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¿NOS PREOCUPA Y OCUPA LA PREVENCIÓN DEL CONSUMO PROBLEMÁTICO

DE SUSTANCIAS? Un estudio en Centros de Atención Primaria de la Salud en la ciudad


de Rosario.

Ballistreri, M; Ballerini, A; Curaba, S; Goría, C; Guarda, L; López, L; Meza, H; Pippino,


M; Ruiz Brok, M; Vitola, D; Vargas, S.
Escuela de Enfermería, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Rosario.
E mail: bmartha4@hotmail.com

INTRODUCCIÓN
Toda intervención en salud implica una forma particular de abordar la problemática
que la originó, de conocerla, de entenderla y de acuerdo a esa forma se definirán las
acciones y se valorarán los resultados alcanzados. Cualquier decisión que se tome al
respecto, ya sea al inicio de la intervención, durante el proceso o luego de realizada la
evaluación, siempre estará atravesada por la definición que se haya construido del
problema y el marco conceptual que sostiene dicha definición.
La problemática sobre la que gira esta investigación es el consumo de sustancias,
una problemática social a nivel mundial, preocupante por el creciente aumento de los
consumidores, la reducción de la edad de iniciación en el consumo, la frecuencia, el
sentido del uso y el tipo de sustancia que se consume. En la Argentina se agrega a toda la
problemática descrita, que se penaliza su uso a través de la vigencia de la Ley Nacional
23. 737 promulgada en 1989.
La droga no es un objeto que podríamos llamar de definición plana y sin relieves, es
una práctica enraizada en la cultura. Desde esta perspectiva los objetos no sólo son cosas,
sino que resultan producto de la complejidad humana, de las representaciones simbólicas y
relaciones sociales. En muchos casos y hasta en algunos medios de comunicación, la droga
se identifica con un ente mágico, se le asignan poderes y capacidades contaminantes, se la
explica como algo externo a la sociedad que amenaza a la población sana, generando
temor y exponiéndola como un peligro omnipresente que atenta contra el conjunto social.
(Touzé, 2007)
De allí que en torno al consumo problemático de drogas se abre todo un campo de
gran complejidad y múltiples perspectivas según el momento histórico, la cultura, el
modelo económico, la situación particular del lugar, las diferencias de usos entre las
sustancias y los diversos significados que las personas le asignan, etc.
Pero, en tanto problemática social, el consumo problemático requiere que el Estado
intervenga y proponga soluciones. Las soluciones que históricamente ha propuesto el
Estado se han enmarcado en el prohibicionismo, que considera que es la propia droga, la
sustancia, la que provoca todas las situaciones problemáticas y por eso se implementan
actividades tendientes a erradicarla. Las acciones tienen que ver fundamentalmente con
disposiciones legales que prohíben el uso de las drogas, y condicionan de un modo u otro
todas las formas de actuar del sistema de salud, tanto en la atención que se brinde como en
las estrategias de prevención que se implementen.
Otro enfoque, alternativo al modelo abstencionista, surge en la década del 80-90 y
es el que se ha dado en llamar de reducción de daño, que se basa en los derechos de la
persona a auto gobernarse, respetar las posibilidades que cada uno de tiene de elegir lo que
quiere hacer. Este enfoque no pregona el abstencionismo; ello puede ocurrir, así como
también la disminución o el cambio del consumo de una droga por otra droga de efectos o
consecuencias menos dañinas, pero no es el fin último de este enfoque (Villar Luis, 2005 )

La ciudad de Rosario es pionera a nivel nacional en la aplicación de


estas políticas a principios de la década de los 90, a través de la labor del
Centro de Estudios Avanzados en Droga-dependencias y [SIDA] [CEADS)]
dependiente de la Universidad Nacional de Rosario [UNR], que intenta no
ceñir el problema a los efectos de determinadas sustancias sino complejizar
su análisis al poner en juego fundamentalmente la multiplicidad de factores
socioculturales, socioeconómicos y psicosociales que lo determinan. (Del
Carlo, 2011)

