de la condena de
Galileo le asustó, puesto que también Descartes sostenía en aquella obra el
movimiento de la Tierra, opinión que no creía censurable desde el punto de
vista teológico. Como temía que tal texto pudiera contener teorías
condenables, renunció a su publicación, que tendría lugar póstumamente.

En 1637 apareció su famoso Discurso del método, presentado como prólogo a


tres ensayos científicos. Por la audacia y novedad de los conceptos, la
genialidad de los descubrimientos y el ímpetu de las ideas, el libro bastó para
dar a su autor una inmediata y merecida fama, pero también por ello mismo
provocó un diluvio de polémicas, que en adelante harían fatigosa y aun
peligrosa su vida.

Descartes proponía en el Discurso una duda metódica, que sometiese a juicio


todos los conocimientos de la época, aunque, a diferencia de los escépticos, la
suya era una duda orientada a la búsqueda de principios últimos sobre los
cuales cimentar sólidamente el saber. Este principio lo halló en la existencia
de la propia conciencia que duda, en su famosa formulación «pienso, luego
existo». Sobre la base de esta primera evidencia pudo desandar en parte el
camino de su escepticismo, hallando en Dios el garante último de la verdad de
las evidencias de la razón, que se manifiestan como ideas «claras y distintas».

El método cartesiano, que Descartes propuso para todas las ciencias y


disciplinas, consiste en descomponer los problemas complejos en partes
progresivamente más sencillas hasta hallar sus elementos básicos, las ideas
simples, que se presentan a la razón de un modo evidente, y proceder a partir
de ellas, por síntesis, a reconstruir todo el complejo, exigiendo a cada nueva
relación establecida entre ideas simples la misma evidencia de éstas. Los
ensayos científicos que seguían al Discurso ofrecían un compendio de sus
teorías físicas, entre las que destaca su formulación de la ley de inercia y una
especificación de su método para las matemáticas.

Los fundamentos de su física mecanicista, que hacía de la extensión la


principal propiedad de los cuerpos materiales, fueron expuestos por Descartes
en las Meditaciones metafísicas (1641), donde desarrolló su demostración de
la existencia y la perfección de Dios y de la inmortalidad del alma, ya
apuntada en la cuarta parte del Discurso del método. El mecanicismo radical
de las teorías físicas de Descartes, sin embargo, determinó que fuesen
superadas más adelante.

Conforme crecía su fama y la divulgación de su filosofía, arreciaron las


críticas y las amenazas de persecución religiosa por parte de algunas
autoridades académicas y eclesiásticas, tanto en los Países Bajos como en
Francia. Nacidas en medio de discusiones, las Meditaciones metafísicas
habían de valerle diversas acusaciones promovidas por los teólogos; algo por
el estilo aconteció durante la redacción y al publicar otras obras suyas, como
Los principios de la filosofía (1644) y Las pasiones del alma (1649).

Cansado de estas luchas, en 1649 Descartes aceptó la invitación de la reina


Cristina de Suecia, que le exhortaba a trasladarse a Estocolmo como preceptor
suyo de filosofía. Previamente habían mantenido una intensa correspondencia,
y, a pesar de las satisfacciones intelectuales que le proporcionaba Cristina,
Descartes no fue feliz en "el país de los osos, donde los pensamientos de los
hombres parecen, como el agua, metamorfosearse en hielo". Estaba
acostumbrado a las comodidades y no le era fácil levantarse cada día a las
cuatro de la mañana, en plena oscuridad y con el frío invernal royéndole los
huesos, para adoctrinar a una reina que no disponía de más tiempo libre
debido a sus obligaciones. Los espartanos madrugones y el frío pudieron más
que el filósofo, que murió de una pulmonía a principios de 1650, cinco meses
después de su llegada.

PENSAMIENTO FILOSOFICO

1. LA DUDA

Descartes dedicará la primera meditación a examinar los principales motivos


de duda que pueden afectar a todos sus conocimientos.

A) Los sentidos se presentan como la principal fuente de nuestros


conocimientos; ahora bien, muchas veces he constatado que los sentidos me
engañaban, como cuando introduzco un palo en el agua y parece quebrado, o
cuando una torre me parece redonda en la lejanía y al acercarme observo que
era cuadrada, y situaciones semejantes. No es prudente fiarse de quien nos ha
engañado en alguna ocasión, por lo que será necesario someter a duda y, por
lo tanto, poner en suspenso (asimilar a lo falso) todos los conocimientos que
derivan de los sentidos. Puedo considerar, pues, que no hay certeza alguna en
esos conocimientos, y considerar falsos todos los que se deriven de los
sentidos.

B) Sin embargo, podría parecerme exagerado dudar de todo lo que percibo por
los sentidos, ya que me parece evidente que estoy aquí y cosas por el estilo;
pero, dice Descartes, esta seguridad en los datos sensibles inmediatos también
puede ser puesta en duda, dado que ni siquiera podemos distinguir con
claridad la vigilia del sueño, (lo que nos ocurre cuando creemos estar
despiertos o cuando estamos dormidos). ¿Cuántas veces he soñado situaciones
muy reales que, al despertarme, he comprendido que eran un sueño?. Esta
incapacidad de distinguir el sueño de la vigilia, por exagerado que me parezca,
ha de conducirme no sólo a extender la duda a todo lo sensible, sino también
al ámbito de mis pensamientos, comprendiendo las operaciones más
intelectuales, que en absoluto parecen derivar de los sentidos. La indistinción
entre el sueño y la vigilia me lleva a ampliar la duda de lo sensible a lo
inteligible, de modo que todos mis conocimientos me parecen ahora muy
inciertos.

C) Aun así, parece haber ciertos conocimientos de los que razonablemente no


puedo dudar, como los conocimientos matemáticos. Sin embargo Descartes
plantea la posibilidad de que el mismo Dios que me he creado me haya podido
crear de tal manera que cuando juzgo que 2+2 = 4 me esté equivocando; de
hecho permite que a veces me equivoque, por lo que podría permitir que me
equivocara siempre, incluso cuando juzgo de verdades tan "evidentes" como la
verdades matemáticas. En ese caso todos mis conocimientos serían dudosos y,
por lo tanto, según el criterio establecido, deberían ser considerados todos
falsos.

D) Sin embargo, dado que la posibilidad anterior puede parecer ofensiva a los
creyentes, Descartes plantea otra opción: la de que exista un genio malvado
que esté interviniendo siempre en mis operaciones mentales de tal forma que
haga que tome constantemente lo falso por verdadero, de modo que siempre
me engañe. En este caso, dado que soy incapaz de eliminar tal posibilidad,
puesto que realmente me engaño a veces, he de considerar que todos mis
conocimientos son dudosos. Así, la duda ha de extenderse también a todos los
conocimientos que no parecen derivar de la experiencia.

La duda progresa, pues, de lo sensible a lo inteligible, abarcando la totalidad


de mis conocimientos, a través de los cuatro momentos señalados
anteriormente. No sólo debo dudar de todos los conocimientos que proceden
de los sentidos, sino también de aquellos que no parecen proceder de los
sentidos, ya que soy incapaz de eliminar la incertidumbre que los rodea.

2. LA PRIMERA VERDAD: "PIENSO, EXISTO"

En la segunda meditación, repasando la perpleja situación


en la que se encuentra al final de la primera, viéndose
obligado a dudar de todo, Descartes se da cuenta, sin
embargo, de que para ser engañado ha de existir, por lo
que percibe que la siguiente proposición: "pienso, existo", ("cogito, sum"), ha
de ser cierta, al menos mientras está pensando: "De modo que luego de
haberlo pensado y haber examinado cuidadosamente todas las cosas, hay que
concluir, y tener por seguro, que esta proposición: pienso, existo, es
necesariamente verdadera, cada vez que la pronuncio o la concibo en mi
espíritu". Esa proposición supera todos los motivos de duda: incluso en la
hipótesis de la existencia de un genio malvado que haga que siempre me
equivoque, cuando pienso que 2 y 2 son cuatro, por ejemplo, es necesario que,
para que me equivoque, exista. Esta proposición, "pienso, existo" se presenta
con total claridad y distinción, de modo que resiste todos los motivos de duda
y goza de absoluta certeza. Es la primera verdad de la que puedo estar seguro,
de la que puedo decir que es evidente. Dado que las características con la que
se me presenta tal evidencia son la claridad y distinción, estas dos propiedades
las considerará Descartes como las características que debe reunir toda
proposición para ser considerada verdadera.

