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MUSEO SAN FRANCISCO Y CATACUMBAS

Este museo data del siglo XVI, construido bajo la orden de los franciscanos; fue el padre
franciscano Fray Francisco de la Cruz quien le pidió un lugar a Francisco Pizarro un lugar
donde asentarse en la ciudad de Lima. Su construcción empezó en 1557, durante el reinado
del virrey Andrés Hurtado de Mendoza “El Marqués de Cañete”. La fachada de estilo
barroco estuvo a cargo de Constantino de Vasconcelos, durante la segunda mitad del siglo
XVII.

Al ingresar vemos una estatua de Fray Francisco, el cual sostiene en su mano izquierda una
calavera; argumentaba que la muerte no es una enemiga, sino una amiga, pues todos los
humanos tenemos el mismo destino.

Podemos también observar la cúpula, la cual no tiene comparación alguna, aquí en


América al menos, el cual fue hecha en 1625 con madera traída de Centroamérica. Fueron
2 terremotos los cuales resistió, pero el terremoto de 1940 fue fatal, haciendo que la parte
central de la media naranja se venga abajo. Es restaurada en 1969 y actualmente destaca
por sus pilares que lo sostienen en las 4 esquinas dela sala.

Pasamos luego al salón coral o canto coral, éste era cantado en latín y dichos cantos
provenían de libros de 15 – 20 kg de peso, los cuales tenían una cubierta de madera forrada
con cuero y hojas de piel de cordero. Estos libros eran colocados en un facistol para ser
visto por los 130 franciscanos durante la entonación del coro. Este coro era además
acompañado por un órgano construido por Inocente Foglio en 1901.

Al llegar a la biblioteca encontramos dos niveles: en el primero de ellos, encontramos


libros de entre los siglos XVI y XIX, mientras que en el segundo nivel encontramos libros
del silo XIX en adelante. Dichos libros no eran usados de noche por temor a los incendios,
pues antiguamente se accedía a los lugares oscuros y de noche mediante velas, lámparas o
antorchas. En la actualidad solo los historiadores tienen acceso a dichos libros, bajo
permiso de la orden franciscana.

De ahí nos ubicamos en la sala penitenciaria, en la cual los franciscanos se auto flagelaban
por la expiación de sus pecados. Algo interesante que notar es la estatua de Francisco
Solano, quien posee un rabel (un tipo de violín) el cual usaba para llamar la atención de los
indígenas y poder evangelizarlos fácilmente. Esta sala fue pintada 12 veces y se puede ver
las diferentes capas de pinturas que se usaron.

En el claustro principal encontramos lo que son los azulejos, una especie de “loseta” los
cuales a partir de 1640 eran ya fabricados en Lima. Podemos ver un diseño especial en el
techo, el cual está hecho de cedro traído de Centroamérica. También se puede observar 4
capillas, una en cada esquina; en cada capilla era enterrado un benefactor de los adornos o
del financiamiento de la construcción. Cabe señalar que este sector era un punto de
conexión con las demás salas, por lo que era común ver franciscanos de diferentes áreas
encontrándose aquí.

Una de las salas que conectaba el claustro era la Sala Profundis, en la cual se encuentran
pinturas sobre la pasión y muerte de Cristo; además encontramos debajo unas criptas, en
las cuales se cree que era donde enterraban a los benefactores de dichos lienzos.

El refectorio o comedor, era un punto donde todos los franciscanos se juntaban para las tres
comidas: desayuno, almuerzo y cena. Durante la comida, un franciscano al que le tocaba
ayunar leía pasajes de la Biblia, específicamente de los Salmos, bajo el argumento de que,
mientras los demás se alimentaban físicamente, él los ayudaba a alimentarse
espiritualmente. Encontramos también un lienzo de la Última Cena, la cual contiene
productos peruanos, como papa, camote, ají, yuca, etc. Esto según los franciscanos porque
así les era más fácil ministrar esos temas a los indígenas.

En la Sacristía encontramos lo que eran las indumentarias para los sacerdotes que usaban
tanto en misa, como durante el resto del día. Un objeto peculiar de este cuarto es el
custodio, el cual está hecho de oro, plata, cobre y bronce; era usado durante ceremonias
importantes, como lo era el Corpus Christi.

Finalmente ingresamos a Catacumbas, el cual se encuentra debajo de la iglesia. Algo que


destacar era la construcción de sus anchas columnas las cuales eran hechas de ladrillo con
cal y canto (arena de mar) por lo que hasta el momento sostiene toda la iglesia y evita que
toda la construcción se venga abajo. Se puede observar a la entrada, unos espacios
rectangulares en los cuales eran lugares de entierros de los franciscanos. Inicialmente era
una sepultura común, en el cual se accedía mediante dos personas como máximo a los 2
niveles más profundos; cuando se dieron cuenta que ya no alcanzaban para más, en el nivel
superior tiraban los cuerpos uno sobre otro, llegándose a encontrar hasta 1000 muertos en
una misma fosa. Si se encuentran monedas en las fosas es porque los turistas piensan que
los muertos intercederán pos sus deseos ante Dios, pero los que están en las fosas son
personas comunes y no santos ni religiosos.

Como punto de vista personal, este museo posee una riqueza tanto histórica como cultural.
Histórica porque encontramos documentos y materiales que datan de la época colonial y
republicana, los cuales nos ayudarán a comprender mejor la realidad histórica de ese
entonces y nos explicará el rol fundamental que tuvo la Iglesia Católica en el
adoctrinamiento de indios. Cultural porque podemos conocer el grado de religiosidad de
los antiguos limeños, las costumbres, misas y rituales descrito a lo largo del museo son
prueba de la diversidad cultural que existía durante la conquista española y la intolerancia
que pusieron los europeos al obligar a los indígenas a convertirse al cristianismo.

Finalmente podemos observar también la riqueza artística, no solo por el estilo de


construcción de la iglesia, sino por el apoyo de la sociedad limeña por el arte, pues
recordemos que en las criptas estaban enterrados los benefactores de las pinturas, esto es
prueba de la afición por el arte religioso que algunos de la sociedad limeña tenían en ese
entonces.