Los programas de prevención del consumo de sustancias, en concordancia con los


modelos conceptuales mencionados, hegemonizan toda una época, se complementan y/o
van evolucionando e imprimen su marca en las prácticas en salud. En este contexto,
muchas veces las preocupaciones de los trabajadores de la salud en torno a la prevención
se centran en los aspectos metodológicos, las técnicas y los instrumentos, basándose en
preguntas tales ¿Cómo se puede prevenir? ¿Qué se puede hacer? ¿Se organiza una charla o
un taller? y se obvian preguntas tales como ¿Qué? ¿Para qué? ¿A quién?, funcionando
como si la percepción social, las representaciones sobre este problema, fueran únicas
cuando por el contrario, son múltiples y conforman un objeto sumamente polémico.
(Ballistreri, 2015)
Prevención, en términos de salud y en una perspectiva amplia, significa el
enfrentamiento de las “causas” de aquello definido como enfermedad y la búsqueda de
soluciones en el conjunto de la comunidad y con su plena participación. En una mirada
más restrictiva la prevención supone un conjunto de procedimientos que tienen por
objetivo evitar el problema (prevención primaria) disminuir el efecto de un problema ya
existente (prevención secundaria) y cuidar de sus consecuencias entre ellas, las recaídas
(prevención terciaria). (Macia Anton, 2002)
Los integrantes de los equipos implicados en dispositivos de prevención, asistencia
y rehabilitación en el problema de la drogadependencia, realizan su tarea
complementándose profesionales, técnicos y representantes de la comunidad para abarcar
las múltiples aristas que tiene el tema. Es un campo de conocimientos atravesado por una
multiplicidad de disciplinas, con momentos de hegemonía de algunas y subalternidad de
otras, pero en constante transacción por el poder, con la religión, lo jurídico, lo penal y
actualmente las políticas sociales. (Abonizio, 2008)
Todos y cada uno de los trabajadores de la salud que están en este campo tienen un
saber técnico que está impregnado de sentido común, de teoría implícita, de
representaciones que lo acompañan y a veces lo direccionan. Es por esto que las
representaciones socialmente construidas se configuran como estereotipos y a veces como
estigmas, prejuicios o voluntarismo, que sesgan y moldean los conocimientos
disciplinarios específicos de cada trabajador.
El Sistema de Salud Pública en Rosario es concebido como una Red, donde el
Centro de Salud es el eje del propio sistema. Allí se constituyen los equipos de referencia
conformados por un médico clínico, pediatra o generalista, un enfermero, un psicólogo, un
trabajador social, con una población a cargo, que intentan, con el proyecto de adscripción
de pacientes, lograr mejorar la accesibilidad y la eficacia de las prestaciones de salud.
El sistema se fundamenta en la universalidad, la integralidad y la equidad como
ejes estructurantes, instituyéndose nuevos patrones de relación con el ciudadano, tratando
de potenciar el papel terapéutico del vínculo: el trabajo en función de producir autonomía y
responsabilidad tanto en los integrantes del equipo como en el sujeto que es asistido.
(Ferrandini, 2004)
Este es el contexto donde se desarrolla la investigación descriptiva, que se inicia en
el año 2015, y que dar origen a este artículo. El estudio tuvo como objetivo general
“reconocer los saberes y prácticas sobre la prevención del consumo problemático de
sustancias que construyen los equipos que trabajan en Centros de Salud de Dependencia
Provincial y Municipal en la ciudad de Rosario”.
METODOLOGÍA

En la primera etapa del trabajo [2015-2016] se utilizó un enfoque eminentemente


cualitativo siendo los referentes empíricos los integrantes de los equipos de seis Centros
de Salud, de dependencia municipal (tres) y provincia (tres), de los Distritos Norte, Oeste y
Noroeste, independientemente del rol y función que desempeñaban en el lugar. Así se
lograron relatos, en entrevistas con ejes temáticos, de médicos generalistas, toco-
ginecólogos, pediatras, algunos con funciones asistenciales y de coordinación, otros con
función asistencial únicamente, enfermeros, personal administrativo, responsables de
farmacia, médico psiquiatra que realizaba el apoyo matricial a los centros, y psicólogos.
En esta oportunidad, se quiso complementar la información obtenida, con una
encuesta ad hoc, autoadministrada a trabajadores de tres Centros, todos del distrito Oeste
de la ciudad, quienes luego de firmar el consentimiento informado accedieron a contestar
sobre la temática.
El instrumento se compuso de doce (12) preguntas cerradas dicotómicas. En seis
(6) de estas preguntas, si la respuesta era afirmativa, el encuestado tenía la opción de
ampliarla, con un número ilimitado de palabras (preguntas abiertas no estructuradas) y en 1
se le ofrecían cuatro (4) opciones dicotómicas más.
Fueron entregadas en mano a los integrantes de los equipos de cada uno de los
Centros y de acuerdo a la disponibilidad horaria de los trabajadores, se esperaba el
completamiento de la encuesta o se iba a retirar días después.
Los resultados se organizaron según variables y se analizaron en base a estadística
descriptiva.

RESULTADOS
Del total de los encuestados [53%] reconoció que desde el Centro de Salud donde
trabajan se realizan actividades tendientes a la prevención del consumo problemático de
sustancias.