Se ha discutido en numerosas ocasiones si Descartes pretende deducir la


existencia del pensamiento. De hecho, en el Discurso del método la
proposición que él mismo formula, "pienso, luego existo" da lugar a pensar
que Descartes pretende deducir la existencia del pensamiento, observación que
ya fue realizada por Gassendi y que el mismo Descartes se encargó de refutar.
No obstante, la expresión que utiliza posteriormente en las meditaciones,
"pienso, existo", y la exposición detallada del momento en que formula esa
proposición parece dejar claro que se trata de una intuición, de la intuición de
la primera evidencia, de la primera verdad que se presenta con certeza y que
supera todos los motivos posibles de duda. Esa primera verdad aparece
súbitamente mientras Descartes está recordando la meditación anterior y
repasando los motivos que tenía para dudar de todas las cosas; de un modo
inmediato, pues, percibe con claridad que para pensar tiene que existir, y que
la proposición que expresa esa "intuición" ha de ser necesariamente verdadera.

Una vez descubierta ésa primera verdad, Descartes se propondrá reconstruir


sobre ella el edificio del saber y, al modo en que operan los matemáticos, por
deducción, tratará de extraer todas las consecuencias que se siguen de ella.

3. EL ANÁLISIS DEL YO Y SUS CONSECUENCIAS

¿Qué soy yo? Una cosa que piensa dirá Descartes. ¿Y qué es una cosa que
piensa?. Una cosa que siente, que quiere, que imagina... Descartes atribuye al
pensamiento los caracteres de una sustancia, haciendo del yo pienso una
"cosa", a la que han de pertenecer ciertos atributos. La duda sigue vigente con
respecto a la existencia de cosas externas a mí, por lo que el único camino en
el que se puede seguir avanzando deductivamente es el del análisis de ese "yo
pienso" al que Descartes caracteriza como una sustancia pensante, como una
cosa que piensa. ¿Qué es lo que hay en el pensamiento? Contenidos mentales,
a los que Descartes llama "ideas". La única forma de progresar
deductivamente es, pues, analizando dichos contenidos mentales, analizando
las ideas.

Distingue Descartes tres tipos de ideas: unas que parecen proceder del exterior
a mí, a las que llama "ideas adventicias"; otras que parecen haber sido
producidas por mí, a las que llamara "ideas facticias"; y otras, por fin, que no
parecen proceder del exterior ni haber sido producidas por mí, a las que
llamará "ideas innatas". Las ideas adventicias, en la medida en que parecen
proceder de objetos externos a mí, están sometidas a la misma duda que la
existencia de los objetos externos, por lo que no puede ser utilizadas en el
avance del proceso deductivo; y lo mismo ocurre con las ideas facticias, en la
medida en que parece ser producidas por mí, utilizando ideas adventicias,
debiendo quedar por lo tanto también sometidas a duda. Sólo nos quedan las
ideas innatas.

Se trata de eliminar la posibilidad de que esas ideas puedan haber sido


producidas por mí. Una vez asegurado eso Descartes analiza dos de esas ideas,
la de infinito y la de perfección, y argumentando que no pueden haber sido
causadas por mí, dado que soy finito e imperfecto, sólo pueden haber sido
causadas por un ser proporcionado a ellas, por lo que tienen que haber sido
puestas en mi por un ser infinito y perfecto, que sea la causa de las ideas de
infinito y de perfección que hay en mí. A partir de ellas, demuestra Descartes
la existencia de Dios mediante los dos conocidos argumentos basados en la
idea de infinitud y en la de perfección.

Una vez demostrada la existencia de Dios, dado que Dios no puede ser
imperfecto, se elimina la posibilidad de que me haya creado de tal manera que
siempre me engañe, así como la posibilidad de que permita a un genio
malvado engañarme constantemente, por lo que los motivos aducidos para
dudar tanto de la verdades matemáticas y en general de todo lo inteligible
como de la verdades que parecen derivar de los sentidos, quedan eliminados.
Puedo creer por lo tanto en la existencia del mundo, es decir, en la existencia
de una realidad externa mí, con la misma certeza con la que se que es
verdadera la proposición "pienso, existo", (que me ha conducido a la
existencia de Dios, quien aparece como garante último de la existencia de la
realidad extramental, del mundo).

Como resultado de la deducción puedo estar seguro de la existencia de tres


sustancias:

a) una sustancia infinita, Dios, que es la causa última de otras dos sustancias
finitas:

b) la "res extensa", es decir, el "mundo", las realidades corpóreas, cuya


característica sería la extensión, por la que Descartes define esta substancia;

c) y la "res cogitans", la substancia pensante, de carácter no corpóreo, no


extenso, una substancia inmaterial, por lo tanto.

BIOGRAFIA DE PITAGORAS

Pitágoras fue hijo de Mnesarco y que la primera parte de su vida la pasó en


Samos, la isla que probablemente abandonó unos años antes de la ejecución de
su tirano Polícrates, en el 522 a.C. Es posible que viajara entonces a Mileto,
para visitar luego Fenicia y Egipto; en este último país, cuna del conocimiento
esotérico, se le atribuye haber estudiado los misterios, así como geometría y
astronomía.

Algunas fuentes dicen que Pitágoras marchó después a Babilonia con


Cambises, para aprender allí los conocimientos aritméticos y musicales de los
sacerdotes. Se habla también de viajes a Delos, Creta y Grecia antes de
establecer, por fin, su famosa escuela en Crotona, donde gozó de considerable
popularidad y poder.

La comunidad liderada por Pitágoras acabó, plausiblemente, por convertirse


en una fuerza política aristocratizante que despertó la hostilidad del partido
demócrata, de lo que derivó una revuelta que obligó a Pitágoras a pasar los
últimos años de su vida en Metaponto.

La comunidad pitagórica estuvo seguramente rodeada de misterio; parece que


los discípulos debían esperar varios años antes de ser presentados al maestro y
guardar siempre estricto secreto acerca de las enseñanzas recibidas. Las mujeres podían
formar parte de la cofradía; la más famosa de sus adheridas fue Teano, esposa quizá del
propio Pitágoras y madre de una hija y de dos hijos del filósofo.

El pitagorismo fue un estilo de vida, inspirado en un ideal ascético y basado en la


comunidad de bienes, cuyo principal objetivo era la purificación ritual (catarsis) de sus
miembros a través del cultivo de un saber en el que la música y las matemáticas
desempeñaban un papel importante. El camino de ese saber era la filosofía, término que,
según la tradición, Pitágoras fue el primero en emplear en su sentido literal de «amor a la
sabiduría».

También se atribuye a Pitágoras haber transformado las matemáticas en una enseñanza


liberal mediante la formulación abstracta de sus resultados, con independencia del contexto
material en que ya eran conocidos algunos de ellos; éste es, en especial, el caso del famoso
teorema que lleva su nombre y que establece la relación entre los lados de un triángulo
rectángulo, una relación de cuyo uso práctico existen testimonios procedentes de otras
civilizaciones anteriores a la griega.

El esfuerzo para elevarse a la generalidad de un teorema matemático a partir de su


cumplimiento en casos particulares ejemplifica el método pitagórico para la purificación y
perfección del alma, que enseñaba a conocer el mundo como armonía; en virtud de ésta,
el universo era un cosmos, es decir, un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes
guardaban una disposición armónica que hacía que sus distancias estuvieran entre sí en
proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical. En un
sentido sensible, la armonía era musical; pero su naturaleza inteligible era de tipo
numérico, y si todo era armonía, el número resultaba ser la clave de todas las cosas.

La voluntad unitaria de la doctrina pitagórica quedaba plasmada en la relación que


establecía entre el orden cósmico y el moral; para los pitagóricos, el hombre era también un
verdadero microcosmos en el que el alma aparecía como la armonía del cuerpo. En este
sentido, entendían que la medicina tenía la función de restablecer la armonía del individuo
cuando ésta se viera perturbada, y, siendo la música instrumento por excelencia para la
purificación del alma, la consideraban, por lo mismo, como una medicina para el cuerpo.
La santidad predicada por Pitágoras implicaba toda una serie de normas higiénicas basadas
en tabúes como la prohibición de consumir animales, que parece haber estado directamente
relacionada con la creencia en la transmigración de las almas; se dice que el propio
Pitágoras declaró ser hijo de Hermes, y que sus discípulos lo consideraban una encarnación
de Apolo.
PENSAMIENTO FILOSOFICO

El pensamiento de Pitágoras lo dividiremos en dos secciones:

1. Aspecto místico de su doctrina.


2. Aspecto científico de su doctrina.

El aspecto místico de la doctrina pitagórica abarca los tres niveles siguientes:


1) Doctrina de la transmigración de las almas. 2) Parentesco de los seres
vivos. 3) Reglas de abstinencia y otras prohibiciones.

1. DOCTRINA TRANSMIGRACIÓN DE LAS ALMAS: Los textos


parecen ser muy claros. De todos modos se ha sugerido que la negativa
de Heródoto, cuando dice que hay griegos...., a mencionar nombres
indicaría que no estaba hablando de Pitágoras, sino de sus propios
contemporáneos. Stein sugiere que se estaba refiriendo a Empédocles.
Sin embargo, la expresión los unos antes y otros más tarde parece que
se está refiriendo a Pitágoras y a los órficos. Hay otras citas, además,
que prueban que Pitágoras creyó en la transmigración de las
almas. Diógenes Laercio nos dice que incluso Pitágoras pretendía
recordar sus cuatro reencarnaciones anteriores.
2. PARENTESCO DE LOS SERES VIVOS: Existen citas que
desmuestran que Pitágoras creía que las almas podían reencarnarse en
forma de seres vivos que eran distintos al ser humano. Esto sugiere que
creía en el parentesco de todos los seres vivientes. En este contexto, de
la lectura de las citas se podrían deducir lo siguiente: a) El alma es
inmortal. b) Se producen sucesivas reencarnaciones, y, por tanto, ciclos
periódicos de los mismos acontecimientos. Parece que los pitagóricos
creían que las almas de los hombres se reencarnaban cada 216 años (la
elección de este número se debía a que era el cubo de 6); y que,
curiosamente, los estoicos adoptarían tal número para su teoría de la
ecriprosis), c) Existe un parentesco entre todos los seres vivos. Es
posible que Pitágoras creyera que la reencarnación podría llevarse a
cabo a partir de cualquier ser vivo dado que, entre las reglas de la
hermandad, estaba prohibido comer determinadas plantas.
3. REGLAS DE ABSTINENCIA Y OTRAS PROHIBICIONES: Sobre la
base de su creencia en el parentesco de todos los seres vivos (tambien
en la transmigración de las almas y, posiblemente otros motivos que
desconocemos), algunos escritores tardíos atribuyeron a la secta de los
pitagóricos, ciertas formas de abstinencia. Aunque las reglas de
abstinencia parecen estar relacionadas con la creencia en el parentesco
de todos los seres vivos, muchas de las reglas parecen estar relacionadas
con otras cuestiones.

Trás la muerte de Pitágoras la escuela parece que se dividió en dos sectas. Una
de ellas denominaba Acusmática mantuvo el aspecto místico de las doctrinas
de Pitágoras; la otra, denominada Matemática se ciñó al campo científico.
Todo ello parece demostrar que Pitágoras no se ciñó exclusivamente al ámbito
religioso sino que tambien se interesó por cuestiones de carácter científico.
Ello significa que, para él, la ciencia y la religión no eran segmentos
separados sino más bien dos factores insociables de un único estilo de vida.
Varios pasajes de Aristóteles sugieren tambien la existencia de una estrecha
conexión entre la matemática, la educación y la ética. Parece que defendía la
supremacía de la vida contemplativa y, según Aecio, parece que Pitágoras
habría sido el primero en usar la palabra Kosmos para referirse al universo.
Por su parte, Diógenes Laercio, dice que Pitágoras fue el primero que utilizó
el término filosofía. Tambien parece que asociaba la katarsis con la
música. De entre sus descubrimientos científicos no es improbable que
algunos sean genuinamente suyos, en especial el teorema que aún lleva su
nombre. Algunos autores sostienen tambien que fue el primero en descubrir
que la estrella de la mañana y de la tarde son una y la misma (Venus);
mientras que otros atribuyen el hallazgo a Parménides.
El problema es que, exceptuando a Aristóteles, no existe ningún testimonio
concreto respecto a la naturaleza del pensamiento científico de Pitágoras.

BIOGRAFIA DE ANAXIMANDRO

(Mileto, hoy desaparecida, actual Turquía, 610 a.C. - id., 545 a.C.) Filósofo,
geómetra y astrónomo griego. Discípulo de Tales de Mileto, Anaximandro fue
miembro de la escuela de Mileto, y sucedió a Tales en la dirección de la
misma. Según parece, también fue un activo ciudadano de Mileto, y condujo
una expedición a Apolonia (Mar Negro). Como político desempeñó cargos
importantes y le fue confiada la misión de limitar la natalidad en Apolonia,
una de las muchas colonias que debían resolver el problema de la
superpoblación de las ciudades jónicas. Sus conciudadanos le erigieron, en
reconocimiento a sus méritos políticos, una estatua que recientemente ha sido
descubierta en las excavaciones de Mileto.

Anaximandro se dedicó a múltiples investigaciones. A su nombre ha quedado


unida la confección del primer mapa de la Tierra, elaborado a partir de los
mapas y noticias de los mercaderes griegos, que sería perfeccionado más tarde
por Hecateo y del cual se sirvió Herodoto. Anaximandro imaginaba la Tierra
como un cilindro inmóvil, contra la opinión general que la consideraba
aplastada. También se le atribuyen otros trabajos, como la fijación de los
equinoccios y los solsticios y el cálculo de las distancias y los tamaños de las
estrellas, así como la elaboración de un reloj de sol y de una esfera celeste,
entre otras aportaciones.

No menos asombrosas son las elucubraciones de Anaximandro sobre el origen


de los seres vivos y del hombre. Todos proceden del fenómeno húmedo (la
tierra en un principio era líquida, y por el proceso de disociación, lo húmedo
dio lugar a lo viviente). El hombre tuvo como primeros antepasados a los
peces y luego a otros animales primitivos. Con razón, por lo tanto, podría ser
considerado como el primer cosmólogo y como el antecesor de la teoría del
evolucionismo.

Anaximandro fue también el primer pensador griego que puso en prosa sus
reflexiones filosóficas. Su tratado Sobre la naturaleza debió ser una de las
más notables tentativas de sistematización de lo real anterior a Aristóteles;
sólo ha llegado hasta nosotros un fragmento, pero algunas noticias de
Aristóteles y de Simplicio permiten reconstruir, al menos en parte, la doctrina
del autor.