Realización de Actividades de
Prevención

55 SI: 53 %
50
45
NO : 47%
40
Los que respondieron afirmativamente aclararon que las actividades que realizan
son“charlas en escuelas primarias y secundarias” [63%]; “talleres de futbol” [25%] y
“derivación a Psicología al detectar el consumo en la consulta” [12%]. La mayoría de estas
actividades son generadas desde los propios equipos, y sólo en el [13%] están pensadas en
el marco de algún programa nacional, provincial o local de prevención del consumo de
sustancias psicoactivas.
Casi [80%] de los encuestados consideró que trabajar en la prevención del uso de
sustancias, debe ser reconocido como parte de un programa integral de promoción de la
salud, pero sólo [27%] informó que el Centro donde se desempeñan tiene objetivos
específicos de trabajo relacionados con la problemática.
Los que realizan actividades de prevención, ya sean específicas o inespecíficas las
dirigen, prevalentemente, a los adolescentes y jóvenes, y en menor proporción a los
adultos. Destacaron que la edad de inicio es cada vez más precoz [12-13 años]
La totalidad [100%] de los encuestados mencionó que no existe un equipo
específico para el cuidado y/o seguimiento de estos casos, sino que la realizan
psicólogo/as y médico/as generalistas.
La interdisciplina es reconocida como un elemento fundamental a la hora del
cuidado de las personas con consumo problemático, lo que condice con el hecho de que
ante el ingreso de una persona con consumo problemático de sustancias, cada situación
particular es analizada en las reuniones del equipo que actúa en el lugar. [73%]
Mostraron acuerdo sobre que vincularse con otras organizaciones es de gran valor
cuando se trata de atender a personas con uso problemático. Citaron los centros de
convivencia barrial (CCB), vecinales, clubes, escuelas, otros centros de salud (a nivel del
propio barrio). También destacaron a “La Estación”, que es un centro de prevención y
tratamiento para estos problemas dependiente de la Municipalidad de Rosario, a los
Centros de Acción Familiar (CAF) y el Área de Niñez, Adolescencia y Familia.
Todos los entrevistados reconocieron que donde trabajan hacen intervenciones en
situaciones agudas de personas con consumo problemático, tanto a nivel individual como
familiar, pero en menor porcentaje [53%] a nivel comunitario.
En cuanto a si en el Centro de Salud llevan registro epidemiológico de las consultas
relacionadas con el consumo, más de la mitad de los encuestados [67%] indicaron que no
se efectúa.
Sólo [20%] no ha recibido capacitación en la temática, pero todos sienten la
necesidad de formarse o seguir formándose.