En su filosofía, Anaximandro coincide con Tales de Mileto en defender que


existe un solo principio básico (arché o arjé) como generador de todas las
cosas, al que Anaximandro llamó ápeiron (lo indefinido e indeterminado):
sustancia indeterminada, ilimitada e indefinida, que es a la par eterna. Sólo el
ápeiron es incorruptible e imperecedero. Todas las otras cosas se derivan de él
y están sujetas a nacimiento y desaparición, por la fuerza de los contrarios
presentes en ellas: caliente y frío, húmedo y seco, etc.
En su intento de determinar el principio primero (arjé), Anaximandro sigue la
constante de los restantes filósofos milesios, pero es preciso subrayar que en
lugar de hallar este principio en una naturaleza finita (el agua, según Tales),
Anaximandro lo ve en algo (el ápeiron) que no es percibido por la
experiencia, sino que ha de postularse como causa permanente y trascendente
del acontecer del mundo empírico; algo indefinible en el espacio y en el
tiempo que es causa y principio de las cosas perecederas y definidas, y en el
cual éstas están destinadas a disolverse. La novedad de Anaximandro, en cuya
doctrina quedan, sin embargo, muchos detalles oscuros, consiste en haber
buscado el principio infinito de las cosas finitas fuera de las materias que son
objeto de nuestra experiencia.

PENSAMIENTO FILOSOFICO
1.-Buscó el elemento a partir del que se ha generado la realidad; consideró
que dicho “arjé” no podía estar constituido por ninguno de los elementos
conocidos, como el agua, ni tampoco por ninguna clase de materia. Si ese
primer elemento era la causa material de todo lo existente había de ser la
causa, de toda materia particular, ya que este principio no podía identificarse
con ninguna materia particular. Siendo su principio, su comienzo, su fuente,
había de ser algo distinto; pero como nosotros sólo conocemos las formas
particulares de materia que emanan de ese primer principio hemos de
concluir que el “arjé” tiene que ser una materia desconocida para nosotros y,
en cuanto tal, una materia indefinida, ilimitada, a la que da el nombre de
“ápeiron”.

2.- La cosmología está dominada por la idea de la pluralidad de mundos


existentes, generados a partir de un movimiento eterno mediante el que son
separadas unas cosas de las otras, en un juego de oposición de contrarios
tan común en la época y que volveremos a encontrar en otros filósofos; en
ese movimiento cósmico el predominio de un elemento significaría una
injusticia que tiene que ser necesariamente reparada, como el predominio
del verano va seguido del invierno, y viceversa.

3.- Afirma una causa material: lo indefinido, lo indeterminado, lo infinito, a


partir de la que evoluciona todo lo real. En la medida en que se niega a
identificar esta primera causa con un elemento material particular su
pensamiento supondrá un avance con respecto a Tales, en cuanto significa
un considerable esfuerzo de abstracción y coherencia racional.

BIOGRAFIA DE MATTHEW LIPMAN

Matthew Lipman (nacido el 24 de agosto 1922, fallecido el 26 de diciembre


2010) es un filósofo, educador, lógico e investigador sobre pedagogía
estadounidense. Él es el iniciador, el teórico y el líder en el desarrollo de la
Filosofía para niños. Su trabajo tiene como objetivo promover la
enseñanza generalizada de la Filosofía y una adaptación del concepto de la
capacidad de pensar por sí mismo. Lipman desarrolló una teoría y práctica,
inspirada en John Dewey que se convierte en totalmente innovadora:
creación de un pensamiento racional y talleres creativos a través de una
discusión filosófica (para niños o adultos). El conjunto se apoya en las
novelas filosóficas ("narrativa manual") y libros ("guías didácticas"). Su
primera novela filosófica, El descubrimiento de Harry Stottlemeyer, para
niños de 10 años, muestra las etapas de los niños para llegar a la lógica
formal. Mucho más que permitir a los niños y a los jóvenes científicos un
aumento de las habilidades académicas, la atención y el ideal de Lipman, a
través de su método, es el desarrollar el pensamiento crítico, o la razón, a
cada individuo ("razón" se entiende aquí en el sentido humanista de la
Ilustración, como la facultad del sentido común que se opone a las
pasiones y el oscurantismo). Esta razón o el pensamiento reflexivo,
garantiza la libertad de pensamiento (considerado en sí mismo) y por
tanto las libertades civiles que se expresan a través de la democracia
(donde el bien común se realiza mediante el intercambio de ideas, el
respeto y la escucha).

PENSAMIENTO FILOSOFICO

Matthew Lipman, a finales de los años setenta, fue el primero en abordar la idea
de una filosofía planteada como un plan de formación global para niños y
adolescentes, a la que llamó filosofía para niños. Junto a Lipman, Ann Sharp
contribuyó a la elaboración de los manuales y a la configuración de los cursos de
formación.

El método de Lipman responde a una necesidad fácilmente constatable a poco


que visitemos las aulas de secundaria e incluso de niveles universitarios: los
estudiantes tienen que saber de muchas materias (contenido), para lo cual se les
presuponen ciertas capacidades lógicas como el análisis, la síntesis, la formación
de conceptos o la competencia investigadora (procedimientos). Pero, ¿qué ocurre
si, de hecho, no poseen estas habilidades?

El programa de Lipman responde a esta pregunta desde una disciplina concreta,


la filosofía, que incluye, entrelazado con su contenido específico, estas habilidades
generales. El programa de FpN aspira a enseñar destrezas de razonamiento,
pero, y esto marca la diferencia con otras escuelas pedagógicas, sin “vaciarlas” de
contenido ni segregarlas de su contexto original. Y el lugar de la filosofía, para la
FpN, es la clarificación de los problemas de la vida democrática. De ahí que se
haga énfasis en que “las técnicas cognitivas deben enseñarse en el contexto
humanista de la filosofía; separadas de este contexto, se convierten en
instrumentales y amorales” (Matthew Lipman, 1985), y en que el programa de FpN
no está orientado a mejorar el rendimiento académico de los estudiantes (aunque
este sea un efecto secundario de su aplicación), sino a formar mejores
ciudadanos, conscientes de las implicaciones de la vida comunitaria en
democracia.

Así pues, junto con el desarrollo de las destrezas de razonamiento, y de modo


inseparable, encontramos en el programa los problemas filosóficos originales, así
como las destrezas prácticas que van asociadas al ejercicio filosófico: el asombro,
la empatía, la tolerancia, etc. Todo ello puesto en escena a través de la pieza
clave del programa, la comunidad de investigación (que desarrollaremos en
próximas entregas), cuyo objetivo es formar personas comprometidas en
investigar y pensar por sí mismas. En el programa de filosofía para niños se
aprende e investiga participando en colectividad, con los demás, lo que no
constituye un objetivo secundario sino fundamental.
BIOGRAFIA DE PLATÓN

Filósofo griego (Atenas, 427 - 347 a. C.). Nacido en el seno de una familia
aristocrática, abandonó su vocación política por la Filosofía, atraído por
Sócrates. Siguió a éste durante veinte años y se enfrentó abiertamente a los
sofistas (Protágoras, Gorgias.). Tras la muerte de Sócrates (399 a. C.), se
apartó completamente de la política; no obstante, los temas políticos ocuparon
siempre un lugar central en su pensamiento, y llegó a concebir un modelo
ideal de Estado. Viajó por Oriente y el sur de Italia, donde entró en contacto
con los discípulos de Pitágoras; luego pasó algún tiempo prisionero de unos
piratas, hasta que fue rescatado y pudo regresar a Atenas.

Allí fundó una escuela de Filosofía en el 387, situada en las afueras de la


ciudad, junto al jardín dedicado al héroe Academo, de donde procede el
nombre de Academia. La Escuela, una especie de secta de sabios organizada
con sus reglamentos, residencia de estudiantes, biblioteca, aulas y seminarios
especializados, fue el precedente y modelo de las modernas instituciones
universitarias.

En ella se estudiaba y se investigaba sobre todo tipo de asuntos, dado que la


Filosofía englobaba la totalidad del saber, hasta que paulatinamente fueron
apareciendo -en la propia Academia- las disciplinas especializadas que darían
lugar a ramas diferenciadas del saber, como la Lógica, la Ética o la Física.
Pervivió más de novecientos años, hasta que Justiniano la mandó cerrar en el
529 d. C., y en ella se educaron personajes de importancia tan fundamental
como Aristóteles.
A diferencia de Sócrates, que no dejó obra escrita, los trabajos de Platón se
han conservado casi completos y se le considera por ello el fundador de la
Filosofía académica (a pesar de que su obra es fundamentalmente un
desarrollo del pensamiento socrático). La mayor parte están escritos en forma
de Diálogos, como los de La República, Las Leyes, El Banquete, Fedro o
Fedón.

El contenido de estos escritos es una especulación metafísica, pero con


evidente orientación práctica. El mundo del verdadero ser es el de las ideas,
mientras que el mundo de las apariencias que nos rodean está sometido a
continuo cambio y degeneración. Igualmente, el hombre es un compuesto de
dos realidades distintas unidas accidentalmente: el cuerpo mortal (relacionado
con el mundo sensible) y el alma inmortal (perteneciente al mundo de las
ideas, que contempló antes de unirse al cuerpo). Este hombre dual sólo podría
conseguir la felicidad mediante un ejercicio continuado de la virtud para
perfeccionar el alma; y la virtud significaba, ante todo, la justicia, compendio
armónico de las tres virtudes particulares, que correspondían a los tres
componentes del alma: sabiduría de la razón, fortaleza del ánimo y templanza
de los apetitos. El hombre auténtico será, para Platón, aquel que consiga
vincularse a las ideas a través del conocimiento, acto intelectual -y no de los
sentidos- consistente en que el alma recuerde el mundo de las ideas del cual
procede.

Sin embargo, la completa realización de este ideal humano sólo puede


realizarse en la vida social de la comunidad política, donde el Estado da
armonía y consistencia a las virtudes individuales. El Estado ideal de Platón
sería una República formada por tres clases de ciudadanos -el pueblo, los
guerreros y los filósofos-, cada una con su misión específica y sus virtudes
características: los filósofos serían los llamados a gobernar la comunidad, por
poseer la virtud de la sabiduría; mientras que los guerreros velarían por el
orden y la defensa, apoyándose en su virtud de la fortaleza; y el pueblo
trabajaría en actividades productivas, cultivando la templanza.

Las dos clases superiores vivirían en un régimen comunitario donde todo


(bienes, hijos y mujeres) pertenecería al Estado, dejando para el pueblo llano
instituciones como la familia y la propiedad privada; y sería el Estado el que
se encargaría de la educación y de la selección de los individuos en función
de su capacidad y sus virtudes, para destinarlos a cada clase. La justicia se
lograría colectivamente cuando cada individuo se integrase plenamente en
su papel, subordinando sus intereses a los del Estado.
Platón intentó plasmar en la práctica sus ideas filosóficas, aceptando
acompañar a su discípulo Dión como preceptor y asesor del joven rey
Dionisio II de Siracusa; el choque entre el pensamiento idealista del filósofo y
la cruda realidad de la política hizo fracasar el experimento por dos veces
(367 y 361 a. C.).

Sin embargo, las ideas de Platón siguieron influyendo -por sí o a través de su


discípulo Aristóteles- sobre toda la historia posterior del mundo occidental:
su concepción dualista del ser humano o la división de la sociedad en tres
órdenes funcionales serían ideas recurrentes del pensamiento europeo
durante siglos. Al final de la Antigüedad, el platonismo se enriqueció con la
obra de Plotino y la escuela neoplatónica (siglo iii d. C.).

PENSAMIENTO FILOSOFICO
El pensamiento platónico. Lo que cabe destacar del pensamiento platónico es:

 La teoría de las ideas

Platón representa el dualismo. Según él, existen dos mundos totalmente


contrapuestos: el mundo de las ideas y el mundo sensible. El mundo de las ideas
se caracteriza por lo único, eterno, inmutable e inmaterial, y es superior al mundo
sensible, que se caracteriza por lo múltiple, perecedero, cambiante y material.

Las ideas son plasmadas en el mundo sensible por la acción del demiurgo.
Además, éste establece la jerarquización del mundo de las ideas. En el nivel más
bajo se sitúan las ideas matemáticas. En un nivel más alto se encuentran la
belleza y la justicia. La jerarquización culmina con la idea de bien, el origen del
mundo de las ideas y el máximo grado de conocimiento al que el ser humano
puede aspirar.

 El conocimiento

El pensamiento platónico defiende que el conocimiento de las cosas se alcanza


mediante la dialéctica, cuyo significado en ambiguo. Primero, se define como el
camino que lleva al ser humano desde la ignorancia al conocimiento del mundo de
las ideas. Segundo, se define como la ciencia de las ideas; es decir, el saber que
nos permite conocer las ideas y establecer una jerarquización entre ellas.
Existen dos tipos de conocimiento: la ciencia y la opinión. La ciencia tiene por
objeto el conocimiento de las ideas, siendo un conocimiento seguro e invariable.
La opinión, en cambio, se refiere al ámbito de lo cambiante y perecedero y es un
conocimiento variable e inseguro.

Según Platón, el hombre es una realidad dual, ya que es la confluencia del alma
(originaria del mundo de las ideas) y del cuerpo (originario del mundo sensible).
Cuando el alma se une al cuerpo accidentalmente, olvida la existencia del mundo
de las ideas y cae en la ignorancia. Sin embargo, observando el mundo sensible,
sigue un camino a través del cual intenta recordar las ideas, culminando en la idea
de bien. A este recuerdo se le denomina reminiscencia.

 Ética y política

La ética y política de Platón se puede explicar remitiéndonos al concepto de


justicia. Según Platón, la justicia en el individuo consiste en el acuerdo de las tres
partes del alma:

- El alma racional, representada por la sabiduría, la prudencia y la razón. Busca


alcanzar el conocimiento a través de la ciencia.
- El alma irascible, representada por el valor y el ánimo. Controla la capacidad
para organizar acciones en función del apetito.
- El alma concupiscible, representada por la moderación y el apetito.

En la sociedad también existe la justicia, que consiste en el acuerdo de los tres


grupos sociales existentes:

- Gobernantes: son el símil con alma racional.


- Soldados: son el símil con alma irascible.
- Artesanos: son el símil con alma concupiscible.

Para Platón, existen seis tipos de gobierno que, ordenados de óptimo a pésimo
son:

- Aristocracia, o gobierno de los sabios (filósofos).


- Timocracia, o gobierno de la ambición.
- Oligarquía, o gobierno del poder del dinero.
- Democracia, o gobierno del pueblo.
- Tiranía, o degradación de la verdad y la libertad.
 Mito de la caverna

Este mito es un símil de la vida de Sócrates. Cuenta que en una caverna (el
mundo sensible) habitan varias personas encadenadas. El Sol (demiurgo)
proyecta sobre la pared de la cueva las sombras, procedentes de elementos del
exterior de la cueva (mundo de las ideas). Sin embargo, en la cueva no se aprecia
su forma, por lo que se pierde información.

Un día, una de las personas rompe las cadenas y emprender el camino para salir
de la cueva (dialéctica). Al salir, el Sol (idea de bien) le ciega, pero poco a poco se
iría acostumbrando al mundo exterior hasta que llega a poder ver el Sol
(reminiscencia) y darse cuenta de que él es el responsable de la vida.

En el hipotético caso de que volviese a la cueva a contar lo que vio (que el mundo
exterior es real y verdadero, al contrario que el interiro de la cueva), los demás lo
asesinarían acusándolo de mentiroso, ya que aceptar este hecho supondría un
cambio radical y repentino.