ALGUNAS CONCLUSIONES
Si bien desde los lineamientos nacionales se señala la necesidad de trabajar con una
concepción integral del consumo problemático de sustancias, los Centros de Salud,
enclavados en el mismo territorio, se encuentran con limitaciones para desarrollarla. Se
pone en tensión el decir y pensar de los trabajadores con su propio hacer.
La mayoría respondió que considera que la prevención del consumo debe ser parte
de programas ligados a la promoción de la salud, pero también la mayoría mencionó que
desde su Centro de Salud, no se trabaja con objetivos específicos en relación a la temática.
Pensar las intervenciones desde la promoción de la salud es partir de una concepción
democrática, orientada desde y hacia los actores involucrados, teniendo en cuenta la
perspectiva de las personas con las que se va a trabajar, lo que obliga a los equipos a
modificar objetivos tales como lograr cambios en los estilos de vida.
Otro aspecto que marca esta tensión es que la mayoría [87%] de las intervenciones
que se realizan surgen de los propios Centros, sin inserción en algún programa, realidad
que podría estar denunciando la ausencia de una directriz local, provincial y nacional en
el trabajo con consumidores problemáticos.
Además, analizando el tipo de intervenciones generadas, más del [50%] son de
carácter informativo, brindando datos, pues son “charlas” en las escuelas primarias y
secundarias, donde parecería que está ausente el protagonismo de los estudiantes, quienes,
según manifiestan los encuestados, son los que consideran más involucrados en el
problema del consumo.
Como fortaleza, reconocido por todos los encuestados y también por los
entrevistados en el trabajo cualitativo, se destaca la importancia de espacios conjuntos con
otras instituciones y dependencias ya sean barriales, o distritales, lo que les permite
trabajar la complejidad que cada situación les presenta. Claramente la intersectorialidad
constituye un eje central para el abordaje de este tipo de problemáticas. También lo es el
hecho del trabajo en equipo e interdisciplinario, siendo, según la mayoría de los
encuestados [73%], el ámbito de las reuniones semanales de equipo donde se pone en
juego la interdisciplina, ya que ahí se analizan los distintos casos, se piensan las
alternativas y se diseñan las estrategias.
La propia dinámica de éste primer nivel de atención, organizado según la
estrategia de Atención Primaria de la Salud, lleva a que el recurso humano de los Centros
de Salud esté organizado en equipos de referencia, con profesionales de distintas
disciplinas que son responsables de un grupo de pacientes adscriptos, y que deben trabajar
aportando cada uno su enfoque disciplinar para lograr el cuidado integral del consumidor
problemático y /o familia.
Otra coincidencia en las respuestas es el hecho de que todos realizan
intervenciones frente a situaciones agudas individuales, por las demandas específicas que
llegan al Centro (crisis de abstinencia, intoxicaciones agudas) pero se reduce a la mitad el
porcentaje cuando se les pregunta si realizan intervenciones comunitarias. Nuevamente
surge, con la encuesta en esta oportunidad y antes en las entrevistas, que los equipos
resuelven las situaciones agudas, dentro de las paredes del Centro de Salud, pero son
limitadas las intervenciones previas que podrían prevenir estos episodios, dando cuenta de
que la prevención recae en las posibilidades de cada Centro. Si a esto se suma el hecho de
que muy pocos profesionales han accedido a capacitación específica en la temática, se
comprenden las dificultades para desarrollar estrategias de prevención. Se observa
claramente la necesidad de seguir formándose (todos los encuestados lo manifiestan), ya
que día a día son interpelados por nuevas situaciones que se producen en la complejidad de
este campo.
Los encuestados en [67%] indicaron que no se llevan a cabo registros
epidemiológicos sobre este fenómeno tan sensible como es el del consumo de sustancias.
Esto se transforma en una debilidad, ya que no permite retroalimentar el proceso de
asistencia y de prevención, por la escasez de producción de información que pueda
contribuir a re-direccionar o reforzar las intervenciones. Tanto a nivel local como
nacional, las deficiencias en los registros epidemiológicos constituyen un serio problema,
ya que sin datos epidemiológicos resulta prácticamente imposible diseñar políticas que
enfrenten, contengan y resuelvan las problemáticas de salud de la población.
La propuesta de reducción de daños en relación al consumo de drogas que sostiene
la política en salud en la ciudad de Rosario, exige de una de acción educativa y sanitaria
en la comunidad, y un trabajo preventivo y asistencial de los equipos pero en co-
construcción con la comunidad. La Ley Nacional de Salud Mental establece que las
adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental y
que las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los
derechos y garantías en su relación con los servicios de salud. A partir de la
implementación de la ley se han legitimado distintos dispositivos en diversos efectores de
salud de la ciudad que dan cuenta de preocupación y la capacidad creadora que los
trabajadores conjuntamente con los usuarios pueden desarrollar.
Si bien el tema del consumo problemático de sustancias aparece como preocupante
y prioritario tanto a nivel local como nacional, y más en esta ciudad denominada por
muchos como la “narco-ciudad”, las intervenciones en el campo de la prevención,
desarrolladas en su mayoría desde los Centros de salud enclavados en el territorio, no
parecen ocupar un lugar privilegiado dentro de las políticas públicas. De acuerdo a lo
manifestado por los encuestados, una vez más los desafíos que se presentan en el complejo
campo de la salud, recaen en los propios trabajadores del sector, en su creatividad y en la
posibilidad de construir conjuntamente con otros actores involucrados. Políticas,
programas, planes deben ser pensados y diseñados desde, con y para la comunidad, sus
profesionales y los usuarios. Sin la información epidemiológica necesaria, sin la
capacitación suficiente y sin la apuesta del Estado, ninguna estrategia podrá significar una
respuesta adecuada.

BIBLIOGRAFIA

Abonizio, M. (2008). Antropología y Salud: Drogas, Políticas, Servicios y Prácticas en Salud.


Rosario: DelRevés Soluciones Gráficas.

Ballistreri, M. C. (2015). Evaluación del Consumo de Sustancias Psicoactivas en la Población que


consulta a los Servicios de Guardia de Hospitales del Segundo Nivel de la Red Municipal de
Rosario y Valoración Cualitativa de la Atención Brindada por los Profesi. Rosario.

Del Carlo, C. A. (2011). Abordaje del uso de Drogas en los Centros de Atención Primaria de la
Municipalidad de Rosario: estudio cualicuantitativo de Prácticas y Obstáculos. Rosario: Comisión
Nacional Salud Investiga- Ministerio de Salud- Presidencia de la Nación.

Ferrandini, D. (2004). Adscripción de ciudadanos al sistema de salud pública municipal a través


de equipos de referencia. Rosario: Dirección General de Servicios de salud. Secretaria de Salud
Pública Municipalidad de Rosario.

Macia Anton, D. (2002). Drogas: conocer y educar para prevenir. Pirámide.

Touzé, G. (2007). Construcción Social del Problema Droga- Medicalización y Control. Buenos
Aires: Intercambios Asociación Civil.

Villar Luis, M. A. (2005 ). Aspectos teóricos y rehabilitación: modelos explicativos del uso de
drogas. Riberao Preto, Brasil: CICAD-OEA.