 Mito de Fedro

En este mito se hacer un símil del alma con un carro alado. El alma está formada
por el alma racional, el alma irascible y el alma concupiscible. En este mito, el
alma racional es representada por un auriga, el alma irascible por un caballo
blanco (bueno) y el alma concupiscible por un caballo negro (malo). Para alcanzar
la justicia, o acuerdo de las tres partes del alma, el auriga y el caballo blanco
deben controlar al caballo negro, que intenta conducir el carro hacia el mundo
sensible, para poder así seguir a los Dioses en su camino hacia la justicia.
BIOGRAFIA DE BARUCH DE SPINOZA

(Amsterdam, 1632 - La Haya, 1677) Filósofo neerlandés. Hijo de judíos


españoles emigrados a los Países Bajos, estudió hebreo y la doctrina del
Talmud. Cursó estudios de teología y comercio; por la fuerte influencia que
ejercieron sobre él los escritos de Descartes y Hobbes, se alejó del judaísmo
ortodoxo. Su crítica racionalista de la Biblia provocó que fuese por último
excomulgado por los rabinos en 1656. Se retiró a las afueras de Amsterdam,
como pulidor de lentes.

Durante este período escribió un Breve tratado acerca de Dios, el hombre y su


felicidad, y parece que también el De la reforma del entendimiento y un
polémico Tratado teológico-político, aunque se publicarían más tarde.
Renunció a una cátedra en Heidelberg (1673) para mantener su independencia
intelectual. En 1675 terminó su obra más importante, la Ética demostrada
según el orden geométrico, iniciada catorce años antes y que no se publicaría
hasta su muerte, en 1677. También por esta época emprendió la redacción del
Tratado político, que quedó inconcluso.

Su filosofía parte de la identificación de Dios con la naturaleza (Deus sive


natura), y representa el mayor exponente moderno del panteísmo. Llevó al
extremo los principios del racionalismo, y dedujo toda su filosofía de la
definición de sustancia como «aquello que es en sí mismo y se concibe por sí
mismo», por lo que sólo podía existir una sustancia, la divina.

La mente humana conoce sólo dos «atributos» o formas de aparecer de Dios,


el pensamiento y la extensión, aunque sus atributos deben ser infinitos. Los
individuos son a su vez modos, determinaciones concretas, de los atributos.
Este monismo radical resuelve el problema cartesiano de la relación entre
pensamiento y extensión, pues son sólo formas de presentarse la sustancia
divina, así como el conflicto entre libertad y necesidad, que se identifican
desde el punto de vista de Dios, pues es libre como natura naturans (en cuanto
causa) y determinado en cuanto natura naturata (en cuanto efecto). Desde el
punto de vista del hombre, la libertad individual es una ilusión.

Spinoza destacó tres géneros de conocimiento humano: en el primero, el


hombre es esclavo de las pasiones y sólo percibe los efectos o signos e ignora
las causas; en el segundo, la razón elabora ideas generales o nociones
comunes que permiten a la conciencia acercarse al conocimiento de las causas,
y aprende a controlar las pasiones; en el tercer género, el hombre accede a una
intuición totalmente desinteresada, pues conoce desde el punto de vista de
Dios (sub specie aeternitatis), ajeno a sí mismo como individuo y por tanto sin
que le perturben las pasiones individuales. En esta contemplación se
identifican lo singular y lo eterno, y se percibe la presencia de todo en todo,
intuición en la que se cifra la única felicidad posible.

En el terreno político, Spinoza rechazó el concepto de moral, por considerar


que implicaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal
trascendente. Todos los seres se guían por el principio de autoconservación,
sobre el cual se edifica el Estado como limitación consensual de los derechos
individuales. Sin embargo, lo que el individuo busca en el Estado es la
conservación propia, por lo que puede revolverse contra él en caso de que no
cumpla esta función («Dios crea individuos, no naciones»).

En la medida en que la ley limita el poder de cada uno mediante un sistema de


recompensas y castigos, la política descansa necesariamente en pasiones
tristes (temor, seguridad). La principal preocupación política de Spinoza fue:
¿por qué los hombres combaten por su esclavitud como si se tratara de su
libertad? Aunque la democracia es el mejor de los regímenes políticos, pues
tiende a sustituir las pasiones tristes por el amor a la libertad y favorece el
acceso al estado de razón, sólo se llega al tercer género de conocimiento por la
vía individual y privada.

La filosofía de Spinoza generó un importante rechazo en su tiempo, aunque un


siglo más tarde sería recuperada y su influencia fue importante no sólo en el
terreno de la metafísica, sino entre poetas románticos como Shelley y
Wordsworth. Spinoza no perteneció a ninguna escuela, y resulta difícil
destacar al nivel que merecen la profunda originalidad y la independencia de
su pensamiento.
PENSAMIENTO FILOSOFICO
La realidad es para este autor lo mismo que la sustancia, a la que define
como “lo que existe por sí mismo”, por lo cual no necesita de ningún otro
concepto para ser comprendido.

Configura eso un monismo ontológico absoluto, lo que significa que el


universo está constituido por una sola sustancia que es también su causa. Esa
sustancia es Dios que se identifica con la Naturaleza, “Deus sive Natura” -Dios
o la Naturaleza- dirá Spinoza. La Naturaleza se manifestará activamente -
”naturans”- o pasivamente -”naturata”-.

Sus atributos son infinitos pero se concretan en lo que Spinoza llama


“modos”. Los objetos físicos son uno de esos “modos” y procede del
“atributo” extensión -de Dios o la Naturaleza-. De la misma manera todas las
ideas son “modos” que proceden de otro “atributo”, en este caso el
pensamiento.

El hombre, al estar dotado de cuerpo y alma, conoce y se compone de ambos


atributos, tanto la extensión como el pensamiento. Cuerpo y alma los
concibe el filósofo como una unidad formada por cuerpo y mente, no son dos
entes separados.

La auténtica comprensión de la realidad se encuentra, para Spinoza, en poder


captar la unidad de este "todo". Por un proceso en el que las ordenación de las
ideas -concreción del pensamiento- tiene que coincidir con el orden de las
cosas u objetos físicos -concreción de la extensión-.

Se trata de una visión holista. El holismo considera que todo debe ser
analizado en su conjunto y no en partes separadas, es más las partes y el todo
son inseparables.

La filosofía de Spinoza se encuentra sistemáticamente expuesta en la


“Ethica”, obra que será publicada póstumamente.
Determinismo y libertad

En última instancia el sistema de pensamiento de Spinoza postula que hay que


alcanzar el saber partiendo de ideas. Que posiblemente en su primer esbozo
sean incluso inadecuadas consideradas individual o aisladamente. Pero una
vez enlazadas de manera racional proporcionarán la intuición necesaria -que
Spinoza llama “amor Dei Intellectualis” o “amor intelectual de Dios”- para
comprender la unidad total de las cosas.

En esa unidad toda parcialidad será superada llegando así a conseguir la


libertad absoluta que es proporcionada por el conocimiento total del proceso.

Es el conocimiento de la determinación de las cosas, paradójicamente, lo que


proporciona la libertad humana. Una vez el determinismo ha sido entendido y
aceptado por el hombre éste puede actuar libre y racionalmente desde esas
“reglas del juego”. No hay libre albedrio, todo está determinado.

El pensamiento ético y político

Para Spinoza la función del Estado es proteger a sus integrantes de la


injusticia a partir de los dictados de la razón, que indica que se debe practicar
la tolerancia, que es el elemento esencial que garantiza la libertad.

Spinoza se interesó mucho por la moral social, en el “Tratado teológico-


político” y en el “Tratado político”, publicados respectivamente en 1670 y
1677, siendo el segundo póstumo.

En ambas obras considera de manera muy realista a los hombres como son, no
como deberían ser. Así dice “todo lo que es, en cuanto es, intenta perseverar
en su existencia”, lo que significa que los humanos obran siguiendo el instinto
de conservación.

La ley, el derecho y la moralidad existen por el Estado. Pero éste se basa en


una convención social por la cual los particulares acuerdan limitarse
mutuamente en su actuar.

Esta convención es una “cesión de derechos” al Estado, cesión que no es


definitiva. Dado que lo que el hombre espera de la comunidad a la que
pertenece es su “conservación”, Spinoza dirá “Dios crea individuos, no
naciones”.
De manera que si la comunidad pone en peligro la conservación de sus
integrantes, la dificulta o la perjudica, a estos les asistirá la razón para
reclamar que se les devuelvan todos sus derechos ya que simplemente los
habían cedido para la realización de un bien individual y común que ha dejado
de producirse.

BIOGRAFIA DE MAX SCHELER

(Max Ferdinand Scheler; Munich, 1874 - Frankfurt, 1928) Filósofo alemán.


Profesor en Colonia (1919) y en Frankfurt (1928), se adscribió a la corriente
fenomenológica de Husserl. En una primera etapa criticó la ética formalista
kantiana desde la tesis de que todo juicio moral se basa en una asunción
intuitiva de valores materiales que no se puede traducir a una regla racional.
Su obra más representativa de este período es El formalismo en la ética y la
ética de los valores materiales (1916). Justificó su posterior conversión al
catolicismo en De lo eterno en el hombre (1921). Más adelante, sin embargo,
derivó hacia planteamientos de mayor alcance ontológico, desde una
perspectiva romántica cercana al panteísmo y bajo la influencia, también, del
pragmatismo estadounidense. Así, en El puesto del hombre en el cosmos
(1928), concibió el universo como resultado del enfrentamiento de dos
principios, el espíritu (Geist) y el impulso vital (Drang).

Max Scheler llevó a cabo los estudios secundarios en un instituto de su ciudad


natal, y frecuentó luego los cursos de filosofía en las universidades de Berlín,
Heidelberg y Jena, donde en 1899 se doctoró con una tesis acerca de los
principios lógicos y éticos. En 1901 publicaba ya un texto notable, Lo
trascendental y el método psicológico, y al año siguiente ingresó como
profesor libre en la Universidad de Jena; en 1907 pasó a la de Munich, y de
ésta a la de Berlín. La obra más significativa de este primer momento, El
formalismo en la ética y la ética de los valores materiales (aparecida entre
1913 y 1916 en el Jahrbuch de Husserl), muestra una inspiración concreta
vinculada a este último autor, con un fenomenologismo extendido al mundo
de los valores más propiamente humanos.

Durante el primer conflicto mundial estuvo en Suiza y Holanda; los textos de


este período son fruto de sus reflexiones acerca de las cuestiones sugeridas por
la gran tragedia. En 1919 pasó a enseñar en Colonia como profesor
extraordinario; fue nombrado, también, director del Instituto de
Investigaciones sobre Ciencias Históricas. A esta época se halla vinculada la
mayor actividad de Max Scheler: además de la Crisis de los valores, en la que
figuran ensayos publicados ya en 1915 bajo otro título, aparecieron De lo
eterno en el hombre (1921) y Esencia y formas de la simpatía (1923). Esta
última es una obra de notable interés a causa del planteamiento de nuevos
problemas de carácter filosófico y sociológico, y reveladora de una mentalidad
aguda y moderna. Le siguieron Las formas del saber y la sociedad (1926), El
puesto del hombre en el cosmos (1928), Intuición filosófica del mundo (1928)
y La idea de la paz y el pacifismo (1931, póstuma).

En sus últimas obras Scheler se había alejado de la orientación más


estrictamente filosófica, vinculada en particular a Husserl, en favor de un
campo de investigación más amplio, inclinado a los problemas de la
civilización y la sociedad modernas; en tales estudios procuró conciliar los
principios de su especulación filosófica con las exigencias y necesidades
propias del hombre contemporáneo formado a través de las diversas
experiencias del progreso científico y de la guerra. Scheler falleció en la
plenitud de su actividad de escritor y profesor, a los cincuenta y tres años,
cuando ya su pensamiento había penetrado en una nueva fase de crítica y casi
de oposición a sus precedentes actitudes, singularmente en el campo religioso,
crisis debida en parte a la desorientación de la posguerra.

PENSAMIENTO FILOSOFICO
Al estudiar filosofía, vemos que uno de los problemas emergentes y
trascendentales lo da el estudio de la axiología y cuando tratamos de analizar
la profundidad del problema, no podemos dejar de lado la creatividad y la
calidad personal de Max Scheler, pues no dudamos en que él es uno de los
más destacados de la antropología filosófica y de la teoría de los valores en el
siglo XX.
En este breve artículo, no pretendo dar un “sermón sobre los valores”, pues
considero que mientras uno más habla sobre los valores, termina haciendo
todo lo contrario, pues recordemos que parte de la esencia en la existencia
del hombre es contradicción. Sin embargo, esto no quiere decir que estemos
perdidos y nos olvidemos de los valores, pues soy de la idea que para poder
aplicarlos correctamente y no solo especulando, se debe conocer de cerca la
teoría objetivista de los valores de Max Scheler.

La figura paradigmática del filósofo se exhibe en “el vigor de su pensamiento


y en el estilo cautivante de su prosa”, recordando las palabras de Risieri
Frondozi en su obra Qué son los valores (Pág. 82). Pero a pesar de ello, el
pensamiento Scheleriano no logró nunca constituirse en una visión orgánica
del hombre y los valores, debido tal vez a los cambios dramáticos en su vida y
a nivel de las líneas matrices de su filosofía.

La teoría objetivista de los valores de Max Scheler, expuesta en su obra Ética,


ve la luz en los inicios del siglo XX, como réplica a las posturas del relativismo
axiológico, al subjetivismo fácil y al empirismo rampante, manifestando así
una nueva misión de la autonomía, objetividad e inmaterialidad de los
valores. Dicha axiología se nutre de la formación ética kantiana, rescatando el
a priori de sus categorías cognitivas, para transformarlo en un a priori
emocional capaz de ser una vía de acceso en la aprehensión de los valores.
Scheler también recibe influencia de la filosofía de San Agustín y de la “lógica
del corazón” del filósofo Pascal. Pero la mayor parte de su pensamiento se la
debe a la fenomenología de E. Husserl en lo que respecta a la intencionalidad
de la conciencia que se proyecta sobre los objetos. Scheler la convierte en
intencionalidad emocional dirigida a los valores.
¿QUE SON LOS VALORES PARA SCHELER?
Son instancias o cualidades objetivas, inmateriales e independientes de los
objetos. Estos son los soportes materiales de los valores, los cuales les
otorgan el carácter de bienes u objetos valiosos (catedrales, poemas, cuadros
de pintura). Pero los objetos no generan per se los valores. El valor belleza
por ejemplo, no se extrae por inducción empírica a partir de los objetos, sino
se le descubre realizado en el objeto. Scheler argumenta: ¿Con qué criterio
escogeríamos en los objetos las seguridades para alcanzar el significado de lo
bello? El valor precede al objeto, pero también – contra lo que creía Kant – el
valor moral de una conducta precede al deber y a la conciencia de la ley
ética.

La autonomía de los valores no sólo se refiere a los objetos, sino también a


nuestras apreciaciones, opiniones e intereses personales o de grupo. Es
célebre la sentencia Scheleriana: “Aunque nunca se hubiera juzgado que el
asesinato era malo, hubiera continuado el asesinato siendo malo. Y aun
cuando el bien nunca hubiera valido como bueno sería no obstante bueno”.
Con lo cual vemos que es completamente indiferente a la esencia de los
valores si un hombre o un grupo tienen valores o carecen de ellos.

Esto significa que los valores no son solamente objetivos e inmateriales, sino
también absolutos e inmutables y no resultan afectados por los cambios de
los objetos. La traición de mi amigo o de mi amiga no altera para nada el
valor de la amistad. Si la actitud moral tradicional es afectada por un cambio
social revolucionario, los principios morales no sufren ningún
condicionamiento. Sólo se transforman las actitudes valorativas o el
conocimiento de los valores, pero no los valores per se.
¿CÓMO SE PUEDEN ACCEDER A LOS VALORES?
Según Scheler, los valores se aprehenden o descubren en los objetos y
acciones gracia a la intencionalidad afectiva, a la “percepción” emocional.
Hace suya la valorización de las cosas con arreglo a la logique du coeur (la
lógica del corazón) de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón
desconoce”. Esto trata de un orden inmaterial que no es caprichoso ni
arbitrario y que está sujeto más bien a reglas muy precisas pero muy distintas
a la lógica intelectual, a la logique du raison.
BIOGRAFIA DE MICHEL FOUCAULT

Michel Foucault falleció el 25 de junio de 1984 a los 57 años de edad, en el


hospital la Pitie-Salpetriere de París. Padecía una grave enfermedad del
sistema nervioso relacionada con el SIDA. Filósofo francés. Estudió filosofía
en la École Normale Supérieure de París y, ejerció la docencia en las
universidades de Clermont-Ferrand y Vincennes, tras lo cual entró en el
Collège de France (1970).

Influido por Nietzsche, Heidegger y Freud, en su ensayo titulado Las palabras


y las cosas (1966) desarrolló una importante crítica al concepto de progreso de
la cultura, al considerar que el discurso de cada época se articula alrededor de
un «paradigma» determinado, y que por tanto resulta incomparable con el
discurso de las demás. Del mismo modo, no podría apelarse a un sujeto de
conocimiento (el hombre) que fuese esencialmente el mismo para toda la
historia, pues la estructura que le permite concebir el mundo y a sí mismo en
cada momento, y que se puede identificar, en gran medida, con el lenguaje,
afecta a esta misma «esencia» o convierte este concepto en inapropiado.

En una segunda etapa, Foucault dirigió su interés hacia la cuestión del poder,
y en Vigilar y castigar (1975) realizó un análisis de la transición de la tortura
al encarcelamiento como modelos punitivos, para concluir que el nuevo
modelo obedece a un sistema social que ejerce una mayor presión sobre el
individuo y su capacidad para expresar su propia diferencia.

De ahí que, en el último volumen de su Historia de la sexualidad, titulado La


preocupación de sí mismo (1984), defendiese una ética individual que
permitiera a cada persona desarrollar, en la medida de lo posible, sus propios
códigos de conducta. Otros ensayos de Foucault son Locura y civilización
(1960), La arqueología del saber (1969) y los dos primeros volúmenes de la
Historia de la sexualidad: Introducción (1976) y El uso del placer (1984).
PENSAMIENTO FILOSOFICO
Su pensamiento se desarrolló en tres etapas, la primera, en Locura y
civilización (1960), que escribió mientras era lector en la Universidad de
Uppsala, en Suecia, estudia, a través de la modificación del concepto de
"locura" y de la oposición entre razón y locura que se establece a partir del
siglo XVII, la necesidad que tienen todas las culturas de definir lo que las
limita, es decir, lo que queda fuera de ellas mismas. En su segunda etapa
escribió Las palabras y las cosas (1966), que lleva como subtítulo
Arqueología de las ciencias humanas, donde dice que todas las ciencias que
tienen como objeto el ser humano son producto de mutaciones históricas
que reorganizan el saber anterior, recreando un conjunto epistemológico que
define en todos los dominios los límites y las condiciones de su desarrollo. Su
última etapa empezó con la publicación de Vigilar y castigar, en 1975, donde
se preguntaba si el encarcelamiento es un castigo más humano que la
tortura, pero se ocupa más de la forma en que la sociedad ordena y controla
a los individuos adiestrando sus cuerpos.
BIOGRAFIA DE SOCRATES

Sócrates (470-399 a.Xto.), filósofo griego fundador de la filosofía moral, o


axiología que ha tenido gran peso en la filosofía occidental por su influencia
sobre Platón.

Nacido en Atenas, hijo de Sofronisco, un escultor, y de Fenareta, una


comadrona (lo que ha dado lugar a alguna comparación entre el oficio de su
madre y su actividad filosófica, pues ayudó, con su método, a "dar a luz" a las
ideas), recibió una educación tradicional en literatura, música y gimnasia.
Más tarde, se familiarizó con la retórica y la dialéctica de los sofistas, las
especulaciones de los filósofos jonios y la cultura general de la Atenas de
Pericles.

Al principio, Sócrates siguió el trabajo de su padre; realizó un conjunto de


estatuas de las tres Gracias, que estuvieron en la entrada de la Acrópolis
hasta el siglo II a. C.

Durante la guerra del Peloponeso contra Esparta, sirvió como soldado de


infantería con gran valor en las batallas de Potidaea en el 432-430 a .C.,
donde salvó la vida a Alcibíades; en Delio en el 424 a. C., y Anfípolis en el 422
a. C.

De vida sobria y austera, siempre contó con escasos recursos económicos,


Sócrates supo rodearse de los personajes más influyentes del momento, así
como de un nutrido círculo de alumnos a los que gustaba cuestionar
continuamente sus creencias y certidumbres. Este continuo "aguijonear" a
todos le situaría finalmente en una situación tan controvertida y arriesgada
que le llevó a su condena a muerte por el Tribunal de los Quinientos en el
año 399 a. C

El modo con el que afrontó estos trances, inmortalizados por Platón en su


Apologia (Apología de Sócrates), y en los diálogos Critón y Fedón,
convirtieron a Sócrates en modelo clásico de filósofo antiguo y en maestro
imperecedero de la cultura occidental.

La mítica fealdad de un maestro

De pequeña estatura, vientre prominente, ojos camaleónicos y nariz


exageradamente respingona, la figura de Sócrates era motivo de chanza.
Alcibíades lo comparó con los silenos, los seguidores ebrios y lascivos de
Dioniso. Platón consideraba digno de ser rememorado el día que se lavó los
pies y se puso sandalias, y Antifón, el sofista, decía que ningún esclavo
querría ser tratado como él se trataba a sí mismo. LLevaba siempre la misma
capa, y comía y bebía lo más barato. Pero lo sorprendente es que un hombre
así acabara siendo considerado por los griegos -que creían que la belleza del
alma armoniosa se reflejaba en la armonía del cuerpo- como modelo del
decoro filosófico.
Tras Sócrates, el primer heleno que fue feo, admitieron que un cuerpo
silénico puede estar dirigido por un alma hermosa.

Estuvo casado con Jantipa, una mujer de reconocido mal genio, y de la que
tuvo tres hijos.
PENSAMIENTO FILOSOFICO
El interés de la reflexión filosófica se centraba entonces en torno al hombre y
la ciudad, abandonando el predominio del interés por el estudio de la
naturaleza. Probablemente Sócrates se haya iniciado en la filosofía
estudiando los sistemas de Empédocles, Diógenes de Apolonia y Anaxágoras,
entre otros. Pero pronto orientó sus investigaciones hacia los temas más
propios de la sofística que en los primeros años de la vida del filósofo conoció
su época de esplendor en Atenas.
El rechazo del relativismo de los sofistas llevó a Sócrates a la búsqueda de la
definición universal, que pretendía alcanzar mediante un método inductivo;
probablemente la búsqueda de dicha definición universal no tenía una
intención puramente teórica, sino más bien práctica.
Sócrates creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura, no dejó
nada escrito, y por lo tanto pasó la mayor parte de su vida de adulto en los
mercados y plazas públicas de Atenas, iniciando diálogos y discusiones con
todo aquel que quisiera escucharle, y a quienes solía responder mediante
preguntas. Este comportamiento correspondía a la esencia de su sistema de
enseñanza, un método denominado mayéutica, o arte de alumbrar los
espíritus, es decir, lograr que el interlocutor descubra sus propias verdades.
Según los testimonios de su época, Sócrates era poco agraciado y corto de
estatura, elementos que no le impedían actuar con gran audacia y gran
dominio de sí mismo. Apreciaba mucho la vida y alcanzó popularidad social
por su viva inteligencia y un sentido del humor agudo desprovisto de sátira o
cinismo.